EL RESURGIMIENTO DEL
INCONSCIENTE: SU HISTORIA
DESDE LA PSICOLOGÍA
CIENTÍFICA Y EL ESTUDIO DEL
APRENDIZAJE IMPLÍCITO
JAIRO A. ROZO CASTILLO *
GABRIEL RUIZ
UNIVERSIDAD DE SEVILLA, ESPAÑA
ABSTRACT
This a icle p esen s a his o ic e iew o he s udy o he unconscious in scien i ic psychology, i s ajec o y
as an objec o s udy- accep ed o no - among academics and i s de elopmen pa allel o he subjec o
awa eness. A e a b ie look a he la es con ibu ions explaining conscious p ocessing o in o ma ion,
we will deal wi h he o igins o he s udy o he unconscious; s a ing wi h he i s s udies in he 18 h
cen u y, hen i s all in he beginning o he 20 h cen u y and i s la e e u n in he middle o he same
cen u y- al eady as he s udy o he cogni i e unconscious. A e wa ds we will discuss i s cu en s a e as
an objec o high in e es now a he called “ he implici ” and s ill main aining i sel as a ui ul ield o
in es iga ion and deba e. We will inish he a icle by p esen ing he example o implici lea ning and i s
main models: he a i icial g amma s, se ial lea ning and dynamic sys ems.
Key wo ds: Implici lea ning, cogni i e unconscious, awa eness, a i icial g amma lea ning, sequen ial
lea ning and dynamic sys ems.
RESUMEN
El p esen e a ículo desa olla la e isión his ó ica del es udio de inconscien e en la psicología cien í ica,
sus idas y enidas como obje o de es udio -acep ado o no- den o del cí culo de los académicos, y su
desa ollo pa alelo al ema de la conciencia. Después de una sin é ica mi ada a los más ecien es apo es
pa a en ende el p ocesamien o conscien e de la in o mación, eco e emos el nacimien o del inconscien e,
desde los p ime os es udios en el siglo XVIII, su caída a p incipios del siglo XX, y su pos e io
esu gimien o a mediados del pasado siglo -ya como inconscien e cogni i o-, pa a llega a la c es a de la
ola en la ac ualidad, bajo la nue a denominación de implíci o, man eniéndose como una á ea uc í e a de
in es igación y deba e. Finalizamos el abajo, p esen ando el ejemplo del ap endizaje implíci o y sus
p incipales modelos de abajo: las g amá icas a i iciales, el ap endizaje se ial y los sis emas dinámicos.
Palab as cla e: Ap endizaje implíci o, inconscien e cogni i o, conciencia, g amá icas a i iciales, ap endizaje
se ial y sis emas dinámicos.
* Co espondencia: Jai o A. Rozo. Calle An onio Mau a, 1, CP: 41013, Se illa, España. E mail: psicojai [email p o ec ed]. Gab iel Ruiz.
E mail: [email p o ec ed].
Recibido: oc ub e 15 de 2003 Re isado: no iemb e 12 de 2003 Acep ado: diciemb e 15 de 2003
Uni . Psychol. Bogo á (Colombia) 3 (2): 147-164, julio-diciemb e de 2004 ISSN 1657-9267
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“No es soluble cien í icamen e po que el alma o la men e,
al se inma e iales po de inición, escapan la obse ación
di ec a, condición que pide a sus obje os la ciencia expe i-
men al.”
An onio Capa ós
In oducción
Como nos lo señala An onio Capa ós (1993) el
p oblema de la inma e ialidad en concep os como
alma, men e, y el que aquí nos p eocupa como
inconscien e, plan ea pa a la psicología expe imen-
al g andes e os. In en a medi el inconscien e,
po ejemplo, pa ece an esqui o como a a de
pesa el humo de un ciga illo; sin emba go, la
psicología no se ha negado a la posibilidad de
abo da lo desde di e en es ángulos a lo la go de
su his o ia como ciencia.
En las úl imas décadas hemos is o un ena-
ce en la psicología básica y aplicada po el ema
del inconscien e cogni i o, en donde hechos y es-
ímulos an e los cuales el suje o no es conscien e,
in luyen sob e su compo amien o -ya sea desde
el aspec o de pe cepción implíci a, ap endizaje
implíci o y/o memo ia implíci a- y los e ec os que
iene sob e la educación, la e apia, las emociones
y el compo amien o humano en gene al. Como
e emos, ese esu gimien o del in e és del “incons-
cien e” se denomina aho a más comúnmen e
como “implíci o”, su giendo una se ie de jus i i-
caciones que explican ese cambio de nomb e y su
acep ación den o de la psicología cien í ica.
His o ia del inconscien e cogni i o
El inconscien e cogni i o es el nue o é mino con
el que algunos au o es como F ou e (1997) han
decidido ebau iza a es a á ea de conocimien o.
Como al, el inconscien e cogni i o abo da ía esen-
cialmen e el desa ollo concep ual basado en di-
e en es a eglos expe imen ales sob e la
pe cepción inconscien e, la memo ia implíci a y el
ap endizaje implíci o. Como emos, el é mino
implíci o empieza a se u ilizado en eemplazo del
é mino inconscien e. Más adelan e obse a emos
qué lle ó a es e ebau ismo del enómeno.
Pe o habla de es e concep o nos emi e
inmedia amen e a su con a io, la conciencia. Son
emas absolu amen e obus os y igo osos no sólo
den o de la psicología sino den o de la ciencia
en gene al, pe o quizás po lo mismo, usualmen e
e adidos, o a eces, en en ados sin el igo
necesa io como pa a p oduci conocimien o
cien í ico iable.
El p oblema de la conciencia
Como ya dijimos an es, habla de inconscien e es á
absolu amen e ligado a la o a ca a de la moneda,
es deci a la conciencia. La conciencia y sob e odo
la “au oconciencia” empieza a in lui en la isión
que se iene del homb e a pa i del siglo XVII,
con pensado es an in luyen es como Desca es,
Keple o Pascal (F ou e, 1997).
Du an e un siglo dominó absolu amen e la
idea del homb e como un se concien e y acional
supe io en odo sen ido a los demás se es del
plane a, pe o aún has a nues os iempos la
in luencia de es e pa de ideas -conciencia y
acionalidad- no ha desapa ecido de nues a cul u a
cien í ica y ampoco de nues a cul u a en gene al.
Sin emba go, la conciencia no siemp e jugó un
papel an impo an e en la psicología. Aunque
p ác icamen e la de inió como ciencia cuando
nació a inales del siglo XIX, ue negada y
echazada como obje o de es udio una ez que
en el siglo XX dominó la concepción conduc is a
den o de la psicología.
Po el año 1879, Wund conside aba que el
obje o de la psicología e a la conciencia, o mejo ,
los elemen os componen es de nues a expe iencia
conscien e: los p ocesos men ales (Capa ós, 1993).
Pe o la conciencia ue a la psicología como el é e
lo ue a la ísica, en su época. La conciencia no se
e, no se oca, se in uye posiblemen e, pe o no se
econocen cla amen e sus p opiedades y
ca ac e ís icas. Sob e las bases del posi i ismo se
decidió ol ida cualquie posibilidad de abo da
aquel ema igo oso pe o que po las ci cuns ancias
del momen o no se podía en en a con su icien e
igo . A pa i de la e olución conduc is a se
impuso la obse ación di ec a de la conduc a
mani ies a como únicos mé odo y obje o,
espec i amen e, legí imos de la psicología ( e
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F ou e, 1985); y an e el enómeno de la conciencia
se u ilizó un deco oso mu ismo en la mayo ía de
los casos o se le asumió como un epi enómeno
sin mayo ele ancia, y en el mejo de los casos, se
la conside ó como una p opiedad pa icula de la
conduc a e bal -denominada po Skinne
au oclí ica-, p oduc o de la his o ia de in e acción
con el ambien e social del suje o (Skinne , 1981;
Pé ez-Acos a, Benjumea y Na a o-Guzmán,
2001).
Su esu gi sob e ino pos e io men e a inales
de la década de los 50 y p incipios de la década
de los 60, la psicología cogni i a e omó el
p oblema de la conciencia pe o sólo de una mane a
inespecí ica ya que se endió a iden i ica conciencia
con men e. El enómeno en sí mismo no ue
abo dado como obje o de es udio pe se, pe o el
mundo psicológico empezó a asumi su exis encia
y sus posibilidades nue amen e.
No ue ealmen e sino has a inales del siglo
pasado, cuando empezó a e se un o al
enacimien o de la conciencia como ema de
es udio y no sólo den o de la psicología sino
den o de las ciencias en gene al (Rozo, 2002). En
la llamada década del ce eb o (años 90) un p emio
Nóbel biólogo molecula llamado F ancis C ick,
desde su en ajosa posición, p oclamó que el alma
(la conciencia) exigía ya, se abo dada desde una
pe spec i a cien í ica. Ob iamen e pa a él, al
pe spec i a debía se lide ada po las neu ociencias.
A pa i de ese g i o de ba alla, se hizo e iden e lo
que ya muchos sec o es cien í icos enían
abajando, pe mi ió o alece líneas de
in es igación, y que a su ez se apoya á el desa ollo
de nue as in es igaciones al ededo de la
conciencia, con lo que pa a el mundo cien í ico y
neó i o, empezó a se cada ez más no able la
necesidad de abo da el conocimien o de la
conciencia.
En el año de 1994 ( e Ho gan, 1994) se
ealizó un Cong eso sob e conciencia en la
Uni e sidad de A izona, en donde se p e endía
p esen a de mane a in e disciplina los di e en es
apo es al es udio de la conciencia. Allí se eunie on
los más a ezados in es igado es que p o enían
de la ísica (cuán ica, eo ía del caos), la neu ología
clínica, la iloso ía, la neu ociencia, la
neu ocompu ación y la psicología cogni i a.
Sus di e en es p opues as pa ían de ma cos
eó icos dis in os y posiblemen e on ológicamen e
con adic o ios, pe o se pod ían esumi en cua o
pos u as básicas:
Los mis é icos ipo I, quienes undamen almen e
es án ep esen ados po Roge Pen ose (1991,
1996 y 1999) y los ísicos cuán icos. Es os
in es igado es p oponen que los mis e ios de la
conciencia es án empa en ados con los a canos de
la mecánica cuán ica, la cual gene a p ocesos
imposibles de abo da po medio de las eo ías
clásicas de la neu obiología.
Los mis é icos ipo II, cuyo mane a de abo da
el ema p o iene p incipalmen e de la iloso ía,
ponen en duda que ninguna eo ía basada en
e ec os es ic amen e ma e ialis as (sean cuán icos
o neu obiológicos) pueda explica e dade amen e
cómo y po qué los se es humanos podemos ene
una expe iencia subje i a del mundo. Es os
ilóso os –como Fodo - aunque no son dualis as
sus anciales, conside an que exis en p opiedades
de la sus ancia que ebasan el isicalismo.
Los educcionis as adicales de la neu obiología
ag upados al ededo de C ick (de quien ya hemos
hablado en el an e io capí ulo). Es a e ce a
posición conside a en palab as de C ick que:
“nues os gozos y nues as penas, nues os
ecue dos y nues as ambiciones, nues o sen ido
de iden idad pe sonal y de lib e albed ío, no son
en ealidad sino la conduc a de as os ensamblajes
de neu onas y de sus moléculas asociadas” (C ick,
1994).
Una cua a y úl ima posición la puede
ep esen a el ilóso o Flanagan (1992) y Chalme s
(1999) de la Uni e sidad de Duke, y su posición
conciliado a, de iende una iloso ía denominada
na u alismo cons uc i o, que sos iene que la conciencia
es un enómeno biológico común que no sólo se
da en los humanos sino en muchos o os animales,
y que su conocimien o se puede log a a a és de
la combinación de da os neu onales y psicológicos
-ob enidos de la expe imen ación con animales y
se es humanos- jun o con la in o mación subje i a
que pueden p opo ciona las pe sonas.
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Y así esca ada del os acismo, la conciencia
se pone de moda (Pé ez-Acos a, Benjumea y
Na a o-Guzmán, 2001), se unda en 1994 la e-
is a Jou nal o Consciousness S udies y se ecopilan
los esul ados de las amosas con e encias de Tuc-
son, A izona (Ve Hame o , Kaszniak y Sco ,
1996 y 1998) que se desa ollan en los años 1994,
1996, 1998, 2000 y 2001, la úl ima ealizada no ya
en A izona sino en Suecia. La conciencia uel e a
se ema de labo a o io no sólo pa a neu ocien í-
icos, ísicos y ilóso os sino ambién pa a psicó-
logos expe imen ales de di e sas endencias
(Richelle, 2000 y Tudela 1997). Su g an p egun a
es á cen ada en sabe si enómenos como la pe -
cepción, el ap endizaje y la memo ia implican
mecanismos de conciencia en odo momen o y
cuáles son esos mecanismos y sus ca ac e ís icas;
o si po el con a io pueden ealiza se ales un-
ciones sin conciencia de las mismas o de una pa e
de ellas y cuáles se ían sus ca ac e ís icas y los me-
canismos subyacen es.
El o igen del es udio sob e el inconscien e
El inconscien e ha i ido igualmen e una his o ia
pa alela a su an ónimo. Las p ime as e e encias
al inconscien e de la his o ia ecien e p o ienen
nue amen e de Desca es, quien en su ob a “Las
pasiones del alma” (Schac e , 1987) obse aba que
el miedo o las expe iencias a e si as del niño que-
daban g abadas en su ce eb o has a el inal de su
ida. Sin emba go, no se elabo a on consecuen-
cias ilosó icas de al enómeno.
Pos e io men e, en 1704, Leibniz desa olló
el concep o de las pe cepciones “insensibles” o
“inconscien es”, ideas que no conocemos cons-
cien emen e pe o que in luyen en nues a conduc-
a. Leibniz asegu a explíci amen e que en la gen e
puede habe e ec os esiduales al o ma imp e-
siones sin ecue do de ellas. Pe o és a es una i-
sión mino i a ia en el siglo XVIII ya que los
asociacionis as b i ánicos (Locke, Hume, Mill,
B own, Ha ley) dominaban el pano ama ilosó-
ico que se cen aba en la discusión de enómenos
conscien es, del ipo de lo que aho a se conoce
como memo ia explíci a.
El ilóso o Maine de Bi an (Schac e , 1987 y
Muelle , 1966), publicó en 1804 un in e esan e a-
ado i ulado “La in luencia del hábi o en la acul-
ad del pensamien o”. Como o os an es de él,
Maine de Bi an c ee que el análisis del hábi o es
cen al pa a comp ende el pensamien o y la con-
duc a humana pe o a di e encia de o os, es e
pensado elucida una ca ac e ís ica del hábi o que
no ha sido discu ida p e iamen e en análisis ilo-
só icos o cien í icos: después de su icien e epe i-
ción, un hábi o puede e en ualmen e se ejecu ado
au omá icamen e sin conciencia del ac o mismo o
de episodios p e ios donde el hábi o ue ap en-
dido. Así, él pe cibió que las acciones epe idas
son e en ualmen e ejecu adas con al p on i ud y
acilidad que no se pe cibe la acción olun a ia
que la di ige y se es absolu amen e inconscien e de
la uen e que posee.
In o unadamen e los apo es de Maine de
Bi an no ue on conocidos ue a de F ancia y po
lo an o los ilóso os del siglo XIX no discu ie on
sis emá icamen e sus pione as e in e esan es ideas1.
No obs an e, ue Johann F ied ich He ba quien
en 1816 in oduce la noción de “ideas sup imi-
das”, las cuales no pueden excede el umb al de la
conciencia pe o in luyen en el pensamien o cons-
cien e.
A mediados del siglo XIX, algunos isiólo-
gos y biólogos se in e esan po el ema; po ejem-
plo el isiólogo b i ánico William Ca pen e
(Scha e , 1987), desa olla el é mino de ce eb ación
inconscien e (Unconscious Ce eb a ion) pa a e e i se a
la ac i idad men al que ocu e po debajo de la
conciencia. Sus concep os de i a on de di e sas
obse aciones anecdó icas y clínicas como la es-
c i u a au omá ica de suje os hipno izados, e in-
luye on pa a que cien í icos como el isiólogo
ienes Edwa d He ing (Scha e , 1987) en 1870,
in en a á elaciona psicología y isiología, y p o-
pusie a é minos como el de memo ia o gánica o
inconscien e. En su ob a c i ica a quienes limi an
sus análisis a la memo ia conscien e y a gumen a
1 Como da o ele an e, es e ilóso o ue el p ime o en esboza un modelo de almacenamien o simila a
lo que aho a se conoce como un “sis ema múl iple de memo ia” y den o de él la memo ia implíci a.
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que es necesa io conside a la memo ia incons-
cien e que in oluc a al ecue do in olun a io, el
desa ollo de acciones au omá icas y p ocesos del
desa ollo on ogénico o he edado.
También po es a misma época su ge la in-
luyen e ob a de Edua d Von Ha mann, que en
1868 publica su “Filoso ía del inconscien e” (F ou-
e, 1997), quien hace po p ime a ez una e isión
comple a de la iloso ía alemana a la luz del p in-
cipio de los p ocesos inconscien es. Tal ob a u o
una eno me in luencia – ue publicada a ias e-
ces y en a ios idiomas- den o de los cí culos
in elec uales de la época.
Es así como a inales del siglo an epasado se
inician jun o con el nacimien o de la incipien e cien-
cia de la psicología, los p ime os esca ceos expe-
imen ales pa a es udia el inconscien e. Según
F ou e (1997), Pie ce y Jas ow en la Uni e sidad
de Johns Hopkins en 1884, ealizan el p ime ex-
pe imen o psicológico sob e el ema en Amé ica.
El es udio e saba sob e la capacidad pa a disc i-
mina di e encias de p esión muy pequeñas en la
yema de los dedos. Como esul ado obse a on
que aunque la disc iminación pa ecía pu amen e
alea o ia, es aba po encima del aza . A pa i de
allí, se iniciaba lo que pa ecía un p ome edo cam-
po de es udio pa a la psicología expe imen al, sin
emba go end ían e apas bas an e oscu as pa a el
es udio del inconscien e.
El inconscien e nace mo ibundo
Como dice F ou e (1997), el inconscien e nace
mo ibundo pa a la psicología expe imen al debi-
do a que au o es de an a ele ancia e in luencia
como James, B en ano o Ebbinghaus, c eían que
no e a ap opiado conside a al inconscien e como
un enómeno psicológico a es udia . La ac i ud
de ensi a de es os au o es es explicable y en endi-
ble si se obse a el con ex o de lo que es aba su-
cediendo en aquella época. La psicología es aba
naciendo como ciencia y o o ga a la conciencia el
papel de obje o de es udio es aba implicando pa a
ella g andes di icul ades, debido a que e a un e-
nómeno a aigado en las expe iencias subje i as,
elusi o a la obse ación pública y di ícil de a on-
a con medidas obje i as. Si es o e a así pa a la
conciencia, qué no se di ía del inconscien e, que
además eludía la expe iencia subje i a. E an a e-
nas mo edizas que a iesgaban demasiado el p o-
pósi o de la no el ciencia. An e un enómeno
demasiado complejo y una me odología dema-
siado débil pa a el momen o, e a más pe inen e
deja ese enómeno a un lado. Y eso ue lo que
e iden emen e se hizo en el campo de la psicolo-
gía expe imen al.
Pe o es o no implicó que el enómeno de la
inconsciencia desapa ecie a o almen e de escena,
más bien pe mi ió que o a mane a de abo da lo
que no se basaba en un mé odo cien í ico y es aba
al ma gen de la psicología académica, le die a la
ele ancia que se me ecía. Fue la pe spec i a clíni-
ca desa ollada po el psicoanálisis y su c eado
F eud, quien con i ió al inconscien e en uno de
los más popula es é minos de la psicología p o-
unda pa a explica el compo amien o no mal y
pa ológico.
F eud -como ambién lo hicie on Jane y
B eue (Schac e , 1987)- obse ó que un enó-
meno c í ico que p esen aban los pacien es que
su ían amnesia emocional, e a que no podían e-
co da explíci amen e el e en o aumá ico y sus
ecue dos e an exp esados inconscien emen e po
o as ías que inalmen e desembocaban en la
pa ología. Desde allí, F eud nunca abandonó la
idea de que el inconscien e eje cía una pode osa
in luencia en la conduc a del suje o.
Es a si uación, desa o unada pa a algunos,
a o unada pa a o os -depende desde que lado
de la ba e a se mi e-, basada en la in luencia que
el psicoanálisis u o como mo imien o clínico y
cul u al, in odujo den o del lenguaje de la socie-
dad mode na la palab a inconscien e y su oscu a
p ede e minación de la conduc a humana. Sin
emba go, es o ambién causó que en los sec o es
académicos, el inconscien e empeza a a oma un
ca ác e eminen emen e pseudocien í ico, de o -
ma que su emá ica ue alejada sis emá icamen e
de los labo a o ios gene ando el llamado “naci-
mien o mo ibundo del inconscien e”.
Tal ez po lo an e io ue que den o de la
comunidad cien í ica, y de o ma “ áci a e implí-
ci a”, e a desap obado implica se en in es igacio-
nes que u ie an que gi a al ededo del é mino
inconscien e. Es o hizo que sólo has a mediados del
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siglo pasado ue an su giendo algunas in es iga-
ciones no edosas, pe o bajo el é mino de pe -
cepción subliminal, y que sólo cuando empezó a
domina el pa adigma cogni i o en la década de
los sesen a, el inconscien e, jun o con la conciencia
como ya imos, ue a esca ado ímidamen e bajo
di e en es é minos y acepciones que sólo p e en-
dían da le un ca ác e se io y cien í ico al mismo
enómeno.
El esu gimien o del inconscien e
El esu gimien o del inconscien e debe lee se a
a és de di e en es denominaciones que empe-
za on a domina el pano ama cien í ico y expe i-
men al: pe cepción subliminal, p ocesamien o
inconscien e de la in o mación, codi icación p ea-
encional o p econscien e, p ocesos au omá icos,
conocimien o p ocedimen al, memo ia y ap en-
dizaje implíci os, en e o os. Uno de es os é mi-
nos que se ha posicionado es el de implíci o en
con aposición a lo explíci o o conscien e- que se
ha con e ido en el adje i o p e e ido pa a cali i-
ca cie os enómenos, ales como la pe cepción,
el ap endizaje o la memo ia –o pa e de ellos-
como inconscien es.
Es e nue o alien o del inconscien e, su gió
pa alelo pe o a díamen e al es udio y acep ación
del enómeno de la conciencia y pe mi ió que se
desa olla a un á ea de in es igación que ag upa a
di e en es cien í icos psicólogos clínicos, psicólo-
gos expe imen ales, neu ocien í icos, neu opsicó-
logos, e c.- bajo el campo hoy conocido como
inconscien e cogni i o. De es a mane a, el p oce-
samien o inconscien e de la in o mación empezó
a se ele an e en el es udio de enómenos pe -
cep uales, de adquisición de in o mación y de e-
cupe ación de la misma.
Decimos que de o ma a día, ya que en
medio del nue o pa adigma cogni i o y en su ase
inicial y po an o más adical, acep a el es udio
del inconscien e (nega la in luencia de la concien-
cia) en los di e en es enómenos psicológicos so-
naba al las e epis emológico p opio del
conduc ismo, con a el cual p ecisamen e se es a-
ba comba iendo. Es po ello, que en la p ime a
ase de la e olución cogni i a (años 60 y 70) ha-
bla de inconscien e no e a muy acep able, así se
u iliza án eu emismos pa a e e i se a él.
Es cu ioso e cómo pa a los p ime os cog-
ni i is as e e i se al inconscien e end ía a se una
a en a conduc is a y cómo an e io men e pa a
los conduc is as e e i se a conciencia enía a se
una a en a in ospeccionis a no álida. Pe o lo
más cu ioso es obse a que den o del modelo
conduc is a nunca se habló de enómenos incons-
cien es sino au omá icos, ya ue an inna os ( es-
pues as incondicionadas) o ap endidos ( espues as
e o zadas). De al o ma que e a innecesa io
pos ula un enómeno como la conciencia pa a
explica la conduc a, ya que és a se o iginaba de
o ma au omá ica an e las a iables de un am-
bien e, que en úl imas e a el esponsable de que
su gie an los enómenos que es udiaba el psicólo-
go de la época.
Desde la o mulación en 1980 de She in y
Dickman ( e Fe e , 1994) sob e la necesidad de
asumi el uncionamien o inconscien e pa a el de-
sa ollo de los modelos cogni i os, el es udio en
el á ea no ha disminuido; de hecho, hay eó icos
que conside an que el econocimien o y es udio
de los p ocesos inconscien es cons i uye la segun-
da e olución cogni i a de la psicología, siendo la
p ime a la que supuso la ehabili ación del es udio
de la conciencia (She in y Dickman, 1980; Kihl-
om y cols. 1992; y Lewicki, 1986, ci ados po
Fe e -Gil, 1994).
Después de los 80 la in es igación del incons-
cien e llegó a su pico más al o y pa a muchos, la
conciencia dejó de se la egla y se con i ió en la
excepción (como ya dijimos, pa a los p ime os
cogni i is as la conciencia es aba a a esada en
odos los enómenos de es udio), es deci , el p o-
cesamien o conscien e de la in o mación e a sólo
la pun a del icebe g –como dice F ou e- y debajo
de él la g an mayo ía de ac i idad men al e a in-
conscien e.
Bajo es e pano ama su ge el á ea de in es i-
gación econocida en la ac ualidad como ap en-
dizaje implíci o, á ea sob e la cual amos a
concen a nos en lo que es a de es e abajo y a
obse a cómo ue su e olución has a la ac uali-
dad.
El descub imien o del ap endizaje implíci o
Los an eceden es más impo an es en el ap endi-
zaje implíci o lo apo an los es udios de Tho n-
JAIRO A. ROZO CASTILLO - GABRIEL RUIZ
Uni . Psychol. Bogo á (Colombia) 3 (2): 147-164, julio-diciemb e de 2004
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dike, Poe zl y Hull. Tho ndike ( e Schac e , 1987)
po ejemplo, condujo un la go núme o de expe-
imen os que demues an que los suje os pueden
ap ende a ias eglas de ap endizaje sin concien-
cia o memo ia explíci a pa a ellas. En 1917, Poe zl
epo ó que había ca ac e ís icas de las imágenes
expues as subliminalmen e que apa ecían en la ca-
pacidad imagina i a subsiguien e de los suje os y
en sus sueños, aunque és os decían no eco da
es as ca ac e ís icas y se apa en emen e incons-
cien es a ellas cuando se exponían an e los es ímu-
los. Sin emba go, sus expe imen os se
ca ac e iza on po se ias de iciencias me odoló-
gicas, que como e emos se án, en es a á ea, el
alón de Aquiles de los a eglos expe imen ales.
Cla k Hull en 1920 ( e Rebe , 1993) se opa
con el ap endizaje implíci o cuando ealiza sus es-
udios sob e el ap endizaje de la es uc u a de ideo-
g amas como el chino, iden i icando el p oceso
de o mación de concep os po abs acción de
elemen os comunes. Hull ca ac e izó la adquisi-
ción de concep os con algunas in e esan es simili-
udes con el ap endizaje pe cep ual, un p oceso
que se da al ma gen de la conciencia de las eglas
que gobie nan la es imulación pe cep ual ( e Gib-
son, 1969, en Rebe , 1993). Sin emba go, es e a-
bajo an impo an e pa a el p esen e, en su
momen o p odujo muy poco impac o, y como
sabemos Hull dejó al ipo de emá icas “cogni i-
as” pa a dedica se po comple o a la mo i a-
ción y al ap endizaje, desa ollando uno de los
más in luyen es ma cos eó icos den o del con-
duc ismo pa a las décadas de 1940 y 1950.
Pos e io men e a mediados de los años 50
su gie on emas como el ap endizaje sin concien-
cia o el ap endizaje inciden al, que i ónicamen e
ue on adelan ados po in es igado es conduc is-
as aunque enían de hecho un al o con enido cog-
ni i o. El g ueso de la in es igación some ía a los
suje os a epe idas se ies de es ímulos que e an
e o zados di e encialmen e pa a espues as pa -
icula es. Lo esencial de es os expe imen os e a
que los suje os mos aban e idencia conduc ual
de habe ap endido la asociación en e es ímulos
(usualmen e lingüís icos) y espues as, aunque e-
po aban que no e an conscien es de ales enlaces
(Rebe , 1993).
In o unadamen e la mayo pa e de es as
in es igaciones enían que lucha con p oblemas
de me odología, que p opiciaban dispu as sob e
el g ado en que el ap endizaje inciden al e a eal-
men e inciden al y qué g ado de conciencia había
en los expe imen os de supues o ap endizaje sin
conciencia. Así pues, desde en onces el pun o que
cons an emen e comp ome e el abajo de in es-
igación iene que e con lo adecuado o no de la
me odología en cues ión.
Pe o quien bau izó a es e ipo de enómenos
que apa ecían con egula idad en el labo a o io
como “ap endizaje implíci o” ue A hu Rebe
(1967, 1993), quien se sen ía enuen e a dis ingui
al campo de es udio con el uso del é mino in-
conscien e. El p oblema e a la ex endida y conside-
able “p opagación” semán ica del uso del é mino
debido a la comunidad psicoanalí ica. Siendo un
jo en in es igado aún den o de la nacien e e-
olución cogni i a, al amilia idad concep ual le
pod ía comp ome e se iamen e. Po o o lado,
la psicología expe imen al había enido emba a-
zosos episodios elacionados con los p oblemas
de la pe cepción subliminal, la igilancia pe cep-
ual y la de ensa pe cep ual, como pa a abo da
el ema sin muchas p ecauciones. Po ello, Rebe
conside ó que lo más adecuado e a ebau iza el
enómeno con un é mino neu al como ap endi-
zaje implíci o (pues ya exis ían é minos como ap en-
dizaje inciden al o ap endizaje sin conciencia), pa a
di e encia lo además de las in es igaciones que se
es aban desa ollando po la misma época en
ap endizaje explíci o sob e o mación y ca ego i-
zación de concep os bajo la línea de B une , Go-
odnow y Aus in (1956, en Rebe , 1993).
Los p ime os expe imen os que Rebe y sus
colabo ado es ealiza on es aban cen ados espe-
cí icamen e en la adquisición inconscien e del co-
nocimien o complejo, de las eglas que gobie nan
los es ímulos gene ados po una g amá ica ma -
ko iana, semán icamen e lib e y sin é ica. En el
es udio ípico, los suje os memo izan cadenas de
le as en un lenguaje sin é ico y más a de se p ue-
ba su conocimien o ace ca de las eglas de es a
g amá ica in e ogándoles sob e cómo decidie-
on las ag upaciones co ec as de nue as se ies de
le as (Rebe , 1967 y 1993). A di e encia del ma-
EL RESURGIMIENTO DEL INCONSCIENTE
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e ial de los p ime os abajos de ap endizaje inci-
den al, en el cual se abajaba ípicamen e con una
lis a de palab as y palab as asociadas, los es ímu-
los aquí es aban compues os po una se ie de se-
cuencias imp onunciables de le as cuyo o den
es aba de e minado po una se ie de eglas o al-
men e a bi a ias.
El uso de es ímulos a bi a ios y semán ica-
men e lib es asegu a que su es uc u a no sea co-
nocida po los suje os an es de en a en el
labo a o io. De mane a óp ima el ap endizaje
implíci o se examina en un ma co en el cual, es
imp obable que el p oceso de adquisición es é sien-
do con aminado po un ap endizaje p e io o co-
nocimien o p eexis en e. Así, es os expe imen os
es aban especí icamen e diseñados pa a explo a
el enómeno del ap endizaje implíci o, es deci , el
p oceso po medio del cual la gen e adquie e co-
nocimien o complejo ace ca del mundo, indepen-
dien emen e del in en o conscien e de hace lo.
La mo i ación de ás de los abajos iniciales
de Rebe e a el deseo de examina empí icamen-
e algunas de las p egun as ilosó icas clásicas de
la epis emología, po ejemplo ¿qué sucede du an-
e la adquisición y ep esen ación del conocimien-
o complejo? Pensado es y ilóso os sociales como
Michael Polanyi (1958, en Rebe , 1993), a gumen-
aban sob e la impo ancia del conocimien o áci-
o, cuyo o igen y con enido epis émico esencial
no es pa e de la conciencia o dina ia. O o ejem-
plo son las polémicas esis del economis a Fied i-
ch on Hayek (1962, en Rebe , 1993), quien
pos uló algunas a e idas explicaciones conce nien-
es a la necesidad de eglas p o undas y o as ípi-
cas ep esen aciones men ales con enidas en una
clase de “sup aconciencia” que no es aba dispo-
nible a la inspección o dina ia de la conciencia.
Rebe obse aba que muchos cien í icos so-
ciales se sen ían con la libe ad pa a explo a as-
pec os de la men e que incomodaban a muchos
psicólogos –incluso aquellos que pe enecían a la
co ien e cogni i a- lo su icien e como pa a no
abo da ales cues iones. Poco a poco la in es iga-
ción empezó a e oluciona y el ap endizaje implí-
ci o ino a se conside ado como un p oceso de
adquisición gene al de in o mación. Pa a media-
dos de los 70 empezó a se ca ac e izado como
un p oceso median e el que la in o mación com-
pleja ace ca de los es ímulos ambien ales podía
se adqui ida, independien emen e de la concien-
cia del suje o sob e los mismos p ocesos de ad-
quisición, o sob e los conocimien os úl imamen e
adqui idos (Rebe , 1993). Muchos de los abajos
iniciados en aquella época gi aban al ededo del
modelo de G amá ica A i icial (GA) ap endida,
un pa adigma muy usado po di e en es au o es
y que ue el que escogió Rebe pa a desa olla
sus in e esan es p opues as. O a me odología u i-
lizada po la época e a una a iación del p ocedi-
mien o de Ap endizaje P obabilís ico, en el cual
los suje os ienen que p edeci cuál de los e en os
ocu i á, cuando son seguidos po una a iedad
de secuencias p obabilís icas; és e es el modelo que
ac ualmen e se conoce como Ap endizaje Se ial.
Es os dos modelos de labo a o io han sido
muy u ilizados den o del es udio del ap endizaje
implíci o y como e emos más adelan e han a o-
jado in e esan es, aunque no menos con o e i-
dos esul ados. Sin emba go, pa a la época en que
su gían es os modelos, el in e és den o de la psi-
cología cogni i a po al enómeno e a aún muy
incipien e, y ue necesa io que coincidie an o as
in luencias pa a que el pano ama cambia a.
Du an e los inicios de la psicología cogni i a
e a no able la in luencia de la iloso ía que eía al
se humano comple amen e acional, basado en
la lógica y en la deducción pa a su oma de deci-
siones, sin emba go en la década de los 70 nume-
osas expe iencias y descub imien os ue on cada
ez demos ando de mane a más no able que al
supues o es aba lejos de la ealidad. La gen e no
soluciona de o ma ípica, acional y lógica sus
p oblemas, es más, muchas eces oma y asume
decisiones sin apenas en e a se de ellas. Cuando se
obse a a la gen e en p ocesos de elección de in-
e esan e complejidad emos que ellos suelen ele-
gi basándose en p ocesos simples, no i acionales
sino más bien mecánicos y sin conside a los ele-
men os acionales que an o de iende la cul u a
mode na. Pe o lo más in e esan e es que la gen e
a menudo no sabe en qué in o mación se ha ba-
sado pa a oma la decisión. Es e ema ue desa-
ollado po un núme o de ap oximaciones al
es udio del juicio humano, con abajos impo -
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an es de au o es como Kahnemann y T e sky
(1982), Richa d Nisbe y sus colabo ado es (1977
y 1980) y Ellen Lange y sus colegas (1978) (Re-
be , 1993).
Después que decaye a el pode ío de la a-
zón, iene a esu gi el in e és en los p ocesos
mecánicos, que dio o igen a los es udios de cono-
cimien o p ocedimen al y au omá ico. El in e és
po lo au omá ico, c eció g acias a los abajos de
Hashe y Zacks (1984, en Rebe , 1993) y sus cole-
gas, que mos a on que ales ope aciones unda-
men ales es aban codi icando la ecuencia y
localización de los obje os y e en os en el am-
bien e, de mane a au omá ica, amplia y sin con-
ciencia del p oceso codi icado. Hashe y Zacks
a gumen aban que es a codi icación de p ocesos
e a p imi i a y undamen al en los p ocesos cog-
ni i os, ela i amen e poco a ec ada po a iables
como el ni el de desa ollo, la edad, el CI y los
es ados a ec i os, los cuales no malmen e ienen
un conside able impac o en los p oceso cogni i os.
Pa a Rebe e a ob io que los p ocesos au o-
má icos e an clásicas acciones de sis emas implíci-
os que es aban ue a de la conciencia y su con ol,
ue emen e e icien es cuando equie en pocos
ecu sos a encionales e independien es de aque-
llos ac o es que ienen un ue e impac o en los
p ocesos concien es.
Po o o lado, el in e és po lo p ocedimen al,
p o ino del abajo de Richa d Ande son (1983,
en Rebe , 1993). La cla e es á en la dis inción que
es ablece Ande son en e el conocimien o decla-
a i o –conocimien o del cual somos concien es
y que podemos a icula - y el conocimien o p o-
cedimen al –conocimien o que guía nues as ac-
ciones y oma de decisiones, pe o que ípicamen e
es á po ue a del ámbi o de la conciencia-. La
isión de Ande son es que i ualmen e odas las
in e esan es y complejas des ezas humanas son
adqui idas de o ma ca ac e ís ica. Ellas empie-
zan con la labo conscien e y ue emen e con o-
lada (decla a i a) de los p ocesos no edosos que
g adualmen e an con i iéndose al sigiloso, in-
conscien e y cubie o con ol (p ocedimen al) de
los p ocesos del expe o.
Aquí es impo an e acla a que hay una di e-
encia impo an e en e el conocimien o p ocedi-
men al y el ap endizaje implíci o y es que, en el
úl imo, la ase inicial de adquisición es á ma cada
ambién po la ausencia de conciencia. Pe o aun
con es a impo an e di e encia, los dos p ocesos
se pueden e de o ma complemen a ia en la
que el dominio de aplicabilidad de los dos mode-
los es di e en e. El ap endizaje implíci o dice poco
o nada del ap endizaje de des ezas, mien as que
pa a el p ocedimen al son ellas p ecisamen e el
meollo del asun o.
Es os di e en es caminos de in es igación
con ibuye on de mane a signi ica i a al in e és
gene al sob e la cognición no conscien e. Es im-
po an e e cómo la in es igación en conocimien-
o au omá ico y el abajo sob e conocimien o
p ocedimen al y decla a i o, apo a on un ue e
sopo e empí ico pa a algunos de los p oblemas
epis emológicos clásicos en el pasado de la ilo-
so ía. El concep o de au oma icidad se elaciona
con el concep o de conocimien o áci o de Polan-
yi, mien as que el conocimien o decla a i o s
p ocedimen al iene que e con la dis inción de
Ryle (1967) en e “conoce qué” y “conoce
cómo”.
Es e i y eni de la base empí ica a los p o-
blemas epis emológicos ue muy impo an e en
el desa ollo de una e dade a ciencia cognosci i-
a in e disciplina ia que se desa olló po la déca-
da de los 80. Pa a Rebe es o o zó a los
psicólogos cogni i os a p es a a ención a cie as
ca ac e ís icas de la men e que los ilóso os ha-
bían conside ado c í icas pa a la eo ía de la cog-
nición. Es a mezcla de expe imen alis as y
epis emólogos ha gene ado una exci an e p oduc-
i idad y ampliado los ho izon es de in es igación
de la psicología cogni i a.
Aho a bien, basándose en el ma co que c ea-
on Rebe y o os colegas pa a cons ui el á ea de
in es igación conocida como ap endizaje implíci o,
se empieza a desa olla en los 80 y 90 una amplia
gama de modelos o pa adigmas de in es igación
del mismo enómeno, po lo que a con inuación
amos a desa olla una b e e mi ada a los más des a-
cados y sus apo es al conocimien o cada ez más
complejo, pe o ambién más polémico, sob e el ema
del conocimien o inconscien e.
EL RESURGIMIENTO DEL INCONSCIENTE
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De o ma gene al pod íamos deci que
es os modelos in es iga i os plan ean una se ie de
posibilidades explica i as del enómeno del ap en-
dizaje implíci o. Como eíamos en el capí ulo an-
e io , la me a -al in y al cabo- de la in es igación
cien í ica es encon a modelos explica i os que
den cuen a de lo que sucede en los di e en es e-
nómenos. Es as posibilidades explica i as se pue-
den p esen a siguiendo a Tubau y He e a (1994),
de la siguien e o ma:
La p ime a posibilidad explica i a p o iene
de Rebe , según la cual exis en dos p ocesos bien
di e enciados: uno conscien e, explíci o y con lí-
mi es pa a su p ocesamien o, y un segundo, basa-
do en un mecanismo inconscien e, capaz de ex ae
y almacena en o ma al amen e abs ac a los pa-
ones egula es de un en o no complejo. De es a
o ma, se p ocesa la in o mación y se desa ollan
modelos men ales que ex aen eglas abs ac as sin
que el suje o sea conscien e de al conocimien o,
ni del bene icio que iene sob e su ejecución.
La segunda explicación es a ía basada en la
noción de co-ocu encia o co a iación. Sus ex-
ponen es p incipales se ían Lewicki y B oadben
con sus espec i os equipos y modelos. Es a po-
sibilidad p opone la exis encia disociada de dos
o mas de adqui i conocimien os ace ca de las
elaciones en e a iables. Po un lado es a ía el
ap endizaje implíci o, que su gi ía a pa i de la
obse ación indisc iminada de odas las a iables
y el almacenamien o de odas las con ingencias
en e ellas sin que medien p ocesos in encionales
o conscien es. Lewicki lo llama “Algo i mos de
P ocesamien o In e no” y B oadben , “P ocesa-
mien o No Selec i o”. Po el o o lado, exis i ía el
ap endizaje explíci o, que implica ía la elección de
unas pocas a iables ele an es y el egis o cons-
cien e sólo de las con ingencias obse adas en e
ellas.
La e ce a, se basa en el almacenamien o de
ejempla es especí icos, elacionados a a és de
es uc u as de con enido amilia . De al o ma
que lo que sucede en los p ocedimien os expe i-
men ales, es que se es ablecen compa aciones glo-
bales en e el nue o ejempla y los ep esen ados
en la memo ia, g acias a mecanismos analógicos
que ope an al ma gen de la conciencia, sin que
medie ningún p oceso de abs acción compleja
(B ooks, 1978, ci ado po Tubau y He e a, 1994).
Finalmen e, una cua a explicación del enó-
meno no apela ía a la exis encia de un p ocedi-
mien o especial pa a el ap endizaje implíci o, más
bien conside a ía que el conocimien o incomple-
o que adquie en los suje os en los expe imen os
es su icien e pa a explica su desempeño y que la
necesidad de pos ula un ap endizaje implíci o sólo
p o iene de los a e ac os expe imen ales de los
modelos (Dulany y cols., 1984; Pe uche y cols.,
1990; en Tubau y He e a, 1994).
¿Cuál de es as explicaciones es más adecua-
da? Eso es algo que oda ía no podemos sabe .
La in es igación en es a á ea an apasionan e debe
con inua , aún se necesi a auna muchos es ue zos
pa a ob ene nue as y cla as espues as que expli-
quen cómo unciona el inconscien e en gene al, y
el ap endizaje implíci o en pa icula .
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