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La Catedral de Valladolid y el concurso para su terminación

Lafuente Ferrari, Enrique

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LA CATEDRAL DE VALLADOLID Y EL CONCURSO PARA SU TERMINACIÓN Re lexiones sob e la c í ica de A qui ec u a. En aizada la ob a a qui ec ónica a la ida colec i a —pues es ello, sin duda, exigencia indeclinable de su jus i icación—, odo el que se halle amilia izado con la his o ia de las a es ha podido obse a que los g andes pe íodos de la A qui ec u a coinciden siemp e con un in e és di ec o en la edi icación monumen al po pa e de las clases gobe nan es. Muchos de los mona cas amosos en la His o ia han pasado y pe manecen con legí imo y no dispu ado de echo en los anales del pasado, po las cons ucciones que inicia on y son hoy es imonio de la g andeza de sus concepciones. En el deseo de egi el mundo y de impone leyes, su ge como co ela i a necesidad espi i ual la de imponé selas a la ma e ia, o ganizándol.a en ag upa ciones monumen ales, en g andiosas masas pé eas que su gen po ensión de olun ades conjun as pa a albe ga las sup emas necesi dades humanas. Puede cie amen e pensa se con cuán a ecuencia han podido ex ingui se inédi as g andes ocaciones de a qui ec os, si no han hallado la o una de sin oniza con una olun ad polí ica ec o a, o mejo , de se i la. Pe o nos hacemos a la idea de que en las socie dades del pasado la selección de las capacidades e a na u almen e ácil y, sin di usión ni p opaganda, sin p emios ni escuelas, cuando se a aba de edi ica una as a y ep esen a i a ob a, el mona ca que la iniciaba enía la segu idad de halla sin i ubeos una al a capa cidad a su se icio. En es o, como en an as o as cosas, nos lle an en aja las épocas pasadas. De odas las a es ué, sin duda, la A qui ec u a la que cayó mas bajo en el siglo xix. Con i ióse, po un conjun o de ci cuns ancias his ó icas, en una indus ia en cuan o a sus condiciones de eali zación, y en una écnica en lo que a las capacidades del a qui ec o 108 ENRIQUE LAFUENTE FERRAR! se e e ía, en endiendo la palab a écnica en un sen ido ingenie il, muy espe able, pe o que alejaba conside ablemen e de oda p eocu pación a ís ica la concepción undamen al de la ob a. Los a qui ec os se es o za on inú ilmen e po con e i se en ingenie os, o de i a on hacia la A queología; pe o, en lodo caso, se ue on desenlendiendo de la misión esencial de c ea un a e pa a su época. Las gen es co espondie on a es a dejación desen endiéndose de la A qui ec u a, y puede deci se en ealidad que, p ác icamen e, dejó de pesa la A qui ec u a de un modo e ec i o en la ida a ís ica, a pa i de la segunda mi ad del siglo. Engend os mons uosos e insince os o pas iches g o escos de los es ilos de la an igüedad ue on los p oduc os de es e ex a ío, ep esen a i o de su época. Pues cuando la A qui ec u a se desca ía, mal a odo el negocio del a e. Que no puede abdica la a qui ec u a, sin g a es consecuencias, de su papel p incipal de he mana mayo de las a es odas; si se desmo aliza o p os i uye, pe dida queda la amilia de las Musas. Se inicia hoy en las nue as gene aciones una p eocupación p e e en e po la a qui ec u a y un gus o po lo especí ico de sus p oblemas, que acaso deba in e p e a se como un sín oma, uno más, de ese e o no al o den que exigen las necesidades y la ocación de la época p esen e. Y debemos ayuda en la medida de nues as ue zas a esa eins au ación de la je a quía de las a es, o o gando a la a qui ec u a su noble pues o en e ellas den o de la ida a ís ica española. Pa a que es e deseo llegase a se plenamen e una ealidad, se ía p eciso p edica sin cansancio unas cuan as e dades y eeduca en cie o modo al público in e esado, poco habi uado a e y juzga la a qui ec u a del p esen e. Siemp e nos ha pa ecido una incong uencia lamen able el hecho de que la más insus ancial exposición de acua elas o de óleos de un pin o , en muchos casos modes o y aun a eces simplemen e añcionado, me ezca inde ec iblemen e los hono es de un comen a io en los pe iódicos y en las e is as, mien as se silencia la e ección de las edi icaciones que con mayo es o meno es p e ensiones de monumen alidad se an imponiendo en calles y plazas a nues a mi ada, y an al e ando de modo poco ec i icable la i sonomía de nues a ciudad. De los óleos a las acua elas insus anciales no ol e emos, a o unadamen e, a aco da nos; pe o la a qui ec u a, aunque sea del más lamen able géne o, se nos impond á a nues o pesa , apa ece á cons an emen e a nues a is a y asis i á p esen e e ine i able al deambula ciudadano de nues os a anes. -W. LA CATEDRAL DE VALLADOLID Y EL CONCURSO, ETC. 109 si iendo de ondo pe mancnle, de paisaje obligado, a a pe icu a colidiana de nuesi a ida u bana. El monumen o g a o o e o i e ade esio los encon a emos ahí, una y o a ez, al le an a os ojos de nues a p eocupación ambulan e, imponiendo su o su esíu pida e idencia a ios aza es de los días, y llega emos quiza a ama os o a de es a los con iolencia e incluso a concede les e po e de modi ica nues os humo es. C eo que, cie amen e, no sean ema- siadas las gen es con una sensibilidad agudizada de es e mo o pa a imp esiona se an e la a qui ec u a; pe o su núme o no impo a. Bas a que ello sea posible pa a que quede bien pa en e a ssponsa bílidad es é ica del a qui ec o al p esen a nos de modo pe enne e inamo ible el u o desús log adas o inma u as igilias. Pe o es el caso, y a ello íbamos, que és a es una esponsabilidad casi nunca exigida, y que lo menos que pa a hace la e ec i a se necesi a es la exis encia de una c í ica de a qui ec u a. Que no quede sin la sanción de un juicio público, a o able o ad e so, la ob a nue a de áb ica que un día se nos mues a lib e de* andamies en la ía pública. Que eciba plácemes o i upe ios el a qui ec o po su abajo, con mucho mayo mo i o que el pin o que po b e es días o semanas expone su ob a en local ce ado, al que no es obligado, sino olun a io, acudi . Y así, al que nos impone de po ida la isión de su descabellado p oyec o, impongámosle po unos momen os ¡blanda penal— la exp esión pública de nues o desag ado. No cabe, pues, mayo jus i icación ni mejo undamcn ación mo al de la necesidad de la exis encia de la c í ica de a qui ec u a. Pe o no es sólo nece sidad: es jus icia. Es lamen able que los es ue zos del alen o a o u nado queden an silenciados como el acaso del inep o, y que sea el a qui ec o el único a is a que no coseche de sus con empo áneos el ibu o de admi ación o ilipendio, el es imonio co obo ado!" de su mejo o peo o una, de labios y plumas de con empo áneos.- Pues si el juicio con empo áneo es a eces ecusable, o o an o pudie a a i ma se en el caso de la pin u a o la escul u a. Es el caso que en España no sólo se le an an ob as y monu men os, sino que con ela i a ecuencia se acome en emp esas de algún uelo o se celeb an concu sos de p oyec os impo an es, sin que, apa e la exposición de los abajos — cuando más— y la publi cación de los allos, engan el meno eco ni log en comen a ios que p ueben un in e és socialmen e denso en es os asun os. Pe o con iene sali al paso de equí ocos y e o es que más de una ez he escuchado de labios de a qui ec os. P e ende án algunos »' '-'V K . . 110' ENRIQUE LAFUENTE FERRARI que sólo a qui ec os pueden juzga de a qui ec u a. Nó ese que eni mos hablando de esponsabilidad a ís ica y de c i e io es é ico^ o sea aquellos pun os de is a únicos que pueden se i pa a jus i ica una c í ica de a qui ec u a. A los p o esionales, lo pu amen e écnico; pe o de /o o o, es deci , de lo que es a e en la a qui ec u a, de éso pueden y deben juzga los no a qui ec os. No caigan, y a esos e o es me e ie o, en un espí i u de Cue po mal en endido, en una sobe bia p o esional ce ada a da oídos a los no iniciados. Con ese - - es echo c i e io, sólo pod ían habla de pin u a los pin o es, y de ea o los au o es d amá icos. El Zapa e o, a us zapa os, es muy sabio a o ismo e e ido al hace , pe o no al juzga ; pues el que sabe dónde le ap ie a el zapa o es p ecisamen e el que lo usa y, padece, y no el a esano que io ab ica. Y ya hemos is o que las ob as de los a qui ec os las usamos y aun las padecemos odos. Quede, pues, bien en endido, que ecusamos y comba i emos dondequie a que apa ezca ese só dido c i e io sindical que desea ía e igi su p o esión en co o edado a los juicios y opiniones de los demás. Ese puede se , y de hecho lo es, c i e io acep able pa a las p o esiones de me a écnica; pe o nunca pod á se álido ese clandes ino he me ismo pa a aquellas ac i idades humanas que p e enden en a en e! ecin o, abie o no a la me a capacidad écnica, sino a la sensibilidad y al gus o, ese ado a la c eación a ís ica. La ca ed al de Valladolid y su signi icación en nues a a qui ec u a. E a p eciso es e in oi o, al menos pa a el que es o esc ibe, po que que ía sali al paso de opiniones oídas a eces en la con e sación p i ada, que p e endían jus i ica es a ecusación del no p o e sional pa a juzga ob as de p o esionales; y no puede ex aña nos la apa ición de es e e o en e los a qui ec os, ya que en e los mismos pin o es y esc i o es se da, de ez en ez, la obia del c í ico, la ecusación del c í ico. Pe o bas a ya de p elimina es pa a deci que odo es o iene a p opósi o de que c eemos deben discu i se y ai ea se jas cues iones e e en es a las g andes emp esas a qui ec ónicas que en nues os días se acome en, y que la mejo señal de que se sien e ia a qui ec u a como algo i o y de gene al in e és, es que no se pasen en silencio las pocas o muchas inicia i as de e dade a impo ancia que su gen y oman cue po en e noso os. , C éemos no e a mucho al deci que los concu sos más LA CATEDRAL DE VALLADOLID Y EL CONCURSO, ETC. 111 impo an es que han enido luga en España desde el i n de nues a gue a han sido el con ocado po el Ayun amien o de Za agoza pa a la edi icación de una nue a Casa Consis o ial, y el que nos a a ocupa en es as páginas: el anunciado po la Di ección de Bellas A es pa a p emia p oyec os de e minación de la ca ed al de Valladolid. Todo el que enga sen ido his ó ico y sensibilidad no sólo pa a gus a de las ob as de a e como p oduc os b u os, sino pa a ese enga ce en e lo a ís ico y sus ci cuns ancias, ha enido que sen i una singula emoción con emplando la inconclusa iglesia me opo li ana de la ciudad del Pisue ga. Se desp ende de aquellas ada ajas de los lienzos de mu os, b u almen e in e umpidos, un símbolo a la ez de la al a ambición y de la emenda a iga que se die on en nues o es ue zo his ó ico del siglo x i. La unidad nacional es aba hecha y la po encia española se dejaba sen i en lodo el mundo; pe o odo se había p ecipi ado con exceso y no es aba aún bien abado —la pos e idad lo demos ó— el cimien o sob e el que se edi icaba una g andeza demasiado expues a a i su as y g ie as. La unidad no había omado cue po en una conc eción ep esen a i a del Es ado; España no enía capi al. La elección de Mad id ué un an o imp o i sada y p o isional. Se sen ía la necesidad de un cen o de i adiación del Pode ; al no elegi se una ciudad cos e a, ma í ima acaso, po no descen a la sede del gobie no, las di e sas y opues as a acciones con que nues a Mona quía se hallaba solici ada die on po esul ado una solución neu a, más acional que i al. En e Eu opa y el Es echo, en e la I alia medi e ánea y las u as a lán icas, imanes de nues os in e eses geog á icos y polí icos, an opues os, las ue zas se neu aliza on y ino a pensa se en una ciudad de la es epa ia Cas illa. Y aun así, las dudas y oscilaciones man u ie on el péndulo indeciso en e Mad id, illa insigni ican e, más p óxima el cen o geomé ico del uedo ibé ico, pe o apenas en aizada a in e eses y economía ue es, y, la llana Valladolid, illa abie a, cabeza de egión igue a y de ya secula abolengo uni e si a io. Los cazade os p óximos de El Pa do y de la Sie a y la p oximidad de El Esco ial decidie on la capi alidad pa a Mad id, lo que ué, p obablemen e, uno de los a ios e o es del Buen Rey P uden e. Pe o en e a la iun an e Mad id, Valladolid, que al i n y al cabo e a la illa na al de Felipe II, man u o su c ecimien o y su ambición de se más. Ello cuajó en dos inicia i as que signi ican, en algún modo, cie o la en e anhelo de capi alidad que Valladolid no ha dejado de ab iga a lo 112 ENRIQUE LAFUENTE FERRAR! la go de su his o ia. Mien as Mad id no io e igi se sob e su pob e ecin o medie al monumen o alguno de impo ancia —apa e los o zosos ensanchamien os de la casa de los Reyes— que a es igüe su ango mas nominal que e ec i o de Co e de la p ime a Mona quía de Eu opa, Valladolid e comenza su ca ed al, o midable inicia i a que no llegó a é mino. Mien as Mad id sigue has a hoy con su mode no i ulo de iila, que ino a se po su incong uencia casi una coque e ía pa a una u be sin ambiciones, Valladolid alcanza el ango de ciudad po p o isión de Felipe II echada en 9 de Ene o de 1596. El año an e io había log ado e! p opio Rey que el Papa Clemen e VIII, Hipóli o Aldob andini, e igiese una nue a Silla epis copal en la ciudad del Pisue ga. ele ando a ca ed al su colegia a, sede que con el iempo y el c ecimien o de la población ino a exigi en el Conco da o de 1851 su ele ación a me opoli ana, cuando, como es sabido, Mad id no alcanzó se cabeza de sede episcopal, y pa a eso unida en el í ulo a la an igua y languidecien e Aléala, has a 1885. Cuando la concesión papal se o o ga a la ciudad de Ped o Ansu ez, ya es aban en ac i idad, desde hacia quince años, las ob as de la ac ual ca ed al allisole ana. Y no deja de se singula el hecho de que has a en las ci cuns ancias de su e ección concu an pa icula idades no ables que no he is o en ningún au o comen adas. Son las ca ed ales ob a y misión de las ciudades medie ales, y el gó ico el e dade o es ilo ep esen a i o en nues a Pa ia de las iglesias mad es de nues os bu gos. Po ello apa e las a as excepciones —ca ed ales del x iii de Cádiz o nile a de Lé ida, o econs uc ciones como en Vich—, son nues as ca ed ales ob as del gó ico en su mayo pa e, pues las andaluzas se ele an ya en ob a enacen is a —con la c isis signi ica i a del cambio de es ilo en la de G anada—, po consecuencia na u al del e aso en la econquis a pa a la e c is iana de aquellas egiones. La ca ed al de Valladolid es, y de aquí su alo ep esen a i o, la áb ica ilipina que había de signi ica en e noso os ¡a g an ca ed al de ¡a Con a e o ma. Su ge, pues, inmedia amen e después de la edi icación singula de El Esco ial, la que a los ojos de la His o ia ep esen a hoy la ensión hispánica, pe sonalizada en el Rey P uden e, en p o de la lucha eu opea po el man enimien o de la e ca ólica. El genio del Rey y del a qui ec o Juan de He e a die on en su il colabo ación e iden e exp esión adecuada y española al mo imien o coní a e o mis a, y po ello no ha pasado sin se ad e ido po los más sagaces his o iado es de la LA CATEDRAL DE VALLADOLID Y EL CONCURSO, ETC. 113 A quilec u a, el hecho de que, an o en su espí i u como en sus o mas, puede pe cibi se, po el que no se paga de luga es comunes, en el magno cenobio se ano, un i aje hacia el ba oco de la A qui ec u a clásica bebida en uen es i alianas. Aho a bien: El Esco ial es un monumen o aislado, único, apa ado po decidida olun ad de su e ec o de oda concen ación u bana. Luga de sepulc o y de e i o, ascé icamen e uel o de espaldas al mundo y de en e a las cumb es de g ani o y al límpido za i o del pu o cielo de al a mon aña. El Esco ial simboliza ese mismo deseo de apa amien o y de desgana, piadosa desgana que ué un e o polí ico, de Felipe 11, el ey que no quiso como co e a Lisboa, cen o na u al de nues a polí ica de expansión a lán ica. El Esco ial quedaba, pues, como un eo ema, cla o, sencillo y e dade o; pe o elegado a una es e a acional inope an e, como monumen o y como ejemplo, espec o de la ida española. La ca ed al de Valladolid enía po an o a co obo a en una iglesia de plena unción u bana, un es ilo ya log ado; y las o mas se e as de ese es ilo a i man con ensa ene gía conscien e esa olun ad y es ue zo de con a e o ma que, p esidiendo una ciudad con su ca ego ía de ecin o episcopal, mani ies an lo que hay de sen ido pleno y de signi icación p o unda en las inicia i as del ey Felipe y en las ó mulas a ís icas de Juan de He e a. E a, pues, mejo dicho, iba a se la de Valladolid la única y magna ca ed al de ¡a a qui ec u a de ¡a Con a e o ma en España y se e igía en el Cen o de Cas illa y en la ciudad que acaso po azones geog á icas e his ó icas hubie a podido se la capi al de la g an España. Pues bien: pa a acaba de se ep esen a i a a nues os ojos de un des ino his ó ico, esa ca ed al iba a esumi en sí ambién ese conjun o de es ue zos incomple os, de emp esas acasadas, de sup ema a iga de inicia i as gigan escas que emos epe i se en la his o ia de nues o siglo XVI. Si que emos deja nos lle a po ese gus o spcngle iano de las ap oximaciones en e enómenos de muy dis in os ó denes, pa a ace ca nos de una mane a in ui i a y no acional a la explicación de las cosas de la His o ia, pod íamos deci que el muñón lisiado que hoy nos o ece en su inconclusión la ca ed al de Valladolid, nos p esen a ese mismo asgo de acaso de o as emp esas españolas. La ca ed al de Valladolid no se e mina, sin duda, po azones his ó icas seme jan es a las que hacen que la A mada In encible se pie da sin hace mella en el pode ío na al inglés; y así del mismo modo, queda sin ■doma la ebeldía p o es an e, y sin conquis a la o illa supe io de 114 ENRIQUE LAFUENTE FERRARI Á ica Meno , nido de pi a as y amenaza cons an e; sin expulsa a . Tu co de Eu opa, ni log a se aba ido el pode ío ancés... Al a ambición, es ue zo sob ehumano, escasos medios, incons ancia y, inalmen e a iga...; és e pa ece se el sino de las magnas emp esas nacionales de aquella g an época. La ca ed al a a se la g an ob a pe sonal de Juan de He e a, ya que en El Esco ial u o el pie o zado de inicia i as an e io es. Su his o ia aún no es á hecha, y se ía és a una buena ocasión pa a que un in es igado allisole ano acome iese los a chi os pa a expli ca nos las e apas y icisi udes de su cons ucción. El p oblema es muy dis in o del que se plan eaba en El Esco ial: g an ca ed al p oce sional con plan a de c uz la ina con el c uce o en el cen o, sin cúpula, p esbi e io ec angula , es na es y dos más de capillas embebidas, y cua o obus as o es de ángulo que son, sin duda, lo más escu ialense del p oyec o. Sob iedad deco a i a análoga a la del monas e io, den o del mismo lenguaje a qui ec ónico; al ex e io , pilas as sin capi el a modo de ajas, ecuad os lisos, ojos de buey, nichos, gua dapol os sob e las pue as, ema es de bolas, cúpulas asdosodas en las o es. O den oscano en las po adas, y en los anos de los balcones ue es din eles que ebasan la anchu a de las jambas, iniciando asi lo que después se án las o ejas del ba oco. En el in e io , g andeza nobilísima de las p opo ciones; concisión de o na o emplado po el ico capi el co in io; pe ec o juego de clásicos olijmenes en los cañones, lune os y pilas as. En ez de la cúpula a la i aliana de El Esco ial, la modes a y española solución de la- bó eda baída en el c uce o. Mue e He e a, mue e el ey, los dine os escasean y el empuje hispano decae bajo el anodino y piadoso ey Felipe III. El péndulo de la capi alidad lle a la Co e po pocos anos a Valladolid, que dice de ini i amen e adiós a sus espe anzas. En 1668 se celeb a la p ime a unción eligiosa en el emplo; la decadencia se acen úa, España languidece exhaus a. Se mul iplican en Eu opa las ediciones del Quijo e, y cuando se quie e ema a de algún modo la achada incon clusa, ya España se ha en egado a la dinas ía i al, y el g acioso ba oco de Albe o Chu igue a, mo ido y no exen o de ue za y sen ido, al e a los se e os i mos he e ianos. Nues o genio de i a en abundosidad exp esi a una olun ad educada en más se e as disciplinas. No deja, con odo, de abaja se algo, y el siglo xix aun e le an a se una absu da o e que pa ece pone un incong uen e y mal en endido ecue do de los p ismas oc ogonales de las o es^ LA CATEDRAL DE VALLADOLID Y EL CONCURSO, ETC. 115 del gólico caíalán en una achada que exigía mayo se iedad en sus enmendado es. y así llegamos a nues os días. La conciencia de I signi icación del inonumen o allisole ano mue e a la Oíi ección de Bellas A es a pensa en o ece como ema posible a los jó enes a qui ec os, plenamen e encendidos hoy en el cul o de He e a, la e minación de la caled al, y su ge el concu so que, celeb ado hace unos meses y allado ya, me ece cie amen e se comen ado en las páginas de es e Bole ín. Las soluciones pa a su e minación; el concu so de 1943. Los p oyec os p esen ados han sido cua o. Sin duda, los dos más impo an es han sido el de los S es. De Miguel y Ma ínez Chumillas, de un lado, y el de los S es. Chueca, Sid o y Subi ana, po o o. Ob enido el p ime p emio po el de los dos p ime os seño es ci ados, ué obje o el segundo de los hono es de se p o pues o pa a una ecompensa mucho más ele ada de la ijada pa a el segundo p emio, en a ención a sus no ables calidades. Los o os dos ue on ob a de los S es. Candei a —que ob u o un accési — y González Iglesias. Cada uno de los p oyec os acome ió el p oblema de la e minación de la ca ed al con c i e io pe sonal y soluciones p opias, que me ecen se aquí expues as con la b e edad que el espacio nos impone. El p oyec o p emiado en p ime luga (De Miguel-Ma ínez Chumillas) e a, sin duda, el mejo p esen ado, el que lle aba una documen ación más ex ensa en pianos y alzados. Tenía,, sob e odo, el in e és documen al de p esen a es udios de allados del es ado ac ual de la ca ed al uncada: pueden e se dos de ellos en la Láms. I y II- Puede en ambos ap ecia se el e dade o ca ác e de muñón a qui ec ónico de lo edi icado, la imp esión pob e y uinosa de la edi icación in e umpida en el c uce o, la pob e solución adop ada po los que quisie on ap o echa io cons uido pa a el se icio del cui o. Todo ello p egona, con lección his ó ica, la uina y achicamien o de la Cas illa del quinien os al co e de la cen u ia siguien e. La plan a deja e asimismo el caos de edi icaciones que se pene an unas en o as en lo que había de se la g an plan a del emplo según la aza de He e a, aza qüe no p esen a on De Miguel y Chumillas, y que . AC 0 Al m AVTF.P»OY .(.-TO ÜF. S^. ció ' DI >• .a . V- -^'•-. >' -•i' Lámina III. Ca ed al de Valladolíd. —P oyec o de solución de los a qui ec os De Miguel-Chumillas. Lámina IV. —Ca ed al de ValladoUd.—Sección longi udinal del p o^'ec o De Miguel-Chumillas. -Ml^in os ««<1441*4 y n. i*4T n* 4i: ' kLA4 •«•«■em wi»4i , co c uso acio Al DB ARQVITECTYRA ANTEPIim'ECTO DE SOLVCiÓV DE CIJVCEIJO PA A EA CATEÜ« E DE J'^^EADOLÍD Lámina V. —Ca ed al de Valladolid. - C uce o y cabece a. P oyec o De Miguel-Chuinillas • • /, co c H^o . c io i ni: Micm i í !í A^■TP.l'HO^■F,CTo n 'jOíAí iüx Pi; n ( i;!io 1' ií i < Ti i! i n m ^s'i i i>0)T Hini Lámina VI.—Ca ed al de Valladolid.—Fachada pos e io . P oyec o De Miguel-Chumlllas 5» 3 íH l CATEDRAL DE ■/ALLADOL!D .V,Y7A l 5kaTÍ JLC « HlUí í A Lámina VIH. —Ca ed al de Vailadolid.-Plan a de He e a, según Chueca-Sid o-Subi ana m ^ UniM umu I cil KJJI H KIIIILk ■ C/ íORAL ' DE ' VALLADCJDIO ' ■ ».k^00e9 Mm ^ * 'U^Áá U Co á n¿Ji m MUX.* 4/ ^ &,n4/di», ie^é^iki d yí^ * — » _ .«^AéA.jm , 3lj Lámina X, Ca ed al de Valladolid,—Fachada la e al según He e a. Dibujo del es udio Chueca-Sid O'Subl ana. , ; 1 1 N I I i • ¡ : Ili lOl UIXniTI'DlkAL ÍBl l'T.MVl CATEDRAL DE VALLADííLIiD' lamina Xl.-Ca ed al de Vailadoiid.-Sección longi udinal del p oyec o Chueca-Sid o-Subi ana. í CATEDRAL DE VALIA .. j , C^JSÍTl .ii^'iaUiM'L . .- iínuJ.' , :. ,_ > . M bK " ^saák /Je^ i_ _ . ? .**«*«•»*** KT Lámina XII.— Ca ed al de Valladolid. — Una de las soluciones de achada del p oyec o Chueca-Sld o-Subi ana. eoNc RSo Nacional de ARo i -c i¿ ano m( n i ii A.sTnPROYbCTo D >()L ioN i)i:l a cmio dh la (a j.dpal dií xai i xdomi) oi? i . i.os'OKA dinai. á-' . 1 =hci-' ^ Q -Ji i í j! n •! A -■-♦ *?T-í?í' ,üi 331 l ia-ai J M :: ■ Lámina XIX. —Ca ed al de Valladolid-—Sección longi udinal del p oyec o de Gonzáli