L
A
INVENCIÓN
DE
LA
ESCRITURA
ALFREDO
MAURY
MADRID
Es ablecimien o
ipog á ico,
Ven osa,
21
1891
LA
INVENCIÓN
DE
LA
ESCRITURA
L
°s
o ígenes
y
el
desen ol imien o
DE
LOS
ALFABETOS
I
Cuando
una
in ención
ha
llegado
á
Su
úl imo
g ado
de
pe eccionamien o
y
sencillez
no
se
ep esen a
ácilmen e
pensamien o,
la
ma cha
que
se
ha
ae*
Süido
pa a
alcanza
an o,
y
si
quie e
^co e
el
camino
que
ha
conducidos!
homb e,
de
p ocedimien o
en
p ocedí-
dien o,
á
las
ob as
que
se
p esen an
a
n
e
la
is a,
es
p eciso
emplea
con
e*
Cencía
casi
an a
pene ación
como
la
Que ida
pa a
la
c eación
de
esos
mis¬
mos
p ocedimien os.
—
6
—
Es amos
an
léjos
de
los
medios
os¬
cos
qu.e
cons i uyen
el
pun o
de
pa ida
de
la
in ención,
que
no
disce nimos
al
p incipio
el
enlace
que
ienen
con
la
concepción
úl ima.
Tal
es
el
caso
en
que
se
encuen a
la
esc i u a,
ese
ma a
illoso
descub imien o
que
nos
pa ece
hoy
an
sencillo
po
lo
mismo
que
con
él
nos
hallamos
muy
amilia izados
desde
nues a
in ancia.
Pa a
se
lo
que
es
alp esen e,
ha
ne¬
cesi ado
dicho
descub imien o
siglos
de
an eos
y
de
es ue zos,
y
. iene
una
la ga
his o ia,
que
el
ulgo
ni
siquie a
sospe¬
cha,
cuyos
comienzos
se
pie den
en
la
noche
de
los
iempos.
Es o,
es,
po
o a
pa e,
lo
que
ha
su¬
cedido
en
la
an igüedad
espec o
de
las
in enciones
más
ú iles,
ó
al
menos
las
más
usuales,
cuyo
o igen
no
se
conocía
an o
como
el
de
cie as
concepciones
a as
y
de
una
aplicación
á
eces
es é il.
Sin
emba go,
¿qué
his o ia
o ece
más
~
7
—
in e és
que
la
del
p ocedimien o
que
ha
Pe mi ido
ex ende
y
comple a
la
pala¬
da
que
ha
dado
ida
á
la
ciencia,
sumi¬
nis ándola
los
medios
de
e ene
y
de
asmi i
las
nociones
adqui idas
po
la
Qb
se ación
y
la
expe iencia,
y
que
se
ba
con e ido
de
es e
modo
en
ehículo
de
odas
las
demas
in enciones?
La
his o ia
de
la
esc i u a
es
una
de
las
páginas
más
cu iosas
de
los
anales
del
espí i u
humano
y
po
la
que
oca-
nios
los
medios
p ime os
con
cuyo
au¬
xilio
el
homb e
ha
llegado,
no
sólo
á
i¬
ja
su
pensamien o,
sino
ambién
á
es¬
cla ece lo
y
pa icula iza lo.
{Cuán as
nociones
adqui idas
no
que¬
da ían,
sin
la
esc i u a,
agas
é
incom¬
ple as!
Es a
his o ia
nos
da
la
p ueba
de
la
Ca cha
p og esi a
de
la
in eligencia
hu¬
mana
y
del
pode
de
p opagación
que
ban
ecibido
las
ob as
del
genio
del
hom¬
b e»
—
8
—
Como
la
his o ia
de
odas
las
in en¬
ciones,
iene
es a
la
en aja
de
mos a ¬
nos
la
mane a
como
se
ha
p ocedido
en
el
p incipio
pa a
hace
loque
pa ecía
imposible
de
hace ,
pa a
ealiza
lo
que
pa ecía
i ealizable,
dando,
po
lo
an o,
una
lección
de
mé odo
que
encon a á
su
aplicación
en
muchas
o as
cosas.
Sin.
emba go,
hace
es
cua os
de
si¬
glo
no
hubie a
podido
bosqueja se
la
his o ia
de
la
esc i u a,
y
has a
en on¬
ces
no
se
sabía
ace ca
del
o igen
de
las
le as
más
que
las
ábulas
que
nos
han
sido
asmi idas
po
los
g iegos,
pues
no
se
poseían
ninguno
de
los
nío'numen os
p<?
los
cuales
podemos
emon a nos
á
la
cuna
de
la
in ención,
y
los
que
los
hu¬
bie an
poseído
hab ían
sido
incapaces
de
in e p e a los.
Han
sido
menes e
los
ecien es
a¬
bajos
de
la
a queología
egipcia,
o ien¬
al
y
mejicana
y
las
indagaciones
de
los
iajemos
y
de
los
ilólogos,
pa a
econs-
~
9
~
i ui
los
ma e iales
que
pe mi en
esc i¬
bí
la
his o ia
de
las
ans o maciones
de
la
esc i u a.
La
compa ación
de
los
enómenos
que
P esen an
los
di e sos
sis emas
g á icos
>*
de
las
me amo osis
de
sus
signos
en
las
di e en es
edades,
es
lo
que
ha
he¬
cho
posible
una
ojeada
como
la
que
si
-
gue.
Lo
que
en
un
p incipio
había
podido
Se
a ado,
ya
de
in e osímil,
ya
de
pu¬
amen e
conje u al,
ha
omado,
g acias
^
los
monumen os,
el
ca ác e
e iden e.
La
esc i u a,
lo
mismo
que
el
lengua¬
je»
se
nos
p esen a
cómo
el
p oduc o
de
I
a
acción
pacien e
de
los
siglos,
y
lo
que
l*°y
día
a ec a
un
no able
aspec o
de
u
a
idad
y
de
egula idad,
lejos
de
habe
Sl
do
la
c eación
espon ánea
y
me ódica
del
genio
de
un
indi iduo,
no
ué
más
el
esul ado
len o
de
a ios
a i icios
^ás
ó
menos
ingeniosos,
que
se
han
su¬
cedido
ecuen emen e
mezclándose
y[que
—
i6
—-
nes
y
en ia
p oposiciones
pa a
sus
ene¬
migos
y
á
sus
aliados.
Se
han
publicado
algunas
de
las
pin¬
u as
indicadas,
las
cuales
se
asemejan
en
lo
osco,
has a
el
pun o
de
con undi *
se
con
ellos,
á
los
dibujos
que
bosqueja¬
mos
en
la
in anciá.
Los
p og eses
de
es a
mane a
de
ex¬
p esión
del
pensamien o
se
han'con un-
dido
con
los
del
a e;
pe o
las
azas
que
no
conocie on
o a
esc i u a
no
lle a on
muy
lejos
la
imi ación
de
las
o mas
de
la
na u aleza.
Algunas
poblaciones
alcanza on
un
g ado
muy
no able,
de
habilidad
en
lo
que
pudie a
llama se
la
pin u a
ideog á¬
ica.
En e
las
azas
de
la
Amé ica
sep en¬
ional,
en
donde
los
idiomas
e an
an
a iados,
aunque
se
e ie an
á
una
mis¬
ma
ma iz,
las
que
pobla on
á
Méjico
•poseye on
un
a e
e dade o,
habiendo
llegado
ai
in
del
siglo
XV
á
un
empleo
—
17
—
almen e
no able
de
las
ep esen acio¬
nes
ideog á icas.
Cuando
en
1519,
el
día
de
^Pascua,
Fe nán-Co és
u o
po
la
ez
p ime a
nna
en e is a
con
un
en iado
del
empe-
ado
de
Méjico,
lo
encon ó
acompaña¬
do
de
indígenas
que,
eunidos
á
su
p e-
Se
ncia,
se
pusie on
inmedia amen e
á
P
J
n a ,
en
i as
de
ejido
de
algodón
ó
Pila,
odo
aquello
que
po
la
p ime a
ez
le
s
imp esionaba
la
is a,
como
los
na-
Vl
°s,
los
soldados
a mados
de
a cabu-
°
es
j
los
caballos,
e c.
£)e
es as
pin u as
compusie on
los
a ¬
is as
mejicanos
cuad os
que
en usias¬
ma on
y
so p endie on
al
a en u e o
es¬
pañol;
y
como
és e
les
p egun a a
la
in¬
unción
con
que
las
ejecu aban,
explicá¬
bale
que
e an
pa a
lle a las
á
Mo ezu-
ma
y
hace le
conoce los
ex anje os
que
habían
in adido
sus
Es ados.
En onces,
y
con
el
in
de
da
al
mo-
n
a
ca
mejicano
una
idea
más
al a
de
las
—
18
—
ue zas
de
los
conquis ado es,
He nán
-
Co és
hizo
maniob a
á
sus
in an es
y
jine es,
desca ga
su
mosque e ía
y
dis¬
pa a
sus
cañones,
y
los
pin o es
ol ie¬
on
á
oma
el
pincel,
y
aza on
en
sus
i as
de
ela
aquellos
eje cicios
an
nue¬
os
pa a
ellos
y
de
que
e an
es igos:
con
al
idelidad
de
ep oducción
e mina on
su
a ea,
que
los
españoles
quedá onse
ma a illados.
No
odos
los
pueblos
que
se
con en a*
on
con
ep esen aciones
igu adas
pa a
aduci
g á icamen e
la
palab a,
nos
o e*
cen
un
adelan o
al
en
empleo
de
la
s
pin u as
ideog á icas.
La
obse ancia
de
una
g an
exac i ud
en
los
po meno es,
de
una
p ecisión
l'
gu osa
en
la
ep oducción
de
la
eali'
dad,
hubie a
en o pecido
con
ecuencia
la
apidéz
de
la
ejecución,
yen
la
mayo*
ía
de
los
casos
hab ía
sido
de
odopuu*
o
imposible.
Como
solamen e
se
ecu ía
á
senJC"
—
19
—
Jan es
dibujos
con
el
in
de
habla
al
es¬
pí i u
y
de
ayuda
á
la
memo ia,
se
in¬
odujo
la
cos umb e
de
ab e ia
los
a-
2
°s
y
educi
las
igu as
á
lo
que
e a
es ic amen e
necesa io
pa a
se
com-
.
P endido
po
los
sen idos;
así
es
que
Se
adop a on
indicaciones
con encio¬
nales
que
dispensaban
de
muchos
po ¬
meno es.
En
es a
pin u a
ideog á ica
se
ecu ió
^los
mismos
opos,
á
las
mismas
igu as
pensamien o
de
que
nos
se imos
en
e
í
discu so;
la
sinécdoque,
la
me onimia,
*
a
me á o a;
se
ep esen ó
la
pa e
po
el
°do,
la
causa
po
el
e ec o,
el
e ec o
po
*
a
causa,
el
ins umen o
po
la
ob a
que
P oduce,
el
a ibu o
po
la
cosa
misma.
Lo
que
una
ep esen ación
ma e ial
n
Q
hab ía
podido
pin a
di ec amen e,
se
,
e
x
p esó
median e
igu as
que
suge ían
la
noción
po
ía
de
compa ación
ó
de
ana-
logia.
^ales
son
los
p ocedimien os
que
nos
—
20
—
o ece
la
esc i u a
igu a i a
de
los
egip*
cios
y
de
los
mejicanos.
Cuándo
los
p ime os
que ían,
po
ejemplo,
da
idea
del
comba e,
dibuja¬
ban
dos
b azos
humanos,
uno
de
los
cuales
enía
un
escudo
y
el
o o
una
es¬
pecie
de
hacha
de
a mas;
cuando
los
se
;
gundos
a abán
de
exp esa
la
idea
de
co e ,
lo
hacían
median e
la
ep esen
-
ació i
de
dos
pie nas
en
acción
de
mo¬
e se
ápidamen e.
Así
se
cons i uía
el
simbolismo
q«
e
había
de
in adi
la
esc i u a
ideog á ica,
como
había
in adido
la
eligión.
Además,
a ec a on
las
imágenes
una
signi icación
pa icula
po
el
hecho
de
su
asociación;
la
me á o a,
el
emblema,
el
opo,
daban
á
cie os
g upo¿
de
ig
u
*
as
un
sen ido
que
nacía
de
la
ap oxi¬
mación
de
unas
con
o as
de
las.
di e ¬
sas
imágenes
de
que
los
mismos
es aban
compues os:
de
es e
modo
se
han
ep e¬
sen ado
ideog á icamen e
concepciones
no
se
p es aban,
ó
se
p es aban
mal,
^
una
simple
ep oducción
iconog á ica.
Los
egipcios
empleaban
con
bas an e
ecuencia
es e
mé odo,
que
igualmen e
Se
encuen a
aplicado,en
las
pin u as
Mejicanas.
Su
huella
se
descub e
en
la
esc i u a
c
hina,
cuyos
ca ac e es
g á icos
no
son
oas
que
las
al e aciones
de
las
igu as
o
scas
de
los
obje os
que,
á
mane a
de
esc i u a,
dibujaban
en
un
p incipio.
Es as
igu as,
eunidas
de
modo
que
pudie an
exp esa
una
idea,
cons i uyen
que
los
chinos
llamaban
hoéi-i,
es
de-
Cl
>
signi icaciones
combinadas;
po
ejem-
P o,
la
igu a
de
una
boca
humana
azada
al
lado
de
la
igu a
de
un
pája o,
Sl
§ni ica
can o;
la
de
una
o eja
en e
las
4
os
hojas
de
una
pue a,
exp esa
la
idea
escucha ;
el
símbolo
del
agua
unido
^
L
igu a
de
un
ojo,
u o
el
sen ido
de
^g imas.
Y
has a
los
Pieles- ojas
usa on
de
semejan es
emblemas/
lo
que
p ueba
lo
na u al
que
es
su
uso
pa a
el
espí i u.
La
esc i u a
ideog á ica
no
pe manece,
pues,
po
mucho
iempo
como
una
me a
ep esen ación
iconog á ica,
sino
que
bien
p on o
omó
una
mezcla
de
igu as
de
signi icaciones
muy
di e sas,
unacon-
inuación
de
ep esen aciones
omadas
al e na i amen e
en
un
sen ido
p opio
y
en
un
sen ido
igu ado,
de
emblemas,
de
e dade os
enigmas,
cuya
in eligencia
exigía
ecuen emen e
una
pene ación
pa icula .
En
es e
es ado,
la
esc i u a
ideog á ica
e a
un
a e
di ícil
y
á
eces
un
sec e ó
cuyo
conocimien o
e a
p i ilegio
de
un
co o
núme o,
de
los
i¿ue
a en ajaban
á
los
demás
en
la
des eza
manual
y
en
la
in eligencia,
y,
po
consecuencia,
de
los
sace do es
ó
de
los
mágicos
y
de
ios
hechice os
que
los
eemplazan
en
las
po¬
blaciones
más
bá ba as
y
más
igno
an es.
—
23
—
El
nomb e
de
gé oglí icos
ha
sido,
pues,
Vacíamen e
aplicado
á
es os
sis emas
g á icos.
En
el
simbolismo
qaecon
ellos
es aba
es
echamen e
ligado,
se
daban
necesa¬
iamen e
eunidas
odas
las
ciencias
,
odas
las
c eencias
del
pueblo
que
usaban
semejan es
p ocedimien os.
Be
aquí
la
imposibilidad
de
desci a
e
s as
clases
de
esc i u as
si
no
se
es á
amilia izado
con
las
ideas
de
aquellos
de
que
p oceden
.
Puédese
muy
bien
econoce
en
los
ge-
oglí icos
egipcios,
al
p ime
golpe
de
is a,
al
ó
cual
imagen,
po
ejemplo,
la
de
un
homb e
que
es á
a ado
á
Un
pos e?
^Ue
iene
los
codos
a ados,
qué
hace
una
o enda
ó
lle a
una
escla a;
mas
¿cómo
Pudie a
conje ua. se
que
la
imagen
de
ll
n
bui e
signi ica
la
idéa
de
la
ma é ni-
dad,
si
se
igno a
que,
desde
el
iempo
de
los
Fa aones,
los
egipcios
suponían
que
es a
especie
de
pája os
no
con enía
~~
H
—
más
que
hemb as
que
podían
enjend a
sin
el
concu so
del
macho?
¿Cómo
se
pod ía
e e i
el
sen ido
de
hijo
á
ia
igu a
de
un
ganso,
si
no
se
sabe
que
el
ganso
del
Nilo
pasaba
po
un
modelo
de
piedad
ilial?
¿Cómo
la
igu a
de
un
ga ilán
sob e
una
pe cha,
suge i ía
la
idea
de
Dios,
sj
no
se
es á
in o mado
de
que
el
ga ilán
e a
conside ado
como
el
emblema
del
sol,
el
Dios
po
excelencia?
La
esc i u a
igu a i a
no
se
azó
só¬
lo
sob e
las
ocas
ó
en
los
oncos
de
los
á boles,
ni,
se
empleó
únicamen e
en
la
composición
de
algunas
b e es
insc ip-
ciones,
sino
que
si ió
además,
como
lo
a es iguan
los
monumen os
de
Egip o
y
de
la
Amé ica
cen al,
pa a
exo na
los
edi icios,
que
median e
ella
han
hablado
á
la
pos e idad;
pe o
al aba
pode
lle a
po
odas
pa es
donde
e a
necesa io
es¬
as
imágenes
esc i as-
El
homb e
enía
necesidad
de
lle a
—
35
—
consigo
su
mneumónica,
y
ai
e ec o
p e¬
pa ó
pieles,
ejidos,
sus ancias
lige as
y
áciles
de
p ocu a se,
en
las
cuales
g a¬
bó
y
pin ó
colecciones
de
es as
igu as,
de,cuya
sue e
u o
e dade os
lib os.
El
pensamien o
pudo
desde
en onces
ci cula
ó
se
gua dado
como
un
eso o,
y
algunas
ibus
sal ajes,
pa a
hace lo
s és
exp esi o,
llega on
has a
se i se
de
su
p opio
cue po
como
de
papel,
y
en¬
e
a ias
poblaciones
de
la
Polinesia
los
dibujos
de
a uage
que
se
en iquecían
en
cada
época
p incipal
de
la
ida,
e an
una
V
e dade a
esc i u a:
se
leía
sob e
la
piel
del
sal aje
su
biog a ía,
sus
hazañas,
y
á
eces,
las
obligaciones
que
había
con¬
aído.
Un
sabio
aleman,
M.
H.
Wu ke,
á
^uien
se
debe
una
in e esan e
His o ia
&
la
esc i u a,
ha
consag ado
odo
un
capí ulo
al
a uage.
¿No
hemos
noso os
esc i o,
du an e
bas an e
iempo,
con
algunas''le as
ma *
—
3
«
~
despe a
más
que
la
idea
de
la
palab a
á
quien
se
había
unido.
De
es e
modo
nació
el
one ismo,
es
deci ,
el
empleo
de
ca ac e es
que
es¬
ponden,
no
á
ideas,
sino
á
sonidos.
Imágenes
é
ideog amm
>s
cons i uye¬
on,
pues,
signos
de
sonidos,
los
cuales,
monosilábicos
en
chino,
lo
llega on
am"
bién
á
se
en
las
lenguas
polisilábicas,
po
consecuencia
del
hábi o
que
p e ale¬
ció
poco
á
poco,
como
nos
lo
mues an
el
egipcio
y
el
náhua l,
de
oma se
el
signo
po
la
exp esión
del
sonido
inicial
ó
dominan e
de
la
palab a:
á
es o
se
ha
llamado
mé odo
ac ológico.
Desde
en onces
llegóse
á
esc ibi
o¬
né icamen e
po
el
p ocedimien o
del
ge-
oglí ico;
sin
emba go,
el
obje o
igu a¬
do
ep esen aba,
no
el
conjun o
de
los
sonidos
comp endidos
en
el
nomb e
con
que
e a
designado,
sino
solamen e
el
so¬
nido
p incipal.
Cuando
los
Nahuas
que ían,
po
ejem-
„
—
33
—
pío,
esc ibi
el
nomb e
del
Rey
I zcoa l,
dibujaban
lechas
de
pun a
de
obsidiana,
especie
de
pied a
que
se
denominaba
en
aquel
idioma
iz li,
al ededo
de
la
igu a
de
una
se pien e,
animal
apellidado
en
e
l
mismo
idioma
cohua l.
'
El
one ismo
ae o
lógico
hacía
lee
la
igu a
de
la
lecha
i z
po
i zli,
y
se
enía
m onces,
con
la
ayuda
de
un
e dade o
je oglí ico,
el
nomb e
de
Izcoa l.
Las
imágenes
omadas
po
exp esio¬
nes
de
sonidos
en e
los
an iguos
meji¬
canos,
concluye on
po
ep esen a
síla¬
bas
y
has a
ocales
simples,
y
se
las
combinaba
pa a
esc ibi
las
palab as
po¬
lisilábicas.
E a
es o,
como
se
e,
un
one ismo
n^uy
impe ec o,
undado
ecuen emen¬
e
en
una
especie
de
equí ocos
po
ap o¬
ximación,
y
que
debía
da
mo i o
á
e¬
men es
e o es,
pues
no
se
asignaba
á
ca-
ca ác e
un
luga
de e minado
co es¬
pondien e
al
de
la
sílaba
en
la
palab a.
3
—
34
—
Las
igu as
ge oglí icas
de
los
aejica*
nos,
aunque
empleándose
á
eces
en
su
sen ido
ideog á ico,
suminis aban
en
los
úl imos
iempos
de
la
li e a u a
náhua l,
e dade as
le as,
ó
más
bien
signos
si¬
lábicos.
Así,
la
imagen
del
agua,
(a l),
ep e¬
sen aba,
po
consecuencia
de
la
ex en¬
sión
del
mé odo
ac ológico,
el
sonido
a)
la
del
haba
(e l),
el
sonido
e;
la
de
la
mano
(mai l),
el
sonido
nui;
la
de
un
al¬
a
(en
nahual
momoz li)
la
sílaba
nioz,
e cé e a.
Cuándo
más
a de
se
a ó
de
aduci
en
ge oglí icos
mejicanos
palab as
espa¬
ñolas
ó
el
la ín
de,
los
ezos
de
la
Iglesia,
se
comp endió
la
impe ección
de
seme¬
jan e
silaba io,
pues
le
al aban
signos
pa a
ep esen a
una
mul i ud
de
soni¬
dos
ex años
al
nahual :
hubo,
pues,
que
con en a se
con
muy
g ose as
ap oxima*
oiones.
Cuando,
po
ejemplo,
se
que ía
esc i'
-
35
—
bi
amen
,
se
asociaba
el
ge oglí ico
del
agua
(en
mejicano
a l
)
p onunciado
a,
á
la
imagen,
de
la
plan a
de
la
pi a,
que
se
apellidaba
me í
en
el
mismo
idioma,
y
de
es a
mane a
se
enía
la
palab a
ame l,
ocablo
que
se
ap oximaba
á
la
exclama¬
ción
heb aica
adop ada
en
la
li u gia
c is iana.
Pa a
exp esa
pu ey
nos e
,
se
ecu ía
á
asimilaciones
de
sonidos
análogos,
y
edian e
ge oglí icos
oné icos
co es¬
pondien es
se
esciibia
pan
U lnocli-ie l.
El
p ocedimien o
ac ológico
ha
sido
aplicado
po
los
egipcios
de
la
misma
Plañe a,
poco
más
ó
menos,
que
lo
ha¬
cían
los
Nahuas,
como
lo
hace
no a
M .
P*
Leno man
en
su
lib o
sob e
la
His-
oi e
de
la
p opaga ion
de
l‘qlphabe
phéni
-
.
El
empleo
de
las
imágenes
con
alo
oné ico
no
ae
consigo,
ya
lo
hemos
^icho,
el
abandono
de
los
ideog ammas,
< o
las
imágenes
simples
ó
omadas
en
—
36
—
un
sen ido
igu ado:
unos
y
o as
concu¬
en
á
suminis a
los
elemen os
de
la
esc i u a;
pe o
como
nada
les
dis inguía
en
lo
ex e io ,
como
un
mismo
signo
pu¬
do
al e na i amen e
esponde
á
una
idea
ó
á
un
sonido,
hubie a
esul ado
una
ex emada
con usión,
si
el
uso
no
hubie-
se
consag ado
pa a
cie as
imágenes
un
alo
casi
exclusi amen e
oné ico,
las
cuales,
pe diendo
su
papel
ideog á ico,
inie on
á
con e i se
en
me as
le as.
Los
chinos
no
hicie on
su i
á
sus
ideog ammas,
semejan e
cambio
de
a i¬
buciones,
sino
que
se
con en a on
con
ag ega
á
la
mayo ía
de
los
g upos
com¬
pues os,
asignándoles
gene almen e
un
luga
ijo,
un
ca ác e
indica i o
del
so¬
nido,
el
cual
insinuaba
la
p onunciación
del
g upo,
en
el
que
el
alo
ideog á ico
e a
anunciado,
más
ó
menos
cla amen e,
po
o o
de
los
ca ac e es
que
lo
compo¬
nían,
llamado
cla e:
es as
cla es,
en
nú¬
me o
de
214,
es aban
epu adas
como
—
37
—
ep esen aciones
de
los
ideog am aas
simples.
La
esc i u a
egipcia,
en
la
que
los
Sl
gnos
e an
de
o igen
más
a iado
que
en
la
China,
no
se
de u o
en
un
sis e¬
mo
an
egula ,
sino
que
se
ecu ió
á
je oglí icos
complemen a ios
que
ayuda¬
ban
á
ija
el
sen ido,
y
que
se
han
de¬
nominado
de e mina i os:
colócanse
o di¬
na iamen e
después
de
la
pa e
oné ica
del
g upo;
pe o
siemp e
ienen
igual
p ecisión.
Unas
eces
no
ienen
más
que
una
a
cepción
gené ica,
de
mane a
que
pue¬
den
usa se
después
de
una
mul i ud
de
aíces,
que
no
ienen
en e
sí
más
que
u
na
elación
de
sen ido
muy
lejana;
o as
sólo
con ienen
á
una
ca ego ía
especial
de
palab as,
ligadas
po
una
idea
co¬
mún;
y
o as
son
la
misma
imagen
del
°bje o
que
el
g upo
qnuncia
oné ica¬
men e,
y
en onces
se
p oduce
lo
que
nos
P esen an
an os
ca ac e es
chinos,
que
-
3
§
~
aon
á
la
-- ez
oné icos
é
ideog á icos.
Es e
medio
no
bas aba
oda ía
pa a
hace
que
desapa eciese
oda
oscu idad,
pues
algunos
de
los
indicados
de e mi¬
na i os
podían
se
con undidos
á
su
ez
con
signos
oné icos
de
los
que
sei ían
pa a
la
composición
de
la
palab a.
A
eces
se
les
mul iplicaba,
en
cuyo
caso
es
o dina io
el
úl imo
el
que
da
el
sen ido
e dade o
de
la
aíz.
La
mane a
como
u o
nacimien o
el
one ismo,
engend ó
lo
que
se
ha
llama¬
do
poli onía
,
es
deci ,
que
los
ca ac e es
ideog á icos,
con e idos
en
signos
de
sílabas
ue on
ap os
pa a
p esen a
in¬
dis in amen e
al
ó
cual
sílaba,
pues
los
sonidos
e e idos
á
los
signos
p ocedían
de
las
palab as
po
las
cuales
se
habían
designado
las
imágenes,
y
es as
pala¬
b as
podían
sé
di isas
pa a
una
sola
y
misma
ep esen ación.
A
in
de
señala
la
e dade a
p onun¬
ciación
de
un
ca ác e
polí ono
emplea-
—
39
—
do
en
un
g upo
dado,
se
ecu ió
á
uno
ó
a ios
complemen os
oné icos,
ó,
lo
que
es
lo
mismo,
á
uno
ó
a ios
de
ios
signos
que
señalaban
el
sonido
que
se
que ía
indica .
Tal
ge olí ico,
po
ejemplo,
espondía
á
las
a iculaciones
ó
y
w ;
cuando
de¬
bía
ene
la
p onunciación
ab
se
le
hacía
segui
de
un
ge olí ico
que
u iese
el
a¬
lo
de
la
b,
y
cuando
debía
p onuncia se
We ,
se
le
ponían
dos
ge olí icos
que
es¬
pec i amen e
u iesen
los
alo es
de
m
y
.
Sin
duda
que
es os
medios
e an
ha o
g ose os;
mas
an es
de
llega
á
p ocedi¬
mien os
sencillos
no
se
conciben
sino
impe ec os.
El
signo
complemen a io
ence aba
á
eces
a ios
alo es
oné icos,
y
e a
ne¬
cesa io
en onces
adi ina
el
que
debía
escoje se,
á
cuya
de e minación
ayuda¬
ba
á
su
ez
la
explicación
del
ca ác¬
e .
—.
4
*
~~
Los
asi ios
y
sus
an epasados,
á
los
cuales
se
da
el
nomb e
oda ía
discu ido
de
accadienses,
hicie on
asimismo,
uso
de
complemen os
oné icos
que
coloca¬
ban
después
de
la
úl ima
sílaba
de
la
pa¬
lab a,
y
han
enido
igualmen e
e dade*
os
de e mina i os,
pues
en
el
sis ema
cunei o me
cie os
signos
pa icula es
p eceden
á
los
nomb es
de
dioses,
de
homb es
y
de
países,
y
si en
así
pa a
econoce
que
la
palab a
no
es
un
sus¬
an i o
gené ico.
Además,
cuando
el
esc i o
asi io
em¬
pleaba
un
ideog amma
an iguo,
añadía
en
caso
necesa io
una
glosa,
en
la
cual
se
daba
en
ca ac e es
más
pequeños
la
lec u a
asi ia
del
signo
en
cues ión.
Todo
es o
no
obs aba
pa a
que
el
sis¬
ema
g á ico
de
los
egipcios,
como
el
de
los
asi ios,
uese
de
un
uso
muy
incó¬
modo
y
exigiese
una
la ga
p ác ica;
mas
el
emba azo
en
que
es as
esc i u as
po¬
nían
á
eces
al
lec o ,
daba
ocasión
á
-
41
-
° o
pa a
el
sis ema
ideog á ico- oné ico
cuando
es e
pasaba
del
pueblo
que
lo
ha¬
bía
c eado
á
o o
pueblo
que
no
hablaba
d
mismo
idioma,
y
cuya
lengua,
de
un
genio
di e en e,
no
enía
las
mismas
a ¬
iculaciones.
Es o
es
p ecisamen e
lo
que
u o
lu¬
ga
espec o
del
sis ema
cunei o me.
Los
asi ios,
que
ecibie on
los
ideo-
g ammas
cunei o mes
de
los
u ianos,
a
plica on
al e na i amen e
á
esos
ca ac¬
e es
lec u as
nue as
sacadas
de
su
p o¬
pia
lengua,
y
nue os
alo es
oné icos,
que
no
les
hicie on
po
es o
'abandona
los
que
sus
an epasados
habían
adop
-
ado.
Si iéndose
así
simul áneamen e
y
con
ecuencia
en
una
misma
palab a,
de
ca¬
ac e es
silábicos
y
de
ca ac e es
pu a¬
men e
ideog á icos,
hicie on
de
su
esc i¬
u a
un
mosáico
muy
complicado
en
la
que
e a
ácil
ex a ia se.
Mien as
que
los
ideog ammas
con i-
sis
que
acaba on
jjo
hace
de
es e
mo¬
do
de
esc i u a
una
especie
de
caos.
Los
asi ios
no
supie on
lib a se
de
es o,
pues
aunque
llega on,
sin
duda,
á
posee
un
silaba io
con
el
que
podían
esc ibi
oné icamen e
odas
las
pala¬
b as,
no
consiguie on
in oduci
en
él
o den
y
sencilléz.
En
Asi ia,
como
en
Egip o,
no
pudie¬
on
esol e se
á
epudia
una
mul i ud
de
signos
inú iles,
con
lo
que'
hubiesen
enido
un
silaba io
uni o me;
los
medo-
sci as,
al
ap opia se
el
sis ema
ana ien-
se,
le
despoja on
de
la
mayo ía
de
sus
ideog ammas,
y
casi
no
conse a on
más
que
los
ca ac e es
o/né icos.
Los
egigcios,
que
es aban
en
camino
del
mé odo
al abé ico,
que
en
cie os
ca¬
sos
aplica on,
pe manecie on
apegados
á
los
p ocedimien os
ideog á icos
po
los
hábi os
y
sus
c eencias.
Renuncia
á
los
ideog ammas,
que
e¬
cuen emen e
e an
símbolos
di inos,
alu-
—
49
—
siones
á
su
cul o
ó
á
sus
usos,
e a
pa a
ese
pueblo
aniquila
s i
his o ia,
bo a
es
insc ipciones
de
que
es aban
eca ¬
gados
sus
edi icios,
asga
los
manus¬
c i os
en
que
es aban
consignadas
sus
paciones,
echaza ;
en
una
palab a,
cuan o
e a
obje o
de
su
ene ación.
¿Acaso
no
e an
pa a
ese
pueblo
los
ge oglí icos
la
e elación
del
dios
Tho h?
Igualmen e
en
la
China
lle aban
mu"
cho
iempo
de
emplea se
los
ideog am¬
as
pa a
que
pudie a
elegá seles
al
ol¬
ido.
El
abandono
absolu o
de
semejan es
ca ac e es
sólo
e a
posible
en
un
pueblo
c
lUe
no
es u ie a
encadenado
po
la
a¬
dición,
y
que
habiendo
ecibido
del
ex¬
anje o
el
conocimien o
de
la
esc i u a,
pudie a
elegi
en e
los
signos
que
se
le
impo aban,
y
con en a se
con
cie o
nú¬
me o
de
ca ac e es
oné icos,
ep esen¬
aciones
de
monosílabos
y
áun
de
me as
a iculaciones.
4
5
°
—
De
es e
modo
sueedió
en
la
ex emi-
dad
o ien al
del
Asia,
en e
los
japone¬
ses.
Había
ecibido
es e
pueblo,
hacia
el
in
del
siglo
III
de
aues a
e a,
lo
más
a de,
los
lib os
de
los
chinos,
con
cuya
li e a u a
se
ué
poco
á
poco
amilia i¬
zando.
El
conocimien o
del
idioma
del
celes¬
e
impe io
se
di undió,
pues,
po
el
Ja¬
pón,
en
donde
se
adqui ió
de
es e
modo
la
cos umb e
de
emplea
sus
ca ac e es;
pe o
la
p onunciación
y
la
g amá ica
ja¬
ponesas
di ie en
p o undamen e
de.
la
p onunciación
de
la
g amá ica
china.
Y
á
in
de
pode
lee
esos
signos,
á
los
cuales
se
unie on
cie os
sonidos
monosílabos,
hubo
de
se
necesa io
in¬
oduci
en
su
alo
oné ico
cambios
que
pe mi iesen
su
a iculación
á
las
bocas
japonesas.
De
aquí
las
modi icaciones
de
p onun¬
ciación
bas an e
conside ables
en
un
—
51
g an
núme o
de
ca ac e es
chinos,
espe*
almen e
en
aquellos
que
implicaban
le as
que
no
poseía
el
idioma
japonés.
Los
signos
omados
á
los
chinos
e¬
cibie on,
pues,
ecuen emen e
nue os
alo es
oné icos,
al
mismo
iempo
que'
I°s
japoneses,
cuya
in eligencia
podía
se
de ec uosa
po
la
di e encia
que,
compa ado
con
su
p opia
lengua,
o ece
e
l
o den
de
las
palab as
en
el
idioma
chino,
in oducían
en
la
esc i u a
del
Impe io
del
cen o
cie os
signos
^ es i¬
nados
á
es ablece
el
o den
sin áxico,
c
al
como
lo
exigía
su
idioma
nacional
y
especialmen e
de e minadas
in lexiones.
Como
se
e,
hicie on
con
el
sis ema
g á ico
que
les
había
sidó
impo ado
lo
i'ae
los
asi ios
habían
hecho
á
su
ez
del
sis ema
g á ico
de
los
accadienses.
En
el
Japón,
como
en
la
Asi ía,
k
es¬
c i u a
ideog ammá ica
había
pasado
de
u
n
idioma
á
o o
de
genio
en e amen e
epues o.
•I
—
52
—
Un
hecho
análogo
se
ha
obse ado
ambién
espec o
de
la
esc i u a
pel i
cuando
lo
usa on
las
poblaciones
de
o i¬
gen
i anio.
,
Los
japoneses
se
acos umb a on
á
designa
los
signos
monosilábicos
que
oma on
de
sus
ecinos,
po
los
sonidos
que
á
ellos
espondían
en
su
sis ema
de
lec u a,
o a
conse a an
es os
ca ac e es
el
monosílabo
chino,
o a
se
les
sus i u¬
ye a
una
sílaba
joponesa,
ya,
en
in,
apegándose
al
sen ido
ideog á ico,
se
denomina a
el
signo
po
el
nomb e
ja¬
ponés
del
obje o
que.
ep esen aba.
-
Po
semejan e
medio
se
encon ó
es e
pueblo
poseedo
de
un
silaba io
que
adap ó
á
su
lengua;
mas
siendo
es á
po¬
lisilábica,
los-
japoneses
ep esen a on
las
palab as
de
más
de
una
sílaba
po
an os
ca ac e es
como
sílabas
compo¬
níanla
palab a,
ecu iendo,
po
.
o a
pa e,
pa a
el
azado
de
los
ca ac e es
á
la
o ma
cu si a
china:
es o
es.
lo
que
~
53
“
cons i uyó
la
esc i u a
llamada
man-yo-
■
&
ww,enla
que
en
un
p incipio
se
obse ó
esa
especie
de
oscu idad
que
implica
la
esc i u a
cunei o me,
y
que
obedecía
á
las
mismas
causas.
«En
e ec o,
dice
Abel
Rémusa ,
el
núme o
de
las
sílabas
japonesas
e a
poco
conside able,
y
hab ía
bas ado
un
núme o
educido
de
ca ac e es
pa a
e¬
p esen a las
odas;
pe o
se
in odujo
Una
con uaion
muy
g ande,
haciendo
oma
aho a
un
ca ác e
y
luego
o o
po
signo
de
la
misma
silaba,
y
más
aún,
aplicando
un
mismo
ca ác e
á
la
ep esen ación
de
sílabas
di e en es.
»
Vol emos,
pues,
á
encon a
aquí
el
mismo
enómeno
de
poli onía
que
o ece
la
esc i u a
asi ia,
debido
igualmen e
al
úso
de
un
sis ema
de
ideog ammas
po
un
pueblo
que
hablaba
una
lengua
di¬
e en e
de
la
de
los
in en o es
de
es e
sis ema.
En
cuan o
á
los
signos
que
esponden
—
54
~
á
monosílabos
di e en es,
se
explican
po
el
hecho
de
que
la
p onunciación
de
los
ca ac e es
chinos
había
a iado
con
el
iempo,
se
di e enciaba
en
algunas
p o incias,
y
po que
el
signo
chino
ha¬
bía
sido
denominado,
ya
po
el
monosí¬
labo
o iginal
que
aducía
á
la
is a
en
China,
ya
po
la
palab a
japonesa
exp e¬
si a
de
la
idea
que
es e
ca ác e
despe ¬
aba.
El
silaba io
man-yo-kana
no
con e¬
nía,
pues,
un
núme o
de e minado
de
signos,
y
odos
los
g upos
chinos
oma¬
dos
oné icamen e
podían
en
ig o
en¬
a
en
él;
pe o
poco
á
poco
se
edujo
el
núme o
de
los
signos
en
uso
al
que
e a
su icien e
pa a
ep esen a .
las
di e sas
sílabas
de
la
ocalización
japonesa,
es o
es,
á
47
signos.
Con
es o
ealizóse
un
g an
p og eso;
la
esc i u a
había
llegado
al
silabismo
y
el
man-yo-kana
,—de
la
cual
se
•
han
se ido
pa a
esc ibi
los
an iguos
mo-
—
.55
—
aumen os
de
la
poesía
japonesa
com¬
pues a
en
la
lengua
llamada
de
Yama o,
á
pesa
de
su
nomb e
que
signi ica
de
ca ac e es
de
las
diez
mil
hojas,
—
no
en¬
cie a
más
que
cua en a
y
sie e
signos
omados
odos
del
chino.
Más
a de,
en
la
mi ad
del
siglo
VIII
de
nues a
e a,
un
bonzo
japonés
lla¬
mado
Simo-Mi sin-Mabi,
que
desde
la ¬
go
iempo
había
esidido
en
China,
á
cuyas
escuelas
budhis as
iban
á
ins¬
ui se
sus
compa io as,
imaginó
un
si¬
laba io
de
cua en a
y
sie e
ca ac e es,
de i ados
odos
igualmen e
de
ca ac e¬
es
chinos,
si
bien
ab e iados,
pues
en
es e
silaba io,
ó,
pa a
usa
la
palab a
indígena,
en
es a
i o a,
cua o
signos
solamen e
conse an
ín eg a
la
o ma
del
ca ác e
chino
á
que
deben
su
o igen.
Así
se
cons i uyó
la
esc i u a
deno¬
minada
ka a-kana,
ó
esc i u a
de
ag¬
men os,
de
o ma
in ini amen e
más
sen-
—
5<5
—
cilla
y
más
ácil
de
aba
al
pincel
que
la
ieja
man-yo-kana.
Y
áun
pa ece
que
sea
Simo-Mi sin-
Mabi
el
p ime o
que
u o
la
idea
de
e¬
duci
los
ca ac e es
de
la
esc i u a
á
cua en a
y
sie e,
ci a
que
en
seguida
ué
adop ada
pa a
el
man-yo-kana
ci¬
ado.
El
sace do e
japonés
debió
ene
á
la
ís a
lib os
esc i os
en
ca ac e es
indios,
y
el
conocimien o
de
es e
al abe o
pudo
suge i le
la
idea
de
no
se i se
más
que
de
es e
pequeño
núme o
de
signos.
Con
odo
es o,
las
sílabas
del
ka a-
kana
exceden
en
ealidad
bas an e
de
es a
ci a,
pues
con
la
ayuda
de
un
sis¬
ema
de
pun os
ó
de
pequeños
azos
que
indicaban
una
como
dulci icación
en
la
p onunciación
de
la
consonan e
inicial,
se
ope ó
en
la
sílaba
un
e da¬
de o
cambio
de
le a.
Si
los
ca ac e es
ka a-kana
,
de
o ma
cuad ada,
pesada
y
de
pequeñas
dimen-
-
57
—
síones,
o ecían
en ajas
po
la
cla idad,
apenas
se
p es aban
á
la
apidez
del
a¬
zado,
lo
cual
hizo
que
se
imagina a
en
e
l
Japón
o a
clase
de
esc i u a,
la
i a-
kana,
undada
sob e
el
mismo
silaba io,
Pe o
imi ada
de
la
esc i u a
cu si a
chi¬
na.
denominada
sao-cho,
es
deci ,
esc i¬
u a
de
las
plan as,
y
en
la
cual
se
en¬
día
cons an emen e
á
ab e ia
los
ele¬
men os
del
g upo
cons i u i o
del
signo.
En
la
i a-kana
se
edondea on
las
o mas,
uniéndose
los
azos
en e
sí
po
medio
de
ligadu as;
y
si
4
e
es e
modo
se
ob u o
un
dibujo
mucho
me¬
nos
elegan e
y
ménos
cla o,
se
u o,
en
cambio,
una
esc i u a
de
ejecución
mu¬
cho
más
ápida.
Tal
ué
la
ob a
de
dos
bonzos
que
i¬
ie on
en
el
siglo
IX
de
nues a
e a,
■
después
de
cuya-época
el
i a-kana
ha
P e alecido
en
la
g an
mayo ía
de
los
lib os
japoneses;
pe o
el
p og eso
de e ¬
minado
po
la
in ención
de
es as
dos
~
6
4
-
cío
del
al abe o
enicio;
encon ando
su
p o o ipo
en
los
ca ac e es
al abé icos
de
la
esc i u a
hie á ica
usada
en
iem¬
pos
del
an iguo
impe io,
más
de
dos
mil
años
an es
de
nues a
e a,
y
p incipal¬
men e
en
los
del
papy us
P isse.
De
las
ein idós
le as
del
al abe o
enicio,
una
docena
p óximamen e,
es¬
án
econocidas
como
imi aciones
ligo-
•
amen e
al e adas
de
los
an iguos
signos
hie á icos
que
co esponden
á
las
mis-
mas'a iculaciones.
Tal
ez
hayan
sido
suminis ados
los
p o o ipos
pa a
o os
ca ac e es
enicios
po
los
mismos
ca ac e es
ge oglí icos.
Sea
lo
que
quie a,
los
cananeos
es a
-
ban
ce canos
á
la
ie a
de
los
a aones,
en
la
que
más
de
una ez
se
es ablecie on,
y
debie on
oma
de
la
esc i u a
egipcia
(y
es o
en
una
época
muy
an e io
á
la
in asión
de
los
pas o es)
los
ca ac e es
de
que
usa on
pa a
aduci
los
sonidos;
y
como
no
u ie on
las
mismas
azones
--
65
—
que
los
egipcios
pa a
espe a
el
alo
ideog á ico
de
es os
an iguos
ideog am-
ias,
oma on
solamen e
los
que
podían
Ap esa
las
a iculaciones
de
su
p opio
idioma,
imaginando
algunos
signos
nue-
os
pa a
ep esen a
los
sonidos
que
no
Poseía
la
lengua
egipcia.
El
al abe o
así
cons i uido
ué
colo¬
cado
en
un
cie o
o den,
cuyo
o igen
nos
e
s
desconocido;
pe o
que
da a,
cie a¬
men e,
de
muchos
siglos
an es
de
nues¬
a
e a,
pues
es e
o den
se
encuen a
en
e
l
al abe o
g iego,
siendo
an e io
en
consecuencia,
á
la
in oducción
de
las
e as
en
G ecia.
No
sólo
el
o den
y
los
nomb es
de
las
e as
enicias
que
nos
ha
conse ado
el
heb eo
no
se
encuen an,
en
Egip o,
si-
uo
que
además
es án
en
desacue do
con
a
p imi i a
signi icación
ideog á ica
de
os
ca ac e es.
Los
nomb es
semí icos
de
las
le as
Qlcph,
be h,
ghimel
,
daleih,
e c.,
ienen
—
66
—
en
enicio
y
en
heb eo
un
"sen ido
que
no
esponde
en
ningún
concep o
á
las
igu as
que
eco daban
los
signos
hie-:
á icos.
Así,
la
p ime a
le a
del
al abe o
e -
nicio,
de
la
cual
se
de i a
la
A
de
los
g iegos
y
de
los
la inos,
no
es
más
que
la
al e ación
del
signo
que
ep esen aba
un
águila
en
el
sis ema
ge oglí ico;
pe¬
o
es e
nomb e'
de
alehp,
que
se
ha
con¬
e ido
en
alpaha,
en
el
g iego,
quie e
deci
bu&y
en
heb eo.
E iden emen e,
los
enicios
no
han
podido
a ibui
semejan es
nomb es
á
sus
ca ac e es,
más
que
cuando
hubie¬
on
ol idado
la
signi icación
de
las
igu¬
as
que
oma on
del
Egip o.
Debía,
pues,
habe
anscu ido
un
g an
lapso
de
iempo
en e
la
in ención
p ime a
y
la
adopción
de
es as
denomi¬
naciones,
ya
de
suyo
muy
an iguas,
lo
cual
con i ma
la
emo a
an igüedad
del
al abe o
enicio.
.
•
•••'
-
—
Ó7
—
Todos
los
al abe os
mode nos,
sal o
acaso
el
que
usan
los
co eos
(que
lo
han
sacado
de
los
ca ac e es
chinos,
pe o
oda ía
bajo
la
in luencia
del
conoci¬
mien o
de
un
sis ema
al abé ico
de i a¬
do
del
enicio),
p oceden
de
la
c eación
cananea.
Las
indagaciones
p oseguidas
desde
hace
más
de
medio
siglo
sob e
la
his o¬
ia
del
al abe o,
han
es ablecido
que
el
enicio
es
el
p ogeni o
de
odos
los
que
exis en
en
Eu opa
y
en
Asia,
habiéndo¬
se
sepa ado
de
la
uen e
p ime a
de
es a
g an
concepción,
di e sas
co ien es
que
han
a anzado
en
di e en es
di ecciones,
cons i uyendo
amas
mul iplicadas.
Modi icaciones
g adualmen e
in odu¬
cidas
en
la
con igu ación
de
los
ca ac e¬
es
y
la
adición
de
nue os
signos
des i¬
lados
á
ep esen a
a iculaciones
que
e
l
al abe o
ipo
no
aducía,
han
dado
° igen
á
mul i ud
de
al abe os
pa i¬
cula es.
—
68
—
Los
g iegos,
que
designaban
con
el
nomb e
de
le as
enicias
las
o mas
más
a caicas
de
su
al abe o
y
que
hacían
e¬
mon a
su
in
ención
á
un
pe sonaje
a¬
buloso
llamado
Gadmo,
los
habían
e¬
cibido
mani ies amen e
en
la
Fenicia.
>
El
nomb e
mismo
y
el
o den
.que
da
ban
á
las
le as
lo
p ueban;
pe o
al
ap o¬
piá selo,
asigna on
á
algunas
de
esas
le as
un
alo
ocal
más
ma cado
que
el
que
enían
en e
los
pueblos
de
la
Pales ina,
donde
usando
ca ac e es
es¬
peciales
pa a
las
le as,
se
ol idaba,
como
acon ece
oda ía
hoy
en
el
á abe,
'indica
las
ocales
in e io es
de
las
pa¬
lab as.
La
no ación
g á ica
no
o ecía
más
que
la
a mazón
es able
y
más
ija
de
las
consonan es
y
la
ocal
quedaba,
po
lo
an o,
unida,
en
cie o
modo,
á
la
con¬
sonan e
esc i a,,
aunque
su
sonido
pu-
dié a
modi ica se
en
la
palab a.
Así»
más
a de,
cuando
se
adqui ió
el
hábi o
—
6g
—
de
ano a
la
ocal
y
endía
á
pe de se
el
ecue do
de
la
que
había
que
supli ,
debióse
ecu i
á
un
conjun o
de
signos
colocados
encima,
debajo
ó
den o
de
las
le as
pa a
señala
las
ocales.
Tal
es
el
sis ema
cuya
in ención
se
ha
a ibuido
e óneamen e
á
los
maso-
e as,
y
que
había
sido
p ecedido
de
o os
más
sencillos,
pe o
menos
p eci¬
sos,
de
los
cuales
puede
da
una
idea
la
acen uación
á abe
y
si iaca.
El
al abe o
g iego
más
an iguo
que
ha
llegado
has a
noso os,
es
el
que
su¬
minis an
las
insc ipciones
de
la
isla
de
Thé a,
el
cual
se
emon a,
según
odas
las
apa iencias,
al
siglo
IX
ú
VIII
an es
de
Jesuc is o.
Las
le as
ienen
allí
un
aspec o
en¬
e amen e
enicio.
En
los
siglos
siguien es
se
modi icó
la
con igu ación
de
los
ca ac e es,
y
la
di ección
adop ada
en
el
á ádo
de
los
mismos
cambió
o almen e,
-
70
—
Los
g iegos
habían
esc i o
en
un
p in¬
cipio,
á
la
mane a
de
los
enicios,
de
de echa
á
izquie da,
y
la
cos u nb e
que
enían
de
insc ibi
al ededo
de
las
igu¬
as
el
nomb e
de
los
pe sonajes,
de
a¬
za
ci cula men e
en
un
aso,
ó
en
al¬
gún
o o
obje o,
la
insc ipción
que
daba
á
conoce
el
nomb e
del
a is a
ó
del
poseedo
del
obje o,
gene ali
ó
la
cos¬
umb e
de
esos
azados
denominados
buss o edon,
en
el
cual
al e naba
la
di¬
ección
de
las
líneas,
de
modo
que
si
la
p ime a
e a
esc i a
de
de echa
á
izquie ¬
da,
según
el
mé odo
semí ico,
la
segun¬
da
lo
e a
de
izquie da
á
de echa.
Es a
úl ima
di ección
concluyó
po
p e alece ,
y
es
la
que
habían
adop ado
con
mucha
an e io idad
los
asi ios.
Los
cambios
que
en
sus
o mas
su¬
ie on
los
ca ac e es
g iegos,
engend a¬
on
di e en es
al abe os,
que
se
dis in¬
guen
á
la
ez
po
su
isonomía
y
el
núme o
de
las
le as,
de
las
que
sólo
—
71
~'
iene
23
el
al abe o
de
las
insc ipciones
de
Thé a.
M.
Ki chho ,
á
quien
se
debe
Un
abajo
muy
in e esan e
sob e
la
his¬
o ia
del
al abe o
g iego,
ádmi e
que
en
una
época
ya
lejana,
se
ope ó
una
di U
sión
en
el
modo
de
esc i u a
en e
dós
pueblos
g iegos,
quedando
los
unos
ie¬
les
á
los
ipos
del
O ien e,
mien as
que
dos
o os,
los
que
es aban
es ablecidos
en
Occiden e,
al e a on
no ablemen e
sus
o mas.
De
aquí
dos
al abe os
a cáicos:
el
O ien al,
que
cuen a
26
le as,
y
el
Oc¬
ciden al,
que
sólo
iene
25;
mas
los
a ¬
queólogos
econocen
gene almen e
en
la
an igua
G ecia,
cua o
al abe os
que
ienen
o mas
esencialmen e
dis in as,
o ece
cada
uno
le as
pa icula es
y
en¬
cie an
un
núme o
di e en e
de
ca ac¬
e es:
i.°
el
al abe o
eolodó ico,
que
comp ende
di e sas
a iedades
y
iene
28
le as;
2.
0
el
á ico,
que
solo
iene
21
de
és as,
3.
0
el
jónico,
que
iepe
24,
/
~
72
y.
4.
0
el
de
las
islas,
que
cuen a
27-
El
p ime o
de
es os
al abe os,
usado
en
la
Thesalia,
en
la
Beoda,
en
la
Eu-
bea
y
en
una*
g an
pa e
del
Peloponeso,
ué
lle ado
á
I alia
po
las
colonias
he¬
lénicas
de
la
Sicilia,
y
dé
la
Campania,
y
da
o igen:
p ime o,
al
al abe o
e us-
co,
cuyas
a iedades
apa ecen
en
el
que
usa on
pa a
su
idionja
o as
poblaciones
del
cen o
de
I alia,
como
los
habi an¬
es
de
la
Umb ía,
los
oscos
y
las
ibus
denominadas
sabélicas;
y
segundo,
al
al abe o
la ino,
al
cual
es aba
ese ado
se
el
p o o ipo
de
los
al abe os
de
la
Eu opa
occiden al.
D¿
los
cua o
al abe os
g iegos,
el
de
las
islas
ué
el
que
menos
se
ex endió,
y
en
cuan o
al
a eniense
no
es u o
en
uso
en
el
A ica
más
que
has a
úl imos
del
siglo
V,
an es
de
nues a
e a.
•
Du an e
el
a con ado
de
Euclides,
los
a enienses
lo
abandona on
po
el
al a¬
be o
jónico
de
24
le as,
y
su
ejemplo
—
73
—
ué
bien
p on o
seguido
po
odos
los
pueblos
de
la
G ecia
p opiamen e
dicha,
que
en
adelan e
no
conoció
más
que
un
sólo
al abe o,
que
oda ía
se
usa
pa a
esc ibi
el
g iego.
Sabemos
muy
poco
de
la
his o ia
de
la
esc i u a
en
el
Asia
Meno .
El
co o
núme o
de
insc ipciones
li-
cias,
igias
y
ca ias
que
se
han
encon¬
ado,
nos
o ecen
le as
bas an e
dis¬
in as
de
las
de
los
helenos.
Los
licios,
sob e
odo,
usaban
cie os
ca ac e es
ex años
al
al abe o
g iego,
si
bien
la
o ma
de
la
mayo ía
de
sus
le as
ecue da,
á
es e
mucho.
A
juzga
po
la
isonomía
ex e io
de
los
ca ac e es,
los
pueblos
de
las
p o¬
incias
occiden ales
del
Asia
Meno
de
-
bie on
ecibi
de
los
g iegos,
jnás
bien
que
de
los
cananeos,
el
bene icio
de
la
esc i u a.
Las
naciones
que
hablaban
lenguas
pe enecien es
á
la
misma
amilia
que
—
8o
—
los
de
las
di e sas
lenguas,
á
las
cuales
no
pod ía
con ení os e
epí e o,
han
na¬
cido
de
una
ama
di e en e
que
b o ó
en
un
p incipio
del
onco
p imi i o:
al
es
la
ama
a amea
que,
una
ez
implan a¬
da
en
países
como
la
Asi ía
y
la
Babilo¬
nia,,
que
po
su
si uación
cen al
es a¬
ban
en
elación
con
una
mul i ud
de
pueblos,
se
p opagó
ápidamen e
y
p o¬
yec ó
ami icaciones
en
odas
di ec¬
ciones.
La
esc i u a
a amea
es aba
ya
o ma¬
da
en
el
siglo
VII
an es
de
nues a
e a,
y
sus
más
an iguas
o mas
nos
ue on
suminis adas
po
monumen os
descu¬
bie os
en
Asi ia,
po
i mas
que
se
leen
en
con a os
esc i os
en
ba o
cocido
con
ca ac e es
cunei o mes^
en
lad illos,
pied as
p eciosas
y
monedas.
Bas a
compa ad
las
le as
a a neas
más
an iguas
con
el
p imi i o
al abe o
enicio,
pa a
con ence se
de
que
se
de¬
i a on
de
él
en
la
época
en
que
comen-
-Si¬
laba
es e
al abe o
á
emplea
un
segundo
ipo;
m
as
los
mismos
ca ac e es
á ameos
s
e
modi ican
g adualmen e,
como
lo
P ueban
las
monedas
de
Silicia,
de
Ca-
Padocia,
de
Hie ápoles,
de
Si ia
y
di e ¬
sas
insc ipciones,
esul ando
de
aquí
ü
ua
esc i u a
que
se
ha
denominado
ha nea
secunda ia,
la
cual
hecha
en
los
Papi os,
su ió
una
nue a
modi icación
^ue
se
encuen a
en
cie as
insc ip-
c
iones.
Du an e
es a
segunda
ase
de
la
es-
C
i u a
a amea
se
mani ies a,
po
la
ez
P ime a,
una
endencia
po
la
cual
se
dis inguen
la
mayo ía
de
las
esc i u as
Acidas
de
las
de i aciones
pos e io es,
i*
endencia
á
liga
en e
sí
las
le as.
«Es a
disposición,
hace
no a
M.
ancisco
Leno man ,
se
debe
á
la
na-
^ aleza
esencialmen e
cu si a
de
la
es¬
cu a,
y
an es
de
con e i se
en
una
e
gla
de
ado no
calig á ico,
es
el
esul
-
a
do
de
la
acilidad
con
que
el
pincel
ó
6
—
82
—
la
caña,
deslizándose
sob e
el
papi o»
pasa
del
azado
de
una
le a
al
de
o a,
sin
que
el
esc iba
enga
necesidad
de
co egi
á
cada
ez.
La
e ce a
ase
del
al abe o
a ameo
se
nos
p esen a
en
un
al abe o
de
azos
g uesos
y
cuad ados
que
se
encuen a
empleado
en
los
monumen os
de
Pal'
mi a:
de
aquí
el
nomb e
de
palmi ens^
que
se
le
ha
dado.
Compa ado
al
a ameo
p eceden e,
se
dis ingue
es e
al abe o,
sob e
odo,
p°
cie os
asgueos,
po
cie as
o mas
inales.
Las
monedas
de
la
ciudad
de
Sid|»
en
Pau ilia,
nos
p esen an
oda ía
o a
a iedad
de
al abe o
que
debe
e e i se
al
ipo
a ameo
po
el
palmi ense,
y
que
es á
á
la
cabeza
de
un
conjun o
de
ge"
ne aciones
que
ienen
po
ascendien e
el
a ameo
en
su
e ce a
o ma.
A
es a
pos e idad
pe enece
el
al abe*
o
au aní ico
que
nos
suminis an
l®
3
—
83
—
insc ipciones
descubie as
en
el
Hau an,
po
dos
sabios
iaje os,
con e idos
hoy
día
en
dos
homb es
polí icos
dis inguí-
*
dos,
M.
H.
Wadding on
y
el
conde
Mel¬
cho
de
Vogüé.
Una
de
es as
insc ipciones,
la
del
se¬
pulc o
de
Suéídeh,
en
que
la
aducción
§ iega
acompaña
al
ex o,
debe
se
e e¬
ida,
si
ha
de
juzga se
po
el
es ilo,
á
la
época
de
He odes
el
G ande,
y
ha
dado
ía
cla e
del
al abe o,
que
no
es
más
que
Una
degene ación
del
palmi ense.
En
la
misma
ca ego ía
que
el
au aní-
ico,
se
clasi ican
los
al abe os
sabeo
y
cs angel,
el
más
an iguo
de
los
que
° ecen
los
manusc i os
si iacos.
El
au aní ico
engend ó
el
naba eo,
^yos
ca ac e es
han
se ido
pa a
com¬
pone
las
nume osas
insc ipciones
des¬
cubie as
en
el
Sinaí,
y
del
cual
pa ece
habe
salido
el
al abe o
á abe,
del
que
exis en
dos
a iedades:
una
usada
oda-
^
en
los
manusc i os,
denominada
-
84
-
neskhy
ó
-esc i u a
de
los
copis as
,
y
llama*
da
la
o a
Ku y,
de
una
ciudad
del
I ak
apellidada
Ku a,
en
donde,
según
la
a*
dición;
se
comienza
á
hace
uso
de
él*
Bajo
la
o ma
lapida ia,
en
que
los
azos
o ecen
más
du eza
y
e minan
con
una
especie
de
gancho,
el
kú ico
ha
sido
u ilizado
desde
los
p ime os
siglos
de
la
Egi a
pa a
la
deco ación
de
los
mosáicos
y
la
de
las
mezqui as
y
pala¬
cios.
Po
su
ag upamien o,
las
le as
kú i"
cas
cons i uyen
e dade os
dibujos,
igu¬
as
de
mil
clases,
que
noso os
llamamos
a abescos,
del
nomb e
mismo
del
pueblo
que
las
ha
usado.
Dis ínguense
en
O ien e
di e sos
gé¬
ne os
de
neskhy
más
ó
ménos
elegan es.
La
esc i u a
á abe
debe
á
los
p og e¬
sos
del
islamismo
una
g an
ue za
expansión.
Mién as
que
el
kú ico
p oducía
nj
No e
de
A ica
el
magh eb
,
el
neskhy
-
85
^
d^ba
o igen
á
la
esc i u a
de
los
pe sas,
han
añadido
cie as
le as
al
al abe¬
o
á abe
á
in
de
exp esa
sonidos,
ales
c
°mo
la
p
y
la
g,
que
la
lengua
á abe
no
iene,
y
á
la
esc i u a
de
que
hacen
uso
°s
madecasos,
de
Madagasca ,
con e ¬
idos
al
islamismo.
La
esc i u a
pe sa
engend ó
á
su
ez
la
esc i u a
u ca
y
la
de
u dú,
el
idio¬
ma
de
los
musulmanes
del
Indos an,
en
e
l
que
se
in oduje on
modi icaciones
Pa a
exp esa
con
ménos
impe ección
la
Realización
p opia
de
las
lenguas
á
las
c
pales
se
aplicaba
es e
al abe o.
Po
su
pa e,
el
an iguo
es angel,
después
de
habe
pasado
po
di e en es
^° mas,
p odujo
dos
ás agos:
engend ó
e
al abe o
si iaco,
p opiamen e
dicho,
ó
£
ye
schi o;
y
lle ado
á
las
poblaciones
á -
^ as,
á
las
cuales
comunicó
la
ciencia,
d
i
la
esc i u a,
da
o igen,
en e
los
uí-
^ es
ó
u cos
occiden ales,
á
un
al a-
b i
o
pa icula
que
po
la go
iempo
es-
—
86
—
u o
igno ado’de
los
eu opeos,
y
que
no
se
conoce
más
que
po
un
educido
núme o
de
manusc i os
y
po
algunas
monedas.
Misione os
nes o ianos
lo
lle a on
á
los
uígu es,
y
esos
após oles
de
la
c
c is iana,
que
se
adelan aban
has a
la
China
en
los
siglos
VII
y
VIII
de
núes*
a
e a,
hicie on
pene a
en
el
co azón
del
Asia
la
luz
del
E angelio.
La
noción
que
es as
coma cas
ecibie¬
on
del
al abe o
si io
es á
a es iguada
po
la
amosa
insc ipción
si ó-china
de
Si-*ngan- u,
cuya
au en icidad,
po
mu*
cho
iempo
discu ida,
ha
sido
de ini i a¬
men e
p obada
po
M.
G.
Pau hie .
Ya
se
ha
is o
que
los
á a os
se
se ¬
ían
an e io men e
de
los
k
hé-mou
ó
pa¬
lillos
en allados.
Los
uígu es,
cuya
esc i u a
sólo
hizo
su i
á
las
de
los
nes o ianos
modi ica¬
ciones
poco
p onunciadas,
cambia on*
sin
emba go,
la
di ección
del
azadode
los
ca ac e es*
%
'
i
s
7—
Los
si ios
esc ibían
el
es
ángel,
como
^
esc ibió
el
peschi o,
de
de echa
á
iz¬
quie da,
según
la
cos umb e
semí ica:
l°s
á a os
p e i ie on
la
disposición
Ve
ical,
que
es
la
de
la
esc i u a
china.
Le
es a
mane a
es á
esc i a
la
ins-
C
ipción
de
Si-'ngan- u.
Le
la
esc i u a
uígu
han
salida
las
esc i u as
mongola,
kalmucay
mandchú.
El
al abe o
de
o igen
a ameo
es,
pues,
el
que
ha
p opo cionado
al
Asia
Cen al
el
bene icio
de
la
esc i u a.
Es e
al abe o,
pene ando
en
las
co¬
ma cas
donde
con inuaba
usándose
el
sis ema
cunei o me
pa a
esc ibi
en
la
oca
y
en
el
lad illo,
se
con ie e
en
la
esc i u a
cu si a
de
los
habi an es,
y
da
° igen
á
una
esc i u a
nue a
que
con¬
cluye
po
desposee
comple amen e
el
An iguo
cunei o me.
^
Esa
es
la
esc i u a
pel í,
así
llamada
del
nomb e
de
la
lengua
á
la
cual
ué
Cap ada,
lengua
que
p edominaba
en
la
co e
de
los
eyes
pa hos
a sacidas.
La
esc i u a
pel í
con inuó
siendo
empleada
en
Asia
y
en
Pe sia
du an e
muchos
siglos,
sob e i iendo
aún
á.la
caída
de
los
sassanidas,
pues
se
la
en¬
cuen a
usada
oda ía
b*jo
los
p ime os
cali as
y
bajo
los
egen es
ó
ispehabedes
del
Tabe is an.
-
Las
o mas
del
al abe o
pel í,
cuyo
o igen
a ameo
ha
es ablecido
Sil es e
de
Sacy,
han
a iado
según
las
épocas;
no
son
las
mismas
en
las
insc ipciones
y
en
las
monedas
sassanidas,
encon án
-
dose
o o
ipo
en
los
manusc i os.
Del
al abe o
pel í.se
ha
de i ado,
se¬
gún
odas
las
apa iencias,
el
al abe o
zendo,
con
cuya
ayuda
ue on
esc i os
muchos
de
los
lib os
de
Zo oas o,
que
conse an
los
pa sis.
^
Reemplazó,
así
como
el
pel í,
á
una
esc i u a
que
p e aleció
en e
los
pe sas
en
iempos
de
la
dinas ía
de
los
Ache-*
menidos,
y
que
se
ye
empleada
en
las
/
-
8
9
-
insc ipciones
de
Penépolis
de
Hamadan,
y
en
una
de
las
es
columnas
de
la
cé¬
leb e
insc ipción
ilingüe
de
Bisu un,
cuyo
desci amien o
se
debe
á
las
inda¬
gaciones
de
G.
Bu noo ,
de
H.
Rawiin-
son,
dé
J.
Oppe
y
de
o os
o ien alis¬
as,
y.
que
es
al abé ica,
po
más
que
lps
ca ac e es
es én
compues os
con
el
au¬
xilio
de
elemen os
cunei o mes.
Tal
ez
haya
enido
o igen
bajo
la
in luencia
de
la
esc i u a
a amea
de
Asi¬
ia;
mas
su
al abe ismo
conse a
oda ía
huellas
del
silabismo
anano,
y
aún
del
Uso.de
los
ideog ammas.
Es a
esc i u a,
nacida
en
la
Susiana,
desapa eció
después
de
la
caída
de
los
Achemenidos,
y
la
in luencia
de
las
conquis as
de
Alejand o
hizo
pene a
has a
las
o illas
del
Eu a es
el
al abe o
g iego,
al
mismo
iempo
que
la
lengua
helénica
se
hacia
lengua
o icial
del
impe¬
io
de
los
Seleucidas.
En
cuan o
al
an iguo
cunei o me
asi-
“
9
6
—
nomb e
esc i u a
di ina,
de
las
ciudades,
que
es
po
excelencia
la
de
los
lib os
sáns¬
c i os,
y
que
apenas
da a,
al
menos
bajo
su
o ma
ac ual
egula ,
más
que
del
si¬
glo
VII
al
X
de
nues a
e a:
es
elegan e
y
cla a,
y
odas
sus
le as
ienen
po
en¬
cima
una
ba i a
ho izon al
que
las
cie¬
a
como
en
un
cuad o
y
pe mi e
ali¬
nea las
exac amen e
po
la
pa e
supe¬
io .
Se
di ía
que
las
le as
es án
dispues¬
as
sob e
un
pen ág ama
de
música;
pe¬
o
exis e
o a
o ma
más
cu si a
en
que
la
ba a
ho izon al
ha
desapa ecido
y
en
que
el
azado
es
menos
elegan e.
El
al abe o
de anagasi
ha
sido
dis i¬
buido
po
los
g amá icos
indios,
en
ca¬
ego ías
de
le as,
según
su
p onuncia¬
ción,
de
mane a
que
suminis e
oda
una
escala
ocal.
El
de anagasi,
como
el
magadhi
y
el
pe sopoli ano,
o ece
un
úl imo
es igio
del
silabismo
p imi i o,
pues
la
a
b e e
-
97
—
se
p onuncia
en
él
con
oda
consonan e
simple
que
no
se
ligue
di ec amen e
á
o a
ocal.
No
enume a é
aquí
odos
los
al abe os
que
se
de i an
inmedia a
ó
mediamen e
del
magadhi,
po que
end ía
que
o ma
una
genealogía
demasiado
la ga,
pues
su
descendencia
ha
a anzado
has a
Macasa .
El
al abe o
se
hubie a
al
ez
emon>
lado
has a
el
Japón,
si
no
hubiese
sido
de enido
en
Cochinchina
po
la
esc i¬
u a
china
que
los
annami as
usaban,
y
que
se
le an ó
an e
él
cual
o a
mu alla
de
la
China.
La
ola
de
la
in asión
al abé ica
ino
ú
mo i
aquí;
más
a de
el
mismo
ien¬
o
debía
impulsa
una
segunda
ola
que
Pa ie a
de
la
misma
ibe a,
pe o
que
no
se
ex endió
po
espacio
an
as o.
El
islamismo
ajo
consigo
la
esc i u-
a
á abe,
que
se
in odujo
así
en
el
In-
dos an
y
se
apode ó
en
seguida
deíidio¬
ma
malayo.
7
—
gs
—
Al
Occiden e
de
Eu opa
una
nue a
co ien e,
cuya
di ección
seguimos
mal
en
las
p o undidades
c onológicas
en
que
se
ha
ope ado,
anspo ó
has a
Ibe¬
ia
el
al abe o
enicio,
dando
o igen
allí
á
una
esc i u a
especial
que
conocemos
po
las
monedas
y
las
insc ipciones,
y
do ando
así
á
España
de
sus
p ime os
monumen os
esc i os.
Sin
duda
que
és o
ué
esul ado
de
las
colonias
enicias
y
ca aginesas:
¿llega¬
on
acaso
más
lejos
y,
no
limi ándose
á
a en u a se
en
el
Occéano
pa a
i
á
bus¬
ca
el
es año
á
las
islas
Cassi é idas,
han
lle ado
es os
dos
pueblos
congéne es
á
lejanos
pa ajes
la
ma a illosa
in ención
de
la
esc i u a?
Es
cie o
que
los
ímicos,
ep esen a¬
dos
po
la
adición
de
los
pueblos
del
No e
como
una
e elación
de
Odin,
y
que
se
empleaban
en e
los
ge manos
y
en
la
Escandina ia
an es
del
C is ianis¬
mo,
p esen an
cie os
ca ac e es
que
e-
“
99
—
cue dan
muchas
le as
enicias
del
ipo
sidonio.
Puede
se
que
es as
analogías
sean
engañosas;
mas,
sea
lo
que
quie a,
las
únas
llamadas
alemanas,
mencionadas
ya
en
el
siglo
VI
po
el
poe a
Fo una o,
y
que
se
azaban
en
ablillas
ó
en
la
co eza
de
los
á boles,
ienen
sus
p o o¬
ipos
en
los
ca ac e es
únicos
escandi¬
na os,
que
al
ez
no
e an
en
su
o igen
más
que
signos
pu amen e
mágicos,
ó,
cuando
menos,
me os
dibujos
conme¬
mo a i os.
O o
an o
es
p eciso
deci
ace ca
de
los
ca ac e es
oghámicos
de
I landa,
cuya
in ención
se
a ibuía
en
la
Edad
Media
á
un
p e endido
Ogma,
hijo
de
Ela han.
Es os
ca ac e es
oghámicos
se
ans¬
o ma on
en
un
al abe o,
cuyo
o igen
la ino
es
di ícil
de
desconoce ,
po
más
que
el
o den
de
sus
le as
no
sea
el
al¬
abe o
la ino.
—
100
—
Los
anglo-sajones,
á
los
cuales
pi¬
die on
los
i landeses
más
a de
su
al a¬
be o,
enían
ambién
ca ac e es
únicos
que
p ocedían
de
los
escandina os,
y
cuyas
Fo mas,
asociadas
con
las
le as
la inas,
han
suminis ado
los
elemen os
del
al abe o
anglo-sajon.
Hubo,
pues,
al
No e
de
Eu opa,
en e
las
amas
di e sas
del
onco
g á¬
ico,
especies
de
anas omosis:
así,
com¬
binando
las
únas
ge mánicas
con
las
le as
g iegas,
Ul ilas,
obispo
de
los
go¬
dos
de
Mesía
en
la
segunda
mi ad
del
siglo
IV,
o maba
el
al abe o
llamado
meso-gó ico
,
que
se
encuen a
empleado
en
el
amoso
codex
A gen áis,
que
con¬
iene
en
lengua
gó ica
la
e sión
de
los
cua o
E angelios.
Los
indos
ó
esla os
sep en iona¬
les,
enían
igualmen e
ca ac e es
úni¬
cos
que,
sin
duda,
habían
ecibido
de
los
escandina os,
y
no
es
imposible
que
algunos
de
es os
signos
suminis a an
al
após ol
de
los
esla os,
Ci ilo,
las
le¬
as
que
jun ó
á
los
ca ac e es
g iegos
pa a
compone
el
al abe o
que
ha
oma¬
do
su
nomb e
y
que
da a
del
siglo
IX.
Todos
los
esla os
de
i o
g iego
adop¬
a on
el
al abe o
ci ilense,
cuya
con i¬
gu ación
p imi i a
nos
han
conse ado
nume osos
monumen os,
y
del
que
no
son
más
que
modi icaciones
los
al abe¬
os
uso
y
sé io.
Hacia
el
siglo
XII,
los
esla os
de
la
Dalmacia,
que
seguían
la
li u gia
la i¬
na,
ecibie on
de
uno
de
sus
sace do es
o o
al abe o,
imi ado
en
pa e
de
las
le*
as
ci ilenses,
y
en
pa e
de
las
la inas,
y
cuyo
o igen
se
ha
que ido
hace
e¬
mon a
has a
San
Je ónimo.
Es e
al abe o
es
conocido
con
el
nom¬
b e
de
buk i ziano
ó
glogolí ico,
nomb e
que
debe
á
la
denominación
que
ienen
en
el
al abe o
esla o
las
le as
B
y
G,
y
sus
o mas
se
sepa an
sensiblemen e
de
las
igu as
ci ilenses,
siendo
más
habi-
—
102
—
ual
en
ellas
la
disposición
ec angula
ó
ci cula ;
po
eso
se
pe cibe
menos,
al
p ime
golpe
de
is a,
el
o igen
g iego
de
muchas
de
es as
le as.
Tal
es,
ápidamen e
bosquejado
el
conjun o
de
esc i u as
que
ienen
po
an eceso
común
el
al abe o
que
imagi¬
na on
los
enicios
bajo
la
in luencia
del
Egip o.
Es os
al abe os
cons i uyen
como
una
se ie
de'
gene aciones
que
se
epa en
po
amilias,
po
ami icaciones
y
po
amás,
que
habiéndose
sepa ado
á
di e¬
en es
al u as
de
un
mismo
onco,
han
p oyec ado
sob e
espacios
más
ó
menos
ex ensos
su
ollaje,
des inado,
no
á
im¬
pedi
el
que
la
luz
pene e,
sino
á
ase¬
gu a
su
di usión.
III
Los
al abe os
de
que
acabamos
de
'/
—
io
3
—
ocupa nos,
no
di ie en
solamen e,
com-^
pa ados
los
unos
con
los
o os
,
po
la
na u aleza
y
el
núme o
de
las
le as,
sino
que
oda ía
a ia
en
un
mismo
al¬
abe o
la
con igu ación
de
los^ca ac e-
'
es,
según
las
épocas
y
el
géne o
de
es¬
c i os
á
que
se
han
aplicado.
Cada
al abe o
iene
su
his o ia,
y
ha
pasado
po
ans o maciones,
unas
eces
lige as,
y
o as
muy
p onunciadas.
Las
le as
lian
enido
las
aplicacio¬
nes
más
di e sas,
y
su
exis encia
es á
ligada
á
las
cos umb es
de
los
esc ibas
y
á
los
p ocedimien os
empleados
pa a
el
azado.
Mien as
que
cie os
al abe os
no
u¬
ie on
más
que
una
co a
ca e a,
o os
han
du ado
siglos,
han
ealizado
ince¬
san es
conquis as,
pues
la
nación
que
eje cía
sob e
sus
ecinos
la
p eponde¬
ancia
in elec ual,
imponía
su
lengua
y
su
li e a u a,
y
al
p opio
iempo
su
es¬
c i u a.
—
io4
—
Así
puede,
deci se
con
alguna
e dad,
que
el
g ado
de
ex ensión
de
un
sis ema
g á ico
es
p opo cionado
al
pode
del
pueblo
á
que
pe enece.
Las
eligiones
han
sido
ambién
g andes
medios
de
p opagación
g á ica,
pues
que,
di undiendo
su
enseñanza,
han
di undido
la
esc i u a
de
sus
li¬
b os.
Del
mismo
modo
que
la
p eponde an¬
cia
de
una
nación
ó
de
una
eligión
ha
hecho
luga
á
la
de
p as,
así
esc i u as
desde
un
p incipio
usadas,
han
sido
desposeídas
po
un
modo
di e en e
aí¬
do
po
un
pueblo
conquis ado
ó
po
un
cul o
nue o.
De
es a
mane a
los
es ablecimien os
ocenses
hicie on
pene a
en
la
Galia
el
conocimien o
y
el
uso
de
los
ca ac¬
e es
g iegos,
que
más
a de
debía
su¬
plan a
el
al abe o
la ino
lle ado
po
los
omanos.
Los
g iegos
desposeye on
en
las
i-
—
105
-
be as
del
Nílo
á
la
an igua
esc i u a
sag ada
cuando
la
p edicación
del
E an¬
gelio
p osc ibió
los
ge oglí icos
,
an
p o undamen e
imp egnados
del
an i¬
guo
paganismo
a aónico.
Es o
que
debía
sucede
á
los
esla os
con e idos
po
Ci ilo
y
Me hodius,
acaeció
ambién
á
los
egipcios,
ilumi¬
nados
po
la
luz
del
E angelio.
El
al abe o
g iego,
aumen ado
con
algunas
le as
suminis adas
po
la
es¬
c i u a
hie á ica,
eemplazó
á
los
ge o¬
glí icos,
y
desde
en onces
los
lib os
sólo
ue on
esc i os
en
ese
al abe o
que
ape¬
llidamos
cop o.
Y
así
como
no
hay
nación
alguna
de
la
an igüedad
que
haya
ex endido
más
allá
que
los
omanos
sus
conquis as,
del
mismo
modo
no
exis e
al abe o
alguno
cuya
p opagación
haya
sido
an
g ande
como
la
del
al abe o
la ino.
Pene ando
po
odas
pa es
donde
los
após oles
de
la
é
ca ólica
lle a on
112
Los
bá ba os
ecibie on
la
cu si a
o¬
mana
bajo
su
úl ima
o ma;
pe o
és a
no
podía
menos
de
su i
en e
ellos
nue as
al e aciones,
pues
es
p opiedad
de
las
esc i u as
cu si as
el
es a
ex¬
pues as
á
sepa a se
más
del
ipo
de
que
p oceden.
Cuan o
más
ápidamen e
se
que ía
aza
los
ca ac e es,
an o
más
sé
Cami'
naba
á
mul iplica
los
ligamen os,
á
in
de
ene
que
le an a
cada
ez
menos
la
mano.
,
Así,
en
la
cu si a
que
nos
o ece
el
pe íodo
de
la
Edad
Media,
se
e
e¬
cuen emen e
enlaza se
las
le as
unas
con
o as,
al
pun o
que
casi
no
se
las
puede
dis ingui .
La
limpieza,
las
o mas
ijas
que
p e¬
sen aba
la
oncial
han
desapa ecido,
y
la
cu si a
me o ingia
nos
o ece
á
eces
un
ex año
conjun o
de
ga aba os,
en
que
las
le as
enga abi adas
y
con o ¬
neadas
no
emediaban
con
sus
g andes
—
1*3
—
dimensiones
la
oscu idad
que
esul aba
de
su
de o midad.
O a
cosa
sucede
en
la
especie
de
a¬
quig a ía,
empleada
ecuen emen e
en
ios
diplomas
me o ingios
y
ca lo ingios
po
los
e enda ios,
en
las
no as
i o-
üenses,
así
llamadas
po que
se
hacía
e¬
mon a
su
in ención
á
un
libe o
de
Ci¬
ce ón
llamado
Julio
Ti ón.
Recu íase
á
es a
es enog a ía
pa a
p o ege
las
ac as
con a
la
habilidad
de
los
alsi icado es.
La
esc i u a
llamada
minúscula,
in¬
e media ia
en e
la
mayúscula
y
la
cu ¬
si a,
p o iene
de
és a,
de
la
cual
ha
o¬
mado
muchas
de
las
o mas
y
de
Jos
azos,
siguiendo
oda ía
los
p ocedi¬
mien os
de
la
mayúscula.
Las
le as
es án
en
ellas
más
edon¬
deadas
que
en
la
oncial
y
son
de
menos
dimensiones,
mi ándose,
sob e
odo,
á
gana
espacio
y
á
ab e ia
el
azado,
haciéndole
más
ápido,
^o
lo
que
se
su-
V
8
—
114
-
p imie on
panzas
y
a esanos,
sus i u¬
yéndose
á
eces
po
sencillos
azos
lí¬
neas
más
señaladas
y
en oscándose
las
ba as
y
los
inales;
pe o
aún
simpli i¬
cando
en
es a
minúscula
las
o mas
de
la
onci^l,
se
conse a on
sin
cambio
los
ca ac e es
ménos
complicados
de
és a,
Semejan e
modo
de
p ocede
no
ex¬
cluye
cie a
elegancia,
ni
aún
los
cap i¬
chos
y
ado nos,
que
se
obse an
sob e
odo
en
la
especie
de
minúscula
llamada
diplomá ica,
cuya
apa ición
da a
del
si¬
glo
XI.
En
ella
los
palo es
y
los
inales
se
p olongan
con
ecuencia
an
desmesu¬
adamen e,
que
se
di ía
que
el
copis a
no
ha
podido
de ene
el
impulso
de
su
mano.
Es a
minúscula
diplomá ica,
que
o¬
ma
de
la
cu si a
muchas
le as,
conclu¬
ye,
al
declina
la
p ime a
época,
po
eemplaza la
casi
po
comple o.
También
se
empleó
an e io men e
—
H5
—
° a
esc i u a,
en
la
que
los
palo es
ad
-
hi ie on
dimensiones
aún
más
exage¬
adas:
és a
es
la
semi-oncial
ó
esc i u a
lnix a,
en
la
que
las
le as
pe enecían,
ya
á
la
mayúscula,
ya
á
la
minúscula,
y
c
uya
desapa ición
de
los
diplomas
se
e¬
ie e
al
siglo
IX.
Las
modi icaciones
g aduales
que
su¬
e
la
esc i u a
en
los
úl imos
siglos
de
la
p ime a
época,
acumulándose,
po
deci lo
así,
e mina on
en
un
es ilo
g á.
ico
e dade amen e
nue o,
la
esc i u a
^Ue
an
imp opiamen e
se
ha
denomina¬
do
gó ica,
que
algunos
llaman
ludo icien-
Se
>
po que
da a
p incipalmen e
de
la
época
de
San
Luis,
y
pa a
la
cual
se
ha
P opues o,
con
mucho
acie o,
el
épi e o
de
escolás ica.
Las
o mas
que
hizo
p e alece
ope¬
a on
una
e dade a
e olución
en
el
azado
g á ico.
Lal aliaabandonósuesc i u a
llamada
hinba da,
usada
has a
los
comienzos
del
—
ii6
—
siglo
XIII,
po
es a
nue a
moda,
de
la
que
no
se
cansa
has a
el
siglo
XV,
que¬
dando
oda ía
en
la
co e
de
Roma,
que
ecuen emen e
ecu ía
á
ella
pa a
as¬
c ibi
sus
B e es.
Hacia
la
misma
época
ob aba
España
del
mismo
modo
espec o
de
su
esc i u¬
a
isigoda
,
una
de
cuyas
o mas
pe sis¬
ió
has a
el
inal
del
siglo
XVI.
Se
pueden
dis ingui
en
la
esc i u a
gó ica
las
mismas
cua o
a iedades
se¬
ñaladas
en
el
pe íodo
p eceden e:
la
ma¬
yúscula,
la
minúscula,
la
cu si a
y
la
mix a;
pe o
hay
subdi isiones
esenciales
que
es ablece ,
según
que
se
ome
I
a
esc i u a
de
los
manusc i os,
de
los
di¬
plomas,
de
los
sellos
ó
de
las
monedas.
Además
de
los
ca ac e es
gene ales
que
o ecen
las
di e sas
especies
de
es¬
c i u a
gó ica
en
sus
di e en es
épocas,
cada
p o incia
iene
en
su
mane a
de
es¬
c ibi
un
ca ác e
p opio:
que
es
á
la
es¬
c i u a
lo
que
el
acen o
es
á
la
lengua*
—
ny
—
En
el
Mediodía,
las
le as
son
más
lad adas;
en
las
p o incias
del
Oes e,
más
agudas;
en
Champaña,
más
edon¬
das;
en
Flandes,
más
inas,
e c.
En
I alia
las
di e encias
son
oda ía
más
p onunciadas,
según
las
p o incias.
La
calig a ía
de
los
manusc i os,
que
había
llegado
en
el
siglo
XV
á
cons i ui
Un
e dade o
a e,
y
cuyo
empleo
es aba
ealzado
po
la
mezcla
de
los
colo es,
las
° las
de
minia u as,
lo es
y
ado nos
de
mil
clases,
ecibió
un
golpe
mo al
con
el
descub imien o
de
la
imp en a,
que
da a
de
mediados
del
siglo
XV.
Al
desapa ece
los
con eccionado es
de
manusc i os,
deja on
sin
p incipios
y
sin
guía
á.lós
copis as
de
ca as
y
ac os
públicos,
y
la
adición
gó ica
se
pe dió
g adualmen e.
Con
odo
eso,
los
ca ac e es
ipog á i¬
cos
aje on
modelos
que
las
ob as
maes¬
as
chi og á icas
no
suminis aban.
Las
p ime as
imp esiones
en
made a
—
n8
—
habían
imi ado
an es
la
esc i u a;
pe o
más
a de
se
obse a
con
ecuencia
en
es a
una
imi ación
de
la
imp esión
en
ca ac e es
ipo iles.
Las
le as,
que
en
los
documen osIpú-
blicos
del
in
del
siglo
XV
uel en
algo
á
las
o mas
de
lo
oncial,
se
ap oximan
en
iempo
de
Luis
XII
á
los
ca ac e es
llamados
omanos,
de
los
que
las
p en¬
sas
de
Venecia
habían
dado
pe ec os
modelos.
Mas
no
es
solamen e
á
la
in ención
de
Gu enbe g
á
lo
que
se
debe
la
deca¬
dencia
del
a e
de
esc ibi
calig á ica¬
men e,
sino
ambién
á
la
mul iplicidad
de
las
esc i u as,
á
lo
que
pudie a
lla¬
ma se
el
p og eso
de
la
papele ía,
que
da a
p incipalmen e
del
iempo
en
que
el
papel
sus i uyó
al
pe gamino.
Una
de
las
causas
que
con ibuye on
á
que
se
abandona a
la
minúscula
po
la
esc i u a
mix a
gó ica,
es
la
de
que
las
ac as
se
habían
hecho
muy
nume osas
y
—
ii
9
—
no
había
iempo,
como
en
el
pasado,
pa¬
a
pin a
las
palab as.
Así,
la
calig a ía
de
los
diplomas
de
los
siglos
XII
y
XIII,
cuya
in a
ha
con¬
se ado
an
so p enden e
neg u a,
se
pe dió
en
el
siglo
siguien e.
La
apidéz
de
la
ejecución:
he
aquí
á
lo
que
aspi aban
los
no a ios,
los
p ocu¬
ado es
y
los
ca ula ios;
solamen e
los
ailes,
en
su
id*
pací ica,
no
con aban
con
el
iempo,
y
he
aquí
po
qué
en
el
siglo
XVI
sólo
se
encuen an
las
bellas
o mas
gó icas
de
la
época
p eceden e
en
los
esc i os
que
p oceden
de
algunas
comunidades
y
es ablecimien os
eligio¬
sos;
pe o
es o
no
es
ya
más
que
un
a ¬
caísmo.
Sin
emba go,
la
esc i u a
de
las
ac as
públicas
gua da
po
más
iempo
las
a¬
diciones
y
uel e
aún
pa a
la
minúscu¬
la
á
las
cos umb es
del
siglo
IX.
Como
el
conocimien o
de
la
lec u a
se
gene alizaba;
como
las
ac as
se
di igían
—
120
—
desde
en onces
á
mayo
núme o,
se
mi¬
naba
más
á
la
cla idad,
y
las
ab e ia u¬
as
incesan es
de
la
época
p eceden e
se
hicie on
a as
en
el
siglo
XVI
y
ecaían
casi
exclusi amen e
sob e
el
inal
de
las
palab as.
Más
a de
se
hizo
sen i
la
in luencia
de
las
cancille ías
i alianas
en
las
ac as
de
nues o
país;
los
ca ac e es
se
ende¬
ezan
y
se
adelgazan,
eco dando
esa
es¬
c i u a
llamada
i álica,
que
había
imi¬
ado
Aldo
en
su
Vi gilio
,
imp eso
en
1500,
según
se
dice,
de
la
esc i u a
de
Pe a ca,
y
que
se
apellida
alcLina.
Sin
emba go,
la
cu si a,
ya
cuad ada,
ya
edonda,
ha
con inuado
usándose;
en
es a
cu si a,
en
donde
la
al e ación
de
la
o ma
an igua
se
obse a
más,
se
indi i¬
dualiza,
po que
cada
cual
obedece
en
sus
esc i os
á
su
cap icho
y
á
su
comodidad.
La
necesidad
de
esc ibi
con
apidéz
modi ica
sucesi amen e
su
isonomía
y
hace
que
la
esc i u a
co ien e
oda ía
—
121
—
casi
gó ica
en
iempo
de
Luis
XII,
cua¬
d ada
ó
edonda
bajo
F ancisco
I,
se
in¬
cline
ó
se
p olongue
á
medida
que
se
ap oxima
la
conclusión
del
siglo
XVI.
Los
p incipios
de
la
buena
calig a ía
se
abandonan
cada
ez
más.
En
la
época
de
En ique
IV
la
cu si a
se
usa
exclusi amen e;
pe o
las
le as,
muy
jun as
las
unas
á
las
o as
y
po
lo
gene al
muy
egula es,
conse an
e¬
cuen emen e
es os
de
las
o mas
angu¬
losas
de
la
gó ica.
Es as
no
a dan
en
desapa ece
po
comple o
¿n
iempo
de
Luis
XIII,
en
cu¬
ya
época
oma on
las
le as
mayo es
di
-
mensiones;
cuando
ienen
o mas
elegan¬
es,
es
la
edondilla,
no
la
gó ica,
la
que
se
o ece
á
la
is a;
pe o
cuando
se
mi¬
a
an e
odo
á
la
apidéz
de
la
ejecución,
lejos
de
hace se
más
cla a
y
más
limpia,
la
esc i u a
pa ece
que
exage a
los
ga a¬
ba os
menos
legibles
de
las
épocas
más
an iguas.
—
128
—
Compa ad
la
esc i u a
de
Fouquie -
Tin ille
con
la
del
e dugo
Sansón,
y
¡cuan a
analogía
en
la
b u alidad
del
azado!
En
in,
pa a
menciona
las
íc imas
después
de
los
e dugos,
¿no
se
sien e
el
obse ado
imp esionado
de
la
noble
i meza
que
e ela
la
esc i u a
de
Ma ía
An onie a
esc ibiendo
á
madame
Élisa-
be hdespués'de
su
condenación
á
mue e?
La
mano
no
ha
emblado,
y
los
ca¬
ac e es
pe manecen
siendo
po
su
as¬
pec o
lo
mismo
que
cuando
la
muje
e a
eina:
no
se
descub e
en
ellos
ni
a ec¬
ación
ni
cóle a.
Es a
esc i u a
pe enece
á
la
misma
amilia
que
la
de
Ca lo a
Co day
ai
i
á
compa ece
an e
sus
jueces,
y
se
ap o¬
xima,
aunque
de
más
lejos,
á
la
de
ma¬
dame
Roland.
En
ma e ia
de
esc i u a
no
se
a iende
ya
á
la
calig a ía,
sino
que
nos
con en¬
amos
con
copias
cla as
y
legibles.
—
129
—
El
o icio
de
esc ibi ,
que
e a
un
a e
cuando
se
necesi aba
hace
asc ibi
un
lib o
an as
eces
como
ejempla es
que¬
ían
posee se,
y
cuando
e a
moda
ag e¬
ga
á
las
le as
iniciales
g aciosos
y
ca¬
p ichosos
ado nos
pa a
hace
esal a
su
o ma,
no
es
al
p esen e
más
que
un
míse o
o icio.
Cuan o
más
adelan amos,
emi imos
á
p ocedimien os
mecánicos
el
cuidado
de
las
asc ipciones:
cuando
no
se
im¬
p ime,
se
au og a ía.
La
li og a ía
y
el
o o-g abado
se
p e¬
ie en
hoy
á
los
mejo es
copis as,
po que
son
más
exac os,
y
has a
la
misma
o o¬
g a ía
eléc ica
enca ga
á
un
apa a o
es¬
c ibi
el
despacho
que
ecibe.
Sin
emba ¬
go,
si
se
busca
la
apidez,
se
mani ies¬
a
cada
ez
más
la
necesidad
de
cla idad
que
se
hacía
sen i
ya
en
el
siglo
XVI,
En
la
esc i u a
cu si a
la
impe ec¬
ción
y
la
a bi a iedad
en
el
azado
ponen
á
eces
bas an e
á
p ueba
nues-
9
—
130
—
a
pe spicacia
pa a
que
no
se
añada
allí
la
di icul ad
de
las
ab e ia u as,
que,
sal o
un
co o
núme o,
han
sido
des e adas
o almen e.
No
obs an e,
á
pesa
de
las
al e acio¬
nes
que
has a
en
nues os
días
ha
hecho
su i
á
la
esc i u a
usual
el
cap icho
ó
la
al a
de
des eza,
la
cu si a
conse a
en
F ancia
más
cla idad
que
en e
los
alemanes,
que
han
conse ado
ligadu¬
as
ab e ia i as
que
noso os
echaza¬
mos,
y
p olongado
el
cue po
de
las
le¬
as
de
modo
que
ienen
á
esul a
me os
azos.
Más
apegados
que
noso os
á
las
a¬
diciones
de
la
Edad
Media,
nues os
e¬
cinos
han
conse ado
en
la
imp esión
el
uso
de
los
ca ac e es
gó icos,
cuyos
ángulos
han
sua izado,
sin
emba go,
desde
hace
dos
siglos:
an es
se íanse
aún
de
una
gó ica
que
la
Ingla e a
y
la
F ancia
habían
abandonado
mucho
iempo
hacía.
—
13
1
—
En e
muchos
pueblos
en
que
la
in¬
luencia
ge mánica
se
ha
hecho
sen i ,
ha
p e alecido
la
esc i u a
alemana,
ai
menos
en
la
ipog a ía;
pe o
la
cla idad,
la
pu eza,
y
como
di ían
los
ipóg a os,
el
bello
ojo
de
nues o
al abe o
omano
y
de
nues a
i álica,
ales
como
han
salido
de
los
p og esos
del
a e,
les
hacen
p e¬
e ibles
al
al abe o
alemán.
Desde
hace
algún
iempo
se
han
adop¬
ado
pa a
un
g an
núme o
de
lib os
im¬
p esos
en
lengua
alemana
las
le as
la inas;
y
los
omanos,
que
bajo
la
in¬
luencia
esla a
se
si ie on
en
un
p in¬
cipio
de
las
le as
ci ilenses,
que
aban¬
dona on
enseguida
po
un
al abe o
o ¬
mado
del
uso
en iquecido
con
algunas
le as,
han
concluido
po
sus i ui le
con
el
al abe o
la ino,
cuyos
de echos
sob e
su
idioma
son
segu amen e
muy
undados,
pues
que
pe enece
á
la
ami¬
lia
de
las
lenguas
omanas.
La
in ención
de
la
imp en a
iene
la
—
132
—
en aja
de
hace
la
esc i u a
menos
a¬
iable
que
e a
cuando
se
azaba
á
mano;
lia
hecho,
espec o
de
la
esc i u a,
algo
de
lo
que
había
e i icado
po
lo
que
oca
al
lenguaje.
Uni o mando
los
es ilos,
ha
dado
más
uni o midad
al
modo
de
o ma
las
le¬
as,
y
ha
acili ado
po
es e
medio
las
comunicaciones
in elec uales.
¿Debe
c ee se,
po
es o,
que
haya
hecho
im¬
posibles
pa a
siemp e
nue as
y
p o un¬
das
modi icaciones
en
la
esc i u a,
que
haya
ijado
i e ocablemen e
el
al abe o
é
impues o
un
azado
cu si o
del
que
se á
imposible
deshace nos?
Al
conside a
lo
gene alizada
que
se
halla
la
esc i u a,
la
mul iplicidad
de
la
co espondencia,
la
necesidad
pa a
los
pueblos
ci ilizados
de
pone se
cada
ez
más
en
elación
esc i a
unos
con
o os,
segu amen e
qne
dan
in enciones
de
ad¬
mi i
que
llega á
un
día
en
que
odos
los
pueblos
adop en
un
solo
y
mismo
—
133
“
al abe o,
y
consecuen emen e,
un
p o¬
cedimien o
uni o me
de
esc i u a.
Es a
uni icación
g á ica,
de
la
que
pudie a
conside a se
como
p ecu so a
la
uni icación
de
los
pesos
y
medidas
y
de
las
monedas,-
p esen a,
sin
emba go,
g andes
di icul ades;
pe o
si
es
ape eci¬
da
y
no
imposible,
exige
al
menos
la
solución
p e ia
que
muchos
o os
p o¬
blemas
del
mismo
géne o
y
muy
di icul¬
osos
de
esol e .
Un
al abe o
único,
se ía
ya
ene
an¬
dado
la
mi ad
del
camino
pa a
llega
á
una
lengua
uni e sal,
pues
semejan e
uni icación
en aña ía
pa a
cada
idioma
cambios
de
o og a ías,
y,
po
consi¬
guien e,
de
p onunciaciones,
que
da ían
po
esul ado
bo a
muchas
di e encias
en e
las
di e sas
lenguas.
Puede
juzga se
de
es a
di icul ad
po
la
que
o ece
un
p oblema
segu amen e
menos
complejo,
cual
es
la
adopción
de
un
mismo
sis ema
de
ansc ipciones
—
i
3
4
—
pa a
ep esen a
las
palab as
pe ene¬
cien es
á
las
lenguas
o ien ales.
Cada
pueblo,
y
casi
cada
au o ,
ha
adqui ido
el
hábi o
de
ep esen a
á
su
mane a,
y
según
la
o og a ía
de
su
len¬
gua,
los
sonidos
que
aduce
al
ó
cual
palab a
de
uno
de
esos
idiomas,
de
e¬
p esen a
al
le a
del
al abe o
á abe
6
ibe an,
al
sonido
chino
ó
japonés,
po
una
le a
ó
un
conjun o
de
ellas;
ei¬
nando
á
es e
espec o
una
singula
con¬
usión,
cuyo
esul ado
ha
sido
desna u¬
aliza
los
nomb es
o ien ales
cuando
pasan
de
una
á
o a
población
eu opea.
Es o
es
p ecisamen e
lo
que
sucede
con
odos
esos
nomb es
gaog á icos
que
nos
suminis an
los
ingleses
y
los
an-
glo-ame icanos,
aídos
p >
ellos
de
la
India
ó
del
a -wes
,
bajo
el
dis az
de
su
p opia
p onunciación;
noso os
adop¬
amos
su
o og a ía,
y
ecuen emen e
o mamos
la
idea
más
alsa
de
lo
que
son
en
ealidad
esas
palab as.
—
135
~
El
p oblema
de
la
ansc ipción
de
los
nomb es
ha
ocupado
mucho
á
cie os
sabios.
El
céleb e
iaje o
Volney,
que,
des¬
pués
de
Maimieux
y
de
B osses,
in en ó
compone
un
al abe o
a mónico
á
p o¬
pósi o
pa a
ep esen a
odos
los
ele¬
men os
posibles
de
la
palab a,
ió
i a*
casa
su
emp esa.
La
solución
del
p oblema
exigi ía
que
quien
la
in en a a
se
pusiese
p ime o
de
acue do
sob e
el
p ime o
de
esos
mismos
elemen os;
lo
que
oda ía
no
se
ha
hecho.
Así,
mien as
que,
según
un
ilólogo
ancés
ecien emen e
a eba ado
á
la
ciencia,
M .
Eichho ,
el
núme o
de
las
a iculaciones
simples
se
educe
á
50,
Bü ne
cuen a
más
de
300.
El
desacue do
que
eina
á
es e
es¬
pec o
ha
concluido
po
hace
abandona
has a
el
es udio
de
la
cues ión;
y
el
p e¬
mio
undado
en
el
Ins i u o
po
Volney
en
a o
de
quien
la
esol ie a,
ha
e-
—
I3
6
—
nido
que
se
ans o mado
en
un
p emio
de
ilología
compa ada,
cuya
ins i ución
ha
dado
mucho
mejo es
u os.
Se
ha
llegado,
no
obs an e,
á
un
acue do
espec o
de
di e sas
clases
de
sonido;
algunos
de
los
sis emas
p o¬
pues os
esponden
en
cie a
medida
al
in
que
se
aspi a
alcanza .
Ci a é
el
de
un
céleb e
egip ólogo
alemán.
M .
Lepsius,
al
que
muchos
ilólogos
con inúan
con o mándose,
y
el
de
un
o ien alis a
ancés,
M .
León
de
Rosny,
au o
de
un
e udi o
abajo
so¬
b e
los
al abe os.
Así
se
ha
llegado
pa a
la
ansc ipción
del
al abe o
de anagasi
á
cie o
acue do,
me ced
al
cual
se
pueden
ep oduci
bas an e
ielmen e
ex os
sánsc i os,
sin
ene
que
ecu i
á
los
ca ac e es
o i¬
ginales.
La
uni icación
de
las
esc i u as
cu ¬
si as
o ece
oda ía
más
di icul ades
que
la
de
los
ca ac e es
ipog á icos,
y
nos
—
!37
-
e íamos
educidos,
si
se
a a a
de
hace
una
esc i u a
uni e sal,
á
medios
a i i¬
ciales
y
medianamen e
a bi a ios;
mu¬
chos
implican
la
adopción
de
un
sis e¬
ma
de
asmisión
oné ica
común,
que
no
es
ménos
emba azoso
que
la
uni ica¬
ción
de
los
signos
g á icos,
y
pa a
el
cual
has a
se
llega,
como
iene
luga
en
el
p ocedimien o
de
M .
Sud e,
á
hace
in e eni
el
elemen o
musical.
La
unidad
de
las
no aciones
pa a
la
música
pa ece,
en
e ec o,
suminis a ¬
nos
la
p ueba
de
que
un
sis ema
común
de
nQ aciones
onológicas
no
e|¡
una
quime a;
pe o
la
gene alización
de
un
mé odo
que
exige
una
educación
delica¬
da
del
oido
es
oda ía
más
di ícil
que
la
de
un
p ocedimien o
como
la
es enog a¬
ía,
que
equie e
una
g an
des eza
de
la
mano.
La
es enog a ía,
á
la
cual
ecu imos
pa a
ep oduci
los
deba es
de
nues as
Asambleas
delibe an es,
se
halla,
po
—
144
—
Es a
obse ación
nos
-
hace
com¬
p ende ,
dicho
sea
de
paso,
po
qué
los
animales
apa ecen
es aciona ios
en
sus
cos umb es
,
que
desde
hace
mucho
iempo
han
sido
mi adas
,
no
como
el
esul ado
de
conocimien os
adqui idos
y
asmi idos
po
la
educación;
sino
como
el
e ec o
de
un
ins in o
espon¬
áneo,
aunque
bas e
obse a les
en
el
eje cicio
de
su
indus ia
pa a
con en¬
ce se
de
que
á
ella
apo an
in en i a
é
in eligencia,
y
modi ican
cie os
peque¬
ños
de alles
de
sus
p ocedimien os,
se¬
gún
las
necesidades
del
momen o.
Siendo
las
necesidades
de
los
anima¬
les,
como
sus
acul ades,
mucho
más
es ingidas
que
las
nues as,
su
in eli¬
gencia
ha
hallado
p on o
sus
lími es,
y
no
se
han
necesi ado
muchas
gene a¬
ciones
pa a
ae los
al
pun o
en
que
hoy
los
obse amos,
que
apénas
pod án
ya
aspasa ,
po
lo
que
no
hay
azón
pa a
que
eamos
en
es o
una
p ueba
—
145
~
de
la
espon aneidad
de-sus
ap i udes.
El
homb e
ha
llegado
ya
en
cie as
cosas
á
es e
lími e
in anqueable,
pe o
en
muchas
o as
iene
oda ía
un
la go
camino
que
anda .
Así
como
la
a ie¬
dad
in ini a
de
las
o mas
de
ac i idad
de
nues o
se
in elec ual
y
mo al
en¬
gend a
sin
cesa
necesidades
nue as,
del
mismo
modo
nues o
génio
in en o
encuen a
sin
cesa
mó iles
nue os.
La
palab a
en
sus
di e en es
modos
de
ex¬
p esión,
y
la
esc i u a,
que
es
su
ma¬
ni es ación
isible,
deben
en
su
e olu¬
ción
alcanza
un
é mino
inai,
un
es¬
ado
más
allá
del
que
se á
imposible
a anza ,
como
llegá á
un
iempo
en
que
no
nos
se á
dado
descub i
en
nues¬
o
globo
coma cas
desconocidas.
Esas
g andes
in enciones,
u os
p ecoces
y
p ima e ales
de
nues a
in eligencia,
han
llegado
desde
un
p incipio
á
cons¬
i ui se
con
lo
que
enían
de
más
esen¬
cial,
no
habiendo
su ido,
en
conse-
—
146
—
cuencia,
más
que
len as
modi icaciones,
que
no
son
o a
cosa
que
mejo amien¬
os
de
de alles,
pe eccionamien os
se¬
cunda ios,
que
más
se
e ie en
á
los
ins umen os
empleados
que
al
ondo
mismo
del
p ocedimien o.
.
La
esc i u a
ha
a a esado
ya
las
g andes
asee
de
su
exis encia,
y
no
le
es
posible
ope a
me amo osis
an
p o¬
undas
como
las
que
han
señalado
el
paso
del
ideog amma
al
silabismo
y
de
és e
al
al abe ismo;
y
los
escasos
p o¬
g esos
que
oda ía
puede
ealiza ,
pa e¬
ce
que
no
debe án
cambia
ni
sus
ele¬
men os
ni
su
sis ema.
FIN