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Los sentidos y el proceso creador

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Los sentidos y el proceso creador

Author: García Díaz, Sebastián
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 1978
Source: https://idus.us.es/bitstreams/99c0bab7-4ed5-4869-a39b-011a345060e4/download
LOS
SENTIDOS
Y EL PROCESO
CREADOR('
~
)
Po
SEDASTI.4.N GA
RCÍA
DíAZ
Nos
hemos
eunido
es a
a
de
-sose
gada
la
p eo
c
up
ac
ión
y huidizo el
in ie no-
pa a
suge
i
ideas y
sen imien o
s s
ob e
un
ema
sole
mne
en
exceso
po
su
enunc
iad
o,
pe o
que
po
eso
se
p e
s
a
a
cub i
mi
in e
nción. Sí,
nos
eunimos
pa a
habla
de
los
sen idos
, del
p oceso
de
c e
ación,
y,
sob e
odo
,
pa a
habla
del
homb e,
de
su
en o no
y
de
su
din o no.
Y
oy a
habl
a
a Espec
ialis as
y
públi
co
p o ano
,
qu
e ienen
un
ca ác e
c
omún
de
p incip
al
impo ancia
y es
que
son
hom-
b es
ambi
én, y al hilo del
homb
e es
como
las
con
s
id
e a-
ciones
que
he
mos
de
hace
es a
a d
e
an
a
i
dichas; el
sen
-
ido
eleológico
de
ellas
es á
encuad ado
en
es
a
p eocupación
humanís i
ca
,
en
su
dob
le y
ecunda
e ien e.
De
una
pa e
po que
al
se
ho
mb e
«na
da
de
lo
humano
me es ajeno», y
de
o a
po que
los
homb es
que
hoy
con igu amos
es a
so
cie-
dad
deb
em
os
de ene el
esp
í i u
gene
o
sa
me
n e
dis
pue
s
o
pa a
acog
e a
las
nue as
p omoci
o
nes
,
que
í genes de sensa-
ciones
y
de
mali
cia,
se
an
inco po
a
ndo
con
un
alan
e e-
ce
p i o
a la ida. Con
aqu
ella
pu
eza
que
qu
ed
a
eco
g
ida
en
el es
imonio
de
una
muje
que
si
en
e en
poe a:
Aye
,
uno
de ene o
de
mil
no ecien os
se en a y dos,
a las di
ez
de
La
mañana,
de
cid
í
empeza
a i i
.
Me
puse
un
la go
es ido
osa
l.
Con
e encia
de
ina
ugu
ación del Cu so en
Ja
Socie
dad
O almológica
An
daluza.
F
eb e
o 1
978.
34
SEBASTIÁN
GARCÍA
DÍAZ
que nze llegaba has a el al
ma;
con g an
e
nu a
coloqué en
mis
ojos
el asomb o,
y a
pun o
es u e
de sal a le la cue da al co azón.
Mis labios los dejé
como
es aban
po que nada había que
qui a
o pone .
Y así,
soñándome
despie a,
con el
emblo
de
sabe me
posible, nacida, exac a,
me
adhe í, po ez p ime a,
a
ein a
cua o millones de españoles.
(Alicia Cid)
Con
es os,
que
se
an
añadiendo
a los 34 millones
ele
es-
pa i.oles,
noso os
los
que
andamos
po
la
mese a
de
la
ida,
enemos
que
pone
a
p ueba
nues a
calidad
humana
pa a
hace
acogedo
y
es imulan
e
es
!
mundo
al
que
se
inco -
po an
.
Habla emos,
na u almen e,
de
los
sen idos,
de
la
c eaci
ón.
Habla emos
,
asimismo,
de
un
pun o
de
e e encia
que
yo
c eo
necesa io
pa a
encuad a
es e
mundo
c ea i o,
que
a y
iene
a
a és
de los
sen idos
y
pasa
po
la
emoción
a
la
in eligen-
cia
del
homb e.
Y
pa a
eso
ecu i emos
al
ejemplo
de
algu-
nas
épocas
his
ó
i
cas
an e io es,
que
quizás
nos
pueda
ayuda
ex ao dina iamen e
a
comp ende
lo
que
a
a
se
la
e
c
e a
pa e
de
nues o
co
men a io
:
Es e
iempo
nu
es
o
,
en
donde
el
p oceso
de
c eación, de
es ímul
o y
de
esponsabiliz
ación
andan
an as
eces
de o mados.
Conscien e o inconscien e-
men e,
espon ánea
o de
o ma
p o ocada
, es lo
cie o
que
el
des
·
equilib io
de
nues o
iempo
iene
honda
s
aíces
y
quizás
explicaciones biológicas.
* * *
¿Es amos
en
un
a
época
de
c isis?
No
lo
sé. A lo
la
go
de
oda
la
hi
s
o i
a,
al
homb e
le
ha
gus a
do
de
mane a
mo bosa-
men e
sen ida,
el
a i ma
que
la
suya
es
una
época
de
c isis;
quizás
pesa oso
de
la
b e edad
de
su
paso
po
la
ida;
quizá
sin iendo
que
es c
omo
la
lo
del
heno
que
hoy
luce
y
mañana
LOS SENTIDOS Y EL PROCESO CREADOR
35
desapa ece.
Po
eso
pa a
cla sc
au o es imonio
de
impo ancia
que ía
se
ac o ,
o
po
lo
menos
es i
go
de
esas
g andes
c isis
de
gi o
en
la
his o ia
de
1a
humanidad.
Reco iendo
no
impo -
a
qué
lib o
de
his o ia
,
nos
encon
am
os,
a eces,
con
el es-
imonio
oci e an e
y
ac e
de los
que
han
de inido
su
época
como
una
época
de c isis. Hoy
no
enemos
nada
más
que
e
la
p ensa
dia ia,
la
s
e is as
semanales,
los
medios
de
comu-
nicación,
pa a
escucha
cons an emen e
es a
palab a:
c isis.
C isis
espi i ual,
c isis
económica,
c isis
de
los
alo es
mo a-
les,
c isis
de
los
sen
idos. Nos llena
de
impo ancia
s
e
an
es igos o,
si
hay
opo unidad,
an
ac o
es
(siemp e
an
com-
pa sas),
de
lo
que
pueda
se
una
e apa
de
c isis.
Lo
se á
o no;
enemos
que
espe a
el
paso
de
los años
pa a
se
cali icados.
Lo
cie o
es
que
es amos
en
una
época
con ulsa,
que
es amos
en
una
época
de
cambios
adicales
y
pe i
é
icos,
inadap ados
a lo
que
A.
To le
llamaba
«el
shock
del
u u o»
, y
que
no
somos
capaces
de
segui
con
pasos
de
homb e
es a
loca
ca e a
que
ue zas
supe io es
al
homb e
han
emp endido.
Y
desde
es e
pun o
de
is a
c eo
que
no
nos
alejamos
de la
ealidad
si
a i mamos
el
que
se á
discu ible
que
nos
encon emos
en
una
época
de
c isis,
pe o
c eo
que
es
e iden e
que
nos
encon amos
en
una
pe pleja
época
de
cambio
adical.
En
ella
los
sen idos
siguen
haciendo
su
adicional
un-
ción.
T es
unciones
p incipales,
c eo
yo,
sin
g andes
esque-
ma ismos
que
se le
pueden
a ibui
a los
sen idos.
Una
el
cons
·
i ui
la
do ación
pe ec i a
del
homb e,
aquellos
ó ganos
po
los
que
el
homb
e
adquie e
las bellezas
de
la
c eación.
Es
g a o
imagina
que
al
sex o día, Dios,
cuando
io
que
odo
e a
bueno
y
con enien e
y bien
con o mado,
c eó
al
homb e
y lo
do ó
de
sen idos
pa a
que
pudie a,
p ecisamen e,
goza
de
es a
he mosu a
de
la
na u aleza
y
de
esa
pe ección
de
la
mano
di ina.
Tenía
que
se
ambién
un
po
e
a
de
nues a
ie-
a
(mis
ci as
de
es a
noche
se án
odas
de
poe as,
pa a
ale-
ja nos
un
poco
de
la
e udición
cien í ica
en
que
nos
sume -
gimos
el
es o
de
la
semana),
el
que
de
una
mane a
in ocable
eco ie a
los
cinco
sen idos,
con
un
son
andaluz
y
anda iego:
36
SEDASTJ,{:-1
GARCÍA
DÍAZ
A
mí
ampoco
me
pod án
qui a
el
son
del
almi ez
cuando la
somb a
co a anuncia el
mediodía,
el g
us o
del
acei e
en el hoyo
del
pan,
el
olo
de la ie a
mojada
que nos caía desde
los ce os,
si
la
onnen a
odaba
sus
oneles
sob e
los
peñones
de Na ao,
la
sua idad
de la ba andilla del
puen e
y
la
luz de la sies a sob e el e de
humo
de las oli as,
sí, con la ida,
p ime o
no
me
qui an
el sen ido.
(Juan
José
Cuad ado
)
Una
segunda
unción
muy
impo an e
de los
sen idos:
el
se
ins umen o
de comunicación.
Po
los
sen idos
se
adquie-
en
las no icias, los
olúmenes,
las
o mas,
las
pe ecciones,
se
sugie en
las
ideas
y a
a és
de
los
sen idos
noso os
es a-
blecemos esos
puen
es
de
comunicación
con
los
demás,
con
es a
g an
he mandad
que
o ma
la
Comunidad
de
los hom-
b es.
Cuán as
eces el de ec o
de
com
unicación
de
nues
o
iempo,
el
de
la
o a
soledad
hi su a
del
homb e,
es la con-
secuencia
de
la
oladu a
igno an e
de
es e
puen e
de
co
muni-
cac
ión
que
sign
i ica los se
n idos
ansi ados.
Aunque
el
hom
-
b e
se
quede
acío,
hay
que
conse
a el
pu
en e
aunque
el
homb e
-sucede
an a
s eces a
lo
s
poe as-
hecho
pu o
ins
umen o
ansmiso
de las
emociones
y
descub imien os
sal
-
ga
de
sí
de
al
ma
ne a
que
quede
desasis ido
de
su
ida
in
e io :
No
podemos
ni
coge la lo de
un
allado
pa a que sea
nues a
y
nada
más
que
nu
es a,
ni
ende nos
anquilos
en
medio
de las cosas,
sin pensa , a goza la en
su
p esencia solo.
Nunca
sab emos
como
son
de
e dad
las a des,
lib e de
nues a
angus ia
su
desnuda
belleza;
LOS
SENTIDOS Y EL PROCESO CREADOR
jamás conoce emos lo que es una
muje
en sus p o undos bosques donde hay
que
en a callado.
Tú no nos das el
mundo
pa a que lo gocemos,
Tú
nos lo en egas pa a que lo hagamos palab a.
Y después que la ie a iene oz
po
noso os
nos quedamos sin ella, con solo el
alma
g ande.
(José
M.ª
Val e de)
37
Y
po
úl imo,
es
e iden e
que
los
sen
idos
son
he amien-
as
de c eación,
con
las
que
se
acopia
la
buena
made a,
el
cincel,
el
colo ,
pa a
que
con
es os
ma e iales
que
an
eco-
giendo
sen ido
po
sen
ido
,
pueda
después
cuaja
de
o ma
a mónica
y d
e ini
i
a
una
ob a
de
c e
ación
.
Aquí,
ya
ald ía
una
di e enciación,
hoy
que
an o
se
ha-
bla
de
la
libe ación
de
la
muje ,
di e enciación
esencialmen e
álida
en e
el
ins in o
de
c eación
del
homb e
, y el
ins in o
de
ma e nidad
de
la
muje .
El
homb e
se
us a,
se
ompe,
se
auma iza
o
no
se
log a
,
cuando
no
ha
e minado
de
hace
pe-
queña
ob a
de
a e,
impo an e
o
es i ical,
o
ín ima
ob a
de
_
c eación;
plan a
un
á bol,
esc ibi
un
lib o,
...
ene
un
hijo
en
e ce
luga .
La
muje
se
us a
o
se
acongoja
c
uando
no
ha
conseguido
la
suce
si
ón
del
hijo.
En
ella
la
especie
manda
más
que
la
pe sona,
y
po
eso
si
no
llega
a
ene
el
hijo
se
des igu a
en
ac i idades
c ea i as
de
homb e,
y
se
despa ama
gene osamen e
en
ob as
o
pe sonas
con
las
que
es ablece
una
ie na
elación
ma e no- ilial.
Na u almen e
lo
s
sen idos
con
es a
iple
unción
in eg a-
do a,
pueden
p o e
e
una
dinámica
dis in a
y
con ap
u
es a:
Hacia
la
conc
upiscencia,
es
deci
al
se icio
de
las
pasiones
,
ins in os
y
debilidad
es del
homb e.
Es
la
solemne
y
bíblic
a
concupiscencia
de
la
ca ne
y
de
los
sen idos,
palab a
cua es-
mal
y
es emecedo a
que
ha
sido
casi
bo ada
de
nu
es o
idioma
coloquial
cuando
más
p esen es
es án
s
us
hechos
en
nues a
ida
asa;
po que
ememos
econoce
en
la
palab a
solemne
o a
supe io idad
más,
y
po que
a
a és
de
la
con
-
supiscencia
se
desemboca
en
el
pecado,
o a
g an
palab a
ilus
-
e,
an
unida
al
homb e
co
no
su
p opia
piel,
en
la
que
el
homb e
esuena
y
se
empequeñece
como
debajo
de
una
bó-

38
SEBASTIÁN GARCÍA DÍAZ
eda
gó ica.
Cuando
pe cibe
que
ha
pe dido
el
pun o
mo al
pa a
iden i ica
el
pecado
, y
la
galla día
de
los
g an
des
peca-
do es
pa
a
econoce lo
y
ec i ica .
P e ie e
hui
de
es
as
g an-
des
palab as
y
ole a se
muellemen
e
su
pe sonal
signi icado.
Y el
o o
camino:
la
dinámica
de los
sen idos
hacia
la
as
-
cé ica.
Hacia
la egulación y
disciplina
de
es os
sen idos,
has a
hace se
nega
los goc
es
que
los
sen idos
p opo cionan.
Renun-
cia
y negaci
ón
consen ida
e
impues as
en
a as
del o ecimien-
o
a
un
alo
supe io ;
a Dios o a
una
mo al
laica y
es ic a.
Desde
la
hoya de la
concupiscencia
has a
la
cues a
empinada
de
la ascé ica el
mism
o
pun o
de
pa ida,
la capaci
dad
ope-
a i a
dinámica
de los
sen idos.
Se
n idos
que
podemos
dis in-
gui
sin
ia
de la
ana omía
en
sen idos
mayo es;
la
is a
y
el oído, y
sen idos
meno es,
bas an e
más
modes os
que
es os
dos
g andes
je a cas
en la do ación se
nso ial.
Los
sen idos
no
pe manecen
de
una
mane a
es á ica,
eco-
giendo
como
pan alla
ce ada
las
pe ecciones
o impe eccio-
nes
del
mundo,
ansmi iéndolas,
elabo ándolas
y co
munic
án-
dolas,
po que
los
sen idos
comp ome en
esa
médula
indica
-
i a del
homb e
que
es
la
emoción.
Di ícilm
en e
pod
emos
.
comp ende
la
dinámica
de los
sen idos
sin
eñi la
en
el
ac o
de
una
emoción.
Emoción
que
a eces
es
ins an ánea;
piensen
us edes
en
la
sensación
isual y
es é ica
de
un
a
la ga
y es i-
ada
e ónica de
Cu o
Rome o,
adelan ado
el pecho,
abie o
el compás,
len o
el lance y el
escalo ío
emocional
que
la ac-
ción
asimila i a
po
el
sen ido
de
la
is a
p oduce.
Pie
nsen
us edes
en la oz
o a,
con el
agua dien e
de
la
mad ugada,
de
Manolo Ca acol,
en
el «yayeo» del
com
ienzo de
una
sC'gui-
illa
de
«San iago y
San a
Ana»,
en ando
po
el
esca
lo ío del
oído,
anspa en e
y úlgido
como
un
cuchillo de es ellas.
Emociones
ins an ánea
s y
a dien es.
Pe o
la emoción
comunicada
po
los
sen idos
ambién
pue-
de
se
p og
esi a; es la
que
se a
alcanzando
a
base
de
i
s
ubi
endo
la
co a
de
la
sensibi
lidad
del
homb e.
La
ieja
sabi-
du ía
de
la
Iglesia lo
ha
ealizado a
a és
de
la
li u gia,
pues
g an
pa e
de
es a
li u gia
,
en
el
con ex o
human
o, es
á
enca-
minada
a
p opicia
la
ele ación e
mo i a
de
esos
se
n idos
pa a
alcanza
una
usión
con
Dios. P
e o
incluso
en
el
p opio
mundo
LOS
SENTIDOS Y EL
PROCESO
CREAOOR
39
del
a e,
en
la a
qui ec u a,
en
la
pin u a,
nos
ha
sucedido
al
eco e
un
claus o
mudéja
que
comple a
la
ín ima
belle-
za del
pa io,
y
que
a
su
ez
explo a
en
la
g acia
del
campana-
io, y
e mina
en
la
ele a
de
ese
campana io,
po
p oduci nos
el
ance
de
la
emoc
ión
es é ica
p og esi a.
Y
o as
eces el
diálogo
in
e
io
que
se
es ablece
con las
páginas
de
un
lib o,
llega a
emociona nos
poco a poco,
an e
la
pe ección
li
e
a ia
de
la
página
o
an e
la
insinuación
pe suasi a
de
la
idea.
Es os
sen idos
que
c ean
emoción
de
o ma
ins an ánea
o
p og esi a
an
en
consecuencia
a
log a
el
sen imien o;
po
lo
an o
el
sen
imien o
es
p ác icamen e
insepa able
del sen-
ido,
el
sen imien o
en
el
calo
del
a e,
en
la
oz del pueblo,
en
la
na u aleza.
Po que
como
abs acción
cien í ica,
el sen i-
mien o
sepa ado
del
sen ido
queda ía
casi
educido
a
un
apa-
a o
de
los
que
hoy
uncionan
-compu ado as,
ce eb os
elec-
ónicos-
que
son
capaces
incluso
de
acusa
esas
ob as
c ea-
i as
de
los
sen idos
pe o
que
nunca
lo
se án
de
elabo a
a
a és
de
la
emoción
la
pa icula
in e p e ación
pe sonal
de
aquello
que
los
sen idos
nos
p opo ciona,
po que
una
ez
cogido
en
el
alma
el
sen imien o,
el
sen ido
ansmi e
la
emo
-
ción, a eces
de
una
mane a,
pudié amos
deci
habi ual,
c ó-
nica,
consue udina ia,
como
o mando
pa e
del
co ejo
de
las
ideas,
a eces
de
una
mane a
densa
y
man enida
como
ese
mi a se
a los
ojos
de
los
enamo ados
en
el
que
di ícil-
men e
se
encuen a
la cla e de la
ansmisión
mu ua
de
la
emoción,
en
donde
po
ue a
del
iempo
y
del
espacio, llega
a
habe
no
solamen e
una
concen ación
emo i a
mu ua,
de
un
puen e
de
ai én,
sino
una
enajenación
mu ua
del
mundo
que
Je
odea,
se
hace
poco
pe cep ible
el
co e
del
iempo;
¿cuán o
iempo
pasan
mi ándose
a los
ojos?,
y llega a
se
di-
ícilmen e
pe cep ible
ambién
la
noción
del
espacio,
¿en
qué
si io
es án,
anspo ados
en
la
al omb a
olan e
del
amo ?
¿qué
máquina
pod á
nunca
calen
la
sus
ci cui os
po
una
la -
ga
emoción?
Pe o
a eces
es a
ansmisión
emo i a
llega
po
una
ib a-
ción
no
solamen e
del
sen imien o,
sino
del
alma
comple a
en
su
sensibilidad,
40
SEBASTIÁN GARCÍA DÍAZ
Pe o yo que he
sen ido
una
ez
en
mis
manos
embla
la
aleg ía,
no
pod é
mo i
nunca.
Pe o yo
qu
e he ocado las agudas
agujas del pino
no
pod é
mo i
nunca.
Mo i án los
que
nunca jamás
so p
endie on
aquel ago pasa de
la
loca aleg ía.
Pe o yo
que
he enido
su
ibia
he mosu a
en
mis
manos
no
pod é
mo i
nunca.
Aunque
mue a
mi
cue po, y
no
quede
menw ia
de
mí
.
D
ecía
José
Hie o
en
es a
especie
de
o ágine
emo i a
que
ansm
i
e
una
aleg ía
dj ícilmen e
epe ible.
A
a és
del
sen imien o
y
con
un
ma e ial
acopiado
po
los
sen idos,
se
llega
a
p oduci
la
c eación,
que
algunas
eces
i umpe
a
des iempo
,
impensada
,
so p enden e.
Como
so p en-
den e
es
la
lo ación
(den o
de
nada
es
p ima e a)
de
esas
ímidas
lo es
sil es es
que
han
pasado
un
la go
in ie no
sin
da
es imonio
de
sí
mismas,
y
que
una
buena
mañana
de
p incipio
de
ab il
nos
so p enden
con
su
ama illo
cándido
o
con
un
azul
implo
an e.
Es
pos üle
ambién
el
que
es as
c ea-
ciones
a ís ic
as,
en
pe sonas
que
no
ienen
una
dinámica
ela-
bo ada
de
adqui
sición de
los
sen
i
dos,
sea
el l
a go
u o
de
ecogimien o,
de
in e io ización
,
de
su imien
os
,
que
p oduz
-
ca
la
lo ación
de
la
ob
a
c eado a,
quizás
ilus e
ob
je
i
a-
men e,
quizás
solo
ap eciada
en el
pa co
y
co dial
cí
c
ulo
ín
-
imo
de
los inici
ados.
Pe o
o as
eces,
la
c eación
es
una
pu a
elabo ación
de
esos
ma e iale
s
que
los se
n idos
p opo cionan
,
es
un
hace
con
a monía
el
acop
l
amien o
de
dis in os
olú-
me
nes,
de
di
s in os
colo es,
de
dis in os
son
idos
, de
dis
in o
ma e ial,
es
deci ,
ecogiendo
de
un
a
o ma
silen e,
pequeñas
emociones
y
ecue do
s
has
a
después
plasma los
en
una
ob a
,
a
la
que
ya
no
se
le
puede
oca
sin
ompe
su
pe
ección:
una
es a ua,
un
a
pin u a
,
un
can e,
una
iglesia,
una
pág
in
a.
Vean
us edes
en
es a
pá
gi
na
de
Ce nud
a, el
desg aciado
poe a
se i-
ll
ano,
los
ma e iales
ecogidos
en la
niñ
ez y
adoles
ce
ncia
con
EVOCACIÓN
DE
l,, S
AZOTEAS
DE
C .
. o¡z
41
sensibilidad
poé ica. Ma e iales
que
es u ie on
al alcance de
odos
noso os,
cuando
Se illa
e a
ciudad
de
pa ios y cielos:
El
segundo
p
egón
e a
al
mediodía,
en
el
e ano.
La
ela
es aba
echada
sob e
el
pa io,
man enien-
do
la
casa
en
es
ca
penumb a.
La
pue a
en o nada
de
la
calle
ap
en
as
d
ejaba
pene a
en
el
zaguán
un
eco
de
lu
z.
Sonaba
el agua
de
la
uen e
ado m
ecida
bajo
su
co ona
de
hojas
e des.
Qué
g a o
en
la
dejadez
del
mediodía
es i-
a
l,
en
la
so111no
l
encia
del
ambien e,
balancea se
sob e
la
mecedo a
de
ejilla.
Todo
e a lige o, lo-
an e;
el
mundo,
como
una
pompa
de
jabón,
gi a-
ba
ágil,
i isado,
i eal.
Y de
p on o,
as
de
la
pue a,
desd
e la calle
llena
de
sol,
enía
dejoso
( al
la
queja
que
a anca
el goce),
el
g i o
de
«¡Los p
eje eyes!».
Lo
mismo
que
un
ago
despe a
en
medio
de
la
noche,
aía
consigo
la
conciencia
jus a
pa
a
que
sin ié amos
an
solo
la ca
lma
y el
silencio
en
o no,
ado meciéndo-
nos
de
nue o.
Ha
bía
en
aquel
g
i o
un
ul
g
o
s
úbi o
de
lu
z
esca la
a
y
do ada,
como
el
elámpago
qu
e
c uza
la
penumb a
de
un
acua io,
que
eco ía
la
piel
con
un
epe ino
escalo ío.
El
mundo
,
as
de
de
ene se
un
n01nen o,
seguía
luego
gi ando
sua e
-
men e,
gi an
do
.
Quizás,
es a
le
n a
c eación
po
acopio
de
ma e ial
que
a
seleccionándose
en
los
sen idos,
nos
explique
aquellas
ob as
pe ec a
s,
ca gadas,
además,
de
mensajes
y de emoción bien
ansmi
ida,
qu
e
p od
uc
en
los
homb es
en la
madu ez
y
en
la ejez.
En
donde
aquellos
ma e iales,
aquellos
ecue dos
uni
-
dos
en el
queha
ce
dinámico
de los
sen idos,
no
en
el camino
de
la
concupiscencia, o
ambién
en
el
camino
de la concupis-
cencia
a epen ida,
han
sido
ya
il ados
po
el
paso
de
los
años,
limpios
de
pasion
es y de in e és.
A monía
,
escu a
y
pe ección
so p enden es
en
la
ob a
de
es e
homb e
madu o
,
48
SEBASTIÁN GARCÍA DÍAZ
Es
nues o
iempo
el
de
la
sup emacía
de
la
ma e ia
sob e
el
espí i u.
Us edes
me
an
a
pe mi i
que
no
insis a
sob e
ello
po que
ahí
es á,
en
odas
las
esquinas
de
la sociedad
de
consumo,
en
odos
los
llamamien os
al
homb e
, en
odas
la5
solici aciones
de
los
sen idos;
es
la
pu a
sub
le ación
de
la
ma e ia
y el
conscien e
ol ido del
espí i u,
camino
de
una
so-
ciedad
de
masas
que
cons i uye
un
acil
ebaño
pa a
las
ape-
encias
de
ipo
polí ico
o
ma e ial,
pa a
una
economía
de
con-
sumo,
po
mucho
que
en
esa
masa
haya
homb es
qu
e
se
e-
belen
con
una
dolo ida
sensibilidad
de
p o es a
, co no
un
jo-
encísimo
poe a
de
nues o
s días:
Es oy
i mando
aquí
cosas y cosas:
papeles de o icinas
mal
imb ados,
sellos de u gencia, eglas y apa ados,
escasas acaciones de e ano,
cla as palab as de
p omesa
o as
sacadas de
mi
puño
y de
mi
mano
.
Es oy
aquí
,
en e
las iejas losas
del sinies o despacho
de
mi
ida,
haciéndome
más
iejo
y
más
humano.
Es oy
aquí sin iendo
que
no
sien o
la dulce sensación de
wzi
pa ida.
Es oy
i mando
aquí
mi
es amen o.
(Gonzalo Vázquez
Rod
e o
)
Las gue
a
s ac
uales,
us
e
des
sab
en,
son
gue as
de
p es i-
gio
(la
más
in am
e de
odas
las
gue as)
o
gue as
de
domi
-
nios, o
gue as
económicas. No
hay
aquella
jus i icación
es
-
pi i ual
de
l
as
gu
e as
del
Egip o
p imi i
o o del México az-
eca,
ni
aquella
iluminación
eligiosa
de
las
gue as
de
las
C uzadas.
Pa a
oma
como
pun o
de e
e encia
(ya
que
la
inmen
sa
mayo ía
de los
que
es amos
aqu
í
nos
mo emos
en
el
camin
o
de
la
Medicina)
la
e olución
desde
el
Hospi al
de
la
Edad
Media
al
mode nísimo,
lujoso
y
monobloque
hospi al
de
nu
es-
os
días
,
que
no
s
a
a
ma ca
bien
la
di e
encia.
Es e
hospi
·
al
unciona
po
necesidad
de
a ende
al
depósi o
de
alma

LOS
SENTIDOS Y EL PROCE
SO
CREADOR
49
qu
e es
el
cue
po,
en
un
cen o
absolu amen e
dis in o,
en
i-
loso ía y
uncionamien o,
de los
qu
e
co
nocí
amos o es
udia
-
mos.
En
el
hospi al
mode no,
hoy, se
nace
y se
mue e
. Casi
odos
los
que
es amos
aquí h
emos
nacido
en
nues as
casas,
en
e
lla
en e mamos
y
pasamos
las noch
es
de ang
us ia
y los
d
ías
esp
e an
za
do e
s
de
la
con alcc~nci<i.
en
ella
espe amos
mo i
si
nues os
hijos
lo
pe mi
en.
Sin
emb
a g
o,
nue
s
os
hijo
s
casi
odos
h
an
nac
id
o en clínicas. Y
cada
ez es más
no o ia
la
endencia
a
i
al
hos
p
i al
pa a
nace ,
pa a
en e
-
ma ,
pa
a
mo i ,
po que
el
espec ácu
lo de los úl
imo
s mo-
men os
no
a a se
g a
o, ya, en el
incón
acog
e
do
de
la
casa.
Po
eso
el
hospi al
mo
de no
se
ha co
n e ido
en
un
si
io
de «es
a
» con
inu
amen
e
allí
, y
po
eso
hay
neces
idad
de
ca
-
e e
ía, de
ienda
de lo es,
de
ie
nda
de
e is as,
de
espec ácu
-
los, y
po
eso
un
hospi al
de
1
.0
00 en e
mo
s iene dos
mil
pe sonas
de
plan ill
a y
quizás
cua o
mil
ci culan es
d
en o
del
hospi
al
,
con
un
a
g an
so
l u a
y
amilia idad.
En el hos-
pi al
di í
ci
lmen
e se ha
bla
a
co
a
de
sa
nidad,
sino a
co a
de
man enimi
e
n o
; y
con
azón
,
po que
el
cos
e
de
un
h
osp
i
a
l
mode no
alcanza
un
as
ci as
an
ex
a
o
dina i
ame
n e
impo -
an
es
que
el
homb
e
de
la socie
dad
i
ene
que
p eocupa
se
en
qué
se
gas
an,
cómo
se ga
s an,
cómo
se
pued
en
e
du
ci .
Pe o
quizás lo
más
g a e
es
qu
e en el
ho
spi a
l
mod
e no,
así
como
en
el
an iguo,
la
inalidad
de
la
cla e
obje i a
es
cu a
al
en e
mo
,
cons
ola
al
que
su e
.
Ho
y l
os
ines
de
l
h
ospi
al
ya
no
son los
mi
smos,
hay
un in
socio
lógico,
hay
un
in económico,
hay
un
in ei indica i o,
hay
un
in
o gani
z
a·
do ,
hay
una
inalidad
sani a ia,
po
úl imo
,
po que
mu
c
has
eces
po
es e
o den
je á qui
co
es
ea
lm
en
e
la
úl im
a.
Po qu
e si
nos
p egun amos
¿
qui
én
manda
en
el h
osp
i
al
mod
e
no?,
e
a
un
a
p egun a
o
b ia
en
el
ho
spi a
l
de
h
ace
un
siglo,
en
el
ho
s
pi
al de
hac
e
dos
siglos, allí ma
nd
a
ba
el
Supe
-
i
o
de
la
Comunidad
o el Mé
dico
Je e del Se icio.
Ho
y
¿quié
n
manda
en
el
hospi al
mode no?,
¿el sociólogo
que
p o ee
la
es
uc u a
po
la
cua
l se
maneja?,
¿el si
ndi
ca o
que
m
ay
o
núm
e
o
de
a iliados
polí icos
i
e
ne
y
qu
e
puede
pa a ,
inmise ico de,
el
ho
sp
i a
l a
n e
un
a ei indicación
no
a endi-
da?,
¿la
en
id
ad
que
paga
los gas
o
s cu
an iosísi
mo
s de
es e
so
SEBASTIÁN GARCÍA DÍAZ
hospi al,
y
como
paga,
manda?,
¿los
ecnóc a as
que
cuidan
un
i mo
de
p oduc i idad
del
capi al
en
ese hospi al?,
¿el
médi
co?. No
sabemos
quién
manda
en
el
ho
sp
i al, en el
hos-
pi al
mode no, en
es e
lujo
so
hospi al
mode no,
donde
no
hemos
sus i uido
es uc u as
supe adas,
que
nos
llegaban
en-
ejeci
da
s
de
Ja
Edad
Media.
Es e
iempo
nues o
, c eo
que
enemos
que
abo da lo
con
la
misma
disposición del pad e,
en
la
pa ábola
del
hijo
p ó-
digo,
qu
e odos
en
es
e
iempo
nues o
somos
mi ad
hijos
p ódi
gos
pe o,
al
mismo
iempo,
desdoblándonos,
somos
la
mi ad
pad es
del
hijo
p ód
igo.
Todos
hemos
salido de
la
casa
pa e n
a a goza del
pod
e
c eado
de
nues os
sen idos, y a
dilapida
el
pode
asimilado
del
sen imien o,
en concupiscen-
cia
y
en
escla
i ud
de nues
o
s sen idos, y hemos
gas ado
y
o o
esa
capaci
dad
, esa
a monía
del
equilib io
del
espí i u
y
de
la
ma e ia,
y
enemo
s necesidad
<le
ol e
a
la
casa
pa
-
e na,
y en
la
casa
pa e na
donde
es amo
s noso os,
no
es
ho a
ampo
co de egoís as inhibiciones
ec iminado as,
sino
es
ho a
de
sa
li
a
mi ad
del
camino
a
o e
a
el
ho izon e
pa a
e
si
es e
hijo
p ódigo eg esa a
sus
aíces,
pa a
ene
anda-
da
esa
mi ad
del camino,
po
si le
al a an
la
s u
e
zas de
llega
al
umb al.
Es a,
c eo
yo,
que
es
la
si uación
anímica
de
es e
mundo
desa mónico
que
nos
oca
i i ,
en
dond
e
an as
eces
el
des
equilib io del
espí i u-ma e ia
nos
hace
pe de
el
compás.
Po qu
e
hemo
s
adqui ido
el
emo
de l
as
g an
des
palab as,
el
emo
a las
palab as
Pa
ia,
a
mo ,
hono
, libe ad,
e dad,
hon ad
ez;
pa ece
se
que
es as
g a
P..des
palab as
nos
quedan
d
emas
iado
p
esa
das
pa a
nu
es
o
s
homb o
s pequeños, y de i-
ni i
amen
e nos
qued
an
demasiado
p
esa
da
s
po que
debemos
de
plan ea nos
la
ineludible
ealidad
de
la
al a de
ecundidad
op
e a
i
a
de
aquello
que
nos
puede
o ece
la
ma e ia
y,
po
lo
an o,
Ja
u gen e
neces
idad
de ol e a las aíces,
de
ol e
a lo ecundo. Lo dice
ambién
de
man
e
a
pe e
c
a
Luis Rosales:
Vi i es 1•e ol e .
El
iempo pasa; las cosas
que
quisimos son caedizas, ugi i as: se an. Y es o
es
mo i : bo a se de sí mismo, bo a nos de noso os
y sen i que se nos a secando, poco a poco, la ie-
LOS
SENTIDOS Y
EL
PROC
ESO
CREADOR
51
a o
la
aíz donde ue on
c eciend
o aquellas cosas
que
nos
hacen el alma, aquellos se es que amába-
mos
un
día y a cuyo
amo
debe
mos
lo
que somos.
Pe o i i es
e
ol e .
La
uel a
a las aíces;
la
dispo
sición
de
cons i ui nos
en
mino ías,
conscien
es de
que
ha
pasado
el
iem
po
de
las mi-
no ías
absolu as,
y
ha
pasado
el
iempo
de
las
mino ías
p i-
ilegiadas;
que
e a
i emediable
que
es a
masi icación
se
p o-
duje a,
y
que
con
e
lla
en
emos
que
en en a nos
po
lo me-
nos
con
el
mismo
sen imien o
de
g acia
desen adada
con
que
lo hace
Jos
é
Ma ía
Requena:
De
acue do, ya lo sé
Que
somos
muchos
y que e a ine i able
amon ona
la ida,
y pe de pa a
siemp e
el ase o co dial de la plazuela,
y que la cal se
quede
como
un
lujo
pa a el ela
o
que los iejos hagan
odeados de nie os
en azo eas
huidas
de la ie a.
En
los
úl imos
pisos
de ales ascacielos
su e
Se illa
ins
om
nios de
emig an e
que
su e
la pa ia abandonada
en
la
emoción de
un
pa io.
El
a e
ac ual
se
hac
e
com
o
p o es a
o c
omo
e as10n.
Si
compa amos
en
no
más
del siglo p
asado
, a
quién
se ía
el
a e,
nos
e
ncon
amos
que
el
a e
c eado
po
los
sen i
dos
se ía
en
g an
pa e
a las iglesias y a los
pod
e es
del
espí
i u
,
y
en
o a
a
la
necesidad
de
alimen o
es é ico
en
el
homb e,
en
pa e
a
sen imien os
como
el
de
la
pa ia,
como
el del
amo ,
o
52
SEBASTIÁN GARCÍA DÍAZ
como
el del
hono .
Hoy
el
a e
di ícilmen e
sabemos
a
quién
si e,
po que
en
ocasiones
si e
a
la
máquina,
a
la
que
ad
e
más
copia
de
mane a
desca ada
en
muchas
de
sus
p oducciones,
y
en
ocasiones
no
si e
a
nadie,
sino
que
se
eje ce
como
un
ges o
de
p o es a
el
a e
p o es a a io
de
odas
las
comunas
,
de
odas
l
as
g andes
ciudades.
O se
cu
l i
a
en
la
in imidad
como
una
e asión
consolado a
an e
una
si uación
ac e y
ag e-
si a del
medio
e
x
e io .
Si uación
que
bueno
es
que
sepamos
que
a a
i
ag a ándose
con
las
siguien es
gene aciones.
Ten-
gan
us edes
en
cuen a
que
de
las 700.000
ho as
que
ap oxima-
damen e
que
a
a
i i
el
homb e
de
nues o
iempo
y
el
homb e
de
mañana,
solamen e
a
a
abaja
60.000, es
deci
un
6
po
100
de
su
iempo;
odo
el
es o
de
su
ida
lo
a
a
ene
pa a
el ocio, y
de
es a
desocupación
de
l ocio es e i-
den e
que
pueden
de iYa se
más
pelig os
que
de la
d oga
o
de
la usión
a ómica,
y,
po
lo
an o,
el
p epa a
a la
masa
a
a és
de
es a
mino ía,
pa a
que
ese ocio
pueda
se
lle ado
con
ecundidad,
c eo
que
puede
se
uno
de
los
e os
que
la
mino ía
conscien e
se
imponga.
Po que
no
nos
engañemos,
es é ica
y
belleza
hay, lo
que
pasa
es
que
iene
uno
necesidad
de
busca la.
An es
la
belleza
y
la
es é ica
se
o ecían
po
el
solo
hecho
de
su
p esencia,
po
el solo hecho
de
e
x ende
la
is a
sob e
un
paisaje,
solo
po
el
hecho
de
ex ende
la
is a
sob e
una
ciudad
no
especu-
lada
sob e
el
e eno.
Y
ahí
es aba.
se o ecía.
Ho
y
enemos
que
busca
la
belleza,
enemos
que
busca
la
es é ica,
pe o
no
pa a
complace nos
de
ella,
sino
pa a
a a
de
comunica la
a
esa
masa
amo a
a la
que
de al
gun
a
mane a
hab á
que
bus-
ca le
caminos
de
pe ección.
Es
posible
a
la
al u a
de
nue
s
o
iempo,
es
posible
si
e-
nemos
la
g acia
que,
po
ejemplo,
han
enido
los
a qui ec os
cons uc o es
del
nue o
emplo
de
Guadalup
e,
en
Méjico,
en
el «Ce i o»,
en
dond
e a
consecuencia
del
subsu
elo
lacues e
se
han
ido
hundiendo
las
cua o
o
cinco
igle-
sias
que
es án
en
aquel
«Ce i o»,
como
popula men e
le
lla
-
man
los
indios
que
de
o os
lle an
sus
elas y
sus
lo es
cas
i
odos
los
días.
Han
hecho
un
poco
a
la
izqui
e
da
una
au én
-
ica
basílica
supe mode na,
de
pied a
olcánica,
edonda,
con
LOS SENTIDOS Y EL PROCESO CREADOR
53
una
g an
cúpula
llena de
ala des
y de
audacias
a qui ec óni-
cas,
pe o
conse ando
unas
p emisas
de
espi i
u
alida
d
en
don-
de
la
ma e ia
uel e a
es a
al
se icio
del
espí i u,
en
donde
aquella
co e
humilde
de
indios
que
iban
a
la
ieja basílica
de
Guadalupe an
aho a
a la nue a
ca ed al
de Guadalupe,
po que
se sien en acogidos, ellos
no
sab án
quizás p
o
qué,
en de ini i a,
po
una
g acia
a qui ec ónica
que
una
mino ía
de
a qui ec os
inquie os
han
sabido
sac i ica
a
la
mayo ía,
silenciosa
pe o
sensible.
El
homb e
de
nues os
días i e
some
ido
.
Siemp e
i ió
así, ya
que
la
libe ad
absolu a
es
una
u opía
in ocable e in-
genua. P
e o
además
de
segui
some ido
a
sus
pasiones y sen-
idos,
nues o
con empo áneo
se
some e,
en
odos
los g ados,
a la Ciencia, ol idando
qu
e
una
ciencia
sin
dominio
es
inmo al
y pelig osa.
El
homb e
debe
es a
po
encima
de
la
Ciencia,
y
hoy
es
su
d
eslumb ado
se ido .
Peo
aún,
gus a
de
condi-
ciona se
a
la
« écnica» en ez de
u iliza la
con
ca ác e
de
ins umen o;
y
cada
ez
más
se
deslumb a
po
la ecnología,
he mana
meno
y
a esana
de
la écnica,
con
lo
que
la
escala
de
su
je a quía
a en descenso.
La
Ciencia
hoy
-y
no
diga-
mos
la
écnica y
la
ecnología-
es
manipulada
y
o ien ada
po
quien
paga
su
ele adísimo cos o, es deci ,
po
go
bie nos
ue es y mili a izados,
g andes
us s,
y
mul inacionales
del
consumo.
Y el
homb e
sing
ul
a
ha
caído
en
la
ampa
de
se i
a los se ido es,
quedándose
de
al
modo
a
la
in em-
pe ie
de
su
pob eza,
que
si le
sup imie an
de
golpe las ó de-
nes
que
le conducen no
sab
í
a,
en
absolu o,
u iliza
su
an
p egonada
libe ad.
El acío
espi i ua
l no
pod ía
se
llenado
po
los
sen
idos,
que
ellos
p e iamen e
ue on
acon
dicionados
pa a
unciona
en e lejo y
no
en
espues a.
El
es uendoso
mundo
ex e io
a
de o mando
la
ealidad
y
educiendo
la
capacidad
de
sen imien o,
desde
la
cha la
has-
a
la
so
led
ad
sono a.
Cuen a
Julio
Clo io, amigo,
maes o,
p o-
ec o
y
compa io a
de
El
G eco,
que
un
día
ue
a
busca
al
pin o
a
su
es udi
o
pa a
sali ,
jun os,
a
pasea
po
la
ciudad.
E a
un
día de
p ima e a,
en
que
el sol
hacía
es
all
a
en
el
ai e
los colo es de los
galla de es
y el uelo
sensua
l de las

54
SEBASTIÁN GARCÍA DÍAZ
palomas
de
San
Ma cos.
Al
en a
en
el
alle ,
le pa eció a-
cío.
Es aba
a
oscu as
y
en
silencio.
Pe o
en
un
incón
medi-
aba
el
a is a,
jun o
a las
en anas
ce adas,
con la
palma
de
su
la
ga
mano
sob e
los ojos:
¿Qué haces
ahí
-le
p egun ó
el
maes o-
en
inieblas,
cuando
oda
Venecia
esplandece
de luz?
Y el
pin o
espondió:
Mi luz
es á
den o
de mí.
Hoy
sigue
habiendo
homb es
que
ienen
el
alma
luminos
a,
pe o
o se
incomunican
olun a iamen e,
o
no
encuen
an
cau-
ces álidos
pa a
se
compa idos,
o
no
se
es ue zan
en
da se
a
lo
s demás, y la ecnología ence a
es a
mino ía
queb adiza
y
selec a
.
Los
sen idos
nos
es án
aicionando.
Se
han
p es ado
al
juego
del
anuncio
s anda d
, la
imagen
p e ab icada,
y
la
emo-
ción
a plazo ijo.
Ob an
como
po e os
sobo nados
o
a u -
didos
que
ya
no
saben
de
qué
calidad
es
lo
que
en a
en
la
casa
pa a
enjoyada
o
pa a
es i la
del
uni o me
g is de
la
masa.
La
pe i icación
del
homb e
medio
an e
la
pan alla
de
ele isión
a
acabando
con el
diálogo
y
la
s opiniones. La
eno -
me
po encia
de la
música
en
salas
y
disco ecas
impide
o a
comunicación
que
no
sea
la
ac il,
po que
has a
el
elocuen e
mensaje
de la
mi ada
es á
impedido
po
la
penumb a
o
dis
-
o sionado
po
los
juegos
de luces
in e mi en es.
¿Cuándo
la
e nu a,
la ase, el
e so
o el silencio?
¿Dónde
los
sen idos
en
a monía
c eado a?
Siemp e
la
espe anza
de los
jó enes
-cumpliendo
su
debe
de
ebeldía-
que
se
alcen a
ecupe a
el
lib e
manejo
de ellos
mismos.
Po que
el
homb e
madu o
y el
añoso
los necesi a.
Cuen a
el ex o bíblico,
que
c
uando
el ey Da id en ejecía pe -
diendo
in e és
po
lo
ac ual
y nue o,
decidie on
hace le
acom-
paña
po
una
jo en
Sunami a,
que
consiguió
que
el ey
poe a
ol ie a a
su
c eación e in e és. Des
de
en onces
la
sunami iza-
ción
-con ac o
y
con as e
habi ual
con
jó enes-
sigue
sien-
do
el
p ocede
na u al
de
man ene
en
o ma
la
men e,
la
sensibilidad
y
la
capacidad
de
c eac
ión
del iejo.
Po
eso
los
p o eso es,
que
po
o icio
ienen
que
lucha ,
dialoga ,
com
-
p ende
,
acep a
o
disen i
de sucesi as
p omociones
de
jó e-
LOS SENTIDOS Y EL PROCESO CREADOR
55
nes, siguen
más
iempo
lúcidos y ágiles,
a dan
más
en
pe de
la
ale a
inco po ación
de
sus
sen idos.
Y si
no
lo hacemos,
si
no
somos
capaces
de
lucha ,
si nos
al a
sensibilidad
o
gene osidad
pa a
hace lo,
po
lo
menos,
que
engamos
la concie
ncia
del
ye o,
la
conciencia
de
nues a
qui ocación,
aquella
conciencia
que,
pa a
e mina
ambién
con
un
poe a
de eg egia
ca ego ía,
R.
Tago e,
dejaba
exp esa
en
es a
especie de l
e anía
mon
ónica
como
un
can
o g ego iano:
Si
no
es
mío
encon a e
en
es a ida, sien a
yo, al menos, que
me
ha al ado el e e. No
me
dejes duda lo
un
solo ins an e; no
me
qui es de
mis
suei1.os
la
punzada de es a pena, ni de
mis
ho-
as despie as.
Mien as pasan mis días en
el
me cado codicio-
so de es e
mundo,
mien as se an llenando
mis
manos con la ganancia co idiana, sien a yo siemp e
que aún engo que hace el la go iaje. No
me
dejes
duda lo
un
solo ins an e,
no
me
qui es de
mis
sue-
i os las punzadas de es a pena,
ni
de
mis
ho as
despie as.
Cuando es á
mi
casa ado nada y suenan las lau-
as y los iso ones, siendo ya siemp e, que no e he
in i ado a i. No
me
dejes duda lo un solo ins an e,·
no
me
qui es de mis sueños las punzadas de es a
pena, ni de
mis
ho as despie as.