LA MODERNIDAD PROBLEMÁTICA DE VICO
RECEPCIONADA EN TRES FILÓSOFOS HISPÁNICOS
(F. ROMERO, J. XIRAU, J. FERRATER)
José M. Se illa
Sob e la base es udios an e io es el au o expone la ecepción de la mode nidad
“p oblemá ica” de Vico en la iloso ía española en el exilio. Asu ez, se ob ienen
algunas nue as ca ego ías que iluminan impo an es aspec os de las ideas de
es os pensado es “ ans e ados”.
Palab as cla e: Vico, E. Nicol, F. Rome o, J. Xi au, J. Fe a e Mo a, pensamien-
o hispánico, p oblema ismo, J.M. Se illa.
De eloping p eceden s udies, he au ho exposes he ecep ion o he “p oblema ic”
mode ni y o Vico in Spanish banished philosophy. Some new ca ego ies a e also
ob ained, ha cla i y impo an aspec s in he ideas o hose expa ia ed hinke s.
Keywo ds: Vico, E. Nicol, F. Rome o, J. Xi au, J. Fe a e Mo a, Spanish
hough , p oblema ism.
No nos pa ece pu o aza el que no pocos ilóso os españoles en el exilio hayan p es-
ado a ención especial a Vico, más allá de me as e e encias o b e es ci as en algunas de sus
ob as1. Cie os elemen os que con igu an el pe il de lo que conside amos un descub imien-
o po pa e de la iloso ía española en Amé ica (p incipalmen e en au o es como Imaz,
Fe a e , Nicol...) se deben, como hemos mos ado en nues o es udio sob e el Vico de
Eugenio Imaz2, a la publicación de la Ciencia Nue a en la edición de José Ca ne , pe o am-
bién a o os elemen os que con ibuyen al nue o in e és po Vico a ín al sen imien o epocal
de c isis en la iloso ía, la cul u a y la his o ia: el an ica esianismo, la eo ía de la decaden-
cia, el pensamien o en soledad, el his o icismo, e c. Cada ilóso o ha enido, en su caso y en
unción de sus posiciones (his o icis as, exis encialis as, pe sonalis as, e c.), un aspec o o
ca ác e di e encial que ha ma cado una cie a a inidad con el au o napoli ano (a eces di ec-
a, como en Imaz, o as angencialmen e, como en Xi au o Nicol); pe o odos ellos han es a-
do enma cados en un con ex o común de iloso ía de la c isis. El mismo hecho se ap ecia
ambién en algunos ilóso os la inoame icanos no pe enecien es a es a ca ego ía de españo-
les “ ans e ados” (al deci de José Gaos), como es el caso p ecla o del a gen ino F ancisco
Rome o. Como decimos, es e hecho no es casual, po que Vico ha sido y es, cie amen e, un
ilóso o de la c isis (de la suya p opia que le ha ocado i i ) y un ilóso o de las c isis (que
él ha ele ado al ango de ca ego ía his ó ica, cen al en la Scienza nuo a).
289©Cuade nos sob e Vico 17-18 (2004-2005)
Se illa (España). ISSN 1130-7498
© José M. Se illa Fe nández
Con ibución esc i a pa a el II Semina io In e nacional de Filoso ía Polí ica G. Vico y el mundo mode no (México, sep iemb e 2003).
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I. DESTELLOS DE UN VICO SOLITARIO EN FRANCISCO ROMERO
1. F ancisco Rome o (1891-1962) puede se conside ado el ilóso o a gen ino
(pe o español de o igen, nacido en Se illa y a incado desde muy jo en en A gen ina3, donde
desa olló su labo ilosó ica y académica) que, quizás, du an e la p ime a mi ad del siglo
XX, más ehemen emen e se haya dedicado a di undi la iloso ía en Hispanoamé ica; a la
ez que a p opicia una c eación ilosó ica hispanoame icana que, sin es a des inculada de
la adición eu opea, u iese su p opia especi icidad p oblemá ica y o iginalidad de pensa-
mien o4. G ego io Weinbe g lo conside a uno de “los e dade os a qui ec os de la cul u a
a gen ina”, no menos que p omo o de no ables emp esas cul u ales5; y Ma io Bunge eco-
noce que, además “de eje ce una conside able in luencia in elec ual, Rome o dio un ejem-
plo mo al” cuando enunció a sus cá ed as uni e si a ias y ambién cuando, más a de, “ ue
enca celado a causa de sus opiniones polí icas”6. Sín esis de una p esun a pa adoja, Rome o
compaginó du an e mucho iempo el uni o me mili a con la cá ed a uni e si a ia, sin que
apa en emen e hubie a oposición en ello o es e hecho cons i uye a un p oblema7. Él mismo
ha sido un ilóso o p oblema is a, un pensado que, si bien no llegó a asumi lo que noso-
os conside amos la p emisa básica de una on ología del p oblema ismo8, abande ó la idea
(eje ci ada ambién po o os ilóso os españoles en Amé ica, como po ejemplo Edua do
Nicol9) de la iloso ía como p oblema. En es e con ex o de una iloso ía de la p oblema ici-
dad ( alga en ende con ello odo lo con a io a la concepción dogmá ica de la iloso ía),
Rome o lle ó a cabo una pausada y se ena p oducción in elec ual, cen ada p incipalmen e
en la e lexión ace ca de la iloso ía, de la his o ia de és a y de sus elaciones con el hom-
b e, la cul u a y las ideas10. No es de ex aña que en e los au o es que en él in luyen se
hallen, además de Alejand o Ko n y Max Schele , ambién Wilhelm Dil hey, Nicolai
Ha mann y José O ega y Gasse ; és os es úl imos, ilóso os y on ólogos p oblema icis as
(en conc e o, O ega eo iza y susc ibe como base de su pensamien o la idea de que la ea-
lidad no es sus ancial sino p oblemá ica; y Ha mann asume al pie de su On ología la noción
de una iloso ía que a iende a los p oblemas más que a las soluciones). De O ega hab ía
ap endido Rome o que la iloso ía puede se una ciencia se ia adicada en el p oblema ismo
de lo co idiano. Una idea que odos hab ían podido ene en común y compa i con Vico.
És e mismo, como sabemos, de endía en iloso ía una ac i ud p oblema izado a11.
2. No nos pa ece o ui o, po an o, que al p o undo genio napoli ano o o “pensa-
do soli a io”, como F ancisco Rome o, le dedicase desde la ie a del Pla a una especial
a ención en algunos momen os. P incipalmen e cuando un Rome o madu o esboza en El
Nacional de Ca acas la igu a in empes i a de Vico, publicando un a ículo el 11 de agos o
de 1955 i ulado Juan Bau is a Vico, ilóso o a des iempo12. Un abajo insc i o en una se ie
sob e “ ipología” de ilóso os13 –en la cual, po ejemplo, ambién apa ece án Locke y
Leibniz, Meye son, o Dil hey “el agmen a io”–, donde lo impo an e en el en oque de
Rome o no es an o el con enido de ideas de cada ilóso o obje o de su a ención, como sí,
en cambio, la mane a en que las ideas de és os se p esen an den o de un con ex o anímico,
ci cuns ancial, his ó ico, e c., pod íamos deci : en su con ex o p oblemá ico14. No deja de
llama nos la a ención el hecho de que, siendo un esc i o de lib os más que de a ículos,
Rome o le dedicase unas de esas pocas p oducciones al ilóso o napoli ano, comenzando
po una no a en o no a Vico y con inuando po una e lexión ace ca de su gnoseología15,
has a su ci ado ensayo sob e Juan Bau is a Vico, ilóso o a des iempo.
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Como esul a ya indica i o en el í ulo “ ilóso o a des iempo”, el ecep o a gen i-
no nos mues a la imagen de un Vico “genial” pe o aislado en su época. Rema cando el
ca ác e pode oso del espí i u an e las ci cuns ancias, Rome o ma e ializa en el napoli ano
su isión del “homb e desdichado” que elabo a a una g an ob a en las condiciones más
penosas. El alo he oico del espí i u de Vico subyuga al a iculis a, quien no deja de na a
las agedias económicas y domés icas que, unidas a la al a de econocimien o in elec ual
po pa e de sus con empo áneos, con igu an los elemen os p incipales de obs aculización
al desa ollo del indi iduo Vico, cuyo espí i u asciende su p opia empo alidad con un pen-
samien o de u u o. No ue el au o de la Scienza nuo a –a juicio de Rome o– conocido ni
conside ado en su siglo, “po los más ue igno ado, y po algunos en endido sólo a medias”.
Si “Vico es un ilóso o a des iempo”, lo es po causa de su desconexión y alejamien o su i-
dos espec o a la cul u a eu opea de la época. Su iloso ía p ema u a y un des ino ealizable
sólo pos e io men e ha ían de él una igu a compa able únicamen e a He ácli o, quien
–según el au o – no ue uc í e o has a Hegel. Cuando Vico, al in oduci su “p incipio
nue o” del e um- ac um en el á bol de las ciencias, ealizó en és e la a e ida poda gnose-
ológica y el no edoso inje o epis emológico (coloca cada ama de las ciencias en su luga ,
en unción de la e ec i idad –es deci e acidad- ac icidad– cognosci i a) des inados a o de-
na el conocimien o his ó ico y cul u al como el más pe ec o, no pudo po menos que que-
da se ilosó icamen e solo, y, en es a soledad, espe a a se e ec i o y uc í e o con Dil hey.
Resul a signi ica i a la admi ación y el econocimien o que Rome o, un pensado
–como hemos dicho– in luido po Dil hey, Schele y O ega en e o os, p o esa a la unda-
men ación iquiana de la ciencia del mundo his ó ico; igual que signi ica i a es su cons an-
e a i mación del aislamien o y soledad que ca ac e izan an o la igu a de Vico como el pen-
samien o de és e; ópico que compa en ambién, po ejemplo, Imaz y Xi au. Siendo bas an-
e admi idas la idea de inope ancia y escasa in luencia del pensamien o iquiano en su época
y la imagen de pensado soli a io y aislado en Nápoles de las luc uaciones ilosó icas eu o-
peas16, no ex aña que Rome o pa icipe de la común isión sob e Vico dominan e du an e
an o iempo; ni que, po an o, plan ee el es ablecimien o de un puen e con que llega has a
él (si bien, o iginalmen e, es e puen e isionado po el ilóso o zapado se iende desde Vico
has a Dil hey y Spengle , o sea, insc ibiendo a Vico en la línea del his o icismo y des acan-
do undamen os epis emológicos semejan es y pe spec i as ilosó ico-his ó icas a ines).
Una in luencia de la e ec i idad de la pe spec i a iquiana –lo cual no signi ica, sin emba -
go, in luencia di ec a de ideas–, que en ambos au o es es señalada ambién po Kan Cle es,
ampliando el espec o de pensado es a ines a la di ec iz de la Scienza nuo a17.
Mas, en la semblanza que ealiza, Rome o p e ende des aca la ue za espi i ual de
un Vico que, en e a la ad e sidad, se c ece y es capaz de con igu a el más g ande p oyec-
o cien í ico de su época. Le a ae la ue za exis encia ia que impulsa a Vico con a el des-
ino des a o able; la pe sis encia del capi án que a e a ue emen e el imón y en ila la p oa
de su nue a ciencia hacia los ad e sos elemen os. Po eso, las cali icaciones espec o al iló-
so o Vico y al homb e Vico an de la mano en ágica p opo ción: “ ue un g an ilóso o y
un homb e desdichado”18. Más aún, Vico enca na al p o o ipo he oico, como uno de sus an-
os “ca ac e es poé icos”, del homb e que hace iloso ía au én ica es ando inme so en la des-
g acia: “Una de las más al as y conmo edo as lecciones que deben ap ende los homb es”
–dice el mili a ilóso o e i iéndose al napoli ano– “es la dic ada po muchos en e los
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mejo es, cuando o ecie on a la humanidad una ob a eminen e en iloso ía, las ciencias o las
a es, engend ada en el dolo , la angus ia, a eces en la desespe ación”19.
Es e dad que el soli a io ilóso o a gen ino peca de cie o oman icismo ingenuo
cuando asume y plan ea una ac i ud he oica, unida a la in eligencia, en pe sonajes que han con-
ibuido a en iquece la cul u a uni e sal con unas elabo aciones p oducidas “en las si uaciones
pe sonales más penosas y aun emendas”, como abajó Com e, esc ibió Spence los P ime os
p incipios, o edac ó Condo ce el Cuad o de los p og esos del espí i u humano. Pe o la noción
undamen al que anida en la concepción ome iana es bien simple, singula y plausible: no son
“dis in as y sepa ables” la ob a y su c eado ; no debe dis ingui se en e la ob a apo ada y la dis-
posición indi idual, pe sonal y i al de su au o ; “po que la ob a espi i ual es p ecisamen e c e-
ación y en ella a as undido lo mejo de su c eado , que p obablemen e alimen ó su agua con
su angus ia y decan ó su dolo en pensamien o o belleza”20. Po an o, la jus i icación de
Rome o es, adicalmen e, la de que pa a comp ende el ínculo en e los p oduc os de la in e-
ligencia y esos ac os de he oísmo esul a p eciso concebi la asociación del “co azón a la in e-
ligencia” (lo cual, dicho sea de paso, no deja de se una pos u a muy iquiana).
¿Dónde adica, en onces, la ac i ud i al he oica del “g an ilóso o” Vico; la com-
pos u a de una biog a ía que lo es de la ida dedicada a la e lexión, y de una iloso ía donde
la azón es á indeleblemen e ligada a la ida? La ac i ud adica en la p opia exis encia del
au o napoli ano, que no hab ía dis u ado del e dade o econocimien o ex e io ni gozado
de la mínima paz in e io . Escasos ecu sos económicos, abajos po enca go y p oblemas
domés icos; una esposa inú il pa a la economía domés ica, mue e de una hija y p oblemas
del hijo con la ley; cons i ución débil y en e miza; y a ello hab ía que uni el no llega a e
econocida, como él mismo conside aba y se quejaba, la alía de su ob a. Y, sin emba go,
en e incon enien es y pesa es, en e dolencias y disgus os, c í icas y desconside aciones,
Vico “concibió y elabo ó, con inc eíble enacidad, el sis ema de ideas que eno gullece aho a
a su pa ia y egis a la his o ia de la iloso ía como uno de sus más insignes capí ulos”21.
Po es os mo i os, y a endiendo a esas azones, Rome o dibuja y colo ea ac o es
emocionales y i ales (a la ez que, ambién, in elec uales e his ó icos) del po qué de es e
desconocimien o en su época. Pues odo no e a culpa del “apocado y ímido” Vico, que no
sab ía ende su ob a; ni siquie a e a culpa de una I alia que lo igno aba (no di emos con
Giobe i –como sí hace Rome o– que “ i ió y mu ió desp eciado po sus connacionales”).
Es que, en g an medida, en Eu opa no había azones ni mo i os pa a equipa a a un ilóso-
o i aliano (de una I alia cuyo momen o de glo ia ilosó ica ya había pasado) con igu as
como las del ancés Desca es, el inglés Locke o el alemán Leibniz. A pesa de se de la
misma alla ilosó ica que ellos.
Pe o, si el nomb e “Vico” es aba alejado de las zonas canden es del pensamien o eu opeo,
no e a sólo po esos mo i os pe sonales e his ó icos. El mo i o p incipal hab ía sido in elec ual y
cien í ico. Si “Vico e a un ilóso o a des iempo”, lo e a po su no edoso pensamien o y po la al i-
ud y alcance de su ob a. Pues, mien as que la iloso ía mode na se cen aba en una es echa cone-
xión con la ciencia na u al, en la p edilección po el mé odo geomé ico, y en la a i mación de una
azón abs ac a y pu a, Vico lo hacía, en cambio, desde el polo opues o, in e esándose po la his o-
ia y la cul u a, c eando un nue o mé odo (más aún, descub iendo una “nue a” ciencia), y ab ien-
do camino a la azón his ó ica. O sea, que si su azón e ingenio se hubie an dedicado a ci cula po
la ía de la iloso ía que se hacía po en onces, aunque hubiese sido ci culando al con a io, p oba-
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blemen e hab ía encon ado algún “eco”22. Pe o el p oblema es que Vico ins au ó o a ía dis in a
de mode nidad, una ía di e gen e den o de la mode nidad misma que había nacido bajo el es ig-
ma de la escisión23. Lo cual, de paso, nos pe mi i ía e lexiona ace ca del ca ác e escindido de la
misma mode nidad, que desde su o igen apa ece bi u cada, siendo ella misma mode nidad en
dichos modos cons i u i os, y no sólo en uno de ellos. Pe o és e es o o p oblema, al que no pode-
mos p es a a ención aho a aunque sea pa a noso os de la más adical impo ancia.
No puede deci se que el siglo XVIII no se hubie a p eocupado po la his o ia o po la
cul u a; pe o sí que no llegó a comp ende las, “no alcanzó el ondo de la his o icidad, donde Vico
buceaba”. El siglo ilus ado amó la his o ia, pe o ciegamen e. Sólo Vico ue capaz de mi a al
abismo oscu o has a –pa a aseando a Nie zsche– consegui que el abismo del iempo le mi a-
se a él, y lo hicie a con ojos de na u aleza humana. Sólo Vico supo e en esa ausencia de luz
cuál e a el e dade o p oblema, pudiendo deci se –como él mismo hace en la Scienza nuo a
1744– que en “la densa noche de inieblas”, en que se hallan los o ígenes del mundo his ó ico,
“apa ece es a luz e e na, que nunca se ocul a, es a e dad, que no se puede de
ningún modo pone en duda: que es e mundo ci il ha sido hecho cie amen e
po los homb es, po lo cual se pueden, y se deben, halla los p incipios en las
modi icaciones de nues a p opia men e humana”24.
C eemos que es desde es a pe spec i a p oblema is a desde la que hay que pe cibi
el juicio de Rome o, según el cual Vico “calaba más hondo”. “An e odo se p opuso el p o-
blema de a e igua qué es conoce y cómo se conoce, y le dio una solución o iginalísima”25.
Que es a idea pudie a adjudica se a au o es an e io es, como po ejemplo al p esun o escép-
ico F ancisco Sánchez, en e o os, supone –pa a Rome o– un pu o “ ánsi o” que “no jus-
i ica pos e io es eclamos de p opiedad”26. La ó mula apo ada po Vico “es p opiamen e
suya, no po que ‘se le ocu ie a’, sino po que midió en odo su alcance y la elabo ó a con-
ciencia”; una ó mula, adicalmen e opues a a la de Desca es, que “no sólo in oduce un
p incipio nue o en el undamen o del sabe , sino que, median e ese p incipio, esul a in e -
ida en pa e esencial la je a quía de las ciencias igen es en su época”27.
Rome o, como hemos dicho ya, e en Vico un pensamien o o iginal que no sólo se
adelan ó a Dil hey y a Spengle , sino que –pod ía deci se– da la imp esión de que las ob as
de és os es én inspi adas en la de aquél. Algo que, no obs an e, pa a el ilóso o a gen ino no
esul a posible, debido a que –po causa de su “aislamien o”– no hab ía eje cido in luencia.
“Toda la eo ía ac ual del sabe his ó ico, desde Dil hey, se sus en a en unda-
men os an semejan es a los de Vico que pa ece ían inspi ados en ellos. Po des-
g acia, no es así; el impulso de Vico se pe dió en el aislamien o y el silencio que
odea on su iloso ía y casi no ope ó en el pensamien o eu opeo, el cual debió
halla de nue o mucho de lo que ya es aba en las ob as del genial i aliano”.28
También la spengle iana doc ina de los ciclos his ó icos ya se encon aba en Vico,
desa ollada con plena o iginalidad, donde más impo an e que el diseño de la his o ia lo
se ían los ma e iales que lo ellenan. Sin emba go, en lo que Rome o cali ica de “pesimis-
mo” – an o en Vico como en Spengle – espec o a sus “p edicciones” y “p o ecías”, el iló-
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so o a gen ino desmien e el alo p edic i o de és as, pues nues o iempo, desde el pun o
de is a social, mo al y écnico, no sólo a oja e ibles pelig os, sino que des aca más po
los “inimaginables” bene icios que p ome e29.
En esumen, la imagen que Rome o o ece de Vico en es a ecepción es, po un
lado, la ópica del pensado aislado y desconocido; y, po o o, p esen a oda la o iginalidad
y alía de un pensamien o nue o que – en e a la concepción dominan e en su época– expo-
ne una di e sa comp ensión de la ealidad humana e his ó ica.
“Po encima del seco in elec ualismo de su época” –dice Rome o–, “ajeno
a la obsesión coe ánea de lo lineal y abs ac o, de la ma emá ica y la mecáni-
ca, él supo e y ap ecia en el homb e muchos pode es y acul ades pa a los
cuales pe manecía ciego su iempo; ei indicó los de echos de las ene gías
ingenuas y poé icas, de la imaginación y el sen imien o, comp endió la signi-
icación de la ac i idad es é ica y le o o gó po p ime a ez el pues o que en
adelan e ocupa ía en el cuad o del espí i u.”
Pe o, aún más, en Vico se enca na la escisión y se a icula la dis inción en e Ilus ación y
Roman icismo:
“Mien as el siglo XVIII seguía suponiendo en la his o ia el unila e al p o-
g eso de la azón, él p epa ó una concepción de desen ol imien o de la huma-
nidad a lo la go del iempo mucho más ica y compleja, po el es ilo de la que
elabo a ía después el Roman icismo y se impond ía a la la ga en la in e p e-
ación de los des inos humanos.”30
Lo que Rome o no llega a deci nos es que Vico p esen a es a an e io dis inción pa a
pode alcanza y ealiza su plena in eg ación. Pues, as habe dis inguido y sepa ado azón e
his o ia, lo que cons i uye la g andeza y no edad de la ciencia nue a es que ambas se unden:
an o en el despliegue de una azón na a i a e his ó ica (y en el es ablecimien o de una his o ia
con azón), cuan o en la sín esis me odológica de iloso ía y ilología (de una ciencia que es his-
ó ica). No igu a Vico en el canon del acionalis a ilus ado, pe o ampoco ep esen a la igu a
del p o o- omán ico. La iloso ía iquiana es más que ambos elemen os de la escisión; es su u a
y mode nidad in eg ado a. Ahí adica, quizás, el e dade o he oísmo de la iloso ía de Vico: en
habe sido capaz, como Hé cules, de sos ene en o ma y con enido las dos columnas que unen
a dis in os con inen es. Pe o es e he oísmo, lamen ablemen e, no llega a ap ecia lo Rome o.
3. De la impo ancia que Vico iene pa a su in é p e e a gen ino da buena cuen a el
hecho de que és e lo enga p esen e ambién en su His o ia de la iloso ía mode na, publi-
cada en 1959, en donde las p incipales ideas del ensayo an e io men e analizado son pos u-
ladas de nue o, aho a sis ema izadas, no ya en la mos ación del ca ác e iquiano, sino en
la exposición de los emas más impo an es de sus eo ías y doc inas.
AVico le dedica Rome o el capí ulo 25, insc i o en la segunda pa e (“La iloso ía
del siglo XVII”) de es a his o ia de la iloso ía31; pe o ambién lo emos p esen e en algu-
nos a gumen os a lo la go de la ob a. De nue o es á cla o pa a Rome o que las “in enciones
his o icis as” que apa ecen en casos aislados, como el de Vico, in luyen escasamen e en la
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iloso ía de su iempo; de nue o se ei e a la elación del p incipio hace -conoce en e
Sánchez, Vico y Dil hey; y de nue o se imagina a un Vico que, “al ma gen de las g andes
co ien es de ideas de la época”, con igu a los elemen os p imo diales de una iloso ía de la
cul u a que sólo pos e io men e llega á a o ganiza se32. Pe o lo in e esan e de es a nue a
ecepción de Vico en Rome o es á, como hemos dicho, en cómo és e condensa y expone las
p incipales doc inas del napoli ano, encuad ándolas den o del plano de la iloso ía mode -
na, donde la del napoli ano es “la p ime a g an aplicación mode na de la e lexión ilosó i-
ca a la his o ia, la más impo an e an e io a la de He de ”33; una aplicación en la que Vico
a on a “en é minos g andiosos” las cues iones –has a en onces inaudi as e inédi as– de la
eo ía del conocimien o his ó ico y de la es uc u a y sen ido de la his o ia.
La eseña biog á ica con la que comienza el apa ado iquiano en es a His o ia de la
Filoso ía Mode na ec ea el esquema ya conocido y obje o del an e io ensayo, esumiéndose
conclusi amen e en el siguien e juicio: “Las penosas ci cuns ancias en que se deba ió no le impi-
die on lle a adelan e, con he oica enacidad, una ímp oba labo de in es igación y de c eación
pe sonal”34. No obs an e, aho a Rome o se aden a en las ob as y eo ías de Vico siguiendo en
ello a C oce (a quien ci a a ias eces y de quien e ie e su ob a de 1911 La iloso ia di G. Vico),
que esul a in luyen e en la mos ación de las ob as de Vico, las cuales son expues as po
Rome o en conexión lineal y de despliegue (como hizo C oce). A pesa de odo, las esis ace -
ca del oscu ecimien o de Vico en su época apa ecen aho a encajadas en un con ex o más amplio
y gene al, donde “el des ino ilosó ico de Vico” se hace especialmen e singula 35. Un des ino, en
cie o modo, que se hace el p opio Vico (¿no decía él – o zando e imologías en el De an iquis-
sima– algo pa ecido a que el des ino es lo que hacemos noso os mismos: a um- ac um?):
“Vico se decla ó con a el acionalismo ca esiano sin a ilia se al empi is-
mo, se ab ió su p opio camino, y sólo po algunos ángulos de su eo ía del
conocimien o mues a le e simili ud con Kan . No sólo sen ó sob e bases nue-
as el p oblema del conocimien o, sino que sus plan eos impo an una com-
ple a in e sión de los igen es en su iempo.”36
Si pa a Desca es, y el acionalismo, el conoce implica el deshace , con a iamen-
e, y en “lige a simili ud con Kan ”, pa a Vico sólo se conoce lo que se hace.
La compa ación y co elación de Vico con Kan , que es ablece Rome o, es in ui i-
amen e ace ada, al en ende se que, en ambos casos, lo que el suje o hace p ocede de su
ondo mismo y le es conocido en cuan o sacado de sí. Lo cual nos hace cons a a la suposi-
ción an e io men e señalada de que Rome o ha enido que ad e i cómo el amoso c i e io
iquiano del e um- ac um implica el doble ac i ismo (gnoseológico y epis emológico) de
que no sólo odo hace es un conoce , sino ambién que odo conoce es un hace .
O iginal esul a ambién (y ahí ci cula la in e p e ación c oceana) el modo en el que
expone el c i e io iquiano en sus dos o mulaciones, conec adas: la gnoseológica del De
an iquissima (Rome o ci a a ios pá a os de la ob a), explicando de enidamen e cómo se
p ocesa es a p ime a o mulación; y la segunda e apa en la p oposición que es la ampliación
del p incipio a e-conosce e al ámbi o de la his o ia37. Rome o sigue la in e p e ación de La
iloso ia di Giamba is a Vico, ci ando algunos pá a os de C oce; lec u a que esul a más
e iden e cuando se explica la es uc u a de la Scienza nuo a, dando como más impo an e la
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a ención p es ada po Vico a la sabidu ía poé ica y a los modos de pensamien o y de cono-
cimien o imagina i os y an ás icos. Si bien, el hispano-a gen ino conec a con des eza en su
p opio discu so las e apas del despliegue del espí i u humano con la eo ía del i mo his ó i-
co, del “ i mo pe manen e” en el que el in é p e e en iende la eo ía de los co si y ico si.
En es e con ex o se encuad a la explicación ome iana de que el p oceso del i mo
his ó ico “se suele in e p e a ” de mane a doble: como his o ia ideal e e na (o his o ia “ ípi-
ca del espí i u”) y como “ma cha e ec i a y empo al de la ci ilización”, aunque pa a
Rome o “los dos aspec os no es én cla amen e sepa ados en Vico, quien examina casi úni-
camen e el segundo”38. El “cu so ideal del espí i u” –que es la exp esión bajo la que el au o
econoce (siemp e c oceanamen e) la s o ia ideal e e na p opugnada po Vico– de ine el
p oceso de ascenso desde lo sensible has a lo in eligible, de la iolencia has a la jus icia, de
la bes ialidad has a la humanidad, e c., pe o ambién asume la decadencia, e o no y pos e-
io einicio del p oceso. Mien as que el “ i mo his ó ico conc e o” aba ca odas las o mas
cul u ales. La explicación que o ece Rome o es, some amen e, la de los es ipos de cada
especie, que cons i uyen un ciclo has a la ba ba ie de la e lexión, y el inicio de un nue o
ciclo que epi e el esquema, pe o no los con enidos.
Una especial a ención dedica ambién es e au o (deudo nue amen e de C oce, a
nues o juicio) a la impo ancia de las ideas iquianas en ilología y en es é ica, y al papel de la
eo ía iquiana expues a en el “Descub imien o del e dade o Home o”, adelan ándose con
ello Vico “a las esonan es esis de F.A. Wol ”39. Con lo que Rome o no sólo se de iene en la
me a e e encia al p oblema en o no al nomb e y la igu a de Home o, sino que apun a a des-
aca la eo ía iquiana de los ca ac e es poé icos. Y sí que sigue explíci amen e a C oce cuan-
do expone la opinión de que Vico es el undado de la es é ica (“opinión que o os c í icos juz-
gan exage ada”). Igual que se ap ecia cuando esume que el “mé i o indiscu ible” de Vico es el
papel de e minan e que o o ga a la imaginación y la an asía en los comienzos de la ac i idad
cognosci i a, “sen ando con ello las bases de una concepción e olu i a del espí i u”; y el ca ác-
e inno ado de la pe spec i a iquiana del lenguaje inculado a la ac i idad poé ica. En lo que
se e ie e a la me a ísica de Vico, su in é p e e ap ecia –más bien limi adamen e– que lo unda-
men al de ella se desp ende de la eo ía del conocimien o: “el ema de que sólo se sabe lo que
se hace pa ece p esupone una concepción sin é ica de la ealidad con apues a a la analí ica del
ca esianismo, algo semejan e al es uc u alismo de nues os días”40.
Al ma gen de la insis encia –y pe sis encia– en la supues a soledad y aislamien o an o
de Vico como de su ob a, oda la sin é ica –pe o densa– explicación de la iloso ía iquiana que
hace Rome o esul a cla a y aco de con una isión gene al de és a, y cumple pe ec amen e la
unción que ha de p es a en su concen ada his o ia de la iloso ía mode na. Vico, como hemos
is o, es ei indicado como pensado o iginal e inno ado , espí i u di e so al dominan e en la
época; además de mos a lo como e dade o descub ido del mundo his ó ico y de la ciencia de
és e. Pe o la idea de que Vico e a un ilóso o a des iempo e mina con i iéndose en una esis
ace ca del ácil ópico de un Vico p ecu so de cosas que han de llega . Así, dice Rome o ( ol-
iendo a epe i el juicio emi ido po Giobe i, que e i amos ci a nue amen e):
“hay en él [Vico] muchas ideas y a isbos cuyo desa ollo na u al apun a a la ilo-
so ía del oman icismo y del idealismo ge mánicos, de los cuales es uno de los
más indudables p ecu so es po algunos de sus emas, su p eocupación his o i-
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cis a y el diseño de una doc ina del espí i u, y aun po los gé menes de una eo-
ía de la iden idad en e ealidad y pensamien o. [...] El eno me c ecimien o pos-
e io del in e és ilosó ico po la his o ia y la cul u a es el desqui e pós umo del
pensado que po p ime a ez si uó es os asun os en el cen o de la iloso ía.”41
Rome o ue un ilóso o en el que se espejó una época, que eque ía la p opiciación
y c eación de un clima ilosó ico en Amé ica La ina. Y él mismo, ambién ilóso o soli a io,
ue, a su ez, espejo en que se e lejó la imagen de un soli a io y genial Vico, cuyo espí i u
c eado e inno ado no se io doblegado a pesa de los a a a es en con a.
II. LA CONCORDIA DE LA SCIENZA NUOVA, SEGÚN J. XIRAU
Uno de los ilus es españoles “ ans e ados” (ca ego ía –como es sabido y hemos
dicho– acuñada po Gaos42), que salió de España camino del exilio en 1939 y, as pasa po
F ancia y po G an B e aña, allece ía exilado en México, es Joaquín Xi au (1895-1946).
Discípulo de los espi i ualis as Jaime Se a Hun e (1878-1943) y Tomás Ca e as A au
(1879-1954)43, en Ba celona, y de Manuel Cossío y la Ins i ución Lib e de Enseñanza; ecibió
ambién en Mad id (donde se doc o ó con dos esis: una en iloso ía sob e Leibniz y o a en
de echo sob e Rousseau) la in luencia de O ega y Gasse y de Ga cía Mo en e. Xi au ue ca e-
d á ico de la Uni e sidad de Ba celona, donde eje ció desde an es de la década de los ein a
has a inales de és a (1939), habiendo sido ambién Decano de la Facul ad de Filoso ía (1933);
y, ya en Amé ica, p o esó en la Uni e sidad Nacional Au ónoma de México y en el Liceo
F anco-Mexicano (donde undó la cá ed a de iloso ía), a la ez que animó la c eación del
Ins i u o F ancés de Amé ica La ina. Miemb o en España de la Unió Socialis a de Ca alunya,
de endió en polí ica la causa p og esis a, y compaginó su mili ancia polí ica con un since o
c is ianismo. En o no a su magis e io se cen ó lo que pos e io men e se ha que ido insis i en
llama “la Escuela de Ba celona”44, con jó enes ilóso os como José Fe a e Mo a y Edua do
Nicol; y, ya en México, o mó ambién a nume osos ilóso os, en e los cuales hay que con a
a su hijo Ramón Xi au, des acado ilóso o mexicano hoy día.
1. Joaquín Xi au es el ilóso o humanis a del amo 45, cuya iloso ía es de inible de
modo p incipal como una axiología, donde se concibe un ma idaje indisoluble: la dialéc ica
en e el Se y el Valo , en cuya elación el alo se obje i a y p esen a como elación con-
c e a. Xi au es ambién un ilóso o de la educación (como pod ía conside a se a su admi a-
do Vi es), dado que és a cons i uye la ía po donde la azón y el sabe encauzan la ida (la
educación como un o den de amo ) hacia la e dade a libe ad. Mas uno de los aspec os más
sus anciales de sus ensayos es el descub imien o del humanismo hispánico y de la o a
España que, al pa ece , descub e en es a adición46, a la que dedica ía p ecla os y he mosos
ensayos47. Una adición, és a, que in luye en su pensamien o, como ambién lo hacen la
enomenología (Husse l y Schele ) o el be gsonismo.
Como en el caso an e io de Rome o, ambién pa a Xi au el p oblema es la iloso ía,
aunque cen ado en la c isis de la iloso ía como algo inme so en la c isis de la cul u a y de
los alo es en el siglo XX; algo a lo que el ilóso o ca alán esponde á desplegando su on o-
logía de la conciencia amo osa (como núcleo de odo alo ) y, ya desde sus comienzos en
Ba celona, ale ado del subje i ismo (siguiendo en ello a Se a Hun e ), c i icando el ela i is-
mo subje i is a y el in elec ualismo abs ac o y desca nado p opiciados en la época mode na48
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o ia (dedicada a in e p e a globalmen e la his o ia, en endida como “his o ia uni e sal”) y la
iloso ía analí ica de la his o ia (p eocupada po la na u aleza de los hechos his ó icos, con la
inalidad de con as a los y ecuen emen e equipa a los a los hechos na u ales); una di isión
que esul a sin duda cómoda “a e ec os docen es”, pe o que an e el examen igu oso p esen a
un pano ama más complejo. P incipalmen e, po que caben más o ien aciones que esas dos
exp esamen e (p.e.: Dil hey, O ega, Ricke , en e o os, no son es ic amen e ni especula i os
ni analí icos); ambién po que cada una de las dos amas de clasi icación puede p esen a
a iadas endencias; y, po úl imo, po que “cie os au o es no encajan muy bien den o de nin-
guna de las endencias, o siquie a sub endencias”. An e lo inap opiado de las ipologías de ilo-
so ía de la his o ia, y pa a a e igua “de qué géne o” son las ob as de los cua o au o es es u-
diados (San Agus ín, Vico, Vol ai e y Hegel), cabe sin emba go “una clasi icación p agmá ica,
siemp e e isable” de los géne os de iloso ía de la his o ia. Así, y conside ando la exis encia
de géne os in e medios: el géne o “analí ico y c í ico”, el géne o “sin é ico”, y el géne o
“‘supe sin é ico’u ‘omnicomp ensi o’”. Es e úl imo, “en su máxima pu eza” desplaza el con-
cep o usual de “ iloso ía de la his o ia”, incluso la especula i a. Es un géne o de explo ación
de la his o ia dis in o, que Fe a e op a po denomina “ isión”; un géne o no exen o de “ an-
asía” undada en la ealidad de la his o ia y en la espe anza de que és a sea como se ha des-
c i o o explicado, y siga el camino que se le ha p epa ado al pensa la. Un géne o que p es a
a ención al desa ollo his ó ico conc e o como signos de la his o ia uni e sal, y que “quienes
lo han cul i ado han a ado de descub i , en el apa en e caos de la his o ia humana, su úl ima
y sec e a cla e”, con una espe anza undan e de e la his o ia uni e sal como lo que se á, y
no sólo lo que ha sido o es. Es as “g andiosas concepciones” que Fe a e desc ibe, y de las
que nos b inda ya en la in oducción una in e p e ación de su unidad, son “ isiones de la his-
o ia” y, a la ez, con oda p obabilidad, “o as an as o mas de un ideal mo al”.
Pa a pene a en ellas, Fe a e se desma ca de la idea comúnmen e admi ida según
la cual la conciencia his ó ica es p opia sólo den o del c is ianismo, a pa i de la que comen-
za ían a o mula se isiones de la his o ia. Cab ía epasa las ci ilizaciones o ien ales pa a e
que hay indicios; o, más ce e amen e, en ende que den o de la cul u a helenís ica en los g ie-
gos se dio cie a his o iog a ía, y que hubo a isbos de una isión de la his o ia (po ejemplo, la
isión mí ica de la his o ia en Pla ón, o las isiones p agmá icas en los so is as y en los his o-
iado es como Tucídides y Polibio). Pe o una “ isión de la his o ia”, en el sen ido omnicom-
p ensi o y aba ca i o an es apun ado, conside a que la his o ia “ iene que se no sólo o al,
sino, además, y sob e odo, ene un sen ido que la ‘ isión’ a a jus amen e de desen aña ”;
lo cual sucede ía po p ime a ez cuando, en la e olución del pueblo heb eo, eme ge la idea
de que la his o ia “se desa olla según un plan”80. Es den o del c is ianismo donde la concien-
cia his ó ica y la isión de la his o ia uni e sal su gen plenamen e, eniendo en san Agus ín al
p ime “g an isiona io”; y es en la mode nidad donde és as se despliegan.
¿Qué ienen en común –cab ía p egun a se– las “ isiones” escogidas de san Agus ín
y de Vol ai e; o de Vico y Hegel, po no hace más combinaciones an agónicas? Po espon-
de b e emen e: ideales undacionales y p incipios espe anza. Ya en su día espondíamos a
es a cues ión cuando a amos ace ca de la ecepción de Vico en Fe a e Mo a, en un b e e
ex o nues o que aho a a con inuación ecogemos y ehabili amos haciendo uso de él81.
Las cua o isiones que Fe a e selecciona y expone compa i ían en común su cali-
dad de se concepciones de la his o ia uni e sal undadas sob e cua o dis in os ideales y man-
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enedo as de una espe anza u u a que insu la sen ido a la his o ia pensada. Lo que ad ie e
Fe a e es que en es os cua o au o es se ap ecia una “expe iencia” que les une: y és a no es
o a que la conjunción de la e dad y la ida; la búsqueda de lo pe ecede o, empo al y con-
ingen e con lo inmo al, e e no y necesa io. En cie o sen ido, las cua o in e p e aciones o e-
cen un modelo de “sal ación” humana en la his o ia ( eológica- eligiosa, his ó ica- enacien e,
acional-p og esi a, ideal-absolu a). En ellas sus au o es pe siguen la coexis encia de ealidad
y pleni ud, exis encias y e e nidades; la cópula en e his o ia y sen ido, el ínculo indeleble de
la pe ennidad y la e ec i idad-e icacia. Y en es a in e p e ación pone an o de su p eocupación
y de su pe spec i a Fe a e , cuan o ambién ex ae de las in e p e aciones que él mismo e.
Cada “ isión” es pe cibida po él como un p oyec o pa a descub i el sen ido de la
his o ia, el p oblema de su azón de se (di ina, humana, impe sonal) y de su inalidad (una
jus i icación de ella). Todas con emplan con ojos ilosó icos la exis encia de una ley de desa-
ollo –“su p opia ley”– y, a la ez, la posibilidad de da azón de ella. La his o ia, dice
Fe a e , “es pa a ellos, e ec i amen e, una ealidad, acaso no incompa ible con la de la na u-
aleza o la del mundo in eligible, pe o en ningún caso simplemen e educ ible a la de
ellos”82. Pa a los cua o isiona ios “la ley de la his o ia uni e sal es al mismo iempo la ley
que pe mi e a i ma la plena ealidad de es a his o ia”83. Es a azón de se no equi ale sim-
plemen e a su explicación (pues en onces se ían me as iloso ías de la his o ia), no puede
alcanza se po la explicación de algo ajeno a ella misma, sino al e ela la.
3. En el cuad o e a e iano, san Agus ín ep esen a la “ isión c is iana”, géne o en
el que se cons i uye su eología de la his o ia, p esen ando un c i e io e ec i o de his o ici-
dad. San Agus ín ealiza dos a eas, más bien complemen a ias que con apues as: “ eologi-
za la his o ia” a la pa que “his o iza la eología”84; el c is ianismo i ido a a se además
pensado asimilando la adición in elec ual g iega, a ando de Dios pe o ambién de lo in i-
ni o, del iempo y de la his o ia85. Es la suya una isión “d amá ica”. La his o ia cons i uye
pa a él “el g an d ama de la sal ación”: la pe enencia a la ci i as Dei –sal ación c is iana–.
Sólo la pa e del géne o humano que i e en el mundo e eno con el alma ue a de él iene
la posibilidad de “sal a se”. Desde el p incipio de la his o ia (‘Adán’), el géne o humano
es á condenado po la jus icia di ina y sólo algunos se sal an mise ico demen e. Es o es lo
que da a la isión c is iana de la his o ia su “angus ioso sen ido” y hace de ella a la ez, con-
jun amen e y de modo pa adójico, una agedia desespe an e y el undamen o de una espe-
anza. La jus icia de Dios y su jus i icación –la g an eodicea– cons i uyen una eología de
la his o ia cuyos elemen os son, po an o, el d ama y la sal ación.
La “ isión enacen is a” de Vico pa ece, en p incipio, más op imis a (el op imismo
de un mundo que “ enace” de sus uinas). Pe o es a isión esul a más p o unda y comple-
ja; quizás la que más de odas. No sólo po que bo dea el paso mode no que es ablece el
puen e en e el op imismo de la Teodicea (ya leibniciana) a la Filoso ía de la His o ia (ya
ol e iana), sino po que en la p opia con igu ación mode na de Vico el op imismo p og e-
sis a y el pesimismo an opológico (de una eología de la his o ia donde la sal ación es
ex e na) desapa ecen diluidos en el p oceso de la p opia his o ia ( an di ina como humana).
De hecho, p og eso y decadencia, o p o idencia y azón, son é minos que en Vico hay que
lee en un con ex o di e en e y con una nue a luz, que no es la iluminan e ni la iluminis a,
sino la que p o iene de las cen ellas que –a los ojos de la an asía– chispea en la oscu idad
de los o ígenes de odas las cosas humanas, donde ambién son alumb ados los p incipios.
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Fe a e in e p e a en Vico una “ ísica de la his o ia”, o sea, el es ablecimien o de unas
leyes po las que se explica la “na u aleza común de las naciones”. Una ciencia aplicada a la na u-
aleza humana desde el único ámbi o en el que puede se pene ada y comp endida: la his o ia.
El cen o de a ención en o no a la in e p e ación iquiana de la his o ia iene a si ua se, en on-
ces, en la a iculación de la ley his ó ica en el mo imien o del o den-deso den. Es en el concep-
o de “o den”, o, más co ec amen e, de “deso den”, donde Fe a e hace ecae el peso de la
a ención. En es e sen ido, la iquiana “P o idencia” ac uan e en la his o ia es is a como “ e -
dade a policía”, “man enimien o del o den es ablecido desde la e e nidad”86. Desde el mismo
pun o de is a, el homb e en la his o ia es lib e de hace lo que quie a menos “desbo da se”. El
deso den (“desbo damien o”) ca ac e iza, pues, los momen os de ánsi o y c isis, siendo an
“necesa io” como los ó denes an e io y pos e io . El deso den no es, po an o, una e apa, sino
un lími e; y su necesidad es momen ánea, aunque ambién pe manen e. Podemos en ende ,
en onces, que en una on ología del p oblema ismo (o en pe spec i a más iquiana: una on olo-
gía de la c isis), cuyo modelo on ológico no es de esencia ni de se sino de na u aleza cambian-
e (his ó ica), la ca ego ía ilosó ica de “deso den” –al igual que la his ó ica de “decadencia”–
cons i uye un concep o lími e po que signi ica una ealidad lími e. Como ‘ ealidad’, la decaden-
cia o ell deso den no son ealizades conc e as ni ampoco ‘pu as’, no se dan sino como “ é mi-
nos” que designan ealidades-lími e de la na u aleza humana y del de eni his ó ico de és a.
Té minos que pe mi en explica cómo apa ecen y se cons i uyen las demás ealidades.
Según in e p e a Fe a e , la isión de Vico es “ enacen is a” en el sen ido de ena-
cien e (como se explici a en su a ículo de 1943); o sea, que a a és de los “cu sos” y “ ecu -
sos” de la his o ia humana (a semejanza de un p oceso ju ídico in e minable – ico so: ecu -
so–, la his o ia se con ie e en un “expedien e” de la especie humana; y el ecu so es “ins an-
cia de apelación”, “la eno ación cons an e de ese expedien e”87) és a se epi e a sí misma y
enace de sí misma. Y es ambién “ enacen is a” po que el eje de la isión de Vico “lo cons i-
uye la e en el enacimien o pe pe uo de la especie humana”. La his o ia iene a se , así, un
camino de cons an e des ucción y econs ucción de sí misma, “de un enacimien o pe pe uo”.
Los pueblos se en ilan en una e olución que se enue a. La his o ia es in e minable, pe o am-
bién esul a monó ona. La e olución ecu si a some ida a la ley de las es e apas (que no son
sólo iempos sino de e minadas na u alezas; o digamos –desde pe spec i a o siana– que no
son edades o pe íodos, sino es ados) esul a an monó ona como cualquie epe ición sin in.
Pe o a a és de es a eo ía, según des aca Fe a e –y nos eco da á más a de Nicol–, es am-
bién como Vico mues a que el sen ido de la his o ia es comunal; y que la epe ición esul a
an sólo un esquema, cuyo con enido es e i ido muy dis in amen e en cada cu so. Se puede
in e i , po an o, que el e o no es sólo un modelo de sal ación de la humanidad en un momen-
o de c isis y de disolución (desbo damien o) de su “cauce” ideal e e no.
No es cues ión, pues, de me a mono onía. Analizadas las es edades88, Fe a e
encuen a que es a his o ia, en el ondo, cons i uye “una in e minable agonía”89. Pe o, en
co espondencia, el ilóso o ca alán nos mues a cómo de la azón del supues o pesimismo
iquiano su ge ambién su p esun o op imismo: la imposibilidad de alcanza siemp e un es a-
do pe ec o (la his o ia ideal e e na es e e na, pe o ambién ideal) po encia igualmen e la p o-
mesa inmanen e his ó ica de una exis encia pe pe uamen e eno ada. Aquí adica, con o me
a lo dicho, el más i me consuelo de la isión de Vico: la e dad de la his o ia es su agonía,
la ealidad de la his o ia su lucha; mas en la agonía hay ida, y en la ida hay espe anza.
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Segui i iendo es el consuelo, esis i es la lucha y la espe anza. Como dije a más a de
So el, odo lo que i e esis e. La ida es nega se a mo i ; po eso la his o ia es ida.
En onces, siguiendo a Fe a e , la isión de Vico esul a ía más bien “magnánima”
y “ anquilizado a”, y no an o pesimis a. Si la his o ia es –como se ha is o, y con me á o-
a ju ídica– un “expedien e”, al menos se iene y man iene la con ianza en la eno ación pe -
pe ua. “La iloso ía de la his o ia de Vico es la iloso ía de la his o ia de los pueblos que se
niegan a mo i ”, sen encia á Fe a e 90.
Las o as dos isiones es an es p esen an ambién, con es as an e io es y en e sí
mismas, pun os comunes. La “ isión acionalis a” de Vol ai e plan ea la “lec u a en ilóso-
o” de la his o ia, la búsqueda de la e dad y el cambio que se p oyec a en la isión ol e-
iana cuando se a a iesa la díada bipola izan e de pasión/ azón, oscu idad/luz, men i a/ e -
dad, hacia la isión maniqueís a de las dos g andes ue zas del mal y el bien, en e las que
se deba e la soledad humana. La his o ia, p ime amen e esca e de la azón, e mina con i -
iéndose en el “ esca e del p incipio del bien”, pa a lo cual, según Vol ai e, esul a decisi a
la in e ención humana. En la desespe anza del acionalis a ancés a aiga la espe anza de
la búsqueda ehemen e de la bondad. Pa a que la azón esca ada en la his o ia sea p ese -
ada del mal se hace necesa ia la unión de la azón al pode . Tal es el signi icado que
Fe a e encuen a en la ol e iana in encionalidad de “lee la his o ia en ilóso o”: busca
en la his o ia esos momen os en que la azón ha sido esca ada y conse ada po el pode .
Pe o, po encima de la “p o ección”, se encuen a la e dad de la his o ia. La soledad con-
quis ada po la na u aleza acional, libe ada de “la na u aleza enga i a y de la his o ia
umul uosa”; al es “la mane a de ein eg a se al eino de la bondad, que admi i á nue amen-
e la na u aleza y la his o ia, más pu i icadas”91. Es la “sal ación” que puede log a la ilo-
so ía en su lucha e in e ención en la his o ia.
Conquis a es ambién el eje de la in e p e ación de la “ isión absolu a” de Hegel,
conquis a del Espí i u de su libe ad. En el despliegue de la Idea desde sí misma pa a ol e
a sí misma, la his o ia se de ine pa a Hegel como el p og eso de la conciencia de la libe ad:
quien alcanza la libe ad es “el Espí i u, que se despliega en la conciencia humana, el Espí i u
uni e sal, p o agonis a de la uel a de la idea hacia sí misma”92. La his o ia e mina con la
libe ación de ini i a del Espí i u en busca de su libe ad, de su au osu iciencia; quedando ele-
gado su obje o a se p esencia del Espí i u pasando de un luga , pueblo, Es ado, a o os. Lo
que ha acon ecido en la his o ia no es más que espi i ualización del Espí i u. Las ases no son
más que epliegues sob e sí mismo. Fe a e ecue da cómo Hegel e mina di inizando al
Es ado como el e dade o po ado del Espí i u y el único pode eal de la his o ia. A juicio
de nues o in é p e e, la gelidez del pensamien o hegeliano pod á hela los co azones, pe o lo
impo an e es “la pasión que hie e” en el in e io del ilóso o del Es ado p usiano: “la pasión
po una esencia que ue a al mismo iempo una exis encia, po una azón que ue a a la ez
desbo dan e en usiasmo, po una ida que ue a cons an e a o y ic o ia sob e la mue e. Es a
ida es en el ondo la espe anza de Hegel”93. No es undamen almen e una azón lo que hace
se a la Idea, sino “una pasión”. És a es la espe anza de Hegel. El eg eso de la Idea a sí
misma, la Idea Absolu a con e ida en Espí i u Absolu o, es el descanso e dade o, el sosie-
go y la calma de la ida que se ha en en ado a la mue e y ha iun ado en su con on ación.
Con es a conquis a e mina la his o ia. Todos los medios –indi iduos, Es ado, De echo,
Religión– han se ido al Espí i u y se jus i ican en ese inal, en esa p omesa de sal ación. En
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esa conclusión que Hegel nos pone al inicio. En esa e dade a eodicea en que pa a Hegel se
con ie e la His o ia. Pa a Fe a e , la espe anza de Hegel se con ie e hoy en la con e gen-
cia de una “desespe ación” (“aquella e e na ida p ome ida po la Idea es á aún en una aga
lejanía”) y de un “consuelo” (mien as i imos “ enemos posibilidad de aumen a , con la
expe iencia, la pleni ud de nues a ida, de e , de sabe y de i i algo nue o”)94.
Apun ábamos an es cómo Fe a e , al comienzo en su in e p e ación in oduc o ia,
plan ea que el sueño de los cua o “ isiona ios” e a uni ica lo e e no e impe ecede o con lo
empo al y con ingen e, cuyo culmen no alcanzaban ni la iloso ía de las esencias ni la ilo-
so ía de la na u aleza. Ellos encon a on in eg almen e en la his o ia el sen ido y la inali-
dad, a la ez como mo o y como jus i icación de aquélla. Llena on sus e lexiones con las
mise ias y las is ezas ini as y desde ahí se alza on hacia lo impe ecede o: Dios, His o ia
Ideal E e na, Razón, Idea Absolu a. Llega on, como el p opio Vico (que había comenzado
ex ayendo la azón del Mi o), has a el pun o e o nan e de con e i –como Vol ai e o
Hegel– sus e lexiones en mi os (de hace de la Razón el mi o), des inados a hace nos com-
p ende de algún modo la ealidad, an o como a consola nos en e a su angus ia.
Consolaciones dis in as, eso sí, la espe anza, la epe ición, la in e ención ac i a, la impasi-
ble con emplación; pe o con una idén ica inalidad: hace nos e lo que ellos habían is o,
“que el sen ido de la his o ia es la plena ia jus i icación de ella”; hace nos comp ende que
–po me a ó ico que pueda llega a se – “ odo juicio inal implica la his o ia uni e sal”95.
Si se sigue has a lo úl imo la in e p e ación dada, el pos ulado e a e iano no deja
de se signi ica i amen e ac ual, en cuan o me a o ológico: las isiones de la his o ia son,
pues, pu a me a o ología (sígase a Blumenbe g). Y, al menos, en lo que conce ni ía a Vico,
la s o ia ideal e e na –como hemos in e p e ado en o o luga 96– no deja de se una elabo a-
da me á o a del cons an e cambio humano cuyo sen ido se halla den o de sí mismo (en se
la na u aleza del homb e mu abilidad y cambio pe manen es; en no ene –como di á O ega–
sus ancia, sino his o ia). La isión que asume la exis encia como pa e adical de ella misma
no puede, en ningún momen o, concede la e dad de la ealidad a la me a educción in elec-
ualis a del concep o. Po eso, lo único que nos cab ía p egun a an e el collage e a e iano
de es as dis in as isiones, es ¿qué hace Vico jun o a esos es ‘ isiona ios’? Dice Fe a e
– iquiana y omán icamen e– que “La isión de la his o ia culmina así en una mi ología de
la his o ia; el concep o cede paso a la me á o a”97. La in e p e ación e a e iana de es as cua-
o isiones cons i uye ambién una he mosa me á o a, in en a uni dos o mas de se que,
po lo gene al, se epelen mu uamen e. Mas ahí es á, ambién, y aunque ocul a, la belleza del
in eg acionismo. Como lo es aba la bondad de la conco dia y la e dad del he oísmo; como
lo es á la esencia del p oblema ismo98. El chi ian e gozne en e lo ugaz y lo e e no.
NOTAS 1. Véanse nues os es udios “La p esencia de G. Vico en la cul u a española (II. No as sob e su a a-
mien o y es udio du an e el siglo XX has a la década de los ‘70)”, Cuade nos sob e Vico, 1, 1991 (Se illa), pp. 97-
196; “G. Vico en la cul u a española: es udio y a amien o en la década de los ochen a”, Cuade nos sob e Vico, 2,
1992 (Se illa), pp. 89-170; “Apun es sob e la o una en España de G. Vico en los años ‘90”, Ri is a di S udi
I aliani, a. XVIII, n. 2, 2000 (To on o), pp. 97-116. El au o es á e minando de p epa a un olumen con sus es u-
dios sob e la ecepción de Vico en la cul u a hispánica, i ulado El colo del iempo. La ecepción p oblemá ica de
G. Vico en la cul u a hispánica (1744-2004), donde se á ecogida –con a ian es– ambién la p esen e con ibu-
ción, ealizada po in i ación del o ganizado enca gado, p o . Jo ge Velázquez, pa a su p esen ación esc i a en el
II Semina io In e nacional de Filoso ía Polí ica G. Vico y el mundo mode no (México, 2003). Desde la páginas de
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es as Ac as el au o ag adece al p o . Velázquez su amable in i ación.
2. J.M. SEVILLA, “Vico en Eugenio Imaz”, ponencia leída en el Cong eso In e nacional Vico nelle cul-
u e ispaniche e lusi ane (Nápoles-Pagani, 24-25 ene o 2002), publicación en i aliano ( ad. de G. Buono) en las
Ac as e.p. [Recogidas en el olumen a ca go de G. CACCIATORE Y M. MARTIRANO, Vico nelle cul u e ibe iche e lusi-
ane, Guida, Nápoles, 2004, pp. 31-62. N.E.]. Una publicación del ex o en español, con lige as modi icaciones, se
encuen a en Cuade nos sob e Vico, 15-16, 2003, pp. 233-252.
3. Según es imonia su he mana, Fe nanda Rome o Delgado, F ancisco llegó a A gen ina a inales de
1905, cuando con aba ca o ce años.
4. Al día después de su mue e, acaecida el 8 de oc ub e de 1962, en ep esen ación de la Uni e sidad
esc ibió Risie i F ondizi en La p ensa (9 de oc ub e de 1962): “Con F ancisco Rome o desapa ece el pensado de
mayo je a quía de la A gen ina de hoy”.
5. En e ellas, la undación y di ección de la “Biblio eca Filosó ica” en la Edi o ial Losada, de cuyo con-
sejo di ec i o e a miemb o. La semblanza “Reco dando a F ancisco Rome o” la ealiza Weinbe g en JOSÉ LUIS
SPERONI, El pensamien o de F ancisco Rome o. Re a o de un ilóso o a gen ino del Siglo XX. (Re e encia en edi-
ción digi al en www.edi e n.com.a /ca alogo/pensamien o).
6. M. BUNGE, “Recue do de F ancisco Rome o”, en J.L. SPERONI, El pensamien o de F ancisco Rome o,
ci ado (ed. dig.).
7. Mili a , p o eso y ilóso o, Rome o enseñó en las Uni e sidades de Buenos Ai es y de La Pla a, has a que
en 1946 dimi ió po discon o midad con el gobie no pe onis a ( a dó en ol e a la Uni e sidad nue e años, has a la caída
de Pe ón). Como mili a , ue ingenie o, “zapado ”, y se e i ó con el g ado de capi án del ejé ci o a gen ino. Como p o-
eso , en o no a él se gene ó un nu ido g upo de discípulos. Como pe sona, se le conside a un demóc a a, ole an e,
aman e de la libe ad del homb e, y en el a o nada au o i a io y bas an e co dial. Bunge dice de es e apasionado de los
lib os que “No e a un capi án del ejé ci o pues o a enseña , sino un pensado soli a io que se dedicaba a enseña después
de habe pasado po el ejé ci o como quien pasa un iempo abajando en un negocio” (M. BUNGE, en loc. ci .).
8. C . nues os ensayos: “Pa a una c í ica de la azón p oblemá ica”, E . Re is a de iloso ía, 30, I / 2001
(Ba celona), pp. 9-37; y “Uni e salismo an as ico: agione poe ica e agione na a i a. Temi pe una on ologia del
p oblema ismo”, ponencia p onunciada en el Cong eso In e nacional Il sape e poe ico e gli uni e sali an as ici
(Nápoles, 23 - 25 mayo 2002), o ganizado po el Cen o di S udi Vichiani (C.N.R.), la Uni e si à di Napoli, la
Uni e si à di Caglia i, la Uni e si à di Sale no y el C.E.R.P.H.I. de Lyon, Ac as en p ensa. [Publicación de las Ac as
en: Il sape e poe ico e gli uni e sali an as ici. La p esenza di Vico nella i lessione iloso ica con empo anea, a
ca go de G. CACCIATORE, V. GESSA KUROTSCHKA, E. NUZZO y M. SANNA, Guida, Nápoles, 2004; en pp. 233-258, y
con es ación de E. NUZZO, “A o no alla elazione di J.M. Se illa”, en pp. 259-273. N.E.]
9. C . E. NICOL, El p oblema de la iloso ía hispánica, Tecnos, Mad id, 1961.
10. Ob as de Rome o son: Lógica y Nociones de Teo ía del Conocimien o (en colabo ación con Eugenio
Puccia elli), Espasa-Calpe, Buenos Ai es, 1938 (sucesi as eediciones); Alejand o Ko n (en colabo ación con A.
Vasallo y L. Azna ), Losada, Buenos Ai es, 1940; Filoso ía con empo ánea, Losada, Buenos Ai es, 1941; Sob e la his-
o ia de la iloso ía, Uni e sidad Nacional de Tucumán, 1943; Filoso ía de la pe sona, Losada, Buenos Ai es, 1944;
Papeles pa a una iloso ía, Losada, Buenos Ai es, 1945; Filoso ía de aye y de hoy, A gos, Buenos Ai es, 1947
(Aguila , Mad id, 1960); Filóso os y p oblemas, Losada, Buenos Ai es, 1947; Ideas y igu as, Losada, Buenos Ai es,
1949; El homb e y la cul u a, Espasa-Calpe, Buenos Ai es, 1950; Teo ía del homb e, Losada, Buenos Ai es, 1952;
Sob e la iloso ía en Amé ica, Raigal, Buenos Ai es, 1952; Qué es la iloso ía, Columba, Buenos Ai es, 1963 (sucesi-
as eediciones); Es udios de his o ia de las ideas, Losada, Buenos Ai es, 1953; Ubicación del homb e, Columba,
Buenos Ai es, 1954; Alejand o Ko n, ilóso o de la libe ad, Recons ui , Buenos Ai es, 1956; Relaciones con la ilo-
so ía, Pe o , Buenos Ai es, 1959; O ega y Gasse y el p oblema de la je a u a espi i ual, Losada, Buenos Ai es, 1960;
y, pós uma, La es uc u a de la his o ia de la iloso ía y o os ensayos, edición y es udio p elimina de Juan Ca los
To chia Es ada (“El concep o de la his o ia de la iloso ía en F ancisco Rome o”), Losada, Buenos Ai es, 1967.
11. Ala igu a de N. Ha mann le dedicó su es udio “Un ilóso o de la p oblema icidad” (1934), con una
ein ena de páginas publicadas en el núme o 21 de la e is a C uz y Raya. Ace ca del p oblema ismo en O ega,
éase nues o “O ega y el p oblema ismo”, en F. LLANO & A. CASTRO (EDS.), Medi aciones sob e O ega y Gasse ,
Ediciones Téba , Mad id, (2005) e.p. [Ed. Téba , Mad id, 2005, pp. 259-307. N.E.]; con e e encias ambién a
Ha mann y o os ilóso os p oblema is as –ma cadamen e iquianos– como, p.e., Theodo Viehweg.
12. F. ROMERO, “Juan Bau is a Vico, ilóso o a des iempo”, El Nacional (Ca acas), 11 de agos o de
1955. Recogido po To chia en La es uc u a de la his o ia de la iloso ía y o os ensayos, ci ., pp. 222-231.
13. C . F. ROMERO, “Sob e ipos o modalidades de ilóso os”, El Nacional (Ca acas), 3 de agos o de
1953. Recogido po To chia en la an es ci ada La es uc u a de la his o ia de la iloso ía y o os ensayos.
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14. C . la “No icia sob e los abajos con enidos en es e olumen”, en La es uc u a de la his o ia de
la iloso ia..., ci ., pp. 365-366. Explica To chia que “ ‘Sob e ipos y modalidades de ilóso os’ se con i ió en el
í ulo gene al de la se ie, que p ecedía al especí ico de cada a ículo en las publicaciones” (ibid., p. 366).
15. En 1944 apa eció en el núme o 3 del Bole ín del Ins i u o de Sociología de Buenos Ai es una no a
de FRANCISCO ROMERO, “A p opósi o de Vico” (pp. 4-9). Y po las mismas echas: “Re lexiones sob e la gnoseo-
logía de Vico”, Humanidades, (La Pla a), 30, 1944-45, pp. 5-19, ambién ecogido en F. ROMERO, La iloso ía de
aye y de hoy, A gos, Buenos Ai es, 1947 (2ª ed. en Aguila , Mad id, 1960).
16. Es a imagen ahis ó ica de Vico ha ido quedando paula inamen e di uminada g acias a los es udios his-
ó icos po enciados sob e odo en I alia y en España, con p imo dialidad debido a la labo que en el ámbi o de es u-
dios iquianos ealiza desde p incipio de los años ‘70 el Cen o di S udi Vichiani de Nápoles, undamen almen e en su
Bolle ino y en las di e sas colecciones de monog a ías, y, ambién, desde 1991 a la labo del Cen o de In es igaciones
sob e Vico de Se illa y su e is a Cuade nos sob e Vico. Noso os, pe sonalmen e, hemos señalado en di e sos es u-
dios la necesidad de enma ca a Vico cohe en emen e en el deba e de su época y encauza su pensamien o a a és de
la his o icidad de la iloso ía y, más en conc e o, de la his o ia de los p oblemas; aunque sin ene que enuncia po
ello a la idea de que Vico sea ambién ‘un au o a a és del que cabe e ’: no sólo se ha de mi a y e en Vico, sino
ambién a a és de él (de hecho, Vico ha sido omado po noso os, no pocas eces, como cla e comp ensi a e in e -
p e a i a de la “mode nidad”; así, p.e., pa a in e p e a la mode nidad en el siglo XIX español). C ., .g., nues os a-
bajos “Nue os apo es (his ó icos y ilosó icos) pa a la o una de Vico en el siglo XIX español, Cuade nos sob e Vico,
5/6, 1995-1996 (Se illa), pp. 217-236; “Algo donoso pe o no co és. Una lec u a di e encial del bi on e Ma qués de
Valdegamas a eno de la mode nidad de Vico”, Cuade nos sob e Vico, 7/8, 1997 (Se illa), pp. 281-296; “Une lec u-
e di é en ielle de la écepcion de Vico au XIXe siècle espagnol. Images de la mode ni è de Vico (p ésence e absen-
ce)”, en P. GIRARD - O. REMAUD (EDS.), Reche ches su la pensée de Vico, Eds. Ellipses, Pa ís, 2002, pp. 67-100; o
bien: “Imágenes de la mode nidad de Vico e lec adas en el siglo XIX español”, en M. AGRIMI (ED.), Giamba is a Vico
nel suo empo e nel nos o, CLUEN - Is i u o Suo O sola Benincasa, Nápoles, 1999, pp. 109-150.
17. Sob e la pues a en elación de Rome o en e Vico, Dil hey y Spengle , éase: La es uc u a de la
his o ia..., ci ., p. 229-231. El a amien o ealizado po K. CLERES se encuen a en el a ículo de es e au o i ula-
do “G. Vico, su isión de la his o ia”, Uni e sidad, n. 76, Julio 1968 (San a Fe, A gen ina), pp. 145-156.
18. F. ROMERO, La es uc u a de la his o ia..., ci ., p. 222.
19. Ibidem.
20. Ibid., p. 223.
21. Ibid., p. 224.
22. C . ibid., p. 226.
23. C . nues os abajos “El concep o ilosó ico de la his o ia en la mode nidad”, en M. REYES MATE
(ED.), Filoso ía de la his o ia, CSIC-Edi o ial T o a, ol. 5 de la “Enciclopedia Ibe oame icana de Filoso ía”,
Mad id, 1993, pp. 65-84; “De la c isis de la acionalidad a la acionalidad de la c isis”, Daimon. Re is a de
Filoso ía, 7, 1997 (Mu cia), pp. 157-168; y “En o no al pos cu so ismo iquiano de la mode nidad p oblemá ica”,
Cuade nos sob e Vico, 4, 1994 (Se illa), pp. 53-72. C . ambién nues o olumen Ragione na a i a e agione s o-
ica. Una p ospe i a ichiana su O ega y Gasse , Edizioni Gue a, Pe ugia, 2002.
24. Scienza nuo a (ed. 1744), § 331.
25. F. ROMERO, La es uc u a de la his o ia..., ci ., p. 227.
26. “Las ideas suelen pasa le po la cabeza a mucha gen e, como pája os olande os, y su me o ánsi-
o no jus i ica pos e io es eclamos de p opiedad; p ecisamen e, de quienes son muy ecuen ados po pensamien-
os a ios e incons an es se suele deci que ienen ‘la cabeza a pája os’, sin que ello suene a elogio. O a cosa es,
p osiguiendo con el símil, cuando algunas de es as a es son acogidas selec i amen e y con designio exp eso po la
men e, se les ab ica nido en ella y se las pone a empolla .” (F. ROMERO, op. ci ., p. 228).
27. Ibid., pp. 228-229.
28. Ibid., p. 229.
29. C . ibid., p. 231.
30. Ibid., p. 230.
31. F. ROMERO, His o ia de la iloso ía mode na, Fondo de Cul u a Económica, México, 1959; segun-
da edición 1972 (po la que ci amos); “25. Vico”, pp. 180-187.
32. C . F. ROMERO, His o ia de la iloso ía mode na, segunda ed. ci ., pp. 13, 70 y 96.
33. Ibid., p. 180.
34. Ibid., pp. 180-181.
35. “El des ino ilosó ico de Vico es uno de los más singula es de oda la iloso ía mode na; inope an e y
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casi desconocido en su iempo, comba ido po unos e incomp endido po quienes pa ecían sen i es imación po su ob a,
pe manece ausen e de las con o e sias del siglo XVIII y sólo en el siglo XIX, po empeño p incipalmen e del g an his-
o iado ancés Michele , empieza a inco po a se al o en e ilosó ico eu opeo, sin que, sin emba go, llegue a se ap e-
ciado con jus icia, has a que en usias as admi ado es de su país, casi en nues os días, ei indican sus geniales apo a-
ciones. No sólo la no edad de sus ideas y su di ícil encaje en el cuad o ilosó ico de su época ue on la causa de su
la go oscu ecimien o; padeció de e lejo la al a de p es igio de los es udios ilosó icos de su pa ia, y ambién con i-
buye on a es a le no o iedad la desdibujada a qui ec u a de su ob a capi al, su es ilo y aún cie os de ec os en la con-
cepción y elabo ación de sus pensamien os, econocidos po los mismos c í icos que más ponde an su o iginalidad y
p o undidad.” (His o ia de la iloso ía mode na, ci ., p. 181). C . La es uc u a de la his o ia..., ci ., pp. 224-225 y 230.
36. F. ROMERO, His o ia de la iloso ía mode na, segunda ed. ci ., p. 182.
37. Ibid., pp. 183-184.
38. Ibid., p. 185; c . p. 184.
39. Ibid., p. 186; c . p. 185.
40. Ibidem. Rome o expone ambién, den o de la “cosmología” de Vico, la doc ina de los pun os me a ísicos.
41. Ibid., p. 187.
42. J. GAOS, “Los ‘ ans e ados’españoles de la iloso ía en México”, Filoso ía y Le as. Re is a de la
Uni e sidad de México, 36, oc .-dic., 1949.
43. Jaume Se a Hun e , “g an ca alanis a y homb e de izquie das, ca ólico p o undo”, se exilió ambién
a México, donde mu ió; su iloso ía es á inspi ada en el espi i ualismo adicional, que combinó con la axiología
(de M. Schele ). A su ez, Ca e as, que ilosó icamen e siguió los pasos de Se a pe o sin compa i las mismas
posiciones polí icas, se inspi ó en el empi ismo espi i ualis a c is iano y desa olló la pa emiología. C . A. GUY,
His o ia de la iloso ía española, An h opos, Ba celona, 1985, pp. 328-330; y J.L. ABELLÁN, His o ia C í ica del
Pensamien o Español, Espasa Calpe, Mad id, 1979-1992, 7 ols. ( ambién en Cí culo de Lec o es, Mad id, 1992-
1993, 8 ols.), c . 7 p. 172 de la ed. pa a Cí culo de Lec o es.
44. Té mino y ei indicación plan eados po Edua do Nicol en su ob a El p oblema de la iloso ía his-
pánica, ci . (“La Escuela de Ba celona”).
45. Tal ez hab ía que deci de una on ología del amo , o, quizás más ace adamen e, de una enomeno-
logía amo osa, en la que el amo (c is iano) es una comunicación de espí i us pe sonales, que se e o a en el mundo
mode no, y más aún en el c í ico siglo XX. El núcleo eó ico (on ológico) y p áxico (é ico y pedagógico) de la ilo-
so ía de Xi au es, sin duda, el p oblema del amo (como uen e i a de alo es). Los dos p oblemas ilosó icos más
impo an es que ocupan la a ención de Xi au son el ema del amo y la je aquía de los alo es, y la cues ión de la
e dad. C . A. LÓPEZ QUINTÁS, A. DE M., Filoso ía española con empo ánea, B.A.C., Mad id, 1970, pp. 150-154
(“Joaquín Xi au. El amo y la pe cepción de los alo es”: pp. 150-152), en especial ci . a la p. 152.
46. C . RAMÓN XIRAU, “Joaquín Xi au (1895-1946). Un esbozo”, Es udios, iloso ía-his o ia-le as.
Ve ano 1986, en Heme o eca Vi ual ANUIES (www.heme odigi al.unam.mx/ANUIES/i am/es udio/es udio05); y
J.L. ABELLLÁN, Pano ama de la iloso ía española ac ual, Espasa Calpe, Mad id, 1978, p. 126. Véase el eco da-
o io en el homenaje po el cen ena io de su nacimien o, en Es udios, iloso ía-his o ia-le as. O oño 1995, en
Heme o eca Vi ual ANUIES (www.heme odigi al.unam.mx/ANUIES/i am/es udio/le as42/no as3/secc_1.h ml).
47. J. XIRAU, Ob as Comple as (ed. a ca go de Ramón Xi au), An h opos, Ba celona, 1998-2000, 4
omos ( . III en 2 ols.).
48. Y, consecuen emen e, c i icando ambién el educcionismo posi i is a
49. C . J. XIRAU, Lo ugaz y lo e e no (UNAM, México, 1942) y Amo y mundo (El Colegio de México,
México, 1940), dos ob as esc i as ya en el exilio ame icano.
50. Reco demos ambién de la p oducción de J. Xi au, además de las an es ci adas, sus ob as: Leibniz y
las condiciones de la e dad e e na (Ped o O ega, Ba celona, 1921), Rousseau y las ideas polí icas mode nas
(Reus, Mad id, 1923), El sen ido de la e dad (Ce an es, Ba celona, 1927), Desca es y el idealismo subje i is a
mode no (Uni . de Ba celona, 1927), La eo ía de los alo es en elación con la é ica y el de echo (Huel es y Cía,
Mad id, 1929), La iloso ía de Husse l. Una in oducción a la enomenología (Losada, Buenos Ai es, 1941), Vida,
pensamien o y ob a de Be gson (Leyenda, México, 1943), El pensamien o de Juan Luis Vi es (Losada, Buenos
Ai es, 1944), Manuel B. Cossío y la educación en España (El Colegio de México, México, 1945) Vida y ob a de
Ramón Llul. Filoso ía y mís ica (O ión, México, 1946), Sen ido de la p esencia (FCE, México, 1953). C . J.L.
ABELLÁN, His o ia C í ica del Pensamien o Español, ci ., ol. 7 (en la ed. de Cí culo de Lec o es) pp. 174-181; ID.,
Filoso ía española en Amé ica, Semina ios y Edciones SA, Mad id, 1967, pp. 39-55; A. LÓPEZ QUINTÁS, Filoso ía
española con empo ánea, ci ., pp. 150-154; A. GUY, op. ci .; e ID., Los ilóso os de aye y de hoy, Buenos Ai es,
1966, pp. 176-182; E. NICOL, El p oblema de la iloso ía hispánica, ambién ci ado an e io men e.
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51. J. XIRAU, “G. Vico.– Ciencia Nue a. Colección de Tex os Clásicos de Filoso ía del Cen o de
Es udios Filosó icos. El Colegio de México. México, 1942. T ad. y p ólogo de José Ca ne ”, Filoso ía y Le as,
ol. 3, n. 6, ab il-junio, 1942 (México), pp. 261-264. Nos ha llamado la a ención no halla es a eseña incluida en
la edición de las Ob as Comple as an es ci ada.
52. J. XIRAU, “Pode ío, magia e in elec o”, Cuade nos Ame icanos, n. 2, 1942 (México), pp. 79-103.
C . A. GUY, His o ia de la iloso ía española, ci ., p. 349 y pp. 346-347. “Todas las cosas se hacen signos o señas”
(J. XIRAU, op. ci ., p. 87).
53. J. XIRAU, eseña en Filoso ía y Le as, ci ., p. 261.
54. Ibidem.
55. Ibidem.
56. Ibidem.
57. Ibid., p. 262.
58. Ibidem.
59. Ibid., p. 263. Véanse pp. 262-263.
60. C . J.M. SEVILLA, “La lingua con cui pa la la s o ia ideal e e na. Il di e della s o ia: agione na a-
i a-s o ica. (Una p ospe i a o eghiana di Vico)”, en Il pensie o. Ri is a di iloso ia, E.S.I., n.s. - XLI, 2002/1
(Nápoles), pp. 57-76. Volumen monog á ico “Giamba is a Vico: i segni della s o ia”, a ca go de V. Vi iello. [Tex o
en ad. esp. en Cuade nos sob e Vico, 15-16, 2003, pp. 189-205. N.E.].
61. J. XIRAU, eseña de la “Ciencia nue a” en Filoso ía y Le as, ci ., p. 264.
62. Buenos Ai es, 1952.
63. Nada es on ológicamen e “pu o”; como se dice en El se y la mue e, odas las ealidades e ec i as
es án in eg adas den o de las ealidades-lími e. Todo exis en e oscila en e los dos polos – endiendo hacia uno de
ellos– del se y el sen ido; odo se ‘ iende’, desigualmen e, hacia lo ex e no y hacia lo ín imo, siendo an o excén-
ico como concén ico. C . en e las a ias ob as de Fe a e : Unamuno, bosquejo de una iloso ía (Losada,
Buenos Ai es, 1944), Va iaciones sob e el espí i u (Sudame icana, Buenos Ai es, 1945), La i onía, la mue e y la
admi ación (C uz del Su , San iago de Chile, 1946), El sen ido de la mue e (Sudame icana, Buenos Ai es, 1947),
El homb e en la enc ucijada (Sudame icana, Buenos Ai es, 1947), O ega y Gasse . E apas de una iloso ía (Seix
Ba al, Ba celona, 1958), La iloso ía en el mundo de hoy (Re is a de Occiden e, Mad id, 1959), El se y la mue -
e. Bosquejo de una iloso ía in eg acionis a (Aguila , Mad id, 1962), El se y el sen ido (Re . de Occ., Mad id,
1968), La iloso ía ac ual (Alianza, Mad id, 1969), Las palab as y los homb es (Edicions 62, Ba celona, 1972), De
la ma e ia a la azón (Alianza, Mad id, 1978). C . J.L. ABELLÁN, Filoso ía española en Amé ica, ci ., pp. 83-103;
A. LÓPEZ QUINTÁS, op. ci ., pp. 175-181; y la ci ada His o ia de la iloso ía española de A. GUY,
64. E. NICOL, His o icismo y exis encialismo (1950), Tecnos, Mad id, 1960 (2ª ed.); (1968) cap. II “La
azón y la his o ia (El siglo XVIII)”, 2; pp. 69-74. Ci as a p. 67 y p. 69. Pa a nues o ilóso o hispano-mexicano, en
la plani icación que ealiza Vico des inada a emedia la e iden e “pa cialidad del conocimien o” (conocimien o que
se encuen a olcado en el mundo na u al), aunque es a plani icación esul a ace ada no llega, sin emba go, a con-
igu a una “me a ísica de la azón his ó ica” (p. 72). En con aposición, es son las ideas capi ales apo adas po
Vico, según Nicol: a) la apa ición o iginalmen e de una ca ego ía no edosa, “esencialmen e his ó ica, que es la ca e-
go ía de comunidad”; b) la idea po la que se “descub e la acionalidad del p oceso his ó ico, no en las decisiones
acionales de los homb es, sino en la egula idad cons an e e in olun a ia del p oceso mismo”; c) la que inno ado-
amen e esg ime que “la igualdad de los homb es no consis e an o en su acionalidad, cuan o en su i acionalidad”
(pp. 70-71). Su ap eciación de la apo ación exp esada en (a), esul a ya, po sí sola, oda una no edosa in uición que
hay que ag adece a Nicol. Cie amen e, el alo de ca ego ía his ó ica que Vico o o ga a la comunidad es algo que
ambién esul a á ap eciable únicamen e con Hegel. Ala ecepción de Vico en Nicol ya nos hemos e e ido en nues-
o es udio, de 1991, ya ci ado, “La p esencia de G. Vico en la cul u a española (II. No as sob e su a amien o y es u-
dio du an e el siglo XX has a la década de los ‘70)”, donde ha sido apun ada. La conexión Vico-Nicol ha sido a a-
da más ecien emen e y en p o undidad po Pio Colonnello (Uni e si à della Calab ia) en su ponencia leída en el
Cong eso In e nacional Vico nelle cul u e ispaniche e lusi ane (Nápoles - Pagani, 24 - 25 ene o 2002), Ac as en p en-
sa. [G. CACCIATORE Y M. MARTIRANO, Vico nelle cul u e ibe iche e lusi ane, Guida, Nápoles, 2004, pp. 81-94. N.E.].
65. El ilóso o exis encialis a Ka l Jaspe s hace en la p ime a Lección (lecciones p onunciadas en
G oningen en 1935) de su ob a Ve nun und Exis enz (1935), edi ada en e sión española en 1959, una b e e pe o sus-
ancial e e encia a Vico cuando a a sob e el “O igen de la si uación ilosó ica ac ual”. Jaspe s, adelan ándose a la con-
cepción de Isaiah Be lin de un Vico “agains he cu en ”, coloca al ilóso o napoli ano como uno de los homb es que
lle a on a cabo “el con agolpe” a la “ iloso ía de la azón” ( acionalis a o empi is a) de los siglos XVII-XVIII, y, en
conc e o, Vico con a Desca es, Hobbes y G ocio; he manando a Vico con Pascal y Bayle, an o como –consecuen e-
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men e– con Kie kegaa d y Nie zsche (y el mismo Jaspe s, pod íamos deci ). Véase K. JASPERS, Razón y Exis encia.
Cinco Lecciones, ad. esp. de Ha aldo Kahnemann, Edi o ial No a, Buenos Ai es, 1959. C .: JOSÉ L. LÓPEZ LÓPEZ,
“‘El sueño de la azón...’. El sen ido de la música, expe imen um c ucis del iquianismo de hoy en e a la
Neoilus ación imposible”, en E. HIDALGO-SERNA, M. MARASSI, J.M. SEVILLA, J. VILLALOBOS (EDS.), Pensa pa a el
nue o siglo. Giamba is a Vico y la cul u a eu opea, Edizioni La Ci à del Sole, Nápoles, 2001, 3 ols., III, pp. 1061-
1076, espec. p. 1062; y c . J.M. SEVILLA, “La insumisión al dilema. Be lin y Vico”, en P. BADILLO O’FARRELL & E.
BOCARDO, Isaiah Be lin. La mi ada despie a de la his o ia, Ed. Tecnos, Mad id, 1999, pp. 324-405, espec. pp. 372 ss.
66. Losada, Buenos Ai es, 1945. Con pos e io es eediciones (en 1964 la cua a). Reedi ada en 1982 po
Alianza edi o ial, Mad id (edición po la que ci amos).
67. J. FERRATER MORA, “Vico o la isión enacen is a”, en Cua o isiones de la his o ia uni e sal. San Agus ín,
Vico, Vol ai e, Hegel, Losada, Buenos Ai es, 1945 (Su ame icana, 1955; eed. Alianza Ed., Mad id, 1982: pp. 45-65).
68. J. FERRATER MORA, “Vico y la his o ia enacien e”, Cuade nos Ame icanos, 5, 1943, pp. 165-180.
69. Desde 1949 ue p o eso en el Depa amen o de Filoso ía del B yn Maw College en Pennsyl ania.
70. Fe a e se niega a ene que asumi la dilemá ica disyunción en e ‘especulación ilosó ica’y ‘análi-
sis’, o en e ‘ideas’ y elemen os ‘ eales’, en e “sis emas de p oposiciones” y “modos de ida humana”, pe o am-
bién disyunciones de ealidad y conciencia, de exis encia y conocimien o... se y de eni , ...se y sen ido. Busca
Fe a e el mé odo y la on ología en que se in eg en ilosó icamen e el pensamien o exis encial y el pensamien o ana-
lí ico. T a a de e i a los p oblemas en que caen y que se p oducen en la sepa ación y con aposición en e el modo
de pensamien o que sólo a i ma la exis encia o la his o ia humana y el que únicamen e a iende a las ealidades na u-
ales, o sea, a con aposiciones del ipo his o icismo / na u alismo, an opologismo / isicalismo o exis encialismo /
cien i icismo. De mane a que de lo que se a a es de ende un puen e en e los elemen os que plan ean un also dile-
ma, o una p oblemá ica apa en e con adicción, en e el modo de pensamien o que gi a sob e el eje la exis encia
humana y el que pi o a en o no a la Na u aleza. Véase en nues o ex o ci a a la no a 63 an e io . Según Fe a e
expone en la oz “In eg acionismo” en su Dicciona io de Filoso ía: “El ipo de iloso ía p opues o no consis e sim-
plemen e en nega las oposiciones pa a busca un e ce é mino que las supe e, o en eludi las pa a busca una posi-
ción in e media equidis an e. Rasgo ca ac e ís ico del in eg acionismo es a a de auna los polos an edichos –y las
concepciones co espondien es a ellos– median e ell paso cons an e del uno al o o. El in eg acionismo conside a,
en e ec o, que és a es la única posibilidad o ecida a un pensamien o que p e enda e ec i amen e mo de sob e lo
eal en ez de e i a lo o de in en a ealidades supues amen e ascenden es sólo exp esables po medio de o os an-
os concep os-lími es.” (Dicciona io de Filoso ía de J. FERRATER MORA, Alianza Dicciona ios, Mad id, 1984 (5ª ed.),
ol. 2, pp. 1723-1726; ci a a pp. 1723-1724). Véase la en e is a a Fe a e en Teo ema, 7, 1972, pp. 97-108; y c .
A. LÓPEZ QUINTÁS, Filoso ía española con empo ánea, ci ., pp. 175-181 (“El mé odo in eg acionis a”, pp. 175-176).
71. La me ahis o ia es pa a D’O s una de las es pa es de la Ciencia de la Cul u a (en iéndase: la
Filoso ía de la his o ia madu a). En es a Me ahis o ia es ca ac e ís ica la eo ía de los “eones”, donde el apa ece
es á cons i u ido po “epi anías” de la conciencia humana (que en el esquema o siano ienen a sus i ui a la iádica di i-
sión de la his o ia uni e sal en las es edades: an igua, media y mode na), que ienen a se las siguien es: 1. descub i-
mien o del Homb e (Sóc a es); 2. descub imien o de la Sociedad (san Agus ín); 3. descub imien o del Es ado (Dan e y
Maquia elo); 4. descub imien o del Pueblo (Rousseau, Vico, He de , Ma xismo); 5. descub imien o de la Cul u a
(ac ual). Véase de E. D’ORS, Las ideas y las o mas. Es udios sob e mo ología de la cul u a (Páez, Mad id, 1928
[Aguila , Mad id, 1966]) y La ciencia de la cul u a (Rialp, Mad id, 1964). C .: JOSÉ L. LÓPEZ ARANGUREN, La iloso-
ía de Eugenio D’O s, Espasa Calpe, Mad id, 1981, especialmen e P ime a Pa e cap. XI (ace ca de la “epi anía” a a-
és de Vico según D’O s, éase la p. 145 y la p. 288) y Segunda Pa e cap. III y cap. IV (con e . a Vico en p. 250); J.L.
ABELLÁN, His o ia c í ica del pensamien o español, ed. ci ., ol. 7, pp. 150-151; JORGE M. AYALA, “Filoso ía y concep-
ción de la his o ia en Eugenio D’O s”, en A. HEREDIA SORIANO (COORD. YED.), Ac as del III Semina io de His o ia de
la Filoso ía Española (Salamanca, 27 sep . - 1 oc . 1982), Ediciones de la Uni e sidad de Salamanca, 1983, pp. 365-
370; RAMÓN E. MANDADO, “Pensamien o e iden idad cul u al: la iloso ía española du an e el siglo XX”, en M.
MACEIRAS (ED.), Pensamien o ilosó ico español, Sín esis, Mad id, 2002, pp. 239-305 (esp. pp. 288-292); M. OCAÑA,
D’O s, Ediciones del O o, Mad id, 1997. Po su in e és, c . de J.ORTEGA Y GASSET su a ículo (publicado en El Sol el
10 de julio de 1924) i ulado “El sen ido his ó ico” (en Ob as Comple as de J. ORTEGA Y GASSET, Re is a de Occ. -
Alianza ed., Mad id, omo III, 1983, pp. 260-264; de M. GARCÍA MORENTE, La iloso ía de Eugenio d’O s (Buenos
Ai es, 1917); y de J.L. L. ARANGUREN, El mundo clásico en el pensamien o español con empo áneo, Publicaciones de
la S.E.E.C., Mad id, 1960, III, pp. 135-144 (“El mundo clásico de Eugenio d’O s”); y E. ROJO PÉREZ. O.M.I., La cien-
cia de la cul u a. Teo ía his o iológica de Eugenio d’O s, Edi o ial cien í ico-médica, Ba celona, 1963. Igualmen e, c .
de A. LÓPEZ QUINTÁs, Filoso ía española con empo ánea, ci ., pp. 93-113 (ex ensa bibliog a ía en pp. 107-113), así
como ambién, del mismo, El pensamien o ilosó ico de O ega y d’O s (Guada ama, Ba celona, 1972).
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