Tesis doctoral
El observ atorio astr onómic o: un diálog o entre ci encia y arquitectu ra
Miguel Áng el Castro Tirad o
Dirigido por
Javier B oned Purkiss
Alberto J. Castro -Tirad o
MAYO 2019
Pro gram a de Docto rado en I ngen iería Mecá nica y E ficiencia Energética
Escuela de In genierías Industr iales Universidad de Málaga
AUT OR: Miguel Ángel Castro T irado
http://orcid.or g/0000-0002-0841-0026
EDIT A: Publicaciones y Divulgación Científica. Universidad de Málaga
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-
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Esta T esis Doctoral está depositada en el Repositorio Institucional de la Universidad de Málaga
(RIUMA): riuma.uma.es
Prefacio
Cuando ini ciaba mis estudios como arquitecto y discutía con mi hermano
astrónomo sobre la poca atención que, a mi juicio, se prestaba al di seño de los
observatorios astronómicos, jamás imaginé que dedicaría el tiempo que he invertido en
profundizar en la m ateria. Hoy, tr ece años m ás tarde y tras hab er dedicado los últimos a
la investigación del tema, puedo afir mar que m i posición de entonces era bastante
ingenua y superficial.
La realidad de los observatorios es mucho más c ompleja, llena d e matices y
variables que interfieren sobre los aspec tos relativos a su constitución. Conoc er el
proceso evolutivo del observatorio astronómico a lo largo de la historia me ha permitido
comprender las dificultades que subyacen durante su proceso de pro yección y advertir
qué tensiones se producen respec to de su encaje programático.
Al sumergirme en bas es de datos y catálogos para encontrar bibli ografía e
información al respecto de este tema, tom e cons ciencia de la es casa atención que s e le
ha pre stado a los observatorios, especialmente en lo relativo a la arquitectura, a la
construcción o a un a percepción próx ima al edificio en sí. De algún mod o, este trabajo
también pretende aportar todo lo posible para que aquellos que estén interesados en los
observatorios astronómicos cu enten con una fuente fidedigna que of rezca una amplia
visión de conjunto.
Los sa crificios, las muchas horas de trabajo y el esfuerzo han servido para que esta
tesis alcance una dimensión superior a la que inicialmente ima ginaba.
May o 2019
Agradecimientos
Para que este traba jo llegase a bu en pu erto, ha si do impresc indible l a partici pación de
m ucha gente aunque solo sea mi nombre el que figure com o autor de la t esis. Sin la experiencia,
la colabo ración y la cr ítica que me han brindado, e l res ultado sería, sin dud a, diferen te y ,
seguram ente, bastante m enos acertado en su enfoque. Especialm ente im portante resultó la
influencia de mi hermano Alberto, que afortunadam ente m e arrastró a esta aventura que ahora
llega a su fin.
Quisiera comenz ar agra deciendo su contribución a qui enes ha ocupado carg os de asistencia
y asesoramiento de la tesis. Particularm ente quisiera m ani festar m i aprecio y gratitud a m is
codirectores : Ja vier, de arquitectura, y Alber to, de astronom ía. Sus comentarios y consejos han
corregido mis er rores y me han ayudado di rigir esta investigació n hacia un camino productivo.
También a mi tutora, Beatr iz, que siempre ha estado di sponible para asistirme con am abilidad
en l o que fuera necesario. Y, por supuesto, al coordin ador del progra ma doctoral, Juan, que en
repetidas o casiones m e at endió paci entem ent e para sol ventar m is dudas.
Asim ismo quisiera reconocer al personal de los distintos observatorio s que cooperó
facilitando información crucial para el desarrollo de es te estudio. Mención especial para Luis
Alberto Rodr íguez y Antoni o Cabrera del Gran Telescopio Canarias, Crist ina Rodrí guez de
Sierra Nevada, Santos Pedr az de Calar Alto y a Tat ya na Sokolov a del BT A -6. Gracias también
a Mari Ángel es Arco de l a biblio teca del I AA y a Ronan Cunniffe por su rev isión de ar tículos.
Por último, es ta tesis no habría sido posible, en ningún caso, sin el respa ldo y el soporte de
m i familia más ce rcana, a quien q uiero devolver con est e agradecim iento una pequeña parte de l
aliento que m e ha n brindad o en e ste larg o ca m ino.
A mis padres, Antonio y Loli, por apoyarm e, por inculcarm e el valor de la educación y por
enseñarm e, con su e jemplo, la im port ancia del trabajo, el esfuerz o y la con stancia.
A mis her manos, Albe rto y Anton io, por respaldarm e, por escucha rme, por confia r en mí y
por ofrecerm e s iem pr e una perspec tiva dife rente.
A mi pr om etida, Noelia, por compar tir las charlas sobre observatorios y por leer cada línea
para aportar una c rítica con structiva; pe ro, sobre todo, gracias por com prenderme, por ani marm e
a seguir ade lante, por levan tarme cuan do caía, por sost enerme sin duda r y por s er m i nor te.
Observato rio W.M. Keck (1993/1996) ……….………… ………………… …….. 342
Observato rios sola res ……………..…… ……. …… ..………..…… …….……….. 345
Gran Telescopi o Cana rias ( 2007) ………..……….…..…… ………………… ….. 348
Una arqui tectura som et ida a la astronom ía ……..……….… ……..….…….……. . 351
Capítulo 7. D egradación del observ atorio con temporán eo ...…….…….……….…… .. 361
Popularizac ión …………. ………………………… ……….……… …………….. 363
Supertecnific ación ……………….… ………….…….… ……….……… ….…….. 366
Astroturism o como oportunidad ………….……… ….………….…… ………….. 368
Una arqui tectura olvidada p or la astro nom ía ………….……….……. …… .…….. 369
Capítulo 8. Rupt ura con la tradició n …...…………..... .… .……………….…….… .….. 371
Einsteinturm (1924) ….………….………..… ….…………. …………………….. 373
Otros casos ….…………….………… …….………….………… ……………….. 379
Una arqui tectura pa ra cada observ atorio …….…… …………….… …………….. 387
Capítulo 9. Anál isis ev olutiv o ….….…………………… ………………… ………….. 389
Desarrollo his tórico-arquite ctónico …………….…………… …….…………….. 391
Retrospectiv a crono lógica …………….…… ………………… ………………… .. 405
Del observatorio profesion al al doméstico ………. …… ……….…………….…. . 411
Tipología de l observato rio astronóm ico …….……………….…… .………… ….. 414
Planta ………… ….…………… …..….…………….…… …….…….… .……….. 429
Sección ……………….… ……… .. ………. …… .…….…….… .…….…….…….. 436
Materializaci ón …….……………. ………..……….… …….………… ………….. 444
Elementos c aracterís ticos del ob servator io astronóm ico …….……….…… …….. 447
Variaciones en el prog rama de usos ….……………… ………………………….. 452
Pérdida de esp acio de l usuario ….……..…….………… ………….……….… ….. 456
De la integ ración urbana a la ocup ación de ento rnos no antropizado s .…..….…. .. 460
Una arqui tectura inci erta ….……………. …… . ……… .………….….….…… ….. 465
Conclusiones ...…….……..…… ………. …………….…… …….…………………….. 467
Trabajo futu ro ...…………..….…….…. ….……….…….… ………… ……………….. 479
Bibliografía ...…………..………….… ………….……… ………………………… ….. 481
Apéndices …………………. ………………… ………………… ………………… ….. 495
*
“cuanto dista el Cielo de la Tierra, dista (la Astronomía) de la Arquitectura; y vendrá a ser
poner en manos de Vitrubio un Astrolabio, q ue un pico o un azadón en las de Ptolo m eo”
Juan Caram uel de Lo bkowitz,
Architectura civil recta y obliqua
*
Boceto del Tele scop io Hale en Monte Pal omar del pro pio Russell W . Porter
19
Introducción
Los obs ervatorios astronómi cos son el camino que la huma nidad produc e para d ar
respuestas a los int errogantes que le surgen respecto al Universo. La curiosidad, el afán
por comprender lo desco nocido con génito al ser humano, se remonta hasta los primeros
pueblos cuando miraban al cielo y se preguntaba qué era el Sol, la Luna o las estrellas; o
cómo y por qué s e desplazaban por el cielo. Esa búsqueda de explicaciones es lo que
produce el n acimiento de la astronomía, de la ciencia. En est e sentido, el primer
ejercicio de investigación es la mera obs ervación, la mirada atenta p ara obtener cierta
información (tendencias, redundancias…) de l a q ue extraer conclusiones, sobre la que
realizar deduc ciones y c omprobar mediante la experiencia. Ergo resulta a xiomático qu e
la observación precede al observatorio.
La definición que el Diccionario de la L engua Española , de la Real Academia
Española, otor ga a obse rvatorio consta de dos acepciones complementarias: “lugar o
posición que sirve para ha cer observ aciones” y “conjunt o del personal que, en
instalaciones adecuadas y c on los instrumentos apropiados, se dedic a a observaciones,
principalmente astronómicas o meteorológicas”. En definitiva, los observatorios
astronómicos son los edificios en los que se desarr oll a la astronom ía, siendo ésta una
ciencia que requiere d e unas determinadas c ondiciones para que los precisos y
susceptibles instrumentos en los que basa sus observaciones y análisis produzcan
resultados de calidad, impre scindibles para el avance de la investigación.
Si n embargo, en la actu alidad, las h erramientas de las qu e se vale la astronomía
para su investi gac ión, habitualmente tele scopios reflectore s, han crecido tanto en su
incesante búsqu eda d e una mejor capacidad ópti ca que han al canzado una escala de
proporciones arquitectónicas. Su tamaño pued e llegar y sobrepasar con creces la altura
de un edificio medio, lo que inevitablemente condiciona la construcción que lo acoge.
Como ejemplo, se espera que el inminente Giant Magellan Telescope sup ere los sesenta
y cinco metros de alto, de los cuales casi cincuenta los ocupará el reflector. Nótese que
incluso se utiliza el término telescopio para denomi nar al conjunto total del edificio en
que se monta.
Por otro lado, las mismas necesidades de lo s instrumentos astronómicos , en
ocasiones, entran en conflicto con el resto de actividades que tienen lugar en el
20
observatorio, y a que los g r andes reflectores son tan se nsibles que las más remotas
vibraciones, mínimas emisiones de calor o pequeñas turbulencias de aire pueden llegar a
distorsionar o perjudicar los resultados de la observación.
En este sentido, tanto el constante crecimiento de los instrumentos de observación
como las incompatibilidades de los diferentes usos que participan de estos c entros
astronómicos c onstituyen los principales retos a resolver durante el d iseño de los
observatorios a ctuales. S i bien el tamaño de los t elescopios suele ser un problema más
habitual en inst ituciones profesionales, la coexist encia funcional at añe en ma y or medida
a otros complejos, divulgativos o de carácter do cente, po r su ma yor hete rogeneidad en
el programa de usos.
En las últim as décadas, acorde a la trascendencia del inst rumento en cuanto a su
producción científica, tiende a destinarse la ma y or pa rte del presu puesto a l a
financiac ión de los reflectores, quedando la construcción en la que éste se instala en un
segundo plano. Esto es un hecho incongruente, dado que una mala resolución del
edificio puede limitar o mermar si gnifica tivamen te la capacidad del instrumento, con el
consecue ntemente grave desaprovechamiento de recursos. Por otro lado, el
observatorio, además de albergar un tel escopio, d ebe cont ener los espacios destinados a
los laboratorios, salas de trabajo y d emás dependencias en los que los astrónomos y
tecnólog os llevan a cabo su investigación.
Tal vez por su escasa frecuencia o quiz á por su excesivo condicionamiento en base
a los instrumentos astr onómicos, los observatorios han carecido de un excesivo
reconoc imiento por parte de la Arquitectura, como sí lo han tenido los edifi cios
palaciegos, los reli giosos o los, más habituales, residenciales. Esta falta de atención se
ha incrementado si gnificativamente durante el último siglo. L os grandes observatorios
han devenido en cobertiz os tecnológicos que alojan grandes telescopios e n los que los
espacios destinados al trabajo de los astrónomos y al resto de funciones ocupan un lu gar
casi residual. Esta t endencia tod avía es más p ronunciada en algunos observatorios
pequeños y medianos.
Poner el foco sobre el desarr ollo del obse rvatorio h istórico que terminó
desembocando en los cen tros tecnológicos que dan cabida a la astronomía en el presente
puede permitir una ma yor comprensión del funcionamiento intrínseco o la estructura
interna de los observatorios astronómicos, de forma que se a posib le establecer los
21
aspectos fundamentales de su naturaleza para revisar la futura producc ión de estos
complejos edificios dedicados a la a stronomía.
Esta tesis profundizará cientos de años en los orígenes del observatorio para llevar a
cabo una lectura secue ncial de los procesos y cambios vinculados a su evolución
arquitectónica desde una intuit iva formación prehistórica hasta uno de los complejos
científico-tec nológicos más avanzados y espe cializados de esta era. C on ello, se
pretende llenar un vacío teórico y , sim ultáneamente, generar un sust ento crítico a partir
del que desarrollar un co nocimiento de base que s irva para afrontar el dise ño de futuros
proy ectos de observatorios astronómicos.
22
Estado de la cuestión
La aproximación más frecue nte de tr abajos científicos sobre los observatorios
astronómicos o sus antece sores tiene un enfoque principalmente hist órico, que
comúnmente se ajusta al contex to social y cultural en el que el centro aparece. Esto no
quiere decir que, ne cesariamente, no hay a descripciones , fotog r afías, ilustraciones u
otros testim onios que profundicen, en m a y or o m enor medida, en la definición espacial
y material d e estas construcciones. No obstante, el material biblio gráfic o más habitual
atiende especialmente a los impulsores políticos, b enefactores económicos y dive rsos
científicos que hicieron posible el erguimiento de una determinada inst itución
astronómica, y , si aca so, abarca l a actividad investig ado ra allí lleva da a cabo o su
desarrollo a lo lar go de l t iempo.
Existe cierta documentación que ha ce re ferencia a e studios arque oastronómi cos,
estructuras prehistóricas y otras constru cciones re lacionadas con los fenóm enos celestes
o la astronomía. Entre estos registros se pueden destacar las actas de Convenciones de la
UNESCO sobre astronom ía y arqueoa stronomía, o los trabajos de A. Aveni y R.
Hannah a l respecto.
Son más ha bituales las investigaciones publicadas en re la ción a un deter minado
periodo histórico o acotadas a un entorno geográfico, así como los que desarr ollan su
indagación de m anera gené rica. En el primer grupo, se sitúan los trab ajos sobre el
observatorio islámico-medieval de A. Sayili o la obra sobre observatorios británicos de
R. Morton-Gledhill. Por otro lado, en el segundo grupo se encontra rían el compendio de
observatorios de ICOMOS- IAU o los li bros de J. B. Delambre , de M. C. Donnelly o de
P. Müller.
Sin embarg o , lo más habitual son los estudios individualizados que se centran en un
determinado obse rvatorio astronómico. Al gunos de los más interesantes son los
documentos desarr ollados por alguno de los propios responsables de la fundación de
dichos complejos científicos, como la public ación de H. Ussher sobre el Observatorio
de Dunsink o la de C. G arnier en relación al Observatorio de Niz a. Luego exist en otros
producidos por autores contemporáneos al edificio aunque ajenos al proyecto, como los
artículos de E. B. Frost respecto del Observatorio Yerkes o el de F. Leonard acerca del
23
Observatorio Griffith. Por último, los más usuales son los que analizan un determinado
centro astronómico con la pe rspectiva que da el paso del tiempo.
De la ex igua docum entación relativa a trabajos teóricos que vinculan astronomí a y
la arquitectura a través d el observatorio, destacan las propuestas de T y cho Bra he, en su
obra Astronomiae Instauratae M echanica , y de Juan Caramuel, en su li bro Ar ch itectura
civil recta y obliqua .
La relación entre a rquitectura y astronomía es un campo apenas ex plorado por lo
que la bibliografía existente al respecto es escasa. En este sentido, los principales
documentos de consulta han sido los trabajo s de T. Markkane n, que analiza la
incidencia de los cambios de instrumentos astronómicos sobre el d iseño de los
observatorios; de A. M. Kwan, que se centra en l a correspondencia de los inst rumentos
con el espacio en el que s e ubican entre los siglos XVI y XV III; y de A. A. W aumans,
que estudia los observa torios astronómicos partiendo de su tipología arquitectónica.
La presente tesis pretende construir conocimiento a p art ir de los trabajos e xistentes
an teriormente referidos, para desarrollar una visión panorámica que recoja toda la
evolución histórica del observatorio astronómico en relación a su plasmación como obra
arquitectónica .
24
Motivación y objetivos
El trabajo aquí desarr ollado aspira a poner en valor la arquite ctura de los
observatorios astronómi cos, que en las últ imas década s ha qu edado relegada a un
segundo plano en detrimento de soluciones casi estrictamente t écnicas para la
instalación y el resguardo de los telescopios. Para el lo, pretende estudiar los precedentes
que terminaron por dar lugar a los observatorios y e l desarrollo qu e los ll evó desde sus
inicios hasta su configuración actual a fin de ge nerar un marco teórico que posibilite
próximas investi gac iones y facilite el desempeño proy ectual de los respon sables de los
observatorios venideros.
Esta int ención se materializará dando una respuesta desarrollada, en base a
argumentos, a los sig uien tes objetivos fundamentales:
1. Identifica r qué es un observatorio astronómico.
2. Sintetizar el orige n y la evolución histórica del ob servatorio astronómico.
3. Establecer una clasificación de l observa torio astronómico que fac ilite su
comparación y contraste con otros casos semejantes.
4. Proponer unos criterios elementales a partir de las que ini ciar un proceso de
diseño arquitectónico y proy ectual de un nuevo observatorio astronómico.
Orígenes: de la mirada a l cielo a los p roto-observatorios
31
La mirada al ciel o
Como es sabido, la astronomía es una de las discipl inas científicas más antiguas de
la humanidad. Desde que el p rimer hombre el evó la cabeza hacia el cielo y contempló
los astros con sus propio s ojos, se estableció un a r elación de fascinación y devoción qu e
se vería reflejada de una u otra forma en diferent es culturas que su rgirían a lo lar go y
ancho del planeta.
Pese a la carencia de herramientas d e precisión o de un entendimiento bási co de las
leye s físicas que rigen el funcionamiento del universo, y a la s primer as civilizaciones
contaban con ciertas nociones de los prin cipales hechos astronómicos. Todo ello
basado, siempre , en la m era observac ión
1
.
Los primeros pueblos que estudiaron el cielo fueron los mesopotámicos, los
eg ipcios y los chinos, que catalo garon estrellas, las clasifica ron en constelaciones e
incluso percibieron la pr edictibilidad de los eclipses solares. En todo caso , no es posible
determinar la fecha en la que comienza la astronomía, aunque probablemente sus raíces
se extienden hasta los o ríg enes de la humanidad. Lo que sí parece claro es que más allá
de un sentido espiritual o pseudoreli gioso, los inicios de esta ciencia apuntan hacia un a
instrumentalización del firmamento como sistema de medida de periodos de tiempo y
como medio de orientación
2
Aun así, la astronomía c omo estudio del cielo se just ifica desde dos vertientes que,
siendo ahora absolutamente independientes, presentaban entonce s, en determinada s
zonas, una fuerte asociac ión: la religión y la agricultura.
En la anti gua Mesopota mia, entre los ríos Ti gris y Éu frates, el cultivo de la tierra
tenía un sentido relig ioso, puesto que ésta perte necía a los dioses, quedand o en custodia
de sus sacerdotes su buen aprovechamiento. L os mesopotámicos percibieron la
periodicidad de los fenómenos astronómicos, tra bajando en su predicción. Dado qu e las
épocas de siembra y cosecha debían p roducirse en una tempo rada concre ta, los
sacerdotes eran r esponsables de fijar estos plazos para lo que se elaborarían calendarios
1
Rappen glück (2010): “Early Prehistory”, p.13
2
ibidem
Orígenes: de la mirada a l cielo a lo s proto -observatorios
32
basados en el ciclo lunar de veintinueve días y medio. S e han encontrado diferentes
calendarios correspondientes a sus re spectivos periodos y ori ginarios de las diversas
ciudades que componían la civilización (Ba bilonia, Nippur, Ur…).
Además, gracias al des arrollo de la escritura cune iforme, ex iste un leg ado cultural
recogido en tablillas de arcilla, resultando de espe cial interés para este estudio el Enuma
Anu Enlil (siendo Anu el dios del cielo y Enlil el de la agricultura). En est as tablillas se
recopilan obs ervaciones sobre la Luna, el S ol, su s eclipses, y otros plan etas y estrellas.
Dicho esto, el primer eclipse solar reg istrado es de los babilonios en el año 763 a.C.
Por su parte, pese a que el desarrollo de la astronomía no es tan representativo en la
cultura egipcia, ésta es la responsable del primer calendario solar compuesto por 365
días. Periodo determinado por la ap arición de l a estrella Sirio al este en el horizonte
antes de la salida del Sol, marcando así el ini cio del año, que precedía l a crecida del
Nilo en torno al que giraba la vida y la economía en Egipto.
La civilización griega aporta múltiples estudiosos del cielo, como Anax imandro,
Anaxágoras, Filolao, Eudoxio, Hiparco, Ptolomeo, Metón o Hipatia. La si ngularidad de
la visión que este pueblo tenía de la astronomía radica en que, en lugar de limitarse a
observar y recopilar información, comienzan a teorizar a partir de estas observaciones
dando lu gar a teorías, basadas en el pens amiento ra cional, que pudiesen ex plicar el
funcionamiento del universo, como el ge ocentrismo , o la causa de los eclips es.
Se puede d ecir que con los grie gos, la astronomía llega a convertirse en un a ciencia
que se desarrolló a lo larg o de 800 años. De la herencia astronómica grie ga destaca el
Almagesto (s iglo II) de P tolomeo, que es considerado el libro de ciencia más im portante
del periodo cl ásico. Doc umento que se b asaba en el anterio r trabajo de Hi parco, dond e
se recoge el sistema geocéntrico, los estudios del Sol y d e la Luna, los eclipses, o un
catálogo de estrellas. Se c onservó gracias a su rec ogida por parte de los estudioso s
islámicos y no se traduciría del árabe al latín hasta el sig lo XII , extendiendo su
influencia hasta el XVI .
Aunque las raíces de la a stronomía india ascienden al siglo XX a.C. las referencias
que nos llegan a través d e los Vedas denotan un c arác ter eminentemente as trológico, por
lo que su progreso cientí fico no lleg a rá hasta entrar e n conta cto con las culturas
occidentales a p artir del siglo V I d.C. Pese a que en el si glo XV III ll egarán a construir
Orígenes: de la mirada a l cielo a los p roto-observatorios
33
observatorios de gran interés con instrumental de gran escala e important e precisión, no
aportarán ava nces si gnificativos a esta cienc ia.
Para el pueblo islámico la astronomía tiene un im portante valor, puest o que el
Corán hace numerosas al usiones al Sol, la Luna o las estrellas, influenciando esto en su
vida cotidiana a través de costumbres religiosas como las horas del rezo, la orientación
del mismo o el inicio del ramadán.
Será esta cultura la que retome la sistematización de l as observaciones qu e habían
desarrolla do los gri egos, llegando a producir catálogos de estrellas de ma yor e xtensión y
precisión. E incluso serán los primeros en concebir el observatorio astronómico como
una institución colectiva.
Aunque sus observac iones eran metódicas y certeras, la astronomía isl ámica tenía
un carácter meramente empírico hasta que absorbe y asimila los conocimientos
mesopotámicos, griegos e indi os de esta ciencia, marcados por el uso de las
matemáticas y la geometría. Esta contaminación resultará esencial dado que será la
cultura á rabe la que aglut ine y conserve estos conocimientos durante los años de
oscurantismo medieval en Europa .
El minucioso estudio de l cielo y l a rec opilación de datos por parte de la cultura
china hizo posible que identificasen un i mportante catálogo de estrellas, y
constelaciones, adquiriendo un conocimiento suficiente del movimiento de la Luna y el
Sol como para predecir sus eclipses, o como p ara intuir la reflexión de luz solar en el
satélite. También consi guieron diferenciar entr e planetas y estrellas, e id earo n diferentes
instrumentos astronómicos como la esfera armilar o el globo celeste.
De cu alquier modo, pes e a su importante d esarrollo y a recibir el infl ujo de la
astronomía india o la islámica, tal vez por su hermetismo o por dificultades en la
comunicación, las aportaciones de los pueblos del extremo oriente a esta ciencia son
escasa s.
Sin ninguna interferencia de otra civiliz ación, alguna s culturas nativas d e América
también observaron y estudiaron el cielo, en especial el pueblo Ma y a. Ta nto el ti empo
como los astros formaban parte de sus creencias religiosas, por lo que les concedían un
gran interés. D e ahí que conociesen la p eriodicidad de los eclipses o los ciclos sinódicos
Orígenes: de la mirada a l cielo a lo s proto -observatorios
34
de la Luna, Venus, Marte o Mercurio. I ncluso co ntaban con un calendario más preciso
que el del Viejo Continente cuando llegaron los conquistadores europeos.
En definitiva, queda constancia de que la atracción por los astros y el estudio del
cielo no es un hecho aislado o puntual sino que se trata de un rasgo comú n y unifica dor
entre mu y diversos pu eblos y civilizaciones repartidos por todo el mundo. Incluso entr e
aquellos que permanec ieron ajenos a cualquier posible contaminación ideológica.
Proto -observatorio s
Más allá de las numerosas representaciones artísti cas del Sol, la L una y las estrellas
que se han podido encontrar, unas vec es más rea listas y otras más alegóricas o
figuradas, o de los testimonios escritos que han perdura do en el tiempo, queda
constancia de esta predilección astronómica a través de la incidencia de a lgunos
fenómenos ce lestes en la disposición de determina das construcc iones o conjuntos
arqueológicos.
Figura 1.1 – Disco de Nebra.
En todo caso, aunque ciertos vestigios de antiguas civilizaciones evidencien un
impacto concreto de la astronomí a en su cultura a través de su arquitec tura o urbanismo,
serán los proto-observatorios, entendidos como lugares concebidos ex profeso para ser
destinados, de algún modo, al estudio de los cielos, los que se destaquen como puntos
de interés para conocer el modo en que dichos pue blos se acercaban al estudio de esta
ciencia.
Orígenes: de la mirada a l cielo a los p roto-observatorios
35
Estos espacios serán donde los observatorios astronómicos contemporáneos ten gan
sus antecedentes y ra íces más profundas.
La primera experienc ia científica con dejes de a stronomía se remonta ha sta la
prehistoria, periodo durante el qu e nuestros antepasados r ecurrirían al estu dio del Sol, la
Luna o las estr ellas para el cálculo d e p eriodos de tiempo mediante mét odos como la
identificación de puntos de referencia o la creación de hitos como el ementos de
acotac ión
3
.
Como es de esperar, n o ha y c onstancia fidedigna de demasiadas re ferencias
ge ográficas que sirviese n a e ste propó sito. Sin embargo, sí que s e han encontrado
vestigios de elementos de orientación u observación solar, generalmente relacionados
con la salida y puest a de sol durante los sols ticios de invierno y verano por su ma yor
facilidad de identificación con precisión.
La s funciones astronómicas de estas estructuras e ran bastante limitadas. Incluso, es
posible que la actividad científica pueda acotarse a la determinación de las posiciones y
orientación de los elementos de l conjunto. S e requiere de un estudio de l cielo con
observac iones sistemáticas intencionadas y comparadas en relación a es tos puntos de
referenc ia que permitan establecer un patrón a partir del cual erguir estas
construcciones. Una vez „c alibrado‟ el dispositivo, el hecho de usarlo no es más
científico que e l mirar las ag ujas de un reloj
4
.
Figura 1.2 – Círculo d e Goseck. Vista aérea .
3
Sayili (1960): The Observatory in Islam and its place in the general history of astrono my , p.345
4
ibidem , p.347 -349
Orígenes: de la mirada a l cielo a lo s proto -observatorios
36
Aunque son indudables los principios astronómicos que sub ya cen en la constitución
de estos conjuntos, no hay evidencias que p ermitan sostener que en estos luga res se
desarrolla se investigació n o trabajo cie ntífico alguno.
El conjunto más antiguo del que se tiene constancia hasta el momento es el Círculo
de Goseck. Consi ste en una estructura neolítica situada en Alemania que data d e h ace
unos 7000 años
5
. Es un proto -observatorio solar d e planta anular, con un r adio interior
de 48 metros y uno exterior de 82. Está compuesto por cuatro a nillos concéntricos,
siendo desde fuera hacia dentro, el primero un montículo, el segundo un foso y por
último dos e mpalizadas. Estas coronas presen ta n tres discontinuidades alinea das de
forma radial y enfocadas respectivamente hacia el norte, el sureste y el suroeste. Estos
huecos se orientan hac ia la salida y puesta de Sol en el solsticio de invierno.
Figura 1.3 – Círculo d e Goseck. P lanta.
De un periodo cronológico similar es el conjunt o megalítico de Nabta Pla y a , en
Egipto, al sur del Cairo
6
. Presenta una composición circular de casi una treintena de
piedras perimetrales marcando puertas con pares de ma y or tamaño y conteniendo
algunas agrupaciones interiores.
5
Scherrer (2018): Ancient Observator ies - Timeless Knowledge , p.6
6
ibidem , p.8
Orígenes: de la mirada a l cielo a los p roto-observatorios
37
Pese a qu e este lugar pudiese acoger al gunos usos religiosos asociados a las
culturas nómadas de ese contexto, se le reconoce un ca rácter arqueo -astronómico. A
través del estudio del firmamento, el círculo adquiriría fun ciones de calendario
marcando dos de sus puertas: una alineac ión con el solsticio de verano y de punto de
orientación en el desierto señalando la s otras dos la dirección norte-sur.
Algo posterior, alrededor del 3000 a.C. puede situarse Carahunge (también
conocido como Zorats K arer) . Localizado en Ar menia se en cuentra esta composición
de más de cien piedras dispuestas como menhires de entre uno y tr es metros de altura
con planta en forma de a nillo ovalado
7
.
La prin cipal singularidad de esta formación es que parte de las rocas que lo
componen pr esentan una perforación de entre 5 y 20 cm de diámetro que las atraviesa y
que, según se ha establecido, apuntan h acia eventos significativos como h acia el Sol al
amanecer y a tardecer en el solsti cio de invierno.
Figura 1.4 – T em plo d e Mnaj dra. Vista aérea.
Entre el 3600 y el 2500 a.C. es erig ido el templo megalítico de Mnajdra, localizado
en la costa sur de Malta
8
. Los vestigios que han p erdurado hasta nuestros días consisten
en tres templos construidos en roca caliza, que pese a no est ar con ectados se agrupan en
torno a una plaza entre los restos de un c omplejo may or aunque escasamente
conserva do.
7
Simonia; Jijelava (201 5): “Astronmy in the An cient Caucasus”, pp.1148 -1149
8
Scherrer (2018): Ancient Ob servatories - Timeless Knowledge , p.1 0
Orígenes: de la mirada a l cielo a lo s proto -observatorios
38
Figura 1.5 – T em plo d e Mnajdra. P lanta.
Más allá del hallazgo de indicios que apuntan hacia un carácter religioso de las
construcciones, ha y argumentos que sustentan el consenso que identifica e l templo más
meridional como un proto-observatorio dedi cado al estudio del cielo y al tiempo. En
concre to, su orienta ción y confi guración provo can que el amanecer de los solsticios de
verano e invi erno atraviese la puerta principal e il umine los megalitos situados
respec tivamente a izquierda y derecha de la pue rta. Asimismo, en los equinoccios de
primavera y otoño, durante el alba, el Sol entra por la misma puerta c ruzando la nave
principal ortogonalmente hasta el altar .
Figura 1.6 – Sto nehenge.
Orígenes: de la mirada a l cielo a los p roto-observatorios
39
El afamado Stonehenge se encuentra en I n glaterra, al oeste de L ond res, y su
construcción se exti ende desde el 3100 hasta el 1600 a.C
9
. Aunque todavía queda en pie
una im portante estructura megalítica, un a parte considerable d e la compo sición inicial
se ha perdido. Sin embargo, los re stos son suf icientes para que los estudios hay an
podido definir cómo era su config uración original.
Presenta una pl anta cir cular de unos 30 metros de diámetro conformada por
construcciones concéntricas. El perímetro exterior lo delimitaban una serie de bloques
verticales que sostenían dinteles formando un anillo cerra do. Concéntricamente existía
una circunfere ncia de m onolitos de menor tamaño que rodeaban cinco pares de grandes
bloques pétreos a dintelados formando puertas. El interior queda ba ocupado por un
conjunto de menhires.
Figura 1.7 – Stonehenge. Planta.
La s alineaciones que se producen en Stonehenge a través de sus puertas durante la
salida y puesta d el Sol durante los s olsticios de v erano e invie rno resultan, obviamente,
intencionadas. Esto evidencia cierto grado de co nocimientos astronómico s por parte d e
sus constructores y denot a su función como punto de observación y calendario más allá
de otros usos rituales o religiosos asociados a estos hechos.
9
Chadburn (2010 ): “Stonehenge World Heritage Site, United Kingdom”, p. 36
Orígenes: de la mirada a l cielo a lo s proto -observatorios
40
Los c asos anteriormente expuestos aluden a civilizaciones primitivas con un bajo
grado de tecnificación e incluso, frecuentemente, con hábitos nómadas. Estas
circunstanc ias propician una relativamente sencilla identificación de sus construcciones.
Además, la es cala y m aterialidad de estas estructuras, favorece la p erdurabilidad de las
mismas hasta el presente, permitiendo su e studio esclarecer sus funciones e
identificarlas, si es e l caso, como proto -observatorios.
No obstante, la evolución hacia culturas más compl ejas dificulta esta tarea. Esto es
así dado que las civili zaciones más avanzadas tienden a cre ar asentamientos con
múltiples edificaciones en los que, resulta innecesario alca nzar el grado de
especialización p reciso p ara la función de observ ación como tal. Dado qu e no s e había
desarrolla do un instrumental científico que requiriese unas condiciones exigentes, este
reconoc imiento del cielo podía llevarse a ca bo a sim ple vista en casi cualquie r
construcción o en las inmediaciones de éstas a ciel o abierto.
Incluso los grande s obe liscos o postes vertica les fijados perpendicularmente al
suelo fue ron utilizados como gnomons, para determinar las partes del día o las
estaciones del año en E gipto, Mesopotamia, China, Grecia o Rom a. Los ú ltimos hasta
llegaron a situar una e sfera sobre estos para mejorar su precisión.
En el caso de la astronomía mesopotámica, aun teniendo certeza de su importante
desarrollo y pese al importante legado escrito que ha perdurado hasta la actualidad, ha y
poco conocimiento sobre los instrumentos que usaban para el estud io del cielo,
quedando tan sólo unos pocos ejemplares en museos.
Resulta im posible esclarecer, hasta hoy, dónde se localiz aban los puntos de
observac ión de esta civil ización, si bien es probable qu e estos se encontrasen
incorporados como espa cios adecuados para dicho objetivo en otros edificios. Incluso
que determinadas estanc ias o z onas, como las terrazas de los zi gurats, se uti lizasen de
forma puntual para e sta f inalidad.
Precisamente, s egún rec oge n algunos escritores de la antigüedad como Herodoto,
Plinio o Diodoro, la Tor re de B abel fue usada para la observ ación as tronómica de
Capítulo 2
El observatorio islá m ico -medieval
El observatorio islámico-medieval
49
Tras la división el I mperio Romano (año 395) y, en especial, tras la caída del
Imperio Romano de Occidente (año 476), coincidiendo con el inicio de la Edad Media,
comienza una época de o scuridad cultural en el m undo occidental a la que no escaparía
la astronomía. Dur ante e ste periodo, la cultura islámica jugará un papel e sencial en la
historia de esta ciencia, ya que pr eservará el vasto conocimiento grie go en a stronomía, e
incorporará sus propi as averiguaciones. Todo esto sería recuperado para occidente por
la Escuela de Traductores de Toledo, bajo el rein ado de Alfonso X
16
, durante el si glo
XIII. Esto será evidente en el observatorio, la pr opia institución isl ámica que tan sólo
será posible como consecuencia lógica del desarroll o de la herencia griega en esta suerte
de prosperidad científica.
En este caso, el observatorio forma parte d e un conjunto de im portantes
instituciones asociadas al conocimiento y el a prendizaje que la tradición is lámica
medieval ha legado a la sociedad moderna. La universidad, la bibl ioteca pública y el
hospital son otras entidades perteneciente s a este grupo cu y o papel en la transmisión de
la cultura y de l conocimiento científico resultó notable.
En lo referente a los observatorios, estos impli caban la investi ga ción y el desarrollo
de teorías científica s a través de la observación metódica y rec urrente. Con e sto, l a
astronomía islámica tomará consciencia de la escala temporal de los astros. Aunque
algunos da tos se consiguen con observaciones puntuales o de plazos relativamente
cortos, la mayor parte de los estudios requieren de un largo periodo de observación. Esta
manera d e entender la astronomía supondrá un importante salto cualitativo que
propiciará qu e sean los primeros en concebir estas construcciones como instituciones de
colaboración.
El observatorio islámico constituy e un espacio dedica do específicamente para el
estudio colectivo y prolongado en el ti empo de los fenómenos celestes y el intercambio
de conocimiento científico. Esto propiciará que el observatorio isl ámico sea el precursor
del observatorio moderno.
16
Gargatagli (1999):“La escuela d e traductores d e Toledo”, p.9
El observatorio islámico-medieval
50
Parece evidente que la evolución del observatorio está ligada al mundo islámico.
Incluso se pued e decir que la entidad, como tal, aparec e por primera ve z en dicha
civilización. Esto no es así por una cuestión aleatoria, sino qu e los ras gos de la cultura
islámica como sociedad enlazan con el observatorio como institución científica. No
obstante, a unque e sta temporalidad se implementa e n el observatorio i slámico, su
permanencia prolongada en el tiempo sería relativa, dado que, en general, contarían con
una vida reducida
17
.
Dos singularidades que a la postre resultarían determinantes para la relevancia del
observatorio islámico como institución será n el tamaño de los instrumentos y el
mecena z go de la misma. El hecho de que los útiles de observación y estudio alcanzasen
una dimensión tal que i mpidiese su portabilidad conllevó un asentamiento necesario.
Por otro lado, el soporte económico r eal o estatal, auspic ia una dotación d e personal qu e
trasciende al científico indivi dual
18
.
Pese a que , con anterioridad se han presentado diversos lugares, estructuras o
puestos de obs ervación, e incluso se haya a ludido a la posibilidad de antecedentes
grieg os (los pro gramas d e observación de Hiparco y Ptolomeo), no ha y evidencias que
permitan identificar como observatorio ninguna institución anterior a las islámicas.
Como recoge Sa y il i: “Parece ser que la cr eación del observatorio no fue el
resultado de una evolución ininterrumpi da come nzando con los griegos y conti nuando
en el I slam. El I slam tenía, en apariencia, las características de un ambiente más
adecuado para la aparición del observatorio como institución. El sentimiento de
dependencia de la soci edad islámica sobre la a stronomía y su tendencia a tener
observac iones he chas en presenc ia de varios testi gos confiables fueron, en gran medida,
probablemente fundamentales en este aspecto. El prestigio d e la astrología y la tradición
de construir nuevas tablas astronómicas con b astante frecuencia t ambién deben haber
constituido importantes factore s relevantes a este respecto”
19
.
La s primeras referencias a un observatorio islámico apuntan hacia el observatorio
de Damasco durante el p eriodo ome y a (661 -750)
20
. Sin embargo, Sa yili, una autoridad
17
Sayili (1960): The Observatory in Islam and its place in the general histo ry of astronomy , p.4
18
ibídem , pp.353 -354
19
ibídem , p. 355
20
Dreyer (1953): A History of Astronomy, from Thales to Kepler , pp.245 -246
El observatorio islámico-medieval
51
en la materia, descarta e sta posibilidad cuestionando el grado de desarrollo científico
islámico en dicho periodo. Además, atribu ye dich o error a una confusión de traducción
o interpretación. La r ealidad serí a que el califa ab así Al Mamûn fundo un observatorio
en Damasc o, capital omeya, en el siglo IX
21
.
Aunque con anterioridad se estableciesen diversos puestos de observación, más o
menos temporales, result a complicado hablar d e observatorios como institución antes de
Al Mamûn
22
. S ayili, se basa en una amplia bibliografía isl ámica para concluir que, pese
a las referencias fragmentadas, imprecisas y carentes de detalles, la multitud de
alusiones incita a aceptar que Al Mamûn ini cia la tradición de fundar obse rvatorios. L as
numerosas observaciones reco gidas por diferentes autores pe rmiten reconocer centros
establecidos en Shamma si ya , Badgad y en el Monte Qasi y un, Damasco
23
.
El hecho de que no ha ya descripciones o evidencias gráficas de los observatorios
podría suponer la inexistencia de un espacio cons truido par a albergar dicho uso. En todo
caso, aunque dicha c arencia pudiese re sultar de finitiva para su d escalificación como
observatorio moderno (como se verá en posteriores capítulos), no es ne cesariamente
determinante para su predecesor: el observatorio i slámico.
Por el contrario, los testimonios que recogen el personal asignado a dichos centros,
la calidad de los instrumentos ex istentes en ellos y las observaciones allí desempeñadas,
evidencian una diferencia sustancial con sus pre cursores. Existe por l o tanto un punto de
inflexión a partir de Al Mamûn en lo que a los observatorios como institución
especializada se refiere.
Aunque aquí se admite la relevancia de Al Mamûn en la evolución de los
observatorios, se tra ta de una concesión más vinculada al car ácter y sentido de la
institución que a un argumento arquitectónico d ado que estos obse rvatorios, así como
los que le seguirían, s e establecerían ma yoritariamente en loc alizaciones abiertas y no
construidas.
Precisamente, el hecho d e carecer de un le gado m aterial que permita catalogar estos
observatorios más allá de los testimonios de diversos autores, ha ce e xtremadamente
21
Sayili (1960): The Observatory in Islam and its place in the g eneral history of astronomy , p. 50
22
Mujani et al. (2012): “Observatories in Islamic history”, p.13 70
23
Sayili (1960): The Observatory in Islam and its place in the general history of astronomy , pp. 51 - 57
El observatorio islámico-medieval
52
difícil discernir entre los observatorios de este periodo y los puestos de observa ción
puntuales establecidos pa ra un estudio efímero. Su s principales diferencias radicaban en
la c antidad de persona l dedicado a ellos, la calidad de equipo de obse rvación o la
duración de la vida de estos centros.
Es decir, en este momento inicial los observatorios no eran una i nstitución
claramente definida y resulta verdaderamente complicado señalar q ué puntos de
observac ión t rascendían la barrera entre el puesto de trabajo temporal más avanzado y el
embrionario centro científico.
No obstante, se le debe asignar a Al Mamûn que estos centros a stronómicos
contasen con p rogramas de trabajo, un equipo científico compuesto por diversos
astrónomos y el mecenazgo de dichos centros; siendo estas reformas sust anciales
novedosas para un puesto de obse rvación, sin que ha y a nada semejante en periodo
anterior a lguno
24
.
Entonces, es a partir de este punto en el que el observatorio islámico empieza a
desarrollarse como una institución astronómica e specializada vinculada a un equipo
científico y una loc alización concreta. Comienz a a estructurarse con una administración
propia en torno a un programa de trabajo y su s instrumentos se van haciendo más
precisos, más grandes y más pesados.
Todas estas circ unstanci as suponen un cambio en el p aradigma d el observatorio
islámico que, en un proceso vacilante a lo largo varios siglos, trasciende desde un
semiimprovisado puesto de observación hasta el centro científico de referencia de su
tiempo.
El observatorio de Maragha (1 259)
La construcción del o bservatorio de Ma ragha (también escrito M araghe o
Maraghe h), al noro este de Irá n, se en marc a en el periodo que r epresenta el culmen de la
evolución del observatorio islámico, que recae en el siglo X III . Esta época coincide con
la fase de ma yor relación con I ndia y China, sin embargo, dado que no h ay evidencias
que lo sustenten, no es posible descartar ni mantener que este progreso se deba a la
24
Sayili (1960): The Observatory in Islam and its pl ace in the general histo ry of astronomy , p.25
El observatorio islámico-medieval
53
influencia asiática. De i gual modo, durante est a época el trasvase cultural entre Europa
y el mundo islámico es reducido por lo que tampoco se pued e sostener una ascendencia
directa e inmediat a sobre el posterior observat orio moder no
25
. De c ualquier for ma,
aunque no se pueda establecer ninguna relación de causalidad explícita, sí que es
posible leer algunos tra zos de los observatorios de este periodo en los postreros.
Aunque algunos importantes observa torios islámicos se construy esen con
posterioridad al d e Mara gha (como el de Ulu gh Beg en Sam arcanda), no aportan nin gún
avance r elevante con respecto a éste. Al contrario, los principales progresos y rasgos
que prese nta esta instituc ión en el mundo islámico aparecen con dicha edificac ión.
El de Mara gha e s el observatorio más importante de este periodo, puesto que,
introduce todos los rasgos de la institución isl ámica en una construcción que s e
convertirá en el paradigma a im itar en su época. Además, hay numer osas evidencias de
la relevanc ia de dicha estructura de la que nos queda n tanto fehacientes testimonios
escritos como re stos materiales arqueológicos.
Esta construcción se inició en 1259 ubicándose en Maragha, una ciudad de la
región de Azerbai yá n, al norte de Irán, bajo el auspicio del astrónomo y m atemático
Nasir al Din al Tusi y con el patrocinio del mecenas Hulagu. Pes e a que las obras se
prolongaron durante má s de cinco años, no fue nece sario esperar a la conclusión de
éstas para el inicio de la activi dad astronómica
26
.
Junto al observatorio se irg uie ron otros edific ios complementarios como una
mezquita, un edificio auxiliar rematado por una gran cúpula o una residencia. Todo ello
construido en la planicie superior de una colina en las afueras de Mara gha por Muayyad
al Din al Urdi, como ingeniero experto en a stronomía, y su arquitecto
27
.
La s traducciones que aporta Sa y ili a p artir d e la s fuentes ori ginales se refieren al
observatorio c omo “maravilla”, “regalo para los ojos”, “torre alta” u “observa torio
enorme”. También se habla de la biblioteca del observatorio sit uada “e n el edificio
principal” con “más de 400.000 volúmenes”
28
.
25
Sayili (1960): The Observatory in Islam and its place in the general history of astronomy , p. 189
26
ibidem , pp.190,196
27
ibidem , p.193
28
ibidem , pp.194
El observatorio islámico-medieval
54
Además se alude a una cúpula que remata el observatorio con una apertura en la
parte superior que, según algunas versiones repres enta uno de los principales atractivos
de la institución
29
.
Figura 2.1 – Observatorio de Maragh a. Ruinas circa 1970 .
Aunque tan sólo prevalezcan las ruinas de la construcc ión, éstas junt o con los
testimonios existentes y los subsiguientes observatorios que beben de éste, permiten
desarrollar una descripción del edificio que, si bien puede no ser absolutamente certera,
se aproxime bastante a la realidad.
El edificio principal se configuraría como una torre de pl anta circular con un
diámetro de veintidós metros de cu y a cubie rta sobresaldrían un muro perimetral a modo
de peto y un cilindro de menor tamaño rematado con una c úpula. Alcanzaría una altura
de unos veinticinco metros, divididas en cuatro plantas más la coronación. S u definición
constructiva se habría llevado a cabo con ladrillo cocido formando paramentos de
acabado vist o en todo el cerramiento, en el que como el em entos decorativos
caracter ísticos aparecerían arcos, arabescos, lacerías o mosaicos.
En cuanto al interior, el espacio central queda ali neado de norte a su r con el gran
cuadra nte pa ra l as observaciones d e tránsito merid iano que o cupa el centro del volumen
principal. Este instrumento estaba formado por un gra n a rco de círculo de noventa
grados de unos cuare nta metros de di ámetro hecho también de ladrillo en el que la
colocac ión de las piezas producía un surco p ara las mediciones. Flanqueando el
instrumento debían aparecer dos es caleras siguiendo su curvatura para fa cilitar la toma
de datos. A los lados de este esp acio surgen perpendicularmente en planta baja
habitaciones de menor tamaño destinadas a albergar volúmenes bibliotecarios. Por su
29
Sayili (1960): The Observatory in Islam and its place in the general histo ry of astronomy , p. 194
El observatorio islámico-medieval
55
parte, las pl antas superiores, sin una compartimentación tan minuciosa, s e dedican a la
investigac ión y la discusión científica, conteniendo instrumentos de observación y
mesas de t rabajo. Además de mobiliario, equipo y t extos, el complejo guardaría
repre sentaciones de las esferas celestes, mapas e ilust raciones de las fases de la luna.
La cúpula superior podría haber cont ado con un óculo en lugar de su clave por la
que entrarían los ray os solares y se usa ría, posiblemente, para la medición de los
movimientos del Sol.
Figura 2.2 – Ob servatorio d e Maragha. Planta y secciones.
Pese a que algunos de los dispo sitivos de observación estaban fijos en su posición
en el interior del edificio, como la esfera armilar, había otros en construc ciones
secundarias. Éstas, al m enos cinco a t enor de los restos de los cimientos encontrados, se
organizaban con grandes instrumentos de madera sobre basamentos circula res de piedra
en torno a la torr e de ob servación
30
. Más aún, había otros muchos útiles portátiles para
ser situados la explanada frente a la torre o en los alrededores del observ atorio, al aire
libre.
Aunque es seguro qu e no ha quedado const ancia de todos los instrumentos usados
en el obse rvatorio, sí ha y alguna d escripción qu e permite establecer un listado: un globo
30
Mozaff ari; Zotti (2013): “The observational instruments at the Maragha Observatory after AD 1 300”, p.77
El observatorio islámico-medieval
56
terrestre de pulpa de pa pel, un globo celeste m etálico, un cuadrante mural g raduado
hasta los minutos, una esfera armilar con c inco anillos y una alidade , una armilla
solsticial, una armilla equinoccial, un inst rumento para la medición de los r adios del So l
y la Luna, un anillo de a zimut con dos cuadra ntes, una regla pa raláctica, u n instrumento
para la d eterminación de azim uts, un instrume nto sinus oidal seno y versado, „ el
instrumento perfecto‟ y o tros instrumentos portátiles secundarios
31
.
En lo relativo a la funció n astronómica d e la cúpu la, parece ser que Al Urdi no tuvo
relación con ella. En este sentido, el propio Al Urdi reconoce que tanto la arquitectura
como la construcción de edificios estaban fuera d e su profesión
32
. Esta declaración pone
de manifiesto el cru cial papel de la arquitectura en la evolución los obse rvatorios y su
trascendencia para hacer de Maragha el referente de la institución islámica.
Más allá de la investigación, Maragha tuvo un im portante papel en la transmisión
de conocimientos. Dado el gra n tamaño y complejidad de algunos de los instrumentos
que se usaban allí era n ecesario contar con apr endices que a y ud asen con las tareas d e
observac ión. Igua lmente era útil contar con estudiantes que realizasen los cálculos
requeridos por los prin cipales astrónomos. Además, estos asistentes adquirían durante
su estancia una formación que los terminaba capacitando como científicos.
No ha y in formación precisa respecto a la or ganización de la labor docente en la
institución, pero sí que se puede asegurar un im portante número de discípulos y
estudiantes privados as í como multitud de astrónomos, comprendiendo incluso
científicos venidos desd e China. P ese a que po r sus particularidades parece tener un
carácter d e escuela oficial, se des conoce si esta ac tividad se desarrolló en las
habitaciones superiores del edificio principal o si se ubicaron en alguno de los
secundarios
33
.
También r esulta ex traordinario en el obs ervatorio de Maragha su extensión en el
tiempo, dado qu e su vid a se prolon ga considerablemen te más allá d e su mecenas, al go
del todo inhabitual en ese periodo. Además, será la primera de estas instituciones
islámicas que sobre viven a su fundador.
31
Sayili (1960): The Observatory in Islam and its place in the general histo ry of astronomy , pp.194,199-201
32
ibidem . p.198
33
ibidem , pp.192,218 -222
El observatorio islámico-medieval
63
A principios del siglo XX, un arqueólogo des cubrió un documento con la ubicación
del obse rvatorio y e n 1908 se iniciaron los traba jos pa ra rescatar las ruinas de su
enterramiento que, con alg una interrupción, se prolongaron hasta 1948
47
. L o qu e ha
prevalecido corresponde con la pa rte del cuadra nte esculpida en el terreno,
aproximadamente unos veinte gra dos de ángulo.
Actualmente está catalogado como P atrimonio de la Humanidad y se ha convertido
en un referente turíst ico de la ciudad, siendo visi table y contando incluso con un museo:
el Museo del Observatorio de Ulug h Be g.
En perspectiva, siendo su gran aporte l a inser ción del cuadrante en el terreno con la
corre spondiente mejora de fiabilidad en las mediciones, no es posible asegurar que l a
estabilidad, y no facilidad de ejecución o cualquier otra r azón, sea la jus tificación de
esta decisión de diseño. Pese a que no incorpora grandes innovaciones en lo refer ente a
su concepción, el Observatorio de Ulugh Beg representa un claro exponente de los
observatorios islámicos.
Una arquitectura requerida po r la astr onomía
La aparición del observatorio como institución y como edificio no es result ado de la
inspiración de un ideólo go sino que surge como respuesta a una necesidad a partir d e la
búsqueda de solucione s a determinados inconvenientes advertidos con a travé s del
co nocimiento de esta ciencia.
La concepción adquirida por los astrónomos islá micos de la escala tempo ral de los
fenómenos celestes implica la prolongac ión de los periodos de observac ión a unos
rangos difícilmente asumibles por un solo individuo. Del mismo m odo, la pretensión de
mayor pr ecisión de las mediciones conllevaría un crecimiento de los instrumentos de
observac ión que restringiría su movi lidad. Estas circunstancias harían aconsejable e l
establecimiento en un punto concreto. S on estas limitaciones las que acabarían
propiciando las condiciones para que, ligados a un lugar, se irguiese un edificio que
alberga se esos usos fundamentales y, acertadamente ya desde su origen, o tras funciones
complementaria s.
47
van Dalen (2007): “Ulugh B eg: Mu ḥammad Ṭaraghāy ibn Shahrukh ib n Timur”, pp.1158 -1159
El observatorio islámico-medieval
64
Sayili afirma que “el o bservatorio islámico e ra un producto de n ecesidades y
valores entretejidos en la sociedad y cultura islámica y que era un verdadero
repre sentante y un a parte integral de la civilización islámica”
48
, puntualizando que “el
edificio del observatorio especial ha sido una cara cterística in cidental d el observatorio,
en el sentido de que parece haber s ervido con m ás frecuencia como lugar de residencia
para los astrónomos y p ara albergar ofi cinas administrativas”
49
Sea como fuere, este
conjunto de circunstancias, tal vez azarosas, propias de l a tradición islámica se
conjugarían para producir un importante salto en la evolución desde los proto -
observatorios o los puestos de observación hasta los observatorios.
La tras cendencia del Observatorio d e Maragha y sus herederos en la astronomía
medieval radica tanto en sus investi gac ione s como en su mera concepción y
construcción. Los estudios producidos en este c entro gracias a la colaboración de
reconoc idos astrónomos, matemáticos y fabricantes de instrumentos sustentaron las
bases que permitirían alca nzar el modelo heliocéntrico de Copérnico. Además se tomó
esta edificación como paradigma, siendo imitado y reinterpretado en numerosos
observatorios desde Orie nte Medio hasta el afamado Observatorio de Jaipur, construido
y a en el si glo XVIII en la I ndia y tod avía conservado como atracción turística .
La s innova ciones que se introducen en Maragha lo elevan a una categoría superior
dentro del observatorio islámico a la que se sum arían los posteriores de Samarcanda y
Estambul, definiendo las características qu e tendrían que aspirar a igualar o mejorar los
observatorios venideros.
Con todo ello, parece claro que la influencia de la astronomía isl ámica, en ge neral,
y de sus observatorios, en particular, terminaría arraigando, de algún modo, en l a
tradición científica europea a partir del siglo XIII.
48
Sayili (1969): The Observatory in Islam and its place in the general histo ry of astronomy , p.5
49
ibidem . p.369
Capítulo 3
Génesis del obser vatorio moderno
Gé nesis del ob servatorio moderno
67
Si los antepasados del observatorio se remontan hasta el Neolítico con una oscilante
e inconstante evolución en las diversas civili zaciones del planeta has ta finales del
Medievo, será durante la Edad Moderna do nde se produzcan los progresos que
conformen los cimientos del observatorio c ontemporáneo.
La s p rimeras referencia s a un observatorio europeo señalan hacia Nuremberg ,
donde el astrónomo y matemático Johannes Müller von Königsberg, conocido como
Regiomontanus, llevó a cabo sus obse rvaciones respaldado p or su amigo y me cenas
Bernhard Walter a fina les del sig lo XV
50
. Sin embargo, Z inner demu estra que la
primera a lusión a dicho observatorio como tal no aparece hasta el sig lo X IX
51
.
Por otro lado, ha y constanc ia de la existencia de diversas observaciones de gra n
importancia llevadas a cabo por Copérnico en F rauenburg, Ermland y Allestein durante
la primera mitad del siglo XVI
52
. No obstante, no hay c erteza de que esta s
observac iones se realizasen en un solo lugar o contrastándolas co n diferentes
instrumentos; e incluso parecen e xist ir pruebas de lo contrario
53
.
Aunque es mu y probable que Copérnic o dis pusiese uno o varios l ugares de
observac ión, no ha y testimonios ni evidencias de instrumento s fijos o de un equipo de
trabajo que permitan afirmar que contas e con u n observatorio como tal. De cualquier
modo, el papel de Regiomontanus o Copérnico en el desarrollo de los observatorios es
trascendente, puesto que pese a que ellos careciesen de uno d e estos centros
astronómicos, su labor s embraría la semilla para los posteriores proyectos de Wilhelm
IV y Tycho Bra he.
Hay un gran consenso en sit uar en el Landgraviato de Hesse -Kassel, ho y la ciudad
de Kassel (Alemania), el primer observatorio moderno, fundado en 1560
54
, e incluso
50
Dreyer (1890): Tycho Brahe , pp.4-5; Gunther (1932): Early Science in Oxford , p.76
51
Zinner (1938): Leben und Wirken d es Johannes Müller von Königsberg Gennant Regiomonta nus , p.168
52
Zinner (1943): Entstehung und A usbreitung der Coppernikanischen Lehre , pp.408-415
53
ibidem , p.417
54
así lo reconocen Todd (1922): Astro nomy: the s cience of the heavenly bodies , p.45; Pan nekoek (1961): A
history of astronomy , p.208; o Pantin (1999): “New p hilosophy and old prejudices: aspects of the reception of
Copernicanis m in a divided Europe”, p.240.
Gé nesis del ob servatorio moderno
68
Hall llega a considerarlo el primer centro de investigación europeo
55
. Por contra, esta
tesis rechaza e sa interpretación.
Pese a qu e el de Kassel pueda lle gar a ser considerado po r al gunos autores
56
el
primer observatorio de la Ed ad Moderna, no representa ningún a vance c ualitativo
sustancial respecto a los de periodos anteriores, resultando, en gran p arte, fruto de la
improvisación.
En este mismo sentido, Zinner indica que en Hesse -Kassel no había un edificio
concebido específicamente como observatorio sino que se tan sólo se hace uso de una
plataforma habilitada en el palacio para tal fin. Es por esto que ni siqui era reconoce la
existencia de un observatorio en el Landgraviato
57
. Por el contrario, la identificación de
este puesto d e tr abajo astronómico c omo obse rvatorio se sust enta e n la extensión
temporal de las observaciones, la colaboración con un equipo de trabajo y en el aumento
y mejora del instrumental de observación y equipo aux iliar.
En cualquier caso, d esde una perspectiva arquitectónica, lo que define al
observatorio mode rno como el inmediato pr edecesor del contempo ráneo es su
adaptac ión planificada del espacio construido de sde las fases iniciales d e diseño p ara
responder a determinadas funciones incorporando unos instrume ntos de investigac ión
astronómica concre tos y fac ilitando su utiliz ación.
Es decir, el observatorio moderno s e caracteriza por contar con cierto grado de
intencionalidad y especialización arquitectónic a para la astronomía.
Algo similar reco ge Sa yili “L a pr esen cia de un ed ificio especial p ara la obs ervac ión
constituye , sin duda, un signo claro y sustancial de la existencia de un observatorio”
58
.
En el La ndgraviato de Hesse -Kassel, en 1560, el Landgrave W ilhelm I V, fascinado
por esta ciencia, manda c onstruir u na plataforma a modo de balcón en su pa lacio urbano
55
Hall (1983 ): The Revolution in Science, 1500 -1700 , p.209
56
los referidos en las dos notas anteriores
57
Zinner (1956): Astronomische Instrumente des 11. Bis 18. Jahrhunderts , p.588
58
Sayili, (1960 ): The Observatory in Islam and its place in the general history of astronomy , p.369
Gé nesis del ob servatorio moderno
69
de dicha población
59
. Este mirador tendría por objetivo el estudio del cielo mediante
instrumental astronómico.
Figura 3.1 – Wilhelm IV, Landgraf vo n Hessen -Ka ssel y Sab ina von Württe m berg, Landgräfin v o n
Hessel-Kassel. Pinturas de Kaspar van der B ortch (1 577). Al fondo de lo s cuadros se apr ecia tanto el
ventanal que daba acceso a la p latafor m a de ob servación como los instru mentos astro nómicos.
Si bien inicialmente sería el propio Wil helm quien realizaría las observac iones,
pronto se incorporarán otros estudiosos para el desarrollo de una investigac ión
permanente ha ciendo uso del instrumental disponible en Kassel: cuadrante, sextante,
turquet, relojes y, posiblemente, g lobos computacionales.
Además d e observaciones solares y de com etas, desde esta instala ción se trató d e
establecer la latitud de Ka ssel y c alcular la oblicuidad de la e líptica. Igualmente se
trabajó en el desarrollo d e un catálo go estelar moderno con el objetivo de reemplazar el
de Tolomeo, aunque ese ambicioso pro y e cto quedó a medias.
Con todo, la relevancia del puesto de observación de Kassel no es menor, puesto
que servirí a de catalizador para la evolución de e sta tipología e dificatoria. En 1575
Tyc ho Brahe visita las instalaciones d el L andgrave W ilhelm y, unos m eses después,
inspirado por ese viaje, comienza a construir en Dinamarca el que, ahora sí, será el
primer observatorio moderno.
59
Gaulke (2009 ):““T he first Euro pean observatory of the s ixteenth century, as founded b y Landgrave Wilhelm
IV of Hess e-Kassel”: a serious histo riographic category or a mi sleading marketing device?”, p .89
Gé nesis del ob servatorio moderno
70
Uraniborg (1576)
Tras su estancia en Hesse-Kassel, Tycho Brahe comienza l a construcción de
Uraniborg en 1576, bajo el patrocinio del rey Fr ederik II , en la danesa isla de Hven
(actualmente Ven, pe rteneciente a Suecia). Este centro de investigación tendrá tal
impacto que llamaría la atención de estudiosos y nobles, e incluso la realeza, llegando a
ser re conocido como un importante centro de enseñanza científica . Tanto es así que
conseguirá convertirse en una referencia a imit ar por los posteriores observatorios
europeos, si no en su a pa riencia, a l menos sí en su concepción.
Dicho reconocimiento llegaría a tal punto que a finales del siglo XVII, el astrónomo
Giovanni Domenico Cassini señalaría a Uraniborg como el lugar de naci miento de la
astronomía moderna
60
Figura 3.2 – E ncabezamiento de la página inicial d e la ob ra de Cassini De l’ origine et d u p rogrès de
l’Astronomie (1731) . A la derecha, Uraniborg.
Dado que éste es el primer edifi cio construido con intención y especialización para
servir a la astronomía, se puede afir mar que Uraniborg es el primer observa torio
astronómico desde el punto de vista de la arquitectura. Con un criterio semejante,
Zinner apunta que hasta esta instalación los inst rumentos de observación, simplemente,
se sit uaban sobre plataformas elegidas con cierto criterio. Por esto mismo señala hacia
Uraniborg y, con posterioridad, S tjerneborg como los primeros observatorios
construidos en Europa
61
.
60
en el encab ezamiento de su ensay o: C assini, G. D. “Recueil d 'observations faites en plusieurs voy ages par
ordre de sa Maj esté pour perfectionner l'astronomie et la géographie”
61
Zinner (1956): Astronomische Instrumente des 11. Bis 18. Jahrhunderts , p.221
Gé nesis del ob servatorio moderno
71
En 1597 T y cho deja la isl a de Hven, lo q ue por desgra cia supo ndría la
descomposición de su observatorio, que primero c omenzaría con el de spojo de los
instrumentos astronómicos y continúa hast a su desaparición material. Est o im plica un
grado de incertidumbre sobre el entendimiento del edificio y d e lo que significó en su
momento que debe solventarse a partir de los escritos, dia gramas e imá genes que han
perdura do, obra del propio T y cho o de otros estudi osos o artistas.
El conjunto de Uraniborg se constru y ó en la z ona central de la isl a, en la que un
gran jardín de planta cuadrangular, cercado por un muro perimetral, rodea a la
construcción princ ipal que se sitúa en el medio.
Figura 3.3 – Ur aniborg. Litografía de su alzado o este.
Desde un punto de vista estilístico, se trata del “primer edificio renacentista de
Escandinavia”
62
. Aunque prese nta rasgos característ icos del más puro Rena cimiento
italiano como la armonía de las proporciones, las r epeticiones rítmicas de elementos o
las simetrías, apreciables tanto en planta como en alz ado, dista mucho de los patrones
canónicos de P alladio o S erlio. Por el contrario, sus atributos se aproxim an más a las
obras renace ntistas flamencas o, incluso, al M anierismo. Algunos de los aspectos
formales que lo diferenc ian y si gnifican son influencia de los palacios, castillos y otros
62
Kwan (2012): Architectures of astronomica l observation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to Radcliffe
Observato ry (1772) , pp.42
Gé nesis del ob servatorio moderno
72
encarg os por parte de Fre derik II a arquitectos hol andeses. Entre otros el us o del ladrillo
rojo en los paramentos o la inclusión de piedra arenisca en los encuadres de puertas,
marcos de ventanas y difere ntes remates.
Uraniborg “se ha comparado a menudo con la Villa Rotonda d e Pall adio”
63
,
llega ndo a señal ar a esta última como una fuente de inspiración. La comparación inicial
de sus plantas y alzados puede revelar ciertas sim ilitudes. Sendas construcciones poseen
una doble simetría respecto a sus ejes longitudinal y tr ansversal en planta, siendo
también simétricos c ada uno de sus cuatro alzados. Además sus pl antas quedan
divididas en cuadrantes que organizan el espac io. I ncluso coinciden en la cúpula centra l
que corona los edificios.
No obstante, un estudio más concienzudo de ambas construcc iones atendiendo a su
escala y proporcion es permite destacar sus discre pancias. Villa Rotonda e s un edificio
que aco ge mediante una gran escalera hasta cad a uno de sus pórticos ha cia el espa cio
bajo la cúpula, siendo este g r an núcleo central el argumento que determi na la obra.
Uraniborg, po r el cont rario, posee unos accesos más moderados que se d istr ibu ye n en
cruz en su inte rior, si n centralidad real y con una de finición formal marcada,
esencialmente , por la función.
Tyc ho contó con los arquitectos neerlandeses de la corte rea l de Frederik II,
posiblemente Ha ns von Pasche n y Hans va n Steenwinkel
64
, ade más de con J ohann
Gregor van der S chardt para el diseño d e Ur aniborg, lo que a yuda a justificar la
existencia de elementos propios de la arquitectura de los Países Bajos o centroeuropea
como los re mates de las lí neas de cumbrera , los frontones curvos c on v entanas
circulares o la cúpula bu lbosa. Aunque no se puede des cartar la influencia italiana en
Uraniborg
65
, la enorme relevancia de este edificio no radica en sus rasgos estilísticos
sino en su concepción forma-funcional.
En todo caso, pese a que pueda haber ci ertas dudas acerca del grado de
responsabilidad de estos arquitectos, lo que parece claro es la im plicación del propio
63
Kwan (2012): Architectures of astronomical ob servation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to Rad cliffe
Observato ry (1772) , pp.44
64
Petzet (2009 ): “Opening lecture: The Observatory os the King Su n and Classical As tronomy ”, p .27
65
Lichtenberg (1985): “Joh an Gregor v an der Schardt, sculptor and architect”, ap unta a los viajes realizados
por el arquitecto
Gé nesis del ob servatorio moderno
79
con la abundante presencia de simetrías eviden ciaba la influencia ren acentista en este
jardín.
Estos parterr es s e dedicaban eminentem ente al cultivo de especies para l a
investigac ión alquímica. P ese a que no hay más referencias, si atendemos a la planta del
conjunto se puede ver como una de las particiones geométr icas del jardín es destinada a
albergar un gran reloj de sol. De aquí se puede deducir que T y cho tenía l a in tención de
extender su actividad cientí fica allende los muros del edificio, y si no lle gó a llevarlo a
cabo, al menos lo tenía e n proy ecto.
Definiendo los límites de Uraniborg y su articulación con el entorno s e a lza la
muralla perimetral. Más allá de la b arrera que el muro suponía, en las esquinas se
incorporaron construccio nes que definían la relación dentro -fuera. A est e y o este, los
vértices presentaban las casetas d e entrada al co mplejo. Al norte se situaba la prisión,
que identifica Uraniborg como centro administrativo de Hven y , por lo tanto, a T y cho
como su señor f eudal. Al sur se encontraba la im prenta, con dos máquin as de im presión
y ti pos específicos para publicaciones científicas. Esto, unido a la propi a producción de
papel, le proporcionaba a T ycho el control absoluto de las publi caciones. De este modo,
se daba la posibilidad de establecer una comuni cación masiva y una gran difusión de
sus hallazgos por toda Europa.
Figura 3.7 – Ur aniborg. Pintura de Heinrich Hansen (1 882) .
Gé nesis del ob servatorio moderno
80
En resumen, de Uraniborg se desprende un a lect ura conceptual mu y bási ca, y c asi
poética: bajo tierra, en el sótano, trabajando en el laboratorio alquímico a la luz del sol
que entra por las ventanas; en el tejado, escrutando el cielo en el observatorio
astronómico a la luz d e las estrellas que lo envuelven; en medio, el estudio en el museo
como corazón del proy ecto.
Tras algunos años de es plendor y un a posterior decadencia, a principios del siglo
XVII, Ur aniborg fue desmantelado, empezando por la pérdida de sus instrumentos
científicos y terminando por la completa destrucción. No obstante, su huella perdura y a
que “este tr abajo muestra como la inversión arquit ectónica de T ycho es un rasgo atípico
por ser tan grande y po r aspirar a conseguir tanto, y por l a forma en que, n o obs tante, se
ajusta al ámbito más am plio de la ciencia r enacentista”
71
. Este edificio mo stró cómo la
participación y colaboración del arquitecto podía llegar a cataliz ar la labor investigadora
científica. Uraniborg representaba el diálogo entre arquitectura y astronomía .
Stjerneborg (1584 )
Siendo incuestionable la relevancia d e Uraniborg, que lo sitúa como un hito, T y cho
identificó algunas particularidades del pro y ecto que lastrab an la actividad científica. El
edificio concebido para el aprendizaje, la alquimi a y la astronomía se basaba en los
prece ptos adec uados, pero su materialización acar reó défi cits insalvables para el estudio
de los cielos. Las plataformas , que rodeaban los á bsides, elevadas sobre es beltos postes
de made ra, resultaban d emasiado inestables dad o que presentaban vibraciones a causa
del viento, habitual en l a zona, que se tr ansmitían a los instrumentos de observación qu e
se encontraban sobre ell as. Estos movi mientos entraña ban una im precisión inadmisible
para su fundador.
Uraniborg aunó a l a rq uitecto y al científico dando lugar a una c onstrucción
grandiosa con v alor espa cial pero, en lo relativo a la astronomía, fracasó
72
. Hacia 1583,
Uraniborg se encontraba saturado de estudiantes y asistentes, lo que le dio a T yc ho una
coy untura par a plantear un segundo equipamiento astronómico: un observatorio
71
Kwan (2012): Architectures of astronomical ob servation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to Rad cliffe
Observato ry (1772) , pp.27
72
ibidem , p.93
Gé nesis del ob servatorio moderno
81
auxiliar, en las inmediac iones del existente, para tener un mayor control sobre las
investigac iones
73
.
Habiendo adquirido un a buena experiencia tr as varios años de funcionami ento de
Uraniborg, Tycho pre tendía evitar la ac ción del viento que tanto afec taba a las
plataformas y minimizar las incidencias climáticas como en el laboratorio del sótano.
Además, decidió primar la privileg iada posición, libre de obstáculos, que tenía ese
espacio para la astronomía. De la conjun ción d e estas pr emisas surge el concepto de
Stjerneborg, litera lmente el castillo de las estrellas , hacia 1584.
Figura 3.8 – Stj erneborg. Ilustració n del conjunto.
Hacia el sur, en las proximidades de Uraniborg , comienza la construcción del nuevo
observatorio, excavando sobre un cerr o. El terreno se nivelará y se c errará con una
planta de contorno homólogo a la de su predec esor. Stjerneborg es un edifi cio horadado
en el terreno para protegerse del entorno en el que solo las cubiertas sobresalen del
mismo, para minimizar las interferencias e n las observaciones. Más allá de estilos
arquitectónicos, el diseño del nuevo observato rio responde , casi estrictamente, a una
cuestión de func ionalida d científica.
73
Ferguson (2004): Tycho and Kepler: th e unlikely partnersh ip t hat forever chang ed our understanding of the
heavens , pp.210-211
Gé nesis del ob servatorio moderno
82
El conjunto prese ntaba una planta cuadrada modulada en tres por tres de la que
sobresalían unos bastiones semicirculares en el centro de cada uno de los lados,
quedando todo ello defin ido por un cercado perimetral solo interrumpido para permitir
el paso. El e dificio que daba enterrado ocupando la parte c entral del es pacio, siendo
visible tan solo las cubie rtas y el casetón con la p uerta de acceso. Entre la construcción
y el perímetro se disponían unos basamentos o plataformas, ubicados en los bastiones y
las esquinas, que ac ogerían diferentes instru mentos astronómicos portátiles para la
observac ión a cielo abierto.
En lo rel ativo al edificio en sí, present aba un a pl anta orient ada de no rte a sur en la
que una habita ción central quedaba rodeada por cinco cá maras con una disposición
pentagonal, con una simetría longitudinal imperfecta. Cada una d e estas cinco
habitaciones que era denominada como “cripta” por el propio Ty cho
74
alberga ría un
instrumento permanente. Pese a la libertad formal que hubiese pe rmitido una
arquitectura estereotómica, en S tjernebor g se mantuvo esa ri gidez formal de centralidad
y simetría que dialo gaba con la planta del observatorio que lo precedía.
Aunque T yc ho no dej a testim onio escrito que indique la orientación de la
construcción, su distribución sugiere que la cúpula mayor apunt a hacia el sur, hecho que
quedó confirmado por el hallazgo de las ruinas del observatorio.
Figura 3.9 – Stj erneborg. Planta.
74
Kwan (2012): Architectures of astronomical ob servation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to R a dcliffe
Observato ry (1772) , p.93
Gé nesis del ob servatorio moderno
83
El casetón de entr ada quedaba ori entado hacia el norte. Éste presentaba un a puerta
que inmediatamente daba lugar a una es calera que descendía hasta la cota del subsuelo
en el que se establecían las circulaciones y la may o r parte del pro grama de usos,
enlazando con la habitación central o sala c aliente. Este espa cio, en tor no al que se
ordenaba n las zonas de trabajo, presentaba una planta cuadrada y agrupaba las
funciones residenciales y de estudio. T y cho acl aró que alber ga ba una chimenea, una
mesa de piedra redonda, y dos camas: una para él y otra de ma yor tamaño para que la
compartiesen los asistentes
75
. Esta posibilidad permite la co yuntura de descansar cuando
la c limatología imposib ilitaba la observación, lo que unido a l hogar hacía viable,
incluso, el establecerse ahí durante periodos d e tiempo relativamente l argos. Además, al
introducir un medio de calefacción en el núcleo del ed ificio y est ando éste cone ctado
directamente con el resto de espacios s e consigue transmiti r el calor hacia ellos. Esta
sala quedaba cubierta p or una c úpula rebajada que se c oronaba con un a estatua de
Mercurio.
Más allá de dicha escultura, Stjerneborg incor poró otros ornamentos sin valor
arquitectónico p ara ma yor gloria de su fund ador, como tallas de leones coronados en la
entrada, inscripciones en letra s doradas sobre las paredes o una serie de re tratos de
grandes a strónomos de la historia que incluía al propio T y cho
76
.
En todo caso, la habitabilidad de la habitación central tendría su relevancia, dado
que facilitaría las observaciones p rolongadas en las que era preciso esperar a que un
determinado cuerpo cel este alcanzase una posici ón concreta. P or otro la do, este h echo
hizo innecesario llevar a cabo el pro y ecto con el q ue T y cho quería conectar mediante un
túnel subterráneo Ur aniborg con Stj erneborg
77
para facilitar el d esplazamiento entre uno
y otro durante los periodos de menores temperaturas.
La s cinco “criptas ” que rodean a la sala principal prese ntaban una importante
singularidad. C ada un a d e ellas había sido conceb ida y diseñada ex presamente para un
instrumento astronómico concreto y su definición arquitectónica r espondía a la
comodidad de uso por lo s astrónomos durante sus observaciones. La portabilidad de los
75
Kwan (2012): Architectures of astronomica l observation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to Radcliffe
Observato ry (1772) , pp.93- 94
76
Ferguson (2004): Tycho and Kepler: th e unlikely partnersh ip t hat forever chang ed our understanding of the
heavens , pp.210-211
77
Shackelford (1993 ): “Ty cho Brahe, Laboratory design and the aim of Science”. p . 225
Gé nesis del ob servatorio moderno
84
dispositivos de Uraniborg im plicaba también una inexactitud por los propios
desplazamientos. El hecho de establecer una posic ión fija para los instrume ntos, además
de evitar el margen de error hum ano en la colocación, permitía incrementar
considerablemente su escala c on su correspondiente ganancia de precisión.
Figura 3.10 – Stjerneborg. Secciones.
Dado que s e trataba de instrumental de gran t amaño, era h abitual que fuesen
necesarias escaleras o an damios para alcanzar hasta la posición desde la que se utilizaba
el equipo. T y cho p refirió que el espacio se adaptase a la función específica que iba a
albergar. Una habitación diferente pa ra cada artefacto. Cad a dispositivo se dispondría
sobre un pilar que actuaría de eje pivotante, por l o tanto las observaciones describirían
una tra y e ctoria cir cular en torno a dicho punto. Esto implica que l as “ criptas” tengan
dicha forma e n planta. Además, para solventar el desplazamiento en vertical que
conllevaba el uso de esas herramientas, en e ste pro ye cto se recurrió a un suelo
escalonado en forma de anfiteatro que se adapta ba a cada instrumento para facilitar el
Gé nesis del ob servatorio moderno
85
acceso a las observaciones y/o la lectura d e las m ediciones. Para facilitar t odo lo posible
el desempeño científico, incluso se int rodujeron las escalas de medición en las paredes.
El resultado es qu e cada una de las “ criptas” tenía el diámetro y la sección qu e
necesitaba para asegurar un trabajo confortable para los astrónomos.
La s dos “criptas” más se ptentrionales eran las de menor tama ño y sobresalían
parcialmente del ter reno con forma cilíndrica, quedando rematadas por se ndas cúpulas
bulbosas rebajada s con ventanas para la observación del cielo (como los existentes en
las plataformas de Uraniborg ). Por su p arte, de las dos sit uadas a este y oeste d e la
habitación central sol amente destacaban un as cúpulas rebajadas con hue cos
practica bles. Estos cuatro espacios acogían cuadrantes o sextantes. Por último, la
“cripta” de ma yor tamaño ocupa ba la posición más meridional, albergando una gran
armilla ecuatorial, bajo una cúpula semiesférica rematada por una linterna que
predominaba e n la visión de conjunto.
La relación planta-se cción junto con la ubicac ión de las “criptas” ti ene una segunda
lectura arquitectónic a en la que de forma intenci onada se incorpo ra un efecto teatral en
el acceso a Stj erneborg. El visitante se adentra p or una pu erta que ocupa todo el fr ente
de un reducido case tón, desciende unas escaleras hasta la habitación central desde la que
se pe rcibe el gran espacio de la “cripta” sur bajo la cúpula que aloja la armilla
ecuatoria l.
Aunque no se especifica de cuál de estas cúpulas se trata, T y cho des cribe cómo una
de ellas es m ás ambiciosa y ll ega a girar mediante un mecanismo en el que apo y a la
cúpula sobre un anillo de madera con ruedas, lo que permitía una mejor alineación de
las observaciones
78
. Esto impli caría un gra do de s ofisticación que no se replicaría en
sucesivos observa torios hasta muchos años más tarde.
Aprendiendo de los errores cometidos en Uraniborg , Ty cho dedicó una e special
atención a la inserción de los instrumentos de observa ción. P ara los de menor tamaño
recurrió a una fijación firme sobre un pilar pétreo poco esb elto para evitar las
vibraciones p adecidas anteriormente. Por otro lado , prestó una especial atención a l a
armilla ecuatorial, que descansaba sobre un a placa de hie rro que se prol onga hasta la
cimentación para c onse guir un alto grado de estab ilidad.
78
Kwan (2012): Architectures of astronomica l observation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to Radcliffe
Observato ry (1772) , p.93
Gé nesis del ob servatorio moderno
86
Figura 3.11 – Stjerneborg. Ruina de una de las cá maras.
Al construir bajo rasante Tyc ho eludía el fuerte v iento de la z ona, alcanzando una
estabilidad mecánica que descartaba la incidencia de esta variable en sus observac iones.
Así mismo, este hecho también le confe ría al edificio una estabilidad t érmica, nada
desprec iable, que favorecía el confort del propio astrónomo y sus asiste ntes.
Tras la muerte de su principal valedor, el rey Frederik II, en 1588, su suc esor,
Christian I V llamó a capítulo a Tycho, lo que ter minó finiquitando su patrocinio real y
cancelando su ascendencia sobre Hven. L os observatorios quedaron en manos de los
discípulos de Ty cho hasta que fueron ab andonados algunos años más tarde y los
habitantes de la isla los expoliaron dejando poco más que algunos cimientos. Esta
pérdida acarreó e l final de las investigaciones de Tycho y de su carrera astronómica
79
.
En la actualidad, es posible visitar esta localización en la isla de Ven como una
atracción turística d e carácter cultural: se han recuperado parte de los jardines de
Uraniborg y se ha reconstruido Stjerneborg con una reinterpretación contemporánea.
Además se instauró un museo de Tyc ho Brahe.
Con todo lo expuesto, queda patente la gra n evolución transcurrida desde
Uraniborg. En pocos añ os se progresa desde un palacio adaptado en m ayor o menor
medida para l a astronomía ( y la alquimia), hast a u n proyecto en el que cad a decisión de
diseño responde a un requerimiento funcional concreto. Si el anterior observatorio
reflejaba el diálo go entre a rquitectura y astronomía, S tjerneborg evidenció el
compromiso entre a mbos campos.
79
Kwan (2012): Architectures of astronomical ob servation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to Rad cliffe
Observato ry (1772) , pp.101 -102
Gé nesis del ob servatorio moderno
87
La Torre de los V ientos (1578)
Se conoce popularmente como la Torre dei Venti (Torre de los Vientos, en
castellano), e incluso como la Torre Greg oriana, a la construcción que iniciaría la
tradición astronómica en la Santa Sede y que será origen del Ob servatorio Vaticano.
Durante la vigencia de su papado (1572-1585), el Papa Gregorio XIII invirtió buena
parte d e los ingresos de la Iglesia en la renovación y r estauración de Roma, en sus
calles, santuarios y monumentos públicos; así como en las ampliacion es y nuevas
construcciones del Vaticano
80
.
Será en este contexto reformista en el que Gr egorio XIII encargue en el año 1576 a
su arquitecto, Ottaviano Mascherino, l a construcción en el Vaticano de una torre para l a
observac ión astronómica
81
.
Figura 3.12 – Torre dei Venti (cir ca 1600) .
La circ unscripción supe rficial del Vaticano li mitaba las posibles ubicaciones de
dicha torre, determinación presumiblemente tomada en colaboración con un hipot ético
grupo de ex pertos en la materia qu e, como sugiere C outright
82
, debió participar también
en el programa de usos y necesidades del obser vatorio, con lo que de alguna manera
80
Courtright (2013): The Papacy and the art of reform in sixteenth century. Rome. Gregory XIII’s To wer of
the Winds in The Vatican , p. xvii
81
Maffeo (2002): The Vatican Observatory: In th e Service of Nine Popes , pp.3-4
82
Courtright (2013): T he Pa pacy and the art of reform in sixteenth century. Rome. Gregory XIII’s Tower of
the Winds in The Vatican , pp.54- 56
Gé nesis del ob servatorio moderno
88
tendrían incidencia en el diseño de la torre, especialmente en los aspectos astronómicos
de la misma.
La solución apareció en la inconclusión de uno de los largos corredores cubiertos
aunque abiertos con arcadas a los jardines qu e se extendía desde el Palacio Apostól ico
hasta la Villa Belvedere. En lugar d e completar este pro yecto tal y como estaba prevista,
se optó por variar su d iseño para incorporar los espacios necesarios para su uso como
centro de observaciones.
Su construcción se inicia en 1578 y est ará oper ativa tras dos años. Sin embargo,
pese a que los historiadores coinciden en señalar la fecha de su establecimiento en 158 2,
coincidiendo con la publica ción del doc umento Inter gravissimas que a nuncia la
reforma del Calendario J uliano por el P apa G regorio X III para lo qu e se llevaron a cabo
observac iones astronómicas en el Vaticano desde la Torre de los Vientos
83
, no quedará
concluida hasta 1583
84
.
Con todo, resulta com plicado considerar la Torre de los Vientos como un
observatorio, puesto que pese a que su diseño (aun partiendo de una estructura anterior)
se fundamenta en el uso astronómico, carecía inicialmente de un programa de
investigac iones y de un personal que registrase una actividad ci entífica regular. P or lo
tanto, en esta fase ini cial, más que un obs ervatorio se debe entend er esta construcción
como un puesto de observaciones.
El Papa Greg orio X III encargó el pro y ecto d e la torre al arquitecto Ottavio
Mascherino quién aprovechando la inconclusa con strucción del corredor oeste del Patio
Belvedere , entre éste y el Patio della Pigna, incorporó sobre éste la Galleri a delle Carte
Geografiche (traducido como Galería de los Mapas), una sala alargada qu e ocupaba el
tercer piso de esta obra y que conec taría el Palac io Vatica no con la Torre d e los
Vientos
85
.
Esta sala d ebe su nomb re a la decoración enciclopédica con cuarenta ma pas de la
península de I talia, al gunas islas del Mediter ráneo y los principales pu ertos italianos
83
Chinnici (2018): “Practicing Science an d Faith: A Short History of the Vatican Observatory”, p. 219
84
Papou lia (2015): Unveiling Gregorian Rome: The urban and ecclesiastical patronage of Pope Gregory XIII,
1572-1585 , p.60
85
Papou lia (2015): Unveiling Gregorian Rome: The urb an and ecclesiastical patronage o f Pope Gregory XIII,
1572-1585 , pp.60,259
Gé nesis del ob servatorio moderno
95
tanto astrónomos como arquitectos, constructores y artesanos para conseguir un
elemento perfec tamente orientado e imbricado en la construcción.
De cualquier modo, el uso astronómico de e stas obras chocaba en muchas
ocasiones con su función orig inal: bien por su utiliza ción religiosa, bien por la mera
disposición del propio mobiliario. Esto no hace más que pon er nu evamente de
manifiesto que la adaptación de un edificio a un uso para el que no fue concebido suele
presentar inconvenientes.
Algunos de los edificios históricos más relevantes que cuentan con este ins trumento
son la catedra l Santa María del Fiore de Florencia, la basílica de San Petronio de
Bolonia, Santa María de gli Angeli e dei Martiri de Roma, la iglesia de S aint -Sulpice de
París o el Monasterio del Escorial en Madrid.
Primeras teorías so bre la arquit ectura para la observ ación astron ómica
Frente a la subje tiva interpretación que se puede deducir de las creaciones de
autores pasados (arquitectos, artistas, inventores…), se da la afo rtunada circunstancia de
que el que se pue de considerar padre de los o bservatorios mode rnos, Tyc ho Brahe,
dedica un apa rtado de su obra Astro nomiae Instauratae Mechanica a una lec tura
arquitectónica estos e dificios: De Arc hitectonicis Structuris Astronomicis
Obfervationibus accomedis
96
. Asimi smo se incluy en otros pasajes dedicados a
circunstanc ias particulares de Ur aniborg y S tjerneborg. D e este modo, T y cho deja de
lado otros puntos de interés de sus constru cciones como el l aboratorio de alquimia o los
jardines para centrarse en a quellos aspectos que re lacionan la astron omía con la
arquitectura.
Tyc ho subra ya la im portancia de la elección del luga r de im plantación como una
caracter ística clave del observatorio. Por este motivo apunta hac ia sitios de cotas
elevada s, en especial respecto al entorno inmediato, para conseguir una perspectiva d el
cielo visible lo más ampli a posible y libre de obst áculos. Además, también considera la
ubicación g eográfica e n la que se instalará el observatorio, rec onociendo tanto la
luminosidad y mejor climatolog ía de las latitudes meridionales como la e xtensión de las
96
Brahe (1602): Astronomiae In stauratae Mechanica , Apéndices
Gé nesis del ob servatorio moderno
96
noches de invi erno de l as latitudes más septentrionales. No obst ante, asu me que dich a
localización tiende a verse comprometida por circunstancias económicas y políticas
ajenas a criterios a stronómicos o arquitectónicos.
En lo relativo a los edificios, dado que Tycho no es arquitecto, permanece ajeno a
la corriente arquitectónica renacentista, sin entrar a profundizar en sus ideales. Evita las
alusiones acerca de las proporciones, los órdenes de columnas, los orna mentos o
cualquier vocación estética. La única concesión en este sen tido alude a elementos
simbólicos y a la ostenta ción propia d e su posición y de su ben efactor. C ontrariamente
su interés arquitectónico se limita a una cue stión de funcionalidad.
Según T y cho, los espa cios de los observatorios deben responder a una función
práctica . Por esto tienen que ser amplios y con una forma tal que permitan acoger los
instrumentos de observación con sus usuarios, d e manera que estos puedan trabajar de
forma confortable. Incluso, los espacios deben d e posibilitar la instalación permanente
de estos equipos. Este d etalle define un poco más las ne cesidades de la ed ificación: los
instrumentos requiere n d e una visión tan libre co mo sea posible del cielo, mientras que
deben poder prote gerse de la intemperie. Por esto, resulta esencial que los espacios que
contengan instrumental fijo queden c errados por paramentos móviles en fa chada o
cubierta para permitir su abe rtura o cierre cuando se considere oportuno.
También les dedica una atenc ión espec ial a los usuarios del observatorio. Dado que
Tyc ho es astrónomo conoce las circunst ancias m enos evidentes que rod ean los larg os
periodos de observación. Consciente de la necesidad de puestos de trabajo o del reposo
durante la espera de u na posición astronómic a, incorpora estas funciones en los
edificios. Además, atien de al confort térmico, ap untando la necesidad de calenta r parte
de los observatorios. Todas estas cuestiones no son sólo por el bienestar de los
astrónomos sino incluso por una cuestión prá ctica: la falta d e des canso o los sínt omas
del frío continuado (castañeteo y congelaciones) dificultan la observación y la recogida
de registros.
En cuanto a l a materi alidad, desde l a experiencia de sus pro yectos en l a isla de
Hven, T y cho da much a i mportancia a la estabilid ad. P or ello, remite a la albañilería con
cantería de piedra o f ábrica d e ladrillo para los elementos estructurales de base,
incluye ndo profundos cimientos de piedr a. Por o tro lado, la necesidad de movilidad de
Gé nesis del ob servatorio moderno
97
las c ubiertas en los habitáculos donde h a y inst rumentos implica otras soluciones de
mayor ligere za, como pudieran ser el metal o la madera.
En definitiva, el trasfondo teórico que T ycho d esarrolla s e bas a en la experiencia
que adquiere durante la construcción y el funcionamiento de Ur aniborg y Stj erneborg,
con sus errore s y sus acierto s. Aunque en la citada obra no se hace alusión a los criterios
arquitectónicos que se aplican en los laboratorio s, sí parece evidente que se reflexionó
sobre la arquitectura q ue necesitaba el espacio adecua do p ara la i nvestigación
alquímica.
Como hemos men ciona do anteriorme nte, los conocimientos de T yc ho sobre
arquitectura eran inex istentes. Tal vez por ese mis mo motivo, el astrónomo era ajeno a
las ataduras estilí sticas de la época y su visión de un edificio par a la o bservación se
limitaba a dar respuesta a una cuestión de fu ncionamiento. Siendo él astrónomo,
conocía el funcionamiento log ístico intrínseco al programa de observaci ones, lo que
provoca que su consideración del observatorio como edificio resulte de la converg encia
de arquitec tura, astronomía y usuario.
Algunos años más tarde, en la segunda mitad del siglo XVII , el autor Juan
Caramuel de Lobkowitz dedicará un artículo de su tratado Architectura civil recta y
obliqua a esta misma cuestión. No obstante, su perspectiva, aun manteniend o una visi ón
fu ncional, resulta mucho más aséptica e idealizada que la de Tycho, dado que Caramuel,
al no ser astrónomo, no se implica ni dedica tanta atención al usuario del edificio.
Juan Caramuel fue un monje cisterciense y polímata español cu ya carrera
eclesiástica lo llevó desde España hasta Portugal, Países Bajos, Alemania o I t alia. Ávido
inagotable de conocimiento, desde su infan cia y a lo largo de su vida estud ió toda suerte
de materias: mat emáticas, astronomía, gramática, ortografía, arquitectura, teología,
filosofía y numerosas lenguas. Ad emás, fue un prolífico escritor. En 1678 publica este
tratado en el que recoge sus reflexiones sobre arquitectura que lo habían obsesionado
desde hac ía más de cincu enta años
97
.
En algún momento, Car amuel debió tener c onocimiento de los observatorios de
Tyc ho, al menos de Ur aniborg at endiendo a lo que expresa en sus escritos: “Es pues
97
Pena Buj an (2007): La Architectura civil recta y obliqua de Juan Caramuel d e Lobkowitz en el contexto de
la Teoría de la Arqu itectura del siglo XVII , pp.45 - 51
Gé nesis del ob servatorio moderno
98
esta Facultad, poniendo en propios términos su Definición, una Ciencia aparte, que se
ocupa solamente en fabr icar Palacios en que se puedan observar las Estrellas . J uzg ó
Tyc ho, qu e hasta su tiem po no había nacido esta Ciencia: o, si había nacido, que había
estado ociosa, sin poner en obra sus I deas; porque en todas las Ciudades, y Villas de
Dinamarca no halló una casa siquiera, que diseñada a propósito para observar el Cielo;
y así s e r esolvió a hacer una de nuevo, haciendo los cimientos seg uros, y levantándola
hasta el último capitel de la to rre. Y después de ha berla edificado, para qu e todos
tuviésemos noticia de ella, y admirásemos el ingenio de su a utor, nos la representó en
diferentes pla nos, que se ven al fin del primer Tomo de sus C artas”
98
.
De alguna forma, Caramuel reconoce en Tycho al precursor de la Arquitectura de la
Astronomía, aunque matiz ando que su observatorio no podía incluirse en esta materia:
“Dig o pues, que T y cho no tuvo noticia de la Ar quitectura Celestial; y q ue el Palacio,
que erigió en Hven, f ue Civi l, no Astronómico”
99
. Dado que habla e n singular,
probablemente Caramuel no llegase a tener noticias de S tjerneborg que presentaba una
relación forma-función mucho más cla ra y marcada qu e Uraniborg. En este caso, es
posible que el segundo observatorio de T yc ho se aproximase conceptualmente más a la
idea de Caramuel, a unque distase mu cho de la concepción de este edificio que él
planteara .
En lo relativo a su visión funcional, Caramuel entiende que las nece sidades de la
astronomía no se adecúa n a la arquitec turas convencionales (a la civil, a l a militar o a la
eclesiástica), y pon e de manifiesto su singularidad dentro de los posibles usos de un
edificio con varios ejemplos: “Para que sirvan, si s e edifican los Palacios y Casas: como
diferentes Personas necesit an de diversas comodidades, ést as han de d ar l os edificios.
Carecerá un Príncipe y su fa milia de muchos lugares necesarios, si se hub iere de
aposentar e n un Monasterio de Monjas: porqu e en é l no tendrá sa las, cámar as, ni
antecá maras, ni dónde poner sus caballos, y coches. De un modo se edifica una
Cancillería, d e otro una Universidad, de otro un Hospital, de otro un C onvento. Luego
también las Tiendas de un Barbero, un Confitero, un Herrero, un Cerrajero, un P latero,
se han de diferenciar entre sí. Y siendo esta verdad, quién dudará de qu e un Astrónomo,
cuy a ocupación es observar las Estrellas, ha de t ener casa a propósito. […] La cienci a
98
Caramuel de Lobkowitz (1678 ): Arch itectura civil r ecta y obliqua . Tomo II . Tratado VII. Artícu lo VI. p.64.
Haciendo alu sión a Epistolae astronomicae deTycho Brahe
99
ibidem , p.65
Gé nesis del ob servatorio moderno
99
que ha de diri gir en esta obra al Maestro es la que llamamos Architectura
Astronómica ”
100
.
No ha y que olvidar que Caramuel se aproxim a a la arquitectura, en general, desde
la teoría. Su visión se ba sa en l a coherencia y la honestidad, una gran innovación ya que
estos conceptos continúan siendo manejados por los críticos y estu diosos de la
arquitectura en la actualidad. L a coh erencia impli ca un a le y intrínseca al pro y ecto, po r
lo que los c riterios aplicables a una parte d eben se r ex trapolables al resto. La h onestidad
en el sentido de que la forma y materiales (e incluso los elementos decorativos) deben
responder a un uso o función.
Figura 3.17 – Diagrama de balaustrada de Caramuel.
Él lo ejemplifica con numerosos detalles, como por ejemplo, en su afa mada
resolución de balaustrada. L o conve ncional es que a lo largo de los tramos rectos e
inclinados se utilice u n único ti po de b alaustre, salvando los d esniveles de las
pendientes con c uñas de relleno. S in embargo Caramuel ve un sinsentido en este
procedimiento, r esolviendo la cu estión con un n uevo tipo de balaustre s esgado que se
adecúa a las in clinaciones de la base y el pasamanos. Esta solución es ex trapolable al
resto de elementos de la construcc ión.
En su ex trapolación a los observa torios astronómicos, Caramuel formula sus
principios a travé s de la definición de su propio proy ecto.
100
Caramuel de Lobkowitz (1678 ): Arch itectura civil r ecta y obliqua . Tomo II . Tratado VII. Artícu lo VI. p.64
Gé nesis del ob servatorio moderno
100
Como punto de partida, el edificio que idea Caramuel tiene que estar alineado
perfectamente de norte a sur. Este punto result a c lave para la propuesta ya que los
alzados del edificio se configuran a pa rtir de grandes inst rumentos astronómicos que
necesitan esta orientació n. Es decir, d ado que estos útiles requieren un g ran tamaño para
mejorar su precisión cientí fica, Caramuel opta por proponer un edificio que se adapta a
estos. Así que, su pro y ect o se articula en torno a cuatro f unciones astronómicas.
A primera vista, en la fachada oeste destacan dos grandes escaleras simétri cas de un
solo tramo que conducen desde la cota suelo hasta una terraza en la segunda planta.
Estos elementos no son fútiles, sino que d an servicio a sus co rrespondientes
instrumentos. En este caso dos enormes cua dr antes que ocupan todo el alto de la
facha da y s e enfo can respectivamente ha cia norte y sur. La función de las escaleras es
permitir las mediciones con estos inst rumentos independientemente de la altitud de l
astro observa do.
La fachada este p resenta otro gran instrumento f ormado por dos lí neas e n ángulo
recto, quedando la de may or tamaño ( equinoccial) alineada con el plano del ecuador y la
menor (polar) con el polo celeste, que junt o con u n reloj con segundero p ermite conocer
la difere ncia de ascensiones rectas entre dos estrellas.
Figura 3.18 – Propuesta de alzad o oeste p ara el observatorio de Caramuel.
En ambas fa chadas, en la mi tad del segundo piso, hay un a abertura con una cruceta,
por la que entraría la luz direc ta del sol al amanecer y al atardecer, permiti endo estudiar
su amplitud ortiva y occidua, pa ra examinar los movimientos solares.
Gé nesis del ob servatorio moderno
101
Por último, la cruz que remata el edificio, lejos de ser un ornamento vacuo tiene su
propia fun ción astronómica. Caramuel precisa que, conociendo la altura exacta d e la
cruce ta y la distancia en planta desde un punto cualquiera de obs ervación con el suelo
bien nivelado, con unos cálculos trigonométricos se puede cons eguir la alt itud y acimut
de cualquier astro.
Figura 3.19 – Propuesta de alzado este para el observatorio de Cara muel.
Es ne cesario insistir en que Caramuel no es arquitecto, sino un estudioso que
elabora un tratado con una idea de observatorio destinada a servir como modelo. L o
cierto es qu e su propu esta, desde una perspectiva arquitectónica, resulta bastante
imprecisa ya que se limita en gran parte a resolver tan sólo la envolvente, ignorando el
interior del edificio o su repre sentación en plantas o secciones.
Además, aunque su int ención declarada sea vincular la definición del observatorio
estrictamente a su función, termina resultando incon gruente al caer en el uso de
elementos decorativos propios de la época: frontones, balaustradas, molduras, cornisas,
remates, e tcétera.
Comprendiendo las lim itaciones de su conoci miento de la materia, hay que
reconocerle a Caramuel u na visión innovadora y trans gresora según la cual la
arquitectura debe r esponder a la función que alberga. En este caso, el observatorio tiene
que satisfacer la necesidad astronómica.
Sin embargo, lo drástico de su premisa marg i na a la propia arquitectura de la
ecuación, convirtiéndola en un mero pretexto, y suprime, en bue na parte, las
Gé nesis del ob servatorio moderno
102
necesidades del usuario. El observatorio de Cara muel deja a la arquitectura y al usuario
subyuga dos a la astronomía.
Llegados a este punto, Kwan afir ma qu e “la astronomía t ípica re n acenti sta no
requería mucho diseño arquitectónico a gran es cala. Lo que se corrobora, en cierto
sentido, por el hecho de que los auto res astronóm icos no tenían nada que d ecir sob re los
observatorios, más allá de que estaban ubicados en d eterminadas poblaciones, casas o
torres”
101
.
Sin embargo, por nuestra pa rte entendemos que los autores no hablaban de
observatorios porque era difícil c atalogar como tal muchos de los semiimprovisados
espacios de observación.
Recordemos ahora en p alabras de Caramuel la importancia del arquitec to en los
observatorios: “cuanto dista el Cielo de la Tierra, dista (la Astronomía) de la
Arquitectura ; y v endrá a ser pone r en manos de Vitrubio un Astrolabio, que un pico o
un azadón en las de Ptolomeo”
102
.
Desde un aspec to meramente práctico, el observatorio protege al astrónomo y su
equipo de las inclemencias meteorológicas, permitiendo unas observaciones mucho más
duraderas y precisas. Má s allá de esto, el observatorio propicia un lugar d e estudio, de
intercambio de conocimie nto e incluso de residencia. Todo esto f avorece unas
condiciones de investigación más fa vorables imposibles de cuantificar.
En definitiva, seguiremos a lo largo de los siguientes apartados comprobando cómo
la evolución de los observatorios como edificios r esulta esencial p ara el avance de la
astronomía, aunque se ha ido demost rando hasta e l momento.
Surge el telescopi o
Aunque ahora parezcan indisociables, la astronomía y los telescopios no siempre
han ido de la mano. De hecho, est a ciencia ap arece bastan tes siglos antes de que el
telescopio sea una reali dad. Como hemos visto a lo lar go d e apartados anteriores, la
101
Kwan (2012): Architectures of astronomical ob servation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to Rad cliffe
Observato ry (1772) , p.23
102
Caramuel de Lobkowitz (167 8): Arch itectura civil r ecta y obliqua . Tomo II . Tratado VII. Artículo VI. p. 64
Gé nesis del ob servatorio moderno
103
evolución de la astronomía ha sido constante pese a basarse en medios simplement e
oculares, y esto se ha reflejado en los espacios desde los que se estudiaba el cielo: los
propios observatorios.
La ampliación, característi ca esencial d e los telescopios, se conoc ía mucho antes de
la invención de estos. Ya en la civilización islámica medieval se rec urría a un útil
denominado piedra de le ctura, un vidrio semiesférico para agrandar el texto que se iba a
leer. Incluso, pese a que la invención de los anteojos se produce en Italia h acia 1284 y a
que a principios del siglo XV los fabricantes de gafas s e extendían por tod a Europa, no
se alcanzaría esa relación de problema-solución hasta doscientos años más tarde. Habría
que esperar para confirmar que , como algunos pensadores habían int uido durante
cientos de años, había mucho más de los pequeños puntos borrosos de luz que se veían a
simple vista
103
.
La invención del tel escopio, como sucede en otros muchos inventos, está rodeada
de controversia. Exist en diversas alusiones a inventores varios, todos ellos alrede dor del
1600. S in embargo, la ve rsión más ampliamente aceptada es la qu e asi gna su autoría al
fabricante de gafa s hol andés, Hans Lippershe y
104
. La historia comúnmente aceptad a
afirma que el aprendiz de L ippershe y ju gaba con dos lentes alineándolas y mirando a
través de ellas hacia un campanario cuando l a imagen borrosa se definió magnificada.
Lippershey reconoció la im portancia del halla zgo. A partir de aquí construyó un
armazón de madera a m odo de tubo que albergase las dos lentes, dando lugar a lo que
llamó “looker”, observador o mirador.
Lippershey ponde ró la importancia de ve r a distancia en un c ontexto mi litar y ,
después de años de mejoras, en 1608, vendió su “looker” al ejército holandés. Ese
mismo año solicitó la patente, que le fue n egada por la aparición d e demandas de otros
supuestos autores de la invención
105
.
La repercusión del inven to se extendió rápidamente por Europa y otros fabricantes
lo copiaron. Al año siguiente se vendían en París o L ondres para cazadores y marineros.
La popula ridad del “looker” llegó hasta I t alia, donde un comerciante ofr eció uno a las
autoridades, qu e lo d erivaron a un conse jero científico, quien lo examinó y describió
103
Barter (2005): Telescop es , p. 10
104
Moore (1997): Eyes on the Universe: The S tory of the Telescope , p.7
105
Donn elly (1973 ): A short histo ry of observatories , p: 3
Gé nesis del ob servatorio moderno
104
detalladamente a Galileo Galilei, el fabricante más reputado de Venecia, para que se
encargase de construir uno propio
106
. Lo bautizaría como “cannocchiale ”.
Un año después Galileo había construido y a varios telescopios basados en el diseño
de Lippershey, sin embargo, antes de elevar su mirada al cielo para re volucionar la
astronomía, Galileo intuy ó un uso militar para el dispositivo. En una carta al Duque de
Venec ia afirma que: “El poder de mi cannocchiale para mostrar objeto s lejanos tan
claramente como si estuviera n cerca nos debe da r una ventaja inestim able en cualquier
acción militar en tierra o mar. En el mar, podremos ver sus band eras dos horas ant es de
que pueda n vernos; y cuando hayamos establecido el número y el tipo de las nave s
enemigas, podremos decidir si perseguirlo y comprometerlo en la batalla, o tom ar vuelo.
De manera simil ar, en tierra debería s er posible desde posi ciones elevadas observar los
campos enemigos y su s fortificaciones”. Y en otra : "Ten go muchos y admirables
dispositivos; Pero sólo los príncipes podrían pon erlos en práctica, po rque son ellos los
que pueden llevar a cabo gue rras, construir y defender fortalezas, y p ara su deporte re al
hacer gastos más espléndidos"
107
.
A principios de 1610, Ga lileo se sorprende al apuntar su tel escopio hacia l a Luna y
descubrir la definición d e su superficie con montañas, llanuras y cráteres. Dirigiendo su
mirada hacia J úpiter desc ubrió que tenía cuatro lunas. En marzo de ese mismo año,
Galileo publicó Sidereus Nuncius , un libro de veinti cuatro páginas en el que se detallaba
una descripción de sus observaciones del cielo nocturno inéditas para nin gún otro
científico. En éste se expli caba: “Al no ahorrar ni trabajo ni gastos, logré c onstruir para
mí un instrumento tan superior que los objetos vistos a través de él parecían
magnificados casi mil veces y más de tr einta veces más cerc anos que si los veía sólo
mediante las ca pacidades naturales de la vista”
108
.
Figura 3.20 – Diagrama del telescop io refractor de Lippershey y Gali leo.
106
Barter (2005): Telescopes , p.12
107
ibidem , pp.12 - 14
108
Moore (1997): Eyes on the Universe: The Sto ry of the Telescope , p.10
Gé nesis del ob servatorio moderno
111
Es e l caso d el telescopio de Robert Hook e (1 674) en el Gr esham College para
medir el paralaje, quien a nte la necesidad de una instalación en un espacio alto y
estrecho, sin perturbaciones, durante un periodo extenso de ti empo, optó por
acomodarlo en su propia residencia. S e montó de forma ve r tical, atravesando la cubi erta
y un forjado, para que pudiese realizar las observaciones desde el nivel inferior. Además
le incorporó un sistema q ue permitía su cubrición y res guardo con mal ti empo o cuando
no estaba en uso.
Figura 3.26 – Diagrama del puesto astronó m ico de Hooke en el Gresham Colle ge.
Hooke lle gó a la conclusión que las claves eran la masa y l a rigidez, ambo s caros a
escala arquitectónica y difícile s de conseguir
117
. Ade más, la altura de la estructura
emparejada a l telescopio limitaba la longitud máxima de éste. Aprovechando su relación
con el arquitecto real C hristopher W ren y el contexto de rec onstrucción tras el gran
incendio que había asolado L ondres, Hooke pudo colabor ar en el diseñ o de grandes
obras, incorporando a l os pro y ectos una vertiente astronómica. Esta intervención se
limitó a incluir en construcciones altas un a ver tical ininterrumpida, ocasionalmente
mediante trampillas, q ue permitiese la inst alación de grandes t elescopios o
experimentos que requiriesen de mucha altura .
En todo caso no hay constancia de la implantación de dichos telescopios o de la
práctica de esos experimentos, por lo que no puede decirse que sus actuaciones
117
Kwan (2012): Architectures of astronomica l observation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to Radcliffe
Observato ry (1772) , p.163
Gé nesis del ob servatorio moderno
112
resultasen exitosas, a l menos en lo relativo a la astronomía. En estos proye ctos el
objetivo principal no era, en ningún caso, la ciencia, sino que tenían otro uso, siendo la
astronomía un injerto que se adaptaba al diseño de la arquitectura preconcebida con otra
finalidad.
Un trabajo similar es el de J ohn Flamsteed (1676), que busca esa
estabilidad vertical profundiz ando en la tier ra en luga r de creciendo
hacia el cielo con una construcción, en una evolu ción semejante a la
llevada a cabo por Tycho Brahe en su segundo observatorio.
Flamsteed instaló su telescopio en un pozo seco de unos treinta y
cinco metros de profundidad. En la parte inferior se situaba la zona de
observac ión, a la que s e accedía mediante una escalera de caracol y
desde la que surgía un telescopio que alcanzaba la pequeña
construcción qu e cubría el pozo
118
. Este pro y ecto ta mbién presentaba
inconvenientes, como la humedad o los insectos que podían
deteriorar el propio telescopio. De cualquier modo, aunque con
algunas mejoras pudi ese haber representado una buena solución pa ra
los telescopios cenitale s, su ámbito de aplicación era bastan te
limitado, por lo que no lleg ó a consolidarse en ningún modo.
Figura 3.27 – Instalación astronómica en el p ozo d e Flamsteed.
Estos astrónomos habían recurrido a una soluci ón imprevista y po co planificada
que, si bien les p ermitió avanzar en sus investigaciones y co nseguir ciertos
descubrimientos, no sig nificó avances en el diseño de los observatorios.
Por otro lado, hacia la seg unda mitad del siglo, comenzó una carrera por conseguir
el telescopio de mayor longitud, por lo que se desarr ollaron mod elos aéreos cada vez
más lar gos y más complicados de utilizar. Estos instrumentos se hicieron t an lar gos que
y a no cabían en el int erior de edificios. Además del p roblema de conseguir una
118
Kwan (2012): Architectures of astronomical ob servation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to Rad cliffe
Observato ry (1772) , pp.175 -178
Gé nesis del ob servatorio moderno
113
ubicación en el que instalarlos, su exposición dificultaba su mane jo y las tar eas de
medición o recog idas de datos nece sarias para la investigación.
Figura 3.28 – Dibujo del telescopio de Hooke en el patio del Gresham College exp uesto e n la Ro yal
Astronomical Societ y.
Pongamos por ejemplo un telescopio de Robert Hooke de unos doce metros de
larg o, instalado alrededor de 1660 en el Gresham Coll ege de Londres para uso del
arquitecto y astrónomo C hristopher Wren. El teles copio era suficientemente largo como
para que resultase demasiado complicado ubicarlo y manipula rlo en un espacio interior.
Por ello se terminó estableciendo en un patio, izado hacia la mi tad de su longitud de un
poste de quince metros de alto. S i bien la altura de la edificación perimetral coartaba
parte de la visión del cielo, también es cierto que reducía la exposición al viento y
controlaba el acceso de público. De forma que p ese a conllevar al gún inconveniente, la
ubicación en el p atio ofrecía algunas contraprestaciones que favorecieron las buenas
observac iones
119
.
Algunos años más t arde, en 1681, y con la experiencia de haber pa rticipado en
algunas instalaciones astronómicas, Wren describiría un obs ervatorio ideal con “un gran
cuadra nte fijado a un muro alineado con el me ridiano”, “postes para levantar grandes
telescopios” y con “ espacio para manejarlos” y con un edificio sin techo para alb ergar
otros instrumentos, compuesta sólo por una envolvente de cuatro fachadas que pued an
“ser retiradas en su totalidad cuando los instrumentos se utilizan, como quitando la tapa
119
Kwan (2012): Architectures of astronomica l observation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to Radcliffe
Observato ry (1772) , pp.141 -148
Gé nesis del ob servatorio moderno
114
de una c aja, o con bisagras […] como una trampilla” pa ra permitir observac iones
cercana s al horizonte
120
.
Wren, como arquitecto, i dentifica el problema que supone l a propia obstru cción del
edificio para los útiles de observación, y plantea ya entonces alguna man era en l a que
solventar dicha complicación. De alg ún modo, se adelanta a las soluciones para las
envolventes de observatorios posteriores.
Continuando con esta tende ncia de los gra ndes telescopios, el astrónomo holandés
Christian Huy gens de sarrolló telesc opios aéreos cada vez de mayor longitu d focal,
luego m ás largos, h asta sobrepasar los treinta met ros de distancia focal. S us telescopios
carecían de un arma zón completamente rí gido, contrariamente sólo los dos extremos,
con sus lentes, se encontraban en sus r espectivas carcasas con sus respe ct ivas
estructuras de apo y o, sol o unidos entre sí por un cordel. Estos tel escopios se ubicaban
necesariamente en esp acios abiertos, lo que atraía el interés de los ciudadanos de la
región
121
. Poco antes de morir, en 1692, lleg ó a pre sentar ante la Roy al Societ y de
Londres un modelo de treinta y siet e metros de largo
122
.
Figura 3.29 – Esquema de un telesco pio aéreo de Huygens.
120
Donn elly (1973 ): A short histo ry of observatories , p.26, citando una carta al Dr. Jo hn F ell, Obisp o de
Oxford
121
Moore (1997): Eyes on the Universe: The Sto ry of the Telescope , p.15
122
Donn elly (1973 ): A short histo ry of observatories , p.10
Gé nesis del ob servatorio moderno
115
Otro caso es el de su coetáne o Johannes Hevel, también conocido como Hevelius
de Danzig, actualmente Gdansk. Él poseía tr es casas ad yacentes y h acia 1641 unió sus
tres cubiertas, con una gran plataforma continua, para uso astronómico, donde situó sus
telescopios aéreos con armazón rígido. Aunque hay r eferencias hacia esta construcción
que la id entifican como un observatorio, lo cierto es qu e, desde nuestra perspectiva,
parece ser una solución improvisada que recuerda bastante a l a plataform a del p alacio
del Landgra ve Wilhelm IV
123
. Luego por coherencia, consideramos esta solu ción como
un puesto de observación cuy a única relevancia ra dica en la pionera inst alación de estos
grandes instrumentos de forma permanente sobre una construcción.
Figura 3.30 – Grabado de la plataforma astronó mica sobre las vi viendas de Hevel.
Respecto a sus telescopios, primero montó uno de dieciocho metros de longitud,
luego otro de v eintiuno. Finalmente, terminaría construyendo uno de unos cuarenta y
cinco metros de largo, que sobrepasaba los límites de lo que podía establecer en su
plataforma. Por lo tanto, se vio obligado a sacar este telescopio a campo abierto a los
alrededores de la ciudad, instalándolo sobre un poste de veintisi ete metros de alto y
suspendido por varios tirantes a lo largo de toda su longitud
124
.
La obs ervación con un telescopio de esas dimensiones no debió ser algo sencillo, al
contrario. Pa ra facilitar esta tarea, el instrumento contaba con una silla espe cial para
Hevel, qu e le permitía permanecer s entado a diferentes alturas p ara mejorar la
comodidad durante el estudio del cielo. Er a necesario un pequeño grupo d e
colaboradores p ara trasladar, erguir y montar perfectamente alineadas las s ecciones del
123
desarrollado en el apartado “Génesis del observatorio moderno” , p. 68
124
Moore (1997): Eyes on the Universe: Th e Story of th e Telescope , p.14
Gé nesis del ob servatorio moderno
116
telescopio de campo. Algo similar sucedía con l as observaciones: parece ser que Hevel
podía manejar por sí mi smo los telescopios de su plataforma, pero éste era demasiado
apara toso para manipularlo él sólo. Por ello, reque ría de un equipo de operarios
perfectamente coo rdinados para mover el telescopio con precisión mediante cables y
poleas, mientras é l permanecía sentado mirando por el ocular
125
.
Figura 3.31 – Grabado de uno de los telescopio s de Hevel.
A las dificultades propias de elaborar un telescopio de manera artesanal de esas
dimensiones se le añade la complejidad de cons eg uir una estru ctura esta ble, lige ra y
móvil al mismo tiempo. El mástil, por ser un elemento tan esb elto, tendería a la
oscilación. Además, las cuerda s podrían dilatarse o contraerse con los cambios de
humedad, dificultando e l calibrado del instrumento.
Por otro lado, a la complej a operatividad del te lescopio, por su tamaño, hay que
sumar las dificultades de trabajar expuesto a los elementos y las fati gosas posturas para
adecuarse a l a observación. De ahí que Hevel tratase de reducir, en la medida de lo
posible, la incomodidad mediante el diseño de la silla complemento, especialmente
concebida p ara l a observac ión con estos instrumentos. De aquí se puede e xtraer la
importancia que e ste astrónomo l e confe ría al confort del usuario.
125
Kwan (2012): Architectures of astronomical ob servation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to Rad cliffe
Observato ry (1772) , pp.149 -150
Gé nesis del ob servatorio moderno
117
Figura 3.32 – Grabado de la si lla de o bservación di señada po r Hevel.
Dando un paso más, Hev el presenta en su Machinae Coelestis de 1679 un pro y ecto
de observatorio. El diseño se basa en la su perposición de dos ele mentos bien
diferenciados. En primer lug ar, presenta una gran plataforma de madera elevada sob re el
terreno mediante un a retí cula de pilares, desde la que poder realizar observaciones con
varios telescopios simultánea mente. Además, el s uelo sería retirable, al menos en parte,
para permitir la visi ón del cielo desde la parte inferior para otros trab ajos o
experimentos. En seg un do lugar, pl antea una torre centrada en la plataf orma, que la
sobrepasa unos veinte metros en altura y que queda rematada por una cubierta que
descansa sobr e un anillo del que salen cuatro trav esaños con poleas y aretes de los que
colgar los largos telescopios aére os. La principal innovación de la propuesta consiste en
que toda la cubierta, con los travesaños, queda sobre un sistema de engrana jes que
posibilita el giro de la e structura.
Figura 3.33 – Grabado de la Machinae Coe lest is de Hevel.
Gé nesis del ob servatorio moderno
118
El gra n acierto de He vel en su diseño ra dica en incorporar el movimiento a la
construcción. La observación implica un seguimiento prolongado en el tiempo durante
el que la rotación de la Tierra p arece desplazar l os cuerpos celestes por el cielo cuando
estos no se desplazan p or su propio movimiento. L a obs ervación no es un pro ceso
estático y Hevel refle ja esto en su propuesta, anticipando un rasg o que se terminaría
consolidando en la arquitectura de los observatorios muchos años más tarde.
Por el contrario, el int erior de esta estru ctura carece de interés, y a que sólo parece
servir de a cceso a la parte superio r para, tal vez, tareas de mantenimiento. Dado qu e
sólo es un p ro y ecto teóri co no es posible aventurar si, en caso de h aberse materiali zado,
se hubiese habilitado y dotado de un uso ese espacio.
Con este pro y ecto, Hev el ima gina que “nunca tendría qu e instala r esos largos y
pesados telescopios con tanta pérdida de tiempo y tantos p roblemas”
126
, pr ofetizan do
que los telescopios, al m enos al gunos, d ejarán atr ás su portabilidad par a in stalarse como
instrumento principal en los observatorios, en una r elación simbi ótica con la
construcción.
No obstante, esta aso ciación no se materializaría hasta años después y, mientras
tanto, la progresión en e l crecimiento de los instrumentos había alcanzado e, incluso,
sobrepasado ampliament e la escala de los edificios que pretendían albergarlos. P or este
motivo, los gra ndes telescopios empezaron a requerir unos volúm enes que implicaban el
abandono del cobijo de la arquitectura, dejando atrás los observatorios.
La consecuencia directa conllevó al guna s complicaciones difícilmente salvables: la
incidencia directa del viento disminuía la precisi ón de las observaciones, la niev e o l a
lluvia impedían la correcta toma de notas y, en general, la exposición climática no era
adecuada para las largas observaciones del astrónomo; además el telescopio quedaba
abierto a un público que podía deteriorarlo o dañarlo. Parece evidente, por lo tanto, que
el tamaño de los telesc opio s aére os tenía un límite.
Así que, de i gua l modo que T y cho había huido de la exposición de sus plataformas
de Uranibor g buscando el resguardo, Rømer traslada las observaciones a l contexto
arquitectónico de su propia casa, en la que ocup a una habitación ori entada a sur para
dicho uso, donde instalará su “mac hina doméstica” en torno a 1690. Este i nstrumento se
126
Hevel (1679): Machinae Coelestis , p.55
Gé nesis del ob servatorio moderno
119
basa en un telescopio de tránsito meridiano, p erfectamente o rientado en un plano nort e -
sur y con una estabilidad fiable, para captar el instante en que el astro observado c ruza
el meridiano y tomar la s correspondientes referencias.
En este sentido, pese a que en este periodo era habitual el uso de telescopios largos,
“muchas de las observ aciones importantes de l a se gunda mitad del siglo XVII se
hicieron con instrumentos más cortos, que eran más fác iles de manejar y a lojar”
127
.
Figura 3.34 – Grabado de p ues to de o bservación doméstico d e Rø m er.
Atendiendo al grabado de Horrebow, en su Basis astronomiae , sobre el
observatorio doméstico d e Rømer, es posible entender cómo el astrónomo cegó uno d e
los frentes del ventanal manteniendo la apertura mínim a para la operatividad del
telescopio
128
. De e ste mod o, podía trab ajar realizando obse rvaciones manteniendo el
confort climático aun e n condiciones meteoroló gicas ad versas. Ad emás, mientras no
estuviese en uso, se podría cerr ar la abertura con una tabla evitando la pérdida de calor.
Nótese cómo en el grabado se p ercibe, a trav és de la vent ana, un recorte en el tejado de
la vivi enda visible. Probablemente esta apertura responda a la vocación de Rømer de
extender sus observaciones hasta la s menores altitudes.
De cualquier fo rma, es imposi ble saber con certeza hasta qué punto condicionó la
arquitectura sus observaciones. Es decir, ¿diseñó R ømer un dispositivo que, por pur a
127
Donn elly (1973 ): A short histo ry of observa tories , p.14
128
Horrebow (16 75): ilustración en los apéndices de la obra citada
Gé nesis del ob servatorio moderno
120
casualidad, podía ad aptarse al espacio que y a tení a o ideó su “machina doméstica” para
adecuarse a la arquitectura de su c asa? Pese a que sea imposible descart ar la primera
alternativa, parece más probable, menos aleatorio, el segundo escenario. Lo cual nos da
una muestra más de la importancia de la arquitectura en los observatorios.
Una arquitectura siguiendo a la astrono mía
Durante este periodo de varias dé cadas en la que aparecen los primeros
observatorios astronómic os europeos se p roduce un proceso de aprendizaje, en muchas
ocasiones mediante ejercicios de ensa yo-error, que no termina por d efinir un modelo de
edificio concreto que represente lo que debe ser un observatorio moderno. Estos
vaivenes en el diseño de los proy ectos son el r esultado de una planificación en base a
algunas ideas elementales o la propia e xperiencia (ya sea por el conocimiento de otros
centros exist entes o por intentos previos más o menos fallidos). No obstante, cada p aso
que se daba en la definición de los observatorios resultaba estar un paso por detrás de
las necesidades de la astronomía.
Los usuarios requerían un res gua rdo d el viento, del frío o de la lluvia, una zona
donde anotar sus mediciones, recopilar datos, contrastar inform ación e incluso
descansar y avituallarse entre largas jornad as de observación. Todo esto eran aspectos
que un observatorio podí a - y estaba obli gado a- resolver tal y como lo hacía cualquier
otro edificio.
Sin embargo las necesida des de la ciencia no era n tan fác iles de satisfacer: dando la
visibilidad por supuesta (lo que dependería tanto del contexto geográfico o edificatorio
del centro como de las condiciones circunstancia les del mismo), la importancia d e la
estabilidad estructural surge desde los inicios al significar su ausencia una merma
importante de la precisión y fiabilidad de las observaciones. Más allá de esta
estabilidad, los avances astronómicos y los nuevos tipos de observación demandaban
nuevas condiciones sin las que era im posibles ponerlos en práctica: del mismo modo
que las observaciones del tránsito meridiano exigían una perfecta alineación norte -sur,
las observaciones de cá mara oscura de precisió n demandaban unas proporciones de
espacio vacío con un h ueco de fachada determinado. A todo esto hay que sumar la
aparición del telescopio, que revolucionaría la observación astronómi ca y cu ya
Evolución del observatorio moderno
127
ciencia, y una important e pujanza económica qu e marcaría el reinado de Louis X IV. Y
pese a que las primeras propuestas par a su construcc ión se remontan hasta el 1 634
129
,
tendrían que pasar tres d écadas para que el primer observatorio nacional del mundo
130
viese la luz. Esta propuesta se uniría a otros proyec tos como los del L ouvre, la
Biblioteca Re al, las Tull erías o V ersalles, para perpetuar la impronta d e grandeza de la
Francia de l si glo XVII y su monarca .
En 1665, el astrónomo francés Adrien Auz out, inició las gestiones ante el R ey p ara
la formación de una entidad que agrupase las ciencias y las artes. Un año más tarde, en
1666, L ouis XIV fund a de la mano de su ministro, J ean-Baptiste Colbert, la Academia
de las Ciencias ( Académie des Sciences ), cu ya sed e se ubicaría d e forma temporal en el
Barrio Latino
131
132
.
Entre los académicos, además de matemáticos, escritores, ingenieros, o médic os
existía una amplia representación de los más importantes astrónomos de la época , como
Adrien Auzout, Christian Huyge ns o Jean Picard, quienes realizaban sus observaciones
desde los jardines y alr ededores d e la sede inicial. No obstante, los avances d e esta
ciencia, en lo que a la precisión de sus instrumentos se refiere, dejaba n patente que
dichas condiciones suponían un hándicap pa ra l a investigación, haci éndose cada vez
más necesario contar con un luga r diseñado expresamente para esta finalidad.
Así, se pone en conocimiento del mi nistro Colbert la demanda de un obse rvatorio:
“La primera cosa que el Señor Colbert ha escuchado a qui enes fueron e scogidos […]
para componer esta academia fue que para un observatorio adecuado para la astronomía,
deben escoger un lug ar que juzguen apropiado para una buena observación, y será
construido un edificio qu e no solamente sobrepase en grande za, belleza y comodidad lo
observatorios de Inglaterra, Dinamarca y China, sino que todos digan que responde de
alguna forma a la mag nificencia del príncipe que lo hiz o construir”
133
.
Aportando fundamentos más pragmáticos Auzout apuntaría que un observatorio
podría ayudar a la geo grafía para que el Rey pudiese delimitar con mayor precisión las
129
Donn elly (197 3): A short histo ry of observatories , p.14
130
Howard-Duf f (1984): “Paris Observatory in 1784 ”, p.26
131
Taton (1976): “Les origenes et les d ébuts de l‟ Observatorie de Paris”, pp.65 - 67
132
Kwan (2012): Architectures of astronomica l observation: from Sternwa rte Kass el (circa 1560) to Radcliffe
Observato ry (1772) , p.192
133
Perrault (1909 ): Memoir es de ma vie , pp.219-220
Evolución del observatorio moderno
128
frontera s del estado. Partiendo de esta premisa, Colbert advierte l a c onsecuencia
económica d e dicho razonamiento, que posi bilitaría un ma y o r control d e la actividad
reca udatoria impositiva y una mejor explotación de los recursos naturales
134
.
Además de la releva ncia que pudiese tener par a el avance científico o su rédito
económico y político, co nstruir un gran obs ervatorio, el más im portante de su tiempo,
tendría un valo r simbólico que r edundaría en p restigio para Francia y para el propio
Rey. L o cual incluso pod ría implicar una capacidad de llamamiento y congregación para
los mejores astrónomos y científicos de Europa, que potenciaría la investigación y
favorecería los resultados y avances. Y precisa mente así sucedería, y a que Hu y gens,
Helvenius, Leibnitz o Cassini, entre otros, se ve rían atraídos por París
Más a llá de la evid ente función astronómica, C olbert decidió que el edificio se
convertiría en el lu gar de encuentro de la Academia, por lo que tendría que incorporar
otros usos administrativos y de otra índole científica. Así que, el observatorio debería
incluir un área de reuniones, un espacio p ara ubicar colecciones de modelos mecánicos
y depositario de especím enes de historia n atural, una zona para ex perimentos químicos
y hasta habitaciones para los ocupantes
135
.
Habiéndose tomado y a l a decisión de construir un observatorio , se hiz o necesaria
una reflexión sobre la idoneida d de su ubicación. Si inic ialmente se había eleg ido
Montmartre como luga r para el asentamiento atendiendo a topografía, se comprobó que
pese a tener una posi ción elevada respecto a la urbe estaba demasiado p róximo a ella,
quedando la vista del cielo entorpecida por los hu mos de París. Finalmente, se optó por
una parcela al sur de la ciudad, en una z ona b astante ll ana con escasa edificación, lo que
asegura ba una buena vista de los cielos.
El 21 de juni o de 1 667, coincidiendo con el sol sticio de verano, los científicos y
matemáticos fijaron, en una ceremonia solemne en sitio elegido, la posición de la línea
meridiana sobre la que se centraría la construcción con sus fa chadas alinea das a las
direcciones cardinales
134
Kwan (2012): Architectures of astronomical ob servation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to Rad cliffe
Observato ry (1772) , p.193
135
Colbert (1870): Lettres, instructions et mémor ies , p.512
Evolución del observatorio moderno
129
Uno de los miembros de la Academia era Claude Perrault, afamado arquitecto a la
par que médico y polifacético científico. Quien g ra cias a su privil egiada posi ción y
conocimiento de los experimentos, prácticas y funcionamiento de la institución fue
seleccionado por Colbert para elaborar el diseño del observatorio. Pr ecisamente el
hecho de que Perrault se encontrase tra duciendo el tratado clásico De Architectura
(también llamados los Diez Libros ) de Vitrubio tiene su correspondencia en la
definición del edificio, que posee un len guaje, estilo y proporciones propias de la
arquitectura clásica romana.
En todo caso, el pro yec to concebido por Perrault, pes e a su autonomía y
determinac ión inicial, terminaría siendo el resultado del compromiso entre la
arquitectura y la c iencia.
Perrault pretendía alumbrar un edificio monume ntal e icóni co que respondiese al
patrocinio real concedid o a través de Colbert, tr asladando la pureza y perfección d e los
órdenes clásicos a una arquitectura moderna que respondiese con una nu eva tipolo gía
edificatoria a un nuevo uso: el observatorio astronómico.
Figura 4.1 – Gr abado del Observator io de Par ís en su ubicació n final.
Dado que el edificio iba a servir de lugar de reunión para la r ecién creada Academia
y d ebía re sponder a u na variada y compleja func ión científica , se contó con la
participación de los académicos par a determinar los principales requisitos de la
construcción. Sin embargo, dado que la finalidad del observa torio no era s ólo el estudio
astronómico, sino que también tenía un objetivo políti co-estratégico, se ignoraron
Evolución del observatorio moderno
130
algunas de las directrices planteadas, con lo que el pro y e cto ini cial no podría llegar a
cumplir del todo su empresa
136
.
La ma y or parte de los planos y la maqueta del edificio que s e aprobó o riginalmente
se perdieron durante un incendio, siendo posible acceder a algunas reproducciones aún
conserva das o escritos d e otros auto res qu e estud iaron el obs e rvatorio. En todo caso, el
propio autor parece que dejó varias notas en los planos que no a rdieron q ue apuntan los
aspectos clav es del pro y ecto, que evidencian la fu nción astronómica del pr oyecto
137
qu e
son: acoge r los principales instrumentos de observación astronómica, añ adir una línea
meridiana en la planta su perior, incorporar dos pabellones de observación (en las torres
octogonales) sobre la planta de cubierta, para evitar obstáculos en la visió n del cielo e
incluir un óculo que atraviese el edificio desde el sótano a la cubierta.
Asimismo, el arquitecto insiste en la fina lidad científica de la construcción. En
palabras d el propio Perrault: “El edificio del Observatorio se construirá d e manera que
pueda abastecerse de todos los principales instrumentos as tronómicos que se utilizan
para las observaciones”
138
.
Pese a la intención de Pe rrault, su diseño inicial p resentaba muchos inconvenientes
para ser un obs ervatorio, fruto, sin duda, de la carencia de los conocimientos y
experiencia astronómica y de la ausencia de un colaborador qu e cubri ese ese déficit. Lo
cual se pondría de manifiesto con la llega da del as trónomo italiano Giovanni Domenico
Cassini (también conocido como J ean-Dominique o, simplemente, Cassini I) durante la
construcción, quien se sumó al pro y e cto. L os cambios de diseño derivados de esta
incorporación terminarían por dar lugar a un edificio mucho más adaptado a la actividad
científica que el previsto originalmente. El Observatorio de París sería la consecuencia
de la colaborac ión entre arquitectur a y astronomía .
El pro y ecto o riginalmente ideado por Perrault es de 1667, en contrándose pequeñas
variaciones entre los suc esivos dibujos que se co nservan, como es frecuen te en las fases
iniciales de diseño. La primera intención apu ntaba hacia un edifici o con forma de cubo
con tres torres adosadas: dos las esquinas al sur y la otra en el centro d e la fac hada
136
Donn elly (1973 ): A short histo ry of observatories , pp.15- 16
137
Kwan (2012): Architectures of astronomical ob servation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to Rad cliffe
Observato ry (1772) , p.195
138
Perrault (1909 ): Memoires de ma vie , p.221
Evolución del observatorio moderno
131
norte, siendo todas de planta cuadra da y con las esquinas exteriores ac haflanadas.
Además esta construcción se levantaría en castrada a una gran m eset a aterrazada en dos
niveles a modo de b aluarte con un a ap ariencia ho móloga al de las mur allas de pólvora.
Aún antes del inicio de las obras la pla nta sufrió cambios: aparecen modificaciones en la
distribución interior, la e scalera principal cambiaría de po sición y las torres pasarían a
ser de planta o ctogonal. Sin embarg o, aparentemente no ha y nada en el diseño que nos
haga indicar que se trata de un observatorio en lugar de un edificio civil .
Cuando Cassini
139
llega a París en 1669 los muros del edificio y a están elevados
hasta el primer nivel
140
. Desde un primer momento, Cassini detecta algunos aspectos del
diseño que en lu gar de favorecer el uso astronómico puede n suponer u na traba p ara
dicha función.
La s propias torres septentrionales repre s entan un error d e concepto para Cassini, ya
al quedar adjuntas al blo que principal tenían una facha da c egada cada una, por lo que su
uso impli caría duplicar los instrumentos o, al menos, trasladarlos entre una y otra torre a
medida que los astros se de splazaban por el cielo de este a oeste. Este tra nsporte
supondría también una r ecolocación y recalibrad o constante, sin obviar una tarea de
planificación que evitase requerir de un determinado instrumento que enfoc ase hacia
oriente y occ idente en un breve periodo de tiempo.
Cassini hubiese preferido que el edificio careciese de torr es, como se dedu ce de sus
propias palabras: “M e hubiese gustado qu e el mismo edificio del Observatorio hubiese
sido un gran inst rumento, lo que no va a ser posible a causa de estas torres”
141
. Además ,
el hecho d e que s ean d e planta octogonal tambié n le par ece un error, puesto que al ser
sus paramentos estr echos y estar perforados po r ventanas y pue rtas tampoco le ofrecen
espacio p ara inst alar útil es de obs ervación de gran tamaño. Por esto, prop one ter minar
las torres en el primer piso, dejando el p erímetro de la segunda planta liberado para
disponer una vasta habitación que ocupe toda la planta rodeada por una galería abierta.
139
por su recurrencia en este estu dio, al mencion ar a Cassini, a menos que se especifique lo contrario, se hace
referencia a Giovanni Do menico Cassin i, denominando a sus descendientes de manera que se identif iquen sin
confusión
140
Donn elly (1973 ): A short histo ry of observatories , p.16
141
Wolf (1902): Histoir e de l’Observatoire de Paris , p.24
Evolución del observatorio moderno
132
Todo ello con el fin de tene r un espacio des de el que poder obs ervar en toda s
direcciones y disponer grandes cuadrantes de mucha precisión en las fachadas
142
.
Todos estos cambios no hubiesen sido viables sin alterar las plantas inferi ores, que
y a estaban parcialmente construidas, impli cando una demolición y recons trucción que
Perrault no contempló.
Como alternativa, C assini plantea conv ertir toda la cubierta en una plataforma de
observac ión elevada y m odificar el diseño final de las torr es, para que se acomoden d e
manera más acertada a la astronomía, a lo que Perrault tr ansige, adap ta ndo el diseño
final a algunos de los requerimientos del científico.
Si bien las demandas de Cassini eran, en general, razonables desde una perspectiva
astronómica, se basaban en un conocimiento sob re las innov aciones en l os medios de
observac ión que eran ajenos para Perrault, quien podía ofrecer poco más que una visión
sin obstáculos de todo el cielo con espacios de s ervicio apropiados p ara esa finalidad.
Además, no ha y que pe rder de vista que el edificio no estaba con cebido únicamente
para la astronomía, sino que debía conten er otra actividad ci entífica así como servir d e
sede para la Acade mia
143
.
De al gún modo, tanto Perrault como C assini querían al canzar la mejor resolución
posible, aunque tenían difere nte criterio. El científ ico sólo velaba por los in ter eses de la
astronomía, supeditando cualquier decisión a la f uncionalidad en la lí nea del trabajo de
Juan Caramuel
144
. Por el contrario, el arquitecto debía considerar los otros usos que
contendría el proy ecto, incluy endo además e l valor estético y representa tivo de un
edificio destinado a ser un referente.
En cuanto a su diseño final, el Observatorio presentaba una forma cúbica con su s
facha das alineadas hacia norte, sur, este y oeste, respectivamente, sobresaliendo de este
volumen principal tres torres. Dos de ellas, de planta octogonal, flanqueaban la
privilegiada fachada al s ur, ocupando las esquina s sureste y suroeste. La o tra, de planta
cuadra da, se sit uaba en el centro de la fachada nort e componiendo la principal entrada al
inmueble. El edificio presentaba una planta re ctangular de tr einta por veinticin co
142
Wolf (1902): Histoire de l’Observatoir e de Paris , p.24
143
Petzet (2009 ): “Opening lecture: The Observatory of the King Sun an d C lassical Astronomy”, p.29
144
véase el apartado “Primeras teo rías sobre la arqu itectura para la observación astronómica”, p. 95
Evolución del observatorio moderno
133
metros, e n donde quedaban adosadas las tres torres, y se elevaba hasta los tre inta
metros. Además, la c onstrucción se engarzaba en el terreno, quedando la planta de
acceso parcialmente e nterrada: abierta hacia el norte y semicubierta hacia e l sur.
El exterior se resolvió en piedra color are na, con una composición li mpia, simétrica
y bien ordenada, d eterminada por unos resaltes horizontales marcando en fachada los
forjados, y l a r epetición de un elemento vertical: un ventanal terminado c on un arco d e
medio punto marcando los ritmos del edificio. Tal vez, este gran hueco p racticable sea
el único indicio estético de la fun ción astronómica. El conjunto quedó rematado hacia la
cubierta por un a pequeña cornisa y una balaustrada que evidenciaba la utiliz ación de la
parte superior del edif icio.
Figura 4.2 – Ob servatorio d e París. P lanta.
La planta de acceso del Observatorio tiene su ent rada en la p arte inferior de la torre
norte, desde donde se accede a un recibidor con un hueco octog onal que lo conecta con
el seg undo nivel. Asimismo, de sde este punto se puede acceder a dos pequeñas
escaleras d e caracol qu e recorren ve rticalmente la construcción. A continuación, se
encuentra el vestíbulo central que distribu y e la circulac ión en la planta. Este espacio
presenta una pe rforación, a modo de óculo, que se repite atravesando todos los forjados
del edificio desde la cubierta hasta los sótanos. Al oeste del vestíbulo se encuentran las
cámaras dedicadas a la residen cia del conserje, encargado d el mante nimiento del
inmueble y sus instrumentos. Al este, la cocina y una gran escalera que orga niza la
comunicación vertical del proy ecto. Todo el frente sur de esta planta esta soterrado,
Evolución del observatorio moderno
134
presentando sólo unas pequeñas troneras, más p ara ventilar qu e p ara iluminar, por lo
que se dedica funda mentalmente al almacenaje
145
.
En la planta intermedia, desde la gran esc alera se pasa a través de una pequeña
habitación de s ervicio hasta otro gran vestíbulo en el que la actividad científica s e
evidencia por la presencia tanto del recurrente óc ulo como po r un a línea me ridiana
trazada en e l pavimento. Todo el frente sur se destina a la c iencia: la torre sureste para la
ge ografía y cartografía, la torre suroeste para la astronomía, y el resto de esos espacios
para dar s ervicios a estos usos (plani ficar, re visar notas, preparar útiles de
observac ión…). El resto del ala oriental se reserva como residencia d el director de l
Observatorio, inicialme nte el propio Cassini. L a sal a noroccidental queda como
habitación común para descanso de los c ientíficos. En cuanto a la torre norte, se
desconoce si tenía alguna función específica, co mo los experimentos de péndulo, o si la
apertura de su forjado responde sólo a criterios d e diseño. Se inclu y en ta mbién en esta
cota tres salidas, desde el centro d e la fachada meridional y desde l as dos torres
octogonales, hac ia los jardines al sur.
Figura 4.3 – Vista interior de la sala astronó mica con su línea meridiana del Obser vatorio de P arís.
Al alcanzar la planta superior, la sala de la gran escalera desembocaba en u n amplio
espacio diáfano que abarcaba desde la fachada meridional hasta la septentrional. Gracias
145
pese a no h aber aspectos arquitectónicos que permitan identificar sin incertidu mbre los usos interiores del
edificio, se recurre a la o bra de Wolf para rellenar gran parte de es tos vacíos
Evolución del observatorio moderno
135
al trabajo mediante bóve das y cúpulas, se unific a la galería orientada al su r con la torre
norte en una cámara d estinada a la astronomí a sin soportes ni obstáculos, incorporando
una línea meridian a a lo larg o de todo el suelo, sólo interrumpida por el ó culo. El sector
este quedaba nuevament e destinado a un uso residencial, en este caso las habitaciones
de los princip ales astrónomos de la institución. En el ala opuesta, se destina la sala
restante como depósito de inst rumentos y útiles científicos de la Academia. La s torr es al
sur se r eservan para la astronomía. L a suroeste, por su orient ación, e specialmente
destinada a las obs ervaciones de puestas d e sol. P or su pa rte, destaca la si ngularidad de
la torre sureste que , aq uí sí, la caracter iza para la función astronómica: carece de
cubrición, lo qu e posibilita las observ aciones v erticales y el uso de t elescopios mu y
larg os que podían apo y arse en unos soportes ubicados en el perímetro para dicho fin.
Figura 4.4 – Ob servatorio d e París. Secc ión este-oes te.
En cuanto a los sótanos, el pro y ecto plantea un a serie de túneles que so brepasan
ampliamente la proy e cción de la planta del edificio, así como algunas cámaras cu yo uso
previsto se desconoce; con la excepción de la sala b ajo los óculos, con una c lara
vocación astronómica de observa ciones cenitales
146
.
Parece evidente que las premisas del diseñ o interior de Perrault, en lo que a la
ciencia se r efiere, no eran del todo acertada s. No obstante, el arquitecto incorpora en su
proy ecto un hecho dife renciador qu e resultará capital para la fun ción astronómica: una
cubierta plana y transitable. Toda la s uperficie del volumen principal queda establecida
a una misma cota, con la salvedad de la cubierta correspondiente a la torre suroeste
ligeramente rehundida y alg o elevada d e la torr e norte, para incorporar un pequeño
146
la obra d e Wolf recoge una lámina de d ichos subterráneos pero carece de explicaciones o co mentarios al
respecto
Evolución del observatorio moderno
136
observatorio adicional
147
. Además mantiene el óculo que atraviesa todo el edificio. El
hecho de disponer d e esta ex tensión elevada permitía instalar aq uí los útiles
astronómicos para realizar observaciones y experimentos sin obst rucción alg una.
Esta decisión supone una importante innovación ya que se convie rte en el primer
edificio con cubierta plana de la arquitectura moderna occidental. Las cubiertas planas
son históricamente propias de la arquitectura vernácula tradicional de zonas c on
pluviometría mu y escas a, como por ejemplo el norte de Áf ri ca. Est a construcc ión
ancestral se basa en la superposición de capas de tierra o arcilla sobre una estructura
portante de madera o cañas, en las que el deterioro causado por la infrecuente lluvia se
subsana con asiduidad. Esta solución conlleva q ue las cub iertas carezcan de pendiente
prevista. Por su parte, Perrault, diseña una cubi erta basada en la ruderatio de Vitrubio
148
con una leve inclinación que facilita la evacua ción de aguas sin impedir la confortable
operatividad del usuario. Incluso en este caso, p ara evitar gá rgolas o v ierteaguas, s e
incorporan tuberías bajantes en los para mentos verti cales para c analizar la lluvia.
Aunque su funcionamiento en lo relativo al uso científico resultó todo un éxito, ya
que la cubierta acaparó l a mayor parte de la inve sti gac ión astronómica, las abundantes
lluvias de París eran demasiado para la solución constructiva, que en poco tiempo
comenzaría a d añarse y permitir la entrada d e agua en la planta supe rior, obligando a
subsanar el fallo de diseño hacia 1780.
Figura 4. 5 – Observatorio de París. Sección norte -sur.
147
recuérdese que la torre sureste no está cubierta
148
Vitrubio (1997): Los diez lib ros de la Arquitectura , Libro VII , 5 -7, pp.172 -173
Evolución del observatorio moderno
143
En este patio tend rían lugar diversos trabajos de observación y sería en esta área
donde se instalarían los telescopios de ma y or p recisión y , por ende, tamaño durante este
periodo ini cial. De ahí que hubiese un gran poste instalado en la zona de jar dín
169
.
Además, en e l centro del ex tremo meridional se incluy ó un reloj solar.
Como ya s e ha adelantado, debido a la inconveniente orientación d e la con strucció n
preexistente, Flamsteed House no podría acoge r instrumentos que requiriesen una
alineación norte -sur, sie ndo algunos de estos ne cesarios pa ra la activida d astronómica.
Por consiguiente, se levantarían dos pequeños hab itáculos convenientemente orientados,
en la zona sur de l recinto, adosados al muro perimetral. El primero de ellos, en la
esquina sureste, c orresponde a la habitación del sextante y, adjunta a la misma, se
encuentra la ha bitación del cuadrante meridional, bastante estrecha y alargada.
En todo caso, la frustración de Flamsteed no era t anto por la inadecuada orientación
del observatorio como por la carencia de presupuesto pa ra fin anciar todos los
instrumentos astronómicos que habría requerido
170
.
La sala destinad a al citado cuadrante contaba co n una abertura en la cubierta para
estudiar las ma y or es altit udes sin quedar del todo expuesto a las inclemencias
meteorológ icas. Además, a causa del tamaño del propio cuadrante, el suelo quedaba
escalonado para permitir la visión de las menores altit udes si n necesidad de recurrir a
mobiliario. Pese a la modesta dimensión de esta habitación, a c ausa del instrumento que
acogía se convertiría en un im portante núcleo de la investigación
171
.
De cualquier modo, pes e a la r elevancia científica de estas h abitaciones, pronto
quedarían en desuso. S u configuración se adaptaba a l as necesidades de los
instrumentos que contenían y estos quedarían desf asados por la innovación tecnológica:
principalmente por los avances del telescopio. Dichos habitáculos se desmantelar ían
para liberar un espacio que se acabaría dedicando a posteriores amp liaciones del
observatorio.
Además de esas dos s alas, en la planta del conju nto se identifica otr a con strucción
colindante con el mur o perimetral: unas letr inas. Este hecho, se guramente de
169
Donn elly (1973 ): A short histo ry of observatories , p.22
170
ibidem , p.23
171
recuérdese que el telescopio se encuentra en sus primeras fases de desarrollo y el cu adrante mural cu mple
todavía un papel p rincipal en la actividad astronó mica
Evolución del observatorio moderno
144
imp ortancia menor, no debe ser despreciado y a que incidía en l a dota ción de unas
condiciones de habitabilidad del observatorio, una conciencia de las neces idades de los
astrónomos que fuesen a trabajar allí.
Por su parte, el edifi cio principal se encuentra si t uado en la zona norte de l recinto,
aunque retranqueado tres metros respecto de la muralla. El volumen centra l de la
construcción qu eda d efinido por un cuerpo cúbico de doce metros de lad o en el qu e la
mitad superior de dos de sus esquinas quedan achaflanadas. Este cubo, está flanqueado
a su vez en el lado septentrional por ot ros dos bloques de menor altura con planta
cuadra da de cuatro metros de lado. Por último, la estructura queda r ematada por dos
pequeños torreones, también en el lado nor te.
El diseño exterior de la edificación debí a corres ponder a la represent ación de una
institución real, sin embargo, las li mitaciones económicas que conll evaba la
reconstrucción tras el incendio de la ciudad condicionó la solución definitiva. El
observatorio se vol caría hacia la po rtada p rincipal, al norte, visi ble desde el camino de
aproximación más habitual, dejando en un se gundo plano la d efinición y detalle de l as
demás fachada s.
El edificio cuenta con dos plantas sobre rasante y un sótano. Mientras qu e la altura
del nivel inferior s e equi para con la de los bloques ad yacentes, la del niv el superior es
bastante mayor. S u construc ción se basa en paramentos de ladrillo rojo con las esquinas
rematada s mediante mampuestos aparejados de piedra blanca. Un a buena parte de las
facha das queda ocupada por altos ventana les, marca ndo un ritmo vertical que se
equilibra con unas trazas horizontales de piedra blanca: una cenefa entre los dos niveles,
una cornisa en la parte superior y, sobre todo ello, una balaustrada.
El alzado norte es el que funciona como fachada principal del edificio, y es la
image n reconocible del mismo. Todo el conjunto presenta una composic ión simétrica
respec to de un eje vert ical. En primer plano se encuentra la muralla baja con sus
pequeñas torres terminadas en una cubierta de plo mo con un remate de bola, que oculta
la parte inferior de la construcción principal. Tras ésta, se irgue Flamste ed House . La
base del edificio es más ancha que la p arte sup erior, con cinco ventanales en la planta
baja y t res en la alt a. Como elemento de transición entre ambas, aparecen dos grandes
volutas (una a c ada lado). Por encima del volum en central, sobre la cornisa blanca, se
destacan las dos torrecillas que se eleva n sobre las esquinas de la fa chada con una
Evolución del observatorio moderno
145
terminación de cubierta igual a la de las torres de la muralla. Entre éstas una
balaustrada . En el centr o de toda la composición, el ventanal de en medio del nive l
superior se e xtiende hasta dar paso a un balcón protegido por otra balaustrada más.
Figura 4.8 – Ob servatorio de Greenwich. Plantas.
El acceso al edi ficio no tiene lugar por un gran pórti co, atrio, o punto representativo
de una de las fachadas, sino que se p roduce por un recoveco: por el ángulo donde se
encuentran el volumen central con el anexo no roriental. Cuatro escalones conducen
hasta una puerta que da paso a un pequeño recibidor, del que unas escaleras ascienden
hasta la parte superior. Desde este cuarto se cruza hacia el salón principal que ocupa la
zona noreste. Esta estancia estaba d estinada a la s relaciones entre los oc upantes o las
rece pciones y , a su vez, desembocaba en el resto de salas de este nivel y las escaleras
hacia el sótano. Hac ia el oeste queda la habitación particular de Flamsteed que
comunica con un estudio -biblioteca privad a donde se archivaban los d atos recopilados y
que ocupaba el anexo noroccidenta l. Al sur q uedan dos cuartos d estinados a los
astrónomos colabora dores.
Tanto el do rmitorio de Flamsteed como los d e los otros residentes contaban con
chimeneas adosadas a las pare des ex teriores, lo que evitaba qu e pudiesen condicionar la
organización del espacio del nivel superior. El salón principal, que inicialmente carecía
Evolución del observatorio moderno
146
de c alefacción, pronto incorpora rí a una soluci ón igua l al re sto de la s salas de la
planta
172
.
Descendiendo hacia el sótano se encontraban los espacios de servicio. La co cina,
con sus fuegos, o cupaba la esquina suroeste. J unto a ésta, había un salón sin calefactar .
Al norte de la planta se e ncontraban las z onas de a lmacenaje: las bodegas e n el
cuadra nte noreste y otros a lmacenes en el noroeste. Aunque no apa rezca e n planos,
parece s er que habí a un pasaje subterráneo qu e conectaba el sótano con las habitaciones
del cuadra nte y sextante, el cual, en todo caso, habría sido desmantelado durante las
sucesivas reformas
173
.
Al subir las escaler as ha sta la primera planta se desembocaba en una pequeña sala
de paso que conducía hasta el núcleo científico del edificio: la Octagon Room
(castellanizado, la Sala Octogonal ) o Gran Sala . Su nombre se debe a la forma de su
planta como un polígono reg ular de ocho lados iguales, siendo ésta, además, la
habitación de mayor tamaño del observatorio, y a que ocupaba la práctica tot alidad del
volumen centra l. Está concebida como un espa cio público, donde varios astrónomos
puedan colaborar o trabajar de forma simultánea sin molestarse. También destaca su
considerable altura, que supera los seis metros. Este cuarto cuenta con seis g r andes
ventanales ve rticales, tres de ellos orientados al sur y los de más al resto de puntos
cardinales, cu y as vistas carecen de obstáculos gracias a la menor altura d e los anexos.
Todo esto con una final idad: la investigación astronómica. La s v entanas permitían la
observac ión de los astro s en todas direcciones, i ncorporando, además de instrumentos
astronómicos, varios grandes relojes de p éndulo para obt ener referencias temporales de
sus observaciones.
Pese a que e l edificio ofrecía r esguardo du rante las observac iones, las grandes
ventanas abi ertas dific ultaban mantener una temperatura de con fort, con las
corre spondientes dificulta des que esto implicaba para los astrónomos. L a Octagon
Room carecía d e su propia chimenea y aunque l os conductos de las del nivel inferior
transitaban por las pa redes de la sala, se hizo imprescin dible contar con bra seros
portátiles para contrarrestar el frío.
172
véase http://www.ro yalobservatorygreenwich.org/articles.php ?article=916
173
ibidem
Evolución del observatorio moderno
147
Figura 4.9 – Grabado del interior d e la Octagon Roo m del Observatorio d e Green w ic h.
Oculto tras los paneles d el lado noroeste, queda u n espacio que aco ge una escalera
que sube hasta una d e las pequeñas to rres, que desembarcan en l a cubierta plana, donde
se instalarían útiles de navegación y medición del ti empo, sin considerar en sus orígenes
los instrumentos de ob servación
174
, aunque con el tiempo se montarían diverso s
telescopios. Poco desp ués de su construcción se i ncorporaría una escalera exterior para
acceder direc tamente desde el recinto a la cubierta.
Aunque pueda ser co mprensible a causa de la poca experiencia, el R eal
Observatorio de Greenwich incurrió en fallos similares a los de algunos de los
observatorios qu e lo p recedieron: no relacionar estrechamente l a arquitectura con el
diseño. En este caso, inc luso errando en un aspecto tan trascendente para la astronomía
de este periodo como la alineac ión meridiana. Flamsteed Hous e , tal v ez por el h echo d e
estar vinculado a la corona, había supeditado algunos aspectos de la funcionalidad en
favor de la representatividad.
Sin embargo, estos er rores terminarían dando l ugar a alg o posi tivo. A causa d e
estos déficits de diseño se produjo un proceso de adaptac ión del observatorio a las
nuevas necesidades astro nómicas que resultaría crucial para el éxito y la importancia de
Greenwich como referente interna cional.
174
Maunder (1900): The Ro yal Observatory. Greenwich , p.126
Evolución del observatorio moderno
148
Como y a pa recían insinuarlo los cuartos d el cuadrante y sextante, Flamstee d House
no era un pro y ecto acab ado, sino que formaba parte de un conjunto del obs ervatorio que
se iría ampliando y reestructurando a lo largo d e más de dos siglos con reformas o,
directamente, nuevos edificios. El Real Observatorio fue creciendo hacia el sur,
ocupando gran p arte del P arque de G reenwich, aumentando el número de astrónomos y
otros trabajadores vinculados a la institución.
Aunque algunos edificios se derruyeron o se sustituye ron por otros, Flamsteed
House se mantiene e n pie (con algunas ampliaciones). La labo r inve stigadora del
observatorio se trasladó a otro c entro de trabajo. Actualmente está catalogado como
monumento histórico y es un centro divulga tivo abierto a visitantes.
El Observatorio de Cádiz (1753 )
En el siglo XV III , la ciu dad de Cádiz y el conjunto de emplazamientos de su bahía
ocuparían un importante papel en las de cisiones políti cas de España. El t raslado de la
Casa de Contratación a la población gaditana en 1717 haría qu e en su puerto
convergiesen los intercambios mercantiles con América y convirtiese a Cádiz en origen
y d estino de todos los vi ajes com erciales allende el Atlántico. Además, en ese mismo
año, se instituiría el Departamento Ma rítimo de Cádiz y se fund aría la Real Compañía
de Caballeros Guardias Marinas, cu y a Academia tambié n se ubicaría en la ciudad
andaluza. Todos estos hechos, coincidentes en el tiempo, convirtieron a Cádiz en el
principal núcleo de actividad marítima de l a corona desde principios de siglo,
ag lomerando labor institucional, comercio y defensa.
En dicho contex to, la pr imera alusión a un obse rvatorio gaditano aparece en una
carta remitida desde Londres por el insigne marino J orge Juan y Santacilia
175
al
Marqués d e la Ens enada el 26 de diciembre de 1949
176
. En esa misiva se justifica su
constitución para que los oficiales d e la Armada pudiesen adquirir conocimientos sobre
astronomía, como una ciencia básica para la navegación; y será el prop io Jorge Juan
quien asumirá la tarea: “ formaré un Observatorio [ …] en el cual no solo apre nderán los
175
Jorge Juan y Santacilia fu e un importante marino españo l que en la fecha a la que se alude y a o stentaba el
rango de capitán. Además era un hombre cultivado con conocimientos en matemáticas, astronomía e ingeniería
naval
176
Boloix (2004 ): “250 años del Real Instituto y Observatorio de la Armada”, p.2
Evolución del observatorio moderno
149
Guardias M arinas, sino muc hos afic ionados”
177
. Con esta frase, también se pone de
manifiesto la voluntad de divulg ar el conocimiento de esta ciencia má s allá de lo s
estudiantes.
En este sentido, la propuesta se presenta como un centro para el adi estramiento de
los cadetes qu e hasta l a fecha se enviaban a Londres para adquiri r s u formación,
redirigiendo los fondos dedicados a est as estanc ias para establecer un centro docente
vinculado a la Ac ademia de Guardias Marinas. Todo ello favoreció la ac eptación
institucional, ya que el gobierno quería contar co n instit uciones científicas como el resto
de potencias e uropeas
178
.
Jorge Juan, quien conoce de prime ra mano la i mportancia de la astronomía y su
aplicación práctica, seguro del beneficio de estos conocimientos para los marinos,
argumenta su iniciativa desde un triple planteamiento: político, al equipara r a España
con otras naciones d e Europa que ya cuentan con un observatorio; científico, al fundar
el prime r centro de investigación a stronómica del país; y práctico, a l desarrollar un
centro de for mación que mejorará la capacidad y seguridad de na ve gación para la
Armada
179
.
Figura 4.10 – Maqueta del Castillo de la Villa donde tu vo su origen el Obser vatorio de Cádiz.
177
Lafuente; Sellés (198 8): El Observatorio de Cádiz (1753 -1831) . pp.80-81 citando fragmentos de la referida
carta
178
González Gon zález (2013): “Jorge Juan y la As tronomía: el Re al Observatorio d e Cádiz”, p.357
179
Boloix (2004 ): “250 años del Real I nstituto y Observatorio d e la Armada”, p.2
Evolución del observatorio moderno
150
El lugar propuesto para ubicar el observatorio astronómico sería el Castillo de la
Villa de Cádiz, una construcción de o rigen medieval donde también se encontraba la
joven Academia de Gu ardias Marinas
180
. El centro de investiga ción se instaló en una
torre que había sido acondicionada para tal fin. Ya que el castillo se encontraba en un
cerr o, el obse rvatorio ocuparía la parte superior del edificio que se situaba en la posición
más elevada de la ciudad , conocido como el Monturrio
181
.
Tras la aprobación de l a iniciativa por parte del Marqués de la Ensenada, se
nombraría al astrónomo francés Louis Godín como primer director de la Academia de
Guardias
182
y comenzarían las tareas de adquisición y preparación de los instrumentos
de observación.
Se puede decir que con la instalación en 1753 del cuadrante mural en la torre del
Castillo de la Villa, se inician los primeros trabajos de obse rvación y , por lo tanto, nac e
el Observatorio de Cádi z, que se convertiría en la principal institución astronómica
española de su si glo. Las líneas maestras marcadas por Jorge J uan impli carían que l a
institución, más que una escuela de formación de artes de navegación, lleg a ra a
convertirse en un centro de enseñanza superior y difusión de las ciencias. Además, lo
que se concibió como un centro educativo, viró hasta devenir en una herramienta para
uso geodésico, cartográfico e hidrográfico, clave en la política de la nac ión
183
.
Obviamente, el Observatorio de Cádiz tenía por modelo a los de París y Greenwich,
sin embarg o, mi entras que estos dos surgían co mo una ampliación de una sociedad
científica, el gaditano surge como un centro de formación con vínculos militares. Esto
conllevaría cierta reticencia o fa lt a de a poyo inicial. Ade más, la propia instit ución
carecía de autonomía suficiente para definir sus objetivos o diseñar programas de
investigac ión a largo plazo
184
Por el contrario, las c ondiciones de contexto en las que se instalaba e ran mu y
favora bles. El de Cádiz sería el observatorio más meridional de Europa hasta el
180
González Gon zález (1992): “Una institución ilustrada para las ciudad es de la bahía: Cádiz, la Isla de León
y el Ob servatorio de la Marina” , p.89
181
en la actualid ad no queda pres encia del castillo, que los años y f alta de cuidados fueron desmoron ando, ni
del Montu rrio, rebajado durante una intervención urbana del siglo XVIII
182
González Gon zález (2013): “Jorge Juan y la As tronomía: el Re al Observatorio d e Cádiz”, p.357
183
Lafuente; Sellés (198 8): El Observatorio de Cádiz (1753-1 831) , pp.7, 81
184
ibidem , p.10
Evolución del observatorio moderno
151
momento, con un altísimo númer o de días de cielo despejado a l año y condicione s
climáticas propicias. Ad emás, la construcción medieval en la que se inst alaba contab a
con g ruesos muros que proporcionaban un a es tabilidad estructural que impedía la
aparición de vibrac iones que lastrasen la precisión de las observaciones.
Tras la determinación de la línea meridiana, la latitud y la longitud (para poder
ge nerar resultados en t érminos absolutos), se ini cian las primeras observaciones,
orientadas principalmente a mejorar la p recisión de las posiciones de los astros y
proveer a los marine ros las nociones necesarias pa ra la navegac ión astronó mica
185
.
Cabe destacar que, en e ste periodo il ustrado, precisamente esta vocación dual, a
medio camino entre la investigación y la e ducación, favoreció el crecimiento y la
importancia de su biblioteca. Se entendió como un útil cientí fico más, y l os directores
harían lo posible por c onservar y aumentar sus fondos
186
.
Pese a que no queden re stos visibles de la sede original del observatorio, hay
evidencias qu e permiten hacerse una idea de lo que fue. Entre ot ras ha y un a maqueta de
la ciudad, de finales del siglo XVIII, en donde se reconoce el C astillo de la Villa. Por
otro lado, queda también el testim onio de Vicente Tofiño
187
y J osé Varela que
escribieron: “La pieza d estinada para las observaciones astronómicas es una sala que
tiene 11,5 varas en cuadro y está formada sobre la fuerte y espesa bóveda de un torr eón
antiguo, cu ya constru cción y figura dan bastantes señas de ser obra de los romanos. L a
anchura d e sus muros y firmeza de sus cimientos hacen de este edificio un o de los más
sólidos de C ádiz, y por consiguiente mu y a prop ósito para el destino que se le dio por
orden del Señor D on Fer nando el VI...”
188
.
En sus primeros años, los re sult ados astronómicos fueron escasos a pesar del
esfuerzo económico que había supuesto para la Armada su constitución y e quipamiento,
tanto de personal como de instrumentos. Aunque sus observaciones result aron de poco
185
Boloix (2002 ): “El Real Instituto y Obs ervatorio de la Armada”, p.353
186
ibidem , pp.363 -364
187
Tofiño fue un marino y astrónomo, qu e dirigió la Academia de Guardias Mar inas entre 1 768 y 17 89
188
González Gon zález (2013): “Jorge Juan y la As tronomía: el Re al Observatorio d e Cádiz”, p.357 citan do la
Introducción de Observaciones Ast ronómicas hechas en Cádiz, en el Observatorio Real d e la Compañía de
Cavalleros Gruardias-Ma rinas
Evolución del observatorio moderno
152
interés, más allá de determinar la posición de la propia inst itución
189
, dieron lugar al
nacimiento de la cartografía española
190
.
De cualquier modo, pese a que las observaciones iniciales carecían de co ntinuidad
o sistematización, poseen cierto v alor histórico y representan el inicio de inicio de una
actividad científica s eria que se extendería a otro s campos técnicos como la oficina de
cálculo o el Obrador de relojería.
A mediados d e siglo, el Marqués de la Ens enada promovería la formaci ón de un
asentamiento en la Isla de Le ón, actualmente San Fernando, junto a Cádiz, denominada
Población Militar de S an Carlos, dond e se trasladaría la s ede d el De partam ento
Marítimo
191
y a l a que poco después seguiría la Academia mi sma. Si bien la idea del
traslado de la Academia a esta localización estaba prevista, el de splazamiento de
Departa mento lo hizo i mprescindible por una c uestión logística . Finalmente, esta
migración se llevó a cabo en 1769
192
, dejando sólo al observatorio astronó mico como
remanente en la torre de l Castill o de la Villa de Cádiz.
La separ ación acentuó los problemas del observatorio, cuya li gazón con las tareas
docentes s e r esintió por la distancia de los estudiantes, que p erdieron contacto con la
práctica experimental. Asimismo, el aislamiento institucional, en especial de la
Acade mia de Guardias Marinas, y la reducción de person al permanente penalizaban la
observac ión sistemática, con lo que se avocó al c entro a orienta r la actividad científica
hacia sucesos puntuales como eclipses o trá nsitos solares.
Esta circunstancia li mitó los recursos económicos y personales p ara m antener y
restaurar el Castillo de l a Villa, cu y o estado de conservación era deficiente y estaba en
peligro de ruina. Esp ecialmente deteriorado se encontraba el edificio dond e se impartían
clases
193
, lo que era una prueba más del abando no en el que estaba quedando e l
observatorio. Esa dejación asimismo afectó a los instrumentos astronómicos, que
también sufrieron un importante deterioro en e sos años.
189
Lafuente; Sellés (198 8): El Observatorio de Cádiz (1753-1 831) , p.115
190
Boloix (2004 ): “250 años del Real I nstituto y Observatorio d e la Armada”, p.4
191
González Gon zález (1992): “Una institución ilustrada para las ciudad es de la bahía: Cádiz, la Isla de León
y el Ob servatorio de la Marina” , pp.91 - 92
192
Lafuente; Sellés (198 8): El Observatorio de Cádiz (1753-1 831) , p.113
193
ibidem
Difusión del observatorio moderno
255
espacio queda a cotado por la cúpula móvil, que consta con una estructura de metal
recubierta interiormente de madera y en su ca ra ex terna por una chapa de cobre ,
mejorando de este modo su aislamiento térmico. L a base de la cúpula se apoya sobre
unas ruedas insertas en el muro de fachada que facilitan su movi miento y cuenta con un
obturador practicable q ue deja abierto una se cción de la mi sma cú pula. S endos
torreones o ctogonales adjunt os contienen la escalera de caracol po r la que se lle ga h asta
este piso y una s egunda cámara astronómica, de menor tamaño e importancia, que está
ocupada por el instrumento de tránsito.
Pese a las dificultades y la inversión que supuso la construcción del Observatorio,
no hay constancia d e qu e Tomline llega se a usar lo. De hecho, contrató a un astrónomo
profesional, John I s aac Plum mer, con experiencia en el Observatorio de Durham, para
que trabaj ase allí e hici ese observaciones en su nom bre. Plummer investigó diferentes
fenómenos, aunque prin cipalmente cometas, hasta la muerte de Tomline en 1899,
cuando su heredero, que no tenía ningún interés e n la astronomía, dejó de contar con él.
Desde entonces, el Observatorio permaneció ina ctivo dur ante treinta años hasta que se
concedió permiso para util izarlo a un astrónomo aficiona do
433
.
En 1936 el complejo fue vendido a la Alde burgh L od ge School, que pasó a
llamarse Orwell P ark School. Allí , los inst rumentos astronómicos se uti lizaron para la
instrucción de los estudiantes. Con el inicio de l a Segunda Gue rra Mundial, el edificio
fue requisado por el ejército, sufriendo importantes daños. Al término del conflicto la
propiedad regreso a la escuela, manteniendo un uso intermitente hasta que la
reciente mente fundada Sociedad Astronómica de Orwell, Ipswich (OAS I) se hizo cargo
de la recuperación de un observatorio que para enton ces estaba prácticamente
abandonado: las paredes se desmoronaban, faltaban puertas, la mont ura del telescopio
se estaba oxidando…
434435
Actualmente, esta Soci edad continúa ha ciendo uso del Observatorio mientras
reca uda fondos que p ermitan una restauración compl eta del observa torio. Sus miembros
desarrolla n una activida d astronómica no profesional con acceso a las instalaciones
(balcones, sala de reuni ones, bibliotec a…) y a los instrumentos orig ina les. Ade más,
433
página of icial de la Sociedad Astronómica de Orwell, Ipswich : http://www.oasi.org.uk
434
página of icial del organismo público Historic England : https://historicengland.org.uk
435
página of icial de la Sociedad Astronómica d e Orwell, Ipswich : http://www.oasi.org.uk
Difusión del observatorio moderno
256
lleva a cabo t areas de difusión científica, como r ecepción de visitas o la realización de
eventos públicos
436
.
Aunque su transgresor y anacrónico diseño no supusiese prec isamente una
evolución en la concepción de estos centros astronómicos, sí evidencia que,
manteniendo unos estánd ares n ecesarios ajustados a su ti empo (estabilidad estructura l y
térmica, acceso al cielo, confort de uso…) no existe una única tipología válida para el
observatorio.
Urania (1889)
La s c onferencias a stronómicas que Al exander von Humboldt impartió en Be rlín
entre 1827 y 1828 supusieron un evento social al que asistieron trece mil oyentes, lo que
popularizó la divulgación científica en una sociedad berlinesa q ue s e convertiría en el
perfecto c aldo de c ultivo para l a aparición a finales de siglo del primer observatorio
público del mundo
437
. El interés ciudadano se manifestar ía durante la s década s
siguientes en forma de v isitas al Observatorio de Berlín hasta el pu nto de perturbar el
trabajo científic o de la inst itución
438
. Todo ello desembocó en la constitución de la
Institución Ur ania en 18 88 por parte de Wilhelm Foe rster
439
con el apoyo económico de
Werner von Siemens y con la partic ipación de numerosos patrocinadores
440
.
La finalidad de la entidad se enfocó hacia el avance y la difusión del con ocimiento
científico. Además, los fundadores querían esta blecer algún tipo de centro o edificio
científico públi co para satisfacer el interés popular por la astronomí a y qu e
simultáneamente sirviese de sede a la inst itución. P ese a que la intenc ión orig inal se
limitaba a la construcción de un observatorio público, la propuesta se amplió para
abarcar otros esp ectros científicos como la física, el campo microscópico o las ciencias
436
página of icial de la Sociedad Astronómica de Orwell, Ipswich : http://www.oasi.org.uk
437
Wolfschmidt (2013): “Urania in aller Welt - Ausb reitung und Wirkung des Urania - I dee”, pp .103,106
438
Meyer (1890 ): “T he Urania Ge sellschaft”, p.144
439
Director del Observatorio d e Berlín en ese momento
440
Wolfschmidt (2013): “Urania in aller Welt - Ausb reitung und Wirkung des Urania - I dee”, p.1 03
Difusión del observatorio moderno
257
naturales. El pro ye cto contó con el apoyo estatal hasta el punto de obtener una cesión de
terrenos e n Berlín para la construcción del complejo
441
.
El proyecto se encomend ó al arquitecto Paul Emmanuel Spieker, qu e se basó en las
premisas de los astrónomos Foerster y Me y e r, i mplicados en el diseño desde su origen.
De est e modo, el inicio de las obras no se dem oró y el edificio quedó concluido en
1889
442
. Prec isamente, sería Ma x Meye r quien o cuparía inicialmente el puesto de
Director de la institución.
El edificio agrupaba dos volúmenes bien diferenciados. El primero, c omponiendo el
alzado principal del conjunto, al sur, era una construcción pétrea con for ma de prisma
en el centro de cu y a fachada sobresalía un cuerpo que componía la entrada a partir d e
una escalera ascendente. Por encima de esta estructura, la cúpula prin cipal se apo ya ba
sobre un tambor cilíndr ico, evidenciando la función astronómica d e esta parte del
edificio. A ambos lados de ésta, otras dos cúpulas menores. El se gundo volumen era una
construcción más extensa en planta para recoger e l resto de programa previsto.
El alzado del conjunto e ra sobrio, de sillería con huecos en fachada de med io punto
en la planta principal y otros más elementales para la il uminación del sótano. La
envolvente queda grabada por la trama horizontal de las juntas de la piedr a como
contrapunto a los mar cados contrafuertes qu e apuntan el ritmo de la estru ctura. Tan sólo
un alero como remate d e fachada y una balaustrada ornamental en torno a la cubierta
plana ornamentan una apariencia en la que el principal reclamo son las tre s cúpulas que
coronan e l conjunto.
El acce so del edificio desde la entrada principal conducía a un recibidor desde
donde se podía p asar a un amplio espacio dond e se distribuían las distintas z onas de
exposiciones. El teatro estaba situado hacia un lateral de la planta y quedaba circundado
por una galería qu e lo rel acionaba a su v ez con un a entra da directa d esde el exterior del
conjunto. Varias escaleras re solvían la c irculación vertica l del proyecto. El nivel
inferior, semiente rrado, quedaba acotado para las zonas de trabajo, para dive rsos
laboratorios, almacenes y p ara las instala ciones e léctricas e hidr áulicas que necesitaban
los distintos equipos de la institución. En la parte superior del edificio, en la cubierta, se
441
Meyer (1890 ): “T he Urania Ge sellschaft”, p.144
442
extraído de la p ágina web oficial de la Oficina Estatal de Monumentos de Berlín :
http://www.stad tentwicklung.berlin.de
Difusión del observatorio moderno
258
encontraba la función astronómica repartida tanto en el int erior d e las cúp ulas como en
el espacio abierto.
Figura 5.38 – Urania. Planta
La inst itución se organizaba en departamentos enfocados en las diferentes materias
y funciones que congregaba. La astronomía era el principal atractivo del ce ntro y
contaba con un equipami ento pensado tanto para satisfacer el interés públic o como para
un proceso de investigación científica. En este sentido, el principal instrumento del
complejo era un refrac tor de doce pulgadas que ocupaba la c úpula principal. Pa ra
facilitar las observaciones la sala en la que se encontraba instalado incluía una
plataforma elevable hidráulica, que permitía situar al observador e n la posición más
favora ble para usar el telescopio, y un sistema de control, también hidráulico, para rotar
la cúpula y operar su obturador. Ade más, las otras dos cúpulas c ontenían sendos
telescopios: un refractor de seis pulgadas y un ecuatorial de cuatro pul gadas. Fuera, a
cielo abierto e n la terraza oc cidental, se enc ontraban otros instrumentos protegidos
mediante lonas: un reflector de seis pulg adas co n montura altazim utal y un pequeño
instrumento de tránsito. Por último, en la terra za oriental se situaba otro telescopio
adicional
443
.
El teatro ocupaba un papel importante en el desempeño comunicador de la
institución. Puesto que Mey er tenía experiencia presentando hallazgos científicos de
443
Meyer (1890 ): “T he Urania Ge sellschaft”, p.146
Difusión del observatorio moderno
259
forma sugestivo, pretendía impartir conocimientos y divul gar los result ados de la
investigac ión en un en torno atractivo a través de un teatro científico mediante
repre sentaciones y proyecciones de dia positivas
444
. Aunque las conferencias eran
principalmente sobre astronomía también se impartían charlas sobre otras ár eas
científicas relacionadas con el centro. Además, siendo la ma yor parte de l as ponencias
de carácter popular y di vulgativo, ocasionalmente se presentaban comunicaciones más
técnicas y formativas pa ra un público más especializado
445
.
Figura 5.39 – Urania en 1889.
Aparte de la astronomía, las ex posiciones científi cas tuvieron una gran acogida, en
especial debido a la novedosa forma en la que el u suario se relacionaría con lo exhibido.
Mientras que en los museos convencionales e l visitante se limitaba a observar, en
Urania se invi taba al m anejo de los instrumentos presentados, a la interacción y a la
participación de los experimentos most rados, convirtiendo al visitante en parte activa y
necesaria de la exposi ción
446
.
Su apertura en 1899 con noches abiertas de observac ión, conf erenc ias y
exposiciones supuso inició un auge para la divulgación científica ya que a final de ese
año casi cien mil person as habían asistido a s us coloquios y muestras. El éxito de
Urania en Berlín propició la aparición de otras delegaciones en Viena, Copenha gue ,
Budape st o Zurich, entre otras. Además sirvió como referente p ara la fundación de
observatorios públicos y otras insti tuciones sim ilare s por todo el mundo. E incluso, la
444
Wolfschmidt (2013): “Urania in aller Welt - Au sbreitung und Wirkung des Urania - Idee”, pp.104 -105
445
Meyer (1890 ): “T he Urania Ge sellschaft”, pp .147,150,151
446
ibidem , p.148
Difusión del observatorio moderno
260
forma d e plante ar y el fu ncionamiento de l as ex posiciones científic as se convirtió en la
pauta a seg uir para los posteriores museos científico-técnicos
447
.
Algunos años después de su apertura , Urania tr asladó su sede en Berlín a un nuevo
edificio de la capital. La construcción o riginal no se ha conservado hasta la actualidad
y a que suf rió daño durante los años de guerra. Sin embargo, el teatro h a subsisti do y
actualmente se encuentra integrado como parte de un edificio de la policía
448
. La
institución como tal se ha mantenido activa y fiel a su vocac ión original a mpliando su
campo de acción a otras ramas de las c iencias y las humanidades.
Observatorio Yer kes (1897)
Cuando en 1892 la Universidad d e Chicago abre sus puertas, ésta no contaba con
ningún tipo de instalació n para la investigación as tronómica o astrofísica
449
. Entonces se
elegiría a George Hale, un joven astrónomo que en ese momento trabajaba en su
observatorio privado, c omo nuevo profesor en dicho campo. Aprovechando la
disponibilidad de dos grandes discos de vidrio que podían ser rectificados para
componer el mayor tel escopio refractor de su tiempo, Ha le y el pr esidente de la
Universidad, William Harper, s e lanzaron en pos de un mece nas que acometi ese la
inversión. Dic ha búsque da concluiría con Charles Yerke s, un important e hombre de
neg ocios que asumiría el coste d e la fabricac ión del telescopio p ara que quedase
asociado a su nombre
450
.
Además de e sto, Yerkes se c omprometió por escrito a añadir a su “regalo un
observatorio necesario p ara alber gar el instrumen to”
451
, lo que sería interpretado por el
propio Hale como un acto de generosidad b asado en el deseo d e conseguir un
observatorio insuperable
452
.
447
Wolfschmidt (2013): “Urania in aller Welt - Ausb reitung und Wirkung des Urania - I dee”, pp .105,112
448
extraído de la p ágina web oficial de la Oficina Estatal de Monumentos de Berlín :
http://www.stad tentwicklung.berlin.de
449
Husse y (18 97): “The Yerkes O bs ervatory”, p.211
450
página of icial del Observatorio Yerkes : h ttp://astro.uchicago.edu/ y e rkes
451
Husse y (18 97): “The Yerkes O bservatory”, p.211
452
Hale (1892 ): “The Yerk es Obs ervator y of th e University of Chicago”, p.250
Difusión del observatorio moderno
261
A la hora de buscar un lugar pa ra construir el nuevo o bserva torio se acordó que
debía quedar en un radio de cien millas de la Universidad, para que su importancia
como departamento de la mi sma no se viese mermada. Bajo esta pr emisa, se nombró un
comité para s eleccionar un sit io disponible en base unos criteri os definidos por Hale:
afección por humo o luces eléctricas, pr esencia de aire c aliente, las vibraciones de
trenes o existencia de g randes cuerpos de agua
453
.
Tras un examen de las diferentes opcion es disponibles, el Comité acordó la
instalación en un terreno al norte del Lago Geneva, en Williams Bay, Wisconsin. Aun
cumpliendo satisfactoriamente con todos los requisitos planteados, se subrayó l a belleza
del lugar como punto importante para su e lección. Ade más, el sitio estaba en una
posición elevada, la atmósfera e ra clara y no se preveían des arrollos próx imos urbanos,
de fábricas, ferrocarriles o tráfico
454
455
.
Esta ubicación dejaría el telescopio a unos o chenta me tros sobre el nivel del lago,
que quedaría a unos seiscientos metros de distancia, y la elevación sobre el nivel de l
mar sería de cua trocientos metros
456
.
Figura 5.40 – Vista aérea d el Observatorio Yerkes hac ia 190 0.
Pese a que, evidentemente, la principal finalidad del observatorio iba a ser acoger el
gran re fractor en las mejores c ondiciones posibles, se decidió que e l proyecto sería
mucho más ambicioso, incluyendo algunos telescopios más, de menor relevancia, y
diferentes zonas de trabajo astronómico jun to con varios laboratorios y otros espacios
de investigación. El edif icio no se centraría únic amente en la astronomía de posición,
453
página of icial del Observator io Yerkes : h ttp://astro.uchicago.edu/ y e rkes
454
Frost (1897): “The Yerkes Observator y”, p.721
455
Husse y (18 97): “The Yerkes O bservatory”, p.212
456
Frost (1897): “The Yerkes Observator y”, p.721
Difusión del observatorio moderno
262
sino que también debía ser concebido pa ra el estudi o espectroscópico, así como para
cubrir las futuras necesidades de otros d epartamentos de investi gac ión que pudiesen
surgir
457
.
En el año de su fundación, Yerkes contr ató a Henr y Ives Cobb, el arqui tecto que
entonces traba jaba desarroll ando otros edificios de la Universidad de Chicag o, para que
diseñase su observatorio en colaboración con Hale. L a complejidad del e ncargo re caía
en pro y ectar un edificio que se adaptase t anto al entorno como al programa de usos, con
su particular ambición científica. Pa ra ello, Hale visitó y analizó algunos d e los
principales observatorios de posición y laboratorios espectroscópicos de E stados Unidos
y Europa para extraer la s bases d e diseño y estrate gias que la experiencia demostrase
más acertadas. En función de lo estudiado, Hale presentó a Cobb la información
recopilada y procesada para que el arquitecto elaborase los planos d e un proyecto que
respondería a las necesidades científicas sin dejar de lado los aspectos arquitectónicos
458
459
.
La construcción del Observatorio se inició e n 1895, prolongá ndose durante dos
años hasta su inauguración en 1897
460
.
El edificio tiene una planta eminentemente longitudinal que super a los cien metros
de largo cuyo cuerpo p rincipal es un pa ralelepípedo alineado de este a oeste con un
ancho infe rior a v einte metros. En el ex tremo oriental se adosa a un a estrecha n ave,
dispuesta perpendicularmente al cuerpo p rincipal, que está rematada a norte y sur por
sendas torres circulares que se elevan sobre el conjunto con sus respectivas cúpulas (de
ocho y nueve metros de diámetro). Además, en la cara oeste se sitúa una relativamente
pequeña estructura d e planta rectan gular tan sólo conectada al resto de la construcción
por un corredor. Al otro lado del edificio, el extremo occidental queda marcado po r la
presenc ia del elemento d e mayor tamaño y más r epresentativo del observatorio, el gran
volumen cilíndrico que sustenta la cúpula (de veintiocho metros de diámetro) bajo la
que se re sguarda el refractor que da origen al pro yecto.
457
Husse y (18 97): “The Yerkes O bservatory”, p.213
458
página of icial del Observatorio Yerkes : h ttp://astro.uchicago.edu/ y e rkes
459
Husse y (18 97): “The Yerkes O bservatory”, pp.213 -214
460
Struve (1947 ): “T he Yerkes Ob servatory: Past, Present, and F uture”, p.217
Difusión del observatorio moderno
263
La calidad constru ctiva y de acabados es elevada, acorde con las pretensiones de
grandiosidad de su promot or. De este modo, los paramentos se resuelven media nte
fábrica de ladrillos con un mu y cuidado aparejo y dispo sición de las piezas. A eso se
suma la prese ncia de e lementos de terracota profusamente tallada. As í, la fachada
cuenta con abundantes elementos de corativos y ornamentales: columnas, arcos de
herra dura, arcos planos, escudos, frisos, aleros, v olutas o gárgolas. Todo ello sin obviar
los abundantes y diferentes tipos de ventanas que se distribu y en por el edificio en
función de los espacios a los que si rven. Sobre la piedra y el ladrillo, el metal, labrado y
trabajado de las barandillas decorativas, y pulido y moldeado en las tres cúpulas.
Figura 5.41 – Observatorio Yerkes. P lanta baja.
Figura 5.42 – Observatorio Yerkes. P lanta sótano.
Difusión del observatorio moderno
264
El observatorio cu enta con dos entradas idénticas que ocupan respectivamente el
centro de las f achadas s ur y norte, en el cu erpo principal. Ambos accesos desembocan
en una mi sma sala: el distribuidor principal, qu e es cruzado por un amplio corre dor que
atraviesa el edificio de es te a oeste dando paso a los difere ntes cuartos y espacios, y que
conduce hasta las escaleras que resuelven la comunicación entre plantas.
En el nivel inferior, a modo de semisótano, se encontra ban algunos la boratorios,
incluido el de física, la zona de trabajo foto gráfico ( con cu artos oscu ros y s alas de
ampliación y de emulsión). También abajo se dis ponían los diferentes talleres ópticos,
de instrumentos y d e patrones, con un área pa ra pulir y p robar lentes o espejos, otra para
trabajar met al y h asta un a forja. El espacio r estante se destinaba como almacén. Por su
parte, el nivel principal contaba con una sala de recepciones, una biblioteca , laboratorios
espectrosc ópicos y químicos, varios cua rtos de cálculo y computación, oficinas y
despachos, incluye ndo uno para el director.
Los alz ados este y o este del edificio quedaban destinados a la actividad
astronómica. Así, e n el lado oriental concentraban la sala meridiana, qu e contaba al
principio con un inst rumento de tránsito y donde se preve ía la instalació n de un gran
círculo meridiano, y las dos torr es, que alberg a rían inicialmente sendos refle ctores,
unidas entre sí po r un corre dor en cuyo á tico se situaba la sala de heliostatos. En
extremo occidental la vasta sala circular bajo l a cúpula que daba cobijo tanto al gran
refractor como al propio observador.
El telesc opio Ye rkes, por su propio diseño y características, ne cesitaba de unas
instalaciones determinadas que facilitasen o inclu so posibilit asen su utilización. En este
sentido, aunque la imponente cúpula de m adera y estaño, con su estructura de acero,
pudiese girar a mano co n un sis tema de ruedas, contaba con un novedos o sistema de
motor eléctrico que pe rmitía su rotación mediante interruptore s a mano tanto del
observador como d e un asis tente. Algo similar s ucedía con el montaje d el telescópico
para facilitar su movi miento con ma y or flui dez y pr ecisión. Asimi smo, la sala
incorporaba un suelo asce ndente: una plataforma que podía e levarse gradualmente
también mediante un sis tema motoriz ado para ad ecuar la posición d el ob servador a la
necesidad del refractor
461
462
.
461
Hale (1892 ): “The Yerk es Obs ervator y of th e University of Chicago”, p. 251
Difusión del observatorio moderno
271
cornisa, sobre la que una balaustrada corona los frentes. Aunque las entradas incorporan
columnas jónicas arquitrabadas con su frontón y tímpano, además de l as y a
mencionadas cúpulas, el principal rasgo identificati vo es la estruct ura a modo de tholos
que circunda la torre sureste.
El cuidado puesto en el diseño de la envolvente y en la propia volumetrí a es fruto
de su posición preponderante encima de la colina del parque que lo hacía visible desde
los alrededores sobre una masa boscos a que con los años terminaría po r ocultarlo a la
vista.
Figura 5.47 – Observatorio Allegheny. P lanta.
De sus dos entradas ante riormente referidas, la m eridional comunica direc tamente
con la torre del telescopio principal. Por su parte, la puerta de entrada oriental da acceso
a un vestíbulo a través del que se llega al dist ribuidor central, un salón alarg ado qu e
cruza todo el edificio y por el que tr anscurren todos los recorridos. Este dist ribuidor se
cruza perpendicularmente con un vestíbulo secunda rio formando la llamada sala
octogonal. En las inmediaciones de la entrada este, se encuentran un a pequeña sala de
rece pciones y un a sala de lecturas o conferencias que termina en la torre del telescopio
secundario, siendo estos espacios los comúnmente destinados al público. A partir de
este punto, la planta alberga varios despachos y oficinas para el Di rector, otros
astrónomos o los asis tentes, una bibliot eca, y diferentes espa cios de trab ajo, salas de
cálculo, de dibuj o, de ampliación, del reloj o d e los instrumentos. Además de esto y
Difusión del observatorio moderno
272
otros espacios de se rvicio, en e l sótano del edificio se inclu y ó una cripta en la qu e
descansarían los re stos de al gunos de sus má s destacados científicos.
En cuanto a la función astronómi ca, mientras la t orre sureste quedó d estinada a un
uso divulga tivo, la verdadera investi gación se con cretó en la torr e noreste y la oeste, así
como la sala de tránsito. Esta última, en el extremo occidental, se orientaba de norte a
sur con sus soportes estructuralmente aislados del resto de l a construcc ión y con una
ventana corrida de norte a sur como era prec eptivo. La torre noreste contaba con el
reflector, quedando el gran refractor para la torre principal. Las tres cúpulas cuentan
tanto con un sistema de rotación como con una solución de apertura. Esp ecial cuidado
se prestó a los d etalles de la torre principal, en la que, además de su gran soporte desde
la cimentación hasta el a nclaje del telescopio qu e está estructuralmente aislado del resto
del edificio, había un sistema de suelo móvil qu e se elevaba pa ra facilitar la
observac ión. Incluso, para mejorar la estabilidad térmica, se diseñó una cámara de p aso
intermedia ventilada entre el lar go dist ribuidor del cuerpo c entral, c alefactado, y la torre
principal, no calefac tada, para evitar variaciones puntuales de temperatura.
Figura 5.48 – Vista aérea del Observatorio d e Allegheny hacia 1930.
Aunque desde que el antig uo obs ervatorio pasó a formar p arte de la Universidad, se
había espe cializado en para laje astrométrico, la construcción del nuevo edificio vino
acompaña da de un cambi o de prioridades, qu e desde entonces incluirían el trabajo solar
además de la a strometría. Sería además el prop io Schlesing er quien incorporaría la
fotografía a la investi gación. Durante todo el si glo XX, el Obs ervatorio se ha m antenido
Difusión del observatorio moderno
273
como una de las prin cipales instituciones de inves tigac ión astronómica d el mundo
482
483
484
.
En la actualidad, el edificio se encuentra en buen estado, co nservando
sustancialmente su distri bución ori ginal con la sa lvedad de la sala d e trán sito, que fue
demolida a los pocos años de su inaug uración.
El Observatorio forma parte del Departamento de Física y Astronomía de la
Universidad de Pittsburgh, y adem ás de mantener su desempeño investigador, el centro
se dedica también a la enseñanza e incluso ha mantenido su función d e divulgación
pública con observac iones, conferencias o visitas guiadas
485
.
Observatorio de Griffith (1935)
El a lumbramiento de l Obse rvatorio Griffith no hubiese sido posible de ningún
modo sin la firme volunt ad de su promotor y benefactor, Griffith Jenkins Griffith: un
poderoso empresario de origen británico que había tomado L os Á n geles co mo su ciudad
de acogida. Pretendiendo dotar a esta urbe de incesante crecimiento de un gran p arque
como los de las capitales europeas, a finales del siglo X IX, Griffith cedió unos doc e
kilómetros cuadrados de terrenos de su propiedad, situados al su r del Monte Holl ywood,
a la ciudad para que se convirtiesen en uno d e los parques públicos más grandes de
Norteamérica
486
. Sin embar go, sus donaciones no terminaría n ahí. Se ría durante una
visita al Observatorio del Monte Wilson, e n 1912, cua ndo a l contem p lar e l ci elo
mediante su potente reflector vivió una ex periencia reveladora que él mismo verbalizó,
según diversas fuentes, e xclamando que “si toda la humanidad pudi ese mirar a trav és de
este telescopio, revolucionaría el mundo”
487
488
489
.
482
Anon . (1899): “T he Alleghen y Ob servatory”, p.147, citando palabras de John Brashear poco después de su
periodo de d irección interina
483
Anon . (1920): “T he Alleghen y Ob servatory”, p.458
484
página of icial del Observator io de Alleghen y : https ://www.pitt.edu/~aobsvtry /
485
página of icial del Departamen to de Física y Astronomía de la Universidad d e Pittsburgh :
https://www.ph y sicsandastron omy .pitt.edu /allegheny -observator y
486
Meares (2014): "The creation of LA's most recognizable an d beloved building" en
https://www.cu rbed.com/2014/12/17/10011006/the -creation- of -las-most-recognizable-and -beloved-build ing
487
Krupp (2011 ): “Going public”, p.463
488
Markkanen (2013 ): “The Dev elop ment of the Classical Ob servatory: From a F unctional S helter for th e
Telescope to the Temple of Science”, p.48
489
Meares (2014): "The creation of LA's m ost recognizable an d beloved building" en
https://www.cu rbed.com/2014/12/17/10011006/the -creation- of -las-most-recognizable-and -beloved-build ing
Difusión del observatorio moderno
274
Tras este suceso, G riffith ofreció fondos a la ciudad para construir un observatorio,
que nunca llegaría a mat erializarse durante su vida. En su testamento, de 1919, dejó un
importante legado a Los Ángeles para la constru cción de un centro científi co -educativo
que inclu y ese salas d e ex posiciones, un telescopio abierto al público y un cine donde se
expusieran películas de fondo científico. Especificó además el propó sito, las
caracter ísticas y localización; todo ello, con fondos suficientes para aseg urar qu e su
acceso y uso fu ese gratis para si empre. P retendía que la gente mir ase por el ocular y
pasase por la misma ex periencia que él había vivido
490
491
.
Figura 5.49 – Perspectiva del Observatorio Griffith (circa 193 5). Dibujo de los arquitectos J . Austin y F.
Ashley.
Finalmente, sería a partir de 1930 cu ando la Junta que gestionaba los fondos
legados por el filántropo pusiese en marcha los diversos trámites que terminaría n dando
lugar al Observatorio Griffith tal y como era su voluntad
492
. Como principa l y única
salvedad se reemplazó la prevista sala de cine por un planetario, que s e ha bía inventado
con posterioridad a la mue rte de Griffith y que probablemente se adecu aba más a su
intención orig inal.
Aunque no pueda decirs e que este observatorio abierto, público y d edicado a la
divulgac ión, comunicación y promoción de l a ciencia en general y de la astronomía en
particular sea pionero en su género ya que durante las primeras d écadas del siglo XX s e
490
página of icial del Observatorio Griffith : http://www.griffithobservator y .org
491
Krupp (2011 ): “Going public”, p.463
492
página of icial del Observatorio Griffith : http://www.griffithobservator y .org
Difusión del observatorio moderno
275
construy eron observatorios públicos en varias grandes ciudades d e Centroeuropa
493
, su
evolución y significancia hace que sí pueda dist inguirse como uno de los más
repre sentativos e importantes de entre ellos.
La ubica ción del edificio estuvo bastante clara desde su concepción ori ginal como
culminación del parque homóni mo. El complejo se situaría en la parte superior de la
ladera sur del Monte Hollywood. A casi trescientos cincuenta metros sobre el nivel del
mar, el Observa torio Gr iffith se eleva como un refe rente sobre e l horiz onte de L os
Ángeles, siendo visible desde g ran parte de la ciudad y sus alrededores
494
495
.
Esta sit uación, además de su idoneidad por la calidad de las vistas sin obstác ulos
del firmamento, enmarca el observatorio desde el centro de la ciudad como el vértice
entre el parque y el cielo, una posición que subray a la importancia d e la inst itución y la
convierte en un foco de atención. Su integración con el entorno se traduce en su
inserción en el accidenta do terreno en el q ue, a demás, un camino transc urre d esde l a
base del p arque hasta la cima, por el que los vi sitantes que acceden a pie ascienden
como una peregrinación hac ia la ciencia
496
497
.
El diseño del Observatorio Griffith sería el resultado de una colaboración entre los
diferentes agentes que participaron desde su concepción inicial en cuanto a apertura
pública y usos pr evistos p or parte del propio G riffith hasta que el pro y ecto estuvo li sto
para su ejecución. Entre medias, las primeras directrices se rían de Geo rge Hale, que y a
contaba con experienc ia e n va rios importantes observatorios. A éste se sumar on lo s
planos preliminares d el físico Edward Kurth junto con el ingeniero y astrónomo
aficionado Russell Porter. Sin embargo el pro yecto terminaría siendo r ealizado por los
arquitectos J ohn Aust in y Frederick Ashle y , que contaron con el asesoramiento tanto de
Kurth como de Porter
498
499
.
493
Markkanen (2013 ): “The Dev elop ment of the Classical Ob serv atory: From a Functional Shelter f or the
Telescope to the Temple of Science”, p.48
494
Krupp (2011 ): “Going public”, p.463
495
página of icial del Observator io Griffith : http://www.griffithobservator y .org
496
Schleier (2011 ): “The Griffith Observatory in Ray's Re bel Wit hou t a Cause (1955): my stical temple an d
scientific monument”, p.373
497
Socha (1935 ): “Address at the formal opening of th e Griffith Observ atory and Planetarium“, p.1 58
498
Bigg; Vanhoutte (2017): “Spectacular astronomy”, p.118
499
página of icial del Observator io Griffith : http://www.griffithobservator y .org
Difusión del observatorio moderno
276
El observatorio se conci bió como un g ran templ o sin un estilo homogéneo cla ro
pero ll eno de r eferencias clásicas como fastuosas escaleras o columnas q ue constituían
un conjunto abovedado con cúpulas de cobre qu e debían transmitir la grandeza de los
nuevos monumentos consagra dos a la ciencia
500
501
.
Figura 5.50 – Observatorio Griffith visto desd e la ciudad.
El edificio no estaba destinado a la investigación astronómi ca profesional, de hecho
nunca tuvo dicha intenci ón sino que estaba concebido para humanizar l a astronomía y
hacerla accesible al público común. Y pese a que cada parte o elemento del complejo
estaba ideado par a la astronomía pública, su diseño estaba basado en los observatorios
profesionales de su ti empo, adaptando las características de un centro de investigación a
las de un templo abierto dedicado a la astronomía
502
503
.
La principal cualidad de este edificio tiene su o rigen en la coherenc ia e xistente
entre la función y necesidades a las que respond e y su materialización. En palabras de
Bre nda L evin
504
: "L a ele gancia del diseño proviene en parte del hecho de que la
500
Schleier (2011 ): “The Griffith Observatory in Ray's Rebel With out a Cause (1955): mystical temple and
scientific monument”, p.370
501
Meares (2014): "The creation of LA's m ost recognizable an d belov ed building" en
https://www.cu rbed.com/2014/12/17/10011006/the -creation- of -las-most-recognizable-and -beloved-build ing
502
Markkanen (2013 ): “The Dev elop ment of the Classical Ob servatory: From a F u nctional S helter for th e
Telescope to the Temple of Science”, p .50
503
Krupp (2011 ): “Going public”, p.463
504
arquitecta especialista en restauración que asumió la ref orma del Observatorio en 2002
Difusión del observatorio moderno
277
arquitectura refleja el propósito del edificio. No es nec esario entrar al edificio para saber
que es un Observatorio que alberga un plane tario"
505
.
La s obr as se ini ciaron en 1933, justo después de un gran terremoto, lo que llevaría a
los arquitectos a modificar el diseño pa ra reforzar la estructura del edificio . Además, la
crisis ec onómica d el momento pe rmitió la elección de los mejores materiales tanto
constructivos como de a cabados. Dos años d espués de su comienzo, el Observa torio
estaba ter minado y fue entregado en propiedad a la ciudad de L os Án geles
506
.
Aunque la planta del edificio pueda rememorar ciertas construcciones d e carácter
relig ioso, la imagen del conjunto dista ba stante de una c ated ral o una basílica. L a
composición del observ atorio se organiza e n base a una estructura con planta en forma
de “T” alineada con las direcciones cardinales y en la que cada uno de sus ex tremos se
encuentra rematado por una cúpula, siendo el vértice sur don de está la de mayor
tamaño.
Toda la envolvente qued ó resuelta mediante hor migón pintado de blanco en el que
los difere ntes huecos, que cambian de tamaño dependiendo de la f achada y que
ocasionalmente incorporan rejas, se abren en una facha da marcada por l a presencia de
diferentes relieve s, texturas y molduras de inspi ración grie ga o, simplemente,
ge ométricas. Por encima de la facha da, se asoman otros cuatro volúmenes de cobre que
resaltan fr ente al blanco. En la cara norte, en el centro se asoma una cúpula rebajada
octogonal mientras que sobre los extremos este y o este se en cuentran las cúpulas
semiesféricas sim étricas. Al sur del conjunto, la gran cúpula hemisférica de veintitrés
metros de diámetro. Esta última, se apo ya sobre un muro con arcos a modo de
arbotantes que acompaña la pendiente del terreno insertándose en el mismo, dando lu gar
a un alzado de ma y or alt ura que el resto del conjunto y que, al estar orientado hacia la
ciudad, se convirtió e n la image n reconocible del Observatorio.
505
Meares (2014): "The creation of LA's m ost recognizable an d beloved building" en
https://www.cu rbed.com/2014/12/17/10011006 /th e-creation- of -las-most-recognizable -and-beloved -building
506
página of icial del Observator io Griffith : http://www.griffithobservator y .org
Difusión del observatorio moderno
278
Figura 5.51 – Observatorio Griffith. Planta.
El principal acceso al e dificio se producía por su facha da norte, donde también
quedaban las e scaleras exteriores que adosadas a esta c ara en sus lados oriental y
occidental conducían hacia las terrazas y los telesc opios bajo las cúpul as. Una ve z
dentro, se al canza el di stribuidor principal en el que se encontraba el péndulo de
Fouca ult, y desde dond e a izquierda y derecha se accedía a diferentes z onas de
exposiciones, pudiendo continuar de frente hasta el gran planetario. El r esto de la planta
queda o cupada por la bi blioteca, desp achos, archivos y otros cuartos de servicio como
aseos o almacenes. Más allá de los murales pinta dos, los acabados del int erior son d e
materiales nobles, c omo mármol, madera ornamentada y bronce.
Ya antes de su inau guración en 1935 se esperaba que el Observatorio G riffith más
que una institución altamente técnica o científica fuese un punto de encue ntro para
educar a la población con ex posiciones o confere ncias y p ara inspira r, divulgar y
popularizar la astronomía a través de la observación por sus telescopios o las sesiones
del planetario. Así, Di nsmore Alter, su primer director, r emarcó el papel que el
observatorio podrí a ju gar para corregir al gunas i deas extendidas equivoc adas sobre el
mundo natural
507
508
509
.
507
Leonard, F. (1934): “Pop ularizing Astronomy “ , pp. 191 -192
508
Socha (1935 ): “Address at the formal opening of th e Griffith Observatory and Planetariu m“, p.157
Difusión del observatorio moderno
279
El observatorio pertenecía a la ciudad, a sus usuar ios, y los prominent es científicos
que se encargaron de gobernarlo s e convirtieron e n pioner os de la ciencia pública.
Desde su ape rtura se convirtió en uno d e los puntos más visi tados de la población ,
alcanzando una repercusión que lo llevaría a aparecer e n prog ramas de televisión y
decenas de películas con cierto protagonismo. Toda esta fama terminó haciendo que el
Griffith trascendiese más allá del centro de divul gación astronómica hasta un icono de
Los Ángeles
510
511
.
Figura 5.52 – Observatorio Griffith con la ciudad al fondo. Vista hacia el sur.
La popularidad de la inst itución ha ido en constante aumento d esde su inau guración
convirtiéndose en el observatorio público más visitado del mundo
512
. L a gran afluencia
de usuarios propició un c ese de su actividad en 2002 para acometer u na a mbiciosa
reforma que aumentase significativamente la superficie de visi ta (espacios de
exposiciones, sala de confere ncias…) y mejorase los servicios y el funcionamiento del
edificio (accesibilidad, seguridad…) sin socavar el diseño original. Su reapertura tuvo
lugar cuatro años más tarde y desde entonces el observatorio si gue abierto al público sin
coste alguno tal y como fue la voluntad e n su origen.
509
página of icial del Observator io Griffith : http://www.griffithobservator y .org
510
Bigg; Vanhoutte (2017): “Spectacular astronomy”, p.119
511
Krupp (2011 ): “Going public”, p.463
512
página of icial del Observator io Gri ffith : http://www.griffithobservatory.org
Difusión del observatorio moderno
280
Una arquitectura para reafirmar la astro n omía
Durante el período que abarca desde finales del siglo XVIII hasta principios del XX
comienzan a aparecer observatorios por todo el mundo y serán va rios los motivos que
propicien este fe nómeno. Mientra s que por un lado continúan surg iendo gra ndes
observatorios n acionales en algunos de los estados que aún no cuentan con uno (como
en Rusia o P ortugal), p or otro, la astronomía comenzaría a tr ascender desde la me ra
curiosidad hast a un verd adero int erés par a un a pa rte de la pobl ación acaud alada que, en
un contexto expansionista y de colonización se tradu ciría en la fundación de
observatorios particulares o semiprivados en nu evos asentamientos de lo s puntos más
remotos (como en I ndia o Australia).
Además de esto, más all á del afán de conoci mientos derivados de un contexto
ilustrado, los observatorios comienzan a adquiri r un cará cter pragmático cuando su
papel en tareas d e cartografía, d e navegación o del establecimiento pr eciso del tiempo
resulta funda mental a la vez que económicamente rentable.
Si bien hasta este mom ento el instrumento que había caracterizado a la astronomía
previa este período, y por lo tanto a los observatorios, era el cuadrante me ridiano
513
, lo
cierto es que durante estos años el telescopio iba a adquirir un papel cada vez más
trascendente para esta ciencia, lo que se debía reflejar necesariamente en un
significa tivo ca mbio en el diseño d e observat orios. Este aspecto se vería además
acentuado por una insis tente aspir ación a cons eguir mejore s definiciones, lo que, al
igual que sucedió con Hooke, Hu y gens o Hevel cuando se comenzó a usar este
instrumento para fines astronómicos
514
, implicaría un aumento d e tam año del telescopio
y , por lo tanto, de todos los servicios principales o secundarios de los que dependía. Es
decir, aunque se si guiesen construy endo algunos centros de investi gación contenidos en
sus dimensiones, la esc ala de los princ ipales observatorios iba a ir incrementándose
exponencialmente a la par que suc edía en la carrera por conseg uir el refractor más
grande de su tiempo.
Además de su cre cimiento, la otra gra n herencia edifica toria que queda rá de los
observatorios de este p eríodo será l a presencia d e una o v arias cúpulas giratorias con
513
Lafuente; Sellés (198 8): El Observatorio de Cádiz (1753-1 831) , p.170
514
véase el apartado “El telesco pio como variable”, p. 1 07
Desarrollo del observatorio contem poráneo
287
El desarrollo de los observatorios hasta el siglo X I X alcanza una serie de
caracter ísticas o soluciones constructiva s que se establecen como ras gos s ustanciales de
la definición arquitectónica del observatorio astronómi co. En este sentido se consolidan
aspectos como la búsqueda de la ma y or estabilida d estructural posible, la independe ncia
de los soportes de los instrumentos ópticos re specto del re sto de la estructura del
conjunto, la disgrega ción de usos principales y secundarios, la atención a la estabilidad
térmica, la especializ ación de la fac hada y sus huecos en función del uso contenido, o la
instalación de la cúpula móvil como solución de cubierta -envolvente mediante la qu e
poder visibilizar todo el cielo.
Más allá de sus particularidades edi ficatorias, los cambios sustanciales e n los
observatorios hasta llegar a este momento abarcan desde su germen hasta su finalidad.
De est e modo, se pasaría desde el noble o monarca como pro mo tor hasta las
instituciones o los benefactores públi cos. Asim ismo, se avanzaría de sde e l int erés
netamente científico hasta su aplicación práctica o la incorporación de funciones
propagandística s o divul ga tivas.
Históricamente, el crecimiento de los observatorios ha ido vinculado al incremento
en número de sus instru mentos y al aum ento de tamaño de estos confo rme los av ances
técnicos lo hac ían posible. En el ca so de los centros reales o estatales, Newc omb
afirmaba qu e “Siempre q ue un monarca ha d eseado as ociar su nombr e con la ciencia, h a
diseñado un observatorio proporcional a la magnitud de su ambición, llenándolo con
instrumentos de la escala cor respondiente”
516
. Esta ase rción pued e extrapolarse a los
observatorios contemporáneos, independientemente del b enefactor o im pulsor de su
fundación, matizando qu e el diseño y la escala del edificio serán propor cionales a la
ambición científica y del proyecto investigador que suby azca detrás.
Por otro lado, a pa rtir del siglo XIX, el desarrollo de las c iudades empie za a
propiciar problemas y a en algunos obs ervatorios decimonónicos, que no sólo se
comienzan a retirar de las grandes capitales hacia pobla ciones meno res sino que
empiezan a ver como algo favorable su situación en entornos alejados de lo urbano. Esta
tendencia perdurará y se int ensificará en las décadas post eriores sub ra y ando una
516
Newcomb (1881 ): “Astronomical Observatories”, p.37 8
Desarrollo del observatorio contemporáneo
288
distancia física con el ciudadano de a pie q ue desembocará en una disociación
intelectual. Esos centros astronómicos con espac ios como salas d e con ferencias, aulas o
exposiciones, abiertos a visi tantes, aficionados y ex pertos, o incluso los observatorios
públicos, irán perdiendo protagonismo a favor de complejos científicos altamente
especializados en los que, cada vez más, casi únicamente la función astronómi ca tenga
cabida.
Tanto la n ecesidad de alejarse de los nú cleos u rbanos como las nuevas exigencias
arquitectónica s y estru cturales que requerían los nuevos instrumentos astronómicos
repre sentan causas de obsolescencia de los observatorios. De forma que muchos
observatorios, en especial los más modestos, que surgieron durante el período anterior
terminaron por abandon ar la investi gación para rec onvertirse con otro tipo de uso
aprovec hando la propia const rucción o, dire ctamente, se cerraron
517
.
Dejando atrás las hetero géneas configuraciones espaciales propias del observatorio
moderno, la tendencia del contemporáne o apunta hacia una construcción de un cuerpo
base sobre el que se irgue el instrumento principal con una solución de cubrición móvil
y practicable, ge neralmente una cúpul a. Adem ás, la búsqueda de la mayor precisión
posible de los instrumentos propiciará optimizar las observaciones, conllevando el
establecimiento de estos centros en z onas, en la medida de lo posible, no afectadas por
la contaminación antrópica y con las condiciones atmosfé ricas más favorables a su
disposición.
Cada vez más gra nde, más e specializado y más tecnificado, pero a su vez más
alejado de l a ciudad y más desconocido para la población, el gran observa torio
contemporáne o se ha consolidado durante el sig lo XX y hast a el prese nte como una
hermética institución cie ntífica que irrumpe aisla da y r emotamente en l a cim a de alguna
montaña o elevación.
517
Eelsalu (1999): “The rise and fall o f small astronomical o bservatories: a case stud y Dorpat/ Tartu
Observatory”, p.111
Desarrollo del observatorio contem poráneo
289
Observatorio Lic k (18 81/1888)
Esta instit ución tiene s u ori gen en el deseo y la volunt ad d e J ames Lick, un
acaudalado hombre de negocios y filántropo de San Francisco, que, se gún confesó a
George Davidson, profesor de astronomía y presi dente de la Academia de Ciencias de
California, aspiraba a construir un telescopio má s grande y más potente que cualquier
otro existente. Sin embargo, sus intenciones no estaban acompañadas de un juicio
certero, pretendiendo in stalar el observa torio e n la propia ciudad. De este modo,
Davidson lo inició en la materia, dirigiendo las aspiraciones de Lick y moldeando su
criterio en función de los conocimientos y la experiencia del astrón omo. Así, se
concluyó su propósito de erg uir un observatorio con un gran refractor en la Sierra
Nevada californiana
518
.
Poco antes de fallecer, Lick designó la cesión de su fortuna a un fideicom iso para
cumplir sus legados post mortem, siendo uno de ellos l a construcción de un observatorio
ubicado en el Estado de California con un telesc opio “superior y más po tente”
519
que
cualquier otro. En todo caso, en las voluntad es del filántropo no se especificaban los
detalles del observatorio, quedando esta responsabilidad y li bertad de elección a cargo
de la junta de fide icomisarios
520
.
El propio Lick había sel eccionado como presidente de la J unta al Capitá n Richard
Floy d, quien asumiría la principal responsabilidad a la hora de planificar y supervisa r
los avances del observatorio apo y ándose en Thomas Fraser, un ingeniero de
construcción autodidacta que actuaría como supe rintendente de la obra. Sin embarg o,
puesto que ninguno de los partícipes de aquel pro y e cto tenía conoc i mientos en la
materia, fue necesario buscar un asesoramiento externo que terminó recay e ndo en el
astrónomo Simon Newcomb
521
.
Mientras Newcomb y, posteriormente, Flo y d viajaron a Europa p ara visitar
observatorios, consultar con destacados astrónom os y constru ctores de instrumentos, e
incluso comprar libros p ara la futu ra bibl ioteca d el complejo, la Junta del fideicomiso
518
Neubauer (1950 ): “A short history of th e Lick Observatory”, pp.205 -206
519
en palab ras del mismo James Lick
520
Misch; Sto ne (1998): “Building the Observatory” de la página web oficial de las Colec cion es históricas del
Observatorio Lick: http://collectio ns.ucolick.org/archives_on_line/
521
Neubauer (1950 ): “A short history of th e Lick Observatory”, pp.208,221 -222
Desarrollo del observatorio contemporáneo
290
empezó a trabajar en la selección de la mejor ubicación posible para el observatorio
522
,
una decisión que resultaría crucial para la trascenden cia del obs ervatorio. Mientras que
en la actualidad s e asum e que los centros astronómicos se sit úan en montañas aisladas,
esto no era lo frec uente en ese momento.
En este sentido, James Lick pretendió inicialmente que se instalase en San
Francisco, al descono cer los inconvenientes que una ciudad acarreaba para la
observac ión: prin cipalmente contaminación lumínica, contaminación por humo y
vibraciones. Por ello, gracias al as esoramiento científico, la búsqueda d e la J unta se
enfocó h acia las cumb res de las montañas m ás altas del Estado. Finalmente, la
localización elegida sería la cima Monte Hamilton, apuntada por Fraser y q ue ll egaría a
contar con la aprobación personal de L ick antes de su muerte
523
.
Figura 6.1 – Fo tografía en blanco y negro co loreada del Observatorio Lick (190 2).
De est e modo, el Observatorio Lick s e iba a convertir en el primer observ atorio de
montaña en e l mundo ocupado de manera continua, convirtiéndose en un ejemplo a
imitar por casi todos los que se inau guraron desp ués
524
. En palabras del pro pio C apit án
522
Misch; Sto ne (1998): “Building the Observatory” de la página web oficial de las Colecci on es históricas d el
Observatorio Lick: http://collectio ns.ucolick.org/archives_on_line/
523
página web oficial d el National Park Service de los EE. UU .: https://www.np s.gov/index.htm
524
Hünsch ; Seemann; Wolfschmidt (2012): “The Hamburg Observatory. Jus tification of Outstanding
Universal Value” de la p ágina oficial de la ciudad de Hambu rgo: www.hamburg.de
Desarrollo del observatorio contem poráneo
291
Floy d: “La posibilidad de que un establecimiento astronómico c ompleto pudier a ser
plantado algún día en la cumbre parecía más un cuento de hadas que un hecho serio”
525
.
La instalación de l Observatorio en el Monte Hamilton no tenía precedentes. La
ubicación del centro hab ía resultado fundamentalmente por sus ventajas astronómicas,
independientemente de s u proximidad a determinada ciudad o universidad , o incluso de
su inacce sibilidad. La cima de la montaña alcanzaba los mil trescientos metros de a ltitud
y era el punto más elevado de su e ntorno, lo que con sus fa vorables condiciones
atmosférica s resultó un rotundo acierto.
Una condición estipulada por Lick para ratificar di cha ubicación fu e la construcción
de una carretera hasta la cima de la montaña a cargo del Condado donde se situaba que,
advirtiendo el prestigio que podí a derivar de una importante inst itución científica,
aceptó la petición
526
.
Tras la muerte de James L ick en 1876, todas l as decisiones reca ye ron en la J unta
del fideicomiso. Finalmente, para el telescopio principal se optó por un re fractor de
treinta y seis pulgadas, que fue encargado jun to con el resto de inst rumentos. La
localización exacta de los edificios en la cima fue determinada por Newcomb, Fraser y
Floy d
527
. En cuanto a los planos del observatorio, se encomendaron al arquitecto S.E .
Todd
528
.
La construcción se inició a principios de 1880 c uando se empezó a trasportar
material a la cumbre y comenzaron los trabajos pa ra ni velar la cresta de la montaña bajo
la supervisión de Floyd y Fraser. Para mediado s de año la cima estaba ocupada por
talleres, establos y viviendas temporales de los trabajadores
529
530
.
Pronto se iniciaron las bases de las construcciones y el buen ritmo de tr ab ajo
posibilitó que a mediados de 1881 y a estuviesen completados los edificios secundarios
destinados al tel escopio de tránsito y al cenital. Simultáneamente, se t erminó la torre
menor del edificio principal con su correspondien te cúpula que cobijaba el t elescopio de
525
Misch; Sto ne (1998): “Building the Observatory” de la página web oficial de las Colecciones históricas del
Observatorio Lick: http://collectio ns.u colick.org/archives_on_line/
526
ibidem
527
Neubauer (1950 ): “A short history of th e Lick Observatory”, pp.214 -215
528
página web oficial d el Nationa l Park Service d e los EE. UU.: https://www.nps.gov/index.htm
529
Neubauer (1950 ): “A short history of th e Lick Observator y”, p.215
530
página web oficial d el Nationa l Park Service d e los EE. UU.: https://www.nps.gov/index.htm
Desarrollo del observatorio contemporáneo
292
doce pulgadas con el que ese mismo año se hicieron las primeras observaciones. De
forma paralela continuar on las obras en la construc ción principal, que se extendía desde
la pequeña tor re, y en el edificio del cír culo meri diano, que se terminó en 1884 cuando
recibió su instrumento. A falta de la gra n torr e para el refractor, que se pospuso unos
años, el edificio principal quedó termina do en 1885
531
.
El retraso e n la conclusión del observatorio se debió a un incidente en la fabricación
de la lente del telescopio, sin la que no era posible determina r la dist ancia focal que
condicionaría l a lon gitud de l refractor, dato sin el que no e ra posible estable cer las
dimensiones apropiadas para su torre y cúpula
532
. Esto evidencia nuevamente la relació n
simbiótica entre astronomía y arquitectura que existe en los observatorios.
La s obr as no pudi eron reanudarse hasta qu e se c onsiguieron las lent es, cuando se
inició la construcción de la torre con cúpula, y se prolongaron hasta 1887. Antes de que
los trabajos hubiesen concluido, durante el levantamiento del gran soporte para el
telescopio, los restos del hombre qu e h abía hecho posi ble aquella obra fueron
trasladados allí como era su voluntad. D esde entonces descansa bajo u na placa que
recuerda: “aquí re posa el cu erpo de James Lick”
533
.
Finalmente, e n 1888, comenzaron las obse rvaciones con el g ran refractor y e l
observatorio fue inaugurado oficialmente. Con su cometido resuelto, la J unta de l
fideicomiso cedió el control de la inst itución a la Universidad de Californi a. Edward S .
Holden ocupó el cargo de primer Director de l Observatorio L ick y estableció un
ambicioso programa científico que incluía astrometría, espectroscopia, estudio de
estrellas dobles y la preparac ión de un atlas fotográfico lunar
534
.
Si bien la ini ciativa del observatorio provino del propio James Lick, lo cierto es que
no hubiese salido adelante, al m enos no con un d esarrollo tan avanzado a su tiempo, sin
la profunda implicación de otros agentes cruciales en su ejecución como Georg e
Davidson, el Capit án Richard Floyd, Thomas Fraser o Simon Newcomb.
531
Neubauer (1950 ): “A short history of th e Lick Observatory”, pp.215 -218
532
Misch; Sto ne (1998): “Building the Observatory” de la página web ofi cial d e las Colecciones históricas del
Observatorio Lick: http://collectio ns.ucolick.org/archives_on_line/
533
Neubauer (1950 ): “A short history of th e Lick Observatory”, pp.218 -219
534
página web oficial d el National Park Service de los EE. UU.: https://www.n ps.gov/index.htm
Desarrollo del observatorio contem poráneo
293
Figura 6.2 – Observatorio Lick. Planta.
Más allá de los rasg os derivados de su aventajada ubicación, lo cierto es que las
caracter ísticas arquitectónicas del complejo se asemejan más a las propias del
observatorio moderno que a las del contemporáneo. R eprese ntando el Observatorio Lick
un caso intermedio, de transición, e ntre sendas tendencias. Su prin cipal evolución
edificatoria radica en la escisión de aquellos usos que requerían de un a deter minada
orientación permitiendo una confi guración de planta más libre para el edificio principal
y en la inclusión de soluc iones técnicas para facilitar el desempeño de los astrónomos.
De este modo, s e plantean de fo rma ex enta, aunque próxim as, las construcciones
relativas al círculo meridiano, al tránsito y al cé nit, que se resuelven como estructuras
prismáticas mu y b ásicas alineada s de norte a sur. Así, a unos pocos metros al suroeste
de estos se l evanta el ed ificio principal con una planta alargada t ambién orientada d e
norte a sur aunque sin ning una precisión. Éste se organiza en b ase a unos grandes
corre dores y vestíbulos con forma de cruz que se ex tienden por toda la pla nta, quedando
todo su lateral oc cidental ocupa do por espacios de trabajo (oficinas, despachos y la
biblioteca) y los fondos destinados a los telescopios instalados sobre sus re spectivos
soportes. El extremo se ptentrional queda rematado por la cúpula p equeña y el
meridional por la gran cúpula par a el refractor Lick de treinta y seis p ulgadas. Esta
última inclu y e además soluciones mecánicas para simplificar tanto el movimiento y la
orientación del telescopio, como el desplazamiento ascendente del suelo o la rota ción y
apertura de la pr opia cúpula.
Desarrollo del observatorio contemporáneo
294
Con el paso de los años y con el fin de adaptarse a las dif erentes necesidades
científico-programática s, el complejo llevaría a cabo diversas renov aciones y obr as de
ampliación, tanto e n su edificio principal como en fo rma de nuevas instalac iones
exentas. De esta for ma, el Obse rvatorio Lick h a mantenido su vigenc i a y continúa
activo en la actualidad.
Observatorio de Niza (1881)
Este centro de investigación astronómica surge a partir de 1879 como result ado del
encuentro de su promotor, el banqu ero R aphaël Bischoffsheim, con los ast rónomos del
Bureau des longitudes de Paris, Maurice L o ew y y Joseph Perrotin
535
536
. Sin embar g o,
aunque las primer as observaciones se produjeron a finales de ese mismo año la
instalación de su primer instrumento ópti co de forma p ermanente con su
corre spondiente edificio no se llevaría a ca bo hasta dos años más tarde
537
.
Figura 6.3 – Grabado del Obser vatorio de Niza a sus inicios.
Para su ubicación se seleccionó la cima del Monte Gros, una posición elevada a
trescientos setenta y cinco metros de altit ud en las afuera s de la ciudad, desde donde
había una visual despejada del horizonte
538
.
535
Lequeux (2011): “The Coud é Equatorials”, pp.192,199
536
Etienne; Du rst et al. (2015): L’Observa toire de la Côte d’Azur et sa miss ion de diffusion de la culture
scientifiqu e et technique , p.4
537
Página web of icial de L’Observatoire de la Côte d ’Azur : https://www.oca.eu
538
Holden (1891): “T he Observator y o f Nice”, p .123
Desarrollo del observatorio contem poráneo
295
Tras adquirir los terrenos de la cumbre del Monte Gros sobre los que se debía
erguir la institución, se confió en Charles Garnier para que, en col aboración con los
astrónomos, definiese la ordenación del observatorio, el diseño de lo s edificios e,
incluso, los recorr idos por la parcela y el acceso a la cumbre
539
.
La elección de Garnier t ampoco fue casual, sino que se le seleccionó confiando en
la capac idad para pro y e ctar un conjunto no sólo perfectamente funcional sino para
subrayar la trascendencia arquitectónica de los edificios, tal y como habí a demostrado
en la reciente inau guración de la Nueva Ópe ra d e París. De i gual modo se contó con los
servicios de reputado Gustave Eiffe l para las est ructuras metálicas
540
.
Cuando la propuesta arquitectónica estuvo lis ta en 1879, los astrónomos se
mostraron satisfechos con el planteamiento de Garnier para el plan del observatorio, que
se desarrollaría y revisaría durante el año posterior hasta el comienz o de las obras al
año sig uiente. Y a unque queda clar o que esta institución e s consecuenc ia de la
colaboración entre los ci entíficos y el arquitecto, resultó igu almente crucial el papel d e
Bischoffsheim como im pulsor y promotor. Tanto es así que el propio Granier se lo
reconoce e n su Monografía del Observatorio de Ni za cuando expone que “Tenía un solo
objetivo: ser útil. Un de seo: hacerlo mejor que en cua lquier otro lugar y él era e l
responsable de los medios para conseguirlo”
541
.
De este modo, gracias al im pulso de Bischoffsheim, el de Niza se convertiría en el
observatorio mejor equipado de Europa de su tiempo, con la salvedad de Pulkovo
542
.
El complejo quedaría formado por múltiples edificios independientes dispersos por
la cumbre del monte. Cinco de ellos se destinaría n a inst rumentos astronómicos
realizados por los principales fabricantes eu ropeos, mientras que el resto albergarían
otros usos secundarios o de servicios (despachos, biblioteca …). La co nstrucción se
prolongaría hasta 1892. Desde la finalización del refug io del pequeño círculo meridiano
en 1881 p asarían dos a ños hasta qu e se ter minó el del primer t elescopio ecuatorial.
Cuatro años más tarde, concluirían las obras tanto del gra n círculo meridi ano como del
539
Página web of icial de L’Observatoir e de la Côte d’Azur : https://www.oca.eu
540
Lequeux (2011): “The Coud é Equatorials”, p.199
541
Etienne; Du rst et al. (2015): L’Observa toire de l a Côte d’Azur et sa mission de diffusion de la culture
scientifiqu e et technique , pp.4,6
542
Holden (1891): “T he Observator y o f Nice”, p .124
Desarrollo del observatorio contemporáneo
296
gran telescopio ecuatorial. Finalmente, tr as un lustro se incorporaría un nuevo
instrumento ecuatoria l destinado a la observación fotográfica
543
544
.
Figura 6.4 – Observatorio de Niza. Planta de conj unto.
Aunque pudie ra p arecer que la dist ribución de las diferentes piezas qu e conforman
el observ atorio es arbitraria y las mismas están desperdigadas sin ningún sentido por la
cumbre, cad a posición responde a unos criterios bien definidos. El propio Garnier, se
preocupó de aclarar este punto: “Uno podría pensar que todos los edificios fue ron
diseminados al azar; sin embargo, no es así. Los sitios se han estudiado con el mayor
cuidado y con la ma yor consideración, y s e pued e afirmar que, teniendo en cuenta la
orientación de la meset a y la forma del suelo, la d isposición adoptada es la más perfect a
posible”
545
.
Esta ordenación se basa en algunos crite rios fundamentales: como la ma y or
distancia posible entre las distintas construcciones, una determinada orientación de
algunos edificios astronómicos, el hecho de evitar la presencia de obstáculos en las
posibles direcciones de observación de los diferentes inst rumentos, la colocación de los
edificios secundarios a menor altura que los ast ronómicos; y , en otros criterios menos
543
Página web of icial de L’Observatoire de la Côte d’Azur : https://www.oca.eu
544
Etienne; Du rst et al. (2015): L’Observ atoire de la Côte d’Azur et sa mis sion de diffusion de la culture
scientifiqu e et technique , p.8
545
fragmento de la Monografía del Observatorio de N iza recup erado de la página web of icial de
L’Observatoir e de la Côte d’Azur : https://www.oca.eu
Desarrollo del observatorio contem poráneo
303
Desde 1947, la Dirección del Pic du Midi recaería sobre Jean R ösch, quien lideraría
la institución dura nte más de treinta años en su período más próspero y de mayor
desarrollo. En los años s iguientes a su lle ga da, s e conseguiría la conexión de la cima
con una línea de alta tensión eléctrica e, igualmente, se conectaría la cumbre con el valle
mediante un teleférico. Estos dos avanc es supusi eron una mejora sustancial de
habitabilidad y funcionalidad del observatorio, que propic iaría a su vez numerosos
desarrollos. A lo largo de las décadas siguientes se instalaron la gran antena de
comunicaciones de c iento tres met ros de altura y s e ampliaron al gunos edific ios de
servicios o usos secundarios existentes y se constru y e ron otros nuevos. Ad emás de esto,
la a dquisición de nu evos instrumentos hizo impre scindible la instalaci ón de nuev as
cúpulas, destacando especialmente la estructura cuasiesférica que alberga el telescopio
de 2m de diámetro
564
.
Figura 6.9 – Vista aé rea del Observatorio Pic d u Midi en la actualidad.
En los años noventa del siglo pasado, en un contex to de crisis económica se llegó a
contemplar la posibilidad real de cerrar de finitivamente el observatorio, ante lo que su
Director p resentó un proyecto para red efinir el P ic du Midi compag inand o la función
investigadora, a preserva r, con la a ctividad turística. Esta propuesta salió adelante, con
564
Bourgeois (2017 ): “Category of Astronomical Heritage: t an gible immovable. Pic du Midi de Bigorre
Observatory., France”. Porta l to Herita ge of Astronomy de la página web official d e la UNESCO :
https://www3 .astronomicalheritage.net/index.php
Desarrollo del observatorio contemporáneo
304
un cierre para la reforma de cuatro años hasta que en el 2000 se reinauguró. El complejo
cuenta actualmente con z ona de exposiciones, un restaurante, un pe queño hot el,
espacios estanciales y u n renovado teleférico capaz de resolver el acceso del público
que desde su a pertura alcanza los cien mil visit ante s anuales
565
566
.
Aunque no se pueda afi rmar que el Pic du Midi sea el obs ervatorio más antiguo
constituido como un aglomerado de construcciones aisladas, ya que otras inst ituciones
habían evolucionado con el paso del tiempo hacia esa confi guración
567
, sí que es posibl e
subrayar su singularidad como primer observatorio astronómico que y a ini cialmente se
pretendía como un conjunto arracima do de edificios bien diferenc iados y con programas
de uso independiente s.
A pesar de que en sus inicios comenzó como una estación meteorológica y de que a
lo largo de su vida e l Pic du Midi ha acogido investigaciones relativas a los más
diversos campos de las ciencias (ma gnetismo, botánica , sis mología, me dicina…), su
actividad predominante y la que, a la postre prevalecería, sería la astronomía
568
. En este
sentido, con sus múltiples instrumentos de observac ión ha desarrollado principalmente
estudios acerca de plan etas y satélites cercanos, e investiga ciones solares; e incluso
reservando ac tualmente un telescopio para pro y ectos de astrónomos aficionados
569
.
Este observ atorio se sitúa en los Pirineos, en la f rontera entre F rancia y España, a
dos mil ochocientos setenta y siet e metros sobre el nivel del mar, quedando rodeado de
cumbres que apenas alcanzan los dos mil quinientos metros. Esto aseg ura un acce so
completamente desp ejado del cielo hasta el punto de que incluso en muchos de los días
nublados, las nubes quedan por deba jo del comple jo.
El Pic du Midi también tiene la particularidad de ser el centro d e investigac ión
científico pionero en ins talarse de fo rma permanente en la alta montaña
570
571
, sien do
565
Charlier; Bou rgeois (2013): Pic du Midi. International Dark -Sky Reserve , p.32
566
Bourgeois (2017 ): “Category of Astronomical Heritage: tangible immovable. Pic d u Midi de Bigorre
Observatory., France”. Porta l to Herita ge of Astronomy de la página web official d e la UNESCO :
https://www3 .astronomicalheritage.net/index.php
567
por ejemplo el Observatorio de Greenwich , véase p. 1 39
568
Davoust (1998): "A Hu ndred Years of Scien ce at the Pic du Midi Observatory", pp.39 - 40
569
Charlier; Bou rgeois (2013): Pic du Midi. International Dark -Sky Reserve , pp.33- 34
570
Müller (2009 ): "Die Architektur der Hamburg-Be rgedorfer Sternwarte 19 06– 1912 im Vergleich mit
anderen Observatorien", p .92
Desarrollo del observatorio contem poráneo
305
además uno de los observatorios de alta montaña más antiguo q ue sigue en
funcionamiento
572
.
Éste es un claro caso que manifiesta la relación de codependencia entre astronomía
y arquitectura presente en los observatorios, al mi smo tiempo que evidencia un vínculo
necesario entre el lugar de implantación y e l edifi cio. L as complica ciones espera bles de
una obra en dich a situación (climatología, escasez de materiales, difí cil acceso…)
dieron lugar en o rigen a un complejo de construcciones propias de la alta mont aña con
piedra vernácula y generando terrazas par a ganar superficie úti l. Con el paso del tiempo
fueron surgiendo nuevo s edificios que ocupaban los vacíos o se adosaban a los y a
existentes, ampliando los espacios de observ ación, las zonas de trab ajo y el resto de
funciones secundaria s.
A causa del aislamiento inicial y de las condiciones poco favora bles para sus
ocupantes (frío, poco confort…) se hacía difícil conseguir científicos que residiesen en
el observatorio durante lar ga s tempo radas, lo que entorpecía la propia inv estigación
573
.
Tras años d e cre cimiento y evolución, con la incorporación de s ervicios necesarios
como la electricidad o un sis tema de acceso eficaz, el observatorio pasó de ser una
institución remota donde desarrollar una investigación era poco más que una utopí a y
que estaba condenada a la desaparición, a un centro astronómico -turístico
económicamente autosos tenible con una actividad científic a de plena vigencia.
En la actualidad, el Pic du Midi está ordenado en tres estr atos distintos. El
principal, de ma y or sup erficie, abarca una buena parte de la cumbre, y se orienta de
noroeste a sureste coincidiendo con el punto de funda ción original del observatorio.
Está formado por un conglomerado de edificios y estructuras que alojan en el rocoso
terreno de la montaña mientras se enlazan y superpon en entre e llos, siendo difícil
precisar dónde ter mina uno y dónd e empieza el siguiente. En él se encue ntran los
edificios históricos, los espacios públi cos, in cluy e ndo terrazas, mirador es y zonas de
museo o exposición, el hotel, áreas de tr abajo, varios edificios que albe rgan hasta nueve
571
aunque Müller lo califica como el primer observatorio permanente en alta montaña, lo cierto es qu e cuando
empieza a fun cionar como centro astronómico es en 1908, cuando el Observatorio Lick ya llevaba añ os en
activo
572
Bourgeois (2017 ): “Category of Astronomical Heritage: tangible immovable. Pic d u Midi de Bigorre
Observatory., France”. Porta l to Herita ge of Astronomy de la página web official d e la UNESCO :
ht tps://www3.astronomicalheritage.net/ind ex.php
573
ibidem
Desarrollo del observatorio contemporáneo
306
cúpulas (la ma y oría de ell as con instrumentos y en activo), y la estación del teleférico.
El segundo estrato, en u na cima independiente aunque próx ima, se sitúa al noroeste del
primero queda ndo conectado por un pasaje entre ell os. Éste acoge un edificio estatal con
la gran antena, qu e, estrictamente no forman par te del observatorio. Por último, en el
extremo occidental del complejo, aparece como tercer elemento un edificio aislado, sólo
conectado a l resto mediante una p asarela cerrada. Esta gra n estructura cilíndrica
destinada íntegramente al uso científico sostiene la cúpula esférica que guare ce el
principal telescopio del complejo.
Esta instit ución que, en su origen, pretendió su ab soluto aislamiento de la población
y su funcionamiento en base a la conjunción de estructuras independientes para usos
específic os, si endo algunos de estos usos un determinado tipo de observación,
evolucionó y se a daptó a las necesidades de sus usuarios, a los requisitos de su
funcionamiento y a las limi taciones contex tuales que estuvieron a punto de a cabar con
su existencia. Este p roceso desembocó en el actual complejo de múltiples
construcciones y uxtapuestas donde científicos y visi tantes coexisten.
Observatorio Mo unt Wilson (1904/19 17)
El germen del centro astronómico que se instalarí a en el Monte W ilson se remonta
hasta el 1886, cuando E .F. Spence, un banquero atraído por la astronomía, se ofreció
para suf ragar un gran telescopio para la Universidad South California para ser montado
en la mejor ubicación posibl e
574
. P ara seleccionar dicha localización se solicitó consejo
al Obse rvatorio de la Universidad de Ha rvard, de lo que resultó elegido el Monte
Wilson. En 1889 la cima de la montaña y a contaba con un refractor inst alado en una
estructura básica (una cabaña tradi cional con una cúpula cilíndrica añadida)
perteneciente a Harvard. S in embargo, el aislamiento de sus ocupantes dura nte un duro
invierno junto con el deterioro de los instrumentos y una incipient e tens ión entre las
Universidades desembocó en el abandono de la instalac ión apenas dieciocho meses
después de su establecimiento
575
.
574
Adams (1954 ): “The F ound ing of The Mount Wilson Observator y ”, p.270
575
Simmons (s.f.): “Brin ging astronomy to an iso lated mountain top”, d e la página oficial del Ob servatorio
Moun t Wilson : https://www.mtwilson. edu
Desarrollo del observatorio contem poráneo
307
Pese a que la muerte de Spence a finales de siglo frenó la iniciativa
576
su propuest a
había adquirido cierta relevancia señalando el Monte Wilson como punto d e inter és para
un centro astronómico, l o que no pasó desapercibido para un George Hal e que todavía
no se había convertido en director de l Observatorio Yerkes
577
.
Aunque antes del cambio de siglo Hale ya había formado parte de la inauguración
del refractor más grand e del mundo
578
, su ambición c ientífica le conducía hacía sus
propias líneas de investi gación, en las que los grandes reflectores y el celostato debían
jugar un papel principal. Así, la fundación de la Institución Carnegie en 1902 destinada
a la promoción y r espaldo de la investigación original en todos los campos científicos le
dio a Hale la posibilidad de solicitar apoyo para funda r un observatorio solar en e l
Monte Wilson
579
.
Un año más tar de, Hale visitó la montaña para comprobar sus condiciones y ,
finalmente en 1904, con la aprobac ión de financiación por parte de la Institución
Carnegie, fundó el entonces denominado Observatorio Solar del Monte W ilson. A
continuación, Hale se trasladó con el Telescopio S now
580
del Yerkes a California junt o
con un grupo de científi cos e ingenieros del observatorio pa ra constituir la semilla de
uno de los centros astronómicos más importantes del mundo
581
582
.
La cumbr e de la mont aña era de difícil acceso y sólo estaba salpicada po r algunas
cabañas aisladas entre los pinos. El Monte W ilson queda a unos tr ece kilómetros al
noreste de Pasadena y s e eleva más de mil setecientos metros sobre el nivel del mar. Las
condiciones climáticas y de visibilidad convencieron a Hale a pe sar de los arduos
senderos que alcanzaban la cima que, en los si guientes años, se irían ensanchando y
adaptando a las nuevas necesidades. L a importancia del o bservatorio se ll egaría a
evidenciar en la cesión gratuita de los terrenos por parte de sus propietarios, que
576
Adams (1954 ): “The F ound ing of The Mount Wilson Observator y ”, p.273
577
véase el apartado “Ob servatorio Yerkes”, p. 2 60
578
ibidem
579
Simmons (s.f.): “Brin ging astronomy to an iso lated mountain top”, d e la página oficial del Ob servatorio
Moun t Wilson : https://www.mtwilson.edu
580
un telescopio solar donado por Miss Helen Snow a la Universidad de Chicago
581
Anon . (1951): “T he Stor y of Mo unt Wilson”, p.13
582
“Our Stor y ” recuperado d e la página oficial d el Observatorio Moun t Wilson : https://www.mtwilso n.edu
Desarrollo del observatorio contemporáneo
308
aug uraron la fa ma que comportaría y el consecuente aumento del turismo y los
neg ocios
583
584
.
Figura 6.10 – Vista aérea del Observatorio Mo unt Wilson e n sus orígenes.
Los primeros esfuerzos se dedicaron a proveer a la cumbre de una planta de
ge neración eléctrica y un sis tema de a gua con planta de bomb eo para dar servicio a las
residencias que ac ompañ arían al te lescopio solar
585
.
Durante los años posteriores a su fundación, el observatorio entr aría en un ávido
período de desarrollo, y a que d esde su ori gen se comenzarí a a trabajar en la
incorporación de nuevos instrumentos, cada v ez más potentes. D e e ste modo, se
iniciaron los trabajos p ara la constitución de un telescopio estelar de sese nta pulgadas
que estaría en funcionamiento en 1908, destinado a la observación d e estr ellas distantes
y que se convertiría en el instrumento astronómico más grande de su tiempo
586
. Ese
mismo año se instaló un nuevo telescopio solar de torre (montado sobre una estructura
ligera abierta) de sesent a pies (dieciocho m etros) de alto y un p ar de añ os después se
agregó otro más en una torre de c iento cincuenta pies (cuarenta y cinco metros)
587
.
Desde la finalización del telescopio estela r, Hale comenzó a plane ar un instrumento aún
583
Simmons (s.f.): “Brin ging astronomy to an iso lated mountain top”, d e la página oficial del Ob servatorio
Moun t Wilson : https://www.mtwilson.edu
584
Anon . (1951): “T he Stor y of Mo unt Wilson”, p.13
585
Adams (1954 ): “The F ound ing of The Mount Wilson Observatory”, p.297
586
Simmons (s.f.): “Bu ilding the 60-inch Telescope”, de la página oficial d el Observatorio Mount Wilson :
https://www.mtwilson .edu
587
Anon . (1951): “T he Stor y of Mo unt Wilson”, p.14
Desarrollo del observatorio contem poráneo
309
más potente , lo que coincidió con la voluntad de John D. Hooke r, un prominente
hombre de ne gocios, de costear un te lescopio mayor del y a exist ente. Esta converg encia
concluyó con la inau guración en 1917 del gran re flector de c ien pulgadas (ta mbién
llamado Hooker) , que durante varias décadas s e mantendría como el más grande del
mundo
588
. Con esto concluiría este a mbicioso períod o.
Figura 6.11 – Observatorio Mount Wilso n. Planta de conjunto.
Hale pretendió comprender los procesos físicos del Sol para ex trapolarlos a otras
estrellas, con lo qu e se convirtió en el padre de la astrofísica. Al combinar las
observac iones c on un labor atorio se aspiraba a descifrar la luz que los instrumentos
captaba n afrontando problemas como la composición de las estre llas o, incluso, la
composición del universo
589
.
Desde su propia concepción, el Observatorio Mount Wilson se configuró como un
co njunto de constru cciones independientes, en l as que c ada una de ellas respondía a las
588
Simmons (s.f.): “Bu ilding the 100 -inch Telescope”, de l a página oficial d el Observatorio Mount Wilson :
https://www.mtwilson .edu
589
“Our Stor y ” recuperado d e la página oficial d el Observatorio Moun t Wilson : https://www.mtwilson .edu
Desarrollo del observatorio contemporáneo
310
necesidades derivadas de su función. Estos elementos se dist ribuían de manera
espaciada por la cumbre de la montaña , quedando c onectados mediante caminos o
carreteras. Dentro de e ste complejo, se encontraban tanto los módul os astronómic os
como aquellos al servicio de la ciencia o los trabajadores, inclu y endo oficinas,
almacenes, re sidencias o laboratorios.
Entre las instalaciones d estinadas a los inst rumentos, las torres de los telescopios
solares responden a un mismo patrón aunque variando su escala. Consist en en una
estructura abierta y ligera sobre la que reposa una pequeña cúpula que cobija un sis tema
de espejos que envía la l uz solar verticalmente hasta su base, donde se encuentra la zona
de observación. Por sus carac terísticas, estas torres representan una obra
sustancialmente de in geniería mientras qu e prácticamente adolecen de cu alquier
trasfondo arquitectónico.
Figura 6.12 – Observatorio Mount Wilso n. Edificio de l telescop io de 60”. Sección.
El edificio del telescopio de sesenta pul gadas es u na construcción mu y compleja en
un sentido estructural y mecánico p ero mu y s encilla a su vez en su concepción espacial.
Esencialmente, consiste en un cilindro cubierto por una cúpula semiesférica que protege
su correspondiente reflector, que a su v ez cuenta con un gran soporte completamente
independiente de la estru ctura del resto del edifici o. El espacio queda organizado en dos
niveles por un plano horizontal. La parte d e abaj o surge casi por la necesidad de elevar
el telescopio del te rreno por cuestiones prácticas (mejor visibilidad y aislamiento). El
nivel inferior queda o cupado en bu ena pa rte por el propio soporte y por las esca leras de
ascenso, siendo el resto de espacio en su ori gen casi residual. El nivel superior queda
Desarrollo del observatorio contem poráneo
311
destinado íntegramente por la z ona de obs ervación en el que el gran reflector que o cupa
la posi ción c entral d el edificio. Además d e su si mpleza arquitectónica , la construcción
incluye sofist icaciones té cnicas que le permiten tanto el movimiento de la cúpula como
del instrumento con fac ilidad o la regulación térmica.
Figura 6.13 – Observatorio Mo unt Wilson. Edificio d el telesco pio de 100”. Sección.
El edificio del telescopio de cien pulga das parte de un esq uema similar al de sesenta
pulgadas aunque con algunas trascendentes variaciones más allá del evidente
incremento de t amaño. Entre los cambios aparecen algunas soluciones mecá nicas
destinadas a simpli ficar la tarea del observador como un sistema par a facil itar el
movimiento del instrumento y de la cúpula o un medio de elevación de la plataforma de
observac ión. Asimismo se inclu y en algunas i nnovaciones téc nicas para mejor ar la
estabilidad térmica, como la incorporación de planchas aislantes de corc ho o la
cl imatización mediante b obinas de tuberías de agua. No obstante, desde un a perspectiva
arquitectónica l a evolución más relevante se de riva del aumento de escala. Al crecer el
reflector, también era necesario que lo hiciese su soporte, alcanzando unas dimensi ones
tan im portantes que permitieron ahuecarlo y dotarlo de programa. De esta manera, el
soporte incorporaba usos como almacenaje, un equipo de enfriamiento o un
departamento de plateado. En de finitiva, el recu rrente deseo de fabricar instrumentos
cada vez mayores había produc ido que las construcciones qu e n ecesitaban para ser
Desarrollo del observatorio contemporáneo
312
instalados alcanzase n unas proporciones tales qu e trasce ndían la es cala arquitectónica
hasta devenir en espacio habitable.
Aunque la a ctividad astronómica del centro ha perdurado h ast a nuestros días y sus
instalaciones se han continuado a mpliando y actualizando rec urrentemente, ninguna
evolución posterior alcanz ó una repercusión cie ntífica o como modelo de observatorio
equiparable a la de comienz os del siglo XX.
Observatorio de Ha mburgo-Ber gedorf (191 2)
La p érdida de influencia del antiguo observatorio de Millentor durante la segunda
mitad del siglo XIX, s e había debido tanto a la obsolescencia de su equipamiento como
a la degradación de las condiciones inherentes a su entorno. E s decir, q ue además de
necesitar una renovación de sus instrumentos, su posición próx ima al puerto conllevaba
nieblas, vibraciones y humos perjudiciales para la observa ción. Ig u almente resultaba
inconveniente el re cientemente instalado alumbrado eléctrico. Así, con el cambio de
siglo, el Di rector, George Rümker, y su s ucesor, Richard Schorr, finalmente
emprenderían la moderni zación y el traslado de la inst itución a una nueva sede alejada
de la ciudad
590
591
.
Estos cambios se vieron a compañados po r una voluntad de adaptación desde la
astronomía a la a strofísica moderna, lo que se manif estó en la transición desde los
refractores hacia los reflectores. Sin embargo, esto no supuso el abandono de los
instrumentos de astrometría tra dicional, que se mantendrían en el nuevo proyecto
592
.
La construcción comenzó en 1906 en Bergedorf, a unos veinte kilómetros al noreste
de la ciudad. Inicialmente el complejo s e concibió con un telescopio ecuatorial, un gra n
círculo meridiano, un gran refractor, un reflector y un astrógrafo. D esde su inaug uración
590
Wolfschmidt; Seemann; Kühl (2001): Ha mburger Sternwarte – Geschichte und Erhaltung , pp.11,13
591
Dahmke (2016): "On th e history o f the Hambu rg Observatory", p.196
592
Hünsch ; Seemann; Wolfschmidt (2012): “The Hamburg Observatory. Justification of Outstanding
Universal Value” de la p ágina oficial de la ciudad de Hamburgo : www.hamburg.de
Desarrollo del observatorio contem poráneo
319
La dificultad de acceso a la cumbre por las escarpadas y hel adas laderas, junto con
el tempestuoso clima, propiciaron la conexión con la cima a través d el int erior de la
montaña con un túnel vertical de ciento diez metros de alto, que enlazaba co n una red de
ga lerías subterráneas, do nde se instaló un ascensor. De este modo, tanto el tren como
este elevador facilitaron el transporte de l os elementos de construcción y del personal a
la obra
612
.
Figura 6.17 – Fotografía del Observatorio Sphinx y el resto d e la Estación de Investigación (1937) .
La s malas condiciones atmosféricas y los cortos plazos pretendidos para la
ejecuc ión dieron lugar a la construcción de una envolvente temporal, a modo de
cobertizo, en cu y o interior se levant aría el observatorio. De esta form a, se res gua rdarían
los trabajadores y la pro pia obra del viento y l as tormentas, para conseguir acabar el
edificio en unos pocos me ses. La apertura oficial del Observatorio Sphinx tuvo lugar en
octubre de 1937
613
.
En su origen, el edificio se levanta sobr e una pequeña plani cie g en erada en la
cumbre de la mont aña. La construcción es prismá tica, formalmente sencilla, y se alinea
de este a oeste. Un primer volum en rectangular de dos alturas forma el cuerpo principal,
sobre el que se encuentra un casetón de menor tamaño que se abre a una terraza que
ocupa el resto de la planta superior. En el alzado oriental, un pequeño volumen
prominente conforma la puerta de salida a la explanada. L a envol vente es de
612
Anon . (1938): “Die Wetterwar te au f der Sphinx am Jungfraujoch”. pp. 288 -289
613
ibidem
Desarrollo del observatorio contemporáneo
320
mampostería, de piedra procedente del propio terreno excavado, con diversos tipos de
huecos: gra ndes y panorámicos en el nivel inferior , más reducidos en el pis o intermedia,
y pequeños en la planta más alta, donde también ha y un a puerta a la ter raza. La fachada,
sin más ornato, queda re matada por un a barandilla que acota un a pas arela que rodea el
edificio al sur. Protección que se repite en el perímetro de la terraza y sob re el casetón,
donde se asciende po r una escalera exterior hasta una pequeña plataforma rematada por
una aguja c on un anemómetro y una veleta.
Figura 6.18 – Observatorio Sphinx. Planta s.
Figura 6.19 – Observatorio Sphinx. Secció n.
Al observatorio se acced ía necesariamente desde abajo, a través del ascen sor, que
conectaba las ga lerías subterrá neas con el sótano y las dos primeras plantas del edificio.
Todos los niveles quedaban comunicados además por una escalera. La planta soterr ada
era de menor tam año, y quedaba íntegramente de stinada a las instala ciones. El piso
inferior era un espacio diáfano abierto al uso p úblico en el que grandes ventanales
ofrec ían vistas en todas direcciones y desde dond e se podía salir a la explanada exterio r.
La primera plant a cont aba con una amplia zona de trabajo, un cuarto os curo, un aseo y
un pequeño espacio residencial con cocina. El nivel más alto tiene una sala
Desarrollo del observatorio contem poráneo
321
meteorológ ica y de radiación. Además, las terrazas se usaban para la observación
astronómica y para pruebas meteorológica s
614
.
La arquitectura del edificio es masiva, con una g ruesa envolvente de hormigón
armado y piedra para c onseguir una inercia térmica. Los paramentos también incorporan
paneles aislantes y acabados en madera que, jun to a la cal efacción, a y udan a evitar el
frío exterior.
En todo caso, resulta llamativo que el observatorio contase con un telescopio fij o en
su origen. No sería hasta los años cincuenta cuando se instalase una cúpula (de cinco
metros) para coronar la construcción, con lo que además se cerró la terraza superior para
conseguir una planta más. Y su correspondie nte telescopio no se montaría hasta 1960.
Pocos años más t arde, e n 1967, se reemplazaron tanto la citada cúpula p or otra ma yor
(de seis metros), como el telescopio por otro más potente. Este nuevo equipo atrajo a
más grupos de investi ga ción de los posibles, con lo que se ini ció una nuev a estación de
investigac ión próx ima adonde se ter minaría trasladando toda la función astronómica
615
.
Figura 6.20 – Observatorio Sp hinx en el presente.
Con su inauguración, el Observatorio Sphinx se convirtió en el centro astronómi co
más alto de Europa
616
y s e ha mantenido ininterrumpidamente conectado p or tren con
614
Anon . (1938): “Die Wetterwar te au f der Sphinx am Jungfraujoch”. p. 288
615
Balsiger ; Flückiger (2016 ): “The High Altitude R esearch Station Jungfraujoch – the early years”, pp.354 -
355
616
Müller (1992 ): Sternwarten in Bildern: Architektur und Geschichte der Sternwarten von den Anfängen bis
ca. 1950 , p .167
Desarrollo del observatorio contemporáneo
322
diversas pobla ciones
617
, lo que favoreció una atención turística creciente que, a finales
del siglo XX, dio lugar a una importante ampliación del complejo
618
. Un nuevo
volumen de tamaño similar al edificio original, se adosó al lado oeste de la
construcción, quedando cerrado por un a envolvente de vidrio y posado sobre una gran
estructura d e hormi gón. Y aunque indudablemente habrá mejorado la ofe rta turística ha
alterado gravemente la imag en del observatorio. Antaño una prolongación de la
montaña, ahora un artificio aferrado a ésta.
Consecuencias d el aumento de escala
La inauguración del Ob servatorio de Hamburgo-Ber ge dorf precedió a u n período
de inestabilidad claramente acotado desde la Primera Guerr a Mundial (1914 -1918) hasta
la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), incluyendo los años de entreguerras. Dur ante
este lapso temporal, tanto la posi ble financiación como los pensamientos d e buena parte
de los científicos, y de l a población en general, estarán enfocados en sen dos conflictos
bélicos, sus im previsible s consecuencias o en la recuperación tras estos. P or todo ello,
hasta prácticamente la mit ad del siglo XX no s e construirá nin gún nu evo observatorio
astronómico de relevancia. La s únicas ex cepciones digna de mención serán el
anteriormente ex puesto Observatorio Sphinx de Suiza y el Observatorio Griffith de Los
Ángeles, surgido entre ambas contiendas por e l tenaz impulso de un inversor privado
619
.
Con anterioridad a este paréntesis, durante el sig lo X IX se había suce dido una
carrera por conseguir el telescopio más grande d el mundo que, tal vez, más que afán
científico lo que representaba era ambición de fama, prestigio o reconocimiento. Así,
esta pugna se inició con el gran refractor de Pulkovo (de 38 centímetros d e diámetro) de
1839, superado por el W ashington (de 66 centímetros) de 1844. Dicha competición se
recrudeció hacia finales de siglo cuando se instaló el nuevo instrumento d e Pulkovo (de
76 centímetros) en 1885, al que siguieron el de Niz a (de 77 centímetro s) en 1886 y
posteriormente el telescopio principal del Lick (de 91 centímetros) en 188 8. La disputa
617
Rucki (1999): “Bau en unter Extrembedingungen : die Ho chalpine F orschungsstatio n und das
SpinxObservatorium auf dem Jungfraujoch”, p.30
618
Balsiger ; Flückiger (2016 ): “The High Altitude R esearch Station Jungfraujoch – the early years”, p.355
619
véase el apartado “Ob servatorio Griff ith”, p.2 73
Desarrollo del observatorio contem poráneo
323
de los grande s refrac tor es se extendería hasta el de Yerke s (de 102 centímetros) e n
1897, que continúa siendo el telescopio refractor más g rande del mundo.
Además de las dificultades técnicas que complica ban este redundante crecimiento
de los instrumentos, sería un cambio en el sis tema prevalente de los telescopios lo que
acabaría por poner fin a esta competición. Aunq ue los telescopios basados en espejos
llevaban décadas siendo instalados en los obser vatorios, su papel siempre había sido
secundario en relación a la trascendencia de los grandes refractores. No obstante, su
importancia iba a incr ementarse gracias a los ava nces tecnológicos que po sibilitarían la
fabricación de los espejos requeridos en paralelo al desarrollo mismo de la astrofísica.
Así, a partir de la instalación del gran reflector del Observatorio Mount Wilson (de 152
centímetros) en 1908 y , sobre todo, desde la ina uguración en ese mismo complejo del
gran reflector Hooke r (d e 254 centímetros) en 1917 se iniciaría una nueva competencia
por construir el telescop io r eflec tor m ás grande del mundo. Una aspiración que se ha
mantenido hasta la actualidad.
Figura 6.21 – Refractor de 102 cm del Obser vatorio Yer kes.
Figura 6.22 – Reflector de 254 c m del Observatorio Mo unt Wilson.
Independiente mente del tipo de instrument o al que se aluda, el crecimiento
exponencial alcanzado durante estas dispu tas llegó a unas magnitudes tan grandes que
rivalizaba con la propia esca la de la arquitectura que de bía contenerlo. Esto iba a
implicar un aumento del tamaño de los edificios que a lbergaban los tel escopios que
Desarrollo del observatorio contemporáneo
324
produciría una gran cantidad de espacio contenido que podía ll egar a se r ocupado por
otros usos.
De igual forma, los grandes instrumentos iban a re querir unos soportes estructurales
mayores. Hasta tal punto que la escala que adquirirían iba a generar unos espacios
interiores que incluso permitirían el acomodo de a lgunas funciones.
De este modo, los proyectos destinados a estos grandes telescopios incorp orarían o
podrían incorporar suficientes funciones secundarias (despachos, cu artos de trabajo,
salas de reuniones, laboratorios, almace nes, talleres, salas de descanso, aseos…) como
para pod er contener la práctica totalidad del programa que n ecesitaba todo un
observatorio. Así, cada construcción p revista p ara un instrumento en par ticular podía
tener sufi ciente autonomía para constituir po r sí mismo todo un observatorio
astronómico.
Al mismo tiempo, esta independencia posibilitaba una absoluta libertad en el diseño
del proyecto, que podía a justarse y esp ecializarse en base a las nec esidades concretas de
observac ión del instrumento que albergaría, optimizando su solución de observación,
adaptándose a su ubicación y entorno, y acomodando el resto de usos se cundarios
requeridos a su arquitectura.
A pa rtir de este punto, los observa torios más im portantes se constituirían como
conjuntos de estructuras independientes donde, habitualmente, se incluir ían inmuebles
que c ontendrían alg unos usos ac cesorios ( residencias, ca feterías, exposiciones, salas
para visitantes…), otras construcciones dest inad as a instrumentos astronómicos y los
edificios principales destinados a los grandes telescopios junto con las funciones
primarias (salas de re uniones, cuartos de trabajo, laboratorios, despachos…), que
constituirían la propia esencia de l observatorio.
Telescopio Hale ( 1948)
Situado en la cima del Monte Palomar, California, y siendo el prin cipal instrumento
del Observatorio Paloma r, el ori gen tanto del Telescopio Hal e como de su edificio
arra nca en 1928, cuando su principal responsable e impulso r, George Hale, consiguió la
subvención de la Fundación Rockefeller para fabricar e inst alar el mayor y más preciso
Desarrollo del observatorio contem poráneo
325
reflector del mundo
620
. Aunque atendiendo al histori al de los más grandes telescopios de
su tiempo promovidos por Hale en los observ atorios de Yerkes o Mount W ilson no se
puede descartar que la semilla de este proyecto se remonte ha sta años antes.
Figura 6.23 – Telescopio Hale (circa 1950).
Conseguida la fin anciación, Hale conformó un e quipo de arquitectos, ingenieros y
técnicos para diseñar las distintas parte s del proyecto: la montura del telescopio, su
espejo y el propio edifi cio con las construcciones secundarias. El siguiente paso era
decidir una buena ubicación, lo que se consiguió en 1934 con el Monte P alomar tras la
aprobac ión del propio as trónomo y la compr a de los terrenos por parte del Cali fornia
Institute of Technolo gy (Universidad d e Caltech ). Las obra s comenzaron
inmediatamente
621
622
.
Pese a que la fabricación de la montura del telescopio no comenzó hasta dos años
más tarde, tanto el edificio como el propio instrumento estaban li stos para 1939, con la
salvedad del espejo de l refle ctor que se r etrasó por diversas complicaciones y
620
recuperado d e “A History o f Palo mar Observatory ” de la p ágina oficial d e los Observatorios Óptico s de
Caltech : http://www.astro.caltech.edu /observatories/coo/
621
The California Institute o f T echn ology (194 8): vídeo documental The Story of Palomar Observatory
622
recuperado d e “A History o f Palo mar Observato r y ” de la página o ficial d e los Observatorios Óptico s de
Caltech : http://www.astro.caltech.edu /observatories/coo/
Desarrollo del observatorio contemporáneo
326
dificultades dur ante su p roducción. Así, con el v ertido, el tr ansporte, la mol ienda y el
pulido en el taller óptico además los retrasos producidos dura nte la Segunda Gu erra
Mundial, pasaron catorce años desde que comenzó la ejec ución del espejo de doscientas
pulgadas hasta que estuv o instalado en el Monte P alomar. Finalmente, la inauguración
tuvo lugar en 1948 en un evento con casi mil invitados bajo la propia c úpula del
edificio, donde e l telescopio recibió el nombre de Hale e n homenaje a su principal
impulsor, fallecido diez años atrá s
623
.
Figura 6.24 – Telescopio Hale. P lanta.
El diseño de los difere ntes edificios del comple jo astronómico recay ó sobre el
arquitecto Russell W. Porter, con la asistencia del astrónomo F rancis Pease. Porter
visitó el lugar para det erminar la posición de las construc ciones y su definición
arquitectónica , que pese a su dispersión po r el monte constituiría un conjunto
claramente marcado por una identidad visual. P ara ello, Porter optó por una estética
propia del lugar en el q ue se i ba a instalar: un estilo Art Decó predominante durante
esos años en el sur de California
624
.
623
recuperado d e “The 200 -inch ( 5.1 -meter) Hale T elesco pe” y de “A Histor y o f Palo mar Observatory” de la
página of icial de los Observatorios Ópticos de Caltech : http://www.astro.caltech.edu/observatories/coo/
624
recuperado d e “The Architecture of Palomar Observatory” de la página o ficial de los Observatorios
Ópticos d e Caltech : http://www.astro.caltech.edu /observatories/coo/
Desarrollo del observatorio contem poráneo
327
En todo caso, Porter p retendía una arquite ctura ho nesta. Según sus p ropias palabras
el edificio “debe expresar las funciones d el mecanismo que cubr e”. De este modo, el
telescopio quedaba elevado del suelo mediante una gran estructura metálica que hacía
las veces de soporte estructuralmente aislado del resto del edificio, lo que se reflejaba en
la construcción. Ésta se componía de una b ase cilíndrica, que alber ga ba dos niveles que
aprovec haban el espacio libre resultante en el so porte ocupándolo con us os accesorios.
Sobre esta base se situaba la cúpula de cuarenta y dos metros de diámetro que cobijaba
el gran reflec tor con la zona de observación y la sala de control del telescopio
625
.
Figura 6.25 – Telescopio Hale. Interior de la cúpula durante su i nauguración.
El telescopio H ale se mantuvo como reflector el más g rande del mundo durante
más de un cuarto de si glo. Y aunque no sería hasta 1949 cuando los investiga dores
comenzasen con su trabajo, la calidad y precisión del inst rumento fue tan importante
que no sólo continúa en activo, sino que es p roductivo y científic amente relevante en el
presente
626
.
El edificio del telescopio Hale se iba a convertir e n un precursor , en un referente o
directamente en un mod elo a im itar po r todos los proyec tos post eriores para grandes
reflectores: el inst rumento elevado sob re una estructura que g eneraría unos e spacios
625
recuperado d e “The Architecture of Palomar Observatory” de la página of icial de los Observa torios
Ópticos d e Caltech : http://www.astro.caltech.ed u/observatories/coo/
626
recuperado d e “A History o f Palo mar Observatory” de la página of icial de los Observatorios Ópticos de
Calt ech : http://www.astro.caltech.edu /observatories/coo/
Desarrollo del observatorio contemporáneo
328
aprovec hables p ara alma cenes, cuartos de trabajo, laboratorios, talleres o i ncluso z onas
para visitas y turistas; sobre todo esto, en la parte superior, el esp acio de observación y
el telescopio proteg ido bajo la cúpula.
Telescopio C. Do nald Shane (1 959)
Los r esponsables del Observatorio Lick ya eran consciente s desde el c ambio de
siglo de qu e los instrumentos que disponían, inclu y endo sus dos telescopios principales,
se habían quedado obsoletos. Por lo tanto, la institución ha bía sido relegada de la
posición puntera en la investig ación astronómica en la que se encontraba ha cía n o
demasiado ti empo. De ahí deriva que los sucesivos directores que ocuparon el cargo
reclama sen unos fondos pa ra costear un gra n re flector. Esta fina nciación no sería
aprobada hasta principios de la Se gunda Gu erra Mundial, quedando postergada hasta la
finalización del conflicto bélico
627
.
Hacia el final de la g ue rra, C. Donald Shane, que por e ntonces era profesor de
astrofísica en el departa mento de astronomía de Berkle y, fue nombrado nuevo director
del Observatorio Lick co n el objetivo de devolverlo la prime ra línea de la investigación.
Esto pasaba necesariamente por un nuevo telescopio. C on un sentido claramente
pragmático, Shane creó un comité asesor en el que se inclu y eron astrónomos de los
observatorios del Monte W ilson y d el Monte Palomar, que tenían ex p eriencia e n
grandes reflectores. Así, en base a este bagaje a dquirido el comité se decantó por un
telescopio de ciento veint e pulg adas que estab a e n un ran go de dimensiones que
permitiría una f abricación con un coste y dur ación moderados al evitar una inge niería
novedosa o experimental
628
.
Shane participó tanto en el diseño del propio telescopio como en del propio edificio
que lo alber garía, colaborando con los arquitectos e ingenieros que p articiparon en el
proy ecto. Su implicación fue tal, que inte rvino par a conseguir más fond os cuando los
costes previstos aumentaron. Pese a que esperaba dirigir, al menos, la inauguración del
reflector, los retrasos hicieron que d ejase el cargo el 1958, antes de qu e el telescopio
627
Vasilevskis; Osterbrock (19 89): “Charles Donald Shan e. 1895 -1983”, p.498
628
Chapp ell; Baustian (1955): 120-Inch Albu m . p.4
Desarrollo del observatorio contem poráneo
335
Figura 6.30 – Interior del BTA- 6.
Este cambio, en l a solu ción adoptada para el instrumento (pasa r de un a montura
ecuatoria l a una altazim utal) tuvo una evidente re percusión e n el edificio donde se
instalaría. Incluso manteniendo la prioridad en l a estabilidad térmica, la supresión de
vibraciones y en el correcto funcionamiento astronómico, sin olvidar el co nfort de los
trabajadores, el nuevo sis tema de montura im plicó cambios en la definición proyectual.
Desde el exterior no se percibía un a variación significativa con sus predecesores, y a que
respondía al mismo patrón de estructura cilíndrica que soportaba u na cúpul a móvil; con
una altura total de cincuenta y tres metros p ara un diámetro d e cu arenta y cinco metros.
No obstante, un análisis de la c onstrucción desvelaba las diferencias.
El pro y e cto se resolvió como dos elementos independientes. En prime r lug ar, el
reflector con su respectivo soporte. El centro de l edificio aco gía un gran cilindro de
hormigón que arrancaba desde el te rreno actuando como cimentación y que contenía l a
base del sistema que permitía un movimiento equilibrado y fluido del instrumento. Un
eje atravesaba verticalmente este bloqu e hasta sob resalir por encima termin ando en una
plataforma giratoria donde arrancaba la estruc tura de la montura del telescopio. Esta
estructura era tan grande que trascendía la escala humana, conteniendo espacios
“habitables” , zonas de observación tanto en la parte superior de los postes verticales de
la montura como en un c ili ndro situado en el propio foc o del telescopio.
Desarrollo del observatorio contemporáneo
336
En segundo lugar, una construcción anular rodeaba al referido soporte como si
fuesen dos edificios completamente independ ientes (de h echo su funcionamiento
estructural lo era para evitar vibraciones). Su interior se organizaba en dos plantas, hasta
la altura de la plataforma giratoria, donde se distribuía todo el programa de usos
necesarios para un centro astronómico punte ro propio de su tiempo: un a recepción, una
sala de confere ncias, zonas de trabajo, talleres, laboratorios, cuartos pa ra el revelado,
despachos, almacenes, una zona de descanso con cocina… Sobre estas dependencias se
encontraba el espa cio ab ovedado donde ope raba el gran telescopio. En to rno a éste se
encontraban las galerías donde estaba el centro d e control principal del complejo y los
talleres para el esp ejo, y aún por encima, justo en el arranque de la cúpula, una pasarela
circular .
Figura 6.31 – BTA- 6. Secció n.
Desde su terminación, el BTA-6 se convirtió en el refle ctor más grande de l mundo.
Sin embargo, su trascendencia va mucho m ás allá de este hito, puesto que además sería
el primer gran telescopio en tener una montur a altazimutal en lugar de ecuatorial, como
era habitual hasta entonces; y también sería pionero en tener un siste ma de rastreo
Desarrollo del observatorio contem poráneo
337
automatizado por orde nador. Estos avance s se asentar ían a p artir de este telescopio
como un estándar habitual en los gra ndes instrum entos que lo seguirían
645
.
Observatorio Cal ar A lto (1975)
Después de la Segunda Guerra Mundial, la situación de la astronomía en Alemania
era mu y precaria, careciendo de infraestructuras y e quipos r emotamente c omparables a
los de otras potencias en la materia. Siendo todaví a su principal instrumento el reflector
de Hamburgo-Bergedorf, la Asociación Al emana de Investigación (DFG: Deutsche
Forschungsgemeinschaft ) elaboró a principios de los años ses enta un in fo rme sobre la
situación de la astronom ía donde s e s ubr a y aba las graves limitaciones q ue tenían los
científicos y la posición marginal a la que había quedado relegada Alemania en
astronomía ante la falta de equipamiento adecuado. Además, en este documento se
solicitaba el establecimiento de instit uciones naci onales con instrumental adec uado para
solventar este déficit, incluso situados fuera de l territorio alemán
646
.
Pocos años más tarde, c uando la Sociedad Max Planck decidió instaur ar un nuevo
Instituto de Astronomía en Heideberg se fijaro n las condi ciones pa ra establec er un a
rama de éste e n forma de un nuevo observatorio astronómico equipado con varios
instrumentos actualizados y situado e n la zona mediterránea
647
.
Por otro lado, l a situación de esta ci encia en Esp aña tampo co era mu y propicia en
esta época, careciendo de instalaciones modernas o de potentes instrumentos de
observac ión. De este mo do, la oportunidad de fundar un observatorio con junto con las
instituciones alemanas representaba un nu evo im pulso para l a ciencia esp añola. Así, el
Centro de Ast ronomía H ispano-Alemán (CAHA) se convertiría en un a re alidad tras el
acuerdo firmado e n 1972
648
649
.
Finalmente, el lugar elegido para l a inst alación fue el pico de C alar Alto, s ituado al
sureste de España en la Sierra de los Filambres. Ubicado a dos mil ciento sesen ta y ocho
metros sobre el nivel del mar, el sitio cuenta con las bondades climáticas de un ti empo
645
Leverington (20 17): Observa tories and Telescopes of Modern Times , p.10
646
recuperado d e “25 year s of C alar Alto Obs ervatory ” de la p ágina oficial d el Instituto de Astronomía Max
Planck : http ://www.mpia.de
647
ibidem
648
Barcons (2007 ): “Astronomy in Sp ain”, pp.7 -8
649
Margarit (1980): “Cen tro astronómico de C alar -Alto”, p.33
Desarrollo del observatorio contemporáneo
338
seco y cielos despejados que posibilit an más de doscientas noches de observaciones al
año. En la distribución prevista de las diferentes construcciones que co nformarían el
complejo por la cumbre, los edificios de las cúpulas se implantaron en las cotas más
altas y con mejores condiciones
650
651
652
.
Figura 6.32 – Observatorio Calar Alto.
El complejo se conformó en varias fases. En primer lugar, se instaló un telescopio
de ciento veinte centímetros en 1975. Cuatro años después s ería puesto en
funcionamiento un telescopio de doscientos veinte centímetros, tras lo que se produjo la
inaugurac ión oficial de Centro por parte del Rey Juan Carlos I . Sin embargo, no se ría
hasta 1985 cuando qued aría completado y operat ivo el gran r eflector d e t res metros y
medio. La instauración de esta institución devolvió a los científicos alemanes la
posibilidad de volver a desarrollar su investigación en las mejores condici ones posi b les
y representó un im portante impulso para la astronomía española hasta impulsarla a una
posición relevante en e l ámbito i nternac ional
653
.
El e dificio del instrume nto principal responde, con alguna s particularidades, al
patrón habitual en este ti po de obras. La construcción se compone de una base cilíndrica
de hormigón de treinta y dos metros de diámetro que sostiene la cúpula bajo la que se
alberga el r eflector. El c onjunto alcanza una altura de cuarenta y tres metros. El cuerpo
650
http://www.csic. es/observatorio-astron omico-calar-alto
651
Barrado et al. (2010 ): “T he Calar Alto Ob servatory: current status an d future instrumentation”, p.637
652
Margarit (1980): “Cen tro astronómico de C alar-Alto ”, p.37
653
recuperado d e “25 y ears of Calar A lto Obs ervatory ” de la p ágina oficial d el Instituto de Astronomía Max
Planck : http ://www.mpia.de
Desarrollo del observatorio contem poráneo
339
que conforma su base así como los espacios que deja libre la estructura q ue soporta el
telescopio se aprovecha, como en otros casos, para int roducir funciones y usos
necesarios para la operatividad de la instalación, o incluso para mejorar el confort de los
trabajadores o visitantes. Así, esta base se o rganiza en tres plantas sobre rasante b ajo el
espacio principal del telescopio. En este espacio, se inclu y e un programa de usos tan
necesario como sal as de máquinas, almacenes, t alleres, laboratorios, salas de control,
cuartos de revelado o s alas de trabajo, junto con funciones complementarias como la
cámara de vacío y aluminiz ado. Además, el conjunto cuenta con aseos, un comedor y
una sala de estar que d an servicio a los usuarios, así como hasta una galería pa ra los
visitantes.
Figura 6.3 3 – Observatorio Calar Alto. P lanta.
Destaca c omo un e lemento singular y reconoc ible de l observatorio un a torre de
circulac ión vertical, con escaleras abiertas en torno a un núcleo de ascensor, que se
eleva ex ento y en paralelo al resto de la construcc ión, respondiendo a una doble razón:
funcional, para dar servicio a visitantes, y de seguridad, como medio de evacuación.
Actualmente, el CAHA está gestionado y op erado de manera conjunta por el
Instituto de Astrof ísica de Anda lucía (IAA -CSIC) y por el I ns tituto Max Planc k de
Astronomía (MPIA)
654
.
654
http://www.csic. es/observatorio-astron omico-calar-alto
Desarrollo del observatorio contemporáneo
340
Pese a la evolución tecnológica y los avances en esta ciencia, gracias a su
mantenimiento y actualización, y a unas óptimas condiciones climáticas, el
Observatorio de C alar Alto se mantiene como el centro astronómi co más importante de
la Europa c ontinental
655
.
Observatorio Sier ra Nevada (1981)
La s raí ces del Observato rio de Sierra N evada se r emontan hasta el Obse rvatorio de
Cartuja, fundado en Granada por l a Compañía de Jesús a principios de sig lo. Sin
embargo, anticipando la degradación de l as condi ciones de obs ervación q ue supondría
el previsible crecimiento de la ciudad se im pulsó la fundación del Observatorio de
Mohón del Trigo, en Sierra Neva da, como un centro aso ciado de alta montaña que
estaría operativo al iniciarse la década de los setenta
656
.
En 1975 se constituye el Instituto de Astrofísica de Anda lucía, con u no de sus
fundadore s, J osé María Quintana, como primer Director. Además, gracias a un conv enio
acorda do e ntre la Universidad de Granada y el Consejo Supe rior de I n vestigaciones
Científicas, se cede el uso del Observatorio de la Cartuja, así como de sus instalaciones
de alta montaña al IAA
657
.
En esos años, el Obse rvatorio de Mohón del Trigo era n frecuentes las visitas y
colaboraciones con otros centros de in vestigación a partir de los cuales se desarrollaron
alianzas con otras instituciones. Estos vínculos se conc retaron en forma de convenios
con el Observatorio d e Greenwich y con el Observatorio d e Niza para i nstalar sendos
telescopios en Sierra Nevada
658
. Este contexto favorable, en el que y a se contaba con los
principales instrumentos, brindó la ocasión al I A A para solicitar fondos p ara sufragar la
construcción de un nuevo observatorio. Así, se puso en marc ha el pro y ecto
659
.
655
Barrado et al. (2010 ): “T he Calar Alto Ob servatory: current stat us and future instrumentation”, pp.637 - 638
656
Iglesias (2006): “Histo ria de una fotografía”, p.3
657
recuperado d e “El IAA. Instituto de Astrofísica d e Andalucía” de la página d e la Revista digital W aste :
https://waste.id eal.es/cosmos9.htm
658
recuperado d e “Breve histo ria del OSN” de la página oficial del Observa torio de Sierra Nevada :
https://www.o sn.iaa.csic.es
659
Iglesias (2006): “Histo ria de una fotografía”, p.5
Desarrollo del observatorio contem poráneo
341
Después de estudiar las posibles ubi caciones para la im plantación de la nueva sede,
se terminó seleccionando la L oma de Dilár, la cumbre accesible a ma y or altura que
además contaba c on infraestructuras próx imas al estar c erca de la estación de esquí. Este
enclave presentaba unas mag níficas c ondiciones para la observación astronómica.
Finalmente, este complejo emplazado a dos mil ochocientos noventa y s eis metros de
altitud represe nta el centro astronómico permanente más eleva do de Europa
660
.
Figura 6.34 – Observatorio Sierra Nevada.
El edificio se aleja bastante, en este caso, de los estándare s de grandes
observatorios astronómicos de buena p arte del siglo XX. Probableme nte, por las
dificultades de la propia construcción. Así, ya qu e se contaba con dos instrumentos de
tamaño moderado, cada uno de los cuales iba a n ecesitar su propia cúpula, en lugar de
diseñar dos construcciones aislada s se optó por una única estruc tura. Por ello, e l
proy ecto se definiría como una base común compartida por sendas cúpulas.
Aprovechando el desnivel del terreno, el observatorio se enca stra en la montaña
ge nerando un sót ano, so bre el que se levanta la base, un cuerpo prismático de diez por
veinte metros y dos plan tas de altura que se alinea de este a oeste, sosteniendo en sus
extremos los instrumentos. Cada telescopio cuenta con su propio sopor te aislado del
resto de la estructura y c on su propia cúpula. Por debajo de estos, el espacio se or ganiza
con una ordenación y escala casi doméstica, en donde los usos carac terísticos de la
función astronómica (sa las de control d e instru mentos, bibl ioteca o tal leres) y s us
servicios (aseos, almacenes o cuartos de inst alaciones) se mezclan con un programa
660
recuperado d e “Breve historia del OSN” de la p ágina oficial del Observa torio de Sierra Nevada :
https://www.o sn.iaa.csic.es
Desarrollo del observatorio contemporáneo
342
residencial (sala de est ar, cocina, dormitorios…) que permita aco ger trabajadores
durante temporadas.
Figura 6.35 – Observatorio Sierra Nevada. P lanta.
En 1981 el Observatorio de Sier ra Nevada qu eda c ompletado y comienza su
actividad investigadora. Tan sólo ocho años después de su pu esta en funci onamiento, la
expiración de los a cuerdos con las otras instituciones y la obsol escencia de sus dos
telescopios provoca el desalojo de ambos instru mentos. Entonces un op ortuno acuerdo
con la Fábrica de Instrumentación Astronómica de Nanjing p ropició la inst alación de
dos nuevos telescopios de ma y or tamaño que estarían operativos e n 1992. Desde
entonces se ma ntiene activo ininterrumpidamente en su labor investigadora
661
.
Observatorio W. M. K eck (1993/1996)
A mediados del si glo XX el empresario petrolero William M y ron K eck creó una
fundación filantrópica con su propio nombre que en tres décadas más tarde
proporcionar ía la ma y or donación hasta el mom ento para una empre sa científic a. De
este modo, la fundación proveería los fondos necesarios para ll evar a buen puerto el
proy ecto que conjuntamente habían comenzado a desarrollar entre el Instituto
Tecnológico de California y la Universidad de California, cu y os científicos estaban
trabajando e n el diseño d e un telescopio desde 1977
662
.
El diseño del edificio se encargó a MBT Associates y pese a qu e inicialmente la
donación sólo cubriría lo presupuestado para un proye cto con un ún ico re flector,
durante la fase de construcción, iniciada en 198 5, se acordó una nueva conce sión d e
661
recuperado d e “Breve historia del OSN” de la p ágina oficial del Observa torio de Sierra Nevada :
https://www.o sn.iaa.csic.es
662
Finn (1985): “The W. M. Keck Ob servatory”,p.5
Desarrollo del observatorio contem poráneo
343
fondos para afrontar la ambiciosa modificación del proyecto que implicaba un
observatorio con dos te le scopios ge melos
663
664
.
A esto se suma la impli cación de la Universida d de Haw ai, que aportó el suelo
donde se implantaría el o bservatorio. La ubicación seleccionada se encuentra en la cima
del Mauna K ea, un volcán inactivo de la Isla Grande . Situado a un os cuatro mil
doscientos metros de altitud, con esca sa contaminación lumínica y rodeado por el
océano Pacífico, el lugar posee uno de los m ejores cielos para la astronomí a del
mundo
665
.
Figura 6.36 – Observatorio W . M. Keck.
Cada uno de los telescopios, denominados Keck I y Ke ck II , contaría con un espejo
de diez metros, dejando muy atr ás los cinco metros del Telescopio Hale o los seis
metros del BTA-6. Sin embargo, este aumento de escala im plicaba una serie de
complicaciones t anto en la estructura int erna d el espejo como a la hora de sostenerlo y
moverlo con pre cisión, por eso, requirieron u na solución alternativa: cada espejo
primario quedaría compuesto por treinta y seis espejos hexagona les que se adaptan para
funcionar como un único espejo equivalente de nueve coma ocho metr os. E sto posibilitó
una importante reducción de las estru cturas, que serían lig eras, y del tamaño de las
663
Nelson; Mast (1988): “Construction of the Keck Observ ator y”, p.13
664
recuperado d e “Keck Observat ory: Twin Telescopes on Mauna K ea” de la página of icial de la r evista
Space : https://www.space.com
665
recuperado d e “W. M. Keck Observator y ” de la página o ficial del Observatorio W. M. Keck :
http://www.keckobservator y.org
Desarrollo del observatorio contemporáneo
344
cúpulas, reduciendo también su coste de ejecución
666
667
. L a segmentación del espejo se
usaría en grandes r eflectores por primera vez en este pro y e cto y su puso u na importante
innovación que sería ampliamente replica da en posteriores telescopios
668
.
Figura 6.37 – Observatorio W . M. Keck. Sección.
Figura 6.38 – Observatorio W . M. Keck. Planta.
Ambas cúpulas ge melas ocupan los extremos de un edificio rectan gular que evita
introducir espacios de trabajo o maquinaria bajo estas cúpulas para evitar int erferir en la
estabilidad térmica, que es un a de las prioridades de sus diseñadores. Por esto, se
aplican estrategias como la abundante inclusión de aislami entos térmicos, la pintura de
la cúpula con un acabado termo-reflectante o la permanente climatización de las
cúpulas
669
670
.
666
Finn (1985): “The W. M. Keck Ob servatory”,p.9
667
recuperado d e “W. M. Keck Observator y ” de la página o ficial del Observatorio W. M. Keck :
http://www.keckobservator y . org
668
recuperado d e “Todo sobre el GTC” de la página of icial de información d el GTC : http://www.gtcdigital.net
669
Nelson; Mast (1988): “Construction of the Keck Observator y”, p.13
670
Finn (1985): “The W. M. Keck Ob servatory”,p.9
Desarrollo del observatorio contem poráneo
351
una cúpula con un as abe rturas controlables qu e p ermiten minimiz ar las turbulencias de
aire en torno al telesc opio
683
.
Desde su inauguración, con un espejo equivalente a diez com a cuatro metros, el
Gran Telescopio Canarias se convirtió en el reflector más grande d el mundo y en un
referente científico que h asta la actualidad le p ermite participar y desarrolla r en estudios
sobre cue stiones clave en astrofísica
684
.
Una arquitectura so metida a la astrono mía
El masivo desplazamiento del mundo rural a las ciudades acont ecido a pa rtir de la
Revolución I ndust rial produjo un continuo crec imiento de las poblaciones durante todo
el siglo XIX. Este movimi ento estuvo acompañado por algunos cambi os en la actividad
humana que ya a principios de la nueva centuria comprometían el buen desempeño de
los observatorios
685
en entornos urbanos o periurbanos. L a aparición de nueva industri a
y el aumento del transporte motorizado por tierra y mar supusieron un incr emento de las
vibraciones y d e la polu ción. Además, la iluminación pública de las calles trajo consi go
una contaminac ión lumínica que limitó la visibilidad de los objetos débiles.
Igualmente, este cambio de siglo coincidió con el tránsito de los refra ctores, como
paradigma del telescopio propio de cualquier centro astronómico digno de significación,
a los grandes reflector es. Esta evolución estu vo acompasada con el au ge de la
astrofísica, aunque sin dejar atrás la astronomía clásica que se apoyaba en c írculos
meridianos, instrumentos de tránsito y astrógrafos par a continuar s us estudios
relacionados con la me dición del ti empo o la propia naveg ación ( al menos hasta
mediados del siglo XX). Esto hac ía que los observatorios debieran atender distintas
683
recuperado d e “Gran Telescopio Canarias” de la página o ficial del In stituto de Astrofísica de Cana rias :
http://www.iac.es
684
recuperado d e “Introducing the Gran T elescopio Canarias” de la página of icial del Gran Telescopio
Canarias : http://www.gtc.iac.es
685
Bourgeois (2017 ): “Category of Astronomical Heritage: tangible immovable. Pic d u Midi de Bigorre
Observatory., France”. Por tal to Herita ge of Astronomy de la página web of icial de la UNESCO :
https://www3 .astronomicalheritage.net/index.php
Desarrollo del observatorio contemporáneo
352
líneas de trabajo, lo que im plicaba que t enían que contar con un equipamiento
marcadamente he terogéneo
686
.
De este modo, a finales del siglo XIX aparecen, casi simultáneamente en América
(el Lick) y Europa (en Niz a), los primeros obse rvatorios que pres entan alguno s de los
rasgos definitorios de lo que terminará siendo el observa torio contemporáneo. Estos
complejos se instalarán aislados de los núcleos urbanos, en z onas remotas y elevadas
como en cimas de mon tañas en las que, lejos de los humos y luces de la ciudad,
encuentren las mejore s c ondiciones posibles de observa ción.
El límite entre el observatorio moder no y el contemporáneo queda claramente
marcado por el ambivalente Observatorio L ick. Tanto su config uración arquitectónica
como sus principales ras gos de dise ño son propios del anterior p eríodo, si n embargo se
convertiría en el primer centro astronómico completamente desli gado de lo urbano con
su instalación permane nte de montaña.
El alejamiento de las ciudades impli có un aislamiento de la población en general,
que perdió contacto con esta ciencia. En oposici ón, durante la primera p arte d el siglo
XX, se constru y e ron observatorios públicos e n grandes ciudades europeas (Berlín,
Viena…) para inform ar al público sobre la astronomía y el univ erso
687
. Esta s
instituciones, al quedar desligadas de la van guardia científica, se alejaron de las nuevas
corriente s de diseño quedando estancadas en los ra sgos propios del observatorio
moderno.
Como contrapartida, pese a su elevada profesionaliz ación y a su ma y or her metismo,
todavía surgirán algunos complejos astronómicos que se abrirán ocasionalmente a un
público iniciado en la materia (o, al menos, int eresado), qu e inclu ye n visi tas guiadas y
espacios museíst icos en s us conjuntos. Incluso, se podrán en contrar algunos centros qu e
co nsideran el turism o como un valor o un reconocimiento (como el Mount Wilson o el
BTA-6) y hasta como un medio más de financiación de su progra ma invest igador (como
el Observa torio Pic du Midi o el de Niza).
686
Hünsch ; Seemann; Wolfschmidt (2012): T he Ha mburg Observator y. Justification of Outstanding
Universal Va lue de la página oficial de la ciudad de Hamburgo : www.hamburg.de
687
Markkanen (2013 ): "T he Develop ment of the Classical Obs ervatory: Fr om a Functional Sh elter for the
Telescope to the Temple of Science", p.48
Desarrollo del observatorio contem poráneo
353
Ahondando en este senti do, el mismo Director de l Observatorio de Niza
688
subra y a
el entorno natura l, las vistas panorámicas y la arquitectura d el complejo c omo valores a
destacar de su observa t orio para ampliar el visitante potencial más allá del público
aficionado o las ex cursiones escolares, adquiriendo una vocación turística nacional e
internacional
689
.
La s nue vas necesidades de la ci encia iban a motivar algunas variaciones en los
principios de diseño de los edificios consigna dos a la astrofísica, en espec ial a la
espectrosc opia y la f otometría
690
.
Si bien el observatorio moderno tiende a configurarse como un edificio unit ario en
el que un progra ma complejo y d e usos heterogéneos (salas de observación, despachos,
bibliotecas, tallere s, viviendas…) comparte techo en una único inmueble en el que una o
varias cúpulas y una sala meridiana que condicio naba la ori entación de l a construcción
evidenciaban su razón de ser, el observatorio cont emporáneo se o rganizará de un modo
menos reg lado y ríg ido
691
. El propio tamaño de los nuevos grandes re flectores, la s
diferencias de escala, la s distintas necesidades intrínsecas a los múltiples usos o la
propia orografía del terre no mont añoso que dificulta contar con amplios suelos a nivel,
serán aspectos que impulsarán la segre ga ción del edifico en una serie de construcciones
independientes. Esta separación p ermitirá una lib ertad de disposición y orientación en el
territorio que favorecerá las condiciones de observación, ad emás de exonerar a la
función astronómica de algunas interfe rencias (vibraciones, humo, luz, calefacc ión)
propias de otros usos.
Además de sit uarse en una montaña, el Observatorio de Niza será el pre cursor en
idearse, diseñarse y construirse, de forma intencio nada y permanente, como un conjunto
de edificios independien tes con un alto grado de especialización. Aunq ue durante los
siguientes años, sur girían diversas instituciones a stronómicas que cumpliesen una d e
estas dos ca racterísticas pasaría un cuarto de siglo antes de que ambas s e replicasen
688
actualmente Observatorio d e la Costa Azu l
689
Heudier (2006): "De l’ Observatoire à l’ Observatorium", p.8
690
Markkanen (2013 ): "T he Develop ment of the Classical Obs ervatory: Fr om a Functional Sh elter for the
Telescope to the Temple of Science", p.48
691
Hünsch ; Seemann; Wolfschmidt (2012): The Ha mburg Observatory. Justification of Outstan din g
Universal Va lue de la p ágina oficial de la ciudad de Ha mburgo : www.hamburg.de
Desarrollo del observatorio contemporáneo
354
simultáneamente. Esto lo señala como un adelantado a su tiempo que rec onocer como
un referente.
El y a referido alejamiento de los núcleos u rbanos conllevará apar ejado la
desvinculación d e las instalaciones públic as de las urbes (luz, a gua…) d e form a que,
pese a e xistir respuestas a este a islamiento (como los g enera dores eléctricos o los
depósitos de a gua), lo cierto es qu e la experienc ia ha demostrado en casos como el
Observatorio Pic du Midi que la conexión con las redes de suminist ro resulta
imprescindible para un desarrollo aceptable de la actividad investigadora.
Por otro lado, la o cupación de suelos aislados y d esconectados de la p oblación
evidencia los efectos que una instala ción de este ti po puede sus citar en sus
inmediaciones. Como ya advirtieron los propietarios que cedieron los terrenos para la
construcción del Observatorio Mount Wilson, un gran observatorio se convierte en un
importante punto de int erés que dota a su ento rno de renombre y pr estigio, atrayendo
científicos y turism o, y catalizando un des arrollo de la industria vinculada dir ecta e
indirectamente a esta actividad; en definitiva, aumentando la riqueza del lugar y sus
habitantes.
Poco después del 1900, l os observatorios Mount Wilson o Hamburg o se s uman a la
tendencia apuntada por el de Niza que terminaría por consolidarse a lo largo del si glo
XX: la formalización de un edificio independiente para cada telescopio, que posibilite
un absoluto grado de especialización, al definir cada uno de las c arac terísticas que
condicionará n el pro yecto en base a los requerimientos funcionales de su único
instrumento.
Los años de guerra s re ducirían a mínimos la inversión en e sta ciencia, lo qu e
provocaría un paréntesis en la construcc ión de nuevos centros astronómicos. Esta pausa
daría lugar, a su conclusión , a abordar nuevo s proy ectos para observatorios c on
telescopios, y por lo tanto edificios, más grandes y ambiciosos.
Asimismo, este paréntesis había permitido tomar c ierta p erspectiva sobre los
últimos avance s en lo relativo a centros astronómicos, discerniendo los valores
implementados por algunos observatorios
692
. De este m odo, y a a mitad de s iglo XX se
692
recuérdese que durante l a primera mitad del siglo se in auguran tanto observatorios propios del período
anterior como otros que incorporan aspectos contemporáneo s
Desarrollo del observatorio contem poráneo
355
habrían puesto d e manifi esto los principios que c onfigurarían los rasgos característicos
del observatorio contemporáneo: ubicación en la montaña, lejos de la población, y
config uración de los observatorios como conjuntos de edificios autónomos de alta
especific idad técnica destinados a un determinado instrumento o función.
Además, el nuevo si glo trajo consigo un cambio en el paradigma d e esta ciencia,
desde la astronomía clásica a la astrofísica conte mporánea. Esta evolución d evolvía la
mirada al telesc opio, q ue si bien como refractor parecía estar alcanzando lími tes
irrebasa bles, como reflector tenía muchas posibilidades de mejora y cr ecimiento.
El aumento de los reflectores conlleva un crecimiento la construc ción que lo
contiene y de la estructura que lo soporta. El tamaño de los telescopios p ronto alcanza
dimensiones que los a semeja al rango de los edificios y sus soportes se hacen tan
grandes que, dado qu e no tendría sentido que fueran macizos, el espacio que contienen
supera la escala arquitectónica del hombre, por lo que pueden ser habitados y ocupados
por todo tipo de funciones. Luego algunos de lo s usos que se habían dis gregado para
destinar edifi cios ex clusivamente a los grandes telescopios acaban por volver a
introducirse en sus bases para aprovechar el espacio surg ido por su aumento de escala.
Este salto de escala se evidencia por primera ve z en el Telescopio Hale, en cuya
inaugurac ión se sit uaron bajo la cúpula, en tor no a los soportes de la montura del
reflector, ca si mil personas sentadas frente a un escenario.
El crecimiento de los telescopios iba aparejado al de sus espejos, que se ha cían cada
vez más g randes, pesados y complejos de fabri car, mantener y desplazar. Por e sto,
contar con unas dependencias para la manipulación y conservación de los gra nd es
espejos se hace cada vez más im prescindible, con lo que terminan por agreg a rse al
propio edificio del telesc opio. Esta incorporación de nuevas fun ciones no s erá un hecho
aislado, sino que al contrario será al go re currente en la medida que los nuevos avances
se va y an implementando como estándares básicos . De este modo, diversos cuartos para
instalaciones o almacenes espe cíficos se iría n incorporando al progr ama de usos
imprescindibles de los observa torios.
De la mis ma manera que con el observatorio m oderno se su cedió una disput a por
conseguir el ma y or refractor del mundo, la era de los gra ndes reflec tores implicó el
Desarrollo del observatorio contemporáneo
356
comienzo de una competencia simil ar, que se ha mantenido a lo largo de todo el siglo
XX y continuando hasta el presente.
Si en torno al ca mbio de siglo la orie ntación de la ciencia h acia la astrofísica
impulsaría el peso d e los reflectore s en la investigación, e ste tipo d e telescopios se
contendrán en unas medidas modestas hasta que George Hale promovies e el reflector
más potente de su tiempo (de 1,52 metros de diámetro), instalado en 1908 en el
Observatorio Mount W ilson. S in embarg o, su am bición lo ll evó a superar su propio hito
impulsando en ese mismo complejo el Hooker (de 2,54 m etros) en 1917. Esta carr era
prosiguió con la inauguración del Telescopio Hale (de 5’08 m etros) en 1948, al que
sucedió el BTA-6 (de 6’00 metros) en 1975 y que fue superado por el Keck I (de 9,80
metros) en 1993
693
. El actual poseedor de la honorífica condición de ma y or reflector de l
mundo es el Gran Telescopio Canarias (de 10’40 metros) desde 2007.
En todo ca so, y a se c onoce que e sta prerrogativa tiene una próxima caducidad
puesto que y a ha y previsto nuevos observatorios con reflectores m a y ores que el GTC.
Por ejemplo, el Giant Ma gellan Telescope (de 2 4,50 metros) del Observatorio de L as
Campanas está en fase de constru cción y s e esp era que inicie su actividad en 2025
694
.
Igualmente e l Thirt y Met er Telescope (de 30,00 metros) del Observatorio Mauna Kea se
encuentra en pro yecto au nque s e ha anunciado que las obras se ini ciarán a lo larg o del
2019 y que empezará a operar en 2027
695
. Y también el Extreml y La rge Telescope (de
39,00 metros) en Cerro Armazones está en construcción y se prevé que esté en
funcionamiento desde 2025
696
. I ncluso se ll eg ó a pl antear un pro yecto tan descomuna l
como el Ov erwhelmingly Large Telescope (de 1 00 metros) que se encuentra, al menos
por ahora , cancelado
697
.
Desde el paso de los espejos monolíticos a soluciones compuestas, y a sea de piezas
hexagonales o circulares, permitió redu cir el pes o del elemento reflector y a ligerar su
estructura, dando la posi bilidad de continua r con un crecimiento, hasta el mom ento, sin
límites.
693
el Keck II, de 199 6, iguala pero no supera las dimensiones de su gemelo
694
página of icial del GMT : https://www.gmto.org/
695
página of icial del TMT : h ttps://www.tm t.org/
696
página of icial del ELT : https://www.eso.org/pub lic/teles-in str/elt/
697
página of icial del OWL : http://www.eso.org/sci/facilities/eelt/o wl/index.html
[Document text truncated for crawler view.]