Aquel señor que puso una tienda de ocasos
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FORO ABIERTO AQUEL SENOR QUE PUSO UNA TIENDA DE OCASOS Miguel Mihura Aquel señor, que parecía tan tonto, se había fijado en que el sol siempre se pone por el mismo sitio del campo, y entonces se le ocurrió comprar aquel pedazo para poner allí una tienda y explotar las puestas de sol, que son tan bonitas y que tanto les gusta ver a las vacas y a esos matrimonios solteros que están siempre subidos encima de las vacas. Y fue y le compró el campo a la dueña, que era una vieja con dos bigotes, y, ya dueño 57 del campo, le puso una embocadura y un telón con anuncios, que se subía y se bajaba tirando de una cuerda. Y el sol, al ponerse, quedaba encerrado en la ratonera de la embocadura, que lo enmarcaba como a una acuarela. Puso después en aquel escenario natural los borreguitos blancos y el río, y un barco de vela, y un periódico, y una lata de sardinas vacía, y todo lo que debe de haber en una puesta de sol para que resulte bonita. Y, delante, sillas para que se sentase la gente a verla. Ya el público no podía contemplar gratuitamente los ocasos, porque los ocasos estaban tapados con aquel gran telón de anuncios, y para verlos bien había que tomar una silla en el teatro de aquel señor tan tonto y pagar su localidad de sol. Sólo entonces el telón se levantaba y se podía contemplar el ocaso más hermoso del mundo, pues aquel señor no olvidaba ningún ingrediente necesario para darle el sabor preciso a las puestas de sol y para que resultasen como es debido. Aquel señor, para comodidad del público, repartía programas, en donde venían impresas esas frases que el público tiene que decir al ver un ocaso: -LVII- ASTRAGALO, 04 (1996) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Article, ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.1996.i04.08 Escritor y periodista, uno de los fundadores de las revistas Ametralladora y La Codorniz.
58 -¡Qué hermoso es este ocaso, demonio! -¡No hay nada como la Naturaleza, madre mía! -¡Mira, un pajarito! -¿Habla usted francés? -No hay paleta de pintor que pueda reproducir estos colores. -Yo me llamo Manolita. De esta forma el público no tenía que pensar estas bellas frases, que son siempre tan difíciles de pensar en esos momentos. El negocio fue bien hasta que el dueño del campo de enfrente, que es por donde el sol sale, le imitó y puso también su espectáculo de amaneceres. Y además de ponerlo más barato y con más cómodas butacas, puso en los programas más bellas y oportunas frases. También, además de borreguitos, y el pastor, y el río, y la lata de sardinas, él puso en su escenario un caimán comiéndose un negro. Y esto obtuvo un éxito ruidoso. Pero entonces, el dueño del sol, con el que no se había contado para nada, se cansó de que explotasen a su sol de esta manera, y un día no le dio cuerda y lo dejó parado para siempre en el centro del cielo. Total: Que la avaricia rompe el saco y que no hay quien entienda los negocios. © -~ , 'l&t o ( " ~- ·- 1 - y ,...~...,.. t ~o. )'. ... ft .. .... ~-. L : ~-. •• ~ - <- 1 • .r ... Jt-U... .... •"-•~ -.................... ,,, - ~ · . ,G< ... .. ...... .;. .r .. , tc(.. ..... l -LVIII-