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Lord Holland y los orígenes del liberalismo español

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Lord Holland y los orígenes del liberalismo español

Author: Moreno Alonso, Manuel
Publisher: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales
Year: 1983
Source: https://idus.us.es/bitstreams/cdbc4a20-6b37-4d54-a5cf-07d4da2d005f/download
LORD HOLLAND
Y LOS
ORÍGENES
DEL LIBERALISMO ESPAÑOL
Po MANUEL MORENO ALONSO
«Y
no se
engañen
los
españoles:
la
cues ión p ime a,
la p incipal,
la de si han de se
lib es
o no,
es á
po
esol e oda ía. Ve dad
es que han
adqui ido algu-
nos de echos polí icos, pe o es os de echos
son muy
nue os
y no han
echado aíces.
Po
consiguien e,
han
de
se
a acados
sin
cesa ,
y si no se
a iende
a su de-
ensa
con
decisión
y
cons ancia, se án
al in
mise a-
blemen e a opellados.
El
es ado
de
libe ad
es un
es ado con inuo
de
igilancia,
y
ecuen emen e
de
comba es.»
M. J.
QUINTANA
(«Ca as
a
Lo d Holland», p ólogo.
Ed. BAE de
Ob as comple as,
1946, pág. 532.)
En
los
úl imos años
se ha
mani es ado
po
pa e
de los
es udiosos
un e-
no ado in e és
po los
o ígenes
del
libe alismo español
(1).
Unos
han
in en-
ado busca és e
en los
p incipios «libe ales»
de la
Ilus ación española, o os
en
la
in luencia ideológica eje cida
po
F ancia
en los
años
en
o no
a la
(1) Véase
en
es e sen ido:
L.
DIEZ
DEL
CORRAL,
El
libe alismo doc ina io,
Ma-
d id,
1955; L.
DE LA
CALZADA,
La
e olución ins i ucional
de ¡as
Co es
de
Cádiz,
Za-
agoza,
1959; J. L.
COMELLAS,
Teo ía
del
égimen libe al español, Mad id,
1962;
A.
ELORZA,
La
ideología libe al
en la
Ilus ación española, Mad id,
1970; M.
ARTOLA,
An iguo Régimen
y
e olución libe al, Mad id,
1978;
ALBERT DEROZIER,
Quin ana
y el
nacimien o
del
libe alismo
en
España, Mad id,
1978, o,
inalmen e,
M. E.
MARTÍNEZ
QÜINTEIRO,
Los
g upos libe ales an es
de las
Co es, Mad id,
1977, y
ambién
su «En
o no
al
p ime cons i ucionalismo hispano»,
en
Re is a
de
Es udios Polí icos,
nú-
me o
28,
Mad id,
1982,
págs.
227-241.
181
Re is a de Es udios Polí icos (Nue a Época)
Núme o 36, No iemb e-Diciemb e 1983
MANUEL MORENO ALONSO
Re olución; o os, inalmen e, lo han hallado en la coyun u a his ó ica po
la que a a iesa España a comienzos del ochocien os. De cualquie o ma,
esul a cada ez más e iden e que el p oceso de o mación inicial del libe alis-
mo español es el esul ado de unas in luencias indiscu ibles (algunas de ellas
ex anje as), pe o ambién de una ans o mación de la misma sociedad espa-
ñola en el ánsi o del An iguo al Nue o Régimen (2). No es posible admi i
ya la ieja esis de un sec o de la his o iog a ía decimonónica, según la cual
el libe alismo español, en su p ime a ase de la Cons i ución gadi ana, ue un
p oduc o no de las ideas sino de las «b uscas» ci cuns ancias de la España
de la época (3). El p oceso de o mación del libe alismo español es de una
g an complejidad, que no puede se explicada po esis simplis as. Y, en es e
sen ido, quizás el es imonio de lo d Holland ayude a hace lo comp ende
mejo .
LA ESPAÑA DE LORD HOLLAND
La ida de lo d Holland (1773-1840) coincide jus amen e con una época
de g an ascendencia his ó ica pa a España: la ansición del An iguo al
Nue o Régimen y, po supues o, la imposición al in del libe alismo. Fue
aquella una época decisi a, que p esenció el apogeo del Despo ismo ilus a-
do,
la uina comple a de és e, la con usión de los homb es y de las ideas
con el impac o de la Re olución de F ancia, la gue a de la Independencia,
la eacción bo bónica as la e olución libe al de Cádiz y, inalmen e, as
las gue as ca lis as, el iun o de las ideas libe ales. Fue on, sin duda, aque-
llos los años más empes uosos de la his o ia de España. Como esc ibió
Manuel José Quin ana a Holland en su úl ima Ca a: «La España de Ca -
los V hace mucho iempo que acabó; la de Fe nando VI y Ca los III am-
bién es imposible que subsis a, y es as oscilaciones de escla a a lib e y de
lib e a escla a, es as e uel as, es a agi ación no son o a cosa que las ago-
nías y con ulsiones de un Es ado que enece» (4). En sín esis es a ue, en
e dad, la España que muy bien conoció el lo d inglés.
La p ime a isi a a España de lo d Holland u o luga en los años de
(2) C . M.
MORENO ALONSO,
«Cul u a y men alidad en el ánsi o del An iguo
al Nue o Régimen», en His o ia de España y Amé ica, ol. XII, Ed. Rialp, Ma-
d id, 1981.
(3) Tal es el caso, po ejemplo, de Rico Y
AMAT
en su His o ia polí ica y pa la-
men a ia, Ed. de Mad id, 1960, pág. 201.
(4) M. J.
QUINTANA,
«Ca as a lo d Holland sob e los sucesos polí icos de Espa-
ña en la segunda época cons i ucional», Ed. de Ob as comple as, ci ., pág. 588.
182
LORD HOLLAND Y LOS ORÍGENES DEL LIBERALISMO ESPAÑOL
la Re olución ancesa cuando, después de deja nue amen e Ingla e a
en 1793, e minó po a inca se en Flo encia en el o oño del año siguien e.
En el mes de no iemb e de 1802 ol ió a España, donde, después de isi a
Ba celona, Valencia, Mu cia, G anada, Andalucía y La Mancha, esidió,
p incipalmen e en Mad id, has a 1805 (5). En sep iemb e de 1808, acompa-
ñando a si Da id Bai d, ol ió nue amen e a España, po La Co ana,
pe maneciendo has a el o oño de 1809. Le acompañaba un impo an e séqui-
o del que o maba pa e su esposa, es miemb os de su amilia, dos c iadas,
seis c iados (de los cuales, dos e an ingleses, dos suizos y dos españoles) y
cinco mayo ales y calese os (6). De ambos iajes po ie as de España, el
p ime o de 1802-1805 y el segundo de 1808-1809, da cumplida cuen a su
esposa, la amosa lady Holland, en un bellísimo Dia io (7). Pos e io men e
el con ac o con los p oblemas, los e en os y los homb es de España se á
con inuo.
De odas las ie as de Eu opa occiden al que un homb e de an dila ado
mundo como Holland conocía y había isi ado en epe idas ocasiones ue-
on las españolas las que, sin duda, llegó a conoce mejo y más p o unda
y amo osamen e. El mismo lo dice con o gullo cuando esc ibe sus ecue dos
de F ancia, I alia, España, P usia y Rusia:
«J'allc i
á Mad id en 1793, e ¡ai
ai , depuis ce e époque plusieu s au es oyages en Espagne. G áce á quel-
ques d cons ances
acciden alles,
j'ai eu des occasions plus a o ables de bien
connca e les é énemen s e les hommes de ce e cou , que je n'en a ais eu
da s aucune au e» (8). Su in e és y su amo po las cosas de España ue al
que los mismos ingleses le ilda on de «españolado» (9). Es és a, po consi-
guien e, la azón undamen al que explica su a án de conoce las «cosas»
(5) C . Biog aphie Uni e selle ancienne e mode ne, ol. XIX, Pa ís, 1857, pá-
ginas 552-553.
(6) De los pasapo es expedidos po don Ma ín de Ga ay a los Holland y su
séqui o hay cons ancia en el A chi o His ó ico Nacional, Es ado, leg. 14-68, ex-
pedien e 20-d.
(7) The Spanish Jou nal o Elizabe h Lady Holland, edi ado po The Ea l o
Ilches e , Lond es, 1910, págs. 437.
(8) Sou eni s des Cou s de F ance, d'Espagne, de P usse e de Russie, éc i s pa
H. R. Lo d Holland. Publiés pa Lo d Holland son il e adui s de l'Anglais pa
E. F. Pa ís, ed. de 1862, pág. 52.
(9) Así lo dice el mismo Holland en ca a a Jo ellanos, echada en Lond es a
6 de sep iemb e de 1809: «No le puedo disimula , amigo mío, que odos aquí me
hacen la gue a como españolado, echándome en ca a la len i ud y la inacción en
cosas ci iles y mili a es y la desunión de los gene ales en es as úl imas» (en Ca as
de Jo ellanos y lo d Vassall Holland sob e la gue a de la Independencia, 1808-1811,
olumen II, ed. de Julio Somoza Ga cía-Sala, Mad id, 1911, pág. 371).
183
MANUEL MORENO ALONSO
de España y su deseo de ahonda en el se de los españoles. En ealidad la
España de Holland no es o a que la España de Goya, el g an exponen e
de la ágica ealidad hispana de la época y, en es e sen ido, ue el g an
genio el pin o p e e ido del lo d inglés (10).
Cu iosamen e, Po ugal, un país po el que iaja ambién Holland, que
conoce po p opia expe iencia y que además es el mejo aliado de Ingla e a,
no le llama an o la a ención, has a el pun o de con esa que poco de no e-
dad puede apo a sob e es e o o país ibé ico (11). La España que conoce
Holland y de la que és e habla con ecuencia en sus ob as es la España de
Flo idablanca (12), del conde de A anda (13), de Godoy (14), de la gue a
(10) Su admi ación po Goya, la expone con las siguien es palab as en sus Fu he
Memoi s (pág. 368): «El único a is a de mi iempo, que aspi a en cie o modo a
compe i con Hoga h ue Goya, en España. Vislúmb ase el humo y el genio en sus
composiciones, pe o és as son a menudo ex a agan es, y, algunas eces, inin eligibles.
Ca ece de aquel inimi able conocimien o de la na u aleza humana y del ca ác e
que hizo a Ho acio Walpole coloca a Hoga h en e los g andes esc i o es del a e
d amá ico. Los e a os de Goya, en lienzo, sabido es que son sumamen e no ables»
(c . la ed. de Ca as de Jo ellanos y Holland, ci ., ol. I, pág. 83).
(11) En es e sen ido, po ejemplo, no deja de econoce que «I know li le o Po -
ugal on Po uguese ha would ha e he in e es o no el y o English eade s»
(Fo eign Reminiscences, edi ed by bis son, H. E. Lo d Holland, Lond es, 1850, pá-
gina 161).
(12) En sus Fo eign Reminiscences, en e ec o, habla de que, cuando isi ó po
ez p ime a España en 1793, el conde de Flo idablanca se hallaba en desg acia, con-
inado en Pamplona; po cuya azón no le ue pe mi ido ansmi i le una ca a de p e-
sen ación que le había dado lo d Lansdown. Dice que, pos e io men e, en Mu cia
en 1803 declinó e le, aunque sos u o co espondencia con él en los di íciles momen-
os de 1808. Le conside a «ha sh, indic i e and unjus », aunque econoce que enía
g andes mé i os y expe iencia y, con su aplicación y pe se e ancia, mejo ó no able-
men e la adminis ación. Según Holland u o g an habilidad el esis i al o midable
pode de la Iglesia «sin p o oca esen imien o o escandaliza a sus aná icos». Lady
Holland en su Spanish Jou nal se e e i á ambién a las e o mas del conde (pág. 173),
a su oposición a la eunión de co es (págs. 322-323) y su ges ión al en e de la
Jun a Cen al (pág. 407).
(13) El lo d cali ica a A anda de un ca ác e ípicamen e a agonés: «síí//, un-
bending and sa casdc», conside ándole en polí ica como un a ancesado { enchman),
comple amen e pa ida io de una es ic a alianza de los gobie nos de Mad id y Pa ís.
De acue do con sus Fo eign Reminiscences (págs. 75 y sigs.), A anda e a un ilóso o
mode no, asiduo lec o de Vol ai e, D'Alembe y Hel e ius, con a io a los jesuí as
a quienes expulsó du an e su p ime minis e io y conec ado en algún g ado con la
causa de la Re olución ancesa. Según Holland «e a menos dispues o a una con ede-
ación an í e oluciona ia que casi cualquie minis o eu opeo».
(14) Holland explica la ascensión de Godoy po los a o es amo osos de la eina.
Y alo a el acie o de su isión, a di e encia de A anda, al da se cuen a que España
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LORD HOLLAND Y LOS ORÍGENES DEL LIBERALISMO ESPAÑOL
con a la F ancia democ á ica (15), de U quijo (16), de la gue a de la In-
dependencia, de la e olución libe al y de Fe nando VII (17). Muchos años
después, a esul as de algún iaje po Eu opa, encon a á a algún p o ago-
nis a de la España de Ca los IV (18) que le ae á a la memo ia escenas
enía que adop a o a ac i ud an e los excesos e oluciona ios de la democ acia an-
cesa. C i ica, po supues o, «su mala polí ica y peo conduc a» en la gue a con Ingla-
e a as la paz de Basilea. T as ol e al a o en 1800, el lo d c i ica el esen i-
mien o del P íncipe de la Paz en una polí ica desg aciada que causó in ini o cúmulo
de males a España.
(15) Aunque en sus Fo eign Reminiscences (págs. 78 y sigs.), Holland expone que
isi ó las líneas de I ún y San Juan de Luz, dice que sabe poco de los sucesos de la
gue a. La obse ación pa ece a odas luces excesi a, pues aza una pano ámica
muy ajus ada del con lic o así como dis in os e a os ace adísimos de Rica dos, el
conde de la Unión, el gene al Ca o y O'Reilly. En ealidad la consecuencia p incipal
de la gue a ue el encumb amien o de Godoy, as Basilea, cuya paz ue i mada
an e la so p esa de Aus ia e Ingla e a.
(16) El juicio que me ece al lo d la pe sonalidad del minis o español, enca amado
a la cúspide de la adminis ación du an e la en e medad de su supe io , don F ancisco
Saa ed a es p o undamen e nega i o. Señala que lo d G en ille le había con ado más
de una ez la baja opinión que enía de los polí icos españoles po la mala imp esión
que le había causado U quijo, « he wildes and mos incapable» homb e que había
conocido en su ida. Su misma ges ión en Lond es, como enca gado de negocios, ue
idicula. Holland pasa e is a a algunas de las e o mas in en adas bajo su adminis-
ación: la sup esión de la Inquisición, p incipalmen e (Fo eign Reminiscences, pá-
ginas 102 y siguien es).
(17) Las in igas de palacio del P íncipe de As u ias y el pa ido de Fe nando lo
elaciona Holland con la «ín ima alianza» con F ancia (pág. 109). Los episodios de
Bayona los a a en págs. 140 y sigs.
(18) Es el caso, po ejemplo, de Godoy, quien después del allecimien o de
Ca los IV, pensaba acoge se en asilo polí ico en Ingla e a po mediación de Holland.
P ecisamen e en las Memo ias del P íncipe de la Paz ( . IV, pág. 431), és e le ag ade-
cía al lo d su ges ión, publicando la ca a que con ese mo i o le en ió: «La ca a
con que us ed me a o ece de 30 de ene o de 1819 es la mayo p ueba de su amis ad y
la más ele an e demos ación de la g andeza de su alma.» Unos años después (1824?)
le encon ó en Roma. El lo d nos dice que pa a en onces el an iguo a o i o español
había pe dido el buen aspec os ísico de o os iempos y su apa iencia e a ulga y
humilde (mean), hablando un mal ancés con g an di icul ad. Le dijo en onces que
Napoleón le había con esado que él e a el único homb e a quien él siemp e emió.
Según Holland, la anidad de Godoy e a exube an e: «Pe haps Napoleón did say so,
bu i equi ed all he ani y o a Spania d o belie e he spoke since ely» (The Jou nal
o he Hon. Hen y Edwa d Fox by he Ea l o Ilches e , 1818-1830, London, 1923,
página 222). El 19 de sep iemb e de 1838, Holland ol ió a e a Godoy; en onces
ambién muy cambiado en apa iencia, aunque «con buen humo , au osa is echo y algo
jo iab> que con su mal ancés se le quejó de la ing a i ud del mundo. C i icó que
ecibie a del Gobie no ancés como subsidio an sólo la can idad de cinco mil an-
cos (unas doscien as es e linas anuales), cuando an gene oso había sido él con los
185

MANUEL MORENO ALONSO
y ecue dos de la España adicional del An iguo Régimen que no había
podido esis i el emba e de las nue as ideas libe ales. El in e és de Holland
no se emon a a la España del pasado sino a la del p esen e, a la que él
había conocido di ec amen e. Coincidía en ello absolu amen e con lo que le
decía Quin ana en una de sus Ca as: «Vol amos los ojos a lo que ha pasado
en nues os días, sin i a busca p uebas pa a ello en o as épocas leja-
nas» (19). Es a es, en e ec o, la España de Holland: la que él conoció «de
isu» y la que luchó enca nizadamen e po la libe ad, en uno de los pe ío-
dos más con ulsos de nues a his o ia.
UNA
BIOGRAFÍA POLÍTICA APASIONANTE
El cuali icado espec ado de los sucesos de España, Hen y Richa d Va-
sall Fox, e ce lo d Holland, había nacido en IWin e slow House en 1773.
E a hijo de S ephen, segundo lo d Holland, y de lady Fi zpa ick. Fue sal-
ado po su mad e con iesgo de su p opia ida en un uego que des uyó
la casa en ene o de 1774. Se educó en E on y, pos e io men e, en Ox o d;
en donde, en e sus compañe os, se encon aban lo d Ca lisle, Canning,
Hooklam F e e y Robe Smi h. En 1791 isi ó Pa ís, donde ue in oducido
a La Faye e, Talley and, el caballe o Aza a y el ma qués de Lucchesini,
abando amis ad con casi odos los homb es impo an es de la época. En
1793 sus u o es, pa a in e esa le en polí ica, le en ia on al ex anje o.
Fue en onces cuando iajó po ez p ime a po España. Se a incó en Flo-
encia en el o oño de 1794 (20). Su es ancia lo en ina u o una g an in luen-
p íncipes y nobles de F ancia exilados an e io men e en España. Se quejó ambién de
que su «So o de Roma» se le hubie a egalado a Welling on. Le dijo ambién que en
subsiguien es olúmenes de sus Memo ias dibuja ía los con as es en e la España de
Ca los IV y de los libe ales. El lo d se a en u ó a deci le «que sus Memo ias habían
pe dido algo de in e és si en ez de explica hubie e insis ido más en ela a sus ac os
públicos» (Fo eign Reminiscences, ci ., págs. 322 y sigs.).
(19) M. I.
QUINTANA,
Ob as comple as, ci ., pág. 533. El g an poe a omaba como
pun o de pa ida de los «males» de España el nue o einado de Ca los IV: «Mu ió
Ca los III y es as espe anzas ag adables se en e a on con él en su sepulc o. Los espa-
ñoles,
acos umb ados a se gobe nados con mode ación y co du a, a e en los ac os
de la au o idad lle a siemp e po guía, o a lo menos po p e ex o, el bien gene al del
Es ado, debie on escandaliza se conside ando la eme idad y la insolencia con que el
nue o gobie no empezó a usa de su pode ... Los ein e años del einado de Ca los IV
no ue on más que una se ie con inua de desacie os en gobie no, de desaca os con a
la opinión y de usu paciones con a la jus icia.»
(20) C . Dic iona y o Na ional Biog aphy, ol. XX, Lond es, 1889, págs. 126-128.
186
LORD HOLLAND Y LOS ORÍGENES DEL LIBERALISMO ESPAÑOL
cia po que ue en la capi al de la Toscana donde encon a ía a su u u a
esposa, Elizabe h, hija única y he ede a de Richa d Vassal, un ico p opie-
a io de plan aciones de Jamaica (21). Es a se hallaba casada en onces,
cuando se encon aba en I alia, con si God ey Webs e , a quien abandonó
po Holland.
En la p ima e a de 1796 ol ió a Ingla e a, a a és de Alemania, con
lady Webs e , y omó asien o en la Cáma a de los Lo es. En la House ab azó
con calo las opiniones de su ío Fox y su nomb e se encuen a mezclado
con casi odas las g andes discusiones que u ie on luga en es a época en
la Cáma a de los Lo es. En 1798 causó sensación su discu so en con a del
Assessed Taxes Bill, en el que se mani es aban los p incipios más impo an-
es de su pensamien o pos e io . Su ideología polí ica puede esumi se en una
sis emá ica oposición al o ysmo po su «lucha con a los es ue zos po con-
segui la libe ad» (22). En sus in e enciones pa lamen a ias y en sus ob as
des aca una obsesionada oposición a odo cuan o signi icaba i anía o in o-
le ancia. Du an e oda su ida, siemp e ue un e o oso de enso de la libe -
ad indi idual, del amo a la paz, de la ole ancia y de la a e nidad de los
pueblos. En eligión, de endió la «e idencia» de la C is iandad y la au en ici-
dad de los e angelios en e al pensamien o hipe c í ico de la época (23),
decla ándose pa ida io de la libe ad eligiosa (24). Y en es e sen ido no
dudó en de ende la si uación de los ca ólicos de Ingla e a en unos momen-
os en que su si uación con inuaba es ando p osc i a (25). Denunció, incluso,
(21) La igu a de lady Holland y su in luencia sob e su esposo debió se conside-
able has a deja «una más ma cada imp esión de su indi idualidad que ninguna mu-
je de su edad». C .
JOHN FYVIE,
Nobles dames and no able men o he Geo gian
E a, Lond es, 1910, págs. 173-199.
(22) Véase The opinión o Lo d Holland, as eco ded in he Jou nals o he
House o lo ds, om 1797 o 1841, Collec ed and edi ed by D. C. Moylan, Lon-
d es,
1841.
(23) Véase Obse a ions on he ende ing o a pamphle , en i led «Sound A gu-
men y>
dic a ed by Common Sense, Lond es, 1795. En es e esc i o Holland examina el
mencionado pan le o que había esc i o el doc o Home (seudónimo de Walley C. Oul-
ons) bajo la in luencia de los ilus ados anceses y de la escuela de Bolingb oke.
Holland pa icipa de lleno en una polémica eligiosa de endiendo los «p incipios o -
odoxos» con a los enemigos de la eligión y la au en icidad de los E angelios. Com-
ba e la «a ogancia» de la mode na iloso ía de la época.
(24) Véase A le e o he Righ Hon. Lo d Holland. A plan o a e o m o abu-
ses in he Chu ch, and applying i s aluable pa onage o he p esen exigencies o he
S a e, wi hou he sligh es opp ession on he Cle gy. Signed: Y. S. T., Lond es, 1820.
(25) Le e (o lo d Holland) o he Re . Shu lewo h on Román Ca holic Eman-
cipa ion, Lond es, 1827.
187
MANUEL MORENO ALONSO
la unión con I landa como injus a e impolí ica (26). Abogó siemp e po el
lib e come cio (27). Y se in e esó po aspec os an dis in os como los cam-
bios de p isione os con F ancia, la anexión de No uega a Suecia, la abolición
de la escla i ud, la cues ión de la pena capi al y el p oblema judío (28). En
muchos aspec os sus ideas no ue on sino un sueño, que con el iempo se
ha ía ealidad (29).
En el e ano de 1800 isi ó Alemania, ol iendo a Ingla e a a a és de
Holanda y F ancia g acias a pasapo e concedido po Talley and. Al con-
clui la Paz de Amiens, en 1802, los Holland ue on a Pa ís y ue on p e-
sen ados al p ime cónsul. Sus ac i idades polí icas se ue on ampliando
p og esi amen e en el ma co del Pa ido Whig (30). El 27 de agos o en ó
en el Gabine e como lo d del Sello P i ado, aunque po poco iempo (31).
A su uel a a Ingla e a, después de su la ga es ancia en España, omó pa e
(26)
Imi a ions. Sa i ical e ses on e en s in
I eland,
w i en in imi a ion o Ju-
enal, Lond es, 1799, y en donde, en e o as cosas, exponía lo siguien e:
«On England's People once elied he C own,
and in hei sa e y da 'd o seek i s own,
kings gua ded law-A ec ions lin'd he coas ,
and Peace and F eedom o med he S a esman s boas :
Now o he schemes employ a P emie 's wi ,
Ingenious axes a e he p ide o P— ,
Yes,
i his laws can each his subjec 's pu ses
he ligh s hei mu mu e and de ibes hei cu ses» (pág. 9).
(27) Véanse A... Repo o he Deba e... upon Lo d Holland's Mo ion o commi -
ing he Bill o he Relie o Insol en Deb o s, Lond es, 1806, y Speech... in he
House o Lo ds... on mo ing he second eading o he Bill o he epeal o he Co -
po a ion and Tes Ac s, Lond es, 1828.
(28) Son los a gumen os ecogidos conc e amen e, po ejemplo, en su ya ci ado
The opinions o Lo d Holland, as eco ded in he Jou nal o he House o Lo ds
om 1797 o 1841: la ebelión de I landa, págs. 35 y sigs.; cambio de p isione os con
F ancia (págs. 68 y sígs.); anexión de No uega a Suecia (págs. 79 y sigs); come cio
de escla os (págs. 84 y sigs.); pena capi al (págs. 88 y sigs.); insu eción de I landa
(páginas 112 y sigs.), o el p oblema judío (pág. 161).
(29) Véase su A D eam. Sugges ing he es ablishmen o a uni e si y a Mal a,
Lond es, 1818.
(30) Véase sus Memoi s o he Whig Pa y du ing my ime, Edi ed by his son.
Lond es, 1852-1854, en dos olúmenes. En 1806 pa icipó jun o con lo d Auckland en
las con e saciones con los plenipo encia ios ame icanos Mon oe y Pinckney en ela-
ción con las in acciones come idas po ba cos ingleses en aguas no eame icanas
( olumen II, págs. 98 y sigs.).
(31) Ya en 1800, una eal licencia le concedía conjun amen e a lo d y lady Hollaad
el de echo de pode oma el nomb e de Vassall después del suyo espec i o (He alds
Coll., I, 36, 20). Y en 1807 adop a on la i ma Vassall Holland.
188
LORD HOLLAND
Y LOS
ORÍGENES
DEL
LIBERALISMO ESPAÑOL
ac i a
en los
dis in os deba es sob e
el
es ado
de la
nación, desplegando
sus
in luencias
en
a o
del
apoyo
de la
causa
de
España
en la
gue a con a
los anceses.
En 1814
isi ó
a
Mu a
en
Ñapóles,
y dos
años después
se
opuso igo osamen e
al
Bill pa a
la
de ención
de
Napoleón como p isione o
de gue a, sos eniendo
la
esis
que la
de ención enía
que
hace se
con
base
al De echo in e nacional
y no al de los
encedo es.
En los
años siguien es
ue
un
sis emá ico oponen e
de las
ep esiones
del
gobie no o y,
así
como
de
su
polí ica in e io
y
ex e io .
En 1830, con la
uel a
de los
NVhigs
al
pode ,
la
adminis ación
de
lo d G ey
le
nomb ó chancella
del
Ducado
de Lancas e .
Holland
y su
esposa desempeña on
una
ex ao dina ia ac i idad polí ica
y social
en su
casa
de
Lond es
que,
mucho después, du an e
la
segunda
gue-
a mundial, hab ía
de se
des uida.
Su
casa
se
con i ió
en el
cenáculo
más
impo an e
de la
ida social inglesa
en los
años
de la
Res au ación. Según
el
ame icano Geo ge Tickno ,
a su
llegada
a
Lond es
en 1819, la
Holland
House
e a «a
li e a y socie y
no o be
equalle
in
Eu ope»
(32). En el
Dia io mismo
del
lo d apa ecen
en sus
páginas
la
con inua ecuencia
de su
mansión
po
pa e
de
igu as ales como
la del
conde
de
Sha esbu y,
Ho -
ensia Beauha nais, duque
de
Bed o d, amilia Bonapa e, lo d By on, Cann-
ing,
Ugo
Foseólo, Napie , Welling on
y
muchos
más (33). La
misma lady
Holland,
en una
lis a
de
celeb idades
que
habían en ado
en su
House,
que
dio
a si
James McKin osh, señalaba, en e
los más
des acados
a
Talley and,
madame
de
S ael, Me e nich, Humbold , Cano a, en e o os
(34). El
mismo
Tocque ille,
a su
llegada
a
Lond es
en 1835, lo
p ime o
que
hizo
ue, con
una ca a
de
p esen ación
del
conde
de
Mole, di igi se
a
lady Holland
que
le ab ió
su
salón, acili ándole
la
en ada
a la
sociedad polí ica
de Lon-
d es
(35). Los
b eak as s
de la
Holland House enían
la
epu ación
de se
el cen o
de
ac i idad p incipal
del
pa ido Whig
(36).
(32)
PRINCESS LIECHTENSTEIN,
«Holland House», I, págs. 143-152, ci ., en
JOHN
FYVIE,
Noble dames
and
no able
men o he
Geo gian
E a, ci .,
págs.
173 y
sigs.
(33)
En el The
Jou nal
o he Hon.
Hen y Edwa d
Fox,
edi ed
by he
Ea l
o
Ilches e ,
ci .,
apa ece
la
ida comple a
del
Ingla e a en e 1818-1830,
a
a és
de sus
más sob esalien es biog a ías, elacionadas
de una u
o a mane a
con los
Holland.
Sin
emba go,
en él son muy
escasas
las
no icias sob e España.
(34)
C .
ambién
THOMAS MOORE,
Memoi s, Jou nals
and
Co espondence,
o-
lumen
IV,
Lond es,
1835,
págs.
313 y 314.
(35)
A.
TOCQUEVILLE,
Voyages
en
Angle e e
e en
Mande,
ed.
Gallima d, Pa ís,
1982,
pág. 19.
Pa a
la
ca a
de
Mole, éase Oeu es
e
Co espondence medi es
de
Tocque ille (edi ion Beaumon ),
II,
págs.
35 y
sigs.
(36)
C .
JACQUES CHASTENET,
La ie
quo idienne
en
Angle e e
au
debu
du
égne
de
Vic o ia, 1837-1851, Pa ís,
1961,
págs. 79-80.
189
MANUEL MORENO ALONSO
La lucha po la libe ad, en el doble p oceso aludido, ue la sup ema
causa de España en los o ígenes de su his o ia con empo ánea. Pe o, en opi-
nión de Holland, con ella se jugaba ambién la causa de la jus icia, y el se
de la misma humanidad. A o unadamen e, a su pa ece , España con aba
con homb es celosos con un g an amo po la pa ia y po la libe ad. La lu-
cha he oica en e al in aso y el es ablecimien o de una Cons i ución lib e
ga an iza ían y sal agua da ían el u u o de los españoles: «Po eso, la
es i ución de la libe ad no se ha de mi a solamen e como una jus icia al
indi iduo sino como un bene icio al país» (68). Viajando po España, con ía
su op imismo a Jo ellanos de e p on o una España lib e e indepen-
dien e (69).
La gue a de la Independencia a ajo ex ao dina iamen e el in e és de
Holland. El mismo Canning hizo sabe al ilus e iaje o que an e los es-
pañoles debía deja cla o que su ac i ud en España pa ía de su p opia ini-
cia i a y en modo alguno de una ges ión encomendada po el Gobie no de
es necesa io que an es p ecisemos qué es se libe al. Yo econozco que lo que us edes
comba en como libe alismo, que lo que us edes p e enden des ui , y no des ui án,
iene sus aspec os discu ibles y algunos inde endibles. Pe o son pecados de los a iseos
del libe alismo y no de los e dade os libe ales. Lo impo an e de se libe al es que
no igu a en sus ana emas. Se libe al es, p ecisamen e, es as dos cosas: p ime o,
es a dispues o a en ende se con el que piensa de o o modo, y segundo, no admi i
jamás que el in jus i ica los medios, sino que, po el con a io, son los medios los
que jus i ican el in. El libe alismo es, pues, una conduc a y, po an o, es mucho
más que una polí ica. Y, como al conduc a, no equie e p o esiones de e sino
eje ce la, de un modo na u al, sin exhibi la ni os en a la. Se debe se libe al sin
da se cuen a, como se es limpio, o como, po ins in o, nos esis imos a men i » (pá-
gina 9).
(68) Ca a a Jo ellanos, de sep iemb e de 1808 (I, 86). «Bien lo dice V. E., la
causa de España es la de la jus icia y de la Humanidad y po cie o si u iese yo in lujo
en esa co e odo se empeña ía en adelan a la. No sé si hice bien en a a le an osa-
damen e de las cosas de España y de la necesidad que hay de es ablece en ella una
Cons i ución lib e. La p ime a dicha de España es ene en su seno usos y ue os que
acili en el es ablecimien o de la libe ad sin queb an a los undamen os de la je a -
quía o muda los nomb es a quien es á acos umb ado el pueblo. La segunda dicha
se á de ene homb es celosos, que con amo de la pa ia y de la libe ad end án
au o idad pa a ep imi los excesos y juicio pa a acomoda al genio del país y del
siglo,
los an iguos ue os, sin desluci a los p incipios que solo se les puede p ome e
i meza y du ación.»
(69) Ca a a Jo ellanos, en La Co ana, 4 de diciemb e de 1808 (I, 97). «El gus o,
el gozo que hubie a sen ido en e a la España lib e e independien e y a da en pe -
sona a muchos amigos míos las enho abuenas; y sob e odo en a a a Vm. y o os
dignos ep esen an es de la nación española, no lo puedo deci . Ce qui es di e é,
n'es pos pe du, dicen los anceses, y oda ía me a e o a espe a que end é el gus o
de e es os iempos elices.»
196

LORD HOLLAND Y LOS ORÍGENES DEL LIBERALISMO ESPAÑOL
Su Majes ad (70). De aquí que la independencia de juicios adquie e un a-
lo especial, pleno de espon aneidad y, po supues o, de in uición. En sus
con ac os con los amigos españoles y al como se deja p esumi cla amen e
en el Spanish Jou nal de su esposa, Holland se p eocupa po la ma cha de
la gue a de España aún cuando señale que «no hay ma e ia an ajena a
mis conocimien os y de mi alcance como lo es odo a eglamien o mili-
a » (71). A su juicio el g an p oblema mili a que aqueja a los españoles
es la al a de disciplina del Ejé ci o y la inexis encia de un plan, «de un con-
cie o, un ensemble, que a mi pa ece no puede exis i si no hay una au o i-
dad ue e y unida» (72). Se da cuen a ambién que «la g ande, al ez la
mayo
desg acia
de España, es á en las desa enencias que exis en en e p o-
incia y p o incia» (73).
(70) C . el p e acio del conde de Ilches e al The Spanish Jou nal de lady
Holland, ci ., pág. VII.
(71) Ca as a Jo ellanos, de ene o de 1809 (I, 104-106).
(72) En su opinión, e a elemen al que el comandan e en je e es u ie a en e ado,
po ejemplo, de las mi as del Gobie no y que és e le die a su en e a con ianza. En
sus Fo eign Reminiscences (ci ., pág. 157) és e es el juicio que le me ece la igu a del
nue o comandan e, el oc ogena io gene al Cues a: «Se le p esen aba como modelo
cu ioso y aún idículo, de un español in a able. Tenía ochen a años cuando ue de-
signado pa a el mando en je e. E a al ane o, descon iado, igno an e y e co; pe o su-
ido en las a igas, an incapaz de pe idia como inaccesible al miedo. Obse aba las
leyes del hono con una pedan e ía al en los p ocedimien os que hubiese sac i icado
a una usle ía cualquie a, bajo es e aspec o, sus in e eses, su glo ia y has a la causa
que de endía. Con esaba que e a p e e ible pe de diez ba allas an es que modi ica las
disposiciones, una ez omadas; o an es que hace la más mínima concesión en ma e-
ia de e ique a, a un o icial subal e no o a un aliado ex anje o.»
(73) Ca as a Jo ellanos, en Lisboa, a 15 de julio de 1809 (II, 322). Pos e io -
men e el mismo Jo ellanos le in o ma ía con de alle del «sepa a ismo» del mo imien o
jun e a p oducido en el país (Ca a a Holland, en Se illa, a 8 de no iemb e de 1809;
II,
409-410): «No quie e la sue e, mi muy amado seño , que noso os gocemos un
momen o de anquilidad. A la publicación de las Co es y econcen ación del Gobie -
no,
que an o a án nos cos ó, se sigue aho a la inquie ud de las Jun as, no descubie a
del odo, sino po la de Badajoz, que abie amen e anunció algunos días ha, que no en-
endía habe abdicado su pode sobe ano; y la de Valencia, que ena bolando el pendón
de insu gencia anuncia aho a el p opósi o de conse a la sobe anía en su dis i o. Es a
escisión, que impo a ía menos si u iese o o obje o, es más emible po que anuncia
ambién una esis encia a la eunión de las Co es, y descub e, po consiguien e, el
p opósi o de e ene po un iempo inde inido su dominación. En in, descub e es a
Jun a el deseo de con e i la nación en Gobie no ede ado, que siemp e se ía ilegal,
ajeno de la ex ensión, del genio y de las cos umb es de España, y mucho más ajeno
aún, de las es echas ci cuns ancias en que se halla; poseída la mi ad po un ambicio-
so y la mi ad mal gobe nada po unos cue pos más ambiciosos aún que el enemigo,
a la somb a de un Gobie no que no iene ni igo pa a con ene los ni ue za pa a
e ena los.»
197
MANUEL MORENO ALONSO
Desde el pun o de is a de la libe ad, obse a Holland ambién las mis-
mas al e aciones popula es que, du an e aquellos momen os, se p oduje on,
po ejemplo en Je ez. En su opinión, con ha a ecuencia, es os mo imien-
os enían su o igen en las medidas eacciona ias de los gobie nos. Y en
Eu opa, según la esis de Holland, muchos gobie nos habían caído po es a
desconside ación hacia el pueblo (74). La libe ad, a su pa ece , iene una
base indiscu iblemen e popula , con la que los gobie nos de oda Eu opa
ienen que con a . Un ca ác e muy dis in o iene, sin emba go, pa a Holland
el le an amien o de Amé ica con a España, que es omen ado, y que p o-
duce al lo d inglés p o undo dolo , según sus p opias palab as: «Tengo
sob e mi co azón la insu ección de Amé ica de que V. m. me habla y no
puedo deja de de es a y odia con odo él, a los que la omen an» (75).
Con pun ual a ención, lo d Holland asis e a la apasionan e lucha que po
la libe ad man ienen los españoles en su segunda pa ia Has a cie o pun o,
él es ambién un luchado po la misma causa, que lo mismo c i ica la ma -
cha de los sucesos mili a es (76), que p esen a de la mane a más a o able
los sucesos de España en Lond es (77). La pos u a pe sonal del lo d an e
(74) Re i iéndose a los albo o os de Cádiz, ocu idos el 22 de eb e o de 1809,
a consecuencia de las quin as (Ca a a Jo ellanos, en Je ez, a 9 de ab il), Holland
expone lo siguien e: «Cuan o a los albo o os del pueblo, Vm. sabe que no los ecelo,
como hacen muchos. Mas cuidado engo de las p o idencias que oman los Gobie nos
pa a es o ba los, y que muchas eces suelen p oduci los, y aún más eces, jus i ica -
los.
Deje Vm. que hablen, que esc iban, y más que odo, que sepan lo que hace, lo
que dice y lo que piensa su Gobie no, y lo que piensan los indi iduos que lo com-
ponen; po que pues o que el Gobie no es suyo, y las cosas que se a an ahí, suyas,
me pa ecen a mí que engan de echo de conoce las. Pe done Vm. an a moles ación
sob e es os pun os; pe o de e as, no se puede sali bien en es a g an lucha, si no se
en ega, de un modo o de o o, su e dade o in lujo al pueblo. Las po encias de
Eu opa han caído po que casi odas han mi ado al pueblo como o o enemigo, y no
como aliado con a los anceses, y de e as, los que mi an al pueblo así, han de cae ,
y lo me ecen.»
(75) Es el comen a io de Jo ellanos, en ca a echada en Gijón, 17 de agos o de
1811 (II, 545).
(76) Ca a a Jo ellanos, de 6 de no iemb e de 1809 (II, 405). «En cuan o a los
asun os mili a es y polí icos, no me gus a en nada la o una de las cosas, ni po
españolado que soy, le puedo disimula que a mí pa ece que los dueños de mi segun-
da pa ia, se p ecian de g andes polí icos en alen a sospechas que más si en a p o-
duci que a aleja los males que ecelan, y en concilia sus p eocupaciones con cie as
máximas me a ísicas, sin pa a en que ambas no son hecho al caso, ni con ibuyen a
e i ica las únicas mi as que deben segui , quie o deci , el echa ue a los anceses
y al conse a en cualquie modo que sea ac ible el impe io español a Fe nando VII.»
(77) Ca a a Jo ellanos, en Lond es, a 6 de sep iemb e de 1809 (II, 371). «También
me dicen aquí: hablan de las Co es, hablan de e o mas, pe o, ¿qué, de odo eso,
198
LORD HOLLAND Y LOS ORÍGENES DEL LIBERALISMO ESPAÑOL
los inicios de la e olución libe al de España es de e o oso op imismo. En
su opinión, España, con unas Co es «adap adas a las luces del siglo» y al
espí i u de los nue os iempos, pod ía espe a con espe anza el u u o (78).
Sus p onós icos, po desg acia, no llega on a cumpli se, aunque, como él
mismo ad e i á años después del acaso libe al español, no sólo po azones
me amen e in e nas de la dinámica española.
EL PENSAMIENTO CONSTITUCIONAL DE HOLLAND Y LAS CORTES DE CÁDIZ
De los dis in os emas de ca ác e polí ico quizás e an los de ipo cons-
i ucional los que más in e esa on a lo d Holland. A en o a los cambios p o-
ducidos en Eu opa a pa i de la Re olución ancesa y es igo más o menos
di ec o de los nume osos in en os de e o ma libe al ensayados en la mayo
pa e de los países eu opeos, su pe icia adqui ida en es e campo ue no able.
Lo mismo se mani ies a un expe o en el cons i ucionalismo inglés que en
el ancés, en el español o en el napoli ano (79). El pun o de pa ida de su
isión cons i ucionalis a es iba en la necesidad de que oda Cons i ución
que p e enda la p ospe idad nacional debe p opone se que, an e odo, el
pueblo enga con ianza en la es abilidad como en las leyes. De aquí que,
de acue do con su pa ece , una Cons i ución no puede ni c ea se ni asplan-
a se sin más, sino que depende de odo un conjun o de hábi os y expe-
iencias p opias de cada pueblo y país (80).
se ha hecho? Ni ienen gene al en je e que enga opinión, ni ienen Gobie no execu-
i o que enga unidad o au o idad.»
(78) Ca a a Jo ellanos, de 5 de mayo de 1809 (I, 156). «No se ha de examina
cuál ley se ía más he mosa en la eo ía y sona ía mejo en el papel; sino los ag a-
ios que pesan y han pesado; y los medios que iene España en su seno pa a ali ia -
los y p e eni la eincidencia en ellos. Las Co es, adap adas a las luces del siglo y
has a cie o pun o a las mudanzas que ha hecho el iempo en la elación en e ciuda-
des y ciudades. Y en e p o incias y p o incias; y sob e odo aumen adas en el núme o
de sus ocales, me pa ece odo lo que se necesi a po aho a, p escindiendo al ez
de la libe ad de la imp en a.»
(79) Ske ch o a Cons i u ion o he Kingdom o Ñapóles sugges ed in 1815 o
he Duca di Gallo, Lond es, ed. 1848.
(80) El Ske ch o a Cons i u ion pa a Ñapóles se había publicado mucho an es
en Lond es, con el í ulo de Le e o a Napoli an om an Englishman, 1815, Lon-
d es,
1818. Según la esis del au o , en e ec o, « o insu e na ional p ospe i y, he peo-
pie mus ha e con idence in he s abili y as well as in he wisdom o he laws» (pág. 1).
Y ambién, «cons i u íons a e in ac , p oduc ions han can neí he be c ea ed ño
ansplan ed; hey a e he g ow h o ime, no he in en ion o ingenui y; and o ame
a comple e sys em o go e nmen , depending on habi s o e e ence and expe ience,
is an a em as absu d as o build a ee o manu ac u e an opinión» (pág. 6).
199
MANUEL MORENO ALONSO
Teniendo en cuen a el ca ác e de la Cons i ución inglesa aconseja a sus
amigos españoles y, conc e amen e, napoli anos que «no es ni sabio ni p ac-
icable in oduci odas las leyes que quedan en un país no acos umb ado
a los mismos hábi os y modos de pensamien o» (81). En su opinión, la ex-
pe iencia i ida en los úl imos ein e años (esc ibe en 1818), e a el más cla o
es imonio que co obo aba la in iabilidad de lo que él llama una Cons i u-
ción comple a. En palab as suyas, «una Cons i ución de es e ipo le an a
expec ación que no es ácilmen e ealizable, dado que no es posible una
pe ección ideal, a lo que quizá no es capaz la sociedad humana» (82)." Al es-
c ibi pa a el eino de Ñapóles un esbozo de Cons i ución, ecomendaba la
exis encia de dos Cáma as, «po que cada país que ha in en ado gobe na se
po una, después de mucha u bulencia y con usión, ha uel o a dos». Pa a
Holland, en es e sen ido, «no sólo Ingla e a y Amé ica ejempli ican las
en ajas de las dos sino la iolencia de los p ime os momen os de la Re o-
lución ancesa y el úl imo acaso de las Co es españolas» (83).
Pa a lo d Holland, la Cons i ución de un Es ado ha de se un e lejo de
la ealidad his ó ica y social de cada uno de los países. En su opinión en una
mona quía, « ambién bajo algún nomb e o o ma», debe exis i una a is o-
c acia, pues «quizá no hay obje o an necesa io a la es abilidad de una nue a
dinas ía». La e ección de una nobleza o alece a los gobie nos sin debili a
el pueblo. De es a a is oc acia hab ía de ene ep esen ación cons i ucional,
en p ime luga , la an igua nobleza y, después, los ep esen an es de las
al as magis a u as, el ejé ci o y la Iglesia. Todos ellos debían o ma pa e
del Senado o House o Lo ds.
Las ca ac e ís icas deseables en los miemb os del Senado, hab ían de
se , según Holland, las siguien es: 1.a la posesión de g andes ex ensiones de
ie a; 2.a la in eg idad del ca ác e ; 3.a el alen o polí ico; 4.a la amilia y sus
conexiones, y 5.a su inculación a la p esen e dinas ía. En su boce o de la
composición de la Cáma a Al a, la mayo pa e de la mi ad de sus miem-
b os debe ía p ocede de la an igua nobleza. Después end ían, en casi
igual p opo ción, los miemb os p oceden es de la magis a u as, ejé ci o
e Iglesia. En e los magis ados se ía con enien e po cie o, según Holland,
nomb a a algunos abogados (cuya p o esión e a a busy body o men), pa a
así di igi Thei ambi ion al sopo e de la Cons i ución y p opo ciona con-
sejo legal y asis encia a la asamblea. Igualmen e, «algunos dis inguidos gene-
ales» e an ambién necesa ios pa a da lus e a la Asamblea y «g a i ica
(81) Le e o a Napoli an om an Englishman, ci ., pág.
(82) Le e o a Napoli an, pág. 13.
(83) Le e o a Napoli an, pág. 22.
200
LORD HOLLAND Y LOS ORÍGENES DEL LIBERALISMO ESPAÑOL
el espí i u mili a que ha sido ecien emen e le an ado en la nación». Los
obispos, lo mismo, «e a muy p uden e conside a les» pa a la consolidación
y equilib io del cue po nacional (84).
La composición de la «o a Cáma a» o Asamblea se ealiza ía po medio
de elecciones po pa e de las p o incias, ciudades y uni e sidades. El nú-
me o o al de miemb os debía ajus a se a las condiciones p opias de cada
país,
pe o, pa a el caso de Ñapóles, ijaba como núme o p uden e: en e
300 y 400. En su boce o cons i ucional señala, en lo conce nien e a las
«cuali icaciones» de los elec o es oda una amplia y compleja casuís ica se-
gún se a a a de los pe enecien es a las p o incias, ciudades o uni e sida-
des.
El núme o de ep esen an es de és as (cuya edad se ía po lo menos la
de ein a años), pa a el eino de Ñapóles, se ía el de ocho o diez miemb os.
En 1809 las ideas de lo d Holland en lo que se e ie e al núme o de dipu-
ados en las Co es españolas e an di e en es. Se inclina po un conjun o de
pe sonas mucho meno , de en e 150 a 200 pe sonas. Y en cuan o a la o ma
de las delibe aciones y o o, echazando el modelo ancés se inclina más
bien po el del inglés de la House o Commons, basado en el « iempo y la
expe iencia», aún cuando econoce que en ma e ia cons i ucional no se han
de imi a unas naciones a o as (85).
Las Co es españolas, según la idea de Holland, debe ían cons i ui se se-
gún sus «an iguos usos» y las «ci cuns ancias p esen es» y, po supues o,
según los deseos de la «opinión pública», a ando de e i a odo en en a-
mien o con el Pode Ejecu i o, de donde el pelig o de su demasiada de ini-
ción (86). El consejo que el lo d da a Jo ellanos en es e sen ido es el de la
(84) Le e o a Napoli an, pág. 25. Los equisi os de los obispos, po ejemplo,
pa a o ma pa e de la Cáma a se ían «sanc i y o manne s, lea ning, acili y and
mildeness o cha ac e , and, abo e all, a achmen o he p esen dynas y, should be
he chie ecomenda ions...».
(85) Ca a a Jo ellanos, sin echa (I, 86). «Cuando las Co es es a án unidas es-
pe o que llega á el núme o de sus miemb os a se de 150 a 200 pe sonas, en ese caso
me pa ece que po el poco uso que ienen sus paisanos en el manejo de semejan es
jun as o cong esos se encon a á alguna di icul ad en a egla el modo de ene las...
La o ma en que se ha de delibe a y o a y a ias o as ó denes (como las llama-
mos noso os) en que consis e el Código in e io de un Senado o Asamblea. Ese pun o
que an desa inadamen e han desp eciado los anceses, es de mucha impo ancia, y
aunque en o os asun os no se ha de imi a una nación a o a, al ez se ía ú il el
es udio de las leyes y usos que en es a ma e ia ha p oducido en nues a Cáma a Baxa
(House o Commons) el iempo y la expe iencia.»
(86) Ca a a Jo ellanos, en Cádiz, a 31 de mayo de 1809 (I, 222). «Las uncio-
nes de las Co es se han de a egla po an iguos usos, po lo que piden las ci cuns-
ancias p esen es, y po lo que les enca gue la opinión pública. Demasiada de ini-
ción (¿Cons i ución? ¿Reglamen ación?) de ellas po el Gobie no ejecu i o en iempos
201

MANUEL MORENO ALONSO
necesidad po pa e de la Jun a Cen al de pone se de acue do de la mane-
a más cons uc i a e i ando los en en amien os y oposiciones (87). A Ho-
Uand, a su paso po España en aquellos momen os, no le pasó desape cibida
la incompe encia de la Jun a Cen al —a la que los se illanos llamaban i ó-
nicamen e la «Jun a Chica» (88)— que, aunque o mada po algunos ex
minis os y magis ados de g an in eg idad y « isión ilus ada», es aban
«demasiado ocupados con las ce emonias, o mas y pa onazgo de su nue o
Gobie no» (89). Según lo d Holland, los miemb os de la Jun a, po su edad
y po «los hábi os de la magis a u a» e an demasiado esc upulosos en la
obse ación de eglas écnicas inaplicables a la exigencia de las ci cuns an-
cias,
«a hose igo ous measu es o inno a ion which a s a e o e olu ion
and ci il wa
demandeyy.
Holland, a su paso po Badajoz, ya de eg eso pa a Ingla e a, e a es i-
go de la ex ao dina ia expec ación an e la eunión de Co es. Según sus
palab as: «Aquí no se habla de o a cosa sino de las Co es. No puedo deci
si es muy lisonje o pa a la Jun a el mo i o con que muchos in ie en la nece-
sidad de ellas, pe o pues o que sea bueno el ema e no impo e po qué ca-
mino llegan a ene ales deseos» (90). Comen ando el polí ico whig en sus
Fo eign Reminiscences la eunión de las Co es en la ciudad de Cádiz, ad e -
anquilos y con un pueblo obedien e, es supe lua, de mal ejemplo, y con un pueblo
albo o ado es inú il, ano y pelig oso, no siendo bas an e pa a en en a los. Quie o
deci , que con al de inición (¿con oca o ia?, ¿p og ama?) empiezan po ue za las
Co es con una lucha con el execu i o y es o se ha de e i a .»
(87) Ca a a Jo ellanos, en Cádiz, a 5 de mayo de 1809 (I, 156). «Aho a que se
han anunciado las Co es, se ha de pone mucho cuidado en que los que no han po-
dido esis i a la p o idencia gene al, no la echasen a pe de po a ios medios as u-
os en los de alles. When bad men conspi e, dice Bu ke, good men mus combine, y
me pa ece indispensable que los de la Jun a que son en e amen e a icionados a las
Co es, ajus en en e sí el modo en que les gus e que sean elegidos..., pa a que no
desa engan en e sí en la Jun a misma.»
(88) Como ecue da Holland, con el nomb e de Jun a Chica los se illanos deno-
minaban a un club o pequeña asociación, cuya o icina es aba en el Alcáza y que
es aba p esidida po el duque de Al ami a, «el homb e más pequeño que nunca i
y más pequeño que muchos enanos exhibidos po dine o». El lo d no salía de su ex-
añeza cuando eía que «el p esiden e de la Jun a e a conducido con gua dias como
un pe sonaje eal». Po su amaño le llamaba p ecisamen e la gen e de Se illa el « ey
chico», como había sido apodado en o os iempos el úl imo ey de G anada. Po
odo ello al «club» del Alcáza le llamaban la «Jun a Chica». Según Holland és a
di igía la p ensa insu eccionis a y e a ac i a en lo público y p i ado, al p omo e la
con oca o ia de Co es y la p omulgación de leyes libe ales y ole an es y, po úl imo,
el es ablecimien o de un Gobie no popula (Fo eign Reminiscences, pág. 146).
(89) Fo eign Reminiscences, pág. 145.
(90) Ca as a Jo ellanos, en Badajoz, a 5 de julio de 1809 (II, 316).
202
LORD HOLLAND Y LOS ORÍGENES DEL LIBERALISMO ESPAÑOL
i a que és a e a « ha leas
a is oc a ical
and leas de ou ci y in Spcdn» (91).
C i ica a los o ado es popula es eunidos en la ciudad andaluza que con un-
dían el aplauso de Cádiz con la opinión de la nación, achacándole su pa cia-
lidad y ex emismo. Po es a azón, según sus palab as, «sus p ocedimien os
e incluso la Cons i ución que ellos enma ca on, asumió un ca ác e poco
congenial a los deseos del pueblo que ellos ep esen aban, aunque exen os de
muchos de aquellos e o es de democ acia ex a agan e y a ilugios an i-
moná quicos que, algunos años después, e an igno an e y maliciosamen e
u gidos con a ellos en oda Eu opa».
Según lo d Holland, las Co es gadi anas es aban compues as de jó enes
de más a do e imaginación que expe iencia o p udencia, y que, además,
«habían bebido sus nociones de libe ad de los enciclopedis as de F ancia,
más que de la his o ia de sus an iguas ins i uciones o de los inmedia os deseos
de su p opio país». El nue o g upo de dipu ados (a quienes el lo d ilda de
pa ido nacien e) e a «más compe en e en exhibi su p opio menosp ecio po
la supe s ición y desdén de abusos que econcilia la Iglesia o la nobleza con
co ección nacional y con e i les en pode osos cue pos ins umen ales, p i-
me o en la ecupe ación de la independencia y después en el es ablecimien o
de la libe ad de su país». A juicio del obse ado inglés, el p oblema de las
Co es gadi anas ue el de que, cuando se eunie on, unos dipu ados es aban
especialmen e in e esados en des ui el pode de la Iglesia o sup imi los
p i ilegios de la nobleza más que en esis i al enemigo común; mien as
o os es aban más p eocupados de de ende sus in e eses amenazados que
de e adica abusos o comba i a los in aso es. El conocimien o eó ico y
p ác ico po Holland de las «cosas» de España, y pa icula men e del p o-
ceso cons i ucional español no deja luga a dudas. Así se lo decía el mismo
Jo ellanos al esc ibi le que «V. E. ha es udiado ya y conoce nues a Cons i-
ución cuan o la escasez de esc i os ace ca de ella pe mi e conoce » (92).
LAS «CARTAS» A JOVELLANOS
La igu a más admi ada de la España que conoció Holland ue, sin duda,
la de Jo ellanos, el ilus e magis ado y polí ico as u iano, con quien man-
u o una ecuen e y densa co espondencia de g an in e és ideológico, po-
lí ico y humano. Jo ellanos, según e ie e Holland en sus Fo eign Reminis-
cences, ue la pe sona a la que conoció más ín imamen e y más since amen e
(91) Fo eign Reminiscences, pág. 148.
(92) Ca a a Lo d Holland, 2 de no iemb e de 1808 (I, 92).
203
MANUEL MORENO ALONSO
espe ó. A pesa de la di e encia de edad que les sepa aba ambos es ablecie-
on una p o unda amis ad. El lo d admi aba su dila ada p oducción li e a-
ia en e so y p osa, su conocimien o de la ley y su p o unda sapiencia en
odas las amas de la polí ica económica. Pe o, a su juicio, si g andes e an
las p endas in elec uales, mayo es aún e an sus cualidades mo ales, la se e-
nidad de empe amen o y la ele ación de su ca ác e : «The pu í y o his
as e was o a piece wi h ha o his
mind,
and he co e ness o his
language
a pic u e o his well- egula ed U e» (93). A lady Holland, igualmen e, am-
poco escapaba en absolu o la ex ao dina ia ele ancia del g an español,
an as eces ci ado en su Spanish Jou nal (94).
En la asidua co espondencia en e ambos amigos se ad ie e la sa is-
acción que cada uno de ellos ecibe cuando llega a sus manos ca a de
Lond es o de España. Cuando anscu e algún iempo sin ene no icias
de Holland, po ejemplo, Jo ellanos no duda en esc ibi le y eco da le que
« odo el mundo, mi muy amado lo d, iene ca as de Lond es, menos yo,
acaso po que las espe o con más ansia» (95). Con hispano desp endimien o
y gene osidad, Jo ellanos ansmi e a sus amigos ingleses, los Holland, has a
la más i a admi ación po las ie as de Albión que conside a a su ez como
su segunda pa ia (96), lo que el lo d no deja de alo a en su jus o ma -
co (97). Jo ellanos, en la dis ancia de la calu osa Se illa, has a en idia a la
(93) Fo eign Reminiscences, págs. 91-94. Según Holland la eina le p o esaba p o-
unda a e sión, a ibuyéndole incluso un libelo obsceno, apa ecido en Pa ís, con el
í ulo de Les ois Reines, en que se idiculizaba y ca gaba de icios a las einas de
F ancia, Ñapóles y España. Holland conside aba a Jo ellanos, «si no en c eencias,
en ca ác e y aus e idad polí ica» un jansenis a. Señala que «en ó en con ac o con
muchos de es a sec a, quienes, en España y en o os países ca ólicos han sido conside a-
dos como los menos co up ibles y más consis en e pa ido en el Es ado».
(94) The Spanish Jou nal o Lady Holland. C . las elaciones de Jo ellanos con
Godoy (114-116), sus elaciones con el embajado inglés J. H. F e e (296-362), sus
es ue zos po log a una mayo libe ad de p ensa (301), su in luencia en el Gobie -
no (314-321), su pos u a an e las Co es (322-323), su in o mación sob e los sucesos
polí icos y mili a es (267-269, 280, 284), e c.
(95) Ca a a Holland, en Se illa, a 29 de no iemb e de 1809 (II, 423).
(96) Ca a a Holland, en Se illa, a 4 de junio de 1809 (I, 229). «Me p esen o a
Vm. y me pongo a los pies de nues a amabilísima My Lady, y a nomb e de la na-
ción inglesa (a quien da ía el nomb e de segunda pa ia, si hubiese enido la dicha
de pisa su suelo y espi a su ambien e), beso a en ambos las manos, y los elici o
a ec uosamen e en el cumpleaños del ey Jo ge, que aquí celeb a emos con sal as
en público y con b indis, p i adamen e, en casa de M . F e e. God sa e he king!»
(97) Co espondiendo a la ca a an e io , Holland le esc ibe diciendo: «Un epí-
g amis a pod ía deci algo sob e ese asun o: el emo a Jo ge III po ey, y niebla
po ambien e, son dos dichas que iene mi p ime a pa ia, y de que nos podemos e-
204
LORO HOLLAND Y LOS ORÍGENES DEL LIBERALISMO ESPAÑOL
«ciudad de la niebla», pensando en que quizás el clima da alo a las na-
ciones... (98). Los dos polí icos y amigos no dejan de in e cambia se lib os.
Holland le en ía lib os y gace as de con enido polí ico, conociendo el in e-
és de Jo ellanos po las cosas inglesas (99), y és e le manda igualmen e
lib os españoles. Y de mane a muy pa icula el es udio sob e las Co es de
Ma ínez Ma ina, asegu ándole que con es a ob a, «que po una señalada y
al a p o idencia ha salido a la luz en el iempo en que e a más necesa ia
y podía se más p o echosa», pod á conoce aún mejo el ca ác e de la
Cons i ución española (100). Po supues o que ambién egala al amigo in-
glés alguna que o a bo ella de ino de Mon illa (101).
En sus ca as, Jo ellanos in o ma esc upulosamen e a Holland de la ma -
cha de los sucesos mili a es y, po supues o, polí icos. A inales del año 1809
le dice, po ejemplo, que, aunque no hay libe ad legal de p ensa, su exis encia
en la p ác ica es un hecho, has a el pun o de que los «pe iódicos se c uzan y
odo el mundo los deja discu i » (102). Y po los mismos días le habla am-
pliamen e de que odo es á lis o pa a la con oca o ia de Co es, ad i iéndo-
se en lo conce nien e a la o ma de con oca las Co es, o ma de elecciones
de dipu ados, e c., algunas coincidencias cla as con las ideas de Holland sob e
lici a con igual mo i o. Lo que e dade amen e es un mo i o de egocijo, de gozo y
de glo ia pa a la mi segunda pa ia es que se dedique un Don Gaspa en e amen e
a la g ande a ai e. Eso sí que es bueno, aunque ha á al a ambién en la Jun a»
(5 de junio de 1809; I, 238).
(98) Ca a a Holland, en Se illa, a 6 de junio de 1809 (I, 241). «Pe o, My Lady,
sea o no nebuloso el ambien e de Lond es, ¿po qué no ue a dicha espi a le alguna
ez, pa a quien ama a Lond es y más aún a los ingleses? Po en u a, ¿es el clima el
que da alo a las naciones, ni el que inspi a amo a los p opíos, y a ición a los
ex años?»
(99) Ca a a Holland, en Mu os, 1 de mayo de 1810 (II, 480). «En e an o, i i-
mos aquí en absolu a igno ancia de lo que pasa po ahí. He enido muy a dien e de-
seo de e los papeles ingleses y lee los deba es del Pa lamen o y los elocuen es
discu sos de mi buen amigo; pe o una sola gaze a no ha pene ado po aquí. Aho a
lle a á és a un ecino, que pod á ae en e omo algunas gaze as de la oposición
que Vm. c ea más in e esan es. Pod á Vm. si no, en ia las al seño Magniac, agen e
inglés en La Co uña y si no a dan aún me econ a án en és a. Pe o uego a Vm. que
no me en íe papeles po el co eo, po que cues an mucho, y no es ando aún co ien-
es nues os sueldos, nos hallamos muy pob es.»
(100) Ca a a Holland, a 2 de no iemb e 1808 (I, 92). Se e ie e na u almen e al
Ensayo his ó ico c i ico sob e la an igua legislación y cue pos legales de los Reinos
de León y Cas illa de Ma ina. Sin emba go, como se sabe que Quin ana le ha en iado
es a ob a, en onces le en ía «la nue a co ec a edición» de Las Pa idas, ambién a
cuidado de Ma ínez Ma ina.
(101) Ca a a Holland, en Se illa, a 7 de ab il de 1809 (I, 110).
(102) Ca a a Holland, en Se illa, a 6 de diciemb e de 1809 (II, 428).
205
MANUEL MORENO ALONSO
da
al
Gobie no
de
Lond es (130). Según
el
lo d,
el
conde español apenas
si
es aba iniciado en onces
en los
asun os públicos,
sin
emba go,
su
ju en ud
y se icios
le
hicie on
uno de los
a o i os
en las
p ime as Co es,
en
donde
buscaba aplausos (131). Holland esc ibía
en el
mismo luga
que a la
uel a
de Fe nando
VII,
escapó
de
España donde,
en
ausencia,
e a
condenado
a
mue e; ol iendo
en 1820
donde
ue
minis o
y
«ú il» miemb o
de las
Co es. Pa a en onces,
de
acue do
con el
lo d,
su
expe iencia
«ha
mejo ado
sus alen os
y
mode ado
sin
cambia
sus
p incipios, pe o
sus
hábi os
en
Pa ís
y sus
ecuen es isi as
a
es a ciudad algo daña on
su
popula idad».
En
sus
Fo eign Reminiscences señala ambién
su
au o
que ue
consul ado
po Welling on
a su
paso
po
Pa ís hacia Ve ona
en 1822. Con la
ins au a-
ción
del
absolu ismo nue amen e
en 1823
ol ió
a
Ingla e a pa a, desde
aquí, a inca se
en
Pa ís, donde,
a
juicio
de
Holland,
«es más un
A ico
que
un Ca ón».
El
mode an ismo
del
lo d inglés
así
como
el
cuño ancés
del
libe alismo
de
lo eno ma can
las
di e encias en e ambos homb es
a
pa i
de
los
momen os iniciales
de la
gue a (132).
El g upo
de los
a ancesados.—En
los
o ígenes
del
libe alismo español,
jun o
a las
ac i idades
de los
pa io as
que
lucha on
po la
libe ad
en Cá-
diz, juga on
un
papel impo an e
los
«a ancesados», pa ida ios
de una u
o a mane a
de la
e o ma
del
Es ado.
Los
Holland
no
e an ajenos
a sus ac-
i idades
en
es e sen ido. P ecisamen e,
en una
ca a
de
Jo ellanos
al
a is-
óc a a inglés,
en que le da
cuen a
de una
con e sación conjun a
con
A gue-
lles,
To eno
y
Blanco Whi e pa a
la
cons i ución
de la
«Jun a
de
Legisla-
ción»
(y en la que
es e úl imo ehusó acep a ) esc ibía:
«En las
a ias
Jun-
as
que mi
Comisión
de
Co es
a
o mando, incluimos
las
pe sonas
más
capaces
que
aquí
se
conocen, pe o ¡guan as
que
aho a se ían
muy
ú iles a e-
ba ó
a
Bayona
el
mons uo
de la
y aníal» (133).
Los
amigos ingleses en a-
on
en
con ac o pe sonalmen e, además,
con
algunos
de los
a ancesados.
(130)
LEOPOLDO AUGUSTO
DE
CUETO
en su Biog a ía de To eno, en la ed. de BAE,
1953,
págs.
IX y X,
habla,
en
e ec o,
de los
con ac os
de
To eno
con
Cas el eagh,
Welling on, Whimdam
y
lo d Holland,
así
como
el
o ado Sche idan, «con cuya i óni-
ca
e
incisi a elocuencia iene
la de
nues o español
no
escasa analogía»
(131)
LORD HOLLAND,
Fo eign Reminiscences, págs. 152-153.
(132) Ca a
a
Holland,
en
Se illa,
a 12 de
sep iemb e
de 1809 (II, 356).
«Amable
My Lady: acabo
de
haba
un
la go a o
de Vm. y de
ues o dulce Holland
con el
conde
de
To eno (an es Ma a osa)
que
llegó es os días
de
As u ias
con la
ma quesi a
de Camposag ado
y
o as gen es. ¡Con quan o gus o oigo
en su
boca
el
elogio
de mis
dulces amigos!
El se
acue da mucho
de las
hon as
que
debió
a Vms. en
Holland
House,
y oyó con
g an place
las que Vms.
dispensa on
a sus
amigos
de
aquí.»
(133) Ca a
a
Holland,
en
Se illa,
a 11 de
oc ub e
de 1809 (II, 387).
212

LORD HOLLAND Y LOS ORÍGENES DEL LIBERALISMO ESPAÑOL
Lady Holland conside a a Mo a ín, po ejemplo, como «el mejo y más
dis inguido poe a y homb e de le as en España» al iempo que na a con
alguna ex ensión de alles de su biog a ía (134). En su isi a a la Biblio eca
Real de Mad id conocie on al insigne a abis a José An onio Conde, quien
acili ó a Elizabe h su en ada, al no exis i la cos umb e de que en a an
seño as (135). Amigos españoles en ían a los Holland ob as, po ejemplo,
de Albe o Lis a, ins ándoles a lee las (136).
Los libe ales emig ados de Lond es.—En 1823, muchos de los libe ales
españoles que habían p o agonizado con la palab a o con la acción el « égi-
men de libe ades» que supuso el T ienio Cons i ucional u ie on que aban-
dona España. Se cumplía la p edicción de La a de que se libe al en Espa-
ña equi alía a se emig ado en po encia. Más de mil amilias ija on su e-
sidencia en Lond es, en e las que se encon aban descollan es igu as de la
milicia, de la adminis ación y de las le as, siendo muchos los es imonios
que deja on de su la ga es ancia en ie as b i ánicas (137). Sin duda i ie-
on, en e los ingleses, de mane a aislada; concen ados la mayo ía de ellos
en el modes o ba io de Some s Town. Cuando Thomas Ca lyle les desc ibe
paseando en g upo po Eus on Squa e, con su ez mo ena y mi ada de uego,
dice que les daba la imp esión de leones enjaulados (138). Los adicales in-
gleses les dispensa on una g an acogida. En palab as de Alcalá Galiano, «nos
ecibían con los b azos abie os, como a he manos y má i es po una causa
que les e a común» (139). En e ellos, y en ealidad en e los ingleses, al
ez las pe sonas que mejo les comp endie on ue on los inquilinos de la
Holland House. Al lo d le admi aba la igu a de Mina, an bien ecibido po
Welling on, an o po su co aje como po su «g amá ica pa da» (mo he
wi ),
«esa ex aña exp esión po la que los españoles quie en deci conoci-
mien o y ac o sin lee » (140), así como su coup d'oeil en las cosas de la
gue a. Holland seguía siendo en aquellos di íciles momen os «a icionado a
nues as cosas y de enso pe pe uo de los in e eses de nues a libe ad», en
palab as de Quin ana, cuando le di ige sus amosas Ca as. Incluso, más
(134) The Spanish Jou nal, págs. 165-166.
(135) The Spanish Jou nal, pág. 162.
(136) Ca a de Jo ellanos, en Se illa, a 6 de diciemb e de 1809 (II, 429).
(137) Es os es imonios, así como sus ac i idades polí icas y li e a ias, los pe ió-
dicos de la emig ación y sus colabo aciones en las e is as inglesas de la época es án
ecogidos en el bello lib o ya ci ado de
VICENTE LLORÉNS,
Libe ales y omán icos.
Una emig ación española en Ingla e a.
(138) «Li e o John S e ling», pág. 67, (The Wo lds Classics).
(139) Recue dos de un anciano, ed. ci , pág. 208.
(140) Fo eign Reminiscencens, pág. 158.
213
MANUEL
MORENO ALONSO
adelan e, cuando
ya el
libe alismo
se
había impues o de ini i amen e,
el
lo d
seguía siendo
el
g an amigo
y
a o ecedo
de la
causa libe al española
po
pa e
de los
Whigs (141).
EL
FRACASO
DE LA
REVOLUCIÓN
LIBERAL ESPAÑOLA
La lucha empeñada
de los
españoles
po la
libe ad,
po una
pa e con a
los soldados
de
Napoleón
y, po
o a,
po la
Cons i ución,
se
p esen aba
an e Holland como
una
ca e a glo iosa, aunque di ícil
y
llena
de
pelig os.
A
su
juicio
en
España
no
al aban
ni
«las luces»
ni el
pa io ismo
aún
cuan-
do
no se
había
de
do mi
en el
camino» (142).
Con la
misma expec ación
se había seguido
la
lucha
de los
españoles
en el
es o
de
Eu opa
y muy es-
pecialmen e
en
Ingla e a,
aún
cuando
en
es e país, según
el
es imonio
del
noble inglés, comenzaba
a
ap ecia se
un
descenso
en el
en usiasmo (143).
Sin emba go, p on o
se
p oduce
el
desencan o, an o
en el
desa ollo
de la
gue a
—la
Peninsula Wa — como
en el
p oceso cons i ucional
de
Cádiz.
El lo d
se
quejaba an e Jo ellanos
de la
excesi a len i ud
de las
e o mas
emp endidas
po las
Co es,
y no
ocul aba
su
imp esión
de que «en
oda
esa
pa e
de la
conduc a
de
Co es
hay
poco ino
y
mucha pedan e ía,
y me
pa ece
que la
sa i iza
muy
bien
el
«Juan-sin-Tie a»
de El
Español» (144).
El desacue do
de
lo d Holland an e
la
ma cha
del
cons i ucionalismo
ga-
di ano
la
comp endió «muy bien Quin ana, cuando
en sus
Ca as sob e
los
sucesos polí icos
de
España
en la
segunda época cons i ucional exponía
que
«aún en e
los
polí icos
más
aman es
de la
libe ad española
hay una p e-
ención gene al con a
las
Co es
de
Cádiz,
a
quienes
se
acusa
de
imp uden-
cia
y de
ambición excesi a.
Se
c ee
que po
habe aspi ado
a más de lo que
pod ían ealiza
no
consiguie on aquello
que la
mode ación deseaba».
A
ojos
de Holland, ealmen e,
el
acaso
del
p ime cons i ucionalismo español
se
(141) C .
PETER JANKE,
Mendizábal y la ins au ación de la mona quía cons i u-
cional
en
España (1790-1853), Mad id, 1974, págs. 124-125.
(142) Ca a
a
Jo ellanos,
en
Lond es,
a 1 de
no iemb e
de 1809.
«Las buenas
mi as,
las
luces,
el
pa io ismo
no
al an
en
España: pe o
sin la
p on i ud
y aún la
apidez, nada
se
puede hace
en
es e siglo. Res
is no o he
cha io
o he Sun:
y habiendo escogido España
una
ca e a
an
glo iosa, pe o
an
di ícil
y
pelig osa,
no había
de
do mi
en el
camino.-»
(143) Ca a
a
Jo ellanos,
en
Lond es,
a 31 de
agos o
de 1809 (II, 369).
«¡Oxalá
pudie a manda le consuelo sob e
el
espí i u público
de
aquí!, pe o,
con
anqueza,
se
ha es iado
el
zelo sob e
las
cosas
de
España
muy
mucho
y le
a ibuyo
a la
al a
de
libe ad
de
imp en a,
de
discusión pública
y a la
dilación
de las
Co es.»
(144) Ca a
a
Jo ellanos
(II, 406).
214
LORD H01XAND
Y LOS
ORÍGENES
DEL
LIBERALISMO
ESPAÑOL
debió
a la
p ecipi ación,
a las
in luencias ancesas
más que
inglesas
en el
ex o cons i ucional
(145) y a su
e a dada pues a
en
p ác ica, en e o as
cosas,
po la
imposibilidad
de su
aplicación.
En
ealidad,
la
Cons i ución
de
1812
no
sólo disgus ó
a los
cnies (146), en onces
en el
pode , sino ambién
a homb es como
a
Lo d Holland, pa a quien
el
ex o cons i ucional espa-
ñol
e a an
di e en e
del
inglés... (147),
Cuando
la
expe iencia cons i ucional ol ió
a
epe i se
en el
T ienio,
a
pa i
de
1820,
el
esul ado
ue
ambién
el
acaso.
En
palab as
de
Quin ana,
un ama go sen imien o comenzó nue amen e
a
a ligi
a los
españoles, pues
«echábase
en
ca a
a los
encidos
su
misma con usión
y
e güenza como
e-
sul ado necesa io
de su
e quedad
y de sus
ex a íos. Decíase
a
boca llena
que
los
que
no
habían sabido ap o echa se
de la
libe ad adqui ida
y an mal
la de endie on,
no
me ecían
se
lib es
ni
e an dignos
de
lás ima
y
pe dón».
Lo d Holland sabía muy bien que
la
causa
del
es epi oso acaso
se
debía
al
mal gobie no,
al
descon en o,
a la
di isión en e
los
españoles
y que
ambién
la libe ad
e a
más bien «un obje o
de
acción
y de
ins in o
y no de
a gumen os
y
de
doc ina».
No
necesi aba e dade amen e
que
Quin ana
se lo
dije a.
Tal como Tocque ille esc ibie a unos años después
en su
iaje
po
Ingla-
e a,
«la
libe é
me
pa m eñi dans
le
monde poli ique
la
mime place
que
l'a mosphe é dans
le
monde physique» (148).
E a
jus amen e
esa
a mós e a
la
que
al ó
en
España
y la que
hizo acasa
la
e olución libe al.
Las po encias eu opeas ampoco ayuda on
a
España
en
aquella lucha
desespe ada
po
encon a
el
camino ace ado.
Mme. de
S ael esc ibió
de
lo d Cas le eagh,
el
esponsable b i ánico
de la
polí ica ex e io ,
que
nadie
(145) Ca a
de
Jo ellanos
a
Holland,
en ed. BAE, ol. L, pág. 320.
«Hay segu-
amen e
en las
Co es homb es
de
ins ucción
y de
juicio, en e
los
cuales descuella,
según dicen, nues o
A.
A guelles quan um len a sole Ín e ibu no cup essi; pe o
sé
que hay
o os cuyos p incipios polí icos
son
bebidos
sin
e lexión
de J. J.
Mably,
Locke, Mil on
y
o os eó icos.»
(146) Según
ALCALÁ GALIANO,
Recue dos de un anciano, pág. 208, «bien es e -
dad
que los
o ies,
po
en onces dominan es, pues
de su
bando e an
los
minis os,
y la
pa e
más
c ecida
en la
nación
que en las
cosas polí icas in luye
o
oma empeño,
ha-
bían mi ado
con
a e sión
a
eces excesi a
la
causa
de la
Cons i ución
de
1812
y a sus
es ablecedo es
y
de enso es,
y aún
is o
con
cie o g ado
de
sa is acción
al
iun o
del duque
de
Angulema
y del
pode ancés...».
(147)
El
mismo lo d Welling on esc ibía
a
lo d Cas le eagh
en los
momen os
en
que
ya
es aba
en
España Fe nando
VII
(junio
de
1814),
y aún no
había sido de oga-
do p opiamen e
la
igencia
de la
Cons i ución,
que aún se
espe aba
el
dec e o pa a
la
con oca o ia
de
Co es,
así
como o as p omesas, <onas has a aho a
no se ha
hecho
ninguna
de
es as cosas»
(c . M.
ARTOLA,
La
España
de
Fe nando
Vil,
Mad id,
1968,
página
549).
(148)
A.
TOCQUEVILLE,
Voyages
en
Angle e e
e en
Mande,
pág. 207.
215
MANUEL MORENO ALONSO
había causado más daño en Eu opa, al se el «sepul u e o de la libe -
ad» (149). La lucha con a los anceses ni siquie a ue econocida en el
Cong eso de Viena, aquel «g ea mo a o he chemis s» (150), que sepul ó
a España en la igno ancia. Y pos e io men e, cuando se p odujo la in asión
de España po los Cien Mil Hijos de San Luis, acabando con la libe ad,
Holland, en el Pa lamen o, censu aba la polí ica inglesa po «no conside a
el de echo de la nación española a gobe na se po sí misma y al no habe ,
en i ud de es e p incipio, sal ado a España de la in asión del Ejé ci o
ancés, no apoyando a un Gobie no comp ome ido en el g an abajo de
es au ación y consolidación de las an iguas libe ades de es e pueblo» (151).
La expe iencia libe al española de comienzos del ochocien os, an acci-
den ada y queb ada po los desacie os, cons i uyó un auma en la ida
his ó ica de España. Una pe sona como lo d Holland, an a en o a aquella
a en u a i ida, con inusi ada in ensidad po los españoles, ue un es igo
de excepción de lo que en ealidad cons i uyó el o igen del libe alismo espa-
ñol.
Muchos años después, eco dando aquellas i encias cada ez ya más
lejanas, e e i á en sus Fo eign Reminiscences la lección que en e sa cás ica
y humo ís ica le dio en Pa ís el embajado de España, Aza a, con an e io i-
dad ep esen an e ambién en Roma cuando le dijo: «Vues o M . Pi e-
sol ió, no sé po qué, que odo ex anje o debía se o un ancés jacobino
o un monje del siglo x. Yo elegí con alguna di icul ad y una g an p eocupa-
ción; y así, me e un caballe o de Mal a, un sie o de su Más Ca ólica Ma-
jes ad, embajado y conseje o con idencial de Su San idad en Roma, cubie o
con ó denes y í ulos bo bónicos. Us ed me e aquí a la edad de sesen a
años cumplidos, al caballe o Aza a de A agón, un jacobino ancés..., ha-
ciendo la Co e a un a en u e o, je e de la República, e in i ando a us ed a
cena ... y odo es o es po que el minis o de un Es ado p o es an e y pa -
lamen a io de e minó que cualquie ca ólico o español que no se some ie a
a se aná ico, mogiga o, aile o monje, se ía conside ado como un enemigo
del o den social, del gobie no, eligión y qué sé yo!» La con e sación u o
luga en 1802, cuando aún la o men a no había desca gado sob e España.
(149) C . sus Conside a ions su la Re olu ion F an$aise (III, 34), así como su
An appeal o he Na ions o Eu ope agains he con inen al sys em, Lond es, 1813,
página 48.
(150) A le e o Lo d Holland on o eign poli ícs, 2.a ed., Lond es, 1819, pág. 11.
(151) The opinions o Lo d Holland, as eco ded in he Jou nal o he House o
Lo ds, págs.
105-111.
El Gobie no de S. M., en su opinión, había en uel o al pueblo
b i ánico, «dn spi e o ou in ended neu ali y, in ol e us (as i has done be o e) in an
ex ensi e wa o opinión, alike epugnan o he p incipies o ou Cons i u ional Go-
e nmen , and o e e y maxim o ancien english policy».
216
LORD HOLLAND Y LOS ORÍGENES DEL LIBERALISMO ESPAÑOL
El comen a io que, an os años después, le me ecían al lo d inglés aquellas
palab as ca ica u izado as de la ealidad no deja de se ep esen a i o:
«The e was su ely much humou in he pic u e he d ew and he e was u h
and philosophy in he lesson i con eyed» (pág. 114). El acaso del libe a-
lismo español —lo mismo ocu i ía muchos años después con el allido ensayo
de la democ acia— se debió ambién no sólo a las ci cuns ancias in e nas
de la ida española sino a la
in e esada
concepción que de la libe ad enían
las naciones «ilibe ales» de Eu opa.
217