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La derrota permanente: Foro abierto

Miranda Regojo, Antonio

Abstract

Con motivo del cuarto centenario de la muerte en la hoguera de Giordano Bruno, el autor aprovecha la ocasión para recordar la derrota permanente que desde aquel1600 hubo de padecer la arquitectura a lo largo de cuatro siglos .

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FORO ABIERTO LA DERROTA PERMANENTE Antonio Miranda Con motivo del cuarto centenario de la muerte en la hoguera de Giordano Bruno, el autor aprovecha la ocasión para recordar la derrota permanente que desde aquel1600 hubo de padecer la arquitectura a lo largo de cuatro siglos . ... Las Ciencias Naturales dieron sus mártires a los estereotipos de los modelos sociales o forlas hogueras y mazmorras de la Inquisición. Es males, y empezar a pensar en el cambio que el de notar que los protestantes aventajaron a los católicos en sus persecuciones contra la investigación libre de la naturaleza. Así, Ca/vino quemó a Servet cuando éste se hallaba ya en el umbral del descubrimiento de la circulación de la sangre, y lo tuvo dos horas asándose vivo; la Inquisición Romana por lo menos, se dio por satisfecha con quemar simple y rápidamente a Giordano Bruno. Federico Engels: Introducción a la dialéctica de la naturaleza El renacimiento abortado Desde este final europeo del siglo xx, en que los «burgueses» fichan en reloj industrial, a las ocho de la mañana, y los «proletarios» viajan de vacaciones al exotismo turístico para masas mayoritarias y necias en Cancún, una nueva perspectiva histórica se abre ante nosotros para quizá permitirnos acabar con nuevo siglo debiera traer al mundo, ese viejo, siempre trasformado y doliente canto rodado 115 construido por gases y luces estelares. Todas las revoluciones -con las pocas excepciones acotadas, renacentista (1400-1498), francesa (1789-1804), soviética (1917-1933), española (1936-1939), cubana ( 1960) vistas desde nuestra abismada atalaya no han sido más que islotes de modernidad humanística en un inmenso mar de conservadurismo esnob -en el mejor de los casos trufado con algún modernismoque finalmente se ha ido tragando aquellas pequeñas emergencias. Nos encontramos hoy con un mundo hipercapitalista y, en consecuencia, miserable en sus tres cuartas partes sobre las que un astuto Poder Financiero Minoritario permanece incontrolado (libre) y continúa extendiendo su hegemonía de dolor y muerte por todo el - cxvASTRAGALO, 16 (2000) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Article, ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2000.i16.09 Arquitecto. Profesor de la Universidad Politécnica de Madrid mundo. Frente a él, un ya longevo -casi siempre inane o pasivopoder intelectual permanece y continúa siendo impotente en los escasos momentos en los que supuestamente se ha enfrentado al Poder. El poder o racionalidad razonable de la razón, en potencia revolucionario pero asustado de su propia osadía, ha sido casi siempre debidamente asimilado -deglutido y excretadopor el Poder o racionalismo mafioso de las finanzas, las armas y las drogas. Dicho de otro modo, ese poder popular de la razón común, ha sido con demasiada frecuencia, degradado en formas rebeldes o esnobs por los intelectuales cómplices del estatus para llegar a convertirse en mero funcionariado ideológico o contra revolucionario al servicio de aquel Poder al que decía - o fingíaenfrentarse. Ese mismo poder intelectual degradado se ha puesto al servicio trante humanismo renacentista. Una fase inicial científica o semi revolucionaria, -robótica, entusiástica y modernista, que no moderna, pero laica, racionalista, civil y al gusto intelectual o «aristocrático»- activista, por tanto, del poder o razón crítica, encabezada respectivamente por Brunelleschi y Gropius. A continuación, una interrupción antihumanística de violencia y horror a cargo del Poder (dinero y armamento) con sus guerras económicas: religiosas en un caso, e id eológ icas (económicas) en el otro. Y por fin, una fase bufonesca y ecléctica dirigida al gusto vulgar, una fase revisionista o nostálgica, encabezada respectivamente por Romano y Kahn. Esta última época, igualmente moderni sta o antimoderna -de maneras manieristasplena de confusión formal, vendría a estar definida por una ambición simbólica, metafí116 directo o indirecto de la explotación nacional sica, formalista, distractiva, fantasiosa, pose internacional ejecutada sobre inmensas moderna y decadente. muchedumbres desvalidas. Los mejores cerebros, por ejemplo de la física, en cantidades enormes trabajan para la más sofisticada, siniestra y letal industria de armamento. Así pues, en la seguridad de que tanto más desconocemos el pasado, tanto más nuestro futuro es desgraciado, retrocedamos unos pasos para poder ver mejor. La mistificación o encubrimiento de las miserias del pasado es el principal servicio que los intelectuales orgánicos, ancillares o lacayunos prestan al Poder, o sea, a la dictadura del capital sobre el mundo. Quiero pensar, desde la arquitectura, que cuando se estudie el siglo xx con mayor dilación y parsimonia, será contemplado como una homotecia contraída del frustrado y frusAquel período tripartito y renacentista dese mbocó -hace ahora 400 años justos-en la hoguera que abrasó el cuerpo de Giordano Bruno (1600). El período similar contemporáneo se extiende -cuando vamos a cambiar de siglo-con las continuadas hambrunas y masacres en el Segundo, Tercero y Cuarto Mundo. El siglo XVI terminó, fue rematado y cerrado en su último año, con la combustión de Bruno, aquel representante de quienes vivían y pensaban con la ra zón por delante. No nos puede extrañar el horrible pesimismo del XVII, una vez zanjada definitivamente (tanto por católicos como por protestantes) cualquier veleidad rebelde, renacentista, paganizadora, emancipadora y humanista '. - CXV I - Para nuestra misión perspectiva, de nada vale la precisión maníaca en las fechas históricas. Por ello, y deliberadamente, las utilizo grosso modo aunque con la suficiente precisión panorámica. Evitar el detalle obsesivo, tal vez nos permita ver mejor el bosque sin que los árboles nos sean ajenos o desconocidos. Y el bosque es asequible: el gran salto renacentista desde un mundo de anonimatos y estamentos a otro mundo de personalidades y clases sociales, fue como casi siempre ha sido una seudorrevolución que cambiaba las formas de la opresión -el modelo de bota humillantedejando intacto el contenido de la explotación, esto es, la apropiación privada del producto social y colectivo. Como luego veremos y cualquiera conoce, las clases dominantes (entre las que ya se podría empezar a incluir a cierta protoburguesía o plebe antipopular) vienen a esquilmar a Europa entre 1400 y 1900, para lo cual revisten su cultura hegemónica de 500 años, con un clasicismo más o menos bastardo, en función de sus necesidades ideológicas, es decir, económicas. Así pues, la falsa aristocracia del dinero -tal y como sospechara Voltaireconstruye un único, unitario y compacto ciclo utilitarista y vulgar de cinco siglos, aunque disimulado y troceado por el poder servil de los estilistas cuyo juego de siete disfraces podría exponerse de modo rudimentario y esquemático así: Renacimiento (1400-1500), Manierismo (1500-1600), Barroco (1600-1700), Rococó (1700-1800), Neoclásico ( 1800-1825), Romanticismo ( 1825-1850) y Eclecticismo Historicista (1850-1900). La sombra romántica, pues, se extiende entre 1500 y 1900. No es sólo la moneda que se nos quita, sino sobre todo, la manera que se nos impone, aquello que el dedo teatral del Poder inmovilista señala para entretenernos haciéndonos soñar que el mundo cambia y mejora. Cuando el dedo señala, el idiota mira el dedo -dicen en Orientepero algunos pensamos en Occidente que más idiota aún es aquel que mira a donde el dedo -mediático y espectaculardel enemigo señala'. Para explicar la homotecia antedicha, me detendré en las monedas y cuentas de los dos primeros períodos, sin dejar de lado los disfraces, maneras y cuentos que -fantasiosa y agradablementelos encubren. Nuestro laboratorio es el mejor deseable: la arquitectura, siempre dependiente del Poder, por su intrínseco y económico débito con el materialismo capitalista. A lo largo del siglo xv, la joven, ilustrada y revolucionaria burguesía no tiene el poder político aunque sí una buena parte del poder económico, como ya se demostraba con la financiación de la campaña de Indias desde España. En Italia, el entusiasmo por las libertades republicanas se arma con la ideología de la Razón convertida en mito vendible, sembrándose así la semilla de los males posteriores atribuibles al racionalismo procusterino, mecánico, dogmático y abstracto, tan cargado de irracionalidad como de metafísica escolástica y reaccionaria. La restauración del clasicismo arquitectónico antiguo, tratado con el nuevo instrumento perspéctico, viene a satisfacer las laicas ape- - CXVII117 ASTRAGALO,16(2000)ISSN 1134-3672 118 tencias de una «razón humana» unida a la razón natural de la que racionalmente dice haberse apropiado. Artesanía técnica y protociencia confluyen y coinciden en una disciplina que -a causa de la firma áulica, empieza a perder el su antiguo y sano anonimato que garantiza la sabiduríala arquitectura como la primera y nueva ciencia. La arquitectura viene a ser recuperada -sólo en aparienciacomo la inteligencia o sabiduría universal y omnímoda citada en Proverbios-B. Esta bíblica y verdadera sabiduría -presente en el gótico semi anónimo o despersonalizadoen nada se distingue del Alma Universal de Giordano Bruno, cuya máxima arquitectónica cita Abe! Martín con relación a la autoconciencia integral del universo entero perceptible en cada uno de sus puntos: Anima tota in toto et qualibet totius parte 3• Fue precisamente la arquitectura, con su capacidad de coordinación dimensional, con su sistemática modular, con su geometría aplicada al espacio y al tiempo -y por más que lastrada por el reciente personalismo de autoríala que, a mi modo de ver, pone las bases del nuevo pensamiento científico. Para ilusión de renacimiento, la nueva y antigótica racionalidad espacial del Sentido en la forma arquitectónica se hace aparentemente unitaria con la racionalidad Lógica y mecánica de la estructura esquelética. Pero la Verdad, es que Brunelleschi inventa (revela o descubre), en Sta. María de Fiore, un clasicismo, que -como el del Panteón (más de mil años anterior)- escondía la menos clásica de las estructuras. Los arcos alaveados de directriz esférica que constituyen la armadura del Panteón, fueron habilmente ocultados por casetones epidérmicos acordes con el clásico Partenón que luego fingiría la entrada principal. En Florencia, de ese modo, aquella armadura fue sustituida por otra de arcos góticos -con menor empuje horizontala su vez encubierta por la más neutral de las plementerías. Hay una gran falsificación en el origen, pero al menos la imagen urbana publicitaria había sido conseguida por aquellos modernos y audaces burgueses traficantes de la seda. El código normativo, reticular, racional y canónico se haría cargo, a partir de entonces, del espacio natural así civilizado y racionalizado. Naturaleza, cultura, historia, sociedad y razón serían acrisoladas en un solo orden armónico de la máxima coherencia entre ética (bien), ática (verdad) y estética (belleza). La síntesis artíficial y cósmica se hacía posible en la ciudad gracias a la arquitectura, y al dinero de una burguesía emergente que ya había pactado con la «nobleza» descendente la manera -manieristade repartirse el botín. La utopía de las ciudades ideales quedaría para los tiempos de paro profesional, descrédito o crisis económica. Mientras tanto y entonces, parecía posible la realidad del Hombre Libre (burgués), en una ciudad libre (liberal), moderna, republicana y real. Un lenguaje en sentido estricto, un sistema de elementos de catálogo o diccionario, sometidos a forma por una estructura gramatical y sintáctica constructiva, daría lugar a una tipología o sistema universal en que el significado aislado de los elementos desaparecería ante el empuje convencional del nuevo método racional. La permanencia de la estructura -como en la - CXVJII- naturalezavenía a ser garantía de la riqueza, diversidad y variedad de las formas, por aquella estructura generadas y derivadas. La universalidad cosmopolita del espacio, gracias a la métrica y la geométrica de la arquitectura, se materializaría en una espacialidad científica de un universo hasta entonces mitológico. Así, en plena ilusión racionalista e intelectual o abstracta, los problemas de la forma urbana no serán militares ni económicos sino exclusivamente arquitectónicos, es decir, mecánicos, espaciales y ópticos. La gran superstición urbanística había sido puesta en marcha. El urbanismo a la siciliana, esto es, al servicio de la propiedad privada -o estatal, lo mismo daya no nos abandonaría hasta nuestros días. Alberti, teórico del gran montaje y con la ingenuidad del momento, asegurará que cada ciudad será una gran casa ideal y que cada casa será una ciudad ideal. Pero un matrimonio -celebrado por los sacerdotes del Poderentre el nuevo lenguaje intelectual y el clasicismo, engendraría una síntesis demasiado dialéctica y paradójica como para ser cierta y autoéntica. Los arquitectos al menos, y a pesar de su ciego idealismo, sabían los trucos que se escondían detrás de los platónicos plementos. En cualquier caso, ya hemos llegado al final del siglo xv y el entusiasmo no ha decaído. Por el contrario, el pueblo de Florencia arrebata a americanos y franceses la primogenitura de la república burguesa (una república popular hubiera sido impensable) y nombra presidente al revolucionario y visionario dominico Savonarola. Una «hoguera ardiente» encendida por el oportuno pacto entre el papado y la aristocracia, en los finales del siglo terminará no solamente con Savonarola y la República sino en la destrucción de toda aquella esperanza ilustrada e idealista del mejor humanismo político, social, filosófico o arquitectónico que había sido puesto en juego durante los últimos cien años. El final de toda esperanza panhumana ilustrada por la racionalidad llegaría de la mano de Carlos V con el Sacco de Roma en 1527. Para que tal operación no quedase incompleta, a partir de entonces el racionalismo, -aplicado ya sin mayores pudores a consolidar e incrementar la inveterada costumbre de la apropiación privada y minoritaria de los productos colectivos o del trabajo socialno dejaría de crecer hasta estos mismos tan informáticos como tecnológicos momentos. La permanente derrota de la arquitectura omnímoda Así llegamos al año 1500. El Renacimiento italiano -que en el resto de Europa no empezaría jamás-visto desde nuestro abismado otero, ha concluido pero no así sus modales preferidos. La ideología dominante en Europa -que como sabemos no es otra que la ideología de la clase dominante o aquella que necesita el Poder para perpetuarse en el poderpropone, dispone, impone y pone en marcha un neoclasicismo monárquico, un hiperclasicismo imperial dentro del clasicismo, una seguridad que termine no sólo con la aventura goticista, bárbara o popular, sino que sea también capaz de barrer hasta las últimas cenizas republicanas. Se trataba de un - CXIX119 ASTRAGALO,16(2000)ISSN 1134-3672 120 manierismo similar al de aquella seguridad protobarroca que le debió de ser ofrecida a Augusto para construir su imperio con los pecios republicanos. Algo similar o parecido a aquella seguridad económica que -en el siglo xxaportaría Le Corbusier al modernismo financiero de los menos augustos constructores de suburbios, viene en el siglo XVI de la mano de Bramante para legitimar una injusticia social anticristiana e intolerable. Utilizando maquetas de gran tamaño, Bramante resuelve el problema que más tarde explotaría Vignola, haciendo explotar -deconstruir diríamos hoy con la jerga de la seudo filosofía francesa al uso-- la si ntaxis que luego se recompondría en el pastiche prebarroco. La misma sintaxis que Palladio explotaría después con aquel su antiutópico experimentalismo práctico y burgués cuya disciplina autónoma y realista abriría las puertas a las nuevas tipologías demandadas por la clase despiadada que le pagaba y mantenía. El generalizado y obsequioso ofrecimiento, el «problema resuelto» y listo para ser vendido podría expresarse así: sin perder l as raíces hi stóricas del lenguaje clásico y su combinatoria de Órdenes -ya civilizada por la burguesía civil y religiosaencuéntrense los resortes de escala tipológica que permitan cubrir sin perder las formas, las más pequeñas y las mayores estructuras mecánicas. Sería Galileo, cien años más tarde, quien demostraría la imposibilidad de aunar sobre la Tierra, el mantenimiento de la forma y el aumento sustancial de los tamaños. Pero de momento, y aunque sólo en apariencia, lo que sirvió para S. Pietro in Montorio, serviría para S. Pietro in Vaticano: la centralidad única e ideal del cosmos y el idealismo más despiadadamente materialista, vinieron a fortalecer la tambaleante imagen del papado. En palabras de Tafuri, el apuntalamiento se realizó por medio de una perfecta unidad entre dogma, naturaleza e historia. El egoísmo individualista, propio de la burguesía utilitarista, se va imponiendo sobre las masas; con todo ello el descrédito respecto a los valores humanos no hace m ás que crecer. El sueño humanístico encabezado por los intelectuales orgánicos de la nueva clase empieza a disolverse en efectismos emocionales, en impresionismos cuyos objetos pierden su entidad arrebatados por la luz que los enajena; la teatralidad sustituye a la imposible y dolorosa realidad enajenada o disfrazada con decoraciones que simulan cierta provisionalidad. Cuando muere el entusiasmo por la posible realidad racional -falacia que siglos m ás tarde sería recuperada, con el mismo reaccionario fin, por el idealismo alemán-solamente queda el recurso ilusionista, revisionista y cínico de la esperanza engañosa. La abstracción decorada, la fantasía efec ti sta, la ficción victoriosa, la evasión apolítica y el humanismo como quimer a, modelarán el tinglado genérico que fl orece a partir de 1500. Cuando por fin, tras siglos de larvada lucha social, se ha conseguido sustituir en el centro del mundo -y del parteluz gótico-- a los dioses de piedra por el tercer arco abierto al paso del Hombre; precisamente cuando aparece la luz tras el tune!, se descubre y demuestra que el hombre, lejos de ser el centro del univers o, es un habitante oscuro de un oscuro planeta -cxx - perdido en la inmensa oscuridad del umverso. Pico y Ficino, representantes del mejor laicismo del anterior siglo xv, habían instalado al hombre en el centro del cosmos para recuperar su dignidad ante la dictadura -que no autoridaddel dinero y las armas. Así pues, el universalismo, que hacía sólo lOO años pareciera tan profundamente panhumano, deviene en bandera de antihumanidad financiera internacional con el pacto económico de hierro entre la burguesía, la «nobleza» y el papado. Lo Internacional, (¡ya desde entonces!) fue arrebatado a las clases trabajadoras para ser convertido en el gran instrumento financiero trasnacional, liberal y global. El ya imposible modelo de universo único, girando alrededor de un centro único -medieval e inhumanosituado en el geocéntrico y teocéntrico planeta Tierra, estaba siendo borrado y barrido por un nuevo modelo más científico inducido desde la pluralidad de los mundos proclamada por el dominico Giordano Bruno por entonces aún no encadenado en el castillo de Santangello. El nuevo mundo soñado por el humanismo renacentista, el espacio libre donde la persona humana burguesa y civil ocuparía el lugar central ocupado hasta entonces por el poder militar de los tiranos y de la Iglesia, no encontraba su correlato en la ciencia del cosmos. El modelo heliocéntrico de Copémico y Galileo, quitaba del medio a Dios, pero también al Hombre recién llegado al lugar central. La contradicción golpeaba con el aldabón de la imprenta y entraba. Cuando ya parecía que por fin el centro del mundo podría ser la persona humana y que el laicismo humanista sustituiría al poder de la superstición -la institución y la seudo religión católica o luteranaes precisamente la ciencia laica quien demuestra el simplismo de la centralidad. Los arquitectos manieristas de manera similar a los perros locos de Pavlov -<::onfundidos por la doble ambigüedad entre catolicismo y protestantismo, por un lado, y entre una teología o ideología agónica y una teoría o geometría cosmogónica, por otro-deciden un exasperado y desesperado policentrismo, un espacio manierista, fragmentado y escéptico 4• Miguel Ángel -tras el Sacco de Roma-es el mejor ejemplo del perro loco, lúcido, titánico y desesperado que somatiza toda la crisis exterior y el naufragio del humanismo y los traduce en los manifiestos monstruosos de la Porta al Prato o la Porta Pía. Allí Miguel Ángel representa al suicida estético por antonomasia. Por una siempre necesaria paradoja, de la dialéctica y de la negación y sólo de ellas brota el conocimiento superior. De la doxa o locura aberrante de la Porta Pia no brotarían hasta el día de hoy, más que otras locuras'. Por paradoja también, el criticismo manierista, acosado por la crisis en el concepto de espacio, inventa dentro de sus miserias modernistas -es decir, seudo o anti modernas-un nuevo racionalismo espacial que será recuperado cuatrocientos años más tarde por la parte más romántica del Movimiento Moderno. La paradoja histórica se hace verdad una vez más, cuando vemos que fue precisamente entonces, como lo es ahora, -CXXI - 121 ASTRAGALO,16(2000)ISSN 1134-3672 122 cuando la arquitectura -que desde fuera había tirado de la cabeza de la protociencia en la mayéutica del siglo xvfue, una vez más, convertida en instrumento ancillar y decorativo del oscurantismo formal. Aun así, el espacio flexible y policéntrico dilatable y contraíble, y en los mejores casos antinaturalista y teatral, constituye la escasa mena extraíble de aquel siglo de gangas arquitectónicas. Con las excepciones de todos conocidas, una plétora de «inventores irónicos» -Genga, Romano, Alessi, Tibaldi, Amrnannati, Ligoriohacen de la arquitectura al gusto del Poder local, una celebración amanerada y cínica, menos herética que sensualista, menos licenciosa que vulgar, menos surrealista que extravagante, menos hermética que ambigua, menos irreal que fantasiosa, menos irónica que zafia, menos neurótica que irracional, menos alegre que salaz, menos contaminada que infecta, menos libertaria que liberal, menos sensual que sentimental, menos fruto de variaciones que de variedades, menos revolucionaria que rebelde, menos crítica que bufonesca 6. El arquitecto incapaz de obtener la única belleza posible por medio de la verdad y la razón puede, a través de la seducción facilista y vulgar del espectáculo y la decoración edulcorada, convencer a los desprevenidos. El que no puede crecer, si quiere subir, ha de trepar. Decorativismo efectista e irracionalidad -bien luteranos, bien calvinistascompletaron aquella descomposición posmodema de la arquitectura católica. Porque la ínfima calidad coincide con aquella que unifica en un solo objeto lo falso y lo pretencioso. El cosmopolitismo social del cuatrocientos dio paso a un individualismo gregario, nacionalista, burgués, protestante y provinciano que extendió la degradación edilicia por toda Europa. El simbolismo numérico de pitagóricos y neoplatónicos que dio lugar a la forma poética, musical y abierta de la antigua sabiduría, engendró un pedestre antropomorfismo naturalista, animista y mágico, pero pleno de las alegorías vulgares propias de una aristocracia aburguesada, plebeya, oscurantista y anticientífica. Los anhelos populares y sociales de justicia y libertad fueron disueltos en la abstracción escenográfica y en una retórica sensualista, naturalista e informal, aparentemente anticlásica, aunque simplemente protorromántica, y lastrada por ello de necia arbitrariedad al «gusto personal» Nada tan ridículo como el intento de imitar a la naturaleza, no en sus métodos biónicos, sino en sus objetos y productos. Un germen del naturalismo manierista ya había sido sembrado en el siglo xv con el almohadillado rústico y kitsch del trabajo falsario con la piedra. A pesar de todo, el crecimiento del predominio ideológico laico de aquella primitiva burguesía ilustrada y racionalista para la que trabajó Brunelleschi, aunque relentizado, no se detiene. La Iglesia y la Reforma -entregadas a pactos con los poderes financierosmantienen el predominio ideológico, ahora más que nunca, irracional, plebeyo y antisocial del que la arquitectura, nunca inocente, se convierte en instrumento imprescindible y sustancial. Dentro de semejante crisis de origen económico, son los arquitectos menos dotados, los más prácticos y menos combativos los que - CXXII- procuran, al menos, obtener grandes encargos. Son los tecnócratas oportunistas del momento que renuncian a su papel intelectual y crítico ... Sangallo, Vignola, Fontana. Todos ellos se limitarán a dar cobertura formal verosímil, y con frecuencia acertada, a un programa y tipología fijados de antemano por los clientes áulicos. Otros de entre ellos, dentro y fuera de Roma, se dedicarán a trabajar sobre los planos de la «ciudad ideal», pero esta vez no desde la utopía humanística sino desde su contradicción: la realidad militar y fortificada para la defensa de los intereses dominantes frente a la nueva artillería armada por el competidor en los negocios. «El ocaso definitivo de las ideologías superestructurales del Humanismo queda así sancionado» dice Tafuri y continúa: «En los siglos sucesivos la arquitectura no tendra más remedio que aceptar su papel de retaguardia en las trasformaciones urbanas o cubrirlo con el frondoso pero patético florecer de una evasiva y retórica celebración de imágenes». A pesar de lo dicho, la forma Panteón sobre Partenón, que a su modo intentaron Bramante o Palladio vendrá a extenderse de tal modo y con tal exito que cubrirá -para mayor humillaciónla arquitectura áulica de los siguientes cuatrocientos años en todo el mundo occidental. Hoy mismo basta pasear por Beverly para poder disfrutar de esa arquitectura basura que tanto nos gusta. De hoguera en hoguera Del libro Las Semanas del Jardín: «El espíritu apologético se re conoce también en el viraje de la arquitectura, especialmente a partir de Buonarroti, en la organización fallera ultrateatral de las fachadas del barroco, fachadas oratorias, suasorias, vociferantes, gesticulantes, increpantes [. .. ] el templo ya no está seguro del tesoro que guarda [. .. ]y sale a la puerta de la calle a pregonar su mercancía. Son ademanes enfáticos, dramáticos, prepotentes de orador sagrado, que señalan la pérdida de la fe y su encanallamiento en propaganda: los cuernos del frontón partido son los brazos de un predicador que grita "Pasen y pasen, señores, a la gran barraca, al baratillo de la redención"; lo que, por lo demás, tampoco excluye, ni muchísimo menos, la amenaz a. » (Rafael Sánchez Ferlosio). La ciencia moderna, proclama el aséptico Kirchoff, no explica ni debe explicar sino que describe o debe describir la realidad. 123 Hasta ese punto tan estrictamente disciplinar, la ciencia debe abstenerse de explicar, opinar y sobre todo trasformar inoportunamente la realidad. Afortunada y paradójicamente, la arquitectura cuanto más auténtica, tanto más se aleja de esas ciencias abstractas y descomprometidas a la vez que tanto más abandona el campo de las obnubiladoras, manipulables, deslumbrantes y, en términos generales, superfluas artes plásticas. Aun así, el más valioso compromiso de la arquitectura -como la tecnología en el mejor objeto, como la mejor música de cine, o el mejor árbitro de futbola primera vista se muestra impe rc eptible. Bien a su pesar, la mejor arquitectura -aunque con mucha menor pregnancia que la peortambién describe, representa e incluso prescribe. - CXXIII - ASTRAGALO,16(2000)ISSN 1134-3672