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"El llano en llamas" o el paisaje desolado de Juan Rulfo

Mora Valcárcel, Carmen de

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EL LLANO EN LLAMAS O EL PAISAJE DESOLADO DE JUAN RULFO po CARMEN DE MORA Cuando Luis Ha ss a i ma, en é minos o undos, que El llano en llamas «es una áspe a o ación úneb e po una egión que expi- a», se es á e i iendo al ono elegíaco con que se nos desc ibe un paisaje desolado y ye mo, pe o sob e odo a un enómeno socio-eco- nómico: el despoblamien o del campo jalisciense. La in ancia de Rul o coincidió con los úl imos años de la Re o- lución Mexicana, cuando és a empieza a ins i ucionaliza se una ez inalizada la e apa mili a de su implan ación; no es ex año, pues, que en la isión del pá amo jalisciense se con undie a su p opio des- ino con el de la egión y buena pa e del país. Du an e la gue a c is e a (1926- 1928) padeció las secuelas de la iolencia en su p opia amilia: poco an es, en 1925, su pad e había sido supues amen e ase -sinado po uno de sus peones; al es alla la ebelión ue on mu iendo sus íos, y cuando enía doce años mu ió su mad e. El au o de El llano en llamas no ha p escindido de la localiza- ción c ono ópica de sus cuen os. Son pueblos si uados al sudes e del es ado de Jalisco que, o bien queda on de as ados du an e la Re o- lución, o bien queda on despoblados cuando la ebelión c is e a con- cen ó a la población en las ciudades más g andes en de imen o de las localidades más pequeñas. Un b e e pano ama de la polí ica ag a ia que de e mina el sub- suelo e i icable de la pe cepción poé ica del paisaje en Rul o puede e o ae se has a la época an e io al Po i ia o en que los .campesi- nos habían sido deposeídos de los p edios comunales y some idos a UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA 372  CARMEN DE MORA un égimen de explo ación 1 . El acaso de las expec a i as ace ca de la e o ma ag a ia hizo expone a J. Sil a He zog: «En algunas egiones apa adas hay núcleos de población que i en aho a como i ie on sus an epasados hace 50, 100 ó 300 años, sin nu ición ap opiada, sin cul u a y sin e en los gobe - nan es» z. El México de Rul o es el México de la p o incia; y, aunque el esc i o hizo sus p ime as incu siones li e a ias con una no ela de ámbi o u bano de la que sólo se ha conse ado la e e encia, p on o descub ió que sus inquie udes se p oyec aban hacia esa p o incia que ya desde la época colonial se oponía, con des en aja, a la ciudad. Rul o pe enece al es ado de Jalisco que, jun o con Guanajua o, Aguascalien es, Zaca ecas y Michoacán, cons i uyen la Mesa Cen al; en aquellas ie as bajas ex endidas al su de Guadalaja a se si úan los pueblos de El llano en llamas, una ealidad e i icable que se ase- gu a a ís icamen e en la signi icación mí ica de la ob a de Rul o, pues, como ha econocido Felipe Ga ido, «...si Rul o desc ibe pueblos ye mos y deshabi ados, se es io -len os y p imi i os, mise ia sin solución y ambición sin esc ú- pulos, es po que odo eso co esponde a una ealidad comp o -bable, a una si uación his ó ica y geog á ica conc e a —y no sólo de los años ein e sino de nues os días. Es o no puede se pasado po al o al en en a nos a su ob a, aunque cie a- men e apa ezca ans o mado en sus ex os, con e ido en esa clase especial de sup a ealidad que con o ma la ob a de a e» 3 . 1. Du an e la Re olución se sucedie on sin éxi o, como es sabido, las en a i as de lle a a cabo la Re o ma Ag a ia. Al inal, con Ca anza y Ob egón iun ó la ac- ción que ep esen aba a las clases u banas. Tan o Ob egón como Calles a o ecie on la aplicación de la Re o ma Ag a ia y el epa o de ie as, mas en ninguno de los dos casos se desa iculó el sis ema la i undis a, ampoco con Láza o Cá denas que se apo- . yó, sin emba go, en las masas popula es. Du an e la p esidencia de A ila Camacho (1940-46) el epa o de ie as, o ien ado hacia la explo ación capi alis a, expe imen a un noxable e oceso; po úl imo, el gobie no de Miguel Alemán, den o de un p oceso de indus ialización acele ada, alen ó las in e siones ex anje as y consolidó las a eas ya impulsadas po Cá denas y A ila Camacho. C . Adalbe Dessau, La no ela de la Re olución Mexicana, México, FCE, 1967, págs. 33 a 64. 2. Jesús Sil a He zog, «La Re olución Mexicana en c isis», Cuade nos Ame ica- nos, 2.° año, 5, 1943, pág. 45. 3. Felipe Ga ido, «Ped o Pá amo y El llano en llamas de Juan Rul o», en Juan Rul o (compilado ), Pa a cuando yo me ausen e, México, Edi o ial G ijalbo, 1982, pág. 25. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA ACTAS VIII JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRICA  373 Si po el e e en e es posible elaciona a Rul o con Agus ín Yá- ñez, c onis a de la p o incia mexicana, y con odos los au o es que desde Azuela y López Vela de has a Fuen es se han ocupado de di- ge i el impac o de la Re olución en la ida mexicana, sus iliaciones li e a ias lo ap oximan a cie os au o es ex anje os cuya emá ica se o ien a hacia las comunidades u ales aisladas; en a ias ocasiones ha mani es ado su p e e encia po la li e a u a nó dica: el islandés Ha- lldo Laxnes, los escandina os Knu Hamsun, Sela Loge ló , Bjo n- son y Sillanpá, y sob e odo el suizo Ramuz. VISUALIZACIÓN Y SINGULARIZACIÓN DEL ESPACIO EN «Nos HAN DADO LA TIERRA» Y «LUVINA» Rul o no cuen a, no explica nada, escoge un paisaje, da ida a unos pe sonajes y deja al lec o a en o y igilan e al mu mullo de sus monólogos y al laconismo de sus oces. Es a es una ma ca ija que la c í ica iden i ica con el es ilo de Rul o, pe o no la única. Si el so- nido es una de las idelidades del esc i o , odo cuando sucede en El llano en llamas o nace de él o del «ojo que e ». Con azón a i maba E. Ca ballo que a Rul o lo es imula p e e en emen e la is a y pe - enece al «Tipo isual» de inido po Mo and como aquél a quien le cues a menos abajo e que pensa 4 . Ya e emos la iden idad sus- ancial de es os es ímulos senso iales en dos ex os que ex ienden sus ondas po la a mós e a de El llano...: «Nos han dado la ie a» y «Lu ina». a) En el p ime o, un g upo de homb es eco e el llano desé - ico pa a llega al luga donde el gobie no les ha dado unas pa celas de ie as pa a cul i a las. Esos homb es caminan bajo el calo inso- po able a sabiendas de que en ese desie o inexo able no puede ge - mina semilla alguna. A pesa de odo pe sis en en llega a esa ie a desla ada y du a que el gobie no les ha dado po que es lo único a que pueden aga a se pa a i i . El comienzo dice: «Después de an as ho as de camina sin en- con a una somb a de á bol, ni una semilla de á bol, ni una aíz de nada se oye al lad a de los pe os ». De es e modo se p oyec a an e el lec o la expe iencia baldía y desolada del llano; un «camino sin 4. Emmanuel Ca ballo, «A eola y Rul o», Recopilación de ex os sob e Juan Rul- o, La Habana, Casa de las Amé icas, 1969, pág. 136. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA 374  CARMEN DE MORA o illas », «una llanu a ajada de g ie as y a oyos secos », en e iden e con as e con los indicios de ida: los homb es que caminan, el la- d a de los pe os a lo lejos, el olo de humo en el ai e, ce eza de un pueblo ce cano. En es e ela o se mani ies a uno de los eso es de la na a i a de Rul o: la ida nómada, el cons an e pe eg ina cuya cla e me a ó ica y eal es la o andad: «Es algo di ícil c ece sabien- do que la cosa de donde podemos aga a nos pa a en aiza es á mue a», explica Ju encio Na a, el p o agonis a de «Diles que no me ma en ». La o andad no se e ie e sólo a la ausencia del pad e sino que —como ha econocido Ru inelli— es ambién la del Es ado, la del sis ema que los p o ege al mismo iempo que los expolia» 1 . Tan o en «Nos han dado la ie a» como en «Lu ina» la palab a es subsidia ia de la is a, los e bos « e » y «mi a » y equi alen es o el sus an i o «ojos» suspenden la a ención del lec o hacía los de- alles más conc e os y, a eces, insigni ican es del paisaje. En «Nos han dado la ie a »: -- «alguien se asoma al cielo, es i a los ojos» — «mi amos una nube neg a» — «aho a si se mi a al cielo se e la nube aguace a» — «nos habíamos de enido pa a e llo e » — «no i llo e nunca sob e el llano» — « uel o hacia odos lados y mi o el llano.., se le esbalan a uno los ojos al no encon a cosa que los de enga» — «uno los e allá (a los zopilo es »). La is a le ayuda al na ado incluso pa a comen a que uno de los pe sonajes lle a una gallina escondida: «Aho a que habla me ijo en él. Lle a pues o un gabán que le llega al ombligo, y debajo del gabán saca la cabeza algo así como una gallina. Sí, es una gallina colo ada la que lle a Es eban debajo del gabán. Se le en los ojos do midos y el pico abie o como si bos eza a ». 5. Jo ge Ru inelli, «Juan Rul o», Pa a cuando yo me ausen e, ob. ci . pág. 48. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA ACTAS VIII JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRICA 375 b) «Lu ina». La na ación es la imagen de Lu ina que le hace un p o eso , que i ió allá unos años, a o o homb e que se dispone a i a i i a ese mismo pueblo, mien as compa en unas ce ezas. Aquél a a de disuadi a su in e locu o de dicho p oyec o y le p e- iene de que es el luga donde anida la is eza y donde odo se ma - chi a: «Aquello es el pu ga o io. Un luga mo ibundo donde se han mue o has a los pe os y ya no hay quien le lad e al silencio; pues en cuan o uno se acos umb e al enda al que allí sopla, no se oye sino el silencio que hay en odas las soledades» 6 . Como ocu ía en «Nos han dado la ie a », ambién en «Lu i- na» es la pe cepción isual la que o ien a y ocaliza la na ación, ca- pacidad que sin duda explica ambién la a ición de Rul o a la o o- g a ía. (Un cu ioso pa alelismo asemeja la o og a ía y el cuen o en Rul o po la a inidad de los mo i os que le inspi an en ambos: pue- blos de uidos y abandonados, ca as is es y abajadas po el dolo , des inos ma cados po la a alidad, es imonios del México «humilla- do y saqueado »). En «Lu ina» son a ias las exp esiones de isualización: — «Dicen los de Lu ina que de aquellas ba ancas suben los sueños pe o lo único que yo i subi ue el ien o ». — «Y mi a á us ed ese ien o que sopla sob e Lu ina. Es pa do. Dicen que po que a as a a ena de olcán; pe o lo cie o es que es un ai e neg o. Ya lo e á us ed ». Es a úl ima ase se epi e como una le anía al inal del pe íodo y con ie e una au én ica cualidad o al al ela o: «Po cualquie lado que se le mi e, Lu ina es un luga muy is e. Us ed que a pa a allá se da á cuen a ». — «¿ Vis e a alguien? ¿Vi e alguien aquí? —le p egun é. — «Sí, allá en en e... Unas muje es... Las sigo iendo. Mi a, allí as las endijas de esa pue a eo b illa los ojos que 6. Juan Rul o, El llano en llamas, edición de Ca los Blanco Aguinaga, Mad id, ed. Cá ed a, 1985, pág. 128. Todas las ci as co esponden a es a edición. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA 376 CARMEN DE MORA nos mi an... Han es ado asomándose pa a acá... Mí alas. Veo las bolas b illan es de sus ojos... Pe o no ienen qué da nos de come ...» — «...En onces caminé de pun illas hacia allá, sin iendo delan e de mí aquel mu mullo so do. Me de u e en la pue a y las i. Vi a odas las muje es de Lu ina con su cán a o al homb o, con el ebozo colgado de su cabeza y sus igu as ne- g as sob e el neg o ondo de la noche ». — «San Juan de Lu ina... un luga mo ibundo donde se han mue o has a los pe os y ya no hay quien le lad e al si- lencio, pues en cuan o uno se acos umb a al enda al que allí sopla, no se oye sino el silencio que hay en odas las soledades. Y eso acaba con uno. Mí eme a mí». — «...Se quedó mi ando un pun o ijo sob e la mesa donde los comejenes ya sin alas ondaban como gusani os desnu- dos...» — El homb e que mi aba a los comejenes se ecos ó sob e la ie a y se quedó do mido...». Tan o en «Nos han dado la ie a» como en «Lu ina» la na a -ción se es uc u a sob e el con as e PAISAJE MUERTO VS. VIDA (Thana os y E os) en que el segundo é mino queda indisolublemen- e ligado al p ime o. El esul ado es una ida en lo mue o, en la mue e, en un paisaje ye mo. Es o sucede en los cuen os de El llano en llamas; en su con inuación, en Ped o Pá amo, se á un mundo de mue os en un paisaje ambién mue o'. En o os ela os de El llano en llamas donde la desc ipción del paisaje no abso be con an a in ensidad el espacio na a i o Rul o de- sa olla el segundo é mino de la dico omía: los homb es del llano. ¿Qué clase de homb es puede i i en es os pá amos? ¿Qué elacio- nes humanas y sociales se án posibles? ¿Qué clase de gobie no se pe mi e bu la así a unos campesinos desp o egidos an e la ley y e- pa i les ie as incul i ables? Cualquie espues a a es as p egun as exige una lec u a his ó i- ca; a ella los c ímenes, la enganza, el enco , la iolencia, la p os- i ución de las muje es, la huida de los jó enes, la ausencia de piedad 7. No en balde la c í ica (Ru inelli, Blanco Aguinaga y o os) ha conside ado a «Lu ina» un cla o p eceden e de Ped o Pá amo. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA ACTAS VIII JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRICA  377 en que el pad e no econoce al hijo ni el amigo al amigo, y donde la bea e ía comulga sin asomb o con la luju ia; a ella, en suma, los emas del esc i o mexicano. Vienen al caso las obse aciones hechas po Baj in a p opósi o de la isión del iempo his ó ico en Goe he, uno de cuyos p incipios undamen ales ue la compene ación del paisaje con la his o ia y con el iempo. Según Baj in, Goe he, an e odo, «busca y encuen a un mo imien o isible del iempo his ó ico insepa able del ambien e na- u al y de odo el conjun o de obje os c eados po el homb e y e- lacionados con el ambien e na u al» 8 • Po el con a io, «una egión, un paisaje que no engan luga pa a el homb e y su ac i idad c ea- do a, que no puedan se poblados y edi icados, ampoco pueden se a ena de la his o ia humana a Goe he le esul an se ajenos y an i- pá icos» 9 . P ecisamen e es e úl imo es el paisaje de Rul o: una egión y unas ie as que, al se desé icas, le impiden al homb e pobla las, a aiga y hace his o ia. Sin habe sido a ojados de ningún pa aíso han sido cas igados a i i al ma gen de la his o ia, a un incesan e pe eg ina sin ie a p ome ida; al esca a a es os campesinos y con- e i los en pe sonajes de El llano en llamas, les p es a su oz y los edime a a és de la esc i u a an es de que sean agados po la ie- a, ale deci , po una injus icia his ó ica, como le ocu e a la go a de agua caída po e o en «Nos han dado la ie a»: «...y a la go a caída po equi ocación se la come la ie a y la desapa ece en su sed ». (Llano, 40). «La imaginación c eado a de Goe he —esc ibe Baj in— solía, an e odo, edi ica y pobla cualquie localidad. Bajo el ángulo de la edi icación y la población, po deci lo así, Goe he con- side aba cualquie egión. Una localidad alejada del homb e, de sus necesidades y de su abajo, pe día pa a él odo su sen- ido isible y oda la impo ancia, po que odos los c i e ios de e aluación, odas las medidas y odas las escalas i as y huma- nas sólo pueden se comp endidas desde el pun o de is a del homb e cons uc o , desde el pun o de is a de la con e sión de es a localidad en una zona de la ida his ó ica» 10 . 8. M. M. Baj in, «Tiempo y espacio en las no elas de Goe he», Es é ica de la c eación e bal, T aducción de Ta iana Bubno a, México, Siglo XXI, 1982, pág. 224. 9. Ibídem, pág. 226. 10. Ibídem, pág. 227. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA 378 CARMEN DE MORA Pues o que los pe sonajes de Rul o pe enecen a un sec o e- co ado del ma co his ó ico, el de los ugi i os de odo ipo conde- nados a expia culpas que se pie den en la memo ia sin una concien- cia cla a de habe las come ido 11 , pa a que la esc i u a los edima y los es i uya, siquie a a esa o a his o ia que es la icción, el au o se si e de la is a y el sonido, de los sen idos, que es la pe cepción más conc e a y di ec a posible de lo eal. Goe he, a a és del ojo eía en el paisaje al homb e cons uc o ; Rul o e el paisaje que des uye al homb e o el homb e que des uye al paisaje o lo abandona: «De allí nos encaminamos hacia San Ped o. Le p endimos ue- go y luego la emp endimos umbo al Pe acal. E a la época en que el maíz es aba po pizca se y las milpas se eían secas y dobladas po los en a ones, que soplan po es e iempo so- b e el Llano. Así que se eía muy boni o e camina el uego en los po e os; e hecho una pu a b asa casi odo el Llano en la quemazón aquella, con el humo ondulado po a iba; aquel humo olo oso a ca izo y a miel, po que la lumb e había llegado ambién a los caña e ales» 12. Si en Goe he hallamos la conciencia de la his o ia, en Rul o se nos mues a un paisaje abandonado de la his o ia, en an o ese pai- saje no iene luga pa a el homb e y su ac i idad c eado a. Recué - dese que ambién Héc o Mu ena eía en la Pampa a gen ina la ne- gación del paisaje, la nada, y esa soledad e a un co ela o de la «so- ledad his ó ica », de la «p o unda pob eza his ó ica» 13 . 11. Un ejemplo cla ísimo es el siguien e monólogo del pe sonaje de «En la ma- d ugada»: «Y que dizque yo lo había ma ado, dije on los díce es. Bien pudo se ; pe o yo no me acue do. ¿No c ee us ed que ma a a un p ójimo deja as os? Los debe de deja , y más a ándose de un supe io de uno. Pe o desde el momen o que me ienen aquí en la cá cel po algo ha de se , ¿No c ee us ed? Aunque, mi e, yo bien que me acue do de has a el momen o que le pegué al bece o y de cuando el pa ón se me ino encima, has a allí a muy bien la memo ia; después odo es á bo oso. Sien o que me quedé do mido de a i o y que cuando despe é es aba en mi ca e, con la ieja allí a mi lado consolándome de mis dolencias como si yo ue a un chiquillo no es e iejo despo illado que soy yo. Has a le dije: ¡Ya cálla e! Me acue do muy bien que se lo dije, ¿cómo no iba a aco da me de que había ma ado a un homb e? Y, sin em- ba go, dicen que ma é a don jus o. ¿Con qué dicen que lo ma é? ¿Que dizque con una pied a, e dad? Vaya, menos mal, po que si dije an que había sido con un cuchi- llo es a ían za ados, po que yo no ca go cuchillo desde que e a muchacho y de eso hace ya una buena hile a de años ». (Llano, 73). 12. «El llano en llamas», en El llano en llamas, edic. ci ., pág. 101. 13. C . Héc o Mu ena, El pecado o iginal de Amé ica, Bueos Ai es, Su , 1958, pág. 71. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA ACTAS VIII JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRICA  379 No es á ausen e ni en «Nos han dado la ie a» ni en «Lu ina» el ma co polí ico de la Re olución. En aquél se desenmasca a la a sa y la injus icia del gobie no mexicano en la aplicación de la Re o ma Ag a ia: «Pe o no nos deja on deci nues as cosas. El delegado no e- nía a con e sa con noso os. Nos puso los papeles en la mano y nos dijo: — No se ayan a asus a po ene an o e eno pa a us- edes solos. — Es que el llano, seño delegado... — Son miles y miles de yun as. — Pe o no hay agua. Ni siquie a pa a hace un buche hay agua. — ¿Y el empo al? Nadie les dijo que se les iba a do a con ie as de iego. En cuan o allí llue a, se le an a á el maíz como si lo es i a an. — Pe o, seño delegado, la ie a es á desla ada, du a. No c eemos que el a ado se en ie e en esa como can e a que es la ie a del llano. Hab ía que hace aguje os con el azadón pa a semb a la semilla y ni aun así es posi i o que nazca nada; ni maíz ni nada nace á. — Eso mani iés enlo po esc i o, y aho a áyanse. Es el la- i undio al que ienen que a aca , no al gobie no que les da la ie a ». En «Lu ina» el gobie no es aquello an e lo único que es capaz de eacciona con ama go humo la gen e del pueblo después de ha- be ago ado odas las espe anzas de ecibi algún ipo de ayuda: — «Un día a é de con ence los de que se ue an a o o luga , donde la ie a ue a buena. «^ Vámonos de aquí! —les dije —. No al a á modo de acomoda nos en alguna pa e. El gobie no nos ayuda á ». «Ellos me oye on, sin pa padea , mi ándome desde el ondo de sus ojos de los que sólo se asomaba una luceci a allá muy aden o ». — «¿Dices que el gobie no nos ayuda á, p o eso ? ¿Tú no conoces al gobie no? UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA