(HISTORIA DE LA
I,
En la Man ua Ca pe ana
es án las calles desie as,
mudas las casas, yel cielo
cubie o de nubes neg as.
Silencioso es á el cas illo,
soli a ias sus almenas,
yáno e se el compasado
paseo de un cen inela,
juzgá ase que en sus mu os
no gua dagen e de gue a.
¿Dónde es án los Man uanos?
Jun os ienen de la Iglesia.
Bien lo dicen su mesu a.
VIRGEN DE LA ALMUDENA.)
1085.
ysus es idos de ies a,
yel lle a al descubie o
las aba idas cabezas.
Bien lo dice una c uz osca
que siguen con e e encia
a ios clé igos can ando,
yunas andas en que lle an
ála Vi gen de la illa,
ásu mad e yásu eina.
Vienen de ás las muje es
con encendidas candelas
éimpacien es ypa le os
sus hijos ienen con ellas.
Hacen los a ios colo es
del aje, con usa mezcla.
ylos di e sos mu mullos
un solo umo sus en an,
oces que áin e' alos can an,
oces que áin e alos ezan.
—Mad e; dice un apazuelo
ála muje que lo lle a.
¿A dánde an con la Yí gen?
Y.le esponde:—Aesconde la,
que son los mo os capaces
de sac ilegios que a e an,
yacui a álos Man uanos
eñe a los mo os|ce ca.
No muy lejos una anciana,
que se ep ime con pena,
mu mu a con oz emblona:
—Mal pecado ymala mengua
nos ujo el ey Don Rod igo,
que si el cielo nos ap ie a
del mucho holga en el Tajo
ué la culpa mani ies a.
—¿Pa a qué eneis espadas
si no sabéis usa de ellas?
dícele un iejo áun gue e o,
yes e, que p es o se quema,
esponde:—En e dad que ansio
que áMan ua los mo os engan
po e si ienen an du a
la piel como os la lengua.
Lap ocesión sigue en an o
hacia el lado dé la ega,
Val llega ála mu alla
se de iene, dobla en ie a
la odilla, yen silencio
al llan o que co a deja.
Lle an la Vi gen áun cubo,
delan e ponen dos elas
encendidas, ylo apian
con mas cuidado que p iesa.
Poco después, ¡pob e Man ua!
pisa la hues e aga ena
sus calles yen su cas illo
la in iel media luna ondea.
11.
Jun o ála impe ial Toledo,
yen la campiña que iega
el Tajo, que en su co ien e
o o yc is al jun os lle a,
asién ase un campamen o
en a mas ico yen iendas,
que son a iadas, ymuchas,
ycon dis in as enseñas.
La c uz es iende sus b azos
sob e aquel bosque de elas,
yde la c uz al ampa o,
o nada de insignias egias
una ienda se le an a
mages üosa yse e a.
Con g an eca o la gua dan
los apues os cen inelas,
que allí Don Al onso el ses o
descansa de sus aenas,
si es que descansa los eyes
pueden en iempo de gue a.
Des elado es á el caudillo
en g ado al, que la ienda
mide coa inquie os pasos
yal in se sale ála pue a,
mas ai e buscando el pecho
ycon la is a mas ie a.
Es de noche: de Toledo
los mina e es descuellan
como ema es del ce o
pe dido en e somb as neg as,
yaunque áin e alos la luna
pálidos ayos e leja,
solo ála is a pe mi e
e que Toledo es á en ela,
po los ace ados isos
con que su luz cen ellea.
Asus pies mu mu a el io,
pa ece que en son de queja,
yes años sonidos o ma,
que en ocasiones semeja
que a a as ando a madu as
ylas choca con las pied as.
A eces umo con uso
inge de udapelea,
yá eces suspi os, a es,
ecos que llo an muy ce ca.
Es emécese el caudillo
Ven los imposibles piensa
que de loco le ac edi a
en su p oyec ada emp esa,
que él sabe lucha con homb es,
ydomina álas ie as;
pe o no espugna los mu os
que gua da na u aleza
con esca padas al u as,
con abismos po do ueda
caudal an c ecido de agua
de an po en e ie eza.
Sus ojos le an a al cielo
pidiendo al cielo clemencia,
jacué dase de Ma ía,
yla adición ecue da
de aquella escondida e igie
que busca con insis encia
Mad id, pues que exis e sabe
éigno a donde se encuen a.
Cuando ce caba sus mu os
imaginó Al onso ella.
Ganó áMad id, ybuscóla
con cuidosa diligencia;
pe o uese sin el log o
del hallazgo po la p iesa
de pone ce co áToledo
con cuya conquis a sueña.
Pa éce e que la Vi gen
es á con él descon en a,
po que dejó de buscalla
po i se as o a emp esa
ydá de se mal asallo,
ymal caballe o mues a
quien po busca su p o echo
no si e bien ásu eina.
Con lág imas en los ojos
dobla la odilla en ie a
yde busca ála Vi gen
hace solemne p omesa
an p on o como Toledo
encida y omada sea.
En onces asga la luna
las nubes en que es á en uel a
yla ciudad ilumina
con luz mis e iosa ybella.
-Suspende el Tajo su u ia,
Al onso anquilo queda,
en dulce sueño gozando
de pe spec i as isueñas,
yal cabo de dos semanas
se alzan del campo las iendas,
po que endida Toledo
ab e al si iado sus pue iBS.
III.
¿Quées lo que en Mad id ocu e?
¿qué u o es año ciega
ámagna es, y illanos,
águe e os, ydoncellas?
Los gó icos edi icios
egis an con ales e as,
que al cabo de pocos dias
ienen áqueda po ie a.
No se apagan las an o chas
en sub e áneos ycue as,
que ensanchan yp o undizan
esca aciones inmensas,
yen la illa yen el campo
se busca con is a inquie a,
palmo ápalmo se egis a
se mue e pied a po pied a.
Diz que Don Al onso el ses o
ales pesquisas o dena
en cumplimien o de un o o,
yel pueblo con gus o p es a
po encon a ásu Vi gen,
consejos, caudal y ue za.
Al cabo de algunos dias
o úscanse las cabezas,
las espe anzas se pie den,
se inden las ue es dies as,
yen deso denados g upos,
sin conce a las ideas,
ca an, demuelen, des uyen
odo lo que al paso encuen an.
El ey, que es poco su ido,
es ago mayo p oyec a.
Dice que la Villa es suya,
que la ganó en buena gue a
yha de a anca los cimien os,
oca en alle la ega,
yen a se luego en el io
á egis a sus a enas.
Sábelo el pueblo yle en ia
quien le hable de es a mane a;
—«Seño , las idas son uyas
lo mismo que las haciendas:
si quie es e demolidas
las casas, danos licencia,
que ya nos come el deseo
de pone la mauo en ellas.»
Mucho place al ey su pueblo
yáda le a la espues a,
cuando el sesudo p elado
de la oledana iglesia
con oz mesu ada y i me
dice las palab as es as:
[Es p opiedad.)
DEPÓSITO CENTRAL, jMADRID: 1870.
LIBRERÍA DE LA VIUDA ÉHIJOS DE D. J. CuESTA, iESTABLECIMIENTO TIPOGRAFICO DE EDUARDO CuESTA,
Ca e as, 9.i6, bajo.
—«Malimaginas, Al onso,
que se hallan del cielo p endas
con ímpe us que suponen
mas bien que piedad sobe bia.
An es que aumen es el daño
áMad id, e u conciencia,
que quien ie e mucha sang e
con mucho descuido peca,
ypecados de los eyes
de pueblos son peni encia.
Si hace cenizas esuel es
pa a halla la Vi gen, sea:
hunde u en e en el pol o,
pon ceniza en u cabeza.»
Picado el ey del consejo
sien e co e en sus enas
uego que al os o le sube,
ylas megillas le quema;
mas ascu ido un ins an e
se inclina con e e encia
ydel anciano p elado
humilde la mano besa.
IV,
Enla Man ua ca pe ana
es án las calles desie as;
silencioso es á el cas illo;
soli a ias sus almenas.
¿Dónde es án los Man uanos?
Jun os ienen de la iglesia,
que bien lo dicen de lej os
oces que can an y ezan.
En p ocesión muy lucida
camino an de la ega
yel ey Don Al onso el ses o
a con humildad es ema:
luego siguen las muje es
con encendidas candelas
éimpacien es ypa le os
ienen sus hijos con ellas.
En e la piadosa u ba
des ácase una doncella
de he mosu a pe eg ina,
que, en e llo osa y isueña,
a diciendo: —«Vi gen San a
ho a es ya de que pa ezcas.
La ó de un ey el pecado
um ma de lág imas nues as.
Si la ciudad pe os mo os
p o ana on con su huella,
mi a que ya con su sang e
hemos la ado la ie a,
ypa a que no la pises
la cub e glo iosa ela,
pues hoy nues o amo e pone
po al omb a sus bande as.»
La p ocesión llega al mu o
y, cual si sus uegos ue an
i esis ibles a ie es,
desplómanse algunas pied as,
húndese pa e de un cubo
do b üla ima luz in ensa
yen él p esén ase al pueblo
la Vi gen de la Almudena,
con las elas encendidas
que se escondie on con ella,
sin se es siglos bas an es
pa a me ma les la ce a.
Mad id, Mad id, u pa ona
de an as glo ias emblema,
la Vi gen que ué en el mu o
es igo de us g andezas,
la que gua dando la illa
o nó su colo mo ena,
la que buscó el b a o Al onso,
la que apa eció en la Vega
,
en la Man uaca pe ana
no iene un emplo siquie a.
J. R.