LA
CATEDRAL
DE
VALLADOLID
Y
EL
CONCURSO
PARA
SU
TERMINACIÓN
Re lexiones
sob e
la
c í ica
de
A qui ec u a.
En aizada
la
ob a
a qui ec ónica
a
la
ida
colec i a
—pues
es
ello,
sin
duda,
exigencia
indeclinable
de
su
jus i icación—,
odo
el
que
se
halle
amilia izado
con
la
his o ia
de
las
a es
ha
podido
obse a
que
los
g andes
pe íodos
de
la
A qui ec u a
coinciden
siemp e
con
un
in e és
di ec o
en
la
edi icación
monumen al
po
pa e
de
las
clases
gobe nan es.
Muchos
de
los
mona cas
amosos
en
la
His o ia
han
pasado
y
pe manecen
con
legí imo
y
no
dispu ado
de echo
en
los
anales
del
pasado,
po
las
cons ucciones
que
inicia on
y
son
hoy
es imonio
de
la
g andeza
de
sus
concepciones.
En
el
deseo
de
egi
el
mundo
y
de
impone
leyes,
su ge
como
co ela i a
necesidad
espi i ual
la
de
imponé selas
a
la
ma e ia,
o ganizándol.a
en
ag upa
ciones
monumen ales,
en
g andiosas
masas
pé eas
que
su gen
po
ensión
de
olun ades
conjun as
pa a
albe ga
las
sup emas
necesi
dades
humanas.
Puede
cie amen e
pensa se
con
cuán a
ecuencia
han
podido
ex ingui se
inédi as
g andes
ocaciones
de
a qui ec os,
si
no
han
hallado
la
o una
de
sin oniza
con
una
olun ad
polí ica
ec o a,
o
mejo ,
de
se i la.
Pe o
nos
hacemos
a
la
idea
de
que
en
las
socie
dades
del
pasado
la
selección
de
las
capacidades
e a
na u almen e
ácil
y,
sin
di usión
ni
p opaganda,
sin
p emios
ni
escuelas,
cuando
se
a aba
de
edi ica
una
as a
y
ep esen a i a
ob a,
el
mona ca
que
la
iniciaba
enía
la
segu idad
de
halla
sin
i ubeos
una
al a
capa
cidad
a
su
se icio.
En
es o,
como
en
an as
o as
cosas,
nos
lle an
en aja
las
épocas
pasadas.
De
odas
las
a es
ué,
sin
duda,
la
A qui ec u a
la
que
cayó
mas
bajo
en
el
siglo
xix.
Con i ióse,
po
un
conjun o
de
ci cuns ancias
his ó icas,
en
una
indus ia
en
cuan o
a
sus
condiciones
de
eali
zación,
y
en
una
écnica
en
lo
que
a
las
capacidades
del
a qui ec o
108
ENRIQUE
LAFUENTE
FERRAR!
se
e e ía,
en endiendo
la
palab a
écnica
en
un
sen ido
ingenie il,
muy
espe able,
pe o
que
alejaba
conside ablemen e
de
oda
p eocu
pación
a ís ica
la
concepción
undamen al
de
la
ob a.
Los
a qui ec os
se
es o za on
inú ilmen e
po
con e i se
en
ingenie os,
o
de i a on
hacia
la
A queología;
pe o,
en
lodo
caso,
se
ue on
desenlendiendo
de
la
misión
esencial
de
c ea
un
a e
pa a
su
época.
Las
gen es
co espondie on
a
es a
dejación
desen endiéndose
de
la
A qui ec u a,
y
puede
deci se
en
ealidad
que,
p ác icamen e,
dejó
de
pesa
la
A qui ec u a
de
un
modo
e ec i o
en
la
ida
a ís ica,
a
pa i
de
la
segunda
mi ad
del
siglo.
Engend os
mons uosos
e
insince os
o
pas iches
g o escos
de
los
es ilos
de
la
an igüedad
ue on
los
p oduc os
de
es e
ex a ío,
ep esen a i o
de
su
época.
Pues
cuando
la
A qui ec u a
se
desca ía,
mal
a
odo
el
negocio
del
a e.
Que
no
puede
abdica
la
a qui ec u a,
sin
g a es
consecuencias,
de
su
papel
p incipal
de
he mana
mayo
de
las
a es
odas;
si
se
desmo aliza
o
p os i uye,
pe dida
queda
la
amilia
de
las
Musas.
Se
inicia
hoy
en
las
nue as
gene aciones
una
p eocupación
p e e en e
po
la
a qui ec u a
y
un
gus o
po
lo
especí ico
de
sus
p oblemas,
que
acaso
deba
in e p e a se
como
un
sín oma,
uno
más,
de
ese
e o no
al
o den
que
exigen
las
necesidades
y
la
ocación
de
la
época
p esen e.
Y
debemos
ayuda
en
la
medida
de
nues as
ue zas
a
esa
eins au ación
de
la
je a quía
de
las
a es,
o o gando
a
la
a qui ec u a
su
noble
pues o
en e
ellas
den o
de
la
ida
a ís ica
española.
Pa a
que
es e
deseo
llegase
a
se
plenamen e
una
ealidad,
se ía
p eciso
p edica
sin
cansancio
unas
cuan as
e dades
y
eeduca
en
cie o
modo
al
público
in e esado,
poco
habi uado
a
e
y
juzga
la
a qui ec u a
del
p esen e.
Siemp e
nos
ha
pa ecido
una
incong uencia
lamen able
el
hecho
de
que
la
más
insus ancial
exposición
de
acua
elas
o
de
óleos
de
un
pin o ,
en
muchos
casos
modes o
y
aun
a
eces
simplemen e
añcionado,
me ezca
inde ec iblemen e
los
hono es
de
un
comen a io
en
los
pe iódicos
y
en
las
e is as,
mien as
se
silencia
la
e ección
de
las
edi icaciones
que
con
mayo es
o
meno es
p e ensiones
de
monumen alidad
se
an
imponiendo
en
calles
y
plazas
a
nues a
mi ada,
y
an
al e ando
de
modo
poco
ec i icable
la
i
sonomía
de
nues a
ciudad.
De
los
óleos
a
las
acua elas
insus
anciales
no
ol e emos,
a o unadamen e,
a
aco da nos;
pe o
la
a qui ec u a,
aunque
sea
del
más
lamen able
géne o,
se
nos
impond á
a
nues o
pesa ,
apa ece á
cons an emen e
a
nues a
is a
y
asis i á
p esen e
e
ine i able
al
deambula
ciudadano
de
nues os
a anes.
-W.
LA
CATEDRAL
DE
VALLADOLID
Y
EL
CONCURSO,
ETC.
109
si iendo
de
ondo
pe mancnle,
de
paisaje
obligado,
a a
pe
icu
a
colidiana
de
nuesi a
ida
u bana.
El
monumen o
g a o
o
e
o i
e
ade esio
los
encon a emos
ahí,
una
y
o a
ez,
al
le an a
os
ojos
de
nues a
p eocupación
ambulan e,
imponiendo
su
o
su
esíu
pida
e idencia
a
ios
aza es
de
los
días,
y
llega emos
quiza
a
ama os
o
a
de es a los
con
iolencia
e
incluso
a
concede les
e
po
e
de
modi ica
nues os
humo es.
C eo
que,
cie amen e,
no
sean
ema-
siadas
las
gen es
con
una
sensibilidad
agudizada
de
es e
mo
o
pa a
imp esiona se
an e
la
a qui ec u a;
pe o
su
núme o
no
impo a.
Bas a
que
ello
sea
posible
pa a
que
quede
bien
pa en e
a
ssponsa
bílidad
es é ica
del
a qui ec o
al
p esen a nos
de
modo
pe enne
e
inamo ible
el
u o
desús
log adas
o
inma u as
igilias.
Pe o
es
el
caso,
y
a
ello
íbamos,
que
és a
es
una
esponsabilidad
casi
nunca
exigida,
y
que
lo
menos
que
pa a
hace la
e ec i a
se
necesi a
es
la
exis encia
de
una
c í ica
de
a qui ec u a.
Que
no
quede
sin
la
sanción
de
un
juicio
público,
a o able
o
ad e so,
la
ob a
nue a
de
áb ica
que
un
día
se
nos
mues a
lib e
de*
andamies
en
la
ía
pública.
Que
eciba
plácemes
o
i upe ios
el
a qui ec o
po
su
abajo,
con
mucho
mayo
mo i o
que
el
pin o
que
po
b e es
días
o
semanas
expone
su
ob a
en
local
ce ado,
al
que
no
es
obligado,
sino
olun
a io,
acudi .
Y
así,
al
que
nos
impone
de
po
ida
la
isión
de
su
descabellado
p oyec o,
impongámosle
po
unos
momen os
¡blanda
penal—
la
exp esión
pública
de
nues o
desag ado.
No
cabe,
pues,
mayo
jus i icación
ni
mejo
undamcn ación
mo al
de
la
necesidad
de
la
exis encia
de
la
c í ica
de
a qui ec u a.
Pe o
no
es
sólo
nece
sidad:
es
jus icia.
Es
lamen able
que
los
es ue zos
del
alen o
a o u
nado
queden
an
silenciados
como
el
acaso
del
inep o,
y
que
sea
el
a qui ec o
el
único
a is a
que
no
coseche
de
sus
con empo áneos
el
ibu o
de
admi ación
o
ilipendio,
el
es imonio
co obo ado!"
de
su
mejo
o
peo
o una,
de
labios
y
plumas
de
con empo áneos.-
Pues
si
el
juicio
con empo áneo
es
a
eces
ecusable,
o o
an o
pudie a
a i ma se
en
el
caso
de
la
pin u a
o
la
escul u a.
Es
el
caso
que
en
España
no
sólo
se
le an an
ob as
y
monu
men os,
sino
que
con
ela i a
ecuencia
se
acome en
emp esas
de
algún
uelo
o
se
celeb an
concu sos
de
p oyec os
impo an es,
sin
que,
apa e
la
exposición
de
los
abajos
—
cuando
más—
y
la
publi
cación
de
los
allos,
engan
el
meno
eco
ni
log en
comen a ios
que
p ueben
un
in e és
socialmen e
denso
en
es os
asun os.
Pe o
con iene
sali
al
paso
de
equí ocos
y
e o es
que
más
de
una
ez
he
escuchado
de
labios
de
a qui ec os.
P e ende án
algunos
»'
'-'V
K
.
.
110'
ENRIQUE
LAFUENTE
FERRARI
que
sólo
a qui ec os
pueden
juzga
de
a qui ec u a.
Nó ese
que
eni
mos
hablando
de
esponsabilidad
a ís ica
y
de
c i e io
es é ico^
o
sea
aquellos
pun os
de
is a
únicos
que
pueden
se i
pa a
jus i ica
una
c í ica
de
a qui ec u a.
A
los
p o esionales,
lo
pu amen e
écnico;
pe o
de
/o
o o,
es
deci ,
de
lo
que
es
a e
en
la
a qui ec u a,
de
éso
pueden
y
deben
juzga
los
no
a qui ec os.
No
caigan,
y
a
esos
e o es
me
e ie o,
en
un
espí i u
de
Cue po
mal
en endido,
en
una
sobe bia
p o esional
ce ada
a
da
oídos
a
los
no
iniciados.
Con
ese
-
-
es echo
c i e io,
sólo
pod ían
habla
de
pin u a
los
pin o es,
y
de
ea o
los
au o es
d amá icos.
El
Zapa e o,
a
us
zapa os,
es
muy
sabio
a o ismo
e e ido
al
hace ,
pe o
no
al
juzga ;
pues
el
que
sabe
dónde
le
ap ie a
el
zapa o
es
p ecisamen e
el
que
lo
usa
y,
padece,
y
no
el
a esano
que
io
ab ica.
Y
ya
hemos
is o
que
las
ob as
de
los
a qui ec os
las
usamos
y
aun
las
padecemos
odos.
Quede,
pues,
bien
en endido,
que
ecusamos
y
comba i emos
dondequie a
que
apa ezca
ese
só dido
c i e io
sindical
que
desea ía
e igi
su
p o esión
en
co o
edado
a
los
juicios
y
opiniones
de
los
demás.
Ese
puede
se ,
y
de
hecho
lo
es,
c i e io
acep able
pa a
las
p o esiones
de
me a
écnica;
pe o
nunca
pod á
se
álido
ese
clandes ino
he me ismo
pa a
aquellas
ac i idades
humanas
que
p e enden
en a
en
e!
ecin o,
abie o
no
a
la
me a
capacidad
écnica,
sino
a
la
sensibilidad
y
al
gus o,
ese ado
a
la
c eación
a ís ica.
La
ca ed al
de
Valladolid
y
su
signi icación
en
nues a
a qui ec u a.
E a
p eciso
es e
in oi o,
al
menos
pa a
el
que
es o
esc ibe,
po que
que ía
sali
al
paso
de
opiniones
oídas
a
eces
en
la
con e
sación
p i ada,
que
p e endían
jus i ica
es a
ecusación
del
no
p o e
sional
pa a
juzga
ob as
de
p o esionales;
y
no
puede
ex aña nos
la
apa ición
de
es e
e o
en e
los
a qui ec os,
ya
que
en e
los
mismos
pin o es
y
esc i o es
se
da,
de
ez
en
ez,
la
obia
del
c í ico,
la
ecusación
del
c í ico.
Pe o
bas a
ya
de
p elimina es
pa a
deci
que
odo
es o
iene
a
p opósi o
de
que
c eemos
deben
discu i se
y
ai ea se
jas
cues iones
e e en es
a
las
g andes
emp esas
a qui ec ónicas
que
en
nues os
días
se
acome en,
y
que
la
mejo
señal
de
que
se
sien e
ia
a qui ec u a
como
algo
i o
y
de
gene al
in e és,
es
que
no
se
pasen
en
silencio
las
pocas
o
muchas
inicia i as
de
e dade a
impo
ancia
que
su gen
y
oman
cue po
en e
noso os.
,
C éemos
no
e a
mucho
al
deci
que
los
concu sos
más
LA
CATEDRAL
DE
VALLADOLID
Y
EL
CONCURSO,
ETC.
111
impo an es
que
han
enido
luga
en
España
desde
el
i
n
de
nues a
gue a
han
sido
el
con ocado
po
el
Ayun amien o
de
Za agoza
pa a
la
edi icación
de
una
nue a
Casa
Consis o ial,
y
el
que
nos
a
a
ocupa en
es as
páginas:
el
anunciado
po
la
Di ección
de
Bellas
A es
pa a
p emia
p oyec os
de
e minación
de
la
ca ed al
de
Valladolid.
Todo
el
que
enga
sen ido
his ó ico
y
sensibilidad
no
sólo
pa a
gus a
de
las
ob as
de
a e
como
p oduc os
b u os,
sino
pa a
ese
enga ce
en e
lo
a ís ico
y
sus
ci cuns ancias,
ha
enido
que
sen i
una
singula
emoción
con emplando
la
inconclusa
iglesia
me opo
li ana
de
la
ciudad
del
Pisue ga.
Se
desp ende
de
aquellas
ada ajas
de
los
lienzos
de
mu os,
b u almen e
in e umpidos,
un
símbolo
a
la
ez
de
la
al a
ambición
y
de
la
emenda
a iga
que
se
die on
en
nues o
es ue zo
his ó ico
del
siglo
x i.
La
unidad
nacional
es aba
hecha
y
la
po encia
española
se
dejaba
sen i
en
lodo
el
mundo;
pe o
odo
se
había
p ecipi ado
con
exceso
y
no
es aba
aún
bien
abado
—la
pos e idad
lo
demos ó—
el
cimien o
sob e
el
que
se
edi icaba
una
g andeza
demasiado
expues a
a
i
su as
y
g ie as.
La
unidad
no
había
omado
cue po
en
una
conc eción
ep esen a i a
del
Es ado;
España
no
enía
capi al.
La
elección
de
Mad id
ué
un
an o
imp o i
sada
y
p o isional.
Se
sen ía
la
necesidad
de
un
cen o
de
i adiación
del
Pode ;
al
no
elegi se
una
ciudad
cos e a,
ma í ima
acaso,
po
no
descen a
la
sede
del
gobie no,
las
di e sas
y
opues as
a acciones
con
que
nues a
Mona quía
se
hallaba
solici ada
die on
po
esul ado
una
solución
neu a,
más
acional
que
i al.
En e
Eu opa
y
el
Es echo,
en e
la
I alia
medi e ánea
y
las
u as
a lán icas,
imanes
de
nues os
in e eses
geog á icos
y
polí icos,
an
opues os,
las
ue zas
se
neu aliza on
y
ino
a
pensa se
en
una
ciudad
de
la
es epa ia
Cas illa.
Y
aun
así,
las
dudas
y
oscilaciones
man u ie on
el
péndulo
indeciso
en e
Mad id,
illa
insigni ican e,
más
p óxima
el
cen o
geomé ico
del
uedo
ibé ico,
pe o
apenas
en aizada
a
in e eses
y
economía
ue es,
y,
la
llana
Valladolid,
illa
abie a,
cabeza
de
egión
igue a
y
de
ya
secula
abolengo
uni e si a io.
Los
cazade os
p óximos
de
El
Pa do
y
de
la
Sie a
y
la
p oximidad
de
El
Esco ial
decidie on
la
capi alidad
pa a
Mad id,
lo
que
ué,
p obablemen e,
uno
de
los
a ios
e o es
del
Buen
Rey
P uden e.
Pe o
en e
a
la
iun
an e
Mad id,
Valladolid,
que
al
i
n
y
al
cabo
e a
la
illa
na al
de
Felipe
II,
man u o
su
c ecimien o
y
su
ambición
de
se
más.
Ello
cuajó
en
dos
inicia i as
que
signi ican,
en
algún
modo,
cie o
la en e
anhelo
de
capi alidad
que
Valladolid
no
ha
dejado
de
ab iga
a
lo
112
ENRIQUE
LAFUENTE
FERRAR!
la go
de
su
his o ia.
Mien as
Mad id
no
io
e igi se
sob e
su
pob e
ecin o
medie al
monumen o
alguno
de
impo ancia
—apa e
los
o zosos
ensanchamien os
de
la
casa
de
los
Reyes—
que
a es igüe
su
ango
mas
nominal
que
e ec i o
de
Co e
de
la
p ime a
Mona
quía
de
Eu opa,
Valladolid
e
comenza
su
ca ed al,
o midable
inicia i a
que
no
llegó
a
é mino.
Mien as
Mad id
sigue
has a
hoy
con
su
mode no
i ulo
de
iila,
que
ino
a
se
po
su
incong uencia
casi
una
coque e ía
pa a
una
u be
sin
ambiciones,
Valladolid
alcanza
el
ango
de
ciudad
po
p o isión
de
Felipe
II
echada
en
9
de
Ene o
de
1596.
El
año
an e io
había
log ado
e!
p opio
Rey
que
el
Papa
Clemen e
VIII,
Hipóli o
Aldob andini,
e igiese
una
nue a
Silla
epis
copal
en
la
ciudad
del
Pisue ga.
ele ando
a
ca ed al
su
colegia a,
sede
que
con
el
iempo
y
el
c ecimien o
de
la
población
ino
a
exigi
en
el
Conco da o
de
1851
su
ele ación
a
me opoli ana,
cuando,
como
es
sabido,
Mad id
no
alcanzó
se
cabeza
de
sede
episcopal,
y
pa a
eso
unida
en
el
í ulo
a
la
an igua
y
languidecien e
Aléala,
has a
1885.
Cuando
la
concesión
papal
se
o o ga
a
la
ciudad
de
Ped o
Ansu ez,
ya
es aban
en
ac i idad,
desde
hacia
quince
años,
las
ob as
de
la
ac ual
ca ed al
allisole ana.
Y
no
deja
de
se
singula
el
hecho
de
que
has a
en
las
ci cuns ancias
de
su
e ección
concu an
pa icula
idades
no ables
que
no
he
is o
en
ningún
au o
comen adas.
Son
las
ca ed ales
ob a
y
misión
de
las
ciudades
medie ales,
y
el
gó ico
el
e dade o
es ilo
ep esen a i o
en
nues a
Pa ia
de
las
iglesias
mad es
de
nues os
bu gos.
Po
ello
apa e
las
a as
excepciones
—ca ed ales
del
x iii
de
Cádiz
o
nile a
de
Lé ida,
o
econs uc
ciones
como
en
Vich—,
son
nues as
ca ed ales
ob as
del
gó ico
en
su
mayo
pa e,
pues
las
andaluzas
se
ele an
ya
en
ob a
enacen is a
—con
la
c isis
signi ica i a
del
cambio de
es ilo
en
la
de
G anada—,
po
consecuencia
na u al
del
e aso
en
la
econquis a
pa a
la
e
c is iana
de
aquellas
egiones.
La
ca ed al
de
Valladolid
es,
y
de
aquí
su
alo
ep esen a i o,
la
áb ica
ilipina
que
había
de
signi ica
en e
noso os
¡a
g an
ca ed al
de
¡a
Con a e o ma.
Su ge,
pues,
inmedia amen e
después
de
la
edi icación
singula
de
El
Esco ial,
la
que
a
los
ojos
de
la
His o ia
ep esen a
hoy
la
ensión
hispánica,
pe sonalizada
en
el
Rey
P uden e,
en
p o
de
la
lucha
eu opea
po
el
man enimien o
de
la
e
ca ólica.
El
genio
del
Rey
y
del
a qui ec o
Juan
de
He e a
die on
en
su il
colabo ación
e iden e
exp esión
adecuada
y
española
al
mo imien o
coní a e o mis a,
y
po
ello
no
ha
pasado
sin
se
ad e ido
po
los
más
sagaces
his o iado es
de
la
LA
CATEDRAL
DE
VALLADOLID
Y
EL
CONCURSO,
ETC.
113
A quilec u a,
el
hecho
de
que,
an o
en
su
espí i u
como
en
sus
o mas,
puede
pe cibi se,
po
el
que
no
se
paga
de
luga es
comunes,
en
el
magno
cenobio
se ano,
un
i aje
hacia
el
ba oco
de
la
A qui
ec u a
clásica
bebida
en
uen es
i alianas.
Aho a
bien:
El
Esco ial
es
un
monumen o
aislado,
único,
apa
ado
po
decidida
olun ad
de
su
e ec o
de
oda
concen ación
u bana.
Luga
de
sepulc o
y
de
e i o,
ascé icamen e
uel o
de
espaldas
al
mundo
y
de
en e
a
las
cumb es
de
g ani o
y
al
límpido
za i o
del
pu o
cielo
de
al a
mon aña.
El
Esco ial
simboliza
ese
mismo
deseo
de
apa amien o
y
de
desgana,
piadosa
desgana
que
ué
un
e o
polí ico,
de
Felipe
11,
el
ey
que
no
quiso
como
co e
a
Lisboa,
cen o
na u al
de
nues a
polí ica
de
expansión
a lán ica.
El
Esco ial
quedaba,
pues,
como
un
eo ema,
cla o,
sencillo
y
e dade o;
pe o
elegado
a
una
es e a
acional
inope an e,
como
monumen o
y
como
ejemplo,
espec o
de
la
ida
española.
La
ca ed al
de
Valladolid
enía
po
an o
a
co obo a
en
una
iglesia
de
plena
unción
u bana,
un
es ilo
ya
log ado;
y
las
o mas
se e as
de
ese
es ilo
a i man
con
ensa
ene gía
conscien e
esa
olun ad
y
es ue zo
de
con a e o ma
que,
p esidiendo
una
ciudad
con
su
ca ego ía
de
ecin o
episcopal,
mani ies an
lo
que
hay
de
sen ido
pleno
y
de
signi icación
p o unda
en
las
inicia i as
del
ey
Felipe
y
en
las
ó mulas
a ís icas
de
Juan
de
He e a.
E a,
pues,
mejo
dicho,
iba
a
se
la
de
Valladolid
la
única
y
magna
ca ed al
de
¡a
a qui ec u a
de
¡a
Con a e o ma
en
España
y
se
e igía
en
el
Cen o
de
Cas illa
y
en
la
ciudad
que
acaso
po
azones
geog á icas
e
his ó icas
hubie a
podido
se
la
capi al
de
la
g an
España.
Pues
bien:
pa a
acaba
de
se
ep esen a i a
a
nues os
ojos
de
un
des ino
his ó ico,
esa
ca ed al
iba
a
esumi
en
sí
ambién
ese
conjun o
de
es ue zos
incomple os,
de
emp esas
acasadas,
de
sup ema
a iga
de
inicia i as
gigan escas
que
emos
epe i se
en
la
his o ia
de
nues o
siglo
XVI.
Si
que emos
deja nos
lle a
po
ese
gus o
spcngle iano
de
las
ap oximaciones
en e
enómenos
de
muy
dis in os
ó denes,
pa a
ace ca nos
de
una
mane a
in ui i a
y
no
acional
a
la
explicación
de
las
cosas
de
la
His o ia,
pod íamos
deci
que
el
muñón
lisiado
que
hoy
nos
o ece
en
su
inconclusión
la
ca ed al
de
Valladolid,
nos
p esen a
ese
mismo
asgo
de
acaso
de
o as
emp esas
españolas.
La
ca ed al
de
Valladolid
no
se
e mina,
sin
duda,
po
azones
his ó icas
seme
jan es
a
las
que
hacen
que
la
A mada
In encible
se
pie da
sin
hace
mella
en
el
pode ío
na al
inglés;
y
así
del
mismo
modo,
queda
sin
■doma
la
ebeldía
p o es an e,
y
sin
conquis a
la
o illa
supe io
de
114
ENRIQUE
LAFUENTE
FERRARI
Á ica
Meno ,
nido
de
pi a as
y
amenaza
cons an e;
sin
expulsa
a .
Tu co
de
Eu opa,
ni
log a
se
aba ido
el
pode ío
ancés...
Al a
ambición,
es ue zo
sob ehumano,
escasos
medios,
incons ancia
y,
inalmen e
a iga...;
és e
pa ece
se
el
sino
de
las
magnas
emp esas
nacionales
de
aquella
g an
época.
La
ca ed al
a
a
se
la
g an
ob a
pe sonal
de
Juan
de
He e a,
ya
que
en
El
Esco ial
u o
el
pie
o zado
de
inicia i as
an e io es.
Su
his o ia
aún
no
es á
hecha,
y
se ía
és a
una
buena
ocasión
pa a
que
un
in es igado
allisole ano
acome iese
los
a chi os
pa a
expli
ca nos
las
e apas
y
icisi udes
de
su
cons ucción.
El
p oblema
es
muy
dis in o
del
que
se
plan eaba
en
El
Esco ial:
g an
ca ed al
p oce
sional
con
plan a
de
c uz
la ina
con
el
c uce o
en
el
cen o,
sin
cúpula,
p esbi e io
ec angula ,
es
na es
y
dos
más
de
capillas
embebidas,
y
cua o
obus as
o es
de
ángulo
que
son,
sin
duda,
lo
más
escu ialense
del
p oyec o.
Sob iedad
deco a i a
análoga
a
la
del
monas e io,
den o
del
mismo
lenguaje
a qui ec ónico;
al
ex e io ,
pilas as
sin
capi el
a
modo
de
ajas,
ecuad os
lisos,
ojos
de
buey,
nichos,
gua dapol os
sob e
las
pue as,
ema es
de
bolas,
cúpulas
asdosodas
en
las
o es.
O den
oscano
en
las
po adas,
y
en
los
anos
de
los
balcones
ue es
din eles
que
ebasan
la
anchu a
de
las
jambas,
iniciando
asi
lo
que
después
se án
las
o ejas
del
ba oco.
En
el
in e io ,
g andeza
nobilísima
de
las
p opo ciones;
concisión
de
o na o
emplado
po
el
ico
capi el
co in io;
pe ec o
juego
de
clásicos
olijmenes
en
los
cañones,
lune os
y
pilas as.
En
ez
de
la
cúpula
a
la
i aliana
de
El
Esco ial,
la
modes a
y
española
solución
de
la-
bó eda
baída
en
el
c uce o.
Mue e
He e a,
mue e
el
ey,
los
dine os
escasean
y
el
empuje
hispano
decae
bajo
el
anodino
y
piadoso
ey
Felipe
III.
El
péndulo
de
la
capi alidad
lle a
la
Co e
po
pocos
anos
a
Valladolid,
que
dice
de ini i amen e
adiós
a
sus
espe anzas.
En
1668
se
celeb a
la
p ime a
unción
eligiosa
en
el
emplo;
la
decadencia
se
acen úa,
España
languidece
exhaus a.
Se
mul iplican
en
Eu opa
las
ediciones
del
Quijo e,
y
cuando
se
quie e
ema a
de
algún
modo
la
achada
incon
clusa,
ya
España
se
ha
en egado
a
la
dinas ía
i al,
y
el
g acioso
ba oco
de
Albe o
Chu igue a,
mo ido
y
no
exen o
de
ue za
y
sen ido,
al e a
los
se e os
i mos
he e ianos.
Nues o
genio
de i a
en
abundosidad
exp esi a
una
olun ad
educada
en
más
se e as
disciplinas.
No
deja,
con
odo,
de
abaja se
algo,
y
el
siglo
xix
aun
e
le an a se
una
absu da
o e
que
pa ece
pone
un
incong uen e
y
mal
en endido
ecue do
de
los
p ismas
oc ogonales
de
las
o es^
LA
CATEDRAL
DE
VALLADOLID
Y
EL
CONCURSO,
ETC.
115
del
gólico
caíalán
en
una
achada
que
exigía
mayo
se iedad
en
sus
enmendado es.
y
así
llegamos
a
nues os
días.
La
conciencia
de
I
signi icación
del
inonumen o
allisole ano
mue e
a
la
Oíi ección
de
Bellas
A es
a
pensa
en
o ece
como
ema
posible
a
los
jó enes
a qui ec os,
plenamen e
encendidos
hoy
en
el
cul o
de
He e a,
la
e minación
de
la
caled al,
y
su ge
el
concu so
que,
celeb ado
hace
unos
meses
y
allado
ya,
me ece
cie amen e
se
comen ado
en
las
páginas
de
es e
Bole ín.
Las
soluciones
pa a
su
e minación;
el
concu so
de
1943.
Los
p oyec os
p esen ados
han
sido
cua o.
Sin
duda,
los
dos
más
impo an es
han
sido
el
de
los
S es.
De
Miguel
y
Ma ínez
Chumillas,
de
un
lado,
y
el
de
los
S es.
Chueca,
Sid o
y
Subi ana,
po
o o.
Ob enido
el
p ime
p emio
po
el
de
los
dos
p ime os
seño es
ci ados,
ué
obje o
el
segundo
de
los
hono es
de
se
p o
pues o
pa a
una
ecompensa
mucho
más
ele ada
de
la
ijada
pa a
el
segundo
p emio,
en
a ención
a
sus
no ables
calidades.
Los
o os
dos
ue on
ob a
de
los
S es.
Candei a
—que
ob u o
un
accési —
y
González
Iglesias.
Cada
uno
de
los
p oyec os
acome ió
el
p oblema
de
la
e minación
de
la
ca ed al
con
c i e io
pe sonal
y
soluciones
p opias,
que
me ecen
se
aquí
expues as
con
la
b e edad
que
el
espacio
nos
impone.
El
p oyec o
p emiado
en
p ime
luga
(De
Miguel-Ma ínez
Chumillas)
e a,
sin
duda,
el
mejo
p esen ado,
el
que
lle aba
una
documen ación
más
ex ensa
en
pianos
y
alzados.
Tenía,,
sob e
odo,
el
in e és
documen al
de
p esen a
es udios
de allados
del
es ado
ac ual
de
la
ca ed al
uncada:
pueden
e se
dos
de
ellos
en
la
Láms.
I
y
II-
Puede
en
ambos
ap ecia se
el
e dade o
ca ác e
de
muñón
a qui ec
ónico
de
lo
edi icado,
la
imp esión
pob e
y
uinosa
de
la
edi icación
in e umpida
en
el
c uce o,
la
pob e
solución
adop ada
po
los
que
quisie on
ap o echa
io
cons uido
pa a
el
se icio
del
cui o.
Todo
ello
p egona,
con
lección
his ó ica,
la
uina
y
achicamien o
de
la
Cas illa
del
quinien os
al
co e
de
la
cen u ia
siguien e.
La
plan a
deja
e
asimismo
el
caos
de
edi icaciones
que
se
pene an
unas
en
o as
en
lo
que
había
de
se
la
g an
plan a
del
emplo
según
la
aza
de
He e a,
aza
qüe
no
p esen a on
De
Miguel
y
Chumillas,
y
que
. AC 0 Al
m
AVTF.P»OY .(.-TO
ÜF.
S^. ció '
DI
>•
.a
.
V-
-^'•-. >'
-•i'
Lámina
III.
Ca ed al
de
Valladolíd.
—P oyec o
de
solución
de
los
a qui ec os
De
Miguel-Chumillas.
Lámina
IV.
—Ca ed al
de
ValladoUd.—Sección
longi udinal
del
p o^'ec o
De
Miguel-Chumillas.
-Ml^in os
««<1441*4
y
n. i*4T n*
4i: ' kLA4
•«•«■em wi»4i
,
co c uso
acio Al
DB
ARQVITECTYRA
ANTEPIim'ECTO
DE
SOLVCiÓV
DE
CIJVCEIJO
PA A
EA
CATEÜ« E
DE
J'^^EADOLÍD
Lámina
V.
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de
Valladolid.
-
C uce o
y
cabece a.
P oyec o
De
Miguel-Chuinillas
•
•
/,
co c H^o
. c
io i
ni:
Micm i
í
!í
A^■TP.l'HO^■F,CTo
n
'jOíAí
iüx
Pi;
n (
i;!io
1' ií
i
<
Ti i! i
n
m
^s'i
i
i>0)T Hini
Lámina
VI.—Ca ed al
de
Valladolid.—Fachada
pos e io .
P oyec o
De
Miguel-Chumlllas
5»
3
íH l
CATEDRAL
DE
■/ALLADOL!D
.V,Y7A
l
5kaTÍ
JLC
«
HlUí í
A
Lámina
VIH.
—Ca ed al
de
Vailadolid.-Plan a
de
He e a,
según
Chueca-Sid o-Subi ana
m
^
UniM
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C/ íORAL
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DE
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,
3lj
Lámina
X,
Ca ed al
de
Valladolid,—Fachada
la e al
según
He e a.
Dibujo
del
es udio
Chueca-Sid O'Subl ana.
,
;
1
1
N
I
I
i
•
¡
:
Ili lOl
UIXniTI'DlkAL
ÍBl l'T.MVl
CATEDRAL
DE
VALLADííLIiD'
lamina
Xl.-Ca ed al
de
Vailadoiid.-Sección
longi udinal
del
p oyec o
Chueca-Sid o-Subi ana.
í
CATEDRAL
DE
VALIA
..
j ,
C^JSÍTl
.ii^'iaUiM'L .
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KT
Lámina
XII.—
Ca ed al
de
Valladolid.
—
Una
de
las
soluciones
de
achada
del
p oyec o
Chueca-Sld o-Subi ana.
eoNc RSo
Nacional
de
ARo i
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J
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Lámina
XIX.
—Ca ed al
de
Valladolid-—Sección
longi udinal
del
p oyec o
de
Gonzáli