scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

El resurgimiento del inconsciente: su historia desde la psicología científica y el estudio del aprendizaje implícito

Ruiz Ortiz, Gabriel; Rozo Castillo, Jairo Alonso

Full text

EL RESURGIMIENTO DEL INCONSCIENTE: SU HISTORIA DESDE LA PSICOLOGÍA CIENTÍFICA Y EL ESTUDIO DEL APRENDIZAJE IMPLÍCITO JAIRO A. ROZO CASTILLO * GABRIEL RUIZ UNIVERSIDAD DE SEVILLA, ESPAÑA ABSTRACT This article presents a historic review of the study of the unconscious in scientific psychology, its trajectory as an object of studyaccepted or notamong academics and its development parallel to the subject of awareness. After a brief look at the latest contributions explaining conscious processing of information, we will deal with the origins of the study of the unconscious; starting with the first studies in the 18th century, then its fall in the beginning of the 20th century and its later return in the middle of the same centuryalready as the study of the cognitive unconscious. Afterwards we will discuss its current state as an object of high interest now rather called “the implicit” and still maintaining itself as a fruitful field of investigation and debate. We will finish the article by presenting the example of implicit learning and its main models: the artificial grammars, serial learning and dynamic systems. Key words: Implicit learning, cognitive unconscious, awareness, artificial grammar learning, sequential learning and dynamic systems. RESUMEN El presente artículo desarrolla la revisión histórica del estudio de inconsciente en la psicología científica, sus idas y venidas como objeto de estudio -aceptado o nodentro del círculo de los académicos, y su desarrollo paralelo al tema de la conciencia. Después de una sintética mirada a los más recientes aportes para entender el procesamiento consciente de la información, recorreremos el nacimiento del inconsciente, desde los primeros estudios en el siglo XVIII, su caída a principios del siglo XX, y su posterior resurgimiento a mediados del pasado siglo -ya como inconsciente cognitivo-, para llegar a la cresta de la ola en la actualidad, bajo la nueva denominación de implícito, manteniéndose como una área fructífera de investigación y debate. Finalizamos el trabajo, presentando el ejemplo del aprendizaje implícito y sus principales modelos de trabajo: las gramáticas artificiales, el aprendizaje serial y los sistemas dinámicos. Palabras clave: Aprendizaje implícito, inconsciente cognitivo, conciencia, gramáticas artificiales, aprendizaje serial y sistemas dinámicos. * Correspondencia: Jairo A. Rozo. Calle Antonio Maura, 1, CP: 41013, Sevilla, España. E mail: psicojair[email protected]. Gabriel Ruiz. E mail: [email protected]. Recibido: octubre 15 de 2003 Revisado: noviembre 12 de 2003 Aceptado: diciembre 15 de 2003 Univ. Psychol. Bogotá (Colombia) 3 (2): 147-164, julio-diciembre de 2004 ISSN 1657-9267 SINTITUL-1 26/10/2004, 8:48147 148 “No es soluble científicamente porque el alma o la mente, al ser inmateriales por definición, escapan la observación directa, condición que pide a sus objetos la ciencia experimental.” Antonio Caparrós Introducción Como nos lo señala Antonio Caparrós (1993) el problema de la inmaterialidad en conceptos como alma, mente, y el que aquí nos preocupa como inconsciente, plantea para la psicología experimental grandes retos. Intentar medir el inconsciente, por ejemplo, parece tan esquivo como tratar de pesar el humo de un cigarrillo; sin embargo, la psicología no se ha negado a la posibilidad de abordarlo desde diferentes ángulos a lo largo de su historia como ciencia. En las últimas décadas hemos visto un renacer en la psicología básica y aplicada por el tema del inconsciente cognitivo, en donde hechos y estímulos ante los cuales el sujeto no es consciente, influyen sobre su comportamiento -ya sea desde el aspecto de percepción implícita, aprendizaje implícito y/o memoria implícitay los efectos que tiene sobre la educación, la terapia, las emociones y el comportamiento humano en general. Como veremos, ese resurgimiento del interés del “inconsciente” se denomina ahora más comúnmente como “implícito”, surgiendo una serie de justificaciones que explican ese cambio de nombre y su aceptación dentro de la psicología científica. Historia del inconsciente cognitivo El inconsciente cognitivo es el nuevo término con el que algunos autores como Froufe (1997) han decidido rebautizar a esta área de conocimiento. Como tal, el inconsciente cognitivo abordaría esencialmente el desarrollo conceptual basado en diferentes arreglos experimentales sobre la percepción inconsciente, la memoria implícita y el aprendizaje implícito. Como vemos, el término implícito empieza a ser utilizado en reemplazo del término inconsciente. Más adelante observaremos qué llevó a este rebautismo del fenómeno. Pero hablar de este concepto nos remite inmediatamente a su contrario, la conciencia. Son temas absolutamente robustos y vigorosos no sólo dentro de la psicología sino dentro de la ciencia en general, pero quizás por lo mismo, usualmente evadidos, o a veces, enfrentados sin el rigor necesario como para producir conocimiento científico fiable. El problema de la conciencia Como ya dijimos antes, hablar de inconsciente está absolutamente ligado a la otra cara de la moneda, es decir a la conciencia. La conciencia y sobre todo la “autoconciencia” empieza a influir en la visión que se tiene del hombre a partir del siglo XVII, con pensadores tan influyentes como Descartes, Kepler o Pascal (Froufe, 1997). Durante un siglo dominó absolutamente la idea del hombre como un ser conciente y racional superior en todo sentido a los demás seres del planeta, pero aún hasta nuestros tiempos la influencia de este par de ideas -conciencia y racionalidadno ha desaparecido de nuestra cultura científica y tampoco de nuestra cultura en general. Sin embargo, la conciencia no siempre jugó un papel tan importante en la psicología. Aunque prácticamente la definió como ciencia cuando nació a finales del siglo XIX, fue negada y rechazada como objeto de estudio una vez que en el siglo XX dominó la concepción conductista dentro de la psicología. Por el año 1879, Wundt consideraba que el objeto de la psicología era la conciencia, o mejor, los elementos componentes de nuestra experiencia consciente: los procesos mentales (Caparrós, 1993). Pero la conciencia fue a la psicología como el éter lo fue a la física, en su época. La conciencia no se ve, no se toca, se intuye posiblemente, pero no se reconocen claramente sus propiedades y características. Sobre las bases del positivismo se decidió olvidar cualquier posibilidad de abordar aquel tema vigoroso pero que por las circunstancias del momento no se podía enfrentar con suficiente rigor. A partir de la revolución conductista se impuso la observación directa de la conducta manifiesta como únicos método y objeto, respectivamente, legítimos de la psicología (ver JAIRO A. ROZO CASTILLO - GABRIEL RUIZ Univ. Psychol. Bogotá (Colombia) 3 (2): 147-164, julio-diciembre de 2004 SINTITUL-1 26/10/2004, 8:48148 149 Froufe, 1985); y ante el fenómeno de la conciencia se utilizó un decoroso mutismo en la mayoría de los casos o se le asumió como un epifenómeno sin mayor relevancia, y en el mejor de los casos, se la consideró como una propiedad particular de la conducta verbal -denominada por Skinner autoclítica-, producto de la historia de interacción con el ambiente social del sujeto (Skinner, 1981; Pérez-Acosta, Benjumea y Navarro-Guzmán, 2001). Su resurgir sobrevino posteriormente a finales de la década de los 50 y principios de la década de los 60, la psicología cognitiva retomó el problema de la conciencia pero sólo de una manera inespecífica ya que se tendió a identificar conciencia con mente. El fenómeno en sí mismo no fue abordado como objeto de estudio per se, pero el mundo psicológico empezó a asumir su existencia y sus posibilidades nuevamente. No fue realmente sino hasta finales del siglo pasado, cuando empezó a verse un total renacimiento de la conciencia como tema de estudio y no sólo dentro de la psicología sino dentro de las ciencias en general (Rozo, 2002). En la llamada década del cerebro (años 90) un premio Nóbel biólogo molecular llamado Francis Crick, desde su ventajosa posición, proclamó que el alma (la conciencia) exigía ya, ser abordada desde una perspectiva científica. Obviamente para él, tal perspectiva debía ser liderada por las neurociencias. A partir de ese grito de batalla, se hizo evidente lo que ya muchos sectores científicos venían trabajando, permitió fortalecer líneas de investigación, y que a su vez se apoyará el desarrollo de nuevas investigaciones alrededor de la conciencia, con lo que para el mundo científico y neófito, empezó a ser cada vez más notable la necesidad de abordar el conocimiento de la conciencia. En el año de 1994 (ver Horgan, 1994) se realizó un Congreso sobre conciencia en la Universidad de Arizona, en donde se pretendía presentar de manera interdisciplinar los diferentes aportes al estudio de la conciencia. Allí se reunieron los más avezados investigadores que provenían de la física (cuántica, teoría del caos), la neurología clínica, la filosofía, la neurociencia, la neurocomputación y la psicología cognitiva. Sus diferentes propuestas partían de marcos teóricos distintos y posiblemente ontológicamente contradictorios, pero se podrían resumir en cuatro posturas básicas: Los mistéricos tipo I, quienes fundamentalmente están representados por Roger Penrose (1991, 1996 y 1999) y los físicos cuánticos. Estos investigadores proponen que los misterios de la conciencia están emparentados con los arcanos de la mecánica cuántica, la cual genera procesos imposibles de abordar por medio de las teorías clásicas de la neurobiología. Los mistéricos tipo II, cuyo manera de abordar el tema proviene principalmente de la filosofía, ponen en duda que ninguna teoría basada en efectos estrictamente materialistas (sean cuánticos o neurobiológicos) pueda explicar verdaderamente cómo y por qué los seres humanos podemos tener una experiencia subjetiva del mundo. Estos filósofos –como Fodoraunque no son dualistas sustanciales, consideran que existen propiedades de la sustancia que rebasan el fisicalismo. Los reduccionistas radicales de la neurobiología agrupados alrededor de Crick (de quien ya hemos hablado en el anterior capítulo). Esta tercera posición considera en palabras de Crick que: “nuestros gozos y nuestras penas, nuestros recuerdos y nuestras ambiciones, nuestro sentido de identidad personal y de libre albedrío, no son en realidad sino la conducta de vastos ensamblajes de neuronas y de sus moléculas asociadas” (Crick, 1994). Una cuarta y última posición la puede representar el filósofo Flanagan (1992) y Chalmers (1999) de la Universidad de Duke, y su posición conciliadora, defiende una filosofía denominada naturalismo constructivo, que sostiene que la conciencia es un fenómeno biológico común que no sólo se da en los humanos sino en muchos otros animales, y que su conocimiento se puede lograr a través de la combinación de datos neuronales y psicológicos -obtenidos de la experimentación con animales y seres humanosjunto con la información subjetiva que pueden proporcionar las personas. EL RESURGIMIENTO DEL INCONSCIENTE Univ. Psychol. Bogotá (Colombia) 3 (2): 147-164, julio-diciembre de 2004 SINTITUL-1 26/10/2004, 8:48149 150 Y así rescatada del ostracismo, la conciencia se pone de moda (Pérez-Acosta, Benjumea y Navarro-Guzmán, 2001), se funda en 1994 la revista Journal of Consciousness Studies y se recopilan los resultados de las famosas conferencias de Tucson, Arizona (Ver Hameroff, Kaszniak y Scott, 1996 y 1998) que se desarrollan en los años 1994, 1996, 1998, 2000 y 2001, la última realizada no ya en Arizona sino en Suecia. La conciencia vuelve a ser tema de laboratorio no sólo para neurocientíficos, físicos y filósofos sino también para psicólogos experimentales de diversas tendencias (Richelle, 2000 y Tudela 1997). Su gran pregunta está centrada en saber si fenómenos como la percepción, el aprendizaje y la memoria implican mecanismos de conciencia en todo momento y cuáles son esos mecanismos y sus características; o si por el contrario pueden realizarse tales funciones sin conciencia de las mismas o de una parte de ellas y cuáles serían sus características y los mecanismos subyacentes. El origen del estudio sobre el inconsciente El inconsciente ha vivido igualmente una historia paralela a su antónimo. Las primeras referencias al inconsciente de la historia reciente provienen nuevamente de Descartes, quien en su obra “Las pasiones del alma” (Schacter, 1987) observaba que el miedo o las experiencias aversivas del niño quedaban grabadas en su cerebro hasta el final de su vida. Sin embargo, no se elaboraron consecuencias filosóficas de tal fenómeno. Posteriormente, en 1704, Leibniz desarrolló el concepto de las percepciones “insensibles” o “inconscientes”, ideas que no conocemos conscientemente pero que influyen en nuestra conducta. Leibniz asegura explícitamente que en la gente puede haber efectos residuales al formar impresiones sin recuerdo de ellas. Pero ésta es una visión minoritaria en el siglo XVIII ya que los asociacionistas británicos (Locke, Hume, Mill, Brown, Hartley) dominaban el panorama filosófico que se centraba en la discusión de fenómenos conscientes, del tipo de lo que ahora se conoce como memoria explícita. El filósofo Maine de Biran (Schacter, 1987 y Mueller, 1966), publicó en 1804 un interesante tratado titulado “La influencia del hábito en la facultad del pensamiento”. Como otros antes de él, Maine de Biran cree que el análisis del hábito es central para comprender el pensamiento y la conducta humana pero a diferencia de otros, este pensador elucida una característica del hábito que no ha sido discutida previamente en análisis filosóficos o científicos: después de suficiente repetición, un hábito puede eventualmente ser ejecutado automáticamente sin conciencia del acto mismo o de episodios previos donde el hábito fue aprendido. Así, él percibió que las acciones repetidas son eventualmente ejecutadas con tal prontitud y facilidad que no se percibe la acción voluntaria que la dirige y se es absolutamente inconsciente de la fuente que posee. Infortunadamente los aportes de Maine de Biran no fueron conocidos fuera de Francia y por lo tanto los filósofos del siglo XIX no discutieron sistemáticamente sus pioneras e interesantes ideas1. No obstante, fue Johann Friedrich Herbart quien en 1816 introduce la noción de “ideas suprimidas”, las cuales no pueden exceder el umbral de la conciencia pero influyen en el pensamiento consciente. A mediados del siglo XIX, algunos fisiólogos y biólogos se interesan por el tema; por ejemplo el fisiólogo británico William Carpenter (Schater, 1987), desarrolla el término de cerebración inconsciente (Unconscious Cerebration) para referirse a la actividad mental que ocurre por debajo de la conciencia. Sus conceptos derivaron de diversas observaciones anecdóticas y clínicas como la escritura automática de sujetos hipnotizados, e influyeron para que científicos como el fisiólogo vienes Edward Hering (Schater, 1987) en 1870, intentará relacionar psicología y fisiología, y propusiera términos como el de memoria orgánica o inconsciente. En su obra critica a quienes limitan sus análisis a la memoria consciente y argumenta 1 Como dato relevante, este filósofo fue el primero en esbozar un modelo de almacenamiento similar a lo que ahora se conoce como un “sistema múltiple de memoria” y dentro de él la memoria implícita. JAIRO A. ROZO CASTILLO - GABRIEL RUIZ Univ. Psychol. Bogotá (Colombia) 3 (2): 147-164, julio-diciembre de 2004 SINTITUL-1 26/10/2004, 8:48150 151 que es necesario considerar la memoria inconsciente que involucra al recuerdo involuntario, el desarrollo de acciones automáticas y procesos del desarrollo ontogénico o heredado. También por esta misma época surge la influyente obra de Eduard Von Hartmann, que en 1868 publica su “Filosofía del inconsciente” (Froufe, 1997), quien hace por primera vez una revisión completa de la filosofía alemana a la luz del principio de los procesos inconscientes. Tal obra tuvo una enorme influencia –fue publicada varias veces y en varios idiomasdentro de los círculos intelectuales de la época. Es así como a finales del siglo antepasado se inician junto con el nacimiento de la incipiente ciencia de la psicología, los primeros escarceos experimentales para estudiar el inconsciente. Según Froufe (1997), Pierce y Jastrow en la Universidad de Johns Hopkins en 1884, realizan el primer experimento psicológico sobre el tema en América. El estudio versaba sobre la capacidad para discriminar diferencias de presión muy pequeñas en la yema de los dedos. Como resultado observaron que aunque la discriminación parecía puramente aleatoria, estaba por encima del azar. A partir de allí, se iniciaba lo que parecía un prometedor campo de estudio para la psicología experimental, sin embargo vendrían etapas bastante oscuras para el estudio del inconsciente. El inconsciente nace moribundo Como dice Froufe (1997), el inconsciente nace moribundo para la psicología experimental debido a que autores de tanta relevancia e influencia como James, Brentano o Ebbinghaus, creían que no era apropiado considerar al inconsciente como un fenómeno psicológico a estudiar. La actitud defensiva de estos autores es explicable y entendible si se observa el contexto de lo que estaba sucediendo en aquella época. La psicología estaba naciendo como ciencia y otorgar a la conciencia el papel de objeto de estudio estaba implicando para ella grandes dificultades, debido a que era un fenómeno arraigado en las experiencias subjetivas, elusivo a la observación pública y difícil de afrontar con medidas objetivas. Si esto era así para la conciencia, qué no se diría del inconsciente, que además eludía la experiencia subjetiva. Eran arenas movedizas que arriesgaban demasiado el propósito de la novel ciencia. Ante un fenómeno demasiado complejo y una metodología demasiado débil para el momento, era más pertinente dejar ese fenómeno a un lado. Y eso fue lo que evidentemente se hizo en el campo de la psicología experimental. Pero esto no implicó que el fenómeno de la inconsciencia desapareciera totalmente de escena, más bien permitió que otra manera de abordarlo que no se basaba en un método científico y estaba al margen de la psicología académica, le diera la relevancia que se merecía. Fue la perspectiva clínica desarrollada por el psicoanálisis y su creador Freud, quien convirtió al inconsciente en uno de los más populares términos de la psicología profunda para explicar el comportamiento normal y patológico. Freud -como también lo hicieron Janet y Breuer (Schacter, 1987)- observó que un fenómeno crítico que presentaban los pacientes que sufrían amnesia emocional, era que no podían recordar explícitamente el evento traumático y sus recuerdos eran expresados inconscientemente por otras vías que finalmente desembocaban en la patología. Desde allí, Freud nunca abandonó la idea de que el inconsciente ejercía una poderosa influencia en la conducta del sujeto. Esta situación, desafortunada para algunos, afortunada para otros -depende desde que lado de la barrera se mire-, basada en la influencia que el psicoanálisis tuvo como movimiento clínico y cultural, introdujo dentro del lenguaje de la sociedad moderna la palabra inconsciente y su oscura predeterminación de la conducta humana. Sin embargo, esto también causó que en los sectores académicos, el inconsciente empezara a tomar un carácter eminentemente pseudocientífico, de forma que su temática fue alejada sistemáticamente de los laboratorios generando el llamado “nacimiento moribundo del inconsciente”. Tal vez por lo anterior fue que dentro de la comunidad científica, y de forma “tácita e implícita”, era desaprobado implicarse en investigaciones que tuvieran que girar alrededor del término inconsciente. Esto hizo que sólo hasta mediados del EL RESURGIMIENTO DEL INCONSCIENTE Univ. Psychol. Bogotá (Colombia) 3 (2): 147-164, julio-diciembre de 2004 SINTITUL-1 26/10/2004, 8:48151 152 siglo pasado fueran surgiendo algunas investigaciones novedosas, pero bajo el término de percepción subliminal, y que sólo cuando empezó a dominar el paradigma cognitivo en la década de los sesenta, el inconsciente, junto con la conciencia como ya vimos, fuera rescatado tímidamente bajo diferentes términos y acepciones que sólo pretendían darle un carácter serio y científico al mismo fenómeno. El resurgimiento del inconsciente El resurgimiento del inconsciente debe leerse a través de diferentes denominaciones que empezaron a dominar el panorama científico y experimental: percepción subliminal, procesamiento inconsciente de la información, codificación preatencional o preconsciente, procesos automáticos, conocimiento procedimental, memoria y aprendizaje implícitos, entre otros. Uno de estos términos que se ha posicionado es el de implícito en contraposición a lo explícito o conscienteque se ha convertido en el adjetivo preferido para calificar ciertos fenómenos, tales como la percepción, el aprendizaje o la memoria –o parte de elloscomo inconscientes. Este nuevo aliento del inconsciente, surgió paralelo pero tardíamente al estudio y aceptación del fenómeno de la conciencia y permitió que se desarrollara un área de investigación que agrupa a diferentes científicos psicólogos clínicos, psicólogos experimentales, neurocientíficos, neuropsicólogos, etc.- bajo el campo hoy conocido como inconsciente cognitivo. De esta manera, el procesamiento inconsciente de la información empezó a ser relevante en el estudio de fenómenos perceptuales, de adquisición de información y de recuperación de la misma. Decimos que de forma tardía, ya que en medio del nuevo paradigma cognitivo y en su fase inicial y por tanto más radical, aceptar el estudio del inconsciente (negar la influencia de la conciencia) en los diferentes fenómenos psicológicos sonaba al lastre epistemológico propio del conductismo, contra el cual precisamente se estaba combatiendo. Es por ello, que en la primera fase de la revolución cognitiva (años 60 y 70) hablar de inconsciente no era muy aceptable, así se utilizarán eufemismos para referirse a él. Es curioso ver cómo para los primeros cognitivistas referirse al inconsciente vendría a ser una afrenta conductista y cómo anteriormente para los conductistas referirse a conciencia venía a ser una afrenta introspeccionista no válida. Pero lo más curioso es observar que dentro del modelo conductista nunca se habló de fenómenos inconscientes sino automáticos, ya fueran innatos (respuestas incondicionadas) o aprendidos (respuestas reforzadas). De tal forma que era innecesario postular un fenómeno como la conciencia para explicar la conducta, ya que ésta se originaba de forma automática ante las variables de un ambiente, que en últimas era el responsable de que surgieran los fenómenos que estudiaba el psicólogo de la época. Desde la formulación en 1980 de Shevrin y Dickman (ver Ferrer, 1994) sobre la necesidad de asumir el funcionamiento inconsciente para el desarrollo de los modelos cognitivos, el estudio en el área no ha disminuido; de hecho, hay teóricos que consideran que el reconocimiento y estudio de los procesos inconscientes constituye la segunda revolución cognitiva de la psicología, siendo la primera la que supuso la rehabilitación del estudio de la conciencia (Shevrin y Dickman, 1980; Kihltrom y cols. 1992; y Lewicki, 1986, citados por Ferrer-Gil, 1994). Después de los 80 la investigación del inconsciente llegó a su pico más alto y para muchos, la conciencia dejó de ser la regla y se convirtió en la excepción (como ya dijimos, para los primeros cognitivistas la conciencia estaba atravesada en todos los fenómenos de estudio), es decir, el procesamiento consciente de la información era sólo la punta del iceberg –como dice Froufey debajo de él la gran mayoría de actividad mental era inconsciente. Bajo este panorama surge el área de investigación reconocida en la actualidad como aprendizaje implícito, área sobre la cual vamos a concentrarnos en lo que resta de este trabajo y a observar cómo fue su evolución hasta la actualidad. El descubrimiento del aprendizaje implícito Los antecedentes más importantes en el aprendizaje implícito lo aportan los estudios de ThornJAIRO A. ROZO CASTILLO - GABRIEL RUIZ Univ. Psychol. Bogotá (Colombia) 3 (2): 147-164, julio-diciembre de 2004 SINTITUL-1 26/10/2004, 8:48152 153 dike, Poetzl y Hull. Thorndike (ver Schacter, 1987) por ejemplo, condujo un largo número de experimentos que demuestran que los sujetos pueden aprender varias reglas de aprendizaje sin conciencia o memoria explícita para ellas. En 1917, Poetzl reportó que había características de las imágenes expuestas subliminalmente que aparecían en la capacidad imaginativa subsiguiente de los sujetos y en sus sueños, aunque éstos decían no recordar estas características y ser aparentemente inconscientes a ellas cuando se exponían ante los estímulos. Sin embargo, sus experimentos se caracterizaron por serias deficiencias metodológicas, que como veremos serán, en esta área, el talón de Aquiles de los arreglos experimentales. Clark Hull en 1920 (ver Reber, 1993) se topa con el aprendizaje implícito cuando realiza sus estudios sobre el aprendizaje de la estructura de ideogramas como el chino, identificando el proceso de formación de conceptos por abstracción de elementos comunes. Hull caracterizó la adquisición de conceptos con algunas interesantes similitudes con el aprendizaje perceptual, un proceso que se da al margen de la conciencia de las reglas que gobiernan la estimulación perceptual (ver Gibson, 1969, en Reber, 1993). Sin embargo, este trabajo tan importante para el presente, en su momento produjo muy poco impacto, y como sabemos Hull dejó tal tipo de temáticas “cognitivas” para dedicarse por completo a la motivación y al aprendizaje, desarrollando uno de los más influyentes marcos teóricos dentro del conductismo para las décadas de 1940 y 1950. Posteriormente a mediados de los años 50 surgieron temas como el aprendizaje sin conciencia o el aprendizaje incidental, que irónicamente fueron adelantados por investigadores conductistas aunque tenían de hecho un alto contenido cognitivo. El grueso de la investigación sometía a los sujetos a repetidas series de estímulos que eran reforzados diferencialmente para respuestas particulares. Lo esencial de estos experimentos era que los sujetos mostraban evidencia conductual de haber aprendido la asociación entre estímulos (usualmente lingüísticos) y respuestas, aunque reportaban que no eran conscientes de tales enlaces (Reber, 1993). Infortunadamente la mayor parte de estas investigaciones tenían que luchar con problemas de metodología, que propiciaban disputas sobre el grado en que el aprendizaje incidental era realmente incidental y qué grado de conciencia había en los experimentos de supuesto aprendizaje sin conciencia. Así pues, desde entonces el punto que constantemente compromete el trabajo de investigación tiene que ver con lo adecuado o no de la metodología en cuestión. Pero quien bautizó a este tipo de fenómenos que aparecían con regularidad en el laboratorio como “aprendizaje implícito” fue Arthur Reber (1967, 1993), quien se sentía renuente a distinguir tal campo de estudio con el uso del término inconsciente. El problema era la extendida y considerable “propagación” semántica del uso del término debido a la comunidad psicoanalítica. Siendo un joven investigador aún dentro de la naciente revolución cognitiva, tal familiaridad conceptual le podría comprometer seriamente. Por otro lado, la psicología experimental había tenido embarazosos episodios relacionados con los problemas de la percepción subliminal, la vigilancia perceptual y la defensa perceptual, como para abordar el tema sin muchas precauciones. Por ello, Reber consideró que lo más adecuado era rebautizar el fenómeno con un término neutral como aprendizaje implícito (pues ya existían términos como aprendizaje incidental o aprendizaje sin conciencia), para diferenciarlo además de las investigaciones que se estaban desarrollando por la misma época en aprendizaje explícito sobre formación y categorización de conceptos bajo la línea de Bruner, Goodnow y Austin (1956, en Reber, 1993). Los primeros experimentos que Reber y sus colaboradores realizaron estaban centrados específicamente en la adquisición inconsciente del conocimiento complejo, de las reglas que gobiernan los estímulos generados por una gramática markoviana, semánticamente libre y sintética. En el estudio típico, los sujetos memorizan cadenas de letras en un lenguaje sintético y más tarde se prueba su conocimiento acerca de las reglas de esta gramática interrogándoles sobre cómo decidieron las agrupaciones correctas de nuevas series de letras (Reber, 1967 y 1993). A diferencia del maEL RESURGIMIENTO DEL INCONSCIENTE Univ. Psychol. Bogotá (Colombia) 3 (2): 147-164, julio-diciembre de 2004 SINTITUL-1 26/10/2004, 8:48153 154 terial de los primeros trabajos de aprendizaje incidental, en el cual se trabajaba típicamente con una lista de palabras y palabras asociadas, los estímulos aquí estaban compuestos por una serie de secuencias impronunciables de letras cuyo orden estaba determinado por una serie de reglas totalmente arbitrarias. El uso de estímulos arbitrarios y semánticamente libres asegura que su estructura no sea conocida por los sujetos antes de entrar en el laboratorio. De manera óptima el aprendizaje implícito se examina en un marco en el cual, es improbable que el proceso de adquisición esté siendo contaminado por un aprendizaje previo o conocimiento preexistente. Así, estos experimentos estaban específicamente diseñados para explorar el fenómeno del aprendizaje implícito, es decir, el proceso por medio del cual la gente adquiere conocimiento complejo acerca del mundo, independientemente del intento consciente de hacerlo. La motivación detrás de los trabajos iniciales de Reber era el deseo de examinar empíricamente algunas de las preguntas filosóficas clásicas de la epistemología, por ejemplo ¿qué sucede durante la adquisición y representación del conocimiento complejo? Pensadores y filósofos sociales como Michael Polanyi (1958, en Reber, 1993), argumentaban sobre la importancia del conocimiento tácito, cuyo origen y contenido epistémico esencial no es parte de la conciencia ordinaria. Otro ejemplo son las polémicas tesis del economista Fiedrich von Hayek (1962, en Reber, 1993), quien postuló algunas atrevidas explicaciones concernientes a la necesidad de reglas profundas y otras típicas representaciones mentales contenidas en una clase de “supraconciencia” que no estaba disponible a la inspección ordinaria de la conciencia. Reber observaba que muchos científicos sociales se sentían con la libertad para explorar aspectos de la mente que incomodaban a muchos psicólogos –incluso aquellos que pertenecían a la corriente cognitivalo suficiente como para no abordar tales cuestiones. Poco a poco la investigación empezó a evolucionar y el aprendizaje implícito vino a ser considerado como un proceso de adquisición general de información. Para mediados de los 70 empezó a ser caracterizado como un proceso mediante el que la información compleja acerca de los estímulos ambientales podía ser adquirida, independientemente de la conciencia del sujeto sobre los mismos procesos de adquisición, o sobre los conocimientos últimamente adquiridos (Reber, 1993). Muchos de los trabajos iniciados en aquella época giraban alrededor del modelo de Gramática Artificial (GA) aprendida, un paradigma muy usado por diferentes autores y que fue el que escogió Reber para desarrollar sus interesantes propuestas. Otra metodología utilizada por la época era una variación del procedimiento de Aprendizaje Probabilístico, en el cual los sujetos tienen que predecir cuál de los eventos ocurrirá, cuando son seguidos por una variedad de secuencias probabilísticas; éste es el modelo que actualmente se conoce como Aprendizaje Serial. Estos dos modelos de laboratorio han sido muy utilizados dentro del estudio del aprendizaje implícito y como veremos más adelante han arrojado interesantes, aunque no menos controvertidos resultados. Sin embargo, para la época en que surgían estos modelos, el interés dentro de la psicología cognitiva por tal fenómeno era aún muy incipiente, y fue necesario que coincidieran otras influencias para que el panorama cambiara. Durante los inicios de la psicología cognitiva era notable la influencia de la filosofía que veía al ser humano completamente racional, basado en la lógica y en la deducción para su toma de decisiones, sin embargo en la década de los 70 numerosas experiencias y descubrimientos fueron cada vez demostrando de manera más notable que tal supuesto estaba lejos de la realidad. La gente no soluciona de forma típica, racional y lógica sus problemas, es más, muchas veces toma y asume decisiones sin apenas enterarse de ellas. Cuando se observa a la gente en procesos de elección de interesante complejidad vemos que ellos suelen elegir basándose en procesos simples, no irracionales sino más bien mecánicos y sin considerar los elementos racionales que tanto defiende la cultura moderna. Pero lo más interesante es que la gente a menudo no sabe en qué información se ha basado para tomar la decisión. Este tema fue desarrollado por un número de aproximaciones al estudio del juicio humano, con trabajos imporJAIRO A. ROZO CASTILLO - GABRIEL RUIZ Univ. Psychol. Bogotá (Colombia) 3 (2): 147-164, julio-diciembre de 2004 SINTITUL-1 26/10/2004, 8:48154 155 tantes de autores como Kahnemann y Tversky (1982), Richard Nisbett y sus colaboradores (1977 y 1980) y Ellen Langer y sus colegas (1978) (Reber, 1993). Después que decayera el poderío de la razón, viene a resurgir el interés en los procesos mecánicos, que dio origen a los estudios de conocimiento procedimental y automático. El interés por lo automático, creció gracias a los trabajos de Hasher y Zacks (1984, en Reber, 1993) y sus colegas, que mostraron que tales operaciones fundamentales estaban codificando la frecuencia y localización de los objetos y eventos en el ambiente, de manera automática, amplia y sin conciencia del proceso codificado. Hasher y Zacks argumentaban que esta codificación de procesos era primitiva y fundamental en los procesos cognitivos, relativamente poco afectada por variables como el nivel de desarrollo, la edad, el CI y los estados afectivos, los cuales normalmente tienen un considerable impacto en los proceso cognitivos. Para Reber era obvio que los procesos automáticos eran clásicas acciones de sistemas implícitos que estaban fuera de la conciencia y su control, fuertemente eficientes cuando requieren pocos recursos atencionales e independientes de aquellos factores que tienen un fuerte impacto en los procesos concientes. Por otro lado, el interés por lo procedimental, provino del trabajo de Richard Anderson (1983, en Reber, 1993). La clave está en la distinción que establece Anderson entre el conocimiento declarativo –conocimiento del cual somos concientes y que podemos articulary el conocimiento procedimental –conocimiento que guía nuestras acciones y toma de decisiones, pero que típicamente está por fuera del ámbito de la conciencia-. La visión de Anderson es que virtualmente todas las interesantes y complejas destrezas humanas son adquiridas de forma característica. Ellas empiezan con la labor consciente y fuertemente controlada (declarativa) de los procesos novedosos que gradualmente van convirtiéndose al sigiloso, inconsciente y cubierto control (procedimental) de los procesos del experto. Aquí es importante aclarar que hay una diferencia importante entre el conocimiento procedimental y el aprendizaje implícito y es que, en el último, la fase inicial de adquisición está marcada también por la ausencia de conciencia. Pero aun con esta importante diferencia, los dos procesos se pueden ver de forma complementaria en la que el dominio de aplicabilidad de los dos modelos es diferente. El aprendizaje implícito dice poco o nada del aprendizaje de destrezas, mientras que para el procedimental son ellas precisamente el meollo del asunto. Estos diferentes caminos de investigación contribuyeron de manera significativa al interés general sobre la cognición no consciente. Es importante ver cómo la investigación en conocimiento automático y el trabajo sobre conocimiento procedimental y declarativo, aportaron un fuerte soporte empírico para algunos de los problemas epistemológicos clásicos en el pasado de la filosofía. El concepto de automaticidad se relaciona con el concepto de conocimiento tácito de Polanyi, mientras que el conocimiento declarativo vs procedimental tiene que ver con la distinción de Ryle (1967) entre “conocer qué” y “conocer cómo”. Este ir y venir de la base empírica a los problemas epistemológicos fue muy importante en el desarrollo de una verdadera ciencia cognoscitiva interdisciplinaria que se desarrolló por la década de los 80. Para Reber esto forzó a los psicólogos cognitivos a prestar atención a ciertas características de la mente que los filósofos habían considerado críticas para la teoría de la cognición. Esta mezcla de experimentalistas y epistemólogos ha generado una excitante productividad y ampliado los horizontes de investigación de la psicología cognitiva. Ahora bien, basándose en el marco que crearon Reber y otros colegas para construir el área de investigación conocida como aprendizaje implícito, se empieza a desarrollar en los 80 y 90 una amplia gama de modelos o paradigmas de investigación del mismo fenómeno, por lo que a continuación vamos a desarrollar una breve mirada a los más destacados y sus aportes al conocimiento cada vez más complejo, pero también más polémico, sobre el tema del conocimiento inconsciente. EL RESURGIMIENTO DEL INCONSCIENTE Univ. Psychol. Bogotá (Colombia) 3 (2): 147-164, julio-diciembre de 2004 SINTITUL-1 26/10/2004, 8:48155 162 De forma general podríamos decir que estos modelos investigativos plantean una serie de posibilidades explicativas del fenómeno del aprendizaje implícito. Como veíamos en el capítulo anterior, la meta -al fin y al cabode la investigación científica es encontrar modelos explicativos que den cuenta de lo que sucede en los diferentes fenómenos. Estas posibilidades explicativas se pueden presentar siguiendo a Tubau y Herrera (1994), de la siguiente forma: La primera posibilidad explicativa proviene de Reber, según la cual existen dos procesos bien diferenciados: uno consciente, explícito y con límites para su procesamiento, y un segundo, basado en un mecanismo inconsciente, capaz de extraer y almacenar en forma altamente abstracta los patrones regulares de un entorno complejo. De esta forma, se procesa la información y se desarrollan modelos mentales que extraen reglas abstractas sin que el sujeto sea consciente de tal conocimiento, ni del beneficio que tiene sobre su ejecución. La segunda explicación estaría basada en la noción de co-ocurrencia o covariación. Sus exponentes principales serían Lewicki y Broadbent con sus respectivos equipos y modelos. Esta posibilidad propone la existencia disociada de dos formas de adquirir conocimientos acerca de las relaciones entre variables. Por un lado estaría el aprendizaje implícito, que surgiría a partir de la observación indiscriminada de todas las variables y el almacenamiento de todas las contingencias entre ellas sin que medien procesos intencionales o conscientes. Lewicki lo llama “Algoritmos de Procesamiento Interno” y Broadbent, “Procesamiento No Selectivo”. Por el otro lado, existiría el aprendizaje explícito, que implicaría la elección de unas pocas variables relevantes y el registro consciente sólo de las contingencias observadas entre ellas. La tercera, se basa en el almacenamiento de ejemplares específicos, relacionados a través de estructuras de contenido familiar. De tal forma que lo que sucede en los procedimientos experimentales, es que se establecen comparaciones globales entre el nuevo ejemplar y los representados en la memoria, gracias a mecanismos analógicos que operan al margen de la conciencia, sin que medie ningún proceso de abstracción compleja (Brooks, 1978, citado por Tubau y Herrera, 1994). Finalmente, una cuarta explicación del fenómeno no apelaría a la existencia de un procedimiento especial para el aprendizaje implícito, más bien consideraría que el conocimiento incompleto que adquieren los sujetos en los experimentos es suficiente para explicar su desempeño y que la necesidad de postular un aprendizaje implícito sólo proviene de los artefactos experimentales de los modelos (Dulany y cols., 1984; Perruchet y cols., 1990; en Tubau y Herrera, 1994). ¿Cuál de estas explicaciones es más adecuada? Eso es algo que todavía no podemos saber. La investigación en esta área tan apasionante debe continuar, aún se necesita aunar muchos esfuerzos para obtener nuevas y claras respuestas que expliquen cómo funciona el inconsciente en general, y el aprendizaje implícito en particular. Referencias Berry, D. C. y Broadbent, D. E. (1984). On the relationship between task performance and associated verbalizable knowledge. Quarterly Journal of Experimental Psychology, 36, 209-231. Broadbent, D. E.; Fitzgerald, P. y Broadbent, H. P. (1986). Implicit and explicit knowledge in the control of complex systems. British Journal of Psychology, 77, 35-50. Caparrós, A. (1993). Historia de la psicología. Barcelona: CEAC. Crick, F. (1994). La búsqueda científica del alma. Madrid: Debate. Chalmers, D. J. (1999). La Mente Consciente: En busca de una teoría fundamental. Barcelona, Gedisa. Dienes, Z.; Broadbent, D. y Berry, D. (1991). Implicit and explicit Knowledge bases in artificial grammar learning. Journal of Experimental Psychology: Learning, Memory and Cognition, 17, 875-887. Dulany, D. E.; Carlson, R. A. y Dewey, G. I. (1984). A case of syntactical learning and judgement. JAIRO A. ROZO CASTILLO - GABRIEL RUIZ Univ. Psychol. Bogotá (Colombia) 3 (2): 147-164, julio-diciembre de 2004 SINTITUL-1 26/10/2004, 8:48162 163 Ferrer, E. (1994). La unidad de aprendizaje en procesamiento no consciente. Un análisis experimental. Psicologemas, Vol. 7, 14, 195-217. Flanagan, O. (1992). Consciousness reconsidered. Cambridge, MIT press. Froufe, M. (1985). Introspección e informes verbales en procesamiento humano de información. Estudios de Psicología, 19-20, 135-155. Froufe, M. (1997). El inconsciente cognitivo. La cara oscura de la mente. Madrid: Biblioteca Nueva. Green, R. E. y Shanks, D. R. (1993). On the existence of independent explicit and implicit learning systems: An examination of some evidence. Memory & Cognition. Vol 21, 3, 304-317. Hameroff, S. R.; Kaszniak A. W. y Scott A. C. (1996). Toward a Science of Consciousness. The first Tucson Discussions and Debates. Cambridge, MA: MIT press. Hameroff, S. R.; Kaszniak A. W. y Scott A. C. (1998). Toward a Science of Consciousness II. The second Tucson Discussions and Debates. Cambridge, MA: MIT press. Hayes, N. A. & Broadbent, D. E. (1988). Two modes of learning for interactive tasks. Cognition, 28, 249-276. Horgan, J. (1994). ¿Puede explicarse la conciencia? Investigación y Ciencia, noviembre, 105-112. Jiménez, L.; Méndez C. y Lorda J. (1993). Aprendizaje implícito, atención y conciencia en una tarea de tiempo de reacción serial. Revista de Psicología General y Aplicada, Vol 46, 3, 245255. Jiménez, L.; Méndez C. y Lorda J. (1994). Aprendizaje implícito: tres aproximaciones a la cuestión del aprendizaje sin conciencia. Estudios de Psicología, Vol. 51, 99-126. Lewicki, P; Czyzewska, M. y Hoffman, H. (1987). Unconscious acquisition of complex procedural knowledge. Journal of Experimental Psychology: Learning, Memory and Cognition, 13, 523-530. Lewicki, P.; Hill, T. y Czyzewska, M. (1992). Nonconscious acquisition of information. American Psychologist, 47, 796-801. Matheus, R. C.; Buss, R. R.; Stanley, W. B; Blanchard-Fields, F.; Cho, J. R. y Druhan, B. (1989). Role of implicit and explicit processes in learning from examples: A synergistic effect. Journal of Experimental Psychology: Learning, Memory and Cognition, 15, 1.083-1.100. Mueller, F. L. (1966). Historia de la Psicología. Desde la antigüedad hasta nuestros días. Fondo de Cultura Económica: Madrid. Penrose, R. (1991). La nueva mente del Emperador. Barcelona: Grijalbo Mondadori. Penrose, R. (1996). Las sombras de la mente: hacia una comprensión científica de la conciencia. Barcelona: Grijalbo. Penrose, R. (1999). Lo Grande, lo pequeño y la mente humana. Cambridge University Press. Pérez-Acosta, A. M.; Benjumea, S. y NavarroGuzmán, J. I. (2001). La conciencia desde el análisis experimental del comportamiento: Adquisición y transferencia de la autodiscriminación condicional. Tesis de Doctorado en psicología experimental. Universidad de Sevilla. Perruchet, P.; Gallego, J. y Pacteau, C. (1992). A reinterpretation of some earlier evidence for abstractivness of implicit implicitly acquired learning. Quarterly Journal of Experimental Psychology, 44A, 193-210. Perruchet, P.; Gallego, J. y Savy, I. (1990). A critical reappraisal of the evidence for unconscious abstraction of deterministic rules in complex experimental situations. Cognitive Psychology, 22, 493-516. Perruchet, P. y Pacteau, C. (1990). Synthetic grammar learning: Implicit rule abstraction or explicit fragmentary knowledge. Journal of Experimental Psychology: General, 119, 264-275. Reber, A. S. (1967). Implicit learning of artificial grammars. Journal of Verbal Learning an Verbal Behavior, 77, 317-327. Reber, A. S. (1976). Implicit learning of artificial languages: The role of instructional set. Journal of Experimental Psychology: Human Learning and Memory, 2, 88-94. Reber, A. S. (1993). Implicit Learning and Tacit Knowledge: An essay on the cognitive unconscious. Nueva York: Oxford University Press. Reber, A. S. y Lewis, S. (1977). Toward a theory of implicit learning: The analysis of the form EL RESURGIMIENTO DEL INCONSCIENTE Univ. Psychol. Bogotá (Colombia) 3 (2): 147-164, julio-diciembre de 2004 SINTITUL-1 26/10/2004, 8:48163 164 and structure of a body of tacit knowledge. Cognition, 5, 333-361. Reber, A. S.; Kassin, S. M.; Lewis, S. y Cantor, G. (1980). On the relations between implicit and explicit models in the learning of a complex rule structure. Journal of Experimental Psychology: Human Learning and Memory, 6, 492-502. Richelle, M. (2000). El renacimiento de la conciencia: olvidos y omisiones de la historia. Boletín Informativo de la Sociedad Española de Historia de la Psicología, 25, 2-9. Rozo, J. A. (2002). ¿Existe el aprendizaje implícito en el condicionamiento pavloviano? En Sección de Psicología del Aprendizaje, Biblioteca Virtual de www.PsicologíaCientífica.com. Ryle, G. (1967). El concepto de lo mental. Buenos Aires: Paidós. Schacter, D. L. (1987). Implicit memory: History and current status. En Journal of Experimental Psychology, Vol. 13, 3, 501-518. Shanks, D. R. (en prensa). Implicit Learning. En Lamberts K. y Goldstone, R. Handbook of Cognition. London, Sage. Shanks, D. R. Green, R. E. y Kolodny, J. (1994). A critical examination of the evidence for nonconscious (implicit) learning. En C. Umilta y M moscovitch (Eds.) Attention and performance XV, Conscious and non conscious information processing. Cambridge, MA: Bradford. Shanks, D. R. y St. John, M. F. (1994). Characteristics of dissociable human learning systems. Behavioural and Brain Sciences, 17, 367447. Skinner, B. F. (1981). Conducta Verbal. México: Trillas. Tubau, E. y Herrera, P. (1994). Aprendizaje implícito y representación del conocimiento en tareas de control de sistemas interactivos. Cognitiva, Vol 6, 1, 47-65. Tudela Garmendía, P. (1997). Ciencia y conciencia. (Discurso de apertura del curso académico 1997/1998). Granada: Secretaría General de la Universidad de Granada. Vokey, J. R. y Brooks, L. R. (1992) Salience of item knowledge in learning artificial grammars. Journal of Experimental Psychology: Learning, Memory and Cognition, 18, 328-344. JAIRO A. ROZO CASTILLO - GABRIEL RUIZ Univ. Psychol. Bogotá (Colombia) 3 (2): 147-164, julio-diciembre de 2004 SINTITUL-1 26/10/2004, 8:48164