LA
LEYENDA
DE
ENEAS
Y
LOS
SANTUARIOS
DE
AFRODITA
Al
ocupa ,
po
aslado,
la
cá ed a
de
His o ia
del
A e
de
la
Uni
e sidad
de
Valladolid
y
un
pues o
en
su
Semina io
de
A e
y
A queolo
gía,
me
c eo
obligado
a
con ibui
a
la
a ea
an
me i o ia
de
és e
en
la
publicación
de
su
ac edi ado
Bole ín,
Y
he
pensado
que
de
los
es udios
que
desde
hace
muchos
años
enía
ealizando
sob e
las
Pe eg inacio
nes,
especialmen e
con
mis
alumnos
de
A e
y
A queología
de
las
Uni
e sidades
de
Ba celona
y
Salamanca,
y
en
los
que
he
conside ado
di e sos
aspec os
pa ciales
de
aquel
enómeno
his ó ico
y
aun
in en
ado
una
sis ema ización
y
una
me odología
ace ca
del
mismo
(1),
pudie a
desp ende
algunas
no as
adecuadas
y
en
las
que
se
mani-,
ies e
mi
p ocedimien o
gene al
es é ico
de
mu ua
explicación
de
lo
li e a io
con
lo
plás ico.
Si
la
eligión
de
una
sociedad
es
el
undamen o
de
su
cul u a
(2),
lo
se á
po
an o
de
su
a e.
Y
así,
en
un
cu so
especial
que
di
en
Sala
manca
du an e
el
de
1943-44,
a é
de
explica
con
especial
aplicación
a
los
alumnos
de
Filología
Clásica,
que
lo
e an
míos
de
A queología,
la
elación
de
los
San ua ios
de
A odi a
con
la
leyenda
de
Eneas.
Nada
iene
que
ex aña
la
elación
de
es e
ema
con
el
de
las
pe e
g inaciones
c is ianas,
de
las
que
ya
an es
de
aho a
he
consignado
que
si
adqui ie on
con
el
ca olicismo
una
po encialidad
uni e sal,
ie
nen
p eceden es
de
és a
en
el
mundo
pagano.
También
he
aludido
en
o os
de
mis
abajos
a
las
sus i uciones
de
los
cul os
paganos
po
los
c is ianos
en
muchos
luga es,
según
a es iguan
los
esc i o es
más
o
odoxos,
como
los
benedic inos
Cab ol
y
Lec e q
(3),
y
he
obse ado
(1)
La
Cul u a
de
las
Pe eg inaciones.
Su
his o ia,
su
geog a ía
y
mé odos
pa a
su
in es igación,
po
Angel
de
Ap alz.
Re is a
«Las
Ciencias»
y
i ada
apa e,
Ma
d id,
1942.
Se
ci an
en
al
abajo
algunos
que
an es
que
él
publiqué;
y
o os
y
los
pos e io es
en
mi
Discu so
inaugu al
de
la
Uni e sidad
de
Salamanca
del
p esen e
año,
en
el
que
de i o
de
las
pe eg inaciones
su
ema:
Salamanca,
camino
de
O ien
e.
Mad id,
Agui e,
1945.
(2)
Dawson:
Enqui ies,
Sheed,
1933.
(3)
Dic ionnai e
d'A chéologie
Ch é ienne
e
de
Li u gie,
publié
pa
le
Rme.
Dom.
Fe nand
Cab ol
e
Dom.
Hen i
Lec eq.
Le ou ey,
Pa ís,
oz
«Michel
(cui e
de
Sain »
y
passim.
56
ANGEL
DE
APRAIZ
espec o
de
G ecia
cómo
el
monas e io
an
enomb ado
de
Da ni
se
ele a
sob e
el
mismo
camino
que
eco ían
los
a enienses
pa a
asis i
a
los
mis e ios
de
Eléusis;
asun o
cuyas
cons an es
en
el
c is ianis
mo
hizo
e
Eugenio
D'O s
p ecisamen e
en
es e
Bole ín,
como
en
él
An onio
To a
examinó
la
con inuidad
y
sus i ución
de
los
emplos
y
cul os
paganos
en
los
c is ianos
de
A enas
(1).
Igualmen e
en
cuan o
a
los
san ua ios
de
Venus,
Schul en
ha
llegado
a
da
como
e iden e
que
San a
Ma ina
no
es
más
que
la
aducción
a
c is iano
de
la
Venus
Ma ina
—lo
cual
no
me
a e e ía
yo
a
a i ma
en
absolu o,
conside
ando
odo
el
cul o
de
dicha
San a,
a
eces
en
luga es
muy
alejados
del
ma
,
pe o
el
p opio
Schul en,
que
a aba
de
jus i ica
un
san ua
io
de
Venus
sob e
el
Cabo
Higue ,
se
appyaba
en
que
allí
pa ece
que
hubo
una
e mi a
de
San
Telmo,
pa ono
de
los
na egan es,
y
al
sus
i ución
sí
que
la
juzgo
e osímil
(2).
Pe o
no
amos
a
a a
aquí
de
ales
con inuidades
o
sus i uciones,
a
las
que
sólo
nos
e e imos
pa a
apoya
el
que
una
doc ina
a ís ica
pueda
conside a se
aplicable
a
odos
los' iempos.
La
doc ina
de
Bédie
(3)
de
que
las
leyendas
épicas
ancesas
de i en,
con
g an
pos e io idad
espec o
a
los
sucesos
a
que
se
e ie
en,
de
las
u as
de
pe eg inaciones
jalonadas
de
san ua ios
y
en
e
lación
con
unas
y
o os,
ué
obje o
de
exage aciones,
de
e oques
aun
|iel
p opio
Bédie ,
y
de
ec i icaciones
de
que
espe o
ene
ocasión
de
a a
en
o o
luga .
En
ellas,
Faw ie
(4)
si úa,
después
de
un
pe iodo
de
«complain-
es»
y
baladas
sob e
el
asun o
de
la
de o a
de
Ronces alles
la
o
mación
del
poema
de
Rolando
hacia
mediados
del
siglo
XI
ecogiendo
después
el
mo imien o
la
Iglesia
pa a
anima
a
la
nobleza
a
la
ineba.
con
los
in ieles
y
al
pueblo
a
acudi
a
los
san ua ios
de
pe eg inación
En
los
siglos
siguien es,
los
cle os
complican
las
canciones
de
ges a
dando
mayo -impo ancia
al
elemen o
eclesiás ico
más
bien
que
eli
gioso,
y
a
los
sen imien os
de
una
a is oc acia
aman e
de
a en u as*
coii
lo
que
los
cle os
—indica—,
laicos
o
eclesiás icos,
no
son
épicos
En
nues o
abajo
a amos
de
mos a
cómo'
es e
ema
de
la
li e a u a
clásica
su ge
p ecisamen e
en
elación
con
amosos
san ua
ios
y
luga es
de
pe eg inación,
con
lo
que
la
doc ina
de
Bédie
e
sul a
mejo
con i mada
que
en
el
ema
de
Rolando,
el
p incipal
de
los
(1)
Bole ín
del
Se nina io
de
Es udios
de
A e
y
A oueolnnín
Iq
TTníi í»,>eií j
^
de
Valladolid.
Cu so
de
1934-1935,
l.e
imes e.
< Los
mis S
his o ia
del
eón
de
eminidad»,
po
Eugepio
D'O s;
y
Cu so
de
igssSe
I
o
q
S
im^ e^
«La
composición
de
la
A en^
de
Pausanias»,
po
An on^
To a
Faw ie -.
La
Chanson
de
Roland.
E ude
his o ique.
Pa ís,
Bocca d
LA
LEYENDA
DB
ENEAS
Y
LOS
SANTUARIOS
DE
AFRODITA
57
po
él
es udiados.
Aho a
bien,
en
ei
modo
de
a a se
ales
emas,
o
sea
en
ia
e olución
a ís ica
que
expe imen an,
nos
sen imos
muy
ce canos
ai
pensamien o
de
Faw ie
y
c eemos
e
cómo
en
nues o
ema
pagano
se
pasa
de
lo
lí ico-épico
y
lo
pseudo-his ó ico
a
lo
no e
lesco
o
omán ico
y
aun
a
lo
humo ís ico,
isible
ambién
en
ep e
sen aciones
plás icas,
ma cando
asi
una
cons an e
p o undamen e
humana,
en
la
his o ia
de
la
p oducción
es é ica.
LA
FORMACION
DE
LA
LEYERA
DE
ENEAS
De
la
elación
de
los
iajes
de
Eneas
con
los
emplos
de
A odi a,
que
an o
pudie a
se i
pa a
apoya
su
eo ía,
encuen o
en
el
lib o
de'
Bédie
una
sola
e e encia,
en
la
conclusión
de
su
capi ulo
sob e
Las
canciones
de
ges a
y
las
pe eg inaciones
de
Compos ela.
En
la
que
se
limi a
a
asc ibi
un
ex o
de
Camille
Jullian
e e en e
a
ese
asun o
y
que
aduzco
po
condensa
una
a i mación
que
me
pa ece
incues
ionable:
«De
la
misma
mane a,
la
epopeya
de
la
Eneida
unía,
en
la
cadena
con inua
del
iaje
de
Eneas,
los
di e en es
emplos
en
que
los
iaje os
de
las
u as
ma í imas
iban
a
ado a
a
su
mad e
A odi a»
(1).
Algunos
abajos
e e en es
al
asun o
y
la
doc ina
en
ellos
con
enida,
pueden
e se
en
el
Dicciona io
de
An igüedades
G iegas
y
Romanas
de
Da embe g
y
Saglio.
Noso os
hemos
examinado
cómo
se
habla
de
Eneas
en
el
Himno
a
Venus
y
cómo
Home o
hace
de
aquél
un
a o i o
de
los
dioses,
pe o
sin
ninguna
alusión
a
su
emig ación
a
ie as
i álicas.
Sin
emba go,
su gen
leyendas
y
cos umb es
locales
que
hacen
supone
el
iaje
de
Eneas
con
sus
compañe os
po
di e sos
países.
Es esico o
(del
siglo
VI
al
VII)
pasa
po
el
au o
más
an iguo
que
ha
hecho
iaja
a
Eneas
hacia
Hespe ia
(I alia);
pe o
ué
¡Timeo,
his o iado
de
hacia
p incipios
del
siglo
III,
quien
p ime o
con ó
la
leyenda
de
Eneas
al
como
la
adop a on
los
omanos
en
elación
con
el
supues o
o igen
de
su
pueblo.
Ne io
can ó
la
leyenda
en
la
que
i
gu a
la
ecepción
de
Eneas
po
Dido
en
Ca ago.
También
Ennio.
Como
después
hubo
de
ella
ep esen aciones
plás icas
y
la
a a on
Ca ón,
Va ón
y
los
c onis as
y
g amá icos,
en e
los
que
debemos
a
Dionisio
de
Halica naso
in e esan es
no icias
(2).
(1)
Camille
Jullian:
His oi e
de
Bo deaux,
1895,
pág.
118.
(2)
Dic ionnai e
des
An igui és
G ecques
e
Romaines...
sous
la
di ec ion
de
M.
M.
Ch.
Da embe g
e
Edm.
Saglio.
T olsléme
edi ion,
Pa ís,
Hache e,
1881-1919;
es
pecialmen e
en
1^
oces
Aeneas
po
L.
de
Ronchaud
y
Venus
po
Louis
Séchan.
En
las
no as
a
dichos
a ículos
se
indica
o a
copiosa
bibliog a ía
elacionada
con
el
asun o.
Leo
ambién
a
Gas ón
Boissie :
Nou elles
p onieiiades
a chéologiqucs,
Lib ai ie
Hache e,
Pa ís,
s.
a.
(pe o
el
lib o
debió
de
esc ibi se
en
la
penúl ima
década
del
siglo
XIX),
Chap.
III,
Le
pays
de
l'Enéide,
I,
La
légende
d'Ennée.
Boissie
conoce
el
nomb e
de
la
A odi a
Aineias.
que
encuen a
ín imamen e
ligado
con
el
de
Eneas
y
desc ibe
con
muy
elegan e
es ilo
cómo
la
leyenda
pudo
nace
en
los
san-
58
ANGEL
DE
APRAIZ
Venus,
diosa
de
o igen
o ien al
y
ma í imo,
es
ado ada
en
muchos
luga es
del
Medi e áneo
con
el
nomb e
de
A odi a
AUieias,
in e
p e ado
como
a o able,
y
es
la
epónima,
o
sea
p opo ciona
el
nomb e,
de
an os
de
dichos
luga es.
Así
el
de
Ainos,
ciudad
de
Macedonia
cuya
undación
e a
a ibuida
a
Eneas,
y
los,de
Aineias
en
el
Que soneso
Cal
cidico
y
en
el
e i o io
Ti eno.
En
o os
luga es,
como
en
Zan e,
don
de
había
cul o
de
A odi a
Aineias,
cual
lo
había
ambién
en
Ci e a,
Leúcade
y
Ac ium,
las
ce emonias
de
los
Agones
se
decían
es ablecidas
po
Eneas.
Pe o
acaso
es
odo
ello
lo
que
ha
dado
o igen
a
al
pe sonaje
y
a
su
nomb e,
que
no
hay
nada
que
nos
haga
c ee
sea
más
his ó ico
que
mí ico,
y
has a
su
ca ác e
piadoso
nos
lo
p esen a
como
muy
de
acue do
con
al
o igen
de
su
exis encia.
Se ía
es a
la
máxima
c eación
es é ica,
en
la
que
se
o ja
el
nomb e,
su
iliación
espec o
a
A odi a
y
has a
sus
cualidades,
odo
como
ob a
de
una
poesía,
que
no
hay
po
qué
no
llama
popula ,
aunque
su giese
de
poe as
p o esionales,
y
se
inspi a
y
se
di unde
con
las
pe eg inaciones.
ENEAS
Y
EL
CULTO
DE
AFRODITA
EN
LA
ENEIDA
Menéndez
Pidal,
al
llama
poesía
popula
y
adicional
a
la
Q^e
al
ansmi i se
se
e unde
o
a ia,
insis e
a
es e
p opósi o
en
la
dis in
ción
en e
poemas
del
ipo
de
la
Ilíada
de
los
del
ipo
de
la
Eneida,
poemas
cul os
los
úl imos,
de
a e
muy
indi idual.
En
nues o
examen
de
la
Eneida
hemos
podido
e i ica ,
con
un
poco
de
asomb o
po
lo
comple o
de
las
coincidencias,
que
Eneas
ape
nas
da
en
su
iaje
un
paso
que
no
es é
encaminado
a
algún
luga
del
cul o
de
su
mad e
A odi a.
De
T oya,
según
el
ela o
de
los
Lib os
II
y
lil,
a
a
la
ciudad
de
Aenos
o
Ainos,
a
la
que
hemos
aludido,
en
T acia,
y
ce ca
de
la
cual
es aba
la
de
A odisias.
De
allí
a
a
la
isla
de
Délos,
a
la
que
Teseo
había
lle ado
el
cul o
de
A odi a
iniendo
de
C e a;
y
a
C e a
a
en
seguida
Eneas,
donde
un
o áculo
le
indica
la
Hespe ia
como
inal
de
su
iaje.
Sigue,
siemp e
con
sus
compañe os,
hacia
el
No e
y,
con
escala
en
las
islas
Es ó adas,
pasan
po
la
de
Zan e,
po
I aca
y
Leúcade,
celeb an
juegos
en
Accium
y
en ando
en
el
pue o
de
Caonia
se
de ienen
en
Bu o um;
cos a
oda
és a
la
o ien
al
del
Ma
Jónico,
en
que
se
señalan
p ecisamen e
los
san ua ios
de
A odi a
Aineias
en
Zan e,
Leúcade
y
Accium
en e
o os,
como
los
de
Dodona
y
Amb acia
en
el
Epi o,
de
los
que
a
eces
e a
enido
Eneas,
ua ios
de
su
mad e,
undiéndose
d^pues
esas
adiciones
aisladas.
No
apu a
cómo
la
u a
de
Eneas
apa ece
de e minada
po
odos
esos
san ua ios,
ni
pa icula men e
po
los
de
I alia,
aunque
los
menciona,
-con
da os
muy
conc e os
de
es e
país
al
que
su
lib o
de
modo
especial
se
ene e,
p eocupándose
sob e
odo
de
cómo
la
leyenda
de
Eneas
ha
pene ado
en
I alia.
LA
LEYENDA
DE
ENEAS
Y
LOS
SANTUARIOS
DE
AFRODITA
59
acaso
en
el
apogeo
de
la
leyenda,
cual
Ca io
Magno
en
los
san ua ios
anceses,
como
el
undado .
De
allí
se
di ige
a
I alia,
donde
se
e ugia
de ás
del
p omon o io
de
lapigia.
es
deci ,
donde
los
an iguos
señalan
el
Po us
Vene is.
Pasa
el
Gol o
de
Ta en o,
sin
que
Vi gilio
deje
de
e oca
los
emplos
de
Mine a
y
de
Juno
que
se
o ecen
a
la
is a
de
Eneas.
Y
ocando
és e
en
la
pa e
o ien al
de
Sicilia,
cos ea
dicha
isla
po
el
su
y
en a
en
el
pue o
de
Daepanum.
donde
mue e
el
pad e
de
Eneas,
Anquises,
aman e
de
Venus;
p ecisamen e
al
pie
del
mon e
E ix
donde
es aba
el
san ua io
céleb e
en e
los
omanos
de
A odi a,
que
Vi gilio
dice
le an ado
po
Eneas;
pa a
lo
que
sin
duda
ha
sido
a iada
la
adi
ción
g iega
de
habe
mue o
Anquises
en
A cadia,
donde
Pausanias
nos
habla
de
su
umba
al
pie
del
mon e
Anquisio
y
ambién
de
que
jun o
a
su
sepulc o
hay
emplo
de
A odi a.
Pe o
lo
más
in e esan e
es
que
esa
A odi a
E icina
es aba
en
e
lación
con
o a
ca aginesa,
suponiéndose
que
aquélla
ealizaba
un
iaje
anual
a
A ica,
anunciado
po
sus
palomas;
y
Eneas,
al
sali
de
la
egión
del
E ix,
según
se
cuen a
en
el
Lib o
I
de
la
Eneida,
es
a as ado
po
la
empes ad
a
Ca ago,
donde
el
p ime
consuelo
que
ecibe
es
de
su
mad e,
que
se
le
apa ece
en
igu a
de
una
i gen
ca
zado a
y
que
se
e i a
después
a
su
emplo
de
Pa os
en
Chip e,
pe o
sin
deja
de
p o ege
a
Eneas
en
sus
amo es
con
Dido.
Al
ompe se
és os
y
hui
los
oyanos,
en
el
Lib o
IV
y
sucesi os,
el
ma
y
los
ien
os
les
lle an
de
nue o
a
Sicilia,
las
li o a
ida
a e na,
ce ca
del
mon e
E ix,
donde
Eneas
celeb a
los
juegos
úneb es
jun o
a
la
umba
de
su
pad e,
y
después
de
unda ,
según
Vi gilio
in
é ice
E ycino,
el
emplo
Vene i
Idaliae,
p o egidos
ambién
po
A odi a
a
la
que
Nep-
uno
ha
p ome ido
end án
una
buena
a esía,
los
na egan es
con
siguen
llega
a
la
península
i álica.
Allí,
en
Cumas
dos
palomas
de
Venus,
ma e nas
auis,
le
mues an
el
amo
de
o o
necesa io
pa a
pene a
en
los
in ie nos,
con
lo
que
ealiza
esa
a en u a
pa a
la
que
implo a
p e iamen e
la
p o ección
de
su
mad e
y
después
de
la
cual
alcanza
con
su
lo a
el
pue o
de
Gae a
y
el
Lacio.
Se
es ablece
Eneas
en
es e
país
en
las
inmediaciones
de
La inium,
sede
de
los
Pena es
de
Roma,
donde
había
o o
emplo
de
A odi a
con
su
es a ua,
de
los
que
se
conside aba
undado
a
Eneas,
como
és e
se
apoyó
en
Os ia,
que
u o
ambién
después
a
dición
enusina.
Y
en
las
luchas
que
sos iene
y
que
ela a
Vi gilio
en
los
Lib os
VII
y
siguien es.
Venus
consigue
de
Vulcano-que
ab ique
un
escudo
pa a
su
hijo
y
con o a
a
és e
con
p odigios
celes iales,
de
iende
la
causa
de
Eneas
an e
Júpi e
en
el
concilio
de
los
dioses,
y
en
el
Lib o-XII
y
úl imo
le
cu a
las
he idas
y
aun
le
ayuda
en
el
com
ba e
con a
Tu no,
con
cuyos
encimien o
y
mue e,
que
suponen
60
ANGEL
DE
APRAIZ
pa. a
Eneas
el
ma imonio
con
La inia
y
el
ce o
del
Lacio,
e mina
el
poema
(1).
EL
CARACTER
DE
LA
LEYENDA
EN
VIRGILIO
Vi gilio
se
me
ep esen a,
y
en
la
Eneida,
especialmen e,
como
un
pe ec o
cle o,
no
ya
en
el
amplio
sen ido
en
que
Julien
Benda
ha
di ulgando
es a
palab a
e i iéndola
a
odos
los
in elec uales,
o
po
me
jo
deci
a
cuan os
se
dedican
a
a eas
del
espí i u
—y
po
cie o
que
en e
eUos
menciona
Benda
a
Vi gilio
como
uno
de
los
que
no
le
ha
cían
aición
lle ados
po
las
pasiones
polí icas,
y
pa a
jus i ica lo
ci a
el
elogio
del
poe a
al
homb e
de
los
campos
que
no
concede
alo
a
es
omanae
e
pe i u a
egna
(2)
sino
en
un
sen ido
más
conc e o
e
his ó ico.
Es
és e
el
que
llama
cle os
a
los
homb es
dedicados
a
las
le as
bajo
una
o ganización
y
al
se
icio
de
ella,
que
e a
la
eclesiás ica
cuando
su gió
la
palab a,
pe o
que
puede
se
ambién
la
impe ial
nacionalis a
en
los
iempos
mo-
de nos
o
en
aquellos
en
que
Vi gilio
i ía.
Cla o
es á
que
la
¿Pe sona
lidad
del
esc i oi
esul a
menos
indi idualizada
en
es as
si uaciones,
y
la
mani es ación
li e a ia
llamada
en e
noso os
mes e
de
cle ecía,
p esen a
de
un
modo
cla o
sus
no as
ca ac e ís icas.
Que
en
Vi gilio
se
dan
con
oda
la
g andeza
de
su
genio
poé ico,
no
dejando
de
e ,
como
en
el
ex o
asc i o,
o os
alo es
e e nos;
con
la
nobleza
de
que
lo
que
le
a ajo
a
Augus o
ué
una
pu a
g a i ud,
y
habiendo
de
des aca se
que
en e
los
ca ac e es
que
nos
lle an
a
cali ica le
como
Cle o
es án,
no
sólo
los
de
su
ida
y
su
li e a u a,
sino
los
de
su
ela
ción
con
lo
eligioso.
Aquel
poe a
a
quien
sus
más
an iguos
bióg a os
nos
pin an
si
lencioso
y
melancólico,
con
aspec o
campesino,
i e
p o eeldo
po
Augus o
y
po
Mecenas,
dis u ando
de
una
ica
lib e ía
y
dedicado
a
compone
las
ob ^
que
sus
p o ec o es
le
Insinúan,
po que
ales
asun
os
con ienen
a
los
ines
polí icos
de
és os
o
a
su
glo ia
pe sonal.
(1)
He
usado
con
p e e encia
la
edición
de
la
Fnoi in
^
„
Le es»,
pa ocinada
po
la
Associa ion
Guillaume
Budó
p .^
+
Selles
aducción
de
Bellesso .
"aume.
sude,
con
ex o
de
Goelze
y
Mis
alusiones
a
la
geog a ía
an igua
pueden
e se
,-
A las
An iquus,
Die ich
Reime
(E.
Vehsen),
Be lín
Zw U SP
KiepeH:
y
alguna
que
en
él
no
es á,
en
Sp une -Menke:
A las
An i^ih
ausgabe;
Jus ;i
Pe hes,
Anno
MDCCCLXV.
La
Ty henie
u bTAinS^
G ecae
Linguae
ab
Hen ico
S ephano
cons uc us
ol
I
pÍwq
Aineia,
a ibuyendo
dicha
no icia
a
Es eban
Bizan ino
Se
me
^9^
. i ena
acaso
sea
alguna
de
las
supues as
undaciones
de
áiSI
eS»
Aineia
a iba
nos
e e imos.
En
el
Dicciona io,
como
a
noso os
hn
^
Bizancio,
g amá ico,
geóg a o
e
his o iado
del
s
V
cu a
ob a
Es eban
de
pam
el
es udio
de
la
An lgüed^,
se
dice,
segúii^eMe
debo
ETT
K«
TTOi C
TUp/l>JlKÍ,
Y,;
O
O KVJTO/ÍS;
A VS O
(2)
Julien
Benda:
La
ahison
des
Cle os.
En
«La
Nou elle
Pe-inio
w,.o
•
núme os
de
agos o-no iemb e
de
1927,
Pa ís.
u eue
Re ue
Piancaise»,
LA
LEYENDA
DE
ENEAS
Y
LOS
SANTUARIOS
DE
AFRODITA
6l
C eo
sin
emba go
en
la
since a
adap ación
de
Vi gilio
a
sus
emas,
y
conc e amen e
a
las
adiciones
eligiosas
a
que,
a
mi
modo
de
e ,
esponde
en
an a
pa e
la
Eneida.
E udi o
de
las
an igüedades,
y
e
niendo
siemp e
p esen e
a
Home o
y
ambién
a
Só ocles
y
a
Pinda o,
cuan os
han
es udiado
a
Vi gilio
nos
hablan
de
su
conocimien o
de
las
adiciones
locales,
y
acaso
has a
de
los
Lib os
Sibilinos
y
de
su
simpa ia
po
la
li u gia,
isible
en
an os
pasajes
de
es e
poema.
Y
aunque
la
eligión
en
la
época
de
Augus o
es aba,
en
gene al,
más
i a
en
los
i os
que
en
las
conciencias
al
se
po
el
empe ado
o-
men adq,
como
un
medio
de
gobie no,
Vi gilio
ha
e undido
de
nue o
en
su
espí i u
las
ya
an
decaden es
di inidades
g iegas
y
ace cándo
las
al
más
se e o
pueblo
omano,
concibe
a
eces
a
Júpi e
a
la
ma
ne a
de
los
es oicos
y
en
la
inquie ud
que
el
mundo
de
en onces
sien e
po
una
nue a
explicación
de
los
des inos
humanos,
la
concepción
de
los
in ie nos
po
nues o
poe a
como
un
luga
de
expiación
en
el
que
se
conmue e,
an e
las
mise ias
de
la
ida,
anuncia,
como
en
o as
de
sus
an icipaciones,
los
nue os
iempos
que
an
a
eni
y
en
los
que
el
c is ianismo
co esponde
a
Vi gilio
con
su
p edilección.
Pe o
de
és e,
que
a
mí
me
pa ece
un
cle o
de
la
adición
omana,
no
c eo
sin
emba go
pode
a i ma ,
como
Paw ie
lo
hace
de
los
me
die ales,
que
no
sea
un
épico;
aunque
su
sen ido
de
lo
ac ual,
la
a
pidez
de
la
acción
en
los
seis
úl imos
lib os
del
poema
el
in e és
de
sus
episodios
como
el
de
Niso
y
Eu ialo
y
de
o as
no edades
no
a
adas
po
los
épicos
an e io es,
la
e nu a
y
pudié amos
deci
la
pe
ne ación
psicológica
con
que
a a
a
pe sonajes
como
Dido,
y
aun
el
ca ác e
pic ó ico
de
sus
cuad os,
pueden
hace nos
e
en
él
un
ge
men
omán ico
y,
po
an o,
no elesco.
Su
Plus
Aeneas
lo
eo
como
la
pe soni icación
de
aquel
cul o,
ex-
endidísimo
po
las
cos as,
a
la
A odi a
Aineias,
sob enomb e
cuya
e imología
dan
hoy
como
muy
oscu a
y
p obablemen e
p ehelénica
los
ilólogos,
pe o
que
al
se
in e p e ado
po
los
g iegos
con
a eglo
a
su
lengua,
adqui ió
el
sen ido
de
loable,
con en a
y
a o able
(1).
Oicha
pe soni icación,
ocu ida
en
los
iempos
p ehomé icos
y
que
Home o
y
los
poe as
pos e io es
has a
la
segunda
mi ad
del
siglo
VII
pa a
nada
hacen
iaja
hacia
I alia,
enca na
en
adiciones
locales,
algunas
de
ellas
en
las
cos as
i álicas
y
en
las
inmedia as,
en
las
que
ambién
hay
san ua ios
de
la
diosa
del
amo ,
enida
de
O ien e,
con
di e sos
nomb es,
po
el
ma .
Reunidas
y
o ganizadas
esas
adicio
nes
en
elación
con
I alia,
Vi gilio,
pa a
los
ines
impe iales
y
ensalza
a
los
Julios,
que
se
conside an
los
descendien es
au én icos
de
Julo,
(1)
eiS6
ace ca
de
diclia
oscu idad
y
o os
aspec os
del
ema
PcluVu-
cZasszsc7een
al e umswissenscha ,
S u ga ,
1893,
6á
ANGEL
DE
APRAIZ
nie o
O
según
Vi gilio
hijo
de
Eneas
(po
lo
que
Césa
y
Augus o
e
p esen an
a
Eneas
y
a
la
mad e
Venus
en
las
monedas
po
ellos
acu
ñadas),
ecoge
y
elabo a
dichas
adiciones
y
leyendas
en
su
poema.
En
él
expone
esa
genealogía
en
las
palab as
de
Anquises
en
los
in
ie nos,
alude
a
ella
en
o os
luga es
y
en
la
desc ipción
del
escudo
de
Eneas
hace
culmina
en
los
nomb es
de
Césa
y
Augus o
la
glo ia
de
Roma,
cuya
p epa ación,
que ida
po
los
dioses,
es á
en
el
ondo
de
odo
el
poema.
Pa a
esc ibi lo
con aba
con
su
e udición
y
con
su
conocimien o
del
mediodía
de
I alia,
en
el
que
había
esidido
la go
iempo,
dicién
dose
ambién
que
una
pa e
de
su
poema
lo
compuso
en
Sicilia.
Pe o
es
especialmen e
in e esan e
pa a
noso os
el
que,
ocupado
desde
el
año
29
an es
de
C is o
en
la
composición
de
la
Eneida,
sin ió,
acaso
muy
p on o,
el
a án
pe eg ino
de
isi a
los
luga es
de
donde
hace
p ocede
a
su
hé oe
y
p obablemen e
los
san ua ios
enusinos
que
en
ellos
se
asien an.
Los
es
p ime os
lib os
de
las-
Odas
de
Ho acio
apa ecen
el
año
23,
y
en
ellos
se
encuen a
aquella
en
que
desea
a
Vi gilio
una
eliz
a esía
a
G ecia.
Cabe
que
dicha
oda
uese
in o
ducida
en
una
segunda
copia,
pe o
ambién
que
el
iaje
de
Vi gilio,
que
no
se
ealizó
has a
el
año
19,
en
el
que
mu ió
el
poe a
al
eg esa ,
acabada
su
salud
po
las
a igas
del
iaje
y
dejando
in e minado
su
poema,
hubie a
sido
in en ado
an es
y
aplazado
po
el
emo
a
ales
moles ias
y
a
los
pelig os
que
an o
ponde a
Ho acio
en
su
amis osa
despedida,
que
pa ece
un
p esen imien o.
Y
hemos
de
ano a
p inci
palmen e
que
en
su
in ocación
a
los
dioses
y
a
los
elemen os
pa a
que
p o ejan
el
ná ío
de
Vi gilio,
el
p ime o
y
máximo
nomb e
que
men
ciona
es
el
de
A odi a,
que
iene
en
Chip e
su
san ua io
más
im
po an e:
Sic
e
diua
po ens
Cyp i...
(l).
En
la
leyenda
de
Eneas
conc e ada
po
Vi gilio
encuen o,
po
an o,
la
unción
c eado a,
ealizada
po
emo os
aedos,
poe as
des
conocidos
que
debie on
de
da
ida
al
pe sonaje
en
elación
con
los
espa cidos
san ua ios
de
A odi a
Aineias.
Cuyas
adiciones,
conse -
Tíadas
po
los
apsodas,
pone
ya
en
unción
hacia
Occiden e
—con
el
undamen o
de
las
his ó icas
emig acioens
g iegas
que
conocie a
y
en
las
que
pa ece
que
a
ines
del
siglo
VII
una
ci ilización
empa en ada
con
la
homé ica
se
implan ó
en
I alia—,
el
lí ico
g iego-siciliano
Es e-
síco o
hacia
p incipios
del
siglo
VI,
aunque
no
al a
quien
conside e
in e osímil
al
es imonio
li e a io
en
ese
siglo.
Luego,
en
época
más
segu a,
es
un
his o iado ,
pe o
del
géne o
en
que
la
his o ia
se
nu e
más
de
poesia
y
ambién
sículo-helénico,
Timeo,
a
quien
se
a ibuye
(1)
Ho acio:
Odas,
Lib o
I,
III.
Sigo
ambién
la
edición
de
«Les
Belles
Le es»,
Pa ís,
1927,
po
F.
Villeneu e.
LA
LEYENDA
DE
ENEAS
Y
LOS
SANTUARIOS
DE
AFRODITA
63
el
es ablece
p ime amen e,
en e
el
siglo
IV
y
el
III,
la
leyenda
de
Eneas
dando
o igen
a
los
omanos.
Y
és a,
que
más
o
menos
y
a
a
és
de
o os
esc i o es
conoce
su
público,
mezclada
ambién
con
o as
adiciones
i álicas,
es
la
que
can a
Vi gilio,
sin
da se
acaso
cuen a
de
que
sean
san ua ios
de
Venus
los
que
han
de e minado
oda
la
u a
de
su
hé oe,
pe o
aun
ci a
a ios
de
ellos,
y
en
lo
undamen al
de
la
ama,
de
su
poema,
ob a
cul a
y
con
inalidad
polí ica,
es
Ve
nus
quien
di ige
odos
los
des inos
de
su
hijo
encaminados
a
la
g an
deza
de
Roma,
que
el
poe a
p esen a
como
consus ancial
con
los
des
cendien es
de
la
diosa,
la
Gens
Julia.
la
FERMENTACION
MITICA
EN
OVIDIO
Magni icada
y
colo eada
es a
leyenda
po
la
poesía
de
Vi gilio,
quedó
ijada
en
ales
é minos
que
ni
la
an asía
de
O idio
osó
cam
bia los
cuando
en
los
es
úl imos
lib os
de
las
Me amo osis
a a
el
mismo
asun o.
El
i ine a io
de
Eneas
es
po
los
mismos
luga es"
que
en
Vi gilio:
po
la
T acia
a
Délos,
a
C e a,
las
Es ó adas,
I aca,
las
cos as
o ien ales
del
ma
Jónico
y
el
Epi o,
en
donde
pa en
de
Bu-
o um
pa a
llega
a
Sicilia,
pe o
el
ien o
les
lle a
después
a
la
Libia,
o
sea
a
Ca ago,
y
de
allí
uel en
a
E ix
y
luego
a
Cumas
y
a
Gae a
y
el
Lacio.
O idio
no
epi e,
sino
que
da
po
conocidos,
los
cuad os
de
Vi gi
lio:
son
las
his o ias
y
me amo osis
de
las
hijas
de
O ión,
de
Scila,
Gala ea
y
Glauco,
las
ans o maciones
ealizadas
po
Ci ce,
las
de
los
Cé copes
y
o as,
en
las
que
O idio
pone
odo
su
oman icismo,
mucho
mayo
que
el
de
Vi gilio,
pe o
elegan e
y
escép ico.
Po
es a
úl ima
condición
no
es
ex año
que
aluda
oda ía
menos
que
aquél
a
los
san
ua ios
enusinos
po
cuyos
luga es
aga
el
hé oe,
aunque
hace
que
los
siga
ielmen e,
y
de
modo
exp eso
que
Venus
le
p o eja.
O idio
e ie e
en
cambio
la
dei icación
de
Eneas,
iden i icándolo
con
el
Pa e
Indiges
cuyo
cul o
es aba
en
in ima
elación
con
el
de
los
pena es
que
Eneas
había
aído
de
T oya;
pa a
ello,
Venus,
que
llega
a
consegui
de
los
dioses
al
acue do,
desciende
con
su
ca o
de
palo
mas
en
las
playas
de
Lau en um,
li iis
Lau ens,
y
o dena
al
ío
Nu-
micio
que
la e
a
Eneas
de
cuan o
en
él
habla
de
mo al,
con
lo
que
con ie e
a
su
hijo
en
el
dios
a
quien
se
ele an
emplos
y
al a es
y
cuyo
cul o
enía
su
cen o
p incipal
en
La inium.
Pues
bien,
en e
La inium
y
el
ío
Numicio,
y
muy
ce ca
de
és e,
se
hallaba
ambién
un
emplo
de
Venus,
cuya
undación
pudo
se
pos e io
a
la
o ma
ción
de
es a
leyenda,
pe o
pa ece
ambién
muy
na u al
que
ue a
an e io ,
dada
la
di usión
de
ales
emplos
po
las
cos as,
y
en
al
caso
o igen
de
la
leyenda
misma
ambién
en
es os
luga es;
y
de
odas
sue es
unidos
uno
y
o a
po
ese
inculo
de
unción
cul u al.