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Discurso leído en la Universidad Literaria de Sevilla en la solemne inauguración del curso académico de 1894 a 1895

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Discurso leído en la Universidad Literaria de Sevilla en la solemne inauguración del curso académico de 1894 a 1895

Author: Almagro y Cárdenas, Antonio, (1856-1919)
Publisher: Sevilla : Fernando de Santiago, 1894
Year: 1894
Source: https://idus.us.es/bitstreams/61806dbc-1910-4bf3-90b3-e9f32c5163e8/download
©I8€BRg@
/
LEÍDO
EN
LA
UNIVERSIDAD
LITERARIA
DE
SEVILLA
EN
LA
SOLEMNE
INAUGURACIÓN
DEL
CURSO
ACADÉMICO
BE
189í
A
1895
POR
EL
DOCTOR
©on
«An onio
«Almag o
V
(Ta denas
CATEDRÁTICO
DE
LENGUA
ÁRABE
SEVILLA
Fe nando
de
San iago,
Sie pes
49.
1S94
U oos
ecue dos
his ó icos
de
la
an igua
Hispalis,
de
es a
noble
ciudad
eng andecida
po
los
Césa es,
ilus ada
con
la
san a
memo ia
de
los
Leand os
é
Isido os,
me ópoli
de
la
España
isigoda
que
gua da
como
sag ado
depósi o
las
ene andas
cenizas
del
glo ioso
má i
San
He menegildo,
son,
á
no
duda lo,
excla ecidos
imb es
de
la
his o ia
nacional
que
llama án
siemp e
pode osamen e
la
a ención
y
despe a án
el
más
i o
in e és
de
cuan os,
al
amo
á
la
pa ia,
unan
el
noble
deseo
de
ilus a se
con
el
conocimien o
de
la
anscenden al
ciencia
llamada
po
Cice ón
«maes a
de
la
ida.»
Vease
aquí
po qué,
limo.
Seño ,
al
acep a
yo
el
hon oso
enca go
de
di igi os
la
palab a
en
es a
ocasión
solemne
en
que
celeb amos
la
inaugu ación
de
un
nue o
año
académico,
no
he
acilado
en
elegi
un
asun o
cuyo
in e és
nacie a
de
su
p opia
índole
po
e e i se
á
las
icisi udes
his ó icas
de
es a
ciudad,
ya
que
no
de
la
habilidad
y
acie o
con
que
había
de
se
po
mí
a ado.
—
6
—
La
cul u a
a ábigo-se illana
en
sus
aspec os
li e a io
,
cien í ico
y
a ís ico;
he
aquí
el
ema
de
la
p esen e
dise ación
y
un
asun o
que
á
su
in e és
local,
añade
cie a
no edad,
po
no
habe
sido
has a
hoy
a ado
con
la
ex ensión
debida
en
odas
sus
ases.
Desde
p incipios
del
siglo
VIII
has a
la
mi ad
del
XIII
su e
la
ciudad
del
Be is
el
yugo
del
Islam,
y
en
ese
pe íodo
de
cinco
siglos
iene
luga
en
ella
un
d ama
po
ex emo
in e esan e
que
comienza
con
las
o gías
de
Abd-el-Aziz
en
el
an iguo
cenobio
de
San a
Ru ina,
y
concluye
al
pone
Asakka
las
lla es
de
Se illa
en
manos
del
San o
Rey
Don
Fe nando
III.
De
an
omancesco
como
in e esan e
pe íodo
apenas
queda
ya
débil
eminiscencia.
De
sus
espléndidos
y
sun uosos
alcáza es
embellecidos
con
pe umados
pensiles
cual
nunca
pudo
soña
la
más
c eado a
an asía,
de
aquellos
mona cas
an
alien es
gue e os
como
inspi ados
a es,
de
aquellos
poe as
cuyas
canciones
esonaban
en
plácidas
noches
de
luna
po
las
má genes
del
Guadalqui i ,
de
aquellos
sabios
ma emá icos,
as ónomos
y
alquimis as,
de
aquellos
isi es
cuya
ace ada
adminis ación
e a
hija
de
la
más
p o unda
sabidu ía,
es a
ya
únicamen e
un
ago
ecue do
más
ó
menos
des igu ado
po
la
poesía
popula ,
y
el
ela o
de
las
c ónicas
coe áneas,
ol idadas
en
el
pol o
de
los
a chi os
nacionales
y
ex anje os.
Las
b illan es
páginas
que
es a
ciudad
ocupa
en
la
his o ia
li e a ia
y
a ís ica
de
la
España
sa acena,
dignas
son
de
se
es udiadas
con
oda
ex ensión
y
de enimien o.
Mas
no
disponiendo
yo
aho a
de
iempo
su icien e
que
dedica
á
an
impo an e
como
anscenden al
es udio,
me
conc e a é
an
sólo
á
aza
el
plan
de
lo
que
pudie a
se
un
lib o
ó
una
sene
de
olúmenes
sob e
la
cul u a
de
los
musulmanes
se illanos,
en
odas
sus
mani es aciones.
Necesa io
es
deci
an e
odas
cosas
y
aunque
sea
dolo oso
el
con esa lo,
que
la
his o ia
li e a ia
y
a ís ica
de
Se illa,
sob e
odo
la
que
se
e ie e
á
la
época
de
la
dominación
á abe,
es á
po
hace .
Las
ob as
de
los
his o iado es
Aben
Jaldun
y
Almacca i,
las
del
be be isco
-
7
—
Aben
Adza i
y
las
colecciones
bibliog á icas
de
los
españoles
Aben
Pascual
élbn
Alabba ,
Aben
Al a ad
y
Alja ib,
llenas
es án
de
menciones
e e en es
á
li e a os,
sabios
y
a is as
se illanos;
pe o
al a
colecciona
es os
da os
en
un
comple o
y
me ódico
cue po
de
doc ina.
También
es
dolo oso
que
e udi os
ex anje os
acen
en
es e
pun o
el
camino
de
lo
que
debía
hace se
en
nues a
pa ia;
pues
mien as
emos
al
sabio
holandés
M .
Reinha
Dozy
da
á
luz
el
lib o
más
comple o
sob e
la
his o ia
de
los
as uosos
Abbadíes
de
Se illa,
y
en
an o
que
se
popula iza
cada
día
más
la
ag adable
ob a
de
Adol o
Fede ico
Schack
en
que
apa ecen
e idos
an es
al
alemán
que
al
español
los
e sos
del
ey
se illano
Almo amid,
obse amos
ambién
que
los
a abis as
españoles
ienen
que
acudi
al
ex anje o
y
aduci
á
lenguas
exó icas
las
c ónicas
y
na aciones
de
la
España
á abe,
pa a
que
sus
aducciones
me ezcan
los
hono es
de
la
publicidad.
Tiempo
es
oda ía,
sin
emba go,
de
emp ende
la
his o ia
comple a
li e a ia
y
a ís ica
a ábigo-se illana,
pues
abajo
de
es a
índole,
si
bien
no
se
ha
ensayado
aún
en
nues a
pa ia,
ampoco
lo
ha
llegado
á
comple a
ningún
sabio
ex anje o.
Las
ob as
biog á icas
é
his ó icas
de
los
musulmanes
andaluces
poseen
en
es a
pa e
mul i ud
de
pasajes
inédi os
é
incalculable
iqueza
de
da os
que
pueden
se i
en
g an
mane a
pa a
ilus a
nues as
his o ias
egionales,
b indando
á
los
jó enes
es udiosos
ex enso
campo
pa a
que
eje ci en
sus
conocimien os
en
el
impo an ísimo
idioma
á abe.
Tal
es,
po
lo
an o,
el
in
que
me
p opongo,
al
aza
á
g andes
asgos
la
his o ia
de
la
li e a u a
y
de
las
a es
en
Se illa
du an e
la
dominación
muslímica:
adelan a
el
plan
de
un
abajo
cuya
no edad
no
nos
dispu en
el
día
de
mañana
los
e udi os
ex anje os,
y
es imula
noblemen e
á
la
ju en ud
pa a
que
se
dedique
con
asiduidad
al
es udio
de
un
idioma
que
ha
de
se i le
después
pa a
ec ea se
en
las
bellas
p oducciones
de
la
li e a u a
a ábigo-se illana.
Enunciado
en
es a
o ma
el
ema
que
oy
á
desa olla ,
aza é
an e
odas
cosas
el
plan
del
abajo,
indicando
al
p opio
iempo
las

pa es
que
lo
cons i uyen.
La
his o ia
de
la
dominación
musulmana
en
Se illa
os en a
un
ca ác e
peculia
y
p i a i o
den o
de
la
his o ia
nacional.
Es,
como
si
dijé amos,
el
é mino
medio,
el
decli e
po
donde
la
cul u a
muslímico-
española
ma cha
á
su
ocaso.
En
los
sun uosos
alcáza es
de
Có doba
y
en
los
pensiles
de
Medina
Az-Zah a,
bajo
la
egida
de
los
Abde ahmanes
y
Alhakemes,
llegó
el
pueblo
in aso
de
la
península
al
céni
de
su
g andeza.
En e
el
lujo
y
los
place es
de
la
e íme a
y
co a
dinas ía
Abbadi a
comenza on
á
no a se
los
p ime os
sín omas
de
la
decadencia
que
más
a de
había
de
e mina
con
las
lág imas
de
Boabdil
al
aleja se
pa a
siemp e
de
la
Alhamb a.
Tiene,
po
consiguien e,
la
his o ia
de
la
dominación
á abe
en
Se illa,
ese
a ac i o
y
ese
in e
seduc o
que
odea
de
encan os
indecibles
las
b e es
ho as
de
una
a de
se ena
y
los
he mosos
días
del
plácido
o oño.
Las
icisi udes
de
es a
his o ia
local
ambién
os en an
o os
ca ac e es
peculia es,
po
habe
sido
Se illa
la
ciudad
en
que
la
aza
indígena
hispano- isigoda
se
conse ó
po
más
iempo
con
sus
c eencias
p imi i as,
y
el
pun o
que
ma ca
la
más
ecuen e
comunicación
en e
el
Á ica
y
el
Andálus,
me ced
á
las
in asiones
de
almo á ides
y
almohades.
Siendo
la
li e a u a
y
las
a es,
mani es aciones
inmedia as
de
la
ida
social,
obsé ase
que
las
icisi udes
his ó icas
in luyen
pode osamen e
en
el
ca ác e
de
las
ob as
a ís icas;
y
es a
ley
gene al
la
emos
cumpli se
una
ez
más
en
la
his o ia
li e a ia
de
Se illa
du an e
la
dominación
musulmana,
que
puede
di idi se
en
cua o
épocas
como
su
his o ia
polí ica
del
mismo
pe íodo.
La
P ime a
Época
,
hispano-musulmana
ó
de
jux aposición
de
azas,
se
ca ac e iza
po
la
p eponde ancia
del
elemen o
mozá abe
y
escaso
desa ollo
de
las
a es
y
las
le as
a ábigas,
comp endiendo
desde
la
in asión
has a
los
Abbadi as.
Con
la
apa ición
de
los
einos
de
« ai as»
coincide
el
comienzo
de
la
dinas ía
de
Abul
Casim
y
el
Siglo
de
O o
de
la
poesía
a ábigo-se illana,
—
9
—
que
es
ambién
la
Segunda
Época.
Las
in asiones
a icanas
de
almo á ides
y
almohades
ma can
con
el
p incipio
de
la
Época
Te ce a
,
el
de
la
decadencia
de
las
o mas
poé icas
que
concluye
con
la
oma
de
la
ciudad
po
San
Fe nando.
Finalmen e,
la
Cua a
Epoca
ó
mudeja
es
el
enacimien o
de
las
a iciones
y
de
las
a es
a ábigas,
después
de
habe
sido
conquis ada
la
ciudad.
Dedica é
b e es
conside aciones
á
cada
una
de
las
épocas
enunciadas
an e io men e.
I.
Al
enecimien o
de
la
mona quía
isigó ica
con
el
ey
Don
Rod igo
en
las
má genes
del
Guadale e,
no
siguió
de
un
modo
inmedia o
la
conquis a
de
Se illa.
Desde
711
en
que
el
in aus o
suceso
u o
luga ,
log a
oda ía
sos ene se
incólume
del
yugo
aga eno
la
noble
Hispalis
has a
mediados
del
año
712
en
que
Muza
Ben
Nosai ,
habiendo
enido
al
soco o
de
su
luga enien e
Ta ic,
despúes
de
apode a se
de
Medinasidonia
y
oma
la
o aleza
de
Alcalá
de
Guadai a,
se
di ige
á
Se illa
que
ocupa
sin
g an
esis encia
y,
con iando
su
cus odia
á
una
pequeña
gua nición
de
a icanos
y
judíos,
emp ende
la
ma cha
á
Mé ida,
mien as
que
la
opa
gó ica
e acúa
la
ciudad
omando
la
ía
omana
que
se
di igía
á
Niebla
po
las
bocas
del
ío
Guadiana.
He
aquí
consumado
el
anscenden al
suceso
cuyas
consecuencias,
si
se
ex ienden
á
odos
los
ó denes
de
la
ida
nacional,
no
pueden
menos
de
alcanza
ambién
á
su
cul u a
y
ci ilización.
La
conquis a
de
los
á abes
p oduce
en
p ime
é mino
una
decisi a
usión
de
las
azas
hispano-
isigó icas,
hace
cob a
ene gías
al
noble
pueblo
español
en
medio
de
su
desg acia,
y
a o ece
las
ecíp ocas
in luencias
del
elemen o
o ien al
é
IO
hispano-la ino,
que
han
de
engend a
después
las
po en osas
p oducciones
del
a e
a ábigo
español.
No
acaban,
sin
emba go
con
la
mona quía
isigoda
los
p imo diales
elemen os
de
nues a
nacionalidad,
sino
que,
po
el
con a io,
á
pesa
de
los
dominado es
y
aun
bajo
su
yugo,
i e
du an e
la gos
siglos
la
aza
encida,
conse ando,
con
las
c eencias
de
sus
mayo es
la
lengua
la ina,
sus
usos
y
cos umb es,
y
has a
las
leyes
po
que
se
habían
egido
an es
de
la
i upción.
Los
mozá abes
,
que
así
se
llaman
es os
c is ianos
a ecindados
en
e i o io
enemigo,
cumplie on
en
el
Mediodía
de
España
una
misión
p o idencial,
sal ando
nues a
ci ilización
mien as
los
alien es
campeones
capi aneados
po
Don
Pelayo
sal aban
nues a
nacionalidad
en
las
mon añas
de
As u ias.
La
opulen a
Julia
Romúlea,
la
nue a
Emesa
desde
que
en
ella
oman
asien o
las
ibus
á abes,
la
encan ado a
Se illa
es
quizás
en e
los
demás
pueblos
de
España,
el
que
más
se
dis inguió
po
habe
conse ado
la go
iempo
las
adiciones
isigó icas.
Me ced
á
la
ole ancia
de
los
walíes
y
de
los
p ime os
cali as,
se
nos
o ece
en
ella
du an e
los
p ime os
siglos
de
la
dominación,
la
coexis encia
lib e
y
pací ica
de
mozá abes
y
mahome anos.
Las
a aigadas
c eencias
de
un
pueblo
e angelizado
po
la
elocuen e
palab a
y
el
ejemplo
de
San
Leand o
y
de
San
Isido o,
y
los
gé menes
de
cul u a
semb ados
en
las
escuelas
undadas
po
an
sabios
obispos,
no
podían
desapa ece
en
un
momen o,
po
g ande
que
ue a
el
ana ismo
y
la
pujanza
de
los
sec a ios
del
Islam.
Así
es
que
en
las
escuelas
mozá abes
se illanas
se
con inua on
sin
in e upción
las
mismas
piadosas
y
cul as
enseñanzas
que
habían
exis ido
du an e
los
úl imos
mona cas
isigodos,
mien as
que
los
cali as
co dobeses
a aban
de
eclipsa
es as
glo ias
c eando
colegios
y
almad azas
en
que
los
más
sabios
al aquíes
del
O ien e
enían
á
de ende
con
apasionados
discu sos
las
doc inas
del
Alco án.
Los
p ime os
des ellos
de
la
cul u a
o ien al
que
ilus ó
las
escuelas
del
cali a o,
no
son,
sin
emba go,
su icien es
pa a
des i ua
el
concep o
de
que
los
e dade os
sal ado es
de
nues a
ci ilización
en
la
Edad
Media
ue on
los
mozá abes.
El
ejé ci o
in aso
no
se
componía
cie amen e
de
sabios
ni
a is as,
sino
que
e a
una
mezcla
he e ogénea
de
á abes,
be ebe es
y
judíos,
udos,
ana izados
y
ajenos
comple amen e
á
las
a es
y
las
le as;
y
si
más
a de
descolla on
en
la
España
musulmana
a iciones
a ís icas,
debióse
al
in lujo
de
lejanas
ci ilizaciones
y
al
que
eje ció
en
los
conquis ado es
la
p opia
ci ilización
de
los
encidos.
Así
es
que
se á
di ícil
encon a
en
los
documen os
his ó icos
es imonios
abundan es
de
la
cul u a
a ábiga
en
Se illa
du an e
es e
p ime
pe íodo
que
comienza
en
la
in asión
y
concluye
con
los
cali as
de
Có doba;
y
aunque
hay
quien
asigna
al
comienzo
de
es a
época
la
edi icación
del
Alcáza ,
no
puede,
sin
emba go,
admi i se
cien í icamen e
al
hipó esis.
Las
p ime as
ob as
a qui ec ónicas
de
los
á abes,
una
ez
posesionados
de
es a
ciudad,
se
lle a on
á
e ec o
en
el
monas e io
de
San a
Ru ina,
elegido
pa a
su
esidencia
po
el
caudillo
Abd-el-Aziz
y
p o anado
con
las
lúb icas
o gías
que
siguie on
á
su
unión
con
Egilona
la
iuda
del
desg aciado
ey
Don
Rod igo.
Mien as
el
emi
y
su
co e
se
en egaban
á
ales
excesos,
los
mozá abes,
alejados
de
es a
co upción,
consag ábanse
con
asiduidad
á
las
a es,
sin
descuida
las
obligaciones
del
cul o
di ino.
La
memo ia
de
los.
eg egios
p elados
isigó icos
enació
en
el
amoso
Juan
Hispalense
á
quien
las
c ónicas
coe áneas
apellidan
Said
Yhaia
Almi an.
Tan
sabio
como
piadoso
me opoli ano,
que
lo eció
en
la
p ime a
mi ad
del
siglo
IX,
llegó
á
sob epuja
en
el
pe ec o
y
acabado
conocimien o
del
idioma
á abe
á
los
más
céleb es
al aquíes
de
aquella
época,
como
cla amen e
lo
da
á
conoce
el
Comen a io
ca ólico
á
las
Sag adas
Esc i u as
que
compuso
en
dicho
idioma
y
le
ha
hecho
me ecedo
de
que
el
a zobispo
Don
Rod igo
en
su
His o ia
le
apellide
«glo iosus
e
sanc isimus
Episcopus,
magna
scien ia
in
lingua
a abica
cla ens»
y
Al a o
de
Có doba
le
dé
el
dic ado
de
« omanse
dialec icae
capu .
»
18
—
en
donde
había
pasado
la
mayo
pa e
de
su
ju en ud.
Algún
iempo
después,
el
habe se
descuidado
en
una
expedición
mili a
á
Málaga,
ué
mo i o
de
que
se
indispusie a
con
su
pad e,
consiguiendo,
median e
una
bella
poesía,
al
in
y
al
cabo
la
econciliación.
Sus
a iciones
poé icas
ue on
causa
de
que
con ajese
ma imonio
con
una
jo en
de
condición
humilde
á
quien
llamaban
I imad
y
po
o o
nomb e
la
Romaiquia.
El
o igen
de
es e
enlace
lo
e ie en
los
his o iado es
del
modo
que
sigue.
Paseaba
Almo amid
acompañado
de
su
minis o
Aben
Anima
po
las
má genes
del
Guadalqui i ,
y
como
el
cé i o
izase
sua emen e
la
supe icie
del
ío,
el
p íncipe
dió
pié
pa a
unos
dís icos
á
su
p i ado,
en
la
o ma
siguien e:
El
agua
po
los
cé i os
izada
En
b illan e
lo iga
se
omó
En onces
como
el
isi
i ubease
pa a
encon a
el
consonan e,
una
jo en
que
allí
había
dijo
sin
acila :
Y
mejo ,
si
se
hallase
congelada
Pa a
en a
en
comba e
no
se
halló.
Desde
aquel
momen o
el
ey
quedó
p endado
de
I imad
que
e a
la
poe isa,
y
mandó
que
la
conduje an
á
su
palacio
pa a
oma la
luego
po
esposa.
Encumb ada
la
Romaiquia
desde
an
humilde
o igen
á
se
la
a o i a
del
mona ca
se illano,
llegó
á
domina
cap ichosamen e
á
su
ma ido,
como
lo
demues a
el
siguien e
episodio
que
ae
en
sus
Analec as
el
amoso
his o iado
Almacca i:
En e
las
cosas
más
no ables
que
se
cuen an
de
la
Romaiquia
(dice
el
au o
mencionado)
hállase
una
anécdo a
amosa
que
ha
con e ido
en
p o e biales
las
palab as
de
Almo amid
cuando
dijo:
«Menos
el
día
del
lodo.»
He
aquí
la
his o ia.
Habiendo
is o
I imad
á
algunas
muje es
i
descalzas
pisando
el
lodo,
le
dió
ambién
deseo
de
hace
lo
mismo.
En onces,
con
el
benepláci o
de
su
esposo,
mandó
que
el
pa io
del
alcáza
lo
llena an
de
mis u as
y
pol os
a omá icos.
Después
hizo
cae
sob e
aquellos
pe umes
una
llu ia
de
agua
de
osas
y
mezclándolo
odo

19
has a
que
se
hizo
ba o,
en óse
en
él,
ella
con
sus
escla as.
Desde
aquel
día,
cuando
I imad
se
enojaba
con
su
ma ido,
diciéndole
que
nunca
se-
le
había
mos ado
complacien e,
Almo amid
con es aba
con
g an
paciencia:
«Menos
el
día
del
lodo;»
y
al
pun o
se
le
qui aba
el
enojo
y
se
son eía.
El
emi
e a
muy
a icionado
al
espa cimien o
y
los
es ines
y
su
his o ia
es á
llena
de
episodios
muy
semejan es
á
los
que
se
cuen an
del
cali a
de
Bagdad
Ha um
A aschid.
Los
aná icos
al aquíes
censu aban
semejan e
disipación,
odiando
po
ello
g andemen e
á
I imad
que
e a
la
p incipal
causan e
de
que
el
ey
i ie a
en
una
p olongada
o gía,
ol idado
de
los
p ecep os
del
Alco án,
y,
sob e
odo,
del
que
eda
el
ino,
pues
al
p ohibición
nunca
ué
un
obs áculo
pa a
que
Aben
Abbad
abusa a
de
al
bebida,
en onando
en
su
hono
lá gas
composiciones.
El
es o
de
Almo amid
no
se
educía,
sin
emba go
al
géne o
báquico,
pues
de
su
ecundo
numen
hay
poesías
en
oda
clase
de
a gumen os
y
es ilos.
O a
el
amo
impulsaba
las
cue das
de
su
li a
pa a
que
can ase
en
el
palacio
de
Mozainia
á
una
de
sus
escla as
ó
la
ausencia
de
o a
a o i a
cuyo
ecue do
e ocaba
en
su
espí i u
la
melancólica
luz
de
la
luna;
ya
los
espléndidos
ja dines
de
Medina
Az-Zah a
e an
obje o
de
sus
canciones,
ó
endía
ibu o
á
la
amis ad
saludando
con
inspi ados
e sos
á
su
isi
Abul
Asbaj.
Di ícil
se ía
enume a
odas
las
p oducciones
de
es e
omán ico
mona ca
é
inspi ado
a e,
mas
ci a é
como
dignas
de
lee se,
una
que
lle a
po
í ulo
A
la
gacela,
o a
A
su
isi
Ebn
Lebbana
cuando
le
o ece
ino
,
la
sen ida
canción
A
la
imagen
de
su
amada
que
-se
le
apa ece
en
sueños
y,
po
úl imo,
los
dís icos
Al
isi
Abul-Hassan
que
le
había
en iado
un
amo
de
na cisos.
Todas
es as
poesías
pe enecen
á
la
p ime a
época
de
su
einado
en
que
le
son eían
la
elicidad
y
la
o una.
Pe o
después
su
buena
es ella
se
comenzó
á
eclipsa
y
el
in o unio
ce nió
sob e
él
sus
neg as
alas.
Su
muy
que ido
hijo
Abbad
ué
asesinado,
y
á
es a
p ime a
desg acia
siguie on
amon onándose
nue os
con a iempos.
20
Al onso
VI
cob aba
desde
hacía
años
un
ibu o
del
emi
se illano,
y
como
en
cie a
ocasión
se
negase
es e
á
sa is ace lo,
el
ey
de
Cas illa
le
decla ó
la
gue a.
Viéndose
con
escasas
ue zas
Mohamed
Ben
Abbad
pidió
auxilio
al
almo a ide
Yuse
Aben
Tasch in
quien
se
ap esu ó
á
eni
del
A ica,
dándose
poco
después
la
céleb e
ba alla
de
Zalaca
en
que
su ie on
los
c is ianos
una
espan osa
de o a.
En alen onado
Yuse
con
es a
ic o ia
debida
casi
po
comple o
al
alo
de
los
ie os
a icanos
que
acaudillaba,
decidió
le an a se
con
el
impe io
del
Andálus
y,
ol iéndose
con a
el
mismo
ey
que
había
implo ado
sus
auxilios,
se
apode ó
de
Se illa,
cogiendo
p isione o
al
p opio
Almo amid,
á
quien
lle ó
al
Á ica,
educiéndole
en
Agma
á
is e
p isión
donde
mu ió
el
año
484
de
la
egi a
(1095
de
nues a
e a.)
Las
ibulaciones
que
ama ga on
al
des onado
ey
los
úl imos
años
de
su
exis encia
no
ue on
su icien es
pa a
hace le
pe de
su
a ición
á
la
poesía,
y
si
an es
dedicó
himnos
al
amo
y
á
los
es ines,
en onaba
aho a
lúgub es
endechas
á
su
desg acia,
lamen ándose
en
cadenciosos
e sos
de
su
p isión,
ó
p o umpiendo
en
exclamaciones
de
aleg ía,
cuando
algún
ayo
de
espe anza
enía
á
ilumina
el
neg o
ho izon e
de
sus
des en u as.
¡Las ima
g ande
que
las
con iendas
y
enca nizadas
luchas
de
aquella
época
aza osa
lle a an
á
mo i
lejos
de
su
pa ia
y
en
obscu a
p isión
al
úl imo
Abbadíe,
al
inspi ado
a e
cuyas
canciones
esona on
un
día
en
los
egios
pensiles
se illanos.!
Allá
en
la
soli a ia
Agma ,
bajo
la
somb a
de
is e
palme a,
eposaban
en
el
ol ido
las
cenizas
del
desg aciado
ey
sin
que
una
lág ima
se
de amase
á
su
memo ia,
has a
que
o o
poe a
andaluz,
el
g anadino
Aben
Alja ib
ué
al
Á ica
y
en onó
sob e
su
umba
la
úneb e
cassida
que
inmo alizó
el
ecue do
de
aquel
mona ca
an
g ande
como
des en u ado.
El
es o
poé ico
de
Almo amid
espondía
cie amen e
á
las
a iciones
de
la
época,
pudiendo
ci a se
a ios
poe as
de
la
co e
que
odeaba
al
mona ca.
Sin
pe juicio
de
o os
a ios
de
que
habla é
más
adelan e,
debo
menciona
aquí
á
Aben
Zeidun
que
aunque
o iundo
de
Có doba,
i ió
en
la
co e
de
Almo amid
y,
sob e
odo,
al
amoso
isi
Aben
Anima .
21
Había
nacido
es e
en
Sil es
y
los
p ime os
años
de
su
ida
ue on
muy
acciden ados,
pues
i ió
comple amen e
nómada
y
e an e.
Después,
po
la
ama
de
sus
e sos,
ob u o
la
p i anza
de
Almo amid,
pe o
es e
llegó
á
enemis a se
has a
al
pun o
con
Aben
Amma
que
al
in
y
al
cabo
le
qui ó
la
ida.
Te mina
con
Mohamed
Almo amid
Ben
Abbad
la
dinas ía
Abbadi a
y
el
siglo
de
o o
de
la
poesía
a ábigo-se illana
que
comp ende
casi
odo
el
onceno,
desde
1023
has a
1095.
Es a
época
es
una
de
las
más
in e esan es
de
la
his o ia,
po
la
a iedad
de
los
episodios
y
la
mezcla
de
ba ba ie
y
cul u a
que
nos
o ece,
siendo
de
no a
que
la
pe ección
li e a ia
que
en
ella
admi amos,
coincide
con
la
p eponde ancia
del
pa ido
á abe-español
del
cual
es
pe soni icación
inmedia a
la
dinas ía
de
los
Abbadíes,
así
como
la
Omiade
pe soni icó
el
pa ido
ex anje o.
La
li e a u a
en
odas
sus
mani es aciones
se
cul i a
con
g andes
esul ados,
siendo
al
el
núme o
de
poe as
de
es e
iempo
á
que
se
e ie en
las
an ologías
y
colecciones
á abes,
que
se
hace
muy
di ícil
su
enume ación.
O écense,
sin
emba go,
en
medio
de
la
a iedad
de
las
composiciones,
algunos
ca ac e es
que
las
dis inguen
á
odas
ellas,
y
son,
al
lado
de
la
inspi ación
y
el
sen imen alismo,
la
a ec ación,
el
sensualismo
y
el
alambicamien o.
El
einado
de
Almo amid,
época
de
o gías
y
de
place es,
cuya
a eminación
econocen
los
mismos
c onis as
a ábigos,
ajo
en
pos
de
sí
desg acias
sin
cuen o,
y
en
sus
poesías,
si
algunas
eces
ebosa
la
animación
del
es ín,
nó ase
las
más
el
ebajamien o
que
iene
como
consecuencia
de
la
elajación
mo al
y
la
is eza
que
p oducen
los
goces
excesi os.
En
la
imposibilidad
de
ocupa me
de
odos
los
li e a os
de
es e
iempo,
ci a é
aquellos
que
po
habe
sob esalido,
son
ac eedo es
á
especial
mención.
Los
mozá abes
con inua on
cul i ando
la
li e a u a
a ábiga,
22
dis inguiéndose
po
sus
he mosas
poesías
Ibn
Alma ga i
é
Ibn
Ma ín,
ambos
pe enecien es
á
la
época
de
los
Beni
Abbad.
En e
los
poe as
musulmanes
de
la
co e
de
Almo amid
descolla on
Aben
Lebbana,
au o
de
elocuen es
elogios
al
emi
se illano;
Abu
Beke
que
p esagió
en
sen idas
poesías
el
is e
in
de
la
dinas ía
Abbadi a,
y
Abdul
Chalil
cuyos
e sos
me ecie on
del
úl imo
Abbad
una
ecompensa
de
mil
monedas
de
o o.
Cul i ó
en
es e
iempo
la
poesía
e udi a
Ben
Ala abi,
na u al
de
Se illa
y
p o eso
de
bellas
le as,
cuyos
conocimien os
pe eccionó
en
un
iaje
á
O ien e,
esc ibiendo,
á
más
de
a ias
ob as
ju ídicas,
una
desc ipción
poé ica
que
i ula
Ensueños.
También
me ece
ci a se
Abd-el-Kade
el
Amui,
g amá ico
y
poe a
que
mu ió
en
Ocad,
el
año
420
de
la
egi a.
Al
p opio
iempo
que
lo ecían
an
excla ecidos
a es,
nobles
p incesas
y
dis inguidas
damas
consag ábanse
al
cul i o
de
la
li e a u a
siguiendo
el
ejemplo
de
la
sul ana
I imad.
Una
hija
del
p opio
Almo amid,
Bo seina,
ué
insigne
e si icado a,
así
como
o as
a ias
musulmanas.
En e
ellas
me ece
ci a se
en
p ime
é mino
Me iem
(Ma ía,)
hija
de
Abu
Yacub
Al aizuli.
Es a
noble
se illana,
que
lo eció
el
año
411
de
la
egi a,
ué
céleb e
po
su
e udición,
habiendo
cul i ado
con
éxi o
el
géne o
epig amá ico.
Algasania
solía
dedica
á
los
emi es,
poesías
que
han
me ecido
los
elogios
de
su
con empo áneo
Alhomaidi;
mien as
que
Sa ia,
habiéndose
hecho
no able
po
su
elegancia
en
el
deci
y
ácil
es o
poé ico,
causaba
ambién
admi ación
po
su
galla do
ca ác e
de
le a,
omado
po
modelo
po
los
más
hábiles
pendolis as.
Mu ió
á
los
ein a
años
de
edad,
el
417
de
la
egi a,
y
su
mejo
ob a
es
un
he moso
poema
sob e
el
A e
de
bien
esc ibi .
O os
muchos
y
excla ecidos
a es
lo ecen
en
Se illa
du an e
es a
época,
cuyos
nomb es
y
composiciones
mencionan
los
c onis as
coe áneos
como
el
más
bello
o namen o
de
la
co e
de
los
Abbad.
Los
conocimien os
cien í icos
no
ue on,
sin
emba go,
cul i ados
con
la
misma
a ición
que
la
poesía.
En
el
año
429,
se
sabe
que
llegó
á
—
23
—
Se illa
el
amoso
médico
y
ma emá ico
o anés
Abdallah
Ben
Talha
á
quien
quizás
se
deba
el
comienzo
de
dichos
es udios
en
la
ciudad
del
Be is
du an e
la
dominación
á abe.
La
g amá ica
y
la
his o ia
se
siguie on
cul i ando
con
algunos
esul ados.
El
ilólogo
y
e udi o
Ajmed
Ben
Abdelcáde
Ben
Said,
que
mu ió
en
el
año
de
la
egi a
420,
se
hizo
céleb e
po
su
ob a
Di e sas
lec u as
del
Alco án
y
o a
Sob e
los
Tes amen os
según
la
legislación
musulmana.
Ismael
Ben
Mohamed
Ben
Haz ech,
llamado
Ben
Ha e z,
esc ibe
una
His o ia
li e a ia
de
la
España
á abe,
di idida
en
cua o
pa es,
y
Sakem
Ben
Said
da
á
conoce
en
su
Biblio eca
de
esc i o es
españoles
los
más
no ables
au o es
á abes
que
i ie on
has a
su
iempo
(457
de
la
egi a.)
Dichas
ob as
y
el
lib o
sob e
el
ey
Aben
Abbad
po
Mohamed
Abu
Beke
Ben
Kasem
Yelbi,
son
las
mejo es
uen es
de
da os
his ó icos
sob e
es a
época.
Pa a
comple a
el
es udio
de
la
cul u a
a ábiga
en
Se illa
du an e
el
einado
de
los
Beni
Abbad,
ha é
algunas
indicaciones
sob e
los
monumen os
a qui ec ónicos
que
á
ella
co esponden
y
su
es ilo.
En
iempo
del
p ime
Abbadi,
Mohamed
Ben
Ismael,
ya
exis ía
en
Se illa
un
Alcáza
( al
ez
el
mismo
eedi icado
po
Abde ahman
I.)
pues,
según
la
na ación
his ó ica,
Aben
Ismael
asegu aba
que
enía
ocul o
en
su
Alcáza
á
Hischem;
y
en
la
insc ipción
sepulc al
de
dicho
emi ,
se
hace
igualmen e
e e encia
á
sus
alcáza es.
Respec o
de
Mohamed
Almo adid,
los
his o iado es
á abes
mencionan
su
magní ico
ha em
,
capaz
pa a
albe ga
se en a
muje es,
lo
cual
le
alió
las
censu as
de
los
al aquíes
po
su
al a
de
eligiosidad.
El
suceso
de
dicho
ey
edi icó
el
palacio
de
Scha achib,
muy
celeb ado
en
sus
poesías.
Á
la
muni icencia
del
p opio
mona ca
se
e ie en
a ias
insc ipciones,
ales
como
la
lápida
de
la
iglesia
de
San
Sal ado
y
las
de
San
Juan
de
la
Palma,
exis en es
en
el
Museo
P o incial.
También
se
debe
á
los
Abbadi as
la
cons ucción
del
alcáza
de
Bib
Rayel
que
menciona
el
epa imien o
del
Rey
Sabio
y
en
el
que
es ablecie on
las
monjas
del
Cís e
el
con en o
de
San
Clemen e.
Se
sabe

-
2
4
-
—
que
Almo amid
albe gó
en
él
á
Yuse
Aben
Tasch in
exci ando
su
en idia.
La
mezqui a
mayo ,
según
a ios
da os
his ó icos,
se
supone
ué
ob a
de
Almo amid.
Pe o
acaso
dicho
emplo
ué
la
misma
ca ed al
isigó ica
con e ida
en
Aljama,
des uida
después
po
los
no mandos,
y
que
Yacob
Aben
Yuse
mandó
edi ica
de
nue o.
Cí anse
en
las
poesías
de
Aben
Abbad
los
nomb es
de
a ios
palacios
que
embellecían
su
espléndida
co e
y
de
a ias
quin as
y
casas
de
ec eo,
edi icadas
en
las
ce canías
de
la
ciudad,
y
cuyos
nomb es
e an,
Almuba ac,
Almuca an,
Mozainia,
Zo aya
y
Azahi .
Sumamen e
di ícil
es
aho a
encon a
los
es os
de
ales
cons ucciones,
después
de
habe
su ido
Se illa
el
igo
de
las
a mas
a icanas
en
iempo
de
los
almo á ides
y
almohades,
y
un
cambio
comple o
de
dominación
desde
que
se
posesionó
de
ella
el
San o
Rey
Don
Fe nando
III.
Puede,
sin
emba go,
o ma se
una
idea
sob e
el
géne o
a qui ec ónico
de
es a
época,
po
los
es igios
que
han
llegado
á
conse a se
y
que
os en an
el
mismo
es ilo
o namen al
del
Cali a o,
cuyas
o mas
se
habían
conse ado
aún
lib es
de
oda
o a
in luencia.
III.
Nue o
ca ác e
o ece
la
his o ia
de
la
dominación
musulmana
en
Se illa,
desde
las
in asiones
a icanas
que
acaudilló
el
almo a ide
Yuse
Aben
Tascli in.
Al
e mina
la
dinas ía
Abbadi a
pie de
la
ciudad
del
Be is
con
su
independencia
el
sello
peculia
de
su
li e a u a,
al
p opio
iempo
que
las
cos umb es
nada
cul as
de
los
in aso es,
de e minan
una
sensible
decadencia
en
las
o mas
li e a ias,
p ecu so a
de
su
comple a
desapa ición.
No
hay
que
busca
en
es a
época
la
galla día
que
an o
a ac i o
—
25
—
p es a
á
las
p oducciones
de
la
edad
de
o o.
Á
la
in luencia
o ien al
y
asiá ica
que
p edomina
en
siglos
an e io es,
sucede
la
del
elemen o
me idional
y
a icano,
pe diéndose
la
pe ección
de
la
o ma
con
el
ol ido
de
los
clásicos
modelos.
No
es
es o
deci
que
el
ana ismo
de
los
almo á ides
y
almohades
excluyese
po
comple o
el
cul i o
de
las
le as
y
de
las
a es,
pe o
es as
se
o ecen
aho a
con
menos
pe ección,
me ced
á
in luencias
nada
cul as.
Lejos
de
p oduci
esul ados
bene iciosos
en
el
a e
a ábigo
español
las
in asiones
a icanas
que
asola on
la
Península
desde
ines
del
siglo
undécimo,
ad ié ese
que
la
cul u a
de
los
musulmanes
españoles
eje ce
no able
in luencia
en
las
coma cas
del
ecino
con inen e,
como
no
puede
menos
de
con esa
el
céleb e
esc i o
Aben
Jaldun.
Deben,
sin
emba go,
dis ingui se
a ias
mani es aciones
en
el
a e
den o
de
es a
misma
época,
po
p esen a
ambién
dos
ases
di e sas
su
his o ia.
En
el
año
de
1091
comienza
la
dominación
almo a ide
y
con
ella
una
se ie
de
in e minables
y
sang ien as
luchas
en
que
los
in aso es
di igen
sus
a mas,
ya
con a
los
c is ianos
ya
con a
sus
mismos
co eligiona ios
los
á abes
españoles.
Pe o
á
ines
del
siglo
duodécimo
una
nue a
i upción
a icana,
la
de
los
almohades,
pone
in
al
pode
de
los
almo á ides
y
su
caudillo
Yacub
Aben
Yusu ,
enciendo
á
Al onso
VIII
en
la
ba alla
de
Ala cos
(1195,)
consolida
de
nue o
la
dominación
de
los
musulmanes
en
España.
Las
la gas
y
sang ien as
luchas
que
se
sucedían
sin
cesa
du an e
la
dominación
de
los
almo á ides
y
almohades,
no
ue on
obs áculo
pa a
que
se
cul i a an
en
es a
ciudad
las
le as
y
las
a es
á
pesa
de
an
calami osas
ci cuns ancias.
Pa a
mayo
o den
y
cla idad
me
ocupa é
sepa adamen e
de
las
mani es aciones
li e a ias
y
cien í icas
de
la
cul u a
a ábigo-se illana
en
es a
época.
La
poesía
que
du an e
el
cali a o
y
aun
en
iempo
de
los
Abbadi as
o ece
un
ca ác e
clásico
y
o ien al,
iene
aho a
un
es ilo
más
llano
y
-—
2
6
-
español.
Pe soni ica
es a
o ma
li e a ia
Abu
Beke
Ben
Cuzmán,
que
lo eció
á
p incipios
del
siglo
VI
de
la
egi a,
y
aunque
na u al
de
Có doba,
pasó
g an
pa e
de
su
ida
en
Se illa,
dando
en
ella
señaladas
y
nume osas
p uebas
de
su
es o.
Dis inguióse
an
excla ecido
a e
en
un
géne o
nue o
de
composiciones
lige as
y
es i as,
denominadas
azzayel
,
y
cuya
pa icula idad
consis e
en
que
su
lengua
es
el
mismo
á abe
popula
ó
hablado
de
los
mo os
andaluces
que
nunca
se
usó
has a
aho a,
ni
en
poesías
ni
en
composiciones
li e a ias
de
ningún
géne o.
Dice
Abul-Hassan
Ben
Yahda
de
Se illa
y
el
p ime
cancione o
de
aquella
época,
que
nadie
en e
los
poe as
más
dis inguidos
en
es e
géne o
u o
una
inspi ación
semejan e
á
la
de
Aben
Cuzmán,
el
g an
maes o
del
a e;
y
Aben
Jaldun
celeb a
sus
imp o isaciones,
cuando
con
a ios
jó enes
poe as
emp endía
iajes
de
place
po
el
Guadalqui i .
Con empo áneos
de
es e
Aben
Cuzmán
ue on,
Aben
Ala i
que
mu ió
el
año
536
de
la
egi a
y
á
sus
do es
poé icas
unió
la
de
se
excelen e
calíg a o;
Aben
Cala
(543)
á
más
de
inspi ado
a e,
o ado
elocuen e;
Aben
Said
(572,)
y
Abi agial
(571,)
cuyas
composiciones
se
inse an
en
una
An ología
li e a ia,
compilada
po
el
damasceno
Mohamed
Ben
Assaque .
Á
es e
mismo
siglo
sex o
de
la
egi a
pe enece
el
insigne
g amá ico
Aben
Jozail
que
aunque
alenciano
i ió
la go
iempo
en
Se illa,
donde
mu ió
el
año
593,
y
Mohamed
Ben
Suleiman
Alcalaí,
llamado
ambién
Aben
Alcasi a,
p íncipe
de
los
o ado es
de
su
época.
En
la
siguien e
cen u ia
lo ecen
Abul-Hassain
Obaid
Allah,
insigne
poe a,
llamado
Assakuní
(612;)
Mohamed
Ben
Mohamed
Alga eki,
ulgo
Aben
Hassan
que
aunque
na u al
de
Se illa
se
educó
en
G anada
y
esc ibió
poesías
de
di e sa
índole
siendo
walí
del
Almoxa i azgo;
Abu
Beke
Mohamed
Assada i a,
el
mejo
poe a
de
su
iempo,
que
alleció
en
el
Cai o
en
1236
(634
de
la
egi a,)
y
el
o ado
y
poe a
Abul
Hassan
que
habiendo
nacido
poco
an es
de
en a
en
Se illa
San
Fe nando,
llegó
á
se
Minis o
de
los
eyes
de
G anada
y
mu ió
en
Ma uecos
el
año
666
de
la
e a
mahome ana.
—
27
—
Al
eseña
el
mo imien o
cien í ico
de
es e
iempo,
debe
habla se
an e
odo
del
esme ado
cul i o
que
en
él
me ece
á
los
á abes
se illanos
la
iloso ía,
base
y
undamen o
de
odas
las
demás
ciencias.
El
ilóso o
za agozano
Aben
Badja,
más
gene almen e
conocido
po
Aben
Pace,
asladando
su
esidencia
á
Se illa
po
los
años
1118
de
J.
C.,
es
el
undado
de
la
escuela
ilosó ica
de
es a
ciudad,
que
an
excla ecidos
discípulos
llegó
á
p oduci .
Rep esen a
Aben
Pace
el
enacimien o
de
la
iloso ía
pe ipa é ico-a ábiga
según
dan
á
conoce
sus
ob as,
y
p incipalmen e
sus
Lib os
de
Lógica
y
su
T a ado
de
Polí ica
que
esc ibió
en
Se illa,
de
donde
asladó
su
domicilio
en
los
úl imos
años
de
su
ida
pa a
habi a
sucesi amen e
en
G anada
y
Fez,
ocu iendo
su
allecimien o
en
es a
úl ima
ciudad
el
año
de
1138.
En e
los
ilóso os
se illanos
discípulos
y
con empo áneos
de
Aben
Pace
se
hallan
Mohamed
el
Meh i
que
mu ió
en
1211
de
nues a
e a,
y
Abulsa
Omiah
Abd-el-Aziz,
au o
de
un
a ado
de
lógica
i ulado
Di ecciÓ
7
i
de
la
men e
,
y
de
o as
ob as
de
iloso ía
gene al
y
de
bo ánica.
Dicho
esc i o
mu ió
después
en
el
Cai o,
el
año
529
de
la
egi a.
Al
lo ecimien o
y
auge
de
los
es udios
ilosó icos
iniciado
po
Aben
Pace,
con ibuyó
después
la
ci cuns ancia
de
habe
eje cido
en
es a
ciudad
el
ca go
de
cadí
ó
juez,
el
amoso
Aben
Roxd
ó
Abé oes,
econocido
uni e salmen e
como
uno
de
los
más
g andes
ilóso os
de
su
iempo.
De
Maimónides
ambién
se
sabe
que
es udió
as onomía
con
el
se illano
Gebe
Aben
A lah
y
medicina
con
Abu
Beke
Ben
Zoh
ambién
de
Se illa,
en
cuya
misma
capi al
enseña on
iloso ía
po
es e
iempo,
Abul-Hassan
Alacda
y
Assha ai
de
quienes
ué
discípulo
el
amoso
Aben
A ala.
La
eología
y
el
de echo
musulmanes
ue on
cul i ados
con
g an
u o
del
p opio
modo
po
Aben
Moh ez
(479
á
569
de
la
egi a)
y
su
coe áneo
Mohamed
Ben
Abd-AIlah
Aben
Alged
(496
á
586
de
la
egi a)
á
quien
llamaban
el
«Océano
de
sabidu ía»
y
cuyas
lecciones
escuchó
A e oes.
Abu
Beke
Mohamed
Alcaisi
ué
ambién
ju isconsul o
de
g an
—
34
—
o os,
el
de
La
Aza eja
del
celeb ado
Abu
Ishak
Ben
Yhaia
Azza call
ó
Aza quiel,
sabio
oledano
au o
del
ins umen o
as onómico
que
lle a
dicho
nomb e,
y
que
dedicó
p ime o
al
ey
Almamun
de
Toledo
y
después,
habiendo
enido
á
Se illa,
hizo
dicha
«aza eja»
de
o o
modo
más
pe ec o
y
la
dedicó
al
ey
Aben
Abbad.
En
odos
es os
abajos
no abilísimos
po
la
época
y
po
el
pensamien o
ilus ado
que
los
anima,
apa ece
Don
Al onso
como
di ec o
inmedia o,
azando
y
esc ibiendo
los
p ólogos
de
cada
lib o,
co igiendo
el
lenguaje
y
poniéndolo
en
cas ellano
de echo
,
según
él
dice.
En e
los
a abizan es
de
que
se
alió
pa a
la
e sión
de
es as
ob as,
igu an
el
Rabi
Jehudah
Mosca,
el
Rabi
Zag
Ben
Jacub-Ha olai ola,
el
Rabi
Jehudah-
ba -Mosseh-ah-Cohen,
el
Rabi
Don
Ab aham
y
el
Rabi
Samuel-ha-Le i,
al
lado
de
Maes e
Gui'llén
y
Maes e
Juan
d’Aspa,
Maes e
Fe nando
de
Toledo,
Maes e
Be naldo
el
a ábigo
y
el
clé igo
Ga ci
Pé ez,
pe soni icando
en
es e
sen ido
el
ad enimien o
y
usión
que
ien
aquella
edad
se
ope a,
en e
las
ciencias
o ien ales
y
las
ciencias
has a
en onces
cul i adas
po
los
c is ianos.
Po
úl imo,
la
in luencia
de
las
ob as
á abes
en
la
li e a u a
his ó ica
de
Don
Al onso,
se
ad ie e
en
su
Es o ia
de
Espa ina,
pa a
la
que
omó
da os
de
los
mismos
can os
popula es
sa acénicos
y
en
la
G ande
el
gene al
Es o ia
,
en
cuya
con ección
en a on
las
na aciones
á abes
llamadas
ma a illosas
po
su
es ilo
semino elesco.
Las
ob as
de
Don
Al onso
el
Sabio
que
acabo
de
ci a ,
son
e dade amen e
glo ias
nacionales
que
hon a án
siemp e
la
memo ia
del
excla ecido
mona ca
cuyos
ene ados
es os
conse a
Se illa
como
uno
de
los
mejo es
í ulos
de
su
g andeza.
Es e
enacimien o
de
a iciones
o ien ales
que
siguió
á
las
conquis as
de
San
Fe nando,
no
e mina
con
Don
Al onso
X,
sino
que,
después
de
los
einados
de
Don
Fe nando
IV
y
Al onso
XI,
se
mani ies a
nue amen e
en
el
de
Don
Ped o
I,
aun
cuando
en
o os
ó denes
y
dis in as
es e as.
No
es
mi
ánimo
eno a
aquí
la
in e minable
cues ión
sob e
el
ca ác e
de
es e
ey
ni
de
esol e
en
de ini i a
si
me ece
se
llamado

—
35
—
déspo a
c uel
ó
mona ca
jus icie o;
pe o
sí
me
a e e é
á
indica
que
la
p o ección
que
dispensó
á
las
a es
y
el
mé i o
de
las
espléndidas-
edi icaciones
que
lle ó
á
cabo,
no
deben
al a
en
la
balanza,
si
el
juicio
que
se
o me
ha
de
se
exac o
é
impa cial.
Además,
ampoco
han
de
ol ida se
las
ci cuns ancias
que
lo
odea on,
y
el
ca ác e
de
las
icisi udes
his ó icas
de
su
época.
En
aquellos
iempos
en
que
se
p epa a
la
consolidación
de
la
nacionalidad,
el
ey
iene
que
desplega
inusi adas
ene gías
pa a
hace se
supe io
a?
pode
eudal
ep esen ado
po
la
nobleza.
Po
o a
pa e,
la
se e idad
excesi a
de
Don
Ped o
que
hay
quien
llama
ambién
c ueldad
e inada,
no
ué
una
condición
peculia
del
mona ca
cas ellano,
sino
un
icio
gene al
de
aquellos
iempos,
en
los
que
con
ecuencia
emos
epe i se
hechos
análog'os
en
odas
pa es.
Regís ense
las
his o ias
de
los
cali as
y
de
los
eyes
de
ai as
¡qué
de
c ímenes
a oces
y
c uen os
no
encie an.!
Ni
debe
ol ida se
que
las
elaciones
en e
las
amilias
einan es
mo as
y
c is ianas,
solían
en onces
se
muy
es echas,
sin
que
al a an
enlaces
en
que
la
di e encia
de
eligión
no
e a
un
obs áculo.
Si
en
la
pe sona
de
Don
Ped o
de
Cas illa
pa ece
enace
la
c ueldad
de
los
an iguos
emi es
y
eguíos
á abes,
no
se
ol ide
que
su
an eceso
Don
Al onso
VI
se
casó
con
una
p incesa
mo a
hija
de
Almo amid,
y
que
no
sólo
en
las
amilias
eales,
sino
en
odas
las
enas,
co ía
mezclada
la
sang e
de
ambas
azas
enemigas.
No
debe,
po
lo
an o,
causa
ex añeza,
el
encon a
es os
asgos
del
ca ác e
apasionado
y
ehemen e
de
los
á abes
en
el
mona ca
como
en
la
misma
gen e
del
pueblo,
ni
ampoco
que
en
la
co e
p e alecie a
una
a ición
e dade amen e
asiá ica
al
lujo
y
la
opulencia.
De
odos
modos
y
lle ando
adelan e
al
semejanza,
los
ac os
e dade amen e
sanguina ios
de
Almo adid,
siemp e
excede án
en
c ueldad
á
los
del
ey
Don
Ped o,
aunque
el
mona ca
Abbadi a
no
haya
sido
an
despiadada
y
cons an emen e
censu ado
po
la
his o ia.
Es as
condiciones
especiales
de
dicho
ey,
así
como
las
ehemencias
y
ene gías
de
su
ca ác e
e dade amen e
a icano,
con ienen
la
azón
—
36
—
del
po qué
las
a iciones
a ábigas
del
einado
de
Don
Al onso
se
con inúan
en
el
de
Don
Ped o
I,
bajo
cuyos
auspicios
enace
la
a qui ec u a
a ábiga,
en
el
amoso
Palacio,
ob a
e dade amen e
suya,
como
p oclaman
los
le e os
cú icos
de
sus
incompa ables
a beas.
El
Alcáza
de
Se illa,
g andioso
álbum
que
conse a
un
ecue do
de
odas
las
ans o maciones
musulmanas
de
la
ciudad,
ha
llegado
á
se ,
po
las
ob as
que
en
él
e ec uó
Don
Ped o
I
de
Cas illa,
el
más
bello
ejempla
del
a e
mudeja
en
España.
Como
símbolo
de
una
sín esis
his ó ica,
e oca
con
sus
de alles
de
di e sas
épocas
las
a ias
ases
de
la
dominación
aga ena
en
Se illa,
desde
los
walíes
y
los
cali as
de
Có doba
has a
los
Abbadi as,
almo á ides
y
almohades;
pe o
su
p incipal
mé i o
consis e
en
se
una
ob a
pos uma,
es
deci ,
un
monumen o
de
la
cul u a
musulmana
pos e io
á
su
dominación.
No
en a,
cie amen e,
en
el
plan
de
es e
abajo
desc ibi
ni
a alo a
las
bellezas
del
incompa able
edi icio,
pe o
sí
pa ece
opo uno
deci
algo
sob e
el
más
impo an e
de
sus
ado nos,
es o
es
sob e
sus
de alles
epig á icos.
En
odas
las
mani es aciones
y
épocas
de
la
a qui ec u a
á abe
cons i uyen
el
elemen o
p imo dial
de
la
o namen ación
las
insc ipciones.
Y
es
que
el
al abe o
a ábigo
po
la
galla día
de
sus
ca ac e es,
po
la
iqueza
de
sus
nexos
y
po
la
di e sidad
de
sus
es ilos
se
p es a
con
an a
acilidad
á
oda
clase
de
combinaciones
y
dibujos,
que
con
cualquie
sen encia
ó
ase
hábilmen e
azada
hay
mo i os
pa a
desa olla
las
más
bellas
ace ías.
Me ecen,
po
lo
an o,
las
insc ipciones
del
Alcáza
que
en
ellas
ije
p e e en emen e
la
a ención
el
a queólogo
y
el
e udi o,
y
es e
in e és
nace,
no
sólo
de
la
belleza
de
los
le e os,
sino
ambién
de
su
di e sa
época,
oda
ez
que
po
la
an igüedad
de
sus
ca ac e es
puede
ácilmen e
deduci se
la
his o ia
de
an
in e esan e
ejempla
a qui ec ónico.
Las
insc ipciones
del
Alcáza
son
la
sín esis
de
la
his o ia
de
Se illa.
Los
capi eles
del
pa io
de
las
Muñecas
y
algunos
o os
si ios
con
sus
lab adas
hojas
y
sus
pequeñas
ad ocaciones
cú icas,
aen
á
la
memo ia
—
37
—
po
su
semejanza
con
los
de
la
Mezqui a
de
Có doba
la
época
de
los
cali as,
á
que
pe enecen
ales
de alles.
Los
le e os
que
exo nan
la
cu a
ul asemici cula
de
los
a cos
del
salón
de
Embajado es,
ecue da
po
su
es ilo
la
dominación
de
los
Abbadíes,
mien as
que
la
mayo
pa e
de
las
insc ipciones
de
dicha
sala,
es
deci
aquellas
que
se
dis inguen
á
p ime a
is a
de
las
co espondien es
al
siglo
XIV,
cla amen e
dan
á
conoce
el
o den
a icano
que
ino
en
pos
de
los
almo á ides
y
almohades.
Obsé ase,
desde
luego,
en
es a
di e sidad
de
es ilos
y
épocas
el
ca ác e
peculia
de
la
a qui ec u a
a ábigo-se illana,
amalgama
he e ogénea
de
di e sos
elemen os
y
úl imo
esul ado
de
muy
di e sas
p ocedencias.
En
los
agmen os
y
ozos
a qui ec ónicos
de
la
época
del
cali a o
se
no an
desde
luego
las
in luencias
que
el
a e
o ien al
eje ce
en
nues a
Península
du an e
la
dominación
de
los
Abde ahñianes;
la
sencillez
de
o namen ación
que
o ecen
o os
de alles,
nos
ecue da
la
sob iedad
de
los
mo abi os
a icanos
ecien
salidos
de
la
ida
nómada,
mien as
que
la
galla día
y
elegancia
de
algunas
leyendas
y
combinaciones
de
ado nos,
e elan
bien
á
las
cla as,
las
dies as
manos
de
los
ala i es
g anadinos
en
su
más
lo ida
época.
Es a
a iedad
de
p ocedencias
no
p i an
al
monumen o
de
su
ca ác e
p imo dial
que
consis e
en
se
una
ob a
esencialmen e
mudeja .
El
Alcáza
de
Se illa,
en'
su
mayo
pa e
coe áneo
ó
muy
poco
pos e io
á
la
Alhamb a
de
G anada,
o ece
di e encias
an
ma cadas
con
el
palacio
de
los
Naza i as,
que
hay
necesidad
de
coloca lo
en
o o
géne o
ó
ag upación
a qui ec ónica.
En
la
Alhamb a
exis e
una
belleza
de
o mas
y
o na o
que
e elan
la
úl ima
pe ección
del
a e
a ábigo
en
la
Península.
En
el
Alcáza
de
Se illa
encuén anse
eminiscencias
y
ecue dos
de
la
a qui ec u a
usada
po
un
pueblo
encido
que
lucha
con
g andes
di icul ades
pa a
amolda se
á
los
hábi os
y
exigencias
del
encedo .
No
se
busquen
aquí
la
a iedad
de
insc ipciones
que
exo nan
á
los
palacios
g anadinos.
En
luga
de
aquellas
inspi adas
poesías,
de
aquellos
ex ensos
ela os
his ó icos
g abados
en
el
es uco
y
en
el
má mol,
y
de
aquellas
e o osas
plega ias
y
llamamien os
á
la
e
de
Mahoma,
-
3
8
—
encon á onse
sencillas
ad ocaciones,
ases
co adas,
ocablos
aislados
que
se
epi en
inde inidamen e.
En
las
insc ipciones
de
la
Alhamb a
se
suceden
sin
in e upción
las
alabanzas
á
Mohamed
y
á
la
eligión
musulmana,
mien as
que
en
los
le e os
del
Alcáza
de
Se illa
se
p ocu a
e i a
semejan es
ad ocaciones.
Es
po que
la
Alhamb a
es
un
monumen o
cla amen e
muslímico,
mien as
que
el
Alcáza
es
una
ob a
mudeja ,
en
que
los
ala i es
no
se
a e en
á
in oca
la
eligión
de
sus
pad es
po
emo
al
mona ca
bajo
cuya
é ula
i en
y
abajan.
Hay,
sin
emba go,
semejanzas
muy
ma cadas
en e
ambos
edi icios,
como
ambién
las
hay
en e
las
luchas
de
Muley
Hacen
y
las
del
ey
Don
Ped o,
y
en e
Zo aya
y
Doña
Ma ía
de
Molina.
O as
ma cadas
di e encias
exis en
ambién
en e
ambos
monumen os,
nacidas
de
que
la
Alhamb a,
po
no
habe se
habi ado
desde
que
de
ella
salie on
los
mo os,
ha
podido
conse a
mejo
sus
asgos
peculia es;
mien as
que
el
Alcáza
de
Se illa
ha
su ido
g andes
de e io os
en
su
p imi i a
disposición
po
las
ob as
lle adas
á
cabo
en
iempo
de
los
Reyes
Ca ólicos,
Ca los
V
y
Felipe
II,
y,
p incipalmen e,
po
las
mu ilaciones
e ec uadas
con
el
nomb e
de
abajos
de
es au ación,
en
los
años
de
1834
y
1850.
Á
pesa
de
odo,
el
Alcáza
de
Se illa
es
y
se á
siemp e,
según
dicen
las
insc ipciones
alladas
en
sus
pue as,
«una
ob a
que
ag ada
y
seduce
como
la
luz
del
c epúsculo,
y
un
ono
esplandecien e
po
sus
colo es
b illan es
y
po
la
in ensidad
de
su
esplendo .»
He
e minado,
seño es
Doc o es,
la
b e e
eseña
que
me
había
p opues o
hace
de
la
cul u a
de
los
á abes
en
Se illa,
sus
le as,
ciencias
y
monumen os;
pe mí aseme,
con
es e
mo i o,
que
enca ezca
una
ez
más
la
g ande
impo ancia
del
es udio
del
idioma
a ábigo,
como
elemen o
indispensable
pa a
conoce
con
pe ección
es a
pa e
an
amena
de
la
his o ia
nacional.
No
debe,
sin
emba go,
supone se
que
p e enda
yo
a i ma
aquí,
que
—
39
—
la
u ilidad
de
al
es udio
sea
exclusi a,
y
amino e
el
alo
de
los
demás
amos
del
sabe .
En
el
inmenso
campo
de
la
ciencia
que
iegan
con
su
sudo
los
homb e
es udiosos,
no
hay
abajo
in ecundo.
La
más
noble
de
las
aspi aciones,
la
posesión
de
la
e dad,
es
el
pode oso
mó il
que
da
impulso
á
esas
udas
a eas,
o a
en o pecidas
con
g a es
y
di íciles
obs áculos,
ya
co onadas
con
la
consecusión
de
b illan es
éxi os,
pe o
nunca
es é iles
cuando
an
guiadas
po
la
buena- e..
Véase,
aquí
el
alo
y
el
in
al amen e
anscenden al
de
es os
es ablecimien os,
á
donde
la
ju en ud
iene
pa a
ap o echa se
del
u o
conseguido
después
de
an os
a anes,
ilus ándose
con
el
conocimien o
de
la
e dad
y
ennobleciéndose
con
el
amo
al
bien
y
á
la
i ud,
he moso
esul ado
que
po
sí
bas a ía,
si
ue a
solo,
pa a
compensa
los
a anes
que
ae
colisigo
la
in es igación
cien í ica.
Pe o
la
u ilidad
de
es a
no
se
ci cunsc ibe
á
es e as
me amen e
ideales,
pues
los
conocimien os
ienen
un
alo
posi i o
que
dimana
de
sus
múl iples
y
anscenden ales
aplicaciones.
Semejan e
á
la
nube
que
asciende
de
la
ie a
y
luego
se
dila a
po
la
a mós e a
pa a
lle a
á
odas
pa es
con
su
g a o
ocío
la
e ilidad
y
la
abundancia,
así
la
ciencia,
si
p ime o
se
abs ae
de
las
cosas
ma e iales
ele ándose
á
la
es e a
de
lo
sup asensible,
es
pa a
descende
más
a de
con e ida
en
hechos
y
p incipios
de
g an
alo
pa a
la
ida
p ác ica.
Dígase
sino;
esos
g andes
y
po en osos
in en os
de
la
edad
mode na
que
hacen
desapa ece
las
dis ancias
es echando
cada
ez
más
las
elaciones
de
los
indi iduos
y
de
las
sociedades
¿qué
son,
sino
aplicaciones
á
la
p ác ica
de
p og esos
ealizados
an e io men e
en
el
campo
de
las
ciencias
especula i as.?
Así
ambién
el
es udio
de
las
lenguas
o ien ales,
que
á
p ime a
is a
pa ece
cosa
á ida
é
inú il,
si
con
algún
de enimien o
se
conside a,
hay
que
econoce le
un
alo
y
una
impo ancia
incalculables.
A
más
de
las
e dades
del
o den
na u al,
u o
de
la
in es igación
cien í ica,
exis en
o as
de
ele ada
p ocedencia,
cuyo
o igen
se
emon a
has a
las
p ime as
gene aciones,
y
que
han
enido
siendo
base
y

—
40
—
undamen o
de
oda
sociedad
bien
cons i uida
en
la
la ga
his o ia
del
géne o
humano.
Con a
las
di e sas
escuelas
y
opiniones
de
o a
clase,
la
ciencia
adicional
ha
sos enido
cons an e
lucha
pa a
de ende
an
al as
e dades,
cuya
base
y
p incipio
es
la
di ina
e elación
consignada
en
los
lib os
del
An iguo
y
Nue o
Tes amen o.
Que
la
posesión
de
las
lenguas
o ien ales
y
semí icas
iene
g ande
impo ancia
pa a
ales
lides,
cosa
sabida
es.
Desde
que
San
Je ónimo
se
consag a
en
la
soledad
del
desie o
al
es udio
del
idioma
heb áico
pa a
aduci
po
ez
p ime a
al
la ín
los
Sag ados
Lib os
has a
los
ecien es
y
po en osos
abajos
de
Bu nou ,
Leno man ,
Oppe
y
Sch ade
sob e
las
insc ipciones
cunei o mes
de
Níni e
y
Babilonia,
el
es udio
de
las
lenguas
o ien ales
ha
sido
siemp e
el
undamen o
de
las
indicias
bíblicas,
ya
desci ando
cu iosísimos
es os
epig á icos,
ya
descub iendo
en
muy
a os
códices,
e siones
an iquísimas
de
los
Lib os
Sag ados
al
á abe,
al
e iópico,
al
si o-caldáico;
y
los
nomb es
de
Bux o ,
Edkins,
Ewald,
Gesenius
y
P i e
unidos
á
es os
aliosos
descub imien os,
si
hon a án
á
la
ciencia
con empo ánea,
pod án
ambién
añadi se
al
de
los
an iguos
apologis as,
en
cuan o
han
con ibuido
con
sus
abajos
á
man ene
la
ec a
in e p e ación
é
in eg idad
del
Sag ado
Tex o.
No
deja emos
ampoco
de
consigna ,
ya
que
hacemos
mención
de
aquellos
sabios
que
más
se
han
dis inguido,
p incipalmen e
en
nues os
iempos,
po
su
amo
al
es udio
de
las
lenguas
semí icas,
que
en
lo
e e en e
al
idioma
a ábigo,
ambién
ha
enido
nues a
época
muy
eg egios
ep esen an es
en
F ei ag,
el
ba ón
de
Sacy,
Kasimi ski,
Hamme -Pu gs all,
Weil,
Wiliams
Reid,
Beaussie ,
Che boneau,
Slane,
jun o
á
los
que
ocupan
un
pues o
dis inguido
los
españoles
Es ébanez
Calde ón,
Banque i,
Malo,
de
Molina,
Mo eno
Nie o
y
o os
no ables
esc i o es
que
aun
i en
y
cuyos
nomb es
me
abs end é
de
ci a
po
no
las ima
su
modes ia.
Si an
ejemplos
an
p ecla os
de
noble
es imulo
á
la
ju en ud
que
acude
á
nues as
aulas
pa a
dedica se
con
asiduidad
al
es udio
de
las
li e a u as
clásicas
é
idiomas
o ien ales,
po
si
algún
día
log a
al u a
—
4i
igual
y
epu ación
pa ecida.
C ezca
en
el
ánimo
de
odos
el
noble
deseo
de
ap ende ;
guíenos
siemp e
en
nues as
in es igaciones
y
abajos
el
más
desin e esado
amo
á
la
e dad,
pues
sólo
así
consegui emos
ennoblece
nues a
alma,
mejo a
nues as
cos umb es
y,
en
una
palab a,
ele a nos
y
ap oxima nos
cada
ez
más
á
Dios,
que
es
el
único
bien
y
en
cuyo
in ini o
en endimien o
se
con iene
la
azón
sup ema
de
odo
cuan o
exis e.
He
dicho.