D . E. CLAPARÉDE
P o eso de Psicología en la Uni e sidad de Gineb a
Psicología del niño
Pedagogía expe imen al
PROBLEMAS Y MÉTODOS
DESARROLLO MENTAL
FATIGA INTELECTUAL
T aducción
de la
e ce a edición, con PREFACIO esc i o exp esamen e
pa a la edición
española, po el au o ,
y
ESTUDIO PRELIMINAR
po
DOMINGO BARN É S, Biblio eca PixeLegis. Uni e sidad de Se illa.
Sec e a lo del Museo Pedagógico Nacional
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MADRID
LIBRERÍA DE FRANCISCO BELTRÁN
16, P íncipe, 16.
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ES PROPIEDFID
De echos ese ados
P eiacio del au o
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el momen o en que, g acias á la inicia i-
a de D. Domingo Ba nés, a á publica -
se es a aducción española de mi
PSICOLOGÍA
DEL
NiÑo, debo p esen a á los lec o es mis ex-
cusas po no habe hecho mención del desen-
ol imien o de la paidología en España. Aho a
bien; después de habe apa ecido las p ime as
ediciones de es a ob a, he sabido que ambién
exis e en España un mo imien o muy digno de
conside ación en a o de la paidología y de la
pedagogía cien í ica, mo imien o cuyo cen o es
el
Museo Pedagógico Nacional,
de Mad id; es a
ecunda ins i ución debe se admi ada
po mu-
chos
países po su o iginal complejidad. Es
in-
ú il
deci que epa a é el ol ido en la p óxima
edición de
mi
lib o.
6
DR. E. CLAPARÉDE
Pe mí aseme ap o echa la ocasión que me
o ece es a ad e encia, pa a ag adece since a-
men e al S . Ba nés — que es uno de los más
cul os ep esen an es de la paidología española
— el hono que me ha hecho aduciendo es a
ob a y poniendo á con ibución, pa a la labo , su
compe encia.
Ed. C.
Gineb a, 31 de Ene o de 1910.
esí idio p elimina
...
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N
el p ólogo de la segunda edición de es e
lib o, decía su au o : «Pa ece que la ne-
cesidad de un esc i o de es e géne o se hacía
sen i , po que es e olle o — se e ie e á la se ie
de a ículos qué cons i uye on la p ime a edi-
ción,
y
más bien el p ime p oyec o de es e li-
b o— apa ecido á ines de 1905, ha sido ago ado
en el espacio de algunos meses; y pa ece que
es a necesidad pe sis e, pues o que oda ía se
pide.» Pudie a ag ega aho a el au o , de segui
modes amen e con i iendo en in e és gené ico
el conc e o que su lib o inspi a, que ese in e és
aumen a en ez de dec ece , pues o que la se-
gunda edición, publicada en Diciemb e de 19089
ha sido igualmen e ago ada; y el mismo camino
lle a la e ce a edición, publicada es e e ano, .y
de la que hemos hecho la aducción que o e-
cemos al público,
8
DR. E. CLAPARÉDE
Nos mue e á publica la la misma con icción
que al au o anima: la de que el g ado de di usión
y desen ol imien o que ac ualmen e alcanzan los
es udios paidológicos, eclama abajos de con-
jun o y de sis ema ización como el p esen e. Con
más disc eción cien í ica que algunos paidólogos
no eame icanos, no p e ende Clapa éde ele a -
se, desde el aún insu icien e es udio del niño, á
p ecipi adas inducciones, ni á aplicaciones exce-
si amen e gene ales en el campo de la pedagogía
ó de la psicología del adul o; á leyes gene ales
como las lanzadas, quizás con sob ado a e i-
mien o, po Baldwin, y de las que se ha dicho
que se asemejan á bille es emi idos po un Ban-
co que no iene en sus a cas bas an e o o con
que esponde de ellos.
Menos puede p e ende el au o p esen a ni
siquie a un esbozo de la paidología como cien-
cia hecha, de inida en su es e a de acción, en sus
lími es, en sus mé odos y en sus o ien aciones.
En es a eme idad incu e Pe sigou , y su ob a,
como u o a ancado del á bol an es de madu-
a , pa ece condenada á la impo encia. Muy an-
e io á la en a i a de Pe sigou , es la de Osca
Ch isman; pe o éngase en cuen a que es e au-
o , más que un u o, in en a o ece una semi-
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
9
lla, y al p oclama la independencia de la ciencia
paidológica, in en a p omo e el cul i o y la o -
mación de una disciplina cien í ica po hace , más
bien que de ini p ema u amen e, á iesgo de
c is aliza , una disciplina ya o mada. En es e
sen ido deben in e p e a se sus palab as: «La
paidología, la ciencia del niño, iene po misión
euni odo lo conce nien e á la na u aleza y
desen ol imien o del niño — dondequie a que
es e ma e ial se encuen e — y o ganiza lo en
un odo sis emá ico. Su único p opósi o es el es-
udio del niño en odas di ecciones.»
«Debe p opone se las in o maciones sob e el
niño pa a clasi ica los hechos que han de p o-
po ciona ma e ial pa a las es an es egiones de
la ciencia y de la p ác ica, cuyos esul ados, á su
ez, han de se i le de undamen o.»
«Los niños deben se es udiados en el labo a-
o io, en la casa, en la calle y en sus juegos, ic-
ciones y luchas; deben se es udiados en los pue-
blos ci ilizados y en los no ci ilizados; en sus
ases no males y ano males, en el pe íodo e al
y en los siguien es pe íodos de su desen ol i-
mien o. En a ención á sus ci cuns ancias psico-
lógicas, isiológicas y mo ales.»
Po el lib o y po la ob a cien í ica en e a de
10
DR. E. CLAPARÉDE
Clapa éde, discu e, i i icándola, la aspi ación
de Ch isman, y al mismo iempo la esc upulosi-
dad en la obse ación, el igo en los mé odos y
la disc eción, al enuncia los esul ados, que debe
ca ac e iza á los in es igado es de es a ciencia,
más que ninguna o a suje a á la ecuen e ec-
i icación y á la in e ogación cons an e del ex-
pe imen o, y colocada de lleno en el eslabón del
disen imien o de los in es igado es que Spence
conside aba como mediado , en la his o ia de las
ciencias, de los eslabones ex emos: la unanimi-
dad de los igno an es y la unanimidad de los sa-
bios. Con es e espí i u de modes ia, Clapa éde
da cuen a de algunos esul ados adqui idos, y
enseña, sob e odo, y es o es lo impo an e, el
modo de adqui i los y lle a los más allá.
En lo que no podemos conside a , de hecho, al
au o , de acue do con Osca Ch isman, es en la
ampli ud de base y de aspi aciones que
,
és e da,
como hemos is o, á nues a ciencia. Pa a Cla-
pa éde, la base, como indica el í ulo de su lib o,
es exclusi amen e la psicología del niño, y la
aspi ación, las aplicaciones pedagógicas que del
es udio de es a psicología pueden ob ene se. En
es e sen ido iene azón Gas ón Dau ille al ocu-
pa se, con en usiasmo,de la ob a, en
el
Me cu io
PSICOLOGIA DEL NIÑO
11
de F ancia: «Las
pe sonas que po azones di e -
sas se in e esan po , las in es igaciones, cada ez
más nume osas en es os úl imos iempos, sob e
la «Psicología del niño», y de las que se han de-
ducido los p incipios
.
de una pedagogía acional
y expe imen al, desg aciadamen e poco aplica-
das oda ía, encon a án en la ob a de monsieu
Ed. Clapa éde, no solamen e la exposición más
comple a de los p oblemas y los mé odos, sino
ambién pun os de is a o iginales, ecundos, cla-
os sob e el desen ol imien o del niño y la a iga
in elec ual.»
Es cie o que la paidología iene su an eceden-
e inmedia o en la psicología, y que nace ín ima-
men e ligada con ella. El asociacionismo inglés
p epa ó á los psicólogos pos e io es el camino
de la obse ación y de la in ospección pa a so -
p ende la génesis y el desa ollo del enómeno
psíquico, sin p eocupaciones me a ísicas. Y es a
o ien ación, como dice el dis inguido ca ed á ico
de psicología de Ta agona,
D.
Ma ín Na a o,
en el es udio ace ca de la paidología, que publi-
có en el
Bole ín de la Ins i ución Lib e de Ense-
ñanza,
es la que ha lle ado á la c eación de dos
ciencias de ca ác e pu amen e empí ico (ó al
menos es e es el que han in en ado da le sus
18
DR. E. CLAPARÉDE
anscenden al que iene en la ida psíquica el
sen imien o (si acaso no es la base y el unda-
men o de oda ella, como a i man Ho wicz, Spen-
ce y o os), descuidado, si no igno ado po la
psicología in elec ualis a dominan e, po lo me-
nos desde los iempos de Desca es, comp ende-
emos bien po qué se ha omado á es e pensa-
do como el an eceden e inmedia o más impo -
an e de nues a ciencia.
Fijándonos sólo en las g andes culminaciones
del mo imien o pedagógico que más hayan po-
dido in lui en nues a ciencia, enemos que con-
cede un pues o excepcional á Pes alozzi, que
pone de elie e el papel insus i uible que en la
enseñanza desempeña la in uición, p econizada
ya po Ra ich, Comenio y an os o os, y el in-
lujo decisi o que iene el amo , no sólo pa a
el alma in an il, sino pa a descub i sus más
p o undos sec e os. Pes alozzi acude al niño en
su indi idualidad y con amo que sólo aplicado
á la indi idualidad es ecundo.
También con amo acude al niño F übel pa a
p ocu a su desen ol imien o, que sólo puede
es imula se pa iendo del conocimien o del niño
mismo, cuya p opia ley es p eciso obedece , ya
que á la na u aleza sólo obedeciéndola puede
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
19
llega se á domina la. De ahí los a anes de F el-
bel pa a no o ce ni iolen a , pa a conse a
pu as é incólumes las p ime as mani es aciones
de la ida del niño; pa a segui le de ce ca, sin
pe de le de is a, mos ándole el camino, como
guía que ya lo ha eco ido y es de él conscien-
e; pe o pa a que lo eco a él mismo, sin lle a -
le de la mano; pa a anima lo; pa a deja lo en
plena libe ad, al ai e lib e; pa a hace , en suma,
que i a su p opia ida y ob e espon áneamen e,
sabiendo el maes o espe a su indi idualidad,
cul i a el di ícil a e de abs ene se, y no incu-
i en el papel del Juan Pan aleón de la clásica
comedia i aliana, an ac emen e idiculizado po
Rousseau.
Con F übel, enseña la pedagogía mode na
que los mo imien os espon áneos del niño son
los que de mane a más cla a ponen de mani ies-
o su alma.
Y si a endié amos aho a á las in ini as obse -
aciones, á los múl iples descub imien os que
han hecho en el alma del niño los g andes pe-
dagogos mode nos, ales como Ho acio Mann,
Rosmini, sob e odo He ba , y o os muchos,
no llega íamos al in: al es el núme o e dade a-
men e inconmesu able de da os, de a i macio-
20
DR. E. CLAPARÉDE
nes, de e dades, en suma, que han apo ado al
ma e ial con que abaja el paidólogo en el mo-
men o p esen e.
Pe o si odo es o es e dad, no lo es menos
que ni la paidología se ha nu ido sólo de es a
uen e, pues o que ha ap o echado ambién, es-
pecialmen e, los da os que la psicología le o e-
ce, y ha acudido ambién en busca de los que
necesi aba á odas las ciencias que di ec a ó in-
di ec amen e se han ocupado del niño, ni la pe-
dagogía, po su pa e, puede limi a se pa a e-
cons ui se del modo expe imen al y igu osa-
men e cien í ico á que ac ualmen e se aspi a; á
ecoge las in es igaciones que ace ca del niño
pueda p esen a le la paidología, ya que el niño
al in y al cabo es un ac o , siquie a sea el esen-
cial, en la ob a compleja de la educación, ob a
que plan ea una se ie de p oblemas que exce-
den á odas luces de los paidológicos — aun de
una paidología que no sea de exclusi a base psi-
cológica —, y que o zosamen e ha de acudi á
la é ica — sup ema de inido a de los ines huma-
nos, ya sean conside ados és os como inmu a-
bles, ya como a iables en azón de iempo y
luga —, á la sociología y á
o as ciencias a i-
nes ó aliadas.
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
21
Además, como indica D ummond, mien as la
paidología sea conside ada como ciencia de apli-
caciones pedagógicas exclusi amen e, no se á
e dade a ciencia. Y es o zoso, po lo mismo,
aspi a á su independencia, al conocimien o eó-
ico, desin e esado, sin aplicación inmedia a.
Y es e es, en ealidad, el sen ido ac ual de es a
ciencia, que comienza en ealidad con Tiede-
mann, que en 1787 publica, con el í ulo de
Uebe
die En wickelung de Seelen ühigkei en. bei Kin-
de n,
las obse aciones que hizo en su hijo; qué
se amplía con la ob a de B. Sigismund,
Kind und
Wel ,
po el mo imien o de in es igación que
p odujo la ecomendación que es e au o hace á
odos, pe o especialmen e á las mad es, pa a que
ano a an cuan o hallasen digno de mención en sus
hijos, pa a e si podían induci de odos los da-
os eunidos las leyes del desen ol imien o na al;
que se en iquece con las ob as de H. Kusmaul,
Geige , Schul ze, Genzme , y especialmen e con
la ya clásica de P eye
Die Seele des Kindes (El
alma del niño,
ecien emen e aducida al cas e-
llano po el mencionado p o eso S . Na a o),
que apa eció en 1882 y que ha se ido de guía
á odos los abajos pos e io es, po que á ella
se apela po p ime a ez en la expe imen ación.
22
DR. E. CLAPARÉDE
Desde es e momen o el mo imien o se di unde é
in ensi ica, y es imposible en an b e e espacio
indica siquie a los nomb es de los paidólogos
más conocidos: Koch, Zimme , T üpe y U e en
Alemania; Romanes, D ummond, Wa ne y an-
os o os, p escindiendo de Da win como p e-
cu so , y de Pollock y Chapneys, como menos
impo an es, en Ingla e a; Pé ez, Compay é, Bi-
ne , Simón, Hen i, en F ancia; Paola Lomb oso,
Ma o, O olenghi, Ga bini, Collozza, Se gi, Fe-
iani, Pizzoli, e c., en I alia; Mlle. Io eyko, y sus
compañe os de la
Re ue Psichologique,
de Bél-
gica; en los Es ados Unidos, Ea l Ba nes, Cham-
be lain, James, Tylo , Miss Shim, Baldwin, T acy
y Ch isman, y el após ol de odos ellos, S anley
Hall, y an os o os, en núme o an conside able
y con es ue zo an in enso y ecundo, que ha lle-
gado á deci se que en es e país la iloso ía que
ha de sus i ui al neohegelianismo (el más ca ac-
e ís ico, allí po lo menos, den o de una co ien-
e muy gene alizada), se á una iloso ía undada
en los esul ados de la paidología.
Innume ables, po o a pa e, son las socieda-
des, labo a o ios y e is as consag adas exclu-
si amen e á es e es udio.
Inú il se ía insis i en es a hojeada his ó ica,
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
23
que cons i uye el magis al capí ulo p ime o de
la ob a que o ecemos al público.
En España, has a' aho a, se ha hecho muy
poco en la in es igación y muy poco ambién en
la publicación sob e las condiciones ísicas y
men ales del niño.
En 1894 se c eó en el Museo Pedagógico Na-
cional un labo a o io de psicología aplicada á la
educación, di igido po el doc o D. Luis Sima-
o, p o eso de Psicología expe imen al en la
Uni e sidad de Mad id. El doc o Sima o ha
dado a ios cu sos á los alumnos no malis as
sob e las condiciones de las acul ades men ales
y sob e los mé odos y apa a os pa a su es udio.
En el mismo Museo Pedagógico Nacional, y
desde el año 1887, ienen publicándose, como
apéndices á las Memo ias de sus colonias esco-
la es de acaciones, las hojas an opológicas de
los colonos con sus da os ana ómicos (desc ip-
i os y mé icos) y sus da os isiológicos. Es as
hojas, que han ido acumulando du an e diez y
nue e años da os su icien es pa a ca ac e iza
cada niño, cons i uyen un modes o a senal de
ma e iales pa a el es udio de nues a in ancia
escola .
Acompaña ambién á dichas Memo ias o a
24
DR. E. CLAPARÉDE
hoja de los esul ados ísicos inmedia os de las
colonias; cuad o demos a i o de las a ian es
alcanzadas en la es a u a, dinamome ía, ci cun-
e encia o ácica y peso.
Pos e io men e,. y siguiendo el ejemplo del
Museo, los cen os que en España han o ganiza-
do colonias publican da os más ó menos ex en-
sos de la an opología de sus colonos y de los
esul ados ísicos inmedia os de la ob a. La Co -
po ación de An iguos Alumnos de la Ins i u-
ción Lib e de Enseñanza se ha se ido de los
mismos modelos del Museo pa a consigna esos
da os.
En la Exposición Pedagógica Nacional de Bil-
bao, del e ano de 1905, el p o eso de la Es-
cuela p ác ica de la Escuela No mal de Maes os
de Mad id,
D.
Ru ino Blanco, ha p esen ado
«
Regis os an opomé icos» de los alumnos de
su escuela.
El p o eso del Ins i u o gene al y écnico de
Toledo, hoy p o eso del Cu so No mal Supe-
io , D. Luis de Hoyos Sáinz, publicó un abajo
de in es igación i ulado
No as pa a hace un
es udio an opológico sob e el c ecimien o,
en
los
Anales de Sociedad Española de His o ia
Na u al,
omo xxi. (Con seis cuade nos numé-
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
25
icos y es láminas g á icas). Ab aza de un año
á los ein e.
En el plan de es udios de la Escuela Supe io
de Es udios de la Escuela Supe io del Magis e-
io, c eada po Real dec e o de 3 de Junio úl imo,
igu a una cá ed a de Psiquia ía que hab á de
se p o esada en el segundo cu so.
En la Sociedad Española de Higiene se puso
á discusión du an e el in ie no de 1904 á 1905
el es udio, a amien o y educación de los niños
ano males; pe o es as discusiones no se han
publicado.
La publicación española que más a ención ha
dedicado á es as cues iones y más abajos ha
dado á luz sob e ellas es el
Bole ín de la Ins i u-
ción Lib e de Enseñanza.
De sus nume osos a -
ículos sob e la ma e ia debemos ci a especial-
men e: Ti in, «Es udio sob e el lenguaje de los
niños», po
D.
An onio Machado; «Psicología
del niño», po Sanz del Río; «El alma del niño,
según
P eye »,
«La c í ica espon ánea de los
niños en Bellas A es», po D. F ancisco Gine
de los Ríos, e c., e c.
Es e
Bole ín
p ocu a e leja el es ado y p og e-
sos de es os es udios en el ex anje o, á cuyo in
publica exposiciones de los abajos del
Pedago-
DR. E. CLAPARÉDE
Bical Semina y,
de S anley Hall, es udios sob e
los p incipales cul i ado es de la paidología, e -
cé e a, e c. También publica la aducción del
abajo anual que publica en la
Re ue Philosophi-
que
M. Eugenio Blum ace ca del mo imien o
pedagógico y paidológico.
En Mad id se iene publicando una e is a
sob e
La In ancia Ano mal,
di igida po D. F an-
cisco Pe ei a.
Recien emen e se ha publicado la aducción
española de las ob as de P eye y Romanes.
Ba celona no podía pe manece apa ada de
es e mo imien o, y en Ab il p óximo pasado
apa eció el p ime núme o de una e is a i ula-
da
La E olución Pedagógica,
que se p opone,
en e o as cosas, «es udia á ondo, en sus dis-
in as ases, la pue icul u a, aquí an injus a-
men e desa endida, y p ocu a encauza la en el
sen ido que p econizan las sanas doc inas de
los amosos pedagogos con empo áneos; impul-
sa la enseñanza en una o ien ación ealis a que,
basándose en la psico ísica y en disciplinas a i-
nes, ponga de elie e las inmensas en ajas de
la expe imen ación.»
En es e núme o se da cuen a de la undación
del Museo Pedagógico Expe imen al—en 1905—,
26
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
27
sub encionado po el Ayun amien o, y de desen-
ol imien o aún incipien e, pe o ico en p omesas..
El S . Vidal Pe e a, sec e a io y p o eso de la
Escuela No mal de Ba celona, inició en ella la
enseñanza de la Psiquia ía.
Una palab a, pa a conclui , ace ca del au o .
M. Clapa éde es un eu opeo de su iempo. Po
lo mismo, les se ia di ícil clasi ica lo á esos a icio-
nados, po o una cada ez menos nume osos,
á ó mulas y á denominaciones con que e ique-
a odo. La ob a de la cul u a mode na, en la que
an poco abundan las indi idualidades aná qui-
cas de g an elie e pe sonal, es ob a len a de
uni e sal colabo ación, y los más pene ados
del es ue zo y de la con ibución que los demás
apo an, son á su ez los más ecundos, los más
capaces de imp imi nue o impulso á la ob a
común. P o eso en Gineb a, en la que el espí i-
u ancés y el alemán se combinan y se ponde-
an an sabiamen e, en aquella glo iosa Uni e si-
dad que acoge en sus aulas á los alumnos p o-
ceden es de odas las naciones y en su espí i u
el in lujo de odos los espí i us, M. Clapa éde
pe manece a en o á oda la labo cien í ica que
Eu opa á su al ededo o ja, y, sumándose á ella,
ecuen a los esul ados, los analiza, los depu a,
34
DR. E. CLAPARÉDE
se lanza puede o ma el maes o y da le la ex-
pe iencia ape ecida. Segu amen e que la impo -
ancia de la p ác ica es capi al pa a o ma un
especialis a en un a e dado. Pe o es p eciso es-
o za se en educi al mínimum los se icios que
se le pidan, sob e odo cuando se a a de sé es
humanos. El maes o que abo da la p ác ica sin
ene el meno conocimien o de psicología, se e,
na u almen e, educido á hace an eos,
con pe -
juicio de sus discípulos;
se e obligado á hace
sus expe imen os
in anima ili,
y á eces es os
expe imen os son muy la gos y muy penosos
pa a las gene aciones de escola es que los su-
en. Sin duda que la p ác ica puede, en cie a
medida, supli la insu iciencia de los conocimien-
os eó icos;_ ¡pe o á cos a de cuán os odeos, de
cuán os e o es! Sin duda que á ue za de cons-
ui puen es que se de umban ó máquinas que
es allan, un écnico sin ins ucción eó ica aca-
ba á po pe ecciona sus ob as, po encon a
ampliamen e las o mas de cons ucción que es
incapaz de calcula . Pe o, ¿quién que ía seme-
jan e ingenie o?
Un maes o sin educación psicológica es á
exac amen e en el mismo caso, con la di e encia,
sin emba go, de que cuando un puen e se ag ie-
a, al cons ui lo, se ape cibe inmedia amen e y
se epa a ó se hace o o nue o. Mien as que si
es una in eligencia ó un ca ác e lo pe u bado
en su e olución, se descub e demasiado a de
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
35
pa a que sea posible emedia lo, y en ningún
caso pueden cons ui se o os.
Así, pues, la aspi ación de los es udios eó i-
cos de la ciencia es la de educi al mínimun los
expe imen os incon enien es y los an eos que
acompañan siemp e á los p incipios de la p ác-
ica de cualquie a e. Es os conocimien os eó-
icos son los que dis inguen al médico del «p ac-
icón» que ha llegado á adies a se sob e . . . la
pie na ó el b azo de sus clien es. Es p eciso que
la pedagogía no enga nada de común con los
p ac icones.
Es e dad que la ciencia psicológica no es á
oda ía muy a anzada. Tiene, sin emba go, en
su ac i o cie os p og esos, y si ellos no son bas-
an e nume osos pa a inspi a al educado odos
sus mé odos didác icos, lo son bas an e pa a e i-
a le cie os e o es; es o es ya mucho. Y lo que
impo a sob e odo es que la pedagogía sea in-
luída po el mé odo y el espí i u de la psicología.
Todo es o pa ece e iden e. ¿Cómo, en onces,
puede ocu i que un espí i u an cla i iden e
como el de William James ehuse susc ibi lo?
Hablo en se io: Ved el p ime capí ulo de sus
Talks o eache s,
que acaban de se aducidos
al ancés bajo el í ulo de
Cause ies pédagogi-
ques (1).
En él a i ma que si el educado debe e-
(1) W. James.
Cause ies pédagogiques,
ad. po
L. Pidoux. Lausana, 1907.
36
DR. E. CLAPARÉDE
ne un conocimien o gene al del mecanismo men-
al, no es necesa io, sin emba go, que es e cono-
cimien o sea demasiado p o undo. «Pa a la g an
mayo ía de oso os (dice di igiéndose á los
maes os) bas a á una is a gene al, con al de
que sea exac a. Pod á o mula se en an pocas
palab as, que cab ía en un papel de uma ». Más
adelan e anquiliza á los maes os que c een
se les indispensable cul i a la psicología expe-
imen al ó añadi á su a ea dia ia in es igacio-
nes pe sonales sob e la men alidad in an il. «E i-
ad ambién el conside a como un debe de la
educación los ibu os á la psicología, las obse -
aciones psicológicas hechas me ódicamen e. ..
Lo peo que puede sucede le á un buen educado ,
es el sen i acila su ocación po que descub a
su i emediable impo encia como psicólogo ..
Ya sé que el es udio del niño, como el de o as
pa es de la psicología, ha a ojado en más de
un co azón inocen e la u bación de una concien-
cia inquie a. Se ía pa a mí una dicha que es as
pocas palab as pudiesen disipa los esc úpulos
de algunos de oso os».
Es as palab as suenan de un modo ex año .en
las egiones del iejo mundo, donde no es cie -
amen e el sen imien o de se «nulo como psi-
cólogo» el que siemb a en los co azones de
los maes os «la u bación de una conciencia
inquie a, donde á muchos educado es cues a
g an abajo, po el con a io, comp ende la ne-
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
37
os
Cl/
as
cesidad de un conocimien o, aun siendo muy ge-
ne al, de la psico- isiología del niño; donde se
iene an o e o á sali de la senda de la u ina
y á ene el ai e de «c ee que se ha llegado».
Pa a comp ende el e dade o sen ido de odo
es e discu so de James, es necesa io coloca se
men almen e en la época y en el medio en que
ha sido p onunciado y lee en e líneas las alu-
siones que en él se con ienen.
Bajo el impulso de un sabio de mé i o, mís e
S anley Hall, las in es igaciones de psicología
in an il han omado, en Amé ica, una ex ensión
ex ao dina ia y han susci ado, en un momen o
dado, una e dade a con usión.
Se
han undado
un g an núme o de Sociedades de «paidología»
y se han c eado una mul i ud de pe iódicos pa a
publica los documen os acumulados en can i-
dad eno me. Allí se desea hace odo en g ande.
Pa a i más dep isa, pa a ob ene esul ados más
gene ales, se p ocedía po amplias in es igacio-
nes, cuya u ilidad, pa a no habla de o a cosa,
e a con écuencia p oblemá ica. Los maes os
e an asal ados po cues iona ios in e minables
que lanzaban las e is as de paidología;
y
se e-
p esen aba como gen e c is alizada á los que no
se a en u aban en la nue a ía. En e las in-
es igaciones de es e géne o que han despe a-
do más c í icas, es p eciso ci a la emp endida
en 1896, po el mismo Hall, sob e
las muñecas.
Se in es igaba, en e o as cosas, cuáles e an las
38
DR. E. CLAPARÉDE
p e e encias de las niñas espec o de la ma e ia
de es e jugue e p edilec o de odos los jó enes
co azones, y, una ez acabada la es adís ica, se
nos ha in o mado doc amen e que, de 845 ni-
ñas, 191 p e e ían las muñecas de ce a, 163 las
de papel, 153 las de po celana, 144 las de a-
po, 11 las de papel mascado, 6 solamen e las de
made a, e c.
Pe o la ciencia no puede cons ui se an ápi-
damen e como una ciudad, ni aun en Amé ica, y
los de ec os de es a ac i idad eb il y a i icial
apa ecie on bien p on o. En onces ué cuando
se p odujo una eacción con a esa manía po el
Child-s udy —
eacción más exage ada que el
mo imien o que la había susci ado. El p o eso
Müns e be g, colega de M . James en Ha a d,
ab ió el uego, y en un a ículo de la
Educa io-
nal Re iew
(1898), que hizo mucho uido, se es-
ue za en demos a que el pedagogo no debía
se un psicólogo; que la ap i ud en e amen e
cien í ica, abs ac a y analí ica de és e e a i e-
conciliable con la ap i ud conc e a y i a que
debe adop a el educado espec o del niño. Y
pa a anquiliza el espí i u de los educado es
que se sien en «es é iles como psicólogos », es
indudablemen e pa a lo que p onunció M . Ja-
mes, en 1899, las palab as que hemos ansc i o
más a iba.
Es e iden e, sin emba go, que si se hace abs-
acción de las ci cuns ancias en que ue on emi-
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
39
eS
Se
le
' idas, no pod íamos susc ibi en e amen e las
decla aciones de M . James. Sin duda que la pe-
dagogía es un a e que eclama, an e odo, ac o,
des eza y un don especial que no iene nada que
' e con el conocimien o cien í ico; y, en es e
sen ido, es cie o que el conocimien o de la psi-
cología no
bas a
pa a se un buen educado . Pe o
si no bas a, no es po ello menos necesa io, po -
que un a e no es o a cosa que la ealización
de un in, de un, ideal, po medios ap opiados;
es, pues, esencial pa a el a is a conoce á on-
do la ma e ia que abaja y los medios de ma-
neja la, si quie e ob ene el e ec o ape ecido.
Nadie, po o a pa e, puede nega que un
conocimien o un poco p o undo de la psicología
dila a ía los ho izon es del pedagogo, acla a ía
su isión de las cosas; le da ía, al p opio iempo
que una mayo con ianza en sí y una mayo au-
o idad pa a con los demás, el sen imien o de la
duda me ódica, cuyos e ec os se ha án sen i de
un modo sa is ac o io sob e su ac o, su pacien-
cia y su dulzu a con espec o á sus discípulos.
El hecho de habe omado pa e en in es igacio-
nes pe sonales exac as, aun cuando no engan
u ilidad p ác ica, deja, en e ec o, una bienhecho-
a huella. Aunque el educado haya ol idado la
psicología, no se á supe luo que du an e los p i-
me os años de ca e a haya sido un buen psicó-
logo. No es solamen e lo que sabemos lo que
in luye sob e nues a conduc a y nues a men a-
40
DR. E. CLAPARÉDE
lidad, sino lo que hemos sabido. M . James lo
hace no a con mucha exac i ud en una de sus
con e saciones: «Sólo una pequeña po ción de
nues a expe iencia de la ida podemos a icula ,
y, sin emba go, ella in luye en su o alidad nues-
o ca ác e , que o ma; nues as endencias á
juzga y á ob a , que ella p ecisa.»
Que se piense en las elaciones de lá psicolo-
gía y de la medicina p ác ica, que son exac a-
men e asimilables á lo de la educación. De que
la medicina sea un a e y de que la ap i ud p ác-
ica y compasi a del médico, que debe ene en
cuen a en sus a amien os una po ción de con-
side aciones ex a-cien í icas, és lo con a io de
la ac i ud indi e en e y ía del psicólogo de la-
bo a o io, no esul a que la psicología expe i-
men al deba se eliminada del p og ama de los
es udios médicos. Si un médico p ác ico no ne-
cesi a se un psicólogo, odos con end án en
que es indispensable que lo haya sido du an e
el cu so de su ap endizaje. Ya sé, po o a pa e,
que muchos maes os y egen es son los p ime-
os en lamen a el no habe enido, du an e el
iempo de sus es udios, la a ención di igida ha-
cia los p oblemas de psicología que en su gi
an e ellos dia iamen e. Júzguese po es as líneas,.
que en esaco de una ca a que acaba dé di igi -
me un egen e de nues a Suiza i aliana:
«Después de quince años de p ác ica con:io
maes o p ima io en el can ón de Neuchá el, me
PSICOLOG!A DEL NIÑO
41
c eo obligado á con esa que hay en e los es-
ue zos que eclama la escuela y el esul ado
que se ob iene, una desp opo ción que llega á
se a e ado a, cuando se conside a se iamen e.»
«Obsesionado po es a comp obación an en-
is ecedo a, he di igido mis e lexiones sob e
las. causas de es e acaso, más eal que apa en-
e. Digo más eal, po que me pa ece que la na-
u aleza misma es esponsable de una g an pa -
e del p og eso que se comp ueba en es e do-
minio. Si la escuela añadiese á es a p ime a ue -
za una colabo ación más ace ada, llega ía á un
esul ado más de inido.»
Obse emos, no á jó enes que sigan sus es-
udios en las escuelas supe io es, aun cuando
has a en ellas se mani ies e el mismo mal, sino á
jó enes que sólo hayan oído las lecciones de la
escuela p ima ia; obse adles á los diez y ocho
ein e años, in e ogadles y se os e ela á in-
media amen e el acaso escola . A as ados á
un a alismo supe icial y abs ac o, podía c ee -
se que habían adqui ido una ins ucción su icien-
e á los ca o ce años; á los ein e no les queda
de ella más que un ecue do melancólico, algu-
nos conocimien os muy agos y, sob e odo, una
indi e encia absolu a hacia las cues iones in elec-
uales, a ís icas ó cien í icas.
Después de nume osas obse aciones y al-
gunas lec u as sob e las cues iones de psi-
cología, á las cuales me impulsa an es as obse -
o
s
42
DR. E. CLAPARÉDE
aciones mismas, he adqui ido la con icción p o-
unda de que la causa undamen al del acaso
de la escuela popula p o iene de que la ense-
ñanza no espe a el desa ollo isiológico del
sis ema ne ioso.
¡T abajamos con el niño sin conoce le! Es a
es nues a al a capi al.
He dado la oz de ala ma en e mis colegas y
he encon ado eco. En odas pa es se comp o-
baba el mismo dé ici , que esponde á un abajo
concienzudo. El au o — al que no engo el gus-
o de conoce pe sonalmen e —, de es as decla-
aciones an ancas, me p egun a á con inuación
cuáles son las ob as de psicología que sus cole-
gas y él pod ían consul a con p o echo. Pa e-
ce, pues, que el in e és que se pone en el niño
no es su icien e po si solo pa a asegu a los
cuidados que eclama.
M . W. James iene, po o a pa e, mucha a-
zón cuando a i ma que no es de ningún modo el
debe del maes o el de apo a da os á la cien-
cia psicológica, el de pe segui po sí mismo las
in es igaciones expe imen ales sob e sus alum-
nos. Un médico puede se , segu amen e, un buen
p ác ico, aun cuando no codi ique sus obse a-
ciones pe sonales y no haga de ellas asun o de
memo ias cien í icas. Una cosa es u iliza los e-
sul ados de una ciencia y o a en iquece la. Pe o
no se comp ende po qué azón el hace po sí
mismo algunas obse aciones me ódicas ó algu-
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
43
a
nos expe imen os sob e los escola es, pueda pe -
judica la ocación del maes o.
Muy po el con a io; al modo de ob a se á
ecundo desde un iple pun o de is a: p ime a-
men e, en an o que apo a ía una con ibución
p eciosa á la paidología, es ando en mejo es
condiciones que nadie los educado es pa a es u-
dia la men alidad del niño. Tales in es igacio-
nes end án, po o a pa e, una u ilidad inmedia-
a pa a la enseñanza, po que como e emos á
con inuación, la mayo ía de los expe imen os de
psicología escola , suminis an al maes o da os
didác icos ú iles, de los cuales puede saca pa -
ido inmedia amen e.
C eo, cie amen e, en e ce luga , que el he-
cho de di igi su a ención sob e di e sos p oble-
mas po esol e , suminis a á al egen e, cuya
misión es,
'
con ecuencia, muy penosa, una e-
no ación de in e és po su enseñanza. Ve á la
cosa de o o modo y sus concepciones se ensan-
cha án; de ás del manual, el labo a io y el exa-
men ape cibi á al discípulo, y segui á con mayo
in e és, cuando es é al co ien e de los p oblemas
que á él se e ie en, el desen ol imien o de cada
una de las pequeñas indi idualidades que se le
han con iado.
Las páginas que siguen ienen po obje o el
se i de guía á los educado es que deseen ini-
cia se en la psicología del niño — no dándoles
un esumen de odo lo que se ha publicado has-
50
DR. E. CLAPARÉDE
En e las ob as de paidologia «que hacen épo-
ca», p oducidas en Alemania, es p eciso ci a ,
en p ime a línea, las de Ca los G oos, ela i as
á los juegos de los animales (1896) y á los jue-
gos de los homb es (1899); ya e emos á con i-
nuación con qué nue a luz iluminan la psicolo-
gía del niño y el p oblema pedagógico.
Lay ha llamado la a ención igo osamen e so-
b e la «didác ica expe imen al» con una ob a ex-
ensa que lle aba es e í ulo (apa eció en 1903).
En 1898, en un lib o i ulado
Guide á a e s les
débu s de l'enseignemen du calcul,
había mos-
ado la p obabilidad de unda sob e la expe i-
men ación los mé odos de enseñanza. Meumann
acaba de da una is a de conjun o de las in es-
igaciones hechas en es e e eno en sus
Vo le-
sungen zu Ein üh ung in die expe imen elle Pii-
dagogik (1907).
Mencionemos, en in, las obse aciones de
C. y V. S e n sob e el desen ol imien o del len-
guaje del niño (Die Kinde sp ache, 1907). Tam-
poco debemos ol ida los nomb es de G ies-
bach, Ebbinghaus, Kemsies, Lobsien, K ápelin,
Amen , cuyos abajos han dado un ené gico im-
pulso á las in es igaciones de psicología escola .
G iesbach ha undado, en 1905, en colabo a-
ción con los doc o es Ma hieu, de Pa ís; B un-
on, de Lond es, y Johannessen, de C is ianía, los
A chi os
In e nacionales de Higiene escola .
En Bélgica, la pedagogía expe imen al es cul-
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
51
í ada con a do po Schuy en, quien, en 1899,
c eó en Ambe es un se icio de paidología con
Labo a o io anejo á las escuelas municipales.
Los nume osos abajos que salen de él son pu-
blicados en la
Paedalogisch Jaa boeck,
pe iódico
edac ado en lamenco (con esumen en ancés).
Un
Algemeen paedologisch Gezelschap
(Socie-
dad paidológica); nació en la misma ciudad
en 1902; publica un bole ín, edac ado ambién
en lamenco (pe o, desg aciadamen e, sin esú-
menes anceses).
En B uselas, los niños ano males han sido
obje o de especial solici ud po pa e de los mé-
dicos y de los pedagogos (Demoo , Dec oly, Ley,
Jonckhee e, Rouma); pe o la psicología de los
animales in e esa casi an o como la de los ano -
males.
Se ha in oducido un cu so de paidología
en 1905, en la Escuela No mal de B uselas (con
un Labo a o io), y en 1906 en las Escuelas No -
males p o inciales de Cha le oi y de Mons (en
ambas ciudades enseña mademoiselle Io eyko).
En in, en 1906, c eación en B uselas de una
So-
ciedad de paido ecnia,
que publica un pequeño
bole ín.
I alia a un poco e asada espec o de los
países ci ados en cuan o á la psicología in an il.
Apa e los lib os de Mosso sob e la a iga, de
Ma o sob e la pube ad, de Paola Lomb oso
sob e el desen ol imien o del niño y el pequeño
52
DR. E. CLAPARÉDE
es udio de Ricci sob e
L'a e nei bambini
(1887),
aun no ha apa ecido ninguna ob a undamen al y
clásica en el dominio que nos ocupa. Los niños
ano males han sido es udiados po S.. de Sanc is,
po Fe e i y po Fe a i. Es e úl imo di ige un
excelen e pe iódico, la
Ri is a di Psicologia ap-
plica a alía Pedagogia.
Ugo Pizzoli ha o gani-
zado en la Escuela No mal que di ige en Milán
un Ins i u o de Pedagogía expe imen al, cuya ac-
i idad puede segui se en el
Bolle ino dell' Ins-
i u o di pedagogia spé imen ale
que publica.
Desde 1908 apa ece en Roma una
Ri is a Peda-
gogica
di igida po C eda o.
En Aus ia-Hung ía exis en sociedades paido-
lógicas:
Oes e eichische Gesellscha ü Kin-
de o schung,
en Viena, desde 1906 y
Komi ee
ü Kinde o schung,
en Budapes , desde 1903,
ans o mado en 1906 en
Unga ische Gesell-
scha ü Kinde o schung,
con labo a o io de
paidología ins alado en un edi icio escola y di-
igido po Ranschbu g.
Rusia posee desde 1900, en San Pe e sbu go,
un Ins i u o psico-paidológico muy bien mon a-
do, que es á di igido po Ne schaje , un abaja-
do celoso al cual debe la psicología nume osas
in es igaciones. Es e Ins i u o publica un bole-
ín. En Kiew la paidología iene po campeón á
Siko sky, p ecu so de la pedagogía expe imen-
al po su amoso es udio sob e el medio de me-
di la a iga in elec ual de los escolo es, apa e-
PSICOLOGIA DEL NIÑO
53
cido en 1879 en los
Anuales d'hygiéne publique
(de Pa ís).
En Bulga ia la paidología es á ep esen ada
po el p o eso Cheo go , de So ía, y él acaba
de unda (en 1906) en Se ia una
Sociedad
pa a la psicología del niño,
cuya esidencia es á
en Belg ado; publica un bole ín edac ado po
S. Ye i sch, maes o.
De la República A gen ina hemos ecibido es-
os úl imos iempos abajos in e esan es de psi-
cología in an il y pedagógica, debidos, en e
o os, al doc o Sene y á M. Me can e, di ec o
an es de una Escuela No mal en Buenos Ai es y
hoy Di ec o de la Sección Pedagógica de la Uni-
e sidad de La Pla a. Es e úl imo, au o de una
g an ob a sob e el desen ol imien o de la ap i-
ud ma emá ica del niño, ha undado en 1906
A -
chi os de Pedagogía y ciencias a ines.
El Japón, en in, ha undado ambién en Tokío
hace ein e años una
Sociedad de Paidología
que cuen a más de 1.000 miemb os; es á p esi-
dida po el p o eso Mo o a, posee un pe iódico,
el Jido Kenkyu,
y o ganiza Cong esos anuales.
Pa a ce a es a ápida excu sión á a és de
los comienzos de la paidología, queda que habla
de Suiza. Desg aciadamen e, no hay g an cosa
que deci : ella sigue el mo imien o, pe o desde
más lejos, quizá, de lo que con iniese. La higiene
escola es á ep esen ada po una g an Sociedad
(Schweize ische Gesellscha ü Schulgesund-
DR. E. CLAPARIDE
hei sp lege,
la cual publica un Jah buch); los niños
ano males son ambién obje o de la p eocupación
de los educado es: cada dos años se eúnen en
un pequeño Cong eso odos los in e esados en
la sue e de es os desg aciados
(Kon e enz ü
das Idio enwesen);
el p ime o ha enido luga en
Zu ich en 1889.
Se ía injus o, sin emba go, no ci a el bello
abajo publicado en 1896 po el doc o Vannod
sob e la medida de la a iga in elec ual en los
escola es y las pacien es in es igaciones an o-
pomé icas ealizadas desde 1886 en las escue-
las de Lausana po el doc o Combe.
El mundo de los maes os pa ece sen i , po
o a pa e, la necesidad de un con ac o más es-
echo con la psicología ó con su mé odo. Su p in-
cipal ó gano en la Suiza i aliana,
El Educado ,
edac ado po el p o eso Guex, Di ec o de las
escuelas no males del can ón de Vaud, concede
un espacio cada ez mayo á las cues iones de
psicología escola . En la úl ima asamblea de las
que celeb an cada es años, celeb ada en Gine-
b a, en 1907, la
Sociedad pedagógica omana
ha
discu ido la g a e cues ión de sabe cómo la es-
cuela debe p ocede pa a asegu a el desen ol-
imien o no mal de los alumnos, eniendo en
cuen a la g an di e sidad de sus ap i udes indi-
iduales. Es e es un signo eliz del iempo.
El año pasado p opuse yo á los maes os de
la Suiza i aliana un expe imen o colec i o sob e
54
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
55
el dibujo de los niños. G acias al bené olo apo-
yo de M. Guex, es e expe imen o ha dado b i-
llan es esul ados, que acaban de se expues os
ex ensamen e po M. Y ano (1).
En Gineb a hemos egis ado un es udio de
M. Boubie sob e el juego de los niños du an e
la clase y nume osas obse aciones de M. Le-
mai e, p o eso en nues o colegio, e e en es
á di e sos enómenos comp obados en sus
alumnos. La mayo pa e de es as publicaciones
han apa ecido en los
A chi es de Psychologie,
undados en 1901. La
Socié é pédagogique ge-
ne oise
ha c eado, hace es años, á p opues a
mía, una sección pa a el es udio psicológico
del niño. Se han p esen ado abajos in e esan-
es, de los cuales no ci a é más que es e de
M"
e
Mé al, sob e la memo ia de la o og a ía,
el único publicado. Es a sección, po o a pa e,
es á lejos de habe omado el desen ol imien o
que me ece. La eo ganización de la enseñanza
especial de los niños e asados, que acaba de
se decidida, a á da p obablemen e un impul-
so á las in es igaciones de la paidología escola .
No emos oda ía que, g acias á la solici ud escla-
ecida del je e de nues a Ins ucción pública, se
han o ganizado en nues o Labo a o io de psico-
(1) Y ano :
Reche ches expé imen ales su le des-
sin des écolie s de la Suisse omande. A ch. de Psy-
chol., VIII,
1908.
56
DR. E. CLAPARÉDE
logia, en la Uni e sidad, cu sos, con e encias ó
s
emina ios de psicología pedagógica, des inados
especialmen e al cue po docen e p ima io ó á los
candida os á es a enseñanza.
Vemos, pues, que hoy la cues ión pedagógica
es á á la o den del día po odas pa es. El g an
núme o de Cong esos in e nacionales consag a-
dos á las cues iones de educación ó de paidolo-
gía, bas a pa a p oba la necesidad que se sien-
e de eno a las iejas concepciones pedagógi-
cas, in undiéndoles el espí i u de los mé odos
posi i os: Cong esos in e nacionales de higiene
escola (Nu embe g, 1904; Lond es, 1907; el
p óximo end á luga en Pa ís en 1910); — Con-
g eso de la educación amilia en Lieja, en 1905,
y en Milán, en 1906; el p óximo end á luga en
B uselas, en 1910; — Cong esos in e nacionales
de la enseñanza del dibujo (Pa ís, 1900; Be -
na, 1904; Lond es, 1908). Los Cong esos de psi-
cología gene al conceden ambién un g an espa-
cio á la psicología pedagógica.
Todo es e mo imien o ha comenzado ya á da
sus u os; algunos educado es han comp endido
la necesidad de o ganiza la ida escola de una
mane a más con o me á las necesidades del
niño. En 1898, el D . Lie z ha undado en el
Ha z un
Lande ziehungsheim
ó escuela de bos-
que, que pe mi a desen ol e se á los niños, en
condiciones menos a i iciales, menos alejadas
de la ealidad de la ida que las escuelas u -
PSICOLOGÍA DEL .NIÑO
57
banas. Su ejemplo ha sido seguido; y hoy se en-
cuen an de es as «escuelas nue as» no sola-
men e en Alemania, sino ambién en Ingla e a,
en F ancia, en Polonia, en Dinama ca, en Rusia.
En Suiza exis en una media docena: en Gla isegg
(Tu go ia), en Obe ki ch (S -Gall), en Chailly,
en Lausana, en la Chá aigne aie, ce ca de Cop-
pe ; en la O ünau, ce ca de Be na. Pe o és os
son in e nados debidos á la inicia i a p i ada.
¿Se pod á alguna ez hace bene icia á la
.
es-
cuela pública de es a concepción nue a de la
ida escola ? Se han ealizado es ue zos en
es e sen ido: di e en es ciudades han o ganizado
ya
escuelas de bosque,
así en Cha lo embu go
en 1904, como en Mulhouse, Hessigko en (So-
leu e) y ecien emen e (1907) en Lausana.
La e dad pa ece es a en ma cha.
BIBLIOGRAFÍA
No exis e, que yo sepa, una ob a que exponga
de una mane a de allada la his o ia del mo i-
mien o paidológico mode no. Co no e is a de.
conjun o de los abajos ecien es ealizados en
es e dominio, pueden e se los a ículos pu-
blicados pe iódicamen e po
Blum
,
en la
Re .
Philos.
sob e el
mo imien o paidológico,
ó am-
bién Amen ,
Fo sch i e de Kinde seelenkunde
(1895-1903), Leipzig, 1906. Los comienzos del
58
DR. E. CLAPARÉDE
labo a o io-escuela de Bine son na ados po
es e au o en el
Année psychol., XII,
233. Los
A ch. in e n. d'hygiéne scolai e
y o os pe iódi-
cos paidológicos, publican cons an emen e c ó-
nicas sob e el p og eso de la higiene ó de la psi-
cología escola en los di e sos países.
En e las ob as que eclaman con di e sos í-
ulos una e o ma en la educación, éase Elena
Key,
Le siécle de l'en an
(1901); el D . De Fleu-
y,
Le co ps e l'ame de l'en an y Nos en an s
au collége,
Pa ís, 1902; Lacombe,
Esquise d'un
enseignemen basé su la psychologie de l'en an ,
Pa ís, 1904; D . Dine ,
Physiologie e pa hologie
de l'éduca ion,
Tesis de med. de Pa ís, 1903;
M. Ma chand,
Un le ie puissan dans l'éduca-
ion,
Po en uy, 1907; Le Bon,
Psychologie de
l'éduca ion,
Pa ís, 1902; Laisan ,
L'éduca ion
ondée su la science.
Sob e las
escuelas nue as
se lee á con u o
la ob a que a á publica p óximamen e M. Ad.
Fe ié e, quien se p opone, y noso os espe amos
que su p oyec o pod ía ealiza se, unda una
escuela nue a en los al ededo es de Gineb a.
CAPÍTULO II
Los p oblemas
C
UÁLES
son los p oblemas cuya solución
iene el debe de p opo ciona la psicolo-
gía pedagógica?
Son de na u aleza muy di e sa.
I. La pedagogía p ác ica se p opone un cuá-
d uple obje o: p ese ación de la salud, gimnasia
in elec ual y ísica, amuebla la memo ia y edu-
cación p opiamen e dicha. Cada uno de es os
obje i os implica sus p oblemas p opios.
1.
P ese ación. —
El p ime debe del edu-
cado , como odo el mundo con end á, es el de
no pe judica . El
p imo non noce e
iene su apli-
cación aquí como en la p ác ica médica. Segu-
amen e que es imposible acomoda se á la le a
con es e
deside a um,
po que oda educación es-
cola es pe judicial en algún espec o al desen-
ol imien o no mal del niño, pues no se p omo-
e á és e obligando al niño á pe manece sen a-
do odo el día en un ai e con inado, la espalda
doblada, en luga de deja lo co e lib emen e.
66
DR. E. CLAPARIDE
mula así: ¿Has a qué pun o las di e sas uncio-
nes men ales pueden se independien es las unas
de las o as, ó in lui se, po el con a io, ecíp o-
camen e? Así, po ejemplo, ¿has a qué pun o un
indi iduo in eligen e puede es a p i ado de me-
mo ia? ¿Has a qué pun o un alumno ue e en
cálculo puede se débil en o og a ía? Ó bien:
¿Has a qué pun o un indi iduo que enga una
buena memo ia debe á p esen a necesa iamen e
un cie o g ado de sensibilidad? E c.
Si la co elación de las di e sas unciones ue-
se absolu a é in a iable, es e iden e que no se
plan ea ían esas cues iones. No hab ía en onces
indi iduos,
sino solamen e sé es idén icos y como
salidos de un mismo molde; po que la indi idua-
lidad no es más que el esul ado de la a iación
en la p opo ción de los ca ac e es de la aza, en
sus di e sos ep esen an es. Aho a bien: exis en
indi iduos; odo animal y aun odo ege al, y so-
b e odo, el homb e, di aga más ó menos del
ipo medio de la aza. Es o p ueba que la co e-
lación de las di e sas unciones no es ígida,
sino que o ece una lexibilidad, un ma gen más
ó menos g ande á los cap ichos indi iduales. El
p oblema es, p ecisamen e, el es ablece expe i-
men almen e cuál sea el g ado de lexibilidad ó
de igidez, po el con a io, de la co elación de
dos ó de a ias unciones dadas, de al sue e
que, si se comp ueba en un suje o una cie a
unción A, iene un alo
a.
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
67
Tal como se p esen a es e géne o de p oble-
mas, es muy delicado, po que necesi a la elimi-
nación de e o es que pueden p o eni del aza
ó de o as causas; eniendo po misión las ó -
mulas co ec o as elimina es os e o es, son ac-
ualmen e el obje o de la a ención de los ma e-
má icos y de los bióme as; algunos psicólogos
(Spea man, K üge , Tho ndike), se han consa-
g ado así á la solución de es a in e esan e cues-
ión.
Se ía, e iden emen e, de un alo inap eciable
pa a el educado , un conocimien o del g ado de
co elación exis en e en e los di e sos ca ac e-
es men ales, ó en e cie os ca ac e es de és os
y cie os ca ac e es ana omo- isiológicos — po
ejemplo, en e la in eligencia y la abe u a del
ángulo acial. Es e conocimien o se ía ú il lo
mismo pa a el psicodiagnós ico que pa a la psi-
co écnica. Pa a el psicodiagnós ico: el examen
de una sola unción pe mi i ía conclui el es ado
de odas las demás; así, de e minando la inu a
de sensibilidad, po ejemplo, se de e mina ía al
mismo iempo el g ado p obable de odas las
acul ades que es án en co elación con ella. Pa a
la psico écnica: se sab ía, cuando se desen uel-
e cie a acul ad, cuáles son los o os p ocesos
sob e los cuales se ac úa po con agolpe.
Se ía ambién muy in e esan e de e mina en
qué medida a ían las co elaciones con la edad:
los lazos de a inidad en e dos acul ades dadas,
68
DR. E. CLAPARÉDE
po ejemplo, la memo ia y la eac i idad, ¿se
ap oximan ó se elajan cuando el niño c ece? Se
pod ían mul iplica las cues iones de es e géne-
o. Limi émonos á no a lo bien si uado que es á
el maes o pa a p o ee al psicólogo de docu-
men os ú iles pa a la solución de los p oblemas
de co elación, pues o que iene ocasión de se-
gui simul áneamen e el es ado y los p og esos
de un g an núme o de ap i udes di e en es: ap i-
ud pa a el cálculo, memo ia, ca ác e , a en-
ción, e c. Él encon a á ya una can idad de ma-
e iales en las no as que ha pues o á sus alum-
nos en el cu so del año pa a las di e sas amas
de es udio.
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PSICOLOGÍA DEL NIÑO
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Die Ko-
ela ion zwischen e schiedenen geis igen Leis-
ungs ühigkei en,
Zei sch .
. Psychol.
Bd. 44.
Heymans,
Uebe einige psychiche Ko ela ionen,
Zei sch .
. angewand e Psychol.,
I, 1907.
Tho ndike,
Empi ical s udies o he heo y o
measu emen s,
Nue a Yo k, 1907.
CAPÍTULO III
Los
mé odos
L
A
p ime a cosa de que hay que pe suadi se
cuando se emp enden in es igaciones de
paidología, es la de que el niño no es,
co no se
c ee con ecuencia, un homb e en minia u a. Su
men alidad no es solamen e cuan i a i amen e di-
e en e de la nues a, sino que lo es ambién cua-
li a i amen e; no es solamen e meno , sino que es
o a.
Es p eciso, pues, pone se siemp e en gua -
dia pa a no deduci sin p ecaución de la psico-
logía del niño la del adul o. Es inú il p ocu a
ep esen a se el alma del niño po los ecue dos
pe sonales que engamos de nues a in ancia:
además de que es os ecue dos son muy ag-
men a ios, son ambién incie os y se modi ican
con ecuencia en el cu so de los años, como
cada uno ha podido p oba lo.
Los di e sos mé odos de la psicología in an-
il — que son, po lo demás, los mismos p óxi-
mamen e que los de la psicología gene al — de-
72
DR. E. CLAPARÉDE
ben se en ocados desde di e sos pun os de is-
a que no se excluyen, sino 'que se en ec uzan:
1.", el pun o de is a de
la na u aleza de los e-
nóinenos ecogidos;
2.°, el pun o de is a de las
condiciones gene ales de la in es igación;
3.°, el
del
acopio de hechos;
4.°, el pun o de is a de la
na u aleza del suje o;
5.°, el pun o de is a de
la
écnica de la in es igación.
Todo es o iene un ai e bien complicado. Es-
as dis inciones son, sin emba go, si no se quie e
a iesga el opone — como se hace,. con e-
cuencia, cons i uyendo es o una uen e de con-
usiones pa a los debu an es — mé odos que no
son con a ios, sino que pe enecen simplemen e
á encabezamien os dis in os (1).
1.
Na u aleza de los enómenos ecogidos.
Los mé odos de es e g upo son la
in ospección
y
la
he e ospección.
El mé odo
in ospec i o,
que consis e
,
en la
obse ación di ec a de los hechos de conciencia
po el
,
suje o mismo, no debe á emplea se con el
(1) Cie os manuales de psicología subdi iden, po
ejemplo, los mé odos psicológicos en
In ospección
y
Expe imen ación,
cuando en ealidad puede habe una
expe imen ación in ospec i a. O os dan la clasi ica-
ción siguien e:
Mé odo expe imen al, mé odo gené ico,
mé odo ana ómico,
cuando los dos úl imos pueden auxi-
lia se con la expe imen ación, y el mé odo ana ómico
puede se gené ico. Es como si se di idie a á los hom-
. b es en ubios, en ob e os y en en e mos; se puede se
lo uno y lo o o, ó las es cosas á la ez.
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
73
niño sino con mucha ci cunspección; en p ime
luga , po que siendo el niño muy suges ionable,
iene una endencia á esponde en el sen ido de
la p egun a que se le hace; en in, po que es im-
posible oda comp obación del es imonio del su-
je o. Es p eciso, pues, siemp e que sea posible,
a egla se
>
de mane a que el es ado de alma sen-
ido sea aducido po una
-
mani es ación ex e io
angible, que se le pueda egis a obje i amen e.
El mé odo
obje i o
ó he e ospección consis e
en es udia el psiquismo según sus mani es a-
ciones obje i as. Es as mani es aciones son de
cua o clases: 1.
0
, los mo imien os de exp esión
(juzga emos, po ejemplo, del mo imien o de un
niño po sus g i os, su palidez, e c.); 2.
0
, la con-
duc a; 3.°, las ob as (juzga emos de la a ención
ó de la memo ia de un niño po sus dibujos ó
po o as p oducciones, e c.); 4.°, la es uc u a
(juzga emos el desen ol imien o psicológico de
un niño de 'una cie a edad según el desen-
ol imien o, es udiado ana ómicamen e, de los
ce eb os de es a edad:
mé odo ana ómico;
ó bien
según el g oso de su cabeza:
mé odo an opo-
mé ico).
2.
Condiciones gene ales de la in es igación.
Aludi nos aquí á la di e encia clásica en e la
obse ación
y
la expe imen ación.
El mé odo más simple consis e en la
obse a-
ción
de los niños en el cu so de la ida dia ia, en
el es ado lib e, po deci lo así, y sin que sospe-
74
DR. E. CLAPARÉDE
chen que son un obje o de cu iosidad. Pe o á
la
mayo pa e de las in es igaciones no puede, sin
emba go, bas a les es e p ocedimien o y necesi-
an la
expe imen ación,
g acias á la cual se pue-
den ob ene esul ados mucho más a iados y
p ecisos.
3.
P ocedimien o de acopio de los hechos.—
Es os p ocedimien os di ie en según que los su-
je os sean es udiados
indi idual ó colec i amen-
e.
La expe iencia indi idual se hace en la casa,
en el labo a o io ó en una habi ación aislada de
la escuela; la expe iencia colec i a puede hace -
se en la clase misma. Cada uno de es os modos
de hace iene en ajas é incon enien es, según
el in p opues o. En el labo a o io se puede so-
me e al suje o á una in es igación más p o un-
da; no es á dis aído po sus cama adas; se pue-
den u iliza apa a os más p ecisos. La expe ien-
cia en clase no iene es as en ajas, pe o iene
o as: en la expe iencia colec i a, el núme o de
suje os es mucho más conside able, y, po con-
siguien e, los esul ados ienen un alo más ge-
ne al; además, los esul ados oman más en se io
una expe iencia hecha en clase y que se les p e-
sen a como un debe ; en in, y sob e odo, las
condiciones en que se encuen a el suje o no son
a i iciales, sino que es á en su medio habi ual, y
la expe iencia á que es á some ido no di ie e en
p esencia en nada de un abajo escola ; las con-
clusiones sacadas de al expe iencia ienen, pues,
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
75
an o más alo pa a la pedagogía. El acopio de
ma e iales di ie e oda ía según que el expe i-
men ado abaje pe sonalmen e ó ecu a á una
colabo ación
impe sonal
más ó menos ex endida,
á eces anónima. Es e segundo caso, el más a o,
es el único que me ece una mención especial.
Como es necesa io, pa a llega á esul ados
un poco posi i os, abaja sob e un g an núme-
o de suje os, se ha u ilizado con ecuencia en
psicología el
mé odo de las in o maciones.
Se
en ía un cues iona io á un g an núme o de pad es
ó de maes os, que deben de ol e lo después
de habe lo llenado con enien emen e. Se pueden
ob ene así, de una sola ez, milla es de obse -
aciones ela i as á un enómeno dado. S anley
Hall, que ha usado y abusado, como ya hemos
is o, de es e mé odo, ha publicado un cues io-
na io sob e una in inidad de cues iones: sob e el
miedo, sob e el sen imien o del hono , sob e las
p ime as mani es aciones de la pe sonalidad,
sob e los de ec os, e c. Muchas in o maciones
ha o ganizado así la Sociedad pa a el es udio
psicológico del niño, de Pa ís, y ha alcanzado e-
sul ados muy ins uc i os, especialmen e la in-
es igación sob e el miedo, sob e la men i a, so-
b e los niños mimados, sob e la cóle a (1).
(1) V. p. ej. Bine .
La peu chez les en an s. An-
nuai e Psychologique, II.
Dup a .
Le mensonge,
Pa-
ís, 1903. — Malape .
La colé e chez les en an s. An-
nuai e Psychicologique,
IX.
pa
eme
4 114
n
CAPÍTULO IV
El desen ol imien o men al
N
os pa ece muy na u al que haya niños y
que la idá no comience de una ez po la
edad adul a. Pe o en el ondo no hay ninguna
lógica en es o. Se pod ía concebi muy bien sé-
es que en asen en la ida comple amen e a -
mados, como Mine a, pa a sos ene el comba e.
De hecho, obse amos noso os nume osos,ani-
males en la base de la escala zoológica que son
adul os desde que nacen: no ienen ju en ud.
Pe o mien as más nos emon emos en es a es-
cala de los sé es, más e emos `aumen a es e pe-
íodo de ju en ud. ¿No es es o pa a asomb a -
nos? Un jo en, un niño, es un sé ue e mal
adap ado á la ida; es débil; puede se ácilmen e
la p esa de los o os animales; no puede bas a se
pa a sub eni á sus necesidades. Sabemos, sin
emba go, que la lucha po la exis encia ha elimi-
nado cons an emen e y sac i icado c uelmen e en
el cu so de la e olución á odos los que no e an
84
DR. E. CLAPARÉDE
ap os, á odos los que p esen aban sob e sus se-
mejan es la meno aza de in e io idad. ¿Po qué,
pues, la na u aleza, an a a a, no solamen e ha
p o egido el pe íodo de ju en ud, sino que lo ha
desen uel o y ala gado? No hay más que un me-
dio de sali de es a di icul ad, y es el de admi i
que pues o que es e pe íodo de ju en ud ha
iun ado así, se á po que iene pa a el indi iduo
ó pa a la aza una cie a u ilidad.
Nos emos, pues, lle ados á p egun a :
¿Pa a
qué si e la in ancia?
No c eo que los pedagogos del iempo an i-
guo, ni muchos pedagogos con empo áneos, se
hayan plan eado jamás es a cues ión, que quizás
se juzgue absu da. Pod á deci se, sin emba go,
que la in ancia es simplemen e el pe íodo de in-
su iciencia in elec ual que sepa a el nacimien o
de la edad adul a, insu iciencia que obedece á la
al a de expe iencia de la ida. Es o es solamen-
e e dad en cie a medida. Pe o la cues ión es
sabe si la in ancia es simplemen e una ci cuns-
cuns ancia con igen e, secunda ia, acciden al en
cie o modo, un
pis-alle —
como lo es, po
ejemplo, la senec ud — ó si es una unción p o-
pia. En o os é minos: ¿el niño es un niño
po -
que
no iene la expe iencia de la ida ó lo es
pa a
adqui i es a expe iencia? ¿El niño es pe-
queño
po que
no es g ande, ó es pequeño
pa a
hace se g ande?
Ya e emos que es a dis inción es menos su-
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
85
il de lo que pa ece y que la mane a de solucio-
na la iene una impo ancia p ác ica conside able.
An es de es udia el desen ol imien o men al,
es necesa io echa una ojeada sob e el desen ol-
imien o ísico; en p ime luga , po que los des i-
nos del espí i u es án, como odos sabemos, liga-
dos á los del cue po, y comp ende és os es ya
comp ende aquéllos. Después, po que es os e-
nómenos de c ecimien o ísico ienen, bajo el
pun o de is a del abajo escola , un cie o
in e és.
§ 1.
0
EL CRECIMIENTO FÍSICO
Hemos dicho más a iba que el niño no es un
homb e en minia u a, sino que p esen a, po el
con a io, un ipo especial. Nada p ueba an o la
e dad de es a a i mación como los enómenos
del desen ol imien o ísico. Se no a, en e ec o,
que el c ecimien o del niño no es un simple
ag andamien o en bloque, compa able al aumen o
de un c is al; el u u o adul o no es á ya p e o -
mado en el emb ión, con o me á la eo ía del
«hommúnculo» de los isiólogos del siglo x II.
No; el desen ol imien o del animal, y el del hom-
b e en pa icula , consis e en una sucesión de
c eaciones, de o maciones nue as, que apa e-
cen aquí ó allí sin o den apa en e — como ue-
gos a i iciales, cuyos cohe es se desg anan en
el iempo y el espacio, su giendo epen inamen e
DR. E. CLAPARÉDE
en la noche, sin que nada pueda hace p e e el
luga y el momen o de su eclosión.
Sin en a en el de alle del desen ol imien o
FIGURA
1.a
Es a igu a demues a cuán dis in os son el ipo ísico
de un ecién nacido y el de un adul o. Pa a hace e-
sal a más es a di e encia se ha hecho la o og a ía, en
di e en es escalas, de un ecién nacido (A) y la de un
adul o (C). B ep esen a un ecién nacido en la misma
escala que C. (De una o og a ía del p o . San o d, pu-
blicada po S. Hall,
Adolescence, 1).
indi idual de los di e sos ó ganos, que no ie-
ne in e és di ec o pa a el educado — abs ac-
ción hecha de lo conce nien e al ce eb o, del cual
86
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
87
i
se di án dos palab as más a de , examinemos
el c ecimien o gene al del cue po, .conside ando
sus dos p incipales aspec os, la
alla
y el
peso.
Si se mide ó se pesa egula men e á un niño,
po ejemplo,.cada es meses, y con ayuda de
los alo es encon ados se cons uye la cu a de
su c ecimien o, se comp ueba que és e no es
con inuo, egula ; sino que se hace po sacudi-
das; es deci , que hay pe íodos en los cuales el
c ecimien o es mucho más conside able que en
o os. La época de es as acele aciones en el au-
men o de es as
c isis de c ecimien o, . a ían,
po
o a pa e, según di e sas ci cuns ancias: la aza
(los pueblos me idionales
.
son más p ecoces), las
.
condiciones sociales, el es ado de salud, y, sob e
odo, el sexo. Po o a pa e, las c isis de c eci-
mien o, en alla no coinciden con las c isis de
c ecimien o en pesó.
Conside emos en p ime luga la alla: se iene
un g an c ecimien o. el p ime año; después una
pa alización has a la edad de seis ó sie e años;
en es e momen o,.nue o impulso, pe o de poca
du ación, y después del cual el c ecimien o anual
baja cada ez más pa a
,
p esen a un mínimum
hacia la edad de doce años; después el c eci-
mien o se acele a de nue o muy b uscamen e
has a los quince a ios p óximamen e. En in, el
c ecimien o se calma y no aumen a á más que in-
sensiblemen e has a los ein e ó los ein a años.
La cu a del c ecimien o en el peso iene una
88
DR.
E. CLAPARÉDE
isonomía análoga; sin emba go, á pa i de los
quince años el aumen o en peso es ela i amen-
e más ue e y un poco más a dío que el au-
men o en alla. Como puede no a se en el g á i-
50
33
0
$
2
5
6
.7
.2 9
.10 l 12
i3
u L5 16
FIGURA
2.a
Las líneas con inuas son cu as del c ecimien o de
los
muchachos; las líneas de pun os
el de las niñas.
co aquí ep oducido, en los p ime os años de la
ida, y hacia los quince años, el niño c ece más
que engo da; al bebé ego de e sucede el chiqui-
llo delgado y esbel o. A pa i de los quince años
la elación cambia: la alla ha llegado casi á su
PSICOLOGÍA DEL '..NIÑO
89
máximum, mien as que el peso comienza á au-
men a se iamen e; el adolescen e en onces en-
go da más que c ece, se ensancha; su densidad
aumen a, si puede deci se así.
Lo que es aún más in e esan e desde nues o
pun o de is a, en es a e olución del c ecimien-
o, es la apidez de es as sacudidas, de es as c i-
sis, de es as ascensiones súbi as, que suceden
con ecuencia á un pe íodo de calma pe ec a.
Cada ascensión b usca de la cu a a p ecedida
y seguida de un descanso, que pa ece se el es-
igo del es ue zo que el o ganismo a á hace ó
acaba de ealiza . An es de la c isis hay un pe-
íodo de eposo: como si el o ganismo e oce-
diese, se ecogiese pa a sal a mejo ; — después
iene el sal o, la explosión, co no si algún soplo
mis e ioso hubiese caldeado odas las ue zas i-
ales; — y en in, después, la ase de expansiona-
mien o. Cansado el o ganismo, como conscien e
de su es ue zo, se concede un bien ganado eposo.
La úl ima de es as c isis, sob e odo, es o -
midable; an o, que ha sido obse ada po odo
el mundo y en odos los iempos, y se le ha
dado un nomb e: la
pube ad.
A la e dad, es e
nomb e se emplea en una acepción más ó me-
nos amplia: mien as que pa a los unos el pe-
íodo
púbe
es el que co esponde á la explo-
sión de las unciones sexuales, — que es el sen-
ido p opio de la palab a — o os dan es e nom-
b e á odo el pe íodo que comp ende la c isis
90
DR. E. CLAPARÉDE
del c ecimien o de que acabamos de habla . De
ahí las con usiones; el pe íodo p e-pube de los
unos coincide con el pe íodo púbe de los o os.
Yo c eo que deben conse a se, en lo posible, las
palab as en su sen ido p opio y p eciso: con Go-
din, llama emos pube ad al pe íodo de madu ez
de los ó ganos de ep oducción, y al pe íodo del
g an aumen o de alla le da emos el nomb e de
adolescencia,
que es, po o a pa e, su sen ido
li e al —
adolesce e,
c ece —. Aho a bien, como
es cómodo ene ambién una palab a pa a el pe-
íodo de calma y de ecogimien o o gánico que
p ecede á la adolescencia, que se llama «pe íodo
p e-adolescen e» ó «p e-adolescencia», se á és e
un é mino menos equí oco que el de p e-pube .
Lo que hace di ícil el pode ija . una
.
e mino-
logia p ecisa en es e dominio, es que las edades
en las cuales se p oducen las c isis de c eci-
mien o son muy a iables de uno á o o indi i-
duo. En unos se p oduce un poco más a de que
en o os; en és e son muy acen uados, mien as
que en o o cons i uyen apenas un pequeño au-
men o en la cu a del c ecimien o (1). Po es a
(1) ¿Has a qué pun o son no males es as b uscas
sacudidas de c ecimien o? ¿Vale más un c ecimien o
ela i amen e con inuo, ó un c ecimien o acciden ado?
Es o es di ícil de asegu a , po que nos al an, has a
aho a, pun os de compa ación. Nada nos au o iza, con
odo, á supone que la i egula idad en el c ecimien o
sea un signo de ano malidad.
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
91
azón, las cu as cons uidas con ayuda de las
ci as medias omadas sob e muchos niños, a-
ían muy poco. No o ecen de un modo acen ua-
do los zig-zag, los sal os y las caídas que se
comp ueban cuando se sigue el c ecimien o
de
un mismo niño,
po que es os zig-zag indi iduales
se compensan y se anulan, iniendo á supe po-
ne se á la ase de calma de uno, la de exace ba-
ción de o o. Es a a iedad indi idual ha sido
noci a pa a el es ablecimien o de una subdi i-
sión de los di e sos pe íodos del desa ollo, que
enga un alo un poco gene al.
Si las di e encias indi iduales son muy g an-
des, las que se comp ueban en e los dos sexos
son aún mayo es. El c ecimien o de las mucha-
chas, sea en es a u a, sea en peso, p esen a en
o al el mismo aspec o que el de los muchachos;
pe o es menos ue e, menos acciden ado y siem-
p e más p ecoz: la c isis de aumen o de es a u a
en la segunda in ancia, que iene luga á los sie-
e años en el niño, comienza á los seis ó an es
en la niña; en la de la adolescencia, comienza ya,
en ella, hacia los diez ú once años en luga de
los doce ó ece, y se e mina á los ece ó ca-
o ce años, en luga de los quince del muchacho.
En o os é minos: el c ecimien o compa ado de
las muchachas y los muchachos semeja al
ma ch
de las ca e as: muchachos y muchachas pa en
jun os; pe o és as, ezagadas un ins an e, oman
bien p on o la delan e a; después sus concu en-
98
DR. E. CLAPARÉDE
FIGURA 3./
Cu as de la ap i ud mo iz y de la eac i idad, según
Gilbe ; la cu a de la memo ia ha sido cons uída se-
gún los esul ados de Pohlmann (op. ci ., pág.56). La cu -
a in e io ep esen a los c ecimien os anuales de la
alla. Puede e se que los pe iodos de dep esión de las
cu as uncionales co esponden ap oximadamen e á
los pe íodos de g andes c ecimien os anuales. La cu -
a de los iempos de eacción desciende de izquie da á
de echa; es o no signi ica que la eac i idad disminuya
con la edad, sin que el iempo de eacción disminuya
cada ez más; y po an o, que la eac i idad aumen e
con la edad. Todas las cu as p o ienen de obse a-
ciones omadas sob e muchachos. Las ci as colocadas
sob e la base indican las edades.
6a s?
g
9 lo 44
2 13 14
15
60
SD
30
20
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
99
más ue e es e in lujo noci o. ¿Lo es en el pe-
íodo del comienzo, ó cuando alcanza su pleni-
ud? El hecho de que las cu as uncionales que
FIGURA 4.a
E olución de la suges ibilidad. Se sabe que la suges ibi-
lidad iene una endencia gene al á dec ece con la edad;
pe o en e sie e y nue e años y en e ece y quince
se comp ueba una ele ación de la cu a que co es-
ponde á las épocas de ue e c ecimien o. Es a igu a
es á omada del abajo de Guidi
(A ch. de Psychol.,
V111,
página 53), que ha medido la suges ibilidad de las niñas
de las escuelas de Roma po medio de un apa a o que
sugie e una sensación de calo .
poseemos no han sido omadas en gene al sob e
los mismos niños que las cu as de c ecimien-
o ísico, impide esponde de un modo cie o;
las elaciones en e es as dos ca ego ías de cu -
100
DR. E. CLAPARÉDE
as a ían ambién según la unción men al con-
side ada. Pa ece de odos modos desp ende se
del examen de es as cu as, especialmen e de
las publicadas po Gilbe , que las unciones
men ales son des a o ablemen e a ec adas, sob e
odo du an e los pe íodos inicial y inal de la
adolescencia. Se ía muy ú il emp ende in es i-
gaciones más p ecisas en los mismos niños du-
an e algunos años, pa a dilucida es e pun o.
Sea de es o lo que quie a, se desp ende del
examen gene al de la ma cha de la e olución
uncional que és a es, en un momen o dado, muy
a ec ada po el c ecimien o ísico; es, pues, muy
p obable que haya an agonismo en e la ene gía
del c ecimien o y la ene gía men al. Tal an ago-
nismo no iene, po o a pa e, po qué so p en-
de nos. La ene gía de que puede dispone el o -
ganismo no es in ini a y no hay nada de so p en-
den e que si es empleada pa a las necesidades
del c ecimien o ísico, sea en de imen o del eje -
cicio de las unciones ce eb ales. Po el con a-
io, cuando el c ecimien o se calma, es a ene gía
que queda disponible puede en a al se icio
del abajo psíquico.
Es e balance en e los dos dominios — domi-
nio de los p ocesos ege a i os y dominio de los
p ocesos uncionales — que debe i iga sucesi-
amen e la ene gía o mada po el sé i o, se
encuen a ambién en la al e na i a del sueño y
de la igilia: cuando el o ganismo, ago ado, mo-
PSICOLOGÍA DEL NIÑO -
101
nopoliza pa a las necesidades de su es au ación
la ene gía p eceden emen e explo ada po la ida
de elación, es a ida de elación se ex ingue,
su ge el sueño. Y el sueño cesa á la ez cuando,
una ez acabada la es au ación, es a ene gía es
de nue o libe ada.
La epe cusión del c ecimien o ísico sob e el
abajo y sob e la ene gía men al pa ece, pues,
no se más que un caso pa icula de la ley ge-
ne al de la al e na i a
.
de las ac i idades ege a-
i a y psíquica, al e na i a que p o iene de la
limi ación de la can idad de ene gía suminis ada
po el o ganismo.
Sea cualquie a la explicación de es a epe cu-
sión, implica que el niño es menos ap o pa a el
abajo du an e los pe íodos de g an c ecimien o.
He aquí un hecho muy ú il pa a el conocimien o
del educado . Si és e' comp ueba un decaimien o
en el a do de su discípulo, que comience, an es
de cas iga , po pensa que no es ese acaso más
que el esul ado na u al y obligado de las e o-
luciones que se ope an en las p o undidades de
su sé .
Hay que con esa que las dos p incipales c i-
sis de c ecimien o sob e ienen á una edad sin-
gula men e desg aciada, hacia los seis ó sie e
años, edad de en a en las escuelas, y hacia los
ca o ce ó quince, época en la que comienza la
p epa ación de los g andes exámenes.
El ing eso en la escuela es una echa impo -
102
DR. E. CLAPARÉDE
an e en la ida del niño que, has a en onces,
dueño de sus mo imien os, se e de epen e en-
ce ado en un cua o, somb ío con ecuencia y
mal ai eado; o zado á una inmo ilidad con a ia
á sus ins in os; anspo ado,
en una
palab a, á
o o medio, al cual iene que adap a se o zosa-
men e. Es a o zada inmo ilidad, sob e odo, es
p obablemen e muy noci a á las sacudidas
del
desa ollo ísico, sup imiendo una de sus uen es
de es ímulo necesa ias, que es la lib e ac i idad
mo iz. Es, pues, p eciso a a de hace lo me-
nos coe ci i o posible es e p ime año de es-
cuela (1).
La ensión de espí i u y las p eocupaciones
pe pe uas, que p opo cionan hacia los quince
(1) Según los D es. Engelspe ge y Ziegle , que han
hecho in es igaciones minuciosas en las escuelas de
Munich sob e el in lujo que ienen los dos p ime os me-
ses de égimen escola sob e el c ecimien o, la escuela
no iene in lujo pe nicioso más que sob e los niños me-
no es de seis años. Pe o, co no econocen ambién es-
os au o es, sus in es igaciones han sido hechas en
o oño, que es un pe íodo de acele ación de c ecimien-
o; es, pues, posible que el e ec o del égimen escola
haya es ado encubie o po es e in lujo a o able de la
es ación. O os médicos, co no Schmid-Monna d, han
comp obado es e in lujo dep imen e de la en ada en la
escuela sob e el c ecimien o (C . Engelspe ge , U. Zieg-
le ,
Bei . zu Kenn nis de physischen und psychischen
Na u des sechsjiih igen in die Schule ein e enden Kindes.
Zei sch . . exp.
I, 1905).
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
103
años la p epa ación de los exámenes de madu-
ez ó de bachille a o, ó aun los simples exáme-
nes de in de año, la ap ensión que susci an, pe -
judica ambién mucho á la «adolescencia». Y
p ecisamen e de es e con lic o en e el espí i u
que quie e canaliza pa a sus necesidades la
ene gía o gánica, y el cue po que no quie e ce-
de la, po que le hace al a pa a e i ica su c eci-
mien o, es de donde nace con ecuencia el
su -
menage
con el
K ach,
que no a da en sucede le.
Con ecuencia ocu e ambién que no exis en
ninguna de es as dos cosas: es que los discípulos,
do ados de un ins in o de conse ación que se
sob epone al deseo de hace unos exámenes b i-
llan es, no abajan sino á medias, supliendo con
la memo ia el abajo eal de la in eligencia, y
c eándose así un égimen de acomodación que
les pe mi e dobla ese pelig oso escollo sin de-
imen o de su salud, pe o con pe juicio de su
educación in elec ual y mo al, po que con aen el
hábi o de no hace las cosas sino á medias, y no
sacan de semejan e abajo ningún bene icio pa a
el po eni .
El único medio de a moniza la enseñanza con
la psicología se ía el de sup imi esos absu dos
exámenes enciclopédicos con que e mina la se-
gunda enseñanza. Cie amen e que la adolescen-
cia no impide el abajo in elec ual, pe o lo que
le es noci o es el eca go indiges o. Alige emos
los p og amas; pongamos, sob e odo, en se ie
104
DR.
'
E. CLAPARIDE
las disciplinas que en ellos igu an y edunda á
en bene icio de la salud y de la misma ins uc-
ción. Pe siguiendo menos lieb es
á
la ez, có e-
emos
,
menos iesgo de emba ullamos...
El c ecimien o es un p oceso in ini amen e más
delicado de lo que se piensa: él pone al cue po
en un es ado de equilib io ines able. Así, las
pe u baciones o gánicas que sob e ienen en ese
momen o pueden se muy g a es. Los di e sos
ó ganos son solida ios: la e olución del uno de-
e mina
ó
egula la de o o; se comp ende, pues,
que una de ención ó un e a do en el c ecimien-
o de uno de es os ó ganos pueda ene conse-
cuencias lejanas si el ó gano, ano mal
.
0
insu i-
cien emen e con o mado, in luye de modo ano -
mal en el cu so subsiguien e al desen ol imien-
o que de él
.
depende.
Así, pues, si se ue za el abajo in elec ual
du an e una de las ases en que la
.
ene gía men-
al debe ía cede el paso á la ene gía ege a i a,
se con a es a el c ecimien o de cie os ó ga-
nos, y las consecuencias lejanas de es os acci-
den es no son sino demasiado eales. Bien es
e dad que no es ya el educado el llamado á
comp oba la: . . . es el médico.
El ca ne de la salud. —
Cónoce la ma cha
del desa ollo ísico y el es ado de salud de sus
discípulos, es indispensable al educado ; así se
eclama po odas pa es la ins i ución de
ca ne s
de salud, ó « ichas médicas indi iduales», de que
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
105
debe do a se á los discípulos de las escuelas, y
en los cuales se ano a án los di e sos inciden es
de o den médico ó biológico que hayan sob e e-
nido du an e el cu so de su edad escola : en e -
e medades, acunaciones, c isis de c ecimien o,
di e sos acciden es, e c... .
Si odo el mundo se mues a de acue do pa a
es ablece semejan es lib e as, que ienen la en-
aja inmensa, no solamen e pa a el u u o médi-
co, sino ambién pa a el maes o, de p opo cio-
na la isonomía indi idual de cada escola , en
lo mo al ó en lo ísico, no lo es á an o cuando
se a a de p ecisa lo que debe á se esc i o so-
b e esa lib e a y quién debe á esc ibi lo. Los in-
o mes comple os sob e un niño deben, segu a-
men e, comp ende odo lo que se e ie e á la
he encia, alcoholismo
y
o as en e medades de
los pad es; pe o en onces, ¿y el sec e o médico?
Se adi inan las di icul ades de aplicación. Se ha
pedido que es os
ca ne s
sean llenados po los
médicos solamen e y edac ados de mane a que
no iolen el sec e o p o esional. Sin emba go,
hay muchas indicaciones de o den psicológico
ó mo al que no pod ían hace se sino po el
maes o.
En e las indicaciones que deben igu a en el
cuade no, ci a emos, en p ime a línea, los alo-
es, omados pe iódicamen e de semes e en se-
mes e, de la alla y del peso, y si es posible, de
la ci cun e encia o ácica; en los niños de oído
106
DR. E. CLAPARLDE
ó de isión débil, se ano a án los esul ados de
los exámenes e e en es al es ado de esos sen i-
dos, e c.
Es os cuade nos de salud, adop ados ya en
a ias ciudades— acaban de se lo en Gineb a
cons i ui án ambién p eciosos documen os pa a
el sociólogo y el demóg a o, quienes pod án es-
udia el in lujo de las condiciones higiénicas de
una escuela ó de un ba io de la ciudad, ó del
es ado social, sob e el desa ollo ísico de la ju-
en ud. Véase pa a más de alles sob e la con ec-
ción y el papel de es os cuade nos, los a ículos
de los doc o es Le ulle, Teissie , Roux, Dine , en
los
Rappo s des
l
e
e
2
me
Cong és d'Hygiéne
scolai e,
de Pa ís (Pa ís, 1904 y 1906); doc o es
Philippe y Boncou ,
L'Educa eu mode ne,
Mayo
de 1906; Bine y Simon,
Re ue scien .,
26 de
Ene o de 1907; Ma hieu,
L'Hygiéne scolai e
de
Ab il de 1907, pág. 75.
§ 3.° —
EL JUEGO Y LA IMITACIÓN
Abo demos aho a el desen ol imien o psico-
lógico. El es udio de su mecanismo nos pe mi i-
á esponde á la p egun a que nos hemos he-
cho más a iba: ¿pa a qué si e la in ancia?
El desen ol imien o psicológico no se ealiza
solo; es deci , que no es simplemen e el esul a-
do del desen ol imien o de ue zas inna as que
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
107
el ecién nacido ha ecibido en he encia. No; el
niño debe
desen ol e se
él mismo. Los dos ins-
umen os á los cuales ecu e ins in i amen e
pa a ealiza es a ob a, son el juego y la imi-
ación.
Hablemos del juego p ime amen e, ya que em-
pleado desde el momen o del nacimien o es el
p ime o en echa; la imi ación no apa ece sino
al cabo de muchos meses.
EL JUEGO
¿Qué es el juego? ¿Po qué juega el niño?
Cua o eo ías se han dispu ado el hono de e-
sol e es e p oblema, bas an e emba azoso á
p ime a is a.
1.°
Teo ía del descanso. —
Es a es la opi-
nión an igua, y oda ía la opinión ulga : el jue-
go es un ec eo, si e pa a eposa el o ganismo
ó el espí i u a igado. Pe o es a eo ía no puede
sos ene se; en e ec o, ¿po qué la a iga in i a ía
al juego más bien que al eposo? Po o a pa e,
en la ealidad ocu e que los niños juegan desde
que se le an an, en un ins an e en que ellos no
es án a igados.
Y
los ga os y los pe os peque-
ños que juegan desde la mañana á la noche, ¿de
qué abajos ienen ellos necesidad de eposa se?
2.°
Teo ía del exceden e de ene gía. —
En el
niño hay un exceso de ene gía; sus ue zas, no
114
DR. E. CLAPARÉDE
(Po es a azón, la a iación de ambien e puede
ene una epe cusión en la mo ología del ani-
mal, eg esión de los ó ganos que e an ú iles,
desa ollo de los ó ganos es imulados).
Pe o ol amos al papel del juego como es i-
mulado del c ecimien o, sob e el sis ema ne -
ioso, po ejemplo. En el momen o de nace , los
cen os ne iosos es án lejos de habe adqui ido
su es uc u a de ini i a; el ce eb o, especialmen-
e, no es á oda ía en es ado de unciona (1). Un
g an núme o de ib as ne iosas
de
es e ó gano
no han adqui ido aún su aina de mielina, es de-
ci , la cubie a g asosa que las aisla á unas de
o as, como la cubie a de gu ape cha aisla los
hilos de nues as ins alaciones eléc icas; cuando
no ienen mielina no pueden unciona . La es i-
mulación de es as ib as es uno de los ac o es
que les ayuda á adqui i es a aina de mielina,
y, po an o, sus unciones.
El juego, ocasionando y mul iplicando es a es-
imulación, es, pues, un agen e impo an e del
desen ol imien o del sis ema ne ioso. La obse -
ación comp ueba es a mane a de e : si se su-
u an los pá pados de un ga o ecién nacido, se
comp oba á más a de una cie a de ención de
desen ol imien o de los cen os isuales del ce-
eb o, po que no han ecibido la es imulación
(1) P obs :
Gehi n und ,Seele des Kindes.
Be lín,
1904, pág. 124.
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
115
que les e a necesa ia (1). Los cen os mo o es
ce eb ales se a o ian en las pe sonas á quienes
se les ha ampu ado una pie na ó un b azo en la
in ancia, e c. Tenemos en es e caso una especie
de con i mación del adagio biológico, según el
cual la unción c ea el ó gano. El juego de los
miemb os a o ece ambién el c ecimien o mus-
cula , siendo la ac i idad misma del músculo,
como odos sabemos, un ac o de su desen ol-
imien o (biceps de los a le as).
O a u ilidad del juego, sob e la cual ha lla-
mado ambién la a ención Ca , es la de man e-
ne , e escándolas cons an emen e, las ac i ida-
des
nue amen e adqui idas.
Es o es e dad, so-
b e odo del juego del adul o: en iempo de paz el
soldado juega á la gue a, i a al blanco y mon a
á caballo, como, en e dos concie os, el i uoso
hace escalas ó eje cicios pa a no en umece se.
Según Ca , el juego iene, además, un
papel
social
de p ime o den: las euniones, los bailes,
los
ma ch,
ienen po unción desa olla los sen-
imien os de solida idad, e c. Es o pa ece muy
p obable; pe o es a concepción sociológica del
juego no se opone á la concepción biológica de
G oos; no es más que un caso pa icula de ella.
Ca , en in, asigna ambién al juego una ac-
ción
ca á ica,
es deci , pu ga i a: noso os ae-
(1) Los opos ienen los ojos a o iados po que no
se han pues o en su icien e con ac o con la luz.
116
DR. E. CLAPARÉDE
mos al llega á es e mundo un cie o núme o de
ins in os oda ía i aces, y que son o dina ia-
men e pe judiciales en el es ado ac ual de nues-
a ci ilización; la misión del juego es pu ga nos
de cuando en cuando de es as endencias an i-
sociales. Cuando en las agedias el homb e
ma a, se ba e, e c., se desca ga de sus enden-
cias sanguina ias. Del mismo modo, jugando al
boxeo ó al oo -ball, el niño se desemba aza,
sa is aciéndolos, de sus ins in os an isociales.
¿Qué pensa de es a hipó esis? ¿No pod ía ha-
cé sele la misma objeción que á la de S anley
Hall? Si en cie os casos el juego desen uel e,
¿po qué en o os p oduce el e ec o con a io?
Ca , hay que con esa lo, no explica es o. Yo
c eo, sin emba go, que es a hipó esis es di e en-
e de la de Hall. La idea de Ca no es la de que
el juego
sup ime
es as endencias pe judiciales,
sino de que las canaliza. En cuan o á la idea de
una «pu gación» e dade a, puede se man eni-
da, á lo que me pa ece, si se admi e que es as
son
emociones,
no ac i idades de inidas, las que
son asi expulsadas, y que ellas no lo son sino
empo almen e. Cuando se es á colé ico, consue-
la y apacigua ompe un pla o, ce a una pue a
con iolencia ó empuja una bu aca. Al pelea se
con sus cama adas, el niño no elimina á de ini i-
amen e su ins in o de lucha, que es necesa io
que posea en el caso de legí ima de ensa, pe o
se desca ga á momen áneamen e de las enden-
PSICOLOGIA DEL NIÑO
117
cias emo i as que hacen nace es e ins in o y
que o ece ían incon enien es sociales, mien as
que una lucha necesa ia no les o eciese la oca-
sión de mani es a se po el lado bueno (1).
Conside emos aho a algunos juegos del niño;
e emos que odos eje cen una cie a unción
isiológica ó psicológica, con o me á la eo ía de
G oos, comple ada po Ca . Unos eje ci an los
p ocesos gene ales
de la ida men al, como la
pe cepción, la ida mo iz, la ideación, el sen i-
mien o; los o os se e ie en á las
unciones espe-
ciales,
la lucha, la caza, el amo , la sociabilidad,
la imi ación.
Los juegos de la p ime a ca ego ía comp en-
den los juegos sensibles, los mo o es y los psí-
quicos.
1.
Juegos sensibles. —
Los niños encuen an
un place , sob e odo los pequeños, en el simple
hecho de expe imen a sensaciones. Les di ie e
p oba las más di e sas subs ancias «pa a e á
(1)
No debe á deduci se de es a hipó esis ca á ica,
que se pu ga al niño de sus ins in os gue e os hacién-
dole juga á los soldados. Nada de eso. Rigaul decía
en 1858 en su encan ado a ículo sob e los jugue es
de los niños
(Con e sa ions li é ai es): P usia
es deci-
didamen e la p ime a po encia mili a pa a los solda-
dos de plomo.» No pa ece que á los p usianos de 1870
les al asen ap i udes mili a es po habe jugado á los
soldados cuando e an niños, en la época en que Ri-
gaul esc ibía su i ónica ase.
118
DR. E. CLAPAR1DE
qué sabe aquello»; el p oduci sonidos (pi o,
ompe a, cas añuelas, ca aca, caja de música,
la pun a de una pluma colocada sob é una mesa
y que se choque con el dedo hace ib a ; b a-
man e muy es i ado que se oca como una gui-
a a, e c.); el examina colo es, ompos, ka-
leidoscopio, ichas colo eadas, pin a ajeo de
colo es, e c). Los nenes juegan á oca , á palpa
los obje os.
2.
Juegos mo o es. —
Es os juegos son in-
nume ables; los unos desen uel e ula coo dina-
ción de los mo imien os (juegos de des eza, bo-
liche, i i i e o, juego de pelo a, juego de onel);
los o os su ue za ó su p on i ud (gimnás ica,
ca e a, sal o, lanzamien o de pied as... ). Los
mo imien os del lenguaje oman ambién pa e
en es a clase de juegos. Todos conocemos esas
ases di íciles de p onuncia de p isa, como
«Didon dina di -on dudos d'un dodu dindon»,
bien «Chasseu s sachez chasse sans chien».
3.
Juegos psíquicos. —
Se di iden en juegos
in elec uales y a ec i os.
Los
juegos in elec uales
son aquellos que ha-
cen in e eni la compa ación ó el econocimien-
o (lo e ía, dominó), la asociación po asonancia
( einados, «yo e endo mi canas illa»); el azo-
namien o (ajed ez); la e lexión ó la in ención
(enigmas, adi inanzas, je oglí icos); la imagina-
ción c eado a (in enciones de his o ia, dibujos).
La
imaginación
juega un papel impo an ísimo
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
119
en ,la ida del niño;
.
se mezcla en odas sus ocu-.
paciones. Como ocupa un luga de p ime o den
en la ida men al del homb e, impo a que se
eje ci e desde muy emp ano. La imaginación
c eado a es la que ele a al homb e po encima
de la na u aleza, pe mi iéndole ag upa los ele-
men os en nue as combinaciones. Supone, pues,
una independencia muy g ande de lo ep esen-
ado en elación con lo dado. Los animales no
pa ecen posee oda ía es a unción, y pa a ad-
qui i la el géne o hámano ha dado un paso in-
menso hacia adelan e. Es, pues; una acul ad e-
la i amen e nue a, y es p eciso que sea «eje ci-
ada» pa a que -el niño llegue á domina la.
.No hay que insis i mucho sob e esa an asía
de una iqueza inago able que el niño demues a
cuando, po ejemplo, e is e al obje o más in-
signi ican e de odas las cualidades que él quie-
e que enga: un pedazo cualquie a de made a
puede ep esen a á sus ojos un caballo, un ba -
co, una locomo o a, un homb e. . . Anima las co-
sas, pe soni ica las le as del al abe o, se a ibu-
ye las pé sonalidades más di e sas y as igu a.
la ealidad has a ilusiona se á sí mismo (1).
A eces es e impulso imagina i o aspasa sus
(1) Ve sob e el desen ol imien o de la imagina-
ción S. Ribo ,
Essai su l'imagina ion c éa ice,
y pa a
los ejemplos sob e la pa e que oma la imaginación en
los juegos in an iles, los lib os de Compay é, de Sully,
120
DR. E. CLAPARÉDE
lími es, y la endencia á la ilusión se mani ies a
ue a del juego, in ade la ida eal: el niño de-
o ma la e dad y se a ae el cali ica i o de em-
bus e o; no iene él, sin emba go, in ención de
men i , sino que p olonga una comedia po la
cual es él mismo engañado.
Una úl ima clase de juego in elec ual es la
cu-
yiosidad,
que puede de ini se con G oos como
un expe imen o in elec ual ó un juego de la a en-
ción. ¿Po qué es cu ioso el niño? ¿Po qué
quie e oca lo odo, e qué hay en el uelle que
le haga sopla , en el peón que le haga da uel-
as? ¿Po qué quie e él conoce el po qué y el
cómo de odas las cosas? Po que iene necesidad
de hace lo así pa a ealiza su desen ol imien o.
La na u aleza no ha pues o en noso os el cono-
cimien o inna o de las causas y los e ec os de
os enómenos, sino el deseo y el medio de p o-
cu á selo, lo que es mil eces más p ecioso.
Es e deseo, que e is e la o ma de una in e-
ogación, nace del sen imien o de lo desag ada-
ble que p o oca en noso os la no comp ensión
de las cosas, es deci , la inadap ación, y el medio
de sa is ace le es la obse ación, la expe imen a-
ción, la in es igación del mecanismo de las co-
de Pé ez, e c. Sob e la endencia á pe soni ica , e
Lemai e,
Audi ion colo ée el hénoménes connexes ob-
se és chez des écolie s
Gineb a, 1901, y
A ch.
de Psi-
chol.,
1, 24.
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
121
sas. Pues bien, la cu iosidad del niño no es más
que el eje cicio p epa a o io de ese ins in o de
p egun a y de expe imen a , que se pone en
mo imien o á cada momen o. Es a cu iosidad-
juego, se dis ingue de la del sabio en que su pla-
ce eside en su cumplimien o mismo, mien as
que la del sabio se halla sos enida po el place
del descub imien o; el niño es cu ioso po el pla-
ce de se lo; el sabio lo es pa a sabe . Pe o es o
no impide que la cu iosidad del niño sea muy
ú il á su desen ol imien o, po que a ae su a en-
ción sob e cosas nue as pa a él, lo que da como
consecuencia el eje ci a es a a ención y en ique-
ce sus conocimien os. Es ambién un saludable
con apeso, como hace no a con jus eza G oos,
con a el miedo de lo nue o, un ins in o que, po
p ecioso que sea, di icul a ía segu amen e el des-
a ollo in elec ual si uese p eponde an e.
En los
juegos a ec i os
se encuen a place
en susci a emociones, aunque sean desag ada-
bles. El dolo di ie e, á eces, si es olun a ia-
men e acep ado; la inme sión en un baño helado
iene en sí poco encan o; pe o se encuen a cie -
o place en desa ia el es emecimien o que
p o oca. Recue do que en o o iempo nos di-
e íamos mis pequeños cama adas y yo en da -
nos golpes con una a illa en las pan o illas,
«pa a e has a cuán o esis íamos sin g i a ».
El sen imien o es é ico es desa ollado po mu-
chos juegos (dibujo, pin u a, modelado, música).
122
DR. E. CLAPARÉDE
El miedo p oduce ambién algunos juegos:
his o ias de bandidos que e izan el cabello; el
juego de la «bes ia neg a», en el que un niño se
esconde en un incón y se lanza sob e sus ca-
ma adas, que le buscan emblando, y di e sas
a sas; niños que i an de una campanilla en la
pue a de un desconocido y echan á co e
,
cuan-
o pueden an e el emo de que los alcance el
po e o, e c.
El eje cicio de la
olun ad
cons i uye di e sos
juegos de niños, ales como, po ejemplo, los de
imi ación, de los cuales a a emos más adelan-
e. Ci a emos solamen e aquí los
juegos de inhi-
bición,
que consis en en una de ención olun a-
ia, en ep imi los mo imien os. Tienen una
g an impo ancia, po que el adul o, cuan o más
ci ilizado sea, más iene que e ene sus impul-
sos; en, el animal, en el sal aje, en el imbécil, en
el alcohólico, el paso al ac o es inmedia o. Pe o
pa a que es e ac o sea in eligen e, impo a que
sea medido y sus consecuencias pesadas an es
de se ealizado. «Pensa , ha dicho Bain, es con-
ene se de habla y de ob a ». Es p eciso, pues,
que el niño, pa a o ma se como sé pensan e,
ap enda an e odo á e ene la acción. El eje -
cicio de es a unción de de ención da luga á
a ios juegos: el de con ene la isa, el de con-
ene cie os e lejos ( a a de no ce a los ojos
cuando se ap oxima la mano), con ención de
mo imien os olun a ios, eje cicios de inmo i-
lp,
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
123
l
lidad (el niño juega. á la es a ua, cuad os i-
os); — y sob e odo, el juego del «pichón que
uela».
Pasemos á los juegos de unciones especiales.
Todos son bien conocidos, y bas a á menciona
algunos á í ulo de ejemplos.
1.
Juego de lucha. —
Luchas co po ales; lu-
chas espi i uales (en los
ni a chs,
en las "discusio-
nes). Los niños luchan y dispu an no solamen e
en e sí, sino que eje cen con ecuencia su ins.L
in o de lucha con a el maes o, al que mi an.
como un ho ible i ano. Ca l Vog cuen a de un
modo pin o esco 'lo que pasaba sob e es e pa -
icula en el gimnasio de Giessen, en los iempos
en que e a allí discípulo: «Ap ende y abaja
no e a, po . egla gene al, sino lo acceso io; la
mayo ía no hacía más que moles a á sus con-
discípulos y as idia á los maes os. El es udio
de las pa icula idades del ca ác e de es os i-
anos escola es nos había hecho descub i bien
p on o el lado débil de cada uno, y después de
algunas expe iencias, con ecuencia dolo osas,
ya se sabía cómo podía llega se á los pun os
débiles sin' que el he ido se pudiese enga cas-
igando. Todo el-pe íodo pasado en el gimnasio
no ué sino una con inua gue a con a el cue po
docen e, an p ón o en comba es indi iduales ó
esca amuzas de a anzadas, an p on o en_mo i-
mien os 'combinados de conjun o, según una sa-
bia ác ica, gue a in e umpida á eces po e-
130
DR. E. CLAPARÉDE
La imi ación es, pues, un ins umen o de im-
po ancia capi al pa a el desen ol imien o. Pe o
es e ins umen o no se nos ha dado dispues o ya
pa a el uso: es p eciso que noso os lo pe ec-
cionemos, co no hemos pe eccionado las o as
unciones, po medio del juego.
Pa a comp ende bien el papel de la imi ación,
eamos cuál es el p oceso psico- isiológico que
es á en la base de es e ac o. imi a , es ep odu-
ci po sí mismo lo que se
.
ha oído ó se ha is o
hace á o o. Pa a imi a es, pues, necesa io que
una pe cepción isual ó acús ica e oque p ecisa-
men e los mo imien os de los miemb os (1) de la
la inge si se a a de los sonidos) suscep ibles de
ep oduci la. Es a e ocación implica la p esen-
cia de una asociación en e es a pe cepción y las
imágenes mo ices que p esiden es e mo imien o.
(En é minos isiológicos, se pod á deci que es a
e ocación supone la exis encia de una conexión
en e las neu onas del cen o senso ial co es-
pondien e
'J
á es a pe cepción y el conjun o de
neu onas mo o as que o denan el mo imien o).
?)(
Pe o la mayo pa e de es as asociaciones sen-
so io-mo o as no son dadas po la he encia, cosa
que no iene nada de ex ao dina io, pa que las
que el homb e debe ene á su disposición son.
inde inidas. Es p eciso, pues, c eá selas. Pa a.
es o si e la imi ación — juego. El niño pequeño
que p ocu a ep oduci los mo imien os que e
ó hace los uidos que oye, pa ece pone odo su
,
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
131
in e és en la ep oducción po sí mismos de es os
mo imien os ó de es os uidos.
Has a aquí odo a bien. Pe o después las co-
sas se complican, no pa a el niño, sino pa a el
psicólogo:
1.° ¿Po qué el niño iene una • endencia á
ep oduci lo que e?
2.° ¿Po qué epi e es as ep oducciones has-
a que ha log ado copia un modelo?
Lo más simple se ía in oca un ins in o: el
ins in o de imi ación. Es o es lo que se hace ge-
ne almen e. Pe o exis e alguna di icul ad en una
al suposición. Un ins in o es, po de inición, un
ac o bien de inido, como la cons ucción de un
nido, el apode a se de una pieza, e c. Aho a
bien; los ac os que se imi an y que podemos e -
nos llamados á imi a , son inde inidos. ¿Es p e-
ciso conclui que la imi ación no es un ins in o?
Es a es la opinión de G oos, pa a quien la imi-
ación no es más que un simple caso pa icula
del pode mo o de las imágenes (1).
Es un hecho que odas nues as imágenes ie-
nen una endencia á aduci se en mo imien os:
odos conocemos el pequeño juego de sociedad
que consis e en p egun a á alguno qué es una
ca aca; nue e eces, de cada diez, la pe sona
p egun ada acompaña á su espues a con un ges-
o o a o io ca ac e ís ico. Es a endencia de las
(1) G oos,
Die Spiele de Menschen,
pág. 370.
132
DR. E. CLAPARÉDE
imágenes á con e i se en ac o, que es incon es-
able, esuel e, á lo que c eo, nues a p egun a
núme o 1, pe o no acla a en nada la núm. 2. La
endencia mo o a de las imágenes explica bien
que una pe cepción p o oque un mo imien o, y
que es e mo imien o sea una imi ación cuando
exis e ya la coo dinación senso io-mo o a; pe o
no explica es a endencia del niño (que no posee
aún es as coo dinaciones) á
epe i un mo imien-
o has a que sea con o me con el modelo.
En es e enómeno de la in es igación del con-
o me
en e amen e ol idado po los psicólo-
gos — es donde adica, en mi opinión, la pa e
ins in i a del p oceso de imi ación. Es a in-
es igación del con o me es la misma, en e ec o,
en odos los ac os imi ados, cualquie a que sean.
Es, pues, una endencia bien de e minada, y
siemp e semejan e á sí misma; se la puede, pues,
conside a pe ec amen e como un ins in o: el
ins in o de la in es igación del con o me.
(No
hablo aquí de la imi ación olun a ia, en la cual
es a in es igación de la con o midad es cla a-
men e ape cibida y se con ie e en el in mismo
del suje o, mien as que en el niño es e in es
pe seguido sin azón conscien e, que es lo que
cons i uye el ca ác e de un ac o ins in i o). Es e
ins in o se e ela en la conciencia po un «ape-
i o del con o me», lo mismo que el ins in o de
alimen ación se e ela en ella po el hamb e.
Sabemos, pues, cómo imi a el niño y po qué
PSICOLOGLA DEL NIÑO
133
imi a. Queda po acla a un pun o oscu o: ¿qué
es lo que imi a?
El niño, en e ec o, no lo imi a odo.
En p ime luga , el pode de imi ación es á li-
mi ado po la es uc u a ana ómica, que p edis-
pone á ep oduci cie os enómenos mejo que
o os: los cho li os, colocados muy jó enes con
las alond as, adop an el can o de es as úl imas;
no adop a ían el lad ido del pe o si se les colo-
case en la ecindad de es os cuad úpedos.
Sin emba go, aun en e los modelos que se-
ían suscep ibles de se copiados, el niño esco-
ge, ealiza una selección. ¿Po qué se ope a es a
selección? Po las necesidades del desen ol i-
mien o; nume osas i ualidades que aemos al
nace no son suscep ibles de desen ol e se sin
la imi ación. Es deci , que es a elección a ia á
según la edad, según las necesidades del mo-
men o. El niño imi a á lo que le impo a imi a ,
en in e és de su pe eccionamien o. Pe o el niño
ep oduce nume osos ac os comple amen e nue-
os en la especie humana, como lee un pe iódi-
co, uma ó hace gi a la mani ela de un au o-
mó il, ac os cuya base isiológica no le ha sido
asmi ida po he encia. Si es lle ado á imi a los,
es á consecuencia del ascendien e que eje cen
sob e él las pe sonas más ancianas ó que le son
de algún modo supe io es. Es á segu amen e
den o del in e és de su desen ol imien o el p o-
cu a cons an emen e con o ma se con lo que le
134
DR. E. CLAPARÉDE
apa ece po encima de su ni el, y es e in e és en
copia á los adul os en gene al ó á al pe sona en
pa icula , es lo que de e mina indi ec amen e la
elección de los ac os que se han de ep oduci .
El niño imi a un ac o, menos po lo que le in e-
ese inmedia amen e que po lo que le in e esa la
pe sonalidad que iene cos umb e de ejecu a lo.
Lo que p oduce una cie a con usión en la
cues ión de la imi ación, es el hecho de que en
el niño pequeño la imi ación ma a dos pája os de
un i o. Po una pa e, el niño pequeño imi a
pa a ap ende á imi a . El juego del ins in o del
con o me (1); po o a pa e, imi a pa a adqui i
o o conocimien o po medio de la imi ación. La
unción imi a i a es á la ez in y medio. Y es lo
uno y lo o o simul áneamen e. Es educado a al
mismo iempo que se educa. Los alumnos de las
Escuelas No males deben da lecciones en las
escuelas pa a ap ende su o icio de maes os; se
á la ez maes os y discípulos. Es e es, p ecisa-
men e, el caso de la imi ación que se educa edu-
cando, y que educa al educa se.
Es inú il insis i aquí sob e el eje cicio espon-
(1) G oos, pa a el cual la imi ación no implica un
ins in o, se encuen a bas an e emba azado pa a da
cuen a del juego de imi ación, pues o que odo juego
es el eje cicio p epa a o io de un ins in o.
(Spiele de
Menschen,
370, en no a); es a di icul ad desapa ece si
se econoce en el ac o de imi ación la p esencia del
i
ns in o de p ocu a el con o me.
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
135
áneo de la imi ación, que no es más que un
caso pa icula de la unción
lúdica;
p egun é-
' monos más bien, qué es lo educado po medio
de la imi ación.
Pueden subdi idi se en dos g upos las adqui-
siciones que son á ella debidas: 1.°, adquisición
de unciones gene ales; 2.°, adquisición de un-
ciones especiales.
1.
Adquisición de unciones gene ales. —
Es-
as unciones son: la adap ación mo iz en gene-
al, el mo imien o olun a io y la comp ensión
de lo que nos odea.
La adap ación mo iz: ya hemos dicho que la.
imi ación se con unde po un lado con la adap-
ación mo iz simple. Cuando un niño pequeño
sigue con los,ojos la luz que pasa an e él ó quie-
e alcanza con la mano ina cin a de su cuna,
puede deci se que se es ue za po imi a con los
ojos el mo imien o de la bujía, ó po imi a con
el b azo el espacio que le sepa a de la cin a. La
noción de imi ación se con unde aquí con la de
una adap áción que se ejecu a.
El mo imien o olun a io: pa a que la olición
de un mo imien o sea e icaz, es p eciso, no so-
lamen e que se enga una ep esen ación de con-
jun o, sino ambién que es a ep esen ación ex-
ci e las imágenes mo ices ó las senso io-mo-
o as que o denan la ejecución. La imi ación,
c eando y mul iplicando, como lo hemos dicho,
es as asociaciones senso io-mo ices ó ideo-mo-
136
DR. E. CLAPARÉDE
ices, es, pues, un agen e impo an e de la ad-
quisición del pode de mo icidad olun a ia.
Comp ensión: comp ensión de las cosas, po -
que comp ende un obje o es sabe se i se de
él,
y la imi ación es la que nos pe mi e adqui i
es e conocimien o del manejo de las cosas. Des-
pués, comp ensión de los sen imien os, comp en-
sión de o o: po ins in o nos inclinamos á e-
p oduci la exp esión de las gen es que nos o-
dean; los os os g a es uncen nues o en e-
cejo, los os os aleg es lo desa ugan, los os-
os en usias as es imulan odo nues o se y le
hacen ende á la acción. Habiendo ep oducido,
habiendo imi ado es as exp esiones de is eza,
de aleg ía, de anspo e ó de admi ación, hemos
expe imen ado al mismo iempo es os di e sos
sen imien os, y los hemos comp endido. Seme-
jan e imi ación iene po base la simpa ía que de-
ben sen i ecíp ocamen e los miemb os que sa-
len de una misma sociedad. Como ha dicho jus-
amen e un au o inglés, «du an e la niñez, lo
imi amos odo sin comp ende lo, y g acias á es a
imi ación hemos ap endido á comp ende » (1).
2.
Adquisición de unciones especiales.—Es-
as
adquisiciones son innume ables y se ía su-
pe luo enume a las: imi ando al maes o que
baila, es
como
se ap ende á baila ; imi ando al
ca pin e o, es como se ap ende á cepilla , e c.
(1) Hi n.
O igins o a s.
Lond es, 1900, pág. 79.
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
137
En e las adquisiciones más impo an es ealiza-
das con el concu so de la imi ación, hay que ci-
a la del lenguaje. En el dominio mo al, la imi-
ación juega un papel inmenso: ya sabemos el
pode que iene el ejemplo.
§ 4.°
PARA QUÉ SIRVE LA INFANCIA
Podemos esponde aho a á la p egun a con
que comienza es e capí ulo: «,Pa a qué si e la
in ancia?» La in ancia si e pa a juga é imi a .
El niño es niño, no po que no enga expe iencia,
sino po que iene una necesidad na u al de ad-
qui i es a expe iencia. No es po se pequeño
po lo que no es g ande, sino po que un ins in o
sec e o le empuja á hace odo lo que es p eci-
so pa a se g ande. Aho a bien; como acabamos
de e , es a endencia ins in i a al desen ol i-
mien o se mani ies a po el juego y la imi ación.
La ac i idad ju enil, la men alidad in an il, no-
émoslo bien, no es en modo alguno una conse-
cuencia necesa ia de la simple insu iciencia de
expe iencia ó de desa ollo, según la opinión
ulga . La insu iciencia de las unciones no es
bas an e en modo alguno pa a c ea el ipo in-
an il. Una aca, po ejemplo, es cie amen e
muy insu icien e bajo el pun o de is a de la e-
lexión ó de las i udes sociales; y sin emba go,
no es un niño. Lo que hace de un sé un niño,
138
DR. E. CLAPARÉDE
no es el hecho de que igno e: es el de que desee
sabe , que ienda á p og esa . El cho o es un
niño- aca po que iende á se aca; pe o la aca
no es un niño-homb e (á pesa de su insu iciencia
con elación á la men alidad humana), po que
no ma ca ninguna endencia á llega á se hom-
b e. Yo, que no soy músico, no soy un niño en
el a e del piano ó del a pa, po que no iendo
á llega á se pianis a ó a pis a (no soy, bajo
es e pun o de is a, ni aun un niño); po el con-
a io, un discípulo del Conse a o io que no
haya e minado sus clases, se á un niño ó un
jo en de la música, po que desea desa olla se
aun más.
Lo p opio del niño no es, pues, se un insu i-
cien e, sino se un candida o.
Aho a comp ende emos po qué las especies
animales, cuyo pe íodo in an il se dila a, han sido
p o egidas en el cu so de la e olución: es que
es as especies animales e an las que alcanzaban
po es e hecho un mayo g ado de desa ollo. En
e ec o, cuan o más la ga es la in ancia, mayo es
el pe íodo de plas icidad, du an e el cual el ani-
mal juega, imi a, expe imen a, es deci , mul iplica
sus posibilidades de acción y en iquece con el
u o de su expe iencia indi idual el débil capi-
al que le ha sido ansmi ido en he encia.
La edad adul a es la c is alización, la pe i i-
cación; la in ancia iene po obje o el aleja lo
más posible es e momen o, en el cual el sé , pe -
PSICOLOGÍA DEL
IsTiÑo
139
diendo su ap i ud á «llega á se », se coagula,
se ija de ini i amen e en su o ma, como el pe-
dazo de hie o que el he e o ha dejado en ia .
Así las muchachas, que como hemos is o, lle-
gan an es á la edad de madu ez que los mucha-
chos, pagan es a p ecocidad con un meno g a-
do de desen ol imien o in elec ual. Es a elación
en e la meno e olución de la men alidad eme-
nina y la meno ex ensión de su pe íodo de in-
ancia es del mayo in e és biológico. Nos de-
mues a de qué modo, á despecho de las ue es
a iaciones indi iduales y de las condiciones
económicas y sociales, que pa ecen habe as-
ocado los mecanismos de la selección y de la
e olución, se encuen a siemp e igilan e la ley
é ea de la na u aleza, que egula los des inos
de la especie. Es p eciso, en e ec o, en in e és
de la especie, que la muje sea. más pasi a, más
conse ado a, que enga un meno g ado de
gus o po la in es igación y las emp esas, que
la aleja ían del hoga y de los hijos, á la sue e
de los cuales debe i unida la suya. Pa ece que
es a ab e iación ela i a del pe íodo de la in an-
cia es el medio que ha u ilizado la na u aleza
pa a pone ún eno á la e olución in elec ual
de la muje . Es a iene, po el con a io, una ida
a ec i a más desa ollada que su compañe o
masculino, y es o puede consola la ampliamen-
e de su in e io idad en el dominio de la abs ac-
ción y- del pode de las adquisiciones nue as.
146
DR. E. CLAPARÉDE
do comp ende nunca que nues o espí i u se
ago a en la solución de p oblemas de al a espe-
culación, ó en o as a eas de las cuales no sien-
e ella necesidad inmedia a. Su sola p eocupa-
ción es la de conse a la salud pe ec a. Así, en
cuan o el espí i u empieza á hace de las suyas,
es deci , á
.
ejecu a algún abajo sin necesidad
apa en e, la bes ia hace odo lo que puede pa a
p ocu a impedi lo, po que ese abajo in elec ual
p olongado a á consumi sus células ce eb ales;
su medio de impedi lo es el de pone en juego los
e lejos de de ensa, de los cuales iene odos los
hilos. Es os e lejos son p ime amen e la inhi-
bición momen ánea ó la des iación de la a en-
ción; el abu imien o, el as idio; después la a i-
ga; después, en in, el sueño. Con a es os e le-
jos es con a los que debe ba i se el espí i u que
abaja. Y el sen imien o de es e con lic o en e
los in e eses
.
del espí i u y los de la bes ia, es
p ecisamen e el sen imien o de es ue zo.
¿Qué es p eciso pa a que el espí i u salga ic-
o ioso, pa a que el es ue zo sea e icaz? Es nece-
sa io lo que es necesa io pa a oda ic o ia: se
más ue e que el ad e sa io. El in e és supe io
del espí i u debe se más ue e que el in e és
limi ado del o ganismo. Si mi in e és es lo su i-
cien emen e pode oso pa a o za mi a ención á
man ene se
.
ija en mi abajo, pa a desp ecia la
a iga y has a el sueño, en onces llega é al inal
de mi a ea y se é ecompensado de mi es ue zo.
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
147
Vol amos al niño. Deseáis que haga un es-
ue zo. Pa a es o son necesa ias es condiciones,
como, acabamos de e : un abajo di ícil, los e-
lejos de de ensa que le des ia án de ese aba-
jó, y un in e és supe io qué le ha á capaz de
iun a en de ini i a, de és os. ¿Cómo ealiza es-
as condiciones, ó po lo menos la e ce a? Po -
que el abajo penoso os enca ga éis odos muy
gus osamen e de p opo cioná selo, y en cuan o
á e lejo de de ensa, él es á a mado has a los
dien es. Pe o, ¿cómo hace pa a pe mi i le no se
inmedia amen e encido ó pues o en uga po
es as a mas de ensi as, pa a pode sos ene un
ins an e la lucha (hace
.
un es ue zo), y, sises po-
sible, gana la ba alla? Se consegui á despe an-
do en el alma del niño un in e és bas an e pode-
oso pa a ene en suspenso los e lejos an agó-
nicos de que acabamos de habla .
¡El in e és! Ahí es donde siemp e se uel e,
sea cualquie a el modo como se mi e, el p oble-
ma de la educación. Pe o, ¿qué especie de in e-
és pod á susci a se en el alma del niño? Uno
sólo: el in e és del juego, pues o que po de ini-
ción pod ía deci se que un niño es un sé que se
in e esa po el juego, que no es cau i ado más
que po lo que le desen uel e de una mane a
con o me con su e olución na u al. Solamen e
poniendo en el abajo que se ejecu a la aleg ía
y el a ac i o que p ocu a el juego, es como lle-
ga emos á e ene la a ención del niño y á da le
148
DR. E. CLAPARÉDE
la ue za psicológica necesa ia pa a el cumpli-
mien o de su a ea.
Pe o aquí los ad e sa ios de la educación
a ac i a ol e án al asal o, diciendo que ellos
es imulan ambién el in e és de los escola es,
pues o que los cas igan si no cumplen con su de-
be . El in e és de no se moles ado, ¿no es uno
de los más pode osos á que se puede ecu i ?
Es a objeción es especiosa.. La obse ación
mues a, en e ec o, que el alo y la ecundidad
del abajo se hallan en elación di ec a con su in-
e és in ínseco. Sus i uyendo á es e in e és in-
ínseco un in e és ex ínseco (como el de e i a
un cas igo), nos p i amos del concu so espon-
áneo del espí i u, po que no habiendo c eado en
él ninguna necesidad de conocimien o que pueda
sa is ace el cumplimien o del abajo, no se ha
solici ado ninguno de los p ocesos men ales p o-
pios pa a asegu a es e cumplimien o. Es a o -
ma in e io del abajo es lo que se llama una
se idumb e. La se idumb e nos epugna como
epugna una comida cuando no enemos ham-
b e. Po eso p o oca el desencadenamien o de
una mul i ud de e lejos de de ensa ( as idio, in-
a ención, e c.), que hay que comenza po ene
en jaque, y es es e un gas o de ene gía que no
co esponde á ningún abajo e ec i o. La se i-
dumb e es, pues, pa icula men e apa ado a
y
d
esanimado a, pues o que pa a un abajo meno
exige un gas o de ene gía mucho mayo .
PSICOLOGiA DEL NIÑO
149
Mien as más in e esan e po sí mismo sea un
abajo, menos e lejos de de ensa que
'
deban e-
ne se en cuen a p o oca. Si el in e és es comple-
o, no susci a ninguno: la única esis encia que
hay que ence , es la esis encia pu amen e pa-
si a inhe en e á odo « abajo», esis encia de la
sus ancia ne iosa á la modi icación que iende á
hace la su i la pe secución misma del in p o-
pues o. Es que cuando el in e és es comple o, la
pe secución del obje o in e esan e esponde á
una necesidad inmedia a. Y la bes ia de que ha-
blamos hace un momen o, cuyo mó il de acción
es p ecisamen e la necesidad inmedia a, cesa de
igila se y se hace una aliada del espí i u, ce-
diendo de la ene gía que necesi a.
Aho a bien; es p ecisamen e el juego el que
ealiza es a o ma supe io del abajo en la cual
el in e és se di ige an o sob e los medios de eje-
cución como sob e el in pe seguido (1).
Supongamos, sin emba go, que po un a i i-
cio disciplina io, su icien emen e imponen e, se
(1) En iéndase bien que la palab a «juego» se oma
cons an emen e en el sen ido más amplio y que no es
sinónimo de «di e sión». Los Dicciona ios no es able-
cen, es e dad, g an di e encia en e el juego y la di-
e sión, y de inen lo uno po lo o o, ó hacen á los dos
sinónimos de di e sión; hay, sin emba go, que dis in-
gui es as dos nociones: «di e sión» implica una idea
de acilidad, de pasi idad, mien as que eI juego es un
p oceso esencialmen e ac i o.
150
DR. E. CLAPAR1DE
haya llegado á engulli en el discípulo una lección
desp o is a pa a él de odo in e és. No se hab ía
aun e minado, po que el es udio as idioso no se
dis ingue solamen e del a ac i o po la di icul ad
de abso ción, sino ambién po la imposibilidad
de asimilación, ehusando el espí i u cómo el
cue po asimila é in eg a se lo que le epugna.
No pode nos o ma una idea más exac a de
lo que es la se idumb e con elación al abajo
no mal, que compa ando lo que es una comida
que se aga á la ue za pa a hace hono al
huésped, con la comida hecha con ape i o.
Si no os gus an las os as
'
y os éis en el com-
p omiso de come las, comp oba éis el abajo
que os cues a el hace anquea á ese ozo is-
coso el i smo de la ga gan a. Todos los e lejos
de de ensa ienden y se es ue zan en hace o-
ma al manja epugnan e el camino con a io á
aquel que un in e és indi idual quisie a hace le
segui . En in, ya habéis iun ado en es a p i-
me a lucha... sólo en apa iencia, po que el mo-
lusco, como no es imula el «in e és» del saco
es omacal, es deci , las con acciones ó los p o-
cesos de sec eción gás ica adop ados á su di-
ges ión, os queda á en el es ómago, y bien
p on o eapa ece á in ac o á la luz del día. Es a
comida, aun cuando haya susci ado un es ue zo
bueno, en ealidad no ha ap o echado de nada.
Las comidas in elec uales que p epa a la es-
cuela á sus jó enes con idados se hallan some-
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
151
idas á las mismas leyes que las o as. Deben
hace se con ape i o si se quie e que sean p o e-
chosas á los mismos comensales.
Una ez admi ido que el juego y el a ac i o
deben se el eje de oda. educación, queda ía po
examina has a qué pun o es
posible
la ealiza-
ción de es e
deside a um.
Hay que con eni en que es con ecuencia
muy di ícil el da una o ma a ayen e á cie as
enseñanzas. La di icul ad p o iene de que en el
géne o humano la e olución social la ma chado
mucho más de p isa que la e olución dél indi i-
duo, has a ál pun o, que és e no posee aún
ninguna necesidad in ui i a de sabe y de hace
uña po ción de cosas que las necesidades socia-
les del mundo llamado ci ilizado le obligan á
conoce ó á ejecu a . Si el ga o chico sien e la
necesidad de sal a sob e odo lo que se pa ezca
á un a ón, po el con a io, el niño no sien e la
meno gana de sabe cuál'es .son los a luen es
del Yang- sé-Kiang ó los pue os de Chile. Aca-
so
la dosis de es as cosas que no co esponden
á ningún in e és na u al pudie a se muy dismi-
nuída. Pe o no quie o en a
aquí
en una discu-
sión de es a na u aleza. Es un hecho que muchas
cosas deben ap ende se aunque no engan inme-
dia a aplicación, po que hab á que sabe las más
a de (po ejemplo, la abla de mul iplica , .1a o -
og á ia y la lec u a). Es os es udios, ¿pueden
se . un juego? Acaso no di ec a, pe o sí indi ec-
152
DR. E. CLAPARÉDE
amen e. Pueden uni se es os es udios á in e e-
ses na u ales del niño y da les así un a ac i o
que ellos no poseen. En cie os casos es o pue-
de se di ícil; ahí es p ecisamen e donde se e-
ela á el a e del educado . No puedo insis i
aquí sob e es a cues ión de pu a aplicación.
Es a necesidad de hace a ac i as á la educa-
ción y la ins ucción, ha sido apoyada po odos
los pedagogos dignos de ese nomb e (1), pe o
(1) Bas a eco da los nomb es de Fénelon, Rous-
seau, Pes alozzi, He ba , Spence . «No ad un g an de-
ec o de las educaciones o dina ias, decía Fénelon, se
pone de un lado odo el place y de o o odo el as-
idio; odo lo moles o en el es udio, odo el place en
las di e siones... T a emos, pues, de cambia es e o -
den: hagamos ag adable el es udio, ocul émosle bajo
la apa iencia de la libe ad y del place .»
De la educa-
ción de las jó enes.
«¿Qué debe pensa se de esa bá ba a
educación que sac i ica el p esen e á un po eni in-
cie o, que ca ga á un niño de cadenas de oda especie
y comienza po p opo ciona le un p esen e míse o pa a
p epa a le á lo lejos yo no sé qué p e endida elici-
dad...? Amad á la in ancia, a o eced sus juegos, sus
place es, su ins in o amable», exclama nues o Juan Ja-
cobo
(Emilio,
Li . II). He be Spence ha hecho del
in e és el alma de su pedagogía. Más ecien emen e,
W. James
(Con e saciones pedagógicas)
ha eco dado
cuán a en aja encon a á el educado aliándose con el
in e és del niño. K. G oos decla a que el abajo que
e is e cie o ca ác e lúdico, es deci , aquel en que
es án in e esados el goce de c ea y el place de en-
ce la di icul ad de la a ea es «la o ma más ele ada y
noble de abajo».
(Spiele de Menschen,
pág. 518). Y un
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
153
es aún pe ec amen e desconocida en la p ác ica
dia ia de las escuelas. El ac ual sis ema escola
debe, desde es e pun o de is a, e o ma se com-
ple amen e, como deben e o ma se ambién las
ma emá ico, M. Laisan , en su ob i a
L'ini ia ion ma-
héma ique
(Gineb a y Pa ís, 1906) ha p opo cionado
excelen es ejemplos del modo de in e esa al discípulo
en p oblemas de cálculo, sencillamen e o mulándolos
de una mane a pin o esca. «Sob e odo, dice es e au o ,
aplicaos á in e esa , á di e i al niño; no hacedle ap en-
de nada de memo ia... Que los ec eos — no hay que
hace de ellos lecciones — no se p olonguen nunca más
allá del lími e en que la a ención se debili a, en que la
cu iosidad se des anece... Nos se i emos de cosas
di e idas como medio pedagógico, pa a a ae la cu-
iosidad del niño y llega así á hace pene a en ellos,
sin imposiciones, las p ime as nociones ma emá icas
más esenciales».
Es in e esan e opone á es as lisonje as decla acio-
nes la ecomendación is e que hacía B une ié e á un
p o iso de colegio: «No debéis p ocu a que ues os
discípulos combinen de al sue e sus ho as de es udio
y de eposo, que el abajo pa ezca una di e sión. ¡No
se ins uye di i iendo!» (Ca a publicada po los
Deba s
del 20 de Julio de 1903). Villeneu e, del cual omo es a
ci a, la comen a así: «Si el es ue zo que exige el des-
a ollo del ce eb o a ec a muy pocas eces al i mo de
la aleg ía, puede llega á se un goce cuando 'se con-
duce sabiamen e... Riendo á ca cajadas es como el niño
ap ende con su mad e á nomb a los obje os amilia es,
y, á pesa de los se mones de M. B une ié e, no emos
pelig o alguno en mezcla algunas le as de chocola e
en los p ime os al abe os del niño.»
(L'ennui scolai e,
L'Hygiéne scolai e,
de Ene o 1904.)
DR. E. CLAPARÉDE
ideas de algunos pad es que le sos ienen áci a-
men e con sus exigencias i e lexi as, ela i as
á lo que «es con enien e
»
que sepan sus hijos,
aun cuando es os p e endidos
«
conocimien os» se
adquie an en condiciones en que no sea posible
asimila los (1).
El e o capi al que se come e al que e que
el niño haga es ue zo simplemen e po amo al
debe , po espe o á la disciplina abs ac a, es
el de ol ida que el niño no es un homb e, y que
á los alo es que ci culan pa a el adul o co es-
ponden pa a él o os alo es. Es os múl iples
alo es, que se e ie en á las necesidades de la
ida social y de la ida de abajo, lado mo al ó
es é ico de la ac i idad, ideal de e dad ó
de
ciencia,
obligación mo al, social ó económica,
es os alo es no exis en ni deben exis i pa a él.
Una unción sencilla y única las eemplaza á o-
das: el juego, En el niño, el juego es el abajo,
es el bien, es el debe , es el ideal de la ida. Es
(1) Si nues as escuelas consiguiesen su obje o, es-
c ibía un pedagogo gineb ino mue o p ema u amen e,
A. Tschumi, los discípulos las deja ían con deseo de
ap ende . La memo ia de los niños
es a ía
menos ca -
gada de cosas inú iles, su cul u a menos desmenuzada
y no lle a ían á la ida ese sen imien o dé saciedad
y
de disgus o que la mayo ía de las escuelas dejan... La
pedagogía debe se comple amen e expe imen al y e-
posa sob e nume osas obse aciones.»
(Re ue
de
Ge-
né e,
dic. 1886.)
154
5
io
ci
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
155
la única a mós e a en la cual su in e és psicológi-
co puede espi a y, po consiguien e, puede ob a .
Es cie o que se puede, po la coacción, ob e-
ne de algunos alumnos, demasiado dóciles, al-
gunos éxi os escola es. Pe o ¡ ed lo que sucede
más a de! Fa igados, disgus ados, sin inicia i a,
incapaces de un ac o de ene gía, es os desg a-
ciados no llegan nunca á se homb es, po que
no han sido nunca niños.
Al eclama del niño un es ue zo de abajo
undado en algo que no sea el juego, se ob a
como aquel insensa o que en la p ima e a sacu-
die a un manzano pa a hace le da manzanas:
lejos de ob ene cosecha de ellas, se p i a ía,
po el con a io, haciendo cae las lo es, de los
u os que el o oño p ome ie e.
§ 6.°
CONCEPTO PSICO-BIOLÓGICO DEL INTERÉS
Hemos hablado a ias eces del in e és como
de un ac o impo an e de de e minación men-
al, y aun end emos que aludi le con ecuencia.
No se á, pues, inú il, an es de i más lejos, el
en ende nos sob e la signi icación de es e é mi-
no, cuyo empleo es bas an e elás ico.
Decimos que una cosa nos in e esa cuando
nos impo a en el momen o en que la conside a-
os; el alimen o in e esa al homb e hamb ien o,
po que le impo a posee lo; una lo a a in e esa
258
DR. E. CLAPARÉDE
mo puede man ene el in e és la cons ancia en el
abajo y e a da ó impedi las mani es aciones
de la a iga.
El depósi o de ene gía, como su mismo nom-
J
p
e lo indica, con iene una
ese a
de ene gía;
és a la acumula poco á poco, pe o de un modo
con inuo, du an e el eposo, du an e el sueño, de
modo que con iene siemp e la su icien e pa a su-
minis a en cie os momen os una g an can idad
de una ez, y pa a pe mi i una cons ancia en el
abajo que sólo puede ob ene se po medio de
una ese a.
Po medio de es a hipó esis comp endemos
muy bien que el gas o no comienza desde que
empieza el abajo, sino que el o ganismo puede
unciona du an e un lapso de iempo bas an e
la go an es de que disminuya su capacidad pa a
el abajo. (Es e hecho es análogo al que se p o-
duce si se ob iene la ene gía eléc ica de un acu-
mulado en luga de hace lo de una pila).
Es a hipó esis me pa ece ene la en aja de
da cuen a de los siguien es hechos:
1.
Acción dinamomé ica de cie as exci acio-
nes. —
Como han demos ado los abajos de
Fé é, cie os exci an es ienen el pode de dina-
mogeniza el o ganismo, es deci , de aumen a
su acul ad pa a el abajo. Todos conocemos
ambién po expe iencia el in lujo de cie as e-
p esen aciones sob e el abajo: si pensamos en.
el place que nos p oduci á la e minación de una
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
259
ob a, es o nos da ue za pa a abaja en ella. Es-
as exci aciones no c ean nue a ene gía, pe o p o-
bablemen e libe an, ponen en disponibilidad más
ene gía la en e. En nues a hipó esis, es as exci-
aciones, llamadas dinamogénicas, son las que
(en i ud de causas biológicas que no hemos de
exc u a aquí) ienen la p opiedad de ab i cie -
as espi as del depósi o de ene gía.
2.
Las oscilaciones del abajo. —
No siendo
un abajo ó de un g an in e és ó de una g an
acilidad, lo hacemos gene almen e á e azos.
Ponemos con gus o manos á la ob a; después,
al cabo de un momen o, enemos endencia á
pensa en o a cosa; mi amos po la en ana,
bosquejamos una ca ica u a; pe o el in e és que
e e imos al in de dicho abajo nos es imula de
nue o y ol emos á la ob a con a do . Después,
nue o decaimien o y nue o la igazo. Yo c eo
que es as loje as al e na i as son debidas en
gene al más al abu imien o que á la a iga. Nos
dis aemos de nues o abajo cuando una idea
más in e esan e a a iesa nues o espí i u y des-
ía hacia ella la co ien e de ene gía que iene
del depósi o.
Es as oscilaciones en la ene gía dedicada al
cumplimien o de un abajo de e minado, se no-
an pe ec amen e en las cu as del abajo, o-
madas po el p ocedimien o de las adiciones
con inuas. Aquí ep oduzco ocho azados ob e-
nidos en un expe imen o colec i o de adiciones,
1
260
DR. E. CLAPARÉDE
hecho en los discípulos de un labo a o io po el
p ocedimien o an e io men e indicado. Du ó el
abajo cua en a y cinco minu os seguidos. Los
suje os abaja on simul ánea y concienzuda-
men e. Las señales se die on cada es minu os.
Las cu as ue on, pues, azadas según el nú-
me o de adiciones (de cua o ci as) ejecu adas
en cada in e alo de es minu os. Como se e,
el abajo se ha man enido en o al con bas an e
cons ancia en odos los indi iduos, y se no a
ambién, po o a pa e, las oscilaciones debidas
á los epe idos impulsos de la olun ad. Habien-
do omado pa e yo mismo en el expe imen o, me
dí pe ec a cuen a de es a pe iodicidad del es-
ue zo.
3.
La di e encia en e la a iga y el as idio.
—
Muchos au o es, con K ápelin, dis inguen con
azón el
as idio
(Müdigkei ) de la
a iga
(E -
müdung). El as idio es el abu imien o que p o-
oca un abajo monó ono ó sin in e és. Puede
es a se cansado al cabo de uno ó dos minu os
de una ocupación enojosa. Puede es a se cansa-
do has a de no hace nada.
El as idio puede, sin emba go, ene como
consecuencia una disminución en el abajo. No
debe con undi se es a baja con la de la a iga. Lo
que la p o oca es el que las espi as de ene gía
se
cie en,
no la
disminución
de la p o isión de
ene gía. El as idio es descuidado, en gene al,
como si no pe eneciese al p oblema de la a iga.
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
261
de
262
DR. E. CLAPARÉDE
C eo que es es a una equi ocación. Es e dad
que la p esencia del as idio no es un signo su-
icien e de a iga; pe o si nos emos obligados á
e i ica un abajo que a igue, es e abajo p o-
duce la a iga mucho an es, como e emos en el
pá a o siguien e.
4.
El hecho de que el
cambio de abajo
no
sea su icien e
ipso ac o
pa a p oduci eposo,
sino que puede, po el con a io, indi ec amen e
le an a la ene gía po eno ación de in e és, se
comp ende po medio de la hipó esis del de-
pósi o.
Si es, en e ec o, á un g an depósi o único y
cen al donde las di e sas ac i idades an á sa-
ca la ene gía que necesi an, se comp ende que
la baja p oducida po un abajo de e minado en
la po encialidad de es e depósi o, se haga am-
bién sen i en el abajo subsiguien e. Po o a
pa e, se comp ende ambién que si, á la la ga,
un abajo se hace an enojoso ó monó ono que
llegue á ce a las espi as del depósi o, o o a-
bajo nue o é in e esan e, ab iendo de epen e
esas espi as, le an a momen áneamen e la ene -
gía del abajado .
5.
La p esencia de un depósi o de ene gía
hace comp ende , además, la
ac i idad súbi a
que pueden desplega algunas pe sonas que se
c een ago adas ó neu as énicas, si se las es imu-
la hábilmen e, si se las anima, si se descub e an e
sus ojos un ideal que les in lama de p on o. To-
PS1COLOGLA. DEL NIÑO
263
dos los que se han ocupado del a amien o de
los psicas énicos, saben cuán o pueden in lui en
que desapa ezca una a iga c ónica de la ga e-
cha, una palab a colocada hábilmen e, la des uc-
ción de un p ejuicio, la con ianza en sí mismo
que se de uel e al en e mo.
El p o eso Dubois, de Be na, que ha e i ica-
do in es igaciones e gog á icas sob e los neu as-
énicos, cuen a que algunos de ellos, que se ha-
llaban en un es ado de neu as enia comple a, in-
capaces de hace uso de los b azos, «in e esados
súbi amen e po el expe imen o, encon a on
ue zas desconocidas, y suminis a on una cu a
e gog á ica po encima de la media» (1).
6.
Baja dela ensión psicológica. —
M . Pie-
e Jane , ha explicado po un decaimien o del
ono men al, que llama «baja de la ensión psico-
lógica», la incapacidad en que se encuen an los
psicas énicos y ambién los a igados ano males,
pa a ejecu a las ope aciones men ales supe io-
es. En nues a hipó esis, es a baja co esponde
á la de la po encialidad del depósi o de ene -
gía (2). Nues o esquema iene la en aja de da
(1)
Dubois,
Les psychoné oses,
1904, pág. 146.
(2)
Es a baja de la po encialidad da idea ambién de
los e ec os de la a iga sob e la ideación: baja del alo
de las asociaciones de ideas. Busca los expe imen os
de Ascha enbu g,
Psychol., A b.,
II, 1899 ,sob e las aso-
ciaciones en la a iga, y Clapa éde,
L'associa ion des
idées,
pág. 241.
i
264
DR. E. CLAPARÉDE
cuen a de las dos ca ego ías:que se encuen an
en e los psicas énicos; son unos los e dade os
ago ados, que su en 'pe u baciones- en - la nu i-
ción; los o os son lbs pu amen e ne iosos, con
obsesiones, e c.
•
Es as dos ca ego ías co esponden á las dos
causas posibles de al a de dinamogenización .de
nues as acciones:
L
a
,
as enia
po al a de o -
mación de ene gía
(disminución de ue za nu i-
i a, e c.);
2.
a
,
as enia p oducida
po el cie e de
las espi as de ene gía
( al a de in e és, inhibicio-
nes psíquicas, e c.)
Es as dos o mas pueden, po o a pa e, com-
bina se y asocia se. Los a amien os de base
psíquica ( eposo, sob ealimen ación, e c.), ienen
éxi o, sob e oda en los casos pe enecien es al
p ime géne o; los de base mo al, suges ión, pe -
suasión, en las o mas del segundo géne o. Las
g andes di e encias que se comp ueban en la
e icacia de un mismo modo de ' a amien o, p o-
ienen, sin duda, de que el o igen de la as enia
a ía de un en e mo á o o.
-
Es a hipó esis del depósi o cen al nos da ía
cuen a aún de
s
o os hechos; no menciona emos
más que uno, cuyo examen se á el ema del pá-
a o p óximo: la di e encia en e la a iga y .el
su menage.
Queda aho a po a e igua q
.
ué es la a iga
no mal. Es a comp ende, en ealidad, dos enó-
menos di e en es que hay. que dis ingui bien: la
1
iu
PSICOLOGIA. DEL NIÑO
265
a iga unción
y
la
a iga-es ado (1).
Veamos lo
que ep esen a cada una de ellas e i nues a hi-
pó esis. La a iga, como admi en la mayo ía de los
biólogos, y sob e odo Mlle. lo eyko, es una un-
ción de de ensa. Al abaja , nues o o ganismo
ma cha al ago amien o; es p eciso que, cuando
se ap oxime el momen o en que és e aya á co-
menza , sea ad e ido, sea solici ado á de ene -
se. La a iga iene po unción el de ene á las
ac i idades que a i á p o oca el ago amien o.
Podemos, pues, supone muy undadamen e, que
es a unción de de ención de la a iga es p odu-
cida de un modo e lejo po la baja de la po en-
cialidad en nues o depósi o de ene gía (2). Es a
(1)
Se ía p eciso dis ingui , además, la
a iga-capa-
cidad,
que es un da o ela i o, exp esado po el abajo
cumplido de hecho, y dependiendo á la ez de la esis-
encia al abajo á ejecu a , de la can idad de ene gía
en ese a y de la impo ancia de las causas (in e és,
es imulan es) que ponen á és a en disponibilidad. Pa a
un mismo abajo, y pa a una misma p o isión de ene -
gía, se a iga ía uno más ó menos de p isa (desde el
pun o de is a de la capacidad), según que el abajo
sea enojoso ó in e esan e. Cuando la a iga-capacidad
depende únicamen e del abu imien o, se con unde con
la laxi ud.
(2)
Es a a iga sob e end ía, po o a pa e, mucho
an es de que el depósi o se hallase comple amen e a-
cío; se ía una señal que indica ía solamen e que
co-
mienza
á acia se. Todas nues as unciones de de en-
sa, como sabemos, son an icipadas; es deci , que se
ponen en mo imien o an es de que haya ealmen e pe-
1
, )
266
DR. E. CLAPARÉDE
a iga se ía la
a iga- unción
en su es ado pu o,
al cual no se mezcla aún casi ningún elemen o de
in oxicación. Lo que nos explica cómo puede se
disipada ó dejada á un lado po el in e és, cuan-
do és e es lo bas an e ue e pa a ene en jaque
es e e lejo de de ensa. Si se esis e á las llama-
das de es a p ime a a iga — hablo aquí, especial-
men e, de la a iga in elec ual, — se añade bien
p on o, sin duda, la in oxicación debida á los e-
siduos que p o ienen del uncionamien o de los
ó ganos pues os en juego po el abajo. Es os
esiduos eng asan las uedas de nues a ac i i-
dad; así, pa a hace las ma cha , se hace necesa-
ia una can idad cada ez mayo de ene gía. Los
enómenos poné icos se p ecipi an, o man la bola
de nie e; cuan o más eng asaje hay, más ene gía
es necesa ia, y, po consecuencia, más baja el ni-
el en el depósi o. Es a es la
a iga-es ado.
Es,
sin emba go, p obable que mien as el abajo se
hace á expensas de la ene gía del depósi o, es a
in oxicación sea de poca impo ancia (1). Las
lig o; así el hamb e se p esen a a ios días, y aun a-
ias semanas, an es de que es emos pa a mo i de
inanición; asimismo la a iga, que nos dice al oído que
no podemos más, llega mucho iempo an es de que no
podamos más ealmen e.
(1) La ac i idad no mal esul a del consumo de los
hid a os de ca bono, mien as que el o o supone la
u ilización de los albuminoides. Du an e el cu so de es a
úl ima des ucción química, nume osos esiduos más ó
menos ano males, y en odo caso ela i amen e óxicos.
aun
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
267
oxinas pelig osas no se o man sino cuando,
es ando seco el depósi o, la ene gía debe c ea se
en el momen o, en los cen os que abajan á ex-
pensas de las subs ancias albuminoides. En on-
ces comienza el égimen del
su menage.
§
7.
EL SURMENAGE
Se admi e, gene almen e, que el
su menage
es un es ado c ónico ó pa ológico de a iga, que
se mani ies a po sín omas más ó menos de ini-
dos, é igos, dolo es de cabeza, pe u baciones
de la is a, inape encia, hemo agias nasales,
e cé e a.
Bine y Hen i es iman que no es en es os sín-
omas donde hay que busca la dis inción en e
la a iga o dina ia y el
su menage,
po que pue-
den al a y p esen a se, po el con a io, en pe -
sonas que no padecen
su menage.
Pa a es os
au o es, el ca ác e dis in i o del
su menage
es á
en el modo de epa ación de la a iga: una a i-
ga no mal es la que se epa a ella misma, sin
que se omen p ecauciones especiales; po el
con a io, hab ía
su menage
siemp e que la a i-
ga que se expe imen a exija pa a su epa ación
condiciones excepcionales.
Es a de inición me pa ece muy acep able. Tie-
ne solamen e, desde el pun o de is a p ác ico,
el incon enien e de subo dina el diagnós ico
s
la
la
se
274
DR. E. CLAPARÉDE
No puedo esis i al place de ci a á es e p o-
pósi o el siguien e pasaje de una comunicación
p esen ada po M. Oo y en el p ime Cong eso
de higiene escola :
«Si la p ime a p eocupación de los pedagogos
uese la de acla a la conciencia de los niños, la
de desa olla su azón, la de madu a su juicio
y o i ica su ene gía, se en ende ían pe ec a-
men e con los médicos; po que no pod ían ob-
ene es o con el
su menage
ni con un abajo ex-
cesi o, ni iolando las eglas de la higiene. Pe o
con ecuencia, el solo in que se p oponen es el
de hace ob ene á sus alumnos el p emio de ál-
geb a ó el de la ín, y po éxi os de es e o den es
como suele juzga se el alo de la enseñanza
dada en los liceos y en las escuelas pa icula es.
Po es o es po lo que se sob eca ga de abajo
á los niños, pe o ambién po que, es o bando su
desa ollo ísico, se aba al p opio iempo el de
su olun ad, de su co azón y de su misma in e-
ligencia. Po que no quie o llama educación de
la in eligencia á es a al a p esión insensa a de jó-
enes ce eb os» (1).
No hay pa a qué deci que pueden in lui mu-
chas causas en el
su menage,
ap esu a su ma -
cha, como po ejemplo el c ecimien o que, de i-
ando pa a sus necesidades de momen o las e-
(1) Go y,
Nécessi é du epos,
In o maciones del p i-
me Cong eso de higiene escola . Pa ís, 1903.
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
275
se as de ene gía o gánica, obliga al alumno á a-
baja más de p isa á expensas de su ab icación
local; y odas las causas que p o ienen de la al-
a de higiene, de la inmo ilidad, de la espi a-
ción insu icien e, de odo lo que, en una palab a,
el D . Ma hieu llama jus amen e «el
malmenage
escola ».
Al
malmenage
escola hay que añadi con e-
cuencia el amilia . Hay muchos niños explo a-
dos po sus pad es, que después de clase, cuan-
do la ho a del descanso debe ía sona pa a ellos,
se en obligados á anda po la ciudad, encen-
de el uego pa a la cena, ega el cua o. Pa a
ellos la escuela es el luga de eposo, y no hay
nada de ex año en que en ella es én soñolien-
os. Un maes o que se p eocupe de la salud de
sus discípulos, no debe p eocupa se solamen e
de las causas de a iga que dependen de la es-
cuela, sino que debe ambién ene en cuen a las
ocasiones de
su menage
que han podido encon-
a en su casa, aunque no sea más que pa a no
eñi los injus amen e. La indolencia, la al a de
celo de un alumno, puede depende con ecuen-
cia de causas pa a uno desconocidas. Un maes o
de Wu zbou g que había no ado la ex ao dina-
ia apa ía de sus discípulos, de edad de diez á
doce años, u o la idea de a e igua las condicio-
nes de su sueño, y ió que la mayo ía de ellos
(34 en e 54) do mían con o a pe sona (he ma-
nos, pad es), lo que daba po esul ado u ba su
276
DR. E. CLAPARÉDE
sueño, y muchos de ellos no do mían su icien e
núme o de ho as (1).
8.
EL REPOSO
Cuando se es á a igado, es necesa io desca i-
sa . Sin duda. Pe o e dad an sencilla susci a,
sin emba go, cie os p oblemas. Podemos p e-
gun a nos, en p ime luga ,
en qué momen o con-
iene descansa y cómo.
Hay, pues, una ciencia
del eposo.
Po habe lo igno ado, es po lo que an a
gen e se han eca gado y ago ado de un modo
desp opo cionado pa a la ob a que han lle ado
á cabo.
1
¿Cuándo debe descansa se? —
Puede ha-
ce se cuando se p esen a la a iga, 6 an es de
que lo haga. Examinemos an es la p ime a de
es as ci cuns ancias.
Todos nos damos cuen a su icien e del mo-
men o en que la a iga comienza á in adi nos,
pe o se come e con ecuencia la equi ocación
de que e o za se á pesa de ello; el abajo in-
elec ual p oducido en es as condiciones de na-
cien e a iga, es gene almen e in e io . Vale más,
cuando se e que « aquello no ma cha», aban-
(1) F ied ich
Uebe die Schla e hül nisse meine
Sclzüle Kinde ehle ,
IV.
PSICOLOGIA DEL NIÑO
277
dona el abajo y ol e á él pasado algún
iempo (1).
Es impo an e pa a el maes o el pode diag-
nos ica desde ue a los
signos de
a iga
de su
audi o io. Es os signos
cuya lis a ha hecho
Gal on en medio de una in o mación di igida á
p o eso es —, de los cuales la mayo ía son muy
conocidos de odos, consis en en agi aciones,
con acciones, ges os, bos ezos, ina ención, equi-
ocaciones, pe u baciones de la memo ia ó la
palab a, a amudeos, e c. Algunos maes os han
mencionado la modi icación del colo no mal de
la piel, ó la al e ación de la mi ada (2).
(1)
Da win es un ilus e ejemplo de la suma de
abajo que puede suminis a un homb e de poca sa-
lud, que no puede abaja más que unas ho as al día,
pe o que sabía descansa , en cuan o se sen ía ago ado,
(
y
.
Vie e Co espondance,
de Da win, y Mosso, op. ci-
ada, pág. 163). Es imposible, po o a pa e, el o mu-
la , en ma e il de abajo, eglas gene ales. Algunos
pa ece que no pueden abaja sin sen i en seguida al-
guna a iga; o os, po el con a io, se sien en siemp e
en disposición de abaja . Compá ense, como ejemplos
de es os dos ipos, las con es aciones siguien es, su-
minis adas po dos jó enes ma emá icos, casi de la
misma edad, á nues a ci ada in o mación: «Sí, hay que
di idi el abajo; el abajo de ma emá icas con inuo
es de una g an a iga pa a el espí i u y pa a el cue po»,
y, sin emba go, «Me pa ece que las ma emá icas no a-
,
igan».
(2)
Gal on,
La a igue men ale, Re
y
. scien.,
omo XVII,
año 1889.
278
DR. E. CLAPARIDE
En e los signos de a iga escola hay que in-
dica aún
el juego
du an e la clase, que es un
ac o condenado con demasiada se e idad po la
disciplina adicional. La isiología nos enseña
que la suspensión de la ce eb ación supe io
iene po co ela i o un aumen o en la ac i idad
de los cen os in e io es e lejos y au omá icos.
El juego de los escola es a igados no es sino
un caso pa icula de es a ley gene al. Desde que
sob e iene la a iga men al, los ac os ins in i os,
los impulsos—y la necesidad de juga es, según
hemos is o, el impulso po excelencia del niño,
—se sob eponen. No debe deduci se de es o, na-
u almen e, que deba deja se el campo lib e á la
endencia que ienen los niños de juga du an e
la clase; pe o el maes o debe pensa siemp e
que el juego igu a en e los sín omas de la a i-
ga escola (1).
Cuando apa ecen los signos de la a iga se
hace p eciso el descanso. Pe o podemos p egun-
a nos si desde el pun o de is a de la can idad
de abajo po hace no se ía en ajoso el des-
cansa an es de que se p esen e la a iga. La ex-
pe iencia demues a que sí.
Los psicólogos han comp obado que si se im-
pide á un músculo alcanza cie o g ado de ago-
amien o, dejándole descansa de cuando en
(1) Boubie ,
Les jeux pendan la classe. A ch. de psi-
chol.,
1, páginas 64-66.
4
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
279
cuando, se consigue que en un iempo dado e-
i ique un núme o mucho mayo de con accio-
nes que si abajase sin cesa . En es e caso los
ins an es consag ados al eposo no son iempo
pe dido, sino ganado; se ago a, po ejemplo, un
músculo haciéndole e i ica ein a con accio-
nes: son necesa ias dos ho as de eposo pa a
es ablece le comple amen e; pe o si se in e -
cala el eposo en e el abajo, es deci , cada
quince con acciones, se á su icien e sólo media
ho a en luga de una pa a epa a la a iga p o-
ducida. Y el abajo p oducido en es e segundo
caso se á supe io á lo que e a en el p ime ex-
pe imen o.
O o p oblema es el de la du ación del epo-
so. ¿Du an e cuán o iempo debe descansa se
pa a que desapa ezcan los e ec os de la a iga
p oducida po el abajo?
Es os dos p oblemas, el del momen o y el
de la du ación del descanso, son conexos y
de-
pendien es
uno de o o, po que según sea la
du ación del eposo concedido se á en ajoso
el coloca lo en un momen o de e minado. Y se-
gún el momen o en el cual deba co a se el a-
bajo, se á en ajoso hace una pausa de un
iempo dado.
Se han hecho muchos abajos desde hace
doce años sob e el p oblema del momen o y la
du ación de la pausa pa a ob ene el máximum
de abajo en un iempo dado. Todos ellos han
280
DR. E. CLAPAR1DE
sido e i icados en Ios labo a o ios, y puede e-
p ochá seles el no habe ealizado las condicio-
nes del abajo escola . Han enido la en aja,
sin emba go, de pone muy en cla o cie os he-
chos. Cuando un indi iduo ealiza un abajo, in-
luyen a ios ac o es sob e la can idad y la a-
pidez con que lo hace. Apa e de la a iga, que
iende á hace lo disminui , hay o os ac o es que,
po el con a io, ienden á aumen a lo, que son
la
aleg ía y
el
eje cicio.
Es os ac o es son ca-
paces has a de con abalancea comple amen e
la a iga du an e cie o iempo. Aho a, un epo-
so in empes i o es dañino, an o á la aleg ía
como al eje cicio.
Se comp ende, pues, que un descanso, inien-
do demasiado p on o, poco después de comen-
za el abajo, sea noci o más bien que ú il, pues o
que da como esul ado el hace decae el ánimo
é impedi al suje o saca p o echo del eje cicio
hecho en un pe íodo en que la a iga es aún in-
signi ican e.
Se ha comp obado, po ejemplo, que en un
abajo de suma, una pausa de cinco minu os des-
pués de media ho a de abajo no da esul ado
a o able ninguno: es lo bas an e la go pa a ha-
ce decae el ánimo pa a el abajo y. disipa los
buenos e ec os del eje cicio adqui ido, y dema-
siado co o pa a epa a comple amen e la a-
iga. Po el con a io, una pausa de quince minu-
os después de una ho a de adiciones, ha sido
•
a
PSICOLOGÍA. DEL NIÑO
281
muy a o able, e c. Es o, po
o a pa e,
cambia
mucho según los indi iduos (1).
Se imponen nue as in es igaciones, y es de es-
pe a que se llega á á esul ados bas an e p eci-
sos pa a pode ija la du ación de los ec eos y
coloca los con a eglo á p incipios acionales;
asi end án el mayo alo epa ado posible (2).
2.
¿Cómo debe descansa se? --En
gene al,
el o ganismo puede muy bien p ese a se él
mismo del ago amien o, pues posee cie o núme-
o de ál ulas de segu idad que se ab en po
impulso p opio cuando es á amenazado. Es as
ál ulas son la ina ención, el disgus o del aba-
jo comenzado y el deseo de descansa , de do -
mi ó de juga . La impo ancia de es os medios
(l)-
Ve los abajos de Ambe g, Ri e s y K ápe-
lin, Lindley, Heumann, en los
Psychol., A bei en,
I, IV,
(2) La cues ión de sabe de qué ex ensión debe se
una lección pa a que los alumnos no se a iguen, y có-
mo deben epa i se en el día, ha dado luga á muchos
abajos. Los pa ece es son muy di e sos. Mien as
que la mayo ía de las in es igaciones hechas en las es-
cuelas con a ios p ocedimien os de medida, dic ados,
es esióme o, e c., han demos ado que los escola es
es aban a igados después de una ho a de clase (Si-
ko sky, Bu ge s ein, Lase , Holmes, e c.). Tho ndike
a i ma (op. ci ., pág. 547) que los alumnos «son igual-
men e capaces» pa a el abajo después, que an es de
un día de escuela; que el abajo ealizado po ellos al
e mina el día «no ha dec ecido un ápice»; que no es
la capacidad
(abili y)
la que es meno , sino la buena
olun ad
(willingness).
Según Tho ndike, más bien en-
282
DR. E. CLAPARÉDE
de de ensa del o ganismo es con ecuencia des-
conocida po los maes os. La an igua Pedago-
gía, que ce aba los ojos á las condiciones isio-
lógicas de la ac i idad men al, pa a no a ende
más que los debe es del alma conside ada en sí
misma, e a muy se e a pa a la desa ención y la
Pe eza. Hay, sin emba go, que endi se á la e i-
dencia de que en muchos casos es as al as de
«disciplina» no son o a cosa sino eacciones de
de ensa del o ganismo con a la a iga que le
in ade.
Pe o es os medios espon áneos, aun siendo
de los más e icaces, ienen el de ec o, sin emba -
go, de no es a admi idos o icialmen e.
Se iende con ecuencia en las escuelas á p e-
se a á los alumnos de la a iga po el
cambio
a ía en juego la laxi ud que la a iga. Po o a pa e,
se discu e sob e la en aja de las clases de dos ho as
ó de las de una (Ch. Ma cheix,
Du ée du a ail e du
epos des écolie s,
p ime Cong eso de higiene esco-
la , Pa ís, 1904. De Fleu y,
'bid.;
Ma hieu y Mosny,
Re ision de l'ho ai e du a ail e du epos;
segundo
Cong eso, Pa ís, 1905). En F ancia las clases de dos
ho as es án de moda. Ma cheix pide que se eduzcan á
una ho a. ¡Es demasiado la go! Hay, po o a pa e, que
dis ingui : cuando el discípulo abaja discu iendo po
su cuen a, haciendo, po ejemplo, p oblemas de ma e-
má icas, es en ajoso que enga mucho iempo an e sí
pa a pode se ap o echa del en enamien o. Pe o si la
lección consis e en escucha pasi amen e, cincuen a
minu os me pa ecen un máximum del que no debe pa.
sa se.
PSICOLOGIA DEL NIÑO
283
de abajo.
Ya hemos ela ado que de los expe-
imen os de los psicólogos se deduce que el
cambio de ac i idad no disipa la a iga. Me pa-
ece, sin emba go, muy di ícil el que e impone
de un modo absolu o es a conclusión á la p ác-
ica de la enseñanza. La a iga, como hemos is-
o ambién, es un enómeno in ini amen e com-
plejo y en el cual el in e és juega un papel de
g an impo ancia. Va iando el abajo, puede e-
no a se el in e és del niño y ab i así o a ez
las espi as de ene gía que la laxi ud pa a el p e-
ceden e eje cicio haya ce ado. Con una hábil
a iedad en el p og ama dia io, pod á conse-
gui se que odo el abajo sea gobe nado po la
ese a de ene gía, é impedi así el égimen de
su menage.
Bien en endido que el cambio de
abajo no bas a
ipso ac o
pa a descansa ; no
p oduce es e e ec o — insis amos sob e es e pun-
o— más que cuando á un abajo penoso suce-
de uno más ácil é in e esan e. Se debe á am-
bién cuida el no co a con una in e upción in-
empes i a el en usiasmo de los jó enes abaja-
do es. Lo que acabamos de deci con espec o
de las pausas, se aplica ambién al cambio de
abajo.
Pe o, segu amen e, el único medio de descan-
sa cuya e icacia no sea discu ible, es el de no
hace nada. Medio muy sencillo que ha cos ado,
sin emba go, muchos siglos el descub i . ¿No es
de aye solamen e de cuando da a el p ocedi-
290
DR. E. CLAPAR1DE
1905. Abelson,
Men al a igue, Ibid.,
IV, 1908.
Bono , Noikow,
Ibid.,
IV, 1908. Se encon a á
una bibliog a ía muy comple a en la esis de
Baade, an es ci ada.
Sob e !a
e gog a ía:
La guie des
Bancels,
Re-
ue
des de nie s a aux su la echnique de
l'e gog aphie. Ann. psych.,
VII, 1902.
Medida de la a iga en los
niños ano males:
Helle ,
E müdungsmessungen an schwachsinni-
gen Schulkinde n,
Viena,
Med. P esse,
1899. Ley,
L'a ié a ion men ale.
B uselas, 1904.
Di e sos p ocedimien os: También se ha me-
dido la a iga po el medio de los
iempos de
eacción:
Sc ip u e, Moo e,
S ud. . he Yale La-
ho a .,
III-IV, e c. McDougall,
On a new me-
lhod
o
he s udy
o
men al a igue, B i .
Jou n.
,
o
Psychol.,
I, 1905 (el suje o debe ma ca con
in a los pun os ojos imp esos en un cilind o
que da uel as). Wimms,
A simple me hod o
es ima ing a iguabili y,
, B i . Jou n. o Psychol. II,
1907, pág. 193.
Compa ación de los di e sos p ocedimien os:
Oine ,
P ü ung de Me hoden zu Mes sung geis-
lige E müdung Diss.
Zu ich, 1899 (según es e
au o , la mejo medida de la a iga es el iempo
que se in ie e en ejecu a un abajo; echaza
el mé odo es esiomé ico). La guie des Ban-
cels,
Compa aison
des djé en es mé hodes de
mesu e de la a igue in ellec uelle. Ann. psy-
chol.,
V, 1899. Baade, op. ci .
PSICOLOGÍA DEL NIÑO
291
C í ica de los di e sos p ocedimien os
(sob e
odo del es esiomé ico); Leuba, Ge man,
Psy-
chol. Re .,
1899. Tho ndike,
Ibid.,
1900. Ri e ,
op. ci .; K ápelin,
Uebe E mudüngsmessungen,
A ch., . ges. Pschol.,
1, 1903. Chabo ,
Les nou-
elles ech. es hésiome ., Re . pedag.,
1905. Ma-
lape ,
Les ech. exp. su la mesu e de la a igue
e les conclusions pedagogiques qu'on en peu
i e , Bull. Soc. psychol. de l'en an ,
1905 (el
au o obse a, en p ime é mino, que el es esió-
me o, más bien que medi la a iga, lo que hace
es
e ela la;
y, además, que la mayo ó meno
pe cepción de las dos pun as del compás, puede
depende de causas ajenas á la a iga, como lo
ha comp obado Bine ). Mlle. Mo choulsky (Te-
sis de Be na) 1900, ha hecho no a a iaciones
de la sensibilidad cu ánea bajo el in lujo de la
empe a u a, de la salud, e c.
Sob e la
dinamogenia:
Fé é,
Sensa ion e mou-
emen ,
Pa ís, 1887, y
T a ail e plaisi ,
Pa ís,
1904. Es con enien e menciona aquí el suges i-
o discu so de W. James sob e
Les éne gies de
l'homme
(p onunciado en Dic., 1906, y adu-
cido al ancés po la
Re . de ilos.,
X, 1907):
James opina que cada homb e posee eso os de
ene gía, «depósi os de ene gía», pe o que no se
si e de ellos, po que no sabe sepa a los obs-
áculos que le impiden llega á ellos. Es e con-
cep o de James pa ece habe eje cido cie o in-
lujo sob e dos ecien es abajos consag ados al
292
DR. E. CLAPARÉDE
p oblema de la a iga: el de McDougall,
Fa i-
gue comm.
en la
B i ish Assoc.,
Dublin, 1908, y
el de Bu nham,
The p oblem o a igue, Ann. o
Psych.,
Julio, 1908. McDougall admi e que el o -
ganismo, conside ado en su conjun o, cons i uye
un «g an depósi o de ene gía lib e», y demues a
que es e modo de pensa acla a el p oblema de
la a iga. He enido un e dade o place al en-
con a en es e au o pun os de is a análogos
á los expues os po mí en el capí ulo p eceden e,
y
que había yo adop ado an es de conoce su
abajo; en una no a bibliog á ica publicada en
los
A ch. de psychol.,
V, pág. 56, ya hacía yo
alusión á la exis encia de un depósi o de ene -
gía, del que depende ían la dinamogenización de
las eacciones adap adas.
In lujo de la a iga
sob e los p ocesos isioló-
gicos
(p esión sanguínea, empe a u a, e c.). Nu-
me osos abajos esumidos en Bine y Hen i, y
en °ley,
É udes de psychologie.
Pa ís, 1903. Bus-
ca ambién La guie , op. ci .
Al e aciones his ológicas:
Las células ne io-
sas su en cie as al e aciones bajo el in lujo del
ago amien o, que han sido es udiadas po Hod-
ge,
Ann. Jou n. o Psychol.,
1888-1892; S e-
anowska, Cong eso de Psicología, 1900,
A ch.
des hys. e na .,
1897 - 1901; Pugna ,
Jou n.
de psychol.,
1901; Demoo ,
A ch. de Biol.,
1896,
e cé e a. Ve la bibliog a ía en Io eyko.
Sob e
el su menage:
Ma hieu,
La ques ion du
PSICOLOGIA DEL NIÑO
293
su menage scolai e, A ch. in . d'hyg. escol.,
IV;
Schuy en,
Qu'es -ce que le su menage? Rey.
psych.,
1908. Imbe :
Le su menage p o ession-
nel, Ann. psychol.,
XIV, 1908.
Sob e la
a iga pa ológica:
Re illiod:
La a i-
gue, Bull. Soc. méd. de la Suisse oman.
de 1880
(en es e no able abajo, el au o expone la sin o-
ma ología de la a iga-en e medad, á la cual da
el nomb e de
ponose.
Busca , en in, las di e sas
é innume ables ob as sob e la neu as enia. Ci e-
mos solamen e á Jane ,
Les obsessions e la psy-
chas hénie.
Pa ís, 1903; Ha enbe g,
Psychologie
des neu as héniques.
Pa ís, 1908.
Han sido omadas dis in as cu as de a iga en
di e sos es ados pa ológicos po O oss,
Psychol.
A b.,
II; Balle
y
Philippe.
Re
y
. neu ol.,
1903;
Spech ,
A ch. . Psychol., III,
1904; B eukink,
pum.
. Psychol.,
1V, 1904.
Los lec o es anceses encon a án en la co-
lección de
l'Année psychol.
análisis ó esúmenes
de muchos abajos aquí mencionados.
1
0
,4
MA
Z _
Nomb es ci ados
Abelson, 290.
Ambe g, 281.
Amen , 50, 57.
Ascha enbu g, 263.
Baade, 225, 290.
Bain, 122.
Baldwin, 7, 22, 46, 208.
Balle , 293.
Ba nes, 22, 46, 167.
Be nha d, 286, 287.
Bé odez, 47.
Bine , 22, 47, 58, 68, 75, 94,
95,106, 183, 205, 218,219,
222, 255, 267, 288, 289,
291, 292.
Blanco, 24.
Blazek, 230, 251, 288.
Blum, 57
Bol on, 96.
Boncou , 49, 106.
)3ono , 290.
Boubie , 55, 194, 195, 278.
Bou don, 96.
B ahn, 49.
B eukink, 293.
B idou, 206.
B une ié e, 153..
B un on, 50, 240..
Buisson, 47.
Bu ge s ein, 214, 281, 288.
Bu k, 186, 204.
Bu nham, 292.
Buzene , 289.
Ca , 113, 115, 116, 117,
205, 206.
Chabo , 291.
Chambe lain, 22.
Chapneys, 22.
Cha co , 78.
Ch isman, 7, 9, 10, 13, 22.
Cheo go , 53.
Clapa éde, 7, 9, 14, 27, 80,
174, 203, 235, 263, 284.
Cla ié e, 221.
296
DR. E. CLAPARÉDE
Colozza, 22, 205.
Combe, 54, 204.
Comenio, 18.
Compay é, 22, 47, 119, 208,
209.
Con adi, 166.
Cousine , 124, 201, 202.
C amaussel, 209.
C eda o, 52.
C oswell, 188.
Da ah, 167.
Da win, 12, 22, 45, 208, 277.
Dau ille, 9.
Dec oly, 51, 175.
Degand, 175.
Demoo , 51, 292.
Desca es, 18.
Dewey, 46, 206.
Dine , 58, 106.
Dolé is, 234.
D ummond, 21, 22.
Dubois, 263.
Dup a , 75.
Ebbinghaus, 50, 215.
Eddy, 180.
Egge , 45, 208.
Ellis, 188.
Engelspe ge , 102.
Engle, 207.
Espinas, 208.
Fechne , 11.
Feh , 235.
-
Fénelon, 152:
Fé é, 291.
Fe a i, 52.
Fe e i, 52.
Fe iani, 22.
Fe ié e, 58.
Fleu y, de, 58, 282.
Flou noy, 28, 235.
Fou nie , 206.
F ancillon, 209.
F ied ich, 167, 213, 276,
286, 288.
F bbel, 18.
Gal on, 64, 277.
Ga bini, 22.
Ga mo, de, 206.
Geige , 21.
Genzme , 21.
Ge man, 291.
Gheo gow, 209.
Gilbe , 96, 98, 100, 205,
224, 227, 228.
Gine , 290.
Gine de los Ríos, 25.
Gi a d, 206.
Gi oud, 205.
Gley, 292.
Godda d., 167.
Godin, 204.
Go y, 274.
G asse , 161.
G iesbach, 50, 217, 218,
288, 289.
.G oos, 50, 110, 112, 115,
120, 121, 127, 131, 134,
152, 205, 2Ó6, 293.
1
'
PSICOLOGIA
DEL NIÑO
297,
Guex, 54.
Guidi, 96, 97, 99.
Il eckel, 108.
Hall, 22, 37, 45, 46, 86, 109,
110, 116, 117, 182, 184,
187, 188, 209.
Ha enbe g, 293.
Hegel, 12.
Helle , 290.
Helmhol z, 11.
Hen i, 22,
245, 255, 267,
288, 292.
Heuman, 281.
He ba , 19, 152, 206.
Heymans, 69.
Hildeb and , 206.
Hi n, 136.
Hodge, 292.
Hcesch, 205.
Holmes, 281, 288.
Hóp ne , 288.
Ho wicz, 18.
Hoyos, 24.
Hua e, 16.
Hu chinson, 185, 186.
Imbe , 293.
Io eyko, 22, 51, 240, 265,
288, 292.
I ano , 55, 194.
James, 22, 35, 152, 206, 207,
291.
Jane , 263, 293.
Jaques-Dalc oze, 206.
Johannessen, 50.
Jonckhee é, 51, 174.
Dones, E, 238, 239.
Kelle , 179, 209.
Kemsies, 49, 50, 230, 231,
244.
Key, Axel, 209.
Key, Elena, 58.
King, 196, 208.
Koch, 22, 49.
K ápelin, 50, 68, 211, 214,
230, 236, 241, 260, 281,
288, 291.
K üge , 67, 69.
Kusmaul, 21.
Lacombe, 58, 181.
Laisan , 58, 152.
Lama ck, 12.
La guie , 290, 292.
Lase , 281, 288.
La isse, 48.
Lay, 49, 50.
Le Bon, 58.
Lehmann, 80, 233, 244.
Lemai e, 55, 120.
Le ulle, 106.
Leuba, 291.
Ley, 51.
Lie z, 56.
Lindley, 281.
Li é, 248.
Lolisien, 50, 96, 167, 205.
Lomb oso, 22, 51, 208.
Lo i, 209.
298
DR. E. CLAPAREDE
Lo ze, 12.
Luque , 207.
Machado, 25.
Malape , 75, 255, 256,
291.
Malling-Hansen, 93, 204.
Manou ie , 205.
Mann, 19.
Ma chand, 58.
Ma cheix, 282.
Ma o, 22, 51, 196, 209.
Ma hieu, 50, 106, 275, 282,
293.
McDougall, 290, 292.
Me can e, 53.
Mé al, 55.
Meumann, 50.
Moo e, 209, 290.
Mosny, 282.
Mosso, 51, 222, 229, 237,
248, 253, 255, 277, 287.
Mo choulsky, 291.
Mo o a, 53.
Muns e be g, 14, 38, 238.
Nagy, 170.
Na a o, 10, 21.
Necke de Saussu e, 207.
Ne schaje , 52, 96.
Neumann,49.
Noikow, 290.
Oeh n, 68.
Os e mann, 206.
O olenghi, 22.
Pa idge, 166.
Pea son, 68.
Pede sen, 233, 244.
Pé ez, 22, 45, 47, 120, 207.
Pe ei a, 26.
Pe sigou , 7.
Pes alozzi, 18, 152.
Philippe, 49, 106, 223, 293.
Pié on, 8.
Pizzoli, 22, 52.
Pohlmann, 96, 98.
Pollock, 22, 45, 208.
P eye , 16, 21, 26, 45, 208.
P oal, 199.
P obs , 114.
Pugna , 292.
Que ele , 204.
Quey a 47, 205.
Ranschbu g, 52.
Ra ich, 18.
Ra enhill, 287.
Renan, 174.
Re illiod, 293.
Ribo ,
78, 119, 182.
Ri'cci, 52.
Rigaul , 117.
Ri e , 288, 291.
Ri e s, 281.
Romanes, 22.
Róme , 285.
Rosmini, 19.
Rouma, 51, 206.
Rousseau, J.-J., 16, 19, 152.
Roux, 106.
PSICOLOGIA DEL NIÑO
299
Sakaki, 242, 288.
Sanc is, de, 52.
San o d, 86.
Sánz del Río, 25.
Schille , F., 108.
Schille , H., 49.
Schmid-Monna d,102,204.
Schnyde , 241.
Schul ze, 21, 236.
Schuy en, 51, 95, 96, 214,
218, 225, 226, 228, 232,
288, 293.
Sc ip u e, 290.
Sée, 69.
Sene , 53.
Se gi, 22.
Shinn, 22, 209.
Sigismund, 21, 169, 207.
Siko sky, 52, 208, 213, 281,
288.
Sima o, 11, 23.
Simon, 22, 48, 106.
Si edey, 209.
Smi h, 182, 241.
Sou iau, 113.
Spea man, 67, 69.
Spech , 293.
Spence , 12, 18, 32, 108,
152.
S a buck, 198.
S e anowska, 292.
S e n, 50, 68, 96, 97, 166,
179, 193, 208.
S ump , 49, 81, 168, 169.
Sully, 46, 119, 178, 208.
Swi , 219.
Taine, 45, 47, 208.
Teissie , 106.
Tho ndike, 67, 69, 248, 269,
281.
Tiedemann, 21, 45.
Tissié, 232, 288.
Toulouse, 81.
T acy, 16, 22, 208.
T e es, 223.
T üpe , 22, 49.
Tschumi, 154.
Tylo , 22.
U e , 22, 49.
Vaney, 48.
Vannod, 54, 217, 218, 288,
289.
Va endonck, 167, 186, 189,
190, 191, 201,
Va igny, 204.
Vaschide, 68, 81, 222.
Ve wo n, 252, 253.
Vidal, 27.
Vie o d , 204.
Villeneu e, 153.
Vi es, 16.
Vog , Ca l, 123, 124.
Wagne , 218, 242, 269, 288.
Wa ne , 22, 46, 204.
Webe , 11.
Weicha d , 254.
Wells, 224, 225.
Weygand , 236, 237, 285.
Wiene , 204.