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Castilla la Vieja entre el Imperio Romano y el Reino Visigodo: lección inaugural del curso 1970-71 de la Universidad de Valladolid / Pedro de Palol

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Castilla la Vieja entre el Imperio Romano y el Reino Visigodo: lección inaugural del curso 1970-71 de la Universidad de Valladolid / Pedro de Palol

Author: Palol, Pedro de
Publisher: Valladolid :,Universidad de Valladolid
Year: 1970
Source: https://uvadoc.uva.es/bitstream/10324/4124/1/Disc.Apert.UVA1970-71.pdf
1.
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UNIVERSIDAD
DE
VALLADOLID
PEDRO
DE
PALOL
CATEDRATICO
DE
ARQUEOLOGIA
DE
LA
FACULTAD
DE
FILOSOFIA
Y
LETRAS
CASTILLA
LA
VIEJA
ENTRE
EL
IMPERIO
ROMANO
Y
EL
REINO
VISIGODO
LECCION
INAUGURAL
DEL
CURSO
1970-71
DE
LA
UNIVERSIDAD
DE
VALLADOLID
VALLADOLID
1970
CASTILLA
LA
VIEJA
ENTRE
EL
IMPERIO
ROMANO
Y
EL
REINO
VISIGODO
(LEéCION INAUGURAL DEL CURSO 1970-71
DE
LA UNIVERSIDAD
DE
VALLADOLID)
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UNIVERSIDAD
DE
VALLADOLID
PEDRO
DE
PALOL
CATEDRAT!CO
DE
ARQUEOLOGIA
DE
LA
FACULTAD
DE
FILOSOFIA Y LETRAS
CASTILLA
LA
VIEJA
ENTRE
EL
IMPERIO
ROMANO Y
EL
REINO
VISIGODO
LECCION
INAUGURAL
DEL
CURSO
1970-71
DE
LA
UNIVERSIDAD
DE
VALLADOLID
VALLADOLID
1970
Depósi o legal,
VA.
456
•
1970
Talle es ipog á icos de la Edi o ial
SEVER·CUESTA.
P ado,
10
y
12
·Valladolid
IN
DICE
Pág.
In oducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7
I.
LA
PRESENCIA DE
RoMA
EN
CAsTILLA
EN
EL
BAJO
IMPERIO
. . . . . . . . .
13
El Ejé ci o omano: Fuen es li e a ias y A queología . . . . . . . . . . . . . . . . . .
13
El enómeno his ó ico a a és de las uen es li e a ias . . . . . . . . . . . . . . .
22
A) El mundo omano
................................................
22
B) El mundo ge mánico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
27
II.
EL
HECHO
DEMOGRÁFico:
AsENTAMIENTos
VISIGoDos
EN
CAsTILLA
Y SUS ÁREAS GEOGRÁFICAS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
31
III.
LA
ARQUEOLOGÍA
ROMANA
DE
CASTILLA
DESDE
EL
BAJO
IMPERIO
AL
SIGLO
VI
..... .....
....
..
.
..
...
.
..
.
..
.
..
. . . . . . . . .
....
... ... ...
. .
...
.
...
.....
...
. .
35
IV.
CoNCLUSIONES
..............................
····································
47
Bibliog a ía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
49

Magní ico y Excelen ísimo Seño Rec o ,
Excelen ísimos e Ilus ísimos Seño es,
Que idos compañe os y alumnos,
Seño as y Seño es:
En
el
juego eno ado de la his o iog a ía ac ual, nada eje ce
mayo pode de a acción que las que
se
ienen llamando «épocas
de c isis» o las «épocas incie as» de la e olución de la Humanidad.
La me odología his ó ica mode na ha enido que e isa sus p o-
cedimien os de abajo y p es a su a ención a un ipo de his o ia
más
dia ia, más menuda, más llanamen e humana donde las
socie-
dades, los homb es y los pueblos es án más p esen es,
más
angible-
men e p esen es que en la adicional y ieja his o iog a ía clásica.
Hoy conocemos odas las ba allas y odos los pac os, hoy nos p eo-
cupamos de los mo i os sub e áneos -demog á icos, económicos,
sociales-
que los hicie on ealidad, lo cual nos pone an e los ojos
no sólo la p esencia de una a is oc acia
-pa a
llama la de alguna
mane a-
que en la ieja his o iog a ía u o,
al
pa ece ,
el
monopolio
de p omo e
el
de eni y de encauza es e de eni his ó ico, sino
ambién de odo un pueblo, un demos a la g iega, pa a
el
cual y
pensando en el cual se p odujo la secuencia de hechos y e emé ides
cuya ama cons i uye nues a His o ia. Hay un p oceso de
socia-
lización de la His o ia, como pudo esc ibi en su día Childe, poli i-
zando es a co ien e con un más amplio conocimien o del demos,
de la demog a ía de las clases sociales is as en su au én ica ealidad
i al y no como un simple suje o ju ídico.
Es a me odología his ó ica es, muchas eces,
el
único e ugio
y la única ealidad explo able que enemos los his o iado es
al
a a
de conoce algunas de las más densas e impene ables «e apas
in-
-7-
cie as»; po o a pa e siemp e, o casi siemp e, mucho
más
as-
cenden es en elación
al
de eni pos e io , amplio y ecundo, que
la
p opia ealidad de es e esul ado.
Me
he pe mi ido odas es as dig esiones pensando en
el
ema
que
me
he p opues o desa olla en es a sesión de inaugu ación de
cu so de nues a Uni e sidad. Nada hay an apasionan e pa a
el
in es igado del mundo an iguo y del mundo medie al como
el
paso
-y
no
sal o, como
se
ha
p e endido-
en e ambas ealidades.
La
ans o mación del p ime o en el segundo, las modi icaciones que
en
es a e apa medie al an a ealiza se u ilizando
el
ampolín del
mundo an iguo, y lo mucho
-y
lo
poco-
que de es e mundo an i-
guo
se
conse a,
se
sal a o desapa ece.
Quizás la di icul ad de una al isión pod íamos ci a la en
algunos hechos cla os. Con sólo compa a la exigüidad de los
pá a os que
se
dedican a es a e apa de la omanización en ob a an
impo an e como ue
-y
sigue
siendo-
el olumen de His o ia de
Roma
de
la
His o ia Gene al de España di igida po Menéndez
y Pidal, con la
casi
excesi a p oducción de nues a
más
jo en his o-
iog a ía sob e lo que
se
ha llamado «la c isis del inal del mundo
an iguo», apa ecen a nues os ojos las mil y una di icul ades de
es a e apa y el jus i icado a ac i o que es e momen o iene pa a
el
his o iado .
Aho a bien, quizá la di icul ad mayo es ibe, p ecisamen e,
en
es a cualidad de c isis, de ines abilidad polí ica, y po an o de
pa quedad li e a ia, de uen es, que i en es os siglos. Es o al-
men e imposible, con
los
ex os que nos han llegado, in en a aza
un cañamazo cong uen e y cla o, seguido y ácil de eco e pa a
explica nos cómo un mundo omano desapa ece y o o medie al
su ge. Hay que ecu i a uen es de muy di e sa ca ego ía y muy
poco
u ilizadas en la his o iog a ía adicional. Me e ie o, en pa -
icula , a
los
es udios numismá icos y a las uen es a queológicas, no
a
las
uen es epig á icas, que han sido siemp e can e a de p ime
o den pa a cualquie es uc u ación his ó ica o ju ídica del mundo
an iguo a la mane a de Mommsen. Es en es e aspec o, donde
el
a queólogo de campo iene un au én ico papel de his o iado y
me
-8-
debéis pe mi i que, como al, in en e da os
mi
isión pe sonal y
a -
queológica de odo un de eni his ó ico en nues a egión que
pod íamos ci a , desde un pun o de is a c onológico, desde la caída
del Impe io omano, has a la a i mación del Reino isigodo; de aquí
mi
í ulo: Cas illa
la
Vieja en e el Impe io omano y el Reino
isigodo.
El a ac i o p imo dial del ema es iba en pode e lexiona
sob e un momen o que p eside la desapa ición de Roma, po una
pa e;
y,
po o a, el mon aje de una nue a es uc u a polí ica, la
c eación de un nue o Es ado, el isigodo. Pe o no p e endo expli-
ca os hechos an complejos y an deba idos a una escala de al a
polí ica, con discusiones de ipo ju ídico; sino ija me, en pa icula ,
en las ealidades dia ias, del poblamien o, de los es os ma e iales
que conocemos en o ma muy di ec a, muy angible, pa a in en a a
a és de ellos emon a a una his o ia un poco
más
gene al,
más
amplia. Tampoco p e endo a a és del análisis de una egión que
iene un eal con enido geog á ico humano, po lo menos desde la
neoli ización has a la ac ualidad, ele a me a conclusiones álidas
y absolu as pa a oda la ieja Hispania; pe o
es
e iden e que cie os
enómenos con cla o alo local pueden con ibui a una sín esis
amplia y gene al.
Es e iden e que la his o ia no da sal os, como dicen los clásicos
de la na u aleza. Los e nólogos y p ehis o iado es lo saben
muy
bien. Ellos han acuñado el é mino de pueblos esiduales, como
pe sis encia de o mas sociales que an languideciendo has a
des-
apa ece en e a cons ucciones
más
po en es, nue as, inno ado as,
que p esiden e icazmen e la dinámica de la His o ia. Nada
más
cla o
en es e sen ido que el paso del mundo cazado y ecolec o , que no
es
capaz de p oduci iqueza sino an sólo ap o echa lo que
la
na u aleza
le
o ece, al mundo nue o ag icul o , c eado
de
iqueza
y de cul u a, de ese as na u ales económicas que le lle an, en una
dinámica cada
ez
más
c ecien e, a es uc u as económicas y sociales
como las ac uales.
Al
his o iado con uen es a queológicas
se
le hace
muy di ícil pensa en dese izaciones, an o
si
son pu amen e
geo-
g á icas, como sociales o ideológicas.
-9-
¿Cómo desapa ece nues a sociedad y nues a es uc u a oma-
na, an i me y po en e du an e cinco siglos, en e a la nue a
ealidad del eino polí ico de los isigodos? Llega un momen o en
la his o ia esc i a de la que disponemos en el cual Roma se es uma.
Insensiblemen e ha dejado de exis i . O icialmen e ha dejado de
exis i . Nada esc i o, ju ídico, li e a io, nos la ecue da como una
en idad i a, aunque es u ie a decaden e. ¿Pe o cómo y cuándo es a
omanidad desapa ece? ¿Qué han cons uido los godos que pueda
sus i ui la?
Se
a a de dos o mas his ó icas y sociales que con i en
como
pudie on hace lo los cazado es cua e na ios nie os del homb e
de Al ami a con nues os p ime os ag icul o es y ganade os.
Si
bien
debemos sal a las di e encias cul u ales en e esos úl imos, a a o
del pueblo eno ado , mien as que en el caso de Roma y los isi-
godos la balanza cae oda ía del lado de Roma.
El análisis de los siglo
IV,
y pa e del
VI
que nos p oponemos
hace , iene que p oyec a , po an o, en una egión geog á ica
conc e a, Cas illa la Vieja, en el alle medio del Due o, dos eali-
dades de ipo hispánico en oncadas con un enómeno au én ica-
men e ecuménico
-en endiendo
un «oikumenos»
clásico-
que
puede plan ea se en es as dos ace as
ya
enunciadas. Po una pa e,
Roma, como g an ealidad polí ica y económica,
a
desapa eciendo
y
los
p ime os sín omas de es a desapa ición es án en la debili ación
del pode cen al
ya
desde el siglo
III
y,
po consiguien e, en la dis-
g egación e i o ial. Pe o odo ello no signi ica que engamos que
bo a la omanidad en los e i o ios del Impe io. Roma desapa ece.
Lo
omano, en un complejo amplio que comp ende desde las gen es,
las
o mas de ida, la cul u a y odo lo que ella signi ique,
se
con-
ie e en g upos que pod íamos llama esiduales que i i án,
más
o menos, según las ci cuns ancias polí icas y económicas de cada
una de las egiones que ocupan. Es e languidece de lo omano
se
nos hace muy e iden e a a és de la A queología y nos so p ende
pensa que
se
p oduce p ecisamen e en un momen o en que Roma
había podido supe a
-económicamen e-
las g andes c isis del
siglo
III.
Pe o no adelan emos conclusiones.
Po o a pa e, y simul áneamen e, es á apa eciendo en la ieja
-10-
el iun o de Hono io sob e A alo, en 416. De oda mane as, el
ca ác e de opas p i adas, pe enecien es a los po en io es hispano-
omanos, ambién ha sido de endido pa a es os ejé ci os de los
amilia es de Teodosio, y que juegan papel impo an e
-sabemos-
en las luchas en e empe ado es y p e endien es a la pú pu a.
El segundo g upo de opas ci ado en la No i ia Occ.
XLII
24/32,
nos ci a
(í em
p aeposi u ae magis i mili um p aesen alis
a pa e pedi um) no icias conc e as de la Legio
VII
y de sus coho es,
dándonos sus asen amien os
y,
en dos casos, su si uación an e io .
Según la No i ia, pues, hay opas es ablecidas en León; en Pae ao-
nio, quizá Rosinos de Vid iales en Zamo a; ad coho e gallicam,
de localización desconocida; Iuliob iga, en Re o illo, San ande ,
cue po an e io men e en B igan iae, ce ca de As o ga, y Veleia (I u-
ña, Ala a). Tan o el ca go de mando, como su localización co ec a
ha pe mi ido a i ma
se
a a de limi anei, opinión de endida
ya
po
G osse, po Vigil y Ba be o, Ga cía Bellido, pe o discu ida es a
calidad de limi anei po Balil.
Con es os pocos pun os de localización de opas, en luga es
es a égicos de los pasos de la co dille a cán ab o-as u y en ie a
de ascones,
se
ha pensado en la p esencia de un limes hispanus,
como dice Bellido y mo i o de la ga dig esión po Vigil y Ba be o,
en e a los bá ba os y p imi i os ascones y as u es al y como
se
nos p esen an en las in as de la epís ola de Paulina de Nola a su
maes o Ausonio, ex o que juzgamos excesi amen e omado a la
le a. En ealidad, no hay posibilidad de de ini cla amen e un
«limes» con an pocos asen amien os y
-en e
ellos-
de no ácil
comunicación.
Se
a a, e iden emen e, de p e eni odo pelig o de
los indígenas de más allá de las co dille as del no e, pe o dejando
incomp ensiblemen e en un au én ico limes, b echas an impo an es
como las del p opio Pisue ga, an e io luga de asen amien o de la
IV
Macedónica.
Si
bien sabemos
-po
la
A queología-
de la p e-
sencia de o o ipo de opas en es a egión, como ha demos ado
úl imamen e la exca ación de Guinea en Mon e Cildá, o a es iguan
los hallazgos supe iciales del al o de Amaya en Bu gos, ocupado
como pun o de de ensa de la misma línea en el Bajo Impe io.
La
-17-

p esencia de g andes la i undia en es a conc e a egión palen ina,
como la illa que es amos exca ando en Ped osa de la Vega, jun o
a Saldaña, y el esplendo as uoso de sus elemen os, que debemos
echa muy en ado el siglo , sino más a de, debe esponde sola-
men e a dos ealidades his ó icas: o bien que hay que da menos
c édi o a la ag esi idad y ie eza de los cán ab os
-como
hacen
supone ex os del ipo de la ca a de Paulino de
Nola-
o bien que
la p esencia de ejé ci os p i ados suplía muy ampliamen e las allas
impe iales. Pe o ol e emos sob e es os ejé ci os p i ados que cons-
i uyen, a nues o modo de e , uno de los más impo an es ing e-
dien es de la ida de los po en io es de los la i undia bajo impe iales
de la zona.
En 1958, a aíz de la exca ación de la nec ópolis de San Miguel
del A oyo, en Valladolid, plan eamos la posibilidad de la exis encia
de un limes mili a a lo la go de la línea lu ial del Due o, desde la
p o incia de So ia has a su desembocadu a, y con hallazgos de So ia
a Salamanca. Nada hay en las uen es esc i as o epig á icas que nos
apoya an en aquella hipó esis, ni ampoco posibilidad de de ini se
en cuan o
al
ca ác e de es as opas, o mejo colonos-soldados. Ra a-
men e exis en illae ce ca de las nec ópolis conocidas pa a pensa en
que ue an opas p i adas, aunque e dade amen e ampoco
es
p e-
ciso su asen amien o jun o a la esidencia del dominus omano.
Además, la uni o midad de a mamen o y de u illaje une a io que
apa ece a lo la go de es as nec ópolis, an ampliamen e ex endidas,
de ine gen es iguales en odas ellas con pa icipación de una ue e
dosis de ge manos inco po ados a las opas omanas, como demues-
an algunos elemen os de uso pe sonal, pa icula men e los b oches
de cin u ón y los ace es que ienen es echísimos pa ecidos con
ajua es lae es y ge manos de las gua niciones del Bajo Impe io, a lo
la go de odo el limes danubiano y pa icula men e occiden al enano
anco-belga. A es as piezas hemos dedicado úl imamen e un la go
es udio en el úl imo olumen de nues o Bole ín. Nues a hipó esis
de abajo ha sido acep ada po los his o iado es de la omanidad
española, desde Ga cía y Bellido, Blázquez, Balil, e c. Es e úl imo
au o insis e úl imamen e en ello, in en ando pensa que pudie on
-18-
exis i ealmen e lae es en Hispania asen ados
al
igual que en las
Galias o que los sa ma i en I alia, y quizá la laguna que exis e
en
la
p opia No i ia (No . Occ.
XLII,
44) pudie a habe hecho e e encia
a ellos. La A queología de lo es udiado po noso os pod ía e iden e-
men e apoya es a suposición. O a hipó esis a anza Balil en elación
al
ca ác e de es as opas, pensando que quizá pod ía a a se de
bu ga ii
independizados del se icio a po en es, senio es o domini
po una cons i ución impe ial ecogida en el Códice de Teodosio
(VII, 14, 1 del año 398). Es e iden e que siemp e,
al
lado de una
nec ópolis es udiada, exis e un pequeño cas o o i icado, y no única-
men e en los luga es que ci a Balil (Suellacab as y Taniñe, en So ia;
y
Las
Me chanas en Salamanca), sino ambién en Nuez de Abajo
y Ho nillos del Camino en Bu gos, en
San
Miguel del A oyo y en
Simancas en Valladolid, e c. Pe o
si
puede a a se de g upos de
bu ga ii,
o igina iamen e man ienen en e ellos una e iden e elación
de o ígenes y de a mamen o que hace pensa en una idea uni a ia
y
más
ele ada de de ensa mili a gene al pa a
~ a
pa e no e de
Hispania; máxime
si
enemos en cuen a la posición de las nec ópolis
y de sus cas os en pun os cla es en las g andes ías omanas y en
los
íos. Así, Suellacab as, So ia, queda a 8 km. de la ía de As ú ica
a Caesa augus a después de Numancia. Taniñe iene la nec ópolis
en
una hondonada donde pasa el iejo camino a Calaho a, y donde
Ta acena iden i ica el único amo de la ía Numan ia a
Calagu is.
Un
nue o hallazgo, inédi o, en el Museo de So ia, p ocede de Aldea
de
San
Es eban, jun o a San Es eban de Go maz, en pleno alle del
Due o y no lejos del pun o de c uce de la ía de Te mancia a Uxama.
Es a nec ópolis de Aldea de San Es eban iene a cons i ui el nexo
que
nos
al aba en e las dos so ianas y el g upo de San Miguel del
A oyo, Simancas, en Valladolid, mien as los hallazgos bu galeses
de
Nuez de Abajo y Ho nillos del Camino cons i uyen de ensas
en
los
alles del A lanzón en la ía de Clunia a Can ab ia, no lejos de
Deob igula (Lodoso) y ampoco lejos de la ieja Segisamón. Y un
poco
más
abajo, jun o
al
Ho nazuela, hacia
Pallan ia
y Sep imanca,
Ho nillos del Camino. Gen es pa ecidas, aunque sus hallazgos
no
p oceden de nec ópolis y más bien de luga es es a égicos, enemos
-19-
en Yecla de Silos, cuya si uación en una ía omana
es
muy p oble-
má ica, pe o que cons i uye, desde iempos cel ibé icos, un encla e
geopolí ico cla o.
En
los amosos «callejones» del peñasco, apa ece
una supe posición de ma e iales que an de lo cel ibé ico a lo isi-
godo con un es a o in e medio, muy denso, de ú iles de hie o pa a
abajos de ca pin e ía y de campo, b onces, e c., de es e momen o
del siglo
IV
a anzado, den o de las mismas ipologías de nues as
nec ópolis.
Idén ica posición es a égica pod íamos pos ula pa a es
con-
jun os a lo la go de la ía omana de Cauca a Sep imanca. Nos e e i-
mos a las nec ópolis de Roda de E esma, Sego ia; San Miguel del
A oyo, Valladolid, jun o
al
camino omano y la p opia nec ópolis
de Simancas en el mismo Due o-Pisue ga. Po su pa e, Las Me -
chanas, en Salamanca, de ienden, jun o
al
ío, iejas explo aciones
mine as como elemen o esidual de la ica economía impe ial del
no oes e peninsula .
En nues o abajo de demog a ía y ca og a ía hispánicas de
los siglos
IV
al
VIII
p ocu amos alo a es os hallazgos.
El ca ác e de los ajua es de las nec ópolis
es
muy impo an e.
Apa ecen las a mas, pe o con p edominio del a ma co a, pa icula -
men e
el
cuchillo puñal que hemos dado en llama ipo Simancas
y que
se
dis ibuye desde Aldea de San Es eban has a Las Me cha-
nas, con ejempla es muy bellos en Simancas y San Miguel del A oyo.
Jun o a es e puñal, cuya ipología hispánica hemos de endido en
o a pa e, hay pun as de lanzas o ega ones de jabalina y hachas,
la ancisca
(?)
ge mánica, siendo el único elemen o gue e o,
si
excep uamos los b oches de cin u ón, ípicos del u illaje mili a .
Es os b oches
-que
hemos es udiado y publicado muy ecien emen-
e-
cons i uyen uno de los ósiles más impo an es pa a es ablece
la iliación de es as gen es. De es uc u a e iden emen e omana,
ienen cie as ca ac e ís icas que les asemejan a u illajes pa ecidos a
las
piezas de nec ópolis omano ge manizadas mili a es desde la
Panonnia y el Illy icum, en una á ea que sigue las líneas Danubio-
Rin, has a o os conjun os, ambién mili a es de es e momen o
- i-
nales del siglo
IV
y p incipios del
-
en las gua niciones del Limes
-20-
a icano, Tamuda p incipalmen e. Además, su ca ác e
es
muchas
eces di ícil de de ini an e la duda de si
se
a a de piezas es ic a-
men e omanas o imi aciones de b onces omanos hechas,
ya,
po
o eu as ge mánicos, lae as, po ejemplo, ag upados en es os ejé ci os
del Bajo Impe io.
Lo
mismo pod íamos suge i pa a o o ipo
de
hallazgos, como los ace es y ollas de b once
-que
es amos es u-
diando--
con algún depósi o an impo an e como el de Ven osilla
de la Vega, en la p o incia de Palencia, quizá piezas omanas de
impo ación, idén icas a las halladas en el limes cen oeu opeo. Y de
allá p oceden, ambién, alguno de los más bellos id ios de Roda
de E esma y de Ho nillos del Camino, con oda segu idad de áb icas
de Colonia, en el Rin.
Una obse ación debemos hace en cuan o
al
ca ác e seden-
a io de es as gen es, y
es
la al a o al de u illaje de caballe ía.
Unicamen e conocemos un eno comple o, muy des uído, en la
nec ópolis de San Miguel del A oyo. Aho a bien, los hallazgos de
a neses, y pa icula men e bocados de silla, no de doma, en los es os
de las illae de los g andes domini del Bajo Impe io en Cas illa
es
muy ecuen e, lo mismo que el gus o po los caballos, co ien e en
la época pa a odo el Impe io y que lle a a las ep esen aciones de
caballos en los mejo es mosaicos del momen o, como apa ecen en la
illa omana de Dueñas, Palencia, de iempos a docons an inianos,
o en la illa ambién a día de Aguila uen e, en Sego ia, o en To e
de Palma, en Po ugal, pa a ci a sólo algunos ejemplos de nues a
á ea geog á ica. Pe o el p oblema de la exis encia de una abundan e
caballe ía en los ejé ci os de es e momen o no es á cla o, pues no
hay
más
da os que los hallazgos de bocados y enos de b once en
una á ea no mal del mundo la i undis a, sin que podamos a i ma
el ca ác e es ic amen e mili a de es os obje os. Pe o muchas eces
coinciden con la apa ición de las llamadas
phale ae,
condeco acio-
nes mili a es que hallamos un poco en oda el á ea ci ada. Es
e i-
den e, pues, que la o alidad del país es á mili a izado, an o
si
se
a a de opas o iciales es a ales como
si
son los amosos ejé ci os
p i ados de los po en io es. Es in e esan e compa a el u illaje mili-
a de los omanos del Bajo Impe io con el de la caballe ía isigoda.
-21-
Mien as los p ime os ienden a p opo ciona una g an agilidad de
mo imien os, con enos lige os, los bocados que conocemos del
mundo isigodo, muy bellamen e deco ados algunos, con damasqui-
nados, cons i uyen un eno du ísimo, como si se a ase de enos
de doma, que con ienen la ene gía no mal del caballo. Es as di e en-
cias
nos sugie en in inidad de e lexiones en elación a un muy
ecien e abajo de Sánchez Albo noz, dedicado
al
ejé ci o godo, en
el
que habla de la desapa ición de la caballe ía goda, que la A queo-
logía nos p esen a muy pesada, emenda des en aja en e a la
agilidad de la á abe he ede a, en es e sen ido, de las écnicas omanas
del Bajo Impe io. Pe o no podemos segui con es e ema.
EL
FENÓMENO
HISTÓRICO
A
TRAVÉS
DE
LAS
FUENTES
LITERARIAS.
A)
EL
MUNDO
ROMANO.-Es
e iden e que es e es ado de cosas,
la p esencia de opas y sus cons an es mo imien os debió a ec a el
no mal desa ollo de las poblaciones omanas en es a pa e No e de
Hispania, pe o las uen es que hacen e e encia a los ejé ci os, po
lo que hemos is o, son escasas y muy poco explíci as. Nos gus a ía
conoce qué hicie on en es a egión los dieciséis cue pos de cami a-
enses dis ibuidos, como dije, en cinco legiones y once auxilia
pala ina. ¿Qué in luencia pudie on ene en el desa ollo no mal del
mundo omano hispánico? ¿Pe manecie on siemp e en nues a á ea
geog á ica?
Ya
e emos el juego que pudie on da en las luchas
en e los di e en es p e endien es a la pú pu a y la pa e de culpa
que les a ibuyen his o iado es del ipo de Oso io, en elación a la
en ada de los ge manos en Hispania en el año 409.
Si
es
di ícil
segui les a a és de los ex os esc i os, no lo
es
menos in en a
pa aleliza su p esencia en la Hispania de los siglos
IV
y con los
es os a queológicos de es e momen o.
Los
da os li e a ios que pudie an ilus a nos sob e es a e apa,
is o el aspec o es ic amen e mili a , son escasísimos
y,
geog á ica-
men e, del odo inconc e os, excep o a ísimas excepciones.
En ealidad, es a la ga e apa inal omana debe a anca de las
-22-

incu siones ancoalamanas de iempo de Galieno, a consecuencia
de la ana quía mili a del Impe io. Poco se ía lo que de ellas sab ía-
mos
sólo a a és de los ex os de Au elio Víc o , Eu opio, O osio
y Naza io
si
la A queología no hubie a ayudado median e el análisis
de los depósi os mone ales, de la ac i idad edílica mili a de cie as
ciudades y del es udio po meno izado de las illas. Pe o, a pesa de
odo, podemos deci que islumb amos el enómeno, conocemos
bas an e bien sus á eas geog á icas pe o su alcance y
-sob e
odo-
sus
consecuencias, muchas eces
se
nos escapan.
A pa i de es e momen o, Hispania i e de lleno den o de las
e emé ides no males del Impe io. Pa icipa
de
las
luchas que debe án
lle a a Cons an ino
al
pode uni icando, de nue o, la polí ica de
Roma. Las no icias que de ello enemos son de una al aguedad,
que
se
hace del odo imposible conc e a en elación a la ida dia ia,
no mal y cla a de nues a His o ia in e na. Así, a a és de la ci cula-
ción mone a ia
se
ha in en ado documen a el dominio de Pós umo,
coe áneo y an iempe ado (en exp esión de G osse), de Galieno.
Monedas e insc ipciones documen an el gobie no de Claudio
II
(268-270) ambién en Hispania. Según Zósimo, Ma co Annio Flo-
iano, he mano del empe ado Táci o, os en ó la dignidad impe ial,
po algún iempo, en el Occiden e, en e los galos y los ibe os. Du an-
e el einado de P obo (276-282)
se
suble an hacia el 281 en
las
Galia, B e aña e Hispania, P óculo y Bonoso. En la lucha de
Cons-
an ino pa a hace se con el pode , posiblemen e Majencio pudo
man-
ene su au o idad en Hispania has a
31
O,
a juzga po los da os
numismá icos. Desde es e momen o has a
la
echa
de
la
úl ima edac-
ción de la No i ia Digni a um, y la ca a de Hono io a los Hono iaci
de
Pompaelo,
es
deci , has a p incipios del siglo , no hay no icias
especí icas sob e Hispania. Sabemos que Cons an e
II,
hijo de
Cons an ino, en en ado con el gene al ele ado a la pú pu a en las
Galias, Magnus Magnencio, mue e en Elna cuando
se
di igía a His-
pania. Incluso
se
ha supues o que a es e empe ado debe co espon-
de el mausoleo de Cen celles, Ta agona, po una ca a en la que
A anasio ep ocha a su he mano, Cons ando
-el
cual, una
ez
enci-
do Magnencio le an ó una umba a Cons an e
II-
el hecho de habe
-2.3-
dado
al
a menio A saces, como esposa, a la iuda de Cons an e,
Olimpia. Pe o el da o ca ece de in e és his ó ico aho a pa a noso os.
No ol emos a posee e emé ides esc i as que puedan ilus a nos
sob e el es ado social de nues a Hispania del no e, has a los hechos
del p iscilianismo cuando el Occiden e, las Galias e Hispania es án
dominadas po el usu pado Magno Máximo (383-388) que des-
poseyó
al
jo en Valen ianiano
II
de su eino. La mue e de P is-
ciliano en el año 385 pudo desencadena una pe secución de los
p iscilianis as, que pa ece se e i ó San Ma ín de Tou s.
En cie a mane a, po an o, enemos odo un siglo anquilo,
que pudo pe mi i una ecupe ación de la ida y de la economía his-
panas, lo cual
se
nos hace pa en e en cuan os abajos de exca ación
amos ealizando a lo la go de oda nues a zona, ecupe ación que
lle ó a un ni el al o de ida y de cul u a que no c eemos ue a
modi icado du an e el siglo , a pesa de las incu siones bá ba as
y de las luchas dinás icas y del espe o y miedo a los cán ab os y
as u es, como puede hace nos conje u a la p esencia de ejé ci os
que hemos is o an es.
Magno Máximo ue ácilmen e encido po Teodosio en 394 en
el
no e de I alia. La e a eodosiana, quizá po el mismo hecho de se
hispano el empe ado y de posee ex ensas posesiones en la Penín-
sula (según es imonios del Panegí ico de Paca us
-IX-
y de Theo-
do e o, His . Eccl. V,
5,
1
),
debió se p óspe a y el empe ado u o
empeño en que la p o incia se de endie a, eniendo
al
en e de la
misma a sus mismos amilia es, cua o de los cuales conocemos
-Didimo,
Ve eniano, Teodosiolo y
Ladoglio-.
Los dos p ime os
de enso es, en iempos de Hono io, del paso po el Pi ineo de las
opas de Cons an e, hijo del usu pado Cons an ino
III
que,
ele-
ado a la pú pu a po las legiones de B i ania, y siguiendo el mismo
camino que o o hispano
ya
ci ado, Magno Máximo, que ía apode-
a se
de
Hispania. En la segunda in en ona, Cons an e los ence
y,
endidos,
-según
las uen es g iegas, pa icula men e Zosomenos
(V, 2}---los ejecu a.
En es e momen o enemos la no icia, a a és de es as uen es y
de
O osio, del saqueo de los campos palen inos e ec uada po los
ho-
-24-
no iaci,
al
mando de Cons an e; es a de as ación
-es amos
en
o oño del año
409-
es
esg imida po O osio pa a acusa a
Cons-
an ino
III
y a Cons an e de se los culpables de la p ime a incu sión
de los bá ba os en España. Muy p obablemen e, de odas o mas, el
gene al Ge oncio, desde el alle del Eb o, de endía la Ta aconense
de las incu siones de los ándalos. Todas las e emé ides pos e io es,
complejas, de luchas de la co e de A les con a Ge oncio y el usu -
pado nomb ado po él, el úl imo y e íme o «empe ado » hispano,
Máximo,
se
desa ollan en el mediodía de F ancia y en la pa e o ien-
al de la Ta aconense, sin implica pa a nada nues a á ea geog á ica,
a no se un hecho del mayo in e és.
Me e ie o a las no icias de un asen amien o de ge manos en la
Península, y su « epa o» de e enos y á eas de in luencia, como
adicionalmen e
se
ci a pa a oda Hispania, excep o la Ta aconense,
en el año 411 en los ex os de Hidacio, Ch on. XLIX; Isido o.
His . Wand, 296; O osio
VII,
40, 9; o en 412 (Ch on. Gall. ad.
an.
DXI,
557). Pe o el ca ác e de es os epa os
es
muy dis in o a lo
pac ado más adelan e
-pocos
años después, en
418-
en e Valía
y Cons ancia, que es ableció
el
sis ema de so es gó icas y e ias
omanas. Cou ois ha hablado de es e hecho, poco ascenden e pa a
Hispania, po el ápido paso de los ándalos
al
A ica omana, y
-pa a
noso os-
menos oda ía,
ya
que el asen amien o
de
es os
pueblos debe ía e i ica se en las ,p o incias del su , quedando la
Ta aconense lib e de ge manos. Po o a pa e, el es ablecimien o
del pueblo sue o u o como cen o la ciudad de B aga.
Con inuando es a ápida desc ipción
de
acon ecimien os en
la
úl ima e apa de nues a Hispania o icialmen e omana, debemos
llega , decididamen e, al momen o
de
los dis u bios y de
la
ines a-
bilidad social causada
po
las e uel as de los bagaudas, pa icula -
men e en la segunda mi ad de es e siglo . El enómeno ha sido po
demás es udiado y no p e endemos, aho a, añadi nada nue o aquí.
Su
oco
más impo an e debió se el alle medio y al o del Eb o,
si
bien en 456 Hidacio ci a su mo imien o has a B aga.
La
insu ección
debió ene ca ac e es g a es pa a los g andes la i undis as omanos
de
oda es a egión, cuando el empe ado Valen iniano
III
en ió
-25-
a
su
gene al As u io, en 411, a la Ta aconense pa a lucha con a
ellos ( As u ius dux u iusque mili iae
ad
Hispanias missus T
a aci-
nesium caedi mul i udinem Bacauda um} Hyda . 125). Es muy
in e esan e que en la illa que es udiamos en Ped osa de la Vega y
que es amos ci ando con inuamen e ya, apa ezca un eno de caballo
que lle a el nomb e del p opie a io del mismo y que coincide exac a-
men e con As u ius. La posición geog á ica de es a illa, y la calidad
ex ao dina ia de sus mosaicos y demás elemen os a queológicos
e iden emen e muy a díos, an a se documen o his ó ico de p ime
o den en cuan o a señala la ascendencia de es a e olución bagau-
da
en elación a la pe i encia o desapa ición de es as g andes p o-
piedades omanas. Pe o hablamos de ello más adelan e.
No
es
p eciso en a en más de alles sob e es e enómeno, aun-
que señalemos o as no icias conocidas, como la sus i ución de As u-
ius po su p opio ye no, el gene al Me obaudes que de o a a los
e ol osos en A acelli, ce ca de Pamplona ( 443
);
la nue a eag upa-
ción de los bagaudas bajo el mando de Basilio, y sus co e ías po el
alle del Eb o, en 449; la llamada
al
isigodo Teodo ico pa a que,
ede ado de Roma, luche en Hispania con a los bagaudas, en 454,
y la p esencia del mismo mo imien o en á eas an alejadas de las
o iginales del Eb o, B aga, en 456, odo a a és de los ex os de
Hidacio. Vigil y Ba be o han es udiado es a insu ección con bas an e
de alle. A noso os nos in e esa ía conoce con más p ecisión el á ea
geog á ica de sus co e ías, pe o enemos la sospecha que el deso den
no
se
in odujo en la egión ac ual del occiden e de Bu gos, Palencia-
Valladolid, León y que quedó ma ginado
al
Es e en una zona pos e-
io men e ocupada po los asen amien os isigodos. El hecho
-de
con i ma se-
end ía g an in e és en elación a la posibilidad de da
c onologías
más
a días a los hallazgos úl imos omanos de es a zona,
como muchas eces aconseja el «es ilo» y los obje os, pe o que nos
cues a abajo a e e nos a ello an e la neg a li e a u a que los ex os
hispanos dedican a es a e olución. Po ello dije, an es, que hay
que se p uden es
al
segui con excesi a idelidad a his o iado es del
ipo de Hidacio.
Según los ex os, la omanidad debe ía pe icli a , de ini i a-
-26-
cul i ado en el más ígido y ex enso sis ema la i undis a donde,
po su misma escasez de población y ex ensión,
es
más ácil aplica
las di isiones de so es y e ias de los pac os.
Es e iden e que la c eación del eino isigodo no ue ob a de
es as gen es y que hay isigodos en odos los campos de la adminis-
ación y del ejé ci o en el ámbi o o al de Hispania, en pa icula en
los núcleos no u ales. Un mapa de hallazgos suel os de ú iles ípica-
men e isigodos que hemos azado en o a pa e,
es
muy denso
pa a el siglo
VII
y en odo el e i o io peninsula .
¿Qué in luencia ha podido ene es a población, aho a asen ada,
sob e la exis en e?
¿Ha
sido posible la con i encia, después de los
epa os, en e los isigodos y los iejos possesso es hispano oma-
nos de los la i undia?
En
o a pa e he plan eado el p oblema en
o ma o al pa a una ec a in eligencia de la ealidad demog á ica
del eino hispánico de los godos, den o de mi pos u a cla amen e
omanis a del enómeno. No me in e esa aho a aquí ol e sob e
ello, pe o sí pensa en que las ci as que se han ci ado en elación a
la demog a ía omana y isigoda de es e momen o, son del odo
imp ecisas. F en e a una población omana
-pa a
oda
Hispania-
calculada en e los seis y nue e millones de almas en el momen o
de los asen amien os, las ci as de población isigoda han a iado
mucho. Desde los 300.000 godos esg imidos po Pé ez Pujol, a los
200.000 que de ienden Menéndez y Pidal y Valdea ellano, jun o
con 100.000 sue os, has a las educidas de Reinha , de 80 ó 90.000
como máximo, la ambigüedad
es
o al, como lo
es
pensa , a pesa de
los ex os de Víc o de Vi a aducidos po Cou ois, en la ci a de
80.000 almas pa a el pueblo ándalo que pasó a A ica en el año 429.
La e dad
es
que las nec ópolis au én icamen e isigodas, del
mo-
men o de los asen amien os, son escasísimas. Apenas
es
posible
ci a ajua es de inales del siglo , siendo odos o la mayo ía de ellos
del
VI
y
-de
nue o-
escasean en el siglo
VII
y
VIII,
cuando
se
ha
ealizado de mane a o al la usión demog á ica exis en e desde
siemp e, pe o de ini i amen e p opugnada en iempos de Leo igildo,
como e emos. Con ales es os
es
del odo imposible llega a ci as
an ele adas como las ci adas, pe o ampoco podemos nega la a-
-33-

gilidad del da o a queológico,
ya
que las nec ópolis exca adas
es
posible sean sólo una pa e de las exis encia o des uídas.
De las condiciones de ida de es os isigodos y de sus elacio-
nes con los omanos sob e cuyas posesiones se asen a on, dependen,
en de ini i a la ans o mación u al del mundo omano en isigodo.
La
con i encia debió se po lo gene al co ec a
ya
que, como obse -
a To es, la ag icul u a no decayó du an e el eino isigodo, sino
más
bien
al
con a io ecibió un pode oso impulso, como puede
p esumi se a a és de los ex os del Libe . Todo ello hab ía sido
esul ado de la o ma del asen amien o, pa a cuyo es udio sólo
disponemos de las uen es ju ídicas, ampliamen e discu idas po
nues os his o iado es del de echo, en e los úl imos, To es y Ga cía
Gallo, sob e odo. Pe o no p e endemos e cia en el ema, que
a amos con más ex ensión en o a pa e.
En ealidad, el hecho de la con i encia lle ó a la usión.
Los
obs áculos eligiosos y ju ídicos ue on poco a poco supe ados.
La
adopción de usos y cos umb es omanas po los godos, como pode-
mos e a a és de ex os de P ocopio y Sidonio Apolina io, po
ejemplo, lo demues an. A la ingen e bibliog a ía que sob e ello hay,
des aquemos la que le dedica Ga cía Gallo, las apo aciones de
análisis de ex os de Al a o d'O s o los agudos ensayos de Ca o
Ba aja.
Es e se ía, bajo el p isma de la his o iog a ía del pueblo isi-
godo, el p oceso de ans o mación de las poblaciones hispano oma-
nas y godas en hispano isigodas,
es
deci , lo que pod íamos llama
la des omanización de Cas illa. ¿La ealidad a queológica puede
conc e a más es os da os ju ídico li e a ios? Aunque Roma haya
dejado de exis i , ¿has a cuándo y con qué ue za pe sis e la oma-
nidad?
-34-
III
LA
ARQUEOLOGIA ROMANA DE CASTILLA DESDE EL
BAJO IMPERIO AL SIGLO VI
Las
condiciones de ida que podemos islumb a a a és de
los
ex os li e a ios y ju ídicos nos pod ían hace pensa en la
pe sis encia de las o mas de ida omanas, especialmen e en
el
ámbi o u al, cul o, de los g andes la i undis as del Bajo Impe io,
in-
cluso después de los asen amien os de inales del siglo y del siglo VI.
Has a qué pun o
el
análisis de las es uc u as a queológicas au o iza
es a hipó esis
es
a ea que
me
in e esa de o ma decisi a y c eo
iene un g an u u o, ico de esul ados nue os y so p enden es pa a
la
his o iog a ía de es os dos c í icos siglos y
VI.
Den o del mejo
conocimien o que enemos, aho a, del úl imo inal del mundo
oma-
no, en pa icula en O ien e y en el A ica cen o-occiden al, desde
un pun o de is a a queológico, el análisis de las o mas hispánicas
puede se a ea g a a y ag adecida.
l.
La
in es igación a queológica demues a con cla idad la
decadencia u bana de nues a Hispania después de
las
incu siones
de
los
ancoalamanos y el desa ollo del campo como con apeso
a es e enómeno social. Con ibuye a ello la insegu idad en
las
ciudades a acadas y des uidas en pa e impo an e po
los
ancoala-
manos
que acabamos de ci a ; la imposibilidad de de ende las po
la
escasez
de opas que, además, ienen o os p oblemas que a ende ,
como
hemos apun ado. Las di icul ades que p esen an los impues os
obligan a los possesso es a e i a se a sus
incas
ús icas donde
su
pode
es
cada
ez
mayo ,
al
euni se a ellos abundan es colonos y
man ene ejé ci os p i ados, cons ui una au onomía económica
-35-
pa a sub eni a sus p opias necesidades con su misma p oducción,
den o de una ó mula de economía de base u al ce ada a que
obliga la ines abilidad de las comunicaciones.
La
posibilidad de
es a ans o mación del campo iene dada po la calidad de es os
mismos possesso es, muchos de ellos de amilia
impe ial-
el
caso
de los Teodosio en nues a egión que hemos
ci ado--,
hecho
ambién que explica á el ca ác e cul o, casi áulico, que ienen sus
esidencias y el pode económico y social que desde ellas
se
di unde.
Pocas son las ciudades, en es e enómeno de u alización de
Hispania, que an a man ene , en nues a zona, el ono de ida que
u ie on en pleno Impe io. Na u almen e, la decadencia no ue an
acen uada en las capi ales de las p o incias ni en las icas y más
segu as ciudades del Le an e de la Ta aconense, de la Bé ica y de la
Lusi ania.
En
las ca as c uzadas en e Ausonio y San Paulino de
N ola,
Caesa augus a,
T
a aco
y
Ba cino,
po ejemplo,
se
ci an como
cen os que no habían su ido cambios de su es ado an e io . No así
las pequeñas poblaciones del alle del Eb o, Bilbilis,
Calagu is
e !le da (Aus. Ep. XXIX, 50-52, 56-61; Aus. Ep. XXXI, Paulini
Ep. X) desie as y en uinas, según es os ex os. P escindiendo del
ono e ó ico de la no icia, la ealidad
es
que después de las incu -
siones ancoalamanas algunas de las ciudades· cla e en la dis ibu-
ción u bana y mili a de Hispania ue on ápidamen e o i icadas
y algunas de ellas, g acias a es as nue as de ensas, pudie on con e -
i se en la Edad Media en au én icos cen os polí ico-mili a es del
enace c is iano. Dos ejemplos cla os los enemos en Ba celona
y León. De O ien e a Occiden e conocemos a queológicamen e las
de ensas del siglo de Ge unda,
Ba cino,
!le da,
Caesa augus a,
Pompaelo,
Can ab ia
(Log oño
),
I uña, quizá Veleia omana; As u-
ica
Augus a,.
Leo,.
Lucus,
y,
en Lusi ania, Co ia y Cáce es. La ed
de
o i icación que ello signi icaba demues a, ambién, un cie o
abandono de los o os cen os u banos conocidos.
Po cuan o a ec a a Cas illa la Vieja, debemos ene en cuen a,
de odas mane as,
ql}e
no ue on muy impo an es las ag upaciones
u banas, y no sabemos has a qué pun o pueden llama se «ciudades»,
en
el
sen ido social clásico, los luga es ci ados po P olomeo o po
-36-
los
I ine a ios, en pa icula el an oniniano. De los ein isie e
cen-
os que apa ecen en es os ex os, muy pocos ienen una au én ica
en idad ciudadana en el Bajo Impe io, lo que demues a
-jun o
a
la o al ausencia de es os a queológicos- la p eca iedad del con e-
nido eal que los luga es aducidos po los esc i o es clásicos debie-
on ene en la ealidad. P olomeo ci a, en ie a de acceos
-nues-
a
zona-
las ciudades de Ba giacis, In e ca ia, Vimina ium, Po a
Augus a, An aca, Lacob iga, A ia, Sepon ia Pa amica, Gella, A bo-
cella, Rauda, Segisama Julia, Pallan ia, Eldana, Congium,
Cauca,
Oc odo um, Pin ia, Sen ice, Sa ab is. Y el I ine a io de An onino
añade, Sep imanca, Ni a ia, Vico Aqua io, Amallob iga y Acon ia.
¿Qué es os enemos en la A queología de es os luga es? Quizá,
excep o Cauca y Pallan ia, las demás no sean o a cosa que pun os
ijos
de la ía como e e encia de i ine a io, con población indígena
poco nume osa siemp e, como
es
la ca ac e ís ica del habi a cel i-
bé ico del momen o de la omanización. Es
muy
ex año, de
no
habe sido así, la ex ao dina ia escasez
y,
en muchos casos, la
ausencia o al de es os a queológicos en los di e sos luga es donde
es as ciudades
se
han si uado.
En ealidad, el es udio u bano de es a e apa de nues a
oma-
nización, hay que hace lo casi exclusi amen e con los abajos de
Pallan ia
y,
más
al
Le an e, de Clunia y de Uxama. Clunia, con
mag-
ní icas
posibilidades a queológicas, y Pallan ia y Uxama, además, con
ci as abundan es y e idencias his ó icas con i madas po la A queo-
logía, como e emos. Pa a Pallan ia, el hecho de habe sido escena io
po dos eces de dep edaciones nos asegu an
su
impo ancia y
i-
queza que con i man o as no icias, como la exis encia de un
epis-
copado paleoc is iano a es iguado po p ime a
ez
en el año 433,
sin que ello signi ique que no haya exis ido con an e io idad.
Uxama iene su icien e ue za pa a he eda la capi alidad espi i ual
de la cabeza del con en o ju ídico, Clunia. Conocemos
sus
obispos
desde 59'7. En el lími e occiden al de nues a egión, León y
As
o ga
man ienen su ango u bano y
se
c is ianizan
muy
ápidamen e, como
podemos a es igua po uen es li e a ias
ya
en iempos de
San
Ci-
p iano, a a és de su amosa ca a a las comunidades de las ciudades
-37-
en elación a la apos asía de los obispos Basílides de As o ga-León
y Ma cial de Mé ida du an e la pe secución de
Dedo.
La A queolo-
gía iene a con i ma el da o pe mi iéndonos, además, da una
cie a con inuidad a es as comunidades has a muy a anzado el
si-
glo VI. Así, en Ma ialba, muy ce ca de León, exis e
un
emplo paleo-
c is iano o igina iamen e del siglo
IV
con pe manencia de cul o, que
obliga a la cons ucción de un bap is e io en el siglo VI. Y
es
de muy
a p incipios de es e siglo
IV,
de época p o ocons an iniana, el bello
sa có ago de má mol p oceden e de
un
alle de Roma apa ecido
en San Jus o de la Vega.
La ida u bana y su e olución, en es os iempos a díos,
es
di ícil de conoce y es á cla a su decadencia en e al auge del mundo
u al. Nues as exca aciones en Pallan ia, jun o a la plaza de la
ca ed al ac ual, p opo ciona on una ica es a ig a ía que a desde la
Pallan ia
accea de iempos de Se o io, con ni eles augus eos supe -
pues os, has a los es a os del siglo x . En e ellos hay un úl imo
momen o omano, e iden emen e ico y el más cla amen e u bani-
zado de la ciudad, que en la b e edad de las zonas emo idas p o-
po cionó un agmen o de mosaico, en una mansión jun o a la ía
no e-su de la población, segu amen e un
ca do
mina , de la ciudad.
A pesa de ello desconocemos la au én ica en idad u bana de
Pallan ia, posiblemen e mucho más impo an e en los dos siglos
de cambio de la E a.
Clunia nos ilus a mejo . Exca aciones me ódicas pe mi en
segui la e olución de la ciudad y sus incidencias. La A queología
demues a que a inales del siglo
III
Clunia su ió una au én ica
de as ación que cambió o almen e su aspec o u bano. El daño que
su ió Clunia ue g ande, pe o no puede iden i ica se como una
des-
ucción y desapa ición de la ciudad como al. La me ma de su
im-
po ancia empieza p ecisamen e en es e momen o, pe o iene ue za
su icien e pa a enace , incluso con cie a b illan ez, nunca pa eja,
de
odas mane as, a la p ospe idad de los dis in os undí u ales que
la odean.
El eso o hallado po Ta acena en la casa núme o 1, con 34
de-
na ios, nos da la echa del año 285 pa a la ocul ación, que hemos
-38-

in e p e ado siemp e coinciden e con la dep edación u bana. En el
lo e hay ejempla es de Galieno, Au elio, Flo iano, P obo, Ca o,
Nume iano, Ca ino y Magna U bica. Es p obable, pues, que es a
des ucción u ie a luga en iempos de Ca ino poco después del
285; po an o, no co esponde a ninguna de las dos incu siones
documen adas de ancoalamanos, la del 260-262 de iempos
de
Galieno, y
la
de inales de 275 de iempo de Au eliano. Diez años
después de es a úl ima incu sión, bandas de esiduos ge mánicos y
de saqueado es pueden daña muy p o undamen e una ciudad que,
en iempos de Galba, e a la
más
ue e de la Ta aconense.
Pe o, incluso el p opio cen o u bano,
se
ehace p on a y
ica-
men e. La misma casa donde Ta acena halló es e eso o, modi icó
sus
es uc u as en iempos a docons an inianos, cons uyendo nue-
os
mosaicos que hemos podido echa pe ec amen e en el segundo
e cio del siglo IV. También el o o ha sido e o zado y
se
ha
cam-
biado el pa imen o;
y,
a lo la go de oda la se ie de
abe nae
que
amos
aho a exca ando,
es
e iden e el es a o, denso y ico, pos e io
a las incu siones.
Tampoco
se
ha in e umpido la ci culación mone a ia, como
emos
al
es udia las se ies halladas en la exca ación que inin e um-
pidamen e llegan a las úl imas acuñaciones de A cadio y de Hono io.
Hay una g an iqueza de ce ámica de la amilia de la TSH,
del
Bajo
Impe io, con abundan es moldes, ya, que p esuponen icos
al a es. Aunque po el momen o
- enemos
los ma e iales en es u-
dio-
poco podamos conje u a sob e
la
dis ibución,
más
allá del
á ea p opia de la ciudad, de odos es os p oduc os siguiendo los
me cados, po ejemplo, de la ce ámica indígena de los al a e os cel i-
bé icos
-el
de los pája os y lieb es, en e
o os-
cuya di usión
comp endió odo el con en o ju ídico, llegando a luga es an
apa -
ados como
la
ciudad g eco- omana de Empo ion, en Ge ona.
No podemos ex ende nos sob e es e ema, an g a o pa a
noso-
os, pe o
sí
hace algunas e lexiones apoyándonos, siemp e, en
los
hallazgos a queológicos.
En
p ime luga , son muy escasos
los
ma-
e iales ípicamen e de época isigoda
y,
cuando apa ecen,
los
halla-
mos
ue a del ecin o u bano, en una nec ópolis educida, alejada
-39-
muy
pocos kilóme os, pe o isible desde el ce o de Clunia. Me
e ie o a los hallazgos de Hinoja del Rey, al sudes e del cas o.
Se
a a,
ya,
de ma e iales den o de los ipos del siglo
VII,
a díos.
Po el con a io, no hay b oches ni íbulas ípicas del siglo
VI,
y
es
más
ecuen e el ma e ial del siglo IV y , en pa icula ce ámicas
y b oches. Una segunda e lexión c eo que debe hace se al señala
las
echas casi siemp e cons an inianas, o den o del siglo
IV,
pa a
las
ce ámicas hispánicas a días. Casi
se
ha con e ido en una u ina
de los exca ado es echa en el siglo
IV
es as especies y
los
pocos
es os de ce ámicas es ampadas paleoc is ianas. Desde luego
es
co ec a la c onología pa a sus ipos o igina ios. Pe o
si
e lexiona-
mos
que hay que coloca los hallazgos de las nec ópolis de los
oede a i, de nues a línea de ensi a del Due o, en la segunda mi ad
del siglo IV y p ime a del siglo , apoyándonos en las echas que
p opo ciona el conocimien o de los b oches mili a es en las nec ó-
polis
de
Ge manía y Galias, y eco damos que en es os ajua es
es
no mal y co ien e la apa ición de piezas excelen es de las ce ámicas
que es udiamos, hay que lle a es os p oduc os a iempos
más
mode nos, y hay que llena con ellos odo un siglo
de
A queología
a do omana en Hispania. Es e dad que no podemos apoya es a
hipó esis con la p esencia de hallazgos mone a ios, cuyas acuñaciones
dejan de exis i en el úl imo cua o del siglo . Sólo un conocimien o
más
p eciso de es as especies ce ámicas y de su c onología, nos pe -
mi i á echa con p ecisión las icas
illae
de es e momen o y a en-
u a echas mode nas de acue do con los es ilos del bello a e de
sus mosaicos.
Clunia, como ag upación u bana, iene un enace impo an e
du an e el siglo
IV
y pe i e en el . No sabemos que exis ie an
comunidades isigodas del siglo
VI,
mien as que hay obje os del
siglo
VII
-una
ho nacina en ene a, pa a la o namen ación de un
emplo de ipo
eme i ense-
cuando la ciudad
es
pa a noso os una
incógni a. Clunia, lo mismo que el es o de la omanidad,
se
ha
es umado. Los incendios que hallamos, po ejemplo, en el g upo de
abe nae
del ángulo
NE
del o o, y que calcina on elemen os
a -
qui ec ónicos, son, has a aho a pa a noso os in echables; y an o
-40-
pueden a ibui se a los á abes en sus azzias bajo el mando de T a i ,
en su camino hacia Amaya, como a ci cuns ancias pos e io es
des-
pués de su abandono.
El pano ama que nos p esen a la exca ación de es a g an ciudad
de 130 hec á eas, ue e, po en e en sus es uc u as u banas en
los
siglos y
n,
nos pone an e los ojos una cie a p ospe idad que nunca
es
compa able a la iqueza, ex ensión y ue za económica de
las
mansiones de los la i undia.
2. El es udio de los undí o illae del Bajo Impe io, en His-
pania equie e, ya, un abajo me odizado y p o undo o al. El enó-
meno de su auge en es os siglos, como
ya
hemos apun ado,
es
pa en e pa a amplias zonas del Impe io, como las Galias, I alia,
A ica. Cada día se nos hace más e iden e su impo ancia en Hispa-
nía, y pa icula men e en nues a Tie a de Campos, con g andes
incas
dedicadas
al
cul i o de g amíneas, mien as las de la Bé ica
explo an la p oducción de acei e y muchas eces la c ía caballa ,
como en A ica.
La
li e a u a que poseemos concue da pe ec amen e sob e la
calidad de los pe sonajes, an o en su ca ego ía social como in elec-
ual. Los ejemplos les ienen dados po los mismos empe ado es que
poseen
sus
o i, sus incas de ec eo, del ipo de la de Piazza A me-
ina que,
si
no ue de un empe ado , Maximiano He cúleo, po su
iqueza y calidad
es
digna de un g an digna a io co esano.
El es udio comple o de es as illas y de su ambien e económico
y cul u al es á po hace . La A queología a dándonos a conoce uno
as o o so p enden es es ablecimien os lujosos, icos;
y,
en su
o namen ación, p o undamen e in elec ualizados y cul os. El mismo
ambien e e lejan los da os li e a ios, an ci ados siemp e, y que
po-
demos a es igua en la ob a de Sidonio Apolina io, po ejemplo,
Los
da os que a a és de sus ex os enemos, además de p opo -
ciona nos las mejo es desc ipciones de las illas de la mi ad del
siglo (Sidonio se echa en e 430 y 486) e elan que, a pesa de la
ocupación isigoda de la Aqui ania, en la zona de Na bona a Bu deos
exis e lo que Layen ha llamado « oda una Academia» de gen es de
-41-
le as, de una g an mundanidad y e inamien o. Sidonio Apolina io
nos
da, pues, da os sob e la Galia,
ya
isigoda. A a és del obispo
de Pa ía, Ennodio, nacido en A ies, allecido en su diócesis en 521,
au o de los amosos panegí icos a Teodo ico, enemos cons ancia de
la
ida de las illae i alianas del siglo VI. Muy ins uc i as son, en
es e sen ido, sus ca mina o
su
epis ola io. También pa a Hispania
sabemos que g andes pe sonajes, amosos en el campo de las le as
o
de
la
polí ica, poseen illae en sus undí. Ya hemos ci ado las
posesiones de la amilia impe ial eodosiana. La misma ca ego ía
debió ene el p opie a io de la illa de Cen celles, en Cons an í,
Ta agona, que
se
ha pos ulado po Schlunk, pudo pe enece a la
misma amilia de Cons an ino. Sabemos que Me opio
Pondo
Pau-
lino, luego Paulino obispo de Nola y san o, cedió sus g andes p o-
piedades en España después de su con e sión en
392/393
y am-
bién que
el
g an poe a c is iano hispánico P udencio, de
Calagu is,
después de una in ensa ida polí ica como conseje o de Teodosio,
se
e ugia en
su
illa ( secessus
in
illam) a p incipios del siglo ,
e i ándose de
la
ida mundana, como pudie on hace o os au o es.
Na u almen e el C is ianismo iene un excelen e medio de desa-
ollo en es os cen os u ales cul os.
He
insis ido epe idamen e en
o os es udios sob e el papel de los g andes la i undis as hispanos en
la
o mación del a e del iejo C is ianismo hispánico, papel que
c eemos impo an e y decisi o del llamado «ciclo a ís ico de los
la i undia omanos» que, e lejando las c eaciones de la co e, ue on
pa a odo el Impe io los cen os donde, de mane a
más
ácil, pudo
segui se cul i ando la c eación de o mas plás icas cul as.
En el aspec o económico, desde los iejos abajos de Ros o -
ze a Mazza ino, con base pa icula men e a queológica y no e-
a icana, la e idencia del papel impo an e de las illae es á ue a de
oda duda.
Es á po hace , oda ía, el mapa comple o de es os yacimien os
a queológicos en Hispania. Tampoco disponemos de exca aciones
o ales y co ec as de los mismos, pe o la lis a que puede elabo-
a se,
es
muy densa y ex endida po odo el ámbi o peninsula .
En e las illas
más
ecuen emen e ci adas y conocidas, pa -
-42-
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-50-

ACABOSE DE IMPRIMIR
ESTE
DISCURSO
DE
APERTURA
DEL CURSO ACADÉMICO 1970-71, DE
LA
UNI-
VERSIDAD DE VALLADOLID, EL DÍA 28 DE
SEPTIEMBRE DE 1970,
EN
LOS TA-
LLERES DE
LA
EDITORIAL
"SEVER-CUESTA, DE
VALLADOLID