HISTORIA DE LOS SENTIMIENTOS
JACINTO CHOZA
HISTORIA DE LOS SENTIMIENTOS
THÉMATA
SEVILLA • 2011
© Jacin o Choza
© Edi o ial Théma a: 2011
Edi o ial Théma a
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p oducción o al o pa cial po cualquie medio sin au o ización esc i a de los edi o es.
A mi hija I ene
A Lo xo
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ÍNDICE
PRÓLOGO .................................................................................................. 13
1. TRANSFORMACIONES DE LA AFECTIVIDAD ............................ 19
1.1. La c í ica del siglo XX a la azón. La nue a pe spec i a ............ 19
1.2. O den sis emá ico y o den his ó ico en el es udio
de los sen imien os ........................................................................ 23
1.3. La in ención de los sen imien os ................................................ 27
1.4. La conjunción de sen imien os y acionalidad .......................... 31
1.5. La p imacía de los sen imien os ................................................... 35
2. HISTORIA DEL SEXO Y EL AMOR, EL MATRIMONIO
Y LA FAMILIA ...................................................................................... 41
2.1. El sexo paleolí ico, el Can a de los can a es y
la mís ica española ......................................................................... 41
2.2. Pequeña his o ia del amo . De Leono de Aqui ania
a Shakespea e ................................................................................. 48
2.3. Disciplina iden ina del ma imonio y o den social mode no . 53
2.4. La e olución sexual de los años 60 ............................................ 57
2.5. El di o cio y el De echo de la Iglesia Ca ólica
(el canon 1905.3 del CIC) ............................................................... 62
2.6. P ecep os mo ales y si uaciones de hecho .................................. 64
2.7. La amilia nuclea y la plu alidad de con i gu aciones sociales ... 66
2.8. Mul icul u alidad, mig ación y modelos al e na i os
de amilia ......................................................................................... 71
3. LA PLENITUD DEL AMOR ................................................................ 75
3.1. Indicaciones p e ias ...................................................................... 75
3.2. El amo como donación, como posesión y como usión .......... 78
3.3. El sexo y el amo en el simbolismo c is iano ini a io ............. 85
3.4. El sexo y el amo en el simbolismo c is iano c is ológico ........ 90
3.5. El o den del amo ........................................................................... 95
3.6. Dignidad y dualidad humana ...................................................... 101
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Schele y Heidegge , y quizá, en cie o modo, ambién Husse l, en onces
la his o ia de los sen imien os es el núcleo de la his o ia del humanismo.
Más aún, es la his o ia de los modos en que el homb e ha enido más o
menos in imidad, ha i ido más o menos en ella, ha es ado más o menos
olcado en el pasado, en el u u o o en lo e e no, ha alo ado en di ec-
ciones más p ome edo as o menos, y, en cie o modo, quizá ha sido más
o menos humano. Es e lib o es un pequeño esbozo de lo que se ía ese
abajo.
Los di e sos capí ulos que lo componen es aban in eg ados, ini-
cialmen e, en el boce o de una his o ia cul u al del humanismo, pe o se
desp endie on como un ex o au ónomo y comple o. Todos ellos, elabo-
ados a eno del mencionado boce o, han sido publicados con an e io-
idad como pa es de lib os colec i os o indi iduales, o como a ículos
de e is a, en sus e siones p imi i as. Solo aho a, eunidos en es e o-
lumen, co egidos y ac ualizados, alcanzan el obje i o con que ue on
diseñados y elabo ados.
Los sen imien os se es udian aquí con una a ención oscilan e en e
los aspec os empí icos, his ó icos y sociológicos, y los aspec os i losó-
i cos ascenden ales, sin en a en los análisis bio–psicológicos, y con
a ención a sen imien os de la gama del amo , el deseo y la compasión
(capí ulos 2, 3, 4, 5 y 6), o de la gama del dolo , el emo o el menosp ecio
(capí ulos 7, 8 y 9).
En p ime luga se analiza el amo y el deseo sexual, y las di e sas
mane as en que han sido enzados pa a a icula la ida social y la su-
cesión de las gene aciones. Po que p obablemen e, desde que la p ohi-
bición del inces o, en an o que on e a en e el o den de la na u aleza
y el de la cul u a, se es ableció como cla e del o den social, el sexo ha
de e minado y de e mina el modo de gene a se y con i gu a se las ela-
ciones amilia es y sociales.
Después del examen de las o mas ísicas, sexuales, de elaciona se
los homb es en e sí, se han es udiado los sen imien os eligiosos y la
piedad, las o mas a ec i as de elaciona se los homb es con su o igen,
sob ehumano y humano, que a su ez de e minan las o mas de elacio-
na se los homb es en e sí. También en es e pun o, aunque las eligiones
engan una es uc u a o mal cons an e y las elaciones de pa en esco
ambién, las o mas en que se han con i gu ado esas elaciones a ec i as
han sido muy di e sas y muy de e minan es del modo de i i del se
humano.
A con inuación se han es udiado las o mas de se a ec ado po lo
nega i o, po el mal, a sabe , el dolo como sen imien o p oducido po el
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mal ísico, y el su imien o como conjun o de a ecciones p oducidas po
el mal psíquico o mo al, y las o mas de se a ec ado po el emo an e
un mal de i ni i o y e e no, que es el con enido de la pequeña his o ia del
in i e no. También en es e pun o, aunque el homb e siemp e ha expe i-
men ado dolo y su imien os, la hondu a de su in imidad ha a iado
mucho, el modo en que han e umbado en ella las he idas y las penas
ambién, y, po supues o, los modos en que ha encauzado exp esi a-
men e odas esas i encias.
Po úl imo se ha elabo ado una pequeña his o ia del menosp ecio
y de la isa. La isa es una o ma de libe a la ene gía con enida y ep i-
mida en el sen imien o de emo , en la ansiedad y la expec ación, y a
a és p ecisamen e del conocimien o. Todos los sen imien os ienen un
momen o cognosci i o y un momen o impulsi o o endencial. En e ec o,
los sen imien os se han de i nido como momen o cognosci i o de la en-
dencia, como alo ación de lo eal desde el pun o de is a de la dinámica
del o ganismo o del psiquismo. Pe o en el caso de la isa el juego del
conocimien o es mayo .
El deseo sexual, el amo , la e y la piedad son p imo dialmen e im-
pulso, y pod íamos as ea los en los animales. El dolo , el su imien o y
el emo al mal de i ni i o ambién son undamen almen e e aimien o,
huida, mo imien o, que igualmen e se pueden es udia en los anima-
les. La isa no. La isa es la espues a del alma y del o ganismo an e la
libe ación de una op esión median e el conocimien o. Es la comp ensión
súbi a de que las cosas amenazan es no son lo que con ansiedad agua -
dábamos, de que no pueden ap isiona nues o conocimien o y nues a
libe ad, de que no alen nues o ap ecio absolu o, y de que, en ealidad,
me ecen menos ap ecio, me ecen menosp ecio, bu la, isa.
En es e sen ido, la isa es la pied a de oque de lo que el homb e ha
conside ado en cada momen o como eal y como no eal. Es la exp esión
de la posición del homb e an e lo eal y lo i eal en su mu ua implica-
ción. Pod ía deci se que es el más in elec ual de los sen imien os. Quizá
el más i losó i co.
En es e eco ido se desc ibe en pa e el campo de una his o ia del
humanismo desde el pun o de is a de la a ec i idad humana. Pa a esa
a ea he ecogido casi odos los abajos ealizados a lo la go de mi ca e-
a docen e, en la que he p es ado una a ención muy pa icula a la a ec-
i idad y las pasiones. Me p oducía una cie a mala conciencia, sabedo
de que con a enía el p ecep o de la p oducción académica b i ánica de
no ci a se a sí mismo, que siemp e me ha gus ado obse a . Pe o encon-
aba una cie a jus i i cación en el a gumen o de que no debía p i a me
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de elabo aciones eó icas conocidas y consis en es po el simple hecho
de que ue an mías.
Po eso me he e e ido con ecuencia a o as ob as ya publicadas:
Conciencia y a ec i idad (A is ó eles, Nie zsche, F eud) (1978), An opología
de la sexualidad (1991), Los o os humanismos (1994), An opología i losó i ca.
Las ep esen aciones del sí mismo (2002), Sen imien os y compo amien o
(2003), Locu a y ealidad. Lec u a psicoan opológica del Quijo e (2005), His o ia
cul u al del humanismo (2009). Pa a el úl imo capí ulo he ep oducido ex-
os que se encuen an en los lib os ya publicados en 2002 y 2005, y los he
e ocado, como odos los demás. Me esul aba pa icula men e incómoda
es a epe ición, pe o la he ealizado po que e a el modo de da le al p e-
sen e lib o su p opio y adecuado i nal, y po que de ese modo b indaba al
lec o un abajo acabado en un mismo en ase.
Quie o da le las g acias muy especialmen e a F ancisco Rod íguez
Valls y a Ma ía Dolo es Pejenau e San Ad ián, po que me han leí los ca-
pí ulos de es e lib o y me han hecho obse aciones muy aliosas.
Jacin o Choza A men a
Se illa, 14 de junio de 2010
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1. TRANSFORMACIONES DE LA AFECTIVIDAD
1.1. La c í ica del siglo XX a la azón. La nue a pe spec i a
HASTA aho a los homb es sabían que enían azón. «A pa i de mí
sab án que ienen deseos» p oclama el undado del psicoanálisis.
En 1900 apa ecen dos lib os que ma can buena pa e de los desa o-
llos in elec uales del siglo que iba a empeza , las In es igaciones lógicas
de Edmund Husse l y La in e p e ación de los sueños de Sigmund F eud,
que ab en los caminos de la enomenología y el psicoanálisis espec i-
amen e1.
El psicoanálisis es un p ocedimien o pa a es udia los modos en
que los deseos, especialmen e los que menos se sa is acen, gene an sen-
imien os y ac i udes que al e an los p ocesos del pensamien o y el com-
po amien o acional. En conc e o, los modos en que los e ue cen, los
a ascan, los acele an, los sesgan, los des ían o los suplan an.
Po su pa e la enomenología es ambién un p ocedimien o pa a
es udia los da os y las i encias de los que pa e el pensamien o acio-
nal, y pa a analiza el p oceso de o mación de eso mismo que el occi-
den e ha llamado azón.
Se a a de dos co ien es de pensamien o basadas en mé odos es-
pecí i cos y bien de e minados, cuyo obje i o es, pa a el psicoanálisis, in-
daga en lo que hay an es de la conciencia y, pa a la enomenología, en
lo que hay an es de lo que la cul u a occiden al llama azón cien í i ca.
En ambos casos se a a de bucea en esa zona oda ía no iluminada y
oscu a del i i , en esos con enidos no o malizados oda ía po la cien-
cia, pa a e qué in l uencia ienen sob e el pensa acional y el ac ua ,
sob e la conciencia y la azón, al como uncionaban y se comp endían a
p incipios del siglo XX.
Na u almen e, esas co ien es de pensamien o ienen sus p eámbu-
los en la e l exión y en la ac i ud de algunos in elec uales del siglo XIX,
[1] FREUD, S.: La in ep e ación de los sueños. Mad id: Alianza, 1979. HUSSERL, E.: In es igaciones
lógicas, 2 ols. Buenos Ai es: Alianza, 2005.
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en p ime luga , Hegel y Nie zsche, y en segundo pe o ambién impo -
an e luga , Kie kegaa d y Ma x. Ellos son quienes p epa an el e eno
pa a el descub imien o y la acep ación, p opias del siglo XX, de que eso
que el occiden e ha llamado azón y acionalidad, y que ha iden i i cado
con la sup ema acul ad in elec i a de la psique humana, es solamen-
e una o ma, una modalidad, de las múl iples que esa acul ad puede
adop a y que ha adop ado en las di e en es cul u as y épocas, en las
que ha enido endimien os muy di e sos.
Como ocu e en la his o ia de las ciencias y de las écnicas, am-
bién en la his o ia de la i loso ía los g andes descub imien os los eali-
za alguien que los desc ibe mal, y que los pe cibe de un modo con uso.
Colón c eyó que había llegado a las indias y New on calculó mal la
a acción de los plane as. Nie zsche y Kie kegaa d c eye on que la a-
zón e a una y absolu a y que había que nega la pa a ab i cauces a la
ida, y Ma x ambién c eyó que e a una y absolu a, pe o pensaba que
podía con ola se desde los p ocesos económicos, en an o que cla e de
esa azón una y absolu a. Ellos comp endie on y enseña on que había
que supe a la po que la ida eal de los homb es, pa a con inua su
desa ollo, no podía segui a eniéndose a esa « azón» como c i e io
sup emo de alidez.
El siglo XX, además de se el del psicoanálisis y el de la enomenolo-
gía, es ambién el de la i loso ía dialéc ica y la i loso ía analí ica, el siglo
de la escuela de F ank u y el de Wi gens ein. Es as cua o co ien es de
pensamien o han desa ollado la c í ica de la azón y de la mode nidad,
la c í ica de la azón ilus ada, coincidiendo odas en si ua el comienzo
de dicha modalidad de la azón en Sóc a es y la escuela de A enas, como
había apun ado Nie zsche.
La Ilus ación puede de i ni se como aquella época en la cual lo que
Ka l Mannheim llama la in e p e ación pública de la ealidad se es a-
blece y se o mula en cla e cien í i ca, y como aquella época en que la
pe spec i a cien í i ca, acional, alcanza su hegemonía en pugna abie a
con la pe spec i a eligiosa. Pe o como esa pugna en e el pun o de is a
cien í i co y el eligioso empieza ya con Sóc a es, puede deci se que la
Ilus ación se inicia con él.
En e ec o, en la G ecia an igua, la ciencia, el a e y la i loso ía, ha-
bían de desplega se en consonancia con la eligión de la sociedad g iega,
pues en caso con a io se incu ía en asebeia, impiedad, que es lo que se
impu a a Sóc a es, y po lo que se le condena a mue e. Y en el medie o
c is iano, cuando la in e p e ación pública de la ealidad se o mula y
se es ablece en cla e eligiosa, la ciencia y el a e, la écnica y la polí ica,
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habían de desa olla se ambién en con o midad con la e c is iana pa a
que ue an acep ables.
Po su pa e, en la Ilus ación g iega, el a e, la poesía y la eligión
han de se ambién acionales pa a que engan acep ación social, pues
en caso con a io los poe as pueden e se como co up o es de la eli-
gión y se expulsados de la polis, como Pla ón p oponía. A su ez, en la
Ilus ación mode na, y con o me la acionalidad cien í i ca a alcanzando
la hegemonía cul u al, no solamen e iene que se acional y cien í i ca la
ciencia, sino que ambién han de se lo la eligión y la mo al, la polí ica y
la écnica pa a que puedan ene acep ación social. Po eso la é ica se hace
mo e geome ico, la eligión se despliega den o de los lími es de la azón y
el socialismo es cien í i co.
A i nales del siglo XX, la pugna en e la eligión y la ciencia po la in-
e p e ación pública de la ealidad no e mina con la ic o ia de ninguna
de las dos. La eligión ya no es la única ins ancia que legi ima y sanciona
el alo de cualquie elemen o cul u al, pe o ampoco lo es la ciencia.
Aho a odos sabemos que pa a a ala su calidad, incluso pa a ene un
alo excepcional, un ex o no necesi a el is o bueno de la au o idad ecle-
siás ica, ni el de la au o idad cien í i ca o li e a ia. Puede se igualmen e
alioso si es á elabo ado con ela os del siglo XII, con papi os p o enien es
de Egip o, o con minia u as del siglo XV. Y lo mismo puede deci se de un
u ón o de unas elas. Con inuamen e la publicidad nos ecue da que los
p oduc os son excelen es y excepcionales po odos esos í ulos, sin que
ninguno de ellos apo e más quila es de legi imidad que o os.
A i nales del siglo XX la i loso ía analí ica, la dialéc ica, la enome-
nología y el psicoanálisis con e gen en un conjun o de p ocedimien os
y p esupues os, que cons i uyen la he menéu ica, y que consis e en la
acep ación de la p imacía de la si uación pa icula , del se i ni o conc e-
o, de las expec a i as pe sonales, sob e supues os eje cicios del pensa-
mien o obje i o y de la azón uni e sal.
Es e ánsi o desde el acionalismo g eco–ilus ado has a la he me-
néu ica ac ual, es el ánsi o que a desde la p imacía de la uni e salidad
acional y obje i a a la p imacía de la i ni ud y pa icula idad on ológica
como condición y uen e del sen ido.
Dicho ánsi o desemboca en la posmode nidad, que es el cae en la
cuen a de que la p imacía de la uni e salidad acional y obje i a se debe
a la adopción de un pun o de is a pa icula en unción de unas expec-
a i as pa icula es. Se debe a la p e e encia po la e dad cien í i ca y
el dominio écnico, en e a la exigencia de sen ido de la ida humana.
Se debe a la idola ía de la azón y a la ep esión de las expec a i as y
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necesidades adicales en a as de la u ilidad écnica y económica. Se debe
al p edominio del deseo y el sen imien o de a a icia, de ene más, de
acumula medios, de capi aliza , en e al deseo y el sen imien o de se
uno mismo, en e al eque imien o del o o y en e al sen ido de la
exis encia de ambos.
El paso de la acionalidad ilus ada a la posmode na hegemonía de
la he menéu ica no es el abandono de la acionalidad p opia del homb e
pa a aga i acionalmen e po las u as de los sen imien os. Es el án-
si o de un p esun uoso sen imien o de sobe anía absolu a de la azón a
un sen imien o de modes ia an e la i ni ud de la exis encia y, consiguien-
emen e, de la azón.
La posmode nidad ha incu ido ambién en los excesos de la c í ica.
Quizá po que, como decía Husse l, con a nada se eacciona más iolen-
amen e que con a los e o es que uno mismo acaba de abandona . Y si
el acionalismo incu ió en la a ogancia de la azón sobe ana y absolu a,
la posmode nidad incu ió en la u ia iconoclas a con a oda o ma, en
el es e icismo acuo y en el nihilismo. Pe o, anscu ida la ase de los
excesos, el siglo XXI se inicia con la se enidad de un equilib io más acep-
able.
Pues bien, en es a nue a pe spec i a alcanzada as la c í ica a una
con i gu ación y un uncionamien o de la azón que ha du ado ein icua-
o siglos, se si úan dos de los g andes maes os de la enomenología,
Max Schele y Ma in Heidegge , que es ablecen en el p ime e cio del
siglo XX, que los sen imien os y a ec os cons i uyen la p ime a o ma de
la conciencia y la au oconciencia humana, y el p ime momen o del co-
nocimien o y el compo amien o humanos.
Un es udio sob e los sen imien os iene aho a pa icula sen ido
y pa icula ele ancia. Po que ya mucho an es de que se pusie an de
moda í ulos como In eligencia emocional y o os po el es ilo, que apli-
caban p ecisamen e la he menéu ica al mundo de la ac i idad emp e-
sa ial2, especialmen e en la ges ión de ecu sos humanos, el pun o de
is a de la exis encia i ni a había cob ado p o agonismo en e al de la
uni e salidad acional y obje i a.
Cuando empezó a acep a se como un luga común que la in eli-
gencia se ige y se co ige median e la ida emocional, los pa áme os
cul u ales de occiden e ya habían cambiado. Ya se daba p io idad a los
p ocesos de in e p e ación y comp esión en e a los p ocesos lógicos de
deducción y cien í i cos de demos ación, en o den al escla ecimien o del
[2] GOLEMAN, D.: In eligencia emocional. Ba celona: Kai ós, 1996.
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homb e y de la ealidad. Po eso ambién se daba p e e encia a la e ó ica
sob e la lógica, al ela o sob e la deducción, al es imonio sob e la de-
mos ación, a la me á o a sob e el silogismo y al sen ido sob e la e dad.
Pe o aquí no se a a de oposiciones de con a ios. No es que se sus i-
uya una modalidad o una con i gu ación de la azón po su con a ia. La
lógica de con a ios o la lógica bi alen e, según la cual lo que no es bueno
es malo, lo que no es e dade o es also, o lo que no es cla o es oscu o, es
p opia p ecisamen e del uso de la azón que se ha c i icado, de la azón
a ogan e que decla a que quien no es á con ella es á con a ella.
La azón pos –ilus ada no es bi alen e, sino poli alen e. Lo que
no es bueno puede se malo, pe o puede se ambién bello, inquie an e,
desconocido, es imulan e, y muchas o as cosas. Lo que no es e dade o
puede se also, pe o puede se ambién, mis e ioso, indecidible, p obable,
alea o io, he moso, ascinan e, e cé e a. La azón pos–ilus ada no es una
y absolu a, sino plu al, y esas modalidades de la azón no son je a quiza-
bles acionalmen e po que dependen de ac i udes y posiciones de la exis-
encia pa icula de los homb es según las di e en es cul u as y épocas.
Eso quie e deci que pa a el es udio de algo como los sen imien os,
o el homb e, o los alo es, no cabe es ablece un o den sis emá ico y
luego un o den his ó ico pa a hace los con e ge de una mane a que
exhiban de modo comple o lo que son los sen imien os, o lo que es el
homb e, o lo que son los alo es.
Se puede es ablece un o den sis emá ico de es udio si se c ee en la
azón ilus ada, en la azón una y absolu a, y, consiguien emen e, se c ee
que el suyo no es un pun o de is a pa icula . Pe o ese no es nues o caso.
1.2. O den sis emá ico y o den his ó ico en el es udio de los
sen imien os
El o den sis emá ico a la an igua usanza p esupone que se puede
de i ni lo que es el homb e, los sen imien os y los alo es (o Dios, o la
e, o lo que se quie a) desde una pe spec i a absolu a, de al mane a
que esas de i niciones no pueden su i al e aciones esenciales, y que el
conocimien o his ó icamen e dado puede hace se co esponde con las
cualidades y aspec os de esa de i nición esencial y puede insc ibi se en
los di e sos apa ados de ella.
Pe o ocu e que en odos los sabe es, y no solamen e en ísica, el
pun o de is a del obse ado in l uye en lo obse ado y lo modi i ca, de
– 24 –
mane a que cada pe spec i a da luga a que lo de i nido desde ella esul-
e en cie o modo he e ogéneo de lo de i nido desde o a, aunque en cada
caso se a e siemp e del homb e, de Dios o de los sen imien os.
Así, esul a in iable, po ejemplo, una exposición his ó ica y sis-
emá ica de la a i mé ica que dé cuen a de la esencia del núme o de un
modo absolu o y comple o. Po que el álgeb a, la geome ía analí ica, el
cálculo in i ni esimal o el cálculo ma icial, no cons i uyen el conjun o
comple o de ca ego ías según las cuales se dan los en es numé icos, ni
los elemen os o no as de la pe ec a de i nición esencial del núme o. Son
modalidades y o mas que adop an los lenguajes numé icos según la
exigencia y la inspi ación p opia de de e minados en oques. Lo mismo
puede deci se que ocu e con la ísica, la i loso ía o la eología, con las
de i niciones del mundo, del homb e o de Dios.
Po eso el pun o de is a adop ado en es e es udio sob e los sen i-
mien os es el c onológico, po una pa e, y po o a el sociocul u al o,
pa a deci lo con más exac i ud, el on o–sociológico. Qué son los sen i-
mien os y cómo uncionan depende de cómo hayan sido con i gu ados
po el medio sociocul u al, en p ime luga . Pos e io men e, la e l exión
eó ica puede desc ibi los como dimensiones o ac o es cons i u i os de
la na u aleza humana y de i ni los según su esencia, como si la on ología
de los sen imien os, lo que los sen imien os son, no dependie an del me-
dio socio–cul u al, como si la on ología no ue a on o–sociología. Pe o
a pa i del siglo XX la i loso ía que no iene conciencia sociológica y no
se hace ca go de su p opio con ex o sociocul u al, la que no insc ibe lo
esencial en la cambian e y mul i o me his o ia del géne o humano, co e
el iesgo de pe de lo en la opacidad in e osímil de un absolu o g a ui o
y i ngido3.
El análisis on ológico explica o expone lo que son los sen imien os,
y el análisis enomenológico cómo se i en, qué le pasa al que los iene
o incluso qué hace. En ambos casos hay mucha a iedad de en oques.
A is ó eles, al igual que Tomás de Aquino, conside a los sen imien-
os como el momen o alo a i o de los ins in os y endencias, como una
ase del compo amien o que a anca de las unciones cognosci i as.
El i lóso o g iego, a su ez, ealiza di e sos plan eamien os y en o-
ques de la ida sen imen al. Desde el pun o de is a de la polí ica y la
educación, pa a a e igua el modo en que se puede induci a los niños y
[3] V. ARREGUI, J.: “La con i gu ación cul u al de la a ec i idad”, en CHOZA, J. (ed.): Sen imien os
y compo amien o. Mu cia: UCAM, 2003 y V. ARREGUI, J.: La plu alidad de la azón. Mad id:
Sín esis, 2005.
– 25 –
a los ciudadanos a egocija se y en is ece se adecuadamen e. Desde el
pun o de is a de la e ó ica, pa a desc ibi el modo en que un sen imien-
o puede ansmu a se en o o median e la palab a pe suasi a. Desde el
pun o de is a de la poé ica, pa a explica los p ocesos de pu i i cación
de los espec ado es al e ep esen adas en la agedia y la comedia las
acciones humanas. Desde el pun o de is a de la é ica, pa a indaga la
na u aleza de la amis ad, de la elicidad y las alo aciones que cada uno
hace de sí mismo. Desde el pun o de is a de la psicología, pa a pone en
cla o la elación en e el conocimien o y los sen imien os4.
Tomás de Aquino, po su pa e, es udia los sen imien os (las pasio-
nes) como ac o es in ínsecos del ac ua humano, jun o a las acul ades
y los hábi os, en con aposición a los ac o es ex ínsecos de dicho ac ua
que son la ley y la g acia. Y, más en conc e o aún, es udia las pasiones
como ese momen o del compo amien o que es común al homb e y a los
animales.
No si úa su es udio den o del a ado sob e el homb e de la P ima
pa s de la Summa Theologiae, sino de ás del a ado del i n úl imo del hom-
b e y los ac os humanos, y an es del a ado sob e los hábi os y las i udes,
como un a ado di e en e y especí i co, a sabe , el a ado de las pasiones.
El en oque es en es e caso más bien de índole bio–psicológico, pe o uel e
a es udia los sen imien os desde un pun o de is a é ico exis encial en
los a ados de las i udes, an o eologales como mo ales, especialmen e
cuando analiza lo que es la ca idad y la espe anza5.
Así pues, A is ó eles es udia los sen imien os de un modo asis e-
má ico, según los di e en es en oques desde los que es udia la ida hu-
mana indi idual y social, y Tomás de Aquino los es udia de un modo
plenamen e sis emá ico, den o de su concepción de la o alidad de lo
eal como c eación del mundo y del homb e po Dios, y como e o no
del mundo y del homb e a Dios median e C is o. A di e encia de los
i lóso os an iguos y medie ales, que no conceden a los sen imien os
una unción pa icula men e des acada en la ida mo al, Sha esbu y
y Rousseau los oman como cla e y guía del compo amien o mo al
[4] C . GARAY: “Los sen imien os como guía del conocimien o. Pe spec i a a is o élica”,
en CHOZA, J. (ed.): Sen imien os y compo amien o. Mu cia: UCAM, 2003, C . MARÍN, H.:
La an opología a is o élica como i loso ía de la cul u a. Pamplona: Eunsa, 1993. CHOZA, J.:
Conciencia y a ec i idad. A is ó eles, Nie zsche, F eud. Pamplona: Eunsa, 1990, 2ª ed.
[5] C . TOMAR, F.: “Amo y compo amien o in e subje i o. Pe spec i a omis a”, en CHOZA,
J. (ed.): Sen imien os y compo amien o. Mu cia: UCAM, 2003. CHOZA, J.: “Hábi o y espí i u
obje i o. Es udio sob e la his o icidad en San o Tomás y en Dil hey”, en La ealización del
homb e en la cul u a. Mad id: Rialp, 1990.
– 32 –
ipo: uno mili a y económico, como el de Agamenón y Menelao, cuyo
cen o son los cas illos, y o o in elec ual y eligioso, como el de Beni o,
Boni acio o Ci ilo, cuyo cen o son los monas e ios.
El homb e de esa época no es cie amen e el animal acional de los
g iegos y los omanos, pe o ampoco es el gue e o de la G ecia he oica
ni el ganado de los juegos Olímpicos o Is micos. Es un gue e o o un
monje, o una sín esis de ambas cosas, que es el caballe o, pa a el cual
igen unas eglas que o denan y egulan los sen imien os de un modo
igual de es ic o que los del sabio g iego o es oico. En e ec o, no es ácil
encon a en el mundo an iguo una egulación de los sen imien os an
es ic a y amplia como la egla de San Beni o, y eso ope a como ma iz
del eudalismo caballe esco mili a . Y aunque en ese pe íodo hay e i-
o ios donde la ida u bana y co esana se man iene e incluso l o ece,
como es el caso de la Hispania isigoda, ambién en las co es u banas
es á p esen e la aus e idad monacal.
Puede se que los sen imien os se desplieguen sel á icamen e en al-
gunos ámbi os, pe o son jus amen e los de los homb es poco ci ilizados,
el « udus» o el «ine me ulgus», que en ningún caso pueden pone se
como modelo ni guía de lo que es se homb e17.
Que los sen imien os engan impo ancia o se ei indiquen, quie e
deci que la engan en la co e, en el ámbi o ci ilizado, es deci , en la
ci i as, pe o pa a eso hace al a que haya ciudades.
Eso empieza a ocu i a pa i del siglo XII, que es cuando empieza a
egene a se el ejido u bano de Eu opa, y con ello las ías de comunica-
ción y el come cio. En onces es cuando nace la banca, el de echo me can-
il y la uni e sidad. Dicho p oceso de egene ación, o bien de gene ación
ex no o, culmina con el l o ecimien o de las ciudades y de la bu guesía
en el siglo XIII, que suele oma se como la pleni ud de la Edad Media.
Pues bien, en onces los sen imien os empiezan a adqui i una ele ancia
social y cul u al que no habían enido an es, y empiezan a se un pode
de con i gu ación del o den social y cul u al de p ime a magni ud.
En p ime luga , los sen imien os del p opio ale empiezan a ex-
p esa se a medida que la indi idualidad empieza a des aca se y a alo-
a se como al y po ella misma, po lo que cada uno hace, y no po lo
que he eda en apellidos, o una, e cé e a. Una ez que el indi iduo y el
alo del indi iduo se econoce y ese econocimien o se exp esa, hay un
ipo de sen imien o al que se le concede de e mina y p o agoniza po
[17] C . MARÍN, H.: La in ención de lo humano: la génesis sociohis ó ica del indi iduo. Mad id:
Encuen o, 2007, cap. 2; LE GOFF, J.: El homb e medie al. Mad id: Alianza, 1986.
– 33 –
comple o la ida de algunos se es humanos, y es el amo , en conc e o, el
amo e ó ico he e osexual.
El siglo XII es el siglo de la co e de Leono de Aqui ania, donde l o ece
la poesía o ado esca, donde se can a el amo co és y donde se p ac ica
ese amo . Y ese amo es el que de e mina y p o agoniza po comple o las
idas de T is an e Isolda18, Abela do y Eloisa19 o los aman es de Te uel.
Pe o eso no ocu e solamen e en la li e a u a. Desde el siglo XII en adelan-
e, empieza a ex ende se po Eu opa la p ác ica, comple amen e nue a,
de con ae ma imonio po habe se enamo ado o po es a lo, como se
e á en el siguien e capí ulo.
Es a no e a la p ác ica habi ual en G ecia, en Roma, ni en el medie o
eudal. En las sociedades de la Eu opa an e io , el sen imien o del amo
exis ía, y se conside aba una dicha g ande que los cónyuges se amasen,
como se cons a a p ecisamen e en las comedias de Te encio.
Pe o el amo no se conside aba algo su i cien emen e ele an e como
pa a de e mina la elección de la esposa, ni la acep ación o el echazo
del esposo po pa e de la muje . Se p ocu aba que se conocie an y se
ap ecia an, pe o en cualquie caso, se espe aba que el amo y las buenas
elaciones su gie an a pa i de la misma con i encia ma imonial.
A pa i del siglo XII se man iene la p ác ica an e io de que los ma-
imonios los concie en los pad es de los con ayen es, y que es os ac-
cedan a lo aco dado po los p ogeni o es en unción de su ango y clase,
las do es, los negocios posibles, e cé e a. Como dicha p ác ica e a incon-
es able, el amo y el ma imonio po amo , se ab ió paso a a és de un
nue o ecu so suminis ado po el c is ianismo, y que e a el sac amen o
del ma imonio.
Como se e á con de enimien o más adelan e, en an o que sac a-
men o, el ma imonio e a álido y quedaba ealizado con solo el consen-
imien o de los cónyuges, que podían ecibi una bendición gené ica del
sace do e, po ejemplo, la que daba al conclui la celeb ación de la misa.
Y ese e a el p ocedimien o que empeza on a segui muchos enamo ados
pa a con ae ma imonio.
La mayo pa e de las eces ese ma imonio solamen e lo conocían
los cónyuges, de mane a que los espec i os pad es podían conce a los
ma imonios de sus hijos con o as pa ejas con oda anquilidad de con-
ciencia, según la p ác ica habi ual. El ma imonio aco dado po los pa-
d es se celeb aba públicamen e y la ida social, la en ega de la do e,
[18] T is an e Iseo. Mad id: Alianza, 1988.
[19] PERNOUD, R.: Eloísa y Abela do. Mad id: Espasa, 1973.
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la ansmisión he edi a ia de bienes, e cé e a, endía a o ganiza se en
unción de ese segundo e in álido ma imonio.
El ma imonio eal y e dade o desde el pun o de is a eligioso,
sac amen al, e a el p ime o, que pasó a llama se ma imonio clandes-
ino en la his o ia del de echo canónico, mien as que el segundo e a
álido solamen e en el ue o ex e no, pe o no en el ue o in e no de los
con ayen es.
Has a qué pun o una si uación así gene a ensiones sociales y an-
gus ias pe sonales, queda bien e l ejado en la agedia de Shakespea e,
Romeo y Julie a, que hubie a sido social y cul u almen e imposible en la
G ecia de Pla ón, en la Roma de Te encio o en la Toledo de Reces in o,
y cie amen e en cualquie ciudad del occiden e con empo áneo. Po que
nunca an es en la his o ia un sen imien o, y en conc e o, el sen imien o
del amo , había enido an o pode de con i gu ación biog á i ca y de des-
in eg ación socio–económica.
El p oceso de a desde la co e de Leono de Aqui ania en el siglo
XII has a la de los Capule o en la Ve ona del siglo XVI es el de la eme -
gencia de los sen imien os con un pode al de con i gu ación social y un
p o agonismo biog á i co, que exigen se econocidos al mismo ni el que
la azón, que el logos del animal acional, en la de i nición y en la eali-
zación del homb e.
La equipa ación de los sen imien os y la acionalidad acon ece po
p ime a ez, y iene su p ime a ase, en esa especie de ci ugía sac amen-
al lle ada a cabo po el Concilio de T en o cuando usiona el ma imo-
nio clandes ino o con aído po amo , con el ma imonio socialmen e
p ac icado has a en onces, al dec e a que el sac amen o del ma imonio
solamen e es álido cuando es público.
Pod ía deci se que Shakespea e y el Concilio de T en o son las
g andes ins ancias que p opugnan la con e gencia de la legislación y
legi imación ma imonial con la ele ancia y el p o agonismo de los sen-
imien os amo osos.
Du an e ese p oceso que du a cinco siglos, la exp esión in elec ual,
a ís ica y p ác ica, o e l exi a y eó ica de los sen imien os, ambién e-
gis a pun os de in l exión. En la pleni ud de la Edad Media, en el siglo
XVIII, cuando la ciudad medie al exp esa el o den y es uc u a que iene
el índice de una Suma Teológica, Tomás de Aquino es ablece una sis e-
má ica de los sen imien os pa a ubica los en el luga que les co esponde
en la es uc u a ope a i a del animal acional, en an o que c ia u a que
ha salido de Dios po la c eación y uel e a Dios po la edención, es
deci , po las i udes, la ley mo al y la g acia.
– 35 –
Ese mismo o den de la Suma Teológica se exp esa ambién en la
Di ina Comedia, pe o en ambas ob as, y más en la de Dan e, el amo
apa ece en algunos momen os como supe io a la acionalidad, al lo-
gos y al in elec o. En la ob a de Tomás de Aquino, cuando es ablece
que el don de sabidu ía no iene su sede en el in elec o y no p o iene
de la e, sino que iene sus sede en el co azón y p o iene de la ca idad20.
Y en la ob a de Dan e, con mayo cla idad, cuando se mues a que el amo
de Bea iz es lo que ha guiado al homb e a lo la go de su ida y de su
mue e21. Con odo en la ob a de Tomás de Aquino el homb e sigue siendo
an es que nada un animal a ionale, un o ganismo i ien e cuya esencia se
de i ne y se ealiza po la azón y po el con ol acional de las pasiones.
Poco después, oda ía en el siglo XIII, pe o más aún en el XVI y el XV,
Duns Sco o y Guille mo de Ockam en el campo de la i loso ía, Pe a ca
y Bocaccio en el de la li e a u a, y Bo icelli en la pin u a, ab en el espacio
pa a exp esa en el pensamien o y en las a es el p o agonismo que los
sen imien os iban adqui iendo en la ida social.
Con odo, el Renacimien o no es sin más el momen o de es ablece
el sen imien o como una cla e de la esencia humana. Es una p ime a
ase pa a eso, pe o no demasiado du ade a. El homb e del Renacimien-
o, más que el animal acional de G ecia y Roma, es el indi iduo lib e,
el i epe ible y único en su es ilo y en sus ob as, y, po eso, el que puede
deja se lle a po los sen imien os, po la g acia, po la inspi ación,
pe o el homb e pos e io , el homb e mode no, no es una simple con i-
nuación de ese modelo.
1.5. La p imacía de los sen imien os
En la mode nidad, cuando la ida u bana, la bu guesía y, con ello,
el indi idualismo, an inc emen ándose, los sen imien os empiezan a
adqui i mayo ele ancia a medida que an de e minando las conduc-
as de los ciudadanos y, po an o, la ealidad social.
Po eso los a ados sob e las pasiones empiezan a l o ece en el si-
glo XVII. En unos casos con el obje o de acili a he amien as pa a ges io-
na polí icamen e una epública, en la línea de la an igua e ó ica, que es
[20] AQUINO DE, Tomás: Suma Teológica, II-II, 45, 2. Mad id: BAC, 1963, p. 296.
[21] “L’amo che mo e il sole e l’al e s elle” (“Pa adiso” XXXIII, 145), úl imo e so del
“Pa aíso” de la Di ina Comedia, de Dan e Alighie i.
– 36 –
como ealiza Hobbes su análisis de las pasiones22. En o os, con obje o de
educi la pasión a acionalidad, según el ideal es oico, y con mi as ascé i-
cas y educa i as, que es como Spinoza las es udia23. Y en o os, con obje o
de explica y con ola acionalmen e, cien í i camen e y mecánicamen e,
los p ocesos a ec i os, que es el p opósi o de Desca es24.
En líneas gene ales, puede deci se que la mode nidad epone, con-
i ma y e ue za el ideal pla ónico–es oico del con ol acional de las
pasiones, po el hecho de que se p opone unas me as polí ico–educa i as
de alcance uni e sal, cosa que no había ocu ido en la an igüedad ni en
el medie o, y que es posibili ado po la delimi ación de la nación es ado
como un conjun o de indi iduos aba cable, des ina a ios especí i cos
de la acción polí ica, y po nue os ecu sos adminis a i os y écnicos
como la imp en a25.
A su ez, los sen imien os quedan libe ados al acen ua se la au o-
nomía de la conciencia indi idual y al se asumidos en ella. Eso sucede,
en pa e po las p oclamas de la Re o ma, en pa e po el inc emen o de
la masa mone a ia a disposición de los indi iduos singula es, lo cual les
pe mi e hace «lo que quie an», en pa e po la cons i ución de o gani-
zaciones sociales o incluso de es ados median e pac os en e homb es
lib es e iguales (sociedades me can iles y sociedades nacionales, espe-
cialmen e en elación con el Nue o Mundo).
Cie amen e la co e imponía un código de co esía y la u be unos
cánones de u banidad, que canalizaban los sen imien os y el compo a-
mien o como en el medie o lo habían hecho los eglamen os de la caba-
lle ía y las eglas monacales, pe o el con ol social de la u be e a más sua-
e que el de la milicia, la Iglesia, las ó denes de caballe ía, las monacales
y las ó denes mendican es, y mucho meno a medida que aumen aba el
amaño de la u be y el olumen de población.
Además se había p oclamado que el homb e, en cues iones eligio-
sas, debe segui , an e odo, su conciencia, y pues o que la mode nidad
edujo la eligión a mo al, ambién en cues iones mo ales había que se-
gui an es que nada la p opia conciencia. Aho a bien, ¿qué quie e deci
[22] C . HOBBES, T.: Le ia an. Mad id: Edi o a Nacional, 1980, p ime a pa e, especialmen e
cap. 6.
[23] SPINOZA, B.: É ica. Demos ada según el o den geomé ico. Mad id: Edi o a Nacional, 1982,
pa es 3 y 4, pp. 179–350.
[24] DESCARTES, R.: Las pasiones del alma. Mad id: Tecnos, 1997.
[25] C . CHOZA, J.: His o ia cul u al del humanismo. Op. ci ., epíg a es 5 y 6 de los caps. 3, 4
y 5.
– 37 –
segui an e odo a la p opia conciencia en cues iones mo ales? Pues, se-
gún los análisis de Sha esbu y y de Rousseau, segui los p opios sen i-
mien os, o bien, segui de e minados sen imien os.
Incluso el p opio Kan , que con azón se conside a como uno de los
más decididos pa ida ios del ideal pla ónico–es oico del con ol acio-
nal de las pasiones, sos iene que la ley mo al se impone a la conciencia y
a la azón median e un sen imien o, a sabe , el del espe o26, que en una
no a a pie de la Fundamen ación pa a la me a ísica de las cos umb es, desc i-
be con los asgos del sen imien o que se expe imen a an e lo emendo
y ascinan e, es deci con los asgos del sen imien o que se expe imen a
an e lo sag ado, según la céleb e desc ipción que hicie a Rudol O o a
comienzos del siglo XX en su enomenología de Lo san o27.
La au onomía de la conciencia eligiosa y de la conciencia mo al
apa ecen en es a pe spec i a como la legi imación de la ida sen imen al,
al menos en algunas de sus cla es. Pe o la ida social iene o as dimen-
siones, además de la mo al y la eligiosa, en la que los sen imien os am-
bién se exp esan de un modo ele an e y que eclaman su legi imidad.
A esa eclamación co esponde en buena medida la ob a de Rousseau, y,
unos años más a de, el mo imien o omán ico en pleno.
A los sen imien os de piedad y de a aigo les co esponden los
ideales de iden idad nacional, de cons i ución y de independencia de la
nación, y a los sen imien os de au oa i mación los p oyec os e olucio-
na ios que p oclaman en el XIX las ideologías libe al y socialis a. En líneas
gene ales se expe imen a de nue o, y de un modo quizá más i o que
en el Renacimien o, la necesidad de eajus a el o den nacional y social a
los sen imien os, y de ab i en ellos el cauce más ancho y p o undo pa a
la ealización pe sonal.
En es e pun o el p o agonis a uel e a se o a ez el amo , y con-
c e amen e el amo conyugal, po que ahí es donde se puede exp esa
con mayo agudeza y u gencia la disc epancia en e sen imien os y a-
cionalidad del o den social, y donde se hace más pe en o ia la necesi-
dad del eajus e. Po eso el siglo XIX, que iene como máxima exp esión
li e a ia la no ela, iene pa a ella un ema ecu en e, p i ilegiado y casi
único, a sabe , el adul e io.
El adul e io es la g an agedia del siglo XIX como lo ue el ma i-
monio clandes ino en el XVI, po que el adul e io es el choque on al, en
[26] KANT, I.: Fundamen ación de la me a ísica de las cos umb es. Ba celona: A iel, 1996, edición
bilingüe de MARDOMINGO, J.; no a de la p. 133, p. 402, edición de Riga de 1786.
[27] C . OTTO, R.: Lo san o. Mad id: Alianza, 1980.
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el campo de ba alla de la au onomía indi idual (especialmen e la eme-
nina), de las dos g andes ue zas que apa ecen como máximos p o a-
gonis as de la mode nidad, a sabe , la libe ación de los sen imien os y
la acionalidad del o den mo al social. En el siglo XVI no se daban las
condiciones socio–cul u ales pa a una agedia como la de Ana Ka enina
o Madame Boba y, como en el XIX no se dan ya las eque idas pa a una
agedia como la de Romeo y Julie a. Y el siglo XX, cuando la au onomía
del indi iduo, la c isis de la azón g eco–ilus ada y la libe ación de los
sen imien os se han p oducido a odos los ni eles, con su legi imación
co espondien e, no son posibles ni un ipo de agedia ni el o o.
Ana Ka enina y Madame Bo a y, mucho más que Romeo y Julie a,
es án en el mismo en e de ba alla que su con empo áneo Nie zsche,
p oclamando las mismas esis que él, y, po eso, en el mismo en e que
Husse l, Heidegge y Schele , cuando decla an que la i encia es an-
e io a la ciencia, que la ealidad de las cosas y del mundo es lo que
apa ece en la i encia y no lo que se ecoge en las eo ías cien í i cas, y
que la a ec i idad, el o do amo is, como Schele lo denomina, el o den del
sen i y del que e , es lo que de e mina el o den del pensa , del ac ua
y de se 28.
Has a aho a los homb es sabían que enían azón. A pa i de aho a
sab án que ienen deseos y sen imien os. Cie amen e. Pe o quizá an es
los deseos y los sen imien os no enían an a ele ancia en la ida social
y, consiguien emen e, ampoco en la ida indi idual, como pa a deci
que han es ado ep imidos du an e dos milenios y medio po la doc ina
y la p ác ica mo al del c is ianismo. En es a ap eciación, más bien pa ece
que las ep esiones eje cidas po la mode nidad c is iano–ilus ada pos-
iden ina, se han p oyec ado hacía a ás y se han endosado al c is ianis-
mo desde sus inicios, con más imaginación que sabe p obado.
En cualquie caso, el c is ianismo en gene al, y la mo al c is iana
en pa icula , no es án dados al ma gen o ue a de la his o ia cul u al de
occiden e, ni pueden ene , en las ases his ó icas an e io es, una au o-
conciencia sociológica y i losó i ca p opia de comienzos del siglo XXI.
Después de que en el siglo XX ha enido luga la c í ica a la azón
g eco–ilus ada ya dicha, después de que esa azón ha sido iden i i cada
como una modulación pa icula de la in eligencia, jun o a o as mo-
dulaciones posibles, que se encuen an en nues a cul u a en di e en es
[28] C . PARELLADA, R.: “Esencia y o mas de los sen imien os. Pe spec i a enomenológica”,
en CHOZA, J. (ed.): Sen imien os y compo amien o. Mu cia: UCAM, 2003. C . SHELER, M.: El
o malismo en la é ica y la é ica ma e ial de los alo es. Mad id: Capa ós, 2001.
– 39 –
pe íodos o en o as cul u as que nos son ajenas, y después de que se
ha p oducido la libe ación de los sen imien os a odos los ni eles, el
homb e del siglo XXI es un homb e que puede segui de i niéndose como
animal acional, pe o ambién como animal simbólico, como animal a -
ís ico, como animal sen imen al o como se que cuen a his o ias. Y cada
una de esas de i niciones iene el mismo de echo y legi imidad a ep e-
sen a lo concep ualmen e, po que es legí ima la p imacía de cada una
de esas ins ancias a la ho a de de e mina la esencia, el compo amien o
y la ida humana.
Quizá aho a puede pa ece que los sen imien os ienen más ele-
ancia que o os ac o es bio–psicológicos o sociológicos, y que el hom-
b e ac ual pod ía se ca ac e izado como animal pa é ico o como animal
amo oso con más exac i ud que como animal acional. En el siglo XX el
pa hos no es á ecogido y exp esado en la e ó ica, como en la G ecia an i-
gua, pe o sí lo es á en la publicidad, y es á como lo es aba en onces, en la
música, y si epa amos en la ele ancia social del me cado del me cado
musical, de los es i ales y concie os de música lige a y de cualquie
o o ipo, ad e imos mejo el g ado en que los sen imien os ienen su
exp esión y su cauce ac ualmen e en nues a cul u a.
A eso puede añadi se oda ía, que no hay sen imien os mo ales ni
humani a ios en gene al, que no puedan exp esa se median e dona i os,
a a és de una cuen a co ien e, a una ins i ución que ealiza los alo es a
los que ales sen imien os apun an, como señalaba Lipo e sky29.
Pe o aunque es a sea la con i gu ación de la a ec i idad humana en
el occiden e c is iano en el siglo XX, ello no signi i ca que los sen imien os
hayan es ado ep imidos du an e ein icinco siglos. P obablemen e no
lo han es ado. P obablemen e su ue za, sus obje os de e e encia y su
dinámica es aban po nace . El homb e del siglo XX es un animal sen i-
men al, especialmen e el occiden al y, más que ninguno, el la inoame i-
cano. Po eso la enomenología puede analiza su es uc u a on ológica
desde el pun o de is a de los sen imien os, y po eso la eología mo al
con empo ánea puede oma los sen imien os como pun o de pa ida.
Es a con i gu ación del homb e y de la a ec i idad ampoco es abso-
lu a, ni es de i ni i a. Es la que nues o con ex o sociocul u al ha gene a-
do, y p obablemen e da á luga a o a en la que se mos a án igualmen e
aspec os an esenciales del homb e como se han mani es ado en las an-
e io es.
[29] LIPOVETSKY, G.: El c epúsculo del debe . La é ica indolo a de los nue os iempos democ á icos.
Ba celona: Anag ama, 1992.
– 40 –
En nues o epaso hemos señalado algunos hi os de la on o–sociología
de los sen imien os en nues a adición cul u al, que p obablemen e si an
pa a comp ende mejo algunos momen os cla es de la mani es ación y
ealización de la esencia humana.
– 41 –
2. HISTORIA DEL SEXO Y EL AMOR,
EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA
2.1. El sexo paleolí ico, el Can a de los can a es y la mís ica
española
EL sexo es uno de los ac o es de la ida más celeb ados desde la apa-
ición de la especie humana sob e el plane a, y a la ez, uno de los
más pode osos pa a gene a el o den social (y el deso den). No puede
deci se lo mismo del amo , cuyas ca ac e ís icas, al como lo conocemos
aho a, son bas an e ecien es en nues a cul u a y bas an e p opias de
ella. Lo que ac ualmen e denominamos «ma imonio», es, a su ez, una
de las o mas en que el sexo se conjugaba pa a cons i ui el o den y la
es uc u a social, que inicialmen e se basaba en un o den y una es uc-
u a de pa en esco. Finalmen e, lo que aho a llamamos « amilia», y de la
que a an los dos úl imos apa ados, es una comunidad de p ogeni o es
y de p ole, que puede es a mediada, o no, po una o a ias elaciones
ma imoniales.
El sexo es el pode máximo que conocen los p ime os sapiens sapiens,
po que es el pode de c ea y di undi ida, ida humana, y ida de ani-
males y u os que sus en an la ida humana. Po eso los geni ales mas-
culinos y emeninos suminis an la p ime a iconog a ía del paleolí ico,
que es a la ez eligiosa, a ís ica, écnica, e cé e a, las p ime as imágenes
simbólicas de la omnipo encia di ina, y po eso los cul os álicos y los
cul os del iángulo púbico y los pechos emeninos, es án an di undidos
en an as cul u as p ehis ó icas. Las enus paleolí icas de Willendo y
B assenpouy que apa ecen en an as ilus aciones son, en e o as, su i -
cien emen e ins uc i as a es e espec o1.
Los ela os más an iguos sob e los o ígenes del mundo ienen como
pun o de pa ida la unión sexual. Aunque la Teogonía de Hesiodo es
[1] Pa a una in o mación amplia, c . LEROI–GOURHAN, A.: Símbolos, a es y c eencias de la
p ehis o ia. Mad id: Is mo, 1984.
– 48 –
a es e asgo sus aíces islámicas y heb eas, an o en lo que se e i e e a la
genealogía li e a ia de sus ob as como a la genealogía biológica de sus
au o es14. La p oli e ación de au os sac amen ales y la cons ancia de la
conexión en e poesía e ó ica y poesía mís ica es un asgo de la li e a u a
española que pone de mani i es o sus conexiones con las cul u as semi-
as, en las cuales dicha conexión es ecuen e.
Es a conexión en e e o ismo y mís ica ha sido, a su ez, el pun o de
a anque pa a cla i i ca cla es del sexo y del e o ismo an o como pa a
desci a cla es del amo di ino15.
Más en conc e o, en la medida en que Dios es amo , en la medida
en que lo que más se pa ece al amo es el amo , y en la medida en que la
unión y la gene ación sexual son la exp esión ísica del amo , la unión
sexual puede oma se como ilus ación de las elaciones amo osas en la
in imidad de Dios mismo, es deci , como ci a de las p ocesiones ini a-
ias16. Pe o eso, en la adición del c is ianismo omano, esul a oda ía
chocan e en el siglo XXI, a pesa de que, como obse a González del Valle,
el ma imonio ep esen a la unión de C is o con la Iglesia, a pesa de que
en el consen imien o ma imonial se ep esen a esa unión po la ca idad
y en la cópula po la enca nación (Epís ola a los E esios, V, 32).
Aho a co esponde con inua es udiando el p oceso de eme gencia
del amo , al como lo conocemos en nues a cul u a en el siglo XX, y su
con e gencia con el sexo y el ma imonio y sus elaciones con la mo al y
la eligión en pe íodos más ecien e.
2.2. Pequeña his o ia del amo . De Leono de Aqui ania a
Shakespea e
El place sexual no es aba especialmen e inculado al amo en los co-
mienzos de nues a cul u a. Empieza a es a lo en G ecia y en Roma. Tam-
bién «Jacob es aba enamo ado de Raquel» y si ió sie e años a su pad e
pa a oma la como esposa (Génesis, 29, 18), pe o esa inculación del sexo
y el amo con el ma imonio es más bien el caso excepcional de Jacob.
[14] C . LÓPEZ–BARALT, L.: San Juan de la C uz y el éx asis ans o man e. Mad id: T o a, 1998.
[15] Casi oda la ob a de BATAILLE, G. especialmen e El e o ismo. Ba celona: Tusque s, 1982 y
Teo ía de la eligión. Mad id: Tau us, 1981; se si úan en esa pe spec i a.
[16] C . CHOZA, J.: “Las dimensiones sac amen ales del cue po emenino”, Théma a. Re is a
de i loso ía, nº 31, 2003, pp. 33–57. C . www.us.es/ hema a. C . capí ulo 3 del p esen e
olumen.
– 49 –
El amo en G ecia, Roma y el mundo semi a, es una pasión que no
iene necesa iamen e ca ác e he e osexual, y que no iene ínculos de-
e minan es en elación con el ma imonio. El ma imonio es un negocio
en e los cabeza de amilia que iene sob e odo un con enido pa imo-
nial. Cie amen e se p ocu a que haya mu uo ag ado en e los cónyuges,
pe o eso no es lo decisi o. Aunque es impo an e, el a ac i o o el amo
suele gene a se a pos e io i si el compo amien o de la esposa lo gene a
en el esposo. Así apa ece, desde luego, en casi odas las comedias de
Te encio, que ela a las p ác icas habi uales en el mundo g eco– omano
del siglo II a. C.17.
El eje cicio del sexo es un place y el amo un sen imien o o una
pasión es able, que pueden i unidos o no, y que se dis u an indepen-
dien emen e del ma imonio. Den o o ue a de él, pe o más bien ue a.
De hecho, el A s amandi y la Me amo osis de O idio, y los Ca mina de
Ca ulo, no hablan pa icula men e del ma imonio, sino de las o mas en
que se goza y se su e po las pasiones amo osas y los deseos sexuales.
Tampoco en esos ex os hay pa icula e e encia a no mas ju ídicas o a
no mas mo ales.
O idio ecoge, elabo a y de e mina oda una mane a de en ende
el amo y el sexo y p ac ica los, que a pa i del siglo II d. C. se escinde
en e sexo po una pa e y amo po o a, po in l ujo de las co ien es
maniqueas, como ya se ha dicho.
Desde en onces el amo iene que se «cas o» pa a se acep able, no
solo en la li e a u a, sino en la p opia conciencia de los que lo padecen. El
impac o del maniqueísmo pla ónico se expande desde la poesía o ado-
esca, pasando po Dan e, Pe a ca, Ga cilaso, Shakespea e y Hölde lin,
has a llega a las he oínas de Puccini, es ableciendo como canon insupe-
able el del «cas o amo ». No solo Bea iz y Lau a son angelicales y son
angelicalmen e amadas po Dan e y Pe a ca. También el amo le lle a
a Ga cilaso a que el «mi a a dien e» sea «hones o»18; an o él como su
amada pueden pe de la azón, pe o no la hones idad. Lo mismo le ocu-
e a la Dio ima de Hölde lin. Y ambién La a ia a, la ex a iada Viole a
de Ve di, se edime median e el «cas o amo » que sien e po Al edo.
Mien as an o, y a medida que el amo es cada ez más cas o y
más pu o, el sexo ha seguido la ía de lo deshones o, lo impu o, lo cha-
bacano, lo g o esco, lo obsceno, lo inmo al y lo diabólico. Y eso no solo
[17] C . Especialmen e Heau on imo oumenos, y El Eunuco, en TERENCIO: Comedias. Mad id:
Cá ed a, ed. de BRAVO, J.R., 2001.
[18] C . VEGA DE LA, G.: Poesías comple as. Mad id: Cas alia, 1972, sone o XXIII.
– 50 –
en los ca na ales y i es as del medie o. Los capi eles, co nisas y ímpa-
nos ománicos con ienen, en sus bajo elie es y escul u as, una gama
an amplia y ex emosa de ecu sos y ac i idades e ó icas como no se
encuen a en ac uales e is as y ideos po nog á i cos19. También en la
li e a u a, jun o a la poesía amo osa más exquisi a, Que edo eúne en
la poesía sa í ica las o mas del sexo más g o escas, obscenas, sa cás i-
cas, chabacanas y bajas, que ecoge cie amen e del medio social, pe o
que las e i gu a y consolida20. También Ce an es pin a a un don Qui-
jo e que po una pa e ama a la angelical Dulcinea con «cas o amo », y
po o a se ec ea dibujando la osquedad y g ose ía del sexo ealmen e
eje cido po Ma i o nes.
Casi ein e siglos de escisión en e amo y sexualidad lle an a la
psicología e olu i a del siglo XX a desc ibi la disociación en e sexuali-
dad y a ec i idad como algo p opio de la na u aleza masculina, p opio
de los adolescen es, y de no pocos homb es y muje es madu os, y como
un p oblema a supe a median e el abajo de in eg ación de dos ac o es
que se dan inicialmen e como con apues os de suyo. Y esos siglos de
escisión son los que lle an ambién a F eud a p oclama «has a aho a
los homb es sabían que enían azón. A pa i de mi sab án que ienen
deseos». Sin emba go, los jó enes de Te encio en el siglo II a. C., los de
O idio en el I e incluso los de Apuleyo en el II d. C. pa ecen no su i esa
escisión. Y no digamos los de las cul u as de cazado es ecolec o es en
los que la adolescencia aba ca las semanas que du an los i os de inicia-
ción, en e a los más de cinco años que du a en las sociedades occiden-
ales del siglo XX.
En es e plan eamien o an maniqueo el sexo, con odo, no puede
se a ojado a las inieblas ex e io es po que es el mecanismo p e is o
pa a la ep oducción del géne o humano, de mane a que hay que da le
cabida y acoge lo de alguna mane a. Esa cabida y esa acogida es el debe
mo al y el manda o eligioso de la p oc eación como ya hemos is o. La
p oc eación es lo que legi ima la ac i idad sexual, el place sexual en el
homb e, y, a eces, el place sexual en la muje .
La mo al es, pues, el ac o que subsana la escisión en e sexo y
amo , que iene p oducida po las co ien es gnós icas desde el siglo II.
Pe o hay o o ac o que con ibuye a uni i ca los más oda ía a lo la go
[19] C . OLMO GARCÍA, A. y VARAS VERANO, B.: Románico e ó ico en Can ab ia. Palencia: ed. de
los au o es, 1988, con selec a bibliog a ía sob e el ema.
[20] Debo al poe a Abel Feu una amplia in o mación sob e la his o ia del «cas o amo » en
la li e a u a española.
– 51 –
de la edad mode na y que es el de echo. El p ocedimien o mode no pa a
es aña la escisión en e amo y sexo ecibe el nomb e de «ma imonio»,
y, más en conc e o, de «ma imonio con aído po amo ».
No es que el amo no u ie a ninguna impo ancia an es de la mo-
de nidad. Ya hemos is o que lo enía. Se p ocu aba que los esposos se
ag adasen y las comedias omanas son ales po que, al i nal, los esposos
acaban amándose. Pe o no se le ocu ía a nadie que el enamo a se podía
se un mo i o su i cien e pa a con ae ma imonio. Es más, enamo a se
no enía en la mayo ía de los casos más en idad que la de un sublime
pasa iempo.
Pe o a pa i del siglo XI los sen imien os indi iduales, y en e ellos
el amo , empeza on a cob a p o agonismo en la ida de los homb es y
de las muje es. En el siglo XI se empieza a sali de la g an c isis p o o-
cada po el hundimien o de Roma. Renace la ida u bana, aumen a la
población, se mul iplica la iqueza y se c ean ins i uciones como la ban-
ca y la uni e sidad. A pa i de en onces empieza a acuña se moneda y
a lle a se dine o en po ciones educidas que un indi iduo solo puede
anspo a en una pequeña bolsa o bolsillo. A pa i de en onces empieza
a habe , poco a poco, casas con habi aciones indi iduales, se desa olla
la doc ina del juicio pa icula , y los poe as y o ado es de la co e de
Leono de Aqui ania can an los amo es de T is an e Isolda, y de o os
aman es, como si el amo u ie a de suyo una legi imidad que no necesi-
ase de apoyo ex e io , y mucha más i meza que en la Roma de O idio21.
A medida que se desa olla el p oceso de u banización en Eu opa,
aumen a la comunicación y la iqueza y la población c ece en co es-
pondencia di ec a, c ece el sen imien o indi idual del p opio alo , del
p opio sen i y del p opio c i e io, has a llega a o mula se en e los
e o mado es del c is ianismo el p incipio de la sobe anía de la p opia
conciencia. En pa e el c is ianismo con ibuyó de mane a decisi a a es e
p oceso, pues o que la disciplina de los sac amen os, cada una con su
p opia me amo osis, ponía cada ez más de elie e has a qué pun o la
libe ad indi idual, el conocimien o y la olun ad p opias, e an equisi o
pa a la alidez del bau ismo, la con i mación, el o den, la peni encia y el
ma imonio, y, po supues o, pa a la alidez de los o os.
Pues bien, es en es e con ex o de poesía o ado esca, de sobe a-
nía de la conciencia y de au onomía del indi iduo, donde empieza a
[21] C . ARIES, P. y DUBY, G.: His o ia de la ida p i ada, ol. 2: De la Eu opa eudal al
Renacimien o. Mad id: Tau us, 1988; y LE GOFF, J. e al.: El homb e medie al. Mad id: Alianza,
1990.
– 52 –
p oduci se el enómeno de con ae ma imonio «po amo ». Como no
e a una p ác ica socialmen e admi ida, ni había cos umb e de ello, la
mayo ía de es os ma imonios se con aían de modo p i ado o sec e o
po pa e de los in e esados, mien as que los espec i os pad es aco da-
ban o os ma imonios di e en es pa a sus espec i os hijos como nego-
cios de con enido pa imonial, según la p ác ica habi ual y mul isecula .
Como an o el ma imonio público como el sec e o se con aían según la
no ma i a de la Iglesia c is iana, esul aba que el núme o de gen e que
había con aído dos ma imonios, uno público y o o p i ado, iba en
aumen o has a que llegó a hace se e dade amen e ab umado .
El aumen o del núme o de los que se denomina on «ma imonios
clandes inos» llegó a gene a g a es p oblemas en la i ula idad y ans-
misión de bienes, o sea, g a es p oblemas de o den público, pues o que
quedaba en suspenso la ce eza ju ídica de impo an es í ulos de p o-
piedad, y el o den público iene como uno de sus pila es p ecisamen e
esa ce eza ju ídica.
En onces es cuando empiezan a p oduci se los g andes choques en-
e la olun ad de los pad es y la olun ad de los hijos, la olun ad de los
enamo ados y la olun ad de sus amilias. Y en onces es cuando puede
esc ibi se una agedia como Romeo y Julie a22.
Po supues o el amo de Romeo y Julie a es cas o y hones o, y se
legi ima po sí mismo, pe o ambién apela a la p oc eación, y po an o
aspi a a cons i ui se eligiosa, mo al, ju ídica y socialmen e como ma i-
monio, es deci , como ins i ución. Y la agedia consis e en los impedi-
men os que hacen abo a una aspi ación semejan e.
Siglos an es, Só ocles o Séneca no pod ían habe esc i o una agedia
así, po que a nadie se le ocu ía que al amo pudie an concedé sele ales
p e oga i as, y siglos después Racine o Vic o Hugo ampoco, po que
el amo ya enía econocida a odos los ni eles su comple a legi imidad.
Rougemon había dicho que Shakespea e es el p ime o que ecoge,
o mula y consolida una concepción uni a ia del sexo, el amo y el ma i-
monio, en la cual se es ablece el o den social que co esponde al homb e
mode no, al homb e que descub e y p oclama jus amen e la dignidad
de la pe sona humana23. Y cie amen e la mode nidad se es ena con una
o ma de conexión en e sexo y amo , que de algún modo ab e una ía
[22] Las mona quías in en a on in oduci el impedimen o de pe miso pa e no en el
Concilio de T en o. En el Código ci il español de los 60 es aba p esen e el impedimen o de
pe miso pa e no, según obse a José M.ª González del Valle.
[23] C . ROUGEMONT, D. de: Les my hes de l’amou . Sain Amand: Gallima d, 1972.
– 53 –
pa a ali ia la sepa ación an abismal abie a en el pasado, pe o esa ía,
po una pa e, no esuel e los p oblemas de la conciencia mo al e e-
en es a cuándo es legí imo el place sexual(si es que en algún momen o
es mo almen e líci o), y po o a, gene a o o ipo de p oblemas sociales
y mo ales, de una ele ancia pa a la conciencia mo al no meno que los
an e io men e plan eados.
Desde o a pe spec i a, puede deci se que no es Shakespea e el p i-
me o que ecoge, o mula y consolida una concepción uni a ia del sexo,
el amo y el ma imonio co espondien e al homb e mode no, sino el
Concilio de T en o, que, e ec i amen e, enía mucho más pode y mu-
chos más ecu sos pa a acome e con éxi o amaña emp esa.
2.3. Disciplina iden ina del ma imonio y o den social mode no
El concilio de T en o, en su sesión XXIV, celeb ada bajo Pio IV el
11 de no iemb e de 1563, esol ió de una ez po odas el p oblema
de la duplicidad de ma imonios, uno clandes ino y o o público, uno
ealizado en el ue o in e no y o o en el ue o ex e no, de los cuales
solamen e uno e a sac amen almen e álido (las más de las eces el del
ue o in e no) y o o no, po el p ocedimien o de es ablece como e-
quisi o indispensable pa a la alidez del ma imonio su celeb ación en
público median e la exp esión de una o malidad en la que quedaba pa-
en emen e pe cibido y egis ado el consen imien o o la olun ad de
con ae : «sí, quie o»24.
La solución de un p oblema de o den público an g a e no se
log ó sin cos es pa a la conciencia mo al y eligiosa de algunos pad es
concilia es, pa icula men e pa a la del pad e Laínez, po en onces ge-
ne al de la Compañía de Jesús. En e ec o, la oposición a la ap obación
del dec e o de la sesión XXIV del concilio la p omo ía el pad e Laínez
sob e el undamen o de que ni él ni nadie podía condiciona la ali-
dez de un sac amen o ins i uido po C is o, como e a el ma imonio,
a su ap i ud y e i cacia pa a esol e un p oblema de o den público
que, po g a e que uese, e a ajeno al o den sal í i co pa a el cual los
sac amen os habían sido ins i uidos. Po una escasa decena de o os la
p opues a de Laínez ue deses imada y el dec e o Tame si de la sesión
XXIV ue ap obado.
[24] C . ARECHEDERRA: Los ma imonios i egula es en Escocia, y El ma imonio in o mal en los
Es ados Unidos. Op. ci .
– 54 –
En 1564 Felipe II da el place al dec e o Tame si, que ue p omul-
gado en las diócesis que cons i uían los luga es iden inos del impe io
español, con la consiguien e decla ación de nulidad de los ma imonios
clandes inos. De es a o ma se esol ían los p oblemas de o den público
e e en es a la i ula idad y ansmisión de bienes. Como ese p oblema
se plan eaba igualmen e en e i o ios que quedaban ue a de la ju isdic-
ción de la iglesia omana, la solución de T en o se aplicó enseguida en
los e i o ios de las iglesias lu e anas, y asimismo el Pa lamen o inglés
lo aplicó a Ingla e a en 1753, a I landa en 1818 y a Escocia en 193925.
A pa i de en onces no solamen e se acep a que los con ayen es
pueden casa se po amo , no solamen e se acep a un c ecien e p o ago-
nismo de los sen imien os pe sonales o de los in e eses pe sonales, o de
cualesquie a o os ac o es, sino que se hace obliga o ia la mani es ación
pública de olun ad an e es igo cuali i cado y según una ó mula conc e-
a, pa a la alidez sac amen al del ma imonio26.
Más aún, una ez que se es ablece la o ma pública como equisi o
cla e pa a la alidez del sac amen o del ma imonio, el mo i o po el
cual se con ae (el amo , el negocio pa imonial, la alianza polí ica, o
cualquie o o) deja de se pe cep ible y deja de ene ele ancia ju ídica.
La Iglesia se enca ga de egula públicamen e los ma imonios y
con ello una pa e del o den pa imonial, pe o como después del concilio
de T en o las iglesias p o es an es se con ie en en nacionales y esul an
coex ensi as con el es ado, y los es ados ca ólicos se descon esionalizan,
el es ado asume en odas pa es la ges ión de los ma imonios que pa-
san a denomina se y a se ma imonios ci iles, en los cuales cabe una
dimensión eligiosa sac amen al según la con esión eligiosa de los con-
ayen es.
Po eso puede deci se, como hace A echede a, que el ma imonio
ci il lo in en ó T en o, y que lo hizo según una peculia idad en exceso
igu osa: si el ma imonio no se ealiza según es e de e minado p ocedi-
mien o y según es a de e minada o ma, no hay ma imonio desde nin-
gún pun o de is a.
De ese modo los es ados pasan a ges iona y egula el o den ma i-
monial y, con ello buena pa e del o den pa imonial, a sabe , el o den
pa imonial de la bu guesía c ecien e. Pe o aho a los es ados cuen an
[25] C . ARECHEDERRA: Los ma imonios i egula es en Escocia, y El ma imonio in o mal en los
Es ados Unidos. Op. ci .
[26] C . ROSWITHA HIPP T.: “O ígenes del ma imonio y de la amilia mode nos”, Re is a
Aus al de Ciencias Sociales, nº 11, 59–76, 2009.
– 55 –
con unas he amien as más pe eccionadas que las eo ías de Galeno y
de A is ó eles ace ca de la con ibución masculina y emenina a la o -
mación del emb ión, y las iglesias ambién.
A pa i del siglo XVIII el es ado mode no se desa olla con un apa a-
o adminis a i o, con una in o mación cien í i ca, y con un pode de con-
ol sob e los ciudadanos que an es no había exis ido. En onces es cuan-
do se in en a la palab a «sexualidad» como palab a cien í i ca, en onces
es cuando se puede con ola cien í i camen e el sexo, la legi imidad de la
descendencia y la de la ansmisión de bienes, es deci , el o den polí ico
social bu gués. Dicho o den es á mon ado sob e las o mas legí imas de
la sexualidad, y es a a su ez sob e una ciencia acionalis a y posi i is a,
sob e un de echo acionalis a y posi i is a, y sob e una mo al acionalis-
a y posi i is a27.
A pa i de aho a es cuando la mo al sexual se hace acional y posi-
i a, aba cando las ases, momen os, ci cuns ancias, ins umen al, con-
diciones, g ados de conciencia, de olun ad, de consen imien o, de ins-
ucción, de o mación mo al, a enuan es, ag a an es, e cé e a, de cada
una de las ac i idades elacionadas con el sexo, bien sean sensi i as,
isuales, ol a i as, ac iles, imagina i as, especula i as, e cé e a, y cuan-
do empiezan a conside a se los g ados de g a edad, desde un mínimo
has a un máximo pasando po o mas in e medias, de esos pensamien-
os, an asías, ecue dos, acciones e ec i as, deseos con di e so g ado de
p oyec o de ealización e cé e a28.
Po una pa e la Iglesia a a és de los sac amen os de la con esión
y la euca is ía puede ges iona las conciencias en lo que se e i e e a las
ac i idades sexuales y con ola el o den público de la sexualidad, y po
o a pa e el es ado puede con ola la aún más e i cazmen e, a a és de
la ciencia y el de echo y las co espondien es de i niciones médicas y pe-
nales de lo que es no mal y ano mal, saludable y mo boso, higiénico y
noci o.
Es e o den eligioso, mo al, social y polí ico, puede ad e i se
de algún modo compa ando el ca ecismo de T en o de 1566, y que
[27] C . FOUCAULT, M.: His o ia de la sexualidad, ol. I, La olun ad de sabe . Mad id: Siglo
XXI, 1987. Buena pa e de la ob a de Foucaul , especialmen e la His o ia de la locu a en la
época clásica y Vigila y cas iga , es án dedicadas a examina las o mas del con ol polí ico
a a és de la ciencia y la ins i ucionalización de la salud y la en e medad, la no malidad
y la ano malidad.
[28] Quizá bas a, pa a hace se una idea de es os ex emos, el ex o de PRÜMER, M.: Manuale
heologiae mo alis: secundum p incipia S. Thomae Aquuina is: in usum schola um. Ba celona:
He de , 1945.
– 56 –
se co esponde con la cul u a mode na, y el ca ecismo de la Iglesia
ca ólica de 1992, que se co esponde con una cul u a que ha dejado
a ás la mode nidad29.
En la cul u a mode na, el sexo e is e an a g a edad po que des-
pués de T en o el o den de la legi imidad sexual se co esponde con el
o den de la segu idad ju ídica sob e la p opiedad y la ansmisión de
bienes, sob e los cuales es á cabalmen e mon ada la sociedad. Po eso an-
e io men e se dijo que en ella el sexo ex ama imonial e es ía en cie o
modo el ca ác e de abú que enía el sexo in a– amilia en las socieda-
des o émicas: ga an iza el o den po que la ansg esión de las no mas
que lo egulan se pe ciben como p opiciación del caos más comple o.
Po eso ambién en la conciencia mo al de los unciona ios ci iles y
eclesiás icos, y en la de los simples ciudadanos y simples i eles, el pecado
del sexo se «sen ía» como más g a e que los demás.
Pe o hay que p ecisa aún más: e a especialmen e g a e en el caso
de la muje , po que mien as la in i delidad del homb e podía y solía no
ene consecuencias que a ec asen al o den pa imonial, la de la muje
podía ene la, y po eso odos los es ue zos se encaminaban a ga an iza
y e o za desde el p incipio omano ma e ce a es , el cuasi p incipio
pa e ce um es . Po eso el adul e io emenino podía conside a se más
g a e que el masculino y po eso es aba sancionado en el código penal
cuando el masculino no lo es aba.
El o den social dependía en buena medida de la i delidad emenina,
lo que llegó a signi i ca una p esión insos enible pa a la muje . Po eso la
agedia de i nales de la edad mode na, en lo que ue el géne o li e a io
p opio del siglo XIX, la no ela, iene como ema especí i co el adul e io
emenino. La agedia del siglo XIX no es la de An ígona o Medea, ni la de
Julie a. Es la de Ana Ka enina, Madame Bo a y o La Regen a.
Pe o el abajo de la mode nidad de e eb a el o den social sob e
el con ol del sexo desde odos los pun os de is a, du an e cua o si-
glos, no pudo man ene se a pa i del momen o en que la dinámica y la
es uc u a social, po i ud de una se ie de ac o es que aho a no cabe
ni menciona , elega on el sexo a una unción de ele ancia casi nula en
el o denamien o social del siglo XX. En onces se p odujo la denominada
e olución sexual, que cambió casi odos los pa áme os que habían es-
ado ope ando casi desde el paleolí ico, incluido el de la p ohibición del
inces o.
[29] He a ado a es e ema el lib o ya ci ado Me amo osis del c is ianismo. Ensayo sob e la
elación en e eligión y cul u a. Mad id: Biblio eca Nue a, 2003.
– 57 –
2.4. La e olución sexual de los años 60
El aspec o más is oso de la e olución sexual de los años 60 ue la
mini alda, el más p ác ico la píldo a, y el más con unden e la e o ma del
de echo de amilia del Código Ci il.
La e o ma del Código Ci il español es de 1981, pe o las e o mas
pa alelas en el es o de los países occiden ales son de los años 60. En-
onces es cuando se es ablecen las leyes sob e el di o cio y el abo o,
en onces es cuando se sup ime la di e encia en e los hijos legí imos y
los ilegí imos, y en onces es cuando desapa ece la impo encia como im-
pedimen o pa a con ae ma imonio (en los códigos ci iles, aunque se
man iene en el Código de De echo Canónico).
La cla e de la e olución sexual es la eliminación de la di e encia
en e los hijos legí imos y los ilegí imos, o, si se quie e, en e ac i idad
sexual legí ima y ac i idad sexual ilegí ima. En las elaciones sexuales,
la sociedad y el es ado p o egen a la pa e más débil, que aho a esul a
se la p ole, y no la muje . Re ue zan el ínculo donde puede p oduci se
mayo inde ensión y mayo lesión de la jus icia, que no es el ínculo ma-
ido–muje sino el ínculo pad es–hijos. El debe de los pad es, u elado
po el de echo, es la a ención a los hijos, no impo a si han nacido o no
de ma imonio legí imo. La elación sexual en e adul os es algo de lo
que el de echo se desen iende, lo que signi i ca una ep i a ización del
sexo que en cie o modo deshace lo es ablecido en T en o y uel e a una
si uación an e io a 1563.
«Los españoles son iguales an e la ley, sin que pueda p e alece dis-
c iminación alguna po azón de nacimien o…», dice el a ículo 14 de la
Cons i ución española de 1978. La disc iminación po azón de nacimien-
o e a lo que con e ía al hijo legí imo en ciudadano, en he ede o, posee-
do de apellidos, i ula de odos los de echos, espe able, digno y capaci-
ado pa a odas las ac i idades ci iles, y lo que con e ía al hijo ilegí imo
en un indi iduo e gonzan e, sin apellidos, sin he encia, sin capacidades
pa a de e minados ca gos ci iles, mili a es y eclesiás icos, indigno y ma -
ginado, odo lo cual se con enía en la exp esión «es un hijo de pu a».
«Hijo de pu a», además de un insul o que da a de iempos an e io es
al Quijo e, es ambién, y an es que un insul o, un es a u o ju ídico y so-
cial. La e olución sexual signi i ca la desapa ición de ese es a u o y de esa
ealidad. Es, en cie o modo, una espues a a la p egun a que hacen en el
E angelio los após oles a Jesús: «Seño , ¿quién pecó, es e o sus pad es,
pa a que nacie a ciego?» No se he edan las culpas. Todos los homb es
nacen iguales an e la ley. Y es a no es una de las meno es impo aciones
– 64 –
los p ime os siglos del c is ianismo, que pase mucho iempo pa a que se
e i i que que hay ma imonio, como los ca ecúmenos enían que pasa
iempo an es de ce cio a se de que habían ecibido la e?, ¿puede la dig-
nidad del sac amen o del ma imonio eque i que se celeb e muy a -
díamen e?, ¿puede la dignidad del sac amen o de la euca is ía eque i
que se eciba una ez al año o pocas eces en la ida, como ha ocu ido
en o os pe íodos? Y en gene al, ¿cuán os cambios en la disciplina de los
sac amen os equie e o eque i á una sociedad como la que se p e i gu a
pa a el siglo XXI en las di e sas zonas geog á i cas, y cuan os cambios
admi e la dignidad de los sac amen os?
2.6. P ecep os mo ales y si uaciones de hecho
La conciencia mo al de los c eyen es es, como hemos dicho, el cam-
po de ba alla donde se en ilan los con l ic os en e los pas o es, los in e-
lec uales y los di ec i os de las eligiones ins i ucionalizadas en gene al,
y del ca olicismo omano en pa icula . Esos con l ic os e elan que los
con endien es y los c eyen es no son con empo áneos en e sí, o que no
lo son en di e sos aspec os. La je a quía puede man ene en un en e
una men alidad iden ina, en o o una men alidad p econs an iniana
y en o os una men alidad concilia o pos concilia espec o del concilio
Va icano II. Los pas o es pueden encon a se epa idos en los mismos
es adios empo ales y los c eyen es ambién.
Pe o como no coinciden las mismas ca ego ías en las di e en es
men es de los di e en es ni eles, el choque y el desconcie o puede se
ab umado pa a odos. En elación con la mo al sexual, que es lo que
aho a nos ocupa, y en elación con España, que es el ámbi o socioló-
gico de es e abajo, pod ía deci se que la si uación más gene al iene
ca ac e izada po el silencio de los p esbí e os sob e ma e ia sexual en
sus unciones docen es y pas o ales, la epe ición po pa e de algunos
obispos de las decla aciones a icanas sob e la pe inencia de la cas-
idad en elación con el sida, y una g adación de los c eyen es en e
el con l ic o insupe able y la anquilidad de conciencia en unción de
la edad.
Los meno es de 25 años, que casi nunca han oído habla de sexo
en un con ex o eligioso–mo al y ienen sob e el ema una amplia in o -
mación biológica, sani a ia y li e a io–cinema og á i ca, i en la sexuali-
dad con una no malidad p econs an iniana, p egnós ica, p emaniquea o
– 65 –
ambién p ec is iana, y así es como lo e l ejan el código penal y el ci il:
es malo abusa de los meno es, o za a quien no desea la elación y en-
gaña a la pa eja. En cie o modo, ahí se con iene el núcleo de la mo al
sexual mosaica y c is iana (si se deja al ma gen la homosexualidad).
Los mayo es de 30 años, y en mayo medida mien as más a anza-
da es la edad, más iden i i cada ienen la eligión c is iana con la mo al,
y con la mo al sexual en pa icula . Po eso han padecido más escánda-
lo y han su ido más con l ic os y ibulaciones al e la mo al sexual de
sus hijos y nie os, y han di igido más ep oches a la sociedad pe misi a
si no podían compa i la nue a mo al sexual, o a la je a quía de la
Iglesia.
Jun o a eso, hay pequeños g upos que hacen c uzada a a o de la
cas idad, más o menos elacionados con los g upos an iabo o.
Si esa es la si uación, los mo o es del cambio de men alidad y los
paci i cado es de las conciencias son los cuad os in e medios, es deci ,
los pas o es. Son los que callan pa a no de o ma a los jó enes, y los que
ayudan a los adul os a acep a los cambios, a medida que ellos mismos
eo ganizan ambién sus conciencias. Dicha eo ganización de sus con-
ciencias iene auxiliada, las más de las eces, po la ealidad de la ida
de los i eles con los que se encuen an y po la labo de los mo alis as y
eólogos que in en an hace se ca go de esa ealidad, y quizá en meno
medida po la je a quía, que iende a p es a más a ención al apa a o y a
o os aspec os de la ida o ganiza i a que a ec a menos a los i eles y más
a la imagen pública de la ins i ución. Es posible que dos o es gene acio-
nes más de silencio sob e la mo al sexual a odos los ni eles, bo en po
comple o los esiduos de mo al sexual c is iana mode na y su po encial
gene ado de con l ic os en la sociedad global.
Mien as an o, muchos de los con l ic os de la conciencia mo al en
mayo es de 30 años son di ícilmen e esolubles. Po que, aunque hubie a
acceso docen e y pas o al a ellos, las explicaciones in elec uales no des-
a aigan del inconscien e c eencias que a aiga on en la in ancia y la ju-
en ud. Po eso an as pe sonas de esas edades pueden segui sin iendo
culpabilidad mo al en el inconscien e y en la conciencia an e una se ie de
ac i idades, aunque en el ni el de la conciencia in elec ual acep en que
no ha habido pecado o maldad mo al en ellas.
Esa disc epancia en e el inconscien e y la conciencia mo al po
una pa e, y la conciencia in elec ual, po o a, puede esol e se espon-
áneamen e median e el abajo de la conciencia in elec ual, o ambién
median e e apias psicoanalí icas, cogni i as, conduc is as, o de o os
ipos.
– 66 –
Puede esol e se ambién en unción de la p io idad que la mo al
c is iana pos concilia concede a la conciencia indi idual, p io idad p o-
clamada de modo muy i o po Juan Pablo II, pe o pa a eso hace al a
una au onomía mo al y una i meza de pe sonalidad conside ables.
En es e sen ido siemp e queda una p egun a inquie an e. ¿Cuán a
o mación humanís ica iene uno que ene pa a se au ónomo, cuán o
ca ác e , cuán a pe sonalidad in elec ual, cuán a segu idad de concien-
cia…? A esa p egun a cabe esponde con o a: ¿cuán a había que ene
pa a dec e a como álido el bau ismo de los niños, el ma imonio de los
que se casan en público, la pena de mue e en hogue a pa a los he ejes,
la excomunión pa a los cismá icos…? ¿Y cuán a pa a p ohibi la pena
de mue e, la disc iminación de los hijos ilegí imos, la penalización del
adul e io emenino…?
La espues a es que el ho izon e cul u al de cada época es insupe-
able, y po eso, ambién el ho izon e mo al de cada época, y que no po-
demos escapa ni sal a po encima de él. Eso no signi i ca que odo sea
ela i o, que alga igual en cualquie momen o cualquie eligión, cual-
quie de echo, cualquie mo al, cualquie medicina o cualquie biología.
Signi i ca que somos limi ados y alibles, y que en cada momen o enemos
que se conscien es de que ope amos con pa áme os limi ados y alibles.
Que en cada momen o enemos que echaza la p opues a de la se pien e
de come «del á bol que es á en medio del ja dín» y echaza la p omesa
«el día en que comie ais de él, se os ab i án los ojos y se éis como dioses,
conocedo es del bien y del mal» (Génesis, 3, 5).
De odas o mas, la conciencia indi idual i ubean e y pe pleja, e-
cuen emen e se e a as ada a una conduc a impe ada po las si uacio-
nes de hecho, que alejan los p oblemas mo ales y los educen a escala de
p oblemas de salón. Ello es pa icula men e pe cep ible cuando los p o-
blemas elacionados con el sexo, el amo y el ma imonio, se conside an
en elación con las ans o maciones de la amilia.
2.7. La amilia nuclea y la plu alidad de con i gu aciones sociales
El homb e no es indi iduo. El se humano no es un indi iduo
masculino. Tampoco uno emenino. Ni se cons i uye a sí mismo como
indi iduo de ninguna mane a. Ese no es el caso de ningún i ien e. Ni
siquie a de Dios. El homb e es amilia. Los animales son amilias. Dios
es amilia.
– 67 –
La amilia es una ins i ución an o igina ia y na u al como la p o-
piedad, pe o ambién es o igina ia y na u almen e plás ica, a eno de
las con i gu aciones que adquie e la sociedad pa a asegu a se la supe i-
encia. No obs an e, siemp e pueden econoce se los asgos básicos de
la ins i ución de la p opiedad a a és de sus di e sas o mas, y los de la
ins i ución de la amilia a a és de sus a iaciones.
En e los pueblos que han man enido la o ma de ida paleolí ica,
la de cazado es ecolec o es, la amilia puede ene o mas poligámicas.
Poligínicas más ecuen emen e, como en muchos mamí e os supe io es,
y a as eces poliánd icas, como alguna ez se encuen a en especies
animales. Una u o a o ma apa ecen en unción de las necesidades e
impe a i os de la supe i encia, pues en el paleolí ico el indi iduo no se
puede pe mi i el lujo de la ma ginación y la c isis.
En la mayo ía de los casos los g upos ibales paleolí icos es án
compues os de amilias nuclea es monógamas, como ocu e ambién
en e algunos mamí e os supe io es y en el 90% de las especies de a es.
Las amilias de es os g upos ibales suelen es a eguladas po el o e-
mismo, la p ohibición del inces o y las eglas de la exogamia34.
A pa i de la apa ición de las ciudades, los ínculos amilia es de
las o ganizaciones ibales en an en con l ic o con las leyes de la polis.
Esos con l ic os, cuya exp esión más genuina se encuen a en la agedia
g iega35, son los que lle an a Pla ón, en e o os, a p opone la sup esión
de la amilia y la comunidad de muje es e hijos36. Y esos con l ic os son
los que en los o denamien os ju ídicos ac uales e an las elaciones de
pa en esco en e magis ados y eos. El in e és po la amilia puede y, en
muchos casos, debe, p e alece sob e el de la polis.
La a iculación en e amilia y sociedad quizá nunca ha sido sencilla ni
pací i ca desde la e olución neolí ica. A pa i de en onces empieza a habe
c isis en la amilia, mig aciones, ma ginación social, e cé e a, del ipo de las
que se egis an en el mundo homé ico o en el mundo bíblico p imi i o37.
Tampoco desde el comienzo del pe íodo his ó ico, enemos mo i os
pa a supone que en algún momen o no exis ió la amilia nuclea , bási-
camen e al como la conocemos ac ualmen e38.
[34] DURKHEIM, E: Las o mas elemen ales de la ida eligiosa. Mad id: Alianza, 2003.
[35] C . ESQUILO, La O es iada y SÓFOCLES, An ígona.
[36] PLATÓN: República, lib o V, 457 d, Ins i u o de Es udios Polí icos.
[37] CHOZA, J. y CHOZA, P.: Ulises. Un a que ipo de la exis encia humana. Ba celona: A iel, 1996.
[38] GOODY, J.: La amilia eu opea. Ba celona: C í ica, 2001.
– 68 –
La indi idualidad y el indi idualismo, desde el pun o de is a psi-
cológico, pe enecen a algunos momen os de la exis encia. Desde el pun-
o de is a sociológico, son una de i a his ó ica en inc emen o desde
la e olución neolí ica, y ienen que e con la di isión del abajo, las
mig aciones y los p ocesos de desa ollo económico.
Desde comienzos del neolí ico se es án p oduciendo mig aciones po
mo i os económicos que a ec an a la amilia. La an opología bíblica ecoge
nume osos episodios en los que hay que sali de un e i o io po que sob e-
iene un la go pe íodo de sequía y de hamb e. En onces hay mo imien os
de Mesopo amia a Egip o, o de Ana olia (Tu quía) a Si ia. Y esos mo i-
mien os a ec an a la amilia y p o ocan sepa aciones como las de Ab aham
y Sa a, su muje , al llega a Egip o a i nales del e ce milenio a. C.
En el caso de Ab aham la amilia gene a una es i pe que man iene
su unidad a a és de las mig aciones, y se ami i ca en las ibus co es-
pondien es a los doce hijos de Jacob, que a su ez man ienen su unidad
man eniendo como eje la amilia nuclea monógama. Es a amilia nu-
clea admi e unas eces la poligamia, o as el concubina o, y siemp e el
so o a o y el le i a o, lo que pe mi e man ene uni a ios los bloques de
p opiedad de las es i pes.
También en e los g iegos, los enicios y los omanos hay es i pes de
ese mismo ipo, gene almen e nobles, como la de los Ba ca de Ca ago
o los G aco de Roma. Es i pes en las que la amilia nuclea monógama
admi e poligamia y concubina o, y en las que se cuen a con mecanismos
que man ienen uni a ias sus p opiedades39.
Algunas de es as es i pes gene an su g andeza en la emig ación y la
gue a, en la undación de colonias, o p o ienen de es i pes nobles de los
e i o ios conquis ados. O as eces de i an de p isione os con e idos
en escla os, que cons i uyen sus amilias y gene an sus es i pes. Muchas
eces no se gene an es i pes, y las amilias nuclea es no ienen memo ia
más a ás de los abuelos ni p e én más adelan e de los nie os, como en la
Eu opa ac ual.
La amilia es la cla e de la pe sonalidad, la ciudadanía y la libe ad
en Roma, como en an as cul u as neolí icas. En Roma iene la pleni ud
de los de echos el pa e amilias, como en e los heb eos, po que es el que
con ibuye a la o mación y desa ollo del pueblo, de la pa ia. El sol e o
es un insolida io, alguien que no se in eg a, y, po eso, un ma ginado,
an o en el pueblo omano como en el heb eo.
[39] RASCÓN, C.: Sín esis de his o ia e ins i uciones de De echo Romano. Mad id: Tecnos, 2008,
cap. XI, pp. 158–178.
– 69 –
A su ez, den o de la unidad de p oducción y consumo que es
el ámbi o domés ico, la casa, los que ienen dueño son los escla os,
el se us, el p isione o de gue a conse ado (se a e) pa a las e eas
domés icas. Los hijos son los que no ienen dueño, po que son hijos, y
se les denomina en la ín libe i. Los homb es lib es son los que ienen
pad e.
Desde los comienzos del neolí ico, la au o idad pa e na se a
debili ando y dulci i cando, cambiando desde un dominio absolu o
incluso sob e la ida del hijo en la Roma p imi i a (como en la China
p imi i a y en o as cul u as), has a un espe o y conside ación cada
ez mayo hacia el hijo en la Roma impe ial, cuando la densidad de-
mog á i ca y la mo ilidad geog á i ca es conside ablemen e supe io .
Jack Goody c ee que el c is ianismo es la ue za máximamen e dis-
g egado a de los ínculos amilia es y genealógicos omanos y, en gene-
al, de las cul u as medi e áneas, po que iende a sus i ui los ínculos
de sang e po ínculo espi i uales, y a es ablece esos ínculos espi i ua-
les como impedimen os ma imoniales (especialmen e el del pad ino de
bau ismo).
Además, al p ohibi el le i a o y el so o a o, al ex ende la p ohibi-
ción del inces o has a la consanguinidad en cua o g ado, y al es ablece
es a consanguinidad como impedimen os ma imoniales, ompe los me-
canismos de conse ación uni a ia de la p opiedad de los linajes. Es as
masas de bienes se agmen an y pasan poco a poco a se p opiedad de
la Iglesia.
Aunque la esis de Goody es muy plausible, ambién es opo uno
señala que la endencia a la sus i ución de los ínculos de sang e po
ínculos polí icos no p o iene o igina iamen e del c is ianismo, sino jus-
amen e de la polis, como Pla ón ad i ió, y que la Iglesia es un ipo de
polis que los acen úa. Pe o po su pa e, a lo la go de su his o ia p ec is-
iana y c is iana, Roma ambién ha acen uado el ca ác e espi i ual y no
consanguíneo de la i liación y de la ciudadanía.
Los hijos, libe i, no son los que el pa e amilias ha engend ado en la
esposa, la concubina o la escla a, sino aquellos que, de en e los expues os
po la mad e en el suelo, el pa e amilias ecoge con sus manos, le an a con
sus b azos y los p oclama hijos. Y si no lo hace, es i ele an e quién haya
engend ado ese hijo en esa muje .
El c is ianismo ambién es una polis a la que se accede po una
ce emonia de ecepción, y no po nacimien o, a di e encia de lo que
ocu e con el islam. Los niños, cuando nacen, son hijos na u ales de
Alá, o sea, son musulmanes. Pe o no son hijos na u ales de Dios, no
– 70 –
son c is ianos, sino que llegan a se hijos adop i os en C is o median e
el bau ismo.
Es posible que el c is ianismo y Roma hayan enido in l uencias
ecíp ocas, como el islam y A abia, y que eso sea de e minan e de la
di e encia en e las es uc u as amilia es indo–eu opeas y eu opeas
po una pa e, y las semí icas y a icanas po o a. La amilia eu opea
es el ipo de g upo domés ico en el que con más ue za y omnip esen-
cia se da la amilia nuclea monógama a lo la go de la his o ia, al igual
que la asiá ica, y la amilia a icana es el ipo de g upo en el que esa
unidad nuclea es á in eg ada en una unidad mayo y más ue e que
es la amilia ex ensa.
Desde un pun o de is a his ó ico, quizá hay dos modelos de a-
milia que p o ienen desde los comienzos de nues a e a. Uno el que
se puede llama eu o–asiá ico, en el que la amilia nuclea es la uni-
dad más ue e, y o o el a icano, en el que la unidad más ue e es
la amilia ex ensa. En odos los casos la emig ación ha sido un ac o
de e minan e de desa ollo cul u al y económico de los países an o
emiso es como ecep o es de emig an es.
La adap ación de la amilia inmig an e al modelo eu opeo depen-
de, po una pa e, de dónde p o enga el inmig an e en cues ión, y po
o a, de qué ipo de modelo eu opeo se es é con emplando. Po que
el modelo de amilia eu opeo, como se ha dicho, en a en p oceso de
ans o mación en la década de los sesen a con la llamada e olución
sexual.
Cuando se habla de modelo eu opeo de amilia en el lenguaje
o dina io, se iende a ope a con los con enidos de la memo ia épica, y
se iende a pensa que el modelo eu opeo de amilia es «la amilia no -
mal», «la amilia c is iana», «la amilia de oda la ida». Al inicia su
es udio con de enimien o, p on o se llega a la conclusión so p enden e
de que eso que enemos po no mal, po c is iano y po pe enne, es
algo mode no, muy mode no, que no de i a del paleolí ico, ni del neo-
lí ico, ni de la edad media, sino de los albo es de la sociedad mode na
y del Es ado mode no, y, muy especialmen e, del concilio de T en o.
Al es udia lo de enidamen e se ad ie e que el modelo eu opeo de a-
milia no mal es á mon ado sob e chocan es o mas de desa ención del
meno , en la medida en que es á en ocado a la p o ección del ínculo
conyugal po encima del de i liación. Po o a pa e, se ad ie e am-
bién que en la g an mayo ía de los es udios sob e el ma imonio y la
amilia juega un papel no able la posición ideológica del au o .
– 71 –
2.8. Mul icul u alidad, mig ación y modelos al e na i os de amilia
Aho a puede deci se que el nue o modelo eu opeo de amilia, al que
pueden o no adap a se la de los inmig an es que llegan a Eu opa, no es el
modelo «no mal», o «de oda la ida», el iden ino y shakespi iano, sino
el modelo de amilia p e iden ino, o más ajus adamen e aún, el modelo
omano, máximamen e l exible en compa ación con el modelo mode no,
y al que cuad a bien el cali i ca i o de «jaula de hie o» que Webe acuñó
pa a la bu oc acia de la mode nidad.
El nue o modelo eu opeo de amilia, es ablece como ya se ha di-
cho el p incipio de que odos los hijos son iguales, y sup ime la di e-
encia en e hijos legí imos e hijos na u ales. Po o a pa e, al admi i
la pa eja de hecho como o ma ma imonial, asume la concepción o-
mana del ma imonio como una si uación de hecho con consecuencias
ju ídicas.
Las es adís icas eu opeas egis an un núme o de di o cios equi-
alen e o supe io al 50% de los ma imonios con aídos con o ma ju-
ídica, y si a eso se suma el núme o de las pa ejas de hecho, en onces
el esul ado es que más del 50% de los meno es de Eu opa no i en
con sus p ogeni o es biológicos, como ocu e con los de No eamé ica.
Esa esul a se ambién la si uación de Su amé ica, donde ya an es de
la e olución sexual, más del 60% de la población de los meno es e an
hijos na u ales.
La homologación en e hijos legí imos e hijos na u ales después de
la e olución sexual, da como esul ado en cie o modo una globaliza-
ción o uni e salización del modelo de amilia omano, de ac o, y en pa e
de iu e, excep o en el mundo islámico y Á ica. Dicho modelo consis e en
la elación de con i encia domés ica en e pa ejas du an e un pe íodo
medio de 15 años, en los que se ocupan de una p ole que en pa e puede
se de ambos, en pa e de un miemb o de la pa eja, o, en meno medida,
de ninguno de los dos.
El pe íodo de 15 años no co esponde al iempo que a dan en
independiza se los hijos, que puede se meno , sino al iempo de du a-
ción media de los ma imonios occiden ales en el siglo XX, que esul a
se el más la go de la his o ia de occiden e, debido a que a lo la go de
ese siglo la expec a i a media de ida de los se es humanos se dupli-
ca40. Con una expec a i a media de ida de 70 años, cada indi iduo ie-
ne iempo de compa i su exis encia domés ica o mando es pa ejas
[40] C . LIVI–BACI, M.: His o ia mínima de la población mundial. Ba celona: A iel, 2002.
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di e en es de 15 años de du ación cada una o más, y de hecho, se da en
no pocos casos, con o ma y sin o ma ju ídica.
Es as pa ejas sucesi as se ocupan a su ez de una p ole bien p o-
pia, bien ajena, o compues a de ambas ca ac e ís icas, que puede acu-
mula se o disg ega se de muy di e sos modos. El esul ado es que las
amilias nuclea es sucesi as desempeñan, en no pocos casos, el papel
de las amilias ex ensas p ec is ianas, o incluso el papel de esas ami-
lias de g upo que no exis ie on más que en la imaginación de Mo gan
y Engels, y que aho a pa ecen exis i , y cada ez más, en la o ma de
amilias nuclea es monógamas sucesi as, en las que cambia un ele-
men o de la pa eja, y que ecogen y epa en p ole según posibilidades
y necesidades.
Se a a de unas elaciones de pa eja de hecho, a eces con o ma
ju ídica y a eces no, pe o siemp e con consecuencias ju ídicas, y de i -
liaciones adop i as po pa e de un miemb o de la pa eja o de los dos, a
eces cono o ma ju ídica y a eces no.
Jun o a ese modelo, se da el modelo monopa en al an o en Eu opa
como en oda Amé ica. En Asia, aunque la amilia nuclea monógama
iene más p esencia que en Eu opa y Amé ica, a medida que iene luga
el desa ollo demog á i co, económico, indus ial y u banís ico, se a ase-
mejando más a Eu opa y Amé ica.
La di e encia más acusada espec o de es e modelo globalizado se
encuen a en las amilias islámicas y a icanas. Desde el pun o de is a
musulmán y subsaha iano, los españoles es amos en el g upo de los
c is ianos, que son blancos, lib es, icos y degene ados mo almen e. No
obs an e, en las sociedades musulmanas y en los g upos de inmig an es
musulmanes y subsaha ianos, iende a debili a se la amilia ex ensa, a
e o za se la amilia nuclea «a ec i a», y a eapa ece el mencionado
modelo de « amilia de g upo» occiden al y asiá ico.
Cuando la pa eja de inmig an es, asiá ica, islámica o a icana se
ompe, la p ole puede queda se en la amilia monopa en al has a que
se cons i uya la nue a pa eja, y en onces queda in eg ada en el modelo
de la « amilia de g upo», no sin padece g a e daño.
Pe o es impo an e señala o os daños pa a la p ole, que no p o ie-
nen de la up u a de la pa eja de inmig an es sino del enómeno mismo
de la mig ación.
Un daño g a e pa a la p ole p o iene no de la up u a de la pa-
eja, sino de la mig ación misma, del hecho de que un p ogeni o o los
dos emig en po necesidades económicas y la p ole quede al cuidado
de uno de ellos o de los abuelos. En esos casos la p ole padece, además
– 73 –
de as o nos ísicos, as o nos psíquicos y compo amen ales, y que
son, po o den de ecuencia, ansiedad, dep esión, alcoholismo y ag e-
si idad41.
O o daño g a e pa a la p ole que impo a consigna es el de i ado
de la up u a de la pa eja cuando es á o mada po pe sonas pe ene-
cien es a cul u as y países di e en es. En esos casos es ecuen e que la
p ole su a el secues o po pa e de uno de los p ogeni o es, y a eces
po pa e de ambos al e na i amen e.
Hay o ganismos dedicados especí i camen e a es os p oblemas,
como la Fundación Child Ca e. Sus obje i os son «la p o ección de la
in ancia y los meno es en e a cualquie p oblemá ica que pudie a a ec-
a les de cualquie ipo y especialmen e, la de ensa de los de echos de
los meno es sus aídos po uno de sus p ogeni o es o de o os miem-
b os de su amilia, o po e ce a pe sona no elacionada po ínculos de
pa en esco»42.
En gene al, pa a la esolución de p oblemas de la in ancia en e los
inmig an es españoles, hay nume osas ins i uciones y undaciones, o-
das con su p esencia en In e ne , y ambién hay disponible en la ed su-
i cien e bibliog a ía de ju is as, psicólogos y abajado es sociales sob e
esos emas.
Pa a p oblemas más p opios de la in ancia en países del e ce mun-
do, como la explo ación mili a , labo al o sexual, hay igualmen e nume-
osas en idades y undaciones, como la p opia Child Ca e, y ambién
pa a amilias monopa en ales de cualesquie a países, como la Funda-
ción Isado a Duncan43, y muchas o as.
El modelo de pa eja en la amilia de inmig an es, como el mode-
lo de amilia que iende a uni e saliza se, es la amilia nuclea monó-
gama, con du ación limi ada a una media de 15 años, que se uel e a
econs ui po o o pe íodo de iempo simila una o más eces según
la expec a i a media de ida humana en el siglo XXI, y que dis ibuye
la p ole en e las sucesi as pa ejas, cons i uyendo en e odos un cie o
ipo de « amilia de g upo». Es e nue o modelo de amilia global iene
muchas analogías con la amilia omana. Es una si uación de hecho con
[41] Bole ín Elec ónico ein es igación de la Asociación Oaxaqueña de Psicología, nº 1,
2004, pp. 23–29, www.conduc i lan.ne /mig acion.h ml
[42] Mad id: C/ Cas ello, 31 1º Izq., o i cina E, 28001, Mad id, España, E-Mail: in o@
ecupe acion-meno es.o g, Web: h p://www. ecupe acion-meno es.o g y h p://www.
childca eawa e.o g/sp/
[43] h p://isado aduncan.es/en
– 80 –
Como Piepe señala a minuciosa y magis almen e, ama signi i ca
ap oba , cons a a la bondad de algo, ap oba lo, desea que exis a, ce-
leb a lo. Eso es lo que Dios hizo cada día de la c eación, al e mina su
a ea, con empla la y ap oba la. «Vio Dios cuan o había hecho y he aquí
que es aba muy bien» (Génesis 1, 31)16.
Ama es c ea y ec ea median e la a i mación y el econocimien o.
Es encon a gus o y gozo en la exis encia de algo y po eso, aplaudi la
y omen a la. Como epi e San Juan de la C uz, el alma es á mucho más
donde ama que donde anima, y si donde anima es á dando ida, donde
ama es á haciendo lo mismo en mayo medida.
Ama y da amo es da ida, pe o pa a los i ien es la ida es el
se , según la an igua ó mula a is o élica y omis a, Vi a i en ibus es
esse17. Po eso el amo e ec i amen e es c eado y ec eado , con i e e el
se y lo con i ma, y eso iene sus consecuencias no solamen e en el o den
on ológico sino ambién en el sociológico y psicológico.
Da la ida y da el se , y i i con la misma ida y con el mismo
se que el donan e, es algo que sucede en la c eación, pe o ambién iene
luga en la unión nu i i a. El alimen o ans i e e sus i ualidades y su
pode al que lo ingie e, y a pa i de en onces la única ida del o ganis-
mo i ien e, o alecida con el alimen o, incluye en el o en e ci cula o-
io de su i i los elemen os de lo que ha asimilado.
La unión amo osa aspi a a se como la nu i i a, y la unión nu-
i i a cumple en pa e las aspi aciones del deseo amo oso. Po eso el
lenguaje e ó ico es á lleno de me á o as nu i i as, « e come ía», «es á
iquísima», «es á buenísima», «bombón», «bolli o de leche», «de ó a-
me o a ez», e cé e a, que se e i e en mayo i a ia y especí i camen e al
cue po emenino po que es el que ealmen e se o ece como alimen o a
cada humano al nace .
Ese ipo de unidad es una aspi ación humana muy an igua, y ese
p ocedimien o pa a log a la ambién. Po eso las cul u as del paleolí ico
y del neolí ico p imi i o es án an llenas de i uales an opo ágicos18, y
po eso pueden encon a se an as p e i gu aciones de la euca is ía c is-
iana en los banque es i uales de las eligiones más p imi i as.
[16] PIEPER, J: op. ci ., pp. 53 y ss.
[17] ARISTÓTELES: Ace ca del alma, II, 4, 415 b13, G edos.
[18] HERÓDOTO en su His o ia. Mad id: G edos, 1984 y ss, e i e e p ác icas an opo ágicas
i uales de los maságe as (I, 216), de los paedos (III, 99), de los indios cala ias (III, 38) y
de los isedones. Pa a una exposición de las o mas de banque e sag ado en las di e en es
eligiones, c . VAN DER LEEUW, G.: Fenomenología de la eligión. México: FCE, 1975, p. 52.
– 81 –
Incluso puede deci se, in i iendo las posiciones del signi i can e y el
signi i cado, que p ecisamen e C is o ins i uyó el sac amen o de la euca is ía
po que la unión nu i i a signi i ca, y es de suyo, esa unidad de dos idas
en una, que el aman e C is o ansiaba ealiza con cada una de sus c ia u as.
Con odo, la unión nu i i a sup ime la al e idad del o o, que des-
apa ece como indi iduo y como sus an i idad al se engullido y dige i-
do. Eso no ocu e en cambio en la unión sexual, en la que iene luga un
ipo de usión en la que nunca se bo a del odo la di e encia.
El o gasmo es un éx asis de usión, de disolución, de abandono, de
en ega y a la ez de oma de posesión del o o, odo lo cual implica una
cie a i encia de supe ación de la indi idualidad. Sin emba go, aun-
que la di e encia y la conciencia de ella pueda pe de se pa a cada suje o
momen áneamen e en el plano psicológico, la di e encia en sí de cada
iden idad no se pie de.
Pues bien, en esa supe ación de la indi idualidad es donde se i en-
cia más in ensamen e el l ui de la ida y la comunicación o la comunión
de la ida. Eso es lo que se buscaba en los i os an opo ágicos, en los
banque es euca ís icos de las di e sas eligiones, en los cul os dionisíacos,
y eso es lo que ac ualmen e se expe imen a en los concie os noc u nos
mul i udina ios cuyo pa adigma insupe able se mues a en Woods ock19.
Sin emba go, en la unión sexual no hay una ans usión e ec i a de
se al o o, no hay c eación ni inc emen o del se del o o en sí mismo,
pues la ep oducción, la p oc eación, es la susci ación de un e ce o, y no
del ú y del yo. En algunas o maciones mi ológicas y en algunos deli ios
pa ológicos, no obs an e, puede pe cibi se esa p e ensión de consuma
una unidad absolu a en e el yo y el ú, y de log a una plena ans e en-
cia de se en e uno y o o. En eso puede ci a se la pasión del inces o, la
obsesión po se pad e de uno mismo con su p opia mad e, o bien mad e
de una misma con su p opio pad e.
Con odo la unión sexual, en cuan o que da luga a la gene ación
de un e ce o, lle a ambién consigo una ans usión de se que edun-
da en el yo y el u de un modo que en seguida e emos. Po odas esas
[19] C . NIETZSCHE, F.: El d ama musical g iego, en El o igen de la agedia. Mad id: Alianza,
1981. La in e p e ación del i alismo nie zscheano en cla e c is iana la han lle ado a cabo
HERNÁNDEZ–PACHECO, J.: Nie zsche. Ensayo sob e ida y ascendencia. Ba celona: He de ,
1990; y RUIZ RETEGUI, A.: “La plu alidad humana”, en Annales Theologici, 11(1997), 67–109. Y
ambién MARÍN, H.: “La danza y la memo ia del pa aíso”, en CHOZA, J. y GARAY, J. de: Danza
de o ien e y danza de occiden e. Se illa: Théma a, 2006, pp. 177–190. Pa a una isión his ó ico
sociológica de las celeb aciones de exal ación de la ida, c . SCHULTZ, U.: La Fies a. De las
Sa u nales a Woods ock. Mad id: Alianza, 1994.
– 82 –
alencias, dimensiones e implicaciones que le son p opias, puede de-
ci se que la unión sexual es la más ín ima que conocemos los homb es20.
Así pues, desde el pun o de is a del se , ama es da el se a alguien
y oma el p opio se de alguien. Desde el pun o de is a de la esencia,
ambién puede deci se que es da la esencia a alguien y oma la p opia
esencia de alguien. En la p ime a pe spec i a, la del se , el amo apun a
a una usión en la que se sup imen las al e idades y las di e encias, en
cambio en la segunda, la de la esencia, apun a a una a i mación de las
di e encias y las al e idades de un modo muy adical. Pe o an es de o -
mula lo en é minos concep uales, ya sean abs ac os ya sean especula-
i os, hay que mos a lo in ui i amen e, i encialmen e, y pa a eso hay
que ecu i de nue o a la poesía.
An es hemos is o ya que «no se pa a i es se o o», y que que e
en ega me es que e se yo mismo, un yo mismo a sal o de o o amo
y o a ida que los que i as ú. Pues bien, que e e pa a mí es ambién
que e esa iden idad uya única, a i ma la y e o za la.
«Pe dóname po i así buscándo e que le ha encon ado al sol.
an o pemen e, den o Y en onces ú
de i. en su busca end ías, a lo al o.
Pe dóname el dolo , alguna ez. Pa a llega a él
Es que quie o saca subida sob e i, como e quie o
de i u mejo ú. ocando ya an solo a u pasado
Ese que no e is e y que yo eo, con las pun as osadas de us pies,
nadado po u ondo, p eciosísimo. en ensión odo el cue po, ya ascendiendo
Y coge lo de i a i misma.
y ene lo yo en al o como iene Y que a mi amo en onces le con es e
el á bol la luz úl ima la nue a c ia u a que ú e as»21.
Ama es c ea y es ambién ec ea en el sen ido de edimi , de e-
coge el más au én ico y genuino sí mismo que es aba espe ando desde
siemp e esa llamada. La expe iencia de enamo a se es la expe iencia del
descub imien o de uno mismo, de una mismidad que uno igno aba, y que
de p on o eme ge con una ce eza del sen ido de la p opia exis encia
que es con e ido po el o o. La expe iencia de enamo a se es la que le
pe mi e a uno deci : aho a ya sé quién soy, po qué soy y pa a qué soy.
Ese sí mismo podía no habe eme gido nunca, o bien, su eme gencia es
[20] JUAN PABLO II: Familia is conso io, nn. 18-21.
[21] SALINAS, P.: op. ci ., p. 285.
– 83 –
una g acia. Se a a de una nue a c ia u a que sin emba go ya e a. Se
a a de una expe iencia de edención.
«El habe sido c edo po Dios pa ece aho a que de e dad no bas a;
se p ecisa la con inuación, la consumación… po la ue za c eado a del
amo humano»22. En cie o modo a los a ones y a las muje es no les
bas a el amo de Dios, necesi an ambién el de los se es humanos, como
más adelan e e emos.
Ama es da el se , da el esse, y, en o o sen ido, da la esencia y eci-
bi del o o la p opia esencia, si se en iende esencia en el sen ido pla ónico
hegeliano de indi idualidad incomunicable ac i a, y en el de azón de se
y azón de la exis encia que cada uno encuen a ue a de sí, en o o23.
El descub imien o de esa esencia ín ima de cada uno, de ese sí mis-
mo p opio que se ealiza en el encuen o con el o o, en la elación con el
o o que es p ecisamen e el amo , co esponde a uno de los sen idos que
Heidegge le da al é mino ocación (be u )24.
Po o a pa e, el descub imien o de ese sí mismo ín imo del
o o, d la esencia del o o, y la disposición de coope a en su ealización,
es lo que Heidegge llama amo , mi ando el enómeno jus amen e desde
el pun o de is a de la esencia. «Adueña se de una cosa o de una pe sona
en su esencia quie e deci ama la, que e la»25. Ama es deja que el se
sea y hace que el se sea. Deja se al o o y hace le se al o o, po pa a-
dójico que esul e conjuga el momen o con empla i o de deja a alguien
se lo que es y el momen o ope a i o de hace que alguien sea lo que es.
Pod ía deci se que sin amo la esencia indi idual no es á p opiamen e
indi idualizada, y que la exis encia se ía del ipo de la que Hegel llama
«exis encia insus ancial»26 y Heidegge «exis encia inau én ica»27. En am-
bos casos, la exp esión signi i ca que una exis encia sin amo es una exis en-
cia sin ocación alguna, p i ada de esencia, de azón de se . La exis encia
de alguien que no ha sido con ocado po nadie a se sí mismo.
Ama es da el se y la esencia p opia al o o y oma el se y la esencia
p opia del o o, e igualmen e po pa e del o o espec o de uno. Donación
[22] PIEPER, J.: op. ci ., p. 55.
[23] C . PLATÓN: Banque e, 207 d–e.; HEGEL: Enciclopedia de las ciencias i losó i cas, Doc ina de
la esencia, pp. 112, 115, 121.
[24] C . HEIDEGGER, M.: Se y iempo, pp. 56–58.
[25] HEIDEGGER, M.: Ca a sob e el humanismo. Mad id: Alianza, 2000, p. 16; Wegma ken.
F ank u : 1976, p. 316.
[26] HEGEL: Enciclopedia, p. 114.
[27] HEIDEGGER, M.: Se y iempo, p. 27.
– 84 –
y posesión, y eso es p ecisamen e el modo en que se cumple la usión. Da y
da se es indisce nible de posee cuando lo que se da es la ida y los donan-
es i en los dos la misma ida. Da y oma son indisce nibles en la usión
po que la usión lo es jus amen e en cuan o que ealiza la donación y la
posesión al sal a po encima de la di e encia, de la al e idad.
Pe o el amo oda ía aspi a a más. Lo que los homb es se p opo-
nen al ama es imposible, po que es ompe los lími es de su ealidad, de
su esencia y de su se , y po eso el amo puede hace enloquece . Más aún,
el amo es de suyo locu a, manía (en usiasmo, u ia, locu a inspi ada)28
como lo llamó Pla ón i jándose p ecisamen e en es e aspec o del enóme-
no, o incluso locu a como mo ía ( al a de juicio, es upidez, necedad)29, eso
que dice Pablo que es pa a los gen iles el amo de C is o (I Co in ios, 1,23).
Y oda ía el amo es locu a como es álogon (i acional) la aíz cuad ada de
dos, como algo inconmensu able, que no se puede medi con los pa áme-
os con los que se miden las cosas o dina ias de la ida. Pla ón cali i có a
esa locu a de «di ina», heia, po que se e i e e a algo p opio de los dioses,
a la unidad e e na con la belleza, a la elicidad e e na30.
Amo es, pues, la ealización de una donación, una posesión y una
unión que pa ece imposible y sin emba go se desea, se quie e ealiza , y se
sien e uno us ado si no se ealiza. Po eso una de i nición de amo que
ecoja es os asgos a la ez iene que se muy pa adójica, y así es la que p o-
pone Hegel, que se i ja p ecisamen e en la unidad de esos aspec os.
El amo , según o mula Hegel al comienzo de su ca e a y epi e ya
siemp e, «es la unidad de la iden idad y de la di e encia»31. Man ene la
al e idad a la ez que se sup ime. ¿Cómo es eso posible?
Lo que ocu e cuando se ama mucho, cuando se quie e del odo y no
se puede ealiza lo que se desea, es que se desea se Dios pa a ealiza lo.
Y así es á igualmen e exp esada la aspi ación a la donación o al al o o
en la poesía española. «Hallo an o que que e ,/ y es oy an ie no po
os,/ que si pudie a se Dios/os die a odo mi se »32.
[28] Liddell&Sco , G eek-English lexicon. Ox o d, 1989, oz manía, p. 487.
[29] Ibídem, p. 524.
[30] PLATÓN: Banque e, 205 d-e.
[31] C . HEGEL: “F agmen o de sis ema”, de sep iem be de 1800 en Esc i os de ju en ud.
México: FCE, 1978, p. 401; c . Enciclopedia, p. 121; c . SANTOS HERCEG, J.: “Vida, amo y
logos en Hegel”, en Théma a. Re is a de i loso ía, nº 24, 2000, pp. 226–243.
[ 32] VEGA, L. de: Soliloquios amo osos de un alma a Dios, en Poesías lí icas. Mad id: Espasa
Calpe, ed. de MONTESINOS, J., ol. II, 1983, p. 86.
– 85 –
Ese «os die a odo mi se » co esponde en é minos de dogmá ica
ini a ia a la p ocesión del Espí i u San o. Dicho de o a mane a, cuando
el homb e ama lo que hace y lo que le pasa es que p e i gu a p og amá i-
camen e los asgos de Dios, es deci , los de Dios T ino. Y nada hay más
na u al, pues o que Dios es amo . Lo que le pasa es que se endiosa, que
ep oduce incoa i amen e la es uc u a ini a ia y que de algún modo
la ejecu a y la cumple.
La exp esión del amo del Pad e y el Hijo en e sí puede encon-
a se en el amo de amis ad, en el amo i lial y en el amo e ó ico, y
ambién puede encon a se en ellos la exp esión del amo de Jesús
po los homb es, aunque al ez la unidad de odas las exp esiones
del amo de Dios y la unidad de odas las o mas del amo de Dios,
ad in a y ad ex a, sea algo ine able33. Veamos aho a el modo en que la
muje exp esa y ep oduce asgos de Dios T ino, el modo en que la muje
signi i ca y es amo , pues ese es el signi i cado sac amen al de su cue po y
de su ida oda…
3.3. El sexo y la muje en el simbolismo c is iano ini a io
Si en o as cul u as y eligiones se encuen a una comp ensión de
Dios como plu al o incluso como ino, aunque no hayan elabo ado mo-
delos eó icos como el de la dogmá ica ini a ia c is iana, puede debe se
a que, como sos iene la adición c is iana, el alma es la imagen de la
inidad, y esa imagen encuen a modos de exp esión en las di e en es
cul u as. Puede debe se a que, al es a hecho el homb e a imagen y se-
mejanza de Dios, la plu alidad de Dios y la elación en e sus di e en es
dimensiones, se mani i es a en el homb e34.
La imagen y la semejanza puede se de ipo dinámico o incluso d a-
má ico, es deci , que se pone de mani i es o al ac ua o al elaciona se los
homb es unos con o os, y así es como lo en iende Juan Pablo II (Mulie is
digni a em. 7). Pues bien, en esa misma línea se puede a i ma que la
imagen y la semejanza se mani i es a sob e odo en la elación amo osa
[33] Sob e la unidad y las di e encias en e el amo di ino, el amo e ó ico, el amo i lial y
la amis ad, c . LEWIS, C. S.: The Fou Lo es. London: Collins, 1974.
[34] Pa a un es udio de la exp esión de la inidad en o as cul u as y eligiones,
especialem e en el hinduismo y el budismo c . PANIKKAR, R.: El silencio del Buddha. Mad id:
Si uela, 1996; y La pleni ud del homb e. Mad id: Si uela, 1999.
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en e el homb e y la muje , y que dicha elación es en sí misma un «sa-
c amen o na u al» de Dios35.
La imagen y la semejanza, es deci , las analogías, son eso, analogías,
simili udes impe ec as o incomple as, pe o pueden ayuda a ob ene
una comp ensión de Dios como cumplimien o e ec i o de esas aspi acio-
nes amo osas que pa a el homb e son imposibles, y que apun an a una
pleni ud de se , de elicidad y de e e nidad, p opia de Dios36.
Aunque el e so de Lope de Vega es á e e ido a C is o en la C uz,
podía muy bien habe es ado e e ido a Ma a de Ne a es, pa a la cual
ese ó exp esiones bas an e semejan es y, sob e odo, a la cual ealizó
una comple a en ega de sí mismo mien as ella i ió37.
El cumplimien o del ansia del amo de modo sa is ac o io y pleno
co esponde a aquella si uación en la que el homb e puede da le a la
muje oda su ida y su se , y la muje al homb e oda su ida y su se ,
quedando la donación cumplida sin que ninguno de los dos pie da el se
y la ida que da. A su ez, la posesión queda cumplida si el se y la ida
que se dan se ienen y man ienen como ecibidos. Y la usión que no di-
suel e las di e encias se cumple si el se y la ida donados se di e encia
de los dos donan es que a la ez son ecep o es.
Pues bien, es o es uno de los modelos eó icos posibles de la p oce-
sión del Espí i u y de la T inidad. Ese « odo mi se » que uno le da al o o
puede en ende se como el Espí i u San o, que es el amo , el don, pe o
ambién puede en ende se como el hijo engend ado en la p oc eación de
los o ganismos sexuados.
El sexo es el subsis ema del o ganismo que ecoge codi i cado el plan de
ep oducción o eplicación del o ganismo comple o, de mane a que la iden i-
dad y la indi idualidad del o ganismo no quede comp ome ida en su ep o-
ducción. Es un p ocedimien o de ep oducción que, a di e encia de los o os
que se encuen an en los i ien es más elemen ales, no comp ome e la indi-
idualidad del ep oduc o , como ocu e en la pa ición, gemación, e cé e a,
en las que la indi idualidad del i ien e es débil y se pie de al ep oduci se.
[35] La exp esión «sac amen o na u al» es de Michelle M. Schumache , en The p o e ic
oca ion o woman… Op. ci .
[36] Aún así, no es ocioso insis i en que Dios no es la solución de un p oblema an opológico,
no se ago a y no consis e en eso.
[37] Ma a de Ne a es, ue a endida y cuidada po Lope du an e los úl imos diez años
de ida en que es u o en e ma e impedida. T as su mue e, Lope ol ió al eje cicio de
su minis e io sace do al. Ag adezco a mi buen amigo el p o eso An onio Ruiz Re egui,
allecido en ma zo de 2000, que me hicie a pa ícipe de sus e l exiones sob e Lope y Ma a.
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El sexo con iene la esencia del o ganismo, o mejo , la de la especie,
y di ide a los indi iduos en dos géne os di e en es y complemen a ios
en o den p ecisamen e a la ep oducción. Y po eso con iene en su es-
uc u a la posibilidad y la necesidad de da se uno mismo, man eniendo
la di e encia con el o o que a su ez ambién se en ega. El esul ado es
que los donan es man ienen inal e ada su iden idad mien as dan luga
a un e ce o como un don subsis en e, a sabe el hijo, los hijos. Lo que en
el modelo ini a io co esponde a la p ocesión del Espí i u, en el modelo
de los o ganismos sexuados co esponde a la p ole.
Si el homb e y la muje pudie an da se ecíp ocamen e su ida y su
se del odo, ama se de una sola ez y o almen e, de un solo golpe y po
comple o, que es lo que desean y lo que se dicen que quie en hace , en on-
ces no pod ían ene más que un hijo. Además, ese hijo no se desp ende ía
nunca de ellos como au ónomo e independien e, sino que queda ía siem-
p e cabe ellos como el único amo con que se aman dos se es di e en es.
Pe o como ya se ha dicho, el homb e y la muje no pueden ama se
de una ez po odas. No pueden ealiza su donación comple a de una
sola ez y po eso ienen más de un hijo, po que ellos no se uelcan del
odo, no se acían, en ninguno. O ganismo quie e deci ma e ia, y la
ma e ia implica iempo, imposibilidad de o alización, ecundidad in-
i ni a38. Po eso pod ían segui eniendo hijos inde i nidamen e. Como
no se poseen del odo no pueden nunca da se del odo y su p oceso de
donación no e mina nunca. Se acaban los hijos cuando los o ganismos
han en ejecido y no son capaces de egene a se y uc i i ca 39.
Pe o aho a se puede examina po qué los hijos ambién signi i can
una ans usión de ida y de se , no solo de los pad es a ellos, lo que es
ob io, sino ambién de ellos a los pad es. En e ec o, de la misma mane a
que el pa imonio gené ico y cul u al de mis an epasados me cons i uye
en lo que yo soy y p olonga el se de ellos, lo que yo soy, mi pa imonio
gené ico y cul u al, pasa a mis hijos que lo p opagan inde i nidamen e
mul iplicando mi se . Yo soy lo que ecibo, lo que engo y ambién lo que
doy. Yo soy mi es i pe.
En es a pe spec i a, la p ole, unión subsis en e del amo del pad e y
de la mad e, es sac amen o na u al de Dios Espí i u San o. Po o a pa -
e, aunque el amo pa e no– i lial ca ece de las dimensiones e ó icas del
amo conyugal, ambién se exp esa en é minos de ans usión de se y
[38] Sob e la ecundidad del iempo y de la cope enencia de espí i u y ma e ia, c .
GRIMALDI, N.: On ologie du emps. Pa is: PUF, 1993, p. 155 y ss.
[39] C . CHOZA, J.: An opología de la sexualidad. Op. ci ., caps 1 y 10.
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de ida, y con me á o as nu i i as (« e come ía», «es á pa a comé selo»,
e cé e a), que se di igen sob e odo de los pad es a los hijos pequeños.
En esa elación de donación uc í e a, la hemb a de los o ganismos
sexuados, la muje en el caso de la especie humana, es la que de e mina
la na u aleza, la que es po ado a de la ida y la que ges a y gene a a la
p ole. Desde es a pe spec i a, la muje asume la unción de Dios Pad e,
o bien Dios pad e asume la unción de la muje , dado que Dios y la muje
son los que de e minan la na u aleza di ina y humana de su espec i a
p ole. Lo que nace de Dios es di ino y lo que nace de muje es humano.
Como se di á después, C is o es Dios po que es Hijo de Dios, y C is o
es homb e po que es hijo de homb e (el Hijo del Homb e del An iguo
Tes amen o), lo que li e almen e signi i ca hijo de muje .
Desde es as conside aciones se ad ie e que, si C is o es sac amen o
de Dios Pad e po que lo e ela y lo mani i es a, ambién y en o o sen ido, la
muje es sac amen o del Pad e po que lo e ela y lo mani i es a, a lo cual se
e i e e Juan Pablo II en la encíclica que dedica p ecisamen e a Dios Pad e.
Al habla de Dios Pad e como ico en mise ico dia, Juan Pablo II des-
aca que los é minos heb eos con que el An iguo Tes amen o designa la
mise ico dia son, hesed, que signi i ca una p o unda bondad que se eje ce
ambién po un debe de i delidad a sí mismo, y ahªmim, que deno a el
amo de la mad e y que de i a del ocablo ehem, egazo ma e no.
«Es una a ian e “ emenina” de la i delidad masculina a sí mismo,
exp esada en el hesed. Sob e es e as ondo psicológico, ahªmim engen-
d a una escala de sen imien os, en e los que es án la bondad y la e nu-
a, la paciencia y la comp ensión, es deci , la disposición a pe dona ». Y
pa a exp esa odos esos ca ac e es como p opios de Yahweh el An iguo
Tes amen o lo compa a con una mad e, más exac amen e con una muje ,
y lo desc ibe con el é mino ahªmim: «¿Puede acaso una muje ol ida se
de su mamoncillo, no compadece se del hijo de sus en añas? Aunque
ellas se ol ida an, yo no e ol ida ía» (Isaías, 49, 15)40.
Tan o en la Di es in mise ico dia como pos e io men e en la Muli eis
digni a em, Juan Pablo II acumula ex os de la Esc i u a en los que Dios es
desc i o con ca ac e es emeninos y ma e nales (Isaías 42, 14; 46, 3–4; 66, 13;
Salmos, 131 [130] 2–3), aunque insis e en que «Dios es espí i u (Juan, 4,24) y
no posee ninguna p opiedad ípica del cue po, ni emenina ni masculina»41.
Con odo, si se p ac ica la in e sión semán ica en e signi i can e
(signum) y signi i cado ( es) que an o gus aba a los pad es de la Iglesia a
[40] Di es in Mise ico dia, n. 4 passim y no a 52.
[41] Mulie is digni a em, 8.
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p opósi o de los sac amen os, y se dice, po ejemplo, que no es p ime o
el agua como signo de pu i i cación y después la egene ación bau is-
mal, sino al e és42, ambién cabe a i ma que el a ón y la muje , y en
gene al el macho y la hemb a, exis en como ales po que Dios iene en sí
la dimensión masculina y la emenina como di e enciables.
En ese caso, los o ganismos sexuados son una exp esión o una ima-
gen de Dios, de la T inidad, y en esa misma medida cons i uyen un «sa-
c amen o na u al». En el caso de los se es humanos, cabe deci en ela-
ción con los ex os ci ados po Juan Pablo II, que la muje es sac amen o
de Dios Pad e no solo desde el pun o de is a de su ana omía y i siología
sexual, sino ambién desde el pun o de is a de su psicología.
Pe o la muje no apa ece solo como símbolo o como sac amen o
na u al del Pad e. También se la puede conside a como símbolo del
Espí i u San o en cuan o se aplican a ella algunos de los asgos esenciales
de la e ce a pe sona, como « uen e de ida» ( ons i ae), e cé e a43. Asi-
mismo se puede deci que lo más p opio de la muje es se don, y en esa
pe spec i a apa ece como sac amen o de Dios Espí i u San o, po que lo
mani i es a y lo e ela, y así lo han is o di e sos au o es, no solo en el
plano de la e l exión eó ica44, sino ambién en el de las a es plás icas y
la iconog a ía c is iana45.
[42] C . SCHUMACHER, M.M.: op. ci .
[43] C . ARANDA, A.: El Espí i u San o en la “Exposición de e” de S. G ego io Tauma u go,
“Sc ip a Theologica”, X/2 (1978), 373–407.
[44] CASTILLA, B.: La pe sona y su “es uc u a” amilia . Dimensiones pa e na y ma e na de la
doc ina social, en FERNÁNDEZ, F.: Es udios sob e la Encíclica “Cen esimus annus”. Mad id: Unión
Edi o ial Mad id, 1992, pp. 199–226, ci a, en e los au o es que a i man la analogía en e
el Espí i u y la muje , a los siguien es: STEIN, E.: F auenbildung und F auenbe u . Munich:
Schnell&S eiene , 1956, p. 76; SCHMAUS, M.: Teología Dogmá ica, ol. II. Mad id: Rialp, 1961,
p. 400; MOELLER, C.: Li e a u a del siglo XX y C is ianismo, ol. V. Mad id: G edos, 1978, pp.
254–255; EVDOKIMOV: La Femme e la salu du monde. É ude d’an h opologie ch é ienne su les
ca ismes de la emme. Pa is: Cas e man, 1958; y JUAN PABLO II: Audiencia gene al, 4.IV.90, y
Mulie is digni a em, nº 29.
[45] Los ó ganos sexuales han suminis ado la p ime a iconog a ía eligiosa del géne o
humano, an o en el paleolí ico supe io como pos e io men e, C . LEROI–GOURHAM, A:
Símbolos, a es y c eencias de la p ehis o ia. Mad id: Is mo, 1984, pp. 574 y ss. Las elabo aciones
g eco–c is ianas y omano–c is ianas y las mode no ilus adas del concep o de obscenidad
es lo que lle a al escándalo y a la ocul ación del sexo y, co ela i amen e, a las di e en es
o mas de la po nog a ía. Con odo, en el medie o hay más libe ad exp esi a pa a la
ep esen ación plás ica del sexo y ello se deja no a en los capi eles, elie es, escos y
pin u as C . PAMPLONA DE, G.: Iconog a ía de la San ísima T inidad en el a e medie al español.
Mad id: Ins i u o Diego Velázquez, OFM, 1970.
– 96 –
in e locu o es en el seno de Dios T ino (Pad e, Hijo y Espí i u) y en el
seno del homb e ino (pad e, mad e y p ole). Pa a designa es as ac i-
idades en an o que di e enciadas la dogmá ica c is iana acuñó el é -
mino pe sona, y desa olló la eo ía de la pe sona en el o den eológico,
i losó i co, ju ídico y polí ico en elación con el o den y o ganización de
la ida social.
El o den y la o ganización de la ida social, de la ida humana, e-
nía dado desde el p incipio en el manda o «Sed ecundos y mul iplicaos,
y llenad la ie a y some edla» (Génesis, 1, 28), que exp esa la ocación
humana al amo y al abajo, el o den del amo y del abajo, que es el
o den de la ep oducción y la p oducción, lo que cons i uye los dos ejes
de oda exis encia humana, como a F eud le gus aba epe i .
Dicho o den queda pe i lado y dibujado de un modo más p eciso
en la maldición que sigue a la caída. Una a di igida a la muje : « an as
ha é us a igas cuan os sean us emba azos: con abajo pa i ás los hijos.
Hacia u ma ido i á u ape encia, y él e domina á» (Génesis, 3, 16). O a
a di igida al homb e: «maldi o sea el suelo po u causa: con a iga sa-
ca ás de él el alimen o odos los días de u ida. Espinas y ab ojos e p o-
duci á, y come ás la hie ba del campo. Con el sudo de u os o come ás
el pan, has a que uel as al suelo, pues de él uis e omado. Po que e es
pol o y al pol o e o na ás» (Génesis, 3, 17–19).
El ex o sag ado u iliza el lenguaje de una cul u a neolí ica y ha-
bla en é minos que pueden se en endidos po pe sonas de esa cul u a,
pues desc ibe las unciones y ac i idades de la muje y del homb e al
como se encuen an en ella.
La muje queda con i nada a un núme o mínimo de unciones y pa-
peles cuando, a pa i de la e olución neolí ica, el núme o de papeles
del a ón c ece exponencialmen e.
Los papeles y unciones de la muje pueden se los mismos que los
del a ón en una sociedad de bienes a o en una sociedad de consumo,
pe o no podían se los mismos en una sociedad indus ial, en una es a-
men al o en una sociedad eudal. En las sociedades que eme gen con el
neolí ico, y en las que se encuen an a lo la go de lo que los occiden a-
les llamamos his o ia uni e sal has a el siglo XX, la muje se encuen a
ecluida a unas pocas unciones, y a esa « eclusión» se le ha llamado
« ealiza su esencia». Po eso la p e ensión de ompe esa eclusión y de
amplia su epe o io de unciones se conside aba un a en ado con a
la esencia, como algo «an ina u al». Po eso apenas puede habla se de
mejo es o peo es ep esen aciones de lo emenino, po que el epe o io
de papeles disponibles es muy educido en compa ación con el a ón.
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De ahí que la his o ia uni e sal se pe ciba como el conjun o de ac i-
idades desa olladas po los a ones, a los cuales se les impu a el mon-
an e de a opellos y calamidades egis ado en esa misma his o ia, que
es el pe íodo de la hegemonía de la llamada azón pa ia cal y azón
ins umen al.
El magis e io de la Iglesia, y especialmen e los documen os dedi-
cados a la muje , apelan a ella como an ído o y como e apia an e ales
calamidades y a opellos, y cie amen e la muje signi i ca espe o, e e-
encia, cuidado, e cé e a y causa odo eso.
La llamada azón ecológica, azón solida ia, y o as ó mulas
análogas, son exp esiones de un ipo de sociedad en que la muje ya
no es á con i nada a un minúsculo epe o io de papeles. Son exp e-
siones de un ipo de sociedad en que la muje ealiza un núme o muy
amplio de unciones di ec i as, o ganiza i as, delibe a i as, ejecu i-
as y asis enciales, en las que compa e pode y esponsabilidad con
los a ones cada ez en mayo medida. Desde esas posiciones ans-
o ma la sociedad haciendo apa ece en ella una se ie de cualidades
exclusi amen e suyas que has a en onces habían quedado con i nadas
al ámbi o domés ico, o bien es aban sepul adas como dimensiones de
su esencia inédi as du an e milenios, y con ello ins au a un nue o o -
den del amo , quizá un o den que es aba desde el p incipio pe o que
la du eza de co azón de los homb es des i uó.
Con odo, es de jus icia señala que el c is ianismo y el mundo oc-
ciden al ab en a la muje un p o agonismo que les con ie e a eces en
uni e salmen e ejempla es y en p incipio máximo de au o idad. Es el
caso de las san as y de las einas que se suceden desde el medie o has a
nues os días, y pa a las cuales no hay co ela o en el mundo islámico,
hindú, chino, mongol o japonés, aunque sí en el mundo heb eo.
La ala ma sob e los des a íos de una azón desa aigada, es ac i a-
da a i nales del siglo XIX po Nie zsche, y es eac i ada desde di e en es
ángulos a lo la go del siglo XX. P ime o con la exp esión «desencan a-
mien o del mundo» de Webe en 191857, después con los é minos « azón
cien í i ca» y «ac i ud eo é ica» de Husse l en 193858, más a de con la
exp esión « azón ins umen al» o « azón ilus ada» de Ho kheime y
Ado no en 194759 y con los é minos «in e p e ación écnica del pensa »
[57] C . WEBER, M.: El polí ico y el cien í i co. Mad id: Alianza, 1980.
58] C . HUSSERL, E.: La c isis de las ciencias eu opeas y la enomenología ascenden al. Ba celona:
C í ica, 1991.
[59] HORKHEIMER, M. y ADORNO, T.: Dialéc ica de la Ilus ación. Mad id: T o a, 1994.
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de Heidegge en 1947 y 194960. Pe o la asimilación de odas esas deno-
minaciones a la de « azón pa ia cal» y la ca ac e ización de la his o ia
de la cul u a occiden al como his o ia del alo–logo–cen ismo se debe a
De ida. Todos ellos, con su c í ica de la azón pa ia cal, han con ibui-
do de un modo u o o a que pueda pe cibi se un nue o o den del amo .
El as ase de ac i idad emenina desde el ámbi o de la ep oduc-
ción donde es aba con i nada, al ámbi o de la p oducción, del espacio de
in e cambio y diálogo público, de e mina un cambio en esos ámbi os de la
p oducción, el in e cambio y el diálogo público, que adquie en ca ac e ís-
icas comple amen e nue as.
Dichas ca ac e ís icas se pueden desc ibi como un cambio del p e-
dominio de las es uc u as écnicas y bu oc á icas mecánicas y anónimas
a la eme gencia de una pe sonalización de las ac i idades en los sis e-
mas adminis a i os, come ciales y, en alguna medida, ambién en los
indus iales. Semejan e pe sonalización lle a consigo una ealización de
las al e na i as p opues as po los c í icos de la azón pa ia cal, a sabe
el p imado de la elección pe sonal, es deci , de la azón p ác ica y la é ica,
del cuidado y, en gene al, de las ac i udes asis enciales. Todo ello es im-
pensable sin la inco po ación de la muje al mundo de lo público a odos
los ni eles, incluido el di ec i o.
El nue o o den del amo iene dado po la p esencia en la ida so-
cial, y no solo en la domés ica, de unas en añas de mise ico dia, de una
disposición al pe dón, de una a ención a las pe sonas y a las cosas en su
singula idad, de un adueña se de su esencia, que son la exp esión del Dios
que es amo a a és de la muje que es amo . El nue o o den del amo se
exp esa así a a és de la muje como sac amen o de Dios.
Es a p esencia de Dios a a és de la muje puede ambién con-
side a se como una p esencia de C is o y como una p esencia de la
Iglesia a a és de ella, según la poli alencia sac amen al de la muje
como signo del Pad e, del Hijo, del Espí i u y de la Iglesia, a la que
an es nos e e imos.
Po eso puede deci se que lo que el magis e io de Juan Pablo II p o-
clama como o den del amo y como a ea egene ado a de la muje , es
algo que es á siendo ejecu ado po la muje desde bas an e an es de la
llegada de Woj yla a la sede de Ped o. De la misma mane a que puede
deci se que el e–encan amien o del mundo, la domes icación de la azón
cien í i ca y la azón ins umen al, y el debili amien o de la in e p e ación
[60] HEIDEGGER, M.: Ca a sob e el humanismo. Mad id: Alianza, 2000; y La p egun a po la
écnica, en Época de i loso ía, I. Ba celona: 1985.
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écnica del pensa , o lo que es equi alen e, el cese de la hegemonía de la
azón pa ia cal, es algo que es á siendo ejecu ado po la muje desde co-
mienzos de siglo, aunque ni Webe , ni Husse l, ni Ho kheime y Ado no
ni Heidegge pensa an en ella como la posibilidad eal de a on a y esol-
e en alguna medida los p oblemas plan eados po la azón pa ia cal.
Tampoco la muje , al i umpi en el me cado labo al y en la ida pú-
blica, lo ha hecho con un p og ama ideológico y e l exi amen e elabo ado,
que asumie a las o mulaciones de los au o es mencionados o del magis-
e io de la Iglesia. Pues aunque los mo imien os con acul u ales de los 50
y 60 con a an con las elabo aciones eó icas de He be Ma cuse61, ni esos
mo imien os e an p opiamen e eminis as, ni su p og ama e a humaniza
o eminiza el sis ema es ablecido, sino más bien abandona lo.
Así pues, an o la cul u a o i cial como la Iglesia Ca ólica se han
encon ado con el p oceso de eminización de la ida pública y de la
Iglesia misma ya en ma cha, y con su co espondien e supe es uc u a
ideológica, el eminismo, ya elabo ada y en ans o mación, cuando han
empezado a acoge en sus p ác icas y en sus eo ías la e ec i idad de
dicho p oceso. Y no lo han acogido sin ese as desde el comienzo, pues
pe cibían en él no pocas amenazas pa a la na u aleza y la esencia de la
sociedad y pa a la na u aleza y esencia de la Iglesia, pe o lo han asumido
y omen ado según la comp ensión e in e p e ación de lo emenino que
en cada caso podían e ec ua .
La apo ación de la muje a la sociedad ci il es inmensamen e más
amplia que lo que pueden apo a odos los eminismos, po que la eali-
dad del nue o o den del amo desbo da con mucho cualquie o mula-
ción eó ica y cualquie p og ama ideológico.
Con odo, ambién se han p oducido no pocas c isis de iden idad
de la muje en es e p oceso. En p ime luga po que al iguala se con el
homb e en la ida p o esional, de hecho ha enido que p escindi en nu-
me osas ocasiones de aspec os muy esenciales suyos, en conc e o, de sus
dimensiones como sac amen o na u al de Dios, como signo y p esencia
eal del amo , que se exp esan de un modo muy pa adigmá ico en el
ámbi o domés ico. En segundo luga , po que algunos eminismos, espe-
cialmen e los eminismos de la igualdad, al p oclama eó ica y e l exi-
amen e la p imacía de la libe ad y la igualdad con el homb e, han p o-
pugnado ambién la ampu ación de esas dimensiones de la muje que
quedaban anuladas de hecho en el mundo de las elaciones labo ales.
[61] C . especialmen e MARCUSE, H.: E os y ci ilización. Ba celona: Seix Ba al, 1968; y El
homb e unidimensional. Ba celona: Seix Ba al, 1969.
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Po es e mo i o, la ins au ación de es e nue o o den del amo lo
han pagado a ias gene aciones de muje es con el p ecio de su aliena-
ción. En algunos casos, impues a socio–labo almen e, en o os, impues a
ideológicamen e, y en o os, esul an e de no habe podido o no habe
sabido encon a un iden idad posi i a y pací i ca mien as se luchaba
po la libe ad y la igualdad.
La eminización de la sociedad ci il, del mundo labo al, ha aído
consigo la ins au ación de un o den del amo en el que las cualidades
emeninas son aplicadas ambién al ámbi o labo al. Con ello, la ac i idad
labo al se ab e a la posibilidad de con e i se ambién en ac o de amo
en endido en el sen ido heidegge iano an es señalado de «adueña se de
una cosa o de una pe sona en su esencia». En e ec o, ealiza las ac i ida-
des labo ales adueñándose de las cosas en su esencia, amándolas, quie e
deci oma las en su singula idad, decidi sob e ellas en cada caso lo
que esul e más ap opiado, y odo lo implicado en la pe sonalización de
las ac i idades. Ese ipo de ac i idad labo al es más bien una ac i idad
a esanal, y eso es lo que Heidegge ca ac e iza como poesía (Dich ung),
di e enciándola de un géne o de la c eación li e a ia (Poesie), y con apo-
niéndola a la in e p e ación écnica del pensa que es esponsable de la
p oducción, el in e cambio y el diálogo público despó icos62.
Adueña se de las cosas en su esencia y deja las se , es p es a un
se icio a las pe sonas y a las cosas, a la na u aleza y a odos los i-
ien es. Y la azón posmode na, la azón eminizada y ecológica, se
exp esa y se mani i es a en c ecien e medida median e ac i idades que
son se icios. A las pe sonas en p ime luga , pe o ambién a la na u-
aleza, con odas las limi aciones a ello que se encuen an en nues o
sis ema labo al.
Esa ac i ud y esos cambios que acon ecen en el mundo ci il, am-
bién pueden pe cibi se en la Iglesia. En e ec o, el nue o Código de
De echo Canónico de 1983, en cuan o que no con iene ana emas, ni ex-
clusiones, ni o mas ajan es, y en el que p edomina la ac i ud pas o al
y la comp ensión, iene más bien las ca ac e ís icas de la mise ico dia
que Juan Pablo II azaba en la Encíclica an es mencionada, o, como él
mismo dice, ca ac e ís icas emeninas. Y es o ma ca la ins au ación de
un nue o o den del amo especialmen e en el seno de la Iglesia.
Al eminiza la ida pública, p o esional y social, el ámbi o domés-
ico queda ealzado y, po deci lo así, en onizado en la ida pública
en cuan o en ella son más con inuos y i os sus eque imien os y su
[62] HEIDEGGER, M.: Hölde lin y la esencia de la poesía. México: Séneca, 1944.
– 101 –
p esencia. Y así el homb e compa e una po ción de las a eas domés-
icas y la legislación labo al así lo asume.
Pe o además, la ida labo al y social se hace más amilia , más do-
més ica, p ecisamen e al inco po a se a ella la muje y al ausen a se de
ella el homb e po mo i os jus amen e amilia es y domés icos.
3.6. Dignidad de la pe sona y dignidad de la muje
A lo la go del siglo XX, y a medida que en occiden e se ope aba el
ánsi o de una sociedad indus ial a una sociedad de consumo y de
bienes a , la muje ha ido asumiendo los papeles que eje cía el a ón y
ha desempeñado sus unciones. A esul as de eso, ha podido eclama
pa a sí las p e oga i as de en adas po el a ón y, en e ellas, la digni-
dad de pe sona.
Pe sona es el se que es dueño de su ep esen ación, que se ep e-
sen a a sí mismo o a o os, que iene muchas ca as, o sea, muchas uncio-
nes y papeles. La pe sona solo exis e si hay escena io y si hay papeles,
po que se pe sona signi i ca se ac o , ac ua , y, sob e odo, se dueño de
las p opias ep esen aciones63.
La muje quie e y aho a puede ep esen a se a sí misma y habla
po sí misma a la ho a de oma sus decisiones polí icas, económicas,
mo ales, eligiosas, labo ales, e cé e a, en ámbi os en que has a el siglo
XX dicha ep esen ación co ía a ca go del pad e o del esposo. La muje
no es p emio ni in e cambio de ninguna clase, po que su alo aho a es
in i ni o y ha alcanzado pa a ella el econocimien o de su dignidad como
pe sona.
Po eso aho a la muje es á en condiciones de oma la palab a y la
acción pa a de i ni po sí misma y desde sí misma su esencia, o sea, pa a
elegi sus papeles y unciones, como muje en gene al y como indi iduo
en pa icula en cada caso. Esa si uación no elimina el iesgo de e o o
de engaño, sino simplemen e adsc ibe a ella misma la esponsabilidad de
ambas posibilidades, y no a los a ones, a la his o ia o a las ins i uciones.
La muje puede aho a disce ni aspec os de su esencia y p opone -
los como de i niciones esenciales pa a ealiza los y ealiza se a sí misma
en las nue as con i gu aciones de la sociedad. Y al hace lo desplega á
[63] Se condensan en es a esis o mulaciones eó icas que an desde San Agus ín has a U s
on Bal hasa pasando po Hobbes y Kan , y que es án a iculadas en An opología i losó i ca.
Las ep esen aciones del sí mismo, ci ado an e io men e.
– 102 –
su esencia y su exis encia de sac amen o na u al de Dios en el ámbi o do-
més ico y en la ida p o esional de modos más cla os y p ecisos que los
ac uales. Con ello aho a án a las muje es pos e io es las c isis de iden i-
dad y las alienaciones que las muje es del siglo XX han padecido.
La me á o a del g an ea o del mundo con iene como p oblemá i-
ca «no solo que el indi iduo enga que ejecu a en el ea o del mundo
una unción de e minada que le ha sido asignada po alguien (¿po las
ci cuns ancias? ¿po Dios? ¿po sí mismo?) sino ambién que él, en al-
gún pun o mis e ioso, no es idén ico con el papel que ep esen a y que
sin emba go iene que iden i i ca se con él pa a se e dade amen e él
mismo»64, y eso ale ambién pa a la muje .
Hay ámbi os, unciones y papeles en los que la muje puede y quie-
e ene la ep esen ación de sí misma, y donde aún no la iene, an o en
el mundo ci il como en la Iglesia Ca ólica. Esos son los pun os de con-
l ic o en e los en es eminis as y las ins i uciones.
En el caso de la Iglesia Ca ólica, la muje aspi a a pode ocupa
odos los pues os di ec i os de la ins i ución, como en el es o de las
ins i uciones de la sociedad ci il, pe o se encuen a con el e o an e el
sace docio. An e ese e o puede a gumen a que la Iglesia Ca ólica no
le econoce a ella la misma dignidad que a los a ones en cuan o no le
pe mi e el acceso a las unciones de máxima esponsabilidad de la ins-
i ución.
Po su pa e, la au o idad de la Iglesia puede aduci que pe enece
a la esencia del sace docio el se desempeñado po a ones.
En ealidad los a gumen os en con a de la o denación de las muje-
es no son demasiado consis en es. Po eso odo lo más que se aduce es
que esa es la adición de la Iglesia y que eso iene un peculia alo pa a
ella po que el ca olicismo se p esen a como un adoc ina en aizada en
unos hechos his ó icos empí icos65.
Si el econocimien o pleno de la dignidad de la muje en la sociedad
ci il implica la emoción de odos los obs áculos que puedan impedi su
acceso a cualquie posición de esponsabilidad en dicha sociedad, inclu-
so la je a u a del gobie no y del es ado, el econocimien o de la dignidad
de la muje en la Iglesia lle a á consigo una análoga emoción de los
[64] URS VON BALTHASAR, H.: Teod amá ica. 1. P olegómenos. Mad id: Encuen o, 1990, pp.
46–47.
[65] C . D’AGOSTINO, F.: “Maschile e emminile. T a pa adigmi eologici e pa adigmi
i loso i ci”, en Masculinidad y eminidad en el pensamien o con empo áneo. Pamplona:
Uni e sidad de Na a a, 1989.
– 103 –
obs áculos que impiden su acceso a los pues os más ele ados, incluso el
episcopado y el pon i i cado.
Es posible que con el iempo la muje acceda a los pues os di ec i-
os de la Iglesia como ya accede a los de la sociedad ci il, el p oblema
pa ece se cuándo. Pe o la cues ión de cuándo es asun o de la au o idad
compe en e. Si en el momen o ac ual no lo concede quizá conside e que
debili a ía la e de más i eles concediendo a la muje el acceso al sace -
docio que e ándolo. Tal ez sea oda ía esa posición más opo una que
su con a ia. En cualquie caso es di ícil de decidi y no es imp oceden e
acep a el dic amen de la au o idad legí ima.
Pe o la opo unidad de ab i el acceso de la muje al sace docio aho a
es un asun o di e en e del ema de la complicidad de la Iglesia en la secu-
la op esión de la muje , en elación con el cual cabe deci que a la Iglesia
no le es impu able dicho sojuzgamien o.
El ca olicismo omano, como la iglesia de Cons an inopla o la usa,
ha ope ado con los elemen os de su cul u a, sin pode sal a po encima
de ella como ampoco puede sal a po encima de su iempo. En sede sa-
c amen al la Iglesia ca ólica econoció desde siemp e la misma libe ad
y au onomía al a ón que a la muje , y aplicó a ambos el equisi o de la
au onomía y la libe ad pa a la alidez de los sac amen os, especialmen-
e el bau ismo, la con i mación, la peni encia, el ma imonio, el o den y
la unción de en e mos, es deci , odos.
Pe o aplica ese econocimien o de la au onomía al ámbi o sac amen-
al no lle a consigo aplica lo a la o ganización de la sociedad ci il ni a la de
la sociedad eclesial. De hecho, las libe ades se ue on conquis ando poco a
poco en la sociedad ci il y luego, más len amen e aún, ue on aplicándose
a la sociedad eclesial. Eso ale pa a la libe ad de conciencia, de exp esión,
de asociación, y, en gene al, pa a las llamadas libe ades democ á icas,
conquis adas po la sociedad ci il a pa i de la Re olución ancesa y asu-
midas en la Iglesia ca ólica a pa i del Concilio Va icano II.
¿Ta da á mucho en admi i se el sace docio de las muje es si no
hay impedimen o eó ico pa a ello? ¿Cuán o iempo se a dó en «abo-
li » la con esionalidad del es ado? ¿Podía la iglesia al e a la es uc u a
de la a iculación en e lo público y lo p i ado y adecua la a sus necesi-
dades apos ólicas? ¿Podía al e a la lengua la ina, la g iega o la heb ea,
y hace las más ap as pa a ecoge la Palab a Sag ada cuando su gió la
posibilidad y la necesidad de con e i esa Palab a Sag ada en Sag ada
Esc i u a? ¿Podía hace lo con las lenguas mode nas, después de quin-
ce siglos en los que el la ín ue la lengua de los c is ianos? ¿Es que ue
pací i co el ánsi o de «la palab a sag ada» a «la sag ada esc i u a», el
– 104 –
ánsi o de la «sag ada esc i u a» a las «lenguas e náculas», y es que
pod ía se pací i co el ánsi o de «la sag ada esc i u a» al «sag ado o -
denado » cuando le llegue su momen o?
En la misma línea de la incul u ación de la e y la ida c is iana,
¿acaso la in ención del ma imonio público en T en o ue más una exi-
gencia de la e c is iana que una necesidad de los nacien es es ados
mode nos de esol e un p oblema de o den público y de ansmisión
pa imonial? ¿Es que la e olución neolí ica e a un equisi o pa a la
enca nación? ¿Lo e a la i loso ía g iega y el de echo omano como se
c eía desde algunas pe spec i as ilus adas? ¿Lo es el es ado de bienes a
como se c ee desde algunos plan eamien os de la eología de la libe ación?
E i cacia de la e y de la ca idad c is ianas pa a ans o ma el mundo no
quie e deci omnipo encia cul u al.
Muchos elemen os que aho a nos pa ecen sag ados, como la esc i-
u a sag ada, o como el o den público con una con esión eligiosa o i cial
y con un ma imonio sac amen al, no lo ue on en absolu o inicialmen e.
Pe o como no eco damos los inicios p o anos de la esc i u a ni los de la
concepción mode na de lo público, y lo sag ado lo hemos is o siemp e
inculado a esos ac o es, endemos a pensa que ellos mismos son sa-
g ados. Más aún, endemos a pensa que lo sag ado lo es p ecisamen e
po que apa ece en la esc i u a y po que es á a alado en y po el ámbi o
de lo público. Lo que con demasiada ecuencia se iende a pensa como
sag ado es, gene almen e, el o den es ablecido en é minos polí ico–cul-
u ales.
Deci que la Iglesia ha sido cómplice en la ep esión de la muje
iene el mismo sen ido que deci que ha sido cómplice en la di usión del
al abe o y de la esc i u a, en la omanización y di usión del la ín y en la
consolidación y desa ollo de las mode nas lenguas eu opeas. Cie a-
men e ha jugado un papel en odo eso, pe o su coope ación no puede
es ablece se en é minos de impu abilidad mo al o ju ídica po que la
impu abilidad equie e en ambos casos una ad e encia y una cie a in-
ención de ob ene algún esul ado en un ámbi o conc e o y aba cable.
La edad mode na o el la ín no son, como ales, impu ables a ninguna
pe sona y ni siquie a a una ins i ución en conc e o, y la op esión de la
muje es un hecho cul u al es uc u al de un calib e pa ecido. Po eso ha
cos ado más de es siglos supe a lo y aún no se ha conseguido.
En esa línea acusa o ia y ei indica i a, Y onne Pelle–Douel, sos ie-
ne que los eólogos han caído en la ampa de con i na a la muje en o-
les basados en in e p e aciones alegó icas de la esc i u a, con lo que han
con ibuido a es ablece una conexión ilíci a en e a que ipo y biología.
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«De ese modo, el e l ejo de ella misma que se le mues a a la muje
es á iciado. La muje no con empla su imagen al como es, sino la
imagen de la eminidad, su pa ón es ánda , su modelo, su a que ipo,
es deci , un ipo ela i o, ab icado po las ci ilizaciones y las cul-
u as. En e su e dade a imagen y esos a que ipos hay la dis ancia
in i ni a del disce nimien o y de la libe ad»66.
En é minos menos d ás icos y más ma izados Ma ía Te esa Po cile
San iso, apun a que:
«No se a a de descali i ca la pe spec i a simbólica, sino de a on a -
la con una he menéu ica adecuada […] La di i cul ad su ge en elación
con la especi i cidad de “lo emenino”: la in es igación de lo especí-
i camen e emenino, ¿es pe inen e?, ¿debe encauza se al descub i-
mien o de una iden idad pa icula de la muje ?, ¿cuál es el pun o
de pa ida de semejan e e l exión?, ¿se puede pa i de una idea o
una imagen polí ico–cul u al de lo emenino?, ¿o se debe oma como
pun o de pa ida la ealidad de la muje o de las muje es? Pe o, ¿dón-
de se oma esa ealidad?, ¿exis e lo emenino o más bien exis en las
muje es eales?»67.
Pa a ubica es a polémica en un con ex o i losó i co en el que sea
iable una espues a más ajus ada al p oblema, es opo uno eco da
algunos ex emos sob e el conocimien o y la iden idad de la esencia de
cualquie ealidad, ambién la de la ealidad emenina.
En p ime luga , hay que eco da una doc ina bas an e común en
la his o ia del pensamien o i losó i co, y no solo en e los escép icos, em-
pi is as y c í icos, sino ambién en e los pla ónico–hegelianos y en e los
a is o élicos y omis as, y es la de que no hay conocimien o esencial de
las esencias. En e ec o, las esencias de los en es ma e iales, aun siendo el
obje o p opio del en endimien o humano, no se conocen nunca esencial-
men e, sino «po sus semejanzas»68.
En segundo luga , po lo que se e i e e a la iden idad de las esencias
hay que eco da que al iden idad es la cons ancia y igencia sociocul u-
al de unas «semejanzas» omadas como esencia en abs ac o y como suje-
o de la ealidad de que se a e, en es e caso de la eminidad o de la muje .
La iden idad de la muje o la iden idad emenina es, como cualquie o a,
[66] PELLE–DOUEL, Y.: Ê e emme. Pa is: Éd. du Seuil, 1967, p. 38.
[67] PORCILE SANTISO, M.ª T.: La Femme, espace de Salu . Pa is: Ce , 1999, p. 70.
[68] C . AQUINO DE, SANTO TOMÁS: In III De Anima, c9,n6 , 430 a3; C . Summa Theologiae, I,
87, 1c; 86, 2c.
– 112 –
Cie amen e odos los elemen os cul u ales (de echo, lengua, a e,
eligión, e cé e a) se ansmi en como si ue an na u aleza, y la libe ad
indi idual se eje ce sob e las posibilidades o ecidas po ellos, pe o a su
ez esa libe ad iene que asumi los y hace los p opios. Así los emi e
nue amen e al o igen y los do a de nue o impulso. Los elemen os de la
cul u a se desgas an cuando se alejan de su o igen, y po eso su eno a-
ción consis e siemp e en ol e a los p incipios, a lo o iginal. Y eso ale
an o pa a la eno ación del de echo como de la lengua o de la eligión.
Los elemen os de la cul u a esul an de ac i idades y las ac i idades
se de e minan po su i nalidad o sen ido, que suele se explíci a o implí-
ci amen e e iden e o, al menos, cla o. Cuando eso no ocu e es cuando
se pe ciben como u inas cul u ales, cuando se cues iona su exis encia y
cuando pueden pasa a se eliminadas.
Es e p oceso encuen a una de sus mani es aciones más ípicas,
en el caso del c is ianismo occiden al, en cues ionamien os del ipo «¿y
po qué hay que i a misa los domingos?». Su exp esión conduc ual
más común es, al ez, la omisión del p ecep o dominical, conduc a que
se adop a ambién sin que medie e l exi amen e la p egun a an e io .
E en ualmen e, la pa icipación en el cul o se ecupe a cuando se uel e
a descub i su sen ido y se oma la decisión de i i lo, pe o es a ez,
eniendo algún ipo de espues a pa a la p egun a (no hace al a que la
p egun a ni la espues a se o mulen explíci amen e y ni siquie a que
sean e balizables). En onces, omando o a ez como pun o de pa ida
la libe ad, el cul o uel e a eanuda se. Como si la c eencia eligiosa
cumplie a un cie o ciclo. Como si después de habe se incul u izado,
na u alizado, sedimen ado y osilizado, u ie a que ol e a empeza
o a ez po una cie a inspi ación o acción di ina y po la libe ad, con
la subsiguien e incul u ación, e cé e a4.
4.2. La sac alización p imo dial. Casa, poblado, in i e no y pa aíso
Ac ualmen e se acep a que en el paleolí ico Supe io , cuando apa-
ece el sapiens sapiens, hace 150.000 años, la población podía se de unos
100.000 indi iduos. En el paleolí ico Medio alcanza ía el millón, y a i nales
[4] Un colega me comen aba que pa a él, con e so y p o eso en Escocia, e a muy consolado
isi a un país como España donde la e imp egna an p o undamen e la cul u a. Le hice
sabe que pa a los ca ólicos españoles e a muy consolado conoce ela os de con e siones
al ca olicismo de los b i ánicos, en un país donde la e dependía an o de la libe ad.
– 113 –
del paleolí ico In e io y comienzos del Neolí ico, hace unos 10.000 años, o
sea en los años 8.000 o 7.000 a. C., llega ía a unos 4 millones.
El bien aíz cla e du an e los 40 mil años del paleolí ico es la muje ,
po que el bien sup emo siemp e ha sido la ida del g upo social, y el
g upo social i e y se man iene como al si hay muje es. Con una espe-
anza de ida media de unos 20 años, y unas asas de mo alidad in an il
muy al as, se eque ía una asa de nacimien os de 3 niñas po muje pa a
asegu a la exis encia del g upo5. El bien sup emo es la ida, y el pode
sup emo, el de engend a la, po eso los ó ganos sexuales, el alo y el
iángulo púbico, cons i uyen los elemen os de la p ime a iconog a ía y
del p ime pan eón.
Como señala a Vico, en esa si uación el cielo ue el p ime in e lo-
cu o y el ueno la p ime a palab a. Co ela i amen e, el ú e o ue el
p ime sag a io y el o ganismo p opo cionó la es uc u a de la casa, la
aldea, la ciudad y el cosmos.
El ánsi o de los ins in os animales a los i os humanos ino
posibili ado po el inc emen o de la capacidad de ap endizaje y la
desp og amación de la conduc a. En esa si uación lo pe en o io es el
ap ende , ap ende a i i p ecisamen e po y median e el ap ende .
En onces ap ende es comp ende , que cons i uye la p ime a necesidad
del homb e, como epi e Gee z, y a icula las p ime as explicaciones
sob e el en o no en el que se i e, sob e el mundo. Comp ende es la
comp ende lo odo, bosqueja una o alidad in e p e ada, aba cable.
Aunque la paleo–an opología de Vico es muy elemen al, no lo es
la de Gee z, y el p incipio de la explicación y la comp ensión como cla-
es de la cul u a y del compo amien o humano de uno se e ue za al
se asumido po el o o, y puede hace se ale en el p oceso que a del
aus alopi hecus y el homo habilis, has a el Neande hal y el C omagnon6.
Incluso ale ambién pa a el desa ollo de las eligiones neolí icas, aun-
que Ma in Ha is señala a una co elación en e los dioses que comen
ca ne humana y la escasez de p o eínas en la die a de sus ado ado es, y
en e los que no la comen y la su i ciencia de p o eínas en la die a de sus
de o os7. Es deci , aunque las eligiones cumplan unciones biológicas,
e apéu icas o económicas que sus cul i ado es no pe ciben, cumplen
[5] ABELLÁN, A. y o os: La población del mundo. Mad id: Sín esis, M1998, p. 11. C .
LIVI–BACCI, M.: His o ia mínima de la población mundial. Ba celona: A iel, 2002
[6] C . ARSUAGA, J. L. y MARTÍNEZ, I.: La especie elegida. Mad id: Temas de hoy, 1998, caps.
13–15.
[7] HARRIS, M.: Nues a especie. Mad id: Alianza, 1995, pp. 435 y ss.
– 114 –
ambién unciones explica i as y comp ensi as, de ipo cosmológico, é i-
co y es é ico que son p io i a ias en el o den del compo amien o cons-
cien e8.
En e ec o, la p ime a y más pe en o ia necesidad del sapiens sapiens,
como la de los demás animales, es la de o ien a se, la de si ua se, la de
sabe dónde es á. «El impulso a da un sen ido a la expe iencia, a da le
o ma y o den, es e iden emen e an eal y ap emian e como las más
amilia es necesidades biológicas»9. Lo que pasa es que la sa is acción
de esa necesidad, la demanda de sabe , es, a lo la go de la escala zooló-
gica, co ela i a del sis ema psicomo o , odo lo cual a su ez iene en el
Neande hal y el C omagnon pa icula ampli ud.
Pa a el p ime sapiens la necesidad de sabe se sa is ace solamen e si
lo sabe « odo», y esa exigencia y su sa is acción dan luga al despliegue
comple o de lo que luego se llama á el «logos». Dicho despliegue consis-
e en «cons ui » lo que quie e sabe , o sea, en cons ui «el mundo», lo
que, cabalmen e es el odo.
El odo se cons uye omando como pun o de pa ida el eje co po-
al y, en gene al, el p opio o ganismo. Con a eglo a eso, el o ganismo
ienen un p incipio, que es el nacimien o, y un i nal, que es la mue e, un
a iba que es el cielo y un abajo que es el «ín e os», in i e no, un delan e
y un de ás, una izquie da y de echa. La o ien ación se es ablece a pa i
de esos pun os de e e encia.
En esa si uación de p eca iedad paleolí ica, de ca encia de conoci-
mien os y de u gencia de ap endizaje, la p ime a acción ace ada, con
esul ado en o den a la supe i encia, se epi e con e ida inmedia a-
men e en g a i ud e e encial, en ac o de cul o, en econocimien o de la
dependencia y de la g a uidad del exis i . Lo que se comp ende es que
eso que se hace es bueno–ú il–ma a illoso y que depende de pode es
que es án muy ue a del alcance de los p o agonis as de la acción.
La acción se epi e y con ie e en i o, lo que cons i uye el cul o
al ejecu a se po segunda ez y en eces sucesi as, y al celeb a se y
o i cia se con danzas y ges os, con pin u as y a uajes, con ins umen-
al de l o es y agua y ué anos, con g i os, susu os y can os, y así
apa ecen los di e sos elemen os del i o, los elemen os kiné icos, los
c omá icos, los ins umen ales y los ónicos.
El p ime sac i i cio, la p ime a pieza cazada que se consume, y el
p ime pa o de la p ime a muje , cons i uyen un don sag ado pues o
[8] C . GEERTZ, C.: La in e p e ación de las cul u as. Ba celona: Gedisa, 1992, caps. 4 y 5.
[9] GEERTZ, C.: ibídem, p. 129.
– 115 –
que han sal ado la ida del g upo. Po eso se explo a y se es udia o se
descua iza y se consume con el mismo e o , pa a obse a cómo de
ahí su ge la ida y cómo de ahí se di unde y se pe pe úa.
El p ime sac i i cio se con ie e en el p ime i o de celeb ación de
la ida y gene a los demás i os y sac i i cios que, ob iamen e, son am-
bién celeb ación de la ida: desde el i o del «bau ismo», y el de inicia-
ción, has a el del ma imonio– ecundidadad– ecundación (que es a la
ez el i o de la c eación del cosmos), comunión y euca is ía, y has a
el i o une a io de despedida e ins alación en la o a ida. Es pensable
cómo a pa i de un p ime i o su gen los demás, cómo a pa i de un
p ime sac amen o su gen lo demás, es deci , cómo su gen los i os de
paso a pa i del de caza, comunión, ansmisión de la ida, ap opiación
de la ida del o o, e cé e a.
Siendo el p incipio el nacimien o del se i o, la p ime a i ienda
es el seno ma e no, que es la i ienda po an onomasia, la i ienda «na-
u al», y que cons i uye ambién an o la imagen del pa aíso como la de
la glo ia biena en u ada.
La co elación en e i ienda y seno ma e no, o oda ía más am-
pliamen e, en e i ienda y muje , en e ámbi o y ac i idades domés i-
cas y muje , eco e la cul u a occiden al desde el an iguo Is ael y la an-
igua G ecia has a el siglo XXI, pe o además esa co elación iene igencia
in e cul u al, y ha sido elabo ada in elec ualmen e po pensado es que
an desde A is ó eles a F eud.
Desde el paleolí ico emo o se es ablece co espondencia en e la o -
ma del cue po humano (en conc e o, del emenino), la o ma de la casa, la
o ma de la ciudad y la o ma del uni e so. La muje es la casa y, a la ez,
es la ie a. El homb e es el cielo y es el a ado, y la unión del homb e y la
muje es el o igen del indi iduo, de la casa y del uni e so, como apa ece
en nume osas eogonías. «Gea p ime amen e dio a luz al es ellado U a-
no, semejan e a ella misma, pa a que la p o egie a po odas pa es, con el
i n de se así asien o segu o pa a los elices dioses»10. «En el p incipio c eó
Dios los cielos y la ie a. La ie a e a algo caó ico y acío, y inieblas cu-
b ían la supe i cie del abismo, mien as el espí i u de Dios ale eaba sob e
la supe i cie de las aguas. Dijo Dios: “Haya luz”, y hubo luz »11.
[10] HESIODO: Teogonía. Op. ci ., 127–128.
[11] Génesis, 1, 1–3.
– 116 –
Así pues, el sac i i cio, el cul o i ual, es lo que gene a el g upo,
la casa, la aldea y el cosmos po que ep oduce y es, de suyo, el ac o
de la c eación. En e ec o, pa a el homb e p imi i o, la his o ia del gé-
ne o humano se pone en ma cha en unción de una se ie de ac o es,
que cons i uyen la on ología paleolí ica, y que Mi cea Eliade ag upa
en es ca ego ías: 1) acciones y ac uaciones, o sea mimesis, epe ición,
de la ac i idad o igina ia de un hé oe p imo dial o a que ipo celes-
e, que con i e e ealidad a las cosas, luga es y pe sonas (puede se una
animal o émico o un an epasado humano o di ino); 2) cosas, luga es,
momen os y pe sonas que adquie en ealidad al con e i se en símbolos
y si ios del a que ipo (casa, ciudad, emplo, e cé e a) y 3) acciones y
ac uaciones p o anas que solamen e ienen sen ido po que ep oducen
ac i idades ealizadas ab o igine po los dioses, hé oes o an epasados12.
Es deci , la on ología paleolí ica cons a de pe sonajes, escena ios y
ac uaciones, y son las ac uaciones de los pe sonajes las que cons i uyen
los escena ios y las ealidades que los ocupan.
La casa y el emplo, así como el poblado y la ciudad, ienen siemp e
un p o o ipo celes e. A su ez, lo que es á más allá del poblado o de la
ciudad, iene ambién un modelo mí ico p imo dial, pe o de o a na u a-
leza, « odas esas egiones es án asimiladas al caos: pa icipan oda ía de
la modalidad indi e enciada, in o me, de an es de la c eación». «Todo e-
i o io que se ocupa con el i n de habi a lo o de u iliza lo como espacio
i al, es p e iamen e ans o mado de “caos” en “cosmos”; es deci , que,
po e ec o del i ual, se le con i e e una o ma que lo con ie e en eal»13.
El emplo, la casa y la ciudad adquie en ealidad po que se cons-
uyen como cen o y eje del uni e so, po que el sac i i cio median e
el cual se cons i uyen es a su ez el epicen o de la c eación, la éplica
del ac o c eado . El «cen o» es «la zona de lo sag ado po excelencia,
la de la ealidad absolu a», po eso hay que pe eg ina a los luga es
san os, y po eso el camino hacia ellos es ambién pe eg inación hacia
el yo, hacia el «cen o» del p opio se 14.
«Nada puede du a si no es á “animado”, si no es á do ado, po
un sac i i cio, de un “alma”; el p o o ipo del i o de cons ucción es
el sac i i cio que se hizo al unda el mundo. A deci e dad, en cie as
[12] ELIADE, M.: El mi o del e e no e o no. A que ipos y epe iciones. Mad id: Alianza, 1972,
pp. 15–16.
[13] ELIADE, M.: ibídem, pp. 19 y 20.
[14] Ibídem, p. 25.
– 117 –
cosmogonías a caicas el mundo nació po el sac i i cio de un mons uo
p imo dial, símbolo del caos. Pa a asegu a la ealidad y la du ación de
una cons ucción se epi e el ac o di ino de la cons ucción ejempla :
la c eación de los mundos y del homb e. P e iamen e se ob iene la
ealidad del luga median e la consag ación del e eno, es deci , po
su ans o mación en un cen o; luego, la alidez del ac o de cons uc-
ción se con i ma median e la epe ición del sac i i cio di ino»15.
Es o po lo que se e i e e a los ac o es y a los escena ios. Po lo que
se e i e e a las ac uaciones, se a a en odos los casos de danzas, danzas
i uales. Unas eces el modelo es la danza de un animal o émico, o as
de un an epasado di ino o humano. Unas eces la danza aspi a a ob e-
ne alimen os, o a a hon a a los mue os, o a a asegu a el buen o den
del cosmos. Unas eces se ealizan en el momen o del nacimien o, de las
cosechas, de las iniciaciones, de los ma imonios, e cé e a16.
La cons ucción de la casa y la aldea, al se c eación y ec eación
del cosmos, es cons i ución de la concepción del mundo, del sis ema
social y del sis ema cul u al, que dan luga a un o den sag ado, p o e-
gido po un sis ema de abúes. La iolación de uno de esos abúes es
el ad enimien o del caos y de la mue e, que se conju an ajus iciando
al iolado . La exp esión de es e ca ác e sag ado de los lími es y del
cas igo que me ece el ansg eso , se exp esa en los mi os sob e los o í-
genes de ciudades con el ela o de un homicidio o pa icidio o igina io,
como el de Romulo con a Remo y el de Caín con a Abel.
«Caín salió de la p esencia de Yah éh, y se es ableció en el país de
Nod, al o ien e de Edén. Conoció Caín a su muje , la cual concibió y dio
a luz a Henoc. Es aba cons uyendo una ciudad, y la llamó Henoc, como
el nomb e de su hijo»17.
«”Caín” signi i ca “p opiedad”. La p opiedad o iginó la ciudad e e-
na», según cuen a San Agus ín18, y según pos e io men e glosa y desa o-
lla Rousseau pa a señala la p opiedad p i ada como el o igen de odos
los males19.
[15] Ibídem, p. 28.
[16] Ibídem, p. 35.
[17] Génesis, 4, 16–17.
[18] HIPONA DE, SAN AGUSTÍN: De Ci i a e Dei, XV, 17.
[19] ROUSSEAU, J.-J.: Discu so sob e el o igen y undamen o de la desigualdad en e los homb es.
Mad id: Alianza, 1982.
– 118 –
«Caín iene de la aíz knh, “posee ”, que quizá gua de elación con
kna, en idia . Caín, el poseedo , el p ime undado de una ciudad. El
p ime a icida es el p ime undado de ciudades. Las leyendas a-
bínicas nos hablan del in o unio que el asesina o de Abel ajo sob e
oda la na u aleza. P opiedad e in o unio: la maldición del campesi-
no. A semejanza de Caín, Rómulo es el undado a icida, pe o hay
ambién undado es pa icidas, como Teseo, y undado es in an ici-
das. La undación de una ciudad pa ece lle a empa ejado el peso de
la culpa»20.
En onces puede empeza a elabo a se no solamen e la idea del
cielo, sino ambién, y sob e odo, la idea del in i e no. Los indios de las
p ade as ame icanas no ienen in i e no, pe o si ienen las p ade as del
«G an Mani ú». El in i e no pa ece solida io de los asen amien os u -
banos po que empieza a la ez que ellos, a sabe , cuando empieza a
habe exclusión, o den y no ma i as. El in i e no nace en las ciudades
de Mesopo amia, y de ahí se expo a a las demás cul u as. El nacimien-
o de la ciudad es ambién el del iempo in i ni o, po que la esc i u a y
los núme os pe mi en concebi una in i ni ud del iempo, que se aplica
inmedia amen e al cielo y al in i e no21.
4.3. La secula ización neolí ica y la di e enciación de los ámbi os
cul u ales
Desde el año 7.000 has a el 1.000 a. C. la población mundial pasa de
4 millones a 40 millones. Si se a dan 40.000 años en mul iplica po 10 la
población en el paleolí ico, en pasa de 100.000 a 1 millón de habi an es,
y 6.000 años en mul iplica la po 10 en el neolí ico, en pasa de 4 millo-
nes a 40, la capacidad de gene a iqueza y medios de ida de lo que el
his o iado aus aliano Go don Childe llamó la e olución neolí ica22 es
ocho eces supe io a la de los p ocedimien os an e io es. Pues bien, un
i mo de c ecimien o de ese es ilo es la ónica ca ac e ís ica de casi odo
el neolí ico, desde su comienzo has a su i n en el siglo XX d. C.
[20] RYKWERT, J.: Op. ci ., p. 217.
[21] C . ANTÓN PACHECO, J. A.: “In i e no y pa aíso en el mazdeismo…”, en CHOZA, J. y
WOLLNY, W.: In i e no y Pa aíso. El más allá en las es cul u as. Mad id: Biblio eca Nue a, 2004.
C . LARA PEINADO, F.: Los p ime os códigos de la humanidad. Mad id: Tecnos, 1994.
[22] CHILDE, G.: La e olución neolí ica. México: FCE, 1939, 1ª ed.
– 119 –
Dicho i mo de c ecimien o demog á i co es á en elación con un
p oceso de di isión del abajo y de inc emen o de la iqueza sin p e-
ceden es, que a ec a a los g upos de población paleolí icos, o mados
po un núme o en e 50 y 200 indi iduos. El paso de los poblados y
aldeas de ese olumen, a la o mación de las o alezas de ipo eudal
y a las ciudades o i i cadas con 100 eces más población, 100 eces
más ac i idades labo ales di e enciadas y unas he amien as como la
esc i u a y la con abilidad, a ec a a las o mas de ida p imi i as, muy
sac alizadas, en la mane a p ecisa de o na las inú iles, y, consiguien-
emen e, en la mane a de desac aliza las. Es el p oceso de descompo-
sición, di e enciación y au onomización de los elemen os del i o, que
da luga a las p ime as o mas de los dis in os lenguajes enuncia i os,
y que empiezan a o ma se quizá hace 14.000 años, según los da os de
la lingüís ica his ó ica.
Dicha au onomización y di e enciación se da simul áneamen e en
los i uales que cons i uyen el eje undamen al de las eligiones, a sa-
be , los i os de paso, que dan luga al cul o sac amen al y a los sac a-
men os en an o que cul o especí i camen e eligioso, y en los i uales
que dan luga a los di e en es ámbi os de la cul u a.
En conc e o, la au onomización y di e enciación de los i uales
de undación de la ciudad, co onación y de p omulgación de manda-
os de los eyes, dan luga a los mi os y al logos de índole polí ica. Los
i uales de esolución de con l ic os en e pode es, a sabe , las o dalías
y juicios de Dios, dan luga a los mi os y al logos del de echo. Los
i uales de in e cambio ma imonial, y o os ipos de in e cambios,
son una de las uen es de los mi os y del logos de la economía. Los
i uales de ememo ación de las hazañas de los dioses y los hé oes, o
lo que es lo mismo, de la génesis de los di e en es ó denes p o esio-
nales, dan luga a los mi os cosmogónicos e his ó icos pa icula es y
a la agedia, en la que eme gen luego di e enciadamen e la es é ica
y la é ica. Finalmen e, la pu a epe ición o ememo ación e bal de
odo lo an e io , da luga a la e ó ica y la lógica, en las que eme gen
la ciencia y la p osa co idiana23.
[23] Es as esis se encuen an desa olladas en An opología i losó i ca. Las ep esen aciones del
sí mismo, caps. 1 y 2. Mad id: Biblio eca Nue a, 2002; y en His o ia cul u al del humanismo.
Se illa–Mad id: Théma a–Plaza y Valdés, 2009.
– 120 –
Todo ello se puede esquema iza en el siguien e cuad o:
Ri os
eligiosos
o igina-
ios
Es e a
cul u al
gene ada
Mi os
y logos
gene a-
dos:
Ele-
men os
e bales
au ono-
mizados
del i o
Ri os o igina ios a iculados en e sí
Ri os de
paso
Religión
Sac a-
men os
Mi os
y logos
sob e
dioses y
homb es.
Teología
dogmá-
ica
Ri o de caza, de comunión, y de c eación de
la i ienda y del cosmos
Ri os de
Funda-
ción de
ciudad y
co ona-
ción
Polí ica
Mi os
y logos
sob e
Cons i u-
ciones y
adminis-
ación
Ri os de
Resolu-
ción
de con-
l ic os
De echo
Mi os
y logos
sob e
De echo
p ocesal
y ci il
Ri os de
Cam-
bio de
muje es
y bienes
Econo-
mía
Acuña-
ción de
mone-
das.
Mi os y
logos de
la econo-
mía.
Ri os de
Génesis
de o i cios
Técnicas
Mi os
y logos
sob e el
o igen de
écnicas
U banas
Ag a ias
Ma í i-
mas
e cé e a
Rela os
de i os
A es
T agedia
Poesía
Pin u a
Escul u a
Rela os
de i os
Ciencias
Ciencias
sabi-
du ía,
i loso ía
Cada uno de es os i uales especí i cos, en la medida en que se di e-
encia de los demás, gene a su p opio espacio social, su escena io y sus
modales, en los que ambién se a secula izando el pode sag ado o igi-
na io y a adqui iendo sus p opias cualidades de pode ci il.
El p oceso de secula ización y apa ición de los di e en es ámbi os
cul u ales a pa i de la eligión no consis e en una di e enciación de
ac i idades dejando a la eligión inal e ada en su condición o igina ia.
El p oceso de secula ización a ec a ambién a la eligión misma, que a
pa i de una ma iz única inicia su i ine a io his ó ico de di e enciación
y a iculación de sus elemen os en pa alelo con los demás ámbi os de la
cul u a.
En p ime luga , las eligiones pasan, de se un sis ema de i os
que a pa i de un de e minado momen o se expe imen a como un con-
jun o de acciones mecánicas, a se un conjun o de ac i idades eje cidas
desde la in e io idad. Pe o eso es solida io, jus amen e, del p oceso de
– 121 –
eme gencia de la in e io idad, que juega su papel en el p oceso de se-
cula ización.
La eme gencia de la in e io idad es solida ia de la emancipación de
la palab a espec o de los demás elemen os i uales, pe o ¿cómo acon e-
ció eso?
Inicialmen e los i os ienen indisce niblemen e ca ác e eligioso y
mágico al mismo iempo. Son acciones ex e nas pa a p opicia a los po-
de es di inos en elación con un nacimien o, una cosecha, un comba e,
e cé e a.
Podemos supone que en de e minados momen os, ampliado el
espacio social de con i encia, y a ampliado el núme o de ac o es, po
imposibilidad de celeb a el i ual adecuado, po necesidad de da cuen-
a de i os p opios an e g upos ex años, po con eniencia de la ans-
misión de modos de hace , o po o os mo i os, en ez de ep oduci el
i ual comple o se ep oducen solamen e los elemen os e bales. Dichos
elemen os e bales se puede ep oduci de di e en es mane as: pa a
con a los a o os, pa a enseña los a o os, pa a eco da los uno mismo.
En es e úl imo caso, el i o acon ece solamen e en la imaginación
de un g upo de indi iduos o en la de uno solo. Pe o el desa ollo de
ac i idades en la imaginación eso es ya eme gencia de la in e io idad.
Pues bien, los elemen os e bales que ope an en la in e io idad pueden
u iliza se pa a enseña a o os la celeb ación del i o, pa a con a la, y
en onces lo con ado cons i uye un mi o, que ambién o ma el con enido
dogmá ico de una eligión. Pe o esos elemen os e bales pueden ope a
igualmen e en la in e io idad pa a in en a p opicia al dios, y en onces
lo dicho cons i uye la plega ia.
A pa i de en onces puede habe una eligión de la in e io idad
como con apues a a una eligión «me amen e» ex e na, y puede habe
di e encia en e lo que puede empeza a llama se « eligión» como e-
lación del homb e con los dioses en é minos de cul o, y lo que puede
empeza a llama se «magia» como u ilización écnica de los pode es sa-
g ados al ma gen de los dioses.
Y ambién a pa i de en onces el homb e puede empeza a c ee
que él mismo adica sob e odo en «su» in e io idad.
En el o den eligioso el momen o de la in e io ización, de la eclo-
sión de la esponsabilidad pe sonal, coincide con el de la desapa ición
de las mona quías y la apa ición de las epúblicas y las cons i uciones
esc i as en el o den polí ico, con el momen o de la apa ición del de-
echo abs ac o en el o den ju ídico, con el momen o de la acuñación
de moneda en el o den económico, con el momen o de la apa ición de
– 128 –
1936 Keynes, Teo ía gene al del empleo, el in e és y el dine o. Funda-
men ación de las polí icas mone a ias y del capi alismo de es ado.
1944 T a ados de B e on Wood, c eación del Banco mundial y del
Fondo Mone a io In e nacional.
1945 Fin de la Segunda Gue a Mundial. C eación de la ONU.
1948 Decla ación uni e sal de De echos Humanos.
1951 Fo mación de la Comunidad Eu opea del Ca bón y del Ace o
(CECA).
1948–1970 Descolonización e independencia de las colonias de Asia,
Á ica y Oceanía. C eación de la Unión Eu opea.
1968 Re olución del mayo ancés. Re olución sexual.
1980 Bill Ga e y la e olución de Mic oso Wo d.
1989 Caída del mu o de Be lín y descomposición de la Unión
So ié ica.
1993 Cons i ución de la Unión Eu opea.
1995 O ganización Mundial de Come cio.
1990–2000 P oyec o Genoma humano. Coope ación de emp esa pú-
blica y p i ada.
1999 Globalización. La indus ia del u ismo desplaza a la indus-
ia del au omó il en la p imacía mundial.
2009 C isis i nancie a. Uni i cación del sis ema i nancie o mundial.
Rees uc u ación del G upo de los 7 (G7, los 7 países más pode osos del
mundo al acaba la Segunda Gue a) en el G 20. Los an iguos países po-
b es (BRIC, B asil, Rusia, India y China) eme gen como po encias mun-
diales en e a Eu opa y USA.
La es a egia de Pablo en el A eópago de empeza la p edicación so-
b e Dios apelando a los p incipios in elec uales es ablecidos en el mundo
g iego, a sabe , el se y la e dad acional, se expande y se p o undiza
a lo la go de la edad media, p ecisamen e a medida que la cul u a g e-
co omana se asien a en odo el mundo conocido. Po eso son an e-
cuen es las dispu as eológicas, especialmen e con los in i eles, pues se
llega a conside a que un a gumen o bien cons uido lógicamen e podía
conduci a Dios a odos los homb es con la sola guía de la azón na u al.
En e ec o, una de las azones pa a la p ác ica de la dispu a io:
«Consis ía p ecisamen e en la i me c eencia, ampliamen e compa -
ida, de que muchas de las con icciones undamen ales de la Iglesia
e an suscep ible de p ueba acional. Desde es e supues o, se sigue e i-
den emen e una conclusión p ác ica, a sabe , que los in i eles podían
– 129 –
se pues os en e a esas p uebas. Pues en la medida en que los in i eles
u ie an alguna capacidad de pensamien o acional, un poco de lógica
pod ía ob ene lo que odas las exho aciones del mundo no consegui-
ían nunca. Desde es a pe spec i a, el camino hacia la Iglesia uni e sal
esul aba el camino na u al pa a los in i eles»30.
Es a con icción medie al, ambién se expande y se p o undiza a su
ez en la mode nidad, y encuen a en e sus exp esiones p ecisamen e el
ca ecismo, que su ge o igina iamen e en los ambien es e o mis as pe o
que es adop ado igualmen e en el de la con a e o ma.
El ca ecismo de T en o es un lib o, un ex o esc i o, en el que se
expone sis emá icamen e una doc ina eligiosa que iene una cohe-
encia odo lo sa is ac o ia posible pa a una men alidad mode na, y
la men alidad mode na gua da, en e o os implíci os, una concepción
de Dios y del o den acional según la cual «en luga de hace que los
cue pos se mue an cada uno a su ai e el C eado ha decidido desde
el p incipio de los iempos que lo hagan de acue do con eglas idén i-
cas e in a iables, las cuales o ecen, po an o, p uebas azonables de
la exis encia y na u aleza de Dios»31. La men alidad mode na asume
que el alo sup emo es el o den acional que hace posible el cálculo
y la p e isión, po eso no puede sino concebi a Dios en é minos de
undamen o y ga an e de ese alo . Pa a la men e mode na Dios es y
ope a según los supues os básicos de ella, y según eso cons uye los
ca ecismos y la eodicea.
La eligión ci il e a la supe ación de la dogmá ica en la mo al, la
cancelación de lo cien í i co en lo p agmá ico, pe o lo p agmá ico e a
un o den sociopolí ico imp egnado de una uni e salidad y obje i idad
cien í i cas que no ole aba ninguna pa icula idad y que la anulaba, des-
embocando nue amen e en un e o análogo al que desencadenó la e-
ligión absolu izada con a oda he e odoxia32.
La esis de que con los mismos da os se llega a las mismas so-
luciones cuando las pe sonas que abo dan los p oblemas son in eli-
gen es, y que ac ualmen e conside amos un a gumen o ípico de los
[30] C . GRIMALDI, N.: “Tole ancia e in ole ancia de la azón: una an i é ica de la Ilus ación”,
en CHOZA, J. y WOLNY, W. (eds.): In i eles y bá ba os en las es cul u as. Se illa: CEU, 2000.
[31] ARANA, J.: “La azón y lo sag ado. Respues a a Jacin o Choza”, Théma a. Re is a de
i loso ía, (13), 1995, ecogido en ARANA, J.: Las aíces ilus adas del con l ic o en e e y azón.
Mad id: Encuen o, 1999.
[32] C . GRIMALDI, N.: op. ci .
– 130 –
o ali a ismos, no se pe cibía así ni en el medie o ni en la mode nidad.
Si alguien disc epaba de lo concluido en una dispu a io bien lle ada, o
de lo con enido sob e Dios y el o den ci il po las men es ilus adas, la
explicación había que busca la en la debilidad de su in eligencia o en las
des iaciones de su olun ad, es deci , solamen e podían disc epa del
o den p opues o los on os y los malos, y en ambos casos e a legí imo
p ocede con a ellos, incluso median e la iolencia.
La eodicea y la eligión ci il, al diseña un o den ( ambién social)
que no podía encon a se plenamen e en el p esen e, emi ían al u u o
la cons i ución del o den que co espondía a la sabidu ía y p o idencia
di inas, y daban luga así a la i loso ía y eología de la his o ia, po una
pa e, y en acción polí ica libe ado a y e oluciona ia po o a33.
Pe o el o den y el p og eso acionales, y la mo al ci il, que una
acción polí ica puede ins au a , p opo cionan la paz y la segu idad
que el homb e puede p ocu a se a sí mismo, que siemp e es á aque-
jada de una p eca iedad insubsanable. En la medida en que Dios se
iden i i caba con ese o den, podía se y ue is o como un compe ido
a elimina (y esa ue la posición del socialismo a eo), o bien podía se
is o como un ideal a ealiza , y con o me e a ealizado quedaba can-
celado como ideal.
Po o a pa e, y en la pe spec i a en que el ideal se mani es aba
como imposible, ambién Dios esul aba a ec ado po esa imposibilidad.
En odo caso, y desde cualquie a de los pun os de is a adop ados, Dios
esul aba «humano, demasiado humano». La eodicea había desc i o el
a co de su uncionalidad epocal con el eco ido que a desde la jus i i -
cación de Dios a la mue e de Dios34, que es el momen o en que el p oce-
so de secula ización, po así deci , oca ondo.
Cuando el desa ollo de la adminis ación ci il y eclesiás ica ha ad-
qui ido una ampli ud su i cien e y la his o ia de la i loso ía y la eología
han desc i o un a co lo bas an e al o, la e l exión pe mi e pe cibi que
ese os o de Dios no co esponde a ninguna ealidad excelsa, que no
encie a ningún mis e io.
La mue e de Dios signi i ca el ape cibimien o de que el Dios con el
os o del se y de la pe sona es un ídolo impo en e, y así lo in e p e an
los i lóso os y eólogos con empo áneos, a pa i de Heidegge . «La a-
se “Dios ha mue o” signi i ca: el mundo sup asensible ca ece de ue za
[33] C . MARÍN–CASANOVA, J. A. (ed.): “El i n del mal. Teodicea y Filoso ía de la His o ia
desde el Idealismo alemán”, Re l exión, nº 3, 1999–2000.
[34] C . ESTRADA, J.: La imposible eodicea. Mad id: T o a, 1998.
– 131 –
ope an e. No dispensa ida. La me a ísica, es deci , pa a Nie zsche, la
i loso ía occiden al en endida como pla onismo, se acabó»35.
La deson ologización de Dios signi i ca la up u a de la iden idad
en e Dios, el se sup emo al como apa ece en el pla onismo sis ema-
izado po A is ó eles en su me a ísica, y la noción de pe sona o mu-
lada en el ayec o in elec ual que a desde Te uliano a Boecio. ¿Y qué
ep esen ación cabe de Dios si se ompe esa iden idad?, ¿qué o ma de
cul o cabe ibu a le?, ¿qué elación pe sonal puede man ene con El un
c eyen e? No hay espues a pa a esas p egun as, que ni siquie a llegan a
o mula se explíci amen e. An e su o mulación implíci a o inconscien-
e, que es á p esen e en el dis anciamien o an e las o mas ins i ucionales
de concepción de Dios y el mundo o an e las o mas ins i ucionales de
cul o, la « espues a» esul an e es una pe plejidad y una con usión en
medio de la cual se man iene la c eencia en «Dios» (incluso con ese as
espec o de la u ilización del é mino) pe o se in e umpe la elación con
cualesquie a o mas ins i ucionales. La si uación i al se exp esa en la
ó mula «soy c eyen e pe o no p ac ican e», en elación con la cual es
pe inen e la p egun a ¿qué signi i ca en onces se c eyen e?, ¿qué quie e
deci la exp esión «c eyen e pe o no p ac ican e»?
En es e sen ido:
«F ied ich Hee conside a como una “ci a del siglo XIX” la eme a ia
y he oica, ágica y g andiosa, pelig osa y necesa ia “ en ación de los
poe as de anuncia de nue o, con nomb es in ac os, después y a pesa
de los eólogos de p o esión, Dios, el homb e y la na u aleza”. En la
unción de mediado es, ad e ida solo po ín ima ocación, no con i -
mada po ninguna o denación consec a o ia ex e na ni po ninguna
au o idad del iejo mundo eu opeo, en es e hace ica iamen e las
eces de p o e as, de eólogos, de sace do es, de li u gis as, esiden
el esplendo y la mise ia de los poe as neo–eu opeos, desde William
Blake, Hölde lin y Leopa di, pasando po Rimbaud y Ve laine, has a
Rilke, Vale y, Elio y Benn»36.
La expe iencia de la mue e de Dios no es solo, como en el caso de
Nie zsche, la expe iencia del a eísmo, sino ambién la de quienes, como
[35] HEIDEGGER, M: “La ase de Nie zsche: ‘Dios ha mue o’”, en Sendas pe didas. Buenos
Ai es: Losada, 1960, p. 180. Edición española de CORTÉS, E. y LEYTE, A.: Caminos del Bosque.
Mad id: Mad id, 1995.
[36] APEL, K. O.: Die Idee de Sp ache in de adi ion des Humanismus on Dan e bis Vico.
Bonn: H. Bou ie , 1963, no a 104 del cap. XII. C . CHOZA, J. y GARAY de, J. eds.: Plu alismo y
secula izaión. Mad id: Plaza y Valdés, 2008.
– 132 –
la mayo ía de es os poe as, a i man su e en Dios al ma gen de las igle-
sias y doc inas ins i ucionales, aún incluso pe eneciendo o i cialmen e
a alguna de ellas. Pe o los hallazgos de es os poe as no podían o e-
ce asilo a los homb es co ien es ni cong ega los. Podían, sí, b inda
consuelo y quizá espe anza indi idualmen e, como pueden hace lo los
poe as, pe o no el cobijo econ o an e que una Iglesia, una comuni-
dad de c eyen es, puede o ece a un pueblo que, p ecisamen e po eso
puede sen i se «pueblo de Dios».
La deson ologización de Dios eque ía p opues as que ue an acep-
ables ins i ucionalmen e, p opues as que pe mi ie an una nue a incul-
u ación de la e en un mundo en que la me a ísica, o sea, la elabo ación
sis emá ica del descub imien o g iego del logos lle ada a cabo po Pla-
ón y A is ó eles, y desa ollada po el pensamien o occiden al du an e
más de dos milenios, había dejado de o ece una cobe u a simbólica
su i cien e pa a in e p e a la ida de los homb es y la ealidad del mun-
do. La deson ologización de la di inidad eque ía p opues as que pe -
mi ie an encauza de algún modo y hace posible la e e encia de los
homb es al Dios sin os o.
La p opues a de Heidegge ha sido a endida po di e sos eólogos
desde Rhane a Tillic y Bal hasa pa a acep a la en una pa e o en o a o
pa a echaza la, pe o en cualquie caso pa a ene la en cuen a, pues en
las si uaciones de pun o i nal, de ex a ío o de c isis gene al, la posibili-
dad más inmedia a pa a el pensamien o es ol e al p incipio.
Pe o el p incipio no es solamen e la on ología g iega. Es ambién el
momen o en que se inicia la incul u ación del Dios de Jesús en el mundo
helenís ico; es la p e i gu ación del Dios de Jesús en el Dios de Ab aham,
de Moisés y de Da id, y es la p ime a o mación del nomb e «Dios» en
las lenguas neolí icas a pa i de los nomb es de los dioses en las eligio-
nes paleolí icas.
Po eso, mien as en el en e i losó i co Heidegge lle aba adelan e
su p og ama, en el eológico, y dejando al ma gen la neoescolás ica que
p edominaba en la enseñanza o i cial de la Iglesia Ca ólica37, Danielou,
de Lubac, y el g upo del cen o jesui a de La Fou ie e en Lyon, po una
pa e, eac ualiza on los an eos de la p ime a pa ís ica g iega; Rahne ,
on Bal hasa , Hä ing, Ra zinge y en gene al los eólogos del á ea ge -
mánica, po o a pa e, in en a on caminos eológicos sob e p esupues-
os ajenos al pa adigma g eco–ilus ado, y Gua dini, po o a, abo dó
la e en el Dios de Jesús desde plan eamien os exis enciales, de odo lo
[37] KÜNG, H.: op. ci ., p. 44.
– 133 –
cual la i loso ía y la eología española se hace eco pos e io men e as el
pa én esis de la posgue a38.
Es deci , ol ía a se asumido po los eólogos de la Iglesia Ca-
ólica el inicio del pensa que gene ó el modelo on o– eo–lógico, el
en oque empo al his ó ico p opio de la adición judía, y el en oque
exis encial de la expe iencia in e io que se inicia con Agus ín y se ha-
bía desa ollado en occiden e en elaciones con l ic i as con el modelo
g eco–ilus ado, con lo cual se asumían ambién los desa ollos lle a-
dos a cabo po los poe as en calidad de anco i ado es39, sin aho a
ninguno de los es ue zos lle ados a cabo en los di e sos en es pa a
busca el os o de Dios.
A la ez que la búsqueda de los eólogos, la piedad del «pueblo de
Dios» ambién ab ía nue os caminos en una indagación po an eos o
en la segu idad de una eno ación incoada po el Espí i u, y ales mo-
imien os po lo gene al ue on con i mados e oac i amen e po la
au o idad o i cial de la Iglesia.
La enseñanza o i cial de la Iglesia asume y sanciona las nue as
líneas de pensamien o y acción median e los dos documen os maes-
os que de i nen y egulan su ac i idad, a sabe , el Código de De echo
Canónico de 1983 y el Ca ecismo de la Iglesia Ca ólica de 1992, en los
cuales coexis en, jun o a los nue os en oques his ó ico–esc i u ís i-
cos y exis enciales, los en oques neo–escolá icos y g eco–ilus ados,
al igual que es án p esen es ambién en los di e en es documen os
pon i i cios, en unas elaciones que no es án exen as de con l ic o.
Con es o, la secula ización no solamen e oca ondo en el pla-
no sociológico de la ida o dina ia de c eyen es y no c eyen es, sino
ambién en el plano de la e l exión eológica y pas o al de la Iglesia
ca ólica.
[38] Esas co ien es se egis an ambién en la eología española, pe o la ob a de González
Ca ajal, Ma in Velasco, Ma ciano Vidal o And és To es Quei uga es algo pos e io a
la de los au o es eu opeos indicados. Sob e la c isis del modelo eó ico mode no y los
nue os plan eamien os i losó i cos y eológicos, c . los abajos de And és To es Quei uga
y Raúl Gabás, en MURILLO, I. (ed.): Filoso ía con empo ánea y c is ianismo: Dios, homb e, p axis.
Mad id: Diálogo i losó i co, 1998.
[39] En es e úl imo sen ido, c . especialmen e URS VON BALTHASAR, H.: Glo ia. Una es é ica
eológica. 3. Es ilos laicales. Mad id: Encuen o, 1986; dedicado al Dios de Dan e, Juan de la
C uz, Pascal, Hamann, Solo ie , Hopkins y Péguy.
– 134 –
4.6. Secula ización y nue as o mas de eligiosidad en las
sociedades del siglo XXI
La secula ización y la e l exión sob e ella oca ondo, como se ha di-
cho, en la segunda mi ad del siglo XX, y es in e esan e, oda ía, eco da
algunas ca ac e ís icas demog á i cas y económicas de ese pe íodo, an es
de conclui el p esen e análisis.
Indice de c ecimien o económico de 1980 a 2000 y en a pe cápi a en 2000
de algunos países40
Ren a índice c ecimien o 1980–90 índice c ecimien o 1990–2000
Es ados Unidos $34.142 3’2 3’2
Singapu $23.356 7’3 7’9
España $19.472 2’9 2’6
Taiwan $17.394 6’4 -1’9
Co ea del su $17.380 8’6 6’2
Malasia $ 9.068 6’0 7’0
Tailandia $ 6.402 7’9 4’4
China $ 3.976 9’3 10’1
Boli ia $ 2.424 0’1 3’8
India $ 2.358 5’8 5’6
Vie nam $ 1.996 5’9 7’1
Cuba $ 1.714 -1’8 3’0
Kenia $ 1.022 4’3 1’7
Nige ia $ 896 2’0 2’9
Sie a Leona $ 490 0’8 -7’6
Se han ecogido da os de Es ados Unidos y España como pun os de
e e encia; de los países con más c ecimien o de Asia, de los países más
pob es de Amé ica La ina, y de los más pob es de Á ica.
Espe anza de ida en el mundo41
Mundo Eu opa N.Amé ica Á ica Asia
Año 1950–1955 45’9 65’3 69’0 38’0 41’1
1975–1980 59’8 71’5 73’4 48’3 58’4
1995–2000 65’0 73’2 76’7 51’0 65’8
[40] C . Anua io… 2003, Akal, op. ci .
[41] Da os omados de ABELLÁN, A.: op. ci ., y Anua io… 2003, Akal, ci .
– 135 –
Aunque la his o ia de occiden e se puede e como un p oceso de
indi idualización c ecien e y de ins i ucionalización del indi idualismo,
es e iene unos lími es i ebasables en los cuales se insc iben los elemen-
os de la cul u a y singula men e la eligión. Aunque la de i a de la eli-
gión hacia el indi idualismo quedó bien azada po William James y ha
sido bien ac ualizada po Cha les Taylo 42, al indi idualismo iene unos
lími es que ambién son pe cep ibles sociológicamen e.
La eligión, como la lengua, no es á pa a p ac ica las uno solo.
Nadie iene una lengua pa a habla la él solo, y con la eligión pasa algo
simila : no ocu e que alguien nazca solo y se dé a sí mismo la bien-
enida a la exis encia, ni que se case solo consigo mismo, ni que enga
hijos en soli a io, ni que se despida a sí mismo solo cuando e mina
es a ida, y son esos momen os c uciales de la exis encia, en los que se
expe imen a la dependencia y la indisponibilidad del pode o igina io,
aquellos en los que se gene an las o mas elemen ales de la ida eli-
giosa, los modos p ima ios del cul o, comenzando nue amen e po el
momen o poié ico de la eligión.
El conjun o de ac os median e los que se elaciona el homb e con
el pode o igina io en esos acon ecimien os cons i uyen la eligión: una
pa e de la eligión, o oda ella, según los casos. En las sociedades com-
plejas muy secula izadas los indi iduos, desp o is os de cualquie ipo
de eligión ins i ucional, en esos momen os en que se expe imen a que
el pode de la ida y de la mue e no cae bajo el dominio humano, sino
bajo un dominio en cie o modo mis e ioso, « emendo y ascinan e»43,
uel en a gene a esos i os de múl iples mane as.
El modo en que la eligión c is iana acoge a los homb es en esos
momen os, los e ue za con su ayuda y les b inda exp esión e in e -
p e ación concep ual a lo que i en, cons i uye la li u gia sac amen al.
Pe o donde la conexión con iglesias ins i ucionales se ha pe dido, iene
luga una ep oducción de i os de índole sac amen al a ni el domés-
ico, amilia , de comunidad local ci il, o incluso en é minos de o e a
come cial, a a és de i es as de comuniones, locales pa a la celeb ación
[42] TAYLOR, C.: Va ie ies o eligion oday. William James e isi ed. Massachuse s: Ha a d
Uni e si y P ess, Camb idge, 2002.
[43] La expe iencia de lo « emendo y ascinan e» se encuen a en la aíz de odas las
eligiones ins i ucionales, pe o ambién en la expe iencia eligiosa de cada indi iduo en
los momen o ex ao dina ios señalados. C . OTTO, R.: Lo san o. Lo acional y lo i acional en la
idea de Dios. Mad id: Alianza, 1985. A pesa del sub í ulo del lib o, lo emendo y ascinan e
no es ninguna «idea», sino «el pode », que es lo que se expe imen a en el nacimien o y en la
mue e, en el sexo y en la acep ación o echazo po pa e de la comunidad.
– 136 –
de ma imonio ci iles, ana o ios, e cé e a, que es el modo en que la
eligiosidad espon ánea se exp esa en las sociedades complejas44.
Po su pa e las exigencias p ác icas de asis encia, libe ación y soli-
da idad pueden cub i se median e la colabo ación con asociaciones no
con esionales y o ganizaciones no con esionales y no gube namen ales
cuyos obje i os son los pob es, los en e mos, los niños, los hamb ien os,
los enca celados, los ancianos, e cé e a.
A su ez, las exigencias de ecogimien o espi i ual, p o ección co-
muni a ia y medi ación con empla i a pueden cub i se a a és de con-
ac os con la na u aleza, pa icipación en acon ecimien os musicales,
inculación con sec as, pe eg inaciones, iajes, e cé e a.
Es deci , los elemen os écnico–li ú gicos, p agmá icos y dialógi-
cos de la eligión se uel en a gene a de modo secula izado en las so-
ciedades complejas, y el elemen o dogmá ico, que había eapa ecido en
o ma secula izada a a és de las ideologías en cuan o que p og amas
polí icos globales y omnicomp ensi os, queda eplegado sin llega a
gene a nue as exp esiones secula izadas.
Po o a pa e, en las sociedades complejas la eligiosidad espon á-
nea se mani i es a ambién en el ámbi o in e nacional o mundial, de un
modo que apenas iene exp esión concep ual y mucho menos ins i ucio-
nal, y que me ece una e l exión.
Algunos anuncios publici a ios o ecen, median e de e minados
p oduc os, la imagen y la p ác ica e ec i a de una cie a comunión uni-
e sal de ca ác e cie amen e eligioso (especialmen e la Coca–Cola al-
gunas eces, pe o no solo esa compañía): apa ecen niños y jó enes de
odos los colo es y azas, mo iéndose con i mo acompasado, con una
ela en la mano, mien as can an una melodía acogedo a y que ele a el
espí i u, odo lo cual es exp esión plás ica de una comunidad a e na
y i a que i adia amo , aleg ía, paz, paciencia, a abilidad, bondad, e,
mansedumb e, emplanza y cas idad, o sea, los u os del espí i u que
enume a Pablo (Gála as, 5,22) según la e sión de la Vulga a.
Mayo en idad iene, en es e mismo sen ido, el enómeno de las
olimpiadas. La de Ba celona 92 o ecía en su sesión inaugu al una li u -
gia en que se ep esen aba el mi o de Hé cules, con co eog a ía y música
[44] Me e i e o a las di e sas mane as de celeb a los une ales las emp esas une a ias,
los ana o ios y los cemen e ios p i ados, en países occiden ales y o ien ales. Me e i e o
ambién a los ma imonios ci iles, y al ipo de ce emonia con la que celeb an en p i ado
los con ayen es que ni siquie a acuden a un juzgado. En España algunas comunidades
au ónomas han gene ado li u gias ci iles pa a celeb a la insc ipción en el egis o ci il, la
«p ime a comunión», el ma imonio, e cé e a.
– 137 –
o iginales, si iendo de escena io el es adio olímpico de Monjuich.
Cuando se izaban las bande as y sonaban los himnos de las di e -
sas naciones, odas jun as, pe o bien di e enciadas en e sí po la
compe ición depo i a (po p ime a ez desde lus os no había gue a
ía, ni calien e, ni amenazas e o is as), las ca as de los ep esen an es
exp esaban una emoción in ensa y a eces sus labios se mo ían como
musi ando un poema o una canción que pa ecía plega ia. Y las de los
demás espec ado es ambién. Como si el acon ecimien o mismo de la
compe ición lib e en e los que se econocen como iguales po alcanza
el econocimien o sup emo a a és de su acción, ol ie a a con e i se
en el ac o de cul o y ol ie a a gene a la emoción sag ada que Pínda o
can a en sus odas an iguas y Hölde lin en sus odas mode nas.
Un obse ado an ex e no y an agnós ico como Du kheim con-
side a ía las olimpiadas o los momen os solemnes de ella como indu-
dables enómenos eligiosos45, po que ese acon ecimien o, en sí mismo,
mo iliza la eligiosidad espon ánea de los pa icipan es, espec o de una
ealidad que e is e pa icula men e el ca ác e de lo sac o. Un acon e-
cimien o como el de Ba celona 92, como las olimpiadas con empo áneas
en gene al, pone de mani i es o la unidad del géne o humano como co-
munidad a e na i a, y eso es algo an « emendo y ascinan e», an
«milag oso» y an exp esi o de la di inidad como pueden se lo los u-
os del espí i u que desc ibe Pablo en la Epís ola a los Gála as.
Los o i cian es de la ce emonia y la ce emonia misma no pe enecen
a ninguna eligión, ni ampoco la implican o la excluyen. Po o a pa e,
aunque es u ie an p esen es las au o idades legí imas de odas las eli-
giones, no po eso la ce emonia se con e i ía en un ac o eligioso (con-
esional) de iglesias ins i ucionales. No obs an e se a a de un acon eci-
mien o que pod ía cali i ca se de eligioso on ológicamen e, de sup ema
exp esión de una eligión ci il como ni el p opio Rousseau pod ía soña ,
y que es suscep ible de elabo ación eológica.
Aho a, y después de habe señalado que el p oceso de secula iza-
ción es na u al, se puede añadi que las sociedades complejas ienen su
legi imidad laical y que eje cen la au onomía de lo empo al ambién en
el o den eligioso, que hay o mas laicas de li u gia que pe enecen a la
es uc u a de la sociedad compleja, y que el c is ianismo posmode no
sabe de esa legi imidad y posee cla es pa a la a iculación en e ella y la
e c is iana.
[45] Incluso p escindiendo de la p edilección del Comi é Olímpico In e nacional y de
Du kheim po las bande as.
– 144 –
La palab a e ocaba odo lo ñoño, lo insulso, lo in an il en el sen ido de
ca en e de con enido y consis encia, lo emenino en el sen ido de la de-
jación de de echos y de au onomía. Suge ía la obediencia de quienes se
acogían a sag ado, a los p o ec o ados cle icales, po que no enían el a-
lo de a on a la ida po sí mismos.
En los ambien es eligiosos, la palab a e ocaba la ac i ud de sumi-
sión a Dios, la compasión, el amo , la obediencia, la humildad, como
alo es posi i os y en los que se podía llega incluso al he oísmo.
En cualquie caso, se a aba de ese conjun o de cualidades que
cons i uían lo que Maquia elo había llamado bondad, en con aposi-
ción a la i u1, y que más a de Nie zsche había ca ac e izado como
los alo es de los débiles y esen idos2. La piedad e ocaba esa cuali-
dad de las llamadas «buenas pe sonas», a las que el adje i o «buenas»
ma caba con el sello de la incapacidad pa a hace el mal, con el de
la insigni i cancia. Un homb e bueno, según el signi i cado más habi-
ual del lenguaje o dina io, y según la alo ación del sen ido común
de nues a cul u a mode na, e a un pob e homb e, un homb e incluso
o pe, on o. Po eso deci de alguien que e a bueno no cons i uía un
elogio, y pa a elogia se decía de alguien que e a muy in eligen e, o
emp endedo , o as u o, o alioso. A no se que se oma an odas las
p ecauciones lingüís icas, como hizo don An onio Machado. En onces,
y solo en onces, se podía deci de alguien que e a «un homb e, en el
buen sen ido de la palab a, bueno»3.
Po que has a hace poco oda ía esonaban con mucha ue za, y aun
lo siguen haciendo, las g andes p oclamas y las exho aciones, o mu-
ladas en los siglos XVI, XVII y XVIII. Guía e po u p opia conciencia, deja
u i ma, in en a u es ilo, no c eas más que lo que se puede p oba y
comp oba , supe a la supe s ición con la ciencia, decíde e a sali de esa
mino ía de edad culpable, sape e aude, a é e e a sabe , a e e e a pensa ,
a opina , a decidi , a se ú mismo.
La p ime a ez que se o mula on es as p oclamas ue en el siglo V
a. C. en G ecia, cuando hizo su apa ición en la his o ia de nues a cul u a
eso que llamamos ciencia. Y la p ime a ez que los homb es se lanza on
a i i las y enseña las ue on mi ados con ecelo po la sociedad en que
i ían, po las au o idades co espondien es, y en algunos casos, como el
especialmen e pa adigmá ico de Sóc a es, ue on condenados a mue e.
[1] MAQUIAVELO: El p íncipe. Mad id: Espasa, 1985, caps. XV–XXI.
[2] NIETZSCHE, F.: Genealogía de la mo al. Mad id: Alianza, 1972.
[3] MACHADO, A.: Poesías comple as. Mad id: Espasa, 1998, p. 93.
– 145 –
El deli o que se impu aba a quienes p oclamaban la ciencia de esa
mane a e a el de o ende a los dioses y al pueblo que los ene aba, y e-
cibía el nomb e de àsebéia, impiedad. El e bo àsebéo, signi i ca se impío,
ac ua p o anamen e, peca con a los dioses, y àsebéia, signi i ca impie-
dad, a eísmo. A su ez, sebomai signi i ca sen i un g an espe o o un g an
emo an e Dios, sen i un espe o o un emo eligioso, ado a y da
cul o, endi hono o mani es a un g an espe o4.
Po su pa e, en la adición omana, pius, signi i ca piadoso, «a ec o
a los pad es y a la pa ia» y de e mina el signi i cado de los é minos
apiada , despiadado, impío e impiedad»5. Po úl imo la e imología de
la palab a piedad apun a a la palab a la ina pie as, que signi i ca cono-
cimien o y cumplimien o de los debe es pa a con los dioses, la pa ia,
los pad es, los hijos, y en gene al de los debe es pa a odos aquellos con
quienes se ienen ínculos de sang e (los dioses, los la es, la ie a, los
pad es, los he manos, los hijos, e cé e a)6.
Y aho a la cues ión es ¿qué elación de incompa ibilidad o de an-
agonismo hay en e la eligión y la ciencia, en e los dioses y la p opia
conciencia, en e la a i mación de lo di ino y la a i mación de sí mismo,
pa a que se hayan p oducido ales con l ic os? Po que no se a a de un
con l ic o aislado en e la magis a u a a eniense y Sóc a es. O os i lóso-
os an e io es y pos e io es a él, singula men e A is ó eles, ue on acusa-
dos ambién de àsebéia, de impiedad.
En é minos muy abs ac os y gene ales puede deci se que el an ago-
nismo en e eligión y ciencia, en e piedad y au onomía, es el que hay en-
e ecibi algo y ob ene lo uno po sí mismo, en e he eda y conquis a .
5.2. El aidos (pudo ) pla ónico
En uno de los diálogos de madu ez, el Timeo, en el que desc ibe
el o igen del uni e so, Pla ón es ablece los c i e ios y las cla es de la
ac i ud cien í i ca, como con apues a a la ac i ud ulga o común, de un
modo cla o y dis in o, de un modo que se á acep ado y eje cido po las
gene aciones pos e io es has a nues os días.
[4] LIDDELL & SCOTT: G eek-English Lexicon. Ox o d: Ox o d Uni e si y P ess, 1991; oces
asebeia, àsebéo, y Sebomai. C ., PLATÓN: Eu i on. Mad id: G edos, 2000.
[5] COROMINAS, J.: B e e Dicciona io e imológico de la lengua cas ellana. Mad id: G edos, 1987,
oz: «pío».
[6] SEGURA MUNGUÍA, S.: Dicciona io e imológico la ino-español. Mad id: Anaya, 1985, oz:
«pie as».
– 146 –
Man iene, as una discusión de las eo ías opues as, que hay sola-
men e dos o mas de conocimien o:
«Dado que ienen di e en e o igen y son disimiles. En e ec o, la una
su ge en noso os po medio de la enseñanza azonada y la o a es
p oduc o de la pe suasión (pei ho) con incen e. Mien as la p ime a
a siemp e acompañada del azonamien o e dade o, la segunda es
i acional; la una no puede se al e ada po la pe suasión, mien as
que la o a es á abie a a ella y hay que deci que mien as cualquie
homb e pa icipa de es a úl ima, de la in eligencia solo los dioses y un
géne o muy pequeño de homb es»7.
Aquí Pla ón con apone el azonamien o e dade o, la enseñanza
azonada, que es acional y no puede se al e ada po la pe suasión, y
que co esponde a los dioses y a unos pocos homb es, a la pe suasión
con incen e, que es i acional, que puede se al e ada y de la que pa i-
cipan odos los se es humanos.
Pe suasión, no es simplemen e con icción, con encimien o. Pei ho,
es un a obamien o que pone al pe suadido en una si uación nue a a
pa i de la cual inicia un nue o ipo de ida casi di ina y es á capa-
ci ado pa a acome e acciones casi di inas, es un enamo amien o, una
g acia que con i e e una especie de sal ación8.
E idencia, en cambio, alude a la isión, a la elación con un obje o,
a una p oposición, a un apa ece que no implica a obamien o o éx asis
en el iden e. La e idencia no es una secula ización de la pe suasión, es
lo que la eemplaza cuando desapa ece; se exp esa con un é mino ela-
cionado con las ac i idades de e , apa ece , ilumina , y no con las de se
a eba ado o encido, con las de oí , con i a , c ee , obedece 9.
Pa a el Pla ón del Timeo pa ece que la belleza sup ema es la de los
núme os, que pe suadi es embauca según la p ác ica de cie a so ís ica
a la que comba e, y que no hay c i e io más segu o que la e idencia y
el azonamien o, es deci , que solamen e hay ga an ía de ce eza en la
isión in elec ual, en la lógica, en la e l exión ensimismada.
Pa a el Pla ón del Timeo el conocimien o se agua en el monólogo
de la elación suje o–obje o, es deci , en la eo ía ( heo eo, con emplación,
medi ación, especulación). Con ello, el conocimien o deja de pe enece
[7] PLATÓN: Timeo, 51e. Mad id: G edos, 1997.
[8] C . CARCHIA, G.: Re ó ica de lo sublime. Mad id: Tecnos, 1994. pp. 17 ss.
[9] C . LIDDELL & SCOTT: G eek-English Lexicon. Ox o d: Cla endon P ess, 1991; oces Pei ho,
Doxa, Dokeo, Phaino.
– 147 –
al ámbi o dialogal, al mundo de la ida, al lenguaje o dina io y ha pe di-
do oda elación con la g acia10.
La ac i ud del cien í i co es la de la sobe anía de la conciencia, y su
mé odo la e ue za. Esa sobe anía es la de quien no p egun a, sino que
obse a; no escucha, deduce; no ecibe, conquis a; no dialoga, e l exiona.
Po que la ealidad de e dad, la e dad de la ealidad, no es á en lo que
se dice de ella, sino en lo que se e.
Pe o an es de decan a se po es a ía de un modo an o undo y
igu oso como hace en los años de madu ez, en un pe íodo más ju enil
de su ida Pla ón había is o las cosas de o a mane a.
En el mi o de P ome eo y Epime eo ecogido en el diálogo P o ágo as,
y en el que se ela a el o igen del homb e, Pla ón cuen a que los dioses en-
ca ga on a P ome eo y Epime eo el do a a las di e en es especies anima-
les de ecu sos pa a la supe i encia, incluida ambién la especie humana.
Epime eo do ó a unos de ga as, a o os de elocidad, a o os de gua idas
y escondi es, a o os de as ucia y camu l aje. Pe o sin da se cuen a gas ó
odas las cualidades en los b u os, de mane a que cuando le llegó el
u no al homb e no quedaban ecu sos disponibles pa a él. Cuando
P ome eo llega pa a supe isa la a ea y se encuen a al homb e an
des alido:
«Roba a He es o y a A enea la sabidu ía de las a es jun o con el uego
( én en echnon sophían syn py i) (ya que sin el uego e a imposible que
aquella uese adqui ida po nadie o esul ase ú il) y se la o ece así,
como egalo, al homb e […] Y, debido a es o, el homb e adquie e los
ecu sos necesa ios pa a la ida, pe o sob e P ome eo, po culpa de
Epime eo, ecayó luego, según se cuen a, el cas igo de obo.
El homb e, una ez que pa icipó de una po ción di ina, ue el único
de los animales que, a causa de es e pa en esco di ino, p ime amen-
e econoció a los dioses, y comenzó a e igi al a es e imágenes de
dioses»11.
Con ello el homb e había ecibido la sabidu ía pa a conse a la
ida ( òn bíon sophían), pe o no la sabidu ía polí ica ( èn de poli ikèn ouk
eichen), po lo cual no e an capaces de ag upa se en ciudades, sino que se
ma aban en e ellos y andaban dispe sos, con lo cual e an ambién p esa
de los animales.
[10] Queda desa ollado con más de enimien o es e ema en An opología i losó i ca. Las
ep esen aciones del sí mismo. Mad id: Biblio eca Nue a, 2002, pp. 84 ss.
[11] PLATÓN: P o ágo as, 321d–322 a. O iedo: Pen al a, ad. de VELARDE, J.; 1980.
– 148 –
«En onces Zeus, emiendo que nues a especie quedase ex e mi-
nada po comple o, en ió a He mes pa a que lle ase a los homb e el
pudo y la jus icia (aido e kaì díken), a i n de que igiesen las ciudades la
a monía y los lazos comunes de amis ad»12.
Pla ón, que al i nal de su ida es á p opugnando una sup ema sa-
bidu ía epis émica, an o cien í i ca como i losó i ca, undada en la e i-
dencia, en pe íodos an e io es ha hablado de una sabidu ía écnica, que
es á dis ibuida desigualmen e, y de una sabidu ía polí ica, que es á dis-
ibuida «en e odos pa a que odos pa icipen de ella, po que [decla a
Zeus, de o o modo...] jamás hab á ciudades»13.
La sabidu ía écnica no es, de suyo, hos il a los dioses, lo que pasa
es que no bas a pa a ag upa a los homb es. En cambio la sabidu ía polí-
ica es la que esul a imp escindible pa a uni a los homb es en e ellos.
Y, ¿en qué consis e esa sabidu ía ci il, u bana, que gene a y man iene
la con i encia social? Consis e, según el mi o, en el pudo , aidos, y la
jus icia, diké.
La jus icia es, e iden emen e, esencial pa a la con i encia ci il, y es
a la que dedica más a ención P o ágo as, pe o el pudo apa ece ahí con
una ele ancia inusi ada, no encon ada an es ni después en la his o ia
del pensamien o.
Pudo , aidós, aidéomai, signi i ca sen imien o de pudo , pudo , (ing.
shame), modes ia, (ing. sel – espec ). En segundo luga signi i ca conside-
ación hacia los o os, espe o, e e encia y apa ece pe soni i cado en un
e so de Só ocles: «Aidós, que compa e el ono con Zeus». El adje i o
aidoios,a,on, se e i e e a pe sonas y signi i ca mi ado con e e encia, au-
gus o, ene able, y en elación con muje es signi i ca que me ece espe o,
e nu a. Po úl imo, en neu o ó aidoion y casi siemp e en plu al á aidoia,
signi i ca los geni ales14.
El pudo es un sen imien o, no una i ud, que nos hace espe a y
ene a a noso os mismos en p ime luga , nues o cue po y pa icu-
la men e los ó ganos sexuales, y, en segundo luga espe a y ene a a
los demás homb es y a la muje es como augus os y ene ables. El pudo
es á inculado al sexo po que el sexo es aquello de donde p ocede la
ida y de donde p ocedemos odos los se es humanos.
El sexo es ene able po que es an es que noso os y es la uen e de
donde p o enimos. Po eso suminis a la p ime a iconog a ía eligiosa
[12] Ibídem, 322 c.
[13] Ibídem, 322 d.
[14] LIDDELL & SCOTT: op. ci ., oces aidós, aidéomai, aidoios, a, on, aidoion ó.
– 149 –
de la humanidad, como ya se ha indicado, el alo y el iángulo púbico,
donde nues os an epasados del paleolí ico ene aban la omnipo encia
de las ue zas sag adas que o o gan la ida, al pad e y a la mad e.
Esa ene ación al o igen, a la ida, al o igen de la ida, a los geni-
ales, a los pad es, es aidos, pudo , sen imien o que comunica inmedia-
amen e la ce eza de que uno no es sobe ano ni absolu o, sino depen-
dien e y ulne able, y de que el p incipio no se conquis a. El pudo , en
p ime luga , es el sen imien o del que es y se sabe desnudo, descubie -
o, des alido, a me ced de los demás15.
Po o a pa e, el pudo dispone pa a la buena elación con los de-
más po que impulsa a espe a los y p o ege los, a impedi que sean des-
nudados, despojados y desga ados, a que sea descubie a su in imidad
ísica o su in imidad espi i ual. Po lo cual cuando ocu e algo de eso
sen imos pudo , e güenza. Y ese sen imien o es ene ación del o o
concediéndole la dignidad del mis e io, del o igen sag ado.
Ese sen imien o, y el compo amien o subsiguien e, gene an una
comunidad inicial en e los homb es, que se consolida a a és de
unas cos umb es y i udes, al menos esa i ud que se llama jus icia
y esas cos umb es de las que se dice que son jus as. El pudo y la jus i-
cia apa ecen así como el undamen o de la ida social, que es el único
ipo de ida sob e el que se puede desplega la ac i idad in elec ual
que llamamos ciencia y la que llamamos i loso ía.
El anciano Pla ón, el que es ablece en el Timeo la e idencia y la
ciencia como cla e del sabe y del o den, ampoco se ol ida po com-
ple o de es a p imacía del espe o, y deja cla o que la ciudad de las
ciencias y la i loso ía, A enas, se alza en e i o io he áclida, es deci , en
una zona de la ie a que Hé cules domes icó median e la lucha y ci ili-
zó median e la gue a, o sea, en un ámbi o que hizo habi able median e
una especie de jus icia cósmica p imo dial.
Pla ón nos suminis a, pues, la p ime a o ma de di e gencia y de
con l ic o en e la ene ación del o igen y la au onomía del pensamien o.
Con odo, el pudo , no uel e a apa ece en las ob as de los a adis as
po que la unción que Pla ón le a ibuye en la cons ucción del o den
ci il, pasa a se a ibuida a o o sen imien o, que es ambién manda o
y i ud, y que los la inos designa on con el nomb e de pie as, piedad.
[15] El pudo iene muchas más dimensiones y conno aciones, algunas de las cuales he
desc i o en La sup esión del pudo y o os ensayos. Pamplona: Eunsa, 1990. En su e ien e de
pudo sexual lo ha analizado sob e odo SCHELER, M.: La pudeu . Pa is: Aubie , 1952.
– 150 –
5.3. La pie as omana y la pie as c is iana
Roma no iene una mi ología an elabo ada como la g iega, sino que
adop a es a al como ya había sido desa ollada, al ocupa los e i o ios
helénicos y al impo a su cul u a, pe o hay una eligión omana p imi-
i a, más exac amen e, e usca. Los p imi i os dioses omanos, e uscos,
son los La es, di inidades de las enc ucijadas y de los ecin os domés-
icos, y no hay ela os mí icos de ellos. Jun o a los La es, los omanos
ene an a los Manes, que son las almas de los mue os, a los que inden
cul o en di e sas ocasiones, especialmen e en los Compi alia, una de las
i es as de los La es de las enc ucijadas. Jun o a ellos, ene an ambién a
los Pena es, di inidades que p o egen el hoga y que es án ne amen e di-
e enciadas de los La es, pe o de los cuales ampoco hay ela os mí icos.
Los La es e an ep esen ados po es a uas de jó enes, mien as que los
Pena es e an pode es in isibles. Los La es se inculaban al luga ísico
de la casa y los Pena es más bien la en idad mo al que e a la amilia. El
Es ado Romano enía sus Pena es y Eneas, en su huida de T oya, había
aído consigo a los suyos a I alia16.
Los dioses omanos son, pues, los an epasados, los pad es, como en
la an igua China y el an iguo Japón. Son dioses de la ie a y de la casa, del
nomb e y del apellido, del sexo y las cos umb es, y no dioses de la luz y
del cielo, de la in eligencia y las a es, de la belleza y el sol. Aunque no al-
an en el Olimpo g iego di inidades elú icas y domés icas, no son las que
más des acan en el conjun o, ni las que co esponde a la pleni ud de G ecia.
Los dioses más p opiamen e g iegos son dioses de homb es que alo an
sob e odo la ciencia y la e idencia, lo absolu o y lo bello, lo au osu i cien e
y e minado. Los dioses de Roma, en cambio, son dioses de homb es que
alo an sob e odo lo pasado y lo ecibido, lo pa icula y lo enlazado a lo
pa icula , lo que es iniciado y con inuado más allá del p opio alcance.
El pad e de la pa ia omana, Eneas, hijo del oyano Anquises y de
Venus, a a iesa el medi e áneo con su pad e anciano en b azos, has-
a que lo deposi a y lo en ie a en el suelo pa io de I alia, po lo cual
Vi gilio lo nomb a siemp e con el cali i ca i o po el que des aca sob e
cualquie o o se humano, Pius Eneas, el piadoso Eneas. La piedad es la
i ud de Eneas y la i ud de Roma, eso de i ne la esencia de la ciudad y
del impe io y da azón de su exis encia, y así lo e i e e Cice ón en o gu-
llosa con on ación con los maes os de la escuela de A enas.
[16] C . GRIMAL, P.: Dicciona io de mi ología g iega y omana. Ba celona: Paidós, 1990; oces:
La es, Manes, Pena es.
– 151 –
Cice ón esc ibe su a ado Sob e la República pa a expone sus ideas
polí icas de un modo análogo a como lo habían hecho Pla ón y A is ó eles
en los suyos, y en el lib o II decla a:
«La en aja de nues a epública sob e las o as es aba en que en es as
habían sido casi siemp e pe sonas singula es las que las habían cons-
i uido po la educación de sus leyes, como Minos en C e a, Licu go
en Espa a […] en cambio, nues a epública no se debe al ingenio de
un solo homb e, sino de muchos, y no se o mó en una gene ación,
sino en a ios siglos de con inuidad […] Consegui é mejo mi p o-
pósi o si os mues o cómo nació y c eció nues a epública, y luego
ya o mada, es able y ue e, que si, como hace Sóc a es en la ob a de
Pla ón, yo mismo me imagino una»17.
Como puede ad e i se, Cice ón con apone su concepción polí-
ica, basada en la adición, ale deci , en la piedad, a la de Pla ón,
basada en la e idencia de las ideas cla as y dis in as. Po eso alaba a
Rómulo en con aposición a Tacio, po que «con ó mucho más en su
einado con la au o idad y el consejo de los pad es»18. Y po eso, como
cla e de bó eda, Roma concibe y exp esa la au onomía en é minos de
pie as. En e ec o, los omanos son lib es po que no ienen dueño, como
los escla os. Los escla os ienen dueño po que no ienen pad e, y los
omanos, po que ienen pad e, no son escla os sino hijos, que en la ín
se dice libe i, lib es19.
En es a pe spec i a, el undamen o de la au onomía y sobe anía, de la
libe ad, es la e e encia al pad e y los an epasados, la pie as. En la G ecia
clásica el undamen o de la libe ad es la conciencia, el in elec o, la e iden-
cia y la ciencia, y aunque en úl imo é mino se econoce que esas cualida-
des y ac i idades son posibles solamen e en suelo pa io, en la polis, el p o-
agonismo de Hé cules y los an epasados y la audiencia que se les concede,
es meno que la concedida a Zeus y A enea, de mane a que el pudo , aidos,
queda emi ido a un segundo plano y se pie de de is a an e el cielo y la
luz de los olímpicos.
La pie as omana es ecibida con oda su ampli ud y esplendo en
el c is ianismo, pe o el c is ianismo le añade alguna peculia idad, que
esul a de e minan e pa a la piedad mode na.
[17] CICERON: Sob e la República. Mad id: G edos: ad. de D’ORS, A.; 1984, pp. 86–87.
[18] Ibídem, p. 93.
[19] Ibídem, p. 108 y no a 227.
– 152 –
La pie as omana es la ene ación a los pad es, pe o en el c is ia-
nismo el pad e po excelencia, «de quien p ocede oda pa e nidad en el
cielo y en la ie a»20, es Dios, de mane a que la piedad en a en el o den
de la e elación y la edención como cla e de las elaciones del homb e
con Dios. Además de la i ud que encauzaba las elaciones con los pa-
d es y consanguíneos, la piedad pasa a se un don del Espí i u San o,
que encauza las elaciones del homb e con Dios. En e ec o:
«El Espí i u San o nos mue e pa a que engamos un a ec o i lial a
Dios, según aquello de la Epís ola a los Romanos, 8, 15, “habéis ecibi-
do el espí i u de adopción de hijos, en el cual clamamos Abba, Pad e”.
Y dado que pe enece p opiamen e a la piedad “ endi ene ación y
cul o a los pad es”, se sigue que la piedad median e la cual endimos
a Dios ene ación y cul o como Pad e po ins in o del Espí i u San o,
es un don del Espí i u San o»21.
Aho a bien, así como a los pad e no se les elige, y lo que se ecibe de
ellos pe enece al o den del des ino o del a um, a Dios Pad e de Jesús sí
se le elige, pues se comienza a o ma pa e de su amilia, de su Iglesia,
po el sac amen o del bau ismo, que es p ecisamen e el nacimien o a la
ida sob ena u al. En es o los c is ianos se di e encian ne amen e de los
judíos, pa a quienes su elación con Yahweh Dios es ambién de o den
genealógica, como en e los omanos, pues o que Yahweh es el Dios de
sus pad es, a los cuales no se elige y de quienes se ecibe odo.
En el c is ianismo el sac amen o del bau ismo iene inicialmen e
como equisi o la libe ad, que es la condición pa a ecibi lo álidamen-
e. Po eso cabe deci que el c is ianismo, inicialmen e, y de un modo
más adical que G ecia, unda la piedad en la au onomía del indi iduo,
pues o que la piedad iene como base una adopción pa e no– i lial que es
lib e po pa e de Dios y po pa e del homb e.
A los pocos siglos de igencia del c is ianismo, el bau ismo deja de
unda se en la libe ad y pasa a o ma pa e de una he encia biológica
y cul u al. En onces, la elación con Dios basada en la decisión lib e, es
deci la piedad basada en la libe ad, que e a p opia del bau ismo, pasa
a basa se en los o os, que gene an así las éli es de los emancipados de
la sucesión genealógica.
Los o os son espec o de los c is ianos no males, espec o de la
c is iana masa del ulgo, lo que e a el bau ismo espec o de los in i eles, a
[20] Epís ola a los E esios, 3, 14–15.
[21] AQUINO DE, Tomás: Summa Theologiae, II–II, qq. 121, a 1 c.
– 153 –
sabe , aquello que con iene y ecoge la excelencia de la ida di ina pa a
cus odia la en su ejempla idad y pu eza, pa a cul i a la a sal o de la
degene ación que le a ec a a esul as de su ulga ización y masi i cación,
y pa a di undi la en e odos los homb es, an o en e los c is ianos ul-
ga es como en e los in i eles.
De es a mane a la piedad deja de se la i ud po la que los hom-
b es se e i e en a su o igen, a los pad es, y pasan a e e i se, desde su au-
onomía y libe ad, a Dios. Los homb es lib es, la éli e de los excelen es,
iden i i cada con Dios y dedicada a su se icio, iene aho a como a ea la
edención de los demás, la sal ación de las mise ias humanas que, sob e
odo, aquejan al ine me ulgus, y es o hace posible un nue o sen ido de la
piedad que apa ece en la mode nidad eu opea.
El con l ic o que en G ecia se plan ea en e ene ación a los dioses y
au onomía del pensamien o, del homb e, se plan ea en el medie o como
con l ic o en e adición y au onomía. En e adición omana y au ono-
mía de los bau izados, o en e adición c is iana y au onomía de los con-
sag ados, de los que median e los o os en an en las éli es de los llama-
dos es ados de pe ección.
5.4. El modelo del Sel Made Man y la piedad mode na
Si hay un momen o en que en nues a cul u a se p oduce el g an
iun o y la pene an e imp egnación de los alo es de la e idencia y la
ciencia, de la au onomía y la libe ad, sob e cualesquie a o os alo es
cul u ales es en la mode nidad. Si hay un pun o de pa ida de ese nue o
p oceso es el siglo XVII, y si hay un de onan e y p ime p o agonis a de
odo el e en o ese es Desca es. Desca es es ealmen e el c eado del
modelo del Sel Made Man y el que lo pone en ci culación pa a los occi-
den ales de los siglos pos e io es.
La ob a i losó i ca en que se exponen sis emá icamen e las en a-
jas de la e idencia sob e la pe suasión como modo de conocimien o,
que Pla ón solamen e esboza en el Timeo, es El discu so del mé odo, de
Desca es. Su plan eamien o es bas an e simila . Dado que enemos
una g an can idad de conocimien os y ce ezas, de los cuales unos son
e dade os y o os no, si pudié amos p escindi de los no e dade os
y es ablece un p ocedimien o pa a acep a solamen e los que lo son,
la humanidad da ía un gigan esco paso hacia adelan e. ¿No se ía un
g an log o pa a la humanidad si ella pudie a ga an iza se a sí misma
– 256 –
Po el con a io, lo «cómico absolu o» o g o esco es una «pu i i ca-
ción» de la isa o una isa pu i i can e, un aba imien o del espí i u en el
cual se íe de sí mismo y alcanza la humildad su i cien e como pa a llega
a la sabidu ía que le pe mi a se edimido y ele ado po encima de su
o gullo.
Lo cómico signi i ca i o es imi ación, mien as que lo cómico abso-
lu o, lo g o esco, es c eación, iniciación de lo nue o, o igen, p incipio,
mi ada inédi a, dado que «uno de los asgos más ca ac e ís icos de lo
cómico absolu o es igno a se a sí mismo»47.
Baudelai e apun a en su clasi i cación a la his o icidad de la isa, a
su di e si i cación según ca ac e es nacionales y dis ancias cul u ales,
y a su adicalidad on ológica y eligiosa. En unción de eso dis ingue
en e lo cómico signi i ca i o, que se mani i es a en la idiculización de
las cos umb es y que exp esa la supe io idad «del homb e sob e el
homb e», y lo cómico absolu o, que se mani i es a en la isa y que ex-
p esa la supe io idad «del homb e sob e la na u aleza».
«La isa causada po lo g o esco iene en sí algo de p o undo, de
axiomá ico y de p imi i o que se ap oxima mucho más a la ida inocen-
e y a la aleg ía absolu as que la isa o iginada po la comicidad de las
cos umb es»48.
La ida inocen e y la aleg ía absolu as de las que habla Baudelai e
se co esponden con esa «segunda inocencia» con la que Nie zsche ca-
ac e iza el a eísmo, y que es la p opia del homb e que ha pasado esas
« es ans o maciones del espí i u». La ase de camello, en la que « oma
sob e sí ca gas pesadísimas y ma cha hacia su desie o», y la ase de
león «en que el espí i u no puede oda ía c ea nue os alo es, pe o sí
p opo ciona se libe ad pa a nue as c eaciones», pa a llega i nalmen e
a la ase del niño, donde «el niño es inocencia y ol ido, un empeza de
nue o, un juego, una ueda que gi a, un p ime mo imien o, una san a
a i mación»49.
Na u almen e la segunda inocencia no se pa ece en nada a la p i-
me a. La isa de los sapiens p epa lan es o de los ibe os p e omanos es
la de unos ac o es que acaban de es ena se en un i ine a io humano que
oda ía ni siquie a es pe cibido como i ine a io; es la p ime a pe cepción
de que los escena ios no son absolu os.
[47] BAUDELAIRE, C.: op. ci ., 50.
[48] Ibídem, p. 34.
[49] NIETZSCHE, F.: Así habló Za a us a, De las es ans o maciones. Buenos Ai es: Aguila ,
1974, pp. 253–254.
– 257 –
La isa de A is ó anes o de Te encio es la pe cepción de la i ia-
lidad de aspi aciones humanas supues amen e g andiosas. La isa de
Ce an es es (desde el pun o de is a de Hegel) la ep esen ación de la
i ialidad humana como algo i ial. La isa de Schlegel y algunos pos-
mode nos es la idiculización de lo ealmen e alioso y absolu o en sí, o
sea, nihilismo y i olidad.
La isa de Nie zsche, Bo ges y Foucaul es, como lo cómico abso-
lu o de Baudelai e, lo sublime de Kan , y el humo ismo de Pi andello,
la supe ación de odo lo con ingen e que los ac o es humanos cumplen
pa a e e i se a lo que es á más allá apoyándose en la segu idad del sí
mismo p opio no de e minable concep ualmen e, de la subs ancia igno a
del p opio se , del se inci cunsc ip ible, del pode sag ado que edime,
o del pode simplici e .
La isa llega con inuamen e a los lími es del mundo y ma ca los
lími es de cada ealidad, señala que allí donde e mina el cosmos em-
pieza el caos, y que jun o al caos y den o de él apa ece, según los mo-
dos que el pensamien o iene de ace ca se y de e e i se a él, de eí se an e
él, la nada, el mal, lo sa ánico, el se o igina io, el sí mismo del cosmos, el del
homb e o lo inci cunsc ip ible.
La isa siemp e p opone en e a cada cosa una al e na i a, en una
dilemá ica y una e ís ica que iene alo heu ís ico en cuan o que pe -
mi e encon a lo nue o, y en cuan o que siemp e le an a ac a de los
lími es del pensamien o. La isa enseña a dis ingui en e sí el caos, la
nada, el mal, el se o igina io, la libe ad, la inocencia, Dios. Pe o cuan-
do lo log a ya ha hecho un eco ido muy amplio, y ya no es la isa de
los p imi i os ibe os, sino, si acaso, la de los úl imos o, mejo , la de los
penúl imos.
No podemos deci que sea la de los úl imos, ni que se a e de la
úl ima isa, po que esa no podemos sabe cuál es. Y no podemos sabe -
lo no solo po que igno amos cuán as acon ece án pos e io men e, sino
po que la posmode nidad iene azón cuando dice que no es posible
con inua se iando los p ocesos cul u ales en unción de una his o ia li-
neal y unidi eccional.
Si los p ocesos cul u ales son p ocesos no lineales, en onces no pue-
de habe ampoco una isa que sea la úl ima, po que no sab íamos es-
pec o de cuál se ía la úl ima. Y po lo que se e i e e al conocimien o del
pun o de apoyo del suje o que íe, cabe obse a que es impo an e pa a
analiza la isa, pe o no pa a eí se. El que se íe, se sien e segu o, pe o
no necesi a da cuen a e l exi amen e de su segu idad. Po eso ambién
escapa a nues a e l exión el que ía el úl imo.
– 258 –
Si la isa no puede se ia se, ampoco puede acumula sob e sí pesa-
das ca gas como la del camello, y po eso iene an e sí una plu alidad de
comienzos nue os, lo cual signi i ca una o ma ambién nue a de eje ce
el pensamien o que no es la de la con inuidad en la secuencia lineal, sino
más bien la de la di e sidad de comienzos plu idi eccionales.
En cualquie caso, la isa pe mi e el acceso a un sí mismo p opio
que se di e encia de sus ep esen aciones y pe mi e comp ende las en
su plu alidad y en su con ingencia, a pa i del p incipio que, o mulado
en é minos coloquiales y popula es, se enuncia a i mando que «se »
es «se cachondeable». La isa es el sen imien o p oducido po el juego
c eado con el se y la nada, la unidad de la iden idad y la di e encia
en e c eado , c ea u a y nada, la pleni ud del gozo lúdico c eado , que
po de i nición se si úa en el se inamisible.
– 259 –
EPÍLOGO CONCLUSIVO
1. Fue za, azón y sen imien os. Lo acional y lo sen imen al
EL se humano en el p incipio u o ue za, después azón y después
sen imien os. En el comienzo de su exis encia como especie, los hom-
b es exp esa on sus emociones como los animales, su compo amien o
se eguló po la sa is acción de sus necesidades y su ideal sup emo ue
la habilidad cazado a y gue e a. En el neolí ico, con la gene alización
de los asen amien os u banos y la esc i u a, su compo amien o empezó
a egi se po la azón, su ideal sup emo ue con ola median e ella las
pasiones, y sus aspi aciones máximas la polí ica, la iqueza, la ciencia
y el a e. En el pos neolí ico, los homb es se iden i i can como humanos
po los sen imien os, egulan su compo amien o median e ellos y iene
como ideales y aspi aciones máximos el gozo de la ida con o able pa a
odos.
Esos sen imien os y esos deseos, a su ez, pasan po di e en es ases.
P ime o son ue zas sob ena u ales, pode es sag ados, luego a ibu os
di inos, más a de dioses pe sonalizados, en una ase pos e io elemen-
os de la na u aleza humana, iempo después pasiones y sen imien os
animales que se oponen a la azón, a comienzos de la mode nidad indi-
cios ín imos de lo bueno y lo malo, y a pa i del siglo XX aíz y cla e de la
humanidad. Todo ello al i mo que ma caban el desa ollo demog á i co
y la di isión del abajo, con o me había cada ez más pe sonas y cada
ez más elacionadas en e sí, has a alcanza la ase de la eminización
de la ida labo al y la ida pública.
De los es g andes pe íodos señalados, el p ime o (el paleolí ico
humano) du a unos 140.000 años, a lo la go de los cuales homb es pa-
san de se 100.000 a se 6 millones. El segundo (el neolí ico) du a unos
10.000, en cuyo anscu so pasan de se 6 millones a se 2.530 en 1950.
Y el e ce o (el pos neolí ico) aba ca casi unos 100, du an e los cuales
pasan de se 2.530 millones en 1950 a se 6.055 en el año 2000. Si se iene
– 260 –
en cuen a la ida media en odos esos pe íodos, y en luga de con a i-
das humanas comple as se cuen an años de ida humana, esul a que la
humanidad ha i ido más iempo desde la mode nidad has a el siglo XXI
que en cualquie o o pe íodo1.
Cualesquie a que ue an las capacidades sen imen ales del homb e
p imi i o, su ida se egulaba po las exigencias de supe i encia. Esa
p io idad daba p imacía absolu a a la comunidad sob e los indi iduos.
La disciplina de los sis emas de abúes con i gu aba sus sen imien os
y deseos en el plano psico– i siológico y los encauzaba en el plano so-
ciológico cul u al. Po muy explosi os o delicados que ue an los sen-
imien os, se exp esaban muy i ualmen e, muy hie á icamen e, según
pa ones muy es anda izados. Como ocu e en los g i os de gue a y
explosiones de i a de los samu ái, de los ban úes y de los sioux, o en las
danzas de las baila inas ailandesas, pe sas y massai2.
La e e encia y la inculación de los indi iduos a un núme o c e-
cien e de ins i uciones con o me las sociedades se hacen más complejas
y las poblaciones más nume osas, p oduce en ellos un dis anciamien o
cada ez mayo espec o de esas ins i uciones, dis anciamien o que es
la e ien e sociológica de lo que la psicología llama «dis ancia de ol».
El aumen o de esa dis ancia psicológica y sociológica lle a consigo la
disminución del con ol social has a casi despa ece , el debili amien o de
los ínculos de au o idad en odas di ecciones y en odos los ni eles, y
el inc emen o de la libe ad y au onomía en odos los ni eles. Todo ello
implica que los homb es, y en el mismo g ado las muje es, cada ez pue-
den elegi más en e más a iedad de sis emas no ma i os de di e en es
ni eles, y que cada ez pueden a ende más a sus p opias mo i aciones
in e io es, es deci , a sus sen imien os.
En los comienzos de nues a e a, y en la incipien e Eu opa, se p odu-
ce un equilib io su i cien e en e la comunidad y el indi iduo como pa a
que se pueda p o e i la ó mula Homo sum e nihil humanum a me alienum
pu o, homb e soy, y nada humano me es ajeno3. Es a ó mula, del siglo II
a d. C., ma ca el momen o en los sen imien os de solida idad, de comuni-
dad, de piedad, de solici ud eme gen en unos cuan os indi iduos sobe a-
nos, lib es, eniendo como obje o la comunidad uni e sal, la humanidad.
La his o ia de los sen imien os es ambién la his o ia del p oceso po el
[1] LIVI-BACCI, M.: His o ia mínima de la población mundial. Ba celona: A iel, 2002, p. 44.
[2] h p://www. odobailes.com/h p://www.you ube.com/wa ch? =iT3kIbPlsNk& ea
u e= ela ed
[3] TERENCIO AFRICANO, P.: Heau on Timo oumenos (El enemigo de sí mismo), 77.
– 261 –
cual esos sen imien os de algunos omanos po odos los homb es pasan a
se los sen imien os de odos los homb es po odos los homb es.
Los homb es han de e minado la máxima pe ección de lo humano
de modos di e sos en los di e en es pe íodos de su his o ia y han p ocu a-
do alcanza la pa a si ua se y ealiza se en ella, ya la ue a la ue za ísica,
la azón o los sen imien os. ¿Po qué la máxima pe ección humana ue la
azón más que la ue za? Po que la azón esul ó se mucho más ue e
que cualquie ue za. Po que la azón le puede a odas las ue zas, las
gene a, las con ola, las ans o ma, las combina y las aplica. Y ¿po qué
la quin aesencia de lo humano adicaba en los sen imien os más que en la
azón? Po que la azón pueden imi a la las máquinas y ene la, la pueden
eplica y mul iplica pe o los sen imien os y las alo aciones, no.
La azón es a empo al, uni e sal, impe sonal, pública. La azón es á
ambién, aunque inconscien e, en los ins in os animales, en los p ocesos
ege ales y en los sis emas cósmicos. La pe sona es empo al, singula ,
ín ima y au oconscien e, como los sen imien os. Los sen imien os son la
au oconciencia de los di e en es momen os de la exis encia empo al en
su singula idad i epe ible.
La azón es á en odas pa es y a disposición del que la descub a y la
siga. Los sen imien os son la pe sona. La azón es la e dad anspa en e
de lo eal y ambién de lo posible. Los sen imien os son la ce eza un an o
opaca (no au o anspa en e del odo) de la exis encia empo al y i ni a4.
Son los sen imien os, más que la azón, los que cons uyen, desde
la an opo agia paleolí ica has a el holocaus o pos neolí ico, la unidad
de la comunidad de la humanidad, la unidad de sus sen imien os, alo-
aciones, aspi aciones, emo dimien os y nos algias, es deci , la unidad
é ica del géne o humano.
A medida que se sua izaba el hie a ismo de los i os, eme gía la in-
imidad au oconscien e, se econocían los pode es sag ados an o ue a
como den o del co azón humano, y se encon aban los alo es sup e-
mos en las elaciones de comunidad con un núme o cada ez mayo de
pe sonas, el cen o de g a edad de la esencia humana, el sen ido de la
exis encia humana se dis ancia de la azón y se ace ca a los sen imien os.
El desa ollo del enómeno u bano hecho posible po el neolí ico, y
el de la azón y la indi idualidad que iene luga en la Eu opa p imi i a,
ab en ma gen pa a la ampliación de la gama sen imen al, que encuen-
[4] Pa a una análisis más comple o de la con aposición en e azón y sen imien os en
unción de la au oconciencia, c . Blade unne . “Con ingencia de lo humano”, en CHOZA, J.
y MONTES, M. J.: La an opología en el cine, ol. II. Mad id: Labe in o, 2001.
– 262 –
a exp esión a su ez en una gama más amplia de c eaciones a ís icas,
an o de las a es plás icas como de las escénicas y musicales. Con el
nacimien o de la mode nidad, los sen imien os empiezan a egi el com-
po amien o de los homb es, y empiezan a se un ac o de e minan e de
la con i gu ación social, del o den y deso den social. Los homb es se acos-
umb an a segui sus sen imien os y a egi se po ellos. Se casan po amo ,
se elacionan con sus dioses según sus pe sonales o mas de sen i , se
apiadan cada ez más de los desposeídos, de la supe ación de las mise ias
y de busca el mayo bienes a pa a odos. Se p oduce la g an expansión
de la bene i cencia, en p ime luga , y la educción de las penas y cas i-
gos en segundo é mino, has a la abolición de la pena de la mue e y la
o u a, y el g an despliegue de los analgésicos.
Con el nacimien o de la mode nidad, pa alelamen e, la acionalidad
y el indi idualismo eu opeos inciden sob e las o mas de ida del neolí-
ico de Amé ica. El hie a ismo sen imen al de los na i os ame icanos e-
cibe, además de esa indi idualidad y ese acionalismo eu opeos, la es i-
dencia y la ue za de las cul u as a icanas, y en esa sín esis se libe an las
ue zas sen imen ales de mayo po encia y alcance de la especie humana.
La sen imen alidad la ino–a o–ame icana egis a, p obablemen e,
la co a más al a de libe ad y iqueza exp esi a de la especie humana,
que encuen a su cauce en las a es escénicas y musicales. Jazz, blues,
salsa, umba, samba, co ido mexicano, ango, guaji a, habane a, eleno-
elas la inoame icanas, e cé e a, se ab en a su ez en múl iples a ian-
es que con as an con el hie a ismo de los can os y danzas olkló icas
de o as zonas geog á i cas5. Y se hacen p esen es en los me cados de
Eu opa, Á ica y Asia, en los hoga es, en las i es as y en las idas de los
homb es de odos los con inen es. Como si esa acionalidad de la espe-
cie humana desa ada en la an igua G ecia u ie a una úl ima i gu a en la
sen imen alidad con empo ánea la ino–a o–ame icana.
2. En oques eó ico y p ác ico en el análisis de los sen imien os
Ni el desa ollo de la acionalidad ni el de la sen imen alidad esul-
an de un p opósi o e l exi o polí ico o económico. La cul u a no se ige
po la conciencia e l exi a más que en una pequeña medida. La azón
[5] Las aíces de esa iqueza esul an, muy p obablemen e y en úl imo é mino, de la usión
del sen ido eu opeo de la libe ad indi idual y del sen ido de la libe ad indi idual que se
pe cibe en las múl iples o mas de la danza y el olklo e de los pueblos ban úes.
– 263 –
cien í i ca y la exp esión sen imen al ampoco, a pesa de las eno mes
epe cusiones que ienen ambas en la ida humana indi idual y social.
Cuando esas epe cusiones consis en en al e aciones p o undas del
o den es ablecido, en onces el sen ido de la esponsabilidad mo al, po
una pa e, y la nos algia de la e i ciencia polí ica, po o a, gene an una
especie de demanda de acción y de o ien ación que se di ige a los que
desc iben los p ocesos cul u ales, es deci , a los i lóso os, his o iado es,
e cé e a. Se les pide o ien ación a ellos, unas eces, y o as, incu iendo
en la consue udina ia p ác ica de ma a al mensaje o, se les acusa de im-
píos y co up o es. A Soc a es se le acusó de co up o , a Lu e o, Desca -
es y Rousseau ambién6, y desde luego, a Kan , Hegel, Ma x, Nie zsche,
Sa e y an os o os. Pe o ambién a Da win, Joyce, Rodin, Modigliani
y muchos más.
En el caso de la his o ia de los sen imien os, pues o que los sen imien-
os son las alo aciones que el homb e hace, los juicios inmedia os sob e
lo bueno y lo malo del o den es ablecido, y sob e lo bueno y lo malo del
o den a es ablece , esa demanda llega a se exigencia en onos pa é icos y
g a es. Los ag icul o es y ganade os ambién desea ían ene pode sob e
los me eo ólogos, y los me eo ólogos pode sob e el clima, y en ocasiones
se llega a ni eles de inculpaciones y exigencias de calib e análogo.
En los comienzos del siglo XX, las ans o maciones e inno aciones
se i enciaban desde el e o e oluciona io que aún pe sis ía p o-
enien e del XVIII y el XIX, y, po an o, como ad enimien o del eino
de los i nes, como ealización del pa aíso en la ie a. El comienzo del
siglo XXI, aunque egis a ans o maciones quizá mayo es, y además,
la liquidación de g andes pau as que u ie on igencia du an e la mo-
de nidad, sin emba go no i encia los cambios desde ese e o e o-
luciona io, sino, si acaso, como p eludio del apocalipsis.
Como la conciencia común iende a iden i i ca sus c i e ios y cos-
umb es con la esencia humana, y a si ua su apa ición en el comienzo
de la his o ia, si le al a el e o e oluciona io iende a in e p e a las
ans o maciones que pe cibe como aniquilación de la esencia y como i n
de la especie, como i n del mundo y de los iempos.
Una his o ia de los sen imien os como es a puede b inda ayuda
pa a supe a la pe ezosa y simple dico omía ideológica en e la a i ma-
ción de que odo lo esencial pe manece cons an e desde el p incipio, y
la a i mación de que odo lo esencial esul a del di ícil es ue zo de la
conquis a.
[6] MARITAIN, J.: T es e o mado es. Mad id: Encuen o, 2006.
– 264 –
Como las dos a i maciones pueden se apoyadas con múl iples
ejemplos, ienen in e és solo pa a omen a el eje cicio de los azona-
mien os a gumen a i os. Esos azonamien os que si en pa a p oba
que uno iene azón, que enía azón, que su posición y su alo ación
e an las ace adas, que el se de las cosas y el acon ece de las cosas es án
a su a o . Esos azonamien os que ienen su pues o, y muy impo an e,
en la ida humana.
Es a his o ia de los sen imien os no se ha esc i o desde ese pun o de
is a, ni con ánimo a gumen a i o, sino, buscando al e aciones eales y
sus e ec os co espondien es. Tales e ec os lle an consigo, pa a muchas
pe sonas que i ie on su ju en ud oda ía en el siglo XX, un desconcie -
o y una pe plejidad de la que quizá se da azón en es e es udio, pe o
que no quedan disuel os simplemen e con la exposición de esa génesis
cul u al.
Occiden e ha i ido al menos cua o siglos con una es ic a disci-
plina sexual, en la cual lo que no es aba p ohibido e a obliga o io, y que
ha gene ado muchas de o maciones psíquicas y a i i ciosidades mo a-
les, de las cuales la expe iencia pe sonal de muchos occiden ales y la
li e a u a eudiana dan e. Esa disciplina y esas expe iencias es aban
inculadas a la au o idad de la eligión, po lo cual la e–con i gu ación
eligiosa pos neolí ica no podía lle a se a cabo sin g andes aumas pa a
las conciencias indi iduales.
Pe o como sexo y eligión o man una unidad con el ma imonio y
la amilia, con la a ención a los hijos y a los pad es, a los que nacen y a los
que mue en, con el sen ido del dolo y el su imien o, con el sen ido de la
mue e y del más allá de la mue e, la e–con i gu ación sexual y eligiosa
p opia del pos neolí ico lle a consigo ambién una e–con i gu ación de
los mapas exis enciales. No se a a, sin emba go, de un e ec o dominó.
No se a a de que una c isis del o denamien o sexual y del eligioso
hayan p oducido consiguien emen e una c isis en el o denamien o de
las elaciones pa e no– i liales, emenino–labo ales, polí ico–pa ió i-
cas, asis enciales–sani a ias, penales–policiales, e cé e a. Aunque el
ca ác e de sis ema que iene la cul u a pod ía a o ece las explica-
ciones del ipo del e ec o dominó, la c isis del pos neolí ico no iene su
de onan e en una de las es e as de la cul u a pa a ex ende se luego a
las demás. La c isis acon ece a la ez en odas po igual y quizá simul-
áneamen e, de mane a que es muy di ícil, si no imposible, explica
el enómeno en cla e de causalidad lineal e i cien e. Además, aunque
ue a posible, no end ía sen ido, y no se ía una explicación e dade a.
No iene ni sen ido ni e dad.
– 265 –
El desconcie o y el caos eme gen en las conciencias indi iduales
susci ados po el mundo de la ida, po la ida co idiana, que en su
ca ác e comple amen e asis emá ico y no pocas eces alea o io, lo p o-
duce en los indi iduos ambién asi emá ica y alea o iamen e.
¿Hemos alcanzado la elación adecuada y jus a en e los géne os?
¿Qué elación sexual oy a ene con mis amigas/os?, ¿qué oy a o a en
el e e éndum sob e el abo o?, ¿qué a a pasa si odo el mundo se di o -
cia?, ¿y qué a a pasa si no se casa nadie?, ¿me ecen la pena de mue e
esos c ímenes an ho o osos?, ¿me ecen apoyo los pa ida ios de la eu a-
nasia?, ¿qué ipo de eu anasia es la p opiamen e humana? ¿Qué dicen de
odo es o los obispos?, ¿y los cu as?, ¿y el papa? ¿Qué dicen los pa idos
polí icos?, ¿qué me decían mis pad es? ¿Qué dicen los i lóso os, los jueces,
los médicos…? ¿Qué dicen la p ensa, la ele isión y la adio?
Puede esul a chocan e que un lib o que dedica sus capí ulos a la
his o ia de los sen imien os ela i os al sexo, al ma imonio y la amilia,
a los pad es y a los hijos, al dolo , al su imien o y a la mue e en la cul-
u a occiden al, no esponda a esas p egun as y ni siquie a se las plan ee.
Pe o no choca an o si se cae en la cuen a de que al eco ido se puede
hace p ecisamen e si no se o mulan y no se esponden ales p egun as.
Uno de los mayo es p oblemas pa a el desa ollo del pensamien o
es la di e gencia en e el in e és p ác ico y el eó ico, en e la p eocupa-
ción mo al y la pasión c ea i a. La inquie ud de que algo que se quie e
deci , hace o ep esen a es pelig oso po que ab e el camino hacia el
caos mo al o social, po que no ad ie e de su p oximidad, po que no
ins uye sob e el modo de e i a lo, es un p oblema con el que el pensa-
mien o choca a eces.
A eces los a is as y los cien í i cos, los i lóso os o incluso los po-
lí icos, cuando siguen la ayec o ia de su inspi ación, no pe ciben que
sus c eaciones pueden se pelig osas desde el pun o de is a mo al. Eso
ale ambién, y mucho más, pa a los pensado es dedicados a la é ica y a
la eligión. Po que el «pelig o» de ansg esión de p ecep os igen e se
p oduce más ecuen emen e y con más ue za en la a ención a inspi a-
ciones é icas y eligiosas y en la ei indicación de esos alo es. Los im-
píos y co up o es de la ju en ud no han causado an o as o no social
y an a iolencia como los aná icos y los undamen alis as.
La a ención p e e en e a los p ecep os mo ales equie e mucha ci -
cunspección, una a ención concen ada sob e el con ex o i al, compues-
o de can idades cambian es de elemen os he e ogéneos, y equie e una
cie a dedicación exclusi a, ecuen emen e incompa ible con la inno-
ación y la c ea i idad, y con el iesgo que ambas suelen lle a consigo.
– 273 –
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