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La leyenda de Eneas y los santuarios de Afrodita

Apraiz y Buesa, Angel de

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LA LEYENDA DE ENEAS Y LOS SANTUARIOS DE AFRODITA Al ocupa , po aslado, la cá ed a de His o ia del A e de la Uni e sidad de Valladolid y un pues o en su Semina io de A e y A queolo gía, me c eo obligado a con ibui a la a ea an me i o ia de és e en la publicación de su ac edi ado Bole ín, Y he pensado que de los es udios que desde hace muchos años enía ealizando sob e las Pe eg inacio nes, especialmen e con mis alumnos de A e y A queología de las Uni e sidades de Ba celona y Salamanca, y en los que he conside ado di e sos aspec os pa ciales de aquel enómeno his ó ico y aun in en ado una sis ema ización y una me odología ace ca del mismo (1), pudie a desp ende algunas no as adecuadas y en las que se mani-, ies e mi p ocedimien o gene al es é ico de mu ua explicación de lo li e a io con lo plás ico. Si la eligión de una sociedad es el undamen o de su cul u a (2), lo se á po an o de su a e. Y así, en un cu so especial que di en Sala manca du an e el de 1943-44, a é de explica con especial aplicación a los alumnos de Filología Clásica, que lo e an míos de A queología, la elación de los San ua ios de A odi a con la leyenda de Eneas. Nada iene que ex aña la elación de es e ema con el de las pe e g inaciones c is ianas, de las que ya an es de aho a he consignado que si adqui ie on con el ca olicismo una po encialidad uni e sal, ie nen p eceden es de és a en el mundo pagano. También he aludido en o os de mis abajos a las sus i uciones de los cul os paganos po los c is ianos en muchos luga es, según a es iguan los esc i o es más o odoxos, como los benedic inos Cab ol y Lec e q (3), y he obse ado (1) La Cul u a de las Pe eg inaciones. Su his o ia, su geog a ía y mé odos pa a su in es igación, po Angel de Ap alz. Re is a «Las Ciencias» y i ada apa e, Ma d id, 1942. Se ci an en al abajo algunos que an es que él publiqué; y o os y los pos e io es en mi Discu so inaugu al de la Uni e sidad de Salamanca del p esen e año, en el que de i o de las pe eg inaciones su ema: Salamanca, camino de O ien e. Mad id, Agui e, 1945. (2) Dawson: Enqui ies, Sheed, 1933. (3) Dic ionnai e d'A chéologie Ch é ienne e de Li u gie, publié pa le Rme. Dom. Fe nand Cab ol e Dom. Hen i Lec eq. Le ou ey, Pa ís, oz «Michel (cui e de Sain » y passim. 56 ANGEL DE APRAIZ espec o de G ecia cómo el monas e io an enomb ado de Da ni se ele a sob e el mismo camino que eco ían los a enienses pa a asis i a los mis e ios de Eléusis; asun o cuyas cons an es en el c is ianis mo hizo e Eugenio D'O s p ecisamen e en es e Bole ín, como en él An onio To a examinó la con inuidad y sus i ución de los emplos y cul os paganos en los c is ianos de A enas (1). Igualmen e en cuan o a los san ua ios de Venus, Schul en ha llegado a da como e iden e que San a Ma ina no es más que la aducción a c is iano de la Venus Ma ina —lo cual no me a e e ía yo a a i ma en absolu o, conside ando odo el cul o de dicha San a, a eces en luga es muy alejados del ma , pe o el p opio Schul en, que a aba de jus i ica un san ua io de Venus sob e el Cabo Higue , se appyaba en que allí pa ece que hubo una e mi a de San Telmo, pa ono de los na egan es, y al sus i ución sí que la juzgo e osímil (2). Pe o no amos a a a aquí de ales con inuidades o sus i uciones, a las que sólo nos e e imos pa a apoya el que una doc ina a ís ica pueda conside a se aplicable a odos los' iempos. La doc ina de Bédie (3) de que las leyendas épicas ancesas de i en, con g an pos e io idad espec o a los sucesos a que se e ie en, de las u as de pe eg inaciones jalonadas de san ua ios y en e lación con unas y o os, ué obje o de exage aciones, de e oques aun |iel p opio Bédie , y de ec i icaciones de que espe o ene ocasión de a a en o o luga . En ellas, Faw ie (4) si úa, después de un pe iodo de «complain- es» y baladas sob e el asun o de la de o a de Ronces alles la o mación del poema de Rolando hacia mediados del siglo XI ecogiendo después el mo imien o la Iglesia pa a anima a la nobleza a la ineba. con los in ieles y al pueblo a acudi a los san ua ios de pe eg inación En los siglos siguien es, los cle os complican las canciones de ges a dando mayo -impo ancia al elemen o eclesiás ico más bien que eli gioso, y a los sen imien os de una a is oc acia aman e de a en u as* coii lo que los cle os —indica—, laicos o eclesiás icos, no son épicos En nues o abajo a amos de mos a cómo' es e ema de la li e a u a clásica su ge p ecisamen e en elación con amosos san ua ios y luga es de pe eg inación, con lo que la doc ina de Bédie e sul a mejo con i mada que en el ema de Rolando, el p incipal de los (1) Bole ín del Se nina io de Es udios de A e y A oueolnnín Iq TTníi í»,>eií j ^ de Valladolid. Cu so de 1934-1935, l.e imes e. < Los mis S his o ia del eón de eminidad», po Eugepio D'O s; y Cu so de igssSe I o q S im^ e^ «La composición de la A en^ de Pausanias», po An on^ To a Faw ie -. La Chanson de Roland. E ude his o ique. Pa ís, Bocca d LA LEYENDA DB ENEAS Y LOS SANTUARIOS DE AFRODITA 57 po él es udiados. Aho a bien, en ei modo de a a se ales emas, o sea en ia e olución a ís ica que expe imen an, nos sen imos muy ce canos ai pensamien o de Faw ie y c eemos e cómo en nues o ema pagano se pasa de lo lí ico-épico y lo pseudo-his ó ico a lo no e lesco o omán ico y aun a lo humo ís ico, isible ambién en ep e sen aciones plás icas, ma cando asi una cons an e p o undamen e humana, en la his o ia de la p oducción es é ica. LA FORMACION DE LA LEYERA DE ENEAS De la elación de los iajes de Eneas con los emplos de A odi a, que an o pudie a se i pa a apoya su eo ía, encuen o en el lib o de' Bédie una sola e e encia, en la conclusión de su capi ulo sob e Las canciones de ges a y las pe eg inaciones de Compos ela. En la que se limi a a asc ibi un ex o de Camille Jullian e e en e a ese asun o y que aduzco po condensa una a i mación que me pa ece incues ionable: «De la misma mane a, la epopeya de la Eneida unía, en la cadena con inua del iaje de Eneas, los di e en es emplos en que los iaje os de las u as ma í imas iban a ado a a su mad e A odi a» (1). Algunos abajos e e en es al asun o y la doc ina en ellos con enida, pueden e se en el Dicciona io de An igüedades G iegas y Romanas de Da embe g y Saglio. Noso os hemos examinado cómo se habla de Eneas en el Himno a Venus y cómo Home o hace de aquél un a o i o de los dioses, pe o sin ninguna alusión a su emig ación a ie as i álicas. Sin emba go, su gen leyendas y cos umb es locales que hacen supone el iaje de Eneas con sus compañe os po di e sos países. Es esico o (del siglo VI al VII) pasa po el au o más an iguo que ha hecho iaja a Eneas hacia Hespe ia (I alia); pe o ué ¡Timeo, his o iado de hacia p incipios del siglo III, quien p ime o con ó la leyenda de Eneas al como la adop a on los omanos en elación con el supues o o igen de su pueblo. Ne io can ó la leyenda en la que i gu a la ecepción de Eneas po Dido en Ca ago. También Ennio. Como después hubo de ella ep esen aciones plás icas y la a a on Ca ón, Va ón y los c onis as y g amá icos, en e los que debemos a Dionisio de Halica naso in e esan es no icias (2). (1) Camille Jullian: His oi e de Bo deaux, 1895, pág. 118. (2) Dic ionnai e des An igui és G ecques e Romaines... sous la di ec ion de M. M. Ch. Da embe g e Edm. Saglio. T olsléme edi ion, Pa ís, Hache e, 1881-1919; es pecialmen e en 1^ oces Aeneas po L. de Ronchaud y Venus po Louis Séchan. En las no as a dichos a ículos se indica o a copiosa bibliog a ía elacionada con el asun o. Leo ambién a Gas ón Boissie : Nou elles p onieiiades a chéologiqucs, Lib ai ie Hache e, Pa ís, s. a. (pe o el lib o debió de esc ibi se en la penúl ima década del siglo XIX), Chap. III, Le pays de l'Enéide, I, La légende d'Ennée. Boissie conoce el nomb e de la A odi a Aineias. que encuen a ín imamen e ligado con el de Eneas y desc ibe con muy elegan e es ilo cómo la leyenda pudo nace en los san- 58 ANGEL DE APRAIZ Venus, diosa de o igen o ien al y ma í imo, es ado ada en muchos luga es del Medi e áneo con el nomb e de A odi a AUieias, in e p e ado como a o able, y es la epónima, o sea p opo ciona el nomb e, de an os de dichos luga es. Así el de Ainos, ciudad de Macedonia cuya undación e a a ibuida a Eneas, y los,de Aineias en el Que soneso Cal cidico y en el e i o io Ti eno. En o os luga es, como en Zan e, don de había cul o de A odi a Aineias, cual lo había ambién en Ci e a, Leúcade y Ac ium, las ce emonias de los Agones se decían es ablecidas po Eneas. Pe o acaso es odo ello lo que ha dado o igen a al pe sonaje y a su nomb e, que no hay nada que nos haga c ee sea más his ó ico que mí ico, y has a su ca ác e piadoso nos lo p esen a como muy de acue do con al o igen de su exis encia. Se ía es a la máxima c eación es é ica, en la que se o ja el nomb e, su iliación espec o a A odi a y has a sus cualidades, odo como ob a de una poesía, que no hay po qué no llama popula , aunque su giese de poe as p o esionales, y se inspi a y se di unde con las pe eg inaciones. ENEAS Y EL CULTO DE AFRODITA EN LA ENEIDA Menéndez Pidal, al llama poesía popula y adicional a la Q^e al ansmi i se se e unde o a ia, insis e a es e p opósi o en la dis in ción en e poemas del ipo de la Ilíada de los del ipo de la Eneida, poemas cul os los úl imos, de a e muy indi idual. En nues o examen de la Eneida hemos podido e i ica , con un poco de asomb o po lo comple o de las coincidencias, que Eneas ape nas da en su iaje un paso que no es é encaminado a algún luga del cul o de su mad e A odi a. De T oya, según el ela o de los Lib os II y lil, a a la ciudad de Aenos o Ainos, a la que hemos aludido, en T acia, y ce ca de la cual es aba la de A odisias. De allí a a la isla de Délos, a la que Teseo había lle ado el cul o de A odi a iniendo de C e a; y a C e a a en seguida Eneas, donde un o áculo le indica la Hespe ia como inal de su iaje. Sigue, siemp e con sus compañe os, hacia el No e y, con escala en las islas Es ó adas, pasan po la de Zan e, po I aca y Leúcade, celeb an juegos en Accium y en ando en el pue o de Caonia se de ienen en Bu o um; cos a oda és a la o ien al del Ma Jónico, en que se señalan p ecisamen e los san ua ios de A odi a Aineias en Zan e, Leúcade y Accium en e o os, como los de Dodona y Amb acia en el Epi o, de los que a eces e a enido Eneas, ua ios de su mad e, undiéndose d^pues esas adiciones aisladas. No apu a cómo la u a de Eneas apa ece de e minada po odos esos san ua ios, ni pa icula men e po los de I alia, aunque los menciona, -con da os muy conc e os de es e país al que su lib o de modo especial se ene e, p eocupándose sob e odo de cómo la leyenda de Eneas ha pene ado en I alia. LA LEYENDA DE ENEAS Y LOS SANTUARIOS DE AFRODITA 59 acaso en el apogeo de la leyenda, cual Ca io Magno en los san ua ios anceses, como el undado . De allí se di ige a I alia, donde se e ugia de ás del p omon o io de lapigia. es deci , donde los an iguos señalan el Po us Vene is. Pasa el Gol o de Ta en o, sin que Vi gilio deje de e oca los emplos de Mine a y de Juno que se o ecen a la is a de Eneas. Y ocando és e en la pa e o ien al de Sicilia, cos ea dicha isla po el su y en a en el pue o de Daepanum. donde mue e el pad e de Eneas, Anquises, aman e de Venus; p ecisamen e al pie del mon e E ix donde es aba el san ua io céleb e en e los omanos de A odi a, que Vi gilio dice le an ado po Eneas; pa a lo que sin duda ha sido a iada la adi ción g iega de habe mue o Anquises en A cadia, donde Pausanias nos habla de su umba al pie del mon e Anquisio y ambién de que jun o a su sepulc o hay emplo de A odi a. Pe o lo más in e esan e es que esa A odi a E icina es aba en e lación con o a ca aginesa, suponiéndose que aquélla ealizaba un iaje anual a A ica, anunciado po sus palomas; y Eneas, al sali de la egión del E ix, según se cuen a en el Lib o I de la Eneida, es a as ado po la empes ad a Ca ago, donde el p ime consuelo que ecibe es de su mad e, que se le apa ece en igu a de una i gen ca zado a y que se e i a después a su emplo de Pa os en Chip e, pe o sin deja de p o ege a Eneas en sus amo es con Dido. Al ompe se és os y hui los oyanos, en el Lib o IV y sucesi os, el ma y los ien os les lle an de nue o a Sicilia, las li o a ida a e na, ce ca del mon e E ix, donde Eneas celeb a los juegos úneb es jun o a la umba de su pad e, y después de unda , según Vi gilio in é ice E ycino, el emplo Vene i Idaliae, p o egidos ambién po A odi a a la que Nep- uno ha p ome ido end án una buena a esía, los na egan es con siguen llega a la península i álica. Allí, en Cumas dos palomas de Venus, ma e nas auis, le mues an el amo de o o necesa io pa a pene a en los in ie nos, con lo que ealiza esa a en u a pa a la que implo a p e iamen e la p o ección de su mad e y después de la cual alcanza con su lo a el pue o de Gae a y el Lacio. Se es ablece Eneas en es e país en las inmediaciones de La inium, sede de los Pena es de Roma, donde había o o emplo de A odi a con su es a ua, de los que se conside aba undado a Eneas, como és e se apoyó en Os ia, que u o ambién después a dición enusina. Y en las luchas que sos iene y que ela a Vi gilio en los Lib os VII y siguien es. Venus consigue de Vulcano-que ab ique un escudo pa a su hijo y con o a a és e con p odigios celes iales, de iende la causa de Eneas an e Júpi e en el concilio de los dioses, y en el Lib o-XII y úl imo le cu a las he idas y aun le ayuda en el com ba e con a Tu no, con cuyos encimien o y mue e, que suponen 60 ANGEL DE APRAIZ pa. a Eneas el ma imonio con La inia y el ce o del Lacio, e mina el poema (1). EL CARACTER DE LA LEYENDA EN VIRGILIO Vi gilio se me ep esen a, y en la Eneida, especialmen e, como un pe ec o cle o, no ya en el amplio sen ido en que Julien Benda ha di ulgando es a palab a e i iéndola a odos los in elec uales, o po me jo deci a cuan os se dedican a a eas del espí i u —y po cie o que en e eUos menciona Benda a Vi gilio como uno de los que no le ha cían aición lle ados po las pasiones polí icas, y pa a jus i ica lo ci a el elogio del poe a al homb e de los campos que no concede alo a es omanae e pe i u a egna (2) sino en un sen ido más conc e o e his ó ico. Es és e el que llama cle os a los homb es dedicados a las le as bajo una o ganización y al se icio de ella, que e a la eclesiás ica cuando su gió la palab a, pe o que puede se ambién la impe ial nacionalis a en los iempos mo- de nos o en aquellos en que Vi gilio i ía. Cla o es á que la ¿Pe sona lidad del esc i oi esul a menos indi idualizada en es as si uaciones, y la mani es ación li e a ia llamada en e noso os mes e de cle ecía, p esen a de un modo cla o sus no as ca ac e ís icas. Que en Vi gilio se dan con oda la g andeza de su genio poé ico, no dejando de e , como en el ex o asc i o, o os alo es e e nos; con la nobleza de que lo que le a ajo a Augus o ué una pu a g a i ud, y habiendo de des aca se que en e los ca ac e es que nos lle an a cali ica le como Cle o es án, no sólo los de su ida y su li e a u a, sino los de su ela ción con lo eligioso. Aquel poe a a quien sus más an iguos bióg a os nos pin an si lencioso y melancólico, con aspec o campesino, i e p o eeldo po Augus o y po Mecenas, dis u ando de una ica lib e ía y dedicado a compone las ob ^ que sus p o ec o es le Insinúan, po que ales asun os con ienen a los ines polí icos de és os o a su glo ia pe sonal. (1) He usado con p e e encia la edición de la Fnoi in ^ „ Le es», pa ocinada po la Associa ion Guillaume Budó p .^ + Selles aducción de Bellesso . "aume. sude, con ex o de Goelze y Mis alusiones a la geog a ía an igua pueden e se ,- A las An iquus, Die ich Reime (E. Vehsen), Be lín Zw U SP KiepeH: y alguna que en él no es á, en Sp une -Menke: A las An i^ih ausgabe; Jus ;i Pe hes, Anno MDCCCLXV. La Ty henie u bTAinS^ G ecae Linguae ab Hen ico S ephano cons uc us ol I pÍwq Aineia, a ibuyendo dicha no icia a Es eban Bizan ino Se me ^9^ . i ena acaso sea alguna de las supues as undaciones de áiSI eS» Aineia a iba nos e e imos. En el Dicciona io, como a noso os hn ^ Bizancio, g amá ico, geóg a o e his o iado del s V cu a ob a Es eban de pam el es udio de la An lgüed^, se dice, segúii^eMe debo ETT K« TTOi C TUp/l>JlKÍ, Y,; O O KVJTO/ÍS; A VS O (2) Julien Benda: La ahison des Cle os. En «La Nou elle Pe-inio w,.o • núme os de agos o-no iemb e de 1927, Pa ís. u eue Re ue Piancaise», LA LEYENDA DE ENEAS Y LOS SANTUARIOS DE AFRODITA 6l C eo sin emba go en la since a adap ación de Vi gilio a sus emas, y conc e amen e a las adiciones eligiosas a que, a mi modo de e , esponde en an a pa e la Eneida. E udi o de las an igüedades, y e niendo siemp e p esen e a Home o y ambién a Só ocles y a Pinda o, cuan os han es udiado a Vi gilio nos hablan de su conocimien o de las adiciones locales, y acaso has a de los Lib os Sibilinos y de su simpa ia po la li u gia, isible en an os pasajes de es e poema. Y aunque la eligión en la época de Augus o es aba, en gene al, más i a en los i os que en las conciencias al se po el empe ado o- men adq, como un medio de gobie no, Vi gilio ha e undido de nue o en su espí i u las ya an decaden es di inidades g iegas y ace cándo las al más se e o pueblo omano, concibe a eces a Júpi e a la ma ne a de los es oicos y en la inquie ud que el mundo de en onces sien e po una nue a explicación de los des inos humanos, la concepción de los in ie nos po nues o poe a como un luga de expiación en el que se conmue e, an e las mise ias de la ida, anuncia, como en o as de sus an icipaciones, los nue os iempos que an a eni y en los que el c is ianismo co esponde a Vi gilio con su p edilección. Pe o de és e, que a mí me pa ece un cle o de la adición omana, no c eo sin emba go pode a i ma , como Paw ie lo hace de los me die ales, que no sea un épico; aunque su sen ido de lo ac ual, la a pidez de la acción en los seis úl imos lib os del poema el in e és de sus episodios como el de Niso y Eu ialo y de o as no edades no a adas po los épicos an e io es, la e nu a y pudié amos deci la pe ne ación psicológica con que a a a pe sonajes como Dido, y aun el ca ác e pic ó ico de sus cuad os, pueden hace nos e en él un ge men omán ico y, po an o, no elesco. Su Plus Aeneas lo eo como la pe soni icación de aquel cul o, ex- endidísimo po las cos as, a la A odi a Aineias, sob enomb e cuya e imología dan hoy como muy oscu a y p obablemen e p ehelénica los ilólogos, pe o que al se in e p e ado po los g iegos con a eglo a su lengua, adqui ió el sen ido de loable, con en a y a o able (1). Oicha pe soni icación, ocu ida en los iempos p ehomé icos y que Home o y los poe as pos e io es has a la segunda mi ad del siglo VII pa a nada hacen iaja hacia I alia, enca na en adiciones locales, algunas de ellas en las cos as i álicas y en las inmedia as, en las que ambién hay san ua ios de la diosa del amo , enida de O ien e, con di e sos nomb es, po el ma . Reunidas y o ganizadas esas adicio nes en elación con I alia, Vi gilio, pa a los ines impe iales y ensalza a los Julios, que se conside an los descendien es au én icos de Julo, (1) eiS6 ace ca de diclia oscu idad y o os aspec os del ema PcluVu- cZasszsc7een al e umswissenscha , S u ga , 1893, 6á ANGEL DE APRAIZ nie o O según Vi gilio hijo de Eneas (po lo que Césa y Augus o e p esen an a Eneas y a la mad e Venus en las monedas po ellos acu ñadas), ecoge y elabo a dichas adiciones y leyendas en su poema. En él expone esa genealogía en las palab as de Anquises en los in ie nos, alude a ella en o os luga es y en la desc ipción del escudo de Eneas hace culmina en los nomb es de Césa y Augus o la glo ia de Roma, cuya p epa ación, que ida po los dioses, es á en el ondo de odo el poema. Pa a esc ibi lo con aba con su e udición y con su conocimien o del mediodía de I alia, en el que había esidido la go iempo, dicién dose ambién que una pa e de su poema lo compuso en Sicilia. Pe o es especialmen e in e esan e pa a noso os el que, ocupado desde el año 29 an es de C is o en la composición de la Eneida, sin ió, acaso muy p on o, el a án pe eg ino de isi a los luga es de donde hace p ocede a su hé oe y p obablemen e los san ua ios enusinos que en ellos se asien an. Los es p ime os lib os de las- Odas de Ho acio apa ecen el año 23, y en ellos se encuen a aquella en que desea a Vi gilio una eliz a esía a G ecia. Cabe que dicha oda uese in o ducida en una segunda copia, pe o ambién que el iaje de Vi gilio, que no se ealizó has a el año 19, en el que mu ió el poe a al eg esa , acabada su salud po las a igas del iaje y dejando in e minado su poema, hubie a sido in en ado an es y aplazado po el emo a ales moles ias y a los pelig os que an o ponde a Ho acio en su amis osa despedida, que pa ece un p esen imien o. Y hemos de ano a p inci palmen e que en su in ocación a los dioses y a los elemen os pa a que p o ejan el ná ío de Vi gilio, el p ime o y máximo nomb e que men ciona es el de A odi a, que iene en Chip e su san ua io más im po an e: Sic e diua po ens Cyp i... (l). En la leyenda de Eneas conc e ada po Vi gilio encuen o, po an o, la unción c eado a, ealizada po emo os aedos, poe as des conocidos que debie on de da ida al pe sonaje en elación con los espa cidos san ua ios de A odi a Aineias. Cuyas adiciones, conse - Tíadas po los apsodas, pone ya en unción hacia Occiden e —con el undamen o de las his ó icas emig acioens g iegas que conocie a y en las que pa ece que a ines del siglo VII una ci ilización empa en ada con la homé ica se implan ó en I alia—, el lí ico g iego-siciliano Es e- síco o hacia p incipios del siglo VI, aunque no al a quien conside e in e osímil al es imonio li e a io en ese siglo. Luego, en época más segu a, es un his o iado , pe o del géne o en que la his o ia se nu e más de poesia y ambién sículo-helénico, Timeo, a quien se a ibuye (1) Ho acio: Odas, Lib o I, III. Sigo ambién la edición de «Les Belles Le es», Pa ís, 1927, po F. Villeneu e. LA LEYENDA DE ENEAS Y LOS SANTUARIOS DE AFRODITA 63 el es ablece p ime amen e, en e el siglo IV y el III, la leyenda de Eneas dando o igen a los omanos. Y és a, que más o menos y a a és de o os esc i o es conoce su público, mezclada ambién con o as adiciones i álicas, es la que can a Vi gilio, sin da se acaso cuen a de que sean san ua ios de Venus los que han de e minado oda la u a de su hé oe, pe o aun ci a a ios de ellos, y en lo undamen al de la ama, de su poema, ob a cul a y con inalidad polí ica, es Ve nus quien di ige odos los des inos de su hijo encaminados a la g an deza de Roma, que el poe a p esen a como consus ancial con los des cendien es de la diosa, la Gens Julia. la FERMENTACION MITICA EN OVIDIO Magni icada y colo eada es a leyenda po la poesía de Vi gilio, quedó ijada en ales é minos que ni la an asía de O idio osó cam bia los cuando en los es úl imos lib os de las Me amo osis a a el mismo asun o. El i ine a io de Eneas es po los mismos luga es" que en Vi gilio: po la T acia a Délos, a C e a, las Es ó adas, I aca, las cos as o ien ales del ma Jónico y el Epi o, en donde pa en de Bu- o um pa a llega a Sicilia, pe o el ien o les lle a después a la Libia, o sea a Ca ago, y de allí uel en a E ix y luego a Cumas y a Gae a y el Lacio. O idio no epi e, sino que da po conocidos, los cuad os de Vi gi lio: son las his o ias y me amo osis de las hijas de O ión, de Scila, Gala ea y Glauco, las ans o maciones ealizadas po Ci ce, las de los Cé copes y o as, en las que O idio pone odo su oman icismo, mucho mayo que el de Vi gilio, pe o elegan e y escép ico. Po es a úl ima condición no es ex año que aluda oda ía menos que aquél a los san ua ios enusinos po cuyos luga es aga el hé oe, aunque hace que los siga ielmen e, y de modo exp eso que Venus le p o eja. O idio e ie e en cambio la dei icación de Eneas, iden i icándolo con el Pa e Indiges cuyo cul o es aba en in ima elación con el de los pena es que Eneas había aído de T oya; pa a ello, Venus, que llega a consegui de los dioses al acue do, desciende con su ca o de palo mas en las playas de Lau en um, li iis Lau ens, y o dena al ío Nu- micio que la e a Eneas de cuan o en él habla de mo al, con lo que con ie e a su hijo en el dios a quien se ele an emplos y al a es y cuyo cul o enía su cen o p incipal en La inium. Pues bien, en e La inium y el ío Numicio, y muy ce ca de és e, se hallaba ambién un emplo de Venus, cuya undación pudo se pos e io a la o ma ción de es a leyenda, pe o pa ece ambién muy na u al que ue a an e io , dada la di usión de ales emplos po las cos as, y en al caso o igen de la leyenda misma ambién en es os luga es; y de odas sue es unidos uno y o a po ese inculo de unción cul u al.