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ÉTICA, JUBILEO Y DOCTRINA SOCIAL
DE LA IGLESIA
Jesús Ignacio Delgado Rojas
Dp o. Filoso ía del De echo
Uni e sidad de Se illa
Aunque son di e sas las emá icas sob e las que e sa la Doc ina
Social de la Iglesia, en es a ocasión me cen a é en algunas
conside aciones que ienen que e con la É ica y el Jubileo y,
sob e odo, quisie a ace ca es as cues iones a la plasmación que
eciben hoy en un Es ado de De echo con empo áneo y a su
modelo polí ico po excelencia como es la democ acia. Comenza é
p esen ando algunas eflexiones sob e É ica y Doc ina Social de
la Iglesia en el Es ado de De echo pa a luego pasa a elaciona
es os comen a ios con la democ acia.
LA ÉTICA DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA
IGLESIA
Una no a defini o ia de la Doc ina Social de la Iglesia, ele an e
pa a el asun o que nos concie ne, con la que quisie a comenza es
que su misión no es la de o ece di ec ices polí icas ni p og amas
de gobie no. Su unción es, más bien, enjuicia las p ác icas de los
di igen es polí icos a la luz de los p incipios undamen ales que en
ella se consag an. De la misma mane a, no halla emos en la
Doc ina Social pau as p ecisas pa a un p oblema humano
conc e o, sino más bien enseñanzas inspi ado as que ayuda án y
guia án la a ea de cada indi iduo en el eje cicio de su conciencia
y disce nimien o.
La Doc ina Social de la Iglesia pa icipa de una isión de la
sociedad en la que és a se o igina po la p opia na u aleza social
del se humano. La sociedad no se engend a po un hipo é ico
con a o, sino po la capacidad inna amen e humana de
coope ación y asociación en e semejan es. Se p oduce así un
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dis anciamien o de aquellas filoso ías con ac ualis as po las que
Hobbes, Locke, Rousseau supusie on un imagina io con a o social
que p esumi ía el o igen, en un momen o fic icio, de la sociedad. La
Doc ina Social de la Iglesia pa icipa más bien de un en oque
a is o élico, que concibe la comunidad como el esul ado de las
elaciones de jus icia y ambién de amis ad social. Más que la lógica
del in e és libe al indi idualis a de la mode nidad, la enseñanza
eclesiás ica busca las aíces de la sociedad en la a e nidad
humana, en los lazos de la solida idad, la ca idad y las edes de
apoyo mu uo.
De es a Filoso ía Polí ica que ab aza la Doc ina Social de la Iglesia
se deduce una idea de sociedad ci il como aquel espacio de la ida
social o ganizada que es olun a iamen e au ogene ada,
independien e, au ónoma del Es ado y limi ada po un o den o
juego de eglas compa idas. La sociedad ci il no es una asociación
en é minos ju ídicos, sino un conjun o de elaciones que los
ciudadanos es ablecen al ac ua colec i amen e en la es e a
pública, exp esando sus in e eses, in e cambiando in o mación y
coope ando pa a alcanza obje i os comunes.
Ya sabemos que la idea de sociedad ci il es dis in a y p ecede a la
de comunidad polí ica (o Es ado de De echo, que di íamos hoy). Y
ello es impo an e pa a la Doc ina Social de la Iglesia. La
comunidad polí ica se efie e al conjun o de indi iduos y g upos
do ados de cie a cohesión cul u al bajo un pode sobe ano, lo que
no se p ecisa en el ámbi o de la sociedad ci il, cuyo fin no es la
o ganización del pode polí ico sino la consecución de obje i os
comunes de sus miemb os. Cuando sociedad ci il y sociedad
polí ica se (con) unden es amos an e isiones o ali a ias que
ienden a subo dina cualquie ac uación humana colec i a bajo la
es e a y dominio del Es ado. Aunque son nociones elacionadas, es
la sociedad ci il la que si e de sopo e a la comunidad polí ica.
Dicho con o as palab as, la comunidad polí ica –el Es ado– se
cons i uye y o ien a pa a es a al se icio de los legí imos in e eses
y necesidades de la sociedad ci il, es o es, su jus ificación de i a
de su con ibución al bien común. Tal y como apun a la Gaudium e
spes, la única cons i ución pas o al del Concilio Va icano II, “la
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comunidad polí ica nace, pues, pa a busca el bien común, en el
que encuen a su jus ificación plena y su sen ido y del que de i a
su legi imidad p imigenia y p opia”1.
Es a ca ac e ización ace ca del bien común no se define como un
me o ag egado de in e eses indi iduales ni ampoco p e ende se
un bien colec i o supe io o supe pues o a los in e eses de los
indi iduos, quedando los in e eses de ellos anulados o en un
segundo plano. El acen o ecae sob e los in e eses humanos
indi iduales y el bien común si e a la ealización pe sonal, que es
lo p imo dial, y los in e eses gene ales y colec i os se o ien an y
subo dinan a aquella consecución pu amen e humana e indi idual.
Es po ello que decimos que la comunidad polí ica o Es ado es á al
se icio de los ciudadanos, y no es os al de aquél. El pode polí ico
ha de eje ci a se bajo esa p emisa, espe ando la ue za mo al que
se desp ende del pos ulado de la común e igual dignidad de odos
los se es humanos. Los manda a ios y di igen es gube namen ales
cumplen su come ido cuando su ac i idad se di ige a se i al bien
común y su conduc a esul a negligen e cuando, apa ándose de
aquél noble ideal, no pe siguen más que espu ios in e eses
pa icula es, pa idis as y a bi a ios.
Bajo es as p emisas, al Es ado, al conjun o de sus ins i uciones, le
compe e ende eza oda finalidad de su ac uación a la pe secución
del in e és gene al, pues, aunque el bien común es cosa de odos,
señala el Ca ecismo de la Iglesia Ca ólica, “co esponde al Es ado
de ende y p omo e el bien común de la sociedad ci il, de los
ciudadanos y de las ins i uciones in e medias” 2.
Toda ac uación es a al debe se lle ada a cabo bajo una ponde ada
p udencia, a a és de p ác icas de gobie no que no esul en ni
excesi amen e pa e nalis as ni escasamen e p o ec o as. Según el
p incipio de subsidia iedad, el Es ado debe deja espacio a la
inicia i a de los indi iduos, pa a que puedan pone a disposición
1 Concilio Va icano II, Gaudium e spes, pá . 74, 1965.
2 Ca ecismo de la Iglesia Ca ólica, III Pa e, 1ª sec., cap. II, pá . 1910.
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de la sociedad sus capacidades y alen os. Ese equilib io en e
p es aciones públicas y la libe ad de los indi iduos es el que se
log a a a és del llamado Es ado del bienes a , que ambién busca
palia las di e sas o mas de pob eza y de exclusión incompa ibles
con los de echos humanos, sin llega a con e i se en un Es ado
bene ac o o asis encial que anule cualquie o a ac i idad
p es acional que no sea la que p o enga del sec o público.
Señalaba San Juan Pablo II, en la Encíclica ‘Cen esimus annus’: “Al
in e eni di ec amen e y qui a esponsabilidad a la sociedad, el
Es ado asis encial p o oca la pé dida de ene gías humanas y el
aumen o exage ado de los apa a os públicos, dominados po
lógicas bu oc á icas más que po la p eocupación de se i a los
usua ios, con eno me c ecimien o de los gas os. E ec i amen e,
pa ece que conoce mejo las necesidades y log a sa is ace las de
modo más adecuado quien es á p óximo a ellas o quien es á ce ca
del necesi ado”3.
Pod íamos conside a así que la Doc ina Social de la Iglesia se
decan a no solo po un ipo de Es ado, el de bienes a , no
asis encial ni pa e nalis a/bene ac o , sino que ambién ealiza una
apues a decidida po el Es ado de De echo, en el que odos los
ciudadanos e ins i uciones son esponsables an e las mismas leyes,
incluidos los di igen es polí icos, jueces y legislado es.
LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA EN
EL ESTADO DEMOCRÁTICO DE DERECHO
Paso aho a a ealiza alguna b e e no a que elaciona, como
apun aba, la É ica de la Doc ina Social de la Iglesia con la
democ acia. Ya sabemos que odo Es ado se o ganiza siguiendo
algún ipo de égimen polí ico. La Iglesia no se inmiscuye en
de e mina cuál debe se la o ma polí ica de un país, pe o sí se
comp ome e con modelos que se ajus an mejo a los ideales po
los que ella ambién apues a y a o ecen su ealización. En ese
sen ido, la Doc ina Social de la Iglesia ealiza una alo ación
3 San Juan Pablo II, Encíclica Cen esimus annus, 48, 1991.
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posi i a de la democ acia como la mejo o ma de gobie no que
espe a la dignidad humana y los de echos undamen ales y, po el
con a io, censu a aquellos egímenes o ali a ios que amenazan y
limi an las libe ades de los ciudadanos. Reco demos como el Papa
Pío XI condenó es sis emas o ali a ios con empo áneos a su
época con es encíclicas específicas: Non abbiamo bisogno (1931),
con a el ascismo i aliano; Mi b ennende So ge (1937), con a el
nazismo; y Di ini Redemp o is (1937), con a el comunismo.
La Iglesia ensalza el modelo democ á ico de gobie no y los
sis emas de pa icipación elec o al lib es, uni e sales e iguali a ios,
median e los cuales los ciudadanos eligen en e dis in as opciones
polí icas a sus gobe nan es y, a su ez, se ga an iza a los gobe nados
la posibilidad de elegi y con ola a sus p opios di igen es, o bien
emo e los llegado el caso de o ma pacífica. Condena, sin
emba go, aquellas democ acias de achada en las que, as el
nomb e, solo se esconden g upos de in e és que usu pan los
pode es del Es ado en beneficio p opio y sin a ención al bien
común.
La democ acia es un sis ema polí ico que se undamen a en unos
alo es mo ales supe io es que la sus en an y le dan legi imidad.
En e ellos, el espe o a la dignidad de odo se humano y sus
de echos in iolables e inalienables y el bien común como fin y
c i e io egulado de la ida pública. Sin unos alo es mo ales que
la espalde, la democ acia iene iesgos. En e ellos, desp o ege la
ida del se humano, no espe a los de echos de las mino ías y se
manipulada po g upos ideológicos o lobbies que sólo buscan sus
in e eses pa icula es o de pa ido.
Un sis ema democ á ico sano y ue e necesi a de ciudadanos
ac i os y comp ome idos con sus p incipios pa icipa i os e
ins i ucionales. La é ica de una sociedad lib e no puede se más
que la é ica del plu alismo, de la comunicación y discusión y, sob e
odo, de la ole ancia. Plu alismo y ole ancia como no equi alen es
a un ela i ismo del odo ale o del odo ale igual. La Doc ina
Social de la Iglesia desap oba ía esa idea ana de ole ancia
en endida como me o ela i ismo, pues la ole ancia no puede
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pa i de la afi mación de que cualquie idea puede ene alo
mo al. Si así ue a, da ía igual la ole ancia que la in ole ancia, la
cul u a que p o ege la dignidad humana que la que pe mi e la
o u a o la escla i ud, la cul u a que busca la igualdad de la muje
que la que man iene la ablación geni al. No. La ole ancia
p esupone el econocimien o fi me en cie os alo es
obje i amen e supe io es (que son los que llamamos De echos
Humanos). Y la Doc ina Social de la Iglesia insis e en que el
De echo de un Es ado democ á ico no puede desconoce ese
o den mo al; sino que iene que se un De echo o ien ado a
pe segui la ealización de esos alo es. Así lo apun aba Benedic o
XVI en su in e ención an e el Pa lamen o alemán: “Pa a g an pa e
de la ma e ia que se ha de egula ju ídicamen e, el c i e io de la
mayo ía puede se un c i e io suficien e. Pe o es e iden e que, en
las cues iones undamen ales del De echo, en las cuales es á en
juego la dignidad del homb e y de la humanidad, el p incipio de la
mayo ía no bas a: en el p oceso de o mación del De echo, una
pe sona esponsable debe busca los c i e ios de su o ien ación”4.
Una legislación democ á ica no puede desconoce un código é ico
sob e el que undamen a se. De ahí que la Doc ina Social de la
Iglesia abogue po una É ica que, sin con undi se con una mo al
maximalis a, pueda en cambio adop a unos mínimos mo ales con
ocación obje i a y uni e salizable. Pa ece, pues, que los de echos
humanos undamen ales, jun o con los debe es inhe en es
exigibles a odo indi iduo, se ían el mejo con enido pa a in eg a
esa é ica mínima, ese mínimo mo al, que po mínimo no es menos
exigen e.
En es e sen ido, y con ello concluyo, el papel de la É ica que se
desp ende de la Doc ina Social de la Iglesia es p opicia las
condiciones pa a un dialogo público y di e so en el que odas las
oces sean escuchadas pa a busca y cons ui esa idea de alo es
mo ales en o no a los que podamos con i i unidos y
4 Benedic o XVI, Discu so en el Reichs ag, Be lín, 22 de sep iemb e de 2011.
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cohesionados. Pues, como afi ma el Papa F ancisco en F a elli u i,
“podemos busca la e dad mo al jun os en el diálogo”5.
5 S.S. F ancisco, Encíclica F a elli u i, 50, 2020.