Ha
ET73E
E
>
.D.
CRISTOBAL
JURADO
CARRILLO,
PBRO.
-
CUENTO
ANDALUZ
eS
a
:
EL
TRAJE
DE
LUCES:
il
T abajo
p emiado
con
OBjeTo
DE
Á TE
y
DipLOMaA
DE
Hono
en
el
Ce amen
público
Li e a io
y
A ís ico,
de
1915
celeb ado
po
la
«Academia
Bibliog á ico
-
Ma iana,
»
de
Lé ida
en
Hono
de
Nues a
Seño a
del
Rocío.
|
LÉRIDA
:
IMPRENTA
MARIANA
:
1916.
NT
TE
S
z
e
pl
a
a
Peg
a
dio
A
A
Sl
de
VES
E
A
o
e
E
DAA
,
Ce
D.
CRISTOBAL
JURADO
CARRILLO,
PBRO.
CUENTO
ANDALUZ
EL
TRAJE
DE
LUCE
T abajo
p emiado
con
OBjeTO
DE
ARTE
y
DipLomA
DE
HONOR
en
el
Ce ámen
público
Li e a io
y
A ís ico,
de
1915
celeb ado
po
la
«Academia
Bibliog á ico
-
Ma iana,
de
Lé ida»
en
Hono
de
Nues a
Seño a
del
Rocío.
LÉRIDA
:
IMPRENTA
MARIANA
:
1916
“LICENCIA
ECLESIÁSTICA
Aa
O
CUENTO
ANDALUZ
El
T aje
de
Luces
Lema:
Nues a
Seño a
del
Soco o.
LOS
COMIENZOS
Cuando
el
iaje o
se
ap oxima
a
la
ciudad
de
Hue a:lo
p ime-
o
que
se
le
o ece:a
sus
ojos,
po
la
pa e
del
Es e,
es
el
ba io
llamado
del
Pol o ín,
o mado
de
míse as
casas,
con
echumb es
de
hojas
de
la a
y
o os
despojos.
En
el
se
hallan
los
g andes
depósi-
os
de
mine al
de
cob e;
«que
la
compañia
de
Rio-Tin o
iene
allí
es-
ablecidos.
Mas
si
la
is a
de
es a
ba iada
no
es
del
odo
halagueña,
en
cambio
los
ho izon es
que
desde
allí
se
dominan
son
magni icos.
En
lon ananza
se
di isa
el
azul
oscu o
del
ma ,
que
hace
juego
con
el
del
cielo
y
los
copos
blancos
de
las
nubes,
y
los
mon ículos
de
a e-
Va
6
CUENTO
ANDALUZ
na
que
si en
de
diques
al
O ceano,
espa cidas
aquí
y
allí,
como
en
Visiones
de
espejismo,
'
apa ecen
los
g andes
Vapo es
come cia-
les,
con
sus
cascos
neg os,
sus
palos
enhies os
y
sus
bande as
mul-
icolo es;
ap isionados,
al
apa ece ,
con
los
sobe bios
muelles
de
la
ia..
Al
O ien e
se
en
las
mon añas
e dosas,
como
mo as
de
albahaca,
en e
las
cuales
se
islumb a,
como
blanca
paloma
en
su
nido,
el
San ua io
de
Nues a
Seño a
de
la
Cin a,
Pa ona
de
Huel-
a,
y
a
Su
al ededo ,
ecos ados
y
como
du mien es,
innume ables
case ios,
que
pa ecen
gua dianes
de
hono
de
la
mansión
de
la
Vi gen.
Si
se
ex iende
la
mi ada
po
el
Occiden e
se
des aca
en
el
azul
limpio
del
i mamen o
el
monumen o
a
Colón,
sobe bio,
blan-
co,
mages uoso
y
silencioso,
como
el
gigan e
que,
se
p ecia
dueño
de
su
pode ío
y
g andeza;
no ándose
a
sus
lados,
como
pe didas
en e
las
b umas,
las
silue as
de
a ios
pueblos
del
Condado;
que
mues an
aci u nas
sus
o es
y
agujas
en
di ección
a
los
cielos.
Huel a
se
ex iende
a
lo
la go
de
los
b azos
del
ma ,
como
he -
mosa
sul ana
ecos ada
en
su
ha én
En
el
ba io
del
Pol o ín,
ya
nomb ado,
podia
señala se
una
case a
de
made a,
mal echa,
donde
i ia
una
pob e
iuda
con
es
hijos
pequeños;
siendo
el
mayo ,
Manolo,
a
quien
sus
cama adas
llamaban
Manolillo
el
Choque o.
En
es e
p imogéni o
enía
ci adas
la
buena
mad e
odas
sus
espe anzas.
Piadosa
de
suyo
educó
a
es e
consuelo
de
su
ida
en
las
máxi-
mas
c is ianas
y
en
el
abajo;
dedicándose
ambás
a
la
se idum-
b e
de
sus
semejan es
y
a
lle a
agua
a
sus
'con ecinos
de
las
uen es
p óximas.
La
i uosa
mad e,
pa a
más
A
CA A
su
piedad
y
buena
edu-
cación,
había
conseguido
su
admisión
en
las
clases
de
los
pob es
de
las
Escuelas
del
Sag ado
Co azón,
di igidas
po
el
S .
A cip es-
e
y
el
S .
Siu o ;
epi iendo
las
céleb es
palab as
que
la
eina
D.*
Blanca,
decia
a
su
p imogéni o:
«Deseo
más
u
mue e
que
e e
en uel o
en
las
abominaciones
del
pecado.
»
.
Más
como
odas
las
cosas
ienen
su
pe o
y
sus
con adicciones,
y
no
hay
egla
sin
excepción,
po
mala
sue e,
en
el
ba io
del
Pol o ín,
se
hallaba
y
se
halla
el
ma ade o
público,
donde
odos
los
días
se
hacía
el
encie o
de
las
eses
que
habian
de
sac i ica se
pa a
el
consumo
de
la
población.
Manolillo,
como
odos
los
chiquillos
del
ba io,
se
hizo
a iciona-
dísimo
a
los
o os,
y,
aunque
e a
noble,
sencillo
y
piadoso,
e a
lo
que
decia
él:
«cuando
yo
sea
o e o
mi
pob e
mad e
y
mis
he ma-
,
EL
TRAJE
DE
LUCES
d:
ni os
no
pasa án
an as
a igas,
y
además
yo
pod é
hace
muchas
cosas
buenas
po
los
des alidos.
Fijo
en
es a
idea
ju enil,
como
en
una
es ella
del
No e,
se
hi-
ZO
él
mismo
su
capa
de
o e o
y
se
p opo cionó
los
demás
chi im-
bolos
del
o eo
de
niños.
Es a
misma
a ición
y
gus o
los
conse aba
en
la
escuela,
en e-
eniéndose
muchas
eces
en
pin a
o os
y
o e os
en
los
lib os,
y
-a
eces
o eaba
a
sus
cama adas
con
odas
las
eglas
del
a e.
Un.
día,
el
S .
Siu o
llamó
a
su
mad e
y
le
dijo:
Seño a,
engo
el
disgus o
de
mani es a
a
V.
que
su
hijo
no
puede
con inua
po
más
iempo
en
la
escuela;
pues
nos
ae
e uel os
a
odos
los
de-
más
chicos
con
sus
a iciones
au ó ilas:
es
bueno,
humilde,
sencillo
y
piadoso;
pe o
no
hay
quien
le
pueda
qui a
esa
manía.
Yo
le
co-
loca é
en
o a
pa e,
a endiendo
a
sus
buenas
cualidades
y
además
a
las
necesidades
de
V.,
y
a
e
si
con
la
mayo
sugeción
modi ica
sus
gus os.
La
pob e
iuda
llo ó;
pe o
se
esignó
a
la
olun ad
de
Dios
que
le
depa aba
aquella
mala
es ella,
En
odas
las
colocaciones
que
se
le
p opo ciona on
a
Manolillo
ué
despedido
po
sus
a iciones
a
la
au omaquía.
14
CUENTO
¡ANDALUZ
TOROS
EN
EL
SANTUARIO
,.
Y
MILAGRO
ESTUPENDO
Con
mo i o
de
las
es au aciones
e i icadas
el
año
de
1915
en
el
emplo
de
N a.
S a.
del
Rocío,
las
ies as
y
ome ías
p ome ían
se
expléndidas.
Muchas
pe sonas
impo an es
de
la
egión
enían
dados
g andes
dona i os
y
has a
los
o e os,
el
Gallo
y
Belmon e,
|
habían
con ibuido
con
sus
limosnas.
Los
pe iódicos
andaluces
ha-
UR
bian
publicado,
epe idas
eces,
la
magni icencia
de
los
es ejos;
y
has a
se
habían
anunciado
ce ámenes
en
hono
de
la
di ina
Seño a;
cuyo
san ua io
e a
el
más
enomb ado
de
oda
la
coma ca.
Manolillo,
el
Choque o,
ambién
pensó,
pa a
no
queda se
a ás
de
los
demás,
hace
su
humilde
o enda
a
Ma ía;
pe o
calló
en
que
consis i ía
y
no
dijo
a
nadie
una
palab a.
La
He mandad
o
ome ía
de
Huel a
hacia
ambién
es e
año
co-
Sas
ex ao dina ias,
po
el
núme o
de
los
es ejos
y
la
calidad
de
los
acompañan es.
Llegado
el
día
de
su
salida
pa a
el
san ua io
de
Almon e,
las
calles
de
la
capi al,
po
donde
había
de
pasa
la
comi i a,
hallabán-
se
apizadas
de
ye bas
olo osas,
las
casas
apa ecían
engalanadas;
las
ca e as,
en
núme o
ex ao dina io,
iban
ado nadas
con
is o-
sas
elas,
pañuelos
de
Manila
y
gui naldas
de
ollaje,
y
has a
las
mulas
de
i o
os en aban
en
los
cabezones
amos
de
lo es.
Se
lle-
aba
de
ex eno
un
simpecado
bo dado
en
o o,
de
singula
magni-
-— icencia.
Y
al
e a
la
mul i ud
de
jine es,
que
iban
y
enían
de
un
lado
pa a
o o,
que
más
pa ecía
aquello
un
ac o
gue e o,
le
EL
TRAJE
DE
LUCES
15
Las
au o idades
de
la
población,
seguidas
de
las
bandas
de
mú-
Sica,
acudie on
a
despedi
a
los
ome os
y
a
p esencia
los
uegos
de
a i icio.
Los
momen os
del
adios
y
despedida
ue on
emocionan es,
pues
los
i as
a
la
Vi gen
del
Rocío
se
con undian
con
la
ma cha
Real
in e p e ada
po
las
bandas
de
música,
los
dispa os
de
los
cohe es
y
los
sonidos
de
la
gai a
y
el
ambo .
Los
pañuelos
se
agi aban
al
ien o
y,
has a
bien
lejos
de
la
población,
una
mul i ud
con usa
y
abiga ada,
que
p oducía
el
uido
de
los
o en es,
acompañó
a
la
He mandad
del
Rocío.
Manolillo,
el
Choque o,
se
había
dado
azas
es e
año
de
ob e-
ne
un
jaco
de
un
amigo
suyo;
pe o
an
malhecho
y
delgado,
que
“más
bien
pa ecía
el
Rocinan e
de
D.
Quijo e.
Siemp e
iba
ezagado
del
es o
de
la
He mandad,
pues
el
penco
es aba
más
p óximo
de
la
mue e
que
de
oma
pa e
en
los
jaleos
del
Rocío.
La
pe sona
de
Manolillo,
como
la
del
caballe o
de
la
is e
igu-
a,
causaba
la
i isión
de
los
ome os,
:
Las
ies as
de
la
Vi gen,
aquel
año,
en
el
San ua io
de
Almon-
e,
ue on
an
magni icas
y
al
el
núme o
de
gen es
y
he mandades,
que
los
ecinos
del
pueblo
no
eco daban
o as
iguales.
El
Choque o
se
las
compuso
de
al
modo
que
pudo
os en a
una
“ ela
encendida
du an e
la
p ocesión
iun al
y
además
lle a
sob e
“sus
homb os
el
paso
de
la
Vi gen,
cosa
casi
imposible
a
los
ex a-
-
ños
de
Almon e.
Una
ez
e minados
los
cul os
eligiosos,
las
He mandades
o-
das
de
la
Región
y
las
mul i udes
se
despidie on
de
la
Vi gen,
e-
g esando
a
sus
hoga es,
aleg es
y
bulliciosas,
comen ando
el
es-
plendo
de
las
ies as.
Manolillo,
el
Choque o,
se
quedó
ezagado
y
ocul o
en
un
es-
peso
pina ,
que
había
ce ca
del
san ua io,
pa a
hace
en
ocasión
opo una
y
a
solas
su
pob e
homenaje
a
la
San a
Vi gen.
Ap o echando
la
ocasión
en
que
el
emplo
es aba
desie o,
y
el
e mi año
y
su
esposa
ocupados
en
sus
quehace es,
pene ó
en
él,
lle ando
debajo
del
b azo
sus
chi imbolos
de
o e o,
y
pues o
de
odillas
an e
el
al a
de
la
Vi gen,
le
hizo
la
siguien e
súplica.
«¡Mad e
mía,
yo
soy
un
pob e
y
desg aciado
o e o
y
nada
he
podido
o ece e
como
las
demás
gen es,
que
e
han
egalado
luces,
misas,
obje os
y
dine o;
pe o,
ag adecido
a
us
a o es,
yo
am-
bien
quie o
hace e
el
homenaje
que
puedo,
pa a
que
p o ejas
a
mi
des alida
mad e
y
a
mis
he mani os!
¡Aun
oda ía
no
he
p obado
la
-
g acia
de
Dios!»
Al
deci
es o
se
le
caye on
dos
g uesas
lág imas.
-
16
CUENTO
ANDALUZ
A
Después
de
una
b e e
pausa
se
le an ó,
encendió
las
luces
del
al a
y,
cogiendo
sus
as es
del
o eo,
se
puso
a
eje ce
su
a e
an e
la
p esencia
de
la
di ina
Seño a.
P ime amen e
hizo
el
paseo
con
odas
las
de
la
ley,
ciñéndose
bien
la
capa
al
cue po
y
a a eando
el
pasacalle
musical;
despues
e i icó
los
qui es
de
caballos
y
la
sue e
de
bande illas;
y
úl ima-
men e
las
aenas
de
ma a
el
o o,
con
los
a ios
pases
mode nos
de
pecho,
al o
y
moline e,
con
imi ación
de
Juan
Belmon e
y
el
Ga-
llo
Chico.
En
la
desie a
iglesia
solo
se
oía
la
oz
queda
del
o e-
illo
en
cada
una
de
las
sue es,
ya
ci ando
al
o o
desde
ce ca
o
llamándole
a
lo
lejos;
el
chispo o ea
de
los
ci ios
y
el
go jeo
de
las
golond inas
que,
como
únicas
espec ado as,
eje -
ci aban
sus
in e minables
go jeos
sob e
los
a esonados
del
san-
uaá io.
Manolillo
u o
la
mala
sue e
de
que,
en
uno
de
los
pases
de
moline e,
de ibó
a ias
sillas,
que
se
hallaban
ce ca
al
al a
de
Ma ía;
p oduciéndose
g an
es épi o,
y
dando
es o
mo i o
a
que
acudiese
la
san e a
que,
a óni a,
desde
la
pue a
de
la
iglesia,
p e-
senció
la
p o anación
del
san ua io.
;
Monolillo,
odo
sudo oso,
en usiasmado
y
embobado
en
su
a e,
:
no
se
dió
cuen a
de
la
p esencia
de
la
enca gada,
la
cual
co ió
p e-
su osa
a
llama
a
su
ma ido,
pa a
que
impusie a
a
aquel
desalmado-
el
me ecido
cas igo.
El
e mi año,
habiéndose
hecho
de
un
ga o e,
se
dispuso
a
om-
pe lo
en
las
cos illas
del
o e o
bellaco
y,
habiendo
en ado
p eci-
pi adamen e
en
la
iglesia,
con
su
esposa,
pa a
hace
el
esca mien o,
cual
no
ué
su
so p esa
al
e
que
el
emplo
se
hallaba
con e ido.
en
una
he mosa
plaza
de
To os.
En
el
palco
p incipal
se
eía
la
Vi gen
Ma ía
con
el
niño
Jesús
en
sus
b azos,
odeándoles
los
após oles
y
e angelis as;
iéndose
en
el
es o
de
las
g adas
núme-
osos
ángeles
y
san os.
En
el
edondel
apa ecía
el
o e illo,
lucien-
do
sus
habilidades
y
haciendo
p imo osos
juegos
de
capa
con
un
b a ísimo
bece o.
Gh
El
san e o
y
su
esposa
se
queda on
es upe ac os
de
lo
que
O.
eían.
F o á onse
los
ojos,
po
si
e a
e ec o
de
la
o uscación
que
5
aían:
pe o
nada,
la
más
exac a
ealidad
se
les
ol ió
a
p esen a .
Asomb ados,
se
adosa on
ce ca
de
las
pue as
del
emplo,
has a
e
en
que
pa aba
aquel
caso
es upendo.
Más,
a
los
pocos
ins an es,
cesó
po
comple o
la
isión,
obse -
.
-" ándose
el
emplo
soli a io
como
de
o dina io,
y
no ándose
sola-
EL
TRAJE
DE
LUCES
17
e
men e
que
el
o e illo,
con
la
capa
e ciada
en
su
b azo
de echo,
es aba
de
pié
an e
el
al a
de
Ma ia.
-
C eyendo,
pues,
los
enca gados
de
la
e mi a,
que
odo
lo
acae-
cido
había
sido
ilusión
de
los
sen idos,
se
dispusie on
nue amen e
a
a oja
a
aquel
opa-suel a
del
emplo,
según
sus
p ime os
p opó-
si os,
cuando,
al
ace ca se
al
Choque o,
oye on
admi ados
que
la
Vi gen
del
Rocío
les
econ enía
de
es e
modo:
¿Que
ais
a
hace ?...
¿Acaso
no
sabeis
que
me
gus an
los
ho»
menajes
de
los
pob es,
humildes
y
sencillos
de
co azón?....
¡Cuan-
os
hay
que
me
elogian
con
sus
labios
y
dones,
pe o
su
co azón
es-
á
muy
lejos
de
mí!...
¿No
eco dais
que
mi
Hijo
ha
p ome ido
ecompensa
la gamen e
aunque
sea
un
aso
de
agua
que
se
dé
gene osamen e
en
nues o
hono ?...
¿Desconoceis
que
me
ag ada
más
el
sac i icio
que
las
íc imas?...
¿Igno ais
que
me
gus an
las
súplicas
del
pob e
Láza o
y
del
desconocido
publicano
y
el
pequeño
6bolo
de
la
iuda?...
El
san e o
y
su
esposa
caye on
a odillados
y
no
se
a e-
ían
a
le an a
sus
cabezas,
llenos
de
es upo
po
lo
que
les
pasaba.
El
sol,
al
en a
po
los
en anales,
iluminaba
el
san ua io
con
luces
ex ao dina ias,
como
si
quisie a
mos a
allí
mismo
su
ceni .
Las
campanas
de
la
o e
epicaban
Solas,
de
una
mane a
insóli a
y
aleg ando
los
campos
con
sus
a gen inos
ecos
y
llamando
la
a en-
ción
de
los
pas o zuelos
y
de
la
gen e
sencilla.
El
ó gano
dejó
oi
ambien
sus
aco des
melodiosos,
y
el
ma
empujó
con
sus
b isas
los
a omas
de
la
lo
del
ome o,
de
los
can uesos
y
omilla es,
llenan-
do
el
sag ado
ecin o.
Manolillo
ag adecido
a
la
p o ección
de
la
di ina
Seño a,
subió
a
besa
su
man o
y,
an es
de
despedi se,
le
pidió
las
g acias
si-
guien es:
“a
Que
le
pe mi iese
mo i
como
buen
c is iano,
en
cuyas
máxi-
mas
le
habia
ins uido
su
buena
mad e,
y
que
llegase
a
es i
el
aje
de
luces,
lo
cual
le
o o gó
la
di ina
Seño a.
La
Vi gen,
an es
de
ma cha se
Manolillo,
dispuso
que
San
Juan
E angelis a
le
egalase
el
águila
que
lle aba
en
sus
homb os,
la
cual,
al
momen o,
se
ans o mó
en
un
gallo
he mosísimo,
con
el
in
de
que
u iese
pa a
come
du an e
el
iaje.
San
Ma cos
le
cedió
el
-
león,
pa a
que
le
de endiese
en
el
camino.
Y
ambien
dispuso
Ma ía
que
San
Lucas
le
egalase
el
o o
que
enía
a
sus
plan as,
pa a
ali-
io
y
sos én
de
su
mad e
y
he manos.
El
o o
pequeño
del
E angelis a
omó
enseguida
el
aspec o
de
da
e
:
;
CUENTO
ANDALUZ
e
un
animal
lucido
y
he moso,
de
muchos
kilos
de
peso.
Y
el
león
se
hizo
de
g an
amaño
y
la gas
y
sedosas
melenas.
Más,
al
baja
el
o o
y
el
león
del
al a
mayo ,
el
san e o
y
su
esposa,
a emo izados,
co ie on
a
e ugia se
en
el
púlpi o,
sospe-
chando
que
al
ez
aquel
suceso
po en oso
pudie a
e mina
en
agi-cómico
o
sang ien o;
siendo
ellos
los
co neados
y
ol eados
po
el
o o
o
comidos
de
la
ie a
po
se
demasiado
pecado es.
+
El
o o
y
el
león
siguie on
después
al
Choque o
con
la
misma
docilidad
de
un
pe o.
La
di ina
Seño a
enca gó
po
úl imo
al
o e illo
que
uese
a
de-
ci ,
de
su
pa e,
al
S .
A zobispo
de
Se illa,
que
que ía
que
ue-
se
co onada
solemnemen e
su
imagen
del
Rocío
en
ecue do
de
su
Asunción
glo iosa
a
los
cielos.
Y,
al
e ec o,
pa a
hace se
c ee
en
su
misión,
el
león
y
el
o o,
que
le
acompañaban,
se
educi ían
a
un
amaño
an
pequeño
que
pod ía
lle a los
po
la
capi al
de
Anda-
lucía
en
una
jaula
de
cana ios;
haciendo
uso
de
ellos
cuando
lo
c eyese
opo uno.
Manolillo,
en
su
humildad
y
nobleza,
no
dió
impo ancia
a
los
sucesos
p odigiosos
ocu idos
en
la
e mi a
y
a
nadie
dijo
una
pala-
b a
de
lo
sucedido.
pa a
el
que
la
P o idencia
dispusiese.
VI.
VISITA
AL
ARZOBISPO
.—
HALLAZGO
DE
UN
TESORO
A
A
ES
E
Pues o
en
ma cha,
con
di ección
a
Se illa,
la
ex aña
ca abana,
odos
los
caminan es
o
anseun es
le
hab ian
paso
o
le
cedian
la
ez,
pues
el
león
con
sus
melenas
enc espadas
y
sus
ugidos
y
el
o o
con
sus
b amidos
in undian
pa o .
Habiendo
llegado
a
la
mi ad
del
camino,
hicie on
al o
y
se
pu-
sie on
a
descansa
bajo
las
somb as
de
unos
g andes
á boles;
que-
dándose
do mido
Manolillo,
con iando
en
sus
pode osos
gua dianes.
El
o e o,
al
despe a ,
obse ó
que
el
león,
du an e
el
sosiego
y
la
anquilidad,
habia
esca deado
en
el
suelo,
a
poca
dis ancia,
al
pié
de
un
a bol
co pulen o,
dejando
al
descubie o
un
a ca
de
hie o
con
es
lla es.
Se
ace có
Manolillo
po
cu iosidad,
a
e
lo
que
con enía,
la
ab ió,
y
encon ó
en
ella
un
ico
eso o,
ence ado
en
o as
a ias
cajas.
Se
aleg ó.
de
aquella
o una;
pe o'ho
se
en u-
siasmó,
no
solo
po que
no
había
is o
nunca
el
o o
acuñado,
sino
ambién
po que
siemp e
habia
oido
deci
en
las
Escuelas
del
Sag a-
do
Co azón,
que
C is o
decia
en
su
E angelio,
que
e a
más
di icil
que
un
ico
se
sal ase
que
el
que
un
camello
en ase
po
el
ojo
de
una
aguja.
Así
solo
se
con en ó
con
gua da
sus
pa es
pequeñas,
una
pa a
los
pob es
que
encon ase
en
el
camino,
o a
pa a
los
San-
ua ios
de
la
Vi gen
de
los
pueblos
del
ánsi o
y
especialmen e
pa a
los
emplos
de
la
Cin a
y
del
Rocio,
y
la
e ce a
pa a
su
ma-
d e
y
he manos.
El
es o
del
eso o
lo
ol ió
a
sepul a
y
lo
dejó
”
oya
20
CUENTO
ANDALUZ
ii
a
E
AAA
-
Después,
habiéndose
uel o
a
sen a
a
la
somb a
de
los
á boles,
se
en e u o
en
lee
las
sen encias
que
había
g a adas
en
las
mo-
nedas
de
o o,
que
e an
las
siguien es:
«El
p incipio
de
la
Sabidu ía
es
el
emo
de
Dios.»
«La
iglesia
y
la
escuela
amino an
los
c imenes.»
«La
i ud
es
más
p eciosa.
que
el
o o.»
«La
é
pa a
odo
si e
y
pa a
nada
es o ba.»
«El
a-
bajado
se
pa ece
a
Dios,
que
c ea
y
conse a,
po
eso
Dios
p e-
mia
al
abajo.»
«La
ca idad
es
la
lla e
que
ab e
las
pue as
del
cielo.»
«La
mayo
sa is acción
pa a
el
homb e
es
ob a
bien.»
Con inuando
Manolillo
su
iaje,
al
llega
a
Se illa,
acomodó
el
jaco
en
una
en a
de
las
a ue as
de
T iana,
colocando
al
león
y
al
o o
en
una
jaula
que
había
comp ado
en
el
camino,
con
el
in
de
no
llama
la
a ención,
di igiéndose
inmedia amen e
al
palacio
A -
zobispal.
“Al
pasa
po
la
ca ed al,
en ó
en
ella,
según
su
de oción
y,
habiendo
oido
celeb a
a
la
Vi gen
de
los
Reyes,
se
di igió
a
su
capilla,
o ando
an e
su
al a ,
y
deposi ando
en
el
cepillo
a ias
mo-
nedas
de
o o.
:
Después
ma chó
a
la
esidencia
del
S .
Ca denal,
en
donde
in-
o mado
en
la
po e ía
de
las
ho as
de
Audiencia,
se
encaminó
al
salón
de
espe a,
acomodándose
en
un
incón,
has a
que
le
llegase
el
u no.
El
paje,
enca gado
de
anuncia
a
las
pe sonas,
al
e
a
aquel
jo en,
con
blusa
y
es ido
poco
decen es,
alpa ga as
y
capa
de
o-
e o,
y
con
un
en ol o io,
que
e a
la
jaula,
se
ace có
a
él,
co es-
men e,
y
le
dijo:
«Si
desea
e
al
S .
Ca denal
pa a
ob ene
alguna
limosna,
yo
se
la
da é,
pues
en
ese
aje
es
imposible
que
pueda
us ed
pasa
a
habla le,
po
no
se
cos umb e
p esen a se
an e
su
Eminencia
de
ese
modo,»
«Seño ,
con es ó
.
Manolillo,
poniéndose
de
pié,
yo
no
engo
a
pedi
nada,
pues
aunque
soy
pob e,
hoy
nada
necesi o;
pe o
engo
que
da
un
ecado
de
g an
in e és
al
S .
A zobispo.
Además
como
“no
Soy
ico
no. engo
o o
es ido.»
«El
ecado
que
us ed
quie a
da le,
insis ió
el
capellán,
puede
dá melo
po
esc i o
o
yo
se
lo
esc ibi é,
pa a
lo
cual
en
aquella
me-
sa
hay
in a
y
papel,
pues
pasa
a
e
a
su
Eminencia
no
puede
se .»
Manolillo,
que
e a
humilde,
su ido
y
esignado,
no
que iendo
hace
uso,
ue a
de
iempo,
de
las
p e oga i as
que
le
había
dado
la
San ísima
Vi gen,
calló
y
agua dó
p uden emen e
la go
a o,
espe ando
que,
al
ez,
modi icase
su
ac i ud
el
pad e
capellán.
EL
TRAJE
DE
LUCES
21
Po
in,
habiendo
llegado
la
ho a
de
las
doce,
la
campana
mayo
de
la
Gi alda
ocó
el
«Angelus»;
que
odos
los
del
salón
de
isi as
eza on
de
pié,
y,
enseguida,
el
paje
dijo
en
al a
oz:
«¡Ha
e mi-
nado
la
ho a
de
audiencia!»
>
Vis o,
pues,
po
Manolillo
que,
después
de
habe
ago ado
odos
los
ecu sos
de
paciencia,
le
e a
imposible
cumpli
el
enca go
de
Ma ía,
desenlió
el
en ol o io
de
la
jaula,
y
habiendo
sacado
de
la
misma
al
león
y
al
o o,
es os
animales
oma on
ins an áneamen e
o mas
co pulen as,
a ogan es
y
amenazado as.
La
con usión
que
se
o iginó
en
el
salón
de
espe a
ué
eno me;
el
paje
co ió
a
esconde se
bajo
la
mesa
de
esc i o io;
algunas
se-
ño as
su ie on
desmayos;
y
o os
caballe os
se
gua ecie on
debajo
de
los
bancos
o
se
subie on
donde
mejo
pudie on.
A
las
oces,
g i e ía
y
con usión,
acudie on
de
las
a ias
de-
pendencias
del
palacio
a zobispal
el
S .
Sec e a io
de
Cáma a,
el
P o iso ,
el
No a io
Mayo
y
o os
al os
empleados;
pe o
al
aso-
ma se
al
salón
de
isi as
y
e
lo
que
pasaba,
no
se
a e ie on
a
«en a
en
él.
El
uido
y
las
oces
llega on
ambién
a
oidos
del
p elado,
el
cual,
pa a
ce cio a se
de
lo
que
pasaba
y
pues o
que
el
paje
nada
le
anunciaba,
ab ió
la
pue a
de
la
sala
de
audiencia,
Al
e
aquel
espec áculo,
el
S .
A zobispo,
sus
p ime os
pen-
samien os
ue on
pone se
a
sal o
como
los
demás,
pe o
Manolillo
se
adelan ó,
le
anquilizó
y
haciendo
una
señal
a
los
demás
pa a
que
se
ap oximasen,
diciéndoles
que
nada
les
pasa ía,
pene a on
odos
en
el
salón
del
ono.
El
p elado,
el
p a iso
y
sec e a io
ocupa on
la
p esidencia,
"llenándose
los
es an es
escaños
con
las
pe sonas
que
habian
acu-
dido;
las
cuales
no
cesaban
de
mi a
al
o o
magni ico
y
al
sobe -
bio
león
de
la gas
melenas
que,
cual
celosos
gua dianes,
se
colo-
«ca on
a
los
lados
del
o e o.
sa
Cuando
odos
es u ie on
p opicios
a
escucha le,
Manolillo
ma-
ni es ó
al
S .
Ca denal
lo
que
le
había
ocu ido,
y
como
Nues a
Seño a
del
Rocio,
en
su
san ua io
de
Almon e,
le
había
enca gado
que
iniese
a
mani es a le,
que
que ía
que
su
e igie
ue a
co onada
solemnemen e
en
ecue do
de
su
Asunción
glo iosa
a
los
cielos.
También
les
explicó
que
la
San ísima
Vi gen
le
habia
egalado
aquel
león
y
aquel
o o,
pa a
que
le
acompañasen
y
de endiesen,
y
además
pa a
que
pudiese
es i ica
de
la
e dad
de
lo
que
decia.
Y
cómo,
apesa
de
se
an
g andes,
los
había
aido
en
aquella
jaula
an
pequeña.
1
22
CUENTO
ANDALUZ
Y,
dicho
es o,
los
ol ió
o a
ez
a
coloca
en
ella,
con
admi a-
ción
de
los
ci cuns an es.
El
p elado
se
le an ó
en onces
del
ono,
llamó
a
Manolillo,
ab azándolo
y
besándolo.
e
Después
di igió
la
palab a
a
odos,
alabando
a
la
San a
Vi gen,
po que
se
había
dignado
escoge
a
una
pe sona
an
humilde,
según
su
cos umb e,
pa a
aquella
embajada.
Desde
luego
le
p ome ió
al
o e o
hace
lo
que
Ma ía
le
o de-
naba,
y
además,
habiéndose
qui ado
su
anillo
pas o al,
se
lo
egaló
a
Manolillo,
pa a
que
hiciese
uso
de
el
o
des inase
su
p oduc o
pa-
a
lo
que
mejo
quisie e.
El
Choque o,
con
su
acos umb ada
gene osidad
y
desp endi-
mien o,
y
pues o
que
él
nunca
había
usado
aquellas
alhajas,
lo
ce-
dió
pa a
la
Vi gen
de
los
Reyes.
“En onces
el
S .
Ca denal
le
indicó
que
él
lo
lle ase
y
o eciese,
y
que
odos
los
p esen es
le
acompaña ían,
como
así
se
e ec uó.
El
p elado
o denó,
así
mismo,
cuando
aquella
ex aña
comi i a
hubo
en ado
en
la
ca ed al,
que
las
campanas
de
la
Gi alda
epi-
casen
como
en
días
solemnes.
Todos
ab aza on
al
o e illo,
al
despedi le
an e
el
al a
de
la
Vi gen,
después
de
habe
en egado
la
o enda.
Y
aunque
odos
los
p esen es,
incluso
el
S .
A zobispo,
le
p egun a on
po
su
nom-
b e
y
apellidos
y
el
luga
de
su
esidencia
y
na u aleza,
él
los
ocul ó
humildemen e,
diciendo
solo
que
se
llamaba
Manolillo.
A
su
eg eso
a
Huel a,
no
que iendo
hace
os en ación
de
lo
que
lle aba,
an es
de
llega
a
la
capi al,
habiendo
encon ado
a
unos
seño es
en
el
camino,
que
iajaban
en
au omo il,
les
endió
po
modico
p ecio,
el
león
y
el
o o;
los
cuales
se
some ie on
docil-
men e
a
los
nue os
dueños;
en egando
después
a
su
mad e
eT
alo
ecibido.
EL
TRAJE
DE
LUCES
|
PA
VII.
LA
VIRGEN
DEL
Rocío
A
Y
LA
MUERTE
DEL
TORERO
E a
el
dos
de
Agos o
de
aquel
mismo
año
y
Manolillo
(El
Cho-
que o),
e ec o
de
una
ápida
y
c uel
en e medad,
agonizaba
en
su
pob e
ugu io
del
Pol o ín;
odeado
de
su
mad e
y
he mani os,
después
de
habe
ecibido
con
piedad
y
esignación
los
úl imos
sa-
c amen os.
Recos ado
en
un
míse o
colchón,
elleno
de
paja,
sob e
la
ie a,
solo
se
eían
sob e
su
cabece a,
como
únicos
ado nos
de
aquella
es echa
i ienda,
una
es ampa
de
la
Vi gen
del
Rocío,
la
capa
y
los
e ec os
del
a e
au ino.
A
la
caida
de
la
a de,
la
luna
llena,
al
sali
po
el
O ien e,
da-
ba
el
ósculo
de
paz
al
pad e
de
sus
luces,
el
sobe anosol,
que
se
ocul aba
po
Occiden e.
La
na u aleza
oda,
como
que iendo
pa -
icipa
de
aquel
cas o
hímeneo
de
los
dos
as os,
p esen aba
po
odas
pa es
colo es
magní icos,
ado nando
las
silue as
de
odas
las
cosas
con
los
bellos
colo es
del
i is.
En
los
cielos
apa ecían
como
sobe bias
elas
de
pú pu a
y
pla a.
Y,
al
mi a se
los
dos
colo es,
se
sucedie on
sup emos
momen os
de
majes ad
y
calma,
silencio,
magni icencia
y
sup ema
g andeza.
En e
aquellas
admi ables
islumb es,
po
la
ca e e a
de
Seyij-
lla
a
Huel a,
se
oía
el
galopa
de
nume osos
gine es,
es ampidos
de
cohe es
y
a moniosos
ecos
de
bandas
de
música.
Se
di isaban
E
A
des
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