scieee Science in your language
[es] (orig)

"El llano en llamas" o el paisaje desolado de Juan Rulfo

Read accessible full text

"El llano en llamas" o el paisaje desolado de Juan Rulfo

Author: Mora Valcárcel, Carmen de
Year: 1991
Source: https://idus.us.es/bitstreams/d7138797-3890-4994-8422-5c540ef6ed11/download
EL
LLANO
EN LLAMAS O
EL
PAISAJE
DESOLADO
DE JUAN RULFO
po
CARMEN DE
MORA
Cuando
Luis Ha ss
a i ma,
en
é minos o undos, que
El
llano
en llamas
«es
una áspe a o ación úneb e po una egión que
expi-
a», se
es á e i iendo
al
ono elegíaco
con
que
se nos desc ibe
un
paisaje desolado
y
ye mo, pe o sob e odo
a un enómeno socio-eco-
nómico:
el
despoblamien o
del
campo
jalisciense.
La
in ancia
de Rul o
coincidió
con
los úl imos años
de la Re o-
lución
Mexicana, cuando és a empieza
a
ins i ucionaliza se una ez
inalizada
la
e apa mili a
de
su implan ación;
no es
ex año, pues,
que
en la
isión
del
pá amo
jalisciense se
con undie a su p opio
des-
ino con el de la
egión
y
buena pa e
del
país. Du an e
la
gue a
c is e a
(1926-
1928)
padeció las secuelas
de la
iolencia en
su p opia
amilia: poco
an es, en 1925,
su
pad e
había sido supues amen e ase
-sinado
po uno
de sus peones; al
es alla
la ebelión ue on mu iendo
sus
íos,
y
cuando enía doce años mu ió su mad e.
El
au o
de
El
llano
en llamas
no ha p escindido
de la localiza-
ción
c ono ópica de sus
cuen os.
Son pueblos
si uados
al
sudes e
del
es ado
de Jalisco
que,
o
bien queda on de as ados du an e
la Re o-
lución, o
bien queda on despoblados cuando
la
ebelión
c is e a con-
cen ó
a la
población
en
las ciudades más g andes
en
de imen o
de
las localidades más pequeñas.
Un
b e e pano ama de la
polí ica ag a ia que de e mina
el sub-
suelo
e i icable
de la
pe cepción poé ica
del
paisaje
en Rul o
puede
e o ae se has a
la
época
an e io al Po i ia o en
que los .campesi-
nos habían sido
deposeídos de
los p edios comunales
y
some idos
a
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
372

CARMEN DE
MORA
un égimen de
explo ación
1
. El
acaso
de
las expec a i as ace ca
de
la
e o ma ag a ia hizo expone
a J. Sil a He zog:
«En
algunas egiones apa adas hay
núcleos
de
población que
i en aho a como i ie on
sus
an epasados hace
50, 100 ó 300
años,
sin
nu ición ap opiada,
sin
cul u a y sin
e
en
los
gobe -
nan es» z.
El
México
de Rul o es el
México
de la p o incia;
y,
aunque
el
esc i o hizo
sus
p ime as incu siones li e a ias
con
una no ela
de
ámbi o u bano de la
que sólo
se ha
conse ado
la
e e encia,
p on o
descub ió que
sus
inquie udes
se
p oyec aban hacia esa p o incia
que ya desde
la
época
colonial se
oponía,
con
des en aja,
a la
ciudad.
Rul o
pe enece
al
es ado
de Jalisco
que,
jun o con Guanajua o,
Aguascalien es, Zaca ecas y
Michoacán, cons i uyen
la Mesa Cen al;
en
aquellas ie as bajas ex endidas
al
su de Guadalaja a se
si úan
los
pueblos de
El
llano
en llamas,
una ealidad e i icable que
se ase-
gu a a ís icamen e
en la
signi icación mí ica
de la
ob a
de Rul o,
pues, como
ha
econocido
Felipe Ga ido,
«...si
Rul o desc ibe pueblos
ye mos
y
deshabi ados, se es io
-len os y
p imi i os, mise ia
sin
solución
y
ambición
sin esc ú-
pulos, es
po que odo eso co esponde
a
una ealidad comp o
-bable, a
una si uación his ó ica
y
geog á ica conc e a
—y no
sólo
de
los años ein e sino
de
nues os días. Es o
no
puede
se pasado po
al o al
en en a nos
a
su ob a, aunque
cie a-
men e
apa ezca ans o mado
en sus
ex os, con e ido
en
esa
clase
especial de sup a ealidad
que con o ma
la
ob a
de
a e»
3
.
1.
Du an e la
Re olución
se
sucedie on
sin
éxi o, como
es
sabido, las en a i as
de
lle a
a
cabo la
Re o ma Ag a ia.
Al inal, con Ca anza y Ob egón
iun ó
la ac-
ción que ep esen aba
a
las clases u banas. Tan o
Ob egón
como Calles a o ecie on
la aplicación
de la
Re o ma Ag a ia
y el
epa o
de
ie as, mas
en
ninguno
de
los
dos
casos
se
desa iculó
el
sis ema la i undis a, ampoco
con
Láza o Cá denas que
se apo- .
yó, sin emba go, en
las masas popula es. Du an e
la
p esidencia
de A ila
Camacho
(1940-46) el epa o
de
ie as, o ien ado hacia la explo ación capi alis a, expe imen a
un
noxable
e oceso; po úl imo,
el
gobie no
de Miguel
Alemán, den o
de
un p oceso
de
indus ialización acele ada, alen ó las in e siones ex anje as
y
consolidó las a eas
ya impulsadas po Cá denas
y A ila
Camacho.
C . Adalbe Dessau,
La
no ela
de la
Re olución Mexicana,
México,
FCE, 1967,
págs.
33
a 64.
2.
Jesús
Sil a He zog, «La
Re olución Mexicana
en c isis»,
Cuade nos
Ame ica-
nos, 2.°
año,
5,
1943,
pág. 45.
3. Felipe Ga ido,
«Ped o
Pá amo
y El
llano
en llamas
de Juan Rul o», en Juan
Rul o
(compilado ),
Pa a
cuando
yo me
ausen e, México,
Edi o ial G ijalbo, 1982, pág. 25.
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
ACTAS
VIII
JORNADAS
DE
ANDALUCÍA
Y
AMÉRICA

373
Si
po
el
e e en e
es
posible elaciona
a Rul o con Agus ín
Yá-
ñez,
c onis a
de la
p o incia mexicana,
y con
odos los au o es que
desde Azuela
y
López
Vela de
has a
Fuen es se
han ocupado
de di-
ge i
el
impac o
de la
Re olución
en la
ida mexicana,
sus
iliaciones
li e a ias
lo
ap oximan
a
cie os au o es ex anje os cuya emá ica
se
o ien a hacia las comunidades u ales aisladas; en a ias ocasiones
ha
mani es ado su p e e encia po
la
li e a u a nó dica:
el
islandés
Ha-
lldo Laxnes,
los escandina os Knu Hamsun, Sela Loge ló , Bjo n-
son y Sillanpá, y
sob e odo
el
suizo
Ramuz.
VISUALIZACIÓN
Y
SINGULARIZACIÓN
DEL
ESPACIO
EN «Nos
HAN DADO
LA
TIERRA»
Y «LUVINA»
Rul o no
cuen a,
no
explica nada, escoge un paisaje, da ida
a
unos pe sonajes
y
deja
al lec o
a en o
y igilan e al
mu mullo
de sus
monólogos
y al
laconismo
de sus
oces. Es a es
una ma ca ija que
la
c í ica iden i ica
con el
es ilo
de Rul o,
pe o
no la
única.
Si el so-
nido es
una
de
las idelidades
del
esc i o , odo cuando sucede
en El
llano
en llamas
o
nace
de
él
o del
«ojo que e
». Con
azón a i maba
E. Ca ballo
que
a Rul o lo
es imula p e e en emen e
la is a y pe -
enece al
«Tipo
isual» de inido po
Mo and
como aquél
a
quien
le
cues a menos abajo e que pensa
4
.
Ya e emos
la
iden idad
sus-
ancial de
es os es ímulos senso iales
en dos
ex os que ex ienden
sus
ondas po
la
a mós e a
de
El
llano...:
«Nos
han dado
la
ie a»
y
«Lu ina».
a) En el
p ime o, un g upo de homb es eco e el llano
desé -
ico pa a llega
al
luga donde
el
gobie no les
ha
dado unas pa celas
de
ie as pa a cul i a las. Esos
homb es
caminan bajo
el
calo
inso-
po able a
sabiendas
de
que
en
ese desie o
inexo able no
puede ge -
mina semilla alguna.
A
pesa
de
odo pe sis en
en llega
a
esa ie a
desla ada
y
du a que
el
gobie no les ha
dado po que
es lo
único
a
que pueden aga a se pa a i i .
El
comienzo
dice:
«Después
de
an as ho as
de
camina
sin en-
con a
una somb a
de
á bol, ni una semilla
de
á bol, ni una aíz
de
nada
se
oye
al
lad a
de
los pe os
». De
es e modo
se
p oyec a
an e
el lec o la
expe iencia baldía
y
desolada
del
llano; un «camino
sin
4. Emmanuel Ca ballo, «A eola y Rul o»,
Recopilación
de
ex os sob e
Juan Rul-
o,
La Habana, Casa de
las Amé icas,
1969, pág. 136.
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
374

CARMEN DE
MORA
o illas
»,
«una llanu a ajada
de
g ie as
y a oyos
secos
», en
e iden e
con as e
con
los indicios
de
ida: los
homb es
que caminan,
el la-
d a
de
los pe os
a lo
lejos,
el
olo
de
humo
en el
ai e, ce eza
de
un
pueblo
ce cano.
En
es e ela o
se
mani ies a uno
de
los eso es
de la
na a i a
de Rul o: la
ida nómada,
el
cons an e pe eg ina cuya
cla e me a ó ica
y eal es
la
o andad:
«Es
algo di ícil c ece
sabien-
do que
la
cosa
de
donde podemos aga a nos pa a en aiza es á
mue a», explica
Ju encio Na a, el
p o agonis a
de
«Diles que no me
ma en
». La
o andad
no se
e ie e sólo
a la
ausencia
del pad e
sino
que —como
ha
econocido
Ru inelli— es
ambién
la del
Es ado,
la del
sis ema que los
p o ege al
mismo iempo que los expolia»
1
.
Tan o
en «Nos
han dado
la
ie a» como
en «Lu ina» la
palab a
es
subsidia ia
de la is a,
los e bos « e »
y
«mi a »
y
equi alen es
o el
sus an i o «ojos» suspenden
la
a ención
del lec o
hacía los
de-
alles más conc e os
y, a
eces, insigni ican es
del
paisaje.
En «Nos
han dado
la
ie a
»:
--
«alguien
se
asoma
al
cielo, es i a los ojos»
—
«mi amos una nube neg a»
—
«aho a si
se
mi a
al
cielo
se
e
la
nube
aguace a»
— «nos
habíamos de enido pa a e llo e »
— «no i llo e nunca sob e
el
llano»
—
« uel o hacia odos lados
y
mi o
el
llano..,
se le
esbalan
a
uno los ojos
al no
encon a cosa que los de enga»
—
«uno los e allá
(a
los zopilo es
»).
La is a le
ayuda
al
na ado incluso pa a comen a que uno
de
los pe sonajes lle a una gallina escondida:
«Aho a que habla
me
ijo
en
él. Lle a pues o un gabán que
le
llega
al
ombligo,
y
debajo
del
gabán saca
la
cabeza algo así
como una gallina.
Sí, es
una gallina colo ada
la
que lle a
Es eban
debajo
del
gabán.
Se le
en los ojos do midos
y el
pico abie o como si
bos eza a
».
5. Jo ge Ru inelli, «Juan Rul o»,
Pa a
cuando
yo me
ausen e,
ob. ci . pág. 48.
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
ACTAS
VIII
JORNADAS
DE
ANDALUCÍA
Y
AMÉRICA
375
b) «Lu ina». La
na ación
es la
imagen
de Lu ina
que
le
hace
un p o eso , que i ió allá unos años,
a
o o
homb e
que
se
dispone
a
i
a
i i
a
ese mismo
pueblo,
mien as compa en unas ce ezas.
Aquél a a
de
disuadi
a
su
in e locu o de
dicho p oyec o
y le p e-
iene de
que
es el
luga donde anida
la
is eza
y
donde odo
se ma -
chi a:
«Aquello
es el
pu ga o io. Un luga mo ibundo donde
se
han
mue o has a los pe os
y
ya
no hay
quien
le
lad e
al
silencio;
pues
en
cuan o uno
se
acos umb e
al
enda al que allí sopla,
no se
oye sino
el
silencio que
hay en
odas las soledades»
6
.
Como
ocu ía
en «Nos
han dado
la
ie a
»,
ambién
en «Lu i-
na» es la
pe cepción
isual la
que o ien a
y ocaliza la
na ación,
ca-
pacidad
que
sin
duda explica ambién
la
a ición
de Rul o a la o o-
g a ía. (Un cu ioso pa alelismo asemeja
la
o og a ía
y el
cuen o
en
Rul o
po
la
a inidad
de
los mo i os que
le
inspi an
en
ambos:
pue-
blos
de uidos
y
abandonados, ca as is es
y
abajadas po
el dolo ,
des inos ma cados po
la
a alidad, es imonios
del
México
«humilla-
do
y
saqueado
»).
En «Lu ina» son
a ias las exp esiones
de
isualización:
—
«Dicen
los
de Lu ina
que
de
aquellas ba ancas suben
los sueños pe o
lo
único que
yo i
subi ue
el
ien o
».
— «Y
mi a á us ed ese ien o que sopla sob e
Lu ina. Es
pa do. Dicen que po que a as a
a ena de
olcán; pe o
lo
cie o
es
que
es
un ai e neg o. Ya
lo
e á us ed
».
Es a úl ima ase
se
epi e como una le anía
al inal del
pe íodo
y
con ie e una au én ica cualidad
o al al
ela o:
«Po cualquie lado que
se le mi e, Lu ina es
un luga muy
is e. Us ed que a pa a allá
se
da á cuen a
».
— «¿
Vis e
a
alguien? ¿Vi e alguien aquí?
—le
p egun é.
— «Sí,
allá en en e... Unas muje es...
Las
sigo iendo.
Mi a,
allí as las endijas
de
esa pue a eo b illa los ojos que
6. Juan Rul o,
El
llano
en llamas,
edición
de Ca los Blanco Aguinaga, Mad id,
ed.
Cá ed a,
1985, pág. 128.
Todas las ci as co esponden
a
es a edición.
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA

376
CARMEN DE
MORA
nos
mi an...
Han
es ado asomándose pa a acá... Mí alas. Veo
las
bolas b illan es
de sus
ojos...
Pe o no
ienen qué da nos
de
come ...»
—
«...En onces caminé
de
pun illas hacia allá, sin iendo
delan e
de mí
aquel mu mullo so do.
Me
de u e
en la
pue a
y
las
i. Vi a
odas las muje es
de Lu ina con
su cán a o
al
homb o,
con el ebozo colgado
de
su cabeza y sus igu as
ne-
g as sob e
el
neg o ondo
de la
noche
».
— «San Juan de Lu ina...
un luga mo ibundo donde
se
han mue o has a los pe os
y
ya
no hay
quien
le
lad e
al si-
lencio,
pues
en
cuan o uno
se
acos umb a
al
enda al que allí
sopla,
no se
oye sino
el
silencio que
hay en
odas las soledades.
Y
eso acaba
con
uno. Mí eme
a mí».
— «...Se
quedó mi ando un pun o ijo sob e
la mesa
donde
los comejenes ya sin alas ondaban como
gusani os desnu-
dos...»
— El homb e
que mi aba
a
los comejenes
se
ecos ó sob e
la
ie a
y se
quedó do mido...».
Tan o
en «Nos
han dado
la
ie a» como
en «Lu ina» la
na a
-ción se
es uc u a sob e
el
con as e PAISAJE MUERTO
VS.
VIDA
(Thana os y E os) en que
el
segundo é mino queda indisolublemen-
e
ligado
al
p ime o.
El
esul ado
es
una ida
en lo
mue o,
en la
mue e,
en
un paisaje ye mo. Es o sucede
en
los cuen os
de
El
llano
en
llamas;
en
su con inuación,
en
Ped o
Pá amo,
se á un mundo
de
mue os
en
un paisaje ambién mue o'.
En
o os ela os
de
El
llano
en
llamas
donde
la
desc ipción
del
paisaje
no
abso be
con
an a in ensidad
el espacio na a i o
Rul o de-
sa olla
el
segundo é mino
de la
dico omía: los homb es del
llano.
¿Qué clase de homb es
puede i i en
es os pá amos? ¿Qué
elacio-
nes
humanas
y
sociales se án posibles? ¿Qué clase
de
gobie no
se
pe mi e bu la así
a
unos campesinos
desp o egidos an e la ley y e-
pa i les
ie as incul i ables?
Cualquie espues a
a
es as p egun as exige una lec u a
his ó i-
ca;
a
ella los c ímenes,
la
enganza,
el
enco ,
la
iolencia,
la p os-
i ución de
las muje es,
la
huida
de
los jó enes,
la
ausencia
de
piedad
7.
No en balde
la
c í ica
(Ru inelli, Blanco Aguinaga y
o os)
ha
conside ado
a «Lu ina»
un cla o p eceden e
de
Ped o
Pá amo.
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
ACTAS
VIII
JORNADAS
DE
ANDALUCÍA
Y
AMÉRICA

377
en
que
el pad e no
econoce
al
hijo ni
el amigo al amigo, y
donde
la
bea e ía comulga
sin
asomb o
con la
luju ia;
a
ella,
en
suma, los
emas
del
esc i o mexicano.
Vienen
al
caso las obse aciones hechas po
Baj in a
p opósi o
de la
isión
del
iempo his ó ico
en Goe he,
uno
de
cuyos p incipios
undamen ales ue
la
compene ación
del
paisaje
con la
his o ia
y con
el
iempo. Según
Baj in, Goe he, an e
odo, «busca
y
encuen a un
mo imien o
isible del
iempo his ó ico
insepa able del
ambien e na-
u al y de
odo
el
conjun o
de
obje os c eados po
el homb e y e-
lacionados con el
ambien e
na u al»
8
•
Po
el
con a io, «una egión,
un paisaje que
no
engan luga pa a
el homb e y
su ac i idad
c ea-
do a, que
no
puedan se poblados
y
edi icados, ampoco pueden se
a ena de la
his o ia humana
a Goe he le
esul an se ajenos
y an i-
pá icos»
9
.
P ecisamen e es e úl imo
es el
paisaje
de Rul o:
una egión
y
unas ie as que,
al
se desé icas,
le
impiden
al homb e
pobla las,
a aiga
y
hace his o ia.
Sin
habe sido a ojados
de
ningún pa aíso
han sido cas igados
a
i i
al
ma gen
de la
his o ia,
a
un incesan e
pe eg ina
sin
ie a p ome ida;
al
esca a
a
es os campesinos
y con-
e
i los en
pe sonajes
de
El
llano
en llamas,
les p es a su oz
y
los
edime
a
a és
de la
esc i u a
an es de
que sean agados po
la ie-
a,
ale
deci , po una injus icia his ó ica, como
le
ocu e
a la
go a
de
agua caída po
e o en «Nos
han dado
la
ie a»:
«...y a la
go a
caída po equi ocación
se la come la
ie a
y la
desapa ece
en
su
sed
».
(Llano, 40).
«La
imaginación c eado a
de Goe he
—esc ibe
Baj in—
solía,
an e
odo, edi ica
y
pobla cualquie localidad. Bajo
el
ángulo
de la
edi icación
y la
población, po deci lo así,
Goe he con-
side aba cualquie egión.
Una
localidad alejada
del homb e,
de sus
necesidades
y de
su abajo, pe día pa a él odo
su
sen-
ido
isible y
oda
la
impo ancia, po que odos los c i e ios
de
e aluación, odas las medidas
y
odas las escalas i as
y huma-
nas
sólo pueden se comp endidas desde
el
pun o
de is a del
homb e cons uc o ,
desde
el
pun o
de is a de la
con e sión
de
es a localidad
en
una zona
de la
ida his ó ica»
10
.
8.
M. M. Baj in,
«Tiempo
y
espacio
en
las no elas
de Goe he»,
Es é ica
de la
c eación
e bal,
T aducción
de Ta iana Bubno a,
México, Siglo XXI,
1982, pág. 224.
9.
Ibídem,
pág. 226.
10.
Ibídem,
pág. 227.
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
378
CARMEN DE
MORA
Pues o que los pe sonajes
de Rul o
pe enecen
a
un
sec o e-
co ado
del
ma co his ó ico,
el de
los ugi i os
de
odo ipo
conde-
nados
a
expia culpas que
se
pie den
en la
memo ia
sin
una
concien-
cia cla a
de
habe las come ido
11
,
pa a que
la
esc i u a los edima
y
los es i uya, siquie a
a
esa o a his o ia que
es la
icción, el
au o
se
si e
de la is a y el
sonido,
de
los sen idos, que
es la
pe cepción más
conc e a
y
di ec a posible
de lo eal. Goe he, a
a és
del
ojo eía
en
el
paisaje
al homb e cons uc o ; Rul o
e
el
paisaje que des uye
al
homb e o el homb e
que des uye
al
paisaje
o lo
abandona:
«De
allí nos encaminamos hacia
San Ped o. Le
p endimos
ue-
go
y
luego la
emp endimos umbo al Pe acal. E a la época
en
que
el
maíz es aba po pizca se y
las milpas
se
eían secas
y
dobladas po los en a ones, que soplan po es e iempo so-
b e
el Llano.
Así que
se
eía muy
boni o
e camina
el
uego
en
los po e os; e hecho una pu a b asa casi odo
el Llano
en la
quemazón aquella,
con el
humo ondulado po a iba;
aquel humo olo oso
a
ca izo y a
miel, po que
la
lumb e había
llegado ambién
a
los caña e ales»
12.
Si en Goe he
hallamos
la
conciencia
de la
his o ia,
en Rul o se
nos
mues a un paisaje abandonado
de la
his o ia,
en
an o ese
pai-
saje no
iene luga pa a
el homb e y
su ac i idad c eado a.
Recué -
dese que ambién
Héc o
Mu ena eía en la Pampa
a gen ina
la ne-
gación del
paisaje,
la
nada,
y
esa soledad
e a
un co ela o de la «so-
ledad his ó ica
», de la
«p o unda pob eza his ó ica»
13
.
11. Un ejemplo cla ísimo
es el
siguien e
monólogo del
pe sonaje
de «En la ma-
d ugada»: «Y
que
dizque yo lo
había ma ado, dije on los díce es. Bien
pudo se ; pe o
yo no me
acue do.
¿No
c ee us ed que ma a a
un p ójimo deja as os?
Los
debe
de
deja ,
y
más a ándose
de
un
supe io de
uno.
Pe o
desde
el
momen o que
me
ienen
aquí
en la
cá cel po algo
ha de
se ,
¿No
c ee us ed? Aunque,
mi e, yo
bien que
me
acue do
de
has a
el
momen o que
le
pegué
al
bece o
y de
cuando
el
pa ón
se me
ino
encima, has a allí a muy bien
la memo ia; después odo es á bo oso. Sien o que
me
quedé do mido
de a i o y
que cuando despe é es aba
en
mi ca e,
con la
ieja
allí a
mi lado consolándome
de
mis dolencias como si
yo
ue a un chiquillo
no
es e
iejo despo illado que
soy yo.
Has a
le
dije: ¡Ya cálla e!
Me
acue do muy bien que
se lo
dije, ¿cómo
no iba
a
aco da me
de
que había ma ado
a
un
homb e? Y, sin em-
ba go,
dicen que ma é a don
jus o.
¿Con
qué dicen que
lo
ma é? ¿Que
dizque con
una pied a, e dad? Vaya, menos mal, po que si dije an que había sido
con
un
cuchi-
llo
es a ían za ados, po que
yo no ca go
cuchillo desde que
e a
muchacho
y de
eso
hace ya una buena hile a
de
años
». (Llano, 73).
12.
«El
llano
en llamas», en
El
llano
en
llamas,
edic. ci ., pág. 101.
13. C . Héc o
Mu ena,
El
pecado
o iginal de
Amé ica,
Bueos Ai es, Su , 1958,
pág.
71.
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
ACTAS
VIII
JORNADAS
DE
ANDALUCÍA
Y AMÉRICA

379
No
es á ausen e ni
en «Nos
han dado la
ie a» ni
en «Lu ina»
el
ma co polí ico de la
Re olución.
En
aquél
se
desenmasca a
la
a sa
y la
injus icia
del
gobie no mexicano
en la
aplicación
de la
Re o ma
Ag a ia:
«Pe o no nos
deja on deci nues as cosas.
El
delegado no
e-
nía a
con e sa
con
noso os.
Nos
puso los papeles
en la
mano
y nos
dijo:
— No se
ayan
a
asus a po ene an o e eno pa a
us-
edes
solos.
— Es
que
el
llano, seño delegado...
— Son miles y miles de
yun as.
— Pe o no hay agua. Ni siquie a pa a hace un buche
hay
agua.
— ¿Y el empo al?
Nadie les dijo que
se
les iba
a
do a
con
ie as
de
iego.
En
cuan o allí llue a,
se
le an a á
el
maíz
como si
lo
es i a an.
— Pe o,
seño delegado, la
ie a es á desla ada, du a.
No
c eemos que
el
a ado
se
en ie e
en
esa como can e a que
es
la
ie a
del
llano. Hab ía que hace aguje os
con el
azadón
pa a semb a la semilla
y
ni aun así
es
posi i o que nazca nada;
ni maíz ni nada nace á.
—
Eso mani iés enlo po esc i o,
y
aho a áyanse.
Es el la-
i undio al
que ienen que a aca ,
no al
gobie no que les da
la
ie a
».
En «Lu ina» el
gobie no
es
aquello
an e lo
único que
es
capaz
de
eacciona
con
ama go
humo la
gen e
del pueblo
después
de ha-
be ago ado odas las espe anzas
de
ecibi algún ipo
de
ayuda:
—
«Un día a é
de
con ence los
de
que
se
ue an
a
o o
luga , donde
la
ie a ue a buena.
«^
Vámonos
de
aquí! —les
dije
—. No
al a á modo
de
acomoda nos
en
alguna pa e. El
gobie no
nos
ayuda á
».
«Ellos
me
oye on,
sin
pa padea , mi ándome desde
el
ondo
de sus
ojos
de
los que sólo
se
asomaba una luceci a allá
muy aden o
».
— «¿Dices
que
el
gobie no
nos
ayuda á, p o eso ?
¿Tú no
conoces
al
gobie no?
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA