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Galileo Galilei, el creyente

Lora-Tamayo, Manuel

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GALILEO GALILEI, EL CREYENTE POR MAN UEL LORA -TAMAYO Jun o a los mé i os en la obse ación as onómica, se alo an en Galileo undamen almen e su apo ación a la ísica y el es able- cimien o de un nue o mé odo en la c eación cien í ica. Koes le , a pesa de juzga le sa cás icamen e en un análisis nega i o de las ealizaciones que, seg(m él, «se a ibuye», lo ensalza a con inua- ción como « unda do de la mode na ciencia de la dinámica, log o su icien e pa a alinea le en e los homb es que modela on el des- ino humano» . Pe o sin e e encia aho a a alo aciones cien í i- cas, los c í icos sec a ios conside an impo an e mos a a Galileo an e la opinión pública gene al como «el homb e símbolo de la libe ad cien í ica en la lucha de la Ciencia con a la Iglesia », a gu- men o de comba e en e a ella. Es a casi exclusi idad en la signi i- cación -po lo demás, incie a- que deja a un lado la ob a cien í ica del sabio pa a da p io idad a la su pues a ebeldía es sólo de una mino ía de his o iado es, aunque su icien emen e ai eada po esc i os de ensayis as enden es a hace pensa que Galileo e a un e oluciona io cien í ico ad e sa io de la Iglesia, y man ene el equí oco a a és de los siglos. Nada más lejos de la ealidad: Gali- leo e a un i me c eyen e desde la in ancia has a su mue e, sin declina siquie a du an e los d amá ico s episodios que le hizo padece no la Iglesia, sino los que, p o una cadena de e o es, c ea- on con la condena una s i uación desdichada. No o ece duda que el ambien e amilia en el que se o mó Galileo e a ca ólico. La ciudad de Pisa, donde nació, i ía es a eli- giosidad, y en ella sus pad es, aunque enidos a menos económica- men e, ocupaban una posición dis inguida que apoya más la a i mación. En el pe íodo escola ecibió p ima iamen e en un clima con ensional las enseñanzas de una escuela pública de Flo- encia, a cuya población se había asladado la amilia, y después ing esó en el monas e io de Vallomb oso ya como simple es u- dian e o como un jo en he mano monje, de cuyo ingenio hace 28 MANUEL LORA - TAMAYO elogios el pad e abad. Su ca olicismo de o igen encon a ía allí mayo opo unidad de e o za se, aunque poco o nada se sabe de es o. Ap o echando la opo unidad del a amien o de una o al- mía, es sabido que disp uso el pad e no ol e más al monas e io . Es e hecho no hay que in e p e a lo como un debili amien o amilia en las c eencias, sino, en el peo de los casos, como la esis- encia que ecuen emen e se encuen a en los pad es cuando un hijo pa a el que se ienen o o s alen ado es p oyec os demues a alguna inclinación a la ida eligiosa. No cons a que es o ue a así, pe o ello no a en mengua del ca olicismo del pad e que pudie a in lui des a o ablemen e en el hijo. Díscolo, ebelde, despiadado polemis a sí lo ue, pe o no apa- ece ningún signo de des iación y hab ía de man ene se así en su ju en ud, ya que, en e las elaciones soci ales que él buscaba y cul- i aba igu a on ele adas je a quías de la Iglesia o amilia es de ellos que, al p o ege le y ayuda le, se ían conocedo es de su ideli- dad eligiosa. Jun o a es as conno aciones des aca en él un cul o a la amis ad y una loable a ec i idad en sus elaciones amilia es. Fue un buen hijo, que man u o el buen espí i u amilia en su p eocupación po la mad e en su iudez, y po los he manos, a los que ayudó incluso a alguno de ellos en su poca disc e a conduc a. Fue am- bién un buen pad e que supo man ene el ca iño de los hijos, dis- pe s os después de su salida de Padua y cuando se había p oducido la amis osa sepa ación de la muje , Ma ina Gamba, jun o a la que i ió i egula men e. Un pu i anismo in ansigen e puede opo- ne al alo de es as a i maciones la i egula idad de esos años i i- dos ma i almen e; pe o es e hecho - cie amen e nada ejempla - no es en igo mo i o su icien e pa a nega una e que se ex e io i- zaba siemp e con el igo de odos sus ac os, sin p eocupa se de que el in elec ualismo ci cundan e pudie a ol e le la espalda. Es a p omiscuidad no ue en algunos pe sonajes de la Iglesia obs- áculo pa a la san idad. Los es ados de conciencia son solamen e de la in imidad de Dios. Las hijas ing esa on en el mona s e io de A ce i pa a su educa- ción y el hijo quedó , de común acue do y p o isionalmen e, jun o a la mad e; después omen ó sus es udios uni e si a ios, y los es- imonios de ellos, las ca as de la hija monja, y la admi ación que e elan las decla aciones del hijo, demue s an que en la ida agi- ada que lle ó su p eocupación amilia no es u o ausen e. Pe o GALILEO GALILEI, EL CREYENTE 29 no bas an es as conje u as pa a una a i mación plena de que Gali- leo e a un buen c eyen e, un homb e de e. Hay que ecu i a sus p opios es imonios que así lo ex e io izan. Es ecuen e encon a un o ecimien o a Dios de sus abajos pa a las que a El se con iaban. Al p incipio de su ob a undamen al en el o den as onómico, «Side eans Nuncius », cuando enume a inicialmen e los descub imien os hechos, esc ibe: «Todas es as cosas po mí obse adas y descubie as es os i/ imos días lo han sido g acias al an eojo que yo he cons uido, después de habe sido 11uminado po la g acia di ina». El conocía los an eceden es del an eojo, pe o se conside- aba in en o de su ealización úl ima, no ablemen e mejo ada espec o de los ins umen os an e io es. Los pad es del Colegio, el ma emá ico Cla ius en cabeza de ellos po su au o idad, descon- iaban de la exis encia de los plane as mediceos , po di icul ades en la obse ación; pe o cuando habían conseguido al in en e e - los y se in e esaban po encon a los pe íodos de sus e olucio- nes, que conside aban muy di ícil y casi imposible, Galileo esc ibe a Vin a* el 1 de ab il de 1612: « ... pe o yo engo g an espe anza de/lega a encon a los y de ini los; con ió en que Dios bendi o que me ha hecho g acia de es a solo pa a descub i an a nue a ma a illa po Su mano, pueda conce- de me ambién que yo llegue además a encon a el o den absolu o de sus e o- lu ciones». Dice que «despues de mia a ica e amen e a lan ica» ... «me concede la ue za de pode con inua muchas ho as de la noche las obse acio- nes, como ha hecho has a aqul>> 1• Inc eíble en un homb e de eacciones explosi as cuando pole- miza sob e sus in es igaciones, enía habi ualmen e una exce- len e disposición de ánimo. Así se e leja en la ca a esc i a a su amigo monseñ o Pie o Dini el 16 de eb e o de 1615, e i ién- dose a la que había di igido a laA chiduuesa C is ina, que deseaba ue a conocida an es de que en el p oceso p e isible se oma a la decisión «q ue a Dios pluguie a». «En cuan o a mi -es c ibe-, es oy an * Ab e ia u as de la s ci as: E.N .: «Edición Nacionale de ope a de Galileo». di igida po A. Fa a o (2.' ed .. 19 29· l 9 .W). 21 omo s en 20 . M.G .: «l i sce l. mca galileani . Vi a e ope a de Gal il eo Galilei». Pío Paschini (. ' '. ). G.G .: uGalileo G.1lilci. 350 ans d'his oi e (1633· 1933)». Col. «Cul u e e Di alo· guc » (Dcs dce ln c na i onal. Tou nai) . * Bclisa io Vin il e a se c e a io de l G an Duque de Toscana. 1 E.N .. IV. 6J . 30 MANUEL LORA -TAMAYO bien edi icado y dispues o que me a anca ía un ojo pa a que no me escandalice (Ma . 18.9), an es que esis i a mis supe io es sos eniendo con a ellos con pe juicio pa a el alma lo que me pa ece hoy cie o como si lo ocase con la mano» 2• Galileo decía ene la conciencia anquila como ca ólico y como cien í ico, y en o a ocasión esc ibía, casi desespe ado, que a eces sen ía ganas de quema odas sus ob as, pe o jamás le pasó po la cabeza ol e la espalda a la e. En ca a a un an iguo conocido ancés, de o igen oscano, Nicolás Fab e, que en 1603 le había escuchado unas con e encias y a ado en la e ulia de Pinelli en Padua, ag adeciendo su in e és ce ca de las au o idades omanas y de los jueces que ex ema on la se e idad po la a enuación de la condena de 163 3 esc ibía: «Todo es o me a lige menos de lo que pudie a pensa se po que dispongo de dos uen es de pe pe uo consuelo: pa a empeza , el hecho de que en mis esc i os no p11ede halla se la meno somb a de i e e encia hacia la San a Iglesia; en segundo luga , mi p opia conciencia que sól o yo conozco aqul en la ie a y Dios en el Cielo. El sabe muy bien que en es a causa que an os su imien os me p opo - ciona, y aunque han sido muchos los que han hablado con más conocimien os, no hay nadie, ni siquie a los pad es de la Iglesia , qu e haya hablado con más e o y de oción po la I glesia que yo» ~ . · Pa a Galileo exis en do s lib os undamen ales: la Sag ada Esc i u a y la Ciencia, és a en cuan o que es «el lib o del Cielo abie o a nues os ojos» 4• Es a misma idea es la de su ca a al pad e Benede o Cas elli** de 12 de diciemb e de 1611 : <<La Sag ada Esc i- u a y la Na u aleza p oceden igualmen e del Ve bo D i ino, la p ime a como dic ada po el Esp i u San o, la segunda como ejecu o a muy iel de las ó denes de Dios.» Es la misma idea del Concilio Va icano II: «La in es iga- ción me ódica, en odos los dominios del sabe , si sigue los dic- ados de la mo al, no se á nunca ealmen e opues a a la e; las ealidades p o anas y las de la e encuen an su o igen en el mismo Dios » (Gaudium e Spes, n.0 36). Y el papa Juan Pablo II, pe manen e ei indicado de Galileo, decía en nomb e de 1986 an e la Pon i icia Academia de Ciencias, e i iéndose a Galileo: «El mismo excluía una con adicción e dade a en e la ciencia ! E.N .. V. 295. ' E.N .. XIV. 215 . .i E .N .. V. 329 . .. Ben ede o Cas elli. Aba e benedic ino, que había sido discípulo de Galileo le p o esaba g an a ec o. GALILEO GALILE , EL CREYENTE 31 y la e, las dos p o ienen de la misma uen e y deben se e e i - das a la Ve dad p ime a.» L. Geymona , que es udia muy a en amen e la pe sonalidad de Galileo, ma iza es a eligiosidad: «Galileo p ocedía de un paú ca ólico y e a ca ólico, pe o el p oblema eligioso no cons i uía pa a él su úl imo e ugio; no enía pa a él ningún sen ido la p ueba de la exis encia de Dios ni la con o - e sia en e una con esión c is iana y o a . A su ez, le in e esaba al máximo g ado, susci ando la más i a y since a admi ación, la po encia o ganiza i a de la Iglesia Ca ólica» ~.El no necesi aba plan ea se el p oblema de Dios, en el que c eía. Pe o e a, además, un ca ólico p ac ican e. Las injus as es ic- ciones a que ue some ido después de la condena de 1633 obliga- ban pa a sa is ace su deseo a solici a un pe miso especial que le pe mi ie a sali de casa y asis i a los o icios de la Semana San a; pe miso concedido, pe o p ome iendo que no habla ía con nadie. Y en su e i o de Ance i, pe dida ya la isión, e ugiaba su dolo en una in ocación al Pad e: <<JAy de mí, Seno mío , ues o amigo y se i- do Galileo se ha quedado i emediablemen e ciego du an e es os úl imos meses. Ese cielo, esa ie a, ese Uni e so que g acias a ma a illosas obse a- ciones y cla as demos aciones he ampliado más de cien y de mil eces con es- pec o a los lími es que le suponían los sabios de los siglos p eceden es, a pa i de aho a se educi án pa a mí a un espacio poco mayo que el que ocupa mi pe sona» 6• Pa a el ca denal Konig, an es p imado de Viena, no es sólo un- dado de una nue a ciencia, sino que es eminen emen e ep esen-1 a i o del pensamien o c eyen e en lo que ha sido, como en o as cosas, un pione o más; y pa a monseño Paul Poupa d, «además de cien í ico genial, ue homb e de e, aunque se conozca poco de es os sen imien os eligiosos». Sin emba go, dice mucho a es e e ec o la ca a de su hija So Celes e del 2 de junio de 163 3 que es, sin duda, la epís ola de un alma piadosa a o a alma en es ado de ib a con esa pu eza de sen imien o en la honda consolación c is- iana que p ocu a 7: «Muy que ido Pad e: Acabo de sabe de imp o iso ues a nue a p ueba. Tengo una g an pena que me a a iesa el alma: qué ho ible dolo que se haya omado inalmen e es a decisión. Es an l L. Geymona : «Galileo Galilei», p. 79 (Picola Biblio eca Einaudi). <> E.N .. XII. 247. 7 G. G. i bíd ., Compa d : «Galileo Galilei. 350 ans d'his oi e». p. 12. 32 MANUEL LORA -TA.MAYO o ensi a pa a ues a ob a como pa a ues a pe sona. Po el seño Ge i he sabido es a no icia que me a o men a. No eci- biendo ninguna ca a de os es a semana me inquie aba mucho po que eía en ese silencio el p esagio de lo que ha ocu ido. Muy que ido y ene ado pad e, es aho a el momen o de pone a p ueba es a i ud de p udencia que el Seño ha dado. Hay que sopo a es e golpe con la ue za de alma que ues o espí i u eligioso y ues a edad compo an. Cie amen e, po muchas expe iencias, habéis ap endido a conoce la alsedad y la ines abilidad de odas las cosas de ese mundo malo. No hagáis demasiado caso de es as bo ascas, sino más bien ened la espe anza de que se apacigua án p on o y que se cambia án las ci cuns ancias que os se án a o a- bles. Yo digo, a lo que me pa ece que se puede espe a , pues o que se ha mani es ado la clemencia a ues o a o al localiza ues a de ención en un luga an ag adab le. También me pa ece que se pueda espe a un cambio más con o me a ues os deseos que a los míos. Que Dios quie a pe mi i lo si es lo mejo pa a noso os. Os uego, de odos modos, que con inuéis p ocu ándome el con - suelo que me aen ues as ca as. P ocu ad da me de alles sob e ues a salud y sob e el es ado de ues a alma. Te mino es a ca a, pe o con inúo pensando en os y en pedi al Seño que os conceda la paz y el consuelo. De San Ma eo enAnce i, el 2 de julio de ues a a eccionada hija So Celes e. A mi Pad e: Seño Gali- leo. Roma.» El compo amien o de Galileo con las au o idades de la Iglesia Ca ólica es admi ado po los cien í icos ca ólicos eminen es. El ísico i aliano A. Zichichi dice en una decla ación de 1979: «Gali- leo, homb e de e, se ha inclinado an e la Iglesia, la Iglesia que ha condenado a Juana de A co a la hogue a y la ha cananizado después.» Y aboga nada menos que po su san idad. «Galileo ha in en ado la ciencia,· su san idad consis e en el hecho de que él, como homb e de e, se ha inclinado an e la Iglesia: un g an ges o de humildad que pod ía, aún hoy, se pedido a un cien í ico ca ó- lico que se hubie a an icipado a su iempo po sus de1cub imien os» (Béne G.G.) 8• Un econocimi e n o pleno de la di inidad se e ncu en a en boca de Sal ia i* (Galileo) al inal de la p ime a jo nada del «Diá logo »: s Beni, G. G., ibíd_: «Galileo e les mili eux scien i iques aujou d'hui», p. 254. • Fic icio po a oz de Galileo en el deba e con Sang edo Simplio en la i mpo - ~n e ob a de Galileo «Diálogo sob e los sis emas máximo's del mundo». GALILEO GALILEI, EL CREYENTE 33 «Yo concluyo, pues, que nues o conocimien o -en cuan o a su mé odo y la mul i ud de cosas comp endidas -es á sepa ado del conocimien o di ino po un in ini o in e alo; no lo desp ecio, sin emba go, has a el pun o de deci que yo le conside o como la nada; sino, al con a io, cuando e lexiono sob e an as cosas g andemen e ma a illosas que los homb es han log ado y buscado y hecho, econozco muy cla amen e que la in eligencia humana es una ob a de Dios y una de las más excelen es» 9. Me ece se des acada la ele ada es imación que San José de Calasanz en onces pad e Calasanz, a agonés, Gene al de la O den de los Escolapios, sen ía po Galileo. Sánchez de la Cues a (No a Y. p. 156) copia de A. Cana a («El educado ca ólico según el espí- i u de San José de Calasanz»,Ba celona, 1925): «Mien as la en i- dia, la igno ancia y la malicia acusaban de he eje al sabio Galileo an e la Cong egación de Roma, Calasanz daba pe miso a Michelini (pad e escolapio discípulo de Galileo) y a o os jó enes del Ins i- u o pa a que le acompañasen en su e i o de Ance i, le ayuda án en sus in es igaciones y acaba án de o ma se a la luz de aquel p o- digio de la ciencia y modelo de bondad.» Nunca le al a on, en sus úl imos días, dos pad es escolapios que le ayuda on espi i ual- men e en el ance inal. Ca a de Galileo Galilei a la A chiduquesa de Toscana 10 Galileo ue un exége a de la Sag ada Esc i u a; al discu i sob e ello hay que empeza po a i ma con el pad e F anc;ois Russo que él no e a un eólogo, a pesa de que la lec u a de la ca a a C is ina de Lo ena, G an Duquesa de Toscana, pod ía hace nos pensa lo con a io. Según Duba le, Cas elli le p epa ó los ex os pa ís icos que p o usamen e se ci an en ella, p e iamen e elabo- ados po un pad e p edicado de los ba nabi as. Ad ie e Russo que Galileo se ha ocupado de la exégesis de las Esc i u as an sólo en los pasajes que ienen elación con la as onomía , sob e odo en pun os e e en es al An iguo Tes amen o y p incipalmen e al Génesis. La discusión no es a alo en es e aspec o a su condición de c eyen e; el mismo au o le conside a como un buen c is iano, cuidadoso de se iel a las enseñanzas de la Iglesia, pe o las ap ecia- •1 Viga . G . G .• ibíd .: «Galileo e le cul u e de son emps», p. 148. '" «A heisme e Dialogue> >, F. Russo, pp. 152 ss . (1980). 34 MANUEL LORA- TAMAYO dones que hace Galileo en la ca a a la A chiduquesa en la que mani ies a su in e p e ación de la Esc i u a, en cuan o a la eo ía de Copé nico que él de iende, ha susci ado c í icas di e sas. El ex o de la ca a, muy ex enso pa a al des ina a io, es, sin emba go, un bello ejemplo de li e a u a epis ola . El con enido es cla o pa a el obje o que pe sigue, aunque muy ei e a i o en a gu- men os y p oposiciones, que en algunos pasajes se hace a igoso de lee . Dudo que la A chi_ duquesa la leye a ín eg a. Dedica emos a ella a ención especial, po que cons i uye un compendio de su exégesis y un e s imonio de su e . La ca a es de 1615 y ue decidida po Galileo después de la in o mación que Cas elli hubo de da le sob e la eunión habida en Palacio, con ocada po la augus a Seño a, pa a conoce lo que hubie a de cie o en sus descub imien os. Fue el colmo pa a la i i- ación que iba almacenando po los umo es que le llegaban de posibles he ejías en la eo ía de Copé nico que él de endía esone- amen e . Y así, de p ime a in ención, esc ibe a Benede o Cas elli el 21 de diciemb e de 1615 una ex ensa ca a en la que expone sus pun os de is a sob e las elaciones de la Esc i u a con las ciencias de la na u aleza. Las ideas e idas en ella son las que desa olla ampliamen e en la di igida a la A chiduquesa, apoyadas en g an núme o de ci as que, como se dice an es, le ue on suminis adas po el p opio Cas elli. El mayo núme o de ellas, ca o ce, co es- ponde a «De Genesi ad li e am» de San Agus ín, y en un o al de ein iuna no al an ampoco e e encias a San Je ónimo, San o Tomá s, San Dionisia, el Eclesiás ico, e c . Así como la epís ola a Cas elli u o p on o g an di usión y ue en iada al pad e Lo ini 11 , po lo que pudie an ene de eme a ias y sospechosas nume osas p oposiciones que se o mulan en ella, aunque el censo econo- ció que la doc ina en el ondo e a ca ólica. La di usión de la di igida a la A chiduquesa ue muy limi ada y no jugó papel en los p oce- so s, publicándose po p ime a ez en 1636 12• En los p ime os pá a os de la ca a se e ie e a aquellos que no pudiendo nega la e dad de sus descub imie n os celes es, i i a- dos po sus a i maciones que los demás acep an aho a sin inquie- ud , esc ibe: «No concede ía más a ención a es os con adic o es que a o os 11 Nic olo L o ine.d omi nico qu e. jun o al mi e mb o de la mis ma o den, To mas so, p o mo ió desde el púlpi o el p im e juicio c on a Ga lil eo. 1 ~ Ru sso. ibíd .. p. 158. GALILEO GALILEI, EL CREYENTE 35 si no ie a q11e es as nue as calumnias y pe secuciones no se limi an a la cues- ión pa icula que yo he a ado. Ellas se ex ienden al ex emo de ca ga me con acusaciones que deben se y so n pa a mí más insopo ables que la mue e.» Se exp esa así po que -como decíamos an es- ci cula en e umo es la especie de se he é icas sus a i maciones y dice: <<Dán- dose cuen a de que si me comba en solamen u en el e eno ilosó ico cos a á a- bajo con undi me, han p o egido su e óneo azonamien o con el man o de una ingida eligión y la au o idad de la Sag ada Esc i u a, aplicándolas con poca in eligencia a la e u ación de a gumen os que no han comp endido. Han lle- gado a p e ende que mis p oposiciones son con a ias a la Sag ada Esc i u a y, po consiguien e, condenables y he é icas.» P oclama su espe o, ene ación y aca amien o a las a i macio- nes de las au o idades de la Esc i u a, de los eólogos y los conci- lios, «pe o al mismo iempo no c eo que sea un e o habla cuando se ienen azones pa a pensa que algunos en su in e és a an de u iliza las con un sen ido dis in o del que la San a Iglesia las in e p e a». Hay a con inuación la a i mación solemne de echaza no sólo los e o es en que haya podido incu i en cue .s iones que a ec an a la eligión, sino que decla a además no desea ninguna discusión, en el caso de que pudie a da luga a in e p e aciones di e gen es <po que si en es as conside aciones alejadas de mi p o esión pe sonal su ge algo que conduzca a los demás a alguna ad e - encia ú l a la San a Iglesia a p opósi o de una decisión sob e el sis ema de Copé nico, deseo que se man enga y ob enga de ella el p o echo que las au o i- dades juzguen bueno; y de lo con a io que mis esc i os sean desga ados o que- mados, pues no deseo ob ene u o alguno que me haga aiciona mi idelidad a la e ca ólica». T ae a con ibución, a gumen ando po p ime a ez, y lo ei e- a á insis en emen e, el ema del «sen ido li e al» de la Esc i u a. El mo i o que se in oca pa a condena la opinión de la mo ilidad de la Tie a y la inmo ilidad del Sol es que en muchos pasajes de la Esc i u a se dice que el Sol se desplaza y que la Tie a pe manece inmó il y «como la Esc i u a no puede men i ni e a , esul a á po ía de consecuencia necesa ia que se á e ónea y condenada la a i mación del que quisie a p e ende que el Sol es inmó il po sí mismo y que la Tie a es mó il». Y a p opósi o de las p oposicio- nes que se dan en la Esc i u a ag ega: «que ue on impues as po el Espí i u San o a los esc i o es sag ados pa a pe mi i les adap a se a la capacidad de un pueblo ulga , igno an e e ile ado; pe o pa a 42 MANUEL LORA - TAMAYO donde los sabios como los eólogos pued en, a í ulos di e sos, conside a se compe en es, no se decida de mane a unila e al. El no p e ende impone se, p e o que no se le obligue a abandona lo sin habe es udiado los p os y los con as . A pesa de odas sus in ocaciones, es ya co nocido que los eólogos la decla a on o - malmen e he é ica . La abju ación de Galileo Es de es a oca s ión una e e encia a la sos pecha undada, a un - que in si dio sa, sob e la since id ad de la abju ación de Galileo; un- dada po que el h echo pugna con su empe amen o pa a llega a una decla ación an explíci a y con incen e; insidiosa po que no ha y base alguna pa a susci a la. Con ella se p e ende salpi ca la eligiosidad de Galileo. Un ac o como el que se ejecu aba admi e ma ices y g adaciones. El no igno aba que si la au o idad del San o O icio exigía obediencia, su alibilidad no exigía con icción. Filippo Scco si («Il p oceso di Galileo»), en un es udio so b e los p oce sos 14 ano a que Galileo, dejando a un lado oda discu sió n ace ca de la ma e ia con o e ida pod ía h abe educido el se n- ido de la abju aci ón a é min os como és os: «Si los jueces ienen azón, abju o en el sen ido escucha do; p e o si es án en el e o , lo hago como un ac o de disciplina», co n lo que es o e a un senci llo econocimien o e s pec o de la au o idad y un since o empeño de enuncia públi camen e a sos ene una doc ina que e a sos pe- c ho sa de he ejía. Galileo no de sco nocía las limi aciones de la s ac uaciones seguidas, g acias al aseso amien o del embajado Nicolini y po la con su l a ín ima a a lguno s de los eólogos de su con ianza conocía bien el alcance ela i o de los dec e o s de las Cong egacione s oman as y la compe encia del San o O icio. No hay qu e p e de de is a que no hubo de inición de in abili- dad po pa e de la Iglesia ni de su Magis e io supe io , qu e obli - ga a en conciencia a odo s lo s ieles. El sis ema de Tol omeo no ha sido de inido nunca co mo obje o de e ca ólica y la esis del sis- e ma heliocén ico ampo co ha si do decla ada exp esamen e he é ica. Po o a pa e, la a i mación de qu e és a se a una ealidad 1• M. G., p. 849. GALILEO GALILEI, EL CREYENTE 43 ue cie amen e echazada, pe o podía segui la discusión como hipó esis de abajo as onómico-ma emá ica 1 Los componen es de la Cong egación Sup ema de la Inquisi- ción, el San o o icio, c eada po Pablo IV en 1542, con ju isdic- ción en el mundo ca ólico, se eclu aban en e los eclesiás icos de buen juicio y ec a conciencia, aunque en sus in e enciones ac ua an ob iamen e como homb es de su iempo cuyas men ali- dades no e an ex añas al empleo de la ue za pa a de ende la eli- gión, p opia de la baja Edad Media. No se les puede conside a como incu sos en pecado po sus decisiones, que se inspi aban, cie amen e, en el obje i o supe io de de ende la e: la Iglesia ha ecibido de Dios una au o idad docen e que es unción pe ma- nen e y una au o idad coe ci i a que es á obligada a eje ce en la medida que las ci cuns ancias de luga y de iempo la hacen inelu- dible. Algunos san os , como san Raimundo de Peña o , san Ped o Má i , san Pío V, G an Inquisido és e, ue on miemb os del San o O icio. Respec o a la adju ación misma, pa a Ma i ain 16 hubo en los jueces un «abuso de pode », po que no enían de echo a obliga a Galileo como si se a a a de una e dad de e que imponía de mane a in alible una enegaciónabsolu a, ju ando an e el E ange- lio que «adju aba, maldecía y de es aba » la he ejía ep esen ada po es a doc ina . « En la sen encia de condenación - esc ibe aquél- se decla aba que la a i mación de Copé nico había sido de inida con a ia a las Sag adas Esc i u as. De inida ¿po quién? ¿Po la Iglesia, po el Papa hablando ex ca hed a . .. ? De ningún modo. De inida po ellos solos, homb es alibles». Pod ían en un juicio p uden P. hace ju a a Galileo no p opaga el heliocen- ismo, pe o no que lo u ie a po he é ico y con a io a las Sag a- das Esc i u as y que él lo de es aba y maldecía; la obediencia eque ida hubie a sido no mal en onces si se limi a a a acep a la p ohibición de modo p o isional, como una medida p uden e has a encon a nue as p uebas cien í icamen e mejo es, dando iempo a que la e lexión sob e la sepa ación de los enómeno s na u ales de las Sag adas Esc i u as pudie an i se imponiendo a los eólogos. Pe o los jueces han abu s ado de la obediencia eli- " W. B andmüll e : «A he is me e Dialogue». p. 137, 1980. 16 J. Ma i ain: « De l'Eglise du Ch is , la pe so nne de l'Eglise e s on pe s one !. Desclée de B ouw a », 1970, pp. 345 ss. 44 MANUEL LORA - TAMAYO giosa pedida a Galileo. «Pa a deci las cosas al como son y en con- c e o -esc ibe Ma i ain- ellos se han equi ocado no ya en su cabeza y los juicios de su in elec o, sino en su psicología p o unda y los e lejos de su inconscien e como en su compo amien o p ác ico, al ilusiona se con ellos mismos y sob e su posición (jus- amen e debajo del Papa en el é ice de la je a quía), como omándose p ác icamen e po la Iglesia. El San o O icio c ee ía que un dec e o de condenación (ob a del pe sonal de la Iglesia ac uando como causa p opia) e a un ac o de la Iglesia misma (de la pe sona de la Iglesia)» 17• Así se discu e con men alidad de hoy sob e unos p incipios que hace es siglos no e an ampoco igno ados po Galileo; pe o nada le hizo duda . Cansado ya de la o u a mo al que enía pade- ciendo sólo deseaba e mina lo an es posible con odo aquello, aúna cos a del g an sac i icio in elec ual que le s upon ía. Laadju a- ción e a una io len cia a su in imidad en lucha en e la obediencia eligiosa y su condición cien í ica que le o u aban el espí i u. Es el es imonio de un c eyen e que piensa acaso en lo que podía comp ome e a la unidad de la Iglesia una pos u a con a ia a la que adop aba. Esc ibiendo a Fab i dos años después, con iesa la anquilidad de la buena conciencia que él sien e en p esencia de Dios «an e es a causa po la que sen ía no habe podido ac ua ni más píamen e ni con mayo celo pa a con la Iglesia» 18• La abju a- ción e a since a -como esc ibíamos al p incipio- y no hay p ue- bas en con a; sí, en cambio, el econocimien o de que o a cosa es a ía en con adicción con sus ei e adas mani es aciones de e c is. iana, más allá del sac i icio. En él lucha on la i ud eologal y la i ud del cien í ico y enció aquélla. «No se puede nega -esc ibe Socco si- que en ese sen i- mien o no sólo b illa una men e, sino que la e un co azón, e ulge una e, hie e una olun ad: un homb e comple o al que hay que es ima po su al o ingenio y po la magní ica i ud capaz del he oísmo. Tal ue Galileo.» 1- l a i ilin. ihíd .. p. 359. " M. G .. p. 899.