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La derrota permanente: Foro abierto

Abstract

Con motivo del cuarto centenario de la muerte en la hoguera de Giordano Bruno, el autor aprovecha la ocasión para recordar la derrota permanente que desde aquel1600 hubo de padecer la arquitectura a lo largo de cuatro siglos .

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La derrota permanente: Foro abierto

Author: Miranda Regojo, Antonio
Publisher: Editorial Universidad de Sevilla
Year: 2000
DOI: 10.12795/astragalo.2000.i16.09
Source: https://idus.us.es/bitstreams/8b76cb51-bd0b-4aa6-9345-3d06c2d13ecb/download
FORO
ABIERTO
LA DERROTA PERMANENTE
An onio Mi anda
Con mo i o del cua o cen ena io
de
la
mue e
en
la
hogue a de Gio dano
B uno, el au o ap o echa
la
ocasión pa a eco da
la
de o a pe ma-
nen e que desde
aquel1600
hubo de padece
la
a qui ec u a a lo la go de
cua o siglos .
...
Las Ciencias Na u ales die on sus má i es a
los es e eo ipos de los modelos sociales o o -
las hogue as y mazmo as
de
la
Inquisición. Es
males, y empeza a pensa en el cambio que el
de no a que los p o es an es a en aja on a los
ca ólicos en sus pe secuciones con a
la
in es i-
gación lib e de
la
na u aleza. Así, Ca/ ino quemó
a Se e cuando és e se hallaba ya
en
el umb al
del descub imien o de
la
ci culación
de
la
sang e,
y
lo
u o dos ho as asándose i o;
la
Inquisición
Romana po
lo
menos, se dio po sa is echa con
quema simple y ápidamen e a Gio dano B uno.
Fede ico Engels:
In oducción a
la
dialéc ica
de
la
na u aleza
El enacimien o abo ado
Desde es e inal eu opeo del siglo xx, en que
los «bu gueses» ichan en eloj indus ial, a
las ocho de la mañana, y los «p ole a ios»
iajan de acaciones
al
exo ismo u ís ico
pa a masas mayo i a ias y necias en Cancún,
una nue a pe spec i a his ó ica se ab e an e
noso os pa a quizá pe mi i nos acaba con
nue o siglo debie a ae al mundo, ese iejo,
siemp e as o mado y dolien e can o odado 115
cons uido po gases y luces es ela es.
Todas las e oluciones
-con
las pocas excep-
ciones aco adas, enacen is a (1400-1498),
ancesa (1789-1804), so ié ica (1917-1933),
española (1936-1939), cubana ( 1960) is as
desde nues a abismada a alaya no han sido
más que islo es de
mode nidad
humanís ica
en un inmenso ma de conse adu ismo esnob
-en
el mejo de los casos u ado con algún
mode nismo-
que inalmen e se ha ido a-
gando aquellas pequeñas eme gencias.
Nos encon amos hoy con un mundo hipe ca-
pi alis a
y,
en consecuencia, mise able en sus
es cua as pa es sob e las que un as u o
Pode
Financie o Mino i a io
pe manece
incon olado
(lib e)
y
con inúa
ex endiendo
su
hegemonía de dolo y mue e po odo el
-
cx -
ASTRAGALO, 16 (2000)
A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA
A icle, ISSN 1134-3672
h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.2000.i16.09
A qui ec o. P o eso de la Uni e sidad Poli écnica de Mad id
mundo. F en e a él,
un
ya longe o -casi siem-
p e inane o pasi o- pode in elec ual pe ma-
nece y con inúa siendo impo en e en los esca-
sos momen os en los que supues amen e se ha
en en ado al Pode .
El
pode o acionalidad
azonable de la azón, en po encia e olucio-
na io pe o asus ado de su p opia osadía, ha
sido casi siemp e debidamen e asimilado
-deglu ido y exc e ado- po el Pode o acio-
nalismo ma ioso de las inanzas, las a mas y
las d ogas. Dicho
de
o o modo, ese pode
popula de la azón común, ha sido con dema-
siada ecuencia, deg adado en o mas ebel-
des o esnobs po los in elec uales cómplices
del es a us pa a llega a con e i se
en
me o
unciona iado ideológico o con a e olucio-
na io al se icio de aquel Pode al que decía
- o ingía- en en a se. Ese mismo pode in e-
lec ual deg adado se ha pues o
al
se icio
an e humanismo enacen is a. Una ase ini-
cial cien í ica o semi e oluciona ia, - obó-
ica, en usiás ica y mode nis a, que
no
mode na, pe o laica, acionalis a, ci il y al
gus o in elec ual o «a is oc á ico»- ac i is a,
po an o, del pode o azón c í ica, encabe-
zada espec i amen e po B unelleschi y G o-
pius. A con inuación, una in e upción an ihu-
manís ica de iolencia y ho o a ca go del
Pode (dine o y a mamen o) con sus gue as
económicas: eligiosas en
un
caso, e
id
eológ
i-
cas (económicas) en el o o. Y po in, una
ase bu onesca y ecléc ica di igida al gus o
ulga , una ase e isionis a o nos álgica,
encabezada espec i amen e po Romano y
Kahn. Es a úl ima época, igualmen e mode -
ni
s a o an imode na
-de
mane as manie is as-
plena de con usión o mal, end ía a es a
de inida po una ambición simbólica, me a í-
116 di ec o o indi ec o de la explo ación nacional sica, o malis a, dis ac i a, an asiosa, pos-
e in e nacional ejecu ada sob e inmensas mode na y decaden e.
muchedumb es des alidas. Los mejo es ce e-
b os, po ejemplo de la ísica, en can idades
eno mes abajan pa a la más so is icada,
sinies a y le al indus ia de a mamen o.
Así pues, en la segu idad de que an o más
desconocemos
el
pasado, an o más nues o
u u o es desg aciado, e ocedamos unos
pasos pa a pode e mejo . La mis i icación o
encub imien o de las mise ias del pasado es el
p incipal se icio que los in elec uales o gáni-
cos, ancilla es o lacayunos p es an al Pode , o
sea, a la dic adu a del capi al sob e el mundo.
Quie o pensa , desde la a qui ec u a, que
cuando se es udie el siglo
xx
con mayo dila-
ción y pa simonia, se á con emplado como
una homo ecia con aída del us ado y us-
Aquel pe íodo ipa i o y enacen is a dese
m-
bocó -hace aho a 400 años jus os-en la
hogue a que ab asó el cue po de Gio dano
B uno (1600). El pe íodo simila con empo á-
neo se ex iende -cuando amos a cambia de
siglo-con las con inuadas hamb unas y masa-
c es en
el
Segundo, Te ce o y Cua o Mundo.
El siglo
XVI
e minó, ue ema ado y ce ado
en su úl imo año, con la combus ión de
B uno, aquel ep esen an e de quienes i ían
y pensaban con la
a
zón po delan e. No nos
puede ex aña el ho ible pesimismo del
XVII,
una ez zanjada de ini i amen e ( an o po
ca ólicos como po p o es an es) cualquie
eleidad ebelde, enacen is a, paganizado a,
emancipado a y humanis a
'.
-
CXV
I -
Pa a nues a misión pe spec i a, de nada ale
la
p ecisión maníaca en las echas his ó icas.
Po ello, y delibe adamen e, las u ilizo
g osso modo aunque con la su icien e p eci-
sión pano ámica. E i a el de alle obsesi o,
al ez nos pe mi a e mejo el bosque sin
que los á boles nos sean ajenos o desconoci-
dos. Y el bosque es asequible: el g an sal o
enacen is a desde un mundo de anonima os
y es amen os a o o mundo de pe sonalidades
y clases sociales, ue como casi siemp e ha
sido una seudo e olución que cambiaba las
o mas de la op esión
-el
modelo de bo a
humillan e- dejando in ac o el con enido de
la explo ación, es o es, la ap opiación p i ada
del p oduc o social y colec i o.
Como luego e emos y cualquie a conoce,
las clases dominan es (en e las que ya se
pod ía empeza a inclui a cie a p o obu -
guesía o plebe an ipopula ) ienen a esquil-
ma a Eu opa en e 1400 y 1900, pa a lo cual
e is en su cul u a hegemónica de 500 años,
con un clasicismo más o menos bas a do, en
unción de sus necesidades ideológicas, es
deci , económicas. Así pues, la alsa a is o-
c acia del dine o
- al
y como sospecha a
Vol-
ai e- cons uye
un
único, uni a io y com-
pac o ciclo u ili a is a y ulga de cinco
siglos, aunque disimulado y oceado po el
pode se il de los es ilis as cuyo juego de
sie e dis aces pod ía expone se de modo
udimen a io y esquemá ico así: Renacimien-
o (1400-1500), Manie ismo (1500-1600),
Ba oco (1600-1700), Rococó (1700-1800),
Neoclásico ( 1800-1825), Roman icismo
( 1825-1850) y Eclec icismo His o icis a
(1850-1900).
La somb a omán ica, pues, se ex iende en e
1500 y 1900. No es sólo la moneda que se
nos qui a, sino sob e odo, la mane a que se
nos impone, aquello que el dedo ea al del
Pode inmo ilis a señala pa a en e ene nos
haciéndonos soña que el mundo cambia y
mejo a. Cuando el dedo señala, el idio a mi a
el dedo -dicen en O ien e- pe o algunos pen-
samos en Occiden e que más idio a aún es
aquel que mi a a donde el dedo -mediá ico y
espec acula - del enemigo señala'.
Pa a explica la homo ecia an edicha, me
de end é en las monedas y cuen as de los dos
p ime os pe íodos, sin deja de lado los dis-
aces, mane as y cuen os que - an asiosa y
ag adablemen e- los encub en. Nues o labo-
a o io es el mejo deseable: la a qui ec u a,
siemp e dependien e del Pode , po su in ín-
seco y económico débi o con el ma e ialismo
capi alis a.
A lo la go del siglo x , la jo en, ilus ada y
e oluciona ia bu guesía no iene el pode
polí ico aunque sí una buena pa e del pode
económico, como ya se demos aba con la
inanciación de la campaña de Indias desde
España. En I alia, el en usiasmo po las libe -
ades epublicanas se a ma con la ideología
de la Razón con e ida en mi o endible,
semb ándose así la semilla de los males pos-
e io es a ibuibles al acionalismo p ocus e-
ino, mecánico, dogmá ico y abs ac o, an
ca gado de i acionalidad como de me a ísica
escolás ica y eacciona ia.
La es au ación del clasicismo a qui ec ónico
an iguo, a ado con el nue o ins umen o
pe spéc ico, iene a sa is ace las laicas ape-
-
CXVII-
117
ASTRAGALO,16(2000)ISSN 1134-3672
118
encias de una « azón humana» unida a la
azón na u al de la que acionalmen e dice
habe se ap opiado. A esanía écnica y p o-
ociencia con luyen y coinciden
en
una disci-
plina que
-a
causa de
la
i ma áulica, empieza
a pe de el su an iguo y sano anonima o que
ga an iza la sabidu ía- la a qui ec u a como la
p ime a y nue a ciencia. La a qui ec u a
iene a se ecupe ada
-sólo
en apa iencia-
como la in eligencia o sabidu ía uni e sal y
omnímoda ci ada en P o e bios-B. Es a
bíblica y e dade a sabidu ía -p esen e en
el
gó ico semi anónimo o despe sonalizado-
en
nada se dis ingue del Alma Uni e sal de Gio -
dano B uno, cuya máxima a qui ec ónica ci a
Abe! Ma ín con elación a
la
au oconciencia
in eg al del uni e so en e o pe cep ible
en
cada uno de sus pun os: Anima o a
in
o o e
qualibe o ius pa e 3•
Fue p ecisamen e la a qui ec u a, con
su
capa-
cidad de coo dinación dimensional, con su
sis emá ica modula , con su geome ía apli-
cada
al
espacio y
al
iempo
-y
po más que
las ada po el ecien e pe sonalismo de au o-
ía-
la que, a
mi
modo de
e ,
pone las bases
del nue o pensamien o cien í ico. Pa a ilusión
de enacimien o, la nue a y an igó ica acio-
nalidad espacial del Sen ido
en
la
o ma
a qui ec ónica se hace apa en emen e uni a ia
con la acionalidad Lógica y mecánica de
la
es uc u a esquelé ica. Pe o la Ve dad, es que
B unelleschi in en a ( e ela o descub e), en
S a. Ma ía de Fio e,
un
clasicismo, que
-como
el
del Pan eón (más de mil años an e-
io )- escondía la menos clásica de las es uc-
u as. Los a cos ala eados de di ec iz es é-
ica que cons i uyen
la
a madu a del Pan eón,
ue on habilmen e ocul ados po case ones
epidé micos aco des con
el
clásico Pa enón
que luego ingi ía la en ada p incipal.
En
Flo encia, de ese modo, aquella a madu a
ue
sus i uida po o a de a cos gó icos
-con
meno empuje ho izon al- a
su
ez encubie a
po la más neu al de las plemen e ías. Hay
una g an alsi icación en el o igen, pe o al
menos la imagen u bana publici a ia había
sido conseguida po aquellos mode nos y
audaces bu gueses a ican es de la seda.
El
código no ma i o, e icula , acional y ca-
nónico se ha ía ca go, a pa i
de
en onces, del
espacio na u al así ci ilizado y acionalizado.
Na u aleza, cul u a, his o ia, sociedad y azón
se ían ac isoladas en
un
solo o den a mónico
de la máxima cohe encia en e é ica (bien),
á ica ( e dad) y es é ica (belleza).
La
sín esis
a í icial y cósmica
se
hacía posible en la ciu-
dad g acias a la a qui ec u a, y
al
dine o de
una bu guesía eme gen e que ya había pac ado
con
la
«nobleza» descenden e
la
mane a
-manie is a- de epa i se
el
bo ín.
La u opía de las ciudades ideales queda ía
pa a los iempos de pa o p o esional, desc é-
di o o c isis económica. Mien as an o y
en onces, pa ecía posible la ealidad del Hom-
b e Lib e (bu gués), en una ciudad lib e (libe-
al), mode na, epublicana y eal.
Un
lenguaje
en sen ido es ic o,
un
sis ema de elemen os
de ca álogo o dicciona io, some idos a o ma
po una es uc u a g ama ical y sin ác ica
cons uc i a, da ía luga a una ipología o sis-
ema uni e sal en que el signi icado aislado
de
los elemen os desapa ece ía an e
el
empuje
con encional del nue o mé odo acional. La
pe manencia de la es uc u a
-como
en
la
-
CXVJII-
na u aleza- enía a se ga an ía de la iqueza,
di e sidad y a iedad de las o mas, po
aquella es uc u a gene adas y de i adas. La
uni e salidad cosmopoli a del espacio, g a-
cias a la mé ica y la geomé ica de la a qui-
ec u a, se ma e ializa ía en una espacialidad
cien í ica de
un
uni e so has a en onces mi o-
lógico. Así, en plena ilusión acionalis a e
in elec ual o abs ac a, los p oblemas de la
o ma u bana
no
se án mili a es
ni
econó-
micos sino exclusi amen e a qui ec ónicos,
es deci , mecánicos, espaciales y óp icos. La
g an supe s ición u banís ica había sido
pues a en ma cha. El u banismo a la sici-
liana, es o es, al se icio de la p opiedad p i-
ada
-o
es a al, lo mismo
da-
ya
no
nos
abandona ía has a nues os días.
Albe i, eó ico del g an mon aje y con la
ingenuidad del momen o, asegu a á que cada
ciudad se á una g an casa ideal y que cada
casa se á una ciudad ideal. Pe o
un
ma imo-
nio -celeb ado po los sace do es del Pode -
en e el nue o lenguaje in elec ual y
el
clasi-
cismo, engend a ía una sín esis demasiado
dialéc ica y pa adójica como pa a se cie a y
au oén ica. Los a qui ec os
al
menos, y a
pesa de su ciego idealismo, sabían los ucos
que se escondían de ás de los pla ónicos ple-
men os.
En cualquie caso, ya hemos llegado al inal
del siglo x y
el
en usiasmo
no
ha decaído.
Po
el
con a io,
el
pueblo de Flo encia a e-
ba a a ame icanos y anceses la p imogeni-
u a de la epública bu guesa (una epública
popula hubie a sido impensable) y nomb a
p esiden e
al
e oluciona io y isiona io
dominico Sa ona ola. Una «hogue a a dien-
e» encendida po el opo uno pac o en e el
papado y la a is oc acia, en los inales del
siglo e mina á
no
solamen e con Sa ona ola
y la República sino en la des ucción de oda
aquella espe anza ilus ada e idealis a del
mejo humanismo polí ico, social, ilosó ico
o a qui ec ónico que había sido pues o en
juego du an e los úl imos cien años.
El
inal
de oda espe anza panhumana ilus ada po la
acionalidad llega ía de la mano de Ca los V
con el Sacco de Roma en 1527. Pa a que al
ope ación no quedase incomple a, a pa i de
en onces el acionalismo, -aplicado ya sin
mayo es pudo es a consolida e inc emen a
la in e e ada cos umb e de la ap opiación
p i ada y mino i a ia de los p oduc os colec-
i os o del abajo social- no deja ía de c e-
ce has a es os mismos an in o má icos
como ecnológicos momen os.
La pe manen e de o a
de la a qui ec u a omnímoda
Así llegamos al año 1500.
El
Renacimien o
i aliano
-que
en el es o de Eu opa
no
empe-
za ía jamás- is o desde nues o abismado
o e o, ha concluido pe o
no
así sus modales
p e e idos. La ideología dominan e en
Eu opa
-que
como sabemos
no
es o a que la
ideología de la clase dominan e o aquella que
necesi a el Pode pa a pe pe ua se en el
pode - p opone, dispone, impone y pone en
ma cha un neoclasicismo moná quico,
un
hipe clasicismo impe ial den o del clasi-
cismo, una segu idad que e mine no sólo con
la a en u a go icis a, bá ba a o popula , sino
que sea ambién capaz de ba e has a las úl i-
mas cenizas epublicanas. Se a aba de un
-
CXIX-
119
ASTRAGALO,16(2000)ISSN 1134-3672

120
manie ismo simila
al
de aquella segu idad
p o oba oca que le debió de se o ecida a
Augus o pa a cons ui su impe io con los
pecios epublicanos. Algo simila o pa ecido a
aquella segu idad económica que
-en
el
siglo
xx-
apo a ía Le Co busie al mode nismo
inancie o de los menos augus os cons uc o-
es de subu bios, iene en el siglo
XVI
de la
mano de B aman e pa a legi ima una injus i-
cia social an ic is iana e in ole able.
U ilizando maque as de g an amaño, B a-
man e esuel e el p oblema que más a de
explo a ía Vignola, haciendo explo a
-decons ui
di íamos hoy con la je ga de la
seudo iloso ía ancesa al
uso--
la
si
n axis
que luego se ecompond ía en el pas iche p e-
ba oco.
La
misma sin axis que Palladio
explo a ía después con aquel su an iu ópico
expe imen alismo p ác ico y bu gués cuya
disciplina au ónoma y ealis a ab i ía las pue -
as a las nue as ipologías demandadas po la
clase despiadada que le pagaba y man enía.
El gene alizado y obsequioso o ecimien o, el
«p oblema esuel o» y lis o pa a se endido
pod ía exp esa se así: sin pe de l
as
aíces
hi
s ó icas del lenguaje clásico y su combina-
o ia de Ó denes
-ya
ci ilizada po la bu gue-
sía ci il y eligiosa- encuén ense los eso es
de
escala ipológica
que pe mi an cub i sin
pe de las o mas, las más pequeñas y las
mayo es es uc u as mecánicas. Se ía Galileo,
cien años más a de, quien demos a ía la
imposibilidad de auna sob e la Tie a, el
man enimien o de la o ma y el aumen o sus-
ancial de los amaños. Pe o de momen o, y
aunque sólo en apa iencia, lo que si ió pa a
S. Pie o in Mon o io, se i ía pa a S. Pie o
in
Va icano: la cen alidad única e ideal del
cosmos y
el
idealismo más despiadadamen e
ma e ialis a, inie on a o alece la amba-
lean e imagen del papado. En palab as de
Ta u i, el apun alamien o se ealizó
po
medio
de una pe ec a unidad en e dogma, na u a-
leza e his o ia.
El
egoísmo indi idualis a, p opio de la bu -
guesía u ili a is a, se a imponiendo sob e las
masas; con odo ello el desc édi o espec o a
los alo es humanos no hace m
ás
que c ece .
El sueño humanís ico encabezado po los
in elec uales o gánicos de la nue a clase
empieza a disol e se en e ec ismos emociona-
les, en imp esionismos cuyos obje os pie den
su en idad a eba ados po la luz que los ena-
jena; la ea alidad sus i uye a la imposible y
dolo osa ealidad enajenada o dis azada con
deco aciones que simulan cie a p o isionali-
dad. Cuando mue e el en usiasmo po la posi-
ble ealidad acional - alacia que siglos m
ás
a de se ía ecupe ada, con el mismo eaccio-
na io
in,
po el idealismo alemán-solamen e
queda
el
ecu so ilusionis a, e isionis a y
cínico de la espe anza engañosa. La abs ac-
ción deco ada, la an asía e ec
i
s a, la icción
ic o iosa, la e asión apolí ica y el huma-
nismo como quime
a,
modela án el inglado
gené ico que
l
o ece a pa i de 1500.
Cuando po in, as siglos de la ada lucha
social, se ha conseguido sus i ui en el cen o
del mundo
-y
del pa eluz gó ico-- a los dio-
ses de pied a po el e ce a co abie o al paso
del Homb e; p ecisamen e cuando apa ece la
luz as
el
une!, se descub e y demues a que
el homb e, lejos de se el cen o del uni e s
o,
es un habi an e oscu o de
un
oscu o plane a
-cxx -
pe dido en la inmensa oscu idad del um-
e so. Pico y Ficino, ep esen an es del mejo
laicismo del an e io siglo x , habían ins a-
lado al homb e en el cen o del cosmos pa a
ecupe a su dignidad an e la dic adu a
-que
no au o idad- del dine o y las a mas. Así
pues, el uni e salismo, que hacía sólo
lOO
años pa ecie a an p o undamen e panhu-
mano, de iene en bande a de an ihumanidad
inancie a in e nacional con el pac o econó-
mico de hie o en e la bu guesía, la
«nobleza» y el papado.
Lo
In e nacional,
(¡ya desde en onces!) ue a eba ado a las
clases abajado as pa a se con e ido en
el
g an ins umen o inancie o asnacional,
libe al y global.
El ya imposible modelo de uni e so único,
gi ando al ededo de un cen o único
-medie al e inhumano- si uado en el geo-
cén ico y eocén ico plane a Tie a, es aba
siendo bo ado y ba ido po un nue o
modelo más cien í ico inducido desde la plu-
alidad
de
los mundos p oclamada po el
dominico Gio dano B uno po en onces aún
no encadenado en el cas illo de San angello.
El nue o mundo soñado po el humanismo
enacen is a, el espacio lib e donde la pe -
sona humana bu guesa y ci il ocupa ía el
luga cen al ocupado has a en onces po el
pode mili a de los i anos y de la Iglesia, no
encon aba su co ela o en la ciencia del cos-
mos. El modelo heliocén ico de Copémico y
Galileo, qui aba del medio a Dios, pe o am-
bién al Homb e ecién llegado al luga cen-
al. La con adicción golpeaba con el alda-
bón de la imp en a y en aba. Cuando ya
pa ecía que po in el cen o del mundo
pod ía se la pe sona humana y que el lai-
cismo humanis a sus i ui ía al pode de
la
supe s ición
-la
ins i ución y la seudo eli-
gión ca ólica o lu e ana- es p ecisamen e la
ciencia laica quien demues a el simplismo
de la cen alidad. Los a qui ec os manie is as
de mane a simila a los pe os locos de Pa -
lo -<::on undidos po la doble ambigüedad
en e ca olicismo y p o es an ismo, po un
lado, y en e una eología o ideología agónica
y una eo ía o geome ía cosmogónica, po
o o-deciden un exaspe ado y desespe ado
policen ismo, un espacio manie is a, ag-
men ado y escép ico 4•
Miguel Ángel
- as
el Sacco de Roma-es el
mejo ejemplo del pe o loco, lúcido, i ánico
y desespe ado que soma iza oda la c isis
ex e io y el nau agio del humanismo y los
aduce en los mani ies os mons uosos de la
Po a al P a o o la Po a Pía. Allí Miguel
Ángel ep esen a al suicida es é ico po an o-
nomasia. Po una siemp e necesa ia pa adoja,
de la dialéc ica y de la negación y sólo de
ellas b o a el conocimien o supe io . De la
doxa o locu a abe an e de la Po a Pia no
b o a ían has a el día de hoy, más que o as
locu as'.
Po pa adoja ambién, el c i icismo manie-
is a, acosado po la c isis en el concep o de
espacio, in en a den o de sus mise ias
mode nis as
-es
deci , seudo o an i mode -
nas-un nue o acionalismo espacial que se á
ecupe ado cua ocien os años más a de po
la pa e más omán ica del Mo imien o
Mode no. La pa adoja his ó ica se hace e -
dad una ez más, cuando emos que ue p e-
cisamen e en onces, como lo es aho a,
-CXXI -
121
ASTRAGALO,16(2000)ISSN 1134-3672
122
cuando la a qui ec u a
-que
desde ue a había
i ado de la cabeza de la p o ociencia en la
mayéu ica del siglo
x -
ue, una ez más,
con e ida en ins umen o ancilla y deco a-
i o del oscu an ismo o mal. Aun así, el
espacio lexible y policén ico dila able y con-
aíble, y en los mejo es casos an ina u alis a
y ea al, cons i uye la escasa mena ex aíble
de aquel siglo de gangas a qui ec ónicas.
Con
las
excepciones de odos conocidas, una
plé-
o a
de
«in en o es i ónicos» -Genga, Romano,
Alessi, Tibaldi, Am nanna i, Ligo io- hacen de
la a qui ec u a
al
gus o del Pode local, una
celeb ación amane ada y cínica, menos
he é ica que sensualis a, menos licenciosa
que ulga , menos su ealis a que ex a a-
gan e, menos he mé ica que ambigua,
menos i eal que an asiosa, menos i ónica
que za ia, menos neu ó ica que i acional,
menos aleg e que salaz, menos con aminada
que in ec a, menos libe a ia que libe al,
menos sensual que sen imen al, menos u o
de a iaciones que de a iedades, menos
e oluciona ia que ebelde, menos c í ica
que bu onesca 6.
El a qui ec o incapaz de ob ene la única
belleza posible po medio de la e dad y la
azón puede, a a és de la seducción acilis a
y ulga del espec áculo y la deco ación edul-
co ada, con ence a los desp e enidos. El que
no puede c ece , si quie e subi , ha de epa .
Deco a i ismo e ec is a e i acionalidad
-bien
lu e anos, bien cal inis as- comple a on aque-
lla descomposición posmodema de la a qui-
ec u a ca ólica. Po que la ín ima calidad
coincide con aquella que uni ica en un solo
obje o lo also y lo p e encioso.
El cosmopoli ismo social del cua ocien os
dio paso a
un
indi idualismo g ega io, naciona-
lis a, bu gués, p o es an e y p o inciano que
ex endió la deg adación edilicia po oda
Eu opa. El simbolismo numé ico de pi agó i-
cos y neopla ónicos que dio luga a la o ma
poé ica, musical y abie a de la an igua sabi-
du ía, engend ó
un
pedes e an opomo ismo
na u alis a, animis a y mágico, pe o pleno de
las alego ías ulga es p opias de una a is o-
c acia abu guesada, plebeya, oscu an is a y
an icien í ica. Los anhelos popula es y socia-
les de jus icia y libe ad ue on disuel os en la
abs acción escenog á ica y en una e ó ica
sensualis a, na u alis a e in o mal, apa en e-
men e an iclásica, aunque simplemen e p o o-
omán ica, y las ada po ello de necia a bi-
a iedad
al
«gus o pe sonal»
Nada an idículo como el in en o de imi a a
la na u aleza, no en sus mé odos biónicos,
sino en sus obje os y p oduc os.
Un
ge men
del na u alismo manie is a ya había sido sem-
b ado en el siglo x con
el
almohadillado ús-
ico y ki sch del abajo alsa io con la pied a.
A pesa de odo, el c ecimien o del p edomi-
nio ideológico laico de aquella p imi i a bu -
guesía ilus ada y acionalis a pa a la que a-
bajó B unelleschi, aunque elen izado, no se
de iene. La Iglesia y
la
Re o ma -en egadas a
pac os con los pode es inancie os- man ie-
nen el p edominio ideológico, aho a más que
nunca, i acional, plebeyo y an isocial del que
la a qui ec u a, nunca inocen e, se con ie e
en ins umen o imp escindible y sus ancial.
Den o de semejan e c isis de o igen econó-
mico, son los a qui ec os menos do ados, los
más p ác icos y menos comba i os los que
-
CXXII-
p ocu an, al menos, ob ene g andes enca -
gos. Son los ecnóc a as opo unis as del
momen o que enuncian a su papel in elec-
ual y c í ico
...
Sangallo, Vignola, Fon ana.
Todos ellos se limi a án a da cobe u a o -
mal e osímil, y con ecuencia ace ada, a
un p og ama y ipología ijados de an emano
po los clien es áulicos. O os de en e ellos,
den o y ue a de Roma, se dedica án a aba-
ja
sob e los planos de
la
«ciudad ideal»,
pe o es a ez no desde la u opía humanís ica
sino desde su con adicción: la ealidad mili-
a y o i icada pa a la de ensa de los in e e-
ses dominan es en e a la nue a a ille ía
a mada po el compe ido en los negocios.
«El ocaso de ini i o de las ideologías supe es-
uc u ales del Humanismo queda así sancio-
nado» dice Ta u i y con inúa: «En los siglos
sucesi os la a qui ec u a
no
end a más eme-
dio que acep a su papel de e agua dia en las
as o maciones u banas o cub i lo con
el
ondoso pe o pa é ico lo ece de una e asi a
y e ó ica celeb ación de imágenes».
A pesa de lo dicho, la o ma
Pan eón sob e
Pa enón,
que a su modo in en a on B a-
man e o Palladio end á a ex ende se de al
modo y con al exi o que cub i á -pa a mayo
humillación- la a qui ec u a áulica de los
siguien es cua ocien os años en odo el
mundo occiden al. Hoy mismo bas a pasea
po Be e ly pa a pode dis u a de esa a qui-
ec u a basu a que an o nos gus a.
De
hogue a en hogue a
Del lib o
Las Semanas del Ja dín: «El espí i u
apologé ico se
e
conoce ambién en el i aje
de
la a qui ec u a, especialmen e a pa i de
Buona o i,
en
la o ganización alle a ul a e-
a al de las achadas del ba oco, achadas
o a o ias, suaso ias, oci e an es, ges iculan-
es,
inc epan es
[.
..
] el emplo ya no es á
segu o del eso o que gua da
[.
..
]y
sale a la
pue a de la calle a p egona su me cancía.
Son ademanes en á icos, d amá icos, p epo-
en es de o ado sag ado, que señalan la pé -
dida de la e y su encanallamien o en p opa-
ganda: los cue nos del on ón pa ido son los
b azos de
un
p edicado que g i a "Pasen y
pasen, seño es, a la g an ba aca, al ba a illo
de
la edención";
lo
que,
po
lo demás, am-
poco excluye, ni muchísimo menos, la ame-
naz
a.
» (Ra ael Sánchez Fe losio).
La ciencia mode na, p oclama el asép ico
Ki cho ,
no
explica
ni
debe explica sino
que desc ibe o debe desc ibi la ealidad. 123
Has a ese pun o an es ic amen e disciplina ,
la ciencia debe abs ene se de explica , opina
y
sob e odo as o ma inopo unamen e la
ealidad. A o unada
y
pa adójicamen e, la
a qui ec u a cuan o más au én ica, an o más
se aleja de esas ciencias abs ac as
y
descom-
p ome idas a la ez que an o más abandona
el campo de las obnubilado as, manipulables,
deslumb an es
y,
en é minos gene ales,
supe luas a es plás icas. Aun así, el más
alioso comp omiso de la a qui ec u a
-como
la ecnología en el mejo obje o,
como la mejo música de cine, o el mejo
á bi o de u bol- a p ime a is a se
mues a
impe
c
ep ible.
Bien a su pesa , la mejo
a qui ec u a -aunque con mucha meno p eg-
nancia que la
peo -
ambién desc ibe, ep e-
sen a e incluso p esc ibe.
-
CXXIII
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ASTRAGALO,16(2000)ISSN 1134-3672