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De la habitabilidad: relaciones entre ética y literatura en la ciudad espejo

Muñoz Gutiérrez, Carlos

Abstract

El autor se pregunta qué es la ciudad, o qué debería ser en la época de la deconstrucción, de las redes de información, partiendo de planteamientos más éticos que estéticos. La ciudad, que había sido creada como un espacio para la habitabilidad, ha dejado de ser el lugar para el desarrollo de la virtud a medida que los conceptos han dejado de reflejar una realidad exterior a ellos para transformar lo real en texto.

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DE LA HABITABILIDAD Relaciones entre ética y literatura en la Ciudad Espejo Carlos Muñoz Gutiérrez El autor se pregunta qué es la ciudad, o qué debería ser en la época de la deconstrucción, de las redes de información, partiendo de planteamientos más éticos que estéticos. La ciudad, que había sido creada como un espacio para la habitabilidad, ha dejado de ser el lugar para el desarrollo de la virtud a medida que los conceptos han dejado de reflejar una realidad exterior a ellos para transformar lo real en texto. Permítanme, para empezar, una extensa cita de Janet Frame de gran belleza. E s el Mensajero quien me urge a hacerlo, e incluso ahora, mientras escnbo, el Mensajero de la Ciudad Espejo espera ante mi puerta y mira ávidamente mientras sigo recogiendo los datos de mi vida. Y me someto a los deseos del Mensajero. Sé que la continua existencia de la Ciudad Espejo depende de las sustancias transportadas hasta allí, y que el expectante Mensajero pregunta: <<¿Quieres que crezca la Ciudad Espejo? ¿Recuerdas tu visita, esa maravillosa visión por encima del tiempo y del espacio, la transformación de los hechos e ideas corrientes en un reluciente palacio de espejos? ¿Qué importancia tiene que cuando hayas partido de la Ciudad Espejo con tus tesoros nuevos e imaginados éstos se hayan desvanecido a la luz de este mundo, que en su instrumento de lenguaje hayan adquirido imperfecciones que tú nunca quisiste para ellos, que hayan perdido el significado que alguna vez parecieron irradiar haciendo que tu corazón se agitara con la alegría de descubrir la frase o la cadencia que correspondía, la total penetración? Ten cuidado. Tu 43 pasado reciente te rodea, aún no ha sido transformado. No quites aún lo que pueden ser los cimientos de un palacio en la Ciudad Espejo». ' La pregunta es: ¿qué es o qué debería ser la ciudad? ¿Qué queda de la ciudad en la época de la deconstrucción, del postcapitalismo, de la era de Internet? En este sentido la discusión es, como casi siempre, no tanto estética, sino ética; y, sin embargo, resultará al final que tal distinción de los saberes es confusa y traspasable con facilidad. Resultará que la historia de las ideas ha emprendido una sistemática destrucción de los géneros que estaba ya en su inicio. Resultará que tratados de arquitectura o de urbanismo, políticas municipales o asentamientos marginales no logran modificar el espacio de habitabilidad de la ciudad. Al final, -XLIII- ASTRAGALO, 09 (1998) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Article, ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.1998.i09.04 Experto en Ingeniería del conocimiento. Ha trabajado en proyectos de desarrollo de Inteligencia Artificial. 44 una vez recorrida esta senda encontraremos que el deber ser y el ser extrañamente coinciden en algún nivel del concepto de ciudad, en ese concepto que hemos creado para poder confiar en esa supuesta condición humana que es su sociabilidad, que hemos creado para lograr nuestra supervivencia más allá de la mera biología. La ciudad es el nombre que damos al objeto de nuestra habitabilidad. Pero, en rigor, bien mirado, la habitabilidad es, sobre todo, un concepto ético que solamente puede ejemplificarse, como la ética, fuera del mundo. Sin embargo, lo necesitamos con nosotros en todo momento, como otros conceptos éticos, la felicidad, el bien o la virtud. ¿Cómo conseguimos solucionar esta paradoja aprovechando la enseñanza de los tiempos? De estos tiempos que nos han convencido de que los conceptos no reflejan ninguna realidad exterior a ellos, e incluso de que ellos mismos han perdido el significado al que alguna vez confiamos. Estos tiempos que han convertido todo en texto, que han lanzado las redes del lenguaje para atrapar el lenguaje que la constituye. Pero, lejos del pesimismo, esa red omnívora me ha servido de mapa y he trazado una ruta que al menos me deja tranquilo. Espero que esa tranquilidad pueda difundirse por las palabras. La Ciudad, sí, la ciudad pensada y repensada, la ciudad querida y buscada. ¿Qué Ciudad? Miro con atención la ciudad fmjada por mi mente. Y vaya, es la Ciudad Espejo, no es Dunedin, ni Londres, ni Ibiza ni Auckland, ni ninguna otra conocida. Es la Ciudad Espejo la que se alza ante mis ojos. Y el Mensajero aguarda ' Deconstrucción La posibilidad del discurso y de su deconstrucción aparece ya en la antigua Grecia con la figura de Parménides, quien en un poema -lo que resulta singularrefiere la existencia de dos caminos. Uno, el de la Verdad, otro el de la opinión. Con el camino de la Verdad Parménides inaugura el sueño de la Filosofía. El sueño que podríamos cifrar en la esperanza de encontrar un lenguaje que no quepa interpretar, que no consienta paráfrasis, que sea imposible de abandonar por las generaciones posteriores. Para ello, bien una realidad que esconde su verdad, bien unas condiciones de posibilidad de dicha realidad, o bien una literalidad inmutable, debe existir para que ese sueño que tuvieron Parménides, Platón o Kant pudiera convertirse en realidad de la mano de la Filosofía. Parménides nos advirtió que existe un lenguaje de la verdad y otro del error, un lenguaje literal y otro metafórico, una vía transitable, la otra infructuosa. Como digo, muchos creyeron en esa posibilidad y el discurso se dividió en géneros. Por una parte estarían los géneros que usan las palabras como significados inmediatamente asimilables, es decir, que refieren a una realidad o a su condición de posibilidad; por otra, los géneros que usan las palabras en cuanto que palabras, que meramente figuran palabras, incluso sonidos '. En los primeros sólo cabe un uso literal del lenguaje, en los segundos, podemos hacer un uso metafórico. La Filosofía o la ciencia forman parte del primer tipo de género, la literatura, la poesía, la pintura e incluso la política del segundo. La - XLIV - filosofía o la Ciencia sólo tienen un camino, la vía de la Verdad, la literatura o la política caminan confusos por la vía de la opinión. A lo largo de la Historia muchos pensadores han querido deconstruir esta división de los géneros, que no es sino una división de los valores. Pero lo han querido hacer manteniendo la división. Muchos han querido destruir el edificio de la ciencia, el conjunto de creencias que se tenían por verdaderas, para edificar sobre sus ruinas nuevas creencias, nuevas verdades. De alguna manera todos los grandes pensadores responden a esta práctica, pero, a la vez, han querido impedir que otros más tarde pudieran derribar sus edificios. Quisieron constituir sus verdades como Las Verdades, más allá de las cuales sólo queda el disfrute de haber hecho realidad el sueño Heidegger o Nietzsche, es decir, el intento de inventar un nuevo género que no transcienda más allá de las palabras •. La respuesta que debemos dar es, como la filosofía terapéutica wittgensteiniana nos indicó, que la pregunta no es una verdadera pregunta, no revela un verdadero problema. Fundamentalmente, porque cualquier respuesta que formuláramos, excepto quizá aquella de corte derridiano, no respondería a la pregunta. ¿Cómo entonces podremos reformular la cuestión? Creo que mantener la distinción genenca entre lo literal y lo metafórico, entre lo filosófico y lo literario es aún de interés, pero ya no como consecuencia de una división constante del tipo de lenguaje a emplear, sino, a lo nuclear de la filosofía. Kant, Hegel, Nietzsche, sumo, como una distinción de cómo usamos el Wittgenstein del Tractatus o Heidegger ere-el lenguaje en determinados momentos 5• 45 yeron haber finalizado con el sueño de la filosofía, con ellos -pensaron- se cerraba la necesidad de la investigación filosófica. Lo que se ha llamado Deconstrucción en estos tiempos de posmodemidad no es más que reconocer que esta interpretación de la Historia de las ideas, como consecuencia de la división de los géneros que inauguró Parménides y que Platón convirtió en canónica, no tiene ya ninguna posibilidad, y, en consecuencia, tampoco la tiene la esperanza de desvelar la verdad del universo. De esta manera quedó en entredicho la división de los géneros. Pero, ¿significa esto que todo es texto? Si no tenemos en cuenta el intento de Derrida de trasladar el terreno de construcción en vez de construir sobre las ruinas de los edificios de En Filosofía o en Ciencia, en determinados momentos, nuestras verdades empiezan a estorbarnos, a dificultar nuestro camino por la vía de la Verdad, comenzamos a dudar de su literalidad, se manifiestan cada vez con más intensidad como apariencias, entonces necesitamos usos metafóricos de las palabras para edificar nuevas creencias, para forzar los significados o sus referencias. Creamos lenguaje. Podemos generar creencias de tres maneras distintas: mediante la percepción, la inferencia y la metáfora. La percepción permite introducir una creencia nueva en la red que constituyen las antiguas. Tal vez exijamos una coherencia global al sistema y tengamos que sustituir una o algunas -XLV- ASTRAGALO,09(1998)ISSN 1134-3672 antiguas por la nueva, pero en cualquier caso deja intacto nuestro lenguaje. La inferencia nos permite generar nuevas creencias a partir de las que ya poseemos que habían pasado desapercibidas y que posiblemente la actualización de la creencia derivada pueda igualmente alterar la coherencia del sistema de creencias, por lo que deberemos modificarlo, pero de nuevo deja intacto nuestro lenguaje, es decir nuestra forma de descomponer el ámbito de la posibilidad; modifica el valor de verdad de las oraciones, pero no nuestro repertorio de oraciones 6• Considerar únicamente estas dos formas de generación de creencias conviene al contenido husserliana de la intencionalidad, entendiendo que a lo que nos remiten nuestros contenidos proposicionales, logrados por ese acto noético sobre una esta posición esencialista, que se correspondía con el sueño nuclear de la filosofía, será difícil de mantener en los tiempos de la deconstrucción. En ese momento, en que ampliamos nuestro lenguaje necesariamente, hacemos lecturas literarias de las obras filosóficas o científicas, en ese momento ante la necesidad de la interpretación, deconstruimos un discurso, aunque no cambiemos de género. Ética ¿Qué pasó con la ética en todo este tiempo, a qué género perteneció? La ética, en la medida que en su origen era la cruz de la ciencia, procuró crear un lenguaje que no tuviera interpretación posible, que refiriera la única vida buena verdadera, que rescatara del pecado la virtud. Naturalmente, aquí no había un 46 materia dada a través de los sentidos, es el ámbimundo que determinara el significado, pero esta- to de lo posible, implícito, quizá oculto, pero ba Dios que corregía nuestros errores lingüísticos. dado y fijo, constituido como algo objetivo a lo que remiten nuestros actos proposicionales. Ahora bien, considerar la posibilidad de la metáfora como otra fuente de construcción de creencias, permite considerar al lenguaje, el espacio lógico y el ámbito de la posibilidad como algo abierto. Una metáfora permite alterar las significaciones del lenguaje, construyendo una redescripción diferente del espacio lógico de lo posible en el que nos encontramos, cambiar la vida, cambiar el lenguaje. Rechazar esta posibilidad, que se escapa en muchos casos a la regularidad que impone el supuesto de racionalidad latente, supone tratar con un mundo completamente dado y con un lenguaje que lo representa, igualmente dado. Pero También, muchos en este proceso comprendieron que la referencialidad de nuestros conceptos éticos surgían de la interpretación de algunas conductas. Por ejemplo, Aristóteles nos advirtió que en ética no bastaba la mera razón sino que teníamos que modelizar como referencia al hombre prudente. Aristóteles comprendió que en ética la referencia de nuestras palabras se obtiene por ejemplificación, que no es sino un uso metafórico invertido. Del mismo modo, la filosofía helenista buscaba un ideal de Sabio, un estilo de vida que sirviera como modelo. Pero pronto, con la llegada del pensamiento cristiano quedaron en el olvido estas adverten- -XLVI- cias. La filosofía cristiana reintrodujo el intendónde surge la posibilidad de perseguir lo to platónico de fundamentar una moral que sirposible y lo importante? viera como criterio de salvación o condena. El último esfuerzo por integrar el discurso ético en la vía de la Verdad fue por parte de Kant. A quien, no sin razón, Nietzsche calificaba de cristiano alevoso. Kant, no sólo pretendió consolidar el discurso ético en el género de lo literal, sino que lo convirtió en el único discurso verdadero. Era natural, pues, perdido el mundo, sólo quedaba Dios para validar nuestros significados. Sin embargo la constatación de que la ética no puede pertenecer a este género la realizó precisamente alguien que siempre tuvo presente que la ética no forma parte del mundo. Wittgenstein, quien en algún momento soñó el sueño nuclear de la filosofía, con una sencilla reflexión nos hizo comprender aquello que ni siquiera Nietzsche logró, a saber que en ética sólo cabe inventar. Dice Wittgenstein, en una de las pocas ocasiones en que se ocupa de la ética como tema: si un hombre pudiera escribir un libro de ética que realmente fuera un libro de ética, este libro destruiría, como una explosión, todos los demás libros del mundo. No hace falta una reflexión muy profunda para percibir la oportunidad de estas palabras, pero entonces, si no se ha escrito hasta la fecha ni un libro de ética, si aún no han explotado todos los demás libros, si aún continuamos escribiendo, ¿de dónde hemos aprendido los valores y las normas que alumbran nuestra conducta? ¿De dónde hemos obtenido los criterios para constituirnos en humanidad? ¿De Supongo que del hombre prudente, como ya viera Aristóteles. Pero, ¿nos hemos cruzado con él, le hemos conocido, nos lo han presentado? ¿Quién es el hombre prudente? La Ética, al menos en la dimensión personal en la que está siendo abordada en estas páginas, tiene que ver fundamentalmente con la posibilidad de construir el mejor yo que podamos. Pero la construcción del yo es una suerte de elaboración narrativa, de incluir los acontecimientos que nos rodean en una trama que pueda ofrecerse como una vida, una trama que dote de sentido nuestros encuentros con el mundo, una elaboración que nos coloque en un mundo habitable. Que ese yo creado sea el mejor exige una constante redescripción hasta el punto que no formemos parte de una narración no querida, hasta el punto que no nos conviertan en personajes de otra historia. Que de nuestra descripción de nosotros mismos no quepa una nueva interpretación. Si logramos dejar nuestra historia bien acabada, de tal manera que ninguna otra que pretenda incluirla sea mejor, entonces tendremos el sentimiento de que hemos llevado a cabo lo posible y lo importante, hemos hecho de nosotros mismos el mejor yo que podíamos y nadie después podrá alterarlo. Esto, que como decía Wittgenstein 7 no pertenece el mundo, no deja de ser una irresistible tentación de transcendencia que permite afrontar el futuro como una voluntad, precisamente porque vemos un pasado que dibuja lentamente una historia. Si somos cada uno de -XLVII- 47 ASTRAGALO,09(1998)ISSN 1134-3672 48 nosotros el que consigue escribirla conforme un diseño de argumento, entonces la vida parecerá sonreímos, si no, seremos personajes de un destino que el azar habrá urdido sin nuestro consentimiento. Esta idea es la que queda reflejada en el comentario que hace Rorty sobre un narrador como Proust: Para quien como Proust, no es un teórico, ese pro blema no existe. Al narrador de En busca del tiempo perdido la pregunta: «¿Quién va a redescribirme ?, no le inquietaría. Porque su tarea está concluida una vez que ha ordenado los hechos de su vida de acuerdo con su propia manera de hacerlo, un a vez que ha construido una estructura a partir de las pequeñas cosas: Gilberte entre los espinos, el color de las ventanas de la capilla de Guermantes, el sonido del nombre «G uermantes», los dos caminos, las cúpulas cam biantes. Sabe que esa estructura habría sido distinta de haber muerto él antes o después, porque las pequeñas cosas por incluir en ella habrían sido más o menos numerosas. Pero eso no importa. Para Proust no existe el problema de cómo evitar ser aufgelwben. La belleza, por depender como depende, de que se le dé forma a una multiplicidad, es manifiestamente transitoria, porque es probable que se la destruya cuando a esa multiplicidad se añadan nuevos el eme ntos. La belleza r equ i ere un marco y la muerte lo proporciona. ' Éste es el eje principal de la actividad mental del hombre, también su obligación ética, construir nuevas y mejores narraciones, alrededor del cual se articula cualquier otra tarea cognitiva. Un entorno contiguo que permite en cada momento iniciar el relato que rodee la experiencia concreta, sea para su comprensión, su explicación o su justificación. Aquel que no pueda iniciar un relato ante cualquier interpelación que se le plantee sobre un episodio de su vida quedará en la permanente ignorancia que conlleva no poder localizarse, no poder contextualizarse. Y esto es aplicable no sólo a episodios de la biografía individual, sino también al uso de ciertas palabras y no otras, de ciertos colores o vestidos, de elecciones ante alternativas, de decisiones, de planes para el futuro. Una explicación de cualquiera de estas cosas, y de otras muchas, es inevitablemente iniciar una narración que le dote de sentido. Esto mismo es igualmente válido para nuestro deseo de comprensión de los otros, sólo cuando participamos de su pasado, de sus recuerdos, es cuando nos creemos en disposición de predecir sus futuras conductas. Sólo cuando hemos escuchado su relato nos convertimos en personas bien informadas. En ese mome n- to no nos es un desconocido, ahora podemos compartir sus emociones, sus deseos y proyectos, sentirlos cercanos, incluirlos en nuestro nosotros. Si pensáramos que los ojos de una muchacha no son más que brillantes redondeles de micas, no sentiríamos la misma avidez por conocer su vida y penetrar en ella. Pero nos damos cuenta de que lo que 1 u ce en esos discos de reflexión no proviene exclusivamente de su composición material; h ay allí muchas cosas para nosotros desconocidas, negras sombras de la idea que tiene esa persona de los seres y lugares que conoce .. . " O también Y juntos l os dos podríamos recorrer aquella isla, para mí tan ll ena de encanto porque había - XLVIII - encerrado la vida habitual de la señorita Stermaria y descansaba en la memoria de su mirada. Porque se me figuraba que no la poseería realmente si no después de haber atravesado aquellos lugares que la rodeaban de recuerdos, velo que mi deseo ansiaba arrancar, velo de esos que la Naturaleza interpone entre la mujer y algunos seres. "' Si la actividad cognitiva del ser humano, si la manera de construir un mundo habitable, si la posibilidad de construir el mejor yo que podamos o la búsqueda de lo posible y Jo importante pasa por la elaboración de relatos, ¿ no ocurrirá Jo mismo con el razonamiento ético? ¿No estaremos obligados a hacer interpretaciones literarias de nuestros valores y de nuestros semejantes? La Tesis que se propone es la siguiente: Hemos aprendido a vivir y hemos buscado la vida buena, no a través de un discurso referencial, no a través de la vía de la Verdad, sino en el ámbito de lo posible, de Jo metafórico, de lo literario. El hombre prudente se halla en alguna de las novelas que hemos leído y nos han gustado, en alguno de sus personajes. Tal vez el arte, como manifestación cultural de todas las épocas, tiene la fuerza de convocatoria y admiración que posee, aparte del confuso sentimiento estético, bien puede ser porque quizá es el camino más directo hacia esa tendencia transcendental del hombre de colocar su narración entre las inmejorables, esa manera de construir un mundo que nos convierte en creadores. A la vez, la complicidad del mundo habitable que nos ofrecen los relatos y las obras de arte, nos enseñan caminos hacia la virtud, la bondad o la felicidad. Literatura En ética no caben lecturas literales, filosóficas, sólo literarias, porque la ética no está comprometida con la verdad, sino con lo mejor. Está obligada a la búsqueda constante de alternativas, a la revisión de conceptos y de fundamentos, a valorar individuos. Y ése es precisamente el territorio de la Literatura, donde tanto Anna como Karenina; donde tanto la Regenta como Ana Ozores de Quintanar, donde tanto el Quijote como Alonso Quijano tienen derecho a ser entendidos. La Literatura, y en especial la Novela, mantiene una equilibrada relación entre lo concre- to y lo general, entre lo local y lo global. Entre las aspiraciones generales de los seres humanos y formas particulares de vida que permiten alcanzar o desechar dichas aspiraciones. Además en el proceso la novela apela a un lector que de algún modo es capaz de compartir con los personajes esperanzas, deseos, temores y preocupaciones que proyectan lazos de indentificación y de simpatía o rechazo. La novela es un género que permite un razonamiento ético relativo al contexto, encarnado en vidas concretas que son arquetipos de las vidas humanas, pero no cae en el relativismo precisamente porque, a través de la imaginación, somos capaces de presenciar una idea general de la realización humana en una situación concreta. Aceptar la existencia de una vida humana exige proyectar nuestros sentimientos y emociones sobre las formas que percibimos a nuestro alrededor, necesitamos crear ficciones y metáforas que nos hagan creer que nuestros - XLIX - 49 ASTRAGALO,09(1998)ISSN 1134-3672 50 semejantes no son autómatas o máquinas programadas, esto que ha constituido y constituirá un problema filosófico irresoluble, lo logra la novela con suma facilidad. Porque una buena novela no nos solicita rigor sino imaginación, no busca la verdad, sino la habitabilidad de las vidas que muestra. ¿Acaso no leemos para saber? Para saber más sobre la mecánica de las pasiones, sobre el odio y el amor, los celos y la venganza, la seducción; para descubrir cómo se juzga a las personas y cómo se justifican las acciones. Las novelas, por estar fuera del mundo, pueden confirmar la realidad de nuestra vida, la distancia que media entre el mundo del deber, de aquello que nos gustaría, y lo que queda sometido al tiempo y a la muerte. ¿Acaso no están las novelas que hemos leído en nosotros? ¿No han modelado nuestros pensamientos, no nos han cedido las acciones que sus personajes necesitaban a través de las cuales han revivido conforme vivíamos nosotros? Pero, ¿por qué la Novela? Porque la vida real es fragmentaria, discontinua, porque nadie puede captar en ella el nexo causal que une los acontecimientos. Para ello necesitamos construir una narración. Toda vida es una narración que se hace retrospectivamente según los intereses que nos marca el futuro. Piensen qué será de nosotros mañana, cuán poco sabemos de lo que nos reserva el azar y, sin embargo, podemos al contarnos construir la continuidad y la causalidad que construya nuestros estados en el mundo en una vida. Y, lo que es mejor, podemos construirnos tantas vidas como tantos relatos hagamos de ellas. Por esta peculiaridad, la novela contiene el mejor paradigma de razonamiento ético, porque contiene vidas contextualizadas, porque dispone de una trama que va más allá de los acontecimientos que la constituyen y que muestra todo el repertorio de lo humano, y lo hace para que podamos elegir qué tipo de vida queremos contar a los otros y contarnos a nosotros mismos. La Novela no requiere una valoración veritativa, al contrario valoramos las historias en la medida en que proponen un mundo en el que podamos vivir y proyectar nuestros poderes más propios. ¿Pero no es eso precisamente el objetivo de la ética? La Filosofía ha querido determinar un tipo de vida como verdadera, también lo ha querido la Política o el Derecho, ha querido producir leyes universales y necesarias de aplicación general y se ha esforzado por dotar a esas leyes de fundamento. Pero, mientras no apelemos a la imaginación no encontraremos tal fundamento. La posición emotivista de Hume resulta cada vez más sólida conforme comprendemos los mecanismos cognitivos del ser humano, conforme descubrimos que las emociones y los sentimientos son elementos indispensables en el razonamiento y en la toma de decisiones 11 • El error de Descartes consistió en querer reservar un espacio propio del hombre que se ajustara al sueño nuclear de la filosofía, desterrando a las pasiones a una descripción mecánica y desalmada que no comprometiera la dignidad humana. Sin embargo a la hora de producir una ética, no pudo por menos que declararla provisional. Pero es que la ética siempre será provisional, forzada a -L- una constante reinvención, que pueda incluir cada vez más personajes y territorios conforme descubramos que los otros son como nosotros, pero eso no podrá hacerse desde la conciencia cartesiana que no puede escapar a su solipsismo, tendrá que apelar al oído, a la escucha atenta de otras narraciones, a la imaginación para reconstruir vidas que resultarán como las nuestras. Desde siempre hemos aprendido leyendo a poetas y novelistas y desde siempre también hemos sentido la fuerza de las leyes que nos obligan. Si el movimiento deconstructivo sirve para advertir que hay también un pensamiento público que recoger haciendo un uso literario de los discursos, algún beneficio habremos alcanzado. Habitabilidad Ya hemos subrayado un concepto, el concepto de lo habitable como aquel que puede poner en relación los distintos géneros, como criterio de valoración ético de las vidas humanas que no forman parte del mundo. Desde que Aristóteles afirmara la sociabilidad del ser humano, lo habitable ha sido el reducto de la ciudad. La Ciudad se ha convertido en el lugar de residencia de los hombres, donde edifican sus hogares, donde desarrollan sus vidas, donde habitan. En origen, cuando la ciudad era Polis, cuando la Polis era la comunidad social, política y humana de los ciudadanos, este concepto de lo habitable podía caracterizar precisamente el medio urbano distinguiéndolo del medio natural, de la selva, de la jungla. Pero hoy, la ciudad hace mucho que ha dejado de ser Polis y en consecuencia debemos preguntarnos si aún nuestras ciudades resultan habitables, si son el espacio en el que desarrollamos nuestras vidas, si son el lugar de encuentro con nuestros vecinos, si es el foro de nuestras actuaciones políticas. Denominábamos habitable al resultado de escapar al azar conforme éramos capaces de dotar de continuidad y causalidad los acontecimientos del mundo, conforme éramos capaces de elaborar tramas narrativas que fueran insuperables. ¿Ocurre esto en el ámbito de la Ciudad? La Ciudad es un Archipiélago. Los archipiélagos se caracterizan por quedar unidos por aquello que los separa, lo fragmentario de nuestros sitios, lo distribuido de ellos imposibilita la continuidad y la causalidad que exige nuestro concepto de lo habitable. Las Ciudades posmodernas no pueden ni siquiera localizarse en los mapas, no son transitables físicamente, requieren de elaboraciones virtuales, pues virtuales son sus sitios, requieren simulaciones, pues irreales son sus instituciones y sus gentes. Nuestra presencia en las ciudades se reduce a apariciones apresuradas que cubren un trayecto entre fines. No son sino un mero medio, a menudo hostil, para nuestras intenciones. Es más cada vez estas apariciones tienden a reducirse, a limitarse en tiempo, a protegerse en vehículos o transportes que las agilicen. Estos movimientos, a diferencia del viaje clásico, no pueden aportar la continuidad y la causalidad que requerimos para construir vidas, al contrario parecen imponer una desmembración sólo aliviada por el mundo que nos ofrecen los medios de comunicación. Son los media los que dotan de unidad a nuestros movimientos, pero en ellos evidentemente no participamos ni tan siquiera como perso- -LI- 51 ASTRAGALO,09(1998)ISSN 1134-3672