DE LA HABITABILIDAD
Relaciones en e é ica y li e a u a en la Ciudad Espejo
Ca los Muñoz Gu ié ez
El au o se p egun a qué es
la
ciudad, o qué debe ía se
en
la
época de
la
decons ucción, de las edes de in o mación, pa iendo de plan ea-
mien os más é icos que es é icos.
La
ciudad, que había sido c eada
como
un
espacio pa a
la
habi abilidad, ha dejado de se el luga pa a
el desa ollo
de
la
i ud a medida que los concep os han dejado de
e leja una ealidad ex e io a ellos pa a ans o ma lo eal
en
ex o.
Pe mí anme, pa a empeza , una ex ensa ci a
de Jane F ame de g an belleza.
E
s
el Mensaje o quien
me
u ge a hace -
lo, e incluso aho a, mien as escnbo,
el
Mensaje o
de
la
Ciudad Espejo espe a
an e
mi
pue a y mi a á idamen e mien as sigo
ecogiendo los da os
de
mi
ida. Y
me
some o a
los deseos del Mensaje o. Sé que la con inua
exis encia
de
la Ciudad Espejo depende
de
las
sus ancias anspo adas has a allí, y que el
expec an e Mensaje o p egun a:
<<¿Quie es
que
c ezca la Ciudad Espejo? ¿Recue das
u
isi a,
esa ma a illosa isión po encima del iempo y
del espacio,
la
ans o mación
de
los hechos e
ideas co ien es en
un
elucien e palacio de espe-
jos? ¿Qué impo ancia iene que cuando hayas
pa ido
de
la Ciudad Espejo con us eso os nue-
os
e imaginados és os
se
hayan des anecido a la
luz
de
es e mundo, que en
su
ins umen o de len-
guaje hayan adqui ido impe ecciones que
ú
nunca quisis e pa a ellos, que hayan pe dido el
signi icado que alguna ez pa ecie on i adia
haciendo que u co azón se agi a a con la aleg ía
de descub i la ase o la cadencia que co es-
pondía, la o al pene ación?
Ten
cuidado.
Tu
43
pasado ecien e
e
odea, aún no ha sido ans o -
mado.
No
qui es aún
lo
que pueden se los
cimien os de
un
palacio en la Ciudad Espejo». '
La p egun a es: ¿qué
es
o qué debe ía se la
ciudad? ¿Qué queda de la ciudad en la época
de la decons ucción, del pos capi alismo, de
la e a de In e ne ? En es e sen ido la discusión
es, como casi siemp e, no an o es é ica, sino
é ica;
y,
sin emba go, esul a á
al
inal que al
dis inción de los sabe es es con usa
y
aspasa-
ble con acilidad. Resul a á que la his o ia de
las ideas ha emp endido una sis emá ica des-
ucción de los géne os que es aba ya en
su
ini-
cio. Resul a á que a ados de a qui ec u a o de
u banismo, polí icas municipales o asen a-
mien os ma ginales no log an modi ica
el
espacio de habi abilidad de la ciudad. Al inal,
-XLIII-
ASTRAGALO, 09 (1998)
A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA
A icle, ISSN 1134-3672
h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.1998.i09.04
Expe o en Ingenie ía del conocimien o.
Ha abajado en p oyec os de desa ollo de In eligencia A i icial.
44
una ez eco ida es a senda encon a emos que
el debe se y el se ex añamen e coinciden en
algún ni el del concep o de ciudad, en ese con-
cep o que hemos c eado pa a pode con ia en
esa supues a condición humana que es
su
socia-
bilidad, que hemos c eado pa a log a nues a
supe i encia más allá de la me a biología.
La ciudad es el nomb e que damos al obje o
de nues a habi abilidad. Pe o, en igo , bien
mi ado, la habi abilidad es, sob e odo, un
concep o é ico que solamen e puede ejempli-
ica se, como la é ica, ue a del mundo. Sin
emba go, lo necesi amos con noso os en odo
momen o, como o os concep os é icos, la
elicidad, el bien o la i ud. ¿Cómo conse-
guimos soluciona es a pa adoja ap o echan-
do la enseñanza de los iempos? De es os
iempos que nos han con encido de que los
concep os no e lejan ninguna ealidad ex e-
io a ellos, e incluso de que ellos mismos han
pe dido el signi icado al que alguna ez con-
iamos. Es os iempos que han con e ido
odo en ex o, que han lanzado las edes del
lenguaje pa a a apa el lenguaje que la cons-
i uye. Pe o, lejos del pesimismo, esa ed
omní o a me ha se ido de mapa y he aza-
do una u a que al menos me deja anquilo.
Espe o que esa anquilidad pueda di undi se
po las palab as.
La Ciudad, sí, la ciudad pensada y epensada,
la ciudad que ida y buscada. ¿Qué Ciudad?
Mi o con a ención la ciudad mjada po mi
men e. Y aya, es la Ciudad Espejo, no es Dune-
din, ni Lond es,
ni
Ibiza ni Auckland, ni ninguna
o a conocida. Es la Ciudad Espejo la que
se
alza
an e mis ojos. Y el Mensaje o agua da '
Decons ucción
La posibilidad del discu so y de su decons uc-
ción apa ece ya en la an igua G ecia con la
igu a de Pa ménides, quien en un poema
-lo
que esul a singula - e ie e la exis encia de
dos caminos. Uno, el de la Ve dad, o o el de
la
opinión. Con el camino de la Ve dad
Pa ménides inaugu a el sueño de la Filoso ía.
El
sueño que pod íamos ci a en la espe anza
de encon a un lenguaje que no quepa in e -
p e a , que no consien a pa á asis, que sea
imposible de abandona po las gene aciones
pos e io es. Pa a ello, bien una ealidad que
esconde
su
e dad, bien unas condiciones de
posibilidad de dicha ealidad, o bien una li e a-
lidad inmu able, debe exis i pa a que ese
sueño que u ie on Pa ménides, Pla ón o Kan
pudie a con e i se en ealidad de la mano de la
Filoso ía.
Pa ménides nos ad i ió que exis e un lengua-
je
de la e dad y o o del e o , un lenguaje
li e al y o o me a ó ico, una ía ansi able, la
o a in uc uosa. Como digo, muchos c eye-
on en esa posibilidad y el discu so se di idió
en géne os. Po una pa e es a ían los géne os
que usan las palab as como signi icados inme-
dia amen e asimilables, es deci , que e ie en
a una ealidad o a su condición de posibilidad;
po o a, los géne os que usan las palab as en
cuan o que palab as, que me amen e igu an
palab as, incluso sonidos '. En los p ime os
sólo cabe un uso li e al del lenguaje, en los
segundos, podemos hace
un
uso me a ó ico.
La Filoso ía o la ciencia o man pa e del p i-
me ipo de géne o, la li e a u a, la poesía, la
pin u a e incluso la polí ica del segundo. La
-
XLIV
-
iloso ía o la Ciencia sólo ienen un camino, la
ía de la Ve dad, la li e a u a o la polí ica
caminan con usos po la ía de la opinión.
A lo la go de la His o ia muchos pensado es
han que ido decons ui es a di isión de los
géne os, que
no
es sino una di isión de los
alo es. Pe o
lo
han que ido hace man enien-
do la di isión. Muchos han que ido des ui
el
edi icio de la ciencia, el conjun o de c eencias
que se enían po e dade as, pa a edi ica
sob e sus uinas nue as c eencias, nue as e -
dades. De alguna mane a odos los g andes
pensado es esponden a es a p ác ica, pe o, a
la ez, han que ido impedi que o os más
a de pudie an de iba sus edi icios.
Quisie on cons i ui sus e dades como Las
Ve dades, más allá de las cuales sólo queda el
dis u e de habe hecho ealidad el sueño
Heidegge o Nie zsche, es deci , el in en o de
in en a un nue o géne o que no anscienda
más allá de las palab as
•.
La espues a que
debemos da es, como la iloso ía e apéu ica
wi gens einiana nos indicó, que la p egun a
no es una e dade a p egun a, no e ela
un
e dade o p oblema. Fundamen almen e, po -
que cualquie espues a que o mulá amos,
excep o quizá aquella de co e de idiano, no
esponde ía a la p egun a.
¿Cómo en onces pod emos e o mula la
cues ión?
C eo que man ene la dis inción genenca
en e lo li e al y
lo
me a ó ico, en e lo ilosó-
ico y lo li e a io es aún de in e és, pe o ya no
como consecuencia de una di isión cons an e
del ipo de lenguaje a emplea , sino, a lo
nuclea de la iloso ía. Kan , Hegel, Nie zsche, sumo, como una dis inción de cómo usamos
el Wi gens ein del T ac a us o Heidegge e e-el lenguaje en de e minados momen os 5• 45
ye on habe inalizado con el sueño de la ilo-
so ía, con ellos
-pensa on-
se ce aba la nece-
sidad de la in es igación ilosó ica.
Lo que se ha llamado Decons ucción en es os
iempos de posmodemidad no es más que eco-
noce que es a in e p e ación de la His o ia de
las ideas, como consecuencia de la di isión de
los géne os que inaugu ó Pa ménides y que
Pla ón con i ió en canónica,
no
iene ya nin-
guna posibilidad,
y,
en consecuencia, ampoco
la iene la espe anza de des ela la e dad del
uni e so. De es a mane a quedó en en edicho
la di isión de los géne os.
Pe o, ¿signi ica es o que odo es ex o? Si no
enemos en cuen a el in en o de De ida de
aslada el e eno de cons ucción en ez de
cons ui sob e las uinas de los edi icios de
En Filoso ía o en Ciencia, en de e minados
momen os, nues as e dades empiezan a
es o ba nos, a di icul a nues o camino po la
ía de la Ve dad, comenzamos a duda de su
li e alidad, se mani ies an cada ez con más
in ensidad como apa iencias, en onces necesi-
amos usos me a ó icos de las palab as pa a
edi ica nue as c eencias, pa a o za los sig-
ni icados o sus e e encias. C eamos lenguaje.
Podemos gene a c eencias de es mane as
dis in as: median e la pe cepción, la in e en-
cia y la me á o a.
La pe cepción pe mi e in oduci una c eencia
nue a en la ed que cons i uyen las an iguas.
Tal ez exijamos una cohe encia global al sis-
ema y engamos que sus i ui una o algunas
-XLV-
ASTRAGALO,09(1998)ISSN 1134-3672
an iguas po la nue a, pe o en cualquie caso
deja in ac o nues o lenguaje.
La in e encia nos pe mi e gene a nue as c e-
encias a pa i de las que ya poseemos que
habían pasado desape cibidas y que posible-
men e la ac ualización de la c eencia de i ada
pueda igualmen e al e a la cohe encia del sis-
ema de c eencias, po lo que debe emos
modi ica lo, pe o de nue o deja in ac o nues-
o lenguaje, es deci nues a o ma
de
des-
compone el ámbi o
de
la
posibilidad; modi i-
ca
el alo de e dad de las o aciones, pe o
no nues o epe o io
de
o aciones 6•
Conside a únicamen e es as dos o mas
de
gene-
ación
de
c eencias con iene
al
con enido hus-
se liana
de
la in encionalidad, en endiendo que a
lo
que
nos
emi en nues os con enidos p oposi-
cionales, log ados po ese ac o noé ico sob e una
es a posición esencialis a, que
se
co espondía
con
el
sueño nuclea
de
la
iloso ía, se á di ícil de
man ene
en
los iempos de
la
decons ucción.
En ese momen o, en que ampliamos nues o
lenguaje necesa iamen e, hacemos lec u as
li e a ias de las ob as ilosó icas o cien í icas,
en ese momen o an e la necesidad de la in e -
p e ación, decons uimos
un
discu so, aunque
no
cambiemos de géne o.
É ica
¿Qué pasó con la é ica en odo es e iempo, a
qué géne o pe eneció?
La é ica,
en
la medida que
en
su o igen e a la
c uz
de
la
ciencia, p ocu ó c ea
un
lenguaje que
no
u ie a in e p e ación posible, que e i ie a la
única ida buena e dade a, que esca a a
del
pecado la i ud. Na u almen e, aquí
no
había
un
46 ma e ia dada a a és de los sen idos, es
el
ámbi- mundo que de e mina a
el
signi icado, pe o es a-
o
de
lo posible, implíci o, quizá ocul o, pe o ba Dios que co egía nues os e o es lingüís icos.
dado y
ijo,
cons i uido como algo obje i o a
lo
que emi en nues os ac os p oposicionales.
Aho a bien, conside a la posibilidad de la
me á o a como o a uen e de cons ucción de
c eencias, pe mi e conside a al lenguaje, el
espacio lógico
y
el ámbi o
de
la
posibilidad
como algo abie o. Una me á o a pe mi e
al e a las signi icaciones del lenguaje, cons-
uyendo una edesc ipción di e en e del espa-
cio lógico de lo posible en el que nos encon-
amos, cambia la ida, cambia el lenguaje.
Rechaza es a posibilidad, que
se
escapa
en
muchos casos a la egula idad que impone
el
supues o de acionalidad la en e, supone a a
con
un
mundo comple amen e dado y con
un
len-
guaje que lo ep esen a, igualmen e dado. Pe o
También, muchos en es e p oceso comp en-
die on que la e e encialidad de nues os con-
cep os é icos su gían de la in e p e ación de
algunas conduc as. Po ejemplo, A is ó eles
nos ad i ió que en é ica
no
bas aba la me a
azón sino que eníamos que modeliza como
e e encia al homb e p uden e. A is ó eles
comp endió que en é ica la e e encia de nues-
as palab as se ob iene po ejempli icación,
que no es sino
un
uso me a ó ico in e ido.
Del mismo modo, la iloso ía helenis a busca-
ba un ideal de Sabio,
un
es ilo de ida que si -
ie a como modelo.
Pe o p on o, con la llegada del pensamien o
c is iano queda on
en
el
ol ido es as ad e en-
-XLVI-
cias. La iloso ía c is iana ein odujo el in en- dónde su ge la posibilidad
de
pe segui lo
o pla ónico
de
undamen a una mo al que si - posible y
lo
impo an e?
ie a como c i e io
de
sal ación o condena.
El
úl imo es ue zo po in eg a el discu so
é ico en
la
ía de la Ve dad ue po pa e de
Kan . A quien, no sin azón, Nie zsche cali i-
caba de c is iano ale oso. Kan , no sólo p e-
endió consolida
el
discu so é ico en
el
géne-
o
de lo li e al, sino que lo con i ió en el
único discu so e dade o. E a na u al, pues,
pe dido el mundo, sólo quedaba Dios pa a
alida nues os signi icados.
Sin emba go la cons a ación
de
que la é ica no
puede pe enece a es e géne o
la
ealizó p e-
cisamen e alguien que siemp e u o p esen e
que la é ica no o ma pa e del mundo.
Wi gens ein, quien en algún momen o soñó
el
sueño nuclea de la iloso ía, con una sencilla
e lexión nos hizo comp ende aquello que
ni
siquie a Nie zsche log ó, a sabe que en é ica
sólo cabe in en a .
Dice Wi gens ein, en una de las pocas oca-
siones en que
se
ocupa
de
la
é ica como ema:
si
un
homb e pudie a esc ibi
un
lib o de é ica
que ealmen e ue a
un
lib o de é ica, es e lib o
des ui ía, como una explosión, odos los
demás lib os del mundo.
No hace al a una e lexión muy p o unda
pa a pe cibi la opo unidad de es as palab as,
pe o en onces,
si
no se ha esc i o has a la
echa ni
un
lib o de é ica,
si
aún
no
han explo-
ado odos los demás lib os,
si
aún con inua-
mos esc ibiendo, ¿de dónde hemos ap endido
los alo es y las no mas que alumb an nues a
conduc a? ¿De dónde hemos ob enido los c i-
e ios pa a cons i ui nos en humanidad? ¿De
Supongo que del homb e p uden e, como ya
ie a A is ó eles. Pe o, ¿nos hemos c uzado
con él,
le
hemos conocido, nos lo han p esen-
ado? ¿Quién es el homb e p uden e?
La É ica,
al
menos en la dimensión pe sonal
en la que es á siendo abo dada en es as pági-
nas, iene que e undamen almen e con la
posibilidad
de
cons ui el mejo yo que poda-
mos. Pe o la cons ucción del yo es una sue -
e
de
elabo ación na a i a, de inclui los
acon ecimien os que nos odean en una ama
que pueda o ece se como una ida, una ama
que do e
de
sen ido nues os encuen os con el
mundo, una elabo ación que nos coloque en
un mundo
habi able.
Que ese yo c eado sea el
mejo exige una cons an e edesc ipción has a
el pun o que no o memos pa e de una na a-
ción no que ida, has a el pun o que no nos
con ie an en pe sonajes de o a his o ia. Que
de nues a desc ipción de noso os mismos no
quepa una nue a in e p e ación. Si log amos
deja nues a his o ia bien acabada, de al
mane a que ninguna o a que p e enda inclui -
la sea mejo , en onces end emos el sen i-
mien o de que hemos lle ado a cabo lo posi-
ble y lo impo an e, hemos hecho de noso os
mismos el mejo yo que podíamos y nadie
después pod á al e a lo.
Es o, que como decía Wi gens ein
7
no pe e-
nece el mundo, no deja de se una i esis ible
en ación de anscendencia que pe mi e
a on a el u u o como una olun ad, p ecisa-
men e po que emos un pasado que dibuja
len amen e una his o ia. Si somos cada uno de
-XLVII-
47
ASTRAGALO,09(1998)ISSN 1134-3672
48
noso os el que consigue esc ibi la con o me
un diseño de a gumen o, en onces la ida
pa ece á son eímos, si no, se emos pe sonajes
de un des ino que el aza hab á u dido sin
nues o consen imien o.
Es a idea
es
la que queda e lejada en el
comen a io que hace Ro y sob e un na ado
como P ous :
Pa a quien
como
P ous , no
es
un eó ico, ese
p o
blema
no exis e. Al na ado de En busca
del iempo pe dido la p egun a: «¿Quién a a
edesc ibi me
?,
no le inquie a ía. Po que su
a ea es á concluida una ez que ha o denado
los hechos
de
su ida de acue do
con
su p opia
mane a de hace lo,
un
a ez que ha cons uido
una es uc u a a pa i de las pequeñas cosas:
Gilbe e en e los espinos, el colo de las en-
anas de la capilla de Gue man es, el sonido del
nomb e
«G
ue man es», los dos caminos, las
cúpulas
cam
bian es. Sabe que
esa
es uc u a
hab ía sido dis in a de habe mue o él an es o
después, po que las pequeñas cosas po inclui
en ella hab ían sido más o menos nume osas.
Pe o eso no impo a. Pa a P ous no exis e el
p oblema de
cómo
e i a
se
au gelwben. La
belleza,
po
depende
como
depende, de que se
le
dé o ma a una mul iplicidad,
es
mani ies a-
men e ansi o ia, po que
es
p obable que se la
des uya cuando a esa mul iplicidad
se
añadan
nue os el
eme
n os.
La
belleza
equ
i
e e
un
ma co y
la
mue e lo p opo ciona. '
És e es el eje p incipal de la ac i idad men al
del homb e, ambién su obligación é ica, cons-
ui nue as y mejo es na aciones, al ededo
del cual se a icula cualquie o a a ea cogni-
i a. Un en o no con iguo que pe mi e en cada
momen o inicia el ela o que odee la expe-
iencia conc e a, sea pa a su comp ensión, su
explicación o su jus i icación. Aquel que no
pueda inicia un ela o an e cualquie in e pe-
lación que se le plan ee sob e un episodio de su
ida queda á en la pe manen e igno ancia que
conlle a no pode localiza se, no pode con-
ex ualiza se. Y es o es aplicable no sólo a epi-
sodios de la biog a ía indi idual, sino ambién
al uso de cie as palab as y no o as, de cie os
colo es o es idos, de elecciones an e al e na-
i as, de decisiones, de planes pa a el u u o.
Una explicación de cualquie a de es as cosas,
y de o as muchas, es ine i ablemen e inicia
una na ación que le do e
de
sen ido.
Es o mismo es igualmen e álido pa a nues o
deseo de comp ensión de los o os, sólo cuan-
do pa icipamos de su pasado, de sus ecue -
dos, es cuando nos c eemos en disposición de
p edeci sus u u as conduc as. Sólo cuando
hemos escuchado su ela o nos con e imos
en pe sonas bien in o madas. En ese mome
n-
o no nos es un desconocido, aho a podemos
compa i sus emociones, sus deseos y p o-
yec os, sen i los ce canos, inclui los en nues-
o noso os.
Si pensá amos que los ojos de una muchacha no
son más que b illan es edondeles de micas,
no
sen i íamos la misma a idez po conoce su ida
y pene a en ella. Pe o nos damos cuen a de que
lo que 1 u ce en esos discos de e lexión no p o-
iene exclusi amen e de su composición ma e-
ial; h
ay
allí muchas cosas pa a noso os desco-
nocidas, neg as somb as de la idea que iene esa
pe sona de los se es y luga es que conoce
..
. "
O ambién
Y jun os l
os
dos pod íamos eco e aquella
isla, pa a
mí
an
ll
ena
de encan o po que había
-
XLVIII
-
ence ado la ida habi ual de la seño i a
S e ma ia
y
descansaba en la memo ia de su
mi ada. Po que se me igu aba que no la pose-
e ía ealmen e
si
no después de habe a a esa-
do aquellos luga es que la odeaban de ecue -
dos, elo que
mi
deseo ansiaba a anca , elo
de esos que la Na u aleza in e pone en e la
muje y algunos se es.
"'
Si la ac i idad cogni i a del se humano, si la
mane a de cons ui
un
mundo habi able, si la
posibilidad de cons ui el mejo yo que poda-
mos o la búsqueda de lo posible y
Jo
impo -
an e pasa po la elabo ación de ela os, ¿
no
ocu i á
Jo
mismo con el azonamien o é ico?
¿No es a emos obligados a hace in e p e a-
ciones li e a ias
de
nues os alo es y de
nues os semejan es?
La Tesis que se p opone es la siguien e:
Hemos ap endido a i i y hemos buscado la
ida buena, no a a és de
un
discu so e e-
encial, no a a és de la ía de la Ve dad, sino
en el ámbi o de lo posible, de
Jo
me a ó ico,
de lo li e a io. El homb e p uden e se halla en
alguna de las no elas que hemos leído y nos
han gus ado, en alguno de sus pe sonajes.
Tal ez el a e, como mani es ación cul u al
de odas las épocas, iene la ue za de con o-
ca o ia y admi ación que posee, apa e del
con uso sen imien o es é ico, bien puede se
po que quizá es el camino más di ec o hacia
esa endencia anscenden al del homb e de
coloca su na ación en e las inmejo ables,
esa mane a de cons ui un mundo que nos
con ie e en c eado es. A la ez, la complici-
dad del mundo habi able que nos o ecen los
ela os y las ob as de a e, nos enseñan cami-
nos hacia la i ud, la bondad o
la
elicidad.
Li e a u a
En é ica no caben lec u as li e ales, ilosó icas,
sólo li e a ias, po que la é ica no es á comp o-
me ida con
la
e dad, sino con lo mejo . Es á
obligada a la búsqueda cons an e de al e na i-
as, a la e isión de concep os y de undamen-
os, a alo a indi iduos. Y ése es p ecisamen-
e el e i o io de la Li e a u a, donde an o
Anna como Ka enina; donde an o la Regen a
como Ana Ozo es de Quin ana , donde an o el
Quijo e como Alonso Quijano ienen de echo
a se en endidos.
La Li e a u a, y
en
especial la No ela, man-
iene una equilib ada elación en e lo conc e-
o y lo gene al, en e lo local y lo global. En e
las aspi aciones gene ales de los se es huma-
nos y o mas pa icula es de ida que pe mi-
en alcanza o desecha dichas aspi aciones.
Además en
el
p oceso la no ela apela a un
lec o que de algún modo es capaz de com-
pa i con los pe sonajes espe anzas, deseos,
emo es y p eocupaciones que p oyec an lazos
de inden i icación y de simpa ía o echazo.
La no ela es
un
géne o que pe mi e un azo-
namien o é ico ela i o al con ex o, enca nado
en idas conc e as que son a que ipos de las
idas humanas, pe o no cae en el ela i ismo
p ecisamen e po que, a a és de la imagina-
ción, somos capaces de p esencia una idea
gene al de la ealización humana en una si ua-
ción conc e a.
Acep a la exis encia de una ida humana
exige p oyec a nues os sen imien os y emo-
ciones sob e las o mas que pe cibimos a
nues o al ededo , necesi amos c ea icciones
y me á o as que nos hagan c ee que nues os
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XLIX
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49
ASTRAGALO,09(1998)ISSN 1134-3672
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semejan es no son au óma as o máquinas p o-
g amadas, es o que ha cons i uido y cons i ui-
á un p oblema ilosó ico i esoluble,
lo
log a
la no ela con suma acilidad. Po que una
buena no ela no nos solici a igo sino imagi-
nación,
no
busca la e dad, sino la habi abili-
dad de las idas que mues a.
¿Acaso
no
leemos pa a sabe ? Pa a sabe más
sob e la mecánica de las pasiones, sob e
el
odio y el amo , los celos y la enganza,
la
seducción; pa a descub i cómo se juzga a las
pe sonas y cómo se jus i ican las acciones.
Las no elas, po es a ue a del mundo, pue-
den con i ma la ealidad de nues a ida, la
dis ancia que media en e el mundo del debe ,
de aquello que nos gus a ía, y
lo
que queda
some ido al iempo y a la mue e.
¿Acaso no es án las no elas que hemos leído
en noso os? ¿No han modelado nues os pen-
samien os, no nos han cedido las acciones que
sus pe sonajes necesi aban a a és de las cua-
les han e i ido con o me i íamos noso os?
Pe o, ¿po qué la No ela? Po que la ida eal
es agmen a ia, discon inua, po que nadie
puede cap a en ella el nexo causal que une los
acon ecimien os. Pa a ello necesi amos cons-
ui una na ación. Toda ida es una na a-
ción que se hace e ospec i amen e según los
in e eses que nos ma ca el u u o. Piensen qué
se á de noso os mañana, cuán poco sabemos
de lo que nos ese a el aza
y,
sin emba go,
podemos al con a nos cons ui la con inuidad
y la causalidad que cons uya nues os es ados
en el mundo en una ida.
Y,
lo
que es mejo ,
podemos cons ui nos an as idas como an-
os ela os hagamos de ellas.
Po es a peculia idad, la no ela con iene el
mejo pa adigma de azonamien o é ico, po -
que con iene idas con ex ualizadas, po que
dispone de una ama que
a
más allá de los
acon ecimien os que la cons i uyen y que
mues a odo el epe o io de lo humano, y lo
hace pa a que podamos elegi qué ipo de ida
que emos con a a los o os y con a nos a
noso os mismos.
La No ela no equie e una alo ación e i a-
i a,
al
con a io alo amos las his o ias en la
medida en que p oponen
un
mundo en
el
que
podamos i i y p oyec a nues os pode es
más p opios. ¿Pe o no es eso p ecisamen e el
obje i o de la é ica?
La Filoso ía ha que ido de e mina un ipo de
ida como e dade a, ambién
lo
ha que ido la
Polí ica o el De echo, ha que ido p oduci
leyes uni e sales y necesa ias de aplicación
gene al y se ha es o zado po do a a esas
leyes de undamen o. Pe o, mien as no apele-
mos a la imaginación
no
encon a emos al
undamen o. La posición emo i is a de Hume
esul a cada ez más sólida con o me com-
p endemos los mecanismos cogni i os del se
humano, con o me descub imos que las emo-
ciones y los sen imien os son elemen os indis-
pensables en el azonamien o y en la oma de
decisiones
11
•
El
e o de Desca es consis ió
en que e ese a
un
espacio p opio del hom-
b e que se ajus a a
al
sueño nuclea de la ilo-
so ía, des e ando a las pasiones a una des-
c ipción mecánica y desalmada que no com-
p ome ie a la dignidad humana. Sin emba go
a la ho a de p oduci una é ica, no pudo po
menos que decla a la p o isional. Pe o es que
la é ica siemp e se á p o isional, o zada a
-L-
una cons an e ein ención, que pueda inclui
cada ez más pe sonajes y e i o ios con o -
me descub amos que los o os son como noso-
os, pe o eso no pod á hace se desde la con-
ciencia ca esiana que no puede escapa a
su
solipsismo, end á que apela
al
oído, a
la
escucha a en a
de
o as na aciones, a la ima-
ginación pa a econs ui idas que esul a án
como las nues as. Desde siemp e hemos
ap endido leyendo a poe as y no elis as y
desde siemp e ambién hemos sen ido la ue -
za de las leyes que nos obligan.
Si
el mo i-
mien o decons uc i o si e pa a ad e i que
hay ambién un pensamien o público que
ecoge haciendo
un
uso li e a io de los dis-
cu sos, algún bene icio hab emos alcanzado.
Habi abilidad
Ya
hemos sub ayado
un
concep o, el concep o
de lo habi able como aquel que puede pone en
elación los dis in os géne os, como c i e io de
alo ación é ico
de
las
idas humanas que
no
o man pa e del mundo. Desde que A is ó eles
a i ma a
la
sociabilidad
del
se humano,
lo
habi able ha sido
el
educ o
de
la
ciudad. La
Ciudad
se
ha con e ido en el luga de esiden-
cia de los homb es, donde edi ican sus hoga es,
donde desa ollan sus idas, donde habi an.
En o igen, cuando
la
ciudad e a Polis, cuando
la Polis e a
la
comunidad social, polí ica y
humana de los ciudadanos, es e concep o de
lo
habi able podía ca ac e iza p ecisamen e el
medio u bano dis inguiéndolo del medio na u-
al, de la sel a, de
la
jungla.
Pe o hoy, la ciudad hace mucho que ha dejado
de se Polis y en consecuencia debemos p e-
gun a nos si aún nues as ciudades esul an
habi ables,
si
son el espacio en
el
que desa o-
llamos nues as idas, si son el luga de
encuen o con nues os ecinos,
si
es el o o
de
nues as ac uaciones polí icas.
Denominábamos habi able
al
esul ado
de
esca-
pa
al
aza con o me é amos capaces de do a
de
con inuidad y causalidad los acon ecimien-
os
del mundo, con o me é amos capaces de
elabo a amas na a i as que ue an insupe a-
bles. ¿Ocu e es o en
el
ámbi o
de
la
Ciudad?
La Ciudad es
un
A chipiélago. Los a chipiéla-
gos se ca ac e izan po queda unidos po
aquello que los sepa a,
lo
agmen a io de
nues os si ios, lo dis ibuido de ellos imposi-
bili a
la
con inuidad y la causalidad que exige
nues o concep o de
lo
habi able. Las Ciu-
dades posmode nas
no
pueden
ni
siquie a
localiza se en los mapas, no son ansi ables
ísicamen e, equie en
de
elabo aciones i -
uales, pues i uales son sus si ios, equie en
simulaciones, pues i eales son sus ins i ucio-
nes y sus gen es. Nues a p esencia en las ciu-
dades se educe a apa iciones ap esu adas que
cub en
un
ayec o en e ines.
No
son sino
un
me o medio, a menudo hos il, pa a nues as
in enciones.
Es
más cada ez es as apa icio-
nes ienden a educi se, a limi a se en iempo,
a p o ege se en ehículos o anspo es que las
agilicen. Es os mo imien os, a di e encia del
iaje clásico, no pueden apo a la con inui-
dad y la causalidad que eque imos pa a cons-
ui idas,
al
con a io pa ecen impone una
desmemb ación sólo ali iada po el mundo
que nos o ecen los medios de comunicación.
Son los media los que do an de unidad a nues-
os mo imien os, pe o en ellos e iden emen-
e
no pa icipamos
ni
an siquie a como pe so-
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