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Galileo Galilei, el creyente

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Galileo Galilei, el creyente

Author: Lora-Tamayo, Manuel
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 1988
Source: https://idus.us.es/bitstreams/6bcab093-efaf-44d3-8553-84a81263288c/download
GALILEO GALILEI, EL
CREYENTE
POR
MAN
UEL
LORA
-TAMAYO
Jun o
a los
mé i os
en
la
obse ación
as onómica, se alo an
en
Galileo
undamen almen e
su
apo ación
a la ísica y el es able-
cimien o
de
un
nue o
mé odo
en
la
c eación
cien í ica. Koes le , a
pesa
de
juzga le sa cás icamen e
en
un
análisis nega i o
de
las
ealizaciones
que,
seg(m él, «se
a ibuye»,
lo
ensalza a con inua-
ción
como
« unda
do
de
la
mode na
ciencia
de
la dinámica, log o
su icien e
pa a
alinea le
en e
los
homb es
que
modela on el des-
ino
humano»
.
Pe o
sin e e encia
aho a
a alo aciones cien í i-
cas, los c í icos sec a ios conside an
impo an e
mos a
a Galileo
an e
la
opinión
pública
gene al
como
«el
homb e
símbolo de la
libe ad cien í ica
en
la lucha
de
la
Ciencia
con a
la Iglesia
»,
a gu-
men o
de
comba e
en e
a ella. Es a casi exclusi idad
en
la signi i-
cación
-po
lo demás,
incie a-
que
deja a
un
lado la
ob a
cien í ica del sabio
pa a
da
p io idad
a
la
su
pues a ebeldía es sólo
de
una
mino ía
de
his o iado es,
aunque
su icien emen e ai eada
po
esc i os
de
ensayis as
enden es
a
hace
pensa
que
Galileo e a
un
e oluciona io cien í ico ad e sa io
de
la
Iglesia, y
man ene
el
equí oco a
a
és
de
los siglos.
Nada
más
lejos
de
la ealidad: Gali-
leo e a
un
i me c eyen e desde la in ancia has a
su
mue e,
sin
declina siquie a
du an e
los
d amá ico
s episodios
que
le
hizo
padece
no
la
Iglesia, sino los
que,
p
o
una
cadena
de
e o es, c ea-
on
con
la
condena
una
s
i uación
desdichada.
No
o ece
duda
que
el
ambien e
amilia
en
el
que
se o mó
Galileo
e a
ca ólico. La ciudad
de
Pisa,
donde
nació, i ía es a eli-
giosidad, y
en
ella sus pad es,
aunque
enidos a menos económica-
men e,
ocupaban
una
posición
dis inguida
que
apoya más la
a i mación.
En
el
pe íodo
escola ecibió
p ima iamen e
en
un
clima con ensional las enseñanzas
de
una
escuela pública
de
Flo-
encia, a cuya población
se
había
asladado la amilia, y después
ing esó
en
el monas e io
de
Vallomb oso ya
como
simple es u-
dian
e o
como
un
jo en
he mano
monje, de cuyo ingenio hace
28
MANUEL
LORA
-
TAMAYO
elogios
el
pad e
abad.
Su
ca olicismo
de
o igen
encon a ía
allí
mayo
opo unidad
de
e o za se,
aunque
poco
o nada se
sabe
de
es o.
Ap o echando
la
opo unidad
del
a amien o
de una
o al-
mía, es
sabido
que
disp
uso
el
pad e
no
ol e
más
al
monas e io
.
Es e
hecho
no
hay
que
in e p e a lo
como
un
debili amien o
amilia
en
las c eencias,
sino,
en
el
peo
de
los
casos, como la
esis-
encia
que
ecuen emen e
se
encuen a
en
los
pad es
cuando
un
hijo
pa a
el
que
se
ienen
o o
s
alen ado es
p oyec os
demues a
alguna
inclinación a
la
ida eligiosa.
No
cons a
que
es o
ue a
así,
pe o
ello
no
a
en
mengua
del
ca olicismo
del
pad e
que
pudie a
in lui
des a o ablemen e
en
el
hijo.
Díscolo,
ebelde,
despiadado
polemis a
sí
lo ue, pe o
no
apa-
ece
ningún
signo
de
des iación
y
hab ía
de
man ene se
así
en
su
ju en ud,
ya
que,
en e
las
elaciones
soci
ales
que
él
buscaba y
cul-
i aba
igu a on
ele adas je a quías
de
la
Iglesia o amilia es
de
ellos
que,
al
p o ege le
y
ayuda le,
se ían
conocedo es
de
su
ideli-
dad
eligiosa.
Jun o
a es as
conno aciones
des aca
en
él
un
cul o
a la
amis ad
y
una
loable
a ec i idad
en
sus elaciones amilia es. Fue
un
buen
hijo,
que
man u o
el
buen
espí i u
amilia
en
su
p eocupación
po
la
mad e
en
su
iudez,
y
po
los
he manos,
a los
que
ayudó
incluso a
alguno
de ellos
en
su
poca
disc e a
conduc a.
Fue
am-
bién
un
buen
pad e
que
supo
man ene
el
ca iño
de
los hijos,
dis-
pe
s
os
después
de
su
salida
de
Padua
y
cuando
se
había
p oducido
la
amis osa
sepa ación
de
la
muje
, Ma ina
Gamba,
jun o a la
que
i ió
i egula men e.
Un
pu i anismo
in ansigen e
puede
opo-
ne
al
alo
de
es as
a i maciones
la
i egula idad
de
esos años i i-
dos
ma i almen e;
pe o
es e
hecho
-
cie amen e
nada
ejempla -
no
es
en
igo
mo i o
su icien e
pa a
nega
una
e
que
se
ex e io i-
zaba
siemp e
con
el
igo
de
odos
sus
ac os,
sin
p eocupa se
de
que
el
in elec ualismo
ci cundan
e
pudie a
ol e le la espalda.
Es a
p omiscuidad
no
ue
en
algunos
pe sonajes
de
la Iglesia
obs-
áculo
pa a
la
san idad.
Los
es ados
de
conciencia
son
solamen e
de
la
in imidad
de
Dios.
Las hijas
ing esa on
en
el
mona
s e io
de
A ce i
pa a
su
educa-
ción
y
el
hijo
quedó
,
de
común
acue do
y
p o isionalmen e,
jun o
a la
mad e;
después
omen ó
sus
es udios
uni e si a ios, y los
es-
imonios
de
ellos, las
ca as
de
la hija
monja,
y la admi ación
que
e elan
las decla aciones del hijo,
demue
s
an
que
en
la ida agi-
ada
que
lle ó su
p eocupación
amilia
no
es u o
ausen e.
Pe
o
GALILEO GALILEI,
EL
CREYENTE
29
no
bas an es as conje u as pa a
una
a i mación
plena
de
que
Gali-
leo e a
un
buen
c eyen e,
un
homb e
de
e. Hay que ecu i a sus
p opios
es imonios
que
así lo
ex e io izan.
Es
ecuen e
encon a
un
o ecimien o
a Dios
de
sus
abajos
pa a
las
que
a El se con iaban. Al
p incipio
de
su ob a undamen al
en
el
o den
as onómico,
«Side eans
Nuncius
»,
cuando
enume a
inicialmen e los descub imien os
hechos,
esc ibe:
«Todas
es as
cosas
po
mí
obse adas
y
descubie as
es os
i/ imos
días
lo
han
sido
g acias
al
an eojo
que
yo
he
cons uido,
después
de
habe
sido
11uminado
po
la
g acia
di ina». El
conocía
los an eceden es
del
an eojo,
pe o
se
conside-
aba
in en o
de
su
ealización
úl ima,
no ablemen e
mejo ada
espec o
de
los ins umen os
an e io es.
Los pad es
del
Colegio,
el
ma emá ico
Cla ius
en
cabeza
de
ellos
po
su au o idad, descon-
iaban
de
la
exis encia
de
los plane as
mediceos
,
po
di icul ades
en
la obse ación;
pe o
cuando
habían
conseguido al in en e e -
los y
se
in e esaban
po
encon a
los
pe íodos
de
sus e olucio-
nes,
que
conside aban muy di ícil y casi imposible, Galileo esc ibe
a
Vin a*
el 1
de
ab il
de
1612: «
...
pe o
yo
engo
g an
espe anza
de/lega
a
encon a los
y
de ini los;
con ió
en
que
Dios
bendi o
que
me
ha
hecho
g acia
de
es a
solo
pa a
descub i
an a
nue a
ma a illa
po
Su
mano,
pueda
conce-
de me
ambién
que
yo
llegue
además
a
encon a
el
o den
absolu o
de
sus
e o-
lu
ciones».
Dice
que
«despues
de
mia
a ica
e amen e
a lan ica»
...
«me
concede
la
ue za
de
pode
con inua
muchas
ho as
de
la
noche
las
obse acio-
nes,
como
ha
hecho
has a
aqul>>
1•
Inc eíble
en
un
homb e
de
eacciones explosi as
cuando
pole-
miza
sob e
sus in es igaciones,
enía
habi ualmen e
una
exce-
len e
disposición de ánimo. Así
se
e leja
en
la ca a esc i a a
su
amigo
monseñ
o
Pie o Dini el 16
de
eb e o de 1615, e i ién-
dose a la
que
había di igido a
laA chiduuesa
C is ina,
que
deseaba
ue a conocida
an es
de
que
en
el
p oceso
p e isible
se
oma a
la
decisión
«q
ue a
Dios
pluguie a».
«En
cuan
o a
mi
-es
c ibe-,
es oy
an
* Ab e ia u as de
la
s ci as:
E.N
.:
«Edición
Nacionale
de
ope a
de
Galileo».
di igida
po
A. Fa a o (2.' ed
..
19
29·
l 9 .W).
21
omo
s
en
20
.
M.G
.:
«l i
sce
l.
mca
galileani . Vi a e
ope a
de
Gal
il
eo
Galilei». Pío Paschini
(. '
'.
).
G.G
.:
uGalileo G.1lilci. 350 ans d'his oi e (1633· 1933)». Col.
«Cul u e
e
Di
alo·
guc
» (Dcs
dce
ln c na
i
onal.
Tou nai)
.
* Bclisa io Vin il e a
se
c e a io
de
l
G an
Duque
de Toscana.
1 E.N .. IV.
6J
.
30
MANUEL
LORA
-TAMAYO
bien
edi icado
y
dispues o
que
me
a anca ía
un
ojo
pa a
que
no
me
escandalice
(Ma . 18.9),
an es
que
esis i
a
mis
supe io es
sos eniendo
con a
ellos
con
pe juicio
pa a
el
alma
lo
que
me
pa ece
hoy
cie o
como
si
lo
ocase
con
la
mano»
2• Galileo decía
ene
la conciencia
anquila
como
ca ólico
y
como
cien í ico, y
en
o a
ocasión esc ibía, casi desespe ado,
que
a eces sen ía ganas
de
quema
odas sus
ob as,
pe o
jamás le
pasó
po
la cabeza ol e la espalda a la e.
En
ca a a
un
an iguo
conocido
ancés,
de
o igen
oscano,
Nicolás Fab e,
que
en
1603 le
había
escuchado
unas con e encias
y a ado
en
la
e ulia
de
Pinelli
en
Padua, ag adeciendo su
in e és
ce ca
de
las au o idades omanas y
de
los
jueces
que
ex ema on
la
se e idad
po
la a enuación
de
la
condena
de
163 3 esc ibía: «Todo
es o
me
a lige
menos
de
lo
que
pudie a
pensa se
po que
dispongo
de
dos
uen es
de
pe pe uo
consuelo:
pa a
empeza ,
el
hecho
de
que
en
mis
esc i os
no
p11ede
halla se
la
meno
somb a
de
i e e encia
hacia
la
San a
Iglesia;
en
segundo
luga ,
mi
p opia
conciencia
que
sól
o yo
conozco
aqul
en
la
ie a
y
Dios
en
el
Cielo.
El
sabe
muy
bien
que
en
es a
causa
que
an os
su imien os
me
p opo -
ciona,
y
aunque
han
sido
muchos
los
que
han
hablado
con
más
conocimien os,
no
hay
nadie,
ni
siquie a
los
pad es
de
la
Iglesia
,
qu
e haya
hablado
con
más
e o
y
de oción
po
la
I
glesia
que
yo»
~
.
·
Pa a
Galileo
exis en
do
s lib os undamen ales: la
Sag ada
Esc i u a y la Ciencia,
és a
en
cuan o
que
es «el lib o del
Cielo
abie o a nues os ojos» 4• Es a misma idea
es
la
de
su
ca a al
pad e
Benede o
Cas elli**
de
12
de
diciemb e de
1611
:
<<La
Sag ada
Esc i-
u a
y
la
Na u aleza
p oceden
igualmen e
del
Ve bo
D
i ino,
la
p ime a
como
dic ada
po
el Esp i u
San o,
la
segunda
como
ejecu
o a
muy iel
de
las
ó denes
de
Dios.»
Es
la misma idea del Concilio Va icano II: «La
in es iga-
ción
me ódica,
en
odos
los
dominios
del
sabe ,
si
sigue
los
dic-
ados
de
la
mo al,
no
se á
nunca
ealmen e
opues a
a la e;
las
ealidades
p o anas
y
las
de
la
e
encuen an
su
o igen
en
el
mismo
Dios
»
(Gaudium
e
Spes, n.0 36). Y el
papa
Juan
Pablo
II,
pe manen e
ei indicado
de
Galileo, decía
en
nomb e
de
1986
an e
la Pon i icia Academia
de
Ciencias, e i iéndose a Galileo:
«El
mismo
excluía
una
con adicción
e dade a
en e
la
ciencia
!
E.N
..
V.
295.
'
E.N
..
XIV. 215 .
.i
E
.N
..
V. 329 .
..
Ben
ede o
Cas elli. Aba e benedic ino,
que
había sido discípulo
de
Galileo
le p o esaba g an a ec o.
GALILEO GALILE , EL
CREYENTE
31
y
la
e,
las
dos
p o ienen
de
la
misma
uen e
y
deben
se
e e i -
das
a
la
Ve dad
p ime a.»
L.
Geymona ,
que
es udia
muy
a en amen e
la pe sonalidad
de
Galileo, ma iza
es a
eligiosidad: «Galileo
p ocedía
de
un
paú
ca ólico
y
e a
ca ólico,
pe o
el
p oblema
eligioso
no
cons i uía
pa a
él
su
úl imo
e ugio;
no
enía
pa a
él
ningún
sen ido
la
p ueba
de
la
exis encia
de
Dios
ni
la
con o
-
e sia
en e
una
con esión
c is iana
y
o a
. A
su
ez,
le
in e esaba
al
máximo
g ado,
susci ando
la
más
i a
y
since a
admi ación,
la
po encia
o ganiza i a
de
la
Iglesia
Ca ólica»
~.El
no
necesi aba
plan ea se
el
p oblema
de
Dios,
en
el
que
c eía.
Pe o
e a, además,
un
ca ólico
p ac ican e.
Las injus as es ic-
ciones
a
que
ue
some ido
después
de
la
condena
de 1633 obliga-
ban
pa a
sa is ace
su
deseo
a solici a
un
pe miso
especial
que
le
pe mi ie a
sali
de
casa y asis i a
los
o icios
de la Semana San a;
pe miso
concedido,
pe o
p ome iendo
que
no
habla ía
con
nadie.
Y
en
su
e i o
de
Ance i,
pe dida
ya
la
isión,
e ugiaba su
dolo
en
una
in ocación al
Pad e:
<<JAy
de
mí,
Seno
mío
,
ues o
amigo
y
se i-
do
Galileo
se
ha
quedado
i emediablemen e
ciego
du an e
es os
úl imos
meses.
Ese
cielo,
esa
ie a,
ese
Uni e so
que
g acias a
ma a illosas
obse a-
ciones
y
cla as
demos aciones
he
ampliado
más
de
cien
y
de
mil
eces
con
es-
pec o
a
los
lími es
que
le
suponían
los
sabios
de
los
siglos
p eceden es,
a pa i
de
aho a
se
educi án
pa a
mí
a
un
espacio
poco
mayo
que
el
que
ocupa
mi
pe sona»
6•
Pa a
el ca denal
Konig,
an es
p imado
de
Viena,
no
es
sólo
un-
dado
de
una
nue a
ciencia,
sino
que
es
eminen emen e
ep esen-1
a i o del
pensamien o
c eyen e
en
lo
que
ha
sido,
como
en
o as
cosas,
un
pione o
más; y
pa a
monseño
Paul
Poupa d,
«además
de
cien í ico genial, ue
homb e
de
e,
aunque
se
conozca
poco
de
es os
sen imien os
eligiosos». Sin
emba go,
dice
mucho
a es e
e ec o
la
ca a
de
su
hija
So
Celes e del 2
de
junio
de
163 3
que
es,
sin
duda,
la epís ola
de
un
alma
piadosa
a
o a
alma
en
es ado
de
ib a
con
esa
pu eza
de
sen imien o
en
la
honda
consolación c is-
iana
que
p ocu a
7:
«Muy
que ido
Pad e:
Acabo
de
sabe
de
imp o iso ues a
nue a
p ueba.
Tengo
una
g an
pena
que
me
a a iesa
el
alma:
qué
ho ible
dolo
que
se
haya
omado
inalmen e
es a decisión.
Es
an
l
L.
Geymona
: «Galileo Galilei», p. 79 (Picola Biblio eca Einaudi).
<>
E.N .. XII. 247.
7 G. G. i
bíd
.,
Compa d
: «Galileo Galilei. 350 ans d'his oi e». p. 12.

32
MANUEL
LORA
-TA.MAYO
o ensi a
pa a
ues a
ob a
como
pa a
ues a
pe sona.
Po
el
seño
Ge i
he
sabido
es a
no icia
que
me
a o men a.
No
eci-
biendo
ninguna
ca a
de os
es a
semana
me
inquie aba
mucho
po que
eía
en
ese
silencio
el
p esagio
de
lo
que
ha
ocu ido.
Muy
que ido
y
ene ado
pad e,
es
aho a
el
momen o
de
pone
a
p ueba
es a
i ud
de
p udencia
que
el
Seño
ha
dado.
Hay
que
sopo a
es e
golpe
con
la ue za
de
alma
que
ues o
espí i u
eligioso
y
ues a
edad
compo an.
Cie amen e,
po
muchas
expe iencias,
habéis
ap endido
a
conoce
la
alsedad y
la
ines abilidad
de
odas
las cosas
de
ese
mundo
malo.
No
hagáis
demasiado
caso
de
es as
bo ascas,
sino
más
bien
ened
la
espe anza
de
que
se
apacigua án
p on o
y
que
se
cambia án
las
ci cuns ancias
que
os se án
a o a-
bles.
Yo
digo,
a lo
que
me
pa ece
que
se
puede
espe a ,
pues o
que
se
ha
mani es ado
la
clemencia a
ues o
a o
al
localiza
ues a
de ención
en
un
luga
an
ag adab
le.
También
me
pa ece
que
se
pueda
espe a
un
cambio
más
con o me
a
ues os
deseos
que
a
los
míos.
Que
Dios
quie a
pe mi i lo
si
es
lo
mejo
pa a
noso os.
Os
uego,
de
odos
modos,
que
con inuéis
p ocu ándome
el
con
-
suelo
que
me
aen
ues as ca as.
P ocu ad
da me
de alles
sob e
ues a
salud
y
sob e
el
es ado
de
ues a
alma.
Te mino
es a
ca a,
pe o
con inúo
pensando
en
os y
en
pedi
al
Seño
que
os
conceda
la
paz y el
consuelo.
De
San
Ma eo
enAnce i,
el 2
de
julio
de
ues a
a eccionada
hija
So
Celes e. A
mi
Pad e:
Seño
Gali-
leo.
Roma.»
El
compo amien o
de
Galileo
con
las
au o idades
de la
Iglesia
Ca ólica es
admi ado
po
los cien í icos
ca ólicos
eminen es.
El
ísico i aliano A.
Zichichi
dice
en
una
decla ación
de
1979: «Gali-
leo,
homb e
de
e,
se
ha
inclinado
an e
la
Iglesia,
la
Iglesia
que
ha
condenado
a
Juana
de
A co
a la
hogue a
y
la
ha
cananizado
después.»
Y
aboga
nada
menos
que
po
su
san idad.
«Galileo
ha
in en ado
la
ciencia,·
su
san idad
consis e
en
el
hecho
de
que
él,
como
homb e
de
e,
se
ha
inclinado
an e
la
Iglesia:
un
g an
ges o
de
humildad
que
pod ía,
aún
hoy,
se
pedido
a
un
cien í ico
ca ó-
lico
que
se
hubie a
an icipado
a
su
iempo
po
sus
de1cub imien os»
(Béne
G.G.)
8•
Un
econocimi
e
n o
pleno
de
la
di inidad
se
e
ncu
en a
en
boca
de
Sal ia i* (Galileo)
al
inal de
la
p ime a
jo nada
del
«Diá
logo
»:
s Beni,
G.
G., ibíd_: «Galileo
e
les mili
eux
scien i iques aujou d'hui», p.
254.
• Fic icio
po a oz
de
Galileo
en
el
deba e
con
Sang edo Simplio
en
la i
mpo
-
~n e
ob a
de
Galileo «Diálogo
sob e
los sis emas máximo's del mundo».
GALILEO GALILEI,
EL
CREYENTE
33
«Yo
concluyo,
pues,
que
nues o
conocimien o
-en
cuan o
a
su
mé odo
y
la
mul i ud
de
cosas
comp endidas
-es á
sepa ado
del
conocimien o
di ino
po
un
in ini o
in e alo;
no
lo
desp ecio,
sin
emba go,
has a
el
pun o
de
deci
que
yo
le
conside o
como
la
nada;
sino,
al
con a io,
cuando
e lexiono
sob e
an as
cosas
g andemen e
ma a illosas
que
los
homb es
han
log ado
y
buscado
y
hecho,
econozco
muy
cla amen e
que
la
in eligencia
humana
es
una
ob a
de
Dios
y
una
de
las
más
excelen es»
9.
Me ece se
des acada
la
ele ada
es imación
que San
José
de
Calasanz
en onces
pad e
Calasanz,
a agonés,
Gene al
de
la
O den
de
los Escolapios,
sen ía
po
Galileo.
Sánchez
de
la Cues a (No a
Y. p. 156) copia
de
A. Cana a («El
educado
ca ólico
según
el espí-
i u de
San
José
de
Calasanz»,Ba celona, 1925): «Mien as la en i-
dia, la igno ancia y la malicia acusaban
de
he eje
al sabio Galileo
an e
la
Cong egación
de
Roma,
Calasanz
daba
pe miso a Michelini
(pad e escolapio discípulo
de
Galileo) y a
o os
jó enes
del
Ins i-
u o
pa a
que
le
acompañasen
en
su
e i o
de
Ance i, le ayuda án
en
sus
in es igaciones y acaba án
de
o ma se
a la luz
de
aquel p o-
digio
de
la ciencia y
modelo
de
bondad.»
Nunca
le al a on, en sus
úl imos días,
dos
pad es escolapios
que
le
ayuda on espi i ual-
men e
en
el
ance
inal.
Ca a
de
Galileo
Galilei
a la A chiduquesa de Toscana 10
Galileo ue
un
exége a
de
la Sag ada Esc i u a; al discu i
sob e
ello hay
que
empeza
po
a i ma
con
el pad e F anc;ois
Russo
que
él
no
e a
un
eólogo,
a
pesa
de
que
la lec u a
de
la ca a
a C is ina
de
Lo ena,
G an
Duquesa
de
Toscana, pod ía hace nos
pensa
lo
con a io.
Según
Duba le,
Cas elli le p epa ó los
ex os
pa ís icos
que
p o usamen e
se
ci an
en
ella, p e iamen e elabo-
ados
po
un
pad e
p edicado
de
los ba nabi as. Ad ie e Russo
que
Galileo
se
ha
ocupado
de
la exégesis
de
las Esc i u as
an
sólo
en
los pasajes
que
ienen
elación
con
la
as onomía
,
sob e
odo
en
pun os
e e en es al
An iguo
Tes amen o
y p incipalmen e al
Génesis. La discusión
no
es a alo
en
es e
aspec o a
su
condición
de
c eyen e; el
mismo
au o
le conside a
como
un
buen
c is iano,
cuidadoso
de
se iel a las enseñanzas
de
la
Iglesia,
pe o
las ap ecia-
•1 Viga . G . G .• ibíd
.:
«Galileo
e
le
cul u e
de
son
emps», p. 148.
'" «A heisme e Dialogue>
>,
F.
Russo,
pp.
152
ss
. (1980).
34
MANUEL
LORA-
TAMAYO
dones
que
hace Galileo
en
la ca a a
la
A chiduquesa
en
la
que
mani ies a
su
in e p e ación
de
la Esc i u a,
en
cuan o a
la
eo ía
de Copé nico
que
él de iende,
ha
susci ado
c í icas di e sas. El
ex o
de
la ca a, muy
ex enso
pa a
al
des ina a io,
es,
sin
emba go,
un
bello ejemplo
de
li e a u a
epis ola .
El
con enido
es
cla o
pa a
el
obje o
que
pe sigue,
aunque
muy
ei e a i o
en
a gu-
men os y p oposiciones,
que
en
algunos pasajes se hace
a igoso
de
lee .
Dudo
que
la A chi_
duquesa
la
leye a
ín eg a.
Dedica emos
a ella
a ención
especial,
po que
cons i uye
un
compendio
de
su
exégesis y
un
e
s
imonio
de
su
e
.
La
ca a
es
de
1615 y ue decidida
po
Galileo
después
de
la
in o mación
que
Cas elli
hubo
de
da le
sob e
la eunión
habida
en
Palacio, con ocada
po
la
augus a
Seño a,
pa a conoce
lo
que
hubie a
de
cie o
en
sus descub imien os.
Fue
el colmo
pa a
la
i i-
ación
que
iba
almacenando
po
los
umo es
que le
llegaban
de
posibles he ejías
en
la eo ía
de
Copé nico
que
él de endía
esone-
amen e
. Y así,
de
p ime a
in ención,
esc ibe
a Benede o Cas elli
el
21
de diciemb e
de
1615
una
ex ensa
ca a
en
la que
expone
sus
pun os
de
is a
sob e
las elaciones
de
la Esc i u a
con
las ciencias
de
la na u aleza. Las ideas e idas
en
ella
son
las que desa olla
ampliamen e
en
la di igida a la A chiduquesa, apoyadas
en
g an
núme o
de
ci as
que,
como
se
dice an es,
le
ue on
suminis adas
po
el
p opio
Cas elli. El
mayo
núme o
de
ellas, ca o ce,
co es-
ponde
a
«De
Genesi
ad
li e am»
de
San Agus ín, y
en
un
o al
de
ein iuna
no
al an
ampoco
e e encias a San
Je ónimo,
San o
Tomá
s, San Dionisia, el Eclesiás ico,
e c
. Así
como
la
epís ola
a
Cas elli
u o
p on o
g an di usión y ue en iada al pad e
Lo ini
11
,
po
lo
que
pudie an
ene
de
eme a ias y sospechosas
nume osas
p oposiciones
que
se
o mulan
en
ella,
aunque
el censo
econo-
ció
que
la
doc ina
en
el ondo
e a
ca ólica. La di usión
de
la di igida
a la A chiduquesa ue muy limi ada y
no
jugó papel
en
los
p oce-
so
s, publicándose
po
p ime a
ez
en
1636
12•
En los
p ime os
pá a os
de
la ca a
se
e ie e a aquellos
que
no
pudiendo nega la e dad
de
sus descub imie
n os
celes es, i i a-
dos
po
sus a i maciones
que
los demás
acep an
aho a
sin
inquie-
ud
, esc ibe: «No
concede
ía
más
a ención
a
es os
con adic o es
que
a
o os
11
Nic
olo
L
o
ine.d
omi
nico
qu
e.
jun o al
mi
e
mb o
de la mis
ma
o den, To
mas
so,
p
o
mo
ió desde el púlpi o el
p im
e
juicio c
on a
Ga
lil
eo.
1
~
Ru
sso. ibíd ..
p.
158.
GALILEO GALILEI,
EL
CREYENTE
35
si
no
ie a
q11e
es as
nue as
calumnias
y
pe secuciones
no
se
limi an a
la
cues-
ión pa icula
que
yo
he
a ado.
Ellas
se
ex ienden al
ex emo
de
ca ga me
con
acusaciones
que
deben
se
y
so
n
pa a
mí
más
insopo ables
que
la
mue e.»
Se exp esa así
po que
-como
decíamos
an es-
ci cula
en e
umo es
la especie
de
se he é icas sus a i maciones y dice:
<<Dán-
dose
cuen a
de
que
si
me
comba en
solamen u
en
el
e eno
ilosó ico
cos a á
a-
bajo
con undi me,
han
p o egido
su
e óneo
azonamien o
con
el
man o
de
una
ingida
eligión
y
la
au o idad
de
la
Sag ada
Esc i u a,
aplicándolas
con
poca
in eligencia
a
la
e u ación
de
a gumen os
que
no
han
comp endido.
Han
lle-
gado
a
p e ende
que
mis
p oposiciones
son
con a ias a
la
Sag ada
Esc i u a
y,
po
consiguien e,
condenables
y
he é icas.»
P oclama
su
espe o, ene ación y
aca amien o
a las a i macio-
nes
de
las au o idades de la Esc i u a,
de
los
eólogos y los conci-
lios, «pe o
al
mismo
iempo
no
c eo
que
sea
un
e o habla
cuando se
ienen
azones pa a pensa
que
algunos
en
su
in e és
a an
de
u iliza las
con
un
sen ido
dis in o
del
que
la San a
Iglesia las in e p e a».
Hay
a
con inuación
la a i mación solemne
de
echaza
no
sólo los
e o es
en
que
haya
podido incu i
en
cue
.s iones
que
a ec an a la eligión,
sino
que
decla a además
no
desea ninguna discusión,
en
el caso
de
que
pudie a
da
luga a
in e p e aciones di e gen es
<po que
si
en
es as
conside aciones
alejadas
de
mi
p o esión
pe sonal
su ge
algo
que
conduzca
a
los
demás
a
alguna
ad e -
encia
ú l a
la
San a
Iglesia
a
p opósi o
de
una
decisión
sob e
el
sis ema
de
Copé nico,
deseo
que
se
man enga
y
ob enga
de
ella el
p o echo
que
las
au o i-
dades
juzguen
bueno;
y
de
lo
con a io
que
mis
esc i os
sean
desga ados
o
que-
mados,
pues
no
deseo
ob ene
u o
alguno
que
me
haga
aiciona
mi idelidad
a
la
e
ca ólica».
T ae
a con ibución,
a gumen ando
po
p ime a ez, y lo ei e-
a á insis en emen e, el
ema
del
«sen ido
li e al»
de
la Esc i u a.
El
mo i o
que
se in oca
pa a
condena
la
opinión
de
la
mo ilidad
de
la Tie a y la inmo ilidad del Sol es
que
en
muchos pasajes de
la
Esc i u a se dice
que
el Sol se desplaza y
que
la Tie a
pe manece
inmó il y «como la Esc i u a
no
puede
men i
ni e a , esul a á
po
ía de consecuencia necesa ia
que
se á
e ónea
y
condenada
la
a i mación del
que
quisie a
p e ende
que
el Sol es inmó il
po
sí
mismo y
que
la
Tie a
es mó il». Y a
p opósi o
de las p oposicio-
nes
que
se dan
en
la Esc i u a ag ega:
«que
ue on
impues as
po
el
Espí i u San o a los esc i o es sag ados
pa a
pe mi i les adap a se
a la capacidad
de
un
pueblo
ulga ,
igno an e
e ile ado;
pe o
pa a
42
MANUEL
LORA
-
TAMAYO
donde
los sabios
como
los
eólogos
pued
en,
a í ulos
di e sos,
conside a se
compe en es,
no
se
decida
de
mane a
unila e al.
El
no
p e ende
impone se, p
e o
que
no
se
le
obligue
a
abandona lo
sin
habe
es udiado los
p os
y los
con as
. A pesa de
odas
sus
in ocaciones, es ya co
nocido
que
los
eólogos
la
decla a on
o -
malmen e
he
é
ica
.
La
abju ación
de
Galileo
Es
de
es a
oca
s
ión
una
e e encia a
la
sos
pecha
undada, a
un
-
que
in
si
dio
sa,
sob e
la
since id
ad
de
la
abju ación
de Galileo;
un-
dada
po que
el h
echo
pugna
con
su
empe amen o
pa
a
llega
a
una
decla ación
an
explíci a y
con incen e;
insidiosa
po que
no
ha
y
base
alguna
pa a
susci a la.
Con
ella
se
p e ende
salpi
ca
la
eligiosidad de Galileo.
Un
ac o
como
el
que
se
ejecu aba
admi e
ma ices
y g adaciones. El
no
igno aba
que
si
la
au o
idad del
San o
O icio
exigía obediencia, su alibilidad
no
exigía
con icción.
Filippo Scco si («Il
p oceso
di Galileo»), en
un
es udio so
b e
los
p oce
sos
14
ano a
que
Galileo, dejando a
un
lado oda discu
sió
n
ace ca
de
la
ma
e ia
con o e ida
pod ía
h
abe
educido el
se
n-
ido
de
la
abju aci
ón
a
é min
os
como
és os:
«Si los jueces
ienen
azón,
abju o
en
el
sen
ido
escucha
do; p
e o
si es
án
en el
e o
,
lo
hago
como
un
ac o
de
disciplina»,
co
n lo
que
es
o
e a
un
senci
llo
econocimien o
e
s
pec o
de
la
au o idad
y
un
since o
empeño
de
enuncia
públi
camen e
a sos
ene
una
doc ina
que
e a
sos
pe-
c
ho
sa
de
he
ejía.
Galileo
no
de
sco
nocía
las limi aciones
de
la
s
ac uaciones
seguidas, g acias
al
aseso amien o
del
embajado
Nicolini y
po
la con
su
l a
ín ima
a a
lguno
s
de
los eólogos de
su
con ianza
conocía
bien
el
alcance
ela i o
de
los
dec e o
s
de
las
Cong egacione
s
oman
as y la
compe
encia
del
San o
O icio.
No
hay
qu
e p
e
de
de
is a
que
no
hubo
de inición de in abili-
dad
po
pa
e de
la
Iglesia
ni
de
su Magis e io
supe io ,
qu
e
obli
-
ga a
en conciencia a
odo
s
lo
s ieles.
El
sis ema
de
Tol
omeo
no
ha
sido de inido
nunca
co
mo
obje o
de
e ca ólica y la esis del sis-
e
ma
heliocén ico
ampo
co ha si
do
decla ada
exp esamen e
he
é ica.
Po
o
a
pa e,
la
a i mación
de
qu
e és
a
se
a
una
ealidad
1•
M.
G.,
p.
849.

GALILEO GALILEI, EL
CREYENTE
43
ue
cie amen e
echazada,
pe o
podía
segui
la discusión
como
hipó esis
de
abajo
as onómico-ma emá ica
1
Los
componen es
de
la
Cong egación
Sup ema
de
la
Inquisi-
ción,
el
San o
o icio, c eada
po
Pablo
IV
en
1542,
con
ju isdic-
ción
en
el
mundo
ca ólico,
se
eclu aban
en e
los eclesiás icos de
buen
juicio y
ec a
conciencia,
aunque
en
sus in e enciones
ac ua an
ob iamen e
como
homb es
de
su
iempo
cuyas men ali-
dades
no
e an
ex añas
al
empleo
de la
ue za
pa a
de ende
la eli-
gión,
p opia
de
la
baja
Edad Media.
No
se
les
puede
conside a
como
incu sos
en
pecado
po
sus
decisiones,
que
se
inspi aban,
cie amen e,
en
el obje i o
supe io
de
de ende
la
e:
la
Iglesia
ha
ecibido
de
Dios
una
au o idad
docen e
que
es
unción pe ma-
nen e
y
una
au o idad
coe ci i a
que
es á
obligada a eje ce
en
la
medida
que
las ci cuns ancias
de
luga y
de
iempo
la
hacen
inelu-
dible.
Algunos
san os
,
como
san
Raimundo
de
Peña o
, san
Ped o
Má i ,
san
Pío
V,
G an
Inquisido
és e, ue on
miemb os
del
San o
O icio.
Respec o
a
la
adju ación misma,
pa a
Ma i ain
16
hubo
en
los
jueces
un
«abuso
de
pode »,
po que
no
enían
de echo a obliga a
Galileo
como
si
se
a a a
de
una
e dad
de
e
que
imponía
de
mane a
in alible
una enegaciónabsolu a,
ju ando
an e
el E ange-
lio
que
«adju aba, maldecía y
de es aba
»
la
he ejía ep esen ada
po
es a
doc ina
. «
En
la
sen encia
de
condenación
- esc ibe
aquél-
se
decla aba
que
la
a i mación
de
Copé nico
había
sido
de inida
con a ia
a las Sag adas Esc i u as. De inida
¿po
quién?
¿Po la Iglesia,
po
el
Papa
hablando
ex
ca hed a
.
..
?
De
ningún
modo.
De inida
po
ellos solos,
homb es
alibles».
Pod ían
en
un
juicio p uden P.
hace
ju a a Galileo
no
p opaga
el heliocen-
ismo,
pe o
no
que
lo
u ie a
po
he é ico
y
con a io
a las Sag a-
das Esc i u as y
que
él lo
de es aba
y maldecía;
la
obediencia
eque ida
hubie a
sido
no mal
en onces
si
se
limi a a a
acep a
la
p ohibición
de
modo
p o isional,
como
una
medida
p uden e
has a
encon a
nue as
p uebas
cien í icamen e
mejo es, dando
iempo
a
que
la
e lexión
sob e
la
sepa ación
de
los
enómeno
s
na u ales
de
las Sag adas Esc i u as
pudie an
i se
imponiendo
a
los eólogos.
Pe o
los jueces
han
abu
s
ado
de
la
obediencia
eli-
" W.
B andmüll
e : «A
he
is
me
e
Dialogue». p. 137, 1980.
16
J. Ma i ain: «
De
l'Eglise
du
Ch is , la
pe
so
nne
de
l'Eglise
e
s
on
pe s
one
!.
Desclée
de
B ouw
a », 1970, pp. 345 ss.
44
MANUEL
LORA
-
TAMAYO
giosa
pedida
a Galileo.
«Pa a
deci
las
cosas
al
como son y
en
con-
c e o
-esc ibe
Ma i ain-
ellos se
han
equi ocado
no ya
en
su
cabeza y los juicios
de
su
in elec o,
sino
en
su
psicología
p o unda
y los e lejos
de
su
inconscien e
como
en
su
compo amien o
p ác ico, al ilusiona se
con
ellos mismos y
sob e
su posición
(jus-
amen e
debajo
del
Papa
en
el
é ice
de
la
je a quía),
como
omándose
p ác icamen e
po
la
Iglesia.
El
San o
O icio
c ee ía
que
un
dec e o
de
condenación
(ob a
del
pe sonal de
la
Iglesia
ac uando
como
causa p opia)
e a
un
ac o
de
la
Iglesia misma
(de
la
pe sona
de
la Iglesia)» 17•
Así
se
discu e
con
men alidad
de
hoy
sob e
unos
p incipios
que
hace
es
siglos
no
e an
ampoco
igno ados
po
Galileo;
pe o
nada le
hizo
duda .
Cansado
ya
de
la
o u a
mo al
que enía
pade-
ciendo
sólo
deseaba
e mina
lo
an es
posible
con
odo
aquello,
aúna
cos a
del
g an
sac i icio in elec ual
que
le
s
upon
ía.
Laadju a-
ción
e a
una
io
len
cia a
su
in imidad
en
lucha
en e
la
obediencia
eligiosa y
su
condición
cien í ica
que
le
o u aban
el
espí i u.
Es
el
es imonio
de
un
c eyen
e
que
piensa
acaso en lo que
podía
comp ome e
a la
unidad
de
la
Iglesia
una
pos u a
con a ia a
la
que
adop aba.
Esc ibiendo a
Fab i
dos
años
después,
con iesa
la
anquilidad
de
la
buena
conciencia
que
él
sien e
en
p esencia
de
Dios
«an e
es a
causa
po
la
que
sen ía
no
habe
podido
ac ua
ni
más
píamen e
ni
con
mayo
celo
pa a
con
la
Iglesia» 18• La
abju a-
ción
e a
since a
-como
esc ibíamos al
p incipio-
y no hay
p ue-
bas
en
con a;
sí,
en
cambio,
el
econocimien o
de
que
o a
cosa
es a ía
en
con adicción
con
sus ei e adas mani es aciones
de
e
c is. iana,
más
allá
del
sac i icio.
En
él
lucha on
la i ud
eologal
y
la i ud
del
cien í ico y
enció
aquélla.
«No
se
puede
nega
-esc ibe
Socco si-
que
en
ese
sen
i-
mien o
no
sólo
b illa
una
men e,
sino
que
la e
un
co azón,
e ulge
una e, hie e
una
olun ad:
un
homb e
comple o
al
que
hay
que
es ima
po
su
al o
ingenio
y
po
la magní ica i ud capaz
del
he oísmo.
Tal
ue Galileo.»
1-
l a i ilin. ihíd .. p. 359.
" M. G .. p.
899.