scieee Science in your language
[es] (orig)

El motivo del viaje en "Las historias increíbles de más allá de Tule" de Antonio Diógenes

Abstract

Se analiza el caso muy particular del relato de Antonio Diógenes como complemento de un amplio estudio del motivo del viaje en la novela griega antigua y se pone especial énfasis en algunos d los aspectos y etapas del viaje que se narra. Se trata de un texto que presenta varios rasfos únicos, debidos principalmente a la contaminación de otrso géneros, como son la narración de viajes utópicos y la literatura etnográfica, paradoxográfica y filosófica. De este modo, aunque hay ciertas concesiones a la habitual relación en las novelas griegas entre el tópico del viaje y las aventuras, el primero se convierte en Antonio Diógenes en un pretexto para el despliegue de las otras materias. De ahí que este relato abriese en el género una vía plena de novedades, mostrándose al mismo tiempo y paradójicamente como uno de sus ejemplos básicos sobre la base de esta desviación del patrón típico de la novela griega que conocemos y revelando también las preocupaciones didácticas del autor, que alcanzan unas proporciones desusadas en la novela antigua.

Read accessible full text

El motivo del viaje en "Las historias increíbles de más allá de Tule" de Antonio Diógenes

Author: Brioso Sánchez, Máximo
Publisher: Universidad de La Laguna. Servicio de Publicaciones
Year: 2002
Source: https://idus.us.es/bitstreams/92431857-7969-49e7-bb80-09e4d0b752d4/download
EL MOTIVO DEL VIAJE EN LAS HISTORIAS INCREÍBLES
DE MÁS ALLÁ DE TULE DE ANTONIO DIÓGENES
Máximo B ioso Sánchez
Uni e sidad de Se illa
RESUMEN
Se analiza el caso muy pa icula del ela o de An onio Diógenes como complemen o de un
amplio es udio del mo i o del iaje en la no ela g iega an igua y se pone especial én asis en
algunos de los aspec os y e apas del iaje que se na a. Se a a de un ex o que p esen a a-
ios asgos únicos, debidos p incipalmen e a la con aminación de o os géne os, como son la
na ación de iajes u ópicos y la li e a u a e nog á ica, pa adoxog á ica y ilosó ica. De es e
modo, aunque hay cie as concesiones a la habi ual elación en las no elas g iegas en e el
ópico del iaje y las a en u as, el p ime o se con ie e en An onio Diógenes en un p e ex o
pa a el despliegue de las o as ma e ias. De ahí que es e ela o ab iese en el géne o una ía
plena de no edades, mos ándose al mismo iempo y pa adójicamen e como uno de sus
ejemplos básicos sob e la base de es a des iación del pa ón ípico de la no ela g iega que
conocemos y e elando ambién las p eocupaciones didác icas del au o , que alcanzan unas
p opo ciones desusadas en la no ela an igua.
PALABRAS CLAVE: Li e a u a g iega. No ela. Viajes y a en u as. Li e a u a didác ica.
ABSTRACT
The e y peculia case o he s o y by An onius Diogenes is he ein analyzed as a complemen
o an ex ensi e s udy on he subjec o a el in he ancien G eek no el. This is done wi h pa -
icula emphasis on some o he aspec s and s ages o he a el na a ed. This ex p esen s se-
e al unique ea u es, mainly due o he con amina ion om o he gen es such as ha o u o-
pian a el na a i e and om e hnog aphical, pa adoxog aphical and philosophical li e a u e.
Because o , e en hough i in ol es ce ain concessions o he ypical ela ionship in G eek no-
els be ween he opic o a elling and he ad en u es, he a el becomes in An onius Dioge-
nes’ s o y a p e ex o he un olding o he o he ma e s. The e o e, his s o y opened a oad
ull o no el ies in he gen e, p o ing a he same ime and pa adoxically o be one o i s co -
ne s ones in his de ia ion om he s anda d o he known G eek no el, and also mani es s
he didac ic conce ns o i s au ho , ha each unusual p opo ions in he ancien no el.
KEY WORDS: G eek li e a u e. No el. T a els and ad en u es. Didac ic li e a u e.
Las no elas g iegas, que ienen el ascenden al in e és de ep esen a los
albo es del géne o en Occiden e, mues an una in encible inclinación a las a en u as
y al iaje, y es as dos dimensiones o man pa e de una cons elación en cuyo cen o
EL MOTIVO DEL VIAJE EN LAS HISTORIAS INCREÍBLES ... 65
FORTVNATAE, 13; 2002, pp. 65-87
es á indiscu iblemen e el ema del amo . Y las es cla es de es a íada emá ica es án
sólidamen e inculadas en e sí, de modo que es di ícil que se dé alguna de ellas sin
una p esencia impo an e de las o as dos. Así, en El asno, donde apenas cabe habla
del amo al como se en iende usualmen e en el géne o, el e o ismo iene no obs an e
un cie o peso, si bien dominan los o os dos elemen os. Incluso el ex o de Longo,
que es inge la ma e ia iaje a al mínimo, no la anula del odo. Y o o caso muy pa -
icula es sin duda el de An onio Diógenes, que pa ece supedi a el ema amo oso al
de las andanzas iaje as, y decimos pa ece po que, como es bien sabido, sólo conoce-
mos es a no ela a a és de un esumen del bizan ino Focio y unos agmen os, que
apenas nos ilus an sob e cómo ocu ían los hechos en es e dila ado ela o. Y al ez
sucedía igual con las a en u as p opiamen e dichas, ya que ambién podemos imagi-
na que és as, sin al a desde luego, enían una ep esen ación meno en e al ele-
an e papel de los la gos desplazamien os y algunos o os componen es de los que
habla emos. Su í ulo (al menos el que se conoce po su p eca ia ansmisión), Ta;
uJpe; Qou lhn a[pis a, His o ias inc eíbles de más allá de Tule, e ela ya que debió
se un p oduc o an no able den o del géne o de la no ela en G ecia que hoy, aun
sin ene la o una de pode lee su ex o, debe íamos cali ica lo de p o undamen e
expe imen al, y es o an o po su écnica na a i a como po se un ambicioso con-
glome ado de ma e iales muy di e sos.
A quienes le han negado el ca ác e de au én ica no ela se les puede esponde
que An onio Diógenes, po lo que sabemos, u o buen cuidado de en emezcla en
ese conglome ado a iopin o elemen os compa ables a los que se dan en las o as pie-
zas del géne o. En ello es u o quizás uno de sus mé i os, en la hábil combinación de
la icción no elesca, con sus con enciones ya es ablecidas, y esos o os ma e iales ex-
ano elescos. A es o se añade el sen ido p o eico que desde su c eación ha enido es e
géne o, po lo que no se ía de ecibo de ini el ex o de An onio Diógenes como un
ela o acogido o zadamen e al ampa o de la adición no elesca, sino como una no e-
la que, a eniéndose en e cie os lími es a esas con enciones ya es ablecidas, explo a a
la ez o os nue os ho izon es sob e la base sob e odo de esos ma e iales. En o os
ex os no elescos que se suele cali ica de neoso ís icos y no sólo ya po sus echas, sino
ambién po sus endencias, no al an desde luego elemen os de es e ipo, y así halla-
mos, po ejemplo, pasajes de ex acción ilosó ica en Longo, da os e nog á icos en un
Heliodo o y no icias pa adoxog á icas p ác icamen e en odos los no elis as a díos.
Sin emba go, po lo gene al se a a de excu sos ajenos al ela o mismo, mien as que
en An onio Diógenes es os ing edien es no sólo adquie en una densidad ex ao dina-
ia, sino que se con ie en en un cue po de e minan e en el ela o. Po odas es as pa -
icula idades debemos, pues, ei e a es e juicio de una es udiosa de es e ex o: «The
loss o his no el is pe haps he mos se iously el , because wha we do know o i sug-
ges s ha i we could ead i whole, i migh well equi e us o ee alua e he ajec-
o y as well as he bounde ies o G eek na a i e ic ion»1.
MÁXIMO BRIOSO SÁNCHEZ 66
1S. STEPHENS, «F agmen s o Los No els», en G. SCHMELING, ed., The No el in he Ancien
Wo ld (Leiden-New Yo k-Köln 1996), p. 675.
Como ecien emen e nos hemos ocupado po ex enso del ema del iaje
no elesco en G ecia en un abajo en el que apenas pudimos e e i nos a An onio
Diógenes2, sob e odo po el alan e an excepcional de su a amien o de es a ma-
e ia y po a ene nos ahí especialmen e al ipo más usual de no ela, c eemos que
es el momen o de emp ende es a a ea en su caso, en cie o modo como comple-
men o obligado de ese abajo p e io. Pe o, dado que la de An onio Diógenes es
an p o undamen e dis in a de las o as no elas conocidas e incluso de aquellas a
las que sólo cabe accede po o os esúmenes o agmen os y sob e cuyos a gu-
men os ambién puede habe dudas, el esquema seguido en ese análisis apenas pue-
de se i nos aquí, a no se en odo caso po la ía del con as e.
La g an mayo ía de las no elas g iegas esponde a unos p incipios básicos
y más o menos es ables en lo que se e ie e al ema de los iajes. Dos de és os, una
geog a ía eal y a la ez, si bien en di e sos g ados po supues o, ela i amen e limi-
ada, son comunes p ác icamen e a odas ellas. Y ya ahí, aunque no hubie a o as
azones, An onio Diógenes ep esen a un caso muy especial po el hecho de no
a ene se en absolu o a ninguno de es os dos p incipios3. Po un lado, amplía con-
side ablemen e el mapa de los desplazamien os, a ibando sus pe sonajes has a los
lími es imaginables en el mundo an iguo4, y, po o o, ompe así lógicamen e y de
modo decidido con aquella sujeción al ámbi o de la ealidad geog á ica conocida.
Es cie o que es e concep o de la ealidad geog á ica e a dis in o del ac ual, pe o,
aun así, los demás no elis as se ciñen a un espacio geog á ico que un lec o iaje o
pod ía comp oba , mien as que An onio Diógenes no. Po ello, en su a ículo ya
ci ado S ephens señala la « ic ionaliza ion o geog aphical ac s» (ibid.) como uno
de los asgos más llama i os de es e ela o. En ese mismo sen ido, pod íamos e lo
al como lo hace un au o como Th. Hägg, el cual esc ibe: «I An onius Diogenes
is o be ca ego ized, he sa es choice would be o iew him as a succeso o he
o he w i e s o a el ales5, whose p ima y in en ion was o en e ain»6. Sin em-
ba go, ni pa ece que el no elis a p e enda simplemen e o ece un p oduc o pa a
llena el ocio de sus posibles lec o es ni oda la geog a ía de An onio Diógenes es
imagina ia. Al con a io, se ha cuidado de equilib a es e elemen o cen al de su
ob a, al hace que sus c ia u as se desplacen po ámbi os muy dis in os y en los que
EL MOTIVO DEL VIAJE EN LAS HISTORIAS INCREÍBLES ... 67
2«El iaje en la no ela g iega an igua», en un olumen colec i o edi ado po Máximo
BRIOSO SÁNCHEZ y An onio VILLARRUBIA MEDINA bajo el í ulo Es udios sob e el iaje en la li e a u-
a de la G ecia an igua (Se illa 2002), pp. 185-262.
3Tal como ampoco se a iene a la limi ación empo al p ac icada po los no elis as en ge-
ne al. Mien as que los demás suelen concen a las pe ipecias en unos meses, An onio Diógenes las
ex iende a lo la go de a ios años. De es o no hay la meno duda a la is a de los da os que o ecen
las insc ipciones de las umbas de a ios de sus pe sonajes en el esumen de Focio.
4Sob e es e apasionan e ema c . el lib o undamen al de J. ROMM,The Edges o he Ea h
in he Ancien Though (P ince on 1992).
5Hägg se e ie e ambién sin duda a ex os pe didos como los de Yambulo o E éme o, pe o
cali icables de icciones u ópicas y que apo an una geog a ía po an o en pa e imagina ia.
6The No el in An iqui y (Ox o d 1983), p. 120.
la geog a ía eal y bien conocida iene una pa e impo an e. Así, pa iendo del he-
cho de que en la no ela g iega es bas an e usual que los dos p o agonis as se ean
alejados el uno del o o en el cu so de sus pe ipecias y iajen po sepa ado has a su
eencuen o, An onio Diógenes hace que su he oína, De cílide, se mue a en buena
pa e de su u a po luga es ela i amen e ce canos y eales, en an o que su hé oe,
Dinias, iaja una buena pa e del iempo po luga es que hoy cali ica íamos de ic-
icios o legenda ios. Po o o lado, el pun o básico de pa ida de la his o ia y esce-
na io de su desenlace es un luga , la ciudad enicia de Ti o, que se si úa en el co a-
zón geog á ico ya adicional del p opio géne o, que gi a en o no a un espacio
cen able en e las cos as de Asia Meno , Egip o y, hacia Occiden e, Sicilia. Esa si-
uación p i ilegiada de Ti o7es, al igual que las elaciones e ó icas, a odas luces una
concesión al géne o; es más, un hecho an conc e o como el de que el eencuen o
de ini i o de sus hé oes enga luga en un emplo, apa ece como e ue zo de esa co-
nexión gené ica, pues o que se epi e en o as no elas. Pe o, si Ti o es un pun o ele-
an e en la acción, es ambién e iden e que, de un modo ela i amen e semejan e
a lo que sucede á en Heliodo o, aunque de mane a más adical, exis e o o pun o
en el ela o, la isla de Tule, que es a ez, a di e encia de la E iopía de aquél, pe enece
a una geog a ía mucho más emo a y ace ca de la cual las no icias e an ex emada-
men e agas, pe o que o maba pa e ya de la adición cul u al g iega.
Debemos señala ambién que ni en lo que se e ie e a Tule ni en ningún
o o luga pa ece habe p ocedido el au o como un esc i o de u opías, al modo
de E éme o o Yambulo, con los que algunos se han empeñado en incula lo más
de lo debido, o como o os esc i o es de me os ela os de iajes. De los países que
eco en sus pe sonajes se ponen de elie e en la mayo pa e de los casos hechos o
usos más o menos abulosos o pin o escos, pe o no, como sí ocu e en esos esc i o-
es de u opías, un sis ema sociopolí ico supues amen e modélico. En es e sen ido,
An onio Diógenes es cla o que ha dejado de lado esa in ención pa adigmá ica,
p opia de un géne o con una inalidad polí ica, con la elección en cambio de una
iple ía, más ce cana, de un lado, a la de la his o iog a ía con inclinaciones e no-
MÁXIMO BRIOSO SÁNCHEZ 68
7No es un aza ampoco que esa misma ciudad enicia sea una e e encia cla e en la no e-
la que sólo conocemos en su edacción la ina His o ia Apollonii egis Ty i, pe o que iene una e iden e
inculación con el géne o g iego. Pe o en An onio Diógenes Ti o se asocia ambién al descub imien-
o del ela o mismo como documen o deposi ado pa a su des elamien o pos e io . Es e ópico li e-
a io iene a su ez una conexión p e endidamen e his ó ica con Alejand o Magno, pues o que el do-
cumen o se encuen a jus amen e cuando su ejé ci o conquis a Ti o. An onio Diógenes da así una
«his o icidad» a su ela o, pe o es o no iene más consecuencias y es absu do p e ende , po ejemplo,
que si e pa a con ibui a da a una de las uen es de An onio Diógenes, Pí eas de Masalia, como
hicie a P. FABRE, «É ude su Py héas le Massalio e e l’époque de ses a aux», LEC 43 (1975), pp.
25-44 y 147-165 ( éanse en especial pp. 36-42). C . una c í ica de es a p opues a en Pi ea di Massa-
lia, L’Oceano, In oduzzione, es o, aduzione e commen o a cu a di S. Bianche i (Pisa-Roma 1998), p.
30. Fab e, además, desplaza la echa del p opio An onio Diógenes al siglo III a. C., con un e o no
in ecuen e al enjuicia su ob a como «un exemple de ce e li é a u e omanesque e géog aphique
qui eu un el succès dans le monde alexand ine au IIIesiècle» (p. 40).
g á icas, de o o, a la no ela, y, en e ce luga , al géne o didác ico con sus di e sas
ami icaciones. Sus p e ensiones desc ip i as en conc e o ienen mucho en común
con la línea his ó ico-e nog á ica que encon amos ya en He ódo o y que con inúa
en el siglo IV a. C. con C esias y an os o os que ozan o incluso se sume gen de
pleno en el ámbi o de lo simplemen e pa adoxog á ico. Y al iempo su empeño en-
ciclopédico o sis emá ico lo ap oxima más a esc i o es como, po ejemplo, el Pseu-
do-Escílax o sob e odo Dionisio Pe iege a. La echa que suele asigna se a nues o
au o , ya sea muy a anzado el siglo Io en odo caso la p ime a mi ad del II d. C.8,
encaja muy bien, en sen ido ap oximado, con la época del ci ado Dionisio, del
iempo de Ad iano. Si no hay en absolu o, po an o, una me a in ención de en e-
ene en el e eno de los iajes, ampoco sucede es o en el doc inal, como sugie e
Hägg, pues o que la ase con que és e con inúa («whe he he e was in addi ion a
se ious Py hago ean endency, as has been asse ed, canno be deduced om he
summa y», ibid.) es muy discu ible, ya que si las p e ensiones de An onio Dióge-
nes en es a di ección no se pueden comp oba en igo a a és del esumen de Fo-
cio, sí se cons a an po los ma e iales que Po i io ex ajo del ela o.
En cuan o a la ex ensión de su ob a, en 24 lib os según la axa i a no icia
de Focio, es bas an e azonable la ex endida sospecha de que es amos an e una am-
biciosa emulación de la Odisea. Lo cual, además, puede con ibui a explica algu-
nos aspec os de es e ex o an pa icula den o del géne o no elesco en g iego. Sea
como sea, pues, el empeño de An onio Diógenes en c ea una ob a, que, sin ale-
ja se adicalmen e de la no ela, que ya había dado mues as su icien es pa a de ini
sus con ines gené icos, a la ez oce o os géne os adicionales, como el de las no i-
cias pa adoxog á icas y el de los iajes an ás icos, legenda ios o u ópicos, y se en i-
quezca con esa emulación e ela un alan e que escapa al ípico de los no elis as
del iempo, que se a ienen a un pa ón mucho más es able y uni a io. Pe o pase-
mos ya a examina más de ce ca nues o ema.
El p o agonis a del ela o, Dinias, p ocede de A cadia, un luga nada no-
elesco has a en onces y que ampoco pa ece que u ie a un papel de peso en la
geog a ía de es a na ación. A Dinias lo acompaña en es e iaje un pai'", del que
se discu e, dada la ambigüedad del é mino, si es un si ien e o un hijo y cuyo
papel se á bas an e oscu o en la his o ia como e lejada en Focio. Al igual que el
hé oe de Heliodo o, ambién Dinias queda á al inal del ela o en el ámbi o o igi-
nal de su amada De cílide, la ciudad de Ti o. Pe o el pun o más in e esan e es que
EL MOTIVO DEL VIAJE EN LAS HISTORIAS INCREÍBLES ... 69
8Pa a una bibliog a ía bas an e exhaus i a sob e es a cues ión c onológica éase la edición
de M. FUSILLO, Le inc edibili a en u e al di là di Tule (Pale mo 1990), p. 36, n. 9. Discu ible es am-
bién que esa e e encia a Alejand o sea po pa e de An onio Diógenes un modo de incula su p o-
pio iaje nó dico con las no icias ace ca de las «ambiciones» del macedonio espec o a las ie as
nó dico-occiden ales, sob e la supues a ealidad de ese es ímulo en el caso de la expedición de Pí eas:
sob e es e ema c . igualmen e la edición ci ada de BIANCHETTI, pp. 31 ss. No hay duda alguna de
que, sea lo que sea ace ca de Pí eas, los in e eses geog á icos de An onio Diógenes son mucho más
di e sos y amplios.

Dinias no se pone en camino o zado po los a a a es no elescos, sino po «la bús-
queda de conocimien os» (ka a; zh hsin iJs o i a": 109a13 s.)9. Si ya algunos ia-
jes meno es apa ecen en un Heliodo o p omo idos po el deseo de sabe , es a azón
es básica y de hecho única pa a el hé oe de An onio Diógenes, desligado en p inci-
pio de oda mo i ación amo osa. El iaje, en buena pa e ambién el de la he oína,
es una ía de acceso a la sabidu ía, en endiendo po és a an o la de los conocimien-
os geog á ico-e nog á icos, como la de la expe iencia pe sonal y la iloso ía.
An onio Diógenes a a conduci a Dinias hacia los cua o pun os ca dina-
les, incluido el enigmá ico No e, una di ección hacia la que la no ela g iega suele
man ene un cie o echazo. A la ez, De cílide emp ende su p opia u a desde
Ti o, acompañada de su he mano Man inias y, como e emos, con sucesi as isi-
as a luga es que poco a poco ambién nos an alejando de la ealidad más habi-
ual en el géne o. Sin emba go, dado que en la no ela g iega hay una ue e p o-
pensión al desplazamien o en g upo, en o no a cada uno de los dos hé oes, que
as sus iajes independien es ya desde el p incipio de la na ación sólo se encon-
a án po p ime a ez en Tule, además de esos acompañan es iniciales, se mo e án
luego o os di e sos, los cuales ac ecien an las posibilidades de iajes secunda ios,
lo que has a cie o pun o ecue da sob e odo, den o del géne o, la écnica de un
Jeno on e de É eso. Se da así una g an dispe sión geog á ica, con ami icaciones
que o ecen un esquema de una complejidad única en la no ela g iega. Y, al con-
a io que en los demás no elis as, una g an pa e de es os iajes, incluidos, como
hemos is o, los del p opio Dinias, cuyo mo o es una inquie an e cu iosidad, son
ajenos a la ama amo osa, que a la luz del es o del géne o suele se de algún modo
di ec o o indi ec o el es ímulo y elemen o común de los iajes. Dinias, pues, a
di e encia de lo que le ocu e a la he oína, iaja olun a iamen e, mien as que en
el géne o ambién lo usual pa a odos los p o agonis as es que sus desplazamien os
espondan a algún impe a i o ex e no o en odo caso a la u gencia de la búsqueda
del se que ido. Esa mo i ación de la cu iosidad, añadamos, si bien no es del odo
ajena a la no ela p eceden e10, como no lo se á a la pos e io , adquie e en An onio
Diógenes un ni el impensable en el es o del géne o. Po odo ello, con el com-
plemen o de algunos o os de alles, deducimos que es a no ela enía al menos dos
en es bien di e enciados: un asun o de ipo e ó ico, cuya apo ación e a sin duda
meno en el conjun o del ela o, pe o, con a lo que a eces se ha c eído (los ag-
men os han mos ado e icazmen e es e e o ), no po al a de peso p opio, sino po
la densidad ab umado a del elemen o iaje o y e nog á ico, y esa ed de iajes que
en g an p opo ción enían su p opia au onomía na a i a y en buena pa e es án
inculados al aspec o sapiencial. En el p opio Dinias como pe sonaje del ela o se
MÁXIMO BRIOSO SÁNCHEZ 70
9Ci a emos siemp e po la edición clásica de R. HENRY de la Biblio eca de Focio en Les
Belles Le es, ol. II (Pa ís 1960).
10 Se da, po ejemplo, unida a la necesidad impues a po el o áculo, en los p o agonis as de
Jeno on e de É eso. Pe o esa cu iosidad de An ía y Hab ócomes iene un ue e componen e eli-
gioso. Sob e es e aspec o del iaje en la no ela c . nues o a ículo ya ci ado en n. 2, §§ 5.3-4.
plan ea ya es a disyun i a que domina oda la no ela. No sólo emp ende su la go
iaje sin mo i ación e ó ica alguna, sino que, cuando se ha encon ado en Tule con
la que se á en adelan e su amada, no se compo a á ampoco como o os hé oes
no elescos g iegos, que supedi an oda su ida p esen e y u u a a su pasión amo-
osa, sino que llega á a sepa a se, al ez de un modo olun a io, de la jo en y,
mien as ella eg esa a su ie a, emp ende á la que se á la más an ás ica e apa de
su iaje11. Po ello es posible p egun a se ambién si al ez es a des iación de las
leyes del géne o se dis azaba con algún impedimen o que uese luego esuel o con
la p o ecía de la Sibila de la Luna. Pe o, si esa ma cha de Dinias es e ec i amen e
olun a ia, se ía desde luego un caso único en el géne o y sus azones es a ían en
la pa icula concepción que An onio Diógenes iene de él.
Los en es señalados es aban desde luego en boga en su iempo: el ela o
no elesco, con sus e ien es e ó ica y de a en u as iaje as; el ensayo ilosó ico
incluso con una p esen ación d amá ico-na a i a, del que enemos muy di e sos
es imonios en es a época y en el que no es a a una dosis de icción (el De acie
quae in o be luna e appa e plu a queo puede se un buen ejemplo), y, en in, en
conjunción con el mo i o del iaje, nu idos elemen os e nog á icos y pa adoxo-
g á icos, que daban pie ambién a odo ipo de excu siones imagina i as. Va ios de
es os aspec os pueden uni ica se bajo un c i e io común: el didac ismo, que a su
ez no es ajeno a la co ien e de la no ela a día, aunque és a nunca llegue al g ado
alcanzado en An onio Diógenes. En cambio, que és e esc ibiese, como han sospe-
chado algunos, un ex o de iajes en cla e humo ís ica no es nada p obable y luego
apo a emos algunos a gumen os más pa a desca a lo. Apa e del silencio al es-
pec o del epi omizado Focio, es á la conduc a ya mencionada de un Po i io, que
oma a An onio Diógenes como uen e muy espe able pa a su documen ación so-
b e el pi ago ismo, lo que se ía poco e osímil si uese una ob a equipa able, po
ejemplo, a las di e idas y an ás icas Ve ae his o iae de Luciano de Samósa a. Si
Plu a co, en la ob a an es ci ada, pudo si ua una his o ia en la Luna y en un con-
ex o pe ec amen e se io, ¿po qué nues o no elis a no podía pe mi i se in encio-
nes semejan es en un ela o de pu a icción? Y su ca ác e se io p ecisamen e lo ha-
b ía hecho suscep ible de se pa odiado po Luciano en esa ob a, si, a di e encia de
J. R. Mo gan12 y de J. Hall13, acep á amos es e hecho al menos como una posibili-
EL MOTIVO DEL VIAJE EN LAS HISTORIAS INCREÍBLES ... 71
11 Es a decisión de segui más oda ía hacia el No e so p ende injus i icadamen e a los edi-
o es S. STEPHENS y J. J. WINKLER (Ancien G eek No els. The F agmen s [P ince on, NJ, 1995], p.
126, n. 55). Al comen a es e luga del esumen (110b33 ss.) buscan una explicación pa icula sob e
la que Focio no dice absolu amen e nada. Es cla o que la posibilidad de i más allá de Tule se p e-
sen a ía como un mo i o su icien e pa a quien como Dinias había eco ido ya la mayo pa e del
mundo más emo o sólo po cu iosidad. C . al espec o J. ROMM, «No els beyond Thule: An onius
Diogenes, Rabelais, Ce an es», en J. TATUM, ed., The Sea ch o he Ancien No el (Bal imo e-
London 1994), pp. 101-116, y en conc e o sob e es e pun o la p. 106. Y, po lo demás, es a ía de
po medio el ema del o áculo, del que habla emos más adelan e.
12 «Lucian’s T ue His o ies and he Wonde s Beyond Thule o An onius Diogenes», CQ N.S.
35 (1985), pp. 475-490.
13 Lucian’s Sa i e (London 1984), especialmen e pp. 342 ss.
dad. Se les ha de econoce a es os es udiosos sin emba go el mé i o de habe pues-
o en ela de juicio la casi gene al c eencia de que e ec i amen e An onio Diógenes
ue obje o de un humo ís ico emedo po pa e de Luciano, un pa ece nada bien
undado y que a anca de una ocu encia pe sonal de Focio, omada en se io a su
ez po E. Rohde. Pe o es a cues ión, como e emos, ha complicado especialmen e
la in e p e ación del esumen de Focio en algunos pun os. Pues al menos noso os
c eemos que ha sido el que se haya hecho in e eni en la in e p e ación del ex o
de An onio Diógenes esa p esun a elación con la ob a de Luciano lo que ha con-
ibuido a en u bia más el análisis de es a no ela.
S ephens y Winkle han azado en su edición ya mencionada (p. 104) un
esquema bas an e con incen e de lo que ep esen a la acumulación de iajes en
An onio Diógenes y que nos mues a una elabo ada plani icación. Según ese es-
quema, los di e en es pueblos en e los que se desplazan los pe sonajes del ela o
de An onio Diógenes se dis ibui ían en dos cí culos concén icos, en un empeño
de aba ca p ác icamen e oda la ie a y, en especial, la menos conocida. Pe o és a
es una p opues a que con iene examina en de alle. Ese doble ci cui o nos aleja desde
luego adicalmen e del géne o no elesco, ap oximándonos en cambio a una concep-
ción geog á ica que enemos oda ía pe ec amen e ecogida en un au o como Es-
abón. La ie a i me sigue siendo una g an isla (noso os la de ini íamos como un
inmenso y único con inen e) ceñida po el Océano Ex e io , he ede o del ances al
anillo lu ial homé ico, y en cuyo cen o ap oximado es á «el ma in e io » ( a; h'"
qala h" h'" ejn o " en el geóg a o, 1.1.10), es deci , el Medi e áneo. Un ma ,
pa a noso os, como el Caspio, no es en es a concepción sino uno de los g andes
gol os po los que el Océano Ex e io pene a p o undamen e en esa eno me isla,
de modo que p opo ciona ía un ácil acceso po ese pun o, en di ección o ien al,
al Océano14. Hoy es a concepción puede pa ece nos absu da, pe o los an iguos en
su desconocimien o de de e minados da os geog á icos enían buenas azones pa a
c ee la bien undada y es á desde luego oda ía en la base de las isiones de geó-
g a os como E a ós enes o, bas an e más a de, el p opio Es abón15. Pe o debe e-
ne se en cuen a ambién que e a a la ez compa ible con una e minología que
di idía ese g an Océano pe i é ico en pa es, según emos en el esumen de Focio
o en la co ien e geog á ica que llega has a el a dío Ma ciano de He aclea. An o-
nio Diógenes, pues, ecoge una adición geog á ico-mí ica, pe o a la ez acep a las
modi icaciones impues as po esa co ien e c í ica pos homé ica e e ida a los con-
ines del mundo. És os siguen siendo, como en la ieja concepción, un luga p i i-
legiado en cuan o al mis e io y el p odigio16, como se obse a en su no ela sob e
MÁXIMO BRIOSO SÁNCHEZ 72
14 C ., po ejemplo, Dionisio Pe iege a, . 48 s. El lec o puede consul a un mapa como el
que o ece I. O. TSABARI en su edición de Dionisio (Ioanina 1990), p. 25, y lee con p o echo las pági-
nas que dedica ROMM en su lib o mencionado al ema del Océano y los lími es de la Tie a (pp. 9-44).
15 C . los mapas que ep oduce BIANCHETTI en su edición mencionada (n. 7) y que p oce-
den de las publicaciones de G. AUJAC allí ci adas.
16 C . el ya clásico lib o de ROMM ya ci ado (n. 4), así como di e sas pun ualizaciones en P.
JANNI, «Los lími es del mundo en e el mi o y la ealidad. E olución de una imagen», en A. PÉREZ
odo, pe o no únicamen e, en el ema del espacio de Tule y «más allá de Tule», y
desde luego con la cues ión de la Luna, que luego discu i emos, pe o a la ez, a
di e encia de lo que sucedía en el mi o, son accesibles a los iaje os humanos y una
ealidad geog á ica na u al explo able. Es a isión se había p o undizado desde los
iempos de Alejand o Magno, cuyo nomb e es á ligado a una ambición plani ica-
da, o que la leyenda ha con e ido en plani icada, en elación con el conocimien-
o y dominio del mundo17. Y en es a concepción más mode na ya aquel Océano
imaginado como un con inuo o ío ci cula había sido eemplazado po esa suce-
sión de océanos, iden i icables po nomb es di e enciados, de los cuales da cuen a
pun ualmen e Focio.
Focio deja de ci a en bas an es casos cómo se desplazan los pe sonajes del
ela o, pe o suponemos que ob iamen e unas eces se ía po ma y o as po ie-
a, pues no son a as, po lo demás y como luego ol e emos a sub aya , las incu -
siones ie a aden o. La azón po la que se da ían esas dos dis ibuciones geog á-
icas concén icas es que An onio Diógenes, cuya p opensión mayo es hacia lo
exó ico, e iden emen e no ha que ido sin emba go enuncia al Medi e áneo he-
lenís ico como ho izon e o iginal del géne o, pues o que sus cos as cons i uyen el
p ime cí culo, el más modes o y adicional. Y se debe añadi que esponden al
concep o an iguo de la pe iegesis, como ocu ía ya con el iaje a gonáu ico al como
podemos lee lo en Apolonio de Rodas o en la ob a pos e io del Dionisio llamado
p ecisamen e Pe iege a18.
Cen ándonos aho a en el iaje de Dinias, és e iaja desde su A cadia na i-
a has a el Pon o y el Caspio (o Ma de Hi cania), pe o p on o lo emos es o zán-
dose po pene a hacia el emo o No e, ya que se ci an los mí icos Mon es Ripeos
y las mis e iosas uen es del Tanais (el Don ac ual)19, que o os au o es ambién
elacionan en la an igüedad. Es el ío inclemen e el que, como adicional ba e a,
pone eno a su a ance, obligándole a oma , po los llamados Océanos Escí ico y
O ien al (como secciones del ma que odea Asia)20, la di ección Es e y en ando
así en los dominios del Sol nacien e y luego, en el sen ido de las agujas del eloj,
en p olongada ci cun alación asiá ico-a icano-eu opea has a a iba a la isla de
Tule. Focio es sumamen e pa co al e e i se a es a sensacional pa e del iaje, po
lo que se nos o ece la duda de si la na ación apo aba algún ma e ial sob e pue-
EL MOTIVO DEL VIAJE EN LAS HISTORIAS INCREÍBLES ... 73
JIMÉNEZ Y G. CRUZ ANDREOTTI, Los lími es de la ie a: el espacio geog á ico en las cul u as medi e-
áneas (Mad id 1998), pp. 23-40, sob e odo 27 ss.
17 C . los ma e iales eunidos po ROMM en su lib o, en especial pp. 138-140, y la con i-
nuación de esas ambiciones en el Impe io Romano en di ección nó dico-occiden al, en pp. 140-149.
18 E i amos el é mino pe iplo, que co esponde a un concep o dis in o y mucho más limi-
ado: c . pa a la dis inción A. PERETTI, Il Pe iplo di Scilace. S udio sul p imo po olano del Medi e aneo
(Pisa 1979), en pa icula p. 60.
19 No podemos de ene nos aquí a discu i si el esumen de Focio se e ie e a las uen es o a
la desembocadu a del Tanais, un ema muy polémico en e aduc o es e in é p e es.
20 Remi imos sin más pa a los de alles a las e udi as no as an o de la edición ci ada de
STEPHENS y WINKLER como de la de FUSILLO. Sob e los di e sos nomb es del Océano puede e se,
po ejemplo, Dionisio Pe iege a, . 27-43.
en es ciudades, pa a da luego un sal o has a la di usa zona al No e de G ecia y,
po una u a nó dica bien dis in a de la de Dinias y de nue o po imposición de
un o áculo, inalmen e has a Tule, donde pa ecen habe enido luga los episodios
d amá icos y amo osos que mejo en oncan la his o ia con el géne o no elesco y
ambién ocu en cie as pe ipecias en las que se ei e a la inclinación hacia lo ex a-
o dina io an des acada en es e ex o. Tule desempeña desde luego en es e ela o un
papel cen al, ya como pun o de encuen o y con luencia y luego dispe sión de los
pe sonajes, ya po se escena io de esos episodios. Un luga así, con odos es os as-
gos acumulados, sólo con aba has a en onces en el géne o con Babilonia en Ca i-
ón y Rodas en Jeno on e de É eso como an eceden es. Y es indudable que An o-
nio Diógenes deseó do a a Tule de una impo ancia excepcional en el ex o. Y es
que desde Pí eas, es e mis e ioso luga de indecisa iden i icación se había con e -
ido en una e e encia geog á ica pa a quienes se ocupaban de emas iaje os y
podía simboliza la on e a en e lo imagina io y la ealidad.
La elación en e el ex o de An onio Diógenes y el de Pí eas de Masalia es
muy p oblemá ica, comenzando po nues o desconocimien o di ec o de ambos,
pe o no hay la meno duda de que el p ime o dependía en pa e del segundo. Una
sección del iaje de Dinias debió edac a se con la ob a de Pí eas como e e encia
y no sólo po lo que a añe a Tule. Ese lib o e a un excelen e es ímulo pa a la imagi-
nación de esc i o es como An onio Diógenes, en los que lo eal se mezcla con lo
an ás ico y con cla a en aja pa a es a úl ima isión. Pe o a la ez el no elis a des-
bo daba las p e ensiones mucho más modes as del explo ado , al lle a a sus pe -
sonajes a pa ajes inaccesibles pa a és e y al con e i su iaje en una ama ambi-
ciosa en o no al mundo en e o. Y aún queda un pun o digno de señala se: en la
no ela no pa ece habe ninguna duda ni sob e una posible o imposible a ibada a
la isla o un conocimien o p e io de ella, de sue e que ambos g upos iaje os se
encaminan hacia Tule de un modo o almen e na u al. Y es no able ambién el cla-
o anac onismo come ido po An onio Diógenes, pues o que si úa su ela o en una
echa muy an e io a la a ibuible, sea cual sea exac amen e, al iaje de Pí eas,
enido siemp e po descub ido de la isla34.
Con los e abundeos de De cílide y los que se conoce ían en la edacción
o iginal po o os na ado es secunda ios pa ece, pues, que se comple aba esa
especie de a las que con o ma la ed de iajes en es a no ela y que cub e casi odo
el mundo conocido (y sospechado o imaginado). La u a de De cílide, incluso sin
esos complemen os, supone un azado en zigzag que p e ende ía llena di e sos
capí ulos in o ma i os. Pe o posee sin la meno duda un núcleo signi ica i o en
o no a I alia y Sicilia y es o se debe muy posiblemen e, más que a ecos de o as
no elas, a que ememo a de es e modo el escena io básico de la doc ina pi agó i-
MÁXIMO BRIOSO SÁNCHEZ 80
34 En ealidad no pa ece que Pí eas esc ibiese que había a ibado a Tule, sino que, a juzga
po Es abón (2.4.1), sólo u o no icias de ella po los na i os de las ie as ce canas. Como es a
si uación de igno ancia pe sis ió du an e siglos, de ahí su ca ác e quasi-simbólico como emo o con-
ín del mundo: c . ROMM, lib o ci ado, pp. 157 s.

ca. De ahí que en ese espacio no sólo se dé la bajada a Ul a umba, sino el encuen-
o con una igu a de sabio pi agó ico an des acada como es la de As eo. También
se ha de señala el hecho no able de que al pa ece sea An onio Diógenes el p ime-
o en hace que una muje baje en ida al Hades, un p i ilegio ese ado has a el
momen o a hé oes y pe sonajes masculinos35. Sea como sea, es indiscu ible que una
ez más es a no ela an peculia supedi a su a gumen o al ni el didác ico-doc i-
nal y no a la aza osa pe ipecia, como ocu e en las o as ob as del géne o. Se man-
enía posiblemen e alguna in e ención del aza en el plan eamien o de las u as,
pe o es o ocu ía sin duda sólo desde el pun o de is a de los pe sonajes, no desde
el de la plani icación del ela o.
A es as al u as e insis iendo en lo que ya ambién indicábamos cualquie
p opues a en el sen ido de que lo que An onio Diógenes esc ibió ue una simple y
dispa a ada pa odia de los ela os an ás icos de iajes pa ece es a ue a de luga ;
pe o, si lo hubie a hecho, hab ía ac uado de un modo bien dis in o del de Luciano,
ya que hab ía sido con el conscien e ap o echamien o del esquema na a i o del
géne o no elesco, pues o que el esc i o de Samósa a no en a en las eglas con-
encionales de és e, limi ándose a e e i nos un iaje imagina io. Aunque no sea
más que una hipó esis, podemos a e e nos a c ee que la no ela de An onio Dió-
genes ue pe ec amen e se ia, sólo que lle ando a un ex emo ba oco e hipe bó-
lico algunos de los aspec os que es aban ya en di e sos g ados en las no elas p ece-
den es, como sucede con los p odigios, el iaje po el a án de conocimien os o la
búsqueda de nue as u as y el azado labe ín ico de és as, como se ap ecia sob e
odo en Jeno on e de É eso. Y no hace al a deci que en no elas pos e io es y sob e
odo en la de Heliodo o se con i man es as endencias, apa e de la inalidad didác-
ica, p esen e sin discusión en Teágenes y Ca iclea. Si, po pone ejemplos más e-
cien es, en la no ela de caballe ías y en la pica esca podemos es udia muy bien cómo
se iende con el iempo a busca c ecien es no edades y, en e ellas, a amplia el espa-
cio geog á ico, en el caso de la no ela g iega es na u al que se diese esa misma p o-
pensión a i cada ez más allá de los modelos, a supe a los con un eje cicio de ima-
ginación. En la no ela de An onio Diógenes segu amen e la no edad p incipal
es u o en esa hábil combinación de dos ni eles: uno, el que los iajes y a en u as,
que adicionalmen e gi aban en o no al amo y a los p o agonis as acosados po
los di e sos i ales e ó icos, se con i iesen en un hecho de ascendencia cien í i-
co- ilosó ica, a lo que se suma el que al hé oe lo mue a p ecisamen e el a án de
conocimien os como pun o de pa ida cohe en e con ese in; y, o o, la ambiciosa
ampliación de la geog a ía al uso en el géne o, aco de con aquella a anosa búsque-
da del sabe y el plan eamien o de unas p e ensiones cien í ico-ideológicas. Todo
es o hubie a sido muy poco p obable en un ela o humo ís ico. Y ya Focio, que
enía sus isos de c í ico li e a io, obse ó al comienzo de su esumen que el es ilo
EL MOTIVO DEL VIAJE EN LAS HISTORIAS INCREÍBLES ... 81
35 Fusillo en las no as de su edición ecue da opo unamen e que, después de nues o no-
elis a, el mo i o eapa ece en los Ac os de Tomás (55-57): una jo en asesinada e o na a la ida y
cuen a lo que ie a en el mundo de los mue os.
mismo de es a no ela e a ex emadamen e pu o y cla o, y es o incluso —añade—
en las dig esiones. Y oda ía lo más in e esan e de las e lexiones de Focio es sin
duda que és e ambién opina que, a pesa del alan e casi mí ico y abuloso de lo
que se cuen a, uno de los mayo es a ac i os de la his o ia es á p ecisamen e en que
conjuga sus an asías con una p esen ación al amen e c eíble. Lo que ampoco
hubie a sido espe able en una pa odia.
Uno de los asgos de la no ela g iega an igua consis e en que, a pesa de
la acumulación de los iajes y de una geog a ía a iada, podemos echa en al a
el que no se en e usualmen e en las desc ipciones de los luga es. Sólo cuando
los gus os ue on cambiando los no elis as g iegos comienzan, como emos so-
b e odo en Aquiles Tacio, a ompe esa con ención y a de ene se en algún paisa-
je u al o en cie os po meno es de una ciudad celeb ada. Pe o es cla o que el
iaje como me o cambio oponímico y la sucesión de episodios que en él ocu-
ían seguían eniendo más in e és pa a su público. Pe o a la ez debemos insis-
i en que esa a acción pa ece que se conc e aba no malmen e en una geog a ía
cons a able y bien es imoniada. De ahí que el ex o de An onio Diógenes, con
su geog a ía en buena pa e quasi-mí ica y an ás ica y sus abundan es no icias
sob e ella, esul e se edobladamen e o iginal. Y cabe p egun a se, si ol emos
a ese ipo de lec o del iempo, cuál debió se el in del no elis a y los c i e ios
con que pudo se acogida es a no ela en e sus posibles lec o es con empo á-
neos. Desde luego una p ime a explicación es a ía en la misma que pod ía da se
pa a las no edades in oducidas po o os no elis as cuando nos e e imos a los
de la época de la Segunda So ís ica: que los gus os de su público e an ya o os y
pa ece que exigían que cada ela o ab iese nue os caminos en el géne o. Y es o
es algo que se ap ecia en los es g andes no elis as más a díos: Longo, Aquiles
Tacio y Heliodo o. Todos ellos se apa an de lo illado, es deci , de la adición
ep esen ada pa a noso os po Ca i ón e incluso po Jeno on e de É eso, cuyas
no elas ienen, a pesa de las di e encias, nu idas concomi ancias. Y cada uno,
y es o nos pa ece lo más ele an e, se apa a de es a adición de un modo muy
dis in o.
Pues bien, es cla o que An onio Diógenes, incluso en una echa segu a-
men e bas an e an e io a las de los es na ado es ci ados, omó idén ica eso-
lución: des ia se de aquella adición omando un camino p opio, y es e camino
pasa po la combinación de odos esos elemen os a los que nos hemos e e ido
ya y po en e eje los en un la go iaje que queb ase ambién la con ención de
un ma co geog á ico limi ado, bien econocible y en el que al mismo iempo
apenas se epa a. En es e sen ido, si An onio Diógenes se con apone sob e odo
al caso de Longo, el cual op a á, ompiendo igualmen e los cánones es ablecidos,
po una d ás ica educción de los desplazamien os, se le an icipa á en cambio en
el in e és po la p opia geog a ía, limi ada y minimalis a en Longo, expansi a y
ambiciosa en él. Si Longo enía el p eceden e bucólico a su a o pa a de ene se
en unos paisajes u ales y es á icos, An onio Diógenes no ca ecía ampoco de
modelos, pues o que había ya disponible oda una biblio eca de esc i o es de ia-
jes, unos más ieles a la ealidad geog á ica, o os más o menos abulosos. Mien-
as un Luciano ap o echó algunas de esas publicaciones pa a hace una di e i-
MÁXIMO BRIOSO SÁNCHEZ 82
da pa odia, An onio Diógenes las acogió como ma e ial no elesco, al si ua sus
in o maciones den o de un esquema iaje o ya ensayado en el géne o que pa a
noso os inaugu a Ca i ón. Pe o no se limi ó a es o. El in e és didác ico, an
pode oso en él, e i aba que esos ma e iales uesen un ado no p escindible en su
ela o, me amen e e lejado en cie os excu sos, como ocu e en Jámblico, Lon-
go o Aquiles Tacio en especial, y en un ma co esquemá ico. Y en es o su con-
duc a p eludia sob e odo la de Heliodo o, que abso be y ansmi e in o macio-
nes muy di e sas ambién con un empeño se io po didác ico, aunque pe sis a
en él el hábi o de concen a las sob e odo en dig esiones.
Romm en un abajo ya ci ado (n. 11) plan eó un in e esan e p oblema:
¿cuál es el sen ido en la li e a u a de icción del ela o de un iaje imagina io? Es
como si el au o se en en ase a un obligado dilema: busca una cie a aunque
cu iosa c edibilidad espec o a lo que cuen e jus amen e po que a esos pa ajes
i eales no pod á iaja a su ez el lec o a comp oba su e dad o alsedad o, po
el con a io, con i ma con una geog a ía men ida la in ención de su his o ia como
al p oduc o imagina io. Rabelais con su Pan ag uel ep esen a ía, pa a Romm, el
segundo caso, lo que signi ica « o make belie impossible» (p. 102), mien as que
Ce an es en su Pe siles y Sigismunda se ía un buen modelo del p ime o. Cie a-
men e és e pa ece un esquema muy simple y el ejemplo de Ce an es en especial
pod ía discu i se, pues o que una pa e al menos de la geog a ía nó dica de su no-
ela en aba, en esa época, en el eino de la indecisión en e la c eencia, la ingenua
c edulidad y la inc edulidad. Y es e abanico de posibilidades dependía de sus lec-
o es. No es cla o, además, que Ce an es po el hecho de habe leído algún lib o
en que Tule se mencionaba, como e a el caso comp obado del de Olao Magno,
p e endie a, pa adójicamen e, que con algunas no icias más o menos asomb osas
sus lec o es acep asen como au én ico aquel emo o No e y a pa i de ahí con-
side asen e osímiles las andanzas po él de sus hé oes pe eg inos. No hay duda de
que esa his o ia enía en el sen i de Ce an es dos ca as o ines: la del en e eni-
mien o del lec o , con una dosis de imaginación, y la de su aleccionamien o mo al
y piadoso.
En lo que se e ie e a An onio Diógenes, Romm examina en p ime luga
el p opio í ulo de la no ela y concluye que apis a ahí debe oma se, al como en
los é minos ípicos de los coleccionis as de no icias pa adoxog á icas, «implying a
meaning close o ‘s ange bu ue’ han o ‘ob iously alse’» (p. 103), lo que,
añadimos, asladado a la icción li e a ia, pod ía ace ca se al ma co de las esis
a is o élicas sob e la e osimili ud en los a gumen os li e a ios. También las pala-
b as «más allá de Tule», dado que de Tule había in o maciones que podían pasa
po se ias o en odo caso po polémicas, en a ían en ese mismo dominio de la
dudosa on e a en e lo e dade o y lo also. An onio Diógenes pudo inspi a se
incluso, pa a su hé oe Dinias, en el celeb ado explo ado de las ie as nó dicas
Pí eas de Masalia, que ambién iajó po a án de conocimien os y luego, al igual
que aquél, ela ó sus sensacionales descub imien os. Pe o Dinias, como hemos is-
o, i á oda ía más allá de Tule, en un iaje que, en palab as de Romm, « ep esen s
a es o he elas ici y o apis a, hei abili y o uni e he o he wise opposing poles
o belie and inc eduli y» (p. 106). Pa a Pí eas Tule e a, según se lee en Es abón
EL MOTIVO DEL VIAJE EN LAS HISTORIAS INCREÍBLES ... 83
(2.5.8)36, la ie a más al No e y Vi gilio la llama á consecuen emen e «ul ima
Thule» (Geo g. 1.30), po lo que es e iden e que en es e pun o An onio Diógenes
o zaba aun más la c edulidad del lec o . Y la azón es á en que segu amen e, como
mues a el episodio de la Sibila, en aba ahí en un eino di e en e, el de los cono-
cimien os p o enien es de la iloso ía neopi agó ica, que ambién le impo aba
p o undamen e.
Sea como sea, en lo que a añe al dilema plan eado po Romm, An onio
Diógenes o ecía a sus lec o es múl iples ca as en un juego complejo. Les da a lee
una no ela, un ela o de icción, pe o és e en e e ado de in o maciones lib escas,
a pa i de unas uen es que de allaba pun ualmen e al comienzo de cada lib o
(111a36-40), implan ando así en una no ela el p incipio de au o idad ípico de la
li e a u a didác ica. El que el ela o e a una in ención ambién es un hecho
econocido po él, pues o que se decla a au o de un ex o en el que, a la ez que
acep aba esas au o idades, c eaba una icción («hechos inc eíbles y alsos», a[pis a
kai; yeudh': 111a35 s.) que dedicaba a su he mana, si bien es e ex o e a al mismo
iempo un simple ma co den o del cual se ecupe aba un an iguo legajo, que no
e a sino una copia documen al, hallada po aza , de lo que Dinias con a a ya en su
ejez. La imaginación c ea i a de An onio Diógenes no podía e iden emen e sa-
is ace se con una es uc u a li e a ia simple, como las de sus an eceso es no eles-
cos. En odas las di ecciones explo a nue os umbos y, odo ello a la ez, en un
asomb oso y desmesu ado equilib io. In en aba así posiblemen e sa is ace a un
nue o ipo de público su gido con las modas que aía la Segunda So ís ica. Unas
p e ensiones que Romm ha exp esado de es e modo en su a ículo: «We a e hus
aced wi h he pa adox o an au ho who ci es eal sou ces o made-up in o ma-
ion» (p. 108). Pe o es que segu amen e es e au o enía bas an e cla o, como
A is ó eles, que el eino de la icción admi e lo inc eíble con al de que pa ezca
e osímil. Ésa es una lección que ambién ecoge á sabiamen e Heliodo o, cuan-
do, po ejemplo, haga nace a su he oína Ca iclea como una c ia u a milag osa-
men e blanca de dos pad es e íopes; sólo e a necesa io da una jus i icación, po
so p enden e que és a pueda pa ece al lec o . Lo inc eíble po el hecho de queda
explicado se o na e osímil. Y es o ale pa a el labe in o na a i o imaginado po
An onio Diógenes e incluso pa a la acep ación de cie as uen es muy poco c eí-
bles, como e an los casos de An í anes y en pa e del p opio Pí eas. No había segu-
amen e en él o a in ención que la de esc ibi una ob a de icción, econocida
explíci amen e como al, pe o a la ez eca gada p o usamen e de ma e iales de
a iopin a e udición y de expansiones ilosó icas que ha ían las delicias de sus
cu iosos lec o es y sa is acían de paso su ape i o de sabe es enidos po muy
espe ables. El que la geog a ía en la G ecia an igua se pe cibiese adicionalmen e
MÁXIMO BRIOSO SÁNCHEZ 84
36 La exp esión en ealidad es un an o ambigua, ya que la le a de Es abón dice a; pe i;
Qou lhn, in e p e able como «la zona o pa e de Tule». Y además especi ica «de B i ania». La no icia
se epi e en Plinio, Na u alis his o ia 4.16.104.
como un géne o li e a io, en el que la na ación enía un peso de e minan e, más
que como una ciencia desc ip i a37, e a un apoyo ines imable.
Hemos aludido ya a que el géne o impuso como modelo iaje o un es-
quema ela i amen e simple y que se epi e incluso oda ía en Heliodo o. Den-
o de es a simplicidad, se pa e de un pun o (o de dos, pe o siemp e con uno
como secunda io), ciudad o país, y se e o na a ese pun o. Con odas sus a ian-
es, se a a de una ci cula idad, pe o sólo en el sen ido de una u a de ida y uel-
a y, como señalábamos, po un espacio geog á ico siemp e ácilmen e iden i i-
cable. Incluso cuando in e ienen, como es usual, países y pueblos bá ba os, ese
espacio posee una cie a homogeneidad, al se pa e de una adición cul u al
e o zada po la expansión helenís ica. Es el caso de los an ecuen ados pe sas,
egipcios, e incluso los e íopes de Heliodo o. En ese esquema iaje o de ida y
uel a la di e encia esencial es á en la oposición en e un espacio meno y ami-
lia , co espondien e al pun o de pa ida, y un espacio mayo , el que se ab e con
la u a seguida, que ya no es amilia sino pelig oso y en el que se p oducen las
a en u as. Se puede po supues o ma iza es e esquema, al in oduci ya algún
iesgo o a en u a en el luga amilia o, como hace Heliodo o, al oma conc e-
amen e E iopía como pa e de ese mundo ex e io y a iesgado, pe o iden i-
icándolo inalmen e con el pun o de e o no y escena io del desenlace. En cie -
o modo An onio Diógenes pa e de ese mismo esquema, al si ua Ti o como
pun o de pa ida y de e o no, ya que la A cadia de Dinias (el luga secunda io
del pa de los iniciales, como la Tesalia de Teágenes en Heliodo o) queda ue a
de él. Pe o el iaje pasa a se en es a no ela un sis ema mucho más complejo,
como una ed con la que se p e ende aba ca lo más posible del mundo. Como,
además, se da o o haz de di ecciones, en el sen ido de los cua o pun os ca di-
nales, el iaje, según hemos sub ayado, desbo da aquel concep o no elesco de
u a a a és de un espacio que es p e ex o pa a la a en u a y se con ie e en una
cadena de explo aciones y descub imien os en p o de un in sapiencial. Esa ed
de u as, a o ecida po la mul iplicidad de pe sonajes y de ela os, a iende odas
las di ecciones, más allá del ámbi o geog á ico helenizado, en cie o modo como
una ei e ación a ni el abuloso de aquellos supues os designios de Alejand o
Magno, al cual se hace e e encia no en ano en la no ela. En ese sis ema Ti o
cons i uye el cen o, pe o no ya sólo como aquel luga ípico de las no elas como
pun o de pa ida y de e o no. Al plan ea se el iaje como un sis ema, cuya me a
úl ima son los lími es de la ie a, Ti o adquie e un alo nue o como cen o de
ese sis ema o alizado .
O a cues ión no ácil de disce ni en el esumen de Focio es la de la ela-
ción del ela o con las concepciones as ológicas, sob e las que hay sin emba go
algunos indicios. Ahí enemos las menciones del Sol y la Luna, la con aposición
del día y la noche, de la luz y la oscu idad, y su inculación, a a és de la magia
EL MOTIVO DEL VIAJE EN LAS HISTORIAS INCREÍBLES ... 85
37 C . las obse aciones de ROMM al espec o en su lib o, sob e odo pp. 3-7.

de Paapis, con la ida y la mue e. De es e modo, la ama sapiencial se amplía
hacia di e en es ni eles, con la p e ensión de consolida un odo ce ado.
Hay oda ía o o da o que mues a esos a iados ni eles en los que se mue-
e es e ela o. La na ación de Dinias, una ez dic ada, queda deposi ada p ecisa-
men e como un documen o sec e o que sólo se des ela á en el u u o. El hallazgo
de unas umbas, un mo i o que odos sabemos que se epe i á en Rabelais, lo
saca á a la luz y es así como la pos e idad pod á conoce esos ma a illosos sucesos.
Hay algunas o as no elas an iguas donde ambién queda alguna cons ancia docu-
men al, en insc ipciones, de las a en u as de los p o agonis as (así en Jeno on e de
É eso o en la His o ia de Apolonio ey de Ti o), pe o no exis e en cambio esa in en-
ción de sec e ismo, sino, al con a io, un a án de publicidad. La inalidad en An o-
nio Diógenes ue sin duda ambién di e sa en es e pun o: de un lado, p ocede
como ya lo hicie a Jeno on e de É eso, al a ibui con la exis encia de una p ueba
ma e ial una apa iencia de e acidad a su ela o, lo que queda á como un ecu so
ópico de la icción li e a ia; de o o, con su con e sión en un sec e o sólo des e-
lable siglos después y po aza , odea a esa supues a p ueba au en i icado a de un
halo enigmá ico que la si úa en esa on e a en e lo imagina io y la ealidad de la
que hablábamos. Como Heliodo o juga á con el ingenio del lec o , An onio Dió-
genes juega a la ez con su cu iosidad y su c edulidad.
Pe o aún nos queda po hace una obse ación pa a a aja la sospecha de
que An onio Diógenes ue un caso o almen e apa e den o del géne o en G ecia.
La p ime a no ela que se esc ibie a ue ya en sí un no edoso a e imien o y las
mejo es de las que la han seguido, en odas las li e a u as, han abie o nue os
caminos, a eces de modos llama i os y escandalosos. Las limi aciones emá icas
han sido ba e as que ecuen emen e los más osados na ado es han deseado que-
b a . Y es o lo p ac icó a odas luces An onio Diógenes, al aleja se esuel amen e
de la angos u a del desa ollo p e io del géne o, que enía en el monopolio del
ema e ó ico una ecia a adu a. Si Longo, po ejemplo, le dio un odeo inno ado ,
al en emezcla con los asgos adicionales del géne o un li ismo bucólico he eda-
do de la época helenís ica, Aquiles Tacio hizo algo semejan e con la ecupe ación
de bas an es ing edien es de la comedia y Heliodo o p ac ica á aún después o os
nue os pasos en la di ección é ica y didác ica, amén de en la cons ucción inge-
niosa del apa a o no elesco. Po pone o os ejemplos mode nos y po si una com-
pa ación más si e pa a ilus a el papel de es os inno ado es y en e ellos el de
An onio Diógenes, podemos eco da la no edosa in oducción de los emas socia-
les en la no elís ica eu opea del XIX o, con un caso más conc e o, el papel de una
no ela como Middlema ch de Geo ge Elio espec o a los ex os p eceden es en el
géne o en lengua inglesa, pues es e ela o in oduce en él, según se ha sub ayado
hace iempo, un mo i o como el de la ocación pe sonal, es deci , el de unos
in e eses ajenos, en buena pa e decididamen e in elec uales, al p e iamen e p i i-
legiado ema del sen imien o y del amo . Pues bien, An onio Diógenes supuso
ambién un in en o de osada eo ien ación emá ica del géne o en la G ecia an i-
gua. Pa a ello con aminó la no ela de ma e iales y ines que has a ahí habían sido
ex ano elescos. En el ema del iaje es a eo ien ación se pe cibe muy cla amen e.
Y Heliodo o luego con ibui á a nue os cambios decisi os en el géne o y ha á em-
MÁXIMO BRIOSO SÁNCHEZ 86
p ende a sus pe sonajes una u a no edosa, como ue la de E iopía con e ida en
un luga quasi-u ópico. La no ela ya no se ci cunsc ibe a una geog a ía modes a,
illada y ácilmen e cons a able; ampoco a una geog a ía, como pa ece se la de
las no elas más an iguas, esquemá ica y que más pa ece un ca álogo oponímico.
Aho a los luga es po donde ansi an los pe sonajes cob an un ealce pa icula , y
es o me ced a dos medios p incipales: su p opia ex añeza, pues en buena pa e se
si úan en los con ines del mundo y algunos poseen un halo legenda io, y, en segun-
do luga , su in e és e nog á ico (o, si se p e ie e, seudoe nog á ico) y pa adoxog á-
ico. El solo hecho de habe si uado un momen o de e minan e del ela o en Tule
da cuen a de ese empeño, así como el habe ecu ido a una doble ealidad: la de
la ealidad misma, cons a able o conocida, y la de aquella que, como la del iaje de
los A gonau as o semejan es, bo dea el eino ambiguo de la an asía y el mi o. Un
ex o como el de An onio Diógenes ue segu amen e so p enden e en su momen-
o, pe o sob e odo pa a unos lec o es ya habi uados a las con enciones del géne o,
en el que i umpe e oluciona iamen e. O os, como Aquiles Tacio, Longo o He-
liodo o supie on man ene algunas de sus apo aciones en una línea me i o ia pe o
mucho menos a e ida. Y de ahí que, mien as en la sucesi a esc i u a de es as o as
no elas se ap ecia una cie a con inuidad, que es indicio indi ec o de la acep ación
de sus lec o es, no ocu ió así con el caso de An onio Diógenes, p obablemen e
único. Las no elas g iegas que de un modo u o o conocemos ienen odas un ai e
de amilia y es cla o que el géne o desde sus p ime as e apas buscó c ea se, en una
cadena de imi aciones, unos asgos homogeneizado es que le diesen o ma e iden-
idad como nue a c eación li e a ia. A la ez se a ó de i ensanchando poco a po-
co sus má genes, po lo gene al sob e la base de con aminaciones. La his o iog a ía,
el ea o y la bucólica ue on algunos de los almacenes saqueados. También la
iloso ía en ocasiones, Pla ón sob e odo. La no ela se a ianza así en una adición
cul a y digni icado a. An onio Diógenes debió e muy cla amen e cuál podía se
su labo : ca ó en los anchos cauces de la pa adoxog a ía, en de e minadas co ien-
es ilosó icas en auge, en el géne o de los ela os de iajes, cuan o más imagina-
i os mejo , deco ó odo el conjun o con una o malización na a i a e olucio-
na ia y e minó elabo ando un p oduc o que él mismo u o empeño posiblemen-
e, pa a comple a la amalgama y digni ica aun más su lib o, en p esen a , según
ya se apun aba, como una especie de homenaje a la Odisea, como igualmen e lo
ha á luego Heliodo o. Su ob a ambién ep esen a de algún modo una especie de
ambiguo homenaje a un ex o de ambién ambigua ama en la An igüedad como
ue el de Pí eas de Masalia, al que p e endió sin duda emula y supe a . Noso os,
sin el ex o del no elis a y con la sola guía de Focio, apenas podemos juzga la bon-
dad de ese p oduc o, sólo in ui su ambiciosa complejidad.
EL MOTIVO DEL VIAJE EN LAS HISTORIAS INCREÍBLES ... 87