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Aquel señor que puso una tienda de ocasos

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Aquel señor que puso una tienda de ocasos

Author: Mihura, Miguel
Publisher: Editorial Universidad de Sevilla
Year: 1996
DOI: 10.12795/astragalo.1996.i04.08
Source: https://idus.us.es/bitstreams/91e75be4-e5f5-4b86-808b-dfc4588da439/download
FORO ABIERTO
AQUEL SENOR QUE PUSO UNA TIENDA
DE OCASOS
Miguel Mihu a
Aquel seño , que pa ecía an on o, se había ijado en que el sol siemp e se pone
po el mismo si io del campo, y en onces
se
le ocu ió comp a aquel pedazo
pa a pone allí una ienda y explo a las pues as de sol, que son an boni as y
que an o les gus a e a las acas y a esos ma imonios sol e os que es án siemp e subi-
dos encima de las acas.
Y ue y le comp ó el campo a la dueña, que e a una ieja con dos bigo es,
y,
ya dueño
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del campo, le puso una embocadu a y un elón con anuncios, que se subía y se bajaba
i ando de una cue da. Y el sol,
al
pone se, quedaba ence ado en la a one a de la
embocadu a, que lo enma caba como a una acua ela.
Puso después en aquel escena io na u al los bo egui os blancos y el ío, y un ba co de
ela, y un pe iódico, y una la a de sa dinas acía, y odo lo que debe de habe en una
pues a de sol pa a que esul e boni a.
Y,
delan e, sillas pa a que se sen ase la gen e a e la.
Ya
el público no podía con empla g a ui amen e los ocasos, po que los ocasos es aban
apados con aquel g an elón de anuncios, y pa a e los bien había que oma una silla
en el ea o
de
aquel seño an on o y paga su localidad de sol. Sólo en onces el elón
se le an aba y se podía con empla el ocaso más he moso del mundo, pues aquel seño
no ol idaba ningún ing edien e necesa io pa a da le el sabo p eciso a las pues as de sol
y pa a que esul asen como es debido.
Aquel seño , pa a comodidad del público, epa ía p og amas, en donde enían imp e-
sas esas ases que el público iene que deci
al
e un ocaso:
-LVII-
ASTRAGALO, 04 (1996)
A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA
A icle, ISSN 1134-3672
h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.1996.i04.08
Esc i o y pe iodis a, uno de los undado es de las e is as Ame allado a y La Codo niz.
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-¡Qué
he moso es es e ocaso, demonio!
-¡No
hay nada como la Na u aleza, mad e mía!
-¡Mi a, un paja i o!
-¿Habla us ed ancés?
-No
hay pale a de pin o que pueda ep oduci es os colo es.
-Yo
me llamo Manoli a.
De es a o ma el público no enía que pensa es as bellas ases, que son siemp e an
di íciles de pensa en esos momen os.
El negocio ue bien has a que el dueño del campo de en en e, que es po donde el sol
sale, le imi ó y puso ambién su espec áculo de amanece es. Y además de pone lo más
ba a o y con más cómodas bu acas, puso en los p og amas más bellas y opo unas a-
ses. También, además de bo egui os, y el pas o , y el ío, y la la a de sa dinas, él puso
en su escena io un caimán comiéndose un neg o. Y es o ob u o un éxi o uidoso.
Pe o en onces, el dueño del sol, con el que no se había con ado pa a nada, se cansó de
que explo asen a su sol de es a mane a, y un día no le dio cue da y
lo
dejó pa ado pa a
siemp e en el cen o del cielo.
To al: Que la a a icia ompe el saco y que no hay quien en ienda los negocios.
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