POSTFOLIO
OTRA LECTURA
DE
LAS ARQUJTECTURAS
RECIENTES
EN
ESPANA
José Ma ía Lozano Velasco
Una lec u a desde
la
idea social de la con empo aneidad de la a qui-
ec u a que en es os momen os pa ece o ien ada a cues iones supei i-
ciales de pu a imagen y «exceso de a is icidad». El au o analiza l
os
concep os de «idea
»,
<<
ep esen ación» y
<<e
labo ación» en el p oyec o
a qui ec ónico, cues ionando los modos que ma can los usos, cos um-
b es y endencias acep adas como
<<con e
mpo áneo
»,
<<mode
no» y
<<moda»
en
el
ámbi o de la a qui ec u a española. Es ablecida una
iden i icación del
<< a
l
o
social de la a qui ec u a
>>
con su
<<con e
mp
o-
135
aneidad>> de ec a
la
<<
debilidad>> de la a qui ec u a
de
éxi o y de di u-
sión. Bella pe o acía de con enido social, obedece a los p ocesos de
p oducción de simulac os, de imágenes colec i
as
e indi iduales. Pa a
su análisis
el
au o se si e de una se ie de ob as ep esen a i as, en-
ma cadas
en/os
acon ecimien os del 92.
LA a qui ec u a española de las úl imas
dos décadas ha susci ado
un
e iden e
in e és en el mundo, p incipalmen e en
la ieja Eu opa y en la jo en Amé ica La ina.
Las p incipales ealizaciones de algunos a qui-
ec os madu os y bien conocidos
-c
omo
Bohigas o Moneo- y las de o os más ecien es
y cuya ob a an e io o e a inexis en e o no
había sido di undida ue a del ámbi o
lo
cal de
su
in e ención, han llenado páginas de las
e is as especializadas españolas y ex anje as,
y na u almen e en
un
ono lauda o io; en oca-
siones en exceso. Se ha publicado un
si
n
ín de
o og a ías e ec is as, ealizadas po excelen es
p o esionales, y no malmen e una documen a-
ción écnica más es ingida. Es e a ículo se
p opone ea
li
za o a lec u a c í ica menos
habi ual, desde la óp ica de
lo
que quie o deno-
-cxxx -
ASTRAGALO, 03 (1995)
A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA
A icle, ISSN 1134-3672
h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.1995.i03.16
A qui ec o, p o eso de la Escuela de
A qui ec u a de la Uni e sidad Poli écnica
de Valencia.
mina
una idea social de con empo aneidad,
o
si
se
quie e,
una ei indicación de
lo
social
pa a la a qui ec u a con empo ánea, que a jui-
cio de quien es o susc ibe esul a una de las
ace as i enunciables de es e o icio, que sin
emba go en el momen o ac ual pa ece, si
no
habe caído en
el
ol ido, sí habe sido elegada
po de ás de cues iones o males, pu o- isua-
les, o únicamen e de imagen.
Resul a siemp e muy ú il hace uso del dic-
ciona io
-yo
u ilizo
el
de Ma ía Moline - pa a
es ablece los signi icados con encionales de
de e minados é minos.
El
p ime o
al
que
deseo e e i me es
el
de
«idea».
De en e las
muchas acepciones que el dicciona io nos
b inda oy a queda me aho a con la p ime a
de ellas, al ez la más elemen al: «cualquie
ep esen ación exis en e en la men e, o cual-
quie elabo ación de ella po las que se ela-
136 ciona con el mundo». Es deci , que me oy a
ocupa a con inuación de ep esen aciones
que exis en en mi men e
-y
en las men es de
los lec o es, ambién en las de los a qui ec os
au o es de los p oyec os que comen a é más
adelan e- y ello pe mi i á compa a en e sí
esas ep esen aciones y que
el
lec o haga
ambién sus p opias compa aciones. Y me
oy a ocupa , más p ecisamen e, de aquellas
elabo aciones men ales po las cuales nos
elacionamos con el mundo; en es e caso con
el mundo especí ico de
la
a qui ec u a y más
pa icula men e de la a qui ec u a con empo-
ánea. Pe mí aseme que me de enga oda ía
en el concep o de
ep esen ación,
y ambién
en el de
elabo ación.
Rep esen ación como
algo angible, más bien conc e o, i me y deci-
dido, algo más que una pos u a p o isional,
que
un
ges o y que una consigna. Y elabo a-
ción como lo que es u o de una decisión, de
un
p oceso, de una me odología, y po supues-
o de una oma de pa ido inicial y de una
selección de obje i os a alcanza .
El
é mino
«con empo áneo»
se en iende co-
mo «de la época ac ual» y el é mino
«mode -
no>>
como «de la época
p esen e>>,
pe o hay
ambién una llamada hacia o o concep o que
ambién nos in e esa y que es el de
«moda>>.
Es a ez leemos: «gus o gene al de la gen e, o
conjun o de usos, cos umb es y endencias,
ci cunsc i os a una época de e minada>>. Se ía
aho a necesa io ealiza algunas nue as p eci-
siones, como ¿quién ma ca esos usos, cos um-
b es o endencias?
...
o si admi imos
el gus o
gene al como una cues ión es adís ica o
po
el con a io como un alo de eli e
emanado
desde
un
ámbi o supe io . Cuando en ma emá-
icas nos e e imos a alo es modales es amos
e iden emen e admi iendo la p ime a acep-
ción y cuando
el
con ex o es cul u al p opia-
men e dicho, solemos acep a
la au o idad de
un á bi o.
Hacia una idea social de
con empo aneidad a qui ec ónica
El
é mino
«social>>,
pa a e mina ya con los
concep os que si en pa a i ula es e a ículo,
se desc ibe como «de
la
sociedad
humana>>
« ela i o a la sociedad ... a sus modos de ida,
hábi os y
cos umb es>>.
Y en consecuencia po-
demos es ablece algunas ue es conexiones
en e
la
idea de lo con empo áneo
-<>
lo
mode no
si
se p e ie e- y la idea de lo social.
A mí, pa icula men e, me a a in e esa una
iden i icación de ambos concep os, po la que
con empo áneo
y
social
an a que e deci lo
mismo en nues a a qui ec u a, y
la
au én ica
-
CXXXVI-
e sión de con empo aneidad a qui ec ónica
end á que e con
el
con enido social de sus
p opues as.
En es e pun o encuen o opo uno in oduci
esa de inición de la a qui ec u a, casi luga
común que dice: «a qui ec u a es el a e de
cons ui espacios ú iles pa a
el
homb e>>.
Y a
pa i de ella, y de
lo
expues o has a aho a,
podemos pone ya en elación el conjun o de
é minos más a iba u ilizados. Veamos qué
clase de ep esen ación men al, de elabo a-
ción men al, que nos pe mi a elaciona nos, a
noso os en an o que a qui ec os, con el a e
de cons ui espacios ú iles pa a el homb e, se
ace ca a nues a época ac ual, y
al
gus o de
las gen es como enómeno social o a los dic-
ados de la cul u a especí icamen e a qui ec-
ónica (o segu amen e hay que añadi : a los
gus os de los líde es -supues os o
eales-
de
esa cul u a).
Me gus a ía deja es ablecido
-y
no po sabi-
do huelga deci lo- que hay in a ian es en
nues o abajo que di ícilmen e podemos cues-
iona ; la cons ucción lógica, la u ilidad cie -
a, la búsqueda c ea i a (a ís ica si se p e ie-
e) de alo es espaciales y o males, no pa e-
cen cues iones disciplina es suscep ibles de
a iación en la his o ia de la a qui ec u a (o
mucho menos, de desapa ición en
el
con ex o
disciplina , que po ejemplo, es e a ículo ad-
mi e como e e en e).
Si que emos acep a es os plan eamien os,
con empo aneidad (o mode nidad) a a iden-
i ica se aho a
-y
siemp e hab ía sido
así-
con
el alo social de la a qui ec u a, y la comp o-
bación de es e hecho nos esul a bas an e sen-
cilla de e ec ua . Se a a de iden i ica o mas
de ida, mane as de usa , cos umb es y en-
dencias del homb e y de la muje con empo-
áneos, alo es sociales en in. Y se a a am-
bién de localiza p ocesos de p oducción,
posibilidades cons uc i as, écnicas y ma e-
iales p opicios po sus p es aciones, po sus
cos os y po su signi icación ambién. Y la
in es igación o mal y espacial del a qui ec o
como su obje i o úl imo y más ín imo, i e-
nunciable, ac uando simul áneamen e sob e la
consecución de u ilidades, de e icacia, y ac-
uando sob e la ma e ialización lógica de los
a i icios que la p ocu an.
Aunque al ez es e discu so, apa en emen e
incues ionable, esul e demasiado ingenuo si
nos asomamos a las páginas de las e is as
especializadas, o
si
simplemen e salimos a
las calles de nues as ciudades, si isi amos
los nue os edi icios adminis a i os o de equi-
pamien os, si mi amos con de enimien o en
el
in e io de nues as i iendas ecién ad-
qui idas. Incluso si epasamos nues os ex-
os más habi uales de His o ia de la A qui-
ec u a.
Joseph Rykwe llama «p ime os
mode nos>>
a
aquellos a qui ec os del siglo XVII cuyos aba-
jos han llegado has a nues os días y ci a a
Goe he en aquella ca egó ica dia iba «la ma-
yo ía de
lo
nue o no es omán ico po que sea
nue o, sino po que es débil, en e mizo y mo -
boso, y lo iejo
no
es clásico po se iejo, sino
po ue e, esco, aleg e y
saludable>>.
¿Qué nos
quie e ansmi i Goe he, y qué Rykwe ci án-
dole a p opósi o de la a qui ec u a?
...
¿cuál es
en onces la oposición en e « omán ico y clási-
CO>>?
...
¿qué g ado de debilidad o o aleza
le
co esponde a
lo
ac ual, o a lo social, a lo admi-
ido ya po
la
cos umb e, o a lo que se expe i-
-
CXXXVII-
137
ASTRAGALO,03(1995)ISSN 1134-3672
men a po p ime a ez? Quizá nada más débil,
más en e mizo y más mo boso que el esul ado
o mal de muchas
de
nues as a qui ec u as
con empo áneas -bellas en sí mismas- acías
de con enido, huecas, ca en es de lo ue e, de lo
aleg e, de lo esco y de lo saludable que los
anunciados clásicos de la a qui ec u a en aizada
en lo social, en los usos e icaces y en la cons-
ucción lógica, jamás han ol idado.
Al menos en dos ocasiones ecien es se ha
acuñado o icialmen e el é mino
mode no
(o
nue o) pa a e e i se a mo imien os a qui ec-
ónicos amplios. En España conocemos po
«Mode nismo» un gene oso conjun o que
ag upa desde el A Nou eau belga has a Gau-
dí (incluyendo anceses, holandeses, alema-
nes, aus iacos e i alianos) y odo el mundo
acep a el apela i o de Mo imien o Mode no
enunciado goe hiano no es aplicable ni a los
p incipios de siglo, ni mucho menos a los años
ein icinco de nues a a qui ec u a mode na.
La conc eción a qui ec ónica de los p ime os
quizá enga un componen e undamen almen-
e o mal (aunque no exen o de ca ego ías
concep uales y has a ilosó icas); cu as, in-
luencias ege ales y lo ales, a ención po la
na u aleza y ei indicación del aba
jo
a esa-
nal pueden se algunas de sus e e en es su-
pe iciales.
En
los segundos, el maquinismo,
la indus ia, la llamada «since idad cons uc i-
a» y
el
empleo sis emá ico de los nue os
ma e iales ienen a supe pone se a plan ea-
mien os ideológicos y p og amá icos como
«el nue o a e de i i »
que enuncia a Mies
an de Rohe a p opósi o de la Exposición del
We kbund que ma e ializó el Ba io de
pa a ci a una «asociación» más ex ensa oda- Weissenho en S u ga , o como
«la máquina
138 ía en la que caben a un iempo Le Co busie ,
de hahi a »
de Le Co busie que inspi a a
Mies an de Rohe, Al a Aal o, G opius, buena pa e de sus ealizaciones, desde la casa
Oud, Bou geois, Se , e c. Y hay que ap ecia
que en e los dos mo imien os no dis an más
de ein a años (au o es como Ho mann o
W igh llega on a pa icipa de alguna mane a
de ambos).
Pu
ede deci se que en el o igen de
las dos endencias
-o
de los dos momen os
his ó icos- es aban idén icos plan eamien os
ideológicos, idén icas ep esen aciones o ela-
bo aciones men ales: el echazo de lo iejo
--de lo clásico, o mejo , de lo neo-clásico-, el
su gimien o de lo nue o como una up u a
adical
de
lo exis en e (aunque nunca, hace
al a a menudo eco da lo, de la his o ia). Y
hay que deci con segu idad que en ambas
ocasiones el echazo no e a de lo ue e o de
lo saludable y que la ei indicación no e a
p ecisamen e de lo débil o de lo en e mizo. El
Dominó
y las i iendas
Ci ohan
has a sus
nume osas Unidades de Habi ación.
¿Cuál es hoy, sin emba go, el pano ama más
habi ual? ... ¿Qué es lo que el p o ano conoce
aho a como a qui ec u a mode na? ... , o más
aún ¿en qué é minos pod íamos de ini , los
que a es o nos dedicamos, la a qui ec u a con-
empo ánea? Tan o en el e eno de la ciudad,
como en el p opiamen e edilicio, nos encon-
amos en gene al, en es e inal de siglo y de
milenio, an e
un
pano ama más p óximo a la
«Fe ia de las Vanidades
>>
y
al
«Temblo de la
alsi icación» que al econocimien o sencillo
del alo de lo ap opiado.
¿Ap opiado pa a qué y ap opiado pa a quién?
..
. ,
se p egun a án us edes. La espues a se me
-CXXXVIII -
an oja a mí inmedia a. Ap opiado al uso y
al
momen o his ó ico que jus i ica p ecisamen e
ese uso, ap opiado a las necesidades colec i-
as e indi iduales de una sociedad, de una
humanidad, que asis e inc édula a enómenos
como el hamb e, el sida, las gue as y la inso-
lida idad más mani ies a. Cuando es posible
e p og amas en la ele isión, sob e E iopía,
la India, Ruanda, Bosnia ... y después i se a
la
cama a do mi .
Enlaza la idea de mode nidad au én ica con
nues a a qui ec u a con empo ánea, iden i i-
ca
-como
lo hace el dicciona io- ambos con-
cep os, end á que e , desde mi pun o de
is a, con una e sión absolu amen e social de
la a qui ec u a. Y no pod á de
ja
de ene en
cuen a la ealidad his ó ica de una sociedad
que de ocha con una mano mien as es á
obligada a pedi limosna con la o a. Ins ala
la a qui ec u a en los p ocesos de p oducción
de bienes ú iles, ecob a la an en desuso
acepción de la a qui ec u a como bien común,
enuncia a la an ecuen e magni icación de
la a qui ec u a como espec áculo, me pa ecen
a eas de u gen e adopción.
Dedica é oda ía unas líneas, an es de en a
en la alo ación c í ica que una se ie de ob as
españolas con empo áneas me me ecen, a es a
cues ión pa a la a qui ec u a en endida den o
de los sis emas de p oducción de bienes ú iles
pa a el homb e y su posible oposición a lo que
denomina é la e sión con encional, unda-
men almen e a ís ica, de la a qui ec u a. En la
p ime a, una ajus ada alo ación de los cos os
de p oducción y de pos e io man enimien o,
un cuidadoso análisis de las solici aciones un-
cionales a sa is ace
~ iden emen e
elacio-
nadas con los usos y cos umb es, con los nue-
os usos y cos umb es ambién, del pueblo- la
i enunciable búsqueda de alo es espaciales y
o males, se con e i án en
un
ma co cien í i-
co y acionalizado, donde el « odo ale» no
iene cabida. En la segunda, el obje i o p i-
mo dial de consegui alo es simbólicos, con-
no a i os de
lo
que sea -pode , e icacia, capa-
cidad, ecnología, mode nidad incluso- cues e
lo que cues e (y léase es e é mino en odas sus
acepciones posibles), unido a
la
au ocompla-
cencia y a cie o na cisismo de i ado del exce-
so de a is icidad, hacen que la con empo anei-
dad se mani ies e en una sob eca ga exp esi a
que acaba á aciando de con enido los alo es
más elemen ales e his ó icos, p esen es ya
desde la conocida iada i u iana. Como al
es udian e de a qui ec u a
al
que inculca le
igo -imaginación suele sob a le- esul a
a ea de p ime a impo ancia pedagógica, al
p o esional
de
la a qui ec u a exigi le p uden-
cia -audacia ya le sob a- pa ece ine i able.
O a lec u a de las a qui ec u as
ecien es en España
La e is a española A qui ec u a Vi a en su
labo conscien e
-y
de ambigua in e p e a-
ción-de di ulga de o ma sencilla, aún a cos-
a de cie a imp ecisión, los esul ados de la
a qui ec u a con empo ánea in e nacional y
más conc e amen e española, publicaba el pa-
sado año
un
Anua io en el que además de in e-
esan es a ículos de opinión elegía dos doce-
nas de ob as ep esen a i as, a juicio del Edi-
o , de un quehace casi ené ico enma cado
en los as os de la Expo 92 de Se illa, de la
Ba celona Olímpica y de la p e endida capi a-
lidad eu opea de la cul u a que quiso eje ce
Mad id. Las u iliza é yo aquí pa a e ec ua esa
-CXXXIX -
139
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140
«O a» lec u a a la que me e e ía
al
p incipio
de es e esc i o.
Ag upadas con un c i e io que aquí no iene al
caso comen a , esas ob as ue on las siguien-
es:
La To e de Collse ola, de No man Fos e , en
Ba celona, un indiscu ible hi o geog á ico que
ya si e de e e encia u bana en el discu i
po la ciudad, deudo de su p opio con enido
uncional, esuel o con una ecnología pun a
jus i icable po ese mismo con enido y en la
onda de aquellas mani es aciones casi p opia-
men e ingenie iles que en manos del a qui ec-
o son capaces de ansmi i signi icado y
emociones. La incomp ensión que en su mo-
men o ob u o la ob a de Ei el en Pa ís
- al
ez en e o as cosas po su ubicación más
comp ome ida que en el caso que me
ocupa-
con as a con la acep ación popula de la ob a
del inglés, inco po ada de ini i amen e y con
me ecimien o al paisaje a qui ec ónico de la
Ciudad Condal e incluida, desde su o igen,
en e sus alo es pa imoniales.
Pe o al
mismo
iempo se es aba cons uyendo
en Se illa el Puen e del Alamillo
-incomple-
o-
de San iago Cala a a; un ala de innecesa-
io de «o namen ación es uc u al>> añadida,
pa a con'segui monumen alidad escul ó ica
en una pieza que, al con a io de la an e io ,
pe ie e su aspec o u ili a io más ín imo y
acaba ep oduciendo a escala gigan esca lo
que al ez pudie a esul a un in e esan e
obje o de esc i o io. Valo ación es é ica o sim-
bólica apa e, uno puede obse a con jus i i-
cable pe plejidad, cómo aguas abajo un sim-
ple « able o»
-excelen emen e
cons uido-
iene a sal a la misma luz en e las ibe as
del ío, sin os en ación alguna, con e icacia, y
con un p esupues o mucho más educido. (Me
e ie o al Puen e de la Ca uja de F i z Leon-
ha d y Luis Viñuela.)
En Mad id, se nos o ece como pieza de p i-
me a magni ud
-e
indudablemen e lo
es-
la
in e ención de la Es ación de A ocha de
Ra ael Moneo, mues a e iden e del in eligen-
e eclec icismo al que su au o nos iene acos-
umb ados. Es a ob a millona ia, de indiscu i-
ble necesidad me opoli ana, a a da cuen a
de la capacidad del a qui ec o na a o
-segu-
amen e
el
más celeb ado in e nacionalmen e
de los a qui ec os
españoles-
pa a euni pie-
zas di e sas en una sue e de
<<
Opo unismo
his ó ico>>
que
le
pe mi e mezcla e e encias
a John Soane con la cul u a holandesa de
un
pudok,
ensaya con las g andes luces de las
ma quesinas (pa a mí el espacio más in e e-
san e del conjun o), u di un ingenioso y also
mu o .co ina y e a de ini i amen e con la
pieza del In e cambiado . Quizá las c í icas,
más in e esadas (o malin encionadas) que
agudas, a cues iones de uncionamien o o
señalü:ación, han hu ado la posibilidad de
ealiza o as más concep uales y p o undas
sob e un conjun o cie amen e monumen al
cuyos log os pa ciales no son incompa ibles
con una discusión de su es uc u a in e na o
del descuido del de alle.
La ampliación y emodelación del Ae opue o
de Ba celona de Rica do Bo ill y su Talle de
A qui ec u a iene a ce a es e p ime cua e-
o de ob a
<<
pública>>
de la mayo en e gadu-
a. No me de end é en exceso en es a ob a
pa a no pa ece obsesi o, pe o déjenme deci -
les que nunca me acos umb a é a ecibi con
se enidad esa con i encia de la ein e p e a-
-
CXL-
ción del mu o co ina «más ecnológico>> con
emedos de columna as y capi eles egipcios (o
jónicos, ¡qué sé yo!) y una asnochada am-
bien ación in e io paisajis a ya ensayada
has a la saciedad en los g andes lobbies neo-
yo quinos de los que
M .
y M s. T ump ue on
pa ocinado es. Di é, en a as de la hon adez,
que el uncionamien o es pe ec o, su plan a
limpia y sus ci culaciones cla as; lo que oda-
ía me hace más dolo osa la lec u a de su
esul ado inal, de su imagen.
Cua o edi icios pa a equipamien o depo i o
componen un segundo g upo que encabeza el
Palacio de los Depo es de Badalona
de
los a -
qui ec os ca alanes Es e e Bonell y F ancesc
Ríus. Me ecedo a del P emio Mies an de
Rohe, cabe analiza es a ob a en su jus o g a-
do
de monumen alidad, ca ac e izando una
zona u bana necesi ada de una pieza que la
p o agonice y la alo e, in eligen e en su a-
zado en plan a, suge en e po su sección e
impecablemen e esuel a en su aspec o ex e-
io . En la línea que ambos au o es enían ya
azada en es a ma e ia desde el Velód omo de
L'Ho a
-no
iene al caso habla aquí de su
es ado ac ual y de las azones de su de e io o-
el Palacio de los Depo es es an aus e o y
con enido como cuidadoso en su unciona-
mien o, de al o ma que su con emplación y
su uso ( a a cualidad) esul an igualmen e sa-
is ac o ios.
Pe o en o o Palacio de los Depo es, en
el
de
G anada (y sigo el o den que siguió el Anua-
io) de Lluís Clo e e Ignacio Pa icio --en ese
ma idaje p o esional que a
mí
me cues a
en ende y me hace año a el Clo e de los
iempos de aquella deliciosa casa de acacio-
nes que cons uyó jun o a Tusque s en Pen-
elle ía- no soy capaz de obse a sino obs i-
nación en la solución casi imposible de la
plan a ec angula , así como
un
esul ado con-
cesiona io de un i uosismo o mal de dudo-
so o igen y no menos dudosa inalización.
Una
<<pequeña>>
pieza --el Polidepo i o y
Cen o de Pelo a de Mon ju"ic, ambién
en
Ba celona- a a pe mi i a Jo di Ga cés y En-
ie So ia ensaya con el análisis espacial de un
con enedo elemen al (casi pu amen e pa ale-
lepipédico) y la alo ación de la luz na u al,
a apándola con écnicas museís icas que dan
cuen a de su dedicación p oyec ual y de su
habilidad, de su ca iño po el ma e ial, escogi-
do, medido y medi ado, de su pos u a com-
p ome ida y no exen a de elegancia, p ác ica-
men e cons an e en su ayec o ia, en esa ob a
suya poco suje a a los dic ados de la moda,
algo in empo al si se quie e. Pa a mí, es e ipo
de ob as iene a ilus a
-y
así suelo decí selo
a mis es udian es- aquella a qui ec u a que
es á hecha desde den o pa a ue a, y desde el
a qui ec o pa a los demás, con
el
e iden e dis-
u e de ambos.
Y además, las Ins alaciones Olímpicas de Ti o
con A co de En ie Mi alles y Ca me Pinós
-c
uando oda ía o maban pa eja p o esio-
nal- , con su plan a ( an ca ac e ís ica de sus
au o es) apa en emen e endiablada, esca ada
pa a su mejo comp ensión po el mecanismo
de la epe ición de sus elemen os, de cons-
ucción ingeniosa y en ocasiones in e osímil,
e sión au óc ona
-aunque
a ellos no les gus e
oí l
o-
de los ien os decons uc i is as que
sopla on desde Eu opa Cen al y que embele-
sa on al penúl imo Philip Johnson an es de su
i emediable caída. Lógicamen e, pa a en en-
de la, hay que insc ibi es a ob a en el conjun-
-
CXLI
-
141
ASTRAGALO,03(1995)ISSN 1134-3672
142
o de las ealizadas po sus au o es, jun os y
po sepa ado. Así y odo pa a mí esul a in-
comp ensible.
Vend án a con inuación doce ob as algo di e -
sas, de equipamien o cul u al o de ocio, admi-
nis a i os ins i ucionales, de se icios o de
o icinas, y la p ime a de ellas es el Palacio de
Cong esos de Salamanca
-una
de las pocas
que salen del iángulo p e e encial que o -
man Mad id, Ba celona y
Se illa-
ob a del
a qui ec o, pin o y p o eso de a qui ec u a
Juan Na a o Baldeweg, ensayo poé ico ace -
ca de la bó eda «pe e sa» que iene p ác i-
camen e a cues iona lo que ap endimos en el
lib o de ex o de Edua do To oja; magní ico
po o o lado, una especie de oma pós uma
de Cas illa po el Islam, casi mágico y me e-
cedo de la admi ación de casi odos (William
Cu ís en e ellos), modelo de implan ación y
de econocimien o del luga , que es desg a-
ciadamen e su lec u a menos ecuen e. Su
monumen alidad, en es a ocasión plenamen e
jus i icada, no iene nada de monumen alis-
mo y de hecho la ciudad de Salamanca, con-
enedo a ya de no pocos hi os a qui ec óni-
cos, ha in eg ado de o ma gene osa y nada
iolen a es a pieza de Na a o, quien ya nos
habi uó a su poesía desde la Casa de la
Llu ia.
Den o del Conjun o de la Expo es nue as
ob as an a
ll
ama nues a a ención, siguiendo
como an es las indicaciones del Anua io; el
Pabellón de la Na egación, del se illano Gui-
lle mo Yázquez Consueg a, de impecab
le
sec-
ción a
mi
juicio debili ada después po el
exceso de ma e iales y o mas con ocados en
su con igu ación inal. Y su o e, en el ex e-
mo con a io a lo que se ha denominado
-con
mejo o peo o una- minimalismo a qui ec-
ónico, demos ación excesi a, casi exhibicio-
nis a, de la capacidad del a qui ec o au o en
jun a , encon a , supe pone y opone inclu-
so,
en
la pe secución más decidida del obje o
he moso en sí mismo.
Lo
he dicho y lo he
esc i o en o os luga es, y sin en a a alo a
subje i amen e la ob a de Guille mo Vázquez
c eo que puede acaba siendo esponsable de
lo
que pod íamos
ll
ama
un
«nue o o malis-
mo» que si en sus p opias manos ya es p eo-
cupan e, puede alcanza ni eles ala man es en
las de sus seguido es más jó enes, más inex-
pe os, menos do ados, o po deci lo más cla-
o, simplemen e o pes.
Una pieza mucho meno , el Pabellón au onó-
mico de Cas illa-La Mancha, de Manuel de las
Casas (en colabo ación con su he mano
Ignacio de las Casas y Jaime Lo enzo), iene a
mi
c i e io a pone el con apun o del an e io .
«Engañosamen e» aus e o, esuel e una plan a
b illan e y una sección delicada, al ez u o de
una sosegada in es igación espacial que pa e
del emplo y de la casa, y de la capacidad de
ambos pa a gene a ipos expo ables a o as
unciones. La nobleza p opia de la made a p e-
ciosa a a se capaz de añadi ambién nobleza
a ma e iales an anónimos como el able o
enólico y el análisis igu oso de los con enidos
uncionales a a pe mi i que la idea de con e-
nedo , sin queda aba
nd
onada, se supe ponga
con su ileza a la de i ine a io. Todo un símbolo
que no
en
ano cosechó
la
s c í icas más a o-
ables y
un
ánimes del
co
njun o de piezas que
colonizó empo almen e la isla de la Ca uja.
Una caja ambién, aunque de conside ables
dimensiones, ingenua en el ondo en su p epo-
-CXLII -
encia
de
id io y má mol es
el
Tea o Cen al
de
Ge a do Ayala, con enedo a
de
un
sin ín
de
de alles elabo ados has a
la
saciedad, demos-
a i os del o icio de
su
au o , pe o al ez
hué ana
de
la imp on a
de
las g andes deci-
siones que dan unidad
al
conjun o, como ocu-
ie a en modelos an conocidos
de
G opius, de
Oud o
de
Al a Aal o, y íc ima p ecisamen e
de
la p esencia au ónoma de cada uno
de
ellos.
Vol iendo a ie as ca alanas el Club Náu ico
de L'Es a i de Ca los Fe a e , exquisi o co-
mo su au o
-hacia
el que no ocul o
mi
admi-
ación como uno de los p o esionales más sóli-
pequeño «híb ido» (o «usos mix os») que
albe ga con mucha habilidad pa a su disposi-
ción o ganiza i a salas de isi as, o icinas y
i iendas y que en ocasiones me sugie e
como una e sión ac ualizada de la Escuela
de Ams e dam
-no
en ano Ma eo ha hecho
allí sus pini os a qui ec ónicos-, como
un
K ame o
un
Wi jde eld impo ados a la ie-
a de Jujol y Gaudí. Esa, segu amen e in en-
cionada, «alocacidad» de la Ob a de Ma eo
me pa ece inalmen e
su
e sión más a ac i-
a, aunque ambién
la
más inquie an e. Y la
más discu ible.
dos del pano ama español con empo áneo- a No
sé
si
el
aza ha hecho que enga que esc i-
a demos a se como una delicadísima ope a- bi aho a ace ca de la Escuela
de
Acuicul u a
ción de implan ación en el luga , cuya isión de
la
Isla de A osa (Pon e ed a) o
si
ya es aba
desde el ma esul a deliciosa (¡ese a o ho i- en
la
in ención
de
Luis Femández Galiano
zon al noc u no!), apoyado sob e una plan a
-au o
de
la
selección-es ablece es e con as-
an sencilla que uno piensa que a cualquie a e, pe o en el ex emo de los Juzgados es á es a
debie a habé sele ocu ido an es, y una sección ob a
de
la
a qui ec a, jiennense de nacimien o,
amable, nada o zada, que acaba án de iniendo
planos
de
id io y planos macizos, mu os e -
sos como ejes de coo denadas y mu os ondu-
lados, como las cu as exac as
de
los g á icos
de los lib os de es adís ica. Ob a ajus ada en
su
p esupues o y igu osa
-una
ez
más-
con sus
eque imien os uncionales, que
se
me an oja
como pa adigma de la a qui ec u a con empo-
ánea que es oy que iendo ei indica en es e
esc i o. Una de las úl imas ob as que conozco
de
Fe a e ,
la
casa y alle pa a su he mano
o óg a o en el Ampu dán, iene a co obo a
lo
que
el
Club Náu ico ya anunciaba.
El
Edi icio pa a los Juzgados que Josep Lluís
Ma eo ha p oyec ado y cons uido en Bada-
Pascuala Campos. Con esa é
mi
a ec o pe so-
nal po Pascuala an es de deci que encuen o
su Escuela an con unden e y a la ez an ie -
na como una casa g ande, como una casa de
odos y pa a odos, sin una sola concesión
al
ges o,
al
guiño
de
la
moda, cons uida con
la
so-
lidez
de
las
casas sola iegas gallegas, con
la
de
los hó eos, aca iciando pied as an es
de
colo-
ca las en
la
achada, aca iciando made as an es
de
cons ui las ce chas, con eniendo pa ios y
espacios claus ales, an se enos, an p opios
de luga ,
de
las cos umb es de los pescado es,
ap opiándose del e eno sin que e compe i
con
el
inaudi o paisaje
de
las pla a o mas de
cul i os ma inos.
lona, es como
un
g i o dado en el in e io de Una sola ob a es ex aída del amplio capí ulo
una Cáma a Acús ica. Así me pa ece a mí ese de la Rehabili ación
-o
de
la
Re o ma, la Re-
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