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Discurso leído en la Universidad Literaria de Sevilla en la solemne inauguración del curso académico de 1894 a 1895

Almagro y Cárdenas, Antonio, (1856-1919)

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©I8€BRg@ / LEÍDO EN LA UNIVERSIDAD LITERARIA DE SEVILLA EN LA SOLEMNE INAUGURACIÓN DEL CURSO ACADÉMICO BE 189í A 1895 POR EL DOCTOR ©on «An onio «Almag o V (Ta denas CATEDRÁTICO DE LENGUA ÁRABE SEVILLA Fe nando de San iago, Sie pes 49. 1S94 U oos ecue dos his ó icos de la an igua Hispalis, de es a noble ciudad eng andecida po los Césa es, ilus ada con la san a memo ia de los Leand os é Isido os, me ópoli de la España isigoda que gua da como sag ado depósi o las ene andas cenizas del glo ioso má i San He menegildo, son, á no duda lo, excla ecidos imb es de la his o ia nacional que llama án siemp e pode osamen e la a ención y despe a án el más i o in e és de cuan os, al amo á la pa ia, unan el noble deseo de ilus a se con el conocimien o de la anscenden al ciencia llamada po Cice ón «maes a de la ida.» Vease aquí po qué, limo. Seño , al acep a yo el hon oso enca go de di igi os la palab a en es a ocasión solemne en que celeb amos la inaugu ación de un nue o año académico, no he acilado en elegi un asun o cuyo in e és nacie a de su p opia índole po e e i se á las icisi udes his ó icas de es a ciudad, ya que no de la habilidad y acie o con que había de se po mí a ado. — 6 — La cul u a a ábigo-se illana en sus aspec os li e a io , cien í ico y a ís ico; he aquí el ema de la p esen e dise ación y un asun o que á su in e és local, añade cie a no edad, po no habe sido has a hoy a ado con la ex ensión debida en odas sus ases. Desde p incipios del siglo VIII has a la mi ad del XIII su e la ciudad del Be is el yugo del Islam, y en ese pe íodo de cinco siglos iene luga en ella un d ama po ex emo in e esan e que comienza con las o gías de Abd-el-Aziz en el an iguo cenobio de San a Ru ina, y concluye al pone Asakka las lla es de Se illa en manos del San o Rey Don Fe nando III. De an omancesco como in e esan e pe íodo apenas queda ya débil eminiscencia. De sus espléndidos y sun uosos alcáza es embellecidos con pe umados pensiles cual nunca pudo soña la más c eado a an asía, de aquellos mona cas an alien es gue e os como inspi ados a es, de aquellos poe as cuyas canciones esonaban en plácidas noches de luna po las má genes del Guadalqui i , de aquellos sabios ma emá icos, as ónomos y alquimis as, de aquellos isi es cuya ace ada adminis ación e a hija de la más p o unda sabidu ía, es a ya únicamen e un ago ecue do más ó menos des igu ado po la poesía popula , y el ela o de las c ónicas coe áneas, ol idadas en el pol o de los a chi os nacionales y ex anje os. Las b illan es páginas que es a ciudad ocupa en la his o ia li e a ia y a ís ica de la España sa acena, dignas son de se es udiadas con oda ex ensión y de enimien o. Mas no disponiendo yo aho a de iempo su icien e que dedica á an impo an e como anscenden al es udio, me conc e a é an sólo á aza el plan de lo que pudie a se un lib o ó una sene de olúmenes sob e la cul u a de los musulmanes se illanos, en odas sus mani es aciones. Necesa io es deci an e odas cosas y aunque sea dolo oso el con esa lo, que la his o ia li e a ia y a ís ica de Se illa, sob e odo la que se e ie e á la época de la dominación á abe, es á po hace . Las ob as de los his o iado es Aben Jaldun y Almacca i, las del be be isco - 7 — Aben Adza i y las colecciones bibliog á icas de los españoles Aben Pascual élbn Alabba , Aben Al a ad y Alja ib, llenas es án de menciones e e en es á li e a os, sabios y a is as se illanos; pe o al a colecciona es os da os en un comple o y me ódico cue po de doc ina. También es dolo oso que e udi os ex anje os acen en es e pun o el camino de lo que debía hace se en nues a pa ia; pues mien as emos al sabio holandés M . Reinha Dozy da á luz el lib o más comple o sob e la his o ia de los as uosos Abbadíes de Se illa, y en an o que se popula iza cada día más la ag adable ob a de Adol o Fede ico Schack en que apa ecen e idos an es al alemán que al español los e sos del ey se illano Almo amid, obse amos ambién que los a abis as españoles ienen que acudi al ex anje o y aduci á lenguas exó icas las c ónicas y na aciones de la España á abe, pa a que sus aducciones me ezcan los hono es de la publicidad. Tiempo es oda ía, sin emba go, de emp ende la his o ia comple a li e a ia y a ís ica a ábigo-se illana, pues abajo de es a índole, si bien no se ha ensayado aún en nues a pa ia, ampoco lo ha llegado á comple a ningún sabio ex anje o. Las ob as biog á icas é his ó icas de los musulmanes andaluces poseen en es a pa e mul i ud de pasajes inédi os é incalculable iqueza de da os que pueden se i en g an mane a pa a ilus a nues as his o ias egionales, b indando á los jó enes es udiosos ex enso campo pa a que eje ci en sus conocimien os en el impo an ísimo idioma á abe. Tal es, po lo an o, el in que me p opongo, al aza á g andes asgos la his o ia de la li e a u a y de las a es en Se illa du an e la dominación muslímica: adelan a el plan de un abajo cuya no edad no nos dispu en el día de mañana los e udi os ex anje os, y es imula noblemen e á la ju en ud pa a que se dedique con asiduidad al es udio de un idioma que ha de se i le después pa a ec ea se en las bellas p oducciones de la li e a u a a ábigo-se illana. Enunciado en es a o ma el ema que oy á desa olla , aza é an e odas cosas el plan del abajo, indicando al p opio iempo las pa es que lo cons i uyen. La his o ia de la dominación musulmana en Se illa os en a un ca ác e peculia y p i a i o den o de la his o ia nacional. Es, como si dijé amos, el é mino medio, el decli e po donde la cul u a muslímico- española ma cha á su ocaso. En los sun uosos alcáza es de Có doba y en los pensiles de Medina Az-Zah a, bajo la egida de los Abde ahmanes y Alhakemes, llegó el pueblo in aso de la península al céni de su g andeza. En e el lujo y los place es de la e íme a y co a dinas ía Abbadi a comenza on á no a se los p ime os sín omas de la decadencia que más a de había de e mina con las lág imas de Boabdil al aleja se pa a siemp e de la Alhamb a. Tiene, po consiguien e, la his o ia de la dominación á abe en Se illa, ese a ac i o y ese in e seduc o que odea de encan os indecibles las b e es ho as de una a de se ena y los he mosos días del plácido o oño. Las icisi udes de es a his o ia local ambién os en an o os ca ac e es peculia es, po habe sido Se illa la ciudad en que la aza indígena hispano- isigoda se conse ó po más iempo con sus c eencias p imi i as, y el pun o que ma ca la más ecuen e comunicación en e el Á ica y el Andálus, me ced á las in asiones de almo á ides y almohades. Siendo la li e a u a y las a es, mani es aciones inmedia as de la ida social, obsé ase que las icisi udes his ó icas in luyen pode osamen e en el ca ác e de las ob as a ís icas; y es a ley gene al la emos cumpli se una ez más en la his o ia li e a ia de Se illa du an e la dominación musulmana, que puede di idi se en cua o épocas como su his o ia polí ica del mismo pe íodo. La P ime a Época , hispano-musulmana ó de jux aposición de azas, se ca ac e iza po la p eponde ancia del elemen o mozá abe y escaso desa ollo de las a es y las le as a ábigas, comp endiendo desde la in asión has a los Abbadi as. Con la apa ición de los einos de « ai as» coincide el comienzo de la dinas ía de Abul Casim y el Siglo de O o de la poesía a ábigo-se illana, — 9 — que es ambién la Segunda Época. Las in asiones a icanas de almo á ides y almohades ma can con el p incipio de la Época Te ce a , el de la decadencia de las o mas poé icas que concluye con la oma de la ciudad po San Fe nando. Finalmen e, la Cua a Epoca ó mudeja es el enacimien o de las a iciones y de las a es a ábigas, después de habe sido conquis ada la ciudad. Dedica é b e es conside aciones á cada una de las épocas enunciadas an e io men e. I. Al enecimien o de la mona quía isigó ica con el ey Don Rod igo en las má genes del Guadale e, no siguió de un modo inmedia o la conquis a de Se illa. Desde 711 en que el in aus o suceso u o luga , log a oda ía sos ene se incólume del yugo aga eno la noble Hispalis has a mediados del año 712 en que Muza Ben Nosai , habiendo enido al soco o de su luga enien e Ta ic, despúes de apode a se de Medinasidonia y oma la o aleza de Alcalá de Guadai a, se di ige á Se illa que ocupa sin g an esis encia y, con iando su cus odia á una pequeña gua nición de a icanos y judíos, emp ende la ma cha á Mé ida, mien as que la opa gó ica e acúa la ciudad omando la ía omana que se di igía á Niebla po las bocas del ío Guadiana. He aquí consumado el anscenden al suceso cuyas consecuencias, si se ex ienden á odos los ó denes de la ida nacional, no pueden menos de alcanza ambién á su cul u a y ci ilización. La conquis a de los á abes p oduce en p ime é mino una decisi a usión de las azas hispano- isigó icas, hace cob a ene gías al noble pueblo español en medio de su desg acia, y a o ece las ecíp ocas in luencias del elemen o o ien al é IO hispano-la ino, que han de engend a después las po en osas p oducciones del a e a ábigo español. No acaban, sin emba go con la mona quía isigoda los p imo diales elemen os de nues a nacionalidad, sino que, po el con a io, á pesa de los dominado es y aun bajo su yugo, i e du an e la gos siglos la aza encida, conse ando, con las c eencias de sus mayo es la lengua la ina, sus usos y cos umb es, y has a las leyes po que se habían egido an es de la i upción. Los mozá abes , que así se llaman es os c is ianos a ecindados en e i o io enemigo, cumplie on en el Mediodía de España una misión p o idencial, sal ando nues a ci ilización mien as los alien es campeones capi aneados po Don Pelayo sal aban nues a nacionalidad en las mon añas de As u ias. La opulen a Julia Romúlea, la nue a Emesa desde que en ella oman asien o las ibus á abes, la encan ado a Se illa es quizás en e los demás pueblos de España, el que más se dis inguió po habe conse ado la go iempo las adiciones isigó icas. Me ced á la ole ancia de los walíes y de los p ime os cali as, se nos o ece en ella du an e los p ime os siglos de la dominación, la coexis encia lib e y pací ica de mozá abes y mahome anos. Las a aigadas c eencias de un pueblo e angelizado po la elocuen e palab a y el ejemplo de San Leand o y de San Isido o, y los gé menes de cul u a semb ados en las escuelas undadas po an sabios obispos, no podían desapa ece en un momen o, po g ande que ue a el ana ismo y la pujanza de los sec a ios del Islam. Así es que en las escuelas mozá abes se illanas se con inua on sin in e upción las mismas piadosas y cul as enseñanzas que habían exis ido du an e los úl imos mona cas isigodos, mien as que los cali as co dobeses a aban de eclipsa es as glo ias c eando colegios y almad azas en que los más sabios al aquíes del O ien e enían á de ende con apasionados discu sos las doc inas del Alco án. Los p ime os des ellos de la cul u a o ien al que ilus ó las escuelas del cali a o, no son, sin emba go, su icien es pa a des i ua el concep o de que los e dade os sal ado es de nues a ci ilización en la Edad Media ue on los mozá abes. El ejé ci o in aso no se componía cie amen e de sabios ni a is as, sino que e a una mezcla he e ogénea de á abes, be ebe es y judíos, udos, ana izados y ajenos comple amen e á las a es y las le as; y si más a de descolla on en la España musulmana a iciones a ís icas, debióse al in lujo de lejanas ci ilizaciones y al que eje ció en los conquis ado es la p opia ci ilización de los encidos. Así es que se á di ícil encon a en los documen os his ó icos es imonios abundan es de la cul u a a ábiga en Se illa du an e es e p ime pe íodo que comienza en la in asión y concluye con los cali as de Có doba; y aunque hay quien asigna al comienzo de es a época la edi icación del Alcáza , no puede, sin emba go, admi i se cien í icamen e al hipó esis. Las p ime as ob as a qui ec ónicas de los á abes, una ez posesionados de es a ciudad, se lle a on á e ec o en el monas e io de San a Ru ina, elegido pa a su esidencia po el caudillo Abd-el-Aziz y p o anado con las lúb icas o gías que siguie on á su unión con Egilona la iuda del desg aciado ey Don Rod igo. Mien as el emi y su co e se en egaban á ales excesos, los mozá abes, alejados de es a co upción, consag ábanse con asiduidad á las a es, sin descuida las obligaciones del cul o di ino. La memo ia de los. eg egios p elados isigó icos enació en el amoso Juan Hispalense á quien las c ónicas coe áneas apellidan Said Yhaia Almi an. Tan sabio como piadoso me opoli ano, que lo eció en la p ime a mi ad del siglo IX, llegó á sob epuja en el pe ec o y acabado conocimien o del idioma á abe á los más céleb es al aquíes de aquella época, como cla amen e lo da á conoce el Comen a io ca ólico á las Sag adas Esc i u as que compuso en dicho idioma y le ha hecho me ecedo de que el a zobispo Don Rod igo en su His o ia le apellide «glo iosus e sanc isimus Episcopus, magna scien ia in lingua a abica cla ens» y Al a o de Có doba le dé el dic ado de « omanse dialec icae capu . » 18 — en donde había pasado la mayo pa e de su ju en ud. Algún iempo después, el habe se descuidado en una expedición mili a á Málaga, ué mo i o de que se indispusie a con su pad e, consiguiendo, median e una bella poesía, al in y al cabo la econciliación. Sus a iciones poé icas ue on causa de que con ajese ma imonio con una jo en de condición humilde á quien llamaban I imad y po o o nomb e la Romaiquia. El o igen de es e enlace lo e ie en los his o iado es del modo que sigue. Paseaba Almo amid acompañado de su minis o Aben Anima po las má genes del Guadalqui i , y como el cé i o izase sua emen e la supe icie del ío, el p íncipe dió pié pa a unos dís icos á su p i ado, en la o ma siguien e: El agua po los cé i os izada En b illan e lo iga se omó En onces como el isi i ubease pa a encon a el consonan e, una jo en que allí había dijo sin acila : Y mejo , si se hallase congelada Pa a en a en comba e no se halló. Desde aquel momen o el ey quedó p endado de I imad que e a la poe isa, y mandó que la conduje an á su palacio pa a oma la luego po esposa. Encumb ada la Romaiquia desde an humilde o igen á se la a o i a del mona ca se illano, llegó á domina cap ichosamen e á su ma ido, como lo demues a el siguien e episodio que ae en sus Analec as el amoso his o iado Almacca i: En e las cosas más no ables que se cuen an de la Romaiquia (dice el au o mencionado) hállase una anécdo a amosa que ha con e ido en p o e biales las palab as de Almo amid cuando dijo: «Menos el día del lodo.» He aquí la his o ia. Habiendo is o I imad á algunas muje es i descalzas pisando el lodo, le dió ambién deseo de hace lo mismo. En onces, con el benepláci o de su esposo, mandó que el pa io del alcáza lo llena an de mis u as y pol os a omá icos. Después hizo cae sob e aquellos pe umes una llu ia de agua de osas y mezclándolo odo 19 has a que se hizo ba o, en óse en él, ella con sus escla as. Desde aquel día, cuando I imad se enojaba con su ma ido, diciéndole que nunca se- le había mos ado complacien e, Almo amid con es aba con g an paciencia: «Menos el día del lodo;» y al pun o se le qui aba el enojo y se son eía. El emi e a muy a icionado al espa cimien o y los es ines y su his o ia es á llena de episodios muy semejan es á los que se cuen an del cali a de Bagdad Ha um A aschid. Los aná icos al aquíes censu aban semejan e disipación, odiando po ello g andemen e á I imad que e a la p incipal causan e de que el ey i ie a en una p olongada o gía, ol idado de los p ecep os del Alco án, y, sob e odo, del que eda el ino, pues al p ohibición nunca ué un obs áculo pa a que Aben Abbad abusa a de al bebida, en onando en su hono lá gas composiciones. El es o de Almo amid no se educía, sin emba go al géne o báquico, pues de su ecundo numen hay poesías en oda clase de a gumen os y es ilos. O a el amo impulsaba las cue das de su li a pa a que can ase en el palacio de Mozainia á una de sus escla as ó la ausencia de o a a o i a cuyo ecue do e ocaba en su espí i u la melancólica luz de la luna; ya los espléndidos ja dines de Medina Az-Zah a e an obje o de sus canciones, ó endía ibu o á la amis ad saludando con inspi ados e sos á su isi Abul Asbaj. Di ícil se ía enume a odas las p oducciones de es e omán ico mona ca é inspi ado a e, mas ci a é como dignas de lee se, una que lle a po í ulo A la gacela, o a A su isi Ebn Lebbana cuando le o ece ino , la sen ida canción A la imagen de su amada que -se le apa ece en sueños y, po úl imo, los dís icos Al isi Abul-Hassan que le había en iado un amo de na cisos. Todas es as poesías pe enecen á la p ime a época de su einado en que le son eían la elicidad y la o una. Pe o después su buena es ella se comenzó á eclipsa y el in o unio ce nió sob e él sus neg as alas. Su muy que ido hijo Abbad ué asesinado, y á es a p ime a desg acia siguie on amon onándose nue os con a iempos. 20 Al onso VI cob aba desde hacía años un ibu o del emi se illano, y como en cie a ocasión se negase es e á sa is ace lo, el ey de Cas illa le decla ó la gue a. Viéndose con escasas ue zas Mohamed Ben Abbad pidió auxilio al almo a ide Yuse Aben Tasch in quien se ap esu ó á eni del A ica, dándose poco después la céleb e ba alla de Zalaca en que su ie on los c is ianos una espan osa de o a. En alen onado Yuse con es a ic o ia debida casi po comple o al alo de los ie os a icanos que acaudillaba, decidió le an a se con el impe io del Andálus y, ol iéndose con a el mismo ey que había implo ado sus auxilios, se apode ó de Se illa, cogiendo p isione o al p opio Almo amid, á quien lle ó al Á ica, educiéndole en Agma á is e p isión donde mu ió el año 484 de la egi a (1095 de nues a e a.) Las ibulaciones que ama ga on al des onado ey los úl imos años de su exis encia no ue on su icien es pa a hace le pe de su a ición á la poesía, y si an es dedicó himnos al amo y á los es ines, en onaba aho a lúgub es endechas á su desg acia, lamen ándose en cadenciosos e sos de su p isión, ó p o umpiendo en exclamaciones de aleg ía, cuando algún ayo de espe anza enía á ilumina el neg o ho izon e de sus des en u as. ¡Las ima g ande que las con iendas y enca nizadas luchas de aquella época aza osa lle a an á mo i lejos de su pa ia y en obscu a p isión al úl imo Abbadíe, al inspi ado a e cuyas canciones esona on un día en los egios pensiles se illanos.! Allá en la soli a ia Agma , bajo la somb a de is e palme a, eposaban en el ol ido las cenizas del desg aciado ey sin que una lág ima se de amase á su memo ia, has a que o o poe a andaluz, el g anadino Aben Alja ib ué al Á ica y en onó sob e su umba la úneb e cassida que inmo alizó el ecue do de aquel mona ca an g ande como des en u ado. El es o poé ico de Almo amid espondía cie amen e á las a iciones de la época, pudiendo ci a se a ios poe as de la co e que odeaba al mona ca. Sin pe juicio de o os a ios de que habla é más adelan e, debo menciona aquí á Aben Zeidun que aunque o iundo de Có doba, i ió en la co e de Almo amid y, sob e odo, al amoso isi Aben Anima . 21 Había nacido es e en Sil es y los p ime os años de su ida ue on muy acciden ados, pues i ió comple amen e nómada y e an e. Después, po la ama de sus e sos, ob u o la p i anza de Almo amid, pe o es e llegó á enemis a se has a al pun o con Aben Amma que al in y al cabo le qui ó la ida. Te mina con Mohamed Almo amid Ben Abbad la dinas ía Abbadi a y el siglo de o o de la poesía a ábigo-se illana que comp ende casi odo el onceno, desde 1023 has a 1095. Es a época es una de las más in e esan es de la his o ia, po la a iedad de los episodios y la mezcla de ba ba ie y cul u a que nos o ece, siendo de no a que la pe ección li e a ia que en ella admi amos, coincide con la p eponde ancia del pa ido á abe-español del cual es pe soni icación inmedia a la dinas ía de los Abbadíes, así como la Omiade pe soni icó el pa ido ex anje o. La li e a u a en odas sus mani es aciones se cul i a con g andes esul ados, siendo al el núme o de poe as de es e iempo á que se e ie en las an ologías y colecciones á abes, que se hace muy di ícil su enume ación. O écense, sin emba go, en medio de la a iedad de las composiciones, algunos ca ac e es que las dis inguen á odas ellas, y son, al lado de la inspi ación y el sen imen alismo, la a ec ación, el sensualismo y el alambicamien o. El einado de Almo amid, época de o gías y de place es, cuya a eminación econocen los mismos c onis as a ábigos, ajo en pos de sí desg acias sin cuen o, y en sus poesías, si algunas eces ebosa la animación del es ín, nó ase las más el ebajamien o que iene como consecuencia de la elajación mo al y la is eza que p oducen los goces excesi os. En la imposibilidad de ocupa me de odos los li e a os de es e iempo, ci a é aquellos que po habe sob esalido, son ac eedo es á especial mención. Los mozá abes con inua on cul i ando la li e a u a a ábiga, 22 dis inguiéndose po sus he mosas poesías Ibn Alma ga i é Ibn Ma ín, ambos pe enecien es á la época de los Beni Abbad. En e los poe as musulmanes de la co e de Almo amid descolla on Aben Lebbana, au o de elocuen es elogios al emi se illano; Abu Beke que p esagió en sen idas poesías el is e in de la dinas ía Abbadi a, y Abdul Chalil cuyos e sos me ecie on del úl imo Abbad una ecompensa de mil monedas de o o. Cul i ó en es e iempo la poesía e udi a Ben Ala abi, na u al de Se illa y p o eso de bellas le as, cuyos conocimien os pe eccionó en un iaje á O ien e, esc ibiendo, á más de a ias ob as ju ídicas, una desc ipción poé ica que i ula Ensueños. También me ece ci a se Abd-el-Kade el Amui, g amá ico y poe a que mu ió en Ocad, el año 420 de la egi a. Al p opio iempo que lo ecían an excla ecidos a es, nobles p incesas y dis inguidas damas consag ábanse al cul i o de la li e a u a siguiendo el ejemplo de la sul ana I imad. Una hija del p opio Almo amid, Bo seina, ué insigne e si icado a, así como o as a ias musulmanas. En e ellas me ece ci a se en p ime é mino Me iem (Ma ía,) hija de Abu Yacub Al aizuli. Es a noble se illana, que lo eció el año 411 de la egi a, ué céleb e po su e udición, habiendo cul i ado con éxi o el géne o epig amá ico. Algasania solía dedica á los emi es, poesías que han me ecido los elogios de su con empo áneo Alhomaidi; mien as que Sa ia, habiéndose hecho no able po su elegancia en el deci y ácil es o poé ico, causaba ambién admi ación po su galla do ca ác e de le a, omado po modelo po los más hábiles pendolis as. Mu ió á los ein a años de edad, el 417 de la egi a, y su mejo ob a es un he moso poema sob e el A e de bien esc ibi . O os muchos y excla ecidos a es lo ecen en Se illa du an e es a época, cuyos nomb es y composiciones mencionan los c onis as coe áneos como el más bello o namen o de la co e de los Abbad. Los conocimien os cien í icos no ue on, sin emba go, cul i ados con la misma a ición que la poesía. En el año 429, se sabe que llegó á — 23 — Se illa el amoso médico y ma emá ico o anés Abdallah Ben Talha á quien quizás se deba el comienzo de dichos es udios en la ciudad del Be is du an e la dominación á abe. La g amá ica y la his o ia se siguie on cul i ando con algunos esul ados. El ilólogo y e udi o Ajmed Ben Abdelcáde Ben Said, que mu ió en el año de la egi a 420, se hizo céleb e po su ob a Di e sas lec u as del Alco án y o a Sob e los Tes amen os según la legislación musulmana. Ismael Ben Mohamed Ben Haz ech, llamado Ben Ha e z, esc ibe una His o ia li e a ia de la España á abe, di idida en cua o pa es, y Sakem Ben Said da á conoce en su Biblio eca de esc i o es españoles los más no ables au o es á abes que i ie on has a su iempo (457 de la egi a.) Dichas ob as y el lib o sob e el ey Aben Abbad po Mohamed Abu Beke Ben Kasem Yelbi, son las mejo es uen es de da os his ó icos sob e es a época. Pa a comple a el es udio de la cul u a a ábiga en Se illa du an e el einado de los Beni Abbad, ha é algunas indicaciones sob e los monumen os a qui ec ónicos que á ella co esponden y su es ilo. En iempo del p ime Abbadi, Mohamed Ben Ismael, ya exis ía en Se illa un Alcáza ( al ez el mismo eedi icado po Abde ahman I.) pues, según la na ación his ó ica, Aben Ismael asegu aba que enía ocul o en su Alcáza á Hischem; y en la insc ipción sepulc al de dicho emi , se hace igualmen e e e encia á sus alcáza es. Respec o de Mohamed Almo adid, los his o iado es á abes mencionan su magní ico ha em , capaz pa a albe ga se en a muje es, lo cual le alió las censu as de los al aquíes po su al a de eligiosidad. El suceso de dicho ey edi icó el palacio de Scha achib, muy celeb ado en sus poesías. Á la muni icencia del p opio mona ca se e ie en a ias insc ipciones, ales como la lápida de la iglesia de San Sal ado y las de San Juan de la Palma, exis en es en el Museo P o incial. También se debe á los Abbadi as la cons ucción del alcáza de Bib Rayel que menciona el epa imien o del Rey Sabio y en el que es ablecie on las monjas del Cís e el con en o de San Clemen e. Se sabe - 2 4 - — que Almo amid albe gó en él á Yuse Aben Tasch in exci ando su en idia. La mezqui a mayo , según a ios da os his ó icos, se supone ué ob a de Almo amid. Pe o acaso dicho emplo ué la misma ca ed al isigó ica con e ida en Aljama, des uida después po los no mandos, y que Yacob Aben Yuse mandó edi ica de nue o. Cí anse en las poesías de Aben Abbad los nomb es de a ios palacios que embellecían su espléndida co e y de a ias quin as y casas de ec eo, edi icadas en las ce canías de la ciudad, y cuyos nomb es e an, Almuba ac, Almuca an, Mozainia, Zo aya y Azahi . Sumamen e di ícil es aho a encon a los es os de ales cons ucciones, después de habe su ido Se illa el igo de las a mas a icanas en iempo de los almo á ides y almohades, y un cambio comple o de dominación desde que se posesionó de ella el San o Rey Don Fe nando III. Puede, sin emba go, o ma se una idea sob e el géne o a qui ec ónico de es a época, po los es igios que han llegado á conse a se y que os en an el mismo es ilo o namen al del Cali a o, cuyas o mas se habían conse ado aún lib es de oda o a in luencia. III. Nue o ca ác e o ece la his o ia de la dominación musulmana en Se illa, desde las in asiones a icanas que acaudilló el almo a ide Yuse Aben Tascli in. Al e mina la dinas ía Abbadi a pie de la ciudad del Be is con su independencia el sello peculia de su li e a u a, al p opio iempo que las cos umb es nada cul as de los in aso es, de e minan una sensible decadencia en las o mas li e a ias, p ecu so a de su comple a desapa ición. No hay que busca en es a época la galla día que an o a ac i o — 25 — p es a á las p oducciones de la edad de o o. Á la in luencia o ien al y asiá ica que p edomina en siglos an e io es, sucede la del elemen o me idional y a icano, pe diéndose la pe ección de la o ma con el ol ido de los clásicos modelos. No es es o deci que el ana ismo de los almo á ides y almohades excluyese po comple o el cul i o de las le as y de las a es, pe o es as se o ecen aho a con menos pe ección, me ced á in luencias nada cul as. Lejos de p oduci esul ados bene iciosos en el a e a ábigo español las in asiones a icanas que asola on la Península desde ines del siglo undécimo, ad ié ese que la cul u a de los musulmanes españoles eje ce no able in luencia en las coma cas del ecino con inen e, como no puede menos de con esa el céleb e esc i o Aben Jaldun. Deben, sin emba go, dis ingui se a ias mani es aciones en el a e den o de es a misma época, po p esen a ambién dos ases di e sas su his o ia. En el año de 1091 comienza la dominación almo a ide y con ella una se ie de in e minables y sang ien as luchas en que los in aso es di igen sus a mas, ya con a los c is ianos ya con a sus mismos co eligiona ios los á abes españoles. Pe o á ines del siglo duodécimo una nue a i upción a icana, la de los almohades, pone in al pode de los almo á ides y su caudillo Yacub Aben Yusu , enciendo á Al onso VIII en la ba alla de Ala cos (1195,) consolida de nue o la dominación de los musulmanes en España. Las la gas y sang ien as luchas que se sucedían sin cesa du an e la dominación de los almo á ides y almohades, no ue on obs áculo pa a que se cul i a an en es a ciudad las le as y las a es á pesa de an calami osas ci cuns ancias. Pa a mayo o den y cla idad me ocupa é sepa adamen e de las mani es aciones li e a ias y cien í icas de la cul u a a ábigo-se illana en es a época. La poesía que du an e el cali a o y aun en iempo de los Abbadi as o ece un ca ác e clásico y o ien al, iene aho a un es ilo más llano y -— 2 6 - español. Pe soni ica es a o ma li e a ia Abu Beke Ben Cuzmán, que lo eció á p incipios del siglo VI de la egi a, y aunque na u al de Có doba, pasó g an pa e de su ida en Se illa, dando en ella señaladas y nume osas p uebas de su es o. Dis inguióse an excla ecido a e en un géne o nue o de composiciones lige as y es i as, denominadas azzayel , y cuya pa icula idad consis e en que su lengua es el mismo á abe popula ó hablado de los mo os andaluces que nunca se usó has a aho a, ni en poesías ni en composiciones li e a ias de ningún géne o. Dice Abul-Hassan Ben Yahda de Se illa y el p ime cancione o de aquella época, que nadie en e los poe as más dis inguidos en es e géne o u o una inspi ación semejan e á la de Aben Cuzmán, el g an maes o del a e; y Aben Jaldun celeb a sus imp o isaciones, cuando con a ios jó enes poe as emp endía iajes de place po el Guadalqui i . Con empo áneos de es e Aben Cuzmán ue on, Aben Ala i que mu ió el año 536 de la egi a y á sus do es poé icas unió la de se excelen e calíg a o; Aben Cala (543) á más de inspi ado a e, o ado elocuen e; Aben Said (572,) y Abi agial (571,) cuyas composiciones se inse an en una An ología li e a ia, compilada po el damasceno Mohamed Ben Assaque . Á es e mismo siglo sex o de la egi a pe enece el insigne g amá ico Aben Jozail que aunque alenciano i ió la go iempo en Se illa, donde mu ió el año 593, y Mohamed Ben Suleiman Alcalaí, llamado ambién Aben Alcasi a, p íncipe de los o ado es de su época. En la siguien e cen u ia lo ecen Abul-Hassain Obaid Allah, insigne poe a, llamado Assakuní (612;) Mohamed Ben Mohamed Alga eki, ulgo Aben Hassan que aunque na u al de Se illa se educó en G anada y esc ibió poesías de di e sa índole siendo walí del Almoxa i azgo; Abu Beke Mohamed Assada i a, el mejo poe a de su iempo, que alleció en el Cai o en 1236 (634 de la egi a,) y el o ado y poe a Abul Hassan que habiendo nacido poco an es de en a en Se illa San Fe nando, llegó á se Minis o de los eyes de G anada y mu ió en Ma uecos el año 666 de la e a mahome ana. — 27 — Al eseña el mo imien o cien í ico de es e iempo, debe habla se an e odo del esme ado cul i o que en él me ece á los á abes se illanos la iloso ía, base y undamen o de odas las demás ciencias. El ilóso o za agozano Aben Badja, más gene almen e conocido po Aben Pace, asladando su esidencia á Se illa po los años 1118 de J. C., es el undado de la escuela ilosó ica de es a ciudad, que an excla ecidos discípulos llegó á p oduci . Rep esen a Aben Pace el enacimien o de la iloso ía pe ipa é ico-a ábiga según dan á conoce sus ob as, y p incipalmen e sus Lib os de Lógica y su T a ado de Polí ica que esc ibió en Se illa, de donde asladó su domicilio en los úl imos años de su ida pa a habi a sucesi amen e en G anada y Fez, ocu iendo su allecimien o en es a úl ima ciudad el año de 1138. En e los ilóso os se illanos discípulos y con empo áneos de Aben Pace se hallan Mohamed el Meh i que mu ió en 1211 de nues a e a, y Abulsa Omiah Abd-el-Aziz, au o de un a ado de lógica i ulado Di ecciÓ 7 i de la men e , y de o as ob as de iloso ía gene al y de bo ánica. Dicho esc i o mu ió después en el Cai o, el año 529 de la egi a. Al lo ecimien o y auge de los es udios ilosó icos iniciado po Aben Pace, con ibuyó después la ci cuns ancia de habe eje cido en es a ciudad el ca go de cadí ó juez, el amoso Aben Roxd ó Abé oes, econocido uni e salmen e como uno de los más g andes ilóso os de su iempo. De Maimónides ambién se sabe que es udió as onomía con el se illano Gebe Aben A lah y medicina con Abu Beke Ben Zoh ambién de Se illa, en cuya misma capi al enseña on iloso ía po es e iempo, Abul-Hassan Alacda y Assha ai de quienes ué discípulo el amoso Aben A ala. La eología y el de echo musulmanes ue on cul i ados con g an u o del p opio modo po Aben Moh ez (479 á 569 de la egi a) y su coe áneo Mohamed Ben Abd-AIlah Aben Alged (496 á 586 de la egi a) á quien llamaban el «Océano de sabidu ía» y cuyas lecciones escuchó A e oes. Abu Beke Mohamed Alcaisi ué ambién ju isconsul o de g an — 34 — o os, el de La Aza eja del celeb ado Abu Ishak Ben Yhaia Azza call ó Aza quiel, sabio oledano au o del ins umen o as onómico que lle a dicho nomb e, y que dedicó p ime o al ey Almamun de Toledo y después, habiendo enido á Se illa, hizo dicha «aza eja» de o o modo más pe ec o y la dedicó al ey Aben Abbad. En odos es os abajos no abilísimos po la época y po el pensamien o ilus ado que los anima, apa ece Don Al onso como di ec o inmedia o, azando y esc ibiendo los p ólogos de cada lib o, co igiendo el lenguaje y poniéndolo en cas ellano de echo , según él dice. En e los a abizan es de que se alió pa a la e sión de es as ob as, igu an el Rabi Jehudah Mosca, el Rabi Zag Ben Jacub-Ha olai ola, el Rabi Jehudah- ba -Mosseh-ah-Cohen, el Rabi Don Ab aham y el Rabi Samuel-ha-Le i, al lado de Maes e Gui'llén y Maes e Juan d’Aspa, Maes e Fe nando de Toledo, Maes e Be naldo el a ábigo y el clé igo Ga ci Pé ez, pe soni icando en es e sen ido el ad enimien o y usión que ien aquella edad se ope a, en e las ciencias o ien ales y las ciencias has a en onces cul i adas po los c is ianos. Po úl imo, la in luencia de las ob as á abes en la li e a u a his ó ica de Don Al onso, se ad ie e en su Es o ia de Espa ina, pa a la que omó da os de los mismos can os popula es sa acénicos y en la G ande el gene al Es o ia , en cuya con ección en a on las na aciones á abes llamadas ma a illosas po su es ilo semino elesco. Las ob as de Don Al onso el Sabio que acabo de ci a , son e dade amen e glo ias nacionales que hon a án siemp e la memo ia del excla ecido mona ca cuyos ene ados es os conse a Se illa como uno de los mejo es í ulos de su g andeza. Es e enacimien o de a iciones o ien ales que siguió á las conquis as de San Fe nando, no e mina con Don Al onso X, sino que, después de los einados de Don Fe nando IV y Al onso XI, se mani ies a nue amen e en el de Don Ped o I, aun cuando en o os ó denes y dis in as es e as. No es mi ánimo eno a aquí la in e minable cues ión sob e el ca ác e de es e ey ni de esol e en de ini i a si me ece se llamado — 35 — déspo a c uel ó mona ca jus icie o; pe o sí me a e e é á indica que la p o ección que dispensó á las a es y el mé i o de las espléndidas- edi icaciones que lle ó á cabo, no deben al a en la balanza, si el juicio que se o me ha de se exac o é impa cial. Además, ampoco han de ol ida se las ci cuns ancias que lo odea on, y el ca ác e de las icisi udes his ó icas de su época. En aquellos iempos en que se p epa a la consolidación de la nacionalidad, el ey iene que desplega inusi adas ene gías pa a hace se supe io a? pode eudal ep esen ado po la nobleza. Po o a pa e, la se e idad excesi a de Don Ped o que hay quien llama ambién c ueldad e inada, no ué una condición peculia del mona ca cas ellano, sino un icio gene al de aquellos iempos, en los que con ecuencia emos epe i se hechos análog'os en odas pa es. Regís ense las his o ias de los cali as y de los eyes de ai as ¡qué de c ímenes a oces y c uen os no encie an.! Ni debe ol ida se que las elaciones en e las amilias einan es mo as y c is ianas, solían en onces se muy es echas, sin que al a an enlaces en que la di e encia de eligión no e a un obs áculo. Si en la pe sona de Don Ped o de Cas illa pa ece enace la c ueldad de los an iguos emi es y eguíos á abes, no se ol ide que su an eceso Don Al onso VI se casó con una p incesa mo a hija de Almo amid, y que no sólo en las amilias eales, sino en odas las enas, co ía mezclada la sang e de ambas azas enemigas. No debe, po lo an o, causa ex añeza, el encon a es os asgos del ca ác e apasionado y ehemen e de los á abes en el mona ca como en la misma gen e del pueblo, ni ampoco que en la co e p e alecie a una a ición e dade amen e asiá ica al lujo y la opulencia. De odos modos y lle ando adelan e al semejanza, los ac os e dade amen e sanguina ios de Almo adid, siemp e excede án en c ueldad á los del ey Don Ped o, aunque el mona ca Abbadi a no haya sido an despiadada y cons an emen e censu ado po la his o ia. Es as condiciones especiales de dicho ey, así como las ehemencias y ene gías de su ca ác e e dade amen e a icano, con ienen la azón — 36 — del po qué las a iciones a ábigas del einado de Don Al onso se con inúan en el de Don Ped o I, bajo cuyos auspicios enace la a qui ec u a a ábiga, en el amoso Palacio, ob a e dade amen e suya, como p oclaman los le e os cú icos de sus incompa ables a beas. El Alcáza de Se illa, g andioso álbum que conse a un ecue do de odas las ans o maciones musulmanas de la ciudad, ha llegado á se , po las ob as que en él e ec uó Don Ped o I de Cas illa, el más bello ejempla del a e mudeja en España. Como símbolo de una sín esis his ó ica, e oca con sus de alles de di e sas épocas las a ias ases de la dominación aga ena en Se illa, desde los walíes y los cali as de Có doba has a los Abbadi as, almo á ides y almohades; pe o su p incipal mé i o consis e en se una ob a pos uma, es deci , un monumen o de la cul u a musulmana pos e io á su dominación. No en a, cie amen e, en el plan de es e abajo desc ibi ni a alo a las bellezas del incompa able edi icio, pe o sí pa ece opo uno deci algo sob e el más impo an e de sus ado nos, es o es sob e sus de alles epig á icos. En odas las mani es aciones y épocas de la a qui ec u a á abe cons i uyen el elemen o p imo dial de la o namen ación las insc ipciones. Y es que el al abe o a ábigo po la galla día de sus ca ac e es, po la iqueza de sus nexos y po la di e sidad de sus es ilos se p es a con an a acilidad á oda clase de combinaciones y dibujos, que con cualquie sen encia ó ase hábilmen e azada hay mo i os pa a desa olla las más bellas ace ías. Me ecen, po lo an o, las insc ipciones del Alcáza que en ellas ije p e e en emen e la a ención el a queólogo y el e udi o, y es e in e és nace, no sólo de la belleza de los le e os, sino ambién de su di e sa época, oda ez que po la an igüedad de sus ca ac e es puede ácilmen e deduci se la his o ia de an in e esan e ejempla a qui ec ónico. Las insc ipciones del Alcáza son la sín esis de la his o ia de Se illa. Los capi eles del pa io de las Muñecas y algunos o os si ios con sus lab adas hojas y sus pequeñas ad ocaciones cú icas, aen á la memo ia — 37 — po su semejanza con los de la Mezqui a de Có doba la época de los cali as, á que pe enecen ales de alles. Los le e os que exo nan la cu a ul asemici cula de los a cos del salón de Embajado es, ecue da po su es ilo la dominación de los Abbadíes, mien as que la mayo pa e de las insc ipciones de dicha sala, es deci aquellas que se dis inguen á p ime a is a de las co espondien es al siglo XIV, cla amen e dan á conoce el o den a icano que ino en pos de los almo á ides y almohades. Obsé ase, desde luego, en es a di e sidad de es ilos y épocas el ca ác e peculia de la a qui ec u a a ábigo-se illana, amalgama he e ogénea de di e sos elemen os y úl imo esul ado de muy di e sas p ocedencias. En los agmen os y ozos a qui ec ónicos de la época del cali a o se no an desde luego las in luencias que el a e o ien al eje ce en nues a Península du an e la dominación de los Abde ahñianes; la sencillez de o namen ación que o ecen o os de alles, nos ecue da la sob iedad de los mo abi os a icanos ecien salidos de la ida nómada, mien as que la galla día y elegancia de algunas leyendas y combinaciones de ado nos, e elan bien á las cla as, las dies as manos de los ala i es g anadinos en su más lo ida época. Es a a iedad de p ocedencias no p i an al monumen o de su ca ác e p imo dial que consis e en se una ob a esencialmen e mudeja . El Alcáza de Se illa, en' su mayo pa e coe áneo ó muy poco pos e io á la Alhamb a de G anada, o ece di e encias an ma cadas con el palacio de los Naza i as, que hay necesidad de coloca lo en o o géne o ó ag upación a qui ec ónica. En la Alhamb a exis e una belleza de o mas y o na o que e elan la úl ima pe ección del a e a ábigo en la Península. En el Alcáza de Se illa encuén anse eminiscencias y ecue dos de la a qui ec u a usada po un pueblo encido que lucha con g andes di icul ades pa a amolda se á los hábi os y exigencias del encedo . No se busquen aquí la a iedad de insc ipciones que exo nan á los palacios g anadinos. En luga de aquellas inspi adas poesías, de aquellos ex ensos ela os his ó icos g abados en el es uco y en el má mol, y de aquellas e o osas plega ias y llamamien os á la e de Mahoma, - 3 8 — encon á onse sencillas ad ocaciones, ases co adas, ocablos aislados que se epi en inde inidamen e. En las insc ipciones de la Alhamb a se suceden sin in e upción las alabanzas á Mohamed y á la eligión musulmana, mien as que en los le e os del Alcáza de Se illa se p ocu a e i a semejan es ad ocaciones. Es po que la Alhamb a es un monumen o cla amen e muslímico, mien as que el Alcáza es una ob a mudeja , en que los ala i es no se a e en á in oca la eligión de sus pad es po emo al mona ca bajo cuya é ula i en y abajan. Hay, sin emba go, semejanzas muy ma cadas en e ambos edi icios, como ambién las hay en e las luchas de Muley Hacen y las del ey Don Ped o, y en e Zo aya y Doña Ma ía de Molina. O as ma cadas di e encias exis en ambién en e ambos monumen os, nacidas de que la Alhamb a, po no habe se habi ado desde que de ella salie on los mo os, ha podido conse a mejo sus asgos peculia es; mien as que el Alcáza de Se illa ha su ido g andes de e io os en su p imi i a disposición po las ob as lle adas á cabo en iempo de los Reyes Ca ólicos, Ca los V y Felipe II, y, p incipalmen e, po las mu ilaciones e ec uadas con el nomb e de abajos de es au ación, en los años de 1834 y 1850. Á pesa de odo, el Alcáza de Se illa es y se á siemp e, según dicen las insc ipciones alladas en sus pue as, «una ob a que ag ada y seduce como la luz del c epúsculo, y un ono esplandecien e po sus colo es b illan es y po la in ensidad de su esplendo .» He e minado, seño es Doc o es, la b e e eseña que me había p opues o hace de la cul u a de los á abes en Se illa, sus le as, ciencias y monumen os; pe mí aseme, con es e mo i o, que enca ezca una ez más la g ande impo ancia del es udio del idioma a ábigo, como elemen o indispensable pa a conoce con pe ección es a pa e an amena de la his o ia nacional. No debe, sin emba go, supone se que p e enda yo a i ma aquí, que — 39 — la u ilidad de al es udio sea exclusi a, y amino e el alo de los demás amos del sabe . En el inmenso campo de la ciencia que iegan con su sudo los homb e es udiosos, no hay abajo in ecundo. La más noble de las aspi aciones, la posesión de la e dad, es el pode oso mó il que da impulso á esas udas a eas, o a en o pecidas con g a es y di íciles obs áculos, ya co onadas con la consecusión de b illan es éxi os, pe o nunca es é iles cuando an guiadas po la buena- e.. Véase, aquí el alo y el in al amen e anscenden al de es os es ablecimien os, á donde la ju en ud iene pa a ap o echa se del u o conseguido después de an os a anes, ilus ándose con el conocimien o de la e dad y ennobleciéndose con el amo al bien y á la i ud, he moso esul ado que po sí bas a ía, si ue a solo, pa a compensa los a anes que ae colisigo la in es igación cien í ica. Pe o la u ilidad de es a no se ci cunsc ibe á es e as me amen e ideales, pues los conocimien os ienen un alo posi i o que dimana de sus múl iples y anscenden ales aplicaciones. Semejan e á la nube que asciende de la ie a y luego se dila a po la a mós e a pa a lle a á odas pa es con su g a o ocío la e ilidad y la abundancia, así la ciencia, si p ime o se abs ae de las cosas ma e iales ele ándose á la es e a de lo sup asensible, es pa a descende más a de con e ida en hechos y p incipios de g an alo pa a la ida p ác ica. Dígase sino; esos g andes y po en osos in en os de la edad mode na que hacen desapa ece las dis ancias es echando cada ez más las elaciones de los indi iduos y de las sociedades ¿qué son, sino aplicaciones á la p ác ica de p og esos ealizados an e io men e en el campo de las ciencias especula i as.? Así ambién el es udio de las lenguas o ien ales, que á p ime a is a pa ece cosa á ida é inú il, si con algún de enimien o se conside a, hay que econoce le un alo y una impo ancia incalculables. A más de las e dades del o den na u al, u o de la in es igación cien í ica, exis en o as de ele ada p ocedencia, cuyo o igen se emon a has a las p ime as gene aciones, y que han enido siendo base y — 40 — undamen o de oda sociedad bien cons i uida en la la ga his o ia del géne o humano. Con a las di e sas escuelas y opiniones de o a clase, la ciencia adicional ha sos enido cons an e lucha pa a de ende an al as e dades, cuya base y p incipio es la di ina e elación consignada en los lib os del An iguo y Nue o Tes amen o. Que la posesión de las lenguas o ien ales y semí icas iene g ande impo ancia pa a ales lides, cosa sabida es. Desde que San Je ónimo se consag a en la soledad del desie o al es udio del idioma heb áico pa a aduci po ez p ime a al la ín los Sag ados Lib os has a los ecien es y po en osos abajos de Bu nou , Leno man , Oppe y Sch ade sob e las insc ipciones cunei o mes de Níni e y Babilonia, el es udio de las lenguas o ien ales ha sido siemp e el undamen o de las indicias bíblicas, ya desci ando cu iosísimos es os epig á icos, ya descub iendo en muy a os códices, e siones an iquísimas de los Lib os Sag ados al á abe, al e iópico, al si o-caldáico; y los nomb es de Bux o , Edkins, Ewald, Gesenius y P i e unidos á es os aliosos descub imien os, si hon a án á la ciencia con empo ánea, pod án ambién añadi se al de los an iguos apologis as, en cuan o han con ibuido con sus abajos á man ene la ec a in e p e ación é in eg idad del Sag ado Tex o. No deja emos ampoco de consigna , ya que hacemos mención de aquellos sabios que más se han dis inguido, p incipalmen e en nues os iempos, po su amo al es udio de las lenguas semí icas, que en lo e e en e al idioma a ábigo, ambién ha enido nues a época muy eg egios ep esen an es en F ei ag, el ba ón de Sacy, Kasimi ski, Hamme -Pu gs all, Weil, Wiliams Reid, Beaussie , Che boneau, Slane, jun o á los que ocupan un pues o dis inguido los españoles Es ébanez Calde ón, Banque i, Malo, de Molina, Mo eno Nie o y o os no ables esc i o es que aun i en y cuyos nomb es me abs end é de ci a po no las ima su modes ia. Si an ejemplos an p ecla os de noble es imulo á la ju en ud que acude á nues as aulas pa a dedica se con asiduidad al es udio de las li e a u as clásicas é idiomas o ien ales, po si algún día log a al u a — 4i igual y epu ación pa ecida. C ezca en el ánimo de odos el noble deseo de ap ende ; guíenos siemp e en nues as in es igaciones y abajos el más desin e esado amo á la e dad, pues sólo así consegui emos ennoblece nues a alma, mejo a nues as cos umb es y, en una palab a, ele a nos y ap oxima nos cada ez más á Dios, que es el único bien y en cuyo in ini o en endimien o se con iene la azón sup ema de odo cuan o exis e. He dicho.