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Ordóñez en Hemingway

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Ordóñez en Hemingway

Author: Cortines Torres, Jacobo
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 1998
Source: https://idus.us.es/bitstreams/317d0e54-a30b-45a6-abc5-278ed4dc9ca5/download
Re is a de Es udios Tau inos
N
."
8, Se illa, 1998, págs. 15-50
ORDÓÑEZ
EN
HEMJNGWAYI
Jacobo Co ines To es2
Fundación de Es udios Tau inos
uchas eces
la
pues a de sol
es
el
momen o
más
he moso del día. T as un limpio amanece y
una
s-
¡¡¡a
-a
adian e ascensión, la luz sola se a iñendo
de
ma ices has a acaba en un do ado y ojo esplan-
do . T aigo a cuen a
el
símil diu no, po que
yo
sólo
i
o ea
a An onio O dóñez en el esplendo de su ocaso, años después
de
su e i ada de los uedos en 1971 . Y ue p ecisamen e
aquí
·
en Ronda, en la goyesca de 1975, cuando quedé deslumb a-
do po los ulgo es de su o eo. Nunca había is o o ea
de
esa mane a y desde en onces acudí pun ualmen e a las pocas
ci as que
la
ocasión me depa a ía. No hablo, pues, desde
la
au o idad del iejo a icionado, sino desde la año anza
del
neó i o que
le
hubie a gus ado sal a po encima del iempo
pa a con empla aquello que aho a año a. Ese empeño
es
del
odo imposible, pe o de alguna mane a ese acío se ha ido
llenando en p ime luga con la amis ad con la que me
ha
1 Con e encia p onunciada el 24 de julio de 1998, en Ronda, den o
del
ciclo An onio O dóñez y el o eo de su época,-.o ganizado po la Fundación
Ramón Ca ande de la Uni e sidad Juan Ca los l de Mad id.
2 P o es
o
i ula de Li e a u a de la Uni e sidad de Se illa.
16
Jacobo Co ines To es
hon ado el maes o, en segundo con los amigos comunes que
me lo ue on descub iendo con sus con e saciones y sus
esc i os, y en e ce luga con lo que yo
he
podido en e e a
pa i de documen os g á icos y li e a ios. De ahí que haya
elegido pa a
el
p esen e homenaje
la
igu a de An onio
O dóñez en la ob a de E nes Hemingway. Siemp e me
ha
pa ecido in e esan e la elación
en e
Tau omaquia y
Li e a u a, dos a es apa en emen e dis an es pe o ín ima-
men e ligadas, como odas las a es en e sí, po innume ables
lazos, en e o os los de la en ega, la e dad y la since idad.
Bien lo ie on así
un
Michel Lei is en su ensayo La li e a u-
a
conside ada como una au omaquia, un Be gamín
en
La
música callada del o eo, y an os o os desde di e en es pe s-
pec i as, en e los que no quie o deja de menciona a mi
buen amigo Albe o González T oyano
con
su magis al es u-
dio El o e o, hé oe li e a io. No podía, pues, deja escapa la
opo unidad que se me b indaba, y he p ocu ado indaga en
aquella singula amis ad en e
el
o e o y
el
esc i o que dio
como su mejo u o el ex ao dina io epo aje i ulado
El
e ano pelig oso. Pe o an es de aden a me en aquel san-
g ien o e ano, pe mí anme que haga
un
poco de his o ia,
po que aquella amis ad y aquella isión del hé oe que apa e-
cen en sus páginas no pod ían en ende se del odo
si
no
ene-
mos en cuen a sus an eceden es.
E nes Hemingway ino a España po p ime a ez en
diciemb e de 1921, p oceden e de Nue a
Yo k.
En compañía
de Hadley, su p ime a muje , desemba có en Algeci as, ma -
chó en en hacia Mad id y luego con inuó hacia Pa ís, donde
se p esen ó an e Ge ude S ein con una ca a de ecomenda-
ción de She wood Ande son. Allí en ó en con ac o con los
O dóñez en Hemingway
E nes
Hemingway
Una ob a
inédi a
del g an maes o de
la li e a u a no eame icana.
El
e ano
pelig oso
Fig.
n.
º 1
.-
Po ada de
la
edición española de El e ano peli-
g oso (Hemingway, 1986).
·17
18
Jacobo Co ines To es
· miemb os de la gene acwn pe dida: John Dos Passos,
Malcom Cowlys y Sco Fi ge ald. Y ue p ecisamen e
Ge ude S ein, admi ado a de Joseli o y amiga de Belmon e,
la que lo animó a ol e a España pa a que asis iese po p i-
me a ez a una co ida de o os. As'í lo hizo en 1923
el
esc i-
o en cie nes, co esponsal en onces
de
un semana io cana-
diense, y io en Mad id una co ida de
la
e ia de San Isid o
en la que al e naban Gi anillo
de
Riela, Chicuelo y Villal a.
Las imp esiones de esa co ida es án ecogidas en
el
a ícu o
que en ió
al
Ta an a S a con
el
í ulo '.'La co ida de o os no
es un depo e, es una agedia", agedia en es ac os,
el
úl i-
mo de los cuales es la mue e del o o a manos del espada.
Años más a de eco da ía esa p ime a imp esión en es os é -
minos: «Así, pues, ui a España pa a e los o os y pa a a-
a de esc ibi sob e ellos po mi cuen a. C eí que encon a ía
el espec áculo simple, bá ba o, c uel y que no me gus a ía;
pe o espe aba ambién encon a en él una acción de inida,
capaz de da me ese sen imien o de la ida y de la mue e que
yo
.buscaba con an o ahínco» (Hemingway, 1977: 9).
A pa i de es e momen o los o os se con i ie on pa a
el
jo en no eame icano en uno de los ejes de su exis encia.
Nue amen e po ecomendación de su men o a, ol ió ese
mismo año a España pa a asis i a los san e mines. Las expe-
iencias de los di e en es san e mines en los que pa icipó en
esos años culmina ían no ya en a ículos o ela os co os, sino
en una no ela The sun also ises ( 1926), popula izada con el
í ulo de Fies a.
Hemingway encon ó en aquellas ies as del no e lo
que buscaba con an o a án: el espacio que necesi aba
su
exu-
be an e i alidad. E a en onces un jo en con cie o ai e de
O dóñez en Hemingway 19
galán de cine, depo is a a icionado al boxeo,
al
béisbol, a
la
caza y a la pesca, un iaje o á ido de a en u as y iesgos,
un
ex
comba ien e he iqo en la G an Gue a,
un
i alis a eb io
de
nue as sensaciones y de alcohol, pe o, po encima
de
odo,
e a un esc i o con una g an ocación y un es ilo pe sonal,
o jado
en
el pe iodismo y en los cí culos ame icanos
de
Pa ís, igo oso e incisi o, que p e endía despoja
al
inglés
de
elemen os innecesa ios. Hemingway emplea es a eno ado a
écnica en Fies a, que no es p opiamen e una no ela au ina,
sino una sucesión de escenas ápidas y de diálogos apa en e-
men e i iales que e lejan con desnudo ealismo la exis en-
cia co idiana de unos pe sonajes que quie en i i
la
ida
en
pleni ud. Pe o como se a i ma en uno de los p ime os diálo-
gos: «Nadie i e jamás la ida en oda su in ensidad, excep-
o los o e os» (Hemingway, 1962: II, 12). De la bohemia
pa isina, escena io de odo
el
lib o p ime o, se aslada
la
acción a España, p ime o
al
ma co na u al de un ío uche o; ·
después a Pamplona, pa a e mina en
el
lib o e ce o,
muy
b e e en elación con los o os, en Mad id.
Pamplona en ies as es
el
núcleo de la na ación.
Los
. o os adquie en p o agonismo en las escenas de desencajona-
mien o, encie os y co idas, pe o
el
ambien e, la explosión
bullangue a, el goce colec i o, los con as es en e bacanal y
agedia son, más aún que los o os, los e dade os p o ago-
nis as. «Al mediodía del sábado seís de julio, la ies a es alló.
No hay o a mane a de exp esa lo» (Hemingway, 1962: 128).
Con es a escue a a i mación comienza ya hacia
el
inal de
la
no ela, conc e amen e en
el
capí ulo
XV,
del o al de los
XIX
de
que cons a, la desc ipción de los san e mines.
El
na ado
no se limi a a se me o es igo de la ies a, sino que se p e-

20
Jacobo Co ines To es
sen a an e los lec o es, enca nado en el pe sonaje
de
Jake
Ba nes, como ac i o pa icipan e, bien co iendo como
uno
más en los encie os o lidiando o os embolados, y
po
supues o bebiendo más que muchos jun os. En es e es i o
ambien e, mezclado con amo es, celos y us aciones, su ge
la
igu a del o e o con muchas de las ca ac e ís icas del
hé oe li e a io, según
la
adición no elís ica. Ese o e o
que
en la icción se llama igual que
el
mí ico o e o
de
Ronda,
Ped o Rome o, no es o o que el ondeño Caye ano O dóñez,
el
Niño de
la
Palma, pad e del u u o y de ini i o hé oe del
Hemingway de El e ano pelig oso: An onio O dóñez.
A Caye ano O dóñez, que con aba po aquel en onces
con
19
años, se
le
espe ó po su o eo elegan e y clásico
como
al
suceso de Joseli o. Po una c ónica del in luyen e
G ega io Co óchano, la i ulada "Es
de
Rónda y se llama
Caye ano", le an ó «un. clamo oso hu acán de espe anzas».
La exp esión es de _su bióg a o, An onio Abad Ojuel, que e
en
el
í ulo de la c ónica, y no en
el
con enido de la misma, el
mis e io de al alcance.
El
Niño
de
la Palma había omado la
al e na i a el
11
de junio en Se illa y se p esen aba, pues,
en
Pamplona como ma ado . A Hemingway le in e esó más
que
los o os con los que al e naba -Belmon e, que eapa ecía,
El
Algabeño, Mae a-
y,
lo
escogió como hé oe pa a
su
no ela.
Así
lo
desc ibe con p ecisión o og á ica Jake Ba nes
el
día
en el que lo io po p ime a ez: «El muchacho hallábase de
pie, muy e guido y sin son eí , es ido con su aje pa a
la
co ida. La chaque a es aba colgada sob e el espaldo
de
una
silla, e minaba jus amen e de en olla se la aja. Sus neg os
cabellos b illaban bajo la luz eléc ica. Tenía una camisa de
lienzo blanco y el mozo de es oques e minó de en olla la
O dóñez
en
Hemingway 21
aja, se le an ó y dio un paso a ás. Ped o Rome o inclinó
la
cabeza, muy dis an e y digno cuando nos dio la
mano.
Mon oya dijo que é amos g andes a icionados, que le
que í-
amos desea buena sue e. Rome o escuchó muy se io.
Luego
se di igió a mí. E a
el
muchacho.
más
mozo que he is o
en
la
ida» (Hemingway, 1962:
XV,
137).
Respe uoso, dis an e, digno y se io, además de
buen
mozo, son los asgos con los
que
se le. ca ac e iza en
es a
desc ipción. Ve emos más adelan e en qué coincide y en
qué
se di e encia con
el
e a o del hijo que se haga casi
ein a
· años más a de.
Lo que en
el
lib o se esal a es la na u alidad, la e dad
y la elegancia de su o eo en e a los ucos y e o cimien os
de los o os. He aquí un ejemplo signi ica i o: «Rome o
no
hacía con o sión alguna, siemp e es aba ec o, pu o, na u al
en
línea. Los o os se e o cían como sacaco chos, con los dedos
le an ados, y los apoyaban con a los cos ados del o o, des-
pués que
el
cue no había pasado, pa a da una alsa imp esión
de
pelig o. Luego, odo
lo
que e a also ·e a malo y daba
una
sensación desag adable.
El
o eo de Rome o enía una
emo-
ción eal, po que conse ó la absolu a pu eza
de
las líneas
en
los mo imien os
y,
siemp e quie o y anquilo, dejando pasa
los cue nos odo
lo
más ce ca de él. No u o que pone
de
elie e su p oximidad. B e io que algo e a he moso
si
se
hacía ce ca del o o, e a idículo si se hacía a una p uden e dis-·
ancia. Le ·con é cómo desde
la
mue e
de
Joseli o, odos los
o e os habían ido desa ollando una écnica que simulaba
la
apa iencia de pelig o pa a da una sensación de emoción y
engaño, mien as que en ealidad el o e o es aba segu o.
Rome o enía «lo iejo»: conse a la pu eza de líneas a a-
22 Jacobo Co ines To es
és del máximo pelig o, mien as dominaba
al
o o haciéndo-
le que se die a cuen a de que no
lo
podía alcanza ,
en
an o lo
p epa aba pa a la es ocada» (Hemingway, 1962:
XV,
141
).
Según es a ap eciación, Ped o Rome o e a
el
con inua-
do de la mejo adición,
el
, que conse aba la pu eza en e
a los co up o es, el a is a que p ac icaba la e dad
de
la
lidia que había de culmina con la mue e. del o o.
No
se
puede hace mayo elogio
de
un o e o. Desc i o con ales
cualidades écnicas y a ís icas, se le p esen a además co no
un homb e
<<nada
eng eído o jac ancioso» (pág. 146), que
hablaba de su abajo como de algo comple amen e ajeno a sí
mismo. Un se así, sencillo, alien e, a is a y guapo, enía
que encende la llama amo osa en e las espec ado as, y
en
la
no ela había una de excepción: la ci ce del g upo,
la
i esis-
ible e impulsi a Lady B e , con la que
al
o e o se le
ha á
ene un apasionado omance. Años más a de acla a ía el
p opio Hemingway: «Todo
lo
que en ese lib o se na a ace -
ca de la co ida es exac amen e lo que sucedió. El es o, lo
que ocu e ue a de la plaza, es pu a in ención, Caye ano lo
·sabía y nunca se quejó de la ob a» (He ningway, 1986: 3 7).
El
Niiio
de
la
Palma, ansmu ado en Ped o Rome o,
e a
el
o e o que necesi aba una na ación como Fies a.
E a
el
o e o de la espe anza, el que iba a es au a y eno a el
pano ama au ino, el o e o con
el
que podían soña los a i-
cionados, an o los cas izos que le eían como aquel que
a oja a a los me cade es del emplo de la Tau omaquia,
como los nue os que p oyec aban en él una idea omán ica
de España, al
el
caso del pe sonaje cen al de la no ela, el
ame icano enido de Pa ís que descub ía en
el
uedo «el
único luga donde se puede e la ida y la mue e»
(Hemingway, 1977: 8). Pe o pa a el esc i o ese en usiasmo
O dóñez en Hemingway
Fig. n
.º
2.
-Caye ano O dóñez, Niíio de la Palma, en mayo de
1936 (apud Abad Ojuel, 1988: 68).
23
30
Ja
co
bo
Co
ines To es
mane a o denada y azonada de lle a las es e apas
de
la
lidia hacia el de ini i o inal de la
mue e
del o o, y
en
es o
aún
le
e a supe io . Más adelan e con inúa: «La p ime a
ez
·
que
i
a An onio O -
dóñez me
di
cuen a
de que podía ealiza
odos los pases clási-
cos sin engaño, de
que e a capaz de ma-
a bien
si
se lo p o-
ponía y de que e a un
genio con la capa.
Comp endí que po-
seía las es g andes
cualidades de un ma-
ado : co aje, habili-
dad en su p o esión y
g acia an e un peli-
g o mo al» (He-
mingway, 1986: 38).
Valo , écnica
y belleza an e . el
pelig o, la inidad
esencial en el a e Fig. n
.º
4.- Hemingway en
el
callejón (apud
Abad
Ojuel,
198
8:
17
5)
.
de o ea . O dóñez,
pues; es á ca ac e i-
zado desde el p incipio, an es aun de que comience la acción
. del
Ve ano,
como un hé oe sin ca encias. De ás de
él
es á
sin
duda la somb a del pad e, la he encia clásica que lo en onca
con la mejo adición de la supues a escuela ondeña,
pe o

O dóñez en Hemin
gw
ay
31
.
. ~:'O
·
-
~
.
J.~
..
~.z
11~
i . .
'·
, ' '
" . . . .
--
. -
..
- . .
.___.
l
Fig. n.º
5.
-An onio O dóñez
al
na u al (apud Abad Ojuel, 1988:
183).
32 Jacobo Co ines To es
ya no hay emo a la desilusión.
El
p opósi o del esc i o de
no inicia nue as amis ades con o e os
po
o una
se
ha
des-
anecido. El es
el
p ime o en no segui los buenos consejos
que se dio a
sí
mismo o que le inspi a an sus emo es.
T as
habe lo is o o ea de la mane a desc i a, iene luga el
p i-
me encuen o pe sonal. Hay en esa dese ipción ci cuns an-
cias que ecue dan a las del encuen o
con
el pad e, po
ejem-
plo el mismo escena io: la habi ación del ho el, y
an e
el
mismo es igo: en Fies a Mon oyá y aquí Juani o
Quin ana
,
acompañado de Jesús Có doba, pe o exis en ambién sus an-
ciales· di e encias. An es de en a en ellas, eamos
cómo
se
desa olla la escena: «An onio yacía desnudo en la
cama
excep o po una oalla colocada a
mane a
de hoja
de
pa a.
Lo p ime o que ad e í ue on sus ojos: los ojos más neg os,
b illan es y aleg es de cuan os ·se han is o, jun o con
una
maliciosa son isa de pille e, y no pude e i a ad e i los
cos-
u ones qµe enía en el muslo de echo. An onio me endió
la
mano izquie da, pues se había hecho
un
eo co e en la
de e-
cha con
el
es oque
al
ma a al o o, e in i ó:
»- Sién ese en la cama. Dígame, ¿soy an bueno
como
mi pad e?
»Así que, con emplando aquellos ojos ex años, desa-
pa ecida su son isa jun o con cualquie duda ace ca de
si
se í-
amos amigos, le asegu é que e a mejo que su pad e y
le
expliqué lo bueno que és e había sido. Luego, hablamos de
su
mano. A i mó que ol e ía a o ea al cabo de dos .días.
El
co e e a p o undo pe o no había a ec ado los endones ni
los
ligamen os. Le anuncia on la con e encia que había pues o a
su no ia, Ca men, hija de Dominguín, su apode ado, y he -
mana del ma ado Luis Miguel, po
lo
que salí de la habi a-
ción pa a aleja me del elé ono. Cuando concluye on me des-
O dóñez
en
Hemingway
Fig. n
.º
6.
-Caye ano y An onio O dóñez
en
1958
(apud Abad
Ojuel, 1988: 203).
33
34
Ja
co
bo
Co
ines To es
pedí. Aco damos e nos con
Ma y
en El Rey Noble y
desde
en onces hemos sido amigos» (Hemingway,
19
.86: 39).
Allí, en Fies a, el dies o apa ecía e guido, de pie, es-
ido o e es ido con sus sag ados o namen os, an es de o-
ea . Aquí, en
El
Ve ano,
al
hijo se le p esen a echado
en
la
cama, casi desnudo, después
de
habe es ado en la plaza.
En
uno, en Ped o Rome o,
le
llamó la a ención la neg u a del
pelo b illando bajo la luz eléc ica; en el o o, An onio, el
neg o de los ojos, b illan es y aleg es,
pe o
además las
cica-
ices del muslo. Uno es á se io, el o o son íe maliciosamen-
e como un pille e. Uno inclina la cabeza al da le la
mano
y
se mues a dis an e, el o o le iende la izquie da a causa
de
la he ida en la de echa y
le
in i a cómplicemen e a sen a se
en su cama. Aquél le hace
una
p egun a in ascenden e
en
inglés (si asis i á a la co ida), és e una
en
español que e e-
la las dudas o las ansias de que se
le
con i men sus deseos
más ín imos (¿soy an bueno como
mi
pad e?).
La
espues a
del esc i o no sólo es a i ma i a, sino
que
gana en elie e al
ei indica la bondad del p ogeni o . En Fies a no había
más
diálogo con
el
o e o; aquí hablan sob e la mano he ida.
Ped o Rome o apa ecía como un se soli a io, sin más
com-
pañía que su mozo de es oques y los es sa éli es; An onio,
odeado de ca iño, con el a iso de la con e encia de la no ia.
En e Rome o y Ba nes no hubo nada -apa e de admi ación-
as
el
encuen o, en odo caso celos a causa de la compe en-
cia po B e ; en e An onio y E nes o,
una
amis ad c ecien e
que du a á has a la mue e.
Dos
encuen os, en consecuencia,
muy dis in os y e elado es
de
dos e apas di e en es: la
de
aquella ju en ud u bulen a y ágil en las ilusiones, y la de
la
madu ez, más se ena, aunque no menos i alis a, y sus en a-
O dóiiez
en
Hemingway 35
da en una apues a más sólida. En la p ime a
el
pun o de
is a
del esc i o e a el del ecién iniciado en los mis e ios que
se
deslumb aba con los b illos;
en
la segunda, el
de
quien e o -
na con ojo c í ico y
no
se deja engaña po espejismos.
Fig. n.º
7.
-Hemingway dispa a sob e
un
·ciga illo que sos iene An onio O dóñez
con su boca (apud Hemingway, 1986: 125).
Todo es e p ime encuen o del esc i o con
el
o e o
a encaminado a p esen a a los lec o es
el
pe sonaje que
p o agoniza á la na ación, po que
El
e ano pelig oso
es
epo aje pe iodís ico, y· del ·mejo , pe o es al mismo iempo
un apasionan e ela o, con el empleo de leyes y ecu sos p o-
pios del géne o na a i o. Po eso
no
hay que busca en la
ob a una ealidad ni más allá ni más acá de la li e a ia, aun-
que es o no suponga que sea
pu a
icción y que
no
haya

36 Jacobo Co ines To es
conexión en e ida y li e a u a. Digámos, an e odo,
que
al
y como nos ha llegado a los lec o es españoles
El
e ano
pelig oso esa elación se hace más di icil
de
es ablece
en
cuan o
lo
que enemos en e las manos no es el ex o o igi-
nal del esc i o , sino la aducción
de
una
sín esis elabo ada
po sus edi o es. Sabido es que as el éxi o
de
El
iejo y el
ma , publicado po en egas en la e is a Lije, le enca ga on
· a Hemingway un epo aje au ino
de
10.000 palab as pa a
~l
mismo semana io. El Nobel se en usiasmó con la p opues a,
aco ó pe sonajes, iempo y espacio -la i alidad en e
An onio O dóñez y su cuñado Luis Miguel Dominguín
du an e el e ano de 1959- y se lanzó a esc ibi supe ando
con mucho el enca go. Elabo ó
un
ex o de 120.000 palab as
que los edi o es se nega on a ep oduci en su o alidad,
pa a
lo cual enca ga on a
A.
E.
Ho chne , amigo de Hemingway
y compañe o de aquel iaje, que
lo
eduje a a 70.000,
que
.
ue el que apa eció en
la
e is a y que pós umamen e se
compendió en las 45.000 de la e sión del lib o publicado
en
1984. En es e ex o, educido a
lo
esencial del oluminoso
manusc i o,
es
en el que me baso pa a aza es as obse a-
ciones, p o isionales y limi adas, has a an o no puedan
cons a a se con
el
inaccesible o iginal.
El
lib o, en
la
edición española de la edi o ial Plane a,
apa ece di idido en XIII capí ulos, p ecedido de
un
p ólogo
i mado po James
A.
Michene , donde se in o ma
de
los a a-
a es del manusc i o. Los dos p ime os capí ulos, en los que se
p esen an a los dos i ales, ecogen las es ancias del esc i o
en
España en los años de 1954 y 1956. Funcionan como
una
in oducción a la his o ia que comienza p opiamen e
en
el
capí ulo III con
la
llegada del esc i o y su séqui o, a p inci-
O dóí
'iez
en
Hemingway
37
pios del e ano
de
1959, pa a asis i
al
duelo en e los o e os.
Luis Miguel había decidido e o na a los uedos en
1953
y
se
encon aba en onces en la pleni ud de sus o mas. Apode ados
y emp esa ios, conscien es del
buen
momen o po
el
que
a a-
esaban los dos dies os, decidie on en
la
empo ada
de
1959
o ganiza una se ie de es ejos en los que in e inie an
jun os
.
Fig. n.º 8.- Luis
Mi
guel Dominguín en un pase na u al (apud Hemingway,
1986: 169).
La i alidad siemp e había· sido uno de los ing edien es
de
la
ies a desde los iempos
de
F ascuelo y Laga ijo, Gue a y
Bombi a, o Joseli o y Belmon e, pe o esas compe encias e an
muchas eces más ic icias que eales, más mo idas po in e-
38 Jacobo Co lines To es
eses económicos que po i alidades pe sonales. También en
es a ocasión pa ece se así, pe o Hemingway ap o echó
la
ci -
cuns ancia pa a es ablece
en
su epo aje un e dade o
duelo
a mue e en e los dos o e os, una i alidad con esonancias
in e nacionales, un en en amien o pe sonal que anunciaba
iba a se d amá ico, pelig oso y que pod ía esul a mo al. El
epo aje, di igido a un amplísimo público con mayo ía in e -
nacional de no a icionados, buscaba in e esa con el suspense
de una compe encia in en ada la con inuidad y el éxi o de las
sucesi as en egas. Pa a es o e a necesa io, una ez p esen a-
do en las p ime as páginas
el
p o agonis a, An onio O dóñez,
como
el
hé oe sin acha, busca le inmedia amen e un i al
digno de su ca ego ía, y es e papel
de
an agonis a ue
el
elegi-
do pa a Luis Miguel Dominguín, au op oclamado como el
núme o uno, que a su ez e a su cuñado. Conscien e o incons-
cien emen e, Hemingway seguía la ecomendación a is o éli-
ca del pa en esco, o mulada en la Poé ica, pa a po encia los
e ec os d amá icos de la agedia, pues no ol idemos que
años
an es había de inido las co idas como e dade as agedias
en
el
sen ido clásico
del
é mino.
Las simpa ías del esc i o es aban cla as desde
el
p in-
cipio; no engañaba con ello a sus lec o es. Hemingway
op a
po O dóñez y le some e a un du o camino
de
pe ección
en en ándole a un pelig oso i al: El p ecio se á su sang e y ·
el gala dón inal la ic o ia sob e
el
con incan e, que
am-
bién sabo ea á o os iun os y deja á eñida de ojo la a ena
de los uedos. La c ónica de es a i alidad es á esc i a con el
es ilo igo oso, p eciso y suge en e que ca ac e iza la
p osa
del Nobel. Es como una g an película en la que se an dosi-
icando las escenas de dolo y iun o en ese cambian e esce-
O dóñez en Hemingway
39
na io
de
la a iada geog a ía de España. A en o siemp e a
cuan o eía den o y ue a del uedo, a
las
imágenes ex e io-
Fig. n.º
9.
-An onio O dóñez es sacado de la plaza as
ecibi una co nada
el
30 de mayo de 1959 en A anjuez
(apud Hemingway, 1986: 108).
es, pe o ambién
a sus imágenes
in e io es,
sus
ecue dos,
sue-
ños y deseos, el
esc i o
ue
mo-
delando la
ima-
gen de
su
pe so-
na Je.
An onio
O dóñez es
al-
guien que
cada
ez iene
más
con ianza en sí
. .
mismo y
se
sien-
e más segu o,
un
león que
se
supe-
a con las he idas
ecibidas; un
o:.
e o madu o,
un
homb e alien e
y aleg e
al
que le
gus a mo a se
de
los asun os más
se ios (Heming-
way,
1986:
64),
capaz de en en a se a odo
lo
que salie a
de
un o il (ibíd.
pág. 72), que lidiaba bajo una mezcla de bea i ud y abia in e-
ligen e (ibíd. pág. 87), que
al
son de la música, esul aba an
46
Ja
cobo
Co
ines To es
Hemingway ol ió de nue o a España
al
año siguien e,
pe o ya
no
e a
ni
somb a del que ue. En e mo y debili ado,
some ido a inhumanos a amien os de elec ic shocks, inca-
Fig.
n.
º
14.
-An onio O dóñez, con su pad e el Niño de
la
Palma
y E nes
Hemingway (apud Abad Ojuel, 1988: 203).
paci ado pa a segui esc ibiendo, decidió saca la mue e
de
su bolsillo y encon a se con ella en la e e nidad. Ocu ía
en
su casa
de
Ke -chum, en las íspe as de los san e mines de
1961. Aquí, en su Ob a, dejaba su isión del mundo,
su
isión de los o os, desde la ju enil Fies a has a el madu o
Ve ano.
En es os 1 ib os, dos o e os
de
Ronda, un pad e y
un
hijo, Caye ano y An onio. En es e úl imo c is alizó
la
acción
de inida que buscó con an o ahínco, esa pleni ud del sen i-

O dóñez en Hemingway
47
mien o
de
la ida y la mue e
que
le p odujo an a elicidad.
El
An onio O dóñez de Hemingway
es
un
hé oe li e a io
hecho a
la
medida del deseo del esc i o ,
es
la
culminación
de
Fi
g.
n.º
15.
-
El
Ta
jo
de
Ronda (apud Abad Ojuel,
1988:
13
!).
un
p oceso que
se
había iniciado
mu-
chos años
an es,
pe o ese pe sonaje
esponde
al
mismo
iempo a
la
eali.,..
dad en la que
se
basó. Cuan o
he
leído de O dóñez
en
Hemingway
pa-
ece coincidi
con
lo
que han dicho
o os de su majes-
uoso y clásico
o eo. Desde luego
coincide
plena-
men e con
aquel
O dóñez que u e
la sue e
de
. p esen-
cia en aquellas
goyescas c epuscu-
la es, ·en su Ronda
na al, una de las cunas del o eo y la ciudad que es oda ella
un escena io omán ico. Y me iene a
la
memo ia odo
lo
eliz que yo ui en aquellas ocasiones en e los buenos ami-
gos, el ino gene oso, el espec áculo del Tajo, la majes ad de
la Se anía, la belleza de su plaza
de
pied a, pe o sob e odo
48 Jacobo Co ines To es
g acias
al
sen imien o del o eo
de
An onio O dóñez,
al o
y
hondo, como
la
misma Ronda. G acias, maes o,
po
lo
mucho que has hecho y po es a hoy en e noso os.
O dóñez
en
/-/
e
ming
way
49
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