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El impacto de la expulsión de los jesuitas en la dinámica fronteriza del Tucumán

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El impacto de la expulsión de los jesuitas en la dinámica fronteriza del Tucumán

Author: Vitar Mukdsi, María Beatriz
Publisher: Fundación Ignacio Larramendi
Year: 2000
Source: https://idus.us.es/bitstreams/c910da19-85b8-46c2-911d-6d6d90f18543/download
El impac o de la expulsión de los jesui as
en la dinámica on e iza del Tucumán
*
Bea iz Vi a
2000
2
INTRODUCCIÓN
El documen o que se analiza1 y se ansc ibe en su o alidad en el p esen e es udio es el
in o me elabo ado po el obispo del Tucumán, Miguel Abad Illana, con pos e io idad a su
isi a gene al a las ciudades de la gobe nación del Tucumán y a las educciones de su
on e a o ien al, iaje ealizado con in e mi encias en e 1765 y 1767. El obispo Illana sale
de la ciudad de Có doba el 4 de junio de 1765 y en el pe iodo que se ex iende has a
no iemb e del mismo año isi a las ciudades de San iago del Es e o y San Miguel del
Tucumán y eco e el camino que lo lle a a Sal a. En no iemb e de 1765 en a a es a
úl ima ciudad, de la que se aslada luego a Jujuy, donde pe manece has a junio de 1766;
desde en onces y po el lapso de un año Abad Illana se e obligado a in e umpi la isi a
po mo i os de salud, eanudando su eco ido en junio de 1767 pa a ma cha desde Sal a a
La Rioja y Ca ama ca. Es ando en La Rioja oma conocimien o de la expulsión de los
jesui as, ecibiendo la o den del gobe nado de Buenos Ai es, F ancisco Buca eli, de
eg esa a Sal a pa a en e is a se con el gobe nado del Tucumán. El encuen o se p oduce
en San iago, ciudad a la que llega el obispo después de isi a las de Ca ama ca y San
Miguel, menes e es ambos que le man ienen ocupado du an e cua o meses (de junio a
sep iemb e de 1767); no obs an e, el eclesiás ico no concluye su in o me sino un año
después, en junio de 1768.
El documen o del que a amos posee una eno me iqueza pa a el análisis del p oceso
his ó ico que enma có la expulsión de la Compañía de Jesús no sólo en el ámbi o
iopla ense sino ambién en o as á eas, pe mi iéndonos ec ea algunas de las
ci cuns ancias p e ias al ex añamien o an o en la Amé ica hispana como en la
po uguesa. Dada la imposibilidad de ago a en el p esen e abajo el es udio de es e
impo an e documen o esc i o en las pos ime ías del pe iodo jesui a, nos dedica emos en
especial al análisis de los aspec os que ayuden a de e mina el impac o de la expulsión de
la Compañía en la dinámica on e iza del Tucumán de ese iempo.
El in o me, que apa ece jalonado po nume osas ases y pá a os en la ín2, cons a de
dos pa es, cada una de las cuales se subdi ide a su ez en múl iples apa ados, cuya
nume ación se uelca en la p esen e ansc ipción al como apa ece en el o iginal. A pesa
de es a disposición del ex o, el documen o no sigue un o den en la exposición de emas o
en el a amien o de cada educción en pa icula , siendo su hilo conduc o la pe manen e
condena a los jesui as, olcada a a és de comen a ios c í icos a lo la go de odo el
documen o. El único dis ingo que puede hace se en el ex o obedece exclusi amen e a
azones de o den c onológico, ya que según las indicaciones del p opio in o man e una
pa e se esc ibió an es, y o a con pos e io idad a la expulsión de los jesui as. En lo que se
e ie e al con enido de la in o mación, el g ueso de és a se e ie e a las educciones de la
1. In o me de la isi a p ac icada po el obispo Manuel Abad Illana a la p o incia del Tucumán y
misiones de la on e a del Chaco (en adelan e In .). Có doba del Tucumán, 20 de junio de 1768. A chi o
Gene al de Indias. Sección Audiencia de Buenos Ai es, legajo 614.
2. Los é minos la inos se man ienen en la ansc ipción, como así ambién las no as esc i as al
ma gen, que apa ecen debidamen e indicadas.
3
on e a ucumana, siendo menos abundan es las alusiones di ec as a o os aspec os de la
ida de la p o incia en la segunda mi ad del siglo XVIII, aunque los juicios emi idos
ace ca de los gobe nado es y obispos del Tucumán dejan muy cla a la pos u a de Abad
Illana espec o del papel que ambas ins i uciones u ie on en la consolidación del pode
jesuí ico. En las páginas iniciales del in o me, el obispo Abad Illana se ocupa de la
gobe nación del Tucumán y de sus ciudades, azando un sucin o pano ama de cada una de
ellas, pa a abo da a con inuación el análisis de la ac uación de la Compañía en dicha
p o incia, desa ollando odo lo ela i o a cada una de las educciones en pa icula .
La edacción del in o me e leja las p opias icisu udes su idas po el eclesiás ico en su
iaje a a és de la gobe nación, desde su inicio en 1765 has a su conclusión, es años
después. El aspec o c onológico en es e es imonio -sob e el que el obispo hace además
hincapié- iene su impo ancia, pues con iene polémicas a i maciones elacionadas con la
ac uación de la Compañía de Jesús y esc i as con an e io idad a su expulsión. A comienzos
de 1767 Abad Illana había ya con eccionado una buena pa e del in o me, acen uadamen e
c í ico con los jesui as y sus educciones, ci cuns ancia que a a se ema cada al conclui
el documen o un año después, en el empeño po demos a su cla i idencia pa a de ec a el
pelig o que en añaba pa a la Co ona española la p esencia de los jesui as en sus dominios
ame icanos. Las explicaciones de Abad Illana apun an pues a deja cla o que su esc i o no
es una consecuencia de la ola an ijesuí ica desa ada as el ex añamien o, sino el esul ado
de sus p opias e lexiones con an e io idad a es e suceso. Así, exp esa que las
obse aciones e e idas a las educciones de la on e a ue on esc i as en e los meses de
ene o y mayo de 1767 (In ., . 4), es deci , “se concibió y asladó de la men e al papel
an es de la expulsión, aunque se ha añadido algo sacado del a chi o de los Jesui as de
San iago” (In ., . 49). Incluso, pa a mayo abundancia, se ocupa en señala en el mismo
ex o, con as e iscos, odo lo añadido al conoce el dec e o de expulsión ( éase In ., olios
29 ., 31 ., 35 . a 37 . y 39 . a 40), ad i iendo nada más empeza el in o me que olca ía
en él odo “lo que yo esc ibía al mismo iempo que en el Consejo ex ao dina io de V.M.
se es aba o mando la espada que ha co ado de un golpe an as hid as” (In ., . 4 .), ale
deci , cuando se p epa aba el dec e o de expulsión de 17673.
En el documen o pueden des aca se cie as líneas discu si as que lo ap oximan a
cualquie ex o elabo ado po miemb os de o os segmen os de la sociedad colonizado a,
incluidos los jesui as. En lo que espec a al comen a io sob e la “pob eza” de su diócesis,
el discu so del obispo no di ie e del que hubie a elabo ado un gobe nado pa a e e i se a
la p o incia que adminis a o al de un misione o jesui a pa a exal a las es echeces de la
ida educcional4. La ei e ada mención del obispo a las la gas dis ancias eco idas den o
3. No obs an e, muchos pá a os que no lle an el indica i o co espondien e demues an, po su
con enido, que ue on esc i os con pos e io idad a la expulsión.
4. Es as pa icula idades del ex o lo hacen digno de se analizado desde el pun o de is a del discu so,
eniendo en cuen a el emiso , el con ex o en el que se elabo a y el suje o des ina a io. En es a línea pueden
ci a se como ejemplo dos compilaciones que o ecen una di e sidad de abajos que es udian la
p oducción li e a ia y la es ic amen e documen al (en endiéndose po és a los es imonios de las
di e en es ins i uciones secula es y eclesiás icas) de los iempos coloniales: Visión de los O os y isión de
sí mismos, F. del Pino y C. Láza o (Coo d.). Biblio eca His o ia de Amé ica 12, CSIC, Mad id (1995) y
Las Colonias del Nue o Mundo. Cul u a y Sociedad, C. Pe illi (Comp.). Ins i u o In e disciplina io de
4
de la g an ex ensión e i o ial que aba caba la ju isdicción p o incial, si e ambién pa a
pone el én asis en un desplazamien o que incluso llega a ocasiona le as o nos de salud.
Así, las 1.200 leguas del eco ido comple o po la p o incia, las ealiza a on ando
di icul ades geog á icas y a iaciones b uscas del clima, des acando las alusiones a “la
incomodidad del e eno” (In ., . 2), o a la labo pas o al desplegada con es ue zo en
poblados indígenas “si uados en los luga es más esca pados y íos de las Co dille as que
di iden a es as P o incias de las del Pe ú” (In ., . 3).
A pesa de a a se de una isi a a la p o incia del Tucumán, el in o me apenas
con iene una b e ísima eseña de sus ciudades y una ápida mención a las u bulencias
ocasionadas en las mismas as aplica se el dec e o de expulsión; el g ueso del
documen o abo da pues el ema de la ac uación jesui a en sus educciones, “ma e ia que
debe a a se la p ime a” (In ., . 4). Fue a del ámbi o misione o, las e e encias al
Tucumán colonial se ci cunsc iben a la me ma de la población indígena, al á ico de
mulas y sob e odo a la ges ión de los an e io es obispos y gobe nado es, con la cla a
in encionalidad de c i ica su a o i ismo hacia la O den jesui a; en de ini i a, odo lo
expues o conduce siemp e a la exposición de anécdo as o si uaciones que ejempli ican
la mala ges ión de la Compañía, esul ando el ex o un apo e más a la “campaña de
desp es igio” o ques ada en o no a su ac uación en las on e as ucumanas.
Es udios La inoame icanos. Facul ad de Filoso ía y Le as de la Uni e sidad Nacional de Tucumán,
Tucumán (1995).
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EL TUCUMÁN DEL SIGLO XVIII
La p o incia del Tucumán, dependien e del Vi eina o del Pe ú y compues a en el siglo
XVIII po las ciudades de Sal a, Es eco, Jujuy, San iago del Es e o, San Miguel de
Tucumán, Có doba, La Rioja y Ca ama ca, aba caba un amplio e i o io en el que el
p oceso de poblamien o hispánico había dejado g andes espacios sin ocupa , di icul ando
la comunicación en e los di e sos cen os u banos componen es de an dila ada
ju isdicción. Los e ec os nega i os de es e ipo de asen amien o se hacían sen i mucho
más po el hecho de con a la p o incia po el lado o ien al con una on e a nada
compac a y la pelig osa ecindad de g upos aún no some idos al dominio español, como lo
e an los pueblos del Chaco, e i o io sal aje e indomable que se p esen aba como un
au én ico desa ío pa a los españoles del Tucumán; és os debie on con i i du an e los
siglos XVII y XVIII con una insegu idad on e iza que dejó su huella en la e olución
his ó ica de es a p o incia pe i é ica del Vi eina o pe uano.
Desde el pun o de is a económico el Tucumán dependía sob e odo de la egión
al ope uana, donde se desa ollaban las g andes explo aciones mine as; es o ue c ucial
pa a el desa ollo de la p o incia ya que desde ella se en iaban los abas os necesa ios pa a
el labo eo de las minas y, po sob e odo, nu idos con ingen es indígenas cuya ue za de
abajo se empleó in ensi amen e en el abajo mine o y en el aca eo de mulas. Una de las
p incipales consecuencias de la inse ción de la p o incia en la ó bi a al ope uana ue el
desa ollo ganade o, debido a que los eque imien os mine os omen a on la ins alación de
haciendas dedicadas a la c ía del ganado mula (que e a esencial pa a el anspo e de
me cancías) y del ganado acuno pa a su consumo en las minas. Es a imb icación con la
maquina ia p oduc i a al ope uana impulsó ambién el despun e de algunas manu ac u as
como la ex il, con i iéndose el Tucumán en uno de los más impo an es abas ecedo es de
es os p oduc os a dicho cen o mine o.
En los inicios de su in o me el obispo hace e e encia a los e ec os noci os de la
dependencia con el me cado al ope uano, al como e a el descenso demog á ico de la
población indígena a aíz del á ico de mulas pa a abas ece a las minas (In ., . 1 .). Con
ello pone sob e el ape e el g a e con lic o que p o ocaba la escasez de mano de ob a en el
Tucumán, especialmen e en e los hacendados, sec o en plena expansión que compe i á
con los jesui as po la posesión de e enos con buenos pas os y po el ap o echamien o del
abajo indígena.
Los es ablecimien os ganade os del Tucumán, en la búsqueda de e enos cada ez más
amplios pa a la c ía de ganado, no a da on en cons i ui un en e pas o il que eje ció una
g an p esión sob e las comunidades indígenas ins aladas en la pe i e ia del e i o io
chaqueño, íc imas, po lo demás, de ue es ensiones den o de es e á ea desde la llegada
de los b a os gue e os guaycu ú. Los es ablecimien os ganade os de la on e a del
Tucumán se con i ie on pues, en su a ance, en un cla o obje i o pa a es os g upos de a
caballo, que en sus incu siones a las haciendas buscaban sob e odo caballos y acas. La
necesidad de esgua da es e conjun o es ancie o on e izo impulsó al gobie no, a
comienzos del siglo XVIII, a op a po una polí ica más ag esi a espec o de la ac uación
chaqueña en las á eas on e izas, dando comienzo así a las g andes en adas al Chaco.

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Como consecuencia de es a a anzada hispánica se esgua dó la on e a con pues os de
igilancia -los ue es- de modo pa alelo a la undación de misiones con los g upos que se
iban conquis ando; así, los dis in os es ablecimien os coloniales undados en los con ines
de la p o incia ue on ma cando di e en es on e as: la ganade a (haciendas), la mili a
( ue es o p esidios) y la misione a ( educciones), ins i uciones odas que, en líneas
gene ales, espe a on las on e as na u ales dema cadas po el ío Salado y po el ío
G ande. Aunque a lo la go de es as páginas nos cen a emos en la e olución de la on e a
educcional o on e a indígena, con o mada po el conjun o de misiones undadas po la
Compañía de Jesús a lo la go del ío Salado en el pe iodo 1710-1766, y en el impac o que
la expulsión de dicha O den causó en es os pueblos, se obse a án las in e elaciones en e
las di e sas on e as, de e minando el impac o de los sucesos de julio de 1767 en cada
una de ellas.
7
LA FRONTERA INDÍGENA DEL TUCUMÁN
La zona on e iza que nos ocupa co espondía a los lími es o ien ales de la p o incia
del Tucumán, p incipalmen e de inidos po el ío Salado, cuyo cu so, iniciado en la
ju isdicción de Sal a, a a esaba ambién las ie as de San Miguel y de San iago has a
desagua inalmen e en el ío Pa aná, en el li o al del ac ual e i o io a gen ino. Po el
ex emo no e de la gobe nación, la na u aleza ambién con ibuía a delimi a los con ines
de las ie as coloniales, ya que el ío G ande de Jujuy las sepa aba de los dominios
chaqueños.
El p oceso de ins alación de las misiones chaqueñas en la on e a o ien al del Tucumán
se ue ealizando de mane a p og esi a, con o me se iba a anzando en la gue a o ensi a -
a a és de las g andes en adas al Chaco-, iniciada po el gobe nado Es eban de U íza en
1710. El obje i o de es as ambiciosas expediciones al in e io chaqueño e a el
some imien o de los g upos que incu sionaban desde mediados del siglo XVII en la
on e a o ien al de la gobe nación; es a zona, además de su impo ancia es a égica
ep esen aba un elemen o i al pa a la economía del Tucumán, ya que en ella se hallaban
ins aladas p óspe as haciendas ganade as cuyos p opie a ios ob enían eno mes ganancias
en el in e cambio man enido con el Al o Pe ú, egión a la que abas ecían esencialmen e de
ganado acuno y mula . Desde el pun o de is a de la es abilidad on e iza, la p esencia de
un en e pas o il pujan e que iba ganando e eno hacia los con ines o ien ales del
Tucumán o iginó una mayo p esión en la pe i e ia sudocciden al del Chaco, e i o io es e
úl imo que es aba siendo escena io de múl iples con lic os in e é nicos po la ap opiación
de las zonas más en ajosas pa a la caza, la pesca y la ecolección -ac i idades básicas de
los pueblos nómadas del á ea chaqueña) con pos e io idad al asen amien o de los gue e os
guaycu ú en el á ea. Como esul ado de es a dinámica, los g upos indígenas menos hos iles
ue on con inados a la pe i e ia sudocciden al chaqueña, si io en el que expe imen a on a
su ez el a ance colonial, ma e ializado en los es ablecimien os ganade os que iban
p oli e ando en las on e as y po los ue es (cuyo núme o se inc emen aba con o me a
los adelan os de la gue a o ensi a), desde los que se p ac icaban ambién las co e ías
pa a cap u a indígenas.
El desa ollo de la es a egia o ensi a con a los chaqueños desde los inicios del siglo
XVIII, abandonando la adicional polí ica de ensi a que enían man eniendo los
gobie nos ucumanos, supo ap o echa las ci cuns ancias po las que a a esaban los
g upos é nicos del Chaco, plani icando su conquis a median e la inco po ación, en p ime
luga , de los g upos más “dóciles”, que i ían en la pe i e ia sudocciden al de dicho
e i o io con inan e con el Tucumán, pa a con ellos emp ende luego las expediciones al
in e io chaqueño pa a el some imien o de los belicosos gue e os guaycu ú. Es así pues
que la polí ica o ensi a plani icada po el Tucumán acen uó esa dico omía en e los
pueblos chaqueños, epa idos en dos g andes bloques: po un lado los g upos “de más
sua e índole”, que no poseían caballos (g upos lule ilela y ma aco ma aguayo) y po o o
8
los hos iles gue e os de a caballo, ag upados en el conjun o guaycu ú ( oba, abipón y
moco í)5.
La decisión de inco po a a los ue es a los g upos menos belicosos, que ue on
conquis ados más emp anamen e, ence aba el i me p opósi o de o ma con ellos una
ba e a de ensi a en e a los g upos guaycu ús, ol iéndolos dies os en el eje cicio
mili a y sob e odo en el uso del caballo pa a acompaña a las ue zas coloniales en
pos e io es en adas. Se ue diseñando así, a lo la go de los años de gue a o ensi a, una
on e a indígena, con o mada po las misiones undadas con los g upos chaqueños que se
iban educiendo en las di e en es campañas, encomendándose su adminis ación a la
Compañía de Jesús. Quedaba ambién abie o el camino hacia la consolidación del pode
jesuí ico en la on e a, g acias a las acilidades de odo ipo o o gada po los gobie nos a
es a O den a in de ins ala sus educciones (In ., s. 8/9), especialmen e las me cedes de
ie as (In ., . 14 .) y al égimen de aislamien o dec e ado po la Co ona6.
Aunque el obispo no a aca di ec amen e es as medidas especiales pa a el omen o de las
educciones, sí hace hincapié en el some imien o de los gobe nado es del Tucumán a la
Compañía7, lo que llegaba has a el ex emo no sólo de aca a odos los pedidos de los
pad es sino ambién de no ep imi los deli os come idos po los abipón (In ., . 7 .), pa a
no da “mala p ensa” a los misione os. La in luencia eje cida en e los gobe nado es podía
ambién señala se en el caso de algunos de los mandos que capi aneaban las ue zas
mili a es des inadas a las on e as, que algunas eces incluso no comunica on los hechos
delic i os egis ados en las misiones (In ., . 11), po no c ea enemis ades con la
Compañía; se des aca sin emba go que an o en uno como en o o caso se ob aba bajo el
emo que inspi aban los jesui as, con lo que Abad Illana p e ende nega la exis encia de un
a ec o since o hacia es os misione os.
La gue a o ensi a emp endida po el Tucumán expe imen ó una se ie de al ibajos ya
que no odos los gobe nan es se aboca on a la p epa ación de las campañas chaqueñas con
el mismo ahínco que el ci ado U íza , ni alcanza on ampoco el éxi o log ado po és e,
sal o el gobe nado Ma ínez de Tineo, que e ec uó di e sas expediciones en e 1749 y
1750. Po lo demás, ue g acias a U íza que se colocó la pied a undamen al pa a la ob a
jesuí ica en las on e as, al encomenda a la Compañía la adminis ación de la p ime a
5. Sin emba go, en el documen o analizado no exis e al oposición, ya que odos los g upos chaqueños
pe enecien es a las misiones jesuí icas caen bajo el es igma de “bá ba os”.
6. MÖRNER, Magnus, La Co ona española y los o áneos en los pueblos de indios de Amé ica,
Ins i u o de Es udios Ibe oame icanos, Es ocolmo, 1970.
7. Cu iosamen e, con amos con el es imonio de una denuncia a la in e sa, en con a del mismo Abad
Illana. En pleno ago de las luchas en e bandos en el Tucumán pos jesui a y en un clima en a ecido po
el u bio manejo de los bienes de las Tempo alidades, dicho obispo ue acusado de secunda al polémico
gobe nado Juan Manuel Campe o -quien le enía some ido “como si ue a su domés ico”- en di e sos
ac os delic i os ales como la plani icación de una en ada injus i icada al Chaco pa a ecibi los 12 mil
pesos de los ondos de la sisa (impues o c eado pa a inancia la gue a on e iza), la sus acción de
bienes de colegios jesui as, amiguismo en la p o isión de ca gos y hu o de ganados de las educciones.
(Papel anónimo di igido al ey con a la conduc a del gobe nado del Tucumán, D. Juan Manuel
Campe o, en 12 de julio de 1768). AGI, Buenos Ai es 49.
9
educción on e iza, undada en 1711 con 400 indios lule en el ue e Balbuena8 en
ju isdicción de Sal a. Pos e io men e es e con ingen e ue asladado al si io de San
Es eban de Mi a lo es, a 14 leguas del ci ado ue e, p ocediéndose a la undación
de ini i a de la educción en 1714.
A pa i de es a undación pione a, las es an es misiones que die on o ma al co dón
educcional on e izo se ins ala on de modo pa alelo al some imien o de g upos
chaqueños de di e en es “naciones” as las campañas puni i as o ganizadas desde el
Tucumán, o bien debido a la p opia in e ención de los jesui as, que ealizaban ambién
sus p opias en adas al Chaco (así, po ejemplo, la educción ilela de O ega, undada as
una expedición que log ó euni a un o al de 600 ilela) o, como sucedió con la educción
de San José, undada po inicia i a del obispado del Tucumán (y que en la década de 1750
quedó bajo el con ol de la Compañía).
En de ini i a, al p oduci se la expulsión de los jesui as exis ían un o al de sie e pueblos
epa idos en e las di e sas ju isdicciones del Tucumán on e izas con el Chaco. En las
o illas del Salado, en Sal a, se hallaban los pueblos lule de San Es eban de Mi a lo es
( undado en 1710 y es ablecido en es e si io en 1752) y Balbuena (1751), y las misiones
ilela de Nues a Seño a del Pila o Macapillo (1762) y Nues a S a del Buen Consejo,
ambién llamada O ega (1763); en Jujuy, la misión San Ignacio de obas (1750) y en
San iago del Es e o, la educción ilela de San José o Pe acas (1735) y la de Concepción,
del g upo abipón (1749).
La unción de ensi a de odas es as educciones, mal o bien cumplida, sal a a la is a a
lo la go del discu so obispal. Sin emba go, la misma esencia on e iza de dichos pueblos y
las pa icula idades de la adminis ación jesui a gene a on un á ea singula a la que se
pod ía llama on e a misione a o jesuí ica, o si se p e ie e, on e a chaqueña del
Tucumán, e is iendo las ca ac e ís icas de un e i o io au ónomo egido exclusi amen e
po la Compañía. Es así que la p esencia de los jesui as en la emp esa de e angelización
chaqueña ocasionó ac u as en el en e pione o, en el que po lo demás había múl iples
in e eses encon ados, quedando la Compañía en en ada a di e sos sec o es de la sociedad
colonial.
En las pos ime ías del pe iodo jesui a las misiones on e izas susci a on no pocos
deba es en lo que espec a a su localización en las on e as, siendo muchos los que
opinaban que és a e a de endida po la Compañía pa a consolida su pode a espaldas de
las o as ins i uciones coloniales y pa a escapa de la o acidad de los hacendados y
encomende os po la mano de ob a indígena. Los pa ida ios del alejamien o de las
misiones con espec o al Chaco se undamen aban en la insegu idad on e iza; en es a
pos u a se alineaba un buen sec o del ecinda io de las ciudades del Tucumán así como
algunos o iciales de las ue zas mili a es de la on e a9 e incluso ya a ines del pe iodo
8. Con elación al p oceso de o mación y e olución de es as misiones de on e a puede consul a se
VITAR, B., Gue a y misiones en la on e a chaqueña del Tucumán (1700-1767), CSIC, Biblio eca
His o ia de Amé ica 17, Mad id, 1997.
9. En e los in o mes ecabados po el Consejo de Indias espec o de las educciones de la on e a
con amos con el elabo ado po el enien e de milicias D. Manuel de Cas o, meses an es de la expulsión
de los jesui as (Au os sob e el in o me pedido a D. Manuel de Cas o, ecino de Có doba, sob e la
16
F anciscanos, ellos habían de se lle ados en cau i e io a ie a de c is ianos y en
posesión de sus haciendas habían de en a los Españoles” (In ., . 49).
En el caso de los abipón, la c í ica obispal a los jesui as se in e na ambién en el e eno
pas o al, denunciando cie as p ác icas abusi as como la adminis ación del bau ismo a los
pá ulos, lo que implicaba de ocha es ue zos en unos indios que no a da ían en ol e a
euni se con los in ieles de ie a aden o, des acándose “la inju ia que se hace del
Sac amen o y a la e, dando el bau ismo con an e iden e pelig o” (In ., . 7).
El caso de las misiones guaycu ú si e pa a pone de mani ies o que la de ensa que
hacían de ellos los jesui as, jus i icando, po ejemplo, las acciones abiponas como una
espues a a las “calumnias” de los ecinos de San iago21 (In ., . 8), enía como obje o
de ende la legi imidad de su acción misione a con es os g upos gue e os en e a los
eclamos de los ecinos y de los clé igos22, que en el caso de San iago habían hecho un
en e común con a la Compañía.
En lo que espec a a los ilela, Abad Illana desa olla en de alle las icisi udes su idas
po la misión de San José de Pe acas, la que as habe sido ges ionada po clé igos pasó a
manos de los jesui as en 1757 (In ., . 43 .). Las alabanzas a es a misión po su
in e ención en la de ensa on e iza se e ie en, como e a de p e e , a los años en que
es u o adminis ada po clé igos, des acándose los se icios que p es ó du an e ese iempo
a los ecinos de la ju isdicción de San iago (In ., . 53 .). La educción de Pe acas
cons i uye sin duda un caso pa adigmá ico pa a analiza los in e eses de los di e sos
sec o es del en e colonizado y pa a ejempli ica la polémica desa ada en o no a la
Compañía y sus misiones po la disponibilidad de indios y ie as, que cons i uían el
p incipal obje o de las ei indicaciones ecinales. Ninguna o a educción como la de
Pe acas demues a an a las cla as las manipulaciones de que e an obje o los indígenas,
pues os a me ced de in e eses encon ados, en especial cuando se deba e el ema del
aslado y del emplazamien o de ini i o de su misión.
La ayec o ia de Pe acas mues a a su ez las pujas en e clé igos y jesui as, en las que
el obispo encuen a abundan es a gumen os pa a des aca la codicia de los hijos de San
Ignacio y la p odigalidad de los gobe nado es pa a con ellos, en desmed o de los clé igos.
En el ondo de la polémica desa ada en o no a la misión de Pe acas es aba ambién la
codicia de los hacendados san iagueños, que se sin ie on ag a iados po el aslado de la
misión a o illas del Salado, en Sal a (años después de asumi los jesui as el con ol de es e
pueblo), al e se p i ados de an aliosa mano de ob a pa a sus es ancias.
Al hace el balance de la educción ilela de San José de Pe acas -a la que dedica mucha
más a ención que a las es an es de es e g upo chaqueño-, Abad Illana aza dos e apas
di e enciadas en su exis encia: el pe iodo en que ue adminis ada po clé igos y la e apa en
que es u o a ca go de la Compañía; de es a úl ima hay una ase que lo esume odo,
cuando dice que es os indios “se han hecho malos en pode de los Jesui as” (In ., . 53),
21. La educción abipona de Nues a Seño a de la Concepción es aba si uada a o illas del ío Dulce, en
la ju isdicción de San iago del Es e o.
22. En el caso de San iago, los clé igos que es aban a ca go de los cu a os ecinos a la educción de
Concepción, demos a on una anca hos ilidad hacia los jesui as.

17
ema cándose su insubo dinación (In ., . 8 .), su huida al Chaco y sus amenazas a la
p o incia del Tucumán, aliados con los de ie a aden o (In ., s. 9/10 .); p oblemas és os
que, po lo demás, son ex ensibles a la educción de Macapillo (In ., . 9). Todo ello, unido
a los allos en la ca equización -los indígenas de la misión ilela de O ega “pe signa se no
sabían” (In ., . 54 .)-, es expues o como una consecuencia de la mala ges ión jesuí ica y
del égimen de libe ad del que gozaban los ilela23.
Mi a lo es, educción del g upo lule, u o una aza osa exis encia debido a las pes es
que la asola on, p o ocando la dese ción en masa de sus habi an es a poco de se undada.
Como odas las educciones chaqueñas, el alejamien o empo a io de los indígenas es u o
ambién mo i ado po la ecolección de la alga oba o de la miel, a la que seguían las
a ales bo ache as an ilipendiadas po los e angelizado es; en el caso de es e pueblo, se
debe añadi como ac o de ines abilidad el asedio de los moco í24, lo que ambién a ec ó al
es o de las misiones lule y ilela, que no obs an e log a on sob e i i a es os a aques. De
Mi a lo es y Balbuena, de cuya “ idelidad” habían dejado cons ancia muchos in o mes
jesuí icos y memo iales de campaña de gobe nado es del Tucumán, los nue os doc ine os
p esen an al obispo un pano ama ca as ó ico: icios, de icien e ap endizaje del español y
apego a sus an iguas cos umb es (In ., s. 53 / 54).
La p esencia de la Compañía no había signi icado un g an a ance en el p oceso de
asimilación del indígena chaqueño si a endemos al con enido del documen o obispal que
nos ocupa, en el que se des aca po sob e odo la al a de ap endizaje del español en las
misiones de la on e a; el a án po ap ende las lenguas indígenas po pa e de los jesui as
obedecía al in e és de monopoliza la comunicación con los educidos, ma ginando a o os
sec o es del mundo colonial. Es a ace a, señalada como una de las alencias de la emp esa
de e angelización jesuí ica, cons i uye un hecho obje i o, lo que sin emba go no pod ía
aplica se a o os aspec os del p oceso de acul u ación de la población some ida que son
comen ados po el obispo, que bien pueden es a manipulados aco de con el espí i u que
anima a odo el discu so; cuan o más se ahondase en los “ icios” de los educidos, en su
“insubo dinación” y en el man enimien o de sus an iguos hábi os, con mayo ue za
eluci ían los aspec os nega i os de la ges ión jesuí ica. Así po ejemplo, puede
con as a se la des a o able opinión de la Compañía ace ca de los ma aguayos25 -a quienes
as el acaso de la educción undada po los jesui as años an es, se les había o mado un
pueblo en la ju isdicción de Sal a- con el bené olo in o me que sob e dichos indígenas
hace el obispo, quien a i ma que le cons aba que: “...es aban [los ma aguayos] muy en paz
con noso os, nos se ían de espías pa a sabe los mo imien os del enemigo, y como al
mismo iempo oí, que muchos de ellos e an mis súbdi os po es a bau izados” (In ., .
47 .). En con as e con amos con la semblanza que azó de los ma aguayos un jesui a as
23. Es p obable que el abandono de la educción en el año de 1766 -señalado pa a las misiones de
Pe acas y Macapillo- es u iesen ocasionados po las meleadas ( ecogida de la miel) que p ac icaban los
lules y ilelas en el Chaco.
24. E a usual que los g upos guaycu ú no educidos a acasen a los g upos seden a izados, ya que en
sus asen amien os podían su i se de los mismos elemen os que en los cen os coloniales.
25. La misión undada po los jesui as con es e g upo en la década de 1750 no había enido éxi o
alguno, siendo es ablecida años después y pues a bajo la di ección de anciscanos.
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la ma anza26 del que había sido su doc ine o cuando la misión es aba a ca go de la
Compañía en los años 1750, exp esando que la “codicia” de es os indios
“...ins igaba a su genio aido pa a ende a los españoles sus p opios
pa ien es y amigos cuyas anche ías les mos aban en las en adas. El pedi
educción no e a deseo de se c is ianos, sino de log a las con eniencias
empo ales que espe aban”27.
Un g ado más o menos óp imo de acul u ación de los chaqueños educidos debía
aduci se undamen almen e, como se ha dicho, en la es abilidad de los pueblos, en el
cumplimien o de la doc ina, en el abandono de cie as p ác icas inhe en es a su cul u a de
pueblos nómadas y en el ap endizaje del cas ellano, algo ineludible pa a la plena
in eg ación al mundo colonial. Es bien sabido que de algunas de es as ca encias solían
queja se los p opios misione os, cuyos es ue zos po seden a iza a los g upos del Chaco
ue on sin duda a duos. Los gue e os guaycu ú, muy hos iles al con ac o y esis en es al
dominio blanco, acep a on la o e a educcional cuando la dinámica é nica -gue as y
polí ica de alianzas- y las pa icula es ci cuns ancias del ambien e chaqueño les impulsa on
a ello, ap o echando así el ampa o y las en ajas que les b indaba la educción. Es a
eacción de los g upos chaqueños en e a la seden a ización demues a el escaso éxi o de
los in en os po some e los a los hábi os “ acionales”. Donde con mayo ue za se acusaba
la débil in eg ación de la población indígena ue en el plano idiomá ico, aunque es o e a
uno de los e ec os de la es a egia educcional jesuí ica, que apun aba a c ea un ámbi o de
comunicación lingüís ica excluyen e con espec o a o os sec o es colonizado es; pa a ello,
los misione os se aboca on con g an e o al es udio de las lenguas na i as28. Las
misiones cons i uye on pues un e i o io con sus p opias ba e as lingüís icas en desmed o
del idioma español, lo que sin duda despe ó ue es ecelos con a la Compañía; de hecho,
a los jesui as se les acusó de no pe mi i que los indios cul i asen el idioma cas ellano y se
comunicasen con los españoles, “poniendo un es o bo al ca iño que engend a el a o, pa a
man ene los como ue a de la epública”29. De modo más o menos simila se exp esaba
Abad Illana a la ho a de abo da el p oblema del “es ancamien o” del español, diciendo
que “si la unidad del lenguaje es causa de la unión de olun ades, la di e sidad se á, si no
causa, ocasión de es a desunidos los a ec os” (In ., . 59).
26. Abad Illana menciona ambién es e episodio i ido po los ma aguayos, comen ando que as la
ebelión habían dejado un ue e incendiado “y un Pad e malhe ido” (In ., . 47 .), e e encia és a que
pa ece sua iza la acción c iminal p o agonizada po dichos indios.
27. Ca a del Pad e Juan And eu, de la Compañía de Jesús, al P ocu ado Gene al Simón Bailina con
elación de la ida del P. F ancisco Ugalde, misione o en e los ma aguayos (Reducción de Mi a lo es, 22
de no iemb e de 1757. Manusc i o nº 18577(14). Biblio eca Nacional de Mad id).
28. Po ello, los misione os expe imen a on los esul ados de una acul u ación de signo con a io pues
les al aba el “ a o español y su lenguaje”, según exp esaba el P. Ruiz de Mon oya (ci ado po Ma ías
GARCÍA en “¿Qué ue on las educciones jesuí icas del Pa aguay?”, e sión manusc i a de la
con e encia p onunciada den o de un ciclo oganizado en Casa de Amé ica, Mad id, 25 de ene o al 25 de
eb e o de 1995, p. 8)
29. ULLOA, Jo ge Juan y An onio de, No icias sec e as de Amé ica (Siglo XVIII), Tomo II, Edi o ial
Amé ica, Mad id, 1918, p. 218.
19
En líneas gene ales la expulsión de la Compañía signi icó la decadencia pa a las
misiones de la on e a con el Chaco. El in o me ealizado as la siguien e isi a
p ac icada en 1771, mos aba un cuad o poco alen ado de es as educciones, que se
hallaban en un “deplo able es ado” y “de las que es e iden e su uina si no se oman
p on as y e icaces medidas pa a su epa o y conse ación”30. Po lo demás, en algunos de
es as educciones se egis aba un ma cado ausen ismo de la población, enómeno que se
acen ua ía en los años subsiguien es; es o e a no o io en el caso de los obas, de los cuales
muchos “se habían e i ado a los mon es pa a alimen a se con sus u os”31. Un p oblema
simila a ec aba a la misión lule de Balbuena, abandonada po la mayo ía de sus
in eg an es, que acaba on dispe sándose po el Chaco “a causa de su genio eleidoso, el
poco ag ado del Co egido que se les puso y sus enien es y delegados”32.
T as la pa ida de los jesui as, el sis ema educcional se esin ió ambién po la
de icien e ges ión del gobe nado Juan Manuel Campe o, du an e cuyo manda o se dec e ó
la expulsión. Su suceso , Je ónimo Ma o as, hacía e e encia a es a si uación en un
in o me emi ido a Lima, en el que des acaba el abandono de las educciones y la si uación
de la p o incia, que es aba “en an mala cons i ución que casi pa ecía o zoso conquis a la
de nue o”33.
30. Au o de isi a de las Reducciones del Chaco p ac icada po el gobe nado de la p o incia D.
Je ónimo Ma o as. Año de 1771. AGI, Audiencia de Cha cas, legajo 220.
31. Ibídem. Es o pod ía ocu i bien po una quieb a del égimen alimen icio al que es aban
acos umb ados po los jesui as o po el man enimien o de sus cos umb es ecolec o as.
32. Ibídem.
33. In o me de Ge ónimo Ma o as, gobe nado del Tucumán. Lima, 10 de ma zo de 1772. AGI,
Audiencia de Buenos Ai es, legajo 143.
20
OTROS ASPECTOS DE LA EVANGELIZACIÓN JESUÍTICA EN LA
FRONTERA CHAQUEÑA
El cumplimien o de los debe es pas o ales
El documen o obispal que analizamos cons i uye un au én ico p oceso con a la
Compañía ya que a lo la go del mismo se pasa e is a a su ayec o ia en las on e as
ucumanas, o mulando g a es acusaciones con a los misione os jesui as en las más
di e sas ace as de su acción e angelizado a en e los chaqueños.
An es de aboca se a la c í ica de la Compañía como e angelizado a de indios, Abad
Illana comenza á po deja cons ancia de sus p opios mé i os en la cu a de almas, con lo
cual acaba cayendo en el mismo icio que achaca a los jesui as, es o es, el de se
“p opagandis as” de su p opia ob a. Como oposición a las pe e siones de es os
misione os, el obispo habla de la labo de los anciscanos, de quienes des aca la
“humildad”, la “modes ia” y la “compos u a de p ocede es”(In ., . 26 .), como así
ambién de sus p opias hazañas pas o ales, diciendo que
“po más mue as que es as mis ob as sean en el ondo, no deja án de se
i as po el ejemplo. Hacen mucho u o los se mones de un obispo, aunque sean
an desg eñados como los míos” (In ., s. 2/2 .).
P osigue luego des acando las múl iples ac i idades doc inales ealizadas du an e su
iaje: “No dejé incón que no iese ni capilla que no egis ase” (In ., . 2), haciendo en e
incluso a las ad e sidades climá icas: “Habiéndome ab asado los a do es del ío Salado,
aquí [Jujuy] me os a on los hielos de la Puna” (In ., . 3). No al an ampoco las
e e encias a su ánsi o po zonas plagadas de obs áculos na u ales:
“...adminis aba el Sac amen o de la Con i mación a los pá ulos y en muchas
pa es a pe sonas de edad bien a anzada po no habe podido mis an eceso es
pene a las [el sub ayado es nues o], y aún p ac icaba es os eje cicios en
despoblado, con i mando y p edicando en los bosques y en las campañas a los
muchos indios y españoles que de sus cháca as y es ancias salían a con i ma se a
los caminos” (In ., . 2).
Pa a mayo ealce de su misión, el obispo habla ambién de la g an acogida que u o
po pa e de la elig esía en di e sos pun os del eco ido, lo que quizá esconda la in ención
de mos a el acaso de la e angelización jesuí ica; así, a la inadecuada p edicación de
és os se opone el éxi o ob enido po el obispo en su gi a pas o al, dado el eclamo de los
ecinos de Sal a pa a que pe maneciese en dicha ciudad du an e la Cua esma y la Semana
San a, a in de celeb a los o icios p opios de es as es i idades (In ., . 2 .).
Una de las acusaciones conc e as de Abad Illana se e ie e a las allas obse adas en la
labo e angelizado a jesui a, median e un discu so con el que el obispo p e ende
desp es igia no sólo a es os misione os sino ambién a sus p edeceso es en el obispado, sin
el su icien e a ojo, al pa ece , pa a in e na se a p edica en las sel as y en o os pa ajes
inhóspi os, según cons a en el agmen o a iba ci ado. Es a apología del sac i icio pod ía
señala se como uno de los asgos de ini o ios de los es imonios del en e colonizado -ya
21
sean pa es mili a es o esc i os jesuí icos, po ci a sólo unos ejemplos-, en los que se
na an con lujo de de alles las penu ias del ejé ci o en las expediciones puni i as al Chaco
o la he oica in e nación de los misione os en e enos sel á icos.
No obs an e, desde el pun o de is a de la p edicación, ambién se in oducen c í icas
que se sus en a ían no ya en la cues ión es ic amen e e angélica sino en el males a de la
Iglesia po los co os ing esos habidos en concep o de diezmo en odo el obispado del
Tucumán, no llegando su en a decimal a seis mil pesos (In ., . 1 .). Abad Illana a a de
es a cues ión en di e sos pasajes del in o me, exponiendo su desag ado po el nulo apoyo
dado po los jesui as a los clé igos cuando és os eclamaban los diezmos (In ., . 38 .); es a
desp eocupación de los misione os po las i egula idades y audes en el pago de ales
ca gas, hab ía con ibuido ambién a c ea les el ca el de malos p edicado es: “Oído he que
es os Pad es nunca declaman en los se mones, ni en plá icas con a los que de audan los
diezmos de la Iglesia” (In ., . 38). También en lo que se e ie e a los diezmos, el obispo
comunica la ges ión hecha an e la Compañía pa a que és a lo hicie a e ec i o po sus
educciones, sin esul ados posi i os (In ., . 34 .). La Iglesia p e endía que de sus
haciendas o g anje ías lo sa is acie an en e amen e los jesui as, al como lo hacía el es o
de los ecinos (Ibíd.), ya que es ando los indios suje os al dominio de España no eía azón
pa a no paga lo; se le an aba o a ez la polémica po el égimen de excepción de que
gozaba la Compañía, algo que exace baba el encono de los hacendados.
En lo que espec a al adoc inamien o de los indígenas p ac icado po los jesui as, Abad
Illana des aca el eje cicio abusi o de los debe es pas o ales y la inadecuada p ác ica de los
mismos. Las denuncias hechas en es e e eno son de g an impo ancia ya que ponen en
cues ionamien o la alidez de la labo de adoc inamien o desa ollada po la Compañía
an e los “in ieles” chaqueños; es po es o que Abad Illana les acusa á de i esponsabilidad
pas o al, come ida en el inú il empeño de ca equiza a los g upos gue e os del Chaco: “no
es jus o a oja las ma ga i as a los pue cos” (In ., . 23 .). La pos u a del obispo del
Tucumán en es as cues iones es aba condicionada po la expe iencia habida en la Península
con los mo iscos y po las eo ías del a zobispo de Valencia, Juan de Ri e a, a quien ci a
en su in o me como modelo a segui en la coyun u a que i ía el Tucumán en e al
p oblema chaqueño; es así que “iluminado” po el pensamien o de quien había aconsejado
a Felipe III sob e la expulsión de los mo iscos, el obispo clama po la aplicación de una
solución simila con elación a los g upos del Chaco, apá andolos de las on e as y
dejándoles en libe ad pa a e o na a sus ie as:
“Pues sean in ieles en el Chaco en donde Dios aún no es conocido: sean
aido es al Rey en donde no se le ha dado obediencia y no sean ni ca ecúmenos
malos ni c is ianos buenos en donde aún no hay obligación de se lo” (In ., . 18).
Po o a pa e, quizá el obispo pensase en es a al e na i a pa a elimina a la Compañía
misma: sin el p e ex o de sus educciones, se apa a ían ambién los jesui as de la on e a.
En el e eno pas o al se c i ica además la adminis ación de sac amen os y la
celeb ación de misas an e los paganos, dándose ejemplos que ascienden incluso el
espacio chaqueño pa a si ua nos en escena ios an emo os como el Madu ai, espec o del
cual Abad Illana des aca los “no o ios abusos” de ec ados en las misiones y misione os
(In ., . 26 .). La celeb ación de misas an e los no bau izados, la adminis ación del

22
bau ismo a los pá ulos de la misión de abipones y la ca equización de los in ieles del
Chaco son denunciadas como p ác icas excesi as que obedecían al in e és de la Compañía
po mane ene a oda cos a sus misiones en la on e a: “es os Pad es no dan la doc ina
sino a usu as” (In ., . 15 .). Es os hechos e an conside ados como una e dade a a en a al
sac amen o del bau ismo (In ., s. 6 . y 7), adminis ado a unos sal ajes que no a da ían
en abandona la misión, dada su endencia a la insubo dinación y al e o no a su medio
na u al.
En lo que espec a a la cu a de almas debe ene se p esen e que muchos de los
ep oches expues os po el obispo ucumano enían su explicación en la i alidad desa ada
en e el cle o secula -cla amen e desplazado de la ges a e angelizado a, monopolizada po
la Compañía- y la o den jesui a, en lo que espec a a la conducción de las misiones. En el
caso chaqueño, la exis encia de una sola misión bajo la adminis ación de un clé igo (la
misión de indios ilela, desde 1735 a 1757), le si e de ins umen o a Abad Illana pa a
expone la injus a disc iminación su ida po aquél en lo que espec a a los auxilios
gube namen ales pa a el sos én del pueblo, nulos en compa ación con los b indados a las
misiones jesui as. El g an ecelo que albe gaban los clé igos hacia la Compañía -
alimen ado po ese denunciado a o i ismo de gobe nado es y obispos- explica el que
odos sus comen a ios ela i os a las misiones on e izas ue en des a o ables; así po
ejemplo, Abad Illana no duda en inclui en su in o me sob e la misión de los abipón el
es imonio dado po el clé igo del cu a o de Sala ina (ju isdicción de San iago del Es e o),
que denuncia las idas y enidas de aquel g upo del Chaco, aliados con los del in e io pa a
asal a las p opiedades coloniales; a es o espondían ápidamen e los jesui as, ponde ando
el alo y co aje de los guaycu ús de sus educciones (In ., . 46).
Po lo demás, en lo que se e ie e al desa ollo de la labo pas o al, deben conside a se
ambién las múl iples di icul ades que en añaba el cumplimien o de es os debe es mien as
los misione os in en aban pa alelamen e el ap endizaje de las lenguas na i as -obje i o
undamen al del p og ama jesuí ico-, a ea a la que debían dedica un iempo conside able,
odo ello sumado a los a a a es de su p opio p oceso de acul u ación.
La segu idad on e iza
La ines abilidad de las on e as ue un p oblema canden e en el Tucumán del siglo
XVIII, a pesa de la exis encia de un conjun o misional undado con el obje i o p imo dial
de esgua da las posesiones coloniales del pelig o chaqueño. La p esencia de los jesui as
en las on e as y la au o idad indiscu ible que eje cían sob e sus pueblos -excluyendo la
inge encia de o os sec o es coloniales- a la la ga e minó desencadenando con lic os y
isu as i emediables en el en e pione o que abo dó la conquis a del Chaco. El pode que
había log ado consolida la Compañía enía su base ma e ial en la disponibilidad de sola es
u banos donde se asen aban sus colegios, además de ie as, ganado acuno, caballada y un
a mamen o nada desp eciable, elemen os odos que o maban pa e del pa imonio de sus
misiones.
La exis encia de a mas en pode de los indios es denunciada po el obispo como una de
las p incipales amenazas pa a la segu idad de los cen os coloniales (In ., s. 60/60 .), po
lo que hace una p oclama decidida en a o del “desa me” de las educciones on e izas,
23
cuyos indios podían en onces esul a an pelig osos como los chaqueños de ie a aden o.
En de ini i a, según las ap eciaciones obispales, la unción asignada a las misiones de
ob a como un an emu al con a los chaqueños indómi os (In ., . 16 .), es aba lejos de se
cumplida; es así que algunas educciones u ie on que se p o egidas an e la enemiga que
man enían sus in eg an es con g upos de ie a aden o, cuando no se aliaban con és os
pa a a aca a las colonias34.
La segu idad on e iza es aba de e minada po el g ado de sujeción de los indios y la
es abilidad de sus misiones, como así ambién po la posibilidad de con a con ellos pa a
ocasionales en adas al Chaco, acompañando a los ejé ci os del Tucumán, como de hecho
llega on a hace lo los lules y ilelas. Sin emba go, en el análisis de la p oblemá ica
on e iza no deben pe de se de is a los con lic os de la sociedad colonial; és os pa ecen
p oyec a se con oda su ue za en el espejo que ep esen a ese espacio ines able y
cambian e de las on e as, en donde acaban con luyendo los di e en es es amen os de la
ida colonial, con sus pa icula es in e eses y acilaciones. Así, el enómeno de la
expulsión de la Compañía con ibuyó a des ela el papel de los di e en es agen es del
p oceso de colonización chaqueña y las azones de su en en amien o, mos ando la
complejidad del con lic o on e izo.
En es echa conexión con el ema de la segu idad on e iza, el deba e sob e la
localización de las misiones se ab e como un abanico pa a e oda la gama de in e eses
den o del en e colonizado , eniendo como ondo la pugna po la abundan e mano de
ob a que signi icaban los con ingen es de chaqueños educidos pa a una p o incia que
había expe imen ado la con inua saca de indígenas pa a el labo eo de las minas
al ope uanas. En elación a es a polémica se con aba ya con el an eceden e del
en en amien o en e clé igos y ecinos po un lado y la Compañía po o o, a aíz del
aslado de un g upo de ilela de la educción de San José - undada en las on e as
san iagueñas- a la ju isdicción de Có doba, donde se o mó o a misión35 bajo la di ec a
dependencia del obispo. El ema del emplazamien o de ini i o de las educciones se había
plan eado en di e sas ocasiones bajo el a gumen o de su ine icacia en la p o ección de las
on e as; en e a es os eclamos de la sociedad colonial los jesui as de endían la
pe manencia de sus pueblos en el á ea on e iza, p incipalmen e en las má genes del
Salado, en la ju isdicción de Sal a. En es e emplazamien o los jesui as con aban con
excelen es ie as, buenos pas os y abundan es ecu sos, pe o po sob e odo con una
si uación es a égica en la u a al Pe ú; odo ello les pe mi ió cimen a un égimen
económico sólido, bené icos in e cambios y una impo an e base e i o ial que ue el
sos én de su pode en las on e as.
Den o del conjun o misional chaqueño, los p oblemas susci ados po la ubicación
on e iza de la misión ilela, demues a las con adicciones bajo las que se deba ían
de e minados sec o es de la ida colonial en a as de de ende sus in e eses. Así, po
34. Es as obse aciones de Abad Illana nos emi en a la cues ión de las alianzas indígenas,
ca ac e izadas po sus g andes oscilaciones ( éase al espec o CLASTRES, Pie e, In es igaciones en
An opología Polí ica, Ba celona, 1981, Edi . Gedisa, p. 201).
35. Es a educción ilela se es ableció en la es ancia de Chipiona (Có doba), de p opiedad del
obispado.
24
ejemplo, cuando dicha educción es u o a ca go de un clé igo en la on e a chaqueña de la
ju isdicción de San iago de Es e o, el obispo conside ó opo unas las eclamaciones de los
ecinos a in de man ene la en ese dis i o con odos los auxilios necesa ios -
p incipalmen e ganado- a en o a los se icios p es ados po dicha misión en “de ensa de la
pa ia” (In ., . 46).
Es desde odo pun o de is a incues ionable que la acción jesuí ica en el Tucumán
coadyu ó al a ance de las on e as, demos ando que la Compañía había hecho suyo el
lema colonial de “adelan a la ie a” con educciones36, una emp esa que lle a ían has a
las úl imas consecuencias -con amos con el ejemplo del aslado de la misión de abipones
hacia el in e io chaqueño- pa a p opicia en de ini i a la in e conexión de sus e i o ios
misione os, exp esaba Abad Illana que: “Es as educciones [las chaqueñas], aun sin c ece
más, pueden se o midables al Es ado, po que se pueden ab i camino pa a ene
comunicación con las del Pa aguay” (In ., . 21).
Con espec o a es e p oyec o de la Compañía debe ene se en cuen a que el mismo
gobie no, al encomenda le el poblamien o de las on e as, le cedía un espacio de acción en
el que p on o se desa a ía un con lic o de pode es po la p esencia de o os agen es
colonizado es como lo e an los p esidios y las haciendas, sin con a con el ine i able ecelo
que p o oca ía en las demás ó denes eligiosas y en el cle o secula su casi exclusi a
in e ención en la e angelización de la población indígena.
En ese empeño po a anza las on e as hacia el Chaco, a muchos inquie aba el
ex emo celo demos ado po la Compañía en la conquis a de los g upos guaycu ú, de los
que pocas ga an ías de sujeción podían ene se al y como se demos a ía con pos e io idad
a su asen amien o en las on e as; los pad es aspi aban a consolida su espacio misione o
de endido con un ejé ci o p opio o mado po “los indios más gue e os”, ap o echando la
capacidad bélica de es os g upos -”el indio no iene más o icio que el de la gue a” (In ., .
52)- y su des eza en el uso de caballos, sin ene que ecu i a la p o ección de las ue zas
coloniales. El in e és jesui a es a ía mo i ado po la necesidad de e i a la p esencia de los
ue es on e izos, ins i uciones que debían p o ege a las misiones de los a aques
chaqueños pe o que de hecho ep esen aban un con ol sob e los misione os, en a as de un
equilib io de pode es en la on e a. Unas misiones que disponían de buenos caballos y
a mas “muy lucidas” (In ., . 20) - al como e a el caso de las educciones de los oba y
abipón- pa ecían pone en en edicho el man enimien o de los ue es on e izos, a eno
de la denuncia que el obispo hace del p oyec o jesui a en las on e as, descubie o a aíz
de una ca a que po e o llegó a sus manos:
“El pad e A nal, P ocu ado de las Misiones Jesuí icas, esc ibió una ca a a
Vues o Re e endo Obispo de A equipa, y en ella explicaba los g andes
36. La in e ención jesuí ica en la colonización chaqueña no sólo se limi ó a la adminis ación de los
pueblos undados con los chaqueños some idos en campañas mili a es, sino que se canalizó ambién en la
ealización de sus p opias en adas al Chaco pa a cap a indígenas, celeb ando con pos e io idad los
pac os pe inen es pa a aco da las condiciones de su educción. Al espec o, éase LÁZARO AVILA,
Ca los, ““El e o mismo bo bónico y los indígenas on e izos ame icanos”, en El e o mismo bo bónico.
Una isión in e disciplina (Agus ín Guime á Ed.), Alianza Ed. y Fund. Map e Amé ica, Mad id, 1996,
pp. 277-292.
25
p o echos que al bien espi i ual y empo al de es os Reinos se segui ían si odo
el caudal que se dis ibuye en paga soldados y en abas ece y pe echa los
ue es se aplicase a la manu ención de los indios en las Reducciones,
concluyendo que nues a de ensa se ía más igo osa y más segu a po que se
o ma ía de las Reducciones una ba e a impene able pa a los Bá ba os” (In ., .
46 .).
A pesa de sus al ibajos, el co dón educcional bajo el con ol jesui a había cons i uido
en alguna medida un mu o de con ención pa a el Chaco; as la expulsión de la Compañía
el emo a a aques median e alianzas en e los g upos había causado un au én ica
conmoción en las ciudades del Tucumán y en las explo aciones ganade as de las zonas
on e izas.
En el Tucumán colonial se man enía i a la polémica sob e e o za y man ene o no el
sis ema de o i icaciones en la on e a, al es así que a ines del pe iodo jesuí ico en un
Acue do P o incial celeb ado en Sal a, el P ocu ado de Có doba dejaba cons ancia de la
impo ancia de sos ene los cue pos de milicias y los p esidios po se indispensables pa a
la segu idad on e iza:
“Pensa que el es ablecimien o de educciones sin b azo y ue za mili a ha de
con ene a los in ieles es da asenso en con a de an o expe imen o; pues cuando
no había las milicias y p esidios que sos ienen la sisa no pedían educciones
como aho a piden los in ieles ni és as se ían de a ae a o as pues emos que
en e ellos aún unas naciones hos ilizan a o as”37.
Sin emba go, según se desp ende del in o me obispal, no sólo iba a se necesa io el
e ue zo de los ue es sino ambién el deja a los indios “a pie y sin a mas”, especialmen e
en el caso de misiones como la de los obas en Jujuy, que con aba con 300 homb es de
a mas (In ., . 53).
En el caso del Tucumán, la p esencia jesui a e a sinónimo de on e a y, como al,
ambos p oblemas se unden a la ho a de e alua , po pa e de los di e en es sec o es del
en e colonizado , la si uación on e iza. Po es o mismo la o den de ex añamien o
end á sus consecuencias en lo que se e ie e al poblamien o de las on e as dada la
dese ción de la población indígena ope ada en o ma g adual en los años siguien es a la
e apa jesuí ica, lo que pod ía implica la econs i ución de g upos de a aque a las colonias y
cie os cambios en la polí ica on e iza; es as ci cuns ancias gene a on un eplan eamien o
de la es a egia de conquis a de los pueblos del Chaco, dando p e e encia a los
asen amien os mili a es en la on e a38, como así ambién a la undación de illas o
pueblos con el ánimo de llena el hueco poblacional dejado po las ex inguidas o
decaden es misiones undadas po la Compañía.
37. Acue do P o incial. Sal a, 6 de ab il de 1767. AGI, Audiencia de Buenos Ai es, legajo 143.
38. El plan de e o zamien o de las on e as a ines del siglo XVIII no sólo apun ó al
pe eccionamien o de los es ablecimien os mili a es, subsanando la p eca iedad e insu iciencia de sus
gua niciones, sino ambién en la e ección de pequeñas illas, a los e ec os de concen a a los ecinos
dispe sos en las á eas on e izas (Relación de mé i os de D. Ra ael de Sob emon e, gobe nado
in enden e de la p o incia de Có doba del Tucumán. Mad id, 26 de oc ub e de 1796. AGI, Audiencia de
Buenos Ai es, legajo 50).
32
“...no podía auxilia me con cosa alguna, po es a en endiendo en auxilia las
educciones de los Pad es, sin da la meno p o idencia de una es, y es ando
en onces auxiliando a los indios malé olos abipones y mocobíes, hos ilizan es de
oda la P o incia con sus insul os” (In ., . 45 .).
La iqueza y p ospe idad que os en aban las misiones jesui as -según las a i maciones
del obispo- e an sin duda el mo i o undamen al que hab ía mo ido al obispado a
eclama les el pago de los diezmos po sus indios, acla ando Abad Illana que odo es o e a
“no po que enga en idia a la opulencia de es os Pad es, sino po que eo que no p oceden
secundum e i a em e angelii” (In ., . 35). Tampoco, a juicio del obispo, a los jesui as les
“inspi aba” el E angelio cuando di undían aquello de que “a los indios les en a la e po la
boca” (In ., . 12, no a al ma gen), amoso slogan que hab ía se ido pa a esal a sus
mé i os como adminis ado es. Po lo demás, es posible que los misione os de la
Compañía insis ie an en es as azones pa a jus i ica sus a anes po cimen a una p óspe a
economía en sus educciones: el misione o “no sólo ha de se doc o y imo a o sino
ambién indus ioso y económico” (Ibíd.).
El g upo de los hacendados, con un ue e peso en la economía del Tucumán colonial e
in luencia en la ida polí ica local -en la que pa icipaban ocupando pues os en los
Cabildos-, ue on enemigos decla ados de la Compañía du an e su ges ión en las on e as,
y ambién en es e caso Abad Illana sab á e leja su descon en o pa a con ibui a la
demolición del apa a o jesuí ico. El g upo de los hacendados se sen ía a ec ado en sus
in e eses po la p esencia de las misiones jesuí icas, a las que siemp e se do ó con ie as
que los misione os ap o echa on pa la explo ación de haciendas. En el caso de San iago
del Es e o, además, los p opie a ios ganade os denunciaban el pe manen e acoso de los
abipón - educidos en la misión de Concepción, en dicha ju isdicción-, que come ían “ obos
y asesina os” en sus ie as. Las malas elaciones con la ecindad on e iza ue ambién
palpable en el caso de Jujuy (cuya ju isdicción albe gaba a la misión oba, o o g upo de
los ague idos guaycu ú), en donde po añadidu a el in en o de comp a los diezmos po
pa e de la Compañía p o ocó una ue e eacción en los ecinos, quienes -de an emano
u iosos po el égimen de excepción que dis u aba la O den en lo e e en e al pago de
es e impues o- llega on a pedi exp esamen e su expulsión (In ., s. 33/33 .).
Uno de los aspec os des acados en el in o me obispal es el elacionado con la p opiedad
de e enos -gene almen e ob enidos a a és de me cedes- que o maban pa e de la
ju isdicción de cada misión. El obispo denuncia la ap opiación o adquisición de e enos
colindan es a los pueblos jesui as especialmen e en el á ea del ío Salado en Sal a, hecho
que ea i ma el p opósi o de consolida su e i o io misional, al que se alude como
“seño ío” o “g an dominio del Salado” (In ., . 15 .); lo cie o es que ue en es e á ea
donde se in en ó concen a a las di e en es educciones chaqueñas, a in de o ma un
núcleo poblacional compac o, lo que e a is o como una ba e a pa a el a ance de o as
ue zas coloniales.
Con pos e io idad a la expulsión, la mul i ud de es ancias y chac as que e an de
p opiedad de la Compañía, jun o con los sola es, colegios e iglesias es ablecidos en
di e sas ciudades del Tucumán, caye on bajo el u bio manejo de los adminis ado es de
las Tempo alidades; en es e aspec o, los es imonios de las Jun as cons i uidas en los
di e sos dominios coloniales son de sumo in e és pa a el es udio de los bienes jesui as, en

33
muchos casos obje o de un complicado p oceso de en a o subas a cuando no de
mal e sación55.
La imagen de la Compañía en el mundo colonial
Mucho an es de la expulsión exis ía ya una co ien e de opinión ad e sa a la Compañía,
a la que se adsc iben los di e en es sec o es (encomende os, o icialidad de los ue es
on e izos, cle o secula , e c.), que compe ían con ella po espacios de pode en la
on e a. Jun o a es a co ien e hos il hab ía que añadi odo un conjun o de con lic os con
la O den jesui a ocu idos en o os iempos y en di e en es pa es de Amé ica (y ambién
ue a de és a) y que, en uel os o no en mi os, subyacían en el inconcien e colec i o,
gene ando co ien es de simpa ía o de echazo. A a és del documen o analizado, la
imp esión es que la sociedad en e a se hallaba sensibilizada po la cues ión de los jesui as;
en el caso de Abad Illana, la o mación de un c i e io opues o a la Compañía se
undamen aba en la in o mación ob enida en los más di e sos en es (incluso la
p opo cionada po algún jesui a de la p ime a “ho nada”), y en su p opia expe iencia en el
obispado, ad i iendo que “no e a yo an igno an e de las cosas de es os países” (In ., . 4).
Hay ambién un conjun o de ideas an ijesuí icas, que al pa ece el in o man e ha
ecogido en sus lec u as: “en a ios papeles, ya manusc i os, ya imp esos”, en e los que
des aca los de Juan de Pala ox (In ., . 4). Es deci , no sólo se ci cunsc ibe a lo obse ado
en la p o incia y en sus educciones, sino que es ambién el peso de una adición
an ijesuí ica lo que ha con ibuido a sen a el juicio que exp esa a los comienzos de su
in o me, en lo ela i o al p opósi o de unda una mona quía: “...no pude menos de
combina odo es o con lo que me aco daba habe leído, es a sabe , que aspi aban los
Pad es Jesui as al es ablecimien o de una mona quía” (In ., s. 4/4 .).
Ese es ado de opinión ad e so hab ía es ado in luenciado ambién po las ca ac e ís icas
in ínsecas de la O den y de sus misione os; es deci , subyace en el in o me el áci o
econocimien o de cie a calidad de “le ados” a los misione os de San Ignacio, en uel os
en un halo de in elec ualidad y poseedo es de una ilus ación que en úl ima ins ancia Abad
Illana juzgaba inse ible pa a e angeliza . Así, el obispo les aconseja segui el ejemplo del
“Se á ico Pad e San F ancisco”, que en ió a sus ailes “a p edica con ob as y palab as y
más que con la elegancia de ases, exp esiones, con la humildad, modes ia y compos u a
de sus p ocede es” (In ., . 26 .). En ealidad el g ado de p epa ación in elec ual de los
misione os puede habe dado luga a la di usión de una imagen que la misma Compañía se
enca ga ía de alimen a : “Me dijo un P o incial suyo con poca e güenza que su Religión
55. En es e aspec o se ía de sumo in e és ealiza el seguimien o de la ac uación de las Jun as de
Tempo alidades en lo que espec a a la subas a del ganado de las es ancias de la Compañía o de los
e enos de las mismas, pa a de e mina la incidencia que u ie on en la e olución de la p opiedad u al
ex ensa en las á eas on e izas al inal del pe iodo colonial. En el caso de la ju isdicción de San Miguel,
po ejemplo, se encuen an documen os ela i os a la en a y subas a de ganado de las es ancias jesuí icas
como así ambién de la subdi isión de las ie as lab an ías pa a se bene iciadas po los ecinos “pob es”
a censo pe pe uo (Documen os coloniales ela i os a los Jesui as. Siglo XVIII. Tomo I (1994) y II (1996).
Publicaciones del A chi o His ó ico de Tucumán, Tucumán.
34
no e a como las o as en que había paja, po que en la Compañía odo e a g ano pu o y
escogido” (In ., . 39 .).
Sin emba go, ese ca ác e de “ilus ada”, ma cado po la sólida o mación humanis a de
sus miemb os, le había alido a la Compañía la con ianza de la Co ona pa a encomenda le
la a ea de “adelan a ” la conquis a en cie os e i o ios en los que no se a en u aban las
hues es. Como esul ado de ello, los misione os explo a on muchas egiones
comple amen e igno as, le an ando mapas y elabo ando in o mes y comple ísimas
c ónicas en las que se a aban an o los aspec os geog á icos y na u ales como la ida de
los pueblos indígenas56. El mismo obispo les econoce no sólo esa condición de “pe i os”
(In ., . 21 .) sino ambién la de “homb es an hábiles y an despie os e in épidos” (In ., .
21), lo que en el caso de las á eas que in e esan en el p esen e es udio, se anslucía en un
conocimien o del e i o io chaqueño, de sus ías na egables y de sus posibilidades como
zona de enlace en e las p o incias del Tucumán y Pa aguay. Un comen a io del obispo
nos pe mi e cons a a es a pe icia, p ecisamen e en ocasión de la “en ada” hecha po un
pad e jesui a al Chaco poco an es de la expulsión, expedición de la que ol ió “ ayendo
una muy pun ual desc ipción de odo el e i o io que hay desde es a P o incia [el
Tucumán] has a la del Pa aguay” (In ., . 59 .).
De modo pa alelo al aniquilamien o del p es igio adqui ido po la Compañía como
“adelan ada” en la explo ación de e i o ios, el obispo in en a á de iba su exclusi ismo
en el e eno de la con e sión de indígenas. Pa a ello, des aca los mé i os de los
anciscanos y demues a con múl iples ejemplos ex aidos de la educción de Pe acas, el
buen desempeño de los clé igos y las maniob as de los jesui as pa a a eba a a és os y a
o as ó denes la adminis ación de las misiones: “No o io es la [sic] ansia de es os Pad es a
ene educciones y a ene las ellos solos, pues ellos solos se juzgan po idóneos pa a
con e i a los indios” (In ., . 44).
El obispo con apone a la an di undida idea de la e iciencia de los misione os jesui as
la ac uación de los clé igos que es u ie on al en e de misiones que luego pasa on a
manos de la Compañía, como ue el ci ado caso de la educción ilela de Pe acas57, de la
que dice habe es ado
“bajo de la enseñanza de unos buenos clé igos, que cie amen e e idencia on no
se los Pad es Jesui as, como ellos han blasonado más de una ez, los únicos
ob e os que des inó el Pad e de amilias pa a el cul i o de es a iña” (In ., . 8 .).
56. Así lo a es igüa la amplia p oducción jesuí ica de c ónicas ela i as a los más di e sos pueblos
ame icanos, acompañadas de es udios sob e el ámbi o na u al y la elabo ación de g amá icas y
dicciona ios de los idiomas na i os. Desde el pun o de is a es a égico, el le an amien o de una nu ida
ca og a ía no cabe duda que signi icó un alioso ins umen o pa a la Co ona y los gobie nos indianos;
espec o del á ea jesuí ica que nos ocupa en lo que espec a al medio na u al y a la p oducción
ca og á ica, éase SÁINZ OLLERO, Héc o y o os, José Sánchez Lab ado y los na u alis as jesui as
del Río de la Pla a, MOPU, Mad id, 1989.
57. La educción ilela de Pe acas es u o adminis ada po clé igos y bajo el con ol di ec o del
obispado has a el año de 1757, echa en que el an eceso de Abad Illana la en egó a los jesui as, quienes,
a su ez, la aslada on en 1761 a o illas del Salado, en la ju isdicción de Sal a.
35
En lo que espec a a la misión e angelizado a cumplida po la O den, hemos is o al
a a de la cu a de almas cómo el conjun o de acusaciones e idas en es e e eno enía
po in des e a la idea del éxi o misione o de la Compañía. El caó ico cuad o azado po
el obispo en lo que incumbe a la ca equización de los chaqueños educidos, se
complemen a con la p esen ación de un pano ama nada halagüeño de las educciones en
cuan o a la asimilación de los indígenas a la ida colonial y al pelig o que implicaban pa a
la segu idad on e iza.
Abad Illana menciona ecu en emen e el pode que llegó a concen a la Compañía en
sus manos, plan eándolo como una ealidad que soca aba el pode eal en las colonias;
habiendo denunciado p e iamen e la celosa de ensa que hicie on los Pad es de sus
educidos, en el caso de los obas de San Ignacio, po ejemplo, sus acciones con a las
posesiones coloniales, el “daño” que eje cían y que podía “acaba ” con la p o incia, casi
pod ía pa ece una me á o a, una elada acusación a los in en os “desin eg ado es” de la
Compañía de Jesús.
La si uación p i ilegiada de que gozaba la Compañía explicaba a juicio del obispo el
emo que había conseguido in undi en el gobie no y en la sociedad del Tucumán. En es e
aspec o, hay con inuas e e encias al sojuzgamien o de obispos y gobe nado es y ambién
el in lujo eje cido po los pad es en e algunos mili a es de las on e as; con ello Abad
Illana log a inalmen e esboza la idea de una ins i ución ansiosa de pode has a aya en la
i anía y p o oca el miedo en quienes se nega an a acep a sus designios. Los misione os
habían hecho gala de es e “despo ismo” e incluso habían log ado impone su au o idad en
momen os an di íciles como cuando se ejecu aba la expulsión; según el obispo,
“siendo lle ados a sus des inos, e an sob emane a moles os a sus conduc o es, y
como en las gen es de que se había de ale el gobie no pa a su conducción es á
an a aigado el miedo del dominio jesuí ico, así los obedecían como si
es u ie an en el auge de su p ospe idad” (In ., . 37).
Al habla de “miedo” y “ emo ” de la sociedad hacia los jesui as, Abad Illana quie e
ambién mella su ama como e angelizado es de indios, denunciando que odo cuan o
log aban como p ebendas, cuando no lo conseguían po la “a ición” que les enían algunos
e a ob enido en i ud del emo que inspi aban en o os (In ., . 6 .). La isión de los
pad es jesui as como unos au én icos “ i anos” a cuyos pedidos había que accede pa a
e i a su enemis ad, pod ía comple a es e cuad o nega i o; es as ap eciaciones sugie en de
modo áci o que amén de es os “ icios” de los misione os se debía con a con el pelig o de
su exis encia misma en la on e a, al en e de los chaqueños educidos, p egun ándose el
obispo: “¿Tiene la Compañía en su pode al Chaco pa a hace nos gue a po medio suyo si
en odo no asen imos a su benepláci o?” (In ., . 13 .).
Abad Illana se es ue za po mos a se como homb e cla i iden e, que supo de ec a las
maquinaciones de los jesui as, y ambién como un g an conocedo de la ealidad
ucumana, más conc e amen e de su obispado: “Mas no e a yo an igno an e de las cosas
de es os países, como me ep esen a ía el se an ecién enido a ellos” (In ., . 4). Todo
ello le había pe mi ido islumb a que es aban dadas las condiciones pa a la del “impe io
jesuí ico” ( . 4 .).
36
A pesa de la animad e sión c eada con a la Compañía y de la mala p opaganda de sus
enemigos, lo cie o es que dicha O den se había consag ado como ins i ución pun e a en la
e angelización en Amé ica. Po lo demás, con aban con la adhesión de di e sos sec o es
den o del mundo colonial y po es a azón no ue poca la conmoción que p odujo en el
Tucumán la o den de ex añamien o, muy bien ejempli icada po el obispo, cuando
exp esa que as la medida habían quedado “el Gobie no así eclesiás ico como polí ico
expues o cuando menos a los dic e ios de los Jesui as y a los sen imien os que su
pe nicioso in lujo había de causa en los c iollos” (In ., . 49 .). Po lo demás, los
es imonios con a ios a la Compañía, que Abad Illana dice habe ecogido en e los más
di e sos es amen os del mundo colonial, debían habe ope ado como el umo que co e
“boca a boca”, sal o con adas excepciones en la que los au o es de denuncias se hab ían
animado a exp esa las po esc i o. Es o es lo que nos da a en ende el dic amen dado po el
Consejo de Indias en elación a los in o mes solici ados a ecinos del Tucumán sob e el
p oblema chaqueño; en al ocasión, comen ando la decla ación ealizada po el co onel del
egimien o de milicias de Có doba, don Manuel de Cas o, que c i icaba la “con emplación
con que se ha manejado y maneja a los Pad es de la Compañía, quienes absolu amen e han
dominado a los gobe nado es, cabildos y jus icias sin que sin iesen oposición alguna”58, el
iscal de aquel o ganismo me opoli ano des acaba los mé i os de las p opues as
o muladas po el ci ado mili a pa a soluciona el p oblema chaqueño, y el hecho de habe
hablado sin apujos de “los emba azos y es o bos que siemp e han medi ado y medi a ían
los Regula es de la Compañía pa a que u iese e ec o la educción del Chaco”59. Las
denuncias con enidas en el in o me de Cas o le con e ían un g an alo es imonial, pues o
que había sido esc i o en un iempo “en que no e a muy común es e modo de habla aun en
aquello mismo que se sen ía sob e la conduc a de los mencionados pad es”60.
En lo que espec a a la imagen p oyec ada po la Compañía en su la ga ayec o ia
en e a las educciones indígenas de Amé ica, el obispo pone e dade o én asis en
des aca la impo ancia del acopio de no icias p ac icadas po él mismo, que co obo aban
ampliamen e los desleales p opósi os jesuí icos de p e ende unda su p opio “ eino” en
los dominios de la Co ona española; en es e aspec o, el in o me no se cons iñe al ámbi o
ucumano sino que p esen a cie a dimensión ame icana que pe mi e da mayo
con undencia a sus hipó esis an ijesui as.
Po úl imo, son dignos de des aca cie os comen a ios obispales que ansmi en con
espec o a la Compañía la idea de encon a nos en e a una p esencia “an inacional” si se
quie e, un bloque di e enciado y hos il den o de los p opios dominios de la mona quía
hispana, cuyos in e eses no se iden i ican con los de los españoles, ahondando el abismo
58. Au os ... [no a 9].
59. Opinión del iscal sob e el in o me e ec uado po Manuel de Cas o, co onel del egimien o de
milicias de Có doba del Tucumán. Mad id, 7 de ma zo de 1772. AGI, Audiencia de Buenos Ai es, legajo
244.
60. Ibídem.
37
que les sepa a del es o de la sociedad colonizado a61. En di e sos comen a ios del obispo
ace ca de la ac uación misione a de los jesui as, cualquie a sea el ema de que se a e,
puede ap ecia se esa di e enciación de bloques, un si ua se en el Noso os (los españoles)
en e a los O os (los jesui as); como mues a enemos los comen a ios del obispo sob e
los a aques abipones a los es ablecimien os on e izos, diciendo que “ odo es o lo mi an
con indolencia los Pad es, y [¿] lo hemos de e con indi e encia los Españoles?” (In ., .
19) [el sub ayado es nues o].
En buena medida el p oblema de la on e a había susci ado la o mación de bandos p o
y an i jesui as, ya sea po que e dade amen e se acusaban los golpes de los guaycu ú
educidos en las posesiones coloniales, o po que se quisiese u iliza la p oblemá ica
on e iza como he amien a pa a desac edi a a los misione os. En es e sen ido, ue on
quizá los je es mili a es de las on e as o algunos ecinos con explo aciones ganade as en
dichas zonas quienes más con ibuye on a di undi no icias nega i as espec o de la
Compañía, especialmen e en lo que se e ie e a la insubo dinación de g upos como los oba
o abipón. Así po ejemplo, un ecino de Có doba no sólo se mani es aba pa ida io de
epa i la “chusma” que se saca e de dicho e i o io sino ambién de que se suje ase a los
educidos cambiándolos de si io, “pues los Pad es Jesui as que cuidan de ellos no sólo han
omi ido con ene los, sino que an es lo omen an y de ienden”62.
Es p obable que el obispo haya es ado en conocimien o de es imonios como és e,
p oceden es de los sec o es que ac uaban di ec amen e en las on e as, a los e ec os de
p epa a su g an alega o con a los jesui as, como así ambién que uese acopiando a lo
la go de los años de su ges ión obispal odo un co pus de no icias, umo es, esc i os, e c.,
ace ca de los p opósi os que alen aba la Compañía en Amé ica. En el caso de Abad Illana
hay una mención exp esa a las uen es que alimen an sus hipó esis con a ias a los jesui as,
como así ambién a las conclusiones sacadas de su p opia expe iencia (In ., s. 4/4 .)63. El
cúmulo de acusaciones e idas con a la O den jesui a bien pod ía cons i ui oda una
p oducción “en cadena”, en la que los in o man es se ci an unos a o os (sin que
necesa iamen e se den nomb es), median e la acla ación de que se a a de “in o mes y
elaciones de pe sonas idedignas”64. Todo ello con ibuyó sin duda a abona el e eno
pa a ex ende la “imagen del u u o impe io jesuí ico” (In ., . 4 .) y consolida la co ien e
oposi o a a la Compañía, que acoge ía con benepláci o su ex añamien o.
61. MARTÍNEZ MOYA, ob. ci . Es e au o des aca la incidencia de es a ci cuns ancia en el apo e
en iquecedo que signi icó la p esencia de misione os de di e en es nacionalidades en el p oyec o
educcional jesuí ico (p. 25).
62. Au os ... [no a 9].
63. Al igual que el obispo, o os in o man es aluden a es e conocimien o pe sonal que les ac edi a
como po a oces legí imos pa a p opaga lo ne as o de la ob a jesuí ica en las on e as, acla ando, como
en el caso del ci ado Manuel de Cas o, que odas las alencias obse adas en los pueblos on e izos le
cons aban “po p opia ciencia” (Au os... [no a 9]).
64. Ibídem.

38
CONCLUSIONES
En el p esen e abajo hemos a ado de p esen a algunos de los aspec os de la
ac uación de la Compañía de Jesús en e a los g upos é nicos chaqueños educidos en la
on e a o ien al del Tucumán, como así ambién el impac o que u o en la misma la o den
de expulsión de 1767. Quedan aún muchos aspec os po abo da pa a medi los e dade os
alcances de es a medida de ex añamien o en el co dón misione o undado en los con ines
o ien ales del Tucumán y en el conjun o de ciudades que in eg aban es a gobe nación en el
siglo XVIII, lo cual cons i uye sin duda un e dade o desa ío pa a abo da nue as
in es igaciones65.
En lo que espec a a la e olución on e iza, puede conclui se que la p esencia de la
Compañía, a la que se le había dado amplios pode es pa a adminis a los pueblos
undados con los chaqueños educidos en los con ines del Tucumán, e a incompa ible con
el p oyec o ilus ado de Ca los III. La in e ención jesuí ica en una p ime a e apa de
colonización del Chaco -en e 1700 y 1767- había pe mi ido con o ma una on e a
indígena, ep esen ada po el conjun o de pueblos es ablecidos as las campañas mili a es
o ganizadas desde el Tucumán; las peculia idades del p og ama e angelizado de la
Compañía no a da on en con e i es a on e a en un á ea que quedaba ue a del con ol
del es o de las ue zas colonizado as. En es e sen ido, el balance p esen ado po Abad
Illana espec o del es ado de las educciones de la on e a, con ibuye a undamen a su
hipó esis del “ eino” jesuí ico; así queda plan eado al en a iza el in o me sob e la
exis encia de un conjun o misional bajo el dominio exclusi o de la Compañía e in eg ado
po indios gue e os do ados con medios bélicos p opios, y cuya sola p esencia
ep esen aba más un ac o de ines abilidad que un esgua do de la on e a, al como se
había p e endido en la es a egia de conquis a chaqueña. Así pues, den o de la pe spec i a
impe ial bo bónica, la si uación gene ada en el Tucumán y epe ida con asgos más o
menos simila es en o os á eas on e izas de la Amé ica hispana, ma caba la exis encia de
unas on e as jesuí icas que a en aban con a la in eg idad de los dominios eales.
Po lo demás, la pa ida de los jesui as p odujo el debili amien o del sis ema
educcional, obligando a un eplan eamien o de la polí ica de poblamien o on e izo, que
has a en onces había descansado exclusi amen e en el man enimien o de un co dón
educcional bajo el ampa o de los es ablecimien os mili a es undados en sus ce canías.
En sín esis, el es imonio analizado bien pod ía de ini se como una suma colosal de
a gumen os pa a de iba el p es igio de la O den jesui a, deja bien sen ada la ine icacia de
65. Jun o a los aspec os económicos que señalábamos con an e io idad, median e el es udio de la
documen ación o iginada po la ac uación de las Jun as de Tempo alidades en el ámbi o del Tucumán,
pod ían dilucida se ambién, po ejemplo, cie os aspec os elacionados con los cambios en los
lineamien os educa i os o con el u u o de los idiomas na i os (sis ema izados po los jesui as en
g amá icas y dicciona ios) en las pos ime ías del pe iodo colonial, según queda suge ido en algunos
es imonios que hablan de la ecogida de los lib os de “doc inas laxas” y de los dicciona ios “de lenguas
de Indios” de las lib e ías de los Colegios de la Compañía (Documen os Coloniales, ob. ci ., Tomo I, p.
52); o bien de e mina la con inuidad de las dispu as en e el cle o egula ( anciscanos, dominicos) y el
secula a aíz de las donaciones de bienes de los jesui as (Ibíd., pp. 119 y 145).
39
su modelo educcional pa a la sujeción de la población chaqueña conquis ada y jus i ica
su ex añamien o en a as de la sobe anía del ey de España. A lo la go del documen o
analizado se obse a que en la agi ada polémica susci ada en el mundo colonial en o no a
la ac uación jesuí ica, sus de ac o es y en nues o caso el obispo Abad Illana, enían
siemp e a la mano la acusación de las ambiciones “impe iales” de la Compañía, a aque al
que los hijos de San Ignacio espondían a su ez ena bolando lo que en é minos ac uales
pod ía designa se como la eo ía de la conspi ación; así pa ecen indica lo sus quejas
ei e adas ace ca de las in igas ejidas en su con a, de la en idia que despe aban sus
p og esos o po el cues ionamien o a la legi imidad de su pa imonio. En pa e ambién,
una his o ia de obsesiones compa idas en el canden e ma co de las on e as.
Bea iz Vi a
40
INFORME DE LA VISITA PRACTICADA POR EL OBISPO MANUEL
ABAD ILLANA A LA PROVINCIA DEL TUCUMÁN Y MISIONES DE
LA FRONTERA DEL CHACO66
Seño
El año de 1765, a cua o de junio, salí de Có doba a isi a el Obispado que po
medio de V.M. ió el Al ísimo a mi cuidado. Él, Seño , es an as o, que habiendo medido
con el cu so de mi isi a más de 1200 leguas, aún me al a mucho e eno que medi .
Visi ado he lo p incipal de es a P o incia, po que he es ado en las sie e ciudades de que se
compone. És as son Có doba, Sal a, Tucumán, Rioja, Ca ama ca, Jujuy y San iago del
Es e o, y se ían nue e, a no habe se des uido con la iolencia de un e emo o el año de
1682 la ciudad que llamaban Tala e a de Mad id o Tala e a del Es eco, y habe se pe dido
la memo ia de o a que llamaban el año de 1597 la Nue a Mad id de las Jun as. De la
p ime a aún se mi an con ho o algunos oscu os es igios que la mani ies an sepul ada en
sus uinas, y du a con uno y o o nomb e en la leyenda del seño San F ancisco Solano,
nues o Após ol. La segunda ha sido an in eliz que siendo des inada po un Concilio
Diocesano pa a asien o del Real Semina io po es a en medio de la P o incia, no he
podido halla no icia ni de su si io ni de su pa ade o. Asola íanla los indios en algunas de
las muchas incu siones con que han in es ado es a pob e P o incia. En el sínodo que se
celeb ó en el año de 1597 pa ecen los P ocu ado es de odas es as ciudades menos el de
Ca ama ca, ciudad que se o mó de los ecinos de o a llamada Lond es, o po que la
des uye on, o po que huyendo de los Indios la desampa a on sus mo ado es. Tengo po
muy cie o que ni la nue a Ca ama ca ni la an igua Lond es se habían undado en el año en
que se celeb ó el Sínodo, y po consiguien e no se la que en él se llama Nue a Mad id,
po no con eni la las señas de és a. De odas las ciudades que hoy pe manecen, sólo dos lo
pa ecen, y son Sal a, donde eside ues o Gobe nado , y Có doba, donde ienen su asien o
los Obispos. De las cinco es an es unas pa ece que comienzan y o as ienen aza de
acaba se. Las de Jujuy y Tucumán an aumen ándose con muy decen es edi icios. Las de
San iago, Rioja y Ca ama ca son como las aldeas de España algo populosas. Gene almen e
[ . 1] es pob e es a P o incia y su mayo iqueza consis e en el a o de mulas que se lle an
odos los años al Pe ú, y si se de e minase que del Pe ú iniesen acá po las mulas y no las
lle asen allá los na u ales, c eo, Seño se nos segui ía un g an p o echo, así en la Hacienda
como en la conciencia. En la Hacienda po que la pé dida del mucho ganado que pe ece en
camino an la go y áspe o, se ía a cuen a de los pe uanos y no de los ucumanes, y és os no
emp endiendo iajes que les ausen an po mucho iempo de sus casas, no deja án expues a
su amilia a los pe juicios que ae consigo el libe inaje del país. Y ea V.M. si e i ados
és os, se ía u ilizada la conciencia. Po eso un an eceso mío omó muy se ias p o idencias
pa a que los indios de Sal a no uesen lle ando mulas al Pe ú, sin que se asegu ase su
uel a a es a P o incia pa a cuida de sus muje es y amilias. Pe o dejado es o pa a
después.
66 A chi o Gene al de Indias. Sección Audiencia de Buenos Ai es, legajo 614.
41
Toda es a P o incia, Seño , es muy pob e, pues siendo an dila ada no llega su en a
decimal a seis mil pesos, como e idencia la p o a a que de sus diezmos se emi ió a V.M.
a p incipios de es e año de 1767, aunque si el plei o que sob e es a ma e ia han en ablado
algunas Iglesias y Obispos de es os Reinos se sen enciase como acá co en oces, se ía la
en a de es e Obispado capaz de da al Obispo algún ensanche, pa a que pueda dila a más
su co azón en bene icio de los pob es.
Yo, Seño , no sien o que el Obispado sea pob e, pues no le admi í po pingüe sino
po que así mi supe io como o as pe sonas de dis inción y de i ud me pe suadie on le
admi iese. Lo que sien o es la suma di icul ad de adminis a le según la desc ipción
geog á ica que de odo él me dio un ecino de es a P o incia ins uido de su p opia
expe iencia. Tiene, subiendo de su a no e, más de cua ocien as leguas que co en desde
los con ines del Obispado de Buenos Ai es has a los del A zobispado de los Cha cas po
odo el camino que a desde es as P o incias al Pe ú. Es o solo da ía mucho quehace al
Obispo, si sólo hubie a de anda en de echu a po dicho espacio de ie a, po se an llana
y acomodada pa a camina , que son muy pocas las leguas po donde no pueden anda
ca e as, ca e ones, coches y calesas; pe o habiendo de declina de los luga es que es án en
el Camino Real del Pe ú, ya a la de echa del es e, ya a la [ . 1 .] sinies a al oes e, se
aumen a mucho la moles ia de la isi a, po que declinando al es e, hay que en a en la
educción de los Abipones que dis a de la ciudad de Có doba más de 50 leguas, y después
pocas leguas más a iba se pasa el ío Dulce, declinando siemp e a la de echa del Camino
Real, pa a isi a los cu a os de Sala ina, Guañagas a y Ma a á, los que de ida y uel a
consumi án casi 60 leguas. Las educciones del Salado, que es án más a iba de San
Miguel de Tucumán al es e de dicho camino, ocupan más de 60 leguas de la go a la o illa
de un caudaloso ío que llaman el Salado, y obligando la pos u a e incomodidad del e eno
a emp ende el iaje de ellas po la pa e de a iba casi 30 leguas más abajo de la ciudad de
Sal a, causa on al Obispo la moles ia de dobla el camino que se á de 120 leguas poco más
o menos. En anda odos es os g andes espacios y llega a la ciudad de Sal a, y isi a las
ciudades de San iago y Tucumán y odos los cu a os de sus ju isdicciones, gas é casi cinco
meses. No dejé incón que no iese ni capilla que no egis ase. En odas ellas celeb aba el
san o sac i icio de la misa en p esencia de Indios y Españoles: jamás me he dispensado de
p edica la palab a di ina, sin más es udio (no e a posible o o) que las no icias que iba
adqui iendo de los icios dominan es en aquel país y de los abusos en él in oducidos
con a las leyes de Dios y de la Iglesia: adminis aba el sac amen o de la Con i mación a
los pá ulos y en muchas pa es a pe sonas de edad bien a anzada, po no habe podido
mis an eceso es pene a las, y aún p ac icaba es os eje cicios en despoblado, con i mando
y p edicando en los bosques y en las campañas a los muchos Indios y Españoles que de sus
cháca as y es ancias iban a con i ma se a los caminos. Son muchos los días que p ediqué y
con i mé es eces al día po sa is ace la necesidad de mis o ejas. Decía yo alguna ez
con mi Seño Jesuc is o: si dimise o eos jejunos, de icien in ia. Po eso les adminis aba
aquel pas o espi i ual de que enseñado po expe iencia conocía necesi aban sus almas. Y
no digo es o, Seño , po alabanza p opia, po que qué sé yo si odo es o que hace algún
uido y me ha cos ado no poco abajo, ale algo en la p esencia de Dios: qui solus in ue u
co . Dígolo po que sepa V.M. que he p ocu ado desca ga su eal conciencia en la
ins ucción de es os sus pob es asallos. Ojalá la hubiese podido desca ga en o os
enca gos de su c is iano y ca ólico celo. Y po más mue as que es as mis ob as sean en el
48
ín insecamen e malo da ue a del pelig o de mue e el bau ismo a es os niños,
p esupues o odo lo dicho, como si un c is iano bau izase a los niños hijos de los mo os
que es án en Be be ía, dejándolos allá en e pad es in ieles, aunque és os consin iesen po
algún espe o en el Bau ismo de sus hijos, en endiendo que después los habían de pe e i .
Y es a e iguada cosa que es e c is iano peca ía mo almen e, no po hace inju ia, no a los
pad es que consien en en ello, sino po la inju ia que se hace al Sac amen o y a la e, dando
el bau ismo con an e iden e pelig o". [No a al ma gen: Véase en la ida del a zobispo de
Valencia don Juan de Ribe a, olio 390.]
11.El caso, Seño , si no es el mismo, le es muy pa ecido. Es os indios ienen libe ad
pa a i se ie a aden o: cuando se an, lle an consigo sus amilias, y yéndose a i i con
sus hijos en donde és os no engan más doc ina que el mal ejemplo de sus pad es,
pa ien es, deudos y paisanos, es mo almen e necesa io que los que es u iesen algo
ins uidos lo ol iden, y los que no ue on allá enseñados, nada ap endan. Siendo pues es o
así, ¿qué eología cohones a á el bau ismo de unos pá ulos, aunque a él lo o ezcan sus
pad es, si mañana han de i i como in ieles? [No a al ma gen: Po es o he mandado al
cu a nue o no bau ice a indio alguno sin asegu a se de que quedándose en la educción, se
log a á en él el u o del san o bau ismo].
12.Di íase que no co e es a doc ina con los que es ando en pelig o de mue e se
bau izan. Es á bien pe o, ¿po es o se han de ole a los homicidios de an os indi iduos
inocen es, como asesinan los Abipones? ¿Hemos de ab iga en nues o seno a unos
homb es an ajenos de oda humanidad, que qui an hon as, idas y haciendas a los mismos
con quienes es ablecie on la paz pa a pone se en educción? Non sun acienda mala unde
p o enian bona. Y es a pe misión en el gobie no que es á obligado a de ende las idas de
los súbdi os, es una exec able iniquidad.
13.Luego han sido odos los gobe nado es delincuen es. Si es a consecuencia se hubie a
[ . 7] de pone en ela de juicio, di íamos con el Após ol: empus es , u incipia judicium a
domo Dei. O os p ime o que los Gobe nado es habían de se esidenciados, po que debían
habe enido más limpios ojos y menos espe os. Pe o no obs an e niego la consecuencia:
los Gobe nado es e ían acaso imposible el emedio, y su p udencia les dic a ía el
disimulo. Vengan los Gobe nado es, me dijo un Pad e, y cas íguenlos, po que noso os no
lo hemos de esis i . Bien cie o es que no lo esis i ían con ob as, aunque no dejan de se
alguna esis encia las palab as con que ponde an el alo y co aje de sus indios. Pe o la
ci ada esis encia, Seño , de su au o idad, es supe io a odo el pode de ues os
Gobe nado es. [No a al ma gen: Sé de pe sonas idedignas que un Gobe nado los
condenó a se degollados: pe o los b íos que hubo pa a da la sen encia al a on pa a
ejecu a la].
14.Dícese en es as pa es, que saliendo un caballe o de Buenos Ai es a gue ea a los
indios Pampas que in es an la coma ca de dicha ciudad, se deshizo una educción que

49
gobe naban los Pad es Jesui as, o po que el caballe o en ol ió injus amen e a los
educidos con los bá ba os, o po que u o jus as causas pa a des ui los (dícese que las
hubo), o po que los indios de la educción, a ío e uel o (como suele deci se), pesca on la
libe ad de que se juzga ían p i ados. Pues co ió en onces la oz, y se ha ido de pad es a
hijos p opagando de que a es e caballe o, que pa ecía digno de p emio po sus buenos
se icios, mul ó la Co e en muchos pesos po quejas que les die on los Pad es Jesui as.
15. Es o no puedo asegu a que sea e dad, pe o su ap ensión, o alsa o e dade a,
puede se p incipio de muy unes as consecuencias. Acaso se hab án seguido ya. Demos
que a es os indios quie a con ene un Gobe nado celoso, y que no pudiendo ellos esis i
ni que iendo suje a se, deshagan la educción, yéndose ie a aden o. ¿Se á, sucedido es o,
imposible que los Pad es, idóla as de sus educciones, es ue cen odo el ne io de su
elocuencia con a un Gobe nado que, siendo c is iano, echó a pe de el u o que en la
educción de aquellos bá ba os iba cogiendo la p eciosísima sang e de C is o?[ . 7 .]
Y si es as quejas log aban acep ación en los oídos piadosos de un Rey ca ólico, ¿qué
pod ía espe a el mise able Gobe nado de un mona ca empeñado en enga las inju ias,
que en onces se abul a ían, hechas al sobe ano empe ado de cielo y ie a?
Ve dade amen e, Seño , aquí el miedo cae ía en a ón cons an e, po que ¿quién lo se ía
an o, que enga b íos pa a abandona sus o unas y educi se de unas medianas
con eniencias a una suma mise ia?
Aún a mí, que po la dignación de V.M. he subido adonde no me podían le an a mis
mé i os y de donde no es muy egula de iba me, me causa no pequeños sus os es e
in o me. Pe o me compele la hon a de Dios y el se icio de V.M. a a opella es os miedos.
Lo que aquí se dice y se oye de la agedia de An eque a, puede a ed a el alo más
in épido. Un ánimo poseído del miedo es á muy p óximo a juzga imposible lo que sólo es
en ealidad a duo y di ícil, y aún cuando sólo se mi e como di ícil una emp esa, no son
muchos, no, los que la hacen ca a.
16.Ya, Seño , lo dice mi clé igo, pues asegu a que los indios con el í ulo de que son de
la educción, se quedan sin enmienda, aunque se hallen en sus anchos las alhajas de los
que ma a on.
A es o me dio sa is acción, sin pedí sela, su pad e doc ine o. Oíla, y no pude menos de
sospecha que en la disculpa con que de endía a sus indios había mucho de a i icio.
Re e íame las calumnias de los san iagueños con a sus Abipones y las concluyó con es a
cláusula: Seño , sob e que se ha dicho que en es e cua o (señaló uno inco po ado en su
aposen o) es u ie on gua dados los despojos que qui a on los indios a los mue os. No
quie o a a de men i oso al Pad e: más buena opinión engo de él, pe o un ánimo
apasionado ácilmen e alucina el más despejado en endimien o. Pudo alguno e e i la
especie, según salió de la boca del Pad e, pe o de ese modo a nadie la he oído, ni an es ni
después. Ni la c ee ía aunque la oyese, po que ¿quién había de c ee que un eligioso uese
encub ido de lad ones?
50
¿Qué sé yo si me quisie on pin a las [ . 8] calumnias de los san iagueños con ales
colo es que me las igu asen in e isímiles [sic] e imp obables? Los ecinos y coma canos
de San iago sólo dicen lo que e ie e mi clé igo, las imándose él y ellos de que el pode y
au o idad de los Pad es cada día imposibili aba más el emedio y bien común, conociendo
que V.M. no es sabedo de sus males. Dígales, Seño , pues implo an po medio de es e
indigno pas o su eal piedad y ampa o.
17.Las seis educciones que en lenguaje de es e País se llaman las Pe acas, Gualpoleme
o Ba olomé, Macapillo, Valbuena, los Omoampas y Mi a lo es, son las mismas que,
como queda dicho en el núme o segundo, ocupan po espacio de más de cincuen a leguas
las má genes del ío Salado. Suelen da las los Jesui as o os nomb es. Nada ienen de
magní ico ni sun uoso en sus edi icios es as educciones. En ando en una de ellas que po
ecién undada es de las más pob es, me dijo el Supe io de odas, homb e de g ande
espí i u: sob e unas casas pajizas se le an ó la g andeza de Roma. No se desp ecie, Seño ,
es e dicho, po que es hijo de muy sublimes pensamien os.
18.Todas es as educciones isi é; mas no quie o deci lo que obse é, mejo lo di án
los e ec os. Los indios ilelas, mo ado es de la p ime a educción llamada las Pe acas,
es u ie on po los años de 1750 bajo de la enseñanza de buenos clé igos que cie amen e
e idencia on no se los Pad es Jesui as, como ellos han blasonado más de una ez, los
únicos ob e os que des inó el Pad e de amilias pa a el cul i o de es a iña. Pues es os
indios ilelas el año p óximo pasado de 1766 se albo o a on, y ue necesa io a ues o
Gobe nado del Tucumán en ia gen e de gue a a sosega los. Es o me ha causado mucho
dolo , y és e se me o igina de o o más ace bo, po que sé que habiendo omado muy a su
ca go mis clé igos la con e sión de és os y desempeñándola con celo muy digno de su
es ado, les qui ó mi an eceso la educción y la en egó a los Pad es Jesui as. Bajo de la
di ección de és os ha sucedido el albo o o de los indios y acaso no hubie a sucedido bajo
de la de los clé igos. Es o no al a á [ . 8 .] quien lo sospeche. Yo no lo sospecho, mas
ampoco lo a i mo po que no soy p o e a pa a sabe lo que se ía.
Óigame V.M. aho a lo que de o as dos educciones me esc ibió ues o Gobe nado de
Tucumán en ca a de 31 de mayo de 1766. "Lo que debo sen i (dice) y sien o mucho es
que los indios chunupís de la educción Ba olomé, que es aba a ca go del pad e Tomás
Bo ego, la han desampa ado, e i ándose a los mon es, sin emba go de habe despachado
a mi enien e Toledo a que los sosegase. Lo mismo casi han hecho los Pasainés de San
Nicolás de Macapillo adonde sólo ha quedado Colompo (indio in iel) con sus pa ien es,
según ca a que me esc ibió don Gab iel A ias Velázquez (comandan e de la on e a) y
aho a expe imen o lo que muchas eces he oído a V.S.J., que la con e sión de es os
in ieles ha de se más ob a de Dios que de la indus ia de los homb es".
20.Es o me esc ibió ues o Gobe nado el año pasado de 1766, a 31 de mayo, y en
diciemb e del mismo año me dijo su enien e Toledo que emía una in asión sob e nues as
on e as, y que los que la a i aban y es imulaban e an los mismos que me esc ibe su
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Gobe nado habe desampa ado las educciones. Ya es amos en el año de 1767, aunque a
los p incipios, y se han e i icado nues os miedos, po que los mencionados indios se
p esen a on de gue a a uno de nues os ue es, y aunque según he oído ue on echazados
con pé dida de algunos ganados que nos lle aban y se les ol ie on a qui a , con odo eso
pusie on en cons e nación a la coma ca, emiéndose que es a p ime a chispa, aunque
apagada, uese p incipio de mayo es incendios.
21.De modo que habiendo es os indios es ablecido paces con noso os, y habiendo
comido a nues a cos a, aho a nos hacen gue a, y si po se ellos pocos, no nos la pueden
hace muy sang ien a, acaso ha án liga con los del Chaco pa a gue ea nos unos y o os
con muchas en ajas, po que es os indios ugi i os son muy p ác icos de nues a ie a, y
po es a c iados en los campos, saben mejo que noso os las en adas y salidas. [Al
ma gen: No a a la palab a Liga: ya la ienen hecha, pues los capi anes y je es de la on e a
a ibuyen la in asión no sólo a los indios de las educciones, sino ambién a o os enidos
de lo in e io del Chaco, o ie a aden o, llamados Moco ís]. [ . 9].
[¿] Que á pues V.M. que con an a cos a de su Real Hacienda, como es no o io, se
man engan unas educciones que sólo si en de ab igo a unos bá ba os en iempo de
hamb e, y cuando el e eno los a i ualla con sus u os, huyen dejándonos el miedo de sus
hos ilidades e in asiones? ¿Que á es o V.M.?.
22.De o a educción que hay en é mino y ju isdicción de Jujuy se puede eme lo
mismo, po que sus indios llamados Tobas nada ienen de la bondad que signi ica su
nomb e en el idioma heb eo. Ellos son, Seño , an sui ju is, que no eniendo sujeción ni
es abilidad, no conocen ju isdicción segla ni eclesiás ica. No la p ime a, po que ellos se
andan agueando po odos los campos de la ciudad de Jujuy y ni Alcalde ni Gobe nado
se les a e en. ¿A qué o o p incipio he de a ibui an culpable omisión como la deja los
anda a su libe ad?.
No conocen ju isdicción eclesiás ica, po que no obedecen a un cu a. Si le obedecen,
¿cómo les deja anda agos? Y si al cu a, a quien conocen, no espe an, ¿qué caso ha án
del Obispo, a quien igno an?.
23.Visi ando las capillas de campo de Jujuy, hallé en una de ellas mucha po ción de
es os indios Tobas, y es aban allí an de asien o, que habían ab icado anchos pa a su
ab igo. Es ando de isi a en dicha ciudad, los i pasea po ella muchas eces, y con an a
llaneza, que me inie on a pedi enos pa a sus caballos. P egun éles que a qué enían, y
asamen e me espondie on que a pasea se. ¿De qué se man end án es os indios, agones y
holgazanes, agueando po unas campañas llenas de ganado?.
24.Con en ísimos debíamos es a si es os indios se con en a an con come . Es e no se ía
g a e pe juicio en donde hay an a abundancia de ganado, pe o nos ha án, si no se
emedian sus demasías y sus libe ades, con el iempo un daño i epa able. Di éle casi con
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las mismas palab as con que me lo e i ió don Diego Tomás [ . 9 .] I ia e, homb e
cu ido en la gue a que años pasados u imos con los indios. "Seño , me decía, es os
indios, an iguamen e, aunque se a e ían en las casas, es ancias y cháca as que enemos
de amadas po los campos, enían mucho espe o a las ciudades, po que iendo an as
casas y an apiñadas, las suponían bien de endidas y con mucho núme o de de enso es.
Es o les hacía eme , y así mos ó la expe iencia, que aunque ega on los campos de sang e
de indios c is ianos y españoles, nunca acome ie on a las ciudades, aunque llega on no
pocas eces a sus pue as. Hoy si quie en asola a Jujuy, lo pueden hace muy a su sal o,
po que po medio de es os indios educidos y agamundos, saben los del Chaco odo
cuan o pasa en nues os incones. Saben que a iempos son muchos los ecinos que,
dejando el pueblo, se an a bene icia sus cháca as y haciendas, y les cons a po la elación
de sus espías que los más de ellos es án desa mados. Pues ¿qué se á si doscien os o
escien os indios bien a mados, usando con opo unidad de es as no icias, se echan de
so p esa sob e Jujuy o Sal a? Cie amen e, concluyó es e buen caballe o, acaba án con
noso os y con la P o incia".
Y és a, Seño , no se á pé dida de poca mon a, po que pe dida cualquie a de es as dos
ciudades, se ce ó el paso de es as P o incias al Pe ú y co ó la comunicación que po él
pueden ene los ma es de No e y Su .
25.Los empeñados en de ende el descuido con que así se i e di án que es o es ingi y
abul a quime as, po que es ando ce ado con nues os ue es el paso po donde puedan
eni los indios del Chaco a nues as ciudades, es cosa de sueño el pensa que nos puedan
so p ende de ese modo. Pues, Seño , quien así me in o mó es homb e anciano, muy
p ác ico, de buen juicio y no enseñado a idea y concebi aquellas quime as, que son pa o
de homb es ociosos o de muy ca ilosos en endimiem os, po que iene ha o quehace con
los negocios de su casa y amilia, que es muy dila ada. A él enseñó la azón y expe iencia
p opia. A mí la azón [ . 10.] y la expe iencia ajena, po la que sé que los indios aunque
son pa a lo bueno poco menos que las bes ias, sapien es sun , u agan mala, bene au em
ace e nescie un .
26.Y qué sabemos, si los indios del Chaco se ab en o o camino, que no po conocido
no pueden o ea nues os ue es. Y si como poco ha, según lo dicho en el núme o ein e,
se p esen ó al ue e de los Pi os co o núme o de indios que no salie on del Chaco (así se
c eía en onces) sino de nues as educciones, saliese de las mismas naciones mayo
núme o y se echase de epen e sob e una de nues as ciudades, eniendo a isados a los del
Chaco pa a que hiciesen lo mismo, y al mismo iempo sob e nues os ue es, ¿qué se ía de
noso os cuando ni ciudades a ue es ni ue es a ciudades pudie an soco e se? Es o se ía
mayo ibulación que la que se igu aba y enía como posible el dicho I ia e, po que en
és a iniendo el enemigo de lejos pudie a se sen ido y descubie o si no po sí mismo, po
el as o, y así había luga a alguna p e ención. Pe o en la que nos puede sob e eni
acome iéndonos los educidos de acue do con los del Chaco, ¿cómo nos habíamos de
p e eni , si sen i íamos p ime o el golpe y luego el amago? (Al ma gen: No a al núme o
26. ¿Qué sabemos si los indios del Chaco se ab en o o camino nue o? Es o no lo sabemos
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y sólo lo decimos como ac ible, pe o sabemos y a i mamos como cosa de hechos que los
indios de las Pe acas a p incipios del año de 1766 habían comenzado a ab i camino nue o
po donde, sin i y eni al ue e, podían i y eni del Chaco. Es o los Pad es lo ie on y
esc ibie on. Si los indios de nues as educciones han p e endido ab i nue o camino pa a
inu iliza nues os ue es, ¿se á eme idad juzga que hagan lo mismo los del Chaco,
saliendo al descubie o nues os enemigos? Asal a nos los indios educidos de acue do con
los del Chaco ya lo hemos is o al acaba el año de 66 y comenza el de 67, pues como
esc ibió el comandan e de la on e a, no sólo acome ie on al ue e de los Pi os los indios
educidos, sino ambién los Moco ís ¿ quie e más desengaños el gobie no?
No soy, Seño , soldado, ni he cu sado la escuela de Ma e; pe o la lección de la his o ia
me hace discu i así sob e el p incipio de muy unes os ejempla es que han sucedido en
odos iempos. Es os indios, según dicen los na u ales y pa icios, son pa a su modo de
gue ea muy as u os, y lo son an o,que siendo Gobe nado don Vic o ino Tineo, hoy
p esiden e de Chuquisaca po el seño Vi ey (él mismo me lo e i ió), ino una po ción de
indios muy alien es haciendo os en ación de que que ían se nues os amigos, y aún no sé
si [ . 10 .] c is ianos, y si po p o idencia de Dios no se descub e la aición, se lle an uno
de nues os ue es y, ¿qué desas es no se hubie an seguido al ando el epa o que con iene
a ellos y nos de iende a noso os? Concluyo, Seño , lo que se puede eme de es os indios
educidos con lo que sucedió el año pasado de 1766.
27.El año pasado, po iempo de Semana San a, quisie on es os indios Tobas ma a a su
cu a (que e o de p imi i os c is ianos), súpolo él a iempo y en ió po soco o al capi án
de un ue e ce cano. Des acó el capi án doce soldados con su je e y halla on a los indios
pues os en ala de y guisa de pelea . Viendo el je e que se ía eme idad muy necia
acome e los con an co o núme o de soldados, los saludó como si uese de paz y con es e
a did que le enseñó la necesidad, se libe ó así y a los suyos del degüello.
Lo que en es e lance hubo más digno de se llo ado ue no da cuen a de es e suceso al
gobe nado de la P o incia. Nunca és e lo hubie a sabido, a no habé selo mani es ado un
ecino hon ado de Jujuy y celoso del bien de su pa ia. No que ía c ee lo el gobe nado y
con azón, po que esa no icia (exclamaba) ¿cómo no me la ha comunicado el capi án de la
on e a? ¿Po qué pues no se la pa icipó inmedia amen e? ¿Cuál pudo se la causa de
silencio an pe nicioso? No es es o aquí, Seño , ma e ia de p egun a, po que es no o ia a
odos la espues a. Cada educción es la niña de los ojos de es os Pad es, y como odos los
emen nadie quie e se el au o de lo malo que se diga de ellas.
28.Di áse que odos es os incon enien es cesan en es educciones: Mi a lo es,
Valbuena y las Pe acas, y que andando el iempo en ninguna educción los hab á.
Haciéndome ca go, digo lo p ime o, que de los indios de las Pe acas [No a al ma gen:
Véase lo que en la no a al núme o 26 se dice de los indios de las Pe acas], habiendo ya
hecho pun a a albo o a se, ¿quién nos asegu a á que es a án en adelan e quie os? ¿los
Pad es? Tan igno an es son ellos como yo de lo [ . 11] que es á po eni .

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29. Digo lo segundo, que la quie ud de Mi a lo es y Valbuena es una du a e ine i able
necesidad, po que no pueden hui de nues as on e as sin da en manos de indios
enemigos suyos, que po se les muy supe io es en mul i ud y e ocidad, les ha ían pedazos.
De modo que al e se en e dos enemigos muy pode osos, los indios del Chaco que les
quie en bebe la sang e, y los asallos de V.M. que siguiendo los ejemplos de su Rey, los
ab igan, de ienden y alimen an, no han podido menos de acoge se a nues a somb a y
ampa o. Y bien no o io es que las esoluciones mo i adas del miedo, suelen acaba se en
acabándose sus mo i os.
30.Si las educciones es an es se án, andando el iempo, lo que son aho a las de
Valbuena y Mi a lo es, ¿quién lo ha dicho a los Pad es y a noso os? Los homb es somos
de luz an escasa que sólo alcanzamos a e lo que es p esen e, y aunque podamos
conje u a lo u u o, hemos de a egla nues as conje u as a las ci cuns ancias de lo que al
p esen e sucede, po que es o es la p emisa o p incipio de donde podemos sabe en el modo
posible lo que es á po eni . Veamos pues con e lexión, qué p incipios o qué p emisas
o ecen a nues o en endimien o es os indios, pa a que de ellos podamos colegi que en
adelan e se án buenos.
Lo p ime o, no obedecen a sus pad es cu as dichos indios, ni aquellos les pueden
cas iga a su a bi io cuando come en algún exceso, como se dice lo p ac ican con los del
Pa aguay.
Lo segundo, cuando ienen a educción a i i en nues a ie a y come a nues a cos a,
man ienen alianza y con ede ación con nues os enemigos, yendo y iniendo a e los y
a a los. Lo e ce o, ellos son holgazanes y enemigos del abajo, que sólo cuidan de
come ca ne y bebe chicha, y si en alguna pa e abajan algo, es poco y cuando quie en
ellos.
31.¿Quién, de es os [ . 11 .] p incipios, colegi á que en adelan e se án buenos
c is ianos? Pa a in oduci en sus almas las e dades de la e, es p eciso echa de ellas las
supe s iciones de la in idelidad. ¿Cuándo, pues, se in oduci án en las de es os indios, que
yendo y iniendo a su ie a siemp e que se lo pide su gus o o su cap icho, si no p ac ican
sus sac ílegos y supe s iciosos i os, es án eno ando a lo menos su memo ia? Las
cos umb es que se mama on con la leche hacen al ísima y muy p o unda imp esión en el
co azón del homb e: echan en él hondísimas aíces y pa a a anca las se necesi a mucha
diligencia en el maes o y no poca docilidad en el discípulo. Y si és e, cuando había de
coope a con su docilidad y sujeción a a anca las, hace es ue zos pa a que se a aiguen
más y más, ¿cómo o cuándo se log a á el in de la doc ina en el maes o y el de la
disciplina en el discípulo?.
Acuden los indios a oí la doc ina de los Pad es; mas no siendo és o acompañado de
alguna a ición, ¿qué u ilidad se puede segui de ellos? Van a oí la doc ina y ¿qué mucho
cuando con es e casi ningún abajo, que en casi odos se á una pu a ociosidad, ganan de
es i y de come ? Po los e ec os de su uga y de su pe idia debemos colegi que si oyen
la doc ina, sólo la oyen po come y es i se.
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32.Aquí dicen, Seño , que és o bas a, po que a es as gen es les en a la e po la boca,
cuando enseñó San Pablo que en a po el oído. Dejando pasa po aho a es a p oposición
que en mi sen i iene an o de sac ílega como de a i iciosa, di é:
Si es os indios i iesen quie os y sosegados en sus pueblos; es u iesen alejados de sus
paisanos; uesen ol idando poco a poco sus an iguas supe s iciones, y acudiesen de
con inuo a la doc ina aunque uese sólo de cumplimien o y po come , ya se pod ía
espe a que la agua de la celes ial sabidu ía uese insensiblemen e haciendo mella en sus
co azones, pe o oyendo hoy la doc ina [ . 12] sin a ec o alguno y yéndose mañana a
p ac ica sus an iguos y sac ílegos i os, ¿de dónde colegi é yo que se con e i án con el
iempo, no mudando en e amen e de mé odo? ¿Ha á Dios milag os? No, Seño , no. No los
ha á, po cie o, po que ni el in ni los medios de es os nue os após oles son
p opo cionados pa a mo e a Dios a que ob e ma a illas [ . 12 .].
[No a al ma gen: A es as gen es les en a la e po la boca. Dicho es és e, Seño ,
sob emane a a i icioso, in en ado po los Re e endos Jesui as pa a que sepa el mundo
que sólo ellos pueden se p edicado es de indios, po que sólo ellos po su economía son
capaces de llena les la boca. El misione o, decíame un Pad e, no sólo ha de se doc o y
imo a o, sino ambién indus ioso y económico. Y pod á deci C is o a es os nue os
após oles lo que dijo a los an iguos: ¿po en u a os al ó algo cuando os en ié desnudos y
descalzos? Y el Seño San F ancisco Solano, após ol de es a P o incia [ . 12] que con i ió
en solo un día más indios que han con e ido en es e siglo los pad es desde que
comenza on a en abla en ella educciones, ¿ap endió algunas lecciones de economía pa a
hace uc uosa su p edicación e angélica? Ve dade amen e, Seño , que si el dicho de
es os Ppad es es cie o, al óle mucho que deci y enseña al Maes o de la Ve dad,
Jesuc is o, cuando ins uía a sus após oles y discípulos y los o maba p edicado es de uno
y o o mundo. Medio hay en e la igidez de es a doc ina y la conduc a de los Pad es. De
es o se di á luego ( . 12 .). [Fin de la No a]
33. Cie amen e, Seño , me oy engol ando en un abismo en que zozob a mi espí i u
azo ado con las olas de la ec i ud y la compasión. Encomendado he y encomiendo mucho
y muy a menudo es e negocio a los nue e san os canonizados que ha enido la Compañía
de Jesús, y qué sé yo si ellos han pues o en mí in eligencia pa a que de allí bajen a la pluma
es as palab as. Dije que el in y los medios de es os nue os após oles no son
p opo cionados pa a mo e a Dios a que haga ma a illas. Pues ¿no es el in de sus abajos
la mayo glo ia de Dios? No, Seño , no.
No es es e su in: es el medio de que se alen pa a adqui i más y más hacienda y pa a i
añadiendo casa a casa, he edad a he edad, campo a campo, como se lamen aba de ellos
Isaías. Es as inmensas adquisiciones son el in de sus apos ólicas a eas y si al es el in,
¿cuáles se án los medios? Si V.M. y sus minis os es u iesen en es as P o incias, no e a
necesa io da les p uebas de es a e dad, po que se ía da les elas encendidas pa a e la
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luz: pe o es ando an lejos es necesa io alumb a mucho las inieblas de es os hechos, pa a
que en esa Co e sean bien is os.
34.Vaya una p ueba eal y p ác ica de odo lo dicho. Viendo ues o Gobe nado de
[ .12 .] Tucumán asal ada la P o incia po es os indios aido es y ugi i os de las ya
dichas educciones, llamó a Consejo de Gue a. A mí me suplicó que asis iese, y aunque la
ho a pa a mi sosiego e a bien desacomodada (po se de noche) le abandoné, po coope a
en algo, si pudiese, al bien público. Llamóse a odo el ecinda io de Sal a: concu ie on los
ecinos aunque en co o núme o, mas es aban allí los p incipales, y comenzando a o a ,
un a ón anciano y muy p ác ico de la gue a de es a P o incia, dijo: la causa u ocasión de
la p esen e gue a es la comunicación que han enido es os indios de las educciones con
los del Chaco y la libe ad que ienen de i y eni a e los, cuando se lo pide el an ojo.
Es a comunicación y libe ad se les ha acili ado y acili a con la poca dis ancia que hay de
sus educciones al Chaco. Es emos pues aho a sob e la de ensi a pues no nos pe mi e la
es ación del iempo. O a cosa, y cuando nos ayuden las ci cuns ancias, a bí ese lle a los
indios de las educciones a Vallehe moso; po que siendo es e Valle po su ecundidad
capaz de man ene los, la mucha dis ancia que hay desde el Chaco les imposibili a i y eni
a a a y come cia con sus indios.
35.Pa eció es e o o inspi ado de Dios: y odos unánimes susc ibie on a él, has a uno
que no eniendo más olun ad que la de los Pad es, ampoco iene más en endimien o que
el suyo. Llámase don F ancisco Toledo Pimen el y conociendo yo su ciega aunque
inculpable adhesión a la Compañía, le epliqué en la Jun a: ¿Y si los Pad es no quie en i a
Vallehe moso? Sí i án (me espondió), po que a ellos (palab as o males que conse o en
la memo ia) les es indi e en e és e o el o o si io. Es ando en el Consejo de Gue a le
compelió la azón a asen i al dic amen de su con ecino, y no me admi a é de que
habiendo a ado el pun o con los Pad es, se haya de pa ece con a io. Y siendo es e
caballe o Tenien e de Gobe nado y habiendo gobe nado muchas eces las a mas de es a
P o incia, no es imposible en íen los Pad es po medio suyo algunas ce i icaciones
con a ias a lo que él mismo o ó en la Jun a.
Súpose la esolución en el pueblo: no se u o [ . 13] pa a ene la ocul a e hizo an al a
imp esión en la Compañía que isi ando a su Rec o el Gobe nado y an de cumplimien o,
que le pagaba una isi a de bien enida, acompañado de algunas pe sonas hon adas, nada
bas ó pa a hace le con ene a dicho Pad e los sen imien os que en sí y en sus socios había
causado la esolución del pueblo. Declamó lleno de i a con a lo de e minado en la Jun a, y
p o es ó al Gobe nado que si se lle ase a e ec o, se echa ía sob e noso os el Chaco.
Mucho hay que no a : mucho que e lexiona , y no sé si diga que eme de es as
exp esiones. ¿Tiene la Compañía en su pode al Chaco pa a hace nos gue a po medio
suyo, si en odo no asen imos a su benepláci o? Pe o dejado és o, se me o ece la e lexión
siguien e.
[No a al ma gen: Todo es e discu so es condicional, supues o que Vallehe moso uese
si io a p opósi o pa a lle a allá los Indios. No lo es en la ealidad pe o le enían po al, así
el ecino que o ó se asladasen allá los Indios, como el Pad e que impugnaba es e o o:
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ambos igno aban la calidad del si io, pe o como uno y o o hablasen según lo que
pe cibían, según su ap ensión co e ino enso pede el a gumen o. El pad e c eía lo que
debía habe se o ado, es a sabe , que se podía e ec ua la aslación o ada e impugnándola
con an o a dimien o mani ies o odo su espí i u. Bien le hubie a ocul ado si hubie a enido
no icias indi iduales de Vallehe moso, pe o es mala de ocul a una pasión.
37.Si el in de los abajos jesuí icos es la mayo glo ia de Dios en la dila ación del
sac osan o nomb e de Jesús y en la con e sión de es os indios, y es e in se consigue en
Valle moso y no en las má genes del ío Salado, ¿po qué anhelan an o po es e luga y
ehusan con an o ex emo aquél? Si la si uación de es os indios en Vallehe moso,
alejándolos de sus an iguos y sac ílegos i os, los pone menos dis an es de la luz de las
e dades ca ólicas, y consiguien e más hábiles (y si es a oz no su e la más sana eología),
menos indispues os pa a ecibi los esplando es de la e, ¿po qué no ab azan es e medio
an conducen e a su in, y echan mano del o o an con a io a su consecución? El hecho
nos mues a que desechan un medio, que si no es el único, es el más p opo cionado a
p omo e la hon a y glo ia de Dios en la con e sión de es os indios: luego es cons an e que
la mayo hon a y glo ia de Dios en la con e sión de es os in ieles no es el in del
apos olado jesuí ico, po que a se lo, eligie an los jesui as, pa a consegui le, aquellos
medios con los que en el modo posible se asegu a su con e sión y no aquellos con que es a
lo menos muy dudosa.
38.No puedo, Seño , pene a el espí i u [ .13 .] de es os p ocedimien os, y sólo pa a
es o que ía se g an polí ico. Po una pa e eo que aunque los Jesui as lle en las
educciones a Vallehe moso y se ayan allá con los educidos, no pie den un palmo de
ie a, y po o a eo que cuando yéndose a Vallehe moso, ganan es e nue o si io y no
pie den la posesión del an iguo, ehusan uni es a doble ganancia empo al con la espi i ual
del sac osan o nomb e de Jesús en la con e sión de los indios. ¿Cómo así? Unos homb es
an solíci os de aumen a sus haciendas ehusan un aumen o que se les iene, digámoslo
así, como odado, y cede en hon a del nomb e jesuí ico, y ambién de la del nomb e de
Jesús? No lo en iendo.
39.No que e aho a es a doble ganancia empo al pa ece indicio de que el in de sus
apos ólicas a eas no es la dila ación de sus adquisiciones empo ales sino la mayo glo ia
de Dios en la con e sión de los indios. Así pa ece: es a es la supe icie del hecho, mas no
el ondo. Ése es el cue po de la acción mas no el espí i u. Su in ención decla ada es
man ene los indios en donde se man iene su in idelidad y no se espe a su con e sión, y
como es cla o que quien de p opósi o busca medios con a ios a la consecución de algún
in, es con encido no que e consegui dicho in, aunque lo ju e. Así es os Pad es,
eligiendo un medio muy opues o a la con e sión de es os indios, deci se ha que no quie en
es a con e sión aunque lo ju en. Que ánla como medio, mas no como in de sus anhelos.
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A es a éplica an uidosa espondo con las palab as del san o a zobispo de Valencia, sin
añadi ni qui a : "No debemos, con daños públicos, espi i uales y empo ales nues os,
p o ee al daño de és os (indios), an o más cons ándonos que sin p o echo de ellos,
padecemos los dichos daños". Es o nos dejó esc i o pa a nues a enseñanza aquel ene able
p elado, y és o mismo es lo que expe imen a es a P o incia. De los indios Abipones
esc ibió el pad e A nal, jesui a, en la ci ada ca a, que más han padecido las ciudades de
San a Fe y Có doba aiciones y daños que p o echo alguno, po que son insolen es,
siemp e incons an es en la e y malos ca ecúmenos, siemp e in ieles al Español y siemp e
mezclados con los lad ones y dañinos. No dijo poco es e Pad e, pe o aún es más lo que he
sabido de o o más au o izado y más digno de e, pues llegó a deci que después de habe
come ido o os Abipones del Chaco obos y homicidios, les e a la educción de és os
ciudad de e ugio. Y lo que en es a P o incia se padece de es os indios lo padece ambién
la ciudad de Co ien es, de o os indios de la misma pa cialidad.
59.Pues, ¿cuán as de las mue es que han hecho en los san iagueños y co en inos,
asallos de V.M., es os indios Abipones, hab án sido empo ales pa a el cue po y e e nas
pa a el alma? Así, Seño , me lo hace eme el desa eglo con que i en las gen es del
campo en es os países, y odo es o mi an con indolencia los pad es y, ¿lo hemos de e con
indi e encia los españoles? En mi iempo no han hecho mue es (las hicie on poco an es)
pe o sí obos, po que qui ándoles nues a gua nición del Tío, ue e de la ciudad de
Có doba, los caballos que ellos nos lle aban y algunos de los que ellos aían, se hizo
econoce la ma ca de los caballos de los indios y a i ma on se la de los Abipones de
nues a educción. Pues si el san o a zobispo de Valencia no que ía e i a el daño de los
mo iscos, que e an malos c is ianos, con daños públicos empo ales y espi i uales de los
asallos de V.M., ¿po qué hemos [ . 19] de ocu i al daño de unos malos ca ecúmenos,
con daños públicos empo ales y espi i uales nues os?. Y en e dad, Seño , que a nues a
ca idad más ac eedo es son los malos c is ianos que los malos ca ecúmenos.
60.Y acomodando la espues a del san o a zobispo en su caso de los mo iscos al nues o
de los indios: "sob e odo lo dicho y lo que se puede deci se le an a aquella conside ación
que es eminen e a odas y como gigan e en medio de ellas, dejando a odas las que se
pudie an ep esen a a uinadas, de ibadas y deshechas. V.M. es ey y seño de es a
P o incia y po el consiguien e obligado a de ende la, conse a la y gua da la como
p eciosa pied a de su Real Co ona. Ella se halla, en an o que es os indios i an en la
educción a su libe ad, en e iden ísimo pelig o po las azones dichas en es e papel. Es e
pelig o en que es á es an no o io y e iden e que no se puede deja de e y oca con la
mano. Pa a e i a lo, no hay ni puede habe o o medio sino saca los de la educción en
donde es án ce ca de su pa ia y lle a los a o a en donde es én lejos de ella, o si han de
pe se e a en donde es án aho a, compele los a que i an con quie ud y sujeción en su
pueblo. Luego V.M. es á obligado en conciencia y so pena de pecado mo al y de es a
obligado de la conse ación y p ospe idad de es a P o incia, o a qui a los de la ce canía de
su pa ia, o a compele los que en donde es án aho a i an con sujeción a los pad es y no
engan la libe ad de i se y eni se.

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61.Toda es a doc ina y palab as son a la le a del san o a zobispo de Valencia,
mudando sólo las oces que e an p opias de su caso en las que lo son del nues o, y
cons an de las ca as que esc ibió es e g an p elado al seño Felipe Te ce o, que co en
imp esas [ . 19 .] al in de su ida, imp esa en Roma el año de 1696 y esc i a po su
con eso , el pad e doc o F ancisco, esc iba de la Compañía de Jesús.
T a a yo (p osigo con el mismo), "de la o ma que ha de habe en la ejecución de es a
esolución, no es an conce nien e a mi es ado como a los Conseje os de Es ado y Gue a"
y así emi iéndome a ellos, conclui é no ando pa a nues o caso lo que pa a el suyo ad i ió
aquel san o a zobispo, es a sabe : "que no se puede emp ende es o sin ene V.M. golpe
[sic] de gen e epa ida po España (yo digo po es a P o incia), bas an e pa a asegu a
cualquie le an amien o que és os pudiesen hace ".
62.Es a p e ención que an g ande homb e del pasado siglo juzgó necesa ia pa a
ejecu a el p oyec o de expele de España a los mo iscos, no la engo yo po supe lua pa a
lle a a debido cumplimien o la esolución de aleja a es os indios educidos de su pa ia o
la de compele los a que i an con es abilidad y sujeción. Es os miedos no se puede deci
que son hijos o de mi imidez o de mi ap ensión. Po que si dándolos de come de balde a
ellos y a sus amilias y dejándolos i i a su albed ío, se le an an con a noso os e
in es an nues os países con hos ilidades, aiciones y daños, como decía su pad e A nal, y
hu os y homicidios según esc ibía mi clé igo, ¿qué no ha án cuando que amos con ene
sus libe ades y co egi sus excesos? Si aho a que sólo ienen mo i os de se i nos y
ag adece nos an o bien ecibido se po an como enemigos, ¿qué pod emos espe a de ellos
cuando engan, si no causa o mo i o, ocasión o p e ex o pa a oma a mas? ¿Pues ienen
a mas? Sí Seño , muchas, muy buenas, muy lucidas y muy a iladas. Así me lo han
asegu ado muchos que las han is o y es no o io. Di án los pad es, sus p o ec o es, que las
ienen pa a de ende nues as on e as. Los hechos de sus indios han dicho pa a qué las
ienen y no puedo ol ida me de lo que dijo el pad e ec o del Colegio [ .20] de Sal a al
gobe nado de es a P o incia, po la Resolución omada el día seis de ene o de es e año de
1767 en el Consejo de Gue a. Viniendo el Chaco sob e noso os, cuando la educción
juzga que en aslada la se hace inju ia a sus educidos, ¿se án las a mas de és os pa a
de ende a los que en onces end án po enemigos, po que los quie en aslada ? Véase
a iba en el núme o 36 po qué no quie o e ega es a llaga, que me es muy dolo osa.
63.O o consejo de gue a daba el seño a zobispo de Valencia al seño Felipe Te ce o,
y el mismo me a e o a deci a V.M. deduciendo de lo que se discu ía en onces lo que se
debe discu i aho a, y es que mande V.M. que en sus Consejos no a en de él
p esun o iamen e sino muy de p opósi o y como del mayo negocio que iene ni ha enido
ni end á su Real Co ona, excluyendo las pe sonas in e esadas po lo mucho que suelen
daña los in e eses p opios a hace ec a delibe ación de las cosas públicas.
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64.¿Qué an g ande es, Seño , el negocio de es as Reducciones? Po aho a no osa é yo
a i ma que sea el negocio mayo que ha enido, iene, ni end á ues a Real Co ona: pe o
dejando lib e al discu so pa a que deduzca incon enien es que de pe mi i ales
educciones, cuales he pin ado con los colo es de la e dad, se pueden segui con el
iempo, c eo, Seño , que si no es el negocio mayo de ues a Co ona, es de suma
impo ancia y en ma e ia an del se icio de V.M. y an del bien de sus einos, no debemos
sus ieles asallos se co os ni emidos en p emedi a lo u u o, po que de no p e eni ni
cau ela los daños an es que engan, pueden sucede que en iniendo, nues o descuido
haya imposibili ado el emedio.
65.Es as educciones del Salado po la mayo pa e son pob es, pe o le an a se han de
es ado an ín imo a no pequeña al u a, po que como dijo su supe io según cons a [ . 20 .]
del núme o 17, sob e unas casas pajizas se le an ó la g andeza de Roma, y si aho a que no
salen de sus cimien os, nos han dado en qué en ende aunque no mucho, ¿qué se á cuando
su o mal edi icio llegue a se sun uoso y co pulen o? Es as educciones, aún sin c ece
más, pueden se o midables al Es ado po que se pueden ab i camino pa a ene
comunicación con las del Pa aguay. Y si és as solas han dado an o que hace a los asallos
de V.M., como leemos en las his o ias de los iempos pasados y sabemos de los p esen es
de An eque a y o os más mode nos que hemos is o con nues os ojos y palpado con
nues as manos, ¿quién sabe si unidas las del Pa aguay y el Salado, se a anza án a
mayo es emp esas? Díjome un a ón p ác ico de es os países, po habe nacido y c íadose
en ellos, que aunque las educciones del Salado sean poco nume osas, pod ían
mul iplica se in ini o con los enjamb es y ho migue os de indios que p oducen las
misiones y educciones del Pa aguay, y es ando ya descubie o el camino de comunica se
unas y o as, que aunque di ícil y a duo no es imposible de ab i , ¿po qué hemos de
espe a mano sob e mano los incon enien es que odo es e complejo de ci cuns ancias
puede abo a con el iempo? ¿Y si los Pad es, unidas las Reducciones del Pa aguay y del
Salado, log asen el g an p oyec o que se igu aba el pad e A nal, de desa ma a los
españoles y en ega sus a mas y ia nues a de ensa a sus indios, qué no pod ía eme es a
P o incia y las a ella con igüas, de pode an pujan e en manos de unos homb es an
hábiles y an despie os e in épidos? ¿Da emos luga a que se dije a en onces quién lo
pensa á? Cuando pa a no discu i así, ¿es necesa io ce a los ojos a la g an luz que nos
minis an los sucesos p esen es y u u os? Pa ece, Seño , que es amos ol idados de lo que
acaba de sucede pa ed en medio de nues a casa. Mucho menos emible e a el suceso de
Po ugal, y sucedió. Si hubo en es os pad es polí ica y maña pa a maquina y ejecu a
cuan o ue de su pa e un a en ado an ho ible, ¿po qué no eme emos con undamen o
o os meno es, cuando de ellos nos ha dado el Pa aguay algunos ejempla es? Es o no en
los ojos linces de los españoles, y si lo en, lo han de deja pasa [ . 21] con disimulo,
sac i icando a los in e eses de es os pad es y a su espe o odas las azones de es ado y
odos los in e eses del eino.
66.Di án que como el obispo se ha c iado en las escuelas, in en a casos me a ísicos
pa a pe suadi sus asun os. Es e asun o no es del obispo, que se mo i á mañana. Es de
V.M.: es de ues a Real Co ona y del bien público de ues os asallos y en asun os de
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es a clase, así nos enseña a discu i el ene able seño don Juan de Pala ox cuando
esc ibió al seño Felipe Cua o sob e los incon enien es de es a en México el duque de
Escalona.
67.Po es o digo, Seño , con el a zobispo de Valencia, que es e negocio no se puede
a a con suje os in e esados en él, po que el demasiado a ec o a in e eses p opios alucina
al más despejado en endimien o y no le deja luz sino pa a e lo que sea de p opia u ilidad.
En es a ma e ia no hay más in e esados que los e e endos pad es jesui as. Téngolo así po
cie o; mas como pudie an se llamados a a a de es e negocio po se los más pe i os de
es os países, no he podido menos de p e eni la cau ela con que deben se oídos los que
no o iamen e son an in e esados. ¿Qué an in e esados son?
68.Dije a iba, núme o 15, que los pad es jesui as son idóla as de sus educciones. Es a
p oposición pa ece ía hipé bole y que sin habe la bien p emedi ado, la dispa ó la
imaginación po el cañón de la pluma. No es así. Fue consecuencia que saqué de unos bien
p emedi ados p incipios, y me pa eció p opísima aquella exp esión pa a explica lo que
había concebido el discu so. Si po en u a me he engañado (ojalá sea engaño cuan o
esc ibo), me dio ocasión, ue a de o os, el siguien e suceso.
69.Celeb ando en una de las educciones ecién undadas el san o sac i icio de la misa,
no é desde el al a que es aba llena la capilla [ . 21 .] de indios que no salie on de ella
has a que se concluyó el sac i icio. Bien pude ole a es e exceso po ene p i ilegio de la
silla Apos ólica pa a celeb a e iam p esen ibus in idelibus. Po ales enía yo es os dichos:
disimulé en onces y p egun ando después al pad e doc ine o y a su supe io si aquellos
indios e an bau izados, me espondie on llanamen e que no. Pues como Pad es... Con sola
es a palab a se en e a on de odo cuan o les que ía deci y a ajándome el supe io , me dijo:
Ya, Seño , lo hemos ad e ido; pe o se lo pe mi imos, po que como son an cu iosos y
an ojadizos, ememos se nos ayan si no se les da el gus o de asis i a odo el sac i icio.
70.Es o me dijo el supe io de las misiones, y al dicho de es e pad e opongo el dicho y
hecho del pad e An onio Ruiz Mon oya, el p ime jesui a que undó en Pa aguay
educciones. Esc ibiendo es e a ón apos ólico en su lib o in i ulado Conquis a espi i ual
del Pa aguay, el mé odo que él y sus compañe os obse aban en la con e sión de los
indios, dice así: "En amaneciendo isi amos los en e mos: después se decía misa y se món,
can ando o ezando el E angelio sacábamos de la iglesia a los in ieles, lo que ellos sen ían
mucho en idiando a los c is ianos la dicha de queda se en ella. De aquí nacía la diligencia
en ap ende p es o la doc ina pa a bau iza se". Con las mismas palab as lo e ie e el pad e
doc o Jaque, expulso, según es ama en es as pa es, de la Compañía, en la ida del dicho
pad e Mon oya y po ellas se e que los indios a quienes es e pad e y sus compañe os
sacaban de la iglesia can ando o ezando el E angelio, e an muy buenos ca ecúmenos,
pues anhelaban an o a se buenos c is ianos, que el deseo de se lo les e a es ímulo pa a
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ap ende más p es o la doc ina, ecibi el San o Bau ismo y asis i a odo en e o el
sac i icio de la misa.
71.Y cuando aquellos Pad es, ene ando con sus palab as y ob as las leyes y adiciones
de la Iglesia, sacaban del emplo después del E angelio a an e o osos ca ecúmenos,
es os Pad es, sus suceso es, [ . 22] dejan es a en él a unos indios de quienes se sabe que
son in ieles y se duda si sin ca ecúmenos. ¿Se duda? Sí, Seño , y con sob ado undamen o.
Supe del pad e doc ine o, que e a muy p incipan e en el lenguaje de los indios y aunque
es o no se dice po acusa le de omiso, po que siendo ecién undada la educción, no había
enido iempo ni es udio pa a ence las di icul ades de una lengua ex aña y pe eg ina,
bas a pa a pone en duda el ca ecismo de los indios, po que ¿cómo puede habe ca ecismo
de los indios, no en endiendo bien el maes o el idioma del discípulo ni és e el de aquél?
72.Los Pad es an iguos del Pa aguay hacían obse a a sus ca ecúmenos sac a ísimas
leyes de la Iglesia, aunque les e a muy dolo osa su obse ancia, cuando su ie na y
a ec uosa adhesión a la eligión ca ólica pudie a se mo i o pa a dispensa con ellos, y los
suceso es de dichos pad es dispensan con unos indios que, o se duda si son ca ecúmenos o
si cie amen e lo son; son malos ca ecúmenos, sin ene pa a dispensa con ellos o a causa
que una o pe y e gonzosa condescendencia a sus an ojos. No i ecen es que ene un
(podemos deci con Moisés) quos non cogno e un Pa es co um.
73.De modo que es os pad es suceso es de aquellos, más emen desag ada a los indios
que e queb an ados po sí y po ellos las sac a ísimas leyes de la Iglesia. Yéndose los
indios a su ie a po que no se les deja asis i a oda la misa, la educción se pie de, se
deshace y se aniquila, y es iman más los pad es la pe manencia de la educción en su pode
que la obse ancia de aquel sag ado es a u o con que se concibió, nació y c eció el
c is ianismo aún en los pa ajes más emo os de es e Nue o Mundo. ¿Y hab é excedido en
llama los idóla as de sus educciones, cuando la aman con an desmedido y sac ílego
a ec o?
¿Luego las hab án de deja con pe dimien o de an os abajos como han padecido [ . 22
.] pa a es ablece las, y con an mise able abandono de sus indios, como deja los
sepul ados en las inieblas de su in idelidad e igno ancia? No engo miedo de concede es a
consecuencia, aunque pa ezca du a, pues me la enseñó el Maes o de la e dad.
En iando Jesuc is o a p edica a sus discípulos, les dijo: "Luego que en éis en algún
cas illo o ciudad, a e iguad quién sea digno de hospeda os y quedáos allí. En ando en
alguna casa, salúdala diciendo: Paz sea a es a casa. Si ue e digna, end á sob e ella
ues a paz, y no lo siendo, ues a paz se ol e á a noso os. Y si alguno no os ecibie e
ni oye e ues as plá icas, saliéndoos de aquella casa o ciudad, sacudid el pol o de
ues os pies". Con disc eción quie e C is o que se epa a el pan de la doc ina: manja an
di ino no se ha de da a odos, po que no es jus o a oja las ma ga i as a los pue cos.
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75.Óigase en el dec e o de G acián, D. 43. C. in manda is la explicación de la doc ina
de C is o en las siguien es palab as: " enemos en e nues os p ecep os uno, es a sabe , que
al en a en alguna ciudad sepamos lo p ime o quien sea digno de que comamos en su casa.
Pues ¿cuán o más necesa io se á a e igua quién y cuál sea aquél a quien se hayan de ia
las palab as de la inmo alidad y ida e e na? Po que debemos se solíci os y muy solíci os
de no echa las pied as p eciosas a los pue cos. Pues si yo sé que alguno es inculpable y
es á co egido en aquellas cosas de que nadie duda que son buenas, es a sabe , que es
sob io, mise ico dioso, jus o, manso y humano, es consiguien e que a és e que posee los
bienes de las i udes na u ales, se dé lo que le al a de e y ciencia, y sea co egido en
aquellas cosas en que es manchada su ida, que es digna de ap obación en lo demás. Pe o
si en aquellas cosas que cla amen e y sin géne o de duda son malas y pecaminosas,
pe manece en uel o y manchado con culpas, no es con enien e que al al se le a e de los
escondidos y ocul os mis e ios de la di ina sabidu ía". Po cis e canibus, dice la úb ica de
dicho dec e al. Non sun sac a communicanda.
76.No sólo manda C is o [ . 23] a sus após oles que sacudan el pol o de sus pies cuando
no los ecibie en: quicumque non ecepe in os, sino ambién cuando no oye en sus
plá icas: ne que audie i se mones ues os, po que no sólo se hace indigno de los
sobe anos mis e ios de nues a eligión sino ambién quien después de habe le ecibido no
quie e oí sus palab as. És e se hace indigno de la p eciosa pied a de la doc ina
e angélica, o po que habiendo oído los se mones del após ol y is o sus milag os, no
quie e ab i los ojos y se queda obs inado y ciego en sus e o es, como dice el Tos ado
sob e es e luga de San Ma eo, o po que a isado y co egido muchas eces de aquellos
icios que cla amen e y sin duda lo son, pe manece en uel o y encenegado en ellos, como
dice la glosa sob e el ci ado ex o de G acián. De modo que no se niega la p edicación
e angélica al pecado (po que, ¿quién no lo se á es ando especialmen e sin e?) sino al
pecado inco egible en aquellos géne os de pecados que aún al in iel la misma azón
na u al le dic a que lo son. Así como en el mismo ex o se iene po digno de ella al que
es á co egido en odo lo ocan e a la sob iedad, mise ico dia, jus icia, humanidad,
mansedumb e y o as i udes an pa en es a odo acional, que aún el in iel no las igno a y
sabe que lo son.
77.Si a is a de doc ina an cali icada no son los indios indignos de la p edicación
e angélica, díganlo sus hechos. Su úl imo in es la emb iaguez. Su c ueldad más que de
ie ísimos sal ajes, pues ma an a los que ienen po amigos, y se delei a su bá ba o y
e ocísimo genio en de ama sang e humana. Pocos años ha en a on los indios Abipones
de la educción de la Concepción en el cu a o de Sala ina de la ju isdicción de San iago:
deja on medio mue a a una muje , quien conocía muy bien al ma ado po se indio de la
dicha educción adonde ella alguna ez había ido, y e i iendo después al con eso su
desg acia, depuso que cogiéndola [ . 23 .] el indio en los b azos, la ponía po blanco a
unos indieci os pa a que empleasen en ella sus lechas y se uesen enseñando a ma a . Su
injus icia no sólo es mani ies a sino ex emadamen e maliciosa, pues sin ene necesidad
de cosa alguna han come ido muchos obos, y los come e án si no se les con iene con
ue e y pode osa mano, y po úl imo son de an ie a e inhumana condición que han

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que ido da mue e, y alguna ez se la han dado, al doc ine o que los colmaba de
bene icios y a o es, no siendo es a mue e en odio de la eligión ca ólica, sino uno como
e ec o de su bá ba o y sang ien o genio. Pues si odo és o en es os nue os após oles, ¿po
qué no ejecu an lo que les manda C is o yéndose, dejándolos y sacudiendo el pol o de sus
pies?
78.Di án que las palab as de C is o han de se en endidas de o os in ieles, que aunque
homb es sin e son homb es de azón, más no de es os indios, que no ienen de homb es
más que la supe icie y la igu a. Sean es os indios lo que uesen, lo cie o es que C is o no
sólo in imó a sus após oles el p ecep o de sacudi el pol o de los pies en aquella misión a
que los en iaba en onces, sino en o as que ellos y sus suceso es habían de hace después
de su Resu ección y subida a los Cielos, como cons a de los hechos apos ólicos. C is o
pues al in ima es e p ecep o es aba mi ando desde la eminencia de su en endimien o
di ino no sólo a los após oles a quienes ins uía en onces pa a la p edicación del
E angelio, sino ambién a los que les habían de sucede en el minis e io apos ólico has a el
in del mundo. Conocía muy bien odos los genios y condiciones de las gen es en cuyos
co azones habían de semb a odos sus ope a ios p esen es y u u os el g ano de la di ina
palab a, y con odo eso pa a an os e innume ables minis os e angélicos y pa a an as y
an di e sas gen es del mundo, siendo ellos y ellas desemejan es, sólo ins i uyó un mismo
mé odo de e angeliza el eino de los cielos. Debían pues es os nue os após oles habe le
seguido, yéndose, dejando a los indios y sacudiendo con a ellos el pol o de los pies.
79.Dí anme acaso que soy muy li e al, que [ . 24] li e a occidi y que con ella quie o
ma a e e na y espi i ualmen e los indios. La e dad a nadie ma a: ella es el más egalado y
sus ancioso alimen o de nues as almas y si comido daña a alguno, no iene la culpa el
manja sino la mala disposición de quien le come: Lex bona es si quis ea legi ime u a u .
La ley de Jesuc is o que a an as naciones ha sido ida, lo se ía ambién pa a es os indios:
si no lo es, la culpa ienen ellos. Vamos decla ándolo.
80.Yo concede é que sea an escasa la luz na u al de es os indios que casi no conozcan
la bondad de aquellas i udes, que na u almen e saben y p ac ican los demás in ieles, y
que casi del odo igno an la ealdad de los icios con a ios que ningún homb e deja
conoce , po bá ba o y ús ico que sea. Gen es que legen non haben , decía San Pablo,
na u ali e ea que legis sun aciun .
81. Concedido po aho a, he de supone como cie o que lo p ime o que emp endie on
es os pad es pa a dispone de sus indios a la con e sión, ue alumb a sus en endimien os
con la no icia de la p ime a y sup ema causa o pu ga es a no icia, si ya la enían, de los
e o es con que la hubiese in icionado su igno ancia: dispone los al cul o de es a p ime a y
sobe ana causa con el conocimien o y p ác ica de aquellos dic ámenes que a odos inspi ó
na u aleza; con la eó ica del bien que se debe ama y del mal que se debe abo ece , y con
la p ác ica del amo de ese bien y del abo ecimien o de ese mal.
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82.Más cla o: hemos de concede , supues a la casi ninguna luz acional de es os indios,
que p ime o les insinua on los pad es la ley de la na u aleza que la de la g acia, y po
consiguien e odos sus p ime os es ue zos se di igie on a domes ica sus co azones con la
dulzu a de aquel p ecep o uni e sal que manda que ninguno haga con o o lo que no quie e
haga consigo, y la de aquel que a odo homb e in ima hui [ .24 .] del mal y según el bien.
Con la doc ina de es a ley gene al les enseña on a no hace daño a sus p óximos,
especialmen e es ando aliados y con ede ados con ellos, a no come e injus icias,
qui ándoles sus bienes, a no queb an a la e y palab a dada a sus amigos, a conse a
aquella nobilísima po ción de sí mismos que los dis ingue de los b u os, a no oscu ece an
sob esalien e calidad con el asque oso y eo icio de la emb iaguez y en suma a eje ci a
odas aquellas i udes que po se con o mes a su na u aleza acional, o sab ían los indios
po sí mismos sin o o magis e io que el de la luz de la azón, o cuando no las supiesen, no
pod ían menos de ap ende en b e e, po ene den o de sí odos aquellos p incipios de
que po legí ima y no di ícil consecuencia se puede deduci su doc ina. Lo p ime o,
po que como an sabios a qui ec os, an es ab ie on las zanjas de la na u aleza que
sob epusiesen el edi icio de la g acia.
83.Todo es o ha ían los Pad es con sus indios, y si después de habe se a igado en
alumb a sus en endimien os con la luz de an ácil y gene al doc ina, expe imen a on que
a pesa de sus apos ólicos es ue zos pe manecían, como dice el ci ado ex o de G acián,
en uel os en sus homicidios, asesina os, hu os, aiciones, emb iagueces y o os icios,
que no o ia y na u almen e lo son, ya habían a e iguado que es os indios no e an dignos de
la p edicación e angélica: que no la ecibían como anuncios y legados de Dios, y no
escuchaban con el oído in e io del espí i u su doc ina, y mucho menos la ponían po ob a.
Pues si los nue os após oles sabían odo és o, que les al aba que hace sino obedece a
C is o, yéndose de allí, dejándolos y sacudiendo el pol o de sus pies.
84. A ningún minis o del Seño obliga an o es e p ecep o como a los Re e endos
Pad es Jesui as, y aunque no se les hubie a in imado la majes ad de C is o; engo po cie o
que es án obligadísimos a escucha lo que en él se manda. No o io es, no o ie a e ac i, que
a es os pad es odo el mundo los [ . 25] censu a de a a os (ju e ne, an inju ia ipsi ide in ).
Es o no lo igno an ellos y saben muy bien que es á obligado cualquie a ón e angélico a
conse a su buen nomb e. Sin él, [¿] qué u o ha á en el audi o io con sus plá icas? Pues
si su buen nomb e y epu ación la conse a ían y aún pe dida la ecob a ían de nue o,
haciendo lo que les manda el maes o de la Ve dad, Jesuc is o, aún cuando es e Seño no
se lo hubie a in imado, ¿po qué no lo cumplen, po qué no lo ejecu an? ¿Pues qué? ¿Con
esa ce emonia de sacudi el pol o de los pies han conse ado, conse an y conse a án su
buena ama los Minsi os del E angelio? [Así] dice Ti ino, au o jesui a, po que saliendo
de aquella casa o ciudad cuyos mo ado es son ebeldes a la luz, han de p o es a a odo el
mundo con la mis e iosa acción de sacudi el pol o de sus pies, que es u ie on an lejos de
i a aquella ciudad con ánimo de consegui comodidades e in e eses e enos, que ni aún de
aquellas cosas an comunes y de an bajo p ecio como agua y ie a quie en ene pa e con
72
los ciudadanos que no han que ido ecibi el E angelio. Es o es li e al en el dicho au o , y
añade el Tos ado en una de las cues iones sob e el mismo luga de San Ma eo que es a
ce emonia se ha ía qui ando los zapa os de que usamos noso os o las sandalias de que
usaban los após oles y sacudiendo el pol o que de aquella ciudad se les hubiese pegado.
85.Pe o es, Seño , el caso que si el pol o, pasando de los zapa os o sandalias, ha llegado
a mancha los pies de los após oles, y se les ha pegado an o que ha hecho, digámoslo así,
un cue po con ellos, ya es muy co a diligencia el sacudi los pa a que queden limpios.
Tan o se les puede habe pegado, que sea necesa io pa a qui a le una ue e lejía y aún
en onces se á p eciso que me a Jesuc is o en la bacia sus omnipo en es manos pa a
pu i ica los de las manchas con que les a ea el pol o. Debe pues i i an cau eloso [ . 25
.] el misione o que cuando se le no e de a a o, con muy poca diligencia pueda saca a
sal o su c édi o y en onces c ee emos que sólo la mayo glo ia de Dios le condujo a an
sublime minis e io.
86.Pe o si no su e la ca idad c is iana deja a es os mise ables sepul ados en las
inieblas de la in idelidad y expues os con e idencia mo al a su e e na condenación, no se
les deje, no se les abandone, y dése esa educción a o os ob e os e angélicos. Bas a es e
pe íodo pa a que se es emezca oda la máquina jesuí ica, mas yo engo pa a esc ibi la muy
pode osos mo i os. Sacudi el após ol el pol o de sus pies e a, como dice el Tos ado, señal
de la e e na condenación de aquella ciudad y sus ecinos y sacudi los pad es el pol o de
sus pies con a los indios, se á señal acaso de que no se han de sal a po medio de su
apos olado. No se án ellos de semine i o um illo um pe quos salus ac a es in Is ael,
como de o os sace do es dijo el lib o de los Macabeos. Pues dése es a educción a o os
minis os del Seño .
87.Po que, o han enido es os pad es ac i idad pa a pe suadi a sus indios una cosa an
ácil como no asis i a la misa can ando el E angelio, ¿o no? Si la han enido, de
sob adamen e omisos se ac edi an no habiéndola eje ci ado en cosa de an poco momen o.
Si no la han enido ni la ienen, no pa ece habe les llamado el Pad e de amilias pa a
cul i a esa iña, po que Dios nues o Seño , que nunca al a en lo necesa io, les hubie a
dado g acia y i ud pa a emp ende y consegui cosas más a duas. Quien no ha enido
espí i u pa a mo e los a la ejecución de una obse ancia an ácil, ¿la end á pa a
con ence sus en endimien os e inclina sus a ec os a las a duidades de la ida c is iana?
Ellos di án que sí, que con el iempo. Lo mismo dije on del Japón, como apun a el seño
Soló zano en su Polí ica, y bien no o io es que no cumplie on su palab a [ . 26]. ¿Cómo
había de coope a Dios a una p omesa que se a ogaba el p i ilegio de inmu a los
co azones humanos, siendo és e un a ibu o que sólo es p opio del pode di ino? Y no
siéndome dado conoce las sabias disposiciones de la p ime a causa sino po sus e ec os,
no eo en los que palpo indicio ninguno de habe los llamado el Pad e de amilias pa a
ob e os y lab ado es de es a iña.
73
88.Déjenla pues, que no es án po en u a des inada desde la e e nidad pa a ellos.
Déjenla, e dabi u gen i acien i uc us suos. Sigan el ejemplo del se á ico pad e San
F ancisco que en iando a sus ailes a p edica con ob as y palab as y más que con la
elegancia de ases y exp esiones, con la humildad, modes ia y compos u a de sus
p ocede es, les dijo: ubicum que non ecep i ue in a es, ugian in aliam e am cum
benedic ione Dei. No se desdeñen de segui el dicho de an buen pad e, sino po suyo,
po que es casi el mismo p ecep o que in imó C is o a sus após oles, pues han
expe imen ado que los indios, aunque los eciben en el cue po, no los quie en ecibi con el
espí i u, deposi ando en él sus consejos. No es necesa io que Dios con ie a a es os indios
po medio de los pad es jesui as, quia po ens es Deus de Lapidibus is is susci a e ilios
Ab aham. La Compañía con su g an pode , ¿encoge á el b azo de Dios? Adhuc manus ejus
ex enso.
89.No o ios son los abusos que en las misiones del Madu ai in odujo la malicia de la
in e nal se pien e, y omen ó una ep ensible condescendencia a las p eocupaciones
e óneas con que mi aban aquellas gen es el uso de la sali a y o os sac amen ales en la
adminis ación del bau ismo. No e an ni son necesa ios dichos sac amen ales pa a el alo
del sac amen o y bien puede dispensa en ellos el Vica io de C is o. Dispensó, pe o mandó
que en los diez años pa a que se p o oga la dispensa, conspi asen exp esa y ap e adamen e
[ . 26 .] los obispos y misione os a desimp esiona [sic] aquellas gen es de los e o es que
les hacían abo ece la sali a. Pe o si acabado el decenio no se hubiese log ado a anca de
sus ánimos el ho o que ienen a las ce emonias con que manda la iglesia adminis a el
bau ismo, "de e minamos y mandamos, dice en su Bula omnium solici udinum el seño
Benedic o Décimocua o, que sean en iados a la egión del Madu ai o os misione os o
secula es de o o ins i u o, pa a que expe imen emos si Dios, cuyos juicios son
incomp ensibles, ha de e minado de ama las iquezas de su mise ico dia sob e el abajo
y diligencia de o os ope a ios y quie e, po medio de és os, hace el u o que po medio
de los misione os (jesui as) que allí es án, no se ha conseguido has a aho a, aunque sin
culpa suya". En consecuencia de és o manda Su San idad a los jesui as del Madu ai que
cuando ayan allá nue os misione os de o o ins i u o, les dejen lib es y desemba azadas
las misiones y se uel an a Eu opa, "ube io es, u spec amus, in hisce pa ibus ela u i".
Pa éceme que a is a de ejempla an ilus e no ex aña ían los e e endos pad es que se
les qui ase la educción pa a dá sela a o os, si no mejo es más ú iles, po que es p esunción
luci e ina pensa que sólo ellos pueden hace u o en la Iglesia de Dios.
90.Como a, Seño , es e esc i o a la Co e, en donde halla á muy pode osos enemigos y
muy as u os impugnado es, y él no puede esponde po sí, su au o no puede menos de
opone algún epa o a lo que allá se pueda deci con a él. Y ojalá se le ocu iese odo, pa a
que odos quedasen sa is echos. Mas ya que no pueda an o, ha á lo posible. Di án que
siendo dispensable el p ecep o que manda no asis i los in ieles a odo el sac i icio de la
misa, no es an igu oso y u gen e que po sólo su queb an amien o se haya de hace an o
uido. Dispénsele el obispo y no sea an du o, haciendo a o a los Pad es y concediendo
ese p i ilegio a sus pob es y mise ables ca ecúmenos, pues iene sus acul ades an
amplias, y es an di ícil el ecu so [ . 27] a la sup ema cabeza de la Iglesia. Y habiendo
80
es á endiendo públicamen e. Leílo así en un lib o de co adía omando sus cuen as, y
después me lo enseñó la expe iencia, po que de dicha P ocu ación hice comp a alguna
pa a su i mi o a o io. De ap o echamien o de made as puedo ambién depone po mí
mismo, po que es ando de isi a en la ciudad de Jujuy y p esenciando alguna ez po
di e sión la áb ica de su nue a iglesia, p egun é de dónde se habían aído an as y an
p eciosas made as, como se gas aban en la ob a. Todos me espondie on que de
Mi a lo es, y de aquí sale ambién mucho abaco y muy escogido, según me dijo
umándolo un in eligen e de es e géne o. Y si odo es o sé yo de paso y sin habe lo
a e iguado de p opósi o, ¿cuán o se á lo que pod án a e igua los minis os y o iciales de
V.M.?
109.Es cie o que es a opulencia no es común a odas las educciones, po que las que
comenza on aye no pueden es a hoy muy sob adas pe o lo es a án con el iempo, ya
po que sus ope a ios son en adelan a las más solíci os de lo que debie an y ya po lo que
me dijo el supe io de odas ellas: sob e unas casas pajizas se le an ó la g andeza de Roma.
Siendo pues no o io a cualquie a que enga ojos que el á ico en que hie en es as
educciones no es pa a los educidos, po que pa a és os mucho menos es necesa io, ni pa a
los doc ine os, po que a és os da V.M. decen e cong ua y ienen segu a la paga siemp e
que an po ella, ¿se emos eme a ios en deci y juzga que son a a ien os y codiciosos al
e los emplea en solici udes an con a ias al ins i u o que han p o esado, y al empleo que
es án eje ciendo? Si es e dicho y juicio, Seño , son eme a ios, se á p eciso condena an os
buenos lib os como los que nos enseñan los caminos po donde se sube a la cumb e [ . 32
.] de la pe ección c is iana y eligiosa en que debían es a muy adelan ados unos
misione os de o icio.
110.Di án acaso que conoce de es o no es p opio del obispo, po que es ando los
jesui as exen os de su ju isdicción, ¿quid illis de his qui o is sun , judica e? Ojalá el obispo
se pudie a p escindi de una ma e ia an odiosa. Pe o es á obligado, y muy obligado, a
cela y cas iga los excesos que en es a ma e ia se come en, aunque los come an egula es
an exen os como los de la Compañía de Jesús, y aunque los come an és os mismos. Así se
lo iene mandado nues o San ísimo Pad e Clemen e XIII, po su Bula cum p imun,
expedida el año de 1769 y el segundo de su pon i icado. Po ella manda, enca gándoles la
conciencia, a odos los a zobispos y obispos que usando no sólo de aquella ju isdicción
o dina ia que po azón de su empleo ienen sob e los clé igos de su diócesis, sino de la
ex ao dina ia que en muchos casos les da como a delegados de la silla apos ólica sob e los
egula es exen os, celen, inquie an y cas iguen no sólo aquel deli o que en igu osos
é minos del de echo se llama negociación, sino ambién aquellos que el desmedido anhelo
de adelan a sus p opios bienes suele causa en los a ones eclesiás icos. Y si an a
mode ación exige nues o San ísimo Pad e de los egula es en la adminis ación de sus
p opios bienes, pa a que no expongan el deco o del o den eclesiás ico al ilipendio y
esca nio de los legos que mi an con ho o y ama gu a de su ánimo a unos eligiosos cuyos
plei os, al e aciones y ecu sos no pueden sopo a , y de quienes en y expe imen an que
con su an icipada y igilan e economía les han a eba ado muchos de aquellos hon ados
eje cicios con que pudie an sus en a se a sí y a sus amilias, ¿cuán a exigi ía de los

81
e e endos pad es doc ine os en la adminis ación de bienes que no son suyos? Po que
dándolos V.M. sob ados é minos a la educción pa a que se alimen en los indios de sus
u os y sepa adamen e al doc ine o el bas an e sínodo, nada se puede ap opia a sí, ni a su
Colegio. Con odo, en la ins ucción ci ada en el núme o 105 dice su au o , que es un
jesui a de mucha au o idad: Pueden V. Re e encias acudi al pad e P ocu ado Miguel Zea
pa a que los comp e y en íe [ . 33] con la pla a del pueblo lo que V. Re e encias
necesi a en. ¡Ah!, Pad e mío, ¿qué eología es és a? El pueblo es, Seño , de los ganados
mayo es y meno es que se han dado de limosna, de los ap o echamien os de es os mismos
ganados, de las semen e as de maíz, po o os u o as legumb es que han de hace los indios
y de la pla a que edi uasen es as sus g anje ías, después de man enido el doc ine o, sólo
puede alega dominio sob e lo que le da V.M. pa a su cong ua. Pues ¿po qué han de
comp a el doc ine o y su socio lo que necesi a en con dine o ajeno? Lle a on ese dine o
po í ulo de adminis ado es. Pues muchos í ulos de Cas illa oca ían sus mayo azgos po
la adminis ación de las haciendas de los indios.
111.No quie o, Seño , omi i una espues a que cuando yo po igno an e no le podía
hace ca gos, me la dio an icipadamen e y sin pedí sela el pad e doc ine o de la educción
de Abipones. Díjome se cie o que el ganado de su educción e a mucho, pe o que odo se
empleaba en man ene no sólo a sus indios sino ambién a los de o as educciones. Es
cie o que algunas eces han p es ado a o as educciones, pe o es e emp és i o o donación
no es común, po que ha o se ocea ía si lo uese y odos lo e íamos, po que muchos
cien os de ganados no podían a a esa mucha ie a sin se sen idos. Poco ha die on o
p es a on a la educción de los Tobas una po ción de eses, mas es a donación o emp és i o
no la inspi ó la necesidad sino la indus ia, po que pidiendo licencia pa a que pasasen
dichas eses, alega on que e an 300 o os y no illos pa a que allá no se consumiesen las
acas con no able pe juicio de la mul iplicación de ganado.
112.Pe o si una educción es an ica (no sólo lo es una) que pueda soco e a o as, ¿po
qué es os Pad es, in e poniendo aquellos e ce os que llaman cabezas de hie o, comp an
los diezmos de la Iglesia? Es o es no o io habe lo hecho muchas eces en la ciudad de
Jujuy, y una de las causas po que en dicha ciudad se hicie on odiosos y [ . 33 .] clama on
a V.M. po su expulsión los ecinos. En San a Fe comp a on los diezmos el año de 1764 y
asegu ó su P ocu ado , que ba a os. De Tucumán lo supe hab á dos años, po que
o eciéndose la ecaudación de ellos una di icul ad que sólo yo podía disol e , no acudió a
mí el pos o sino el pad e P ocu ado de P o incia, alegando que la Compañía había pues o
los diezmos de Tucumán po medio de un cabeza de hie o pa a soco e a los indios. De
modo que hagan es os pad es lo que hicie en, bueno o malo, odo se sanea y san i ica con
el p e ex o de los indios: como si lo que es malo adqui iese alguna bondad po hace se ad
majo em Dei Glo iam. Y no sólo es malo en un eclesiás ico, especialmen e siendo egula
y minis o de C is o en la p edicación del E angelio aquella negociación, que les es á
en edicha po los cánones, sino ambién aquella desmedida solici ud en el manejo de
p opios bienes, que aunque no es é exp esamen e p ohibida [po ] los sag ados cánones,
cede en ilipendio del o den cle ical, dep ime y en ilece a sus p o eso es, conciliándolos el
ho o y quejas de los legos. Y siendo odo és o comp endido en la bula de nues o
82
San ísimo Pad e Clemen e XIII, éase si oca es a causa al conocimien o del obispo.
Dióseme es a bula en Buenos Ai es po un g a ísimo pad e jesui a, que e a en onces
Visi ado de es a P o incia, y ag adecie a yo que hubie a excusado semejan e dádi a,
po que si en onces no cos ó dine o, cues a aho a g a ísimos emo es, esc úpulos, y
emo dimien os de conciencia. Pensado he mucho sob e pone en ejecución lo que manda
Su San idad, y pesando en la balanza del discu so el mucho uido que ha ía es a causa con
el ningún u o que saca ía de ella, po los ecu sos la gos y cos osos que no end ían in,
me con en o en pone lo en no icias de V.M.
113.Y no sólo po la ci ada bula oca al Obispo el conocimien o de es a causa, sino
po que ju ó an es de consag a se no solamen e no impedi la cob anza de los eales
no enos sino ambién coope a a su ecuadación. Viendo pues de audado de g an
po ción de ellos al mona ca que me le an ó del pol o y me hizo de su Consejo, no e a
azón que me es u iese mano sob e mano. Po es o pedí los diezmos de las
Reducciones, [ . 34] po que siendo odo lo que p oducen u o de ie as dadas po V.M.
a unos homb es legos, no había luga a la ein ena que deben paga de sus cosechas los
Pad es Jesui as ni a la co a en que és os se hubiesen compues o con las iglesias. A és a
mi pe ición espondió el Pad e que e a en onces P o incial, de dos modos: el p ime o,
diciendo que has a aho a no había pedido V.M. es os diezmos, y el segundo,
p egun ando si pagaban diezmos los in ieles. Male cause pejus pa ocinium.
114.Aquella po ción de los diezmos que en es os einos se ha ese ado V.M. en
señal de sus egalías y pa ona o, no las ha de exigi po sí mismo. Exígelas po medio
de sus minis os, que pa a és o los hon a, los paga y los en ía a es as P o incias, y
siendo en és a el Obispo el Minis o a quien oca pedi y cob a los diezmos y no enos
de V.M. pues les ha iado su adminis ación, aunque no a él solo, ya se ha e i icado lo
que pa a paga los diezmos de la educción espe aba el pad e P o incial, pues se los ha
pedido V.M. po medio del Obispo, a quien iene aquí pa a pedi los. Pues, ¿po qué no
paga án, aún después del ecu so que cos ó cua ocien os pesos? P o es o, Seño , no
in en a o o en es e Reino. A ues o Real y Sup emo Consejo de Indias ecu i é
mien as no den una g an uel a las cosas de la Amé ica.
115.No es más sólida la segunda espues a: ¿pagan diezmos los in ieles? Es o más
pa ece bu la se del Obispo que esponde al caso. Cie o es que los indios in ieles no
son súbdi os de la Iglesia, po no habe los hecho ales el Bau ismo. Po es o no los
compele a paga diezmos y p imicias. Pe o si no es ando suje a la pe sona del in iel a la
ju isdicción de la Iglesia, lo es á la ie a o he edad que lab a, hab á de paga po el
e uño lo que no debe po sí mismo. V.M., en el p ime o de las ecopiladas de es os
einos, í ulo y lib o 16º, manda que de su haciendas y g anje ías se pague diezmo,
según y de la o ma que lo pagan los demás ecinos. Pues si quien es dueño de oda la
en a decimal hila an delgado consigo mismo, ¿qué se á azón que hagamos [ . 34 .]
sus asallos?
83
116.Pe o hemos de con esa que el Pad e P o incial dio aquella espues a de epen e
y sin ene la bien pensada, (Esc i o al ma gen: íla después en una ca a suya), aunque
de és o se esien an su ci cunspección y au o idad, po que dado de se io y de pensado,
es p incipio de in ole ables consecuencias que no se le han pasado po el pensamien o.
Pa a eximi a los indios de paga diezmos po que son in ieles, e a p eciso que no siendo
de la ju isdicción de la Iglesia, ampoco uesen de la dominación de España y és o ya se
e que no lo ha de pensa , cuan o más deci el Pad e P o incial. Fue a de que es a
segunda espues a con adice a la p ime a, po que si espe a o den de V.M. pa a diezma
po sus indios, ya supone y áci amen e con iesa que aunque no es én suje os a la
ju isdicción de la Iglesia, lo es án al dominio de España.
117.Y odo es o, Seño , he dicho, no po que enga en idia a la opulencia de es os
Pad es sino po que no p oceden secundum e i a em E angelii. También se lo di é al
común pad e de odos nues o san ísimo pad e Clemen e XIII, pa a que ea Su San idad
cuán o se han alejado de las sendas que les ab ió nues o G an Pad e San Ignacio con el
ejemplo de su singula ísimo desin e és, y cuán con a ios son sus p ocede es al ins i u o
apos ólico que han p o esado y es án eje ciendo. Anhelan po el aumen o de los bienes
del siglo abusando pa a ello de un empleo cuyo más sólido undamen o es el c is iano y
gene oso desp ecio de oda la glo ia de es e mundo, y no cesan de mul iplica indus ias
pa a aumen a y dobla sus ganancias con el p e ex o de un o icio, quo Mundi des ui
luc a de bue an . Cie amen e, Seño , que si es os Pad es p oceden como após oles de la
e dad, min ió és a: min ió el C isós omo y min ie on cuan os a ones san os y
e angélicos han enseñado de ob a y de palab a la doc ina con a ia a sus acciones.
Gló ianse de sabios, mas con la al a de humildad y sob a de elación omnis sapien ia
eo um de o a a es . Blasonan de con inen es, pe o como di á el seño San Isido o: ec e
de i gini a e gaude en , si a liis pa i is ope ibus non inse i en qui con inen iam
p o i e u , e ab alis e enis deside iis non suo ahi u , quam is hunc luxu ia ca nis non
pullua , di e sa [ . 35] amen mundane con e sa ionis macula . ¿Quiénes más en uel os
en negocios y á icos que es os Pad es? ¿Quiénes más sume gidos en deseos y codicias
de ie a y más ie a que es os Re e endos?
118.Y si es máxima magis al de la Compañía conse a muy lo ecien e el c édi o
de sus colegios e indi iduos, pa a que así sea más uc uosa su p edicación en los
pueblos, ¿cómo an o se han ol idado de su p ác ica? ¿Se gana o se conse a de o ando
la sus ancia del e i o io en donde habi an? En Sal a les han hecho, Seño , ues os
Gobe nado es, me ced y donación de odas las sob as de ie a, o como se dice en
Cas illa, de odos los baldíos, usando en mi iempo y es ando yo allí, con an a
despo iquez de es e de echo que a un pob e clé igo que es aba en quie a y pací ica
posesión de una muy buena es ancia, se la qui an si no iene muy a mano sus
ins umen os de pe enencia. P egun éselo al clé igo po ce i ica me de lo que oía:
con esóme se así, y aunque le dije me diese un es imonio ju ado del hecho, no me lo
dio, excusándose con buenos modos. Conocí sus miedos y a la e dad no mal undados,
po que qué se ía del mise able si se mu iese el Obispo y llegase a no icias de los Pad es
el es imonio que había dado.
84
119.La ciudad de Jujuy los codició cuando los igno aba: ecibidos den o de sí con
mucha hon a, y a muy pocos años de expe iencia los p e endió a oja de sí, no po
inú iles sino po pe judiciales. El empeño de man ene se en aquella ciudad en donde
absolu amen e no son necesa ios, a cos a de plei os muy uidosos y la gos con que han
a ligido a odo el ecinda io, es a gumen o e iden e de su adhesión a bienes empo ales,
pues si hubiesen en ado allí como e dade os Após oles, como ales hubie an salido,
sacudiendo el pol o de sus pies. Mas ¿cómo han de sacudi el pol o de sus pies, quien
se lle a a ellos pegada, y muy pegada, la ie a?
120.**No puedo menos de inje i en es e luga algo de lo que ha sucedido, al
ex aña de es a P o incia a los e e endos [ . 35 .] Pad es jesui as, ya po que su modo
de sali cali ica á de cie o lo que en el núme o an eceden e acabé de esc ibi y esc ibi é
después, ya pa a que lo que aquí apa eciese esc i o si a de an ído o al eneno de
impos u as, calumnias y men i as con que han de que e a osiga la e dad. Si
p esumiese que en llegando a Eu opa han de desac edi a a V.M. y sus minis os con
papeles a i iciosos, abona án mi p esunción el idelísimo de Po ugal y los suyos ¿No
eme emos que hagan en Cas illa lo que hicie on con Po ugal? Ha ánlo en llegando al
é mino de su pe eg inación, po que lo que an haciendo yendo de iaje mucho mejo
ejecu a án es ando quie os. Cuando salie on de Po ugal se empeñó la Compañía en
alsi ica muchas e dades que nos e i ie on de aquel Reino los que las ie on, oye on
y palpa on, y al mismo iempo que en el ibunal de odo el mundo acusaba al idelísimo
y sus minis os, canonizaba a sus socios y los ponía en el ca álogo de los má i es.
¿Quién duda que aho a obse a á la misma conduc a, cuando piensa ella y los suyos que
oda su culpa es inocencia?
121.**Regis ando ues o Gobe nado del Tucumán a los Pad es del Colegio de
Sal a que habían ocul ado papeles y dine os, se halló un olle o en que e i iéndose
como en gace a las o unas e in o unios de la Compañía, se pin aba és a si ma chi a en
Po ugal muy lo ecien e en Roma y en España, pe o qui ando y añadiendo los
gace e os a su a bi io. En e a ias piezas de que se compone el olle o, hay una ca a
del Pad e Jaime To es, P ocu ado en esa Co e de Mad id en que e i iéndose las
desg acias de sus Jesui as de Po ugal, dice: Todas es as a licciones las padecen con una
cons ancia, anquilidad de ánimo, esignación y aleg ía digna de los má i es de la
p imi i a iglesia, que es p ueba nada equí oca de su incencia. En o a en que se e ie e
lo acaecido con los Jesui as del Janei o, dice uno: han sido eno adas en nues os
iempos las i anías de los enemigos de la C uz en los p ime os siglos de la p opagación
del E angelio. Aún más se dice en el Capí ulo de Lisboa 6 de junio de 1759. Tu e en mi
pode [ . 36] cua en a y es días es e p ecioso eso o (habla del lib o de sus cuen as)
en e o os ins umen os, odos ellos p uebas e iden es de su pe secución. És a la ha
hecho Dios pa en e en las esplandecien es luces celes iales en las mue es de algunos
san os de sus eligiosos en que se dejó conoce la co ona del ma i io. Juzgóse que se ía
bas an e que el Seño decla ase la inocencia de es a sag ada eligión pa a que es e
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mona ca despe ase de su le a go, y aún dio indicios de peni en e, pe o habiendo en ado
el minis o salió un dec e o de que pena de la ida de ninguno hablase palab a de la
isión y p osigue la pe secución con odo igo ... Ya no se halla más ejemplo que en la
paciencia y esignación con que su en su pe secución: los dulces coloquios con que se
o ecen a Dios po íc imas: las ansias con que piden a Dios po es e Reino y sus
enemigos. Las gua das salen peni en es de e las sua es dulzu as en que se emplean.
122.**No pienso, Seño , pone en dispu a es as no icias aunque el olle o de donde
se han sacado no las ac edi a de muy cie as. Pues si hablando de ma e ias an públicas
que ninguno de los que han i ido en Eu opa puede igno a , es cogido su au o en
g a ísimas y pe judicialísimas men i as, ¿qué c édi o se me ece á en o as que no son
an i iales? Son, Seño , algunas an eno mes, que aunque hubie a sucedido lo que
e ie en, hab ía suma diligencia en c ee las. P escindiendo pues de su e dad o alsedad,
no es imposible publiquen en o os einos de V.M. sus minis os lo que en es os
publica on del idelísimo Rey de P o ugal y los suyos. Como quie en pe suadi a odo el
mundo que cada jesui a es un San Pablo, di án de cada uno de es a P o incia que padece
pe secuciones con una cons ancia, anquilidad de ánimo, esignación y aleg ía digna de
los má i es de la p imi i a Iglesia, y de odos ellos di án lo que el ci ado olle o en el
[36 .] Capí ulo de Lisboa. Algunos homb es doc os y de juicio de las demás eligiones
publica on en el púlpi o que la eligión de la Compañía o ecía a Dios an os má i es
como eligiosos enía en el eino.
123.**Pues si allá, Seño , se dije e o o an o de es a P o incia, no se les c ea sob e
su palab a. Y po que en e an os como an de aquí no al a á quien diga es a men i a,
quie o an epone a ella el an ído o de la e dad, e i iendo lo sucedido en su expulsión.
Un golpe g ande hace pa en es al oído del cue po la buena o mala cualidad de los
me ales, y una pe secución especialmen e inopinada mani ies a al del espí i u la
pe ección o impe ección del pe seguido. Llególes a es os Pad es la que ellos llama án
pe secución y ¿qué sonido ha causado es e golpe? ¿qué eco ha dejado en nues os
oídos? No se ol ida án los i ien es del descoco con que se han po ado, es ando como
ellos di án pe seguidos. Dándoles el Rey cuan o podían desea , se mos aban quejosos.
Siendo lle ados a su des ino e an sob emane a moles os a sus conduc o es, y como en
las gen es de que se había de ale el Gobie no pa a su conducción es á an a aigado el
miedo del dominio jesuí ico, así los obedecían, como si es u iesen en el auge de su
p ospe idad. Cuando po ándose como homb es apos ólicos y como quie en se
espe ados, debían i o eciendo a Dios su des ie o, ole ando con c is iano silencio sus
abajos y ogando po los que enían po pe seguido es, iban ulminando amenazas y
echando e os al Obispo y Gobe nado del Tucumán. La úl ima lección que dejó uno de
ellos a mis súbdi os ue deci que las censu as e an pa a bobos, aludiendo a una que hice
pa a publica con a los que u iesen bienes ocul os de la Compañía en su pode .
P o i ióla uno y ha cundido más de lo que ue a azón aunque ya se ha p ocu ado a aja
es e cánce .

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124.**¿En dónde es á el apos olado de es os Pad es? Si lo uesen como blasonan, se
deja ían lle a y descuidando de odo lo e eno se a oja ían en la p o idencia de Dios
y la del Rey. Siendo és a an la ga, que no sólo bas aba pa a su es ido y alimen o sino
ambién pa a su egalo, e a muy na u al que sólo cuidasen de encomenda se a Dios,
some iéndose
a la disposición de sus ocul os [ . 37] y e ibles juicios. De homb es que se ienen
po ángeles y po exen os de aquellas pensiones que a los que quie en i i según la
azón aen cabizbajos y a ligidos, ¿qué o a cosa se podía espe a ? Pues al ó ambién
undada espe anza, po que hicie on lo que un me cade lleno de ampas, que cuando
huye del juez, o po que no quie e, o po que no puede paga a sus ac eedo es, se lle a lo
mejo y más lo ido de sus bienes. Los Pad es no lle a on lo mejo po que no pudie on,
mas en lle a aquello a que pudie on echa mano no se queda on co os. Po es a causa
padecie on del Gobe nado y minis os de V.M. algunas moles ias, y si és as las cali ica
su eología de ma i io, bien se á necesa io o ma de nue o o o Ma i ologio.
Regis óseles es ando yo con el Gobe nado en San iago, y además del dine o que
lle aban en a ias bolsas y lo que se halló cosido en unas b agas de emuda, pa ecie on
[sic] algunos lib os y manusc i os de impo ancia. En e ellos se halló el olle o a iba
dicho con una minu a de los conduc os po donde que ían que su dine o uese lle ado
po Buenos Ai es a Cádiz y po Cádiz a Géno a ¿Quiénes lle aban su ánimo an
apegado a lo que un a ón apos ólico debía epu a po es ié col, po basu a y pol o,
cómo lo había de sacudi p os es ando en es e sacudimien o su desin e és? ¿Y cómo
unos p edicado es an apegados a los bienes e enos han de pe suadi el desapego de
es os mismos bienes a los pueblos?**
125.Es as P o incias, Seño , necesi an de unos p edicado es sumamen e
desin e esados po que el icio dominan e de es os p o incianos es la a a icia, y si el
p edicado yace en e mo incu able de es e icio, ¿cómo sana á de él con sus plá icas y
se mones el audi o io? Es an audaz y descocada la a a icia en es os países (no lo digo,
Seño , sin g a ísimo dolo de mi espí i u) que no espe a a los a chi os públicos,
ex ayendo de allí los p o ocolos y causando a los ecinos y comunidades g a ísimos e
i epa ables daños. El Cabildo de la ciudad de Sal a me pidió unas censu as po se és as
el úl imo y [ . 37 .] único emedio pa a que pa eciesen muchos papeles e ins umen os
que sin sabe po quién, se habían sacado del a chi o. Pa eciéndome la causa muy
u gen e, las concedí en onces y no sé si aho a las concede ía, po que si el pueblo e y
sabe de cie o que los e e endos Pad es Jesui as come en semejan e c imen con mucha
se enidad de conciencia, desp ecia ía [Esc i o al ma gen: Yo sé que se han
desp eciado] las censu as, no eniendo es e pecado po ac eedo a an g a e pena, y
acaso undándose en algunas azones de con eniencia p opia, no le end án po culpa.
He is o y leído una ca a o iginal en que un Re e endo Jjesui a llanamen e con iesa y
aún se glo ia de habe ex aído de pode de un Alcalde de Jujuy, en cuyo pode po
azón de su o icio pa aban odos los p o ocolos e ins umen os públicos de su epública,
unos Au os o iginales o mados en la causa de unos meno es con a la Compañía. Lo
peo es que es e Alcalde come ió o a no menos eno me injus icia, negando a los
meno es un aslado del o iginal que dio a los Pad es: es o es no o io. Toda la ciudad de
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Jujuy lo sabe: no lo igno an muchos de la P o incia y no p esumiendo algunos que el
Pad e pecó a lo menos g a emen e, o suponiendo muchos que ob ó bien en la
ex acción de dichos ins umen os, po que el Pad e ex ac o es maes o en Teología,
g an p edicado de la Di ina Palab a, supe io de algunas casas de su o den y, en suma,
el pad e Lizoain, pensa án muchos si no odos, que cuando se les siga algún p o echo o
hayan de e i a algún p ejuicio, les se á líci o hace o o an o. En Sal a no ha mucho
que se me quejó un clé igo de que no le que ían ol e [sic] unos papeles que les había
en egado en con ianza, y diciéndoles que p esen ase un pedimen o en mi juzgado,
hicie on la es i ución, aunque mal. Hicie on bien po que me qui a on el abajo de
p ocede con a ellos y se aho a on el son ojo de e se condenados. Y ea V.M. el
u o de su p obabilismo. Todo es líci o si a la Compañía son ú iles. Con azón quie en
an o el p obabilismo, pues ninguno lo necesi a an o como ellos.
126.Oído he muchas cosas que es os Pad es nunca claman en sus se mones ni en
plá icas con a los que de audan los diezmos de la Iglesia. Oílo la p ime a ez a un
a ón muy doc o [ . 38] y ad e ido, que aunque no e a Jesui a había sido en algún
iempo el idolillo de la Compañía. Desp ecié en onces es a especie po que pa a mí e a
muy impe inen e, mas aho a que me pe enece no puedo menos de deci que es muy
cie a. Una misión, ya se sabe, que es una ed ba ede a en que a la co a o a la la ga
caen odos los pecados del pueblo, caen las ballenas y caen las sa dinas. Pues
p edicándose una el año pasado de 1766 en San iago del Es e o, no pudo el cu a
consegui del pad e misione o que una sola ez declamase con a los malos pagado es
de diezmos. Siemp e decía que se le ol idaba, y no se ol ida lo que mucho se ama o se
abo ece mucho po que si el amo conse a esca la memo ia del bien, el odio a i a las
especies del mal.
127.Todo es o que se sabe y se mu mu a aunque muy a escondidas, ¿qué las imosos
e ec os no hab á causado en unas gen es cuya p edominan e inclinación es la ansia de
ene más y más? Y los indios po bozales que sean, ¿no han de conoce la he mosu a de
la i ud y ealdad del icio, especialmen e después que se ayan cul i ando? Lo
p ime o que el seño sobe ano pedía en nues os misione os e a el desin e és [Esc i o al
ma gen: Véase en la Polí ica, lib o 4º, cap. 18] ¿Pues qué mayo desin e és, di án los
Pad es, que da un odo a los indios y nada pedi les? Vox quidem ox Jacob es sed
manus manus sun Esau. ¿Qué di á el indio iendo el desa o ado a án de su doc ine o
en amon ona bienes que no sabe en dónde se consumen? P egún eselo a los ilelas que
en a on en su pode algo despejados y mejo es que lo que son aho a ¿Y es o no lo en
los Pad es, siendo an linces? ¿cómo no lo han de e ? Si lo en, ¿cómo lo disimulan?
No al an en e ellos quienes engan despejado el óp ico del espí i u. Pe o en y callan
po miedo de sus consocios. Yo sé de uno que allá en su incón llo aba a su eligión
hecha un algamacén y de o o que dijo al sabe el dec e o de su expulsión; a la e dad
nues o pad e San Ignacio ha en iado es e cas igo po la p esunción y al a de
mo i icación que se había ido in oduciendo en noso os po el amo a la comodidad.
No sabía es e Pad e odo [ . 38 .] lo que pasaba en su casa, po que c eo no había is o
la P ocu adu ía Gene al del Colegio de Có doba. Máximo llaman a és e po la sobe bia
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y magni icencia de sus edi icios; pe o a su P ocu adu ía debíamos llama la lonja
máxima. Y econ iniendo yo po azón de mi empleo a un pad e Visi ado de es a
P o incia sob e el g ueso y escandaloso come cio de su P ocu ado , me espondió con
mucha sencillez: Seño , no puede se éso, po que nos los iene nues o Pad e Gene al
p ohibido. Él es buen homb e y pa ecía en iado pa a no e lo que había de isi a . Ya
lo hemos is o odos y oímos deci a un come cian e de es a ciudad luego que se supo
su expulsión: G acias a Dios que ha queb ado el me cade más g ueso, e abe illi qui
abe es , in ide . Quien es u enemigo.
Di án cuando és o llegue a su no icia (sob adas diligencias hacen pa a ello) que odo
cuan o esc ibo es e ec o de male olencia, y és a nace de es a el Obispo imbuído de las
censu as de los jansenis as y de las calumnias de los malos c is ianos. No es así, jamás
abo ecí a es a Religión: siemp e la amé y amo, aunque nunca la he lisonjeado como los
que le ibu an inciensos pa a adelan a su o una: leí no pocas eces, siendo jo en, lo
mucho que se ha esc i o con a sus p o eso es; c eía en onces que si no odo, lo más
hab ía salido ex-incude Ba a a, y aún leyendo al seño Pala ox no podía ence me a da
o al asenso a lo que sob e la conduc a de es os Pad es esc ibió al Papa Inocencio. Pe o
habiendo leído después y expe imen ado algo más, no puedo menos de ene po cie o
lo que que ía que uese also.
128.Todos na u almen e deseamos la hon a. Yo la deseo, y po adqui i la con e dad
que he abajado algo, pe o asegu o a V.M. delan e de Dios que si se me e idenciase lo
con a io, da ía po bien empleada la pé dida de mi hon a po que saliese ic o iosa la
causa de es os pad es. Ámolos in isce ibus Ch is i, y ojalá uese hallado p o e a also
como de sí lo deseaba uno del Viejo Tes amen o. Con gus o abandona ía mi hono , si a
cos a de él hubiesen de se e dade os após oles y socios de Jesús. Y si he dejado co e
la pluma lo que me pe mi en mis indisposiciones y el queb an o que ha causado en mí
[ . 39] cue po la des emplanza de es os Países ha sido po que la llaga es á an cance ada
que no se puede cu a sin hie o y uego, es oy po la sublime dignación de V.M. en
donde nada de es e mundo engo que desea y no eniendo más p e ensión que la del
Reino de los Cielos po no pe de an o bien me eo obligado a deci la e dad.
129.Pudié ase deci de o o modo: ya no es iempo. Yo, Seño , me dijo un clé igo
muy con iden e suyo, soy de sen i que sob e és o no les econ enga ni haga ca gos
po que no es án en disposición de oí los. Hablábamos de la ma e ia de es e esc i o y
dijo muy bien: ¿se han de da medicinas a quien se iene po sano? No las que á
admi i . Juzgan es os Pad es que no es án en e mos y es consiguien e no quie en se
cu ados. Nada de cuan o hacen les pa ece a e ado; odo lo ienen po acie o y se
da ían po muy ag a iados si nos empeñásemos en hace les conoce sus ye os. Viendo
es aban odas las ciudades del Tucumán su come cio y sólo su Visi ado no lo eía. Y si
en oz y en esc i os ienen b íos pa a nega hechos no o ios, no o ie a e ju is e ac i,
como concede án los que no han llegado a an o g ado de no o iedad. Quien se los ha ía
c ee , cuando me dijo un P o incial suyo, con poca e güenza, que su Religión no e a
como las o as en que había paja, po que en la Compañía odo e a g ano pu o y
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escogido. Es en sen i de los compañe os sine macula e sine uga. No la ienen po
cong egación de homb es sino de ángeles supe io es a odas las laquezas de los demás,
diciendo el san o Job: ecce qui se iun ei, non sun s abiles quan o magis hi qui
habi an domos lu eas. Y si an as desg acias como han padecido no les han abie o los
ojos pa a conoce en an e ibles e ec os los jus os y o midables juicios de la Di ina
P o idencia, ¿cómo p esumi é yo ab í selos, cuando el meno de ellos se iene po
gigan e y me epu a a mí po un pigmeo? Po eso lo pongo en no icia de V.M. y pido al
omnipo en e Seño del cielo y ie a aplique el emedio con su pode osa e in encible
mano.
130.**Es o es, Seño , [ . 39 .] odo lo que a V.M. me había p opues o deci , luego
que concluyese mi isi a. Cuando llegó a mis manos el dec e o que ulminó V.M. con a
es os Pad es ya es aba concluido, y aho a sólo he añadido lo que a es ellado. Aquél,
Seño , en cuya mano es á el co azón del Rey, di ija el de V.M. al acie o y le sugie a
aquellas máximas que le hagan muy digno de sus an eceso es y deje muy a ás sus
p oezas adelan ándose a ellos con muy glo iosas y c is ianas emp esas.**
Reducciones
1. Pongo, Seño , segunda ez es e í ulo, po que siendo ya an o o su signi icado
pa eció p eciso añadi le, y como la educción de los ilelas si uada hoy en el luga que
llaman las Pe acas, ue de clé igos y pasó después a los Pad es Jesui as de quienes quasi
ju e pos liminii ha uel o a los mismos clé igos, no puedo menos de expone los
mo i os con que se ejecu ó su ans o mación.
2. El Pad e P o incial que aho a es de la Compañía, en ca a que me esc ibió desde
Có doba a Sal a en 21 de eb e o de 1767, dice así: "Es a poca subo dinación de los
indios se expe imen a en un pueblo de ilelas que es u o po muchos años suje o a la
di ección de un clé igo segla que los dejaba i i con suma libe ad. Y po es o se
pugnó an o mi eligión oma le a su ca go, y condescendió con ello el Pad e P o incial
José Ba eda po da gus o al dignísimo an eceso de V.S., el seño A gandoña."
3. Es a cláusula es á oda llena de a i icio. Han se amo inado en es e año de 1767 las
educciones del Salado: ha se comenzado a ac imina la poca o casi ninguna
subo dinación de los indios a sus pad es doc ine os y su poca es abilidad en las
educciones, y como de los daños que se han expe imen ado y aún se emen no son
pequeña pa e los ilelas, se quie e echa la culpa al clé igo que los dejó hechos a malas
mañas, cuando los omó a su ca go la Compañía. Como si una causa que ue más ha de
16 años y desde en onces no es, pudiese ene e ec os en el p esen e.
4. Pa a esponde a es a cláusula con que pa ece es a deshecho y a uinado odo
cuan o se dice en el núme o 42, he consul ado [ . 40] a suje os e ídicos que pueden
depone de los sucesos pasados y engo p esen es ins umen os au én icos de aquel
iempo. Di é pues lo que de ellos na u almen e se colige.
5. Es os indios ilelas ue on descubie os po un capi án san iagueño el año pasado
de 1725, y aunque desde en onces mos a on mucha a ición a la nación española y la
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emedia , sólo mandaba el sobe ano lo que que ían ellos. En sus a chi os he is o yo
o iginales algunos in o mes que si no se en ia on a esa Co e, se esc ibie on pa a eso.
De és o pudie a ae más ejempla es pe o ala ga ían mucho es e esc i o, y ol iendo al
Gobe nado .
26. Digo, Seño , que és e ni hizo caso del doc o Suá ez ni es imó su educción. Oiga
V.M. al dicho doc o , cuyos dichos no son de desp ecia , eniendo an os es imonios en
su abono. Pues en ca a que me esc ibió [Esc i o al ma gen: esc ibióse és o el año
pasado de 1767], po el mes de junio de es e año, dice así: consul é con el seño
Gobe nado que a la sazón e a, di pa e al P elado: ambos hicie on la is a go da.
P incipalmen e, el seño Gobe nado me espondió que no podía auxilia me con cosa
alguna po es a en endiendo en auxilia las educciones de los Pad es, sin da la meno
p o idencia de una es y es ando en onces auxiliando a los indios malé olos Abipones y
Moco íes, hos ilizan es de oda la P o incia con sus insul os ¿Quién, Seño , no e y
admi a la asis encia y celo de es e mili a je e que expendió los habe es eales, no po el
bien de la con e sión de las almas sino po la con emplación de los Pad es? ¿Quién no
admi a, digo o a ez, la desigualdad de lo dis ibu i o, desp ecia al indio que
olun a iamen e se o ece a segui la ley de Dios y ab aza al ebelde Abipón? ¿Y quién
no admi a la iden idad que debe habe en uno y o o obje o pa a su a ención, que es la
con e sión de las almas sea po mano de Ped o o de Domingo, pues el in es uno?
27. Así se po ó un Gobe nado an c is iano, que se con esaba a menudo con los
Pad es y ecibía con ecuencia de sus bendi as manos el Sac osan o Cue po del Seño ,
y se la a ía las manos en p o es ación de su inocencia: odo lo juzga ía hecho ad
mayo em Dei glo ian, po que así se lo di ían sus ene ables di ec o es. Y cuando pa a
omen a la educción jesuí ica, cuyos indios ningunas [ . 45 .] mues as habían dado
de con e i se, se pide limosna en Có doba y se exige sin pedi la en San iago, pa a la de
un pob e clé igo cuyos indios, unos ya e an c is ianos y o os daban espe anzas de se lo,
no se aplica una sola es. Los ecinos de San iago, más in eligen es que el Gobe nado ,
ienen po muy necesa ia la educción de los ilelas pa a la de ensa de la Pa ia, y el
je e, que había de adelan a la y p o ege la, ¿la abandona y se desen iende de an
conocida u ilidad? ¿Cuál se ía la causa? No la alcanzo, pe o desde que empecé a
camina po es a P o incia, me ue muy sospechoso el anhelo de es os Pad es a educi
los indios más gue e os.
28. Di án que he pues o es udio en echa a mala pa e las acciones de los e e endos
Pad es Jesui as, cuando pide la azón na u al que aquellas que no sean in ínsecamen e
malas aunque sólo sean indi e en es, se echen a buena pa e. Pues po qué no se ha á
es a jus icia con los Pad es, cuando su deseo de domes ica los indios más gue e os no
sólo es indi e en e sino bueno y laudable y me i o io, pues en la ejecución de es e deseo
se emedian los mayo es daños que se pueden eme de la e ocidad de es os indios.
Aún en sospecha lo con a io se les hace inju ia.
29. Doc ina es és a, Seño , muy cie a y muy segu a, pe o iene su alencia. Si una
acción, aunque sea buena po de ec o o po malicia del agen e, puede ene dos esul as,
una ú il y o a muy pe judicial a la República, ¿po qué hemos de a ende a la p ime a y
desen ende nos de la segunda, cuando si puede sucede la una, es ambién posible el
suceso de la o a? Supe muy poco después de habe llegado a es os Reinos, que la g an

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máxima de es os Pad es e a desa ma es as es p o incias de Tucumán, Pa aguay y
Buenos Ai es, y ia su de ensa al a do y pe icia mili a de sus indios. Un modo de
pensa an ex año compelió mi ánimo a pensa muy despacio y muy de p opósi o en sus
consecuencias. La memo ia de los sucesos del Pa aguay que no ine a sabe en es as
pa es, se me a i ó con la especie de es e g an p oyec o, y de una y o a se o maba en
la o icina de mi an asía una mons uosa imagen. Yo no sab é desc ibi sus
lineamien os, po que como de cosa u u a y po eni , no se dejaban e sino muy en
con uso. [ . 46] Po eso comencé a ecela sólo po que podía sucede , pues aunque en
o a ma e ia no se ía és o pa a ene bas an e undamen o, en la p esen e es muy
sob ado.
30. Y no puedo menos de deci el a o modo en que llegué a sabe el g an p oyec o
que habían o mado los Pad es de desa ma es as es P o incias. Él ue, Seño , e ec o
de una muy singula p o idencia del Al ísimo. El Pad e A nal, P ocu ado de las
Misiones Jesuí icas, esc ibió una ca a a ues o Re e endo Obispo de A equipa, y en
ella explicaba con p olijidad los g andes p o echos que al bien espi i ual y empo al de
es os Reinos se seguían, si odo el caudal que se dis ibuye en paga soldados y en
abas ece y pe echa los ue es, se aplicase a la manu ención de los indios en las
educciones, concluyendo que nues a de ensa se ía más igo osa y más segu a po que
se o ma ía de las educciones una ba e a impene able po los bá ba os. Pues es a
ca a, que se esc ibió pa a el Obispo de A equipa, se sob eesc ibió pa a el de Tucumán.
És e la leyó sin ad e i la equi ocación del amanuense. Si aquél la hubie a ecibido o
hubie a imbuído su ánimo de los que en el Pad e A nal pa ecen muy sencillos a ec os
del bien público, o no hubie a pene ado los sec e os que podía abo a con el iempo
una máxima en mi sen i la más pe judicial al Es ado. Po en u a pe mi ió y o denó
Dios es e ye o, pa a que pensase el Obispo de Tucumán lo que no podía pensa el de
A equipa. De és o, Seño , es oy muy cie o, po que habiendo iajado con él más de 70
leguas y a ado con él muy despacio, conocí que ue a de las ma e ias de su obligación
en que le supongo muy hábil, en lo demás la judica u a de su en endimien o iene poca
más ex ensión que la de sus sen idos. Yo, Seño , ine a es as pa es ins uido de muchos
de aquellos p incipios, si no odos, los que podían da a luz a es os discu sos. Po eso
en onces (no pude espe a has a aho a) comuniqué los sen imien os de mi espí i u al
seño ma qués de San Juan y al Re e endísimo Pad e Osma, y aho a los epi o po se
an [46 .] p opios de es e luga .
31. Concluyo pues, Seño , diciendo que es a educción de indios ilelas que
o ma on los clé igos y casi deja on pe de los Pad es Jesui as (no se ía po culpa suya),
ha uel o a pode de sus undado es po disposición mía y ap obación de ues o
Gobe nado del Tucumán. El mismo doc o Suá ez ha bajado de lo más al o de las
mon añas que di iden a es a diócesis de la de las Cha cas al si io donde deja on si uados
los Pad es a es os indios, y si Dios no le ha e a dado su iaje con alguno de aquellos
acciden es que ni puede p e eni ni e i a nues a P o idencia, es a á, cuando yo esc ibo
es o, sa is aciendo a los deseos de su piadoso y ca i a i o co azón. Po el mes de mayo
de es e año de 1767 le esc ibí haciéndole a ias p egun as sob e la educción de sus
ilelas, y juzgando o p esumiendo que mi ca a e a una ocul a y a i iciosa en a i a pa a
explo a su ánimo y sabe si end ía con gus o a esidi o a ez en dicha educción,
98
concluye su ca a con es as palab as que no pude lee sin e nu a: Si los Pad es quie en
deshace se de la educción de los ilelas po ene mayo es emp esas en lo dila ado del
Chaco que es una mies in ini a, desde luego: si adhuc populo uo sy necesa ious, non
ecuso labo em.
32. Y de es e clé igo no se ha hecho mención pa a p opone a V.M. cuando se han
p opues o suje os no o iamen e indignos. El abandono de es e clé igo y o o de iguales
mé i os que ya mu ió, ha desalen ado a odo el cle o. Si los de quienes hablo hubie an
usu uc uado de quien debía ap ecia an o bien la es imación a que e an de jus icia
ac eedo es, hubie an sido la semilla de que hubie an pululado muchos minis os
e angélicos. Ya me ha pedido un clé igo licencia pa a hace misión po los campos, y
de es o hubie a más si hubie a espe anza de p emio. P emie V.M. al doc o Suá ez: los
abajos de su ju en ud e an bas an es mé i os, ¿y cuán os se án añadidos a és os los de
su ejez?
33. Las demás educciones se es án adminis ando po eligiosos F anciscanos, y
cuando yo es u e con ues o Gobe nado en San iago del Es e o, se man enían en paz
odos sus indios y no había asomo de ebelión ni de albo o o. Aún los indios Abipones,
de cuya e ocidad emía yo mucho, se [ . 47] man ienen sin no edad a la di ección de un
solo eligioso, po que el co o núme o de sus claus os no ha pe mi ido que se le dé
compañe o. A odos los doc ine os engo esc i o me in o men muy po menudo del
es ado de los indios y de lo que han no ado y ad e ido en ellos, pa a da de odo muy
exac a e indi idual elación a V.M.
34. En mi iempo, Seño , se ha es ablecido o a educción de indios Ma aguayos que
no ha muchos años es u ie on educidos bajo el égimen de los Re e endos Pad es
Jesui as, y po no sé qué disgus o que les dio un je e se huye on, dejando a un pad e
malhe ido y poniendo uego a un ue e. Desde en onces andu ie on es os indios ce ca
de nues as on e as pe o sin hace hos ilidad alguna. Cuando llegué a la ju isdicción de
Sal a a donde pe enecen, supe que es aban muy en paz con noso os, nos se ían de
espías pa a sabe los mo imien os del enemigo, y como al mismo iempo oí que muchos
de ellos e an mis súbdi os po es a bau izados, deseaba ene ocasión de a a con ellos.
Vínoseme a las manos po que sus caciques baja on a la ciudad de Sal a. Habléles
p i adamen e, ponde ándoles la obligación que enían de i i suje os a las san ísimas
leyes de la Iglesia, y quiso Dios que con dos plá icas que u e con ellos queda on
allanados a jun a la gen e que es aba de amada po los bosques y a eni se a la
educción en que se les pusiese bajo el égimen de un eligioso F anciscano: Así se hizo
con acue do del Gobe nado , que les dio un si io mode ado po que como el doc ine o
nada que ía, se con en ó con lo que bas aba pa a sus indios.
35. Es a educción me ae a la memo ia el in ole able abuso que ole ábamos odos
los asallos de V.M. po da gus o y no descon en a a los e e endos Pad es Jesui as.
Dijé onme es os indios Ma aguayos que mandase con ene a los Tobas pa a que no les
hiciesen daño en sus haciendas. Los Tobas son indios educidos en la educción de
Jujuy: es án siemp e muy p e enidos de a mas y caballos, y cuando quie en hacen
gue a a quien se les an oja. Que hiciesen gue a a nues os enemigos podía se les
ag adece po una ez, aunque nunca se les debía [ . 47 .] pe mi i la hiciesen po su
p opia au o idad: ¿pe o hemos de ole a que la hagan a nues os amigos y a los que
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descansan sob e nues a palab a y bajo de nues a p o ección? Siendo es os indios
asallos de V.M., ¿con qué de echo han de albo o a la P o incia, emp endiendo
gue as sin consul a ni consen imien o del Gobe nado y exponiendo nues as idas y
haciendas; po que si es os indios quedan encidos y esuel en los encedo es sob e
ellos, noso os ambién pa icipa emos del es ago. No sé como és o no se epa ó al
en abla la educción. Juzgo, Seño , que como en aumen a educciones ganaba an o la
Compañía, se había de suje a la nación española a cuan o quisiesen los indios po que
los Pad es hiciesen su negocio. Y si hoy que emos desa ma es os indios, lo ha de
pensa muy espacio [sic] el Gobe nado pa a emp ende lo, y si no lo emp ende con muy
buena escol a que sea supe io a la indiada, el suceso más a o able se á que pongan
uego a la educción y se ayan.
36. Sólo me al a, Seño , habla de o as dos educciones que hallé adminis adas po
los pob es hijos de San F ancisco, y es digno de llo a se que cuando es os Pad es se
sac i icaban a las penalidades que son anejas al abajo con los indios, les dejasen mo i
de hamb e los minis os de V.M. Es a e dad no se puede deci sin que pa ezca
exage ación. Acudía el doc ine o Jesui a po a su sínodo, y al pun o e a pagado. Bien se
lib a ía él de no hace lo. Acude un aile anciscano o o, desnudo, y descalzo, ¡y se le
pagaba! Sí, pe o con unos ecibos an alsos que ni el doc ine o que i maba en ellos
como al e a c ia u a de es e mundo. Los dos o iciales que ab icaban los ecibos pa a
de o a se el sínodo ue on p ocesados po los excesos come idos en la adminis ación
de ues a Real Hacienda, y he oído que en la sen encia dada con a ellos se deja al
doc ine o su de echo a sal o. Pe o es e de echo sólo se pod á segui cediéndole los
hijos de San F ancisco en los de San Ignacio. Sólo a es os hab á de ene espe o el
o icial, y a is a de és o hab á quien quie a a a con los indios con la p ecisión de que
él se á an mal a ado. Po milag o engo que du e es a educción y no se haya acabado.
Si su si io ue a acomodado pa a el á ico de los Pad es, ya se la hubie an qui ado a San
F ancisco. Es á si uada en la ju isdicción de es a ciudad de Có doba, ce ca del ío
Cua o. [ . 48]
37. La segunda educción anciscana, que sólo dis a cua o leguas de Có doba, ue
undada po mi an eceso el seño Ceballos al mismo iempo que undó la de las Pe acas
en la ju isdicción de San iago. En su iempo la gobe nó un clé igo que ha dejado muy
buena ama, y mue o él se mu ió ambién la educción. Ya casi no hay de ella sino
es igios en pocos anchos y poquísimos indios, po que según se dice lo mismo ue
ol e su undado las espaldas pa a i se a Lima, que en a en ella a saco los ecinos de
Có doba. Cada uno de los ecinos a la educción alega de de echo a sus é minos y con
la au o idad que les da el pode , cada uno ha amojonado po suyo lo que le ha es ado
más a cuen o, habiendo comp ado mi an eceso el si io de ella po jus o p ecio. Se ha
p ocu ado epa a a cos a de muchos pesos gas ados en es i a los indios, epa a sus
anchos y habili a a su doc ine o, y de odo és o me hubie a excusado si hubiese
es ado la educción en pode de los e e endos Pad es Jesui as. ¿Si en és os hubiese
habido una chispa del celo de su g an pad e San Ignacio, se hubie an es ado mano sob e
mano iendo el desba a e de la educción con pé dida espi i ual y empo al de an os
indios? Di ían que po no se suya, no les ocaba ese cuidado. Pe o e a suyo el Obispo,
e a suyo y muy suyo el Gobie no: Obispo y Gobe nado no caminaban sino hacia donde
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los lle aba el ímpe u del espí i u jesuí ico ¿Pues como no hi ió el celo de Ignacio en
sus pechos? ¡Cómo no despe a on con el ueno de sus ca i a i as amones aciones a
Gobe nado y Obispo pa a que aplicasen el homb o de su pode y au o idad, y no
dejasen cae la educción! ¡Oh, Seño ! ¡Y cuán ajenos han es ado V.M. y sus glo iosos
an eceso es, pad e y he mano, de lo que pasaba en es as pa es! Ya dije la causa en el
í ulo an eceden e, y no quie o eno a el dolo : odos conspi aban alucinados a i
poniendo las zanjas del g ande impe io jesuí ico y ninguno ponía la mi a en las
consecuencias. Ellos ob a ían (c éolo así) con muy sana in ención, y como la de
en iquece a los Pad es e a an pode osa pa a odo lo demás, quedaban inhábiles y sin
p o echo. Ellos se ían sabios y bien in encionados; pe o: [ . 48 .] u inam sape en , e
in ellige en , ac no isima p o ide en . Reducida es a educción a la úl ima mise ia,
engo sacada una p o isión de ues a Real Audiencia pa a deslinda y amojona su
si io. No sé cuando lo pond é po ob a, po que mis ocupaciones son muchas y siendo
solo, no engo b íos pa a an as. Dios me dé luz y ue zas, que no engo, pa a se iel
adminis ado de la olun ad y piadosos deseos de V.M.
38. [Esc i o al ma gen: Todo lo esc i o has a aquí se concibió y asladó de la men e
al papel an es de la expulsión, aunque se ha añadido algo sacado del a chi o de los
Jesui as de San iago]. Esc i o odo, he adqui ido no icias de lo que pasa en las
educciones en egadas a la di ección de los pad es anciscanos. Di é a V.M. las que se
me han pa icipado has a aho a, y comenzando po la de los Abipones, és a, Seño , ya
no es, po que yéndose los indios se deshizo. Las causas son la gas de con a . Algunos
di án que iene la culpa el doc ine o y yo es oy an lejos de culpa le, que alaba é
siemp e sus hechos. No hay con a o ma imonial en e es os indios, jun ándose con la
india que es más de su gus o y no con ánimo de cohabi a con ella pa a siemp e,
abandonándola po o a cuando quie en, especialmen e si llega a se mad e. En onces la
deja po o a y en llegando és a a se ecunda, uel e a oma la p ime a si le gus a. De
aquí nace que si la india se e es imada del indio y le iene a ición, ahoga el e o al
mismo nace . Todo es o ep endió el pad e doc ine o en algunos indios bau izados, y
no podemos discu i que es a ían muy hechos a semejan es ep ensiones cuando po
ellas se de e mina on a i se. No me quisie a ac edi a de malicioso. És a ue una de las
causas, aunque es bien supe luo busca causas en unos homb es que sólo se mue en
po cap icho.
39. No obs an e se les dio una causa muy u gen e. Bajó del pueblo de San Je ónimo,
si uado en las ju isdicciones de San a Fe y Co ien es, ciudades del Gobie no de Buenos
Ai es, un indio a la dicha educción. Mejo di é que le ajo el enemigo común, según la
cizaña que semb ó. Publicó en e los Abipones que po la e elación de no sé qué san o
se sabía que en qui ando de aquella doc ina a los ea inos y poniendo a los
anciscanos, ellos habían de se lle ados en cau i e io a ie a de c is ianos y en
posesión de sus haciendas habían de en a los españoles. Apoyaba el mensaje o es e
embus e, no menos que con la esu ección de la muje de un cacique, que esuci ó pa a
deci les la p o ecía de su escla i ud si se quedasen en la educción, y luego se ol ió a
mo i . Más u o [ . 49] hizo es e en edo en los indios que oda la doc ina de los Pad es,
po que apenas la oye on se ue on se en a y cinco homb es, muje es, niños y
muchachos. Es o sucedió a úl imos de oc ub e, y poco después ma cha on o os quince.
101
El p ime o de diciemb e se ue on ochen a y dos, y así unos un día y o os o o, ue on
desampa ando la educción has a deja la desie a de indios.
40. No es c eíble, Seño , el apu o en que nos imos ues o Gobe nado y yo. La
p o incia se hallaba en un es ado deplo able, po que p eso ues o Ggobe nado don
Juan Manuel Campe o po los amo inados de Sal a y de Jujuy, none a Rex in Is ael, no
había cabeza en es a Pp o incia, y debemos a Dios el singula ísimo bene icio de que no
la in adie an los indios. Lle a on p eso al Ggobe nado y ecayó el Ggobie no po
de e minaciones an e io es de V.M. en don F ancisco Fab o, que luego es enó su
empleo con la no icia de habe se ido los Abipones.
41. La ida de es os indios no daba cuidado alguno a los san iagueños, po que es o,
decían, es cosa de indios. Con la misma acilidad que se ue on, ol e án. Vues o
Ggobe nado in e ino y yo, ce cados de sus o; la P o incia al e ada y con pocas
milicias; los indios Abipones, aunque no muchos, áciles de eng osa sus ue zas y
núme o con opas auxilia es del Chaco, y el Gobie no así eclesiás ico como polí ico,
expues o cuando menos a los dic e ios de los jesui as y a los sen imien os que su
pe nicioso in lujo había de causa en los c iollos, si a an pocos días después de
expelidos los Jesui as, que no los habíamos acabado de echa o almen e de la P o incia,
sucediese en ella alguna desg acia. No ex aña íamos un le an amien o los que
conocemos cuán malhumo ada deja on los Pad es la ie a, y así e a p eciso maneja las
ma e ias del gobie no con mucho ien o.
42. Yo, Seño , si ue a á bi o, deja ía i es os indios donde los lle a su mala
inclinación y no ha ía caso alguno de ellos. Si es ando ellos en su pa ia hubiese ido allá
algún misione o, aunque uese en i ud un San Ja ie , muchos años ha que los hubie a
dejado y se hubie a enido, sacudiendo el pol o de sus pies, como [ . 49 .] lo mandó
C is o a los p ime os misione os del mundo, sus sag ados após oles. Es a doc ina es an
cie a que los mismos jesui as, mo idos de ella, se excusa on de en ia a es os indios
Abipones el doc ine o que pedía pa a ellos el Jus icia Mayo del Pa aguay. Luego si
ob ando con jus icia y con a eglo a las ins i uciones de C is o Seño Nues o, podía y
debía el misione o deja los, con la misma puede no i adónde ellos es án y
abandona los. Y no si iendo la educción según la men e de V.M. sino pa a que con el
abajo y celo de los p edicado es se ablande la du eza de es os indios y se suje en al
sua e yugo de la di ina Ley, no habiendo espe anzas de que es o se consiga, ¿pa a qué
es, Seño , la educción?
43. Sí ase V.M. de oí al pad e An onio Mi anda, uno de los p ime os Jesui as de
es as P o incias, que ehusando da un sace do e pa a que uese doc ine o de unos
indios Abipones del Pa aguay de la misma cas a y condición que los del Tucumán, dice
así al Gene al del Pa aguay: "Y po lo que oca a los misione os de la Compañía es
cie o, seño Gene al, que si noso os hubié amos de medi eso con lo que nos pide y
manda nues o San ísimo Legislado en sus cons i uciones ap obadas muchas eces po
los Sumos Pon í ices, debíamos pedi eximi nos del ca go de semejan es educciones de
an poca espe anza: pues exp esamen e el san o manda y o dena en la sép ima pa e de
sus Cons i uciones que no se emp endan aquellas misiones en que no se puede hace
u o y que si con la expe iencia se econoce que en ellas no se adelan an las
con e siones, se dejen y se ocupen los suje os en o as misiones que den más espe anza.

102
Y lo que es más, el mismo C is o en su E angelio mandó exp esamen e a los Após oles,
que ue on los p ime os misione os de la Iglesia, y en ellos a odos los demás que les
siguie en después, que si en alguna ie a o p o incias no los quisie en ecibi y oí su
doc ina y enseñanza, se salgan de ella y en señal de que la abandonan, sacudan el pol o
de sus pies: excu i e pul e s de pedibus es is. ¿Y qué más ebeldía que la que se
expe imen a en es os indios de que se a a, pues no dan has a aho a la meno seña de
con e i se? Ya la e dad es cosa ue e y aún de algún modo esc upulosa que uno, dos
o más sace do es que en o as p o incias o naciones pudie an [ . 50] abaja con más
u ilidad y con e i muchas almas, o po lo menos pudiesen uc i ica mucho con los
c is ianos iejos de los colegios, hayan de es a los 6, 8 10 y más años en una educción
de semejan es indios ebeldes y após a as, sin más espe anza de u o que el de la
paciencia en su i su ba ba idad, insolencia y desa ue os. Es o segu amen e que Dios
no lo manda ni a ello obliga nues o Rey, que al paso que es an ca ólico es
p uden ísimo en sus disposiciones, y que si sabe que con algunos indios no hay
espe anza de que se uc i ique, no se á su olun ad que con ellos se gas e su Real
Hacienda en da les doc ine os sino que an es se á su olun ad que ella se gas e en la
ins ucción de o os que son más dóciles y de mayo espe anza, y que son así ebeldes,
se manejen las a mas, se les haga gue a y se suje en po ue za a lo menos pa a que no
hagan daño."
44. En o o esc i o que dicho pad e An onio Mi anda p esen ó en nomb e de su
P o incial al Tenien e de Gobe nado
del Pa aguay, epi e, inculca y p ueba lo mismo con g ande peso de azones: "Y
ue a de dic a la p udencia que así se debe hace (es o es abandona la educción), lo
pe suade ambién el ejemplo de los Após oles que po que ie on que en los indios no
hacía p o echo su p edicación po su demasiada du eza y pe idia de ellos, se pasa on a
p edica a los gen iles como los mismos Após oles se lo dije on a ellos, dándoles en
os o con su du eza, según cons a del ex o sag ado. ¿Qué p udencia pues puede se ,
que siendo an conocida y expe imen ada la du eza y pe inacia de es os indios del
Timbó pa a no con e i se, se hayan de ocupa con ellos uno o dos misione os que
pudie an abaja con an o p o echo y más siendo an os los minis e ios que en bien de
las almas iene la Compañía en es as P o incias, y siendo an pocos los suje os que hay
pa a ocupa se en ellos? ¿Ni como pueden los supe io es de la Compañía con eni en
que sin u o ni p o echo alguno se es én allí pe diendo el iempo u ocasionando nue os
gas os [ . 50 .] cada día? Ni hay ley ni de echo alguno que a al obligue, ni la ca idad lo
pe suade ni la p udencia lo pe mi e ni V. ni o o alguno minis o de Su Majes ad, po
más a eglado y ec o que sea lo debe p e ende pues esis e la azón misma a semejan e
in en o, supues as las ci cuns ancias.
45. En o a azón con que quie e pe suadi lo mismo, habiendo dicho el pelig o a que
el misione o a expues o de pe de su ida sin que se compense es a pé dida con la
espe anza de algún bien espi i ual de los indios, concluye: "Supues o es e an e iden e
pelig o, ¿cómo ni con qué conciencia puedo yo consen i que ese suje o es é allí sin
mo i o de la glo ia y se icio de Dios, como de hecho no le hay alguno? Ni yo lo puedo
consen i ni V.M. lo puede p e ende , ni mucho menos obliga a ello: pues ni aún el Rey
nues o Seño con odo su sobe ano pode nos obliga a an o; pues jamás ha mandado
103
que los misione os ni o os minis os e angélicos es én así expues os a es e pelig o
cuando no hay espe anza de u o en dichos bá ba os: la cual espe anza aquí en nues o
caso al a del odo, y po eso el expone a ese pelig o al misione o es lo mismo que
expone le de balde al ma ade o, como si ue a una o eja.
46. És e, Seño , e a dic amen, no sólo de es e pad e Mi anda sino de oda su
P o incia, pues habla en nomb e del P o incial y ep esen ando su pe sona. Es e mismo
dic amen u e yo o mado muchos meses an es de la expulsión de los Pad es y en el
mismo me a i ico aho a, no sólo po e le con i mado en los manusc i os de es e hábil
Jesui a, sino ambién po habe se adicado más en mi juicio con los in o mes de los
ecien es doc ine os. Siendo pues cie o que no se debe gas a el caudal de V.M. en
man ene un misione o an no o iamen e in uc uoso pa a dichos indios, y siendo
ambién cie o que no se debe man ene en educción po que no se e i ica el in de
man ene los en ella, se e el Gobie no en es ado an mise able que ni los puede ene
consigo ni los puede a oja . No los puede ene po que lo disuaden el E angelio, la
ca idad y la p udencia, y no los puede a oja , po que los eme. Y pa a que ea V.M. si
con azón, oiga al nue o doc ine o que p egun ado po mí, dice así:
47. "A lo que se me p egun a de la docilidad y du eza de los indios, espondo que
son [ . 51] al i os de genio, sobe bios, sin espe a ni eme al español, pues han
concebido que los necesi an y emen: de aquí nace el que no engan inclinación a
abaja , po que aún la ca ne es p eciso aé sela la pue a, y si alguna ez po al a de
peones me he que ido ale de ellos, me he is o p ecisado a paga los y da les caballos
pa a ae las eses de su misma manu ención, y nunca han que ido da un paso en
se icio de es a educción de balde ni en sus caballos. [Esc i o al ma gen: Es os indios
es án muy p o eídos de muy buenos caballos pa a sus co e ías e in amias y siendo así,
puede llega a más su des e güenza].) Al que e yo en algún modo obliga les a que
si ie an siquie a pa a sus manu enciones, me espondían unánimes que ellos habían
enido a la educción po su olun ad y con la condición de que los habían de man ene
y egala como lo hacían los Pad es, que nunca los ocupaban en nada pe o los
man enían y peones pa a que los si ie an en odo, y que a no con inua se así se i ían a
sus ie as como habían enido. La docilidad de ellos e a que cuando que ían i a coge
co o ( aíz de es e nomb e que usan pa a masca ), me a isaban cuando iban; pe o es a
me a obligación les e a en g ande peso. Son desca ados pues cuando las eses que les
aían no e an de su gus o, a ojaban la ca ne y sin más a iso ma aban las acas que e an
de su ag ado."
48. An es que e lexione sob e las palab as de es e Pad e, oiga V.M. su dic amen:
"po lo que he obse ado en es os indios en es os es meses que los u e, conozco que
no se han de suje a al yugo de la di ina Ley aunque uel an o los ayan a ae ,
mien as no los op iman, obligándolos que i an a pie y sin a mas y que abajen pa a
man ene se, pues ya no les debe a o ece la con emplación po que usan lindas lanzas y
he mosos sables."
49. Conside e V.M. odo es e complejo de ci cuns ancias, y digamos si es de su eal
ag ado que indios de es a condición es én abusando de su libe alidad. V.M. no epa a en
disipa sus eso os, po que juzga que con ellos se dila a el sac osan o nomb e de Jesús,
pe o si sabe que se emplea en man ene unos indios que po el mal modo de c ia los se
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nos han hecho emibles, ¿no sé yo si que á que con desp ecio de su Real Hacienda y
con ilipendio de la nación española es emos [ . 51 .] sus ieles asallos si iendo a
unos indios aido es y ebeldes, expues os a que po algún le e disgus o hagan en
adelan e lo que han hecho o as eces?
50. Todo nace en mi juicio de la ninguna conside ación con que se en abla on en sus
p incipios las educciones. Cuando se undó la de los ilelas, muy bien se les pudo ia
el manejo de a mas y caballos po que habían dado p uebas eales de se buenos amigos,
pe o ¿quién pudo sali po iado de los Abipones pa a que se les dejase eni con sus
a mas a apos a se en la educción, y se les pe mi iese ene a su disc eción una caballada
mejo y más lúcida que la que iene V.M. en es a P o incia? Yo me lleno de asomb o al
e la cegue a de nues os mayo es, que no eían amaños incon enien es. Pe o iendo
a la Compañía empeñada en educi a homb es gue e os y en man ene los educidos,
éngase o no espe anza de su con e sión, doy g acias a Dios po que me dio a e lo que
siendo an isible no eían es os mise ables c iollos. Y aquí no puedo menos de admi a
la inconsecuencia de es os pad es.
51. El pad e Mi anda, hablando en nomb e de la P o incia, no quie e admi i en
educción a los indios Abipones del Timbó, y siendo los mismos de la misma nación y
pa en ela y de las mismas mañas los indios Abipones de es a P o incia, és os se ab igan
y aquéllos se echazan. La azón con que concluye el pad e Mi anda que no deben
educi se los del Timbó, con ence con la misma e icacia que no deben educi se los del
Tucumán. Pues ¿po qué ehusan aquéllos y admi en és os? Oh, Seño , que aquéllos no
se ían sino de abajo y és os uc i icaban mucho.
52. Y si los Pad es se hubie an con enido en da les sólo ca ne y maíz que es lo
p ecisamen e necesa io po egalo, compa ado [ . 52] con la mise ia en que i ían,
pudié amos es a con en os, ¿pe o deja los enseñados a la hie ba y abaco? Cie amen e,
Seño , que nos han dejado los Pad es una ca ga que ni podemos lle a sob e nues os
homb os ni sacudi de ellos. No podemos lle a po que el caudal de la P o incia es muy
co o, y yéndose los Pad es se lle a on consigo el á ico y su singula economía. No
podemos sacudi po que si no son más pode osos en a mas que noso os, lo pueden se
en b e ísimo iempo, llamando en su soco o a los del Chaco. Vea V.M. si no nos
emos apu ados.
53. El empeño que se ha omado po Obispos y Gobe nado es, o po mejo deci , la
o pe condescendencia que se ha enido con es os indios sólo con el in de que allá
blasonase la Compañía de que había adelan ado sus conquis as, ha sido y es la pe dición
de es a P o incia. El emedio es a duo, po que se ha de mi a a que no sea peo que el
mal. El emedio es desa ma los y deja los a pie, pe o si es o no se hace con an a maña
que an es de sabe nues a esolución expe imen en sus e ec os, c eo que nos podemos
da po pe didos, y si nues a desg acia no llega, disponiéndolo así Dios a al ex emo,
nos e emos en g andes pelig os y no se án pocos los descalab os que padece á la
P o incia si iene la dicha de deja los a pie y sin a mas.
54. Bien e ues o Gobe nado don Fe nando Fab o es as azones po que iene ojos
muy linces pa a e las, pe o como se halla sin ue zas le ha sido p eciso ale se de la
maña. Ha mandado a sus subal e nos que p ocu en a ae con buenos modos a los indios
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y ha p o eído se les acuda en lo necesa io pa a qui a les es e p e ex o, y ya que no sean
c is ianos, no nos sean noci os. És o lo ha mandado, y habiendo yo con Su Seño ía
con e enciado es e pun o, le eo conco de con mi sen i de desa ma y apea a los
indios, pe o como és o más quie e maña que ue za, es necesa io espe a alguna
coyun u a a o able que nos acili e la emp esa.
55. Todo cuan o he dicho [ . 52 .] de es os indios Abipones se puede deci de los
Tobas, si uados en la ju isdicción de Jujuy. És os, como si uesen á bi os de la paz y de
la gue a, hacen gue a a o os indios ecinos sin hace caso del Gobie no. De ellos se
puede eme lo mismo que de los Abipones, y así habíamos u gen e necesidad de
deja los a pie y sin a mas, po que la ciudad de Jujuy, que es la que puede eme sus
insul os, iene pocos ecinos y es co o el núme o de de enso es que pueden hace en e
a los indios. Dijé onme los jujeños p ác icos que había en es a educción 300 homb es
de a mas, y habiendo is o a dicha ciudad y sus con o nos y conside ando muy bien sus
ci cuns ancias, engo po cie o, Seño , que si se echan sob e ella de epen e, acaban con
ella y sus ecinos. Y no end án del es ago culpa alguna los soldados y je es del ue e
de Ledesma, po que andando es os indios en su libe ad, ¿quién pond á pue as al
campo pa a emba aza les la en ada a nues as cháca as y casas de campo y co a les el
paso a la ciudad?
56. De los indios ilelas, que cuando es aban a ca go de clé igos nos e an an ú iles,
dice su nue o y an iguo doc ine o lo siguien e: "Es e gen ío es á dado a las malas
mañas, pues los he encon ado muy dis an es de lo que ue on en mi iempo. En mi
iempo, dice es e clé igo, y nos quie e signi ica aquél en que hab á 19 años más o
menos que ue su cu a, y en el que la ciudad de San iago hacía mucho caudal de es os
indios como de de enso es suyos, po es a en la on e a del Chaco. Los Pad es
Jesui as, que se enían po los únicos ob e os del E angelio y juzgaban inculada a su
sociedad la con e sión de los in ieles, pueden apoya es a singula ísima p e oga i a de
su ins i u o con el ejemplo de es os indios ilelas que habiendo en ado en su pode con
buenas mañas, los deja on dados a malas mañas. Asomb o, Seño , me causa la mudanza
de es os indios, siendo buenos en pode de un clé igo, se han hecho malos en pode de
los Jesui as, y an malos que de su malicia podíamos eme la uina de es a P o incia si
no se hubie a descubie o a iempo el nue o camino que ab ían y po el que sin se
sen idos nos pudie an so p ende los del Chaco. Gló iense, pues, los Pad es, de que
ellos solos saben maneja la cí a a de O eo pa a domes ica las ie as. Bien dijo su g an
Gene al, el pad e Claudio Aqua i a, que si el gobie no polí ico se in odujese en la
Compañía cie ísimamen e había de sucede (ce issime u u um, esc ibe a sus
consocios en su p ime a ca a) que [ . 53] no sólo no ha ía u o alguno sino que ni aún
pod ía du a y conse a se. Pa ece es e dicho hijo de la g an p o ecía de su g an pad e
San Ignacio hallada en el colegio de Có doba de Tucumán. P edijo San Ignacio que el
gobie no polí ico a uina ía a los Jesui as, y és e su g an suceso dice que el mismo
gobie no los ha ía es é iles e in uc uosos. En llegando la Compañía a es e es ado, ya no
e a necesa io en el mundo. Y aunque los Pad es blasonan en odas pa es del mucho
u o que hacen en la Iglesia, yo no le hallo.
57. Las dos educciones de Mi a lo es y Balbuena son las más bien opinadas y po
se las más an iguas o las más pací icas, pa ece que sus indios no sólo debían es a
112
cos a, y en el lib o 1, í ulo 13, y que los cu as y doc ine os, usando de los medios más
sua es, dispongan y encaminen que a odos los indios sea enseñada la lengua española y
en ella la doc ina, pa a que se hagan más capaces de los mis e ios de nues a san a e
ca ólica, ap o echen pa a su sal ación y consigan o as u ilidades con su gobie no y
modo de i i .
82. Nues os ca ólicos eyes, aunque como dice el seño sobe ano, pudie an manda
con jus o de echo a los indios que hablasen el idioma cas ellano, no han que ido usa de
es e de echo; pe o si lo que es del benepláci o del P íncipe iene ue za de ley, bien
cla o se e en las ci adas que aunque no se impone a los indios igu oso p ecep o de
ap ende la lengua cas ellana, se nos impone a los cu as de almas el de i los disponiendo
y a icionando a ella. En es e Obispado hay pueblos de indios y aunque hablan su lengua
que llaman quichua, a odos les p edicaba yo en cas ellano y me en endían. Ninguno
dejó de eni a mí con sus quejas, y a odos dejaba sa is echo.
83. No me sucedió es o en las educciones en las que odos los indios ue on pa a mí
mudos, y yo lo ui pa a ellos. En una mandé lo que en las ci adas Leyes se in ima, pe o
si V.M. no e a obedecido en sus p ecep os, ¿cómo lo se ía yo en los míos? ¿Po qué los
Pad es, siendo de V.M. an bene iciados, no ponían po ob a lo que aunque uese di ícil
sabían que e a una exp esa olun ad del sobe ano? Mis e io es és e: mas no es a dua su
in eligencia. Ellos solos que ían ene comunicación con los indios. Po eso empleaban
mucho es udio en ap ende su lengua y sus ocablos. No pudiendo los indios a a sino
con los Pad es y eniéndolos és os muy obligados con el dia io alimen o y algo más que
se pudie a habe excusado, ¿a quién habían de segui es os indios si aquí sob e iniese
alguna e olución como las del Pa aguay? ¿Al español, a quien ni en ienden ni aman, o
a los Pad es, que se concilia on su amo con la con o midad en la lengua [ . 58 .] y la
minis ación del alimen o? V.M. manda que se unden colegios en donde los indios sean
ins uidos de nues o lenguaje pa a que así nos cob en a ición, como dice en su Polí ica
el seño Soló zano. Y pa ece que los Pad es, p ohibiendo a sus indios el uso de nues a
lengua, i aban a que no nos cogiesen a ición. Allá los dialéc icos dicen que si a i ma io
es causa a i ma ionis, nega io es causa nega ionis. Si la unidad del lenguaje es causa de
la unión de olun ades, la di e sidad se á si no causa, ocasión de es a desunidos
nues os a ec os.
84. Pe o di án los Pad es que ellos no lo hacían con ese in. Buena escu a; si ese in
na u almen e se sigue de lo que han hecho, qué impo a que a él no se di igiese
exp esamen e su acción. Nues a judica u a no conoce del in ejecu ado, po que la
ejecución es cla a y mani ies a.
85. Di án ambién que lo hacían po e i a a los indios de la con e sación con los
españoles, po que como homb es enseñados al libe inaje de es e país no los
in icionasen con sus malos y uines p ocede es. Es cie o, Seño , que es necesa io
mucho ien o en pe mi i a los españoles el a o con los indios, y no se deben pe mi i
en las educciones sino que sean de una conduc a egula , po que un español malo es
capaz, como lo sabemos po expe iencia, de echa a pe de oda la p edicación de un
San Pablo ¿Pues po qué los Pad es pe mi ían que la educción de los Abipones uese
ciudad de e ugio a muchos que po malos se iban allá, huyendo de las jus icias?

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Cuando llega a pe segui a uno la jus icia en es as pa es, ha llenado ya la medida de sus
inquie udes y és e halla asilo en la educción.
86. Po que como la Compañía necesi aba de educción y educidos pa a sus
p oyec os, a lo menos pa a el de hace se es ima po necesa ia en es os Reinos, deja
es a ociosos a los indios pa a que no se ayan. Y como ella enía ambién necesidad de
homb es que abajasen pa a adelan a sus aenas, ab iga (como decía el nue o
misione o) a los malé olos, que no ehusaban abaja po log a la impunidad de sus
deli os. Y si la compañía de és os empeo a a los indios, odo ese daño compensan las
ganancias. Es cie o lo que dice el misione o, [ . 59] pues en el poco iempo que yo
es u e en la educción i algo de eso. En ella me hizo la ba ba un po ugués, que oí
deci es aba allí e i ado po sus culpas, huyendo de la jus icia.
87. Todo lo dicho en es a la ga elación es a gumen o, pa a mí a lo menos, de que a
és os los ha aído a las educciones la indus ia humana y no la Di ina G acia. Ya po
sí mismos ya po medio de indios ladinos, sonsacan los Pad es a los del Chaco pa a que
pidan educción. Todo és o iene bellísima ex e io idad, pe o ex uc ibus eo um
cognosce is eos. Es ando yo en Sal a con alideciendo de mis dolencias, pidió un jesui a
auxilio al Gobe nado don Juan Manuel Campe o pa a en a en el Chaco. Diósele así
de gen e como de í e es y a ias buje ías pa a egala a los indios. Todo es o me
pa ecía ocioso po que aunque la supe icie de odos es os es ue zos e a oda apos ólica,
su ondo le juzgaba muy dis in o de lo que el ex e io p ome ía. Es aba en onces
esc ibiendo oda la elación an eceden e y enía po cie o que aquella en ada se di igía
a pobla de educciones el Chaco y hace po ellas una escala po donde la Compañía
uniese sus dominios del Tucumán con los del Pa aguay. Con odo éso no quise
mani es a mi espí i u al Gobe nado , que dio el auxilio que le pedían po que no le
calumniasen de que desampa aba a un eligioso que sólo po el in e és común de la
eligión se exponía olun a iamen e a g andes pelig os.
88. Fue el Pad e y ol ió, ayendo una muy pun ual desc ipción de odo el e i o io
que hay desde es a P o incia has a la del Pa aguay. Lo que habló con los indios, lo
igno amos; pe o si les p ome ió mon es de o o, ¿no es da les en qué sospecha , de que
enemos necesidad de ellos? Ellos, que no en ienden los p imo es de la c is iana ca idad,
pe suadi se han a que nues o in e és es el que nos obliga a i en busca suya. Di ía el
misione o que sólo su bien espi i ual es el que [ . 59 .] lle a a busca los; pe o si
después expe imen an, como han expe imen ado los nue os misione os, que a sus
palab as no co esponden las ob as, po que descuidados del bien espi i ual de los indios
cuidan casi únicamen e del bien empo al suyo, ni los indios los c ee án ni noso os les
debemos c ee . Ope ibus c edi e.
89. I ía el Pad e a delinea el si io de una nue a población que se dice ha p oyec ado
unda el Gobe nado u u o, nomb ado po V.M. pa a sucede al p esen e. Dicen que
ae de Eu opa g andes p epa a i os de campaña pa a emp ende la conquis a del
Chaco. Pe o es a emp esa sólo se pod á consegui conspi ando a hace la gue a a un
mismo iempo los es Gobe nado es de Buenos Ai es, Pa aguay y Tucumán. Así lo
mandó la Seño a Mad e de V.M. que de Dios goce, y a la e dad es cosa e gonzosa
que es é nues o Gobe nado en campaña haciendo gue a a los indios y se es én mano
sob e mano espe ando el suceso de nues a gue a los e cios de las ciudades de la
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Asunción, Co ien es y San a Fe. És as y las de Tucumán cogen al Chaco casi odo en
medio y si de odas pa es uese a acado, los indios se habían de endi a disc eción.
Pe o emp ende es a conquis a solo el nues o Gobe nado , emo que sea como aquellas
medicinas pu gan es que eniendo ac i idad pa a al e a los humo es y no pa a
expele los, más si en de daño que de p o echo al dolien e.
90. Los indios en su modo de gue ea son as u ísimos: nunca se empeñan en acción
alguna sino son muy supe io es en ue zas: ienen muchos espías en e los indios de
nues as educciones que les a isan de nues os mo imien os, y po eso se nos han
desg aciado algunas en adas, po que yendo a busca los nues a gen e y no hallándose
ellos con ue zas supe io es, se esconden en la espesu a de sus in e minables bosques.
I los a busca es muy a iesgado po que los bosques no sólo espesos sino espinosos,
di icul an mucho la en ada a homb es y caballos, y se e obligada la soldadesca a
ol e se sin habe sacado más p o echo que el gas o de la expedición, quedándose los
indios sin esca mien o. És o lo he oído muchas eces a los paisanos, quienes echaban la
culpa de semejan es pé didas a nues os indios Abipones, y que iendo yo sabe lo con
alguna ce idumb e mayo que la que o ecía la oz común, lo p egun é a un caballe o
que había sido Gobe nado de es a P o incia y me lo asegu ó aunque con alguna
ialdad, como quien ehusaba con esa lo. Tan o como és o pueden los espe os.
Temo que si el Gobe nado pone en campaña el escuad ón que iene p oyec ado nos
suceda lo mismo. Sab án los indios del Chaco muy a iempo y si se epu an po
in e io es a noso os, i án nues os soldados y end án sin dispa a un usil, sin ib a
una lanza ni esg imi un sable, po que al uido de an o a mamen o ningún indio pa a á
en sus anchos y e i ándose a los bosques no halla án los nues os con quienes eni a
las manos. ¿Y cuán as en ajas se consegui ían si al mismo iempo hiciesen o o an o
los Gobe nado es de Pa aguay y Buenos Ai es po su pa e? En un día es aba acabada la
g an conquis a del Chaco. Ha o he echado mi hoz en mies ajena.
91. Dejando pues és o a los mili a es, no puedo menos de deci lo que sospecho. Es
na u al que el nue o Gobe nado consul ase sus p oyec os e dade amen e glo iosos
con don Ped o Ce allos. És e, que an o, como sabemos, de e ía a los dic ámenes de los
Jesui as, lo a a ía con ellos y es os Pad es, que nada dejaban de hace que pudiese
conduci al log o y aumen o de sus in e eses, ya se igu a ían conseguido su g ande
in en o de a ma a sus indios con los pe echos que ideaba ae de España el
Gobe nado u u o. Don Ped o de Ce allos no disen ía de los Pad es en la máxima de
e o ma las milicias de Españoles [ . 60] y le an a en su luga o as de indios, y como
se juzgaba en es as pa es que don Ped o Ce allos se había de e e niza en su gobie no,
ya concebi ía la sociedad espe anzas de que de i iendo el nue o Gobe nado a sus
máximas, no po suyas sino po adop adas po un je e de an o nomb e, pod á se i el
a mamen o que aía pa a a ma a sus indios. Nada de es o sab ía el gobe nado nue o y
aunque como bueno y leal asallo de V.M. no e ía ácil dobla le a la ejecución de una
máxima que cuando menos po ex aña se debía hace sospechosa, los Pad es se
p ome e ían del pode , au o idad y elocuencia de don Ped o Ce allos, que allana ía
odos es os es o bos y consegui ían con mucha sua idad el g an p oyec o de a ma sus
indios.
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92. Ho o me causa, Seño , el pensa és o, y doy a Dios muchas g acias po que
inspi ando a V.M. el dec e o g ande de 27 de ene o de 1767, ha lib ado a es a P o incia
del g a ísimo yugo con que se e ía op imida si se hubiese pues o su de ensa y an
lúcido a mamen o en mano de los indios y los Pad es.
93. Y pues ya el nue o Gobe nado ha aído es as a mas; han de es a ociosas. No,
Seño . Hagamos del eneno an ído o y de la ponzoña iaca. Si se aje on pa a a ma a
los indios, aúnque igno ándolo el mismo que las aía con in ención muy con a ia,
si an pa a desa ma los. Los indios de muchas educciones ienen muy buenas lanzas y
caballos: quí eseles odo és o, y aunque no sea ácil qui a les sus lechas po que pa a
és as no necesi an hie o, ce céneseles cuan o sea posible la libe ad de hace las.
94. Si el nue o Gobe nado emplease sus a mamen os en desa ma a es os indios
ebeldes y noci os y lo consiguiese, ha ía a Dios y a V.M. un g an se icio. Éso de
conquis a el Chaco, aunque en la men e del gobe nado es un pensamien o muy
c is iano y muy digno de un hon ado Español, en los Pad es que hab ían ya sacado muy
la gas consecuencias se ía una ganzúa con que habiendo ya p e endido saca de las
a cas de sisa doce mil pesos, que ían lle á sela oda.
95. Desa mados los indios, al a dispone que no se uel an a a ma .
Escandalízadísmo es oy de pensa cómo los indios no sólo de las educciones sino
ambién del Chaco, según [he] oído, no eniendo hie o ni he amien as manejan unas
lanzas muy bien he adas. Dicen que se las dan los Españoles que andan po los campos
y a la e dad de o a mano no les pueden eni . És o, Seño , pide un ue e emedio pa a
conoce la a a icia e inconside ación de es os homb es que po log a de los indios
algún se icio o in e és no epa an en a ma los, sabiendo po expe iencia que les a man
con a su p opia ida. Déles a mas la epública y pídales cuen a de ellas y p ohíbase con
g a ísimas penas da les cuchillos o na ajas.
96. Y pues he hablado de desa ma a los indios, quie o, Seño , oma me po licencia
de a ma a los Españoles. Es ando oda la P o incia on e iza del Chaco no es
imposible suceda algún eba o en que sea p eciso salgan odos los ecinos a la de ensa
de la pa ia. Pe o si muchos, o los más, no ienen uso del usil que es la a ma mejo y
más ejecu i a y pa a mí la única, ¿de qué p o echo se án en la campaña? Yo he
ex añado mucho que la necesidad, que es el mejo maes o de la ida humana, no haya
suge ido a los mo ado es de es a P o incia a que en iempo de paz engan algunos
ensayos de gue a. En és o se pod ía emplea la ju en ud pa a e i a la ociosidad. Sólo
he is o algunos moce ones de la plebe adies a se en co e caballos; pe o és o sólo más
pa ece ap ende el a e de hui que el de pelea . [ . 60 .] Mande pues V.M. que en oda
la P o incia haya algunos eje cicios mili a es: lo que ae á g andes p o echos. Se
e i a á el ocio que es el pad as o de las buenas cos umb es: se adies a á la ju en ud en
las ope aciones de la gue a y no se la end á an o ho o como se le iene. Según lo que
he oído, los indios emen mucho al usil pe o no al usile o o al que lo dispa a, po que
han is o po expe iencia que son pocos los i os que se log an, y és o no sé que nazca
sino de la poca p ác ica en el manejo de un a ma an ú il. De és o habían de cuida los
Gobe nado es y si las muchas a mas que ae el nue o si iesen pa a que la ju en ud se
a icionase a ellas, hab ía mejo ado la P o incia.
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98. V.M. se se i á de pe dona una elación an la ga y moles a. Dic ómela el celo
de ues o eal se icio y me a ligía mucho la indolencia con que en es as pa es se
es aban iendo c ece has a lo sumo del pode la ambición de los Pad es Jesui as. El
deseo de que se pusiese é mino a sus excesos mo ió mi pluma a esc ibi cuan o
con iene es e olle o. No puede menos de habe se e ado mucho en su con ex u a; mas
no han sido los ye os hijos del a ec o sino del discu so, que op imido de las
indisposiciones del cue po con los p eciosos e ine i ables quehace es de mi o icio y de
los la gos y penosos iajes de mi isi a, no ha podido ene odo el sosiego que pide
cualquie esc i o, aunque no sea de ma e ia an delicada como la de que se a a en és e.
99. Ha mandado V.M. con su P agmá ica Sanción, que nadie pueda esc ibi , decla a ,
o conmo e [sic] con p e ex o de es as p o idencias en p o ni en con a de ellas: an es
impongo silencio en es a ma e ia a odos mis asallos. Jus ísimo p ecep o, Seño ,
po que aquella obediencia que los Españoles he edamos de nues os pad es y mamamos
de nues as mad es, no necesi a de azones que la mue an a endi se y suje a se a las
sabias de e minaciones de V.M. Bás anos sabe que se nos manda po aquél que según
decía y enseñaba San Pablo es el luga enien e de nues o g an Dios, y no nos pe enece
a e igüa los mo i os po que de e minó es o o aquello. Es o se ía obedece noso os a
la p opia azón que nos con encía y no a la olun ad supe io que nos mandaba.
100. Con odo éso, Seño , some iendo odo cuan o dije e al supe io dic amen de
V.M., me a e o a hace le una súplica. Dígnese V.M. de dispensa nos algún
conocimien o, si no de odos los mo i os que causa on la jus a expulsión de los Jesui as,
de algunos, y sean, Seño , los que po su abul ada co pulencia sean an isibles que
puedan con ence a los de más limi ado en endimien o, y con undi aún a los pe inaces
y p o e os. Y si és os son indignos de ues o eal a o , son aquéllos ac eedo es a
ues a benignidad.
101. C is o, mi bien, e a impecable, jus o e inocen e y con odo éso dice el seño San
G ego io que no se desdeñó de mos a con azones su impecabilidad, su inocencia y su
jus icia, No hay obje o más isible que la luz, y siendo es a lisonja de los ojos bien
complexionados y obus os, [ . 61] es desag adable a los en e mos y débiles.
102. El dec e o de V.M. de 27 de eb e o de 1767 es un lucidísimo esplando de la
jus icia, clemencia, equidad y alo , i udes que como o as an as p eciosísimas y
b illan es pied as esmal an su eal co ona ¿Pe o qué sabemos, si hay ojos que en luga
de se alumb ados, se alucinan con an a cla idad? Tenga V.M. compasión de su
laqueza y aunque aquel g an Seño que ha iado a V.M. an as os impe ios le ha
eximido de da cuen a y azón de su conduc a a sus asallos, oda ía me a e o a
suplica le que dispense en algo a la ec i ud de sus dec e os po da luga a la compasión
con los lacos.
103. Pa a mí y pa a o os muchos que se pueden educi a núme o nada e a
necesa io. Pe o siendo an as os los dominios de V.M., an os y an innume ables sus
asallos y de an a ios y dis in os genios e inclinaciones, ¿qué sabemos si po en u a
ha á al a a algunos los que es á muy de sob a pa a o os? Y siendo V.M. el sol que
desde el céni de su g andeza alumb a los inmensos espacios de su dila ada mona quía,
espe o que a empe e sus bené icos in lujos modi icándolos a la calidad y disposición de
117
sus súbdi os. Yo el meno de odos, quedo pidiendo al sup emo y seño Dios de los
Ejé ci os llene a V.M. an o de glo ias que deje oscu ecido el nomb e de sus glo iosos
an eceso es. Có doba, junio 20 de 1768.
Manuel [Abad Illana], obispo de Tucumán
Consejo, 17 de mayo de 1769
Al seño Fiscal.

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ÍNDICE
INTRODUCCIÓN..........................................................................................................................2
EL TUCUMÁN DEL SIGLO XVIII...............................................................................................5
LA FRONTERA INDÍGENA DEL TUCUMÁN............................................................................7
ESTADO DE LAS MISIONES FRONTERIZAS DEL TUCUMÁN CON POSTERIORIDAD A
LA EXPULSIÓN................................................................................................................................12
OTROS ASPECTOS DE LA EVANGELIZACIÓN JESUÍTICA EN LA FRONTERA
CHAQUEÑA......................................................................................................................................20
EL CUMPLIMIENTO DE LOS DEBERES PASTORALES.........................................................................20
LA SEGURIDAD FRONTERIZA........................................................................................................22
OBSERVACIONES SOBRE LA EFICACIA DE LA ADMINISTRACIÓN JESUÍTICA.........29
ASPECTOS ECONÓMICOS DE LA VIDA REDUCCIONAL .....................................................................29
LA IMAGEN DE LA COMPAÑÍA EN EL MUNDO COLONIAL ................................................................33
CONCLUSIONES ........................................................................................................................38
INFORME DE LA VISITA PRACTICADA POR EL OBISPO MANUEL ABAD ILLANA A
LA PROVINCIA DEL TUCUMÁN Y MISIONES DE LA FRONTERA DEL CHACO.................40
REDUCCIONES.............................................................................................................................45
REDUCCIONES.............................................................................................................................89
ÍNDICE.......................................................................................................................................118