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El traje de luces : cuento andaluz

Jurado Carrillo, Cristóbal

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Ha ET73E E > .D. CRISTOBAL JURADO CARRILLO, PBRO. - CUENTO ANDALUZ eS a : EL TRAJE DE LUCES: il T abajo p emiado con OBjeTo DE Á TE y DipLOMaA DE Hono en el Ce amen público Li e a io y A ís ico, de 1915 celeb ado po la «Academia Bibliog á ico - Ma iana, » de Lé ida en Hono de Nues a Seño a del Rocío. | LÉRIDA : IMPRENTA MARIANA : 1916. NT TE S z e pl a a Peg a dio A A Sl de VES E A o e E DAA , Ce D. CRISTOBAL JURADO CARRILLO, PBRO. CUENTO ANDALUZ EL TRAJE DE LUCE T abajo p emiado con OBjeTO DE ARTE y DipLomA DE HONOR en el Ce ámen público Li e a io y A ís ico, de 1915 celeb ado po la «Academia Bibliog á ico - Ma iana, de Lé ida» en Hono de Nues a Seño a del Rocío. LÉRIDA : IMPRENTA MARIANA : 1916 “LICENCIA ECLESIÁSTICA Aa O CUENTO ANDALUZ El T aje de Luces Lema: Nues a Seño a del Soco o. LOS COMIENZOS Cuando el iaje o se ap oxima a la ciudad de Hue a:lo p ime- o que se le o ece:a sus ojos, po la pa e del Es e, es el ba io llamado del Pol o ín, o mado de míse as casas, con echumb es de hojas de la a y o os despojos. En el se hallan los g andes depósi- os de mine al de cob e; «que la compañia de Rio-Tin o iene allí es- ablecidos. Mas si la is a de es a ba iada no es del odo halagueña, en cambio los ho izon es que desde allí se dominan son magni icos. En lon ananza se di isa el azul oscu o del ma , que hace juego con el del cielo y los copos blancos de las nubes, y los mon ículos de a e- Va 6 CUENTO ANDALUZ na que si en de diques al O ceano, espa cidas aquí y allí, como en Visiones de espejismo, ' apa ecen los g andes Vapo es come cia- les, con sus cascos neg os, sus palos enhies os y sus bande as mul- icolo es; ap isionados, al apa ece , con los sobe bios muelles de la ia.. Al O ien e se en las mon añas e dosas, como mo as de albahaca, en e las cuales se islumb a, como blanca paloma en su nido, el San ua io de Nues a Seño a de la Cin a, Pa ona de Huel- a, y a Su al ededo , ecos ados y como du mien es, innume ables case ios, que pa ecen gua dianes de hono de la mansión de la Vi gen. Si se ex iende la mi ada po el Occiden e se des aca en el azul limpio del i mamen o el monumen o a Colón, sobe bio, blan- co, mages uoso y silencioso, como el gigan e que, se p ecia dueño de su pode ío y g andeza; no ándose a sus lados, como pe didas en e las b umas, las silue as de a ios pueblos del Condado; que mues an aci u nas sus o es y agujas en di ección a los cielos. Huel a se ex iende a lo la go de los b azos del ma , como he - mosa sul ana ecos ada en su ha én En el ba io del Pol o ín, ya nomb ado, podia señala se una case a de made a, mal echa, donde i ia una pob e iuda con es hijos pequeños; siendo el mayo , Manolo, a quien sus cama adas llamaban Manolillo el Choque o. En es e p imogéni o enía ci adas la buena mad e odas sus espe anzas. Piadosa de suyo educó a es e consuelo de su ida en las máxi- mas c is ianas y en el abajo; dedicándose ambás a la se idum- b e de sus semejan es y a lle a agua a sus 'con ecinos de las uen es p óximas. La i uosa mad e, pa a más A CA A su piedad y buena edu- cación, había conseguido su admisión en las clases de los pob es de las Escuelas del Sag ado Co azón, di igidas po el S . A cip es- e y el S . Siu o ; epi iendo las céleb es palab as que la eina D.* Blanca, decia a su p imogéni o: «Deseo más u mue e que e e en uel o en las abominaciones del pecado. » . Más como odas las cosas ienen su pe o y sus con adicciones, y no hay egla sin excepción, po mala sue e, en el ba io del Pol o ín, se hallaba y se halla el ma ade o público, donde odos los días se hacía el encie o de las eses que habian de sac i ica se pa a el consumo de la población. Manolillo, como odos los chiquillos del ba io, se hizo a iciona- dísimo a los o os, y, aunque e a noble, sencillo y piadoso, e a lo que decia él: «cuando yo sea o e o mi pob e mad e y mis he ma- , EL TRAJE DE LUCES d: ni os no pasa án an as a igas, y además yo pod é hace muchas cosas buenas po los des alidos. Fijo en es a idea ju enil, como en una es ella del No e, se hi- ZO él mismo su capa de o e o y se p opo cionó los demás chi im- bolos del o eo de niños. Es a misma a ición y gus o los conse aba en la escuela, en e- eniéndose muchas eces en pin a o os y o e os en los lib os, y -a eces o eaba a sus cama adas con odas las eglas del a e. Un. día, el S . Siu o llamó a su mad e y le dijo: Seño a, engo el disgus o de mani es a a V. que su hijo no puede con inua po más iempo en la escuela; pues nos ae e uel os a odos los de- más chicos con sus a iciones au ó ilas: es bueno, humilde, sencillo y piadoso; pe o no hay quien le pueda qui a esa manía. Yo le co- loca é en o a pa e, a endiendo a sus buenas cualidades y además a las necesidades de V., y a e si con la mayo sugeción modi ica sus gus os. La pob e iuda llo ó; pe o se esignó a la olun ad de Dios que le depa aba aquella mala es ella, En odas las colocaciones que se le p opo ciona on a Manolillo ué despedido po sus a iciones a la au omaquía. 14 CUENTO ¡ANDALUZ TOROS EN EL SANTUARIO ,. Y MILAGRO ESTUPENDO Con mo i o de las es au aciones e i icadas el año de 1915 en el emplo de N a. S a. del Rocío, las ies as y ome ías p ome ían se expléndidas. Muchas pe sonas impo an es de la egión enían dados g andes dona i os y has a los o e os, el Gallo y Belmon e, | habían con ibuido con sus limosnas. Los pe iódicos andaluces ha- UR bian publicado, epe idas eces, la magni icencia de los es ejos; y has a se habían anunciado ce ámenes en hono de la di ina Seño a; cuyo san ua io e a el más enomb ado de oda la coma ca. Manolillo, el Choque o, ambién pensó, pa a no queda se a ás de los demás, hace su humilde o enda a Ma ía; pe o calló en que consis i ía y no dijo a nadie una palab a. La He mandad o ome ía de Huel a hacia ambién es e año co- Sas ex ao dina ias, po el núme o de los es ejos y la calidad de los acompañan es. Llegado el día de su salida pa a el san ua io de Almon e, las calles de la capi al, po donde había de pasa la comi i a, hallabán- se apizadas de ye bas olo osas, las casas apa ecían engalanadas; las ca e as, en núme o ex ao dina io, iban ado nadas con is o- sas elas, pañuelos de Manila y gui naldas de ollaje, y has a las mulas de i o os en aban en los cabezones amos de lo es. Se lle- aba de ex eno un simpecado bo dado en o o, de singula magni- -— icencia. Y al e a la mul i ud de jine es, que iban y enían de un lado pa a o o, que más pa ecía aquello un ac o gue e o, le EL TRAJE DE LUCES 15 Las au o idades de la población, seguidas de las bandas de mú- Sica, acudie on a despedi a los ome os y a p esencia los uegos de a i icio. Los momen os del adios y despedida ue on emocionan es, pues los i as a la Vi gen del Rocío se con undian con la ma cha Real in e p e ada po las bandas de música, los dispa os de los cohe es y los sonidos de la gai a y el ambo . Los pañuelos se agi aban al ien o y, has a bien lejos de la población, una mul i ud con usa y abiga ada, que p oducía el uido de los o en es, acompañó a la He mandad del Rocío. Manolillo, el Choque o, se había dado azas es e año de ob e- ne un jaco de un amigo suyo; pe o an malhecho y delgado, que “más bien pa ecía el Rocinan e de D. Quijo e. Siemp e iba ezagado del es o de la He mandad, pues el penco es aba más p óximo de la mue e que de oma pa e en los jaleos del Rocío. La pe sona de Manolillo, como la del caballe o de la is e igu- a, causaba la i isión de los ome os, : Las ies as de la Vi gen, aquel año, en el San ua io de Almon- e, ue on an magni icas y al el núme o de gen es y he mandades, que los ecinos del pueblo no eco daban o as iguales. El Choque o se las compuso de al modo que pudo os en a una “ ela encendida du an e la p ocesión iun al y además lle a sob e “sus homb os el paso de la Vi gen, cosa casi imposible a los ex a- - ños de Almon e. Una ez e minados los cul os eligiosos, las He mandades o- das de la Región y las mul i udes se despidie on de la Vi gen, e- g esando a sus hoga es, aleg es y bulliciosas, comen ando el es- plendo de las ies as. Manolillo, el Choque o, se quedó ezagado y ocul o en un es- peso pina , que había ce ca del san ua io, pa a hace en ocasión opo una y a solas su pob e homenaje a la San a Vi gen. Ap o echando la ocasión en que el emplo es aba desie o, y el e mi año y su esposa ocupados en sus quehace es, pene ó en él, lle ando debajo del b azo sus chi imbolos de o e o, y pues o de odillas an e el al a de la Vi gen, le hizo la siguien e súplica. «¡Mad e mía, yo soy un pob e y desg aciado o e o y nada he podido o ece e como las demás gen es, que e han egalado luces, misas, obje os y dine o; pe o, ag adecido a us a o es, yo am- bien quie o hace e el homenaje que puedo, pa a que p o ejas a mi des alida mad e y a mis he mani os! ¡Aun oda ía no he p obado la - g acia de Dios!» Al deci es o se le caye on dos g uesas lág imas. - 16 CUENTO ANDALUZ A Después de una b e e pausa se le an ó, encendió las luces del al a y, cogiendo sus as es del o eo, se puso a eje ce su a e an e la p esencia de la di ina Seño a. P ime amen e hizo el paseo con odas las de la ley, ciñéndose bien la capa al cue po y a a eando el pasacalle musical; despues e i icó los qui es de caballos y la sue e de bande illas; y úl ima- men e las aenas de ma a el o o, con los a ios pases mode nos de pecho, al o y moline e, con imi ación de Juan Belmon e y el Ga- llo Chico. En la desie a iglesia solo se oía la oz queda del o e- illo en cada una de las sue es, ya ci ando al o o desde ce ca o llamándole a lo lejos; el chispo o ea de los ci ios y el go jeo de las golond inas que, como únicas espec ado as, eje - ci aban sus in e minables go jeos sob e los a esonados del san- uaá io. Manolillo u o la mala sue e de que, en uno de los pases de moline e, de ibó a ias sillas, que se hallaban ce ca al al a de Ma ía; p oduciéndose g an es épi o, y dando es o mo i o a que acudiese la san e a que, a óni a, desde la pue a de la iglesia, p e- senció la p o anación del san ua io. ; Monolillo, odo sudo oso, en usiasmado y embobado en su a e, : no se dió cuen a de la p esencia de la enca gada, la cual co ió p e- su osa a llama a su ma ido, pa a que impusie a a aquel desalmado- el me ecido cas igo. El e mi año, habiéndose hecho de un ga o e, se dispuso a om- pe lo en las cos illas del o e o bellaco y, habiendo en ado p eci- pi adamen e en la iglesia, con su esposa, pa a hace el esca mien o, cual no ué su so p esa al e que el emplo se hallaba con e ido. en una he mosa plaza de To os. En el palco p incipal se eía la Vi gen Ma ía con el niño Jesús en sus b azos, odeándoles los após oles y e angelis as; iéndose en el es o de las g adas núme- osos ángeles y san os. En el edondel apa ecía el o e illo, lucien- do sus habilidades y haciendo p imo osos juegos de capa con un b a ísimo bece o. Gh El san e o y su esposa se queda on es upe ac os de lo que O. eían. F o á onse los ojos, po si e a e ec o de la o uscación que 5 aían: pe o nada, la más exac a ealidad se les ol ió a p esen a . Asomb ados, se adosa on ce ca de las pue as del emplo, has a e en que pa aba aquel caso es upendo. Más, a los pocos ins an es, cesó po comple o la isión, obse - . -" ándose el emplo soli a io como de o dina io, y no ándose sola- EL TRAJE DE LUCES 17 e men e que el o e illo, con la capa e ciada en su b azo de echo, es aba de pié an e el al a de Ma ia. - C eyendo, pues, los enca gados de la e mi a, que odo lo acae- cido había sido ilusión de los sen idos, se dispusie on nue amen e a a oja a aquel opa-suel a del emplo, según sus p ime os p opó- si os, cuando, al ace ca se al Choque o, oye on admi ados que la Vi gen del Rocío les econ enía de es e modo: ¿Que ais a hace ?... ¿Acaso no sabeis que me gus an los ho» menajes de los pob es, humildes y sencillos de co azón?.... ¡Cuan- os hay que me elogian con sus labios y dones, pe o su co azón es- á muy lejos de mí!... ¿No eco dais que mi Hijo ha p ome ido ecompensa la gamen e aunque sea un aso de agua que se dé gene osamen e en nues o hono ?... ¿Desconoceis que me ag ada más el sac i icio que las íc imas?... ¿Igno ais que me gus an las súplicas del pob e Láza o y del desconocido publicano y el pequeño 6bolo de la iuda?... El san e o y su esposa caye on a odillados y no se a e- ían a le an a sus cabezas, llenos de es upo po lo que les pasaba. El sol, al en a po los en anales, iluminaba el san ua io con luces ex ao dina ias, como si quisie a mos a allí mismo su ceni . Las campanas de la o e epicaban Solas, de una mane a insóli a y aleg ando los campos con sus a gen inos ecos y llamando la a en- ción de los pas o zuelos y de la gen e sencilla. El ó gano dejó oi ambien sus aco des melodiosos, y el ma empujó con sus b isas los a omas de la lo del ome o, de los can uesos y omilla es, llenan- do el sag ado ecin o. Manolillo ag adecido a la p o ección de la di ina Seño a, subió a besa su man o y, an es de despedi se, le pidió las g acias si- guien es: “a Que le pe mi iese mo i como buen c is iano, en cuyas máxi- mas le habia ins uido su buena mad e, y que llegase a es i el aje de luces, lo cual le o o gó la di ina Seño a. La Vi gen, an es de ma cha se Manolillo, dispuso que San Juan E angelis a le egalase el águila que lle aba en sus homb os, la cual, al momen o, se ans o mó en un gallo he mosísimo, con el in de que u iese pa a come du an e el iaje. San Ma cos le cedió el - león, pa a que le de endiese en el camino. Y ambien dispuso Ma ía que San Lucas le egalase el o o que enía a sus plan as, pa a ali- io y sos én de su mad e y he manos. El o o pequeño del E angelis a omó enseguida el aspec o de da e : ; CUENTO ANDALUZ e un animal lucido y he moso, de muchos kilos de peso. Y el león se hizo de g an amaño y la gas y sedosas melenas. Más, al baja el o o y el león del al a mayo , el san e o y su esposa, a emo izados, co ie on a e ugia se en el púlpi o, sospe- chando que al ez aquel suceso po en oso pudie a e mina en agi-cómico o sang ien o; siendo ellos los co neados y ol eados po el o o o comidos de la ie a po se demasiado pecado es. + El o o y el león siguie on después al Choque o con la misma docilidad de un pe o. La di ina Seño a enca gó po úl imo al o e illo que uese a de- ci , de su pa e, al S . A zobispo de Se illa, que que ía que ue- se co onada solemnemen e su imagen del Rocío en ecue do de su Asunción glo iosa a los cielos. Y, al e ec o, pa a hace se c ee en su misión, el león y el o o, que le acompañaban, se educi ían a un amaño an pequeño que pod ía lle a los po la capi al de Anda- lucía en una jaula de cana ios; haciendo uso de ellos cuando lo c eyese opo uno. Manolillo, en su humildad y nobleza, no dió impo ancia a los sucesos p odigiosos ocu idos en la e mi a y a nadie dijo una pala- b a de lo sucedido. pa a el que la P o idencia dispusiese. VI. VISITA AL ARZOBISPO .— HALLAZGO DE UN TESORO A A ES E Pues o en ma cha, con di ección a Se illa, la ex aña ca abana, odos los caminan es o anseun es le hab ian paso o le cedian la ez, pues el león con sus melenas enc espadas y sus ugidos y el o o con sus b amidos in undian pa o . Habiendo llegado a la mi ad del camino, hicie on al o y se pu- sie on a descansa bajo las somb as de unos g andes á boles; que- dándose do mido Manolillo, con iando en sus pode osos gua dianes. El o e o, al despe a , obse ó que el león, du an e el sosiego y la anquilidad, habia esca deado en el suelo, a poca dis ancia, al pié de un a bol co pulen o, dejando al descubie o un a ca de hie o con es lla es. Se ace có Manolillo po cu iosidad, a e lo que con enía, la ab ió, y encon ó en ella un ico eso o, ence ado en o as a ias cajas. Se aleg ó. de aquella o una; pe o'ho se en u- siasmó, no solo po que no había is o nunca el o o acuñado, sino ambién po que siemp e habia oido deci en las Escuelas del Sag a- do Co azón, que C is o decia en su E angelio, que e a más di icil que un ico se sal ase que el que un camello en ase po el ojo de una aguja. Así solo se con en ó con gua da sus pa es pequeñas, una pa a los pob es que encon ase en el camino, o a pa a los San- ua ios de la Vi gen de los pueblos del ánsi o y especialmen e pa a los emplos de la Cin a y del Rocio, y la e ce a pa a su ma- d e y he manos. El es o del eso o lo ol ió a sepul a y lo dejó ” oya 20 CUENTO ANDALUZ ii a E AAA - Después, habiéndose uel o a sen a a la somb a de los á boles, se en e u o en lee las sen encias que había g a adas en las mo- nedas de o o, que e an las siguien es: «El p incipio de la Sabidu ía es el emo de Dios.» «La iglesia y la escuela amino an los c imenes.» «La i ud es más p eciosa. que el o o.» «La é pa a odo si e y pa a nada es o ba.» «El a- bajado se pa ece a Dios, que c ea y conse a, po eso Dios p e- mia al abajo.» «La ca idad es la lla e que ab e las pue as del cielo.» «La mayo sa is acción pa a el homb e es ob a bien.» Con inuando Manolillo su iaje, al llega a Se illa, acomodó el jaco en una en a de las a ue as de T iana, colocando al león y al o o en una jaula que había comp ado en el camino, con el in de no llama la a ención, di igiéndose inmedia amen e al palacio A - zobispal. “Al pasa po la ca ed al, en ó en ella, según su de oción y, habiendo oido celeb a a la Vi gen de los Reyes, se di igió a su capilla, o ando an e su al a , y deposi ando en el cepillo a ias mo- nedas de o o. : Después ma chó a la esidencia del S . Ca denal, en donde in- o mado en la po e ía de las ho as de Audiencia, se encaminó al salón de espe a, acomodándose en un incón, has a que le llegase el u no. El paje, enca gado de anuncia a las pe sonas, al e a aquel jo en, con blusa y es ido poco decen es, alpa ga as y capa de o- e o, y con un en ol o io, que e a la jaula, se ace có a él, co es- men e, y le dijo: «Si desea e al S . Ca denal pa a ob ene alguna limosna, yo se la da é, pues en ese aje es imposible que pueda us ed pasa a habla le, po no se cos umb e p esen a se an e su Eminencia de ese modo,» «Seño , con es ó . Manolillo, poniéndose de pié, yo no engo a pedi nada, pues aunque soy pob e, hoy nada necesi o; pe o engo que da un ecado de g an in e és al S . A zobispo. Además como “no Soy ico no. engo o o es ido.» «El ecado que us ed quie a da le, insis ió el capellán, puede dá melo po esc i o o yo se lo esc ibi é, pa a lo cual en aquella me- sa hay in a y papel, pues pasa a e a su Eminencia no puede se .» Manolillo, que e a humilde, su ido y esignado, no que iendo hace uso, ue a de iempo, de las p e oga i as que le había dado la San ísima Vi gen, calló y agua dó p uden emen e la go a o, espe ando que, al ez, modi icase su ac i ud el pad e capellán. EL TRAJE DE LUCES 21 Po in, habiendo llegado la ho a de las doce, la campana mayo de la Gi alda ocó el «Angelus»; que odos los del salón de isi as eza on de pié, y, enseguida, el paje dijo en al a oz: «¡Ha e mi- nado la ho a de audiencia!» > Vis o, pues, po Manolillo que, después de habe ago ado odos los ecu sos de paciencia, le e a imposible cumpli el enca go de Ma ía, desenlió el en ol o io de la jaula, y habiendo sacado de la misma al león y al o o, es os animales oma on ins an áneamen e o mas co pulen as, a ogan es y amenazado as. La con usión que se o iginó en el salón de espe a ué eno me; el paje co ió a esconde se bajo la mesa de esc i o io; algunas se- ño as su ie on desmayos; y o os caballe os se gua ecie on debajo de los bancos o se subie on donde mejo pudie on. A las oces, g i e ía y con usión, acudie on de las a ias de- pendencias del palacio a zobispal el S . Sec e a io de Cáma a, el P o iso , el No a io Mayo y o os al os empleados; pe o al aso- ma se al salón de isi as y e lo que pasaba, no se a e ie on a «en a en él. El uido y las oces llega on ambién a oidos del p elado, el cual, pa a ce cio a se de lo que pasaba y pues o que el paje nada le anunciaba, ab ió la pue a de la sala de audiencia, Al e aquel espec áculo, el S . A zobispo, sus p ime os pen- samien os ue on pone se a sal o como los demás, pe o Manolillo se adelan ó, le anquilizó y haciendo una señal a los demás pa a que se ap oximasen, diciéndoles que nada les pasa ía, pene a on odos en el salón del ono. El p elado, el p a iso y sec e a io ocupa on la p esidencia, "llenándose los es an es escaños con las pe sonas que habian acu- dido; las cuales no cesaban de mi a al o o magni ico y al sobe - bio león de la gas melenas que, cual celosos gua dianes, se colo- «ca on a los lados del o e o. sa Cuando odos es u ie on p opicios a escucha le, Manolillo ma- ni es ó al S . Ca denal lo que le había ocu ido, y como Nues a Seño a del Rocio, en su san ua io de Almon e, le había enca gado que iniese a mani es a le, que que ía que su e igie ue a co onada solemnemen e en ecue do de su Asunción glo iosa a los cielos. También les explicó que la San ísima Vi gen le habia egalado aquel león y aquel o o, pa a que le acompañasen y de endiesen, y además pa a que pudiese es i ica de la e dad de lo que decia. Y cómo, apesa de se an g andes, los había aido en aquella jaula an pequeña. 1 22 CUENTO ANDALUZ Y, dicho es o, los ol ió o a ez a coloca en ella, con admi a- ción de los ci cuns an es. El p elado se le an ó en onces del ono, llamó a Manolillo, ab azándolo y besándolo. e Después di igió la palab a a odos, alabando a la San a Vi gen, po que se había dignado escoge a una pe sona an humilde, según su cos umb e, pa a aquella embajada. Desde luego le p ome ió al o e o hace lo que Ma ía le o de- naba, y además, habiéndose qui ado su anillo pas o al, se lo egaló a Manolillo, pa a que hiciese uso de el o des inase su p oduc o pa- a lo que mejo quisie e. El Choque o, con su acos umb ada gene osidad y desp endi- mien o, y pues o que él nunca había usado aquellas alhajas, lo ce- dió pa a la Vi gen de los Reyes. “En onces el S . Ca denal le indicó que él lo lle ase y o eciese, y que odos los p esen es le acompaña ían, como así se e ec uó. El p elado o denó, así mismo, cuando aquella ex aña comi i a hubo en ado en la ca ed al, que las campanas de la Gi alda epi- casen como en días solemnes. Todos ab aza on al o e illo, al despedi le an e el al a de la Vi gen, después de habe en egado la o enda. Y aunque odos los p esen es, incluso el S . A zobispo, le p egun a on po su nom- b e y apellidos y el luga de su esidencia y na u aleza, él los ocul ó humildemen e, diciendo solo que se llamaba Manolillo. A su eg eso a Huel a, no que iendo hace os en ación de lo que lle aba, an es de llega a la capi al, habiendo encon ado a unos seño es en el camino, que iajaban en au omo il, les endió po modico p ecio, el león y el o o; los cuales se some ie on docil- men e a los nue os dueños; en egando después a su mad e eT alo ecibido. EL TRAJE DE LUCES | PA VII. LA VIRGEN DEL Rocío A Y LA MUERTE DEL TORERO E a el dos de Agos o de aquel mismo año y Manolillo (El Cho- que o), e ec o de una ápida y c uel en e medad, agonizaba en su pob e ugu io del Pol o ín; odeado de su mad e y he mani os, después de habe ecibido con piedad y esignación los úl imos sa- c amen os. Recos ado en un míse o colchón, elleno de paja, sob e la ie a, solo se eían sob e su cabece a, como únicos ado nos de aquella es echa i ienda, una es ampa de la Vi gen del Rocío, la capa y los e ec os del a e au ino. A la caida de la a de, la luna llena, al sali po el O ien e, da- ba el ósculo de paz al pad e de sus luces, el sobe anosol, que se ocul aba po Occiden e. La na u aleza oda, como que iendo pa - icipa de aquel cas o hímeneo de los dos as os, p esen aba po odas pa es colo es magní icos, ado nando las silue as de odas las cosas con los bellos colo es del i is. En los cielos apa ecían como sobe bias elas de pú pu a y pla a. Y, al mi a se los dos colo es, se sucedie on sup emos momen os de majes ad y calma, silencio, magni icencia y sup ema g andeza. En e aquellas admi ables islumb es, po la ca e e a de Seyij- lla a Huel a, se oía el galopa de nume osos gine es, es ampidos de cohe es y a moniosos ecos de bandas de música. Se di isaban E A des pe me eE A É * ARE DE Se ilas TE y pe pa Ñ + ? PAE UR ib y E A! pe Te. + A SN AO ENE a AS EE ye p AS A BGU A Mon . F 09/38 , . . Ñ yd Ñ a ] «yk ' . ; d E e p ; : 1 Ñ 1 Ñ ] y - o ; e . di y po 5 , o 5 » Ñ n E . . $ e o A o mm o o p md: iy Ñ + » e Ñ , - , Y a . ; Ñ i A z Ñ / “ . ” Y + ” e E +. y e ” ml p E Ñ Ñ ' . pa s ¿ ; -q »* 7 a Le y ha 1 S : AA E á ú " Z . 5 q ” sz pa a! e > a e de da : > á é . " E e 5 + E E y y Ls e p A 5 e 11 x 38 e : A Po ad co