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Política, romanticismo y masculinidad: Tassara (1817-1875)

Abstract

Este artículo emplea la aproximación biográfica para indagar en algunas claves culturales de la acción política. La vida de Tassara, un poeta cívico español de mediados del siglo xix, constituye la vía de entrada para proceder a un análisis de las relaciones entre la política liberal y dos distintas pero complementarias identidades de definición cultural. Romanticismo y masculinidad enmarcan de forma decisiva la forma de pensar y actuar en política de quien fue diputado y embajador, además de escritor público, en la época de instauración del nuevo régimen representativo en España. El enfoque biográfico contextual pretende, además, valorar aquello que su caso concreto presenta de particular y lo compartido con parte de la generación que protagonizó la construcción posrevolucionaria del liberalismo. En este último sentido, la doble condición de romántico y de varón dibuja un tejido de referencias identitarias que puede colaborar a abordar el estudio del liberalismo político desde perspectivas transnacionales.

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Política, romanticismo y masculinidad: Tassara (1817-1875)

Author: Sierra Alonso, María
Publisher: Universidad Complutense: Departamento de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos . Universidad Nacional de Educación a Distancia, UNED: Departamento de Historia Social y del Pensamiento Político
Year: 2012
Source: https://idus.us.es/bitstreams/f434aefb-338b-4823-9eac-decf5bb97a02/download
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His o ia y Polí ica
ISSN: 1575-0361, núm. 27, Mad id, ene o-junio (2012), págs. 203-226
POLÍTICA, ROMANTICISMO Y MASCULINIDAD:
TASSARA (1817-1875)
MARÍA SIERRA
Uni e sidad de Se illa
[email p o ec ed]
(Recepción: 26/04/2011; Re isión: 05/07/2011; Acep ación: 03/10/2011; Publicación: 20/03/2012)
1. MíniMo pe il biog á ico de un pe ec o secunda io.—2. poe a an es que
polí ico.—3. HoMb e (MucHo) a la ez que poe a-polí ico.—4. bibliog a ía
esuMen
Es e a ículo emplea la ap oximación biog á ica pa a indaga en algunas cla es
cul u ales de la acción polí ica. La ida de Tassa a, un poe a cí ico español de mediados
del siglo xix, cons i uye la ía de en ada pa a p ocede a un análisis de las elaciones
en e la polí ica libe al y dos dis in as pe o complemen a ias iden idades de de inición
cul u al. Roman icismo y masculinidad enma can de o ma decisi a la o ma de pensa
y ac ua en polí ica de quien ue dipu ado y embajado , además de esc i o público, en
la época de ins au ación del nue o égimen ep esen a i o en España. El en oque bio-
g á ico con ex ual p e ende, además, alo a aquello que su caso conc e o p esen a de
pa icula y lo compa ido con pa e de la gene ación que p o agonizó la cons ucción
pos e oluciona ia del libe alismo. En es e úl imo sen ido, la doble condición de omán-
ico y de a ón dibuja un ejido de e e encias iden i a ias que puede colabo a a abo da
el es udio del libe alismo polí ico desde pe spec i as ansnacionales.
Palab as cla e: España; siglo xix; géne o; libe alismo; oman icismo; masculini-
dad; biog a ía polí ica.
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POLÍTICA, ROMANTICISMO Y MASCULINIDAD: TASSARA (1817-1875) MARÍA SIERRA
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POLITICS, ROMANTICISM AND MASCULINITY:
TASSARA (1817-1875)
abs ac
A biog aphical app oach is used in his a icle o inqui e in o some cul u al keys o
poli ical ac ion. The li e o Tassa a, a Spanish «ci ic» poe o he mid Nine een h Cen-
u y, is u ned in o he s a ing poin o he analysis o he ela ionship be ween libe al
poli ics and wo o he di e en bu complemen a y cul u al iden i ies: Roman icism and
masculini y. Bo h iden i ies condi ioned he ways in which his depu y, diploma ic
and public w i e hough and ac ed in poli ics, du ing he ins au a ion o he ep e-
sen a i e egime in Spain. Ou con ex ual biog aphical app oach also aims a assessing
how a Tassa a’s was a singula case and how much he sha ed wi h he pos - e olu-
iona y libe al gene a ion he belonged o. In he la e sense, his double condi ion o
Roman ic and male build up a se o iden i y e e ences ha migh con ibu e o unde -
ake he s udy o poli ical libe alism om a ansna ional poin o iew.
Key wo ds: Spain; 19-cen u y; gende ; libe alism; oman icism; masculini y; po-
li ical biog aphy.
* * *
En el ac ual momen o his o iog á ico esul a ya muy e iden e que la biog a-
ía cons i uye un en oque no sólo adecuado sino ambién especialmen e inno-
ado a la ho a de abo da , desde nue as exigencias, es udios de his o ia polí i-
ca. Tan o en nues o país como en en o nos académicos ce canos, una g an
a iedad de abajos biog á icos han enido a demos a la po encia heu ís ica
de es a he amien a de di ícil manejo pe o eno memen e sa is ac o ia en su ca-
pacidad de enga za suje os indi iduales y colec i os, ilumina desde ángulos
insospechados elaciones apenas in uidas a pa i de o as pe spec i as, y ama
un ela o que p esen e de o ma a ac i a el conocimien o his ó ico (1).
Po supues o, no oda la esc i u a biog á ica me ece el mismo espe o ni aun
den o de la buena hay acue do sob e el sen ido del géne o y su mé odo. En es e
segundo aspec o, a o unadamen e, las e lexiones eó icas no son escasas ni
(1) Limi ando la e e encia a las décadas cen ales del siglo xix español, con ex o de es e
abajo, pueden encon a se des acados ejemplos de ello en a ios de los es udios con enidos en
Bu diel y Pé ez LedesMa (2000), y Pé ez LedesMa y Bu diel (2008); o, en la misma línea de
epe o ios colec i os, en Mo eno Luzón (2006). Biog a ías indi iduales de especial ele ancia
pa a el conocimien o del libe alismo polí ico decimonónico, las de Bu diel (2004), P o Ruiz
(2006), Bu diel (2010). Un comple o es ado de la cues ión sob e la biog a ía polí ica en el siglo
xix, en A anz No a io (2010). Es e abajo se insc ibe en el p oyec o I+D HAR2009-
13913-C02-02 del Minis e io de Inno ación y Ciencia (España), con ondos Fede . Comple-
men a iamen e, se inse a en la Red His o ia Cul u al de la Polí ica (HAR2008-01453- E/HIST)
inanciada po el mismo o ganismo.
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necesa iamen e ajenas a los his o iado es españoles. De hecho, en la ac ualidad
el deba e sob e la unción de la biog a ía his ó ica es á bien ac i o g acias, en e
o os apo es signi ica i os, a algunas inicia i as de es e o igen (2). Va ias de
las más p oduc i as enc ucijadas en las que la in es igación his ó ica se ha
is o emplazada du an e las úl imas décadas —los deba es sob e los suje os/
obje os del hace his o iog á ico, el in e és po las iden idades indi iduales y
colec i as, la a ención eno ada al lenguaje y su capacidad pe o mado a,
y odo el conjun o de exigencias in es igado as que pueden engloba se bajo una
concepción amplia del llamado gi o cul u al— end ían a encon a se p ecisa-
men e en el muy especial eino de la biog a ía his ó ica. No es ex año que al-
gunos de sus más señe os de enso es se encuen en en la ac ualidad emba cados
en la búsqueda de una al a misión epis emológica pa a la biog a ía, que deman-
da ía una p ác ica depu ada de «espu ios» in e eses añadidos (3).
Lejos de esponde a an ele ados impe a i os, el uso que en es as páginas
se hace de la biog a ía se econoce de en ada más modes amen e ins umen al
y conscien emen e adul e ino, aunque con ía en se ambién igu oso. En eali-
dad, es e ex o p esen a los p ime os pasos de una in es igación en la que, si
bien el en oque biog á ico había sido e ec i amen e p e is o, p on o ha in adi-
do buena pa e de los espacios adjudicados a o os sopo es eó ico-me odoló-
gicos, has a con e i se en el eje o ganizado del abajo; sin emba go, es os
o os sus en os siguen insis iendo de o ma sub e ánea en sus lógicas, esis ién-
dose a queda agoci ados po la ue za de g a edad biog á ica. Po ello, lo que
aquí se o ece es un esbozo de biog a ía enma cada en una his o ia cul u al de
la polí ica. El in e és en des ela cla es cul u ales que expliquen la acción po-
lí ica es, decididamen e, el ho izon e undamen al de es e abajo, que, de o ma
más secunda ia, p e ende además desb oza el camino pa a una his o ia ans-
nacional del libe alismo his ó ico, insc ibiendo el obje o de es udio en una
pe spec i a a lán ica, a en a a las ans e encias cul u ales en o no a los con-
cep os de ep esen ación y buen gobie no (4).
(2) Selecciona en una no a a pie de página la bibliog a ía eó ica más des acada se ía a ea
imposible. Como guía inicial emi o a la que es imo es la más b illan e e lexión española sob e
el auge y las exigencias de un géne o siemp e p oblemá ico: Bu diel (2000). Puede encon a se
un epe o io bibliog á ico muy comple o en h p://www.u .es/ e pb/index-1.h ml, la página de
la Red Eu opea sob e Teo ía y P ác ica de la Biog a ía coo dinada po Isabel Bu diel. Es e ex o
p ocede, de hecho, del semina io celeb ado po dicha Red en el Ins i u o Eu opeo de Flo encia
(Feb e o, 2011), donde pude discu i una p ime a e sión del abajo. Ag adezco a odos los
pa icipan es del encuen o sus comen a ios, y, especialmen e, a Gio anni Le i, con quien disc e-
pé en el uso del en oque.
(3) «Non u e le Biog a ie sono Mic os o ia», ponencia de Gio anni Le i en el 3 d Mee ing
o he ENTPB: Biog aphy as a P oblem: New Pe spec i es (EUI, Flo encia, 25-26 Feb e o 2011).
Su ex o más conocido e in luyen e sob e la biog a ía: Le i (1989). Una ú il e lexión sob e las
elaciones en e biog a ía y mic ohis o ia, en Lepo e (2001).
(4) La mi ada c uzada en e España y Amé ica, en e o os, en Bonaudo y Zu i a (2010),
Sie a y Peña (2011).
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POLÍTICA, ROMANTICISMO Y MASCULINIDAD: TASSARA (1817-1875) MARÍA SIERRA
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1. MíniMo pe il biog á ico de un pe ec o secunda io
Gab iel Ga cía Tassa a i ió casi odo el siglo xix, o, se ía mejo deci , lo
apu ó. Sus di e sas ca as biog á icas pa ecen odas dibujadas con azos igual
de in ensos: es udian e y jo en aman e aplicado en su Se illa na al, poe a de
éxi o en los salones li e a ios del Mad id omán ico, pe iodis a us igado de los
males del sis ema, pa lamen a io que consiguió ence una en e miza a e sión
a habla en público, embajado enojoso en unos Es ados Unidos en plena gue a
ci il, esc i o desengañado de la polí ica y sus icios que, no obs an e, p ocu ó
ol e a la a ena pública al inal de sus días…
Sin emba go, odo lo que públicamen e ue ha acabado ins alado en ese
c uel limbo de la memo ia al que lle a la ama más e íme a: conocido y alabado
en su p opio iempo, ha quedado pa a la pos e idad, como o os muchos pe so-
najes de simila o mayo éxi o, educido a la condición de pe ec o secunda io
en odos los ámbi os públicos en los que descolló. Su poesía, medioc e en mu-
chos casos desde una sensibilidad ac ual, le ha me ecido igu a en algunas
an ologías hoy poco ecuen adas, de simila modo que su ambiciosa ac i idad
diplomá ica le ha alido algún a ículo aislado po pa e de los his o iado es de
las elaciones in e nacionales (5). Solo un a o es udioso de lo a o, Ma io Mén-
dez Beja ano, le concedió en las p ime as décadas del siglo xx una deseable
segunda ida, a cuya es ela me si úo po azones ambién ex añas (6).
An es de explica las, pa ece con enien e p esen a con algo de de alle a es e
p o agonis a p escindible de la his o ia. Empeza po su nomb e no es una bou-
ade: Tassa a, así le apela on amigos y aman es —la ambién esc i o a Ge u-
dis Gómez de A ellaneda, señaladamen e— y así i mó él mismo ecuen e-
men e an o sus in o mes diplomá icos como su poesía. Gab iel p e i ió como
nomb e público el sono o apellido de su mad e, una se illana de mezclados
o ígenes, que se casó y en iudó muy jo en, y con la que man end ía un ue e
lazo a ec i o a pesa de la lejanía, que pa ece co e en pa alelo al con adic o io
sen imien o de ahogo y nos algia expe imen ado an e el e i o io andaluz de su
in ancia (7).
(5) En e las p ime as, Vale a (1903), SáncHez (1911), Mo ales (1967). En e los se-
gundos, B aue (1975), Jou (1992).
(6) Méndez Beja ano (1928). Po encima de las di e encias ideológicas, el bióg a o,
k ausis a y epublicano, sin ió g an empa ía con el biog a iado. El pe il académico de M. Beja-
ano en PasaMa y Pei ó (2002). Y una desc ipción más lib e, que esal a la calidad «es ambó-
ica» de es e e udi o, en Cansino Assens (1985): 98. Ag adezco a Julio Pa dos es a úl ima e e-
encia a p opósi o de una cie a comunidad de a abilia ios que pa ecen a ae se mu uamen e.
(7) El espejo del a ec o de la mad e apa ece en la la ga ca a que le esc ibe en 1865, mien-
as eje cía su ca go diplomá ico en Es ados Unidos, la poe a Ca olina Co onado: «siemp e que
cuen o a su mad e de us ed lo que le ensalzan en Amé ica, íe y llo a a un mismo iempo y con-
cluye po ab aza me», ci ada en Méndez Beja ano (1928): 32. Ve sos que mues an la doble az
de es a pequeña pa ia, año ada pe o insa is ac o ia, en Himno al sol y Mono onía, en Poesías de
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Al jo en Tassa a muy p on o se le quedó pequeña Se illa, po más que es a
ciudad ue a en los años 30 uno de los co azones ac i os del p ime Roman i-
cismo español, con sus concu idas e ulias poé icas y con algunos in e esan es
expe imen os de pe iodismo li e a io. Al acaba los es udios de iloso ía y de
leyes en su Uni e sidad, le al ó iempo pa a da ese sal o a Mad id, capi al del
pode eal y simbólico, anhelado po odo jo en de ambiciones. Y Tassa a enía
muchas cuando llegó al epicen o del e emo o polí ico del libe alismo español
en 1839: ecién asen ado el égimen cons i ucional en e a la amenaza con-
a e oluciona ia ca lis a, conse ado es y p og esis as se ba ían el cob e en la
capi al del eino po apode a se de un gobie no que les pe mi ie a diseña con
mano i me la planime ía del nue o Es ado y de su es e a pública, desde muy
dis in as concepciones del alcance que debía ene la pa icipación ciudadana
así como de los lími es de la au o idad (8). El jo en se illano se colocó esuel-
amen e del lado de aquellos libe ales conse ado es dispues os a con a es a
po odos los medios la mo ilización polí ica popula animada po el p og esis-
mo, y dedicó odo su empuje como polemis a en la p ensa de la época al com-
ba e con a «la es úpida y e oz sobe anía/ de que hablan los ibunos a la
plebe» (9).
A la pa que aguaba alianzas y animad e siones polí icas muy du ade as,
iun ó como uno de los poe as de moda en el Liceo A ís ico y Li e a io y o os
escapa a es del oman icismo mad ileño. De en onces da a su conocida y polé-
mica elación con Gómez de A ellaneda, c isol de sus más acend ados juicios
de géne o. De en onces ambién su gi o a la poesía polí ico-social, ansmu án-
dose en «poe a cí ico» a la ez que se decla aba desengañado de amo es y o os
place es mundanos. Que la polí ica ac i a ino a se i le de escala en algún ipo
de huida hacia adelan e lo demues an los ca gos que buscó y acep ó en los años
siguien es: candida o us ado al Cong eso de los dipu ados en 1846, consiguió
poco después sen a se en el hemiciclo du an e las legisla u as que comenza on
en 1847, 1854 y 1857, si bien en es a úl ima ocasión enunció al pues o pa a
ocupa se del enca go gube na i o de Minis o Plenipo encia io en los Es ados
Unidos (10).
Tassa a i ió en es e des ino diplomá ico en e 1857 y 1867, diez años de-
cisi os pa a la con igu ación de la nue a nación no eame icana y, de o ma
más gene al, pa a la o denación de las elaciones de pode en oda el á ea con-
inen al y, po ende, en el mundo occiden al. Allí, hizo buenos amigos, man u o
don Gab iel Ga cía y Tassa a, colección o mada po el au o , Mad id, Imp en a Ri adeney a,
1872, pp. 54-55 y 79-81 espec i amen e.
(8) Sob e los p oyec os polí icos di e enciados del mode an ismo y el p og esismo, y su
con on ación en la España isabelina, pueden e se RoMeo Ma eo (1998), Bu diel (2004) y
Sie a (2007).
(9) «Al ejé ci o español, en el p ime ani e sa io del Con enio de Ve ga a», El Co eo
Nacional, 31.8.1840.
(10) Los da os básicos de su ca e a polí ica, en Sie a (2011, en p ensa).
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cie a ac i idad li e a ia (o, cuando menos, se bene ició de su ama y gus os pa a
p omo e elaciones diplomá icas), y desa olló una in ensa ida e ó ica de la
que no salió indemne. Al compás de odo ello, se con i ió en un es o zado
cuidado de los in e eses españoles en la zona y en un in eligen e obse ado de
la polí ica in e nacional, cuyos in o mes ue on desap o echados po los go-
bie nos españoles (11). De o ma p ecoz, p omo ió como ho izon e de elacio-
nes en e España y sus ex colonias ame icanas un concep o de «hispanidad»
que, basado en lazos de he mandad y colabo ación, p e endía de ol e a la
mad e pa ia un papel ue e en el lide azgo in e nacional. Es ados Unidos so-
po ó la p esencia de semejan e ac i is a de los in e eses españoles, especial-
men e obsesionado po la conse ación de Cuba, mien as es u o sume gido en
su p opia gue a ci il, de la que Tassa a ue un p i ilegiado espec ado . Pe o,
una ez ce ado el con lic o de secesión en 1865, Cuba ol ió a si ua se en e
los in e eses p ime os de la polí ica in e nacional es adounidense, y la labo del
ep esen an e español no ue ole ada du an e mucho más iempo. Reclamado
su cese al gobie no de Isabel II po pa e de una delegación es adounidense de
o ma o iciosa pe o impe a i a, la sus i ución se p odujo en 1867.
Comenzaba en onces, de eg eso a Mad id, la e apa inal de su ida, ama ga
colección de desengaños pa a quien no se esignaba a la de o a ni se acomodaba
a i i ue a del espacio público. In en ó ol e a la ca e a pa lamen a ia, y se
p esen ó a las elecciones anunciando que enía impo an es cosas que e ela ;
pe o lo hizo sin el a o del gobie no y, po lo an o, sin éxi o. A pesa de su
conse adu ismo, ue el Gobie no P o isional e oluciona io de 1868 quien le
o eció de nue o un ca go, el de embajado en Lond es, donde llegó con el a al
de su an e io ayec o ia diplomá ica. Su salud de e io ada, sin emba go, le
obligó a dimi i a los pocos meses y a lle a , de uel a a su país, una ida de
a eneo y e ulia, en unos años en los que compiló una g uesa an ología de su
p opia ob a poé ica (12). Solo el golpe mili a del gene al Pa ía, que a inales de
1873 puso in a la I República española, eanimó e íme amen e sus sueños
de p o agonismo polí ico, an es de mo i a comienzos de 1875. En buena medi-
da, el e o que plan ea su ida (y que obliga a su biog a ía) es esencial pa a en-
ende la compleja ealidad del libe alismo his ó ico: me e ie o a la apa en e
pa adoja de pa icipa ac i amen e en la cons ucción del égimen libe al español
desde a ios de sus cen os neu álgicos —pa lamen o, ibuna pe iodís ica, e-
p esen ación diplomá ica— y de se a la ez un eacciona io que, a du as penas,
alcanzó a compa i algunos de los mínimos supues os básicos del libe alismo.
(11) Su co espondencia diplomá ica o icial ha sido es udiada y ampliamen e ep oducida
en Jou (1992) y Palenque (1984), además de en la me iculosa biog a ía ya ci ada de Méndez
Beja ano (1928).
(12) La ob a, publicada en 1872, iene un cla o sen ido au obiog á ico, o al menos su au o
la concibió como una sue e de es amen o polí ico y li e a io, según mani es aba en el «P ólogo»
jus i ica i o que la p ecede, donde e lexionaba sob e su luga en «un siglo po esencia y po encia
demoledo », Poesías de,… (pp. V-XIV).
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El es udio de su discu so pa lamen a io nos si úa an e un dipu ado que, es-
cép ico y sa í ico con las bondades de las asambleas ep esen a i as, se mos ó
empe o, una ez descubie a su capacidad o a o ia, como es o zado paladín de
las causas en las que c eía, además de p esen a se como un candida o conscien-
e del signi icado de di igi se po esc i o a sus elec o es. De igual mane a, el
análisis del complemen a io discu so polí ico con enido en sus poesías cí ico-
sociales nos en en a a un esc i o público con una concepción dialéc ica y
d amá ica de la his o ia, que echaza mi os nuclea es del siglo xix, como el del
p og eso, y que sin emba go se adap ó con acilidad a los escapa a es li e a ios
bu gueses y al cu sus hono um de la polí ica o icial de su iempo. Desde o as
coo denadas, sus opiniones públicas sob e el luga de la muje en la sociedad
libe al nos coloca an e un de enso a ul anza de la igu a es e eo ipada de algún
modelo de «ángel del hoga », que, sin emba go, en a ias de sus elaciones
p i adas (y su co ela o poé ico) p e ie e a la, po o a pa e muy emida, muje
ue e —la muje esc i o a, la muje in eligen e—.
Po es os y o os mo i os, c eo que la biog a ía de Tassa a puede se i pa a
analiza el libe alismo polí ico desde dos cla es cul u ales dis in as y comple-
men a ias. P ocu a é, p ime o, a ende al signi icado del Roman icismo, una
mane a de es a en el mundo y una sensibilidad que enlaza la c isis de p incipios
con la de in de siglo, y que pa ece undamen al pa a en ende las « o siones»
del libe alismo, es deci , ese poso de conse adu ismo e, incluso, de « eaccio-
na ismo» que hay en su mismo co azón. En segundo luga , p opongo analiza
es e c uce de la polí ica libe al y el oman icismo cul u al desde la cla e de la
iden idad de géne o, al en ende que la masculinidad ap endida e in e io izada
po los p o agonis as de la cons ucción del nue o égimen enma ca de o ma
decisi a las mane as de en ende y hace polí ica y li e a u a (13).
2. poe a an es que polí ico
Es sabido que esc i u a y polí ica ue on dedicaciones no solo compa ibles
sino ambién incluso he manas en la nue a es e a pública libe al nacida con las
e oluciones (14). Como el ju is a, el esc i o , en i ud de sus habilidades y
po enciales apo aciones, se ía uno los a en ajados po p o esión en la pa illa
de salida de la polí ica libe al, que incluyó a es os in elec uales emb iona ios en
la nómina de los selec os des inados a se elec os como ep esen an es de la
(13) La segunda de es as in enciones plan ea, a la mane a p opues a po John Tosh pa a la
Ingla e a ic o iana, la opo unidad de hace de la masculinidad no ya solo un obje o de es udio
con his o ia p opia sino un en oque que en iquece ambién la his o ia en cuan o que mains eam,
(«since he subje s o he his o y o masculini y a e in insecally no di e en om he subje s o
poli ical o social his o y»); TosH (2005): 8.
(14) La es echa elación en e la esc i u a y la polí ica, y el papel de los esc i o es en la
o mación de los discu sos públicos esul a b illan emen e analizada pa a España en Juliá (2004).
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nación —po supues o, en combinación, no siemp e ácil, con las nue as «a is-
oc acias» de de inición económica— (15).
Tassa a ue uno más de aquellos a quienes la esc i u a aupó, como homb es
públicos, en la ca e a polí ica. Compa ió ambién con buena pa e de su gene-
ación, lógico signo de su iempo, una mane a omán ica de en ende la labo
li e a ia. Pe o es igualmen e cie o que Tassa a ep esen a de o ma pa icula -
men e comple a, en egada e in ensa la en ada in asi a del Roman icismo en
las ac i udes psicológicas y en las eglas lógicas del homb e del siglo xix (16).
En su caso, como se e á, el Roman icismo no implicó solo una de e minada
es é ica y un lenguaje, o una comunidad de lec u as y de e e en es mí ico-
he oicos. Imbuido de una iloso ía de la his o ia que pa ece esul ado de la
ulga ización de las ideas hegelianas sob e el cambio y su sen ido, Tassa a
exhibe en su discu so y poesía una cosmo isión ma cada po el con lic o y su
a alidad, sin la cual no es posible en ende sus posiciones polí icas (17). Sus
in e enciones pa lamen a ias y las más de 500 páginas de su an ología poé ica
pe mi en descub i , bajo un imagina io ípicamen e omán ico —mue e, ce-
men e ios, o men as, nau agios y, en suma, des ucción—, las pulsiones de
una isión del mundo y de su his o ia an dialéc ica como ágica, a pa i de la
cual Tassa a cons uyó sus ideas sob e la misión de la polí ica y sob e su misión
en la polí ica.
Pa a comp ende la cohe encia de su cosmo isión, con iene ene en cuen-
a las a ias mane as en las que el Roman icismo ue pa a es e poe a una escue-
la. Su o mación y p ecoz madu ación li e a ia se p odujo en una Se illa en la
que la educación clásica y la ina ecibida de a amados maes os, como Albe o
Lis a, se combinó y ans o mó p on o en un belige an e oman icismo, ap en-
dido y p ac icado en las euniones li e a ias que compa ió con o os esc i o es,
como el Duque de Ri as, o en a en u as edi o iales an signi ica i as como la
publicación, e íme a y mili an e, de la e is a El Cisne, ideada no solo con el
obje o de da a la luz las poesías de es e g upo de omán icos se illanos sino
ambién pa a expone su idea io es é ico (18). No cabe duda de que Tassa a se
(15) Pa a el caso español, en el con ex o eu opeo, puede e se Sie a, Peña y Zu i a
(2010).
(16) Algunos esc i o es-polí icos más p uden es, como el libe al p og esis a Escosu a,
au o p olí ico de no elas y d amas his ó icos, se esis ió a los géne os más pelig osos y a las
o mas más desbo dadas; como con esaba en una ca a p i ada, p e e ía la p osa a la lí ica, pues
«cuando esc ibo e sos, mi cabeza se ulcaniza, la pluma a de en mi mano (…)», solo puedo
« ona con a los icios» y «la misión se ía inú il y a iesgada». Ca a a Ven u a de la Vega, ci-
ada en Cano Malagón (1988): 84.
(17) No me e ie o al ap endizaje eó ico y o mal de la iloso ía hegeliana, sino a la pa -
icipación en la di usión —mediada, mix i icada y ec eada— de ideas p oceden es de un sis ema
ilosó ico, que en es e o ma o de ulga a es án en la base de cualquie cul u a polí ica, en el
sen ido indicado po Be s ein (1999).
(18) El Cisne se publicó en e el 3.6.1838 y el 30.9.1838, y ha sido conside ado uno de los
exponen es más no ables del Roman icismo en España; Pee s (1954): 71; Palenque (1987). In-
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mon ó con decisión en «ese nue o Pegaso» del que, en su poesía bu lesca Cla-
sicismo y Roman icismo, hacía habla a Ho acio, a quien con e ía en imagina-
io in e locu o de sus cui as es é icas: «cuando po dicha os leo/ soy clásico y
muy clásico/; mas me pongo a hace e sos,/ e in olun a iamen e/ omán ico
me uel o» (19).
El Roman icismo ue ambién pa a Tassa a un espacio de con a e nización
con o os esc i o es a los que se inculó po es udios y gus os, una sue e de
p ime a socialización —masculina— en alo es compa idos sob e la que se
ejió una ed de elaciones que u ie on luego cul i o en o os ámbi os, como la
diplomacia, y du ade o e ec o de amis ad polí ica (20). Pe o su ap endizaje li-
e a io ue, sob e odo, el ma co pa a conoce y ec ea un sen ido eminen e-
men e omán ico de lo bello, que, como buen undamen o p o undo de cual-
quie lógica ilosó ica, de ini ía el ma co elemen al de las e e encias
on ológicas y é icas de Tassa a, y, en consecuencia, de sus ideas sociales y po-
lí icas. Sin pode aden a me en una e lexión más gene al, solo p ocu a é
o ece algunos apun es sob e el sen ido de la belleza de es e conc e o omán i-
co, que pi o ó sob e el ípode de lo sublime, lo ascenden e y lo in enso (21).
Los no muy abundan es —aunque sí a lo la go de su ida cons an es— poe-
mas que Tassa a dedicó a e baliza lo expe imen ado an e el espec áculo de la
Na u aleza e lejan de o ma canónica el sen imien o omán ico de lo sublime,
aquí básicamen e o mulado en esa pa eja sensación de pa icipa de la g andio-
sidad de una belleza de ango supe io que, a la ez, deja disminuido al obse -
ado (22). De o ma aún más explíci a, aunque ambién de mane a asociada a
la emoción de la Na u aleza, la necesidad de una belleza ascenden e apa ece
en a ios de sus poemas de amo , en los que, asgando el elo del es e eo ipo
de la amada co ompida si alcanzada, cons uye a la muje como medio de co-
o mación sob e los ci cui os li e a ios po los que se mo ió Tassa a en su ju en ud se illana, en
Palenque (1986).
(19) Clasicismo y Roman icismo, en Poesías de… pp. 83-93, ci a p. 86.
(20) Sin pode en a aquí en es a cues ión, quie o no obs an e des aca la impo ancia de
es e cí culo de amigos y compañe os, ámbi o p e e en e de sociabilidad de Tassa a. En e sus
pa es, igu a, po ejemplo, Sal ado Be múdez de Cas o, o o poe a-polí ico, compañe o de co-
e ías ju eniles en ie as se illanas y más a de de a en u as diplomá icas, cuyo in enso pe il
omán ico es muy pa ejo al de Tassa a (quien, en una poesía dedicada al amigo, eco daba « us
e sos, Sal ado , que amé cual míos», A Sal ado . Recue dos, en Poesías… pp. 334-338, ci a
p. 334).
(21) La ob a de Edmund Bu ke, Indagación ilosó ica sob e el o igen de nues as ideas
ace ca de lo sublime y de lo bello (1757), se ía en es e pun o la base undamen al pa a la pos e io
elabo ación omán ica de un concep o de lo sublime que no se de ini ía ya an o po dis inción
del de belleza sino que cons i ui ía su más al a o mulación (Edición de G as Balague , 1987).
(22) Así, an e un paisaje de mon añas que, pa a el omán ico, pa ece p opicia lo sublime
(«lo inmenso, lo in ini o/, lo e e no»), sien e «la g an oz del silencio/ del uni e so oz», y puede
suma se a una ue za «que en san a emanación/ sien o baja del cielo/ y o la me en su ulgo / y
elec iza mi alma,/ y a eba a mi oz/ en sublime cán ico/ de admi ación y amo »; La nue a
inspi ación (1867), en Poesías de… pp. 469-476.
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i i an es de la más gene al ex ensión social del deba e polí ico, un mal nacido,
como o as «pes es», «de la boca del in ie no e oluciona io» (44). No ue on
pocos ni sólo conse ado es los polí icos libe ales que se p eocupa on po a -
gumen a que la muje no enía espacio en la nue a es e a pública cons uida
con el sis ema ep esen a i o, una exclusión que, aunque ue a explicada como
na u al, conlle aba un a i icioso p oceso de c eación polí ico-cul u al en el que
in e inie on in luencias in elec uales ex e nas, adiciones cul u ales p opias y
necesidades polí icas inmedia as (45).
Y es que, en el co azón de es e p oceso quedaba emplazada, en cie a medida,
la misma i ilidad mode na. No ya solo po que el géne o de inie a una o ma bá-
sica de inclusión/exclusión polí ica —la condición ciudadana—, p ime y elemen-
al mu o de con ención de un nue o o den que p e endía ena («cons ui », en el
lenguaje polí icamen e co ec o de la época) la e olución limi ando la pa icipa-
ción de la sociedad ci il, con su co ela o legal de pode y sumisión (46). También,
y sob e odo, po que la polí ica pudo se una de las a enas en las que se demos a-
a (ap endie a y ue a econocida) la homb ía, una ace a es a menos es udiada de
la conexión en e géne o y polí ica, pe o posiblemen e muy p oduc i a desde am-
bos en oques si enemos en cuen a que es a o ma de con i mación de una iden i-
dad ac ua ía como mo o de un ci cui o de elaciones e oalimen ado.
Como en o os países, los pa lamen a ios españoles de la gene ación de
Tassa a man u ie on un discu so que e idenciaba (y colabo aba a) la na u ali-
zación de la exclusión polí ica de las muje es y, de o ma menos explíci a, o as
exclusiones pa alelas, sen idas como necesa ias po los de enso es del nue o
o den pos e oluciona io: cuando en 1856 el Pa ido Pog esis a, e íme amen e
en el pode , in en ó amplia el censo elec o al ebajando los ni eles de en a
eque idos pa a pode o a e inco po ando a los miemb os de la Milicia Nacio-
nal, la p ensa del Pa ido Mode ado con aa acó escandalizada, a guyendo que,
si se seguía po es a ía, el de echo de o o quizá no «pudie a nega se a los
demen es, a los idio as, acaso ni a las muje es (...)» (47). Que las muje es ue an
de ás de los demen es y los idio as en es a escala e olu i a e a, en e o as
cosas, esul ado de la cons ucción de las i udes polí icas como i udes p o-
piamen e masculinas, a la ez que, e o zando aún más su po encia desc ip i a,
an i é icamen e emeninas. Si o os a adis as más igu osos en sus p ocedi-
(44) «La Polí ico-mana», en Los españoles pin ados…, ol II, pp. 38-47, ci as pp. 39 y 41
espec i amen e.
(45) En la p esen ación de lo a i icial como hecho na u al es undamen al el papel de la
ciencia, como han des acado, en elación a la cons ucción de no ma i as de masculinidad, Mos-
se o Nye, es e úl imo con especial a ención a las implicaciones polí icas del pensamien o bioló-
gico; Mosse (2000), Nye (1993). Ú iles obse aciones sob e el e ec o de la en ada del posi i is-
mo en España y sob e la na u alización de isiones sob e el ca ác e masculino y emenino de
acend ado de e minismo biológico en A es i (2000) y Ríos Llo e (2006).
(46) Un comple o eco ido a a és de la cons ucción de es a exclusión, en Gua dia
He e o (2007).
(47) La Época, 2-2-1856.
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mien os a gumen a on pseudocien í icamen e la conocida compa ación polí ica
en e la o aleza, la emplanza y la mode ación masculinas e sus la debilidad,
la lige eza y el apasionamien o emeninos, el esc i o sa í ico que ue Tassa a
p e i ió la bu la pa a insis i en lo esencial de es a seg egación de es e as: «Las
pa es que a aca la polí ica son más débiles en la muje que en el homb e; su
cabeza no esis e an o, su lengua es más mo ible, y una ez acome ido su ce-
eb o de la ieb e que p oduce la polí ica, una ez acome idos sus ó ganos o ales
del azogamien o en que los pone la polí ica… ¡in eliz muje ! ya no hay eme-
dio, ya no hay ali io pa a ella» (48). La in eligencia e a pues masculina como
la cha la ane ía emenina, y su lec u a cí ica en o ma de i udes y icios
ansi ó po muy di e sas o mas de esc i u a polí ica de la época, que coinci-
die on en sub aya , sesuda o i ónicamen e, la necesidad de sal agua da la es-
e a pública de elemen os emeninos o eminizados (49).
Aún más, de las «muje es i iles». Y aquí, Tassa a sabía bien de lo que
hablaba. Po los mismos años en los que esc ibió es a dia iba con a la muje -
polí ica, i ió una co a pe o in ensa y ágica elación con una esc i o a a la que
di e sos coe áneos coincidie on en cali ica , po su genio li e a io y su ene gía
i al, de i il. Cuando una de las máximas igu as del oman icismo español,
José Zo illa, eco dó el episodio de la p esen ación en el Liceo de la poe a
cubana Ge udis Gómez de A ellaneda, des acó cómo «los pensamien os a-
oniles de los igo osos e sos con que e eló su ingenio e ela on algo i il y
ue e en el espí i u ence ado den o de aquella olup uosa enca nación
muje il» (50). Tassa a la conoció en es os cí culos li e a ios; Tula, nomb e a-
milia de A ellaneda, se con i ió en una de las pocas esc i o as omán icas
que, en i ud de su éxi o de público, pudo i i desa iando algunas con encio-
nes sociales de la época; ambos debie on sen i se a aídos po la ama y la
ue e pe sonalidad del o o, y man u ie on una elación amo osa de la que ha
quedado un mu ilado egis o epis ola . La olun ad y la in eligencia de Tula,
de la misma mane a que la hacían a ac i a, p on o debie on ol e se en su
con a a los ojos de un aman e acos umb ado a muje es menos impe a i as. Más
cuando ella u o una hija como esul ado de la elación. En onces, Tassa a hizo
mu is po el o o, a pesa de las d amá icas ca as que le di igió la mad e aban-
donada, y pa ece que p ocu ó (sin acaba de consegui lo) no ol e a enamo a -
se de muje es ue es sino sumisas (51).
(48) «La Polí ico-mana», en Los españoles pin ados…, p. 40.
(49) En uno de los muchos epe o ios biog á icos que e a aban colec i amen e a los
pa lamen a ios de una de e minada legisla u a, un dipu ado e a, po ejemplo, conside ado « elei-
doso e incons an e en opiniones como la muge (sic) coque a», en Va gas MacHuca, ancisco
y lobo ui pé ez, icen e: El lib o de la e dad o Semblanzas de los dipu ados del Cong eso
de 1851. Mad id: Imp. de D. An onio Ma eis Muñoz, 1851, p. 13.
(50) Recue dos del iempo iejo; jun o a o os es imonios, en Ca ena (1989): 20. Sob e
el econocimien o de la eminidad/ i ilidad en A ellanada, Delgado (2008).
(51) La elación p i ada como modelado a de las ac i udes públicas, en Sie a (2011).
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Vida p i ada y opiniones polí icas quedan en es e pun o es echamen e en-
lazadas; cuando cons uye a su «poli icómana» como un e a o e oz de la
muje que se in o ma, lee y opina de polí ica, po no deci ya de aquella que
p e ende ene de echo de o o o en a en las Academias (A ellaneda ue e-
chazada en es a úl ima in ención), y la desc ibe po oposición a aquella o a
muje que no aspi a a sabe de lo que no debe sabe , Tassa a iene ce canos
e e en es eales. Pe o ambién es cie o que, más allá de la expe iencia p i ada,
su echazo a las muje es con p e ensiones polí icas e lejaba un emo compa -
ido: cuando hay necesidad de bu la se de las ma isabididillas y las poli icas-
as es po que, como las meigas, habe las haylas (52). No debie on de se mu-
chas las muje es ue es que en la España de mediados del xix se a en u a ían,
como A ellaneda, a desa ia on almen e el o den social y cul u al de su iem-
po, siendo más p obable el ecu so a es a egias de negociación que pe mi ie-
an, bajo la apa iencia de sumisión o de colabo ación, ene algún ipo de in e-
eses públicos (53). Pe o la p esencia incues ionable de muje es esc i o as
omán icas en España, alguna de econocido éxi o y a ias inse as en edes de
colabo ación que ansi aban de uno al o o lado del A lán ico hispano, pudo
ep esen a pa a los poe as polí icos como Tassa a, y de o ma más gene al pa a
cualquie homb e que hicie a de la a ena pública un espacio de demos ación de
su masculinidad, una amenaza cie a (54).
Po que si el abajo o los espacios de sociabilidad —desde el club al a eneo
o la abe na— han sido conside ados, con azón, a enas en las que his ó ica-
men e se demos aba y, en consecuencia, se cons uía homb ía, du an e el
siglo xix la ac i idad polí ica no debió de se menos decisi a en es e sen ido.
No ya, ob iamen e, al menos en las naciones eu opeas ela i amen e cons i ui-
das en sus on e as e i o iales, po que los a ones que no pa icipa an en la
polí ica no ue an « e dade os» homb es, sino po que en es a a ena algunos
podían a ianza señaladamen e la epu ación de su masculinidad (55). En es e
(52) Una indicación en es e sen ido en RoMeo Ma eo (2006).
(53) Un magní ico ejemplo de es a segunda o ma de o za , sin ompe , los má genes
es ablecidos po el epa o o icial de oles de géne o puede encon a se en la ida de quien ue a
muje de un ilus e gue ille o libe al, además de aya de Isabel II, en RoMeo Ma eo (2000). Sob e
las esc i o as omán icas y sus cí culos, Ki kpa ick (1991).
(54) Sin duda, los años 40 del siglo xix, escena io de la ac i idad de es as esc i o as o-
mán icas que, de mane a di e sa, amenaza on el o den pa ia cal, no signi ica ían un escalón de
«c isis de masculinidad» como el de las p ime as décadas del siglo xx (o, de o a o ma, las dé-
cadas inales), pe o de alguna mane a y en simila con ex o —una sociedad inme sa en una in-
ensa y plu al ans o mación, con la consiguien e angus ia po el de umbe de alo es mo ales
supues amen e uni e sales— p omo ie on una eacción de de ensa an e la amenaza de p o undos
cambios. Pa a la eo ganización de la iden idad masculina en épocas de c isis en gene al y, de
o ma más exac a, en España, A es i (2010).
(55) La peculia idad de las nue as epúblicas ame icanas, donde la de inición de la mas-
culinidad es u o, como odo lo demás, es echamen e elacionada con los p ocesos de cons ucción
nacional, expansión e i o ial y exclusión/inclusión de la población indígena, en Pelu o y
SáncHez P ado (2010).
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c uce de caminos, el hono , como ha es udiado Robe Nye, de iene un concep o
undamen al; un hono que, alimen ado po hondas aíces en el An iguo Régi-
men, se expandió socialmen e en el siglo xix y, a la ez que man u o compo-
nen es adicionales, ue adqui iendo nue as implicaciones es echamen e ela-
cionadas con la di e enciación de oles sociales en i ud del géne o (56). Como
Nye señala, el concep o del hono y su lenguaje esul an p i a i amen e mascu-
linos, y, mien as educen a las muje es a la condición de ecep o as pasi as,
conceden a los homb es la posibilidad de ene lo y aumen a lo de o ma ac i a
según su olun ad o capacidad. Se alien e cons i ui ía una de las ga an ías de
log a lo, en el con ex o incluso de una cul u a del duelo de la ga pe du ación,
que a a esó el pa lamen a ismo u o os espacios de la polí ica mode na (57).
Al igual que muchos o os pa lamen a ios españoles, Tassa a no dejó de
p esen a se en el Cong eso como un homb e de hono , celoso gua dián de su
hon a: cuando en una sesión pa lamen a ia de 1855 le pa eció que, en espues a
a su discu so, o o dipu ado había pues o en duda la hono abilidad de los mode-
ados en una o ación, Tassa a sal ó como un ig e pa a pedi explicaciones,
po que «cues ión de hon a no puede se una cues ión de opiniones» y «la pala-
b a hon a es an id iosa [que] al a és de ella odos pod íamos e comp ome-
ida la nues a» (58). C eo que puede se muy iluminado in en a ap ecia en
qué medida el Pa lamen o, u o os o os p o o ípicos de la polí ica mode na,
pudie on se ambién escena ios donde se demos a a y ie a econocida la
homb ía, pues pa ece e iden e que la ac i idad polí ica de los egímenes libe a-
les ue una de las a enas en las que se cons uyó masculinidad. Es cie o que es a
conexión en e polí ica y géne o, que no se a icula an o a a és de la con on-
ación con «el o o» —la muje , y odas sus ca ac e ís icas biológicas y espi i-
uales que la ha ían «na u almen e» inhábil pa a la polí ica—, sino a a és de
la más posi i a a i mación de alo es di igidos a ecaba el econocimien o
de los pa es, es de más di ícil as eo. Si el discu so que desc ibe la incapacidad
polí ica de la muje y la con a ia cuali icación na u al del a ón es no solo
explíci o sino, en algunos casos, como el de Tassa a, ag esi o, el econocimien-
o de los pa es deja es imonios más escasos, indi ec os y mediados.
Pa a Tassa a, el más exp esi o econocimien o de su masculinidad polí ica
llega ía años después de su mue e, cuando a comienzos del siglo xx su pa i-
cula bióg a o ce aba la indicación de su his o ia con un signi ica i o epi a io:
«O a época i il le endi á jus icia». Ma io Méndez Beja ano, aho a en una
ob a dedicada a los poe as españoles que habían i ido en Amé ica, insis ió en
p esen a le como un «poe a masculino». Fundaba su opinión en la o ma en la
que Tassa a había p ocedido a «la iden i icación del p oblema li e a io con el
(56) Nye (1993).
(57) Sob e el duelo, F e e (2000); éanse especialmen e las alusiones a algunos episo-
dios pa lamen a ios en las pp. 392-393.
(58) DSC, 5.2.1855, p. 1859. Episodios de es e eno no son excepcionales en el pa lamen-
a ismo español del xix, como puede e se en Sie a, Peña y Zu i a (2010).
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polí ico» y había sen ido la esc i u a de denuncia como «misión», una misión
que, decía, man u o po encima de la asegu ada de o a. Es a especie de mas-
culinidad he oica se e idenciaba en el caso de Tassa a, según el bióg a o, an o
en es e ámbi o de la poesía cí ica como en el apa en emen e muy dis an e de la
ac i idad diplomá ica, po la o ma alien e —«pa io a»— de en ega se a
la lucha, sin emo al acaso (59).
Al censu ado embajado que ol ió obligado de Es ados Unidos, al no me-
nos de o ado candida o a dipu ado que ue poco después, al esc i o que en
1872 compiló es amen a iamen e su poesía, y al madu o aspi an e a aman e de
Ca olina Co onado —¿o a muje ue e?—, p obablemen e le hubie a gus ado
la segunda ida que le egaló Méndez Beja ano. Máxime si enemos en cuen a
que el bióg a o admi ado no dejó de señala la conexión en e la mane a plena
— a onil— en la que Tassa a desa olló su misión como poe a-polí ico con su
esis encia al ma imonio y la o ma a en u e a de elaciona se con las muje es:
«el ma imonio es con enien e al pea ón, moles o al nau a, imposible al a iado
in elec ual». Pasa de don Juan omán ico a hé oe ipo Sain Exupè y, sin esca-
las in e medias, hab ía sido posiblemen e del ag ado de quien en ida gus ó
p esen a se como amigo del diablo (60).
En odo caso, pa ece p obable que algún ipo de an asía e ospec i a iden-
i icó al bióg a o con su biog a iado, enlazándolos po encima de las décadas y
las gene aciones que los sepa aban (61). La con lic i a inse ción del sen imien-
o en los modelos mode nos de masculinidad pudo ac ua como la go puen e
empo al, y quizá en 1920 Méndez Beja ano en endía con ap endida na u alidad
la pa adoja en la que i ió inme so Tassa a du an e las décadas cen ales del
siglo xix. La apo ía de o o ga al sen imien o alo como o ma de conocimien-
o y como a ma polí ica, a la pa que su impe io se es igma izaba como emeni-
no, end ía que espe a aún más iempo pa a empeza a esol e se.
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(60) Sob e la ape u a, con la c isis de in de siglo, de un ideal masculino al e na i o al
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