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Lord Holland y los orígenes del liberalismo español

Moreno Alonso, Manuel

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LORD HOLLAND Y LOS ORÍGENES DEL LIBERALISMO ESPAÑOL Po MANUEL MORENO ALONSO «Y no se engañen los españoles: la cues ión p ime a, la p incipal, la de si han de se lib es o no, es á po esol e oda ía. Ve dad es que han adqui ido algu- nos de echos polí icos, pe o es os de echos son muy nue os y no han echado aíces. Po consiguien e, han de se a acados sin cesa , y si no se a iende a su de- ensa con decisión y cons ancia, se án al in mise a- blemen e a opellados. El es ado de libe ad es un es ado con inuo de igilancia, y ecuen emen e de comba es.» M. J. QUINTANA («Ca as a Lo d Holland», p ólogo. Ed. BAE de Ob as comple as, 1946, pág. 532.) En los úl imos años se ha mani es ado po pa e de los es udiosos un e- no ado in e és po los o ígenes del libe alismo español (1). Unos han in en- ado busca és e en los p incipios «libe ales» de la Ilus ación española, o os en la in luencia ideológica eje cida po F ancia en los años en o no a la (1) Véase en es e sen ido: L. DIEZ DEL CORRAL, El libe alismo doc ina io, Ma- d id, 1955; L. DE LA CALZADA, La e olución ins i ucional de ¡as Co es de Cádiz, Za- agoza, 1959; J. L. COMELLAS, Teo ía del égimen libe al español, Mad id, 1962; A. ELORZA, La ideología libe al en la Ilus ación española, Mad id, 1970; M. ARTOLA, An iguo Régimen y e olución libe al, Mad id, 1978; ALBERT DEROZIER, Quin ana y el nacimien o del libe alismo en España, Mad id, 1978, o, inalmen e, M. E. MARTÍNEZ QÜINTEIRO, Los g upos libe ales an es de las Co es, Mad id, 1977, y ambién su «En o no al p ime cons i ucionalismo hispano», en Re is a de Es udios Polí icos, nú- me o 28, Mad id, 1982, págs. 227-241. 181 Re is a de Es udios Polí icos (Nue a Época) Núme o 36, No iemb e-Diciemb e 1983 MANUEL MORENO ALONSO Re olución; o os, inalmen e, lo han hallado en la coyun u a his ó ica po la que a a iesa España a comienzos del ochocien os. De cualquie o ma, esul a cada ez más e iden e que el p oceso de o mación inicial del libe alis- mo español es el esul ado de unas in luencias indiscu ibles (algunas de ellas ex anje as), pe o ambién de una ans o mación de la misma sociedad espa- ñola en el ánsi o del An iguo al Nue o Régimen (2). No es posible admi i ya la ieja esis de un sec o de la his o iog a ía decimonónica, según la cual el libe alismo español, en su p ime a ase de la Cons i ución gadi ana, ue un p oduc o no de las ideas sino de las «b uscas» ci cuns ancias de la España de la época (3). El p oceso de o mación del libe alismo español es de una g an complejidad, que no puede se explicada po esis simplis as. Y, en es e sen ido, quizás el es imonio de lo d Holland ayude a hace lo comp ende mejo . LA ESPAÑA DE LORD HOLLAND La ida de lo d Holland (1773-1840) coincide jus amen e con una época de g an ascendencia his ó ica pa a España: la ansición del An iguo al Nue o Régimen y, po supues o, la imposición al in del libe alismo. Fue aquella una época decisi a, que p esenció el apogeo del Despo ismo ilus a- do, la uina comple a de és e, la con usión de los homb es y de las ideas con el impac o de la Re olución de F ancia, la gue a de la Independencia, la eacción bo bónica as la e olución libe al de Cádiz y, inalmen e, as las gue as ca lis as, el iun o de las ideas libe ales. Fue on, sin duda, aque- llos los años más empes uosos de la his o ia de España. Como esc ibió Manuel José Quin ana a Holland en su úl ima Ca a: «La España de Ca - los V hace mucho iempo que acabó; la de Fe nando VI y Ca los III am- bién es imposible que subsis a, y es as oscilaciones de escla a a lib e y de lib e a escla a, es as e uel as, es a agi ación no son o a cosa que las ago- nías y con ulsiones de un Es ado que enece» (4). En sín esis es a ue, en e dad, la España que muy bien conoció el lo d inglés. La p ime a isi a a España de lo d Holland u o luga en los años de (2) C . M. MORENO ALONSO, «Cul u a y men alidad en el ánsi o del An iguo al Nue o Régimen», en His o ia de España y Amé ica, ol. XII, Ed. Rialp, Ma- d id, 1981. (3) Tal es el caso, po ejemplo, de Rico Y AMAT en su His o ia polí ica y pa la- men a ia, Ed. de Mad id, 1960, pág. 201. (4) M. J. QUINTANA, «Ca as a lo d Holland sob e los sucesos polí icos de Espa- ña en la segunda época cons i ucional», Ed. de Ob as comple as, ci ., pág. 588. 182 LORD HOLLAND Y LOS ORÍGENES DEL LIBERALISMO ESPAÑOL la Re olución ancesa cuando, después de deja nue amen e Ingla e a en 1793, e minó po a inca se en Flo encia en el o oño del año siguien e. En el mes de no iemb e de 1802 ol ió a España, donde, después de isi a Ba celona, Valencia, Mu cia, G anada, Andalucía y La Mancha, esidió, p incipalmen e en Mad id, has a 1805 (5). En sep iemb e de 1808, acompa- ñando a si Da id Bai d, ol ió nue amen e a España, po La Co ana, pe maneciendo has a el o oño de 1809. Le acompañaba un impo an e séqui- o del que o maba pa e su esposa, es miemb os de su amilia, dos c iadas, seis c iados (de los cuales, dos e an ingleses, dos suizos y dos españoles) y cinco mayo ales y calese os (6). De ambos iajes po ie as de España, el p ime o de 1802-1805 y el segundo de 1808-1809, da cumplida cuen a su esposa, la amosa lady Holland, en un bellísimo Dia io (7). Pos e io men e el con ac o con los p oblemas, los e en os y los homb es de España se á con inuo. De odas las ie as de Eu opa occiden al que un homb e de an dila ado mundo como Holland conocía y había isi ado en epe idas ocasiones ue- on las españolas las que, sin duda, llegó a conoce mejo y más p o unda y amo osamen e. El mismo lo dice con o gullo cuando esc ibe sus ecue dos de F ancia, I alia, España, P usia y Rusia: «J'allc i á Mad id en 1793, e ¡ai ai , depuis ce e époque plusieu s au es oyages en Espagne. G áce á quel- ques d cons ances acciden alles, j'ai eu des occasions plus a o ables de bien connca e les é énemen s e les hommes de ce e cou , que je n'en a ais eu da s aucune au e» (8). Su in e és y su amo po las cosas de España ue al que los mismos ingleses le ilda on de «españolado» (9). Es és a, po consi- guien e, la azón undamen al que explica su a án de conoce las «cosas» (5) C . Biog aphie Uni e selle ancienne e mode ne, ol. XIX, Pa ís, 1857, pá- ginas 552-553. (6) De los pasapo es expedidos po don Ma ín de Ga ay a los Holland y su séqui o hay cons ancia en el A chi o His ó ico Nacional, Es ado, leg. 14-68, ex- pedien e 20-d. (7) The Spanish Jou nal o Elizabe h Lady Holland, edi ado po The Ea l o Ilches e , Lond es, 1910, págs. 437. (8) Sou eni s des Cou s de F ance, d'Espagne, de P usse e de Russie, éc i s pa H. R. Lo d Holland. Publiés pa Lo d Holland son il e adui s de l'Anglais pa E. F. Pa ís, ed. de 1862, pág. 52. (9) Así lo dice el mismo Holland en ca a a Jo ellanos, echada en Lond es a 6 de sep iemb e de 1809: «No le puedo disimula , amigo mío, que odos aquí me hacen la gue a como españolado, echándome en ca a la len i ud y la inacción en cosas ci iles y mili a es y la desunión de los gene ales en es as úl imas» (en Ca as de Jo ellanos y lo d Vassall Holland sob e la gue a de la Independencia, 1808-1811, olumen II, ed. de Julio Somoza Ga cía-Sala, Mad id, 1911, pág. 371). 183 MANUEL MORENO ALONSO de España y su deseo de ahonda en el se de los españoles. En ealidad la España de Holland no es o a que la España de Goya, el g an exponen e de la ágica ealidad hispana de la época y, en es e sen ido, ue el g an genio el pin o p e e ido del lo d inglés (10). Cu iosamen e, Po ugal, un país po el que iaja ambién Holland, que conoce po p opia expe iencia y que además es el mejo aliado de Ingla e a, no le llama an o la a ención, has a el pun o de con esa que poco de no e- dad puede apo a sob e es e o o país ibé ico (11). La España que conoce Holland y de la que és e habla con ecuencia en sus ob as es la España de Flo idablanca (12), del conde de A anda (13), de Godoy (14), de la gue a (10) Su admi ación po Goya, la expone con las siguien es palab as en sus Fu he Memoi s (pág. 368): «El único a is a de mi iempo, que aspi a en cie o modo a compe i con Hoga h ue Goya, en España. Vislúmb ase el humo y el genio en sus composiciones, pe o és as son a menudo ex a agan es, y, algunas eces, inin eligibles. Ca ece de aquel inimi able conocimien o de la na u aleza humana y del ca ác e que hizo a Ho acio Walpole coloca a Hoga h en e los g andes esc i o es del a e d amá ico. Los e a os de Goya, en lienzo, sabido es que son sumamen e no ables» (c . la ed. de Ca as de Jo ellanos y Holland, ci ., ol. I, pág. 83). (11) En es e sen ido, po ejemplo, no deja de econoce que «I know li le o Po - ugal on Po uguese ha would ha e he in e es o no el y o English eade s» (Fo eign Reminiscences, edi ed by bis son, H. E. Lo d Holland, Lond es, 1850, pá- gina 161). (12) En sus Fo eign Reminiscences, en e ec o, habla de que, cuando isi ó po ez p ime a España en 1793, el conde de Flo idablanca se hallaba en desg acia, con- inado en Pamplona; po cuya azón no le ue pe mi ido ansmi i le una ca a de p e- sen ación que le había dado lo d Lansdown. Dice que, pos e io men e, en Mu cia en 1803 declinó e le, aunque sos u o co espondencia con él en los di íciles momen- os de 1808. Le conside a «ha sh, indic i e and unjus », aunque econoce que enía g andes mé i os y expe iencia y, con su aplicación y pe se e ancia, mejo ó no able- men e la adminis ación. Según Holland u o g an habilidad el esis i al o midable pode de la Iglesia «sin p o oca esen imien o o escandaliza a sus aná icos». Lady Holland en su Spanish Jou nal se e e i á ambién a las e o mas del conde (pág. 173), a su oposición a la eunión de co es (págs. 322-323) y su ges ión al en e de la Jun a Cen al (pág. 407). (13) El lo d cali ica a A anda de un ca ác e ípicamen e a agonés: «síí//, un- bending and sa casdc», conside ándole en polí ica como un a ancesado { enchman), comple amen e pa ida io de una es ic a alianza de los gobie nos de Mad id y Pa ís. De acue do con sus Fo eign Reminiscences (págs. 75 y sigs.), A anda e a un ilóso o mode no, asiduo lec o de Vol ai e, D'Alembe y Hel e ius, con a io a los jesuí as a quienes expulsó du an e su p ime minis e io y conec ado en algún g ado con la causa de la Re olución ancesa. Según Holland «e a menos dispues o a una con ede- ación an í e oluciona ia que casi cualquie minis o eu opeo». (14) Holland explica la ascensión de Godoy po los a o es amo osos de la eina. Y alo a el acie o de su isión, a di e encia de A anda, al da se cuen a que España 184 LORD HOLLAND Y LOS ORÍGENES DEL LIBERALISMO ESPAÑOL con a la F ancia democ á ica (15), de U quijo (16), de la gue a de la In- dependencia, de la e olución libe al y de Fe nando VII (17). Muchos años después, a esul as de algún iaje po Eu opa, encon a á a algún p o ago- nis a de la España de Ca los IV (18) que le ae á a la memo ia escenas enía que adop a o a ac i ud an e los excesos e oluciona ios de la democ acia an- cesa. C i ica, po supues o, «su mala polí ica y peo conduc a» en la gue a con Ingla- e a as la paz de Basilea. T as ol e al a o en 1800, el lo d c i ica el esen i- mien o del P íncipe de la Paz en una polí ica desg aciada que causó in ini o cúmulo de males a España. (15) Aunque en sus Fo eign Reminiscences (págs. 78 y sigs.), Holland expone que isi ó las líneas de I ún y San Juan de Luz, dice que sabe poco de los sucesos de la gue a. La obse ación pa ece a odas luces excesi a, pues aza una pano ámica muy ajus ada del con lic o así como dis in os e a os ace adísimos de Rica dos, el conde de la Unión, el gene al Ca o y O'Reilly. En ealidad la consecuencia p incipal de la gue a ue el encumb amien o de Godoy, as Basilea, cuya paz ue i mada an e la so p esa de Aus ia e Ingla e a. (16) El juicio que me ece al lo d la pe sonalidad del minis o español, enca amado a la cúspide de la adminis ación du an e la en e medad de su supe io , don F ancisco Saa ed a es p o undamen e nega i o. Señala que lo d G en ille le había con ado más de una ez la baja opinión que enía de los polí icos españoles po la mala imp esión que le había causado U quijo, « he wildes and mos incapable» homb e que había conocido en su ida. Su misma ges ión en Lond es, como enca gado de negocios, ue idicula. Holland pasa e is a a algunas de las e o mas in en adas bajo su adminis- ación: la sup esión de la Inquisición, p incipalmen e (Fo eign Reminiscences, pá- ginas 102 y siguien es). (17) Las in igas de palacio del P íncipe de As u ias y el pa ido de Fe nando lo elaciona Holland con la «ín ima alianza» con F ancia (pág. 109). Los episodios de Bayona los a a en págs. 140 y sigs. (18) Es el caso, po ejemplo, de Godoy, quien después del allecimien o de Ca los IV, pensaba acoge se en asilo polí ico en Ingla e a po mediación de Holland. P ecisamen e en las Memo ias del P íncipe de la Paz ( . IV, pág. 431), és e le ag ade- cía al lo d su ges ión, publicando la ca a que con ese mo i o le en ió: «La ca a con que us ed me a o ece de 30 de ene o de 1819 es la mayo p ueba de su amis ad y la más ele an e demos ación de la g andeza de su alma.» Unos años después (1824?) le encon ó en Roma. El lo d nos dice que pa a en onces el an iguo a o i o español había pe dido el buen aspec os ísico de o os iempos y su apa iencia e a ulga y humilde (mean), hablando un mal ancés con g an di icul ad. Le dijo en onces que Napoleón le había con esado que él e a el único homb e a quien él siemp e emió. Según Holland, la anidad de Godoy e a exube an e: «Pe haps Napoleón did say so, bu i equi ed all he ani y o a Spania d o belie e he spoke since ely» (The Jou nal o he Hon. Hen y Edwa d Fox by he Ea l o Ilches e , 1818-1830, London, 1923, página 222). El 19 de sep iemb e de 1838, Holland ol ió a e a Godoy; en onces ambién muy cambiado en apa iencia, aunque «con buen humo , au osa is echo y algo jo iab> que con su mal ancés se le quejó de la ing a i ud del mundo. C i icó que ecibie a del Gobie no ancés como subsidio an sólo la can idad de cinco mil an- cos (unas doscien as es e linas anuales), cuando an gene oso había sido él con los 185 MANUEL MORENO ALONSO y ecue dos de la España adicional del An iguo Régimen que no había podido esis i el emba e de las nue as ideas libe ales. El in e és de Holland no se emon a a la España del pasado sino a la del p esen e, a la que él había conocido di ec amen e. Coincidía en ello absolu amen e con lo que le decía Quin ana en una de sus Ca as: «Vol amos los ojos a lo que ha pasado en nues os días, sin i a busca p uebas pa a ello en o as épocas leja- nas» (19). Es a es, en e ec o, la España de Holland: la que él conoció «de isu» y la que luchó enca nizadamen e po la libe ad, en uno de los pe ío- dos más con ulsos de nues a his o ia. UNA BIOGRAFÍA POLÍTICA APASIONANTE El cuali icado espec ado de los sucesos de España, Hen y Richa d Va- sall Fox, e ce lo d Holland, había nacido en IWin e slow House en 1773. E a hijo de S ephen, segundo lo d Holland, y de lady Fi zpa ick. Fue sal- ado po su mad e con iesgo de su p opia ida en un uego que des uyó la casa en ene o de 1774. Se educó en E on y, pos e io men e, en Ox o d; en donde, en e sus compañe os, se encon aban lo d Ca lisle, Canning, Hooklam F e e y Robe Smi h. En 1791 isi ó Pa ís, donde ue in oducido a La Faye e, Talley and, el caballe o Aza a y el ma qués de Lucchesini, abando amis ad con casi odos los homb es impo an es de la época. En 1793 sus u o es, pa a in e esa le en polí ica, le en ia on al ex anje o. Fue en onces cuando iajó po ez p ime a po España. Se a incó en Flo- encia en el o oño de 1794 (20). Su es ancia lo en ina u o una g an in luen- p íncipes y nobles de F ancia exilados an e io men e en España. Se quejó ambién de que su «So o de Roma» se le hubie a egalado a Welling on. Le dijo ambién que en subsiguien es olúmenes de sus Memo ias dibuja ía los con as es en e la España de Ca los IV y de los libe ales. El lo d se a en u ó a deci le «que sus Memo ias habían pe dido algo de in e és si en ez de explica hubie e insis ido más en ela a sus ac os públicos» (Fo eign Reminiscences, ci ., págs. 322 y sigs.). (19) M. I. QUINTANA, Ob as comple as, ci ., pág. 533. El g an poe a omaba como pun o de pa ida de los «males» de España el nue o einado de Ca los IV: «Mu ió Ca los III y es as espe anzas ag adables se en e a on con él en su sepulc o. Los espa- ñoles, acos umb ados a se gobe nados con mode ación y co du a, a e en los ac os de la au o idad lle a siemp e po guía, o a lo menos po p e ex o, el bien gene al del Es ado, debie on escandaliza se conside ando la eme idad y la insolencia con que el nue o gobie no empezó a usa de su pode ... Los ein e años del einado de Ca los IV no ue on más que una se ie con inua de desacie os en gobie no, de desaca os con a la opinión y de usu paciones con a la jus icia.» (20) C . Dic iona y o Na ional Biog aphy, ol. XX, Lond es, 1889, págs. 126-128. 186 LORD HOLLAND Y LOS ORÍGENES DEL LIBERALISMO ESPAÑOL cia po que ue en la capi al de la Toscana donde encon a ía a su u u a esposa, Elizabe h, hija única y he ede a de Richa d Vassal, un ico p opie- a io de plan aciones de Jamaica (21). Es a se hallaba casada en onces, cuando se encon aba en I alia, con si God ey Webs e , a quien abandonó po Holland. En la p ima e a de 1796 ol ió a Ingla e a, a a és de Alemania, con lady Webs e , y omó asien o en la Cáma a de los Lo es. En la House ab azó con calo las opiniones de su ío Fox y su nomb e se encuen a mezclado con casi odas las g andes discusiones que u ie on luga en es a época en la Cáma a de los Lo es. En 1798 causó sensación su discu so en con a del Assessed Taxes Bill, en el que se mani es aban los p incipios más impo an- es de su pensamien o pos e io . Su ideología polí ica puede esumi se en una sis emá ica oposición al o ysmo po su «lucha con a los es ue zos po con- segui la libe ad» (22). En sus in e enciones pa lamen a ias y en sus ob as des aca una obsesionada oposición a odo cuan o signi icaba i anía o in o- le ancia. Du an e oda su ida, siemp e ue un e o oso de enso de la libe - ad indi idual, del amo a la paz, de la ole ancia y de la a e nidad de los pueblos. En eligión, de endió la «e idencia» de la C is iandad y la au en ici- dad de los e angelios en e al pensamien o hipe c í ico de la época (23), decla ándose pa ida io de la libe ad eligiosa (24). Y en es e sen ido no dudó en de ende la si uación de los ca ólicos de Ingla e a en unos momen- os en que su si uación con inuaba es ando p osc i a (25). Denunció, incluso, (21) La igu a de lady Holland y su in luencia sob e su esposo debió se conside- able has a deja «una más ma cada imp esión de su indi idualidad que ninguna mu- je de su edad». C . JOHN FYVIE, Nobles dames and no able men o he Geo gian E a, Lond es, 1910, págs. 173-199. (22) Véase The opinión o Lo d Holland, as eco ded in he Jou nals o he House o lo ds, om 1797 o 1841, Collec ed and edi ed by D. C. Moylan, Lon- d es, 1841. (23) Véase Obse a ions on he ende ing o a pamphle , en i led «Sound A gu- men y> dic a ed by Common Sense, Lond es, 1795. En es e esc i o Holland examina el mencionado pan le o que había esc i o el doc o Home (seudónimo de Walley C. Oul- ons) bajo la in luencia de los ilus ados anceses y de la escuela de Bolingb oke. Holland pa icipa de lleno en una polémica eligiosa de endiendo los «p incipios o - odoxos» con a los enemigos de la eligión y la au en icidad de los E angelios. Com- ba e la «a ogancia» de la mode na iloso ía de la época. (24) Véase A le e o he Righ Hon. Lo d Holland. A plan o a e o m o abu- ses in he Chu ch, and applying i s aluable pa onage o he p esen exigencies o he S a e, wi hou he sligh es opp ession on he Cle gy. Signed: Y. S. T., Lond es, 1820. (25) Le e (o lo d Holland) o he Re . Shu lewo h on Román Ca holic Eman- cipa ion, Lond es, 1827. 187 MANUEL MORENO ALONSO la unión con I landa como injus a e impolí ica (26). Abogó siemp e po el lib e come cio (27). Y se in e esó po aspec os an dis in os como los cam- bios de p isione os con F ancia, la anexión de No uega a Suecia, la abolición de la escla i ud, la cues ión de la pena capi al y el p oblema judío (28). En muchos aspec os sus ideas no ue on sino un sueño, que con el iempo se ha ía ealidad (29). En el e ano de 1800 isi ó Alemania, ol iendo a Ingla e a a a és de Holanda y F ancia g acias a pasapo e concedido po Talley and. Al con- clui la Paz de Amiens, en 1802, los Holland ue on a Pa ís y ue on p e- sen ados al p ime cónsul. Sus ac i idades polí icas se ue on ampliando p og esi amen e en el ma co del Pa ido Whig (30). El 27 de agos o en ó en el Gabine e como lo d del Sello P i ado, aunque po poco iempo (31). A su uel a a Ingla e a, después de su la ga es ancia en España, omó pa e (26) Imi a ions. Sa i ical e ses on e en s in I eland, w i en in imi a ion o Ju- enal, Lond es, 1799, y en donde, en e o as cosas, exponía lo siguien e: «On England's People once elied he C own, and in hei sa e y da 'd o seek i s own, kings gua ded law-A ec ions lin'd he coas , and Peace and F eedom o med he S a esman s boas : Now o he schemes employ a P emie 's wi , Ingenious axes a e he p ide o P— , Yes, i his laws can each his subjec 's pu ses he ligh s hei mu mu e and de ibes hei cu ses» (pág. 9). (27) Véanse A... Repo o he Deba e... upon Lo d Holland's Mo ion o commi - ing he Bill o he Relie o Insol en Deb o s, Lond es, 1806, y Speech... in he House o Lo ds... on mo ing he second eading o he Bill o he epeal o he Co - po a ion and Tes Ac s, Lond es, 1828. (28) Son los a gumen os ecogidos conc e amen e, po ejemplo, en su ya ci ado The opinions o Lo d Holland, as eco ded in he Jou nal o he House o Lo ds om 1797 o 1841: la ebelión de I landa, págs. 35 y sigs.; cambio de p isione os con F ancia (págs. 68 y sígs.); anexión de No uega a Suecia (págs. 79 y sigs); come cio de escla os (págs. 84 y sigs.); pena capi al (págs. 88 y sigs.); insu eción de I landa (páginas 112 y sigs.), o el p oblema judío (pág. 161). (29) Véase su A D eam. Sugges ing he es ablishmen o a uni e si y a Mal a, Lond es, 1818. (30) Véase sus Memoi s o he Whig Pa y du ing my ime, Edi ed by his son. Lond es, 1852-1854, en dos olúmenes. En 1806 pa icipó jun o con lo d Auckland en las con e saciones con los plenipo encia ios ame icanos Mon oe y Pinckney en ela- ción con las in acciones come idas po ba cos ingleses en aguas no eame icanas ( olumen II, págs. 98 y sigs.). (31) Ya en 1800, una eal licencia le concedía conjun amen e a lo d y lady Hollaad el de echo de pode oma el nomb e de Vassall después del suyo espec i o (He alds Coll., I, 36, 20). Y en 1807 adop a on la i ma Vassall Holland. 188 LORD HOLLAND Y LOS ORÍGENES DEL LIBERALISMO ESPAÑOL ac i a en los dis in os deba es sob e el es ado de la nación, desplegando sus in luencias en a o del apoyo de la causa de España en la gue a con a los anceses. En 1814 isi ó a Mu a en Ñapóles, y dos años después se opuso igo osamen e al Bill pa a la de ención de Napoleón como p isione o de gue a, sos eniendo la esis que la de ención enía que hace se con base al De echo in e nacional y no al de los encedo es. En los años siguien es ue un sis emá ico oponen e de las ep esiones del gobie no o y, así como de su polí ica in e io y ex e io . En 1830, con la uel a de los NVhigs al pode , la adminis ación de lo d G ey le nomb ó chancella del Ducado de Lancas e . Holland y su esposa desempeña on una ex ao dina ia ac i idad polí ica y social en su casa de Lond es que, mucho después, du an e la segunda gue- a mundial, hab ía de se des uida. Su casa se con i ió en el cenáculo más impo an e de la ida social inglesa en los años de la Res au ación. Según el ame icano Geo ge Tickno , a su llegada a Lond es en 1819, la Holland House e a «a li e a y socie y no o be equalle in Eu ope» (32). En el Dia io mismo del lo d apa ecen en sus páginas la con inua ecuencia de su mansión po pa e de igu as ales como la del conde de Sha esbu y, Ho - ensia Beauha nais, duque de Bed o d, amilia Bonapa e, lo d By on, Cann- ing, Ugo Foseólo, Napie , Welling on y muchos más (33). La misma lady Holland, en una lis a de celeb idades que habían en ado en su House, que dio a si James McKin osh, señalaba, en e los más des acados a Talley and, madame de S ael, Me e nich, Humbold , Cano a, en e o os (34). El mismo Tocque ille, a su llegada a Lond es en 1835, lo p ime o que hizo ue, con una ca a de p esen ación del conde de Mole, di igi se a lady Holland que le ab ió su salón, acili ándole la en ada a la sociedad polí ica de Lon- d es (35). Los b eak as s de la Holland House enían la epu ación de se el cen o de ac i idad p incipal del pa ido Whig (36). (32) PRINCESS LIECHTENSTEIN, «Holland House», I, págs. 143-152, ci ., en JOHN FYVIE, Noble dames and no able men o he Geo gian E a, ci ., págs. 173 y sigs. (33) En el The Jou nal o he Hon. Hen y Edwa d Fox, edi ed by he Ea l o Ilches e , ci ., apa ece la ida comple a del Ingla e a en e 1818-1830, a a és de sus más sob esalien es biog a ías, elacionadas de una u o a mane a con los Holland. Sin emba go, en él son muy escasas las no icias sob e España. (34) C . ambién THOMAS MOORE, Memoi s, Jou nals and Co espondence, o- lumen IV, Lond es, 1835, págs. 313 y 314. (35) A. TOCQUEVILLE, Voyages en Angle e e e en Mande, ed. Gallima d, Pa ís, 1982, pág. 19. Pa a la ca a de Mole, éase Oeu es e Co espondence medi es de Tocque ille (edi ion Beaumon ), II, págs. 35 y sigs. (36) C . JACQUES CHASTENET, La ie quo idienne en Angle e e au debu du égne de Vic o ia, 1837-1851, Pa ís, 1961, págs. 79-80. 189 MANUEL MORENO ALONSO La lucha po la libe ad, en el doble p oceso aludido, ue la sup ema causa de España en los o ígenes de su his o ia con empo ánea. Pe o, en opi- nión de Holland, con ella se jugaba ambién la causa de la jus icia, y el se de la misma humanidad. A o unadamen e, a su pa ece , España con aba con homb es celosos con un g an amo po la pa ia y po la libe ad. La lu- cha he oica en e al in aso y el es ablecimien o de una Cons i ución lib e ga an iza ían y sal agua da ían el u u o de los españoles: «Po eso, la es i ución de la libe ad no se ha de mi a solamen e como una jus icia al indi iduo sino como un bene icio al país» (68). Viajando po España, con ía su op imismo a Jo ellanos de e p on o una España lib e e indepen- dien e (69). La gue a de la Independencia a ajo ex ao dina iamen e el in e és de Holland. El mismo Canning hizo sabe al ilus e iaje o que an e los es- pañoles debía deja cla o que su ac i ud en España pa ía de su p opia ini- cia i a y en modo alguno de una ges ión encomendada po el Gobie no de es necesa io que an es p ecisemos qué es se libe al. Yo econozco que lo que us edes comba en como libe alismo, que lo que us edes p e enden des ui , y no des ui án, iene sus aspec os discu ibles y algunos inde endibles. Pe o son pecados de los a iseos del libe alismo y no de los e dade os libe ales. Lo impo an e de se libe al es que no igu a en sus ana emas. Se libe al es, p ecisamen e, es as dos cosas: p ime o, es a dispues o a en ende se con el que piensa de o o modo, y segundo, no admi i jamás que el in jus i ica los medios, sino que, po el con a io, son los medios los que jus i ican el in. El libe alismo es, pues, una conduc a y, po an o, es mucho más que una polí ica. Y, como al conduc a, no equie e p o esiones de e sino eje ce la, de un modo na u al, sin exhibi la ni os en a la. Se debe se libe al sin da se cuen a, como se es limpio, o como, po ins in o, nos esis imos a men i » (pá- gina 9). (68) Ca a a Jo ellanos, de sep iemb e de 1808 (I, 86). «Bien lo dice V. E., la causa de España es la de la jus icia y de la Humanidad y po cie o si u iese yo in lujo en esa co e odo se empeña ía en adelan a la. No sé si hice bien en a a le an osa- damen e de las cosas de España y de la necesidad que hay de es ablece en ella una Cons i ución lib e. La p ime a dicha de España es ene en su seno usos y ue os que acili en el es ablecimien o de la libe ad sin queb an a los undamen os de la je a - quía o muda los nomb es a quien es á acos umb ado el pueblo. La segunda dicha se á de ene homb es celosos, que con amo de la pa ia y de la libe ad end án au o idad pa a ep imi los excesos y juicio pa a acomoda al genio del país y del siglo, los an iguos ue os, sin desluci a los p incipios que solo se les puede p ome e i meza y du ación.» (69) Ca a a Jo ellanos, en La Co ana, 4 de diciemb e de 1808 (I, 97). «El gus o, el gozo que hubie a sen ido en e a la España lib e e independien e y a da en pe - sona a muchos amigos míos las enho abuenas; y sob e odo en a a a Vm. y o os dignos ep esen an es de la nación española, no lo puedo deci . Ce qui es di e é, n'es pos pe du, dicen los anceses, y oda ía me a e o a espe a que end é el gus o de e es os iempos elices.» 196 LORD HOLLAND Y LOS ORÍGENES DEL LIBERALISMO ESPAÑOL Su Majes ad (70). De aquí que la independencia de juicios adquie e un a- lo especial, pleno de espon aneidad y, po supues o, de in uición. En sus con ac os con los amigos españoles y al como se deja p esumi cla amen e en el Spanish Jou nal de su esposa, Holland se p eocupa po la ma cha de la gue a de España aún cuando señale que «no hay ma e ia an ajena a mis conocimien os y de mi alcance como lo es odo a eglamien o mili- a » (71). A su juicio el g an p oblema mili a que aqueja a los españoles es la al a de disciplina del Ejé ci o y la inexis encia de un plan, «de un con- cie o, un ensemble, que a mi pa ece no puede exis i si no hay una au o i- dad ue e y unida» (72). Se da cuen a ambién que «la g ande, al ez la mayo desg acia de España, es á en las desa enencias que exis en en e p o- incia y p o incia» (73). (70) C . el p e acio del conde de Ilches e al The Spanish Jou nal de lady Holland, ci ., pág. VII. (71) Ca as a Jo ellanos, de ene o de 1809 (I, 104-106). (72) En su opinión, e a elemen al que el comandan e en je e es u ie a en e ado, po ejemplo, de las mi as del Gobie no y que és e le die a su en e a con ianza. En sus Fo eign Reminiscences (ci ., pág. 157) és e es el juicio que le me ece la igu a del nue o comandan e, el oc ogena io gene al Cues a: «Se le p esen aba como modelo cu ioso y aún idículo, de un español in a able. Tenía ochen a años cuando ue de- signado pa a el mando en je e. E a al ane o, descon iado, igno an e y e co; pe o su- ido en las a igas, an incapaz de pe idia como inaccesible al miedo. Obse aba las leyes del hono con una pedan e ía al en los p ocedimien os que hubiese sac i icado a una usle ía cualquie a, bajo es e aspec o, sus in e eses, su glo ia y has a la causa que de endía. Con esaba que e a p e e ible pe de diez ba allas an es que modi ica las disposiciones, una ez omadas; o an es que hace la más mínima concesión en ma e- ia de e ique a, a un o icial subal e no o a un aliado ex anje o.» (73) Ca as a Jo ellanos, en Lisboa, a 15 de julio de 1809 (II, 322). Pos e io - men e el mismo Jo ellanos le in o ma ía con de alle del «sepa a ismo» del mo imien o jun e a p oducido en el país (Ca a a Holland, en Se illa, a 8 de no iemb e de 1809; II, 409-410): «No quie e la sue e, mi muy amado seño , que noso os gocemos un momen o de anquilidad. A la publicación de las Co es y econcen ación del Gobie - no, que an o a án nos cos ó, se sigue aho a la inquie ud de las Jun as, no descubie a del odo, sino po la de Badajoz, que abie amen e anunció algunos días ha, que no en- endía habe abdicado su pode sobe ano; y la de Valencia, que ena bolando el pendón de insu gencia anuncia aho a el p opósi o de conse a la sobe anía en su dis i o. Es a escisión, que impo a ía menos si u iese o o obje o, es más emible po que anuncia ambién una esis encia a la eunión de las Co es, y descub e, po consiguien e, el p opósi o de e ene po un iempo inde inido su dominación. En in, descub e es a Jun a el deseo de con e i la nación en Gobie no ede ado, que siemp e se ía ilegal, ajeno de la ex ensión, del genio y de las cos umb es de España, y mucho más ajeno aún, de las es echas ci cuns ancias en que se halla; poseída la mi ad po un ambicio- so y la mi ad mal gobe nada po unos cue pos más ambiciosos aún que el enemigo, a la somb a de un Gobie no que no iene ni igo pa a con ene los ni ue za pa a e ena los.» 197 MANUEL MORENO ALONSO Desde el pun o de is a de la libe ad, obse a Holland ambién las mis- mas al e aciones popula es que, du an e aquellos momen os, se p oduje on, po ejemplo en Je ez. En su opinión, con ha a ecuencia, es os mo imien- os enían su o igen en las medidas eacciona ias de los gobie nos. Y en Eu opa, según la esis de Holland, muchos gobie nos habían caído po es a desconside ación hacia el pueblo (74). La libe ad, a su pa ece , iene una base indiscu iblemen e popula , con la que los gobie nos de oda Eu opa ienen que con a . Un ca ác e muy dis in o iene, sin emba go, pa a Holland el le an amien o de Amé ica con a España, que es omen ado, y que p o- duce al lo d inglés p o undo dolo , según sus p opias palab as: «Tengo sob e mi co azón la insu ección de Amé ica de que V. m. me habla y no puedo deja de de es a y odia con odo él, a los que la omen an» (75). Con pun ual a ención, lo d Holland asis e a la apasionan e lucha que po la libe ad man ienen los españoles en su segunda pa ia Has a cie o pun o, él es ambién un luchado po la misma causa, que lo mismo c i ica la ma - cha de los sucesos mili a es (76), que p esen a de la mane a más a o able los sucesos de España en Lond es (77). La pos u a pe sonal del lo d an e (74) Re i iéndose a los albo o os de Cádiz, ocu idos el 22 de eb e o de 1809, a consecuencia de las quin as (Ca a a Jo ellanos, en Je ez, a 9 de ab il), Holland expone lo siguien e: «Cuan o a los albo o os del pueblo, Vm. sabe que no los ecelo, como hacen muchos. Mas cuidado engo de las p o idencias que oman los Gobie nos pa a es o ba los, y que muchas eces suelen p oduci los, y aún más eces, jus i ica - los. Deje Vm. que hablen, que esc iban, y más que odo, que sepan lo que hace, lo que dice y lo que piensa su Gobie no, y lo que piensan los indi iduos que lo com- ponen; po que pues o que el Gobie no es suyo, y las cosas que se a an ahí, suyas, me pa ecen a mí que engan de echo de conoce las. Pe done Vm. an a moles ación sob e es os pun os; pe o de e as, no se puede sali bien en es a g an lucha, si no se en ega, de un modo o de o o, su e dade o in lujo al pueblo. Las po encias de Eu opa han caído po que casi odas han mi ado al pueblo como o o enemigo, y no como aliado con a los anceses, y de e as, los que mi an al pueblo así, han de cae , y lo me ecen.» (75) Es el comen a io de Jo ellanos, en ca a echada en Gijón, 17 de agos o de 1811 (II, 545). (76) Ca a a Jo ellanos, de 6 de no iemb e de 1809 (II, 405). «En cuan o a los asun os mili a es y polí icos, no me gus a en nada la o una de las cosas, ni po españolado que soy, le puedo disimula que a mí pa ece que los dueños de mi segun- da pa ia, se p ecian de g andes polí icos en alen a sospechas que más si en a p o- duci que a aleja los males que ecelan, y en concilia sus p eocupaciones con cie as máximas me a ísicas, sin pa a en que ambas no son hecho al caso, ni con ibuyen a e i ica las únicas mi as que deben segui , quie o deci , el echa ue a los anceses y al conse a en cualquie modo que sea ac ible el impe io español a Fe nando VII.» (77) Ca a a Jo ellanos, en Lond es, a 6 de sep iemb e de 1809 (II, 371). «También me dicen aquí: hablan de las Co es, hablan de e o mas, pe o, ¿qué, de odo eso, 198 LORD HOLLAND Y LOS ORÍGENES DEL LIBERALISMO ESPAÑOL los inicios de la e olución libe al de España es de e o oso op imismo. En su opinión, España, con unas Co es «adap adas a las luces del siglo» y al espí i u de los nue os iempos, pod ía espe a con espe anza el u u o (78). Sus p onós icos, po desg acia, no llega on a cumpli se, aunque, como él mismo ad e i á años después del acaso libe al español, no sólo po azones me amen e in e nas de la dinámica española. EL PENSAMIENTO CONSTITUCIONAL DE HOLLAND Y LAS CORTES DE CÁDIZ De los dis in os emas de ca ác e polí ico quizás e an los de ipo cons- i ucional los que más in e esa on a lo d Holland. A en o a los cambios p o- ducidos en Eu opa a pa i de la Re olución ancesa y es igo más o menos di ec o de los nume osos in en os de e o ma libe al ensayados en la mayo pa e de los países eu opeos, su pe icia adqui ida en es e campo ue no able. Lo mismo se mani ies a un expe o en el cons i ucionalismo inglés que en el ancés, en el español o en el napoli ano (79). El pun o de pa ida de su isión cons i ucionalis a es iba en la necesidad de que oda Cons i ución que p e enda la p ospe idad nacional debe p opone se que, an e odo, el pueblo enga con ianza en la es abilidad como en las leyes. De aquí que, de acue do con su pa ece , una Cons i ución no puede ni c ea se ni asplan- a se sin más, sino que depende de odo un conjun o de hábi os y expe- iencias p opias de cada pueblo y país (80). se ha hecho? Ni ienen gene al en je e que enga opinión, ni ienen Gobie no execu- i o que enga unidad o au o idad.» (78) Ca a a Jo ellanos, de 5 de mayo de 1809 (I, 156). «No se ha de examina cuál ley se ía más he mosa en la eo ía y sona ía mejo en el papel; sino los ag a- ios que pesan y han pesado; y los medios que iene España en su seno pa a ali ia - los y p e eni la eincidencia en ellos. Las Co es, adap adas a las luces del siglo y has a cie o pun o a las mudanzas que ha hecho el iempo en la elación en e ciuda- des y ciudades. Y en e p o incias y p o incias; y sob e odo aumen adas en el núme o de sus ocales, me pa ece odo lo que se necesi a po aho a, p escindiendo al ez de la libe ad de la imp en a.» (79) Ske ch o a Cons i u ion o he Kingdom o Ñapóles sugges ed in 1815 o he Duca di Gallo, Lond es, ed. 1848. (80) El Ske ch o a Cons i u ion pa a Ñapóles se había publicado mucho an es en Lond es, con el í ulo de Le e o a Napoli an om an Englishman, 1815, Lon- d es, 1818. Según la esis del au o , en e ec o, « o insu e na ional p ospe i y, he peo- pie mus ha e con idence in he s abili y as well as in he wisdom o he laws» (pág. 1). Y ambién, «cons i u íons a e in ac , p oduc ions han can neí he be c ea ed ño ansplan ed; hey a e he g ow h o ime, no he in en ion o ingenui y; and o ame a comple e sys em o go e nmen , depending on habi s o e e ence and expe ience, is an a em as absu d as o build a ee o manu ac u e an opinión» (pág. 6). 199 MANUEL MORENO ALONSO Teniendo en cuen a el ca ác e de la Cons i ución inglesa aconseja a sus amigos españoles y, conc e amen e, napoli anos que «no es ni sabio ni p ac- icable in oduci odas las leyes que quedan en un país no acos umb ado a los mismos hábi os y modos de pensamien o» (81). En su opinión, la ex- pe iencia i ida en los úl imos ein e años (esc ibe en 1818), e a el más cla o es imonio que co obo aba la in iabilidad de lo que él llama una Cons i u- ción comple a. En palab as suyas, «una Cons i ución de es e ipo le an a expec ación que no es ácilmen e ealizable, dado que no es posible una pe ección ideal, a lo que quizá no es capaz la sociedad humana» (82)." Al es- c ibi pa a el eino de Ñapóles un esbozo de Cons i ución, ecomendaba la exis encia de dos Cáma as, «po que cada país que ha in en ado gobe na se po una, después de mucha u bulencia y con usión, ha uel o a dos». Pa a Holland, en es e sen ido, «no sólo Ingla e a y Amé ica ejempli ican las en ajas de las dos sino la iolencia de los p ime os momen os de la Re o- lución ancesa y el úl imo acaso de las Co es españolas» (83). Pa a lo d Holland, la Cons i ución de un Es ado ha de se un e lejo de la ealidad his ó ica y social de cada uno de los países. En su opinión en una mona quía, « ambién bajo algún nomb e o o ma», debe exis i una a is o- c acia, pues «quizá no hay obje o an necesa io a la es abilidad de una nue a dinas ía». La e ección de una nobleza o alece a los gobie nos sin debili a el pueblo. De es a a is oc acia hab ía de ene ep esen ación cons i ucional, en p ime luga , la an igua nobleza y, después, los ep esen an es de las al as magis a u as, el ejé ci o y la Iglesia. Todos ellos debían o ma pa e del Senado o House o Lo ds. Las ca ac e ís icas deseables en los miemb os del Senado, hab ían de se , según Holland, las siguien es: 1.a la posesión de g andes ex ensiones de ie a; 2.a la in eg idad del ca ác e ; 3.a el alen o polí ico; 4.a la amilia y sus conexiones, y 5.a su inculación a la p esen e dinas ía. En su boce o de la composición de la Cáma a Al a, la mayo pa e de la mi ad de sus miem- b os debe ía p ocede de la an igua nobleza. Después end ían, en casi igual p opo ción, los miemb os p oceden es de la magis a u as, ejé ci o e Iglesia. En e los magis ados se ía con enien e po cie o, según Holland, nomb a a algunos abogados (cuya p o esión e a a busy body o men), pa a así di igi Thei ambi ion al sopo e de la Cons i ución y p opo ciona con- sejo legal y asis encia a la asamblea. Igualmen e, «algunos dis inguidos gene- ales» e an ambién necesa ios pa a da lus e a la Asamblea y «g a i ica (81) Le e o a Napoli an om an Englishman, ci ., pág. (82) Le e o a Napoli an, pág. 13. (83) Le e o a Napoli an, pág. 22. 200 LORD HOLLAND Y LOS ORÍGENES DEL LIBERALISMO ESPAÑOL el espí i u mili a que ha sido ecien emen e le an ado en la nación». Los obispos, lo mismo, «e a muy p uden e conside a les» pa a la consolidación y equilib io del cue po nacional (84). La composición de la «o a Cáma a» o Asamblea se ealiza ía po medio de elecciones po pa e de las p o incias, ciudades y uni e sidades. El nú- me o o al de miemb os debía ajus a se a las condiciones p opias de cada país, pe o, pa a el caso de Ñapóles, ijaba como núme o p uden e: en e 300 y 400. En su boce o cons i ucional señala, en lo conce nien e a las «cuali icaciones» de los elec o es oda una amplia y compleja casuís ica se- gún se a a a de los pe enecien es a las p o incias, ciudades o uni e sida- des. El núme o de ep esen an es de és as (cuya edad se ía po lo menos la de ein a años), pa a el eino de Ñapóles, se ía el de ocho o diez miemb os. En 1809 las ideas de lo d Holland en lo que se e ie e al núme o de dipu- ados en las Co es españolas e an di e en es. Se inclina po un conjun o de pe sonas mucho meno , de en e 150 a 200 pe sonas. Y en cuan o a la o ma de las delibe aciones y o o, echazando el modelo ancés se inclina más bien po el del inglés de la House o Commons, basado en el « iempo y la expe iencia», aún cuando econoce que en ma e ia cons i ucional no se han de imi a unas naciones a o as (85). Las Co es españolas, según la idea de Holland, debe ían cons i ui se se- gún sus «an iguos usos» y las «ci cuns ancias p esen es» y, po supues o, según los deseos de la «opinión pública», a ando de e i a odo en en a- mien o con el Pode Ejecu i o, de donde el pelig o de su demasiada de ini- ción (86). El consejo que el lo d da a Jo ellanos en es e sen ido es el de la (84) Le e o a Napoli an, pág. 25. Los equisi os de los obispos, po ejemplo, pa a o ma pa e de la Cáma a se ían «sanc i y o manne s, lea ning, acili y and mildeness o cha ac e , and, abo e all, a achmen o he p esen dynas y, should be he chie ecomenda ions...». (85) Ca a a Jo ellanos, sin echa (I, 86). «Cuando las Co es es a án unidas es- pe o que llega á el núme o de sus miemb os a se de 150 a 200 pe sonas, en ese caso me pa ece que po el poco uso que ienen sus paisanos en el manejo de semejan es jun as o cong esos se encon a á alguna di icul ad en a egla el modo de ene las... La o ma en que se ha de delibe a y o a y a ias o as ó denes (como las llama- mos noso os) en que consis e el Código in e io de un Senado o Asamblea. Ese pun o que an desa inadamen e han desp eciado los anceses, es de mucha impo ancia, y aunque en o os asun os no se ha de imi a una nación a o a, al ez se ía ú il el es udio de las leyes y usos que en es a ma e ia ha p oducido en nues a Cáma a Baxa (House o Commons) el iempo y la expe iencia.» (86) Ca a a Jo ellanos, en Cádiz, a 31 de mayo de 1809 (I, 222). «Las uncio- nes de las Co es se han de a egla po an iguos usos, po lo que piden las ci cuns- ancias p esen es, y po lo que les enca gue la opinión pública. Demasiada de ini- ción (¿Cons i ución? ¿Reglamen ación?) de ellas po el Gobie no ejecu i o en iempos 201 MANUEL MORENO ALONSO necesidad po pa e de la Jun a Cen al de pone se de acue do de la mane- a más cons uc i a e i ando los en en amien os y oposiciones (87). A Ho- Uand, a su paso po España en aquellos momen os, no le pasó desape cibida la incompe encia de la Jun a Cen al —a la que los se illanos llamaban i ó- nicamen e la «Jun a Chica» (88)— que, aunque o mada po algunos ex minis os y magis ados de g an in eg idad y « isión ilus ada», es aban «demasiado ocupados con las ce emonias, o mas y pa onazgo de su nue o Gobie no» (89). Según lo d Holland, los miemb os de la Jun a, po su edad y po «los hábi os de la magis a u a» e an demasiado esc upulosos en la obse ación de eglas écnicas inaplicables a la exigencia de las ci cuns an- cias, «a hose igo ous measu es o inno a ion which a s a e o e olu ion and ci il wa demandeyy. Holland, a su paso po Badajoz, ya de eg eso pa a Ingla e a, e a es i- go de la ex ao dina ia expec ación an e la eunión de Co es. Según sus palab as: «Aquí no se habla de o a cosa sino de las Co es. No puedo deci si es muy lisonje o pa a la Jun a el mo i o con que muchos in ie en la nece- sidad de ellas, pe o pues o que sea bueno el ema e no impo e po qué ca- mino llegan a ene ales deseos» (90). Comen ando el polí ico whig en sus Fo eign Reminiscences la eunión de las Co es en la ciudad de Cádiz, ad e - anquilos y con un pueblo obedien e, es supe lua, de mal ejemplo, y con un pueblo albo o ado es inú il, ano y pelig oso, no siendo bas an e pa a en en a los. Quie o deci , que con al de inición (¿con oca o ia?, ¿p og ama?) empiezan po ue za las Co es con una lucha con el execu i o y es o se ha de e i a .» (87) Ca a a Jo ellanos, en Cádiz, a 5 de mayo de 1809 (I, 156). «Aho a que se han anunciado las Co es, se ha de pone mucho cuidado en que los que no han po- dido esis i a la p o idencia gene al, no la echasen a pe de po a ios medios as u- os en los de alles. When bad men conspi e, dice Bu ke, good men mus combine, y me pa ece indispensable que los de la Jun a que son en e amen e a icionados a las Co es, ajus en en e sí el modo en que les gus e que sean elegidos..., pa a que no desa engan en e sí en la Jun a misma.» (88) Como ecue da Holland, con el nomb e de Jun a Chica los se illanos deno- minaban a un club o pequeña asociación, cuya o icina es aba en el Alcáza y que es aba p esidida po el duque de Al ami a, «el homb e más pequeño que nunca i y más pequeño que muchos enanos exhibidos po dine o». El lo d no salía de su ex- añeza cuando eía que «el p esiden e de la Jun a e a conducido con gua dias como un pe sonaje eal». Po su amaño le llamaba p ecisamen e la gen e de Se illa el « ey chico», como había sido apodado en o os iempos el úl imo ey de G anada. Po odo ello al «club» del Alcáza le llamaban la «Jun a Chica». Según Holland és a di igía la p ensa insu eccionis a y e a ac i a en lo público y p i ado, al p omo e la con oca o ia de Co es y la p omulgación de leyes libe ales y ole an es y, po úl imo, el es ablecimien o de un Gobie no popula (Fo eign Reminiscences, pág. 146). (89) Fo eign Reminiscences, pág. 145. (90) Ca as a Jo ellanos, en Badajoz, a 5 de julio de 1809 (II, 316). 202 LORD HOLLAND Y LOS ORÍGENES DEL LIBERALISMO ESPAÑOL i a que és a e a « ha leas a is oc a ical and leas de ou ci y in Spcdn» (91). C i ica a los o ado es popula es eunidos en la ciudad andaluza que con un- dían el aplauso de Cádiz con la opinión de la nación, achacándole su pa cia- lidad y ex emismo. Po es a azón, según sus palab as, «sus p ocedimien os e incluso la Cons i ución que ellos enma ca on, asumió un ca ác e poco congenial a los deseos del pueblo que ellos ep esen aban, aunque exen os de muchos de aquellos e o es de democ acia ex a agan e y a ilugios an i- moná quicos que, algunos años después, e an igno an e y maliciosamen e u gidos con a ellos en oda Eu opa». Según lo d Holland, las Co es gadi anas es aban compues as de jó enes de más a do e imaginación que expe iencia o p udencia, y que, además, «habían bebido sus nociones de libe ad de los enciclopedis as de F ancia, más que de la his o ia de sus an iguas ins i uciones o de los inmedia os deseos de su p opio país». El nue o g upo de dipu ados (a quienes el lo d ilda de pa ido nacien e) e a «más compe en e en exhibi su p opio menosp ecio po la supe s ición y desdén de abusos que econcilia la Iglesia o la nobleza con co ección nacional y con e i les en pode osos cue pos ins umen ales, p i- me o en la ecupe ación de la independencia y después en el es ablecimien o de la libe ad de su país». A juicio del obse ado inglés, el p oblema de las Co es gadi anas ue el de que, cuando se eunie on, unos dipu ados es aban especialmen e in e esados en des ui el pode de la Iglesia o sup imi los p i ilegios de la nobleza más que en esis i al enemigo común; mien as o os es aban más p eocupados de de ende sus in e eses amenazados que de e adica abusos o comba i a los in aso es. El conocimien o eó ico y p ác ico po Holland de las «cosas» de España, y pa icula men e del p o- ceso cons i ucional español no deja luga a dudas. Así se lo decía el mismo Jo ellanos al esc ibi le que «V. E. ha es udiado ya y conoce nues a Cons i- ución cuan o la escasez de esc i os ace ca de ella pe mi e conoce » (92). LAS «CARTAS» A JOVELLANOS La igu a más admi ada de la España que conoció Holland ue, sin duda, la de Jo ellanos, el ilus e magis ado y polí ico as u iano, con quien man- u o una ecuen e y densa co espondencia de g an in e és ideológico, po- lí ico y humano. Jo ellanos, según e ie e Holland en sus Fo eign Reminis- cences, ue la pe sona a la que conoció más ín imamen e y más since amen e (91) Fo eign Reminiscences, pág. 148. (92) Ca a a Lo d Holland, 2 de no iemb e de 1808 (I, 92). 203 MANUEL MORENO ALONSO espe ó. A pesa de la di e encia de edad que les sepa aba ambos es ablecie- on una p o unda amis ad. El lo d admi aba su dila ada p oducción li e a- ia en e so y p osa, su conocimien o de la ley y su p o unda sapiencia en odas las amas de la polí ica económica. Pe o, a su juicio, si g andes e an las p endas in elec uales, mayo es aún e an sus cualidades mo ales, la se e- nidad de empe amen o y la ele ación de su ca ác e : «The pu í y o his as e was o a piece wi h ha o his mind, and he co e ness o his language a pic u e o his well- egula ed U e» (93). A lady Holland, igualmen e, am- poco escapaba en absolu o la ex ao dina ia ele ancia del g an español, an as eces ci ado en su Spanish Jou nal (94). En la asidua co espondencia en e ambos amigos se ad ie e la sa is- acción que cada uno de ellos ecibe cuando llega a sus manos ca a de Lond es o de España. Cuando anscu e algún iempo sin ene no icias de Holland, po ejemplo, Jo ellanos no duda en esc ibi le y eco da le que « odo el mundo, mi muy amado lo d, iene ca as de Lond es, menos yo, acaso po que las espe o con más ansia» (95). Con hispano desp endimien o y gene osidad, Jo ellanos ansmi e a sus amigos ingleses, los Holland, has a la más i a admi ación po las ie as de Albión que conside a a su ez como su segunda pa ia (96), lo que el lo d no deja de alo a en su jus o ma - co (97). Jo ellanos, en la dis ancia de la calu osa Se illa, has a en idia a la (93) Fo eign Reminiscences, págs. 91-94. Según Holland la eina le p o esaba p o- unda a e sión, a ibuyéndole incluso un libelo obsceno, apa ecido en Pa ís, con el í ulo de Les ois Reines, en que se idiculizaba y ca gaba de icios a las einas de F ancia, Ñapóles y España. Holland conside aba a Jo ellanos, «si no en c eencias, en ca ác e y aus e idad polí ica» un jansenis a. Señala que «en ó en con ac o con muchos de es a sec a, quienes, en España y en o os países ca ólicos han sido conside a- dos como los menos co up ibles y más consis en e pa ido en el Es ado». (94) The Spanish Jou nal o Lady Holland. C . las elaciones de Jo ellanos con Godoy (114-116), sus elaciones con el embajado inglés J. H. F e e (296-362), sus es ue zos po log a una mayo libe ad de p ensa (301), su in luencia en el Gobie - no (314-321), su pos u a an e las Co es (322-323), su in o mación sob e los sucesos polí icos y mili a es (267-269, 280, 284), e c. (95) Ca a a Holland, en Se illa, a 29 de no iemb e de 1809 (II, 423). (96) Ca a a Holland, en Se illa, a 4 de junio de 1809 (I, 229). «Me p esen o a Vm. y me pongo a los pies de nues a amabilísima My Lady, y a nomb e de la na- ción inglesa (a quien da ía el nomb e de segunda pa ia, si hubiese enido la dicha de pisa su suelo y espi a su ambien e), beso a en ambos las manos, y los elici o a ec uosamen e en el cumpleaños del ey Jo ge, que aquí celeb a emos con sal as en público y con b indis, p i adamen e, en casa de M . F e e. God sa e he king!» (97) Co espondiendo a la ca a an e io , Holland le esc ibe diciendo: «Un epí- g amis a pod ía deci algo sob e ese asun o: el emo a Jo ge III po ey, y niebla po ambien e, son dos dichas que iene mi p ime a pa ia, y de que nos podemos e- 204 LORO HOLLAND Y LOS ORÍGENES DEL LIBERALISMO ESPAÑOL «ciudad de la niebla», pensando en que quizás el clima da alo a las na- ciones... (98). Los dos polí icos y amigos no dejan de in e cambia se lib os. Holland le en ía lib os y gace as de con enido polí ico, conociendo el in e- és de Jo ellanos po las cosas inglesas (99), y és e le manda igualmen e lib os españoles. Y de mane a muy pa icula el es udio sob e las Co es de Ma ínez Ma ina, asegu ándole que con es a ob a, «que po una señalada y al a p o idencia ha salido a la luz en el iempo en que e a más necesa ia y podía se más p o echosa», pod á conoce aún mejo el ca ác e de la Cons i ución española (100). Po supues o que ambién egala al amigo in- glés alguna que o a bo ella de ino de Mon illa (101). En sus ca as, Jo ellanos in o ma esc upulosamen e a Holland de la ma - cha de los sucesos mili a es y, po supues o, polí icos. A inales del año 1809 le dice, po ejemplo, que, aunque no hay libe ad legal de p ensa, su exis encia en la p ác ica es un hecho, has a el pun o de que los «pe iódicos se c uzan y odo el mundo los deja discu i » (102). Y po los mismos días le habla am- pliamen e de que odo es á lis o pa a la con oca o ia de Co es, ad i iéndo- se en lo conce nien e a la o ma de con oca las Co es, o ma de elecciones de dipu ados, e c., algunas coincidencias cla as con las ideas de Holland sob e lici a con igual mo i o. Lo que e dade amen e es un mo i o de egocijo, de gozo y de glo ia pa a la mi segunda pa ia es que se dedique un Don Gaspa en e amen e a la g ande a ai e. Eso sí que es bueno, aunque ha á al a ambién en la Jun a» (5 de junio de 1809; I, 238). (98) Ca a a Holland, en Se illa, a 6 de junio de 1809 (I, 241). «Pe o, My Lady, sea o no nebuloso el ambien e de Lond es, ¿po qué no ue a dicha espi a le alguna ez, pa a quien ama a Lond es y más aún a los ingleses? Po en u a, ¿es el clima el que da alo a las naciones, ni el que inspi a amo a los p opíos, y a ición a los ex años?» (99) Ca a a Holland, en Mu os, 1 de mayo de 1810 (II, 480). «En e an o, i i- mos aquí en absolu a igno ancia de lo que pasa po ahí. He enido muy a dien e de- seo de e los papeles ingleses y lee los deba es del Pa lamen o y los elocuen es discu sos de mi buen amigo; pe o una sola gaze a no ha pene ado po aquí. Aho a lle a á és a un ecino, que pod á ae en e omo algunas gaze as de la oposición que Vm. c ea más in e esan es. Pod á Vm. si no, en ia las al seño Magniac, agen e inglés en La Co uña y si no a dan aún me econ a án en és a. Pe o uego a Vm. que no me en íe papeles po el co eo, po que cues an mucho, y no es ando aún co ien- es nues os sueldos, nos hallamos muy pob es.» (100) Ca a a Holland, a 2 de no iemb e 1808 (I, 92). Se e ie e na u almen e al Ensayo his ó ico c i ico sob e la an igua legislación y cue pos legales de los Reinos de León y Cas illa de Ma ina. Sin emba go, como se sabe que Quin ana le ha en iado es a ob a, en onces le en ía «la nue a co ec a edición» de Las Pa idas, ambién a cuidado de Ma ínez Ma ina. (101) Ca a a Holland, en Se illa, a 7 de ab il de 1809 (I, 110). (102) Ca a a Holland, en Se illa, a 6 de diciemb e de 1809 (II, 428). 205 MANUEL MORENO ALONSO da al Gobie no de Lond es (130). Según el lo d, el conde español apenas si es aba iniciado en onces en los asun os públicos, sin emba go, su ju en ud y se icios le hicie on uno de los a o i os en las p ime as Co es, en donde buscaba aplausos (131). Holland esc ibía en el mismo luga que a la uel a de Fe nando VII, escapó de España donde, en ausencia, e a condenado a mue e; ol iendo en 1820 donde ue minis o y «ú il» miemb o de las Co es. Pa a en onces, de acue do con el lo d, su expe iencia «ha mejo ado sus alen os y mode ado sin cambia sus p incipios, pe o sus hábi os en Pa ís y sus ecuen es isi as a es a ciudad algo daña on su popula idad». En sus Fo eign Reminiscences señala ambién su au o que ue consul ado po Welling on a su paso po Pa ís hacia Ve ona en 1822. Con la ins au a- ción del absolu ismo nue amen e en 1823 ol ió a Ingla e a pa a, desde aquí, a inca se en Pa ís, donde, a juicio de Holland, «es más un A ico que un Ca ón». El mode an ismo del lo d inglés así como el cuño ancés del libe alismo de lo eno ma can las di e encias en e ambos homb es a pa i de los momen os iniciales de la gue a (132). El g upo de los a ancesados.—En los o ígenes del libe alismo español, jun o a las ac i idades de los pa io as que lucha on po la libe ad en Cá- diz, juga on un papel impo an e los «a ancesados», pa ida ios de una u o a mane a de la e o ma del Es ado. Los Holland no e an ajenos a sus ac- i idades en es e sen ido. P ecisamen e, en una ca a de Jo ellanos al a is- óc a a inglés, en que le da cuen a de una con e sación conjun a con A gue- lles, To eno y Blanco Whi e pa a la cons i ución de la «Jun a de Legisla- ción» (y en la que es e úl imo ehusó acep a ) esc ibía: «En las a ias Jun- as que mi Comisión de Co es a o mando, incluimos las pe sonas más capaces que aquí se conocen, pe o ¡guan as que aho a se ían muy ú iles a e- ba ó a Bayona el mons uo de la y aníal» (133). Los amigos ingleses en a- on en con ac o pe sonalmen e, además, con algunos de los a ancesados. (130) LEOPOLDO AUGUSTO DE CUETO en su Biog a ía de To eno, en la ed. de BAE, 1953, págs. IX y X, habla, en e ec o, de los con ac os de To eno con Cas el eagh, Welling on, Whimdam y lo d Holland, así como el o ado Sche idan, «con cuya i óni- ca e incisi a elocuencia iene la de nues o español no escasa analogía» (131) LORD HOLLAND, Fo eign Reminiscences, págs. 152-153. (132) Ca a a Holland, en Se illa, a 12 de sep iemb e de 1809 (II, 356). «Amable My Lady: acabo de haba un la go a o de Vm. y de ues o dulce Holland con el conde de To eno (an es Ma a osa) que llegó es os días de As u ias con la ma quesi a de Camposag ado y o as gen es. ¡Con quan o gus o oigo en su boca el elogio de mis dulces amigos! El se acue da mucho de las hon as que debió a Vms. en Holland House, y oyó con g an place las que Vms. dispensa on a sus amigos de aquí.» (133) Ca a a Holland, en Se illa, a 11 de oc ub e de 1809 (II, 387). 212 LORD HOLLAND Y LOS ORÍGENES DEL LIBERALISMO ESPAÑOL Lady Holland conside a a Mo a ín, po ejemplo, como «el mejo y más dis inguido poe a y homb e de le as en España» al iempo que na a con alguna ex ensión de alles de su biog a ía (134). En su isi a a la Biblio eca Real de Mad id conocie on al insigne a abis a José An onio Conde, quien acili ó a Elizabe h su en ada, al no exis i la cos umb e de que en a an seño as (135). Amigos españoles en ían a los Holland ob as, po ejemplo, de Albe o Lis a, ins ándoles a lee las (136). Los libe ales emig ados de Lond es.—En 1823, muchos de los libe ales españoles que habían p o agonizado con la palab a o con la acción el « égi- men de libe ades» que supuso el T ienio Cons i ucional u ie on que aban- dona España. Se cumplía la p edicción de La a de que se libe al en Espa- ña equi alía a se emig ado en po encia. Más de mil amilias ija on su e- sidencia en Lond es, en e las que se encon aban descollan es igu as de la milicia, de la adminis ación y de las le as, siendo muchos los es imonios que deja on de su la ga es ancia en ie as b i ánicas (137). Sin duda i ie- on, en e los ingleses, de mane a aislada; concen ados la mayo ía de ellos en el modes o ba io de Some s Town. Cuando Thomas Ca lyle les desc ibe paseando en g upo po Eus on Squa e, con su ez mo ena y mi ada de uego, dice que les daba la imp esión de leones enjaulados (138). Los adicales in- gleses les dispensa on una g an acogida. En palab as de Alcalá Galiano, «nos ecibían con los b azos abie os, como a he manos y má i es po una causa que les e a común» (139). En e ellos, y en ealidad en e los ingleses, al ez las pe sonas que mejo les comp endie on ue on los inquilinos de la Holland House. Al lo d le admi aba la igu a de Mina, an bien ecibido po Welling on, an o po su co aje como po su «g amá ica pa da» (mo he wi ), «esa ex aña exp esión po la que los españoles quie en deci conoci- mien o y ac o sin lee » (140), así como su coup d'oeil en las cosas de la gue a. Holland seguía siendo en aquellos di íciles momen os «a icionado a nues as cosas y de enso pe pe uo de los in e eses de nues a libe ad», en palab as de Quin ana, cuando le di ige sus amosas Ca as. Incluso, más (134) The Spanish Jou nal, págs. 165-166. (135) The Spanish Jou nal, pág. 162. (136) Ca a de Jo ellanos, en Se illa, a 6 de diciemb e de 1809 (II, 429). (137) Es os es imonios, así como sus ac i idades polí icas y li e a ias, los pe ió- dicos de la emig ación y sus colabo aciones en las e is as inglesas de la época es án ecogidos en el bello lib o ya ci ado de VICENTE LLORÉNS, Libe ales y omán icos. Una emig ación española en Ingla e a. (138) «Li e o John S e ling», pág. 67, (The Wo lds Classics). (139) Recue dos de un anciano, ed. ci , pág. 208. (140) Fo eign Reminiscencens, pág. 158. 213 MANUEL MORENO ALONSO adelan e, cuando ya el libe alismo se había impues o de ini i amen e, el lo d seguía siendo el g an amigo y a o ecedo de la causa libe al española po pa e de los Whigs (141). EL FRACASO DE LA REVOLUCIÓN LIBERAL ESPAÑOLA La lucha empeñada de los españoles po la libe ad, po una pa e con a los soldados de Napoleón y, po o a, po la Cons i ución, se p esen aba an e Holland como una ca e a glo iosa, aunque di ícil y llena de pelig os. A su juicio en España no al aban ni «las luces» ni el pa io ismo aún cuan- do no se había de do mi en el camino» (142). Con la misma expec ación se había seguido la lucha de los españoles en el es o de Eu opa y muy es- pecialmen e en Ingla e a, aún cuando en es e país, según el es imonio del noble inglés, comenzaba a ap ecia se un descenso en el en usiasmo (143). Sin emba go, p on o se p oduce el desencan o, an o en el desa ollo de la gue a —la Peninsula Wa — como en el p oceso cons i ucional de Cádiz. El lo d se quejaba an e Jo ellanos de la excesi a len i ud de las e o mas emp endidas po las Co es, y no ocul aba su imp esión de que «en oda esa pa e de la conduc a de Co es hay poco ino y mucha pedan e ía, y me pa ece que la sa i iza muy bien el «Juan-sin-Tie a» de El Español» (144). El desacue do de lo d Holland an e la ma cha del cons i ucionalismo ga- di ano la comp endió «muy bien Quin ana, cuando en sus Ca as sob e los sucesos polí icos de España en la segunda época cons i ucional exponía que «aún en e los polí icos más aman es de la libe ad española hay una p e- ención gene al con a las Co es de Cádiz, a quienes se acusa de imp uden- cia y de ambición excesi a. Se c ee que po habe aspi ado a más de lo que pod ían ealiza no consiguie on aquello que la mode ación deseaba». A ojos de Holland, ealmen e, el acaso del p ime cons i ucionalismo español se (141) C . PETER JANKE, Mendizábal y la ins au ación de la mona quía cons i u- cional en España (1790-1853), Mad id, 1974, págs. 124-125. (142) Ca a a Jo ellanos, en Lond es, a 1 de no iemb e de 1809. «Las buenas mi as, las luces, el pa io ismo no al an en España: pe o sin la p on i ud y aún la apidez, nada se puede hace en es e siglo. Res is no o he cha io o he Sun: y habiendo escogido España una ca e a an glo iosa, pe o an di ícil y pelig osa, no había de do mi en el camino.-» (143) Ca a a Jo ellanos, en Lond es, a 31 de agos o de 1809 (II, 369). «¡Oxalá pudie a manda le consuelo sob e el espí i u público de aquí!, pe o, con anqueza, se ha es iado el zelo sob e las cosas de España muy mucho y le a ibuyo a la al a de libe ad de imp en a, de discusión pública y a la dilación de las Co es.» (144) Ca a a Jo ellanos (II, 406). 214 LORD H01XAND Y LOS ORÍGENES DEL LIBERALISMO ESPAÑOL debió a la p ecipi ación, a las in luencias ancesas más que inglesas en el ex o cons i ucional (145) y a su e a dada pues a en p ác ica, en e o as cosas, po la imposibilidad de su aplicación. En ealidad, la Cons i ución de 1812 no sólo disgus ó a los cnies (146), en onces en el pode , sino ambién a homb es como a Lo d Holland, pa a quien el ex o cons i ucional espa- ñol e a an di e en e del inglés... (147), Cuando la expe iencia cons i ucional ol ió a epe i se en el T ienio, a pa i de 1820, el esul ado ue ambién el acaso. En palab as de Quin ana, un ama go sen imien o comenzó nue amen e a a ligi a los españoles, pues «echábase en ca a a los encidos su misma con usión y e güenza como e- sul ado necesa io de su e quedad y de sus ex a íos. Decíase a boca llena que los que no habían sabido ap o echa se de la libe ad adqui ida y an mal la de endie on, no me ecían se lib es ni e an dignos de lás ima y pe dón». Lo d Holland sabía muy bien que la causa del es epi oso acaso se debía al mal gobie no, al descon en o, a la di isión en e los españoles y que ambién la libe ad e a más bien «un obje o de acción y de ins in o y no de a gumen os y de doc ina». No necesi aba e dade amen e que Quin ana se lo dije a. Tal como Tocque ille esc ibie a unos años después en su iaje po Ingla- e a, «la libe é me pa m eñi dans le monde poli ique la mime place que l'a mosphe é dans le monde physique» (148). E a jus amen e esa a mós e a la que al ó en España y la que hizo acasa la e olución libe al. Las po encias eu opeas ampoco ayuda on a España en aquella lucha desespe ada po encon a el camino ace ado. Mme. de S ael esc ibió de lo d Cas le eagh, el esponsable b i ánico de la polí ica ex e io , que nadie (145) Ca a de Jo ellanos a Holland, en ed. BAE, ol. L, pág. 320. «Hay segu- amen e en las Co es homb es de ins ucción y de juicio, en e los cuales descuella, según dicen, nues o A. A guelles quan um len a sole Ín e ibu no cup essi; pe o sé que hay o os cuyos p incipios polí icos son bebidos sin e lexión de J. J. Mably, Locke, Mil on y o os eó icos.» (146) Según ALCALÁ GALIANO, Recue dos de un anciano, pág. 208, «bien es e - dad que los o ies, po en onces dominan es, pues de su bando e an los minis os, y la pa e más c ecida en la nación que en las cosas polí icas in luye o oma empeño, ha- bían mi ado con a e sión a eces excesi a la causa de la Cons i ución de 1812 y a sus es ablecedo es y de enso es, y aún is o con cie o g ado de sa is acción al iun o del duque de Angulema y del pode ancés...». (147) El mismo lo d Welling on esc ibía a lo d Cas le eagh en los momen os en que ya es aba en España Fe nando VII (junio de 1814), y aún no había sido de oga- do p opiamen e la igencia de la Cons i ución, que aún se espe aba el dec e o pa a la con oca o ia de Co es, así como o as p omesas, <onas has a aho a no se ha hecho ninguna de es as cosas» (c . M. ARTOLA, La España de Fe nando Vil, Mad id, 1968, página 549). (148) A. TOCQUEVILLE, Voyages en Angle e e e en Mande, pág. 207. 215 MANUEL MORENO ALONSO había causado más daño en Eu opa, al se el «sepul u e o de la libe - ad» (149). La lucha con a los anceses ni siquie a ue econocida en el Cong eso de Viena, aquel «g ea mo a o he chemis s» (150), que sepul ó a España en la igno ancia. Y pos e io men e, cuando se p odujo la in asión de España po los Cien Mil Hijos de San Luis, acabando con la libe ad, Holland, en el Pa lamen o, censu aba la polí ica inglesa po «no conside a el de echo de la nación española a gobe na se po sí misma y al no habe , en i ud de es e p incipio, sal ado a España de la in asión del Ejé ci o ancés, no apoyando a un Gobie no comp ome ido en el g an abajo de es au ación y consolidación de las an iguas libe ades de es e pueblo» (151). La expe iencia libe al española de comienzos del ochocien os, an acci- den ada y queb ada po los desacie os, cons i uyó un auma en la ida his ó ica de España. Una pe sona como lo d Holland, an a en o a aquella a en u a i ida, con inusi ada in ensidad po los españoles, ue un es igo de excepción de lo que en ealidad cons i uyó el o igen del libe alismo espa- ñol. Muchos años después, eco dando aquellas i encias cada ez ya más lejanas, e e i á en sus Fo eign Reminiscences la lección que en e sa cás ica y humo ís ica le dio en Pa ís el embajado de España, Aza a, con an e io i- dad ep esen an e ambién en Roma cuando le dijo: «Vues o M . Pi e- sol ió, no sé po qué, que odo ex anje o debía se o un ancés jacobino o un monje del siglo x. Yo elegí con alguna di icul ad y una g an p eocupa- ción; y así, me e un caballe o de Mal a, un sie o de su Más Ca ólica Ma- jes ad, embajado y conseje o con idencial de Su San idad en Roma, cubie o con ó denes y í ulos bo bónicos. Us ed me e aquí a la edad de sesen a años cumplidos, al caballe o Aza a de A agón, un jacobino ancés..., ha- ciendo la Co e a un a en u e o, je e de la República, e in i ando a us ed a cena ... y odo es o es po que el minis o de un Es ado p o es an e y pa - lamen a io de e minó que cualquie ca ólico o español que no se some ie a a se aná ico, mogiga o, aile o monje, se ía conside ado como un enemigo del o den social, del gobie no, eligión y qué sé yo!» La con e sación u o luga en 1802, cuando aún la o men a no había desca gado sob e España. (149) C . sus Conside a ions su la Re olu ion F an$aise (III, 34), así como su An appeal o he Na ions o Eu ope agains he con inen al sys em, Lond es, 1813, página 48. (150) A le e o Lo d Holland on o eign poli ícs, 2.a ed., Lond es, 1819, pág. 11. (151) The opinions o Lo d Holland, as eco ded in he Jou nal o he House o Lo ds, págs. 105-111. El Gobie no de S. M., en su opinión, había en uel o al pueblo b i ánico, «dn spi e o ou in ended neu ali y, in ol e us (as i has done be o e) in an ex ensi e wa o opinión, alike epugnan o he p incipies o ou Cons i u ional Go- e nmen , and o e e y maxim o ancien english policy». 216 LORD HOLLAND Y LOS ORÍGENES DEL LIBERALISMO ESPAÑOL El comen a io que, an os años después, le me ecían al lo d inglés aquellas palab as ca ica u izado as de la ealidad no deja de se ep esen a i o: «The e was su ely much humou in he pic u e he d ew and he e was u h and philosophy in he lesson i con eyed» (pág. 114). El acaso del libe a- lismo español —lo mismo ocu i ía muchos años después con el allido ensayo de la democ acia— se debió ambién no sólo a las ci cuns ancias in e nas de la ida española sino a la in e esada concepción que de la libe ad enían las naciones «ilibe ales» de Eu opa. 217