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I CONGRESO INTERNACIONAL AMÉRICA-EUROPA, EUROPA-AMÉRICA

Abstract

Desde el primer encuentro entre europeos y americanos en 1492 las relaciones que se han establecido entre las civilizaciones de los países europeos y las civilizaciones americanas, posteriormente países independientes, han influido en la cultura, la economía, la sociedad, el derecho, la política, y en general en cualquier ámbito de las actividades humanas. El I Congreso internacional América-Europa, Europa-América (27-29 de julio de 2015) tiene como objetivo el debate y la aportación de investigaciones que nos ayuden a comprender las relaciones y la multiculturalidad entre estos dos continentes. La vinculación establecida desde el encuentro ha influido recíprocamente, desde el intercambio de productos agrícolas y ganaderos que han reconfigurado la economía de los países y sus relaciones comerciales, pasando por la configuración de distintos derechos nacionales, con influencias jurídicas de varios corpus (derecho romano, derechos medievales europeos, derechos indígenas, Leyes de Indias, etc.), estructurando unas sociedades modificadas a lo largo de la historia por su desarrollo interno pero también por influencias determinantes de otras sociedades y religiones, generando asimismo productos multiculturales en las artes (literatura, artes plásticas, cine, etc.) que no se pueden entender sin las relaciones entre Europa y América.

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I CONGRESO INTERNACIONAL AMÉRICA-EUROPA, EUROPA-AMÉRICA

Author: Giménez Chornet, Vicent,Colomer Viadel, Antonio
Publisher: Editorial Universitat Politècnica de València
Year: 2015
Source: https://riunet.upv.es/bitstream/10251/58895/1/I%20CONGRESO%20INTERNACIONAL%20AM%c3%89RICA-EUROPA%2c%20EUROPA-AM%c3%89RICA_6242.pdf
L I B R O D E A C T A S

EDITORIAL
UNIVERSITAT POLITÈCNICA DE VALÈNCIA

Valencia 27-29 de julio de 2015

Vicent Giménez Chornet
Antonio Colomer Viadel

Editores

I Congreso Internacional
América-Europa, Europa-America

Colección Congresos UPV
I Congreso Internacional América-Europa, Europa-América

Los contenidos de esta publicación han sido evaluados por el Comité Científico
que en ella se relaciona y según el procedimiento que se recoge en
http://www.congresoamericaeuropa.org/

© Editores
Vicent Giménez Chornet
Antonio Colomer Viadel

© de los textos: los autores.

© 2015, de la presente edición: Editorial Universitat
Politècnica de València.
www.lalibreria.upv.es / Ref.: 6242_01_01_01

ISBN: 978-84-9048-367-1 (versión impresa)

Los textos e imágenes publicados en esta obra están suj etos –excepto que se indique lo contrario– a una
licencia de Reconocimiento-N oComercial- SinObraDerivada (BY-NC -ND). Podéis c opiarlos, distribuirlos y transmitirlos
públicamente siem pre que citéis el autor y la fuente (Universitat Politècnica de València).
I Congreso Internacional Améric a-Europa, Europa-América (2015)

Comité Técnico

Presidentes:

Dr. Antonio Colomer Viadel
Dr. Vicent Giménez Chornet

Miembros:

Carmen Allendes González , licenciada en Perio dismo e investigado ra del
INAUCO.
Desamparados Cebolla Talens , doctoranda del “Programa de Doctorado
en Industrias de la Comunicación y Culturales” de la Universidad
Politécnica de Valencia.
Alba Fluixà Pelufo , doctoranda del “Programa de Doctorado en Industrias
de la Comunicac ión y Culturales” de la Universida d Politécnica de
Valencia.
Carmen García Almenar, doctoranda del “Program a de Doctorado en
Industrias de la Comunicación y Culturales” de la Universida d Politécnica
de Valencia.
Verónica García , doctoranda del “Program a de Doctorado en Industrias de
la Comunicación y Cultu rales” de la Universidad Polité cnica de Valencia.
Dr. Rodolfo Hernández Carrión , Profesor Titular de Economia Aplicada
de la Universitat de Valè ncia.
Alicia Martínez Gil , doctoranda del “Programa de Doctorado en Industrias
de la Comunicac ión y Culturales” de la Universida d Politécnica de
Valencia.
Gustavo Adolfo Vivas Rebolledo , arquitecto hispano-colombiano.

Comité técnico-organización

Lorena Borràs Ortolà , estudiante de Grado en Información y
Documentación.
Mariluz Martínez Aparisi , estudiante de Grado en Información y
Documentación.
Arturo Marcondes Aznar , estudiante de Grado en Gestión y
Administración Pública.
Maria Borràs Ortolà , estudiante de Grado en Quím ica.
Caroline Pino Lucas , estudiante de Grado en Gestión y Administración
Pública.

Miriam Ferrón Gallardo , estudiante de Grado en Gestión y
Administración Pública.
Lina Vanessa Montenegro , estudiante de Grado en Gestión y
Administración Pública.
Paula Ramón Olivert, graduada en Inform ación y Docum entación.
Lenin Pomari Rodriguez, estudian te del Máster en Cooperación al
Desarrollo

Comité Científico

Presidentes

Dr. Antonio Colomer Viadel . Instituto Intercu ltural para la Autogestión y
la Acción Comunal (INAUCO)
Dr. Vicent Giménez Chornet . Universitat Po litècnica de Valènc ia

Miembros

Dr. José Carlos de Bartolomé Cenzano . Universitat Politècnica de
València
Dr. Vicente Cabedo Mallol. Universita t Politècnica de València
Dr. Riccardo Campa. Director del Centro de Estudios, Documentación y
Biblioteca del Instituto Ítalo -Latino Americano (Rom a)
Dr. Vladimir Davydov. Director del Instituto de Latinoamérica de la
Academia de Ciencias d e Rusia.
Dr. Juan Guillermo Espinosa Carmona. Universidad de Chile, Facultad
de Ciencias Sociales (FLACSO)
Dr. Albert Moncusí Ferré. Universita t de València
Dr. Carlos Juárez Centeno. Universidad Nacional de Córdoba, Facultad
de Derecho (Argentina)
Dra. Concepción Navarro Azcue. Universidad Com plutense de Madrid
Dra. Nuria Lloret Romero. Universitat Politècn ica de València
Dra. Francisca Ramón Fernández. Universitat Politècnica de València
Dr. Adalberto Santana. Universidad Nacional Autónoma de México
Dra. Luisa Tolosa Robledo. Universitat Politècnica de Valè ncia
Dra. Efthimia Pandis Pavlakis. Directora del Departamento de Lenguas
Hispánica de la Universidad de Atenas
Dr. Roberto Viciano Pastor. Universitat de València
Dr. Enrique Uribe Arzate. Director de la Facult ad de Derecho de la
Universidad Autónoma del Estado de México

ÍNDICE
Lección Inaugural
Prof. Dr. A ntonio C olomer Vi adel,
El concepto y el valor del mestizaje en la
cultura Iber oamericana

PONENCIAS
Espinosa Carmona, Dr. Juan Guillermo (FLACSO y Universi dad Católica de
Chile) ,
Economía, Transformaci ón financiera y Or ganización social
Colomer de Selva, Dña. Móni ca. Di re ctora de Coope ración c on Amér ica
Latina y el Caribe. Agencia Español a de Cooperación In ternacional para
el Desarrollo (AECID). Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación
(España). ,
Redes de Cooperación Trasatlánticas
Lobrano, Prof. Dr. Giov anni, Catedrático de Der echo Romano de la Facu ltad
de Derecho de la Universidad de Sassari, Cerdeña (Italia) ,
Esiste un “pensiero politico-giuridico Latino-Americano”?
Caratteristiche e attualità del pensiero democratico: federalismo vero
contro federalismo falso tra E uropa e América

COMUNICACIONES
Cultura
Badenes Almenara, Julio Samuel (Docto r en Fi losofía del Dere cho, M oral y
Política),
El reconocimient o histórico-cult ural de los pueblos indígenas
americanos como condic ión y fundamento de los Estados nacionales
democráticos en Am érica
.
Denisova, Natalia K . (Universidad Complut ense de Madrid, Universidad
Nacional Autón oma de México),
H e r n á n C o r t é s h o y . E n t r e e l m i t o y e l
esperpento
.
1

Hernández Toledano, Esmeralda, y Ana María Vela sco Molpeceres.
(Universidad de Valladolid),
Francisco, hér oe sadiano: Análisis de l a
influencia de Sade en Él, de Luis Buñuel
Ibáñ ez Barb erán, Gema (Escuela Su perior de Arte y Diseño de Alicante),
El
símbolo de la hispani dad de dos contin entes a través del proyect o
editorial “Ar gentina y sus gran dezas”, de Vicente Blasco Ibá ñez
Jover Martí, Francisco Javier (Uni versidad de Castilla-La Mancha),
El
patrimonio en La Habana Vi eja (Cuba): gestión de la cultur a y
posibilidades de uso turístico en un territori o vulnerable.
Mojica Ma dera, Javi er (Univers idad del Valle Cali, Col ombia),
Ritualidad
Mestizaje y Sincretismo en el Ca rnaval de Barranquilla Colombia.
Paredes Cas tellanos, Ange lina (Universidad Michoa ca na de San Nicolás de
Hidalgo en Morelia, Mi choacán , México),
¿La inde pende ncia es téti ca de
América Latina? Belleza alternativ a, plural, diversa y liberación.
Prieto Ustio, Ester (Universidad de Sevilla),
Pinturas y pintores peninsula res
en el ámbito de Nueva España d urante la primera mitad del siglo XVII
Ramón Fer nández, Fr ancisca (Univers itat Politècnica de València),
El
patrimonio cultural subacuático: aná lisis del caso de la fragata Nuestra
Señora de la s Mercedes y el conflicto América-Europa
Sesma, Ana María; Sus ana Ester Caelles Arán, Claudia Ra ngone y Ma ría
Inés Harrington (Universidad Ca tólica de Córdoba, Argentina),
El
prácticum y la formación pr ofesio nal universitaria en espacios
interculturales: Escenario América Latina- Europa
Soto Lara, José Julián (Uni versidad de Valladol id),
La guerra y posguerra
del Pacífico en la prens a de España: Desde las “Conferencias de Arica”
hasta el arbitraje de la Reina María C ristina (1880-1901).
2

Economía
Albertos, Julio y Ángel Bravo Millán,
Cuantificac ión y relaciones de ries go,
renta, inter és y beneficio en la Nueva Front era Empresarial
Camacho Gómez, Manuela, Concepción Reyes de la Cruz y Rosa María
Martínez Jiménez (Universidad Juárez A u t ó n o m a d e T a b a s c o , M é x i c o ) ,
Emprendimiento, em presas y transferen cia de cono cimientos en
universidades públicas mexicanas
.
Giménez Chornet, Vicent (Univers itat Politécnica de Valènca),
La política de
ayuda económica en pro gramas de co laboración al

desarrollo de la
Unión Europea en Bolivia.
González Muñoz, Oscar, Milagros Cano Flores (Universidad Veracruzana),
Esbozo histórico d e las relacion es com erciales ent re la Unión Eur opea-
México (2015): el mercado y la po breza como fenómenos compartidos
González Muñoz, Osca r, Milagros Ca no Flores, Kenia Patricia Baizabal
Sánche z (Unive rsidad Verac ruzana) ,
Oportunidades comerciales en
México y los nich os de mercado at endidos por B élgica
Iglesias Webering Susana (D eparta mento de Administra ción y Turismo
(DAT) de la Universidad Federal Ru ral de Rio de Janeiro (UFRRJ),
Una
concepción sistémica para el estudio del emprendimiento
autogestionado
M é n d e z L ó p e z , A . J , y J . V P é r e z C o s í n ,
La metodología del autodesarr ollo
comunitario: Experien cias en Cu ba y España
.
Salas, Deme, y A . Clemente Bartomeu
,Transición hacia una Economía
Social
Villagra, Carlos, Deme Salas, Julio Albertos, Ángel Bravo Millán, Adrián
Clemente B artomeu ,
Nueva Frontera Empresarial
Villagra, Carlos,
Valores Humanos para una Nueva Frontera E mpresarial
Ż u ł awska, Urszula (Academia de Ciencias Sociales, Lodz, Pol onia),
Recepción de las soluciones sistemátic as latinoamericanas en la Eur opa
postcomunista. Reformas neoliber ales y transformación en Polonia
.
3

Sociedad
Acevedo Prieto, Luis Francisc o y Alicia Herrera Yáñez,
Produc tos con
i d e n t i d a d : u n a e s t r a t e g i a d e d e s a r r o l l o e n u n c o n t e x t o l o c a l . E l c a s o d e
la región nort e del esta do de Mé xico
Nanga, Emeline (Ph D candidate, University of Luxembourg),
Complexes
régionaux de sécurité e t enjeux migratoires : Une étude compar ée des
régions Ouest-Méditerranéen ne et Nord-Américaine
.
Rodríguez Herrera, Ma nuel (Ayuntam iento de Castellón, Es paña. Inspector
de Policía Local),
Compartir conocimiento en seguridad pública. Las
relaciones España-América.
V elasco Puflea u, Mónic a (PhD. Po st doctoral fellow, University of
Luxembourg),
Inter-regionalism and participation: Could the experiment
succeed? Insights from the European Union’s external relations towards
Mexico.
Política
Bernardo Díaz G., Luis (Decan o Facultad de D erecho y Ciencias Soci ales
UPTC),
Nuevas configur aciones del derecho a la paz
Cancela Outeda , Celso (Universidad de Vig o, Spain),
La paradiplom acia
gallega: la relaci ón especial con Latinoamérica
Feltr ez, Rocío ( Facultad de Psicolog ía, Universidad de Buenos Aires,
Argentina),
El movimiento de lo grupal en la Argentin a (apuntes para un
nunca más).
Lindh, Magnus (Karlsta d University, Sweden),
Paradiplomacy in the
making? The dynamics of regional external relations in unitary states.
The case of Sweden
Martínez Leguízamo, Jeisson Oswa ldo (Universidad de Murcia),
Las
implicaciones del respaldo de la Un ión Europea al Proceso de Paz en
Colombia. Sectores y meca nismos para la implementación de las ayudas
.
4

Mejía Gutiérrez, Jaime (Escuela Superior de Administración Pública,
Colombia),
La universidad republicana y la constr ucción de nación
.
Pérez Rosa, Tomás (Universidad Co mplutense de Madrid. Facultad de
Ciencias Políticas y Sociología) ,
Implicacion es en las prácticas regionales
del haber heredado l a sobera nía co mo cate goría, en un con texto de
Relac iones Inter nacion ales d etermi n ado por la idea-m eta del desarrollo
.
Pomari Rodriguez, Lenin (Cátedra Ti erra Ciudadan a de la Universidad
Politécnica de Valencia),
Espacios participativos de gobernanza local en
América y Europa: l as relaciones de poder en el Grupo de Trabajo de
Asociacionismo del Ayuntamiento de Quart de Poblet de España (2012 -
2013).
Torres Vásquez, Henry (Universid ad Nacional de Colombia),
Aplicación de
un modelo de justicia transicional y el terrorismo sucedido en Col ombia
efectuado p or las FARC-EP
.
Derecho
Aguiar Ribeiro do Nascimento , Ge rmana (Universidad de Valencia),
L'effectivité du droit à la terre de s peup les a utoch tone s : le cas de s
Potiguara du Brésil
Bartolomé C enza no, José Carlos de (U niversidad Politécni ca de Valencia),
Nuevas pers pectivas populistas en A m érica y Europa: el mito del pueblo
para la superación de la crisis globalizada
.
Delgado de la Rosa, Juan Antoni o (Gredos San Diego co operativa),
La
aportación de la Teología de la Li beración a los Derech os Humanos
vistos desde la frontera
5

I Congreso Internacional América-Europ a, Europa-América.
Los textos e im ágenes publicados en esta obra est án sujetos –exc epto que se indique lo cont rario– a una
licencia de Reconocim iento-NoCom ercial-Si nObraDeriva da (BY-N C -ND). Podé is copiar los, di stribuir los y transmitirl os públ ica-
mente siem pre que citéis el autor y la fuen te (Univer sitat Pol itècnic a de Valènc ia).
I Congreso Internacional Améric a-Europa, Europa-América ( 2015)

El concepto y el valor del mestiz aje en la cultura Iberoamericana
Antonio Col omer Viadel a ,
a Catedrátic o de Derecho Constitucional, Universidad Politéc nica de Valencia (España)
Resumen
La evolució n histórica de la Peníns ula Ibéri ca supone u n crisol de pu eblos
que tiende n a asi milarse recí procamente y enco ntrar sínt esis mejorati vas en
esos interca mbios. El fen ómeno de l a romani zación, la presencia ger mánica
visigótica y la larga etapa d e los pueblos del Islam así lo atestig uan. La en-
tremezcla de raíces crist ianas, j udías y mus ulmanas v a a tener s u reflejo pos -
terior en l a presencia en América e n donde des de el princi pio se pro duce un
fenómen o de mest izaje ge nerali zado y un p apel de los criol los o mest izos t an-
to en la cultu ra como en los cab ildos y otras instancia s políticas.
Hay un buen número de escr itores latinoameri canos que ha n elogiado ese
valor del mestizaje, y quien lo elevó a la categorí a de clave cultur al de la ci-
vilización ib eroamericana fue el filó sofo mexicano , José Vasconcelos, al re-
ferirse a l a raza cósmi ca o q uinta r aza de sínt esis hacia el futuro.
En el pens amiento es pañol, destaca la obra de José L uis Rubi o en su li bro
“La rebelión mestiza” com o una clave de esa realid ad iberoameric ana. A la
misma tesis se apunta el llamado método crítico argon ario quijo tesco que
combina la raíz dion isiaca de la cultu ra griega clásica y la ética q uijotesca
para d efender una comb inación civilizatoria qu e ha ap ortado a lguno de los
momentos estelares de la cu ltura humana
Palabras cl ave: Mestizaje, Cultura, Hisp anoamérica, Raza cósmica, Rebe-
lión mestiza.
Abstract
The histori cal evoluti on of th e Iberian Pe ninsula s upposes a cr ucible of vil-
lages that tend to assimilate recipro cally and find syn thesis to improve in
these exchanges. The phenomenon of the romanizatio n, the Germ anic pres-
ence visigoth an d the long stage o f the villages of th e Islam like this testify it.
The intermi ngles of Christ ian roots, Jewish and Musli m goes to have hi s back
reflection in the prese nce in America in where from the beginning it produces
a phenomenon o f miscegen ation gen eralised an d a paper of th e creole or
mongrel so much in the cu lture as in the town and oth er political instances.
6

El concepto y el valor d el mestiz aje en la cultur a Iberoamericana

There is a good num ber of Latin Americ an wri ters that have l auded this val -
ue of the misceg enation and th at elevated it to the catego ry of cultura l key of
the civilization iberoamerican was th e Mexican philoso pher, José
Vasconcelos, when referring to the cosmic race or fifth ra ce of synthesis to
the future.
In the Spanish th ought, stands ou t the work of José Luis Blo nd in his boo k
“The mongrel rebellion” like a key of this reality iberoamerica n. To the same
thesis aims the ca lled critical method “a rgonario” quixo tic that comb ines the
root dionysian of the classical Greek cu lture and the ethical quix otic to de-
fend a co mbination civilizing that h as contributed an y of the stellar moments
of the human culture.
Keywords: Mi scegena tion, Culture, La tin America, Cosmic R ace, Mongrel
Rebellion.

I. Introducción a una evolución histórica
No descon ozco que el m undo anglosa jón tam bién ha infl uido especial mente en el n orte del
continen te americano, y que n o solo en el idioma sino en las institu ciones políticas, en el
valor de la dem ocracia, y en muchos aspec tos culturales h a desempeñado u n papel relevan-
te en la relación Europa – América.
Ahora bien, mi análisis parte de la perspectiva de la cultura desde la península Ibérica y el
mundo Iberoam ericano im pregna do por la mism a, que a su vez supus o infl ujos ameri canos
importa ntes sobre la realida d europea a t ravés del t amiz i bérico penin sular.
Pareciera que l a Peníns ula Ibérica f uncionar a como un c risol de p ueblos que tiende n a asi-
milarse recíprocamente y encont rar síntes is mejorativas en eso s intercambios.
Desde los tiempos pr imitivos los pueblos Íbero y Celta llegaron a cons tituir una nueva
fórmula mestiza de Celtiberos y como tales recibieron las sucesivas oleadas de invasiones.
Una de las m ás profundas fue la romanización y m uy tempranamente estos pue blos ibéricos
dieron figuras destacadas a la antigua Roma, de sde el filósofo cordobés Seneca al poeta
Marcial o l os más destacad os emperado res, los béti cos Trajano y Adriano.
7

Antonio Colomer Viadel

La decadencia romana y la invasió n de los puebl os germ ánicos en la pe nínsula hicieron que
uno de ellos, los visigo dos, crearan por primera ve z una unidad política estatal en todo el
territorio peni nsular con la ca beza en Toledo y leyes para el conjunto peni nsular.
La nueva olea da invasora e n el siglo V III fu e la presencia árabe mu sulm ana que iba a durar
hasta el mism o año del alba de América, 1492.
Esos ocho sigl os tambié n llamados de rec onquista a parti r del núcleo cri stiano del no rte no
fueron de un guer rear continuo y h ubo diferentes ali anzas entre prí ncipes cristi anos y m u-
sulmanes e incluso una figura mí tica como el Cid Campeador llegó a luchar al servicio de
rey musulm án de Zaragoza.
En este am plísim o periodo histórico de infl uencia reci procas hay dos hi tos de espl endor,
uno en la España m usulm ana, en el Califa to de Cór doba, cua ndo Abdh errama n III en el
siglo X ejercía el pode r político árabe-m usulm án en uno de los m áxim os momentos de
esplendor de e sta cultu ra y b ajo la s obera ní a del Califa convivían en Córdoba el filóso fo
judío Mai monides q ue enseñaba su sa biduría de form a libre y publica en l a ciudad, se re s-
petaba el arte m ozárabe, es decir, de los c r istianos súb ditos de l Califa y también un filóso fo
musulm án como Averroes nos trasladaba la in formación sobre los clásicos de la filoso fía
greco-r omana.
El otro hi to tiene l ugar en el s iglo XII I en la ya Tol edo cris tiana, ba jo el reinado de Alfonso
X el Sabio, que funda e n la ciudad la E scuel a de T raduct ores en donde c onviven en armoní a
eruditos ju díos, m usulm anes y cristianos rea lizando una ingente la bor de pasar del griego y
del latín, al árabe, el hebreo y el incipiente castellano l a mayoría de grandes obras del cono-
cimiento occidental clásico.
Cerv antes , en el Q uijo te, año ra es a edad dorad a ante la edad de hierro que le toca vi vir,
elogia a los excluidos de ahora, moros y judí os y en un recuerdo un ta nto mági co afirma
que en aquel la edad d orada toda s las cosas eran c omunes, todo era paz, a mistad, conc ordia
y la naturaleza ofrecía al hom bre todo lo que necesitaba. No existía el fraude ni el engaño ni
la mal icia, com o ahora, e n la edad de hierr o. La justi cia n o se encont raba corrom pida por el
favor y el interés que aho ra tanto la perjudica.
8

El concepto y el valor d el mestiz aje en la cultur a Iberoamericana
M iguel de Cervantes afirma que Don Quijote no es el arqueti po del re nacim iento occiden-
tal, sino po rtavoz de la sim biosis de orie nte y occident e, y siente l a añoranza de la oc asión
perdid a de alcanzar en la Pen ínsula el punto o mega de la historia, que f unde toler ancia,
creatividad y univ ersalidad (Colomer 1997)
No es de extra ñar que la ética en defensa d e los débiles, de los humill ados y ofendidos , de
la justici a sin discri minacion es que alienta la obra del Quijote haya teni do un refl ejo en
culturas ta n lejanas c omo las del Japón o R usia en donde también hay héroes p opulares al
servicio de tales ofendidos y en lucha contra la inju sticia.
El filóso fo Garaudy i nsiste en que en m edio de algun os mensajes co ntradi ctorios y crí pticos
para despistar a la Inquisición, en las páginas del Quijo te se evoca insistentemente la cali-
dad hum ana de los e xcluidos , m oros y judíos (Gara udy 1989, p. 6).
Existen num erosos te stimoni os de ese respeto m utuo e incluso adm iración de l a espiritual i-
dad de las tre s grandes reli giones y cultu ras abrahami cas presentes en la penínsul a, por
destacadas figuras de todas ellas. Así Sa n Juan de la Cruz y su frater nidad de alm a con los
sufíes musulmanes y el elogio de su espi r itualidad. El judío Mateo Alemán, au tor de “El
Guzman de Alfarache” que elogia la doble imag en de la autenticid ad humana, la musulma-
na y la católica. El poeta árabe Ibn Arabí qu e también ha ce una alabanza de las figura s de
Moisés y de Jesus.
En la conquista de Am érica, en donde se co m eten abusos y crímenes, ex isten tam bién con-
ductas adm irables y de e ntrada unas Leyes de Indias que no consi deran inferi ores a los
habitantes de aquellas t ierras. El papel de tan tos m isioneros en d efensa de l os indios y valo-
rando sus cultu ras originari as son testim onio adm irable desde Ba rtolomé de l as Casas, hasta
Bernardi no de Sahagun, padre de l a antro pología m exicana y al que se l e debe l a perviven-
cia del saber azteca ascentral o Vasco de Quir oga , obispo de Michoacan, y fundador de las
ciudades-hosp itales, inspirad as en la utopía de To mas Moro y en donde se cuida la salud
física, y es piritual de l os indígena s y se quie re que con vivan las rep úblicas de in dios y es-
pañoles, en una reciprocidad de e nseñanzas y esfue rzos com partidos.
Desde el pri ncipio se produce u n fenóme no de mest izaje generalizad o, que va más al lá de
lo sexual hasta lo afectivo e integra el papel d e la mujer indígena en la casa familiar y da a
los hijos m estizos u n reconocim iento fut uro de alcance al desem peño de algu nas magist ra-
9

Antonio Colomer Viadel

turas destacadas. “La directri z espontánea y cauda l osa de la conquista española represe nta
un m entís al ra cismo que es tam bién una i nterpenet ración de c ulturas”, pensemos en figuras
como la de Sor Juana Ines de l a Cruz o Juan Ruiz de Alarco n en la nue va España m exicana
o el Inca Garcilaso o Ercilla en el virreinato del Perú. Resulta no table que estas afirmacio-
nes procedan de Manu el Andujar, exiliado repub licano de la Guerra Civil Españ ola en el
México de 19 39 que encue ntra al llegar aquel la sociedad, además de la generosida d de la
acogida, signos de ese espír itu mestizo que define la identidad mexicana como un fenóme-
no desafiante del mestizaje (Anduj ar 1982) 1 .
Resulta not able que a partir de esa vivencia del mestizaje me xicano el andaluz Andú jar sea
consciente de que la obtenci ón de un mesti zaje atemperado, arm ónico, se reflejaba en el
mestizaje espa ñol, y pa rticularm ente el anda luz que había g anado esa inc ruenta pero deciso-
ria batall a de la ident idad. A lo largo de su obra profundiz a el autor e n el proces o del m esti-
zaje mexicano y con matizaciones el de toda Iberoam érica y encuentra eco de tal percep-
ción en otr os autores iberoam ericanos. Así, la escritora mexicana Rosario Castellanos en su
obra “Balun Canaan” (siete e strellas) con la identificación con el m undo indígena y el di a-
gnóstico de l mestizaje, o el papel extraordinar io d el ecuatoriano Demetrio Aguilera-Malta,
fallecido e n 1981, y auto r de unos ext raordin arios “Episodios Am ericanos” del que apare-
cieron tres pri meras novelas. Para Dem etrio Aguilera-Mala asum ir el mestizaje era una
misión fundamen tal de lo american o, un factor básico y constituyente en todo momen to,
lugar y ci rcunstancia. Para él la sangre indí gena y la his pana, su conjun ción, no eran una
fatalidad histórica sino desea ble y rica aleaci ón, en que predom inaba desde los c omienzos
del Descub rimiento y de l a Conquist a, y a través de la In depende ncia, un anhelo de dinámi-
ca armonía.
Una posición análoga es la del escritor paragu ayo Augusto Roa Ba stos, autor de la novela
“Hijo del Hom bre”, que en el Congreso de es critores de lengua española, cele brado en
Caracas, a fines de octubre de 1981, decía: “esas norm as venidas de fue ra nos permitieron
construir nuestras catedrales c riollas, desarro llar nuestra civilización m a terial, nuestra c ultu-
ra mestiza en sus aspectos más creativos. Pe ro también nos ayud aron a reconocer nuestra

1
Con motivo del V Centenar io del de scubrimiento de Am érica en 1992, o el E ncuentro de Dos Mundos, co mo
defendió Leopol do Zea, este filósofo mexicano también valo ró los aportes de am bos m undos y la trascendencia de
su influencia recíproca
10

El concepto y el valor d el mestiz aje en la cultur a Iberoamericana

identidad cultural en el proceso del mestizaj e y a orienta r nuestras l uchas de li beración en
todos los sentidos ”.

II. La Raz a Cósmica de Jose Vasconcelos
Esta obra del filósofo mexicano que él subtitula com o Misión de la raza iberoamericana, es
una breve obra maestra al servicio de este ideal del m estizaje.
El libro se publica en 1925 y se lee en las prim eras cuarenta y tres páginas de este volumen
que, a continuación, des de la cuarenta y siete hasta la doscientos noven ta y cuatro, incluye
las notas de viaje a la Am érica del Sur. Se tr at a, pues, de una gran densidad de pensam ien-
to, en form a de mensaje poético y con al gunas refere ncias m íticas com o la de indicar que
los iberoam ericanos descend ían de la antigua Atlántida. No deja de te ner, sin em bargo,
algunas intuici ones not ables: Hay que su brayar que s u referencia a la fantasí a, a los senti-
mientos, y a las emoci ones, me diante esa ley del gusto, es algo muy pr óximo a l o que en
época mucho más actual se considerará la in teli gencia em ocional. Del mism o modo su
referencia a que frente a la ciencia m ecanicis ta antigua hay un nuevo papel de la ciencia
moderna e xpresada por la física cuántica y el pri ncipio de incertid umbre que p odría dar
cuenta m ucho me jor de estas pautas de evoluci ón que p ropone en su ob ra.
Debe tenerse e n cuenta el lengua je de metá foras y de imágenes en el que Vasconcel os ex-
presa este pe nsam iento que e n algún m omento tie ne casi c onnotacione s mági cas, pero reso-
nancias pr ofundas de hum anidad. Q uienes no lo enti enden así difícilm ente podrán int erpre-
tar el alcance verdadero de e ste texto.
Hay que decir que Vasconcelos es un personaj e polémico y sufrirá en el futuro m enos pre-
cios e infravalo raciones, hijas de su posición en la po lítica mexicana. En los años an teriores
a la publicación de la “Raza Cósm ica” desempe ñó la Secretaria de Educación desde donde
realizó una verdadera rev olución cul tural tan to de puertas a dentro de México, e xpresado en
los muralistas que encuent ran su apoyo en es a hora, c omo en la proyección i beroamericana
atrayendo a destacados intele ctuales de t odo el continente a colaborar con él en México.
La obra, incluso en sus exa geraciones, hay que ente nderla com o una reacción frente a la
dependencia de ese Norte pragmático, utilitarista y d e un economicismo materialista y la
11

Antonio Colomer Viadel

afirmación de unas señas de identida d espir ituales que se presenta n como alternativa y
trayectoria civilizatoria propia.
Debemos reco rdar que en la cam paña presid encial m exicana de 1929 Vas concelos fue c an-
didato al frente del partido An tireleccionista, m ovilizando a un am plio sector de la juve ntud
universitaria e ilustrada, y sufriend o la violencia d el aparato institucion al de lo que iba a ser
a partir de entonce s y durante casi todo el si gl o XX un si stem a autorit ario que c ontrol ara
todos los sectores de la sociedad m exicana no perm itiendo alternativa algu na. De ahí surge
un enfre ntami ento para t oda la vi da y ese en tender l a escritura c omo u na lucha p or la jus ti-
cia que Vasconcelos reflejará en sus volúm enes de mem orias el “Ulises Criollo” y, de for-
ma especial, en el volumen de este periodo titulado “El Desastre”. De ahí el intento sis-
temát ico de descalificarlo y de despreciar s u obra, tic que se ha ma ntenido casi al sigl o de
cumplirse la publicación de e ste libro en algu nos progresist as orgánicos que tienden a cali-
ficar la Raza Cósmica como un libro anacróni co, una antigualla en su título, con tufillo
mesiánico en la expresión Misión, y lleno de co ntra dicciones y hasta el extrem o de calificar
de racista a Vasconcelos, en la obra en la que él ha bla del m estizaje de l os puebl os y l a
integración de las razas para una c onviv encia mejorativa de la especie humana.
En su prólo go, al trat ar del origen y objeto del cont inente, reconoce que en las tierras de
América han existido civilizaciones a ntiguas, con etapas de esplendor y decadencia. A
escala planetaria considera que se han dado cuatro etapas y cuatro t ronos: el negro, el indio,
el mongol y el blanc o, y ahora hay bases m aterial es y morales para la unión de t odos los
hombres en una quinta raza univer sal que supere todo lo pasado.
La misión t rascendental en es a cultura pre -universal , les corres pondió a lo s dos tipos huma-
nos m ás fuertes y m ás disimiles, el es pañol y el inglés.
Analiza, a continu ación, esas difer encias entre latinos y sajones y la pugna h istórica entr e
estos puebl os y el error de dejar de e star u nidos ante el desastre y q ue la volu ntad los dis-
perse en pe queños y varios fines. Afi rma que si nuestro pat rioti smo no se identifica con l as
diversas eta pas del viejo co nflicto de la tinos y sajones jamás logra remos que sobrepase los
caracteres de regional ismo si n aliento u niversal y lo ve remos degene rar e n estreche z y
miopía de campanario y en inercia im potente de molusc o que se ape ga a su roca .
12

El concepto y el valor d el mestiz aje en la cultur a Iberoamericana
El tercer bloque de e sta pe queña gran obra trata de la probable misión de ambas razas.
Empieza por a firmar que los estadounide nses tie nen una visión clara de un gran destino,
una misión histórica de fini da, pero cometieron el pecado de de struir esas razas disimiles, en
tanto que nos otros las asim ilamos, y esto nos da derec hos nuev os y esperanza de u na mi-
sión sin precedentes en la histori a. La venta ja de nuest ra tradición es que pos ee mayor f aci-
lidad de simpatía con los extr años. Nuestra civilización, con to dos su defectos, puede ser la
elegida para as imilar y conve rtir a un n uevo tipo a todos l os hom bres.
La predestinación de América obedece al designi o de constituir la cuna de una raza quinta
en la que se fundieran todos los pueblos para reem plazar a los cuatro que aisladamente han
venido fo rjando la hi storia. Uni dad por el triunfo del amor fecund o, y la superaci ón de
todas las estirpes.
No se trata, dice Vasconcelos, de luchar c ont ra el blanc o que aho ra predom ina, la qui nta
raza lucha contra toda clase de pred ominio vi ol ento. Pued en integrarse c aracteres del blan-
co en esa qui nta raza, pero fruto de la elección libre del gusto, y no res ultado de la violencia
o de la presión económica.
Se trata, pues, de u n proceso que gradualm ente nos va li berando del im perio de la necesi-
dad, y poc o a poco som ete la vida a las norm as superi ores d el sentim iento y la fantasía .
Los tres estados sociales de la s relaciones hu m anas desde el primero, el mat erial o gue rrero,
el segundo, el intelectu al o político, d eben culminar en el tercero, el espiritual o estético . En
este últ imo la orie ntación de la conducta es bus car en el sentim iento creador y en la belleza
que conv ence. La norma la dará la facultad su pr ema, la fantasí a; se vivirá sin norm a, en un
estado en que t odo cuanto nac e del sentim iento es un aciert o. En el m undo del path os esté-
tico, solo importará que el acto, por ser bell o, produzca dicha. Seguir el sendero del gusto,
vivir el j úbilo f undado en el am or.
En este periodo de superación la voluntad se hace libre, no le basta la lógica y se pone las
alas de la fantasía, se confunde con la aleg ría del unive rso: se hace pasión de belleza. Por
ello la fusión de razas se va a verificar en el continente Iberoam ericano conform e a una ley
derivada del goce de l as func iones m ás altas.
13

Antonio Colomer Viadel

La pobreza, la educación defectuosa , la escasez de tipos bellos, la miseria que vuelve a la
gente fea, todas estas calam idades desapa recerán del estado social futuro. Las union es se
efectuarán conforme a la ley de la sim patía, refinada por el sentido de la belleza.
Tenemos el deber de form ular las bases de una nueva civilización. Las c ivilizaciones no se
repiten ni en la form a ni en el fo ndo. La teor ía de la superi oridad ét nica ha sido un recurso
de combate. Nosot ros no sostenem os que som o s, ni llegaremos a ser, la prim era raza del
mundo.
La América de orige n hispa no no dice, fr ente al adversari o, te supero , o me basto, sino
declara un ansia infinita de in tegración y de total idad. Esta doctrina de for mación sociol ó-
gica y biológica no es un si mple esfuerz o ideo lógico pa ra levant ar el á nimo de u na raza
deprim ida sino cami no, ya no pa ra el triunfo de una raza , sino pa ra la redenci ón de todos
los hombres.
La posición positiv ista ha defend ido que la evolución se basa en los antagon ismos, la lucha
y el triunfo del m ás apto y sólo del m ás apto. La ciencia más abierta en nuestro tiem po, la
física cuánt ica, el pri ncipio de incertidum bre, l a teoría del caos so n vías de una n ueva visión
de la evol ución humana.
Como i nstrument o de l a trascende ntal tra nsform ación se ha i do form ando en el C onti nente
ibérico una raza llena de v icios y defectos, pero dotad a de maleabilidad, comprensión rápi-
da y emoción fácil, fecundos elementos para el plasm a germinal de la especie futura.
Solo ha esta do faltand o el impul so organi zador ¿Cuáles de berán se r los rasg os de ese im -
pulso cr eador? Un a ley del gusto, no d e la vi olencia. En una pugna de as tucias, los listos y
faltos de escrúpul os, gana rían a soñad ores y bondados os. La verdade ra potencia cread ora de
júbilo está contenida en la le y de ese tercer peri odo que es em oción de la belleza y un am or
tan acendrado que se c onfunde con la revelaci ón divina. Su di nam ismo contagia y mueve
los ánimos, transform a las cosas y el mi smo destino.
Tal don necesario a la quinta raza lo posee en grado subido la gente m estiza del continente
Iberoam ericano. Las gentes que está form ando la Am érica hispánica, un poco desba ratada,
pero lib re de espírit u y con e l anhelo en t e nsió n, tiene t odavía p or dela nte esta m isión de
descubrir nuevas zonas e n el espírit u ahora que to das las tierras están ex plotadas.
14

El concepto y el valor d el mestiz aje en la cultur a Iberoamericana

Muchos obst áculos se oponen al plan del esp íritu, son o bstáculos com unes a todo pr ogreso,
a esa síntesis integradora que repre senta la i gualdad de todos los hom bres. Recordemos, sin
embargo, que la com binación de las cinco razas y los tres estadios de evolución sum an el
número 8 q ue en la gnosis pi tagórica rep resentaba preci sament e la igualdad de todos los
hombres ( Vasconcelos 1 925, pp. 1-4 2).
Esta amplia síntesis y selección de algunos párrafos de la Raza Cósmica pudieran concluir-
se recordand o que el p rincipio de reciproci dad, la reci procidad de dones pa ra regul ar las
relaciones humanas, frente a la competencia ag resiva y la acumulación desigual, e ra un
principio armonios o de organi zación y distri bución social en las c omunidades am erindias,
pero también en la cu ltura occidental, Aristó teles, en su “Ética a Nicomaco” dejó es crito
que la reciprocidad es el fundamento de valores sociales tan importantes co mo la justicia, la
responsabilidad y la amistad. Tal vez más allá de la música de resonancias utópicas que
tienen alguno s de estos textos he mos de rescatar tal prin cipio y tales valores para viv ir en
una socieda d más arm oniosa y justa.
Tienen también sentido las narracion es de los vi ajes a los países de Am érica del sur que de
form a detallada y am pli a vienen a conti nuación del text o inici al. Hay ahí un deslum bra-
miento hacia las bondades de la naturaleza, la exube rancia de las vegetaci ones y la potencia
y la creatividad que contem pla en el medio am biente y que tal vez se sim boliza en ese es-
pectáculo deslum brante de las cataratas del Iguaz ú, en la encrucijada de Argentina, Bra sil y
Paraguay, con esa potencia desaforada de la naturaleza que puede ser ta mbién la metáfora
de una p orveni r prom isorio p ara aquell as tierras y hom bres.

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Antonio Colomer Viadel
III. La Rebelión Mestiza de Jose Luis Rubio Cordón
En la década d e los 60 del si glo XX un joven p rofesor de la Uni versida d Complut ense de
Madrid, enam orado de I beroamé rica, publica un os artículo s que finalm ente va a reunir e n el
libro La Rebelión Mestiza (Rubio 1966 ) 2 .
Jose Luis Rubi o va a rescatar, desde un dobl e enfoque soci ológico y fi losófic o, el valor y la
trascendencia del m estizaje. En una Introducción pa ra europeos afirm a que Ibe roamérica es
un dest ino m estizo supe rior del eur opeo y el error de esa actitud desp reciativa hacia el
mundo ibe roamericano y los iberoam ericanos com o una especie de “idiotas útiles”, al ser-
vicio del primer o que llegue.
Iberoam érica e s síntesis de dos m undos porque la Eur opa q ue recibió, l a de la Pení nsula
Ibérica, era ya mestiza por la larga presencia árabe, la influencia judía y aqu el cristianismo
mozárabe de tantas r eciproci dades. Cit a tam bién a Vasc oncelos y s u propuest a prue ba que
es posible la integración de cu l turas y raza s por lo que el siglo XXI será el siglo de Ibero-
américa.
En un Pr ólogo pa ra español es insiste e n que Iberoam érica supone una m isión uni versal del
mestizaje y en el proceso de descolonización, c on pugnas de razas y continentes, germen de
tantas violencias y rese ntimientos, es necesaria la existencia de una z ona mestiza, expre sión
de posibilid ad de un a síntesis y esa zona está ya in ventada, es el mundo Iberoamericano-
filipino. Síntesis no solo ét ni ca sino también cultural. De ah í que la suprem a hazaña de los
Iberos en la historia es su fuerza mest izadora, el ser crisol de razas nuevas.
Existe la necesidad de un m undo de armonía m es tiza, frente a los racistas de toda laya, ante
el renacimiento e n este siglo XXI de esos com portami entos fanáticos de carácter racista,
intransigente e in tolerante con tod o lo ajeno, también en el campo relig ioso o nacionalista,
2
Sobre estas ideas y Valores continúo escribiendo en colaboraci ones publicadas en la revista de la UNAM “Cua-
dernos Amer icanos”. A raíz de su fallecimiento yo publi que en esa revista un ar tículo necrológico en su memoria
titulado “Jose Luis Rubio: Un gigante del espíritu”. Véase nú mero 182, Mexico DF 2009.
En su memoria recor dé algo que nos unía desde el princi pio: a la vez que él publicaba aquellos prim eros artículos
sobre mestizaje, por mi parte, siendo estudiante de pr im ero de Derecho en Valencia, apareció un com entario mío a
la Raza Cósmica, cuando casi nadie la recordaba en nuestro país , en una revista de alcance nac ional e internacional
como era “SP”, (Madri d 15 de diciembre de 1960)
16

El concepto y el valor d el mestiz aje en la cultur a Iberoamericana

germen de o dio a todo lo que no sea p ropio. El mundo ib eroameri cano representa u n prin-
cipio de acción unive rsal del mestizaje y una gran responsabilidad planetaria.
Jose Luis Rubi o pone com o ejempl os de esa revolución m estizadora la subve rsión po pular
del siglo XX co ntra oligarquías, para constru ir una definitiva sín tesis mestiza que también
impli ca una raíz evangélica, la igualdad de los hijos de Dios, y que se ha dado tanto en
México como en otros países latinoamerica nos e inclus o en esa Argentina de “cabecitas
negras”, a los que por primera vez se les pe rmitía tener una presencia e n la historia.
Escribe un Ep ilogo para ibe roam ericanos pro poniénd oles esa revolución m esti za e indi-
cando que el m undo Iberoa mericano ha e stado s olicitado p or diversas parcialida des: blan-
cos capitalistas, ind igenistas, materialismo capitalista y materialis mo marxista. La decisión
del mundo ibé rico ha de ser trascendental no sol o para s í sino para el destin o de tod a la
humanidad y s e expresa en el va lor de l a palabra me stizaje.
Destaca en el mundo ibé rico y americano los prin cipios i dealistas y humanistas, el rechazo
a la visión materialista d e la vid a y el rechazo ta mbién de injusticias en el disfrute de b ienes
materiales, tras farisaicas invocaciones religi osas.
Esta rebel ión no pue de fun darse en una li bertad fi ngida ni en una igualda d orga nizada so bre
el sacrificio de la libert ad del hombre. Hay que alcanzar l a incorp oración de los pue blos
indígenas y el aum ento del mesti zaje.
Hay que superar los n acionalismos localistas en una tendencia a la integración que respete
el valor de la di versidad pe ro sin re nuncia r al tod o integra dor.
En el Epil ogo general de esta ob ra se propone el Desafío Mestiz o, la necesi dad de una rebe-
lión respecto a dom inadores y colonizadores pero ahuyenta ndo el peli gro de los odios raci a-
les. De ahí, algo más que la simple coexistenc ia, la presencia actuante, im petuosa, agresi va,
de un mund o mestiz o que es, precisam ente, lo que saca de quic io a los racistas de todo
linaje.
Ese mund o existe, señal a hacia el final de s u obra José Luis Rubi o, es el nue stro, c risol de
razas. Hay que tomar este dato, sacarlo de las catacumbas avergonzadas en que reside , y
converti rlo en desafí o históri co, p roponerl o como t area, com o misión universal c olectiva.

17

Antonio Colomer Viadel

IV. El Método Crítico Argonario Quijotesco
En 1993 pu bliqué una primera versión d el libro titulado “El Retorn o de Ulises a la Com u-
nidad de los Libres”. En la edición de 20 02 añadí u n Prólog o que llevaba po r título este
epígrafe, el Método Critico Argonario Quijot esco, que s e mantuvo en la traducción al
francés, pub licada en Paris en 2007 y que en la cu arta ed ició n, edita da en Bue nos A ires en
2011, se transfo rmó en el capítulo p rimero del libro qu e ahora se titula “El Reto rno de Uli-
ses, una Filosofía Política Alternativa” (Colo mer 2011, pp. 21-40).
No me detendré en referirme a la perspectiva Kantiana d e emplear el método crítico como
una ciencia de la ciencia, pero si en la im por tancia a partir de los concep tos de complejidad
y autoorganización que tiene la ética como una praxis concreta de lo vi viente.
Utilicé el mito de Ulises, el héroe homérico, y un a antropolog ía que denominé con el neo-
logism o “argonaria”. Uli ses y sus com pañeros so n nuestro pri meros “arg onarios”. Sim bóli-
cament e todos ell os comprenden l a plenitud y la finali dad del pr oyecto que com parten,
aportan lo mejor de sí m ismos a esa “odis ea” que es una aventura forjada por el apoyo
mutuo y la cooperación vol untaria, que p rovocará una sine rgia benefici osa y el crecim iento
de cada uno como pers onalidades madura das. Entrelazan sus destinos librem ente para bo-
gar en la na ve odiseica c omo una com unidad de l ibres.
Un elemento clave existe en la forja de esta ética del trabajo mancom unado y la ali anza de
los libres: el espíritu dionisiaco. En honor al más joven d e los dioses griegos, Dionisos, sus
fiestas de primavera so n un canto a l a renov ación de la vi da nueva y a pasiona da. Ese Dioni -
sos Eleutero, dios lib ertador. Aquí se da el primer troquel de una ética natural: impulsa la
vida, haz c recer la vida, pero t oda la vida; una c ontradicción agónica seri a que la vi da de
unos tuviera que cimentarse sobre la m uerte de otros.
Federico Nietzsche conside ra que el esplendor de la cultura g riega clásica se constr uye
desde dos polos: el apolíneo y el dionisiaco, Apolo y Dionisos. La trag edia griega es para
Nietzsche el fr uto prodigios o de la combinaci ón sinérgica de A polo y Dioni sos, perso najes
épicos y coros entusiastas que viene n a ser com o una armonía pree stableci da. Individua li-
dad y comunidad se necesitan. Nietzsc he consid era que la desapa rición del espíritu dioni-
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El concepto y el valor d el mestiz aje en la cultur a Iberoamericana

siaco está rela cionada con la sorprende nte degene ración de la hum anidad grie ga (Colom er
2011, pp. 32 -34; Nietzsch e 1970, pp. 139-55 7).
El otro gran polo mítico, inspirador d e una ética en las c onductas que persigue dar a cada
uno lo suy o es Don Quijote. En su obra re coge en varios pasajes la d octrina de l os princi-
pios gene rales del derech o ya enunciada po r el rom ano Ulpiano. Tre s son estos princi pios:
dar a cada uno los s uyo, no ha cer daño a nadi e y vivir honest amente.
Se trata de ser vir a un orde n de just icia bas ado en la eq uidad, dar a cada uno lo s uyo y l o
que le convie ne ¿qué su pone este principio? Crece r como pers onas, desenv olver t odas las
posibilidades del ser personal . De ahí la urgenc ia de ayudar a m enesterosos y necesitados,
pero sin que est e crecimient o se haga a costa de la vida y la li bertad de los dem ás. Así nace
el imperativo é tico de “no ha cer daño a na die”. Estas leccione s éticas inspirarán los conse-
jos de Don Qu ijote a Sancho para el gobierno de la Insula Barataria, de donde vol verá el
escudero con prestigi o de buen goberna nte.
En la ética qui jotesca exist en tres dim ensiones: la perso nal que nos m arca el cami no de la
virtud y el respeto d el prójimo y la p lenitud de nuestras posib ilidades vitales; la profesiona l
que nos auto exige el rigor de lo s conocimiento s, la búsqueda de la obra bien hecha, el pre-
cio justo, incluso el servicio desinteresado hacia el me nesteroso; y por últim o la ética cívi-
ca que nos obliga con nuestros c onciudadanos a coope rar en el p royecto c ompartido de la
comunidad , a ejercer la justicia y el derech o con equida d, si som os llama dos a tal resp onsa-
bilidad .
Esta simbiosis mestiza del espíritu argon ario y del espíritu qu ijotesco se completa con la
idea de que junto al qu ijotismo profético ex iste en Am érica lo qu e he llamado el quijotismo
coral. Esas tra diciones de apoyo m utuo de las cultura s amerindi as se resum en en las re-
flexiones finales del libro al t ratar de la necesidad de un q uijotism o argonari o para el mun-
do actual cuando esc ribí: “en esa sim biosis mestiza del pueblo iberoam ericano, don de hay
arraigos com uneros a uno y otro lad o de la m ar, han prevaleci do últim amente fo rmas de
resistencia colectiva en las qu e la solidaridad es la mejor lev adura de comunidad. ¿Acaso
cuando se construye entre todos, de noc he, en pocas horas, la techum bre y las cuatro vigas
de la casa del vecino en ti erras ocupa das, para acogerse a una especie de costum bre que
lleva a respetar la apariencia de casa ya alzad a, no se ejerce una s uerte de quijotismo solida-
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Antonio Colomer Viadel
rio ? La espera, juntos, a l a amanecida, a que venga n los pistoler os del patrón o los aguaci les
del funci onario des pótico y en vez de darles por la vena co nsuetudi naria s e les despi erte el
instinto asesino y aniqu ilador, ¿no es acaso un quijotismo co ral expresado por ese silencio
abrumador y por ese “ni un paso atrás”, sobreco gedor?” ( Colomer 2011, pp. 167-1 79).
Nos encon tramos, pues, ante un profundo y rad ical mestizaje cultur al que encuentr a sus
ingredientes en esa tra dición clásica de lo a p olíneo y dionisiaco, simbolizad o en los argona-
rios de Ulises y por otro lado, en la ejemplaridad ética del espíritu qu ijotesco, tanto en su
dim ensión profét ica como en su dim ensión coral.
Creo que son heren cias valiosas y fecundas para alimentar ese d estino mestizo de la cu ltura
hispánica a la q ue han ex istido ap ortes tant o en estas orillas del Mediterráneo como en
ambas orillas de las mares oceánicas, tanto del Atlántico como del Pacifico.
Ciertam ente ningú n valor hu mano nos es ajeno per o necesit amos la levadu ra mest iza ibe-
roamericana para el crecimiento libera dor.
Ojalá este espíritu nos inspire en las tareas de este Congreso.
Referencias
ANDUJAR, Manuel, 1982. Andalucía e Hispanoamérica, crisol de mestizajes . Sevilla: Edisur.
COLOMER VIADEL, Antonio, 1997. El quijo tismo coral en nu es tra América. En: Don Quijote y
América . Ciudad Real: Univ ersidad de Castilla la Mancha.
COLOMER Viadel, Antonio, 2011. El Retorno d e Ulises, una Filo sofía Política Alternativa . Buenos
Aires: Editorial Ciudad Nueva.
GARAUDY, Roger, 1989. La poesía vivida: Don Quijote . Córdob a: El Almendro.
LIZCANO PELLÓN, Manuel, 2010. Tiempo del Sobrehombre. Málaga : SEPHA.
NIETZSCHE, Federico, 1970. El origen de la Tr agedia a par tir del Espíritu de la Música . Bu enos
Aires: Editorial Prestigio, tomo I .
RUBIO CORDÓN, Jose Luis, 1966. La Rebelió n Mestiza . Madrid: Ed itorial ZY X.
VASCONCELOS, José, 1925. L a Raza Cósmica . París: Agencia Mundial de Librería.
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I Congreso Internacional América-Europ a, Europa-América.
Los textos e im ágenes publicados en esta obra est án sujetos –exc epto que se indique lo cont rario– a una
licencia de Reconocim iento-NoCom ercial-Si nObraDeriva da (BY-N C -ND). Podé is copiar los, di stribuir los y transmitirl os públ ica-
mente siem pre que citéis el autor y la fuen te (Univer sitat Pol itècnic a de Valènc ia).
I Congreso Internacional Améric a-Europa, Europa-América ( 2015)

Economía, Tranform ación financiera y Organiz ación social
Juan Guill ermo Espinosa a
a
Ingeniero Civil, Universidad de Chile, Santiago, Chile; Master y Doctor en Econom ía, Universidad
de Cornell, Ithaca, New York, EEUU. Académico, Diplomático y Consulto r Internacional; actual-
mente es Profesor de Economía Social y Economía Internacional en la Pontif icia Universidad Católi-
ca de Chile y Un iversidad Miguel de Cerv antes, ambas de Santiag o de Chile.
Resumen
En esta presentación, a partir de la más pr ofunda cri sis económico-
financiera de los últimos oc henta año s y de la ide ntificación del espacio
económico en que puede n hacerse las impresci ndibles mej oras y reformas
económico sociales y fina ncieras, se reconsideran concepto s tales como: el
saber económico y el saber cien tífico genera l; la racionalidad y la organiza-
ción; la jerarquía , la participación y el valor de las cosas; en especial el va-
lor del ca pital y del trab ajo, lo que a lo largo de dé cadas – la so bre ponde-
ración y otros excesos del capital por sobre el trabaj o y los gobiernos
nacionales – han lleva do a las peore s crisis. Aun mas, la crisi s financie ra –
económica actual que aún n o se superan, exige una reformul ación de nues-
tros enfoq ues hacia caminos de mayor cooper ación y part icipación a ni vel
económico, finan ciero, social y político
Palabras cl ave: Crisis financiera, econ omía social, actualiza ción de concep -
tos, organización, jerarquía, el valo r, la participación , la coopera ción, la re-
ciprocidad , human ización de la economía.
Abstract
Considering the most profou nd economic and fin ancial crisis of the la st
eighty years and th e identificatio n of the economic space in which social,
economic and financial refor ms can be achi eved, this presentation rec onsider
a number of c rucial conce pts and poli cies such as: t he economi c and sci en-
tific knowledg e; rationality and o rganization; hiera rchy, human participa tion
and value of things. Throughout dec ade s or even centur ies, capital’s value
has been over weighe d in re lation wit h human l abor, pr oducing t he worse
crisis in eighty years. Even more, tod ay’s financial and econ omic crisis
which is still present, d emands a reform u lation of ou r focus towa rd old and
new ways of participat ion and m ore cooper ation at ec onomic , financial , so-
cial and political levels.
21

Economía, transformación financ iera y organozación s ocial

Keywords: Fin ancial Crisis , Social Economy , Update of conce pts, or ganiza-
tion, h ierarchy, th e value of th ings, participa tion, coop eration, recip rocity,
humaniz atio n of the ec onomy .

Introducción
Me ha corresp ondido en est e Cong reso hace r la presentac ión de la t emáti ca económi ca, en
medio de la más profunda crisis en los últimos och enta años, precisamente como resultado
del modelo ec onóm ico todav ía predom inante en estos ám bitos, p or lo cual pido una co m-
prensión especi al para abordar estas materias. En efecto, me refiero a La Econom ía , esa
ciencia lúgubre de la que hablaba Thom as Carl yle ya en el Siglo XI X, que ha querido con-
vertirse en alg unas de sus corri entes en una ciencia im periali sta, que hoy invade t odos los
campos de la vida h umana y que más bien c abría pregunta rse si - ante nuestra estu pefac-
ción – ha teni do alg ún tip o de recupe ración o cambi o: desp ués de esta t an grande, e xten dida
y conti nuada c risis fin anciero -económ ica ocurri da en estos años , desde la gran c risis y rece-
sión de los añ os treint a del siglo pa sado. O, si a lo menos, obse rvam os algún ti po de brot e
verde espe ranzador, de algún tipo de “ nueva econom ía ” que nos indique que em pieza a
surgir le ntam ente un nuevo enf oque q ue nos dirige a un nuevo escenario .
De lo que no cabe duda eso sí, es que: la actividad económica del tip o hoy predominante,
como gran pr eocupación - ya que h asta la fecha no ha cambiado sus enfoques y políticas
básicas que nos ll evaron a es ta giga ntesca cris is que aún se prol onga - ha col onizado de
todas form as el con junto de l a vida cot idia na . A cualquier observador ext erno (por no decir
un extraterrestre), esta situac ión le parecería no sólo absurda si no también insólita. Es
decir, que no se ha aprovechado esta gra n crisis com o una gran oportunida d – como d ijera
Albert Einstein tan brillantemente b astantes décadas atrás – , ya que si seguimos pensan do
con los mis mos enfoqu es anteriores y ap licando las mis mas políticas que n os han llevado a
la situación actual, jam ás vam o s a obtener resu ltados m ejores o difere ntes en el futuro.
Sin embarg o y como no sie mpre percibimos, la Econom ía ha cambiado en las últimas
décadas de una manera muy significativa, lo qu e nos distancia bastante de las definicione s
básicas hasta ahora predominantes, en nuestro s centros académ icos e instituciones p úblicas
nacionales e internacionales. Lo que quiero decir, quizás lo ha repres entado en forma bas-
tante más prec isa Fernand Braudel 1 , al final de su vida, c uando señala que “la sociedad es
el conjunt o de los conjuntos”( Braudel, 19 79:9). Es decir, que exi sten tres subconjuntos o
subsistemas perman entes de toda sociedad que ha supe rado el nivel m ínimo de subsi stencia
en nuestro tiempo, y qu e son: (1) la civilización materia l, que re presenta a la economía que

1
Braudel, Fernand, 1979. Civilisation matérielle, Economie et capitalisme, XVe - XVIIIe siècle. 3t. Paris: Librairie
Armand Colin. Y Braudel, Fernand, 1986. Una lección de historia . Barcelona: Biblioteca Mondadori.
22

Juan Guillermo Espinosa
nace, desde el concepto base y etimológico griego – oikos- , ligada a un espacio, a los hoga-
res, al lugar donde v i ven las familias, do nde producen, consumen y se proteg en padres,
hijos, parientes y serv icios de ayuda; (2) la economía d e mercado, que co rresponde a la
esfera de circulación de bienes y servicios y es el reino de los valores de cambio, el lugar
donde los val ores de us o se transf orman en val ores de cam bio; y en d onde el inte rcambio y
la eficiencia y eficacia que los mercados apor tan a su des arrollo, favore cen la especializa-
ción de las actividades económicas y elevan la productividad d el trabajo y el capital – en
ese orden – lo que resulta en el aumento del ni vel de vida y el bienestar de las sociedades;
y (3) la economí a de las gr andes corp oraci ones que se refiere a la econom ía que se ha
desarrollado más allá d e los i ntercambios cotid ianos y cercanos de los mercado s y, que se
ha visto ext raordinariamente acrecenta da por el fenóm eno de la gl obalización de las últi mas
décadas, lo que ha permitido que las relaciones se vean alteradas por la inserción de capita-
les de m agnitudes despropo rciona das respec to del com prom etido en l os intercam bios habi-
tuales. Esta última categoría “ la econ omía de las gr andes corpor aciones” e s l a q u e h a
sido capaz de aprovechar l as rentas que ge ne ran la s alterac iones del m ercado l ocal o regi o-
nal de los paí ses, a la vez que co ntrolar l os me rcados y obte ner gananci as especulati vas
origina das en las posic iones m onopóli cas o mono psónicas que ganan p or la inserci ón do-
minante de sus capit ales.
En efecto, esta “ economía de las grande s corporacio nes” que hoy podr íamos denom inar
más bien e l capita lismo globalizado del siglo XXI - que se caracteriza por la transnacionali-
zación del gran capital financiero y productivo - y que ha resultado en la Gran Crisis de la
cual aún no salim os, escapa ciertamente a los alcances y conte nidos a que nos referirem os
en esta presentación. Sin pe rjui cio de aclarar adicionalmente que: el capitalismo interna-
cional tradicional o anterior, se encuadraba en el interior del sistema de relacion es interna-
cionales pr omovi do y re gulado p or los est ados naci onales; en t anto que, el act ual capitalis-
mo trans nacional del siglo XXI supone un nue vo sistem a de relaciones transn acionales –
aún no creado – ya que m ayormente escap a al cont rol de los estados nacionales 2 .
Por lo anterior, es que tratar é de volver a revisar en for m a breve: en donde estamos, para
saber mejor, q ue debemos hacer en este m undo en que el capital en sus dive rsas form as se
ha globalizado por en cim a de los Estado s, mientras que los derechos y posibilidades de los
que viven de su traba jo y sus organizacione s no.
En particular, darem os algunas pinceladas so bre algunas renova das visiones y orga nizacio-
nes que ba jo disti nto énfasis per o simi lares enfoque s – de Econom ía Social y Solidari a,
Econom ía Civil, Eco nomí a del Bien Com ún, di versas fo rmas de Organi zaciones C ooper ati-
vas y otras – está n gestando un ampl io espa cio de respi ración li bre y de desar rollo hum ano
solidario.
2
Al respecto, véase: Armando de Filippo: Poder, Capitalismo y Democracia. RIL editores, Santiago, Chile. 2012.
23

Economía, transformación financ iera y organozación s ocial

La economía y el saber científico general
A la eco nomí a siempre la he conce bido com o formando parte del sa ber científi co gen eral,
que en las últimas décadas ha cambiado mucho. El sabe r científico, según es entendi do
modernam ente aparece cua ndo el logos – es decir la razón y nuestras visiones - sustituye al
mito en la tarea de explicar la reali dad en t oda su com pleji dad; es decir, cuando la arbitra-
riedad es reemplazada por la necesidad; est o es, cuando se llega a la convicción de que las
cosas suceden cuándo y cóm o tiene n que suced er. Este desarrollo que se inició en la Grecia
clásica, alrededor del siglo VI antes de la actua l era y, a partir d e ahí, constituyó uno de los
logros más importantes de la cultura europea.
Con el Renacimiento y el progreso científ ico com ienza la modernida d y el ser hum ano
vuelve a situarse en el cent ro del universo. Con la Ilustració n, que se desarrolla durante el
siglo XVIII - e l denom inado Si glo de las L uces - el ser hum ano pareciera al canzar su ma-
yoría de edad intelectual: “ Ten el valo r de servirte de tu prop io entendimiento ” . E n
estas palabras de Imma nuel Kant que daba gr áficam ente expresado el pretendido carác ter
autónom o de l a razón il ustra da.
Detrás de ese lo gos que ha i nspira do el desa rrollo de l a Hist oria europea ha estado siem pre
esta racionalidad económica, a la que da cont enido el inacabable proces o de adaptación o
acomodación de los siempre es casos y cambiant es me dios di sponibles a los fine s desead os
de la manera más satisfactoria.
Una c osa se con vierte en med io cuan do la i ntel igencia hum ana – se gún el entorn o en que se
encuentre - advierte su i doneidad para alca nzar un cie rto fin, es decir: la acción humana
para alcanzar dicho propósito se si rve, e fectivamente, de esa cosa .
A su vez, denom inam os fines en economía a las m otivaciones o propós itos de la acción
humana. Los fines en economía son tan variad os e ilimitados como las necesidades que el
ser humano puede sentir y las cosas que e s capaz de imaginar y ambicionar, es pecial-
mente en estos tiempos de globalización, en que las imágenes circ ulan por la m ayor parte
del planeta a velocidades no imaginadas hasta hace pocas décadas atrás. Lo ve rdadero en
economí a no es el todo, en el que la m ultiplicidad de reali dades per sonales que dan di suel-
tas; lo ve rdade ro en eco nom ía – según el e nfoque hoy pr edom inante - e s el "yo" personal ,
que es, en primer t érm ino, libe rtad para pens ar y actua r.
Sin embarg o, lo que ocurre es que al actua r el ser hum ano de scubre al ot ro, lim itador o
amplificador de la propia libertad de pensar y actuar, según como se conside re. Es pre ci-
sament e en sus relaciones con l os otros cua ndo el fenóme no huma no se mani fiesta en toda
su plenitud. El todo en ec onomí a es fruto de la c ooperac ión , de la actuaci ón indi vidu al en
su dim ensión social; una representación de l a condició n social del ser hum ano.
24

Juan Guillermo Espinosa

Podríam os decir ento nces, que la Economía – según el enfoque de la escuela económ ica
predom inante - es la Ciencia que se ocupa de la utilización de medios escasos susce ptibles
de usos alt ernativos, según una de las defi niciones m ás conocidas. La Eco nomía ha sido
definida tam bién como la ciencia de la adm inistración de los recursos escasos; y com o la
ciencia que trata de la producción y el interca m bio de los bienes y servicios necesarios pa ra
la satisfacción de las necesidades humanas.
Sin embarg o, en estos ti empos de cris is general izada, La Economía todavía pred ominante
pasa por uno de sus mom entos más advers os y, defini ciones tan acota das o específica s no
dan cuenta de los gra ndes des ajustes que cie rtament e tiene esta di sciplina, en fu nción de l os
tan desfavorables y severos resultados de los últim os siete años alcanzados – no en l as
economí as subdesarrolladas o m ás atrasadas - si no en las economí as más avanzadas del
planeta. Además, en función de los res ultado s señalados para las economías má s avanzadas
del planet a que son las que han originado el conocim iento económ ico y fina nciero que se ha
aplicado a ni vel te órico, metod ológico y t écnico, se ha pretendid o que La Economía debe
estar más allá del resto de las ciencias social es, ubicándose en el campo de “las ciencias
naturales o e xacta s” y por lo m ismo, no t iene m ayores vincul aciones ade más, con los va lo-
res morales y la ética, que pe rtenecerían a otros cam pos muy distintos a las técnicas avan-
zadas que utilizan los científicos qu e trabajan p ara el mundo financiero y el mercad o de
capitales actual 3 , que de paso han “capt urado” a la m ayor parte de l os más prestigi osos
centros aca démicos del mundo de sarrollad o, en part icular del m undo a nglo-norteam ericano.

La racionalidad y la organiz ación en economía
La necesidad de la economía com o organización surgió en el m omento mism o en que el ser
humano ha teni do que co ntar con otros como él , para realizar com etidos de í ndole m ás que
indivi dual de carácter conj unto que, aisl ado e n su soleda d, en m odo algun o podría h aber
alcanzado.
Ser “racional” en economía consiste en id entificar las posibilid ades de acción que puedan
producir l os resultad os deseados y en ele gir aquélla que m ás convenga, según el enfoque
indivi dual o social que se tenga . Organiza r consiste en relacionar m edios c on fines y en
asignarle a cad a persona el com etido más i dóneo y un tie mpo para real izarlo. Ser raci onal
en econom ía significa entonces relacionar las acciones presentes co n las consecuencias

3
Es conocida la tendencia en los últi m os años a contratar profesionales de distintos cam pos de la Física y las
Matemáticas (astro-físicos, astrónomos, físicos, ingenieros matemá ticos o eléctricos y otros) por parte de las
grandes agencias clasificadoras de riesgo y de los gra ndes bancos privados que opera n a escala mundial y en
particular en las grandes bolsas de l os países más desa rr ollados. Entre otras referencias, puede consultarse las
revistas Fortune, The Economist, Informativo de Bl oomberg y otras publicaciones especializadas similares de los
últimos años.
25

Economía, transformación financ iera y organozación s ocial

futuras y, por tanto, la posibilidad de un cierto contro l del proceso y del mundo qu e nos
rodea.
Las estructuras de las organi zaciones son l os mecanism os ideados por el ser hum ano para
que esa racionalidad pueda hacerse e fectiva. Si no existieran estructura s y los que organi-
zaran no pudieran hacer cumpli r sus inst rucciones, ninguna racionalidad en economía –
hablando e n le nguaje i ndivi duali sta - se ría posi ble.

O mejor dicho, de “la racionalidad”
que comporta l a satisfacción de las necesi dades m ás elementales o prim arias por medio de
intercambios bilaterales en el mercado abie rto; esto es, en un m ercado cercano c omo el
descrito po r Adam Smith (1776) , en su obra La riqueza de las nacion es - en el que debía-
mos depender del “egoísm o” del carnicero o de l panade ro para a bastecernos eficientemen-
te, y en donde todavía no habí an aparecido las grandes empres a s o corporaciones m odernas
que hoy y a traspasa n am pliamente f ronteras y m ercados na cionales.
Todo cuadro, mando o directivo necesita – en la práctica - un cierto margen de autonomía
decisional para ejercer su función. Se ha denom inado jefe o auto ridad a la persona que
tiene la facul tad de su pervisa r o control ar a otras pers onas, que p uede dar órde nes e ins-
trucciones de modo que estas se cum plan. A su vez, las estructuras de las organizaciones
definen l os límites y las condiciones de posi bilidad de la racionalida d, así como tam bién los
sentimi entos de sim patí a o aversión de los par ticipantes en estas estructuras, que en la ma-
yoría de los casos no son t omados en c uenta. Así y todo, se podría d ecir, que son lo s más
admirabl es ingenios idea dos por el ser hum ano para supe rar su lim itada capacida d física y
mental.
Sin embarg o, un ám bito cr ucial norm alm ente igno rado por los ec onom istas y adm inist rado-
res de empresa s, es la legitimidad o validac ión de la jefatu ra en las em presas y otras orga-
nizaciones, es decir: si la jefatura es elegid a solo por el capital o la tecnocracia que hoy lo
representa, como ocurre en el modelo de capitalis mo neoliberal imperante; o si la elige
solo el factor trabajo (pagando una renta por el capital), com o ocurría en l as empresas a uto-
gestionadas de la ex Yugoslavia y sigue oc urriendo algo sim ilar al dí a de hoy en la s mil es
de co oper ativas d e trab ajo , en todos los con tinentes; o se eligen po r cualquier fórmula in-
termedia, como en las grandes empresas co-gestiona das alem anas o dive rsas variantes que
se dan en las distintas formas de Economía Social y Solidaria en Europa y Latinoamérica.
Dicho en form a má s ampli a y diríam os más actual y de futu ro, si las em presas y organiza-
ciones se estructuran a la antigua de arriba-abajo sin dialogo, o si lo hacen consultando a
todos los n iveles con un a visión integrador a y coop erativa.
El ser humano ha ido reem plazand o lenta y grad ualm ente el me dio natural en el que surgi ó
como especie vivi ente por u n espacio orga nizado, h oy dom inado por una plural idad de
aparatos y sistem as técnicos, en el que todo o casi todo es nuevo o artificial. Estas instru -
mentalidades y siste mas técnicos – como lo señalan múltiples autores - se hallan articulados
26

Juan Guillermo Espinosa

a nosotr os mism os en una re lación cua si orgá nica, razó n por la cual el fenóm eno – q ue
caracteriza de manera crecie nte desde hace y a va rias déca das a las nuevas generaciones - ha
sido defini do como prót esis generali zada o com o un proc eso met abioló gico que marca una
nueva era e n la evoluci ón del géne ro hum ano, en l a que los nuevos a rtefac tos, instr ument os
y sistem as técni cos parece n form ar parte del or ganism o hum ano m ism o.

Organización, jerarquía, participación y valor de las cosas
Según el m odelo neol iberal t odavía predom inante, la s estr ucturas jerá rqui cas o sistem as de
autoridad formal dan contenid o a las organizaciones. Según este enfoque, sin je fes las
organizaciones no podrían funcionar.
De cualquier form a, la organización e s una extra ordinaria creación hum ana; uno de l os más
grandes a vances de todos los t iempos m ode rnos que ha he cho decir a m uchos al tos dire cti-
vos, que es la principal causa de la riqueza de las nacione s en el mundo actual. En efe cto,
en el mundo m oderno los seres hum anos vivi mos inm ersos en m últiples organizaciones al
mism o tiem po, que se superp onen, sola pan o com plement an, por medi o de las cual es
tratam os de dar re spuesta a las aspi raciones y anhelos de todo ti po.
La organizativa es una actividad esencialment e creadora y empírica. Es el producto resul-
tante de una ordenación racional y valórica de la interacción entre los seres hum anos que
comparte n proble ma s, objetivos o valores co munes. El pro greso eco nómico o social de los
pueblos depende m ás de su capacida d de organi zaci ón, para realizar en c omún, activida des
de interés económ ico, social o colectivo que de l m ero esfue rzo indi vid ual, por m uy abne ga-
do e import ante que é ste sea, cuando el mi smo es realizado de forma anárquica, sin c ontar
con el concurso de organizacione s ad hoc.
Lo que dist ingue y engra ndece a las sociedades que han sabido organizarse, es su ca pacida d
de concebir y c onsum ar la realización de grande s tareas u obras colectivas , con la participa-
ción direct a o indirecta del mayor núm ero de su s integrantes, que re dunden a la vez en
benefici o de todos o de l a gran m ay oría de sus habi tantes. El mi smo Est ado m oderno es
también un logro de la racionalidad administ rativa (u organizativa). Una racion alidad que
va más allá de la racionalidad egoísta e individualista d el hom o economi cus o racionalidad
del m ercado.
El valor m ism o de las cosas , depe nde s obre tod o del us o - que los otros o nosot ros con
ellos- hacemos de ellas. En lo que llam amos el mercado m oderno – cada vez más globali-
zado - nada ni nadie vale n ada: si no es en función de la “utilidad” que p ueda tener para
otros. Lo q ue hoy ll amam os “progres o económ ic o y social” lleva apare j ada una inst ru-
mentalización profunda, una me diatización generalizada de las cosas y las pe rsonas.
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Economía, transformación financ iera y organozación s ocial

Desde la óptica utilitarista, la s cosas, materiales e inmateriales, e incluso las person as, sólo
“valen” cu ando son su sceptibles de ser u tilizadas para cometid os concreto s y devienen en
medios. Con esta instrum enta lización profunda de todo y de todos, el se r humano de ja de
estar situa do e n el cent ro del u niverso, deja de ser u n fin en sí m ism o y deja tam bié n de
constituir la medida de todas las cosas, según ya se sostenía desd e el griego Protág oras en el
siglo V a. de C..
El progres o económ ic o tal com o se ha ent endido en el m undo occi dental durante l os dos
últimos siglo s, ha supu esto - nos guste o no recono cerlo - un prog resivo envilecimiento de
la condición humana.
El mercado a su vez, que sí debe estar e n la base de t odo sistema de organización s ocial, es
un mecanismo fundam ental de asignación de re c ursos y coordinaci ón de la actividad
económica, pero, s ujeto a las re gulaciones que el medio e xija. Pero si bien el m ercado
permite fijar precios, no es el m ercado quie n crea el valor de las cosas. Com o bien dijo el
poeta A ntonio M achado “ s ólo el neci o conf unde valor y precio ”. Ni tam poco el valor es
algo que las cosas lleven in corporado in trínsecamente.
Hoy, el c once pto de valor e n econom ía es m ás bi en un c oncepto me diático. Surge en las
cosas cuando el ser humano a dvierte la idoneidad de las m ismas para la satisfacción de sus
necesidades; y se acrecienta en general o cam bia drásticamente cuando a través de los
grandes m ercados y la pu blic idad: l os seres h umanos se transfi guran y se eleva n sobre su
propia realidad, em barcadas en las nue vas ofertas o proyectos cada vez más y m ás comple-
jos, sofisticados y ambiciosos.

El valor del capital y el valor del trabajo
Es una consta nte en la hi storia de Occide nte desde la Pri mera Revol ución Industrial, a fi nes
del siglo XVII I, el conti nuo aume nto de la productividad del facto r traba jo. A m edida que
el ser hum ano fue disponi endo de herram ientas, m áquina s e inst rument os má s podero sos,
cada vez fuer on necesarias menos pe rsona s para fabricar todas las cosa s que la sociedad
necesitaba. Los em presarios capitalistas que acer taron co n mayor rapidez a sustituir traba-
jadores por m áquinas fue ron los que c osecharon may ores ganancias .
La creciente mecanización y actual aut omatizaci ón de la casi totalidad de los procesos
producti vos que aho rran m ano de obra, rá pidam ente ha sido alent ada ha sta nuestros dí as
por la mayoría de las empresas capitalistas, con el fin de abaratar costos e incrementar sus
ganancias. De esta form a, el orde n económ ico capitalista tuvo que en frentarse a su primera
gran co ntra dicción. E sto e s, a m enor v olum en de em pleo, m eno r masa sal arial y meno r
capacidad de ga sto de la pobl ación traba jadora.
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Juan Guillermo Espinosa

Así, no pudi endo dar sali da las em presas a los artí culos que fa bricaban, las crisis de so bre-
producción comen zaron a sucederse y el sistema a de sequilibrarse, hasta q ue llegó el g ran
crack del sigl o pasado , la c risis económ ica de 1929 , de la que se d ijo que cost ó a la
Humanidad m ás que las dos gue rras mundiales juntas.
Fue entonces cuando el Estado tuvo qu e venir po r primer a vez - en forma masiva en los
últim os ochenta años – en s ocorro de l os libre m ercadistas y en especi al del naciente “mer-
cado de capi tales”, com o hoy pom posamente se denom ina al sistem a bancario y fina nciero .
Aunque en las décadas siguie ntes se modificaron las regla s - se creó el Sistema de Bretton
Woods (el FM I) y el Banco I nternacio nal de Pagos - que dó subente ndido q ue en el sistema
capitalista, en especial cuando hay libre circul ación internacion al para los capitales, pero no
para el trabajo, siempre an te una crisis, las utilidades son privadas y las pérdid as son públi-
cas.
Así, con la rei nstalación del neol iberalism o en occide nte y - después de l derrum be de las
economías centralm ente planificad as a pri ncipios de los años noventa - este sistema se
extendió a casi todo el planeta y se produjo nuevamente la segunda hecat om be en ochenta
años en las t odavía pri ncipales eco nomía s del pl aneta, las que, incr eíbl emente, aplicaron
las mismas recetas para pa rar la caída del sistem a bancario fi nanciero. Es deci r, los Estados
más pode rosos del mundo han com promet ido todos l os recurs os públi cos im aginables pa ra
rescatar a los ba ncos más grande s del pla neta, mient ras han som etido a prog ramas de aju ste
a sus trabajadores, a l os pensiona dos y se reducían l os program as sociales, de salud y va-
rios otros.
Los efectos sociales de ajust ar cada vez m ás en tiem pos de rece sión severa y recorta r al
mism o tiem po los servicio s sociales básicos, ha n sido de mole dores. En nuestros paí ses
emergent es – com o se nos lla ma ahora – e n don de se ha observa do no sol o con gra n interés
sino también se inten tado aplicar los enfoques y p olíticas de un modelo-ejemplo de Eco-
nomía Social, muchos se pre guntan con estupe facción ante los adversos desarrollos de los
últimos años: y d onde qued ó la Europa Social , q ue ha sido co nsidera da por tant os años,
como un ejemplo paradi gmátic o a imi tar por t antos de nuestros países ?
La propuesta ortodoxa que aún prevalece, es ante todo m ala economía. Produce efe ctos
letales a la enorme mayoría en todos nu estros países. Sin embargo, beneficia a sectores,
particula rme nte financieros , del uno po r ciento que hoy es el due ño de na da menos q ue del
43 por cient o del Product o Bruto m undial y que sig ue necesi tando un rel ato de la econo mía
que lo legiti me y proteja su s intereses.

29

Economía, transformación financ iera y organozación s ocial

Las crisis y la participación económico social
Sorprendentemente, desde mediados del siglo XVIII en que comenzó la a ctual civilización
industrial, aun no se a prende la lección acerca de los verda deros orígenes de las crisis
económi cas, las que se han origina do siempre p or exceso de pr oducción , frente a una de-
manda progresivamente deb ilitada, por la desigu aldad y el desempleo. Resulta ciertamente
paradojal que haya sido “la sobreabundanci a” de bienes y servicios y no la miseria o la
escasez, la causante de las grandes hecatombes económ icas.
El mercado li bre – como le gusta decir a sus m ás fervie ntes part idarios - se ha revel ado
quizás como el m ecanismo más poderoso de sde el punto de vista de la eficacia productiva,
pero a la vez, el má s ineficaz por el lado de la distri bución o repa rt o del producto social
generado. Es decir, este libre discurr ir de las fuerzas del mercado conduce inexo rablemente
a la creación de desigualdade s que son permanen te y crecientem ente fuente de conflictos.
Y ahí donde crece la desi gualdad, los acuerdos y las sol uciones pacíficas desaparecen.
La Historia y el más bási co sentid o común, n os enseñan que una s ociedad bie n ordenada
necesita de mecanism os de acción colectiva alterna tivos que res uelvan el problema de la
distribuci ón o corri jan la dist ribució n que result a de esta liberta d y asim etría i ndiscrim inada
e inherente de las fuerzas del mercado. Necesita de mecanism os que se ocupen no sólo de
un equilibra do reparto de la renta y la riquez a, sino tam bién de la fo rma de organización del
trabajo, así com o del tiempo y de la di rección de l trabajo y fue ra del trabajo. Así, si n parti-
cipación, sin decisiones colectiv as, más tarde o más tem prano, sobrevien en las crisis.
La Nueva Revolu ción Industrial en la que nos hallamos inmersos, con distin tas denomina-
ciones com o revolución del conocimiento y también la revolución de las tecnologías, está
llevando a que cada vez sean necesarias m enos pers onas para fa bricar toda s las cosas que la
Humanidad necesita. Se est á viviendo un momento históric o sorpre ndente, marcado por
la gran rev olución de l as tecnol ogías para el tratam ient o, de la inform ación, las com unica-
ciones y aú n los p rocesos product ivos básicos.
Pero si seguimos el credo neoliberal com o idea domi nante de nuestra vida actual y futura ,
solo un reducido porcen taje de la actual planta lab oral tendrá trabajo remunerado y de
cierta calidad en el futuro. Todo apunta a que será n cada dí a menos trabajad ores, m uy
selectos, muy bien form ados y paga dos, capaces de tra bajar con tecnol ogías m uy sofistica-
das, los q ue tenga n este t ipo de t rabajos e ingres os e n el fut uro.
El problema ya está aquí y es un gran esp ejismo imaginar que cu ando nuestras economías
se recupere n, des pués de esta enorm e y asim étrica crisi s financie ro – ec onómi ca, el des-
empleo volverá a los niveles ante riores previos a la crisis. Entonces, las preguntas de fon-
do que h oy ni l a econom ía ni las finanzas neoli berales que practi camos so n capace s de
respond er, son a lo menos dos: ¿ Qué hacer con todos los trab ajadores que so bran? ¿Cómo
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Juan Guillermo Espinosa

conseguir re partir l as gananci as generadas po r las nuevas tecnologías ? Podríam os decir
que la situación es aún peor con la aparición en la últim a década de China, que ya hoy es
denomi nada la fábri ca del mun do y que ha estado paulati na pero progresi vamente inun dan-
do los disti ntos mercados del planeta, con bi enes y servicios prod ucidos con m ano de obra
abundante y barata.
Con una l ógica básica, hemos po dido observar que el ser humano m oderno ha venido d es-
empeñan do tres role s o papeles pri ncipales, en est a nueva econ omía que se confi guró ya a
partir de la primera revolución industrial: productor , ahorrad or y consumi dor . Per o, en
esta nueva et apa de desa rrollo de la Hum anidad, a los g rupos i ndustriales y a las grandes
corporacio nes multinacional es que se han venido configur ando y consolidan do a partir de
las últimas cinco décadas, las funci ones de productor y ahorrador del ser h umano m oderno
les son cada vez m enos necesarias y, en cam bio, buscan a l as personas más que na da en su
función de consumidores .
En innumerables países de América y Eu ropa un gran número d e economistas y cientistas
sociales ha venido denunciando este tip o de economía en expansión en el planeta que está
desarticulando la vida social, la política y la cultura, qu e están haciendo de nu estras socie-
dades los a péndices de la socie dad d e consum o , al precio de un debilitamiento alarmante de
los valores c omunes y de su modo de tra nsmisión a l as generaciones más jóvenes, de la
participación de los ciud adanos en la vida política, económica y social, de las solidaridades
nacionales, regionales, local es y de vecindario.
La hipótesi s de la eco nomía neoclásica de un crecim iento econ ómico i limitado y que la
propia di námica econ ómica crea má s empleo del que dest ruye ya lle go a su fin. Problem as
tan graves c omo el de l a sobrepoblaci ón del m undo y el de la co ntaminación y destrucción
de la naturalez a ya están aquí entre nosotros y no puede se guir siend o propio de seres in te-
ligentes se guir i gnorándol os por m ás ti empo.
Si tuviéramos la capacidad y la inteligencia social sufici ente, pensa ríamos que debe mos
parar el rel oj colect ivo y pon ernos a pe nsar un p oco, todos juntos, de form a organiza da, de
form a cooperati va, participat iva, integra dora e incluy ente (est o es, verdad eramente de m a-
nera racional y civilizada). E l Estado hay que r efundarlo y arreg larlo como sea ya que en
este mundo globalizado actual, la economía y las finanzas mandan so bre la política y el
Estado se encuentra ca da vez m ás al servicio del libre m ercado en una carrera dem encial.
Al m ercado no se le puede dejar sol o, com o ha sido largam ente dem ostrado por l os más
destacados prem ios Nobel de Economía. Un m e rcado libre sin contrapes os ni regulaciones
terminará por ll evarnos a todos al desastre y, un Estado sin dem ocracia, sin participaci ón y
sin incl usión lo m ism o.

31

Economía, transformación financ iera y organozación s ocial

Caminos actuales y de futuro
Debemos pr ocura r reconciliar a lo menos tres ám bitos cruci ales para el m undo en qu e es-
tamos y el que v iene: la eficacia productiv a con la ju sticia distributiva, pero también co n la
participació n de los que vi ven de su trabaj o con la reciproc idad. Por m ucha mi croelectróni -
ca, mucho chip, m ucho giga, m ucha revol ución de las tecnologías y de las comunicaciones,
que nos dema nden e n este ti empo, s on mucha s las c osas que hay que cambi ar y queda n
todaví a por ha cer.
Al ser hum ano no le basta únicam ente con tene r para c omer; necesita adem ás sentirse
integr ado, útil para los o tros y con los o tros, como tan bien lo señaló Anto ine De Saint
Exupery hace m ás de 70 añ os: “ Que soy si no par ticipo ?”.
Nunca como a hora tienen tanto que decir y h acer los m ovimientos y asoc iaciones ciuda da-
nas, las organizaciones no gubernam entales, las entidades no l ucrativas de t odo tipo, las
asociaciones culturales, así como las organi zaciones religiosas. Pe ro aún más que las ante-
riores, ti enen más que deci r que n unca y q ue aportar con cami nos concret os de salida y de
superación: lo que hasta ahora en la m ayoría de las sociedades eu ropeas se ha denom inado
como el tercer sector o el sector de economía soci al , qu e si se tuvieran l os medi os de co-
municación suficientes y las estadísticas pertinen tes, se revelaría am pliamente de qué ma-
nera tan efic az y ext raordin aria han ser vido para sob rellevar la en orme cri sis gestada y
produci da por l as fina nzas y l a econom ía neol iberal que aún predom ina.
Es de toda lógi ca que este m al llamado terce r sector, ya que debiera am pliarse a todos l os
ámbitos de la economía actual, debiera ser el llamado a desempeñar en el próxim o futuro
un papel m ucho m ás acti vo en la r ecuperaci ón y fut uro de sarrollo de una econom ía y una
sociedad m ás humana.
Así, en lo que a n uestro te ma conc ierne, debem os pone r nue stros m ejores em peños e n el
desarroll o de una econom ía renova da, per o que – m ás allá del todo-Estado y del todo -
mercado – empiece a informar, pr iorizar y religar al amplio pero aún no suficientem ente
conocido sector de la economía social y solidaria , de las mutuales, las cooperativas, em-
presas ciu dadanas, el m icrocr édito, el desarrol lo de los bancos s olidari os, la red de ba ncos
éticos y va rios otr os.
La economía social y solidaria, con raíces hi st óricas profundas en América Latina y Europa
reúne una diversi dad de inic iati vas, que están desti nadas a: producir, cons um ir, em plear,
ahorrar y decidi r de form a más res petuosa co n todos l os seres h umanos, el m edio am bient e
y los terri torios. La gran parado ja sin embarg o es que toda s estas inic iativas, aun no se
conocen sufici entemente entre si y no trabaja n coop erativ amente en sus rangos que le s son
comunes y esenciales, es decir, todas estas iniciativas tienen prioritariamen te: una finalidad
32

Juan Guillermo Espinosa

social, una aplicación del proyecto económico basa do en la gestión democrática y ética, una
dinámi ca que se apoya en u n anclaje territ orial y una p rogresiva a dhesión ciuda dana.
Pero como bien decía Erasmo de Rotterdam hace siglos: El talento y l as buenas ideas ocul-
tas, no se conocen ni traen reputació n . Nunca como ahora, en estos tiempos de globaliza-
ción, debemos esforzarnos más en multiplica r nuestros en laces y en difundir de manera más
abierta y pública nuestros avances y log ros, especialmente en el campo fina nciero y crediti-
cio, mientras el neoliberalis mo aplasta y asfixia a personas, em presas, com unidades y paí-
ses enteros de manera inm isericorde mediante el estrangulamiento fin anciero tan caracterís-
tico precisamente en períodos d e crisis. En esta área, debemos multiplicar el uso de las
monedas local es subsidiarias como las im plantadas en ciudades de Suiza, Bavie ra, en las
áreas de Fortaleza en Brasil y en áreas interiores de Arge ntina. Todas estas experiencias nos
dicen que el dinero no pue de ser el fin de La Econom ía, sino u n medio im portante que
debería estar al servicio de la vid a, es decir, en definitiva del bien común.
Aún m ás, el propio Papa Francisco e n su primera Exhorta ción Apostólic a Evangelii Gau-
dium destaca muy especialmente: No a un dinero que gobi erna en lugar de servir . … y
aclara y propone: Una reforma finan ciera que no ignore la ética requeriría un camb io de
actitud enérgico por p arte de los d irigentes po líticos, a qu ienes exhorto a afrontar este reto
con determinación y visión de futuro, sin i gno rar, por supuesto, la e specificidad de cada
contexto. ¡El dinero debe ser vir y no gobernar! 4 Hoy en día, ya c ontam os con diversas
propuestas y alternativ as concretas para ordenar y equilibrar el sistema monetario y finan-
ciero im perante; im pulsando un proces o de trans formación para pasar de la plutoc racia y
dictadura fi nanciera actual es a un orden m onetario y dem ocrático. Es h ora de dejar a un
lado la pa sividad de la s ociedad y construi r un nuevo siste ma monetario desde la responsa-
bilidad y la in tegración, de manera de discu tir nuevas reglas del j uego para el sistema mo-
netario m ediante proces os partici pativos y descent ralizados 5 . De bemos restablecer amplia-
mente en nuestros di versos m edios una lógica de la donación, la ayuda m utua y la
gratuida d, sin perjuici o de respaldar en to das sus formas el desar rollo de los banc os solida-
rios, las cooperativas de finanzas solidarias y la banca ética.
No pued o dejar de m encionar entre los m ás importantes est udios de los últ imos años, entre
las principales expe riencias de las cuales se pueden sacar muy important es o cruciales lec-
ciones de la experienci a - y que si n embargo, no son sufici entemente conoci dos, especi al-
mente en las in stituciones públicas de fomento o en nuestro s centros académicos de admi-
nistración de empresas – me refiero a los que realizó en las últimas décadas del si glo
pasado, l a que fue ra Profesor a de la Unive rsidad de Indiana Eli nor Ostrom , sobre las m ejo-
res formas de gobierno de los Recursos de Uso Común (RUC). Estos brillan tes y prolon-

4
SS Francisco: Evangelii Gaudium. Ro m a, 24 de Noviembre de 2013. Capítulo II , pags. 48 y 49.
5
Entre otras, véase por ejemplo: Christia n Felber, en colaboración con Cle mens Guptara: Dinero. De fin a Medio.
Ediciones Deusto, Planeta . Barcelona, España. 2014.
33

Economía, transformación financ iera y organozación s ocial

gados estudi os, final ment e le valiero n el Prem io Nobel de Econom ía de 2 009 por “s u análi -
sis de administración ec onómica y la organización de la cooperaci ón” 6 .
Se considera que Ostrom fue una de las estudi osas más destacadas e n el área de recurs os
compartidos o bienes comune s ( commons , en in glés), e n particul ar, res pecto a cóm o l os
seres huma nos int eractúan – m ás allá de los para digm as aún vige ntes, com o la dicotom ía
mercado-estado o la vige ncia universal de la “elección racional” de los individuos c omo
meros optimizadores económ icos ajenos en todo s los casos al bien com ún - a fin de m ante-
ner a larg o pl azo los ni veles de pr oducci ón de rec ursos com unes (l os RUC), t ales c omo
bosques y recurs os hi drológ icos, incluy en do pesque rías y si stem as de irrigación d e las
huertas (entre las que destacan las de Valencia , Alicante y Murcia y Orihuela e n España),
áreas de pastizales y otros, en los m ás di vers os países de As ia, Améri ca y Europa.
Tradicionalmente, como en múltiples o tros ejemplos Elinor Ostrom refuta a los eco nomis-
tas que han considerad o: que ma ntener tales rec ursos (los RUC) requi ere ya sea de la in ter-
vención estatal o del interés privado indiv idual 7 . Ella junto co n colegas de todo el mundo,
estudió la manera en la que dive rsas sociedades h an desarrollado formas institucionales al
respecto y casos concretos en los cuales las comunid ades han institu ido prácticas co muna-
les, autogest ionada s y de c ooperaci ón, que han permi tido la p reservación de recurs os co-
munes y evitado la degra dación del m edio a m biente por décadas hast a sigl os.
Entonces, hoy más que nunca necesitam os recupe rar la concepci ón de que la economía sea
una ciencia h umana y hu manizadora, es decir, la antig ua con cepción de un a economía civil:
civil por ser civilizadora del me rcado, por ser pr opia de la ci udad en su con junt o y por que
la sociedad civil es su cla ve ultima.
Debemos nega rnos a adm itir que no haya m ás propuest as econ ómicas en este siglo XXI,
que las que ti enen por sant o y seña el pri ncipio del indiv idu alism o axiológi co , que en el
mercado se c onvie rte en l a búsque da del m áxim o benefici o pri vado. Fr ente a l o anter ior,
como nunca debem os rescatar los conceptos de Eco nomía Soci al y Soli daria , que incl uyen
las formas avanzada s que hacen del ser humano su centro, en l a línea de tant os pensa dores
humanis tas y que se propon e buscar el bi en de todas las pers onas sin exclusión. E n eso
justamente consiste el bien com ún 8 .

6
Las principales referenc ias de sus publicaciones son: Governing the Commons: The Evolution of Institutions for
Collective Action Ostrom, Elinor, Ca mbridge University Pr ess, 1990. Y su publicación en español: E l Gobierno
de los Bienes Comunes. Las in stituciones de acción colectiva. Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM ,
México y Fondo de Cultur a Económica de México. 2ª Edición 201 1.

7
Ver “La tragedia de los comunes ” en la revista Science de 1968 , citado por Elinor Ostro m en El Gobierno de los
Bienes Comunes.
8
Véanse entre otros textos: Christian Felber: “La Economía del Bien Común. Un modelo económico con futuro”,
Enero de 2014, en www.economia-del-bien-comun.org / . Ade más, Stefano Zamagni: Por una economía del bien
34

Juan Guillermo Espinosa
En todos esto s enfoque s, se ha venido dest acando en forma progresiva y com o irrenuncia-
ble una característica de la persona, una caract erística en la que estarían de acuerdo s obre
todo los destacados autores má s recientes, que resaltan el que la eco nomía debería tener en
cuenta su carácter relacional . Si com o se ha dicho, la Mode rnida d es la “era del indi vi-
duo” – y eso si gnifica la primacía axiol ógica del indi viduo con sus derec hos en el conju nto
de la sociedad – no es m enos cierto que, com o dijera Heg el, el indi viduo es una fi cción. En
la vida real n o hay indivi duos, sino personas , siempre som os en relación d e reconocim iento
recíproco. En esa tradición se insertan m últiples pensadores y grupos de acción y ent re
otros, en e sta m ism a Universidad, t anto el INAUCO co mo la revista RIIDA, por la rgos
años han dest acado los t rabajos en esta l ínea de disti ntos pioner os, especialm ente el propio
director Ant onio Col omer y el antropól ogo francés Dominiq ue Temple, que co nsideran el
reconocimie nto com o clave de la persona y tratan de encarna r este su carácter relacional
como fundam ental en la vida económ ica.
De esta afirm ación se sigue que hay biene s relacionales que el individ ualism o ignora , es
decir, aquell os de los q ue se goza conjunt ament e, aquellos que se di sfrutan en com pañía.
Por eso el princi pio de reci procidad tendría que con jugarse en economía con el del inter-
cambio de equival entes (esto es el intercam bio de bienes se gún la t eoría de los preci os del
mercado).
Sin embargo, la “econom ía de mercado” en nuestro m undo moderno ha asumido la forma
de mercado c apit alista, en que el indi viduo busca su bene ficio en competencia con otros
indiv iduos obviando y excluyen do su dimens ión relacional. Y por eso ha co nstruido la
economía sobre una ficción, porque el individuo no existe, existe la persona en relación, y
esta es una de las causas del fracaso de la ec onomía: que ha olvi dado la dimensión relacio-
nal de los seres hum anos.
Suponer q ue todos l os agentes eco nómic os actúan busca ndo maxim izar su be neficio, es
construi r una ficción que a nula los disti ntos motivos p or los que la ge nte actúa. C omo bien
dice Amart ya Sen (Premi o Nobel de Econo mía en 1998) l as motivaci ones de la raciona li-
dad económ ica no s on solo e l egoísm o entendido s como “aut ocentram iento”…, si no tam -
bién otr os moti vos, com o el com promiso, si n los que no se entiend e el obrar humano en
general y el económ ico en partic ular 9 .
Entonces, ¿qué hacer e n este tránsito de la s ociedad industrial a este mundo nuevo abierto
por el proceso de globalización? ¿Cóm o c onseguirlo c on una mentalidad económ ica tan
consolidada y herm ética, como la que se ense ña en casi la totalidad de las facu ltades de
común. Editorial Ciudad Nueva, Madrid, E spaña. 2012. S obre Ec onomía Solidaria, véase: RE AS Euskadi en:
www.economiasolidaria.org/reaseuskadi , 2014.
9
Véase entre otros: Amartya Sen. Sobre Ética y Economía. Alianza Editorial; Madrid, España. Cuarta rei m pre-
sión: 2011.
35

Economía, transformación financ iera y organozación s ocial

Ciencias Econ ómi cas y Em presariales, en ca si todo el m undo occi dental ? ¿Cóm o lograrl o
cuando el individualismo axioló gico impregna el conjunto de la cultura, más aun la cultu ra
económica ?
Ciertamente, llevar a cabo esta empresa no es sen cillo. Como decía Edmu nd Burke filósofo
conservador inglés: “hacer reform as económicas y sociales, es com o cambiar el techo de la
casa viviendo en ella”. Ade más, conve ncer a los econom ist a ortodoxos de que los val ores
por los que se vive tiene n efec tos en toda la vida hum ana, incluid o el funcio nami ento del
mercado, no es u na tarea fá ci l. Conve ncerlos de que lo s agentes de la vida ec onóm ica n o
reproducen la imagen de ese homo econ omicus al que sol o mueve el afá n de lucro, e s una
empresa de titanes. Hacer que acept en que el ser hum ano es más bien homo reci procans,
como avalan todo tipo de estudios evolutiv os, incluidos l os matemáticos, parece algo in-
imaginable.
Y sin embargo es la verdad, como hace siglos lo di jera Galileo Galilei frente a la inquisi-
ción de esos ti empos, y com o hoy desc ubren y redescubr en las má s relevantes prop uestas
filosóficas y científicas. Los seres hum anos som os “reciprocadores”, estamos hechos pa ra
trabajar cooperativam ente; y una autentica economí a debería tenerlo e n cuenta. Y este es
uno de l os más g randes retos económ icos de nuestro t iem po.
En tanto que e l ser hum ano que – com o en la parábola del Buen Sam aritano se acuer de de
su herm ano – y tenga imaginación cooperat iva, es decir, sueñe, am bicione y actúe en form a
cooperati va, ni la econom ía ni la historia podrán det enerse, com o alguna vez prete ndió
Francis F ukuyam a a princi pio de los a ños nove nta del siglo pasado.
Mientras exis tan pobres, des empleados , excl uido s e i njusticia sociales en el m undo, y los
seres humanos tengamos algo de inteligencia emocional, el economista, así como todos los
cientistas sociales, no pu eden permitirse el lujo de olvidar nuestra función primord ial de ser
arquitectos sociales , m ás necesaria ahora probablem ente que e n ninguna época histórica
precedent e.
Creo que t odos estam os má s que hart os de t anta in genierí a fina nciera , de t antos escán dalos
y tram pas contable s, de l os apro vechami entos de e xperto s sin escrú pulos y de l os robos
multim ill onarios de guante blanco, que l a econ om ía neoliberal no s olo permi te, sino t am-
bién en ocasi ones esti mul a. Creo igual ment e que to dos esta remos de ac uerdo, que la i nge-
niería fi nanciera act ual de la manera e n que se ha entendi do en est os años, ti ene que dejar
paso ya de una vez a la ing eniería s ocial, pe ro i ngeniería social verdad eramente humana,
integrado ra, participativ a y más equitativa que nun ca.
Para concluir, creo que inte rpret o a todos, si digo que – en n uestra opi nión – el ori gen de
toda preocupación económ ica debe estar: en la vida en c om ún, en las necesidades y sufri-
mientos de los d emás, en la alteridad o epifan ía del otro, así como en los sentimien tos más
36

Juan Guillermo Espinosa

profundos y las sensaciones más nobles qu e laten en el corazón de cada uno de nosotro s. Y
damos especia les agradeci mientos a las autori dades de e ste Congreso por habe rnos co nvo-
cado a este gran encuentro, qu e – a partir de nuestras mejores experie ncias y propuestas –
renueva nuest ras espe ranzas e n que ve ndrán tiem pos mejor es.

37

I Congreso Internacional América-Europ a, Europa-América.
Los textos e im ágenes publicados en esta obra est án sujetos –exc epto que se indique lo cont rario– a una
licencia de Reconocim iento-NoCom ercial-Si nObraDeriva da (BY-N C -ND). Podé is copiar los, di stribuir los y transmitirl os públ ica-
mente siem pre que citéis el autor y la fuen te (Univer sitat Pol itècnic a de Valènc ia).
I Congreso Internacional Améric a-Europa, Europa-América ( 2015)

Redes de Cooperació n Trasatlánticas
Mónica Colomer de Selva a
a

Directora de Cooperaci ón con América Latina y el Caribe de la Agencia Española de C ooperación Internacional para el Desarrollo
Introducción
La Cooperación Españ ola emp ezó su andadura hace casi tres décadas acompañando los
procesos de paz alcanzados en Centroam érica en los años no venta tras la s contie ndas civiles
que asola ron esa regi ón. España se proyect aba como país , tras su pro pia transform ación
política, social y económica, en apoyo a la inst rum entalización de los acuerdos de paz. Ese
acompañam iento a los procesos de tra nsición y consolidación dem ocrática, a la construc-
ción y modernización del Estado y de sus instituci ones, a políticas públicas de lucha cont ra
la pobreza, se hizo extensible a todos los país es latinoam ericanos forjá ndose estrechas re des
de cooperac ión. Redes de coope ración tras atlánti cas que han llegad o a nuestro s días y ha n
ido tejien do una inten sa capilaridad institu cional en los distintos ámbitos p olíticos, so ciales,
económi cos y culturales. Redes que se han i do renova ndo y rei nventan do al ritm o de las
propias t ransform aciones vividas en l a regió n, pero tam bién en nuestro p aís y en el ámbi to
internacional.
De esta form a, desde el i nicio de 2 012 se vi ene impulsand o un cam bio en nuest ras relacio-
nes de coope ración c on Améri ca Latina y el Caribe. La renovació n de esa relación de co-
operación ha venido m otivada por la emergencia de un nuevo c ontexto n acional, regi onal e
internaci onal que requiere de un proceso de reorie ntación de nuestra coope ración a esa
realidad cambiante. La tra nsfer encia de conocimientos, la co operación técnica, la coopera-
ción triangular, la lucha contra el cambio clim ático, las alianzas estratégicas con actores
regionales e internacionales, con la socie dad ci vil y el sector pri vado, son al gunas de la s
claves de esa cooperación renova da con nuest ros soci os latinoam ericanos. Nue vos inst ru-
mentos, nuevos espacios, nuevos acentos co n los que dar resp uesta a las nuevas nece sida-
des. En defi nitiva, c rear una nue va agen da que pe rmit a preservar el ac ervo constr uido en
América Lat ina durante m ás de 25 años y m antener la complem entariedad e i mporta ncia de
38

Redes de Cooperación Trasatlántica s

la cooperación para la política exterior de Esp aña con esa región de prioridad estraté gica
para nuestr o pa ís.

¿Quiénes somos? La Agencia Española de Cooperación Inte rnacional para el
Desarrollo responsable de la gestión de la política pública de c ooperación para
el desarrollo
Los orígenes de l a Cooperación Es pañol a están pri oritaria y estrechamente vi nculad os a un
área geográfica: América Latina y el Caribe. Estas relaciones, desde la perspectiv a institu-
cional, se inician en el año 1946 cuando se funda el Instituto de Cultu ra Hispánica que, en
1977, se convertiría en el Centro Iberoameri cano de Cooperación y, posteriorm ente, en el
Instituto de Cooperación Iberoa mericana en 1979. Pero es la creación de la Agencia Espa-
ñola de Coope ración Inte rnaci onal en 1988 el hecho que marcaría un hito fun damental para
la presencia in stitucional y el p rotagonismo de la Co operación Esp añola en el desarrollo,
sumándonos al esfuerzo internacion al de reducción de la pobreza.
La Agencia Española de Cooperación Internacion al para el Desarrollo (AECID), Agencia
estatal adscri ta al Mini sterio de Asunt os Exteri ores y de Coope ración, tiene enc ome ndada
según establece la Ley 23/1998 el fom ento, la gestión y la ejecución de l as políticas públi-
cas de coopera ción inter nacional para el des arrollo diri gida s, según señal a su Estatut o, a la
lucha contra la pobreza y la consecuci ón de un desarrollo hum ano sosteni ble en los países
en desarro llo.
Para el desem peño de esta m isión, l a AECID cue n ta con una estructura en el interior y en el
exterior de la que form an parte en t orno a 1.00 0 perso nas. La AEC ID, j unto a s us socios,
trabaja en má s de 30 países a través de su red de Oficinas Técnicas de Coope ración, Cen-
tros Cult urales y Centro s de Form ación.

39

Mónica Colomer de Selva

¿Qué hacemos? Los Planes Directores de la Cooperación Española recogen las
orientaciones de su actuación.
El Plan Director de la Coope ración Española es el que fi ja el m arco estratégic o y las orie n-
taciones para la acción de la Agencia en un peri odo de cua tro años. El Pl an Director act ual,
el cuarto que abarca el periodo 2013-2016, represe nta un salto cualitativo ante la necesidad
de adaptarse a las recom enda ciones establecidas por el Comité de Ayuda al Desarrollo de la
Organización para la Coop eración y el Desarrollo Económicos (OCDE) en su exam en de la
Cooperación Espa ñola e n 2011 cua ndo a bogó p or una ma yor conce ntraci ón de la ay uda
española evitando s u elevada fra gmentación en s ectores y países, en difere ntes actores e
instrumentos. Las restricciones presupuestarias tam bién hacían recomendable esa conc en-
tración de las actuaciones de la Cooperación Es pañola para lo grar un m ayor i mpacto. En
ese sentido el IV Plan Director recoge una lógica de c oncentración ge ográfica y sectori al,
reduciendo a 23 el n úmero de paí ses pri oritari os. Adem ás se apuesta por l a gestión por
resultados para garantizar un mayor impacto de la ayuda y facilitar su medición y evalua-
ción.
Como señala el IV Plan Di rector actualmen te vige nte, la globalización, los fenóm enos
migratorios, el cambio clim ático, el contencios o agríc ola, el auge de los países em ergentes
o la aparició n de nuevos acto res de cooperac ión, nos sit úa ante un m arco tota lment e distinto
al de hace unos años. El IV Plan Director quie re responder a esta nueva situación. Repre -
senta un gran esfuerzo de re novació n y pone en m archa una im portant e reestructurac ión
interna de to do nue stro sist em a de coope ración. C om o señalaba Alvin T offle r, nue vos
tiempos requieren una nueva orga nización.
Estos cambios im plican, en prim er lugar, una m ayor focalización de nuestros esfuerzos y
recursos en u n menor núm ero de países . Para ello, se c oncentra en las áreas geográficas
donde España tiene más intereses estratégico s : América Latina, Norte de África, y África
Occidental y Subsaharian a. Supone también una mayor con centración multilateral, traba-
jando en aque llos Organism os Internaci onal es con mayor im pacto en la lucha contra la
pobreza, y llevando a cabo un es fuerzo por cont ribuir con cr iterio propi o en las institucio-
nes relevantes, com o Naciones Unidas y la Un ión Europea. Hoy en día, la cooperación al
desarroll o no se puede l imit ar a aportar recu rs os econ ómi cos. Aspectos c om o la goberna nza
40

Redes de Cooperación Trasatlántica s

o la transferencia de conoci mi entos resultan absolu tamente determinantes, especialmente
cuando se trata de países de renta media, com o lo son m uchos de l os países pri oritari os de
la Cooperación Espa ñola. Tam bién se refuer zan los m ecanism os de transparencia y rendi-
ción de cue ntas a la ci udadanía. Debem os tene r siem pre presente que t odos estos esfuerzos
serían im posible s sin la sol idarida d y la generosi dad de t odos l os español es.

Renovación de nuestra agenda de cooperación con América Latina y el
Caribe:
1) Factore s para un cam bio
América Latina es hoy una región de renta media. Todos los países han alcanzado la c ate-
goría de países de renta m edia que el Comité de Ay uda al Desarrollo defi ne com o los que
cuenta con un a renta per capita mayor a 1.045$. La única excepción sería Haití, el p aís más
pobre de Am érica, clasificado po r ello dentro de la cate goría de paí ses menos ava nzados
(que tienen una renta per ca pita menor a 1 .045 $). Pese a ello, 12 de l os 23 países p riorita -
rios que se ñala l a Cooperaci ón Es pañola en su Plan Director si guen est ando en Am érica
Latina y el Caribe . ¿Por qué? ¿Por qué segu imos concen trando nuestr a cooperación en 11
países lat inoam ericanos que no son de los m á s pobres del mund o? ¿Por qué segui mos cre-
yendo que adem ás de esos 11 es im portant e mant ener esas re des de col aboraci ón con otros
países lat inoam ericanos de a ún may or nivel de renta com o pueden se r México, Chil e, Brasi l
o Uruguay ?
España es uno de los pr incipales valedore s de mantener el apoyo y la cooperación con los
países de rent a m edia. No ol videm os que co mo nos recuerda Naciones Uni das que el 7 0%
de los pobres v iven en países de renta m edia.
Pese a los grande s avances alcanzados por Améri ca Latina, sigue n existi endo brecha s y
vulnerabilid ades que pueden pon er en riesgo los logros alcanzado s. América Latina es la
región del mundo que m ás ha dism inuido l a desigualda d en estos últimos años y en la que
unos 60 m illones de perso nas ha n ingres ado en la cl ase me dia. Pese a ello si gue siendo l a
región m ás desigual del m undo.
41

Mónica Colomer de Selva

Paralelamente, la disminución e n el crecimien to ec onóm ico por l a caída del precio d e las
materias primas que lo ha situado en 201 4 en to rno a un 2.2 % frent e a la m edia del 5% de l a
década anterior, está suponiendo que el ritm o de disminución de la pobreza se está frenan-
do. Y sigue habiendo un im portante colectivo afecta do por esa pobreza. Según dat os de la
CEPAL (Com isión Ec onóm ica de Améri ca Latina y el Caribe) , en 2014 el 28% d e la po-
blación de América Latina (unos 167 millones de personas ) sigue en la pobreza, y el 12%
(unos 71 m illones de persona s) en una situa ción de pobrez a extrema.
Además, segú n datos del Pr ogram a de las Naci ones Unidas para el Desar rollo (PNUD)
existe en Am érica Latina y el Caribe unos 150 m illones de vul nerabl es, que habie ndo su pe-
rado la línea de pobreza (4$/día) no han logra do todavía entrar e n la clase media (50$/día).
Por otro l ado, te niendo en cu enta el nexo entre desa rroll o y segurida d, otro de l os prob le-
mas que afectan a la regi ón es su el evada ta sa de inse gurida d. Más d e 100. 000 h omici dios
al año, un m illón en una década y un a ument o del 11% en esas cifras a nuales, el m ayor del
mundo, e ntre 2000 y 2010, según cifras de PNUD (2013) Inform e regional de Desarrollo
Humano 2013-14.
Igualm ente, Lati noaméri ca según el B anco Mundial es una de l as re giones que cont ribu-
yendo m enos a los efectos del cam bio clim átic o más sufre sus e fectos.
Todo ello son factores que pone n de ma nifiesto la necesidad de mantener nuestra coopera-
ción con esta región . Una coope ración qu e tie ne que prestar especial atención a a quellos
aspectos que p erm itan ir consol idando l os logros co nsegui dos y avanza ndo en un desarr ollo
inclusivo y equitativo a través de políticas p úblicas sol ventes y eficaces para responder a
los retos que enfrenta la región com o persistencia de la pobreza, la desigualdad, la inseguri-
dad o el cam bio clim áti co. Decía Hell en Clark , Admi nistradora del PNUD, que el desa rro-
llo humano no es sólo sacar a la gente de la pobreza (a través de pr ogramas sociales en
materia de agua, saneam iento, educación, salud, se guridad alim entaria) , sino m antener a la
gente fuera de la pobreza, y eso re quiere at ende r necesidades relacionadas con el buen
gobierno, la transparencia, el Estado de De recho o el acceso a la justicia, e ntre otros.
El verdadero desarrol lo sólo puede ser un desa rrollo sostenible. Y esa especial atención que
estamos dando a la sosten ibilidad (institu cional y medioa mbiental) en nuestros prog ramas
de cooperaci ón viene res paldada p or los obje tivos de de sarrol lo sosteni ble que de finirá n la
42

Redes de Cooperación Trasatlántica s

agenda interna cional de desa rrollo para lo s próxim os años tras su pr óxim a aprobaci ón por
las Naciones Unidas en Nue va Yo rk en el mes de septiem bre.

2) Estrategias diferenciadas
Ante las opci ones defendi das por al gunos do nantes de re tirada o gradu ación de algu nos
países lati noame ricanos por el nivel de renta al canzado, la AECID m antiene u n modelo
propio de cooperación en América Latina dond e trabajamos con todos los países. Defende-
mos un enfoque d e gradación frente al d e graduación en el que el tip o de cooperación va
diferenciándos e de acuerdo a las necesida des. Así, frent e a una agenda internacional de
desarrollo que tienda a la focalización convirtie ndo la ayuda en una política especializada
en la lucha contra la pobreza ex trem a, España cree en una agenda basada en la integralidad
y diversificación que dife rencie agendas según las distintas necesi dades de l os países. De
esta forma, pre servamos una relación de cooper aci ón con nuestros países socios en América
Latina que se mantiene des de hace más de un cuarto de siglo.
Para adaptarse a las dem andas de la nueva re a lidad latino americana, España está llevando a
cabo en los últ imos años una serie de cambios que pe rmitan adem ás aprovechar al máximo
el papel que l os países la tinoam ericanos pued e n juga r para im pulsar su propio desarroll o.
Esa dinámica, junto c on la dism inución de recursos y la neces idad de lograr un mayor im -
pacto en nuestras actuaci ones, nos ha llevado a definir estrategias dife renciadas en nues tro
trabajo en la región.
Así, la Cooperación Españo la sigue trabaj ando con los países de menor renta (Haití, Re-
pública Dominicana, Cuba, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicarag ua, Bolivia, Ecua-
dor, Perú, C olombia, Paragu ay) para ga rantizar , trabajando junto a ellos, la provisión de
servicios sociales básico s y la gobernabilidad democrática. Hemos renovado y profund iza-
do nuest ra la cooperaci ón con los países priorit arios m ediante el estableci miento de Ma rcos
de Asociació n País, fruto de un ejercici o de concent ración y adaptación d e los conte nidos a
la nueva dema nda, y de un enfo que en base a result ados de desarrol lo.
Con respect o a los países no prio ritarios ( México, Cost a Rica, Panam á, Chile , Argentina,
Brasil o Uruguay) con los que se m antienen relacion es bilaterales privileg iadas en las que
43

Mónica Colomer de Selva

éstos reclam an mantener el com pone nte de cooperaci ón, se está n suscribi endo los llamado s
Acuerdos de nueva generaci ón. Estos Ac uer dos perm iten canal izar un di álogo en tem as de
desarrollo y trabajar co mo socios en iniciativ as de coope ración tria ngular. La c oopera ción
Sur Sur y tri angula r, de la que Am érica Lat ina es un referent e internaci onal, nos b rinda la
oportuni dad d e am pliar el alcance de nue stra cooperación y posicionar su lider azgo en
sectores de int erés, intercam biando algunas de las buenas prácticas y res ultados que se han
ido obten iendo en los países de la región. Ad emás esta colaboración se refuerza con una
línea de cooperación técnica, en la medida en que se trata de países c on un carácter dual
que solici tan tam bién nue stro acom pañamient o en el proceso de f ortalecim ient o de sus
institucion es y políticas públicas.
Con la firm a de estos Acue rdos de nue va generación , la Coope ración Es pañola de fiende un
modelo propio en Latino américa que compatibilice las demanda s de un mayor impacto a
través de una mayor concentraci ón geográfica y sectorial, con la defens a de una relación
especial con A mérica Lati na que justifica t ener un inst rument o bilate ral de diál ogo y coor-
dinación c on tod os los países de la región.

3) Program as hor izontal es que compl etan la cooperaci ón bil ateral
Estam os complem entand o nuestra ofe rta bil ateral con nuevos p rogram as horizont ales que la
diversifican y la adaptan al nuevo contexto y necesidades de la región. Nuevo contexto en
el que surge una demanda cada vez m ás especia lizada y focalizada en ir cerrando las llama-
das brechas de la renta media. Para ello re sulta necesario m ejorar la productivida d y la
diversificación económ ica, dismi nuir la desigualdad y vul nerabilidad ante desastres natura-
les, y fortalecer las políticas públicas. En ese sentido, se nos presen ta una creciente deman-
da en el ám bito de la t ransferencia e inte r cam bio de c onocim ie ntos, cooperaci ón técni ca o
apoyo fre nte a los efectos del cambio clim ático. E n respuesta a esta nueva agenda, estamos
poniend o en marcha los si guientes program as:

a) INTERCOONECTA-Plan de transferencia, intercambio y gestión del cono cimiento
Junto a la dem anda de coope ración técni ca, la soli citud más reit erada es la de pro fundizar
en la transferencia de conoci mien to. Para ell o se está poni endo en m archa un pl an de c on el
44

Redes de Cooperación Trasatlántica s

que pr ofundiza r nuest ra a ofert a de f ormación dotánd ola de m ayor rec orrido a tra vés de su
concentración en determinadas líneas acordes con la demanda, la creaci ón de re des entre
los beneficiarios de los program as de formaci ón y contrapartes españolas e int roduciendo
las nuevas tecnologías especia lmente a través de la c reación de un cent ro virtual.

b) COOT EC-Program a de cooperación técnica
La cooperación técnica no es nue va para la Co operaci ón Espa ñola, está en los orígenes de
nuestra c ooperaci ón y fo rma parte de los program as bila terales en curs o. Sin em bargo, hasta
ahora no se contaba un programa específico, de ca rácter regional, que die ra mayor cohe ren-
cia, impacto y visibilid ad a la cooperación técnica que se está llevan do a cabo en América
Latina y el Caribe.
En ese sentid o y com pleme ntando lo q ue ya tenem os en los pro gramas paí s, se ha elabora do
un prog rama regi onal que está y a ejecután dose ha biendo r ecibido una gr an acogi da en paí -
ses como Ecuador o Perú donde el grueso de la cooperació n bilateral va a canalizarse a
través del COOTEC.

c) ARAUC LIMA-Pr ogram a de medioam bient e y lucha contra el cam bio climático
La importancia del medioamb iente y la lucha co ntra el cambio climá tico form an parte cada
vez más de las agendas de desarrollo de los países latinoamericanos que se ven amenazados
en su desar rollo ec onóm ico y en su pr opia s egurida d nacio nal. Au nque l a comuni dad int er-
nacional está generando m ecanismos para que los países puedan reacci onar ante el proble-
ma, las administraciones latinoame ricanas no está n suficientemente prepara das para res-
ponder adecuadam ente a esta oferta y es este un se ctor en el que se nos solicita
capacitación. Por otro la do, la oferta de la Coope ración Espa ñola en te mas de m edioam -
biente y cam bio cl imát ico es m uy am plia y puede ofrec er servici os com petitivos en esta
materia.
En ese sentido, ARAUCL IMA, pr esentado en la C onferencia Pre paratoria de la cumbre de
cambio cl imático q ue tuvo lugar en Lim a en di ciem bre de 2014, tie ne com o objetivo ap oyar
acciones de mitigación y a daptación al cambio clim ático que preserven el medio ambiente y
45

Mónica Colomer de Selva

fortalezcan a los pri ncipales organism os e institu ciones de la regi ón, favorecie ndo adem ás
su acceso a la fina nciación internacional en m ateria de lucha c ontra el cambio clim ático
(Fondo V erde).

4) Fortalecimie nto de nue stras alianzas estr atégicas
Se ha ampliado significativamen te la colabo ración con la Unión Eu ropea, lo q ue se pone de
manifiest o con las o nce operaciones de coope ración delegada y de ble nding (mecanism o
innovador que favorece la inversión en la región) firmadas en los últim os años y los ejerci-
cios de pr ogram ación con junta, q ue refuerz an nue stro li derazgo e n la reg ión y va n a supo -
ner una lle gada de recurs os adic ionales a la regió n de m ás de cien m ill ones de euros .
Por otro lado, cada vez es mayor el consenso s obre la necesaria inclus ión del sector privado
en las políticas de desarro llo. Por ellos estamos trabajand o para fomentar el compromiso
del sector priv ado con el desarrollo a t ravés de Alianzas Público Privadas p ara el Desarrollo
que favorece n la multiplicación de rec ursos y el trabajo co njunto entr e las autoridades loca-
les, las empresas espa ñolas presentes o em presas del país, y la AEC ID.

Conclusión
Entendien do la Cooperaci ón des de la convi cción de que nadie puede llegar a la m eta si no
llegam os todos , la Cooperaci ón Espa ñola ha querido a se r en América Latina el acom pa-
ñante de los pr ocesos nacio nales de cam bio, dejan do el lide razgo a los países en sus pr oce-
sos de desarroll o. A través de esas redes de cooperación trasatlánti cas, Espa ña sigue traba-
jando mano a mano con sus socios latinoamerica nos para fortalecer instituciones y ge nerar
estímulos para el intercam bio de conocim iento s y buenas prácticas. El objetivo, m ejorar l as
políticas públicas con el fin de disminuir la desigualda d y la pobreza, y hacer frente a la
inseguridad y a la vu lnerabilidad. Decía Thomas Carlyle (1 795-1881) “nunca debe el hom-
bre lam entarse de l os tiem pos en que vi ve, pue s esto no le servirá de na da. En cam bio, e n su
poder est á siem pre me jorarlos”.
46

I Congreso Internacional Am érica-Europ a, Europa-Am érica.
Los textos e imágenes p ubli cados e n esta obra están sujetos – excepto que se indique lo contrar io – a un a
licencia de Reco nocimiento-NoC omercial- SinObraDer ivada ( BY- NC -ND). Podé is co piarlos, d istribuirlos y tra nsmitir los p úbli ca -
mente siempre que cité is el a utor y la fuente (Universitat Politèc nica de Valènc ia) .
I Congreso Internacional América-Eu rop a, Europa -América (201 5)
Esiste un “pensiero politico -giuridico Latino- Americano”?
Caratteristiche e attual ità del pensiero de mocratico: federalismo ver o
contro federalismo falso tra Europa e A mé rica
Giovanni Lobranoª
a [email protected]
Riassunto
Il pensiero politico- giuridico, che anima il movimento per la Indipend enza
latino- americana, è espression e della grande linea di pensiero politico -
giuridico democratico -repubblicano di origine antica, sopr attutto roma na. I
pilastri di qu esto pen siero – a ssai complesso ‒ sono la nozione co ncreta d el
Popo lo, società di tutti i Cittadini, e il suo eserc izio del p otere su se stesso;
‘pilastri’ tradotti nell’ ordinamen to partecipativo municipale -federativo , d el
quale ultimo sono istituzione ca ratteristica e strategica le “Assemblee pro-
vinciali” di Città. Questo pensiero ‘ antico/roma no’ si è conservato nella Eu-
ropa medieva le, ‘resistendo’ al dilaga re d ell’ordinamen to feudale, ed è giun-
to in America , attrave rso il Derecho indian o. Esso è stato ripensato e
riproposto, al ‘principio’ d ella età moderna, dalla Scuola di Salamanca (in
particolare da Francisco Sú arez) e da Johannes Althusius. E ’ stato a ncora
ripensato e riproposto, a l ‘principio’ della epoca contempora nea , da Jean-
Jacqu es Rousseau, in alterna tiva a quello sviluppo del feudalesimo i cui p i-
lastri sono la n ozione astratta di Stato e il suo esercizio del potere sui cit-
tadini; ‘pilastri’ tradotti nell’ordinamen to rappresenta tivo parlamen tare e
federalista- de ce ntratore. Questo pensiero politico -g iuridico demo cratico-
repubb licano, a ntico/romano è ‒ così ‒ scientemen te prese nte nel co stituzio-
nalismo rivoluziona rio ( giacob ino) e in dipend entista (di Mirand a, Francia,
Bolívar e Martí ). Duran te la ep oca contemporane a , attaccato e sbaragliato
(con il suo sistema d elle auto nomie municipa li) d alla élite liberale europea e
americana (grazie anche alla operazion e d i “dimen ticanza” scientifica ef-
fettuata dalla romanistica tedesca dell’Ottocento), è difeso, in America , d ai
Popo li ind igeni che lo hanno a dottato. Questo pensiero ha, ora, la ca pacità
di fornire risposte, non altrim enti rintracciabili, alla doma nda di partecipa-
zione demo cratica efficien te ed efficace, ch e si leva nel mo nd o. Resta d a veri-
47

Esiste un “p ensiero p oliti co -giuridic o Lati no- Americano” ?. Carat teristiche e attualità del pens iero dem ocratic o:
federalismo vero con tro federa lis m o falso tra Europ a e Americ a

ficare se i giuristi del secolo XXI avranno la capacità di ri cordarlo/pensa rlo
e propo rlo ulteriormente.
Abstract
El pensamien to político y jurídico, que anima el movimiento po r la Indepen-
dencia d e América Latin a, es un a expresión de la g r a n línea de p ensamiento
político- jurídico demo crático-repu blicano d e o rigen antiguo, sob re tod o ro-
mano . Los pila res de e ste pe nsamiento -muy co mplejos - so n la noción con-
creta d el P ueblo , sociedad de tod os lo s ciud adanos, y su ejercicio de pod er
sobre sí mismo; son "pilares" traducido s en el ordena miento participa tivo
municipa l-federa tivo , del cual es una institución ca racterística y estratégica
las "a sambleas provin ciales" de la ciudad . Este pensamiento 'a nti-
gu o/romano' se ha conservado en la Europa medieva l, 'resist iend or' la p ro-
paga ción del ordenamien to feudal y lleg ó a América, a través del Dere-
choII ndiano. Se ha redise ñado y re-p ropuesto, a l "principio" de la era
moderna , de la Escuela d e Salama nca (en particular p or Fra ncisco Su árez) y
por Jo hannes Althusius. Y sin embarg o, h a sido repen sado y vu elto a repo-
ner, a l "princip io" de la era contemp oránea, por Jean -Jacques Rou sseau,
una alterna tiva para el desarro llo del feudalismo cu yos p ilares son la noció n
abstracta d e Estado y el ejercicio d el poder sobre los ciudadano s; "p ilares"
traducid o en el ordena miento representativo p arlamenta rio y federalista-
descentralista. Este pensamien to po lítico -jurídico-demo crático republica no,
an tiguo/ ro mano es - tamb ién - a sabien das presente en el co nstituciona lismo
revolucion ario (jacobino) y en el indep enden tismo (de Miranda , Francia,
Bolívar y Martí). Duran te la ép oca contemporá nea, ataca do y golp eado (con
su sistema d e auto nomía municip al) por la élite liberal eu ropea y american a
(gracias a la o peración de " olvido" científico lleva da a cabo por las ten den-
cias romántica s del siglo XIX), es defen dido en América por lo s p ueb los in-
dígena s q ue lo han adoptado. E ste pen samiento tien e a hora la cap acidad de
dar respu estas, de otro mo do no rastreables, en la demanda d e pa rticipación
democrática efi ciente y efica z qu e n ace en el mun do. Qued a por ver si los ju-
ristas del sig lo XXI tendrán la capa cidad d e re cordarlo/p ensar lo y p roponer-
lo po steriormente.

48

Giovanni Lobrano
Sommario
Qualche premessa : forte caratteriz zazione e grande a ttualità del “pensiero politi-
co -giuridi co latino- ameri cano” e consegue nte difficoltà odie rna alla sua i nterpr e-
tazione
1 . R IVELATORI : I CONT ESTI POLITICI - GIURIDICI DI CONTRAPP OSIZIONE E DI CRISI
(C OST ITUENTE DI C ADICE E LOTTA P ER LA I NDIPENDENZA ) MA ANCHE ‘ IL PRO-
BLEMA G IURIDICO FOND AMENTALE ’ ( CON LE SUE SOLUZIONI CONTRAPPOSTE )
a . La dif ficoltà, nel la dottrina odierna, a interpre tare il pensiero pol itico -
giuridico lat ino-americano come siste ma omogeneo
α . La mig liore do ttrina ( con il suo l imite): interp retazione de llo scont ro
nella Costituente gadit ana tra portatori di opposte idee di innovazione co-
me tra i “libe rales metrop olitanos” e g li “Ame ricanos cur iosa mezc la”
β . La, corrispondente, interpretazione del pensiero politico -giuridico del la
Indipendenz a latino-amer icana come forma di sincr etismo
β’ . La “tesi tradizional e”, la anti - “ tesi liberale” e la pseudo - sintesi sincreti-
ca
β ’’ . L’appar ente problema giuridico, i l rapporto d i mandato tra governanti e
governati: contratto o com ando?
b . Una interpretazione per andare oltre: nella Costituent e di Cadice scontro tra
due, opposte so luzioni del reale e fonda mentale pro blema giur idico
α . I term ini essenzia lissimi de l probl ema: la con cezione e l’ordinamen to
della collett ività
β . Le soluzion i contrappo ste
β’ . Concezione astratta e ordinamento rappresen tativo (con equilibrio di tre
poteri) dei “l iberali metrop olitani”
β ’’ . Conce zione concreta e ordi namento municipa le federativo degli “Am eri-
cani”
γ . Il sincret ismo è, piu ttosto, ne lla Costituz ione di C adice
2 . L A VERIFICA : IL ( PIÙ ) GENERAL E CONTESTO PO LIT ICO - GIURIDICO COEVO , EURO-
PEO E AMERICANO
a . La migliore dottrina ( da cui procedere): alla origine della epoca contempo-
ranea, il “conf litto tra due linee opposte, l iberale e d emocratica”
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Esiste un “p ensiero p oliti co -giuridic o Lati no- Americano” ?. Carat teristiche e attualità del pens iero dem ocratic o:
federalismo vero con tro federa lis m o falso tra Europ a e Americ a

b . Per procedere: ricorda re il pensiero p olitico- giur idico “democrat ico”, pro -
grammatica mente “d imenticato”
α . Gli eleme nti cost itutivi essenzialiss imi: la con cezione “conc reta” ma an-
che l’ordina mento mun ici pale federat ivo della colle ttività
β . Il pensiero politico- giuridico del “padre della de mocraz ia”, Rousseau, e
dei suoi autor i di riferi mento mode rni, Súarez e Althusius: “societario”
cioè municip ale federativo
β’ . Il “Padre della Demo crazia” : Jean -Jacques Rou sseau
β ’’ . I suoi interlocu tori moderni: gli autori di riferim ento (Johannes Althu -
sius ma an che Franci sco Suárez) e gli avversar i (il Barone di Montesqui eu
ma anche Thom as Hobb es)
β ’’’ . Il mandat o: contratto e comando
γ . Il f ederalism o falso, inventato dai “Feder alists”, i l suo scontro con il fe-
deralismo vero, rilanciato dai Giacobini, e il perdu rante equivoco sul ‘fe-
deralismo’
γ’ . Nella Indipende nza nord-american a: la comb inazione di centralismo e di-
visione (il mero “decen tram ento”) da Th e Federali st al la Dém ocratie en
Amérique
γ ’’ . Nella Rivolu zione Francese: contro il federalismo falso, riproposto da i
Girondini (centralista e division ista) il federalismo vero, rilanciato dai G ia-
cobini (munic ipale e par tecipativo)
3 . M UNICIPI E FEDERAZIONE : IL F EDERALISMO V ERO NEL PENSIERO POLITICO -
GIURID ICO LATINO - AMERICANO DELLA I NDIPENDENZA
a . Francisco de Mi randa : il ruolo costituzion ale degli "Ayun tamientos" e
"Cabildos"
b . José Gaspar Rod rigu ez de Franc ia: il “pl an de co nfederac i ό n”
c . Si m όn Bo lívar: “del bienestar de las ciudad es y de las aldeas se forma la fe-
licidad del E stado”
d . José Mar tí: per mezz o dei Mun icipi “se salvan d e sí propio s los pue blos”
Qualche conclusione attu ale : l’apprezzam ento da parte dei Popoli america ni
indigeni e le potenziali tà pe r rispondere a lla domand a mondia le di democraz ia
50

Giovanni Lobrano
Qualche premessa : forte caratteriz zazione e grande attualità del “pensiero politi-
co -giuridi co l atino- am ericano” e conseguente difficoltà odierna alla sua interpr e-
tazione
La tesi che cerche rò di illustr are e argom entare è che il p ensiero politico-
giuridico (sottolineo : politico-g iuridico, non: politico- econom ico) 1 l atino-
americano esiste, è fortem ente caratteriz zato, è sostanz ialmente om og eneo ed è
attuale.
Proprio la su a attual ità lo renda di diffic ile com prensio ne alla dottr ina odierna.
Per vede re i caratteri spe cifici d i ogni entità dobbiamo osservarla nelle situaz ioni
nelle quali quei ca ratteri si m anifestano: la contr apposizione e l a crisi, tanto p iù
quanto queste sono acute. Dobbiamo, inoltre, i ndiv iduare il criterio che ci consenta
di selezionar e, t ra i vari ca ratteri specifici, quelli del genus al quale siamo i nte res-
sati.
Prenderem o, dunque, in e same la situaz ione di acuta con trapposiz ione che è la
Costituente di Cadice e l a situaz ione d i acuta cr isi c he è la lo tta pe r la I ndipen-
denza. I ndividueremo, inol tre, il problem a politico -g iuridico del quale vengono
contrapposte le soluzioni. Ve rificherem o, infine, queste soluzion i nel più ampio
contesto di contrappos izion e e di crisi ch e è la “G rande Rév olution” 2 .

1 Come d iventerà a p artire dalla second a m età del secolo X IX, con la riduzione del diritto a me ra
“sovrastruttura” della “struttura” economica .
Karl Marx, nella prop ria combinazione di dialettica hegeliana e materialismo bachofiano (su cui S.
S CHWARTZ , Das Mutterrecht bei J.J. Bachofen und dessen Funktion im historischen Materialismus
bei F. Engels , M ünchen 2011; cfr. Ph. B ORGEAUD et alii , La mythologie du matriarcat: l'a telier de
Johann Jakob Bachofen , Ge nève 19 99) introduce la form ula della contrappo sizione tra b ase/struttura
e sovrastruttura nella “Prefa zione” a Per la critica d ell’economia politica (« Die Gesam theit dieser
Produktionsverhältnisse bildet d ie ökonomisc he S truktur der G esellschaft, die reale Basis, worauf
sich ein juristischer und politi scher Überbau erhebt und w elcher bestimm te gesellschaftliche
Bew ußtseinsfor m en entsprechen. […] Mit der Veränderung der ökonomischen Grund lage wälzt si ch
der ganze ungeheure Überba u langsame r oder rascher um» [ Zur Kritik der politischen
Ökonomie , 1859, “Vorwort” in M EW , Bd. 13, S. 9]).
E’ stato sottolineato, ancora d i recente, il nesso di tale ‘riduzione’ co n la nozione d i “società civile” e
il ruolo di Hegel n ella a ffe rmazione di questa no zione (L. C INI , Società civile e democrazia radicale ,
Firenze 2012, ca p. 2 “Una ‘ parziale ’ ricostruzione del concett o”, pp. 1 1 - 35, in p art. 2 5-27). Ciò
costituisce ulteriore argom ento per la com prensione della f unzionalità anti -democratica della
‘riduzione’.
Cfr., invece, alle ntt. 34 e 37, la opposta im postazione rousseauiana.
2 P. K ROPOT KINE , La Grande Révolution (1789-1793) , Paris 1909.
51

Esiste un “p ensiero p oliti co -giuridic o Lati no- Americano” ?. Carat teristiche e attualità del pens iero dem ocratic o:
federalismo vero con tro federa lis m o falso tra Europ a e Americ a

1 .
R IVELATORI :
I CONTESTI POLIT ICI - GIURIDICI DI CONTRAPP OSIZIONE E DI CRISI
(C OST ITUENTE DI C ADICE E LOTTA PER LA I NDIPENDENZA )
E IL ‘ PROBLEMA GIURIDICO FONDAMENTALE ’
( CON LE SUE SOLUZIONI CONT RAPP OSTE )

a . La diffico ltà, ne lla dott rina odierna, a interpretare il pensiero po litico-
giuridico lat ino-americano co me sistema o mogeneo

α . La migliore dot trina (c on il suo limi te): interpr e tazione del lo scontro ne lla
Costituen te gadit ana tra portatori di opposte idee di innovazione come tra i
“liberales metropo litanos” e gl i “Amer icanos curio sa mez cla”
Nella assem blea costituente di C adice, si contrappong ono idee tra loro diverse di
‘costituzion e’, corrispondenti ai diversi grupp i soci ali presenti tra i ‘diputados ’ e ai
rispettivi o rientam enti.
Per la interpretazione di tale diversità, è corrente lo schem a t ripartito di contrappo-
sizione tr a: deputati conse rvatori (realisti) e deputati r iform atori (liberal i) con la
interposizion e di deputa ti m oderati (detti – dal loro ispiratore – “ Jovellanos” 3 ) .
Questo schema appare piu ttosto generico- convenz ionale e, pertanto, sov rappost o
sulla spec ifica realtà p iù che in terpretativ o di essa.
E’ stato, però, form ulato un altro schem a interpretativo, sem pre t ripart ito ma di
distinzione tra deputati : “re alisti” , “liberali” e “a m ericani” 4 . Questo ulteriore sche -
m a appare, invece, frutto di uno sforzo di comprensione, correttam ente m irato alla
specifica rea ltà.
I l li m ite di questa ulteriore – e senz’altro mig liore – interpretazion e è non nel con-
frontare categor ie che diremm o non confrontabili (quelle politiche-g iuridiche di
“realisti” e di “libe rali” e quella g eografica di “Am ericani”) m a nel qualificare il
pensiero politico- giuridico degli Americani com e “curiosa mez cla”: « Los a m erica-
nos, a partir de una curiosa mezcla de principios democráticos y tesis procedentes
del pensam iento escolás tico y del de recho de I ndias, sostuvieron que la soberaní a

3 S.M. C OR ONAS G ONZÁLE Z , “El pen sam iento constitucional de Jovella nos” in Historia Constitucio-
nal (revista elec trónica n. 1, 2000.
4 J. V ARE LA S UANZES -C ARPEGN A , "La Constitució n de Cádiz y el li beralism o españo l del siglo X IX "
in Revista d e las Cortes Generales , 10 , 1987 [ Edición digital: Alicante: Bi blioteca Virtual “Migu el de
Cervantes” ] § 1. “El liberalism o doceañista y la Constitución de Cádiz”: « En las Cortes de Cád iz
había tres tendencias constitucionales: una, la que formaban lo s Dipu tados realistas; otra, lo s ameri-
canos, y una tercera, los liberales » .
52

Giovanni Lobrano
residía en el pueblo y, a l a vez, en los pueblos o provincias que componían la mo-
narquía» 5 .
La “curiosa m ezcla” appa re e ssenzia lmente individu ata tra la id ea della sov ranità
del Popolo e la idea che t ale sovranità risieda nelle Città e nei loro insiem i, le Pro-
vince.

β . La, corrisponden te, interpr et azion e del pensi ero politico -giuridi co della
Indipendenz a latino-americana come forma di si ncr etismo

β’ . La “tesi tra dizionale”, l a anti - “tesi liberale” e la pseudo -sintesi si ncre tica
Questa interpre tazione del pensiero d ei Costituenti lati no -americani a Cadic e non è,
peraltro, eccen trica. Essa è, anzi, perfettamente organica alla corrente interp reta-
zione del pen siero politico- giuridico della I ndipendenza latin o - a mericana.
Sulla ispirazion e o m atrice del pensie ro politico - giuridico del la “Independenc ia” si
sono confront ate due opposte tes i, dette rispet ti vam ente “tradiziona le ” e “liberale” 6 .
Secondo la “tesi tradiz ionale” 7 , f ondam ento de l pensiero costituziona le della “In-
dependenc ia” latino - a mericana è la Scolastic a, in particolare l a Sc uola di Salaman-
ca della Seconda Sco lastica, il cui m assimo esponente è il g esuita Francisco Suá-
rez.
Secondo la “tesi liberale”, il fondamento del pensiero costituziona le della Indipen -
denza latino.am ericana è, i nvece, rousseauiano 8 .

5 J. V ARELA S U ANZES -C ARPEGNA , “El pueblo en el pensamiento con stitucional español (1808 - 1845)”
in Historia Contemporánea 28, 2004, 209, che rin via a I D ., La Teo ría del Estado en los orígenes d el
constitucionalismo hispánico (las Co rtes d e Cádiz) , Madrid 1982, capp. qu arto e quin to, e “Las Cor-
tes de Cádiz: representación nacional y centralismo” in A A . V V ., Las Cortes de Ca stilla y León. 1188 -
1988 [C o ngreso Científico sobre la Historia de las Cortes d e Castilla y León , L eón 1 988] Vol. 2 ,
Valladolid 1990, 217-245 [Edición digital: Alica nte: Biblioteca Vi rtual “Mig uel d e Cervantes” ].
6 J. R. L ÓPEZ R O SAS , Historia constituciona l argen tina , 1a ed. Bue nos Aires 19 63 - 5 a ed . 1996, 101
ss § 35. “Francisco Suárez y Jua n Jacobo Rousseau”: « Dos corrientes historiográficas disp utan sobre
la p aternidad de la d octrina que fundamentó la tesis e mancipadora. Un a, la liberal -, la otra la tradici o-
nal. »
7 Ela b orata, i n partic olare, dallo storico g esuita G uillermo Furlong: Nacimiento y desarrollo d e la
filosofía en el Río de la Plata. 1536 -1810 , Buenos A ires 19 52.
8 Co sì, in p articolare, Ricardo Levene: La Revolución de Mayo y Mariano Moreno , Buenos Airess
1921; cfr. I D ., Sín tesis sobre la Revolu ción de Mayo , Bu enos Aaires 193 1; I D ., “Los sucesos de M a-
y o” in Academia Nacional d e la Historia, Historia de la Nación Argentina , Buenos Aires, t. 5, 1956;
I D ., “Intento s de independencia en el Virreynato del Río de la P lata” ibíd em ; I D ., “El Co ngreso Gene-
ral de las P rovincias y la Conferen cia del 18 de diciem bre” ibídem ; I D ., “P rólogo” a Rousseau, El
contrato social o principios d e derec ho político , Buenos Aires 1958. Cfr., più recentem ente, A. L ÓPEZ
53

Esiste un “p ensiero p oliti co -giuridic o Lati no- Americano” ?. Carat teristiche e attualità del pens iero dem ocratic o:
federalismo vero con tro federa lis m o falso tra Europ a e Americ a

I n conclusione, però, le due tesi convergono ogg ettivam ente verso una sintesi sin-
cretica – e, dunque, s oltant o pseudo- sintesi – la q uale prende at to della presenza ,
nel pensiero cos tituziona le della I ndipendenza la tino- americana, sia di element i
scolastici sia di elem enti rousseauia ni: tra loro sostanz ialmente disom og enei. Scri-
ve il costituzio nalista arg entino José Rafael López Rosas: « Las dos tendencias-
historiográf icas que hemos analizado revisten singular importanci a, no sólo desde
el punto de v ista de la sim ple i nvest igación de nue stro pasado o del enfoque de
nuestra hi sto ria constitu cional, sino porque, además d e ello, significan dos postur as
espirituales, dos estilos de vida que, a t ravés de todo el proceso arg entino se han
venido y se vienen cont raponiendo en todos lo s órden es de la exi stencia na cional.» 9
La colorita defin izione co m e “curiosa mezcla” del pensiero costi tuzionale dei
deputati american i a Cadice è una manifest azione di quella che defin isco – in ma-
niera anch’ess a color ita – ‘pseudo - sintesi sincretica ’.

β ’’ . L’apparente problema gi urid ico, il rapporto di mandato t ra governanti e go-
vernati: contr atto o com ando?
E’ ogg ettivam ente degno di nota che al fondo o, meg lio, alla base del dibattito su lla
ispirazione o m atrice de l p ensiero pol itico -g iuridico della I ndipendenza si t rov a un
problem a squisitamente tec nico-g iuridico, il quale (secondo il sentir e – questa volta
comune – degli assertori di tutte e tre le “tesi” ) di vide irrimediabi lm ente il pensier o
della Scolastica dal pens iero di Rousseau, anche quando ques ti ‘pensieri’ appaio no
obiettivam ente conv ergere.
Le i dee di Suárez sono, infatti, non m eno r ivoluzion ariam ente dem ocratiche che
quelle di Rousseau. Lo ste sso Furlong ricorda che, secondo la dottri na politica di
Suárez, « el principado pol ítico no viene i nm ediatamente si no mediatam ente de
Dios» in quanto Dio confer isce « la potestad supr ema a la com unidad, al pueblo» e
tale potestà « aun cuando hay a si do transferida al príncipe, queda retenida in habitu
por el pueblo ( populus eam in habitu retinet ), no pudie ndo éste restringirla ni abro-
garla sino en casos muy graves » 10 . Nel 1761 (l’anno prim a della pubblicaz ione del

M ICHELSEN , “ Consid eraciones sobre nuestra evolución constitucional ” in Revista d e la Univers idad
Nacional (1944 - 1992); núm. 3, 1945 ; o ra in Revista Trimestral de Cultura Moderna , Jun-Jul-Ago
2010; 133-145 [ = Revistas electrón icas UN > Revista de la Universidad Nacional (1 944 - 1992) -
ttp://www.bdigital.unal.edu.co/17 644/#sthash.mWkjjv FI.dpu f] «La Constitución Política de Colom-
bia ha sido la mism a en su s lí neas fundame ntales desde 18 1 1 h asta n uestros d ías. El principio de que
la soberanía reside esencial mente en la Nación, o sea el do gma rousoniano d e la soberanía popu lar, ha
perma necido in alterable a través de todas las c onstituciones» .
9 J. R. L ÓPEZ R OS AS , Historia constitucional argentina , cit., 107.
10 G. F URLONG , Nacimiento y desarrollo de la filosofía en el Río de la Plata , cit., che utilizza lo
studio di I. G ÓMEZ R OB LEDO , El origen del poder político según Francisco Suárez , M éxico 1948, 36.
Sulle concezioni ‘societarie’ di F rancisco Su árez, vedi G. C ONTIC ELLI , “ Alle radici del modello mo-
54

Giovanni Lobrano
Contrat social ) il Re di Franci a ordina il rogo pubblico di tutti gl i scritti e le pub-
blicazion i del sac erdote g esuita in quant o attentatori dei principi della Monarchia e
il Re di Spagna (con ce d ule del 12 agos to 1768 e 4 dicembre 1772) proibisce la
lettura e l’insegnam ento delle sue opere in tutta la Spa g na e in America. Pare, i no l-
tre, che la espulsione della Compagnia di Gesù si deb ba, specialm ente in America,
all’insegnam ento rivoluzio nario im partito dai Gesuit i nelle loro Unive rsità e Colle-
gi contro l’as solutism o regio.
Ciò che, tu ttavia, im pedisce di co nsiderare Suárez e Roussea u espressione di una
m edesima/unica linea di pensi ero politico - giuridico è l a questione della natura di
“contratto” (afferm ata dall’uno e negata dall’a ltro) del rapporto di mandato tra
governanti e g overnati 11 .
Com e vedremo più av anti, tale ‘que stione’, nel la realtà, non es iste.

b . Una interpretaz ione per andare oltre: nella Costituente di Cad ice scontro tra
due, opposte so luzioni del reale e fondamen tale probl ema giurid ico

derno d i S tato e società civile n ella cultura teologica-giurid ica postumanistica (a proposito di F. B.
Costello, The Political Ph ilosop hy of Louis de Moli na S. J. 1535 -1600 , Roma- Spokane 19 74)” in
Quaderni Fiorentini , 1978, 531; Teresa R IN AL DI , “Origine e finalità della società politica nel De
Legibus di Francisco Suárez” in Rivista internazionale di filosofia del diritto , 20 01 vol.78 n. 2, 169 ss.
11 Scrive José Rafael López Rosas: « Cabe aho ra preguntar si el pacto o contrato a que se refirió Caste-
lli al fundam entar la doctrin a revolucionaria fue el de Suárez o el Con trat o social d e Rousseau. P ara
ello se so stiene q ue en la teoría de este último la sob eranía es int ransfe rible y sólo la p osee el sobe-
rano o el pueblo. “Desde el momento en que h ay un am o (re y ) ya n o h ay soberano y desde entonces
está destruido el cuerpo político”. Además, el pacto de Rousseau se realiza entre lo s miembros de la
comunidad y no entre pueblo y monarca. En cambio, en la doctrin a de Suárez, como ya se ha deja do
expuesto, el pacto se realiza entre p ueblo y re y , a quien el primero delega su sob eranía. V iolado el
contrato por uso d espótico del poder o por caducar el gobernant e, el pueblo vuelve al goce de su
soberanía origin aria. Evi dentemente, bajo este aspec to la teoría su a rista se amolda adecuadamente a la
tesis de Castelli y al voto de Saavedra, cuando expresa este último q ue no quede duda “que es el
pueblo quien co nfiere la autorid ad o mando”. Expresa Rousseau a continu a ción que “no hay m ás q ue
un contrato en el Estado y es el de la asocia ción (entre los asociados). Éste – agrega ‒ excluye a to do
otro alguno”. [ … ]. Furlong, má ximo expo sitor de esta ten dencia h istoriográf ica expresa: “Existiend o
así en Su árez co mo en Rou sseau la d octrina d e un pacto social o polí tico, p ero siendo en el caso del
filósofo español el pacto existente entre el pueblo y el so berano, y en el caso del filósofo ginebrino, el
pacto d e los ciudadanos entre sí, con expresa exclusión d e todo pacto con g obernante alguno […]
creemos q ue, a p riori , se pu ede dar p or hecho h istórico indubitable que fue el filósofo españo l, y con
él la ma y oría d e los f ilósofos h ispanos de idéntico sentir, y n o el filósofo fra ncés, el qu e dio a los
hombres de 1810 la llave de o ro q ue había de abrirl es las p uertas de la libertad”. » ( Historia con stitu-
cional argentina , cit. , “Capítulo III. La revolu ción de Mayo. Las corrientes id eológica s en el Río d e la
Plata”, § 35. “Francisco Suárez y Juan Jacobo Rousseau”, pp. 101 -107 in part. 105 s.)
55

Esiste un “p ensiero p oliti co -giuridic o Lati no- Americano” ?. Carat teristiche e attualità del pens iero dem ocratic o:
federalismo vero con tro federa lis m o falso tra Europ a e Americ a

α . I termini ess enzialiss imi del probl ema: la concez ione e l’ ordina mento della
collettività
Nella s toria e nella dog m atica g iuridica, la questio ne – inv ece – r eale e fondam en-
tale è quella indissolubi lmente composta dalla co ncezione del “s ogg etto” del diri tto
e dal regim e del suo predicato, ovv ero del suo agire volontario, ovv ero della sua
volizione.
Tale questione diviene ulteriorm ente complessa quando il “s ogg etto” è plurale. E’
la questione del la concezio ne della natur a e del regime v olitivo unitari di una plur a-
lità di uom ini.
Questa reale, fondamenta le e complessa questione troviam o anche al centro de l
dibattito costituen te gaditano ed è precisamente sulle risposte da darle che si div i-
dono e si cont rappong ono i libera li metropoli tani e gli Am ericani.

β . Le soluzion i contrappo ste

β’ . Concezio ne astrat ta e ordinamento rappresen tativo (con equilibrio di tre p o-
teri) dei “li berali metr opolitani”
Secondo i “libera li metrop olitani” « la Nación no era la suma de sus individu os
componentes, sino un ser puramente idea l, f ictic io, u n mero sujeto de i m putación
del poder, car ente de existencia empírica. [ … así como] había n expuesto años antes
Sieyes y los liberales fr anceses rev olucionario s, aunque los libera les españoles
insistiesen […] en que este dog m a [ …] se ha llaba recogido ya en l a l egislac ión
m edieval de Castilla y Arag ón» 12 .
Conseguentem ente, l’ordin am ento, pi ù correntem ente considerato caratte rizzante la
“Costituzione di Cadic e” e di cui sono fautori i “liberales m etropolitano s”, consis-
te, essenzia lmente, in quell’ord inamento che viene chiam ato “si stem a rappresenta-
tivo”; consiste, cioè, nella ‘ rappresen tanza politica ’, attraverso la istituzione parla-
m entare.

12 J. V ARELA S U ANZES -C AR PEGN A , “Las Cortes de Cádiz: representación n acional y centralismo”, cit.,
§ 1. “La idea de Nación en las Co rtes d e Cád iz” e § 3. “Los dip utados america nos y la teoría territ o-
rial de la representación nacion al: la defensa del mandato imperativo”. Ved i anche, ib ídem , il § 2.
“Los dip utados realistas y la teoría estame ntal de la representación n acional” e il § 4. “Los diputados
liberales de la metrópoli y la teoría individualista de la representación nacional”.
56

Giovanni Lobrano
β ’’ . Conc ezione concr eta e ordin amento m unicipale federativo deg li “Ame ricani”
I “deputati americani ” son o, invece, por tatori non « del dog ma de sobe ranía nacio-
nal – como ocurrió con los liberales m etropolitano s – sino, según las prem isas del
dogm a roussoniano, de la soberanía popul ar. Para estos diputados, en efecto, la
soberanía no recaía en l a nación como sujeto unitario, sino en todos y cada uno de
sus individuos. O mejor dicho, al recaer en aquéllos entendían que debía residir en
éstos una par te alícuota d e la soberan ía.» 13
È, inoltre, di iniziativa ‘americana ’ la no rmativ a in m ateria di ‘autonomie local i’, la
quale ha una grande efficacia sia in Spag na sia nelle A m eriche. So llecitata da un
deputato della Prov incia m essicana di Coahuila, M iguel Ramos de Arispe 14 , la
normativ a pr oduce, già nell’immediato processo di pr im a appli cazione della Costi-
tuzione, una sorta di ‘esplosione’ di nuovi Municipi auto -governati, attraverso ele-
zioni m unicipali a suf fragio univ ersale (m aschile).
Ciò si innesta nel- e potenzia il già esistente sis tem a dei ‘poter i locali’, cioè
l’elemento - chiave di contrapposizione positiva: si a al regime feudal e nella peniso-
la, si a (am pliando e consolidando la base istituz ionale della componente ‘criolla’)
al regim e (che chiam iam o impropriam ente) ‘colon iale’ nelle Americhe. In eff etti,
sono stati osservati sia la importanza storica del fenom eno istituzionale delle
“reuniones de ciudades” delle Province indiane (sino a di venirne la base dei mov i-
m enti per la loro indi pendenza) sia i l suo riconoscim ento storiografico (dato che
esso «inquietό des d e antiguo a los historiador es de las instituciones indianas, ll e-
gando en algún c aso al límite del ap asionam iento» ) 15 .

13 V ARELA S UAN ZES -C ARPEGN A , loc. ult. cit.
14 Arispe (o Arizpe) presenta l’11 ottobre 1811 una nota contenente ben 10 proposte in m ateria di
‘poteri locali’, quasi tutte accolte d ai Costitu enti. Altre proposte, in questa ste ssa materia , sono p oi
presentate, con minor successo, da altri deputati americani: i centro -am ericani Larrazábal, Avila e
Castillo. V edi Marie Laure R IEU -M I LA N , Lo s Diputado s American os en las Cortes de Cadiz , Madrid
1990, cap. VI. “La o rganización territo rial”; p rgf . A. “Los municipios”; § 2. “La re forma municipal”,
226 ss.
15 A. L EVAGGI , “Consideraciones sobre las reuniones de ciudades en el actual territorio argentino
(siglos XVI a XVIII )” in Tercer Con greso del Institu to Internacional d e Historia del Derecho Indiano ,
Madrid 1973, 339 -35 9.
Il limite di qu esto dibattito storiograf ico con temporaneo è l’essersi incentrato sulla coincidenza o
meno della n atura di tale istituzione con la ist ituzione (parlame ntare) delle Cortes spagnole,
sull’erroneo p resu pp osto che soltanto la seconda abbia la consistenza di consolidato stru m ento giuri-
dico per la assunzione di d ecisi oni p ubbliche. La con clusione del dib attito (come osserva ancora
Levaggi) è negativa; ciò , p erò, significa non la inconsistenza istituzion ale (c ome, in conseguenza di
quel limite, si tende a interpretare) ma l a differenza istituzion ale delle Assemblee pro vinciali di Città
america ne (d i o rigine e natu ra i m periale -repub blicana) rispetto alle Cortes spa gnole (d i o rigine e
natura regia-feudale). Su lla origine anche for m almente ‘i m periale’, vedi an cora L EVAGGI , op.cit ., 343,
secondo il quale più delle – pur im portanti – cedule reali del 1530 e 1540 ( Rec . Indias , libro IV, titolo
VIII, leggi 2 e 4) « el punto de arranqu e para nuestro estudio debe situars e [ …] en aquellas otras
reales cédu las de Carlos I, de 15 19 y 1 528 (ley 1ª, titulo XI, libro IV, Rec . Indias ), por las cuales
57

Esiste un “p ensiero p oliti co -giuridic o Lati no- Americano” ?. Carat teristiche e attualità del pens iero dem ocratic o:
federalismo vero con tro federa lis m o falso tra Europ a e Americ a

Tornando alla ‘iniziativ a’ dei deputati delle prov ince americane, ne è stata espres-
samente riconosciu ta la “ispi raz ione” federativa 16 orientata alla creazio ne di un o
“Stato di autonom ie” cont ro le rifo rme borboniche della “Monarqu ía ilustrada ”
orientate verso uno “Stato centralizzato” e difese dagli “ideólog os liberales” 17 ; il
tutto all’interno di un dibatt ito, che non utilizz a la categ oria “autonom ia” 18 ma la
dialettica tra “estado un itario [… ] y estad o federat ivo” 19 .

declaró “que las Ciudades, Villas y P oblaciones d e las Indias puedan no m brar P rocuradores, que
asistan a sus negocios, y los d efiendan en nuestro Consejo, Audiencias y Tribunales para conseguir su
derecho y justicia, y las demás pretension es, que por bien tuvieron ”, y que, in terpretadas en un sentido
lato hicieron posible la actividad multiforme d esplegada por los procuradores ordi n arios y extraordi-
narios no mbrados en sucesión ininterrumpida po r todas las ciu dades indian as.» Nel 1 519, Carlo I di
Spagna aveva lasciato la penisola iberica per dirigersi in Germania, d ove già era stato eletto Imperato-
re e dove sarà incoronato il 23 di ottobre, come Carlo V.
Si noti, inoltre, che le Ass emblee pro vinciali di Città sono una im portante istitu zione dell’Impero
romano, la quale si ritro va (persino se mpre con lo stesso no me) anche nella storia d ella Francia, per l a
cui Rivoluzione svolge un ruo lo altrettanto importante (vedi, in fra , § …) che q uello d ella istituzion e
‘indiana’ per la Indip endenza latino -americana. La loro con oscenza sarebbe stata utile p er il d ibattito
sulle Assemblee provinciali ‘indiane’. P urtroppo, come osserva R emo Martin i (“ Sull a p artecipazione
popolare ai concilia provinciali nel tardo impero ” in Atti d ell’Ac cademia Ro ma nistica Co stantinia-
na, vol. 13 . 2 001, 709-717) tale « tema estre mamente interessante, fin o ad oggi non ha riscosso sover-
chia attenzione da parte dei ro m anisti […] d i esso non è praticamente traccia n ei manuali [ … mentre
…] se ne sono occup ati abbastanza gli storici » ; da parte dei qu a li però (in particolare, da p arte d i
Jürgen Deinin ger) ci si è chiesto se « questi co ncilii [ …] fossero organi rappresentativi» , cadend o,
cioè, nel me desimo errore storico -d ogm atico di credere che la un ica for ma pensabile di organizzazio-
ne vasta sia quella rappresentativa di tipo parlamentare.
16 J. V ARE LA S U ANZES -C ARP EGNA , “ Las Cortes de Cádiz: representación nacional y centralis mo ” cit.
§ 1 : « a las tr adiciones y a los p ri ncipios d el Derecho de In dias y e mpare ntadas t ambién con el pensa-
miento escolástico y con el iusnaturalism o germánico, en especial él de Pu ff endorf. [ …] a través de
sus tesis so bre el pacto social y l a federación [il corsivo è mio] (inspirad as en Grozio, quien en p a rte
las h abía to ma do de Su árez), en las que sostuvo la licitud de la retro versión d e la sob eranía a los
“pueblos” o “provincias” en ciertos ca sos de interregno» .
17 Circa il centralismo ‘liberale’, ve di anche F. S UÁREZ , Las Cortes de Cádiz , M adrid 2002, 115 ss., il
quale ( op.cit. , 119) ricorda la seguente affermazione del dep utato liberale Muñoz Torrero: « Es menes-
ter q ue nos hagam os cargo que todas estas divisiones de p rovinci as d eben desaparecer, y q ue en la
Constitución actual deb en refundirse todas las Ley es fund am entales d e las d em ás provincias de la
Monarquía, especialme nte cuando en ella nin guna pierde. La comisión se h a p ropuesto igualarlas
todas. Yo quiero qu e n os acordem os qu e formamos una sola Nación y no u n agrega do de n aciones.»
In eff etti, l’articolo 12 della Co stituzione recita «Se hará una división má s conveniente del territorio
español por una ley constitucio nal, luego que las circunstancias p olíticas de la Nación lo perm itan.»
18 Utilizza la categ orie “sistema di autonomie” la leg ge italiana n . 142 del 1990 (“Ordinam ento delle
Autonomie comunali”) la qu ale ha introdotto, nell’ordinamento italiano, una intera serie di ‘novità’
(pur ravvisandosene radici in enunciati già della Costituzion e del ’48) veram ente straordinaria (sia p er
quantità/qualità, sia p er organicità) e d alla q uale emerge una vision e sia complessiva sia analitica
della organizzazione pubblica: se no n proprio pienam ente democratica/repubblicana quanto me no
orientata in senso democra tico/repubblicano, iniziando, appunto, con la ri-d ef inizion e d egli Enti di
autonomia lo cale (d a ‘partizioni dello Stat o’ in “sistem a di aut onomie”: art. 3 .3) connessa a u n
processo “programm atorio”, procedente dal basso verso l’alto (art. 3.5 «Comuni e pro vi nce
58

Giovanni Lobrano
I “deputati amer icani ” son o, dunque, fautori di un ordinam ento che possiamo defi-
nire com e ‘municipale fed erativo’.

γ . Il sincret ismo è, piu ttosto, ne lla Costituzion e di Cadice
I n prima conclusione e in m aniera un poco provocato ria possiamo dire che – sem-
m ai – “curi o sa mez cla” e sincretica è la Costituzione di Cadice, quale risulta dalla
combinaz ione degli apporti – questi sì tra loro opposti – dei “liberali m etropolitan i”
e degli Am ericani.
Per quanto con cerne la concez ione della natura del la collettivi tà, ciò appare n el
Titolo I (“De la naci ón esp añola y de los españoles” ) della Costituzione; in partic o-
lare g ià n ell’Art. 1 «La Nación esp añola es la reunió n de todos los españole s de
ambos hem isfer ios» , con il paradosso della definiz ione (per dirla con un ossimoro)
non- nazionalistica del la “Nazione” 20 .
Per quanto concerne l’ordi namento della collettività, appartengono ce r tamen te al
patrimonio istit uzionale “liberale” il Titolo III ( “De las Cortes”) i l cui «Artícu lo
27. - Las Cortes son la re u nión de todos los di p utados que representan l a Nación,
nombrados por lo s ciudadanos en la forma qu e se dirá.» 21 corrisponde es attamente
all ’« Ar tículo 3. (del Titolo I) - La soberanía reside esencialmente en la Nac ión , y
por lo mismo per tenece a ésta exclus ivamente el derecho de estable cer sus l e yes
fundamenta les.» 22 Il Titolo III, sede dell’ord inamento rappresentativo , è, quindi,
integrato con i Titoli I V (“Del Re y”) e V (“ De l o s Tribuna les y de la administra-
cion de justicia en lo civil y criminal”). Il risultato complessivo è l’equilibrio dei
poteri legislativo, esecuti vo e giudiziario: « Artículo 15. - La potestad de hacer las
leyes reside en las Cortes con el Rey.; Artículo 16. - La potestad de hacer ejecuta r
las leyes reside en el Rey.; Artículo 17. La potestad de aplica r las leyes en las cau-
sas civiles y criminales reside en los tribunales es tablecidos por la ley.» 23
Sede dell’ordinam ento di più dirett a matrice american a è, invece, essenz ialmente, i l
Titolo sesto (“Del Gobiern o interior de las Provincias y de los Pueblos”) i cui arti-

concorrono alla determ inazione d egli ob iettivi contenuti nei piani e programm i dello Stato e d ell e
regioni»).
19 V edi ancora Marie Laure R IEU -M ILLAN , Los Diputados Americano s en las Cortes de Cadiz , loc.
cit.
20 J. V ARELA S UAN ZES -C ARPEGN A , “El pueblo en el pensam iento constitucional españ o l (1808- 1845)”
cit. 208 s.
21 «Titulo III. De las Cortes (artt. 27-167 ); Ca pítulo I. Del modo de form arse de las Cortes » .
22 «Título I. De la Nación española y de los españoles; Capítulo I. De la Nación española» .
23 « Título II. Del territorio de las Españas, su religión y gob ierno y d e lo s ciudadanos españoles;
Capítulo III. Del Gobierno» .
59

Esiste un “p ensiero p oliti co -giuridic o Lati no- Americano” ?. Carat teristiche e attualità del pens iero dem ocratic o:
federalismo vero con tro federa lis m o falso tra Europ a e Americ a

coli disciplinano la vita delle ‘Dipu taciones provinciales’ e, s oprattutto, degli
‘Ayuntam entos’ (Capítulo I . “De los Ay untamientos”) ovv erossia quello che og g i
chiameremm o “sistema delle autonomie locali” 24 . I n particolare, è significativ a e
determ inante la ri- costituzi one dell’isti tuto m unicipale con amministrazion e e letta
dai cittad ini (« Artículo 312. - Los alcaldes, regidores y procur adores síndicos se
nom brarán por elección en los pueblos, ces ando los r egidores y demás que sirvan
oficios perpe tuos en los ayuntam ientos, cualquiera que sea su título y denom ina-
ción» ) in tutti gl i insediam enti abitativ i di almeno 1.000 abitanti (« Artículo 310. -
Se pondrá ayuntam iento en los pueblos que no le tengan, y en que convenga le
haya, no pudiendo d e jar de haberle en lo s que por sí o con su com arca lleg uen a m il
almas, y también se les señalará término co rrespondi ente» ) 25 .

2 .
L A VERIFICA :
IL ( PIÙ ) GENERAL E CONTESTO POLITICO - GIURIDICO COEV O ,
EUROPEO E AMERICANO

a . La migliore dottr ina (d a cui procedere): a lla origine de lla epoca conte mpora-
nea, il “confl itto tra due l inee oppost e, liberal e e de mocratica”
Per m eglio com prendere il sen so delle opposte opzioni costituziona li gaditane,
occorre collocarle nel (più) generale, coevo contesto ‘di crisi’ e l’esame di tale
contesto ci riserva una l unga serie di sorprese, rispetto alla vulgata della Dottrina –
ancora – largam ente dom inante.
La pr ima e “ potissima ” di tale ‘lunga serie di sorp rese’ è che, alla orig ine del co si-
ddetto “nouv eau rég ime” e, comunque, delle Costituzioni contemporanee, cui in-
troduce la ‘Grande Révolutio n’, troviamo la opposiz ione non tra conserv atori e
innovatori m a tra due idee di innovaz ione: “libe rale” e “dem ocratica”.
Contro l’uso di m ettere il pensiero rousseau iano dentro l a categorie “liber ale”, è
stato, oramai da l ungo, osservato e argom entato da Pi erangelo Catalano che: «On
oublie facilem ent que les m odèles const itutionnels tracés par ces deux auteurs de
langue française [ scl . : il Barone di Montesquie u e Jean - Jacques Rousse au] son t

24 Vedi, supra , nt 18.
25 Per un inquadrame nto di tale normativa nella sto ria giuridica sp agnola, vedi E. O RDUÑA R EBO LLO ,
Municipios y Provin cias. Historia de la Organización T errit orial Española , M a drid 2003, in part.
Cap. VIII “El Municipio constitu cional”; § V .c. “Los Ayuntamientos en el texto con stitucional”, 294
ss.
60

Giovanni Lobrano
opposés entre eux et déter m inent deux lignes de pen sée politique et jur idique qui
sont en conf lit parfois violent entre elles, notamm ent pendant la Révolution fran-
çaise: la ligne de pens ée girondine et libé rale co ntre la ligne jacob ine et dém ocra-
tique.» 26
I l “modello” della “linea di pensiero po litico e giuridico liberale” è inglese medie-
vale-m oderno 27 .
I l “modello” della “ linea di pensiero polit ico e giur idico dem ocratico” è romano
antico 28 .
I contenuti dei due “modelli costituzionali“ sono, quindi, così rispettivam ente (in
prima approssim azione) definiti: «Le m odèle libéral (précisé par Benjam in Cons-
tant) expr ime l es théor ies de la repr ésentation politique (“syst ème r eprésen tatif”) et
de la divis ion/séparat ion (équilibre) de s pouvoi rs. Le m odèle démocratique ( en
partie ré- esquissé par l’av ocat Maximilien Robesp ierre) suppose une critique du
“despotism e représenta tif” et de l’“équilibre des pouvoirs” a insi qu’une réa ffirma-
tion de la so uveraineté du p euple en tant qu’ens emble de citoy ens.» 29

26 P. C ATALANO , “Constitutionnalisme latin et constituti on de la Répu blique ro m aine de 1848 (à
propos du droit p ublic ro m ain du tribunat)” in L. R EVERSO , sous la directio n de, Constitutio ns, répu-
bliques, mémoires. 1849 entre Rome et la France , Paris 2011, 31.
La distinzio ne politologica tra libera lis m o e dem ocrazia (pure operata correnteme nte, vedi, ad esem-
pio, F. A. VON H AYEK : “Los pri ncipios de un ord e n social liberal” in Estud i os público s , n. 6, 1982,
179 ss.) non è affatto soddisf acente per il d if etto grave d i distinzione co stituzionale , cioè la definizio -
ne (altrettanto co rrente) del costituzionalismo rappresentativo come “de m ocrazia”, anzi, come “ la
democraz i a” (seppu re “ in - diretta ”). Sempre a tito lo di esempio, posso indicare, come app licazio ne di
tale insoddisfac ente distinzione alla no stra questione , i l lavoro – p eraltro valido – d i A. M OLINER
P RADA , “Liberalismo y democracia en la España del siglo X IX: las con stituciones de 1812 y 186 0” in
Jerónimo Zu ri ta , 85, 2010, 167 -1 90 . Sul ve nire meno della d isti nzion e scientifica tra costituzion alis -
mo p arlam entare-rappresentativo e costituzionalismo repu bblican o -democratico, v edi G. L OBRANO ,
Res publica res populi. La legge e la li mi tazione del potere , Torino 1996, 5 ss. e 223 ss.
Sulla alternativa tra costituzionalismo giron dino e costituzionalismo giacobino , vedi anche Fernanda
M AZZANTI P EPE , Il nuovo mo nd o di Brissot. Libertà e istituzioni tra antico regime e rivoluzione ,
Torino 1996, 322 ss. (cfr. I D ., “La circolazione d i cultu re costituzionali estere n el trienn i o ‘giacobino’
in Italia” in Revista Electrónica de Historia Constitu ci onal , Núme ro 7 - Septiembre 2006) e, pe r
aggiornamenti bibliografici, M. F IORAVANT I , “Aspetti del costituzionalismo giacobino. La funzione
legislativa nell’ Acte con stitutionne l d el 24 giugn o” in Revista Electrónica de Historia Constitucional ,
Número 8 - Septie m bre 2007. Circa la qualificazione come “libéraux” dei “révolutionnaires giron-
dins” e come “constitution girondine” della Costituzione del ’91, v edi J. O RVAL , Une histoire humai-
ne de la Franc-maçonnerie spéculative , Liège 2006, 214.
Vedi, inoltre , infra , ntt. 32 e 81.
27 P. D UB OUCHE T , De Montesquieu le Moderne à Rousseau l'Ancien . La démocratie et la républiqu e
en question , Paris, Montréal (Québec), Budapest [ etc .] 2001.
28 P. Dubouchet, De Montesquieu le Moderne à Rousseau l'Ancien , c it.
29 P. C ATALANO , loc.u lt.cit .
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Esiste un “p ensiero p oliti co -giuridic o Lati no- Americano” ?. Carat teristiche e attualità del pens iero dem ocratic o:
federalismo vero con tro federa lis m o falso tra Europ a e Americ a

b . Per procedere: ricordar e i l pensiero politico- giuridico “de mocratico”, progra-
mmaticamen te “di menticato”

α . Gli elementi costi tutivi essenzialissi mi: la concez ione “concreta” ma anch e
l’ordinamen to munic ipale federativo della co llettivit à
« Le modèle dém ocratique suppos e une critique du “de spotism e représenta tif” et de
l’“équilibre d es pouvoi rs” ai nsi qu’une réaffirm ation de la souv eraineté du peuple
en tant q u’ensem ble de citoyens» : ciò che r esta da formulare è, dunque , la defin i-
zione positiv a dell’ordina m ento democratico (tale non è la «critique du “despo-
tisme repré sentatif”» ) 30 . Dobbiam o, al lora, ‘p rocedere’.
L’“oubli” (vedi ancora Catalano, l oc. cit. nel testo del § preceden t e) della contrap-
posizione tra i “due modelli costituzional i ” e, quindi, la confusione tra la categor ia
di “liberale” e di “democratic o” com promette la retta comprension e di entram be l e
categorie m a colpisce e a ff onda, d irettam ent e, quell a della categor i a ‘dem ocra-
zia’ 31 .
La strateg i a della dim ent icanza del la spe cificità della “democraz ia” rispetto al co-
siddetto “ sistema rappresen t ativo” inizia g i à nel 700 32 m a tale strategia è condotta

30 Catalano d à un co ntributo importante anche alla rico struzione dell’‘ordinamento democratico’,
osservando (ancora contro la dottrina assolutamente d ominante) la specificità d el p otere tribun izio e
d enunziandone la “dime n ticanza” (ve di anche P . C ATALANO , Trib unato e resiste nza , Torino 1971;
I D ., Un concepto olvidado: “poder neg ativo” [1980] in Aa.Vv., Costit uzionalismo latino , I, [=
Progetto Italia-America Latina. R icerche giu ridiche e p olitiche, Materiali, IX/1 * S assari, s.d., 4 0 ss”).
Tuttavia, come rilevava puntualmente Rousseau, «Le tribunat (per quanto istituzione som mamente
importante) n'est point une partie constitutive de la cité » ( CS , 4,5 “Du tribunat”).
31 Ved i M. F INLEY , Democracy A ncient a nd M odern , New Bru nswick 1 972 . Moses F inley o sserva
che all’od ierno con senso generale sulla parola ‘democrazia’ corrisp onde a una svalutazione talmente
radicale del c o ncetto da renderne inutile qualsias i analisi. L o stesso Finley , nella “Prefazione a lla
seconda edizione” (1981) rileva a nche l’«afferma rsi d i u na teoria e litista della d em ocrazia [ ...] formu-
lata all’in izio di quest o sec olo con un cospicuo contributo dei pensatori italiani, G aetano Mosca e
Vilfredo Pareto, e di un imm i grato ted esco in Italia m olto apprezzato da M ussolini, Roberto Michels,
un tempo influente esponente della socialdemocrazia tedesca [ … secondo la q uale] la d em ocrazia pu ò
funzionare e sop ravv ivere so lo n elle forme di una o ligarchia de f acto di politici professionisti e d i
burocr ati [ ... ] la partecipazione popolare d eve esserci solo in occasione d elle elezioni [ ...e] un’apatia
politica è un segno di salute» (le citazioni sono p rese dalla edizione italiana M.I. F INLEY , La d emo-
crazia degli antichi e dei moderni , Bari 1982, 11 e vii).
32 In Francia, in vece , tra il 1784 e il 1788, sono pubblicati i primi quattro volum i della En cyclopédie
méthodique , sezione "Economie poli tique" , d i cui è responsabile, coordinatore nonché sovente autore
di voci Jean-Nicolas Démeunier (la pubblicazione dell' Encyclopédie métho dique proseg uirà sino al
1832, raggiungendo la m ole straord inaria di 166 volumi di testo più 51 di 'planches'; cfr. in proposito
L. G UERCI , Libertà degli a ntichi e lib ertà dei m oderni, Sparta, Atene e i p hilosophes n ella Franci a del
Settecento, Napoli 1979, 243 nt.55.) e qu i si può trova re un risalente i mpiego della parola democrazia
'tout court' p er indicare, con giudizio di approvazione, il cosiddetto “sistema rappresentati vo”. Secon-
do Dém eunier, ad Atene la "constitu tion d u gouvernem ent" fu "pure ment démocratique", "gouverne-
62

Giovanni Lobrano
innanzi e conclusa nell’800 , sopr attutto d alla g rande s cienza giuridica tedesca detta
Pandettistic a (prop rio in q uanto rom anistica: “on n’est jamais trahi que par les
siens”) la quale – letteralm ente – sovra - scrive il “ sistema rappresentativo” sul
“modello dem ocratico” del Diritto rom ano 33 .
Tale ‘sovra - scrit tura’ concerne – ovviam ente – sia l a concezione sia l’ ordinam ento
della collettiv ità: le quali div entano: necessariam ente “astratta” l’un a e, conseguen -
temente, esclus ivamente “r appresentativo” l ’altro.
Negli anni ’ 70, se m pre Cata lano ha ri - dimostrato sia la natur a “concreta ” del la
collettività (il populu s ) nella concezione dei giuristi rom ani e l a conseguente assen-
za pr esso d i essi dell ’ordinam ento della rappre sentanz a della volontà sia la loro ri -
proposizione da parte del “ pensiero politico e giuridic o democratico ”.
La dom anda da porsi è: quale è l’ord iname nto della collettivi tà che corrisponde all a
concezione concreta della stessa? La rispos ta da dar e è: l’ordinam ento “societa-
rio” 34 . Nella sua forma matura, tale ordinamento è (com e vedremo) municipale
federativo e si esprime lungo una linea, sia di pensie ro si a di prassi, che va dall’ev o
antico a que lli mediev ale, moderno e con temporaneo.

ment d éfectueux", caratterizzato da decreti d el p opo lo ingiusti e as surdi in maniera "r évoltante".
Nell'articolo "Dém ocratie" vi è una p rogrammatic a esclusio ne dalla analisi della "démocratie pu re ",
"e n g énéral fort dan gereuse", a favore di u no stu dio benevo lo della 'democrazia' senza aggettivi.
Avendo la "démocratie pure et simple" gravi difetti , b isognava rimediare con isti tuzioni aristocrati-
che, in particolare, con un "sénat". Il co ncetto d i "aristo cratie élect ive" e le lodi per gli "heureux tem-
péraments q u'a imaginés la n ation anglaise" so no q uindi fusi con l 'apprez za mento per la 'democrazia'
intesa la to sensu , la quale, anzi, appare identificarsi con quella com binazione, scartandosi, invece, la
"pure démocratie" e, insie me , la a ristocrazia "naturelle" o "hereditaire" .
In questa logica, Dèmeunier, filobritannico e, sopra tutto, filo -statunitense (egli è anch e autore di un
Es sai sur les États-Unis , 1786, e Luciano Guerci [ L ibertà d egli anti chi e libertà d ei moderni , cit.,
255] scrive di "amm irazione d i Dé meunieur per gli Stati Unit i"), sosten itore d el sistema rappresenta-
tivo e della "balance" dei poteri, afferma: «les institu tions américaines sont biens démocratiques» .
Secondo lui, « Nous avons fait voir à l'article DEMOCR ATIE dans qu elles erreurs on est to mbé [...]
pour avoir mal saisi le sens du terme démocratie , ou gouvernement démocratique : le livre de l'A bb é
de Mab ly est plein d e faux jugements q ui viennent de cette m éprise. [. ..] Dans les républiques de
l'antiquité dont on nous parle, le peuple agissoit par lui -mêm e & sans représentants; dans les Etats-
Unis , il agit par représentants & no n p ar lui mêm e: le gouvernement y est d émocratique; ma is ce n'est
pas u ne d émocra tie, si l'on donne à cette expres sio n la valeur q ui lui d onnent Aristote & M . l' Abbé
Mably» (V oce "Etats-Unis" della Encyclopéd ie méthodique II cit. 364).
33 G. L OBRANO , “La alternativ a attu ale tra i binom i istituzionali ‘persona giu ridica e rap presentanza’ e
‘società e articolazione d ell’ iter di form azion e della volontà’ Una ìpo - tesi (mendeleev iana)” in
Diritto@Storia , n. 10 - 2011-2012.
34 G. L OBRANO , “La alternativ a attuale tra i binomi istitu zionali ‘p ersona giuridica e rappresentanza’ e
‘società e articolazione dell’ iter di formazione della volontà’” cit.
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Esiste un “p ensiero p oliti co -giuridic o Lati no- Americano” ?. Carat teristiche e attualità del pens iero dem ocratic o:
federalismo vero con tro federa lis m o falso tra Europ a e Americ a

Tale ord inamento – lo vedrem o dopo ma dobbi am o dirlo subito – nulla ha a ch e
fare con il “f eder alism o” dei “Federal ists” di Filadelfi a e della Costituz ione da ess i
propiziata ne l 1787 35 .

β . Il pens iero p ol itico- giuridico del “padr e della democr azia”, Rousseau, e de i
suoi autori di rifer imento moderni, Súarez e Althu sius: “societar io” cioè mu -
nicipale fed erativo

β’ . Il “Padre della Demo crazia” Jean -Jacques Rous seau
Jean - Jacques Rou sseau, il “padre [ contem poraneo] della dem ocrazia” 36 è anche il
m assimo teori co e proposit ore proto- contem poraneo dell’ordinam ento ‘municipale
federativo’.
Secondo Rous seau, l’esse re il popolo c om unità “concreta” de i cittadini (costituita
m ediante il “c ont ratto di società”) consente allo stesso popolo di essere realmen te
“sovrano”; gli consente, cio è, non soltan to di essere tit olare del potere di “comando
generale” ma anche di esercitarlo. L’eserciz io di tale pot ere (cioè la espressione da
parte della collettività “concreta” della propr ia volontà ) comporta che tale collett i-
vità non può / non deve essere troppo grande: «Tout bien examiné, je ne vois p as
qu’il soit dés orm ais possib le au souv erain de conserver pa rmi nous l’ exer cice d e
ses droi ts si la cité n’est très petite» ( Contrat social , 3.15 “Des députés ou r epr é-
sentants”). L’unica soci età pubblica non soltanto esis tente ma anche pensabile è,
dunque, la "pi ccola C ittà".
Una volta stabilito che la – non sostituibile né pr eter m issibile – cellula costitutiv a
della com unità po litica dem ocratica è la “piccola Città”, u n probl em a si pone im-
m ediatamente: «Mais si elle [ la c ité] est très p etite e lle sera subjug uée? Non. Je
ferai voir ci-après [32] comm ent on peut réunir l a puissance extérieure d ’un grand
peuple avec la police aisée et le bon ordre d’un petit Etat». Nella nota “32” Rous-
seau non elabora estesam ente i l problem a, li m itandosi ad un cenno – anzi fugacis-
simo m a perfettam ente chiaro – della sua soluz ione, la federaz ione del le Città :
« C’est ce que j e m ’étais propos é de fa ire dans la suite de ce t ouv rage, lor squ’en

35 Vedi, infra , nt. 59.
36 Nel "compte rendu" della ponderosa b iografia ro usseauiana di Raym ond Trousson ( Jean-Jacques
Rousseau , P aris 2003, 8 50 p.) Jean-Pierre Gross ("Jean-Jacques Rousseau" in Annales histo riques d e
la Révolution française , 337, 2004, 196-199 ["en li gne" dal 15 f év rier 20 06]) sc rive «Si la pensé e
rousseauiste est naturellement révolutionnaire, c’est par ce q u’elle se fond e, no n sur un appel à la
révolte ou aux ré formes, mais sur un devoir-être . Chez Rou sseau, comme le souligne son nouveau
biographe, la notion de d roit l’em porte sur les faits , ou plutôt il exig e d ’exam iner "les fa its par le
droit", selon la form ule du Discours sur l’inégalité . De là le radicalisme du Contrat social [ ... ] Rous-
seau est bien le père de la démocratie m oderne».
64

Giovanni Lobrano
traitant des relations externes j’en ser ais venu aux confédérations. Matière toute
neuve et où le s principes so nt encore à é tablir.» 37
Questa ordinam ento ‘m unicipale federat iva’, esposto fugacem ente ma chiaram ente
nel Contrat social , è quindi post o al centro del Projet de constitution pour la Corse
(1763): « C’est i ci la m axime fondamentale de notre institution. […] Les pièv es
[…] so nt le seul moyen possi ble d’établir la dém ocratie dan s tou t un peuple qui ne
peut s’assem bler à la fois dans un m êm e lieu» .
Si tratta, pera ltro, di uno s viluppo in evitabile de l pensiero pol itico -g iuri dico r ous-
seuiano: se il contra tto di società è il m otore logico che mette insi eme gli uomini
per farne l a Città ( “ sont les citoyens qui font l a cité ” ) 38 , non po trà darsi altro moto-
re logico per mettere insiem e l e Città, pena la schizo frenia dell’autore e della sua
costruzione.
Jean - Jacques Rouss eau ci i ndica la st rada e c i chiede espr essam ente di ‘proced ere’
su di essa.

β ’’ . I suoi interlocutori moderni: gli autori di riferim ento (Johannes Althusius ma
anche Fran cisco Suárez) e gli av versari (il Barone di Montesqu ieu ma anche Tho-
mas Hobbes)
La coincidenza di democraz ia e di or dinam ento municipa le federa tivo, attraverso la
nozione giu ridica di (contratto di) società, è il filo l ogi co che conduc e dalla Scol as-
tica (in partico lare dalla Seconda S colastica) a Rousse au: transitando per J ohanne s
Althusius.
Rousseau – come abbiam o già ricordato – util izza dichiaratamente come “modello ”
delle prop rie propos izioni costituziona li l a organizzaz ione del Popolo romano: la
Repubblica an tica 39 . Eg li ha, però, anch e degli autor i di riferim ento modern i.

37 Chapitre 3.13 " [Co mm ent se maintient l’autorité souve raine.] Suite" « c'est to ujours un mal d'unir
plusieurs villes en un e seule cité et q ue, voulant faire cette un ion, l'on ne doit p as se flatter d'en éviter
les in convénients natu rels. Il n e faut p oint objecter l'abus d es grands États à celui q ui n'en veut que de
petits. Mais comment d onn er aux petits Ét ats assez de for ce pou r résister aux grands ? comme jadis
les villes gr ecques résistèrent au grand roi, et comme plus récemme nt la Hollande et la S uisse ont
résisté à la maison d'A utriche. »
38 CS , Chapitre 1.6 "Du pacte socia l".
39 S i noti che anco ra nel 1962 il romanista francese Jean Cou sin (partecipando, presso la Università di
Dijon, alle giornate d i studio per la co mmem orazione del 200° a nniversario d el Contrat social ) cons-
tatava il silenzio tombale della scienza 8 -900esca su tale interpretazione, la quale, p eraltro, o ccupa pe r
intero il qu arto dei quattro “libri” di cu i i l Contrat si c ompone (“J. -J. Rousseau interprète des institu-
tions roma ines dans le Con trat social” in A A .V V ., Études sur le Contrat social de Jean -Jacques Rous-
seau , P aris 1964, 13 ). Cousin, peraltro, in linea con la cultura d ella propria epo ca, si lim ita anco ra a
rimprovera re a Rousseau la sop rav valutazion e degli istituti giuridici rispetto ai rapporti econom ici.
Ma Rousseau, il qu ale assume il “popo lo romano” co m e “m ode llo” ( Discou rs sur l’origine et les
65

Esiste un “p ensiero p oliti co -giuridic o Lati no- Americano” ?. Carat teristiche e attualità del pens iero dem ocratic o:
federalismo vero con tro federa lis m o falso tra Europ a e Americ a

Rousseau, infatti, raccoglie e sviluppa il pensiero di J ohannes Althusius. Com e
osserva puntualm ente Robert Derathé, il m assimo specialista contem poraneo di
Althusius, Otto von Gierke, si era su bito res o conto de lla in fluenz a d i Althus ius su
Rousseau o, quanto meno, della converg enza dottrinaria di Rousseau con Althus ius
anche se, soltanto quando scrive la seconda edizio ne del proprio saggio, Gierke ha
già trovato (nelle Lettres écrites de la Montagne [ Lettre VI ]) la prova documenta le
della conosc enza de lla Pol itica di A lthusius da parte di Rousseau 40 .
Nella costruz ione di Johannes Althusius, le cellule pubbliche di base sono l e Città,
la cui cons ociazione co stituisc e le P rovince, la cui consociazione costituisc e
l’Im pero; nel quale I m pero i C ittadini hanno non soltanto la titolarità ma anche
l’esercizio (nelle Città) del potere sovrano , m entre i Governi (delle Città, del l e
Province e dell’I m pero) devono farne (sotto il controllo degli Efori) rispettose sin-
tesi successive. T ale costruz ione è st ata definita (con successo) “federalism o socie-
tario” 41 .
A sua volta, J ohannes Alth usius – come ha, in particolare, dim ostrato Ernst Reibs -
tein – r accog lie e sviluppa i l pensiero della Scolastica, in particolare della Seconda
Scolastica 42 .

fondements de l’inégalité p armi les h ommes , “Dedicace” «Le p euple romain [...] ce modèle d e tous
les peu ples libres » ) dichiara e d ifende il p roprio obiettivo d i studiarne e comprenderne specificam ente
le istitu zioni giuridiche : i “costumi” [ Discours sur l’o rigine etc. , nt. xix], le “legg i” [ C.S. , 1.4, nt.3
alla ed. 1782 «Les Ro mains son t ceux qu i ont le moins souvent transgress é leurs lo is et ils sont les
seuls qui en aient eu d’aussi b elles.» ], il siste m a eletto rale, le a ssemblee popo lari, il tribunato, la
dittatura, la censura e la religione civile [ C.S. , 4 .2- 8], il “governo” [ L ettres écrites d e la montagne.
Lettre VI ; Di scours sur l’économie politiqu e ]. Rousseau torna sui “tribuni” anche n elle Considéra-
tions sur l e Gouvernement de Pologne e vedine il Pro jet de constitution p our la Corse , a p roposito
delle “Gardes des Lois”, evidente ripropo sizione della “ sacrosancta ” magistratura p lebea (cfr. G.
Lobrano e P .P. Onid a, a cura d i, Il prin cipio della democrazia. Jean-Jacques Rou sseau, Du Contrat
social (1762) , Napoli 2012 ), È, del resto, lo stesso metodo d i Montesquieu, il q uale aveva conclu so
così il fa moso capitolo 6 “De la co nstitution d’Angleterre” d el li bro 11 “ Des lois qui forment la lib er-
té politique, dans son rappo rt avec la constitution ”, dell’ Esprit des Lois : « Ce n’est poin t à m oi à
exam iner si les Anglais jo uissent actuellement de cette li berté, ou no n. Il me su ffit de dire q u’elle est
établie par leurs lois, et je n’en che rche pas davantage»
40 R. D ERATHE , Jean-Jacqu es Rousseau et la science politi que de son temps , Paris 1950 [ rist. 1995]
93; O. VON G IERKE , Johan nes Althu sius und d ie Entwickelung der naturrechtlichen S taatstheorien 2 ,
Breslau 1902 [1a ed. 1880] 333 [vedi tr.it. a cura di A. G iolitti, Torino 1943 , rist. 1974, Parte seconda,
Cap. III “La do ttrina della sovran ità popo lare”, § III. “Dall’Althu sius al Rousseau” 4 “La do ttrina
della sovranità po polare secondo il Rousseau” ]. Anche secondo P . Catalano , Tribunato e resistenza ,
Torino 1971, 58 «il pensiero di Rousseau si colleg a a quello dell’Althusius» ; cfr. 39.
41 Alcune interessanti o sservazioni già in Th. O. H ÜG LIN , So zietaler Fö deralismus. Die po litische
Theorie des Johannes Althusius , Berlin - New York 1991.
42 E. R EIB STEIN , Joha nnes Althusius als Fortsetzer d er S chule von Salamanca , Karlsruh e 1955; cfr.
P. J. W INTERS , Die Politik d es Joh annes Althusius und ih re zeitgenössischen Qu ellen , Dissertation
Universität Freiburg, Freiburg/Br. 1963; M. V ILLEY , La Formati on de la pensée juridique
moderne , Paris 1968, tr. it. dalla ed. fr. 1975 « oramai gli intern azionalisti riconoscono che gli
66

Giovanni Lobrano
Vi è, dunq ue, una con tinuit à ogg ettiva tra il pensiero di Suárez, Althusius e Rous-
seau.
I l ‘problema’ (com e ho già detto, soltan to ‘apparen te’) sare bbe che, a differ enz a
che nel pensiero di Rousseau, sia nel pensiero del la Scolastica sia in quello di Al-
thusius, la relazione tra go v ernanti e gov ernati è contrattuale. È, infatti, mediant e
un pact um (nel pensiero di Althusius, il se condo dei contrat ti fondativi dopo il pac -
tum unionis costitutiv o del Popolo dei Cittadini) che il governante «v iene qu alifica-
to come m andatario obblig ato ad operare nei lim iti del m andato se non vuole es sere
revocato da l suo uffic io» 43 .
Mentre possiam o i ndividu are oltre che in Al thusius anche nella (Seconda) Scolast i-
ca gli auto ri m oderni di riferimento delle argom entazioni di Rousseau, dobb iam o
riconoscere ol tre che in Montesquie u anche in Thom as Hobbes i loro avv ersari.
Questa notaz ione a riso lvere l’‘ap parente pro blema’.

β ’’’ . Il mandato: c ontratto e comando
La confusione r egna nella m ateria delle dottr ine contrat tualistiche s ulla origin e
dello “Stato” e sc riv o “St ato” tra virgolette perché questo concetto è fattore non
secondario de lla confu sione 44 .
Qui non posso affrontare la que stione m a devo fornir ne alcuni chiarim enti, neces-
sari alla com prensibilità d el nostro ‘dis corso’.
L’atto giuridi co del m andato, il quale mette in r elaz ione i futuri governati e gov er-
nanti, secondo Suárez e secondo Althusius è un contrat to mentre s econdo Rousse au
non è un con tratto, perché è un com ando (dei futuri g overnati ai fu turi gov ernanti).
I l mandato è un istituto di Diritto romano, mediante il quale istituto il mandant e
può compier e atti giuridic i g razie al mandat ario.
Nel Diritto r om ano, i contratti sono atti inter - potestat ivi 45 mentre i comandi sono
atti intra-potestativi. I l padr e comanda ( iubet ) ai propri figli perché essi sono nella

spagnoli Vitoria, So to e Su arez e alcuni italiani della Scolastica cattolica del XV I secolo sono i veri
“fondatori del diritto in ternaziona le” e in filosofia del diritto si riconosce sempre di più quanto grande
sia stata l’im portanza e la influenza di un Suarez» .
43 Vedi A. G RIMALDI , Disegn o storic o del costituzionalismo moderno , Roma 2007, 27.
44 Il significato di “persona giuridica” (dotata d el potere so vrano) che tale parola ha acquisito nel
vocabolario giuridic o contem poraneo viene corren teme nte sovrapposto su re altà ass olutame nt e
diverse, a iniziare da quella ro mana antica di popul us (si veda e semplarmente il “fondame ntal e”
Römisches Staatsrecht , Le ipzig 1871-1888, di Theodor Mommse n).
45 In generale, su i contratti nel Diritto rom ano, vedi G. G ROSSO , Il sistema romano dei contratti 3 ,
Torino 1963.
67

Esiste un “p ensiero p oliti co -giuridic o Lati no- Americano” ?. Carat teristiche e attualità del pens iero dem ocratic o:
federalismo vero con tro federa lis m o falso tra Europ a e Americ a
sua pote stà e il dominus com anda ( iubet ) ai propri servi perc hé ess i sono nella sua
potestà. Per la stessa ragione, il padre non può stipular e contratti con i prop ri figli e
il dom inus non pu ò stipula re con tratti con i propri servi .
I l m andato, però, fa quodam modo eccezione perch é esso è un contratto (qu indi
non stipulab ile tra padr i o domini e fig li o se rvi ) m a è anche un com ando.
Da una parte, il mandatum è senza dubbio un contratto, come afferma, t ra gli altri ,
il giurista Ga io: 3.88 s.; 3.1 35; 3.155- 162 46 etc .
D’altra p arte, tra mandatum e i ussum (il sostantivo che, in latino, per eccellen za
significa ‘com ando’) 47 esiste una sorta di sinonim ia, la quale si manifesta ancora
evidentemente nei volgari del latino ed è attestata da fonti antiche sia letterar ie sia
giuridiche 48 . In par ticolare, nelle font i antiche, troviamo sia l’uso delle parole man-
dare e mandatum , per indicare il rapporto t ra Cittadini e Magistrati 49 , sia la ass im i-
lazione d ello status dei Mag istrati, nei confronti del Popolo, a quello dei figli e dei
servi , nei conf ronti del p adre e de l dominus 50 .
La distinzion e – semantica ancora prima che giuridic a – la quale corre tra manum
dare e iubere è che il ‘cont ratto - com ando’ del manum dare risponde alla esigenz a
di trasferire (propr io) poter e dal mandante a l mandata rio; esigenz a cui non rispon de
il mero ‘comando’ iussum , rivolto a persona già posta all’interno del medesimo
potere dello iuben s . In alt re parole, i l manum dare , che significa “dare potere”, è lo
46 Ga i. 3.88. Nu nc tra nseamus ad obligatione s, q uaru m summa diuisio in dua s species d iducitur:
omn is en im obligatio ue l ex contractu na scitu r ue l ex delicto . 89. Et priu s uideamu s de his, quae ex
contractu nascuntu r. ha ru m aute m quattuo r genera sun t: a ut enim re contrahitu r obligatio aut uerbis
au t litte ris au t consensu ; 3 .135. Con sensu fiun t o bligatione s in emptionibu s e t uenditionibu s, loca tio-
nibus conductionibu s, societatibu s, man datis ; 3.155-162 [a proposi to del ma ndato].
47 Vedi, ad es., le voc i jussum e m andatum in [ Ka rl Er nst ] G EORGE S - F. C AL ONGHI , Dizion ario della
lingua latina . Vol. I., Torino 1930.
48 C. S ANFILIPPO , Corso di diritto r omano. Il mandato , Catania 1947, “ Parte prima ”, ora in Rivista di
Diritto Romano , IV, 2004 , p. 12 ; cfr., più recentemente, Giovanna C OPP OLA B ISAZZA , “Asp etti della
sostituzione negoziale nell’esperienza giurid ica ro mana” in Rivist a di Diritto Romano , III, 2003, 9 ;
I D ., Dallo iussum domini alla contemplatio domini: contributo allo st udio della storia del la
rappresentanza , Milano 2008, 62 s.; S. R ANDAZ ZO , Mandare. Radici d ella d overosità e percorsi
consensualistici nell'evolu zione del ma ndato romano , Milano 2005, in part. 39; Maria M ICE LI , Studi
sulla “rappresentanza” nel diritto romano , Vol. I, Milano 2008, 239.
49 V edi, ad es., Tac. ann . 1 1.24 man dare magistra tus . Per la d ottrina: L. W INKE L , “ Mand atum im
römischen öffentlichen Recht?” in D. N ÖR R e Sh. N ISHIMUR A , Hrsg., Mandatu m und Vervandtes.
Beiträge zum römischen und mod ernen Recht , Berlin etc. 1993, 53 ss. S ono in teressanti le
considerazioni di Giorgio La Pira sul mandato ‘poli tico’. Per una indicazione dei testi di questo autore
vedi Maria M ICELI , “Brevi rif lessioni su m andato e rapprese ntanza a lla lu ce d el p ensiero di G. La
Pira ” in A A .V V ., “La cattedra “strumento sacro”. Incontro dei romanisti . Roma 11 -13 Novembre
2004. Università d i Roma “La Sap ienza”, Atti del Co nvegno per la celebrazion e del centenario dalla
nascita di Giorgio La Pira.
50 Pau l. D . 50.16.215 ‘ Potestatis ’ verbo p lura significantur: in persona ma gistratuum imperium: in
persona liberorum patria po testas: in p ersona servi dominium ; cfr. Cic. de orat . 167 magistra tus in
populi Romani esse potestate debent .
68

Giovanni Lobrano
strumento (alternativ o allo iubere ) p er quei ‘negozi a tre’ (cioè con un domin u s
negotii , un ‘in termedi ario’ [non, attenzione, un “sostituto”!] 51 e un terzo) nei quali
l’‘intermedia rio’ non è, au t natura au t i ure , su biectus a lla po testas de l d ominus
negotii .
I n o gni caso, com e osserv a acutamente un tardo Scoliasta del CJC , entram be le
situazioni sono uni ficate dal segno della subor dinaz ione 52 - 53 : d el figlio/ servus nei
confronti del p adre/ dominu s e del m andatario ne i confr onti del m andante.
Possiam o, dunque, qui con cludere che l a questione d ella na tura co ntrattua le o di
comando del m andato di g o verno è puram ente nominal e?
Sì e no. ‘Sì’, nella relazione di pen siero tr a R oussea u e Suá rez - Althusius; ‘ no’ ,
nella relaz ione di pensi ero tra Rous seau e Thomas Hob bes.
Com e abbiamo anticipato, la intera dottrina hob besiana è (fr equente) be rsagli o
della polem ica rousseauia na m a i n par ticolare l o è la sua dottrina del contratto
(‘covenant ’) fonda tivo, m ediante il qua le gli uom ini si cos tituiscono i n un ità (il
Leviathan, as tratta persona art ificialis ) dando si un – ov vero “a un” – C apo (il qua le
è i l rappre sen tante del Leviathan: “And he that carryeth this person is called sove -
reign, and said to have sov ereign power; and every one besides, his subject. ” ) 54-55 .
51 La do ttrina giuridica contemporanea – correntemente e giusta m ente – insegna a propo sito anche
della co siddetta “rappresentanza della volontà” trattarsi non di “cooperazione” tra du e volontà ma di
“sostituzione” della volontà del rapp resentato con la volontà del rappresentante (P . D’A MICO ,
“Rappresentanza. I. Diritto civile” in Enciclopedia Giuridica Tr eccani , XXV, 1991; pu rtro ppo, lo
schema della rappresentanza della volon tà, ri -scritto sul Diritto rom ano dalla P andettistica [vedi,
supra , nt. 33], continua a do m inare la romanistica od ierna, vedi, ad es., Giova nna C OPP OLA B I SAZZA ,
Lo iussum domini e la rapprese ntanza n e goziale nell’esperienza romana , I, Milano 2003; I D .,
“Aspetti d ella sostitu zione n egozi ale nella esperienza giuridica ro ma na” in Rivista d i Diritt o Ro mano ,
III, 2003 = http://ledonline.it/ riv istadidirittoroma no/).
52 Sch . 7 a Bas . 23.3.24 (= D . 22.1. 24, in part. § 2). Quest o comm ento (secondo Siro So lazzi [ “Erro re
e rappresentanza” in RIS G , 1 911, ora in I D ., Scritti di diri tto romano , I, Napoli 1955, 294, ripreso da
R. Q UADRATO , “Rappresentanza. Diritto romano” in En cicl opedia del Diritt o , XX XVIII, 1987])
« racchiud e in sintesi tutta la st oria della rap presentanza nel diritt o romano». L’anonimo autore
afferma, in fa tti, che co lui il quale o pera in nome altrui m ai si in tende “totalmente li bero” (“ πάντη
ελεύθερος ”). Questa aff ermazione antica ci ricord a che secondo il Diritto romano, n ell’operare per un
altro, essere liberi rispetto a questo (cioè in una altra p otestà) è una ca renza (della potestà di questo) e,
quindi, un im pedim ento. P ertant o, il mandatario h a biso gno, per op erare in nome del mand ante, che
questi gli “dia (parte del suo) potere”, lo ponga cioè (alm eno parzialme nte) in sua potestate .
53 In G aio, la trattazione d ella attività giuridica del padre/ dominus attraverso i figli/ servi segue
immediatame nte la trattazione del mandato: Gai. 3. 163. Expositis generibus obligationum, quae e x
contractu nascuntur, admonendi sumus adquiri n obis n on solum per nosmet ip s os, sed et iam per eas
personas, quae in no str a potestate, manu mancipioue sunt.164. Per liberos quoque homin es et alien os
seruos, quos bona fide possidemus, adquiritur nobis; sed tantum ex du abus cau sis, id est, si quid ex
operis suis uel ex re nostra adquirant .
54 Thoma s Hobbes, Lev iathan or the Matter, Forme, & Po wer o f a Commonwealth Ecclesiasticall
and Civill , 1651 [“Traduit de l'anglais par F rançois Tricaud” con sultabile su ‘in ternet’] Chapter XVII
"Of the causes, ge neration, and definition of a Comm on wea lth ".
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Esiste un “p ensiero p oliti co -giuridic o Lati no- Americano” ?. Carat teristiche e attualità del pens iero dem ocratic o:
federalismo vero con tro federa lis m o falso tra Europ a e Americ a

E’ più che ev idente il completo rov esciam ento, com piuto da Hobbes, de lla conce-
zione romana (seguita, invece, da Suár ez, Althusius e Rousseau) del mandato com e
comando del mandante ri volto al mandatario. Secondo Max Weber ( il quale sem-
bra quasi ri prend ere la osserv azione, sopra ricordata, dello Scoliasta) è prec isamen-
te questa la di fferenz a di fo ndo tra il mandato “m oderno” e quel lo antico 56 .

γ . Il federalism o f also, inv entato dai “Federa lists”, e il suo scontro c on il f ede-
ralismo v ero, rilanciato dai Giacob ini, e il perdu rante equivoco sul ‘federal is-
mo’

γ’ . Nel la Indipendenza nord-americana: la comb inazione di centra lismo e divisio-
ne (il mero “de centramen to”) da The Federalist a lla Dém ocratie en Am érique
Hobbes non è un federa lista né v i chi lo consideri t al e; eppu re c’è il su o pensiero
nel p atrim onio genetico dell’un ico federalism o ogg i not o, del federalism o – cioè –
che sboccia lung o la “line a del pensi ero politico e giuridico tracciata da Montes-
quieu” 57 .

55 Il prin cipio teorizzato da Hobbes nel 1651 (d arsi un capo come il requisito per viv ere in collettività)
è lo stesso posto dal ‘Capitolare di Meerssen’ (testo norma tivo promulgato nell'847 a Meerssen, nei
Paesi Bassi, da Carlo il Calvo e con cui si or dina va agli uomini liberi di sceglie rsi, tra il re o tra i
signori più poten ti del territorio, un capo, stabilendo con esso un rapporto vincolante non risolubile se
non per giusta causa) e comunemente considerato il punto di av vio della organizzazione feudale.
56 « Repräsentativ- Körperschaften sind nicht etw a notwendig “d em okratisch” [ ...] Im geraden
Gegenteil wird sich zeigen, daß der k lassische Boden für den Bestand der parlam entarischen
Herrschaft eine Aristokratie od er P lutokratie zu sein p fleg te (so in Engl and) […] Der Repräsentant, in
aller Regel ge wä hlt [...] , ist an keine In struktion gebunden, sond ern Eigenherr über sein Verhalten. Er
ist pflichtmäß ig nur a n sachliche eige ne Ueberzeugungen, nicht an die Wahrnehmung vo n Interessen
seiner Deleganten gewies e n […] der von den Wählern gekorene Herr d erselben, nicht: ihr ‘Diener’ ist
[...] Diesen C harakter haben in sbesondere die m odernen p arlamentarischen Repräsentationen
angenommen» (M. W EBER , Wi rtscha ft und Gesellschaft. Grundriss der vers tehenden Soziologie 5 ,
hrsg v. J. Winckelmann -Tübin gen 1 976- lib.I cap.III §21; cfr. Ch . M ÜLLER , Das imp erative un d freie
Mandat. Üb erlegungen zur Lehr e von d er Repräsentation des Volkes , Leiden 1 966, Erstes Kapitel.
"Verfassungsrechtliche Problemstellung"; A. " Auslegung des freien Mandats"; § 6. "Die
Auffassungen Edm und Burkes über das freie Mandat"; B. „ A uslegun g des im perativen Mandats"; § 3.
"Plebiszitäre De mokra tie i m Sin ne Max W ebers ” ; F. B ILANCIA , La crisi dell’ordinamento giuridi co
dello Stato rappresentativo , Padova 2000) .
57 Sulla ascendenza hobbesiana d el Federali st : P. K ING , Fed eralism and federation , London 1982,
Part One § 3 “Centralist F ederalism ” 24 « Il Federalist [ …] app are un a nota a piè di pagina alla teoria
della sovranità di Hobbes» , citato in L.M. B ASSANI , “ Gli avv ersari della Costitu zione am erica na:
“antifederalisti” o federalisti a utentici?”, introduzione a I D . e A. G IORDANO , a cura di, Gli
Antifederalisti. I nemici della ce ntralizzazione i n America (1787 -1788) , Torino 2011 , 42 (cui rinvio
per approfondimenti, anche bibliografici).
70

Giovanni Lobrano
La concezione di ‘federaz ione’, afferm atasi nella Costituz ione USA del 1787, nas-
ce con questa stessa Costituz ione. E’ una invenz ione assoluta e – possiam o dirlo –
geniale di tre uom ini: Ale xander Ham ilton, John Jay e James Madison, autori de
The Federa list (1787- 1788). Essa ha una fortuna rapida, che la porterà, in tempi
brevi, a esse re l’unica conosciu ta (si pensi alla “con verg enza”, già nel 1795, da
parte di Im m anuel Kant, con il sag gio Zum ewigen Fri eden ) 58 .
La sua ‘fortun a’ è prodo tta certamente dalla sua funzionalità alle esigenz e della
borghesia trionfante; tuttav ia, t a le ‘fortun a ’ è alim entata anche (second o la “legge
di Gresham ”) dal perdurante equivoco semantico e concettuale posto alla sua radi-
ce.
La parola stessa ‘federa lism o’ se mbra, infatti, essere un neol og ismo coniato pro-
prio a séguito della Convenz ione di Filadelfi a con il suo esito ma il m ovimento
politico- giuridico, così battez zato, si era form ato proprio contro la t radizione f e de-
rativa 59 . Questa co ntraddiz ione interna può apparire (e realmente, com e subito ve-
dremo, è subito apparsa) strana. Però, quale è il modo mig lio re per liberarsi del
pensiero e della pr assi federativi (i quali erano e sono i nt rinsecam ente democratic i
e a b ase municipale) se no n quello di contrappo rvi un altro modo di federars i: un
‘federalism o’ intrinsecam ente liberale e a b ase sta talista? La prima manifestazio-
ne/risultato dell’equiv oco (e a questo propizia) è che i sostenitori della federazione
democratica a base locale (gli Ar ticles of Confed eration and Per petual Unio n , de l
1777) 60 in quanto la difendono dall’attacco dei ‘ Fe deralists” diventano: “t he antife-
deralists”. Anche per ciò trovo sbagliato sul piano della comunicazion e (sebbene
corretto sul piano della filologia) lasciare la parola /categoria ‘federal ismo’ ai ‘Fe-
deralists’; alm eno fin tanto che l ’equivoco non sarà s tato chi arito.

58 La tesi che «il popolo americano, basandosi sul retaggio inglese e sull a propria esperienza abbia
inventato il costituzionalism o mo derno per poi trasmette rlo al mondo » (so stanzialm ente esatta, anc he
se fa pen sare al « timeo Danaos etiam d o na ferentes » del povero L aocoonte [Vergil., A en. 2.1.49]) è
formulata da D.S . L UT Z , The Ori gins o f American Con sti tutionalism , Bato n Rou ge - Louisiana 1988,
1 (cit. da L. M. B ASSANI , op.cit. 14 s.)
Nega la con ve rgenza di concezi one tra Kant e Hamilto n (considerato il mass imo ispirato re de T he
federalist ) C. M ALANDRINO , “L’ «invenzione» della complementarietà del pensiero federalista di Kant
e Hamilton in Italia” con s ultabile in www.montesquieu.it/bibliote ca/Testi/Kant_ham.pdf (senza data
ma non prima del 2005).
59 Della m olta bibliografia, ricordo C. M ALANDRINO , Federalismo. Sto ri a, i dee, mo delli , R oma 1998
e, più recentemente, Ta nia G ROPP I , Il federalismo , Bari 2004 .
60 Bassani, ricorda che gli “Antif ederalisti” (n ei cui co nfron ti vi è stato l’oblio b isec olare anche negli
USA) sono in realtà, i sostenitori della Co stit uzione più correttam ente federativa cioè della « prima
costituzione nazion ale americana»: gli Articles of Co nfederation and Perpetual Union , licenziata dal
Congresso su b-continentale il 15 novembre 177 7 ed entrata in vigore, do po la ratif ica da parte d agli
Stati mem bri, il p rim o marz o 17 81 (L . M. B ASSANI , op.cit. 16).
Occorre, peraltro, non cadere n ell ’errore d i considerare la d if ferenza tra questa ‘Costituzi one’ e quella
della d ell’’ 87 co n il criterio (appunto erroneo) d el quantum di unità, cui si ricorre co rrenteme nte per
distinguere la ‘federazione’ dalla ‘confederazione’, le qu ali sarebbero, risp ett ivame nte, più e meno
‘unitaria’ (ciò che è sme ntito, ad esem pio, d alla “Co nfederaz ione svizzera” [cfr., infra , nt . 68]).
71

Esiste un “p ensiero p oliti co -giuridic o Lati no- Americano” ?. Carat teristiche e attualità del pens iero dem ocratic o:
federalismo vero con tro federa lis m o falso tra Europ a e Americ a

La dottrina spec ialistica ( seppure sol tanto m olto recent emente e anco ra con qualch e
ingenuità di contestualiz zaz ione giuridica) ha finalmente ‘sco perto’ il sostanziale
“centralism o” del “federalism o” USA, ovverossia l a sua ‘ falsità’. Tale ‘scoperta’ è
stata sintetizz a ta assai efficacem ente nell’apparent e paradosso posto a titolo di una
raccolta di scritti, us cita in Italia nel 2011 : Gli Antife deralisti. I nem ici della ce n-
tralizzazione in Ame rica (1787 -1788) . Questo (apparente) paradosso ripete pu n-
tualm ente la osservaz i one, fatta già nel 179 4 dall’am basciato re france se negli US A,
Jean Antoine Joseph Fauchet, secondo il quale «m entre i Fe deralis ti “tentano con
ogni m ezzo di distrugg ere il federalismo”, gli Antifederal isti “hanno sempre de-
siderato preserv arlo”» 61 . Fauchet – si noti – è un ‘giaco bino’. Egli è stato nominat o
Ambasciato re da Robespier re e c’è ragione di credere che la sua capacità di osser -
vaz ione e di distinzion e gli venga dal dibattito non pro e contro il feder arsi t out
court m a pro e contro il fe derarsi di stampo U SA, ado ttato dai Girond ini e av vers a-
to dai Giacob ini 62 .
Due secoli dopo, gli studiosi odie rni riconosco no, inoltre, essere risul tato del “pro-
getto federalista” che l e persone [ dei Cittadini] sono st ate «Priv ate dell’elem ento
autenticam ente partecipativo, la politica local e [il corsivo è mio]» , con la trasfo r-
m azione deg li Stati federati in «unità amm inistrative del g overno centrale» 63 . T ro-
vo v eramente enc om iabile che (finalmente!) si riconosca esser e la alterna tiva al
“centralism o” la par tecipaz ione p oliti ca, non i l “decen tramento amm inistrativo”, il
quale, anzi, gli è (ovviam ente!) funzionale. Anche questo ‘riconos cimento ’ non è
nuovo. Esso corrisponde perfet tamente a qu ella sorta di ‘interpretazione autentica’

61 L. M. B A SSANI , o p.cit. 4 5 (citando J.T. M AIN , The An tifederalist : Critics o f the Constitution, 1781 -
1788 , Chapel Hill 1961, p. XII).
62 Vedi, infra , il paragraf o seguente (§ 2.b.γ.γ’’).
Fauchet è un perso naggio interessante. Na to nel 1783 a Sain t -Quentin, è studente di diri tto a P arig i
quando scoppia la Rivoluzione, d i cui abbraccia immediatamente l’idea, p er svolgere qu indi al suo
interno una ril evante e co erente az ione poli tica . Nel 1792, alto funzionario d el M inistero della Guerra
della neonata Repubblica, viene no m inato, nel 1793, da Robespierre, Am basciatore p resso gli Stati
Uniti, dove resta – co me tale – dal 1794 al 1796. Rientrato in Francia, nel 1797, vi pubblica il saggio
Coup d'oeil rapid e sur l'etat actue l de nos rapports politiques avec les Etats Un is d'Amerique septen-
trionale . Dopo avere declinato l’offerta da parte del Direttorio, di un in carico diplom atico a Santo
Domingo, so stiene il colpo d i Sta to di Napoleone, dal quale è nominato n el 1800 P refetto d el Var
(Tolone, dove organizza il rientro in patria d ella Arma ta d’Egitto), n el 1805 Prefetto d ella Gironda
(Bordeaux) e nel 18 09 P ref etto dell’A rno (Firenze). Destituito , ne l 1 814, dagli incarichi pubblici ad
opera d el Governo della Restaurazione, li riottiene durante i 100 Giorni, p er p erderli d efinitivam ente
nel 1815 (vedi D.A . S PIETH , Na poleon ’s So rcerers . T he So phisians , Cranbury 200 7, 148; cfr. 69 ; 159
e 162 ; S.C. T UCKER , ed., The Enc y clopedia o f th e Wars of the E arly American Repub lic, 1783 -1812:
A Political, Social and Military History, Santa Barbara - California 2014, 208 ).
63 Scrive Bassani (op.cit. 45) citando Christ opher Duncan: «“le person e, gradualmente, ma in esora-
bilmente, furono sp inte nella privacy d elle lo ro case perché erano state s vuotate di u n ruolo pubblico
in una vita collettiva con divisa.” L a creazione d ell’individuo deraciné , privo di lega m i comunitari,
soggetto solo alla legge , ossia la costru zione del materiale umano più adatto allo Stato m oderno, va
anche in America di pari passo con il tentativo di creare un unico centro di po tere» (Ch. M. D UNCAN ,
The Antifederalists and Early Americ an Po litical Th ought , DeKalb 1995, 177 s.)
72

Giovanni Lobrano
della Costituzio ne USA, con il suo “federalismo”, che è stata fornita da Alexis de
Tocqueville, nel proprio, fam oso commento a quella medesim a Costituzione ( De la
démocratie en Amérique , 1835- 40 « espressione classica del liberalismo francese
dell’Ottocent o» ) 64 . I nfatti, Tocquev ille (pure ann overato t ra i m assimi el ogia tor i
della i stituzione comunal e 65 , a r iprova del fatto che a nche nella Am erica anglosas-

64 Così G. C ANDELORO , “Prefazione” alla edizione italiana, La democrazia in America , Milano 1992.
65 A proposito della qu ale egli scrive: «C’est pourtan t dans la commune que ré side la force des
peuples l ibres. Les institutions c omm unales sont à la liberté ce que les écoles prim aires son t à la
science; elles la me ttent à la portée du peuple; elles lu i en font goûter l’usage paisible et l’habituent à
s’en servir. Sans institutions communales une nation p eut se donner un gouvernem ent libre, m ais elle
n’a pas l’esprit de la liberté. Des passion s passagè res, des intérêts d’un moment, le hasard des circon s-
tance s, peuvent lu i donn er les formes extérieures de l’i ndépend ance; m ais le despotisme re foulé dans
l’intérieur du corps social re paraît tôt o u tard à la surface.» ( De la démocratie en Amérique , vol. I,
1835, Première partie, Chap. V, § xii “Des effe ts politi q ues de la décentralisation aux États- Unis”.
La for mula di Tocqueville sintetizza i termini giuridici del tentativo – diffuso e insistente ma
inesorabilmente destin ato al f allimento – d i a ppropriazione d ella costruzione (municipale -federativa)
romana d a par te d ei suoi o ppositori; tentativo che è anche l’in volontario riconoscimento del valore
universale di tale ‘costruzione’.
Non si tratta d i un fenome no isolato . Ne è stato osservato il ness o con il pensiero del proto -libera le
Benjamin Con stant e dal suo sch ema costituzionale (proposto nei Principi di politica , 1815)
articolato in cinque poteri: “n e utro”, “rappresentativo”, “ministeriale”, “giudiziario” e – appunto –
“municipale” (vedi S. D E L UCA , “Benja min Constant teorico della modernità po litica” in Bolletti no
telematico di filosofia poli tica , 26 aprile 2002, § 4 “La do ttrina co stituzionale”) ma (acuta me n te)
anche con il pensiero di Friedrich Carl von Savigny. Jean -Luc Coro nel de Boissezon ha, in fatti,
rilevato il nesso tra la critic a del la codificaz i one e la valorizzazione d ei « droits municipaux» già in
Friedrich Carl von Savigny ( Vo m Beruf unserer Z eit fur die Gesetzgebung und Rechtswissenschaft ,
Heidelberg [ 1814] 2a ed. 1828, § 5 “Burgerliches Recht in Deutschland” 37 ss. in part. 43 “Stadtrech t
”) e la influenza di Savigny su Tocqu eville: certa, seppure attraverso il circolo li berale di Franç ois
Guizot, Prosper d e Bara nte e, soprattutto, Pierre -Paul Royer Co llard (cf r. P. -R. Roland-Marc el, Essai
politique sur Alexis de Tocqueville le lib éral, le dém ocrate, l’homme public , t hèse, P aris, 1910, 83).
Vedi J.-L. C OR ONEL D E B OISSEZO N , Frédéric Le Play face au dro it. Une critiqu e de la codif ication et
de la ce ntralisation au XIXe siècle , thèse, Droit, Université Paris X I, 2 008, i n part. 64 ss. a proposi to
d ell’esemplare difesa delle auto nomie municipali co ntro il “centralisme ” nella importante op era
dell’ingegnere, econo mista e sociologo francese Frédéric Le Play, in particolare nel ponderoso sagg io
L’organisation du T ravail , Tours 1870 . Sulle basi nel “sog gettivismo pandettistico” e, quindi, nel
pensiero, d i F riedrich Carl von Savigny, d ella do ttrina dello “Stato liberale” come una “persona
giuridica so vrana” la cui volontà si esprime attraverso “organi” vedi G. C IANFERO TTI , “ Lo Stato
nazionale e la nuova scienza del diritto pubblico” in Enciclopedia Tre ccani , 2012.
Nella stessa linea d i T ocqueville si collocherà, quindi, un altro famoso lib erale, Joh n Stuart M ill, che
« attento letto re e appassionato amm iratore d el li berale fra ncese, vede nei poteri locali “un sostegno
sociale, u n punto d’appoggio per le resistenze ind ividuali contro le tend enze d el po tere governativo ;
un p residio, un punto d i riannodamento per le o pinioni e gli interessi”» (così C.A. S TAZZI , “I
repubblicani-federalisti lombardi (1890-1895) tra Cattaneo, Toc queville e J.S. Mill” in Storia e
Futuro. Rivista di st oria e storiografia , n . 24, novembre 2010, che cita V.P. G ASTALDI , “ Le lotte
autonomistiche del m ovimento radicale e repubblicano ” in C.G . L ACAITA , a cura di, L’opera e
l’eredità di Carlo Cattaneo , vol. II. L’eredità , Bo logna 1976, 136).
E’ funzion ale al ‘co munalism o’ liberale il formarsi, nella scienza giurid ica ottocentesca, d ella tesi
della o rigine non rom ana ma ‘ger m anica’ d ei Comuni m edieva li (vedi F . L AURENT , Étud es sur
l'histoire de l'Humanité : la féodalité et l'église , Bru xelles 1861, L.I, ch. II, sect. I, § 1, n. 1 “Les
comm unes sont elles romaines o u germ aniques?”; La urent cita, a sosteg no della tesi germ anistica, K.
73

Esiste un “p ensiero p oliti co -giuridic o Lati no- Americano” ?. Carat teristiche e attualità del pens iero dem ocratic o:
federalismo vero con tro federa lis m o falso tra Europ a e Americ a

sone, la istituzione com unale appare l’un ico vero istituto di dem ocrazia) definis ce
la collocaz ione dei C om uni nella Cos tituzione U SA come combinazione di “très
grande centr alisat ion gouv ernamentale” e di “déc entral isation adm inistrat ive” 66 - 67 .
E’ la ‘linea ’ politica -giuridica avv iata d al Re Edo ardo I, iniziatore del parlamenta-
rismo ingles e 68 .

VON H E GEL , Geschichte der S taedteverfassung von Italien s eit d er Zeit d er roemischen Herrschaft bis
zum Ausgang des zwoelften Jahrhunderts , Leipzig 1847, e W. A RNO LD , Verfassungsgeschichte der
deutschen Freistädte im Anschluß an die Verfassungsgeschichte der Stadt Worms , Ham burg 1 854) .
Il ‘comunalism o’ liberale e la co nn essa lo gica de -centralistica sono, per il municipio e la sua logica
autonomistica-federativa, un avversario tanto pegg iore perché s ubdolo: ciò che in grammatica si
chiama “ falso a m ico”, responsabile della de -qualificazione del municipio d a ente politico in ente
meramente amministrativo.
66 De la démocratie en Am érique, loc.u lt.cit.: « Aux États-Unis, pas d e centralisation administrative,
mais très gra nde centralisation gouve rnementale.»
67 Nella formula di Tocqu eville, si evidenzia sia la specificità e la un icità/continuità del rapporto tra
governo centrale e Co muni, che va d al p arlamentarismo inglese d i fine 1 200 al “fe deralismo” US A di
fine 1700, sia la pro fonda ‘alterità’ (non so ltanto storica ma anche do gmatica ) di questi
‘comunalismo’ e “federalis mo” risp etto alla “antica” tradizione municipale romana mediterranea e,
quindi, europea continentale di po tere u nico -diff uso, organizzato me diante (con -)federazioni
cittadine. Tocqueville, pertanto, piuttosto ch e riconoscere la o rigine ro m ana con la connessa specifi-
cità della – elo giata – istituzion e comunale, preferisce farla n ascere sott o un cavolo indiffere ntemente
allignante a qualsiasi latitudine e con q ualsiasi clim a: «La société comm unale existe do nc chez tous
les peuples, quels que soient leur s usages et leurs lois; c’est l 'homme qu i fait les ro yau me s et crée les
républiques; la comm une paraît sortir d irectement des mains d e Dieu. » Sempre De la d émocratie en
Am érique, loc.ult.cit.
68 Alla d ata della Con venzione di Fil adelfia, due tradizioni politi che-giuridiche si fronteggiano da
cinque secoli q uasi esa tti, inizia ndo dal ‘Bill’ di Edoardo I d’Inghilterra che dà vita al ‘Model
Parliament’ (1294 -95) e dal – qu asi contemporaneo – “ Patto” (1291) tra le Com unità di Uri, Svitto e
Untervaldo, che d à vita alla Conf ederazione Svizzera. Quei due avvenimenti storici -giuridici sono,
infatti, le massime espressioni d elle antitetiche risposte istituzionali alla crisi del fe udalesi m o, le q uali
animeranno e anima no, dialettica m ente, ancora a i giorni nostri la storia istituzionale della intera
Europa e d ei P aesi e Co ntinenti da questa influenzati: l’un a (la inglese) nel senso d ella con tinuità,
mediante l’inserimento delle comunità locali n ella istituzion e feudale di vertice, il Co nsilium Reg is
(così trasformato in Parlamento, con l’aggiunta della [ terza] Camera, qu ella dei Comuni); l’altra (la
elvetica) n el s enso d ella rottura, mediante la (con -)federazione d elle co munità locali (di cui è così
perfez ionata/realizzata la autonomia).
Come no to, la formazione dei P arlam enti medievali (a partire d a quello d el regno di Castiglia, riu nito
a León n el 1 188) è ott enuta mediante l’inserimento d ei ma ndatari d ei “Comuni” nei ‘vecchi’ Consilia
Regis feudali. La novità d el primo P arlamento legale inglese, riunito n el 1 295, è però, precisamente il
‘divieto di mandato imperativo’ ovverossia la ‘intro duzione della rapp resentanza della volon tà’ dei
Comuni, così estromessi dal processo decisionale, che si concentra nel Co nsilium /P arlam e nto (J.F.
C OSTANZO , S.J., “ Juridic Origins of Representation II ” in Fordham L aw Review , Volume 23, Issue 3,
1954, 296 ss.) Di tale ‘ novità’ è stata quindi colta la presenza anche in Francia già nel se colo
immediatame nte success ivo (Y. K RYNEN , L’Éta t de justice. France, XV IIIe -XXe sièc le . I. L’idéologie
de la magistrature ancienne , Paris 2009, ch. 3 “De la représentation à la dépossession du roi”, 62 ss. )
La f or m azione della Confederazione svizze ra è invece ott enuta mediante il patto associativo di
comunità lo cali, l e quali si propongono di o rganizzarsi al di fuori d ei rapporti feudali, sul modello
delle “città li bere imperiali” ( M. D UCRE ST , a cura di, Sto ria della Svizzera , tr. it. d i C. Biasca e G.
74

Giovanni Lobrano
La istituzione parlam entare (specia lmente nella versione inglese, carat terizzata
dalla introduz ione della ‘r appresentanza de lla volontà’ co llettiva che tra sforma i
“Com uni” da fonti della vo lontà sovrana i n meri colleg i elettorali dei “parlam enta-
ri”) 69 è la prim a r azional izzaz ione del vecchio centralis mo f eudale; il “federalism o”
USA è la seconda. In ent ram be le ‘razionalizzaz ioni’, le Città sono non più ‘ m esse
da parte’ (come nella fioritura del feudalesim o) ma ‘usat e’, anzi ampiam ente ‘usa-
te’: a partire d alla loro de - gradazione po litica e istituz ionale.
Ora (e torn iamo, così, al punto di p artenza del no stro dis corso) di tale ‘linea’, il
teorico giuridico m assimo e tuttora insupera to è precisa mente Thomas Hobbes (co n
la do ttrina de lla conc entraz ione del l’esercizio del potere nella pe rsona f isica, rap-
presentante della volontà del Leviathan, astratta persona ar tificialis , t itolare del
potere).
Tale ‘l inea’ è stata, in E uropa, durante l ’evo moderno, la alternativa a lla l inea de-
m ocrati ca/repub blicana/co munale di origin e antica, s pecialmente rom ana, la quale
è, invece, essenzi almente federat iva, e il c ui teorico giuridico massim o è J ohanne s
Althusius.

γ ’’ . Nella Rivoluzione Francese: contro il federalismo falso, riproposto dai Giron -
dini (centralista e divisionista) il federalismo vero, rilanciato dai Giacobini (muni-
cipale e par tecipativo)
La tesi ‘ m unicipale federative’ di Rousseau appare rip resa e tradotta costituzion al-
m ente dura nte la “Grande Révolution”, i n particol are dai Giacobini, con coerenza
persino straord inaria: espressione – dunque – non di una ipotetica sudditanza int e-

Tignola, Locarno 19 89; cfr. G. C HIE SI , a cura d i, Il medioevo nelle carte . Documenti di sto ria ticinese
e S vizzera d alle o rigini a l secol o XVI , edito dallo Stat o del Cantone Ticino 1991; L. Kern, “Notes
pour servir à u n débat sur le pacte de 1291” in Rivista storica Svizzera , 9, 1929, 340 ss.; V . Gueli, a
cura di, L a costitu zione federale Svizzera [ = Collana d i testi e docu me nti costit uzionali p rom ossa d al
Ministero d ella Co stituente] Firenze 1 947 ; E.R. P APA , Storia d ella Svizzera. Dall’anti chità ad o ggi. Il
mito del federalismo , Milano 1993; cfr. P . B L ICKLE , Kommun ali smus , 2 voll., 2000 , spec. 2 , 85 -99,
150 -1 75 , 185-194, 2 02-208, 342 -348). La confederazione svizzera no n utilizza l’istit uto della
rappresentanza della v olontà e d i d eputati d ei cant oni v anno a lle diete confederali con m andato
imperativ o, che funzio na per mez zo di un istituto che verrà poi ripreso a c orrettivo dell’istituto
rappresentativo: il referendum . I delegati potevano p rendere decisioni valide su argo menti p er i quali
avevano istru zioni precise. Se i delegati av evano solt anto un mandato generale, ne discutevano e
votavano, m a ad ra tificandum ( ossia c on rise rva di ratif ica dai lor o gove rni). Oppure i delegati
portavano con sé la deliberazion e cantonale (o un riassunto detto Abschied ) consegnando il tutto a ch i
di dovere ad referendum (V. G UELI , op. cit. , 12 n. 1; E.R. P APA , op. cit. , 44).
69 Un discorso a sé merite rebbe la attività elettorale e la conn essa “l egittimazione”. Basti ora pensare
che, nei “sistemi rappresentativi avanzati” (con elezioni, o vviame nte, a “su ffragio un iversale” ) la
maggioranza dei p arlamenti è elet ta, di regola, da un minoranza dei cittadin i di circa il 20 %. Si v eda,
ad es., Laura G A R AVINI , “Legittimaz ion e politica e siste ma e lettorale, l'esperienza tedesca” in
Articolo 21.info , senza data (ma en tro 2011).
75

Esiste un “p ensiero p oliti co -giuridic o Lati no- Americano” ?. Carat teristiche e attualità del pens iero dem ocratic o:
federalismo vero con tro federa lis m o falso tra Europ a e Americ a

llettuale rispetto al ‘philoso phe’ ginev rino sebbene del la forza intrinseca della con-
divisa logica ‘democratica - repubblican a’ 70 . I l Projet de constitution (nel quale tale
tesi è, forse, m eglio esplici tata) è lascia to da Roussea u incompiut o e sarà, infa tti,
pubblicato e, qui ndi, cono sciu to soltanto circa un s ecol o dopo, nel 18 61.
I n Franci a, sono municip alisti già i tentativi di riform a pre -rivoluzionaria 71 . Il lor o
fallimento, volu to e ottenuto dalla aristocrazi a arroccata nelle vecchie istituzion i
parlam entari, porta alla conv ocazione, il 1º magg io 1789, degli Stati Genera li, subi-
to t rasform ati, però, il 27 giug no, i n Assemblea nazionale 72 , la quale, dal 9 luglio,
diviene ‘co stituente’.
La relazion e essenzia le tra m unicipi e federaz ione (così com e la loro ispirazio ne
democratica ) si manifesta in maniera chiara e determi nante (forse, addiri ttura trop-
po per potere essere agevolm ente percepita) nell’ incipit stesso della ‘ G rande Rév o-
lution’. Nel novem bre 1789, 14 Città della Franche-Com té si st ringono in lega con
patto giurato, esteso rapidam ente a tutta la Francia con le parole d’ordine “ Unité et
fraternité ” .

70 La transizione dalla ‘scoperta’ greca della “de mocraz ia” alla ‘invenzione’ ro m ana della
“repubblica” ha un p assag gio d ecisivo nella ‘invenzione’ romana d el “ m unicip io” cio è la comunità
(locale) necessariamente parte d i una co m unità (sem pre lo cale) più amp ia (vedi G. L O BRANO , “Città ,
municipi, cabildos” in Roma e America. Diritto romano co mune , n. 18, anno 2004 [= S. S CHIPANI , a
cura di, Mundus novus. America. Sistema giuridico latinoamericano <A tti Congresso internazion ale ,
Roma 26 – 29 novembre 200 3> Rom a 20 05]; cfr. A. B ERNARD I , “ Dallo stato -città allo stato municipale
nella Roma antica ” in Paid eia , I, fasc. 4 , 19 46; E. G ABBA , “ Dalla città-stato allo stato m unicipale ” in
A. M OMIGLIANO et alii , edd., Storia di Roma. L’impero mediterraneo , II 1, Torino 1990) .
71 Nel 1764 s ono pubbli cate le Considérations s ur le gouvernement a ncien et présent d e la France
(1737) del M archese d’Argenson (+ 17 57) che pro pongono – in polem ica con le te si del Marquis de
Boulainvilliers – la rivitalizzazione e la diffusion e in tu tta la Francia del regime municipale ro m ano e
delle con nesse libertà comunali co m e luo go di espressione del popolo. Nel 1776, il ministro Jacques
Turgot si prop one di realizzare il progetto di « municipalità autonome che» scrive Matteucci
« sembravano q uasi rico rdare le antiche lib ertà delle città romane d ifese dal Dubos e teorizzate d al
d’Arge nson; pro getto che venne po i realizzato d al Necker nel 1 778 nelle généralités di Bou rges e di
Montauban, e in seguito ripropo sto d al Calonne n el 1787 all’A ssemblea d ei n otabili e parzialm ente
attuato d a Loménie de Brienne nel 1788» . P rogetto, infine, difeso anch e dal Marchese di Condorcet
« il qu ale nell' Essai sur la constitution et les fonctions des assemblées p rovinciales (1788) p refe riva la
loro organizzaz ione razionale a lle forme “gotiche” degli anti chi stati generali» . N. Matteucci,
Organizzazione del potere e libertà. Sto ria del costituzionalismo moderno, Torino 1976, 183 s. Sui
tentativi d i riforma d i Jacques Tu rgot, Jacques Necker, Charles Alexandre de Calonne e Loménie de
Brienne, v . J.-L. H AROUE L , J. B ARBEY , É. B OURN AZEL , Jac queline T H IBAUT -P AYEN , Histoire de s
institutions de l'époque franque à la Révol ution , Paris 1987, 536 ss.
72 . L’8 agos to 178 8, Loménie de Brienne (già capo della o pposi zione parlamentare e chia ma to q uind i
da Luigi X VI, nel 1787, a dirigere il pro prio governo), sotto la pre ssione d ella rivolta p arlam entare
(apertamente scop piata con somm osse a Pau , Rennes, Grenoble), conv o ca gli Stati generali per il 1º
maggio 1789. Dal 5 m aggio, giorno di apertura della sessione, si a pre anche la contro versia su lla
verifica dei poteri; verifica che il Te rzo stato, capeggiato da Emmanuel -Joséph S iey ès, richiede in
comune contro la divisio ne tradizionale nei tre ordini. Il 27 giugno, il re ingiunge alla nobiltà e al
clero di riunirsi con il Terzo stato: è la tra sformazione degli Stati generali n ella Assem blea nazionale,
la quale – alla sua volta – si trasforma, dal 9 luglio, in A ssemblea c ostituente.
76

Giovanni Lobrano
Notevolissim o il comm ento, nel 1853, d i Jules Miche let (nel qu ale si rileva, a pro-
posito del “federali smo”, il medesimo equiv oco rilevato mez zo secolo prima nel
comm ento dell’ ambasciato re Fauche t a pro posito del dibattito feder alista no rd -
americano): « N ulle trace dans tout cela de l’esprit d’exclusion, d’isolem ent l oca l,
qu’on désigna plus tard sous le nom de fédér alisme. I ci, t out au contraire, c’est une
conjuration pou r l’un ité» 73 . I l “federal ismo” che s oltanto “plus tard” desig nerà
“exclusion et isolem ent local” è quel lo che giunto – nel frattem po – dagli US A
attraverso i Girondin i 74 contro la - e in sos tituzione della tradizione secolare tradi-
zione federat iva europea.
I l 14 dice m bre 1789, l a ‘Assem blée nat ionale’ emana la “ loi munic ipale”, la quale
« fragmente l’administrat ion au plan le plus local entre que lque quarante -quatre
m ill e comm unes» m a « en échange, elle peut substituer à l’ extrême variété des con-
ditions munic ipales, encore bien réel le au printem ps 1789, une parfaite uniform ité
des statuts» , ca ratterizz ati certamente dall’aut o -gov erno 75 ma anche dall a esi genz a
di federarsi: «La Fédération de 1790 est la conséquence de la for m ation en France
des m unicipalités […] l es prov inces el les -mêmes se fédèrent ent re elles. Enfin
toutes les fédéra tions loca les décident de se fo ndre en une fédération nationale à
Paris, le 14 juillet 1790.» 76 Se non fosse ‘sto ria’, sem brerebbe una ‘cos truzione
teorica’ al thusiana.
Secondo il conv enzionale Mignard « à l’établissement des m unicipalités [… on
doit] le pa triotisme qui a cons tamm ent régné dans les campag nes; et le jour où

73 J. M ICHELET , Histoire de la Révolution française , Livre III, P aris 1853, Ch. IV.
74 Vedi, supra , il paragrafo precedente (§ 2.b.γ.γ’ ntt. 61 e 62) e, infr a , la nt. 82.
75 “Décret de l’ Assem blée n ationale, concernant la constitution des municipalités”. Osserva F. B UR -
DEAU , “178 9, L'administration territoriale et nous” in Annuaire d es coll ectivités lo cales , n°1, Tome 9,
1989, 5 s.: « La loi municipale du 14 décem bre 1 789 […] R espectueuse d e l'identité des coll ectivités
villageoises et urbain es, elle fragmente l’ad ministration au plan le plus local entre quelque q uarante -
quatre mille comm unes; en échange, elle p eut substituer à l’extrême variété des con ditions munici-
pales, enco r e bien réelle au prin tem ps 17 89, une p arfa ite uniformité d es statuts [ …] Bien que progres-
siveme nt atténué – il y a environ 38 000 communes au déb ut d e la Restauration , 37 000 à la f in de la
grande g uerre – ce micro -découpage, consacré en 1 789 et affecté dè s lors d'un fort coefficient de
légitimité aux yeux d es d émocrates [ il corsivo è mio] , est resté caractéristique de notre géographie
administrative.»
76 J. T ULARD , “Fédération de 1790” in E nciclopaedia u niversalis en lign e , sv «La Fédération de 1790
est la conséquence de la formation en France des m unicip alités et d es gardes nationales au mo ment de
la Grande Peur. Dans les villages et les villes se forment en juillet 1789 d es gouvernements particu-
liers q ui se su bstituent aux ancie nnes autorités. Dans le Dau phiné, plu sieurs rep résentants d e com-
munes réunis à Étoile près de V alence, le 28 novem bre 1789, "fraternisent" et jurent "de rester à
jamais u nis, de protéger la circulation des subsistan ces et de soutenir les lois ém anées de l' Assemblée
constituante". C' est le premier cas connu d e fédération. D’autres suivent, à Pontivy no tamment, en
février 1790, puis à L y on, Strasbou rg et Lille. Ces exemples sont imités dans la plu part des pro vince s,
et les provinces elles-mêmes se fédèrent entre elles. En fin toutes les fé dération s lo cales décident d e se
fondre en une fédération national e à Paris, le 14 juillet 1790.»
77

Esiste un “p ensiero p oliti co -giuridic o Lati no- Americano” ?. Carat teristiche e attualità del pens iero dem ocratic o:
federalismo vero con tro federa lis m o falso tra Europ a e Americ a

l’Assem blée constituant e les dissém ina jusque dans les plus petits hameaux de l a
République, fu t celu i où elle assura à jam ais la liberté à la France.» 77
I l 14 l uglio 1790 (il primo anniversario della presa della Bastig lia) t utt i i rivoluzio-
nari celebrano la ‘Fê te de la Fédérat ion’.
I l 27 marzo 1793, al la Conv enzione nazionale, è, però, il rivoluzionar io giacobin o
(di origini sarde ) Jean-Paul Marat, che arr iva ad affer m are (con qualche forzatu ra
terminolog ica-concet tuale): «I l est f aux que l a souveraineté du peuple soit indivisi-
ble. Chaque comm une de la république est souveraine sur son territoi r e dans les
temps de cr ise, et le peuple peut prendre les mesures qui lui conviennent pour son
salut» 78 .
I l 24 aprile 1793, un altro ri voluz i onario giacobino, Louis Antoine de Sain t - Just
p resenta il proprio “E ssai de Cons titution” su base municipale -federa tiva, i n cui
(Chap. II , ar t. 6) è r otondam ente espresso il pr incip io che « La souveraineté de la
nation r ésid e dans les comm unes » 79 . I l 15 m aggio 1793, ancora Saint-Just critica il
progetto gi rondino di Co stituzione, c on la d ivisione d ella Fran cia in Dipartiment i ,
affermando: « La division de l’ E tat n’ est point dans le territoire; cette division est
dans la population» e «La souveraineté de la nation doit résider dans les com-
m unes ». Lo st esso Sain t -Just così spiega: « Si la divisi on est attaché au territoire, le
peuple est div i sé, la forc e du gouvernem ent se concentre, e t le souv erain épars se
rapproche difficilem ent ; si la division est attaché au peuple, ou par t ribus, ou par
comm unes, ce tte di vis i on n’ay ant pour ob j et que l’exe rcice des suffrag es ou de la
volonté générale, le souve rai n se forme alors, il se com pr im e, et la Ré publique
véritablem ent existe.» 80
Questa formula critica/com parativa è uno degl i ulti m i tentativi di battere sul campo
l’ equiv oco semantico/conc et tuale generato dai ‘Federalists’ (e tradotto si, i n Fran-
cia, nella perduran t e m i tolog ia della contrappos i zione tra “federa lismo girondino e

77 A.P ., tomo 65, 155, citato da M. V ERPEAUX , “Des co rps administratifs et municipaux: l’apparente
continuité” in J. B ART et alii , dir., La Constitution du 24 juin 1793 . L’utopie dans le droit public
français? , Dijon 1997. Cfr. ancora F. B UR DEAU , “1789. L'adm in istration territoriale et nous”, cit.
78 A.C. T HI BAUDEAU , Mémoires sur la Convention et le Directoire , T o me I. Convention , P aris 1824,
23.
79 Il testo è rip rodotto in Oeuvres de S aint-Just, représentant du pe u ple a la Conventio n Nationale ,
Paris 1 834, 85 e in A . L IEN ART , éd ., T h éorie politique , Saint -Just, P aris 1976, textes c hoisis. Cfr. P.
G UENIFFEY , “ Les assemblées et la représentation” in C . L UCAS , a cura di, The Fren ch Revolution and
the Creation of Modern Political Culture , Oxford 1988, 249; Christina R AUSCH , Sain t-Just und die
Verfassung von 1793 , Berlin 2001 (ivi, in ‘Anhang’, anche il testo dell’ “Essai”).
80 “Sur la d ivision constitutionnelle du territo ire” in M . L E B LOND , a cura d i, Les p lus beaux disco urs
de S aint-Just , P aris senza data [coll ana Les gra ndes orateurs répu blicains ] 1 08 ss.; cfr. L.A.L. DE
S AINT -J UST , Terrore e libertà. Discorsi e rap porti , a cura di A. Soboul, Rom a 1966 , 88.
78

Giovanni Lobrano
centralism o giacob ino”) 81 contrappone ndo inv ece due m odi politici e g iuridici di
concepire te or icamente e di tra durre in or dinam ento istituzion ale il ‘fede rarsi’.
Mentre il federalism o giacobino è realizz ato mediant e la ‘associazione di autono-
m ie’, il federal ismo g irondino (realiz zato esclusiv am ente con il ‘de - centram ento’) è
la copia, per influenza o per convergenz a, di quello dei Federali sts 82 ed è altrettan to
centralista e falso. Questa contrapposizion e d i ‘federalism i’ è mom ento r ivelato re,
la cui co noscenz a e com prensione sono particolarm ente utili per liberarci della
odierna, i nsoppo rtabile vulgata f ederalista, la quale, da una parte conosce un solo

81 Di “federalismo girondino e centralismo giacobin o”, scrive – tra i tan ti – anche S. G. G AL LI , “Le
idee politi c he della Rivoluzio ne francese” in L.M. B ASSANI , S.B. G ALL I , F. L IVORSI , Da Pla tone a
Rawls. Lineamenti di storia del pensiero politico , Torino 2012, 231.
Cfr., però: H. W ALLON , La Révolu tion du 31 mai et le fédéralisme en 17 93 , 2 volu m es, 18 86 e, un
secolo d opo, A A .V V ., Existe-t-il u n fédéralisme jacobin? Études sur la Révolution [Actes d u 111 e
congrès national des sociétés savantes] P oitiers 1986.
82 Fu rono (in particolare) i girondini Jacques -Pierre Brissot (autore d el saggio De la France et d es
États- Unis, ou l’i mportance d e l a révolu tion d’Amériq ue pour le bo nheur de la France [1787]) e
Charles Mich el Trudaine d e la Sablière a propagandare nella Francia rivolu zionaria il pamphlet The
Federalist , proponendone la adozione come “manuale co stituzionale” (pare che de la Sablière ne sia
stato anche, nel 1792, il traduttore) guadagnand osi co sì entra mbi la ghiglio ttina (n el 1793). In
proposito: C. M ALANDRINO , Federali smo. Storia, idee, modelli , cit., 50 (ch e, p erò, li indica
erroneame nte c o me “giacobini”; cfr. L .M. B A SS ANI , “Gli av versari della Costituzione ame ricana:
“antifederalisti” o federalisti autenti ci?” cit. , 42); A. D E F RANCESCO , “Traduzioni e Rivoluzione. La
storia meravigliosa della pri ma v ersione francese del Federalist” in Rivista storica italiana , 2 011 n.
123 pp. 61 -110; D. M OG OIN , “Le Fédéraliste revisité” in Jus Politic um. Revue de droit politique , n. 8
La th éorie d e l’État entre passé et avenir , septe mbre 2012; cfr. Suzanne H UAR T , Brissot, la Gironde
au pouvoir , P aris 1 986.
Un accenno a p arte merita G . M AGRIN , La repubblica dei moderni. Diritti e democrazia nel
liberalismo rivoluzionario , Milano 2007, il quale dedica u n capitolo (il “2”) alla influenza US A nel
pensiero politi co- giuridico france se coevo: “Il costituzionalismo americano e la nascita de lla
repubblica in Fran cia”, pp. 45 - 61. In p articolare nell’ultim o prgf. (il “5. I d ebiti america ni del modello
girondino d i democrazia” p p. 5 8 -61). Scrive Gabriele Magrin a p roposito di Brissot e Co ndorcet
(“osservatori attenti dei m eccanismi costituzionali che fanno d ella convention americana il canale
privilegiato per l’espressione e la trasmissione del consenso democratico”): «l’osse rvazione della
esperienza costituzionale americana è l’occasione di una progressiv a messa a punto di un modello
rappresentativo, alternativo a q uello sieyesiano, che assegna alla partecipazion e democ ratica nelle
assem blee lo cali una funzione d iv ersa e complementare rispetto a quella svolta dal corpo legislativo,
una funzione che con necessario anacronismo possiamo definire al tempo stesso lib erale e
democratic a, n ella misura in cui è volta simultaneam ente alla li mitazione d el potere detenu to dai
rappresentanti e di contrappeso rispetto al potere legislativo. » La impostazione di Magrin è corretta
nella contrapposizione tra ‘liberale’ e ‘d emocratico’ e nella ind ividuazione n ei girondini dei portatori
in seno alla Rivoluzione francese del pensiero politico USA. La correttezza è, p erò, offuscata dalla
contestuale idea – sem plicemente il logica – della possibilità giurica (op portunità p olitica a parte) di
combinare du e costruzioni tra loro assolutame nte alter native: quella liberale-rapp resentativa, la quale
postula la concezione astratta d ella collettività, e quella dem ocratica -p artecipativa, la quale postula la
concezione concreta della collet tività. E’ lo stesso errore di logica co m piuto da alcuni Girond ini
(peraltro in conclusione liberali-rappresentativi) m a non dai Giacobini, form ati – attraverso Ro usseau
– alla logica giuridica rom ana.
79

Esiste un “p ensiero p oliti co -giuridic o Lati no- Americano” ?. Carat teristiche e attualità del pens iero dem ocratic o:
federalismo vero con tro federa lis m o falso tra Europ a e Americ a

federalism o (quello f also, che coincide con il decentra m ento [in m isure, ovviam en-
te, variabil i]) e, dall’a ltra parte, produc e lis te interm inabili di fede ralism i 83 .
Perfettam ente nella l inea del ‘vero federarsi’ è il ferro di lancia giuridico della
“Grande Révolut ion”: la Costituzione ‘giaco bina’, approv ata il 24 giug no 1793 .
Robespierre, nel discorso noto come Sur la Constit ution à donner à la France (10
m aggio 1793), avev a raccom andato “Respectez s urtout la liberté du souverain dans
les assem blées prim aires”, cioè le assem blee dei cittadini. Marie-Jean Héraul t de
Séchelles, nella presentaz ione di tale Costituzion e alla Convenz ione (il 1 0 giugno
1793), av ev a sottolineato i l ruolo costi tuzionale de lle municipali tà, spe cialm ente
delle piccole m unicipalità, condannando, come reazionaria, l’idea della riduz ione
del loro num ero: «l’idée de retrancher des municipalit és n’a p u naîtr e que d ans la
tête des aristocrate s, d ’où elle est tombée dans la tête des m odérés» 84 . La Costitu-
zione stessa, infine, non si lim ita a “dichiarare” che « La souveraine té réside dans l e
peuple» ( Déclaration des droits , art. 25); essa, all’articolo 10, stabilisce in m aniera
netta e inequivocabile « I l delibère sur l es lois» (cfr . art. 19) e il ‘corps législatif’
(composto dei ‘dépu tés–représent ants’ riuniti nella ‘ assem blée nationale’) non p uò
decidere senz a il concorso della volontà dei Cittadini, cioè dei e nei Comuni. I l
Corpo legis lativo, e letto, p uò soltant o « proposer [il corsivo è mio] des lo is» (art.
53), quindi il “projet” viene « envoy é à toutes les communes de la Républiq ue» (art.
58) e se, in tale contesto, secondo le m odalità prescr itte dall’art. 59, « il y a récla-
m ation, l e corps législatif convoque les assemblées prim aires» (art. 60) per delibe-
rare sulla leg ge proposta. Infine, la stessa Costituzion e viene approv ata da tutte le
44.000 assem blee primarie dei Munic ipi fr ances i, con la sola eccezione di un Co-
m une di 120 abitanti 85 .
I n un saggio del 1931, Raym ond Ca rré de Malberg coglierà il profondo senso de -
m ocratico dell’o rdinam ento municipale fede rativo del la Costituzione ‘gia cobina’,
scrivendo: « l’idée de souv eraineté de la volon té générale a été ex ploité en v ue de
fonder la puissance souveraine du Parlement l ui-mêm e. Une telle contradi ction

83 Ese m plare il noto saggio D. E LAZAR , Exp loring Federalism , Tuscaloosa - Alabam a 198 7, vedi in
particolare i capp . “4. F ederal Ideas and Formes” e “6 . Centralizing and Decentralizing Trends in
Contemporary Federal S ystems” ( Idee e fo rme del federalismo , tr. it. di L.M. Bassani, Milano 1995);
cfr. A. P ACE , a cura di, Quale, dei tanti federalismi? , Padova 199 7.
84 “Rapport d e Hérault -Séchelles, a u no m du comité de s alut pub lic, sur le s econd pro jet de constitu-
tion (Séance du 10 juin 1793)” in A. A MIC et É. M ONTET , Orateurs politiques. T ribune française .
Choix d es discours et des rapports prononcés dans nos assemblées pa rlement aires , Tom e second,
Paris 1841, 351 ss., in part. 364.
85 Così P . G UICHONNET , Les mon ts en feu : la gu erre en Fa ucigny, 1793 , Annecy 1995, 286, il quale
cita il diplomatico francese a Ginevra, l’abate giacob ino Jean -Luis-Giraud Soulavie (il quale, nel
179 3, dona una copia d ella coev a Co stituzione france se al ‘ Grand Bailli du V alais’, Jak ob -V alent in
Sigristen): «A l'excepti on d ’une seule commune de 120 électeurs, cette constitution [ …] a été adoptée
par l’unanimité “des 4 4 m ille assemblées pri maires ” de to u te la République» . Peraltro, Albert Ma-
thiez ( La Révolution Française , Lyon, 1989 [1a ed. Paris 1922] p. 393) scrive: « Sou mise à u ne ratifi-
cation populaire, elle fut approuvée par 1.801.918 oui contre 17.610 non.»
80

Giovanni Lobrano
paraîtra difficilem ent acceptable à tout homm e qui n’e st pas résigné à se payer de
m ots. Comm ent admettre que, dans notre droi t public, les décisions émanées du
Parlem ent aient pu être pré sentées com m e des productions de la v o lonté populair e,
alors que la Constitut ion tient systématiquem ent les citoy ens à l ’écart de leur for-
m ation? I l n’y a eu, en Fr ance, qu’une seule Constit ution qui ait échappé à cette
contradiction. C’est celle d e 1793, qui, ne se conten tant pas de poser en principe ,
dans l 'article 4 de sa Déclaration des Droits, que “la l oi est l’expre ssion libre et
solennelle de la volonté générale ” , avait org anisé un régim e législatif dans lequel la
confection de la loi dépendait, en dern ier lieu, de son adoption par les a ssem blées
primaires comprenan t la totalité des citoyens. Sur ce point, les convention nels de
1793 ont eu, tout au moins, le m érite de mettre leur œuv re constitutionne lle en
accord logique av ec leurs principes. On ne saurait en dire autant des const ituants de
1789- 91.» 86

3 .
M UNICIPI E FEDERAZIONE :
IL FEDERALISMO V ERO
NEL PENSIERO POLITICO - GIURIDICO LATINO - AMERICANO DELLA I NDIPENDENZA

a . Francisco de Miranda: il ruolo costituzionale degli "Ayuntamien tos" e "Ca-
bildos"
Benché, f orse, non giunto a per fette t rattazion e teorica e traduzione istituzionale, il
ruolo dei Municipi in un ordinamento federativo da essi proced ente è fondamenta le
anche nel pensiero politico-g iuridi co d ella I ndipendenza del Nuov o Mondo, come
dimostrano esemplarm ente le propos i zioni dei prim i Padri della Indipend enza la-
tino-am ericana: il venez uelano Fr ancisco de M iranda e il p araguayano Jos é Gaspar
Rodríguez de Francia, entrambi certamente lettori e – agg iungo – almeno oggetti-
vam ente discepoli di Rouss eau.
Nel 1801 e nel 1808, Miranda produce due progetti di costituzione costruiti sul
nucleo organ izzativo offe rto dalle Città ( "Ayuntam ientos", "Cabildos" ).
Un precedente progetto, il pr imo in ordine di tempo (1798) , era ancora ispirato al
parlam entarismo. Nelle riflessione e pr oposta costituzionali di Miranda appare la
conoscenza e la considera zione dei due modelli costituzional i: i nglese e rom ano.
Tuttavia, se nel pri mo progetto di costituzione ne è tentata una com binazione ‘sin-

86 R. C ARRE D E M ALBERG , La Lo i, expression d e la volonté générale , ried. in fac-simile della ed .
1931, con “Préface” di G. B OU RDEAU , Paris 1984, 21 5; cfr. C h. D E BBASC H , J. - M. P ONTIER , Les
Constitutions d e la France 2 , P aris 1 989, 5 ss. e 41 ss. e G. L OBR ANO , “Dottrine della ‘in esistenza’
della costi tuzione e “modello” del diritto pubblico romano” loc. cit. (§ 2.b).
81

Esiste un “p ensiero p oliti co -giuridic o Lati no- Americano” ?. Carat teristiche e attualità del pens iero dem ocratic o:
federalismo vero con tro federa lis m o falso tra Europ a e Americ a

cretica’ (cfr., supra , i l § 1.b. γ ), il modello inglese è poi abbandona to nei due pro-
getti succe ssivi e ci ò che sca ccia e sost ituisce il m odello inglese è proprio
l’elemento m unicipale 87 .

b . José Gaspar Rod rigu ez de Franc ia: il “pl an de co nfederac i ό n”
Nel 1810, il ‘Pad re del la Repubblic a del Parag uay’, Francia 88 , sindaco de lla Città d i
Asunción, sosti ene la tesi della cadu cità del pot ere m onarchico spagnolo e il ritorno
al popolo – c he si esprime nel ‘Ca bildo’ – della sua sov ranità orig inale e s em pre
imm anente; nel 1811, di ve nuto m em bro del Governo del l a nuova Rep ubblica i nd i-
pendente del Parag uay, con una fam osa “nota” (da legg ere assieme al “Reglam ento
de gobierno” del 1813), il ‘Doctor Francia’ pr opone u n complesso sistem a “confe-
derale” totalmente dif ferente (per i suoi antecedenti nella seconda Scolastica) del
federalism o nord – american o il cui primo liv ello è costituito da “ repubblich e - po-
poli - città” e il s econdo l iv ello da “nazioni - prov ince” e anch e del q uale si è os-
servato ess ere fondato nella Second a Scolas tica e Suár ez .
La dottrina e la azione ‘costituzion ali’ d el Doc tor Fra ncia risul tano cos ì (com e le
proposte dei “diputados americanos” a Cadi ce) una combinazione ( certam ente di
non facile interpret azione m a alt rettan to certamente n on bizzarra né disom ogenea) i
cui contenu ti sono: sovran ità del popolo nonché (in un sistema a cerchi concen tri-
ci) de i popol i o “province”; fondata su l patto sociale e rea lizz ata mediante l a f ede -

87 Un precedente progetto, il primo in ordin e di tempo (1798), era ancora ispirato al parlam entarismo.
Nelle rif lessione e proposta costituzionali d i Miranda ap pare la conoscenza e la considerazione de i
due modelli co stituzionali: inglese e ro mano. Tuttavia, se nel pr imo p rogetto di costituzione ne è
tentata una com binazione ‘sincretica’, il m odello inglese è p oi abbandonato nei d ue progett i
successiv i e ciò che scaccia e sostituisce il modello inglese è proprio l’eleme nto m unicipale. V edi L.
P ARENTI - P aola Mariani B IAGINI , a cura di, I progetti costituzionali di Francisco de Miranda (1798 -
1808) Testi e ind ex verborum , Rome 199 8; cf. M. B ATLLORI S. J. e P . C AT ALANO , “Acerca de lo s
proyectos constitucionales d el general Miranda: conceptos jurídicos romanos y re alid ad americana”,
comunicazione presentata al III Congreso Latinoamericano de Derec ho Ro mano , Bogotá 1981.
88 Sul m odello costituzionale ro m ano -rousseauiano adottato da Francia, vedi P. C A TALANO , Mod elo
institucional romano e Independencia: República del P araguay. 1813 -1870 , Asunción 1986 ; cfr. il n.
1 dell’ Anuario dell’‘Instituto de Investig aciones Históricas’ del Parag uay, Asunción 1 979, d e dicato a
Dr. José Gaspar Rodriguez d e Francia ; il n. V /I dei Rendiconti delle Ricerche giurid iche e politiche
del P rogetto Italia – Am erica La tin a d el CNR su Pensiero e a zione del Dr. Fr ancia. Aspetti di d iritto
pubblico , I, Sassari 1991 (ivi: la “Nota introduttiva” di P . C ATALANO e G. R ECC HIA e l’articolo di
M.S. A L ’ PE ROVIČ , “Influencia d e los institutos de Roma antigu a sobre la estructura del Estado d el
Paraguay” ). P er l’esame de gli scritti di Francia, vedi, invece, la raccolta a cura di A. V IO LA , Carta s y
decretos d el dictador Francia , edit a d alla Universidad Católica di Asunción e giunta (per qu anto m i
consta) al tomo IV, Asunción 1991.
82

Giovanni Lobrano
razione; in base al "pe nsam iento escolástico”, al “derecho de I ndias” e al “dogm a
roussoniano” 89 .

c . Sim όn Bolívar: “del bienesta r de las ciudad es y de l as aldeas se forma la feli-
cidad del E stado”
La stessa logica ritrov iamo nella superiore sintesi del pensiero cost ituzionale della
I ndipendenza l atino- americana: il pensiero d el L ibe rtador, pure egli lettore e d isc e-
polo di Rouss eau. E ’ noto che, nel pr opr io testamento ( San ta Marta, 10/12 /1830),
Bolívar lascia a lla Università del Venez uela la sua copia de l Contrat so cial , appar-
tenuta (si not i) a Napo leone 90 .
C’è chi considera il fa re della Am erica i spanica una “r epública de repúblicas” un o
dei “verdade ros p royectos” del Li bertador Simón Bolív ar 91 . Bolívar, già i l 6 set-
tembre 1815, con l a Carta de Jamaica , l ancia il pro getto di una confederaz ione
delle « repúblicas, reinos e imperios» di «una sola naci ón» americana; in una lettera
del 12 giugno 1818 auspica che « nuestra divisa sea Unidad en la América Meridio-
nal» ; il 7 di cembre 1824, nella lettera di convocaz ione al Congresso di Panama,
sviluppando le i dee precon izzate fino ad allora e, ripr endendo sing oli accordi già
sottoscritti (in particolare nel 1822), propone da Lim a ( nel Perú) a « l os Gobiernos
de Colom bia, México, Río de la Plata, Chile y Guatemala» i l trattato «de unión,

89 Su cui vedi V. F R ANKL , “El jusnatu ralism o to mista de fray Francisco de V itoria como fuente del
plan de confederación hisp anoamerica na del dr. José Gaspar de F rancia” in Revista de h istoria d e
América (dell’Instituto P anam ericano de geograf ía e h istoria, México) n. 3 7 -38 En e. Dic. 1954, 162
ss. Co me abb iamo d etto (§ 1.a.β.β’) la tesi della influenza to mistica -scolastica, attraverso Francisco
de V itoria e (e sopra tutti) Fran cisc o Suárez, sul p ensiero po litico -giuridico della Indipendenza era
stata già f o rmulata da G . F UR LONG S.J., Nacimiento y des a rrollo de la fi losofía en el R ío de l a Plata
1536-1810 , cit. Anche Frankl, com e Furlong, contrappone la dottrina della Seconda Scolastica a
quella d i R ousseau (« fue e l f iló sofo e spañol y n o el filósofo francés qu ien dio a los hombres de 1810
la llave de oro que habría de abrirles las puertas de la libertad » , F urlong, op .cit . 607).
90 Il paragrafo 7 del testa me nto d i Bolívar recita: «Es mi volun tad: que las dos o bras que me regalό mi
amigo el Sr. Gral. Wilson, y qu e pertenecieron antes a la b iblioteca de Napoleó n tituladas "El Contra-
to So cial" de Ru seau y "El Arte M ilitar" d e Montecuculi, se entreguen a la Universidad d e Caracas.»
Gli altri du e ‘beni’, di cui Bolívar dispone nel proprio test amento, sono «la medalla que me pres entó
el Co ngreso de Bolívia a nombre de aquel p ueblo» (para grafo 6 ) e « la espada qu e me regaló el Gran
Mariscal de Ayacucho» (paragrafo 11).
91 E. R OM ERO F ERN ÁNDE Z , “ Presentación d e avance de los resultados de la in vestigació n. P royecto de
investigación: Valores de la posibilidad real d e la integración latinoamericana” nel sito ‘in ternet ’
www.convenioandresbello.org : « Entre las o pciones d e in tegración q ue [ Simón Bolívar] contempló
fue la creación d e u n Estado Supra-Nacional general constituido por u na Nación - de -naciones o Repú-
blica- de - repúblicas qu e formaba parte de sus “verdaderos pro ye ctos” » [cita d e S. Bolívar, “Con testa-
ción d e un am ericano meridio nal a u n caballero d e esta Isla”, Kingsto n, 6 d e septi em bre de 1 815”].
Edgardo Romero Fernández (Maestría in “P ensam iento y valores integracionistas latinoamericanos:
Historia y crítica”. Universidad Central Marta Abreu de las Vil las [ Cuba], con la collaborazione del
Instituto de Relaciones Internacionales de Cuba, Raúl Roa) è il coordinatore delle Cátedras Andrés
Bello del CAB - Convenio Andrés Bello.
83

Esiste un “p ensiero p oliti co -giuridic o Lati no- Americano” ?. Carat teristiche e attualità del pens iero dem ocratic o:
federalismo vero con tro federa lis m o falso tra Europ a e Americ a

liga y confederación perpetua» , che sarà approv ato – sia pure soltanto com e auspi-
cio – dal Cong resso, r iunitosi a P ánam a tra il 22 giug no e il 15 lug lio 1826.
Nello stess o anno (25 maggio 1826) Bolívar, nel Dis curso al Congreso const itu-
yente de B olivia , cioè proprio dove egli più chiaramente adotta il modello giuri-
dico romano antico , racco manda: «Ten ed presen te, Legislado res, que las Naci o-
nes se componen de las ciudades y de las aldeas; y que del bi enes tar de éstas se
forma la felicidad del Estado» 92 . E’ una affermaz ione che richiama da presso
quella (già cita ta) di Robespier re ( “R espectez sur tout la liberté du souver ain dan s
les assemb lées primaires” ) e che anticipa altrettan to da presso quelle del profes-
sore di Diri tto romano, Pa dre cost ituente del la Repu bblica ita liana, Sind aco de lla
Città di Firenze e Presidente della Féd ération Mondiale de V illes Jumelées
(FMVJ) 93 : Giorgio La P ira (i “discorsi” : Valeur des v illes [Ginevra 19 54], Unire
le cit tà per unire le nazio ni [Parigi 1967], F ar con verger e l e città p er f are con-
vergere le nazioni [Lening rado 1970], Sanare le città per sanar e l e nazioni [To-
rino 1971]).
E’ una prospe ttiva in linea con qu ella de ll’Impero come “ consocia tio ” d i
Repubblicche a base citta dina, teorizzata dal ‘romanis ta’ Johannes Althusius 94 ;
non con quella dello Stato di Stati, realizzato dai costituenti nord -am ericani nel
1787, su sugg erimento dei “federalis ti” Ham ilton, Jay , Madison.

d . José Mar tí: per mezz o dei Mun icipi “se salvan d e sí propio s los pue blos”
Del padre della Indipendenz a del la Repúbl ica de Cuba, José Martí, mi limito a
citare uno scritto del 1891: «D e España le vinieron a México sus institucion es co-

92 Sul pensiero costituzion ale di Bolívar, vedi A. S COC OZZA , “Le id ee costituzionali d i Simón Bolí-
var” estr. da Atti dell’Accad emia di scienze Morali e Politiche , n. 89 1978, 1 s s.; P. C ATALANO , Tri -
bunato, censura, dictadura: con ce ptos constitucionales bo livarian os y co ntinu idad en America , Mé-
rida s.a. (1978) e in Quaderni Latinoamericani , n.7 1981 [ = Rivoluzione bo livariana. Istituzioni –
lessico – id eologia ] 1 ss.; L. Z EA , “Im perio roma no e imperio español en el p ensam iento de Bolívar”
ibidem , 13 ss.; A A .V V ., Pensamento constitucional d e S imón Bolívar [ Simposio italo – colombiano ,
Bogotá julio 1981] Bogotá 1983; E. Rozo Acuña, Bolívar. Pensamento constitucional , Bogotá 1983;
Léxico constitucional bolivariano , di Anna Maria B ARTOLETTI C OLOMBO , L. B RUSUAL A FONSO , L.
Z ELKOVIC H P ERER A , con “P refazione” di P. C ATALANO , a cura di ASSLA - Associaz ione di Studi
Sociali Latino-Am ericani e di S ociedad Bolivariana d e Venezuela, 3 voll. Napo li 1983, pp. 1024 +
293.
Circa la ‘eco ro bespierriana’, vedi, supra , § 2.5, la citazione del discorso Sur la Constitution , a
proposito delle “assem blées pri maires”.
93 Che alla fine d egli ann i Ottanta diventerà la Fédération Mondiale des Cités Unies - FM CU e nel
2004 (fond endosi con la International Un ion of Local Autho rities - IULA e con Metrop olis - associa-
zione mondiale dei Sindaci d elle Città Metropolitane) diventerà la associazion e mondiale Cités et
Gouverneme nts Locaux Unis - CGLU .
94 Althusiu s è autore (oltre ch e della più nota P olítica m ethodice digesta, 3° ed. 1614) dei
Jurisprudentiae Romanae libri duo, 1586.
84

Giovanni Lobrano
loniales: y de Rom a le vinieron a España las suy as: sólo que, com o Blackmar dice
sagazm ente, Rom a respetó la constitución del país donde la hal l aba, y no envió la
suya sino donde no la había aborigen; […] pers istente en América, a pesar de la
rebelión sor da y secular y s alvadora del indio, la ley rom ana que persistió en Espa -
ña, a pesar de godos y de moros, y triunfó al fin de el los. El municipio es l o más
tenaz de la civilización romana, y lo más humano de l a España colonial. El munici-
pio de San Jos é de los Ángeles, el m uni cipio típico, de diez mil acres arables repar-
tidos en suertes de a doscientas varas, “¿ qué es má s que el m uni cip i o de Rom a, con
sus decu r iones y sus duunv i ros?” Allá en Bu enos Aires, cu ando San Mart í n ¿no se
llamaban decuriones los r eg idor es? allá en Cuyo m a gnífica, donde San Martín pen-
só en pasar los Andes, y organiz ó el paso San Martín, allá en su Cuy o, hi zo lo que
los rom anos : no tocó a las i nstitucione s nativas, obtuvo todo lo que pedía, no sólo
porque era j usto, sino porque lo pedía por las autorid ade s propias del país, y con-
forme a l as instituc i ones y nom br es del país. Sobre los indios puso Espa ña a Roma:
por eso anda así la Am érica. Pero del municip i o no se ha de decir m al, porque por
un m uni cipio, por el de Mó steles, volvió España a la fuerza y decoro que depuso de
siglos a t rás, y por los m unicipios, en las más de las coloni as , entró en l a libe r t ad la
América. Esa es la raíz y esa es l a sal, de la libertad: el m uni cipio. Él templa y ejer-
cita los caracteres, él habitúa al hom bre al estudio de la cosa pública, y a la partici-
pación en ella, y a aquel empleo di ario de l a auto ridad por dónde se aquil ata el
temple indiv idual, y se salvan de s í propios los p ueblos. » 95
Martí scrive questo elog i o del Municipio rom ano quasi neg l i stessi anni in cu i
Theodor Mom msen lo definisc e “das Fund ament unserer Civ i lisation” 96 .

95 J. M ARTÍ , “Un libro d el Norte sobre las Instit uciones Españolas en los Estados q ue fueron de Méxi-
co” in El Partido Liberal , Méxi co 25 – 11 – 1891, ora in I D . Obras completa s , Ed itorial d e Ciencias
Sociales, La Habana 1975, t . 7 N u estra América , p. 59 (recensión d el ensay o S panish Institutions of
the Southwest di F.W. Blackmar).
96 Th. M OM MSEN , Römisches S taatsrecht , Graz 1952 [r.a. 3 a ed. Leipzig 1887] III.1., 773 : « Wie die
Republik in notwendiger Consequenz endigt mit V erwandlung des italienischen Städtebundes in die
Roma communis patria , so endigt der P rincipat damit die Provinzialg e meinden alle erst zu städtischen
Gestaltung zu fuhren und d ann gleichf alls in Bürgerstädte umzuwandeln. Das Ergebniss dieser
Entwickelung, wiedergelegt wie es ist in römischen Rechtsbrü chen, h at insbeso nd ere durch diese
mächtige und zum Theile segensreich auf diejenige Entwickelung v o n Staat und Gemeinde
eingewirkt, welche d as F undam en t unserer Civilisation ist» ; cfr. 781: « Seitde m [ dopo il bellum
sociale ] ist die röm ische Bürgerschaft rechtlich vielme h r die Conföderation der säm tl ichen
Bürgergemeinden».
Ancora qualche anno prima Numa Denis Fustel de Coulanges aveva sc rit to: « ce régime municipal que
les Romains avaient établi chez nou s [ …] a subsisté à travers tout le moyen âge, avec le même carac -
tère et avec les m ê mes p rocédés, p resque les mêmes magistratures, le même mode d ’élection qui était
en usage ch ez les Romains » ( Leçon s à l’Impératrice sur les o rigines de la civilisati o n française ,
1869-70, publiées par Pierre Fabre, Paris - Hac h ette, 1930, 40).
85

Esiste un “p ensiero p oliti co -giuridic o Lati no- Americano” ?. Carat teristiche e attualità del pens iero dem ocratic o:
federalismo vero con tro federa lis m o falso tra Europ a e Americ a

Qualche conclusione attu ale : l’apprezz ament o da part e dei Popoli amer ican i
indigeni e le potenziali tà pe r rispondere a lla domand a m ondiale di democ razia
Nei secoli XI X e XX, lo Stato liberale (la combinaz ione di Stato persona g iuridic a
astratta e di S tato apparato rappresentativ o) im postosi in Europ a con la sc onfitta di
Napoleone nella sua «dernière bataille de la Terreur révolut ionnaire contre la so-
ciété bou rgeois e» 97 si im pone anche in Am erica La tina, ove v i col pisce la autono-
m ia Muni cipale, trasform ando i Municipi della “Colonia” da “Repubbliche”, qual i
erano, in sem plici appendi ci del potere cent rale. Si tratt a, come abbiam o v isto,
della applicazion e dello sc hem a “costituzionale inglese”, oram ai multi - secolare in
Europa e recentem ente applicato, con alcune innovaz ioni, nella Am erica anglosas-
sone del No rd.
Nella Am erica Latina, però, vi è – t ra gli altri – un elemento di straordina ria rile-
vanz a e significazione: è la adozione – fino ad una sorta di i dent ificazione – del
sistema municipale da par te dei Popoli americani indig eni. Essi e i l oro Municipi
(le Repúb licas de I ndios) sono, pertant o, colp iti con una particolare durezza dalla
normalizz azione stat alista liberale dell’800 e del 900 98 m a es si e i loro Municipi
sono anche i sogg etti e i luo g hi/istituzioni di una p artic olare res istenza.

97 Napoleone viene conclusiva mente sconfitto a Waterloo il 18 giugno 1815, me ntre si sta
concludendo il Congresso di V ienna ( 1 n ovem bre 1814 - 9 giugno 1815). Napoleone è definito da
Karl Marx « la dernière b ataille de la Terreur révolu tionnaire contre la société bourgeoise, également
proclamée par la Révolution, et contre sa politique» (K. Marx et F . En gels, La S ainte Famille. Ou
Critique d e la critique critiqu e contre Bruno Bauer e t cons orts , 1845, Ch a p. V I " La Critiqu e critique
absolue", ou la Critique critique personnifiée par M. Bruno, III. Troisiè me campagne d e la critique
absolue (p ar Karl Marx), c. Bataille critiq ue contre la Révolu tion française) ed era stato definito "Ro-
bespierre à cheval” da Germaine de Staël (vedi, É.L. L AMOT HE -L ANGON [baron de], Mémoires et
souvenirs d'une femme de qua lité, sur le Consula t et l’Empire , Tome pre mier, Paris 18 30, 370 e F. - Z.
C OLLOMBE T , Chateaubriand sa v ie et ses écrits , Lyons 1851, 240 s., il quale [nt.1] rinvia al giornale
dell’epoca, Journal des Dèbats , 5 e 9 aprile 1814).
98 Così: E. C RUZ [presidente municipal de Zaragoza, V eracruz] - A. O CEGUEDA C RUZ [d el Centro de
servicios m unicip ales de la misma Ciudad], “El artículo 1 15 con stitucional y lo s d erechos in dígenas”,
ponencia al Foro “Estudios d e la Co nstitución p olítica de los Estados Unido s mexicanos”, ver Ga ceta
Parlamentaria , año II, número 27 6, m ar tes 1 d e ju nio de 1999 (“Informe de la Co misión d e estud ios
legislativos sobre el Fo ro ‘Estudios de la Constit ución política d e los Estados Unidos mexicanos’”)
que agregan «Con la invasión euro pea y la llegada del imperio, Maximiliano enarbolará una políti ca
indigenista a diferencia de lo s liberales me xicanos. A d iferencia del periodo inmediato d e indepen-
dencia, los levanta m ientos indígenas de estos años fueron raros y los qu e estallaron asumieron un
contenido p roimperialista» ; c f. J. L. S ALAS V E LAZQUEZ , “Juntas a uxiliares, ‘el gobiern o de lo s pue-
blos’”, ibidem : «Las in stitucion es que concretizan el Gobierno d e los P ueblos, son las deno m inadas
Juntas Auxiliares o Municipales, ve rdaderos órganos y administrativos y político s , que subsisten hasta
nuestros días. Estas Iun tas Municipales o A uxiliares, [...] surgieron durante la colonia [...] En la actua-
lidad se presenta a debate, si e stas Jun tas Auxiliares so n una o rganización política , si tienen persona -
lidad jurídica y p atrimonio p ropio y e n su m a, contradicen el espiritu d el artículo 115 Constituciona l,
que define al Municipio como la base de su división territorial y d e su organización política y admi-
86

Giovanni Lobrano
Ogg i, quando si riconosce che « el gran reto del siglo XXI para l os Estados lati-
noamericanos es incorporar en sus constituciones los derechos colectivos indíge-
nas» 99 , pare que l a soluzione sia in gran m isura alle nostre spalle: « La via munici-
pal, que en su inicio significó para los indíg enas mexicanos una violenta
imposición, ahora puede sig nificar la realizac ión de s u aut onomía como pueblos ,
que serán rec onocidos com o par te del E stado y la Nac ión m exicana» 100 .
La rich iesta del la istituzione municipale (in quant o la istituzione della partecip a-
zione dem ocratica) non v iene so ltanto da cu lture tradiz ionali.

nistrativa. [. .. ] Lo municipios indianos con stituy eron organismos colegiados o corporativos, que
gobernaban las pob laciones tanto de españoles como de indios, y qu e se regían por sus correspondien-
tes o rdenanzas dadas po r ellos mismos, au nque aprobadas por el rey, sus delegados o las autorid ades
superiores de gobierno. [ etc. etc .]»
99 V. C AB EDO M ALLOL , “Co nstitucionalismo y derecho in dígena en América Latina”, pon encia al
Encuentro de Romanistas del M ercosur. Curso d e actualizacion en d erecho romano. Asunción -
Encarnación-Trinidad, 17-22 de septiem bre de 20 07 – Encarnación, viernes 21 de setiembre, Pontifi-
cia Universidad Católica N.S. de la Asunción, M esa redonda “Uni versa lismo iurídico contra globali-
zación. Las costum bres co m o fuente d el derecho”.
100 E. CRUZ - A . OCEGUEDA CR UZ, cit. Si vedano inoltre: M. C RUZ MA RTÍNEZ , La o tra voz :
el derecho indígena mexicano c omo nuevo modelo d e organizac ión política y sistema jurídico en
América La tina , Roma 200 7 [Tesis doctoral en “Sistem a giuridico romanistico e unificaz ione del
diritto – Facoltà di Giurisprudenza – Dipartim ento di S toria e teori a del diritto – Università d i Roma
II “T or Verga ta”] 407 ss . (a pr oposito della riforma dell’art. 11 5 della Costituzione federale m essica-
na) e Margarita C ARBÓ , “De la república de indios a la corporación civil. V ivir bajo permanente
amenaza” en Scripta No va. Revista electrónica de Geografía y C iencias sociales , Universidad de
Barcelona, Vol. X, núm . 218 (73), 1 d e agosto de 2006, la quale osserva essere stati soprattutto i
“liberales mexicanos” a “despoja r de prácticamente tod os sus b ienes patrimoniales” la “u nidad eco-
nómica y social de carácter comunal ll amada república de ind ios” ma che la lo ro in tenzione « de
propiciar y facilitar el acc eso a una finca, una h uerta o u n rancho a innumerables pequeños propieta-
rios que se convertirían por esa vía en lo s protagonistas de una pro ductiva revolució n e co nómica
agrícola tip o farmer , fue [ …] un rotundo fracaso. En lugar d e repartirse p ara h acer la felicidad y la
tranquilidad de muchos, la tierr a se con centró cada má s y las relacio nes laborales de los latif undistas
se endurecieron en lugar de m ejorar. La d esamortización no condujo a la conversión de los comune-
ros en pequ eños p ropietarios privados sin o si no a su transformación en jo rnaleros o peones en sus
propias tierras, ahora en manos de los hacendados.» Cosicché, coloro i quali realm ente “representaban
el futuro ” risultano oggi essere i ‘criollos i quali “año raban la época colonial” e gli ‘indios’ i quali
“defe ndían sus desechos y aspiracion es con argumentos d el siglo XVI”. P er comprendere meglio
queste tesi, vedi ora Maria Elizabeth LÓ P EZ LEDESMA, Adriana LÓ P EZ LEDESMA, A . SÁN-
CHEZ LÓPEZ, “Acciones colectivas y ad ministración de justicia para el ejercicio d e la de mocra cia
de lo s p ueblos indígenas en México y en Latinoamérica” in V . Torre delgadillo y Laura Patricia Mur-
guía Goebel, coordin adores, La Accio ne Colectivas y la defensa de los derechos e in tereses colecti-
vos, difusos e individuales homogéneos en M exico en una perspectiva glob al, Cuauhtém oc 06 020
Ciudad d e México DF, 2014, 57 ss. § III “Instituciones d em ocráticas ro manas en Castilla e indian as ”;
F. ESPITIA GARZΌN , …
Cfr. G. L OBR ANO , “Continuidad entre las ‘dos repúblicas’ del Dere cho indiano y el ‘siste ma repu bli-
cano m unicip al’ del Derecho ro mano. Formulación esquemátic a de una hipótesis de trabajo” in Roma
e America. Diritto romano comune , 24 /2007, 17 ss.
87

Esiste un “p ensiero p oliti co -giuridic o Lati no- Americano” ?. Carat teristiche e attualità del pens iero dem ocratic o:
federalismo vero con tro federa lis m o falso tra Europ a e Americ a

I segmenti più ‘avanzat i’ della scienz a econom ica m ondiale, già da alcuni anni,
hanno individu ato una ragione importante – se non la pri ncip ale – del la crisi socio-
economica nel deficit di dem ocraz ia e, quindi, un suo ri m edio importante – se no n
il princi pale – nell’increm ent o della democrazi a. Rinvio alle dottr ine dei Nobel per
la Econ om ia, Am artya Sen (1999) 101 e J oseph Stiglitz (2012) 102 . La complessiva
analisi di Econom isti (tra lor o m olto diversi) come Sen e S tiglitz ha i connotat i
della ovv ietà: l a concentrazione del potere produce la concentrazione della ricchez-
za nelle mani d i quegli st es si che deteng ono il potere e l a concentrazione del la ri c-
chezz a prima distorce e qui ndi para lizza il proc esso econom ico virtuoso. A scanso
di equiv oci, nel 1994, un’altra voce auto revole de l la Sci enza economica, Robe rt
David Putnam, già aveva indi vidu ato i punti di fo rza, per lo sviluppo socio -
economico delle organizz azioni collettiv e, nei – t ra l oro connessi – “capitale socia-
le” e “tradiz ione civic a” 103 .
La Scienz a giuridica conve rg e in m aniera rilevante sulla analisi della Scienza eco-
nom ica. Si pens i a t utta l’am pia riflessione sulla “crisi dello Stato” 104 . Tuttavia, il
risultato sog g ettivam ente m assimo (e ogg ettivamente non disprezz abile) che essa
riesce ad atting ere, è: riconosce rsi impotente a f orn ire il rimedio ovv ero la soluzio-
ne r ichiesto/a. La situazione di stallo conseguente è stata defin ita come “bl oca-
ge” 105 .

101 Amartya S EN (P rem io Nob el per l’econo mia, 19 98) Development as Freedom , Oxford 1999, in
particolare § 6 “The Im portance of Dem ocracy”.
102 Joseph E. S TIGLITZ (Nobel Memorial Prize in Economic Sciences, 2001 ) The p rice o f inequa lity:
how today's divided society endangers our future , New York 2012.
La t esi di Stiglitz è, o ra, corroborata dai calcoli d i Thomas Piketty, Le Capital au XXIe siècle , P aris
2013.
103 R. D. P UTNAM with R. L EONARDI and Raf faella Y. N ANE TTI , Making Democracy Work: Civic
Traditions in Modern Italy , Princeton 1 993: in part. §§. 6 “So cial Capital and Institutional S uccess” e
12 “Traditions o f Civic Involvement”; I D ., “ Bowling Alone: America's Declining So cial Capital ” in
Journal of Democracy , 19 95; I D ., Bo wling Alon e: The Collapse and Revival of American Community ,
2000; I D . , a cura di, Democracies in Flux: The Evo lution of So cial Ca pital in Co ntemporary Society ,
Oxford 2002; I D ., “ E P luribus Unum: Divers ity and Commu nity in t he Twenty -First Centur y ”
in Scandinavian Political Studies , vol. 30 - N o 2, 2007, 137-173.
Cfr. A. B EV ORT , “Performances institutionnelles et traditions civi ques en I talie. En relisant Robert
Putnam” in Revue fra ncaise de science politique , Année 1997 , Vol . 47 n. 2, 234-247 ; Clementin a
D ELLA P E PA e L. I ACCARINO , “Cap itale sociale: Putnam e i suoi critici”, combinazione, pubblicata in
www .capitalesociale.org , di d ue saggi, pubblicati, in orig ine separatamente, dai rispetti vi autori,
sulla rivista Il tetto , nel 2006 .
104 G . L OBR ANO , “Dottrin e della ‘inesistenza’ della Costituzione e ‘ modello’ d el diritto pubblico
romano” in L. L ABRUNA , diret to da, Maria P ia B A CCARI e C. C ASCIONE , a cura di, Tr adizione
romanistica e Costitu zione [p er i 5 0 an ni d ella Corte co stituzionale] Tomo pri mo, Napoli 2006, § 1
“Dottrina della ‘crisi dello Stato’” (pp. 325 ss.)
105 E’ stato osservato che «La ph ilosophie poli tique récente n’est pas restée prison nière de cette ap-
proche ‘représentative’ de la d émocratie. [ ...] L’idée émerge, tant dans les transforma tions qui aff ec-
tent la réalité de nos sociétés q ue d ans la pensée p olitique de la dém ocratie, d ’un néces-
saire renforcement des formes de participatio n des citoyens à l' exercice du pou voir. Mais le ter me
88

Giovanni Lobrano
Anche da questo punto di vista, è im portante, se non addirittu ra decisivo, ricordar e
(cioè, operativ amente: interpre tare e ri - proporre) il pensiero politico-giuridico d e-
m ocrati co , cioè municipal e federativ o, di “modello” rom ano, ri - proposto da Suá-
rez, A lthusius, Ro usseau e i Giacobini e ri-lanciato dagli Auto ri de lla I ndipendenz a
latino-am ericana m a av versato da Hobbes, Mon tesquieu, ‘Fede ralists’ e Girondin i
e, per u ltim o ma non in fine, programm aticamente d im enticato dalla s cienza giuri-
dica borghese contem poranea.
I n questa impresa, la in terpretaz ione non equiv ocata dei s istemi fed erali è cent rale.

reste souvent vague. De plu s, m ême là où l’analy se se fait plu s fine, l’exigence qu e ce terme dénote
reste plus de l’ordre de la boîte noire que d’une opération th é oriquem ent con struite. Ce défaut de
construction théorique ex plique ce que nous i dentifions c omme un blocag e.» (J. L ENOBLE et M.
M AESSCHALK , L’a ction des normes. Éléments pour une théorie de la gouvernance , Sherbrooke 2009,
xxvii (ve rsione francese, con una nuo v a introduzione e una pref azione, dell’originale inglese Towards
a Th eory of governance, The Action of Norms , The Hague-London-Ne w York 200 3; cfr., quindi, I D .,
Democracy, Law and Governance , P a dstow 2010).
89

I Congreso Internacional América-Europ a, Europa-América.
Los textos e im ágenes publicados en esta obra est án sujetos –exc epto que se indique lo cont rario– a una
licencia de Reconocim iento-NoCom ercial-Si nObraDeriva da (BY-N C -ND). Podé is copiar los, di stribuir los y transmitirl os públ ica-
mente siem pre que citéis el autor y la fuen te (Univer sitat Pol itècnic a de Valènc ia).
I Congreso Internacional Améric a-Europa, Europa-América ( 2015)

El reconocimiento histórico-cult ural de los pueblos indígenas
americanos como condición y fund amento de los Estado s naciona -
les democráticos en América
Julio Samuel Badenes Almenara a
a

Doctor en Filoso fía del Derecho, M oral y Políti ca por la Univ ersidad de Valencia. Investigador del
patrimonio histórico y Cronista de El Puig de Santa María. ju-bal_ [email protected] .
Resumen
La consecució n de Estados nacionales autént icamente democrát icos en His-
pano-amé rica está condici onada por el reconocimi ento hi stórico-cult ural de
los puebl os indíge nas como parte fun damental de las de mocracias mul ticul -
turales americanas. Para justificar esta tesis hemos rastreado hermenéuti-
camente los orígenes históricos de los p ueblos indígenas y analizado lo que
supuso la llegada de los europeos a América y su posterior evolución
históri ca conjunta (indígenas y europeos). Y, finalmente, hemos mostrado
que un presente democrático y su proyección social y política será
imposible sin el reconocimiento de todos aquellos ingredientes histórico-
multiculturales que al unirse, por la voluntad de ambos grupos (indígenas
y euroamericanos), harán posible auténticos Estados nacionales
democráticos.
Palabras cl ave: multiculturalid ad, indígen as, euroamerica nos.
Abstract
The achieveme nt of genuine democratic nati onal States is conditioned by the
historic al and cultural reco gniti on of indi genous peoples as a fundame ntal
part of the American mu lticultural democracies. To justify this thesis we have
traced the hist orical ori gins of i ndigenous and we have a nalyzed wh at meant
the arrival of Eur opeans in America an d its subse quent h istorical evol ution
together (Europea ns and i ndigenous) . And, fi nally, we have show n that a
democratic presen t and its social and politica l projection in the future will be
impossible withou t the recognitio n of all tho se historical and mu lticultural
ingred ients, that united b y the will of both groups (in digenous peop les and
Euro Americ ans) will enable g enuine dem ocratic n ation St ates.
Keywords: multicultu ralism, indigenous, Euro -American.
90

El reconocimiento histórico-cultural de los puebl os indígenas americanos como condición y funda-
mento de los Estados nacionales democráticos en América

Introducción
Si deseamos cum plir el obj etivo que pret ende este I Congreso internacional Am érica-
Europa, Eu ropa-Am érica, ent onces, creo que tenem os la misi ón de expres arnos de la m ane-
ra más clara y diáfana posible a la hora de pl antear y articul ar nuest ras intervenciones. Pues
su com etido es “q ue nos ayude n a com prender las relaci ones y la multicul turalidad e ntre
estos dos conte nientes”.
El pueblo am ericano nu nca podrá ser enten dido a no ser que sea conce bido c omo una reali-
dad histó rica que , irreme diablem ente, hay que defini r com o vital. Y, como ta l, tuvo su
gestación, su nacimi ento y su evolución cultura l ha sta nuest ro presente. Cosificar, paralizar
una realida d com o la am ericana y, pa rtiendo de ello, dividirla entre los verdaderos am erica-
nos y los i nautént icos am ericanos es un m aniq ueísmo hist órico que, simplem ente, ay uda a
tergiversar la realidad y a i mpedir el verd adero entendimiento entr e am ericanos, y entre
ameri canos y e uropeos.
Pues, ¿acaso, los hum anos asiáticos que cruzaron el estrecho de Bering, que une a las costas
de Alaska con las de Asia a través de las is la s Aleutianas, tenían m ás “derecho” que Colón
y los navega ntes que le ac ompañaba n, a adent rarse y habit ar las tierras a mericanas ? Eviden-
tement e no. Am bos grupos hum anos pro venían de un conti nente diferente al ameri cano
(Asía y Europa, r espectivamente) y ambos, por tan to, no eran oriundo s. Por ello, unos y
otros tenían , por una parte, el mismo “derech o” y, por otra, la posibilidad de explorar y
aventurarse hacia esas nuevas tierras am erican as qu e desc onocían y ni siquie ra sabían que
existían.
Claramente, la diferencia está en que el grupo prehistóric o asiático se adentra y “descubre”
estos nuevos ter ritorios, nun ca pisado s por el hombre, unos 39.500 añ os antes que los eu ro-
peos. Y, durante este tiempo, serán capaces de pasar de la Pre historia a la Historia, creando
múltiples culturas am ericanas. Sin duda, este es el momento just o en el que la virgi nal
Améri ca sufrió sus prim eros dolores de parto y enge ndró un ser hi stórico- vital, que co-
menzó a crecer. Por tanto, sin lugar a duda s, aquí em pieza la Historia americana, con las
culturas p recolom binas, per o, evidente ment e, aquí no t ermina.
Unos m ilenios m ás tarde, Col ón y un grupo de españoles, s in ning ún tipo de concienc ia del
lugar al que habían llega do, Am érica, van a h acer posible la llegada de un nuevo contingen-
te hum ano procedente de Euro pa que, j unto a l os pobla dores am ericanos ori undos, d esde
hacía unos 39 ’5 mile nios, cambi arán los derroter os históric o-culturales del conti nente ame-
ricano. Y es, en este preciso m omento históric o, cuando nace el multiculturalismo america-
no-europeo. Ello es in negable y no reconocerlo conllev a imposibilitar la comprensión d e
los ameri canos consig o mi smos y, p or otra pa rte, el entendimiento entre América y Europa.
91

Julio Samuel Badenes Almenara

La realidad histórica es que e n 1492 dos cultur as se encuentran frente a frente. Otro cantar
serán las relaciones que se establezcan entre ambas culturas .

El primer encuentro multicultural entre Europa y Amé rica
El encuentro multicultural entre indí genas am ericanos y europeos , h ace 523 a ños, produjo,
quizá, el más crucial contacto multicultural d e la Historia, pues sus consecuencias y reper-
cusiones va n a produci r un cam bio en todos los ámbitos de la vida Americana y Europea.
Por un breve l apso de tiem po, esa primera c ita casual, no premeditada, entre dos culturas
tan lejanas y diferen tes, como la españo la y la americana, constituían un crisol repleto de
posibilidad es. De hecho, el primer encuentro de scrito en la primera carta de Colón es de
cordialidad, de curi osidad mutu a, por parte de ambas civi lizaciones. Muestran cierta des-
confianza por lo desconocido, mas en ning ún momento observa mos una actitud hostil h acia
lo diferente, cu lturalmente hablando. Pero al poco tiempo, la in icial convivencia en tre am-
bas culturas se tornó desenc uentro. E vidente mente, las soci edades i ndígen as precol ombinas
se vieron, i nesperadam ente, abordadas por una s ociedad dif erente.
Sin em bargo, Col ón y los navegant es que le acompañaban llega ron a las costas am ericanas
con una intenc ionalida d previa, pre parada de antem ano. Solam ente con echar un vistazo a
las Capi tulaciones de Santa F e nos percata rem os de los m otivos que i mpulsaro n a los Reyes
Católicos y a Colón en su empresa. Así, “es cierto que las Capitulaciones de Sa nta Fe
hablan de de scubrir y ganar tierra, l o que supo ne un objetivo, per o no especifican c ómo se
ha de lleva r a cabo esa oc upación, que de algu na manera ha de se r permanent e dado el
título de virrey solicitado y conced ido a Colón . Cuando Cristób al Colón zarp a de Palos,
estaba sólo pre visto establece r un centr o de distribución comer cial al estilo portugués. Ya
en el segundo viaje, que dó a las claras que se iba a coloni zar y a evangelizar, pues ade más
de solda dos form aban parte de la expe dición m isioneros, artesanos y a gricultores” (Gutié -
rrez Azop ardo 1992, p. 187).
Evidentemente , era problemático conseg uir lo que estaba escrito en las Capitulacion es y
sólo se po dría ll evar a térm ino oprim iendo a los indíge nas am ericanos, es decir, a la f uerza.
Mas, este hecho, por horrendo y ne gativo que nos parezca en la actualidad, desencade nó un
sinfín de c onsecuencias y , por ell o, fue crucial en la Histori a univers al. A todos nos hubiese
gustado que l as relaciones e ntre los americanos prec olom binos y los nuevos p obladores
españoles hubiesen s eguido otros de rroteros, los de una convivencia pacífi ca. Pero, lo cie rto
es que un ut opism o históri co que t rata de anul ar la reali dad históri ca ocurr ida, antep oniendo
una realida d histórica desea da, la que de bió habe r sido pero que no suce dió, nos hace un
flaco favor porque imposibilita comprender la realidad del presente siglo XXI, tanto de
europeos y am ericanos, com o de los ameri canos consigo mism os. Y, lo que es peor para el
92

El reconocimiento histórico-cultural de los puebl os indígenas americanos como condición y funda-
mento de los Estados nacionales democráticos en América

objetiv o que nos hem os plant eado en este ar tículo, n os cercena l a capacidad pa ra entende r y
valorar, adecu adamente, el papel, evo lución, presente y fu turo social y político de las cultu-
ras indígenas a mericanas.
Desgraciadamente, “la diversidad cultural a ccede al co ncepto cuan do se la considera bajo el
aspecto del encuentro y de la confrontación de dos o varias culturas, así como de los proce-
sos, negativos o positivos, que tal fenó meno engendra” (Abou 2002, p. 124). Y, queramos o
no, este es el hecho bruto, multicultural, del que debemos partir si queremos infundir mayor
luz en la comprensión de “las relaciones y la multicu lturalidad en tre estos dos continen tes”.

Presupuestos culturales de los pueblos indígenas
Los españoles, que com o europeos l legaron por prim era vez a Am érica, no arri baban a una
tierra deshabitada. Allí, desde hacía milenios ya existían múltiples grupo s humanos con
diferentes formas de enfrent arse a la geogra fía americana, que dese ncadenaron la creación
de difere ntes proyect os cult urales. De manera que “las sociedade s que oc upan el co ntinente
ameri cano a la llegada de C olón no s on el resul tado de la g eneración es pontánea, ni la con-
secuencia de la migración m asiva y reci ente de gru pos proc edentes de ot ras áreas del gl obo
terrestre. So n el frut o de un di latado y l ento pr oceso de adapt ación basa do en m ilenios de
experim entación cultural. Esta evolución c omi enza hace 40.000 años, y resulta tan variada
y compleja que en ella se reconoce la gran mayo ría, si no todas, de las respuestas ada ptati-
vas generadas po r el hombre en su deveni r históri co” (Ciud ad Ruiz 1992, p. 6 9).
La variedad de culturas a borígenes era enor m e: de recolectores, cazadores , pescadores,
agricultores. Unos eran nóm adas y otros se dentarios. Había com unidades de cazadores y
recolectores que, evidentemente, eran nómadas. De ent re los grupos indígenas que c onocían
la agricultura, unos crearon cu lturas neolíticas y otros llegaron a desarrollar grandes civili-
zaciones. Y, por supuesto, c omo el resto de culturas, tenía n unas estructuras sociopolíticas,
una economía y unas manifestaciones culturales (relig ión, mitos, moral, festividades, etc.).
Y, en el interior de todo este abigarrad o pa isaje multicultural de estos primeros americanos,
los relatos de Colón y d e los pr imeros cronistas dejan b ien claro que hub o una actitud de
asombro, pe ro totalm ente recep tiva y proclive al diálogo. Ma s esa visión subjetiva colom-
bina de una supue sta original co ndición pacífica de l os indíge nas no im plicaba q ue no se
rebelasen fre nte a postu ras de im posición c omo la que traí an consigo lo s españoles. Así ,
Colón, que en un prim er moment o en su prim era carta dirigi da a Luís de Sant ángel, habl a
de los indígen as como de gent es tími das, afables, que m uestran gene rosa hos pitali dad con
los españole s, sin em bargo, m ás tarde, no piensa del m ism o modo, tra s “la rebeli ón de l os
taínos c ontra el gr upo de m arineros que hab ía intentad o form ar la prim era colonia eu ropea
allende el océano. Tras queda r ésta exterminad a, Col ón no podí a ya perm itirse la vele idad
93

Julio Samuel Badenes Almenara

de creer en se res biológicam ente pacíficos fáci lment e dispuestos a la sub yugación” (Delga-
do Gómez 1990, p. 51).
Evidentem ente, el 12 de octu bre de 1492, C olón entra ba en cont acto con una pe queña po r-
ción de la impresi onante c ompleji dad c ultur al am ericana. Su prim era impresión, al genera-
lizar, tomo una pe queñísima parte por el t odo. Pero, la verd ad, er a que ap enas ha bía so bre-
pasado el um bral de una realidad h umana, l a precol om bina, que ni era, en absol uto,
homogé nea ni com pacta. Y, por su puest o, alguna s c ulturas com o la compleja sociedad inca,
poseían una reli gión q ue sanciona ba la de sigualda d social y la conqui sta de otros terri tori os
y puebl os. Al mism o ti empo, tam bién exi stían grupos de caráct er tri bal que se ori entar on
hacia la agricu ltura extensi va, con u n modo de vi da que consisti ó en peque ños pobla dos
igualitarios que subsistían gracias a la agricultu ra , la caza, la recolección y la pesca. Mas,
por las dificultades que im ponía el me dio y el sistema de cultivo practicado, vivían e n per-
manente competición. Sien do, por ello, la guerra un pri ncipio básico de organización social.
Por otra pa rte, la religi ón fue un elem ento cruci al que in fluy ó, profu ndam ente, ta nto en la
interpret ación com o en el com portamient o de los pue blos prec olom binos hacia l os españo-
les recién ll egados . La percep ción ini cial qu e tuviero n los indí genas de los euro peos penin-
sulares fue qu e eran seres superi ores sem idivinos. De bemos te ner en cu enta que no te nían
categorías con las que en casillar a esos seres ta n extraño s que observaban por primera vez.
Y, si no prove nían del mundo social y natural que c onocí an muy bien, entonces, debían
proceder del m undo espi ritual divino .
Por tant o, “la supuest a super ioridad de los españoles está m uy relacionada c on la i nterpre-
tación que se hi zo de dife rent es profecías que hablaba n de l a llegada de seres extraños , que
identificaron co n la llegada de lo s españoles. Est as profecías se encuentran en los relatos de
los aztecas del centro de México, los taras cos de Michoa cán, los m ayas de Yucatán y de
Guatemala, los incas del Perú… T omados en su con junto, e stos rela tos, pr ovenient es de
poblaciones m u y aleja das entre sí, im presionan por su unif ormidad res pecto a l a llega da de
los españoles: son seres extra ños; por t anto, veni dos del cielo o en viados por los diose s, o
tal vez ell os mi smos son dioses. Su vi ctoria siempre se anuncia c o mo segura” (Martí nez
Rodríguez 201 0, p. 49). Esta concepció n de la religiosida d impl ica una forma de entende r el
mundo y c onstituye el universo m ental en el que la socialización histórica americana, pre-
via a la l legada de Col ón, ha bía inculcad o a l os puebl os indí genas, d otándoles, a travé s de
este tipo de rel igiosi dad pr ofundam ente interioriz ada, de un m odo de interpret ar y e nfren-
tarse a realidades como la sorprendente llegada de las tres carabelas esp añolas.
Así, nos vam os a encont rar d os tipos de religiosi dad, la de los indios y la de los espa ñol es,
que les capacitarán, com o ADN cultural del que n o pueden huir a la hora de interpreta r el
mundo que les rodea y act uar en él , enfre ntándose a los aco ntecim ientos. Las pr ofecías
indígenas eje rcieron un efecto pa ralizador , de aceptación; y dism inuyeron la capacidad
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El reconocimiento histórico-cultural de los puebl os indígenas americanos como condición y funda-
mento de los Estados nacionales democráticos en América

amerindia de resistencia frente al recién venido: los es pañoles . Estas sociedades, por tanto,
tambié n estaban hondam ente impreg nadas de reli g ión. De lo contrario, com o explicar “¿por
qué cede Moct ezuma ? ¿Por qué se sie nte extrañ am ente fasci nado por lo s español es y expe-
rimenta ante ellos un vértigo que no es exager ado llamar sagrad o –el vértigo lú cido del
suicida ante el abismo? Los dioses lo han aban donado […]. Nin gún otro pueblo se h a senti-
do tan totalmente desampara do como se sintió la nación azteca ante los avisos, profecías y
signos que anunciaron su caída” (Paz 1997, p. 21).

Creencias-prejuicios de la socialización histórica española en los siglos XV-
XVI
Querem os mostrar que Col ón y los españole s que le seguí an no actuaba n caprichosam ente
sino que, a s u pesar, e ran hijos de su tiem po y s u comport amient o partía de unas cr eencias-
prejuicios culturales, sociales, con los que la socialización históri ca española les había so-
cializado y dotado. Y, a unque quisiera n, no podí an escapa r de ellas si no que m ás bien cons-
tituían las gafas co n las que interp retaban la realidad co n la que se en contraban y la fu ente
moral y ética con la que estaban capacitados para actuar fre nte al Nuevo Mundo c on el que
se encontraron inesperadam ente. Ese conjunto de cree ncias-pre juicios soci oculturales cons -
tituía su marco referencial inco nsciente, a base de haberlo interiorizado desde la n iñez per-
sonal e histórica. Co n ello no tratam os, ni mucho m enos, de disculpa r sino de expli car y
entender la realidad . Y dentro de esos límite s que marca la circunstancia histórica están los
extremos com portamentales entre, por e jempl o, Fray Bart olomé de l as Casas y Hernán
Cortés.
La caída de Granada suponía la desap arición del último baluarte musulmán en la penín sula.
Concluía así, el 2 de enero de 1492, la reco nquista de los territori os infiel es, consiguie ndo
la vuelta a esa un idad religiosa qu e alcanzaron lo s visigodos. Por tanto , la consecuc ión del
reino nazarí se interpretaba c omo el final de una cruza da religiosa que había comenzado en
plena Edad Media y ahora concluía. Junt o a es te importante acontecimiento, que elim ina el
poder rel igioso mahom etano, la expulsión de los judí os, decretada p or los R eyes Ca tólicos
el 31 de marzo d e 1492, dejaba en eviden cia que la única fe posible en Espa ña era la cris-
tiana.
Estos dos hec hos “la elimi nación de los j udíos de Casti lla y Aragón, com o asimismo la
incorporación del antiguo rei no nazarí al dominio cristiano, tenía una significación más
profunda . La Espa ña de las t res religio nes, o de las t res cast as, como diría Am érico Castro ,
característica de los tiempos medievales, desapar ecía de la escena . En su lugar se e stablecía
una Espa ña nueva, hom ogéne a desde el punt o de vist a de las creencias religiosas , la España
cristiana” (Valdeón Baruque 1992, p. 26).
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Julio Samuel Badenes Almenara

Ahora, la fuerte religiosidad medieval cristiana que en ciertas etapas admitió la conviv encia
con otros cre dos religio sos, se alzaba sober ana y única fre nte a infieles, here jes y paganos.
Todo ello, tan ta sangre derramada en G ranada y tanto do lor inflig ido a los judío s expulsa-
dos, ju nto a un a fe sólida y fa nática pr oveniente del medi evo hispan o, hací a imposible una
actitud di ferente, q ue no fuera la evangelizadora en las tierras am ericanas. Era inco ncebible,
en su mentalidad me dieval, para esos reyes y su s súbditos, admitir otro culto qu e no fuera el
cristiano. Ello, nos hace c omprender la necesida d, pa ra aquellos hombres, teocrática de la
conquista y la consiguiente repoblación y e vangelización.
Tanto co nquistado res, repo bladores y religiosos, unos con buena volu ntad y ot ros co n afán
de riquezas, n o podían plant earse defen der o aceptar una rel igión diferen te, puesto que la fe
cristiana constituía un a categoría mental, un a priori con el q ue interpretar la realidad y
actuar moral mente, im preso a f uego en el hom bre español de fi nales del si glo XV.
No se trata de justifica r nada ni a nadie sino de compre nder la pl ataform a de pre-jui cios
conductuales (morales, sociales, po líticos, religioso s) de aquellos ho mbres del final de la
Edad Media y comi enzo del Ren acimiento español. Porque la libertad siempre es condicio -
nada respecto a l a etapa en la que vivi mos, no es absolut a sino que es circunstancial a la
época en la que nacem os y nos s ocializamos. Lo cual no quiere decir que no haya seres
excepcional es que sean capac es de agrandar o estirar, má s que otros, su libert ad históri co-
circunstancial.
“La España que viajó a América a partir de 1492 actuó desd e aquellos puntos de partid a,
que eran parte de su mundo social, político y económ ico, mental y religioso. Es cierto que
las motivaciones personales serían distintas en cada caso, desde las más nobles a las más
reprobables, y también las co nsecuencias, pero todas se encuadraban e n aquel marco hi stó-
rico que, en el contact o con las realida des de l Nuevo Mund o, se iría transformand o, a me-
nudo profu nda y rápi dament e. Sin embargo , poco se p odría ente nder de las nue vas socieda-
des americanas sin apreciar el ba gaje m edieval con que nacieron en el siglo XVI y el peso
que ha tenido sobre di versos a spectos de su e volución” (Ladero Quesada 1 992, p. 28).

El comienzo de la división entre la Hispanoaméric a europea mestiza y la His-
panoamérica indígena. El nacimiento del grave problema identitario, social y
político de los hispanoamericanos
En el capítulo XLVI de su Hist oria Gene ral de las Indias , Francisco López de Gómara
aconseja que “ quien no pobl are, no h ará b uena con quista, y no con quistan do la t ierra, n o
se convertirá l a gente; así que la m áxima del conqui stador ha de ser pobl ar ”. En esta ar-
gument ación de este im portant e cronista de la conquista de México apre ciamos claramente
que el objetivo primordial es “conve rtir”, “eva ngelizar”, pero pa ra ello, primero había que
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El reconocimiento histórico-cultural de los puebl os indígenas americanos como condición y funda-
mento de los Estados nacionales democráticos en América

conquistar y, por último, pob lar o, más bien, repoblar, pues deb emos recordar que en Amé-
rica ya existían pobladores desde hacía unos 39.500 años, que eran los amerindios . Mien-
tras que los que repu eblan son los que proced en del exterior, los español es que emigran a
América.
Esta triada, conqui star-repo blar-c ristianizar, la vení a realizand o la Coro na castellana y l a
Corona arag onesa desde hacía siglos , en plen a E dad Media. Provenía “de una larga tradi-
ción, que arrancaba de m uchos si glos atrás, y que se concr etaba en su actividad repobladora
y su carácter de sociedad de frontera. La repo blación impli caba un movimiento migratori o,
pero también el d esarrollo de una labo r coloni zadora y, por supuesto, las in stituciones, lo s
hábitos de comp ortamiento, etcét era, de los repobladores” (V aldeón Baruque 1992 , p. 30).
Sin duda, este fue el proce dim iento ha bitual y líci to dentro de l a estruct ura com portam ental
político- moral del hombre de la transición del medievo al Renacimiento. Hasta tal punto
fue así que dos p ersonaj es tan preocupa dos por el buen trato a los indios, como Barto lomé
de Las Casas y Fray Antón de Montesinos, justif icaban y veían con bu enos ojos, daban por
sentado, la repoblación y cristianización de lo s amerindios , aunque, por supuesto, siem pre
que se lle vase a cabo sin ningú n tipo de violencia. P ues, en su ra dical serm ón del 21 de
diciem bre de 1 511, Fray A ntón d e Montesi nos re prende a las a utoridade s y encom enderos
de la isla La Española, m as, acepta su socia lización cristiana, al amonestar a los c olonizado-
res con la preg unta: ¿ y qué cuid ado tenéis de quien l os doctri ne y conozcan a su Di os y
criador, sea n baptiza dos, oigan mi sa, gu arden las f iestas y domingos? ” (Bartolomé de las
Casas libro III, cap. 4) .
Y, tras la conquista, comienza la “repoblaci ón” porque allí ya existe una población indígena
previa. En esta tarea repobladora de los esp a ñoles “facilitó el asentamiento el sistema de
poblam iento de l as grandes c ulturas precol om binas con sus ciuda des, cent ros cerem oniales,
comerci ales y adm inistrati vos en pleno funcionam iento y una pobl ación i ndígena o rganiza-
da y ha bituada a vivir en este sist ema. No ocurrió l o mi smo con otras culturas i ndígenas
seminómadas o form adas por bandas de c azad ores y recolectores” (Gutiérrez Azopardo
1992, p. 16 2). Y, justam ente aquí, e n este preciso m oment o, a principi os del siglo X VI, es
donde se sitúa el ori gen de las dos líneas paralelas de la población his panoam ericana que,
sin juntarse totalmente a la largo de la Historia, n i culturalmente, ni genéticamente, ni polí-
ticam ente, form arán dos gru pos poblaci onales en los países h ispanoamericanos: las cultu ras
indígenas y la pobl ación m estiza que ha si do presa de una acult uración que s ólo adm ite el
eurocentri smo cultural, de manera m ás o menos con sciente, desde el siglo XV-X VI con la
conquista y colonización, como tras la inde pendencia Americana, hasta la actualidad.
Así, como un o de tantos ejem plos, podem os citar que l a complicada penet ración y super vi-
vencia en l a áspera topografí a, y densas selvas de l as tie rras venezola nas, de l a sierra de
Motilones hizo que los repo bladores de origen hispánic o la desec hasen, si endo por el lo,
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Julio Samuel Badenes Almenara

lugar de ha bitaci ón para los i ndígenas m otilones . En general , por tant o, podem os afirmar
que tras la llegad a de los españoles y la con siguiente conquista d el territorio americano que
comenzó “ oficialm ente en abril de 1494, c u ando Colón envió 400 hom bres con Oje da hacia
La Vega Real de la isla Es pañola, donde lo s indios am enazaban tomar la fortaleza de Santo
Tomás” (Lucena Salmoral 19 92, p. 92), los colonizad ores buscarán poblacione s indígenas
numerosas c on una agricultura segura y avanzad a que les permita el reparto de encom ien-
das. Y despreciarán, definitiva mente, las z onas de indígenas cazador es y recolectores.
Este hecho, el que “desd e el inicio de la conqu ista, la implantación geohistór ica del pobla-
miento permanente fue dejando a un lado a al gunos espacios que, por las características
físicas de los suelos, clim a, relieve, vegetaci ón o di ficultades de acces ibi lidad y utilidad no
fueron favorables a e mplazamientos u rbanos y rurales” (Cunill Grao 198 8, p. 71) permitir á
que los am erindios prec olom binos pue dan sobre vivir étnic ament e, a lo largo de cinc o siglos
hasta el mi smo siglo XXI . Mas, trist emente, po demos asegurar que su perpetuación hasta el
presente ha sid o gracias al desprecio de lo que no quisier on los coloniza dores europe os y,
con ello, no s ólo nos referi mos a los espa ñoles sino a los europeos y a los mism os hispa-
noameri canos no indí genas. Es duro recon ocerlo, pero, a pesar de haber transcur rido cinco
siglos, est os pueblos no han llegado hasta este nue vo milenio gracias al reconoci miento del
valor de su di gnidad étnica si no, todo lo con trario, por o bra y gracia del despreci o hacia sus
culturas y territ orios.
Sin duda, la Am érica hispana sigue escindi da en la actualidad, en lo m ás profu ndo de su
ser, por dos ge nealogías huma nas paralelas que c oexisten per o que no conviven a uténti ca-
mente. Para la verdad era conviven cia democr ática hace falta un proyecto común política,
social e hi stórica y pat rimonialm ente habla ndo.

El inmenso valor de las culturas indígenas americanas
En principio, podemos entend er por multiculturalismo un conjun to de fenómenos sociales
que derivan de la di fícil convi vencia y/o coexis tencia en un m ismo espaci o social o naci o-
nal (comunid ad política) de personas o gru pos humanos que se id entifican con cu lturas
diversas (Cortina Orts 2001, pp. 1 78-179). Y este es, precisamente, el hecho multicultural
que se da en tod os los países hi spanoam ericanos en la ac tualidad. En t odos ell os hay dos
grupos diferen ciados: l os que pro vienen d e un m estizaje entre españoles, am erindios y
africanos ; y otro grupo que proviene, en mu chos casos sin apenas “c ontaminación c ultural
externa” a l o largo de 500 añ os, de las t ribus y puebl os indí genas prec olom binos.
Hay que afirmar que las culturas indí genas fuer on m arginadas y masacradas desde el mis-
mo m omento en el q ue come nzó la mi sma co nquista española de Am érica. Y los autores
responsabl es de ese trato fueron l os español es, los euro peos y el grup o de hi spanoam erica-
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El reconocimiento histórico-cultural de los puebl os indígenas americanos como condición y funda-
mento de los Estados nacionales democráticos en América

nos mest izos (europeos c on indí genas). Ell o ha segui do siend o así a lo largo de t oda la
Historia de los paí ses hispa noame ricanos. Es m ás, podrí amos pe nsar que en el siglo XIX, al
producir se la indepe ndencia de los territ orios am ericanos de las cor onas de España y Port u-
gal todo iba a cam biar para l os indíge nas. Sin em bargo, n o sólo lo indi o va a ser consi dera-
do inferi or, prim itivo y un o bstáculo pa ra el desarroll o sino que l as vastas extensi ones que
aún existí an bajo el contr ol indíge na serán c onsidera das por l os nuevos Esta dos com o terri-
torios pr opios pendie ntes de coloni zar, llega ndo, en algun os casos, al exte rminio de la po-
blación ori ginaria. Si endo, por t anto, el siglo XIX el má s genocida para los in dígenas ame-
ricanos.
Todos estos h echos de duro exterm inio, exclusi ón y disc riminaci ón han ocur rido por no
valorar adecua damente el concepto de c ultura. Es decir, la cultura no es un universal único
independi ente de la real idad en l a que nace sino que exi sten las cul turas, si ngulares y q ue
emergieron en una geografía determ inada para dar res puest a a unas necesi dades conc retas.
Cada pueblo, c ada sociedad, ha teni do que enfrenta rse, para poder vivi r, a unas circunst an-
cias medioam bient ales. Pero, a difere ncia de lo que acontece con el resto de especies ani-
males, que nacen equipadas co n un sistema instintivo qu e les posibilita sobrev ivir adaptán -
dose perfectamente al entorno, el hombre, la especie humana, no nace con una se rie de
registros in natos que le pe rmita n acoplarse a la circunstan cia natural de f orma unív oca. Por
ello, surge en el hom bre la imperiosa nece sida d de hacerse cargo de la circunstancia y con-
tando con su inteligencia, imaginación y capacida d técnica, será ca paz de construir un uni-
verso cultural que le capacite para acerca rse al proyecto c ultural que ideó (Bade nes Alme-
nara 2012, p p. 109-110) .
Fruto de ello, des de hace 40.000 años, fueron creados los diferentes usos intelectua les,
morales, políticos, técnico s, agrícolas, etc., que cad a cultura precolombina desarro llo a lo
largo de su hist oria. Las c ulturas am erindias anteriores a la ll egada de C olón, por t anto, son
un product o socio-vi tal que lo s indígenas am ericanos elab oraron para p oder enfre ntarse con
éxito a la circunstancia en la que les tocó vi vir. Fueron y son, por ello, elaboraciones, pro-
ductos hi stóricos que se enm arcan de ntro de unas coor denadas es pacio–t emporales deter-
minadas e n las que adquiere n sentid o.
Podemos afirmar que “Am érica es el continente que incl uye más variedade s climáticas y
ambient ales en el m undo. Su disp osición en el planeta hace que ac oja en su inte rior des de
hielos perm anentes a sec os y cálidos desiert os, tierras bajas tropicales y altas sierras y alti-
planos que , a despech o de ocupa r las franj as tr opicales, m odifican el clima y el ambiente
debido a su altitud. De ah í que las sociedades in staladas en este contin ente sean multivaria-
das, y ofrezcan un am plio abanico de soluci ones c ulturales. En el momento del contacto
con los españoles las a daptaciones más com ple jas tienen luga r en Mesoam érica y en el
Área Andina” (Ciuda d Ruiz 19 92, p. 69). P or tant o, en 1492 te nemos un continent e ameri-
cano totalmente multicu ltural o pluricultural p orque existían muchos pueblos y culturas
que, tras mileni os, habían a dquirid o una e xperiencia que les conve rtía en los me jores cono-
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Julio Samuel Badenes Almenara

cedores del territorio am ericano. La contri bución de las c ult uras indíge nas ha sid o crucial a
lo largo de la Histo ria y lo sigu e siendo en la actualidad. Nos han l egado valo res funda men-
tales, han contribuido al re gi stro alim enticio de la hum anidad y si guen dándonos lecciones
en pleno sigl o XXI de cóm o consegui r un planeta y un territ orio ameri cano más cohere nte,
más equilibrado y más humano al mostrarnos cómo cons eguir esa sostenibilidad ambiental,
económi ca, zoológica, et c., ta n im portante p ara nos otros y nuestro planeta .
Queda claro que América, a la llegada de Coló n, era un territorio multicu ltural. Tras llegar
los españoles a esas nuevas ti erras que desc onocían totalmente, en vez de escuc har la sabi-
duría cultu ral de m ileni os de expe riencia, d e los am erindios, im pone n su form a cult ural de
ver el mun do, su fo rma de act uar. De tal m odo que, c om o uno de tant os ejem plos, el et no-
centrismo español al aplicar sus parámetros cultu rales sin tener, en absoluto, en cuen ta el
valor de las culturas ind ígenas a las que invadía, en las islas carib eñas venezolan as, “en el
tempran o siglo XV I, había a provecha do inte rm itentemente sus escasos recurs os naturales,
despoblán dolas de s us habita ntes indí genas. El caso de la i sla de Cu bagua es revel ador; allí
se demostrar on los efe ctos de la crisis ec ológi ca y am biental en los cicl os de p oblam iento
que lle varon a la fundaci ón d e la prim era ciuda d venezol ana de Nueva Cá diz, en 1 520, y su
ulterior abandono en 1543, po r la desm edida extracción y exterm inio de las pe rlas de sus
ostiales” ( Cunill Grao 1988, pp . 71-72).
Por tanto, todo lo d icho anteriormente, nos muestra que si nos tomamos en serio el valor de
cualquier cultura del mundo, no debemos caer en un mu lticulturalismo ciego e ingenuo
como el que hoy en día se está d efendiendo en Eu ropa y en muchos otros lugares. Si, como
hemos m ostrado, las cult uras so n fuentes de sabi duría, t ras su m ilenaria i nterrelación con
territori o en el que han naci do; entonces, cualq uier grup o externo, q ue proviene de una
cultura diferente, no pue de, inmediatam ente , impo ner sus com porta mi entos (en c ualqui er
variable cultural) a la sociedad a la que ha llegado. Y menos aún exterminar a la cult ura
indígena a la que ha arribado. Pues esta es una actitud irresponsab le, capricho sa, egoísta,
etnocéntrica y su icida. El emigrante, tendrá, en primer lu gar, que escuchar y valorar los
conocimientos de la cu ltura a la que ha llegado.
Este comport amient o es el que deberí an haber t enido l os españoles y europe os que llegar on
a América, sim plemente porq ue les hubiese beneficiado y pos ibilitado mucho más, al apro-
vechar los sa beres de las cul turas am erindias . Y, no nos extra ñemos que actuasen así los
españoles del siglo X VI, pue s hoy, en pl eno si glo XX I, lo seguim os haciend o y lo de fen-
demos inge nua mente.
Para que exista una verdadera convive ncia el que viene del exterior, culturalm ente hablan-
do, no puede c errarse a la cul tura en la que él se ha educado, y debe esc uchar, aprende r y
valorar la cultura y sociedad a la qu e ha llegado, sencillamente, porq ue tiene siglos o mile-
nios de sabid uría cultural adqui rida de su int errelació n con el t erritorio ge ográfic o y medi o-
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