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Discurso leído en la solemne apertura del curso académico de 1889 á 1890 en la Universidad Literaria de Granada

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Discurso leído en la solemne apertura del curso académico de 1889 á 1890 en la Universidad Literaria de Granada

Author: Peña y Entrala, Pablo
Publisher: Granada : Imprenta de Indalecio Ventura, 1889
Year: 1889
Source: https://idus.us.es/bitstreams/dc0c7ff4-a0e0-4595-a46d-b379f9d8e3bf/download
DISCURSO
LEÍDO
EN
LA
SOLEMNE
APERTURA
DEL
CURSO
ACADÉMICO
DE
GRANADA
POR
EL
DOCTOR
©OM
PABLO
PEÑA
Y
EMTRALA
CATEDRÁTICO
DE
LA
FACULTAD
DE
DERECHO
GHANAOA
IMPRENTA
DE
INDALECIO
VENTORA
1889.
I
j
s
ley
cons an e
en
el
o den
de
la
ealidad
y
de
la
ida,
la
(le
la
a iedad
y
el
con as e,
po
eso,
á
los
esplando es
del
día,
suceden
las
densas
inieblas
de
la
noche,
y
á
los
glacia¬
les
íos
del
in ie no,
los
a do osos
ayos
del
es ío,
y
dicha
no ma
y
egula idad,
no
había
de
al a ,
po
an o,
en
es as
solemnidades
uni e si a ias.
Si
en
años
an e io es
habéis
po¬
dido
admi a ,
aquí,
las
b illan es
luces
del
sabe ,
y
los
he ¬
mosos
esplando es
del
genio,
en
es e,
po
el
u no
de
Fa¬
cul ades,
y
po
la
designación
de
nues o
muy
espe able
Je e,
an
hon osa
pa a
mí,
como
digna
de
g a i ud
inmensa,
_os
oca
es a
sumidos,
po
desdicha,
en
las
oscu as
sombias
de
la
noche.
Si a,
sin
emba go,
de
ali io,
la
conside ación,
de
que
el
iempo
anscu e,
las
cosas
cambian,
y
en
los
años
sucesi os,
ol e á
á
enace
en
o os
labios,
más
compe en¬
es
que
los
míos,
ese
sol
pu ísimo
del
sabe
y
del
genio,
que
en
es e,
apa ece
en u biado
y
oscu ecido
con
las
nubes
de
mi
insu iciencia.
Y
no,
en
ano,
in oco
es os
ecue dos
y
hago
es as
conside aciones,
pues
ese
pasado
an
ico
y
espléndido,
de
que
ha
enido
haciendo
gala
es e
Claus o
uni e si a io
y
el
po eni
que
anuncio,
o man,^pai'a
mí,
en
es os
sup emos
Jus an es,
b illan ísimo
opaje,
con
el
que
quie o
en ol e
y
—
2
—
cub i ,
an e
oso os,
mi
pequenez
y
mis'de icien es
medios.
Y
al
in oca
el
pasado,
cla o
es á,
que
no
he
de
deja
en
el
ol ido
á
los
que
ue on
que idísimos
maes os
míos,
cuyas
sabias
enseñanzas
se án,
pa a
mí,
siemp e
depósi o
ene ando
y
sag ado.
Es
de
lamen a
la
pé dida
de
la
casi
o alidad
de
an
escl H’ecidos
p o eso es,
pe o
si,
po
desg acia,
deja on
de
exis i ,
i e
y
i i á
siemp e
en
los
que
uimos
discípulos,
el
ecue do
de
sus
p o echosas
lecciones,
unido
á
un
sen i¬
mien o
p o undo
de
adhesión
y
de
espe o.
Debo
hace
espe¬
cial
mención
de
uno
de
aquellos,
con
el
que
me
han
ligado
y
ligan
más
es echos
ínculos
de
co dialidad
y
a ec o,
y
el
cual,
po
azón
de
su
ele ado
ca go,
se
encuen a
ac ualmen¬
e
lejos
de
noso os,
el
Exemo.
S .
D.
Nicolás
de
Paso
y
Del¬
gado,
que
en
las
al as
egiones
del
sabe
ue
siemp e
as o
de
p ime a
magni ud,
con
luz
e ulgen e
y
p opia,
y
po
lo
mismo,
de
igual
modo
que
b illó
en e
noso os,
sigue
y
se¬
gui á
b illando
allí
donde
le
coloque
el
des ino.
Yo
me
com-
plazco
en
ibu a
á
odos,
desde
es e
ele ado
pues o,
la
o en¬
da
más
pu a
de
g a i ud
y
de
ca iño.
Pe o
si
es
ley
cons an e
la
de
la
a iedad
y
el
con as e,
lambién
lo
es,
é
indeclinable,
la
de
la
unidad
y
la
ha monía,
y
yo,
en
su
i ud,
me
sien o
iden i icado
con
los
ilus ados
]) o eso es
que
me
han
p ecedido,
en
el
e o
y
en usiasmo
[)o
de ende
es a
ibuna
de
hono ,
y
en
pone
á
con ibu¬
ción
odos
mis
es ue zos
y
medios,
aunque
escasos,
pa a
el
mejo
desempeño
de
an
hon oso
enca go.
Quisie a
es a
ado nado
de
las
aliosas
condiciones
de
ilus¬
ación
y
galanu a,
de
que
han
dado
galla da
mues a,
los
dignísimos
indi iduos
de
es e
Claus o,
en
casos
análogos,
jia a
sali
an
ai oso
como
ellos;
mas
en
la
imposibilidad
de
alcanza lo,
me
da é
po
con en o,
si
al
in
y
al
cabo
consigo,
(pie,
si
no
la
plena
noche
de
que
os
hablaba
al
p incipio,
po¬
dáis,
siíjuie a,
islumb a
en
es e
modes o
y
desaliñado
a¬
bajo,
la
luz
c epuscula .
>a
eis
cuan os
í ulos
y
azones
me
asis en
pa a
solici a
—
3
—
ues a
más
amplia
indulgencia,
y
segu o
de
su
o o gamien¬
o,
po
se
an
noble
y
gene oso
impulso,
p enda
inequí oca
del
sabe
y
la
cul u a,
paso
á
inicia os
los
p opósi os
que
me
animan.
la
elección
y
desen ol imien o
de
un
ema,
cualquie a
que
sea
el
e eno
cien í ico
en
que
nos
coloquemos,
y
el
pun o
de
is a
que
se
adop e,
o ece
se ias
di icul ades
y
al¬
os
escollos
en
los
iempos
ac uales.
Nos
hallamos
en
una
época
de
uda
y
empeñada
polémica
en
lodo
el
dila ado
campo
del
sabe
humano,
en
donde
pa ece
se
han
dado
ci a,
pa a
lucha
sin
egua,
los
sis emas
mas
a anzados
y
a e i¬
dos,
los
más
opues os
y
con adic o ios.
Como
dice
un
no a¬
ble
esc i o ,
la
época
ac ual
o ece,
como
isonomía
p opia,
la
de
habe se
impues o
la
espinosa
a ea
de
educi
á
análi¬
sis,
odas
las
ideas,
en
las
que
la
humanidad
enía
descan¬
sando
anquila,
an o
en
los
ó denes
de
la
ma e ia
y
de
la
ida,
como
en
lo
ela i o
á
c eencias
mo ales,
sociales
y
e¬
ligiosas.
Y
es
que
desde
el
momen o
en
que
se
cimen ó
odo
el
edi icio
cien í ico
sob e
la
duda,
y
el
pensamien o
luimano,
conside ándose
como
única
ealidad,
se
emancipó
de
oda
c eencia
eligiosa,
de
oda
e elación
di ina
y
adición
cons¬
an e,
ompiendo,
á
la
ez,
el
nexo
ha mónico
en e
Dios
y
el
homb e,
el
espí i u
y
la
ma e ia,
la
idea,
sin
ley
y
sin
eno,
se
emon ó
po
la
escala
de
lo
imagina io
y
an ás ico,
has a
pe de se
en
las
egiones
de
la
abs acción
pu a,
desde
cuya
al u a
lle ó
su
osadía
’y
sobe bia,
has a
el
pun o
de
nega
oda
o a
ealidad
y
exis encia;
y
la
ma e ia,
en
o o
sen ido,
suje a
exclusi amen e,
á
la
obse ación
y
examen
de
lo
le-

—
4
—
oiiienal
y
analí ico,
ha
llegado
po
an
escab osa
pendien e,
á
des anece se,
asimismo,
en
los
oscu os,
é
incomp ensibles
an os
de
lo
inconscien e,
desde
cuyo
pun o,
se
conside a,
á
sn
ez,
como
hipo é ico
y
g a ui o,
odo
cuan o
se
elaciona
y
enlaza
con
el
mundo
me a ísico,
ideal
y
abs ac o.
Así
se
explica,
que
habiendo
anscendido
alas
di e en es,
es e as
de
la
ciencia,
an
opues os
c i e ios
ilosó icos,
es én
dando
po
esul ado,
ese
adicalismo
ex emo
de
doc inas,
(jue
luchan
y
con ienden
ya
en
el
mismo
o den
de
la
Filoso¬
ía,
donde
se
puede
deci ,
que
es,
hoy,
más
c uda
y
acen¬
uada
que
nunca,
la
sempi e na
lucha
en e
el
espi i ualismo
y
el
ma e ialismo,
ya
en
el
o den
de
la
mo al
y
del
de echo,
en
cuyas
es e as
se
eco e,
desde
el
de e minismo
incons¬
cien e,
has a
la
libe ad
absolu a,
ya,
po
úl imo,
en
los
es a¬
dos
sociales,
en
los
que
se
sus en a
y
de iende,
lo
mismo
el
indi idualismo
a omís ico,
que
el
socialismo
pu o.
Si
á
es o
unimos,
los
c i e ios
emplados,
los
eclec icismos
que
se
o ¬
jan,
las
mil
combinaciones
que
se
c ean,
en
el
seno
de
las
indicadas
endencias,
e emos
el
cuad o
gene al,
que
nos
o ece
la
ciencia
mode na,
en
donde
es án
campeando,
á
la
^ez,
esa
in ini a
a iedad
de
c i e ios,
que
es,
en
e dad,
penoso,
segui
y
pene a
has a
en
sus
úl imas
mani es acio¬
nes
y
de alles.
Po
eso,
hoy
más
que
nunca,
se
puede
deci
con
Kan ,
que
al
coloca se
en
el
dila adísimo
campo
de
la
Filoso ía,
se
hace
indispensable,
desde
luego,
o ien a
el
espí i u,
pa a
no
ex a ia se,
en
medio
de
an
a iadas
y
con apues as
en¬
dencias.
F"l
que
o a
cosa
hicie e,
co e ía,
cie amen e,
el
iesgo
de
e se,
lo
mismo
que
se
e ía
una
débil
ba quilla
lanzada
en
medio
de
los
ma es,
donde
sin
umbo
y
sin
o ien¬
ación
ija,
quedase
expues a
á
los
emba es
cap ichosos
de
los
ien os.
Que iendo
e i a
esos
escollos,
y
ija
mi
a ención
en
los
p esen es
momen os,
en
el
es ado
de
la
ciencia
ju ídica,
o ien¬
o
el
espí i u
en
medio
del
agi adísimo
oleaje
que
p esen a.
y
di ijo
la
mi ada
á
un
aspec o
ó
pun o
de
la
misma,
que
conside o
impo an e
y
de
anscendencia
suma,
po
se
á
el
que,
indudablemen e,
ienen
á
pa a
las
más
opues as
co¬
ien es
de
su
Filoso ía,
y
en
el
que,
po
lo
mismo,
apa ece,
boy,
más
canden e
y
uda
la
ba alla.
Me
eíie o
á
la
«Inmu¬
abilidad
del
De echo
Na u al»,
que
es
el
ema
que
me
p o¬
pongo
desen ol e
en
es e
ac o.
No
es
el
De echo
Na u al,
como
es
sabido,
ciencia
sepa a¬
da
y
dis in a
de
la
Filoso ía
gene al,
an es
bien
se
la
debe
conside a ,
como
una
de
sus
impo an es
amas,
de
donde
se
desp ende,
que
el
sis ema
ó
c i e io
que
se
adop e,
y
sus en¬
e
en
la
úl ima,
se
ha
de
deja
sen i ,
pode osamen e,
en
los
p incipios
y
o ganismo
de
aquél.
Po
es o
ha
dicho,
con
acie ¬
o,
un
dis inguido
esc i o ,
désenos
la
c eencia
que
se
ab i¬
gue
ce ca
de
Dios,
del
mundo
y
del
homb e,
y
end emos
explicada
la
legislación
de
un
pueblo.
El
De echo,
pues,
enla¬
zado
con
la
ciencia
en
gene al
y
o mando
una
desús
amas,
liene
en
ella,
en
e ec o,
un
pues o
y
luga
de inido
y
p opio.
Se
con ae
á
es udia
á
el
homb e
en
el
ele ado
aspec o
de
su
ida
mo al
elacionada
con
el
al ísimo
in
que
le
es á
asig¬
nado.
Po
es o,
el
De echo
a ec a,
undamen almen e,
los
ca¬
ac e es
de
ciencia
an opológica,
mo al
y
social,
sin
se
nin¬
guna
de
es as
especiales
disciplinas
y
mani es aciones
del
sabe
humano,
ni
con undi se
con
ellas.
No
es
la
an opolo¬
gía,
|)o que
no
á
á
es udia
á
el
se
humano,
en
sí
mismo.
—
6
—
pe o
sí
le
ecoge
en
oda
su
pleni ud
ó
unidad
in eg al,
pa a
pone
en
elación
su
esencia
y
na u aleza
p opia,
con
el
bien
(|ue
le
es
conna u al.
No
es
ampoco
la
mo al
misma,
po que
aun
cuando
en
ella
encuen e
su
uen e
capi al
y
sus
de i a¬
ciones
p imo diales,
se
dis inguen,
sin
emba go,
de
concep o,
po
las
sendas
y
de o e os
di e sos,
que
adop an,
uniéndose
después
en
un
mismo
in,
que
es
el
bien
humano.
Así,
ambas
ciencias
se
compene an
y
enlazan
y
cons i uyen
unidas,
la
plena
egulación
y
no ma
de
oda
la
ac i idad
lib e
del
liom-
Í) e.
Tampoco
es
el
De echo
la
sociología,
p opiamen e
dicha,
y,
sin
emba go,
de
la
sociedad
misma
pa e,
iéndola
como
el
o ganismo
sup emo
de
la
ida
humana,
y
el
medio
na u al
donde
el
homb e
se
desen uel e
y
pe ecciona
en
odas
sus
mani es aciones
y
endencias,
hacia
el
bien
que
le
es
p i a i o.
Y
en
lo
ocan e
á
esas
inspi aciones
y
c eencias,
ace ca
de
Dios,
del
mundo
y
del
homb e,
an
indispensables,
según
se
expone,
pa a
el
escla ecimien o
de
la
ciencia
ju ídica,
ade¬
lan a é
ambién
la
idea,
como
base
de
c i e io,
de
que
no
las
l) opo ciona,
pie amen e,
pa a
sus en a
el
ema,
el
acio¬
nalismo,
ni
el
posi i ismo
mode no,
(|uc
solo
encuen an
en
esas
al as
egiones
del
se
y
de
la
ida
aguedades
y
som¬
b as,
sino
el
c is ianismo
ca ólico,
cuyas
sanas
doc inas,
apoyadas
en
la
e elación
di ina,
a es iguadas
ambién
po
los
siglos,
y
en
modo
alguno
o])ues as
á
la
azón,
p esen an
á
el
homb e
en
oda
sn
g andeza
mo al,
señalando
sus
al¬
os
o ígenes,
su
esencial
idad
p opia
y
sus
glo iosos
des¬
inos.
El
De echo
na u al
con emplado
á
la
luz
de
es a
doc ina
y
con
a eglo
á
los
p incipios
expues os,
es
inmu able
en
su
esencia,
y
mudable
sólo
en
su
ealización
y
aplicación
con¬
c e a
á
los
hechos
de
la
ida.
Es a
inmu alidad
esencial
del
De echo,
encuen a
su
com¬
p obación,
en
las
conside aciones
que
se
hacen
con
ocasión
del
o den
uni e sal
de
las
cosas
y
de
la
na u aleza
humana.
Con
e ec o,
el
ma a illoso
o den
del
Uni e so
no
puede
me-
nos
de
lle a
el
pensamien o
humano
á
la
con icción
y
c eencia
de
una
p ime a
causa,
absolu a
en
su
se
y
en
su
in eligencia.
Mas
ese
o den
y
los
se es
que
lo
ealizan,
no
hubie an
podido
ene
exis encia,
si
el
c eado
no
con em¬
plase,
desde
luego,
en
sí,
como
en
su
a que ipo,
las
esencias
de
odos
los
se es
y
la
ac uación
de
los
mismos,
con
elación
á
un
in.
Unidas
indisolublemen e
en
Dios
las
ideas
de
esen¬
cia
y
de
in,
cada
cosa
hab á
de
con ene
necesa iamen e
aquel,
pa a
que
ué
c eada,
y
la
impulsión
adecuada
pa a
en¬
camina se
á
él,
y
en
el
admi able
encadenamien o
de
enden¬
cias
y
ines,
bácia
uno
sup emo,
es iba
ese
o den
uni e sal,
que
se
con empla.
Es a
idea
del
o den,
ep esen ado
en
la
men e
di ina,
y
el
que,
como
p ede e minación
sup ema,
han
de
gua da
odas
las
c ia u as
exis en es
y
posibles,
cons i¬
uye
e e na
ley,
que
es
an
inmu able
como
la
esencia
y
el
in
sob e
que
se
unda,
y
ep esen a,
en
suma,
la
misma
esencia
di ina,
como
a que ipo
y
como
no ma
de
lo
que
es
y
j)uede
se .
Es a
ley
inmu able
y
e e na
la
p ime a
en
el
o den
on o-
lógico
y
de inida
po
San o
Tomás
diciendo:
Ralis
di inw
sapien ioe
secundum
quod
es
di ec i a
omnium
ac uum
el
molionum,
puede
conside a se,
bien
en
cuan o
exis e
en
Dios,
como
sup ema
causa,
bien
en
cuan o
se
hace
mani ies a
á
el
homb e
po
la
luz
y
la
ue za
de
su
azón,
con
aplicación
especial
y
di ec a
á
el
o den
que
debe
eina
en
su
ida.
En
al
sen ido,
denomínasele
ley
na u al,
y
el
conjun o
ha mónico
de
|) incipios
que
con iene
y
ab aza,
o ma,
en
su
peculia
con enido,
el
De echo
na u al,
que,
así
en endido,
aleja
los
alsos
concep os,
que
se
han
o mado
del
mismo.
Así
es,
que
no
se
in oca
aquí
el
De echo
na u al,
como
exp esión
de
la
acul ad
de
hace
odo
lo
que
pida
el
ins¬
in o,
según
se
en endió
po
Ulpiano
en
la
ju isp udencia
omana,
y
se
ha
en endido
ambién,
mode namen e,
po
al¬
gunas
escuelas
sensualis as
y
u ili a ias,
ni
ampoco
se
ha
de
con empla
en
él,
el
concep o
di ulgado
en
la
eo ía
de
—
14
—
po que,
o a
unas,
llegan
en
sus
consecuencias,
á
es ablece
un
cie o
dualismo
ju ídico,
en eoí
De echo
na u al
y
el
posi i o,
ompiendo,
así,
la
unidad
esencial,
que
debe
exis¬
i
en e
ambos,
y
conside ándolos,
como
si
mili asen
en
campos
dis in os;
o a,
o as,
acaban
po
nega ,
en
absolu o
la
ealidad
y
exis encia
del
De echo
na u al;
o a,
po
úl i¬
mo,
las
del
e ce o,
después
de
con undi
el
De echo
na u¬
al
y
el
posi i o,
lo
en egan,
ya
uni icado,
á
la
mo ilidad
cons an e
de
una
e olución.
Y
como
quie a
que
odas
es as
doc inas
po
uno,
ú
o o
sende o,
llegan
en
de ini i a,
ó
á
des igu a
el
De echo
na u al,
ó
á
desconoce lo,
y
en
odo
caso
á
nega
su
esencial
idad
p opia,
de
ahí
la
necesidad
de
some e las,
aunque
lige amen e
y
en
cuan o
bas e,
á
un
examen
c í ico,
pa a
e ,
si
es
que,
en
ealidad,
en e
ese
e uel o
oleaje
de
las
eo ías
opues as,
laquea
y
se
hunde
nues o
p incipio,
ó
si
se
man iene
á
lo e.
La
escuela
ilosó ico
abs ac a
ha
es ablecido,
en
e ec o,
un
c i e io
dualis a,
al
señala
una
sepa ación
en e
el
De echo
na u al
y
el
posi i o,
como
si,
en
ealidad,
uesen
esencial¬
men e
dis in os.
Es a
eo ía,
é
el
De echo
na u al,
como
un
l) incipio
desp endido
del
concep o
abs ac o
de
la
pe sona¬
lidad
humana,
y
es,
no
sólo
inmu able
y
ígido,
como
ella,
sino
ambién,
igual
é
idén ico
siemp e,
y
po
lo
mismo,
con
aplicación
o mal
idén ica
á
odos
los
casos,
sin
conside a¬
ción
á
pe sonas,
luga es,
ni
iempos.
Po
el
con a io
el
De¬
echo
posi i o,
mudable
en
esencia,
es
el
que
se
ealiza
y
cumple
en
la
ida,
y
adolece,
po
consiguien e,
de
odas
las
impe ecciones
y
es a íos
de
la
ealidad.
Po
eso
su
misión
es
la
de
i se
ajus ando,
á
aquél
,
que
lo
con empla
como
un
ideal,
en
an o
en
cuan o
lo
pe mi a,
de
un
lado,
la
de icien¬
cia
y
limi ación
humana,
y
de
o o,
su
p og esi o
desen¬
ol imien o.
Han
con ibuido,
más
especialmen e,
á
es a
exage ada
endencia,
aun
cuando
pa iendo
de
pun os
de
is a
dis in os,
las
escuelas
de
Rousseau,
Kan
y
Fich e.
Rousseau
con
su
hi-

pó esis
del
oslado
de
na u aleza
en
el
homb e,
quiso
descu-
l) i ,
en
él,
sus
de echos
absolu os,
que
se
han
cali icado
después,
po
algunos
ecléc icos
anceses,
con
la
pomposa
denominación
de
«los
de echos
del
homb e»
los
que
como
p imi i os
y
na u ales
po
esencia,
es aban
po
encima
de
odo
pode
social
y
oda
ley
posi i a,
engend ando
así,
los
concep os
pu amen e
abs ac os
de
la
pe sonalidad,
la
libe ¬
ad,
la
igualdad,
los
que
po
habe se
que ido
lle a
á
la
ealidad,
con
la
misma
abs acción
con
que
es án
concebidos,
lian
dado
má gen
á
as o nos
iolen os,
y
pas o
y
ida,
á
o os
sis emas
sociales,
donde
campea
y
se
deja
lle a la
imaginación
y
la
u opia,
desde
el
indi idualismo
egoisla,
has a
el
cosmopoli ismo
uni e sal.
Kan ,
Fichle
y
sus
secuaces,
iden i lcados
con
el
an e io
en
algunos
pun os,
pa en,
sin
emba go,
de
un
p incipio
subje i o,
y
en
la
azón
humana,
uen e
única
de
oda
e ¬
dad,
y
de
odo
de echo,
y
con
el
in
de
no
con adeci
el
p opio
pensamien o
y
la
azón
indi idual,
a i man,
que
el
undamen o
único
de
lodo
de echo,
es á
en
la
pe sonalidad
humana,
sin
conside ación
á
las
di e encias,
que
pueda
ha¬
be
en
el
homb e,
como
indi idualidad
conc e a,
po
no
lle¬
a las
consigo
las
ca ego ías
lógicas,
admi iendo
sólo,
como
e dade os
de echos,
los
que
se
desp enden
de
la
idea
pu a,
gene al
y
abs ac a
del
se
humano.
Y
como
quie a
que
los
ca ac e es
esenciales
del
homb e,
son
iguales
é
inmu ables,
así
ambién
son
iguales
é
inmu ables
sus
de echos,
y
se
deben
econoce
y
aplica
con
igu osa
igualdad.
G a e
censu a
me ecen
es os
sis emas,
no
solo
en
cuan o
se
hace
á
la
azón,
no ma
única
y
legislado a
de
lo
jus o,
sino
ambién,
en
cuan o
á
que
se
es ablece
pa a
el
De echo
na u al
la
limi ada
es e a
de
los
de echos,
que
se
desp en¬
den
y
nacen
del
concep o
pu o
y
abs ac o
de
humanidad,
sin
hace
mención
alguna
de
aquellos
que
le
co espondan
y
adquie a
como
indi idualidad
conc e a,
á
la
que
an
ane¬
jas
odas
las
modalidades
y
los
acciden es
del
se
humano,
—
16
—
que
in oducen
la
desigualdad
eal
en
odos
ellos,
y
cuyas
desigualdades
son
an
na u ales,
como
el
se
mismo.
Es,
pues,
un
concep o
de icien e,
que
deja
educida
la
ciencia
á
una
me a
abs acción
y
á
un
campo
es echísimo,
po
no
e¬
conoce
o os
de echos
esenciales
é
inmu ables,
que
los
que
su gen
acionalmen e
del
concep o
ideal,
y
abs ac o
de
la
pe sonalidad
humana,
dejando
pa a
el
De echo
posi i o
es¬
ablece
la
coexis encia
posible
de
las
libe ades
de
odos,
con
a eglo
á
o o
p incipio
abs ac o,
que,
es
la
ley
uni e sal
de
la
libe ad.
Es
sis ema,
és e^
que
lle ado
á
sus
úl imas
con¬
secuencias,
no
ha
podido
menos
de
conduci
y
guia
á
e¬
sul ados
unes os,
es ableciendo
en
de ini i a
el
eino
de
la
a bi a iedad.
Conside ado
el
De echo,
como
el
o malismo
pu o
de
la
coexis encia
de
las
libe ades
ex e nas,
que
en
sus
ilimi adas
endencias,
chocan
y
pugnan,
queda án
en ega¬
das
esas
libe ades,
á
la
a bi a iedad
del
Es ado,
así
como
el
ue o
in e no,
sin
o a
ley,
ni
no ma,
que
el
impe a i o
ca egó ico,
queda á
ambión
en egado
á
la
a bi a iedad
mo al.
a
lo
exp esa
con
su
na u al
agudeza
el
publicis a
S alil,
demos ando
que
la
libe ad,
conside ada
como
p in¬
cipio
del
De echo,
conduce
lógicamen e
al
despo ismo
y
á
la
ana quía,
y
dice
á
es e
p opósi o,
«la
abs acción
debe
a e¬
ne se
á
dos
pos ulados
como
base
del
De echo,
la
libe ad
del
indi iduo,
y
una
ley
de
la
azón
pu a
que
la
limi e.
Po
es o,
es as
bases
son
inconciliables
en e
sí.
Si
la
ley
acional
es
p incipio
de
la
deducción,
excluye
la
libe ad,
y
si
la
libe ¬
ad
humana
es
p incipio,
no
su e
limi ación'alguna.
No
queda,
pues,
sino
elegi ,
en e
el
despo ismo
lógico
y
el
a ¬
bi io
indi idual».
Es os
esul ados
los
ha
indicado
ambién
^ogliolo
con
es as
compendiosas
y
exp esi as
ases;
«Se
comenzó
con
la
apo eosis
de
la
azón
pu a,
y
se
acabó
con
la
sang e
de
una
gue a
ci il.
La
calma
de
la
dialéc ica
lógica,
acabo
po
da
ené ico
mo imien o
á
la
guillo ina».
o an,
po
consiguien e,
los
que
sos ienen
el
dualismo
juiRico,
dejando
el
De echo
acional
educido,
á
la
simple
—
17
—
es e a
de
la
absl accion,
en
donde
solo
pueda
con empla se,
el
concep o
pu o
é
ideal
de
la
pe sonalidad
humana,
como
único
cen o
p oduc o
de
los
de echos
del
homb e.
No
es
es e,
p opiamen e,
el
De echo
na u al,
el
que
si
se
ha
hecho
sospechoso
de
idealismo,
debido
es,
á
aquellos
ilóso os,
que
no
supie on
man ene
el
De echo
en
su
unidad
esencial
y
en
su
iden idad
cons an e,
o a
se
le
concep úe
abs aído
de
la
ealidad,
o a
se
le
mi e
en
su
ealización
con inua
en
el
o ¬
den
de
la
ida,
en
cuyo
o den,
no
puede
menos
de
es a
cons i uyendo
la
ley
in e na
é
inmu able
de
la
conduc a
hu¬
mana.
Mal
pueden
asen i ,
ampoco,
á
la
inmu abilidad
del
De¬
echo
na u al
los
ilóso os,
que
empiezan
po
nega lo,
no
que iendo,
po
an o,
econoce
o a
ley,
ni
o o
de echo,
que
aquel
que
emana
de
los
pode es
cons i uidos
en
el
Es ado.
Es os
p ecep os
ienen
que
se ,
na u almen e,
mu¬
dables,
po que
se
han
de
subo dina
á
una
causa,
que
es
ambién
mudable,
como
el
p incipio
egois a,
ya
del
placei*
sensible,
ya
de
la
u ilidad
y
el
in e és.
Y
si
no,
eámoslo.
La
eo ía
del
egoísmo,
del
place
sensible
y
del
p incipio
de
la
ue za
de
Ilobbes
y
Hel ecio,
sos iene,
que
el
egoísmo
y
la
aspi ación
á
los
bienes
sensibles,
son
los
g andes
mó iles
y
eso es,
que
impulsan
á
el
homb e
en
la
senda
de
la
ida.
Conside ado
en
un
es ado
na u al,
odo
lo
desea,
odo
lo
am¬
biciona,
y
como
no
es
posible
que
es a
ilimi ada
endencia
sea
ealizada
po
la
gene alidad
de
los
indi iduos,
en
las
mismas
cosas
y
obje os,
que
la
na u aleza
o ece,
de
ahí,
que
se
enga,
po
necesidad
y
na u almen e,
á
un
es ado
de
lucha,
y
de
ue za.
Pe o,
á
la
ez,
el
homb e
es á
do ado
del
ins in o
de
conse ación,
y
como
esa
gue a
con inua
aniqui-
—
18
—
la ía
la
especie
humana,
se
comp endió
ambién
la
necesidad
de
un
es ado
social,
en
donde,
bajo
el
impe io
y
ue za
de
la
ley,
se
pusiese
eno
y
coo dinación
á
las
aspi aciones
indi i¬
duales
y
egoís as.
Es as
doc inas
dellobbesy
Hel ecio,
undando
la
jus icia
en
el
egoísmo
y
en
el
in e és
del
más
ue e,
combinada
con
la
de
la
simpa ía
de
Adam
Smi h,
son,
á
no
duda lo,
las
dos
g andes
bases,
(pie
han
dado
ida,
á
el
u ili a ismo
de
nues¬
os
iempos,
el
cual
en
sus
desen ol imien os
y
p og esos,
a a
de
concilia
sus
p incipios
en
una
ciencia
social.
Bcn -
ham
sin e izó
ki
pensamien o
en
es as
palab as,
«
dadme
el
place
y
el
dolo
y
yo
c ea é
el
mundo
mo al
y
p oduci é
odas
las
i udes».
En
e ec o,
sin
o os
elemen os
que
el
place
y
el
dolo ,
y
sin
o a
egla
que
el
cálculo
ma emá ico
de
las
u ilidades,
echó
los
cimien os
de
odo
el
u ili a ismo
mode no,
pe se¬
guido
de
úl imo
es ado,
con
el
ca ác e
de
nue a
ciencia
so¬
cial,
po
S ua
Mili,
Spcnce ,
Maine,
O ó e,
Lesliecon
o os
economis a^'y
ilóso os
pa ida ios
del
posi i ismo
con cmpo-
laneo.
Funda
sob e
la
base
del
in e és,
odo
lo
que
acio¬
nalmen e
iene
undado
sob e
el
desin e és,
pedi
á
la
pu a
¡dea
de
lo
ú il,
una
ciencia
mo al
nue a,
un
de echo
nue o
y
has a
una
eligión
nue a,
es
el
g an
p oblema
del
día
den¬
o
de
ese
sis ema.
Comenzando
po
el
egoísmo
más
e inado
y
asociando
es a
¡dea
á
la
de
la
simpa ía
po
los
demás,
que
pe siguen
el
mismo
in e és,
se
ha
llegado
en
de ini i a
á
is¬
lumb a ,
el
concep o
más
ámplio,
noble
y
gene oso
de
la
a e nidad
humana;
pe o
que
al
in
y
al
cabo,
si
bien
se
con empla,
no
aspasan
esos
ele ados
impulsos,
los
linde os
c
una
ca idad,
an
bien
o denada,
que
empieza
acaba
en
nno
mismo.
}
aho a
bien.
¿Den o
de
esas
eo ías
ma e ialis as
y
u ili-
aiias,
podemos
encon a
el
De echo
na u al
en
su
genuino
concep o,
con
el
a ibu o
de
la
inmu abilidad
que
le
acom¬
paña.^
En
el
sis ema
del
egoismo,
de
la
ue za
y
en
e|
o ga-
—
19
—
nismo
mecánico
que
se
es ablece
con
ella,
donde
lodo
se
concen a
y
eúne
en
el
pode
au o i a io
y
disc ecional
del
Es ado,
no
busquemos
el
De echo
na u al,
con
su
pode
mo al
y
sus
i) incipios
e e nos.
El
De echo
no
es,
en
ales
c eacio¬
nes,
o a
cosa,
que
el
g an
dique,
que
se
opone
á
lodos
los
egoísmos
indi iduales,
y
á
la
ue za
pode osa
y
a asallado a
de
odas
las
codicias
y
concupiscencias
humanas.
Ya
Beulham
lo
dijo,
la
ley
na u al
y
el
De echo
na u al
son
simples
me¬
á o as;
sólo
hay
na u al
en
el
homb e
sus
inclinaciones
y
sus
ins in os,
y
p ecisamen e,
el
De echo
se
ha
es ablecido
pa a
en ena los,
así
como
pa a
con ene
aquellas,
cuyos
desbo ¬
damien os
llega ían
has a
el
aniquilamien o
humano.
Y,
es
cla o,
que
si
en
el
ondo
de
odo,
no
se
sien e,
ni
palpi a
o a
idea,
que
la
del
place
sensible,
la
del
in e és
mezquino,
ó
la
de
la
u ilidad
egois a,
no
es
posible
que
esul e
concilia¬
ble,
ni
con
la
ley
mo al,
ni
con
el
o ganismo
del
De echo
na u al,
conside ado
en
su
sen ido
p opio,
el
cual
po
encima
de
esos
ma e ialismos
g ose os,
se
emon a
en
busca
de
ines
más
acionales
y
dignos.
Además,
un
sis ema
undado
en
el
place
sensible,
que
es
dé
suyo
o nadizo,
ugaz
y
pasaje o,
de
ap eciación
subje i a,
indi idual
y
egois a,
no
p esen a
báse
obje i a
indes uc ible
y
sólida,
pa a
hace
descansa ,
sob e
ella,
el
o den
del
De echo;
de
ahí
es,
que
es e
se
e¬
ugie
en
la
ue za
ma e ial
del
])ode ,
pa a
se ,
linicamenle,
p ecep o
disc ecional
y
acomoda icio,
y
po
lo
an o
muda¬
ble,
con
el
in
de
i lo
adap ando
á
la
ocnsión
y
á
las
exigen¬
cias
del
momen o.
El
sis ema
de
la
u ilidad,
sin
emba go,
sacándolo
de
la
base
íluc uanle
y
mo ediza
del
in e és
ma e ial
y
de
los
mol¬
des
es echos
y
egoís as
en
que
lo
coloca on
sus
iniciado es,
j)a a
asigna
á
la
u ilidad
un
concep o
másámplio,
en
donde
no
solo
u iesen
cabida
las
inclinaciones
y
endencias
del
se
sensi i o,
sino
ambién
las
del
se
mo al
é
in eligen e,
en
donde
se
comp endie a
oda
idea
de
bien,
como
ealización
de
una,
ó
a ias
endencias
de
la
na u aleza
humana,
cuyo

—
20
—
bien,
cualquie aque
se
con emplase,
se ía
siemp e
ú il,
como
medio
adecuado
de
consegui
el
bien
inal,
en onces,
no
apa¬
ece ía
an
sospechosa
y
digna
de
censu a
la
exp esada
eo¬
ía,
y
la
u ilidad
así
en endida,
se
concilia ia,
pe ec amen e,
con
la
idea
del
De echo,
que,
al
in
y
al
cabo,
ep esen a,
en
lino
de
sus
más
impo an es
aspec os,
el
sis ema
del
bien,
como
no ma
de
la
conduc a
humana.
Y
si,
po
o a
pa e,
la
eo ía
de
la
ue za,
en
ez
de
signi ica
la
ue za
ísica,
que
des¬
pliega
el
indi iduo
en
busca
de
la
sa is acción
de
las
nece¬
sidades
sensibles,
concebimos
la
ue za
mo al,
que
lle a,
en
sí,
su
na u aleza
en
odas
sus
mani es aciones
hacia
el
bien,
p esen a á,
asimismo,
es e
sis ema,
lado
de endible,
po que,
p ecisamen e,
en
esas
ene gías
mo ales
del
se
humano,
y
como
inhe en e
á
ellas,
se
encuen a
el
De echo
na u al
con
su
inmu able
esencia.
La
abso ción
del
De echo
na u al
en
el
De echo
his ó ico-
posi i o,
puede
deci se
que
la
inician,
los
sis emas
acionalis¬
as
on ológicos
del
ma e ialismo
de
Spinoza,
del
na u alismo
de
Schelling,
y
del
idealismo
de
Ilcgel.
El
p ime o
pa ien¬
do
de
la
sus ancia
única,
del
p incipio
de
la
ue za
y
del
ogoismo,
como
los
an e io es,
el
segundo
del
absolu o
abs¬
ac o,
impe sonal
en
el
que
se
iden i ican
y
unen
el
espí i u
y
la
ma e ia,
lo
ideal
y
lo
eal,
y
el
e ce o,
de
la
idea,
que
en
su
inde e minación
absolu a,
casi
se
con unde,
en
ella,
el
se
y
el
no
se ,
y
la
cual
en
su
p oceso
dialéc ico,
dá
causa
á
oda
la
ealidad
exis en e,
como
mani es ación
del
absolu o,
po
lo
que
odo
lo
que
es,
iene
azón
de
se ,
y
po
lo
mismo,
lo
eal
es
acional
y
lo
acional
eal.
Es
e iden e,
que
siguiendo
es as
doc inas,
esencialmen e
])anleis as,
en
las
ijue
se
uni ican
y
con unden
la
azón
y
el
hecho,,
la
Filoso ía
y
la
His o ia,
desapa ece
en
ellas
el
De¬
echo
na u al
inmu able
y
e e no,
pa a
se
sus i uido
po
un
de echo,
pu amen e
biológico,
a al
y
e olu i o,
el
que
lle a
en
sus
cambios
cons an es,-su
p opia
azón
y
su
p opio
con¬
enido.
Sin
llega
á
los
apun ados
ex a íos,
pe o
en
igo osa
eacción
con a
el
elemen o
ilosó ico
del
De echo,
se
p esenló
en
lid
la
escuela
his ó ica,
la
que
huyendo,
po
lo
mismo,
de
las
abs acciones
ilosó icas,
buscó
como
pun o
de
pa ida
y
campo
de
obse ación,
la
ealidad
de
la
ida
de
los
pue¬
blos,
mani es ada
en
su
his o ia.
Recogió,
como
base
única
la
cos umb e,
la
cual,
según
ella,
nace
me ced
á
la
impul¬
sión
exponlánea
de
la
ida,
sin
que
los-pueblos
en
sus
p i¬
mi i os
es ados
de
cul u a,
se
den
cuen a
de
esa
labo
in e ¬
na,
y
de
esa
c eación
inconscien e,
que
pasa
después,
po
o den
na u al
de
desen ol imien o,
á
la
conciencia
e leja
de
esa
ida
misma.
Nacida
es a
escuela
al
calo
de
la
polémica,
y
en
pugna
con
la
eo ía
ilosóíico-abs ac a,
ex emó
su
c ile io.
No
quiso
e
concep os
ilosó icos,
ni
ideales
ju ídicos
e e nos
é
inmu¬
ables,
sino,
sencillamen e,
el
aspec o
mudable
que
el
De e¬
cho
p esen a,
su giendo
de
la
ida
de
los
pueblos,
en
o ma
consue udina ia.
Es e
c i e io
his ó ico,
que
si
en
un
sen ido
ha
aído
p o¬
echosas
enseñanzas,
y
ha
abie o
amplios
ho izon es
á
la
ciencia,
en
o o,
es
necesa io
con esa ,
que
ha
p oducido
con¬
secuencias
unes as,
en
odo
el
o den
ju ídico,
que,
como
dice
S hal,
ni
el
mismo
Sa igny
p esagia ía.
Se
empezó
po
des¬
ca a
del
De echo
el
elemen o
ilosó ico,
pa a
ija
la
a en¬
ción,
solamen e,
en
las
e elaciones
déla
ida,
como
exp esión
de
aquél
y
se
acabó
po
conside a
á
la
ida
misma
cons i¬
uyendo
el
De echo.
Así
pudo
deci
Le ininie ,
el
De echo
es
la
ida.
Po
o a
pa e,
la
g an
a iedad
de
cos umb es
y
legislaciones
que
se
obse aban
en
los
dis in os
j)ueblos
de
la
humanidad,
se
hacía
incomp ensible,
sin
el
i me
y
a-
—
n
—
zonado
c i e io
ilosó ico,
y
en
medio
de
ese
caos
del
de echo
consue udina io
y
esc i o,
se
llegó
á
en ende ,
que
la
mejo
solución
que
enía
el
p oblema,
e a,
la
de
econoce
la
jus¬
icia
en
odo,
aun
en
aquellas
leyes
y
cos umb es,
que
apa¬
eciesen
más
opues as
y
con adic o ias.
Así,
ino
la
escuela
his ó ica
á
coincidi ,
en
una
de
sus
di ecciones,
con
el
p in¬
cipio
hegeliano,
de
que
odo
lo
acional
es
eal,
y
odo
lo
eal
acional,
con undiendo
de
es e
modo,
las imosamen e,
p incipios
y
hechos,
y
dando
o igen
de
una
pa e,
á
el
ex-
cep icismo
ilosó ico,
y
de
o a,
el
a alismo
ju ídico,
engen-
d ado ,
á
su
ez,
de
eo ías
biológicas
y
e olu i as,
que
al-
c>anzan
esonancia
y
nomb adla
en
los
ac uales
iempos.
Si
la
escuela
his ó ica,
se
hubiese
limi ado,
como
en
sus
p incipios,
á
el
simple
examen
de
la
ma cha
de
la
ida
y
de
los
hechos,
pa a
el
mayo
escla ecimien o
de
la
ciencia,
nada
hab ía
que
obje a
en
con a
de
ella;
llenaba
indudablemen e
una
misión
cien í ica
y
ep esen aba
un
p og eso.
Pe o
p es¬
cindió
del
elemen o
ilosó ico,
de
la
pa e
acional
é
inmu a¬
ble,
que
acompaña
siemp e
á
el
De echo,
y
en
al
sen ido,
an-
dubo
descaminada
é
incie a,
y
ha
p o ocado
las
alsas
y
pelig osas
endencias,
que
se
han
indicado
an es.
No
es
la
ida
una
se ie
de
enómenos
y
hechos,
sin
cohesión,
sin
lazo
y
sin
con enido
acional
alguno,
así
como
no
la
cons i uye
ampoco,
la
simple
idea,
ó
el
pensamien o
humano.
Únase,
])ues,
á
la
ida
y
á
la
his o ia
el
elemen o
acional
y
ilosó¬
ico,
queespo su
misma
esencia
inmu able
y
cons an e,
pa a
(pie
o me,
con
ella,
in eg al
y
ha mónico
conjun o,
y
da á,
como
esul an e
inal,
el
c i e io,
que
es,
en
mi
sen i ,
más
cie o
y
segu o
y
el
mé odo
de
indagación
más
acep able,
que
p oclama
la
ciencia.
Mas
no
po
es o
en iendo,
que
se
le
hab á
de
p es a
ascenso
á
algunos
exposi o es,
ocados
de
eclec icismo,
(jue,
o a
edu¬
cados
en
el
seno
de
la
Filoso ía
especula i a
acionalis a,
o a
en
las
endencias
de
la
escuela
his ó ica,
se
anuncian,
p o¬
es ando
conciliación
y
ha monía
en e
ambos
elemen os,
—
23
—
po que,
si
bien
se
no a,
la
condición
esencial
de
la
inniula-
bilidad
del
De echo,
queda
muy
mal
pa ada
en
ellos.
Si
pa a
K ause
no
hay
en
el
ondo
de
la
ida
y
de
la
his¬
o ia
de
la
humanidad,
más
que
el
desen ol imien o
p og e¬
si o
del
p incipio
di ino
de
la
azón
del
homb e,
si
pa a
Ihe ing
no
exis e
o a
cosa,
que
la
ma cha
de
las
ideas
mo¬
ales
suje a
á
una
cie a
a alidad
di ina,
ó
pa a
Blun schli
el
espí i u
de
la
humanidad,
en
los
o ganismos
i os
del
Es ado,
en
pos
de
un
pe eccionamien o
ideal
en
el
es ado
uni e sal,
cla o
es á,
que
á
pesa
de
sus
ala des
y
p o es as
de
ha mo¬
nía,
lo
que,
al
in
y
al
cabo,
se
sanciona
po
ellos,
es,
que
en
el
ondo
de
la
ida,
sólo
se
egis a
un
p incipio
biológico
y
e olu i o,
que
muda
y
cambia,
y
po
lo
mismo,
el
De echo
ha
de
expe imen a ,
al
pa
que
él,
igual
ans o mación.
Pe o
si
en
los
sis emas
de
que
me
engo
ocupando,
se
han
podido
asluci ,
siquie a
sea
líge ísimos
asomos
del
De echo
na u al,
al
en a
ya,
en
el
e eno
del
posi i ismo
mode no,
hemos
de
e
á
es a
ciencia
des anece se,
y
cae
deshecha
y
en uel a
en e
las
uinas
de
los
ó denes
eligioso,
me a ísico
y
mo al.
x n es,
el
juicio
acional,
el
dic amen
lógico
y
los
ele ados
ideales,
se
oman
en
conside ación,
aho a,
la
azón
abdica
y
se
apa a,
pa a
deja
paso,
exclusi amen e,
a
el
hecho
sólo
y
á
la
e olución
a al.
El
posi i ismo
con empo áneo
pa e,
en
e ec o,
de
las
ex¬
p esadas
bases,
y
no
me
e ie o
á
el
que,
como
mé odo
de
in es igación,
se
haya
podido
aplica
á
o as
es e as
cien í¬
icas,
en
donde
indudablemen e,
ha
p oducido
p og esos
in¬
mensos,
que
son
la
admi ación
del
siglo
en
que
i imos,
sino
al
que,
como
sis ema
y
mé odo
se
implan a
y
une
á
la„
ciencia
ju ídica
y
social.
Si
en
Augus o
Com e
encuen a
el
posi i ismo,
algo,
aún,
de
en idad
me a ísica
en
el
De echo,
po
ence a
una
noción
de
absolu o,
ó
una
noción
de
causa,
ob ando
po
sí
y
es¬
pe able
po
sí
misma,
po
más
que,
según
él,
dicha
noción
de
de echo,
deba
desapa ece
en
polí ica,
como
en
iloso ía.
0
—
30
—
debe
exis i
en e
ambos,
en
o den
á
es a
ciencia.
Las
indi-'
naciones
en
uno,
ó
en
o o
sen ido,
son
las
que
han
enido
ma cando
las
di e sas
co ien es
de
su
iloso ía
y
la
exage¬
ación
es,
p ecisamen e,
lo
que
he
a ado
de
comba i ,
po -
(pie
ella
encaminaba,
po
uno,
ii
o o
sende o,
á
el
also
con¬
cep o,
ó
á
la
desapa ición
y
uina
del
De echo
na u al,
o a
el
idealismo
pe diéndose
en
la
abs acción
pu a,
o a
el
ea¬
lismo
dejando
educido
el
De echo
á
la
simple
es e a
de
los
hechos.
Y
así
como
cada
época
ha
ido
o eciendo
onos
más,
ó
menos,
acen uados
en
uno
ó
en
o o
aspec o,
la
ac ual,
á
inclinando
con
exage ación
la
balanza,
en
el
sen ido
ealis a^
lo
mismo
en
es e,
que
en
odos
los
demás
ó denes
de
la
ida,
y
se
necesi a,
po
an o,
á
el
lado
de
esas
co ien es,
igo i¬
za
en
el
o o
sen ido,
los
g andes
ideales
del
se
in eligen e
y
mo al,
pa a
p o oca
la
ni elación
en
odas
sus
endencias.
Con
es a
doc ina
conciliado a,
en iendo,
asimismo,
que
se
ha monizan
con
el
elemen o
inmu able
del
De echo,
sin
con undi se
con
él,
los
aspec os
biológico
y
e olu i o
y
el
posi i o
é
his ó ico.
Ll
biológico,
que
an o
.se
a ana,
hoy,
la
ciencia
en
hace
e.sal a ,
se
le
ha
econocido
á
el
De echo,
al
concede
que
muda
y
cambia
ealizado
en
los
hechos.
Pe o
pa a
e i a
al¬
sas
ap eciaciones
se
ha
dicho
ambién,
que
si
el
De echo
á
siguiendo
á
el
homb e
en
oda
la
e olución
y
desen ol i¬
mien o
de
su
sei’
y
ac i idad,
y
pa ece
que,
po
lo
mismo,
ie¬
ne
ida,
en
ealidad
no
es
así.
Quien
iene
ida
es
el
suje o
ju ídico,
es
la
humanidad.
V
de
la
misma
mane a,
que
el
su¬
pues o
humano
ep esen a
la
sín esis
ha mónica
del
cue po
el
alma,
siendo
el
espí i u
o ma
sus ancial
de
aquél,
así
ambién,
el
hecho
humano,
in o mado
po
el
De echo
na u¬
al,
c ea
o o
supues o,
en
el
que
se
enlazan
ha mónicamen¬
e,
sin
con undi se
en
una
misma
cosa,
como
el
hegelianismo
y
el
posi i ismo
quie en,
el
p incipio
acional
y
el
hecho,
cons i uyendo
ese
p incipio
la
elación
jus a,
que
á
el
caso
co esponde.
Esa
elación,
en
su
na u aleza,
en
su
ondo
y

—
31
—
llenándola
misión
ni elado a
y
de
p opo cionalidad,
que
pide
la
jus icia,
no
muda,
ni
cambia
y
lo
que
a
expe imen ando
modi icación,
de
un
modo
con inuo
y
p og esi o,
es
la
ac i¬
idad
humana,
la
cual,
al
i
en
su
ma cha,
indi idualizando
y
conc e ando
el
p ecep o
ju ídico,
o ece
un
cie o
aspec o
de
mo imien o
y
ida,
que
bien
puede
denomina se
el
sen¬
ido
biológico
de
aquél.
Ese
p incipio
del
De echo
ambién
se
conciba
y
explica
en
unión
con
el
De echo
posi i o
é
his ó ico,
sin
incu i
en
el
dualismo
que
se
deja
censu ado
al
habla
de
la
escuela
abs¬
ac a.
El
De echo
posi i o,
es
sabido,
que
en
su
adicional
y
genuino
concep o
ep esen a
el
De echo
o mulado
ó
a¬
ducido,
bien
po
leyes
emanadas
del
pode
cons i uido,
bien
])o
cos umb es
y
p ác icas
cons an es
de*
los
pueblos.
Y
no
siendo
el
De echo
más
que
uno
en
su
esencia,
es
e iden e,
que
lo.que
se
quie e
y
a a
de
o mula ,
ó
aduci ,
po
aquél
y
és as,
es
el
De echo
na u al
mismo.
V
po
úl imo,
la
in a iabilidad,
de
una
pa e,
y
el
conce¬
bi ,
en
o o
sen ido,
el
De echo,
como
o ganismo
de
p inci¬
pios
y
elaciones,
á
que
debe
esponde ,
ielmen e,
el
sis e¬
ma
gene al
de
la
ida
humana,
en
su
ma cha,
con inua
á
el
bien,
hacen,
que
en
conclusión,
se
pueda
conside a
el
De¬
echo
na u al,
como
el
ideal
cien í ico.
Si
supusiésemos,
po
un
momen o,
á
el
ilóso o
ó
á
el
legislado ,
do ados
de
la
in ui¬
ción
necesa ia,
pa a
pene a
en
el
ondo
de
cada
hecho
ju¬
ídico
de
la
ida,
has a
el
pun o,
de
que
pudiesen
e ,
con
en e a
cla idad,
cuál
e a
la
adap ación,
en e amen e
jus a,
que
el
De echo
señalaba
en
aquel
caso,
en onces
se
pod ía
sos ene ,
que
uno
y
o o
habían
llegado
á
la
me a
de
la
ciencia.
De
hecho
no
sucede
así;
y
lo
mismo
el
legislado
que
el
ilóso o,
pa iendo
de
bases,
que
son
e iden es
y
cla as,
pe ¬
siguen
en
ese
inago able
ondo
de
los
p incipios
acionales
y
de
la
ida
misma,
el
mayo
acie o
posible,
en
pos
siem]) e
de
ese
ideal,
que
la
men e
concibe.
Se
ha
dicho,
ci ando
un
—
32
—
ejemplo,
en
el
ondo
del
má mol,
liay
siemp e
delineada
uníi
pe ec a
eslálua,
allí,,
a
el
génio
del
a is a
á
busca la;
y
yo
di é,
á
mi
ez,
y
pa a
conclui ,
en
el
ondo
de
la
ida
hu¬
mana,
es á
admi ablemen e
delineado,
po
la
mano
de
Dios
el
De echo
na u al,
llega
á
conoce
esos
delicadísimos
con¬
o nos,
ese
es,
el
abajo
de
la
ciencia.
He
e minado
Excmo.
S .
Mucho
sien o
habe
moles ado,
po
an o
iempo,
ues a
gene osa
a ención,
con
es e
modes¬
o
es ue zo,
an
escaso
de
alía
y
de
mé i o,
lie
p ocu ado,
sin
emba go,
inspi a me
en
la
b illan e
senda,
que
han
dejado
azada
mis
p edeceso es;
po
eso,
lo
que
encon éis
bueno
y
acep able
en
es a
o ación,
no
m(i,pe cnecc
á
mí,
es
de
ellos.
Lo
demás
como
ob a
mía,
con i ma
los
p esagios
somb íos,
deque
hablaba
á
el
p incipio,
y
sólo
hab á
de
o ece
á
ues o
ilus¬
ado
y
compe en e
juicio,
de iciencias,
inexac i udes,
ó
pun¬
os
emb iona ios.
Mas,
yo
es oy
bien
cie o,
que
es o,
(|uc
nada
ale,
en
sí,
al
cae
en
el
amplísimo
y
ecundo
campo
de
ues os
conocimien os,
hab á
de
oca se,
lo
de icien e
y
e óneo,
en
a o
luminoso
de
sabidu ía
y
cul u a,
y
lo
em¬
b iona io
en
á bol
gigan esco
de
ciencia,
que
da á
á
odos
icos
y
sazonados
u os.
Un
momen o
más.
Es e
es
pa a
oso os,
jó enes
alumnos,
que
acudís
á
es e
sag ado
ecin o,
á idos
de
nue os
conoci¬
mien os
en
las
dis in as
amas
del
sabe
humano.
Me
he
ocu¬
pado
del
De echo
na u al,
y
si
es
ley
que
lle amos
g abada
en
la
conciencia,
y
nos
aza
el
cí culo
de
nues os
debe es,
no
hay
duda
alguna
que,
de
él,
se
desp enden,
ambién,
p o echosas
enseñanzas
pa a
oso os.
Él
empieza
po
con¬
side a nos
se es
in eligen es,
llamados
á
cul i a
an
p ecia¬
do
a ibu o,
en
los
ó denes
de
la
ciencia,
de
es e
iquísimo
eso o,
que
ienen
amon onando
las
gene aciones
y
los
si¬
glos,
y
que
eliz
aquel,
que
ha
podido
allega ,
algún
con in¬
gen e,
pa a
su
c ecimien o,
que
su
nomb e
lo
epe i á
la
His o ia
con
aplausos,
después
de
ceñi
su
en e
con
la
au¬
eola
de
la
glo ia.
Somos
se es
de
olun ad,
añade,
mas
es
necesa io
que
esla
olunlad,
iluminada
sieuij) e
po
la
luz
de
la
azón,
y
o alecida
y
emplada
á
el
yunque,
de
la
cons¬
ancia,
del
hábi o
y
del
abajo,
llegue,
así,
á
su
mayo
apo¬
geo,
y
á
su
más
legí ima
conquis a,
que
es
la
p ác ica
del-
bien,
p enda
segu a,
pa a
el
homb e,
de
su
enal ecimien o
mo al.
Y
no
lo
dudéis,
an
p eciados
dones
son
los
g andes
eso es
que
os
ab i án
las
sendas
del
po eni ,
y
las
a mas
pode osas,
que,
esg imidas
en
las
luchas
agi adas
de
la
ida,
os
asegu a án
el
iun o,
Y,
allá,
cuando
alejados
de
las
ho¬
as
bulliciosas
de
la
ju en ud,
lleguéis
á
o as
más
se enas,
en
las
que,
es
más
ecuen e,
se
epliegue
el
espí i u
sob e
sí
mismo,
y
dueños
del
bienes a
posible,
mo al
y
ma e ial,
que
an
aliosos
imb es
p opo cionan,
olyais
la
mi ada
á
el
camino
eco ido,
no
pod éis
menos
de
bendeci ,
con
ine¬
able
júbilo,
los
a anes
y
des elos
de
es os
dias,
así
como
ambién,
á
los
que
supie on
g aba
en
ues o
co azón
an
sal ado as
huellas,
y
muy
especialmen e,
á
es e
augus o
Templo,
que
odos
ene amos,
en
donde
habéis
aspi ado
las
bené icas
áu as
de
la
ciencia,
de
es a
sabia
egene ado a,
que
an o
digni ica
y
eng andece
á
el
homb e.
He
dicho.