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La condesita Laurel

Cobos de Villalobos, Amantina

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a£0" LA NOVELA DEL DIA 095 NÓM. ; 304.55 SEVILLA, 8 DE NOVIEMBRE DE 1924 c s. DIRECTOR: JOSÉ ANDRÉS VÁZQUEZ AMANTINA COBOS DE VILLALOBOS LA CONDESITA LAUREL PORTADA DE NAZARIÍ ¿Le 7 A TES y e OR ce , ee É il E 3 + NOVELA DPL YEVILLA , J OFICINAS Y TALLERES: Casa VELÁZQUEZ - Sección De Eniciones - VELÁZQUEZ, 6 SEVILLA e o MIDI eee EN EL NUMERO PROXIMO A SU IMAGEN Y SEMEJANZA Po ALEJANDRO COLLANTES ? DE TERAN + P óLoeo De Peo o DE RÉPIDE Disujos DE PABLO SEBASTIÁN LILIA Aman ina Cobos de UÚi a abas, a cas ell ana-andaluza. Aman ina Cobos de Villabos, la au eolada en bé icas la- mige aciones, la diá ana esc i o a cas ellana, cuya li e a- u a es monás ica id de Cas illa, milag osamen e inje ada en osal de Andalucia, cul i a las osas de su a e bajo el hispalo cielo—lí ica u quesa y musical opacio de poesía. ... Y en la gubía de Juan de Juni lo ece el pincel luminoso de Mu illo, y albea la g acia ni ida de las azucenas de Anun- ciación... Y el ien o que ulula en el A lanza epopeyas del Cid, suspi a en el Be is mad igales de Ce ina y sil as de Rioja. E Y la Musa de Cas illa habi a en la Bé ica, he mana del A ica. Y del beso espi i ual de la luz cas ellana—se ena luz de mis ico-he oica leyenda—y del sol andaluz—esplendo de iun o agi-epi alámico—nacen «Muje es céleb es se illa- nas», «Se illa en el sigjo XVI», «Romances caballe escos», «Bellezas de Andalucia», «Po aquella senda...», oces del Romance o en ja dines del Be is, ecos de baladas en e las lí icas lo es de Rioja, i mos de Be ceo en donai es de A guijo... Y una a de Aman ina oje can a a las niñas en el co o esas coplas ingenuas, henchidas de iejas año anzas, que se imp egnan en melancólicas nos algias, cual in an iles ecos de canciones de ges as... Y el alma de la poe isa, enamo ada del pe ume legenda io-mís ico de la Edad Media—claus a- S les campanas y épicos aña iles—concibe «La Condesi a Lau- el», au o al no ela, que iene oda la melancólica nos al- gia de la ida an e io , y odo el inquie an e p esen imien o de la ine able isión de las mue as ciudades. ¡Oh, la encan- ado a Leona da En íquez, jugosa isión de adolescencia, digna del pincel de Alejo Fe nández! ¡Oh, la ilogía del no ela io g upo, ma i izado y o o po el ien o de la a- alidad! Y las eman es llamas lí icas de es a no ela, de es a ho- gue a de ida, se an ex inguiendo en la noche del in o u- nio, dejando la descolo ida pú pu a—impe ial mo aja —del escoldo de la agedia, cuyas encidas ascuas se an es- queb ajando has a con e i se en ceniza de mue e, imp eg- nando el alma de melancólico sen imen alismo, dejando en el co azón una es ela de o oñal is eza... Luego, la poe isa, pe eg ina del A e, aga po el iejo Po ugal y deambula po la an igua I alia: Coimb a, Ta i- a, Po imao... do midas en p e é i as saudades. Roma, Flo- encia, Ra ena, Venecia... la his o ia la ino-bizan ina— ena- cien e—hecha ma mó ea eu i mia y ceñido es de líquida .esme alda. «» Y «La Condesi a Lau el» —me amo oseada en lau el de poesia, como Da ne an e Apalo, a o illas del Al eo— ib a como un a pa en el cielo de la Belleza, lo a suspendida en el espacio de la poé ica icción, como u na de la quime a en e los milag osos imanes ilusionados de la melancólica nos algia de la ida an e io y del augu io de la isión so- ñiada... hecho ealidad... Femnando de los Rios. A MODO DE EXPLICACION Es e cuen o o no ela co a, o como quie a lla- má sele, hace más de cinco años que se esc ibió. Una g an desg acia de amilia ú ome du an e mu- cho iempo alejada de oda labo li e a ia, y cuando después de la gos meses de ol ido iba a e la luz pública mi «Condesi a Lau el», apa eció o a no e- li a con un í ulo muy semejan e, cuyo au o e a un jo en esc i o de la localidad. No hubo plagio, sino coincidencia, de las que an as eces nos o ece la “ida en su con inuo ba aja de acon ecimien os y nomb es. Vol í a gua da mi ob i a, sin ag a io ni enco con a nadie, pues nadie enía culpa de la coinci- dencia, has a que, decidida a publica la con es a sencilla acla ación, que deja en su luga —o en buen luga —las cosas, hoy apa ece al y como se esc ibió hace a ios años. Aman ina Cobos de UVil a abos. LA CONDESITA LAUREL Yo soy la iudi a del conde Lau el, quisie a casa me y no engo con quién. Ta de de e ano en una ciudad cas ellana, de esas que ienen an iguo abolengo y escasa población; monó ona y abu ida los diez me- ses del año, pe o que en julio y agos o, e i- e, se emoza y ado na de lo es en los ja di- nes y de bellas muchachas en calles y paseos. En el ja dín de la g an plaza, y en o no a una uen e de má mol, jugaban muchas niñas, es idas con p imo . E an he mosasy aleg es, como odo lo que empieza; los ajes apo o- sos, de onos cla os, con as aban con la en- cendida g ana de sus mejillas, y, sob e sus blancos cuellos desnudos, lo aban bucles ne- g os o do ados. El espec áculo de aquellas chiquillas, co iendo y sal ando en e los ma- cizos de lo es, llenando el ai e de isas c is a- linas, de sonidos imp ecisos, de e lu ios de : 7 ida nue a, a aía, encadenaba, embelesaba ' an pode osamen e, que dije a mis acompañan- es: —Si les pa ecea us edes pasea emos po aquí. Félix, mi amigo, que me con aba es a his o- ia, se in e umpió un momen o, bajó la cabe- * za y í que sus labios se ap e aban con ulsos; — el dolo del ecue do ponía en su os o una ágica con acción, que en ano el a e hu-: bie a a ado de imi a . Después, con inuó así: Un co o de mayo ci as, o mando un cí cu- lo de incipien es bellezas, enía ap isionada a - una compañe a, a la que hacían no sé qué p e- gun as, que ella con es aba con oz dulce, leda y un poco melancólica: | Yo soy la iudi a del conde Lau el, quisie a casa me y no engo con quién Desc ibi aquella c ia u a al como a mí me — a pod ía c ee se hipé bole o locu a» as nin as de odas las mi ologías, las c ea- ciones espi i uales de odas las eligiones, las ealidades más pe ec as, no sob epujaban su : he mosu a. Pod ía ene doce años, e a al a y de o mas espléndidas; el cabello neg o y la go, y en su os o, de anspa en e blancu- - a, colo eado de osa, enían su ono dos ojos azules, g andes y a e ciopelados; el aje, de - gasa, dejaba al descubie o los b azos, el cue- llo, los homb os, que lle aban de en aja a | 8 ] los de las es a uas helénicas en que e an de una ca ne inmaculada y ibia. . | —¿Quién es esa encan ado a c ia u a?—p e- gun é a Luis, el más jo en de mis amigos. —La chiquilla más boni a de oda la p o in- cia—me con es ó —. Ve ás qué simpá ica es... oy a llama la: .. ¡Eh, Condesa Lau el!--g i ó, haciendo señas a la niña, al mismo iempo que és a can aba su es ibillo. Vino hacia noso os la muchacha, isueña y sal a ina, y nos saludó con esa g aciosa sol u- a que sólo se adquie e en los hoga es dis in- guidos. Yo es aba an u bado como ella o más. —¿Cómo e llamas? —le . dije po deci algo. —Leona da En íquez--con es ó dulcemen e. —¡E es muy boni a! ¡ 4—Pues, mi a—exclamó Luis, siemp e b o- mis a—apesa de su ca i a de san a, ya iene no io. Una i a llama ada paceció encende el os o de la niña; sus ojos se o na on de un azul empes uoso, pe o casi al ins an e eco- b ó la bella na u al placidez, y haciendo una encan ado a mueca, dijo con acen o a opella- do y ne ioso: —¡Men i al ¡Men i a! ¡Men i a! ) Y echó a co e , enseñando en e el e ue- lo de la alda, unas pie nas admi ablemen e con o neadas, cubie as apenas 'po inísimas medias... + + + A i, único amigo en e an os conocidos, a i que has sido el deposi a io iel de odas mis 3 yA E an an g andes, que hoy, cuando de ella no queda más que la esencia del ecue do, me - p egun o si ealmen e las poseía o las c eaba mi imaginación pa a idealiza la más. Aquellos paseos soli a ios me die on ocasión de cono- ce la y ado a la aún cón mayo ehemencia. Su co azón e a un joye o de sen imien os nobles, exquisi os, ie nos; su in eligencia lu- minosa enía in uiciones ex ao dina ias, y su empe amen o a ís ico echazaba sin de ene - se en ello odo lo g ose o y ulga ; su alma, en in, e a una di ina a pa eólica que ib aba ex emecida dulcemen e po las au as del ideal. Si la sola con emplación de sus pe ecciones ísicas, los pocos días que pe mací en N. le- an a on en odo mi sé es a pasión de o a- do a que pa ece no ha de ex ingui se jamás, puedes imagina e que es a ado ación po mi Condesa Lau el aumen a ía de mane a o mi- dable con aquel a o casi con inuo que ponía de mani ies o los eso os ma a illosos de aquella excepcional psicología; y ella, sin pen- sa lo, con su g acia ingenua, su cándida i- eza, su disc eción sencilla y na u al, echaba el combus ible a la hogue a que había de con- sumi su ida inocen e. 5 No hay mayo imán pa a el amo que el amo mismo; si pudié amos ama a nues o mayo enemigo, acaba ía po co esponde - nos con igual sen imien o. Pues bien; Leona da, gue al p incipio no sin- ió hacia mí más que simpa ía y g a i ud, acabó po co esponde a mi ca iño, sino a la mane a que yo deseaba, pues echazábalo su 16 / na i a hon adez, no po se más espi i ual su . amo , o al ez po eso mismo, e a más i me, más leal, más noble. Habían pasado dos años y Leona da e a en onces un p odigio de belleza; su p esencia le an aba mu mullos de admi ación has a en las euniones más aus e as; las monji as, cuyos locu o ios isi ábamos, la compa aban a San a Inés o San a Cecilia, las san as he - mosas po excelencia; los amigos nues os que enían hijos sol e os, se dispu aban el place de llama la hija, y su paso po la calle e a una ma cha iun al, al omb ada de equie- b os, suspi os y mi adas. | De odos los p e endien es que asediaban a la muchacha e a el más asiduo un jo en g a- nadino que había ido a Mad id a e mina la ca e a de leyes, que seguía po gus o, pues sus pad es, al mo i , habíanle dejado una cuan iosa y saneada o una; llamábase Miguel de Pola, enía he mosa p esencia y dis inguida educación. Su u o e a un ilus e ma qués, buen amigo nues o, cuyo ancio abolengo y ac isoladas c eencias eligiosas, habíanle con- quis ado odas las simpa ías de Te esa. La abia que se apode aba de mi co azón al e a Leona da codiciada po o os homb es, e a sólo compensada con la aleg ía de sabe ' Que e an odos echazados; incapaz de men i . Un amo que únicamen e po mí sen ía, despe- - día a sus p e endien es bajo dis in os p e ex- os, con no poca aleg ía de mi muje , que Juzgaba es as epulsas como indicios segu ísi- mos de una ocación eligiosa. ; La lucha que la pob e niña sos enía en si- 17 lencio con su conciencia, los encon ados sel imien os que o u aban su co azón, el emo ' dimien o de aiciona a su p o ec o a, que $ bien e a con ella poco a ec uosa, p o eía sUs más pequeñas necesidades, desga a on de al mane a aquel ju enil o ganismo, que cayo g a emen e en e ma. Una ieb e al ísima / pos ó en el lecho y el espan oso deli io que le p oducía ué mi mayo o men o, po que en aquella ocasión su í odas las o u as qu sin duda expe imen a án los ép obos en mansión de su cas igo. A - A odo es o, mi muje desplegaba una solick ud conmo edo a; si en sus ojos no había lá” g imas, ni en su pecho suspi os, en camb mos ábase in a igable cuidando a la en e má% con esc upulosa exac i ud y exquisi a delicá deza le daba las medicinas, después de hacé eni a su cabece a los más céleb es médicos de Mad id. Du an e ho as y ho as pe maneció jun o a su lecho y pa ecía no sen i la a ig! de an as noches de insomnio y con ecuenclí ogaba a los médicos le a isasen cuanco % pelig o uese inminen e, pa a dispone los 1% medios espi i uales. «Es a niña—decía — » quien conside o como una hija y po la q% es oy obligada a ela , ya que ha sido p ese ada de odo pecado, no quie o abandonal% en an du o ance y si Dios dispone de ell que aya pu i icada de oda esco ia humana” Con emplando a aquellas dos san as c ia ll as, me sen ía el mayo c iminal del mun 0: Había o mado mi plan y sólo espe aba paí pone é mino a mi ida que acabase la Leona da; en onces, me ma a ía a los pies de 18 a Qu SS mi muje , después de habe implo ado un pe - dón que es aba segu o de no consegui . Sin emba go, Dios, pa a que yo expia a más cumplidamen e mi culpa, dispuso que Leona da no mu iese, y, después de una c isis espan osa, se ob ó en ella an a o able eac- ción, que p on o se inició un pe íodo de ápi- da con alecencia. ¡Oh, co azón humano, pud ide o de lasci as asiones! Cuando yo í a mi amada lib e de as ga as de la mue e, cuando aé ea, su il, pudo apoya se en mi b azo, que se es emecía de place al con ac o de su ágil cue peci o, y da po la habi ación algunos pasos, como de in an ico acilan e, mi alma ebosó de jú- bilo, y, ol idando los neg os pensamien os que an es me ocupaban, me sen í el homb e más eliz del mundo; y es que el amo , como el sol, embellece y i i ica odo cuan o ilumina. Cuando Leona da empezó a con alece , Te esa ol ió a eanuda sus piadosas ocupa- ciones; un día, salió con su iel cama e a Ad iana, que hacía muchos años que es aba a su se icio, y me encomendó enca ecidamen e el cuidado de la muchacha. Pasé a su gabine e y ecos ada en una bu aca es aba mi Condesa Lau el, e dade amen e ascinado a. Una ba a de anela blanca la en ol ía has- a los pies; el os o, an es pálido, empezaba a colo ea se sua ísimamen e, y en la en e, - pu a y e sa, apa ecían azuladas enas; los Ojos es aban púdicamen e en o nados y sus enzas neg as caían a los lados de la ca a. Pa ecía una i gen bizan ina, y había en 19 aquella he mosu a al mis icismo, an se en cas idad, que, desechando mis culpables pel! samien os, caí de odillas a sus plan as, an ! que pudie a ape cibi se de mi p esencia. Dió un lige o g i o, le an ó los en o nado% ojos, y, c uzando las blancas mani as sob e Y pecho, ompió a llo a . P ocu é calma lá ' pe o ella, haciéndome señas de que me sen é se, me dijo es as palab as, egadas con lágIll mas de con ición: 4 —Es a en e medad, amigo mío, ha sido c mo esas señales que en al a ma ad ie el! a los ma ine os, cuyo umbo a ex a iad0 el pelig o inminen e donde ha de es ella sé su emba cación; luz bené ica y piadosa en mé dio de las neg u as de la o men a. Así, cual do la ieb e al ísima me de o aba, cuando € deli io pa ecía a eba a mi azón suspendiél dola en un abismo insondabla de donde 1% había de ol e , yo eía en medio de es espan oso as o no una luz muy blanca... mu) blanca... muy pu a:.. muy pu a, y de ella sali " una chispa, que, p endiendo en mi en e, mé hacía ue e... pode osa... in angible. 1 Viéndola an exci ada me a odillé jun o %- ella y cub í de besos deli an es sus manos. Ya, más se ena, con inuó: ' —El amo que sien o hacia i, único hombi% a quien he que ido, y aquel con que ú me C0 espondes, han llegado a un g ado al, qU' amenazan se iamen e mi hono ; pe o con s ” es e an g ande mal, aún me causa may0%. o u a el ul aje in e ido a Te esa, la más. san a de las muje es. La blanca luz que me hé. iluminado du an e mi en e medad, me señaló. 20 j un si io donde no hay men i as, engaños, ni pe ju ios, donde hay paz y eposo, donde se é in angible. El claus o. Al oi an ex aña p oposición in en é ei - me, diciendo que su ce eb o, oda ía débil, le suge ía aquellas omán icas ideas; pe o quedé anonadado cuando al cabo de unos días, es- ablecida comple amen e, anunció a Te esa su decisión de en a en un con en o de igu osa clausu a. | No quie o moles a e, amigo mío, con el . ela o de mis insomnios egados de lág imas, de mis desespe aciones plenas de hieles, de mis blas emias, de mis is ezas, de mis locu- as. Pe de a Leona da, cuando acababa de ecob a la, me pa eció sob ado cas igo, ma- yo que el que mis culpas me ecían. Mi muje , en an o, ebosaba de júbilo, dis- poniendo el ajua de la u u a no icia; conso- laba ca iñosamen e a Miguel de Pola, que desde la en e medad de Leona da ecuen aba aún más nues a casa, diciéndole en son de b oma que no debía ene celos del no io po el cual le dejaba plan ado, y en los con en os que ecuen aba pe manecía la gas ho as de cábalas y comen a ios con las no ables de la comunidad. | Mis en e is as con Leona da e an cada ez más ecuen es y apasionadas; la pob e niña sen ía el dolo de la sepa ación y el é mino de aquel amo pu o y culpable a la ez, le causaba inmensa is u a. Un día en que había salido a despedi se de una amigui a suya, co í a mi despacho, y, ocul ando la ca a con las manos, dejé co e 21 a a és de los dedos hilos de lág imas, que al cae sob e la apa de c is al de la mesa, p o“ ducían un is e son, como de llu ia in e nal. Así pe manecí buen a o, has a que una mano. se posó en mi.homb o: le an é la cabeza y en pie, a mi lado, es aba mi muje .. 3 No sé si e he dicho que Te esa e a he mo-: * $2, pe o la al a de al as p endas in elec uales * y la ca encialde pasiones, daban a su os o un in e de insulsez: algo imp eciso, como de cuad o desdibujado, que no in e esaba ni con: | mo ía; pe o en aquel ins an e me pa eció an bella, que la mi é con una a ención a la que bien puedo asegu a no es aba acos umb ada. | Sus g andes ojos neg os, esplandecían con un b illo insóli o; el ino cu is mo eno, es aba ena cecido; las en anas de la na iz, dila adas, y sus labios, ojos y húmedos; pa ecía agi a - le un emblo lige ísimo, pe o es aba e guida: y a ogan e como una Juno. 4 —¿Puedes escucha me un momen o-—me p egun ó. Y Con es é a i ma i amen e y en onces ce ó la pue a, co ió el po ie de e ciopelo y, sen ándose en un sillón, en e a mí, me habló en es os o pa ecidos é minos: —Los se e os p incipios de mo alidad en. que mis pad es me educa on; los al os y cons- an es ejemplos de i ud de que “siemp e es- u e odeada y mi alejamien o de en edos y : li iandades, hanme hecho lo que llaman una - muje on a; he padecido el e o del imbécil — que piensa, po que él no oba, que no hay la- d ones; o po que no es capaz de hace daño a una ho miga, que no hay desalmados asesinos. 22 Es e p eámbulo, que no pienso hace más la go, es pa a deci e que he descubie o, po in, la aición uya y el c imen de ella, es de- ci , que las dos pe sonas en las que enía de- posi ados mi e, mi amo , odos los a ec os de mi alma y las ilusiones de mi ida han esca - necido mi hoga y ama gado mi exis encia con el mayo ul aje que se puede hace a la dignidad humana. Aunque p e eía algo ex ao dina io en la ac i ud de mi esposa, nunca pensé que hubie a descubie o nues os amo es, y uí an illano que no u e una palab a de desag a io pa a aquella o endida muje . Mi ela con es úpida indi e encia y sin iendo Te esa con al p oce- de aumen a su indignación, p osiguió así: —Dios ha que ido que se descub iese a iempo ues a pe idia pa a se debidamen e cas igada y acaba de una ez an in ame co- media. Leona da no en a á en el con en o, donde no la lle a una e dade a ocación; podía hace que la ence asen en una casa de A epen idas, donde llo ase su maldad oda la ida, pe o soy más gene osa... o más c uel. Se casa á con Miguel de Pola, que la lle a á lejos de aquí; su i ás la o u a de e la en pode de o o homb e, comp endiendo en on- ces lo que yo he su ido, siendo inocen e; la pe de ás, como yo e he pe dido a i... Y en cuan o a ella, Dios se enca ga á de cas iga la, que no es icción, como c een los mal ados, la Jus icia Di ina. No sé si ué o gullo o coba día, o ambas cosas, pe o yo pe manecí mudo an e aquella explosión. Los ojos de Te esa ulminaban, y 23 diciéndome: «¡Te desp ecio!» salió de la habi- ación. Sen í ce a len amen e la pue a; sin duda espe a ía que yo co iese a implo a su: pe dón, pe o e a al mi ebeldía, que pe mane- cí inmó il. Me exaspe aba su conduc a sin: aco da me de mi deli o. 4 ¿Lo c ee ás, amigo mío? A las pocas sema- nas de cuan o he ela ado, Leona da se casó | con el jo en g anadino, sin que pudie a ene : con ella una en e is a inal; sólo sus dulces ojos, cuajados de lág imas, me ad e ían la — in ensidad de su dolo . y Después de la ce emonia, e i icada sin so- lemnidad ninguna, Te esa u o una con e en- cia sec e a con el ecién casado, pin ándome como un libe ino pe seguido de la muchacha y enca gándole co a a oda comunicación conmigo. Conocía yo demasiado la al i ez y ene gía de Miguel pa a no conside a pe dida pa a siemp e a Leona da, cuando, después de - la ce emonia nupcial, salió de nues a casa. Pa ían con di ección a G anada, donde ha- ' bían de esidi . Unos celos abiosos a ena- zaban odo mi sé , como e dugos despiada- dos y bu lones. ¡Bien se había engado Te esa, que son ió con iun ado desdén: cuando Leona da, del b azo de su ma ido, a a esó po úl ima ez los umb ales de nues- ' a casa! z + +iEHe Pasa on dos meses insopo ablemen e mo- nó onos. La dis ancia que me sepa aba de : Te esa e a cada ez mayo , y la ida me pa- 24 ecía an descolo ida y is e, que has a lle- gaba a desea que su giese algún ágico acon ecimien o pa a sali del ma asmo des- consolado en que había caído. Un día, bien de mañana, en ó Te esa en mi habi ación; su os o es aba g a e, pe o me pa eció obse a en ella un disimulado gozo. Lle aba en las manos un pe iódico y una ca a, y con acen o incisi o, que a aba de hace dogmá ico, me dijo: —La Jus icia Di ina se ha hecho espe a menos de lo que yo pensaba. Toma y lee. Temblo oso, descompues o, cogí el pe iódi- co, uno de los de más ci culación en G ana- da, y leí la no icia, señalada con lápiz ojo, que me pa eció una o la de sang e. Decía así: SENSIBLE ACCIDENTE En la magní ica inca San Es eban, que los seño es de Pola poseen ce ca de la capi al, ha ocu ido un lamen able suceso que p ueba la audacia de los malhecho es y la inde ensión en que se encuen an las posesiones de campo. Encon ándose ausen e el p opie a io, en a- on dos indi iduos en la habi ación de la jo en seño a, a la que in i ie on una g a e puñala- a, no pudiendo apode a se de ningún obje o, po la p on a in e ención de los c iados, y sin que has a la echa hayan sido cap u ados Os c iminales.» Seguían los obligados comen a ios con a la pasi idad de las au o idades, que ya no me ué posible lee . —La ca a, la lee é Íyo—dijo Te esa con 25 Y y 4 > 3 4 NÚMEROS PUBLICADO! 1 El Ul imo Maó lgal, po José Ma ía Rome o, —2 El Alba Sang en Felipe Co ines y Mu ubo.—3 Cuando Vol ió el P isione o, po Josá A Vázquez.—4 Águlli a, po Fe nando de los Rios.—5 El Sec e o, po dó Agus ín Mo eno.—6 — La T is eza del Conde Lau el, po Joaquín Rome o bo.—7 La Do ada Medioc idad, po Rogelio Buendía.—8S La His o l' Alejand o, po Blas Medina.—9 — Rosas de Sang e, po Adol o Ca e e” 10 Las P eciosas Ridículas, po Molié e. T aducción de M. Rome o Ma in l 11 Gil Ga cia, po José Ma ía Tassa a.—12 El Man o de Esca la a, Pi ael Po lán y Me lo.--13 ¡Un Cabello!, po Nicolás de Salas. —14 — L0S de Bea d, po Luis Rome o Escacena.—15 Un Pob e Homb e, po Luis Mos —16 La Casi a Roja, po Juan Agus ín Mo eno, —17 Po Enclma e Mue e, po Lola Rome o.—18. Los Ojos Abie os, po Ca los Casajualiá 19 Chi a, Pe sonaje de No ela, po Césa González Ruano.—20 El IM la Ciga e a, po Agus ín Veguilla.—21 — Un C imen Legal, po Ped o Bal —22 Cuando el Co azón Manda... po Miguel Casado Rubio.—23 — LA de Doña El i a, po Alejand o Collan es de Te án. — 24 Ya ha Macill T igo Nue o, po Ma iano López Muñoz.—25 — Po Aquella Senda... po , ina Cobos de Villalobos. —26 — La Quime a que se a, po Miguel Beni e Cas o.—27 El E e no Pe eg ino, po Fe nando González Be múdez. —28 h azones E an es, po Raúl Ba ahona.—29 De T iana a Mi a lo es, po * lipe Co ines y Mu ube.—30 — Los Pu lianos, po A mando Palacio Valde 31 La O bi a, po Manuel Cha es Nogales.—32 — El Ul imo Niño de Ecll, Beni o Más y P a .—33 — Las Cosas de Gómez, po Ped o Muñoz Seca Y Pé ez Fe nandez.—34 — La Ley Más Fue e, po Miguel Lucena. —35 yc nidad, po Ra ael La ón.—36 El Exi o Fácil, po Fe ei a de Cas o. T ad E de José And és Vázquez.—37 Lo que quiso el Aza , po Miguel Es ebala, 38 Sol de In ie no, po Vicen e Chi al Cend a.—39 — El Sablo que p e ho a de su Mue e, po Nicolás Sánchez Balás egui.—40 La Sang ía, po y Más.—4] Mis e io de Dolo , po José And és Vázquez.—42 La To w los Li los, po Ca los Casajuana.—43 El caso de Don Faus ino, po P Balgañón, —44 — ..MI Regalo de Boda, po Jo ge No onha de Oli ella 45 MI Hijo, po Menipo.—46 La Plazuela de los Luce os, po Sal ado Val” 07 La In usa, po A u o Ines. T aducción de Miguel Casado RUI - 48 Se lo aga on los Andes, po Fe nando de los Ríos.—49 Co al 4 Quime a, po An onio Angulo.—50 Cu do e apla, po Ra ael Conzález-Gas ele 51 ”Salaos son!”, po Manuel Siu o ,—52 — El Mayo al, po José Fe á To emucha.—53 Desqui e, po Angel C uz Rueda.—54 La P ime a 0 jo Julián, po Ra ael Po lán y Me o.—55 La Condesi a Lau el, po Ama Cobos de Villalobos. Ze . Aman ina Cobos de UÚi a obos |