scieee Open visual document viewer

El observatorio astronómico: un diálogo entre ciencia y arquitectura

Castro Tirado, Miguel Ángel

Abstract

Esta investigación estudia se remonta hasta los primeros antecedentes de los observatorios astronómicos para seguir su evolución histórica y desarrollar un marco teórico desde el punto de vista de la arquitectura que permita definir qué es un observatorio astronómico, cuáles son sus principales características y atributos o cómo trabajar con estos rasgos para diseñar un observatorio astronómico.

Full text

Tesis doctoral El observ atorio astr onómic o: un diálog o entre ci encia y arquitectu ra Miguel Áng el Castro Tirad o Dirigido por Javier B oned Purkiss Alberto J. Castro -Tirad o MAYO 2019 Pro gram a de Docto rado en I ngen iería Mecá nica y E ficiencia Energética Escuela de In genierías Industr iales Universidad de Málaga AUT OR: Miguel Ángel Castro T irado http://orcid.or g/0000-0002-0841-0026 EDIT A: Publicaciones y Divulgación Científica. Universidad de Málaga Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial- SinObraDerivada 4.0 Internacional: http://creativecommons.or g/licenses/by-nc-nd/4.0/legalcode Cualquier parte de esta obra se puede reproducir sin autorización pero con el reconocimiento y atribución de los autores. No se puede hacer uso comercial de la obra y no se puede alterar , transformar o hacer obras derivadas. Esta T esis Doctoral está depositada en el Repositorio Institucional de la Universidad de Málaga (RIUMA): riuma.uma.es Prefacio Cuando ini ciaba mis estudios como arquitecto y discutía con mi hermano astrónomo sobre la poca atención que, a mi juicio, se prestaba al di seño de los observatorios astronómicos, jamás imaginé que dedicaría el tiempo que he invertido en profundizar en la m ateria. Hoy, tr ece años m ás tarde y tras hab er dedicado los últimos a la investigación del tema, puedo afir mar que m i posición de entonces era bastante ingenua y superficial. La realidad de los observatorios es mucho más c ompleja, llena d e matices y variables que interfieren sobre los aspec tos relativos a su constitución. Conoc er el proceso evolutivo del observatorio astronómico a lo largo de la historia me ha permitido comprender las dificultades que subyacen durante su proceso de pro yección y advertir qué tensiones se producen respec to de su encaje programático. Al sumergirme en bas es de datos y catálogos para encontrar bibli ografía e información al respecto de este tema, tom e cons ciencia de la es casa atención que s e le ha pre stado a los observatorios, especialmente en lo relativo a la arquitectura, a la construcción o a un a percepción próx ima al edificio en sí. De algún mod o, este trabajo también pretende aportar todo lo posible para que aquellos que estén interesados en los observatorios astronómicos cu enten con una fuente fidedigna que of rezca una amplia visión de conjunto. Los sa crificios, las muchas horas de trabajo y el esfuerzo han servido para que esta tesis alcance una dimensión superior a la que inicialmente ima ginaba. May o 2019 Agradecimientos Para que este traba jo llegase a bu en pu erto, ha si do impresc indible l a partici pación de m ucha gente aunque solo sea mi nombre el que figure com o autor de la t esis. Sin la experiencia, la colabo ración y la cr ítica que me han brindado, e l res ultado sería, sin dud a, diferen te y , seguram ente, bastante m enos acertado en su enfoque. Especialm ente im portante resultó la influencia de mi hermano Alberto, que afortunadam ente m e arrastró a esta aventura que ahora llega a su fin. Quisiera comenz ar agra deciendo su contribución a qui enes ha ocupado carg os de asistencia y asesoramiento de la tesis. Particularm ente quisiera m ani festar m i aprecio y gratitud a m is codirectores : Ja vier, de arquitectura, y Alber to, de astronom ía. Sus comentarios y consejos han corregido mis er rores y me han ayudado di rigir esta investigació n hacia un camino productivo. También a mi tutora, Beatr iz, que siempre ha estado di sponible para asistirme con am abilidad en l o que fuera necesario. Y, por supuesto, al coordin ador del progra ma doctoral, Juan, que en repetidas o casiones m e at endió paci entem ent e para sol ventar m is dudas. Asim ismo quisiera reconocer al personal de los distintos observatorio s que cooperó facilitando información crucial para el desarrollo de es te estudio. Mención especial para Luis Alberto Rodr íguez y Antoni o Cabrera del Gran Telescopio Canarias, Crist ina Rodrí guez de Sierra Nevada, Santos Pedr az de Calar Alto y a Tat ya na Sokolov a del BT A -6. Gracias también a Mari Ángel es Arco de l a biblio teca del I AA y a Ronan Cunniffe por su rev isión de ar tículos. Por último, es ta tesis no habría sido posible, en ningún caso, sin el respa ldo y el soporte de m i familia más ce rcana, a quien q uiero devolver con est e agradecim iento una pequeña parte de l aliento que m e ha n brindad o en e ste larg o ca m ino. A mis padres, Antonio y Loli, por apoyarm e, por inculcarm e el valor de la educación y por enseñarm e, con su e jemplo, la im port ancia del trabajo, el esfuerz o y la con stancia. A mis her manos, Albe rto y Anton io, por respaldarm e, por escucha rme, por confia r en mí y por ofrecerm e s iem pr e una perspec tiva dife rente. A mi pr om etida, Noelia, por compar tir las charlas sobre observatorios y por leer cada línea para aportar una c rítica con structiva; pe ro, sobre todo, gracias por com prenderme, por ani marm e a seguir ade lante, por levan tarme cuan do caía, por sost enerme sin duda r y por s er m i nor te. Observato rio W.M. Keck (1993/1996) ……….………… ………………… …….. 342 Observato rios sola res ……………..…… ……. …… ..………..…… …….……….. 345 Gran Telescopi o Cana rias ( 2007) ………..……….…..…… ………………… ….. 348 Una arqui tectura som et ida a la astronom ía ……..……….… ……..….…….……. . 351 Capítulo 7. D egradación del observ atorio con temporán eo ...…….…….……….…… .. 361 Popularizac ión …………. ………………………… ……….……… …………….. 363 Supertecnific ación ……………….… ………….…….… ……….……… ….…….. 366 Astroturism o como oportunidad ………….……… ….………….…… ………….. 368 Una arqui tectura olvidada p or la astro nom ía ………….……….……. …… .…….. 369 Capítulo 8. Rupt ura con la tradició n …...…………..... .… .……………….…….… .….. 371 Einsteinturm (1924) ….………….………..… ….…………. …………………….. 373 Otros casos ….…………….………… …….………….………… ……………….. 379 Una arqui tectura pa ra cada observ atorio …….…… …………….… …………….. 387 Capítulo 9. Anál isis ev olutiv o ….….…………………… ………………… ………….. 389 Desarrollo his tórico-arquite ctónico …………….…………… …….…………….. 391 Retrospectiv a crono lógica …………….…… ………………… ………………… .. 405 Del observatorio profesion al al doméstico ………. …… ……….…………….…. . 411 Tipología de l observato rio astronóm ico …….……………….…… .………… ….. 414 Planta ………… ….…………… …..….…………….…… …….…….… .……….. 429 Sección ……………….… ……… .. ………. …… .…….…….… .…….…….…….. 436 Materializaci ón …….……………. ………..……….… …….………… ………….. 444 Elementos c aracterís ticos del ob servator io astronóm ico …….……….…… …….. 447 Variaciones en el prog rama de usos ….……………… ………………………….. 452 Pérdida de esp acio de l usuario ….……..…….………… ………….……….… ….. 456 De la integ ración urbana a la ocup ación de ento rnos no antropizado s .…..….…. .. 460 Una arqui tectura inci erta ….……………. …… . ……… .………….….….…… ….. 465 Conclusiones ...…….……..…… ………. …………….…… …….…………………….. 467 Trabajo futu ro ...…………..….…….…. ….……….…….… ………… ……………….. 479 Bibliografía ...…………..………….… ………….……… ………………………… ….. 481 Apéndices …………………. ………………… ………………… ………………… ….. 495 * “cuanto dista el Cielo de la Tierra, dista (la Astronomía) de la Arquitectura; y vendrá a ser poner en manos de Vitrubio un Astrolabio, q ue un pico o un azadón en las de Ptolo m eo” Juan Caram uel de Lo bkowitz, Architectura civil recta y obliqua * Boceto del Tele scop io Hale en Monte Pal omar del pro pio Russell W . Porter 19 Introducción Los obs ervatorios astronómi cos son el camino que la huma nidad produc e para d ar respuestas a los int errogantes que le surgen respecto al Universo. La curiosidad, el afán por comprender lo desco nocido con génito al ser humano, se remonta hasta los primeros pueblos cuando miraban al cielo y se preguntaba qué era el Sol, la Luna o las estrellas; o cómo y por qué s e desplazaban por el cielo. Esa búsqueda de explicaciones es lo que produce el n acimiento de la astronomía, de la ciencia. En est e sentido, el primer ejercicio de investigación es la mera obs ervación, la mirada atenta p ara obtener cierta información (tendencias, redundancias…) de l a q ue extraer conclusiones, sobre la que realizar deduc ciones y c omprobar mediante la experiencia. Ergo resulta a xiomático qu e la observación precede al observatorio. La definición que el Diccionario de la L engua Española , de la Real Academia Española, otor ga a obse rvatorio consta de dos acepciones complementarias: “lugar o posición que sirve para ha cer observ aciones” y “conjunt o del personal que, en instalaciones adecuadas y c on los instrumentos apropiados, se dedic a a observaciones, principalmente astronómicas o meteorológicas”. En definitiva, los observatorios astronómicos son los edificios en los que se desarr oll a la astronom ía, siendo ésta una ciencia que requiere d e unas determinadas c ondiciones para que los precisos y susceptibles instrumentos en los que basa sus observaciones y análisis produzcan resultados de calidad, impre scindibles para el avance de la investigación. Si n embargo, en la actu alidad, las h erramientas de las qu e se vale la astronomía para su investi gac ión, habitualmente tele scopios reflectore s, han crecido tanto en su incesante búsqu eda d e una mejor capacidad ópti ca que han al canzado una escala de proporciones arquitectónicas. Su tamaño pued e llegar y sobrepasar con creces la altura de un edificio medio, lo que inevitablemente condiciona la construcción que lo acoge. Como ejemplo, se espera que el inminente Giant Magellan Telescope sup ere los sesenta y cinco metros de alto, de los cuales casi cincuenta los ocupará el reflector. Nótese que incluso se utiliza el término telescopio para denomi nar al conjunto total del edificio en que se monta. Por otro lado, las mismas necesidades de lo s instrumentos astronómicos , en ocasiones, entran en conflicto con el resto de actividades que tienen lugar en el 20 observatorio, y a que los g r andes reflectores son tan se nsibles que las más remotas vibraciones, mínimas emisiones de calor o pequeñas turbulencias de aire pueden llegar a distorsionar o perjudicar los resultados de la observación. En este sentido, tanto el constante crecimiento de los instrumentos de observación como las incompatibilidades de los diferentes usos que participan de estos c entros astronómicos c onstituyen los principales retos a resolver durante el d iseño de los observatorios a ctuales. S i bien el tamaño de los t elescopios suele ser un problema más habitual en inst ituciones profesionales, la coexist encia funcional at añe en ma y or medida a otros complejos, divulgativos o de carácter do cente, po r su ma yor hete rogeneidad en el programa de usos. En las últim as décadas, acorde a la trascendencia del inst rumento en cuanto a su producción científica, tiende a destinarse la ma y or pa rte del presu puesto a l a financiac ión de los reflectores, quedando la construcción en la que éste se instala en un segundo plano. Esto es un hecho incongruente, dado que una mala resolución del edificio puede limitar o mermar si gnifica tivamen te la capacidad del instrumento, con el consecue ntemente grave desaprovechamiento de recursos. Por otro lado, el observatorio, además de albergar un tel escopio, d ebe cont ener los espacios destinados a los laboratorios, salas de trabajo y d emás dependencias en los que los astrónomos y tecnólog os llevan a cabo su investigación. Tal vez por su escasa frecuencia o quiz á por su excesivo condicionamiento en base a los instrumentos astr onómicos, los observatorios han carecido de un excesivo reconoc imiento por parte de la Arquitectura, como sí lo han tenido los edifi cios palaciegos, los reli giosos o los, más habituales, residenciales. Esta falta de atención se ha incrementado si gnificativamente durante el último siglo. L os grandes observatorios han devenido en cobertiz os tecnológicos que alojan grandes telescopios e n los que los espacios destinados al trabajo de los astrónomos y al resto de funciones ocupan un lu gar casi residual. Esta t endencia tod avía es más p ronunciada en algunos observatorios pequeños y medianos. Poner el foco sobre el desarr ollo del obse rvatorio h istórico que terminó desembocando en los cen tros tecnológicos que dan cabida a la astronomía en el presente puede permitir una ma yor comprensión del funcionamiento intrínseco o la estructura interna de los observatorios astronómicos, de forma que se a posib le establecer los 21 aspectos fundamentales de su naturaleza para revisar la futura producc ión de estos complejos edificios dedicados a la a stronomía. Esta tesis profundizará cientos de años en los orígenes del observatorio para llevar a cabo una lectura secue ncial de los procesos y cambios vinculados a su evolución arquitectónica desde una intuit iva formación prehistórica hasta uno de los complejos científico-tec nológicos más avanzados y espe cializados de esta era. C on ello, se pretende llenar un vacío teórico y , sim ultáneamente, generar un sust ento crítico a partir del que desarrollar un co nocimiento de base que s irva para afrontar el dise ño de futuros proy ectos de observatorios astronómicos. 22 Estado de la cuestión La aproximación más frecue nte de tr abajos científicos sobre los observatorios astronómicos o sus antece sores tiene un enfoque principalmente hist órico, que comúnmente se ajusta al contex to social y cultural en el que el centro aparece. Esto no quiere decir que, ne cesariamente, no hay a descripciones , fotog r afías, ilustraciones u otros testim onios que profundicen, en m a y or o m enor medida, en la definición espacial y material d e estas construcciones. No obstante, el material biblio gráfic o más habitual atiende especialmente a los impulsores políticos, b enefactores económicos y dive rsos científicos que hicieron posible el erguimiento de una determinada inst itución astronómica, y , si aca so, abarca l a actividad investig ado ra allí lleva da a cabo o su desarrollo a lo lar go de l t iempo. Existe cierta documentación que ha ce re ferencia a e studios arque oastronómi cos, estructuras prehistóricas y otras constru cciones re lacionadas con los fenóm enos celestes o la astronomía. Entre estos registros se pueden destacar las actas de Convenciones de la UNESCO sobre astronom ía y arqueoa stronomía, o los trabajos de A. Aveni y R. Hannah a l respecto. Son más ha bituales las investigaciones publicadas en re la ción a un deter minado periodo histórico o acotadas a un entorno geográfico, así como los que desarr ollan su indagación de m anera gené rica. En el primer grupo, se sitúan los trab ajos sobre el observatorio islámico-medieval de A. Sayili o la obra sobre observatorios británicos de R. Morton-Gledhill. Por otro lado, en el segundo grupo se encontra rían el compendio de observatorios de ICOMOS- IAU o los li bros de J. B. Delambre , de M. C. Donnelly o de P. Müller. Sin embarg o , lo más habitual son los estudios individualizados que se centran en un determinado obse rvatorio astronómico. Al gunos de los más interesantes son los documentos desarr ollados por alguno de los propios responsables de la fundación de dichos complejos científicos, como la public ación de H. Ussher sobre el Observatorio de Dunsink o la de C. G arnier en relación al Observatorio de Niz a. Luego exist en otros producidos por autores contemporáneos al edificio aunque ajenos al proyecto, como los artículos de E. B. Frost respecto del Observatorio Yerkes o el de F. Leonard acerca del 23 Observatorio Griffith. Por último, los más usuales son los que analizan un determinado centro astronómico con la pe rspectiva que da el paso del tiempo. De la ex igua docum entación relativa a trabajos teóricos que vinculan astronomí a y la arquitectura a través d el observatorio, destacan las propuestas de T y cho Bra he, en su obra Astronomiae Instauratae M echanica , y de Juan Caramuel, en su li bro Ar ch itectura civil recta y obliqua . La relación entre a rquitectura y astronomía es un campo apenas ex plorado por lo que la bibliografía existente al respecto es escasa. En este sentido, los principales documentos de consulta han sido los trabajo s de T. Markkane n, que analiza la incidencia de los cambios de instrumentos astronómicos sobre el d iseño de los observatorios; de A. M. Kwan, que se centra en l a correspondencia de los inst rumentos con el espacio en el que s e ubican entre los siglos XVI y XV III; y de A. A. W aumans, que estudia los observa torios astronómicos partiendo de su tipología arquitectónica. La presente tesis pretende construir conocimiento a p art ir de los trabajos e xistentes an teriormente referidos, para desarrollar una visión panorámica que recoja toda la evolución histórica del observatorio astronómico en relación a su plasmación como obra arquitectónica . 24 Motivación y objetivos El trabajo aquí desarr ollado aspira a poner en valor la arquite ctura de los observatorios astronómi cos, que en las últ imas década s ha qu edado relegada a un segundo plano en detrimento de soluciones casi estrictamente t écnicas para la instalación y el resguardo de los telescopios. Para el lo, pretende estudiar los precedentes que terminaron por dar lugar a los observatorios y e l desarrollo qu e los ll evó desde sus inicios hasta su configuración actual a fin de ge nerar un marco teórico que posibilite próximas investi gac iones y facilite el desempeño proy ectual de los respon sables de los observatorios venideros. Esta int ención se materializará dando una respuesta desarrollada, en base a argumentos, a los sig uien tes objetivos fundamentales: 1. Identifica r qué es un observatorio astronómico. 2. Sintetizar el orige n y la evolución histórica del ob servatorio astronómico. 3. Establecer una clasificación de l observa torio astronómico que fac ilite su comparación y contraste con otros casos semejantes. 4. Proponer unos criterios elementales a partir de las que ini ciar un proceso de diseño arquitectónico y proy ectual de un nuevo observatorio astronómico. Orígenes: de la mirada a l cielo a los p roto-observatorios 31 La mirada al ciel o Como es sabido, la astronomía es una de las discipl inas científicas más antiguas de la humanidad. Desde que el p rimer hombre el evó la cabeza hacia el cielo y contempló los astros con sus propio s ojos, se estableció un a r elación de fascinación y devoción qu e se vería reflejada de una u otra forma en diferent es culturas que su rgirían a lo lar go y ancho del planeta. Pese a la carencia de herramientas d e precisión o de un entendimiento bási co de las leye s físicas que rigen el funcionamiento del universo, y a la s primer as civilizaciones contaban con ciertas nociones de los prin cipales hechos astronómicos. Todo ello basado, siempre , en la m era observac ión 1 . Los primeros pueblos que estudiaron el cielo fueron los mesopotámicos, los eg ipcios y los chinos, que catalo garon estrellas, las clasifica ron en constelaciones e incluso percibieron la pr edictibilidad de los eclipses solares. En todo caso , no es posible determinar la fecha en la que comienza la astronomía, aunque probablemente sus raíces se extienden hasta los o ríg enes de la humanidad. Lo que sí parece claro es que más allá de un sentido espiritual o pseudoreli gioso, los inicios de esta ciencia apuntan hacia un a instrumentalización del firmamento como sistema de medida de periodos de tiempo y como medio de orientación 2 Aun así, la astronomía c omo estudio del cielo se just ifica desde dos vertientes que, siendo ahora absolutamente independientes, presentaban entonce s, en determinada s zonas, una fuerte asociac ión: la religión y la agricultura. En la anti gua Mesopota mia, entre los ríos Ti gris y Éu frates, el cultivo de la tierra tenía un sentido relig ioso, puesto que ésta perte necía a los dioses, quedand o en custodia de sus sacerdotes su buen aprovechamiento. L os mesopotámicos percibieron la periodicidad de los fenómenos astronómicos, tra bajando en su predicción. Dado qu e las épocas de siembra y cosecha debían p roducirse en una tempo rada concre ta, los sacerdotes eran r esponsables de fijar estos plazos para lo que se elaborarían calendarios 1 Rappen glück (2010): “Early Prehistory”, p.13 2 ibidem Orígenes: de la mirada a l cielo a lo s proto -observatorios 32 basados en el ciclo lunar de veintinueve días y medio. S e han encontrado diferentes calendarios correspondientes a sus re spectivos periodos y ori ginarios de las diversas ciudades que componían la civilización (Ba bilonia, Nippur, Ur…). Además, gracias al des arrollo de la escritura cune iforme, ex iste un leg ado cultural recogido en tablillas de arcilla, resultando de espe cial interés para este estudio el Enuma Anu Enlil (siendo Anu el dios del cielo y Enlil el de la agricultura). En est as tablillas se recopilan obs ervaciones sobre la Luna, el S ol, su s eclipses, y otros plan etas y estrellas. Dicho esto, el primer eclipse solar reg istrado es de los babilonios en el año 763 a.C. Por su parte, pese a que el desarrollo de la astronomía no es tan representativo en la cultura egipcia, ésta es la responsable del primer calendario solar compuesto por 365 días. Periodo determinado por la ap arición de l a estrella Sirio al este en el horizonte antes de la salida del Sol, marcando así el ini cio del año, que precedía l a crecida del Nilo en torno al que giraba la vida y la economía en Egipto. La civilización griega aporta múltiples estudiosos del cielo, como Anax imandro, Anaxágoras, Filolao, Eudoxio, Hiparco, Ptolomeo, Metón o Hipatia. La si ngularidad de la visión que este pueblo tenía de la astronomía radica en que, en lugar de limitarse a observar y recopilar información, comienzan a teorizar a partir de estas observaciones dando lu gar a teorías, basadas en el pens amiento ra cional, que pudiesen ex plicar el funcionamiento del universo, como el ge ocentrismo , o la causa de los eclips es. Se puede d ecir que con los grie gos, la astronomía llega a convertirse en un a ciencia que se desarrolló a lo larg o de 800 años. De la herencia astronómica grie ga destaca el Almagesto (s iglo II) de P tolomeo, que es considerado el libro de ciencia más im portante del periodo cl ásico. Doc umento que se b asaba en el anterio r trabajo de Hi parco, dond e se recoge el sistema geocéntrico, los estudios del Sol y d e la Luna, los eclipses, o un catálogo de estrellas. Se c onservó gracias a su rec ogida por parte de los estudioso s islámicos y no se traduciría del árabe al latín hasta el sig lo XII , extendiendo su influencia hasta el XVI . Aunque las raíces de la a stronomía india ascienden al siglo XX a.C. las referencias que nos llegan a través d e los Vedas denotan un c arác ter eminentemente as trológico, por lo que su progreso cientí fico no lleg a rá hasta entrar e n conta cto con las culturas occidentales a p artir del siglo V I d.C. Pese a que en el si glo XV III ll egarán a construir Orígenes: de la mirada a l cielo a los p roto-observatorios 33 observatorios de gran interés con instrumental de gran escala e important e precisión, no aportarán ava nces si gnificativos a esta cienc ia. Para el pueblo islámico la astronomía tiene un im portante valor, puest o que el Corán hace numerosas al usiones al Sol, la Luna o las estrellas, influenciando esto en su vida cotidiana a través de costumbres religiosas como las horas del rezo, la orientación del mismo o el inicio del ramadán. Será esta cultura la que retome la sistematización de l as observaciones qu e habían desarrolla do los gri egos, llegando a producir catálogos de estrellas de ma yor e xtensión y precisión. E incluso serán los primeros en concebir el observatorio astronómico como una institución colectiva. Aunque sus observac iones eran metódicas y certeras, la astronomía isl ámica tenía un carácter meramente empírico hasta que absorbe y asimila los conocimientos mesopotámicos, griegos e indi os de esta ciencia, marcados por el uso de las matemáticas y la geometría. Esta contaminación resultará esencial dado que será la cultura á rabe la que aglut ine y conserve estos conocimientos durante los años de oscurantismo medieval en Europa . El minucioso estudio de l cielo y l a rec opilación de datos por parte de la cultura china hizo posible que identificasen un i mportante catálogo de estrellas, y constelaciones, adquiriendo un conocimiento suficiente del movimiento de la Luna y el Sol como para predecir sus eclipses, o como p ara intuir la reflexión de luz solar en el satélite. También consi guieron diferenciar entr e planetas y estrellas, e id earo n diferentes instrumentos astronómicos como la esfera armilar o el globo celeste. De cu alquier modo, pes e a su importante d esarrollo y a recibir el infl ujo de la astronomía india o la islámica, tal vez por su hermetismo o por dificultades en la comunicación, las aportaciones de los pueblos del extremo oriente a esta ciencia son escasa s. Sin ninguna interferencia de otra civiliz ación, alguna s culturas nativas d e América también observaron y estudiaron el cielo, en especial el pueblo Ma y a. Ta nto el ti empo como los astros formaban parte de sus creencias religiosas, por lo que les concedían un gran interés. D e ahí que conociesen la p eriodicidad de los eclipses o los ciclos sinódicos Orígenes: de la mirada a l cielo a lo s proto -observatorios 34 de la Luna, Venus, Marte o Mercurio. I ncluso co ntaban con un calendario más preciso que el del Viejo Continente cuando llegaron los conquistadores europeos. En definitiva, queda constancia de que la atracción por los astros y el estudio del cielo no es un hecho aislado o puntual sino que se trata de un rasgo comú n y unifica dor entre mu y diversos pu eblos y civilizaciones repartidos por todo el mundo. Incluso entr e aquellos que permanec ieron ajenos a cualquier posible contaminación ideológica. Proto -observatorio s Más allá de las numerosas representaciones artísti cas del Sol, la L una y las estrellas que se han podido encontrar, unas vec es más rea listas y otras más alegóricas o figuradas, o de los testimonios escritos que han perdura do en el tiempo, queda constancia de esta predilección astronómica a través de la incidencia de a lgunos fenómenos ce lestes en la disposición de determina das construcc iones o conjuntos arqueológicos. Figura 1.1 – Disco de Nebra. En todo caso, aunque ciertos vestigios de antiguas civilizaciones evidencien un impacto concreto de la astronomí a en su cultura a través de su arquitec tura o urbanismo, serán los proto-observatorios, entendidos como lugares concebidos ex profeso para ser destinados, de algún modo, al estudio de los cielos, los que se destaquen como puntos de interés para conocer el modo en que dichos pue blos se acercaban al estudio de esta ciencia. Orígenes: de la mirada a l cielo a los p roto-observatorios 35 Estos espacios serán donde los observatorios astronómicos contemporáneos ten gan sus antecedentes y ra íces más profundas. La primera experienc ia científica con dejes de a stronomía se remonta ha sta la prehistoria, periodo durante el qu e nuestros antepasados r ecurrirían al estu dio del Sol, la Luna o las estr ellas para el cálculo d e p eriodos de tiempo mediante mét odos como la identificación de puntos de referencia o la creación de hitos como el ementos de acotac ión 3 . Como es de esperar, n o ha y c onstancia fidedigna de demasiadas re ferencias ge ográficas que sirviese n a e ste propó sito. Sin embargo, sí que s e han encontrado vestigios de elementos de orientación u observación solar, generalmente relacionados con la salida y puest a de sol durante los sols ticios de invierno y verano por su ma yor facilidad de identificación con precisión. La s funciones astronómicas de estas estructuras e ran bastante limitadas. Incluso, es posible que la actividad científica pueda acotarse a la determinación de las posiciones y orientación de los elementos de l conjunto. S e requiere de un estudio de l cielo con observac iones sistemáticas intencionadas y comparadas en relación a es tos puntos de referenc ia que permitan establecer un patrón a partir del cual erguir estas construcciones. Una vez „c alibrado‟ el dispositivo, el hecho de usarlo no es más científico que e l mirar las ag ujas de un reloj 4 . Figura 1.2 – Círculo d e Goseck. Vista aérea . 3 Sayili (1960): The Observatory in Islam and its place in the general history of astrono my , p.345 4 ibidem , p.347 -349 Orígenes: de la mirada a l cielo a lo s proto -observatorios 36 Aunque son indudables los principios astronómicos que sub ya cen en la constitución de estos conjuntos, no hay evidencias que p ermitan sostener que en estos luga res se desarrolla se investigació n o trabajo cie ntífico alguno. El conjunto más antiguo del que se tiene constancia hasta el momento es el Círculo de Goseck. Consi ste en una estructura neolítica situada en Alemania que data d e h ace unos 7000 años 5 . Es un proto -observatorio solar d e planta anular, con un r adio interior de 48 metros y uno exterior de 82. Está compuesto por cuatro a nillos concéntricos, siendo desde fuera hacia dentro, el primero un montículo, el segundo un foso y por último dos e mpalizadas. Estas coronas presen ta n tres discontinuidades alinea das de forma radial y enfocadas respectivamente hacia el norte, el sureste y el suroeste. Estos huecos se orientan hac ia la salida y puesta de Sol en el solsticio de invierno. Figura 1.3 – Círculo d e Goseck. P lanta. De un periodo cronológico similar es el conjunt o megalítico de Nabta Pla y a , en Egipto, al sur del Cairo 6 . Presenta una composición circular de casi una treintena de piedras perimetrales marcando puertas con pares de ma y or tamaño y conteniendo algunas agrupaciones interiores. 5 Scherrer (2018): Ancient Observator ies - Timeless Knowledge , p.6 6 ibidem , p.8 Orígenes: de la mirada a l cielo a los p roto-observatorios 37 Pese a qu e este lugar pudiese acoger al gunos usos religiosos asociados a las culturas nómadas de ese contexto, se le reconoce un ca rácter arqueo -astronómico. A través del estudio del firmamento, el círculo adquiriría fun ciones de calendario marcando dos de sus puertas: una alineac ión con el solsticio de verano y de punto de orientación en el desierto señalando la s otras dos la dirección norte-sur. Algo posterior, alrededor del 3000 a.C. puede situarse Carahunge (también conocido como Zorats K arer) . Localizado en Ar menia se en cuentra esta composición de más de cien piedras dispuestas como menhires de entre uno y tr es metros de altura con planta en forma de a nillo ovalado 7 . La prin cipal singularidad de esta formación es que parte de las rocas que lo componen pr esentan una perforación de entre 5 y 20 cm de diámetro que las atraviesa y que, según se ha establecido, apuntan h acia eventos significativos como h acia el Sol al amanecer y a tardecer en el solsti cio de invierno. Figura 1.4 – T em plo d e Mnaj dra. Vista aérea. Entre el 3600 y el 2500 a.C. es erig ido el templo megalítico de Mnajdra, localizado en la costa sur de Malta 8 . Los vestigios que han p erdurado hasta nuestros días consisten en tres templos construidos en roca caliza, que pese a no est ar con ectados se agrupan en torno a una plaza entre los restos de un c omplejo may or aunque escasamente conserva do. 7 Simonia; Jijelava (201 5): “Astronmy in the An cient Caucasus”, pp.1148 -1149 8 Scherrer (2018): Ancient Ob servatories - Timeless Knowledge , p.1 0 Orígenes: de la mirada a l cielo a lo s proto -observatorios 38 Figura 1.5 – T em plo d e Mnajdra. P lanta. Más allá del hallazgo de indicios que apuntan hacia un carácter religioso de las construcciones, ha y argumentos que sustentan el consenso que identifica e l templo más meridional como un proto-observatorio dedi cado al estudio del cielo y al tiempo. En concre to, su orienta ción y confi guración provo can que el amanecer de los solsticios de verano e invi erno atraviese la puerta principal e il umine los megalitos situados respec tivamente a izquierda y derecha de la pue rta. Asimismo, en los equinoccios de primavera y otoño, durante el alba, el Sol entra por la misma puerta c ruzando la nave principal ortogonalmente hasta el altar . Figura 1.6 – Sto nehenge. Orígenes: de la mirada a l cielo a los p roto-observatorios 39 El afamado Stonehenge se encuentra en I n glaterra, al oeste de L ond res, y su construcción se exti ende desde el 3100 hasta el 1600 a.C 9 . Aunque todavía queda en pie una im portante estructura megalítica, un a parte considerable d e la compo sición inicial se ha perdido. Sin embargo, los re stos son suf icientes para que los estudios hay an podido definir cómo era su config uración original. Presenta una pl anta cir cular de unos 30 metros de diámetro conformada por construcciones concéntricas. El perímetro exterior lo delimitaban una serie de bloques verticales que sostenían dinteles formando un anillo cerra do. Concéntricamente existía una circunfere ncia de m onolitos de menor tamaño que rodeaban cinco pares de grandes bloques pétreos a dintelados formando puertas. El interior queda ba ocupado por un conjunto de menhires. Figura 1.7 – Stonehenge. Planta. La s alineaciones que se producen en Stonehenge a través de sus puertas durante la salida y puesta d el Sol durante los s olsticios de v erano e invie rno resultan, obviamente, intencionadas. Esto evidencia cierto grado de co nocimientos astronómico s por parte d e sus constructores y denot a su función como punto de observación y calendario más allá de otros usos rituales o religiosos asociados a estos hechos. 9 Chadburn (2010 ): “Stonehenge World Heritage Site, United Kingdom”, p. 36 Orígenes: de la mirada a l cielo a lo s proto -observatorios 40 Los c asos anteriormente expuestos aluden a civilizaciones primitivas con un bajo grado de tecnificación e incluso, frecuentemente, con hábitos nómadas. Estas circunstanc ias propician una relativamente sencilla identificación de sus construcciones. Además, la es cala y m aterialidad de estas estructuras, favorece la p erdurabilidad de las mismas hasta el presente, permitiendo su e studio esclarecer sus funciones e identificarlas, si es e l caso, como proto -observatorios. No obstante, la evolución hacia culturas más compl ejas dificulta esta tarea. Esto es así dado que las civili zaciones más avanzadas tienden a cre ar asentamientos con múltiples edificaciones en los que, resulta innecesario alca nzar el grado de especialización p reciso p ara la función de observ ación como tal. Dado qu e no s e había desarrolla do un instrumental científico que requiriese unas condiciones exigentes, este reconoc imiento del cielo podía llevarse a ca bo a sim ple vista en casi cualquie r construcción o en las inmediaciones de éstas a ciel o abierto. Incluso los grande s obe liscos o postes vertica les fijados perpendicularmente al suelo fue ron utilizados como gnomons, para determinar las partes del día o las estaciones del año en E gipto, Mesopotamia, China, Grecia o Rom a. Los ú ltimos hasta llegaron a situar una e sfera sobre estos para mejorar su precisión. En el caso de la astronomía mesopotámica, aun teniendo certeza de su importante desarrollo y pese al importante legado escrito que ha perdurado hasta la actualidad, ha y poco conocimiento sobre los instrumentos que usaban para el estud io del cielo, quedando tan sólo unos pocos ejemplares en museos. Resulta im posible esclarecer, hasta hoy, dónde se localiz aban los puntos de observac ión de esta civil ización, si bien es probable qu e estos se encontrasen incorporados como espa cios adecuados para dicho objetivo en otros edificios. Incluso que determinadas estanc ias o z onas, como las terrazas de los zi gurats, se uti lizasen de forma puntual para e sta f inalidad. Precisamente, s egún rec oge n algunos escritores de la antigüedad como Herodoto, Plinio o Diodoro, la Tor re de B abel fue usada para la observ ación as tronómica de Capítulo 2 El observatorio islá m ico -medieval El observatorio islámico-medieval 49 Tras la división el I mperio Romano (año 395) y, en especial, tras la caída del Imperio Romano de Occidente (año 476), coincidiendo con el inicio de la Edad Media, comienza una época de o scuridad cultural en el m undo occidental a la que no escaparía la astronomía. Dur ante e ste periodo, la cultura islámica jugará un papel e sencial en la historia de esta ciencia, ya que pr eservará el vasto conocimiento grie go en a stronomía, e incorporará sus propi as averiguaciones. Todo esto sería recuperado para occidente por la Escuela de Traductores de Toledo, bajo el rein ado de Alfonso X 16 , durante el si glo XIII. Esto será evidente en el observatorio, la pr opia institución isl ámica que tan sólo será posible como consecuencia lógica del desarroll o de la herencia griega en esta suerte de prosperidad científica. En este caso, el observatorio forma parte d e un conjunto de im portantes instituciones asociadas al conocimiento y el a prendizaje que la tradición is lámica medieval ha legado a la sociedad moderna. La universidad, la bibl ioteca pública y el hospital son otras entidades perteneciente s a este grupo cu y o papel en la transmisión de la cultura y de l conocimiento científico resultó notable. En lo referente a los observatorios, estos impli caban la investi ga ción y el desarrollo de teorías científica s a través de la observación metódica y rec urrente. Con e sto, l a astronomía islámica tomará consciencia de la escala temporal de los astros. Aunque algunos da tos se consiguen con observaciones puntuales o de plazos relativamente cortos, la mayor parte de los estudios requieren de un largo periodo de observación. Esta manera d e entender la astronomía supondrá un importante salto cualitativo que propiciará qu e sean los primeros en concebir estas construcciones como instituciones de colaboración. El observatorio islámico constituy e un espacio dedica do específicamente para el estudio colectivo y prolongado en el ti empo de los fenómenos celestes y el intercambio de conocimiento científico. Esto propiciará que el observatorio isl ámico sea el precursor del observatorio moderno. 16 Gargatagli (1999):“La escuela d e traductores d e Toledo”, p.9 El observatorio islámico-medieval 50 Parece evidente que la evolución del observatorio está ligada al mundo islámico. Incluso se pued e decir que la entidad, como tal, aparec e por primera ve z en dicha civilización. Esto no es así por una cuestión aleatoria, sino qu e los ras gos de la cultura islámica como sociedad enlazan con el observatorio como institución científica. No obstante, a unque e sta temporalidad se implementa e n el observatorio i slámico, su permanencia prolongada en el tiempo sería relativa, dado que, en general, contarían con una vida reducida 17 . Dos singularidades que a la postre resultarían determinantes para la relevancia del observatorio islámico como institución será n el tamaño de los instrumentos y el mecena z go de la misma. El hecho de que los útiles de observación y estudio alcanzasen una dimensión tal que i mpidiese su portabilidad conllevó un asentamiento necesario. Por otro lado, el soporte económico r eal o estatal, auspic ia una dotación d e personal qu e trasciende al científico indivi dual 18 . Pese a que , con anterioridad se han presentado diversos lugares, estructuras o puestos de obs ervación, e incluso se haya a ludido a la posibilidad de antecedentes grieg os (los pro gramas d e observación de Hiparco y Ptolomeo), no ha y evidencias que permitan identificar como observatorio ninguna institución anterior a las islámicas. Como recoge Sa y il i: “Parece ser que la cr eación del observatorio no fue el resultado de una evolución ininterrumpi da come nzando con los griegos y conti nuando en el I slam. El I slam tenía, en apariencia, las características de un ambiente más adecuado para la aparición del observatorio como institución. El sentimiento de dependencia de la soci edad islámica sobre la a stronomía y su tendencia a tener observac iones he chas en presenc ia de varios testi gos confiables fueron, en gran medida, probablemente fundamentales en este aspecto. El prestigio d e la astrología y la tradición de construir nuevas tablas astronómicas con b astante frecuencia t ambién deben haber constituido importantes factore s relevantes a este respecto” 19 . La s primeras referencias a un observatorio islámico apuntan hacia el observatorio de Damasco durante el p eriodo ome y a (661 -750) 20 . Sin embargo, Sa yili, una autoridad 17 Sayili (1960): The Observatory in Islam and its place in the general histo ry of astronomy , p.4 18 ibídem , pp.353 -354 19 ibídem , p. 355 20 Dreyer (1953): A History of Astronomy, from Thales to Kepler , pp.245 -246 El observatorio islámico-medieval 51 en la materia, descarta e sta posibilidad cuestionando el grado de desarrollo científico islámico en dicho periodo. Además, atribu ye dich o error a una confusión de traducción o interpretación. La r ealidad serí a que el califa ab así Al Mamûn fundo un observatorio en Damasc o, capital omeya, en el siglo IX 21 . Aunque con anterioridad se estableciesen diversos puestos de observación, más o menos temporales, result a complicado hablar d e observatorios como institución antes de Al Mamûn 22 . S ayili, se basa en una amplia bibliografía isl ámica para concluir que, pese a las referencias fragmentadas, imprecisas y carentes de detalles, la multitud de alusiones incita a aceptar que Al Mamûn ini cia la tradición de fundar obse rvatorios. L as numerosas observaciones reco gidas por diferentes autores pe rmiten reconocer centros establecidos en Shamma si ya , Badgad y en el Monte Qasi y un, Damasco 23 . El hecho de que no ha ya descripciones o evidencias gráficas de los observatorios podría suponer la inexistencia de un espacio cons truido par a albergar dicho uso. En todo caso, aunque dicha c arencia pudiese re sultar de finitiva para su d escalificación como observatorio moderno (como se verá en posteriores capítulos), no es ne cesariamente determinante para su predecesor: el observatorio i slámico. Por el contrario, los testimonios que recogen el personal asignado a dichos centros, la calidad de los instrumentos ex istentes en ellos y las observaciones allí desempeñadas, evidencian una diferencia sustancial con sus pre cursores. Existe por l o tanto un punto de inflexión a partir de Al Mamûn en lo que a los observatorios como institución especializada se refiere. Aunque aquí se admite la relevancia de Al Mamûn en la evolución de los observatorios, se tra ta de una concesión más vinculada al car ácter y sentido de la institución que a un argumento arquitectónico d ado que estos obse rvatorios, así como los que le seguirían, s e establecerían ma yoritariamente en loc alizaciones abiertas y no construidas. Precisamente, el hecho d e carecer de un le gado m aterial que permita catalogar estos observatorios más allá de los testimonios de diversos autores, ha ce e xtremadamente 21 Sayili (1960): The Observatory in Islam and its place in the g eneral history of astronomy , p. 50 22 Mujani et al. (2012): “Observatories in Islamic history”, p.13 70 23 Sayili (1960): The Observatory in Islam and its place in the general history of astronomy , pp. 51 - 57 El observatorio islámico-medieval 52 difícil discernir entre los observatorios de este periodo y los puestos de observa ción puntuales establecidos pa ra un estudio efímero. Su s principales diferencias radicaban en la c antidad de persona l dedicado a ellos, la calidad de equipo de obse rvación o la duración de la vida de estos centros. Es decir, en este momento inicial los observatorios no eran una i nstitución claramente definida y resulta verdaderamente complicado señalar q ué puntos de observac ión t rascendían la barrera entre el puesto de trabajo temporal más avanzado y el embrionario centro científico. No obstante, se le debe asignar a Al Mamûn que estos centros a stronómicos contasen con p rogramas de trabajo, un equipo científico compuesto por diversos astrónomos y el mecenazgo de dichos centros; siendo estas reformas sust anciales novedosas para un puesto de obse rvación, sin que ha y a nada semejante en periodo anterior a lguno 24 . Entonces, es a partir de este punto en el que el observatorio islámico empieza a desarrollarse como una institución astronómica e specializada vinculada a un equipo científico y una loc alización concreta. Comienz a a estructurarse con una administración propia en torno a un programa de trabajo y su s instrumentos se van haciendo más precisos, más grandes y más pesados. Todas estas circ unstanci as suponen un cambio en el p aradigma d el observatorio islámico que, en un proceso vacilante a lo largo varios siglos, trasciende desde un semiimprovisado puesto de observación hasta el centro científico de referencia de su tiempo. El observatorio de Maragha (1 259) La construcción del o bservatorio de Ma ragha (también escrito M araghe o Maraghe h), al noro este de Irá n, se en marc a en el periodo que r epresenta el culmen de la evolución del observatorio islámico, que recae en el siglo X III . Esta época coincide con la fase de ma yor relación con I ndia y China, sin embargo, dado que no h ay evidencias que lo sustenten, no es posible descartar ni mantener que este progreso se deba a la 24 Sayili (1960): The Observatory in Islam and its pl ace in the general histo ry of astronomy , p.25 El observatorio islámico-medieval 53 influencia asiática. De i gual modo, durante est a época el trasvase cultural entre Europa y el mundo islámico es reducido por lo que tampoco se pued e sostener una ascendencia directa e inmediat a sobre el posterior observat orio moder no 25 . De c ualquier for ma, aunque no se pueda establecer ninguna relación de causalidad explícita, sí que es posible leer algunos tra zos de los observatorios de este periodo en los postreros. Aunque algunos importantes observa torios islámicos se construy esen con posterioridad al d e Mara gha (como el de Ulu gh Beg en Sam arcanda), no aportan nin gún avance r elevante con respecto a éste. Al contrario, los principales progresos y rasgos que prese nta esta instituc ión en el mundo islámico aparecen con dicha edificac ión. El de Mara gha e s el observatorio más importante de este periodo, puesto que, introduce todos los rasgos de la institución isl ámica en una construcción que s e convertirá en el paradigma a im itar en su época. Además, hay numer osas evidencias de la relevanc ia de dicha estructura de la que nos queda n tanto fehacientes testimonios escritos como re stos materiales arqueológicos. Esta construcción se inició en 1259 ubicándose en Maragha, una ciudad de la región de Azerbai yá n, al norte de Irán, bajo el auspicio del astrónomo y m atemático Nasir al Din al Tusi y con el patrocinio del mecenas Hulagu. Pes e a que las obras se prolongaron durante má s de cinco años, no fue nece sario esperar a la conclusión de éstas para el inicio de la activi dad astronómica 26 . Junto al observatorio se irg uie ron otros edific ios complementarios como una mezquita, un edificio auxiliar rematado por una gran cúpula o una residencia. Todo ello construido en la planicie superior de una colina en las afueras de Mara gha por Muayyad al Din al Urdi, como ingeniero experto en a stronomía, y su arquitecto 27 . La s traducciones que aporta Sa y ili a p artir d e la s fuentes ori ginales se refieren al observatorio c omo “maravilla”, “regalo para los ojos”, “torre alta” u “observa torio enorme”. También se habla de la biblioteca del observatorio sit uada “e n el edificio principal” con “más de 400.000 volúmenes” 28 . 25 Sayili (1960): The Observatory in Islam and its place in the general history of astronomy , p. 189 26 ibidem , pp.190,196 27 ibidem , p.193 28 ibidem , pp.194 El observatorio islámico-medieval 54 Además se alude a una cúpula que remata el observatorio con una apertura en la parte superior que, según algunas versiones repres enta uno de los principales atractivos de la institución 29 . Figura 2.1 – Observatorio de Maragh a. Ruinas circa 1970 . Aunque tan sólo prevalezcan las ruinas de la construcc ión, éstas junt o con los testimonios existentes y los subsiguientes observatorios que beben de éste, permiten desarrollar una descripción del edificio que, si bien puede no ser absolutamente certera, se aproxime bastante a la realidad. El edificio principal se configuraría como una torre de pl anta circular con un diámetro de veintidós metros de cu y a cubie rta sobresaldrían un muro perimetral a modo de peto y un cilindro de menor tamaño rematado con una c úpula. Alcanzaría una altura de unos veinticinco metros, divididas en cuatro plantas más la coronación. S u definición constructiva se habría llevado a cabo con ladrillo cocido formando paramentos de acabado vist o en todo el cerramiento, en el que como el em entos decorativos caracter ísticos aparecerían arcos, arabescos, lacerías o mosaicos. En cuanto al interior, el espacio central queda ali neado de norte a su r con el gran cuadra nte pa ra l as observaciones d e tránsito merid iano que o cupa el centro del volumen principal. Este instrumento estaba formado por un gra n a rco de círculo de noventa grados de unos cuare nta metros de di ámetro hecho también de ladrillo en el que la colocac ión de las piezas producía un surco p ara las mediciones. Flanqueando el instrumento debían aparecer dos es caleras siguiendo su curvatura para fa cilitar la toma de datos. A los lados de este esp acio surgen perpendicularmente en planta baja habitaciones de menor tamaño destinadas a albergar volúmenes bibliotecarios. Por su 29 Sayili (1960): The Observatory in Islam and its place in the general histo ry of astronomy , p. 194 El observatorio islámico-medieval 55 parte, las pl antas superiores, sin una compartimentación tan minuciosa, s e dedican a la investigac ión y la discusión científica, conteniendo instrumentos de observación y mesas de t rabajo. Además de mobiliario, equipo y t extos, el complejo guardaría repre sentaciones de las esferas celestes, mapas e ilust raciones de las fases de la luna. La cúpula superior podría haber cont ado con un óculo en lugar de su clave por la que entrarían los ray os solares y se usa ría, posiblemente, para la medición de los movimientos del Sol. Figura 2.2 – Ob servatorio d e Maragha. Planta y secciones. Pese a que algunos de los dispo sitivos de observación estaban fijos en su posición en el interior del edificio, como la esfera armilar, había otros en construc ciones secundarias. Éstas, al m enos cinco a t enor de los restos de los cimientos encontrados, se organizaban con grandes instrumentos de madera sobre basamentos circula res de piedra en torno a la torr e de ob servación 30 . Más aún, había otros muchos útiles portátiles para ser situados la explanada frente a la torre o en los alrededores del observ atorio, al aire libre. Aunque es seguro qu e no ha quedado const ancia de todos los instrumentos usados en el obse rvatorio, sí ha y alguna d escripción qu e permite establecer un listado: un globo 30 Mozaff ari; Zotti (2013): “The observational instruments at the Maragha Observatory after AD 1 300”, p.77 El observatorio islámico-medieval 56 terrestre de pulpa de pa pel, un globo celeste m etálico, un cuadrante mural g raduado hasta los minutos, una esfera armilar con c inco anillos y una alidade , una armilla solsticial, una armilla equinoccial, un inst rumento para la medición de los r adios del So l y la Luna, un anillo de a zimut con dos cuadra ntes, una regla pa raláctica, u n instrumento para la d eterminación de azim uts, un instrume nto sinus oidal seno y versado, „ el instrumento perfecto‟ y o tros instrumentos portátiles secundarios 31 . En lo relativo a la funció n astronómica d e la cúpu la, parece ser que Al Urdi no tuvo relación con ella. En este sentido, el propio Al Urdi reconoce que tanto la arquitectura como la construcción de edificios estaban fuera d e su profesión 32 . Esta declaración pone de manifiesto el cru cial papel de la arquitectura en la evolución los obse rvatorios y su trascendencia para hacer de Maragha el referente de la institución islámica. Más allá de la investigación, Maragha tuvo un im portante papel en la transmisión de conocimientos. Dado el gra n tamaño y complejidad de algunos de los instrumentos que se usaban allí era n ecesario contar con apr endices que a y ud asen con las tareas d e observac ión. Igua lmente era útil contar con estudiantes que realizasen los cálculos requeridos por los prin cipales astrónomos. Además, estos asistentes adquirían durante su estancia una formación que los terminaba capacitando como científicos. No ha y in formación precisa respecto a la or ganización de la labor docente en la institución, pero sí que se puede asegurar un im portante número de discípulos y estudiantes privados as í como multitud de astrónomos, comprendiendo incluso científicos venidos desd e China. P ese a que po r sus particularidades parece tener un carácter d e escuela oficial, se des conoce si esta ac tividad se desarrolló en las habitaciones superiores del edificio principal o si se ubicaron en alguno de los secundarios 33 . También r esulta ex traordinario en el obs ervatorio de Maragha su extensión en el tiempo, dado qu e su vid a se prolon ga considerablemen te más allá d e su mecenas, al go del todo inhabitual en ese periodo. Además, será la primera de estas instituciones islámicas que sobre viven a su fundador. 31 Sayili (1960): The Observatory in Islam and its place in the general histo ry of astronomy , pp.194,199-201 32 ibidem . p.198 33 ibidem , pp.192,218 -222 El observatorio islámico-medieval 63 A principios del siglo XX, un arqueólogo des cubrió un documento con la ubicación del obse rvatorio y e n 1908 se iniciaron los traba jos pa ra rescatar las ruinas de su enterramiento que, con alg una interrupción, se prolongaron hasta 1948 47 . L o qu e ha prevalecido corresponde con la pa rte del cuadra nte esculpida en el terreno, aproximadamente unos veinte gra dos de ángulo. Actualmente está catalogado como P atrimonio de la Humanidad y se ha convertido en un referente turíst ico de la ciudad, siendo visi table y contando incluso con un museo: el Museo del Observatorio de Ulug h Be g. En perspectiva, siendo su gran aporte l a inser ción del cuadrante en el terreno con la corre spondiente mejora de fiabilidad en las mediciones, no es posible asegurar que l a estabilidad, y no facilidad de ejecución o cualquier otra r azón, sea la jus tificación de esta decisión de diseño. Pese a que no incorpora grandes innovaciones en lo refer ente a su concepción, el Observatorio de Ulugh Beg representa un claro exponente de los observatorios islámicos. Una arquitectura requerida po r la astr onomía La aparición del observatorio como institución y como edificio no es result ado de la inspiración de un ideólo go sino que surge como respuesta a una necesidad a partir d e la búsqueda de solucione s a determinados inconvenientes advertidos con a travé s del co nocimiento de esta ciencia. La concepción adquirida por los astrónomos islá micos de la escala tempo ral de los fenómenos celestes implica la prolongac ión de los periodos de observac ión a unos rangos difícilmente asumibles por un solo individuo. Del mismo m odo, la pretensión de mayor pr ecisión de las mediciones conllevaría un crecimiento de los instrumentos de observac ión que restringiría su movi lidad. Estas circunstancias harían aconsejable e l establecimiento en un punto concreto. S on estas limitaciones las que acabarían propiciando las condiciones para que, ligados a un lugar, se irguiese un edificio que alberga se esos usos fundamentales y, acertadamente ya desde su origen, o tras funciones complementaria s. 47 van Dalen (2007): “Ulugh B eg: Mu ḥammad Ṭaraghāy ibn Shahrukh ib n Timur”, pp.1158 -1159 El observatorio islámico-medieval 64 Sayili afirma que “el o bservatorio islámico e ra un producto de n ecesidades y valores entretejidos en la sociedad y cultura islámica y que era un verdadero repre sentante y un a parte integral de la civilización islámica” 48 , puntualizando que “el edificio del observatorio especial ha sido una cara cterística in cidental d el observatorio, en el sentido de que parece haber s ervido con m ás frecuencia como lugar de residencia para los astrónomos y p ara albergar ofi cinas administrativas” 49 Sea como fuere, este conjunto de circunstancias, tal vez azarosas, propias de l a tradición islámica se conjugarían para producir un importante salto en la evolución desde los proto - observatorios o los puestos de observación hasta los observatorios. La tras cendencia del Observatorio d e Maragha y sus herederos en la astronomía medieval radica tanto en sus investi gac ione s como en su mera concepción y construcción. Los estudios producidos en este c entro gracias a la colaboración de reconoc idos astrónomos, matemáticos y fabricantes de instrumentos sustentaron las bases que permitirían alca nzar el modelo heliocéntrico de Copérnico. Además se tomó esta edificación como paradigma, siendo imitado y reinterpretado en numerosos observatorios desde Orie nte Medio hasta el afamado Observatorio de Jaipur, construido y a en el si glo XVIII en la I ndia y tod avía conservado como atracción turística . La s innova ciones que se introducen en Maragha lo elevan a una categoría superior dentro del observatorio islámico a la que se sum arían los posteriores de Samarcanda y Estambul, definiendo las características qu e tendrían que aspirar a igualar o mejorar los observatorios venideros. Con todo ello, parece claro que la influencia de la astronomía isl ámica, en ge neral, y de sus observatorios, en particular, terminaría arraigando, de algún modo, en l a tradición científica europea a partir del siglo XIII. 48 Sayili (1969): The Observatory in Islam and its place in the general histo ry of astronomy , p.5 49 ibidem . p.369 Capítulo 3 Génesis del obser vatorio moderno Gé nesis del ob servatorio moderno 67 Si los antepasados del observatorio se remontan hasta el Neolítico con una oscilante e inconstante evolución en las diversas civili zaciones del planeta has ta finales del Medievo, será durante la Edad Moderna do nde se produzcan los progresos que conformen los cimientos del observatorio c ontemporáneo. La s p rimeras referencia s a un observatorio europeo señalan hacia Nuremberg , donde el astrónomo y matemático Johannes Müller von Königsberg, conocido como Regiomontanus, llevó a cabo sus obse rvaciones respaldado p or su amigo y me cenas Bernhard Walter a fina les del sig lo XV 50 . Sin embargo, Z inner demu estra que la primera a lusión a dicho observatorio como tal no aparece hasta el sig lo X IX 51 . Por otro lado, ha y constanc ia de la existencia de diversas observaciones de gra n importancia llevadas a cabo por Copérnico en F rauenburg, Ermland y Allestein durante la primera mitad del siglo XVI 52 . No obstante, no hay c erteza de que esta s observac iones se realizasen en un solo lugar o contrastándolas co n diferentes instrumentos; e incluso parecen e xist ir pruebas de lo contrario 53 . Aunque es mu y probable que Copérnic o dis pusiese uno o varios l ugares de observac ión, no ha y testimonios ni evidencias de instrumento s fijos o de un equipo de trabajo que permitan afirmar que contas e con u n observatorio como tal. De cualquier modo, el papel de Regiomontanus o Copérnico en el desarrollo de los observatorios es trascendente, puesto que pese a que ellos careciesen de uno d e estos centros astronómicos, su labor s embraría la semilla para los posteriores proyectos de Wilhelm IV y Tycho Bra he. Hay un gran consenso en sit uar en el Landgraviato de Hesse -Kassel, ho y la ciudad de Kassel (Alemania), el primer observatorio moderno, fundado en 1560 54 , e incluso 50 Dreyer (1890): Tycho Brahe , pp.4-5; Gunther (1932): Early Science in Oxford , p.76 51 Zinner (1938): Leben und Wirken d es Johannes Müller von Königsberg Gennant Regiomonta nus , p.168 52 Zinner (1943): Entstehung und A usbreitung der Coppernikanischen Lehre , pp.408-415 53 ibidem , p.417 54 así lo reconocen Todd (1922): Astro nomy: the s cience of the heavenly bodies , p.45; Pan nekoek (1961): A history of astronomy , p.208; o Pantin (1999): “New p hilosophy and old prejudices: aspects of the reception of Copernicanis m in a divided Europe”, p.240. Gé nesis del ob servatorio moderno 68 Hall llega a considerarlo el primer centro de investigación europeo 55 . Por contra, esta tesis rechaza e sa interpretación. Pese a qu e el de Kassel pueda lle gar a ser considerado po r al gunos autores 56 el primer observatorio de la Ed ad Moderna, no representa ningún a vance c ualitativo sustancial respecto a los de periodos anteriores, resultando, en gran p arte, fruto de la improvisación. En este mismo sentido, Zinner indica que en Hesse -Kassel no había un edificio concebido específicamente como observatorio sino que se tan sólo se hace uso de una plataforma habilitada en el palacio para tal fin. Es por esto que ni siqui era reconoce la existencia de un observatorio en el Landgraviato 57 . Por el contrario, la identificación de este puesto d e tr abajo astronómico c omo obse rvatorio se sust enta e n la extensión temporal de las observaciones, la colaboración con un equipo de trabajo y en el aumento y mejora del instrumental de observación y equipo aux iliar. En cualquier caso, d esde una perspectiva arquitectónica, lo que define al observatorio mode rno como el inmediato pr edecesor del contempo ráneo es su adaptac ión planificada del espacio construido de sde las fases iniciales d e diseño p ara responder a determinadas funciones incorporando unos instrume ntos de investigac ión astronómica concre tos y fac ilitando su utiliz ación. Es decir, el observatorio moderno s e caracteriza por contar con cierto grado de intencionalidad y especialización arquitectónic a para la astronomía. Algo similar reco ge Sa yili “L a pr esen cia de un ed ificio especial p ara la obs ervac ión constituye , sin duda, un signo claro y sustancial de la existencia de un observatorio” 58 . En el La ndgraviato de Hesse -Kassel, en 1560, el Landgrave W ilhelm I V, fascinado por esta ciencia, manda c onstruir u na plataforma a modo de balcón en su pa lacio urbano 55 Hall (1983 ): The Revolution in Science, 1500 -1700 , p.209 56 los referidos en las dos notas anteriores 57 Zinner (1956): Astronomische Instrumente des 11. Bis 18. Jahrhunderts , p.588 58 Sayili, (1960 ): The Observatory in Islam and its place in the general history of astronomy , p.369 Gé nesis del ob servatorio moderno 69 de dicha población 59 . Este mirador tendría por objetivo el estudio del cielo mediante instrumental astronómico. Figura 3.1 – Wilhelm IV, Landgraf vo n Hessen -Ka ssel y Sab ina von Württe m berg, Landgräfin v o n Hessel-Kassel. Pinturas de Kaspar van der B ortch (1 577). Al fondo de lo s cuadros se apr ecia tanto el ventanal que daba acceso a la p latafor m a de ob servación como los instru mentos astro nómicos. Si bien inicialmente sería el propio Wil helm quien realizaría las observac iones, pronto se incorporarán otros estudiosos para el desarrollo de una investigac ión permanente ha ciendo uso del instrumental disponible en Kassel: cuadrante, sextante, turquet, relojes y, posiblemente, g lobos computacionales. Además d e observaciones solares y de com etas, desde esta instala ción se trató d e establecer la latitud de Ka ssel y c alcular la oblicuidad de la e líptica. Igualmente se trabajó en el desarrollo d e un catálo go estelar moderno con el objetivo de reemplazar el de Tolomeo, aunque ese ambicioso pro y e cto quedó a medias. Con todo, la relevancia del puesto de observación de Kassel no es menor, puesto que servirí a de catalizador para la evolución de e sta tipología e dificatoria. En 1575 Tyc ho Brahe visita las instalaciones d el L andgrave W ilhelm y, unos m eses después, inspirado por ese viaje, comienza a construir en Dinamarca el que, ahora sí, será el primer observatorio moderno. 59 Gaulke (2009 ):““T he first Euro pean observatory of the s ixteenth century, as founded b y Landgrave Wilhelm IV of Hess e-Kassel”: a serious histo riographic category or a mi sleading marketing device?”, p .89 Gé nesis del ob servatorio moderno 70 Uraniborg (1576) Tras su estancia en Hesse-Kassel, Tycho Brahe comienza l a construcción de Uraniborg en 1576, bajo el patrocinio del rey Fr ederik II , en la danesa isla de Hven (actualmente Ven, pe rteneciente a Suecia). Este centro de investigación tendrá tal impacto que llamaría la atención de estudiosos y nobles, e incluso la realeza, llegando a ser re conocido como un importante centro de enseñanza científica . Tanto es así que conseguirá convertirse en una referencia a imit ar por los posteriores observatorios europeos, si no en su a pa riencia, a l menos sí en su concepción. Dicho reconocimiento llegaría a tal punto que a finales del siglo XVII, el astrónomo Giovanni Domenico Cassini señalaría a Uraniborg como el lugar de naci miento de la astronomía moderna 60 Figura 3.2 – E ncabezamiento de la página inicial d e la ob ra de Cassini De l’ origine et d u p rogrès de l’Astronomie (1731) . A la derecha, Uraniborg. Dado que éste es el primer edifi cio construido con intención y especialización para servir a la astronomía, se puede afir mar que Uraniborg es el primer observa torio astronómico desde el punto de vista de la arquitectura. Con un criterio semejante, Zinner apunta que hasta esta instalación los inst rumentos de observación, simplemente, se sit uaban sobre plataformas elegidas con cierto criterio. Por esto mismo señala hacia Uraniborg y, con posterioridad, S tjerneborg como los primeros observatorios construidos en Europa 61 . 60 en el encab ezamiento de su ensay o: C assini, G. D. “Recueil d 'observations faites en plusieurs voy ages par ordre de sa Maj esté pour perfectionner l'astronomie et la géographie” 61 Zinner (1956): Astronomische Instrumente des 11. Bis 18. Jahrhunderts , p.221 Gé nesis del ob servatorio moderno 71 En 1597 T y cho deja la isl a de Hven, lo q ue por desgra cia supo ndría la descomposición de su observatorio, que primero c omenzaría con el de spojo de los instrumentos astronómicos y continúa hast a su desaparición material. Est o im plica un grado de incertidumbre sobre el entendimiento del edificio y d e lo que significó en su momento que debe solventarse a partir de los escritos, dia gramas e imá genes que han perdura do, obra del propio T y cho o de otros estudi osos o artistas. El conjunto de Uraniborg se constru y ó en la z ona central de la isl a, en la que un gran jardín de planta cuadrangular, cercado por un muro perimetral, rodea a la construcción princ ipal que se sitúa en el medio. Figura 3.3 – Ur aniborg. Litografía de su alzado o este. Desde un punto de vista estilístico, se trata del “primer edificio renacentista de Escandinavia” 62 . Aunque prese nta rasgos característ icos del más puro Rena cimiento italiano como la armonía de las proporciones, las r epeticiones rítmicas de elementos o las simetrías, apreciables tanto en planta como en alz ado, dista mucho de los patrones canónicos de P alladio o S erlio. Por el contrario, sus atributos se aproxim an más a las obras renace ntistas flamencas o, incluso, al M anierismo. Algunos de los aspectos formales que lo diferenc ian y si gnifican son influencia de los palacios, castillos y otros 62 Kwan (2012): Architectures of astronomica l observation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to Radcliffe Observato ry (1772) , pp.42 Gé nesis del ob servatorio moderno 72 encarg os por parte de Fre derik II a arquitectos hol andeses. Entre otros el us o del ladrillo rojo en los paramentos o la inclusión de piedra arenisca en los encuadres de puertas, marcos de ventanas y difere ntes remates. Uraniborg “se ha comparado a menudo con la Villa Rotonda d e Pall adio” 63 , llega ndo a señal ar a esta última como una fuente de inspiración. La comparación inicial de sus plantas y alzados puede revelar ciertas sim ilitudes. Sendas construcciones poseen una doble simetría respecto a sus ejes longitudinal y tr ansversal en planta, siendo también simétricos c ada uno de sus cuatro alzados. Además sus pl antas quedan divididas en cuadrantes que organizan el espac io. I ncluso coinciden en la cúpula centra l que corona los edificios. No obstante, un estudio más concienzudo de ambas construcc iones atendiendo a su escala y proporcion es permite destacar sus discre pancias. Villa Rotonda e s un edificio que aco ge mediante una gran escalera hasta cad a uno de sus pórticos ha cia el espa cio bajo la cúpula, siendo este g r an núcleo central el argumento que determi na la obra. Uraniborg, po r el cont rario, posee unos accesos más moderados que se d istr ibu ye n en cruz en su inte rior, si n centralidad real y con una de finición formal marcada, esencialmente , por la función. Tyc ho contó con los arquitectos neerlandeses de la corte rea l de Frederik II, posiblemente Ha ns von Pasche n y Hans va n Steenwinkel 64 , ade más de con J ohann Gregor van der S chardt para el diseño d e Ur aniborg, lo que a yuda a justificar la existencia de elementos propios de la arquitectura de los Países Bajos o centroeuropea como los re mates de las lí neas de cumbrera , los frontones curvos c on v entanas circulares o la cúpula bu lbosa. Aunque no se puede des cartar la influencia italiana en Uraniborg 65 , la enorme relevancia de este edificio no radica en sus rasgos estilísticos sino en su concepción forma-funcional. En todo caso, pese a que pueda haber ci ertas dudas acerca del grado de responsabilidad de estos arquitectos, lo que parece claro es la im plicación del propio 63 Kwan (2012): Architectures of astronomical ob servation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to Rad cliffe Observato ry (1772) , pp.44 64 Petzet (2009 ): “Opening lecture: The Observatory os the King Su n and Classical As tronomy ”, p .27 65 Lichtenberg (1985): “Joh an Gregor v an der Schardt, sculptor and architect”, ap unta a los viajes realizados por el arquitecto Gé nesis del ob servatorio moderno 79 con la abundante presencia de simetrías eviden ciaba la influencia ren acentista en este jardín. Estos parterr es s e dedicaban eminentem ente al cultivo de especies para l a investigac ión alquímica. P ese a que no hay más referencias, si atendemos a la planta del conjunto se puede ver como una de las particiones geométr icas del jardín es destinada a albergar un gran reloj de sol. De aquí se puede deducir que T y cho tenía l a in tención de extender su actividad cientí fica allende los muros del edificio, y si no lle gó a llevarlo a cabo, al menos lo tenía e n proy ecto. Definiendo los límites de Uraniborg y su articulación con el entorno s e a lza la muralla perimetral. Más allá de la b arrera que el muro suponía, en las esquinas se incorporaron construccio nes que definían la relación dentro -fuera. A est e y o este, los vértices presentaban las casetas d e entrada al co mplejo. Al norte se situaba la prisión, que identifica Uraniborg como centro administrativo de Hven y , por lo tanto, a T y cho como su señor f eudal. Al sur se encontraba la im prenta, con dos máquin as de im presión y ti pos específicos para publicaciones científicas. Esto, unido a la propi a producción de papel, le proporcionaba a T ycho el control absoluto de las publi caciones. De este modo, se daba la posibilidad de establecer una comuni cación masiva y una gran difusión de sus hallazgos por toda Europa. Figura 3.7 – Ur aniborg. Pintura de Heinrich Hansen (1 882) . Gé nesis del ob servatorio moderno 80 En resumen, de Uraniborg se desprende un a lect ura conceptual mu y bási ca, y c asi poética: bajo tierra, en el sótano, trabajando en el laboratorio alquímico a la luz del sol que entra por las ventanas; en el tejado, escrutando el cielo en el observatorio astronómico a la luz d e las estrellas que lo envuelven; en medio, el estudio en el museo como corazón del proy ecto. Tras algunos años de es plendor y un a posterior decadencia, a principios del siglo XVII, Ur aniborg fue desmantelado, empezando por la pérdida de sus instrumentos científicos y terminando por la completa destrucción. No obstante, su huella perdura y a que “este tr abajo muestra como la inversión arquit ectónica de T ycho es un rasgo atípico por ser tan grande y po r aspirar a conseguir tanto, y por l a forma en que, n o obs tante, se ajusta al ámbito más am plio de la ciencia r enacentista” 71 . Este edificio mo stró cómo la participación y colaboración del arquitecto podía llegar a cataliz ar la labor investigadora científica. Uraniborg representaba el diálogo entre arquitectura y astronomía . Stjerneborg (1584 ) Siendo incuestionable la relevancia d e Uraniborg, que lo sitúa como un hito, T y cho identificó algunas particularidades del pro y ecto que lastrab an la actividad científica. El edificio concebido para el aprendizaje, la alquimi a y la astronomía se basaba en los prece ptos adec uados, pero su materialización acar reó défi cits insalvables para el estudio de los cielos. Las plataformas , que rodeaban los á bsides, elevadas sobre es beltos postes de made ra, resultaban d emasiado inestables dad o que presentaban vibraciones a causa del viento, habitual en l a zona, que se tr ansmitían a los instrumentos de observación qu e se encontraban sobre ell as. Estos movi mientos entraña ban una im precisión inadmisible para su fundador. Uraniborg aunó a l a rq uitecto y al científico dando lugar a una c onstrucción grandiosa con v alor espa cial pero, en lo relativo a la astronomía, fracasó 72 . Hacia 1583, Uraniborg se encontraba saturado de estudiantes y asistentes, lo que le dio a T yc ho una coy untura par a plantear un segundo equipamiento astronómico: un observatorio 71 Kwan (2012): Architectures of astronomical ob servation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to Rad cliffe Observato ry (1772) , pp.27 72 ibidem , p.93 Gé nesis del ob servatorio moderno 81 auxiliar, en las inmediac iones del existente, para tener un mayor control sobre las investigac iones 73 . Habiendo adquirido un a buena experiencia tr as varios años de funcionami ento de Uraniborg, Tycho pre tendía evitar la ac ción del viento que tanto afec taba a las plataformas y minimizar las incidencias climáticas como en el laboratorio del sótano. Además, decidió primar la privileg iada posición, libre de obstáculos, que tenía ese espacio para la astronomía. De la conjun ción d e estas pr emisas surge el concepto de Stjerneborg, litera lmente el castillo de las estrellas , hacia 1584. Figura 3.8 – Stj erneborg. Ilustració n del conjunto. Hacia el sur, en las proximidades de Uraniborg , comienza la construcción del nuevo observatorio, excavando sobre un cerr o. El terreno se nivelará y se c errará con una planta de contorno homólogo a la de su predec esor. Stjerneborg es un edifi cio horadado en el terreno para protegerse del entorno en el que solo las cubiertas sobresalen del mismo, para minimizar las interferencias e n las observaciones. Más allá de estilos arquitectónicos, el diseño del nuevo observato rio responde , casi estrictamente, a una cuestión de func ionalida d científica. 73 Ferguson (2004): Tycho and Kepler: th e unlikely partnersh ip t hat forever chang ed our understanding of the heavens , pp.210-211 Gé nesis del ob servatorio moderno 82 El conjunto prese ntaba una planta cuadrada modulada en tres por tres de la que sobresalían unos bastiones semicirculares en el centro de cada uno de los lados, quedando todo ello defin ido por un cercado perimetral solo interrumpido para permitir el paso. El e dificio que daba enterrado ocupando la parte c entral del es pacio, siendo visible tan solo las cubie rtas y el casetón con la p uerta de acceso. Entre la construcción y el perímetro se disponían unos basamentos o plataformas, ubicados en los bastiones y las esquinas, que ac ogerían diferentes instru mentos astronómicos portátiles para la observac ión a cielo abierto. En lo rel ativo al edificio en sí, present aba un a pl anta orient ada de no rte a sur en la que una habita ción central quedaba rodeada por cinco cá maras con una disposición pentagonal, con una simetría longitudinal imperfecta. Cada una d e estas cinco habitaciones que era denominada como “cripta” por el propio Ty cho 74 alberga ría un instrumento permanente. Pese a la libertad formal que hubiese pe rmitido una arquitectura estereotómica, en S tjernebor g se mantuvo esa ri gidez formal de centralidad y simetría que dialo gaba con la planta del observatorio que lo precedía. Aunque T yc ho no dej a testim onio escrito que indique la orientación de la construcción, su distribución sugiere que la cúpula mayor apunt a hacia el sur, hecho que quedó confirmado por el hallazgo de las ruinas del observatorio. Figura 3.9 – Stj erneborg. Planta. 74 Kwan (2012): Architectures of astronomical ob servation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to R a dcliffe Observato ry (1772) , p.93 Gé nesis del ob servatorio moderno 83 El casetón de entr ada quedaba ori entado hacia el norte. Éste presentaba un a puerta que inmediatamente daba lugar a una es calera que descendía hasta la cota del subsuelo en el que se establecían las circulaciones y la may o r parte del pro grama de usos, enlazando con la habitación central o sala c aliente. Este espa cio, en tor no al que se ordenaba n las zonas de trabajo, presentaba una planta cuadrada y agrupaba las funciones residenciales y de estudio. T y cho acl aró que alber ga ba una chimenea, una mesa de piedra redonda, y dos camas: una para él y otra de ma yor tamaño para que la compartiesen los asistentes 75 . Esta posibilidad permite la co yuntura de descansar cuando la c limatología imposib ilitaba la observación, lo que unido a l hogar hacía viable, incluso, el establecerse ahí durante periodos d e tiempo relativamente l argos. Además, al introducir un medio de calefacción en el núcleo del ed ificio y est ando éste cone ctado directamente con el resto de espacios s e consigue transmiti r el calor hacia ellos. Esta sala quedaba cubierta p or una c úpula rebajada que se c oronaba con un a estatua de Mercurio. Más allá de dicha escultura, Stjerneborg incor poró otros ornamentos sin valor arquitectónico p ara ma yor gloria de su fund ador, como tallas de leones coronados en la entrada, inscripciones en letra s doradas sobre las paredes o una serie de re tratos de grandes a strónomos de la historia que incluía al propio T y cho 76 . En todo caso, la habitabilidad de la habitación central tendría su relevancia, dado que facilitaría las observaciones p rolongadas en las que era preciso esperar a que un determinado cuerpo cel este alcanzase una posici ón concreta. P or otro la do, este h echo hizo innecesario llevar a cabo el pro y ecto con el q ue T y cho quería conectar mediante un túnel subterráneo Ur aniborg con Stj erneborg 77 para facilitar el d esplazamiento entre uno y otro durante los periodos de menores temperaturas. La s cinco “criptas ” que rodean a la sala principal prese ntaban una importante singularidad. C ada un a d e ellas había sido conceb ida y diseñada ex presamente para un instrumento astronómico concreto y su definición arquitectónica r espondía a la comodidad de uso por lo s astrónomos durante sus observaciones. La portabilidad de los 75 Kwan (2012): Architectures of astronomica l observation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to Radcliffe Observato ry (1772) , pp.93- 94 76 Ferguson (2004): Tycho and Kepler: th e unlikely partnersh ip t hat forever chang ed our understanding of the heavens , pp.210-211 77 Shackelford (1993 ): “Ty cho Brahe, Laboratory design and the aim of Science”. p . 225 Gé nesis del ob servatorio moderno 84 dispositivos de Uraniborg im plicaba también una inexactitud por los propios desplazamientos. El hecho de establecer una posic ión fija para los instrume ntos, además de evitar el margen de error hum ano en la colocación, permitía incrementar considerablemente su escala c on su correspondiente ganancia de precisión. Figura 3.10 – Stjerneborg. Secciones. Dado que s e trataba de instrumental de gran t amaño, era h abitual que fuesen necesarias escaleras o an damios para alcanzar hasta la posición desde la que se utilizaba el equipo. T y cho p refirió que el espacio se adaptase a la función específica que iba a albergar. Una habitación diferente pa ra cada artefacto. Cad a dispositivo se dispondría sobre un pilar que actuaría de eje pivotante, por l o tanto las observaciones describirían una tra y e ctoria cir cular en torno a dicho punto. Esto implica que l as “ criptas” tengan dicha forma e n planta. Además, para solventar el desplazamiento en vertical que conllevaba el uso de esas herramientas, en e ste pro ye cto se recurrió a un suelo escalonado en forma de anfiteatro que se adapta ba a cada instrumento para facilitar el Gé nesis del ob servatorio moderno 85 acceso a las observaciones y/o la lectura d e las m ediciones. Para facilitar t odo lo posible el desempeño científico, incluso se int rodujeron las escalas de medición en las paredes. El resultado es qu e cada una de las “ criptas” tenía el diámetro y la sección qu e necesitaba para asegurar un trabajo confortable para los astrónomos. La s dos “criptas” más se ptentrionales eran las de menor tama ño y sobresalían parcialmente del ter reno con forma cilíndrica, quedando rematadas por se ndas cúpulas bulbosas rebajada s con ventanas para la observación del cielo (como los existentes en las plataformas de Uraniborg ). Por su p arte, de las dos sit uadas a este y oeste d e la habitación central sol amente destacaban un as cúpulas rebajadas con hue cos practica bles. Estos cuatro espacios acogían cuadrantes o sextantes. Por último, la “cripta” de ma yor tamaño ocupa ba la posición más meridional, albergando una gran armilla ecuatorial, bajo una cúpula semiesférica rematada por una linterna que predominaba e n la visión de conjunto. La relación planta-se cción junto con la ubicac ión de las “criptas” ti ene una segunda lectura arquitectónic a en la que de forma intenci onada se incorpo ra un efecto teatral en el acceso a Stj erneborg. El visitante se adentra p or una pu erta que ocupa todo el fr ente de un reducido case tón, desciende unas escaleras hasta la habitación central desde la que se pe rcibe el gran espacio de la “cripta” sur bajo la cúpula que aloja la armilla ecuatoria l. Aunque no se especifica de cuál de estas cúpulas se trata, T y cho des cribe cómo una de ellas es m ás ambiciosa y ll ega a girar mediante un mecanismo en el que apo y a la cúpula sobre un anillo de madera con ruedas, lo que permitía una mejor alineación de las observaciones 78 . Esto impli caría un gra do de s ofisticación que no se replicaría en sucesivos observa torios hasta muchos años más tarde. Aprendiendo de los errores cometidos en Uraniborg , Ty cho dedicó una e special atención a la inserción de los instrumentos de observa ción. P ara los de menor tamaño recurrió a una fijación firme sobre un pilar pétreo poco esb elto para evitar las vibraciones p adecidas anteriormente. Por otro lado , prestó una especial atención a l a armilla ecuatorial, que descansaba sobre un a placa de hie rro que se prol onga hasta la cimentación para c onse guir un alto grado de estab ilidad. 78 Kwan (2012): Architectures of astronomica l observation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to Radcliffe Observato ry (1772) , p.93 Gé nesis del ob servatorio moderno 86 Figura 3.11 – Stjerneborg. Ruina de una de las cá maras. Al construir bajo rasante Tyc ho eludía el fuerte v iento de la z ona, alcanzando una estabilidad mecánica que descartaba la incidencia de esta variable en sus observac iones. Así mismo, este hecho también le confe ría al edificio una estabilidad t érmica, nada desprec iable, que favorecía el confort del propio astrónomo y sus asiste ntes. Tras la muerte de su principal valedor, el rey Frederik II, en 1588, su suc esor, Christian I V llamó a capítulo a Tycho, lo que ter minó finiquitando su patrocinio real y cancelando su ascendencia sobre Hven. L os observatorios quedaron en manos de los discípulos de Ty cho hasta que fueron ab andonados algunos años más tarde y los habitantes de la isla los expoliaron dejando poco más que algunos cimientos. Esta pérdida acarreó e l final de las investigaciones de Tycho y de su carrera astronómica 79 . En la actualidad, es posible visitar esta localización en la isla de Ven como una atracción turística d e carácter cultural: se han recuperado parte de los jardines de Uraniborg y se ha reconstruido Stjerneborg con una reinterpretación contemporánea. Además se instauró un museo de Tyc ho Brahe. Con todo lo expuesto, queda patente la gra n evolución transcurrida desde Uraniborg. En pocos añ os se progresa desde un palacio adaptado en m ayor o menor medida para l a astronomía ( y la alquimia), hast a u n proyecto en el que cad a decisión de diseño responde a un requerimiento funcional concreto. Si el anterior observatorio reflejaba el diálo go entre a rquitectura y astronomía, S tjerneborg evidenció el compromiso entre a mbos campos. 79 Kwan (2012): Architectures of astronomical ob servation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to Rad cliffe Observato ry (1772) , pp.101 -102 Gé nesis del ob servatorio moderno 87 La Torre de los V ientos (1578) Se conoce popularmente como la Torre dei Venti (Torre de los Vientos, en castellano), e incluso como la Torre Greg oriana, a la construcción que iniciaría la tradición astronómica en la Santa Sede y que será origen del Ob servatorio Vaticano. Durante la vigencia de su papado (1572-1585), el Papa Gregorio XIII invirtió buena parte d e los ingresos de la Iglesia en la renovación y r estauración de Roma, en sus calles, santuarios y monumentos públicos; así como en las ampliacion es y nuevas construcciones del Vaticano 80 . Será en este contexto reformista en el que Gr egorio XIII encargue en el año 1576 a su arquitecto, Ottaviano Mascherino, l a construcción en el Vaticano de una torre para l a observac ión astronómica 81 . Figura 3.12 – Torre dei Venti (cir ca 1600) . La circ unscripción supe rficial del Vaticano li mitaba las posibles ubicaciones de dicha torre, determinación presumiblemente tomada en colaboración con un hipot ético grupo de ex pertos en la materia qu e, como sugiere C outright 82 , debió participar también en el programa de usos y necesidades del obser vatorio, con lo que de alguna manera 80 Courtright (2013): The Papacy and the art of reform in sixteenth century. Rome. Gregory XIII’s To wer of the Winds in The Vatican , p. xvii 81 Maffeo (2002): The Vatican Observatory: In th e Service of Nine Popes , pp.3-4 82 Courtright (2013): T he Pa pacy and the art of reform in sixteenth century. Rome. Gregory XIII’s Tower of the Winds in The Vatican , pp.54- 56 Gé nesis del ob servatorio moderno 88 tendrían incidencia en el diseño de la torre, especialmente en los aspectos astronómicos de la misma. La solución apareció en la inconclusión de uno de los largos corredores cubiertos aunque abiertos con arcadas a los jardines qu e se extendía desde el Palacio Apostól ico hasta la Villa Belvedere. En lugar d e completar este pro yecto tal y como estaba prevista, se optó por variar su d iseño para incorporar los espacios necesarios para su uso como centro de observaciones. Su construcción se inicia en 1578 y est ará oper ativa tras dos años. Sin embargo, pese a que los historiadores coinciden en señalar la fecha de su establecimiento en 158 2, coincidiendo con la publica ción del doc umento Inter gravissimas que a nuncia la reforma del Calendario J uliano por el P apa G regorio X III para lo qu e se llevaron a cabo observac iones astronómicas en el Vaticano desde la Torre de los Vientos 83 , no quedará concluida hasta 1583 84 . Con todo, resulta com plicado considerar la Torre de los Vientos como un observatorio, puesto que pese a que su diseño (aun partiendo de una estructura anterior) se fundamenta en el uso astronómico, carecía inicialmente de un programa de investigac iones y de un personal que registrase una actividad ci entífica regular. P or lo tanto, en esta fase ini cial, más que un obs ervatorio se debe entend er esta construcción como un puesto de observaciones. El Papa Greg orio X III encargó el pro y ecto d e la torre al arquitecto Ottavio Mascherino quién aprovechando la inconclusa con strucción del corredor oeste del Patio Belvedere , entre éste y el Patio della Pigna, incorporó sobre éste la Galleri a delle Carte Geografiche (traducido como Galería de los Mapas), una sala alargada qu e ocupaba el tercer piso de esta obra y que conec taría el Palac io Vatica no con la Torre d e los Vientos 85 . Esta sala d ebe su nomb re a la decoración enciclopédica con cuarenta ma pas de la península de I talia, al gunas islas del Mediter ráneo y los principales pu ertos italianos 83 Chinnici (2018): “Practicing Science an d Faith: A Short History of the Vatican Observatory”, p. 219 84 Papou lia (2015): Unveiling Gregorian Rome: The urban and ecclesiastical patronage of Pope Gregory XIII, 1572-1585 , p.60 85 Papou lia (2015): Unveiling Gregorian Rome: The urb an and ecclesiastical patronage o f Pope Gregory XIII, 1572-1585 , pp.60,259 Gé nesis del ob servatorio moderno 95 tanto astrónomos como arquitectos, constructores y artesanos para conseguir un elemento perfec tamente orientado e imbricado en la construcción. De cualquier modo, el uso astronómico de e stas obras chocaba en muchas ocasiones con su función orig inal: bien por su utiliza ción religiosa, bien por la mera disposición del propio mobiliario. Esto no hace más que pon er nu evamente de manifiesto que la adaptación de un edificio a un uso para el que no fue concebido suele presentar inconvenientes. Algunos de los edificios históricos más relevantes que cuentan con este ins trumento son la catedra l Santa María del Fiore de Florencia, la basílica de San Petronio de Bolonia, Santa María de gli Angeli e dei Martiri de Roma, la iglesia de S aint -Sulpice de París o el Monasterio del Escorial en Madrid. Primeras teorías so bre la arquit ectura para la observ ación astron ómica Frente a la subje tiva interpretación que se puede deducir de las creaciones de autores pasados (arquitectos, artistas, inventores…), se da la afo rtunada circunstancia de que el que se pue de considerar padre de los o bservatorios mode rnos, Tyc ho Brahe, dedica un apa rtado de su obra Astro nomiae Instauratae Mechanica a una lec tura arquitectónica estos e dificios: De Arc hitectonicis Structuris Astronomicis Obfervationibus accomedis 96 . Asimi smo se incluy en otros pasajes dedicados a circunstanc ias particulares de Ur aniborg y S tjerneborg. D e este modo, T y cho deja de lado otros puntos de interés de sus constru cciones como el l aboratorio de alquimia o los jardines para centrarse en a quellos aspectos que re lacionan la astron omía con la arquitectura. Tyc ho subra ya la im portancia de la elección del luga r de im plantación como una caracter ística clave del observatorio. Por este motivo apunta hac ia sitios de cotas elevada s, en especial respecto al entorno inmediato, para conseguir una perspectiva d el cielo visible lo más ampli a posible y libre de obst áculos. Además, también considera la ubicación g eográfica e n la que se instalará el observatorio, rec onociendo tanto la luminosidad y mejor climatolog ía de las latitudes meridionales como la e xtensión de las 96 Brahe (1602): Astronomiae In stauratae Mechanica , Apéndices Gé nesis del ob servatorio moderno 96 noches de invi erno de l as latitudes más septentrionales. No obst ante, asu me que dich a localización tiende a verse comprometida por circunstancias económicas y políticas ajenas a criterios a stronómicos o arquitectónicos. En lo relativo a los edificios, dado que Tycho no es arquitecto, permanece ajeno a la corriente arquitectónica renacentista, sin entrar a profundizar en sus ideales. Evita las alusiones acerca de las proporciones, los órdenes de columnas, los orna mentos o cualquier vocación estética. La única concesión en este sen tido alude a elementos simbólicos y a la ostenta ción propia d e su posición y de su ben efactor. C ontrariamente su interés arquitectónico se limita a una cue stión de funcionalidad. Según T y cho, los espa cios de los observatorios deben responder a una función práctica . Por esto tienen que ser amplios y con una forma tal que permitan acoger los instrumentos de observación con sus usuarios, d e manera que estos puedan trabajar de forma confortable. Incluso, los espacios deben d e posibilitar la instalación permanente de estos equipos. Este d etalle define un poco más las ne cesidades de la ed ificación: los instrumentos requiere n d e una visión tan libre co mo sea posible del cielo, mientras que deben poder prote gerse de la intemperie. Por esto, resulta esencial que los espacios que contengan instrumental fijo queden c errados por paramentos móviles en fa chada o cubierta para permitir su abe rtura o cierre cuando se considere oportuno. También les dedica una atenc ión espec ial a los usuarios del observatorio. Dado que Tyc ho es astrónomo conoce las circunst ancias m enos evidentes que rod ean los larg os periodos de observación. Consciente de la necesidad de puestos de trabajo o del reposo durante la espera de u na posición astronómic a, incorpora estas funciones en los edificios. Además, atien de al confort térmico, ap untando la necesidad de calenta r parte de los observatorios. Todas estas cuestiones no son sólo por el bienestar de los astrónomos sino incluso por una cuestión prá ctica: la falta d e des canso o los sínt omas del frío continuado (castañeteo y congelaciones) dificultan la observación y la recogida de registros. En cuanto a l a materi alidad, desde l a experiencia de sus pro yectos en l a isla de Hven, T y cho da much a i mportancia a la estabilid ad. P or ello, remite a la albañilería con cantería de piedra o f ábrica d e ladrillo para los elementos estructurales de base, incluye ndo profundos cimientos de piedr a. Por o tro lado, la necesidad de movilidad de Gé nesis del ob servatorio moderno 97 las c ubiertas en los habitáculos donde h a y inst rumentos implica otras soluciones de mayor ligere za, como pudieran ser el metal o la madera. En definitiva, el trasfondo teórico que T ycho d esarrolla s e bas a en la experiencia que adquiere durante la construcción y el funcionamiento de Ur aniborg y Stj erneborg, con sus errore s y sus acierto s. Aunque en la citada obra no se hace alusión a los criterios arquitectónicos que se aplican en los laboratorio s, sí parece evidente que se reflexionó sobre la arquitectura q ue necesitaba el espacio adecua do p ara la i nvestigación alquímica. Como hemos men ciona do anteriorme nte, los conocimientos de T yc ho sobre arquitectura eran inex istentes. Tal vez por ese mis mo motivo, el astrónomo era ajeno a las ataduras estilí sticas de la época y su visión de un edificio par a la o bservación se limitaba a dar respuesta a una cuestión de fu ncionamiento. Siendo él astrónomo, conocía el funcionamiento log ístico intrínseco al programa de observaci ones, lo que provoca que su consideración del observatorio como edificio resulte de la converg encia de arquitec tura, astronomía y usuario. Algunos años más tarde, en la segunda mitad del siglo XVII , el autor Juan Caramuel de Lobkowitz dedicará un artículo de su tratado Architectura civil recta y obliqua a esta misma cuestión. No obstante, su perspectiva, aun manteniend o una visi ón fu ncional, resulta mucho más aséptica e idealizada que la de Tycho, dado que Caramuel, al no ser astrónomo, no se implica ni dedica tanta atención al usuario del edificio. Juan Caramuel fue un monje cisterciense y polímata español cu ya carrera eclesiástica lo llevó desde España hasta Portugal, Países Bajos, Alemania o I t alia. Ávido inagotable de conocimiento, desde su infan cia y a lo largo de su vida estud ió toda suerte de materias: mat emáticas, astronomía, gramática, ortografía, arquitectura, teología, filosofía y numerosas lenguas. Ad emás, fue un prolífico escritor. En 1678 publica este tratado en el que recoge sus reflexiones sobre arquitectura que lo habían obsesionado desde hac ía más de cincu enta años 97 . En algún momento, Car amuel debió tener c onocimiento de los observatorios de Tyc ho, al menos de Ur aniborg at endiendo a lo que expresa en sus escritos: “Es pues 97 Pena Buj an (2007): La Architectura civil recta y obliqua de Juan Caramuel d e Lobkowitz en el contexto de la Teoría de la Arqu itectura del siglo XVII , pp.45 - 51 Gé nesis del ob servatorio moderno 98 esta Facultad, poniendo en propios términos su Definición, una Ciencia aparte, que se ocupa solamente en fabr icar Palacios en que se puedan observar las Estrellas . J uzg ó Tyc ho, qu e hasta su tiem po no había nacido esta Ciencia: o, si había nacido, que había estado ociosa, sin poner en obra sus I deas; porque en todas las Ciudades, y Villas de Dinamarca no halló una casa siquiera, que diseñada a propósito para observar el Cielo; y así s e r esolvió a hacer una de nuevo, haciendo los cimientos seg uros, y levantándola hasta el último capitel de la to rre. Y después de ha berla edificado, para qu e todos tuviésemos noticia de ella, y admirásemos el ingenio de su a utor, nos la representó en diferentes pla nos, que se ven al fin del primer Tomo de sus C artas” 98 . De alguna forma, Caramuel reconoce en Tycho al precursor de la Arquitectura de la Astronomía, aunque matiz ando que su observatorio no podía incluirse en esta materia: “Dig o pues, que T y cho no tuvo noticia de la Ar quitectura Celestial; y q ue el Palacio, que erigió en Hven, f ue Civi l, no Astronómico” 99 . Dado que habla e n singular, probablemente Caramuel no llegase a tener noticias de S tjerneborg que presentaba una relación forma-función mucho más cla ra y marcada qu e Uraniborg. En este caso, es posible que el segundo observatorio de T yc ho se aproximase conceptualmente más a la idea de Caramuel, a unque distase mu cho de la concepción de este edificio que él planteara . En lo relativo a su visión funcional, Caramuel entiende que las nece sidades de la astronomía no se adecúa n a la arquitec turas convencionales (a la civil, a l a militar o a la eclesiástica), y pon e de manifiesto su singularidad dentro de los posibles usos de un edificio con varios ejemplos: “Para que sirvan, si s e edifican los Palacios y Casas: como diferentes Personas necesit an de diversas comodidades, ést as han de d ar l os edificios. Carecerá un Príncipe y su fa milia de muchos lugares necesarios, si se hub iere de aposentar e n un Monasterio de Monjas: porqu e en é l no tendrá sa las, cámar as, ni antecá maras, ni dónde poner sus caballos, y coches. De un modo se edifica una Cancillería, d e otro una Universidad, de otro un Hospital, de otro un C onvento. Luego también las Tiendas de un Barbero, un Confitero, un Herrero, un Cerrajero, un P latero, se han de diferenciar entre sí. Y siendo esta verdad, quién dudará de qu e un Astrónomo, cuy a ocupación es observar las Estrellas, ha de t ener casa a propósito. […] La cienci a 98 Caramuel de Lobkowitz (1678 ): Arch itectura civil r ecta y obliqua . Tomo II . Tratado VII. Artícu lo VI. p.64. Haciendo alu sión a Epistolae astronomicae deTycho Brahe 99 ibidem , p.65 Gé nesis del ob servatorio moderno 99 que ha de diri gir en esta obra al Maestro es la que llamamos Architectura Astronómica ” 100 . No ha y que olvidar que Caramuel se aproxim a a la arquitectura, en general, desde la teoría. Su visión se ba sa en l a coherencia y la honestidad, una gran innovación ya que estos conceptos continúan siendo manejados por los críticos y estu diosos de la arquitectura en la actualidad. L a coh erencia impli ca un a le y intrínseca al pro y ecto, po r lo que los c riterios aplicables a una parte d eben se r ex trapolables al resto. La h onestidad en el sentido de que la forma y materiales (e incluso los elementos decorativos) deben responder a un uso o función. Figura 3.17 – Diagrama de balaustrada de Caramuel. Él lo ejemplifica con numerosos detalles, como por ejemplo, en su afa mada resolución de balaustrada. L o conve ncional es que a lo largo de los tramos rectos e inclinados se utilice u n único ti po de b alaustre, salvando los d esniveles de las pendientes con c uñas de relleno. S in embargo Caramuel ve un sinsentido en este procedimiento, r esolviendo la cu estión con un n uevo tipo de balaustre s esgado que se adecúa a las in clinaciones de la base y el pasamanos. Esta solución es ex trapolable al resto de elementos de la construcc ión. En su ex trapolación a los observa torios astronómicos, Caramuel formula sus principios a travé s de la definición de su propio proy ecto. 100 Caramuel de Lobkowitz (1678 ): Arch itectura civil r ecta y obliqua . Tomo II . Tratado VII. Artícu lo VI. p.64 Gé nesis del ob servatorio moderno 100 Como punto de partida, el edificio que idea Caramuel tiene que estar alineado perfectamente de norte a sur. Este punto result a c lave para la propuesta ya que los alzados del edificio se configuran a pa rtir de grandes inst rumentos astronómicos que necesitan esta orientació n. Es decir, d ado que estos útiles requieren un g ran tamaño para mejorar su precisión cientí fica, Caramuel opta por proponer un edificio que se adapta a estos. Así que, su pro y ect o se articula en torno a cuatro f unciones astronómicas. A primera vista, en la fachada oeste destacan dos grandes escaleras simétri cas de un solo tramo que conducen desde la cota suelo hasta una terraza en la segunda planta. Estos elementos no son fútiles, sino que d an servicio a sus co rrespondientes instrumentos. En este caso dos enormes cua dr antes que ocupan todo el alto de la facha da y s e enfo can respectivamente ha cia norte y sur. La función de las escaleras es permitir las mediciones con estos inst rumentos independientemente de la altitud de l astro observa do. La fachada este p resenta otro gran instrumento f ormado por dos lí neas e n ángulo recto, quedando la de may or tamaño ( equinoccial) alineada con el plano del ecuador y la menor (polar) con el polo celeste, que junt o con u n reloj con segundero p ermite conocer la difere ncia de ascensiones rectas entre dos estrellas. Figura 3.18 – Propuesta de alzad o oeste p ara el observatorio de Caramuel. En ambas fa chadas, en la mi tad del segundo piso, hay un a abertura con una cruceta, por la que entraría la luz direc ta del sol al amanecer y al atardecer, permiti endo estudiar su amplitud ortiva y occidua, pa ra examinar los movimientos solares. Gé nesis del ob servatorio moderno 101 Por último, la cruz que remata el edificio, lejos de ser un ornamento vacuo tiene su propia fun ción astronómica. Caramuel precisa que, conociendo la altura exacta d e la cruce ta y la distancia en planta desde un punto cualquiera de obs ervación con el suelo bien nivelado, con unos cálculos trigonométricos se puede cons eguir la alt itud y acimut de cualquier astro. Figura 3.19 – Propuesta de alzado este para el observatorio de Cara muel. Es ne cesario insistir en que Caramuel no es arquitecto, sino un estudioso que elabora un tratado con una idea de observatorio destinada a servir como modelo. L o cierto es qu e su propu esta, desde una perspectiva arquitectónica, resulta bastante imprecisa ya que se limita en gran parte a resolver tan sólo la envolvente, ignorando el interior del edificio o su repre sentación en plantas o secciones. Además, aunque su int ención declarada sea vincular la definición del observatorio estrictamente a su función, termina resultando incon gruente al caer en el uso de elementos decorativos propios de la época: frontones, balaustradas, molduras, cornisas, remates, e tcétera. Comprendiendo las lim itaciones de su conoci miento de la materia, hay que reconocerle a Caramuel u na visión innovadora y trans gresora según la cual la arquitectura debe r esponder a la función que alberga. En este caso, el observatorio tiene que satisfacer la necesidad astronómica. Sin embargo, lo drástico de su premisa marg i na a la propia arquitectura de la ecuación, convirtiéndola en un mero pretexto, y suprime, en bue na parte, las Gé nesis del ob servatorio moderno 102 necesidades del usuario. El observatorio de Cara muel deja a la arquitectura y al usuario subyuga dos a la astronomía. Llegados a este punto, Kwan afir ma qu e “la astronomía t ípica re n acenti sta no requería mucho diseño arquitectónico a gran es cala. Lo que se corrobora, en cierto sentido, por el hecho de que los auto res astronóm icos no tenían nada que d ecir sob re los observatorios, más allá de que estaban ubicados en d eterminadas poblaciones, casas o torres” 101 . Sin embargo, por nuestra pa rte entendemos que los autores no hablaban de observatorios porque era difícil c atalogar como tal muchos de los semiimprovisados espacios de observación. Recordemos ahora en p alabras de Caramuel la importancia del arquitec to en los observatorios: “cuanto dista el Cielo de la Tierra, dista (la Astronomía) de la Arquitectura ; y v endrá a ser pone r en manos de Vitrubio un Astrolabio, que un pico o un azadón en las de Ptolomeo” 102 . Desde un aspec to meramente práctico, el observatorio protege al astrónomo y su equipo de las inclemencias meteorológicas, permitiendo unas observaciones mucho más duraderas y precisas. Má s allá de esto, el observatorio propicia un lugar d e estudio, de intercambio de conocimie nto e incluso de residencia. Todo esto f avorece unas condiciones de investigación más fa vorables imposibles de cuantificar. En definitiva, seguiremos a lo largo de los siguientes apartados comprobando cómo la evolución de los observatorios como edificios r esulta esencial p ara el avance de la astronomía, aunque se ha ido demost rando hasta e l momento. Surge el telescopi o Aunque ahora parezcan indisociables, la astronomía y los telescopios no siempre han ido de la mano. De hecho, est a ciencia ap arece bastan tes siglos antes de que el telescopio sea una reali dad. Como hemos visto a lo lar go d e apartados anteriores, la 101 Kwan (2012): Architectures of astronomical ob servation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to Rad cliffe Observato ry (1772) , p.23 102 Caramuel de Lobkowitz (167 8): Arch itectura civil r ecta y obliqua . Tomo II . Tratado VII. Artículo VI. p. 64 Gé nesis del ob servatorio moderno 103 evolución de la astronomía ha sido constante pese a basarse en medios simplement e oculares, y esto se ha reflejado en los espacios desde los que se estudiaba el cielo: los propios observatorios. La ampliación, característi ca esencial d e los telescopios, se conoc ía mucho antes de la invención de estos. Ya en la civilización islámica medieval se rec urría a un útil denominado piedra de le ctura, un vidrio semiesférico para agrandar el texto que se iba a leer. Incluso, pese a que la invención de los anteojos se produce en Italia h acia 1284 y a que a principios del siglo XV los fabricantes de gafas s e extendían por tod a Europa, no se alcanzaría esa relación de problema-solución hasta doscientos años más tarde. Habría que esperar para confirmar que , como algunos pensadores habían int uido durante cientos de años, había mucho más de los pequeños puntos borrosos de luz que se veían a simple vista 103 . La invención del tel escopio, como sucede en otros muchos inventos, está rodeada de controversia. Exist en diversas alusiones a inventores varios, todos ellos alrede dor del 1600. S in embargo, la ve rsión más ampliamente aceptada es la qu e asi gna su autoría al fabricante de gafa s hol andés, Hans Lippershe y 104 . La historia comúnmente aceptad a afirma que el aprendiz de L ippershe y ju gaba con dos lentes alineándolas y mirando a través de ellas hacia un campanario cuando l a imagen borrosa se definió magnificada. Lippershey reconoció la im portancia del halla zgo. A partir de aquí construyó un armazón de madera a m odo de tubo que albergase las dos lentes, dando lugar a lo que llamó “looker”, observador o mirador. Lippershey ponde ró la importancia de ve r a distancia en un c ontexto mi litar y , después de años de mejoras, en 1608, vendió su “looker” al ejército holandés. Ese mismo año solicitó la patente, que le fue n egada por la aparición d e demandas de otros supuestos autores de la invención 105 . La repercusión del inven to se extendió rápidamente por Europa y otros fabricantes lo copiaron. Al año siguiente se vendían en París o L ondres para cazadores y marineros. La popula ridad del “looker” llegó hasta I t alia, donde un comerciante ofr eció uno a las autoridades, qu e lo d erivaron a un conse jero científico, quien lo examinó y describió 103 Barter (2005): Telescop es , p. 10 104 Moore (1997): Eyes on the Universe: The S tory of the Telescope , p.7 105 Donn elly (1973 ): A short histo ry of observatories , p: 3 Gé nesis del ob servatorio moderno 104 detalladamente a Galileo Galilei, el fabricante más reputado de Venecia, para que se encargase de construir uno propio 106 . Lo bautizaría como “cannocchiale ”. Un año después Galileo había construido y a varios telescopios basados en el diseño de Lippershey, sin embargo, antes de elevar su mirada al cielo para re volucionar la astronomía, Galileo intuy ó un uso militar para el dispositivo. En una carta al Duque de Venec ia afirma que: “El poder de mi cannocchiale para mostrar objeto s lejanos tan claramente como si estuviera n cerca nos debe da r una ventaja inestim able en cualquier acción militar en tierra o mar. En el mar, podremos ver sus band eras dos horas ant es de que pueda n vernos; y cuando hayamos establecido el número y el tipo de las nave s enemigas, podremos decidir si perseguirlo y comprometerlo en la batalla, o tom ar vuelo. De manera simil ar, en tierra debería s er posible desde posi ciones elevadas observar los campos enemigos y su s fortificaciones”. Y en otra : "Ten go muchos y admirables dispositivos; Pero sólo los príncipes podrían pon erlos en práctica, po rque son ellos los que pueden llevar a cabo gue rras, construir y defender fortalezas, y p ara su deporte re al hacer gastos más espléndidos" 107 . A principios de 1610, Ga lileo se sorprende al apuntar su tel escopio hacia l a Luna y descubrir la definición d e su superficie con montañas, llanuras y cráteres. Dirigiendo su mirada hacia J úpiter desc ubrió que tenía cuatro lunas. En marzo de ese mismo año, Galileo publicó Sidereus Nuncius , un libro de veinti cuatro páginas en el que se detallaba una descripción de sus observaciones del cielo nocturno inéditas para nin gún otro científico. En éste se expli caba: “Al no ahorrar ni trabajo ni gastos, logré c onstruir para mí un instrumento tan superior que los objetos vistos a través de él parecían magnificados casi mil veces y más de tr einta veces más cerc anos que si los veía sólo mediante las ca pacidades naturales de la vista” 108 . Figura 3.20 – Diagrama del telescop io refractor de Lippershey y Gali leo. 106 Barter (2005): Telescopes , p.12 107 ibidem , pp.12 - 14 108 Moore (1997): Eyes on the Universe: The Sto ry of the Telescope , p.10 Gé nesis del ob servatorio moderno 111 Es e l caso d el telescopio de Robert Hook e (1 674) en el Gr esham College para medir el paralaje, quien a nte la necesidad de una instalación en un espacio alto y estrecho, sin perturbaciones, durante un periodo extenso de ti empo, optó por acomodarlo en su propia residencia. S e montó de forma ve r tical, atravesando la cubi erta y un forjado, para que pudiese realizar las observaciones desde el nivel inferior. Además le incorporó un sistema q ue permitía su cubrición y res guardo con mal ti empo o cuando no estaba en uso. Figura 3.26 – Diagrama del puesto astronó m ico de Hooke en el Gresham Colle ge. Hooke lle gó a la conclusión que las claves eran la masa y l a rigidez, ambo s caros a escala arquitectónica y difícile s de conseguir 117 . Ade más, la altura de la estructura emparejada a l telescopio limitaba la longitud máxima de éste. Aprovechando su relación con el arquitecto real C hristopher W ren y el contexto de rec onstrucción tras el gran incendio que había asolado L ondres, Hooke pudo colabor ar en el diseñ o de grandes obras, incorporando a l os pro y ectos una vertiente astronómica. Esta intervención se limitó a incluir en construcciones altas un a ver tical ininterrumpida, ocasionalmente mediante trampillas, q ue permitiese la inst alación de grandes t elescopios o experimentos que requiriesen de mucha altura . En todo caso no hay constancia de la implantación de dichos telescopios o de la práctica de esos experimentos, por lo que no puede decirse que sus actuaciones 117 Kwan (2012): Architectures of astronomica l observation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to Radcliffe Observato ry (1772) , p.163 Gé nesis del ob servatorio moderno 112 resultasen exitosas, a l menos en lo relativo a la astronomía. En estos proye ctos el objetivo principal no era, en ningún caso, la ciencia, sino que tenían otro uso, siendo la astronomía un injerto que se adaptaba al diseño de la arquitectura preconcebida con otra finalidad. Un trabajo similar es el de J ohn Flamsteed (1676), que busca esa estabilidad vertical profundiz ando en la tier ra en luga r de creciendo hacia el cielo con una construcción, en una evolu ción semejante a la llevada a cabo por Tycho Brahe en su segundo observatorio. Flamsteed instaló su telescopio en un pozo seco de unos treinta y cinco metros de profundidad. En la parte inferior se situaba la zona de observac ión, a la que s e accedía mediante una escalera de caracol y desde la que surgía un telescopio que alcanzaba la pequeña construcción qu e cubría el pozo 118 . Este pro y ecto ta mbién presentaba inconvenientes, como la humedad o los insectos que podían deteriorar el propio telescopio. De cualquier modo, aunque con algunas mejoras pudi ese haber representado una buena solución pa ra los telescopios cenitale s, su ámbito de aplicación era bastan te limitado, por lo que no lleg ó a consolidarse en ningún modo. Figura 3.27 – Instalación astronómica en el p ozo d e Flamsteed. Estos astrónomos habían recurrido a una soluci ón imprevista y po co planificada que, si bien les p ermitió avanzar en sus investigaciones y co nseguir ciertos descubrimientos, no sig nificó avances en el diseño de los observatorios. Por otro lado, hacia la seg unda mitad del siglo, comenzó una carrera por conseguir el telescopio de mayor longitud, por lo que se desarr ollaron mod elos aéreos cada vez más lar gos y más complicados de utilizar. Estos instrumentos se hicieron t an lar gos que y a no cabían en el int erior de edificios. Además del p roblema de conseguir una 118 Kwan (2012): Architectures of astronomical ob servation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to Rad cliffe Observato ry (1772) , pp.175 -178 Gé nesis del ob servatorio moderno 113 ubicación en el que instalarlos, su exposición dificultaba su mane jo y las tar eas de medición o recog idas de datos nece sarias para la investigación. Figura 3.28 – Dibujo del telescopio de Hooke en el patio del Gresham College exp uesto e n la Ro yal Astronomical Societ y. Pongamos por ejemplo un telescopio de Robert Hooke de unos doce metros de larg o, instalado alrededor de 1660 en el Gresham Coll ege de Londres para uso del arquitecto y astrónomo C hristopher Wren. El teles copio era suficientemente largo como para que resultase demasiado complicado ubicarlo y manipula rlo en un espacio interior. Por ello se terminó estableciendo en un patio, izado hacia la mi tad de su longitud de un poste de quince metros de alto. S i bien la altura de la edificación perimetral coartaba parte de la visión del cielo, también es cierto que reducía la exposición al viento y controlaba el acceso de público. De forma que p ese a conllevar al gún inconveniente, la ubicación en el p atio ofrecía algunas contraprestaciones que favorecieron las buenas observac iones 119 . Algunos años más t arde, en 1681, y con la experiencia de haber pa rticipado en algunas instalaciones astronómicas, Wren describiría un obs ervatorio ideal con “un gran cuadra nte fijado a un muro alineado con el me ridiano”, “postes para levantar grandes telescopios” y con “ espacio para manejarlos” y con un edificio sin techo para alb ergar otros instrumentos, compuesta sólo por una envolvente de cuatro fachadas que pued an “ser retiradas en su totalidad cuando los instrumentos se utilizan, como quitando la tapa 119 Kwan (2012): Architectures of astronomica l observation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to Radcliffe Observato ry (1772) , pp.141 -148 Gé nesis del ob servatorio moderno 114 de una c aja, o con bisagras […] como una trampilla” pa ra permitir observac iones cercana s al horizonte 120 . Wren, como arquitecto, i dentifica el problema que supone l a propia obstru cción del edificio para los útiles de observación, y plantea ya entonces alguna man era en l a que solventar dicha complicación. De alg ún modo, se adelanta a las soluciones para las envolventes de observatorios posteriores. Continuando con esta tende ncia de los gra ndes telescopios, el astrónomo holandés Christian Huy gens de sarrolló telesc opios aéreos cada vez de mayor longitu d focal, luego m ás largos, h asta sobrepasar los treinta met ros de distancia focal. S us telescopios carecían de un arma zón completamente rí gido, contrariamente sólo los dos extremos, con sus lentes, se encontraban en sus r espectivas carcasas con sus respe ct ivas estructuras de apo y o, sol o unidos entre sí por un cordel. Estos tel escopios se ubicaban necesariamente en esp acios abiertos, lo que atraía el interés de los ciudadanos de la región 121 . Poco antes de morir, en 1692, lleg ó a pre sentar ante la Roy al Societ y de Londres un modelo de treinta y siet e metros de largo 122 . Figura 3.29 – Esquema de un telesco pio aéreo de Huygens. 120 Donn elly (1973 ): A short histo ry of observatories , p.26, citando una carta al Dr. Jo hn F ell, Obisp o de Oxford 121 Moore (1997): Eyes on the Universe: The Sto ry of the Telescope , p.15 122 Donn elly (1973 ): A short histo ry of observatories , p.10 Gé nesis del ob servatorio moderno 115 Otro caso es el de su coetáne o Johannes Hevel, también conocido como Hevelius de Danzig, actualmente Gdansk. Él poseía tr es casas ad yacentes y h acia 1641 unió sus tres cubiertas, con una gran plataforma continua, para uso astronómico, donde situó sus telescopios aéreos con armazón rígido. Aunque hay r eferencias hacia esta construcción que la id entifican como un observatorio, lo cierto es qu e, desde nuestra perspectiva, parece ser una solución improvisada que recuerda bastante a l a plataform a del p alacio del Landgra ve Wilhelm IV 123 . Luego por coherencia, consideramos esta solu ción como un puesto de observación cuy a única relevancia ra dica en la pionera inst alación de estos grandes instrumentos de forma permanente sobre una construcción. Figura 3.30 – Grabado de la plataforma astronó mica sobre las vi viendas de Hevel. Respecto a sus telescopios, primero montó uno de dieciocho metros de longitud, luego otro de v eintiuno. Finalmente, terminaría construyendo uno de unos cuarenta y cinco metros de largo, que sobrepasaba los límites de lo que podía establecer en su plataforma. Por lo tanto, se vio obligado a sacar este telescopio a campo abierto a los alrededores de la ciudad, instalándolo sobre un poste de veintisi ete metros de alto y suspendido por varios tirantes a lo largo de toda su longitud 124 . La obs ervación con un telescopio de esas dimensiones no debió ser algo sencillo, al contrario. Pa ra facilitar esta tarea, el instrumento contaba con una silla espe cial para Hevel, qu e le permitía permanecer s entado a diferentes alturas p ara mejorar la comodidad durante el estudio del cielo. Er a necesario un pequeño grupo d e colaboradores p ara trasladar, erguir y montar perfectamente alineadas las s ecciones del 123 desarrollado en el apartado “Génesis del observatorio moderno” , p. 68 124 Moore (1997): Eyes on the Universe: Th e Story of th e Telescope , p.14 Gé nesis del ob servatorio moderno 116 telescopio de campo. Algo similar sucedía con l as observaciones: parece ser que Hevel podía manejar por sí mi smo los telescopios de su plataforma, pero éste era demasiado apara toso para manipularlo él sólo. Por ello, reque ría de un equipo de operarios perfectamente coo rdinados para mover el telescopio con precisión mediante cables y poleas, mientras é l permanecía sentado mirando por el ocular 125 . Figura 3.31 – Grabado de uno de los telescopio s de Hevel. A las dificultades propias de elaborar un telescopio de manera artesanal de esas dimensiones se le añade la complejidad de cons eg uir una estru ctura esta ble, lige ra y móvil al mismo tiempo. El mástil, por ser un elemento tan esb elto, tendería a la oscilación. Además, las cuerda s podrían dilatarse o contraerse con los cambios de humedad, dificultando e l calibrado del instrumento. Por otro lado, a la complej a operatividad del te lescopio, por su tamaño, hay que sumar las dificultades de trabajar expuesto a los elementos y las fati gosas posturas para adecuarse a l a observación. De ahí que Hevel tratase de reducir, en la medida de lo posible, la incomodidad mediante el diseño de la silla complemento, especialmente concebida p ara l a observac ión con estos instrumentos. De aquí se puede e xtraer la importancia que e ste astrónomo l e confe ría al confort del usuario. 125 Kwan (2012): Architectures of astronomical ob servation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to Rad cliffe Observato ry (1772) , pp.149 -150 Gé nesis del ob servatorio moderno 117 Figura 3.32 – Grabado de la si lla de o bservación di señada po r Hevel. Dando un paso más, Hev el presenta en su Machinae Coelestis de 1679 un pro y ecto de observatorio. El diseño se basa en la su perposición de dos ele mentos bien diferenciados. En primer lug ar, presenta una gran plataforma de madera elevada sob re el terreno mediante un a retí cula de pilares, desde la que poder realizar observaciones con varios telescopios simultánea mente. Además, el s uelo sería retirable, al menos en parte, para permitir la visi ón del cielo desde la parte inferior para otros trab ajos o experimentos. En seg un do lugar, pl antea una torre centrada en la plataf orma, que la sobrepasa unos veinte metros en altura y que queda rematada por una cubierta que descansa sobr e un anillo del que salen cuatro trav esaños con poleas y aretes de los que colgar los largos telescopios aére os. La principal innovación de la propuesta consiste en que toda la cubierta, con los travesaños, queda sobre un sistema de engrana jes que posibilita el giro de la e structura. Figura 3.33 – Grabado de la Machinae Coe lest is de Hevel. Gé nesis del ob servatorio moderno 118 El gra n acierto de He vel en su diseño ra dica en incorporar el movimiento a la construcción. La observación implica un seguimiento prolongado en el tiempo durante el que la rotación de la Tierra p arece desplazar l os cuerpos celestes por el cielo cuando estos no se desplazan p or su propio movimiento. L a obs ervación no es un pro ceso estático y Hevel refle ja esto en su propuesta, anticipando un rasg o que se terminaría consolidando en la arquitectura de los observatorios muchos años más tarde. Por el contrario, el int erior de esta estru ctura carece de interés, y a que sólo parece servir de a cceso a la parte superio r para, tal vez, tareas de mantenimiento. Dado qu e sólo es un p ro y ecto teóri co no es posible aventurar si, en caso de h aberse materiali zado, se hubiese habilitado y dotado de un uso ese espacio. Con este pro y ecto, Hev el ima gina que “nunca tendría qu e instala r esos largos y pesados telescopios con tanta pérdida de tiempo y tantos p roblemas” 126 , pr ofetizan do que los telescopios, al m enos al gunos, d ejarán atr ás su portabilidad par a in stalarse como instrumento principal en los observatorios, en una r elación simbi ótica con la construcción. No obstante, esta aso ciación no se materializaría hasta años después y, mientras tanto, la progresión en e l crecimiento de los instrumentos había alcanzado e, incluso, sobrepasado ampliament e la escala de los edificios que pretendían albergarlos. P or este motivo, los gra ndes telescopios empezaron a requerir unos volúm enes que implicaban el abandono del cobijo de la arquitectura, dejando atrás los observatorios. La consecuencia directa conllevó al guna s complicaciones difícilmente salvables: la incidencia directa del viento disminuía la precisi ón de las observaciones, la niev e o l a lluvia impedían la correcta toma de notas y, en general, la exposición climática no era adecuada para las largas observaciones del astrónomo; además el telescopio quedaba abierto a un público que podía deteriorarlo o dañarlo. Parece evidente, por lo tanto, que el tamaño de los telesc opio s aére os tenía un límite. Así que, de i gua l modo que T y cho había huido de la exposición de sus plataformas de Uranibor g buscando el resguardo, Rømer traslada las observaciones a l contexto arquitectónico de su propia casa, en la que ocup a una habitación ori entada a sur para dicho uso, donde instalará su “mac hina doméstica” en torno a 1690. Este i nstrumento se 126 Hevel (1679): Machinae Coelestis , p.55 Gé nesis del ob servatorio moderno 119 basa en un telescopio de tránsito meridiano, p erfectamente o rientado en un plano nort e - sur y con una estabilidad fiable, para captar el instante en que el astro observado c ruza el meridiano y tomar la s correspondientes referencias. En este sentido, pese a que en este periodo era habitual el uso de telescopios largos, “muchas de las observ aciones importantes de l a se gunda mitad del siglo XVII se hicieron con instrumentos más cortos, que eran más fác iles de manejar y a lojar” 127 . Figura 3.34 – Grabado de p ues to de o bservación doméstico d e Rø m er. Atendiendo al grabado de Horrebow, en su Basis astronomiae , sobre el observatorio doméstico d e Rømer, es posible entender cómo el astrónomo cegó uno d e los frentes del ventanal manteniendo la apertura mínim a para la operatividad del telescopio 128 . De e ste mod o, podía trab ajar realizando obse rvaciones manteniendo el confort climático aun e n condiciones meteoroló gicas ad versas. Ad emás, mientras no estuviese en uso, se podría cerr ar la abertura con una tabla evitando la pérdida de calor. Nótese cómo en el grabado se p ercibe, a trav és de la vent ana, un recorte en el tejado de la vivi enda visible. Probablemente esta apertura responda a la vocación de Rømer de extender sus observaciones hasta la s menores altitudes. De cualquier fo rma, es imposi ble saber con certeza hasta qué punto condicionó la arquitectura sus observaciones. Es decir, ¿diseñó R ømer un dispositivo que, por pur a 127 Donn elly (1973 ): A short histo ry of observa tories , p.14 128 Horrebow (16 75): ilustración en los apéndices de la obra citada Gé nesis del ob servatorio moderno 120 casualidad, podía ad aptarse al espacio que y a tení a o ideó su “machina doméstica” para adecuarse a la arquitectura de su c asa? Pese a que sea imposible descart ar la primera alternativa, parece más probable, menos aleatorio, el segundo escenario. Lo cual nos da una muestra más de la importancia de la arquitectura en los observatorios. Una arquitectura siguiendo a la astrono mía Durante este periodo de varias dé cadas en la que aparecen los primeros observatorios astronómic os europeos se p roduce un proceso de aprendizaje, en muchas ocasiones mediante ejercicios de ensa yo-error, que no termina por d efinir un modelo de edificio concreto que represente lo que debe ser un observatorio moderno. Estos vaivenes en el diseño de los proy ectos son el r esultado de una planificación en base a algunas ideas elementales o la propia e xperiencia (ya sea por el conocimiento de otros centros exist entes o por intentos previos más o menos fallidos). No obstante, cada p aso que se daba en la definición de los observatorios resultaba estar un paso por detrás de las necesidades de la astronomía. Los usuarios requerían un res gua rdo d el viento, del frío o de la lluvia, una zona donde anotar sus mediciones, recopilar datos, contrastar inform ación e incluso descansar y avituallarse entre largas jornad as de observación. Todo esto eran aspectos que un observatorio podí a - y estaba obli gado a- resolver tal y como lo hacía cualquier otro edificio. Sin embargo las necesida des de la ciencia no era n tan fác iles de satisfacer: dando la visibilidad por supuesta (lo que dependería tanto del contexto geográfico o edificatorio del centro como de las condiciones circunstancia les del mismo), la importancia d e la estabilidad estructural surge desde los inicios al significar su ausencia una merma importante de la precisión y fiabilidad de las observaciones. Más allá de esta estabilidad, los avances astronómicos y los nuevos tipos de observación demandaban nuevas condiciones sin las que era im posibles ponerlos en práctica: del mismo modo que las observaciones del tránsito meridiano exigían una perfecta alineación norte -sur, las observaciones de cá mara oscura de precisió n demandaban unas proporciones de espacio vacío con un h ueco de fachada determinado. A todo esto hay que sumar la aparición del telescopio, que revolucionaría la observación astronómi ca y cu ya Evolución del observatorio moderno 127 ciencia, y una important e pujanza económica qu e marcaría el reinado de Louis X IV. Y pese a que las primeras propuestas par a su construcc ión se remontan hasta el 1 634 129 , tendrían que pasar tres d écadas para que el primer observatorio nacional del mundo 130 viese la luz. Esta propuesta se uniría a otros proyec tos como los del L ouvre, la Biblioteca Re al, las Tull erías o V ersalles, para perpetuar la impronta d e grandeza de la Francia de l si glo XVII y su monarca . En 1665, el astrónomo francés Adrien Auz out, inició las gestiones ante el R ey p ara la formación de una entidad que agrupase las ciencias y las artes. Un año más tarde, en 1666, L ouis XIV fund a de la mano de su ministro, J ean-Baptiste Colbert, la Academia de las Ciencias ( Académie des Sciences ), cu ya sed e se ubicaría d e forma temporal en el Barrio Latino 131 132 . Entre los académicos, además de matemáticos, escritores, ingenieros, o médic os existía una amplia representación de los más importantes astrónomos de la época , como Adrien Auzout, Christian Huyge ns o Jean Picard, quienes realizaban sus observaciones desde los jardines y alr ededores d e la sede inicial. No obstante, los avances d e esta ciencia, en lo que a la precisión de sus instrumentos se refiere, dejaba n patente que dichas condiciones suponían un hándicap pa ra l a investigación, haci éndose cada vez más necesario contar con un luga r diseñado expresamente para esta finalidad. Así, se pone en conocimiento del mi nistro Colbert la demanda de un obse rvatorio: “La primera cosa que el Señor Colbert ha escuchado a qui enes fueron e scogidos […] para componer esta academia fue que para un observatorio adecuado para la astronomía, deben escoger un lug ar que juzguen apropiado para una buena observación, y será construido un edificio qu e no solamente sobrepase en grande za, belleza y comodidad lo observatorios de Inglaterra, Dinamarca y China, sino que todos digan que responde de alguna forma a la mag nificencia del príncipe que lo hiz o construir” 133 . Aportando fundamentos más pragmáticos Auzout apuntaría que un observatorio podría ayudar a la geo grafía para que el Rey pudiese delimitar con mayor precisión las 129 Donn elly (197 3): A short histo ry of observatories , p.14 130 Howard-Duf f (1984): “Paris Observatory in 1784 ”, p.26 131 Taton (1976): “Les origenes et les d ébuts de l‟ Observatorie de Paris”, pp.65 - 67 132 Kwan (2012): Architectures of astronomica l observation: from Sternwa rte Kass el (circa 1560) to Radcliffe Observato ry (1772) , p.192 133 Perrault (1909 ): Memoir es de ma vie , pp.219-220 Evolución del observatorio moderno 128 frontera s del estado. Partiendo de esta premisa, Colbert advierte l a c onsecuencia económica d e dicho razonamiento, que posi bilitaría un ma y o r control d e la actividad reca udatoria impositiva y una mejor explotación de los recursos naturales 134 . Además de la releva ncia que pudiese tener par a el avance científico o su rédito económico y político, co nstruir un gran obs ervatorio, el más im portante de su tiempo, tendría un valo r simbólico que r edundaría en p restigio para Francia y para el propio Rey. L o cual incluso pod ría implicar una capacidad de llamamiento y congregación para los mejores astrónomos y científicos de Europa, que potenciaría la investigación y favorecería los resultados y avances. Y precisa mente así sucedería, y a que Hu y gens, Helvenius, Leibnitz o Cassini, entre otros, se ve rían atraídos por París Más a llá de la evid ente función astronómica, C olbert decidió que el edificio se convertiría en el lu gar de encuentro de la Academia, por lo que tendría que incorporar otros usos administrativos y de otra índole científica. Así que, el observatorio debería incluir un área de reuniones, un espacio p ara ubicar colecciones de modelos mecánicos y depositario de especím enes de historia n atural, una zona para ex perimentos químicos y hasta habitaciones para los ocupantes 135 . Habiéndose tomado y a l a decisión de construir un observatorio , se hiz o necesaria una reflexión sobre la idoneida d de su ubicación. Si inic ialmente se había eleg ido Montmartre como luga r para el asentamiento atendiendo a topografía, se comprobó que pese a tener una posi ción elevada respecto a la urbe estaba demasiado p róximo a ella, quedando la vista del cielo entorpecida por los hu mos de París. Finalmente, se optó por una parcela al sur de la ciudad, en una z ona b astante ll ana con escasa edificación, lo que asegura ba una buena vista de los cielos. El 21 de juni o de 1 667, coincidiendo con el sol sticio de verano, los científicos y matemáticos fijaron, en una ceremonia solemne en sitio elegido, la posición de la línea meridiana sobre la que se centraría la construcción con sus fa chadas alinea das a las direcciones cardinales 134 Kwan (2012): Architectures of astronomical ob servation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to Rad cliffe Observato ry (1772) , p.193 135 Colbert (1870): Lettres, instructions et mémor ies , p.512 Evolución del observatorio moderno 129 Uno de los miembros de la Academia era Claude Perrault, afamado arquitecto a la par que médico y polifacético científico. Quien g ra cias a su privil egiada posi ción y conocimiento de los experimentos, prácticas y funcionamiento de la institución fue seleccionado por Colbert para elaborar el diseño del observatorio. Pr ecisamente el hecho de que Perrault se encontrase tra duciendo el tratado clásico De Architectura (también llamados los Diez Libros ) de Vitrubio tiene su correspondencia en la definición del edificio, que posee un len guaje, estilo y proporciones propias de la arquitectura clásica romana. En todo caso, el pro yec to concebido por Perrault, pes e a su autonomía y determinac ión inicial, terminaría siendo el resultado del compromiso entre la arquitectura y la c iencia. Perrault pretendía alumbrar un edificio monume ntal e icóni co que respondiese al patrocinio real concedid o a través de Colbert, tr asladando la pureza y perfección d e los órdenes clásicos a una arquitectura moderna que respondiese con una nu eva tipolo gía edificatoria a un nuevo uso: el observatorio astronómico. Figura 4.1 – Gr abado del Observator io de Par ís en su ubicació n final. Dado que el edificio iba a servir de lugar de reunión para la r ecién creada Academia y d ebía re sponder a u na variada y compleja func ión científica , se contó con la participación de los académicos par a determinar los principales requisitos de la construcción. Sin embargo, dado que la finalidad del observa torio no era s ólo el estudio astronómico, sino que también tenía un objetivo políti co-estratégico, se ignoraron Evolución del observatorio moderno 130 algunas de las directrices planteadas, con lo que el pro y e cto ini cial no podría llegar a cumplir del todo su empresa 136 . La ma y or parte de los planos y la maqueta del edificio que s e aprobó o riginalmente se perdieron durante un incendio, siendo posible acceder a algunas reproducciones aún conserva das o escritos d e otros auto res qu e estud iaron el obs e rvatorio. En todo caso, el propio autor parece que dejó varias notas en los planos que no a rdieron q ue apuntan los aspectos clav es del pro y ecto, que evidencian la fu nción astronómica del pr oyecto 137 qu e son: acoge r los principales instrumentos de observación astronómica, añ adir una línea meridiana en la planta su perior, incorporar dos pabellones de observación (en las torres octogonales) sobre la planta de cubierta, para evitar obstáculos en la visió n del cielo e incluir un óculo que atraviese el edificio desde el sótano a la cubierta. Asimismo, el arquitecto insiste en la fina lidad científica de la construcción. En palabras d el propio Perrault: “El edificio del Observatorio se construirá d e manera que pueda abastecerse de todos los principales instrumentos as tronómicos que se utilizan para las observaciones” 138 . Pese a la intención de Pe rrault, su diseño inicial p resentaba muchos inconvenientes para ser un obs ervatorio, fruto, sin duda, de la carencia de los conocimientos y experiencia astronómica y de la ausencia de un colaborador qu e cubri ese ese déficit. Lo cual se pondría de manifiesto con la llega da del as trónomo italiano Giovanni Domenico Cassini (también conocido como J ean-Dominique o, simplemente, Cassini I) durante la construcción, quien se sumó al pro y e cto. L os cambios de diseño derivados de esta incorporación terminarían por dar lugar a un edificio mucho más adaptado a la actividad científica que el previsto originalmente. El Observatorio de París sería la consecuencia de la colaborac ión entre arquitectur a y astronomía . El pro y ecto o riginalmente ideado por Perrault es de 1667, en contrándose pequeñas variaciones entre los suc esivos dibujos que se co nservan, como es frecuen te en las fases iniciales de diseño. La primera intención apu ntaba hacia un edifici o con forma de cubo con tres torres adosadas: dos las esquinas al sur y la otra en el centro d e la fac hada 136 Donn elly (1973 ): A short histo ry of observatories , pp.15- 16 137 Kwan (2012): Architectures of astronomical ob servation: from Sternwarte Kassel (circa 1560) to Rad cliffe Observato ry (1772) , p.195 138 Perrault (1909 ): Memoires de ma vie , p.221 Evolución del observatorio moderno 131 norte, siendo todas de planta cuadra da y con las esquinas exteriores ac haflanadas. Además esta construcción se levantaría en castrada a una gran m eset a aterrazada en dos niveles a modo de b aluarte con un a ap ariencia ho móloga al de las mur allas de pólvora. Aún antes del inicio de las obras la pla nta sufrió cambios: aparecen modificaciones en la distribución interior, la e scalera principal cambiaría de po sición y las torres pasarían a ser de planta o ctogonal. Sin embarg o, aparentemente no ha y nada en el diseño que nos haga indicar que se trata de un observatorio en lugar de un edificio civil . Cuando Cassini 139 llega a París en 1669 los muros del edificio y a están elevados hasta el primer nivel 140 . Desde un primer momento, Cassini detecta algunos aspectos del diseño que en lu gar de favorecer el uso astronómico puede n suponer u na traba p ara dicha función. La s propias torres septentrionales repre s entan un error d e concepto para Cassini, ya al quedar adjuntas al blo que principal tenían una facha da c egada cada una, por lo que su uso impli caría duplicar los instrumentos o, al menos, trasladarlos entre una y otra torre a medida que los astros se de splazaban por el cielo de este a oeste. Este tra nsporte supondría también una r ecolocación y recalibrad o constante, sin obviar una tarea de planificación que evitase requerir de un determinado instrumento que enfoc ase hacia oriente y occ idente en un breve periodo de tiempo. Cassini hubiese preferido que el edificio careciese de torr es, como se dedu ce de sus propias palabras: “M e hubiese gustado qu e el mismo edificio del Observatorio hubiese sido un gran inst rumento, lo que no va a ser posible a causa de estas torres” 141 . Además , el hecho d e que s ean d e planta octogonal tambié n le par ece un error, puesto que al ser sus paramentos estr echos y estar perforados po r ventanas y pue rtas tampoco le ofrecen espacio p ara inst alar útil es de obs ervación de gran tamaño. Por esto, prop one ter minar las torres en el primer piso, dejando el p erímetro de la segunda planta liberado para disponer una vasta habitación que ocupe toda la planta rodeada por una galería abierta. 139 por su recurrencia en este estu dio, al mencion ar a Cassini, a menos que se especifique lo contrario, se hace referencia a Giovanni Do menico Cassin i, denominando a sus descendientes de manera que se identif iquen sin confusión 140 Donn elly (1973 ): A short histo ry of observatories , p.16 141 Wolf (1902): Histoir e de l’Observatoire de Paris , p.24 Evolución del observatorio moderno 132 Todo ello con el fin de tene r un espacio des de el que poder obs ervar en toda s direcciones y disponer grandes cuadrantes de mucha precisión en las fachadas 142 . Todos estos cambios no hubiesen sido viables sin alterar las plantas inferi ores, que y a estaban parcialmente construidas, impli cando una demolición y recons trucción que Perrault no contempló. Como alternativa, C assini plantea conv ertir toda la cubierta en una plataforma de observac ión elevada y m odificar el diseño final de las torr es, para que se acomoden d e manera más acertada a la astronomía, a lo que Perrault tr ansige, adap ta ndo el diseño final a algunos de los requerimientos del científico. Si bien las demandas de Cassini eran, en general, razonables desde una perspectiva astronómica, se basaban en un conocimiento sob re las innov aciones en l os medios de observac ión que eran ajenos para Perrault, quien podía ofrecer poco más que una visión sin obstáculos de todo el cielo con espacios de s ervicio apropiados p ara esa finalidad. Además, no ha y que pe rder de vista que el edificio no estaba con cebido únicamente para la astronomía, sino que debía conten er otra actividad ci entífica así como servir d e sede para la Acade mia 143 . De al gún modo, tanto Perrault como C assini querían al canzar la mejor resolución posible, aunque tenían difere nte criterio. El científ ico sólo velaba por los in ter eses de la astronomía, supeditando cualquier decisión a la f uncionalidad en la lí nea del trabajo de Juan Caramuel 144 . Por el contrario, el arquitecto debía considerar los otros usos que contendría el proy ecto, incluy endo además e l valor estético y representa tivo de un edificio destinado a ser un referente. En cuanto a su diseño final, el Observatorio presentaba una forma cúbica con su s facha das alineadas hacia norte, sur, este y oeste, respectivamente, sobresaliendo de este volumen principal tres torres. Dos de ellas, de planta octogonal, flanqueaban la privilegiada fachada al s ur, ocupando las esquina s sureste y suroeste. La o tra, de planta cuadra da, se sit uaba en el centro de la fachada nort e componiendo la principal entrada al inmueble. El edificio presentaba una planta re ctangular de tr einta por veinticin co 142 Wolf (1902): Histoire de l’Observatoir e de Paris , p.24 143 Petzet (2009 ): “Opening lecture: The Observatory of the King Sun an d C lassical Astronomy”, p.29 144 véase el apartado “Primeras teo rías sobre la arqu itectura para la observación astronómica”, p. 95 Evolución del observatorio moderno 133 metros, e n donde quedaban adosadas las tres torres, y se elevaba hasta los tre inta metros. Además, la c onstrucción se engarzaba en el terreno, quedando la planta de acceso parcialmente e nterrada: abierta hacia el norte y semicubierta hacia e l sur. El exterior se resolvió en piedra color are na, con una composición li mpia, simétrica y bien ordenada, d eterminada por unos resaltes horizontales marcando en fachada los forjados, y l a r epetición de un elemento vertical: un ventanal terminado c on un arco d e medio punto marcando los ritmos del edificio. Tal vez, este gran hueco p racticable sea el único indicio estético de la fun ción astronómica. El conjunto quedó rematado hacia la cubierta por un a pequeña cornisa y una balaustrada que evidenciaba la utiliz ación de la parte superior del edif icio. Figura 4.2 – Ob servatorio d e París. P lanta. La planta de acceso del Observatorio tiene su ent rada en la p arte inferior de la torre norte, desde donde se accede a un recibidor con un hueco octog onal que lo conecta con el seg undo nivel. Asimismo, de sde este punto se puede acceder a dos pequeñas escaleras d e caracol qu e recorren ve rticalmente la construcción. A continuación, se encuentra el vestíbulo central que distribu y e la circulac ión en la planta. Este espacio presenta una pe rforación, a modo de óculo, que se repite atravesando todos los forjados del edificio desde la cubierta hasta los sótanos. Al oeste del vestíbulo se encuentran las cámaras dedicadas a la residen cia del conserje, encargado d el mante nimiento del inmueble y sus instrumentos. Al este, la cocina y una gran escalera que orga niza la comunicación vertical del proy ecto. Todo el frente sur de esta planta esta soterrado, Evolución del observatorio moderno 134 presentando sólo unas pequeñas troneras, más p ara ventilar qu e p ara iluminar, por lo que se dedica funda mentalmente al almacenaje 145 . En la planta intermedia, desde la gran esc alera se pasa a través de una pequeña habitación de s ervicio hasta otro gran vestíbulo en el que la actividad científica s e evidencia por la presencia tanto del recurrente óc ulo como po r un a línea me ridiana trazada en e l pavimento. Todo el frente sur se destina a la c iencia: la torre sureste para la ge ografía y cartografía, la torre suroeste para la astronomía, y el resto de esos espacios para dar s ervicios a estos usos (plani ficar, re visar notas, preparar útiles de observac ión…). El resto del ala oriental se reserva como residencia d el director de l Observatorio, inicialme nte el propio Cassini. L a sal a noroccidental queda como habitación común para descanso de los c ientíficos. En cuanto a la torre norte, se desconoce si tenía alguna función específica, co mo los experimentos de péndulo, o si la apertura de su forjado responde sólo a criterios d e diseño. Se inclu y en ta mbién en esta cota tres salidas, desde el centro d e la fachada meridional y desde l as dos torres octogonales, hac ia los jardines al sur. Figura 4.3 – Vista interior de la sala astronó mica con su línea meridiana del Obser vatorio de P arís. Al alcanzar la planta superior, la sala de la gran escalera desembocaba en u n amplio espacio diáfano que abarcaba desde la fachada meridional hasta la septentrional. Gracias 145 pese a no h aber aspectos arquitectónicos que permitan identificar sin incertidu mbre los usos interiores del edificio, se recurre a la o bra de Wolf para rellenar gran parte de es tos vacíos Evolución del observatorio moderno 135 al trabajo mediante bóve das y cúpulas, se unific a la galería orientada al su r con la torre norte en una cámara d estinada a la astronomí a sin soportes ni obstáculos, incorporando una línea meridian a a lo larg o de todo el suelo, sólo interrumpida por el ó culo. El sector este quedaba nuevament e destinado a un uso residencial, en este caso las habitaciones de los princip ales astrónomos de la institución. En el ala opuesta, se destina la sala restante como depósito de inst rumentos y útiles científicos de la Academia. La s torr es al sur se r eservan para la astronomía. L a suroeste, por su orient ación, e specialmente destinada a las obs ervaciones de puestas d e sol. P or su pa rte, destaca la si ngularidad de la torre sureste que , aq uí sí, la caracter iza para la función astronómica: carece de cubrición, lo qu e posibilita las observ aciones v erticales y el uso de t elescopios mu y larg os que podían apo y arse en unos soportes ubicados en el perímetro para dicho fin. Figura 4.4 – Ob servatorio d e París. Secc ión este-oes te. En cuanto a los sótanos, el pro y ecto plantea un a serie de túneles que so brepasan ampliamente la proy e cción de la planta del edificio, así como algunas cámaras cu yo uso previsto se desconoce; con la excepción de la sala b ajo los óculos, con una c lara vocación astronómica de observa ciones cenitales 146 . Parece evidente que las premisas del diseñ o interior de Perrault, en lo que a la ciencia se r efiere, no eran del todo acertada s. No obstante, el arquitecto incorpora en su proy ecto un hecho dife renciador qu e resultará capital para la fun ción astronómica: una cubierta plana y transitable. Toda la s uperficie del volumen principal queda establecida a una misma cota, con la salvedad de la cubierta correspondiente a la torre suroeste ligeramente rehundida y alg o elevada d e la torr e norte, para incorporar un pequeño 146 la obra d e Wolf recoge una lámina de d ichos subterráneos pero carece de explicaciones o co mentarios al respecto Evolución del observatorio moderno 136 observatorio adicional 147 . Además mantiene el óculo que atraviesa todo el edificio. El hecho de disponer d e esta ex tensión elevada permitía instalar aq uí los útiles astronómicos para realizar observaciones y experimentos sin obst rucción alg una. Esta decisión supone una importante innovación ya que se convie rte en el primer edificio con cubierta plana de la arquitectura moderna occidental. Las cubiertas planas son históricamente propias de la arquitectura vernácula tradicional de zonas c on pluviometría mu y escas a, como por ejemplo el norte de Áf ri ca. Est a construcc ión ancestral se basa en la superposición de capas de tierra o arcilla sobre una estructura portante de madera o cañas, en las que el deterioro causado por la infrecuente lluvia se subsana con asiduidad. Esta solución conlleva q ue las cub iertas carezcan de pendiente prevista. Por su parte, Perrault, diseña una cubi erta basada en la ruderatio de Vitrubio 148 con una leve inclinación que facilita la evacua ción de aguas sin impedir la confortable operatividad del usuario. Incluso en este caso, p ara evitar gá rgolas o v ierteaguas, s e incorporan tuberías bajantes en los para mentos verti cales para c analizar la lluvia. Aunque su funcionamiento en lo relativo al uso científico resultó todo un éxito, ya que la cubierta acaparó l a mayor parte de la inve sti gac ión astronómica, las abundantes lluvias de París eran demasiado para la solución constructiva, que en poco tiempo comenzaría a d añarse y permitir la entrada d e agua en la planta supe rior, obligando a subsanar el fallo de diseño hacia 1780. Figura 4. 5 – Observatorio de París. Sección norte -sur. 147 recuérdese que la torre sureste no está cubierta 148 Vitrubio (1997): Los diez lib ros de la Arquitectura , Libro VII , 5 -7, pp.172 -173 Evolución del observatorio moderno 143 En este patio tend rían lugar diversos trabajos de observación y sería en esta área donde se instalarían los telescopios de ma y or p recisión y , por ende, tamaño durante este periodo ini cial. De ahí que hubiese un gran poste instalado en la zona de jar dín 169 . Además, en e l centro del ex tremo meridional se incluy ó un reloj solar. Como ya s e ha adelantado, debido a la inconveniente orientación d e la con strucció n preexistente, Flamsteed House no podría acoge r instrumentos que requiriesen una alineación norte -sur, sie ndo algunos de estos ne cesarios pa ra la activida d astronómica. Por consiguiente, se levantarían dos pequeños hab itáculos convenientemente orientados, en la zona sur de l recinto, adosados al muro perimetral. El primero de ellos, en la esquina sureste, c orresponde a la habitación del sextante y, adjunta a la misma, se encuentra la ha bitación del cuadrante meridional, bastante estrecha y alargada. En todo caso, la frustración de Flamsteed no era t anto por la inadecuada orientación del observatorio como por la carencia de presupuesto pa ra fin anciar todos los instrumentos astronómicos que habría requerido 170 . La sala destinad a al citado cuadrante contaba co n una abertura en la cubierta para estudiar las ma y or es altit udes sin quedar del todo expuesto a las inclemencias meteorológ icas. Además, a causa del tamaño del propio cuadrante, el suelo quedaba escalonado para permitir la visión de las menores altit udes si n necesidad de recurrir a mobiliario. Pese a la modesta dimensión de esta habitación, a c ausa del instrumento que acogía se convertiría en un im portante núcleo de la investigación 171 . De cualquier modo, pes e a la r elevancia científica de estas h abitaciones, pronto quedarían en desuso. S u configuración se adaptaba a l as necesidades de los instrumentos que contenían y estos quedarían desf asados por la innovación tecnológica: principalmente por los avances del telescopio. Dichos habitáculos se desmantelar ían para liberar un espacio que se acabaría dedicando a posteriores amp liaciones del observatorio. Además de esas dos s alas, en la planta del conju nto se identifica otr a con strucción colindante con el mur o perimetral: unas letr inas. Este hecho, se guramente de 169 Donn elly (1973 ): A short histo ry of observatories , p.22 170 ibidem , p.23 171 recuérdese que el telescopio se encuentra en sus primeras fases de desarrollo y el cu adrante mural cu mple todavía un papel p rincipal en la actividad astronó mica Evolución del observatorio moderno 144 imp ortancia menor, no debe ser despreciado y a que incidía en l a dota ción de unas condiciones de habitabilidad del observatorio, una conciencia de las neces idades de los astrónomos que fuesen a trabajar allí. Por su parte, el edifi cio principal se encuentra si t uado en la zona norte de l recinto, aunque retranqueado tres metros respecto de la muralla. El volumen centra l de la construcción qu eda d efinido por un cuerpo cúbico de doce metros de lad o en el qu e la mitad superior de dos de sus esquinas quedan achaflanadas. Este cubo, está flanqueado a su vez en el lado septentrional por ot ros dos bloques de menor altura con planta cuadra da de cuatro metros de lado. Por último, la estructura queda r ematada por dos pequeños torreones, también en el lado nor te. El diseño exterior de la edificación debí a corres ponder a la represent ación de una institución real, sin embargo, las li mitaciones económicas que conll evaba la reconstrucción tras el incendio de la ciudad condicionó la solución definitiva. El observatorio se vol caría hacia la po rtada p rincipal, al norte, visi ble desde el camino de aproximación más habitual, dejando en un se gundo plano la d efinición y detalle de l as demás fachada s. El edificio cuenta con dos plantas sobre rasante y un sótano. Mientras qu e la altura del nivel inferior s e equi para con la de los bloques ad yacentes, la del niv el superior es bastante mayor. S u construc ción se basa en paramentos de ladrillo rojo con las esquinas rematada s mediante mampuestos aparejados de piedra blanca. Un a buena parte de las facha das queda ocupada por altos ventana les, marca ndo un ritmo vertical que se equilibra con unas trazas horizontales de piedra blanca: una cenefa entre los dos niveles, una cornisa en la parte superior y, sobre todo ello, una balaustrada. El alzado norte es el que funciona como fachada principal del edificio, y es la image n reconocible del mismo. Todo el conjunto presenta una composic ión simétrica respec to de un eje vert ical. En primer plano se encuentra la muralla baja con sus pequeñas torres terminadas en una cubierta de plo mo con un remate de bola, que oculta la parte inferior de la construcción principal. Tras ésta, se irgue Flamste ed House . La base del edificio es más ancha que la p arte sup erior, con cinco ventanales en la planta baja y t res en la alt a. Como elemento de transición entre ambas, aparecen dos grandes volutas (una a c ada lado). Por encima del volum en central, sobre la cornisa blanca, se destacan las dos torrecillas que se eleva n sobre las esquinas de la fa chada con una Evolución del observatorio moderno 145 terminación de cubierta igual a la de las torres de la muralla. Entre éstas una balaustrada . En el centr o de toda la composición, el ventanal de en medio del nive l superior se e xtiende hasta dar paso a un balcón protegido por otra balaustrada más. Figura 4.8 – Ob servatorio de Greenwich. Plantas. El acceso al edi ficio no tiene lugar por un gran pórti co, atrio, o punto representativo de una de las fachadas, sino que se p roduce por un recoveco: por el ángulo donde se encuentran el volumen central con el anexo no roriental. Cuatro escalones conducen hasta una puerta que da paso a un pequeño recibidor, del que unas escaleras ascienden hasta la parte superior. Desde este cuarto se cruza hacia el salón principal que ocupa la zona noreste. Esta estancia estaba d estinada a la s relaciones entre los oc upantes o las rece pciones y , a su vez, desembocaba en el resto de salas de este nivel y las escaleras hacia el sótano. Hac ia el oeste queda la habitación particular de Flamsteed que comunica con un estudio -biblioteca privad a donde se archivaban los d atos recopilados y que ocupaba el anexo noroccidenta l. Al sur q uedan dos cuartos d estinados a los astrónomos colabora dores. Tanto el do rmitorio de Flamsteed como los d e los otros residentes contaban con chimeneas adosadas a las pare des ex teriores, lo que evitaba qu e pudiesen condicionar la organización del espacio del nivel superior. El salón principal, que inicialmente carecía Evolución del observatorio moderno 146 de c alefacción, pronto incorpora rí a una soluci ón igua l al re sto de la s salas de la planta 172 . Descendiendo hacia el sótano se encontraban los espacios de servicio. La co cina, con sus fuegos, o cupaba la esquina suroeste. J unto a ésta, había un salón sin calefactar . Al norte de la planta se e ncontraban las z onas de a lmacenaje: las bodegas e n el cuadra nte noreste y otros a lmacenes en el noroeste. Aunque no apa rezca e n planos, parece s er que habí a un pasaje subterráneo qu e conectaba el sótano con las habitaciones del cuadra nte y sextante, el cual, en todo caso, habría sido desmantelado durante las sucesivas reformas 173 . Al subir las escaler as ha sta la primera planta se desembocaba en una pequeña sala de paso que conducía hasta el núcleo científico del edificio: la Octagon Room (castellanizado, la Sala Octogonal ) o Gran Sala . Su nombre se debe a la forma de su planta como un polígono reg ular de ocho lados iguales, siendo ésta, además, la habitación de mayor tamaño del observatorio, y a que ocupaba la práctica tot alidad del volumen centra l. Está concebida como un espa cio público, donde varios astrónomos puedan colaborar o trabajar de forma simultánea sin molestarse. También destaca su considerable altura, que supera los seis metros. Este cuarto cuenta con seis g r andes ventanales ve rticales, tres de ellos orientados al sur y los de más al resto de puntos cardinales, cu y as vistas carecen de obstáculos gracias a la menor altura d e los anexos. Todo esto con una final idad: la investigación astronómica. La s v entanas permitían la observac ión de los astro s en todas direcciones, i ncorporando, además de instrumentos astronómicos, varios grandes relojes de p éndulo para obt ener referencias temporales de sus observaciones. Pese a que e l edificio ofrecía r esguardo du rante las observac iones, las grandes ventanas abi ertas dific ultaban mantener una temperatura de con fort, con las corre spondientes dificulta des que esto implicaba para los astrónomos. L a Octagon Room carecía d e su propia chimenea y aunque l os conductos de las del nivel inferior transitaban por las pa redes de la sala, se hizo imprescin dible contar con bra seros portátiles para contrarrestar el frío. 172 véase http://www.ro yalobservatorygreenwich.org/articles.php ?article=916 173 ibidem Evolución del observatorio moderno 147 Figura 4.9 – Grabado del interior d e la Octagon Roo m del Observatorio d e Green w ic h. Oculto tras los paneles d el lado noroeste, queda u n espacio que aco ge una escalera que sube hasta una d e las pequeñas to rres, que desembarcan en l a cubierta plana, donde se instalarían útiles de navegación y medición del ti empo, sin considerar en sus orígenes los instrumentos de ob servación 174 , aunque con el tiempo se montarían diverso s telescopios. Poco desp ués de su construcción se i ncorporaría una escalera exterior para acceder direc tamente desde el recinto a la cubierta. Aunque pueda ser co mprensible a causa de la poca experiencia, el R eal Observatorio de Greenwich incurrió en fallos similares a los de algunos de los observatorios qu e lo p recedieron: no relacionar estrechamente l a arquitectura con el diseño. En este caso, inc luso errando en un aspecto tan trascendente para la astronomía de este periodo como la alineac ión meridiana. Flamsteed Hous e , tal v ez por el h echo d e estar vinculado a la corona, había supeditado algunos aspectos de la funcionalidad en favor de la representatividad. Sin embargo, estos er rores terminarían dando l ugar a alg o posi tivo. A causa d e estos déficits de diseño se produjo un proceso de adaptac ión del observatorio a las nuevas necesidades astro nómicas que resultaría crucial para el éxito y la importancia de Greenwich como referente interna cional. 174 Maunder (1900): The Ro yal Observatory. Greenwich , p.126 Evolución del observatorio moderno 148 Como y a pa recían insinuarlo los cuartos d el cuadrante y sextante, Flamstee d House no era un pro y ecto acab ado, sino que formaba parte de un conjunto del obs ervatorio que se iría ampliando y reestructurando a lo largo d e más de dos siglos con reformas o, directamente, nuevos edificios. El Real Observatorio fue creciendo hacia el sur, ocupando gran p arte del P arque de G reenwich, aumentando el número de astrónomos y otros trabajadores vinculados a la institución. Aunque algunos edificios se derruyeron o se sustituye ron por otros, Flamsteed House se mantiene e n pie (con algunas ampliaciones). La labo r inve stigadora del observatorio se trasladó a otro c entro de trabajo. Actualmente está catalogado como monumento histórico y es un centro divulga tivo abierto a visitantes. El Observatorio de Cádiz (1753 ) En el siglo XV III , la ciu dad de Cádiz y el conjunto de emplazamientos de su bahía ocuparían un importante papel en las de cisiones políti cas de España. El t raslado de la Casa de Contratación a la población gaditana en 1717 haría qu e en su puerto convergiesen los intercambios mercantiles con América y convirtiese a Cádiz en origen y d estino de todos los vi ajes com erciales allende el Atlántico. Además, en ese mismo año, se instituiría el Departamento Ma rítimo de Cádiz y se fund aría la Real Compañía de Caballeros Guardias Marinas, cu y a Academia tambié n se ubicaría en la ciudad andaluza. Todos estos hechos, coincidentes en el tiempo, convirtieron a Cádiz en el principal núcleo de actividad marítima de l a corona desde principios de siglo, ag lomerando labor institucional, comercio y defensa. En dicho contex to, la pr imera alusión a un obse rvatorio gaditano aparece en una carta remitida desde Londres por el insigne marino J orge Juan y Santacilia 175 al Marqués d e la Ens enada el 26 de diciembre de 1949 176 . En esa misiva se justifica su constitución para que los oficiales d e la Armada pudiesen adquirir conocimientos sobre astronomía, como una ciencia básica para la navegación; y será el prop io Jorge Juan quien asumirá la tarea: “ formaré un Observatorio [ …] en el cual no solo apre nderán los 175 Jorge Juan y Santacilia fu e un importante marino españo l que en la fecha a la que se alude y a o stentaba el rango de capitán. Además era un hombre cultivado con conocimientos en matemáticas, astronomía e ingeniería naval 176 Boloix (2004 ): “250 años del Real Instituto y Observatorio de la Armada”, p.2 Evolución del observatorio moderno 149 Guardias M arinas, sino muc hos afic ionados” 177 . Con esta frase, también se pone de manifiesto la voluntad de divulg ar el conocimiento de esta ciencia má s allá de lo s estudiantes. En este sentido, la propuesta se presenta como un centro para el adi estramiento de los cadetes qu e hasta l a fecha se enviaban a Londres para adquiri r s u formación, redirigiendo los fondos dedicados a est as estanc ias para establecer un centro docente vinculado a la Ac ademia de Guardias Marinas. Todo ello favoreció la ac eptación institucional, ya que el gobierno quería contar co n instit uciones científicas como el resto de potencias e uropeas 178 . Jorge Juan, quien conoce de prime ra mano la i mportancia de la astronomía y su aplicación práctica, seguro del beneficio de estos conocimientos para los marinos, argumenta su iniciativa desde un triple planteamiento: político, al equipara r a España con otras naciones d e Europa que ya cuentan con un observatorio; científico, al fundar el prime r centro de investigación a stronómica del país; y práctico, a l desarrollar un centro de for mación que mejorará la capacidad y seguridad de na ve gación para la Armada 179 . Figura 4.10 – Maqueta del Castillo de la Villa donde tu vo su origen el Obser vatorio de Cádiz. 177 Lafuente; Sellés (198 8): El Observatorio de Cádiz (1753 -1831) . pp.80-81 citando fragmentos de la referida carta 178 González Gon zález (2013): “Jorge Juan y la As tronomía: el Re al Observatorio d e Cádiz”, p.357 179 Boloix (2004 ): “250 años del Real I nstituto y Observatorio d e la Armada”, p.2 Evolución del observatorio moderno 150 El lugar propuesto para ubicar el observatorio astronómico sería el Castillo de la Villa de Cádiz, una construcción de o rigen medieval donde también se encontraba la joven Academia de Gu ardias Marinas 180 . El centro de investiga ción se instaló en una torre que había sido acondicionada para tal fin. Ya que el castillo se encontraba en un cerr o, el obse rvatorio ocuparía la parte superior del edificio que se situaba en la posición más elevada de la ciudad , conocido como el Monturrio 181 . Tras la aprobación de l a iniciativa por parte del Marqués de la Ensenada, se nombraría al astrónomo francés Louis Godín como primer director de la Academia de Guardias 182 y comenzarían las tareas de adquisición y preparación de los instrumentos de observación. Se puede decir que con la instalación en 1753 del cuadrante mural en la torre del Castillo de la Villa, se inician los primeros trabajos de obse rvación y , por lo tanto, nac e el Observatorio de Cádi z, que se convertiría en la principal institución astronómica española de su si glo. Las líneas maestras marcadas por Jorge J uan impli carían que l a institución, más que una escuela de formación de artes de navegación, lleg a ra a convertirse en un centro de enseñanza superior y difusión de las ciencias. Además, lo que se concibió como un centro educativo, viró hasta devenir en una herramienta para uso geodésico, cartográfico e hidrográfico, clave en la política de la nac ión 183 . Obviamente, el Observatorio de Cádiz tenía por modelo a los de París y Greenwich, sin embarg o, mi entras que estos dos surgían co mo una ampliación de una sociedad científica, el gaditano surge como un centro de formación con vínculos militares. Esto conllevaría cierta reticencia o fa lt a de a poyo inicial. Ade más, la propia instit ución carecía de autonomía suficiente para definir sus objetivos o diseñar programas de investigac ión a largo plazo 184 Por el contrario, las c ondiciones de contexto en las que se instalaba e ran mu y favora bles. El de Cádiz sería el observatorio más meridional de Europa hasta el 180 González Gon zález (1992): “Una institución ilustrada para las ciudad es de la bahía: Cádiz, la Isla de León y el Ob servatorio de la Marina” , p.89 181 en la actualid ad no queda pres encia del castillo, que los años y f alta de cuidados fueron desmoron ando, ni del Montu rrio, rebajado durante una intervención urbana del siglo XVIII 182 González Gon zález (2013): “Jorge Juan y la As tronomía: el Re al Observatorio d e Cádiz”, p.357 183 Lafuente; Sellés (198 8): El Observatorio de Cádiz (1753-1 831) , pp.7, 81 184 ibidem , p.10 Evolución del observatorio moderno 151 momento, con un altísimo númer o de días de cielo despejado a l año y condicione s climáticas propicias. Ad emás, la construcción medieval en la que se inst alaba contab a con g ruesos muros que proporcionaban un a es tabilidad estructural que impedía la aparición de vibrac iones que lastrasen la precisión de las observaciones. Tras la determinación de la línea meridiana, la latitud y la longitud (para poder ge nerar resultados en t érminos absolutos), se ini cian las primeras observaciones, orientadas principalmente a mejorar la p recisión de las posiciones de los astros y proveer a los marine ros las nociones necesarias pa ra la navegac ión astronó mica 185 . Cabe destacar que, en e ste periodo il ustrado, precisamente esta vocación dual, a medio camino entre la investigación y la e ducación, favoreció el crecimiento y la importancia de su biblioteca. Se entendió como un útil cientí fico más, y l os directores harían lo posible por c onservar y aumentar sus fondos 186 . Pese a que no queden re stos visibles de la sede original del observatorio, hay evidencias qu e permiten hacerse una idea de lo que fue. Entre ot ras ha y un a maqueta de la ciudad, de finales del siglo XVIII, en donde se reconoce el C astillo de la Villa. Por otro lado, queda también el testim onio de Vicente Tofiño 187 y J osé Varela que escribieron: “La pieza d estinada para las observaciones astronómicas es una sala que tiene 11,5 varas en cuadro y está formada sobre la fuerte y espesa bóveda de un torr eón antiguo, cu ya constru cción y figura dan bastantes señas de ser obra de los romanos. L a anchura d e sus muros y firmeza de sus cimientos hacen de este edificio un o de los más sólidos de C ádiz, y por consiguiente mu y a prop ósito para el destino que se le dio por orden del Señor D on Fer nando el VI...” 188 . En sus primeros años, los re sult ados astronómicos fueron escasos a pesar del esfuerzo económico que había supuesto para la Armada su constitución y e quipamiento, tanto de personal como de instrumentos. Aunque sus observaciones result aron de poco 185 Boloix (2002 ): “El Real Instituto y Obs ervatorio de la Armada”, p.353 186 ibidem , pp.363 -364 187 Tofiño fue un marino y astrónomo, qu e dirigió la Academia de Guardias Mar inas entre 1 768 y 17 89 188 González Gon zález (2013): “Jorge Juan y la As tronomía: el Re al Observatorio d e Cádiz”, p.357 citan do la Introducción de Observaciones Ast ronómicas hechas en Cádiz, en el Observatorio Real d e la Compañía de Cavalleros Gruardias-Ma rinas Evolución del observatorio moderno 152 interés, más allá de determinar la posición de la propia inst itución 189 , dieron lugar al nacimiento de la cartografía española 190 . De cualquier modo, pese a que las observaciones iniciales carecían de co ntinuidad o sistematización, poseen cierto v alor histórico y representan el inicio de inicio de una actividad científica s eria que se extendería a otro s campos técnicos como la oficina de cálculo o el Obrador de relojería. A mediados d e siglo, el Marqués de la Ens enada promovería la formaci ón de un asentamiento en la Isla de Le ón, actualmente San Fernando, junto a Cádiz, denominada Población Militar de S an Carlos, dond e se trasladaría la s ede d el De partam ento Marítimo 191 y a l a que poco después seguiría la Academia mi sma. Si bien la idea del traslado de la Academia a esta localización estaba prevista, el de splazamiento de Departa mento lo hizo i mprescindible por una c uestión logística . Finalmente, esta migración se llevó a cabo en 1769 192 , dejando sólo al observatorio astronó mico como remanente en la torre de l Castill o de la Villa de Cádiz. La separ ación acentuó los problemas del observatorio, cuya li gazón con las tareas docentes s e r esintió por la distancia de los estudiantes, que p erdieron contacto con la práctica experimental. Asimismo, el aislamiento institucional, en especial de la Acade mia de Guardias Marinas, y la reducción de person al permanente penalizaban la observac ión sistemática, con lo que se avocó al c entro a orienta r la actividad científica hacia sucesos puntuales como eclipses o trá nsitos solares. Esta circunstancia li mitó los recursos económicos y personales p ara m antener y restaurar el Castillo de l a Villa, cu y o estado de conservación era deficiente y estaba en peligro de ruina. Esp ecialmente deteriorado se encontraba el edificio dond e se impartían clases 193 , lo que era una prueba más del abando no en el que estaba quedando e l observatorio. Esa dejación asimismo afectó a los instrumentos astronómicos, que también sufrieron un importante deterioro en e sos años. 189 Lafuente; Sellés (198 8): El Observatorio de Cádiz (1753-1 831) , p.115 190 Boloix (2004 ): “250 años del Real I nstituto y Observatorio d e la Armada”, p.4 191 González Gon zález (1992): “Una institución ilustrada para las ciudad es de la bahía: Cádiz, la Isla de León y el Ob servatorio de la Marina” , pp.91 - 92 192 Lafuente; Sellés (198 8): El Observatorio de Cádiz (1753-1 831) , p.113 193 ibidem Difusión del observatorio moderno 255 espacio queda a cotado por la cúpula móvil, que consta con una estructura de metal recubierta interiormente de madera y en su ca ra ex terna por una chapa de cobre , mejorando de este modo su aislamiento térmico. L a base de la cúpula se apoya sobre unas ruedas insertas en el muro de fachada que facilitan su movi miento y cuenta con un obturador practicable q ue deja abierto una se cción de la mi sma cú pula. S endos torreones o ctogonales adjunt os contienen la escalera de caracol po r la que se lle ga h asta este piso y una s egunda cámara astronómica, de menor tamaño e importancia, que está ocupada por el instrumento de tránsito. Pese a las dificultades y la inversión que supuso la construcción del Observatorio, no hay constancia d e qu e Tomline llega se a usar lo. De hecho, contrató a un astrónomo profesional, John I s aac Plum mer, con experiencia en el Observatorio de Durham, para que trabaj ase allí e hici ese observaciones en su nom bre. Plummer investigó diferentes fenómenos, aunque prin cipalmente cometas, hasta la muerte de Tomline en 1899, cuando su heredero, que no tenía ningún interés e n la astronomía, dejó de contar con él. Desde entonces, el Observatorio permaneció ina ctivo dur ante treinta años hasta que se concedió permiso para util izarlo a un astrónomo aficiona do 433 . En 1936 el complejo fue vendido a la Alde burgh L od ge School, que pasó a llamarse Orwell P ark School. Allí , los inst rumentos astronómicos se uti lizaron para la instrucción de los estudiantes. Con el inicio de l a Segunda Gue rra Mundial, el edificio fue requisado por el ejército, sufriendo importantes daños. Al término del conflicto la propiedad regreso a la escuela, manteniendo un uso intermitente hasta que la reciente mente fundada Sociedad Astronómica de Orwell, Ipswich (OAS I) se hizo cargo de la recuperación de un observatorio que para enton ces estaba prácticamente abandonado: las paredes se desmoronaban, faltaban puertas, la mont ura del telescopio se estaba oxidando… 434435 Actualmente, esta Soci edad continúa ha ciendo uso del Observatorio mientras reca uda fondos que p ermitan una restauración compl eta del observa torio. Sus miembros desarrolla n una activida d astronómica no profesional con acceso a las instalaciones (balcones, sala de reuni ones, bibliotec a…) y a los instrumentos orig ina les. Ade más, 433 página of icial de la Sociedad Astronómica de Orwell, Ipswich : http://www.oasi.org.uk 434 página of icial del organismo público Historic England : https://historicengland.org.uk 435 página of icial de la Sociedad Astronómica d e Orwell, Ipswich : http://www.oasi.org.uk Difusión del observatorio moderno 256 lleva a cabo t areas de difusión científica, como r ecepción de visitas o la realización de eventos públicos 436 . Aunque su transgresor y anacrónico diseño no supusiese prec isamente una evolución en la concepción de estos centros astronómicos, sí evidencia que, manteniendo unos estánd ares n ecesarios ajustados a su ti empo (estabilidad estructura l y térmica, acceso al cielo, confort de uso…) no existe una única tipología válida para el observatorio. Urania (1889) La s c onferencias a stronómicas que Al exander von Humboldt impartió en Be rlín entre 1827 y 1828 supusieron un evento social al que asistieron trece mil oyentes, lo que popularizó la divulgación científica en una sociedad berlinesa q ue s e convertiría en el perfecto c aldo de c ultivo para l a aparición a finales de siglo del primer observatorio público del mundo 437 . El interés ciudadano se manifestar ía durante la s década s siguientes en forma de v isitas al Observatorio de Berlín hasta el pu nto de perturbar el trabajo científic o de la inst itución 438 . Todo ello desembocó en la constitución de la Institución Ur ania en 18 88 por parte de Wilhelm Foe rster 439 con el apoyo económico de Werner von Siemens y con la partic ipación de numerosos patrocinadores 440 . La finalidad de la entidad se enfocó hacia el avance y la difusión del con ocimiento científico. Además, los fundadores querían esta blecer algún tipo de centro o edificio científico públi co para satisfacer el interés popular por la astronomí a y qu e simultáneamente sirviese de sede a la inst itución. P ese a que la intenc ión orig inal se limitaba a la construcción de un observatorio público, la propuesta se amplió para abarcar otros esp ectros científicos como la física, el campo microscópico o las ciencias 436 página of icial de la Sociedad Astronómica de Orwell, Ipswich : http://www.oasi.org.uk 437 Wolfschmidt (2013): “Urania in aller Welt - Ausb reitung und Wirkung des Urania - I dee”, pp .103,106 438 Meyer (1890 ): “T he Urania Ge sellschaft”, p.144 439 Director del Observatorio d e Berlín en ese momento 440 Wolfschmidt (2013): “Urania in aller Welt - Ausb reitung und Wirkung des Urania - I dee”, p.1 03 Difusión del observatorio moderno 257 naturales. El pro ye cto contó con el apoyo estatal hasta el punto de obtener una cesión de terrenos e n Berlín para la construcción del complejo 441 . El proyecto se encomend ó al arquitecto Paul Emmanuel Spieker, qu e se basó en las premisas de los astrónomos Foerster y Me y e r, i mplicados en el diseño desde su origen. De est e modo, el inicio de las obras no se dem oró y el edificio quedó concluido en 1889 442 . Prec isamente, sería Ma x Meye r quien o cuparía inicialmente el puesto de Director de la institución. El edificio agrupaba dos volúmenes bien diferenciados. El primero, c omponiendo el alzado principal del conjunto, al sur, era una construcción pétrea con for ma de prisma en el centro de cu y a fachada sobresalía un cuerpo que componía la entrada a partir d e una escalera ascendente. Por encima de esta estructura, la cúpula prin cipal se apo ya ba sobre un tambor cilíndr ico, evidenciando la función astronómica d e esta parte del edificio. A ambos lados de ésta, otras dos cúpulas menores. El se gundo volumen era una construcción más extensa en planta para recoger e l resto de programa previsto. El alzado del conjunto e ra sobrio, de sillería con huecos en fachada de med io punto en la planta principal y otros más elementales para la il uminación del sótano. La envolvente queda grabada por la trama horizontal de las juntas de la piedr a como contrapunto a los mar cados contrafuertes qu e apuntan el ritmo de la estru ctura. Tan sólo un alero como remate d e fachada y una balaustrada ornamental en torno a la cubierta plana ornamentan una apariencia en la que el principal reclamo son las tre s cúpulas que coronan e l conjunto. El acce so del edificio desde la entrada principal conducía a un recibidor desde donde se podía p asar a un amplio espacio dond e se distribuían las distintas z onas de exposiciones. El teatro estaba situado hacia un lateral de la planta y quedaba circundado por una galería qu e lo rel acionaba a su v ez con un a entra da directa d esde el exterior del conjunto. Varias escaleras re solvían la c irculación vertica l del proyecto. El nivel inferior, semiente rrado, quedaba acotado para las zonas de trabajo, para dive rsos laboratorios, almacenes y p ara las instala ciones e léctricas e hidr áulicas que necesitaban los distintos equipos de la institución. En la parte superior del edificio, en la cubierta, se 441 Meyer (1890 ): “T he Urania Ge sellschaft”, p.144 442 extraído de la p ágina web oficial de la Oficina Estatal de Monumentos de Berlín : http://www.stad tentwicklung.berlin.de Difusión del observatorio moderno 258 encontraba la función astronómica repartida tanto en el int erior d e las cúp ulas como en el espacio abierto. Figura 5.38 – Urania. Planta La inst itución se organizaba en departamentos enfocados en las diferentes materias y funciones que congregaba. La astronomía era el principal atractivo del ce ntro y contaba con un equipami ento pensado tanto para satisfacer el interés públic o como para un proceso de investigación científica. En este sentido, el principal instrumento del complejo era un refrac tor de doce pulgadas que ocupaba la c úpula principal. Pa ra facilitar las observaciones la sala en la que se encontraba instalado incluía una plataforma elevable hidráulica, que permitía situar al observador e n la posición más favora ble para usar el telescopio, y un sistema de control, también hidráulico, para rotar la cúpula y operar su obturador. Ade más, las otras dos cúpulas c ontenían sendos telescopios: un refractor de seis pulgadas y un ecuatorial de cuatro pul gadas. Fuera, a cielo abierto e n la terraza oc cidental, se enc ontraban otros instrumentos protegidos mediante lonas: un reflector de seis pulg adas co n montura altazim utal y un pequeño instrumento de tránsito. Por último, en la terra za oriental se situaba otro telescopio adicional 443 . El teatro ocupaba un papel importante en el desempeño comunicador de la institución. Puesto que Mey er tenía experiencia presentando hallazgos científicos de 443 Meyer (1890 ): “T he Urania Ge sellschaft”, p.146 Difusión del observatorio moderno 259 forma sugestivo, pretendía impartir conocimientos y divul gar los result ados de la investigac ión en un en torno atractivo a través de un teatro científico mediante repre sentaciones y proyecciones de dia positivas 444 . Aunque las conferencias eran principalmente sobre astronomía también se impartían charlas sobre otras ár eas científicas relacionadas con el centro. Además, siendo la ma yor parte de l as ponencias de carácter popular y di vulgativo, ocasionalmente se presentaban comunicaciones más técnicas y formativas pa ra un público más especializado 445 . Figura 5.39 – Urania en 1889. Aparte de la astronomía, las ex posiciones científi cas tuvieron una gran acogida, en especial debido a la novedosa forma en la que el u suario se relacionaría con lo exhibido. Mientras que en los museos convencionales e l visitante se limitaba a observar, en Urania se invi taba al m anejo de los instrumentos presentados, a la interacción y a la participación de los experimentos most rados, convirtiendo al visitante en parte activa y necesaria de la exposi ción 446 . Su apertura en 1899 con noches abiertas de observac ión, conf erenc ias y exposiciones supuso inició un auge para la divulgación científica ya que a final de ese año casi cien mil person as habían asistido a s us coloquios y muestras. El éxito de Urania en Berlín propició la aparición de otras delegaciones en Viena, Copenha gue , Budape st o Zurich, entre otras. Además sirvió como referente p ara la fundación de observatorios públicos y otras insti tuciones sim ilare s por todo el mundo. E incluso, la 444 Wolfschmidt (2013): “Urania in aller Welt - Au sbreitung und Wirkung des Urania - Idee”, pp.104 -105 445 Meyer (1890 ): “T he Urania Ge sellschaft”, pp .147,150,151 446 ibidem , p.148 Difusión del observatorio moderno 260 forma d e plante ar y el fu ncionamiento de l as ex posiciones científic as se convirtió en la pauta a seg uir para los posteriores museos científico-técnicos 447 . Algunos años después de su apertura , Urania tr asladó su sede en Berlín a un nuevo edificio de la capital. La construcción o riginal no se ha conservado hasta la actualidad y a que suf rió daño durante los años de guerra. Sin embargo, el teatro h a subsisti do y actualmente se encuentra integrado como parte de un edificio de la policía 448 . La institución como tal se ha mantenido activa y fiel a su vocac ión original a mpliando su campo de acción a otras ramas de las c iencias y las humanidades. Observatorio Yer kes (1897) Cuando en 1892 la Universidad d e Chicago abre sus puertas, ésta no contaba con ningún tipo de instalació n para la investigación as tronómica o astrofísica 449 . Entonces se elegiría a George Hale, un joven astrónomo que en ese momento trabajaba en su observatorio privado, c omo nuevo profesor en dicho campo. Aprovechando la disponibilidad de dos grandes discos de vidrio que podían ser rectificados para componer el mayor tel escopio refractor de su tiempo, Ha le y el pr esidente de la Universidad, William Harper, s e lanzaron en pos de un mece nas que acometi ese la inversión. Dic ha búsque da concluiría con Charles Yerke s, un important e hombre de neg ocios que asumiría el coste d e la fabricac ión del telescopio p ara que quedase asociado a su nombre 450 . Además de e sto, Yerkes se c omprometió por escrito a añadir a su “regalo un observatorio necesario p ara alber gar el instrumen to” 451 , lo que sería interpretado por el propio Hale como un acto de generosidad b asado en el deseo d e conseguir un observatorio insuperable 452 . 447 Wolfschmidt (2013): “Urania in aller Welt - Ausb reitung und Wirkung des Urania - I dee”, pp .105,112 448 extraído de la p ágina web oficial de la Oficina Estatal de Monumentos de Berlín : http://www.stad tentwicklung.berlin.de 449 Husse y (18 97): “The Yerkes O bs ervatory”, p.211 450 página of icial del Observatorio Yerkes : h ttp://astro.uchicago.edu/ y e rkes 451 Husse y (18 97): “The Yerkes O bservatory”, p.211 452 Hale (1892 ): “The Yerk es Obs ervator y of th e University of Chicago”, p.250 Difusión del observatorio moderno 261 A la hora de buscar un lugar pa ra construir el nuevo o bserva torio se acordó que debía quedar en un radio de cien millas de la Universidad, para que su importancia como departamento de la mi sma no se viese mermada. Bajo esta pr emisa, se nombró un comité para s eleccionar un sit io disponible en base unos criteri os definidos por Hale: afección por humo o luces eléctricas, pr esencia de aire c aliente, las vibraciones de trenes o existencia de g randes cuerpos de agua 453 . Tras un examen de las diferentes opcion es disponibles, el Comité acordó la instalación en un terreno al norte del Lago Geneva, en Williams Bay, Wisconsin. Aun cumpliendo satisfactoriamente con todos los requisitos planteados, se subrayó l a belleza del lugar como punto importante para su e lección. Ade más, el sitio estaba en una posición elevada, la atmósfera e ra clara y no se preveían des arrollos próx imos urbanos, de fábricas, ferrocarriles o tráfico 454 455 . Esta ubicación dejaría el telescopio a unos o chenta me tros sobre el nivel del lago, que quedaría a unos seiscientos metros de distancia, y la elevación sobre el nivel de l mar sería de cua trocientos metros 456 . Figura 5.40 – Vista aérea d el Observatorio Yerkes hac ia 190 0. Pese a que, evidentemente, la principal finalidad del observatorio iba a ser acoger el gran re fractor en las mejores c ondiciones posibles, se decidió que e l proyecto sería mucho más ambicioso, incluyendo algunos telescopios más, de menor relevancia, y diferentes zonas de trabajo astronómico jun to con varios laboratorios y otros espacios de investigación. El edif icio no se centraría únic amente en la astronomía de posición, 453 página of icial del Observator io Yerkes : h ttp://astro.uchicago.edu/ y e rkes 454 Frost (1897): “The Yerkes Observator y”, p.721 455 Husse y (18 97): “The Yerkes O bservatory”, p.212 456 Frost (1897): “The Yerkes Observator y”, p.721 Difusión del observatorio moderno 262 sino que también debía ser concebido pa ra el estudi o espectroscópico, así como para cubrir las futuras necesidades de otros d epartamentos de investi gac ión que pudiesen surgir 457 . En el año de su fundación, Yerkes contr ató a Henr y Ives Cobb, el arqui tecto que entonces traba jaba desarroll ando otros edificios de la Universidad de Chicag o, para que diseñase su observatorio en colaboración con Hale. L a complejidad del e ncargo re caía en pro y ectar un edificio que se adaptase t anto al entorno como al programa de usos, con su particular ambición científica. Pa ra ello, Hale visitó y analizó algunos d e los principales observatorios de posición y laboratorios espectroscópicos de E stados Unidos y Europa para extraer la s bases d e diseño y estrate gias que la experiencia demostrase más acertadas. En función de lo estudiado, Hale presentó a Cobb la información recopilada y procesada para que el arquitecto elaborase los planos d e un proyecto que respondería a las necesidades científicas sin dejar de lado los aspectos arquitectónicos 458 459 . La construcción del Observatorio se inició e n 1895, prolongá ndose durante dos años hasta su inauguración en 1897 460 . El edificio tiene una planta eminentemente longitudinal que super a los cien metros de largo cuyo cuerpo p rincipal es un pa ralelepípedo alineado de este a oeste con un ancho infe rior a v einte metros. En el ex tremo oriental se adosa a un a estrecha n ave, dispuesta perpendicularmente al cuerpo p rincipal, que está rematada a norte y sur por sendas torres circulares que se elevan sobre el conjunto con sus respectivas cúpulas (de ocho y nueve metros de diámetro). Además, en la cara oeste se sitúa una relativamente pequeña estructura d e planta rectan gular tan sólo conectada al resto de la construcción por un corredor. Al otro lado del edificio, el extremo occidental queda marcado po r la presenc ia del elemento d e mayor tamaño y más r epresentativo del observatorio, el gran volumen cilíndrico que sustenta la cúpula (de veintiocho metros de diámetro) bajo la que se re sguarda el refractor que da origen al pro yecto. 457 Husse y (18 97): “The Yerkes O bservatory”, p.213 458 página of icial del Observatorio Yerkes : h ttp://astro.uchicago.edu/ y e rkes 459 Husse y (18 97): “The Yerkes O bservatory”, pp.213 -214 460 Struve (1947 ): “T he Yerkes Ob servatory: Past, Present, and F uture”, p.217 Difusión del observatorio moderno 263 La calidad constru ctiva y de acabados es elevada, acorde con las pretensiones de grandiosidad de su promot or. De este modo, los paramentos se resuelven media nte fábrica de ladrillos con un mu y cuidado aparejo y dispo sición de las piezas. A eso se suma la prese ncia de e lementos de terracota profusamente tallada. As í, la fachada cuenta con abundantes elementos de corativos y ornamentales: columnas, arcos de herra dura, arcos planos, escudos, frisos, aleros, v olutas o gárgolas. Todo ello sin obviar los abundantes y diferentes tipos de ventanas que se distribu y en por el edificio en función de los espacios a los que si rven. Sobre la piedra y el ladrillo, el metal, labrado y trabajado de las barandillas decorativas, y pulido y moldeado en las tres cúpulas. Figura 5.41 – Observatorio Yerkes. P lanta baja. Figura 5.42 – Observatorio Yerkes. P lanta sótano. Difusión del observatorio moderno 264 El observatorio cu enta con dos entradas idénticas que ocupan respectivamente el centro de las f achadas s ur y norte, en el cu erpo principal. Ambos accesos desembocan en una mi sma sala: el distribuidor principal, qu e es cruzado por un amplio corre dor que atraviesa el edificio de es te a oeste dando paso a los difere ntes cuartos y espacios, y que conduce hasta las escaleras que resuelven la comunicación entre plantas. En el nivel inferior, a modo de semisótano, se encontra ban algunos la boratorios, incluido el de física, la zona de trabajo foto gráfico ( con cu artos oscu ros y s alas de ampliación y de emulsión). También abajo se dis ponían los diferentes talleres ópticos, de instrumentos y d e patrones, con un área pa ra pulir y p robar lentes o espejos, otra para trabajar met al y h asta un a forja. El espacio r estante se destinaba como almacén. Por su parte, el nivel principal contaba con una sala de recepciones, una biblioteca , laboratorios espectrosc ópicos y químicos, varios cua rtos de cálculo y computación, oficinas y despachos, incluye ndo uno para el director. Los alz ados este y o este del edificio quedaban destinados a la actividad astronómica. Así, e n el lado oriental concentraban la sala meridiana, qu e contaba al principio con un inst rumento de tránsito y donde se preve ía la instalació n de un gran círculo meridiano, y las dos torr es, que alberg a rían inicialmente sendos refle ctores, unidas entre sí po r un corre dor en cuyo á tico se situaba la sala de heliostatos. En extremo occidental la vasta sala circular bajo l a cúpula que daba cobijo tanto al gran refractor como al propio observador. El telesc opio Ye rkes, por su propio diseño y características, ne cesitaba de unas instalaciones determinadas que facilitasen o inclu so posibilit asen su utilización. En este sentido, aunque la imponente cúpula de m adera y estaño, con su estructura de acero, pudiese girar a mano co n un sis tema de ruedas, contaba con un novedos o sistema de motor eléctrico que pe rmitía su rotación mediante interruptore s a mano tanto del observador como d e un asis tente. Algo similar s ucedía con el montaje d el telescópico para facilitar su movi miento con ma y or flui dez y pr ecisión. Asimi smo, la sala incorporaba un suelo asce ndente: una plataforma que podía e levarse gradualmente también mediante un sis tema motoriz ado para ad ecuar la posición d el ob servador a la necesidad del refractor 461 462 . 461 Hale (1892 ): “The Yerk es Obs ervator y of th e University of Chicago”, p. 251 Difusión del observatorio moderno 271 cornisa, sobre la que una balaustrada corona los frentes. Aunque las entradas incorporan columnas jónicas arquitrabadas con su frontón y tímpano, además de l as y a mencionadas cúpulas, el principal rasgo identificati vo es la estruct ura a modo de tholos que circunda la torre sureste. El cuidado puesto en el diseño de la envolvente y en la propia volumetrí a es fruto de su posición preponderante encima de la colina del parque que lo hacía visible desde los alrededores sobre una masa boscos a que con los años terminaría po r ocultarlo a la vista. Figura 5.47 – Observatorio Allegheny. P lanta. De sus dos entradas ante riormente referidas, la m eridional comunica direc tamente con la torre del telescopio principal. Por su parte, la puerta de entrada oriental da acceso a un vestíbulo a través del que se llega al dist ribuidor central, un salón alarg ado qu e cruza todo el edificio y por el que tr anscurren todos los recorridos. Este dist ribuidor se cruza perpendicularmente con un vestíbulo secunda rio formando la llamada sala octogonal. En las inmediaciones de la entrada este, se encuentran un a pequeña sala de rece pciones y un a sala de lecturas o conferencias que termina en la torre del telescopio secundario, siendo estos espacios los comúnmente destinados al público. A partir de este punto, la planta alberga varios despachos y oficinas para el Di rector, otros astrónomos o los asis tentes, una bibliot eca, y diferentes espa cios de trab ajo, salas de cálculo, de dibuj o, de ampliación, del reloj o d e los instrumentos. Además de esto y Difusión del observatorio moderno 272 otros espacios de se rvicio, en e l sótano del edificio se inclu y ó una cripta en la qu e descansarían los re stos de al gunos de sus má s destacados científicos. En cuanto a la función astronómi ca, mientras la t orre sureste quedó d estinada a un uso divulga tivo, la verdadera investi gación se con cretó en la torr e noreste y la oeste, así como la sala de tránsito. Esta última, en el extremo occidental, se orientaba de norte a sur con sus soportes estructuralmente aislados del resto de l a construcc ión y con una ventana corrida de norte a sur como era prec eptivo. La torre noreste contaba con el reflector, quedando el gran refractor para la torre principal. Las tres cúpulas cuentan tanto con un sistema de rotación como con una solución de apertura. Esp ecial cuidado se prestó a los d etalles de la torre principal, en la que, además de su gran soporte desde la cimentación hasta el a nclaje del telescopio qu e está estructuralmente aislado del resto del edificio, había un sistema de suelo móvil qu e se elevaba pa ra facilitar la observac ión. Incluso, para mejorar la estabilidad térmica, se diseñó una cámara de p aso intermedia ventilada entre el lar go dist ribuidor del cuerpo c entral, c alefactado, y la torre principal, no calefac tada, para evitar variaciones puntuales de temperatura. Figura 5.48 – Vista aérea del Observatorio d e Allegheny hacia 1930. Aunque desde que el antig uo obs ervatorio pasó a formar p arte de la Universidad, se había espe cializado en para laje astrométrico, la construcción del nuevo edificio vino acompaña da de un cambi o de prioridades, qu e desde entonces incluirían el trabajo solar además de la a strometría. Sería además el prop io Schlesing er quien incorporaría la fotografía a la investi gación. Durante todo el si glo XX, el Obs ervatorio se ha m antenido Difusión del observatorio moderno 273 como una de las prin cipales instituciones de inves tigac ión astronómica d el mundo 482 483 484 . En la actualidad, el edificio se encuentra en buen estado, co nservando sustancialmente su distri bución ori ginal con la sa lvedad de la sala d e trán sito, que fue demolida a los pocos años de su inaug uración. El Observatorio forma parte del Departamento de Física y Astronomía de la Universidad de Pittsburgh, y adem ás de mantener su desempeño investigador, el centro se dedica también a la enseñanza e incluso ha mantenido su función d e divulgación pública con observac iones, conferencias o visitas guiadas 485 . Observatorio de Griffith (1935) El a lumbramiento de l Obse rvatorio Griffith no hubiese sido posible de ningún modo sin la firme volunt ad de su promotor y benefactor, Griffith Jenkins Griffith: un poderoso empresario de origen británico que había tomado L os Á n geles co mo su ciudad de acogida. Pretendiendo dotar a esta urbe de incesante crecimiento de un gran p arque como los de las capitales europeas, a finales del siglo X IX, Griffith cedió unos doc e kilómetros cuadrados de terrenos de su propiedad, situados al su r del Monte Holl ywood, a la ciudad para que se convirtiesen en uno d e los parques públicos más grandes de Norteamérica 486 . Sin embar go, sus donaciones no terminaría n ahí. Se ría durante una visita al Observatorio del Monte Wilson, e n 1912, cua ndo a l contem p lar e l ci elo mediante su potente reflector vivió una ex periencia reveladora que él mismo verbalizó, según diversas fuentes, e xclamando que “si toda la humanidad pudi ese mirar a trav és de este telescopio, revolucionaría el mundo” 487 488 489 . 482 Anon . (1899): “T he Alleghen y Ob servatory”, p.147, citando palabras de John Brashear poco después de su periodo de d irección interina 483 Anon . (1920): “T he Alleghen y Ob servatory”, p.458 484 página of icial del Observator io de Alleghen y : https ://www.pitt.edu/~aobsvtry / 485 página of icial del Departamen to de Física y Astronomía de la Universidad d e Pittsburgh : https://www.ph y sicsandastron omy .pitt.edu /allegheny -observator y 486 Meares (2014): "The creation of LA's most recognizable an d beloved building" en https://www.cu rbed.com/2014/12/17/10011006/the -creation- of -las-most-recognizable-and -beloved-build ing 487 Krupp (2011 ): “Going public”, p.463 488 Markkanen (2013 ): “The Dev elop ment of the Classical Ob servatory: From a F unctional S helter for th e Telescope to the Temple of Science”, p.48 489 Meares (2014): "The creation of LA's m ost recognizable an d beloved building" en https://www.cu rbed.com/2014/12/17/10011006/the -creation- of -las-most-recognizable-and -beloved-build ing Difusión del observatorio moderno 274 Tras este suceso, G riffith ofreció fondos a la ciudad para construir un observatorio, que nunca llegaría a mat erializarse durante su vida. En su testamento, de 1919, dejó un importante legado a Los Ángeles para la constru cción de un centro científi co -educativo que inclu y ese salas d e ex posiciones, un telescopio abierto al público y un cine donde se expusieran películas de fondo científico. Especificó además el propó sito, las caracter ísticas y localización; todo ello, con fondos suficientes para aseg urar qu e su acceso y uso fu ese gratis para si empre. P retendía que la gente mir ase por el ocular y pasase por la misma ex periencia que él había vivido 490 491 . Figura 5.49 – Perspectiva del Observatorio Griffith (circa 193 5). Dibujo de los arquitectos J . Austin y F. Ashley. Finalmente, sería a partir de 1930 cu ando la Junta que gestionaba los fondos legados por el filántropo pusiese en marcha los diversos trámites que terminaría n dando lugar al Observatorio Griffith tal y como era su voluntad 492 . Como principa l y única salvedad se reemplazó la prevista sala de cine por un planetario, que s e ha bía inventado con posterioridad a la mue rte de Griffith y que probablemente se adecu aba más a su intención orig inal. Aunque no pueda decirs e que este observatorio abierto, público y d edicado a la divulgac ión, comunicación y promoción de l a ciencia en general y de la astronomía en particular sea pionero en su género ya que durante las primeras d écadas del siglo XX s e 490 página of icial del Observatorio Griffith : http://www.griffithobservator y .org 491 Krupp (2011 ): “Going public”, p.463 492 página of icial del Observatorio Griffith : http://www.griffithobservator y .org Difusión del observatorio moderno 275 construy eron observatorios públicos en varias grandes ciudades d e Centroeuropa 493 , su evolución y significancia hace que sí pueda dist inguirse como uno de los más repre sentativos e importantes de entre ellos. La ubica ción del edificio estuvo bastante clara desde su concepción ori ginal como culminación del parque homóni mo. El complejo se situaría en la parte superior de la ladera sur del Monte Hollywood. A casi trescientos cincuenta metros sobre el nivel del mar, el Observa torio Gr iffith se eleva como un refe rente sobre e l horiz onte de L os Ángeles, siendo visible desde g ran parte de la ciudad y sus alrededores 494 495 . Esta sit uación, además de su idoneidad por la calidad de las vistas sin obstác ulos del firmamento, enmarca el observatorio desde el centro de la ciudad como el vértice entre el parque y el cielo, una posición que subray a la importancia d e la inst itución y la convierte en un foco de atención. Su integración con el entorno se traduce en su inserción en el accidenta do terreno en el q ue, a demás, un camino transc urre d esde l a base del p arque hasta la cima, por el que los vi sitantes que acceden a pie ascienden como una peregrinación hac ia la ciencia 496 497 . El diseño del Observatorio Griffith sería el resultado de una colaboración entre los diferentes agentes que participaron desde su concepción inicial en cuanto a apertura pública y usos pr evistos p or parte del propio G riffith hasta que el pro y ecto estuvo li sto para su ejecución. Entre medias, las primeras directrices se rían de Geo rge Hale, que y a contaba con experienc ia e n va rios importantes observatorios. A éste se sumar on lo s planos preliminares d el físico Edward Kurth junto con el ingeniero y astrónomo aficionado Russell Porter. Sin embargo el pro yecto terminaría siendo r ealizado por los arquitectos J ohn Aust in y Frederick Ashle y , que contaron con el asesoramiento tanto de Kurth como de Porter 498 499 . 493 Markkanen (2013 ): “The Dev elop ment of the Classical Ob serv atory: From a Functional Shelter f or the Telescope to the Temple of Science”, p.48 494 Krupp (2011 ): “Going public”, p.463 495 página of icial del Observator io Griffith : http://www.griffithobservator y .org 496 Schleier (2011 ): “The Griffith Observatory in Ray's Re bel Wit hou t a Cause (1955): my stical temple an d scientific monument”, p.373 497 Socha (1935 ): “Address at the formal opening of th e Griffith Observ atory and Planetarium“, p.1 58 498 Bigg; Vanhoutte (2017): “Spectacular astronomy”, p.118 499 página of icial del Observator io Griffith : http://www.griffithobservator y .org Difusión del observatorio moderno 276 El observatorio se conci bió como un g ran templ o sin un estilo homogéneo cla ro pero ll eno de r eferencias clásicas como fastuosas escaleras o columnas q ue constituían un conjunto abovedado con cúpulas de cobre qu e debían transmitir la grandeza de los nuevos monumentos consagra dos a la ciencia 500 501 . Figura 5.50 – Observatorio Griffith visto desd e la ciudad. El edificio no estaba destinado a la investigación astronómi ca profesional, de hecho nunca tuvo dicha intenci ón sino que estaba concebido para humanizar l a astronomía y hacerla accesible al público común. Y pese a que cada parte o elemento del complejo estaba ideado par a la astronomía pública, su diseño estaba basado en los observatorios profesionales de su ti empo, adaptando las características de un centro de investigación a las de un templo abierto dedicado a la astronomía 502 503 . La principal cualidad de este edificio tiene su o rigen en la coherenc ia e xistente entre la función y necesidades a las que respond e y su materialización. En palabras de Bre nda L evin 504 : "L a ele gancia del diseño proviene en parte del hecho de que la 500 Schleier (2011 ): “The Griffith Observatory in Ray's Rebel With out a Cause (1955): mystical temple and scientific monument”, p.370 501 Meares (2014): "The creation of LA's m ost recognizable an d belov ed building" en https://www.cu rbed.com/2014/12/17/10011006/the -creation- of -las-most-recognizable-and -beloved-build ing 502 Markkanen (2013 ): “The Dev elop ment of the Classical Ob servatory: From a F u nctional S helter for th e Telescope to the Temple of Science”, p .50 503 Krupp (2011 ): “Going public”, p.463 504 arquitecta especialista en restauración que asumió la ref orma del Observatorio en 2002 Difusión del observatorio moderno 277 arquitectura refleja el propósito del edificio. No es nec esario entrar al edificio para saber que es un Observatorio que alberga un plane tario" 505 . La s obr as se ini ciaron en 1933, justo después de un gran terremoto, lo que llevaría a los arquitectos a modificar el diseño pa ra reforzar la estructura del edificio . Además, la crisis ec onómica d el momento pe rmitió la elección de los mejores materiales tanto constructivos como de a cabados. Dos años d espués de su comienzo, el Observa torio estaba ter minado y fue entregado en propiedad a la ciudad de L os Án geles 506 . Aunque la planta del edificio pueda rememorar ciertas construcciones d e carácter relig ioso, la imagen del conjunto dista ba stante de una c ated ral o una basílica. L a composición del observ atorio se organiza e n base a una estructura con planta en forma de “T” alineada con las direcciones cardinales y en la que cada uno de sus ex tremos se encuentra rematado por una cúpula, siendo el vértice sur don de está la de mayor tamaño. Toda la envolvente qued ó resuelta mediante hor migón pintado de blanco en el que los difere ntes huecos, que cambian de tamaño dependiendo de la f achada y que ocasionalmente incorporan rejas, se abren en una facha da marcada por l a presencia de diferentes relieve s, texturas y molduras de inspi ración grie ga o, simplemente, ge ométricas. Por encima de la facha da, se asoman otros cuatro volúmenes de cobre que resaltan fr ente al blanco. En la cara norte, en el centro se asoma una cúpula rebajada octogonal mientras que sobre los extremos este y o este se en cuentran las cúpulas semiesféricas sim étricas. Al sur del conjunto, la gran cúpula hemisférica de veintitrés metros de diámetro. Esta última, se apo ya sobre un muro con arcos a modo de arbotantes que acompaña la pendiente del terreno insertándose en el mismo, dando lu gar a un alzado de ma y or alt ura que el resto del conjunto y que, al estar orientado hacia la ciudad, se convirtió e n la image n reconocible del Observatorio. 505 Meares (2014): "The creation of LA's m ost recognizable an d beloved building" en https://www.cu rbed.com/2014/12/17/10011006 /th e-creation- of -las-most-recognizable -and-beloved -building 506 página of icial del Observator io Griffith : http://www.griffithobservator y .org Difusión del observatorio moderno 278 Figura 5.51 – Observatorio Griffith. Planta. El principal acceso al e dificio se producía por su facha da norte, donde también quedaban las e scaleras exteriores que adosadas a esta c ara en sus lados oriental y occidental conducían hacia las terrazas y los telesc opios bajo las cúpul as. Una ve z dentro, se al canza el di stribuidor principal en el que se encontraba el péndulo de Fouca ult, y desde dond e a izquierda y derecha se accedía a diferentes z onas de exposiciones, pudiendo continuar de frente hasta el gran planetario. El r esto de la planta queda o cupada por la bi blioteca, desp achos, archivos y otros cuartos de servicio como aseos o almacenes. Más allá de los murales pinta dos, los acabados del int erior son d e materiales nobles, c omo mármol, madera ornamentada y bronce. Ya antes de su inau guración en 1935 se esperaba que el Observatorio G riffith más que una institución altamente técnica o científica fuese un punto de encue ntro para educar a la población con ex posiciones o confere ncias y p ara inspira r, divulgar y popularizar la astronomía a través de la observación por sus telescopios o las sesiones del planetario. Así, Di nsmore Alter, su primer director, r emarcó el papel que el observatorio podrí a ju gar para corregir al gunas i deas extendidas equivoc adas sobre el mundo natural 507 508 509 . 507 Leonard, F. (1934): “Pop ularizing Astronomy “ , pp. 191 -192 508 Socha (1935 ): “Address at the formal opening of th e Griffith Observatory and Planetariu m“, p.157 Difusión del observatorio moderno 279 El observatorio pertenecía a la ciudad, a sus usuar ios, y los prominent es científicos que se encargaron de gobernarlo s e convirtieron e n pioner os de la ciencia pública. Desde su ape rtura se convirtió en uno d e los puntos más visi tados de la población , alcanzando una repercusión que lo llevaría a aparecer e n prog ramas de televisión y decenas de películas con cierto protagonismo. Toda esta fama terminó haciendo que el Griffith trascendiese más allá del centro de divul gación astronómica hasta un icono de Los Ángeles 510 511 . Figura 5.52 – Observatorio Griffith con la ciudad al fondo. Vista hacia el sur. La popularidad de la inst itución ha ido en constante aumento d esde su inau guración convirtiéndose en el observatorio público más visitado del mundo 512 . L a gran afluencia de usuarios propició un c ese de su actividad en 2002 para acometer u na a mbiciosa reforma que aumentase significativamente la superficie de visi ta (espacios de exposiciones, sala de confere ncias…) y mejorase los servicios y el funcionamiento del edificio (accesibilidad, seguridad…) sin socavar el diseño original. Su reapertura tuvo lugar cuatro años más tarde y desde entonces el observatorio si gue abierto al público sin coste alguno tal y como fue la voluntad e n su origen. 509 página of icial del Observator io Griffith : http://www.griffithobservator y .org 510 Bigg; Vanhoutte (2017): “Spectacular astronomy”, p.119 511 Krupp (2011 ): “Going public”, p.463 512 página of icial del Observator io Gri ffith : http://www.griffithobservatory.org Difusión del observatorio moderno 280 Una arquitectura para reafirmar la astro n omía Durante el período que abarca desde finales del siglo XVIII hasta principios del XX comienzan a aparecer observatorios por todo el mundo y serán va rios los motivos que propicien este fe nómeno. Mientra s que por un lado continúan surg iendo gra ndes observatorios n acionales en algunos de los estados que aún no cuentan con uno (como en Rusia o P ortugal), p or otro, la astronomía comenzaría a tr ascender desde la me ra curiosidad hast a un verd adero int erés par a un a pa rte de la pobl ación acaud alada que, en un contexto expansionista y de colonización se tradu ciría en la fundación de observatorios particulares o semiprivados en nu evos asentamientos de lo s puntos más remotos (como en I ndia o Australia). Además de esto, más all á del afán de conoci mientos derivados de un contexto ilustrado, los observatorios comienzan a adquiri r un cará cter pragmático cuando su papel en tareas d e cartografía, d e navegación o del establecimiento pr eciso del tiempo resulta funda mental a la vez que económicamente rentable. Si bien hasta este mom ento el instrumento que había caracterizado a la astronomía previa este período, y por lo tanto a los observatorios, era el cuadrante me ridiano 513 , lo cierto es que durante estos años el telescopio iba a adquirir un papel cada vez más trascendente para esta ciencia, lo que se debía reflejar necesariamente en un significa tivo ca mbio en el diseño d e observat orios. Este aspecto se vería además acentuado por una insis tente aspir ación a cons eguir mejore s definiciones, lo que, al igual que sucedió con Hooke, Hu y gens o Hevel cuando se comenzó a usar este instrumento para fines astronómicos 514 , implicaría un aumento d e tam año del telescopio y , por lo tanto, de todos los servicios principales o secundarios de los que dependía. Es decir, aunque se si guiesen construy endo algunos centros de investi gación contenidos en sus dimensiones, la esc ala de los princ ipales observatorios iba a ir incrementándose exponencialmente a la par que suc edía en la carrera por conseg uir el refractor más grande de su tiempo. Además de su cre cimiento, la otra gra n herencia edifica toria que queda rá de los observatorios de este p eríodo será l a presencia d e una o v arias cúpulas giratorias con 513 Lafuente; Sellés (198 8): El Observatorio de Cádiz (1753-1 831) , p.170 514 véase el apartado “El telesco pio como variable”, p. 1 07 Desarrollo del observatorio contem poráneo 287 El desarrollo de los observatorios hasta el siglo X I X alcanza una serie de caracter ísticas o soluciones constructiva s que se establecen como ras gos s ustanciales de la definición arquitectónica del observatorio astronómi co. En este sentido se consolidan aspectos como la búsqueda de la ma y or estabilida d estructural posible, la independe ncia de los soportes de los instrumentos ópticos re specto del re sto de la estructura del conjunto, la disgrega ción de usos principales y secundarios, la atención a la estabilidad térmica, la especializ ación de la fac hada y sus huecos en función del uso contenido, o la instalación de la cúpula móvil como solución de cubierta -envolvente mediante la qu e poder visibilizar todo el cielo. Más allá de sus particularidades edi ficatorias, los cambios sustanciales e n los observatorios hasta llegar a este momento abarcan desde su germen hasta su finalidad. De est e modo, se pasaría desde el noble o monarca como pro mo tor hasta las instituciones o los benefactores públi cos. Asim ismo, se avanzaría de sde e l int erés netamente científico hasta su aplicación práctica o la incorporación de funciones propagandística s o divul ga tivas. Históricamente, el crecimiento de los observatorios ha ido vinculado al incremento en número de sus instru mentos y al aum ento de tamaño de estos confo rme los av ances técnicos lo hac ían posible. En el ca so de los centros reales o estatales, Newc omb afirmaba qu e “Siempre q ue un monarca ha d eseado as ociar su nombr e con la ciencia, h a diseñado un observatorio proporcional a la magnitud de su ambición, llenándolo con instrumentos de la escala cor respondiente” 516 . Esta ase rción pued e extrapolarse a los observatorios contemporáneos, independientemente del b enefactor o im pulsor de su fundación, matizando qu e el diseño y la escala del edificio serán propor cionales a la ambición científica y del proyecto investigador que suby azca detrás. Por otro lado, a pa rtir del siglo XIX, el desarrollo de las c iudades empie za a propiciar problemas y a en algunos obs ervatorios decimonónicos, que no sólo se comienzan a retirar de las grandes capitales hacia pobla ciones meno res sino que empiezan a ver como algo favorable su situación en entornos alejados de lo urbano. Esta tendencia perdurará y se int ensificará en las décadas post eriores sub ra y ando una 516 Newcomb (1881 ): “Astronomical Observatories”, p.37 8 Desarrollo del observatorio contemporáneo 288 distancia física con el ciudadano de a pie q ue desembocará en una disociación intelectual. Esos centros astronómicos con espac ios como salas d e con ferencias, aulas o exposiciones, abiertos a visi tantes, aficionados y ex pertos, o incluso los observatorios públicos, irán perdiendo protagonismo a favor de complejos científicos altamente especializados en los que, cada vez más, casi únicamente la función astronómi ca tenga cabida. Tanto la n ecesidad de alejarse de los nú cleos u rbanos como las nuevas exigencias arquitectónica s y estru cturales que requerían los nuevos instrumentos astronómicos repre sentan causas de obsolescencia de los observatorios. De forma que muchos observatorios, en especial los más modestos, que surgieron durante el período anterior terminaron por abandon ar la investi gación para rec onvertirse con otro tipo de uso aprovec hando la propia const rucción o, dire ctamente, se cerraron 517 . Dejando atrás las hetero géneas configuraciones espaciales propias del observatorio moderno, la tendencia del contemporáne o apunta hacia una construcción de un cuerpo base sobre el que se irgue el instrumento principal con una solución de cubrición móvil y practicable, ge neralmente una cúpul a. Adem ás, la búsqueda de la mayor precisión posible de los instrumentos propiciará optimizar las observaciones, conllevando el establecimiento de estos centros en z onas, en la medida de lo posible, no afectadas por la contaminación antrópica y con las condiciones atmosfé ricas más favorables a su disposición. Cada vez más gra nde, más e specializado y más tecnificado, pero a su vez más alejado de l a ciudad y más desconocido para la población, el gran observa torio contemporáne o se ha consolidado durante el sig lo XX y hast a el prese nte como una hermética institución cie ntífica que irrumpe aisla da y r emotamente en l a cim a de alguna montaña o elevación. 517 Eelsalu (1999): “The rise and fall o f small astronomical o bservatories: a case stud y Dorpat/ Tartu Observatory”, p.111 Desarrollo del observatorio contem poráneo 289 Observatorio Lic k (18 81/1888) Esta instit ución tiene s u ori gen en el deseo y la volunt ad d e J ames Lick, un acaudalado hombre de negocios y filántropo de San Francisco, que, se gún confesó a George Davidson, profesor de astronomía y presi dente de la Academia de Ciencias de California, aspiraba a construir un telescopio má s grande y más potente que cualquier otro existente. Sin embargo, sus intenciones no estaban acompañadas de un juicio certero, pretendiendo in stalar el observa torio e n la propia ciudad. De este modo, Davidson lo inició en la materia, dirigiendo las aspiraciones de Lick y moldeando su criterio en función de los conocimientos y la experiencia del astrón omo. Así, se concluyó su propósito de erg uir un observatorio con un gran refractor en la Sierra Nevada californiana 518 . Poco antes de fallecer, Lick designó la cesión de su fortuna a un fideicom iso para cumplir sus legados post mortem, siendo uno de ellos l a construcción de un observatorio ubicado en el Estado de California con un telesc opio “superior y más po tente” 519 que cualquier otro. En todo caso, en las voluntad es del filántropo no se especificaban los detalles del observatorio, quedando esta responsabilidad y li bertad de elección a cargo de la junta de fide icomisarios 520 . El propio Lick había sel eccionado como presidente de la J unta al Capitá n Richard Floy d, quien asumiría la principal responsabilidad a la hora de planificar y supervisa r los avances del observatorio apo y ándose en Thomas Fraser, un ingeniero de construcción autodidacta que actuaría como supe rintendente de la obra. Sin embarg o, puesto que ninguno de los partícipes de aquel pro y e cto tenía conoc i mientos en la materia, fue necesario buscar un asesoramiento externo que terminó recay e ndo en el astrónomo Simon Newcomb 521 . Mientras Newcomb y, posteriormente, Flo y d viajaron a Europa p ara visitar observatorios, consultar con destacados astrónom os y constru ctores de instrumentos, e incluso comprar libros p ara la futu ra bibl ioteca d el complejo, la Junta del fideicomiso 518 Neubauer (1950 ): “A short history of th e Lick Observatory”, pp.205 -206 519 en palab ras del mismo James Lick 520 Misch; Sto ne (1998): “Building the Observatory” de la página web oficial de las Colec cion es históricas del Observatorio Lick: http://collectio ns.ucolick.org/archives_on_line/ 521 Neubauer (1950 ): “A short history of th e Lick Observatory”, pp.208,221 -222 Desarrollo del observatorio contemporáneo 290 empezó a trabajar en la selección de la mejor ubicación posible para el observatorio 522 , una decisión que resultaría crucial para la trascenden cia del obs ervatorio. Mientras que en la actualidad s e asum e que los centros astronómicos se sit úan en montañas aisladas, esto no era lo frec uente en ese momento. En este sentido, James Lick pretendió inicialmente que se instalase en San Francisco, al descono cer los inconvenientes que una ciudad acarreaba para la observac ión: prin cipalmente contaminación lumínica, contaminación por humo y vibraciones. Por ello, gracias al as esoramiento científico, la búsqueda d e la J unta se enfocó h acia las cumb res de las montañas m ás altas del Estado. Finalmente, la localización elegida sería la cima Monte Hamilton, apuntada por Fraser y q ue ll egaría a contar con la aprobación personal de L ick antes de su muerte 523 . Figura 6.1 – Fo tografía en blanco y negro co loreada del Observatorio Lick (190 2). De est e modo, el Observatorio Lick s e iba a convertir en el primer observ atorio de montaña en e l mundo ocupado de manera continua, convirtiéndose en un ejemplo a imitar por casi todos los que se inau guraron desp ués 524 . En palabras del pro pio C apit án 522 Misch; Sto ne (1998): “Building the Observatory” de la página web oficial de las Colecci on es históricas d el Observatorio Lick: http://collectio ns.ucolick.org/archives_on_line/ 523 página web oficial d el National Park Service de los EE. UU .: https://www.np s.gov/index.htm 524 Hünsch ; Seemann; Wolfschmidt (2012): “The Hamburg Observatory. Jus tification of Outstanding Universal Value” de la p ágina oficial de la ciudad de Hambu rgo: www.hamburg.de Desarrollo del observatorio contem poráneo 291 Floy d: “La posibilidad de que un establecimiento astronómico c ompleto pudier a ser plantado algún día en la cumbre parecía más un cuento de hadas que un hecho serio” 525 . La instalación de l Observatorio en el Monte Hamilton no tenía precedentes. La ubicación del centro hab ía resultado fundamentalmente por sus ventajas astronómicas, independientemente de s u proximidad a determinada ciudad o universidad , o incluso de su inacce sibilidad. La cima de la montaña alcanzaba los mil trescientos metros de a ltitud y era el punto más elevado de su e ntorno, lo que con sus fa vorables condiciones atmosférica s resultó un rotundo acierto. Una condición estipulada por Lick para ratificar di cha ubicación fu e la construcción de una carretera hasta la cima de la montaña a cargo del Condado donde se situaba que, advirtiendo el prestigio que podí a derivar de una importante inst itución científica, aceptó la petición 526 . Tras la muerte de James L ick en 1876, todas l as decisiones reca ye ron en la J unta del fideicomiso. Finalmente, para el telescopio principal se optó por un re fractor de treinta y seis pulgadas, que fue encargado jun to con el resto de inst rumentos. La localización exacta de los edificios en la cima fue determinada por Newcomb, Fraser y Floy d 527 . En cuanto a los planos del observatorio, se encomendaron al arquitecto S.E . Todd 528 . La construcción se inició a principios de 1880 c uando se empezó a trasportar material a la cumbre y comenzaron los trabajos pa ra ni velar la cresta de la montaña bajo la supervisión de Floyd y Fraser. Para mediado s de año la cima estaba ocupada por talleres, establos y viviendas temporales de los trabajadores 529 530 . Pronto se iniciaron las bases de las construcciones y el buen ritmo de tr ab ajo posibilitó que a mediados de 1881 y a estuviesen completados los edificios secundarios destinados al tel escopio de tránsito y al cenital. Simultáneamente, se t erminó la torre menor del edificio principal con su correspondien te cúpula que cobijaba el t elescopio de 525 Misch; Sto ne (1998): “Building the Observatory” de la página web oficial de las Colecciones históricas del Observatorio Lick: http://collectio ns.u colick.org/archives_on_line/ 526 ibidem 527 Neubauer (1950 ): “A short history of th e Lick Observatory”, pp.214 -215 528 página web oficial d el Nationa l Park Service d e los EE. UU.: https://www.nps.gov/index.htm 529 Neubauer (1950 ): “A short history of th e Lick Observator y”, p.215 530 página web oficial d el Nationa l Park Service d e los EE. UU.: https://www.nps.gov/index.htm Desarrollo del observatorio contemporáneo 292 doce pulgadas con el que ese mismo año se hicieron las primeras observaciones. De forma paralela continuar on las obras en la construc ción principal, que se extendía desde la pequeña tor re, y en el edificio del cír culo meri diano, que se terminó en 1884 cuando recibió su instrumento. A falta de la gra n torr e para el refractor, que se pospuso unos años, el edificio principal quedó termina do en 1885 531 . El retraso e n la conclusión del observatorio se debió a un incidente en la fabricación de la lente del telescopio, sin la que no era posible determina r la dist ancia focal que condicionaría l a lon gitud de l refractor, dato sin el que no e ra posible estable cer las dimensiones apropiadas para su torre y cúpula 532 . Esto evidencia nuevamente la relació n simbiótica entre astronomía y arquitectura que existe en los observatorios. La s obr as no pudi eron reanudarse hasta qu e se c onsiguieron las lent es, cuando se inició la construcción de la torre con cúpula, y se prolongaron hasta 1887. Antes de que los trabajos hubiesen concluido, durante el levantamiento del gran soporte para el telescopio, los restos del hombre qu e h abía hecho posi ble aquella obra fueron trasladados allí como era su voluntad. D esde entonces descansa bajo u na placa que recuerda: “aquí re posa el cu erpo de James Lick” 533 . Finalmente, e n 1888, comenzaron las obse rvaciones con el g ran refractor y e l observatorio fue inaugurado oficialmente. Con su cometido resuelto, la J unta de l fideicomiso cedió el control de la inst itución a la Universidad de Californi a. Edward S . Holden ocupó el cargo de primer Director de l Observatorio L ick y estableció un ambicioso programa científico que incluía astrometría, espectroscopia, estudio de estrellas dobles y la preparac ión de un atlas fotográfico lunar 534 . Si bien la ini ciativa del observatorio provino del propio James Lick, lo cierto es que no hubiese salido adelante, al m enos no con un d esarrollo tan avanzado a su tiempo, sin la profunda implicación de otros agentes cruciales en su ejecución como Georg e Davidson, el Capit án Richard Floyd, Thomas Fraser o Simon Newcomb. 531 Neubauer (1950 ): “A short history of th e Lick Observatory”, pp.215 -218 532 Misch; Sto ne (1998): “Building the Observatory” de la página web ofi cial d e las Colecciones históricas del Observatorio Lick: http://collectio ns.ucolick.org/archives_on_line/ 533 Neubauer (1950 ): “A short history of th e Lick Observatory”, pp.218 -219 534 página web oficial d el National Park Service de los EE. UU.: https://www.n ps.gov/index.htm Desarrollo del observatorio contem poráneo 293 Figura 6.2 – Observatorio Lick. Planta. Más allá de los rasg os derivados de su aventajada ubicación, lo cierto es que las caracter ísticas arquitectónicas del complejo se asemejan más a las propias del observatorio moderno que a las del contemporáneo. R eprese ntando el Observatorio Lick un caso intermedio, de transición, e ntre sendas tendencias. Su prin cipal evolución edificatoria radica en la escisión de aquellos usos que requerían de un a deter minada orientación permitiendo una confi guración de planta más libre para el edificio principal y en la inclusión de soluc iones técnicas para facilitar el desempeño de los astrónomos. De este modo, s e plantean de fo rma ex enta, aunque próxim as, las construcciones relativas al círculo meridiano, al tránsito y al cé nit, que se resuelven como estructuras prismáticas mu y b ásicas alineada s de norte a sur. Así, a unos pocos metros al suroeste de estos se l evanta el ed ificio principal con una planta alargada t ambién orientada d e norte a sur aunque sin ning una precisión. Éste se organiza en b ase a unos grandes corre dores y vestíbulos con forma de cruz que se ex tienden por toda la pla nta, quedando todo su lateral oc cidental ocupa do por espacios de trabajo (oficinas, despachos y la biblioteca) y los fondos destinados a los telescopios instalados sobre sus re spectivos soportes. El extremo se ptentrional queda rematado por la cúpula p equeña y el meridional por la gran cúpula par a el refractor Lick de treinta y seis p ulgadas. Esta última inclu y e además soluciones mecánicas para simplificar tanto el movimiento y la orientación del telescopio, como el desplazamiento ascendente del suelo o la rota ción y apertura de la pr opia cúpula. Desarrollo del observatorio contemporáneo 294 Con el paso de los años y con el fin de adaptarse a las dif erentes necesidades científico-programática s, el complejo llevaría a cabo diversas renov aciones y obr as de ampliación, tanto e n su edificio principal como en fo rma de nuevas instalac iones exentas. De esta for ma, el Obse rvatorio Lick h a mantenido su vigenc i a y continúa activo en la actualidad. Observatorio de Niza (1881) Este centro de investigación astronómica surge a partir de 1879 como result ado del encuentro de su promotor, el banqu ero R aphaël Bischoffsheim, con los ast rónomos del Bureau des longitudes de Paris, Maurice L o ew y y Joseph Perrotin 535 536 . Sin embar g o, aunque las primer as observaciones se produjeron a finales de ese mismo año la instalación de su primer instrumento ópti co de forma p ermanente con su corre spondiente edificio no se llevaría a ca bo hasta dos años más tarde 537 . Figura 6.3 – Grabado del Obser vatorio de Niza a sus inicios. Para su ubicación se seleccionó la cima del Monte Gros, una posición elevada a trescientos setenta y cinco metros de altit ud en las afuera s de la ciudad, desde donde había una visual despejada del horizonte 538 . 535 Lequeux (2011): “The Coud é Equatorials”, pp.192,199 536 Etienne; Du rst et al. (2015): L’Observa toire de la Côte d’Azur et sa miss ion de diffusion de la culture scientifiqu e et technique , p.4 537 Página web of icial de L’Observatoire de la Côte d ’Azur : https://www.oca.eu 538 Holden (1891): “T he Observator y o f Nice”, p .123 Desarrollo del observatorio contem poráneo 295 Tras adquirir los terrenos de la cumbre del Monte Gros sobre los que se debía erguir la institución, se confió en Charles Garnier para que, en col aboración con los astrónomos, definiese la ordenación del observatorio, el diseño de lo s edificios e, incluso, los recorr idos por la parcela y el acceso a la cumbre 539 . La elección de Garnier t ampoco fue casual, sino que se le seleccionó confiando en la capac idad para pro y e ctar un conjunto no sólo perfectamente funcional sino para subrayar la trascendencia arquitectónica de los edificios, tal y como habí a demostrado en la reciente inau guración de la Nueva Ópe ra d e París. De i gual modo se contó con los servicios de reputado Gustave Eiffe l para las est ructuras metálicas 540 . Cuando la propuesta arquitectónica estuvo lis ta en 1879, los astrónomos se mostraron satisfechos con el planteamiento de Garnier para el plan del observatorio, que se desarrollaría y revisaría durante el año posterior hasta el comienz o de las obras al año sig uiente. Y a unque queda clar o que esta institución e s consecuenc ia de la colaboración entre los ci entíficos y el arquitecto, resultó igu almente crucial el papel d e Bischoffsheim como im pulsor y promotor. Tanto es así que el propio Granier se lo reconoce e n su Monografía del Observatorio de Ni za cuando expone que “Tenía un solo objetivo: ser útil. Un de seo: hacerlo mejor que en cua lquier otro lugar y él era e l responsable de los medios para conseguirlo” 541 . De este modo, gracias al im pulso de Bischoffsheim, el de Niza se convertiría en el observatorio mejor equipado de Europa de su tiempo, con la salvedad de Pulkovo 542 . El complejo quedaría formado por múltiples edificios independientes dispersos por la cumbre del monte. Cinco de ellos se destinaría n a inst rumentos astronómicos realizados por los principales fabricantes eu ropeos, mientras que el resto albergarían otros usos secundarios o de servicios (despachos, biblioteca …). La co nstrucción se prolongaría hasta 1892. Desde la finalización del refug io del pequeño círculo meridiano en 1881 p asarían dos a ños hasta qu e se ter minó el del primer t elescopio ecuatorial. Cuatro años más tarde, concluirían las obras tanto del gra n círculo meridi ano como del 539 Página web of icial de L’Observatoir e de la Côte d’Azur : https://www.oca.eu 540 Lequeux (2011): “The Coud é Equatorials”, p.199 541 Etienne; Du rst et al. (2015): L’Observa toire de l a Côte d’Azur et sa mission de diffusion de la culture scientifiqu e et technique , pp.4,6 542 Holden (1891): “T he Observator y o f Nice”, p .124 Desarrollo del observatorio contemporáneo 296 gran telescopio ecuatorial. Finalmente, tr as un lustro se incorporaría un nuevo instrumento ecuatoria l destinado a la observación fotográfica 543 544 . Figura 6.4 – Observatorio de Niza. Planta de conj unto. Aunque pudie ra p arecer que la dist ribución de las diferentes piezas qu e conforman el observ atorio es arbitraria y las mismas están desperdigadas sin ningún sentido por la cumbre, cad a posición responde a unos criterios bien definidos. El propio Garnier, se preocupó de aclarar este punto: “Uno podría pensar que todos los edificios fue ron diseminados al azar; sin embargo, no es así. Los sitios se han estudiado con el mayor cuidado y con la ma yor consideración, y s e pued e afirmar que, teniendo en cuenta la orientación de la meset a y la forma del suelo, la d isposición adoptada es la más perfect a posible” 545 . Esta ordenación se basa en algunos crite rios fundamentales: como la ma y or distancia posible entre las distintas construcciones, una determinada orientación de algunos edificios astronómicos, el hecho de evitar la presencia de obstáculos en las posibles direcciones de observación de los diferentes inst rumentos, la colocación de los edificios secundarios a menor altura que los ast ronómicos; y , en otros criterios menos 543 Página web of icial de L’Observatoire de la Côte d’Azur : https://www.oca.eu 544 Etienne; Du rst et al. (2015): L’Observ atoire de la Côte d’Azur et sa mis sion de diffusion de la culture scientifiqu e et technique , p.8 545 fragmento de la Monografía del Observatorio de N iza recup erado de la página web of icial de L’Observatoir e de la Côte d’Azur : https://www.oca.eu Desarrollo del observatorio contem poráneo 303 Desde 1947, la Dirección del Pic du Midi recaería sobre Jean R ösch, quien lideraría la institución dura nte más de treinta años en su período más próspero y de mayor desarrollo. En los años s iguientes a su lle ga da, s e conseguiría la conexión de la cima con una línea de alta tensión eléctrica e, igualmente, se conectaría la cumbre con el valle mediante un teleférico. Estos dos avanc es supusi eron una mejora sustancial de habitabilidad y funcionalidad del observatorio, que propic iaría a su vez numerosos desarrollos. A lo largo de las décadas siguientes se instalaron la gran antena de comunicaciones de c iento tres met ros de altura y s e ampliaron al gunos edific ios de servicios o usos secundarios existentes y se constru y e ron otros nuevos. Ad emás de esto, la a dquisición de nu evos instrumentos hizo impre scindible la instalaci ón de nuev as cúpulas, destacando especialmente la estructura cuasiesférica que alberga el telescopio de 2m de diámetro 564 . Figura 6.9 – Vista aé rea del Observatorio Pic d u Midi en la actualidad. En los años noventa del siglo pasado, en un contex to de crisis económica se llegó a contemplar la posibilidad real de cerrar de finitivamente el observatorio, ante lo que su Director p resentó un proyecto para red efinir el P ic du Midi compag inand o la función investigadora, a preserva r, con la a ctividad turística. Esta propuesta salió adelante, con 564 Bourgeois (2017 ): “Category of Astronomical Heritage: t an gible immovable. Pic du Midi de Bigorre Observatory., France”. Porta l to Herita ge of Astronomy de la página web official d e la UNESCO : https://www3 .astronomicalheritage.net/index.php Desarrollo del observatorio contemporáneo 304 un cierre para la reforma de cuatro años hasta que en el 2000 se reinauguró. El complejo cuenta actualmente con z ona de exposiciones, un restaurante, un pe queño hot el, espacios estanciales y u n renovado teleférico capaz de resolver el acceso del público que desde su a pertura alcanza los cien mil visit ante s anuales 565 566 . Aunque no se pueda afi rmar que el Pic du Midi sea el obs ervatorio más antiguo constituido como un aglomerado de construcciones aisladas, ya que otras inst ituciones habían evolucionado con el paso del tiempo hacia esa confi guración 567 , sí que es posibl e subrayar su singularidad como primer observatorio astronómico que y a ini cialmente se pretendía como un conjunto arracima do de edificios bien diferenc iados y con programas de uso independiente s. A pesar de que en sus inicios comenzó como una estación meteorológica y de que a lo largo de su vida e l Pic du Midi ha acogido investigaciones relativas a los más diversos campos de las ciencias (ma gnetismo, botánica , sis mología, me dicina…), su actividad predominante y la que, a la postre prevalecería, sería la astronomía 568 . En este sentido, con sus múltiples instrumentos de observac ión ha desarrollado principalmente estudios acerca de plan etas y satélites cercanos, e investiga ciones solares; e incluso reservando ac tualmente un telescopio para pro y ectos de astrónomos aficionados 569 . Este observ atorio se sitúa en los Pirineos, en la f rontera entre F rancia y España, a dos mil ochocientos setenta y siet e metros sobre el nivel del mar, quedando rodeado de cumbres que apenas alcanzan los dos mil quinientos metros. Esto aseg ura un acce so completamente desp ejado del cielo hasta el punto de que incluso en muchos de los días nublados, las nubes quedan por deba jo del comple jo. El Pic du Midi también tiene la particularidad de ser el centro d e investigac ión científico pionero en ins talarse de fo rma permanente en la alta montaña 570 571 , sien do 565 Charlier; Bou rgeois (2013): Pic du Midi. International Dark -Sky Reserve , p.32 566 Bourgeois (2017 ): “Category of Astronomical Heritage: tangible immovable. Pic d u Midi de Bigorre Observatory., France”. Porta l to Herita ge of Astronomy de la página web official d e la UNESCO : https://www3 .astronomicalheritage.net/index.php 567 por ejemplo el Observatorio de Greenwich , véase p. 1 39 568 Davoust (1998): "A Hu ndred Years of Scien ce at the Pic du Midi Observatory", pp.39 - 40 569 Charlier; Bou rgeois (2013): Pic du Midi. International Dark -Sky Reserve , pp.33- 34 570 Müller (2009 ): "Die Architektur der Hamburg-Be rgedorfer Sternwarte 19 06– 1912 im Vergleich mit anderen Observatorien", p .92 Desarrollo del observatorio contem poráneo 305 además uno de los observatorios de alta montaña más antiguo q ue sigue en funcionamiento 572 . Éste es un claro caso que manifiesta la relación de codependencia entre astronomía y arquitectura presente en los observatorios, al mi smo tiempo que evidencia un vínculo necesario entre el lugar de implantación y e l edifi cio. L as complica ciones espera bles de una obra en dich a situación (climatología, escasez de materiales, difí cil acceso…) dieron lugar en o rigen a un complejo de construcciones propias de la alta mont aña con piedra vernácula y generando terrazas par a ganar superficie úti l. Con el paso del tiempo fueron surgiendo nuevo s edificios que ocupaban los vacíos o se adosaban a los y a existentes, ampliando los espacios de observ ación, las zonas de trab ajo y el resto de funciones secundaria s. A causa del aislamiento inicial y de las condiciones poco favora bles para sus ocupantes (frío, poco confort…) se hacía difícil conseguir científicos que residiesen en el observatorio durante lar ga s tempo radas, lo que entorpecía la propia inv estigación 573 . Tras años d e cre cimiento y evolución, con la incorporación de s ervicios necesarios como la electricidad o un sis tema de acceso eficaz, el observatorio pasó de ser una institución remota donde desarrollar una investigación era poco más que una utopí a y que estaba condenada a la desaparición, a un centro astronómico -turístico económicamente autosos tenible con una actividad científic a de plena vigencia. En la actualidad, el Pic du Midi está ordenado en tres estr atos distintos. El principal, de ma y or sup erficie, abarca una buena parte de la cumbre, y se orienta de noroeste a sureste coincidiendo con el punto de funda ción original del observatorio. Está formado por un conglomerado de edificios y estructuras que alojan en el rocoso terreno de la montaña mientras se enlazan y superpon en entre e llos, siendo difícil precisar dónde ter mina uno y dónd e empieza el siguiente. En él se encue ntran los edificios históricos, los espacios públi cos, in cluy e ndo terrazas, mirador es y zonas de museo o exposición, el hotel, áreas de tr abajo, varios edificios que albe rgan hasta nueve 571 aunque Müller lo califica como el primer observatorio permanente en alta montaña, lo cierto es qu e cuando empieza a fun cionar como centro astronómico es en 1908, cuando el Observatorio Lick ya llevaba añ os en activo 572 Bourgeois (2017 ): “Category of Astronomical Heritage: tangible immovable. Pic d u Midi de Bigorre Observatory., France”. Porta l to Herita ge of Astronomy de la página web official d e la UNESCO : ht tps://www3.astronomicalheritage.net/ind ex.php 573 ibidem Desarrollo del observatorio contemporáneo 306 cúpulas (la ma y oría de ell as con instrumentos y en activo), y la estación del teleférico. El segundo estrato, en u na cima independiente aunque próx ima, se sitúa al noroeste del primero queda ndo conectado por un pasaje entre ell os. Éste acoge un edificio estatal con la gran antena, qu e, estrictamente no forman par te del observatorio. Por último, en el extremo occidental del complejo, aparece como tercer elemento un edificio aislado, sólo conectado a l resto mediante una p asarela cerrada. Esta gra n estructura cilíndrica destinada íntegramente al uso científico sostiene la cúpula esférica que guare ce el principal telescopio del complejo. Esta instit ución que, en su origen, pretendió su ab soluto aislamiento de la población y su funcionamiento en base a la conjunción de estructuras independientes para usos específic os, si endo algunos de estos usos un determinado tipo de observación, evolucionó y se a daptó a las necesidades de sus usuarios, a los requisitos de su funcionamiento y a las limi taciones contex tuales que estuvieron a punto de a cabar con su existencia. Este p roceso desembocó en el actual complejo de múltiples construcciones y uxtapuestas donde científicos y visi tantes coexisten. Observatorio Mo unt Wilson (1904/19 17) El germen del centro astronómico que se instalarí a en el Monte W ilson se remonta hasta el 1886, cuando E .F. Spence, un banquero atraído por la astronomía, se ofreció para suf ragar un gran telescopio para la Universidad South California para ser montado en la mejor ubicación posibl e 574 . P ara seleccionar dicha localización se solicitó consejo al Obse rvatorio de la Universidad de Ha rvard, de lo que resultó elegido el Monte Wilson. En 1889 la cima de la montaña y a contaba con un refractor inst alado en una estructura básica (una cabaña tradi cional con una cúpula cilíndrica añadida) perteneciente a Harvard. S in embargo, el aislamiento de sus ocupantes dura nte un duro invierno junto con el deterioro de los instrumentos y una incipient e tens ión entre las Universidades desembocó en el abandono de la instalac ión apenas dieciocho meses después de su establecimiento 575 . 574 Adams (1954 ): “The F ound ing of The Mount Wilson Observator y ”, p.270 575 Simmons (s.f.): “Brin ging astronomy to an iso lated mountain top”, d e la página oficial del Ob servatorio Moun t Wilson : https://www.mtwilson. edu Desarrollo del observatorio contem poráneo 307 Pese a que la muerte de Spence a finales de siglo frenó la iniciativa 576 su propuest a había adquirido cierta relevancia señalando el Monte Wilson como punto d e inter és para un centro astronómico, l o que no pasó desapercibido para un George Hal e que todavía no se había convertido en director de l Observatorio Yerkes 577 . Aunque antes del cambio de siglo Hale ya había formado parte de la inauguración del refractor más grand e del mundo 578 , su ambición c ientífica le conducía hacía sus propias líneas de investi gación, en las que los grandes reflectores y el celostato debían jugar un papel principal. Así, la fundación de la Institución Carnegie en 1902 destinada a la promoción y r espaldo de la investigación original en todos los campos científicos le dio a Hale la posibilidad de solicitar apoyo para funda r un observatorio solar en e l Monte Wilson 579 . Un año más tar de, Hale visitó la montaña para comprobar sus condiciones y , finalmente en 1904, con la aprobac ión de financiación por parte de la Institución Carnegie, fundó el entonces denominado Observatorio Solar del Monte W ilson. A continuación, Hale se trasladó con el Telescopio S now 580 del Yerkes a California junt o con un grupo de científi cos e ingenieros del observatorio pa ra constituir la semilla de uno de los centros astronómicos más importantes del mundo 581 582 . La cumbr e de la mont aña era de difícil acceso y sólo estaba salpicada po r algunas cabañas aisladas entre los pinos. El Monte W ilson queda a unos tr ece kilómetros al noreste de Pasadena y s e eleva más de mil setecientos metros sobre el nivel del mar. Las condiciones climáticas y de visibilidad convencieron a Hale a pe sar de los arduos senderos que alcanzaban la cima que, en los si guientes años, se irían ensanchando y adaptando a las nuevas necesidades. L a importancia del o bservatorio se ll egaría a evidenciar en la cesión gratuita de los terrenos por parte de sus propietarios, que 576 Adams (1954 ): “The F ound ing of The Mount Wilson Observator y ”, p.273 577 véase el apartado “Ob servatorio Yerkes”, p. 2 60 578 ibidem 579 Simmons (s.f.): “Brin ging astronomy to an iso lated mountain top”, d e la página oficial del Ob servatorio Moun t Wilson : https://www.mtwilson.edu 580 un telescopio solar donado por Miss Helen Snow a la Universidad de Chicago 581 Anon . (1951): “T he Stor y of Mo unt Wilson”, p.13 582 “Our Stor y ” recuperado d e la página oficial d el Observatorio Moun t Wilson : https://www.mtwilso n.edu Desarrollo del observatorio contemporáneo 308 aug uraron la fa ma que comportaría y el consecuente aumento del turismo y los neg ocios 583 584 . Figura 6.10 – Vista aérea del Observatorio Mo unt Wilson e n sus orígenes. Los primeros esfuerzos se dedicaron a proveer a la cumbre de una planta de ge neración eléctrica y un sis tema de a gua con planta de bomb eo para dar servicio a las residencias que ac ompañ arían al te lescopio solar 585 . Durante los años posteriores a su fundación, el observatorio entr aría en un ávido período de desarrollo, y a que d esde su ori gen se comenzarí a a trabajar en la incorporación de nuevos instrumentos, cada v ez más potentes. D e e ste modo, se iniciaron los trabajos p ara la constitución de un telescopio estelar de sese nta pulgadas que estaría en funcionamiento en 1908, destinado a la observación d e estr ellas distantes y que se convertiría en el instrumento astronómico más grande de su tiempo 586 . Ese mismo año se instaló un nuevo telescopio solar de torre (montado sobre una estructura ligera abierta) de sesent a pies (dieciocho m etros) de alto y un p ar de añ os después se agregó otro más en una torre de c iento cincuenta pies (cuarenta y cinco metros) 587 . Desde la finalización del telescopio estela r, Hale comenzó a plane ar un instrumento aún 583 Simmons (s.f.): “Brin ging astronomy to an iso lated mountain top”, d e la página oficial del Ob servatorio Moun t Wilson : https://www.mtwilson.edu 584 Anon . (1951): “T he Stor y of Mo unt Wilson”, p.13 585 Adams (1954 ): “The F ound ing of The Mount Wilson Observatory”, p.297 586 Simmons (s.f.): “Bu ilding the 60-inch Telescope”, de la página oficial d el Observatorio Mount Wilson : https://www.mtwilson .edu 587 Anon . (1951): “T he Stor y of Mo unt Wilson”, p.14 Desarrollo del observatorio contem poráneo 309 más potente , lo que coincidió con la voluntad de John D. Hooke r, un prominente hombre de ne gocios, de costear un te lescopio mayor del y a exist ente. Esta converg encia concluyó con la inau guración en 1917 del gran re flector de c ien pulgadas (ta mbién llamado Hooker) , que durante varias décadas s e mantendría como el más grande del mundo 588 . Con esto concluiría este a mbicioso períod o. Figura 6.11 – Observatorio Mount Wilso n. Planta de conjunto. Hale pretendió comprender los procesos físicos del Sol para ex trapolarlos a otras estrellas, con lo qu e se convirtió en el padre de la astrofísica. Al combinar las observac iones c on un labor atorio se aspiraba a descifrar la luz que los instrumentos captaba n afrontando problemas como la composición de las estre llas o, incluso, la composición del universo 589 . Desde su propia concepción, el Observatorio Mount Wilson se configuró como un co njunto de constru cciones independientes, en l as que c ada una de ellas respondía a las 588 Simmons (s.f.): “Bu ilding the 100 -inch Telescope”, de l a página oficial d el Observatorio Mount Wilson : https://www.mtwilson .edu 589 “Our Stor y ” recuperado d e la página oficial d el Observatorio Moun t Wilson : https://www.mtwilson .edu Desarrollo del observatorio contemporáneo 310 necesidades derivadas de su función. Estos elementos se dist ribuían de manera espaciada por la cumbre de la montaña , quedando c onectados mediante caminos o carreteras. Dentro de e ste complejo, se encontraban tanto los módul os astronómic os como aquellos al servicio de la ciencia o los trabajadores, inclu y endo oficinas, almacenes, re sidencias o laboratorios. Entre las instalaciones d estinadas a los inst rumentos, las torres de los telescopios solares responden a un mismo patrón aunque variando su escala. Consist en en una estructura abierta y ligera sobre la que reposa una pequeña cúpula que cobija un sis tema de espejos que envía la l uz solar verticalmente hasta su base, donde se encuentra la zona de observación. Por sus carac terísticas, estas torres representan una obra sustancialmente de in geniería mientras qu e prácticamente adolecen de cu alquier trasfondo arquitectónico. Figura 6.12 – Observatorio Mount Wilso n. Edificio de l telescop io de 60”. Sección. El edificio del telescopio de sesenta pul gadas es u na construcción mu y compleja en un sentido estructural y mecánico p ero mu y s encilla a su vez en su concepción espacial. Esencialmente, consiste en un cilindro cubierto por una cúpula semiesférica que protege su correspondiente reflector, que a su v ez cuenta con un gran soporte completamente independiente de la estru ctura del resto del edifici o. El espacio queda organizado en dos niveles por un plano horizontal. La parte d e abaj o surge casi por la necesidad de elevar el telescopio del te rreno por cuestiones prácticas (mejor visibilidad y aislamiento). El nivel inferior queda o cupado en bu ena pa rte por el propio soporte y por las esca leras de ascenso, siendo el resto de espacio en su ori gen casi residual. El nivel superior queda Desarrollo del observatorio contem poráneo 311 destinado íntegramente por la z ona de obs ervación en el que el gran reflector que o cupa la posi ción c entral d el edificio. Además d e su si mpleza arquitectónica , la construcción incluye sofist icaciones té cnicas que le permiten tanto el movimiento de la cúpula como del instrumento con fac ilidad o la regulación térmica. Figura 6.13 – Observatorio Mo unt Wilson. Edificio d el telesco pio de 100”. Sección. El edificio del telescopio de cien pulga das parte de un esq uema similar al de sesenta pulgadas aunque con algunas trascendentes variaciones más allá del evidente incremento de t amaño. Entre los cambios aparecen algunas soluciones mecá nicas destinadas a simpli ficar la tarea del observador como un sistema par a facil itar el movimiento del instrumento y de la cúpula o un medio de elevación de la plataforma de observac ión. Asimismo se inclu y en algunas i nnovaciones téc nicas para mejor ar la estabilidad térmica, como la incorporación de planchas aislantes de corc ho o la cl imatización mediante b obinas de tuberías de agua. No obstante, desde un a perspectiva arquitectónica l a evolución más relevante se de riva del aumento de escala. Al crecer el reflector, también era necesario que lo hiciese su soporte, alcanzando unas dimensi ones tan im portantes que permitieron ahuecarlo y dotarlo de programa. De esta manera, el soporte incorporaba usos como almacenaje, un equipo de enfriamiento o un departamento de plateado. En de finitiva, el recu rrente deseo de fabricar instrumentos cada vez mayores había produc ido que las construcciones qu e n ecesitaban para ser Desarrollo del observatorio contemporáneo 312 instalados alcanzase n unas proporciones tales qu e trasce ndían la es cala arquitectónica hasta devenir en espacio habitable. Aunque la a ctividad astronómica del centro ha perdurado h ast a nuestros días y sus instalaciones se han continuado a mpliando y actualizando rec urrentemente, ninguna evolución posterior alcanz ó una repercusión cie ntífica o como modelo de observatorio equiparable a la de comienz os del siglo XX. Observatorio de Ha mburgo-Ber gedorf (191 2) La p érdida de influencia del antiguo observatorio de Millentor durante la segunda mitad del siglo XIX, s e había debido tanto a la obsolescencia de su equipamiento como a la degradación de las condiciones inherentes a su entorno. E s decir, q ue además de necesitar una renovación de sus instrumentos, su posición próx ima al puerto conllevaba nieblas, vibraciones y humos perjudiciales para la observa ción. Ig u almente resultaba inconveniente el re cientemente instalado alumbrado eléctrico. Así, con el cambio de siglo, el Di rector, George Rümker, y su s ucesor, Richard Schorr, finalmente emprenderían la moderni zación y el traslado de la inst itución a una nueva sede alejada de la ciudad 590 591 . Estos cambios se vieron a compañados po r una voluntad de adaptación desde la astronomía a la a strofísica moderna, lo que se manif estó en la transición desde los refractores hacia los reflectores. Sin embargo, esto no supuso el abandono de los instrumentos de astrometría tra dicional, que se mantendrían en el nuevo proyecto 592 . La construcción comenzó en 1906 en Bergedorf, a unos veinte kilómetros al noreste de la ciudad. Inicialmente el complejo s e concibió con un telescopio ecuatorial, un gra n círculo meridiano, un gran refractor, un reflector y un astrógrafo. D esde su inaug uración 590 Wolfschmidt; Seemann; Kühl (2001): Ha mburger Sternwarte – Geschichte und Erhaltung , pp.11,13 591 Dahmke (2016): "On th e history o f the Hambu rg Observatory", p.196 592 Hünsch ; Seemann; Wolfschmidt (2012): “The Hamburg Observatory. Justification of Outstanding Universal Value” de la p ágina oficial de la ciudad de Hamburgo : www.hamburg.de Desarrollo del observatorio contem poráneo 319 La dificultad de acceso a la cumbre por las escarpadas y hel adas laderas, junto con el tempestuoso clima, propiciaron la conexión con la cima a través d el int erior de la montaña con un túnel vertical de ciento diez metros de alto, que enlazaba co n una red de ga lerías subterráneas, do nde se instaló un ascensor. De este modo, tanto el tren como este elevador facilitaron el transporte de l os elementos de construcción y del personal a la obra 612 . Figura 6.17 – Fotografía del Observatorio Sphinx y el resto d e la Estación de Investigación (1937) . La s malas condiciones atmosféricas y los cortos plazos pretendidos para la ejecuc ión dieron lugar a la construcción de una envolvente temporal, a modo de cobertizo, en cu y o interior se levant aría el observatorio. De esta form a, se res gua rdarían los trabajadores y la pro pia obra del viento y l as tormentas, para conseguir acabar el edificio en unos pocos me ses. La apertura oficial del Observatorio Sphinx tuvo lugar en octubre de 1937 613 . En su origen, el edificio se levanta sobr e una pequeña plani cie g en erada en la cumbre de la mont aña. La construcción es prismá tica, formalmente sencilla, y se alinea de este a oeste. Un primer volum en rectangular de dos alturas forma el cuerpo principal, sobre el que se encuentra un casetón de menor tamaño que se abre a una terraza que ocupa el resto de la planta superior. En el alzado oriental, un pequeño volumen prominente conforma la puerta de salida a la explanada. L a envol vente es de 612 Anon . (1938): “Die Wetterwar te au f der Sphinx am Jungfraujoch”. pp. 288 -289 613 ibidem Desarrollo del observatorio contemporáneo 320 mampostería, de piedra procedente del propio terreno excavado, con diversos tipos de huecos: gra ndes y panorámicos en el nivel inferior , más reducidos en el pis o intermedia, y pequeños en la planta más alta, donde también ha y un a puerta a la ter raza. La fachada, sin más ornato, queda re matada por un a barandilla que acota un a pas arela que rodea el edificio al sur. Protección que se repite en el perímetro de la terraza y sob re el casetón, donde se asciende po r una escalera exterior hasta una pequeña plataforma rematada por una aguja c on un anemómetro y una veleta. Figura 6.18 – Observatorio Sphinx. Planta s. Figura 6.19 – Observatorio Sphinx. Secció n. Al observatorio se acced ía necesariamente desde abajo, a través del ascen sor, que conectaba las ga lerías subterrá neas con el sótano y las dos primeras plantas del edificio. Todos los niveles quedaban comunicados además por una escalera. La planta soterr ada era de menor tam año, y quedaba íntegramente de stinada a las instala ciones. El piso inferior era un espacio diáfano abierto al uso p úblico en el que grandes ventanales ofrec ían vistas en todas direcciones y desde dond e se podía salir a la explanada exterio r. La primera plant a cont aba con una amplia zona de trabajo, un cuarto os curo, un aseo y un pequeño espacio residencial con cocina. El nivel más alto tiene una sala Desarrollo del observatorio contem poráneo 321 meteorológ ica y de radiación. Además, las terrazas se usaban para la observación astronómica y para pruebas meteorológica s 614 . La arquitectura del edificio es masiva, con una g ruesa envolvente de hormigón armado y piedra para c onseguir una inercia térmica. Los paramentos también incorporan paneles aislantes y acabados en madera que, jun to a la cal efacción, a y udan a evitar el frío exterior. En todo caso, resulta llamativo que el observatorio contase con un telescopio fij o en su origen. No sería hasta los años cincuenta cuando se instalase una cúpula (de cinco metros) para coronar la construcción, con lo que además se cerró la terraza superior para conseguir una planta más. Y su correspondie nte telescopio no se montaría hasta 1960. Pocos años más t arde, e n 1967, se reemplazaron tanto la citada cúpula p or otra ma yor (de seis metros), como el telescopio por otro más potente. Este nuevo equipo atrajo a más grupos de investi ga ción de los posibles, con lo que se ini ció una nuev a estación de investigac ión próx ima adonde se ter minaría trasladando toda la función astronómica 615 . Figura 6.20 – Observatorio Sp hinx en el presente. Con su inauguración, el Observatorio Sphinx se convirtió en el centro astronómi co más alto de Europa 616 y s e ha mantenido ininterrumpidamente conectado p or tren con 614 Anon . (1938): “Die Wetterwar te au f der Sphinx am Jungfraujoch”. p. 288 615 Balsiger ; Flückiger (2016 ): “The High Altitude R esearch Station Jungfraujoch – the early years”, pp.354 - 355 616 Müller (1992 ): Sternwarten in Bildern: Architektur und Geschichte der Sternwarten von den Anfängen bis ca. 1950 , p .167 Desarrollo del observatorio contemporáneo 322 diversas pobla ciones 617 , lo que favoreció una atención turística creciente que, a finales del siglo XX, dio lugar a una importante ampliación del complejo 618 . Un nuevo volumen de tamaño similar al edificio original, se adosó al lado oeste de la construcción, quedando cerrado por un a envolvente de vidrio y posado sobre una gran estructura d e hormi gón. Y aunque indudablemente habrá mejorado la ofe rta turística ha alterado gravemente la imag en del observatorio. Antaño una prolongación de la montaña, ahora un artificio aferrado a ésta. Consecuencias d el aumento de escala La inauguración del Ob servatorio de Hamburgo-Ber ge dorf precedió a u n período de inestabilidad claramente acotado desde la Primera Guerr a Mundial (1914 -1918) hasta la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), incluyendo los años de entreguerras. Dur ante este lapso temporal, tanto la posi ble financiación como los pensamientos d e buena parte de los científicos, y de l a población en general, estarán enfocados en sen dos conflictos bélicos, sus im previsible s consecuencias o en la recuperación tras estos. P or todo ello, hasta prácticamente la mit ad del siglo XX no s e construirá nin gún nu evo observatorio astronómico de relevancia. La s únicas ex cepciones digna de mención serán el anteriormente ex puesto Observatorio Sphinx de Suiza y el Observatorio Griffith de Los Ángeles, surgido entre ambas contiendas por e l tenaz impulso de un inversor privado 619 . Con anterioridad a este paréntesis, durante el sig lo X IX se había suce dido una carrera por conseguir el telescopio más grande d el mundo que, tal vez, más que afán científico lo que representaba era ambición de fama, prestigio o reconocimiento. Así, esta pugna se inició con el gran refractor de Pulkovo (de 38 centímetros d e diámetro) de 1839, superado por el W ashington (de 66 centímetros) de 1844. Dicha competición se recrudeció hacia finales de siglo cuando se instaló el nuevo instrumento d e Pulkovo (de 76 centímetros) en 1885, al que siguieron el de Niz a (de 77 centímetro s) en 1886 y posteriormente el telescopio principal del Lick (de 91 centímetros) en 188 8. La disputa 617 Rucki (1999): “Bau en unter Extrembedingungen : die Ho chalpine F orschungsstatio n und das SpinxObservatorium auf dem Jungfraujoch”, p.30 618 Balsiger ; Flückiger (2016 ): “The High Altitude R esearch Station Jungfraujoch – the early years”, p.355 619 véase el apartado “Ob servatorio Griff ith”, p.2 73 Desarrollo del observatorio contem poráneo 323 de los grande s refrac tor es se extendería hasta el de Yerke s (de 102 centímetros) e n 1897, que continúa siendo el telescopio refractor más g rande del mundo. Además de las dificultades técnicas que complica ban este redundante crecimiento de los instrumentos, sería un cambio en el sis tema prevalente de los telescopios lo que acabaría por poner fin a esta competición. Aunq ue los telescopios basados en espejos llevaban décadas siendo instalados en los obser vatorios, su papel siempre había sido secundario en relación a la trascendencia de los grandes refractores. No obstante, su importancia iba a incr ementarse gracias a los ava nces tecnológicos que po sibilitarían la fabricación de los espejos requeridos en paralelo al desarrollo mismo de la astrofísica. Así, a partir de la instalación del gran reflector del Observatorio Mount Wilson (de 152 centímetros) en 1908 y , sobre todo, desde la ina uguración en ese mismo complejo del gran reflector Hooke r (d e 254 centímetros) en 1917 se iniciaría una nueva competencia por construir el telescop io r eflec tor m ás grande del mundo. Una aspiración que se ha mantenido hasta la actualidad. Figura 6.21 – Refractor de 102 cm del Obser vatorio Yer kes. Figura 6.22 – Reflector de 254 c m del Observatorio Mo unt Wilson. Independiente mente del tipo de instrument o al que se aluda, el crecimiento exponencial alcanzado durante estas dispu tas llegó a unas magnitudes tan grandes que rivalizaba con la propia esca la de la arquitectura que de bía contenerlo. Esto iba a implicar un aumento del tamaño de los edificios que a lbergaban los tel escopios que Desarrollo del observatorio contemporáneo 324 produciría una gran cantidad de espacio contenido que podía ll egar a se r ocupado por otros usos. De igual forma, los grandes instrumentos iban a re querir unos soportes estructurales mayores. Hasta tal punto que la escala que adquirirían iba a generar unos espacios interiores que incluso permitirían el acomodo de a lgunas funciones. De este modo, los proyectos destinados a estos grandes telescopios incorp orarían o podrían incorporar suficientes funciones secundarias (despachos, cu artos de trabajo, salas de reuniones, laboratorios, almace nes, talleres, salas de descanso, aseos…) como para pod er contener la práctica totalidad del programa que n ecesitaba todo un observatorio. Así, cada construcción p revista p ara un instrumento en par ticular podía tener sufi ciente autonomía para constituir po r sí mismo todo un observatorio astronómico. Al mismo tiempo, esta independencia posibilitaba una absoluta libertad en el diseño del proyecto, que podía a justarse y esp ecializarse en base a las nec esidades concretas de observac ión del instrumento que albergaría, optimizando su solución de observación, adaptándose a su ubicación y entorno, y acomodando el resto de usos se cundarios requeridos a su arquitectura. A pa rtir de este punto, los observa torios más im portantes se constituirían como conjuntos de estructuras independientes donde, habitualmente, se incluir ían inmuebles que c ontendrían alg unos usos ac cesorios ( residencias, ca feterías, exposiciones, salas para visitantes…), otras construcciones dest inad as a instrumentos astronómicos y los edificios principales destinados a los grandes telescopios junto con las funciones primarias (salas de re uniones, cuartos de trabajo, laboratorios, despachos…), que constituirían la propia esencia de l observatorio. Telescopio Hale ( 1948) Situado en la cima del Monte Palomar, California, y siendo el prin cipal instrumento del Observatorio Paloma r, el ori gen tanto del Telescopio Hal e como de su edificio arra nca en 1928, cuando su principal responsable e impulso r, George Hale, consiguió la subvención de la Fundación Rockefeller para fabricar e inst alar el mayor y más preciso Desarrollo del observatorio contem poráneo 325 reflector del mundo 620 . Aunque atendiendo al histori al de los más grandes telescopios de su tiempo promovidos por Hale en los observ atorios de Yerkes o Mount W ilson no se puede descartar que la semilla de este proyecto se remonte ha sta años antes. Figura 6.23 – Telescopio Hale (circa 1950). Conseguida la fin anciación, Hale conformó un e quipo de arquitectos, ingenieros y técnicos para diseñar las distintas parte s del proyecto: la montura del telescopio, su espejo y el propio edifi cio con las construcciones secundarias. El siguiente paso era decidir una buena ubicación, lo que se consiguió en 1934 con el Monte P alomar tras la aprobac ión del propio as trónomo y la compr a de los terrenos por parte del Cali fornia Institute of Technolo gy (Universidad d e Caltech ). Las obra s comenzaron inmediatamente 621 622 . Pese a que la fabricación de la montura del telescopio no comenzó hasta dos años más tarde, tanto el edificio como el propio instrumento estaban li stos para 1939, con la salvedad del espejo de l refle ctor que se r etrasó por diversas complicaciones y 620 recuperado d e “A History o f Palo mar Observatory ” de la p ágina oficial d e los Observatorios Óptico s de Caltech : http://www.astro.caltech.edu /observatories/coo/ 621 The California Institute o f T echn ology (194 8): vídeo documental The Story of Palomar Observatory 622 recuperado d e “A History o f Palo mar Observato r y ” de la página o ficial d e los Observatorios Óptico s de Caltech : http://www.astro.caltech.edu /observatories/coo/ Desarrollo del observatorio contemporáneo 326 dificultades dur ante su p roducción. Así, con el v ertido, el tr ansporte, la mol ienda y el pulido en el taller óptico además los retrasos producidos dura nte la Segunda Gu erra Mundial, pasaron catorce años desde que comenzó la ejec ución del espejo de doscientas pulgadas hasta que estuv o instalado en el Monte P alomar. Finalmente, la inauguración tuvo lugar en 1948 en un evento con casi mil invitados bajo la propia c úpula del edificio, donde e l telescopio recibió el nombre de Hale e n homenaje a su principal impulsor, fallecido diez años atrá s 623 . Figura 6.24 – Telescopio Hale. P lanta. El diseño de los difere ntes edificios del comple jo astronómico recay ó sobre el arquitecto Russell W. Porter, con la asistencia del astrónomo F rancis Pease. Porter visitó el lugar para det erminar la posición de las construc ciones y su definición arquitectónica , que pese a su dispersión po r el monte constituiría un conjunto claramente marcado por una identidad visual. P ara ello, Porter optó por una estética propia del lugar en el q ue se i ba a instalar: un estilo Art Decó predominante durante esos años en el sur de California 624 . 623 recuperado d e “The 200 -inch ( 5.1 -meter) Hale T elesco pe” y de “A Histor y o f Palo mar Observatory” de la página of icial de los Observatorios Ópticos de Caltech : http://www.astro.caltech.edu/observatories/coo/ 624 recuperado d e “The Architecture of Palomar Observatory” de la página o ficial de los Observatorios Ópticos d e Caltech : http://www.astro.caltech.edu /observatories/coo/ Desarrollo del observatorio contem poráneo 327 En todo caso, Porter p retendía una arquite ctura ho nesta. Según sus p ropias palabras el edificio “debe expresar las funciones d el mecanismo que cubr e”. De este modo, el telescopio quedaba elevado del suelo mediante una gran estructura metálica que hacía las veces de soporte estructuralmente aislado del resto del edificio, lo que se reflejaba en la construcción. Ésta se componía de una b ase cilíndrica, que alber ga ba dos niveles que aprovec haban el espacio libre resultante en el so porte ocupándolo con us os accesorios. Sobre esta base se situaba la cúpula de cuarenta y dos metros de diámetro que cobijaba el gran reflec tor con la zona de observación y la sala de control del telescopio 625 . Figura 6.25 – Telescopio Hale. Interior de la cúpula durante su i nauguración. El telescopio H ale se mantuvo como reflector el más g rande del mundo durante más de un cuarto de si glo. Y aunque no sería hasta 1949 cuando los investiga dores comenzasen con su trabajo, la calidad y precisión del inst rumento fue tan importante que no sólo continúa en activo, sino que es p roductivo y científic amente relevante en el presente 626 . El edificio del telescopio Hale se iba a convertir e n un precursor , en un referente o directamente en un mod elo a im itar po r todos los proyec tos post eriores para grandes reflectores: el inst rumento elevado sob re una estructura que g eneraría unos e spacios 625 recuperado d e “The Architecture of Palomar Observatory” de la página of icial de los Observa torios Ópticos d e Caltech : http://www.astro.caltech.ed u/observatories/coo/ 626 recuperado d e “A History o f Palo mar Observatory” de la página of icial de los Observatorios Ópticos de Calt ech : http://www.astro.caltech.edu /observatories/coo/ Desarrollo del observatorio contemporáneo 328 aprovec hables p ara alma cenes, cuartos de trabajo, laboratorios, talleres o i ncluso z onas para visitas y turistas; sobre todo esto, en la parte superior, el esp acio de observación y el telescopio proteg ido bajo la cúpula. Telescopio C. Do nald Shane (1 959) Los r esponsables del Observatorio Lick ya eran consciente s desde el c ambio de siglo de qu e los instrumentos que disponían, inclu y endo sus dos telescopios principales, se habían quedado obsoletos. Por lo tanto, la institución ha bía sido relegada de la posición puntera en la investig ación astronómica en la que se encontraba ha cía n o demasiado ti empo. De ahí deriva que los sucesivos directores que ocuparon el cargo reclama sen unos fondos pa ra costear un gra n re flector. Esta fina nciación no sería aprobada hasta principios de la Se gunda Gu erra Mundial, quedando postergada hasta la finalización del conflicto bélico 627 . Hacia el final de la g ue rra, C. Donald Shane, que por e ntonces era profesor de astrofísica en el departa mento de astronomía de Berkle y, fue nombrado nuevo director del Observatorio Lick co n el objetivo de devolverlo la prime ra línea de la investigación. Esto pasaba necesariamente por un nuevo telescopio. C on un sentido claramente pragmático, Shane creó un comité asesor en el que se inclu y eron astrónomos de los observatorios del Monte W ilson y d el Monte Palomar, que tenían ex p eriencia e n grandes reflectores. Así, en base a este bagaje a dquirido el comité se decantó por un telescopio de ciento veint e pulg adas que estab a e n un ran go de dimensiones que permitiría una f abricación con un coste y dur ación moderados al evitar una inge niería novedosa o experimental 628 . Shane participó tanto en el diseño del propio telescopio como en del propio edificio que lo alber garía, colaborando con los arquitectos e ingenieros que p articiparon en el proy ecto. Su implicación fue tal, que inte rvino par a conseguir más fond os cuando los costes previstos aumentaron. Pese a que esperaba dirigir, al menos, la inauguración del reflector, los retrasos hicieron que d ejase el cargo el 1958, antes de qu e el telescopio 627 Vasilevskis; Osterbrock (19 89): “Charles Donald Shan e. 1895 -1983”, p.498 628 Chapp ell; Baustian (1955): 120-Inch Albu m . p.4 Desarrollo del observatorio contem poráneo 335 Figura 6.30 – Interior del BTA- 6. Este cambio, en l a solu ción adoptada para el instrumento (pasa r de un a montura ecuatoria l a una altazim utal) tuvo una evidente re percusión e n el edificio donde se instalaría. Incluso manteniendo la prioridad en l a estabilidad térmica, la supresión de vibraciones y en el correcto funcionamiento astronómico, sin olvidar el co nfort de los trabajadores, el nuevo sis tema de montura im plicó cambios en la definición proyectual. Desde el exterior no se percibía un a variación significativa con sus predecesores, y a que respondía al mismo patrón de estructura cilíndrica que soportaba u na cúpul a móvil; con una altura total de cincuenta y tres metros p ara un diámetro d e cu arenta y cinco metros. No obstante, un análisis de la c onstrucción desvelaba las diferencias. El pro y e cto se resolvió como dos elementos independientes. En prime r lug ar, el reflector con su respectivo soporte. El centro de l edificio aco gía un gran cilindro de hormigón que arrancaba desde el te rreno actuando como cimentación y que contenía l a base del sistema que permitía un movimiento equilibrado y fluido del instrumento. Un eje atravesaba verticalmente este bloqu e hasta sob resalir por encima termin ando en una plataforma giratoria donde arrancaba la estruc tura de la montura del telescopio. Esta estructura era tan grande que trascendía la escala humana, conteniendo espacios “habitables” , zonas de observación tanto en la parte superior de los postes verticales de la montura como en un c ili ndro situado en el propio foc o del telescopio. Desarrollo del observatorio contemporáneo 336 En segundo lugar, una construcción anular rodeaba al referido soporte como si fuesen dos edificios completamente independ ientes (de h echo su funcionamiento estructural lo era para evitar vibraciones). Su interior se organizaba en dos plantas, hasta la altura de la plataforma giratoria, donde se distribuía todo el programa de usos necesarios para un centro astronómico punte ro propio de su tiempo: un a recepción, una sala de confere ncias, zonas de trabajo, talleres, laboratorios, cuartos pa ra el revelado, despachos, almacenes, una zona de descanso con cocina… Sobre estas dependencias se encontraba el espa cio ab ovedado donde ope raba el gran telescopio. En to rno a éste se encontraban las galerías donde estaba el centro d e control principal del complejo y los talleres para el esp ejo, y aún por encima, justo en el arranque de la cúpula, una pasarela circular . Figura 6.31 – BTA- 6. Secció n. Desde su terminación, el BTA-6 se convirtió en el refle ctor más grande de l mundo. Sin embargo, su trascendencia va mucho m ás allá de este hito, puesto que además sería el primer gran telescopio en tener una montur a altazimutal en lugar de ecuatorial, como era habitual hasta entonces; y también sería pionero en tener un siste ma de rastreo Desarrollo del observatorio contem poráneo 337 automatizado por orde nador. Estos avance s se asentar ían a p artir de este telescopio como un estándar habitual en los gra ndes instrum entos que lo seguirían 645 . Observatorio Cal ar A lto (1975) Después de la Segunda Guerra Mundial, la situación de la astronomía en Alemania era mu y precaria, careciendo de infraestructuras y e quipos r emotamente c omparables a los de otras potencias en la materia. Siendo todaví a su principal instrumento el reflector de Hamburgo-Bergedorf, la Asociación Al emana de Investigación (DFG: Deutsche Forschungsgemeinschaft ) elaboró a principios de los años ses enta un in fo rme sobre la situación de la astronom ía donde s e s ubr a y aba las graves limitaciones q ue tenían los científicos y la posición marginal a la que había quedado relegada Alemania en astronomía ante la falta de equipamiento adecuado. Además, en este documento se solicitaba el establecimiento de instit uciones naci onales con instrumental adec uado para solventar este déficit, incluso situados fuera de l territorio alemán 646 . Pocos años más tarde, c uando la Sociedad Max Planck decidió instaur ar un nuevo Instituto de Astronomía en Heideberg se fijaro n las condi ciones pa ra establec er un a rama de éste e n forma de un nuevo observatorio astronómico equipado con varios instrumentos actualizados y situado e n la zona mediterránea 647 . Por otro lado, l a situación de esta ci encia en Esp aña tampo co era mu y propicia en esta época, careciendo de instalaciones modernas o de potentes instrumentos de observac ión. De este mo do, la oportunidad de fundar un observatorio con junto con las instituciones alemanas representaba un nu evo im pulso para l a ciencia esp añola. Así, el Centro de Ast ronomía H ispano-Alemán (CAHA) se convertiría en un a re alidad tras el acuerdo firmado e n 1972 648 649 . Finalmente, el lugar elegido para l a inst alación fue el pico de C alar Alto, s ituado al sureste de España en la Sierra de los Filambres. Ubicado a dos mil ciento sesen ta y ocho metros sobre el nivel del mar, el sitio cuenta con las bondades climáticas de un ti empo 645 Leverington (20 17): Observa tories and Telescopes of Modern Times , p.10 646 recuperado d e “25 year s of C alar Alto Obs ervatory ” de la p ágina oficial d el Instituto de Astronomía Max Planck : http ://www.mpia.de 647 ibidem 648 Barcons (2007 ): “Astronomy in Sp ain”, pp.7 -8 649 Margarit (1980): “Cen tro astronómico de C alar -Alto”, p.33 Desarrollo del observatorio contemporáneo 338 seco y cielos despejados que posibilit an más de doscientas noches de observaciones al año. En la distribución prevista de las diferentes construcciones que co nformarían el complejo por la cumbre, los edificios de las cúpulas se implantaron en las cotas más altas y con mejores condiciones 650 651 652 . Figura 6.32 – Observatorio Calar Alto. El complejo se conformó en varias fases. En primer lugar, se instaló un telescopio de ciento veinte centímetros en 1975. Cuatro años después s ería puesto en funcionamiento un telescopio de doscientos veinte centímetros, tras lo que se produjo la inaugurac ión oficial de Centro por parte del Rey Juan Carlos I . Sin embargo, no se ría hasta 1985 cuando qued aría completado y operat ivo el gran r eflector d e t res metros y medio. La instauración de esta institución devolvió a los científicos alemanes la posibilidad de volver a desarrollar su investigación en las mejores condici ones posi b les y representó un im portante impulso para la astronomía española hasta impulsarla a una posición relevante en e l ámbito i nternac ional 653 . El e dificio del instrume nto principal responde, con alguna s particularidades, al patrón habitual en este ti po de obras. La construcción se compone de una base cilíndrica de hormigón de treinta y dos metros de diámetro que sostiene la cúpula bajo la que se alberga el r eflector. El c onjunto alcanza una altura de cuarenta y tres metros. El cuerpo 650 http://www.csic. es/observatorio-astron omico-calar-alto 651 Barrado et al. (2010 ): “T he Calar Alto Ob servatory: current status an d future instrumentation”, p.637 652 Margarit (1980): “Cen tro astronómico de C alar-Alto ”, p.37 653 recuperado d e “25 y ears of Calar A lto Obs ervatory ” de la p ágina oficial d el Instituto de Astronomía Max Planck : http ://www.mpia.de Desarrollo del observatorio contem poráneo 339 que conforma su base así como los espacios que deja libre la estructura q ue soporta el telescopio se aprovecha, como en otros casos, para int roducir funciones y usos necesarios para la operatividad de la instalación, o incluso para mejorar el confort de los trabajadores o visitantes. Así, esta base se o rganiza en tres plantas sobre rasante b ajo el espacio principal del telescopio. En este espacio, se inclu y e un programa de usos tan necesario como sal as de máquinas, almacenes, t alleres, laboratorios, salas de control, cuartos de revelado o s alas de trabajo, junto con funciones complementarias como la cámara de vacío y aluminiz ado. Además, el conjunto cuenta con aseos, un comedor y una sala de estar que d an servicio a los usuarios, así como hasta una galería pa ra los visitantes. Figura 6.3 3 – Observatorio Calar Alto. P lanta. Destaca c omo un e lemento singular y reconoc ible de l observatorio un a torre de circulac ión vertical, con escaleras abiertas en torno a un núcleo de ascensor, que se eleva ex ento y en paralelo al resto de la construcc ión, respondiendo a una doble razón: funcional, para dar servicio a visitantes, y de seguridad, como medio de evacuación. Actualmente, el CAHA está gestionado y op erado de manera conjunta por el Instituto de Astrof ísica de Anda lucía (IAA -CSIC) y por el I ns tituto Max Planc k de Astronomía (MPIA) 654 . 654 http://www.csic. es/observatorio-astron omico-calar-alto Desarrollo del observatorio contemporáneo 340 Pese a la evolución tecnológica y los avances en esta ciencia, gracias a su mantenimiento y actualización, y a unas óptimas condiciones climáticas, el Observatorio de C alar Alto se mantiene como el centro astronómi co más importante de la Europa c ontinental 655 . Observatorio Sier ra Nevada (1981) La s raí ces del Observato rio de Sierra N evada se r emontan hasta el Obse rvatorio de Cartuja, fundado en Granada por l a Compañía de Jesús a principios de sig lo. Sin embargo, anticipando la degradación de l as condi ciones de obs ervación q ue supondría el previsible crecimiento de la ciudad se im pulsó la fundación del Observatorio de Mohón del Trigo, en Sierra Neva da, como un centro aso ciado de alta montaña que estaría operativo al iniciarse la década de los setenta 656 . En 1975 se constituye el Instituto de Astrofísica de Anda lucía, con u no de sus fundadore s, J osé María Quintana, como primer Director. Además, gracias a un conv enio acorda do e ntre la Universidad de Granada y el Consejo Supe rior de I n vestigaciones Científicas, se cede el uso del Observatorio de la Cartuja, así como de sus instalaciones de alta montaña al IAA 657 . En esos años, el Obse rvatorio de Mohón del Trigo era n frecuentes las visitas y colaboraciones con otros centros de in vestigación a partir de los cuales se desarrollaron alianzas con otras instituciones. Estos vínculos se conc retaron en forma de convenios con el Observatorio d e Greenwich y con el Observatorio d e Niza para i nstalar sendos telescopios en Sierra Nevada 658 . Este contexto favorable, en el que y a se contaba con los principales instrumentos, brindó la ocasión al I A A para solicitar fondos p ara sufragar la construcción de un nuevo observatorio. Así, se puso en marc ha el pro y ecto 659 . 655 Barrado et al. (2010 ): “T he Calar Alto Ob servatory: current stat us and future instrumentation”, pp.637 - 638 656 Iglesias (2006): “Histo ria de una fotografía”, p.3 657 recuperado d e “El IAA. Instituto de Astrofísica d e Andalucía” de la página d e la Revista digital W aste : https://waste.id eal.es/cosmos9.htm 658 recuperado d e “Breve histo ria del OSN” de la página oficial del Observa torio de Sierra Nevada : https://www.o sn.iaa.csic.es 659 Iglesias (2006): “Histo ria de una fotografía”, p.5 Desarrollo del observatorio contem poráneo 341 Después de estudiar las posibles ubi caciones para la im plantación de la nueva sede, se terminó seleccionando la L oma de Dilár, la cumbre accesible a ma y or altura que además contaba c on infraestructuras próx imas al estar c erca de la estación de esquí. Este enclave presentaba unas mag níficas c ondiciones para la observación astronómica. Finalmente, este complejo emplazado a dos mil ochocientos noventa y s eis metros de altitud represe nta el centro astronómico permanente más eleva do de Europa 660 . Figura 6.34 – Observatorio Sierra Nevada. El edificio se aleja bastante, en este caso, de los estándare s de grandes observatorios astronómicos de buena p arte del siglo XX. Probableme nte, por las dificultades de la propia construcción. Así, ya qu e se contaba con dos instrumentos de tamaño moderado, cada uno de los cuales iba a n ecesitar su propia cúpula, en lugar de diseñar dos construcciones aislada s se optó por una única estruc tura. Por ello, e l proy ecto se definiría como una base común compartida por sendas cúpulas. Aprovechando el desnivel del terreno, el observatorio se enca stra en la montaña ge nerando un sót ano, so bre el que se levanta la base, un cuerpo prismático de diez por veinte metros y dos plan tas de altura que se alinea de este a oeste, sosteniendo en sus extremos los instrumentos. Cada telescopio cuenta con su propio sopor te aislado del resto de la estructura y c on su propia cúpula. Por debajo de estos, el espacio se or ganiza con una ordenación y escala casi doméstica, en donde los usos carac terísticos de la función astronómica (sa las de control d e instru mentos, bibl ioteca o tal leres) y s us servicios (aseos, almacenes o cuartos de inst alaciones) se mezclan con un programa 660 recuperado d e “Breve historia del OSN” de la p ágina oficial del Observa torio de Sierra Nevada : https://www.o sn.iaa.csic.es Desarrollo del observatorio contemporáneo 342 residencial (sala de est ar, cocina, dormitorios…) que permita aco ger trabajadores durante temporadas. Figura 6.35 – Observatorio Sierra Nevada. P lanta. En 1981 el Observatorio de Sier ra Nevada qu eda c ompletado y comienza su actividad investigadora. Tan sólo ocho años después de su pu esta en funci onamiento, la expiración de los a cuerdos con las otras instituciones y la obsol escencia de sus dos telescopios provoca el desalojo de ambos instru mentos. Entonces un op ortuno acuerdo con la Fábrica de Instrumentación Astronómica de Nanjing p ropició la inst alación de dos nuevos telescopios de ma y or tamaño que estarían operativos e n 1992. Desde entonces se ma ntiene activo ininterrumpidamente en su labor investigadora 661 . Observatorio W. M. K eck (1993/1996) A mediados del si glo XX el empresario petrolero William M y ron K eck creó una fundación filantrópica con su propio nombre que en tres décadas más tarde proporcionar ía la ma y or donación hasta el mom ento para una empre sa científic a. De este modo, la fundación proveería los fondos necesarios para ll evar a buen puerto el proy ecto que conjuntamente habían comenzado a desarrollar entre el Instituto Tecnológico de California y la Universidad de California, cu y os científicos estaban trabajando e n el diseño d e un telescopio desde 1977 662 . El diseño del edificio se encargó a MBT Associates y pese a qu e inicialmente la donación sólo cubriría lo presupuestado para un proye cto con un ún ico re flector, durante la fase de construcción, iniciada en 198 5, se acordó una nueva conce sión d e 661 recuperado d e “Breve historia del OSN” de la p ágina oficial del Observa torio de Sierra Nevada : https://www.o sn.iaa.csic.es 662 Finn (1985): “The W. M. Keck Ob servatory”,p.5 Desarrollo del observatorio contem poráneo 343 fondos para afrontar la ambiciosa modificación del proyecto que implicaba un observatorio con dos te le scopios ge melos 663 664 . A esto se suma la impli cación de la Universida d de Haw ai, que aportó el suelo donde se implantaría el o bservatorio. La ubicación seleccionada se encuentra en la cima del Mauna K ea, un volcán inactivo de la Isla Grande . Situado a un os cuatro mil doscientos metros de altitud, con esca sa contaminación lumínica y rodeado por el océano Pacífico, el lugar posee uno de los m ejores cielos para la astronomí a del mundo 665 . Figura 6.36 – Observatorio W . M. Keck. Cada uno de los telescopios, denominados Keck I y Ke ck II , contaría con un espejo de diez metros, dejando muy atr ás los cinco metros del Telescopio Hale o los seis metros del BTA-6. Sin embargo, este aumento de escala im plicaba una serie de complicaciones t anto en la estructura int erna d el espejo como a la hora de sostenerlo y moverlo con pre cisión, por eso, requirieron u na solución alternativa: cada espejo primario quedaría compuesto por treinta y seis espejos hexagona les que se adaptan para funcionar como un único espejo equivalente de nueve coma ocho metr os. E sto posibilitó una importante reducción de las estru cturas, que serían lig eras, y del tamaño de las 663 Nelson; Mast (1988): “Construction of the Keck Observ ator y”, p.13 664 recuperado d e “Keck Observat ory: Twin Telescopes on Mauna K ea” de la página of icial de la r evista Space : https://www.space.com 665 recuperado d e “W. M. Keck Observator y ” de la página o ficial del Observatorio W. M. Keck : http://www.keckobservator y.org Desarrollo del observatorio contemporáneo 344 cúpulas, reduciendo también su coste de ejecución 666 667 . L a segmentación del espejo se usaría en grandes r eflectores por primera vez en este pro y e cto y su puso u na importante innovación que sería ampliamente replica da en posteriores telescopios 668 . Figura 6.37 – Observatorio W . M. Keck. Sección. Figura 6.38 – Observatorio W . M. Keck. Planta. Ambas cúpulas ge melas ocupan los extremos de un edificio rectan gular que evita introducir espacios de trabajo o maquinaria bajo estas cúpulas para evitar int erferir en la estabilidad térmica, que es un a de las prioridades de sus diseñadores. Por esto, se aplican estrategias como la abundante inclusión de aislami entos térmicos, la pintura de la cúpula con un acabado termo-reflectante o la permanente climatización de las cúpulas 669 670 . 666 Finn (1985): “The W. M. Keck Ob servatory”,p.9 667 recuperado d e “W. M. Keck Observator y ” de la página o ficial del Observatorio W. M. Keck : http://www.keckobservator y . org 668 recuperado d e “Todo sobre el GTC” de la página of icial de información d el GTC : http://www.gtcdigital.net 669 Nelson; Mast (1988): “Construction of the Keck Observator y”, p.13 670 Finn (1985): “The W. M. Keck Ob servatory”,p.9 Desarrollo del observatorio contem poráneo 351 una cúpula con un as abe rturas controlables qu e p ermiten minimiz ar las turbulencias de aire en torno al telesc opio 683 . Desde su inauguración, con un espejo equivalente a diez com a cuatro metros, el Gran Telescopio Canarias se convirtió en el reflector más grande d el mundo y en un referente científico que h asta la actualidad le p ermite participar y desarrolla r en estudios sobre cue stiones clave en astrofísica 684 . Una arquitectura so metida a la astrono mía El masivo desplazamiento del mundo rural a las ciudades acont ecido a pa rtir de la Revolución I ndust rial produjo un continuo crec imiento de las poblaciones durante todo el siglo XIX. Este movimi ento estuvo acompañado por algunos cambi os en la actividad humana que ya a principios de la nueva centuria comprometían el buen desempeño de los observatorios 685 en entornos urbanos o periurbanos. L a aparición de nueva industri a y el aumento del transporte motorizado por tierra y mar supusieron un incr emento de las vibraciones y d e la polu ción. Además, la iluminación pública de las calles trajo consi go una contaminac ión lumínica que limitó la visibilidad de los objetos débiles. Igualmente, este cambio de siglo coincidió con el tránsito de los refra ctores, como paradigma del telescopio propio de cualquier centro astronómico digno de significación, a los grandes reflector es. Esta evolución estu vo acompasada con el au ge de la astrofísica, aunque sin dejar atrás la astronomía clásica que se apoyaba en c írculos meridianos, instrumentos de tránsito y astrógrafos par a continuar s us estudios relacionados con la me dición del ti empo o la propia naveg ación ( al menos hasta mediados del siglo XX). Esto hac ía que los observatorios debieran atender distintas 683 recuperado d e “Gran Telescopio Canarias” de la página o ficial del In stituto de Astrofísica de Cana rias : http://www.iac.es 684 recuperado d e “Introducing the Gran T elescopio Canarias” de la página of icial del Gran Telescopio Canarias : http://www.gtc.iac.es 685 Bourgeois (2017 ): “Category of Astronomical Heritage: tangible immovable. Pic d u Midi de Bigorre Observatory., France”. Por tal to Herita ge of Astronomy de la página web of icial de la UNESCO : https://www3 .astronomicalheritage.net/index.php Desarrollo del observatorio contemporáneo 352 líneas de trabajo, lo que im plicaba que t enían que contar con un equipamiento marcadamente he terogéneo 686 . De este modo, a finales del siglo XIX aparecen, casi simultáneamente en América (el Lick) y Europa (en Niz a), los primeros obse rvatorios que pres entan alguno s de los rasgos definitorios de lo que terminará siendo el observa torio contemporáneo. Estos complejos se instalarán aislados de los núcleos urbanos, en z onas remotas y elevadas como en cimas de mon tañas en las que, lejos de los humos y luces de la ciudad, encuentren las mejore s c ondiciones posibles de observa ción. El límite entre el observatorio moder no y el contemporáneo queda claramente marcado por el ambivalente Observatorio L ick. Tanto su config uración arquitectónica como sus principales ras gos de dise ño son propios del anterior p eríodo, si n embargo se convertiría en el primer centro astronómico completamente desli gado de lo urbano con su instalación permane nte de montaña. El alejamiento de las ciudades impli có un aislamiento de la población en general, que perdió contacto con esta ciencia. En oposici ón, durante la primera p arte d el siglo XX, se constru y e ron observatorios públicos e n grandes ciudades europeas (Berlín, Viena…) para inform ar al público sobre la astronomía y el univ erso 687 . Esta s instituciones, al quedar desligadas de la van guardia científica, se alejaron de las nuevas corriente s de diseño quedando estancadas en los ra sgos propios del observatorio moderno. Como contrapartida, pese a su elevada profesionaliz ación y a su ma y or her metismo, todavía surgirán algunos complejos astronómicos que se abrirán ocasionalmente a un público iniciado en la materia (o, al menos, int eresado), qu e inclu ye n visi tas guiadas y espacios museíst icos en s us conjuntos. Incluso, se podrán en contrar algunos centros qu e co nsideran el turism o como un valor o un reconocimiento (como el Mount Wilson o el BTA-6) y hasta como un medio más de financiación de su progra ma invest igador (como el Observa torio Pic du Midi o el de Niza). 686 Hünsch ; Seemann; Wolfschmidt (2012): T he Ha mburg Observator y. Justification of Outstanding Universal Va lue de la página oficial de la ciudad de Hamburgo : www.hamburg.de 687 Markkanen (2013 ): "T he Develop ment of the Classical Obs ervatory: Fr om a Functional Sh elter for the Telescope to the Temple of Science", p.48 Desarrollo del observatorio contem poráneo 353 Ahondando en este senti do, el mismo Director de l Observatorio de Niza 688 subra y a el entorno natura l, las vistas panorámicas y la arquitectura d el complejo c omo valores a destacar de su observa t orio para ampliar el visitante potencial más allá del público aficionado o las ex cursiones escolares, adquiriendo una vocación turística nacional e internacional 689 . La s nue vas necesidades de la ci encia iban a motivar algunas variaciones en los principios de diseño de los edificios consigna dos a la astrofísica, en espec ial a la espectrosc opia y la f otometría 690 . Si bien el observatorio moderno tiende a configurarse como un edificio unit ario en el que un progra ma complejo y d e usos heterogéneos (salas de observación, despachos, bibliotecas, tallere s, viviendas…) comparte techo en una único inmueble en el que una o varias cúpulas y una sala meridiana que condicio naba la ori entación de l a construcción evidenciaban su razón de ser, el observatorio cont emporáneo se o rganizará de un modo menos reg lado y ríg ido 691 . El propio tamaño de los nuevos grandes re flectores, la s diferencias de escala, la s distintas necesidades intrínsecas a los múltiples usos o la propia orografía del terre no mont añoso que dificulta contar con amplios suelos a nivel, serán aspectos que impulsarán la segre ga ción del edifico en una serie de construcciones independientes. Esta separación p ermitirá una lib ertad de disposición y orientación en el territorio que favorecerá las condiciones de observación, ad emás de exonerar a la función astronómica de algunas interfe rencias (vibraciones, humo, luz, calefacc ión) propias de otros usos. Además de sit uarse en una montaña, el Observatorio de Niza será el pre cursor en idearse, diseñarse y construirse, de forma intencio nada y permanente, como un conjunto de edificios independien tes con un alto grado de especialización. Aunq ue durante los siguientes años, sur girían diversas instituciones a stronómicas que cumpliesen una d e estas dos ca racterísticas pasaría un cuarto de siglo antes de que ambas s e replicasen 688 actualmente Observatorio d e la Costa Azu l 689 Heudier (2006): "De l’ Observatoire à l’ Observatorium", p.8 690 Markkanen (2013 ): "T he Develop ment of the Classical Obs ervatory: Fr om a Functional Sh elter for the Telescope to the Temple of Science", p.48 691 Hünsch ; Seemann; Wolfschmidt (2012): The Ha mburg Observatory. Justification of Outstan din g Universal Va lue de la p ágina oficial de la ciudad de Ha mburgo : www.hamburg.de Desarrollo del observatorio contemporáneo 354 simultáneamente. Esto lo señala como un adelantado a su tiempo que rec onocer como un referente. El y a referido alejamiento de los núcleos u rbanos conllevará apar ejado la desvinculación d e las instalaciones públic as de las urbes (luz, a gua…) d e form a que, pese a e xistir respuestas a este a islamiento (como los g enera dores eléctricos o los depósitos de a gua), lo cierto es qu e la experienc ia ha demostrado en casos como el Observatorio Pic du Midi que la conexión con las redes de suminist ro resulta imprescindible para un desarrollo aceptable de la actividad investigadora. Por otro lado, la o cupación de suelos aislados y d esconectados de la p oblación evidencia los efectos que una instala ción de este ti po puede sus citar en sus inmediaciones. Como ya advirtieron los propietarios que cedieron los terrenos para la construcción del Observatorio Mount Wilson, un gran observatorio se convierte en un importante punto de int erés que dota a su ento rno de renombre y pr estigio, atrayendo científicos y turism o, y catalizando un des arrollo de la industria vinculada dir ecta e indirectamente a esta actividad; en definitiva, aumentando la riqueza del lugar y sus habitantes. Poco después del 1900, l os observatorios Mount Wilson o Hamburg o se s uman a la tendencia apuntada por el de Niza que terminaría por consolidarse a lo largo del si glo XX: la formalización de un edificio independiente para cada telescopio, que posibilite un absoluto grado de especialización, al definir cada uno de las c arac terísticas que condicionará n el pro yecto en base a los requerimientos funcionales de su único instrumento. Los años de guerra s re ducirían a mínimos la inversión en e sta ciencia, lo qu e provocaría un paréntesis en la construcc ión de nuevos centros astronómicos. Esta pausa daría lugar, a su conclusión , a abordar nuevo s proy ectos para observatorios c on telescopios, y por lo tanto edificios, más grandes y ambiciosos. Asimismo, este paréntesis había permitido tomar c ierta p erspectiva sobre los últimos avance s en lo relativo a centros astronómicos, discerniendo los valores implementados por algunos observatorios 692 . De este m odo, y a a mitad de s iglo XX se 692 recuérdese que durante l a primera mitad del siglo se in auguran tanto observatorios propios del período anterior como otros que incorporan aspectos contemporáneo s Desarrollo del observatorio contem poráneo 355 habrían puesto d e manifi esto los principios que c onfigurarían los rasgos característicos del observatorio contemporáneo: ubicación en la montaña, lejos de la población, y config uración de los observatorios como conjuntos de edificios autónomos de alta especific idad técnica destinados a un determinado instrumento o función. Además, el nuevo si glo trajo consigo un cambio en el paradigma d e esta ciencia, desde la astronomía clásica a la astrofísica conte mporánea. Esta evolución d evolvía la mirada al telesc opio, q ue si bien como refractor parecía estar alcanzando lími tes irrebasa bles, como reflector tenía muchas posibilidades de mejora y cr ecimiento. El aumento de los reflectores conlleva un crecimiento la construc ción que lo contiene y de la estructura que lo soporta. El tamaño de los telescopios p ronto alcanza dimensiones que los a semeja al rango de los edificios y sus soportes se hacen tan grandes que, dado qu e no tendría sentido que fueran macizos, el espacio que contienen supera la escala arquitectónica del hombre, por lo que pueden ser habitados y ocupados por todo tipo de funciones. Luego algunos de lo s usos que se habían dis gregado para destinar edifi cios ex clusivamente a los grandes telescopios acaban por volver a introducirse en sus bases para aprovechar el espacio surg ido por su aumento de escala. Este salto de escala se evidencia por primera ve z en el Telescopio Hale, en cuya inaugurac ión se sit uaron bajo la cúpula, en tor no a los soportes de la montura del reflector, ca si mil personas sentadas frente a un escenario. El crecimiento de los telescopios iba aparejado al de sus espejos, que se ha cían cada vez más g randes, pesados y complejos de fabri car, mantener y desplazar. Por e sto, contar con unas dependencias para la manipulación y conservación de los gra nd es espejos se hace cada vez más im prescindible, con lo que terminan por agreg a rse al propio edificio del telesc opio. Esta incorporación de nuevas fun ciones no s erá un hecho aislado, sino que al contrario será al go re currente en la medida que los nuevos avances se va y an implementando como estándares básicos . De este modo, diversos cuartos para instalaciones o almacenes espe cíficos se iría n incorporando al progr ama de usos imprescindibles de los observa torios. De la mis ma manera que con el observatorio m oderno se su cedió una disput a por conseguir el ma y or refractor del mundo, la era de los gra ndes reflec tores implicó el Desarrollo del observatorio contemporáneo 356 comienzo de una competencia simil ar, que se ha mantenido a lo largo de todo el siglo XX y continuando hasta el presente. Si en torno al ca mbio de siglo la orie ntación de la ciencia h acia la astrofísica impulsaría el peso d e los reflectore s en la investigación, e ste tipo d e telescopios se contendrán en unas medidas modestas hasta que George Hale promovies e el reflector más potente de su tiempo (de 1,52 metros de diámetro), instalado en 1908 en el Observatorio Mount W ilson. S in embarg o, su am bición lo ll evó a superar su propio hito impulsando en ese mismo complejo el Hooker (de 2,54 m etros) en 1917. Esta carr era prosiguió con la inauguración del Telescopio Hale (de 5’08 m etros) en 1948, al que sucedió el BTA-6 (de 6’00 metros) en 1975 y que fue superado por el Keck I (de 9,80 metros) en 1993 693 . El actual poseedor de la honorífica condición de ma y or reflector de l mundo es el Gran Telescopio Canarias (de 10’40 metros) desde 2007. En todo ca so, y a se c onoce que e sta prerrogativa tiene una próxima caducidad puesto que y a ha y previsto nuevos observatorios con reflectores m a y ores que el GTC. Por ejemplo, el Giant Ma gellan Telescope (de 2 4,50 metros) del Observatorio de L as Campanas está en fase de constru cción y s e esp era que inicie su actividad en 2025 694 . Igualmente e l Thirt y Met er Telescope (de 30,00 metros) del Observatorio Mauna Kea se encuentra en pro yecto au nque s e ha anunciado que las obras se ini ciarán a lo larg o del 2019 y que empezará a operar en 2027 695 . Y también el Extreml y La rge Telescope (de 39,00 metros) en Cerro Armazones está en construcción y se prevé que esté en funcionamiento desde 2025 696 . I ncluso se ll eg ó a pl antear un pro yecto tan descomuna l como el Ov erwhelmingly Large Telescope (de 1 00 metros) que se encuentra, al menos por ahora , cancelado 697 . Desde el paso de los espejos monolíticos a soluciones compuestas, y a sea de piezas hexagonales o circulares, permitió redu cir el pes o del elemento reflector y a ligerar su estructura, dando la posi bilidad de continua r con un crecimiento, hasta el mom ento, sin límites. 693 el Keck II, de 199 6, iguala pero no supera las dimensiones de su gemelo 694 página of icial del GMT : https://www.gmto.org/ 695 página of icial del TMT : h ttps://www.tm t.org/ 696 página of icial del ELT : https://www.eso.org/pub lic/teles-in str/elt/ 697 página of icial del OWL : http://www.eso.org/sci/facilities/eelt/o wl/index.html [Document text truncated for crawler view.]