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Discurso leído en la solemne apertura del curso académico de 1889 á 1890 en la Universidad Literaria de Granada

Peña y Entrala, Pablo

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DISCURSO LEÍDO EN LA SOLEMNE APERTURA DEL CURSO ACADÉMICO DE GRANADA POR EL DOCTOR ©OM PABLO PEÑA Y EMTRALA CATEDRÁTICO DE LA FACULTAD DE DERECHO GHANAOA IMPRENTA DE INDALECIO VENTORA 1889. I j s ley cons an e en el o den de la ealidad y de la ida, la (le la a iedad y el con as e, po eso, á los esplando es del día, suceden las densas inieblas de la noche, y á los glacia¬ les íos del in ie no, los a do osos ayos del es ío, y dicha no ma y egula idad, no había de al a , po an o, en es as solemnidades uni e si a ias. Si en años an e io es habéis po¬ dido admi a , aquí, las b illan es luces del sabe , y los he ¬ mosos esplando es del genio, en es e, po el u no de Fa¬ cul ades, y po la designación de nues o muy espe able Je e, an hon osa pa a mí, como digna de g a i ud inmensa, _os oca es a sumidos, po desdicha, en las oscu as sombias de la noche. Si a, sin emba go, de ali io, la conside ación, de que el iempo anscu e, las cosas cambian, y en los años sucesi os, ol e á á enace en o os labios, más compe en¬ es que los míos, ese sol pu ísimo del sabe y del genio, que en es e, apa ece en u biado y oscu ecido con las nubes de mi insu iciencia. Y no, en ano, in oco es os ecue dos y hago es as conside aciones, pues ese pasado an ico y espléndido, de que ha enido haciendo gala es e Claus o uni e si a io y el po eni que anuncio, o man,^pai'a mí, en es os sup emos Jus an es, b illan ísimo opaje, con el que quie o en ol e y — 2 — cub i , an e oso os, mi pequenez y mis'de icien es medios. Y al in oca el pasado, cla o es á, que no he de deja en el ol ido á los que ue on que idísimos maes os míos, cuyas sabias enseñanzas se án, pa a mí, siemp e depósi o ene ando y sag ado. Es de lamen a la pé dida de la casi o alidad de an escl H’ecidos p o eso es, pe o si, po desg acia, deja on de exis i , i e y i i á siemp e en los que uimos discípulos, el ecue do de sus p o echosas lecciones, unido á un sen i¬ mien o p o undo de adhesión y de espe o. Debo hace espe¬ cial mención de uno de aquellos, con el que me han ligado y ligan más es echos ínculos de co dialidad y a ec o, y el cual, po azón de su ele ado ca go, se encuen a ac ualmen¬ e lejos de noso os, el Exemo. S . D. Nicolás de Paso y Del¬ gado, que en las al as egiones del sabe ue siemp e as o de p ime a magni ud, con luz e ulgen e y p opia, y po lo mismo, de igual modo que b illó en e noso os, sigue y se¬ gui á b illando allí donde le coloque el des ino. Yo me com- plazco en ibu a á odos, desde es e ele ado pues o, la o en¬ da más pu a de g a i ud y de ca iño. Pe o si es ley cons an e la de la a iedad y el con as e, lambién lo es, é indeclinable, la de la unidad y la ha monía, y yo, en su i ud, me sien o iden i icado con los ilus ados ]) o eso es que me han p ecedido, en el e o y en usiasmo [)o de ende es a ibuna de hono , y en pone á con ibu¬ ción odos mis es ue zos y medios, aunque escasos, pa a el mejo desempeño de an hon oso enca go. Quisie a es a ado nado de las aliosas condiciones de ilus¬ ación y galanu a, de que han dado galla da mues a, los dignísimos indi iduos de es e Claus o, en casos análogos, jia a sali an ai oso como ellos; mas en la imposibilidad de alcanza lo, me da é po con en o, si al in y al cabo consigo, (pie, si no la plena noche de que os hablaba al p incipio, po¬ dáis, siíjuie a, islumb a en es e modes o y desaliñado a¬ bajo, la luz c epuscula . >a eis cuan os í ulos y azones me asis en pa a solici a — 3 — ues a más amplia indulgencia, y segu o de su o o gamien¬ o, po se an noble y gene oso impulso, p enda inequí oca del sabe y la cul u a, paso á inicia os los p opósi os que me animan. la elección y desen ol imien o de un ema, cualquie a que sea el e eno cien í ico en que nos coloquemos, y el pun o de is a que se adop e, o ece se ias di icul ades y al¬ os escollos en los iempos ac uales. Nos hallamos en una época de uda y empeñada polémica en lodo el dila ado campo del sabe humano, en donde pa ece se han dado ci a, pa a lucha sin egua, los sis emas mas a anzados y a e i¬ dos, los más opues os y con adic o ios. Como dice un no a¬ ble esc i o , la época ac ual o ece, como isonomía p opia, la de habe se impues o la espinosa a ea de educi á análi¬ sis, odas las ideas, en las que la humanidad enía descan¬ sando anquila, an o en los ó denes de la ma e ia y de la ida, como en lo ela i o á c eencias mo ales, sociales y e¬ ligiosas. Y es que desde el momen o en que se cimen ó odo el edi icio cien í ico sob e la duda, y el pensamien o luimano, conside ándose como única ealidad, se emancipó de oda c eencia eligiosa, de oda e elación di ina y adición cons¬ an e, ompiendo, á la ez, el nexo ha mónico en e Dios y el homb e, el espí i u y la ma e ia, la idea, sin ley y sin eno, se emon ó po la escala de lo imagina io y an ás ico, has a pe de se en las egiones de la abs acción pu a, desde cuya al u a lle ó su osadía ’y sobe bia, has a el pun o de nega oda o a ealidad y exis encia; y la ma e ia, en o o sen ido, suje a exclusi amen e, á la obse ación y examen de lo le- — 4 — oiiienal y analí ico, ha llegado po an escab osa pendien e, á des anece se, asimismo, en los oscu os, é incomp ensibles an os de lo inconscien e, desde cuyo pun o, se conside a, á sn ez, como hipo é ico y g a ui o, odo cuan o se elaciona y enlaza con el mundo me a ísico, ideal y abs ac o. Así se explica, que habiendo anscendido alas di e en es, es e as de la ciencia, an opues os c i e ios ilosó icos, es én dando po esul ado, ese adicalismo ex emo de doc inas, (jue luchan y con ienden ya en el mismo o den de la Filoso¬ ía, donde se puede deci , que es, hoy, más c uda y acen¬ uada que nunca, la sempi e na lucha en e el espi i ualismo y el ma e ialismo, ya en el o den de la mo al y del de echo, en cuyas es e as se eco e, desde el de e minismo incons¬ cien e, has a la libe ad absolu a, ya, po úl imo, en los es a¬ dos sociales, en los que se sus en a y de iende, lo mismo el indi idualismo a omís ico, que el socialismo pu o. Si á es o unimos, los c i e ios emplados, los eclec icismos que se o ¬ jan, las mil combinaciones que se c ean, en el seno de las indicadas endencias, e emos el cuad o gene al, que nos o ece la ciencia mode na, en donde es án campeando, á la ^ez, esa in ini a a iedad de c i e ios, que es, en e dad, penoso, segui y pene a has a en sus úl imas mani es acio¬ nes y de alles. Po eso, hoy más que nunca, se puede deci con Kan , que al coloca se en el dila adísimo campo de la Filoso ía, se hace indispensable, desde luego, o ien a el espí i u, pa a no ex a ia se, en medio de an a iadas y con apues as en¬ dencias. F"l que o a cosa hicie e, co e ía, cie amen e, el iesgo de e se, lo mismo que se e ía una débil ba quilla lanzada en medio de los ma es, donde sin umbo y sin o ien¬ ación ija, quedase expues a á los emba es cap ichosos de los ien os. Que iendo e i a esos escollos, y ija mi a ención en los p esen es momen os, en el es ado de la ciencia ju ídica, o ien¬ o el espí i u en medio del agi adísimo oleaje que p esen a. y di ijo la mi ada á un aspec o ó pun o de la misma, que conside o impo an e y de anscendencia suma, po se á el que, indudablemen e, ienen á pa a las más opues as co¬ ien es de su Filoso ía, y en el que, po lo mismo, apa ece, boy, más canden e y uda la ba alla. Me eíie o á la «Inmu¬ abilidad del De echo Na u al», que es el ema que me p o¬ pongo desen ol e en es e ac o. No es el De echo Na u al, como es sabido, ciencia sepa a¬ da y dis in a de la Filoso ía gene al, an es bien se la debe conside a , como una de sus impo an es amas, de donde se desp ende, que el sis ema ó c i e io que se adop e, y sus en¬ e en la úl ima, se ha de deja sen i , pode osamen e, en los p incipios y o ganismo de aquél. Po es o ha dicho, con acie ¬ o, un dis inguido esc i o , désenos la c eencia que se ab i¬ gue ce ca de Dios, del mundo y del homb e, y end emos explicada la legislación de un pueblo. El De echo, pues, enla¬ zado con la ciencia en gene al y o mando una desús amas, liene en ella, en e ec o, un pues o y luga de inido y p opio. Se con ae á es udia á el homb e en el ele ado aspec o de su ida mo al elacionada con el al ísimo in que le es á asig¬ nado. Po es o, el De echo a ec a, undamen almen e, los ca¬ ac e es de ciencia an opológica, mo al y social, sin se nin¬ guna de es as especiales disciplinas y mani es aciones del sabe humano, ni con undi se con ellas. No es la an opolo¬ gía, |)o que no á á es udia á el se humano, en sí mismo. — 6 — pe o sí le ecoge en oda su pleni ud ó unidad in eg al, pa a pone en elación su esencia y na u aleza p opia, con el bien (|ue le es conna u al. No es ampoco la mo al misma, po que aun cuando en ella encuen e su uen e capi al y sus de i a¬ ciones p imo diales, se dis inguen, sin emba go, de concep o, po las sendas y de o e os di e sos, que adop an, uniéndose después en un mismo in, que es el bien humano. Así, ambas ciencias se compene an y enlazan y cons i uyen unidas, la plena egulación y no ma de oda la ac i idad lib e del liom- Í) e. Tampoco es el De echo la sociología, p opiamen e dicha, y, sin emba go, de la sociedad misma pa e, iéndola como el o ganismo sup emo de la ida humana, y el medio na u al donde el homb e se desen uel e y pe ecciona en odas sus mani es aciones y endencias, hacia el bien que le es p i a i o. Y en lo ocan e á esas inspi aciones y c eencias, ace ca de Dios, del mundo y del homb e, an indispensables, según se expone, pa a el escla ecimien o de la ciencia ju ídica, ade¬ lan a é ambién la idea, como base de c i e io, de que no las l) opo ciona, pie amen e, pa a sus en a el ema, el acio¬ nalismo, ni el posi i ismo mode no, (|uc solo encuen an en esas al as egiones del se y de la ida aguedades y som¬ b as, sino el c is ianismo ca ólico, cuyas sanas doc inas, apoyadas en la e elación di ina, a es iguadas ambién po los siglos, y en modo alguno o])ues as á la azón, p esen an á el homb e en oda sn g andeza mo al, señalando sus al¬ os o ígenes, su esencial idad p opia y sus glo iosos des¬ inos. El De echo na u al con emplado á la luz de es a doc ina y con a eglo á los p incipios expues os, es inmu able en su esencia, y mudable sólo en su ealización y aplicación con¬ c e a á los hechos de la ida. Es a inmu alidad esencial del De echo, encuen a su com¬ p obación, en las conside aciones que se hacen con ocasión del o den uni e sal de las cosas y de la na u aleza humana. Con e ec o, el ma a illoso o den del Uni e so no puede me- nos de lle a el pensamien o humano á la con icción y c eencia de una p ime a causa, absolu a en su se y en su in eligencia. Mas ese o den y los se es que lo ealizan, no hubie an podido ene exis encia, si el c eado no con em¬ plase, desde luego, en sí, como en su a que ipo, las esencias de odos los se es y la ac uación de los mismos, con elación á un in. Unidas indisolublemen e en Dios las ideas de esen¬ cia y de in, cada cosa hab á de con ene necesa iamen e aquel, pa a que ué c eada, y la impulsión adecuada pa a en¬ camina se á él, y en el admi able encadenamien o de enden¬ cias y ines, bácia uno sup emo, es iba ese o den uni e sal, que se con empla. Es a idea del o den, ep esen ado en la men e di ina, y el que, como p ede e minación sup ema, han de gua da odas las c ia u as exis en es y posibles, cons i¬ uye e e na ley, que es an inmu able como la esencia y el in sob e que se unda, y ep esen a, en suma, la misma esencia di ina, como a que ipo y como no ma de lo que es y j)uede se . Es a ley inmu able y e e na la p ime a en el o den on o- lógico y de inida po San o Tomás diciendo: Ralis di inw sapien ioe secundum quod es di ec i a omnium ac uum el molionum, puede conside a se, bien en cuan o exis e en Dios, como sup ema causa, bien en cuan o se hace mani ies a á el homb e po la luz y la ue za de su azón, con aplicación especial y di ec a á el o den que debe eina en su ida. En al sen ido, denomínasele ley na u al, y el conjun o ha mónico de |) incipios que con iene y ab aza, o ma, en su peculia con enido, el De echo na u al, que, así en endido, aleja los alsos concep os, que se han o mado del mismo. Así es, que no se in oca aquí el De echo na u al, como exp esión de la acul ad de hace odo lo que pida el ins¬ in o, según se en endió po Ulpiano en la ju isp udencia omana, y se ha en endido ambién, mode namen e, po al¬ gunas escuelas sensualis as y u ili a ias, ni ampoco se ha de con empla en él, el concep o di ulgado en la eo ía de — 14 — po que, o a unas, llegan en sus consecuencias, á es ablece un cie o dualismo ju ídico, en eoí De echo na u al y el posi i o, ompiendo, así, la unidad esencial, que debe exis¬ i en e ambos, y conside ándolos, como si mili asen en campos dis in os; o a, o as, acaban po nega , en absolu o la ealidad y exis encia del De echo na u al; o a, po úl i¬ mo, las del e ce o, después de con undi el De echo na u¬ al y el posi i o, lo en egan, ya uni icado, á la mo ilidad cons an e de una e olución. Y como quie a que odas es as doc inas po uno, ú o o sende o, llegan en de ini i a, ó á des igu a el De echo na u al, ó á desconoce lo, y en odo caso á nega su esencial idad p opia, de ahí la necesidad de some e las, aunque lige amen e y en cuan o bas e, á un examen c í ico, pa a e , si es que, en ealidad, en e ese e uel o oleaje de las eo ías opues as, laquea y se hunde nues o p incipio, ó si se man iene á lo e. La escuela ilosó ico abs ac a ha es ablecido, en e ec o, un c i e io dualis a, al señala una sepa ación en e el De echo na u al y el posi i o, como si, en ealidad, uesen esencial¬ men e dis in os. Es a eo ía, é el De echo na u al, como un l) incipio desp endido del concep o abs ac o de la pe sona¬ lidad humana, y es, no sólo inmu able y ígido, como ella, sino ambién, igual é idén ico siemp e, y po lo mismo, con aplicación o mal idén ica á odos los casos, sin conside a¬ ción á pe sonas, luga es, ni iempos. Po el con a io el De¬ echo posi i o, mudable en esencia, es el que se ealiza y cumple en la ida, y adolece, po consiguien e, de odas las impe ecciones y es a íos de la ealidad. Po eso su misión es la de i se ajus ando, á aquél , que lo con empla como un ideal, en an o en cuan o lo pe mi a, de un lado, la de icien¬ cia y limi ación humana, y de o o, su p og esi o desen¬ ol imien o. Han con ibuido, más especialmen e, á es a exage ada endencia, aun cuando pa iendo de pun os de is a dis in os, las escuelas de Rousseau, Kan y Fich e. Rousseau con su hi- pó esis del oslado de na u aleza en el homb e, quiso descu- l) i , en él, sus de echos absolu os, que se han cali icado después, po algunos ecléc icos anceses, con la pomposa denominación de «los de echos del homb e» los que como p imi i os y na u ales po esencia, es aban po encima de odo pode social y oda ley posi i a, engend ando así, los concep os pu amen e abs ac os de la pe sonalidad, la libe ¬ ad, la igualdad, los que po habe se que ido lle a á la ealidad, con la misma abs acción con que es án concebidos, lian dado má gen á as o nos iolen os, y pas o y ida, á o os sis emas sociales, donde campea y se deja lle a la imaginación y la u opia, desde el indi idualismo egoisla, has a el cosmopoli ismo uni e sal. Kan , Fichle y sus secuaces, iden i lcados con el an e io en algunos pun os, pa en, sin emba go, de un p incipio subje i o, y en la azón humana, uen e única de oda e ¬ dad, y de odo de echo, y con el in de no con adeci el p opio pensamien o y la azón indi idual, a i man, que el undamen o único de lodo de echo, es á en la pe sonalidad humana, sin conside ación á las di e encias, que pueda ha¬ be en el homb e, como indi idualidad conc e a, po no lle¬ a las consigo las ca ego ías lógicas, admi iendo sólo, como e dade os de echos, los que se desp enden de la idea pu a, gene al y abs ac a del se humano. Y como quie a que los ca ac e es esenciales del homb e, son iguales é inmu ables, así ambién son iguales é inmu ables sus de echos, y se deben econoce y aplica con igu osa igualdad. G a e censu a me ecen es os sis emas, no solo en cuan o se hace á la azón, no ma única y legislado a de lo jus o, sino ambién, en cuan o á que se es ablece pa a el De echo na u al la limi ada es e a de los de echos, que se desp en¬ den y nacen del concep o pu o y abs ac o de humanidad, sin hace mención alguna de aquellos que le co espondan y adquie a como indi idualidad conc e a, á la que an ane¬ jas odas las modalidades y los acciden es del se humano, — 16 — que in oducen la desigualdad eal en odos ellos, y cuyas desigualdades son an na u ales, como el se mismo. Es, pues, un concep o de icien e, que deja educida la ciencia á una me a abs acción y á un campo es echísimo, po no e¬ conoce o os de echos esenciales é inmu ables, que los que su gen acionalmen e del concep o ideal, y abs ac o de la pe sonalidad humana, dejando pa a el De echo posi i o es¬ ablece la coexis encia posible de las libe ades de odos, con a eglo á o o p incipio abs ac o, que, es la ley uni e sal de la libe ad. Es sis ema, és e^ que lle ado á sus úl imas con¬ secuencias, no ha podido menos de conduci y guia á e¬ sul ados unes os, es ableciendo en de ini i a el eino de la a bi a iedad. Conside ado el De echo, como el o malismo pu o de la coexis encia de las libe ades ex e nas, que en sus ilimi adas endencias, chocan y pugnan, queda án en ega¬ das esas libe ades, á la a bi a iedad del Es ado, así como el ue o in e no, sin o a ley, ni no ma, que el impe a i o ca egó ico, queda á ambión en egado á la a bi a iedad mo al. a lo exp esa con su na u al agudeza el publicis a S alil, demos ando que la libe ad, conside ada como p in¬ cipio del De echo, conduce lógicamen e al despo ismo y á la ana quía, y dice á es e p opósi o, «la abs acción debe a e¬ ne se á dos pos ulados como base del De echo, la libe ad del indi iduo, y una ley de la azón pu a que la limi e. Po es o, es as bases son inconciliables en e sí. Si la ley acional es p incipio de la deducción, excluye la libe ad, y si la libe ¬ ad humana es p incipio, no su e limi ación'alguna. No queda, pues, sino elegi , en e el despo ismo lógico y el a ¬ bi io indi idual». Es os esul ados los ha indicado ambién ^ogliolo con es as compendiosas y exp esi as ases; «Se comenzó con la apo eosis de la azón pu a, y se acabó con la sang e de una gue a ci il. La calma de la dialéc ica lógica, acabo po da ené ico mo imien o á la guillo ina». o an, po consiguien e, los que sos ienen el dualismo juiRico, dejando el De echo acional educido, á la simple — 17 — es e a de la absl accion, en donde solo pueda con empla se, el concep o pu o é ideal de la pe sonalidad humana, como único cen o p oduc o de los de echos del homb e. No es es e, p opiamen e, el De echo na u al, el que si se ha hecho sospechoso de idealismo, debido es, á aquellos ilóso os, que no supie on man ene el De echo en su unidad esencial y en su iden idad cons an e, o a se le concep úe abs aído de la ealidad, o a se le mi e en su ealización con inua en el o ¬ den de la ida, en cuyo o den, no puede menos de es a cons i uyendo la ley in e na é inmu able de la conduc a hu¬ mana. Mal pueden asen i , ampoco, á la inmu abilidad del De¬ echo na u al los ilóso os, que empiezan po nega lo, no que iendo, po an o, econoce o a ley, ni o o de echo, que aquel que emana de los pode es cons i uidos en el Es ado. Es os p ecep os ienen que se , na u almen e, mu¬ dables, po que se han de subo dina á una causa, que es ambién mudable, como el p incipio egois a, ya del placei* sensible, ya de la u ilidad y el in e és. Y si no, eámoslo. La eo ía del egoísmo, del place sensible y del p incipio de la ue za de Ilobbes y Hel ecio, sos iene, que el egoísmo y la aspi ación á los bienes sensibles, son los g andes mó iles y eso es, que impulsan á el homb e en la senda de la ida. Conside ado en un es ado na u al, odo lo desea, odo lo am¬ biciona, y como no es posible que es a ilimi ada endencia sea ealizada po la gene alidad de los indi iduos, en las mismas cosas y obje os, que la na u aleza o ece, de ahí, que se enga, po necesidad y na u almen e, á un es ado de lucha, y de ue za. Pe o, á la ez, el homb e es á do ado del ins in o de conse ación, y como esa gue a con inua aniqui- — 18 — la ía la especie humana, se comp endió ambién la necesidad de un es ado social, en donde, bajo el impe io y ue za de la ley, se pusiese eno y coo dinación á las aspi aciones indi i¬ duales y egoís as. Es as doc inas dellobbesy Hel ecio, undando la jus icia en el egoísmo y en el in e és del más ue e, combinada con la de la simpa ía de Adam Smi h, son, á no duda lo, las dos g andes bases, (pie han dado ida, á el u ili a ismo de nues¬ os iempos, el cual en sus desen ol imien os y p og esos, a a de concilia sus p incipios en una ciencia social. Bcn - ham sin e izó ki pensamien o en es as palab as, « dadme el place y el dolo y yo c ea é el mundo mo al y p oduci é odas las i udes». En e ec o, sin o os elemen os que el place y el dolo , y sin o a egla que el cálculo ma emá ico de las u ilidades, echó los cimien os de odo el u ili a ismo mode no, pe se¬ guido de úl imo es ado, con el ca ác e de nue a ciencia so¬ cial, po S ua Mili, Spcnce , Maine, O ó e, Lesliecon o os economis a^'y ilóso os pa ida ios del posi i ismo con cmpo- laneo. Funda sob e la base del in e és, odo lo que acio¬ nalmen e iene undado sob e el desin e és, pedi á la pu a ¡dea de lo ú il, una ciencia mo al nue a, un de echo nue o y has a una eligión nue a, es el g an p oblema del día den¬ o de ese sis ema. Comenzando po el egoísmo más e inado y asociando es a ¡dea á la de la simpa ía po los demás, que pe siguen el mismo in e és, se ha llegado en de ini i a á is¬ lumb a , el concep o más ámplio, noble y gene oso de la a e nidad humana; pe o que al in y al cabo, si bien se con empla, no aspasan esos ele ados impulsos, los linde os c una ca idad, an bien o denada, que empieza acaba en nno mismo. } aho a bien. ¿Den o de esas eo ías ma e ialis as y u ili- aiias, podemos encon a el De echo na u al en su genuino concep o, con el a ibu o de la inmu abilidad que le acom¬ paña.^ En el sis ema del egoismo, de la ue za y en e| o ga- — 19 — nismo mecánico que se es ablece con ella, donde lodo se concen a y eúne en el pode au o i a io y disc ecional del Es ado, no busquemos el De echo na u al, con su pode mo al y sus i) incipios e e nos. El De echo no es, en ales c eacio¬ nes, o a cosa, que el g an dique, que se opone á lodos los egoísmos indi iduales, y á la ue za pode osa y a asallado a de odas las codicias y concupiscencias humanas. Ya Beulham lo dijo, la ley na u al y el De echo na u al son simples me¬ á o as; sólo hay na u al en el homb e sus inclinaciones y sus ins in os, y p ecisamen e, el De echo se ha es ablecido pa a en ena los, así como pa a con ene aquellas, cuyos desbo ¬ damien os llega ían has a el aniquilamien o humano. Y, es cla o, que si en el ondo de odo, no se sien e, ni palpi a o a idea, que la del place sensible, la del in e és mezquino, ó la de la u ilidad egois a, no es posible que esul e concilia¬ ble, ni con la ley mo al, ni con el o ganismo del De echo na u al, conside ado en su sen ido p opio, el cual po encima de esos ma e ialismos g ose os, se emon a en busca de ines más acionales y dignos. Además, un sis ema undado en el place sensible, que es dé suyo o nadizo, ugaz y pasaje o, de ap eciación subje i a, indi idual y egois a, no p esen a báse obje i a indes uc ible y sólida, pa a hace descansa , sob e ella, el o den del De echo; de ahí es, que es e se e¬ ugie en la ue za ma e ial del ])ode , pa a se , linicamenle, p ecep o disc ecional y acomoda icio, y po lo an o muda¬ ble, con el in de i lo adap ando á la ocnsión y á las exigen¬ cias del momen o. El sis ema de la u ilidad, sin emba go, sacándolo de la base íluc uanle y mo ediza del in e és ma e ial y de los mol¬ des es echos y egoís as en que lo coloca on sus iniciado es, j)a a asigna á la u ilidad un concep o másámplio, en donde no solo u iesen cabida las inclinaciones y endencias del se sensi i o, sino ambién las del se mo al é in eligen e, en donde se comp endie a oda idea de bien, como ealización de una, ó a ias endencias de la na u aleza humana, cuyo — 20 — bien, cualquie aque se con emplase, se ía siemp e ú il, como medio adecuado de consegui el bien inal, en onces, no apa¬ ece ía an sospechosa y digna de censu a la exp esada eo¬ ía, y la u ilidad así en endida, se concilia ia, pe ec amen e, con la idea del De echo, que, al in y al cabo, ep esen a, en lino de sus más impo an es aspec os, el sis ema del bien, como no ma de la conduc a humana. Y si, po o a pa e, la eo ía de la ue za, en ez de signi ica la ue za ísica, que des¬ pliega el indi iduo en busca de la sa is acción de las nece¬ sidades sensibles, concebimos la ue za mo al, que lle a, en sí, su na u aleza en odas sus mani es aciones hacia el bien, p esen a á, asimismo, es e sis ema, lado de endible, po que, p ecisamen e, en esas ene gías mo ales del se humano, y como inhe en e á ellas, se encuen a el De echo na u al con su inmu able esencia. La abso ción del De echo na u al en el De echo his ó ico- posi i o, puede deci se que la inician, los sis emas acionalis¬ as on ológicos del ma e ialismo de Spinoza, del na u alismo de Schelling, y del idealismo de Ilcgel. El p ime o pa ien¬ do de la sus ancia única, del p incipio de la ue za y del ogoismo, como los an e io es, el segundo del absolu o abs¬ ac o, impe sonal en el que se iden i ican y unen el espí i u y la ma e ia, lo ideal y lo eal, y el e ce o, de la idea, que en su inde e minación absolu a, casi se con unde, en ella, el se y el no se , y la cual en su p oceso dialéc ico, dá causa á oda la ealidad exis en e, como mani es ación del absolu o, po lo que odo lo que es, iene azón de se , y po lo mismo, lo eal es acional y lo acional eal. Es e iden e, que siguiendo es as doc inas, esencialmen e ])anleis as, en las ijue se uni ican y con unden la azón y el hecho,, la Filoso ía y la His o ia, desapa ece en ellas el De¬ echo na u al inmu able y e e no, pa a se sus i uido po un de echo, pu amen e biológico, a al y e olu i o, el que lle a en sus cambios cons an es,-su p opia azón y su p opio con¬ enido. Sin llega á los apun ados ex a íos, pe o en igo osa eacción con a el elemen o ilosó ico del De echo, se p esenló en lid la escuela his ó ica, la que huyendo, po lo mismo, de las abs acciones ilosó icas, buscó como pun o de pa ida y campo de obse ación, la ealidad de la ida de los pue¬ blos, mani es ada en su his o ia. Recogió, como base única la cos umb e, la cual, según ella, nace me ced á la impul¬ sión exponlánea de la ida, sin que los-pueblos en sus p i¬ mi i os es ados de cul u a, se den cuen a de esa labo in e ¬ na, y de esa c eación inconscien e, que pasa después, po o den na u al de desen ol imien o, á la conciencia e leja de esa ida misma. Nacida es a escuela al calo de la polémica, y en pugna con la eo ía ilosóíico-abs ac a, ex emó su c ile io. No quiso e concep os ilosó icos, ni ideales ju ídicos e e nos é inmu¬ ables, sino, sencillamen e, el aspec o mudable que el De e¬ cho p esen a, su giendo de la ida de los pueblos, en o ma consue udina ia. Es e c i e io his ó ico, que si en un sen ido ha aído p o¬ echosas enseñanzas, y ha abie o amplios ho izon es á la ciencia, en o o, es necesa io con esa , que ha p oducido con¬ secuencias unes as, en odo el o den ju ídico, que, como dice S hal, ni el mismo Sa igny p esagia ía. Se empezó po des¬ ca a del De echo el elemen o ilosó ico, pa a ija la a en¬ ción, solamen e, en las e elaciones déla ida, como exp esión de aquél y se acabó po conside a á la ida misma cons i¬ uyendo el De echo. Así pudo deci Le ininie , el De echo es la ida. Po o a pa e, la g an a iedad de cos umb es y legislaciones que se obse aban en los dis in os j)ueblos de la humanidad, se hacía incomp ensible, sin el i me y a- — n — zonado c i e io ilosó ico, y en medio de ese caos del de echo consue udina io y esc i o, se llegó á en ende , que la mejo solución que enía el p oblema, e a, la de econoce la jus¬ icia en odo, aun en aquellas leyes y cos umb es, que apa¬ eciesen más opues as y con adic o ias. Así, ino la escuela his ó ica á coincidi , en una de sus di ecciones, con el p in¬ cipio hegeliano, de que odo lo acional es eal, y odo lo eal acional, con undiendo de es e modo, las imosamen e, p incipios y hechos, y dando o igen de una pa e, á el ex- cep icismo ilosó ico, y de o a, el a alismo ju ídico, engen- d ado , á su ez, de eo ías biológicas y e olu i as, que al- c>anzan esonancia y nomb adla en los ac uales iempos. Si la escuela his ó ica, se hubiese limi ado, como en sus p incipios, á el simple examen de la ma cha de la ida y de los hechos, pa a el mayo escla ecimien o de la ciencia, nada hab ía que obje a en con a de ella; llenaba indudablemen e una misión cien í ica y ep esen aba un p og eso. Pe o p es¬ cindió del elemen o ilosó ico, de la pa e acional é inmu a¬ ble, que acompaña siemp e á el De echo, y en al sen ido, an- dubo descaminada é incie a, y ha p o ocado las alsas y pelig osas endencias, que se han indicado an es. No es la ida una se ie de enómenos y hechos, sin cohesión, sin lazo y sin con enido acional alguno, así como no la cons i uye ampoco, la simple idea, ó el pensamien o humano. Únase, ])ues, á la ida y á la his o ia el elemen o acional y ilosó¬ ico, queespo su misma esencia inmu able y cons an e, pa a (pie o me, con ella, in eg al y ha mónico conjun o, y da á, como esul an e inal, el c i e io, que es, en mi sen i , más cie o y segu o y el mé odo de indagación más acep able, que p oclama la ciencia. Mas no po es o en iendo, que se le hab á de p es a ascenso á algunos exposi o es, ocados de eclec icismo, (jue, o a edu¬ cados en el seno de la Filoso ía especula i a acionalis a, o a en las endencias de la escuela his ó ica, se anuncian, p o¬ es ando conciliación y ha monía en e ambos elemen os, — 23 — po que, si bien se no a, la condición esencial de la inniula- bilidad del De echo, queda muy mal pa ada en ellos. Si pa a K ause no hay en el ondo de la ida y de la his¬ o ia de la humanidad, más que el desen ol imien o p og e¬ si o del p incipio di ino de la azón del homb e, si pa a Ihe ing no exis e o a cosa, que la ma cha de las ideas mo¬ ales suje a á una cie a a alidad di ina, ó pa a Blun schli el espí i u de la humanidad, en los o ganismos i os del Es ado, en pos de un pe eccionamien o ideal en el es ado uni e sal, cla o es á, que á pesa de sus ala des y p o es as de ha mo¬ nía, lo que, al in y al cabo, se sanciona po ellos, es, que en el ondo de la ida, sólo se egis a un p incipio biológico y e olu i o, que muda y cambia, y po lo mismo, el De echo ha de expe imen a , al pa que él, igual ans o mación. Pe o si en los sis emas de que me engo ocupando, se han podido asluci , siquie a sea líge ísimos asomos del De echo na u al, al en a ya, en el e eno del posi i ismo mode no, hemos de e á es a ciencia des anece se, y cae deshecha y en uel a en e las uinas de los ó denes eligioso, me a ísico y mo al. x n es, el juicio acional, el dic amen lógico y los ele ados ideales, se oman en conside ación, aho a, la azón abdica y se apa a, pa a deja paso, exclusi amen e, a el hecho sólo y á la e olución a al. El posi i ismo con empo áneo pa e, en e ec o, de las ex¬ p esadas bases, y no me e ie o á el que, como mé odo de in es igación, se haya podido aplica á o as es e as cien í¬ icas, en donde indudablemen e, ha p oducido p og esos in¬ mensos, que son la admi ación del siglo en que i imos, sino al que, como sis ema y mé odo se implan a y une á la„ ciencia ju ídica y social. Si en Augus o Com e encuen a el posi i ismo, algo, aún, de en idad me a ísica en el De echo, po ence a una noción de absolu o, ó una noción de causa, ob ando po sí y es¬ pe able po sí misma, po más que, según él, dicha noción de de echo, deba desapa ece en polí ica, como en iloso ía. 0 — 30 — debe exis i en e ambos, en o den á es a ciencia. Las indi-' naciones en uno, ó en o o sen ido, son las que han enido ma cando las di e sas co ien es de su iloso ía y la exage¬ ación es, p ecisamen e, lo que he a ado de comba i , po - (pie ella encaminaba, po uno, ii o o sende o, á el also con¬ cep o, ó á la desapa ición y uina del De echo na u al, o a el idealismo pe diéndose en la abs acción pu a, o a el ea¬ lismo dejando educido el De echo á la simple es e a de los hechos. Y así como cada época ha ido o eciendo onos más, ó menos, acen uados en uno ó en o o aspec o, la ac ual, á inclinando con exage ación la balanza, en el sen ido ealis a^ lo mismo en es e, que en odos los demás ó denes de la ida, y se necesi a, po an o, á el lado de esas co ien es, igo i¬ za en el o o sen ido, los g andes ideales del se in eligen e y mo al, pa a p o oca la ni elación en odas sus endencias. Con es a doc ina conciliado a, en iendo, asimismo, que se ha monizan con el elemen o inmu able del De echo, sin con undi se con él, los aspec os biológico y e olu i o y el posi i o é his ó ico. Ll biológico, que an o .se a ana, hoy, la ciencia en hace e.sal a , se le ha econocido á el De echo, al concede que muda y cambia ealizado en los hechos. Pe o pa a e i a al¬ sas ap eciaciones se ha dicho ambién, que si el De echo á siguiendo á el homb e en oda la e olución y desen ol i¬ mien o de su sei’ y ac i idad, y pa ece que, po lo mismo, ie¬ ne ida, en ealidad no es así. Quien iene ida es el suje o ju ídico, es la humanidad. V de la misma mane a, que el su¬ pues o humano ep esen a la sín esis ha mónica del cue po el alma, siendo el espí i u o ma sus ancial de aquél, así ambién, el hecho humano, in o mado po el De echo na u¬ al, c ea o o supues o, en el que se enlazan ha mónicamen¬ e, sin con undi se en una misma cosa, como el hegelianismo y el posi i ismo quie en, el p incipio acional y el hecho, cons i uyendo ese p incipio la elación jus a, que á el caso co esponde. Esa elación, en su na u aleza, en su ondo y — 31 — llenándola misión ni elado a y de p opo cionalidad, que pide la jus icia, no muda, ni cambia y lo que a expe imen ando modi icación, de un modo con inuo y p og esi o, es la ac i¬ idad humana, la cual, al i en su ma cha, indi idualizando y conc e ando el p ecep o ju ídico, o ece un cie o aspec o de mo imien o y ida, que bien puede denomina se el sen¬ ido biológico de aquél. Ese p incipio del De echo ambién se conciba y explica en unión con el De echo posi i o é his ó ico, sin incu i en el dualismo que se deja censu ado al habla de la escuela abs¬ ac a. El De echo posi i o, es sabido, que en su adicional y genuino concep o ep esen a el De echo o mulado ó a¬ ducido, bien po leyes emanadas del pode cons i uido, bien ])o cos umb es y p ác icas cons an es de* los pueblos. Y no siendo el De echo más que uno en su esencia, es e iden e, que lo.que se quie e y a a de o mula , ó aduci , po aquél y és as, es el De echo na u al mismo. V po úl imo, la in a iabilidad, de una pa e, y el conce¬ bi , en o o sen ido, el De echo, como o ganismo de p inci¬ pios y elaciones, á que debe esponde , ielmen e, el sis e¬ ma gene al de la ida humana, en su ma cha, con inua á el bien, hacen, que en conclusión, se pueda conside a el De¬ echo na u al, como el ideal cien í ico. Si supusiésemos, po un momen o, á el ilóso o ó á el legislado , do ados de la in ui¬ ción necesa ia, pa a pene a en el ondo de cada hecho ju¬ ídico de la ida, has a el pun o, de que pudiesen e , con en e a cla idad, cuál e a la adap ación, en e amen e jus a, que el De echo señalaba en aquel caso, en onces se pod ía sos ene , que uno y o o habían llegado á la me a de la ciencia. De hecho no sucede así; y lo mismo el legislado que el ilóso o, pa iendo de bases, que son e iden es y cla as, pe ¬ siguen en ese inago able ondo de los p incipios acionales y de la ida misma, el mayo acie o posible, en pos siem]) e de ese ideal, que la men e concibe. Se ha dicho, ci ando un — 32 — ejemplo, en el ondo del má mol, liay siemp e delineada uníi pe ec a eslálua, allí,, a el génio del a is a á busca la; y yo di é, á mi ez, y pa a conclui , en el ondo de la ida hu¬ mana, es á admi ablemen e delineado, po la mano de Dios el De echo na u al, llega á conoce esos delicadísimos con¬ o nos, ese es, el abajo de la ciencia. He e minado Excmo. S . Mucho sien o habe moles ado, po an o iempo, ues a gene osa a ención, con es e modes¬ o es ue zo, an escaso de alía y de mé i o, lie p ocu ado, sin emba go, inspi a me en la b illan e senda, que han dejado azada mis p edeceso es; po eso, lo que encon éis bueno y acep able en es a o ación, no m(i,pe cnecc á mí, es de ellos. Lo demás como ob a mía, con i ma los p esagios somb íos, deque hablaba á el p incipio, y sólo hab á de o ece á ues o ilus¬ ado y compe en e juicio, de iciencias, inexac i udes, ó pun¬ os emb iona ios. Mas, yo es oy bien cie o, que es o, (|uc nada ale, en sí, al cae en el amplísimo y ecundo campo de ues os conocimien os, hab á de oca se, lo de icien e y e óneo, en a o luminoso de sabidu ía y cul u a, y lo em¬ b iona io en á bol gigan esco de ciencia, que da á á odos icos y sazonados u os. Un momen o más. Es e es pa a oso os, jó enes alumnos, que acudís á es e sag ado ecin o, á idos de nue os conoci¬ mien os en las dis in as amas del sabe humano. Me he ocu¬ pado del De echo na u al, y si es ley que lle amos g abada en la conciencia, y nos aza el cí culo de nues os debe es, no hay duda alguna que, de él, se desp enden, ambién, p o echosas enseñanzas pa a oso os. Él empieza po con¬ side a nos se es in eligen es, llamados á cul i a an p ecia¬ do a ibu o, en los ó denes de la ciencia, de es e iquísimo eso o, que ienen amon onando las gene aciones y los si¬ glos, y que eliz aquel, que ha podido allega , algún con in¬ gen e, pa a su c ecimien o, que su nomb e lo epe i á la His o ia con aplausos, después de ceñi su en e con la au¬ eola de la glo ia. Somos se es de olun ad, añade, mas es necesa io que esla olunlad, iluminada sieuij) e po la luz de la azón, y o alecida y emplada á el yunque, de la cons¬ ancia, del hábi o y del abajo, llegue, así, á su mayo apo¬ geo, y á su más legí ima conquis a, que es la p ác ica del- bien, p enda segu a, pa a el homb e, de su enal ecimien o mo al. Y no lo dudéis, an p eciados dones son los g andes eso es que os ab i án las sendas del po eni , y las a mas pode osas, que, esg imidas en las luchas agi adas de la ida, os asegu a án el iun o, Y, allá, cuando alejados de las ho¬ as bulliciosas de la ju en ud, lleguéis á o as más se enas, en las que, es más ecuen e, se epliegue el espí i u sob e sí mismo, y dueños del bienes a posible, mo al y ma e ial, que an aliosos imb es p opo cionan, olyais la mi ada á el camino eco ido, no pod éis menos de bendeci , con ine¬ able júbilo, los a anes y des elos de es os dias, así como ambién, á los que supie on g aba en ues o co azón an sal ado as huellas, y muy especialmen e, á es e augus o Templo, que odos ene amos, en donde habéis aspi ado las bené icas áu as de la ciencia, de es a sabia egene ado a, que an o digni ica y eng andece á el homb e. He dicho.