El voto de Alfonso sesto : historia de la Virgen de la Almudena
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(HISTORIA DE LA I, En la Mantua Carpetana están las calles desiertas, mudas las casas, yel cielo cubierto de nubes negras. Silencioso está el castillo, solitarias sus almenas, yáno verse el compasado paseo de un centinela, juzgárase que en sus muros no guardagente de guerra. ¿Dónde están los Mantuanos? Juntos vienen de la Iglesia. Bien lo dicen su mesura. VIRGEN DE LA ALMUDENA.) 1085. ysus vestidos de fiesta, yel llevar al descubierto las abatidas cabezas. Bien lo dice una cruz tosca que siguen con reverencia varios clérigos cantando, yunas andas en que llevan ála Virgen de la villa, ásu madre yásu reina. Vienen detrás las mujeres con encendidas candelas éimpacientes yparleros sus hijos vienen con ellas. Hacen los varios colores del traje, confusa mezcla.
ylos diversos murmullos un solo rumor sustentan, voces que áinte'rvalos cantan, voces que áintervalos rezan. —Madre; dice un rapazuelo ála mujer que lo lleva. ¿A dándevan con la Yírgen? Y.le responde:—Aesconderla, que son los moros capaces de sacrilegios que aterran, yacuita álos Mantuanos teñera los moros|cerca. No muy lejos una anciana, que se reprime con pena, murmura con voz temblona: —Mal pecado ymala mengua nos trujo el rey Don Rodrigo, que si el cielo nos aprieta del mucho holgar en el Tajo fué la culpa manifiesta. —¿Para qué teneis espadas si no sabéis usar de ellas? dícele un viejo áun guerrero, yeste, que presto se quema, responde:—En verdad que ansio que áMantua los moros vengan por ver si tienen tan dura la piel como vos la lengua. Laprocesión sigue en tanto hacia el lado dé la vega, Val llegar ála muralla se detiene, dobla en tierra la rodilla, yen silencio al llanto que corra deja. Llevan la Virgen áun cubo, delante ponen dos velas encendidas, ylo tapian con mas cuidado que priesa. Poco después, ¡pobre Mantua! pisa la hueste agarena sus calles yen su castillo la infiel media luna ondea. 11. Junto ála imperial Toledo, yen la campiña que riega el Tajo, que en su corriente oro ycristal juntos lleva, asiéntase un campamento en armas rico yen tiendas, que son variadas, ymuchas, ycon distintas enseñas. La cruz estiende sus brazos sobre aquel bosque de telas, yde la cruz al amparo, ornada de insignias regias una tienda se levanta magestüosa ysevera. Con gran recato la guardan los apuestos centinelas, que allí Don Alfonso el sesto descansa de sus faenas, si es que descansar los reyes pueden en tiempo de guerra. Desvelado está el caudillo en grado tal, que latienda mide coa inquietos pasos yal fin se sale ála puerta, mas aire buscando el pecho ycon la vista mas tierra. Es de noche: de Toledo los minaretes descuellan como remates del cerro perdido entre sombras negras, yaunque áintervalos la luna pálidos rayos refleja, solo ála vista permite ver que Toledo está en vela, por los acerados visos con que su luz centellea. Asus pies murmura el rio, parece que en son de queja, yestraños sonidos forma, que en ocasiones semeja que va arrastrando armaduras ylas choca con las piedras. Aveces rumor confuso finge de rudapelea, yáveces suspiros, aves, ecos que lloran muy cerca. Estremécese el caudillo Ven los imposibles piensa que de loco le acredita en su proyectada empresa, que él sabe luchar con hombres, ydominar álas fieras; pero no espugnar los muros que guarda naturaleza con escarpadas alturas,
con abismos por do rueda caudal tan crecido de agua de tan potente fiereza. Sus ojos levanta al cielo pidiendo al cielo clemencia, jacuérdase de María, yla tradición recuerda de aquella escondida efigie que busca con insistencia Madrid, pues que existe sabe éignora donde se encuentra. Cuando cercaba sus muros imaginó Alfonso vella. Ganó áMadrid, ybuscóla con cuidosa diligencia; pero fuese sin el logro del hallazgo por la priesa de poner cerco áToledo con cuya conquista sueña. Parécete que la Virgen está con él descontenta, porque dejó de buscalla por irse tras otra empresa ydá de ser mal vasallo, ymal caballero muestra quien por buscar su provecho no sirve bien ásu reina. Con lágrimas en los ojos dobla la rodilla entierra yde buscar ála Virgen hace solemne promesa tan pronto como Toledo vencida ytomada sea. Entonces rasga la luna las nubes en que está envuelta yla ciudad ilumina con luz misteriosa ybella. -Suspende el Tajo su furia, Alfonso tranquilo queda, en dulce sueño gozando de perspectivas risueñas, yal cabo de dos semanas se alzan del campo las tiendas, porque rendida Toledo abre al sitiador sus puertiBS. III. ¿Quées lo que en Madrid ocurre? ¿qué furor estraño ciega ámagnates, yvillanos, águerreros, ydoncellas? Los góticos edificios registran con tales veras, que al cabo de pocos dias vienen áquedar por tierra. No se apagan las antorchas en subterráneos ycuevas, que ensanchan yprofundizan escavaciones inmensas, yen la villa yen el campo se busca con vista inquieta, palmo ápalmo se registra se mueve piedra por piedra. Diz que Don Alfonso el sesto tales pesquisas ordena en cumplimiento de un voto, yel pueblo con gusto presta por encontrar ásu Virgen, consejos, caudal yfuerza. Al cabo de algunos dias ofúscanse las cabezas, las esperanzas se pierden, se rinden las fuertes diestras, yen desordenados grupos, sin concertar las ideas, cavan, demuelen, destruyen todo lo que al paso encuentran. El rey, que es poco sufrido, estrago mayor proyecta. Dice que la Villa es suya, que la ganó en buena guerra yha de arrancar los cimientos, trocar en valle la vega, yentrarse luego en el rio áregistrar sus arenas. Sábelo el pueblo yle envia quien le hable de esta manera; —«Señor, las vidas son tuyas lo mismo que las haciendas: si quieres ver demolidas las casas, danos licencia, que ya nos come el deseo de poner la mauo en ellas.» Mucho place al rey su pueblo yádarle va la respuesta, cuando el sesudo prelado de la toledana iglesia con voz mesurada yfirme dice las palabras estas:
[Es propiedad.) DEPÓSITO CENTRAL, jMADRID: 1870. LIBRERÍA DE LA VIUDA ÉHIJOS DE D. J. CuESTA, iESTABLECIMIENTO TIPOGRAFICO DE EDUARDO CuESTA, Carretas, 9.i6, bajo. —«Malimaginas, Alfonso, que se hallan del cielo prendas con ímpetus que suponen mas bien que piedad soberbia. Antes que aumentes el daño áMadrid, ve tu conciencia, que quien vierte mucha sangre con mucho descuido peca, ypecados de los reyes de pueblos son penitencia. Si hacer cenizas resuelves para hallar la Virgen, sea: hunde tu frente en el polvo, pon ceniza en tu cabeza.» Picado el rey del consejo siente correr en sus venas fuego que al rostro le sube, ylas megillas le quema; mas trascurrido un instante se inclina con reverencia ydel anciano prelado humilde la mano besa. IV, Enla Mantua carpetana están las calles desiertas; silencioso está el castillo; solitarias sus almenas. ¿Dónde están los Mantuanos? Juntos vienen de la iglesia, que bien lo dicen de lej os voces que cantan yrezan. En procesión muy lucida camino van de la vega yel rey Don Alfonso el sesto va con humildad estrema: luego siguen las mujeres con encendidas candelas éimpacientes yparleros vienen sus hijos con ellas. Entre la piadosa turba destácase una doncella de hermosura peregrina, que, entre llorosa yrisueña, va diciendo: —«Virgen Santa hora es ya de que parezcas. Lavó de un rey el pecado um mar de lágrimas nuestras. Si la ciudad perros moros profanaron con su huella, mira que ya con su sangre hemos lavado la tierra, ypara que no la pises la cubre gloriosa tela, pues hoy nuestro amor te pone por alfombra sus banderas.» La procesión llega al muro y, cual si sus ruegos fueran irresistibles arietes, desplómanse algunas piedras, húndese parte de un cubo do brüla ima luz intensa yen él preséntase al pueblo la Virgen de la Almudena, con las velas encendidas que se escondieron con ella, sin ser tres siglos bastantes para mermarles la cera. Madrid, Madrid, tu patrona de tantas glorias emblema, la Virgen que fué en el muro testigo de tus grandezas, la que guardando la villa tornó su color morena, la que buscó el bravo Alfonso, la que apareció en la Vega , en la Mantuacarpetana no tiene un templo siquiera. J. R.