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Castilla la Vieja entre el Imperio Romano y el Reino Visigodo: lección inaugural del curso 1970-71 de la Universidad de Valladolid / Pedro de Palol

Palol, Pedro de

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In oducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7 I. LA PRESENCIA DE RoMA EN CAsTILLA EN EL BAJO IMPERIO . . . . . . . . . 13 El Ejé ci o omano: Fuen es li e a ias y A queología . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13 El enómeno his ó ico a a és de las uen es li e a ias . . . . . . . . . . . . . . . 22 A) El mundo omano ................................................ 22 B) El mundo ge mánico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 27 II. EL HECHO DEMOGRÁFico: AsENTAMIENTos VISIGoDos EN CAsTILLA Y SUS ÁREAS GEOGRÁFICAS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 31 III. LA ARQUEOLOGÍA ROMANA DE CASTILLA DESDE EL BAJO IMPERIO AL SIGLO VI ..... ..... .... .. . .. ... . .. . .. . .. . . . . . . . . . .... ... ... ... . . ... . ... ..... ... . . 35 IV. CoNCLUSIONES .............................. ···································· 47 Bibliog a ía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 49 Magní ico y Excelen ísimo Seño Rec o , Excelen ísimos e Ilus ísimos Seño es, Que idos compañe os y alumnos, Seño as y Seño es: En el juego eno ado de la his o iog a ía ac ual, nada eje ce mayo pode de a acción que las que se ienen llamando «épocas de c isis» o las «épocas incie as» de la e olución de la Humanidad. La me odología his ó ica mode na ha enido que e isa sus p o- cedimien os de abajo y p es a su a ención a un ipo de his o ia más dia ia, más menuda, más llanamen e humana donde las socie- dades, los homb es y los pueblos es án más p esen es, más angible- men e p esen es que en la adicional y ieja his o iog a ía clásica. Hoy conocemos odas las ba allas y odos los pac os, hoy nos p eo- cupamos de los mo i os sub e áneos -demog á icos, económicos, sociales- que los hicie on ealidad, lo cual nos pone an e los ojos no sólo la p esencia de una a is oc acia -pa a llama la de alguna mane a- que en la ieja his o iog a ía u o, al pa ece , el monopolio de p omo e el de eni y de encauza es e de eni his ó ico, sino ambién de odo un pueblo, un demos a la g iega, pa a el cual y pensando en el cual se p odujo la secuencia de hechos y e emé ides cuya ama cons i uye nues a His o ia. Hay un p oceso de socia- lización de la His o ia, como pudo esc ibi en su día Childe, poli i- zando es a co ien e con un más amplio conocimien o del demos, de la demog a ía de las clases sociales is as en su au én ica ealidad i al y no como un simple suje o ju ídico. Es a me odología his ó ica es, muchas eces, el único e ugio y la única ealidad explo able que enemos los his o iado es al a a de conoce algunas de las más densas e impene ables «e apas in- -7- cie as»; po o a pa e siemp e, o casi siemp e, mucho más as- cenden es en elación al de eni pos e io , amplio y ecundo, que la p opia ealidad de es e esul ado. Me he pe mi ido odas es as dig esiones pensando en el ema que me he p opues o desa olla en es a sesión de inaugu ación de cu so de nues a Uni e sidad. Nada hay an apasionan e pa a el in es igado del mundo an iguo y del mundo medie al como el paso -y no sal o, como se ha p e endido- en e ambas ealidades. La ans o mación del p ime o en el segundo, las modi icaciones que en es a e apa medie al an a ealiza se u ilizando el ampolín del mundo an iguo, y lo mucho -y lo poco- que de es e mundo an i- guo se conse a, se sal a o desapa ece. Quizás la di icul ad de una al isión pod íamos ci a la en algunos hechos cla os. Con sólo compa a la exigüidad de los pá a os que se dedican a es a e apa de la omanización en ob a an impo an e como ue -y sigue siendo- el olumen de His o ia de Roma de la His o ia Gene al de España di igida po Menéndez y Pidal, con la casi excesi a p oducción de nues a más jo en his o- iog a ía sob e lo que se ha llamado «la c isis del inal del mundo an iguo», apa ecen a nues os ojos las mil y una di icul ades de es a e apa y el jus i icado a ac i o que es e momen o iene pa a el his o iado . Aho a bien, quizá la di icul ad mayo es ibe, p ecisamen e, en es a cualidad de c isis, de ines abilidad polí ica, y po an o de pa quedad li e a ia, de uen es, que i en es os siglos. Es o al- men e imposible, con los ex os que nos han llegado, in en a aza un cañamazo cong uen e y cla o, seguido y ácil de eco e pa a explica nos cómo un mundo omano desapa ece y o o medie al su ge. Hay que ecu i a uen es de muy di e sa ca ego ía y muy poco u ilizadas en la his o iog a ía adicional. Me e ie o, en pa - icula , a los es udios numismá icos y a las uen es a queológicas, no a las uen es epig á icas, que han sido siemp e can e a de p ime o den pa a cualquie es uc u ación his ó ica o ju ídica del mundo an iguo a la mane a de Mommsen. Es en es e aspec o, donde el a queólogo de campo iene un au én ico papel de his o iado y me -8- debéis pe mi i que, como al, in en e da os mi isión pe sonal y a - queológica de odo un de eni his ó ico en nues a egión que pod íamos ci a , desde un pun o de is a c onológico, desde la caída del Impe io omano, has a la a i mación del Reino isigodo; de aquí mi í ulo: Cas illa la Vieja en e el Impe io omano y el Reino isigodo. El a ac i o p imo dial del ema es iba en pode e lexiona sob e un momen o que p eside la desapa ición de Roma, po una pa e; y, po o a, el mon aje de una nue a es uc u a polí ica, la c eación de un nue o Es ado, el isigodo. Pe o no p e endo expli- ca os hechos an complejos y an deba idos a una escala de al a polí ica, con discusiones de ipo ju ídico; sino ija me, en pa icula , en las ealidades dia ias, del poblamien o, de los es os ma e iales que conocemos en o ma muy di ec a, muy angible, pa a in en a a a és de ellos emon a a una his o ia un poco más gene al, más amplia. Tampoco p e endo a a és del análisis de una egión que iene un eal con enido geog á ico humano, po lo menos desde la neoli ización has a la ac ualidad, ele a me a conclusiones álidas y absolu as pa a oda la ieja Hispania; pe o es e iden e que cie os enómenos con cla o alo local pueden con ibui a una sín esis amplia y gene al. Es e iden e que la his o ia no da sal os, como dicen los clásicos de la na u aleza. Los e nólogos y p ehis o iado es lo saben muy bien. Ellos han acuñado el é mino de pueblos esiduales, como pe sis encia de o mas sociales que an languideciendo has a des- apa ece en e a cons ucciones más po en es, nue as, inno ado as, que p esiden e icazmen e la dinámica de la His o ia. Nada más cla o en es e sen ido que el paso del mundo cazado y ecolec o , que no es capaz de p oduci iqueza sino an sólo ap o echa lo que la na u aleza le o ece, al mundo nue o ag icul o , c eado de iqueza y de cul u a, de ese as na u ales económicas que le lle an, en una dinámica cada ez más c ecien e, a es uc u as económicas y sociales como las ac uales. Al his o iado con uen es a queológicas se le hace muy di ícil pensa en dese izaciones, an o si son pu amen e geo- g á icas, como sociales o ideológicas. -9- ¿Cómo desapa ece nues a sociedad y nues a es uc u a oma- na, an i me y po en e du an e cinco siglos, en e a la nue a ealidad del eino polí ico de los isigodos? Llega un momen o en la his o ia esc i a de la que disponemos en el cual Roma se es uma. Insensiblemen e ha dejado de exis i . O icialmen e ha dejado de exis i . Nada esc i o, ju ídico, li e a io, nos la ecue da como una en idad i a, aunque es u ie a decaden e. ¿Pe o cómo y cuándo es a omanidad desapa ece? ¿Qué han cons uido los godos que pueda sus i ui la? Se a a de dos o mas his ó icas y sociales que con i en como pudie on hace lo los cazado es cua e na ios nie os del homb e de Al ami a con nues os p ime os ag icul o es y ganade os. Si bien debemos sal a las di e encias cul u ales en e esos úl imos, a a o del pueblo eno ado , mien as que en el caso de Roma y los isi- godos la balanza cae oda ía del lado de Roma. El análisis de los siglo IV, y pa e del VI que nos p oponemos hace , iene que p oyec a , po an o, en una egión geog á ica conc e a, Cas illa la Vieja, en el alle medio del Due o, dos eali- dades de ipo hispánico en oncadas con un enómeno au én ica- men e ecuménico -en endiendo un «oikumenos» clásico- que puede plan ea se en es as dos ace as ya enunciadas. Po una pa e, Roma, como g an ealidad polí ica y económica, a desapa eciendo y los p ime os sín omas de es a desapa ición es án en la debili ación del pode cen al ya desde el siglo III y, po consiguien e, en la dis- g egación e i o ial. Pe o odo ello no signi ica que engamos que bo a la omanidad en los e i o ios del Impe io. Roma desapa ece. Lo omano, en un complejo amplio que comp ende desde las gen es, las o mas de ida, la cul u a y odo lo que ella signi ique, se con- ie e en g upos que pod íamos llama esiduales que i i án, más o menos, según las ci cuns ancias polí icas y económicas de cada una de las egiones que ocupan. Es e languidece de lo omano se nos hace muy e iden e a a és de la A queología y nos so p ende pensa que se p oduce p ecisamen e en un momen o en que Roma había podido supe a -económicamen e- las g andes c isis del siglo III. Pe o no adelan emos conclusiones. Po o a pa e, y simul áneamen e, es á apa eciendo en la ieja -10- el iun o de Hono io sob e A alo, en 416. De oda mane as, el ca ác e de opas p i adas, pe enecien es a los po en io es hispano- omanos, ambién ha sido de endido pa a es os ejé ci os de los amilia es de Teodosio, y que juegan papel impo an e -sabemos- en las luchas en e empe ado es y p e endien es a la pú pu a. El segundo g upo de opas ci ado en la No i ia Occ. XLII 24/32, nos ci a (í em p aeposi u ae magis i mili um p aesen alis a pa e pedi um) no icias conc e as de la Legio VII y de sus coho es, dándonos sus asen amien os y, en dos casos, su si uación an e io . Según la No i ia, pues, hay opas es ablecidas en León; en Pae ao- nio, quizá Rosinos de Vid iales en Zamo a; ad coho e gallicam, de localización desconocida; Iuliob iga, en Re o illo, San ande , cue po an e io men e en B igan iae, ce ca de As o ga, y Veleia (I u- ña, Ala a). Tan o el ca go de mando, como su localización co ec a ha pe mi ido a i ma se a a de limi anei, opinión de endida ya po G osse, po Vigil y Ba be o, Ga cía Bellido, pe o discu ida es a calidad de limi anei po Balil. Con es os pocos pun os de localización de opas, en luga es es a égicos de los pasos de la co dille a cán ab o-as u y en ie a de ascones, se ha pensado en la p esencia de un limes hispanus, como dice Bellido y mo i o de la ga dig esión po Vigil y Ba be o, en e a los bá ba os y p imi i os ascones y as u es al y como se nos p esen an en las in as de la epís ola de Paulina de Nola a su maes o Ausonio, ex o que juzgamos excesi amen e omado a la le a. En ealidad, no hay posibilidad de de ini cla amen e un «limes» con an pocos asen amien os y -en e ellos- de no ácil comunicación. Se a a, e iden emen e, de p e eni odo pelig o de los indígenas de más allá de las co dille as del no e, pe o dejando incomp ensiblemen e en un au én ico limes, b echas an impo an es como las del p opio Pisue ga, an e io luga de asen amien o de la IV Macedónica. Si bien sabemos -po la A queología- de la p e- sencia de o o ipo de opas en es a egión, como ha demos ado úl imamen e la exca ación de Guinea en Mon e Cildá, o a es iguan los hallazgos supe iciales del al o de Amaya en Bu gos, ocupado como pun o de de ensa de la misma línea en el Bajo Impe io. La -17- p esencia de g andes la i undia en es a conc e a egión palen ina, como la illa que es amos exca ando en Ped osa de la Vega, jun o a Saldaña, y el esplendo as uoso de sus elemen os, que debemos echa muy en ado el siglo , sino más a de, debe esponde sola- men e a dos ealidades his ó icas: o bien que hay que da menos c édi o a la ag esi idad y ie eza de los cán ab os -como hacen supone ex os del ipo de la ca a de Paulino de Nola- o bien que la p esencia de ejé ci os p i ados suplía muy ampliamen e las allas impe iales. Pe o ol e emos sob e es os ejé ci os p i ados que cons- i uyen, a nues o modo de e , uno de los más impo an es ing e- dien es de la ida de los po en io es de los la i undia bajo impe iales de la zona. En 1958, a aíz de la exca ación de la nec ópolis de San Miguel del A oyo, en Valladolid, plan eamos la posibilidad de la exis encia de un limes mili a a lo la go de la línea lu ial del Due o, desde la p o incia de So ia has a su desembocadu a, y con hallazgos de So ia a Salamanca. Nada hay en las uen es esc i as o epig á icas que nos apoya an en aquella hipó esis, ni ampoco posibilidad de de ini se en cuan o al ca ác e de es as opas, o mejo colonos-soldados. Ra a- men e exis en illae ce ca de las nec ópolis conocidas pa a pensa en que ue an opas p i adas, aunque e dade amen e ampoco es p e- ciso su asen amien o jun o a la esidencia del dominus omano. Además, la uni o midad de a mamen o y de u illaje une a io que apa ece a lo la go de es as nec ópolis, an ampliamen e ex endidas, de ine gen es iguales en odas ellas con pa icipación de una ue e dosis de ge manos inco po ados a las opas omanas, como demues- an algunos elemen os de uso pe sonal, pa icula men e los b oches de cin u ón y los ace es que ienen es echísimos pa ecidos con ajua es lae es y ge manos de las gua niciones del Bajo Impe io, a lo la go de odo el limes danubiano y pa icula men e occiden al enano anco-belga. A es as piezas hemos dedicado úl imamen e un la go es udio en el úl imo olumen de nues o Bole ín. Nues a hipó esis de abajo ha sido acep ada po los his o iado es de la omanidad española, desde Ga cía y Bellido, Blázquez, Balil, e c. Es e úl imo au o insis e úl imamen e en ello, in en ando pensa que pudie on -18- exis i ealmen e lae es en Hispania asen ados al igual que en las Galias o que los sa ma i en I alia, y quizá la laguna que exis e en la p opia No i ia (No . Occ. XLII, 44) pudie a habe hecho e e encia a ellos. La A queología de lo es udiado po noso os pod ía e iden e- men e apoya es a suposición. O a hipó esis a anza Balil en elación al ca ác e de es as opas, pensando que quizá pod ía a a se de bu ga ii independizados del se icio a po en es, senio es o domini po una cons i ución impe ial ecogida en el Códice de Teodosio (VII, 14, 1 del año 398). Es e iden e que siemp e, al lado de una nec ópolis es udiada, exis e un pequeño cas o o i icado, y no única- men e en los luga es que ci a Balil (Suellacab as y Taniñe, en So ia; y Las Me chanas en Salamanca), sino ambién en Nuez de Abajo y Ho nillos del Camino en Bu gos, en San Miguel del A oyo y en Simancas en Valladolid, e c. Pe o si puede a a se de g upos de bu ga ii, o igina iamen e man ienen en e ellos una e iden e elación de o ígenes y de a mamen o que hace pensa en una idea uni a ia y más ele ada de de ensa mili a gene al pa a ~ a pa e no e de Hispania; máxime si enemos en cuen a la posición de las nec ópolis y de sus cas os en pun os cla es en las g andes ías omanas y en los íos. Así, Suellacab as, So ia, queda a 8 km. de la ía de As ú ica a Caesa augus a después de Numancia. Taniñe iene la nec ópolis en una hondonada donde pasa el iejo camino a Calaho a, y donde Ta acena iden i ica el único amo de la ía Numan ia a Calagu is. Un nue o hallazgo, inédi o, en el Museo de So ia, p ocede de Aldea de San Es eban, jun o a San Es eban de Go maz, en pleno alle del Due o y no lejos del pun o de c uce de la ía de Te mancia a Uxama. Es a nec ópolis de Aldea de San Es eban iene a cons i ui el nexo que nos al aba en e las dos so ianas y el g upo de San Miguel del A oyo, Simancas, en Valladolid, mien as los hallazgos bu galeses de Nuez de Abajo y Ho nillos del Camino cons i uyen de ensas en los alles del A lanzón en la ía de Clunia a Can ab ia, no lejos de Deob igula (Lodoso) y ampoco lejos de la ieja Segisamón. Y un poco más abajo, jun o al Ho nazuela, hacia Pallan ia y Sep imanca, Ho nillos del Camino. Gen es pa ecidas, aunque sus hallazgos no p oceden de nec ópolis y más bien de luga es es a égicos, enemos -19- en Yecla de Silos, cuya si uación en una ía omana es muy p oble- má ica, pe o que cons i uye, desde iempos cel ibé icos, un encla e geopolí ico cla o. En los amosos «callejones» del peñasco, apa ece una supe posición de ma e iales que an de lo cel ibé ico a lo isi- godo con un es a o in e medio, muy denso, de ú iles de hie o pa a abajos de ca pin e ía y de campo, b onces, e c., de es e momen o del siglo IV a anzado, den o de las mismas ipologías de nues as nec ópolis. Idén ica posición es a égica pod íamos pos ula pa a es con- jun os a lo la go de la ía omana de Cauca a Sep imanca. Nos e e i- mos a las nec ópolis de Roda de E esma, Sego ia; San Miguel del A oyo, Valladolid, jun o al camino omano y la p opia nec ópolis de Simancas en el mismo Due o-Pisue ga. Po su pa e, Las Me - chanas, en Salamanca, de ienden, jun o al ío, iejas explo aciones mine as como elemen o esidual de la ica economía impe ial del no oes e peninsula . En nues o abajo de demog a ía y ca og a ía hispánicas de los siglos IV al VIII p ocu amos alo a es os hallazgos. El ca ác e de los ajua es de las nec ópolis es muy impo an e. Apa ecen las a mas, pe o con p edominio del a ma co a, pa icula - men e el cuchillo puñal que hemos dado en llama ipo Simancas y que se dis ibuye desde Aldea de San Es eban has a Las Me cha- nas, con ejempla es muy bellos en Simancas y San Miguel del A oyo. Jun o a es e puñal, cuya ipología hispánica hemos de endido en o a pa e, hay pun as de lanzas o ega ones de jabalina y hachas, la ancisca (?) ge mánica, siendo el único elemen o gue e o, si excep uamos los b oches de cin u ón, ípicos del u illaje mili a . Es os b oches -que hemos es udiado y publicado muy ecien emen- e- cons i uyen uno de los ósiles más impo an es pa a es ablece la iliación de es as gen es. De es uc u a e iden emen e omana, ienen cie as ca ac e ís icas que les asemejan a u illajes pa ecidos a las piezas de nec ópolis omano ge manizadas mili a es desde la Panonnia y el Illy icum, en una á ea que sigue las líneas Danubio- Rin, has a o os conjun os, ambién mili a es de es e momen o - i- nales del siglo IV y p incipios del - en las gua niciones del Limes -20- a icano, Tamuda p incipalmen e. Además, su ca ác e es muchas eces di ícil de de ini an e la duda de si se a a de piezas es ic a- men e omanas o imi aciones de b onces omanos hechas, ya, po o eu as ge mánicos, lae as, po ejemplo, ag upados en es os ejé ci os del Bajo Impe io. Lo mismo pod íamos suge i pa a o o ipo de hallazgos, como los ace es y ollas de b once -que es amos es u- diando-- con algún depósi o an impo an e como el de Ven osilla de la Vega, en la p o incia de Palencia, quizá piezas omanas de impo ación, idén icas a las halladas en el limes cen oeu opeo. Y de allá p oceden, ambién, alguno de los más bellos id ios de Roda de E esma y de Ho nillos del Camino, con oda segu idad de áb icas de Colonia, en el Rin. Una obse ación debemos hace en cuan o al ca ác e seden- a io de es as gen es, y es la al a o al de u illaje de caballe ía. Unicamen e conocemos un eno comple o, muy des uído, en la nec ópolis de San Miguel del A oyo. Aho a bien, los hallazgos de a neses, y pa icula men e bocados de silla, no de doma, en los es os de las illae de los g andes domini del Bajo Impe io en Cas illa es muy ecuen e, lo mismo que el gus o po los caballos, co ien e en la época pa a odo el Impe io y que lle a a las ep esen aciones de caballos en los mejo es mosaicos del momen o, como apa ecen en la illa omana de Dueñas, Palencia, de iempos a docons an inianos, o en la illa ambién a día de Aguila uen e, en Sego ia, o en To e de Palma, en Po ugal, pa a ci a sólo algunos ejemplos de nues a á ea geog á ica. Pe o el p oblema de la exis encia de una abundan e caballe ía en los ejé ci os de es e momen o no es á cla o, pues no hay más da os que los hallazgos de bocados y enos de b once en una á ea no mal del mundo la i undis a, sin que podamos a i ma el ca ác e es ic amen e mili a de es os obje os. Pe o muchas eces coinciden con la apa ición de las llamadas phale ae, condeco acio- nes mili a es que hallamos un poco en oda el á ea ci ada. Es e i- den e, pues, que la o alidad del país es á mili a izado, an o si se a a de opas o iciales es a ales como si son los amosos ejé ci os p i ados de los po en io es. Es in e esan e compa a el u illaje mili- a de los omanos del Bajo Impe io con el de la caballe ía isigoda. -21- Mien as los p ime os ienden a p opo ciona una g an agilidad de mo imien os, con enos lige os, los bocados que conocemos del mundo isigodo, muy bellamen e deco ados algunos, con damasqui- nados, cons i uyen un eno du ísimo, como si se a ase de enos de doma, que con ienen la ene gía no mal del caballo. Es as di e en- cias nos sugie en in inidad de e lexiones en elación a un muy ecien e abajo de Sánchez Albo noz, dedicado al ejé ci o godo, en el que habla de la desapa ición de la caballe ía goda, que la A queo- logía nos p esen a muy pesada, emenda des en aja en e a la agilidad de la á abe he ede a, en es e sen ido, de las écnicas omanas del Bajo Impe io. Pe o no podemos segui con es e ema. EL FENÓMENO HISTÓRICO A TRAVÉS DE LAS FUENTES LITERARIAS. A) EL MUNDO ROMANO.-Es e iden e que es e es ado de cosas, la p esencia de opas y sus cons an es mo imien os debió a ec a el no mal desa ollo de las poblaciones omanas en es a pa e No e de Hispania, pe o las uen es que hacen e e encia a los ejé ci os, po lo que hemos is o, son escasas y muy poco explíci as. Nos gus a ía conoce qué hicie on en es a egión los dieciséis cue pos de cami a- enses dis ibuidos, como dije, en cinco legiones y once auxilia pala ina. ¿Qué in luencia pudie on ene en el desa ollo no mal del mundo omano hispánico? ¿Pe manecie on siemp e en nues a á ea geog á ica? Ya e emos el juego que pudie on da en las luchas en e los di e en es p e endien es a la pú pu a y la pa e de culpa que les a ibuyen his o iado es del ipo de Oso io, en elación a la en ada de los ge manos en Hispania en el año 409. Si es di ícil segui les a a és de los ex os esc i os, no lo es menos in en a pa aleliza su p esencia en la Hispania de los siglos IV y con los es os a queológicos de es e momen o. Los da os li e a ios que pudie an ilus a nos sob e es a e apa, is o el aspec o es ic amen e mili a , son escasísimos y, geog á ica- men e, del odo inconc e os, excep o a ísimas excepciones. En ealidad, es a la ga e apa inal omana debe a anca de las -22- incu siones ancoalamanas de iempo de Galieno, a consecuencia de la ana quía mili a del Impe io. Poco se ía lo que de ellas sab ía- mos sólo a a és de los ex os de Au elio Víc o , Eu opio, O osio y Naza io si la A queología no hubie a ayudado median e el análisis de los depósi os mone ales, de la ac i idad edílica mili a de cie as ciudades y del es udio po meno izado de las illas. Pe o, a pesa de odo, podemos deci que islumb amos el enómeno, conocemos bas an e bien sus á eas geog á icas pe o su alcance y -sob e odo- sus consecuencias, muchas eces se nos escapan. A pa i de es e momen o, Hispania i e de lleno den o de las e emé ides no males del Impe io. Pa icipa de las luchas que debe án lle a a Cons an ino al pode uni icando, de nue o, la polí ica de Roma. Las no icias que de ello enemos son de una al aguedad, que se hace del odo imposible conc e a en elación a la ida dia ia, no mal y cla a de nues a His o ia in e na. Así, a a és de la ci cula- ción mone a ia se ha in en ado documen a el dominio de Pós umo, coe áneo y an iempe ado (en exp esión de G osse), de Galieno. Monedas e insc ipciones documen an el gobie no de Claudio II (268-270) ambién en Hispania. Según Zósimo, Ma co Annio Flo- iano, he mano del empe ado Táci o, os en ó la dignidad impe ial, po algún iempo, en el Occiden e, en e los galos y los ibe os. Du an- e el einado de P obo (276-282) se suble an hacia el 281 en las Galia, B e aña e Hispania, P óculo y Bonoso. En la lucha de Cons- an ino pa a hace se con el pode , posiblemen e Majencio pudo man- ene su au o idad en Hispania has a 31 O, a juzga po los da os numismá icos. Desde es e momen o has a la echa de la úl ima edac- ción de la No i ia Digni a um, y la ca a de Hono io a los Hono iaci de Pompaelo, es deci , has a p incipios del siglo , no hay no icias especí icas sob e Hispania. Sabemos que Cons an e II, hijo de Cons an ino, en en ado con el gene al ele ado a la pú pu a en las Galias, Magnus Magnencio, mue e en Elna cuando se di igía a His- pania. Incluso se ha supues o que a es e empe ado debe co espon- de el mausoleo de Cen celles, Ta agona, po una ca a en la que A anasio ep ocha a su he mano, Cons ando -el cual, una ez enci- do Magnencio le an ó una umba a Cons an e II- el hecho de habe -2.3- dado al a menio A saces, como esposa, a la iuda de Cons an e, Olimpia. Pe o el da o ca ece de in e és his ó ico aho a pa a noso os. No ol emos a posee e emé ides esc i as que puedan ilus a nos sob e el es ado social de nues a Hispania del no e, has a los hechos del p iscilianismo cuando el Occiden e, las Galias e Hispania es án dominadas po el usu pado Magno Máximo (383-388) que des- poseyó al jo en Valen ianiano II de su eino. La mue e de P is- ciliano en el año 385 pudo desencadena una pe secución de los p iscilianis as, que pa ece se e i ó San Ma ín de Tou s. En cie a mane a, po an o, enemos odo un siglo anquilo, que pudo pe mi i una ecupe ación de la ida y de la economía his- panas, lo cual se nos hace pa en e en cuan os abajos de exca ación amos ealizando a lo la go de oda nues a zona, ecupe ación que lle ó a un ni el al o de ida y de cul u a que no c eemos ue a modi icado du an e el siglo , a pesa de las incu siones bá ba as y de las luchas dinás icas y del espe o y miedo a los cán ab os y as u es, como puede hace nos conje u a la p esencia de ejé ci os que hemos is o an es. Magno Máximo ue ácilmen e encido po Teodosio en 394 en el no e de I alia. La e a eodosiana, quizá po el mismo hecho de se hispano el empe ado y de posee ex ensas posesiones en la Penín- sula (según es imonios del Panegí ico de Paca us -IX- y de Theo- do e o, His . Eccl. V, 5, 1 ), debió se p óspe a y el empe ado u o empeño en que la p o incia se de endie a, eniendo al en e de la misma a sus mismos amilia es, cua o de los cuales conocemos -Didimo, Ve eniano, Teodosiolo y Ladoglio-. Los dos p ime os de enso es, en iempos de Hono io, del paso po el Pi ineo de las opas de Cons an e, hijo del usu pado Cons an ino III que, ele- ado a la pú pu a po las legiones de B i ania, y siguiendo el mismo camino que o o hispano ya ci ado, Magno Máximo, que ía apode- a se de Hispania. En la segunda in en ona, Cons an e los ence y, endidos, -según las uen es g iegas, pa icula men e Zosomenos (V, 2}---los ejecu a. En es e momen o enemos la no icia, a a és de es as uen es y de O osio, del saqueo de los campos palen inos e ec uada po los ho- -24- no iaci, al mando de Cons an e; es a de as ación -es amos en o oño del año 409- es esg imida po O osio pa a acusa a Cons- an ino III y a Cons an e de se los culpables de la p ime a incu sión de los bá ba os en España. Muy p obablemen e, de odas o mas, el gene al Ge oncio, desde el alle del Eb o, de endía la Ta aconense de las incu siones de los ándalos. Todas las e emé ides pos e io es, complejas, de luchas de la co e de A les con a Ge oncio y el usu - pado nomb ado po él, el úl imo y e íme o «empe ado » hispano, Máximo, se desa ollan en el mediodía de F ancia y en la pa e o ien- al de la Ta aconense, sin implica pa a nada nues a á ea geog á ica, a no se un hecho del mayo in e és. Me e ie o a las no icias de un asen amien o de ge manos en la Península, y su « epa o» de e enos y á eas de in luencia, como adicionalmen e se ci a pa a oda Hispania, excep o la Ta aconense, en el año 411 en los ex os de Hidacio, Ch on. XLIX; Isido o. His . Wand, 296; O osio VII, 40, 9; o en 412 (Ch on. Gall. ad. an. DXI, 557). Pe o el ca ác e de es os epa os es muy dis in o a lo pac ado más adelan e -pocos años después, en 418- en e Valía y Cons ancia, que es ableció el sis ema de so es gó icas y e ias omanas. Cou ois ha hablado de es e hecho, poco ascenden e pa a Hispania, po el ápido paso de los ándalos al A ica omana, y -pa a noso os- menos oda ía, ya que el asen amien o de es os pueblos debe ía e i ica se en las ,p o incias del su , quedando la Ta aconense lib e de ge manos. Po o a pa e, el es ablecimien o del pueblo sue o u o como cen o la ciudad de B aga. Con inuando es a ápida desc ipción de acon ecimien os en la úl ima e apa de nues a Hispania o icialmen e omana, debemos llega , decididamen e, al momen o de los dis u bios y de la ines a- bilidad social causada po las e uel as de los bagaudas, pa icula - men e en la segunda mi ad de es e siglo . El enómeno ha sido po demás es udiado y no p e endemos, aho a, añadi nada nue o aquí. Su oco más impo an e debió se el alle medio y al o del Eb o, si bien en 456 Hidacio ci a su mo imien o has a B aga. La insu ección debió ene ca ac e es g a es pa a los g andes la i undis as omanos de oda es a egión, cuando el empe ado Valen iniano III en ió -25- a su gene al As u io, en 411, a la Ta aconense pa a lucha con a ellos ( As u ius dux u iusque mili iae ad Hispanias missus T a aci- nesium caedi mul i udinem Bacauda um} Hyda . 125). Es muy in e esan e que en la illa que es udiamos en Ped osa de la Vega y que es amos ci ando con inuamen e ya, apa ezca un eno de caballo que lle a el nomb e del p opie a io del mismo y que coincide exac a- men e con As u ius. La posición geog á ica de es a illa, y la calidad ex ao dina ia de sus mosaicos y demás elemen os a queológicos e iden emen e muy a díos, an a se documen o his ó ico de p ime o den en cuan o a señala la ascendencia de es a e olución bagau- da en elación a la pe i encia o desapa ición de es as g andes p o- piedades omanas. Pe o hablamos de ello más adelan e. No es p eciso en a en más de alles sob e es e enómeno, aun- que señalemos o as no icias conocidas, como la sus i ución de As u- ius po su p opio ye no, el gene al Me obaudes que de o a a los e ol osos en A acelli, ce ca de Pamplona ( 443 ); la nue a eag upa- ción de los bagaudas bajo el mando de Basilio, y sus co e ías po el alle del Eb o, en 449; la llamada al isigodo Teodo ico pa a que, ede ado de Roma, luche en Hispania con a los bagaudas, en 454, y la p esencia del mismo mo imien o en á eas an alejadas de las o iginales del Eb o, B aga, en 456, odo a a és de los ex os de Hidacio. Vigil y Ba be o han es udiado es a insu ección con bas an e de alle. A noso os nos in e esa ía conoce con más p ecisión el á ea geog á ica de sus co e ías, pe o enemos la sospecha que el deso den no se in odujo en la egión ac ual del occiden e de Bu gos, Palencia- Valladolid, León y que quedó ma ginado al Es e en una zona pos e- io men e ocupada po los asen amien os isigodos. El hecho -de con i ma se- end ía g an in e és en elación a la posibilidad de da c onologías más a días a los hallazgos úl imos omanos de es a zona, como muchas eces aconseja el «es ilo» y los obje os, pe o que nos cues a abajo a e e nos a ello an e la neg a li e a u a que los ex os hispanos dedican a es a e olución. Po ello dije, an es, que hay que se p uden es al segui con excesi a idelidad a his o iado es del ipo de Hidacio. Según los ex os, la omanidad debe ía pe icli a , de ini i a- -26- cul i ado en el más ígido y ex enso sis ema la i undis a donde, po su misma escasez de población y ex ensión, es más ácil aplica las di isiones de so es y e ias de los pac os. Es e iden e que la c eación del eino isigodo no ue ob a de es as gen es y que hay isigodos en odos los campos de la adminis- ación y del ejé ci o en el ámbi o o al de Hispania, en pa icula en los núcleos no u ales. Un mapa de hallazgos suel os de ú iles ípica- men e isigodos que hemos azado en o a pa e, es muy denso pa a el siglo VII y en odo el e i o io peninsula . ¿Qué in luencia ha podido ene es a población, aho a asen ada, sob e la exis en e? ¿Ha sido posible la con i encia, después de los epa os, en e los isigodos y los iejos possesso es hispano oma- nos de los la i undia? En o a pa e he plan eado el p oblema en o ma o al pa a una ec a in eligencia de la ealidad demog á ica del eino hispánico de los godos, den o de mi pos u a cla amen e omanis a del enómeno. No me in e esa aho a aquí ol e sob e ello, pe o sí pensa en que las ci as que se han ci ado en elación a la demog a ía omana y isigoda de es e momen o, son del odo imp ecisas. F en e a una población omana -pa a oda Hispania- calculada en e los seis y nue e millones de almas en el momen o de los asen amien os, las ci as de población isigoda han a iado mucho. Desde los 300.000 godos esg imidos po Pé ez Pujol, a los 200.000 que de ienden Menéndez y Pidal y Valdea ellano, jun o con 100.000 sue os, has a las educidas de Reinha , de 80 ó 90.000 como máximo, la ambigüedad es o al, como lo es pensa , a pesa de los ex os de Víc o de Vi a aducidos po Cou ois, en la ci a de 80.000 almas pa a el pueblo ándalo que pasó a A ica en el año 429. La e dad es que las nec ópolis au én icamen e isigodas, del mo- men o de los asen amien os, son escasísimas. Apenas es posible ci a ajua es de inales del siglo , siendo odos o la mayo ía de ellos del VI y -de nue o- escasean en el siglo VII y VIII, cuando se ha ealizado de mane a o al la usión demog á ica exis en e desde siemp e, pe o de ini i amen e p opugnada en iempos de Leo igildo, como e emos. Con ales es os es del odo imposible llega a ci as an ele adas como las ci adas, pe o ampoco podemos nega la a- -33- gilidad del da o a queológico, ya que las nec ópolis exca adas es posible sean sólo una pa e de las exis encia o des uídas. De las condiciones de ida de es os isigodos y de sus elacio- nes con los omanos sob e cuyas posesiones se asen a on, dependen, en de ini i a la ans o mación u al del mundo omano en isigodo. La con i encia debió se po lo gene al co ec a ya que, como obse - a To es, la ag icul u a no decayó du an e el eino isigodo, sino más bien al con a io ecibió un pode oso impulso, como puede p esumi se a a és de los ex os del Libe . Todo ello hab ía sido esul ado de la o ma del asen amien o, pa a cuyo es udio sólo disponemos de las uen es ju ídicas, ampliamen e discu idas po nues os his o iado es del de echo, en e los úl imos, To es y Ga cía Gallo, sob e odo. Pe o no p e endemos e cia en el ema, que a amos con más ex ensión en o a pa e. En ealidad, el hecho de la con i encia lle ó a la usión. Los obs áculos eligiosos y ju ídicos ue on poco a poco supe ados. La adopción de usos y cos umb es omanas po los godos, como pode- mos e a a és de ex os de P ocopio y Sidonio Apolina io, po ejemplo, lo demues an. A la ingen e bibliog a ía que sob e ello hay, des aquemos la que le dedica Ga cía Gallo, las apo aciones de análisis de ex os de Al a o d'O s o los agudos ensayos de Ca o Ba aja. Es e se ía, bajo el p isma de la his o iog a ía del pueblo isi- godo, el p oceso de ans o mación de las poblaciones hispano oma- nas y godas en hispano isigodas, es deci , lo que pod íamos llama la des omanización de Cas illa. ¿La ealidad a queológica puede conc e a más es os da os ju ídico li e a ios? Aunque Roma haya dejado de exis i , ¿has a cuándo y con qué ue za pe sis e la oma- nidad? -34- III LA ARQUEOLOGIA ROMANA DE CASTILLA DESDE EL BAJO IMPERIO AL SIGLO VI Las condiciones de ida que podemos islumb a a a és de los ex os li e a ios y ju ídicos nos pod ían hace pensa en la pe sis encia de las o mas de ida omanas, especialmen e en el ámbi o u al, cul o, de los g andes la i undis as del Bajo Impe io, in- cluso después de los asen amien os de inales del siglo y del siglo VI. Has a qué pun o el análisis de las es uc u as a queológicas au o iza es a hipó esis es a ea que me in e esa de o ma decisi a y c eo iene un g an u u o, ico de esul ados nue os y so p enden es pa a la his o iog a ía de es os dos c í icos siglos y VI. Den o del mejo conocimien o que enemos, aho a, del úl imo inal del mundo oma- no, en pa icula en O ien e y en el A ica cen o-occiden al, desde un pun o de is a a queológico, el análisis de las o mas hispánicas puede se a ea g a a y ag adecida. l. La in es igación a queológica demues a con cla idad la decadencia u bana de nues a Hispania después de las incu siones de los ancoalamanos y el desa ollo del campo como con apeso a es e enómeno social. Con ibuye a ello la insegu idad en las ciudades a acadas y des uidas en pa e impo an e po los ancoala- manos que acabamos de ci a ; la imposibilidad de de ende las po la escasez de opas que, además, ienen o os p oblemas que a ende , como hemos apun ado. Las di icul ades que p esen an los impues os obligan a los possesso es a e i a se a sus incas ús icas donde su pode es cada ez mayo , al euni se a ellos abundan es colonos y man ene ejé ci os p i ados, cons ui una au onomía económica -35- pa a sub eni a sus p opias necesidades con su misma p oducción, den o de una ó mula de economía de base u al ce ada a que obliga la ines abilidad de las comunicaciones. La posibilidad de es a ans o mación del campo iene dada po la calidad de es os mismos possesso es, muchos de ellos de amilia impe ial- el caso de los Teodosio en nues a egión que hemos ci ado--, hecho ambién que explica á el ca ác e cul o, casi áulico, que ienen sus esidencias y el pode económico y social que desde ellas se di unde. Pocas son las ciudades, en es e enómeno de u alización de Hispania, que an a man ene , en nues a zona, el ono de ida que u ie on en pleno Impe io. Na u almen e, la decadencia no ue an acen uada en las capi ales de las p o incias ni en las icas y más segu as ciudades del Le an e de la Ta aconense, de la Bé ica y de la Lusi ania. En las ca as c uzadas en e Ausonio y San Paulino de N ola, Caesa augus a, T a aco y Ba cino, po ejemplo, se ci an como cen os que no habían su ido cambios de su es ado an e io . No así las pequeñas poblaciones del alle del Eb o, Bilbilis, Calagu is e !le da (Aus. Ep. XXIX, 50-52, 56-61; Aus. Ep. XXXI, Paulini Ep. X) desie as y en uinas, según es os ex os. P escindiendo del ono e ó ico de la no icia, la ealidad es que después de las incu - siones ancoalamanas algunas de las ciudades· cla e en la dis ibu- ción u bana y mili a de Hispania ue on ápidamen e o i icadas y algunas de ellas, g acias a es as nue as de ensas, pudie on con e - i se en la Edad Media en au én icos cen os polí ico-mili a es del enace c is iano. Dos ejemplos cla os los enemos en Ba celona y León. De O ien e a Occiden e conocemos a queológicamen e las de ensas del siglo de Ge unda, Ba cino, !le da, Caesa augus a, Pompaelo, Can ab ia (Log oño ), I uña, quizá Veleia omana; As u- ica Augus a,. Leo,. Lucus, y, en Lusi ania, Co ia y Cáce es. La ed de o i icación que ello signi icaba demues a, ambién, un cie o abandono de los o os cen os u banos conocidos. Po cuan o a ec a a Cas illa la Vieja, debemos ene en cuen a, de odas mane as, ql}e no ue on muy impo an es las ag upaciones u banas, y no sabemos has a qué pun o pueden llama se «ciudades», en el sen ido social clásico, los luga es ci ados po P olomeo o po -36- los I ine a ios, en pa icula el an oniniano. De los ein isie e cen- os que apa ecen en es os ex os, muy pocos ienen una au én ica en idad ciudadana en el Bajo Impe io, lo que demues a -jun o a la o al ausencia de es os a queológicos- la p eca iedad del con e- nido eal que los luga es aducidos po los esc i o es clásicos debie- on ene en la ealidad. P olomeo ci a, en ie a de acceos -nues- a zona- las ciudades de Ba giacis, In e ca ia, Vimina ium, Po a Augus a, An aca, Lacob iga, A ia, Sepon ia Pa amica, Gella, A bo- cella, Rauda, Segisama Julia, Pallan ia, Eldana, Congium, Cauca, Oc odo um, Pin ia, Sen ice, Sa ab is. Y el I ine a io de An onino añade, Sep imanca, Ni a ia, Vico Aqua io, Amallob iga y Acon ia. ¿Qué es os enemos en la A queología de es os luga es? Quizá, excep o Cauca y Pallan ia, las demás no sean o a cosa que pun os ijos de la ía como e e encia de i ine a io, con población indígena poco nume osa siemp e, como es la ca ac e ís ica del habi a cel i- bé ico del momen o de la omanización. Es muy ex año, de no habe sido así, la ex ao dina ia escasez y, en muchos casos, la ausencia o al de es os a queológicos en los di e sos luga es donde es as ciudades se han si uado. En ealidad, el es udio u bano de es a e apa de nues a oma- nización, hay que hace lo casi exclusi amen e con los abajos de Pallan ia y, más al Le an e, de Clunia y de Uxama. Clunia, con mag- ní icas posibilidades a queológicas, y Pallan ia y Uxama, además, con ci as abundan es y e idencias his ó icas con i madas po la A queo- logía, como e emos. Pa a Pallan ia, el hecho de habe sido escena io po dos eces de dep edaciones nos asegu an su impo ancia y i- queza que con i man o as no icias, como la exis encia de un epis- copado paleoc is iano a es iguado po p ime a ez en el año 433, sin que ello signi ique que no haya exis ido con an e io idad. Uxama iene su icien e ue za pa a he eda la capi alidad espi i ual de la cabeza del con en o ju ídico, Clunia. Conocemos sus obispos desde 59'7. En el lími e occiden al de nues a egión, León y As o ga man ienen su ango u bano y se c is ianizan muy ápidamen e, como podemos a es igua po uen es li e a ias ya en iempos de San Ci- p iano, a a és de su amosa ca a a las comunidades de las ciudades -37- en elación a la apos asía de los obispos Basílides de As o ga-León y Ma cial de Mé ida du an e la pe secución de Dedo. La A queolo- gía iene a con i ma el da o pe mi iéndonos, además, da una cie a con inuidad a es as comunidades has a muy a anzado el si- glo VI. Así, en Ma ialba, muy ce ca de León, exis e un emplo paleo- c is iano o igina iamen e del siglo IV con pe manencia de cul o, que obliga a la cons ucción de un bap is e io en el siglo VI. Y es de muy a p incipios de es e siglo IV, de época p o ocons an iniana, el bello sa có ago de má mol p oceden e de un alle de Roma apa ecido en San Jus o de la Vega. La ida u bana y su e olución, en es os iempos a díos, es di ícil de conoce y es á cla a su decadencia en e al auge del mundo u al. Nues as exca aciones en Pallan ia, jun o a la plaza de la ca ed al ac ual, p opo ciona on una ica es a ig a ía que a desde la Pallan ia accea de iempos de Se o io, con ni eles augus eos supe - pues os, has a los es a os del siglo x . En e ellos hay un úl imo momen o omano, e iden emen e ico y el más cla amen e u bani- zado de la ciudad, que en la b e edad de las zonas emo idas p o- po cionó un agmen o de mosaico, en una mansión jun o a la ía no e-su de la población, segu amen e un ca do mina , de la ciudad. A pesa de ello desconocemos la au én ica en idad u bana de Pallan ia, posiblemen e mucho más impo an e en los dos siglos de cambio de la E a. Clunia nos ilus a mejo . Exca aciones me ódicas pe mi en segui la e olución de la ciudad y sus incidencias. La A queología demues a que a inales del siglo III Clunia su ió una au én ica de as ación que cambió o almen e su aspec o u bano. El daño que su ió Clunia ue g ande, pe o no puede iden i ica se como una des- ucción y desapa ición de la ciudad como al. La me ma de su im- po ancia empieza p ecisamen e en es e momen o, pe o iene ue za su icien e pa a enace , incluso con cie a b illan ez, nunca pa eja, de odas mane as, a la p ospe idad de los dis in os undí u ales que la odean. El eso o hallado po Ta acena en la casa núme o 1, con 34 de- na ios, nos da la echa del año 285 pa a la ocul ación, que hemos -38- in e p e ado siemp e coinciden e con la dep edación u bana. En el lo e hay ejempla es de Galieno, Au elio, Flo iano, P obo, Ca o, Nume iano, Ca ino y Magna U bica. Es p obable, pues, que es a des ucción u ie a luga en iempos de Ca ino poco después del 285; po an o, no co esponde a ninguna de las dos incu siones documen adas de ancoalamanos, la del 260-262 de iempos de Galieno, y la de inales de 275 de iempo de Au eliano. Diez años después de es a úl ima incu sión, bandas de esiduos ge mánicos y de saqueado es pueden daña muy p o undamen e una ciudad que, en iempos de Galba, e a la más ue e de la Ta aconense. Pe o, incluso el p opio cen o u bano, se ehace p on a y ica- men e. La misma casa donde Ta acena halló es e eso o, modi icó sus es uc u as en iempos a docons an inianos, cons uyendo nue- os mosaicos que hemos podido echa pe ec amen e en el segundo e cio del siglo IV. También el o o ha sido e o zado y se ha cam- biado el pa imen o; y, a lo la go de oda la se ie de abe nae que amos aho a exca ando, es e iden e el es a o, denso y ico, pos e io a las incu siones. Tampoco se ha in e umpido la ci culación mone a ia, como emos al es udia las se ies halladas en la exca ación que inin e um- pidamen e llegan a las úl imas acuñaciones de A cadio y de Hono io. Hay una g an iqueza de ce ámica de la amilia de la TSH, del Bajo Impe io, con abundan es moldes, ya, que p esuponen icos al a es. Aunque po el momen o - enemos los ma e iales en es u- dio- poco podamos conje u a sob e la dis ibución, más allá del á ea p opia de la ciudad, de odos es os p oduc os siguiendo los me cados, po ejemplo, de la ce ámica indígena de los al a e os cel i- bé icos -el de los pája os y lieb es, en e o os- cuya di usión comp endió odo el con en o ju ídico, llegando a luga es an apa - ados como la ciudad g eco- omana de Empo ion, en Ge ona. No podemos ex ende nos sob e es e ema, an g a o pa a noso- os, pe o sí hace algunas e lexiones apoyándonos, siemp e, en los hallazgos a queológicos. En p ime luga , son muy escasos los ma- e iales ípicamen e de época isigoda y, cuando apa ecen, los halla- mos ue a del ecin o u bano, en una nec ópolis educida, alejada -39- muy pocos kilóme os, pe o isible desde el ce o de Clunia. Me e ie o a los hallazgos de Hinoja del Rey, al sudes e del cas o. Se a a, ya, de ma e iales den o de los ipos del siglo VII, a díos. Po el con a io, no hay b oches ni íbulas ípicas del siglo VI, y es más ecuen e el ma e ial del siglo IV y , en pa icula ce ámicas y b oches. Una segunda e lexión c eo que debe hace se al señala las echas casi siemp e cons an inianas, o den o del siglo IV, pa a las ce ámicas hispánicas a días. Casi se ha con e ido en una u ina de los exca ado es echa en el siglo IV es as especies y los pocos es os de ce ámicas es ampadas paleoc is ianas. Desde luego es co ec a la c onología pa a sus ipos o igina ios. Pe o si e lexiona- mos que hay que coloca los hallazgos de las nec ópolis de los oede a i, de nues a línea de ensi a del Due o, en la segunda mi ad del siglo IV y p ime a del siglo , apoyándonos en las echas que p opo ciona el conocimien o de los b oches mili a es en las nec ó- polis de Ge manía y Galias, y eco damos que en es os ajua es es no mal y co ien e la apa ición de piezas excelen es de las ce ámicas que es udiamos, hay que lle a es os p oduc os a iempos más mode nos, y hay que llena con ellos odo un siglo de A queología a do omana en Hispania. Es e dad que no podemos apoya es a hipó esis con la p esencia de hallazgos mone a ios, cuyas acuñaciones dejan de exis i en el úl imo cua o del siglo . Sólo un conocimien o más p eciso de es as especies ce ámicas y de su c onología, nos pe - mi i á echa con p ecisión las icas illae de es e momen o y a en- u a echas mode nas de acue do con los es ilos del bello a e de sus mosaicos. Clunia, como ag upación u bana, iene un enace impo an e du an e el siglo IV y pe i e en el . No sabemos que exis ie an comunidades isigodas del siglo VI, mien as que hay obje os del siglo VII -una ho nacina en ene a, pa a la o namen ación de un emplo de ipo eme i ense- cuando la ciudad es pa a noso os una incógni a. Clunia, lo mismo que el es o de la omanidad, se ha es umado. Los incendios que hallamos, po ejemplo, en el g upo de abe nae del ángulo NE del o o, y que calcina on elemen os a - qui ec ónicos, son, has a aho a pa a noso os in echables; y an o -40- pueden a ibui se a los á abes en sus azzias bajo el mando de T a i , en su camino hacia Amaya, como a ci cuns ancias pos e io es des- pués de su abandono. El pano ama que nos p esen a la exca ación de es a g an ciudad de 130 hec á eas, ue e, po en e en sus es uc u as u banas en los siglos y n, nos pone an e los ojos una cie a p ospe idad que nunca es compa able a la iqueza, ex ensión y ue za económica de las mansiones de los la i undia. 2. El es udio de los undí o illae del Bajo Impe io, en His- pania equie e, ya, un abajo me odizado y p o undo o al. El enó- meno de su auge en es os siglos, como ya hemos apun ado, es pa en e pa a amplias zonas del Impe io, como las Galias, I alia, A ica. Cada día se nos hace más e iden e su impo ancia en Hispa- nía, y pa icula men e en nues a Tie a de Campos, con g andes incas dedicadas al cul i o de g amíneas, mien as las de la Bé ica explo an la p oducción de acei e y muchas eces la c ía caballa , como en A ica. La li e a u a que poseemos concue da pe ec amen e sob e la calidad de los pe sonajes, an o en su ca ego ía social como in elec- ual. Los ejemplos les ienen dados po los mismos empe ado es que poseen sus o i, sus incas de ec eo, del ipo de la de Piazza A me- ina que, si no ue de un empe ado , Maximiano He cúleo, po su iqueza y calidad es digna de un g an digna a io co esano. El es udio comple o de es as illas y de su ambien e económico y cul u al es á po hace . La A queología a dándonos a conoce uno as o o so p enden es es ablecimien os lujosos, icos; y, en su o namen ación, p o undamen e in elec ualizados y cul os. El mismo ambien e e lejan los da os li e a ios, an ci ados siemp e, y que po- demos a es igua en la ob a de Sidonio Apolina io, po ejemplo, Los da os que a a és de sus ex os enemos, además de p opo - ciona nos las mejo es desc ipciones de las illas de la mi ad del siglo (Sidonio se echa en e 430 y 486) e elan que, a pesa de la ocupación isigoda de la Aqui ania, en la zona de Na bona a Bu deos exis e lo que Layen ha llamado « oda una Academia» de gen es de -41- le as, de una g an mundanidad y e inamien o. Sidonio Apolina io nos da, pues, da os sob e la Galia, ya isigoda. A a és del obispo de Pa ía, Ennodio, nacido en A ies, allecido en su diócesis en 521, au o de los amosos panegí icos a Teodo ico, enemos cons ancia de la ida de las illae i alianas del siglo VI. Muy ins uc i as son, en es e sen ido, sus ca mina o su epis ola io. También pa a Hispania sabemos que g andes pe sonajes, amosos en el campo de las le as o de la polí ica, poseen illae en sus undí. Ya hemos ci ado las posesiones de la amilia impe ial eodosiana. La misma ca ego ía debió ene el p opie a io de la illa de Cen celles, en Cons an í, Ta agona, que se ha pos ulado po Schlunk, pudo pe enece a la misma amilia de Cons an ino. Sabemos que Me opio Pondo Pau- lino, luego Paulino obispo de Nola y san o, cedió sus g andes p o- piedades en España después de su con e sión en 392/393 y am- bién que el g an poe a c is iano hispánico P udencio, de Calagu is, después de una in ensa ida polí ica como conseje o de Teodosio, se e ugia en su illa ( secessus in illam) a p incipios del siglo , e i ándose de la ida mundana, como pudie on hace o os au o es. Na u almen e el C is ianismo iene un excelen e medio de desa- ollo en es os cen os u ales cul os. He insis ido epe idamen e en o os es udios sob e el papel de los g andes la i undis as hispanos en la o mación del a e del iejo C is ianismo hispánico, papel que c eemos impo an e y decisi o del llamado «ciclo a ís ico de los la i undia omanos» que, e lejando las c eaciones de la co e, ue on pa a odo el Impe io los cen os donde, de mane a más ácil, pudo segui se cul i ando la c eación de o mas plás icas cul as. En el aspec o económico, desde los iejos abajos de Ros o - ze a Mazza ino, con base pa icula men e a queológica y no e- a icana, la e idencia del papel impo an e de las illae es á ue a de oda duda. Es á po hace , oda ía, el mapa comple o de es os yacimien os a queológicos en Hispania. Tampoco disponemos de exca aciones o ales y co ec as de los mismos, pe o la lis a que puede elabo- a se, es muy densa y ex endida po odo el ámbi o peninsula . En e las illas más ecuen emen e ci adas y conocidas, pa - -42- MANSILLA, D., O ígmes de la o ganización me opoli ana de la iglesia española. HS 12, 1959. MAzzARINO, E., Aspe i sociali del qua o s,ecolo. Roma 1951. No i ia Digni a um, ed. Bocking. Bon 1839-1853. PALOL, P. de, Las exca aciones de San Miguel del A oyo. Un conjun o de nec ó- polis a do omanas en el alle del Due o. BSAA 24, 1958. -, -, -, -, -, Clunia Sulpicia. Bu gos 1959. E apas de la omanización. Pamplona 1959, 1.• Symposium, e c. (Ed. 1960). Cuchillo hispano omano del siglo IV de ]. C. BSAA 30, 1964. Demog a ía y a queología hispánicas de los siglo IV al VIII. Ensayo de ca o- g a ía. BSAA 32, 1966. A queología c is iana de la España omana. Mad id-Valladolid 1967. PALOL, P. de,· CoRTES, J., Una nue a illa omana en Ped osa de la Vega (Pa- lencia). BSAA 33, 1967. PALOL, P. de, La nec ópolis de San Miguel del A oyo y los b oches hispano oma- nos del siglo IV. BSAA 34-35, 1969. PALOL, P. de· WATENBERG, F., Ca a A queológica de España: Valladolid (en p ensa). PITA MERCÉ, R., Mosaicos omanos a díos en las coma cas del Seg ~e y Cinca. BSAA 34-35, 1969. RAMOS LosCERTALES, ]. M.", P isciliano. Ges a e um. Salamanca 1952. REINHART, W., Sob e el asen amien o de los isigodos en la Península Ibé ica. AEA q. 18, 1945. -, His o ia gene al del eino hispánico de los sue os. Mad id 1952. RICHÉ, P., Éduca ion e cul u e dans l'occiden ba ba e. 6é-8é siecles. Pa ís 1962. RosTOVTZEFF, M., His o ia social y económica del Impe io Romano. Mad id 1962. 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