“
VoV
.
SA
¡A.
QUE
EL
EXCMO.
É
ILMO.
SK.
Di W íbííii(W anjWiIglÉ,
ARZOBISPO
DE
SANTIAGO
DE
COMPOSTELA,
DIRIGE
AL
CLERO
Y
PUEBLO
CON
MOTIVO
DE
SU
ENTRADA
SOLEMNE
EN
LA
CAPITAL
DE
LA
ARCHIDIÓCESIS.
SANTIAGO:
Imp.
y
Ene.
del
Semina io
Concilia
1889
u
CARTA
PASTORAL
NOS
EL
DR
.
D.
JOSÉ
MARTÍN
DE
HERRERA
Y
DE
LA
IGLESIA,
POR
LA
GRACIA
DE
DlOS
Y
DE
LA
SANTA
SEDE
APOSTÓLICA
A
zobispo
de
S
a n ia go
de
C
ompos el a
,
C
a pel l á n
M
a
yo
de
S.
M.,
J
uez
O
dina io
de
su
R
ea l
C
a pil l a
,
C
a sa
y
C
o e
,
N
o a io
M
a yo
del
R
ein o
de
L
eón
,
C
a ba l l e o
G
a n
C
uz
de
l a
R
ea l
y
dis inguida
O
den
de
C
a
l os
III,
S
ena do
del
R
eino
,
e c
.,
e c
.
-A-l
"Ve^e alDle
Eeány
CaTollá-o
<5.0
niaes a.
San a,
Apoa-
óllco-j
I^e Topoll axLa
Xg lesla.
<5.0
Seun iag o,
al
"Vezae aTolo
A"ba5.
37-
CaTaild-o
<5.e
la
Coleg-lal
ele
la
Co uña,
á
nuas oe
A cipiee es
-y
^á ocoo
^
domás
Cle o,
á
los
XSolledoooG
y
XSellg losaG,
y
á
loa
£.elea
odos
de
nueo a
-A- clxldlócesls:
PAX
VOBIS.
C
on
humildes
acciones
de
g acias
hemos
alabado
á
_
Dios
nues o
Seño ,
po que
al
hace
nues a
p i
me a
en ada
en
la
Capi al
de
es a
A chidiócesis,
hemos
sido,
sin
me ece lo,
obje o
de
una
mani es ación
gene al
de
la
e
del
Cle o
y
pueblo
Compos elano.
Al
Re^
inmo
al
de
los
siglos
sea
el
hono
y
la
glo ia
(1)
po
las
pú-
(i)
I
ad
Timo h.
1-17.
—
4
—
blicas
y
epe idas
demos aciones
de
espe o
y
ap ecio,
que
las
Au o idades,
Co po aciones,
Asociaciones
y
pa icula es
han
hecho
en
nues o
a o ,
saludando
con
júbilo
y
en usiasmo
eligioso
á
su
nue o
Pas o
y
P e
lado.
Sólo
á
Dios
co esponde
la
glo ia
de
es e
aus o
suceso,
po que
á
la
i ud
di ina
del
nomb e
de
Jesús
es
á
la
que
se
debe
la
i alidad
y
lozanía,
que
en
es e
a o unado
suelo
os en a
hoy,
después
de
diez
y
ocho
siglos,
el
á bol
san o
de
la
C uz,
que
el
g ande
Após ol
San iago
plan ó
con
su
p edicación,
egó
con
sus
sudo
es,
sos u o
con
su
celo
y
man iene
con
la
p esencia
de
sus
ene andas
Reliquias.
Es e
hijo
del
ueno
ué
quien
hizo
esona
en
España
la
oz
del
Ve bo
enca nado;
es
e
Após ol
p edilec o
de
Jesús
ué
el
que
encendió
en
nues a
Pa ia
la
he mosa
an o cha
de
la
e
c is iana;
y
median e
su
in e cesión
pode osa,
b illa
con
esplendo
la
llama
de
esa
misma
e,
que
an o
enal ece
á
los
pue
blos
que
la
p o esan.
Bajo
la
égida
glo iosa
de
es e
Pa ono
de
nues a
Na
ción
y
sus
dominios
a a esamos
el
ma
A lán ico
hace
más
de
ece
años,
pa a
egi
y
gobe na ,
po
olun ad
del
inmo al
Pon í ice
PíoIX,el
A zobispado
de
San iago
de
Cuba,
de
aquel
país
descubie o
po
C is óbal
Colón
pa a
la
Ca ólica
España,
de
aquella
ie a
de
ege ación
ondosa
y
exube an e,
en
la
que
habi an
nues os
he
manos
po
la
Religión,
la
lengua,
la
sang e,
las
leyes,
las
ins i uciones
y
las
cos umb es.
Allí,
donde
con
la
bande a
de
España
se
conse a
el
mo ado
es anda e
de
Cas illa,
se
inde
ambién
cul o
especial
al
mismo
Após ol
de
Jesuc is o,
que
an
p odigiosamen e
ha
pa
ocinado
á
los
españoles
en
sus
comba es
con a
los
in
ieles;
y
á
pesa
de
las
desg acias
y
mise ias,
que
son
comunes
á
odos
los
pueblos,
el
de
nues a
amada
Cuba
o ece
nume osos
y
no ables
ejemplos
de
e
i a,
piedad
acend ada
y
ca idad
gene osa.
Nunca
ol ida emos
las
demos aciones
de
espe o,
conside ación
y
obediencia
de
nues o
Cle o
y
pueblo,
ni
su
docilidad
á
nues as
exho aciones
y
enseñanzas.
Si
nues o
minis e io
ha
sido
uc uoso
du an e
nues a
esidencia
en
el
A zobis
pado
de
San iago
de
Cuba,
más
que
á
nues os
es ue ;
zos,
se
debe,
después
de
la
g acia
de
Dios,
á
las
exce
len es
disposiciones
de
nues os
buenos
diocesanos,
al
espe o
que
les
inspi a
la
Dignidad
Episcopal,
y
á
la
a idez
con
que
siemp e
escuchan
la
palab a
de
Dios.
Pe o,
llamado
po
el
Vica io
de
Jesuc is o
¿í
eje ce
en e
oso os,
Vene ables
He manos
y
amados
hijos,
el
minis e io
pas o al,
enimos
con
el
co azón
lleno
de
espe anza,
al
mismo
iempo
que
econocemos
nues a
p opia
debilidad
pa a
sopo a
an
eno me
peso,
o mi
dable
aun
pa a
los
mismos
Angeles
(1).
Venimos
con
la
con ianza,
que
Nos
inspi an
ues a
eligiosidad
nunca
desmen ida,
ues a
i meza
en
segui
las
c is ianas
a
diciones
de
ues os
glo iosos
an epasados,
y
ues a
idelidad
en
gua da
el
p eciosísimo
eso o
de
las
Reli
quias
del
San o
Após ol.
Nos
aba e,
sin
emba go,
la
idea
de
nues a
pequeñez,
eco dando
la
la ga
se ie
de
doc
ísimos
y
celosísimos
P elados,
que
han
ocupado
y
en
noblecido
es a
Sede
Me opoli ana.
Ellos
o man
nume
osa
pléyade
de
sabios,
que
han
b illado
como
es ellas
en
el
i mamen o
del
mundo
de
la
e;
que
con
su
ciencia
p o unda
han
ob enido
glo iosas
ic o ias
sob e
las
hues es
del
e o ,
y
las
han
pues o
en
e gonzosa
uga.
Ellos
se
des acan
en
el
campo
de
la
his o ia
como
ale
osos
a le as,
que
eco ie on
á
paso
de
gigan e
el
ca
mino
de
la
e dad
y
de
la
jus icia,
y
descuellan
como
i-
gilan ísimos
Pas o es,
que
le an a on
opo unamen e
su
oz
pa a
ahuyen a
á
los
lobos
apaces,
que
enían
á
de o a
el
ebaño
de
C is o.
No
Nos
a e emos
á
com
pa a nos
con
ninguno
de
ellos,
ni
podemos
menos
de
endi
á
odos
el
debido
hono
de
nues a
admi ación
y
de
nues a
alabanza,
especialmen e
al
malog ado
inme
dia o
an eceso
nues o
el
Excmo.
é
limo.
S .
D .
D.
Vic
o iano
Guisasola
y
Rod íguez
(q.
s.
g.
h.),
á
quien
u
imos
el
hono
de
conoce
pe sonalmen e,
me eciéndo
nos
siemp e
el
concep o
de
P elado
sabio,
ec o,
ené gi
co
y
labo ioso,
á
la
pa
que
su ido,
humilde,
modes o
y
disc e o.
Dolo osa
ué
la
imp esión
que
causó
en
odos
la
no icia
de
su
mue e,
jus ísimo
el
ibu o
desús
hon
as
úneb es
y
g ande
el
acío
que
dejó
en
el
Episcopa-
(i)
Conc.
T id.
scs.
6.®
cap.
i.°
de
Rc o .
-
6
-
do
español.
¡Descanse
en
paz
e e na
con
los
Biena en
u ados
de
la
Celes e
Sión
el
P elado
ilus e,
que
en
an
b e e
iempo
p epa ó
y
ealizó
la
g ande
ob a
de
un
Concilio
P o incial!
Mas,
ya
que
ca ecemos
de
las
eminen es
do es,
que
an o
han
dis inguido
á
nues os
an eceso es,
Nos
con
suela
sob e
mane a
la
idea
de
que
ues a
i a
e
os
ha á
apa a
los
ojos
de
la
pequeñez
de
nues a
humil
de
pe sona,
pa a
ija los
en
la
al ísima
dignidad
que,
sin
mé i o
alguno
de
nues a
pa e,
se
Nos
ha
con e ido.
No
enéis
necesidad,
VV.
HH.
y
aa.
hh.,
de
que
se
os
enca ezca
la
legí ima
misión,
que
hemos
ecibido
de
nues o
San ísimo
Pad e
el
Papa
León
XIII;
po que
sa
béis
muy
bien
que
el
Romano
Pon í ice,
como
legí imo
suceso
de
San
Ped o,
ha
ecibido
el
pode
de
apacen
a ,
egi
y
gobe na
oda
la
Iglesia,
y
como
conse
cuencia
de
es a
po es ad,
que
emana
del
mismo
Jesu
c is o,
iene
el
de echo
incon o e ible
de
en ia
Pas
o es
á
odas
las
Diócesis
de
la
c is iandad.
¡Desg acia
do
aquel
que
se
a e iese
á
a oga se
la
acul ad
de
gobe na
un
Obispado
sin
habe
ecibido
pa a
ello
mi
sión
alguna
del
Romano
Pon í ice!
Es e
es,
quien
ha
p onunciado
el
ía
de
nues a
p omoción;
de
su
o den
se
han
expedido
á
nues o
a o
las
Bulas
co espon
dien es,
y
en
i ud
de
és as
hemos
ecibido
el
Palio
A zobispal,
y
hemos
omado
quie a
y
pací ica
posesión
de
es a
enomb ada
Sede
Me opoli ana
de
San iago
de
Compos ela.
Podemos,
po
an o,
deci os,
VV.
HH.
y
aa.
hh.,
con
el
Papa
San
Clemen e:
No
po
mis
mé i os
me
ha
en
iado
á
noso os
el
Seño
pa a
hace me
pa icipan e
de
'mies as
co onas.
Non
meis
me i is
ad
,
uos
me
missi
Dominus
Des is
co onis
pa icipem
ic i.
Somos
ues
o
P elado
po
la
g acia
de
Dios
y
de
la
San a
Sede
Apos ólica;
y
á
impulsos
de
la
ca idad
que
os
p o esa
mos
en
el
Sag ado
Co azón
de
Jesús,
enimos
á
man
ene
con
oso os
enhies a
la
bande a
de
la
C uz;
d
anuncia os
el
es imonio
de
C is o,
no
con
sublimidad
de
palab a,
ni
de
sabidu ía.
Po que
yo
no
he
c eído
sabe
algo
en e
Doso os,
sino
á
Jesuc is o,
y
és e
c uci i
cado
.......
y
mi
con e sación
y
mi
p edicación
no
consis í-
u
lo
e an
los
que
ado aban
los
gen iles;
sino
po que
siendo
de
esencia
de
la
e dad
e elada,
como
lo
es
de
oda
e
dad
conocida
po
la
ec a
azón,
la
unidad,
y
no
pudien-
do
se
e dade as
al
mismo
iempo
doc inas
opues as
en e
sí,
sin
des ui se
el
p incipio
de
con adicción,
de
dúcese
con
e idencia,
que
hay
en
el
homb e
es ic o
de
be
de
segui
la
única
Religión
e dade a,
una
ez
cono
cida,
y
obligación
indispensable
de
no
apa a se
jamás
de
la
comunión
de
la
Iglesia
Ca ólica,
después
de
habe
en ado
en
ella.
Los
que
echazan
la
máxima
c is iana
de
que
ue a
de
la
Iglesia
no
hay
sal ación
pa a
los
que
culpable
men e
i en
y
mue en
ue a
de
ella,
como
si
uese
la
ex
p esión
de
un
exclusi ismo
i i an e,
y
de
una
in ole an
cia
aná ica,
con unden
las imosamen e
el
e o
con
el
que
ye a,
el
pecado
con
el
pecado ,
y
ab en
la
pue a
al
indi e en ismo
con
su
absu da
ole ancia
eligiosa.
Po que,
siendo
la
e dad
el
obje o
adecuado
de
la
in eli
gencia
humana,
siemp e
que
apa ece
al
homb e
con
cla
idad
y
ce idumb e,
iene
és e
la
obligación
ineludible
de
ecibi la
y
p oclama la,
así
como
odo
el
que
no
cie
e
olun a iamen e
sus
ojos
sanos
á
la
luz
sola ,
iene
que
con esa
la
exis encia
del
Sol
y
la
he mosu a
de
los
ayos
que
di unde
po
odo
el
uni e so.
La
e dad
e elada
po
Dios,
con enida
en
las
Sa
g adas
Esc i u as
y
en
la
adición,
de
que
es
cus odio
é
in é p e e
la
Iglesia
Ca ólica,
es
incompa ible
con
la
he ejía,
como
lo
es
la
a i mación
con
la
negación;
y
sien
do
obliga o io
á
odo
homb e
de
ec a
azón
el
sali
de
las
inieblas
de
la
igno ancia
y
del
e o ,
y
apa a se
de
las
nebulosidades
de
la
duda
y
del
ío
glacial
de
la
indi
e encia,
an
p on o
como
b illa
á
sus
ojos
la
luz
de
la
e dad,
si
la
desecha,
una
ez
conocida,
ob a
con a
esa
ley
de
su
p opia
na u aleza
in elec ual
y
acional,
de ie
ne
la
e dad
de
Dios
en
injus icia
(1),
y
ma cha
al
abis
mo
de
su
e e na
condenación.
Es e
pecado
se
ag a
a,
y
es a
esponsabilidad
es
oda ía
mucho
mayo
en
aquellos
que,
habiendo
nacido
en
el
seno
de
la
san a
mad e
Iglesia,
y
ecibido
el
don
de
la
é
desde
los
p i-
(1)
Ad
Rom.
-18.
-
14
-
me os
días
de
su
exi encia
en
es e
mundo,
han
apos
a ado
de
la
Religión
Ca ólica,
y
se
han
con e ido
en
p opagandis as
de
la
he ejía
y
de
la
impiedad.
A
es os
y
á
odos
los
que
i en
ue a
de
la
comunión
de
los
san os,
los
compadece
la
Iglesia,
p ac icando
la
máxima
de
San
Agus ín:
Ma ad
los
e o es,
y
amad
á
los
homb es.
In
e
Jici e
e o es,
diligi e
homines;
los
llama
con
el
amo o
so
silbido
del
buen
pas o ,
y
los
encomienda
á
Dios
en
sus
o aciones,
especialmen e
en
el
día
del
Vie nes
San
o,
ani e sa io
de
la
edención
de
odos
los
homb es
po
Jesuc is o.
En
lo
cual
no
hace
o a
cosa,
que
cumpli
con
el
enca go
del
Após ol
San
Pablo
de
que
se
hagan
pe iciones,
o aciones,
oga i as
y
hacimicn os
de
g acias
po
odos
los
homb es
.....
Po que
es o
es
bueno
y
acep o
delan e
de
Dios
nues o
Sal ado ,
que
quie e
que
odos
los
homb es
sean
sal os;
y
que
engan
al
conocimien o
de
la
e dad.
Po que
uno
es
Dios,
y
uno
el
mediane o
en
e
Dios
y
los
homb es,
el
homb e
C is o
Jesús:
que
se
dió
á
si
mismo
en
edención
po
odos
(1).
Y
no
hay
bajo
del
Ciclo
o o
nomb e
dado
á
los
homb es,
en
que
poda
mos
se
sal os
(2),
sino
el
de
Jesús,
que
de amó
su
p e
ciosísima
sang e,
pa a
paga
supe abundan emen e
las
deudas
de
los
pecados
de
odos
los
homb es.
P o esamos,
pues,
los
ca ólicos
un
Seño ,
una
e,
un
bau ismo
(3);
un
solo
edil,
un
solo
pas o
(4);
un
solo
eino
de
Dios,
y
un
solo
in
pa a
odos
los
homb es.
Una
sola
es
la
Iglesia
e dade a
de
Jesuc is o,
una
la
esposa
del
Co de o
sin
mancilla,
y
una
la
senda
que
conduce
á
la
ida
(5).
El
que
c eye e
se á
sal o,
el
que
no
c eye
e
se á
condenado
(6).
II
Resplandece
es a
unidad
de
la
Iglesia
de
C is o
en
la
O ganización,
que
Él
mismo
la
ha
dado.
A
San
Ped o
con i ió
el
pode
de
apacen a
oda
su
g ey,
y
el
cnca -
(i)
I
Ad
Tim.
2-i
,
3,
4,
5
y
6.
(2)
Ac .
4-12.
(3)
Ad.
Ephes.
4-5.
(4)
Joan.
io-i6.
(5)
Ma .
7-14.
(6)
Ma c.
16-16.
u
—
15
—
go
de
con i ma
en
la
e
á
sus
he manos,
comunicándole
la
solidez
y
i meza
de
pied a,
sob e
la
cual
edi icó
su
Iglesia.
Y
con o me
á
la
p omesa
e minan e
del
mismo
Jesuc is o
de
que
las
pue as
del
injie no
jamás
p e a
lece án
con a
la
pied a
undamen al
de
la
Iglesia,
ni
con a
és a,
es ando
con
ella
odos
los
días
has a
la
cón
sul
nación
de
los
siglos,
los
legí imos
suceso es
del
P ín
cipe
de
los
Após oles,
es o
es,
los
Romanos
Pon í ices,
han
cons i uido
el
cen o
de
la
unidad;
el
anillo
que
en
laza
odos
los
ó denes
de
Clé igos
y
legos
ieles
de
C is
o;
la
cla e
que
a a
odo
el
edi icio
de
la
Iglesia;
la
Ca
beza
y
Sup emo
Je e
de
oda
la
je a quía
de
de echo
di ino
y
de
de echo
eclesiás ico.
El
Romano
Pon í ice
ha
sido
siemp e
y
con inúa
siendo
el
Obispo
de
los
Obis
pos,
el
Pas o
de
los
Pas o es,
el
Doc o
uni e sal,
el
Juez
sup emo,
el
Dispensado
de
odos
los
eso os
con
iados
á
la
San a
Iglesia,
y
la
sup ema
Au o idad
de
la
misma
en
el
eje cicio
del
pode
bajo
sus
di e en es
o
mas
de
Sace do al,
doc inal,
legisla i o,
adminis a i o,
gube na i o
y
judicial.
El
Romano
Pon í ice
es
el
que
ins i uye
los
Obispos
en
odo
el
mundo
ca ólico;
el
que
en ía
Misione os
á
odas
pa es,
pa a
p osegui
la
g an
diosa
ob a
de
la
p opagación
de
la
san a
e;
el
que
e ige
nue as
Sedes,
unda
nue as
Diócesis,
y
o ganiza
en
o
dos
sus
g ados
la
je a quía
ca ólica.
El
dicela
úl ima
palab a
en
odas
las
con o e sias
doc inales;
ap ueba
ó
desap ueba
con
sobe ano
magis e io
oda
clase
de
en
señanzas;
de ine
como
dogmas
y
a ículos
de
e
las
e
dades
que
han
sido
negadas,
pues as
en
duda,
ó
de
cual
quie
modo
comba idas.
El
Romano
Pon í ice
es
el
que
a egla
la
sag ada
Li u gia,
y
de e mina
la
o ma
del
cul o
di ino;
el
que
sanciona
y
ap ueba
los
dec e os
Concilia es
ó
Sinodales;
el
que
dic a
disposiciones
de
ca ác e
gene al,
obliga o ias
en
odo
el
o be
ca ólico;
el
que
e o ma
la
Disciplina
de
la
Iglesia,
y
la
mode a
y
p opo ciona
á
los
iempos,
luga es
y
pe sonas.
El
Sumo
Pon í ice
de
Roma
es
quien
au o iza,
ap ueba
y
con i
ma
la
ins i ución
de
las
O denes
Regula es
y
Cong ega
ciones
Religiosas,
ijando
sus
debe es
y
sus
de echos
en
a monía
con
los
que
co esponden
á
los
P elados
de
la
ju isdicción
o dina ia.
Es
quien
da
lecciones
de
sabidu-
-
16
-
ía
y
de
p udencia
á
odas
las
clases
de
la
sociedad,
se
ñalando
íí
los
Reyes
y
P íncipes
de
la
ie a
el
camino
segu o
de
la
e dade a
paz,
según
los
dic ámenes
de i
ados
de
las
p esc ipciones
de
la
ley
e angélica;
es
quien
man iene
siemp e
í ala
an o cha
de
la
doc ina
e elada
pa a
alumb a
á
los
homb es
en
los
de o e os
de
la
ida
p esen e;
y
es
quien
p omue e
sin
cesa ,
y
igo iza
con
su
bené ica
in luencia,
la
ob a
de
la
san i i
cación
de
las
almas.
Po
di ina
i ud,
y
no
po
los
cálculos
de
la
huma
na
p udencia,
se
conse a
i me,
es able
é
inconmo i
ble
es a
pied a
undamen al
de
la
Iglesia,
y
po
di ina
i ud
iene
és a,
en
odas
sus
pa es,
en
oda
su
o ga
nización,
ida
y
mo imien o,
al
uni o midad,
al
unión
y
abazón
an
es echa,
an
bella
a monía
y
an
sabio
y
pe ec o
o den,
que
cual
majes uoso
edi icio
cons ui
do
sob e
oca
de
g ani o,
con inúa
ija
en
medio
de
un
ma
bo ascoso,
y
como
na e
bien
cons uida
y
mane
jada
po
expe o
pilo o,
su ca
elizmen e
ese
mismo
ma
con
la
i mísima
espe anza
de
a iba
á
pue o
segu o,
mien as
que
odas
las
ins i uciones
pu amen e
huma
nas,
odas
las
sociedades
su en
e ibles
sacudidas,
y
con
el
ascu so
de
los
siglos,
después
de
habe
gas ado
sus
ue zas
en
con inuas
luchas
y
con adicciones,
ce
den,
zozob an
y
pe ecen.
Fenómeno
es
és e
e dade a
men e
singula
y
que
Nos
obliga
á
exclama
con
Da id:
Po
el
Seño
ha
sido
hecho
es o,
y
es
cosa
ma a illosa
en
nues os
ojos.
A
Domino
/ac um
es
is ud;
e
es
mi abílein
oculis
nos is
(1).
Le án ase
o gulloso
el
espí i u
del
e o
con a
la
e,
y
el
Papa
le
aplas a
con
la
palab a
de
Dios;
omi a
sus
blas emias
el
impío,
y
el
Vica io
de
Jesuc is o
con
el
soplo
de
sus
labios
disipa
su
háli o
ponzoñoso;
sacude
el
yugo
de
la
obediencia
el
homb e
libe ino,
y
la
oz
del
sup emo
Je a ca
de
la
Iglesia
exec a
y
condena
su
conduc a.
Aspi an
los
pode es
del
mundo
á
ob ene
la
de ogación
de
una
ley
de
de echo
di ino,
y
el
Papa
no
puede
menos
de
mos a se
in ansigen e
en
el
e eno
de
los
p incipios
y
de
la
ley
na u al,
de
los
p ecep os
del
(i)
Psalm.
117-23.
de echo
di ino
posi i o
y
de
las
máximas
de
la
mo al
c is iana;
empe o
es
ole an e
con
las
pe sonas,
á
las
cuales
hace
e
la
imposibilidad
de
complace las
y
la
obligación
de
educi las
al
debe .
Su gen
cues iones
de
o den
social
y
de
ca ác e
polí ico
en e
di e en es
Es
ados,
y
el
Papa
es
el
o áculo
que
p onuncia
la
palab a
de
una
solución
que
a i ma
la
paz
exis en e,
ó
es ablece
la
pe u bada.
G an
á bi o
del
de echo,
de
la
equidad,
de
la
jus icia
y
de
la
mo al,
con
una
g ande
ele ación
de
mi as,
ec i ud
de
in ención,
impa cialidad
de
juicio
y
ca idad
gene osa,
que
le
hacen
supe io
á
odos
los
g andes
del
mundo,
el
Papa
me ece
el
espe o,
el
aca
amien o
y
el
amo
de
odos
los
homb es,
las
conside a
ciones
y
de e encias
de
odos
los
Es ados,
y
los
pláce
mes
de
odos
sus
hijos.
III
A
es e
cen o
de
unidad,
á
es e
ono
de
doble
majes
ad,
y
á
es e
sup emo
Je a ca
de
oda
la
Iglesia
se
ha
llan
es echamen e
unidos
los
Obispos,
pues os
po
el
Espí i u
San o
pa a
egi
la
Iglesia
de
Dios(l).
Aun
los
mismos
Após oles,
des inados
po
Jesús
á
p opaga
el
E angelio
en
odo
el
mundo,
sin
ene
una
Sede
ija,
ni
e i o io
dema cado,
sal a
la
dis ibución
que
en e
sí
hicie on
de
los
di e en es
países
en onces
conocidos,
es u ie on
siemp e
unidos
á
San
Ped o,
P íncipe
de
los
Após oles,
Pas o
uni e sal
y
Cabeza
isible
de
oda
la
Iglesia.
En
sus
Concilios,
en
sus
p edicaciones,
en
la
o denación
de
Obispos
y
P esbí e os,
en
la
undación
de
nue as
c is iandades,
en
el
o den
de
la
Sag ada
Li u
gia,
y
en
odos
los
ac os
de
su
minis e io
es u ie on
de
acue do
con
la
doc ina
anunciada
po
San
Ped o,
es
pe a on
la
au o idad
comunicada
á
San
Ped o,
y
el
o
den
es ablecido
po
Jesús
pa a
el
gobie no
de
la
Iglesia
po
San
Ped o.
El
mismo
San
Pablo,
a o ecido
con
una
misión
ex ao dina ia,
con
un
Apos olado
singula ,
y
con
pode es
dados
en
pe sona
po
el
mismo
Jesús,
que
le
de ibó
del
caballo
al
ap oxima se
á
Damasco
y
le
(i)
Ac .
20-28.
-
18
-
con i ió
de
u ioso
pe seguido
de
la
nacien e
Iglesia,
cu
- aso
de
elccióu,
que
con undiese
á
los
judíos
po
su
inc edulidad
y
lle ase
el
nomb e
de
C is o
í
¡
los
gen i
les,
ué
á
comunica
con
San
Ped o
du an e
sus
aba
jos
apos ólicos,
pa a
que
és os
no
uesen
inú iles.
Y
jun
o
con
San
Ped o
es u o
en
la
cá cel
Mame ina,
y
jun o
con
él
salió
pa a
el
ma i io,
y
ie namen e
se
des
pidió
de
él,
cuando
se
sepa a on
pa a
el
di e en e
luga
en
que
habían
de
da
su
ida
po
Jesús.
No
h¡i
mucho
que
hemos
is o
en
Roma
la
Capilla
le an ada
en
con
memo ación
de
es a
ie na
despedida,
y
en
su
on is
picio
se
leen
es as
palab as,
que
una
an igua
adición
a ibuye
á
San
Pablo,
como
di igidas
á
San
Ped o:
La.
)a3
sea
con igo,
Fundamen o
de
la
Iglesia
y
Pas o
de
odos
los
co de os
de
C is o.
A
los
suceso es
de
San
Ped o,
los
Romanos
Pon í i
ces,
es u ie on
igualmen e
unidos
los
a ones
apos ó
licos
y
los
Obispos
de
oda
la
c is iandad.
En
las
dudas,
en
las
con o e sias,
en
las
necesidades
de
las
iglesias
pa icula es,
así
del
O ien e
como
del
Occiden e,
odos
los
que
buscaban
since amen e
la
e dad,
ó
p ocu aban
la
paz
de
los
ánimos,
ó
deseaban
ob ene
emedio
á
sus
males,
acudían
siemp e,
desde
los
p ime os
siglos,
á
la
Sup ema
au o idad
doc inal
del
Romano
Pon í ice,
y
á
la
ca idad
gene osa
del
Vica io
de
Jesuc is o.
La
isi a
ad
sac a
ALos olo um
Limina,
la
elación
del
es ado
de
la
Iglesia,
la
asis encia
á
los
Concilios
Ecuménicos,
las
Bulas,
Cons i uciones,
Dec e ales,
Resc ip os
Pon
i icios
y
o os
muchos
documen os
del
Cue po
del
De
echo
Canónico
nos
demues an,
que
los
Obispos
han
pues o
odo
su
cuidado
en
halla se
en
con inua
comu
nión
con
la
San a
Sede,
mi ándola
como
el
Cen o
de
la
unidad.
A
la
San a
Iglesia
Romana
es
p eciso
que
es é
unida
oda
iglesia
pa icula ,
po que
el
ínculo
de
odas,
lo
que
las
cons i uye
un
odo
compac o,
un
cue po
o ga
nizado,
un
edi icio
sólido,
una
Iglesia
Ca ólica,
ó
uni e
sal,
es
la
unión
ín ima
con
la
Iglesia
undada,
egida
y
poseída
has a
la
mue e
po
el
P íncipe
de
los
Após o
les
San
Ped o,
de
quien
son
legí imos
suceso es
los
Ro
manos
Pon í ices.
Es
ya,
po
consiguien e,
una
doc ina
u
-
19
-
cie ísima,
con enida
en
una
ase
axiomá ica,
la
de
que
donde
es á
Ped o,
allí
es á
la
Iglesia
de
Jesuc is o.
Ubi
Pc nis,
ibi
Ecclcsia
(1).
121
que
no
es á
con
San
Ped o
en
la
na e
que
él
di ige,
como
Vica io
de
Jesuc is o,
pe ece á.
Con encido
plenamen e
de
es a
e dad,
de
cía
San
Ge ónimo
al
Papa
San
Dámaso:
Yo
me
uno
á
u
Bea i ud,
es o
.es,
á
la
Cá ed a
cíe
Ped o,
en
la
misma
comunión;
sob e
aquella
pied a
sé
que
ha
sido
edi icada
la
Iglesia.
Todo
el
que
comie e
el
Co de o
ue a
de
es a
casa,
es
p o ano.
Si
alguno
no
se
halla e
en
el
a cado
Noé,pe ece á
du an e
el
diluDio
(2).
La
ama
del
á bol,
sepa ada
del
onco
que
le
comunica
la
sá ia,
se
seca
y
pe ece;
así
ambién
odo
el
que
no
es á
en
comunión
de
e
y
ca idad
con
el
Romano
Pon í ice,
pie de
la
saludable
in luencia
de
la
g acia
de
C is o,
y
no
puede
da
u o
alguno
pa a
la
ida
e e na,
según
aquellas
palab as
que
el
mismo
Jesuc is o
dijo
á
sus
Após oles
en
la
no
che
memo able
de
la
Cena:
Es ad
en
mí
y
yo
en
os
o os.
Como
el
sa mien o
no
puede
de
sí
mismo
lle a
u o,
sino
es u ie e
en
la
id:
así
ni
oso os,
si
no
es u ié cis
en
mí.
Yo
soy
la
id,
oso os
los
sa mien
os:
el
que
es á
en
mí,
y
yo
en
él,
és e
lle a
mucho
u o:
po que
sin
mí
no
podéis
hace
nada.
El
que
no
es u ie e
en
mí,
se á
echado
ue a,
así
como
el
sa mien o
,
y
se
seca á,
y
lo
coge án,
y
lo
me e án
en
el
uego,
y
a
de á
(3).
Y
si
es o
se
e i ica
en
los
ieles,
con
mayo
azón
iene
luga
espec o
de
los
Pas o es
y
Rec o es
de
las
iglesias
pa icula es,
los
cuales
son
y
cons i uyen
el
ínculo
de
unión
de
los
c is ianos
de
cada
Diócesis
con
el
Je e
y
Cen o
de
oda
la
C is iandad.
P ecisamen e
po
es a
unión
an
ín ima
de
los
Obis
pos
con
el
Papa;
po
es a
comunión
de
e
y.
de
mo al,
de
obediencia
y
sumisión,
aun
en
los
asun os
me amen
e
disciplina es,
es
po
lo
que
odos
los
homb es
pensa
do es,
odos
los
que
es udian
la
his o ia
de
las
icisi u
des
y
con a iempos,
á
que
es án
suje as
las
sociedades
humanas,
se
en
obligados
á
econoce
la
ue za
incon
as able,
que
sos iene
unida
y
compac a
la
Iglesia
un-
(i
)
Sanc us
Amb osias,
in
Psalm.
40,
n.
3o.
(2)
Epis .
i5
alias
Sy.
(3)
Joan.
i
5.-4,
5,
6.
u
-
20
-
dada
po
Jesuc is o.
Compa ando
la
mu abilidad
de
los
Es ados
en
sus
o mas,
en
sus
Cons i uciones,
en
sus
p incipios
de
gobie no
y
en
sus
leyes,
con
la
ijeza
de
los
p incipios,
la
in a iabilidad
de
los
dogmas,
la
pu e
za
de
la
mo al,
la
in eg idad
del
cue po
doc inal,
la
sa
bidu ía
en
la
aplicación
de
la
Disciplina
á
los
di e en es
países,
iempos
y
pe sonas,
y
la
p e isión
pa a
el
po
eni ,
que
an o
esplandecen
en
la
o ganización
de
la
Iglesia
Ca ólica,
y
en
los
ac os
y
disposiciones
de
la
San a
Sede,
no
pueden
menos
de
exclama :
Ob a
del
de
do
de
Dios
es
és a.
Digi us
Del
es
hic
(1).
Las
socieda
des
humanas,
no
sólo
expe imen an
los
ai enes
p odu
cidos
po
el
choque
de
ue zas
encon adas,
po
la
lucha
de
ideas
ó
p incipios
opues os,
de
aspi aciones
di e en
es,
y
de
in e eses
incompa ibles,
sino
que
su en
ne
cesa iamen e
las
ases
de
inc emen o
y
decadencia,
de
p ospe idad
y
de
in o unio;
y
con
el
ascu so
de
los
siglos
llegan
á
cambia
po
comple o,
y
aun
á
desapa
ece
en e
uinas
y
desolación.
Empe o
la
sociedad
de
C is o,
undada
sob e
Ped o,
como
pied a
undamen al
del
edi icio,
cuan o
más
débil
apa ece
en
lo
ex e io ,
más
obus a
se
conse a
en
su
in e io ;
cuan o
más
pe seguida
po
las
po es ades
del
in ie no,
más
i me
y
cons an e
pe manece
con a
odos
sus
ad e sa ios;
cuan o
más
op imida,
más
su ida;
cuan o
más
despoja
da,
más
ica.
En
ella
se
cumple
lo
que
de
sí
mismo
y
de
los
a ones
apos ólicos
decía
San
Pablo:
Nos
maldi-
ccH,
y
bendecimos:
nos
pe siguen,
y
lo
su imos;
somos
blas emados
y
ogamos
-po
los
que
nos
blas eman
(2).
En
odo
padecemos
ibulación,
mas
no
nos
acongoja
mos:
es amos
en
apu os,
mas
no
quedamos
sin
ecu so:
padecemos
pe secución,
mas
no
somos
desampa ados:
somos
aba idos,
mas
no
pe ecemos
(3).
IV
Si
el
Episcopado
Ca ólico,
i memen e
adhe ido
á
la
Cá ed a
de
San
Ped o,
po
la
comunión
de
una
misma
e
y
de
una
misma
ca idad,
o ma
como
el
Es ado
mayo
( )
Exod.
8.
(2)
I
Ad.
Co .
4-12,
i3.
(3)
II
Ad
Co .
4-8,9.
u
UN1VLRSIDAD1
DE
SANTIAGO
DF
COMPOSTF.I.A
-
21
-
de
la
milicia
sag ada,
que
pone
emo
y
espan o
en
las
hues es
del
in ie no,
debemos
conside a
qüe
no
se
halla
aislado;
sino
que
cuen a
bajo
sus
ó denes,
en
las
di e en
es
Diócesis,
en
que
se
halla
di idido
el
o be
ca ólico,
un
nume oso
ejé ci o,
o mado
con
indi iduos
de
los
di e
en es
g ados
je á quicos;
y
no
obs an e
la
g an
a ie
dad
de
unciones
encomendadas
al
Cle o
Ca ed al
y
Pa
oquial,
que
es
el
que
es á
más
ín imamen e
unido
á
los
Obispos,
uno
y
o o
se
aúna
é
iden i ica
en
la
de ensa
de
la
doc ina
e elada,
en
el
espe o
á
la
au o idad
de
la
Iglesia,
y
en
el
celo
po
los
de echos
é
in e eses
de
la
misma.
A
la
oz
del
Romano
Pon í ice
obedecen
los
Obispos,
y
á
la
oz
de
los
Obispos
obedecen
los
Clé i
gos,
que
mili an
pa a
Dios,
y
elan
po
el
iel
cumpli
mien o
de
sus
debe es
sag ados.
An e
es a
o ganización
an
obus a,
po
se
an
bien
o denada
y
an
ín ima,
des
allecen
los
enemigos
del
Ca olicismo,
y
en
los
accesos
de
su
sa ánico
u o
con a
la
ob a
de
C is o,
no
ienen
o o
ecu so
á
que
apela ,
sino
á
cie as
a mas
de
mala
ley,
á
la
calumnia,
á
la
pe idia
y
á
la
hipoc esía,
pa a
desac edi a
el
es ado
eclesiás ico.
Llamados
los
simples
Clé igos
á
la
sue e
del
Seño ,
y
siendo
Él,
po
la
lib e
elección
de
aquellos,
la
pa e
de
su
he encia
y
de
sn
calis
,
se
obligan
desde
el
día
de
su
alis amien o
en
la
milicia
de
C is o,
á
segui
de
un
modo
especial
la
olun ad
de
sus
espec i os
P elados,
que
pueden
dispone
de
ellos,
ag egándolos
á
una
Iglesia
de e minada,
y
señalándoles
el
ca go
pa icula
que
en
ella
han
de
eje ce .
Cuando
ascienden
á
los
sag ados
O denes
del
Subdiaconado
y
del
Diaconado,
c ece
en
ellos
y
se
aumen a
sob e
mane a
la
obligación
de
some
e se
con
docilidad
á
odo
aquello,
que
dispongan
sus
Supe io es
eclesiás icos,
eniendo
g abada
en
su
con
ciencia
la
causa
que
mo ió
á
es os
á
o dena les,
que
no
ué
o a
que
la
de
p opo ciona
doc os
y
celosos
ope a
ios,
que
se
ocupasen
en
el
cul i o
de
la
iña
del
Seño
,
ó
sea,
en
el
se icio
de
la
Iglesia.
En
el
momen o
solemne
en
que
e mina
la
o denación
del
P esbí e o,
hace
és e,
en
manos
del
Obispo,
pública
p omesa
de
espe o
y
obe
diencia
á
su
P elado
ac ual,
y
á
sus
legí imos
suceso es.
Unidos
po
an
es echo
ínculo
y
con
an
g a e
obliga-
-
22
-
ciónlos
nue os
P esbí e os,
y
p o esando
la
misma
e
y
la
misma
mo al,
acuden
con
diligencia
¿i
donde
quie a
que
sus
P elados
juzgan
ú iles
sus
se icios;
p edican
la
e
dad
en
oda
su
pu eza;
esg imen
la
espada
de
la
palab a
de
Dios
con a
los
enemigos
de
la
Iglesia;
de ienden
ale
osamen e
los
de echos
de
és a;
abajan
in a igables
en
la
adminis ación
de
los
San os
Sac amen os
y
en
p o
mo e ,
con
ac os
do
acend ada
piedad,
la
san i icación
de
las
almas;
inculcan
la
paz
y
la
conco dia
en e
odos
los
ieles
de
C is o;
y
mos ándose
pode osos
en
ob as
y
palab as,
y
abajando
en
odo
de
común
acue do
en e
sí,
ob ienen
la
ic o ia
sob e
las
pasiones
y
los
icios,
que
es
el
esul ado
de
la
e dade a
unión.
Saben,
ade
más,
que
la
Iglesia
es
un
cue po
pe ec amen e
o gani
zado,
en
el
cual
cada
miemb o
ocupa
su
luga ,
sin
ene
en idia
el
uno
del
o o,
ni
p e ende
coloca se
en
un
luga
di e en e
de
aquel,
que
le
ha
señalado
la
ocación
peculia
del
Espí i u
San o.
T anquilos
en
sus
espec i
os
pues os,
elan
los
Sace do es
po
los
in e eses
de
la
Religión,
secundan
siemp e
la
acción
de
sus
P elados,
y.
ecogen
de
su
minis e io
abundan es
y
sazonados
u os.
De
aquí
p o iene
la
inmensa
in luencia
del
Cle o
ca
ólico
en
la
sociedad;
y
po
es o
el
San o
Concilio
de
T en o
quie e
que
sea
en
odas
pa es
un
cla o
y
limpio
espejo
de
e,
de
pu eza
y
de
san idad,
pa a
que
mi án
dose
en
él
el
pueblo
iel,
encuen e
un
pode oso
es ímulo
pa a
apa a se
de
odo
icio
y
dedica se
á
la
p ác ica
de
odo
bien.
Pe o,
hay
ambién
en
la
Iglesia
de
Dios
un
elemen o
pode oso
de
o den,
concie o
y
a monía,
que
iene
á
e o za
la
acción
bienhecho a
del
Cle o
secula ;
y
es e
elemen o
le
cons i uyen
las
O denes
Regula es.
Nacidas
al
calo
del
uego
di ino
de
la
ca idad;
o madas
á
im
pulsos
de
la
g acia
de
C is o;
y
o ganizadas
con
la
luz
celes ial
que
ecibie on
sus
San os
Fundado es,
han
sido,
son
y
se án
siemp e
una
glo ia
pu ísima
del
Ca o
licismo,
una
apología
cons an e
de
los
consejos
e angé
licos,
un
ejemplo
i o
de
la
gene osidad
y
abnegación
con
que
el
c is iano,
auxiliado
po
Dios,
puede
acome e
emp esas
al
pa ece
i ealizables
de
ca idad;
y
una
p ueba
pa en e
de
la
san idad,
que
es
no a
ca ac e ís
-
29
-
Ped o,
pues o
bajo
el
dominio
ajeno
y
odeado
de
ene
migos
que
odian
su
doble
ca ác e
de
Papa
y
de
Rey;
ese
Anciano
ene able,
ine me
y
ence ado
en
el
Va i
cano.
Que iendo
da
á
Dios
humildes
g acias
po
la
p o
longación
de
su
exis encia
desde
que
comenzó
á
eje ce
el
Sace docio;
y
deseando
que
los
ieles
de
odo
el
mun
do
omasen
pa e
en
el
jus o
egocijo,
que
había
de
causa
la
celeb ación
de
su
Jubileo
Sace do al
,
hizo
opo unamen e
un
llamamien o
gene al
á
la
e
de
odos
sus
hijos;
es imuló
la
piedad
del
cle o
y
pueblo
ca ólico;
de e minó
hace
una
Exposición
de
los
obje os,
que
en
an
solemne
ocasión
se
le
o eciesen,
como
es imo
nio
de
ene ación
y
de
amo ;
esol ió
celeb a
sob e
el
sepulc o
de
San
Ped o
su
Misa
Jubila ,
y
hace
más
solemne
el
año
de
su
Jubileo
con
la
canonización
y
bea
i icación
de
algunos
sie os
de
Dios.
Cuál
haya
sido
el
éxi o
de
an
céleb e
y
memo able
acon ecimien o
lo
sabéis
muy
bien,
Vene ables
he ma
nos
y
amados
hijos.
Los
Obispos
y
los
sace do es;
los
Reyes
y
los
p íncipes;
los
homb es
de
Es ado
y
los
más
epu ados
sabios;
los
li e a os,
los
a is as,
los
ob e os,
odas
las
clases
de
la
sociedad,
homb es
de
odos
los
países
del
mundo,
aun
de
aquellos
en
que
domina
la
he
ejía
y
la
in idelidad,
han
acudido
espon áneamen e
al
T ono
pon i icio;
han
o ecido
al
Papa
sus
homenajes;
le
han
mani es ado
su
aleg ía;
han
hecho
demos acio
nes
de
su
gene osidad,
y
han
omado
pa e
en
las
un
ciones
jubila es.
¿Qué
signi ica
odo
es o?
¿A
qué
se
debe
es a
unidad
de
acción,
es a
concu encia
uni e sal,
es a
espon aneidad,
es a
gene osidad
y
es e
en usiasmo?
¿Qué
ue za
ocul a
ha
mo ido
an as
olun ades?
¿Qué
imán
mis e ioso
ha
a aído
an os
co azones?
¿Qué
hay
en
el
Papa
León
XIII,
que
así
ha
impulsado
hacia
él
á
esas
muchedumb es
an
e o osas,
an
piadosas
y
an
humildes?
¿Es
que
la
desg acia
que
su e,
las
mue e
á
compasión?
¿Es
que
las
cualidades
pe sonales
que
le
ado nan,
las
seducen
y
las
encan an?
¿Es
que
la
sabidu
ía
de
León
XIII
les
impone,
pe suade
y
a as a?
Hay
algo
más;
exis en
causas
pode osas
que
explican
es e
admi able
esul ado.
Es
que
la
si uación
ac ual
del
Ro
mano
Pon í ice
no
puede
menos
de
a ligi
á
odos
los
UNIVLRSJDADE
DE
SANTIAGO
-
30
-
ca ólicos;
es
que
su
causa
es
la
causa
de
oda
la
Iglesia;
es
que
su
libe ad
es
la
ga an ía
necesa ia
de
la
libe
ad
de
odos
los
que
le
mi amos
como
nues o
Pad e
y
Pas o .
¡Ah!
Es o
es
innegable.
Desde
que
po
el
bá
ba o
de echo
de
la
ue za
ué
p i ado
el
g an
Pon í ice
Pío
IX
del
pode
empo al,
ga an ía
del
lib e
eje cicio
de
su
sobe anía
espi i ual,
la
Iglesia
Ca ólica
i e
en
con inua
ala ma
po
la
sue e
de
su
Cabeza
isible.
Y
desde
que
su
suceso
nues o
San ísimo
Pad e
León
XIII
ha
dicho
y
epe ido,
que
el
despojo
y
op esión
que
su
e
el
Romano
Pon í ice,
es
ob a
de
las
sec as
masóni
cas,
con
azón
compa amos
los
hijos
ieles
de
la
Iglesia
la
si uación
del
Papa
á
la
de
San
Ped o
en
la
cá cel
de
Jc usalén
bajo
el
dominio
de
He odes,
y
en
la
Mame -
ina
de
Romíi
bajo
el
impe io
de
Ne ón.
Empe o,
si
el
Sqño
pe mi e
que
se
p olongue
en
nues os
días
es a
si uación
angus iosa
y
de
e dade a
se idumb e,
es e
ma i io
á
uego
len o
de
una
legali
dad
cada
día
más
op esi a,
y
es e
despojo
inicuo
de
una
p opiedad
y
sobe anía
comple amen e
jus as,
no
es
cie amen e
po que
haya
abandonado
su
Iglesia
al
u o
de
las
po es ades
del
in ie no,
sino
po que
quie e
es i
mula
más
y
más
nues o
celo
po
la
causa
de
la
jus i
cia,-
ep endiendo
á
la
pa
nues a
poca
e
y
ac i idad
en
es os
iempos
de
inc edulidad,
de
indi e encia
y
de
na u alismo.
Lo
que
no
pod á
nega se
jamás
es,
que
la
causa
del
Romano
Pon í ice
es
una
causa
que
a ec a
á
odo
el
mundo
ca ólico;
que
in e esa
á
odas
las
nacio
nes,
donde
hay
ieles
hijos
de
la
Iglesia
de
C is o;
que
no
puede
some e se
á
la
esolución
y
a bi io
de
ningu
na
po es ad
ci il,
y
mucho
menos,
á
los
cálculos
y
p o
yec os
de
los
enemigos
decla ados
de
nues a
Religión,
y
au o es
sis emá icos
de
la
e olución
cosmopoli a.
No
es
posible
concilia
á
C is o
con
Belial,
ni
amalga
ma
el
Reino
de
C is o
con
el
del
An ic is o.
Aquí
no
cabe
ansacción,
ni
pac o,
ni
conco dia.
San a
in an
sigencia
debemos
llama
la
o aleza
in ic a,
con
que,
an o
León
XIII,
como
Pío
IX,
han
de endido
los
de e
chos
inalienables,
imp esc ip ibles,
sag ados
é
in iola
bles
de
la
San a
Sede.
No
es,
po
cie o,
el
deseo
de
dominación
e ena,
sino
el
debe
de
man ene
ín eg a
-
31
-
é
ilesa
la
po es ad
ecibida
de
Jesuc is o,
lo
que
mue e
al
Romano
Pon í ice
á
p o es a
de
con inuo
con a
una
usu pación,
que
ha
aído
po
esul ado
el
iun o
de
la
he ejía,
de
la
impiedad
y
de
la
iniquidad;
la
disolución
de
las
Cong egaciones
eligiosas;
la
desamo ización
y
despojo
de
los
bienes
eclesiás icos;
la
enseñanza
lib e
del
e o ;
el
menosp ecio
de
los
Sag ados
Cánones;
la
p omulgación
de
leyes
inju iosas
al
Cle o;
y
la
inge en
cia
de
un
pode
empo al
en
asun os
de
la
compe encia
exclusi a
de
la
Iglesia.
En
al
caso
y
si uación
más
ale
mo i
má i
del
debe ,
que
comp a
con
una
ley
de
alsas
ga an ías
una
libe ad,
que
se ía
más
bien
una
humillan e
escla i ud.
¡Glo ia
á
Dios,
que
nos
ha
conce
dido
se
ieles
hijos
de
an
g andes
Pon í ices!
VII
Pe o
no
bas a,
VV.
HH.
y
aa.
hh.,
que
i amos
i me
men e
adhe idos
á
la
au o idad,
enseñanzas
y
disposi
ciones
del
Romano
Pon í ice,
ni
hemos
de
con en a nos
con
hace
pública
p o esión
de
espe o,
sumisión
y
obe
diencia
al
Vica io
de
Jesuc is o.
Es
p eciso
pone
po
ob a
los
medios
de
san i icación,
que
Él
nos
indica
en
su
piadosa
Encíclica
de
25
de
diciemb e
úl imo,
con
la
cual
puso
in
al
año
de
su
Jubileo
Sace do al.
¡Oh!
¡Qué
he
mosas
lecciones
con iene!
¡Qué
sabios
consejos
ab aza!
¡Qué
eglas
de
conduc a
an
p ác icas
y
opo unas
nos
o ece!
Exponiendo
con
su
acos umb ada
cla idad
y
ele
gancia
la
signi icación
de
las
demos aciones,
que
ha
hecho
el
mundo
ca ólico
con
ocasión
de
su
Jubileo
Sa
ce do al,
dice:
“
Pe o
lo
que
en
ello
más
es imamos
es
la
exp esión
de
las
olun ades
y
el
es imonio
libé imo
que
se
ha
dado
de
cons ancia
en
la
e.
Po que
es o
decía
aquella
oz
aco de
y
unánime
de
los
que
Nos
elici aban,
que
de
odas
pa es
los
en endimien os
y
las
olun ades
es aban
uel os
hacia
el
Vica io
de
Jesuc is o;
que
en
medio
de
los
males,
que
po
odos
lados
Nos
op imen,
á
la
Sede
Apos ólica,
como
á
uen e
pe enne
é
inco up a
de
salud,
di igen
con iadamen e
los
homb es
sus
mi a
das;
y
que
donde
quie a
que
esuena
el
nomb e
ca ólico,
con
a do oso
a ec o
y
conco dia
suma
se
ene a
y
se
u
-
32
-
espe a,
como
es
jus o,
la
Iglesia
Romana,
Mad e
y
Maes a
de
odas
las
iglesias.
11
Explicando
después
la
causa
de
es a
unánime
mani
es ación
y
el
esul ado
posi i o
que
de
ella
espe a
un
dadamen e,
añade:
“
Po que
en
es a
disposición
de
los
ánimos,
que
se
esme an
en
da
al
Pon í ice
Romano
con
inusi ado
a do
mues as
de
su
amo
y
e e encia,
Nos
pa ece
e
la
acción
di ina
y
olun ad
de
Aquel
que
acos umb a
ecuen emen e,
y
es
el
único
que
puede,
sa
ca
de
pequeños
undamen os
el
p incipio
de
g andes
bienes.
Ve dade amen e
pa ece
que
Dios,
cuya
p o i
dencia
es
in ini a,
despie a
la
e,
en
medio
de
an as
e adas
opiniones,
y
o ece
una
ocasión
de
ol e
á
lla
ma
la
a ención
del
pueblo
c is iano
á
los
p opósi os
de
una
ida
mejo
.....
po que
en onces
se á
el
hono
ibu
ado
á
la
Sede
Apos ólica
plena
y
colmadamen e
pe
ec o,
cuando
jun ándosele
el
esplendo
de
las
i udes
c is ianas,
haga
adelan a
las
almas
en
el
camino
de
la
sal ación,
que
es
el
único
u o
que
debemos
desea ,
po que
es
ambién
el
único
que
pe pe uamen e
ha
de
du a .
u
Decla a
después
el
Sumo
Pon í ice
los
icios
domi
nan es
en
la
sociedad,
según
la
ase
del
Após ol
San
Juan:
Todo
lo
que
hay
en
el
mundo
es
concupiscencia
de
ca ne,
y
concupiscencia
de
ojos,
y
sobe bia
de
la
ida
(1);
y
como
sapien ísimo
médico
de
las
almas,
p opone
en
seguida
el
emedio
de
an os
males,
diciendo:
“
La
suma
y
lo
p incipal
de
la
ida
c is iana
es,
que
no
se
ha
de
condescende
con
las
cos umb es
co ompidas
del
si
glo,
sino
cons an emen e
echaza las
y
esis i las.
Es o
decla an
los
dichos
y
hechos
odos
del
Au o
de
la
e
y
Consumado
Jesús;
es o
sus
leyes
y
o denaciones;
es o
su
ida
y
mue e.
u
Y
en
p ueba
de
que
es
necesa io
su
i
y
pelea
a onilmen e
con a
el
pecado
pa a
conse
gui
la
co ona
de
la
jus icia
y
log a
la
ida
e e na,
dice
muy
opo unamen e
nues o
San o
Pad e:
“
No
pa
sa emos
en
silencio
habe
sido
o denado
po
di ino
consejo,
que
ningún
bien
pueda
eni
al
homb e
sino
á
ue za
de
comba e
y
de
dolo .
Y
en
e dad,
si
al
linaje
(i)
I
Joan.
a-i6.
-
33
-
humano
lo
lib ó
Dios
de
la
culpa
y
le
dió
el
pe dón
de
su
pecado,
lo
hizo
con
es a
condición,
que
su
mismo
Uni
géni o
pagase
la
pena
que
jus amen e
se
le
debía.
Y
pudiendo
Jesuc is o
sa is ace
á
la
di ina
jus icia
de
o as
muchas
mane as,
p e i ió
sin
emba go
haceilo,
dando
su
ida
en e
los
mayo es
o men os.
Y
asimis
mo
á
sus
alumnos
y
secuaces
les
dió
es a
ley
ii
mada
con
su
p opia
sang e,
que
uese
la
ida
de
ellos
un
pe
pe uo
ba alla
con
los
icios
de
los
iempos
y
malas
cos
umb es.
¿Y
qué
o a
cosa
ué,
sino
la
ale osa
obedien
cia
de
es a
ley,
la
que
hizo
á
los
Após oles
in encibles
en
el
o icio
de
enseña
al
mundo
la
e dad,
y
lo
que
á
innume ables
má i es
hizo
ue es
pa a
da
con
su
san
g e
es imonio
de
la
e
c is iana?
No
ué
o o
el
camino
que
siguie on
cuan os
u ie on
cuidado
de
i i
como
c is ianos
y
a ende
al
eje cicio
de
la
i ud;
ni
es
o io
el
que
debemos
noso os
segui ,
si
que emos
mi a
po
el
bien,
no
sólo
nues o
p opio,
sino
de
oda
la
sociedad.
11
Mas,
pa a
no
a e gonza se
de
con esa
á
C is o
de
lan e
de
los
homb es,
y
pa a
cumpli
ielmen e
con
los
debe es
p opios
de
un
c is iano,
no
bas an
po
sí
solas
las
humanas
ue zas;
sino
que
necesi amos
implo a
de
Dios
los
auxilios
de
su
g acia
po
medio
de
la
o ación.
U
Y
po
es o,
dice
Su
San idad,
aquella
común
ley
y
condición
de
la
ida,
que
dijimos
consis ía
en
cie o
pe pe uo
comba e,
iene
unida
á
sí
la
necesidad
de
hace
o ación
á
Dios.
Po que,
como
e dade a
y
he mosamen e
dijo
San
Agus ín,
aspasa
la
o ación
piadosa
los
espa
cios
de
es e
mundo
y
a ae
del
Cielo
la
di ina
mise i
co dia.
Con a
los
deso denados
mo imien os
de
las
pasiones,
con a
las
asechanzas
del
enemigo
malo,
pa a
que,
pues
de
odos
lados
nos
ce can,
no
seamos
engaña
dos,
mándanos
el
o áculo
di ino
que
pidamos
los
auxi
lios
’
y
soco os
celes iales,
o ad
jDa a
que
no
en éis
en
en ación
(Ma h.
26-41)
....
En
e dad
que
se ia
mu
cho
menos
de
eme
la
agilidad
de
la
na u aleza,
ni
con
la
molicie
y
desidia
se
des i ua ían
las
cos umb es,
si
la
obse ancia
de
es e
di ino
p ecep o
ue a
menos
in e umpida
po
incu ia
y
aun
as idio
....
Nada
hay
que
la
o ación
bien
hecha
no
pueda
consegui ,
po que
hay
en
ella
cie os
como
alicien es
que
mue en
á
Dios
5
se
I.NIVHlSnJADK
1)1.
SANTIAGO
DI.CnMPnSTHA
u
-
34
-
á
deja se
ácilmen e
aplaca
y
mo e
con
la
o ación.
Pues
mien as
o amos,
abs aemos
el
ánimo
de
las
co
sas
pe ecede as,
y
abso os
en
el
pensamien o
de
sólo
Dios,
op ímenos
la
conciencia
de
nues a
debilidad
de
homb es,
y
po
es o
buscamos
el
descanso
en
la
bondad
y
ab azo
de
nues o
Pad e,
y
un
e ugio
en
el
pode
del
C iado .
Hacemos
es ue zo
pa a
pone nos
delan e
del
Au o
de
odo
bien,
como
que iendo
que
ponga
Él
sus
ojos
en
las
en e medades
de
nues a
alma,
en
la
poque
dad
de
nues as
ue zas
y
en
nues a
pob eza;
y
llenos
de
espe anza
implo amos
p o ección
y
ayuda
de
Aquel,
que
es
el
único
que
puede
da
la
medicina
de
las
en e
medades
y
los
ali ios
de
nues a
laqueza,
y
mise ia.
Dispues o
así
el
ánimo
y
juzgándose
á
sí
p opio
con
hu
mildad
y
sumisión,
inclínase
admi ablemen e
Dios
á
la
clemencia,
po que
como
esis e
á
los
sobe bios,
así
á
los
humildes
da
g acia
(I
Pe .
5-5).
Sea,
pues,
sag ada
pa a
odos
la
cos umb e
de
o a ;
o en
el
en endimien o,
la
olun ad
y
la
lengua;
y
jun amen e
concue de
con
la
o ación
la
ida,
pa a
que
és a
sea,
po
la
gua da
de
las
di inas
leyes,
un
pe enne
subi
hacia
Dios.
u
Es a
necesa ia
y
ú ilísima
i ud
de
la
o ación
se
engend a
y
sus en a,
como
nos
enseña
el
Pad e
San o,
con
la
e
di ina.
“
Po que
Dios
es
quien
enseña
cuáles
son
los
e dade os
bienes
del
homb e
y
que
ienen
en
sí
la
azón
de
se
ape ecidos;
y
po
su
mismo
magis e
io
conocemos
la
in ini a
bondad
de
Dios
y
los
mé i os
de
nues o
Reden o
Jesuc is o.
Y
á
la
in e sa,
nada
hay
más
á
p opósi o
que
el
hábi o
de
o a ,
pa a
alimen
a
la
e
y
hace
que
c ezca.
De
cuya
i ud
en
los
más
debili ada
y
en
muchos
apagada,
bien
se
e
cuán a
es
la
necesidad
que
hay
en
es os
iempos.
Pues
de
ella
p incipalmen e
es
de
donde,
no
sólo
se
ha
de
saca
la
enmienda
de
la
ida
de
los
pa icula es,
sino
que
se
ha
de
espe a
ambién
el
juicio
de
aquellas
cosas,
cuya
in
decisa
con ienda
no
pe mi e
á
los
Es ados
es a
an
quilos
y
segu os.
“
Al
log o
del
bien
pa icula
y
común,
que
esul a
de
la
p ác ica
de
la
e,
de
la
o ación
y
demás
i udes
c is ianas,
con ibuye
en
g an
mane a
la
ida
a eglada
y
cos umb es
in achables
del
Cle o.
“
Si
se
in es igan,
—
35
—
dice
el
Sumo
Pon í ice,
las
causas
del
bien
p i ado
y
público,
no
cabe
duda
que
pa a
ambos
pueden
mucho
la
ida
y
cos umb es
de
los
clé igos.
Acué dense,
pues,
que
po
Jesuc is o
son
llamados
lus
del
mundo,
y
que
como
la
lus
que
ilumina
el
o be
odo,
asi
debe
b illa
el
alma
del
Sace do e
(San
Juan
C isós .
De
Sace do io,
lib.
3?,
cap.
/.°JLuz
de
doc ina,
y
no
ulga ,
se
e
quie e
en
el
Sace do e;
pues o
que
su
o icio
es
henchi
á
los
demás
de
sabidu ía,
a anca
e o es
y
guia
á
la
mul i ud
po
los
caminos
de
la
ida,
en
los
cuales
es
á
cil
ex a ia se
y
esbala .
Y
sob e
odo
exige
es a
doc
ina
lle a
po
compañe a
la
inocencia
de
la
ida,
p in
cipalmen e
po que
en
la
enmienda
de
los
homb es
se
adelan a
más
con
el
ejemplo
que
con
la
palab a.
B ille
ues a
lus
delan e
de
los
homb es,
pa a
que
ean
ues
as
biicnas
ob as
(San
Ma .
5-16).
Sen encia
di ina,
cuyo
sen ido
cie amen e
es
que
en
los
Sace do es
debe
se
an
acabada
y
pe ec a
la
i ud,
que
se
puedan
o ece
como
espejo
á
los
que
los
mi an.
Nada
hay
que
á
los
o os
más
asiduamen e
Ja me
á
la
piedad
y
se i
cio
de
Dios,
que
la
ida
y
ejemplo
de
aquellos,
que
se
han
dedicado
al
minis e io
di ino;
po que
como
los
en
ele ados
de
las
cosas
de
es e
siglo
á
unluga
más
al o,
á
ellos
como
á
un
espejo
di igen
los
demás
la
is a
y
de
ellos
oman
el
modelo
que
imi a
(Cono.
T id.
Ses.
22
cap.
12
de
ReJ.)*
La
igilancia
sob e
sí
mismos,
la
mo i icación
de
las
p opias
pasiones,
la
ec i ud
de
in ención,
el
deseo
pu o
de
la
sal ación
de
las
almas,
el
desp endimien o
de
las
cosas
caducas
y
pe ecede as
de
es e
mundo,
y
la
e
cuen e
con emplación
de
los
bienes
celes iales,
son
las
i udes
que
ma can
el
camino
que
deben
segui
los
Minis os
del
San ua io,
pa a
p ocu a
el
bien
común,
al
mismo
iempo
que
la
p opia
san i icación,
sin
ame
d en a se
po
la
g andeza
de
las
di icul ades,
ni
deses
pe a
del
emedio
po
lo
in e e ado
de
los
males.
Si
los
pueblos
y
naciones
no
co esponden,
como
deben,
á
los
bene icios
y
g acias
que
el
Seño
les
dispensa
po
medio
de
nues a
san a
Religión,
no
debemos
ol ida
que
“
la
jus icia
de
Dios,
ec ísima
é
inmu able,
iene
e
se ados
p emios
pa a
las
ob as
buenas,
como
cas igos
se
UMVHieilDADh
DK
$AN
IIAGO
di
:
CO
mp
<1$
i
:
i
?
u
-
36
-
pa a
los
pecados;
y
que
po
inesc u able
disposición
de
la
di ina
P o idencia,
de
al
modo
es
egido
y
gobe
nado
el
cu so
de
las
cosas
mo ales,
que
cuan o
sucede
á
los
homb es,
odo
si e
á
la
glo ia
de
Dios,
y
odo
es
igualmen e
medio
de
lle a
al
in
de
su
sal ación
á
los
que
de
e as
y
con
oda
su
alma
siguen
á
Jesuc is o,
11
según
nos
enseña
nues o
San ísimo
Pad e
en
la
an as
eces
ci ada
Encíclica.
El
mayo
consuelo
qué
debemos
ene
los
ca ólicos,
cualquie a
que
sea
el
es ado
á
que
pe enezcamos,
y
el
minis e io,
o icio
ó
p o esión
que
desempeñemos,
es
que
á
odos
nos
da
ida
y
alimen o,
nos
guía
y
gua da
la
Iglesia;
la
cual,
dice
León
XIII,
“
como
es á
unida
á
su
Esposo
C is o
con
ca idad
ín ima
é
inconmu able,
así
le
acompaña
en
los
comba es,
y
en a
á
la
pa e
con
El
en
la
ic o ia.
Nada
pues
de
ansiedad
sen imos,
ni
pode
mos
sen i
po
la
sue e
de
la
Iglesia;
pe o
ememos
g andemen e
po
la
sal ación
de
muchísimos,
que
po
habe
sobe biamen e
pos e gado
á
la
Iglesia,
son
a as
ados
de
mul i ud
de
e o es
á
su
p opia
uina;
angús-
ianos
la
sue e
de
esos
Es ados,
que
no
podemos
menos
de
e
alejados
de
Dios
y
do midos
con
necia
con ianza
cuando
mayo
pelig o
co en.
Nada
hay
que
con
la
Igle
sia
pueda
medi se
....
¿Cuán os
á
la
Iglesia
a aca on,
y
pe ecie on?
La
Iglesia
llega
has a
den o
de
los
Ciclos,
y
es
al
su
g andesa,
que
a acada
en
campo
abie o
ence;
con
asechanzas
comba ida,
iun a;
lucha,
y
no
es
de ibada;
comba e,
y
no
es
encida
(San
Juan
C isos.)
Y
no
sólo
no
es
encida,
sino
que
conse a
ín eg a,
y
á
pesa
del
cambio
de
los
iempos,
inmu able,
aquella
ue za
suya
que
de
Dios
mismo
en
audal
pe enne
eci
be,
y
con
la
cual
enmienda
á
la
na u aleza
y
p oduce
el
bien.
u
Pe manezcamos
odos,
VV.
HH.
y
aa.
hh.,
i memen
e
adhe idos
al
Romano
Pon í ice,
Vica io
de
Jesuc is
o
y
Cabeza
isible
de
la
San a
Iglesia
Ca ólica,
Apos ó
lica,
Romana.
Gua demos
en
nues a
memo ia
y
en
nues o
co azón,
pa a
lle a las
á
la
p ác ica,
odas
sus
enseñanzas,
exho aciones,
máximas
y
eglas
de
con
duc a;
y
ma chemos
odos
unidos
po
la
senda
que
él
nos
aza
pa a
ob ene
nues a
e e na
sal ación.
Haga
u
-
37
—
mos
nues a
la
de o ísima
plega ia
con
que
pone
in
á
su
piadosísima
Encíclica,
diciendo:
u
Nos,
po
nues a
pa e,
pues os
en
an
con a io
empo al
al
1
en e
de
la
mís ica
na e
de
la
Iglesia,
ijamos
el
pensamien o
y
la
olun ad
en
el
Di ino
Pilo o,
que
in isible
a
sen ado
en
la
popíi
y
eniendo
el
gobe nalle.
Tú,
Seño ,
es
cómo
po
odas
pa es
se
han
le an ado
los
ien os,
cómo
se
enc espa
el
ma ,
alzándose
con
g an
ue za
las
.
olas.
Manda,
e
ogamos,
Tú,
que
sólo
lo
puedes,
á
los
ien os
y
al
ma .
De uel e
al
humano
linaje.la
paz
e
dade a,
que
el
mundo
no
puede
da ,
la
anquilidad
del
o den.
Es
deci ,
que
a o ecidos
é
impulsados
po
Tí,
uel an
los
homb es
al
o den
debido,
es i uidas
como
deben
se ,
la
piedad
pa a
con
Dios,
la
jus icia
y
la
ca i
dad
pa a
con
los
p ójimos,
y
la
emplanza
pa a
consigo
mismos,
domadas
las
pasiones
po
la
azón.
Venga
á
nos
el
u
eino,
y
en iendan
que
ambién
deben
suje a se
á
se i e
á
Tí
los
que
anamen e
abajan
en
busca
la
e dad
y
la
salud
ue a
de
Tí.
Hay
en
us
leyes
una
equi
dad
y
sua idad
pa e nal,
y
pa a
gua da las,
espon á
neamen e
nos
suminis as
ue zas
expedi as
con
u
g a
cia.
Milicia
es
la
uida
del
homb e
sob e
la
ie a,
pe o
Tú
es ás
siendo
es igo
de
la
ba alla,
y
ayudas
al
homb e
pa
a
que
'Densa
,
y
si
laquea
,
lo
le an as
,
y
cua
ndo
ence,
lo
co onas
(San
Agus.
sob e
el
Salmo
32).
a
Dios
Nues o
Seño ,
que
es
ico
en
mise ico dia,
nos
asis a
con
los
auxilios
de
su
g acia,
y
dila e
los
se
nos
de
nues o
co azón
al
sua ísimo
impulso
de
su
ca
idad,
á
in
de
que,
co iendo
po
la
senda
de
sus
san os
Mandamien os,
y
pe se e ando
en
su
se icio
con
oda
idelidad
has a
el
in
de
es a
ida,
podamos
en onces
deci
con
San
Pablo:
Yo
he
peleado
buena
ba alla,
he
acabado
mi
ca e a,
he
gua dado
la
Je.
Po
lo
demás,
me
es á
ese ada
la
co ona
de
la
jus icia,
que
el
Seño ,
jus o
Jues,
me
da á
en
aquel
día;
y
no
sólo
á
mí,
sino
ambién
á
aquellos
que
aman
su
enida
(1).
Como
eliz
augu io
de
an
dichosa
sue e,
y
como
p enda
segu a
del
amo ,
que
en
Jesús
á
odos
p o esa
mos,
ecibid,
VV.
HH.
y
aa.
hh.,
nues a
bendición:
En
(i)
2.
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Timo h.
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8.
se
UNI
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ERS1DADE
DE
SANTIAGO
DE
COMPOSTEÍ.A
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38
-
el
nomb e
del
®
Pad e,
y
del
©Hijo,
y
del
Espí i u
®
San o.
Dada
en
nues o
Palacio
A zobispal
de
San iago
de
Compos ela,
i mada
po
Nós,
sellada
con
el
de
Nues a
Dignidad,
y
e endada
po
Nues o
in asc i o
Sec e
a io
de
Cáma a,
el
día
de
la
Dominica
in
Pahnis,
á
ca o ce
de
ab il
de
mil
ochocien os
ochen a
y
nue e.
JOSÉ,
ÁT&oV s'po
(kSan iago
ác
Cowpos eXa.
Po
mandado
de
S.
E.
I.
el
A zobispo,
mi
Seño ,
Lie.
E
u g en io
d el
B
l a n c o
A
l a ez
,
Sec e a lo.
u