Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012
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LITERATURA Y EXISTENCIA
Six o J. Cas o, Uni e sidad de Valladolid.
Resumen: En el p esen e a ículo se examina el concep o de icción aplicado a la
li e a u a y al a e en gene al, dado que la di isión en e ealidad eal y ealidad
ic icia no puede explica las emociones e ocadas po las na a i as y no concluye en
una on ología sa is ac o ia de los pe sonajes li e a ios. Pa a elabo a una p opues a
más explica i a, ecu o a la concepción kan iana de la exis encia y a las esis de
Meinong y la enomenología.
Abs ac : This pape examines he concep o ic ion applied o li e a u e and a in
gene al, since he di ision be ween eal eali y and ic ional eali y canno explain he
emo ions aised by na a i es and does no conclude in a sa is ac o y on ology o
li e a y cha ac e s. To de elop a mo e explana o y p oposal, I u n o Kan 's concep ion
o exis ence as well as o he iews o Meinong and phenomenology.
I. La es uc u a es é ica del discu so ilosó ico
Desde an iguo ha exis ido una que ella en e iloso ía y li e a u a, o al menos
ese es el modelo que ha canonizado Nie zsche en su lec u a de Pla ón, una ieja
lucha en e iloso ía y a e, en e sabidu ía y sen idos, en e la azón y lo
i acional. Bajo esa idea de en en amien o la e una cie a conside ación del
pa angón en e ambas ealidades. Pla ón mismo, amoso po des e a a los
poe as en su República, es uno de los mayo es poe as. Cie amen e, Pla ón iene
in inidad de azones pa a lle a a cabo esa expulsión, an o on ológicas, como
epis emológicas, é icas o polí icas, que ienen que e con su comp ensión de la
mímesis, que da a las a es (dicho en é minos gene ales) “ acaciones
on ológicas”, como ha dicho algún au o , en la medida en que conside a que la
ob a de a e es á dos g ados alejada de la ealidad, po que es copia de copia. En
el ondo hay una lucha po la sup emacía de un ipo de azón, que esul a en que
el a e sea a ado como enemigo, cons uido po ue zas oscu as y con usas,
somb as, ilusiones y sueños.
Casi en el mismo momen o undacional de es a supues a que ella, A is ó eles
empa en a la uni e salidad de la iloso ía con la uni e salidad de la poesía, que
con as a con la pa icula idad y conc eción de la his o ia. Es a uni e salidad,
que supone una ape u a a odos los mundos posibles en an o que posibles,
con as a con el in e és que la ciencia o la his o ia ienen en es e mundo posible
pa icula . Y así, A is ó eles ab e la senda pa a la conside ación de la poesía, en
cuan o modelo de odas las a es, como sabidu ía, uni e sal, despojada de la
dependencia de la pa icula idad de los hechos. Esa lec u a queda á consag ada
po Kan y sus in é p e es, donde lo bello (en Kan ) o el a e (en cie as lec u as
pos kan inas de la C í ica del Juicio) apelan a un suje o ascenden al despojado
de su ca ác e de indi iduo.
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La mode nidad “descub e” una nue a egión de juicios sin é icos a p io i (en
céleb e exp esión de Kan en una de sus ca as, donde da cuen a de la edacción
de la C í ica del Juicio). Es e e i o io especí icamen e es é ico, en el que los
suje os dejan de se cognoscen es pu os y se con ie en en juzgan es, se ha
con e ido en una especie de koiné pa a los au o es con empo áneos, que
plan ean las cues iones más di e sas en pa áme os es ic amen e es é icos, al
menos al como los en iende Kan . Tal es el caso, po ejemplo, de la eo ía
habe masiana de la acción comunica i a
1
. Kan p opone una clase de consenso
espon áneo p o undo cons uido sob e nues as acul ades, cuyo máximo ejemplo
es el juicio es é ico de gus o. Y así como el gus o es á po en e o al ma gen de
es icciones, la comunidad discu si a de Habe mas, o ien ada na u almen e al
acue do, ha de queda lib e, en la medida de lo posible, de odos los pode es e
in e eses manipulado es, pa a depende únicamen e de la ue za del mejo
a gumen o. La comunidad habe masiana es undamen almen e es é ica en su
es uc u a y, si es o es así, pa ece cla o que el mejo a gumen o no iene po qué
se un a gumen o me ódico o analí ico, sino que puede se un a gumen o es é ico,
li e a io que, po supues o, ambién es un a gumen o acional.
Rompemos así, desde la misma mode nidad kan iana, con un pa adigma
ambién mode no, que ya mos aba sus insu iciencias en su época. Vico es quien
se opone a la educción ca esiana de la azón, pues o que hay di e sos ipos de
azón. Es á el pode de dis ingui lo e dade o de lo also, al que Desca es llama
buen sen ido, y es á el disce nimien o en si uaciones de ince idumb e, que
depende del sen ido común. El ol ido de es a di e encia po pa e del mé odo
iun ado conduce a o ma doc os imp uden es que, p e endiendo i
di ec amen e de lo e dade o en gene al a las e dades pa icula es, ue zan su
paso a a és de las o uosidades de la ida. El ca esianismo es, desde su
misma undación e e en e a ideas cla as y dis in as, el ámbi o an ia ís ico po
excelencia. La cla idad y dis inción ca esianas excluyen la modelización y la
elección que es p opia de la p udencia, que es, a su ez, e i o io del a e. Como
a i ma Finkielk au , “se puede es a do ado de sophía y desp o is o de
ph ónesis”
2
.
1
Aún podemos e o ae nos más. La comunidad ideal habe masiana es una comunidad
angélica. Pa a el Aquina e, el ángel es speculum olun a ium (In II Sen ., d. 11, q.2 a.2 ad
4) que se comunica po simples in uiciones. Tomás habla de la sociedad de los ángeles como
la “sociedad in eligible” (Summa Theologiae I, q.51, a.2, ad 1), como el eino de la libe ad
en la que la comunicación mu ua es el p ime ac o de libe ad. La anspa encia que ige en
es e eino de los espí i us no iene dada po na u aleza, sino que se liga a las condiciones de
la subje i idad.
2
Alain Finkielk au , Noso os los mode nos, Mad id, Encuen o, 2006, p. 190. Los
mode nos, como sabemos, son cons an emen e idiculizados po Swi en Los iajes de
Gulli e , en es e caso bajo la o ma de los habi an es de Lapu a. “Sus ideas gi an
cons an emen e sob e líneas y igu as. Si se ponen a alaba , po ejemplo, la he mosu a de
una muje u o o animal cualquie a, la desc iben con ombos, cí culos, pa alelog amos,
elipses y o os é minos geomé icos, o si no, con palab as écnicas sacadas de la música (…)
Las casas es án muy mal cons uidas, las pa edes es án azadas de modo que no hay ni un
ángulo ec o en ninguna habi ación, de ec o que iene su o igen en el desp ecio que sien en
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Cla o que es o es bo oso. Pe o la li e a u a no iene nada que e con el
lenguaje cla o y dis in o de la concep og a ía. En un momen o en que odo
conocimien o álido pa ecía educi se a lo cla o y dis in o, la li e a u a o, mejo
dicho, un li e a o, plan eó una que ella (aho a sí) en e el ca esianismo, que
e i a la su ileza en p o de la geome ía (y así deja de lado lo no mensu able) y el
espí i u “li e a io” del Renacimien o. Jona han Swi , en su Rela o comple o y
e ídico de la ba alla lib ada el ie nes úl imo en e los lib os an iguos y los lib os
mode nos en la biblio eca de Sain -James, plan ea una ba alla en e
enacen is as y ca esianos, y se inclina po aquéllos, ep esen ados po la abeja,
mien as és os oman la igu a de la a aña. La abeja p egun a “quién es el se
más noble de los dos, el que, pe ezoso, con empla lo que aba can cua o pulgadas
a la edonda, pe o que con al ane a anidad, alimen ándose y engend ando en sí
mismo, lo con ie e odo en exc emen o y eneno, no si iendo pa a o a cosa
como no sea pa a ma a moscas y p oduci una ela de a aña, o bien el que, en un
dominio inmenso, as una la ga búsqueda, mucho es udio, buen juicio y sabiendo
dis ingui las cosas, lle a a la colmena ce a y miel”
3
. Swi eplica al discu so del
mé odo (la iloso ía analí ica) elogiando la medi ación (¿poesía?, ¿li e a u a?). Se
opone a la imagen ec ilínea del p og eso, de la conquis a acional de oda la
ealidad, p e is a de an emano en las p opias p esuposiciones del mé odo (lo que
signi ica que lo que no encaje en las mismas o no es cognoscible o no exis e, o
mejo , dado que no es cognoscible, no exis e) y sos iene el place del odeo y del
libado en la ie a de nadie ca esiana, la que se encuen a en e la ce eza y el
e o , la e a incogni a (al menos según el mé odo) en la que habi a el ma iz.
Pues bien, es e e i o io incogni o, siemp e po hace , es el e i o io en el
que, según Habe mas pueden c is aliza los ecu sos de la mo al y de la ida
a ec i a. En la discusión c í ica de un a e de es e ipo es donde se puede
es ablece algo así como una es e a pública inde inida, in es igando las
implicaciones de esas expe iencias en la ida polí ica y, po an o, mediando en e
las es e as de lo cogni i o, lo mo al y lo es é ico sepa adas po Kan . De es e
modo, la con empo aneidad, inspi ada en Kan , pe o yendo más allá de Kan , ha
ei indicado el e i o io del a e como un ámbi o no sólo ui i o (“es é ico” en un
sen ido educido), sino como un espacio en el que nos na amos a noso os
mismos cómo es se humano, y en el que encon amos modelos de ida, mundos
po la geome ía aplicada, que desdeñan po ulga y mecánica, y además las ins ucciones
que dan son demasiado su iles pa a los in elec os de sus ob e os, lo que causa cons an es
equi ocaciones. Y aunque son bas an e dies os sob e el papel en el manejo de la egla, el
lápiz y el compás, en las ac i idades co idianas y en su conduc a de ida no he is o gen e
más o pe, sosa y desga bada, ni an le da y o uscada en sus ideas sob e cualquie o o
ema que no sean las ma emá icas y la música. Se les da muy mal azona y les apasiona
lle a la con a ia, excep o cuando ienen azón, que a amen e sucede. La imaginación, la
an asía y la in en i a les son comple amen e ex añas, y ni ienen en su lengua palab as
con que exp esa ales ideas, limi ándose el alcance o al de sus pensamien os e in eligencia
a las dos ciencias an edichas”. (Jona han Swi , Los iajes de Gulli e , III, c. 2).
3
Jona han Swi , El cuen o en el onel. La ba alla de los lib os, Palma de Mallo ca,
Olañe a, 2001, p. 186.
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en los que habi a , dado que, en é minos heidegge ianos, la ob as de a e lo que
“hacen” es undamen almen e eso: ab i , inaugu a mundos.
Desde es a comp ensión, lo que li e a u a puede hace , a di e encia del
discu so me ódico, es mos a nos cómo es habi a un Lebenswel cons i uido po
un conjun o de p ác icas que no son las co idianas o, si lo apa en an, dejan de
se lo al se e isadas po el lec o , que se con ie e en un habi an e (en lo que es
sin duda un sen ido agamen e heidegge iano de “habi an e”) de ese Lebenswel .
Es o implica un conocimien o, ob iamen e, pe o segu amen e no p oposicional.
La li e a u a amplía el espacio lógico y on ológico en el que nos mo emos, al
expandi nues a p opia es e a de expe iencia y al pe mi i nos inhabi a la
enomenología de o os, y ello lo hace desa ollando y po enciando los asgos
especí icamen e li e a ios. Todo ello con ibuye a esal a lo es é ico de la
li e a u a, lo más especí ico de la misma, en la que lo que cuen a, eco demos, es
an o la e e encia como el modo de da se és a
4
.
II. La emoción y la e dad iccionales
No iene sen ido p esen a la li e a u a como el e i o io de la deducción, ni
siquie a de la inducción, quizá sí de la abducción, pe o de una mane a sui gene is.
Cuando Ga cía Má quez, en El amo en los iempos de cóle a, desc ibe a un
peluque o que ele a las ije as sob e la cabeza del clien e y, con un mo imien o
ápido de dedos, las hace chasquea pa a libe a un exceso de i uosismo, no
es á diciendo nada empí ico, ni siquie a eó ico (en el sen ido de que o me pa e
del cue po de una eo ía que pueda acaba po se , de algún modo, e i icado),
pe o es á diciendo una e dad in e i icable incluso po ecu so a la in ención del
peluque o. Es e dad que exis e un mundo en el que los peluque os libe an su
exceso de a e, y odos lo hemos is o, aunque pensásemos que e a pa a
desen umece los dedos o pa a lib a se de los pelillos que se han quedado en e
las hojas. ¿Puede des ela eso la iloso ía, la his o ia? Imposible. Sólo la “ ie a
4
La “ alacia e e encial” es aquella esis que niega que la li e a u a se e ie a a la ealidad.
La li e a u a se e e i ía, en el mejo de los casos, a o a li e a u a, de al mane a que la
comp ensión posibili ada po una ob a sólo puede se in e ex ual: comp endemos po
e e encia a o os ex os, lo que supone que quien no enga en su habe el bagaje cul u al o
la cul u a li e a ia del esc i o de una cie a ob a li e a ia no puede a i ma que ha
comp endido la ob a. C . A hu C. Dan o, “Philosophy and/as/o li e a u e”, en Ga y L.
Hagbe and Wal e Hos (eds.), A companion o he philosophy o li e a u e, Malden-Ox o d,
Wiley-Blackwell, 2010, pp. 52-68. La alacia e e encial, de es e modo, pa ece i de la mano
de una esis in encionalis a, es deci , la a i mación de que el signi icado de una ob a es
aquel p e endido po el au o de la misma. Si no uese así, no cab ía a i ma que alguien no
ha comp endido la ob a si no dispone del bagaje del au o . Pe o lo impo an e de es a
posición, a mi en ende , es la de lación de la e e encia, que sólo iene que e con la
ealidad ex ual y no con la ex a ex ual, lo que supone una cie a caída en un dualismo de
mundos.
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media” de la li e a u a c ea ese mundo en el que podemos habi a y que o ece
una p opues a de sen ido.
Hay di e sas eo ías sob e el conocimien o o la “ e dad” que nos p opo ciona
el a e, a las que me he e e ido en o o luga
5
. Cuan o más es ic i a sea la
noción de e dad o de conocimien o “au én ico” (no i ial), menos se aplica á al
a e en gene al y a la li e a u a en pa icula . Pe o eso sólo iene que e con los
c i e ios epis emológicos que educen el sabe au én ico al mé odo cien í ico, lo
cual, según lo que acabamos de e , es una esis pa a la que hay innume ables
con aejemplos. A un posi i is a, la esis heidegge iana de que el a e pe mi e a
los colo es luci y a las pied as b illa , le sona á oma, ob usa, ingeniosa, pe o en
ningún caso cien í ica (o, lo que es lo mismo, po ado a de e dad). No impo a,
di ía el alemán. El a e ab e mundos, los des ela, posibili a la e dad. Y en esos
mundos hay emociones, c eencias, sabe es y ac i udes p oposicionales, que nos
ecue dan a las que se dan en el mundo co idiano. Esos mundos no son
o almen e como el mundo ex ali e a io. Si el mundo que se c ea no es ablece lo
con a io, suponemos que las leyes que se aplican en ellos son las mismas que se
aplican en el mundo no iccional: si un pe sonaje se co a, sang a; si come sacia
su hamb e, necesi a espi a , llo a cuando se sien e is e, y si sol amos una
pied a, cae al suelo. Pe o podemos es ablece o as no mas cons i u i as de es e
mundo: un pe sonaje puede alimen a se de k ip oni a o puede cambia de
amaño al me e se en la mad igue a del conejo. Los g ados de cohe encia in e na
los es ablece la misma ob a, que es, en es o, modelo de acionalidad epis émica
(en e e encia a lo que se conside a “ga an izado” en los di e en es pa adigmas,
o mas de ida o epis emes: hace 400 años ningún pensado sensa o, cul o e
ins uido, pensaba que el mundo u iese más de 6.000 años, po que al da o e a
el au o izado po la epis eme co espondien e).
Po o a pa e, la ob a gene a emociones. Y es e es un ema muy deba ido en
la mode na eo ía es é ica. ¿De dónde salen las emociones, las ac i udes que
p o oca una ob a de a e en gene al y una ob a li e a ia en pa icula ? ¿Po qué
una no ela is e o una agedia, que sé que es icción po el mismo hecho de
coge el lib o y sen a me a lee lo, o po paga una en ada pa a asis i a la
ep esen ación de An ígona, me p o oca emociones an iolen as? Pa ece
con adic o io que llo e po el inal de Don Quijo e sabiendo que Don Quijo e no
es un pe sonaje eal. Nadie llo a po los seleni as o po los dinosau ios. C eemos
que no son eales (al menos en el momen o p esen e). Pe o si llo amos po Don
Quijo e, ¿es acaso el hidalgo más eal que el seleni a?
Se han ensayado in inidad de espues as a es e asun o –la pa adoja de la
icción–, y en casi odas se a a de sepa a lo li e a io de lo eal, la icción de lo
que de hecho es. Es céleb e la esis de la suspensión de la inc edulidad, enunciada
ya po Cole idge –sabemos que lo que emos o leemos es icción, pe o
suspendemos, po así deci , la conciencia de que lo es, po eso nos a ec a como si
5
Six o J. Cas o, “En de ensa del cogni i ismo en el a e”, en Re is a de Filoso ía 30 (2005)
147-164; C . Pe e Lama que, The philosophy o li e a u e, Malden-Ox o d, Blackwell, 2009,
pp. 220-254.
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uese eal–. Kendall Wal on, con su eo ía del “make-belie e”, sos iene que las
emociones que gene an la li e a u a en pa icula y el a e en gene al son cuasi-
emociones, como las que expe imen a un niño que inge se algo o alguien en un
juego
6
. El miedo que sen imos, po ejemplo, an e una no ela de e o no es miedo
eal, sino cuasi-miedo (po que, si es el mismo, en onces enemos un p oblema
on ológico apa en e, en el que se iden i icamos dos ipos de en es que pe enecen
a ealidades muy di e sas, una iccional y o a ex a- iccional). Pa a acla a es o
y sol en a ese p oblema, Noel Ca oll dis ingue en e pensamien os y c eencias
7
.
Los pensamien os no se comp ome en con la ealidad de algo (el solo pensamien o
de que mue do un je sey de lana me p o oca den e a), mien as que la c eencia
añade al pensamien o la con icción de que eso es el caso. Pienso que mue do el
je sey, pe o c eo que aho a es de noche (aunque piense que es de día). Las
emociones a ís icas se ían p o ocadas po pensamien os, mien as que las eales
las p o oca ían las c eencias (c eo que me pe sigue un psicópa a), y en es e
sen ido, las emociones se ían las mismas, pe o de dis in o o igen.
Es a esis de Ca oll se encuen a incoada en lo que, a mi en ende , es el
a gumen o más con incen e pa a explica el o igen de las emociones susci adas
po el a e y, especialmen e, po la li e a u a y demás a es na a i as. Lo
encon amos en un luga bien alejado de la iloso ía de la li e a u a: la C í ica de
la azón pu a kan iana, conc e amen e en los pa ág a os que Kan dedica a
acaba de una ez po odas con el a gumen o on ológico pa a la exis encia de
Dios. Es a in e esan e suge encia la p esen a Ted Cohen
8
, quien oma no a de la
c í ica kan iana de que el a gumen o on ológico, como Kan lo denomina, se basa
en la de ensa de que la exis encia es una p opiedad
9
de ini o ia del concep o de
Dios. Kan sos iene que no hay con adicción ni imposibilidad en echaza un
concep o y odos los p edicados que lo de inen. Puedo acep a que se medio
muje y medio pez es un p edicado que de ine a una si ena, y no hab ía
con adicción en a i ma que no c eo en si enas. Se ía un sinsen ido y una
con adicción deci que c eo que las si enas exis en, pe o que, al mismo iempo
echazo que exis an c ia u as que son medio muje y medio pez o a la in e sa.
Puedo deci que si los iángulos exis en ienen es ángulos, pe o sólo si exis en.
Pod ía, del mismo modo, deci que acep o que si Dios exis iese, exis i ía de modo
necesa io, pe o que no c eo en él o en su exis encia necesa ia. Aquí no hab ía
con adicción. Es deci , en un concep o pueden inclui se las p opiedades que
sean, pe o a i ma la exis encia ex amen al de esa ealidad concep ual siemp e
se á, en é minos kan ianos, una p oposición sin é ica y nunca analí ica.
6
C . Kendal Wal on, Mímesis as make-belie e. On he ounda ions o ep esen a ional a s,
Camb idge, Mass., Ha a d Uni e si y P ess, 1990.
7
C . Noel Ca oll, Filoso ía del e o o pa adojas del co azón Mad id, An onio Machado
Lib os, 2005, pp. 176ss.
8
Ted Cohen, Pensa en los o os. Sob e el alen o pa a la me á o a, Ba celona, Alpha
Decay, 2011, p. 54.
9
La c í ica kan iana es aba en cie o modo p esen e en A is ó eles: “no hay nada cuya
esencia sea que exis a al cosa, po que no hay al clase de cosas como las cosas que son”
(An. Pos . 92b 13-14).
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Kan señala que “‘se ’ no es un p edicado eal, es deci , el concep o de algo que
pueda añadi se al concep o de una cosa (…) Po consiguien e, cuando concibo una
cosa median e p edicados, cualesquie a que sean su clase y su núme o (incluso en
la comple a de e minación), nada se añade a ella po el hecho de deci que es. Si
se añadie a algo, lo que exis i ía no se ía lo mismo, sino algo más de lo que había
pensado en el concep o, así como ampoco pod ía deci que uese p ecisamen e el
obje o de mi concep o el que exis i ía en onces”
10
. La exis encia, pues, no es un
p edicado eal. Si desc ibo los 20 eu os que engo en mi ca e a (“cien ále os
eales no poseen en absolu o mayo con enido que cien ále os posibles”, dice
Kan ), puedo da muchos a ibu os o p opiedades del bille e: que es á hecho de
al papel, que es de colo azul, que pesa an o, que iene es a o ma, con es os
dibujos, y cada una de es as desc ipciones se añade al conocimien o de lo que es.
Pe o cuando digo que es e bille e de 20 eu os no sólo iene es as p opiedades, sino
que ambién exis e, no añado nada nue o al concep o. Simplemen e digo que las
di e sas p opiedades del bille e se ejempli ican en es e bille e, es deci , que en el
mundo eal hay un obje o que co esponde al concep o de bille e de 20 eu os. La
exis encia, así pues, no es una p opiedad o un p edicado que añada algo al
concep o del bille e. En lógica mode na, la exis encia se mues a como un
cuan i icado exis encial, no como un p edicado. Así pues, si acep amos la c í ica
que Kan hace al a gumen o on ológico (que, en sus di e sas a ian es ha
desa ollado nue as p opues as que no pa ecen queda anuladas po la c í ica
kan iana) llegamos a la esis de que el concep o de algo (el pensamien o de ese
algo, en los é minos de Noël Ca oll) no di ie e en nada si ese algo exis e en la
ealidad o no.
Es a ap oximación nos pe mi e explica la pa adoja de la icción, a sabe , el
hecho innegable de que la icción susci a en noso os de e minadas emociones,
sen imien os, es ados de ánimo, que son eales, an eales como los que susci a ía
la na ación de lo que le ha acon ecido a un amigo. Pe o la icción es icción, y lo
sensa o se ía que susci ase emociones ic icias (como pos ula Kendal Wal on) –
que no se sabe muy bien qué son y que se de inen po analogía con las emociones
eales–, mas no es así. Los sen imien os, las emociones que susci a la icción son
eales, del mismo modo que, como señala Cohen, las emociones que expe imen a
un hincha de un equipo de ú bol ambién lo son, aunque “obje i amen e” no haya
mo i os po los que p eocupa se ealmen e. Si pie de o gana su equipo, nada a a
cambia . ¿O sí? Todo depende á de qué se en ienda po el mundo de la ida y,
e ec i amen e, de modo análogo a la pe enencia a un club, la inclusión de uno
mismo en un ex o li e a io, que gene a un mundo, da luga sen imien os eales,
exis en es, p ecisamen e po que el mundo gene ado po el ex o es eal. Al lee
c eamos un mundo “ iccional” en el que gene amos sen imien os eales… luego
ese mundo iccional es eal: no hay ninguna di e encia en el pensamien o de ese
mundo (en el concep o, en la abazón concep ual), exis a o no exis a, le
apliquemos un cuan i icado exis encial (que nos señala que hay una ins ancia de
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I. Kan , C í ica de la azón pu a A600, B628.
Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012
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ese concep o en el mundo “ eal”) o lo neguemos. Luego lo iccional es eal, al
menos en es a medida.
No hay, pues, p oblema ilosó ico alguno en a i ma que el miedo, la aleg ía,
la piedad, la compasión o la isa que p o oca un ob a li e a ia es eal. Hay
muchos ipos den o de cada emoción (quizá no podamos i más allá de un “ai e
de amilia” en su desc ipción). No es ácil educi a iden idad el miedo a una
posible gue a nuclea , el miedo a las a añas, el miedo po la sue e de un amigo
que es á luchando en la gue a o el miedo a que una e apia no haga e ec o. En
es a lis a se puede añadi , sin come e e o alguno, el miedo que sen imos al lee
O a uel a de ue ca, como un miedo eal p o ocado po la exis encia eal de los
ca ac e es c eados po Hen y James.
III. La ealidad de la icción
Pla ón se e ie e a la imagen en es pasajes de So is a: en 235c9-236d3 la
abo da de acue do con sus dos mani es aciones: el icono y el an asma; en 239c9-
240c5 la de e mina en elación con el no-se ; y en 266a8-267a8 la conside a en el
con ex o de la p oducción di ina y humana
11
.
La ca ac e ización pla ónica es undamen al pa a comp ende la p oblemá ica
de las copias y los o iginales. Cuando se habla de copia y o iginal, la copia, en el
sen ido mode no y habi ual del é mino, no es más que una imagen en el sen ido
pla ónico. La écnica icónica es un ipo de mímesis que p oduce un icono de la
cosa que es su modelo (235d7), suje ándose po comple o a ese modelo. Pe o la
écnica de p oduci imágenes que u iliza el so is a es o a, y Pla ón le comba e,
p ecisamen e po que le conside a un alsi icado , un imi ado de los en es, es
deci , de lo que iene una exis encia más e dade a que la imagen que gene a. El
so is a, al igual que el poe a imi ado , es un p oduc o de an asmas alejados de
la ealidad (República II, 382a2; So is a, 234e1). Su lógos p oduce una imp esión
que se hace pasa po e dade a, es deci , po las cosas mismas, po eso la
p oducción mimé ica de la imagen es á suje a a la alsedad y al engaño.
Pa a Pla ón, el icono no es e dade o po que es o o que el pa adigma u
o iginal, que es lo único e dade o, dado su ca ác e eidé ico. El so is a es un
ab ican e de imágenes engañosas, de phan ásma a, simulac os en los que el no
se pa ece se . Es deci , en é minos pla ónicos, en la imagen se da una symploké
de se y no se . Pensa dialéc icamen e el eidolon exige pensa el eidos como la
imagen o igina ia. En el an asma, se y no-se son al mismo iempo, y es o nos
si úa en un umb al de desazón, po que el an asma no iene “en idad”. La en idad
es angible, a acable, abo dable y nos podemos de ende de ella, pe o con a el
an asma es amos desa mados. És a es la cues ión de la au en icidad u
o iginalidad on ológica, la educción de se .
11
C . Ca los Másmela, Dialéc ica de la imagen. Una in e p e ación del So is a de Pla ón,
Ba celona, An h opos, 2006, pp. 47ss.
Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012
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En la on ología pla ónica es á cla o qué es lo eal. Pe o, ¿cuál es lo
eal/o iginal hoy? Es un p oblema on ológico que hay que abo da de alguna
mane a.
Icono (eikon) emi e al pa icipio eikós, que signi ica e osímil. El icono no
puede se e dade o, sino sólo e osímil. A di e encia de lo que de iende Pla ón,
en una pe spec i a a is o élica es p e e ible lo e osímil imposible a lo posible
in e osímil. En la Poé ica de A is ó eles, la dimensión icónica del a e adquie e
ca a de ciudadanía. Sin emba go, es a elación que se es ablece en e iconicidad
y e osimili ud no enuncia a la e dad. Lo e osímil puede se e dade o o no
se lo. Lo icónico puede se e dade o o no, a is o élicamen e hablando.
El a e gene a imágenes (en sen ido amplio) que es ablecen una elación con
la ealidad que no es el a e, a la que se e ie e bajo di e en es o mas: imi ando
la ealidad al hace e lo que no o ece de po sí (po ejemplo, sus o mas
esenciales, sus ideas, su pe ección di ina), c i icándola (sus insu iciencias, su
dominio de clases, su o ien ación exclusi amen e come cial), o a i mándola
g acias a la ep esen ación que se log a (y que se log a an bien) y que se uel e
un place , an o en la p oducción de la ob a de a e como en su con emplación.
La pa adoja del a e es, en es e sen ido, la adicalización de la icción. Aho a
bien, la icción ¿es nada o es algo? Si es nada, no se en iende que nos a ec e, ni
siquie a que la p e endamos. Si es algo, lo es desde el pun o de is a
enomenológico, en p ime a pe sona, pa a cada quien, no pa a la mi ada desde
ninguna pa e (sub specie ae e ni a is), pe o es un algo eal y al mismo iempo
i eal, que pa icipa de la doble na u aleza de lo me axológico, lo analógico, lo que
es á en e dos einos. El sumo analogado del a e son los iconos, que pa icipan
de lo di ino que p esen an (algunos se c een hechos po manos no humanas: son
los achei opoie ai) y de lo humano que ep esen an. La icción que es el a e
pa icipa del se y el no se . En ese sen ido, Pla ón enía oda la azón en su
análisis de las imágenes (en endidas como icción y po an o como una ealidad
que es, cons i u i amen e, alsa, al se copia de una copia), aunque Nie zsche
ambién la iene al ei indica las p ecisamen e po el ca ác e de se que ienen,
el único y más au én ico. O a azón de peso pa a la iconoclas ia.
Un ejemplo de icción que encaja bien en es a ap oximación es el mi o, que,
como oda la ealidad simbólica en su na u aleza analógica es y no es, lo que
signi ica no que sea e dade o pa a unos y also pa a o os, sino que no cabe
aplica le una lógica bi alen e, po que los mi os no son ace ca de nues o mundo
sino que son en y del mundo, an o como los p o ones o los genes. Y es o es así,
po que el a e en gene al y el mi o en pa icula ins au an y plasman “ámbi os de
ealidad”, llenos de sen ido, que no ienen po qué se una copia exac a de la
ealidad ex a-mí ica. “El e o de odas las eo ías y p ác icas es é icas del
ealismo –a i ma Hans Blumenbe g– se basa en la p emisa de que exis en algo
así como ca ac e ís icas de lo eal que se pod ían ans e i a la ob a de a e y sus
elemen os. Como con as e con los es ue zos de es os ealismos, alga la ase de
Ka ka: ‘la e dade a ealidad nunca es ealis a’”
12
.
12
Hans Blumenbe g, El mi o y el concep o de ealidad, Ba celona, He de , 2004, pp. 59-60.