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Europa: una conciencia histórica en la encrucijada

Suárez Fernández, Luis

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l / UNIVERSIDAD DE VALLADOLID LUIS SUAREZ FERNANDEZ EUROPA: UNA CONCIENCIA HISTORICA EN LA ENCRUCIJADA VALLADOLID 1972 / ~ /. 1 ~-· . -, ~ .. J·J/ ·JJ.,.7· ~e ;;;: .'···l ,_,_. 1 .. : I ' • ¿-· .,.._ .o; o" ' ¡' / / EUROPA: UNA CONCIENCIA HISTORICA EN LA ENCRUCIJADA UNIVERSIDAD DE VALLADOLID LUIS SUAREZ FERNANDEZ EUROPA: UNA CONCIENCIA HISTORICA EN LA ENCRUCIJADA VALLADOLID 1972 Depósi o Legal VA. 771.-1972 G ó icas And és Ma ín, S. A. Juan Memb illa. 9 Valladolid In oducción I Había, en las Uni e sidades alemanas, an igua y a aigada cos- umb e de que, al co esponde a uno de sus p o eso es el al o hono de p onuncia la p ime a lección del nue o cu so que en onces co- menzaba -p ueba de que, al dobla los años, se había alcanzado ya una supues a madu ez ecunda- hiciese medi ación en oz al a sob e aquel campo del sabe que p ecisamen e cul i aba y no sob e una pa cela conc e a de su in es igación. Es e año, con cie o e aso im- pues o po ci cuns ancias que son de odos conocidas, me co esponde es e hono , subiendo a la ibuna de una de las dos más an iguas Uni e sidades hispánicas, modelo y ál eo ma e no pa a o as muchas ex endidas po odos los pun os ca dinales del globo. He decidido imi- a aquella noble adición. No en un ges o de anidad u o gullo, como si p e endie a medi me con aquellos g andes maes os de o o iempo, Schille , Fich e, Windelband o Edua do Meye -nomb es que encon a emos, Dios median e, en el cu so de es e abajo-, sino po que en la ho a ensa que los eu opeos i imos pienso que es lógico se solici e con exigencia al his o iado cie as espues as o acla a- ciones. Pues hay eces en que nos pa ece ene el de echo de p egun- a nos si, en es e ámbi o de cul u a que, con poca p opiedad, llama- mos Eu opa, no hab emos alcanzado ya ese pun o i e e sible desde el cual no es posible el e o no. Pido pe dón po la osadía; pe o añado que, después de elee es e discu so, no me a epien o de habe lo esc i o. Aunque no si a pa a o a cosa que susci a c í icas, cualquie es ue zo, po minimo que sea, encaminado a acla a la enc ucijada en que la conciencia his ó- ica del homb e eu opeo se encuen a aho a, hab á alido la pena. Es oy since amen e con encido de ello. An es de emp ende lo les ue- go oda ía que quie an cen a conmigo su a ención sob e algunos concep os y exp esiones de alo ambiguo que hab emos de maneja aquí con g an ecuencia. No les pido que nos con enzamos mu ua- men e de lo que ellos signi ican, sino sólo que con engamos el alo , alcance y sen ido que pa a nues o es udio amos a a ibui les. Se a a de concep os como libe ad, his o ia, indi idual y con ingen e en -7- oposición a colec i o y esponsabilidad, iempo, adición, con inuidad y algunos o os. Desde hace ap oximadamen e dos siglos la libe ad ha llegado a con e i se en bande a de pa ido; la usan odos sin disc iminación, cualquie a que sea el bando en que mili en. Da libe ad es, más o menos, a ae a uno o some e a los p incipios que se p o esan. Se ha cons uido po es e medio un concep o cuan i a i o y obje i o -quie o deci ex e no al homb e- como si la libe ad uese una es- pecie de bien de o una; cuan a mayo dosis se consiga aco a , más g ande se á el éxi o. De es e modo la libe ad puede llega a se ins- umen o ag esi o; de an a se dis u a cuan a se consigue a eba a al p ójimo. Pe o pa a un his o iado la palab a libe ad signi ica o a cosa: alude a aquella unción inhe en e a odo se humano, sello que Dios ha pues o en su alma, y que se opone al concep o de necesidad. Todos los acon ecimien os que no se p oducen inexo ablemen e -po la acción de una ley ísica de la na u aleza, alga el ejemplo- obli- gan al homb e a eje ce es a capacidad elec i a, la cual se á an o más amplia cuan o mayo sea el conocimien o de los é minos de la disyun i a. La igno ancia in encible, suponiendo que és a pudie a da se de modo absolu o, elimina ía, ambién en o ma in encible, la libe ad. La lengua alemana posee dos palab as dis in as pa a signi ica aquellos dos concep os que, en espa iol o ancés, se exp esan con una sola, His o ia. La His o ie es la pleni ud del sucede ; la Gesch ch e es, en cambio, el conocimien o de dicho sucede , nunca pleno sino pa cial. La Geschich e, ciencia his ó ica -algunos end án legi imo de ecl'O a p egun a se si es una ciencia p opiamen e- p oduce en el hom ; un sis ema de explicaciones de su pasado, una conciencia de su p opio yo e e ida a coo denadas de iempo. No hace- al a p egun- a nos po su u ilidad; bas a la simple comp obación empí ica de que su ausencia no elimina dicha conciencia, sino que la de o ma pa a ins ala la en el campo de la supe s ición o de la mi ología. La ec a conciencia de su His o ia es uno de los p esupues os de la libe - ad de las comunidades humanas. Es os dos concep os de «lo his ó ico», al elaciona se en e si, p o- ocan consecuencias de la mayo impo ancia. Han sido obje o de in- e p e aciones que, aun cuando no lleguen a se e óneas -que si lo son muchas eces- acen úan el ela i ismo de nues o conocimien o del pasado. La noción de libe ad se asocia con ecuencia a las de con ingencia y acción indi idual que apa ecen an e el his o iado como elemen os pe u bado es. Muchas eces pa ece que los his o- iado es de o icio es amos deseando sus i ui la ida, en lo que és a iene de pleni ud, de igo , de imp o isación, de c eación incluso, po un conjun o de leyes -o po una sola ley gigan esca- ec o as de -8- la ac i idad del homb e. C eo pe sonalmen e que las úl imas co ien- es his o iog á icas, al ca ga su acen o sob e los ac o es socio- económicos, han acen uado oda ía más es a endencia que no me pa ece buena. Pese a quien pese, lo indi idual es á ahí: los desó denes de Alejand o Magno, el desp ecio ea al de Césa hacia los senado- es en los Idus de ma zo, la he oicidad i al de San F ancisco, el más p óximo al modelo del Maes o; la desdichada mue e del p íncipe don Juan, que impidió acaso la e eb ación de España, y has a, si me apu an, la llu ia ma u ina del campo de Wa e loo, segui án ace- chando a los his o iado es como ac o es decisi os en el umbo del acon ece humano. Hen i Be gson ( 1), al discu i a Spengle , descub ió has a qué pun o los his o iado es posi i is as habían espacializado al iempo pa a ajus a le a su concep o de His o ia como una p og esión en que lo iejo pe sis ía mien as e a en e ado bajo las capas acumula i as de lo nue o. Pe o odos los his o iado es ac uales saben muy bien que, en la ma cha de la Humanidad a a és del iempo, se es án p odu- ciendo no un conjun o de ealidades en se ie, sino un abanico de po- sibilidades de las que apenas si una pa e mínima llega á a con e - i se en ealidad. No malmen e al homb e co esponde eje ce su ca- pacidad de decisión en e ellas, no en o ma simple y di ec a, sino compleja e indi ec a. Además las ealidades ya p oducidas apa ecen en la conciencia del homb e o mando se ies o conjun os espec o a los cuales el iempo iene alo ela i o. Quie o deci , siguiendo en es o el pensamien o de Meinecke {2), que el iempo his ó ico se p o- duce en la conciencia de un modo esencialmen e dis in o a como se compo a el iempo ma emá ico: a los i mos len os, con escasos acon ecimien os signi ica i os, suceden o os ápidos en que los he- chos impo an es se acumulan. El iempo-his ó ico, que es p opiamen e un iempo-conciencia, cons i uye uno de los más ele an es descub imien os de los his o- iado es de nues os días y se elaciona ín imamen e con la noción del p esen e. A eniéndonos a los é minos de la ma emá ica clásica o posi i a -que es an sólo una de las ma emá icas posibles, según el pensamien o ac ual- el p esen e no es o a cosa que una linea en con inuo mo imien o uni o me que sepa a lo que ya ha sucedido de lo que a inmedia amen e a sucede . Pe o ello se debe a que, como an es apun ábamos, se ha p oducido una espacialización acaso in- conscien e del iempo. Sucede, sin emba go, que odo el mundo -y los his o iado es en p ime é mino - iene una cla ísima noción de que el p esen e es, o se conside a como al, un ámbi o en el que se ag u- 1. H. BERosoN, La pensée e le mou an , 25.~ ed. Pa ís, 1950. 2. F. MEINEcKE, El his o icismo y su génesis, ad. esp. Méjico, 1943. -9- pan sucesos ya acaecidos jun o con o os que p e emos o p oyec amos en in ima elación con ellos; unos y o os, en odo caso, cons i uyendo cie a o ma de unidad. Como el iempo his ó ico es gené icamen e iempo p esen e pues o que odos los hechos que en él suceden se ha- cen p esen es en la men e del his o iado , es o quie e deci , ni más ni menos, que no se p oduce ue a, sino den o de la conciencia hu- mana; es «subje i o» y no «Obje i o». Llegados a es e pun o con ie- ne hace un inciso pa a p e eni con a e o es comunes: de ninguna mane a debe iden i ica se al conocimien o his ó ico obje i o con neu- o, impa cial o pe manen e, ni al subje i o con apasionado, pa cial o a iable. La ciencia his ó ica u iliza pa a su abajo iempos-conciencia y no c onología. Es, quie a o no quie a, conocimien o subje i o que se ale de hipó esis de abajo a las que in en a luego comp oba o ex- plica . No debe ex añ.a nos, pues así p oceden ambién o as muchas ciencias ac ualmen e. En mi opinión, esul a ex ao dina iamen e signi ica i o que es a concepción del sabe his ó ico, supe ado a de las an iguas ó mulas de la his o ia na a i a, gené ica o p agmá- ica, haya coincidido con un cambio en el a e de la no ela, del ea- o y del cine -con p edominio de és e, al menos en la p ime a mi ad del siglo- que ca ac e iza a nues o iempo y que consis e p ecisa- men e en el ánsi o de la no ela psicológica obje i a al modo de Balzac, a la psicología subje i a de Joyce o de Ka ka. No me pa ece, po an o, una casualidad que el cine haya enido a con e i se en el enómeno más impo an e de nues o iempo, máxime cuando, me ced a la ele isión, la imagen en mo imien o ha pene ado en capas de in imidad social que an es se conside aban a cubie o. El g an mé i o de Se gio Mihailo i ch Eisens ein -Y ambién aca- so la azón más p o unda de su in ima e in olun a ia con adicción con el «Obje i o» ealismo socialis a p econizado po los so ie s como ó mula única de a e- es habe comp endido que la esencia del cine se halla p ecisamen e en la up u a con los p incipios elabo ados po el posi i ismo en bene icio de cuna sín esis análoga del elemen o emocional y del elemen o in elec ual» a in de «de ol e al elemen- o in elec ual sus uen es i ales, conc e as y emocionales» (3). Pa a un his o iado de la cul u a como A nold Hause ( 4) la iden i icación del iempo his ó ico, iempo-conciencia, con el esul ado de las éc- nicas del mon aje cinema og á ico es an impo an e y signi ica i a 3. Con e encia p onunciada en la So bona el 17 de eb e o de 1930 y ecogida po LEÓN MoussiNAc, Se gei Mihailo i ch Eisens ein, Pa ís, 1964, pág. 94. Ve am- bién sob e el ema S. M. El sENS'l'EIN, Teo ía y écnica cinema og á ica, Mad id, 1958, y JEAN MITRY, S. M. E sENSTEIN, Pa ís, 1961. 4. ARNOLD HAUSER, His o ia social de la Li e a u a y el A e, omo m, Mad id, 1964. -10- e i o ios y puso en cul i o, enciendo al bosque, al pan ano y al ma , zonas an es imp oduc i as. Una iple e olución económica, en los sec o es me can il, ag ícola y inancie o, lle ó al descub imien o de la le a de cambio y de la moneda de cuen a y, con ello, a la ape u a de c édi os y a la mul iplicación ilimi ada de los capi ales. La Iglesia, je a quizada y segu a de posee la e dad, desa olló y dio ida a un cue po de doc ina de alo uni e sal e indiscu ido, mien as apli- caba al de echo sus no mas é icas. De G aciano a Du ando, madu ó es e de echo como un conjun o de p incipios acep ados. La au o idad, explicada con el símil de gus o muy medie al de la escala de Jacob, po donde los ángeles suben pe o ambién bajan, esul ó e o zada. Po ez p ime a se es ableció ambién un sis ema educa i o que con- aba con es ni eles: el p opedeu ico del « i ium» y «qua i ium», las sie e a es libe ales; el in e medio de las ciencias humanas; el supe io de la Teología, eina del sabe a la que, en el simbolismo c o- má ico de las Facul ades uni e si a ias, se a ibuyó el blanco colo del a miño. La Uni e sidad, que los homb es del medie o llama on Es udio Gene al, nació como esul ado á.e es os es ue zos. Cuando uno de los más eximios doc o es uni e si a ios, San o Tomás de Aquino -en su amosa cues ión 75 de la Summa Teológica, III- explicó la g an ope- ación que inca dinaba a la ascendencia de Dios, Jesús, el Seño , en la na u aleza como un sencillo cambio, « ansus anciación» que, del pan y del ino, conse aba an sólo las especies (13), la concien- cia his ó ica del p o idencialismo se io e o zada. Los homb es, inde- ec iblemen e auxiliados po su C eado , cons uyen en la His o ia len amen e un «Regnum Dei» de la libe ad que no pod á sin emba - go ealiza se plenamen e, sino más allá del o den empo al. El p o- g eso, en la His o ia, es una especie de c ecimien o que ans o ma al homb e lle ándole, del es ado inicial de necesidad, p oduc o del pecado, a su des ino eliz po medio de la libe ad mo al que p opo - ciona la g acia. La ue za de es os p incipios ue an g ande que, a pesa de los siglos anscu idos, aún se halla p o is a de i alidad. n El o gen de la c s s. Es muy di ícil p ecisa dónde se encuen a la p ime a aíz de una c isis -en el sen ido de e isión del juicio- de es a conciencia his ó- ica eu opea. Apa ece mani ies amen e con la Ilus ación. Pe o los 1'3. e sob e es o A. PIOLANTI, El mis e io euca ís ico, omo !, Mad id, 1958, págs. :ll'S-29,1, y M. 8cHMAUS, Teología dogmá ica, omo VI, Mad id, 1963, págs. 301 sg s. -18- pensado es que enca naban es e mo imien o, lo mismo que sus inme- dia os he ede os del siglo XIX, p e endían sólo ompe los moldes del pensamien o adicional c is iano, conse ando inal e able en cambio el o den de alo es é icos «na u ales:. -la ilan opía- que el C is ianismo había p oducido. Cla os p eceden es pueden se ala se en Maquia elo y en Desca es. El amoso his o iado y poli ico i aliano a i mó, en el p ime o de sus Discu sos sob e L o, que una especie de ley inexo able p esidía el desgas e de los egímenes poli icos, con lo cual el homb e quedaba supedi ado al acon ece his ó ico. Se le des- p o eía de su libe ad. En su conocido Discu so del Mé odo, René Desca es incluyó aque- lla sen encia, o igen del acionalismo, «pienso, luego exis o:.. El Dis- cu so ue publicado en 1637 y e a adical en sus conclusiones: no sólo debía e isa se la conciencia his ó ica poseída po el homb e eu opeo -que se hallaba enza zado, cie amen e, en una de las más oscu as, e cas y sang ien as gue as-, sino que la his o ia misma debía eclui se en el albe gue de los conocimien os cu iosos e inú iles. Ya en 1690 John Locke comba ió es a pos u a -el exis i no es conse- cuencia del pensa , a i mó, sino en odo caso su an eceden e- pe o lo hizo en nomb e de un sensualismo expe imen al que echazaba con igual ene gía cualquie ipo de adición. En un abajo muy alioso publicado hace casi cua en a a íos, Paul Haza d ( 14) se ialaba ya el Ensayo sob e las cos umb es y el espí i u de la naciones de Vol ai e como la ob a decisi a del g an sal o que, en e al p o idencialismo apoyado en la Teología, p e en- día alcanza una Filoso ía de la His o ia libe ada de mi os, amena y p o echosa, ú il pa a la educación humana y o ien ada a la ilus a- ción ( «e kla ung») del homb e. En ella hizo dos a i maciones pa a las que no apo aba ninguna clase de p ueba cien í ica, pe o que e an an b illan es como odas cuan as lle an la ma ca de su genio: Fue la p ime a que odas las cul u as siguen en su desa ollo una especie de pa alelo e es e, omado en el sen ido de O ien e a Occi- den e. Po eso enía que o za la e dad a ibuyendo a China mucha mayo an igüedad cul u al que a Egip o o a Mesopo amia. En su ga- bine e de abajo conse aba una imagen de Con ucio con la exp e- sión g abada «Sanc i Con ucii, o a p o no bis:., como signo de la supe- io idad que econocía a su ciencia. Fue la segunda que el C is ianismo no se asien a sob e una e dad absolu a, la di inidad del Se io Jesús, sino sob e una c eencia e i- sable y, pa a él, mal undamen ada. No se a a, pues, de un a eísmo adical, en el sen ido que se da no malmen e a es a palab a, sino de una in e sión en los é minos: no es que Dios haya c eado al homb e, 14. PAUL HAZARD, La c ise de la. conscience eu opéenne, Pa ís, 1935. -19- sino que el homb e ha in en ado a Dios pa a p ocu a se una explica- ción de aquellos enómenos que no en iende. En un momen o de e - minado sus conocimien os pe mi i án al homb e abandona la idea de Dios como el a qui ec o p escinde de los andamios cuando ha sido e minado el edi icio. La explicación dada po Vol ai e sigue siendo empleada como moneda co ien e en nume osos lib os. El C is ianismo es enemigo de la azón po que exal a como único alo un sen imien o. Las exp e- siones empleadas po el amoso ilóso o no es án exen as de inju ias. Nació el C is ianismo, en pa e, del peque io pueblo judío «Salido de Egip o como una ho da de lad ones», «abyec o en la desg acia e inso- len e en la p ospe idad», siendo en su o igen un mo imien o popula acaudillado po cie o exal ado ilán opo (Jesús de Naza e ) al que o o aná ico con usiona io (San Pablo), con ayuda de los mis e ios helenís icos y de la iloso ía neopla ónica, p es ó el alien o necesa io pa a su iun o y dio con enido ideológico. La azón debe se libe ada en consecuencia del secula op eso c is iano y el «in ame» (es deci , la Iglesia ca ólica) aplas ado. El esul ado se á una iluminación de la men e, «au kHi. ung». Es e es el ema casi cons an e de su co es- pondencia con el ey Fede ico de P usia ( 15). III La doc ina del p og eso. cuando Vol ai e y los demás ilus ados comba en an denodada- men e al p o idencialismo, no ienen en cuen a a San Agus ín ni a la g án adición his o iog á ica c is iana, sino a la o ma en que al doc ina se p esen aba en el amoso Discu so ace ca de la His o ia uni e sal que publica a en 1681 el obispo Jacques Benigne Bossue . Pe o en es e lib o se al e aban dos aspec os muy esenciales de la in e p e ación his ó ica adicional: se sup imían casi po comple o las di e encias en e los dos planos, el de la His o ia de la sal ación y el de la lib e ac uación humana empo al -con lo cual se exage- aba la in e ención <<ac ual» de la di ina p o idencia en acon e- 15. La idea apa ece exp esada po comple o en la Educación del géne o humano de LEssiNG: <<El An iguo Tes amen o e a un lib o elemen al ap opiado an o pa a los niños como pa a un pueblo in an il. C is o ... qui ó al niño el lib o elemen al ya ago ado. El ue el p ime maes o idedigno de la inmo alidad del alma. Es innegable que añade a es as enseñanzas o as doc inas cuya e dad no es an e iden e y cuya u ilidad es meno , pe o ... no nos insolen emos con a ellas, an es bien, in es iguemos se iamen e si ales enseñanzas supe pues as cons i uyen un nue o impulso o ien ado de la azón humana». -20 :- cimien os me amen e humanos- y se con e ía al homb e en un me o ins umen o de con inuados y minuciosos designios di inos a e- ba ándole pa e de su libe ad y esponsabilidad (16). La lec u a conjun a y se ena de la ob a de Bossue qui a mucho igo a es ~ plan eamien o, pe o a sus enemigos bas aba con mul iplica ci as y ex ac os pa a a gumen a . Na u almen e no bas aba con comba i , idiculizándola, la con- ciencia his ó ica del c is ianismo medie al; e a p eciso da una expli- cación de la ma cha del mundo. Es sin omá ico que Vol ai e haya con iado a dos no elas, Mic omegas y Cándido, la misión de se po - ado as de su azonamien o y, sob e odo, que haya ecu ido a la ciencia- icción, como si necesi ase deja p e iamen e es ablecida la exis encia de homb es o, al menos, de se es acionales, en o os pla- ne as, pa a pode comba i los excesos del p o idencialismo y las p e ensiones de que la C eación en e a se encuen a al se icio del homb e. La i onía es, en manos de Vol ai e, un manja suculen o; cuando el ilóso o p o idencialis a Pangloss -p obablemen e Leib- ni z- quie e explica pa a qué han sido hechas las cosas, p esen a ejemplos an di e idos como és os: las manos exis en pa a lle a guan es, los pies pa a calza zapa os, las na ices pa a sopo a ga as y las acas pa a se comidas. A eces la i onía pa ece más bien un ecu so pa a sus ae al lec o a la g an in e ogan e que se ab e en cuan o se abandona la c eencia en un Dios ascenden e. ¿Po qué exis e el homb e? ¿Cuál es la azón de su se ? De es e modo in e ogan Cándido y sus amigos, as la ga pe eg inación in uc uosa, al g an de iche que han ido a busca a Cons an inopla: «Maes o, enimos aquí a oga e que nos digas el po qué de habe sido c eado un animal an ex a ío como es el homb e». Las espues as del de iche son desespe anzado as: «po qué os en eme éis en ello», «¿en qué os a a íe?», «¿qué impo a que exis an el bien o el mal?» ; «cuando su al eza en ía un ba co a Egip- o, ¿se p eocupa de la comodidad de los a ones a bo do?» Vol ai e no que ía p obablemen e da una espues a conc e a; poseía su icien e p udencia como pa a comp ende que ninguna o a doc ina podía impone se de modo inmedia o pa a sus i ui al p o idencialismo que 16. Alpa ecen en es a ob a (ci amos la edición de Manuel de Mon oliu, Ba celona, 1'940) exp esiones como las siguien es: «Después de habe es ablecido (Dios) con an as p uebas sensibles es e undamen o inmu able, que po sí solo conduce a su olun ad odos los acon ecimien os de la ida p esen e» (pág. 1'68); «es a conduc a de Dios nos hace e ambién, que odo sale inmedia amen e de su mano» (pág. HH) ; «la his o ia del pueblo de Dios, a en iguada po su p opia con inuación y po la eligión... ha conse ado como en un iel egis o la memo ia de es os milag os, dándonos con ello la e dade a idea; del impe io sup emo de Dios, seño omnipo en e de odas sus c ia u as» (pág. 177). -21- an cáus icamen e ecusaba. Es an sólo al inal de la no ela que comen amos cuando, de modo indi ec o, insinúa el ema (17). El g an sec e o del mundo, cuando se le opone acionalmen e a Dios, es que cada cosa iene po in a si misma sin ascende se. Cán- dido y sus compañ.e os deciden e i a se a una aldea y cul i a su ja dín. No es ningún aza la coincidencia de é minos en e cul i o y cul u a, pues siendo acional la na u aleza del homb e, su in no puede se o o que el cul i o de su p opia azón. Consecuen e con es a doc ina, Vol ai e de inió la His o ia como «la ayec o ia hacia la conquis a de la azón al se icio de la e dad» (18). En ella la ac i- idad del homb e, en cuan o que p og esa, iene mucho de c uzada con a el i acionalismo, el sen imien o eligioso, la igno ancia y la Iglesia ca ólica. No desca aba, con sen ido ealis a, la necesidad de una alianza en e la azón y el despo ismo. Pa a comp ende la g an in luencia que las ideas del ilóso o ancés eje cie on sob e su eal discípulo p usiano, bas a conside a que oda ía en iempos de Bis- ma ck, cien a ios más a de, pudo llama se en Alemania Kul u kamp a la pe secución desa ada con a la Iglesia. Vol ai e enunció, sin emba go, la doc ina del p og eso en la His- o ia con no pocas ese as. La conquis a de la e dad po la azón humana le pa ecía indudablemen e p og esi a, así como que ella e a el p incipal obje i o que la Humanidad enia pe siguiendo desde el p incipio de los iempos. Pe o dudaba de que la ma cha uese siemp e ascenden e. Una gene ación más a de, en cambio, sus discípulos sos- u ie on ya con absolu a con icción la idea de que en la His o ia el p og eso se p oducía «necesa iamen e»; sin duda in luye on los g a- es acon ecimien os polí icos que dicha gene ación hubo de i i en F ancia. En 1794, pe seguido y solo, el amoso ma qués de Condo ce , gi ondino, epublicano y demóc a a, esc ibió un lib o sob e Los p o- g esos de la men e humana ( 19), que cons i uye, d amá icamen e, el can o de espe anza inal de los ilus ados y, a la ez, el puen e hacia el posi i ismo. Augus o Com e se decla a á discípulo de Condo ce y asumi á plenamen e la sen encia undamen al de és e: «la pe ec- ibilidad humana es ilimi ada». Edi o de Vol ai e y p o agonis a p incipal del mo imien o de opinión que lle aba a conside a a Desca es como la aíz más lejana de la Re olución, Condo ce e a, sob e odo, au o de un amoso plan de ense ianza laica, obliga o ia y g a ui a, que apenas unos meses an es de su mue e en la gillo ina, discu ían los dipu ados de la Con- 17. KARL LOWITH, El sen ido de la his o ia, Mad id, 19516, págs. 156-158. 18. JuAN REGLÁ, ln oducclón a la His o ia, Ba celona, 1970, pág. 1'm. 19. El i ulo o iginal es Tableaux des p og es de l'esp i humain. Ya en 1796 apa eció en Lond es la p ime a aducción inglesa que se i ulaba ou lines o h s o cal ew o he p og ess o/ he human Mind. -22- ención (20). Es aba con encido de que aquella e olución -la misma que acaba ía po de o a le- e a ya el comienzo de una nue a época de la His o ia, a cuyo é mino los homb es llega ían a o ganiza se en comunidades lib es, sin i anos ni sace do es, suje os únicamen e a los p ecep os de la azón. Sus a gumen os se p esen aban como obje- i os y no subje i os. La ida humana se ía p odigiosamen e ala gada po el uso adecuado de la alimen ación y de la higiene. El conocimien o y aplicación de las leyes de la he encia -debo ad e i que las leyes de Mendel no ue on comunicadas has a el 8 de ma zo de 1865- mejo a án las cualidades mo ales del se humano. La acumulación de conocimien os y de medios écnicos di undi á en e odos los homb es el dis u e de los bienes ma e iales. De es e modo, a ines del siglo XVIII, la doc ina del p og eso se esol ía en las es amosas enunciaciones que la cen u ia siguien e ha ía, suyas: -Cen o de la ida, el homb e es causa absolu a de sus ideas y dueño, po an o, de odas ellas; incluso de la idea de Dios que po él ha sido p oducida y de la que puede lib a se en el momen o opo uno. - Cuan o más sabios seamos, se emos más icos; cuan o más icos, más elices. De acue do con es o la elicidad del homb e coin- cide con su posibilidad de consumo. - El p og eso es -con más én asis que en Vol ai e- una esca- lada de la azón hacia la libe ad, en el sen ido de que la ciencia libe a al homb e de las inieblas del e o y elimina las abas que se oponen a su acción sob e el mundo. Un ja o de agua ía debió de cons i ui pa a muchos de es os c eyen es del p og eso la publicación en 1798 del Ensayo sob e el p incipio de población de Thomas Robe Mal hus. Pa a el pensado inglés la idea del p og eso inin e umpido e a una quime a, po que el aumen o de la población en p opo ciones geomé icas, imposible de compensa po la p oducción de alimen os, gene aba inde ec ible- men e la pob eza y, con ella, la iolencia y la gue a. Al his o iado ac ual queda la duda de si la ecomendación de la cas idad a los pob es, único emedio e dade amen e mal husiano -los o os que oma on su nomb e inie on después y no e an suyos-, no cons i uía una quime a semejan e a la de sus ad e sa ios. IV Los p ime os pasos de la dialéc ica. Algunos pensado es especialmen e agudos -un ca ólico, como Vico; un p o es an e, como Fich e, un pan eís a, como Hegel- com- 20. L. CAHEN, Condo ce e la Ré olu ion j an ;aise, Pa ís, 1004. -23- p endie on que la ealidad his ó ica e a más comple a de como el ma qués de Condo ce o sus maes os anceses habían imaginado. Po o a pa e, una co ien e de pensamien o, que a ancaba de J. J. Rousseau, discu ía pa alela a la de los acionalis as: echazando la doc ina del pecado o iginal a i maba, en e al pesimismo c is iano de la «massa damna a» que necesi a edención, el op imismo del homb e «na u almen e bueno» y la conciencia de la ue za que iene la olun ad de un pueblo. La in luencia ousseauniana sob e los pen- sado es alemanes ue ex ao dina ia (21) especialmen e después de que la expansión napoleónica, ob a de la Re olución, ue a enada po los pueblos alemán, uso y espa iol, que es aban muy lejos de los ideales ilus ados. Comencemos po Giamba is a Vico. La p ime a edición de su Scienza Nuo a apa eció en Nápoles en 1725; ue comple amen e mo- di icada en 1730 y oda ía expe imen ó algunos e oques pa a la edi- ción de 1744, el a io de la mue e de su au o . Es e modes o abogado i aliano, demasiado abie o al acionalismo pa a que el pensamien o c is iano le sos u ie a en onces y demasiado c eyen e pa a que los ilus ados le a endie an, pasó a la oscu idad in ecunda a pesa de habe sido el descub ido de la mayo pa e de los mé odos mode nos de las ciencias humanas. con emplando los p og esos cíclicos a que se suje an, en el decu so de la His o ia, las cul u as, Vico hubo de p e- gun a se po el modo de compo amien o de la P o idencia a in de ajus a su ciencia a su e. La P o idencia es, pa a Vico, el o den median e el cual Dios conse a odas las cosas, suje ándolas a leyes; po e::.') exis en, jun o a las leyes isicas, o as mo ales o sociales. Ni siquie '. es p ecisa una Re elación sob ena u al pa a descub i los elemen os de es as e dades; en las más an iguas eligiones del mundo apa ece la c eencia en alguna o ma, aunque sea e ónea, de p o idencia di ina. El C is ianismo -la doc ina c is iana- iene a se , en la explicación de Vico, ema e y no comienzo: la «pleni ud de los iempos» no hubie a podido p oduci se en modo alguno, sino después de que la Humanidad hubiese desa ollado la capacidad de comp ensión necesa ia pa a en ende el mensaje mesiánico. Analizando la His o ia de Roma, la más adecuada pa a el cono- cimien o de un ciclo comple o, Vico llegaba a o mula se ín imamen e la p egun a de si la C is iandad ománico-medie al -un é mino que él p obablemen e nunca u iliza ía- no había alcanzado ya una ase de decadencia bas an e a anzada pues o que de las es e apas de il co so, la de los dioses, la de los hé oes, la de los homb es, dos se habían 21. e , sob e es e ema, J. TExTE, J. J. Rousseau e le cosmopoli isme eu opéen, Pa ís, 1895 y, sob e odo, D. MoRNT, 'Les o igines in ellec uelles de la Ré olu ión angaise, Pa is. 1934. -24- cumplido po comple o y Ia e ce a es aba anscu iendo muy de p isa. En apa iencia el de eni his ó ico de una cul u a cons i uye un ciclo que pa ece conduci inexo ablemen e a la decadencia y a la mue e, después de la cual se inicia, en pun o dis in o, un nue o p o- ceso que es il ico so. Ya se ha dado después de la mue e de Roma. Pe o Vico dio una espues a alen ado a basándose en la libe ad c is- iana, lib e albed ío, que Dios ha dado a cada homb e. Las cul u as no se encuen an ineluc ablemen e condenadas a la decadencia; és a es sólo la consecuenci::J. de un all'J en el compo amien o de los homb es que las in eg an. ll ico so e~., po an o, únicamen e un e- cu so que la p o idencia di ina iene es ablecido pa a ales casos (22). Fich e (Ca ac e ís icas de la época ac ual, 1806) y Hegel (Lecciones sob e la Filoso ía de la His o ia, 1830) aplica on al conocimien o de la His o ia el idealismo dialéc ico. Según ell'Js cada época iene a se como la plasmación de una idea que pene a odos los sec o es de la ac i idad humana. El. sucede his ó ico no puede con empla se como simple línea ascenden e, pues las ideas se enlazan en e sí, al desa o- lla se, pa a cons i ui una secuencia lógica de esis, an í esis y sín e- sis. Es e dad que ambos pensado es, en el ondo, conse aban su idelidad a la conciencia del p og eso sos enida po la Ilus ación, pues a que el esul ado de es e pe pe uo mo imien o de lanzade a es la consecución de sucesi as e apas de libe ad pa a el homb e. Hegel añadía que el eje cicio de la libe ad cons i uye la azón mo al del se humano y que aquélla se eje ce a a és del Es ado. La ciencia his ó ica es udia, pues, qué cosa es y cómo se desa olla el Es ado. Las e dades de la eligión, que cons i uyen una pa e de la azón mo al, no son e elaciones sob ena u ales, sino conquis as log adas po el homb e, y C is iandad eu opea es an sólo una de las o mas de enca nación del Es ado. Las di e sas o mas de Es ado, las cul u as, se enga zan en una gigan esca ayec o ia de ealizaciones que no se deben a ninguna clase de acción ex e na al homb e ni a la p o idencia di ina, sino que son an sólo esul ado del «a did de la azón» mo al, modo de compo amien o que pe mi e supe a dialéc icamen e los malos e ec- os de las pasiones. La C is iandad eu opea -no ol idemos que Hegel esc ibe en los años de la e ce a década del siglo XIX- es, po aho a, la me a de la His o ia y la más pe ec a de las ealizaciones. Comen- zando po el Es e, donde sólo uno enía libe ad, pasando po G ecia y Roma, donde una pa e de los homb es iene libe ad, la azón hu- mana ha alcanzado la pleni ud de la libe ad que la idea c is iana compo a. No es que el homb e haya sido ele ado po la Redención 22. B. CRocE, Teo ía e S o ia della S o iog ajia, Ba i, 19Q7. Es el e dade o descu- b ido de Vico. -25- has a el ni el de la di inidad; es que Dios se ha undido con el hom- b e, que desde aho a se encuen a lib e de la necesidad de ecu i a explicaciones que no sean es ic amen e acionales. En íspe a de las g andes doc inas sociales, la conciencia his ó ica del homb e eu opeo, lle ada de manos de la dialéc ica y apoyándose en la ó mula ol ai iana, expe imen aba una adical y sobe bia ans o mación: iba a en en a se, a solas, con lo Absolu o. P ime os pasos del sensualismo his ó ico. Algunos años an es de la publicación del lib o de Condo ce , exac- amen e en 1784, Emm:muel Kan -no ol idemos que Hegel ue dis- cípulo del g an iJóso o de Konigsbe g- daba a la imp en a una ob a muy b e e pe o al amen e .:igni ica i a. No p e endía en onces o a cosa que da la éplica al es udio de He de de que nos ocupamos en o o luga de es e abajo, colocándose en el ángulo de mi a de los ilus ados; de ahí el í ulo alemán, Idee zu eine allgeme nen Geschich e im wel bü. ge liche Absich , que pod íamos aduci ap o- ximadamen e como Ideas ace ca de la His o ia uni e sal desde un pun o de is a cosmopoli a. Con es e lib o Kan ab ió, además, el ca- mino hacia una. decidida obje i ación y secula ización del conoci- mien o his ó ico, a la cual llamamos sensualismo. La His o ia es, pa a Kan , desa ollo de la azón humana; es a ope acló ·ene como ca ac e ís ica que no es suscep ible de cumpli- mien o en la ida de un solo homb e. La Humanidad y no el indi i- duo posee un in in eligible. Cada gene ación se apoya en las que la p ecedie on, pe o no median e un simple p oceso acumula i o de co- nocimien os; hay una con inuada ans o mación que hace a la Hu- manidad más lib e y acional. Fo zoso es admi i que es e desa ollo de l::o. azón u o un pun o de pa ida de p imi i a i acionalidad, a pa i del cual azón y pasiones se di e encia on y comenza on a a- baja independien e y dialéc icamen e. Sucede que el homb e no ac- úa sólo a impulso de la azón, sino ambién de las pasiones, en espe- cial de la sobe bia, codicia y ambición, que son ca ac e is icas y dominan es. Ellas hacen p og esa a la Humanidad y no la in eligen- cia. ajena de un di ino legislado . Indi ec amen e, pues, la azón as- pi a a un mundo es ancado, que se ía mucho más eliz, pe o las pasio- nes obligan al hom · e a mo e se hacia adelan e, pa a domina y ence , descub i nue os caminos y eco e los. Tal es el p og eso, sup emo plan de la His o ia, obediencia al conjun o de leyes que posee la Na u aleza, pe o ni ciega ni necesa ia. -26- Kan se mo ía en e los dos ca iles que Vico y Mon esquieu o - mula an con o al indepenjencia apenas medio siglo an es. El suce- de his ó ico no es una ec ilínea conquis a p og esi a de las i u- des humanas, sino consecuencia de la ac uación o al del homb e; ampoco se p oduce lib emen e -ni con libe ad in ínseca, ni con libe ad. di igida pa a los designios de la P o idencia- sino encau- zado po el conjun o de leyes que igen el compo amien o. Reco demos que Mon esquieu había publicado en 1734 las Causas de la g andeza y decadencia de los omanos, y en 1748 el Espí i u de las leyes, dos ob as que se complemen an pa a ansmi i nos su sen ido de la His o ia. Redescub iendo a Polibio a i maba que la e olución de los egímenes polí icos no se p oducía a bi a iamen e, sino de acue - do con un o den an p eciso -mona quía, oliga quía, democ acia, demagogia, i anía- que pa ece indica que, en cada una de sus o - mas, el desgas e que se p oduce iene siemp e el mismo sen ido. En o as palab as: cada égimen p oduce en su seno las causas que ha- b án de des ui lo y su desapa ición pa ece se indispensable pa a el comienzo de una nue a e apa. El homb e no posee una libe ad demasiado g ande. Con el mayo én asis, Mon esquieu señaló es as dos consecuencias: -El homb e no se encuen a po encima, sino po debajo de las leyes his ó icas. En e el égimen polí ico de una sociedad y la edu- cación y cul u a de los homb es que la in eg an debe exis i adecua- ción; en caso con a io se gene a una ines abilidad que acaba po de iba le. Cie o que al homb e queda siemp e un úl imo educ o de libe ad, pe o és a no es ninguna ga an ía: la libe ad alcanza in- cluso a la mons uosidad, la des ucción y el suicidio. -Cada égimen de una sociedad gene a sus p opias leyes. Mon- esqüieu en endía po égimen algo más que una simple o ma de gobie no y po leyes a odo el conjun o de ins i uciones las cuales se adecúan al ni el de cul u a del cue po social. El conocimien o de la His o ia se con ie e en ciencia ú il, pues bas a ía educa al pueblo pa ::1. modi ica sus leyes pe niciosas o, a la in e sa, cambia sus leyes pa a ans o ma al pueblo. De es e modo, en el anscu so de poco más de un siglo, la ieja conciencia his ó ica de Eu opa, que impe a a du an e ochocien os años, se io sus i uida, en la mino ía de in elec uales ilus ados, po o a nue a aunque oda ía poco cla a. Se mo ía aun en educidos cí culos y usaba como pla a o ma las Academias y Sociedades sabias, pe o no las a caicas Uni e sidades que muchos c eían llamadas a -27- El posi i ismo con inuaba a Vol ai e. Una ez que el homb e llega a descub i la p o isionalidad de la idea de Dios, el conocimien o his ó ico debe á pe mi i nos comp ende cómo se gene ó al idea y has a dónde alcanza su alidez (27). En iéndase cla amen e que Com e es aba dispues o a nega la exis encia de un Dios pe sonal, pe o que, a di e encia de Feue bach y los ma xis as, conside aba á- lida la idea de Dios como p oyección uni e sal de la Humanidad an es de que és a llega a a encon a se consigo misma. Es a idea e a, ade- más, ú il. En o as épocas la conciencia del sup emo pode di ino, uno o múl iple, o el consenso en p incipios abs ac os, hablan gene- ado o mas in e io es de o den, de las cuales e a condición indis- pensable la exclusi idad. A mediados del siglo XIX, con la apa ición de la ciencia posi i a, es o ya no es posible. El deso den einan e - es e oluciones en menos de un siglo, acele ado desgas e de ins i uciones, quieb a del p incipio de au o i- dad- es consecuencia, según Com e, de que han llegado a coexis i las es e apas. No exis e o a solución que elimina a dos de ellas, na u almen e las más an iguas, acele ando el iun o del posi i ismo. Pa a ello b indaba su nue a explicación de la His o ia, que eno a ía la conciencia his ó ica del homb e eu opeo y le pe mi i ía es au a el o den des ozado. La apa ición del C is ianismo, sos enía Com e, pe mi ió a la Hu- manidad anquea el paso desde la época eológica a la me a isica. En onces se modi icó la conciencia his ó ica, al ense ía que el de e- ni no es una ueda sin p incipio ni in, sino la ma cha p og esi a del homb e hacia una me a colocada de momen o en la ascenden- cia del mundo. San Pablo, un undado de impe ios an impo an e como Julio Césa , ue el enca gado de ex ende la simien e de es a doc ina y de unda la Iglesia, p ocedimien o median e el cual la nue a conciencia empezaba a gene a un nue o o den. Du an e mu- cho iempo la an igua e apa eológica y la nue a me a ísica hubie on de con i i ; así se explican muchas de las pe u baciones de los p i- me os siglos medie ales. Pe o la Iglesia ca ólica, c eado a y ecunda, p og esi a, pudo al in hace iun a su o den du an e los siglos b illan es que an de G ego io VII a Boni acio VIII. Dicho o den se basaba undamen almen e en dos p incipios: sepa ación en e los pode es empo al y espi i ual, simbiosis de la au o idad; con ianza en el mé i o pe sonal como único camino pa a el ascenso en la es- uc u a je á quica. Al se econocida la na u aleza espi i ual a odos los homb es, iguales an e Dios, en un plano supe io al mundo, se 2'1. Sob e es e ema y ambién de modo gene al sob e posi i ismo y ma xiSmo desde el pun o de is a ca ólico, e el impo an e Ub o de H. de Lubac, Le d ame de l'humanisme a hée, Pa ís, 1946. -35- ins ala on algunas de las más nobles i udes humanas, como la i- lan opía, llamada po los c is ianos ca idad, o el uni e salismo, opues o al pa io ismo e oz de los an iguos. Pe o el C is ianismo, con inuaba Com e, ue incapaz de p omo e su p opia e o ma cuando se hizo necesa io da un paso adelan e. Po eso sob e inie on, en se ie, las e oluciones. La p ime a de odas ue el «Vulga e i acional» p o es an ismo que, poniendo como mo- delo al An iguo Tes amen o, «la pa e más a asada y pelig osa de la Esc i u a» - odas és as son exp esiones del p opio undado del po- si i ismo-, des uyó los sabios p incipios del o den elabo ado po la Iglesia ca ólica. Cuando es a e olución p o es an e en a en su se- gunda ase, la de Cal ino y San Ignacio de Loyola, los clé igos, colo- cados al en e de cada uno de los bandos en lucha, coincidi án en la demanda de ayuda a los pode es polí icos con obje o de impone su opinión po la ue za, al mismo iempo que los ideólogos empujan al homb e eu opeo cada ez más lejos en sus aspi aciones hacia la libe - ad sin lími es. Todas las e oluciones, desde el p o es an ismo has a las de su p opio iempo, pa ecían a Com e nega i as, pues o que e an consecuencia del deso den. Los nue os p incipios ena bolados en 1789, libe ad, igualdad y a e nidad, e an sólo como g andes palab as acías u ilizadas pa a ocul a un hecho g a e: o den y p og eso, en ez de i jun os, se habían sepa ado y e an in ocados, el p ime o po los eacciona ios y el segundo po la Re olución. Pa a él, no había duda, sin o den no es posible el p og eso. A pesa de odo Com e se sen ía adicalmen e op imis a. El día en que la « eligión de la Humanidad», cuyo dogma esencial es que el homb e ha c eado a Dios a su imagen y semejanza, haya sus i uido po comple o a la me a ísica « eligión de la Di inidad» -no po io- lencia alguna, sino de un modo an sencillo como la diligencia hab á de se suplan ada po el e oca il- el iejo o den medie al de la C is iandad eu opea pod á se es au ado. Todos los p incipios é icos del C is ianismo, como el amo al p ójimo, la hon a a los mayo es, el espe o a la ida humana y a la p opiedad, la con ianza en la ca- pacidad de la pe sona, e c., se e án e o zados, pues el p og eso cien- í ico «POsi i o» pe mi i á acla a sus undamen os sin necesidad de ecu i a mi os o a cas igos. T es pun os de su a gumen ación pue- den pe mi i nos medi su undamen o: l. El ápido desa ollo de la ciencia, que di unde sen imien os pací icos, y la di usión consiguien e del maquinismo, debe án ae como consecuencia i emediable la decadencia del espí i u mili a . La Re olución ha in oducido en los ejé ci os el g an disol en e al apela al eclu amien o o zoso, pues o que las masas de ci iles en- cuad ados en sus ilas end án que mani es a se ajenos, cuando no -36- con a ios, al espí i u mili a . Com e no ad e ía que p ecisamen e las masas eme gidas de la indus la e ían enace el sen imien o bélico y la egimen ación disciplim.da. La desapa ición de las eglas polémicas nacidas con la caballe ía medie al ha hecho a las gue as de nues o siglo más e oces p ecisamen e po que de ellas es á ausen- e el iejo espí i u mili a . 2. La desapa ición de la c eencia en la inmo alidad del alma debe á, sin duda, hace a los homb es <<esc upulosamen e espe uo- sos con la ida humana». Pe o es e supues o ampoco se apoyaba so- b e undamen os muy sólidos como las espeluznan es ma anzas de los úl imos decenios han enido a demos a . Cualquie mo alis a c is- iano hubie a podido explica a Com e que los homb es no se sien en, en gene al, inducidos a sal a o p o ege a un semejan e po azones obje i as como el alo que pa a dicho semejan e iene su p opia ida, sino po azones subje i as que dic an sus impulsos y, en e las cuales, la conciencia de peca:lo es segu amen e la p incipal, aunque desde luego no la única. El homb e se á espe uoso con los demás en la medida en que se exija a sí mismo una dimensión de amo . 3. Muy p on o pod á p ed.ica se la nue a eligión, cien í ica y posi i a, del homb e c eado de n:os; es a e dad no es ningún dog- ma de e, sino una p oposición demos able con los ecu sos que la ciencia posi i a p opo ciona. Sin indica cla amen e sus p e isiones ins i ucionales, Com e espe aba que de dicha eligión se de i a ía una mo al semejan e en odo a la c is iana, si bien undada en nue- os p incipios que, po se posi i os, se ían más e icaces, y una de e - minada o ganiz~ ción je á quica en que los sabios, e dade os sace - do es laicos y empo ales, sus i ui ían al cle o ca ólico. Anunció que, an es de 1860, él mismo pod ía p edica la nue a doc ina desde el púlpi o de la ca ed al de Nues a Seño a de Pa ís. Pe o mu ió, ela- i amen e jo en, en 1857. III La espues a del ma xismo. En 1847/48 Ca los Ma x y Fede ico Engels esc ibie on el Mani- ies o comunis a. Se iniciaba con es as palab as que, apa e su con- enido polí ico, e an el enunciado ígido de una ley: «la His o ia de oda la sociedad exis en e has a la ac ualidad es la His o ia de la lucha de clases». Cinco o seis años an es, Ma x había leido en la Uni- e sidad. de Jena su esis doc al bajo el í ulo de La iloso a ma e- ialis a de Epicu o y Demóc i o; sus jueces queda on so p endidos po la doc ina abie amen e an ihegeliana que en ella sos enía. Se- -37- gún dicha esis, cuando una doc ina ilosó ica ha llegado has a sus úl imas consecuencias, debe se abandonada y sus i uida po o a que ompa po comple o con los p incipios has a en onces sus en ados; de lo con a io, no pod á p og esa se. En consecuencia el idealismo de Hegel debe se sus i uido ya po una iloso ía ma e ialis a. Es o es lo que el p opio Ma x in en aba, p ime o con el Mani ies o, poco después con La c í ica a la economía polí ica ( 1859) y más a de con El Capi al ( ol. I, 1867). In i iendo los é minos del azonamien o de Hegel decla aba que las ideas e an la consecuencia y no el an ece- den e, de si uaciones socio-económicas de i adas de elaciones de p oducción. En el pun o de pa ida de la conciencia his ó ica p opues a po el ma xismo se encuen a la idea de que la posesión de los medios de p oducción po algunos homb es o g upos de homb es gene a inex- cusablemen e la lucha de clases. Tal es la dialéc ica de la His o ia. Los nomb es de las clases han a iado según las épocas, pe o el ono de la lucha p esen a ue es analogías que no pe mi en duda . La bu guesía, iun an e en las e oluciones que an desde 1789 has a 1848 -no ol idemos que Ma x ha dedicado es impo an es abajos his ó icos al ema (28)- se en en a aho a con g andes masas ob e- as consecuencia del desa ollo del maquinismo; y no puede impe- di lo po que necesi a el desa ollo indus ial pa a i i . Pa a el do- minio de los medios de p oducción, la bu guesía ha de se i se de un ins umen o que es el capi al. Ma x cali icaba a los asala iados del siglo XIX con el nomb e de p ole a ios, omándolo del de las masas u banas de la an igua Roma. Sin duda había en es o una pe cepción del p oblema bas an e co- ec a, pe o, discípulo de Hegel, al in y al cabo, c eía que no había pa a él más que una solución, la cual end ía an sólo cuando los p ole a ios -elemen os socialmen e «pu os:. po no halla se comp o- me idos con el o den exis en e- adqui iesen conciencia de su comu- nidad de in e eses en el mundo en e o y de su ue za. La exp esión p ole a io es, en Ma x, bas an e amplia. Un aspec o impo an e del ma xismo inicial es su pos u a an e la eligión. Ma x epe ía los a gumen os de Feue bach (29) pe o a: ia- diendo que el C is ianismo e a p oduc o del p ime g an p ole a iado de la His o ia, el omano, y que su alsedad quedaba demos ada 28. Me e ie o sob e odo a La gue a ci il en F ancia, El diez y ocho de b u- ma io y Napoleón, y Las luchas ci iles en F ancia de 1848 a 1850. Pa a una ·bibliog a ia ,máJ; comple a sob e Cs. los Ma x e J. Y. GÁLVEZ, El pensa mien o de Ca los Ma x, ad. esp. (Mad id, 1900. 29. «La esencia del C is ianismo» de Feue bach se publicó en 18411, y la «Esencia de la eligión» diez añ.os más a de. Ve a LE Y, La philosophie de Feue bach, Pa ís, 1004. -38- po que, después de diecinue e siglos, aún no había conseguido es a- blece el Reino de Dios; desde el pun o de is a del ma xismo, el Reino de Dios ha de alcanza se en el mundo y no ue a de él. A 'í.adia que, el siglo XIX, al mismo iempo que descub e la na u aleza e - dade a de las doc inas eligiosas, que muchas eces han sido elabo- adas al se icio de los op eso es, ha pues o desnudamen e al descu- bie o la índole de las clases y de sus elaciones pues o que la má- quina elimina las an iguas o mas amilia es y pa ocinales del a- bajo y las sus i uye pu a y simplemen e po el sala io. O o aspec o no menos impo an e es el Es ado, p oduc o de las clases, que debe desapa ece con ellas; oda ía en íspe as de la Re- olución de oc ub e de 1917, W. I. Lenin le de inía como «una máqui- na pa a man ene la dominación de una clase sob e o a» (30). Después de la ic o ia de los bolche iques jus i icó su exis encia po - que la dic adu a del p ole a iado necesi aba de un ins umen o -Es- ado socialis a- pa a p epa a la e olución mundial y el ad eni- mien o de la sociedad sin clases. En 1939, al p onuncia en Moscú su discu so an e el XVIII Cong eso del pa ido comunis a, J. V. S alin acla aba que «pa a de oca al capi alismo ha sido necesa io no sólo e i a el pode a la bu guesía, no sólo exp opia a los capi alis as, sino ambién aplas a en e amen e la máquina del Es ado de la bu - guesía ... y sus i ui es a máquina po una nue a o ma de Es ado p ole a io» que puede «conse a cie as unciones del an iguo Es a- do, modi icadas según las necesidades del Es ado p ole a io». Y al p egun a se a sí mismo «¿subsis i á el Es ado ambién en el pe iodo del comunismo?», su espues a e a «Sí, subsis i á si el ce co ·capi a- lis a no es á liquidado, si el pelig o de ag esiones mili a es ex e io es no es á desca ado» (31). En odo lo cual coincide Mihail Nicolaie i ch Pok o sky, el más amoso de los his o iado es so ié icos de la p ime a gene ación, cuya His o ia de Rusia desde los iempos p imi i os (1910-1913), an e io a la Re olución, ue decla ada ex o o icial. Pok o sky es el que ha acu 'í.ado la amosa de inición de la conciencia his ó ica del ma xis- mo, diciendo de és e que e a ma e ialismo económico, más lucha de clases, más dic adu a del p ole a iado (32). 30. La ase p ocede de su amosa ob a El Es ado y la Re olución (ed. Ob as escogidas, en ancés, omo II, Moscú 1970), la cual e a e Undición de dos olle os i ulados El ma xismo y el Es ado y Ace ca del Es ado. 31. Tomamos es e ex o de la aducción espa iola del lib o de GAETÁN PleoN, Pano ama de ideas con empo áneas, Mad id, 19'00, págs. 3m'~. 32. Véase OH:RISTIAN F'Rn:RE, M. N. Pok o sky, en e ciencia c í ica, eo ía de la His o ia y doc ina o icial del Pa ido (en «Teo ía e In es igación his ó ica en la ac ualidad», ad. esp. o edos, Mad ~d. 1966), págs. 193-194. -39- El esquema de la His o ia según el ma xismo. Los ac uales his o iado es ma xis as conse an su iden idad con los neoposi i is as en cuan o a la conside ación del conocimien o his ó ico como una ciencia obje i a, y echazan en cambio cualquie o ma de subje i ismo, enga és e de los p esen an is as ame icanos, o de Dil hey, Be gson o C oce (33). Sub ayan además que la posesión de una conciencia his ó ica es esencial a la sociedad y que, pa a cons- ui la «desde sus bases», la concepción «más alede a y que o ece mayo es pe spec i as es la que eposa sob e la eo ía ma xis a- leninis a de la e olución» (34). En el XI Cong eso In e nacional de His o ia, celeb ado en Es ocolmo en 1960, el académico polaco Je zy Kulczycky p esen ó una exposición sumamen e elabo ada (35) de la que amos a se i nos. La Humanidad es única; ninguna signi icación ienen, en la His- o ia, las di isiones en cul u as o sociedades, que p olongan o amplían las de los Es ados, ni ampoco las Edades con encionalmen e es a- blecidas. Unico es ambién el a gumen o de su e olución, que se o - dena en o no a las ue zas, medios y modos de p oducción. Du an e decenas de milenios de a ios el homb e ha i ido de la ecolección y de la caza, sin o os ins umen os que los huesos, la made a y la pied a que ap o echaba en su o ma na u al o, a lo sumo, abajaba c >n osquedad. «Cuando el homb e p imi i o encon aba con di icul- ad los medios necesa ios pa a la exis encia más uda y más elemen- al, en onces no apa ecía ni podía apa ece un g upo pa icula de homb es especialmen e dedicados a la a ea de gobe na , y dominan- do al es o de la sociedad» (Lenin). El es ado «na u ab del homb e es, po consiguien e, pa a el ma xismo, una sociedad sin clases. Muy len amen e, al mani es a se las p ime as o mas emb iona ias de la ag icul u a y la ganade ía, nació una incipien e p opiedad p i ada; las comunidades p imi i as sin clases es ablecie on el ma ia cado que luego e olucionó hacia el pa ia cado. Cuando se p oduce la ap opiación de los medios de p oducción -la ie a, los ape os, el pode - po pa e de unos pocos, nacen las clases. Du an e algo más de seis mil a ios se han sucedido, en odas pa es de un modo gene al aunque haya nume osas di e encias espe- 33. La amplia exposición de L. ELEKEC, Connaissances his o iques-concience so- ciale ( Quelques aspec s de la eche che su le óle des connaissances h s o- ques dans la o ma ion de la pensée e des men al és con empo aines), XIII Cong eso In e nacional de His o ia, Moscú 19'70, esume muy bien es os pun os de is a. 34. L. E ..EKEc, op. ci . pág. 3~. 35. JERzy KULCZYCKY, Les g andes di isions de l'His oi e en jonc ion des lois géné ales du dé eloppemen de la socié e humaine, Va so ia, 1960. Comuni- cación p esen ada al XI Cong eso de His o ia de Es ocolmo. -40- cí icas no sus anciales, cua o o mas de sociedad con clases: escla- is a, eudal, bu guesa y capi alis a. Las es p ime as ienen en co- mún que los medios de p oducción son p edominan emen e indi i- duales; la p opiedad puede eje ce se, po an o, en o ma indi idual ambién. Pe o desde 1850, al comienzo de una e a de hie o como anuncia a Ma x, el p og eso de cie as indus ias, sob e odo la quí- mica, y la apa ición de maquina ia cada ez más compleja y más ca a, hacen imposible la conse ación de esa p opiedad indi idual. El homb e queda ocul o as el capi al, e dade o dueño, mien as su gen masas de p ole a ios. Es en e és os, guiados po in elec uales, en donde apa ece la conciencia comuni a ia que hace la Re olución. Desde 1917 -ya no se a a de la opinión de his o iado es, sino de una doc ina o icial- se ha pues o en ma cha un nue o p oceso que, al iempo que cons i uye o a e apa en la e olución de la Huma- nidad, es el camino de e o no al comunismo «na u al». Si Ma x es el g an ideólogo, Lenin ha sido el enca gado de lle a a la p ác ica sus ideas, sepa ando lo que pa ecía suscep ible de aplicación inme- dia a de aquello o o que end ía o zosamen e que espe a . «La g an- deza de Lenin -a i maba Zhuko en el ani e sa io de su nacimien- o- como pe sonalidad his ó ica se :cw ecia en la i alidad de sus ideas, el ic o ioso log o de la g an e olución p ole a ia en Rusia en oc ub e de 1917, en el es ablecimien o y consolidación del p ime Es- ado socialis a en el mundo -la Unión So ié ica-, en la eme gencia del sis ema socialis a mundial, que cub e p ác icamen e un e cio de la población del globo, en el p oceso in ensi o de libe ación nacional de la op esión colonial, en el ápido c ecimien o del mo imien o p o- g esis a in e nacional con los obje i os de paz, democ acia y socia- lismo» (36). El comunismo es la me a u u a de la His o ia, concluye Kulczycky; no puede es ablece se oda ía. El Es ado socialis a, di e so en sus o - mas y conse ando aún muchas de las ins i uciones del desapa ecido Es ado bu gués, es el enca gado de p epa a las condiciones pa a ello. Desapa ece á cuando las condiciones de la sociedad y las ci cuns an- cias del mundo pe mi an alcanza el ni el comunis a. Luces y somb as. La consolidación de un g an núme o de egímenes ma xis as ha cons i uido, a escala mundial, el más impo an e acon ecimien o his- ó ico con empo áneo. Incluso A nold J. Toynbee ha llegado a p egun- a se si, an es de que concluya nues o placen e o y nada anquilo 36, !E. M. ZHUKOV, V. l. Lenin and His o JI. Discu so inaugu al del XI[! Con- g eso In e nacional de His o ia, Moscú, 1970, pág. 1. -41- siglo XX, los sis emas sociales de No eamé ica y de la Unión So ié- ica, a pesa de las g andes di e encias polí icas que les sepa an, no llega án p ác icamen e a la misma me a (37). La iden idad en los p esupues os cien í icos -aunque con soluciones opues as, capi alis- mo en e a socialismo- da mo i os pa a supone lo así. Incluso en el e eno de la p axis polí ica las inexcusables des ucciones de los egímenes bu gueses anunciados po Lenin y T o ski se han is o al- e nadas en los úl imos iempos con p oposiciones de con i encia pací ica. El oda ía ecien e encuen o del p esiden e no eame icano con el g an ideólogo chino Mao Tse-Tung, a englón seguido de la espec acula liquidación del e oluciona io pe manen e, Lin Piao, obliga á segu amen e a los his o iado es a hace p o undas econsi- de aciones sob e sus análisis, uues o que ambién en China el «Es a- do bu gués sin bu guesía» -la ase es, una ez más, de Lenin- pa- ece consolida se. La pá ina del iempo lima, al inal, odas las a is as. Algunas p egun as, líci as an e los ejemplos que con emplamos, agua dan espues a, incluso sin abandona los pos ulados del ma - xismo. Voy a o mula unas cuan as sin la p e ensión de p opone soluciones. T as el juego dialéc ico de las clases op eso a y op imida, con sus nomb es cambian es, ¿no exis e además de una azón econó- mica o a é ica, que mue e a cualquie mino ía due 'ía del pode a consolida se ·en él, ansmi i le en he encia y some e de un modo pe manen e a quienes es án abajo? Recue do, en elación con es o, lo que cualquie u is a a isado puede con empla cuando se emon a el ío Moskba en los pin o escos buques mosco i as: los eno mes palacios de los miemb os del Poli bu ó, medio ocul os en la onda que cub e las colinas de Lenin. En 1957 ue p ohibido en Yugosla ia, con g an escándalo, un lib o de Milo an Djilas, i ulado La nue a clase, cuyo au o es aba consi- de ado apenas unos a 'íos an es como el p esun o suceso del ma iscal Ti o. La p egun a que en él se o mulaba e a, más o menos, la siguien- e: as el iun o de la Re olución y la demo a impues a en el ad e- nimien o de la sociedad sin clases, ¿no se esconde la cons i ución en los países socialis as de una nue a a is oc acia de la que los miem- b os del pa ido se ian un equi alen e de la an igua nobleza mien as los de en ado es de los ca gos se ían como los pa es? Se a a p oba- blemen e de una coincidencia sin azón alguna, pe o es cie amen e cu ioso que la p opo ción de miemb os del pa ido en elación con el núme o de habi an es sea, en la Unión So ié ica, exac amen e la 3'7. ARNOLD J. ToYNBEE, The impac o he Russian Re olu ion, Ox o d, 196'1', pág. 26. -42- misma que en los úl imos es udios asignan a la nobleza eu opea del siglo XV, es deci , el cinco po cien o. Toda Re olución, as el iun o, pa ece que iende a consolida se en la me a alcanzada. Sin emba go, si aplicamos la p opia me odo- logía ael ma e ialismo dialéc ico, debe íamos deci que debe gene a una nue a sín esis. ¿Cuál hab á de se és a? ¿Se e e i á a las o mas de eje cicio del pode o cala á más hondo, has a el ni el de las ideo- logías? T as la exal ación del in e nacionalismo, ¿ amos a asis i a una nue a exaspe ación de nacionalismos como el en en amien o en e Rusia y China pa ece anuncia ? ¿Qué cosa ha sido, en e dad, es a « e oluc ión pe manen e» que acaba de conclui ? La al a de da os, las limi aciones in o ma i as inhe en es al sis ema, obligan a los his o iado es a mos a se cau os. Es as palab as, esc i as po Mao Tse-Tung hace ya más de ein e años, me ecen se medi adas con a ención: «Se nos dice: us edes ins au an una dic adu a. Sí, que idos seño- es, us edes ienen azón. Ins au amos e ec i amen e una dic adu a. La expe iencia acumulada po el pueblo chino desde hace algunas decenas de años nos dice que es necesa io ins au a la dic adu a de la democ acia popula . Es o quie e deci que los eacciona ios deben se p i ados del de echo de exp esa su opinión. Es e pueblo, ¿quién es? En la e apa ac ual el pueblo de China es la clase ob e a, la clase aldeana, la pequeña bu guesía y la bu guesía nacional. Bajo la di ec- ción de la clase ob e a -¿no ecue da es o la e ible i onía de O well en su no ela Rebelión en la g anja, donde algunos son más iguales que o os?- y del pa ido comunis a, es as clases es án uni- das pa a o ma su p opio Es ado y escoge su p opio gobie no a in de ins au a una dic adu a sob e los lacayos del impe ialismo; sob e la clase de los p opie a ios e i o iales; sob e el capi al bu o- c á ico; con el in de aplas a los y de no pe mi i les ob a más que con cie os lími es; a in de no deja los sob epasa es os lími es ni en sus ac os ni en sus palab as. Si en sus ac os o en sus palab as in en an sob epasa los, les se á p ohibido y se án inmedia amen e cas igados. Son és os los dos aspec os: democ acia pa a el pueblo y dic adu a pa a los eacciona ios, los que cons i uyen en sí la dic a- du a de la democ acia popula » (38). Y añade: «Nues a a ,ea consis e ac ualmen e en consolida el apa a o del Es ado popula , lo que concie ne p incipalmen e al ejé - ci o popula , a la policía popula y a la jus icia popula , la de ensa nacional y la de ensa de los in e eses del pueblo. Es la obligación in- 38. El ex o, p oceden e del lib o La nue a democ acia, publicado en Pa is en 19511, es á omado, en su e sión española ,de la ob a ci ada en la no a 31, págs. 328-330. -43- dispensable pa a que China pueda desa olla se sin alla bajo la di ección de la clase ob e a y del pa ido comunis a, pa a que pueda, de pais ag a io, pasa a se país indus ial y, de la democ acia nue a, a la sociedad. socialis a y comunis a; pan node , inalmen e, sup i- mi las clases y ealiza el comunismo mundial». «Nues a nación nunca se á insul ada. Y nos hemos hecho no a ; nues a e olución ha ganado la simpa ía y los aplausos de las g andes masas popula es del mundo en e o y enemos amig::>s en odo el mundo». Es el len- guaje p opio de un ibuno e olucicma io después de Valmy. IV La espues a del na u alismo biológico. La Ilus ación, que conside aba a Eu opa occiden al como la me a de la His o ia, podía legi Ln. :nen e p egun a se si no e a la calidad de la población habi an e d'C es e incón del plane a la causa undamen- al de su supe io .dad. Ya hemos is o cómo Augus o Com e acudía a los componen es í2icos, ouímico:o y biológicos del homb e blanco pa ¡¡. explica lo. F' : ::l a p:u c al csn e i al homb e en «obje o» pa a la ciencia a:·i~'. el iesgc- je con e i a la his o ia en un apén- dice de las ciencias de la Na u aleza. Es o sucedió. Aún andan po nues as biblio ecas algunos manuales de his o ia que comienzan ha- blando de la. nebul::Jsa p imigenia. En e 1784 y 1791, Johan Go ied on He de , pas o p o es an e y supe in enden e de la Iglesia de Weim~H, )1c -~icó sus Ideas ace ca de la Filoso ía de la His o ia que susci a on, como an es ano amos, la impo an e éplica de Kan . He - de acep aba la unidad de Na u aleza e His o ia concibiendo a aquélla como un dinámico p oceso de selección. En cada e apa es posible c ea un o ganismo supe io que supone un paso adelan e, especiali- zado, en la e olución. La especialización del Uni e so se ía, según su eo ía, el sis ema sola y de és e el plane a ie a. La especialización de la ida o gánica es la ida animal, y de és a el homb e, con quien se alcanza un lími e en e la ma e ia y el espí i u. Pe o el p oceso no concluye ahí pues o que la Humanidad es a ia en sus azas y la aza blanca occiden al cons i uye la especialización del se humano. Ni siquie a e a p e isible que aquí se de u iese el p oceso, pues ya se ad e ía que en e los di e sos g upos de aza blanca el eu opeo occi- den al e a supe io . He de in en aba sa is ace la demanda que, en su iempo, hacían los pueblos eu opeos occiden ales espec o a una explicación «Obje- i a» y «cien í ica» de la supe io idad que Eu opa había llegado a alcanza ; aunque n J se negaba a concede cie a impo ancia al -44 sopo a la Humanidad. cabe supone que si o a, a escala mundial, llega a a p oduci se, su iolencia i ía más allá de lo que la imagina- ción humana es capaz de concebi . A los his o iado es de es a ho a co esponde, no el slogan ácil o la p o es a epe ida de memo ia, sino el análisis se eno y ío pa a descub i , al menos, isu as que pe mi an el paso a los ayos de la espe anza. Lo único que nos es á p ohibido es la desespe ación. Pe o nues a conciencia nos obliga ambién a p e eni del pelig o de alsas in e p e aciones. Spengle ue p ecisa- men e íc ima de ellas, como el p opio Nie zsche, cuando la ideología nacional-socialis a se si ió de ellos. An es de in en a análisis y solu- ciones, pe mí anme que les lle e de la mano a las ho as somb ías. En 1919 Spengle p esen aba el dilema alemán -en ealidad el de oda Eu opa -con los é minos del í ulo de uno de sus lib os, P us a- nismo o socialismo, ue e en ación pa a que alguien so ia a con un- di los. La ac i ud del pensado e a bas an e cla a. También la de los p ime os ideólogos del nacional-socialismo que imaginaban pa a Ale- mania una e olución que ins au ase el Reich del milenio, alusión indudable a la ida de las cul u as. El p opio Spengle dio pie a que se le conside ase como el p ecu so de la nue a E a cuando esc ibió, en julio de 1933, seis meses después de la llegada de Hi le a la Canci- lle ía, en el p ólogo de su ob a Años decisi os las siguien es palab as: «Nadle podía anhela mé.s que yo la sub e sión nacional de es e a io. Odié desde su p ime día la sucia e olución de 1918, como ai- ción in lingida po la pa e in e io de nues o pueblo a la pa e igo- osa e in ac a que se alzó en 1914 po que que ía y podía ene un u u o,. «Pe o los acon ecimien os de es e a io nos dan la espe anza de que si a1 dilema no es á ya esuel o pa a noso os, ol e emos a se alguna ez -como en la época de Bisma ck- suje o y no an sólo obje o de la His o ia. Son décadas g andiosas las que i imos; g andiosas, es o es, e ibles e in aus as. La g andeza y la elicidad son cosas dis in as y no nos es dado elegi . Ninguno de los homb es hoy en ida, cualquie a que sea el luga del mundo en el que alien e, se á nunca eliz,. «Pe o hay algo que ya puede se dicho: la sub e - sión nacional de 1933 ha sido algo g andioso y segui á siéndolo a los ojos del po eni , po el ímpe u elemen al, sup ape sonal con el que se cumplió y po la disciplina anímica con la que ue cumplida. Ha sido algo o al y absolu amen e p usiano como el le an amien o de 1914:. (46). El dilema había sido esuel o, en opinión de Spengle , a a o del p usianismo. Quizá po es o el lib o no gus ó del odo a los due ios de la nue a Alemania y se hizo p ecisa la in e ención de la hija de 46. Años decisi os, ad. esp. Mad id, 1962 , págs. l 1Wl2. -51- Wagne ce ca del Füh e pa a acele a los ámi es de la censu a ( 47). Repi iendo a gumen os que emplea a ya en algunas de sus ob as an- e io es, Spengle se negaba a c ee que el pelig o hubiese pasado. Al con a io, le pa ecía mayo que nunca y se p egun aba: «¿Qué sucede á si la lucha de clases y la de azas se alían un día pa a aca- ba con el mundo blanco?» ( 48). Negándose a abandona su pesimis- mo, eía en los egímenes ascis as o nazis de en onces sólo e apas de ánsi o hacia un Impe io mili a , p usiano, e dade o cesa ismo cuyas «úl imas decisiones espe an su homb e». A i mación muy g a- e; bajo los galla de es de las s ás icas e a inacep able que el hom- b e aún no hubie a enido. Es aba allí, al ex emo de la g an expla- nada de Munich, con emplando el e o glo ioso de los milla es de uni o mes. No podemos ab iga dudas espec o a la in luencia que Spengle , y muchos más como él, eje cie on sob e los g andes y ágicos suce- sos de las décadas del ein a y del cua en a; apenas si e de con- suelo pensa que uese in olun a ia. Hay algo de g andioso y diabó- lico oda ía en es a oz que aún sale de su umba pa a explica nos su pensamien o y el de aquellos que, en usiasmados, le siguie on: «El obje i o po el cual enemos que lucha -dice Adol o Hi le en Mein Kampj- es el de asegu a la exis encia y el inc emen o de nues a aza y de nues o pueblo-; el sus en o de sus hijos y la conse ación de la pu eza de su sang e; la libe ad y la independencia de la pa- ia, pa a que nues o pueblo pueda llega a cumpli la misión que el Sup emo C eado le iene ese ada» ( 49). «El pecado con a la sang e y la aza cons i uye el pecado o iginal de es e mundo y ma - ca el ocaso de la Humanidad que se le inde». «Si se di ide a la Humanidad en es ca ego ías de homb es, c eado es, conse ado es y des uc o es de la Cul u a, end íamos segu amen e como ep e- sen an es del p ime g upo sólo al elemen o a io. El es ableció los undamen os y las columnas de odas las c eencias humanas». «El an ípoda del a io es el judío» que «pa a disimula sus manejos y ado mece a sus íc imas no cesa de habla de la igualdad de odos los homb es, sin di e encia de aza ni colo . Los imbéciles se dejan pe suadi ». Judío, «Ka l Ma x ue, en e millones, ealmen e el único que con isión de p o e a descub ie a en el ango de una Humanidad paula inamen e en ilecida, los gé menes del eneno social y supo e- uni los, cual un genio de la magia neg a, en una solución concen- <Vl. He z eld. loe. ci ., pág. 16. 48. Años deciSi os, pág. 204. 49. ADoLFO HITLER, Mi lucha, Munich-Be lín, S. a. u' ilizamos el ex o de la aducción española dis ibuido o icialmen e po el pa ido nacional- socia- lis a en nues o pais en 19·37, págs. 126, 144, 158, 16>1, 167, 194-19·5, 200, 200 y 219. -52- ada pa a pode así des ui con mayo cele idad la ida indepen- dien e de las naciones sobe anas del o be. Y odo es o al se icio de su p opia aza». <<Es la aza, y no el Es ado, lo que cons i uye la con- dición p e ia de la exis encia de una sociedad humana supe io :.. «Apoyada en el Es ado, la ideología acis a log a á a la pos e el ad- enimien o de una época mejo en la cual los homb es se p eocupa- ían menos de la selección de pe os, caballos y ga os que de le an a el ni el acial del homb e mismo; una época en la cual unos -los en e mos-, econociendo su desg acia, enuncien silenciosamen e, en an o que los o os -los sanos- den gozosos sus ibu os a la des- cendencia». «Es e iden e que el mundo de hoy a camino de una g an e olución y odo se educe a la incógni a de sabe si ella esul a á en bien de la humanidad a ia o en p o echo del judío e an e. Me- dian e una ap opiada educación de la ju en ud pod á el es ado a- cis a con a con una gene ación capaz de esis i la p ueba en la ho a de las sup emas decisiones. Se á encedo aquel pueblo que p ime o op e po es e camino». ¿Qué queda hoy, de al g andilocuencia? Sob e el mapa, una Ale- mani:J, di idida y una Eu opa que ha e ocedido, como en iempos de Ca lomagno, has a las o illas del Elba, igiladas, de echo en echo, po ele adas o e<. de made a que ecue dan incluso las que se ían pa a ma ca la linde de la on e a omana. En e noso os y aquellos homb es que emp endie on en 1939 la espan osa a en u a de la gue a mundial, hay sin duda un abismo de di e encias en cuan o al o den de alo es que se a ibuye a la ida. ¿Fue odo un sueño o más bien una alucinación? Al menos no debié amos ol ida los al os p ecios que se pagan, pues en e noso os y ellos yacen en- didos unos cuan os millones de mue os. Tales han sido los es g andes ensayos que se hicie on pa a p o- po ciona al homb e una nue a conciencia his ó ica. Aunque sus p e ensiones uesen, en cada caso, uni e sales, con iene que no pe - damos de is a que, pG su o igen, e an exclusi amen e eu opeos y a aban, po an o, de sal a a Eu opa en p ime é mino. Algunas consecuencias de o den p ác ico es án a la is a de odos y no hace al a p onuncia se sob e ellas. Cie os his o iado es p o undos y am- bién algunos ilóso os capaces de pe cibi en la His o ia signos más cla os que los p opios his o iado es de o icio, habían pe cibido las somb as y llamaban la a ención sob e ellas; pe o ue on, en gene al, muy poco escuchados. El uido de los ambo es como el de las alga- adas calleje as apa los oídos de la opinión común. Ello no obs a -53- pa a que, aho a, comp endamos cuán ce e as y se ias e an sus a- zones cuando decían, po ejemplo, que no es e dad que el homb e busque el p og eso po ilan opía, ni que la azón sea una no ma adical de conduc a, ni que el sucede his ó ico aya se íalando siem- p e la mejo a del homb e. Tampoco es cie o que la g an indus ia acabe con el mili a ismo, sino que lo omen a. La cadena inin e um- pida de e oluciones, que desgas an oda au o idad, no conduce a una e apa de equilib io, paz y libe ad, sino a lo con a io, a la i a- nía y a la iolencia, del mismo modo que sus i uye el noble espí i u mili a , hijo de la caballe ía, po las o mas bas a das del mili a ismo sin alma, a la gue a po la gue illa. Ni siquie a sabemos has a qué pun o puede el homb e, con sus solas ue zas, impedi el de ini i o decli e de aquella cul u a en la cual se halla inse o. -54- TERCERA PARTE Re lexiones y ec i icaciones I La con eniencia de una e isión. Ma xismo, posi i ismo y acismo, han andado su camino. El úl imo si ió pa a alimen a la g an hogue a; los dos p ime os han se ido pa a in eg a -con p o undas a iaciones cie amen e espec o a sus pun os de pa ida- los dos g andes sis emas económicos y polí icos que se en en an a lo la go y a lo ancho del plane a. En ocasiones pa ece incluso que socialismo y sociedad de consumo cons i uyen las dos únicas al e na i as posibles; nada sa is ac o ias, desde luego, pa a muchos pensado es. El iaje o que se asoma p ime o al esplen- do no eame icano de Nue a Yo k y luego se pasea po anchas ca- lles de la pode osa Moscú, sien e, as su expe iencia, cie a us a- ción y no pequeña sensación de acío. El homb e es á alienado, a i ma Ma cuse; ambién -añadi íamos- allí en donde al a i mación no se consien e. Cab ía p egun a se, como él, si <<la ciencia ha sido un medio de libe ación o si, median e la in es igación di igida a la des- ucción y la plani icación de lo que ya es á ue a de uso, no ha pe pe uado e in ensi icado la lucha po la exis encia en ez de a em- pe a la» (50). El posi i ismo ha conducido a un g ado al de ecni i- cación que la ciencia se ha pues o en e amen e al se icio del des- a ollo que, en muchos aspec os, esul a con adic o io con el e da- de o in e és del homb e, su c ecimien o mo al. Po ez p ime a una máquina compu ado a ha podido p edeci pa a una echa ija el ex- e minio comple o de la Humanidad a menos que se emedien sus di ec ices demog á icas, el en enenamien o del agua y del ai e, la ca e a desen enada hacia el e o ismo, la ag esi idad y la iolencia. El acismo ha i ido y se encuen a o icialmen e condenado, pe o queda a los his o iado es la duda de si muchas de sus ideas y de sus ehemen es con icciones, no yacen so e adas a la espe a, como una simien e, de b o a de nue o. Du an e algo más de una década, Eu o- 50. HERBET MARCUSE, Sob e una nue a de inición de la cul u a. Re is a de Oci- ciden e, omo X, 9615, pág. 281. -57- pa i ió sacudida po mo imien os que emanaban de la nue a mo al, aquella que esg imía la «Volun ad de pode »; ue lujo de uni o mes y de condeco aciones, uido sinies o de a mas e his e ia de discu sos adio ónicos. Pe o és os siguen, in e minables, ampa ados po las nue as écnicas de la imagen, en o os luga es del mundo. Cuando uel o la is a hacia a ás y pienso en aquellos iempos, que i í de ni io, me asal a la e ible duda de si, más iolen amen e ágico que lo sucedido en Buchenwald o en Ka yn, no ue la igno ancia con que se p oduje on los pueblos hacia ese mismo sucedido. Pa a los his o iado es el ma e ialismo dialéc ico ha ep esen ado un es ímulo pa a la aplicación de nue os mé odos de his o ia social y económica que, a pa i del a io 1928, el del p ime Cong eso In e - nacional celeb ado en Oslo, ha conseguido éxi os muy b illan es. Pe o, como el posi i ismo, encie a ambién su g an dosis de enga io ado - mecedo , pues con ie e nues o o icio en una me a e udición de da- os. Es cie o que és os no se e ie en a cosas an banales como el colo de las zapa illas de Isabel la Ca ólica o a la longi ud de la na iz de Cleopa a, pe o se an haciendo de día en día más es e ilizan es en la medida en que, log ados ya los g andes esquemas signi ica i os, nos es amos limi ando a medi el olumen de las ca gas de ino o el á ico de las le as de cambio. U ge, a mi en ende , que sacudap:1os un poco las ligadu as, descub amos la hipoc esía que se esconde as el ono despec i o con que se llama «e enemencial» -galicismo hiso- po able- a oda his o ia que no es económica, y que pene emos abie amen e en la ideología, la mo al y la conduc a del homb e. Aún pesan sob e noso os, los eu opeos, las consecuencias de los in aus os sucesos que se aba ie on sob e nues o con inen e en las dos décadas de los a ios ein a y cua en a. Desde que, en mayo de 1945, los anques usos en a on en Be lín, ya no puede habla se de Eu opa más que con e e encia a los lími es que se ialaban los c onis as cá lo ingios. De ahí las p egun as que se o mulan: ¿ha concluido ya el ciclo de ida de la cul u a eu opea?; el desasosiego, ama gu a y iolencia einan es ¿son sín oma del p óximo in?; ¿exis- e pa a Eu opa alguna espe anza de ecupe ación? Es na u al que es as p egun as se o mulen a los his o iado es, como ambién que noso os, los que p ac icamos es e o icio, busquemos el modo de da - les espues a. Du an e los úl imos ein icinco a ios los his o iado es, an e el es- pec áculo de deso den ín imo -el e o ismo y la iolencia son sólo e anas po donde se islumb a algo de lo que ocu e en el in e io del alma-, han comenzado a p egun a se si, en la in e p e ación de la His o ia, no hab emos come ido algunos g a ísimos e o es, de los que se pagan con c eces. Hemos con ibuido indudablemen e, con -58- nues os es udios, a desgas a la conciencia his ó ica del homb e eu opeo y a acele a cuando menos el i mo de la c isis. Con ello se ha abie o un pelig oso camino. Negando el pasado se acen úa la i esponsabilidad del homb e espec o a los acon ecimien os de que es p o agonis a y se pone en pelig o el u u o. Pues el eje cicio de la libe ad -esa ín ima cualidad que Dios ha inse ado en la na u aleza humana- necesi a de un conocimien o e dade o y de una ec a conciencia, o no se á libe ad. C ece d amá icamen e la impo ancia del his o iado en nues os días. Se le exige, an e odo, alo . Pe o al menos las di e sas eacciones que con emplamos o ecen algunas pe spec i as de espe anza. Se e ie en an o al sucede his ó ico como al conoCimien o de dicho sucede . n Reno ación del mé odo. En cie o modo se impone una especie de e o no a las posiciones an e io es a 1637. Sin pe ca a se de sus consecuencias, g an núme o de his o iado es de muy di e sas endencias, en los siglos XVIII y XIX, acep a on los pos ulados de Desca es y, a ando de cons ui una ciencia obje i a, exp esable en leyes ma emá icas, en a on en un callejón sin salida. La escuela alemana, po su pa e, siguiendo las huellas de Kan y de Hegel, comba ió al posi i ismo, he ede o lejano de Desca es, en nomb e de una dis inción sus ancial en e Na u aleza ·e His o ia. Hacia 1850, D oysen, al publica su lib o Fun- damen os de lo his ó ico, de inía a la Na u aleza como coexis encia del se y a la His o ia como sucesión del de eni . Vein e a ios más a de, en la misma F ancia, cuna del posi i ismo, dos ilóso os de se- gunda ila, Ra aisson y Lachelie (51), llamaban la a ención sob e la alsedad de algunos pos ulados ca esianos: conoce y pensa , depen- dien es en e sí, son pos e io es al exis i y de ningún modo condi- cionan es de és e; la ealidad no puede descompone se en se es in- di iduales, pues las elaciones en e ellos son elemen o esencial y no pueden se pe cibidas sino en unción de una causa inal. C i icando a Da id F . S auss y, sob e odo, su ob a publicada en 1835, Vida de Jesús enjuiciada c í icamen e, F. H. B adley dio a la luz pública un cu ioso lib o i ulado P esupues os de la His o ia c í ca (1874). Apu ando los a gumen os posi i is as pa a llega al conocido p ocedimien o me odológico de educción al absu do, B adley no con- seguía supe a las con adicciones inhe en es a dicha iloso ía, pe o 51. M. LACHELJER, Du jondemen de l'in luc ion, Pa is, '1811, conside a a la His o ia como ciencia induc i a. -59- alcanzaba es a impo an ísima conclusión: los e o es que se descu- b en en los es imonios no deben se desechados, pues pa a un his- o iado es más impo an e que el con enido de la no icia la azón po la cual es a no icia, e dade a o alsa, es ansmi ida. El come- ido de la ciencia his ó ica es comp ende ; po an o, el his o iado , incluso el más a eo, iene obligación de cap a la men alidad de los p ime os c is ianos a a és de sus c eencias, pues no es su unción de e mina si és as enían o no una base i me. Muy poco iempo después Hen i Be gson publica ía Los da os inmedia os de la concien- cia (1889) y Ma e ia y o ma (1897), que seguían es a misma línea. Po medio de es os nue os plan eamien os, el sabe his ó ico comen- zaba a pe ila se como una ep esen ación, en la conciencia del his- o iádo , de la ealidad empJ al; un cambio muy ecundo que se es aba p oduciendo, de mane a análoga, en odas las ciencias. Es así como J. Huizinga pod ía llega a de ini la His o ia como «la o ma en que una cul u a se inde cuen a de su pasado» (52). Con g an escándalo pna los ma xis as y posi i is as, Wilhelm Windelband (His o ia y ciencias na u ales, 1894) y Hein ich Ricke (Ciencia de la cul u a y ciencia na u al, 1899; Los limi es de la cien- cia na u al en la o mación de los concep os, 1902) habían a i mado ya que el modo de u ocede de las ciencias de la Na u aleza y de las de la His o ia e s adicalmen e di e so, pues las p ime as gene ali- zan mien as que la segunda indi idualiza y alo a. A 'í.adian que la ealidad se p esen a en o ma his ó ica, es deci , indi idualizada, y que lo que el posi i ismo y el acionalismo p econizaban e a una se- ie de gene alizaciones que se log an po abs acción del homb e de cienc:a. Es o no es aplicable al conocimien o his ó ico que se halla siemp e más p óximo a la ealidad. Wilhelm Dil hey (53) comple a ía es e pensamien o diciendo que «en es e eino de la His o ia los ac os de olun ad -al con a io de los cambios que se ope an en la Na u- aleza según un o den mecánico y que, desde el p incipio, encie an odas las consecuencias que se segui án- g acias a un gas o de ene - gía y a unos sac i icios cuya impo ancia es á siemp e p esen e al indi iduo como un hecho de expe iencia, e minan po p oduci lo nue o, y su acción en a 'í.a una e olución an o de la pe sona como de la Humanidad». Dil hey sos enía una doc ina ha o discu ible: no c eía que, en su a ea de econs ui el pasado, cupiese al his o- iado o o come ido que e i i en su men ~ las si uaciones que die on luga a los hechos po él conocidos. Discípulo de D oysen y ambién de Dil hey, Fede ico Meinecke econocía habe ecibido del p ime o de ambos la amosa ó mula 52. J. HUIZINGA, El concep o de la His o ia y o os ensayos, ad. esp. Méjico, 1946. 513. In oducción a las ciencias del espí i u, ad. esp. de Julián Ma ias, Mad id. ~ 60- que con i ió en su base de pa ida: odos los hechos his ó icos se p oducen según a+ x; siendo a el conjun o de las causalidades que el indi iduo ecibe pa a su acción, y x la espon aneidad c eado a que dicho indi iduo impone con el sello de lo pe sonal (54). Descu- b imien o decisi o de Meinecke ue, al mismo iempo que la di e en- cia en el anscu so del iempo his ó ico, el a ibui a la espon anei- dad, lib e albed ío más bien, el ca ác e más signi ica i o del homb e his ó ico (55). En el con ex o de las doc inas p o es an es, suje as a ue e e isión en onces, es o le lle ó a exage aciones ales como iden i ica la eo ía de los alo es con la e elación di ina en el seno de la His o ia y a in en a incluso con e i a la me a ísica y la e- ligión en me as inales pa a el sabe his ó ico. Es el his o icismo a ul anza que, como odo el mundo sabe, cons i uye una de las co ien- es ilosó icas más pe u bado as ambién pa a la mode na eología ca ólica. III La c i ica del p og esismo his ó ico. En Ingla e a, en donde g acias sob e odo a Spence la doc ina del p og eso en la His o ia se había asociado es echamen e a la del e olucionismo biológico, ue en donde ambién comenza on a o mu- la se, desde los años inales del siglo XIX, las dudas más se ias ace - ca de su alidez. En 1919, al publica J. B. Bu y su amoso ensayo sob e La na iz de Cleopa a, adujo que lo indi idual es aba p esen e en la His o ia aunque sólo como elemen o pe u bado . Vein e a ios an es Huxley había dicho que, en el p og eso, los ac o es é icos e an más impo an es que los écnicos. El paso del iempo, las iolencias impe ialis as, las ensiones sociales, la ca e a de a mamen os, en ió mucho la con ianza en el p og eso. En los años que p eceden de modo inmedia o a la p ime a gue a, la que llama on en á icamen e G an- de, una especie de desalien o comenzó a apode a se de los his o ia- do es eu opeos: la máquina del p og eso no odaba sa is ac o iamen- e. Vinie on después la con ienda -cua o años de inche as en que los homb es se deg ada on al ni el de las a as-, la c isis económica y social y las dic adu as de eme gencia. Vino luego la glo i icación de la sociedad en e al indi iduo. En su úl ima exaspe ación la doc ina del p og eso hizo suyo el enun- ciado de las cul u as como p o agonis as de la His o ia. Posi i ismo 54. HANs HERZFELJ>, F ied ich Meinecke, el pensado de la His o ia (en Teo ía e In es igación hiS ól icas en la ac ualidad) pág. 1413' 55. F'. MEINECKE, El his o icismo y sus génesis, ad. esp. Méjico 19~3. -61- y sociólogos de nues os días a ae ex ao dina iamen e el ema de la e olución. Pocas ob as han alcanzado an a audiencia, en es e campo, como las de Pi i im Alexand o i ch So okin, Sociología de la Re olución (1925) y Dinámica social y cul u al (1937-1941). Pe so- naje de ex ao dina ia iqueza i al, hijo de un aldeano, ob e o, maes- o, p o eso uni e si a io, p eso, condenado a mue e y inalmen e expulsado de la U. R. S. S., So okin apa ece a la ez como p o ago- nis a y analizado de la g an Re olución del siglo XX. Como Bu ckha d , So okin e en ella el signo dis in i o de nues- a época. «T as muchos años de e olución pací ica o gánica, la his- o ia de la Humanidad ha en ado de nue o en un pe íodo c í ico -con es as palab as comienza su Sociología-. La e olución, abo e- cida po unos y ecibida po o os con los b azos abie os, ha llegado al in. Algunas naciones han sido a acadas ya po su uego de as a- do , o as se ace can al pelig o. ¿Quién es capaz de p edeci la ex- ensión que alcanza á es e o az incendio de la e olución? ¿Quién puede es a plenamen e segu o de que es e hu acán no acaba á po des ui su p opia casa, más a de o más emp ano? Nadie a e. Pe o si no nos es posible p e e al cosa, podemos al menos pe ca a nos de lo que signi ica la e olución». También o mula, como Bu ckha d , un juicio peyo a i o ace ca de la e olución que «es un mal mé odo pa a mejo a la si uación ma e ial y espi i ual de las masas. Si bien les p ome e con sus palab as la inmedia a ealización de muchos de los más al os alo es humanos, en ealidad las conduce luego, con an a ecuencia como segu idad, a los esul ados jus amen e opues os». P egun amos: si los p ocesos e oluciona ios conducen al despo- ismo, el hamb e y la op esión, causas inmedia as de una nue a e- olución, ¿no hab emos en ado en un cí culo icioso? So okin no duda en la espues a: mien as sigan dominando los agi ado es no hab á pa a es e cí culo icioso o a salida que la mue e. Veamos lo que en iende po un agi ado , que no es un polí ico sino un demagogo hipóc i a, nue o Ta u o. «Milla es de Ta u os en uel en sus abomi- nables acciones con un elo de palab as al isonan es y pensamien os de al os uelos. Y consiguen, en e ec o, el obje i o que se p oponen po que en la mayo ía de los casos no son enjuiciados según sus ac os, sino según sus palab as». Unicamen e en el caso de que la e olución se emanse y ecob e una pa e del pasado pod á inicia se la nue a cons ucción en una e olución pací ica o gánica. Es o es á sucediendo, en pa e al menos, en los Es ados Unidos y la Unión So ié ica, en donde se econs uyen las éli es. Los millona- ios no eame icanos ienen, a juicio de So okin, una calidad muy signi ica i a; al acumula sus o unas lo han hecho de o ma que -68- esul a al amen e bene iciosa pa a su país. Pe o los sis emas sociales elabo ados po esas dos g andes po encias, capi alismo y socialismo, son an impe ec os que no pueden aplica se sino den o de de e mi- nadas condiciones; al p oduci se en e ambos el mo imien o pendu- la de la His o ia, les ap oxima has a un p e isible pun o de encuen- o en el u u o. Los Es ados Unidos ienden a o aliza se, in en ando gue as de c uzad¡¡. con a el comunismo y sos eniendo, en i ud de es as gue as, una imponen e máquina mili a , mien as que la U. R. S. S. iende a libe aliza se ans i iendo a un sis ema ep esi o de leyes la misión que an es encomendaba a su policía sec e a. ¿Cuál es el u u o? So okin pa ece en ende que la sín esis en e los sis emas de las dos g andes po encias -hace absolu a abs acción úe Eu opa, como si die a po consumado su aniquilamien o- inau- gu a á una nue a e apa, la cua a, de la His o ia del mundo. Las o as es, que la han p ecedido, son: ideacional, que concebía a la ealidad como sup asensible; idealis a, que conside aba a la Na u a- leza como inde inible, mís ica; sensualis a, que no acep a que el homb e pueda ene o a cap ación de la ealidad ue a de los sen- idos. Es indudable que nos es amos ace cando ápidamen e a la ase inal del sensualismo, que alcanzó su pun o culminan e en la p ime a mi ad del siglo XX (63). 5. El desa io y la espues a. -A la posible con o mación de una nue a conciencia his ó ica pa a el homb e eu opeo han con ibuido de modo ex ao dina iamen e alioso Hen i Be gson y A nold J. Toyn- bee. La Humanidad se encuen a an e hechos adicalmen e nue os que no es aba p epa ada pa a a on a ; al es el signo de nues o iempo. En e ellos son los más signi ica i os: la c ecien e dependen- cia espec o a la máquina, y el hecho de e se obligada a enuncia a la gue a ilimi ada como medio pa a la solución de sus p oblemas. El p og eso écnico ha impues o la con icción, imposible de comp o- ba , de que si llega a a p oduci se un nue o con lic o mundial, és e pod ía se de ini i o. Ahí es á la pa adoja: no se a a de que el homb e haya dejado de desea la gue a; es que ya no puede pe mi- i se el lujo de ecu i a ella. En una ob a sumamen e impo an e, Las dos uen es de la mo al y de la eligión ( 1932), Be gson, analizando la ac i ud eligiosa del homb e, la cali icaba de dos mane as: es á ica, cuando es á hecha de debe es, p ohibiciones y adición; dinámica, cuando se mani ies a c eado a, de apos olado, de acción. Lo impo an e es sabe cuál es nues a ac i ud, pe sonal o cul u al, pa a modi ica la en el caso de que sea demasiado es á ica. La His o ia no es una ciencia del iempo 63. GERHARD ScHULZ, Pi i im So okin (en Teo ía e In es igación his ó icas en la ac ualidad), págs. 56 y sig s. -69- ma emá ico, que se ía me amen e acumula i o, sino de la du ación dinámica en que, a cada momen o, es án su giendo no sólo ealiza- ciones, sino posibilidades nue as de una ealidad que sólo llega á a se si el homb e decide asumi la. Po eso no es posible p edeci el u u o, ya que és e no esponde a una e olución necesa ia, sino a la lib e elección que el homb e hace en e posibilidades de las cuales algunas exis en ya en el momen o p esen e, mien as que o as se p oduci án sob e la ma cha. Es a libe ad humana es, pa a Be gson, el úl imo y de ini i o de los eso es. Se culpa a la máquina de se la causan e de la c isis con empo ánea, pe o és e es un plan eamien o also; si la máquina eligie a den o de su compo amien o lógico necesa io, p oduci ía ünicamen e lo ú il, de modo que si p oduce an e odo lo supe luo, ello se debe a la demanda que el homb e hace. Con una mo al dinámica las cosas sucede ían p obablemen e de o o modo. En su Es udio de His o ia (1946), A nold J. Toynbee, easumiendo pun os de is a de Spengle , llega a de ini las ein iún cul u as his- ó icas -él p e ie e cali ica las de sociedades- como «Campos his ó- icos in eligibles». Es deci , que las ci ilizaciones, pa a el amoso his- o iado inglés, no mani ies an su unidad sino a a és de nues a in elección, y leJos de se en es biológicos suje os al Juego inexo able del en ejecimien o y de la mue e, son cons ucciones humanas com- pues as po indi iduos. Pe o «es cla o que si la génesis de las ci ili- zaciones no es esul ado de ac o es biológicos o de ámbi os geog á- icos ac uando sepa adamen e, deben se el esul ado de algún gé- ne o de in e acción en e ellos. En o as palab as, el ac o que a amos de iden i ica no es algo simple, sino múl iple; no una en- idad, sino una elación» (64). En su nacimien o y en su desa ollo las ci ilizaciones se encuen an en medio de un Juego de cons an es es ímulos, challenges, que eclaman po pa e del homb e una acción, esponse. El homb e -los g upos humanos que cons i uyen la sociedad-, colocado en e a los es ímulos de odo ipo que se le p esen an, puede da una espues a posi i a o deja de da la. En el p ime caso la sociedad e oluciona p og esi amen e y c ece; en el segundo se p e- sen a una c isis y declina. Aunque Toynbee pa ece a i ma en oca- siones que el esquema en que se desen uel e la ida de una sociedad es bas an e ígido, esul a e iden e que asigna a la libe ad humana el papel de úl imo eso e y de uel e al sabe his ó ico su come ido de p opo ciona los conocimien os que pe mi en a dicha libe ad eJe ce se den o de un ámbi o cada ez mayo y más segu o. Na u- 64. A. J. ToYNBEE, A S udy o His o y, esumen de D. C. Some well, Tomo I Ox o d, 1946, pág. 60. -70- almen e la libe ad no es omnímoda y es á suje a a limi aciones: puede ocu i que el es ímulo sea excesi o, o demasiado débil, o que la sociedad ca ezca del mínimo indispensable de ecu sos na u ales. En cualquie caso la decadencia no es un enómeno ege a i o an e el que debamos mos a nos es oicamen e indi e en es, sino sólo un ecu so que la Na u aleza -Vico había podido deci dos siglos a ás que la P o idencia di ina- iene pa a aquellos g upos humanos in- capaces de da la espues a adecuada. Su conocimien o es impo - an e; puede ayuda nos a comp ende y p e eni los casos de es- pues a de icien e (65). 65. No podemos analiza aquí la génesis del pensamien o de Tonybee a pa i de expe iencias ípicamen e inglesas y de un Impe io en decli e, aunque es im- po an e pa a conoce su esquema de la His o ia. Véase VILHELM BERGES, A nold Toynbee (Teo ía e In es igación his ó icas en la ac ualidad pági- nas 27-53. -71- Conside aciones inales Aunque ninguno de los sis emas analizados en la úl ima pa e de es e abajo haya conseguido -ni lo p e endía, dicho sea en su elo- gio- da una explicación o al del de eni his ó ico, es indudable que odos ellos han con ibuido, en mayo o meno medida, a nu i la conciencia his ó ica de los eu opeos, eno ándola en sus unda- men os y ahuyen ando a muchos e us os e imponen es an asmas del ipo de «la olun ad de pode », el milenio, las u opías dialéc ico- ma e ialis as o p og esis as, y o as muchas cosas po el es ilo. Cuan- do, en el e ano de 1970, el p o eso Zhuko p onunciaba el discu so de ape u a del XIII Cong eso In e nacional de His o ia, úl imo po aho a de la se ie iniciada en Oslo, sus palab as sonaban, en los oídos de muchos de los allí cong egados pa a escucha le en la eno me sala del Palacio de los So ie s de Moscú, con acen o des asado y a cai- zan e. Ya no son posibles los dogma ismos. Una nue a mane a de hace la His o ia, a iada, se p esen a como u gen e, aunque no se- pamos oda ía cómo se á. A los his o iado es incumbe la a ea de desenga ia desde el p in- cipio, si han de se e i ados los mismos e o es. Muchas a i maciones que se hicie on en los úl imos doscien os a ios y que pasaban po e dades i mes, es án ya en el incón de los muebles ue a de uso. Cuando hagamos la e isión a ondo de las g andes doc inas elabo- adas en los siglos XVIII y XIX y que si ie on de pla a o ma a nues o sabe his ó ico ac ual, end emos que sac i ica , aunque nos duela, algunas ilus es de iniciones. Tal ez en p ime é mino -y no es que pe sonalmen e lo deplo e- la singula in e p e ación que del p o idencialismo hizo aquel excelen e p íncipe de la Iglesia que se llamó Jacques Benigne Bossue y que an o egocijaba a Vol ai e. Si a de consuelo a quienes lo lamen en el sabe que ambién la Filoso ía de la His o ia ol e iana, ilus ada, ins uc i a, amable in- cluso pa a las damas de buena sociedad, a ya camino del des ie o. En p ime luga no es cie o que engamos que sus i ui la isión medie al de un mundo c eado y, po an o, ini o, po o a de un uni e so in ini o. A pa i de los hallazgos de la ísica a ómica y de la des iación hacia el ojo del espec o p oducido po las es ellas puede o mula se ambién la hipó esis de un mundo en expansión -75- cuyo o igen se si u a ia en e los cinco y los seis mil millones de años; es ~. hipó esis p obablemen e exije ambién una c eación p olongada de ma e ia a pa i de un pun o inicial. El equilib io in e no ampoco es absolu o: la ley de la g a i ación de New on ya no puede se lla- mada uni e sal po que sólo es alede a den o de cie os lími es. Vi imos los homb es en un plane a que se halla si uado en el in e io de una galaxia -gigan esca len eja cuyo diáme o es de 100.000 años- luz, que los homb es del medie o iden i ica on poé icamen e con el camino de San iago (66)- la cual o ma g upo con o as dieciocho que suman miles de millones de es ellas. Se ha conseguido o og a- ia más de un billón de galaxias. Pe o lo eno me, aunque sea en la medida humana, de es as an ás icas p opo ciones, no es lo in ini o; can a, a lo sumo, la glo ia in ini a de Dios. Las explo aciones den o de nues o educido espacio, el sis ema sola , pa ecen lle a a la es emecedo a conclusión de que, den o de él, es el homb e único se conscien e e in eligen e. Ningún da o poseemos que nos pe mi a a i ma que ue a de él enga éplicas o semejan es. Ni siquie a sanemos de qué modo podemos de ini el uni- e so, cuyas galaxias pa ecen escapa se unas de o as a elocidades compa ables a la expansión o iginada po la explosión a ómica (67). Cuando nues os au o es de ciencia- icción necesi an in en a un nue o Mic omegas, acuden ya a la nebulosa de And ómeda, la más p óxima, pe o que es á p obablemen e a 2,2 millones de a ios-luz. El chispean e b illa de las es ellas en una noche cla a es á haciendo llega has a noso os esplando es que inicia on su ma cha en el es- pacio an es de que ningún homb e exis ie a. Las eo ías de Laplace sob e la Tie a -que is a desde el espacio ex e io esul a mucho menos es é ica de lo que c eíamos- son ambién con adichas (68). En luga de con inen es a la de i a, las cos as de los Océanos pa ecen e idencia desga ones de una co eza que, en el p incipio, habia sido comple a an es de que Dios, en el día e ce o del Génesis, sepa ase lo seco de lo húmedo (69). Todo es o nos habla de los lími es cons an es que el homb e es á 66. J. MARTÍNEZ SALAS, Soluciones ela i is as al p oblema cosmológico. Discu so de ape u a. Valladolid, 1005. pág. 8. 67. FRIEDRICH BEcKER, Galaxias. Re is a de Occiden e, omo XVI, 1967, páginas 17'0~185. 68. La mode na eo ía de Di ac es que la Tie a se expansiona y que los con- inen es adqui ie on su o ma p imi i a al ompe se la co eza e es e como la piel de una na anja al hincha se. Ve PAscuAL JORDAN, La expansión de la Tie a, «Re is a de OCciden e», omo VID, 1965, págs. 1-17. 69. El ex o de la Vulga a, en la aducción ene able del P. Pe isco es el siguien e : «Dijo ambién Dios : Reúnanse en un luga las aguas que es án debajo del cielo y apa ezca lo á ido. Y así se hizo. Y al á ido dióle Dios el nomb e de • ie a y a las aguas eunidas las llamó ma es. Y ió Dios que lo hecho e a bueno» (Ge. 1, 9-10). -76 pe cibiendo. Lími es a la elocidad po que la de la luz coincide al pa ece con la desin eg ación. Lími es al ío, con la exis encia de un ce o absolu o. Lími es a la capacidad humana que le impiden cum- pli sus sueños, in e umpidos po la mue e. Lími es a la manipula- ción de la Na u aleza, que puede se des uida o en enenada. Limi es al supues o c ecimien o inm e umpido del sabe y de la p oducción. Po odas pa es limi es, allí donde los op imis as un poco e ó icos del siglo XIX no eían o a cosa que espacios abie os pa a la ex- pansión. No exis e azón alguna pa a que admi amos como e dad demos- ada el p incipio elabo ado po Vol ai e y Feue bach de que el hom- b e ha c eado a Dios a su imagen y semejanza. Aun pa a los a eos al a i mación no pasa de se una hipó esis de abajo imposible de comp oba . Las p e ensiones de acla a acionalmen e odos los mis- e ios del Mundo y de la Na u aleza nos pa ecen cada ez más anas en luga de con i ma se. Po un descub imien o nacen diez nue as incógni as. El desa ollo de la ciencia y el empequeñecimien o co e- la i o del homb e, en ez de aleja a Dios hacia el ex e io del Uni- e so, son, pa a quien sabe escucha , nue as, so p enden es y icas o mas de e elación na u al. Si el iempo, en la eo ía de Eins ein, es la cua a coo denada que se une a las es has a aho a conside a- das en el espacio, ningún mo i o hay pa a que no le conside emos como una c ia u a más, al modo como lo hacía San Agus ín, en luga de se el ámbi o «espacializado» en que odos los hechos se p oducen. La necesidad de ecu i a explicaciones que an más allá de la azón, es á demos ando la pob eza de un absolu o acionalismo. Tampoco enemos azón alguna pa a con e i al humanismo -an opocen ismo, más bien- en un dogma. En el conjun o del Uni e so, lo mismo que en la upida ed de acciones y eacciones que componen la His o ia, el homb e apa ece como una culminación, una me a, pe o no el odo. Des ina a io del mundo, no puede se con- undido con su C eado . Al dei ica le, la Ilus ación puso en ma cha un dogma ismo más ígido en su in ole ancia que el de la eligión que comba ía, ya que exigía el some imien o inexcusable a la azón, sin da pa e a ninguna o a po encia. Y, desde luego, hoy es amos con encidos de que la azón del homb e no es la medida o al. Al a a del ema de la libe ad del homb e, esencial pa a la His o ia, indicamos ya cómo se había p oducido una pelig osa con- usión debida a las incidencias polí icas del ocablo. La libe ad es, pa a noso os los c is ianos, una po encia que Dios ha en egado a sus c ia u as humanas, en cuya i ud és as se en obligadas cons- an emen e a escoge en e las opciones que se les p esen an y a las que, consumado el ac o, se e án luego ligadas. Pa a que pudie a -77- eje ce su libe ad de un modo absolu o, el homb e necesi a ia posee un conocimien o ambién absolu o de dichas opciones, lo cual sabe- mos que, dadas sus limi aciones na u ales, es imposible. Po eso a i - mamos que, en el plano sob ena u al, el homb e alcanza la plena libe ad cuando ecibe el auxilio de la g acia, y que en el plano na- u al sólo puede sen i se pa cialmen e lib e. Cuando se obje i a la libe ad, se la ela i iza. La His o ia apa- ece en onces an es noso os como una se ie de conquis as pa ciales sucesi as y cuan i icadas: libe ad indi idual; libe ad ju ídica; libe - ad económica. Así la en los p agma is as mode nos. Pe o al con- e i la en algo que cada uno posee en la misma medida en que los demás se encuen an imposibili ados de eje ce la suya p opia con a él, se con ie e en un bien dis u able. Yo, mi yo egocén i<:o, a a é de asegu a me la mayo pa cela posible. Así se explica que, en los úl imos iempos, la hayamos is o ligada a odas las endencias de la izquie da, del cen o o de la de echa. Si ió a los nazis de lema cuando en a on en Viena en 1938, a los ame icanos cuan o llega on a Munich en 1945, a los lumumbis as del Congo y aho a a los ie s en Indochina. Decididamen e un ocablo que ha llegado a con e - i se en mozo de an os amos co e el iesgo de no se ya más que una palab eja. En es os momen os de p o unda e isión alcanza a los his o iado- es ca ólicos una impo an e esponsabilidad, comenzando po la de acla a qué cosas deben, y cuáles no, inclui se bajo la e ique a del p o idencialismo. Las palab as de la Cons i ución concilia Gaudium e Spes -«simili e c edi cla em, cen um e inem o ius humanae his o iae in Domino ac Magis o suo in eni i» (70)- son pa a ellos ex ao dina iamen e opo unas. La eno ación de los es udios de Teo- logía es una base esencial pa a su en endimien o del sucede his ó- ico, como se demues a po el hecho obje i o de que la apo ación de los cien í icos ca ólicos al ace o común de la Humanidad sea mayo aho a que en ningún o o momen o an e io desde p incipios del siglo XVIII. Los p ejuicios que se ab igaban con a la e y sus po ado es han disminuido, en e o as cosas, po la p opia impo en- cia del acionalismo; debe ap o echa se es a ocasión pa a e isa y aduci en nue as exp esiones las e dades ecundas, e lejo de la Ve dad, que la adición y el magis e io de la Iglesia gua dan cuida- dosamen e en su seno espec o a la in e p e ación de la His o ia. 70. Oons i ución «Gaudium e Spes». Concilio Va icano II. Ed. B. A. C. Mad id,. 1965, págs. 2'22. -78- Si C is o es el Seño y Cen o de la His o ia, la digna libe ad del homb e no puede halla se sino en la adhesión a su ocación. Tal es el sec e o p o undo de la espe anza, que se opone diame almen e a la angus ia. <<Omnia echnicae a is molimina, lice pe u ilia, anxie- a em hominis seda e non alen », decla a el Concilio a icano II (71). En el diálogo con Dios, que le conse a po el amo , encuen a el hpmb e espues a a sus p oblemas i ales. Cuando nues os an epa- sados del Medie o escogie on la echa del nacimien o de Jesuc is o como pun o de pa ida pa a una c onología absolu a -cos umb e que no se gene aliza has a casi el siglo XV, como odo el mundo sabe- no lo hacían po un mecanismo cómodo de obje i ación, como la selección del me o, diezmillonésima pa e del cuad an e, sino po el con encimien o p o undo de que odos los acon ecimien os de la His- o ia conducían a El y de El pa ían. Pa ece como si una ue za mis- e iosa impidie a a los ambiciosos de inido es de nue as E as sus i- ui a és a. Pe o quizá debié amos comenza po las p e isiones de aquello que debe se e i ado. La apa ición de la New Economic His o y y de la eo ía de los modelos (72), la aplicación de los mé odos cuan i a i os y la u ilización de la cibe né ica y de la sis émica (73) en la in es i- gación his ó ica, p ecisamen e po que es án pe mi iendo ecundos hallazgos y es p e isible que alcancen o os más en un inmedia o u u o, nos conducen al ez a un pelig o semejan e al del posi i- ismo: la His o ia puede e se a ada como una disciplina econó- mica y des i ua se. La in e p e ación de los g andes enómenos exige una p eocupación espi i ual po el homb e mismo si no que e- mos educi le a ci as (74). Si decimos, con Laszlo, que los indi iduos son sis emas ce ados, podemos e nos empujados, una ez más, a alguna mons uosa a i mación con deci que Dios unciona como un sis ema homeos á ico, apenas un supues o de la men e humana. El homb e iene que se dueño si no quie e se íc ima de la compu- ado a. Hay e dades p o undas, hijas de la Ve dad, que los his o iado es ca ólicos hemos de sos ene con én asis; pues al ez la esponsabi- 71. Ibidem, pág. 230. 72. V. MAURICE LEVY LEBOYER, La New Economic His o y, Annales, 1969 V, pá- ginas 1035--1009. 73. JoRGE RÉREz BALLESTAR, Suge encias cibe né icas y sis émicas pa a la expli- cación en His o ia. Es e abajo, oda ía inédi o, ha sido p esen ado en el Coloquio In e nacional de His o ia (Pamplona 1-J de mayo de 1972:) que u o po ema «Subje i idad y con empo aneidad en la His o ia>>. 74. «!Sane hodie nus p og essus scien ia um a iunque echnica um, qua i me- hodi suae usque ad in imas e um a iones pene a e nequeun , cuidam phaenomenismo e agnos icismo a e e po es , quando me hodus 1n es 1- gandi, qua disciplina is a u un u , imme i o p o sup ema o ius e l a is in eniendae egula habe u >>. Concilio Va icano, págs. 295-200. -79-