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Europa: una conciencia histórica en la encrucijada

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Europa: una conciencia histórica en la encrucijada

Author: Suárez Fernández, Luis
Publisher: Universidad de Valladolid
Year: 1972
Source: https://uvadoc.uva.es/bitstream/10324/4287/1/Disc.Apert.UVA1972-73.PDF
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/
UNIVERSIDAD
DE
VALLADOLID
LUIS
SUAREZ
FERNANDEZ
EUROPA:
UNA
CONCIENCIA
HISTORICA
EN
LA
ENCRUCIJADA
VALLADOLID
1972
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EUROPA:
UNA CONCIENCIA
HISTORICA
EN
LA
ENCRUCIJADA
UNIVERSIDAD
DE
VALLADOLID
LUIS
SUAREZ
FERNANDEZ
EUROPA:
UNA
CONCIENCIA
HISTORICA
EN
LA
ENCRUCIJADA
VALLADOLID
1972
Depósi o Legal
VA.
771.-1972
G ó icas And és Ma ín,
S.
A.
Juan
Memb illa. 9 Valladolid
In oducción

I
Había,
en
las Uni e sidades alemanas,
an igua
y
a aigada
cos-
umb e de que, al co esponde a uno de sus p o eso es el al o
hono
de
p onuncia
la
p ime a
lección del nue o cu so que en onces co-
menzaba
-p ueba
de que, al dobla los años, se
había
alcanzado
ya
una
supues a madu ez
ecunda-
hiciese medi ación en
oz
al a
sob e
aquel campo del sabe que p ecisamen e cul i aba y no sob e
una
pa cela conc e a de
su
in es igación. Es e año, con cie o e aso im-
pues o po ci cuns ancias que son de odos conocidas, me co esponde
es e hono , subiendo a
la
ibuna
de
una
de las dos más an iguas
Uni e sidades hispánicas, modelo y ál eo
ma e no
pa a
o as
muchas
ex endidas po odos los pun os ca dinales del globo.
He
decidido imi-
a
aquella noble adición.
No
en
un
ges o de anidad u o gullo,
como si
p e endie a
medi me con aquellos
g andes
maes os de o o
iempo, Schille , Fich e, Windelband o Edua do Meye
-nomb es
que
encon a emos, Dios median e, en el cu so de es e
abajo-,
sino
po que
en
la
ho a
ensa
que los eu opeos i imos pienso que es lógico
se solici e con exigencia al his o iado cie as espues as o acla a-
ciones. Pues hay eces en que nos pa ece
ene
el de echo de p egun-
a nos
si,
en
es e ámbi o de
cul u a
que, con poca p opiedad, llama-
mos Eu opa, no hab emos alcanzado
ya
ese
pun o
i e e sible desde
el cual no es posible el e o no.
Pido pe dón po
la
osadía; pe o
añado
que, después de elee es e
discu so, no
me
a epien o de habe lo esc i o. Aunque no si a
pa a
o a
cosa que
susci a
c í icas, cualquie es ue zo, po minimo que
sea, encaminado a
acla a
la
enc ucijada
en
que
la
conciencia his ó-
ica del homb e eu opeo se
encuen a
aho a,
hab á
alido
la
pena.
Es oy since amen e con encido de ello. An es de emp ende lo les ue-
go
oda ía que quie an
cen a
conmigo
su
a ención sob e algunos
concep os y exp esiones de alo ambiguo que hab emos de
maneja
aquí con
g an
ecuencia.
No
les pido que nos con enzamos
mu ua-
men e de lo que ellos signi ican, sino sólo que con engamos el alo ,
alcance y sen ido que
pa a
nues o es udio amos a a ibui les. Se
a a
de concep os como libe ad, his o ia, indi idual y con ingen e
en
-7-
oposición a colec i o y esponsabilidad, iempo, adición, con inuidad
y algunos o os.
Desde hace ap oximadamen e dos siglos
la
libe ad
ha
llegado a
con e i se
en
bande a
de pa ido;
la
usan
odos
sin
disc iminación,
cualquie a que sea el bando
en
que mili en.
Da
libe ad es,
más
o
menos,
a ae
a uno o some e a los p incipios que se p o esan. Se
ha
cons uido po es e medio
un
concep o cuan i a i o y obje i o
-quie o
deci ex e no al
homb e-
como si
la
libe ad uese
una
es-
pecie de bien de
o una;
cuan a
mayo dosis se consiga aco a ,
más
g ande se á el éxi o.
De
es e modo
la
libe ad puede llega a
se
ins-
umen o ag esi o; de
an a
se
dis u a
cuan a
se consigue
a eba a
al p ójimo. Pe o
pa a
un
his o iado
la
palab a
libe ad
signi ica
o a
cosa: alude a aquella unción
inhe en e
a odo
se
humano, sello que
Dios
ha
pues o en
su
alma, y que se opone al concep o de necesidad.
Todos los acon ecimien os que no se p oducen inexo ablemen e
-po
la
acción de
una
ley ísica de
la
na u aleza, alga el
ejemplo-
obli-
gan
al homb e a eje ce
es a
capacidad elec i a,
la
cual
se á
an o
más amplia cuan o mayo sea el conocimien o de los é minos de
la
disyun i a. La igno ancia in encible, suponiendo que
és a
pudie a
da se de modo absolu o, elimina ía,
ambién
en o ma in encible,
la
libe ad.
La lengua
alemana
posee dos
palab as
dis in as
pa a
signi ica
aquellos dos concep os que, en espa iol o ancés, se exp esan con
una
sola, His o ia. La
His o ie
es
la
pleni ud del sucede ;
la
Gesch ch e
es, en cambio, el conocimien o de dicho sucede ,
nunca
pleno sino
pa cial. La Geschich e, ciencia his ó ica
-algunos
end án
legi imo
de ecl'O a p egun a se si es
una
ciencia
p opiamen e-
p oduce
en
el
hom ;
un
sis ema de explicaciones de
su
pasado,
una
conciencia de
su p opio
yo
e e ida a coo denadas de iempo.
No
hace- al a
p egun-
a nos po
su
u ilidad;
bas a
la
simple comp obación empí ica de
que su ausencia no elimina dicha conciencia, sino que
la
de o ma
pa a
ins ala la
en el campo de
la
supe s ición o de
la
mi ología. La
ec a conciencia de
su
His o ia es uno de los p esupues os de la libe -
ad
de las comunidades humanas.
Es os dos concep os de
«lo
his ó ico», al elaciona se
en e
si, p o-
ocan consecuencias de
la
mayo impo ancia.
Han
sido obje o de
in-
e p e aciones que,
aun
cuando no lleguen a
se
e óneas
-que
si lo
son muchas
eces-
acen úan
el ela i ismo de nues o conocimien o
del pasado. La noción de libe ad se asocia con ecuencia a las de
con ingencia y acción indi idual que
apa ecen
an e
el his o iado
como elemen os pe u bado es. Muchas eces pa ece que los his o-
iado es de o icio es amos deseando
sus i ui
la
ida,
en
lo que
és a
iene de pleni ud, de igo , de imp o isación, de c eación incluso, po
un
conjun o de leyes
-o
po
una
sola ley
gigan esca-
ec o as de
-8-
la ac i idad del homb e. C eo
pe sonalmen e
que las
úl imas
co ien-
es his o iog á icas,
al
ca ga
su
acen o
sob e los ac o es socio-
económicos,
han
acen uado
oda
ía
más
es a
endencia
que no me
pa ece buena. Pese a quien pese, lo indi idual
es á
ahí:
los desó denes
de Alejand o Magno, el desp ecio
ea al
de Césa
hacia
los senado-
es
en
los Idus de ma zo,
la
he oicidad i al de
San
F ancisco, el
más
p óximo
al
modelo del Maes o;
la
desdichada
mue e
del p íncipe
don
Juan,
que impidió acaso la e eb ación de España, y
has a,
si
me
apu an,
la
llu ia
ma u ina
del campo de Wa e loo,
segui án
ace-
chando
a los his o iado es como ac o es decisi os
en
el umbo del
acon ece
humano.
Hen i
Be gson (
1),
al discu i a Spengle , descub ió
has a
qué
pun o
los his o iado es posi i is as
habían
espacializado al iempo
pa a
ajus a le
a
su
concep o de His o ia como
una
p og esión en que
lo iejo pe sis ía
mien as
e a
en e ado
bajo
las capas acumula i as
de lo nue o. Pe o odos los his o iado es
ac uales
saben muy bien que,
en
la
ma cha
de
la
Humanidad
a
a és
del iempo, se
es án
p odu-
ciendo no
un
conjun o
de ealidades
en
se ie, sino
un
abanico de po-
sibilidades de las que
apenas
si
una
pa e
mínima
llega á a con e -
i se
en
ealidad. No malmen e al homb e co esponde eje ce
su
ca-
pacidad
de decisión
en e
ellas, no
en
o ma
simple y di ec a, sino
compleja e indi ec a. Además
las
ealidades
ya
p oducidas apa ecen
en
la
conciencia del
homb e
o mando
se ies o conjun os espec o a
los cuales el iempo iene alo ela i o. Quie o deci , siguiendo
en
es o el
pensamien o
de Meinecke
{2),
que el iempo his ó ico se p o-
duce
en
la
conciencia de
un
modo esencialmen e dis in o a como
se
compo a
el iempo
ma emá ico:
a los
i mos
len os, con escasos
acon ecimien os signi ica i os, suceden o os ápidos
en
que los
he-
chos
impo an es
se
acumulan.
El iempo-his ó ico, que es
p opiamen e
un
iempo-conciencia,
cons i uye
uno
de
los
más
ele an es descub imien os de los
his o-
iado es de
nues os
días y se elaciona
ín imamen e
con
la
noción
del p esen e. A eniéndonos a los
é minos
de
la
ma emá ica
clásica o
posi i a
-que
es
an
sólo
una
de las
ma emá icas
posibles, según el
pensamien o
ac ual-
el
p esen e
no es
o a
cosa que
una
linea
en
con inuo mo imien o uni o me que
sepa a
lo que
ya
ha
sucedido de
lo que a
inmedia amen e
a sucede . Pe o ello se debe a que, como
an es
apun ábamos,
se
ha
p oducido
una
espacialización acaso
in-
conscien e
del
iempo. Sucede,
sin
emba go, que odo el
mundo
-y
los
his o iado es
en
p ime
é mino
- iene
una
cla ísima noción de que
el
p esen e
es, o
se
conside a como al,
un
ámbi o
en
el que se
ag u-
1.
H. BERosoN,
La
pensée
e
le
mou an ,
25.~
ed.
Pa ís,
1950.
2.
F.
MEINEcKE,
El
his o icismo
y
su
génesis,
ad.
esp. Méjico, 1943.
-9-
pan
sucesos ya acaecidos
jun o
con o os que p e emos o p oyec amos
en
in ima
elación con ellos; unos y o os,
en
odo caso, cons i uyendo
cie a o ma de unidad. Como el iempo his ó ico es gené icamen e
iempo p esen e pues o que odos los hechos que en él suceden se
ha-
cen p esen es
en
la
men e
del his o iado , es o quie e deci , ni
más
ni menos, que no se p oduce ue a, sino
den o
de
la
conciencia
hu-
mana;
es «subje i o» y no «Obje i o». Llegados a es e
pun o
con ie-
ne hace
un
inciso
pa a
p e eni
con a
e o es comunes: de
ninguna
mane a
debe iden i ica se al conocimien o his ó ico obje i o con
neu-
o, impa cial o pe manen e, ni al subje i o con apasionado, pa cial
o a iable.
La ciencia his ó ica u iliza
pa a
su
abajo
iempos-conciencia y
no c onología.
Es,
quie a o no quie a, conocimien o subje i o que se
ale de hipó esis de
abajo
a las que
in en a
luego comp oba o ex-
plica .
No
debe ex añ.a nos, pues así p oceden
ambién
o as
muchas
ciencias ac ualmen e. En mi opinión,
esul a
ex ao dina iamen e
signi ica i o que
es a
concepción del
sabe
his ó ico,
supe ado a
de
las an iguas ó mulas de
la
his o ia
na a i a,
gené ica o
p agmá-
ica,
haya
coincidido con
un
cambio en el
a e
de
la
no ela, del
ea-
o y del cine
-con
p edominio de és e, al menos
en
la
p ime a
mi ad
del
siglo-
que ca ac e iza a nues o iempo y que consis e p ecisa-
men e
en el
ánsi o
de
la
no ela psicológica obje i a al modo de
Balzac, a
la
psicología subje i a de Joyce o de Ka ka.
No
me pa ece,
po an o,
una
casualidad que el cine
haya
enido a con e i se
en
el enómeno más
impo an e
de nues o iempo, máxime cuando,
me ced a
la
ele isión,
la
imagen
en
mo imien o
ha
pene ado
en
capas de in imidad social que
an es
se conside aban a cubie o.
El
g an
mé i o de Se gio Mihailo i ch Eisens ein
-Y
ambién
aca-
so
la azón
más
p o unda
de su
in ima
e in olun a ia con adicción
con el
«Obje i o»
ealismo socialis a p econizado po los so ie s como
ó mula
única
de
a e-
es
habe
comp endido que
la
esencia del cine
se
halla
p ecisamen e en
la
up u a
con los p incipios elabo ados po
el posi i ismo
en
bene icio de cuna sín esis análoga del elemen o
emocional y del elemen o in elec ual» a in de «de ol e al elemen-
o in elec ual sus uen es i ales, conc e as y emocionales»
(3).
Pa a
un
his o iado de
la
cul u a
como A nold
Hause
(
4)
la
iden i icación
del iempo his ó ico, iempo-conciencia, con el esul ado de las
éc-
nicas del
mon aje
cinema og á ico es
an
impo an e
y signi ica i a
3.
Con e encia
p onunciada
en
la
So bona
el
17
de
eb e o
de
1930
y ecogida
po
LEÓN
MoussiNAc, Se gei
Mihailo i ch
Eisens ein,
Pa ís,
1964,
pág.
94.
Ve
am-
bién
sob e
el
ema
S.
M.
El sENS'l'EIN,
Teo ía y
écnica
cinema og á ica,
Mad id,
1958,
y
JEAN
MITRY,
S.
M.
E sENSTEIN,
Pa ís,
1961.
4.
ARNOLD
HAUSER,
His o ia
social de la
Li e a u a
y
el
A e,
omo
m,
Mad id,
1964.
-10-
e i o ios y puso
en
cul i o, enciendo al bosque,
al
pan ano
y al
ma ,
zonas
an es
imp oduc i as.
Una
iple
e olución económica,
en
los
sec o es me can il, ag ícola y inancie o, lle ó al descub imien o de
la
le a
de cambio y de
la
moneda
de
cuen a
y,
con ello, a
la
ape u a
de c édi os y a
la
mul iplicación
ilimi ada
de los capi ales.
La
Iglesia,
je a quizada y
segu a
de posee
la
e dad, desa olló y dio ida a
un
cue po
de
doc ina
de alo uni e sal e indiscu ido,
mien as
apli-
caba
al
de echo
sus
no mas
é icas.
De
G aciano
a Du ando,
madu ó
es e de echo como
un
conjun o
de p incipios acep ados.
La
au o idad,
explicada con el símil de gus o muy medie al de
la
escala de Jacob,
po donde los ángeles suben pe o
ambién
bajan,
esul ó e o zada.
Po ez
p ime a
se es ableció
ambién
un
sis ema
educa i o que con-
aba
con
es
ni eles: el p opedeu ico del « i ium» y «qua i ium»,
las
sie e
a es
libe ales; el
in e medio
de
las
ciencias
humanas;
el
supe io de
la
Teología,
eina
del
sabe
a la que,
en
el simbolismo
c o-
má ico de las
Facul ades
uni e si a ias, se a ibuyó el blanco colo
del a miño.
La Uni e sidad, que los homb es del medie o
llama on
Es udio
Gene al, nació como esul ado
á.e
es os es ue zos. Cuando uno de los
más
eximios doc o es uni e si a ios,
San o
Tomás de Aquino
-en
su
amosa cues ión
75
de
la
Summa
Teológica,
III-
explicó
la
g an
ope-
ación que
inca dinaba
a
la
ascendencia
de Dios, Jesús, el Seño ,
en
la
na u aleza
como
un
sencillo cambio, « ansus anciación» que,
del
pan
y del ino, conse aba
an
sólo las especies (13),
la
concien-
cia his ó ica del p o idencialismo se io e o zada. Los homb es,
inde-
ec iblemen e auxiliados
po
su
C eado , cons uyen
en
la
His o ia
len amen e
un
«Regnum
Dei»
de la
libe ad
que no
pod á
sin
emba -
go
ealiza se
plenamen e,
sino
más
allá
del o den empo al. El
p o-
g eso,
en
la
His o ia, es
una
especie de c ecimien o que
ans o ma
al homb e lle ándole, del es ado inicial de necesidad, p oduc o del
pecado, a
su
des ino eliz
po
medio de
la
libe ad
mo al
que p opo -
ciona
la
g acia.
La
ue za de es os p incipios ue
an
g ande
que,
a pesa de los siglos anscu idos,
aún
se
halla
p o is a de i alidad.
n
El
o gen
de
la
c s s.
Es
muy di ícil
p ecisa
dónde se
encuen a
la
p ime a
aíz de
una
c isis
-en
el sen ido de e isión del
juicio-
de
es a
conciencia
his ó-
ica eu opea. Apa ece
mani ies amen e
con
la
Ilus ación.
Pe o
los
1'3.
e
sob e
es o
A.
PIOLANTI,
El
mis e io
euca ís ico,
omo
!,
Mad id,
1958,
págs.
:ll'S-29,1,
y M.
8cHMAUS,
Teología
dogmá ica,
omo
VI,
Mad id,
1963, págs.
301
sg s.
-18-

pensado es que
enca naban
es e mo imien o, lo mismo que sus inme-
dia os he ede os del siglo XIX,
p e endían
sólo ompe los moldes
del pensamien o adicional c is iano, conse ando inal e able
en
cambio el o den de alo es é icos «na u ales:.
-la
ilan opía-
que
el C is ianismo
había
p oducido. Cla os p eceden es pueden se ala se
en
Maquia elo y
en
Desca es. El amoso his o iado y poli ico i aliano
a i mó,
en
el p ime o de sus Discu sos sob e
L o,
que
una
especie de
ley inexo able p esidía el desgas e de los egímenes poli icos, con lo
cual el homb e quedaba supedi ado al acon ece his ó ico. Se le des-
p o eía de su libe ad.
En
su conocido
Discu so
del Mé odo, René Desca es incluyó aque-
lla sen encia, o igen del acionalismo, «pienso, luego exis o:.. El Dis-
cu so ue publicado
en
1637
y
e a
adical
en
sus
conclusiones: no sólo
debía e isa se
la
conciencia his ó ica poseída
po
el homb e eu opeo
-que
se
hallaba
enza zado, cie amen e,
en
una
de las
más
oscu as,
e cas y
sang ien as
gue as-,
sino que
la
his o ia misma debía
eclui se
en
el albe gue de los conocimien os cu iosos e inú iles. Ya
en
1690
John
Locke comba ió
es a
pos u a
-el
exis i
no
es conse-
cuencia del pensa , a i mó, sino
en
odo caso
su
an eceden e-
pe o
lo hizo
en
nomb e de
un
sensualismo expe imen al que echazaba con
igual ene gía cualquie ipo de adición.
En
un
abajo
muy alioso publicado hace casi
cua en a
a íos,
Paul
Haza d (
14)
se ialaba ya el Ensayo sob e las cos umb es y
el
espí i u
de
la
naciones de Vol ai e como
la
ob a
decisi a del
g an
sal o que,
en e
al p o idencialismo apoyado
en
la
Teología,
p e en-
día
alcanza
una
Filoso ía de
la
His o ia libe ada de mi os,
amena
y
p o echosa, ú il
pa a
la
educación
humana
y
o ien ada
a
la
ilus a-
ción ( «e kla ung») del homb e. En ella hizo dos a i maciones
pa a
las
que no
apo aba
ninguna
clase de p ueba cien í ica, pe o que
e an
an
b illan es como odas
cuan as
lle an
la
ma ca
de
su
genio:
Fue
la
p ime a
que odas las cul u as siguen en
su
desa ollo
una
especie de pa alelo e es e, omado
en
el sen ido de O ien e a Occi-
den e. Po eso
enía
que o za
la
e dad a ibuyendo a
China
mucha
mayo
an igüedad
cul u al que a Egip o o a Mesopo amia.
En
su
ga-
bine e de
abajo
conse aba
una
imagen de Con ucio con
la
exp e-
sión
g abada
«Sanc i Con ucii,
o a
p o no bis:., como signo de
la
supe-
io idad que econocía a su ciencia.
Fue
la
segunda que el C is ianismo no se
asien a
sob e
una
e dad
absolu a,
la
di inidad del Se io Jesús, sino sob e
una
c eencia e i-
sable
y,
pa a
él,
mal
undamen ada.
No
se
a a,
pues, de
un
a eísmo
adical,
en
el sen ido que se
da
no malmen e
a
es a
palab a, sino de
una
in e sión en los é minos: no es que Dios
haya
c eado al homb e,
14. PAUL HAZARD,
La
c ise
de
la.
conscience eu opéenne,
Pa ís,
1935.
-19-
sino que el homb e
ha
in en ado
a Dios
pa a
p ocu a se
una
explica-
ción de aquellos enómenos que no en iende.
En
un
momen o
de e -
minado
sus
conocimien os
pe mi i án
al
homb e
abandona
la
idea
de
Dios como el a qui ec o p escinde de los
andamios
cuando
ha
sido
e minado
el edi icio.
La
explicación
dada
po
Vol ai e sigue siendo
empleada
como
moneda
co ien e
en
nume osos lib os. El C is ianismo es enemigo de
la
azón
po que
exal a
como único alo
un
sen imien o.
Las
exp e-
siones empleadas
po
el amoso ilóso o no
es án
exen as
de
inju ias.
Nació el C is ianismo,
en
pa e,
del peque io pueblo judío «Salido de
Egip o como
una
ho da
de lad ones», «abyec o
en
la
desg acia e inso-
len e
en
la
p ospe idad», siendo
en
su
o igen
un
mo imien o
popula
acaudillado
po
cie o exal ado
ilán opo
(Jesús de Naza e )
al
que
o o
aná ico
con usiona io
(San
Pablo), con
ayuda
de
los mis e ios
helenís icos y de
la
iloso ía neopla ónica, p es ó el
alien o
necesa io
pa a
su
iun o
y dio con enido ideológico. La azón debe
se
libe ada
en
consecuencia del
secula
op eso
c is iano
y el «in ame» (es deci ,
la
Iglesia ca ólica) aplas ado. El
esul ado
se á
una
iluminación
de
la
men e,
«au kHi. ung». Es e es el
ema
casi
cons an e
de
su
co es-
pondencia con
el
ey Fede ico de
P usia
(
15).
III
La
doc ina
del p og eso.
cuando
Vol ai e y los demás
ilus ados
comba en
an
denodada-
men e
al
p o idencialismo, no
ienen
en
cuen a
a
San
Agus ín
ni
a
la
g án
adición
his o iog á ica c is iana, sino a
la
o ma
en
que
al
doc ina
se
p esen aba
en
el amoso Discu so ace ca de
la
His o ia
uni e sal
que
publica a
en
1681
el obispo
Jacques
Benigne Bossue .
Pe o
en
es e lib o se
al e aban
dos aspec os
muy
esenciales de
la
in e p e ación
his ó ica
adicional:
se
sup imían
casi
po
comple o
las
di e encias
en e
los dos planos, el
de
la
His o ia
de
la
sal ación
y el de
la
lib e ac uación
humana
empo al
-con
lo cual se exage-
aba
la
in e ención
<<ac ual»
de
la
di ina
p o idencia
en
acon e-
15.
La
idea apa ece exp esada po comple o
en
la
Educación
del
géne o
humano
de
LEssiNG:
<<El
An iguo
Tes amen o
e a
un
lib o elemen al ap opiado
an o
pa a
los niños como
pa a
un
pueblo in an il. C is o ... qui ó
al
niño
el lib o
elemen al
ya ago ado. El ue el
p ime
maes o
idedigno de
la
inmo alidad
del alma.
Es
innegable que
añade
a
es as
enseñanzas
o as
doc inas
cuya
e dad
no
es
an
e iden e y cuya u ilidad
es
meno , pe o ... no nos insolen emos
con a
ellas,
an es
bien, in es iguemos se iamen e si ales enseñanzas supe pues as
cons i uyen
un
nue o impulso
o ien ado
de la azón humana».
-20
:-
cimien os
me amen e
humanos-
y se con e ía al homb e
en
un
me o
ins umen o
de
con inuados
y minuciosos designios di inos
a e-
ba ándole
pa e
de su
libe ad
y esponsabilidad (16).
La
lec u a
conjun a
y
se ena
de
la
ob a de Bossue
qui a
mucho
igo a
es ~
plan eamien o,
pe o a sus enemigos
bas aba
con
mul iplica
ci as
y
ex ac os
pa a
a gumen a .
Na u almen e
no
bas aba
con comba i , idiculizándola,
la
con-
ciencia his ó ica del c is ianismo medie al;
e a
p eciso
da
una
expli-
cación de
la
ma cha
del mundo. Es
sin omá ico
que Vol ai e
haya
con iado a dos no elas,
Mic omegas
y
Cándido,
la
misión de
se
po -
ado as
de su
azonamien o
y, sob e odo, que
haya
ecu ido a
la
ciencia- icción, como si necesi ase
deja
p e iamen e
es ablecida
la
exis encia de homb es
o,
al menos, de se es acionales,
en
o os
pla-
ne as,
pa a
pode
comba i
los excesos del p o idencialismo y las
p e ensiones de que
la
C eación
en e a
se
encuen a
al se icio del
homb e.
La
i onía
es, en
manos
de Vol ai e,
un
manja
suculen o;
cuando el ilóso o p o idencialis a Pangloss
-p obablemen e
Leib-
ni z-
quie e explica
pa a
qué
han
sido
hechas
las cosas,
p esen a
ejemplos
an
di e idos como és os: las
manos
exis en
pa a
lle a
guan es, los pies
pa a
calza zapa os, las na ices
pa a
sopo a
ga as
y
las
acas
pa a
se
comidas.
A eces
la
i onía
pa ece
más
bien
un
ecu so
pa a
sus ae
al
lec o a
la
g an
in e ogan e
que se ab e
en
cuan o
se
abandona
la c eencia
en
un
Dios
ascenden e.
¿Po qué exis e el homb e? ¿Cuál
es la
azón
de
su
se ? De es e modo
in e ogan
Cándido y sus amigos,
as
la ga
pe eg inación in uc uosa, al
g an
de iche que
han
ido a
busca
a
Cons an inopla:
«Maes o, enimos aquí a
oga e
que nos
digas el po qué de
habe
sido c eado
un
animal
an
ex a ío como es
el homb e». Las espues as del de iche son desespe anzado as: «po
qué os
en eme éis
en
ello», «¿en qué os a a íe?», «¿qué
impo a
que
exis an el bien o el mal?» ; «cuando
su
al eza
en ía
un
ba co a Egip-
o, ¿se
p eocupa
de
la
comodidad de los
a ones
a bo do?» Vol ai e no
que ía
p obablemen e
da
una
espues a
conc e a;
poseía su icien e
p udencia
como
pa a
comp ende
que
ninguna
o a
doc ina
podía
impone se de modo
inmedia o
pa a
sus i ui
al
p o idencialismo que
16.
Alpa ecen
en
es a
ob a
(ci amos
la
edición de Manuel de Mon oliu, Ba celona,
1'940)
exp esiones como las siguien es: «Después de
habe
es ablecido (Dios)
con
an as
p uebas sensibles es e
undamen o
inmu able, que po sí solo
conduce a
su
olun ad
odos los acon ecimien os de
la
ida p esen e» (pág. 1'68);
«es a conduc a de Dios nos hace e ambién, que odo sale
inmedia amen e
de
su mano» (pág.
HH)
; «la
his o ia
del pueblo de Dios,
a en iguada
po
su
p opia
con inuación y po
la
eligión...
ha
conse ado como
en
un
iel egis o
la
memo ia de es os milag os, dándonos con ello
la
e dade a
idea; del impe io
sup emo de Dios, seño
omnipo en e
de odas sus c ia u as» (pág.
177).
-21-
an
cáus icamen e ecusaba. Es
an
sólo al inal de
la
no ela que
comen amos cuando,
de
modo indi ec o,
insinúa
el
ema
(17).
El
g an
sec e o del mundo, cuando se le opone acionalmen e a
Dios, es que cada cosa iene
po
in a si
misma
sin
ascende se.
Cán-
dido y sus compañ.e os deciden
e i a se
a
una
aldea y cul i a
su
ja dín.
No
es
ningún
aza
la
coincidencia de é minos
en e
cul i o
y cul u a, pues siendo acional
la
na u aleza
del homb e,
su
in no
puede
se
o o que el cul i o de
su
p opia azón. Consecuen e con
es a
doc ina, Vol ai e de inió
la
His o ia como «la
ayec o ia
hacia
la
conquis a de
la
azón al se icio de
la
e dad» (18).
En
ella
la
ac i-
idad del homb e,
en
cuan o
que p og esa, iene mucho de c uzada
con a
el i acionalismo, el
sen imien o
eligioso,
la
igno ancia y
la
Iglesia ca ólica.
No
desca aba, con sen ido ealis a,
la
necesidad de
una
alianza
en e
la
azón y el despo ismo.
Pa a
comp ende
la
g an
in luencia que las ideas del ilóso o ancés eje cie on sob e
su
eal
discípulo p usiano,
bas a
conside a que oda ía
en
iempos de Bis-
ma ck, cien a ios
más
a de, pudo llama se
en
Alemania
Kul u kamp
a
la
pe secución
desa ada
con a
la
Iglesia.
Vol ai e enunció, sin emba go,
la
doc ina
del p og eso en
la
His-
o ia con no pocas ese as. La conquis a de
la
e dad po
la
azón
humana
le pa ecía indudablemen e p og esi a, así como que ella
e a
el p incipal obje i o que
la
Humanidad
enia pe siguiendo desde el
p incipio de los iempos. Pe o
dudaba
de que
la
ma cha
uese siemp e
ascenden e. Una gene ación
más
a de,
en
cambio,
sus
discípulos sos-
u ie on ya con absolu a con icción
la
idea
de que
en
la
His o ia el
p og eso se p oducía «necesa iamen e»; sin
duda
in luye on los
g a-
es acon ecimien os polí icos que
dicha
gene ación hubo de i i en
F ancia. En
1794,
pe seguido y solo, el amoso ma qués de Condo ce ,
gi ondino, epublicano y demóc a a, esc ibió
un
lib o sob e Los
p o-
g esos
de
la
men e
humana
(
19),
que cons i uye,
d amá icamen e,
el
can o
de espe anza inal de los ilus ados
y,
a
la
ez, el
puen e
hacia
el posi i ismo. Augus o Com e se
decla a á
discípulo de Condo ce
y
asumi á
plenamen e
la
sen encia
undamen al
de és e: «la pe ec-
ibilidad
humana
es ilimi ada».
Edi o de Vol ai e y p o agonis a p incipal del mo imien o de
opinión que lle aba a conside a a Desca es como
la
aíz
más
lejana
de
la
Re olución, Condo ce e a, sob e odo,
au o
de
un
amoso
plan
de ense ianza laica, obliga o ia y
g a ui a,
que apenas unos meses
an es
de
su
mue e
en
la
gillo ina, discu ían los dipu ados de
la
Con-
17.
KARL
LOWITH,
El
sen ido de
la
his o ia,
Mad id,
19516,
págs. 156-158.
18.
JuAN
REGLÁ,
ln oducclón
a
la
His o ia,
Ba celona,
1970,
pág.
1'm.
19.
El
i ulo
o iginal
es
Tableaux
des
p og es de
l'esp i
humain.
Ya
en
1796
apa eció
en
Lond es
la
p ime a
aducción
inglesa
que
se
i ulaba
ou lines
o
h s o cal ew
o
he
p og ess
o/
he
human
Mind.
-22-
ención (20).
Es aba
con encido de que aquella e olución
-la
misma
que
acaba ía
po
de o a le-
e a
ya
el comienzo de
una
nue a época
de
la
His o ia, a cuyo
é mino
los homb es llega ían a o ganiza se
en
comunidades lib es,
sin
i anos
ni
sace do es,
suje os
únicamen e a
los p ecep os de
la
azón. Sus
a gumen os
se
p esen aban
como obje-
i os y no subje i os. La ida
humana
se ía
p odigiosamen e
ala gada
po el uso adecuado de la
alimen ación
y de
la
higiene. El conocimien o
y aplicación de las leyes de
la
he encia
-debo
ad e i
que las leyes
de Mendel no ue on comunicadas
has a
el 8 de ma zo de
1865-
mejo a án
las cualidades mo ales del
se
humano.
La
acumulación de
conocimien os y de medios écnicos
di undi á
en e
odos los homb es
el
dis u e
de los bienes ma e iales.
De
es e modo, a ines del siglo XVIII,
la
doc ina
del p og eso se
esol ía
en
las
es
amosas enunciaciones que
la
cen u ia
siguien e
ha ía,
suyas:
-Cen o de
la
ida, el homb e es
causa
absolu a de
sus
ideas y
dueño,
po
an o,
de
odas
ellas; incluso de
la
idea
de Dios que
po
él
ha
sido p oducida y de
la
que puede lib a se
en
el momen o opo uno.
-
Cuan o
más
sabios seamos, se emos
más
icos;
cuan o
más
icos,
más
elices.
De
acue do con es o
la
elicidad del homb e coin-
cide con su posibilidad de consumo.
-
El
p og eso es
-con
más
én asis que
en
Vol ai e-
una
esca-
lada
de la azón
hacia
la
libe ad,
en
el sen ido de que
la
ciencia
libe a al
homb e
de las inieblas del
e o
y elimina las
abas
que
se oponen a
su
acción sob e el mundo.
Un
ja o
de
agua
ía
debió de
cons i ui
pa a
muchos de es os
c eyen es del p og eso
la
publicación
en
1798
del Ensayo sob e
el
p incipio
de
población
de
Thomas
Robe
Mal hus.
Pa a
el pensado
inglés
la
idea del p og eso
inin e umpido
e a
una
quime a, po que
el
aumen o
de
la
población
en
p opo ciones geomé icas, imposible
de
compensa
po
la
p oducción de alimen os,
gene aba
inde ec ible-
men e
la
pob eza
y,
con ella, la iolencia y
la
gue a.
Al
his o iado
ac ual
queda
la
duda
de si
la
ecomendación de
la
cas idad
a los
pob es, único emedio
e dade amen e
mal husiano
-los
o os que
oma on
su
nomb e
inie on después y no
e an
suyos-,
no cons i uía
una
quime a
semejan e
a
la
de
sus
ad e sa ios.
IV
Los
p ime os
pasos
de
la
dialéc ica.
Algunos pensado es especialmen e agudos
-un
ca ólico, como
Vico;
un
p o es an e,
como Fich e,
un
pan eís a,
como
Hegel-
com-
20.
L.
CAHEN,
Condo ce
e
la
Ré olu ion
j an ;aise,
Pa ís,
1004.
-23-

p endie on que
la
ealidad
his ó ica
e a
más
comple a de como el
ma qués
de Condo ce o
sus
maes os
anceses
habían
imaginado.
Po
o a
pa e,
una
co ien e
de
pensamien o, que
a ancaba
de
J.
J.
Rousseau,
discu ía
pa alela
a
la
de los
acionalis as:
echazando
la
doc ina
del pecado o iginal
a i maba,
en e
al pesimismo
c is iano
de
la
«massa
damna a»
que necesi a edención, el op imismo del
homb e
«na u almen e
bueno» y
la
conciencia
de
la
ue za que
iene
la
olun ad
de
un
pueblo.
La
in luencia
ousseauniana
sob e los
pen-
sado es
alemanes
ue
ex ao dina ia
(21)
especialmen e después de
que
la
expansión napoleónica,
ob a
de
la
Re olución,
ue a
enada
po
los pueblos alemán, uso y espa iol, que
es aban
muy
lejos
de
los
ideales ilus ados.
Comencemos
po
Giamba is a
Vico.
La
p ime a
edición de su
Scienza Nuo a apa eció
en
Nápoles
en
1725; ue
comple amen e
mo-
di icada
en
1730
y oda ía expe imen ó algunos e oques
pa a
la
edi-
ción de
1744,
el a io de
la
mue e
de
su
au o . Es e modes o abogado
i aliano, demasiado abie o al acionalismo
pa a
que el
pensamien o
c is iano le sos u ie a
en onces
y demasiado c eyen e
pa a
que los
ilus ados le
a endie an,
pasó a
la
oscu idad
in ecunda
a
pesa
de
habe
sido el descub ido de
la
mayo
pa e
de
los mé odos mode nos
de
las
ciencias
humanas.
con emplando
los p og esos cíclicos a que se
suje an,
en
el decu so
de
la
His o ia, las cul u as, Vico
hubo
de
p e-
gun a se
po el modo de
compo amien o
de
la
P o idencia a in de
ajus a
su
ciencia a
su
e.
La
P o idencia es,
pa a
Vico, el
o den
median
e
el cual Dios conse a
odas
las
cosas,
suje ándolas
a leyes;
po
e::.')
exis en,
jun o
a
las
leyes isicas,
o as
mo ales
o sociales. Ni
siquie
'.
es p ecisa
una
Re elación
sob ena u al
pa a
descub i los
elemen os de
es as
e dades;
en
las
más
an iguas
eligiones del
mundo
apa ece
la
c eencia
en
alguna
o ma,
aunque
sea
e ónea,
de p o idencia di ina. El C is ianismo
-la
doc ina
c is iana-
iene
a se ,
en
la
explicación de Vico,
ema e
y
no
comienzo:
la
«pleni ud
de los iempos»
no
hubie a
podido p oduci se
en
modo alguno, sino
después
de
que
la
Humanidad
hubiese desa ollado
la
capacidad
de
comp ensión
necesa ia
pa a
en ende
el
mensaje
mesiánico.
Analizando
la
His o ia
de
Roma,
la
más
adecuada
pa a
el cono-
cimien o
de
un
ciclo comple o, Vico llegaba a
o mula se
ín imamen e
la
p egun a
de si
la
C is iandad
ománico-medie al
-un
é mino
que
él
p obablemen e
nunca
u iliza ía-
no
había
alcanzado
ya
una
ase
de decadencia
bas an e
a anzada
pues o que de
las
es
e apas
de
il
co so,
la
de
los dioses,
la
de los hé oes,
la
de
los homb es, dos
se
habían
21.
e ,
sob e es e ema,
J.
TExTE, J. J. Rousseau
e
le cosmopoli isme eu opéen,
Pa ís,
1895
y, sob e odo, D.
MoRNT,
'Les
o igines
in ellec uelles
de
la
Ré olu ión
angaise,
Pa is.
1934.
-24-
cumplido
po
comple o y Ia
e ce a
es aba
anscu iendo
muy
de
p isa.
En
apa iencia
el
de eni
his ó ico de
una
cul u a
cons i uye
un
ciclo que
pa ece
conduci
inexo ablemen e
a
la
decadencia
y a
la
mue e,
después de
la
cual
se
inicia,
en
pun o
dis in o,
un
nue o
p o-
ceso que es
il
ico so.
Ya
se
ha
dado
después de
la
mue e
de Roma.
Pe o
Vico dio
una
espues a
alen ado a
basándose
en
la
libe ad
c is-
iana,
lib e albed ío, que Dios
ha
dado
a
cada
homb e.
Las
cul u as
no
se
encuen an
ineluc ablemen e
condenadas
a
la
decadencia;
és a
es sólo
la
consecuenci::J. de
un
all'J
en
el
compo amien o
de
los
homb es
que las
in eg an.
ll
ico so
e~.,
po
an o,
únicamen e
un
e-
cu so que
la
p o idencia
di ina
iene
es ablecido
pa a
ales
casos (22).
Fich e
(Ca ac e ís icas
de
la
época
ac ual,
1806)
y Hegel
(Lecciones
sob e
la
Filoso ía
de
la
His o ia,
1830)
aplica on
al
conocimien o de
la
His o ia
el idealismo dialéc ico.
Según
ell'Js
cada
época
iene a
se
como
la
plasmación
de
una
idea
que
pene a
odos los
sec o es
de
la
ac i idad
humana.
El.
sucede
his ó ico
no
puede
con empla se
como
simple
línea
ascenden e,
pues
las
ideas
se
enlazan
en e
sí, al
desa o-
lla se,
pa a
cons i ui
una
secuencia
lógica de esis,
an í esis
y
sín e-
sis. Es
e dad
que
ambos
pensado es,
en
el ondo,
conse aban
su
idelidad
a
la
conciencia
del p og eso
sos enida
po
la
Ilus ación,
pues a
que el
esul ado
de
es e
pe pe uo
mo imien o
de
lanzade a
es
la
consecución
de
sucesi as
e apas
de
libe ad
pa a
el
homb e.
Hegel
añadía
que el eje cicio de
la
libe ad
cons i uye
la
azón
mo al
del
se
humano
y que
aquélla
se
eje ce
a
a és
del Es ado.
La
ciencia
his ó ica
es udia,
pues, qué cosa es y cómo
se
desa olla
el Es ado.
Las
e dades
de
la
eligión, que
cons i uyen
una
pa e
de
la
azón
mo al,
no
son
e elaciones
sob ena u ales,
sino
conquis as
log adas
po
el
homb e,
y
C is iandad
eu opea
es
an
sólo
una
de
las
o mas
de
enca nación
del Es ado.
Las
di e sas
o mas
de Es ado,
las
cul u as,
se
enga zan
en
una
gigan esca
ayec o ia
de ealizaciones que
no
se
deben a
ninguna
clase de acción
ex e na
al
homb e
ni
a
la
p o idencia
di ina, sino
que
son
an
sólo
esul ado
del
«a did
de
la
azón» mo al, modo de
compo amien o
que
pe mi e
supe a
dialéc icamen e
los
malos
e ec-
os
de
las
pasiones.
La
C is iandad
eu opea
-no
ol idemos que Hegel
esc ibe
en
los
años
de
la
e ce a
década
del siglo
XIX-
es,
po
aho a,
la
me a
de
la
His o ia
y
la
más
pe ec a
de las ealizaciones.
Comen-
zando
po
el Es e,
donde
sólo
uno
enía
libe ad,
pasando
po
G ecia
y Roma,
donde
una
pa e
de los
homb es
iene
libe ad,
la
azón
hu-
mana
ha
alcanzado
la
pleni ud
de
la
libe ad
que
la
idea
c is iana
compo a.
No
es que el
homb e
haya
sido
ele ado
po
la
Redención
22.
B.
CRocE,
Teo ía
e
S o ia
della
S o iog ajia,
Ba i,
19Q7.
Es
el
e dade o
descu-
b ido
de
Vico.
-25-
has a
el ni el de la di inidad; es que Dios se
ha
undido con el
hom-
b e, que desde
aho a
se
encuen a
lib e de
la
necesidad de
ecu i
a
explicaciones que no
sean
es ic amen e
acionales.
En íspe a de las
g andes
doc inas
sociales,
la
conciencia
his ó ica
del homb e eu opeo, lle ada de
manos
de
la
dialéc ica y apoyándose
en la ó mula ol ai iana,
expe imen aba
una
adical
y sobe bia
ans o mación: iba a
en en a se,
a solas, con lo Absolu o.
P ime os
pasos
del
sensualismo
his ó ico.
Algunos años
an es
de
la
publicación del lib o de Condo ce , exac-
amen e
en
1784,
Emm:muel
Kan
-no
ol idemos que Hegel ue dis-
cípulo del
g an
iJóso o de
Konigsbe g-
daba
a
la
imp en a
una
ob a
muy b e e pe o
al amen e
.:igni ica i a.
No
p e endía
en onces
o a
cosa que
da
la
éplica al es udio de
He de
de que nos ocupamos
en o o
luga
de es e
abajo,
colocándose
en
el ángulo de
mi a
de
los ilus ados; de
ahí
el í ulo alemán,
Idee
zu
eine
allgeme nen
Geschich e
im
wel bü. ge liche
Absich ,
que pod íamos
aduci
ap o-
ximadamen e como Ideas ace ca de
la
His o ia
uni e sal
desde
un
pun o
de
is a
cosmopoli a.
Con es e lib o
Kan
ab ió, además, el
ca-
mino
hacia
una. decidida obje i ación y secula ización del conoci-
mien o his ó ico, a
la
cual llamamos sensualismo.
La His o ia es,
pa a
Kan ,
desa ollo de
la
azón
humana;
es a
ope acló ·ene como
ca ac e ís ica
que no es suscep ible de cumpli-
mien o en la ida de
un
solo homb e.
La
Humanidad
y no el indi i-
duo posee
un
in in eligible.
Cada
gene ación se apoya
en
las
que
la
p ecedie on, pe o no
median e
un
simple p oceso
acumula i o
de
co-
nocimien os;
hay
una
con inuada
ans o mación
que
hace
a
la
Hu-
manidad
más lib e y acional. Fo zoso es
admi i
que es e desa ollo
de
l::o.
azón u o
un
pun o
de
pa ida
de
p imi i a
i acionalidad,
a
pa i
del cual azón y pasiones se di e encia on y comenza on a
a-
baja
independien e y dialéc icamen e. Sucede que el
homb e
no
ac-
úa
sólo a impulso de
la
azón, sino
ambién
de
las
pasiones,
en
espe-
cial de la sobe bia, codicia y ambición, que
son
ca ac e is icas
y
dominan es. Ellas
hacen
p og esa
a
la
Humanidad
y
no
la
in eligen-
cia.
ajena
de
un
di ino legislado .
Indi ec amen e,
pues,
la
azón
as-
pi a a
un
mundo
es ancado, que
se ía
mucho
más
eliz, pe o las pasio-
nes obligan al hom · e a mo e se
hacia
adelan e,
pa a
domina
y
ence , descub i nue os caminos y eco e los.
Tal
es el p og eso,
sup emo
plan
de
la
His o ia, obediencia al
conjun o
de
leyes que
posee la Na u aleza, pe o ni ciega ni necesa ia.
-26-
Kan
se
mo ía
en e
los dos
ca iles
que Vico y Mon esquieu
o -
mula an
con
o al
indepenjencia
apenas
medio siglo
an es.
El
suce-
de
his ó ico
no
es
una
ec ilínea
conquis a
p og esi a
de
las
i u-
des
humanas,
sino
consecuencia
de
la
ac uación
o al
del
homb e;
ampoco
se
p oduce
lib emen e
-ni
con
libe ad
in ínseca,
ni
con
libe ad.
di igida
pa a
los designios de
la
P o idencia-
sino
encau-
zado
po
el
conjun o
de leyes que
igen
el
compo amien o.
Reco demos que
Mon esquieu
había
publicado
en
1734
las
Causas
de
la
g andeza
y
decadencia
de los
omanos,
y
en
1748
el
Espí i u
de
las leyes, dos
ob as
que se
complemen an
pa a
ansmi i nos
su
sen ido
de
la
His o ia.
Redescub iendo
a Polibio
a i maba
que
la
e olución de
los
egímenes
polí icos
no
se
p oducía
a bi a iamen e,
sino
de
acue -
do
con
un
o den
an
p eciso
-mona quía,
oliga quía, democ acia,
demagogia,
i anía-
que
pa ece
indica
que,
en
cada
una
de
sus
o -
mas, el
desgas e
que
se
p oduce
iene
siemp e
el mismo sen ido.
En
o as
palab as:
cada
égimen
p oduce
en
su
seno
las
causas
que
ha-
b án
de
des ui lo
y
su
desapa ición
pa ece
se
indispensable
pa a
el comienzo de
una
nue a
e apa.
El
homb e
no
posee
una
libe ad
demasiado
g ande.
Con el
mayo
én asis, Mon esquieu
señaló
es as
dos
consecuencias:
-El
homb e
no
se
encuen a
po
encima,
sino
po
debajo
de
las
leyes his ó icas.
En e
el
égimen
polí ico de
una
sociedad
y
la
edu-
cación
y
cul u a
de los
homb es
que
la
in eg an
debe exis i
adecua-
ción;
en
caso
con a io
se
gene a
una
ines abilidad
que
acaba
po
de iba le.
Cie o que al
homb e
queda
siemp e
un
úl imo
educ o
de
libe ad,
pe o
és a
no
es
ninguna
ga an ía:
la
libe ad
alcanza
in-
cluso a
la
mons uosidad,
la
des ucción
y el suicidio.
-Cada
égimen
de
una
sociedad
gene a
sus
p opias
leyes. Mon-
esqüieu
en endía
po
égimen
algo
más
que
una
simple
o ma
de
gobie no
y
po
leyes a odo el
conjun o
de
ins i uciones
las cuales
se
adecúan
al
ni el de
cul u a
del
cue po
social. El conocimien o
de
la
His o ia
se
con ie e
en
ciencia
ú il,
pues
bas a ía
educa
al
pueblo
pa ::1.
modi ica
sus
leyes
pe niciosas
o, a
la
in e sa,
cambia
sus
leyes
pa a
ans o ma
al pueblo.
De
es e
modo,
en
el
anscu so
de
poco
más
de
un
siglo,
la
ieja
conciencia
his ó ica
de
Eu opa,
que
impe a a
du an e
ochocien os
años,
se
io
sus i uida,
en
la
mino ía
de
in elec uales
ilus ados,
po
o a
nue a
aunque
oda ía
poco
cla a.
Se mo ía
aun
en
educidos
cí culos y
usaba
como
pla a o ma
las
Academias y Sociedades sabias,
pe o
no
las
a caicas
Uni e sidades que
muchos
c eían
llamadas
a
-27-
El posi i ismo
con inuaba
a Vol ai e. Una ez que el homb e llega
a descub i
la
p o isionalidad de
la
idea de Dios, el conocimien o
his ó ico debe á pe mi i nos comp ende cómo se gene ó
al
idea y
has a
dónde alcanza
su
alidez
(27).
En iéndase cla amen e que
Com e es aba dispues o a
nega
la
exis encia de
un
Dios pe sonal,
pe o que, a di e encia de
Feue bach
y los ma xis as, conside aba á-
lida
la
idea
de Dios como p oyección uni e sal de
la
Humanidad
an es
de que
és a
llega a a encon a se consigo misma.
Es a
idea e a, ade-
más, ú il.
En
o as
épocas
la
conciencia del sup emo pode di ino,
uno o múl iple, o el consenso
en
p incipios abs ac os,
hablan
gene-
ado o mas in e io es de o den, de las cuales
e a
condición
indis-
pensable
la
exclusi idad. A mediados del siglo XIX, con
la
apa ición
de
la
ciencia posi i a, es o
ya
no
es posible.
El deso den
einan e
- es
e oluciones
en
menos de
un
siglo,
acele ado desgas e de ins i uciones, quieb a del p incipio de
au o i-
dad-
es consecuencia, según Com e, de que
han
llegado a coexis i
las
es
e apas.
No
exis e
o a
solución que
elimina
a dos de ellas,
na u almen e
las
más
an iguas, acele ando el
iun o
del posi i ismo.
Pa a
ello
b indaba
su nue a explicación de
la
His o ia, que eno a ía
la
conciencia his ó ica del homb e eu opeo y le
pe mi i ía
es au a
el o den des ozado.
La
apa ición del C is ianismo, sos enía Com e, pe mi ió a
la
Hu-
manidad
anquea
el paso desde
la
época eológica a
la
me a isica.
En onces se modi icó
la
conciencia his ó ica, al ense ía que el de e-
ni
no es
una
ueda
sin
p incipio
ni
in, sino
la
ma cha
p og esi a
del homb e
hacia
una
me a
colocada de momen o
en
la
ascenden-
cia del mundo.
San
Pablo,
un
undado
de impe ios
an
impo an e
como Julio Césa , ue el enca gado de ex ende
la
simien e de
es a
doc ina
y de
unda
la
Iglesia, p ocedimien o
median e
el cual
la
nue a conciencia empezaba a
gene a
un
nue o o den.
Du an e
mu-
cho iempo
la
an igua
e apa
eológica y
la
nue a me a ísica hubie on
de con i i ; así se explican
muchas
de las pe u baciones de los
p i-
me os siglos medie ales. Pe o
la
Iglesia ca ólica, c eado a y ecunda,
p og esi a, pudo al in
hace
iun a
su
o den
du an e
los siglos
b illan es que an de G ego io VII a Boni acio VIII. Dicho o den se
basaba
undamen almen e
en dos p incipios: sepa ación
en e
los
pode es empo al y espi i ual, simbiosis de
la
au o idad;
con ianza
en
el mé i o pe sonal como único camino
pa a
el ascenso
en
la
es-
uc u a
je á quica.
Al
se
econocida
la
na u aleza
espi i ual a odos
los homb es, iguales
an e
Dios,
en
un
plano supe io al mundo,
se
2'1.
Sob e
es e
ema
y
ambién
de
modo
gene al sob e posi i ismo y ma xiSmo
desde
el
pun o
de
is a ca ólico, e el
impo an e
Ub o
de
H.
de
Lubac,
Le
d ame
de
l'humanisme a hée, Pa ís,
1946.
-35-

ins ala on
algunas
de las
más
nobles
i udes
humanas,
como
la
i-
lan opía,
llamada
po
los
c is ianos
ca idad,
o el uni e salismo,
opues o
al
pa io ismo
e oz de los an iguos.
Pe o el C is ianismo,
con inuaba
Com e, ue
incapaz
de
p omo e
su
p opia
e o ma
cuando
se hizo necesa io
da
un
paso
adelan e.
Po
eso sob e inie on,
en
se ie,
las
e oluciones.
La
p ime a
de
odas
ue el «Vulga e i acional»
p o es an ismo
que,
poniendo
como
mo-
delo al An iguo
Tes amen o,
«la
pa e
más
a asada
y pelig osa de
la
Esc i u a»
- odas
és as
son
exp esiones del p opio
undado
del
po-
si i ismo-,
des uyó
los sabios p incipios del
o den
elabo ado
po
la
Iglesia ca ólica.
Cuando
es a
e olución
p o es an e
en a
en
su
se-
gunda
ase,
la
de Cal ino y
San
Ignacio
de Loyola, los clé igos, colo-
cados
al
en e
de
cada
uno
de los
bandos
en
lucha,
coincidi án
en
la
demanda
de
ayuda
a los pode es polí icos con obje o de
impone
su
opinión
po
la
ue za,
al
mismo
iempo
que los ideólogos
empujan
al
homb e
eu opeo
cada
ez
más
lejos
en
sus
aspi aciones
hacia
la
libe -
ad
sin
lími es.
Todas
las e oluciones, desde el
p o es an ismo
has a
las
de
su
p opio iempo,
pa ecían
a Com e
nega i as,
pues o
que
e an
consecuencia del deso den. Los nue os p incipios
ena bolados
en
1789,
libe ad,
igualdad
y
a e nidad,
e an
sólo como
g andes
palab as
acías
u ilizadas
pa a
ocul a
un
hecho
g a e:
o den
y p og eso,
en
ez
de
i
jun os,
se
habían
sepa ado
y
e an
in ocados, el
p ime o
po
los eacciona ios y el segundo
po
la
Re olución.
Pa a
él,
no
había
duda,
sin
o den
no es posible el p og eso.
A
pesa
de odo Com e se
sen ía
adicalmen e
op imis a.
El
día
en
que
la
« eligión de
la
Humanidad»,
cuyo
dogma
esencial es que el
homb e
ha
c eado a Dios a
su
imagen
y
semejanza,
haya
sus i uido
po comple o a
la
me a ísica
« eligión de
la
Di inidad»
-no
po
io-
lencia
alguna,
sino
de
un
modo
an
sencillo como
la
diligencia
hab á
de
se
suplan ada
po
el
e oca il-
el iejo
o den
medie al de
la
C is iandad
eu opea
pod á
se
es au ado.
Todos los
p incipios
é icos
del C is ianismo, como el
amo
al
p ójimo,
la
hon a
a los mayo es,
el espe o a
la
ida
humana
y a
la
p opiedad,
la
con ianza
en
la
ca-
pacidad
de
la
pe sona, e c., se
e án
e o zados, pues el p og eso
cien-
í ico «POsi i o»
pe mi i á
acla a
sus
undamen os
sin
necesidad
de
ecu i
a
mi os
o a cas igos.
T es
pun os
de
su
a gumen ación
pue-
den
pe mi i nos
medi
su
undamen o:
l.
El
ápido
desa ollo de
la
ciencia, que
di unde
sen imien os
pací icos, y
la
di usión consiguien e del maquinismo,
debe án
ae
como consecuencia
i emediable
la
decadencia
del
espí i u
mili a .
La
Re olución
ha
in oducido
en
los
ejé ci os
el
g an
disol en e
al
apela
al
eclu amien o
o zoso,
pues o
que
las
masas
de ci iles
en-
cuad ados
en
sus
ilas
end án
que
mani es a se
ajenos,
cuando
no
-36-
con a ios,
al
espí i u
mili a .
Com e
no
ad e ía
que
p ecisamen e
las
masas
eme gidas
de
la
indus la
e ían
enace
el
sen imien o
bélico y
la
egimen ación
disciplim.da.
La
desapa ición
de las eglas
polémicas
nacidas
con
la
caballe ía
medie al
ha
hecho
a
las
gue as
de
nues o
siglo
más
e oces
p ecisamen e
po que de ellas
es á
ausen-
e
el iejo
espí i u
mili a .
2.
La
desapa ición
de
la
c eencia
en
la
inmo alidad
del
alma
debe á,
sin
duda,
hace
a los
homb es
<<esc upulosamen e
espe uo-
sos con
la
ida
humana».
Pe o
es e
supues o
ampoco
se
apoyaba
so-
b e
undamen os
muy
sólidos como
las
espeluznan es
ma anzas
de
los
úl imos
decenios
han
enido a
demos a .
Cualquie
mo alis a
c is-
iano
hubie a
podido explica a
Com e
que los
homb es
no
se
sien en,
en
gene al,
inducidos
a
sal a
o
p o ege
a
un
semejan e
po
azones
obje i as
como el
alo
que
pa a
dicho
semejan e
iene
su
p opia
ida,
sino
po
azones
subje i as
que
dic an
sus
impulsos y,
en e
las
cuales,
la
conciencia
de peca:lo es
segu amen e
la
p incipal,
aunque
desde luego
no
la
única.
El
homb e
se á
espe uoso
con los
demás
en
la
medida
en
que
se
exija
a sí mismo
una
dimensión
de
amo .
3.
Muy
p on o
pod á
p ed.ica se
la
nue a
eligión,
cien í ica
y
posi i a, del
homb e
c eado
de
n:os;
es a
e dad
no
es
ningún
dog-
ma
de e, sino
una
p oposición
demos able
con los
ecu sos
que
la
ciencia
posi i a
p opo ciona.
Sin
indica
cla amen e
sus
p e isiones
ins i ucionales,
Com e
espe aba
que de
dicha
eligión
se
de i a ía
una
mo al
semejan e
en
odo a
la
c is iana,
si
bien
undada
en
nue-
os
p incipios
que,
po
se
posi i os,
se ían
más
e icaces, y
una
de e -
minada
o ganiz~ ción
je á quica
en
que los sabios,
e dade os
sace -
do es
laicos y
empo ales,
sus i ui ían
al cle o ca ólico. Anunció que,
an es
de
1860,
él
mismo
pod ía
p edica
la
nue a
doc ina
desde el
púlpi o
de
la
ca ed al
de
Nues a
Seño a
de Pa ís.
Pe o
mu ió,
ela-
i amen e
jo en,
en
1857.
III
La
espues a
del
ma xismo.
En
1847/48 Ca los Ma x y Fede ico Engels esc ibie on el
Mani-
ies o
comunis a.
Se
iniciaba
con
es as
palab as
que,
apa e
su
con-
enido
polí ico,
e an
el
enunciado
ígido de
una
ley: «la
His o ia
de
oda
la
sociedad
exis en e
has a
la
ac ualidad
es
la
His o ia
de
la
lucha
de clases». Cinco o seis
años
an es,
Ma x
había
leido
en
la
Uni-
e sidad. de
Jena
su
esis
doc al
bajo
el
í ulo
de
La
iloso a
ma e-
ialis a
de
Epicu o
y
Demóc i o;
sus
jueces
queda on
so p endidos
po
la
doc ina
abie amen e
an ihegeliana
que
en
ella
sos enía.
Se-
-37-
gún
dicha
esis, cuando
una
doc ina
ilosó ica
ha
llegado
has a
sus
úl imas consecuencias, debe
se
abandonada
y
sus i uida
po
o a
que
ompa
po comple o con los p incipios
has a
en onces sus en ados;
de lo con a io, no pod á p og esa se.
En
consecuencia el idealismo
de Hegel debe
se
sus i uido
ya
po
una
iloso ía ma e ialis a. Es o
es
lo que el p opio Ma x
in en aba,
p ime o con el Mani ies o, poco
después con
La
c í ica
a
la
economía
polí ica
(
1859)
y
más
a de
con
El
Capi al
( ol. I,
1867).
In i iendo los é minos del azonamien o de
Hegel
decla aba
que las ideas
e an
la
consecuencia y no el
an ece-
den e, de si uaciones socio-económicas de i adas de elaciones de
p oducción.
En el
pun o
de
pa ida
de
la
conciencia his ó ica p opues a po el
ma xismo se
encuen a
la
idea
de que
la
posesión de los medios de
p oducción
po
algunos homb es o g upos de homb es
gene a
inex-
cusablemen e
la
lucha
de clases. Tal es
la
dialéc ica de
la
His o ia.
Los nomb es de
las
clases
han
a iado según
las
épocas, pe o el ono
de
la
lucha
p esen a
ue es analogías que no pe mi en duda .
La
bu guesía,
iun an e
en
las e oluciones que
an
desde
1789
has a
1848
-no
ol idemos que Ma x
ha
dedicado
es
impo an es
abajos
his ó icos al
ema
(28)-
se
en en a
aho a
con
g andes
masas ob e-
as
consecuencia del desa ollo del maquinismo; y no puede impe-
di lo po que necesi a el desa ollo
indus ial
pa a
i i .
Pa a
el do-
minio de los medios de p oducción,
la
bu guesía
ha
de se i se de
un
ins umen o
que es el capi al. Ma x cali icaba a los asala iados del
siglo
XIX
con el nomb e de p ole a ios, omándolo del de
las
masas
u banas
de
la
an igua
Roma.
Sin
duda
había
en
es o
una
pe cepción del p oblema
bas an e
co-
ec a, pe o, discípulo de Hegel, al in y al cabo, c eía que no
había
pa a
él
más
que
una
solución,
la
cual end ía
an
sólo cuando los
p ole a ios
-elemen os
socialmen e «pu os:.
po
no halla se comp o-
me idos con el o den
exis en e-
adqui iesen conciencia de su comu-
nidad
de in e eses en el
mundo
en e o
y de
su
ue za.
La
exp esión
p ole a io es,
en
Ma x,
bas an e
amplia.
Un aspec o
impo an e
del ma xismo inicial es
su
pos u a
an e
la
eligión. Ma x epe ía los a gumen os de
Feue bach
(29)
pe o a: ia-
diendo que el C is ianismo
e a
p oduc o del
p ime
g an
p ole a iado
de
la
His o ia, el omano, y que
su
alsedad quedaba demos ada
28.
Me e ie o sob e
odo
a
La
gue a
ci il
en
F ancia,
El
diez y ocho
de
b u-
ma io
y Napoleón, y
Las
luchas ci iles
en
F ancia
de
1848
a
1850.
Pa a
una
·bibliog a ia ,máJ; comple a sob e Cs. los
Ma x
e
J.
Y.
GÁLVEZ,
El
pensa
mien o
de Ca los
Ma x,
ad. esp. (Mad id, 1900.
29.
«La esencia del C is ianismo» de Feue bach se publicó
en
18411,
y
la
«Esencia
de
la
eligión» diez
añ.os
más a de. Ve a LE Y,
La
philosophie
de
Feue bach,
Pa ís,
1004.
-38-
po que, después de diecinue e siglos,
aún
no
había
conseguido
es a-
blece el Reino de Dios; desde el
pun o
de is a del ma xismo, el
Reino de Dios
ha
de alcanza se
en
el mundo y no
ue a
de él.
A 'í.adia
que, el siglo XIX, al mismo iempo que descub e
la
na u aleza
e -
dade a
de las doc inas eligiosas, que
muchas
eces
han
sido elabo-
adas
al se icio de los op eso es,
ha
pues o
desnudamen e
al descu-
bie o
la
índole de las clases y de sus elaciones pues o que
la
má-
quina elimina las
an iguas
o mas amilia es y pa ocinales del
a-
bajo y las sus i uye
pu a
y simplemen e po el sala io.
O o aspec o no menos
impo an e
es el Es ado, p oduc o de las
clases, que debe desapa ece con ellas; oda ía en íspe as de
la
Re-
olución de oc ub e de
1917,
W.
I. Lenin
le
de inía como «una máqui-
na
pa a
man ene
la
dominación de
una
clase sob e o a»
(30).
Después de
la
ic o ia de los bolche iques jus i icó
su
exis encia po -
que la
dic adu a
del p ole a iado necesi aba de
un
ins umen o
-Es-
ado
socialis a-
pa a
p epa a
la
e olución mundial y el ad eni-
mien o de
la
sociedad
sin
clases. En
1939,
al
p onuncia
en Moscú
su
discu so
an e
el XVIII Cong eso del pa ido comunis a,
J.
V.
S alin
acla aba
que «pa a de oca al capi alismo
ha
sido necesa io no sólo
e i a
el pode a
la
bu guesía, no sólo exp opia a los capi alis as,
sino
ambién
aplas a
en e amen e
la
máquina
del Es ado de
la
bu -
guesía ... y
sus i ui
es a
máquina
po
una
nue a o ma de Es ado
p ole a io» que puede «conse a cie as unciones del an iguo
Es a-
do, modi icadas según
las
necesidades del Es ado p ole a io». Y al
p egun a se
a sí mismo «¿subsis i á el Es ado ambién
en
el pe iodo
del comunismo?», su espues a
e a
«Sí,
subsis i á si el ce co ·capi a-
lis a
no es á liquidado, si el pelig o de ag esiones mili a es ex e io es
no
es á
desca ado»
(31).
En
odo lo cual coincide Mihail Nicolaie i ch Pok o sky, el más
amoso de los his o iado es so ié icos de
la
p ime a
gene ación, cuya
His o ia
de
Rusia
desde los
iempos
p imi i os
(1910-1913),
an e io
a
la
Re olución, ue
decla ada
ex o o icial. Pok o sky es el que
ha
acu 'í.ado
la
amosa de inición de
la
conciencia his ó ica del ma xis-
mo, diciendo de és e que
e a
ma e ialismo económico,
más
lucha
de
clases,
más
dic adu a
del p ole a iado
(32).
30.
La
ase p ocede de su amosa
ob a
El
Es ado y
la
Re olución
(ed. Ob as
escogidas,
en
ancés, omo II, Moscú
1970),
la
cual
e a
e Undición
de
dos
olle os i ulados
El
ma xismo
y
el
Es ado y Ace ca
del
Es ado.
31.
Tomamos es e ex o de
la
aducción espa iola del lib o de GAETÁN
PleoN,
Pano ama
de ideas con empo áneas, Mad id,
19'00,
págs.
3m'~.
32.
Véase OH:RISTIAN
F'Rn:RE,
M.
N. Pok o sky,
en e
ciencia
c í ica,
eo ía de
la
His o ia
y
doc ina
o icial
del
Pa ido
(en «Teo ía e In es igación his ó ica
en
la
ac ualidad»,
ad.
esp.
o edos,
Mad ~d.
1966),
págs.
193-194.
-39-
El
esquema
de
la
His o ia
según
el
ma xismo.
Los
ac uales
his o iado es
ma xis as
conse an
su
iden idad
con
los neoposi i is as
en
cuan o
a
la
conside ación del conocimien o
his ó ico como
una
ciencia obje i a, y
echazan
en
cambio cualquie
o ma
de
subje i ismo, enga és e de los
p esen an is as
ame icanos,
o
de
Dil hey, Be gson o C oce (33).
Sub ayan
además
que
la
posesión
de
una
conciencia his ó ica es esencial a
la
sociedad y que,
pa a
cons-
ui la
«desde
sus
bases»,
la
concepción «más
alede a
y que o ece
mayo es pe spec i as es
la
que eposa sob e
la
eo ía
ma xis a-
leninis a
de
la
e olución» (34).
En
el
XI
Cong eso
In e nacional
de
His o ia, celeb ado
en
Es ocolmo
en
1960,
el académico polaco
Je zy
Kulczycky p esen ó
una
exposición
sumamen e
elabo ada
(35) de
la
que amos a se i nos.
La
Humanidad
es
única;
ninguna
signi icación
ienen,
en
la
His-
o ia,
las
di isiones
en
cul u as
o sociedades, que p olongan o
amplían
las
de
los Es ados,
ni
ampoco
las
Edades con encionalmen e
es a-
blecidas. Unico es
ambién
el
a gumen o
de
su
e olución, que se
o -
dena
en
o no
a las ue zas, medios y modos de p oducción.
Du an e
decenas de milenios de a ios el
homb e
ha
i ido de
la
ecolección y
de
la
caza,
sin
o os
ins umen os
que los huesos,
la
made a
y
la
pied a
que
ap o echaba
en
su
o ma
na u al
o,
a lo sumo,
abajaba
c >n
osquedad. «Cuando el
homb e
p imi i o
encon aba
con di icul-
ad
los medios necesa ios
pa a
la
exis encia
más
uda
y
más
elemen-
al, en onces no
apa ecía
ni
podía
apa ece
un
g upo
pa icula
de
homb es especialmen e dedicados a
la
a ea
de gobe na , y
dominan-
do al es o de
la
sociedad» (Lenin). El es ado
«na u ab
del
homb e
es, po consiguien e,
pa a
el ma xismo,
una
sociedad
sin
clases. Muy
len amen e,
al
mani es a se
las
p ime as
o mas
emb iona ias
de
la
ag icul u a
y
la
ganade ía,
nació
una
incipien e
p opiedad
p i ada;
las
comunidades p imi i as
sin
clases es ablecie on el
ma ia cado
que luego e olucionó
hacia
el
pa ia cado.
Cuando se p oduce
la
ap opiación de los medios
de
p oducción
-la
ie a,
los ape os, el
pode -
po
pa e
de unos pocos,
nacen
las
clases.
Du an e
algo
más
de seis mil a ios
se
han
sucedido,
en
odas
pa es
de
un
modo
gene al
aunque
haya
nume osas
di e encias espe-
33.
La
amplia exposición de
L.
ELEKEC, Connaissances his o iques-concience so-
ciale ( Quelques aspec s de
la
eche che
su
le
óle
des connaissances
h s o-
ques dans
la
o ma ion
de
la
pensée
e
des
men al és
con empo aines),
XIII
Cong eso
In e nacional
de His o ia, Moscú
19'70,
esume
muy
bien es os
pun os
de is a.
34.
L.
E ..EKEc,
op. ci . pág.
3~.
35.
JERzy
KULCZYCKY,
Les g andes
di isions
de
l'His oi e
en
jonc ion
des lois
géné ales
du
dé eloppemen
de
la
socié e
humaine,
Va so ia,
1960.
Comuni-
cación
p esen ada
al
XI
Cong eso de
His o ia
de
Es ocolmo.
-40-

cí icas
no
sus anciales,
cua o
o mas
de
sociedad
con clases: escla-
is a, eudal,
bu guesa
y
capi alis a.
Las
es
p ime as
ienen
en
co-
mún
que los medios de
p oducción
son
p edominan emen e
indi i-
duales;
la
p opiedad
puede
eje ce se,
po
an o,
en
o ma
indi idual
ambién.
Pe o
desde
1850,
al comienzo de
una
e a
de
hie o
como
anuncia a
Ma x, el p og eso de
cie as
indus ias,
sob e odo
la
quí-
mica, y
la
apa ición
de
maquina ia
cada
ez
más
compleja
y
más
ca a,
hacen
imposible
la
conse ación
de esa
p opiedad
indi idual.
El
homb e
queda
ocul o
as
el
capi al,
e dade o
dueño,
mien as
su gen
masas
de
p ole a ios.
Es
en e
és os, guiados
po
in elec uales,
en
donde
apa ece
la
conciencia
comuni a ia
que
hace
la
Re olución.
Desde
1917
-ya
no
se
a a
de
la
opinión
de
his o iado es,
sino
de
una
doc ina
o icial-
se
ha
pues o
en
ma cha
un
nue o p oceso
que,
al
iempo
que
cons i uye
o a
e apa
en
la
e olución de
la
Huma-
nidad,
es el
camino
de
e o no
al
comunismo
«na u al». Si
Ma x
es
el
g an
ideólogo,
Lenin
ha
sido el
enca gado
de
lle a
a
la
p ác ica
sus
ideas,
sepa ando
lo que
pa ecía
suscep ible
de aplicación
inme-
dia a
de aquello
o o
que
end ía
o zosamen e
que espe a . «La
g an-
deza de
Lenin
-a i maba
Zhuko
en
el
ani e sa io
de su
nacimien-
o-
como
pe sonalidad
his ó ica
se :cw ecia
en
la
i alidad
de sus
ideas, el ic o ioso log o de
la
g an
e olución
p ole a ia
en
Rusia
en
oc ub e
de 1917,
en
el
es ablecimien o
y consolidación del
p ime
Es-
ado
socialis a
en
el
mundo
-la
Unión
So ié ica-,
en
la
eme gencia
del
sis ema
socialis a
mundial,
que
cub e
p ác icamen e
un
e cio de
la
población
del globo,
en
el p oceso
in ensi o
de libe ación
nacional
de
la
op esión
colonial,
en
el
ápido
c ecimien o
del
mo imien o
p o-
g esis a
in e nacional
con los obje i os de paz,
democ acia
y socia-
lismo» (36).
El
comunismo
es
la
me a
u u a
de
la
His o ia,
concluye Kulczycky;
no
puede
es ablece se
oda ía. El
Es ado
socialis a, di e so
en
sus o -
mas
y
conse ando
aún
muchas
de las
ins i uciones
del
desapa ecido
Es ado
bu gués, es el
enca gado
de
p epa a
las
condiciones
pa a
ello.
Desapa ece á
cuando
las
condiciones de
la
sociedad
y
las
ci cuns an-
cias del
mundo
pe mi an
alcanza
el ni el
comunis a.
Luces y somb as.
La
consolidación de
un
g an
núme o
de
egímenes
ma xis as
ha
cons i uido, a
escala
mundial,
el
más
impo an e
acon ecimien o
his-
ó ico
con empo áneo.
Incluso
A nold
J.
Toynbee
ha
llegado a
p egun-
a se
si,
an es
de que
concluya
nues o
placen e o
y
nada
anquilo
36,
!E.
M.
ZHUKOV,
V.
l.
Lenin
and
His o JI.
Discu so
inaugu al
del
XI[!
Con-
g eso
In e nacional
de
His o ia,
Moscú, 1970,
pág.
1.
-41-
siglo XX, los
sis emas
sociales de No eamé ica y de
la
Unión So ié-
ica, a
pesa
de las
g andes
di e encias polí icas que les
sepa an,
no
llega án
p ác icamen e
a
la
misma
me a
(37).
La
iden idad
en
los
p esupues os cien í icos
-aunque
con soluciones opues as,
capi alis-
mo
en e
a
socialismo-
da
mo i os
pa a
supone lo así. Incluso
en
el
e eno de
la
p axis polí ica las inexcusables des ucciones de los
egímenes bu gueses
anunciados
po
Lenin y
T o ski
se
han
is o
al-
e nadas
en
los úl imos iempos con p oposiciones de con i encia
pací ica. El
oda ía
ecien e
encuen o
del p esiden e
no eame icano
con el
g an
ideólogo chino Mao Tse-Tung, a englón seguido de
la
espec acula
liquidación del e oluciona io
pe manen e,
Lin Piao,
obliga á
segu amen e
a los his o iado es a
hace
p o undas
econsi-
de aciones sob e sus análisis, uues o que
ambién
en
China
el «Es a-
do bu gués
sin
bu guesía»
-la
ase es,
una
ez más, de
Lenin-
pa-
ece consolida se.
La
pá ina
del iempo lima, al inal,
odas
las
a is as.
Algunas
p egun as,
líci as
an e
los ejemplos que con emplamos,
agua dan
espues a, incluso sin
abandona
los pos ulados del
ma -
xismo.
Voy
a
o mula
unas
cuan as
sin
la
p e ensión
de
p opone
soluciones.
T as
el juego dialéc ico de
las
clases op eso a y op imida,
con sus nomb es cambian es, ¿no exis e
además
de
una
azón
econó-
mica
o a
é ica, que mue e a cualquie
mino ía
due 'ía del
pode
a
consolida se
·en
él,
ansmi i le
en
he encia
y
some e
de
un
modo
pe manen e
a quienes
es án
abajo? Recue do,
en
elación con es o,
lo que cualquie
u is a
a isado puede
con empla
cuando
se
emon a
el ío Moskba
en
los pin o escos buques mosco i as: los eno mes
palacios de los miemb os del Poli bu ó, medio ocul os
en
la
onda
que cub e
las
colinas de Lenin.
En
1957
ue p ohibido
en
Yugosla ia, con
g an
escándalo,
un
lib o
de Milo an Djilas,
i ulado
La
nue a clase, cuyo
au o
es aba
consi-
de ado
apenas
unos
a 'íos
an es
como el
p esun o
suceso del
ma iscal
Ti o. La
p egun a
que
en
él se
o mulaba
e a,
más
o menos,
la
siguien-
e:
as
el
iun o
de
la
Re olución y
la
demo a
impues a
en
el ad e-
nimien o
de
la
sociedad sin clases, ¿no se esconde
la
cons i ución
en
los países socialis as de
una
nue a
a is oc acia
de
la
que los
miem-
b os del
pa ido
se ian
un
equi alen e de
la
an igua
nobleza
mien as
los
de en ado es
de los ca gos
se ían
como los pa es? Se
a a
p oba-
blemen e
de
una
coincidencia
sin
azón alguna, pe o es
cie amen e
cu ioso que
la
p opo ción de miemb os del
pa ido
en
elación con el
núme o
de
habi an es
sea,
en
la
Unión So ié ica,
exac amen e
la
3'7.
ARNOLD
J. ToYNBEE,
The
impac
o
he
Russian
Re olu ion,
Ox o d,
196'1',
pág.
26.
-42-
misma
que
en
los úl imos es udios
asignan
a
la
nobleza eu opea del
siglo
XV,
es deci , el cinco
po
cien o.
Toda Re olución,
as
el
iun o,
pa ece que iende a consolida se
en
la
me a
alcanzada. Sin emba go, si aplicamos
la
p opia me odo-
logía
ael
ma e ialismo
dialéc ico, debe íamos deci que debe
gene a
una
nue a
sín esis. ¿Cuál
hab á
de
se
és a?
¿Se
e e i á
a las o mas
de eje cicio del pode o
cala á
más
hondo,
has a
el ni el de las ideo-
logías?
T as
la
exal ación del in e nacionalismo, ¿ amos a asis i a
una
nue a
exaspe ación de nacionalismos como el
en en amien o
en e
Rusia
y
China
pa ece
anuncia ?
¿Qué cosa
ha
sido,
en
e dad,
es a
« e oluc ión
pe manen e»
que
acaba
de conclui ?
La
al a
de
da os,
las
limi aciones
in o ma i as
inhe en es
al sis ema, obligan
a los his o iado es a
mos a se
cau os.
Es as
palab as, esc i as po
Mao
Tse-Tung
hace
ya
más
de
ein e años, me ecen
se
medi adas
con
a ención:
«Se
nos dice: us edes
ins au an
una
dic adu a. Sí, que idos seño-
es, us edes
ienen
azón.
Ins au amos
e ec i amen e
una
dic adu a.
La
expe iencia
acumulada
po
el pueblo chino desde hace algunas
decenas
de
años
nos dice que
es
necesa io
ins au a
la
dic adu a
de
la
democ acia popula . Es o quie e deci que los eacciona ios deben
se
p i ados del de echo de exp esa
su
opinión. Es e pueblo, ¿quién
es?
En
la
e apa
ac ual
el pueblo de
China
es
la
clase ob e a,
la
clase
aldeana,
la
pequeña
bu guesía y
la
bu guesía nacional. Bajo
la
di ec-
ción de
la
clase
ob e a
-¿no
ecue da
es o
la
e ible
i onía
de
O well
en
su
no ela
Rebelión
en
la
g anja,
donde algunos son
más
iguales que
o os?-
y del
pa ido
comunis a,
es as
clases
es án
uni-
das
pa a
o ma
su
p opio Es ado y escoge
su
p opio gobie no a in
de
ins au a
una
dic adu a
sob e los lacayos del impe ialismo; sob e
la clase de los p opie a ios
e i o iales;
sob e el
capi al
bu o-
c á ico; con el in de
aplas a los
y de no
pe mi i les
ob a
más
que
con cie os lími es; a in de no deja los
sob epasa
es os lími es ni
en
sus
ac os
ni
en
sus
palab as. Si
en
sus
ac os o
en
sus
palab as
in en an
sob epasa los, les
se á
p ohibido y
se án
inmedia amen e
cas igados. Son és os los dos aspec os: democ acia
pa a
el pueblo y
dic adu a
pa a
los eacciona ios, los que cons i uyen
en
sí
la
dic a-
du a
de
la
democ acia popula » (38).
Y
añade:
«Nues a a ,ea consis e
ac ualmen e
en
consolida el
apa a o
del Es ado popula , lo que concie ne
p incipalmen e
al
ejé -
ci o popula , a
la
policía
popula
y a
la
jus icia
popula ,
la
de ensa
nacional
y
la
de ensa
de
los
in e eses
del pueblo. Es
la
obligación
in-
38.
El
ex o, p oceden e del lib o La nue a democ acia, publicado
en
Pa is
en
19511,
es á
omado,
en
su e sión española ,de
la
ob a
ci ada
en
la
no a
31,
págs.
328-330.
-43-
dispensable
pa a
que
China
pueda
desa olla se
sin
alla
bajo
la
di ección de la clase
ob e a
y del
pa ido
comunis a,
pa a
que
pueda,
de
pais
ag a io,
pasa
a
se
país
indus ial
y,
de
la
democ acia
nue a,
a
la
sociedad.
socialis a
y
comunis a;
pan
node ,
inalmen e,
sup i-
mi
las
clases y
ealiza
el
comunismo
mundial». «Nues a
nación
nunca
se á
insul ada.
Y nos
hemos
hecho
no a ;
nues a
e olución
ha
ganado
la
simpa ía
y los
aplausos
de
las
g andes
masas
popula es
del
mundo
en e o
y
enemos
amig::>s
en
odo el
mundo».
Es el
len-
guaje
p opio de
un
ibuno
e olucicma io después de Valmy.
IV
La
espues a del
na u alismo
biológico.
La
Ilus ación,
que
conside aba
a
Eu opa
occiden al
como
la
me a
de
la
His o ia,
podía
legi Ln.
:nen e
p egun a se
si
no
e a
la
calidad
de
la
población
habi an e
d'C
es e
incón
del
plane a
la
causa
undamen-
al
de
su
supe io .dad.
Ya
hemos
is o cómo Augus o
Com e
acudía
a los
componen es
í2icos, ouímico:o y biológicos del
homb e
blanco
pa ¡¡.
explica lo. F'
:
::l a
p:u c
al
csn e i
al
homb e
en
«obje o»
pa a
la
ciencia
a:·i~'.
el iesgc-
je
con e i
a
la
his o ia
en
un
apén-
dice de
las
ciencias de
la
Na u aleza.
Es o sucedió.
Aún
andan
po
nues as
biblio ecas
algunos
manuales
de
his o ia
que
comienzan
ha-
blando
de
la.
nebul::Jsa
p imigenia.
En e
1784
y
1791,
Johan
Go ied
on
He de ,
pas o
p o es an e
y
supe in enden e
de
la
Iglesia de
Weim~H,
)1c
-~icó
sus
Ideas
ace ca
de
la
Filoso ía
de
la
His o ia
que
susci a on,
como
an es
ano amos,
la
impo an e
éplica
de
Kan .
He -
de
acep aba
la
unidad
de
Na u aleza
e
His o ia
concibiendo a
aquélla
como
un
dinámico
p oceso de selección.
En
cada
e apa
es posible
c ea
un
o ganismo
supe io
que
supone
un
paso
adelan e,
especiali-
zado,
en
la
e olución.
La
especialización del Uni e so se ía,
según
su
eo ía, el
sis ema
sola
y de
és e
el
plane a
ie a.
La
especialización
de
la
ida
o gánica
es
la
ida
animal,
y de
és a
el
homb e,
con
quien
se
alcanza
un
lími e
en e
la
ma e ia
y el espí i u.
Pe o
el p oceso
no
concluye
ahí
pues o
que
la
Humanidad
es
a ia
en
sus
azas
y
la
aza
blanca
occiden al
cons i uye
la
especialización del
se
humano.
Ni
siquie a
e a
p e isible que
aquí
se
de u iese
el p oceso,
pues
ya
se
ad e ía
que
en e
los di e sos
g upos
de
aza
blanca
el eu opeo occi-
den al
e a
supe io .
He de
in en aba
sa is ace
la
demanda
que,
en
su
iempo,
hacían
los pueblos eu opeos
occiden ales
espec o
a
una
explicación «Obje-
i a» y «cien í ica» de
la
supe io idad
que
Eu opa
había
llegado a
alcanza ;
aunque
n J
se
negaba
a
concede
cie a
impo ancia
al
-44
sopo a
la
Humanidad.
cabe
supone
que
si
o a, a escala mundial,
llega a a p oduci se,
su
iolencia
i ía
más
allá de lo que
la
imagina-
ción
humana
es capaz de concebi . A los his o iado es de
es a
ho a
co esponde, no el slogan ácil o
la
p o es a
epe ida
de memo ia, sino
el análisis se eno y ío
pa a
descub i , al menos, isu as que
pe mi an
el paso a los ayos de
la
espe anza.
Lo
único que nos
es á
p ohibido
es
la
desespe ación. Pe o
nues a
conciencia nos obliga
ambién
a
p e eni del pelig o de alsas in e p e aciones. Spengle ue p ecisa-
men e
íc ima de ellas, como el p opio Nie zsche, cuando
la
ideología
nacional-socialis a se si ió de ellos. An es de
in en a
análisis y solu-
ciones,
pe mí anme
que les lle e de
la
mano
a las
ho as
somb ías.
En
1919
Spengle
p esen aba
el dilema
alemán
-en
ealidad
el de
oda Eu opa
-con
los é minos del í ulo de uno de
sus
lib os, P us a-
nismo
o socialismo, ue e
en ación
pa a
que alguien so ia a con
un-
di los.
La
ac i ud
del pensado
e a
bas an e
cla a. También
la
de los
p ime os ideólogos del nacional-socialismo que
imaginaban
pa a
Ale-
mania
una
e olución que
ins au ase
el Reich del milenio, alusión
indudable a
la
ida de las cul u as. El p opio Spengle dio pie a que
se le conside ase como el p ecu so de
la
nue a E a cuando esc ibió,
en
julio de
1933,
seis meses después de
la
llegada de Hi le a
la
Canci-
lle ía,
en
el p ólogo de
su
ob a Años decisi os las siguien es
palab as:
«Nadle podía
anhela
mé.s
que
yo
la
sub e sión nacional de es e
a io. Odié desde su
p ime
día
la
sucia e olución de
1918,
como
ai-
ción in lingida po
la
pa e
in e io de nues o pueblo a
la
pa e
igo-
osa e
in ac a
que se alzó
en
1914
po que que ía y podía
ene
un
u u o,.
«Pe o los acon ecimien os de es e a io nos
dan
la
espe anza
de que si
a1
dilema no
es á
ya esuel o
pa a
noso os, ol e emos a
se
alguna
ez
-como
en
la
época de
Bisma ck-
suje o y no
an
sólo obje o de
la
His o ia. Son décadas g andiosas las que i imos;
g andiosas, es o es, e ibles e in aus as. La g andeza y
la
elicidad
son cosas
dis in as
y no nos es dado elegi . Ninguno de los homb es
hoy
en
ida, cualquie a que sea el
luga
del mundo
en
el que alien e,
se á
nunca
eliz,. «Pe o
hay
algo que ya puede
se
dicho:
la
sub e -
sión nacional de
1933
ha
sido algo g andioso y segui á siéndolo a los
ojos del po eni , po el ímpe u elemen al, sup ape sonal con el que
se cumplió y po
la
disciplina anímica con
la
que ue cumplida. Ha
sido algo
o al
y absolu amen e p usiano como el le an amien o de
1914:.
(46).
El dilema
había
sido esuel o,
en
opinión de Spengle , a a o del
p usianismo. Quizá
po
es o el lib o
no
gus ó del odo a los due ios
de
la
nue a Alemania y se hizo p ecisa
la
in e ención de
la
hija
de
46.
Años
decisi os,
ad.
esp.
Mad id,
1962 ,
págs.
l 1Wl2.
-51-

Wagne ce ca del
Füh e
pa a
acele a los
ámi es
de
la
censu a
(
47).
Repi iendo
a gumen os
que
emplea a
ya
en
algunas
de
sus
ob as
an-
e io es, Spengle se
negaba
a c ee que el pelig o hubiese pasado.
Al
con a io, le
pa ecía
mayo
que
nunca
y se
p egun aba:
«¿Qué
sucede á si
la
lucha
de clases y
la
de azas se
alían
un
día
pa a
aca-
ba
con el mundo blanco?» (
48).
Negándose a
abandona
su
pesimis-
mo, eía
en
los egímenes ascis as o nazis de
en onces
sólo
e apas
de
ánsi o
hacia
un
Impe io mili a , p usiano, e dade o cesa ismo
cuyas «úl imas decisiones
espe an
su
homb e». A i mación
muy
g a-
e; bajo los galla de es de
las
s ás icas
e a
inacep able
que el
hom-
b e
aún
no
hubie a
enido.
Es aba
allí, al ex emo de
la
g an
expla-
nada
de Munich, con emplando el e o glo ioso de los milla es de
uni o mes.
No
podemos
ab iga
dudas
espec o a
la
in luencia
que Spengle ,
y muchos
más
como él, eje cie on sob e los
g andes
y ágicos
suce-
sos de las
décadas
del
ein a
y del
cua en a;
apenas
si e de con-
suelo
pensa
que uese in olun a ia. Hay algo de g andioso y diabó-
lico oda ía
en
es a
oz
que
aún
sale de
su
umba
pa a
explica nos
su
pensamien o
y el de aquellos que, en usiasmados, le siguie on:
«El
obje i o po el cual enemos que
lucha
-dice
Adol o Hi le
en
Mein
Kampj-
es el de
asegu a
la exis encia y el
inc emen o
de
nues a
aza y de
nues o
pueblo-; el
sus en o
de
sus
hijos y
la
conse ación
de
la
pu eza de
su
sang e;
la
libe ad
y la
independencia
de
la
pa-
ia,
pa a
que
nues o
pueblo
pueda
llega a
cumpli
la
misión que
el Sup emo C eado le iene ese ada» (
49).
«El
pecado
con a
la
sang e
y la
aza
cons i uye el pecado o iginal de es e
mundo
y
ma -
ca el ocaso de
la
Humanidad
que se le inde». «Si se di ide a
la
Humanidad
en
es
ca ego ías de homb es, c eado es, conse ado es
y des uc o es de
la
Cul u a,
end íamos
segu amen e
como
ep e-
sen an es
del
p ime
g upo sólo al elemen o a io. El es ableció los
undamen os
y las columnas de odas las c eencias
humanas».
«El
an ípoda
del a io es el judío» que
«pa a
disimula
sus
manejos
y
ado mece a
sus
íc imas no cesa de
habla
de
la
igualdad
de odos
los homb es,
sin
di e encia
de
aza
ni
colo . Los imbéciles se
dejan
pe suadi ». Judío, «Ka l Ma x ue,
en e
millones,
ealmen e
el único
que con isión de
p o e a
descub ie a
en
el ango de
una
Humanidad
paula inamen e
en ilecida, los gé menes del eneno social y supo
e-
uni los, cual
un
genio de
la
magia
neg a,
en
una
solución
concen-
<Vl.
He z eld.
loe. ci .,
pág.
16.
48.
Años
deciSi os,
pág.
204.
49.
ADoLFO
HITLER,
Mi
lucha,
Munich-Be lín,
S. a.
u' ilizamos
el
ex o
de
la
aducción
española
dis ibuido
o icialmen e
po
el
pa ido
nacional-
socia-
lis a
en
nues o
pais
en
19·37,
págs.
126, 144,
158,
16>1,
167,
194-19·5,
200,
200 y 219.
-52-
ada
pa a
pode
así
des ui
con
mayo
cele idad
la
ida
indepen-
dien e
de
las
naciones
sobe anas
del o be. Y odo es o
al
se icio de
su
p opia
aza».
<<Es
la
aza, y
no
el Es ado, lo que
cons i uye
la
con-
dición
p e ia
de
la
exis encia de
una
sociedad
humana
supe io :..
«Apoyada
en
el Es ado,
la
ideología
acis a
log a á
a
la
pos e el
ad-
enimien o
de
una
época
mejo
en
la
cual
los
homb es
se
p eocupa-
ían
menos
de
la
selección de pe os, caballos y
ga os
que de
le an a
el ni el
acial
del
homb e
mismo;
una
época
en
la
cual
unos
-los
en e mos-,
econociendo
su
desg acia,
enuncien
silenciosamen e,
en
an o
que los
o os
-los
sanos-
den
gozosos
sus
ibu os
a
la
des-
cendencia».
«Es
e iden e
que el
mundo
de hoy
a
camino
de
una
g an
e olución y odo se educe a
la
incógni a
de
sabe
si
ella
esul a á
en
bien
de
la
humanidad
a ia
o
en
p o echo del
judío
e an e.
Me-
dian e
una
ap opiada
educación
de
la
ju en ud
pod á
el
es ado
a-
cis a
con a
con
una
gene ación
capaz
de
esis i
la
p ueba
en
la
ho a
de
las
sup emas
decisiones.
Se á
encedo aquel pueblo que
p ime o
op e
po
es e camino».
¿Qué
queda
hoy, de
al
g andilocuencia?
Sob e el
mapa,
una
Ale-
mani:J, di idida y
una
Eu opa
que
ha
e ocedido, como
en
iempos
de Ca lomagno,
has a
las
o illas del Elba, igiladas, de
echo
en
echo,
po
ele adas o e<. de
made a
que
ecue dan
incluso las que
se ían
pa a
ma ca
la
linde
de
la
on e a
omana.
En e
noso os
y aquellos
homb es
que
emp endie on
en
1939
la
espan osa
a en u a
de
la
gue a
mundial,
hay
sin
duda
un
abismo de
di e encias
en
cuan o
al
o den
de alo es que se
a ibuye
a
la
ida. ¿Fue odo
un
sueño o
más
bien
una
alucinación?
Al
menos
no
debié amos
ol ida
los
al os
p ecios que se
pagan,
pues
en e
noso os
y ellos
yacen
en-
didos unos
cuan os
millones de mue os.
Tales
han
sido los
es
g andes
ensayos que se
hicie on
pa a
p o-
po ciona
al
homb e
una
nue a
conciencia his ó ica. Aunque
sus
p e ensiones
uesen,
en
cada
caso, uni e sales, con iene que
no
pe -
damos de
is a
que,
pG
su
o igen,
e an
exclusi amen e eu opeos y
a aban,
po
an o,
de
sal a
a
Eu opa
en
p ime
é mino.
Algunas
consecuencias de
o den
p ác ico
es án
a
la
is a de odos y
no
hace
al a
p onuncia se
sob e ellas. Cie os
his o iado es
p o undos
y
am-
bién
algunos ilóso os
capaces
de
pe cibi
en
la
His o ia
signos
más
cla os que los p opios
his o iado es
de o icio,
habían
pe cibido
las
somb as
y
llamaban
la
a ención
sob e ellas; pe o ue on,
en
gene al,
muy poco escuchados. El uido de los
ambo es
como el de las
alga-
adas
calleje as
apa
los oídos de
la
opinión común. Ello no
obs a
-53-
pa a
que, aho a, comp endamos
cuán
ce e as y se ias
e an
sus
a-
zones cuando decían, po ejemplo, que no es e dad que el homb e
busque el p og eso po ilan opía,
ni
que
la
azón
sea
una
no ma
adical de conduc a, ni que el sucede his ó ico aya se íalando siem-
p e
la
mejo a
del homb e. Tampoco es cie o que
la
g an
indus ia
acabe con el mili a ismo, sino que lo omen a. La cadena
inin e um-
pida
de e oluciones, que desgas an oda au o idad,
no
conduce a
una
e apa
de equilib io, paz y libe ad, sino a lo con a io, a
la
i a-
nía
y a
la
iolencia, del mismo modo que sus i uye el noble espí i u
mili a , hijo de
la
caballe ía, po las o mas
bas a das
del mili a ismo
sin
alma, a
la
gue a
po
la
gue illa.
Ni
siquie a sabemos
has a
qué
pun o
puede el homb e, con sus solas ue zas, impedi el de ini i o
decli e de aquella
cul u a
en
la
cual se
halla
inse o.
-54-
TERCERA
PARTE
Re lexiones y ec i icaciones
I
La
con eniencia
de
una
e isión.
Ma xismo, posi i ismo y acismo,
han
andado
su
camino.
El
úl imo
si ió
pa a
alimen a
la
g an
hogue a; los dos p ime os
han
se ido
pa a
in eg a
-con
p o undas a iaciones cie amen e espec o a
sus
pun os
de
pa ida-
los dos g andes sis emas económicos y polí icos
que se
en en an
a lo la go y a
lo
ancho del plane a. En ocasiones
pa ece incluso que socialismo y sociedad de consumo cons i uyen las
dos únicas
al e na i as
posibles;
nada
sa is ac o ias, desde luego,
pa a
muchos pensado es. El iaje o que se asoma p ime o al esplen-
do
no eame icano
de Nue a Yo k y luego se pasea po
anchas
ca-
lles de
la
pode osa Moscú, sien e,
as
su expe iencia, cie a
us a-
ción y no pequeña sensación de acío. El homb e
es á
alienado,
a i ma
Ma cuse;
ambién
-añadi íamos-
allí en donde
al
a i mación no
se consien e. Cab ía p egun a se, como él, si
<<la
ciencia
ha
sido
un
medio de libe ación o si, median e
la
in es igación di igida a
la
des-
ucción y
la
plani icación de lo que ya es á ue a de uso, no
ha
pe pe uado e in ensi icado
la
lucha
po
la
exis encia
en
ez de
a em-
pe a la»
(50).
El posi i ismo
ha
conducido a
un
g ado
al
de ecni i-
cación que
la
ciencia se
ha
pues o
en e amen e
al se icio del des-
a ollo que,
en
muchos aspec os, esul a con adic o io con el e da-
de o in e és del homb e, su c ecimien o mo al.
Po
ez
p ime a
una
máquina
compu ado a
ha
podido p edeci
pa a
una
echa
ija
el ex-
e minio comple o de
la
Humanidad
a menos que se emedien
sus
di ec ices demog á icas, el en enenamien o del agua y del ai e,
la
ca e a
desen enada
hacia
el e o ismo,
la
ag esi idad y
la
iolencia.
El acismo
ha
i ido y se
encuen a
o icialmen e condenado, pe o
queda a los his o iado es
la
duda
de si
muchas
de
sus
ideas y de sus
ehemen es con icciones, no yacen
so e adas
a
la
espe a, como
una
simien e, de
b o a
de nue o.
Du an e
algo más de
una
década, Eu o-
50.
HERBET
MARCUSE, Sob e
una
nue a
de inición
de
la
cul u a.
Re is a de Oci-
ciden e, omo X,
9615,
pág.
281.
-57-

pa
i ió
sacudida
po
mo imien os que
emanaban
de
la
nue a
mo al,
aquella que esg imía
la
«Volun ad de pode »; ue lujo de uni o mes
y de condeco aciones, uido
sinies o
de
a mas
e
his e ia
de discu sos
adio ónicos. Pe o és os siguen, in e minables,
ampa ados
po
las
nue as écnicas de
la
imagen,
en
o os
luga es
del mundo. Cuando
uel o
la
is a
hacia
a ás
y pienso
en
aquellos iempos, que i í
de
ni io, me
asal a
la
e ible
duda
de si,
más
iolen amen e
ágico que
lo
sucedido
en
Buchenwald o
en
Ka yn,
no ue
la
igno ancia
con
que se
p oduje on
los pueblos
hacia
ese mismo sucedido.
Pa a
los his o iado es el
ma e ialismo
dialéc ico
ha
ep esen ado
un
es ímulo
pa a
la
aplicación de nue os mé odos de
his o ia
social
y económica que, a
pa i
del a io
1928,
el del
p ime
Cong eso
In e -
nacional celeb ado
en
Oslo,
ha
conseguido éxi os
muy
b illan es. Pe o,
como el posi i ismo,
encie a
ambién
su
g an
dosis
de
enga io
ado -
mecedo , pues con ie e
nues o
o icio
en
una
me a
e udición de
da-
os. Es cie o que és os no se
e ie en
a cosas
an
banales
como el
colo de
las
zapa illas
de Isabel
la
Ca ólica o a
la
longi ud
de
la
na iz
de Cleopa a, pe o se
an
haciendo de
día
en
día
más
es e ilizan es
en
la
medida
en
que, log ados
ya
los
g andes
esquemas signi ica i os,
nos es amos
limi ando
a medi el olumen de
las
ca gas
de ino o el
á ico de las
le as
de cambio. U ge, a
mi
en ende ,
que sacudap:1os
un
poco las ligadu as, descub amos
la
hipoc esía que se esconde
as
el ono despec i o con que se
llama
«e enemencial»
-galicismo
hiso-
po able-
a
oda
his o ia
que no es económica, y que
pene emos
abie amen e
en
la
ideología,
la
mo al
y
la
conduc a
del homb e.
Aún
pesan
sob e noso os, los eu opeos,
las
consecuencias de los
in aus os sucesos que se
aba ie on
sob e
nues o
con inen e
en
las
dos décadas de los a ios
ein a
y
cua en a.
Desde que,
en
mayo
de
1945,
los
anques
usos
en a on
en
Be lín,
ya
no puede
habla se
de
Eu opa
más
que con
e e encia
a los lími es que se ialaban los
c onis as cá lo ingios. De
ahí
las
p egun as
que
se
o mulan:
¿ha
concluido
ya
el ciclo de ida de
la
cul u a
eu opea?; el desasosiego,
ama gu a
y iolencia
einan es
¿son
sín oma
del p óximo in?; ¿exis-
e
pa a
Eu opa
alguna
espe anza
de ecupe ación?
Es
na u al
que
es as
p egun as
se o mulen a los his o iado es, como
ambién
que
noso os, los que
p ac icamos
es e o icio, busquemos el modo de
da -
les espues a.
Du an e
los úl imos ein icinco a ios los his o iado es,
an e
el es-
pec áculo de deso den
ín imo
-el
e o ismo y
la
iolencia
son
sólo
e anas
po
donde se islumb a algo de lo que ocu e
en
el
in e io
del
alma-,
han
comenzado a
p egun a se
si,
en
la
in e p e ación
de
la
His o ia, no
hab emos
come ido algunos g a ísimos e o es, de los
que se
pagan
con c eces. Hemos con ibuido
indudablemen e,
con
-58-
nues os es udios, a desgas a la conciencia his ó ica del homb e
eu opeo y a acele a cuando menos el i mo de
la
c isis. Con ello se
ha
abie o
un
pelig oso camino. Negando el pasado se
acen úa
la
i esponsabilidad del homb e espec o a los acon ecimien os de que
es p o agonis a y se pone en pelig o el u u o. Pues el eje cicio de
la
libe ad
-esa
ín ima
cualidad que Dios
ha
inse ado en
la
na u aleza
humana-
necesi a de
un
conocimien o e dade o y de
una
ec a
conciencia, o no
se á
libe ad. C ece
d amá icamen e
la impo ancia
del his o iado en nues os días. Se le exige,
an e
odo, alo . Pe o al
menos
las
di e sas eacciones que con emplamos o ecen algunas
pe spec i as de espe anza. Se e ie en
an o
al sucede his ó ico
como al conoCimien o de dicho sucede .
n
Reno ación
del mé odo.
En
cie o modo se impone
una
especie de e o no a las posiciones
an e io es a
1637.
Sin
pe ca a se
de sus consecuencias,
g an
núme o
de his o iado es de muy di e sas endencias, en los siglos XVIII y
XIX,
acep a on
los pos ulados de Desca es
y,
a ando
de cons ui
una
ciencia obje i a, exp esable
en
leyes ma emá icas,
en a on
en
un
callejón
sin
salida. La escuela alemana, po
su
pa e, siguiendo
las huellas de
Kan
y de Hegel, comba ió al posi i ismo, he ede o
lejano de Desca es, en nomb e de
una
dis inción sus ancial
en e
Na u aleza
·e
His o ia. Hacia
1850,
D oysen, al publica su lib o
Fun-
damen os
de
lo
his ó ico,
de inía a
la
Na u aleza como coexis encia
del
se
y a
la
His o ia como sucesión del de eni . Vein e a ios más
a de,
en
la
misma
F ancia,
cuna
del posi i ismo, dos ilóso os de se-
gunda ila, Ra aisson y Lachelie (51),
llamaban
la
a ención sob e
la
alsedad de algunos pos ulados ca esianos: conoce y pensa , depen-
dien es
en e
sí,
son
pos e io es al exis i y de
ningún
modo condi-
cionan es de és e;
la
ealidad no puede descompone se en se es
in-
di iduales, pues las elaciones
en e
ellos son elemen o esencial y no
pueden
se
pe cibidas sino
en
unción de
una
causa
inal.
C i icando a Da id F .
S auss
y,
sob e odo,
su
ob a publicada
en
1835,
Vida
de Jesús
enjuiciada
c í icamen e,
F.
H.
B adley dio a
la
luz
pública
un
cu ioso lib o
i ulado
P esupues os
de
la
His o ia
c í ca
(1874). Apu ando los a gumen os posi i is as
pa a
llega al conocido
p ocedimien o me odológico de educción al absu do, B adley no con-
seguía
supe a
las con adicciones
inhe en es
a dicha iloso ía, pe o
51.
M.
LACHELJER,
Du
jondemen
de
l'in luc ion,
Pa is,
'1811,
conside a a
la
His o ia
como ciencia induc i a.
-59-
alcanzaba
es a
impo an ísima
conclusión: los
e o es
que se descu-
b en
en
los es imonios no deben
se
desechados,
pues
pa a
un
his-
o iado
es
más
impo an e
que el
con enido
de
la
no icia
la
azón
po
la
cual
es a
no icia,
e dade a
o alsa, es
ansmi ida.
El come-
ido de
la
ciencia
his ó ica
es
comp ende ;
po
an o,
el
his o iado ,
incluso el
más
a eo,
iene
obligación de
cap a
la
men alidad
de
los
p ime os
c is ianos
a
a és
de
sus
c eencias,
pues
no
es
su
unción
de e mina
si
és as
enían
o no
una
base i me. Muy poco
iempo
después
Hen i
Be gson
publica ía
Los
da os
inmedia os
de
la
concien-
cia
(1889) y
Ma e ia
y
o ma
(1897), que
seguían
es a
misma
línea.
Po
medio de es os nue os
plan eamien os,
el
sabe
his ó ico
comen-
zaba
a
pe ila se
como
una
ep esen ación,
en
la
conciencia
del
his-
o iádo , de
la
ealidad
empJ al;
un
cambio
muy
ecundo
que se
es aba
p oduciendo, de
mane a
análoga,
en
odas
las
ciencias. Es así
como
J.
Huizinga
pod ía
llega
a
de ini
la
His o ia
como «la
o ma
en
que
una
cul u a
se
inde
cuen a
de
su
pasado» (52).
Con
g an
escándalo
pna
los
ma xis as
y posi i is as, Wilhelm
Windelband
(His o ia
y
ciencias
na u ales,
1894) y
Hein ich
Ricke
(Ciencia
de
la
cul u a
y
ciencia
na u al,
1899; Los
limi es
de
la
cien-
cia
na u al
en
la
o mación
de los
concep os,
1902)
habían
a i mado
ya
que el modo de u ocede de
las
ciencias de
la
Na u aleza
y
de
las
de la His o ia
e s
adicalmen e
di e so,
pues
las
p ime as
gene ali-
zan
mien as
que
la
segunda
indi idualiza
y alo a. A 'í.adian que
la
ealidad
se
p esen a
en
o ma
his ó ica, es deci , indi idualizada, y
que lo que el posi i ismo y el
acionalismo
p econizaban
e a
una
se-
ie
de
gene alizaciones que se
log an
po
abs acción
del
homb e
de
cienc:a. Es o no es aplicable
al
conocimien o
his ó ico
que
se
halla
siemp e
más
p óximo a
la
ealidad. Wilhelm Dil hey (53)
comple a ía
es e
pensamien o
diciendo que «en es e eino de
la
His o ia
los ac os
de
olun ad
-al
con a io
de los cambios que se
ope an
en
la
Na u-
aleza
según
un
o den
mecánico
y que, desde el p incipio,
encie an
odas
las consecuencias que se
segui án-
g acias
a
un
gas o
de
ene -
gía y a
unos
sac i icios cuya
impo ancia
es á
siemp e
p esen e
al
indi iduo como
un
hecho
de expe iencia,
e minan
po
p oduci
lo
nue o, y
su
acción en a 'í.a
una
e olución
an o
de
la
pe sona
como
de
la
Humanidad».
Dil hey
sos enía
una
doc ina
ha o
discu ible:
no
c eía
que,
en
su
a ea
de
econs ui
el pasado, cupiese
al
his o-
iado
o o
come ido que e i i
en
su
men ~
las
si uaciones
que
die on
luga
a los
hechos
po
él conocidos.
Discípulo de D oysen y
ambién
de Dil hey, Fede ico Meinecke
econocía
habe
ecibido del
p ime o
de ambos
la
amosa
ó mula
52.
J.
HUIZINGA,
El
concep o
de
la
His o ia
y o os ensayos,
ad.
esp. Méjico,
1946.
513.
In oducción
a las ciencias
del
espí i u,
ad.
esp. de
Julián
Ma ias,
Mad id.
~
60-
que con i ió
en
su
base de
pa ida:
odos los hechos his ó icos se
p oducen
según
a+
x; siendo a el
conjun o
de las causalidades que
el
indi iduo ecibe
pa a
su
acción, y x
la
espon aneidad
c eado a
que dicho indi iduo impone con el sello de lo pe sonal (54). Descu-
b imien o
decisi o de Meinecke ue, al mismo iempo que
la
di e en-
cia
en
el
anscu so
del iempo his ó ico, el
a ibui
a
la
espon anei-
dad, lib e albed ío
más
bien, el
ca ác e
más
signi ica i o del
homb e
his ó ico (55).
En
el con ex o de
las
doc inas
p o es an es,
suje as
a
ue e
e isión en onces, es o le lle ó a exage aciones ales como
iden i ica
la
eo ía
de los alo es con la e elación di ina
en
el seno
de
la
His o ia y a
in en a
incluso con e i a
la
me a ísica
y
la
e-
ligión
en
me as
inales
pa a
el
sabe
his ó ico. Es el his o icismo a
ul anza
que, como odo el
mundo
sabe, cons i uye
una
de
las
co ien-
es ilosó icas
más
pe u bado as
ambién
pa a
la
mode na
eología
ca ólica.
III
La
c i ica
del
p og esismo
his ó ico.
En
Ingla e a,
en
donde g acias sob e odo a
Spence
la
doc ina
del p og eso
en
la
His o ia se
había
asociado
es echamen e
a
la
del
e olucionismo biológico, ue
en
donde
ambién
comenza on a
o mu-
la se, desde los
años
inales del siglo XIX, las
dudas
más
se ias
ace -
ca de
su
alidez. En
1919,
al
publica
J.
B.
Bu y
su
amoso ensayo
sob e
La
na iz
de
Cleopa a,
adujo que
lo
indi idual
es aba
p esen e
en
la
His o ia
aunque
sólo como elemen o
pe u bado .
Vein e a ios
an es
Huxley
había
dicho que,
en
el p og eso, los
ac o es
é icos
e an
más
impo an es
que los écnicos. El paso del iempo, las iolencias
impe ialis as, las ensiones sociales,
la
ca e a
de
a mamen os,
en ió
mucho
la
con ianza
en
el p og eso. En los años que p eceden
de
modo
inmedia o
a la
p ime a
gue a,
la
que
llama on
en á icamen e
G an-
de,
una
especie de desalien o comenzó a apode a se de los
his o ia-
do es eu opeos:
la
máquina
del p og eso no
odaba
sa is ac o iamen-
e. Vinie on después
la
con ienda
-cua o
años de
inche as
en
que
los homb es se
deg ada on
al ni el de las
a as-,
la c isis económica
y social y las
dic adu as
de eme gencia.
Vino luego
la
glo i icación de la sociedad
en e
al
indi iduo. En
su
úl ima
exaspe ación
la
doc ina
del p og eso hizo suyo el
enun-
ciado de
las
cul u as
como
p o agonis as
de
la
His o ia. Posi i ismo
54.
HANs
HERZFELJ>,
F ied ich
Meinecke,
el
pensado de
la
His o ia
(en
Teo ía
e
In es igación
hiS ól icas
en
la
ac ualidad)
pág.
1413'
55.
F'.
MEINECKE,
El
his o icismo
y
sus
génesis,
ad.
esp.
Méjico
19~3.
-61-
y sociólogos de nues os días
a ae
ex ao dina iamen e
el
ema
de
la
e olución. Pocas
ob as
han
alcanzado
an a
audiencia,
en
es e
campo, como las de
Pi i im
Alexand o i ch So okin, Sociología de
la
Re olución
(1925) y
Dinámica
social
y
cul u al
(1937-1941). Pe so-
naje
de
ex ao dina ia
iqueza i al, hijo de
un
aldeano, ob e o,
maes-
o, p o eso uni e si a io, p eso, condenado a
mue e
y
inalmen e
expulsado de
la
U.
R.
S.
S.,
So okin apa ece a
la
ez como
p o ago-
nis a
y analizado de
la
g an
Re olución del siglo XX.
Como
Bu ckha d ,
So okin e
en
ella el signo dis in i o de
nues-
a
época. «T as muchos años de e olución pací ica o gánica,
la
his-
o ia
de
la
Humanidad
ha
en ado
de nue o
en
un
pe íodo c í ico
-con
es as
palab as
comienza
su
Sociología-.
La
e olución,
abo e-
cida
po
unos y ecibida
po
o os con los b azos abie os,
ha
llegado
al
in. Algunas naciones
han
sido
a acadas
ya
po
su
uego
de as a-
do ,
o as
se
ace can
al pelig o. ¿Quién es capaz
de
p edeci
la
ex-
ensión
que
alcanza á
es e o az incendio de
la
e olución? ¿Quién
puede
es a
plenamen e
segu o de que es e
hu acán
no
acaba á
po
des ui
su
p opia
casa,
más
a de
o
más
emp ano?
Nadie a e. Pe o
si
no
nos es posible p e e
al
cosa, podemos
al
menos
pe ca a nos
de
lo
que signi ica
la
e olución».
También
o mula, como
Bu ckha d ,
un
juicio peyo a i o
ace ca
de
la
e olución que «es
un
mal
mé odo
pa a
mejo a
la
si uación
ma e ial
y
espi i ual
de
las
masas. Si bien
les p ome e con
sus
palab as
la
inmedia a
ealización de
muchos
de los
más
al os alo es
humanos,
en
ealidad
las
conduce luego,
con
an a
ecuencia como segu idad, a los esul ados
jus amen e
opues os».
P egun amos:
si los p ocesos e oluciona ios conducen
al
despo-
ismo, el
hamb e
y
la
op esión,
causas
inmedia as
de
una
nue a
e-
olución, ¿no
hab emos
en ado
en
un
cí culo icioso? So okin no
duda
en
la
espues a:
mien as
sigan
dominando
los
agi ado es
no
hab á
pa a
es e cí culo icioso
o a
salida
que
la
mue e. Veamos lo
que
en iende
po
un
agi ado , que no es
un
polí ico sino
un
demagogo
hipóc i a, nue o Ta u o. «Milla es de
Ta u os
en uel en
sus
abomi-
nables acciones con
un
elo de
palab as
al isonan es
y
pensamien os
de al os uelos. Y consiguen,
en
e ec o, el obje i o que se
p oponen
po que
en
la
mayo ía
de los casos no
son
enjuiciados
según
sus
ac os,
sino
según
sus
palab as».
Unicamen e
en
el caso de que
la
e olución
se
emanse
y ecob e
una
pa e
del pasado
pod á
inicia se
la
nue a
cons ucción
en
una
e olución pací ica o gánica.
Es o
es á
sucediendo,
en
pa e
al menos,
en
los
Es ados
Unidos y
la Unión So ié ica,
en
donde se
econs uyen
las éli es. Los
millona-
ios
no eame icanos
ienen, a juicio de So okin,
una
calidad
muy
signi ica i a; al
acumula
sus
o unas
lo
han
hecho
de
o ma
que
-68-

esul a
al amen e
bene iciosa
pa a
su
país. Pe o los
sis emas
sociales
elabo ados
po
esas dos
g andes
po encias, capi alismo y socialismo,
son
an
impe ec os que no
pueden
aplica se sino
den o
de
de e mi-
nadas
condiciones; al p oduci se
en e
ambos el mo imien o pendu-
la
de
la
His o ia, les ap oxima
has a
un
p e isible
pun o
de encuen-
o
en
el u u o. Los Es ados Unidos
ienden
a o aliza se,
in en ando
gue as
de
c uzad¡¡.
con a
el comunismo y sos eniendo,
en
i ud
de
es as
gue as,
una
imponen e
máquina
mili a ,
mien as
que
la
U.
R.
S. S.
iende
a libe aliza se
ans i iendo
a
un
sis ema
ep esi o
de leyes
la
misión que
an es
encomendaba
a
su
policía sec e a.
¿Cuál es el
u u o?
So okin pa ece
en ende
que
la
sín esis
en e
los
sis emas
de las dos
g andes
po encias
-hace
absolu a abs acción
úe Eu opa, como si
die a
po
consumado
su
aniquilamien o-
inau-
gu a á
una
nue a
e apa,
la
cua a,
de
la
His o ia del mundo. Las
o as
es, que
la
han
p ecedido,
son:
ideacional, que concebía a
la
ealidad
como sup asensible; idealis a, que conside aba a
la
Na u a-
leza como inde inible, mís ica; sensualis a, que no
acep a
que el
homb e
pueda
ene
o a
cap ación
de
la
ealidad
ue a
de los
sen-
idos.
Es
indudable
que nos es amos
ace cando
ápidamen e
a
la
ase
inal del sensualismo, que alcanzó su
pun o
culminan e
en
la
p ime a
mi ad
del siglo
XX
(63).
5.
El
desa io y
la
espues a.
-A
la
posible con o mación de
una
nue a
conciencia
his ó ica
pa a
el
homb e
eu opeo
han
con ibuido
de modo
ex ao dina iamen e
alioso
Hen i
Be gson y A nold
J.
Toyn-
bee. La
Humanidad
se
encuen a
an e
hechos
adicalmen e
nue os
que no
es aba
p epa ada
pa a
a on a ;
al
es el signo de
nues o
iempo.
En e
ellos son los
más
signi ica i os:
la
c ecien e
dependen-
cia espec o a
la
máquina,
y el hecho de e se obligada a
enuncia
a
la
gue a
ilimi ada
como medio
pa a
la
solución
de
sus p oblemas.
El
p og eso écnico
ha
impues o la con icción, imposible de comp o-
ba , de que si llega a a p oduci se
un
nue o con lic o
mundial,
és e
pod ía
se
de ini i o. Ahí
es á
la
pa adoja:
no
se
a a
de
que el
homb e
haya
dejado
de
desea
la
gue a;
es que
ya
no puede
pe mi-
i se
el
lujo
de
ecu i
a ella.
En
una
ob a
sumamen e
impo an e,
Las dos
uen es
de
la
mo al
y
de
la
eligión
(
1932),
Be gson, analizando
la
ac i ud
eligiosa del
homb e,
la
cali icaba de dos
mane as:
es á ica,
cuando
es á
hecha
de debe es, p ohibiciones y
adición;
dinámica, cuando se
mani ies a
c eado a, de apos olado, de acción. Lo
impo an e
es
sabe
cuál es
nues a
ac i ud, pe sonal o cul u al,
pa a
modi ica la
en
el
caso de
que
sea
demasiado es á ica. La His o ia no es
una
ciencia del iempo
63.
GERHARD
ScHULZ,
Pi i im
So okin
(en
Teo ía
e In es igación his ó icas
en
la
ac ualidad),
págs.
56
y sig s.
-69-
ma emá ico, que
se ía
me amen e
acumula i o, sino de la du ación
dinámica en que, a cada momen o,
es án
su giendo no sólo ealiza-
ciones, sino posibilidades nue as de
una
ealidad que sólo llega á a
se
si el homb e decide asumi la. Po eso no es posible p edeci el
u u o, ya que és e no esponde a
una
e olución necesa ia, sino a
la
lib e elección que el homb e hace
en e
posibilidades de
las
cuales
algunas exis en
ya
en
el momen o p esen e,
mien as
que
o as
se
p oduci án sob e
la
ma cha.
Es a
libe ad
humana
es,
pa a
Be gson,
el úl imo y de ini i o de los eso es. Se culpa a
la
máquina
de
se
la
causan e de
la
c isis con empo ánea, pe o és e es
un
plan eamien o
also; si
la
máquina
eligie a
den o
de su compo amien o lógico
necesa io, p oduci ía
ünicamen e
lo ú il, de modo que si p oduce
an e
odo lo supe luo, ello se debe a
la
demanda
que el homb e hace. Con
una
mo al
dinámica las cosas sucede ían p obablemen e de o o
modo.
En
su
Es udio
de
His o ia
(1946), A nold
J.
Toynbee, easumiendo
pun os de is a de Spengle , llega a de ini las ein iún
cul u as
his-
ó icas
-él
p e ie e cali ica las de
sociedades-
como «Campos
his ó-
icos in eligibles». Es deci , que las ci ilizaciones,
pa a
el amoso his-
o iado
inglés, no
mani ies an
su
unidad
sino a a és de
nues a
in elección, y leJos de
se
en es biológicos suje os al Juego inexo able
del en ejecimien o y de
la
mue e, son cons ucciones
humanas
com-
pues as po indi iduos. Pe o
«es
cla o que si
la
génesis de las ci ili-
zaciones no es esul ado de ac o es biológicos o de ámbi os geog á-
icos ac uando
sepa adamen e,
deben
se
el esul ado de algún gé-
ne o de in e acción
en e
ellos.
En
o as
palab as, el
ac o
que
a amos
de
iden i ica
no es algo simple, sino múl iple; no
una
en-
idad, sino
una
elación»
(64).
En su nacimien o y
en
su
desa ollo
las ci ilizaciones se
encuen an
en
medio de
un
Juego de cons an es
es ímulos, challenges, que
eclaman
po
pa e
del homb e
una
acción,
esponse.
El homb e
-los
g upos
humanos
que cons i uyen
la
sociedad-,
colocado
en e
a los es ímulos de odo ipo que se le p esen an, puede
da
una
espues a posi i a o
deja
de da la.
En
el
p ime
caso
la
sociedad e oluciona p og esi amen e y c ece; en el segundo se
p e-
sen a
una
c isis y declina. Aunque Toynbee pa ece
a i ma
en
oca-
siones que el esquema
en
que se desen uel e
la
ida de
una
sociedad
es
bas an e
ígido,
esul a
e iden e que asigna a
la
libe ad
humana
el papel de úl imo eso e y de uel e al
sabe
his ó ico
su
come ido
de p opo ciona los conocimien os que
pe mi en
a
dicha
libe ad
eJe ce se
den o
de
un
ámbi o
cada
ez mayo y
más
segu o.
Na u-
64. A.
J.
ToYNBEE,
A
S udy
o
His o y,
esumen
de
D.
C.
Some well, Tomo I
Ox o d,
1946,
pág.
60.
-70-
almen e
la
libe ad no es omnímoda y
es á
suje a
a limi aciones:
puede ocu i que el es ímulo sea excesi o, o demasiado débil, o que
la
sociedad ca ezca del mínimo indispensable de ecu sos na u ales.
En cualquie caso
la
decadencia no es
un
enómeno ege a i o
an e
el que debamos mos a nos es oicamen e indi e en es, sino sólo
un
ecu so que
la
Na u aleza
-Vico
había
podido deci dos siglos
a ás
que
la
P o idencia
di ina-
iene
pa a
aquellos g upos
humanos
in-
capaces de
da
la
espues a adecuada. Su conocimien o es impo -
an e;
puede ayuda nos a comp ende y p e eni los casos de es-
pues a
de icien e (65).
65.
No
podemos
analiza
aquí
la
génesis del pensamien o de Tonybee a
pa i
de expe iencias
ípicamen e
inglesas y de
un
Impe io
en
decli e, aunque es
im-
po an e
pa a
conoce su esquema de
la
His o ia. Véase
VILHELM
BERGES,
A nold
Toynbee (Teo ía e In es igación his ó icas
en
la
ac ualidad
pági-
nas
27-53.
-71-
Conside aciones
inales
Aunque ninguno de los sis emas analizados
en
la
úl ima
pa e
de
es e
abajo
haya
conseguido
-ni
lo
p e endía, dicho sea
en
su elo-
gio-
da
una
explicación
o al
del de eni his ó ico, es indudable
que odos ellos
han
con ibuido, en mayo o
meno
medida, a
nu i
la
conciencia his ó ica de los eu opeos, eno ándola
en
sus
unda-
men os y
ahuyen ando
a muchos e us os e imponen es
an asmas
del ipo de «la olun ad de pode », el milenio, las u opías dialéc ico-
ma e ialis as
o p og esis as, y
o as
muchas
cosas po el es ilo.
Cuan-
do, en el e ano de
1970,
el p o eso Zhuko p onunciaba
el
discu so
de
ape u a
del
XIII
Cong eso
In e nacional
de His o ia, úl imo po
aho a
de
la
se ie iniciada en Oslo, sus palab as sonaban, en los oídos
de muchos de los allí cong egados
pa a
escucha le en
la
eno me
sala
del Palacio de los So ie s de Moscú, con acen o des asado y
a cai-
zan e. Ya no son posibles los dogma ismos. Una nue a
mane a
de
hace
la
His o ia, a iada, se
p esen a
como u gen e, aunque no se-
pamos oda ía cómo se á.
A los his o iado es incumbe
la
a ea
de desenga ia desde el
p in-
cipio, si
han
de
se
e i ados los mismos e o es. Muchas a i maciones
que se hicie on en los úl imos doscien os a ios y que
pasaban
po
e dades i mes,
es án
ya en el incón de los muebles ue a de uso.
Cuando hagamos
la
e isión a ondo de las g andes doc inas elabo-
adas
en los siglos XVIII y
XIX
y que si ie on de
pla a o ma
a
nues o
sabe
his ó ico ac ual, end emos que sac i ica , aunque nos
duela, algunas ilus es de iniciones. Tal ez en
p ime
é mino
-y
no es que pe sonalmen e lo
deplo e-
la
singula in e p e ación que
del p o idencialismo hizo aquel excelen e p íncipe de
la
Iglesia que se
llamó Jacques Benigne Bossue y que
an o
egocijaba a Vol ai e.
Si a de consuelo a quienes lo
lamen en
el
sabe
que ambién
la
Filoso ía de
la
His o ia ol e iana, ilus ada, ins uc i a, amable
in-
cluso
pa a
las
damas
de
buena
sociedad, a ya camino del des ie o.
En
p ime
luga
no es cie o que engamos que
sus i ui
la
isión
medie al de
un
mundo
c eado y,
po
an o, ini o, po
o a
de
un
uni e so in ini o. A
pa i
de los hallazgos de
la
ísica a ómica y de
la
des iación
hacia
el ojo del espec o p oducido po las es ellas
puede o mula se ambién
la
hipó esis de
un
mundo en expansión
-75-

cuyo o igen se si
u
a ia
en e
los cinco y los seis mil millones de años;
es ~.
hipó esis p obablemen e exije
ambién
una
c eación
p olongada
de
ma e ia
a
pa i
de
un
pun o
inicial. El equilib io
in e no
ampoco
es
absolu o: la ley de la g a i ación de New on
ya
no puede
se
lla-
mada
uni e sal po que sólo es
alede a
den o
de cie os lími es.
Vi imos los homb es
en
un
plane a
que se
halla
si uado
en
el
in e io
de
una
galaxia
-gigan esca
len eja
cuyo
diáme o
es de
100.000
años-
luz, que los homb es del medie o
iden i ica on
poé icamen e
con el
camino
de
San iago
(66)-
la
cual
o ma
g upo con
o as
dieciocho
que
suman
miles de millones de es ellas. Se
ha
conseguido o og a-
ia
más
de
un
billón de galaxias. Pe o lo eno me,
aunque
sea
en
la
medida
humana,
de es as
an ás icas
p opo ciones,
no
es lo
in ini o;
can a,
a
lo
sumo,
la
glo ia
in ini a
de Dios.
Las explo aciones
den o
de
nues o
educido espacio, el
sis ema
sola ,
pa ecen
lle a a
la
es emecedo a conclusión de que,
den o
de él, es el homb e único
se
conscien e e in eligen e. Ningún
da o
poseemos que nos
pe mi a
a i ma
que
ue a
de él
enga
éplicas o
semejan es.
Ni
siquie a sanemos de qué modo podemos
de ini
el
uni-
e so, cuyas galaxias
pa ecen
escapa se
unas
de
o as
a elocidades
compa ables a
la
expansión
o iginada
po
la
explosión
a ómica
(67).
Cuando nues os au o es de ciencia- icción
necesi an
in en a
un
nue o Mic omegas,
acuden
ya
a
la
nebulosa
de
And ómeda,
la
más
p óxima, pe o que
es á
p obablemen e
a
2,2
millones de a ios-luz. El
chispean e
b illa
de
las
es ellas
en
una
noche
cla a
es á
haciendo
llega
has a
noso os esplando es que
inicia on
su
ma cha
en
el es-
pacio
an es
de que
ningún
homb e
exis ie a.
Las
eo ías
de Laplace
sob e
la
Tie a
-que
is a desde el espacio ex e io
esul a
mucho
menos es é ica de lo que
c eíamos-
son
ambién
con adichas
(68).
En
luga
de
con inen es
a
la
de i a, las cos as de los Océanos
pa ecen
e idencia desga ones de
una
co eza que,
en
el p incipio,
habia
sido
comple a
an es
de que Dios,
en
el
día
e ce o del Génesis,
sepa ase
lo seco de
lo
húmedo
(69).
Todo es o nos
habla
de los lími es
cons an es
que el
homb e
es á
66.
J.
MARTÍNEZ
SALAS,
Soluciones
ela i is as
al
p oblema
cosmológico. Discu so
de
ape u a.
Valladolid,
1005.
pág.
8.
67.
FRIEDRICH
BEcKER,
Galaxias.
Re is a
de Occiden e,
omo
XVI,
1967,
páginas
17'0~185.
68.
La
mode na
eo ía
de
Di ac
es
que
la
Tie a
se
expansiona
y que los con-
inen es
adqui ie on
su
o ma
p imi i a
al
ompe se
la
co eza
e es e
como
la
piel
de
una
na anja
al
hincha se.
Ve
PAscuAL
JORDAN,
La
expansión
de
la
Tie a,
«Re is a de OCciden e»,
omo
VID,
1965,
págs.
1-17.
69.
El
ex o
de
la
Vulga a,
en
la
aducción
ene able del P. Pe isco
es
el
siguien e : «Dijo
ambién
Dios :
Reúnanse
en
un
luga
las
aguas
que
es án
debajo
del cielo y
apa ezca
lo á ido. Y
así
se hizo. Y
al
á ido
dióle Dios
el
nomb e
de
• ie a y a
las
aguas
eunidas
las
llamó ma es. Y ió Dios
que
lo
hecho
e a
bueno» (Ge.
1,
9-10).
-76
pe cibiendo. Lími es a
la
elocidad po que
la
de
la
luz coincide
al
pa ece
con la desin eg ación. Lími es
al
ío, con
la
exis encia de
un
ce o absolu o. Lími es a
la
capacidad
humana
que le impiden
cum-
pli
sus
sueños,
in e umpidos
po
la
mue e. Lími es a
la
manipula-
ción de
la
Na u aleza, que puede
se
des uida
o en enenada. Limi es
al
supues o
c ecimien o
inm e umpido
del
sabe
y de
la
p oducción.
Po
odas
pa es
limi es, allí donde los op imis as
un
poco e ó icos
del siglo
XIX
no
eían
o a
cosa que espacios abie os
pa a
la
ex-
pansión.
No
exis e
azón
alguna
pa a
que
admi amos
como
e dad
demos-
ada
el p incipio elabo ado
po
Vol ai e y
Feue bach
de que el
hom-
b e
ha
c eado a Dios a
su
imagen
y semejanza. Aun
pa a
los a eos
al
a i mación
no
pasa
de
se
una
hipó esis de
abajo
imposible
de
comp oba . Las p e ensiones de
acla a
acionalmen e
odos los mis-
e ios del Mundo y de
la
Na u aleza
nos
pa ecen
cada
ez
más
anas
en
luga
de con i ma se.
Po
un
descub imien o
nacen
diez nue as
incógni as. El desa ollo de
la
ciencia y el empequeñecimien o co e-
la i o del homb e,
en
ez de
aleja
a Dios
hacia
el ex e io del Uni-
e so, son,
pa a
quien
sabe
escucha , nue as,
so p enden es
y icas
o mas de e elación
na u al.
Si el iempo,
en
la
eo ía
de Eins ein,
es
la
cua a
coo denada que se une a las
es
has a
aho a
conside a-
das
en
el espacio,
ningún
mo i o
hay
pa a
que no le conside emos
como
una
c ia u a
más, al modo como lo
hacía
San
Agus ín,
en
luga
de
se
el
ámbi o
«espacializado»
en
que odos los hechos
se
p oducen.
La necesidad de
ecu i
a explicaciones que
an
más
allá
de
la
azón,
es á
demos ando
la
pob eza de
un
absolu o acionalismo.
Tampoco enemos
azón
alguna
pa a
con e i
al
humanismo
-an opocen ismo,
más
bien-
en
un
dogma.
En
el
conjun o
del
Uni e so, lo mismo que
en
la
upida
ed
de acciones y eacciones que
componen
la
His o ia, el
homb e
apa ece como
una
culminación,
una
me a,
pe o no el odo.
Des ina a io
del mundo, no puede
se
con-
undido con
su
C eado .
Al
dei ica le,
la
Ilus ación
puso
en
ma cha
un
dogma ismo
más
ígido
en
su
in ole ancia
que el de
la
eligión
que comba ía,
ya
que exigía el some imien o inexcusable a
la
azón,
sin
da
pa e
a
ninguna
o a
po encia.
Y,
desde luego, hoy es amos
con encidos de que la azón del
homb e
no es la
medida
o al.
Al
a a
del
ema
de
la
libe ad
del homb e, esencial
pa a
la
His o ia, indicamos
ya
cómo se
había
p oducido
una
pelig osa con-
usión debida a las incidencias polí icas del ocablo.
La
libe ad
es,
pa a
noso os los c is ianos,
una
po encia
que Dios
ha
en egado
a
sus
c ia u as
humanas,
en
cuya i ud
és as
se en obligadas cons-
an emen e
a escoge
en e
las opciones que se les
p esen an
y a las
que, consumado el ac o,
se
e án
luego ligadas.
Pa a
que
pudie a
-77-
eje ce
su
libe ad de
un
modo absolu o, el homb e necesi a ia posee
un
conocimien o ambién absolu o de
dichas
opciones, lo cual
sabe-
mos que,
dadas
sus
limi aciones na u ales, es imposible.
Po
eso
a i -
mamos que,
en
el plano sob ena u al, el homb e
alcanza
la
plena
libe ad cuando ecibe el auxilio de
la
g acia, y que
en
el plano
na-
u al
sólo puede sen i se pa cialmen e lib e.
Cuando se obje i a
la
libe ad, se
la
ela i iza.
La
His o ia
apa-
ece en onces
an es
noso os como
una
se ie de conquis as pa ciales
sucesi as y cuan i icadas: libe ad indi idual; libe ad ju ídica; libe -
ad
económica.
Así
la
en los
p agma is as
mode nos. Pe o
al
con-
e i la
en
algo que cada uno posee
en
la
misma medida
en
que los
demás se
encuen an
imposibili ados de eje ce
la
suya
p opia
con a
él, se con ie e
en
un
bien dis u able.
Yo,
mi yo egocén i<:o,
a a é
de asegu a me
la
mayo
pa cela
posible. Así se explica que,
en
los
úl imos iempos,
la
hayamos is o ligada a odas las endencias de
la
izquie da, del cen o o de
la
de echa. Si ió a los nazis de
lema
cuando
en a on
en
Viena
en
1938,
a los ame icanos
cuan o
llega on
a Munich
en
1945,
a los lumumbis as del Congo y
aho a
a los ie s
en Indochina. Decididamen e
un
ocablo que
ha
llegado a con e -
i se
en
mozo de
an os
amos co e el iesgo de no
se
ya
más
que
una
palab eja.
En es os momen os de
p o unda
e isión alcanza a los his o iado-
es ca ólicos
una
impo an e
esponsabilidad, comenzando po
la
de
acla a
qué cosas deben, y cuáles no, inclui se bajo
la
e ique a del
p o idencialismo. Las
palab as
de
la
Cons i ución concilia
Gaudium
e
Spes
-«simili e
c edi cla em,
cen um
e
inem o ius
humanae
his o iae
in
Domino
ac
Magis o suo in eni i»
(70)-
son
pa a
ellos
ex ao dina iamen e opo unas. La eno ación de los es udios
de
Teo-
logía es
una
base esencial
pa a
su en endimien o del sucede his ó-
ico, como se
demues a
po el hecho obje i o de que
la
apo ación
de los cien í icos ca ólicos al ace o común de
la
Humanidad
sea
mayo
aho a
que en
ningún
o o momen o
an e io
desde p incipios
del siglo XVIII. Los p ejuicios que se ab igaban
con a
la
e y
sus
po ado es
han
disminuido,
en e
o as
cosas, po
la
p opia impo en-
cia del acionalismo; debe ap o echa se
es a
ocasión
pa a
e isa y
aduci
en
nue as exp esiones las e dades ecundas, e lejo de
la
Ve dad, que
la
adición y el magis e io de
la
Iglesia
gua dan
cuida-
dosamen e
en
su seno espec o a
la
in e p e ación
de
la
His o ia.
70.
Oons i ución
«Gaudium
e
Spes».
Concilio
Va icano
II.
Ed. B.
A.
C.
Mad id,.
1965, págs.
2'22.
-78-
Si C is o es el
Seño
y Cen o de
la
His o ia,
la
digna
libe ad
del
homb e
no puede
halla se
sino
en
la
adhesión a
su
ocación.
Tal
es
el sec e o
p o undo
de
la
espe anza, que se opone
diame almen e
a
la
angus ia.
<<Omnia
echnicae
a is
molimina, lice pe u ilia, anxie-
a em
hominis
seda e
non
alen »,
decla a
el Concilio
a icano
II
(71).
En
el diálogo con Dios, que le conse a
po
el amo ,
encuen a
el
hpmb e
espues a
a
sus
p oblemas i ales. Cuando
nues os
an epa-
sados del Medie o escogie on
la
echa
del
nacimien o
de Jesuc is o
como
pun o
de
pa ida
pa a
una
c onología
absolu a
-cos umb e
que no se gene aliza
has a
casi el siglo
XV,
como odo el
mundo
sabe-
no
lo
hacían
po
un
mecanismo cómodo de obje i ación, como
la
selección
del
me o, diezmillonésima
pa e
del
cuad an e,
sino po
el
con encimien o
p o undo
de que odos los acon ecimien os de
la
His-
o ia
conducían a El y de El
pa ían.
Pa ece
como si
una
ue za
mis-
e iosa
impidie a
a los ambiciosos de inido es de nue as E as
sus i-
ui
a és a.
Pe o
quizá debié amos comenza po las p e isiones de aquello que
debe
se
e i ado.
La
apa ición
de
la
New Economic His o y y
de
la
eo ía de los modelos (72),
la
aplicación de los mé odos
cuan i a i os
y
la
u ilización de
la
cibe né ica
y de
la
sis émica
(73)
en
la
in es i-
gación his ó ica,
p ecisamen e
po que
es án
pe mi iendo
ecundos
hallazgos y es p e isible que
alcancen
o os
más
en
un
inmedia o
u u o, nos conducen
al
ez a
un
pelig o
semejan e
al
del posi i-
ismo:
la
His o ia puede e se
a ada
como
una
disciplina econó-
mica y des i ua se. La
in e p e ación
de los
g andes
enómenos
exige
una
p eocupación espi i ual
po
el homb e mismo
si
no que e-
mos educi le a ci as (74). Si decimos, con Laszlo, que los indi iduos
son
sis emas ce ados, podemos e nos empujados,
una
ez más, a
alguna
mons uosa
a i mación
con deci que Dios
unciona
como
un
sis ema
homeos á ico,
apenas
un
supues o de
la
men e
humana.
El
homb e
iene
que
se
dueño si no quie e
se
íc ima de
la
compu-
ado a.
Hay e dades p o undas,
hijas
de
la
Ve dad, que los his o iado es
ca ólicos hemos de
sos ene
con én asis; pues
al
ez
la
esponsabi-
71.
Ibidem, pág.
230.
72.
V.
MAURICE
LEVY
LEBOYER,
La
New
Economic
His o y,
Annales,
1969
V,
pá-
ginas
1035--1009.
73.
JoRGE
RÉREz
BALLESTAR,
Suge encias
cibe né icas
y sis émicas
pa a
la
expli-
cación en
His o ia.
Es e abajo, oda ía inédi o,
ha
sido p esen ado
en
el
Coloquio
In e nacional
de His o ia
(Pamplona
1-J
de mayo de
1972:)
que
u o po
ema
«Subje i idad y con empo aneidad
en
la
His o ia>>.
74.
«!Sane
hodie nus
p og essus scien ia um
a iunque
echnica um,
qua
i
me-
hodi
suae
usque
ad
in imas
e um
a iones
pene a e
nequeun , cuidam
phaenomenismo
e
agnos icismo a e e po es , quando me hodus 1n es 1-
gandi,
qua
disciplina
is a
u un u ,
imme i o p o
sup ema
o ius e l a is
in eniendae egula habe u >>. Concilio Va icano, págs.
295-200.
-79-