V^
W
VVVVV-VVVVW^'^
I
'
DISCURSOS
LITERARIOS
í
l
í
>
DISCURSO
SOBRE
EL
PAGANISMO
Y
LA
TEOLOGÍA.
4
UNIVERSIDAD
LITERARIA
DE
SEVILLA.
DISCURSO
SOBRE
EL
PAGANISMO
Y
LA
TEOLOGÍA,
LEIDO
EN
LA
SOLEMNE
APERTURA
DE
ESTUDIOS
DEL
AÑO
DE
1860,
POR
EL
PRO.
DOCTOR
DON
FRANCISCO
MATEOS
GAGO,
CATEDRATICO
ROR
OPOSICION
y
DECANO
DE
LA
FACULTAD
DE
TEOLOGÍA.
Imp en a:
Lib e ía
Española
y
Ex ange a^
calle
(le
la
i
Sie pes
núm.
35.
oo
1860.
NACI<¡»N
ILUSTRISIMO
SEÑOR;
La.
obligación
que
sob e
mí
pesa
en
es e
momen o
solemne,
me
coloca
en
una
de
esas
ci cuns ancias
de
la
ida
pública
del
P o eso ,
en
que
al os
debe es
que
cumpli ,
y
p ecep os
supe io es
que
espe a ,
imponen
silen¬
cio
á
los
deseos
de
la
olun ad
con a ia;
y
ahogando
los
es ímulos
ebel¬
des
del
amo
p opio,
dan
ue za
ocul a
y
alo
desconocido,
pa a
lle a
á
cabo
emp esas
muy
agenas
á
la
p opia
debilidad.
La
imp escindible
necesidad
de
que
la
Facul ad
de
Teología,
después
de
la gos
años
de
un
o zado
y
las imoso
silencio,
cumpla
la
exigencia
del
a ículo
84
del
Reglamen o
igen e
de
es udios,
y
la
designación
que
el
digno
Ge e
de
es a
escuela,
hace
de
el
úl imo
de
sus
P o eso es
pa a
lle¬
na
aquel
espinoso
enca go,
me
obligan
á
ocupa
es e
si io,
donde
engo
con iado
en
ues a
indulgencia,
y
escudado
con
las
co onas
de
glo ia
que
en
el
mismo
egie on
los
sabios
de
nues a
Uni e sidad.
Muchos
de
ellos
en
semejan e
ocasión,
se
ocupa on
con
g an
p o e¬
cho
de
la
pública
enseñanza,
en
espone
sabias
y
p o undas
conside acio¬
nes
ace ca
de
la
u ilidad
y
aun
necesidad
del
es udio
de
sus
Facul ades
6
Asigna u as
espec i as.
O os,
descendiendo
á
un
e eno
mas
p ác ico,
—
12
—
ins ancias
del
g an
Pla ón.
Que
se
esplique
sino
de
o a
mane a
ese
enó¬
meno
el
mas
g ande
que
nos
p esen a
la
his o ia
de
las
conquis as
de
la
ciencia.
La
Teología
c is iana
conducida
en
la
ba ca
mís ica
y
a a esando
ma¬
es
de
sang e,
lle ó
á
odos
los
con ines
de
la
ie a
el
conocimien o
de
Dios,
enseñó
el
e dade o
o igen
del
mundo,
la
his ó ia
p imi i a
del
homb e
con
su
las imosa
caida,
la
Redención
po
C is o,
y
las
eglas
de
la
ida.
Las
Escuelas
que
has a
en onces
hablan
dominado
el
campo
de
la
ciencia
pagana,
man u ie on
sus
doc inas,
mien as
los
discípulos
no
sabían
mas
que
ju a
en
las
palab as
del
maes o;
mas
luego
que
los
dis¬
cípulos
comenza on
á
a e gonza se
de
aquella
u ela,
se
habían
is o
des¬
apa ece
odos
los
sis emas
y
odas
las
doc inas
bajo
la
acción
dele e ea
del
pensamien o
lib e.
La
Teología
ue
la
que
supo
concilia
la
in íexi-
bilidad
del
dogma,
que
ca ac e iza
á
la
e dad,
con
la
libe ad
del
espí¬
i u,
condición
esencial
de
oda
ciencia:
colocó
á
la
azón
sob e
bases
só¬
lidas,
y
la
ce có
de
su
espí i u,
imposibili ando
sus
caídas;
y
la
azón
que
has a
en onces
no
había
podido
llega
ni
aun
al
conocimien o
de
oda
la
e dad
na u al;
la
azón
que
bajo
la
in luencia
pagana
ue
pe diendo
o-
os
los
asgos
de
su
di ina
isonomía,
como
ieja
es á ua
de
Glauco
colo¬
cada
en
desie as
playas,
y
azo ada
incesan emen e
po
u bulen os
ma¬
es,
ilus ada
po
la
é
y
guiada
po
la
Teología,
se
hizo
capaz
de
pe ec¬
ciona
en
sus
escuelas
una
iloso ía
especula i a,
mo al
y
social
iden i¬
icada
desde
en onces,
é
insepa able
pa a
siemp e
de
odo
lo
que
me ezca
el
nomb e
de
ci ilización.
Desde
el
p incipio
comenzó
la
Teología
su
acción
egene ado a,
y
cumpliendo
el
p ecep o
del
Maes o
—Id
y
enseñad
á
odas
las
gen es
(1)
donde
quie a
que
se
p esen ó
un
eólogo,
se
le an ó
una
cá ed a
y
se
undó
una
escuela.
S.
Pablo
enca ga
á
su
discípulo
Timo eo,
que
enco¬
miende
lo
que
le
ha
enseñado,
á
homb es
ieles
capaces
de
enseña
á
o os.
(2)
Has a
el
p o es an e
Mosheim
(3)
ha
encon ado
en
es e
pasage
el
o igen
apos ólico
de
las
escuelas
episcopales.
Semina ios,
que
ya
desde
el
siglo
p ime o
llena on
el
O ien e
y
el
Occiden e;
ensayos
de
enseñanza
lj
Ma .
23.19.
(2)
2
ad
Timo .
2.
2.
(3)
Commen .
de
ehus
ch is ianis.
1.
s ecul.
—
13
—
adicional
has a
ines
del
siglo
segundo,
que
desa olla on
la
ciencia
en
el
e ce o
y
la
pe ecciona on
en
el
cua o
y
quin o,
has a
comple a
su
ic o ia
sob e
el
paganismo
y
la
he egía.
La
Teología
acomodándose
en onces,
como
siemp e,
álos
iempos
y
lu¬
ga es
ue
ilosó ica
en
el
O ien e,
plegada
y
amoldada
al
genio
g iego,
pa¬
a
comba i lo
y
ence lo
en
odas
pa es:
mien as
que
la
escuela
Occi¬
den al,
inoculando
su
in lujo
en
la
ida
eal
de
los
pueblos,
sin
cuida se
mucho
de
especulaciones,
enemigas
del
genio
omano,
desa olló
odas
las
consecuencias
p ác icas
del
c is ianismo
adicional.
Quizás
ol iden
es a
ci cuns ancia
los
que
han
ep endido
con
demasiada
se e idad
la
iloso ía
de
los
Pad es
g iegos.
Cie o
es
que
Jesuc is o
y
sus
após oles
enseña on
como
quien
enia
au o idad,
esponiendo
la
doc ina
con
sencillez
desnu¬
da
de
odo
apa a o
cien í ico;
pe o
á
mas
de
que
en
el
e angelis a
S.
Juan
y
aun
en
S.
Pablo
se
encuen an
al as
concepciones
ilosó ico- eológicas,
es
p eciso
ene
en
cuen a
el
es ado
cien í ico
del
mundo
en
aquel
iempo,
pa a
no
ebaja
el
al o
mé i o
de
aquellos
g andes
eólogos,
cuyos
nom¬
b es
no
mo i án,
mien as
i an
en
la
ie a
la
ciencia
y
la
ci ilización.
Po que
la
e dad
eológica
es
siemp e
una,
pe o
ue
p eciso
aclima a la
con
o mas
múl iples;
que
una
misma
lo
se
is e
y
a a ía
de
muy
di e sa
mane a
en
los
ios
y
nebulosos
climas
del
Polo,
ó
en
las
a dien es
egiones
del
Ecuado .
Si
pues
la
Teología
ealizó
la
conquis a
del
mundo,
p esen ándose
judáica
en
Je usalem,
omana
en
el
Occiden e,
y
ue a
de
los
con ines
del
impe io
¿se á
ep ensible
que
en
Alejand ía,
cen o
del
sabe
de
la
G ecia
se
is ie a
de
o mas
g iegas?
¿Se
igno a
quizás
que
los
Pa¬
d es
g iegos
se
ie on
o zados
á
de ende se
de
la
acusación
de
igno an¬
cia
lanzada
á
los
c is ianos
po
el
Neo-py hago ismo,
po
el
Neo-pla onis¬
mo,
y
sob e
odo
po
el
a ogan e
y
múl iple
Gnos icismo,
absu da
y
con¬
usa
mezcla
de
me a ísica,
as ología
y
my hología
impo ada
po
el
gus o
Egipcio
que
dominaba
en onces
las
escuelas?
Los
esul ados
jus i ica on
la
conduc a
de
los
Pad es
g iegos.
Casi
siemp e
se
ió
que
su
mé odo
cien í ico
ué
el
medio
de
que
se
alió
la
di ina
G acia,
pa a
la
con e sión
de
los
sábios
en
aquellos
p ime os
si¬
glos.
Así
pues,
si
el
mé odo
occiden al
obus eció
y
pe eccionó
la
ida
in e io
del
C is ianismo,
el
o ien al
ué
el
que
lo
econcilió
con
la
ilus¬
ación
pagana,
y
ensanchó
los
é minos
de
su
ida
es e io .
Uno
y
o o
—
14
—
con ibuye on
igualmen e
á
la
p eponde ancia
de
la
Teología
en
el
mun¬
do
cien í ico,
cuyo
mapa
en
el
siglo
III,
ue
desc i o
ya
po
un
genio
p o¬
undo
en
es as
es
admi ables
líneas
.—La
igno ancia
domina
en
el
Gen¬
ilismo:
la
opinión
y
la
duda
en
la
he egía:
la
ciencia
en
la
e dade a
Igle¬
sia
de
C is o.
( ).
Y
no
se
c ea
que
los
Pad es
g iegos,
amane a
de
los
ilóso os
gen i¬
les,
se
pe die an
en
la
a idez
insopo able
de
la
con emplación
ilosó ica,
ol idando
su
p incipal
obje o.
No;
que
la
Teología
no
ino
solo
á
domi¬
na
los
en endimien os,
sino
muy
p incipalmen e
á
conquis a
los
co azo¬
nes.
¿De
que
si e
la
enseñanza
del
maes o,
si
nó
log a
mejo a
las
cos¬
umb es
del
discípulo?
Po
en u a
la
sabidu ía
que
asis e
al
T ono
del
Al ísimo,
descendió
á
la
ie a
solo
pa a
mani es a
su
in lujo
en
la
mi ad
menos
impo an e
del
homb e?
Cuando
la
ciencia
á
acompañada
de
un
co azón
co ompido,
sus
luces
se
con ie en
en
un
uego
debo ado
que
odo
lo
ab asa
y
consume.
Las
gene aciones
guiadas
po
es os
sábios
del
in ie no,
ocupa án
siemp e
en
la
his o ia
páginas
is es
de
lu o
y
deso¬
lación:
po que
el
sábio
co ompido
se
en anece,
le án ase
lleno
de
sobe ¬
bia
y
c ee
habe
nacido
an
Ub e
como
el
asno
de
las
sel as
(‘d,),
p ecisa¬
men e
cuando
i e
mas
cau i o
y
suge o
á
la
mas
du a
i anía;
pues
su
en¬
endimien o
ecsal ado
cuando
mue e
el
co azón,
des uye
la
libe ad
na u¬
al,
con
odas
las
a monías
que
en
ella
colocó
la
mano
del
Omnipo en e.
Ningún
sábio
de
la
ie a
pod á
jamás
alcanza
la
pe ección
de
en endi¬
mien o
y
los
o en es
de
luz
na u al,
en
que
po
su
condición
p opia,
i¬
e
la
sus ancia
angélica;
y
sin
emba go
el
ángel
ebelde,
según
la
esp e-
sion
bíblica,
es
el
p íncipe
de
las
inieblas,
y
oda ía
llo a
el
homb e
las
unes as
consecuencias
de
la
p ime a
lección
que
le
oyó
explica
en
su
cá¬
ed a
del
Pa aiso.
Insis imos
en
es a
idea
y
que emos
que
en
ella
se
ije
muy
pa i¬
cula men e
la
a ención,
po que
ella
o ma
el
ca ác e
p opio
de
la
Teología,
y
la
sepa a,
como
un
abismo,
de
odas
las
ciencias
paga-
( )
Clemens
Alex.
S oma .
lib.
7.
§
16.
Edi .
Po e i.
Oxonii
1715.
De
es a
edición
nos
se imos
en
odas
las
ci as
de
es e
Pad e.
Cd,)
Vi
anus
in
siipe biam
e igi u ,e
amquám
pullum
onag i,
se
libe um
na um
pu a .
Job.
11.
12.
—
15
—
ñas
(1).
Que
el
Paganismo
cien í ico
ompiendo
las
analogías
de
la
azón
con
la
Fe,
ó
lo
dá
odo
á
la
p ime a
negando
la
segunda,
y
en ega
el
mundo
á
los
excesos
del
Racionalismo,
ó
ma cha
en
sen ido
in e so
y
se
pie de
en
el
ana ismo.
En
ambos
casos
se
di ige
á
el
en endimien o
ensancha
los
ho izon es
del
o gullo,
y
concluye
siemp e
po
hace
peo es
á
los
que
ya
e an
malos.
Pe o
la
Teología
ob a
de
muy
di e sa
mane a;
se
unda
en
la
humildad,
comenzando
po
el
símbolo
que
es
la
sin esis
dogmá ica,
sob e
la
cual
iene
p ime o
la
acción
de
Dios,
que
e ela
la
e dad
po
medio
de
la
Iglesia,
y
o ma
la
Teología;
y
luego
la
azón
que
la
descompone
y
desen uel e
en
una
escala
siemp e
g adual,
y
o ma
la
iloso ía.
La
p ime a
ep esen ada
po
la
oscu idad,
ob a
po
la
au o idad;
la
segunda
ep esen ada
po
la
luz
p ocede
po
el
azona¬
mien o
y
la
e idencia.
Es as
dos
acciones
an
di e sas
en
sus
p oce¬
dimien os,
caminan
jun as
y
en
san o
conso cio
has a
ealiza
la
pe ec¬
ción
de
la
in eligencia
po
la
e dad,
pe o
ni
la
una
ni
la
o a
me ece¬
án
el
nomb e
de
ciencia
c is iana,
si
no
se
comple an
po
el
amo ,
ese
agen e
uni e sal
que
odo
ío
ans o ma
y
enue a
en
C is o:
que
en
Teo¬
logía
no
se
dá
el
í ulo
de
sábio
á
los
u opis as
y
dise ado es,
sino
á
los
que
comple ando
la
ciencia
po
la
ca idad
que
los
dispone
á
el
sac i icio,
con inúan
en e
los
homb es
aquella
p odigiosa
ida
del
Maes o
di ino,
compendiada
con
laconismo
sublime
en
es as
dos
palab as
del
P incipe
de
los
Após oles;—
Pasó,
haciendo
bien.
Pe ansii
bene aciendo.
Tal
es
el
pensamien o
que
domina
en
odos
los
Pad es
g iegos
como
la inos
de
la
época
que
amos
es udiando.
Ci a é
solo
dos
nomb es
que
easumen
oda
la
ciencia
eológica
del
O ien e
y
el
Occiden e.
El
p i¬
me o
es
Clemen e
de
Alejand ía
(2),
que
no
solo
cuen a
á
la
ca idad
co-
ÍIJ
Llamo
paganas
á
odas
las
doc inas
que
de
cualquie
modo
se
opongan
á
la
e elación
y
á
la
enseñanza
de
la
Iglesia
Ca ólica,
cu¬
yo
cen o
es
Roma,
cualquie a
que
sea
el
iempo
ó
luga
en
que
se
en¬
seña en,
y
sea
cual
ue e
la
escuela
á
que
p e enezca
el
au o ,
aunque
p e enda
p o es a
la
sinee idad
de
su
Ca olicismo.
(2)
El
S .
Benedic o
XIV,
en
su
bula
de
1.®
de
junio
de
1748,
p o-
hibe
que
se
coloque
el
nomb e
de
Clemen e
Alejand ino
en
el
ma y ologio
omano.
C eemos,
po
an o,
que
no
se
le
debe
da
el
i ido
y
homenaje
pú¬
blico
de
san o,
como
hacen
muchos
engañados
sin
duda
po
el
ma y ologio
de
Usua do.
—
16
mo
el
úl imo
g ado
de
la
ciencia
(1),
sino
que
no
concibe
la
iloso ía,
sin
el
cumplimien o
de
los
p ecep os,
y
la
edi icación
del
p ógimo
po
la
p ác ica
del
bien
(2).
El
segundo
es
S.
Agus in
que
coloca
en
la
humil¬
dad
la
ia
única
pa a
alcanza
la
ciencia
(3),
cuya
cumb e
no
se
oca
has¬
a
que
el
alma
del
sábio
es é
dominada
po
la
Ca idad.—Pe
cha i a em
pe eni u
adpleni udinem
scien ice.
Así
ue
como
p epa ó
la
Teología
su
g an
ic o ia
del
siglo
IV,
que
nunca
ha
debido
a ibui se
á
un
solo
homb e,
po
mas
que
el
mundo
c is iano
haya
hecho
de
ello
un
mé i o
á
Cons an ino,
y
aun
haya
p ocu a¬
do
cub i
sus
icios
con
un
elo
de
g a i ud.
Has a
la
ciencia
pagana
ué
inoculada
del
in lujo
bené ico
de
la
ca¬
idad;
que
si
el
Es oicismo
dominan e
en
Roma,
desde
Séneca
has a
los
An oninos,
espi a
mas
nobleza
que
el
en usiasmo
del
o gullo
del
unda¬
do
del
Pó ico;
y
si
deja
en e e
unas
i udes
dignas
y
desin e esadas,
que
no
conocie on
B u o
ni
Ca ón,
ué
po que
el
amo
del
p ógimo,
ese
complemen o
de
la
ciencia
c is iana,
habia
pene ado
has a
sus
enemigos
y
los
habia
encido
en
sus
mismas
cá ed as.
(4)
Y
si
la
a ogancia
de
los
sábios
no
pudo
esis i
el
in lujo
eológico,
¿qué
p odigios
no
ha ía
la
doc ina
de
la
ca idad
enseñada
y
p ac icada
en
un
pueblo
desg aciado,
cuyas
dos
e ce as
pa es
gemian
en
los
ho o es
de
la
escla i ud?
E a
el
p ime
dia
del
c is ianismo
y
un
escla o
ugado
y
delincuen e,
uel e
á
la
casa
de
su
seño ,
segu o
con
la
ianza
y
ecomen¬
dación
de
un
eologo.
Y
que
ecomendación,
Seño es!...
si
jun áis
en
uno
o¬
dos
los
es ue zos
déla
an igua
iloso ía
po
mejo a
la
condición
del
hom¬
b e,
nunca
la
e eis
emon a se
á
el
mas
sencillo
pensamien o
de
S.
Pablo
(l)
Fidel
(jiúdem
cogni io
dabi u -,
cogni ioni
au em
cha i as.
S om.
lib
7
§
10.
(9,)
Ucee
e go
ia
nos e
sibi
indica
philosophns
p imum
quidem
con empla ionem-,
secundo
au em
p cecep o m
execu ionem
e io
e o
bo-
no um
i o um
cons i u ionem...Hcec
sola
es
sapien icecogni io,
áqua
nuin-
quam
sepa a u
jus a
ope a io.
Id.
lib.
2.
§
10.
(S)
Ea
es
au em
(
ia
ad
e i a em)
p ima
humili as;
secunda
hu-
mili as-,
e ia
humili as',
e
quo ies
in e oga es,
hoc
dice em.
Epis .
118
ad
Diosco .
n.
22.
(4<)
Villemain.
De
la
JilosoJ'ía
es oica
y
del
c is ianismo.
Miscelá¬
neas.
om.
2.
—
17
—
en
su
epís ola
á
Filemon.
En
cuan o
á
la
ilan opía
mode na
debe á
a e ¬
gonza se
siemp e
que
la
Teología
le
ecue de
aquella
página
b illan e
de
su
his o ia.
Y
la
dignidad
del
homb e
pe dida
en
la
noche
del
paganismo
¿no
ue
ecupe ada
po
los
ac os
y
po
las
doc inas
de
los
Teólogos
de
aquel
iempo?
Un
Empe ado
gen il
habia
dicho
que
los
pob es
y
des alidos
e an
una
ca ga
insopo able.—
Nobis
g a es
sun .
La
Teología,
aida
á
la
ie a
po
el
que
no
u o
donde
eclina
su
cabeza,
buscó
á
los
pob es
pa a
e angeliza los,
los
ele ó
á
la
condición
de
hijos
de
Dios
y
acudió
á
su
in o unio,
eco dando
á
los
icos
la
subli¬
me
doc ina
desconocida
del
mundo
an iguo,
ol idada
del
mundo
mode no
y
con enida
en
aquellas
palab as
del
E angelio,—
Desg aciados
los
que
^' en....
Felices
los
que
llo an
.—
Vce
obis
qui
ide is...
Bea i
qui
lugen .
Has a
los
espec áculos
del
Ci co
ue on
pa a
ios
eólogos
cá ed a
pe ma¬
nen e
donde
enseña on
á
el
homb e
su
dignidad
pe dida.
Es udiad
sinó
la
his ó ia
de
cualquie
má y .
Con emplad
á
S.
Ignacio
el
Theopho o
en
p esencia
de
los
leones
en
las
ies as
Sigila las,
y
compa ad
la
mages uo-
sa
g andeza
de
su
en e
ene able
con
la
inc eíble
p os i ución
de
aque¬
llos
in elices
condenados
á
di e i
áun
pueblo
insensa o,
y
á
quienes
se
impone
el
ho ible
sa casmo
de
inclina se
an e
el
i ano
y
saluda le
con
espe o
diciendo,—
C
cesa ,
mo i u i
e
salu an .
La
muge
pagana
conside ada
siemp e
como
cosa
cons i uida
en
pe ¬
pe ua
u ela,
sin
de echo
sob e
sus
hijos,
deshe edada
po
las
leyes
(1),
jamás
se
la
e
igu a
en
p ime
é mino,
sino
en
las
p os i uciones
de
Co-
in o,
ó
en
los
ne andos
c ímenes
que
pa a
la
comida
de
Tigelino
se
e i¬
ica on
en
el
es anque
de
Ag ipa.
¿Quién
sino
la
Teología
le an o
á
la
muge
á
la
ca ego ía
de
c ia u a
acional,
y
aun
la
coloco
sob e
odo
lo
c iado,
haciéndola
capaz
de
la
ma e nidad
de
un
Dios?
En
adelan e
no
se á
escla a;
que
si
la
muge ,
como
dijo
un
eologo,
no
ue
omada
de
la
cabeza
del
homb e,
‘pa a
que
no
lo
domine,
ampoco
se
o mo
de
sus
pies
pa¬
a
que
no
sea
p)isada',
sino
del
cos ado
pa a
que
le
ayude
en
sus
a igas
y
le
sos enga
en
sus
queb an os.
—Adju o ium
simile
sibi.
Una
ez
es ablecidos
los
de echos
del
homb e
y
la
muge
quedó
san-
(1)
Véanse
las
leyes
Voconia
y
Pappia
Poppcsa.
La
hija
única
es¬
aba
escluida
de
la
he encia
del
pad e.
S
18
—
i icado
el
ma imonio,
ep esen ado
en
la
unión
de
C is o
con
su
iglesia;
se
condenó
la
a a icia,
esa
pue a
alsa
abie a
po
un
Empe ado
omano
(1)
en
el
mages uoso
alcáza
del
amo
conyugal;
y
la
unión
indisoluble
de
los
conso es,
des e ó
el
di o cio,
el
concubina o,
y
la
p os i ución,
plagan
de
las
sociedades
an iguas,
ángeles
es e minado es
de
algunas
sociedades
mode nas.
(2)
Si
á
es as
b e ísimas
conside aciones
pudié amos
añadi
el
cambio
que
e i icó
la
Teología
en
la
doc ina
de
la
Pa ia
Po es ad
y
en
la
dulci¬
icación
de
las
leyes
penales,
y
su
acción
cons an e
y
egene ado a
sob e
o¬
dos
los
pun os
del
de echo
público
y
p i ado
(3),
se ia
p eciso
con eni ,
en
que
los
Teólogos
lle a on
á
la
Legislación
la
jus icia
y
la
equidad
busca¬
da
en
ano
po
eminen es
Ju isconsul os
en e
las
ó mulas
del
de echo
an¬
iguo
(4);
y
que
ellos
desa olla on
los
p incipios
e dade os,
sin
los
que
ni
de echo
no
hubie a
podido
sali
de
las
andade as
de
la
in ancia.
(5)
Hagamos
aun
la
úl ima
compa ación
en e
el
Paganismo
y
la
Teo¬
logía
en
odo
el
p ime
pe iodo
de
sus
comba es.
¿Qué
ue
la
ciencia
pa¬
gana
en
aquel
iempo?
¿Qué
homb es
p odujo?
¿Qué
génios
ecibie on
en
ella
sus
inspi aciones?
F*1
in ui ismo
o ien al
dominaba
á
los
sábiosde
la
G ecia
en
las
escuelas
de
Alejand ía;
en
cambio
los
O ien ales
sallan
de
su
e e na
inmo ilidad,
ecibiendo
de
los
g iegos
su
mé odo,
sus
p ocedi¬
mien os
lógicos,
su
acionalismo;
y
mien as
el
Occiden e,
desp eciando
las
su ilezas
ilosó icas,
se
en ega
á
los
es a íos
del
co azón
en
el
mas
de¬
g adan e
posi i ismo,
los
pueblos
bá ba os
conse an
en
el
endu ecimien¬
o
de
su
clima,
y
en uel a
en
la
mas
g ose a
igno ancia,
aquella
us icidad
de
ideas
y
cos umb es
p imi i as
que
son
la
condición
de
odo
pueblo
i ¬
gen.
Tal
es
el
e dadei-o
cuad o
de
la
ciencia
pagana
en
odo
aquel
iempo.
Su
iloso ía
puede
easumi se
en
el
Neo-pla onismo
con
su
inmedia-
( )
Leyes
Julia
y
Pappia
Poppcea.
(2)
Comin.
El
C is ianismo
y
la
ciencia
del
de echo.
(3J
T oplong.
In luencia
del
C is ianismo
en
el
de echo
público
y
p i ado
de
los
omanos.
(^)
Casi
odas
las
disposiciones
bené icas
de
los
códigos
que
han
in¬
mo alizado
los
nomb es
de
Teodosio
y
Jus iniano,
son
copia
de
algún
Ca¬
non
de
concilio
gene al
6pa icula .
(5)
Pacheco.
Comen a io
al
código
penal
de
1848.
In oducción.
—
19
—
a
in uición
del
absolu o
po
el
éx asis,
su
mundo
salido
de
Dios
po
i a¬
diación,
y
su
asmig ación
de
las
almas
á
di e sos
cue pos,
pa a
espia
sus
c ímenes:
ag egúense
las
idiculas
impo aciones
del
Judaismo
con
su
Cábala
alegó ica
y
a i icial,
y
end emos
una
idea
esac a
de
los
únicos
p og esos
cien í icos
de
las
escuelas
de
Alejand ía
(1).
En
cuan o
al
Oc¬
ciden e
es
cie o
que
el
Es oicismo
ocupó
las
cabezas
de
algunos
sábios;
peí
o
la
e dade a
iloso ía
de
Roma
ue
la
de
Epicu o,
cuyo
e a o,
ya
desde
los
iempos
de
Cice ón,
se
eía
en
odas
pa es,
en
el
anillo
del
man¬
cebo
como
en
el
pecho
de
la
ma ona.—
In
ahidis,
in
poculis,
in
annulis.
Su
Ju isp udencia,
si
escep uamos
el
pe iodo
b illan e
de
Sal io
Julia¬
no,
Pomponio,
Gayo,
Paulo
y
Ulpiano
debido
á
la
in luencia
c is iana
en
la
doc ina
es oica,
se
la
e á
siemp e
pob e,
ma e ialis a
y
a ea.
No
se ía
di ícil
ci a
disposiciones
legales
del
siglo
III,
que
son
un
e dade o
e¬
oceso
compa adas
con
las
que
sob e
los
mismos
pun os
consigna on
las
le¬
yes
de
las
Doce
ablas.
Su
Polí ica,
no
supo
mas
que
coloca
sob e
el
ono
una
se ie
de
mons¬
uos,
que,
sin
escepcion
de
los
llamados
las
delicias
del
géne o
humano,
ue on
el
e o
del
mundo
y
la
e güenza
de
la
his o ia.
(S)
La
li e a u a
omana
en
isible
decadencia
desde
el
siglo
I,
apenas
dá
señales
de
ida
en
el
II,
y
has a
la
p o ección
que
se
la
dispensó
bajo
el
gobie no
de
Ad iano,
con ibuyó
á
su
mue e
de ini i a,
cediendo
el
pues o
á
la
i olidad
y
al
cha la anismo
g iego,
que
dominan e
en
la
Có ¬
e,
se
es endió
á
odas
las
p o incias
del
impe io.
Los
A caismos,
los
Neologismos
g iegos,
el
amane amien o
y
es udiada
a ec ación
de
aquellos
esc i o es
co ompie on
de
al
mane a
la
mages ad
de
la
lengua
pá ia,
que
ya
en
el
siglo
III
no
se
podia
en ende ,
sin
un
es udio
especial,
el
es o
de
Cice ón.
So p enden e
enómeno
que
se
ha
epe ido
mas
de
una
ez
en
la
his¬
o ia
del
mundo,
y
cuya
espiicacion
consigna ía
po
es enso,
si
cupie a
en
los
lími es
que
es echan
po
odas
pa es
es e
pequeño
abajo.
El
Paga¬
nismo
que
u o
Filóso os
p o undos,
g andes
Polí icos,
eminen es
Ju iscon-
(^)
B ucke .
His o ia
c í ica..-
Dephilosophia
cabalís ica,
om.
2.
(2)
Diez
mil
homb es
ue on
despedazados
en
los
espec áculos
que
dio
al
pueblo
po
espacio
de
cien o
ein e
y
es
dias
elPio,
helice
y
T iun¬
ado
T ajano
á
su
uel a
de
la
ic o ia
sob e
los
Pa os.
—
20
—
sul os,
inspi ados
Poe as
y
O ado es
elocuen es,
no
puede
p esen a
un
solo
homb e
en
los
cinco
siglos
del
impe io.
¿Y
sabéis
po qué?
Po que
el
Paganismo
nace
y
c ece
lozano
bajo
cie as
condiciones,
ue a
de
las
cua¬
les
su
ciencia
mue e
y
se
ago an
las
uen es
de
su
inspi ación.
Plan a
mi¬
se able
de
la
ie a
nu idapo
el
egoísmo,
se
desa olla
en
la
p ospe idad,
pe o
se
ma chi a
á
los
p ime os
impulsos
de
los
ien os
de
la
con adic¬
ción.
Po
eso
aquel
g an
pueblo
omano
empequeñecido
desde
las
gue ¬
as
ci iles,
pe dió
has a
el
sen imien o
del
amo
pá io,
cuando
ue
enca¬
denada
su
libe ad
po
los
i anos
del
impe io.
Al
con a io
la
Teología,
enida
del
cielo,
se
acomoda
bien
á
odos
los
iempos
y
luga es,
c ece
y
se
mul iplica,
cualquie a
que
sea
la
condi¬
ción
de
los
e enos;
y
aun
se
puede
asegu a
que
sus
u os
son
mas
sa¬
zonados
y
abundosos
en
la
ignominia
de
la
C uz
que
en
la
deslumb an e
glo ia
del
Tabo :
que
la
iglesia
c is iana
es
el
incensa io
de
o o
en
que
a den
pe pe uamen e
las
i udes
en
el
uego
de
la
ca idad;
si
lo
dejais
en
calma
y
eposo,
quizás
la
ceniza
cub i á
su
uego
san o;
pe o
si
una
mano
iolen a
lo
agi a
con
oda
la
u ia
de
sa anás,
el
uego
eapa ece
y
el
mun¬
do
se
llena á
del
buen
olo
de
sus
pe umes.
Así
sucedió
en
aquellos
iempos
de
pe secución.
Mien as
el
Paga¬
nismo
an iguo
en uel o
en
su
es é il
igno ancia,
odaba
al
sepulc o
sin
que
ninguno
de
sus
homb es
pudie a
sepa a lo
de
la
a al
pendien e,
la
Teo¬
logía
nos
p esen a
una
sé ie
in ini a
de
a ones
eminen es
en
odos
los
a¬
mos
del
sabe .
En onces
lo ecie on
en
la
iglesia
o ien al,
S.
Jus ino
el
Má y
pla ónico;
Ti o
Fla io
Clemen e
Di ec o
de
la
escuela
ca equís ica
de
Alejand ía.
Sus
Misceláneas
(1),
enciclopedia
monumen al
de
odos
los
conocimien os
sag ados
y
p o anos,
ue on
el
p ime
paso
hácia
el
Sync e-
ismo
cien í ico
uni e sal,
que
debia
desa olla
el
p o undo
O ígenes,
aquel
homb e
madu o
desde
la
miíen
según
la
esp esion
de
S.
Ge ónimo.
Suce¬
dió
á
Clemen e
en
la
di ección
de
la
escuela
donde
enseñaba
con
las
ciencias
sag adas
la
g amá ica,
la
e ó ica,
las
ma emá icas
y
la
música.
La
ob a
de
los
P incipios
(2)
le
alió
la
glo ia
de
se
el
p ime o
que
edujo
á
sis ema
la
doc ina
c is iana.
Sus
abajos
sob e
la
c í ica,
exegé ica
y
i¬
lología
bíblica
no
encon a on
imi ado es,
has a
que
después
de
mil
y
dos-
(1)
S oma a.
(2)
Pe i-a chon.
—
21
—
cien os
años,
un
pueblo
eng andecido
po
la
in luencia
de
un
siglo
eo-
Ojjico,
publico
la
Polyglo a
complu ense.
La
enseñanza
de
O ígenes
ue
la
que
o mó
á
He aclio
y
Dionisio
pa ia cas
de
Alejand ía,
á
el
ciego
Didy-
y
á
S.
Giegoiio
de
Nacianzo;
que
euniendo
á
la
humildad
mas
p o¬
unda
y
á
la
mas
a dien e
ca idad
odos
los
conocimien os
de
la
ciencia
sag ada,
de
la
iloso ía
y
de
la
bella
li e a u a,
me eció
bien
el
sob enom-
bie
del
Teólogo
con
que
le
hon ó
su
siglo
y
le
ha
dis inguido
siemp e
la
Iglesia.
No
es
posible
examina
aquí
las
bellísimas
páginas
en
que
es e
hu¬
milde
sabio
de ama
la
luz
en
los
en endimien os
y
el
consuelo
en
los
co¬
azones;
pe o
V.
S.
I.
me
pe mi i á,
en
g acia
de
la
ju en ud
queme
escu¬
cha,
que
de
un
luga
en
es e
esc i o,
á
la
bella
pin u a
que
hace
el
mismo
san o,
de
su
amis ad
con
un
condiscípulo,
y
de
la
conduc a
que
obse a¬
ban
du an e
el
iempo
de
sus
es udios.—-"En ambos,
dice
S.
G ego io,
eníamos
un
mismo
obje o;
en ambos
buscábamos
un
mismo
eso o,
que
e a
la
i ud;
noso os
a ábamos
de
hace
nues a
unión
e e na,
p epa¬
ándonos
á
la
inmo alidad
biena en u ada:
uno
á
o o
nos
se íamos
de
maes o
y
de
ayo,
exho ándonos
mu uamen e
á
la
piedad;
ningún
come ¬
cio
eníamos
con
aguellos
compañe os
nues os,
cuyas
cos umb es
e an
iesa egladas,
y
no
ecuen ábamos
sino
la
sociedad
de
aquellos
que
po
su
modes ia,
su
ci cunspección
y
su
sabidu ía
nos
podían
sos ene
en
la
p ac ica
del
bien,
sabiendo
que
los
malos
ejemplos
son
como
las
en e -
uiedades
con agiosas,
que
se
comunican
con
la
mayo
acilidad.
No
cono¬
cíamos
en
A enas
mas
que
dos
caminos,
el
de
las
iglesias
y
el
de
las
es-
’
cuelas;
y
po
lo
que
hace
á
los
que
conducían
á
las
ies as
mundanas,
á
los
espec áculos
y
á
las
euniones
p o anas,
los
igno ábamos
absolu a¬
men e."
El
condiscípulo
de
quien
habla
S.
G ego io
en
es e
modelo
bellísi¬
mo
de
las
cos umb es
de
los
es udian es
c is ianos
e a
S.
Basilio
el
G ande,
pa ia ca
del
Monaca o
en
el
O ien e
y
cuya
sola
p esencia
hizo
embla
á
mas
de
un
i ano.
S.
A anasio,
el
hé oe
de
la
Fé
Nicena,
esplicó
el
mys e io
de
la
San¬
ísima
T inidad;
su
solo
nomb e
ae
á
la
memo ia
aquella
ida
del
in e és
mas
d amá ico,
aquella
i meza
de
olun ad
que
le
hizo
iun a
de
la
pe i¬
dia
a iana
y
de
la
pe secución
de
cua o
Empe ado es
en
una
lucha
no
in e umpida
po
el
espacio
de
cua en a
años.
A;
■
■■
-
4
I!