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La condesita Laurel

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La condesita Laurel

Author: Cobos de Villalobos, Amantina
Year: 1924
Source: https://idus.us.es/bitstreams/a507cad8-f6f4-4be4-a5e2-cb4fe30f2023/download
a£0"
LA
NOVELA
DEL
DIA
095
NÓM.
;
304.55
SEVILLA,
8
DE
NOVIEMBRE
DE
1924
c s.
DIRECTOR:
JOSÉ
ANDRÉS
VÁZQUEZ
AMANTINA
COBOS
DE
VILLALOBOS
LA
CONDESITA
LAUREL
PORTADA
DE
NAZARIÍ
¿Le
7
A
TES
y
e
OR
ce
,
ee
É
il
E
3
+
NOVELA
DPL
YEVILLA
,
J
OFICINAS
Y
TALLERES:
Casa
VELÁZQUEZ
-
Sección
De
Eniciones
-
VELÁZQUEZ,
6
SEVILLA
e o
MIDI
eee
EN
EL
NUMERO
PROXIMO
A
SU
IMAGEN
Y
SEMEJANZA
Po
ALEJANDRO
COLLANTES
?
DE
TERAN
+
P óLoeo
De
Peo o
DE
RÉPIDE
Disujos
DE
PABLO
SEBASTIÁN
LILIA
Aman ina
Cobos
de
UÚi a abas,
a
cas ell ana-andaluza.
Aman ina
Cobos
de
Villabos,
la
au eolada
en
bé icas
la-
mige aciones,
la
diá ana
esc i o a
cas ellana,
cuya
li e a-
u a
es
monás ica
id
de
Cas illa,
milag osamen e
inje ada
en
osal
de
Andalucia,
cul i a
las
osas
de
su
a e
bajo
el
hispalo
cielo—lí ica
u quesa
y
musical
opacio
de
poesía.
...
Y
en
la
gubía
de
Juan
de
Juni
lo ece
el
pincel
luminoso
de
Mu illo,
y
albea
la
g acia
ni ida
de
las
azucenas
de
Anun-
ciación...
Y
el
ien o
que
ulula
en
el
A lanza
epopeyas
del
Cid,
suspi a
en
el
Be is
mad igales
de
Ce ina
y
sil as
de
Rioja.
E
Y
la
Musa
de
Cas illa
habi a
en
la
Bé ica,
he mana
del
A ica.
Y
del
beso
espi i ual
de
la
luz
cas ellana—se ena
luz
de
mis ico-he oica
leyenda—y
del
sol
andaluz—esplendo
de
iun o
agi-epi alámico—nacen
«Muje es
céleb es
se illa-
nas»,
«Se illa
en
el
sigjo
XVI»,
«Romances
caballe escos»,
«Bellezas
de
Andalucia»,
«Po
aquella
senda...»,
oces
del
Romance o
en
ja dines
del
Be is,
ecos
de
baladas
en e
las
lí icas
lo es
de
Rioja,
i mos
de
Be ceo
en
donai es
de
A guijo...
Y
una
a de
Aman ina
oje
can a a
las
niñas
en
el
co o
esas
coplas
ingenuas,
henchidas
de
iejas
año anzas,
que
se
imp egnan
en
melancólicas
nos algias,
cual
in an iles
ecos
de
canciones
de
ges as...
Y
el
alma
de
la
poe isa,
enamo ada
del
pe ume
legenda io-mís ico
de
la
Edad
Media—claus a-
S
les
campanas
y
épicos
aña iles—concibe
«La
Condesi a
Lau-
el»,
au o al
no ela,
que
iene
oda
la
melancólica
nos al-
gia
de
la
ida
an e io ,
y
odo
el
inquie an e
p esen imien o
de
la
ine able
isión
de
las
mue as
ciudades.
¡Oh,
la
encan-
ado a
Leona da
En íquez,
jugosa
isión
de
adolescencia,
digna
del
pincel
de
Alejo
Fe nández!
¡Oh,
la
ilogía
del
no ela io
g upo,
ma i izado
y
o o
po
el
ien o
de
la
a-
alidad!
Y
las
eman es
llamas
lí icas
de
es a
no ela,
de
es a
ho-
gue a
de
ida,
se
an
ex inguiendo
en
la
noche
del
in o u-
nio,
dejando
la
descolo ida
pú pu a—impe ial
mo aja
—del
escoldo
de
la
agedia,
cuyas
encidas
ascuas
se
an
es-
queb ajando
has a
con e i se
en
ceniza
de
mue e,
imp eg-
nando
el
alma
de
melancólico
sen imen alismo,
dejando
en
el
co azón
una
es ela
de
o oñal
is eza...
Luego,
la
poe isa,
pe eg ina
del
A e,
aga
po
el
iejo
Po ugal
y
deambula
po
la
an igua
I alia:
Coimb a,
Ta i-
a,
Po imao...
do midas
en
p e é i as
saudades.
Roma,
Flo-
encia,
Ra ena,
Venecia...
la
his o ia
la ino-bizan ina— ena-
cien e—hecha
ma mó ea
eu i mia
y
ceñido es
de
líquida
.esme alda.
«»
Y
«La
Condesi a
Lau el»
—me amo oseada
en
lau el
de
poesia,
como
Da ne
an e
Apalo,
a
o illas
del
Al eo— ib a
como
un
a pa
en
el
cielo
de
la
Belleza,
lo a
suspendida
en
el
espacio
de
la
poé ica
icción,
como
u na
de
la
quime a
en e
los
milag osos
imanes
ilusionados
de
la
melancólica
nos algia
de
la
ida
an e io
y
del
augu io
de
la
isión
so-
ñiada...
hecho
ealidad...
Femnando
de
los
Rios.
A
MODO
DE
EXPLICACION
Es e
cuen o
o
no ela
co a,
o
como
quie a
lla-
má sele,
hace
más
de
cinco
años
que
se
esc ibió.
Una
g an
desg acia
de
amilia
ú ome
du an e
mu-
cho
iempo
alejada
de
oda
labo
li e a ia,
y
cuando
después
de
la gos
meses
de
ol ido
iba
a
e
la
luz
pública
mi
«Condesi a
Lau el»,
apa eció
o a
no e-
li a
con
un
í ulo
muy
semejan e,
cuyo
au o
e a
un
jo en
esc i o
de
la
localidad.
No
hubo
plagio,
sino
coincidencia,
de
las
que
an as
eces
nos
o ece
la
“ida
en
su
con inuo
ba aja
de
acon ecimien os
y
nomb es.
Vol í
a
gua da
mi
ob i a,
sin
ag a io
ni
enco
con a
nadie,
pues
nadie
enía
culpa
de
la
coinci-
dencia,
has a
que,
decidida
a
publica la
con
es a
sencilla
acla ación,
que
deja
en
su
luga —o
en
buen
luga —las
cosas,
hoy
apa ece
al
y
como
se
esc ibió
hace
a ios
años.
Aman ina
Cobos
de
UVil a abos.

LA
CONDESITA
LAUREL
Yo
soy
la
iudi a
del
conde
Lau el,
quisie a
casa me
y
no
engo
con
quién.
Ta de
de
e ano
en
una
ciudad
cas ellana,
de
esas
que
ienen
an iguo
abolengo
y
escasa
población;
monó ona
y
abu ida
los
diez
me-
ses
del
año,
pe o
que
en
julio
y
agos o,
e i-
e,
se
emoza
y
ado na
de
lo es
en
los
ja di-
nes
y
de
bellas
muchachas
en
calles
y
paseos.
En
el
ja dín
de
la
g an
plaza,
y
en
o no
a
una
uen e
de
má mol,
jugaban
muchas
niñas,
es idas
con
p imo .
E an
he mosasy
aleg es,
como
odo
lo
que
empieza;
los
ajes
apo o-
sos,
de
onos
cla os,
con as aban
con
la
en-
cendida
g ana
de
sus
mejillas,
y,
sob e
sus
blancos
cuellos
desnudos,
lo aban
bucles
ne-
g os
o
do ados.
El
espec áculo
de
aquellas
chiquillas,
co iendo
y
sal ando
en e
los
ma-
cizos
de
lo es,
llenando
el
ai e
de
isas
c is a-
linas,
de
sonidos
imp ecisos,
de
e lu ios
de
:
7
ida
nue a,
a aía,
encadenaba,
embelesaba
'
an
pode osamen e,
que
dije
a
mis
acompañan-
es:
—Si
les
pa ecea
us edes
pasea emos
po
aquí.
Félix,
mi
amigo,
que
me
con aba
es a
his o-
ia,
se
in e umpió
un
momen o,
bajó
la
cabe-
*
za
y
í
que
sus
labios
se
ap e aban
con ulsos;
—
el
dolo
del
ecue do
ponía
en
su
os o
una
ágica
con acción,
que
en
ano
el
a e
hu-:
bie a
a ado
de
imi a .
Después,
con inuó
así:
Un
co o
de
mayo ci as,
o mando
un
cí cu-
lo
de
incipien es
bellezas,
enía
ap isionada
a
-
una
compañe a,
a
la
que
hacían
no
sé
qué
p e-
gun as,
que
ella
con es aba
con
oz
dulce,
leda
y
un
poco
melancólica:
|
Yo
soy
la
iudi a
del
conde
Lau el,
quisie a
casa me
y
no
engo
con
quién
Desc ibi
aquella
c ia u a
al
como
a
mí
me
—
a
pod ía
c ee se
hipé bole
o
locu a»
as
nin as
de
odas
las
mi ologías,
las
c ea-
ciones
espi i uales
de
odas
las
eligiones,
las
ealidades
más
pe ec as,
no
sob epujaban
su
:
he mosu a.
Pod ía
ene
doce
años,
e a
al a
y
de
o mas
espléndidas;
el
cabello
neg o
y
la go,
y
en
su
os o,
de
anspa en e
blancu-
-
a,
colo eado
de
osa,
enían
su
ono
dos
ojos
azules,
g andes
y
a e ciopelados;
el
aje,
de
-
gasa,
dejaba
al
descubie o
los
b azos,
el
cue-
llo,
los
homb os,
que
lle aban
de
en aja
a
|
8
]
los
de
las
es a uas
helénicas
en
que
e an
de
una
ca ne
inmaculada
y
ibia.
.
|
—¿Quién
es
esa
encan ado a
c ia u a?—p e-
gun é
a
Luis,
el
más
jo en
de
mis
amigos.
—La
chiquilla
más
boni a
de
oda
la
p o in-
cia—me
con es ó
—.
Ve ás
qué
simpá ica
es...
oy
a
llama la:
..
¡Eh,
Condesa
Lau el!--g i ó,
haciendo
señas
a
la
niña,
al
mismo
iempo
que
és a
can aba
su
es ibillo.
Vino
hacia
noso os
la
muchacha,
isueña
y
sal a ina,
y
nos
saludó
con
esa
g aciosa
sol u-
a
que
sólo
se
adquie e
en
los
hoga es
dis in-
guidos.
Yo
es aba
an
u bado
como
ella
o
más.
—¿Cómo
e
llamas?
—le
.
dije
po
deci
algo.
—Leona da
En íquez--con es ó
dulcemen e.
—¡E es
muy
boni a!
¡ 4—Pues,
mi a—exclamó
Luis,
siemp e
b o-
mis a—apesa
de
su
ca i a
de
san a,
ya
iene
no io.
Una
i a
llama ada
paceció
encende
el
os o
de
la
niña;
sus
ojos
se
o na on
de
un
azul
empes uoso,
pe o
casi
al
ins an e
eco-
b ó
la
bella
na u al
placidez,
y
haciendo
una
encan ado a
mueca,
dijo
con
acen o
a opella-
do
y
ne ioso:
—¡Men i al
¡Men i a!
¡Men i a!
)
Y
echó
a
co e ,
enseñando
en e
el
e ue-
lo
de
la
alda,
unas
pie nas
admi ablemen e
con o neadas,
cubie as
apenas
'po
inísimas
medias...
+
+
+
A
i,
único
amigo
en e
an os
conocidos,
a
i
que
has
sido
el
deposi a io
iel
de
odas
mis
3
yA
E an
an
g andes,
que
hoy,
cuando
de
ella
no
queda
más
que
la
esencia
del
ecue do,
me
-
p egun o
si
ealmen e
las
poseía
o
las
c eaba
mi
imaginación
pa a
idealiza la
más.
Aquellos
paseos
soli a ios
me
die on
ocasión
de
cono-
ce la
y
ado a la
aún
cón
mayo
ehemencia.
Su
co azón
e a
un
joye o
de
sen imien os
nobles,
exquisi os,
ie nos;
su
in eligencia
lu-
minosa
enía
in uiciones
ex ao dina ias,
y
su
empe amen o
a ís ico
echazaba
sin
de ene -
se
en
ello
odo
lo
g ose o
y
ulga ;
su
alma,
en
in,
e a
una
di ina
a pa
eólica
que
ib aba
ex emecida
dulcemen e
po
las
au as
del
ideal.
Si
la
sola
con emplación
de
sus
pe ecciones
ísicas,
los
pocos
días
que
pe mací
en
N.
le-
an a on
en
odo
mi
sé
es a
pasión
de o a-
do a
que
pa ece
no
ha
de
ex ingui se
jamás,
puedes
imagina e
que
es a
ado ación
po
mi
Condesa
Lau el
aumen a ía
de
mane a
o mi-
dable
con
aquel
a o
casi
con inuo
que
ponía
de
mani ies o
los
eso os
ma a illosos
de
aquella
excepcional
psicología;
y
ella,
sin
pen-
sa lo,
con
su
g acia
ingenua,
su
cándida
i-
eza,
su
disc eción
sencilla
y
na u al,
echaba
el
combus ible
a
la
hogue a
que
había
de
con-
sumi
su
ida
inocen e.
5
No
hay
mayo
imán
pa a
el
amo
que
el
amo
mismo;
si
pudié amos
ama
a
nues o
mayo
enemigo,
acaba ía
po
co esponde -
nos
con
igual
sen imien o.
Pues
bien;
Leona da,
gue
al
p incipio
no
sin-
ió
hacia
mí
más
que
simpa ía
y
g a i ud,
acabó
po
co esponde
a
mi
ca iño,
sino
a
la
mane a
que
yo
deseaba,
pues
echazábalo
su
16
/

na i a
hon adez,
no
po
se
más
espi i ual
su
.
amo ,
o
al
ez
po
eso
mismo,
e a
más
i me,
más
leal,
más
noble.
Habían
pasado
dos
años
y
Leona da
e a
en onces
un
p odigio
de
belleza;
su
p esencia
le an aba
mu mullos
de
admi ación
has a
en
las
euniones
más
aus e as;
las
monji as,
cuyos
locu o ios
isi ábamos,
la
compa aban
a
San a
Inés
o
San a
Cecilia,
las
san as
he -
mosas
po
excelencia;
los
amigos
nues os
que
enían
hijos
sol e os,
se
dispu aban
el
place
de
llama la
hija,
y
su
paso
po
la
calle
e a
una
ma cha
iun al,
al omb ada
de
equie-
b os,
suspi os
y
mi adas.
|
De
odos
los
p e endien es
que
asediaban
a
la
muchacha
e a
el
más
asiduo
un
jo en
g a-
nadino
que
había
ido
a
Mad id
a
e mina
la
ca e a
de
leyes,
que
seguía
po
gus o,
pues
sus
pad es,
al
mo i ,
habíanle
dejado
una
cuan iosa
y
saneada
o una;
llamábase
Miguel
de
Pola,
enía
he mosa
p esencia
y
dis inguida
educación.
Su
u o
e a
un
ilus e
ma qués,
buen
amigo
nues o,
cuyo
ancio
abolengo
y
ac isoladas
c eencias
eligiosas,
habíanle
con-
quis ado
odas
las
simpa ías
de
Te esa.
La
abia
que
se
apode aba
de
mi
co azón
al
e
a
Leona da
codiciada
po
o os
homb es,
e a
sólo
compensada
con
la
aleg ía
de
sabe
'
Que
e an
odos
echazados;
incapaz
de
men i
.
Un
amo
que
únicamen e
po
mí
sen ía,
despe-
-
día
a
sus
p e endien es
bajo
dis in os
p e ex-
os,
con
no
poca
aleg ía
de
mi
muje ,
que
Juzgaba
es as
epulsas
como
indicios
segu ísi-
mos
de
una
ocación
eligiosa.
;
La
lucha
que
la
pob e
niña
sos enía
en
si-
17
lencio
con
su
conciencia,
los
encon ados
sel
imien os
que
o u aban
su
co azón,
el
emo '
dimien o
de
aiciona
a
su
p o ec o a,
que
$
bien
e a
con
ella
poco
a ec uosa,
p o eía
sUs
más
pequeñas
necesidades,
desga a on
de
al
mane a
aquel
ju enil
o ganismo,
que
cayo
g a emen e
en e ma.
Una
ieb e
al ísima
/
pos ó
en
el
lecho
y
el
espan oso
deli io
que
le
p oducía
ué
mi
mayo
o men o,
po que
en
aquella
ocasión
su í
odas
las
o u as
qu
sin
duda
expe imen a án
los
ép obos
en
mansión
de
su
cas igo.
A
-
A
odo
es o,
mi
muje
desplegaba
una
solick
ud
conmo edo a;
si
en
sus
ojos
no
había
lá”
g imas,
ni
en
su
pecho
suspi os,
en
camb
mos ábase
in a igable
cuidando
a
la
en e má%
con
esc upulosa
exac i ud
y
exquisi a
delicá
deza
le
daba
las
medicinas,
después
de
hacé
eni
a
su
cabece a
los
más
céleb es
médicos
de
Mad id.
Du an e
ho as
y
ho as
pe maneció
jun o
a
su
lecho
y
pa ecía
no
sen i
la
a ig!
de
an as
noches
de
insomnio
y
con
ecuenclí
ogaba
a
los
médicos
le
a isasen
cuanco
%
pelig o
uese
inminen e,
pa a
dispone
los
1%
medios
espi i uales.
«Es a
niña—decía
—
»
quien
conside o
como
una
hija
y
po
la
q%
es oy
obligada
a
ela ,
ya
que
ha
sido
p ese
ada
de
odo
pecado,
no
quie o
abandonal%
en
an
du o
ance
y
si
Dios
dispone
de
ell
que
aya
pu i icada
de
oda
esco ia
humana”
Con emplando
a
aquellas
dos
san as
c ia ll
as,
me
sen ía
el
mayo
c iminal
del
mun
0:
Había
o mado
mi
plan
y
sólo
espe aba
paí
pone
é mino
a
mi
ida
que
acabase
la
Leona da;
en onces,
me
ma a ía
a
los
pies
de
18
a
Qu
SS
mi
muje ,
después
de
habe
implo ado
un
pe -
dón
que
es aba
segu o
de
no
consegui .
Sin
emba go,
Dios,
pa a
que
yo
expia a
más
cumplidamen e
mi
culpa,
dispuso
que
Leona da
no
mu iese,
y,
después
de
una
c isis
espan osa,
se
ob ó
en
ella
an
a o able
eac-
ción,
que
p on o
se
inició
un
pe íodo
de
ápi-
da
con alecencia.
¡Oh,
co azón
humano,
pud ide o
de
lasci as
asiones!
Cuando
yo
í
a
mi
amada
lib e
de
as
ga as
de
la
mue e,
cuando
aé ea,
su il,
pudo
apoya se
en
mi
b azo,
que
se
es emecía
de
place
al
con ac o
de
su
ágil
cue peci o,
y
da po
la
habi ación
algunos
pasos,
como
de
in an ico
acilan e,
mi
alma
ebosó
de
jú-
bilo,
y,
ol idando
los
neg os
pensamien os
que
an es
me
ocupaban,
me
sen í
el
homb e
más
eliz
del
mundo;
y
es
que
el
amo ,
como
el
sol,
embellece
y
i i ica
odo
cuan o
ilumina.
Cuando
Leona da
empezó
a
con alece ,
Te esa
ol ió
a
eanuda
sus
piadosas
ocupa-
ciones;
un
día,
salió
con
su
iel
cama e a
Ad iana,
que
hacía
muchos
años
que
es aba
a
su
se icio,
y
me
encomendó
enca ecidamen e
el
cuidado
de
la
muchacha.
Pasé
a
su
gabine e
y
ecos ada
en
una
bu aca
es aba
mi
Condesa
Lau el,
e dade amen e
ascinado a.
Una
ba a
de
anela
blanca
la
en ol ía
has-
a
los
pies;
el
os o,
an es
pálido,
empezaba
a
colo ea se
sua ísimamen e,
y
en
la
en e,
-
pu a
y
e sa,
apa ecían
azuladas
enas;
los
Ojos
es aban
púdicamen e
en o nados
y
sus
enzas
neg as
caían
a
los
lados
de
la
ca a.
Pa ecía
una
i gen
bizan ina,
y
había
en
19
aquella
he mosu a
al
mis icismo,
an
se en
cas idad,
que,
desechando
mis
culpables
pel!
samien os,
caí
de
odillas
a
sus
plan as,
an !
que
pudie a
ape cibi se
de
mi
p esencia.
Dió
un
lige o
g i o,
le an ó
los
en o nado%
ojos,
y,
c uzando
las
blancas
mani as
sob e
Y
pecho,
ompió
a
llo a .
P ocu é
calma lá '
pe o
ella,
haciéndome
señas
de
que
me
sen é
se,
me
dijo
es as
palab as,
egadas
con
lágIll
mas
de
con ición:
4
—Es a
en e medad,
amigo
mío,
ha
sido
c
mo
esas
señales
que
en
al a
ma
ad ie el!
a
los
ma ine os,
cuyo
umbo
a
ex a iad0
el
pelig o
inminen e
donde
ha
de
es ella sé
su
emba cación;
luz
bené ica
y
piadosa
en
mé
dio
de
las
neg u as
de
la
o men a.
Así,
cual
do
la
ieb e
al ísima
me
de o aba,
cuando
€
deli io
pa ecía
a eba a
mi
azón
suspendiél
dola
en
un
abismo
insondabla
de
donde
1%
había
de
ol e ,
yo
eía
en
medio
de
es
espan oso
as o no
una
luz
muy
blanca...
mu)
blanca...
muy
pu a:..
muy
pu a,
y
de
ella
sali "
una
chispa,
que,
p endiendo
en
mi
en e,
mé
hacía
ue e...
pode osa...
in angible.
1
Viéndola
an
exci ada
me
a odillé
jun o
%-
ella
y
cub í
de
besos
deli an es
sus
manos.
Ya,
más
se ena,
con inuó:
'
—El
amo
que
sien o
hacia
i,
único
hombi%
a
quien
he
que ido,
y
aquel
con
que
ú
me
C0
espondes,
han
llegado
a
un
g ado
al,
qU'
amenazan
se iamen e
mi
hono ;
pe o
con
s ”
es e
an
g ande
mal,
aún
me
causa
may0%.
o u a
el
ul aje
in e ido
a
Te esa,
la
más.
san a
de
las
muje es.
La
blanca
luz
que
me
hé.
iluminado
du an e
mi
en e medad,
me
señaló.
20
j
un
si io
donde
no
hay
men i as,
engaños,
ni
pe ju ios,
donde
hay
paz
y
eposo,
donde
se é
in angible.
El
claus o.
Al
oi
an
ex aña
p oposición
in en é
ei -
me,
diciendo
que
su
ce eb o,
oda ía
débil,
le
suge ía
aquellas
omán icas
ideas;
pe o
quedé
anonadado
cuando
al
cabo
de
unos
días,
es-
ablecida
comple amen e,
anunció
a
Te esa
su
decisión
de
en a
en
un
con en o
de
igu osa
clausu a.
|
No
quie o
moles a e,
amigo
mío,
con
el
.
ela o
de
mis
insomnios
egados
de
lág imas,
de
mis
desespe aciones
plenas
de
hieles,
de
mis
blas emias,
de
mis
is ezas,
de
mis
locu-
as.
Pe de
a
Leona da,
cuando
acababa
de
ecob a la,
me
pa eció
sob ado
cas igo,
ma-
yo
que
el
que
mis
culpas
me ecían.
Mi
muje ,
en
an o,
ebosaba
de
júbilo,
dis-
poniendo
el
ajua
de
la
u u a
no icia;
conso-
laba
ca iñosamen e
a
Miguel
de
Pola,
que
desde
la
en e medad
de
Leona da
ecuen aba
aún
más
nues a
casa,
diciéndole
en
son
de
b oma
que
no
debía
ene
celos
del
no io
po
el
cual
le
dejaba
plan ado,
y
en
los
con en os
que
ecuen aba
pe manecía
la gas
ho as
de
cábalas
y
comen a ios
con
las
no ables
de
la
comunidad.
|
Mis
en e is as
con
Leona da
e an
cada
ez
más
ecuen es
y
apasionadas;
la
pob e
niña
sen ía
el
dolo
de
la
sepa ación
y
el
é mino
de
aquel
amo
pu o
y
culpable
a
la
ez,
le
causaba
inmensa
is u a.
Un
día
en
que
había
salido
a
despedi se
de
una
amigui a
suya,
co í
a
mi
despacho,
y,
ocul ando
la
ca a
con
las
manos,
dejé
co e
21

a
a és
de
los
dedos
hilos
de
lág imas,
que
al
cae
sob e
la
apa
de
c is al
de
la
mesa,
p o“
ducían
un
is e
son,
como
de
llu ia
in e nal.
Así
pe manecí
buen
a o,
has a
que
una
mano.
se
posó
en
mi.homb o:
le an é
la
cabeza
y
en
pie,
a
mi
lado,
es aba
mi
muje ..
3
No
sé
si
e
he
dicho
que
Te esa
e a
he mo-:
*
$2,
pe o
la
al a
de
al as
p endas
in elec uales
*
y
la
ca encialde
pasiones,
daban
a
su
os o
un
in e
de
insulsez:
algo
imp eciso,
como
de
cuad o
desdibujado,
que
no
in e esaba
ni
con:
|
mo ía;
pe o
en
aquel
ins an e
me
pa eció
an
bella,
que
la
mi é
con
una
a ención
a
la
que
bien
puedo
asegu a
no
es aba
acos umb ada.
|
Sus
g andes
ojos
neg os, esplandecían
con
un
b illo
insóli o;
el
ino
cu is
mo eno,
es aba
ena cecido;
las
en anas
de
la
na iz,
dila adas,
y
sus
labios,
ojos
y
húmedos;
pa ecía
agi a -
le
un
emblo
lige ísimo,
pe o
es aba
e guida:
y
a ogan e
como
una
Juno.
4
—¿Puedes
escucha me
un
momen o-—me
p egun ó.
Y
Con es é
a i ma i amen e
y
en onces
ce ó
la
pue a,
co ió
el
po ie
de
e ciopelo
y,
sen ándose
en
un
sillón,
en e
a
mí,
me
habló
en
es os
o
pa ecidos
é minos:
—Los
se e os
p incipios
de
mo alidad
en.
que
mis
pad es
me
educa on;
los
al os
y
cons-
an es
ejemplos
de
i ud
de
que
“siemp e
es-
u e
odeada
y
mi
alejamien o
de
en edos
y
:
li iandades,
hanme
hecho
lo
que
llaman
una
-
muje
on a;
he
padecido
el
e o
del
imbécil
—
que
piensa,
po que
él
no
oba,
que
no
hay
la-
d ones;
o
po que
no
es
capaz
de
hace
daño
a
una
ho miga,
que
no
hay
desalmados
asesinos.
22
Es e
p eámbulo,
que
no
pienso
hace
más
la go,
es
pa a
deci e
que
he
descubie o,
po
in,
la
aición
uya
y
el
c imen
de
ella,
es
de-
ci ,
que
las
dos
pe sonas
en
las
que
enía
de-
posi ados
mi
e,
mi
amo ,
odos
los
a ec os
de
mi
alma
y
las
ilusiones
de
mi
ida
han
esca -
necido
mi
hoga
y
ama gado
mi
exis encia
con
el
mayo
ul aje
que
se
puede
hace
a
la
dignidad
humana.
Aunque
p e eía
algo
ex ao dina io
en
la
ac i ud
de
mi
esposa,
nunca
pensé
que
hubie a
descubie o
nues os
amo es,
y
uí
an
illano
que
no
u e
una
palab a
de
desag a io
pa a
aquella
o endida
muje .
Mi ela
con
es úpida
indi e encia
y
sin iendo
Te esa
con
al
p oce-
de
aumen a
su
indignación,
p osiguió
así:
—Dios
ha
que ido
que
se
descub iese
a
iempo
ues a
pe idia
pa a
se
debidamen e
cas igada
y
acaba
de
una
ez
an
in ame
co-
media.
Leona da
no
en a á
en
el
con en o,
donde
no
la
lle a
una
e dade a
ocación;
podía
hace
que
la
ence asen
en
una
casa
de
A epen idas,
donde
llo ase
su
maldad
oda
la
ida,
pe o
soy
más
gene osa...
o
más
c uel.
Se
casa á
con
Miguel
de
Pola,
que
la
lle a á
lejos
de
aquí;
su i ás
la
o u a
de
e la
en
pode
de
o o
homb e,
comp endiendo
en on-
ces
lo
que
yo
he
su ido,
siendo
inocen e;
la
pe de ás,
como
yo
e
he
pe dido
a i...
Y
en
cuan o
a
ella,
Dios
se
enca ga á
de
cas iga la,
que
no
es
icción,
como
c een
los
mal ados,
la
Jus icia
Di ina.
No
sé
si
ué
o gullo
o
coba día,
o
ambas
cosas,
pe o
yo
pe manecí
mudo
an e
aquella
explosión.
Los
ojos
de
Te esa
ulminaban,
y
23
diciéndome:
«¡Te
desp ecio!»
salió
de
la
habi-
ación.
Sen í
ce a
len amen e
la
pue a;
sin
duda
espe a ía
que
yo
co iese
a
implo a
su:
pe dón,
pe o
e a al
mi
ebeldía,
que
pe mane-
cí
inmó il.
Me
exaspe aba
su
conduc a
sin:
aco da me
de
mi
deli o.
4
¿Lo
c ee ás,
amigo
mío?
A
las
pocas
sema-
nas
de
cuan o
he
ela ado,
Leona da
se
casó
|
con
el
jo en
g anadino,
sin
que
pudie a
ene
:
con
ella
una
en e is a
inal;
sólo
sus
dulces
ojos,
cuajados
de
lág imas,
me
ad e ían
la
—
in ensidad
de
su
dolo .
y
Después
de
la
ce emonia,
e i icada
sin
so-
lemnidad
ninguna,
Te esa
u o
una
con e en-
cia
sec e a
con
el
ecién
casado,
pin ándome
como
un
libe ino
pe seguido
de
la
muchacha
y
enca gándole
co a a
oda
comunicación
conmigo.
Conocía
yo
demasiado
la
al i ez
y
ene gía
de
Miguel
pa a
no
conside a
pe dida
pa a
siemp e
a
Leona da,
cuando,
después
de
-
la
ce emonia
nupcial,
salió
de
nues a
casa.
Pa ían
con
di ección
a
G anada,
donde
ha-
'
bían
de
esidi .
Unos
celos
abiosos
a ena-
zaban
odo
mi
sé ,
como
e dugos
despiada-
dos
y
bu lones.
¡Bien
se
había
engado
Te esa,
que
son ió
con
iun ado
desdén:
cuando
Leona da,
del
b azo
de
su
ma ido,
a a esó
po
úl ima
ez
los
umb ales
de
nues-
'
a
casa!
z
+
+iEHe
Pasa on
dos
meses
insopo ablemen e
mo-
nó onos.
La
dis ancia
que
me
sepa aba
de
:
Te esa
e a
cada
ez
mayo ,
y
la
ida
me
pa-
24
ecía
an
descolo ida
y
is e,
que
has a
lle-
gaba
a
desea
que
su giese
algún
ágico
acon ecimien o
pa a
sali
del
ma asmo
des-
consolado
en
que
había
caído.
Un
día,
bien
de
mañana,
en ó
Te esa
en
mi
habi ación;
su
os o
es aba
g a e,
pe o
me
pa eció
obse a
en
ella
un
disimulado
gozo.
Lle aba
en
las
manos
un
pe iódico
y
una
ca a,
y
con
acen o
incisi o,
que
a aba
de
hace
dogmá ico,
me
dijo:
—La
Jus icia
Di ina
se
ha
hecho
espe a
menos
de
lo
que
yo
pensaba.
Toma
y
lee.
Temblo oso,
descompues o,
cogí
el
pe iódi-
co,
uno
de
los
de
más
ci culación
en
G ana-
da,
y
leí
la
no icia,
señalada
con
lápiz
ojo,
que
me
pa eció
una
o la
de
sang e.
Decía
así:
SENSIBLE
ACCIDENTE
En
la
magní ica
inca
San
Es eban,
que
los
seño es
de
Pola
poseen
ce ca
de
la
capi al,
ha
ocu ido
un
lamen able
suceso
que
p ueba
la
audacia
de
los
malhecho es
y
la
inde ensión
en
que
se
encuen an
las
posesiones
de
campo.
Encon ándose
ausen e
el
p opie a io,
en a-
on
dos
indi iduos
en
la
habi ación
de
la
jo en
seño a,
a
la
que
in i ie on
una
g a e
puñala-
a,
no
pudiendo
apode a se
de
ningún
obje o,
po
la
p on a
in e ención
de
los
c iados,
y
sin
que
has a
la
echa
hayan
sido
cap u ados
Os
c iminales.»
Seguían
los
obligados
comen a ios
con a
la
pasi idad
de
las
au o idades,
que
ya
no
me
ué
posible
lee .
—La
ca a,
la
lee é
Íyo—dijo
Te esa
con
25
Y
y
4
>
3
4
NÚMEROS
PUBLICADO!
1
El
Ul imo
Maó lgal,
po
José
Ma ía
Rome o,
—2
El
Alba
Sang en
Felipe
Co ines
y
Mu ubo.—3
Cuando
Vol ió
el
P isione o,
po
Josá
A
Vázquez.—4
Águlli a,
po
Fe nando
de
los
Rios.—5
El
Sec e o,
po
dó
Agus ín
Mo eno.—6
—
La
T is eza
del
Conde
Lau el,
po
Joaquín
Rome o
bo.—7
La
Do ada
Medioc idad,
po
Rogelio
Buendía.—8S
La
His o l'
Alejand o,
po
Blas
Medina.—9
—
Rosas
de
Sang e,
po
Adol o
Ca e e”
10
Las
P eciosas
Ridículas,
po
Molié e.
T aducción
de
M.
Rome o
Ma in l
11
Gil
Ga cia,
po
José
Ma ía
Tassa a.—12
El
Man o
de
Esca la a,
Pi
ael
Po lán
y
Me lo.--13
¡Un
Cabello!,
po
Nicolás
de
Salas.
—14
—
L0S
de
Bea d,
po
Luis
Rome o
Escacena.—15
Un
Pob e
Homb e,
po
Luis
Mos
—16
La
Casi a
Roja,
po
Juan
Agus ín
Mo eno,
—17
Po
Enclma
e
Mue e,
po
Lola
Rome o.—18.
Los
Ojos
Abie os,
po
Ca los
Casajualiá
19
Chi a,
Pe sonaje
de
No ela,
po
Césa
González
Ruano.—20
El
IM
la
Ciga e a,
po
Agus ín
Veguilla.—21
—
Un
C imen
Legal,
po
Ped o
Bal
—22
Cuando
el
Co azón
Manda...
po
Miguel
Casado
Rubio.—23
—
LA
de
Doña
El i a,
po
Alejand o
Collan es
de
Te án.
—
24
Ya
ha
Macill
T igo
Nue o,
po
Ma iano
López
Muñoz.—25
—
Po
Aquella
Senda...
po ,
ina
Cobos
de
Villalobos.
—26
—
La
Quime a
que
se
a,
po
Miguel
Beni e
Cas o.—27
El
E e no
Pe eg ino,
po
Fe nando
González
Be múdez.
—28
h
azones
E an es,
po
Raúl
Ba ahona.—29
De
T iana
a
Mi a lo es,
po
*
lipe
Co ines
y
Mu ube.—30
—
Los
Pu lianos,
po
A mando
Palacio
Valde
31
La
O bi a,
po
Manuel
Cha es
Nogales.—32
—
El
Ul imo
Niño
de
Ecll,
Beni o
Más
y
P a .—33
—
Las
Cosas
de
Gómez,
po
Ped o
Muñoz
Seca
Y
Pé ez
Fe nandez.—34
—
La
Ley
Más
Fue e,
po
Miguel
Lucena.
—35
yc
nidad,
po
Ra ael
La ón.—36
El
Exi o
Fácil,
po
Fe ei a
de
Cas o.
T ad
E
de
José
And és
Vázquez.—37
Lo
que
quiso
el
Aza ,
po
Miguel
Es ebala,
38
Sol
de
In ie no,
po
Vicen e
Chi al
Cend a.—39
—
El
Sablo
que
p e
ho a
de
su
Mue e,
po
Nicolás
Sánchez
Balás egui.—40
La
Sang ía,
po
y
Más.—4]
Mis e io
de
Dolo ,
po
José
And és
Vázquez.—42
La
To
w
los
Li los,
po
Ca los
Casajuana.—43
El
caso
de
Don
Faus ino,
po
P
Balgañón,
—44
—
..MI
Regalo
de
Boda,
po
Jo ge
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45
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51
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