JUNTA PARA AMPLIACIÓN DE ESTUDIOS É INVESTIGACIONES CIENTIFICAS
Anales: Tomo IX.
Memo ia
BANDOLERISMO
Y
DELINCUENCIA SUBVERSIVA
EN LA
BAJA ANDALUCÍA
POR
CONSTANCIO BERNALDO DE QUIRÓS Y PÉREZ
Auxilia del Ins i u o de Re o mas Sociales.
e
Memo ia que
p esen a
á la
jun a pa a ampliación de
es udios é in es igaciones cien í icas,
Cons ancio Be -
naldo de
0127
.
1V58
y Pé ez pensionado po ella pa a es u-
dios c iminológicos en la Baja ..Bndalucía.
INTRODUCCIÓN
De odas las egiones españolas, ninguna mejo de inida po
lími es na u ales que Andalucía. Un g an alle, sua emen e in-
clinado en e dos sis emas de mon añas—la Bé ica y la Penibé i-
ca, aunque aquélla sea, más bien, el bo de de la mese a cas ella-
na , se ab e con oda ampli ud al A lán ico, desen ol iéndose
el ío el Be is, el Guadalqui i , el «g an ío», que es o es lo que
signi ica su nomb e mo o—con una egula idad pe ec a, en sen-
ido pa alelo al li o al medi e áneo,
y
man eniéndose siemp e
po ambos lados la di iso ia de los mon es á una al i ud casi
igual del ondo de la llanu a. El alle del Eb o, que—según ob-
se a Reclus (i) enel ángulo opues o, NE., del espeso macizo
ibé ico, pa ece semejá sele, gua dando con él cie a sime ía, sólo
puede compa á sele impe ec amen e, á causa, sob e odo, de la
obs ucción inal que ponen á la co ien e las mon añas cos e as.
Más adelan ado en su his o ia geológica que ningún o o de los
g andes íos hispánicos, el Guadalqui i desen uel e la elegan e
pa ábola de su descenso, desde la sie a de Cazo la has a el A -
lán ico, oscilando en g andes meand os en la ampli ud de la
llanu a.
Así, es a ie a que, endida an e nues os pies, imos una
ien e mañana de Ab il, en la mejo de sus pe spec i as pano á-
micas, desde el magní ico mi ade o que en Sie a Mo ena lle a
el hipe bólico nomb e andaluz de
balcón del mundo,
me ece ía,
(1) Nou elle ge'og a izie uni e selle: Espagne.
6
C.
B. DE QUIRÓS Y PÉREZ
mejo que el de Andalucía, los iejos nomb es de Bé ica ó de
Ta esia, de i ados de los que an año u o el g an ío, si es e que
le damos hoy no hubie a adqui ido en el cu so de los siglos an o
sen ido que sugie e en noso os la ep esen ación de un ipo
de ci ilización ¿de inci ilización mejo dicho?—sensual y g acio-
samen e abandonado en un ambien e semi opical, casi a icano.
En la baja llanu a, más p óximo de nues o pun o de is a que
de las sie as azulean es en el ex emo ho izon e, el ío elucía
en la oli í e a ega, amplio, colmado po las llu ias p ima e ales,
más anquilo y amable, dispues o á oi benignamen e, en Có -
doba como en Se illa, la imp ecación de D. Juan de A guijo,
adulado a con oda ingenuidad admi a i a, el clásico sone o eco-
gido en odas las an ologías de la lí ica de la lengua:
Tú, á quien o ece el apa ado Polo,
has a donde u nomb e se dila a,
p eciosos dones de lucien e pla a
que in idia el ico Tajo
-
y el Pac olo...
Pe o si geog á icamen e Andalucía cons i uye una sola unidad,
la unidad indes uc ible— e dade a indi idualidad—que o ma
el plegamien o mon añoso con el alle, en un sen ido más ele ado
que és e, pu amen e mo ológico, es o es, desde el pun o de is a
biológico, p ecisa admi i un desdoblamien o y conside a dis in-
as la mon aña y el llano, la al a y la baja Andalucía, sin pe jui-
cio, acaso, de alguna subdis inción nue a en la p ime a. No así
po lo que se e ie e á la o a, en e amen e de una pieza. La
Andalucía oceánica, la Bé ica, la Ta esia, cons i uye una indi-
idualidad his ó ico-na u al pe ec a. Puede e se en es e sen ido
el es udio del na u alis a español Gila, de la Uni e sidad hispa-
lense (1).
Noso os nos p oponemos es udia las eacciones delincuen es
ac uales de es a indi idualidad biológica, en dos de sus mani es-
aciones más señaladas: el bandole ismo y la delincuencia sub-
(i) Discu so inaugu al del cu so 1910-1911.
BANDOLERISMO
Y
DELINCUENCIA SUBVERSIVA
EN
ANDALUCÍA
7
e si a. Dos enómenos de eacción des iada con a las exci acio-
nes sociales, que alguna ez se «i ía que han enido anas omosis,
como en el caso p e é i o de los He manos de la sie a co dobesa
de la Cab illa, que o naban de los caminan es la jus a mi ad de
los bienes que les hallaban, mien as con la gos ,discu sos les
pe suadían de la bondad de su sis ema e o mis a... si po en u a
no se mezcla a en ello un esiduo, no le e, de andaluza i onía (I),
(I)
C . Zugas i:
El Bandole ismo,
que se apoya, á su ez, en un ex o
de F ancisco de Luque Faja do, en su
Piel desengaño con a la ociosidad y
-.1os icios.
PARTE PRIMERA
EL BANDOLERISMO
La ep esión Zugas i.
A mediados de 1870 se hizo sen i en Andalucía la ené gica
ep esión del bandole ismo que debe lle a el nomb e de su o -
ganizado , D. Julián Zugas i. Do ado de pode es excepcionales,
como Gobe nado de Có doba, en iado po Mo e y po Ri e o,
luchó como un Hé cules mode no con la hid a de las cien cabe-
zas; y las cien las co ó... y algunas más, pues o que pa ece que
excede lige amen e de un cen ena el núme o de los bandidos
a oces que caye on sob e el campo andaluz, he idos de una
mue e, más que jus icie a, engado a (I). Zugas i eanimó, ade-
más, el espí i u público, decaído. O ganizó soma enes, la ue e
ins i ución ca alana que desconocía y que ol idó, al pun o, An-
dalucía. Y una <Asociación de lab ado es y hacendados de se-
gu o mu uo con a los daños de los malhecho es», ideada po él,
pa ece que su ió e ec os de ensi os de p o echo... aunque sólo
de nomb e exis ía en ealidad, como un maniquí que simula un
homb e en un semb ado y aleja las a es codiciosas.
El campo quedó lib e y segu o, descas adas las especies apa-
ces más pelig osas de la auna c iminal: los osados sal eado es,
(i) Guicho , en su
His o ia de Andalucía,
omo m, cap. xn, educe la
ci a, haciéndola oscila en e no en a y cien o. Noso os nos a enemos al
es imonio de una dis inguida pe sonalidad se illana, que muchas eces
oyó á
D.
An onio Machado, amigo y has a colabo ado de Zugas i, ija en
cien o es ó cien o cinco el núme o de los acine osos mue os.
C. B. DE QUIRÓS Y PÉREZ
los secues ado es, más emibles oda ía, que, con la insidia de
sus p ocedimien os, añadían á su ob a la complicidad de sus p o-
pias íc imas, ligadas con el silencio pa a siemp e en ga an ía de
una ida es imada.
El miedo inhibi o io alcanzó á las especies dañinas meno es,
ales cuales los cua e os ó abigeos, lad ones de ganado, an nu-
me osos allí; y como los lad ones u i os de u os campes es,
de na anjas, de acei unas, de bello as, que llaman
alga ines
en
ie a de Có doba, bello nomb e que ilus a, con su e imología de
«
a
lga », cue a ó ca e na, el ipo de pálido c iminal, á lo Fede i-
co Nie zsche, iluminado po una luz sub e ánea, con onos azu-
lados de que ca ece la del día (1).
El alga ín, ímido y as u o, es el único lad ón mon és español,
que sepamos, á quien ha p eocupado el deseo de hace se impe -
cep ible, obsesión en o as ie as de odas ó casi odas las espe-
cies u i as, pa a sa is ace la cual c eó la supe s ición an os
p ocedimien os absu dos (2). Conocemos el caso de una muje
hallada desnuda á media noche en e la onda de un na anjo en
los p edios ce canos á Có doba la Vieja (Medina Azaha a), con-
encida de que así los pe os sien en un ex año emo á las pe -
sonas. La is e alga ina ma chó con la 'lección ec i icada y las
ca nes dolo idas po un cas igo abusi o.
Y du an e odo un lus o, la c iminalidad de los campos pa e-
ció ex i pada en Andalucía.
Renacimien o y ans o mación del bandole ismo.
Has a que se o mó o a gene ación, sob e la cual, sumida en-
onces en los limbos de la p ime a in ancia, no había podido
(i) C .
El
pálido
c iminal,
en
Así hablaba Za a us a;
y
El c iminal y
sus andlogos,
en el
C eplisculo de los ídolos.
(2) C . los bellos es udios de Hellwig, sob e las
su
pe s iciones de los
c iminales.
BANDOLERISMO Y DELINCUENCIA SUBVERSIVA EN ANDALUCÍA
I I
in lui di ec amen e el e ible esca mien o de es a ep esión me-
mo able.
Acá y allá ol ie on á p esen a se nue os episodios de bando-
le ismo, á lo la go del alle bajo del Guadalqui i , donde se ha
localizado siemp e úl imamen e el enómeno. Las sie as han des-
empeñado sólo una unción de ensi a en la uga y en las pe se-
cuciones, es as sie as andaluzas de las cuales algunas, como
Sie a Mo ena, ienen an an iquísima adición bandole a, que
algunos e ie en á ella has a su p opio nomb e. Así, el e udi o
Ramí ez y Las Casas-Deza, esc ibe: «Viene el nomb e de Mon es
Ma ianos á es a co dille a, que po co upción ha degene ado en
el de Sie a Mo ena, del P e o Cayo Ma io, que sabiendo que
po ellos agaban muchos bandole os lusi anos, con algunas o-
pas de cel íbe os log ó ex e mina los» (1). No, segu amen e, es a
in e p e ación. «Sie a Mo ena» es un nomb e pe ec amen e cla o
y exp esi o, que iene á odos los labios an e aquel somb ío
macizo, má moles neg os cubie os de ege aciones opacas. Y
nos gus ó oi es a misma obse ación al disc e ísimo geólogo
He nández Pacheco, en la ieja can e a abandonada de «la Tina-
jica», bajo el áspe o «Rodade o de los Lobos», de endidos de la
llu ia pe inaz po el elie e de los amos en que su is a in eli-
gen e descub ía una playa miocena, del iempo en que el alle
del Guadalqui i aún no exis ía y las olas del es echo bé ico
enían á ompe en el mu o de la sie a, mucho más an iguo,
lle ando inc us ado en e las calizas camb ianas, le an adas has a
las cumb es, el más an iguo se i o de Andalucía, el
a chceocya-
us ma ianus,
que poco después eíamos, un humilde espongia io,
semejan e á un pun o minúsculo adiado. Como quie a que sea,
ninguna es uc u a se p es a mejo que la de Sie a Mo ena á
es a unción de ensi a, cuando p ecisa ecu i á ella, en ez de
con undi se y pe de se los bandidos en la mul i ud de un núcleo
social amigo, donde odos son á ocul a les y de ende les. Dis in o
de la es uc u a simplicísima de nues a co dille a cen al, ingen-
(1) Co og a ía de la _p o incia de Co' doba, I
8
4
I .
1 2
C. B. DE QUIRÓS Y PÉREZ
ey compac o mu o ne ado en e las dos Cas illas, Sie a Mo e-
na, que, como ya digimos, más que una e dade a co dille a, es
el bo de ó esca pa me idional de la mese a in e io po donde
co e el Guadiana, cons i uye un espesísimo labe in o de cumb es
y de alles de al i ud y p o undidad escasos y casi absolu amen e
iguales, donde el homb e se pie de de is a en pocos minu os,
desapa eciendo como de epen e, sin p obabilidad de hallazgo.
Pe o sal o es e aspec o, que es el que ep esen a un cuad o de
Ba ón en un ángulo de la sala al a del Museo se illano, la unción
ag esi a del bandole ismo andaluz se desen uel e en e amen e
en la abie a campiña, a o ecida po la condensación de la so-
cialidad en g andes ocos aislados, pe didos en espacios dila adí-
simos, eno mes, peculia es de la baja Andalucía. Más del 50
po zoo de la población o al, i e ag upado en municipios que
exceden de 10.000 habi an es en las p o incias de Có doba, Se-
illa y Cádiz. El núme o de municipios con es a ci a de pobla-
ción, llega á pasa en Cádiz de la cua a pa e del o al (1). Y al-
gunos de es os municipios—Mon o o, en la p o incia de Có doba,
ó, más aún, Je ez, en la de Cádiz, con sus cua en a y seis y media
leguas cuad adas de é mino— ienen casi an a ex ensión supe -
icial como alguna p o incia, la de Ála a, na u almen e.
Vol ió o a ez, po consiguien e, el caballis a, especie de cen-
au o del país andaluz, á galopa po la ie a llana, á lo la go de
los ca iles abie os en la ie a oja, en e las pi as linde as y las
(1) He aquí los da os, según el Censo de 31 de Diciemb e de 190o.
Cádiz: 42 municipios, de los cuales,
12
con más de 10.000 habi an es;
es o es, el 28 po ¡sao. Población o al, 452.659 habi an es; de ellos, en po-
blaciones de más de o.000 habi an es, 289.185; es o es, el 67 po 100.
Có doba: 74 municipios, de los cuales, 14 con más de 10.000 habi an es;
es o es, el 18 po 100. Población o al, 455.859 habi an es; de ellos,
236.219
en poblaciones de más de 10.000 habi an es; es o es, el 54 po ioo.
Se illa: 100 municipios, de los cuales, nue e con más de 10.000 habi an-
es; es o es, el 9 po 100. Población o al, 555.256 habi an es; de
ellos,
270.742 en poblaciones de más de 10.000
habi an es; es o es, el 51 po
ioo.
BANDOLERISMO Y DELINCUENCIA SUBVERSIVA EN ANDALUCÍA
za á
la Ven a de la Alcan a illa—en Se illa, el 30 de Ma zo de
1781, ex aído de Po ugal, dela ado po alsa pe sona amiga,
p eso inde enso é ine me, a en ado y ejecu ado—¡cosa inaudi-
a!—en ie nes de Ma zo, no habiendo mue o jamás homb e al-
guno, ni desga ado o a cosa que su p egón de a es o en la plaza
de Mai ena del Alco , an e el pueblo cong egado pa a lee le (i).
Años después, el 14 de No iemb e de 1798, se hizo memo able
la
ejecución de los dos je es de la cuad illa de los Be acos. Uno
de ellos, F ancisco de Hue as y Esla a, descendía de noble li-
naje, y se ió el asgo de o gullo y al i ez de la amilia, epa -
iendo pa a su en ie o has a 800 in i aciones y gas ando en la
o namen ación del cadalso y en el aslado del cadá e ce ca de
20.000
eales. Ya en ado el nue o siglo y pa a no con a sino los
casos más señalados, el 16 de Oc ub e de 1815 ué ajus iciado el
bandido F ancisco de la Haza, hijo y nie o de bandidos, ambién
ajus iciados. Cua o días después, el
20
de Oc ub e, pe eció en el
cadalso el a oz «Ma quillos». Y dos años pasados comienza la
caza de los «Niños de Ecija»: p ime o, el 18 de Agos o de 1817,
I
uis López y An onio Fe nández; luego, el 7 de Feb e o de 1818,
Juan
An onio Gu ié ez, el «Cojo»; más a de, el 13 de No iem-
(i) Es as ci cuns ancias especiales de su mue e se ano an, adi inán-
dose á a és de ellas un sen imien o de indulgencia, en las no as manus-
c i as de sucesos a os de Se illa que posee el dis inguido abogado his-
palense D. Joaquín de Palacios Cá denas, nues o buen guía en la capi al
andaluza, pa a quien aquí debe habe las palab as de g a i ud que se me-
ece. En su ida y en su mue e, odo hace c ee que Diego Co ien es
ué un pasional colocado ue a de la ley po un ye o de la ida, y no un
malhecho na o. Po lo que oca á la ho a de su mue e, < su alo —ha
esc i o el Conde de Mejo ada decayó isiblemen e al pun o que id
ab i se las pue as de la cá cel. Luego apa eció no sólo un homb e común,
sino aun de los más caídos en el pa íbulo; acabando, sin emba go, con
e iden es señales de bien dispues o y dando espe anza de que la in ini a
mise ico dia haya ecibido su a en a y sus padecimien os en pa e de
pago de sus pecados y deli os». Fué en e ado en la pa oquia de San Ro-
que, en la Calzada, ex amu os de Se illa.
20
C. B. DE QUIRÓS Y PÉREZ
b e del mismo año, An onio de la Fuen e, «Mi los», e c., e c.
Cada uno de ellos había sido p egonado en 3.000 eales y odos
ue on a as ados y descua izados, epa iéndose sus cabezas y
sus miemb os en los luga es de sus c ímenes. Al ededo de es os
pos es de in amia e guidos en los despoblados, más de una ez
se cong ega on á o a un ins an e los compañe os de pa ida,
como en el cuad o de Eugenio Lucas Gu ié ez, somb as obscu-
as des acándose en un c epúsculo de uego. Y la San a Ca idad
de ol e ía, al in, á la ie a los miemb os suspendidos en el ai e,
en la ágica p ocesión de los huesos insepul os (I).
Tal el lado ad e so de la ida de bandido. ¿Mas acaso e mina
és a siemp e así? ¿Años después no se había is o á José Ma ía,
el amoso «Temp anillo», capi ulando de igual á igual, él, «Rey
de Sie a Mo ena», con Fe nando, Rey de las Españas, quedan-
do con odos los suyos indul ado de sus c ímenes y con e ido
de epen e—an agónico a a a —en comandan e del escuad ón
anco de P o ección y Segu idad pública de Andalucía?
«Don
José Ma ía Rod íguez» gas ó un dine al en caballos, mon u as,
uni o mes y a mamen os pa a su gen e; dióse alojamien o á la
nue a milicia en el cua el de caballe ía de Có doba, y el no el
es anda e salió pa a se bendi o desde las Casas Consis o iales,
donde se cus odiaba, á la San a Iglesia Ca ed al, ieja aljama de
occiden e, que semeja un bosque de ex anje as palme as pe i-
icadas en icos má moles y jaspes. 1-i.1 p ecoz bandole o, que ha-
bía igu ado en la cuad illa de los «Niños de Écija» y en la de
D. Migueli o Capa o a, pa ece que desempeñó sus nue as un-
ciones muy á sa is acción de sus an iguos compañe os. «Da es-
imonio de ello—esc ibe Guicho —el hecho de habe sido indul-
ados odos los bandidos, á excepción del amoso José Rojas,
«Veneno», que, juzgado y sen enciado po la Comisión ejecu-
i a mili a de la p o incia, ué mue o en ga o e il el 13 de
Diciemb e de 1832, descua izado y epa idos sus despojos en
)
C . nues o lib o
La Pico a,
Mad id, 1907.
BANDOLERISMO Y DELINCUENCIA SUBVERSIVA EN ANDALUCÍA
2I
las inmediaciones del A ahal, Mo ón y To es de Aloca » (1).
Y su ida pa eció á odos una ida en idiable y a o unada, aun
después de su mue e aido a á manos de su ocayo y colega
José Ma ía, el «Ba be illo».
Todos es os emas se ba ajaban allí, en el pin o esco ca é de
Es epa, en complejas asociaciones, con dig esiones an ás icas en
un conjun o de lances de p óspe a y ad e sa en u a suges i os
de imi ación an e el audi o io simpa izan e, como la co ien e de
un ío que in i a á la ma cha en el sen ido de la co ien e has a
la desembocadu a.
Así en Es epa, po e ec o de una supe sa u ación c iminal
que añadía á la sa u ación o dina ia es a eno me acción simpá i-
ca suges i a, se ió en los úl imos años del siglo ecién pasado
y en los p ime os del que aho a co e un esu gimien o del ban-
dole ismo compa able al que pudo ene cien años an es, cuando
las condiciones sociales y polí icas le a o ecían y no e a, como
de hecho lo es hoy, un anac onismo local e elado de un e a-
so e olu i o. Más de' 130 bandidos es epeños ci a el comandan e
Ga cía Case o, clasi icados po ca ego ías, en magni udes... como
las es ellas (2). He aquí los de la p ime a:
*
Abai o.
Be meji o.
Canu o I.
Idem II.
Campe o.
*
Cuino.
Cha o.
Cho izo I.
Idem II.
Guagín.
Guapo.
*
G illi o.
Ignacio.
*
Macías.
Ma eao
1 Manole e
Moño.
Niño de la Glo ia.
*
Niño Nue o.
Pa dillo.
*
Palomo.
Panza.
Pa ico o.
*
Pe digón.
j• Pe nales.
Pilongo.
*
Rubillo.
Soniche.
Va gui as.
Vi illo.
* Vizcaya.
NOTA.
*
p esos; = mue os po la Gua dia ci il, menos Canu-
o I, que pe eció á manos de Soniche, en una dispu a.
(i)
His o ia del Ayun amien o de Se illa.
(2)
Ob a ci ada. El au o copia, en el capí ulo p ime o de su opúsculo,
un sone o compues o á «la igu a ó isonomía de la illa de Es epa y con-
22
C. B. DE QUIRÓS Y PÉREZ
DOS, po
lo menos, de es os ein a y uno, los más amosos,
han sen ido di ec amen e la in luencia de Juan Caballe o: el «Vi-
illo», su con e ulio habi ual, y el «Pe nales», que comenzó sus
a mas con el «Caballe i o», nie o de aquel pa ia ca del sal ea-
mien o.
«Vizcaya», «Vi illo», «Pe nales».
En e oda la mul i ud ulga y amo a de es os malhecho es,
se des acan es, singula men e: el «Vizcaya», el «Vi illo», el
«Pe nales».
El «Vizcaya» y el «Vi illo», sob e odo el p ime o, sie e años
mayo que el segundo, es án en un plano c onológico an e io
al «Pe nales», y lle aban ya la gos años «dando caballadas», in-
dependien es en sus g upos ó asociados, y, en es e caso, bajo la
di ección ag esi a del «Vizcaya» y la de ensi a del «Vi illo»,
siemp e hábiles y a o unados, segu os en e sus paisanos. Ga -
cía Case o e ie e un episodio en que, iéndose en ance de hui
aquél de Es epa, y hallando obs uída la salida de la calle po
g andes igas p epa adas pa a ce a una plaza en una ies a de
o os, «una muchedumb e de amigos las apa ó iolen amen e,
dejando el paso anco al caballo y caballis a, que, sin p isas, con
la son isa en los labios, se despidió de sus amigos, y al paso cas-
ellano, con oda anquilidad, a a esó la población po su cen-
o, salió al campo y desapa eció en los p ime os oli a es».
Ve dad es que «Manuel»—que así llaman en Es epa á su p es-
igioso paisano— ué el mejo gua dado de la p opiedad de los
suyos.
Véase o a anécdo a in e esan e, e e ida po el mismo au o ,
y que no es la única en su géne o:
dición de sus mo ado es), po D. Juan Hono io de A güelles, el aleo 1825,
«po que p ueba con sus maliciosas insinuaciones, que ya en aquella época
e a amosa dicha población po mo i o idén ico al que en es os úl imos
años la hizo céleb e en España. Igno a el au o que en iempos de los
omanos ya enía la misma epu ación... adqui ida, al ez, desde el pa-
leolí ico.
BANDOLERISMO Y DELINCUENCIA
SUBVERSIVA EN ANDALUCÍA
«Un día apa ecie on po Es epa es lad onzuelos se illanos,
que lle aban el p opósi o de oba á un anciano ecino muy ico
que, según ama, gua daba en onces en su domicilio una ue e
can idad en o o.
Algo debie on deja asluci los cacos de su p opósi o que
llegó á oídos de «Manuel», quien sin pe de momen o se pe sonó
en la posada donde se hospedaban, y hallándolos cenando, les
habló así:
Caballe os, oo es á pagao, y cuando acaben, que debe se
muy p on o, les agua do en la pue a.
Los cacos, que pe sonalmen e no le conocían, se mi a on ece-
losos, y cuando concluye on de come in en a on paga el gas o,
que no les ué admi ido po el mozo de la posada. Salie on en-
onces á la pue a, donde les espe aba el gene oso desconocido,
que, al e los, les dijo en ono impe a i o:
Vénganse us és conmigo.
¿A dónde?—le con es a on eme osos, c eyendo, sin duda,
a a con un dis azado agen e policiaco.
—A la ca e e a, pa que omen el camino de Se iya y se
ma chen sin ol e la cabeza a ás, y dejen aquí esas he amien-
as que ienen us és escondías.
—¿Pe o us ed quién es?—se a e ie on á p egun a los cacos.
El «Vizcaya», pa lo que gus éis manda .
Los cacos, que, como odos los que pasan po Es epa un solo
día, se habían ya en e ado de lo que al pe sonaje signi icaba allí,
obedecie on sin chis a cuan o les o denó, y en egando palan-
que as, ganzúas y o as he amien as del o icio, salie on de la
ciudad co idos y a e gonzados.»
¿No es és o lo que Lomb oso llama ía «simbiosis»?
Y si la simbiosis ó ap o echamien o social del deli o es—según
aquel di un o maes o—la ó mula del po eni en el a amien o
de la delincuencia ( i), Es epa con sus bandidos pa ece ía am-
(i) C. Lomb oso:
Le C ime, causes e emédes.
24
C. B. DE QUIRÓS Y PÉREZ
bién aho a un anac onismo, pe o no en el sen ido p e é i o, sino
en el de lo po eni , p o é icamen e, si su simbiosis ue a una
u ilización gene al é inocua de las i udes, es deci , de las ue -
zas, de los bandidos, en ez de un p o echo egoís a pa a la ex-
plo ación de los ex años.
Fué el décimoquin o año de campañas cuando cambió la es-
ella del «Vizcaya».
Á p ime os de Oc ub e de 1904, «Manuel», acompañado de
uno de sus homb es de con ianza, el «Ignacio», iba á la e ia de
Baena de «sacado » de unas mulas obadas, pa a ende las.
Á medio camino de Es epa á Baena, se in e pone el ío Genil,
ya en la p o incia de Có doba. El Genil, el «Nilo español», el
«mil Nilos»—aunque o os aen la e imología de su nomb e o-
mano «Singilis»—dispu a al Guadalqui i la p imacía de los íos.
andaluces. Si el Guadalqui i conoce el ma , el Genil sabe la
cas idad de las nie es pe pe uas de aquellas sobe anas mon añas
g anadinas que el sabio mo o geóg a o llamó con el nomb e, odo
an asía, de «mon añas del sol y el ai e»; de sue e que si ilus e
es el uno po su des ino, an o lo es el o o po su cuna ele ada
é inago able. «Su uen e—dice Luis del Má mol, desc ibiéndole
en una página clásica (1)—es en Sie a Ne ada, en una umb ía
que es á encima del luga de Güeja , y los mo os la llama on
(1-1o a a h-Gihena» , que quie e deci «Valle del In ie no»,
y
p ocede es a agua de una laguna muy g ande que es á en la más
al a cumb e de la sie a, jun o al pue o Loh. De allí se despeña
po alles agosísimos de peñas, en e aquella sie a y la de
Güeja , y en él se hallan icos mine os de jaspes ma izados de
di e sos colo es, de donde el ey D. Felipe, Nues o Seño , hizo
saca las icas pied as e des de que es á hecho su sepulc o en
San Lo enzo el Real.» Y de donde acaso es
am
bién—añadi e-
(1)
His o ia de la ebelión de los mo iscos.
Pa a ec i ica algún le e
e o écnico, éase el
Dia io de una excu sión á Sie a Ne ada,
de Ru e›
en el
Bole ín de la Ins i ución lib e de Enseñanza,
1889.
BANDOLERISMO Y DELINCUENCIA SUBVERSIVA
EN ANDALUCÍA
25
mos
noso os—la ica hacha neolí ica 932 de nues o Museo A -
queológico, joya del a e de la pied a pulimen ada, semejan e á
la cual nos mos a on o a, no muy in e io , en la Facul ad de
Filoso ía y Le as de Se illa; pe o és a clasi icada po Calde ón
como de «jade o ien al», susci ando así la cues ión de las llama-
das «hachas de jade», que esol ió an lucidamen e Oui oga (1).
A medio camino de Es epa á Baena se in e pone, pues, el Ge-
nil, que el (Vizcaya» y el «Ignacio» halla on c ecido con las
llu ias p ime as o oñales. El ío co e en un ápido pelig oso en
aquellas condiciones, aun en el ado. El «Vizca
y
a» desmon ó de
su cabalgadu a, más débil que la del «Ignacio», y subiendo á la
g upa del obus o animal que mon aba és e, in en a on el paso
del ío, lle ando «Manuel» de las iendas el po o lojo. En medio
del cauce, la co ien e impe uosa se le a ancó, y el po o di ícil-
men e pudo gana la o illa misma de donde había pa ido, ce ca-
no de un g upo de abajado es, que le ecogió al pun o. Uno de
és os, hábil y a e ido, le mon ó y le condujo has a su dueño, po
un ado desconocido, más p ac icable. «Manuel» le g a i icó con
un du o, dejando e , al en ega le, su mano dies a mu ilada en
que—pe cance del o icio—el dedo índice al a. Es a señal del
«Vizcaya» e a pública, descub iendo en el ac o su pe sonalidad
al po ado del huído po o, que e eló el camino de los dos ji-
ne es en el p ime pues o de la Gua dia ci il que halló en su
camino.
Al siguien e día, ya en plena e ia de Baena, el «Vizcaya» se
sin ió pe seguido obs inadamen e. Vagaba po las calles ex e-
mas de la población cuando, al pasa an e una mancebía conoci-
da, oyó las oces del «Vi illo», eb io po el alcohol y la exci a-
ción de la o gía á que se en egaba con oda su alma impe uosa
de me idional y de bandido. En ó. Allí le halló, en e ec o, en e
las me cena ias beldades de cabeza de pa ido, en quienes el can-
(I)
C . nues o a ículo
Es aña
_p ehis ó ica,
en el olumen
igu as
delincuen es,
donde, e óneamen e, a ibuímos, ambién, en onces, o igen
o ien al al hacha 932 del Museo mad ileño.
26
C. B. DE QUIRÓS Y PÉREZ
sancio icioso de la e ia exage aba los li o es p o undos de las
oje as y la demac ación de las mejillas, cubie as de a ebol y de
pol os de a oz ba a os. El «Vi illo» se obs inó en segui la o -
gía, «como homb e que no hab ía de mo i , suje o á odos los i-
cios», al como pin a Vicen e Espinel en su
Vida del escude o
Ma cos de Ob ego'n,
á los aque os de la Sauceda de Ronda, su-
pe i encia pe e ida del bandole ismo pas o il ibé ico. «Ma-
nuel» ol ió á sali á la calle, o a ez agó, lleno de desusados
emo es. Baena no e a Es epa, la. p o ec o a. Y ho as después e a
cap u ado, mien as el «Ignacio» caía mue o á los dispa os de
los enemigos.
En onces el «Vi illo» asumió la di ección de la gen e del «Viz-
caya». Un año después,
20
de Sep iemb e de 1905, daban el a-
moso golpe de la ca e e a de Villama ín, co ándola du an e la
mi ad del día y despojando á cuan os ace a on á ci cula en es e
iempo, como en los iempos de los «Niños de Écija» y de José
Ma ía.
La ges a del «Pe nales» había comenzado poco an es.
E a el «Pe nales» una na u aleza bá ba a en e amen e, lanzada
al bandole ismo pa a sa is acción de sus ins in os ag esi os ilimi-
ados. Su p ime hecho sonado, in en ando el secues o del hijo
de un p opie a io es epeño á quien había se ido de muchacho
como pas o , le e ela ya po en e o. A á ico, eg esando al se-
cues o cuando nadie le p ac icaba. Re ac a io, ebelde á odo
con encionalismo, al ando al áci o comp omiso empeñado po
los caballis as de Es epa con sus paisanos, de no moles a los ni
pe judica los. Con odo, no le al a on asgos de engado que le
ace can al ipo de bandido gene oso que culmina en Diego Co-
ien es. A eces, uncionando de dis ibuido de la iqueza, obó
pa a soco e á los pob es. A eces, e igiéndose en jus icie o
inapelable, ma ó pa a enga la sang e. La mue e que come ió
en la pe sona del «Maca eno», enca gado del co ijo de Hoyos,
en La Roda, la hemos oído in e p e a en es e sen ido: Se cuen a
que el «Maca eno» había en enenado al «Soniche» y al «Cho i-
zo», en egándolos mue os á la Gua dia ci il, que se a ibuyó su
BANDOLERISMO
Y
DELINCUENCIA SUBVERSIVA EN ANDALUCÍA
27
mue e (1); y el «Pe nales» omó la enganza de los ales, hi ien-
do al «Maca eno» mo almen e en una escena e ible, en que
aquél, inde enso an e el bandido, oyó la ía sen encia de mue e
y su ió la elección de la he ida que ma a a len amen e, sin espe-
anza. Aquí es á la du eza de sen imien os á que alude su apodo:
Pede nales,
con la elisión de la «d» y la con acción de la doble
«e» en un solo sonido que oímos en San a Ma ía de T as Sie a
á nues o guía, un co dobés cas izo, cuando p egun aba á He -
nández Pacheco «adónde pongo los pede nales?», concep uando
así odas las Mues as de ocas ecogidas en un día de excu sión
geológica, á lo la go de las ga gan as del sal aje Guadia o. La
du eza de sus sen imien os se mani ies a aún más las dos eces
que ma có á sus hijas con el uego, moles ado po su llan o. Has a
á es e amo de 1 p opia c ia u a, ie na y emenina, que en el
<Vi illo», . g ., es una de las a as no as simpá icas, has a á es o
ué impene able el co azón de F ancisco Ríos, á quien, po lo
mismo, se llamó «Pede nales», «Silex», como si dijé amos. Fué,
además, iolado , en el obo del co ijo de Cazalla, donde su ge
una de las cues iones de An opología c iminal más in e esan es
y oda ía más obscu as: el e ec o a odisiaco del deli o que cada
ez nos pa ece más in enso y gene al, aun en la muje , de sexua-
lidad menos espon ánea ( ecué dese á Cecilia Azna esc ibiendo
una ca a e ó ica á su aman e, inmedia amen e después de asesi-
na á su seño , é incluyendo bajo el sob e un mechón del ello
de su p opio pubis, co ado al é mino de un ap o de loca mas-
u bación); aun en los c ímenes menos iolen os, in elec uales
(como en el caso del en enenado Cas uccio, es udiado po los
a gen inos D ago é Ingegnie os, que se en ega á los ac os más
innobles con un adolescen e á su se icio, después de as ixia con
su p opia mano á la íc ima que había en enenado, poniendo in
(i) Un episodio análogo se nos ha e e ido á p opósi o de la mue e
del «Bizco del Bo je», en el co ijo del C is o, de Lucena. El co ije o—se-
gún es a e sión—ma ó á aición al «Bizco» y en egó el cadá e á la
Gua dia
ci il, que simuló habe le dado mue e en un encuen o.
C. B.
DE QUIRÓS Y PÉREZ
á su agonía po cínica c ueldad ó po una piedad en él mo bosa).
Los es udios del malog ado Vaschide sob e la isio-psicología del
impulso sexual, nos pa ece que p oyec an la mejo luz sob e es e
enigma (1).
Su pequeño g upo le edujo, á la pos e, has a la o ma sim-
plicísima de la pa eja. El «Niño de la Glo ia», sob ino del «Viz-
caya», ué su p ime colabo ado du an e mucho iempo, has a
el 31 de Mayo de 1907, en que se le ma a on ce ca de Villa an-
ca en un encuen o con la Gua dia ci il, en que él mismo se ió
comp ome ido. Allí quedó el Niño de la Glo ia, casi desang ado.
Su b illan e apodo había sido una i onía que el cadá e exp esaba
en posición supina, abandonado de odo amo y odo espe o.
O o niño, el «Niño del A ahal», cub ió su pues o; y de nue o
la bá ba a pa eja eno ada ol ió á impone la ibu ación a bi-
a ia, casi día po día, en los co ijos de Có doba y Se illa. Su
e ible ama se ag andaba á la ez, día po día. Cuén ase que
po es a época un ecino de Puen egenil, D. F ancisco Ca a-
jal, á quien su calidad de iscal municipal había imbuido de en-
dencias pe secu o ias de malhecho es en una o ma omán ica
des iada, le e ó públicamen e á singula comba e. El hecho es á
comp obado; pe o no si «Pe nales» acudió ó no al desa ío. Se-
gún unos, «el Pe nales» acudió, y pe sonándose en el Casino
de Puen egenil, buscó en ano al imp uden e e ado , haciendo
cons a su p opia p esencia y la de ección del ad e sa io. Según
o os, no compa eció, como ampoco acep ó o o e o del ma -
qués de Campo A as el día que mandó á uno de sus emisa ios á
exigi le una can idad con ibu i a.
Pe o más bien, como el
condo ie o
can ado po Machado:
Inspi ó amo , e o y espe o.
Se cuen an de él muchos amo íos de muje es. Aquella de sus
que idas que llamaban «Ma ía, la Neg a», ha sido esculpida po
(1)
A chi os de Psiquia ía y C iminología,
1906. Puede e se una alu-
sión á ellos en la edición inglesa de nues as
Nue as eo ías de la c imina-
lidad.
Lond es-Bos on,
1911, pág. 53.
BANDOLERISMO Y DELINCUENCIA SUBVERSIVA EN ANDALUCÍA
35
es de ci a, en la se enidad de las noches de la baja Andalucía. El
dec e o de mue e de los alien es animales alcanzó muchas le-
guas de dis ancia.
La «Mano Neg a».
La pequeña península que, obedeciendo á la ley ec ónica de
los con inen es, lanza hacia el Su el macizo de España, co ando
los dos ma es, A lán ico y Medi e áneo, es á po la Na u aleza
en el núme o de los países p i ilegiados. La iso e ma de 20° pe-
ne a en ella; y bajo un cielo ce úleo bondadoso, la ie a, blan-
damen e modelada, se cub e de los u os más codiciados y sa-
b osos. El pad e ío que, más allá de la sie a de Gibalbín, la
ecunda, y que, es ido de un e do ma ino, ma cha camino de
la bahía gadi ana, ué, al pa ece , el Le eo de los an iguos; Gua-
dale e se llama hoy, do ado, hoy como aye , de la i ud de las
amnesias, p ocu ando el ol ido de odos los países po la exce-
lencia de aquel donde se desen uel e.
Sólo las elaciones en e los homb es enían siendo allí di íci-
les, sob e odo desde que la expansión come cial de los inos
je ezanos, hizo de es a an igua ciudad un cen o de iqueza im-
ponde able.
Desde Despe iape os á las A enas go das—pue as na u ales
de Andalucía--hay un p o undo icio en la dis ibución de la
ie a y demás bienes económicos de es a egión ex ensa. Desde
las A enas go das á Despeñape os, es e icio ha c eado un es a-
do de sepa ación y lucha de clases desconocido en Cas illa. F ay,
sí, un pueblo de ie a de Có boba, Pozoblanco, que se p ecia de
la homogeneidad de clase social de odos sus ecinos. Pe o en
luga de jac a se odos de hidalgos, como en la bella y noble so-
lución cas ellana del ue o de Casa de Cáce es, en Pozoblanco se
anaglo ian odos de plebeyos, descub iendo así es e mismo
es ado de odio de clases con a ias (i).
Je ez de la F on e a,
(1)
Recogidas po el co esponsal que en ió
El Día,
con ocasión
de
los
p ocesos de la
Mano Neg a.
Fué es e co esponsal el insigne
Leopolpo
36
C. B. DE QUIRÓS Y PÉREZ
po el con a io, el enómeno gene al andaluz se acen úa de al
modo, que en el es ado de conciencia de los icos, la sepa ación
que les aleja de los pob es llega á es ima se has a como un p o-
duc o, más que de la sociedad, de la na u aleza, de la p opia
biología, en una ex aña composición de los concep os de aza,
de cas a y de clase. Mien as los pob es, con sen ido más segu o,
sólo en las di e encias c eadas po el ambien e ex e io en que`
en uel e á sus hijos la iqueza, y que desna u alizada po el mal
uso que ecibe—la ida de i olidad y de place es—lejos de in-
lui a o ablemen e en la ida in e io , la de o ma y la ex a ía
has a las degene aciones i i an es y abo ecibles.
Así, en el eno me é mino de Je ez se di undió mejo que en
pa e alguna la u i a asociación de ensi a de los abajado es.
Da an de en onces algunas coplas que añaden es e nue o mo i o
á los emas del amo y de la mue e que dominan en comple a
obsesión el cancione o popula de las dos Andalucías:
Todas las niñas boni as
ienen en casa un le e o
con le as de o o que dicen:
«Po un asociado mue o».
Le p egun é á mi mo ena
que po qué me desp eciaba,
y me con es ó, se ena,
que en la Asociación en a a (1).
La
Asociación á que aquí se alude, debía de se una «Sociedad
de los pob es hon ados con a los icos i anos», de que se habla
en un p oceso ins uído hacia 1878 po el juez Fajano.
En ano se in en ó ex i pa la. Sus aíces es aban más allá de
la ue za de los homb es.
De es a mane a cua o años después, an e su enacimien o de-
Alas, que aún no había popula izado el pseudónimo de «Cla ín», que lue-
go usa a.
(1) C . Ramí ez y Las Casas-Deza. Ob a ci ada.
BANDOLERISMO Y DELINCUENCIA SUBVERSIVA EN ANDALUCÍA
37
mos ado po la ac i ud de los abajado es y la epe ición de los
ac os que llamamos aho a de
sabo age,
el emo de los icos llegó
á un ins an e c í ico, di icilísimo.
¿Cómo su gió en onces la med osa apa ición de la «Mano
Neg a»?
¿Fué la «Mano Neg a» una de an as asociaciones popula es
sec e as nacidas con la disolución de la «In e nacional» y que
exage ó has a el máximum el odio de los pob es á los icos? ¿(5
ué, po el con a io, como asegu an o os, una in ención gube -
na i a del pa ido conse ado pa a ahoga po el e o el mo-
imien o socie a io nacien e en Andalucía?
CeÇi je ne peus e le di e.
Ce que u me demandes,
Tu de as oujou s l'igno e .
Cie o día, el 26 de Diciemb e de 1882, con ocasión de la ins-
ucción de c ímenes que pa ecían ulga es—el asesina o de
Fe nando Oli e a, el del «Blanco de Benaocaz» especialmen e
apa eció el p ime documen o e elado de una e ible asocia-
ción cuyo solo nomb e ponía eme osa inquie ud. O o día se ha-
llaba un C edo e oluciona io en la Ana quía, la Fede ación
ob e a y el Colec i ismo. Al in, las ansiosas pesquisas de ep e-
sión die on con el eglamen o de la Asociación sub e si a de
odo el o den social es ablecido (I).
Un nue o c imen se añadió á la se ie casi inmedia amen e.
El 3 de Diciemb e de 1882, en una pob e en a á dos kilóme-
os de Je ez, á la izquie da del camino de T ebujena, e an asesi-
nados el en e o Núñez y su muje Ma ía Lab ado , po incum-
plimien o, al pa ece , de un manda o de la Jun a de la Asociación
eneb osa y sospechas de in idelidad ehemen es.
En Feb e o de 1883 la cá cel de Je ez, iejo con en o de an-
(i) Pueden e se es os documen os en el ex o de los p ocesos de la
Mano Neg a,
publicados po la
Re is a gene al de Legislación y
91 is
2
b u-
dencia.
38
C. B. DE QUIRÓS Y PÉREZ
ciscanos, albe gaba has a cua ocien os p esos de es as causas.
Allí es aba Juan Galán, que pagó con la mue e el asesina o del
en e o Núñez; Juan Galán, na u aleza gene osa de que aún gua -
da ene ación y espe o el pueblo, a ibuyendo su is e sue e á
la abnegación ilial con que se en egó, en plena paz de espí i u,
al e dugo po no dela a al e dade o asesino, su p opio pad e.
Allí es aba ambién una muje , especie de So ía Pe oskaia, pa a
que no deja a de apun a la no a emenina, an pode osa é im-
po an e en el desa ollo de los pa idos adicales de la Eu opa
esla a. E a Isabel Luna, de ein i és a ios, nacida en el pueble-
ci o de Benaocaz, que debe ía sona después an o, de mi ada
i a y isonomía simpá ica, de con e sación suel a y desen adada,
pe o co és siemp e. Había sido, según decían, moza de lab anza,
aunque no ce i ica an es e o igen sus mane as, nada ulga es, y
sus manos, blancas y cuidadas. Allí es aban ambién los compli-
cados en el asesina o del «Blanco de Benaocaz», p oceso que en
seguida quedó en p ime é mino. «En e odos—decía el in eli-
gen e co esponsal en iado po
El
Día—se no an po la limpieza
de la opa y la dis inción del ipo los he manos Co bacho, uno
sob e odo. Pasa á de los ein a y no llega á los cua en a; es
al o, delgado, ne ioso, de na iz aguileña, de ojos exp esi os, de
boca asgada, cuyos labios se en eab en dejando e una den a-
du a blanquísima. A su colo mo eno da una palidez ama illen a
la ieb e que no le deja desde que es á p eso; is e como los
homb es del campo de Andalucía y eje ce, lo mismo qi_ie su he -
mano, una especie de supe io idad sob e odo lo que los odea.»
Los he manos Co bach os, F ancisco y Ped o, descendían de
un lab ado acomodado de la ie a y habían padecido una his-
o ia is e de decadencia que alimen aba sus deseos de e ancha.
A ibuyóse á ambos el gobie no de la masa abajado a asociada
en uno de los núcleos del dis i o u al del Valle; pe o á su ez,
e a Ped o quien dominaba sob e F ancisco en la pa eja que o -
maban, p oduciendo, como sucede siemp e en oda asociación,
desde la más simple á la más compleja, una sola igu a psicológi-
ca. Con
odo, F ancisco
e a mayo de edad y aun en
dignidad en
BANDOLERISMO Y DELINCUENOIA SUBVERSIVA EN ANDALUCÍA
39
la o ganización social, como p esiden e, que, según se dijo, e a en
el llamado Ju ado popula de la «Mano neg a». Ped o le seguía,
como icep esiden e; pe o en es e caso, según suele sucede á
menudo, la p ime a igu a, deco a i a, e a manejada po la se-
gunda. «Ca ác e e dade o de je e», como le de inió en su o a-
ción el iscal que le acusaba, acudían desde muchas leguas al e-
dedo los jo nale os del campo á conoce le; y econocida po
odos su supe io idad sob e F ancisco, pa a que sob e i ie a él,
Ped o, hubo en e los nume osos p ocesados po el asesina o
del «Blanco de Benaocaz» una especie de con enio du an e la
ins ucción del suma io, a ibuyendo á F ancisco la o den del
deli o. El mismo F ancisco acep ó es a solución, y quizá la insi-
nuó, si no se la sugi ió Ped o; el uno, e a la abnegación; el o o,
la olun ad de i i , sin iéndose con de echo á odo.
El c imen, cambian e de colo es, según se le mi a, unas eces
pa ece una enganza ó una con eniencia amilia ; o as, una eli-
minación, undada en un mo i o de ideal social in ingido.
La deuda de los Co bachos con el «Blanco», la inju ia in e ida
po és e á una muje de la amilia de aquéllos, le dan apa iencia
de lo p ime o; pe o ampoco se ha de ol ida la igidez de la e-
gla mo al en el pe íodo nacien e de los mo imien os de e o ma
social. El «Blanco de Benaocaz» pudo susci a , con la des iación
de su conduc a, la implacable censu a que le condenaba á se
sup imido en un es ado de espí i u d aconiano. Cuando menos,
el espejismo de es e du o ideal de jus icia, dióse como explica-
ción en las conciencias o pes, dominadas po Ped o Co bacho
con empí ico y segu o conocimien o de las leyes psicológicas de
los suyos. P ime o, las palab as de mue e desp endidas de sus
labios. Después, la o den esc i a, sellada. E a una o ma de su
olun ad, que halló na u al y espon áneamen e á su se icio la
con acción muscula del b azo de los dos compañe os más jó e-
nes que se encon a an.
Fué obedecido como un ey. Gonzalo Bení ez Al a ez, de
ein e años; Ra ael Jiménez Bece a, de ein idós, pe o de an
ma cado in an ilismo, que apenas acusaba quince, ma cha on en
4
0
C. B. DE QUIRÓS Y PÉREZ
un au oma ismo comple o á ejecu a la sen encia de mue e e-
nida de lejos.
El hecho puede eco da el «deli o del manda ín» imaginado,
po Rousseau pa a p oba la laqueza humana. «Si pa a he eda
al ico, á quien jamás se hubie a is o, de quien nunca se oye a
habla y que i ie a en el incón más apa ado de la China, bas-
a a op imi un bo ón que le hicie a mo i , ¿cuál de noso os no
le op imi ía?» Pe o el «Blanco de Benaocaz » no e a el an ípoda
desconocido pa a Ped o Co bacho; de modo que la na u aleza
gene al c iminaloide de los homb es, se ag a a en él casi has a
llega á la a a a iedad del «asesino ío», de sa ia e de isco-
sa en luga de oja sang e, que ma a ía sin golpes y sin uidos,.
median e la anquila imposición de las manos.
El p oceso se desen ol ió como una e dade a, g ande y la ga.
agedia; agedia, sí, no obs an e la condición humildísima de
sus pe sonajes.
Las ieb es ca cela ias se apode a on al pun o de aquéllos de
o ganismo más sensible y eac i o. «Cla ín» nos ha dejado—se-
gún imos—la desc ipción de uno de los Co bachos, i i ando
bajo la calen u a que no le abandona, ni en el medio de la noche
benigna, que empla el a do de la sang e y la uel e á la empe-
a u a no mal de 37°, que u ie on las aguas de los ma es p imi-
i os en que nació la ida y comenzó á apode a se de es e medio
líquido in e io pa a su desen ol imien o (1). A o os les hi ió la
ube culosis, que eina en e las causas de mo alidaden la baja
Andalucía. Finalmen e, á algunos se les apa eció en la obscu idad
del calabozo Nues a Seño a de las Tinieblas, «mad e de las de-
mencias y conseje a del suicidio» (2), y con sus sal os imp e is-
os, de ig e, cayó sob e ellos. José León O ega enloqueció (3)...
(1)
Se alude á la eo ía de Quin on, sob e el o igen y signi icación de
la sang e.
(2)
Tomás de Quincey:
Sus i ia; Le ana alza' ou Ladies o So ow.
(3)
En el pueblo hemos ecogido o a e sión, según la cual la locu a
de José León O ega, ué una simulación admi ida pa a sal a le la ida,
en g acia á pode osas in luencias.
BANDOLERISMO Y DELINCUENCIA SUBVERSIVA EN ANDALUCÍA
41
Caye ano Expósi o, llamado Caye ano de la C uz; gi ano, desig-
nado con el apela i o del «In ame» en e odos los de enidos,
po a ibuí sele la delación del c imen , se aho có esignada-
men e pa a pone é mino á una ida b e e, sí, pe o ca gada
con el iple es igma de maldición de la aza, del nacimien o y
de la a e sión de los compañe os.
La sen encia no se hizo espe a medio año; pe o luego, el e-
cu so de casación, ol ió á pone un é mino de nue e meses al
desenlace.
Ped o y F ancisco Co bacho Lagos, Manuel y Ba olomé
Gago de los San os, Juan Ruiz y Ruiz, G ego io Sánchez No oa,
C is óbal Fe nández To ejón y Gonzalo Bení ez Al a ez, ue on
condenados á mue e, sin con a José León O ega, á quien la
locu a pos e io lib aba de la ejecución de la pena. Roque Váz-
quez, Sal ado Mo eno, An onio Vale o, Ra ael Jiménez Bece a
y Agus ín Ma ínez Sáez, á cadena. Sólo hubo absolución pa a
Juan Cab e a y el pas o Fe nández Ba ios. Ocho eos de mue -
e, un loco y un suicidia; cinco, condenados á la gos años de ca-
dena. Jamás se conoció sen encia alguna que se ace ca a an o á
la heca ombe.
La
ida del «Blanco de Benaocaz» ué ca a. Pe o
en ealidad e a la ida de la o ganización social la que se de en-
día, eliminando al Ju ado popula en e o de la insidiosa asocia-
ción enemiga y á sus miemb os más ca ac e izados.
El 14 de Junio de 1884 ué el día de la ejecución. Se habían
le an ado ocho pa íbulos en ila, pa a que los eos no se ie an
unos
á
o os. Di igía la ejecución el e dugo de Mad id, F an-
cisco Ruiz Cas ellano, an iguo sa gen o p ime o de -caballe ía,
con g ado de o icial. Le ayudaban los e dugos de las Audien-
cias de Albace e y de Bu gos.
Los condenados es aban en el p o undo aba imien o que sus i-
uye
en
los eos de mue e á la agonía,
ó pos e comba e. Sólo
los he manos Gago pa ecían más dueños de sí. Manuel no quiso
comulga . Ba olomé, con sus se en a pulsaciones no males com-
p obadas po el médico, se negó al beso del e dugo. Luego los
dos di igie on algunas palab as al pueblo. Manuel, en sen ido
42
C. B. DE QUIRÓS Y PÉREZ
exal ado, enloquecido desde que en ó en capilla. Ba olomé, en
ono de pe dón que demandó, como él le o o gaba á odos. Mas
se cuen a en el pueblo que el ejecu o de las sen encias, o endi-
do po la conduc a que gua da a con él momen os an es, omó
la más c iminal de las e anchas, p olongando la ob a des uc o-
a del ga o e de me al sob e el cuello de o o de Ba olomé
Gago de los San os. Sus he cúleas ue zas hicie on sal a , en
la pos e a de las con ulsiones, las ligadu as de hie o que le
a aban.
La Audiencia de Je ez aún seguía juzgando p ocesos po el
deli o de ilíci a asociación. Días an es se había is o la causa de
la «Fede ación local del abajo», de Espe a.
Asal o de Je ez po los jo nale os.
El p oceso de la «Mano Neg a» causó eno me imp esión en
oda España. Emoción de na u aleza as énica, ago ado a, que di-
íamos, aun en e los mismos elemen os ana quis as (1), la go
iempo dep imida has a eg esa á la es enia nue amen e.
La p opaganda ana quis a ol ió á p ospe a , es a ez más
in ensa, mejo o ganizada, en Andalucía, especialmen e en
la
Andalucía que hemos llamado Bé ica, y más especialmen e aún
al o o lado de la di iso ia del Guadalqui i , en la península ga-
di ana, donde acabamos de e sus gé menes. Has a las más
apa adas gañanías de los campos llegaba el e bo ác a a, bien
en la igu a de un iniciado p opagandis a, bien en la o ma im-
pe sonal de la p ensa de Mad id, de Ba celona, de Se illa, de Má-
laga ó de Cádiz.
El P oduc o ,
de Ba celona, ci culaba más
que
(1) Así, la p o es a de la Comisión ede a i a de la Fede ación de a-
bajado es de la egión española, y, sob e odo, las decla aciones del Con-
g eso ana quis a de Valencia de 1883, que pueden e se en la
His o ia
del socialismo ob e o español,
de Mo a, que insis e en es e pun o, con el en-
cono ca ac e ís ico de las elaciones mu uas en e las sec as.
BANDOLERISMO Y DELINCUENCIA SUBVERSIVA EN ANDALUCÍA
43
o o pe iódico y e a el p e e ido de los campesinos. Tenía la ino-
culación de aquellas ideas nue as, y como ales, eno memen e
expansi as, la e icacia de la emb iaguez que p ocu a el ino.
In
ino en as.
El ino descub e la e dad del ca ác e del bebedo .
Y mien as en los unos, los más, la ho a de eo ización en la ga-
ñanía desab ida, p oducía la exal ación emo i a, la ele ación
de la onalidad de la ida que hace deseable la bebida; en algu-
nos exci aba la pe e sidad y los ins in os de ie a amed en ada
que se desa a.
A p ime os del año 1892, un ana quis a mad ileño, albañil de
o icio, Félix G á alo, e an e en un e dade o éxodo, al ez
iipemaníaco, po Andalucía, apa eció en la campiña de Je ez,
haciendo la p opaganda del ana quismo, más que como o ado ,
en lo que cualquie a del país le hubie a supe ado, como impeca-
ble lec o de la li e a u a de la sec a. Y al e mina cada sesión,
pedía pa a su sus en o, ya en moneda, ya en bebida, á la ma-
ne a de los jugla es que dije on el Poema del Cid á a és de las
mese as de Cas illa:
Dadnos del ino si non enedes dine os;
ca más pod é, que bien os lo dije on labielos.
No al a en las clases y en los g upos adicales una in e p e-
ación, según la cual, el «Mad ileño» e a sencillamen e una igu-
a manejada po los elemen os conse ado es, gobe nan es á la
sazón, con Cáno as del Cas illo, lo mismo que en los días de la
«Mano Neg a», pa a p omo e una agi ación nue a que jus i i-
ca a o a ep esión e o is a. Nue amen e end emos que deci :
CeÇi je ne peus e le di e.
Ce que u me demandes,
Tu de as oujou s l'igno e .
La
agi ación se p odujo, en e ec o, en oda la p o incia, i a-
diando
á
la de Se illa. En aquellos días e a gene al la c eencia
de que o a eno ación social iba á comenza po la península
gadi ana, an es de cien años pasados de la eno ación cons i u-
cional, p ema u amen e dec épi a.
44
C. B. DE QUIRÓS Y PÉREZ
Una idea loca nació en los ce eb os exal ados: apode a se de
Je ez, aisla le del es o de la p o incia y hace de él un can ón
ana quis a que inicia a el ejemplo. Yen Je ez, la e e escencia.
ana quis a, el espí i u ag esi o de los jo nale os del campo, pa -
icula men e, no e an un mis e io; á pesa de lo cual llegó la no-
che del 8 de Ene o de 1892 sin p ecauciones ni de ensas. Las
pe sonas que en en los is es sucesos de aquella noche un ac o
p epa ado po las au o idades, explican es a pasi idad en el sen
ido de una nue a ale osía que a aje a á los con iados campesi-
nos al in e io de la ciudad, pa a ex e mina los con mayo se-
gu idad y mo i o.
Al llega la noche, los llanos de Cauliña, p óximos á la ciudad,
se cub ían de jo nale os a mados con las a mas p imi i as del
palo y de la pied a; ó bien, la mayo ía, con las a mas p o esio-
nales que p ocu an los ins umen os del abajo: la hoz, la e i-
ble hoz, sob e odo, emblema de los alzamien os sociales del
campesino, desde los más iejos, apenas iniciada la edad de los
me ales, y aun an es, en el neolí ico, que p odujo las hoces en
segmen os de pede nal, a mados sob e Made a, he manas del
illo, oda ía supé s i e, aquéllos á cuyo lado son de ,aye las
gue as sociales ibé icas, á los más ac uales, el que iba á sob e e-
ni en seguida. Llegaban los abajado es de los cua o ien os.
De hacia Leb ija y hacia el Pue o de San a Ma ía; de hacia A -
cos y hacia Sanlúca . Se espe aba del ejé ci o y del pueblo del
in e io de la ciudad. Pe o la noche adelan aba, y la mul i ud,
acé ala, sin je es ni conduc o es, se impacien aba inquie a. A las
once, ya con sín omas de desconcie o, a anzó hacia la ciudad,
oda ía de eniéndose, emansándose en los pasos es echos que
la obligaban á disminui su densidad.
Así llegó á la población y pene ó en ella, ompiéndose en las
bi u caciones, en las enc ucijadas, en la ed de sus calles.
Se g i aba po la ana quía, aunque sin g an en usiasmo. Los
asal an es no encon aban la calu osa espe a que agua daban.
Algunos se di igie on á la cá cel. «He manos, enimos po os-
o os» , se les oyó deci epe idas eces. O os se ace ca on á
BANDOLERISMO Y DELINCUENCIA SUBVERSIVA EN ANDALUCÍX
51
un es udio, cie amen e in e esan e; pe o excede de nues os
p opósi os, "limi ados en e amen e al mal, no ampliados al e-
medio.
En de ini i a, no nos pa ece que exis a ninguna conexión es-
pecial en e los dos enómenos: bandole ismo y delincuencia
sub e si a, sal o la conexión úl ima, p o unda, que ienen en e
sí las di e sas o mas de delincuencia. Los polí icos que han a i -
mado en el Pa lamen o y ue a de él que el bandole ismo anda-
luz es un aspec o de la cues ión social— . g ., D. F ancisco Sil-
ela, cuando la ep esión Zugas i
se equi ocan de medio á me-
dio, si po cues ión social se en iende, como suele en ende se de
o dina io, mal ó bien, la cues ión económica pu amen e. Aye y
hoy, el análisis no encuen a causas económicas en el bandole is-
mo'
, cuando menos, que emos deci , causas económicas dis in as
de la necesa ia concu encia i al, en lucha po la ida, que
obliga á la ag esión en e los indi iduos y los g upos. Lejos de se
un p oblema económico, aún di íamos más, social, el del bando-
le ismo andaluz es un p oblema an opológico, ó más bien e no-
g á ico, de aza. En la memo ia de és a, de la aza, se di ía que
ha quedado la imagen del bandido como un ipo en que se eco-
noce y se ag ada, cons i uyendo un ideal es é ico. Aquella ima-
gen de b a o luchado po la ida y, á la ez, de gozado de la
ida en odos sus place es, cau i a y desa ma la blandu a de aza
del homb e hé ico, abúlico nihilis a sume gido en la sensualidad,
en la sexualidad mejo dicho, que le asemeja, como símbolo ó
como p o o ipo, al pequeño P iapo de o o na i o, omano ó p e-
omano, que imos una a de en casa del chama ile o se illano
Nicolás Ga zón, de la calle Méndez-Núñez: minúscula es a uilla
osca, en ma e ial p ecioso, en la cual los ó ganos geni ales a o-
niles, hipe o iados, demos aban una a ención y es udio únicos,
exclusi os. La admi ación al bandido i e en odas las clases
sociales, has a en el mundo p o esional con a io. En el mundo
de los homb es de leyes le hemos is o noso os, especialmen e,
e is iendo los ca ac e es más pa adógicos. No sólo el «Pe nales
es oda ía el hé oe, sino bandidos desapa ecidos medio siglo
Jun a pa a ampliació
i
n de es udios é in es igaciones cien .—Anales, Ix.
1912
5 2
C. B. DE QUIRÓS Y
PI'iREZ
hace. Aún Có doba, po ejemplo, es á llena del ecue do de
Pacheco, que Pío Ba oja ha ap o echado pa a un episodio de su
no ela La
e ia
de /os
disc dos.
Su mue e ale e, cuando se di i-
gía á caballo á inco po a se á las u bas e oluciona ias la íspe a
de la ba alla (le Alcolea, aún se dice con indignación; como la de
aquel o o bandido cuyo is e in cuen a una insc ipción lapida-
ia en la capilla de un co ijo de Mon illa, pasado de pa e á pa e
de un bo e de lanza po un o icial demasiado celoso, cuando ya
el indul o le ampa aba de sus c ímenes (i).
Así, en de ini i a, la del bandole ismo ha sido y es una co ien-
e con inua en Andalucía, como la del Guadalqui i p ecisamen-
e; co ien e que desbo da, como la de 'és e, en ocasiones que la
his o ia cuida de no a , á la mane a de las lápidas conmemo a i-
as de las g andes iadas, en la e mi a co dobesa de la Fuen-
san a.
De aquí un e ec o singula ísimo que sólo se ad ie e en el ban
dole ismo andaluz, den o de nues a pa ia.
La e iología del bandole ismo se compone--como es sabido
de dos momen os. Uno, de seg egación
(apo henosis,
según la no-
mencla u a de Aube )
po el cual el indi iduo, á causa de
algún ye o come ido, se pone en ebeldía en e á la ley, y des-
obedeciendo el bando que le llama, se cons i uye, de hecho, en
bandido (3). O a, de o ganización de una ida hos il á la socie-
dad
(enan ilyosis),
ag upándose los bandidos, po a inidad y ne-
cesidad, en la banda po la que se llaman bandole os.
Aho a, en el bandole ismo andaluz:
(i) Lamen amos no pode p ecisa más. El nomb e del bandido, del
ma ado y del co ijo, es aban en una hoja, única que el ien o ha a as-
ado de cuan as ajimos de Andalucía.
(2)
Le Medio-social,
Pa ís, 1902.
(3)
En el de echo ac ual, no exis e la ins i ución del bando,
sino en
la
o ma áci a de la ebeldía. La úl ima huella del bando, se encuen a en
el Dec e o ley de 17 de Ab il de
1821,
sob e obo en despoblado y
en
cuad illa, a s. 4 á
7.
BANDOLERISMO Y DELINCUENCIA SUBVERSIVA EN ANDALUCÍA
53
a)
La
apo henosis,
ó iene una le ísima mo i ación ó ca ece
de mo i ación en e amen e. El bandido, sin d ama alguno in e-
io , sin con lic os ni ad e sidades sociales c í icas, se lanza al
campo po ocación , con e ida en p o esión de su ida. Á lo
sumo, su seg egación a p ecedida de pequeñas y epe idas a-
pacidades que, señalándole en el concep o público, le obligan, en
de ini i a, á es a especie de asmu ación, ampliada, de alo es.
b)
La
enan ibyosis,
en algunas de las mani es aciones del e-
nómeno, el bandole ismo es epeño especialmen e, iene una
excepción pa icula , en el sen ido de que no a ec a al g upo social
o igina io (el pueblo, el municipio) y sí sólo á los ex años, ó,
hablando con mayo exac i ud,
á
los o as e os.
En es a modalidad especial, el bandole ismo es epeño, como
o ma de delincuencia ex a-municipal que llama íamos, se e o-
ae á las épocas medioe ales y á las más a caicas, p ehis ó icas
en e amen e, en que la unidad social no pasaba de la aldea, la
ciudad, el municipio, y el concep o del deli o no iba más allá de
sus mu os, desc iminándose en el ac o oda acción de apacidad
ó de odio más allá de ellos.
Pe o en de ini i a su signi icación— ol amos
á
deci lo—es
en e amen e e nog á ica, como ac edi a es e pos e hecho un-
damen al: la acen uación de los ca ac e es de aza que se ad ie -
e en los bandidos andaluces, ajenos, en cambio, á la pa ología.
Lo hemos en e is o ya en el índice ce álico, en la mandíbula, en
la o eja, limi ándonos á la An opología ísica. El bandole o an-
daluz, en gene al, sin pe juicio de las ine i ables a iedades exó-
icas é indi e en es, es un andaluz de cas a; a as eces un dege-
ne ado
ó
un epilép ico. El c iminalis a que, in luido po la di ec-
ción psicopá ica de la An opología c iminal, pase el umb al de
Andalucía y conside e de ce ca, en las cá celes ó en libe ad, la
igu a de es os malhecho es, su i á una p o unda ec i icación
de su pun o de is a, que le se á p o echosa, si la acep a
como
es y no piensa—menguado e ichis a de sus doc inas —al
Na u aleza se equi oca .
En cambio, si del bandole ismo
podemos
exclui
J,
54
C. 13. DE QUIRÓS Y PÉREZ
económico ó educi le á mínimas p opo ciones, no di íamos o o
an o de la delincuencia sub e si a.
Aquí es á en oda su eno me complejidad; pe o con una des-
iación no menos singula é in e esan e: la de desconoce se á sí
p opio, has a nega se.
El hamb e que decían padece los jo nale os de la loca en a-
i a de Je ez, e a—según sus palab as «hamb e de dignidad»,
como decían á odas ho as, con los ópicos abundan es de la li e-
a u a de la sec a. An es que los bienes económicos eían y po-
nían los bienes inma e iales, desde el deco o pe sonal á la se e-
nidad de
.
1a ida in e io en el compo amien o con el homb e.
Po es o la Bé ica ha p e e ido siemp e el Ana quismo al Socia-
lismo; po que aun llegando á ene és e la misma ampli ud de
e o ma que aquél, el p ime o plan ea el p oblema, ya que no
en un e eno más ele ado, bajo el ángulo isual y en la pe s-
pec i a que le es más g a a. El sen ido del ma e ialismo his ó-
ico, del p edominio de los ac o es de nu ición, epugna p o-
undamen e á una aza ul a-sen imen al que, si no eó icamen e,
ha sabido c ea median e la acción, que ale más, una doc ina
con a ia, que pone bajo odas las cosas, como aíz, y sob e o-
das ellas, como é mino, el alo de los ac o es de la ida de
elación, en sus dos o mas gemelas y con a ias de amo y odio.
Es ípico, en es e sen ido, episodio como el de la huelga gene-
al de Có doba de 1903, mo i ada po un es ado de espí i u ge-
ne oso, en que el p incipio egoís a de la lucha po la ida se
deshace y aniquila en el al uismo de la conciencia de g upo.
Fué una c isis anómala de abajo sob e enida en momen os
en que la ciudad se llenaba de ob e os o as e os. Y an e el
acue do del Ayun amien o de emedia la concediendo abajo
sólo á los b ace os co dobeses, su gió la huelga, con la imposi-
ción de emedia á odos, co dobescos ó no co dobeses, andaluces
ó no andaluces, odos humanos y he manos, dignos de un sólo
a amien o,
BANIS01,4
1
RISMO
Y
DELINCUENCIA 1UBVERSIVA EN ANDALUCÍA
55
He aquí cuan o nos c eemos au o izados pa a deci , sin pe -
juicio de ol e á insis i , incluso pa a ec i ica , en un asun o
pa a noso os an in e esan e.
•
El iempo de nues o es udio en el país ha sido b e e. Pe o lo
se ía, en el ondo, cualquie o o, an e la ex ensión y p o undi-
dad del asun o, en e amen e ilimi ados.
Mí ense únicamen e es as páginas como mues a del in e és
que nos lle ó á solici a el auxilio de la
JUNTA,
gene osamen e
o o gado.
ÍNDICE
Págs
INTRODUCCIÓN.. .. • • • .
• •
• • •
5
PARTE PRIMERA.—EL
BANDOLERISMO.
9
Rep esión Zugas i
9
Renacimien o y ans o mación del bandole ismo
I O
Los «San os luga es» .
•14
La e ulia del «Seño Juan Caballe o»
i8
«Vizcaya», «Vi illo», «Pe nales»
22
Ab il,
1911 ..
•
30
PARTE SEGUNDA.—LA
DELINCUENCIA SUBVERSIVA
33
La «In e nacional» en España
33
La «Mano Neg a»
.
35
Asal o de Je ez po los jo nale os.
42
A enuación y ans o mación.
• •
47
CONCLUSIÓN
•
•
II •
...............
50